Las Noticias de hoy 19 Mayo 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    domingo, 19 de mayo de 2019     

Indice:

ROME REPORTS

Guadalupe Ortiz, primera persona laica del Opus Dei en ser beatificada

“El amor familiar: vocación y camino de santidad”, tema del Encuentro Mundial de las Familias

“No tengáis miedo de abrir nuevos caminos”- El Papa a los misioneros africanos

Francisco exhorta a los trabajadores sanitarios a cuidar a las personas “como hace Dios”

Sínodo de la Amazonía: Segunda reunión del Consejo Pre-Sinodal en el Vaticano

Comentario al Evangelio: Un mandamiento nuevo

QUINTO DOMINGO DE PASCUA.: + Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres 

“Ella nos abre el camino hacia el Reino”: San Josemaria

Carta del Papa Francisco sobre la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri

La beatificación de Guadalupe, en 20 minutos

Guadalupe, beata

Homilía en la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri

Palabras de Mons. Fernando Ocáriz tras la beatificación de Guadalupe

Vistalegre, la sala de estar más grande del mundo

Una meditación sobre el don de donarse: San Juan Pablo II

Lectura espiritual: Daniel Tirapu

Pederastia.: Jose Luis Velayos

Cuidemos el corazón de nuestros hijos: Silvia del Valle

La estrategia del demonio: Pedro García

La comida que se desperdicia: Juan García.

Ataque gratuito a la Concertada: Jaume Catalán Díaz

Política y filosofía: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Guadalupe Ortiz, primera persona laica del Opus Dei en ser beatificada

La Misa será en Madrid el 18 de mayo

mayo 17, 2019 13:33Rosa Die AlcoleaTestimonios de la Fe

(ZENIT – 17 mayo 2019).- Mañana, sábado 18 de mayo de 2019, la Iglesia contará con una nueva beata, la doctora química e investigadora española Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975), que será beatificada en una ceremonia que presidirá el cardenal Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, y que se celebrará en el recinto de Vistalegre a partir de las 11 horas.

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Once mil personas de más de 60 países participarán en los actos el sábado 18, estima la Prelatura del Opus Dei.Una beatificación, que en consonancia con el moderno perfil de esta mujer, será digital y deslocalizada que se retransmitirá por streaming. Cuenta con una app, varios libros electrónicos, un multimedia y un recorrido de geocaching.

Al día siguiente se celebra la Misa de Acción de Gracias en el mismo lugar, a las 12 del mediodía, presidida por monseñor Fernando Ocáriz, prelado del opus Dei.

Asimismo, durante los días de la beatificación se puede ir a rezar ante los restos de Guadalupe en el Oratorio de Caballero de Gracia (Gran Vía 17/Caballero de Gracia 5, Madrid), y visitar una exposición sobre Guadalupe, con objetos personales, puede visitarse en el Colegio Tajamar (Pío Felipe, 12, Madrid) del 14 al 30 de mayo.

¿Qué significa ser numeraria?

Guadalupe es la tercera persona del Opus Dei que llega a los altares. El fundador, Josemaría Escrivá de Balaguer, fue canonizado en 2002. Su sucesor al frente del Opus Dei, Álvaro del Portillo, fue beatificado en 2014.

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Guadalupe es, al mismo tiempo, la primera mujer y el primer fiel laico del Opus Dei que es beatificado (san Josemaría era sacerdote y el beato Álvaro era obispo). Guadalupe era numeraria. Los numerarios son fieles del Opus Dei —hombres y mujeres— que viven el celibato, como un don de Dios y por motivos apostólicos. Esto les permite una mayor dedicación a tareas formativas, sin modificar en nada su condición laical, su situación profesional, su posición en la Iglesia y en la sociedad.

Además, la española fue una de las colaboradoras más cercanas del fundador san Josemaría. “La alegría contagiosa, la fortaleza para afrontar las adversidades, el optimismo cristiano y su entrega a los demás”, son algunas de las notas que la caracterizan, según el decreto de la Congregación de las Causas de los Santos.

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Modelo para la mujer del S. XXI

Guadalupe estudia Ciencias Químicas cuando un ocho por ciento de las mujeres va a la Universidad en el Madrid de 1933 –describe Cristina Abad, biógrafa de la nueva beata– ejerce una profesión a la altura de sus estudios, lo que es algo muy poco usual entonces; viaja sola por España para dar a conocer el Opus Dei, salta el Charco a México en 1950, pone en marcha iniciativas promotoras de mujeres con más posibilidades, recursos e inquietudes -como dos de las primeras residencias universitarias femeninas de España y México-, y de la mujer rural indígena, en este último país, con centros de capacitación profesional; pone sus conocimientos al servicio de la dignificación y profesionalización del trabajo del hogar, etc.

Por todo ello, Cristina Abad, autora del relato biográfico de Guadalupe Ortiz “La libertad de amar” (Palabra), piensa que “es un ejemplo para la mujer del siglo XXI de determinación a la hora de perseguir los sueños y hacer rendir los talentos que Dios nos da aportando el genio femenino a todos los sectores, de superación de techos sociales, laborales y personales, de espíritu emprendedor y de conciliación entre el deber y el querer haciendo de la propia vida una aventura apasionante”.

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Duras pruebas en su vida

La madrileña, del barrio de Malasaña, supo vivir la fe con fortaleza, sencillez y alegría en lugares y situaciones muy dispares. Tuvo un corazón físicamente débil pero grande y fuerte para desarmar odios, recelos y tensiones. Contagió el optimismo que nacía de su confianza en Dios.

La laica del Opus Dei se enfrenta a la sentencia de muerte de su padre durante la Guerra Civil, pone en marcha proyectos insospechados: dos residencias universitarias, en Madrid y México; vive cambios sucesivos de país, de actividad, con multitud de contratiempos; sufre una enfermedad cardiaca grave durante casi 20 años…

“Lo que se observa, sin embargo, es una confianza muy grande en Dios, en su vocación y en lo que le propone San Josemaría –relata la periodista Cristina Abad– Vive con el deseo permanente de amar a Dios y a los demás”.

Y eso, unido a una fortaleza y valentía grandes, le lleva a vivir sin miedo, con libertad para volar alto y lejos. Una frase muy suya es: ‘Y yo tan contenta’. Está igual de feliz en Madrid, que en México o Roma. Dispuesta a trabajar con salud o sin ella, y ya en sus últimos momentos, a ayudar aquí en la tierra o ser más eficaz en el Cielo”.

Curación inexplicable  

El milagroatribuido a la intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri, aprobado el 8 de junio de 2018 por el Papa Francisco, se trata de la curación de un carcinoma basocelular, en la noche entre el 28 y el 29 de noviembre de 2002.

Guadalupe Ortiz © Youtube

Antonio Jesús Sedano Madrid, de 76 años de edad, viudo desde 1991, sufría este cáncer, localizado en el ojo derecho. Él invocó a Guadalupe con fe e intensidad antes de acostarse y, al levantarse al día siguiente, descubrió que estaba curado: la lesión había desaparecido completamente y sin dejar ninguna señal. Los peritos médicos de la Congregación juzgaron que este hecho no tiene explicación científica. Los consultores teólogos y, más tarde, los cardenales y obispos, valoraron que puede atribuirse a la intercesión ante Dios de Guadalupe.

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Cuando el cirujano plástico revisó al paciente, comprobó la absoluta desaparición del cáncer, por causas desconocidas. Su impresión inicial fue de susto. La primera pregunta que le hizo fue: “¿Dónde le han operado?”. A continuación, Antonio le contó los detalles de su curación y la intercesión de Guadalupe Ortiz de Landázuri. La curación, acaecida de la noche a la mañana, era inexplicable. En la historia clínica de esa fecha quedó escrito: “Ha desaparecido la lesión tras rezarle a la sierva de Dios Guadalupe Ortiz de Landázuri”. En sucesivas revisiones la curación fue confirmada.

El postulador de la causa, don Antonio Rodríguez de Rivera,asegura Guadalupe “encarna el ‘espíritu de las bienaventuranzas’ del que habla el Papa Francisco en Gaudete et Exultate porque “su vida muy normal y al mismo tiempo llena de Dios, es una invitación espléndida a abrirse a los demás”. Y añade que “su ejemplo anima a sacudirse la comodidad para entregarse al servicio de los demás.

“Olvido de sí”

Lo que más ha impresionado a este experto en la vida de Guadalupe Ortiz ha sido el “olvido de sí” de la laica. “Pensaba constantemente en el Señor y en los demás”. Un ejemplo es lo que sucedió en México, en 1952. Fue durante un curso de retiro espiritual para estudiantes universitarias, en una casa recién construida y casi sin amueblar. El penúltimo día dio una charla sobre las virtudes cristianas. Ella y las demás estaban sentadas en el suelo. Notó un gran dolor por el picotazo de un insecto venenoso, pero no quiso interrumpir la charla hasta el final, para que no se preocuparan, y ninguna se dio cuenta de lo que había pasado. Se enfermó con fiebre muy alta y tuvo que estar en cama unos quince días.

“En ningún momento se quejó. Es más, desde la cama siguió sacando adelante sus deberes hasta que otra mujer del Opus Dei la sustituyó. Quienes la atendían fueron testigos, no solo de que no se quejaba ni hablaba de su enfermedad, sino de que se interesaba por quienes iban a verla e impulsaba el trabajo apostólico”, recuerda el sacerdote de la Prelatura.

 

“El amor familiar: vocación y camino de santidad”, tema del Encuentro Mundial de las Familias

Será en Roma en 2021

mayo 17, 2019 13:19Larissa I. LópezEncuentro Mundial de las Familias

(ZENIT –17 mayo 2019).-El amor familiar: vocación y camino de santidades el tema elegido por el Papa Francisco para el próximo Encuentro Mundial de las familias.

Hoy, 17 de mayo, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, a través de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha publicado un comunicado en el que informa sobre dicha elección. El próximo Encuentro Mundial de las Familias tendrá lugar en Roma del 23 al 27 de junio de 2021.

Vocación y camino de santidad

Este comunicado explica que en este encuentro se desea resaltar “la importancia del amor familiar como vocación y camino de santidad, para comprender y compartir el sentido profundo y salvífico de las relaciones familiares en la vida cotidiana”  y se propone releer las encíclicas Amoris Laetitia (AL) y Gaudete et Exultate (GE).

El texto añade que el amor entre los esposos y entre los miembros de la familia previene contra la cultura del individualismo, del consumo y del descarte: “La experiencia estética del amor se expresa en esa mirada que contempla al otro como un fin en sí mismo” (AL 128).

Igualmente, el amor en el matrimonio y en la familia, en el que se comparten gozos y tristezas, demuestra el gran valor de las relaciones humanas y sirve para orientar a las personas hacia Dios. “Este camino, cuando es vivido en fidelidad y perseverancia, refuerza el amor y realiza la vocación a la santidad, que es inherente a cada persona y se concretiza en las relaciones conyugales y familiares”, señala el comunicado.

Por último, el mensaje reitera el carácter vocacional de la familia, camino de santidad y expresión “del rostro más bello de la Iglesia” (GE 9).

Encuentro Mundial de la Familia

El primer Encuentro Mundial de las Familias tuvo lugar en Roma en 1994, cuando el Papa San Juan Pablo II solicitó al Pontificio Consejo para la Familia (actualmente parte del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida) organizar un evento internacional de oración, catequesis y celebración.

La finalidad de estos encuentros es congregar a personas de todo el mundo, contribuir a consolidar los lazos entre las familias y dar testimonio sobre la importancia vital del matrimonio y la familia para la sociedad en su conjunto.

Desde 1994 este evento se ha celebrado cada tres años en ciudades como Río de Janeiro, Manila, Valencia, Ciudad de México y Milán. El último Encuentro Mundial de las Familias se celebró en Dublín, Irlanda, del 25 al 28 de agosto de 2018.

 

“No tengáis miedo de abrir nuevos caminos”- El Papa a los misioneros africanos

Audiencia con la Sociedad de las Misiones Africanas

mayo 17, 2019 14:36Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT- 17 mayo 2019).- “No tengáis miedo de abrir nuevos caminos, para mostrar que ‘Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de los conocido, hacia las periferias y las fronteras’” (Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, 135). Estas son las palabras que ha utilizado el Papa Francisco al final de su discurso para animar a perseverar en su labor a los misioneros africanos.

Hoy, 17 de mayo de 2019, el Santo Padre se ha reunido en una audiencia con los participantes del Capítulo general de la Sociedad de las Misiones Africanas (SMA), titulado “Una familia fiel a su carisma misionero en el contexto complejo y cambiante de hoy” y celebrado en Roma del 30 de abril al 24 de mayo.

Celo misionero

El Papa ha agradecido el trabajo evangelizador que esta sociedad misionera realiza en África, especialmente en las poblaciones rurales recónditas, donde apenas existe la comunidad cristiana o su presencia es aún débil.

Francisco ha resaltado también el “celo misionero impregnado de valor, que os lleva a salir para ofrecer a todos la vida de Jesucristo, a veces poniendo en riesgo la vuestra, siguiendo los pasos de vuestros padres fundadores, el Siervo de Dios Melchor de Marion Brésillac y el padre Agustín Planque”.

Secuestro del padre Maccalli

El Santo Padre se ha unido a la oración de esta comunidad por el padre Pierluigi Maccalli, misionero secuestrado desde hace varios meses en Níger, y ha asegurado la solicitud y la atención de la Santa Sede con respecto a esta grave situación.

Familia misionera

Refiriéndose al carácter familiar de la SAM, el Pontífice ha subrayado que, efectivamente, la evangelización siempre es llevada por una comunidad que “mediante obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo” (Exortación Apostólica Evangelii gaudium, 24).

Además, les ha exhortado a que, junto a los miembros de otras religiones, continúen comprometidos con el servicio a los niños y las personas más frágiles, “víctimas de la guerra, las enfermedades y la trata de seres humanos”. El Obispo de Roma considera que la elección de “los últimos” es un signo de la presencia de Dios y contribuye a la fraternidad verdadera.

Encuentro con Cristo

Para poder dar testimonio de Jesús resucitado, el Pontífice les ha indicado que busquen “en la escucha de la Palabra de Dios, en la vida sacramental y en el servicio de los hermanos, los medios para renovar, en cada uno de vosotros, el encuentro personal con Cristo”. De hecho, sostiene el Papa, “la primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvador por Él que nos mueve a amarlo siempre más”.

A continuación exponemos el discurso completo del Papa Francisco durante esta audiencia.

***

Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

Os doy la bienvenida, miembros de la Sociedad de Misiones Africanas, con motivo de vuestra Asamblea General celebrada en Roma. Ese encuentro me permite dar gracias al Señor por el gran trabajo de evangelización que lleváis a cabo en África, especialmente entre las poblaciones rurales más remotas, donde la comunidad cristiana todavía es frágil o inexistente. También me alegro de vuestra  disposición a desarrollar nuevas formas de presencia entre poblaciones de origen africano en otras partes del mundo, con especial atención a los migrantes.

Estos nuevos horizontes pastorales son el signo de la vitalidad del Espíritu Santo que vive en vosotros y os exhorta a responder a los “desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia” para “llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (Esort. Ap. Evangelii gaudium, 20). Os agradezco vuestro celo misionero, impregnado de valor, que os lleva a salir para ofrecer a todos la vida de Jesucristo, a veces poniendo en riesgo la vuestra, siguiendo los pasos de vuestros padres fundadores, el Siervo de Dios Melchor de Marion Brésillac y  el padre Agustín Planque. En este sentido, me gustaría unirme a vuestra oración por vuestro hermano, el padre Pierluigi Maccalli, secuestrado desde hace  varios meses en Níger, y asegurar la solicitud y la atención de la Santa Sede con respecto a esta situación preocupante.
Este año habéis querido destacar el hecho de que vuestra comunidad apostólica forme una familia, con las Hermanas Misioneras y los laicos asociados. Una familia alegre, que crece gracias a las numerosas vocaciones en África y Asia. Este carácter familiar es indudablemente  una riqueza que hacéis bien en subrayar y desarrollar.

La evangelización, en efecto,  siempre es llevada a cabo por  una comunidad que actúa “mediante obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo “(ibid., 24). También os animo a perseverar en vuestro compromiso, en estrecha colaboración con miembros de otras religiones e instituciones, al servicio de los niños y de las personas más frágiles, víctimas de la guerra, las enfermedades y la trata de seres humanos. Porque la elección por los últimos, por aquellos que la sociedad rechaza y deja de lado, es un signo que manifiesta concretamente la presencia y la solicitud de Cristo misericordioso. Así, impulsados ​​por el Espíritu, podéis ser servidores de una cultura de diálogo y encuentro, que cuida de los más pequeños y de los pobres, para contribuir al advenimiento de una verdadera fraternidad humana.

Fieles a vuestras raíces, estáis llamados, como familia y en cuanto familia, a testimoniar a Cristo resucitado a través del amor que os une unos a otros y con el radiante gozo de una auténtica vida fraterna. Por lo tanto, os invito a buscar constantemente, en la escucha de la Palabra de Dios, en la vida sacramental y en el servicio de los hermanos, los medios para renovar, en cada uno de vosotros, el encuentro personal con Cristo. De hecho, “ la primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvador por Él que nos mueve a amarlo siempre más”. […] Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que nos ayuda a llevar una vida nueva”(ibid., 264).

Queridos hermanos y hermanas, una vez más os agradezco vuestra visita y el testimonio que dais dando. Os  animo a perseverar, con entusiasmo y dinamismo siempre renovados, en el camino recorrido por la Sociedad de Misiones Africanas y que ha producido tanto frutos de conversión a Cristo. A la escucha del Espíritu, no tengáis miedo de abrir nuevos caminos, para mostrar que “Dios siempre es novedad, que  nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de los conocido, hacia las periferias y las fronteras” (Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, 135). Con esta esperanza, confío vuestra familia misionera a la intercesión de la Virgen María, pidiéndole que sostenga vuestros esfuerzos. Os bendigo y rezo por vosotros. Y vosotros, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

 

Francisco exhorta a los trabajadores sanitarios a cuidar a las personas “como hace Dios”

Miembros de la Asociación Católica de Trabajadores de la Salud

mayo 17, 2019 16:58Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT- 17 mayo 2019).- “Las personas nunca son iguales, deben ser comprendidas y cuidadas una por una, como hace Dios: Dios hace así. Obviamente, esto requiere un compromiso considerable por parte de los profesionales de la salud, que a menudo no es lo suficientemente comprendido y apreciado”.

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Con estas palabras, el Papa Francisco ha querido subrayar la importancia del esfuerzo de los sanitarios por tratar a las personas como tales y no como números, sin dejarse arrastrar por la mentalidad de empresa imperante de abaratar costos y lograr la máxima eficiencia

Hoy, 17 de mayo de 2019, el Santo Padre se ha reunido con los miembros de la Asociación Católica de Trabajadores de la Salud, que celebran el 40 aniversario de su fundación.

Después de saludarlos, el Papa se ha congratulado por este encuentro: “Me alegra encontraros y compartir con vosotros el intento de defender y promover la vida, a partir de aquellos que están más indefensos o que necesitan asistencia porque están enfermos, ancianos o marginados, o porque se asoman a la existencia y piden que se les reciba y se les cuide”.

Avances médicos

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En primer lugar, Francisco ha señalado como el sistema de asistencia médica ha cambiado radicalmente en las últimas décadas gracias, en gran parte, a los avances en la tecnología, que han servido para incorporar nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento.

No obstante, el Obispo de Roma también ha señalado que estos avances acarrean problemas éticos, ya que no todas las mejoras técnicas son moralmente aceptables y es necesario evaluar si se respeta la vida y la dignidad de las personas.

Objeción de conciencia

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El Santo Padre ha hablado de la objeción de conciencia en los casos en los que esto último no se produzca y ha animado a hacerla “con respeto y con humildad”, y añade, “para no generar en quien os observa un igual desprecio, que impediría la comprensión de los verdaderos motivos que os empujan”.

El Pontífice propone el diálogo con aquellos que no estén de acuerdo con esta postura, “escuchando su punto de vista y tratando de transmitir el vuestro, no como alguien que sube a una cátedra, sino como el que busca el verdadero bien de las personas”.

Descanso y formación

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Asimismo, el Papa reconoce que la atención a los enfermos es una tarea  “exigente y absorbente” y ha resaltado la necesidad de que existan garantías en el desarrollo de este tipo de trabajo, de que sean reconocidos por su esfuerzo y de que puedan usar las herramientas adecuadas para estar inspirados e instruidos.

Igualmente, les ha invitado a formarse no solo para estar actualizados, sino para reforzar la dimensión espiritual del ser humano, tan importante para los que están enfermos y los que están cerca de los que sufren.

Fieles a la oración

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Finalmente, para mantener vivo el espíritu, el Papa Francisco les ha exhortado a “ser fieles a la oración y a nutriros de la Palabra de Dios: siempre con el Evangelio en el bolsillo, al alcance de la mano: cinco minutos, se lee, para que entre en nosotros la Palabra de Dios”. Y a inspirarse con el ejemplo de los santos, pues “muchos de ellos han servido con amor y desinterés a los enfermos especialmente a los más abandonados”.

A continuación exponemos el discurso completo del Papa Francisco

***

Discurso del Santo Padre

¡Queridos hermanos y hermanas!

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Os saludo a todos, miembros de la Asociación Católica de Trabajadores de la Salud, en particular a vuestro presidente, a quien agradezco sus palabras, -¡ha dicho que me quiere, que me queréis: me hace bien! Y saludo también al consultor eclesiástico. Me alegra encontraros y compartir con vosotros el intento de defender y promover la vida, a partir de aquellos que están más indefensos o que necesitan asistencia porque están enfermos, ancianos o marginados, o porque se asoman a la existencia y piden que se les reciba y se les cuide. A todos ellos, de diferentes maneras, brindáis un servicio insustituible cada vez que, como trabajadores de la salud, les prestáis la atención que necesitan o la cercanía que los sostiene en su fragilidad.

El recuerdo del 40 aniversario de la fundación de ACOS nos impulsa a agradecer al Señor por lo que habéis recibido de la Asociación y porque os ha permitido trabajar en este tiempo para mejorar el sistema sanitario  y las condiciones de trabajo de todos los trabajadores de la salud, así como la condición de los enfermos y sus familias, que son los primeros destinatarios de vuestros esfuerzos.

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En las últimas décadas, el sistema de asistencia y de atención ha cambiado radicalmente, y con ello también ha cambiado la forma de entender la medicina y la relación con el paciente. La tecnología ha alcanzado metas sensacionales e inesperadas y ha allanado el camino para nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento, planteando, sin embargo,  problemas éticos cada vez más fuertes. De hecho, muchos creen que cualquier posibilidad ofrecida por la técnica sea de por sí moralmente factible, pero, en realidad, cualquier práctica médica o intervención sobre el ser humano debe evaluarse cuidadosamente para saber si realmente respeta la vida y la dignidad humanas. La práctica de la objeción de conciencia, -hoy se pone en tela de juicio-  en los casos extremos donde la integridad de la vida humana esté en peligro se basa, pues,  en la necesidad personal de no actuar de manera diferente a la propia convicción ética, pero también representa una señal para el ambiente sanitario, en el que uno se encuentra, así como para los pacientes y sus familias.

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La elección de la objeción, sin embargo, cuando sea necesaria, debe hacerse con respeto, para que no se convierta en motivo de desprecio o de orgullo lo que debe hacerse con humildad, para no generar en quien os observa un igual desprecio,  que impediría la comprensión de los verdaderos motivos que os empujan. Es bueno, en cambio, buscar siempre el diálogo, especialmente con aquellos que tienen posturas diferentes, escuchando su punto de vista y tratando de transmitir el vuestro, no como alguien que sube a una cátedra, sino como el que busca el verdadero bien de las personas. Hacerse compañero de viaje de quienes nos rodean, especialmente de  los últimos, de los más olvidados, de los excluidos: esta es la mejor manera de comprender a fondo y con verdad las diferentes situaciones y el bien moral que lleva aparejado.

Esta es también la manera de dar el mejor testimonio del Evangelio, que proyecta sobre la persona la luz poderosa que el Señor Jesús continúa proyectando sobre cada ser humano. La humanidad de Cristo es precisamente el tesoro inagotable y la escuela más grande, de la cual aprender continuamente. Con sus gestos y sus palabras, nos hizo sentir el toque y la voz de Dios y nos enseñó que cada individuo, sobre todo el último, no es un número, sino una persona, única e irrepetible. Precisamente el esfuerzo por tratar a los enfermos como personas, y no como números,  se debe llevar a cabo en nuestro tiempo y teniendo en cuenta la forma que el sistema de salud ha adquirido gradualmente. Su transformación en empresa que ha puesto en primer plano las necesidades de reducción de costos y de racionalización del servicio, ha cambiado fundamentalmente el enfoque de la enfermedad y del paciente mismo, dando una preferencia a la eficiencia que no pocas veces ha dejado en  segundo lugar la atención a la persona, que necesita ser entendida, escuchada y acompañada, tanto como necesita un diagnóstico correcto y un tratamiento efectivo.

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La curación, entre otras cosas, pasa no solo por el cuerpo sino también por el  espíritu, por la capacidad de recuperar la confianza y de reaccionar; por lo tanto, el paciente no puede ser tratado como una máquina, ni el sistema de salud, público o privado, puede ser concebido como una cadena de montaje. Las personas nunca son iguales, deben ser comprendidas y cuidadas una por una, como hace Dios: Dios hace así. Obviamente, esto requiere un compromiso considerable por parte de los profesionales de la salud, que a menudo no es lo suficientemente comprendido y apreciado.

La atención que prestáis a los enfermos, tan exigente y absorbente, requiere que también os atiendan a vosotros.  De hecho, en un entorno donde el paciente se convierte en un número,  vosotros también corréis el riesgo de  serlo y de “quemaros” por los turnos de trabajo demasiado duros, por el estrés de las emergencias o por el impacto emocional. Por lo tanto, es importante que los profesionales de la salud tengan garantías adecuadas en su trabajo, reciban el reconocimiento adecuado por las tareas que realizan y puedan usar las herramientas adecuadas para estar siempre motivados y capacitados.

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El objetivo de la formación es un objetivo que vuestra asociación siempre ha perseguido, y os invito a llevarlo adelante con determinación, en un momento en que a menudo perdemos de vista los valores más básicos de respeto y protección de la vida de todos. Que la formación que proponéis  no sea solamente comparación, estudio y actualización, sino que ponga también un acento especial  en la espiritualidad, de modo que se redescubre y se aprecie esta dimensión fundamental de la persona, a menudo descuidada en nuestro tiempo, pero tan importante, especialmente para aquellos que viven la enfermedad o está cerca de los que sufren.

También os aliento, hermanos y hermanas,  a valorizar siempre la experiencia asociativa, enfrentando con nuevo entusiasmo los desafíos que os esperan en los ámbitos que juntos hemos considerado. Una buena sinergia entre las sedes regionales garantizará que las fuerzas de los individuos y los diversos grupos locales no permanezcan aisladas, sino que se coordinen y se multipliquen.

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Para mantener siempre vivo vuestro espíritu, os exhorto a ser fieles a la oración y a nutriros de  la Palabra de Dios: siempre con el Evangelio en el bolsillo, al alcance de la mano: cinco minutos, se lee, para que entre en nosotros la Palabra de Dios. Que os inspire  el ejemplo de constancia y dedicación de los santos: muchos de ellos han servido con amor y desinterés a los enfermos especialmente a os más abandonados. Respecto al Evangelio en el bolsillo, he leído el relato de un misionero-quizás lo conozcáis, es verdad- de una persona, creo de Amazonas, indígena, que llevaba siempre el Evangelio en el bolsillo. Era analfabeto, no sabía leer, pero llevaba el Evangelio en el bolsillo, todo deshilachado, de tantos años que lo llevaba, Y una vez el misionero le preguntó “¿Por qué llevas el Evangelio si no sabes leer?”  “Es verdad, yo no sé leer, pero Dios sabe hablar”. Esa certeza de que en ese libro, está la Palabra de Dios, que nos habla, siempre. Siempre con el Evangelio en el bolsillo.

Queridos amigos, os acompaño con mi oración en esta preciosa tarea de testimoniar. Os encomiendo al Inmaculado Corazón de María, al cual está consagrada vuestra Asociación. Ese corazón que de forma tan límpida ha practicado la acogida y la caridad siga siendo un refugio para nosotros en nuestro trabajo y un modelo de servicio con nuestros hermanos y hermana. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí, y seguid adelante. ¡Gracias!

© Librería Editorial Vaticana

 

 

Sínodo de la Amazonía: Segunda reunión del Consejo Pre-Sinodal en el Vaticano

Seminario de estudios celebrado en febrero

mayo 17, 2019 19:11RedacciónSínodo de la Amazonía

(ZENIT – 17 mayo 2019).- Del 14 al 15 de mayo de 2019, se ha celebrado la segunda reunión del Consejo Pre-Sinodal de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica en la que han participado todos los miembros del Consejo: cardenales, obispos, religiosos y laicos que representan a las iglesias en el Amazonas. También estuvieron presentes expertos, consultores de la Secretaría General e invitados especiales.

El informe del Secretario General enumera las diversas actividades realizadas por la Secretaría General desde la primera reunión del Consejo pre-sinodal (en abril de 2018) en vista de la Asamblea Sinodal  Panamazónica. La primera, en orden cronológico, fue la segunda reunión de la REPAM (Red Eclesial Panamazónica) con la Secretaría del Sínodo (Manaos, 14 al 15 de noviembre de 2018), a la que asistieron los obispos representantes de la REPAM en los países pertenecientes a la Región Panamazónica y también delegados de las Conferencias episcopales regionales en el territorio amazónico de Brasil.

El segundo evento relacionado con el Sínodo Panamazónico fue el seminario de estudio organizado por la Secretaría General Hacia el Sínodo especial para la Amazonía: dimensión regional y universal (25 al 27 de febrero de 2019, que incluía dos cuestiones principales: la misión de la Iglesia y la ecología integral. La tercera actividad de la Secretaría General fue la participación en la Conferencia Internacional de Washington (19 al 21 de marzo de 2019), Ecología integral: una respuesta sinodal de la región amazónica y otros biomas / territorios esenciales para el cuidado de la casa común organizada por la REPAM, el Dicasterio para el Servicio Integral de Desarrollo Humano, el Observador de la Santa Sede en la ONU y la Conferencia de Provinciales Jesuitas de los Estados Unidos y Canadá.

Además, la Secretaría General se ha dedicado a la  preparación del Documento de trabajo, tema principal en la agenda de esta segunda reunión del Consejo pre-sinodal. En las diferentes sesiones se examinó el proyecto del Instrumentum laborispara la Asamblea Especial, que recopila en un solo texto el material de la consulta puesta en marcha con el Documento Preparatorio, los resultados del Seminario mencionado y la abundante documentación proveniente de los eventos organizados por REPAM en el ámbito de la Amazonía (es decir, asambleas territoriales, foros temáticos, reuniones, seminarios y conferencias). El documento de trabajo está dividido en tres partes que abordan los siguientes argumentos: La voz de la Amazonía entendida como escucha de ese territorio, La ecología integral y la Iglesia con rostro amazónico. El propósito del texto es presentar la situación pastoral de esas tierras y nuevos caminos para una evangelización más incisiva en la Amazonía. El Documento de trabajo es  también una reflexión sobre el problema ecológico que interesa a esa región, según la Encíclica Laudato si ‘.

Al final de la discusión, el Consejo pre-sinodal aprobó el Instrumentum laboris, que se difundirá ampliamente en todos los niveles para involucrar al Pueblo de Dios en el proceso sinodal y que se transmitirá a las Conferencias Episcopales pertinentes y a otros cuyos  representantes participarán en la Asamblea del Sínodo.

 

Comentario al Evangelio: Un mandamiento nuevo

Evangelio del Domingo Quinto de Pascua (Ciclo C) y comentario al evangelio.

Vida cristiana

Opus Dei - Comentario al Evangelio: Un mandamiento nuevo

Evangelio (Jn 13, 31-33a. 34-35)

Cuando salió [Judas del cenáculo], dijo Jesús:

— Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios le glorificará a él en sí mismo; y pronto le glorificará. Hijos, todavía estoy un poco con vosotros. (…) Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros.


Comentario

Jesús habla en el cenáculo con sus discípulos durante la Última Cena. Acaba de marcharse Judas Iscariote. El Maestro les anuncia que en ese momento comienza su triunfo y, al mismo tiempo, la glorificación del Padre: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él”. No dice que sería glorificado después de su pasión, por medio de la resurrección, sino que afirma que su glorificación comenzó precisamente con la pasión. Gloria y cruz son inseparables.

A continuación, se dirige a ellos de un modo desacostumbrado: “Hijos, todavía estoy un poco con vosotros”. Es la única vez en el evangelio en que los denomina “hijos”, tratándolos como un padre a sus pequeños. Puede llamarlos así con verdad ya que –como había dicho Jesús mismo– “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30), y “el Padre está en mí y yo en el Padre” (Jn 10,38). San Buenaventura explica teológicamente esta realidad diciendo que “entre las Personas divinas reina una suma y perfecta circumincessio”, en cuanto que “uno está en el otro y viceversa”, algo que en sentido propio y perfecto solamente sucede en Dios, ya que sólo entre las tres Personas de la Santísima Trinidad “se da la más alta unidad con distinción, de manera que es posible hacer esta distinción sin mezcla y esta unidad sin separación”[1].

A la vez, parece sugerirles que, de modo análogo a lo que sucede en Él, también entre ellos debe haber una misteriosa participación en esas relaciones entre de las Personas divinas, en virtud de la cual han de tener sentimientos de paternidad hacia sus hermanos. Si Jesucristo, que es “primogénito entre muchos hermanos” (Rm 8, 29) los llama “hijos”, también ellos han de tener con respecto a sus hermanos un corazón de padre.

San Josemaría, siguiendo esta enseñanza de Jesús, proponía, con gran sentido práctico: “Siguiendo el ejemplo del Señor, comprended a vuestros hermanos con un corazón muy grande, que de nada se asuste, y queredlos de verdad (...). Al ser muy humanos, sabréis pasar por encima de pequeños defectos y ver siempre, con comprensión maternal, el lado bueno de las cosas. De una manera gráfica y bromeando, os he hecho notar la distinta impresión que se tiene de un mismo fenómeno, según se observe con cariño o sin él. Y os decía –y perdonadme, porque es muy gráfico– que, del niño que anda con el dedo en la nariz, comentan las visitas: ¡qué sucio!; mientras su madre dice: ¡va a ser investigador! (…) Mirad a vuestros hermanos con amor y llegaréis a la conclusión –llena de caridad– de que ¡todos somos investigadores!”[2].

En ese momento de especial intimidad, Jesús añade: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros”. En el Antiguo Testamento ya se había formulado el precepto de amar. Pero ahora se añade algo nuevo: Jesús se presenta como modelo y fuente de ese amor. El suyo es un amor sin límites, universal, capaz de transformar incluso el dolor y las circunstancias negativas en ocasiones de amar. Amar así es el signo distintivo de sus discípulos. ¡Cuánto camino debemos recorrer aún para vivir como Jesús nos enseña!

“Debemos pedir al Señor –recuerda el Papa Francisco– que nos haga comprender bien esta ley del amor. Cuán hermoso es amarnos los unos a los otros como hermanos auténticos. ¡Qué hermoso es! Hoy hagamos una cosa: tal vez todos tenemos simpatías y no simpatías; tal vez muchos de nosotros están un poco enfadados con alguien; entonces digamos al Señor: Señor, yo estoy enfadado con este o con esta; te pido por él o por ella. Rezar por aquellos con quienes estamos enfadados es un buen paso en esta ley del amor. ¿Lo hacemos? ¡Hagámoslo hoy!”[3].


[1] S. Buenaventura, Sent. I, d.19, p.1, q.4.

[2] S. Josemaría, Carta 29-IX-1957, 35. Citado en Ernst Burkhart - Javier López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría: estudio de teología espiritual, vol. 2, Madrid, Rialp, 2011, pp. 331-332.

[3] Papa Francisco, Audiencia general, miércoles 12 de junio de 2013.

 

 

QUINTO DOMINGO DE PASCUA.

 Jn 13, 31-33a.34-35.

 COMO YO OS HE AMADO.

 El fruto de Cristo Resucitado es el Espíritu Santo que nos lanza a vivir en la caridad. La clave es siempre vivir con los sentimientos del Corazón de Cristo y esto no se puede realizar sin el Espíritu Santo, que nos ayuda para aterrizar en la caridad, que se hace servicio en los que sufren.

 En el cenáculo con Cristo muerto y resucitado, en la Eucaristía, estamos llamados a vivir la caridad con estas claves. Primero ser de Dios. Este es el fruto de la unión con Dios, tener los sentimientos de su Corazón, ser de Dios, pertenecerle en la vida y en la muerte. Vivir con la inmensa alegría de que somos de la Trinidad. De un amor total. De una alegría que no tiene final. Ser de Dios es la fuente de la caridad. Es de su Corazón abierto, de donde brota la fuente de la salvación.

Segundo, del cenáculo aprendemos de su Corazón a no ser de uno mismo. Es en el olvido de si, el inicio y la culminación de toda santidad. Mientras que no recibamos esta gracia que debemos pedir, de olvidarnos de nosotros mismos estaremos en el balbuceo de la vida cristiana. Es necesario acudir y recurrir a la Misericordia del Señor para la transformación de nuestro corazón, que no se realizara sin el olvido de sí, es decir, si no somos de nosotros mismos, que es la manera de vivir la caridad con todos. Es ser buenos con todos y siempre. Esta es la clave de la santidad que brota del cenáculo, de la lógica, del don.

Tercero, ser para los demás. En el cenáculo Jesús siempre se arrodilla a los pies de la humanidad. Nos lava con su sangre. Nos recuerda tener caridad con los pobres, con los que sufren. Todo discípulo de Jesús es trasformado por el Espíritu Santo para ser caridad y ser para los demás. Amar a todos y amar siempre.

 Magnifico programa de vida. No irnos por las ramas. La prueba de algodón de que uno está en las entrañas de misericordia del Señor, es cuando somos capaces de vivir con corazón bueno como él. Aquí tenemos en el cenáculo en este domingo de pascua las claves de la santidad; ser de Dios, no ser de uno mismo y ser para los demás.

+ Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres 

 

“Ella nos abre el camino hacia el Reino”

Haz tu amor a la Virgen más vivo, más sobrenatural. –No vayas a Santa María sólo a pedir. ¡Ve también a dar!: a darle afecto; a darle amor para su Hijo divino; a manifestarle ese cariño con obras de servicio al tratar a los demás, que son también hijos suyos. (Forja, 137)

 

Volvemos de nuevo a la experiencia de cada día, al trato con nuestras madres en la tierra. Por encima de todo, ¿qué desean, de sus hijos, que son carne de su carne y sangre de su sangre? Su mayor ilusión es tenerlos cerca. Cuando los hijos crecen y no es posible que continúen a su lado, aguardan con impaciencia sus noticias, les emociona todo lo que les ocurre: desde una ligera enfermedad hasta los sucesos más importantes.
Mirad: para nuestra Madre Santa María jamás dejamos de ser pequeños, porque Ella nos abre el camino hacia el Reino de los Cielos, que será dado a los que se hacen niños (Cfr. Mt XIX, 14). De Nuestra Señora no debemos apartarnos nunca. ¿Cómo la honraremos? Tratándola, hablándole, manifestándole nuestro cariño, ponderando en nuestro corazón las escenas de su vida en la tierra, contándole nuestras luchas, nuestros éxitos y nuestro fracasos. (Amigos de Dios, 289-290)

 

Carta del Papa Francisco sobre la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri

Carta del Papa Francisco a Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, con motivo de la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri.

Documentación18/05/2019

Opus Dei - Carta del Papa Francisco sobre la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri

Descarga la carta del Papa Francisco sobre la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri (formato PDF)

Querido D. Fernando:

Dentro de poco tendrá lugar la beatificación de la sierva de Dios Guadalupe Ortiz de Landázuri, primera fiel laica de esa Prelatura en ser beatificada, y deseo unirme a vuestra alegría y a vuestra acción de gracias por este testimonio de santidad, vivido en las circunstancias ordinarias de su vida cristiana.

Es justo alegrarse y dar gracias a Dios, porque Él nunca abandona a su Iglesia, ni siquiera en los momentos más oscuros, y con amor de esposo sigue suscitando en ella ejemplos de santidad que embellecen su rostro, nos llenan de esperanza y nos señalan con claridad el camino que hemos de recorrer.

La santidad supone abrir el corazón a Dios y dejar que nos transforme con su amor, y supone también salir de sí mismo y andar al encuentro de los demás donde Jesús nos espera, para llevarles una palabra de ánimo, una mano de apoyo, una mirada de ternura y consuelo.

Guadalupe Ortiz, con la alegría que brotaba de su conciencia de hija de Dios, aprendida del mismo san Josemaría, puso sus numerosas cualidades humanas y espirituales al servicio de los demás, ayudando de modo especial a otras mujeres y a sus familias necesitadas de educación y desarrollo. Y todo esto lo realizó sin ninguna actitud proselitista sino sólo con su oración y su testimonio.

Animo a todos los fieles de la Prelatura, así como a todos los que participan en sus apostolados, a que aspiren siempre a esta santidad de la normalidad, que arde dentro de nuestro corazón con el fuego del amor de Cristo, y de la que tanto necesita hoy el mundo y la Iglesia.

Les pido también que no dejen de rezar por mí, al mismo tiempo que les imparto la Bendición Apostólica. Que Jesús los bendiga y que la Virgen Santa los cuide.

Fraternalmente,

Francisco

 

La beatificación de Guadalupe, en 20 minutos

El cardenal Angelo Becciu ha presidido la ceremonia de beatificación de la fiel del Opus Dei Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975). Este vídeo de 20 minutos resume la ceremonia, en la que también se ha leído una carta del Papa Francisco.

 

 

Guadalupe, beata

Madrid acogió la beatificación de la doctora química e investigadora española Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975) que, entre otras cosas, llevó el mensaje del Opus Dei a México. En una carta, el Papa Francisco la puso como ejemplo de “santidad de la normalidad”.

Noticias18/05/2019

El delegado del Santo Padre fue el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos. Junto a él concelebraron el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, el prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, así como seis cardenales, nueve arzobispos, diecisiete obispos y unos 150 sacerdotes.

Papa Francisco: la alegría de Guadalupe

El Papa Francisco quiso “unirse a la alegría y acción de gracias” por la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri a través de una carta leída por el vicario auxiliar de la prelatura, Mariano Fazio, al final de la ceremonia (enlace al texto completo de la carta).

La nueva beata -dijo Francisco- “puso sus numerosas cualidades humanas y espirituales al servicio de los demás, ayudando de modo especial a otras mujeres y a sus familias necesitadas de educación y desarrollo”. El pontífice destacó que Guadalupe “realizó todo esto sin ninguna actitud proselitista sino sólo con su oración y su testimonio”, “con la alegría que brotaba de su conciencia de hija de Dios, aprendida del mismo san Josemaría”.

 

 

Por su parte, el prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, tras agradecer a Dios la beatificación de Guadalupe, pidió al cardenal Becciu que transmitiera al Romano Pontífice su gratitud y la de toda la prelatura del Opus Dei. “Dígale que agradecemos el mensaje que nos ha enviado y que acabamos de escuchar; que le manifestamos nuestro filial afecto y rezamos por su ministerio pastoral de sucesor de Pedro” (palabras de agradecimiento del prelado del Opus Dei).

El prelado encomendó a la intercesión de la beata Guadalupe el propósito de todos los fieles de la Obra “de ser siempre buenos hijos de la Iglesia; y que la prelatura del Opus Dei, como quiso san Josemaría, sirva siempre a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida. Que con la gracia de Dios, la mediación materna de Santa María, y el ejemplo de la nueva beata, sepamos descubrir cada día que nuestra vida ordinaria es lugar en que Jesucristo nos espera y ocasión de transmitir a los demás la alegría del Evangelio”.

 

 

El cardenal Becciu subrayó la capacidad de la beata para enseñarnos “que es posible armonizar la oración y la acción, la contemplación y el trabajo”. Además, “nos enseña que bello y atrayente es el poseer la capacidad de escuchar y una actitud siempre alegre incluso en las situaciones más dolorosas” (texto íntegro de la homilía del cardenal Becciu).

“Guadalupe -prosiguió el cardenal- se presenta así ante nuestros ojos como un modelo de mujer cristiana siempre comprometida allí donde el designio de Dios ha querido que esté, especialmente en lo social y en la investigación científica. En definitiva, fue un don para toda la Iglesia y es un ejemplo valioso a seguir”.

Una beatificación global, sostenible, digital

A las 9 de la mañana el Palacio Vistalegre Arena abría sus puertas. Saludos, reencuentros y selfies con los grupos más lejanos y exóticos: Nigeria, Nueva Zelanda, Singapur, India, Japón, algunos de ellos ataviados con sus trajes típicos.

Más de 11.000 personas de 60 nacionalidades acudieron a Madrid para participar en la beatificación, pero muchos más la siguieron virtualmente a través de la televisión o por streaming, desde sus casas o en las fanzones organizadas en distintas ciudades del mundo, acompañadas de mariachis, comida mexicana o experimentos de química. Ésta fue, sin duda, una beatificación del siglo XXI, digital e internacional.

Entre los asistentes, estaban los familiares de la nueva beata. Luis Cruz, sobrino nieto y capellán universitario en Madrid destacó de su tía que “era una mujer que sabía ponerse en la mirada de Dios para ver lo bueno de lo que le sucedía y lo bueno de cada persona”. Destacó que “miraba con una sonrisa alegre y disfrutabas estando con ella”.

También acudieron los tres hijos de Antonio Sedano, curado de un carcinoma por intercesión de Guadalupe, “muy agradecidos y emocionados. Ella nos sigue ayudando en cosas pequeñas”, decían. Quiso venir incluso el primer oftalmólogo que atendió a su padre, el doctor José Ramón Fontenla: “Venir hoy a Vistalegre es una gran alegría y una ocasión para pedir favores a la beata”.

En el interior del recinto, los participantes mostraban pulseras rotuladas con una expresión que repetía la nueva beata (“Y yo tan contenta”), o asomaban sonrientes la cabeza por el hueco del photocall junto a la imagen de Guadalupe vestida de aviador al pie de una avioneta en Tetuán. Otros se informaban de las Becas Guadalupe en el stand de la ONG Harambee, que sufragarán los gastos de estancias de investigación de 100 científicas africanas.

En la capilla instalada para la ocasión, unos fieles rezaban; en la zona de confesionarios, los penitentes esperaban su turno; en la sacristía aguardaban los ornamentos y objetos litúrgicos, la mayoría procedentes de la ceremonia de beatificación de Álvaro del Portillo que tuvo lugar el 27 de septiembre de 2014 en Valdebebas. Los lienzos para la ceremonia han sido elaborados por voluntarios en España, Suiza y Líbano. El vino “Perdiguera” procede de la Escuela Familiar Agraria (EFA) Molino de viento, una iniciativa educativa en Campo de Criptana (Ciudad Real, España). Las rosas llegaron regaladas desde Uruguay.

Las gradas de Vistalegre Arena se iban llenando. Una ojeada a la zona de invitados permitía ver un arco de edades de 0 a 100 de muchos países. Ésta ha sido una beatificación intergeneracional.

La fórmula solemne

Cuando entraron los celebrantes, sonó en Vistalegre el canto Il Signore terra tutta, del compositor italiano Marco Frisina, cantado por la coral profesional “Grupo Alborada” bajo la dirección del barítono Gonzalo Burgos.

El cortejo estaba compuesto por casi 200 concelebrantes. Tras los ritos iniciales, tuvo lugar el momento central de la ceremonia. Después de las palabras de solicitud por parte del prelado y una reseña biográfica de la futura beata, el cardenal Becciu leyó la carta apostólica con la formula solemne de beatificación: “Concedemos que la Venerable Sierva de Dios Guadalupe Ortiz de Landázuri y Fernández de Heredia, fiel laica de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, que entregó su vida al señor, sirviendo con alegría a sus hermanos en la realización de las tareas cotidianas, de ahora en adelante sea llamada Beata”.

 

 

Tras las palabras, se descubrió la imagen de la beata, mientras sonaba el himno Christus Vincit y un fuerte aplauso. Desde ese momento, Guadalupe ya puede recibir culto en el Opus Dei y en Madrid. Su fiesta se celebrará el 18 de mayo, día que ella apreciaba por ser el aniversario de su Primera Comunión.

Las reliquias de la nueva beata fueron llevadas hasta el altar por familiares de Guadalupe e integrantes de la familia de Antonio Sedano.

Cardenal Becciu: “Su corazón, siempre abierto”

Llegó la hora de la Liturgia de la Palabra. Durante la homilía, el cardenal Becciu recorrió la biografía de la nueva beata y destacó que "nos enseña qué bello y atrayente es poseer la capacidad de escuchar y una actitud siempre alegre incluso en las situaciones más dolorosas". Además, "su corazón estuvo siempre abierto a las necesidades del prójimo, traduciéndose esto en una actitud de acogida y comprensión".

 

 

"Nos encontramos –añadió– ante una mujer cuya vida ha sido iluminada solo por la fidelidad al Evangelio. Poliédrica y perspicaz, ha sido luz para aquellos que ha encontrado a lo largo de su existencia".

Cardenal Osoro: “Fieles como ella”

 

En el 25 aniversario de la consagración de la catedral de la Almudena por san Juan Pablo II, el arzobispo de Madrid, cardenal Osoro, resaltó “entre estas gracias del Cielo que estamos recibiendo de la Virgen, el don de Dios de la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri”.

Osoro consideró a la nueva beata “uno de nosotros”. Nacida en Madrid, bautizada en la parroquia de san Ildefonso, descubrió la llamada de Dios en el templo de la Concepción y está enterrada en la Gran Vía en el Real Oratorio de Caballero de Gracia.

“Todo esto -continuó- nos recuerda cómo la Virgen Santísima llevó los pasos de la nueva beata y la sostuvo en el camino hacia la santidad con abundantes gracias en su vida y a través de su vida. Precisamente, san Josemaría Escrivá solía decir a sus hijos, especialmente a los primeros de la Obra, como la beata Guadalupe, que si en algo quería que la imitaran era en el amor a la libertad y en el amor y devoción a María Santísima. Nos encomendamos a la nueva beata para que nos ayude a ser fieles como ella con alegría al querer de Dios y que nos enseñe a confiar, como ella, en la intercesión de la Santísima Virgen María”.

Peregrinos “tan contentos”

Un grupo de 24 alumnas del Colegio Montefalco (México) no quiso perderse la celebración. Tienen claro que lo que más les atrae de la nueva beata y se amontonan para contarlo: "Su ejemplo, su dedicación, la verdadera vocación, su sonrisa... Sobre todo, es mujer". Muchas de estas niñas han empleado para este viaje sus ahorros y el dinero que habían recibido como regalo para su fiesta de los quince años. Había también un grupo de “mamitas”: mujeres embarazadas que pertenecen a la parroquia Nuestra Señora de la Paz de Quito (Ecuador).

Ana María del Carmen Ruiz es mexicana, 88 años, química como Guadalupe, a la que conoció en México. “La recuerdo muy sonriente, comprensiva y detallista con todas, te daba paz conversar con ella”. Admiraba también que “quería ser mexicana completamente, intentaba coger los dichos mexicanos, todo para ser una más”. Después de tantos años, dijo, “Guadalupe es hablar de la santidad en la vida ordinaria. Yo la veía tan natural, trabajando y riéndose con la gente, que nunca me imaginé que eso la llevaría a la santidad de altar”.

 

 

Nikita, india de Delhi, diseñadora, comentaba su impresión por “la impronta de Guadalupe en las residencias universitarias, con la comprensión y la exigencia suave que ella vivió”. Malena, canadiense, concluía: “Me siento en casa, con el espíritu de Guadalupe”.

Ariel ha venido desde la ciudad filipina de Iloilo al frente de un grupo de 15 chicos de Westbridge School. "Lo que más les gusta de Guadalupe es su faceta de maestra", cuenta, y añade que en este tiempo les ha concedido muchos favores, el más importante, "la llegada del visado ¡el día antes de venir a España!".

Benita Maduadichie es de Nigeria y el hecho de que haya podido asistir a la beatificación se lo debe directamente a Guadalupe: "Le pedí un trabajo para poder venir y justo una semana antes del viaje lo encontré".

Maria tiene 8 años, es de Varsovia (Polonia), la tercera de cuatro hermanos y está en Madrid junto a sus padres, Katarigne y Michal, para agradecer a Guadalupe su Primera Comunión, que recibió el pasado 22 de abril. Su madre indica que "Guadalupe era una persona feliz y con muy buen sentido del humor, y esto es muy atractivo para mí. Es una mujer valiente, no tenía miedo de nada porque creía tanto en el amor de Dios... Y a la vez, era muy normal. Es un ejemplo para las madres, para las mujeres... Simplemente, ¡me gusta Guadalupe!”.

 

Homilía en la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri

Ofrecemos el texto de la homilía preparada por el Cardenal Giovanni Angelo Becciu para la ceremonia de beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri.

Documentación18/05/2019

Opus Dei - Homilía en la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri

«Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 14).

Queridos hermanos y hermanas:

Al escuchar estas palabras de Cristo dirigidas a los discípulos, y que hoy nos han sido proclamadas, el temor casi se ha apoderado de nosotros. Querríamos enseguida responder al Maestro: ¡la luz del mundo eres tú! De hecho, nos viene a la mente lo que Él ha dicho de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo... el que me sigue... tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12). Sin embargo, esta página del evangelio nos recuerda que Cristo dice que también nosotros somos luz en el mundo, porque la hemos recibido de Él, que ha venido al mundo no solamente para “ser la luz”, sino para “dar la luz”, para comunicarla a las mentes y los corazones de cuantos creen en Él. Jesús quiere de nosotros precisamente esto, cuando dice “vosotros sois la luz del mundo”. De hecho añade: «No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa» (Mt 5, 14-15).

Tenemos pues una tarea. Tenemos una responsabilidad por el don recibido: la responsabilidad sobre la luz que nos ha sido transmitida. No podemos solamente apropiarnos de ella y guardarla únicamente para nosotros, sino que estamos llamados a comunicarla a los demás, a donarla; debemos hacerla brillar «ante los hombres» (v. 16).

De esta verdad era consciente la beata Guadalupe. Ella es para nosotros un modelo de cómo mostrar esta luz que es Cristo y cómo transmitirla a los hermanos. Nos encontramos, en efecto, ante una mujer cuya vida ha sido iluminada solo por la fidelidad al Evangelio. Poliédrica y perspicaz, ha sido luz para aquellos que ha encontrado a lo largo de su existencia, mostrando un coraje y una alegría de vivir que procedían de su abandono en Dios, a cuya voluntad se conformaba día tras día, y cuyo descubrimiento la hizo testigo valiente y anunciadora de la Palabra de Dios. La fuente de su fecunda vida cristiana fue su íntima y constante unión con Cristo. Su diálogo con Dios, ya desde jovencita, era continuo y se realizaba singularmente mediante una intensa vida sacramental y prolongados tiempos de recogimiento: la Santa Misa y la confesión eran los pilares de su vida espiritual. El rezo del rosario, recitado con gran devoción, era el signo evidente de su profundo vínculo con la Madre de Dios, a cuya intercesión solía confiarse. Guadalupe ha recorrido un camino de oración completo y maduro, que la llevó a experimentar en modo profundo y místico la presencia del Señor y su amor misericordioso. En efecto, es de la contemplación del misterio pascual de donde brotó la luz de la verdad que guió sus pasos. La misma luz la convirtió en una “lámpara” puesta “en el candelero y que alumbra a todos los de la casa” (v. 15).

La cruz no tardó en aparecer en su vida. En el terrible período de la guerra civil aceptó con heroica fortaleza, fruto de una fe, esperanza y caridad también heroicas, el trágico fusilamiento de su padre, los peligros del conflicto armado, el alejamiento de Madrid, la pobreza y la interrupción de los estudios. En medio de tanto desierto espiritual y material tuvo lugar el encuentro que daría un giro total a su existencia. Tocada por la “gracia”, que experimentó durante una misa dominical, sintió el deseo de encontrar a alguien que le ayudase a hallar respuestas más profundas a sus exigencias espirituales y así, mediante un amigo, entró en contacto con el fundador del Opus Dei. El encuentro supuso un paso decisivo hacia una vida de total entrega a Dios. Incorporada a la Obra, se mostró disponible, con ánimo entusiasta y generoso, a comunicar a todos y en todas partes la alegría del descubrimiento de la “perla preciosa”, la de el evangelio,y comenzó a desarrollar un intenso apostolado en distintos lugares, estrechando con facilidad y por todas partes lazos de amistad con jóvenes, que eran edificadas con su fe, su piedad, su caridad y su alegría sana y contagiosa. Había ya comprendido que la unión con Dios no podía limitarse al momento de la oración en una capilla, sino que toda la jornada se presentaba como una ocasión para intensificar su trato con el Señor. Una característica espiritual suya era de hecho la de transformar en oración todo lo que hacía. Al respecto, le gustaba repetir que era necesario caminar con «los pies en la tierra pero mirando siempre al cielo, para ver luego más claro lo que pasa junto a nosotros» (Informatio, Sec. II, Biographia documentada, p. 46).

Cuando el fundador, Escrivá de Balaguer, le preguntó si estaba dispuesta a ir a México para implantar la Obra, aceptó enseguida y con alegría. Ya no tenía ningún otro interés que el de ser un instrumento dócil en las manos de Dios. Para superar las comprensibles dificultades familiares, y prepararse espiritualmente para cumplir cuanto Dios le pedía, se encomendó a Nuestra Señora de Guadalupe. En México, su trabajo apostólico se basaba en el amor de Dios, que se traducía en una vida de piedad y de abandono en su manos y en el celo misionero; se preocupaba antes que nada de formar bien a las recién llegadas; insistía en la necesidad de la perseverancia; edificaba con su espíritu de oración, de sobriedad y de penitencia; era evidente que trabajaba solo para la gloria de Dios y para la extensión de su Reino.

Destinada a Roma, con responsabilidades de gobierno, fue obediente, humilde y alegre como siempre, dedicándose al trabajo de oficina y a la oración. Tras regresar a España, retomó las tareas de enseñanza y de formación de las jóvenes de la Obra: fue el tiempo de un compromiso decidido, constante, generoso y gozoso por vivir siempre con más radicalidad el Evangelio; fue una respuesta consciente al amor de Dios, del cual ella se sentía revestida, sobre todo en los momentos más trágicos de su existencia, con el propósito de ser santa y, siguiendo la espiritualidad del Opus Dei, animada por un fuerte deseo de implicar al mayor número posible de hermanos y hermanas en la misma aventura.

La beata Guadalupe ha sabido ser, en cada circunstancia, un don para los demás, cuidando especialmente la formación de las estudiantes y dedicándose a la investigación científica para promover el progreso de la humanidad. Además, su corazón estuvo siempre abierto a las necesidades del prójimo, traduciéndose esto en una actitud de acogida y comprensión. En toda circunstancia demostró ser una mujer fuerte. Su fortaleza era particularmente evidente en las dificultades, en la realización de nuevas obras apostólicas, en la evangelización de frontera y, sobre todo, en saber aceptar pacientemente los sufrimientos físicos, que le condicionaban seriamente la vida diaria. Todo lo supo aceptar sin reservas y sin lamentarse, transformando la enfermedad en preciosa ofrenda al Altísimo y en una ocasión de profunda unión con el Crucificado.

La nueva beata nos comunica a nosotros, los cristianos de hoy, que es posible armonizar la oración y la acción, la contemplación y el trabajo, según un estilo de vida que nos lleva a fiarnos de Dios y a sentirnos expresión de su voluntad, la cual hay que vivir en todo momento. Además, nos enseña que bello y atrayente es el poseer la capacidad de escuchar y una actitud siempre alegre incluso en las situaciones más dolorosas. Guadalupe se presenta así ante nuestros ojos como un modelo de mujer cristiana siempre comprometida allí donde el designio de Dios ha querido que esté, especialmente en lo social y en la investigación científica. En definitiva, fue un don para toda la Iglesia y es un ejemplo valioso a seguir.

Su riqueza de fe, esperanza y caridad es una admirable demostración de cuanto el Concilio Vaticano Segundo ha afirmado sobre la llamada de todos los fieles a la santidad, especificando que cada uno persigue este objetivo «siguiendo su propio camino» (Lumen gentium, 41). Esta indicación del Concilio encuentra hoy una realización cumplida con la Beatificación de esta mujer, a cuya oración e intercesión recurrimos para que seamos siempre mejores testigos de la luz de Cristo y lámparas que iluminen las tinieblas de nuestro tiempo.

Sí, invoquémosla: ¡Beata Guadalupe, ruega por nosotros!

 

Palabras de Mons. Fernando Ocáriz tras la beatificación de Guadalupe

Palabras de Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, tras la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri (Madrid,18-V-2019).

Documentación18/05/2019

Opus Dei - Palabras de Mons. Fernando Ocáriz tras la beatificación de Guadalupe

 

Antes del final de esta solemne celebración, doy gracias a Dios, al considerar que en Guadalupe Ortiz de Landázuri, como en todos los santos y beatos, se refleja la santidad de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. En la vida de la nueva beata, podemos contemplar con agradecimiento cómo el Señor sigue actuando, también en medio de nuestras ciudades, de nuestras calles, en nuestras familias, en nuestros ambientes de trabajo.

También doy gracias a Dios, de quien procede toda santidad, porque la beatificación de Guadalupe, primera fiel laica del Opus Dei en ser elevada a los altares, representa como un nuevo resello que da la Iglesia al camino que el Señor hizo ver a san Josemaría el 2 de octubre de 1928.

Deseo, en fin, manifestar mi agradecimiento al Cardenal Angelo Becciu que, como representante del Santo Padre Francisco, ha presidido esta solemne celebración eucarística. Gracias por las palabras que nos ha dirigido en la homilía. Le ruego, señor Cardenal, que transmita al Romano Pontífice mi gratitud, y el de toda la Prelatura del Opus Dei. Dígale que agradecemos el mensaje que nos ha enviado y que acabamos de escuchar; que le manifestamos nuestro filial afecto y rezamos por su ministerio pastoral de sucesor de Pedro.

A la intercesión de la beata Guadalupe encomiendo nuestro propósito de ser siempre buenos hijos de la Iglesia; y que la Prelatura del Opus Dei, como quiso san Josemaría, sirva siempre a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida. Que con la gracia de Dios, la mediación materna de Santa María, y el ejemplo de la nueva beata, sepamos descubrir cada día que nuestra vida ordinaria es lugar en que Jesucristo nos espera y ocasión de transmitir a los demás la alegría del Evangelio.

 

Vistalegre, la sala de estar más grande del mundo

Sábado, 18 de mayo. 19.00 h. Se abre el telón. Este es el marco: una plaza de toros multiusos convertida en sala de estar. Madrid, al fondo. Y un avión rojo surcando los cielos en formato alegría XXL. El encuentro de los asistentes a la beatificación de Guadalupe con el Padre ha sido una performance de agradecimiento.

Noticias18/05/2019

 

 

Todo empieza con unas palabras de don Fernando hablando de Guadalupe, de alegría, de dar gracias a Dios. Y de la necesidad de entender para siempre que lo que ha sucedido esta mañana es una llamada: “La santidad no es una utopía para la gente normal. Está al alcance de la mano con la gracia de Dios”.

Y de pronto, un mago toma el micrófono. Santiago de la Puente González-Aller es el Mago Numis. Tiene 23 años y muchas ganas de fiesta. Su especialidad es hacer trucos con monedas. El sueño para cualquier crisis económica… El caso es que hoy ha estado ante su aforo más numeroso en este Palacio de Vistalegre-Arena y ha venido a amenizar este encuentro intergeneracional, universal y festivo organizado para celebrar la beatificación de Guadalupe. Sobre las tablas hemos visto su pasión por sembrar las calles del mundo por las que pasa con humor y espectáculo con el lenguaje de la magia.

El público está en el bolsillo.

Alegría y amistad

Los presentadores del evento dan entrada a Luis. Luis Cruz es sacerdote. Sobrino nieto de Guadalupe Ortiz de Landázuri. Nieto de Eduardo Ortiz de Landázuri. Para él, la nueva beata es “su sonrisa inolvidable”, una relación festiva con Dios, empuje, horizontes amplios para ella y para todas las mujeres que ha tenido cerca a lo largo de su vida, capacidad de amistad… Al menos así la recuerdan en casa. Cuenta que toda la familia de Guadalupe está viviendo estos días con una alegría especial. Lógico.

“Guadalupe –dice Luis– era una mujer con muchas amigas a las que cuidaba. Te animaba a soñar. A llenar tu corazón de ilusiones. Era su manera de reflejar la vida de Dios que llevaba muy dentro”. Y sobre esta cuestión de amistad-alegría-viento fresco para el mundo ha ido su pregunta. El Padre responde: “La auténtica amistad es verdadero apostolado, porque expresa el deseo de bien a los demás”.

Después pasamos a África. Nigeria. Anjelica recuerda el interés de Guadalupe por el desarrollo social. Aplaude la iniciativa de Harambee de financiar cien becas para científicas africanas en los próximos diez años con motivo de la beatificación. Mujer, ciencia, progreso, mundo. Pregunta: ¿Cómo podemos vivir las personas con recursos teniendo muy presente a los que no tienen?

Don Fernando anima a los asistentes a vivir sobriamente. Primero: recoger el bolsillo, huir de lo superfluo y desprendidos de las cosas materiales. Porque eso genera una actitud en el alma que lleva a colaborar con los demás, a salir a las calles, a tender las manos. A implicarse por la vía de los hechos.

Alegría y México

Aparece un cactus sobre el escenario. ¡Un cactus con pinchos y piernas! Es la señal de que conectamos con México. ¡Buenas tardes, México! Al otro lado de las pantallas le recuerdan al Padre que en 2020 hará 50 años de la visita de san Josemaría a México y de aquella Novena a la Virgen de Guadalupe. “No es por presionar, pero igual es un aniversario redondo para que venga a vernos”. Aplausos fuertes.

Y después, se lió en la pista de Vistalegre al ritmo de Canta y no llores. Mariachis allí. Mar de brazos, aquí. Madrid-México a la distancia de dos salas de estar conectadas por wifi.

Así era el fondo del encuentro con el prelado del Opus Dei en el Palacio de Vistalegre-ArenaAsí era el fondo del encuentro con el prelado del Opus Dei en el Palacio de Vistalegre-Arena

Entra Teresa Navarro. 20 años. Viene de San Sebastián. Joven y brillante. Estudia un grado de gastronomía en el Basque Culinary Center, porque hace ya unos años decidió que iba a dedicar su vida a servir a los demás como numeraria auxiliar y como masterchef para la gente de su familia. Pisa fuerte con el argumento de su vida sobre los tópicos que miran con recelo los trabajos del hogar, precisamente en un mar de sentimientos que vienen, sentimientos que van, corrientes que pegan y corrientes que arrastran. A ella le arrastra la vida coherente y feliz de Guadalupe.

El Padre le habla de que “la libertad guía más a las personas que el entendimiento”. Propone como estructura vital el amor, “que no es un sentimiento, sino una decisión libre de la voluntad, a la que a veces acompaña el sentimiento”. Entre el Padre y Teresa se abre un diálogo a escala: “Fórmate, estudia, ten ideas claras, y fortalece tu libertad” para que, por los mares del mundo, entusiasmantes, la nave llegue a buen puerto.

Alegría y cruz

Habla Teresa Robles, junto a su marido, Íñigo. 21 años casados. Siete hijos. Dos de ellos con discapacidad y el último, Josemaría, con síndrome de Down y una leucemia. Duele, pero Teresa y su marido son un ejemplo de que aceptar la realidad y sobreponerse a las dificultades lógicas siembra frutos positivos que nunca se imaginaron. Josemaría es el protagonista de una cuenta de Instagram (@ponundownentuvida), con más de 25.000 seguidores. De esa red surgen peces: historias de gente que veían el Down desde abajo, y que, gracias a este pequeño influencer han empezado a mirarlo en modo up. Arriba.

El Padre les mira. Les admira, se nota. Le agradece su ejemplo, su entereza, y su afán por aprovechar una cruz para sembrar alegría. En casa. En las redes. En el mundo. A la intervención, responde el Padre: “No nos gusta el dolor, pero cristianamente vemos en el dolor una oportunidad para unirnos a la Cruz de Cristo”. Un poco más adelante: “Se puede sufrir. Se puede llorar. Pero estar triste, no. La fe en Dios, que nos quiere contentos, nos dice que esa actitud es absurda”.

Ana vive en Madrid. Ha leído las cartas de Guadalupe a san Josemaría y se ha quedado prendada de su naturalidad, su conexión, su ilusión, su valentía y su felicidad. Ella quiere eso para siempre en su vida, y además quiere transmitirlo con autenticidad a las generaciones futuras.

Acaba el encuentro hablando de alegría. El Padre: “La alegría que sentimos ahora hay que mantenerla. Siempre hay motivos, a pesar de las dificultades. Dios nos quiere contentos”.

Ese es el clima. Se cierra el telón. Una hora larga muy corta. Decenas de nacionalidades. Mucha gente de aquí, de allá. De piso y de campo. Mujeres, hombres. Niños y niñas. El Opus Dei en el ruedo, toreando la fiesta de Guadalupe. Dos orejas. Un rabo. Y fin.

 

Una meditación sobre el don de donarse

Escrito por San Juan Pablo II

Publicado: 16 Mayo 2019

“Al crear al hombre varón y mujer, Dios signó a la humanidad con el misterio de aquella comunión que constituye la esencia de su vida interior”

Esta meditación fue originalmente firmada el 8 de febrero de 1994 (seis días después de que el Papa Juan Pablo II firmara la Carta a las familias), pero no se imprimió hasta 2006 (Acta Apostolicae Sedis 98, n°8 [4 agosto 2006], pp. 623-38). Está siendo republicada y traducida con permisos, del polaco al francés, por Pascal Ide, al inglés por Maria MacKinnon para Communio, y al español por Martín Bruggendieck. Humanitas la comparte en torno al quinto aniversario de la canonización de Juan Pablo II.

Creación como Don

¿Puede un hombre decir a otro “Tú fuiste dado por Dios a mí”? Cuando era un joven sacerdote, en cierta ocasión mi director espiritual me dijo: “Tal vez sea voluntad de Dios donarte a esa persona”. Estas fueron palabras de aliento, exhortándome a confiar en Dios y aceptar el don que un hombre puede llegar a ser para otro hombre. Sospecho que no comprendí de inmediato que estas palabras también escondían una profunda verdad sobre Dios, el hombre y el mundo. El mundo, precisamente ese mundo en que vivimos, el mundo humano… es el escenario de un permanente intercambio de regalos, de dones dados y recibidos de muchas maneras. Las personas no viven solamente la una junto a la otra, sino que también comparten múltiples formas de relacionarse. Viven las unas para las otras: son hermanos y hermanas, esposas y esposos, amigos, maestros, estudiantes… Pareciera que nada hay de extraordinario en ello, que solamente sería el patrón normal de la vida humana. En determinados momentos, este patrón se intensifica, y es allí, en esos puntos de “intensificación”, que el darse una persona a otra se vuelve más real.

Cuando dos personas se unen la una con la otra, no solo se dan a sí mismas a esa otra. Por ese mutuo darse es que se realiza el plan de Dios. Como leemos en el Génesis, Dios creó el mundo visible para el hombre y le manifestó que debía apropiárselo (véase Gn 1:28) y someter a las creaturas inferiores a su dominio. Sin embargo, semejante dominio sobre el mundo creado debe tomar en consideración el bien de las creaturas individuales. El libro del Génesis nos recuerda que Dios vio que toda la creación estaba bien. La creación es buena para el hombre en cuanto el hombre sea “bueno” con las creaturas que lo rodean: los animales, las plantas, así como la creación inanimada. Si el hombre es bueno para con ellas, si se refrena de causarles daño innecesario o de explotarlas irreflexivamente, entonces la creación forma un medio ambiente natural para el hombre. Las creaturas se convierten en sus amigas. Esto no solo le permite sobrevivir, sino que también encontrarse a sí mismo.

Dios, al crear, reveló su gloria, y donó al hombre todas las riquezas del mundo creado; las entregó al hombre para su gozo, para que descansase en ellas. El poeta Norwid[1] dice que para descansar, para restaurar, para ajustar, para renovar −para od-poczywa´c, que denota tanto ser concebido como ser re-concebido−, Dios dio el mundo al hombre para que este pueda encontrar a Dios en aquel, como también para que el hombre se encuentre a sí mismo. En nuestros días a menudo hablamos de “ecología”, a saber, una preocupación por nuestro medio ambiente natural. Sin embargo, la base fundacional de semejante ecología es el misterio de la creación, que es un extenso e incesante flujo de dar todos los bienes del cosmos al hombre, tanto aquellos bienes que este encuentra directamente, como también aquellos que solamente descubre mediante la investigación y la experimentación, es decir, mediante los diversos métodos de la ciencia. El hombre sabe cada vez más acerca de las riquezas del cosmos, pero al mismo tiempo puede fallar en reconocer que estas vienen de la mano del Creador. Sin embargo, hay momentos en que todos los hombres, incluso los no-creyentes, atisban la verdad del carácter donado de la creación; entonces comienzan a orar, a reconocer que todo es un don de Dios.

En el libro del Génesis podemos leer que el último día de la creación, “varón y mujer los creó” (1: 26-28). “Él creó”, que en este caso significa, en todo su alcance, que Dios los dio el uno al otro, mutuamente. Donó al hombre la femineidad de la mujer, que es de su especie; le donó una compañera y un apoyo semejante”2[2], y luego donó el varón a la mujer. De modo que desde el comienzo mismo, el hombre fue dado a otro hombre por Dios. Si leemos atentamente el texto del Génesis, hallaremos en él, desde el comienzo mismo, el dar, el donar.

El varón, en tanto hombre, se siente solo en medio de las creaturas que no son de su especie, y como tal se ve colocado frente a un ser que le es semejante. En la mujer que recibe de Dios encuentra una compañera y un apoyo semejante a sí mismo (Gn 2:18). Debemos entender este término compañera y apoyo en su significado más esencial. La mujer es dada al hombre a fin de que este pueda entenderse a sí mismo y, recíprocamente, el hombre es dado a la mujer para aquel mismo fin. Ellos deben reafirmar mutuamente la humanidad del otro, impresionados por su dual riqueza. Al contemplar por primera vez a la mujer creada, seguramente el varón habrá pensado: “Dios te dio a mí”. Lo dijo, aunque con otras palabras −pero lo dijo (Gn 2:23).

La conciencia del don y del donar es algo que ya está inscrito claramente en el relato bíblico de la creación. Para el varón, la mujer es al comienzo algo que lo sobrecoge y asombra. Con su aparición, el mundo encuentra por vez primera lo que Gertrude von Le Fort llamó “das ewig Weibliche”: el eterno femenino.

Don y Encomienda[3]

“Dios te dio a mí”. Como es manifiesto, esas palabras que escuché en mi juventud no son simplemente una observación al margen. Dios efectivamente nos da personas: nos da hermanos y hermanas en nuestra humanidad, comenzando por nuestros padres. Luego, en la medida que crecemos, Él va colocando más y más gente nueva en el camino de nuestra vida. De algún modo cada una de esas personas es un don para nosotros, y de cada una podemos decir: “Dios te dio a mí”. Tener conciencia de esto se convierte en un enriquecimiento para ambos. Nos hallaríamos en grave peligro si fuéramos incapaces de reconocer la riqueza de cada persona humana. Nuestra humanidad correría peligro si nos encerráramos solamente en nuestro yo particular, rechazando el amplio horizonte que se va abriendo a los ojos de nuestras almas en la medida que transcurren los años.

¿Quién es el hombre? El Génesis afirma al comienzo mismo que el hombre es imagen y semejanza de Dios. Esto significa que en el hombre reside una especial plenitud del ser. Como nos enseña el Concilio [Vaticano II], el hombre es la única creatura sobre la tierra a quien Dios ha amado por sí misma (Gaudium et spes, 24). Al mismo tiempo, él es la única creatura que solo puede encontrarse a plenitud por medio de un sincero y desinteresado don de sí misma (ibid.). De modo que hay una profunda relación entre ser para sí mismo y ser para los otros. Solamente alguien que tiene dominio sobre sí mismo puede llegar a ser un don sincero para los demás. Esto es verdad a la luz de la presencia de Dios en el inefable misterio de su vida interior. El hombre también ha sido llamado desde un comienzo a tal semejanza en su ser. Esta es la razón de por qué Dios lo creó varón y mujer. Al crear a la mujer, al colocarla al lado del varón, Dios abrió el corazón del hombre a la conciencia de donar el don. “Ella es de mí y para mí; a través de ella es que yo puedo convertirme en un don, porque ella misma es un don para mí”.

A menudo he llamado la atención sobre el hecho de que es en la mujer que, por así decir, se ha dado la palabra última de Dios, nuestro Creador[4]. Pues la femineidad denota el futuro del hombre. La femineidad denota maternidad, y la maternidad es la primera forma de una encomienda de un hombre a otro. La palabra “encomendar” es aquí de gran importancia. “Dios quiere darte otra persona”, significa que Dios desea darte a otra persona. Y encomendar significa que Dios desea encomendarte a otra persona, confiando en que eres capaz de recibir el don, que eres capaz de abrazarla con tu corazón, que tienes la capacidad de responderle entregándote a ti mismo como un don. Dios impone a la humanidad el misterio de esa comunión que es la esencia de su vida interior. El hombre es llevado hacia el misterio de Dios por el hecho de que su libertad está sujeta a la ley del amor, y el amor genera la comunión interpersonal.

Dios, el Creador del hombre, no es solamente el omnipotente Señor de todo lo existente, sino que también es un Dios de comunión. Es en la comunión donde se efectúa esa semejanza entre el hombre y Dios. Es a través del hombre que esta semejanza debe radiar sobre toda la creación para que se convierta en el “cosmos” −la comunión del hombre con todo lo creado y la comunión de la creación con el hombre.

San Francisco de Asís es una de aquellas figuras en que halló especial expresión la verdad de la comunión entre las creaturas. Sin embargo, el lugar correcto y apropiado para la comunión es, en primer y principal lugar, el hombre —el varón y la mujer que Dios ha llamado desde un comienzo a constituir un don sincero de uno para la otra.

Aprecio de la belleza

El amor tiene diversas facetas. Pareciera que el primero implica una desinteresada predilección, una parcialidad o afecto, amor complacentiae. Dios, que es amor, concede al hombre esta forma de amor por encima de toda otra forma del mismo −una amorosa predilección. Los ojos del Creador, si bien abarcan todo el universo creado, descansan especialmente sobre el hombre, que es el objeto de su especial afecto. Descansan tanto en el varón como en la mujer en la medida que los creara. Tal vez sea por esto que el Génesis enfatiza que ambos estaban desnudos y no sentían vergüenza de ello (Gn 2:25)[5]. El autor de la epístola a los hebreos escribe por su parte: “No hay creatura invisible para Él: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien habremos de rendir cuenta” (4:13).

Dios abarca al varón y a la mujer en toda la verdad de su humanidad. Dios basa su favor creativo y paternal, su predilección, en esta verdad. Él injerta, por así decir, su desinteresado afecto, su predilección, en nuestros corazones. Nos vuelve capaces del mutuo amor, del gozo de uno con el otro. A los ojos del varón, la mujer es una especial síntesis de la belleza de toda la creación, así como él, y de modo similar, lo es a los ojos de ella. Su desnudez no es en forma alguna una fuente de vergüenza. Esta es profundamente transformada por el amor que les tiene el Creador. Puede hablarse aquí de cierta absorción especial de la vergüenza por el amor, esta vez por el amor mismo de Dios. Este amor les permite interactuar el uno con la otra y regocijarse con el don de uno a la otra con total sencillez e inocencia. Les permite experimentar el don de donar su ser hombres, que siempre conservará esa modalidad dual de ser varón y mujer.

Vale la pena destacar que las palabras que instituyen el matrimonio no son las primeras palabras que dirige el Creador al varón y a la mujer. Estas primeras palabras más bien hablan de la unión corporal del varón y de la mujer en el matrimonio, vista desde el punto de observación de su futura opción, por así decir: el varón ha de dejar a su padre y a su madre y unirse a su mujer, volverse una sola carne con ella y concebir nueva vida (Gn 2:24). Desde el principio mismo, la preservación de la estirpe humana ya supone una amorosa predilección. El varón y la mujer deberán primero hallar en su respectivo interior una mutua predilección para así descubrir la belleza de cada ser humano; será entonces que sus corazones verán nacer en ellos la necesidad de dar una nueva vida −de transmitir el don de la humanidad a los nuevos seres que Dios podrá donarles a su debido tiempo.

Todo aquel que opina que el relato bíblico de la creación del hombre es determinado por la biología cae en un profundo error. Dice el Creador: “Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla” (Gn 1:28), aunque solo después de haber creado en sus corazones un espacio interior de amorosa predilección, que sea especialmente regido por la belleza. Podría decirse que de este modo −al crear a la mujer− Dios despierta el gran anhelo de belleza que habrá de convertirse en el tema central de la creatividad humana, del arte y de mucho más… Hay una cierta búsqueda de la belleza en toda espiritualidad creativa, una cierta búsqueda de cada vez nuevas formas de encarnación, nuevas fuentes de asombro, que son tan indispensables para el hombre como la comida y la bebida. El mismo Norwid escribió alguna vez: “La belleza existe para obligarnos a trabajar, y el trabajo existe para elevarnos por sobre los muertos”. Si, en efecto, el hombre vuelve a elevarse mediante su trabajo, mediante las variadas formas de trabajo que realiza, esto se deberá precisamente a la inspiración que obtiene de la belleza: del mundo visible, y −como parte del mismo− muy especialmente de la belleza de la femineidad.

Esta hebra recorre toda la historia del hombre, especialmente aquella de la salvación del hombre. El culmen de esta historia es la Resurrección de Cristo, y la Resurrección es la revelación de la mayor de todas las bellezas, una revelación anticipada por la Transfiguración. Los ojos de los apóstoles se vieron encandilados por semejante belleza y desearon permanecer en su luz. La belleza de la Transfiguración fortaleció a los apóstoles para que pudiesen afrontar la humillante pasión del Cristo transfigurado. Pues la belleza es una fuente de fortaleza para el hombre. Inspira el trabajo, es una luz que nos guía por la oscuridad de la existencia humana y que mediante el bien nos permite sobreponernos a todo mal y a todo sufrimiento, ya que la esperanza de la Resurrección no puede ser extraviada. Todos los hombres lo saben −todo varón y toda mujer lo sabe−, pues ¡Cristo ha resucitado!

La Resurrección de Cristo da comienzo a la renovación y a un nuevo nacimiento de aquella belleza que el hombre extravió mediante el pecado. San Pablo nos habla de un nuevo Adán (Rm 5:12-21). En otro pasaje habla de la ansiosa espera de la creación que desea vivamente la revelación de los hijos de Dios (Rm 8:19). Es verdad que en la especie humana existe un grande anhelo y gran sed de aquella belleza que Dios ha conferido al hombre al crearlo varón y mujer. Hay también una búsqueda de semejante belleza que encuentra expresión en toda creatividad humana. Si la creatividad es un modo especial para que se exprese el hombre, también es una expresión de aquel anhelo del que habla Pablo. Este anhelo implica sufrimiento, dado que toda la creación tiembla a la hora de los espasmos del nacimiento de un niño (Gn 8:22).

El anhelo del corazón humano de alcanzar esta belleza primordial con que el Creador ha dotado al hombre es también un deseo de comunión en que se manifiesta el sincero don de sí mismo. Esta belleza y esta comunión no son bienes que se hayan perdido irreversiblemente, son bienes que han de redimirse, recuperarse; y en este sentido es que toda persona humana es dada a cada otra. Toda mujer es dada a todo varón, y todo varón es dado a toda mujer.

Redención del cuerpo

Estos esfuerzos del alma humana que se asocian con el anhelo y el deseo de belleza por parte del hombre, así como con la belleza de la comunión, tienen un cierto umbral. El hombre puede tropezar cuando alcanza dicho umbral. En lugar de encontrar belleza, la pierde, y comienza a crear únicamente sustitutos. El hombre puede atiborrar su civilización con semejantes sustitutos. Deja de ser una civilización de la belleza porque no nace del eterno amor a partir del cual Dios creó al hombre y lo hizo bello, del modo en que la comunión de las personas −del varón y de la mujer− ha sido creada plena de belleza. Norwid, que tuvo una intuición inmensamente perceptiva de esta verdad, escribió que la belleza es la forma del amor. No se puede crear belleza si no se mira con los ojos mediante los cuales Dios abrazó al mundo que creó en los comienzos, contemplando al hombre que creó en medio de ese mundo.

Todo esto no quiere decir que nuestra era carezca de personas que luchen por esto con todas sus fuerzas[6]. Esos hombres nunca han faltado y esta es la razón de por qué el balance general de la civilización humana sigue siendo positivo a pesar de todo. Este balance es originado por aquellos pocos que son grandes genios o grandes santos. Todos ellos son testigos de cómo puede superarse la mediocridad y, especialmente, de cómo se puede superar el mal mediante el bien, de cómo el bien y la belleza pueden aún ser descubiertos a pesar de toda la miseria y degradación a que sucumbe la civilización humana. Como vemos, ese umbral en que tropieza el hombre no es imposible de superar. Debemos estar conscientes de que existe y debemos tener el coraje de volver a cruzarlo una y otra vez.

¿Cómo habremos de cruzar el umbral? Yo diría que debemos cruzarlo ciñéndonos a la convicción de que Dios da el hombre al hombre y le entrega toda la creación, la totalidad del mundo. Cuando el hombre descubre este don desinteresado que para él constituye la otra persona, es como si descubriera el mundo todo en aquella otra persona. Es importante reconocer que puede ocurrir que este don deje de ser desinteresado y sincero en la esfera del corazón humano. Es esta la peor amenaza contra nuestra civilización, especialmente para la civilización de un mundo materialmente próspero. La desinteresada y amorosa predilección es entonces suplantada por la urgencia de poseer al otro y de usarlo. Semejante urgencia es una gran amenaza, no solo para el otro, sino que especialmente para quien sucumbe a ella. Semejante persona destruye en su interior la capacidad de ser un don y destruye la capacidad de vivir acorde al principio “sé más humano”, sucumbiendo a la tentación de vivir para “poseer más y más” −más placeres, más experiencias, menos valores reales, menos sufrimiento creativo para el bien, menos disposición a ser redimido…

Es en virtud de nuestra Redención que la otra persona −la mujer para el varón y el varón para la mujer− constituye don tan grande e inestimable. La Redención se entiende correctamente como el pago de la gran deuda que recayó sobre la especie humana debido al pecado. Sin embargo, también es −y tal vez preponderantemente− un re-dar al hombre y a toda la creación aquella bondad y belleza que en el comienzo fueron dadas en el misterio de la creación. Con la Redención, todo parte de nuevo (Rev 21:5). El hombre recibe nuevamente, por así decir, su humanidad en el Misterio Pascual, a través de Cristo crucificado y resucitado. El hombre recibe de nuevo su propia virilidad o femineidad, su capacidad de ser para otro, su capacidad de hallarse en mutua comunión. Esto echa una nueva luz sobre las palabras “Dios te dio a mí”. Dios entrega el hombre al hombre de un modo nuevo a través de Cristo, en quien el pleno valor de la persona humana, aquel valor que tuvo en un principio y que ha recibido con el misterio de la creación, es una vez más puesto de manifiesto y hecho presente.

Cada persona alberga en su interior un valor inestimable. Este valor lo recibe de Dios, quien se hizo hombre Él mismo, revelando la vida divina que confió, por así decir, al hombre. Así, creó un nuevo orden de relaciones interpersonales. En dicho nuevo orden, el hombre es tanto más “la única creatura sobre la tierra que Dios quiso por sí misma” (Gaudium et spes, 24). Y un ser personal que revela una semejanza con Dios, un ser que solamente puede encontrarse plenamente a través del “sincero donarse a sí mismo” (ibid.). La Redención, por lo tanto, es la apertura de los ojos del hombre a la totalidad del orden del mundo, basada en un donarse sincero y desinteresado, y también sacramental. La Redención reafirma el carácter sagrado del hombre creado varón y mujer. La fuente de este carácter sagrado yace en el carácter sagrado de Dios mismo hecho hombre. Como sacramento de Dios presente en el mundo, Cristo transforma este mundo en un sacramento para Dios.

A la luz de nuestra Redención, consumada por medio del sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el carácter sagrado del cuerpo humano se hace todavía más visible, lo que se evidencia como verdadero incluso cuando el cuerpo de Cristo es consumido y mutilado durante la Pasión. El cuerpo humano guarda su propia dignidad, que emana de este carácter sagrado. Esto es verdad tanto para el cuerpo del hombre como para el cuerpo de la mujer. La Redención del cuerpo confiere, por así decir, una nueva dimensión especial al carácter sagrado del cuerpo. Se trata de un carácter sagrado que excluye el convertirse en un mero objeto de uso. Cada uno de nosotros, especialmente cada varón, debe ser un guardián, un protector de este carácter sagrado y de la concomitante dignidad. “¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”, interrogó Caín (Gn 4:9), dando paso al infeliz curso de la civilización de la muerte en la historia humana. Cristo arriba en medio de esta civilización, desciende para dar respuesta a la pregunta de Caín y dice: “Sí, tú eres un custodio, eres el guardián de lo sagrado, el guardián de la dignidad del hombre en cada varón y en cada mujer. Tú eres el guardián del carácter sagrado del cuerpo de la mujer, que por siempre habrá de ser objeto de tu respeto. Entonces podrás regocijarte con la belleza que Dios le confirió de principio, y ella se regocijará contigo. Ella se sentirá entonces a salvo bajo la mirada de su hermano y se regocijará con el don que es su femineidad creada”. Es entonces que el “eterno femenino” puede ser una vez más un don inviolable para la civilización del hombre, una inspiración de la creatividad y una fuente de belleza para que podamos levantarnos de entre los muertos (Norwid). ¿No es acaso por esto que tantas resurrecciones varoniles tienen su origen en la belleza femenina, la belleza de la maternidad, esa belleza filial y esponsalicia que encuentra su especial culminación en la madre de Dios?

Totus Tuus

“¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres!” (Cant 1:15). Si el Cantar de los Cantares es principalmente un canto referido al amor de los amantes humanos, entonces también será, en la plenitud de su carácter concreto, algo abierto a diversas profundidades de significado. La Iglesia emplea el Cantar de los Cantares en su liturgia, especialmente con ocasión de las conmemoraciones de las vírgenes y mujeres que fueron mártires por Cristo. Las palabras citadas nos hablan especialmente del gran resplandor de la belleza de la femineidad −no solamente, o al menos no primordialmente, de la belleza sensual de la femineidad, sino de su belleza espiritual−. Puede decirse también que esta última es condición de la primera. La belleza sensual en sí no suele sobrevivir a la prueba del tiempo.

Como tantas veces he experimentado en el curso de mi propia vida, esto es especialmente importante para aquella persona a la que Dios dona y encomienda a otra persona. Dios me ha dado muchas personas, tanto jóvenes como viejos, jovencitos y jovencitas, padres y madres, viudas, personas sanas y enfermas. Siempre, cada vez que me las ha dado, también me encomendó una tarea para con esas personas, y ahora veo que con facilidad podría escribir un libro acerca de cada una de ellas −y cada biografía sería, a fin de cuentas, un don desinteresado, en el sentido de que cada hombre siempre existirá para otro−. Entre estas personas también se contaron los iletrados, como, por ejemplo, los obreros fabriles; también hubo estudiantes, profesores universitarios, doctores y abogados y, finalmente, sacerdotes y consagrados a la vida religiosa. Desde luego que incluían tanto a hombres como a mujeres. Fue un largo camino el que me llevó a descubrir la genialidad de la mujer, y la Providencia misma veló porque con el paso del tiempo llegara a reconocerla realmente y deslumbrarme con ella, por decir lo menos.

Pienso que cada hombre, cualquiera sea su posición en la vida o la vocación de su vida, debe en algún momento hacerse eco de aquellas palabras que escuchara José de Nazaret: “No temas tomar contigo a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1:20), lo que significa “hacer todo para reconocer ese don que ella es para ti”. Teme solo a una cosa: que trates de apropiarte de este don. Eso es lo que debieras temer. En tanto ella siga siendo un don de Dios para ti, puedes regocijarte con ese don. Aún más, debes buscar hacer todo lo que puedas para reconocer ese don, para demostrarle a ella qué tesoro tan único es. Todo ser humano es único. El ser único no es una limitante, sino que una ventana sobre las profundidades. Tal vez sea la voluntad de Dios que seas tú quien le hable de su inestimable valor y especial belleza. Si eso es del caso, no temas a tu predilección. Una predilección amorosa es, o al menos puede ser, una participación en la eterna predilección que Dios tuvo para con el hombre que había creado. Si tienes motivos para temer que tu predilección pueda convertirse en una fuerza destructiva, no lo temas de un modo prejuicioso. Serán los frutos mismos los que mostrarán si acaso tu predilección es para bien.

Es suficiente con mirar a todas las mujeres que aparecen junto a Cristo, empezando por María Magdalena y la mujer samaritana, luego las hermanas de Lázaro, culminando finalmente en la Más Sagrada Virgen, bendita entre todas las mujeres (Cf. Lc 1:42). Nunca debes abrigar prejuicios acerca del significado del don de Dios. Solo ora con toda humildad pidiendo saber cómo ser el guardián de tu hermana, de modo que ella pueda encontrar al interior de tu virilidad profunda el camino de su vocación y de su santidad. Una vez liberada, ella será capaz de un coraje todavía mayor y de una disposición al sacrificio tanto mayor, algo que los varones a menudo fallan en desentrañar. Reconociendo esto, la Iglesia repite con el Cantar de los Cantares: “Mira, qué hermosa eres, amada mía”.

Finalmente, también se hace necesario decir que esta meditación en torno al don −al don de donar− tiene su origen en un largo viaje interior que me condujo desde aquel día en que recibí el consejo de mi director espiritual de juventud hasta las palabras Totus tuus[7], que desde entonces me han acompañado permanentemente. Descubrí estas palabras durante la segunda gran guerra mientras trabajaba en la cantera de Solvay. Las descubrí leyendo el Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María, escrito por San Luis Grignon de Montfort. Esto fue en un momento cuando ya había decidido seguir mi vocación al sacerdocio; así fue como, mientras realizaba un duro trabajo físico, también estudié filosofía. Estaba consciente de que la vocación sacerdotal iba a relacionarme con muchas personas durante mi camino y que Dios me encomendaría a cada una de ellas de algún modo especial: dándomelas a mí, y encomendándomelas. Fue entonces que nació en mí la gran necesidad de encomendarme a María −esa necesidad que está encapsulada en el llamado: Totus tuus−. Estas palabras no son en lo principal una declaración, sino que una súplica por no sucumbir a deseo alguno, aunque sutilmente camuflado. Son una oración para mantenerme puro y por tanto transparente a los ojos de Dios y de los hombres. Oro por que mi visión, mi capacidad de escuchar y mi intelecto se mantengan puros. Totus tuus: todos ellos deben estar al servicio de revelar la belleza que Dios ha dado al hombre.

Recuerdo una cita de un poema de Norwid, “El piano de Chopin”:

Fui a Ti en aquellos penúltimos días
de una inconclusa trama
—llenos, como el Mito,
pálidos, como la aurora...—,
Cuando el final de la vida susurra al inicio:
"No te desgastaré? ¡No!
¡Te manifestaré...!".

No jugaré imprudentemente… no ensuciaré… no arruinaré… no denigraré… sino que sustentaré, alabaré, magnificaré… Totus tuus. Todo tuyo. Sí. Nosotros debemos ser un don total, un don desinteresado y sincero en orden a reconocer, en cada hombre, el don que es, y agradecer al Dador por el don de la persona humana.

San Juan Pablo II

Fuente: humanitas.cl.

 

[1] El autor y poeta polaco Cyprian Kamil Norwid (1821-83) hizo notar que el término polaco para “descanso” —od-poczywać— comparte la misma raíz que las palabras “concebir” —począć, y “comienzo” —początek.

[2] Cf. Catequesis de los miércoles, San Juan Pablo II 7 de noviembre 1979 y 14 de noviembre 1979 (Juan Pablo II, Man and Woman He Created Them: A Theology of the Body, trans. y ed. Michael Waldstein Pauline Books and Media, Boston, 2006).

[3] El término polaco zawierzenie puede denotar tanto la confianza en el sentido de encomendar el cuidado del otro, como en el sentido de confiar en otro o en confiar en él o ella. En el curso de esta meditación, su significado se explora en una serie de niveles. Juan Pablo II escribe sobre la zawierzenie en relación con la pregunta de Caín: "¿Soy el guardián de mi hermano?" y las palabras del ángel a José: "No tengas miedo de llevarte a María contigo". Como traductor de esta meditación al francés, Pascal Ide ha notado que en cada uno de estos usos, la confianza se abre a la comunión.

[4] Cf. Mulieris dignitatem y Carta a las mujeres.

[5] Cf. La discusión detallada sobre el fenómeno de la vergüenza en la Catequesis de los miércoles de San Juan Pablo II del 12 de diciembre de 1979, 2 de enero 1980, 14 de mayo 1980, y 30 de julio de 1980, y anteriormente en el libro de Karol Wojtyła Love and Responsibility (Pauline Books and Media, Boston, 2013).

[6] Cf. Audiencia por la ocasión del 180 aniversario de nacimiento del poeta Cyprian Kamil Norwid (1 de julio de 2001).

[7] Totus tuus significa “Todo tuyo: soy todo tuyo, María”.

 

Lectura espiritual

Daniel Tirapu

teologia biblia

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La lectura ha hecho grandes santos. San Ignacio leyó una vida de Jesús y las vidas de varios santos en su convalecencia y cambió de vida.

La colección Patmos de Rialp tiene una buena selección. Yo hablaré de algunos libros que me han influido y me influyen.

Es muy importante, pienso, conocer bien la vida de Jesús y leer a diario, el nuevo testamento. Simón Pedro de Chevrot me parece un excelente libro para acercarse a la meditación. El libro de la Pasión del padre La Palma. El arte de aprovechar nuestras faltas, para saber de qué  estamos hechos. Ascética meditada de Canals, un clásico. Nuestra Misa, de Chevrot, para conocer la historia de la Misa católica. La biografía de Santa Teresa de Marcelle Auclaire, una delicia. Más recientes y muy aconsejables los de Philippe, Tiempo para Dios, La paz interior, La libertad interior. Otro día más.

 

 

Pederastia.

Hoy día, en algunos ambientes, hablar de sexo es equivalente a hablar de placer. Pero lo natural, lo biológico, es la conjunción de los dos aspectos que configuran el matrimonio (unitivo o amoroso y procreador o reproductor).

Algunos distinguen entre   erotismo y pornografía. Realmente, es difícil establecer distingos.  La temática es más pegajosa que la pez. El ser humano es animal, pero racional, con libertad; sin embargo, en base a su libertad, tiene la posibilidad de comportarse de forma irracional (peor incluso que un animal, que de por sí no es racional). En el consumidor de pornografía se activan las mismas zonas cerebrales que en el acohólico y el drogadicto (por ejemplo, la amígdala cerebral, el cuerpo estriado, la corteza cingular). Esta sería en gran medida la explicación de que tal consumo produce adicción.

Ligada a estas cuestiones, hay que considerar la pederastia, que es el abuso sexual cometido contra niños. Es el erotismo, la pornografía, practicada con niños. Es tomar al niño como objeto de placer y no como sujeto acreedor del máximo respeto. Jesús decía: ”Dejad que los niños se acerquen a mí, pues de ellos es el Reino de los Cielos”; y también: “Si no os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos”.

No es necesario dar nombres, pero es bien conocida la existencia de famosos personajes de conducta reprobable, de ejemplo dañino, pederastas reconocidos.

La infancia es la etapa de la vida en que se va produciendo la maduración tanto del cuerpo como de la mente y del espíritu. Se producen cambios somáticos y mentales, y se cimienta el futuro, que se va construyendo poco a poco. La niñez es el fundamento, la base de gran parte del futuro comportamiento del adulto. De ahí la importancia de infundir una buena formación en las primeras etapas de la vida. De ahí que la pederastia dañe de forma importante al niño.

El desarrollo y maduración del cerebro se hace de forma muy acelerada en los dos primeros años de la vida, disminuyendo el ritmo hasta el final de la adolescencia; después sigue la maduración, haciéndose progresivamente más lenta.

La dominancia del hemisferio cerebral izquierdo aparece ya a los dos meses después del nacimiento, dominancia que se va fortaleciendo hasta la llegada del despertar hormonal de la pubertad y la adolescencia. Pero ya desde el principio el niño es diestro, zurdo o ambidiestro. Y el desarrollo de la corteza prefrontal, del lóbulo frontal, corteza típica de la especie humana, así como del hipocampo, estructura cerebral, entre otras, esencial para la memoria, se hace de forma progresiva durante la niñez. Las ramificaciones neuronales se van haciendo más profusas con la edad. Como consecuencia, la conectividad neuronal va aumentando progresivamente. Y la memoria, el aprendizaje, van enriqueciéndose, de forma natural, a lo que se añade el esfuerzo personal, que produce su lógico incremento. La sociabilidad, el juego, el sentido del humor y otras cuestiones van desarrollándose poco a poco. Se va construyendo la personalidad de ese ser humano concreto. De ahí la importancia de una buena información y de una buena formación. El niño, en este sentido, es plástico, maleable. Por eso, ciertos programas educativos pueden destrozar una infancia de por sí tranquila, feliz  e inocente.

Hacia  los 2.5 años el niño se siente sexuado, y con preferencias diferentes que incluso se pueden manifestar antes de esa edad. El cerebro infantil va cambiando, de acuerdo a su sexo cromosómico, transformación tendente a una diferenciación sexual, tanto en la morfología como en la bioquímica, conexiones y funcionalidad de las correspondientes estructuras encefálicas dimórficas.

Pero en el niño no hay todavía “sexo”, en el sentido que hoy se le da. No es cierta la consideración del niño como “el perverso polimorfo” como decía Freud. Por eso, la manipulación “sexual” del niño es antinatural. Además de manchar al culpable, deja marcado al niño para toda la vida. Se trata de un verdadero crimen.

 

 

Cuidemos el corazón de nuestros hijos

Silvia del Valle

Que no nos dé pena ser los guardianes del corazón de nuestros hijos.

El corazón de nuestros hijos puede ser lastimado<br />

En la actualidad es más difícil que nuestros hijos tengan un corazón limpio y sin apegos materiales, por eso nosotros, como papás, debemos estar al pendiente y cuidar muy bien el corazón de nuestros hijos, por eso aquí te dejo mis 5 Tips para lograrlo.

Primero. Cuida que ven tus hijos.
En nuestros días la mayor influencia para nuestros hijos la ejercen los medios masivos de comunicación y las redes sociales.

Es por esto que debemos estar muy atentos a lo que ven nuestros hijos, ya sea por la TV, como en el internet y las redes sociales.

Las publicaciones impresas son también una amenaza, pero gracias a Dios están más controladas y otro punto de gran cuidado son los libros de texto que no son para niños y que ahora, traen imágenes muy gráficas que no dejan nada a la imaginación y que contaminan el corazón de nuestros hijos.

Y no me refiero sólo a los niños, también es necesario cuidar a nuestros adolescentes y jóvenes, ya que las imágenes que ahora usan para la promoción de algunos productos o servicios también pueden llegar a perturbarlos a ellos y hasta a nosotros.

Segundo. Estate atenta a lo que escuchan.
Es muy difícil controlar todo lo que rodea a nuestros hijos, pero si podemos conocer la música que oyen. Ahora la música es muy explícita también y mina la conciencia de nuestros hijos, por ejemplo, el reggaetón, que es una música altamente cargada de contenido sexual y de violencia.

El corazón de nuestros hijos es muy sensible y se va lastimando poco a poco, y nosotros debemos intentar resguardarlo lo más posible, porque es su lugar íntimo, ahí donde sólo Dios y su conciencia pueden estar.

Tercero. Cuida sus amistades.
Otro punto importante es cuidar las amistades de nuestros hijos, porque ellas tienen gran influencia en sus gustos y decisiones.

Los amigos pueden ayudarnos a acercar a nuestros hijos a Dios o pueden alejarlos por completo de él.

Es necesario conocerlos y para esto es bueno que nuestros hijos los inviten seguido a la casa, así podemos convivir y conocerlos.

Cada familia es diferente y sus costumbres son diferentes también, pero es necesario que tengan en común, por lo menos los valores trascendentes y la fe, para que la amistad, apuntale la formación de nuestros hijos.

Cuarto. Acércalos a la vida de los santos.
En ellos pueden tener ejemplos de vida, modelos a seguir. Es necesario que conozcan su vida y que convivan con ellos por medio de las devociones.

Así que es bueno comprarles libros donde puedan leer la vida del santo, películas que les ayuden a los pequeñitos a comprender lo que hizo el santo en vida, alguna oración para que esté cerca del santo constantemente y de ser posible, llevarlos a conocer una imagen para que esa amistad tenga cara y sea más fácil que se identifiquen con el santo.

Y quinto. Que tengan una vida espiritual activa.
El antídoto o la vacuna contra los males del mundo y contra las ideologías que nos quiere imponer la sociedad es tener una vida espiritual y de oración activa, es decir, que tengan una relación con Dios intensa.

No quiere decir que esto les evite caer en las tentaciones y que los vuelva inmunes al pecado, pero si los hace más fuertes y les ayuda a resistir y mantener su corazón desapegado de estas cosas.

La asistencia a misa lo más seguido posible, acerca a los sacramentos, la vida de oración ayuda mucho para tener una relación cercana con Dios y para acoger la fe en el corazón.

Que no nos dé pena ser los guardianes del corazón de nuestros hijos.

 

 

La estrategia del demonio

Convenimos en que el demonio se presenta tras cinco actitudes: como un seductor, como un acusador, como quien divide, como un mentiroso y como homicida. Es decir, hagamos ahora el esfuerzo de distinguir, discernir, lo que procede de Dios y lo que procede del demonio.

Cuando nos encontramos con mentiras por sistema; con personas que acusan sistemáticamente a los otros, incluso como forma de eximir o evitar su responsabilidad; con quienes dicen y hacen para conseguir como fruto la división por la división; con quienes tienen formas seductoras, es decir, trabajan sobre la apariencia con estrategias de disuasión, de carisma incluso; con quienes con sus palabras o actuaciones matan la fama, el cuerpo, la imagen o el alma de otros, debemos plantearnos, entonces, de qué espíritu proceden esas actuaciones. En los otros y también en nosotros.

Ya nos advirtió el Papa Francisco, a través de su portavoz, el pasado 29 de septiembre de 2018 acerca de las estrategias actuales del demonio dentro de la Iglesia y de la necesidad de rezar, rezar constantemente, para “pedir a santa Madre de Dios y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia del diablo, que siempre pretende separarnos de Dios y entre nosotros”.

Y añadió: “La oración –afirmó el Pontífice hace pocos días, el 11 de septiembre, en una homilía en Santa Marta, citando el primer capítulo del Libro de Job– es el arma contra el gran acusador que ‘vaga por el mundo en busca de acusaciones’. Solo la oración puede derrotarlo”.

Pues eso…

Pedro García

 

 

La comida que se desperdicia

“Se desperdicia más comida en el mundo de lo que podrían consumir todas las personas hambrientas”, afirma en un reciente libro el investigador Tristam Stuart. Cuando el Papa habla de que esa comida no es propiedad privada, está aludiendo a la necesidad de no dejarse seducir por las campañas de marketing que obligan a comprar más alimentos de los necesarios y a la exigencia de ajustar la producción a las verdaderas necesidades, evitando el despilfarro. Se trata de lograr un equilibrio entre producción y consumo de manera que no se destruyan los excedentes para mantener los precios muy por encima de las necesidades comerciales reales. El pan de cada día no es, en definitiva, tener más pan del necesario para luego tirarlo, mientras otros agonizan de hambre. De ahí que el pan, todos los alimentos, no sea “propiedad privada”, como afirma atinadamente el Papa

Juan García.

 

Ataque gratuito a la Concertada

Los colegios concertados forman parte del sistema público educativo, están sostenidos por fondos públicos y, por lo tanto, no pueden cobrar por las enseñanzas obligatorias que imparten. Como otras organizaciones y entidades sin ánimo de lucro, los titulares de los centros pueden recibir ayudas y donaciones bajo los supuestos que establecen la Ley de Fundaciones y la Ley de Mecenazgo, con los correspondientes efectos fiscales. Si la Hacienda pública considera que estas aportaciones de las familias no cumplen los requisitos exigidos por la Agencia Tributaria su deber es actuar, como en cualquier otro caso de supuestas irregularidades, pero no es de recibo la actitud de la ministra de Hacienda lanzando, hace unos meses, insinuaciones sin más sostén que los bulos maledicentes de quienes se dicen defensores de la enseñanza pública, pero, en realidad, tratan de acabar con un modelo educativo, de libre elección, que goza del mayor prestigio y de una amplia demanda entre las familias españolas porque no les gusta ideológicamente. Un modelo, además, que ahorra miles de millones de euros al año al sistema público y que cumple escrupulosamente con las obligaciones que marcan nuestras leyes de Educación.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Política y filosofía

 

                                Aun cuando algunos necios o ignorantes, aluden de forma habitual la frase de, “la filosofía de la política”; en la política no hay más que contenidos que se dan “de patadas” con la filosofía. ¿Por qué de ello? Por cuanto en la política sólo hay ambiciones materiales, egoísmos de todo tipo, falta de escrúpulos y en conjunto todo tipo de maldades que el ser humano ha ideado para llegar al poder, al dinero y sobre todo a mandar sobre los seres humanos y someterlos, a sus caprichos o decisiones de un individuo que generalmente se cree muy superior al resto; todo ello es lo que nos dice la triste y cruel historia del “bicho humano”, sobre este planeta. ¿Qué hubo o hay excepciones? Habría que buscarlas con una lupa inexistente y aun así, encontraríamos tan poco de filosofía, que dudo mereciera el señalarla. Y me reitero a los hechos históricos de todos los tiempos y que nos narra la historia.

                                La filosofía es todo lo contrario y la mejor definición que yo he encontrado es simple y sencilla, puesto que asevera que simplemente es “amor a la sabiduría”; entiéndase que es a la sabiduría y que ayuda al ser humano a vivir y a formarse de la forma más positiva que enseña, a ser útil a la humanidad y no carga o parásito; a no hacer daño a nadie ni a nada vivo; y en definitiva, a vivir lo más sencilla y sanamente que esa sabiduría ya enseñó, de forma muy difundida si bien poco enseñada por los que se dicen, profesores o educadores; y nunca por la clase política que de ello no se ha preocupado nunca. Simplemente recordaré unas frases lapidarias… “No harás nada a nadie, ni a nada vivo, nada que tú no quieras que a ti te hagan”; o sea que no debes hacer nada reprobable no sólo al animal, sino incluso al vegetal o a la tierra en que vives o habitas”. Lo contrario es lo que se ha hecho y se sigue haciendo, de ahí que se esté matando hasta al planeta que nos sostiene y nos da la vida.

                                En cuanto a todos los anhelos que martirizan en general a la mayoría de seres humanos; voy a recordar sólo algunos de los pensamientos de uno de los grandes filósofos estoicos y que recomiendo lean de forma continuada, puesto que son inagotables: se trata de Marco Aurelio y que dice así:

                                “Hipócrates, después de haber curado a muchos enfermos, cayó a su vez enfermo y murió. Los caldeos que predijeron la muerte a no pocas personas, fueron a su vez arrebatados por la ley del destino. Alejandro, Pompeyo y César, después de arrasar poblaciones enteras y de segar la vida de millares y millares de infantes y jinetes en los campos de batalla, abandonaron asimismo este mundo. Heráclito murió de hidropesía y cubierto de boñiga, a pesar de sus sabias disertaciones como físico acerca del destino final del universo. Demócrito pereció cubierto de miseria y a Sócrates otra miseria aún peor le acarreó la muerte. ¿Qué se deduce de esto? Te embarcaste, has navegado y llegaste hasta el final del viaje, pues sal del barco: si es para otra vida, todo en ella estará lleno de la divinidad, los dioses están allí; si por el contrario, es para entrar en el reino de la insensibilidad, ya no estarás expuesto a los dolores y a los placeres de hallarte ligado a ese cuerpo, que no es ni siquiera el limo del ser que encierra y a quien obedece: porque éste es un espíritu, una divinidad, mientras que lo demás sólo es una mezcla vil de sangre impura y polvo”.       

                                Nos hace ver este sabio y que fuera también de los principales emperadores romanos, el que valoremos una selección de los grandes “hombres” que le antecedieron y donde nos muestra entre ellos, los más poderosos materialmente y los más sabios en filosofía, pero diciéndonos que, “ninguno es o somos nada, salvo lo que lleguemos a ser por nosotros mismos y nuestra propia sabiduría, sabiendo no dar valor a lo que no lo tiene y por el contrario; enriqueciéndonos con esos valores eternos y que no son el tener, sino muy al contrario, ser cada vez más filósofos”; puesto que filósofo no quiere decir otra cosa que es el ser que piensa constantemente y medita, sobre los caminos que tiene siempre delante y hecho ello, sabe escoger siempre el más valioso o a lo sumo el menos malo, puesto que como dijera el sabio de los sabios y maestro de maestros, cual fuera Pitágoras… “No temáis a la muerte, que es sólo un tránsito más en la vida”. Y es que como ya ha demostrado la ciencia material; nada se destruye sino que todo se transforma; y el ser humano somos también materia, pero junto a ella hay algo mucho más valioso y es lo que llamamos alma o espíritu. Ver en mi Web; “Discurso a la sabiduría”, está en trabajos literarios de la misma, quizá en ello encuentre respuestas que anda buscando y que le ayudarán a soportar la vida.

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                      

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes