Las Noticias de hoy 04 Abril 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 04 de abril de 2019       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa recuerda su viaje a Marruecos: “Servir la esperanza quiere decir crear puentes entre las civilizaciones”

Viaje apostólico a Marruecos – Catequesis del Papa Francisco

Cristo vive: “Los miembros de la Iglesia no tenemos que ser ‘bichos raros'” asegura el Papa

Papa al ‘Coro del arcoíris’: “Compartir nuestras debilidades es un ‘arco iris’ de imperfecciones”

LA SANTA MISA Y LA ENTREGA PERSONAL: Francisco Fernandez Carbajal

"Haz lo que debes y está en lo que haces": San Josemaria

Algo grande y que sea amor (II): Lo que podría ser tu vida: Nicolás Álvarez de las Asturias

«Tenemos que estar contentos pase lo que pase»

¿Qué hacer cuando no se tuvo una infancia feliz?: Sheila Morataya

La Iglesia: peticiones de perdón: Ernesto Juliá

Anticonsumismo, glorificación del ocio y de la indigencia: Plinio Corrêa de Oliveira

Familias con un hijo con discapacidad: Lucia Legorreta

La ira en los hijos, en los padres y en la familia. Virtudes y valores para controlarla y evitarla: Francisco Gras

¿Humanista? Ahora resulta...: Margarita Zavala

La identificación del sacerdote: Roberto Grao

MENTIR. 1. intr.: Amparo Tos Boix, Valencia.

O construimos el futuro juntos, o no habrá futuro: Suso do Madrid

Las imágenes de la fraternidad:  Xus D Madrid

La catedral de Blasco Ibáñez: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

El Papa recuerda su viaje a Marruecos: “Servir la esperanza quiere decir crear puentes entre las civilizaciones”

Resumen de la catequesis en español

abril 03, 2019 12:43Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 3 abril 2019).- El Papa ha indicado hoy en la audiencia general que “servir la esperanza quiere decir crear puentes entre las civilizaciones” y, ha relatado que junto con el rey Mohammed VI, en su visita a Marruecos el pasado fin de semana, reiteraron “que las religiones son esenciales para defender la dignidad humana, promover la paz y el cuidado de la creación”.

En la audiencia general del miércoles, 3 de abril de 2019, el Santo Padre ha dedicado la catequesis a su 28ª viaje apostólico internacional, a Marruecos, y se ha leído el Evangelio de San  Mateo, 13, 33.

Del 30 al 31 de marzo de 2019, Francisco realizó un viaje apostólico a Marruecos, invitado por Su Majestad el rey Mohammed VI; a él y a las Autoridades marroquíes ha agradecido nuevamente “su acogida y colaboración”, ha expresado.

“Servidor de Esperanza”

Con el lema “Servidor de Esperanza”, “pude dar otro paso en el camino del diálogo interreligioso con nuestros hermanos musulmanes”, recordando aquel encuentro entre san Francisco de Asís con el sultán al-Malik al-Kamil hace 800 años, y el viaje del Papa Juan Pablo II hace más de tres décadas, ha descrito el Pontífice en la plaza de San Pedro.

“De forma conjunta –ha recordado– hicimos un llamamiento por Jerusalén, para que sea preservada como patrimonio de la humanidad y lugar de encuentro pacífico, de modo particular para los fieles de las tres religiones monoteístas”.

El sábado 30, el Papa Francisco visitó el mausoleo de Mohammed V y rindió homenaje a su memoria como a la de Hassan II; además estuvo en el Instituto de formación de los imanes y predicadores, que promueve un islam respetuoso y rechaza la violencia y el integrismo. “De manera especial, presté atención a la cuestión migratoria, ofreciendo un camino a través de cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar”, destaca.

Comunidad cristiana

El domingo estuvo dedicado a la comunidad cristiana, ha relatado Francisco. Visitó el Centro Rural de Servicios Sociales, gestionado por las Hijas de la Caridad; después en la catedral de Rabat tuvo un encuentro con sacerdotes, personas consagradas y el Consejo ecuménico de las Iglesias”.

“La presencia de ellos en ese país es como la sal o la levadura que puede dar sabor y hacer crecer la masa”. Concluí mi visita con la celebración de la Eucaristía en la que participaron miles de personas de unas 60 naciones diferentes, siendo esta una epifanía particular del Pueblo de Dios en el corazón de un país islámico.

 

 

Viaje apostólico a Marruecos – Catequesis del Papa Francisco

“Servidor de la esperanza”

abril 03, 2019 13:08RedacciónAudiencia General

(ZENIT – 3 abril 2019).- La audiencia general ha tenido lugar esta mañana a las 9:20 horas en la Plaza de San Pedro donde el Papa Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

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El Santo Padre ha hablado de su reciente viaje apostólico a Marruecos. Se ha leído un pasaje del Evangelio según San Mateo (13, 33).

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo. Después ha recordado el VI Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz convocado por las Naciones Unidas y que se celebra próximamente.

La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

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El sábado y el domingo pasado fui en viaje apostólico a Marruecos, invitado por Su Majestad el Rey Mohammed VI al que renuevo mi gratitud, así como a las demás autoridades marroquíes por su calurosa bienvenida y por toda la colaboración, especialmente al Rey: ha sido tan fraternal, tan amistoso, tan cercano.

Doy gracias sobre todo al Señor, que me ha permitido dar un paso más en el camino del diálogo y el encuentro con los hermanos y hermanas musulmanes, para ser, -como decía el lema del viaje,- “Siervo de la esperanza” en el mundo de hoy. Mi peregrinación ha seguido las huellas de dos santos: Francisco de Asís y Juan Pablo II. Hace 800 años, Francisco llevó el mensaje de paz y fraternidad al sultán al-Malik al-Kamil; en 1985, el Papa Wojtyła realizó su memorable visita a Marruecos, después de haber recibido en el Vaticano,- el primero entre los Jefes de Estado musulmanes-, al Rey Hassan II. Pero algunos podrían preguntarse: ¿Pero por qué el Papa va a ver a los musulmanes y no solo a los católicos? ¿Por qué hay tantas religiones? Con los musulmanes somos descendientes del mismo Padre, Abraham. ¿Por qué Dios permite que haya  tantas religiones? Dios ha querido permitirlo: https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/04/A2-413x275.jpg

los teólogos escolásticos se refirieron a la voluntas permissiva de Dios. Quería permitir esta realidad: hay tantas religiones; algunas nacen de la cultura, pero siempre miran al cielo, miran a Dios. Pero lo que Dios quiere es la fraternidad entre nosotros y de manera especial, -aquí está el motivo de este viaje- con nuestros hermanos hijos de Abraham como nosotros, los musulmanes. No debemos tener miedo de la diferencia: Dios lo ha permitido. Debemos tener miedo si no trabajamos en fraternidad, para caminar juntos en la vida.

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Servir a la esperanza, en un tiempo como el nuestro, significa, ante todo, construir puentes entre las civilizaciones. Y para mí ha sido una alegría y un honor poder hacerlo con el noble Reino de Marruecos, encontrando a su pueblo y a sus gobernantes. Recordando algunas cumbres internacionales importantes que tuvieron lugar en ese país en los últimos años, reiteramos con el Rey Mohammed VI el papel esencial de las religiones en la defensa de la dignidad humana y la promoción de la paz, la justicia y el cuidado de la creación, que es nuestra casa común. Con  esta perspectiva, también firmamos un llamamiento por Jerusalén junto con el Rey, para que la Ciudad Santa se conserve como  patrimonio de la humanidad y lugar de encuentro pacífico, especialmente para los fieles de las tres religiones monoteístas.

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Visité el Mausoleo de Mohammed V, rindiendo tributo a su memoria y a la de  Hassan II, así como el Instituto para la formación de los imanes, predicadores y predicadoras. Este Instituto promueve un Islam respetuoso de las otras religiones y rechaza la violencia y el fundamentalismo, es decir, subraya que todos somos hermanos y debemos trabajar por la fraternidad.

Dediqué una  atención especial a la cuestión de las migraciones, sea hablando con las autoridades, como en el encuentro dedicado específicamente a los migrantes. Algunos de ellos dieron testimonio de que la vida de quienes emigran cambia y vuelve a ser humana cuando encuentran una comunidad que los acoge como personas. Esto es fundamental. Precisamente en Marrakech, Marruecos, el pasado diciembre se ratificó el “Pacto mundial para una migración segura, ordenada y regular”. Un paso importante de cara a que la comunidad internacional asuma su responsabilidad. Como Santa Sede,

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hemos ofrecido nuestra contribución que se resume en cuatro verbos: acoger a los migrantes, proteger a los migrantes, promover a los migrantes e integrar a los migrantes. No se trata de dejar caer desde arriba programas de asistencia social sino de recorrer  juntos un camino a través de estas cuatro acciones, para construir ciudades y países que, al tiempo que conservan sus respectivas identidades culturales y religiosas, estén abiertos a las diferencias y sepan cómo valorarlas en nombre de la fraternidad humana.  La Iglesia en Marruecos está muy comprometida en la cercanía a los migrantes. A mí no me gusta decir migrantes; me  gusta más decir personas migrantes. ¿Sabéis por qué?  Porque migrante es un adjetivo, mientras que el término persona es un sustantivo. Hemos caído en la cultura del adjetivo: usamos muchos adjetivos y a menudo olvidamos los sustantivos, esa es la sustancia. El adjetivo siempre debe

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estar vinculado a un sustantivo, a una persona; por lo tanto una persona migrante. Entonces hay respeto y no caemos en esta cultura de adjetivos que es demasiado líquida, demasiado gaseosa. La Iglesia en Marruecos, decía, está muy comprometida a estar cerca de las personas migrantes, por lo que quería manifestar mi agradecimiento y alentar a quienes se entregan con generosidad a  su servicio cumpliendo la palabra de Cristo: “Era forastero y me recibisteis” (Mt 25:35 ).

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El domingo estuvo dedicado a la comunidad cristiana. En primer lugar, visité el Centro  Rural de Servicios Sociales, administrado por las religiosas Hijas de la Caridad, las mismas que tienen aquí en Santa Marta el dispensario y el ambulatorio para los niños y estas monjas trabajan con la colaboración de numerosos voluntarios, ofrecen varios servicios a la población.

En la catedral de Rabat encontré a los sacerdotes, a las personas consagradas y al Consejo Ecuménico de las Iglesias. Es un pequeño rebaño en Marruecos, y por eso recordé las imágenes evangélicas de la sal, de la  luz y de la levadura (ver Mt 5: 13-16; 13:33) que leímos al comienzo de esta audiencia. Lo que importa no es la https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/04/A10-413x275.jpg

cantidad, sino que la sal dé sabor,  que la luz brille y que la levadura tenga la fuerza de hacer  que toda la masa fermente. Y esto no proviene de nosotros, sino de Dios, del Espíritu Santo que nos hace testigos de Cristo allí donde estemos, en un estilo de diálogo y amistad, para vivirlo; ante todo, entre nosotros los cristianos, porque, dice Jesús, “por esto sabrán todos que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros “(Jn 13:35).

Y la alegría de la comunión eclesial encontró su fundamento y  su plena expresión en la Eucaristía dominical, celebrada en un complejo deportivo de la capital. ¡Miles de personas de unas 60 nacionalidades diferentes! Una epifanía singular del Pueblo de Dios en el corazón de un país islámico. La parábola del Padre misericordioso hizo que  brillase en medio de nosotros la belleza del diseño de Dios, que quiere que todos sus hijos participen en su alegría, en la

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fiesta del perdón y la reconciliación. En esta fiesta entran los que saben reconocerse necesitados de la misericordia del Padre y regocijarse con Él cuando un hermano o una hermana regresan a casa. No es casualidad que allí donde los musulmanes invocan cada día al Clemente y al Misericordioso, haya resonado la gran parábola de la misericordia del Padre. Es así: solo aquellos que renacen y viven en el abrazo de este Padre, solo aquellos que se sienten  hermanos pueden ser servidores de la esperanza en el mundo.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Cristo vive: “Los miembros de la Iglesia no tenemos que ser ‘bichos raros'” asegura el Papa

Segundo capítulo de la Exhortación Apostólica

abril 03, 2019 21:11Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

Capítulo segundo: “Jesucristo siempre joven”

(ZENIT – 3 abril 2019).- Es verdad que “los miembros de la Iglesia no tenemos que ser ‘bichos raros’”, pero al mismo tiempo, “tenemos que atrevernos a ser distintos, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece” expone el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Christus vivit, publicada el martes, 2 de abril de 2019.

El Santo Padre aborda el tema de los años de juventud de Jesús en el segundo capítulo del documento, que firmó el pasado 25 de marzo de 2019, en la Santa Casa de la Virgen en Loreto, Italia, donde le encomendó a la Virgen los frutos del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, siendo uno de ellos este documento.

El Papa escribir a los jóvenes: Jesús “no les ilumina a ustedes jóvenes, desde lejos o desde fuera, sino desde su propia juventud, que comparte con ustedes” y en él se reconocen muchos aspectos típicos de los corazones jóvenes (31). Y propone que cerca de Él, “podemos beber de la verdadera fuente, que mantiene vivos nuestros sueños, nuestros planes, nuestros grandes ideales, y que nos lanza al anuncio de una vida digna de ser vivida” (32); “El Señor nos llama a encender estrellas en la noche de otros jóvenes” (33).

El Papa señala que el adolescente Jesús, “gracias a la confianza de sus padres… se mueve libremente y aprende a caminar con todos los demás” (29). Estos aspectos de la vida de Jesús, no deben ser ignorados en la pastoral juvenil, “para no crear proyectos que aíslen a los jóvenes de la familia y del mundo, o que los conviertan en una minoría seleccionada y preservada de todo contagio”. En cambio, se necesitan “proyectos que los fortalezcan, los acompañen y los proyecten hacia el encuentro con los demás, el servicio generoso y la misión” (30).

Juventud de la Iglesia

Francisco habla entonces de la juventud de la Iglesia y escribe: “Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren envejecerla, que la quieren anclada en el pasado, que la quieren lenta e inmóvil. También le pedimos que la libere de otra tentación: creer que es joven porque se rinde a todo lo que el mundo le ofrece, creer que se renueva porque esconde su mensaje y se mezcla con los demás. No. Ella es joven cuando es ella misma, cuando recibe cada día la fuerza siempre nueva de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la presencia de Cristo y de la fuerza de su Espíritu” (35).

Es verdad que “los miembros de la Iglesia no tenemos que ser ‘bichos raros’”, pero al mismo tiempo, “tenemos que atrevernos a ser distintos, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece, a testimoniar la belleza, de la generosidad, del servicio, de la pureza, de la fortaleza, del perdón, de la fidelidad a la propia vocación, de la oración, de la lucha por la justicia y el bien común, del amor a los pobres, de la amistad social” (36). La Iglesia puede ser tentada a perder su entusiasmo y buscar “una falsa seguridad mundana”. Son precisamente los jóvenes los que pueden ayudarla a permanecer joven” (37).

El Papa volvió entonces a una de sus enseñanzas más queridas y explicó que la figura de Jesús debe ser presentada “de una manera atractiva y eficaz”, dijo: “Por eso, la Iglesia no debe estar demasiado concentrada en sí misma, sino que debe reflejar sobre todo a Jesucristo. Esto significa que debe reconocer humildemente que algunas cosas concretas deben cambiar” (39).

La exhortación reconoce que hay jóvenes que sienten la presencia de la Iglesia “como molesta e incluso irritante”. Una actitud que tiene sus raíces “en razones serias y respetables: escándalos sexuales y económicos; la falta de preparación de los ministros ordenados que no saben interceptar adecuadamente la sensibilidad de los jóvenes;… el papel pasivo asignado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana; el esfuerzo de la Iglesia por dar cuenta de sus posiciones doctrinales y éticas frente a la sociedad” (40).

Una Iglesia que escuche más

Hay jóvenes que “piden una Iglesia que escuche más, que no condene continuamente al mundo. No quieren ver una Iglesia silenciosa y tímida, pero tampoco quieren verla siempre en guerra por dos o tres temas que la obsesionan. Para ser creíble a los ojos de los jóvenes, a veces la Iglesia necesita recuperar la humildad y simplemente escuchar, reconocer en lo que otros dicen una luz que pueda ayudarla a descubrir mejor el Evangelio” (41).

Por ejemplo, una Iglesia demasiado temerosa puede criticar constantemente “todos los discursos sobre la defensa de los derechos de la mujer, y señalar constantemente los riesgos y los posibles errores de esos reclamos”, mientras que una Iglesia “viva puede reaccionar prestando atención a las legítimas reivindicaciones de las mujeres”, mientras que “no esté de acuerdo con todo lo que propongan algunos grupos feministas”. (42).

María, la chica de Nazaret

Francisco presenta entonces a María, la chica de Nazaret, y su sí como el de “los que quieren comprometerse y arriesgarse, los que quieren apostarlo todo, sin otra garantía que la certeza de saber que son portadores de una promesa”. Y les pregunto a cada uno de ustedes: ¿sienten que están llevando una promesa?” (44). Para María, “las dificultades no eran motivo para decir “no”, y al ponerse en juego, se convirtió en “la influencer de Dios”.

El corazón de la Iglesia también está lleno de jóvenes santos, recuerda el Papa, y nombra a San Sebastián, a San Francisco de Asís, a Santa Juana de Arco, al Beato mártir Andrew Phû Yên, a Santa Kateri Tekakwitha, a Santo Domingo Salvador, a Santa Teresa del Niño Jesús, al Beato Ceferino Namuncurá, al Beato Isidoro Bakanja, al Beato Pier Giorgio Frassati, al Beato Marcel Callo y a la joven Beata Chiara Badano.

 

 

Papa al ‘Coro del arcoíris’: “Compartir nuestras debilidades es un ‘arco iris’ de imperfecciones”

Casa de descanso para enfermos de Alzheimer

abril 03, 2019 20:29Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 3 abril 2019).- Esta mañana, a las 8:45 horas, antes de acudir a la audiencia general, el Santo Padre Francisco recibió al “Coro del arcoíris” de la Casa de descanso para enfermos de Alzheimer en Bonheiden (Bélgica).

A continuación publicamos las palabras de saludo que dirigió a los presentes en el encuentro.

***

Saludo del Papa Francisco

Gracias, gracias hermanos y hermanas, muchas gracias. Mi secretario aquí me dice: es lo más hermoso que he visto con el Papa.

Cuando vi que en vuestra casa, que acoge a las personas que padecen Alzheimer, había un coro llamado “Arcoiris”, di gracias al Señor. Porque pienso que para vosotros cantar juntos sea un consuelo, un apoyo, que ayuda a avanzar y soportar la carga de la enfermedad que ciertamente se hace sentir. De hecho, creo que vuestro canto sea más valioso por vuestra vulnerabilidad. Creo que el hecho de compartir nuestras debilidades y aceptarlas recíprocamente es el “canto” más hermoso, la armonía más agradable para Dios, ¡un “arco iris” no de perfecciones, sino de imperfecciones!

Luego, cuando vi al director, pensé: ¡se ha olvidado la batuta! Pero luego vi que su batuta  es la ternura. Gracias, señor director, porque Usted con estos gestos de ternura nos hace a todos más humanos. Y con su ternura, vuestra ternura, la de todos, hoy hemos cumplido el cuarto mandamiento: honrar a los ancianos que son nuestra memoria. Quizás algunos de ellos haya perdido la memoria, pero son el símbolo de la memoria de un pueblo, son las raíces de vuestra patria, de nuestra humanidad. Son las raíces, y los jóvenes deben ir allí a sacar el jugo de las raíces para que la civilización avance.

Muchas gracias, gracias de todo corazón. Y ahora os daré la bendición y luego pasaré a saludar a todos. Os pido que recéis por mí. Le Seigneur vous bénisse tous, le Père, le Fils, et le Saint Esprit.

 

LA SANTA MISA Y LA ENTREGA PERSONAL

— El Sacrificio de Jesucristo en el Calvario. Se ofreció a Sí mismo por todos los hombres. Nuestra entrega personal.

— La Santa Misa, renovación del sacrificio de la Cruz.

— Valor infinito de la Santa Misa. Nuestra participación en el Sacrificio. La Santa Misa, centro de la vida de la Iglesia y de cada cristiano.

I. La Primera lectura de la Misa relata la intercesión de Moisés ante Yahvé para que no castigue la infidelidad de su pueblo. Aduce argumentos conmovedores: el buen nombre del Señor ante los gentiles, la fidelidad a la Alianza hecha con Abraham y sus descendientes... A pesar de las infidelidades y los desvaríos del Pueblo elegido, el Señor perdona otra vez. Es más, el amor de Dios por su Pueblo y, por medio de él, hacia todo el género humano alcanzará la manifestación suprema: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna1.

La entrega plena de Cristo por nosotros, que culmina en el Calvario, constituye la llamada más apremiante a corresponder a su gran amor por cada uno de nosotros. En la Cruz, Jesús consumó la entrega plena a la voluntad del Padre y el amor por todos los hombres, por cada uno: me amó y se entregó por mí2. Ante ese misterio insondable de Amor, debería preguntarme: ¿qué hago yo por Él?, ¿cómo correspondo a su Amor?

En el Calvario, Nuestro Señor, Sacerdote y Víctima, se ofrece a su Padre celestial, derramando su Sangre, que quedó entonces separada de su Cuerpo. Cumplió así, hasta el final, la voluntad del Padre.

El deseo del Padre fue que la Redención se realizara de este modo; Jesús lo acepta con amor y máxima sumisión. Este ofrecimiento interno de Sí mismo es la esencia de Su sacrificio. Es la entrega amorosa, sin límites, a la voluntad del Padre.

En todo verdadero sacrificio se dan cuatro elementos esenciales, y todos ellos se encuentran presentes en el sacrificio de la Cruz: sacerdote, víctima, ofrecimiento interior y manifestación externa del sacrificio. La manifestación externa debe ser expresión de la actitud interior. Jesús muere en la Cruz, manifestando exteriormente –a través de sus palabras y obras– su amorosa entrega interior. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu3: la misión que me encomendaste ha terminado, he cumplido tu voluntad. Él es, entonces y ahora, el Sacerdote y la Víctima: Teniendo, pues, un Sumo Pontífice, grande, que penetró en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos firme la fe que profesamos. No tenemos un Sumo Pontífice que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas; antes bien, fue probado en todo, a semejanza nuestra, fuera del pecado4.

Esta ofrenda interior de Jesús da significado pleno a todos los elementos externos de su sacrificio voluntario: la crucifixión, el expolio, los insultos...

El Sacrificio de la Cruz es único. Sacerdote y Víctima son una sola y la misma divina persona: el Hijo de Dios encarnado. Jesús no fue ofrecido al Padre por Pilato o por Caifás, o por la multitud congregada a sus pies. Él fue quien se entregó a Sí mismo. En todo momento de su vida terrena, Jesús vivió en una perfecta identificación con la voluntad del Padre, pero es en el Calvario donde la entrega del Hijo alcanza su expresión suprema.

Nosotros, que queremos imitar a Jesús, que solo deseamos que nuestra vida sea reflejo de la suya, debemos preguntarnos en nuestra oración de hoy si sabemos unirnos al ofrecimiento de Jesús al Padre, con la aceptación de la voluntad de Dios, en cada momento, en las alegrías y en las contrariedades, en las cosas que ocupan cada día nuestro, en los momentos más difíciles, como puede ser el fracaso, el dolor o la enfermedad, y en los momentos fáciles en que sentimos al alma llena de gozo.

«Madre y Señora mía, enséñame a pronunciar un sí que, como el tuyo, se identifique con el clamor de Jesús ante su Padre: non mea voluntas... (Lc 22, 42): no se haga mi voluntad, sino la de Dios»5.

II. Para meditar hoy sobre la unidad que existe entre el Sacrificio de la Cruz y la Santa Misa, fijemos nuestra atención en la oblación interior que Cristo hace de Sí mismo, con una total entrega y sumisión amorosa a su Padre. La Santa Misa y el Sacrificio de la Cruz son el mismo y único sacrificio, aunque estén separados en el tiempo; se vuelve a hacer presente, no las circunstancias dolorosas y cruentas del Calvario, sino la total sumisión amorosa de Nuestro Señor a la voluntad del Padre. Ese ofrecimiento interno de Sí mismo es idéntico en el Calvario y en la Misa: es la oblación de Cristo. Es el mismo Sacerdote, la misma Víctima, la misma oblación y sumisión a la voluntad de Dios Padre; cambia la manifestación externa de esta misma entrega: en el Calvario, a través de la Pasión y Muerte de Jesús; en la Misa, por la separación sacramental, no cruenta, del Cuerpo y de la Sangre de Cristo mediante la transustanciación del pan y del vino.

El sacerdote en la Misa es únicamente el instrumento de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Cristo se ofrece a Sí mismo en cada una de las Misas del mismo modo que lo hizo en el Calvario, aunque ahora lo hace a través de un sacerdote, que actúa in persona Christi. Por eso «toda Misa, aunque sea celebrada privadamente por un sacerdote, no es acción privada, sino acción de Cristo y de la Iglesia, la cual, en el sacrificio que ofrece, aprende a ofrecerse a sí misma como sacrificio universal, y aplica a la salvación del mundo entero la única e infinita virtud redentora del sacrificio de la Cruz»6.

El mismo Cristo, en cada Misa, se ofrece manifestando la amorosa entrega a su Padre celestial, expresada ahora por la Consagración del pan y, separadamente, la Consagración del vino. Este es el momento culminante –la esencia, el núcleo– de la Santa Misa.

Nuestra oración de hoy es buen momento para examinar cómo asistimos y participamos en la Santa Misa. «¿Estáis allí con las mismas disposiciones con que la Virgen Santísima estaba en el Calvario, tratándose de la presencia de un mismo Dios y de la consumación de igual sacrificio?»7. Amor, identificación plena con la voluntad de Dios, ofrecimiento de sí mismo, afán corredentor.

III. El Sacrificio de la Misa, al ser esencialmente idéntico al Sacrificio de la Cruz, tiene un valor infinito. En cada Misa se ofrece a Dios Padre una adoración, acción de gracias y reparación infinitas, independientemente de las disposiciones concretas de quienes asisten y del celebrante, porque Cristo es el Oferente principal y la Víctima que se ofrece. Resulta, por tanto, que no existe un modo más perfecto de adorar a Dios que el ofrecimiento de la Misa, en la cual su Hijo Jesucristo es ofrecido como Víctima, actuando Él mismo como Sumo Sacerdote.

No hay tampoco un modo más perfecto de dar gracias a Dios por todo lo que es y por sus continuas misericordias para con nosotros: nada en la tierra puede resultar más grato a Dios que el Sacrificio del altar. Cada vez que se celebra la Santa Misa, a causa de la infinita dignidad del Sacerdote y de la Víctima, se repara por todos los pecados del mundo: se trata de la única perfecta y adecuada reparación, a la que debemos unir nuestros actos de desagravio. Es el único sacrificio adecuado que podemos ofrecer los hombres, y a través de él pueden cobrar un valor infinito nuestro quehacer diario, nuestro dolor y nuestras alegrías. La Santa Misa «es realmente el corazón y el centro del mundo cristiano»8. En este Santo Sacrificio «está grabado lo que de más profundo tiene la vida de cada uno de los hombres: la vida del padre, de la madre, del niño, del anciano, del muchacho y de la muchacha, del profesor y del estudiante, del hombre culto y del hombre sencillo, de la religiosa y del sacerdote. De cada uno sin excepción. He aquí que la vida del hombre se inserta, mediante la Eucaristía, en el misterio del Dios viviente»9.

Los frutos de cada Misa son infinitos, pero en nosotros se encuentran condicionados por nuestras personales disposiciones y, por ello, limitados.

Nuestra Madre la Iglesia nos invita a participar en el acto más sublime que cada día ocurre, de una forma consciente, activa y piadosa10. De un modo particular hemos de procurar estar atentos y recogidos en el momento de la Consagración; en estos instantes procuraremos penetrar en el alma de quien es a la vez Sacerdote y Víctima, en su amorosa oblación a Dios Padre, como ocurrió en el Calvario. Este Sacrificio será entonces el punto central de nuestra vida diaria, como lo es de toda la liturgia y de la vida de la Iglesia. Nuestra unión con Cristo en el momento de la Consagración será más plena cuanto más lo sea nuestra identificación con la voluntad de Dios, cuanto mayores sean nuestras disposiciones de entrega. En unión con el Hijo ofrecemos al Padre la Santa Misa, y al propio tiempo nos ofrecemos nosotros mismos por Él, con Él y en Él. Este acto de unión debe ser tan profundo y verdadero que penetre todo nuestro día e influya decisivamente en nuestro trabajo, en nuestras relaciones con los demás, en nuestras alegrías y fracasos, en todo.

Si cuando llegue la Comunión Jesús nos encuentra con estas disposiciones de entrega, de identificación amorosa con la voluntad de Dios Padre, ¿qué otra cosa hará sino derramar en nosotros el Espíritu Santo, con todos sus dones y gracias? Tenemos muchas ayudas para vivir bien la Santa Misa. Entre otras, la de los ángeles, que «siempre están allí presentes en gran número para honrar este santo misterio. Juntándonos a ellos y con la misma intención, forzosamente hemos de recibir muchas influencias favorables de esta compañía. Los coros de la Iglesia militante se unen y se juntan con Nuestro Señor, en este divino acto, para cautivar en Él, con Él y por Él, el corazón de Dios Padre, y para hacer eternamente nuestra su misericordia»11. Acudamos a ellos para evitar las distracciones, y esforcémonos en cuidar con más amor ese rato único en el que estamos participando del Sacrificio de la Cruz.

1 Jn 3, 16. — 2 Gal 2, 20. — 3 Lc 23, 46. — 4 Heb 4, 14-15. — 5 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, IV, 1. 6 Pablo VI, Enc. Mysterium Fidei, 3-IX-1965, n. 4. — 7 Santo Cura de Ars, Sermón sobre el pecado. — 8 Juan Pablo II, Homilía en el Seminario de Venegono, 21-V-1983. — 9 ídem, Homilía en la clausura del XX Congreso Eucarístico Nac. de Italia, 22-V-1983. — 10 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 48 y 11. 11 San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, Barcelona 1960, p. 97.

 

 

"Haz lo que debes y está en lo que haces"

Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. -La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo. (Camino, 813)

¿Quieres de verdad ser santo? -Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces. (Camino, 815)
La santidad "grande" está en cumplir los "deberes pequeños" de cada instante. (Camino, 817)
Me dices: cuando se presente la ocasión de hacer algo grande... ¡entonces! -¿Entonces? ¿Pretendes hacerme creer, y creer tú seriamente, que podrás vencer en la Olimpiada sobrenatural, sin la diaria preparación, sin entrenamiento? (Camino, 822)
¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? -Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. -Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. -Y trozos de hierro. -Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas... ¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?... -¡A fuerza de cosas pequeñas! (Camino, 823)

¿No has visto en qué "pequeñeces" está el amor humano? -Pues también en "pequeñeces" está el Amor divino. (Camino, 824)

 

Algo grande y que sea amor (II): Lo que podría ser tu vida

El sueño de todo cristiano es que su nombre esté escrito en el Corazón de Dios. En el segundo texto de la serie sobre la vocación -“Algo grande y que sea amor”- se contempla esta realidad.

Vocación25/10/2018

Opus Dei - Algo grande y que sea amor (II): Lo que podría ser tu vida

Mesopotamia vio nacer y desaparecer algunas de las civilizaciones más antiguas del mundo: sumerios, acadios, babilonios, caldeos… Aunque en el colegio tal vez estudiamos algunas de ellas, nos parecen culturas distantes y poco relacionadas con nosotros. Sin embargo, de esa zona surgió un personaje que forma parte de nuestra familia. Se llamaba Abrán, hasta que Dios le cambió el nombre por Abrahán. La Biblia lo sitúa unos 1850 años antes de la venida de Jesucristo a la tierra. Cuatro mil años después seguimos acordándonos de él, cuando en la Santa Misa le invocamos como «nuestro padre en la fe»[1]: él dio origen a nuestra familia.

«Te he llamado por tu nombre»

Abrahán es una de las primeras personas que han pasado a la historia por haber respondido a una llamada de Dios. En su caso, era una petición muy singular: «Vete de tu tierra y de tu patria y de casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré» (Gn 12,1). Tras él vinieron, entre otros, Moisés, Samuel, Elías y los demás profetas... Todos escucharon la voz de Dios, que les invitaba de un modo u otro a «salir de su tierra» y a comenzar una nueva vida en su compañía. Como a Abrahán, Dios les prometía que haría grandes cosas en sus vidas: «de ti haré un gran pueblo, te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, que servirá de bendición» (Gn 12,2). Además, a cada uno de ellos lo llamó por su nombre; y por eso, junto al recuerdo de las acciones de Dios, el Antiguo Testamento conserva los nombres de quienes colaboraron con Él. La carta a los Hebreos los elogia con entusiasmo (cf. Hb 11,1-40).

Existe una multitud inmensa de santos desconocidos, que son verdaderos «protagonistas de la historia»

Cuando Dios envió a su Hijo al mundo, los llamados ya no solo escucharon la voz de Dios; pudieron ver también un rostro humano: Jesús de Nazaret. También a ellos Dios les llamó a comenzar una nueva vida, a dejar un rastro imborrable en la historia. Conocemos sus nombres —María Magdalena, Pedro, Juan, Andrés…— y les recordamos también con agradecimiento.

¿Y después? Podría parecer que, con la Ascensión de Jesús al cielo, Dios se hubiera retirado de la historia. En realidad, su acción no solo continúa sino que ha aumentado. Si en su paso por la tierra escogió solo a unos pocos, durante los últimos dos mil años Dios ha «cambiado los planes» de millones de hombres y mujeres, abriéndoles horizontes que ellos mismos no habrían podido ni imaginar. Conocemos los nombres de muchos de ellos, que forman parte del santoral de la Iglesia. Y existe una multitud inmensa de hombres y mujeres «de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas» (Ap 7,9), santos desconocidos, que son verdaderos «protagonistas de la historia»[2] .

Hoy, en este instante, Dios sigue buscando y llamando a la puerta de cada uno. A San Josemaría le gustaba considerar estas palabras de Isaías: «te he redimido y te he llamado por tu nombre: ¡tú eres mío!» (Is 43,1). Al meditarlas, decía que le traían al corazón «sabores de panal y de miel»[3], porque le permitían percibir hasta qué punto era amado por Dios de un modo personalísimo, único.

También a nosotros estas palabras pueden traernos sabores de panal y de miel, porque revelan que nuestra vida es importante para Dios: que cuenta con todos, que invita a cada uno. El sueño de todo cristiano es que su nombre esté escrito en el Corazón de Dios. Y es un sueño que está al alcance de todos.

«Cuenta las estrellas, si puedes contarlas»

Nos puede parecer excesivo ver nuestra vida así, en continuidad con la de los grandes santos. Tenemos experiencia de nuestra debilidad. También la tuvieron Moisés, Jeremías, Elías, a quienes no faltaron sus momentos malos[4]. El propio Isaías, por ejemplo, se decía en una ocasión: «en balde me he fatigado, inútilmente y en vano he gastado mi fuerza…» (Is 49,4). Es verdad que a veces la vida se presenta así, como algo sin mucho sentido o interés, por la facilidad con que se truncan nuestros proyectos. La pregunta «para qué quiero vivir» parece naufragar ante la experiencia del fracaso, del sufrimiento y de la muerte.

Dios conoce perfectamente toda esa inestabilidad, y la confusión en la que nos puede dejar. Y, sin embargo, viene a buscarnos. Por eso, el profeta no se queda en un grito de queja, y reconoce la voz del Señor: «Te he puesto para ser luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los extremos de la tierra» (Is 49,6). Somos débiles, pero esa no es toda la verdad sobre nuestra vida. Escribe el Papa: «Reconozcamos nuestra fragilidad, pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión. Somos frágiles, pero portadores de un tesoro que nos hace grandes y que puede hacer más buenos y felices a quienes lo reciban»[5].

La llamada divina es una gran misericordia de Dios; señal de que me quiere, de que le importo: «Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes: ante él, nada vale la ropa que llevas o el teléfono móvil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas tú, tal como eres. A sus ojos, vales, y lo que vales no tiene precio»[6]. Al llamarnos, Dios nos libera, porque nos permite escapar de una vida banal, dedicada a satisfacciones pequeñas que no son capaces de llenar nuestra sed de amor. «Cuando nos decidimos a contestar al Señor: mi libertad para ti, nos encontramos liberados de todas las cadenas que nos habían atado a cosas sin importancia»[7]. Dios saca nuestra libertad de su pequeñez, la abre a la amplitud de la historia de su Amor con los hombres, en la que todos —cada una y cada uno— somos protagonistas.

No somos nosotros quienes le hacemos un favor: es Dios quien ilumina nuestra vida

«La vocación enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo, una profundidad que antes no sospechábamos. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos adónde quiere conducirnos el Señor, y nos sentimos como arrollados por ese encargo que se nos confía»[8]. Para quien ha recibido y acogido la llamada de Dios, ya no hay acciones banales o pequeñas. Todas ellas quedan iluminadas por la promesa: «de ti haré un gran pueblo» (Gn 12,2): con tu vida haré cosas grandes; dejarás rastro, serás feliz repartiendo felicidad. Por eso, «cuando Él pide algo, en realidad está ofreciendo un don. No somos nosotros quienes le hacemos un favor: es Dios quien ilumina nuestra vida, llenándola de sentido»[9].

Por otra parte, la luz de la vocación nos permite comprender que la importancia de nuestra vida no se mide por la grandeza humana de los planes que realizamos. Solo unos pocos pueden incluir sus nombres entre los grandes de la historia universal. En cambio, la grandeza divina se mide ahora por su relación con el único plan verdaderamente grande: la Redención. «Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado»[10].

«La Redención se está haciendo —¡ahora!»[11] ¿Cómo colaborar? De mil modos distintos, sabiendo que Dios mismo nos va a ir dando luces para que descubramos el modo concreto de colaborar con Él. «Dios quiere que la libertad de la persona intervenga no solo en la respuesta, sino también en la configuración de la vocación misma» [12]. Y la respuesta, sin dejar de ser libre, está movida por la gracia actual del Dios que llama. Si nos ponemos a caminar, a partir del lugar en el que nos encontramos, Dios nos ayudará a ver lo que Él ha soñado para nuestra vida: un sueño que «se va haciendo» a medida que avanza, porque depende también de nuestra iniciativa y de nuestra creatividad. San Josemaría decía que, si soñábamos, nos quedaríamos cortos, porque quien sueña de verdad sueña con Dios. Así, a lo grande, hacía soñar Dios a Abrahán: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas» (Gn 15,5).

Siempre es cosa de dos

Dios entra en la vida de Abrahán para quedarse con él, para unirse en cierto modo a su destino: «Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan; en ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra» (Gn 12,3). Su historia es la de un «protagonismo compartido». Es la historia de Abrahán y de Dios, de Dios y de Abrahán. Hasta tal punto que, a partir de entonces, Dios se presentará a Sí mismo ante los demás hombres como «el Dios de Abrahán»[13].

La llamada consiste en vivir con Él. Más que de hacer cosas especiales, se trata de hacerlo todo con Dios

La llamada consiste, pues, en primer lugar, en vivir con Él. Más que de hacer cosas especiales, se trata de hacerlo todo con Dios, «¡todo por Amor!»[14]. Lo mismo les sucedió a los primeros: Jesús los eligió, antes que nada, «para que estuvieran con Él»; solo después, el evangelista añade: «y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14). Por eso, también nosotros, cuando percibimos la voz de Dios, no debemos pensar en una especie de «misión imposible», dificilísima, que Él nos impone desde la lejanía del Cielo. Si es una auténtica llamada de Dios, será una invitación a meternos en su vida, en su proyecto: una llamada a permanecer en su Amor (cfr. Jn 15,8). Y así, desde el Corazón de Dios, desde una auténtica amistad con Jesús, podremos llevar su Amor al mundo entero. Él quiere contar con nosotros… estando con nosotros. O viceversa: Él quiere estar con nosotros, contando con nosotros.

Se entiende así que quienes han experimentado la llamada de Dios, y la han seguido, animen a quienes empiezan a escucharla. Porque, en un primer momento, es frecuente que experimenten miedo. Es el temor lógico que produce lo inesperado, lo desconocido, lo que agranda horizontes, la realidad de Dios, que nos supera por todas partes. Pero este miedo está llamado a ser transitorio. Se trata de una reacción humana de lo más común, que no debe sorprendernos. Sería un error dejarnos paralizar por el miedo: más bien, es necesario enfrentarse con él, atreverse a analizarlo con calma. Las grandes decisiones de la vida, los proyectos que han dejado rastro, casi siempre han sido precedidos de un estadio de miedo, superado después con una reflexión serena; y sí, también, con un golpe de audacia.

San Juan Pablo II comenzó su pontificado con una invitación que aún hoy resuena: «Abrid de par en par las puertas a Cristo (…) ¡No tengáis miedo!»[15]. Benedicto XVI la retomó nada más ser elegido: comentaba cómo, con estas palabras, «el Papa hablaba a todos los hombres, sobre todo a los jóvenes». Y se preguntaba: «¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo —si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a Él—, miedo de que Él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad?»[16].

Seguía Benedicto XVI: «Y todavía el Papa quería decir: ¡No! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada —absolutamente nada— de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera»[17]. Y, uniéndose a aquella recomendación de San Juan Pablo II, concluía: «Quisiera (…), a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida»[18]. El Papa Francisco nos lo ha recordado también a menudo: «Él te pide que dejes lo que paraliza el corazón, que te vacíes de bienes para dejarle espacio a él»[19]. Así haremos la experiencia de todos los santos: Dios no quita nada, sino que llena nuestro corazón de una paz y una alegría que el mundo no puede dar.

Por este camino, el miedo cede enseguida el paso a una profunda gratitud: «Doy gracias a aquel que me ha llenado de fortaleza, a Jesucristo nuestro Señor, porque me ha considerado digno de su confianza (…) a mí, que antes era blasfemo, perseguidor e insolente. Pero alcancé misericordia» (1 Tm 1,12-13). Que todos tengamos una vocación muestra que la misericordia de Dios no se detiene ante nuestras debilidades y pecados. Él se pone ante nosotros Miserando atque eligendo, como reza el lema episcopal del Papa Francisco. Porque, para Dios, escogernos y tener misericordia —pasar por alto nuestra pequeñez— es una sola cosa.

Como Abrahán, como san Pablo, como todos los amigos de Jesús, también nosotros nos sabemos no solo llamados y acompañados por Dios, sino también seguros de su ayuda: convencidos de que «quien comenzó en [nosotros] la obra buena la llevará a cabo hasta el día de Cristo Jesús» (Flp 1,6). Sabemos que nuestras dificultades, aunque a veces sean serias, no tienen la última palabra. San Josemaría lo repetía a los primeros fieles del Opus Dei: «cuando Dios Nuestro Señor proyecta alguna obra en favor de los hombres, piensa primeramente en las personas que ha de utilizar como instrumentos… y les comunica las gracias convenientes»[20].

Solo la confianza nos permite vivir sin estar esclavizados por el cálculo de las propias fuerzas

La llamada de Dios es, pues, una invitación a la confianza. Solo la confianza nos permite vivir sin estar esclavizados por el cálculo de las propias fuerzas, de los propios talentos, abriéndonos a la maravilla de vivir también de las fuerzas de Otro, de los talentos de Otro. Como en las escaladas a las grandes cumbres, es necesario fiarse de quien nos precede, con quien compartimos incluso una misma cuerda. El que va por delante nos indica dónde pisar y nos ayuda en aquellos momentos en que, si estuviéramos solos, nos dejaríamos dominar por el pánico o el vértigo. Caminamos, pues, como en la escalada, pero con la diferencia de que ahora nuestra confianza no está puesta en alguien como nosotros, ni siquiera en el mejor de los amigos; ahora nuestra confianza está puesta en el mismo Dios, que siempre «permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo» (2 Tm 2, 13).

Haréis vosotros los caminos

«Abrán se marchó tal y como le había mandado el Señor» (Gn 12,4). Así comenzó la etapa de su vida que marcaría su existencia para siempre. La suya fue, desde entonces, una vida guiada por sucesivas llamadas de Dios: a ir de un sitio a otro, a alejarse de hombres malvados, a creer en la posibilidad de tener un hijo, a tenerlo verdaderamente, y… a estar dispuesto a sacrificarlo. Abrahán no dejó de necesitar su libertad en ningún momento para seguir diciendo que sí al Señor. Así, la vida de quienes siguen a Dios se caracteriza no solo por la cercanía y la comunión con Dios, sino también por una real, plena y continuada libertad.

Responder afirmativamente a la llamada de Dios no solo da a nuestra libertad un nuevo horizonte, un sentido pleno —«algo grande y que fuera amor»[21], decía san Josemaría—, sino que nos exige ponerla en juego continuamente. La entrega a Dios no es como subirse a una especie de «cinta transportadora», orientada y dirigida por otros, que nos fuera a llevar —sin quererlo nosotros— hasta el final de nuestros días; o como una vía ferroviaria, perfectamente trazada, que se puede consultar por adelantado y que no reserva ninguna sorpresa al viajero.

En efecto, a lo largo de nuestra vida nos encontraremos con que la fidelidad a la primera llamada exige de nosotros nuevas decisiones, a veces costosas. Y entenderemos que la llamada de Dios nos empuja a crecer cada día más en nuestra propia libertad. Porque, para volar alto —como es propio de cualquier camino de amor—, hace falta tener las alas limpias de barro y una gran capacidad de disponer de la propia vida, tantas veces esclavizada por pequeñeces. En pocas palabras, a la grandeza de la llamada de Dios debe corresponder una libertad igualmente grande, dilatada por la correspondencia a la Gracia y por el crecimiento de las virtudes, que nos hacen ser más verdaderamente nosotros mismos.

En los primeros años de la Obra, a los jóvenes que se acercaban a él, san Josemaría solía repetirles que todo estaba por hacer, incluso el camino que debían recorrer. Y que ese camino, que el Señor les indicaba y que debía atravesar el mundo entero, lo iban a realizar ellos. «No hay caminos hechos para vosotros... Los haréis —les decía—, a través de las montañas, al golpe de vuestras pisadas»[22]. Expresaba así el carácter abierto que tiene toda vocación, y que es preciso descubrir y fomentar.

Ahora, como entonces, responder a la llamada de Dios supone, en cierto modo, abrirse camino al golpe de las propias pisadas. Dios no nos da a conocer nunca un plan perfectamente escrito. No lo hizo con Abrahán, ni con Moisés. No lo hizo con los apóstoles. Al subir a los cielos les dijo solamente: « Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). ¿Cómo? ¿Por dónde? ¿Con qué medios? Todo eso se iría precisando poco a poco. Como en nuestro caso: el camino se irá concretando a lo largo de la vida, y se construirá gracias a esa alianza maravillosa entre la Gracia de Dios y nuestra propia libertad. Durante toda la vida, la vocación es «la historia de un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que responde a Dios en el amor»[23]. Nuestra historia será un entretejerse de nuestro oído atento a las inspiraciones divinas y nuestra creatividad para llevarlas a cabo del mejor modo en que podamos.

La Virgen María, ejemplo para todos nosotros por su «Sí» en Nazaret, lo es también por su permanente escucha y obediencia a la Voluntad de Dios a lo largo de toda su vida, que también estuvo marcada por el claroscuro de la fe. «María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón» (Lc 1,19). Junto a su Hijo, nuestra Madre fue descubriendo a cada paso lo que Dios quería de Ella. Por eso la llamamos también Perfecta Discípula de Cristo. A Ella nos encomendamos, para que sea la Estrella que guíe siempre nuestros pasos.

Nicolás Álvarez de las Asturias


[1] Misal Romano, Plegaria Eucarística I.

[2] Francisco, Vigilia de oración con los jóvenes, Cracovia, 30-VII-2016.

[3] Amigos de Dios, n. 312.

[4] Cfr. Por ejemplo Nm 11,14s: «Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas. Si me vas a tratar así, hazme morir, por favor, si he hallado gracia a tus ojos; así no veré más mi desventura»; Jr 20,18: «¿Por qué hube de salir del vientre para pasar trabajos y fatigas y acabar mis días deshonrado?»; 1 R 19,4: «¡Ya es demasiado, Señor! ¡Toma mi vida, pues no soy mejor que mis padres!»

[5] Francisco, Ex. Ap. Gaudete et Exsultate (19-III-2018), n. 131.

[6] Francisco, Homilía en la Jornada Mundial de la Juventud, Cracovia, 31-VII-2016.

[7] Amigos de Dios, n. 38

[8] Es Cristo que pasa, n. 45

[9] F. Ocáriz, «Luz para ver, fuerza para querer», ABC, 18-IX-2018.

[10] Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), Vida escondida y epifanía, en Obras Completas V, Burgos 2007, 637.

[11] Via Crucis, 5ª estación, n. 2

[12] F. Ocáriz, «La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia», en El Opus Dei en la Iglesia, Rialp, 1993, p. 152.

[13] Cfr. Ex 3,6; Mt 22,32.

[14] San Josemaría, Apuntes íntimos IV, n. 296, 22-IX-1931 (citado en Camino, edición crítico-histórica, comentario al n. 813).

[15] San Juan Pablo II, Homilía en el comienzo de su pontificado, 22-X-1978.

[16] Benedicto XVI, Homilía en el comienzo de su pontificado, 24-V-2005.

[17] Ibidem.

[18] Ibidem.

[19] Francisco, Homilía de canonización, 14-X-2018. Cfr. también Gaudete et Exsultate, n. 32.

[20] Instrucción, 19-III-1934, n. 48.

[21] A. Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, vol. I, p. 97.

[22] Camino, n. 928

[23] San Juan Pablo II, Ex. Ap. Pastores dabo vobis (25-III-1992), n. 36.

 

 

«Tenemos que estar contentos pase lo que pase»

Mons. Fernando Ocáriz estuvo en Zaragoza, del 29 de marzo al 1 de abril. Durante esos días visitó la Basílica del Pilar y se reunió con varios grupos de personas llegadas desde Logroño, Huesca, Teruel y de la propia Zaragoza.

Del Prelado03/04/2019

 


Viernes 29: Rezando en El Pilar, como San Josemaría

El prelado del Opus Dei comenzó el viernes 29 una visita pastoral a la ciudad de Zaragoza, la ciudad donde se forjó la vocación al sacerdocio de San Josemaría, y que alberga lugares especialmente importantes en su biografía.

Allí pudo encontrarse con fieles y cooperadores de la Obra junto a muchos jóvenes y familias, que le acompañaron siguiendo las huellas del fundador del Opus Dei en la capital aragonesa. Tras acudir a saludar a la patrona, se desplazó al Palacio Arzobispal para saludar al arzobispo de la ciudad, monseñor Vicente Jiménez.

Monseñor Fernando Ocáriz llegó a media tarde en tren desde Madrid, tras viajar desde Roma en avión acompañado por varias Cintas de la Medida de la Virgen del Pilar que le entregaron antes del viaje. En cuanto llegó a la capital aragonesa, el prelado acudió directamente a rezar ante la imagen de la patrona de Zaragoza, en la Santa Capilla, como hicieran tanto san Josemaría como el beato Álvaro del Portillo y más tarde monseñor Javier Echevarría.

El prelado fue invitado a besar la imagen de la Virgen después de la bienvenida de varios canónigos y del saludo del penitenciario, don Pedro José Gracia, que le dirigió ante los fieles unas palabras llenas de cariño.

Palabras del prelado del Opus Dei en el libro de visitas de El Pilar

Palabras del prelado del Opus Dei en el libro de visitas de El Pilar

Minutos después escribiría en el libro de visitas de El Pilar unas palabras que explican el contenido de su estancia en Zaragoza siguiendo las huellas de san Josemaría, quien vivió en la capital aragonesa entre 1920 y 1927. Don Fernando dejó escrito: “Con gran agradecimiento a la Santísima Virgen del Pilar, he rezado a Ella por la Santa Iglesia, por el Papa y por todo el Opus Dei, acudiendo también a la intercesión de San Josemaría. Recordando los años que vivió San Josemaría en esta ciudad y lo mucho que aquí rezó, pido también a la Virgen por toda la ciudad de Zaragoza”.

Lugares de San Josemaría

La Santa Capilla fue el lugar donde san Josemaría celebró su primera Misa solemne, el 30 de marzo de 1925. Y en un ámbito muy cercano se encuentran nombres y lugares entrañables para la historia del fundador y del Opus Dei. La Universidad Pontificia, en la Plaza de La Seo, el Seminario de San Francisco de Paula, y el Seminario Sacerdotal de San Carlos, donde se formó y vivió.

Una placa colocada recientemente en el antiguo seminario de San Carlos recuerda desde hace unos meses la profunda vinculación del fundador del Opus Dei con el histórico edificio

Una placa colocada recientemente en el antiguo seminario de San Carlos recuerda desde hace unos meses la profunda vinculación del fundador del Opus Dei con el histórico edificio

San Josemaría siempre recordaría la Biblioteca de San Carlos, en la que pudo adquirir una formación y cultura muy sólidas. O las calles Urrea y Rufas, donde vivió con su familia, cuando llegaron en 1920 desde Logroño. También Don Jaime I, 44, sede del Instituto Amado, donde dio clases para tener algún ingreso económico. Todas estas calles y lugares fueron recorridas habitualmente por el joven seminarista y después estudiante de Derecho, que a diario visitaba a la Virgen del Pilar.


Sábado 30: En el seminario de San Carlos

El sábado monseñor Ocáriz concelebró la Eucaristía [leer la homilía] en una de las más importantes joyas del barroco de Aragón, la iglesia del antiguo seminario de San Carlos, donde San Josemaría fue ordenado sacerdote el 28 de marzo de 1925. El prelado agradeció la placa colocada para recordar que fue entre esas paredes, donde germinó la semilla de la vida espiritual del fundador del Opus Dei. Por la tarde, Mons. Ocáriz mantuvo varios encuentros con jóvenes de Zaragoza, Huesca, Logroño y Teruel.

Esa placa recuerda desde hace unos meses la profunda vinculación del fundador del Opus Dei con el histórico edificio, construido sobre una antigua sinagoga en el siglo XVI: “Aquí vivió, se formó y se ordenó sacerdote San Josemaría Escrivá de Balaguer”, reza la placa. El mismo san Josemaría refirió en alguna ocasión: “en esta casa de San Carlos he recibido yo la formación sacerdotal. Aquí, en este altar, yo me acerqué tembloroso para coger la forma sagrada y dar por primera vez la Comunión a mi madre”. Como es sabido, también recibió el diaconado en San Carlos, el 20 de diciembre de 1924.

Oración en una joya barroca

Estos recuerdos estaban en la memoria del prelado y del casi medio millar de personas que abarrotaban el sábado a las 12 la Eucaristía celebrada en la Iglesia del Real Seminario de San Carlos, testigo de la ordenación sacerdotal de san Josemaría y de mucha oración ante el Santísimo y la imagen de la Inmaculada que preside el retablo de esta joya barroca de la arquitectura religiosa zaragozana.

El himno a la Virgen del Pilar cerró una ceremonia muy emocionante, cantada por la Capilla de Música Nuestra Señora del Pilar, dirigida por José María Berdejo y con Juan San Martín al órgano. Entre otros concelebrantes figuraron don Carlos Palomero, director de la Casa Sacerdotal de San Carlos, y el rector de la Iglesia, don Carlos Tartaj, junto a don Ramón Herrando, vicario regional del Opus Dei y don Pablo Lacorte, vicario del Opus Dei en Zaragoza.

En la homilía el prelado puso como ejemplo la vida de oración perseverante de san Josemaría, y animó a los presentes hacer una oración desde la necesidad de ser ayudado, con acciones de gracias y petición de perdón. En el aniversario de la primera misa de san Josemaría, monseñor Ocáriz habló de la Eucaristía y de mirar a la Cruz pegados a la Virgen.

Aragoneses por el mundo

El prelado se reunió durante la tarde con varios grupos de jóvenes de Zaragoza, Huesca, Teruel y Logroño, a los que pidió oraciones por el Papa Francisco –de viaje estos días en Marruecos–, y a los que animó a aprovechar la formación cristiana que reciben gracias al Opus Dei para identificarse con Jesucristo, estar alegres y ser coherentes con la fe aunque a veces suponga ir contracorriente.

“El Señor quiere que estemos contentos. Cada uno de nosotros es una persona que interesa al Señor. Para todos tiene un plan; tiene deseos. Tiene el deseo de que seamos felices”, explicó el prelado. El secreto de esa felicidad, según monseñor Ocáriz, es el servicio. “Servir es lo que hace feliz a la gente. El egoísmo, en cambio, no da la felicidad. San Josemaría dice en una de sus homilías que la tristeza es la escoria del egoísmo; en cambio servir, darse a los demás, produce una gran alegría”, subrayó.

El prelado animó a los jóvenes a vivir contentos aunque tengan errores y defectos, “porque el Señor nos quiere como somos”

El prelado animó a los jóvenes a vivir contentos aunque tengan errores y defectos, “porque el Señor nos quiere como somos”

Los jóvenes prepararon varias sorpresas para monseñor Ocáriz, entre otras un saludo de un puñado de personas de Aragón repartidas por distintos países del mundo y que no podían acompañarle físicamente en las tertulias. Así, a través de un vídeo, le saludaron desde lugares tan distantes como Costa de Marfil, Normandía, Japón, Jerusalén o Cambridge.

Contentos ante las dificultades

El prelado animó a los jóvenes a vivir contentos aunque tengan errores y defectos, “porque el Señor nos quiere como somos”, y aunque se vean obligados a ir contracorriente. “Contracorriente fue Jesús. Contracorriente fueron los apóstoles y todos los que han querido ser fieles al Señor. Contracorriente, no por nuestras fuerzas sino porque el Señor está con nosotros", incidió.

Mariu, la decana del colegio mayor Peñalba, le preguntó cómo afianzar su fe, y don Fernando le recordó que la fe es un don de Dios, y que “todos experimentamos cierta oscuridad en la fe. Los apóstoles sienten la necesidad de tener más fe y se la piden al Señor. Cuando sientas que tu fe es un poco floja: Señor, auméntame la fe”.

Varias intervenciones llegaron desde residentes o antiguos del colegio mayor Miraflores. Steven, estudiante de 4º de Derecho contó la influencia en su vida de la JMJ de Cracovia, mientras que Saif, musulmán, nacido en Marruecos, agradeció la formación que reciben a través del Opus Dei los voluntarios que le ayudan desde hace años en un proyecto social de la ONG Cooperación Internacional.

Especial emotividad tuvo la intervención de Javier, Echechi, que sufre una discapacidad que le limita mucho y le obliga a una dependencia permanente. Ayudado por su hermano Nacho, agradeció el cariño que recibe en el Club Jumara, “mi segunda familia” y preguntó qué puede hacer como agradecimiento. El Padre le dijo: “muchísimo, reza, ofrece las dificultades, que el Señor acoge y les da un gran valor. El te quiere muy cerca de la Cruz y así eres muy eficaz, que Dios te bendiga”.

También le entregaron al prelado un dibujo con diez sueños para recorrer los próximos diez años hasta el centenario del Opus Dei, que Mons. Ocáriz les devolvió con esta dedicatoria, usando palabras de San Josemaría: “Soñad y os quedaréis cortos”. Junto con el dibujo, le dieron un donativo para ayudar a Venezuela. Dos hermanos de Logroño, del Club Glera, Ignacio y Javier, le ofrecieron además una botella de vino de Rioja, un crianza de 2015.


Domingo 31: “Tenemos que estar contentos pase lo que pase”

Monseñor Fernando Ocáriz se reunió el domingo con varios grupos de personas llegadas desde Logroño, Huesca, Teruel y de la propia Zaragoza, a quienes habló de la necesidad de vivir siempre alegres y de reconquistar la libertad para amar y hacer el bien. El prelado saludó además al comité directivo de los colegios Montearagón y Sansueña, a representantes de las escuelas de formación agraria y las asociaciones de padres y madres, y charló con un buen número de familias.

El escenario de los encuentros del domingo fue el pabellón del colegio Montearagón, decorado para la ocasión por Alberto Fantova y su mujer, Carmen Pilar Rodríguez, con una gran ilustración de la Virgen del Pilar y otros motivos alusivos a las diferentes ciudades de Aragón y La Rioja. El prelado charló un rato con los dos diseñadores y conoció a sus hijos.

Félix, un niño síndrome de Down, se abrazó al prelado y le regaló, de parte de su familia, una trenza de Almudévar, un dulce típico de la provincia de Huesca

Félix, un niño síndrome de Down, se abrazó al prelado y le regaló, de parte de su familia, una trenza de Almudévar, un dulce típico de la provincia de Huesca

A la salida de una de las tertulias, un grupo llegado desde Teruel obsequió a monseñor Ocáriz con un jamón. Félix, un niño síndrome de Down, se abrazó al prelado y le regaló, de parte de su familia, una trenza de Almudévar, un dulce típico de la provincia de Huesca.

En el hall principal, junto al oratorio, don Fernando pudo contemplar los paneles de la nueva exposición sobre Guadalupe Ortiz de Landázuri, que podrá ser vista en colegios y entidades de todo el mundo, y saludar a numerosas familias. Algunas profesoras le hicieron entrega de un cuadernillo elaborado para un concurso de química que se ha organizado en torno a la futura beata, y le invitaron a resolver los problemas propuestos.

Disponibles como San Josemaría

En las tertulias el prelado compartió la alegría vivida el día anterior al celebrar la misa en la iglesia del seminario de San Carlos, recordando al fundador del Opus Dei, que vivió allí cuatro años y medio y que allí se hizo sacerdote, y considerando “tantísima oración que hacía en esa iglesia cuando intuía que el Señor quería algo de él y no sabía lo que era”. Don Fernando recordó cómo San Josemaría repetía entonces las jaculatorias Domina ut sit!, y Domine ut videam!, y, sin saber lo que Dios quería de él, ponía “el futuro y la incertidumbre en manos de Dios”.

“Tenemos que tener, dentro de nuestros límites, el deseo y la disposición firme de tener la misma disponibilidad que San Josemaría; decirle a Dios: Señor, estoy a lo que tú quieras”, instó monseñor Ocáriz, que recordó que la única fuerza del cristiano y la más importante para cualquier empresa es la oración.

El domingo por la tarde, monseñor Ocáriz se reunió también con fieles de la prelatura y sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Saludó además a Juan, que recientemente protagonizó una carrera de 24 horas, con 172,2 kilómetros, en la pista de atletismo del colegio. Estuvo además con varios párrocos. Uno de ellos se llevó una imagen de san Josemaría que se colocará en la parroquia de San Pedro Arbués y que don Fernando bendijo.

El prelado pidió de nuevo oraciones por el Papa y a una pregunta de Carlos, sacerdote diocesano de Zaragoza, dijo que “la Iglesia es sobre todo Jesucristo, con toda su fuerza salvadora”. Pidió además a todos oración y preocupación por las vocaciones sacerdotales, “sin miedo a plantear la posible vocación” y teniendo en cuenta que “sin Eucaristía no hay Iglesia y sin sacerdotes no hay Eucaristía”.

El deseo de impulsar la tarea evangelizadora estuvo presente en varias
preguntas, como la de Jesús, que vive en Calatayud. El Padre le animó a ser muy amigo de sus amigos, porque “la amistad es una forma del amor que implica el deseo del bien para el otro. Queremos a la gente porque queremos a Cristo”.

A media tarde se dirigió también al colegio Sansueña, donde fue recibido por el comité directivo. El prelado bendijo las instalaciones de Educación Infantil, escribió una dedicatoria y charló con los responsables de las asociaciones de padres y madres.

Alegres, pase lo que pase

El prelado aprovechó la celebración litúrgica del domingo Laetare de Cuaresma para volver a hablar de la necesidad de vivir con alegría. “Toda nuestra vida tiene que estar impregnada de alegría, también cuando es momento de penitencia, cuando hay motivo de sufrimiento, cuando las cosas cuestan. Me viene a la cabeza aquella expresión de San Josemaría: No es lícito pensar que sólo podemos hacer con alegría el trabajo que nos gusta. Podemos y debemos hacer con alegría todo”, subrayó.

En el hall principal, junto al oratorio, don Fernando pudo contemplar los paneles de la nueva exposición sobre Guadalupe Ortiz de Landázuri, que podrá ser vista en colegios y entidades de todo el mundo

En el hall principal, junto al oratorio, don Fernando pudo contemplar los paneles de la nueva exposición sobre Guadalupe Ortiz de Landázuri, que podrá ser vista en colegios y entidades de todo el mundo

“No nos podemos desalentar nunca por las dificultades. Ni por las dificultades que encontremos en nosotros, ni por las del ambiente en el trabajo o donde sea. Tenemos al Señor con nosotros. Tenemos que tener siempre alegría, estar contentos pase lo que pase. Porque siendo muy poquita cosa, la alegría no la fundamentamos en ser superhombres o supermujeres. No la fundamentamos en la conciencia de que hacemos las cosas bien, sino en que Dios nos quiere con locura. Y esa es la fuente de nuestra alegría de verdad”, explicó.

Aunque el cristiano se vea en la tesitura de ir contracorriente, el prelado señaló que “es lo normal”, y recordó que don Javier Echevarría decía a menudo: “¡Cuánta gente buena hay en el mundo! También hay ignorancia, pero mucha gente buena que nos está esperando”.

Reconquistar la libertad

Mons. Ocáriz aprovechó la pregunta que le formuló Teresa, oftalmóloga, para hablar de cómo hacer compatible la libertad y la entrega a Dios. “Cuando vemos lo que cuesta, lo que nos contraría un poco, lo que el Señor nos pide y nos supone esfuerzo porque humanamente nos gustaría hacer otra cosa, en ese momento hay que recuperar, reconquistar la libertad, y no sentirnos obligados, sino hacer las cosas por amor”, expuso.

Isabel, registradora en Zaragoza y madre de familia le hizo partícipe de su preocupación por la formación. El prelado la animó a aprovechar la lectura espiritual y a invertir en su formación espiritual, que consideró “la base de todo lo demás”, y que consiste en la identificación con Jesucristo mediante la oración y la vida eucarística.

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Ante las preguntas de Juan Luis, profesional del marketing, o de Fernando, padre y abuelo de Montearagón y Sansueña, el prelado se refirió a la esperanza y recordó a san Josemaría, cuando señalaba que nada se pierde si lo hacemos con rectitud de intención.

Mons. Ocáriz señaló que el Papa Francisco tiene una gran esperanza en que el Opus Dei se dedique especialmente “a las periferias que son las inmensas clases medias de la sociedad, que es la mayoría de la gente”, y animó a los presentes a no desalentarse nunca.

 

¿Qué hacer cuando no se tuvo una infancia feliz?

Sheila Morataya
 

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Debo confesar que me preocupa hacia dónde vamos las mujeres. El sábado hablaba a un grupo de jóvenes sobre el manejo del stress y como implementar estrategias que surtan efecto en sus ocupadas vidas. Estos grupos son de personas migrantes, en su mayoría mexicanos, que vienen en busca de un futuro mejor y la idea de construir una vida que no tuvieron en su país de origen. La mayoría de estos jóvenes tienen historias pintadas de negro y cuyo paisaje es siempre gris. En general, han crecieron en un rancho y de pequeños presenciaron la violencia de una padre contra una madre sumisa, analfabeta y dedicada a servirle a este esposo alcohólico que salía por las mañanas a trabajar el campo o con los animales para poder llevar de comer a la familia. Otros, tuvieron una madre que les pegaba mucho, que más bien los golpeaba y que desde muy pequeños también los hacía trabajar. Hay otros tantos que han presenciado peleas entre hombres a golpe de machete y ahora viven asustados; y otros muchos que han sido víctimas del abuso sexual de un hermano mayor, de un tío y hasta de su mismo padre.

Estos jóvenes son admirables, porque así de rotos, así de destrozados en sus emociones y autoestima buscan con ahínco que Dios los reconstruya. Esto me recuerda las palabras de San José María Escrivá de Balaguer que he leído en algún texto: “la gracia trabaja sobre la naturaleza”. ¿A qué naturaleza se refiere? Yo creo que se refiere a la naturaleza de ser persona. Aquellos que han tenido la dicha de nacer en un hogar en donde papá y mamá los cuido con respeto, amor y entrega, son afortunados pues toda su personalidad, su mente, sus emociones, su corazón y sus virtudes humanas, se han preparado óptimamente para recibir esta gracia de Dios. Entran de una forma más natural y espontánea a dialogar con Él, a darle gracias por aquellos padres tan maravillosos, por esa infancia tan feliz.

Santa Teresita de Jesús habla de ello, también lo hace Edith Stein o Santa Benedicta de la Cruz, aunque ella reconoce que su madre no era religiosa, pero le dio una formación sobre la naturaleza (la mente y el corazón) muy sólida. Es decir, ellas fueron personas que por gracias de Dios y regalo, no tuvieron que hacer ningún trabajo extra para poder comunicarse con Dios. ¿A qué me refiero exactamente? A que las heridas, los maltratos y los descuidos de la infancia, tuercen la naturaleza (la mente y el espíritu). Aristóteles decía que cada niño que nace es como una tabla limpia o un lienzo que se prepara para ser llenado de figuras, imágenes y colores culminando ello en una obra de arte, con la que la mirada del mismo pintor u orfebre se deleitará tal y como se deleitarán los ojos de muchos al verlos.

Hay miles y miles de niños, que hoy son adultos jóvenes, adultos y ancianos, que lo único que lleno sus tablas, sus lienzos, su humanidad en la infancia fueron gritos, golpes, violencia, abuso… lo experimentaron todo, menos el amor. Lo vieron todo, un padre tirando balazos, una mamá siendo tirada de los pelos, un hombre mayor manipulando la intimidad de una niña. Y es así, rotos, como llegan a los pies del Señor. Encuentran sólo en Cristo el consuelo y la pomada para sus múltiples heridas, para sus neurosis disparadas, para su alcoholismo, para su co-dependencia en las relaciones. Esto pasa, es la realidad que viven miles de personas que actualmente quieren construir una vida fuera del rancho, lejos de aquella violencia y de esos recuerdos que aunque han atravesado las fronteras, les impide vivir con toda la confianza, seguridad y propósito de un hijo de Dios. Y entonces, que un día cualquiera llega una mujer formada, que ya ha sobrevivido a todas esos recuerdos, que después de muchos años de atender sesiones de sicoterapia y de tratar de tener una vida metida en Dios, llega y les habla de lo que significa ser persona. De las facultades espirituales del alma y de que cómo con la ayuda de estas y los apoyos que Dios permite, como los consejeros y psicoterapeutas, van a poder llegar a ser una persona completa, ayudando así a muchos.

Mi corazón siente mucho agradecimiento porque Dios me escogió para acompañar a los más pobres, humildes y sencillos. Cuando vienen a verme, no los veo como los adultos, el alcohólico, la mujer neurótica o que tiene una adicción y que está luchando por seguir a Cristo. Los veo como a mis niños, y así trato de ayudarles a comprender su historia, no reprimir más sus lágrimas y confiar que Dios les ama tan profundamente y tan apasionadamente, que ha permitido que se produzca un encuentro entre psicoterapeuta y este o ésta joven. Ellos, al comprender su historia, comienzan una renovación tanto en su mente como en su corazón y, gracias a ello, una auténtica vida cristiana que persigue fundar una familia desde la dignidad que cada uno tiene o rescatar a la que ya se tiene.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) el maltrato infantil: “puede tener consecuencias a largo plazo. El maltrato causa estrés y se asocia a trastornos del desarrollo cerebral temprano. Los casos extremos de estrés pueden alterar el desarrollo de los sistemas nervioso e inmunitario. En consecuencia, los adultos que han sufrido maltrato en la infancia corren mayor riesgo de sufrir problemas conductuales, físicos y mentales, tales como:

  • actos de violencia (como víctimas o perpetradores);
  • depresión;
  • consumo de tabaco;
  • obesidad;
  • comportamientos sexuales de alto riesgo;
  • embarazos no deseados;
  • consumo indebido de alcohol y drogas.”

A éstas conductas y comportamientos podemos agregarle algunos mencionados por la Doctora Carmen Touza Garma[1]: “El maltrato activo (físico o emocional) y la negligencia (física o emocional) están asociados a retrasos en el desarrollo cognitivo e intelectual detectables a partir del segundo año de vida y que se extienden hasta la adolescencia”. En ésta misma línea el autor agrega que “En general, estos niños parecen no comprender lo que se espera de ellos, además, los problemas de atención asociados a los malos tratos podrían influir en el rendimiento académico. Su falta de adaptación escolar también es significativa (…) La persistencia de los efectos de los malos tratos en el rendimiento intelectual y en los logros académicos pueden extenderse hasta la edad adulta

La Doctora Carmen Touza Garma explica: “La mayoría de las investigaciones posteriores confirman que las víctimas de malos tratos (sobre todo de maltrato físico activo y de negligencia física, en los que se han centrado la mayor parte de ellas) manifiestan serias dificultades en la interacción con adultos y con los iguales. La tendencia más generalizada relaciona el maltrato físico activo con el desarrollo de conductas agresivas y el abandono con el aislamiento y la falta de interacción en niños y adolescentes”.

En cuanto a las relaciones que establecen los niños maltratados la autora indica que:

“Además de producir rechazo, los malos tratos parecen influir en el tipo de relaciones que establecen los niños, que difieren de las establecidas por los no maltratados. Salzinger et al. (1993) en una investigación realizada con niños y preadolescentes (de 8 a 12 años) que hablan sufrido maltrato físico activo y/o negligencia (no específica el tipo), describen una serie de rasgos que caracterizan las relaciones sociales de estos sujetos frente a las de los del grupo de comparación: insularidad (sus amigos son menos conocidos por sus cuidadores), falta de reciprocidad (eligen como amigos, incluso como a sus mejores amigos, a compañeros que no les eligen o que les rechazan) y atribuyen más aspectos negativos a las relaciones con sus amigos.

Oremos afanosamente, aquellos privilegiados con padres santos, virtuosos y buenos para que Dios permita que muchos niños lleguen a nacer en estas cunas en donde el amor, el respeto y la consciencia de la dignidad de cada persona esta presente.

Sheila Morataya

 

 

La Iglesia: peticiones de perdón

Ernesto Juliá

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Estas palabras de dos documentos de Juan Pablo II, señalan muy claro el sentido de las peticiones de perdón que hace la Iglesia cuando lo considera oportuno teniendo en cuenta la magnitud y extensión de los pecados cometidos por sus hijos.

“Como Sucesor de Pedro, pido que en este año de misericordia, la Iglesia, persuadida de la santidad que recibe de su Señor, se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de su hijos” (Bula Incarnationis Mysterium, II)

 “Así es justo que, mientras el segundo milenio del cristianismo llega a su fin, la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio y de escándalo.

La Iglesia, aun siendo santa por su incorporación a Cristo, no se cansa de hacer penitencia: ella reconoce siempre como suyos, delante de Dios y delante de los hombres, a los hijos pecadores. Afirma al respecto la Lumen Gentium: La Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesita de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación” (Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, n. 33).

En esta perspectiva no se entiende que haya periódicos que se presentan como católicos que titulen en portada cosas semejantes a estas: “La Iglesia acompaña a sus víctimas”; y tampoco se entiende que haya personalidades eclesiásticas que pidan perdón por “las faltas y el mal hacer de la Iglesia”.

La Iglesia, fundada por Cristo, dirigida por Cristo con la gracia del Espíritu Santo, es Santa. Santos y pecadores somos sus hijos. La Iglesia es Cristo en la tierra. Todos estamos unidos a Cristo en la Iglesia. Cristo se hace “pecado” y redime el pecado de todos nosotros; no es jamás “pecador”. Y pide perdón a Dios Padre por nuestros pecados.

Así vive la Iglesia. Sufre los pecados de sus hijos –sean fieles corrientes, sacerdotes, laicos, hombres, mujeres, obispos, papas, monjes, célibes, casados, sanos, enfermos, etc.- pide perdón por ellos, y no es nunca “pecadora”.  Desde el Papa hasta el último recién bautizados somos, ciertamente parte de la Iglesia; no somos, sin embargo, La Iglesia.

Hablando de “sus” víctimas estamos banalizando la Iglesia, dejamos de ver a Cristo viviente en la Iglesia; y la convertimos en una simple sociedad más o menos humana, que coincide “con lo que piensa la ONU”, como se le ocurrió señalar a un eclesiástico al que prefiero no nombrar; y que desparrama su atención de manera particular en migrantes, en situaciones climáticas, en diálogos con todos los luceros del alba, etc.

El card. Sarah sale al paso de los que quieren descargar sus propios pecados en la Iglesia hablando de “sus” víctimas, y descargando sobre ella sus propias miserias. “El diablo quiere hacernos creer que la Iglesia ha traicionado. Pero la Iglesia no traiciona. La Iglesia, llena de pecadores, ella misma es sin pecado. Habrá siempre bastante luz para quienes buscan a Dios”, porque, y son palabras de Juan Pablo II: “La Iglesia es santa porque Cristo es su Cabeza y Esposo, el Espíritu Santo su alma vivificante, y la Virgen y los santos su manifestación más auténtica”.

Ya nos lo recordó a todos san Pablo: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella (…) a fin de presentársela a sí gloriosa, sin mancha o arruga o cosa semejante, sino santa e intachable” (Efesios, 5, 24-27).

ernesto.julia@gmail.com

 

Anticonsumismo, glorificación del ocio y de la indigencia

El desincentivo a la actividad individual lleva a la pereza y a la miseria en Cuba

Cuba: La indolencia es propia a muchos pueblos que vivieron 50 años o más bajo la tiranía comunista

La pereza, propia de muchos pueblos que vivieron 50 años o más bajo la tiranía comunista, era acentuada por el hecho de que, en ese régimen, todos tenían que trabajar más o menos gratuitamente para el Estado.

A cambio, se les exigía poco trabajo, el cual era realizado además sin mayor preocupación, porque nadie ‒salvo los privilegiados de la nomenclatura‒ tenía derecho de asegurar para sí una mejoría en sus condiciones de vida, que se obtiene sistemáticamente en función del aumento cualitativo y cuantitativo de su trabajo.

El fracaso es el fruto del desestímulo

Contenidos

 

Así, el modo de vivir consistía en vegetar. Pero vegetar, bajo cierto punto de vista, es descansar. Y el mero descanso, aún en la indigencia, para muchos individuos o para muchos pueblos, es un estilo de gozar la vida apropiado para los fracasados.

En esas poblaciones se introdujo así la idea de que trabajar mucho para producir mucho no compensa la fatiga de trabajar. Por otro lado estaba la preocupación de estar elucubrando negocios y el temor del perjuicio generalmente acarreado por negocios mal hechos.

Todo este fardo de esfuerzos y de aprensiones pesa sobre el hombre y no compensa –según esos apologistas de la pereza‒ el esfuerzo que exige.

Así, vale la pena trabajar lo menos posible, comer del mismo modo lo menos posible, descansar mucho, embriagarse mucho… mas que trabajar mucho, consumir en abundancia y mejorar constantemente el propio nivel de vida.

Cuba, llamada la joya del Caribe tiene sus casas en ruinas

La violencia gubernamental hace que la gente se acostumbre a vivir en la miseria

Lo indispensable, lo conveniente y lo superfluo

¿Qué viene a ser aquí consumir?

La primera idea que viene a la mente es la de comer, lo que realmente está incluido en el concepto de consumo.

Sin embargo, consumir significa también tener en la vida otros placeres –no necesariamente los del magnate de Mamón, a quien le están abiertas las puertas del alto consumo– sino placeres que proporcionan bienestar al hombre, en una proporción mayor o menor, conforme a las apetencias de su naturaleza.

La palabra consumir abarca por lo tanto el conjunto de aquello que apetece a las justas temperancias de la naturaleza humana.

En el ámbito del consumo de una ciudad pueden existir bienes que de ningún modo son necesarios para matar el hambre, y que en rigor no son indispensables para vivir, como por ejemplo tres o cuatro grandes teatros, en los cuales haya permanentemente exhibiciones artísticas de gran valor, a los que una parte de la población, aficionada a esos espectáculos, asiste.

Consumir no es sólo comer

En el mismo orden de ideas estaría un óptimo museo, una galería de arte, un excelente tren subterráneo.

El concepto de consumo incluye, pues, todo aquello que es indispensable para que el hombre pueda vivir. Pero incluye también lo conveniente, y en lo conveniente, hasta lo superfluo, que hace la vida agradable.

Venezuela es otro fruto del comunismo

En Venezuela, la situación de drama: del anticonsumismo a la miseria

Una madre de familia entra en un almacén y ve una figura de porcelana representando una pastora conduciendo un corderito; juzga que sería agradable tenerla en el centro de la mesa de su comedor; lo compra: ella consumió.

Ella no se comerá aquel objeto de porcelana; lo adquirió sólo para que todos lo miren. Sin embargo, es un verdadero consumo.

Tesis típicamente socialista

Va naciendo ahora una tesis. Y, si la analizamos con atención, se nota desde luego su cuño característicamente socialista.

Dado que unos tienen mucho y otros tienen poco, es necesario que los que tienen mucho se queden sólo con lo indispensable para vivir y den todo lo superfluo a los demás.

Porque si reúnen en torno de sí objetos de lujo, de confort, con eso consumen mucho.

Correlativamente comen mucho; beben mucho; gozan de vacaciones fastuosas; cuando viajan, lo hacen en avión, de modo preferente en un avión propio; poseen campo de aviación en su propiedad rural; helipuerto en el jardín de su casa, etc.

La represión de Maduro se ha transformado en el asesinato de oponentes

El descontento del pueblo es reprimido en nombre del pueblo en Venezuela

Ahora, según los anticonsumistas aquello que no es indispensable para vivir, nadie lo puede tener. Así, nadie tiene derecho a gastar en helicópteros, en viajes, ni en figuras de porcelana: todos deben gastar para provecho de todos.

Quien sea trabajador, aquel a quien Dios dotó con mayor capacidad de trabajo, si da el fruto de su trabajo a los otros, procede bien. Pero si acumula para consumir después para sí mismo o para los suyos, es un gran egoísta.

Régimen que estimula la pereza

Resultado: ¡en una sociedad en la cual nadie tiene ventaja en trabajar más que los otros… nadie trabaja más que los otros! Es una sociedad organizada en beneficio de los perezosos, con perjuicio de los trabajadores auténticos, de los diversos niveles sociales.

En esa sociedad, prácticamente desaparece la abundancia.

Voltaire, hombre pérfido, ateo despreciable, pero que tenía cierto talento –con el cual, a propósito, hizo un grandísimo mal a la tradición europea, siendo un difusor encarnizado de los principios de la Revolución– Voltaire, sin embargo, lanzó una frase al mismo tiempo espirituosa y no desprovista de profundidad: “Lo superfluo, esa cosa tan indispensable…”

Es lo contrario de lo que inculca el anticonsumismo.

Para que haya estímulo para trabajar, es necesario dar a quien trabaja la debida compensación.

Para aprovechar en beneficio de la sociedad a los más productivos –en una palabra, a los mejores– es necesario que ganen más. Si esto no ocurre, la sociedad se desalienta y cae en el no‒consumismo.

Y de ahí resbala hacia un estado de pobreza crónica, perezosa, emoliente, que tiende, en último análisis, a la barbarie.

Naciones ricas y pobres: dicotomía ilusoria

Según una concepción muy difundida –y que aún recientemente encontró guarida en no pocos participantes de la Conferencia del Cairo– el mundo se divide en dos partes: las naciones ricas y las naciones pobres.

Las naciones ricas consumen: son los Estados Unidos, Canadá, los países de Europa Occidental, Japón.

De otro lado las naciones de América Española y América Lusa, las naciones de Africa, de Asia y de Oceanía, que no tienen el nivel económico de Europa y de América del Norte.

Ante los ojos de los países americanos se asesina y se destruye un país

Impotencia de la población venezolana ante la sangrienta represión

Entonces –según los propugnadores del anticonsumismo– América del Norte, Europa Occidental y Japón, naciones consumistas, oprimen a las naciones pobres, defraudándolas en toda especie de negocios. Consecuentemente, las naciones expoliadas, no consumistas, deben hacer una contra‒ofensiva contra el mundo consumista, obligándolo a bajar su nivel de consumo, y nivelándolo por debajo con el mundo pobre.

Con eso, todos caerán en una situación parecida a aquella en que la dictadura comunista arrastró a Rusia y a las naciones satélites del antiguo imperio soviético. Y, también, análoga a la que el viejo tirano de Cuba mantiene a sus infelices compatriotas.

A favor de un consumismo sensato y proporcionado

Frente a ese anticonsumismo retrógrado, debemos propugnar un consumismo sensato, proporcionado, en que las naciones más ricas, lejos de imponer a las más pobres condiciones de vida casi insustentables, busquen, por el contrario, estimular la producción de esos hermanos pobres, proporcionándoles salarios y niveles de existencia alentadores, que den a éstos el gusto de un consumo sabroso y agradable, que los estimule a trabajar más.

“Podréis obtener de nosotros dinero –deberían decir los pueblos más ricos–desde que trabajéis. Sed hombres productivos, procurad atraer sobre vosotros, a fuerza de trabajo, todo el bien que deseareis.

“Sólo si veis frustrados, sin culpa vuestra, esos meritorios esfuerzos, extendednos la mano para pedir ayuda. Reconocemos, en tal caso, que será obligación nuestra atender vuestro justo pedido, de modo que renunciaremos de buen grado a lo que nos es superfluo, para así proporcionaros lo que os es necesario”.

Hacer de la convivencia mundial una liga en que los pueblos más capaces trabajen inútilmente, sin ventaja propia, en beneficio de los incapaces, perezosos, vagos… eso es inaceptable.

La glorificación de la vagancia es propia del socialismo y del comunismo, no de la Civilización Cristiana ni de la doctrina católica.

Es, sin embargo, hacia donde conduce este anticonsumismo, ocioso, bebedor, enemigo de la civilización, del bienestar y del buen vivir de todos los hombres.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Familias con un hijo con discapacidad

Lucia Legorreta

Tener un hijo con discapacidad no debe ser vivido como una carga, sino como una aceptación amorosa.

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El nacimiento de un bebé siempre produce una emoción especial. La madre lleva dentro unos sentimientos tan fuertes, que el dolor de parto se olvida en segundos, ya que puede más el amor y la emoción de tener una parte de tu ser entre los brazos.

Gracias a los avances médicos y tecnológicos, situación que antes no se presentaba, los nuevos padres pueden enfrentarse ante la realidad de que tendrán un hijo con discapacidad. O bien, en el momento de nacer o a los pocos meses reciben el diagnóstico inesperado.

La discapacidad, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, es definida como cualquier restricción o impedimento de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para el ser humano. Algunos ejemplos son el Síndrome Down, problemas severos de aprendizaje, problemas de lenguaje, de la vista, oído, problemas de conducta entre otros.

La primera reacción es de shock en la madre, en especial cuando el diagnóstico se hace al momento de nacer: miedo, alegría, negación y asumir o no asumir la maternidad.

El hombre puede reaccionar con miedo o alegría, con negación ante el conocimiento de la discapacidad del hijo o hija, pero involucrándose en el desarrollo de este, manteniendo y apoyando la relación de pareja o incluso, de manera extrema, abandonando a la mujer.

Con frecuencia se suele escuchar que el hecho de tener un hijo con discapacidad ha quebrantado muchos hogares; también se hacen afirmaciones a favor de que un hijo así significa una mayor unión entre el matrimonio, o, por el contrario, es causa de separación.

Cada uno de los padres sentirá o vivirá el dolor a su manera; lo importante es afrontarlo unidos, haciéndose fuertes mutuamente, y reforzando el amor ya existente.

Las expectativas de los padres tienen una importante influencia en las reacciones ante la noticia de la discapacidad que presenta su hijo o hija. Es un proceso de aceptación, de entendimiento y comprensión. No es fácil el profundo choque y desilusión que ellos experimentan ante la noticia de que su niño no será autosuficiente.

Ahora bien, ¿qué sucede si no es el primer hijo del matrimonio? Los padres deben ser muy prudentes en su forma de actuar con el resto de los hijos, de manera que les afecte lo menos posible.

Es lógico que todas las atenciones y desvelos recaigan, en un primer momento, sobre el hijo con problemas. Pueden despertarse sentimientos de desconcierto, angustia y preocupación de que sus padres ya no le hacen tanto caso: “me quitó a mis padres”, “es un intruso en la casa”, “ya nadie me mira”…

Esta vivencia puede tomar el matiz de dolor para el niño que queda relegado o se le exige, de algún modo que se comporte o actúe de tal o cual modo, dado que el hermano necesita sostén y contención.

A pesar de todo esto, la llegada de un hermano “especial” como dicen algunos niños, es también una oportunidad para desplegar los sentimientos de cuidado por el otro, empatía, paciencia, solidaridad, ternura y valor.

Es importante que como padres de un hijo o hija con discapacidad se busque ayuda. Muchas familias que se encontraban desorientadas, que no sabían cómo actuar con sus hijos, han conseguido tener consciencia de sus problemas personales y familiares, se han volcado en buscar soluciones y han mejorado gracias al asesoramiento de especialistas, de grupos de ayuda, de entrevistas con familias afectadas por una problemática común; mediante cursos, conferencias o bibliografía de buen contenido.

¿Qué sugieren los especialistas en este tema? Algunos consejos prácticos y profundos:

* Conocerlos.

* Unificar criterios educativos.

* Expresarles amor continuamente, pero no protegerlos en exceso.

* Participar con ellos en el hogar, aprovechar sus éxitos y fracasos para estimularlos.

* Hacer que se sientan útiles.

* Valorarlos y no compararlos con sus hermanos.

* Hacer que se sientan integrados en la familia, contar con ellos, que su opinión se tenga en cuenta.

* Predicar con el ejemplo, comprometiéndonos nosotros mismos.

* Comunicarnos con ellos.

* Desarrollar la virtud de la paciencia, saber esperar.

* Ser generosos en todas nuestras actuaciones.

No es fácil esta situación, pero si tienes un hijo o hija con discapacidad, o conoces a alguien que lo tiene, no debe ser una carga, sino una aceptación amorosa voluntaria. No ocultes a tus hijos, son un tesoro para la familia. Tu experiencia puede ser una gran ayuda para otras familias: ¡compártela!

 

 

La ira en los hijos, en los padres y en la familia. Virtudes y valores para controlarla y evitarla

ESCUELA PARA PADRES

 La ira en los hijos, en los padres y en la familia. Virtudes y valores para controlarla y evitarla  

  • 26 Consejos para controlar y eliminar la ira en los hijos, padres y familia. Dígales y dígase. 

La ira es el pecado capital del espíritu, que expresa la pasión del alma, causando una grave indignación y enojo, produciendo un peligroso y severo apetito del deseo de venganza, empleando la furia o la violencia, demostrándola con actos de saña, encono o venganza. El pecado de la ira se produce, al expresarse el odio acumulado. Los iracundos pierden el control de si mismos, y engendran la dinámica de la espiral de la ira, la cual es el reflejo de la violencia, la furia y el enojo no controlado, que enloquece a las personas, por la falta de dominio de las situaciones personales o colectivas y les priva, del control de su consciencia, impidiéndoles ver, oír y razonar. De ahí, la expresión “Ciego y sordo de ira”. De nada sirve reconocerla, para eliminarla a través de ejercicios físicos o mentales, si no se tiene un firme arrepentimientos y propósito de la enmienda. 

Las principales virtudes y valores humanos, que los padres deben practicar e inculcar a sus hijo, para que no padezcan el pecado de la ira, ni se instale en sus mentes y actuaciones, o para contrarrestarla: Amabilidad, bondad, disciplina, caridad, compasión, conciencia, conformidad, control, cordialidad, cortesía, dialogo, disciplina, educación, ejemplo, ética, fe, generosidad, humildad, justicia, magnanimidad, misericordia, moderación, paciencia, perdón al prójimo, prudencia, rectitud, resignación, respeto, responsabilidad, sabiduría, sacrificio, serenidad, templanza, tolerancia, etc. 

Los iracundos son los que están dominados por la ira, y los irascibles son los que son propensos a ella. Algunos profesionales llaman a las acciones realizadas con ira: Arrebato, cólera, coraje, despecho, enojo, estallido, fiereza, furia, irritabilidad, odio, pasión, rabia, rencor, saña, vehemencia, venganza, violencia, etc. olvidándose que la ira, es el comportamiento en grado superlativo de todas estas definiciones. La ira puede provenir de realizar o sufrir situaciones graves y extremas como: Ambición, anhelo, ansia, apetencia, celos, codicia, desdeño, deseo desmedido, disgusto, emulación, envidia, incitación, inconformidad, resentimiento, rivalidad, etc. 

La ira produce un grave descontrol del organismo, que conlleva muchos problemas, incluso con la propia persona, o sus familiares y amigos, incluyendo a las personas que más se quiere. La obnubilación que produce, hace perder el propio control de los pensamientos y acciones, al impulsivamente agredir física o verbalmente a cualquiera. Cometer una injusticia, por dejándose dominar por la ira, es peor que sufrirla. 

La ira también es un pecado y un vicio, que atenta contra la salud y que se puede ir incrementando, si no se intenta curarlo o eliminarlo. Como en todos los vicios, reconocer que existe y querer suprimirlo, es el primer paso. Después vendrán los objetivos que se quieran conseguir, los procedimientos para realizarlo y los controles para medir el progreso. Pueden ser ejercicios físicos, mentales o espirituales, pero todos hay que trabajarlos, pues la ira está acompañada de alteraciones psicológicas y biológicas, tanto en el nivel de hormonas, de energía, de adrenalina, etc. como en la elevación de la frecuencia cardiaca y la presión arterial. 

26 Consejos para controlar y eliminar los momentos de ira de los hijos y sus consecuencias. Dígales y dígase: 

  1. Que hablen lentamente para que puedan, primero pensar y después hablar, del cerebro a la boca y no al revés. O que si pueden, vayan pensando mientras hablan.
  2. Que disminuyan el ritmo de su respiración, evitando la hiperventilación, para que no se sofoquen, en lo que quieren decir, pues los signos externos de la cara crispada o sanguinolenta, hinchadas las venas del cuello y vociferando, delatan su ira.
  3. Que beban un poco de agua, pudiendo utilizar también esos minutos, como reflexión de lo que están diciendo, cómo está actuando y cómo pueden terminar con su ira.
  4. Que se sienten o recuesten si es posible, para que su mensaje corporal, disminuirá más en agresividad.
  5. Que se tranquilicen, y a poder ser guardando silencio, o contando hasta 10 antes de hablar, aunque le salten las palabras de la boca, para que en el fragor de la discusión, si está presidida por la ira, no digan cosas que después se tengan que arrepentir o asumir las consecuencias. La ira hace a las personas esclavas de sus palabras, negándoles la libertad de sus silencios.
  6. Que abandonen el lugar, donde se ha originado la situación que les produce la ira, para poder realizar algún tipo de ejercicio físico o gimnasia, de los recomendados para eliminar la mala energía física y mental, producida por la ira.
  7. Que analicen si están dispuestos a ejercer una determinada autodisciplina, de arrepentimiento y propósito de la enmienda, en cuanto les llegan los primeros indicios de la ira o de los problemas ocasionados por ella.
  8. Que apunten como terminó el estallido de ira y las consecuencias que les trajo, a ellos y a los otros implicados.
  9. Que apunten los días y horas en los que estalló su ira y las personas o situaciones que la motivaron.
  10. Que averigüen si la ira, les está llegando a ellos por una situación de personas o cosas ajenas e incontrolables, como un embotellamiento de trafico, una avería en cualquiera de las cosas que utilizamos, o si es por una situación en la que pueden tener control para modificarla, tal como un error propio, un problema personal, el recuerdo de hechos traumáticos, etc.
  11. Que calculen la profundidad y dolor de las heridas, causadas por palabras o hechos expresados con ira, al perder el control de si mismo, incluso muchas veces por circunstancias o cosas insignificantes, valorando si los daños producidos por la ira, son mayores que los motivos que la indujeron.
  12. Que comprueben periódicamente, si hay algún patrón de conducta en los días, horas, personas, motivos, consecuencias, etc.
  13. Que consideren qué otras alternativas tienen, positivas o negativas, para reaccionar ante las personas, hechos o cosas que les producen la ira.
  14. Que consideren si han decidido arrepentirse, de sus arrebatos de ira y cómo materializarán la verdadera intención de hacerlo.
  15. Que examinen cual es la causa real, que existe detrás de sus explosiones de ira, pues sabiéndolo, será mucho más fácil poner los medios para corregirla. ¿Será por la necesidad de recibir atención, respeto u otros beneficios? ¿Por satisfacer el “Yo”? ¿Por demostrar poder? ¿Por sadismo? ¿Para ejercer una venganza?
  16. Que piense con anticipación, en lo que les produce o alimenta la ira. Si es una cosa repetida, tienen que verla llegar, si la situación es nueva, preguntarse los motivos por los que empiezan a sentirse iracundos. Así podrán desarrollar estrategias, que la puedan eliminar y así no perder el control.
  17. Que piense si la ira les llega, por una manipulación externa o por una satisfacción interna.
  18. Que piensen en cómo ese estallido de ira, afecta a su vida y a las relaciones con los demás y si les ha hecho, o puede hacerles, perder el cariño y el respeto de las personas más queridas, hermanos, padres, familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.
  19. Que piensen si la ira les está controlando, o son ellos los que intentan controlar a la ira, para no dejarse arrastrar por ella.
  20. Que recapaciten si desfogar su ira, les ha servido para algo más, que para satisfacer su ego, sufrir su auto masoquismo, demostrar a su entorno su rebelión sin causa, el resentimiento y su auto corrosión interna.
  21. Qué reflexionen si verdaderamente quieren controlarse, para eliminar su pecado de ira, pues la ira produce más ira en los que la tienen, y en los que la tienen que sufrir.
  22. Que se pongan a rezar mentalmente, en el momento que comiencen los signos de llegada de la ira, tratando de modificar los malos pensamientos, o a realizar actividades físicas.
  23. Que traten de identificar cuales son las señales de aviso, indicativas de que la ira se está introduciendo en su mente. Por ejemplo: Sentirse tenso. Hablar más alto, más rápidamente, más agresivamente. Balbucear, Temblar la boca. No oír lo que le dicen. Crispar los puños. Sudor frío, etc.
  24. Que asistan como espectadores  a un juzgado juvenil, donde verán las grandes condenas que reciben algunos jóvenes iracundos o irascibles, similares a ellos, que se han dejado llevar por la ira y no se han dado cuenta, de que por ella han arruinado toda su vida.
  25. Que visiten un hospital de parapléjicos, provenientes de conductores de automóviles o motociclistas, que por dejarse llevar por la ira o el consumo de drogas legales o ilegales, se encuentran como vegetales para toda la vida.
  26. Hablen con la policía para que les expliquen, como la ira suele desembocar en situaciones gravísimas de delincuencia, como son los llamados “niños de la calle”, las drogas, las pandillas y el reclutamiento para todo tipo de delincuencia organizada, terminando casi siempre en el hospital, la cárcel o el cementerio. 

Cómo sacar el mejor partido a la ira. Si puede prever o determinar el comienzo de los ataques de ira, podrá sacar partido de ella, haciendo que la ira trabaje en su beneficio. Si Vd. tiene un buen autocontrol, deberá saber que si domina esos primeros síntomas, le pueden servir de aviso, para que no siga adelante, ni se meta en problemas o enfermedades, que mas tarde o mas temprano, le van a perjudicar. La ira ciega la visión de la realidad y los iracundos, siempre salen perdiendo, por hacer las cosas bajo la ceguera de la ira. 

Si lleva un buen control escrito de sus ataques de ira, posteriormente podrá leer las anotaciones sobre los momentos, personas y motivos que le han producido la ira, para si es necesario evitarlos, huir de ellos, defenderse o enfrentarlos con inteligencia, frialdad y cordura, pero sin la pasión de la ira, que siempre le hará perder. 

La ira es una actitud predecible, que se nota interna y externamente de forma rápida, a medida que va subiendo su intensidad, ya que los iracundos, siempre responden de manera agresiva, pues es su forma natural e instintiva de expresarse. Aproveche los avisos de que le llega la ira, para que sean sus aliados y así le de tiempo a enfrentarse a ella o a las agresiones, amenazas, temores o  frustraciones externas. Permanentemente la vida nos depara sorpresas y aprendizajes difíciles de controlar, pero cuanto más nos acostumbremos a tomar decisiones enfrentando a la ira, más se desarrollarán nuestra creatividad y nuestra inteligencia. 

Es muy importante para los padres, cortar a tiempo cualquier inicio de berrinche, producido porque el hijo no ha conseguir lo que quiere. Los hijos no nacen con la adicción a la ira, es después cuando van aprendiendo a tenerla, sobre todo si ven que al ejercerla, pueden conseguir cosas que de otra forma no las conseguirían. Si los hijos observan que obtienen buenos resultados con los enojos, poco a poco irán cayendo en la adicción, al pecado de la ira. La ira se contagia si los hijos ven ejercerla a sus padres, contra ellos o contra el cónyuge. Entonces es seguro que ellos también terminarán ejerciendo la ira con sus hermanos, familiares o amigos. El pecado de la ira es una adicción, que si no se pone remedio al principio, es muy difícil disminuirla o eliminarla. 

El secreto de la buena educación familiar empieza, por hacerla sin ira. Para ello, los padres tienen que tener un perfecto autocontrol emocional, en las situaciones donde las fuertes impresiones, emociones e inquietudes, intenten sobrepasar su capacidad de aguante, principalmente en las discusiones con los hijos o con el otro cónyuge. Perder la paciencia y dejarse llevar por la ira, puede hacerles llegar demasiado lejos y a situaciones no deseables e irreversibles, totalmente antagónicas con la tan deseada armonía familia. 

Los padres nunca deben sentirse desbordados, desesperanzados, impacientes, intransigentes, agobiados ni frustrados por las situaciones, pues esas características, son como un campo abonado, para que la ira se instale en sus personas y la transmitan a sus hijos y cónyuge. Los hijos aprenden, sobre todo, con el ejemplo, por eso los padres deben ser los primeros en reprimir y auto educar su ira. Para contrarrestar esos sentimientos negativos, existen muchas técnicas y estrategias garantizadas por la práctica de las virtudes y valores humanos, que le permitirán fomentar el equilibrio de la propia seguridad, la confianza y el optimismo. 

La ira tiene muchas expresiones, incluyendo las que ofenden gravemente a Dios, las que producen un gran daño personal, aunque sea por masoquismo, las que actúan en contra del prójimo, de los padres, de los hijos, del cónyuge, de la familia, de la sociedad, etc. Siempre deja un mal sabor de boca, incluso después de tener que volver a donde se estaba, pero asumiendo las graves consecuencias de haberse dejado llevar por ella. Es mucho mejor dejar a que se pase el enfado, pues más se puede conseguir con miel que con hiel, generada por la ira. Las cosas se pueden decir y hacer de muchas maneras, la peor de todas es la que está subordinada, a los efectos de la ira. 

Algunas naciones, organizaciones o grupos, promueven la ira contra otros estados, contra sus propios conciudadanos o contra sus opositores, propugnando enfrentamientos étnicos, religiosos o políticos, declarando guerras injustas o desproporcionadas, contra otros países más débiles, para arrebatarles sus recursos naturales o territorios, incluso a través de la propaganda bélica, promoviendo la ira en sus súbditos, para que vayan a las guerras injustas. Un ejemplo son los llamados “Viernes de la ira”. Día de la semana, en el que se reúnen en la plaza principal, los ciudadanos de algunos países, que quieren protestar contra la tiranía de los gobernantes, propios o ajenos. Es la ira que refleja la esclavitud, a la que han sido sometidos por los dictadores y que suele hacer estallar el terrorismo.

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

 

 

¿Humanista? Ahora resulta...

Margarita Zavala

AMLO comparó a las personas de escasos recursos con “animalitos” sin duda algo reprobable ante el pueblo de México y anti humanista.

http://www.yoinfluyo.com/images/stories/hoy/abril19/020419/amlo_humanismo.png

Para el presidente, las personas pobres son “como los animalitos”. Sí, sí lo dijo el viernes 29 de marzo. El Universal hizo la transcripción por si alguien tiene dudas: “Esa es otra diferencia con los neoliberales. Ellos quisieran que todo se pagara. No les gusta la gratuidad. Para ellos la educación gratuita, la atención médica, los medicamentos gratuitos, todo es populismo, paternalismo […] Pusieron de moda una frase ‘enseñar a pescar, no regales el pez’ (sic) ¿Cuántas veces usaron eso? Claro que hay que enseñar a pescar, pero también la justicia es atender a la gente humilde, a la gente pobre, esa es la función del gobierno. Hasta los animalitos, que tienen sentimientos, ya está demostrado… ni modo que se le diga a una mascota ‘a ver, vete a buscar tu alimento’. Se les tiene que dar su alimento. Pero en la concepción neoliberal todo eso es populismo, paternalismo”.

Sé que, dada la cantidad, resulta muy difícil dar seguimiento a todas las malas decisiones y barbaridades. Y más difícil es indignarse por cada una: no nos alcanzaría la energía ni el buen humor. Pero ésta me pareció muy importante, porque como decimos los abogados: “a confesión de parte, relevo de pruebas”. En esas palabras está su verdadera filosofía social. Para él, los pobres son comparables a los “animalitos”, pero como él es muy buena persona, reconoce que “tienen sentimientos”. Esos “animalitos” necesitan comer, por supuesto. Los malvados “neoliberales” piensan que, para ello, deberían trabajar. Pero él, bueno hasta el tuétano, sabe que no es así. Los pobres tienen que recibir su sustento del gobierno, porque así como no se le dice a una mascota “vete a buscar tu alimento”, López Obrador no puede decirle a una persona que vive en pobreza “sal adelante con tu esfuerzo”. Pero no se conformó con decir eso. Después de una diatriba contra el Fobaproa remató diciendo que todo eso era “humanismo”.

No, presidente. El humanismo político es otra cosa, porque parte del reconocimiento de la dignidad de la persona. Para el verdadero humanista, todo lo que cosifica al ser humano y lo quiera convertir en objeto sin libertad, sin criterio y sin voluntad es contrario a la dignidad. Además, para el humanismo la libertad se manifiesta con las obras, primordialmente en el trabajo. Es decir, el ser humano lo es en tanto que es capaz de utilizar su mente, su fuerza y su talento para crear y mejorar su entorno y el de los demás.

Además, el humanismo, el verdadero humanismo cree en el principio de subsidiariedad, que significa que la comunidad debe ayudar más ahí donde hay más necesidad, pero eso no implica que el “papá gobierno” o cualquier otro que se crea superior llegue a sustituir la libre iniciativa de las personas. Tanta sociedad como sea posible y tanto Estado como sea necesario. El humanismo cree que la ayuda debe prestarse cuando sea necesario, en la medida de lo necesario, durante el tiempo necesario, en donde sea necesaria y a quien la necesite. Cuando la ayuda se presta de manera interesada, generalizada y con el propósito de manipular, no es ayuda, es, en efecto, populismo, paternalismo, corporativismo, mesianismo y todo eso que tanto le irrita al presidente que le digan que es. Y eso no sólo no resuelve la pobreza, sino que tiene además, un efecto corruptor en el ciudadano, quien pierde de vista su propia dignidad y se somete al poder del gobernante que, con dinero ajeno, con dinero de los ciudadanos, se autoerige de manera soberbia en “salvador” de los pobres. Eso es profundamente inmoral y, desde luego, es absolutamente contrario a la doctrina humanista.

Así que no hay que dejarse engañar. Si el presidente compara a los mexicanos pobres con “animalitos”, comete una falta de respeto para ellos y para todos nosotros. Y si encima viene a contarle que piensa eso porque “él es humanista”, olvídelo. Es añadir ofensa a la herida. Eso es populismo y engaño puro.

 

 

La identificación del sacerdote

    El sacerdote católico, como persona entregada y consagrada a Dios, debe ser perfectamente identificable por el común de las gentes y de los fieles entre otras cosas, por su modo de vestir.

    Así lo entiende la Iglesia Católica cuando en su Canon 284 del Código de Derecho Canónico de 1983 dice así: “Los clérigos han de vestir traje apostólico digno, según las normas dadas por la conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar”.

    Por medio de esta obligación de llevar traje eclesiástico digno, la Iglesia pretende que los clérigos sean reconocidos por todas las personas como signo externo de su dedicación y entrega a Dios y a las almas, para dar testimonio a la sociedad y proteger así el derecho de los fieles a reconocer a sus pastores y el deber de éstos de poner su ministerio al servicio de los cristianos.

    Actualmente, la Conferencia Episcopal Española sólo autoriza tres tipos de traje eclesiástico: los hábitos propios de los Institutos Religiosos aprobados por la Santa Sede, y la sotana o “clergyman” para los sacerdotes.

    ¿Por qué la gran mayoría de los sacerdotes en España no visten con sotana ni clergyman, incumpliendo así el Canon citado obligatorio para todos, aprobado y en vigor por la Santa Sede? ¿Por qué no obedecen lo que está mandado? ¿Por qué escandalizan con su desobediencia a los fieles laicos? ¿Por qué no les obligan los Obispos a que lo cumplan ordinaria o normalmente? ¿Acaso no es algo fundamental en la vida cristiana obedecer a Dios y a la Iglesia católica que le representa en la tierra? ¿Por qué se empeñan algunos en prohibir a otros que lleven sotana o clergyman?

    Muchos fieles laicos corrientes nos hacemos estas preguntas, sin obtener una respuesta satisfactoria, procuramos rezar por ellos, y les agradecemos su dedicación en tantos aspectos de la vida cristiana, pero nos sentiríamos más confortados y agradecidos si cumplieran con su obligación de manifestar abiertamente su condición sacerdotal, para atender a todo el mundo, en cualquier momento.

    Para el fiel cristiano, la Obediencia es casi tan importante como la Fe. Veamos algunos ejemplos: “Dios no necesita de nuestros trabajos sino de nuestra obediencia” (San Juan Crisóstomo, Homil. sobre San Mateo. 56)

    “Yo creo que, como el demonio ve que no hay camino que más presto lleve a la suma perfección que el de la obediencia, pone tantos disgustos y dificultades debajo de color de bien” (Santa Teresa, Fundaciones, 5, 10)

    “Muchas veces me parecía que no se poder sufrir el trabajo conforme a mi bajo natural, me dijo el Señor: Hija, la obediencia da fuerzas” (Santa Teresa,Fundaciones, pról. 2)

Roberto Grao

 

 

MENTIR. 1. intr.

“Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Antes se añadía  “...con intención de engañar”.

Eso es lo que hacen los defensores del aborto, mentir, porque engañan a muchas mujeres ocultándoles que “eso” que llevan en su seno es un ser humano vivo.

Pero la defensa de la vida, hoy por hoy, no parece tener peso en leyes prohibitivas sino en una educación en valores, desde la más tierna infancia.

Ya se han cumplido demasiados años desde que ciertos gobernantes que todos tenemos presentes, vienen aprobando leyes de educación distorsionada en materia sexual, sobre libertad de cambio de sexo, anulación de la autoridad paterna… a las que solo les falta ciertas prácticas en horas lectivas…

Si no paramos la destrucción moral de las nuevas generaciones mediante una verdadera educación  la batalla por la vida tiene poco futuro.

Amparo Tos Boix, Valencia.

 

O construimos el futuro juntos, o no habrá futuro

Para esa ardua tarea,  la de construir puentes entre los pueblos y las culturas, la paz necesita las alas de la educación y de la justicia. El desarrollo también tiene sus adversarios y nos toca trabajar unidos contra el individualismo y la indiferencia. Como ha subrayado Francisco, la fraternidad exige desterrar todos los matices de aprobación de la palabra “guerra”, y se ha referido en concreto a la situación en Yemen, Siria, Irak y Libia. Dios está con el hombre que busca la paz. Y para hacerla posible, hemos de poner manos a la obra, comprometiéndonos contra la lógica del poder armado, la mercantilización de las relaciones, los armamentos de las fronteras, el levantamiento de muros, o el amordazamiento de los pobres. Lo podemos hacer con el poder dulce de la oración y el empeño diario del diálogo, convencidos de que, o construimos el futuro juntos, o no habrá futuro.

Suso do Madrid

 

 

Las imágenes de la fraternidad

En su primera jornada de la visita a los Emiratos Árabes Unidos, el Papa Francisco pronunciaba un significativo discurso en el encuentro interreligioso celebrado en el Founder’s Memorial. El Papa utilizó las imágenes de la fraternidad como arca de paz y del desierto que nos rodea. También hoy, en nombre de Dios, para salvaguardar la paz necesitamos entrar juntos, como una misma familia, en un arca que pueda navegar por los mares tormentosos del mundo. Las religiones no pueden renunciar a la tarea urgente de construir puentes entre los pueblos y las culturas, empeñándose con audacia y sinceridad a favor de la reconciliación de la familia humana y de construir itinerarios concretos de paz.

Xus D Madrid

 

 

La catedral de Blasco Ibáñez

 

                                Recientemente y en artículo dedicado a “catalanes y vascos”, escribí lo siguiente… “Estoy releyendo otra vez la gran obra de Vicente Blasco Ibáñez en sus “obras completas”: Y me manifiesto una vez más, el que esa obra, debiera ser de lectura obligatoria en todas las escuelas de España; por cuanto enseña de nuestra triste (cuando no horrible) historia, no sólo de España, sino del siempre oprimido pueblo español, “juguete de casi todos los gobernantes que han asolado este territorio, arrastrándolo a la situación de mendicante mundial en que permanece hace siglos”. Estoy estos días releyendo una de sus grandes obras; cual es “La catedral” y en la cual y situando su relato dentro de la misma y en su época; nos relata una síntesis de la horrible historia de España; y nos explica el porqué del enorme atraso del “nativo español”, el que ya porta en sus genes ese miedo ancestral y que le fuera inculcado durante tantos siglos “de mordaza”, que se puede asegurar, que aún le dura y por tanto, le siguen los miedos a la verdad, a dar la cara, a comprometerse en algo positivo sin llegar a ser trascendente y a tantas miserias, que leyendo con detenimiento ese libro; y conociendo la verdadera historia de “Iberia”; podemos entender con bastante claridad la situación actual de España y los españoles, faltos siempre de verdaderos Maestros.

                                Pero con ser grandiosa esa sola obra; hay que reconocerle a este gran escritor y pensador, español y valenciano; su minuciosidad en lo local, provincial, regional, e incluso en gran parte del extranjero, puesto que su obra es grandiosa, amplia e ilustrativa de su tiempo; del que fue fiel notario para mostrarnos sus miserias; ya que relata las de todas las capas sociales, hasta incluso, las de la alta sociedad rusa y que huye de “sus estepas de esclavos”, hasta las costas mediterráneas de Francia y donde pretenden vivir, con todos los lujos, debido a las riquezas que han logrado traerse consigo.

                                Recordemos, pues, algunas de sus grandes obras. “Los cuatro jinetes del apocalipsis” y donde entre otras, nos refleja con veracidad la hecatombe que supuso la primera guerra mundial (1914-1918). Las varias novelas y cuentos que dedica a su región valenciana:  las novelas, “Cañas y Barro”, “La barraca”, “Arroz y tartana”, “El intruso (donde retrata la realidad de Vascongadas), “La bodega” (donde igualmente disecciona la realidad de la más oprimida Andalucía); “La revolución Mexicana”, la que igualmente nos la cuenta como fue, puesto que la vivió; “Los argonautas” dónde realiza un relato de lo que fue como aventurero y colonizador en Argentina y del que abajo reflejo un extracto; “Viaje alrededor del mundo de un novelista”, donde nos cuenta todo lo que visita y examina, con esa minuciosidad clásica en él; “Sangre y arena”, donde cuenta las miserias del mundo del toro y el toreo… y muchas más; y de ahí la grandeza de este español, que lo fue, sin dejar por ello de amar a su querida tierra valenciana. Destacar que fue un enorme difusor del IDIOMA ESPAÑOL, puesto que casi todo lo escribió en el idioma patrio; llegando incluso a tener un incidente con nada menos que con Henry Ford I, y en el que mantiene que él escribe en español y no le interesa escribir en inglés; pero esto ya puede que se lo cuente otro día.

                                EXTRACTO QUE ARRIBA CITO: En su estancia en Argentina realizó un viaje a la Patagonia y decidió realizar allí y en la región del río Paraná, una gran obra de colonización. Se dedicó a comprar tierras que pensaba poner en cultivo trayendo de Valencia labradores que las arrendaran durante diez años y después, podrían comprarlas con los beneficios que obtuvieran. Después de un viaje a Valencia para conseguir los agricultores que quisieran sumarse al proyecto, durante los tres años siguientes, de 1911 a 1913, se dedicó por entero a poner en marcha las colonias que bautizó con el nombre de Nueva Valencia y Cervantes. Hoy en día, Corrientes y Nueva Valencia son el granero arrocero de la Argentina gracias a los procedimientos de regadío que estableció Blasco Ibáñez y a la labor de aquellos trabajadores valencianos. La colonia de Cervantes se convirtió en la localidad de Cervantes, en la provincia de Río Negro, que actualmente tiene más de 12 000 habitantes.

                               

            Podría ampliar mucho más, pero con lo que relato considero en más que suficiente para que todo el que de verdad sea amante de España y del idioma español (que no castellano como aún los cerriles quieren denominar y que lo es, desde que Elio Antonio de Nebrija, realizara la primera gramática española); lean y mediten sobre este gran legado de la cultura netamente española y que ilustrará de verdad a los que ávidos del saber, no tienen miedo a llegar a la realidad de su propia historia.

            Por todo ello y reiterándome hasta la saciedad… Termino diciéndoles que lean con atención, toda la obra de Vicente Blasco Ibáñez y recomienden su lectura al que de verdad, quiera saber de la historia de “Iberia y los celtíberos”.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes