Las Noticias de hoy 16 Marzo 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 16 de marzo de 2019       

Indice:

ROME REPORTS

Concluyen los ejercicios: El Papa agradece al P. Gianni hacerles entrar “como hizo el Verbo, en lo humano”

P. Raniero Cantalamessa: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”

Atentados en Nueva Zelanda: Solidaridad del Papa con la comunidad musulmana

LLAMADOS A LA SANTIDAD: Francisco Fernandez Carbajal

“Es preciso que seas hombre de vida interior”: San Josemaria

Para santificar al mundo: A. Aranda.

 La penitencia: Antonio Miralles

Comentario al Evangelio: La Transfiguración

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA.: + Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Ángeles o demonios: Daniel Tirapu

Un sacerdote de a pie: Ernesto Juliá

Desarrolla el talento en tu equipo: coaching ejecutivo: Nuria Chinchilla

"Calladita te ves más bonita": Angélica Benítez

La necesidad de tener un Plan de Vida Familiar:Francisco Gras

Una súplica a las élites de hoy

Edúcalos para que brillen con luz propia: Silvia del Valle Márquez

¿Por qué somos tan pesimistas ?: Lucia Legorreta

Tesis y antítesis ¿qué pasa con la vida?: Ana Teresa López de Llergo

EL SER DE LA MUJER.: Amparo Tos Boix, Valencia.

Una ocasión para regenerar la vida personal y social: Jesús Domingo Martínez

Porque ellas son el agente más eficaz de transformación: Pedro García

Más se refuerza esa identidad: Juan García.

PALABRAS VACÍAS DISCURSOS POLÍTICOS: DEMAGOGIA PURA: Antonio García Fuentes (Escritor y Filósofo)

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Concluyen los ejercicios: El Papa agradece al P. Gianni hacerles entrar “como hizo el Verbo, en lo humano”

En la Casa del Divino Maestro, Ariccia

marzo 15, 2019 13:42Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 15 marzo 2019).- Francisco ha agradecido de manera especial al abad Bernardo Francesco Maria Gianni, predicador en los Ejercicios Espirituales en Ariccia, su trabajo para hacerles entrar, “como hizo el Verbo, en lo humano”; “y entender que Dios siempre se hace presente en lo humano”.

Han sido unas palabras cercanas y de gratitud las que ha dirigido el Pontífice al religioso olivetano, de la abadía de San Miniato al Monte, esta mañana, viernes, 15 de marzo de 2019, al concluir el retiro de Cuaresma de la Curia Romana en la Casa del Divino Maestro, en Ariccia.

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En “lo humano” es en lo que el abad, según el Santo Padre ha profundizado estos días, algo que les ha “ayudado” estos días, ha reconocido el Papa a su hermano Bernardo. “Lo hizo la primera vez en la encarnación del Verbo, total, pero también está presente en las huellas que deja en lo humano. Igual a la encarnación del Verbo, -indivisa et inconfusa-, está ahí. Y nuestro trabajo es tal vez proseguir…”, ha señalado.

Asimismo, le ha dado las gracias por haber hablado de la “memoria”: “esta dimensión ‘deuteronómica’ que olvidamos; de habernos hablado de esperanza, de trabajo, de paciencia, como indicándonos el camino para tener esa ‘memoria del futuro’ que siempre nos hace avanzar”.

El Santo Padre ha mencionado el documento conciliar Gaudium et spes, “quizás el documento que ha encontrado más resistencia, incluso hoy en día”, ha comentado. Dirigiéndose al olivetano, le ha dicho: “En algún momento te vi de esta manera: como con la valentía de los Padres conciliares cuando firmaron ese documento”.

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Bromeando, el Santo Padre ha reconocido que se rió cuando el religioso contó que “alguien, leyendo los títulos de las meditaciones, tal vez no entendía lo que ha hecho la Curia: tal vez han alquilado una guía turística que los llevase a conocer Florencia y a sus poetas…”, y ha admitido que estuvo un “un poco desorientado” en la primera meditación, pero luego entendió el mensaje. “Gracias” le ha reiterado Francisco.

Así, el Papa se ha despedido de él pidiéndole que rece por los participantes en el retiro: “Somos todos pecadores, todos nosotros, pero queremos seguir adelante así, sirviendo al Señor”.

Con el agradecimiento, Francisco le ha enviado también saludos a los monjes de la abadía de San Miniato al Monte de su parte y de la de todos los presentes en la Casa del Divino Maestro estos días.

 

 

P. Raniero Cantalamessa: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”

Primera predicación de Cuaresma 2019 

marzo 15, 2019 18:07Raniero CantalamessaEspiritualidad y oración

(ZENIT – 15 marzo 2019).- Esta mañana, a las 9 horas, en la Capilla Redemptoris Mater, el Predicador de la Casa Pontificia, el reverendo padre Raniero Cantalamessa, franciscano capuchino, ha pronunciado el primer Sermón de Cuaresma.

El tema de las meditaciones de Cuaresma es el siguiente: In te ipsum redi (Entra dentro de ti, San Agustín).

Los próximos sermones de Cuaresma se pronunciarán el  viernes 22 y 29 de marzo y el 5 de abril, 12.

Sigue la predicación íntegra del padre Raniero Cantalamessa:

***

«Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios»

Continuando la reflexión iniciada en Adviento sobre el versículo del salmo: «Mi alma tiene sed del Dios vivo» (Sal 42,2), en esta primera predicación cuaresmal, quisiera meditar con vosotros sobre la condición esencial para «ver» a Dios. Según Jesús, es la pureza de corazón: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8), dice en una de sus bienaventuranzas.

Sabemos que puro y pureza tienen en la Biblia, como, por lo demás, en el lenguaje común, una amplia gama de significados. El Evangelio insiste en dos ámbitos en particular: la rectitud de las intenciones y la pureza de costumbres. A la pureza de las intenciones se opone la hipocresía, a la pureza de costumbres el abuso de la sexualidad.

En el ámbito moral, con la palabra «pureza» se designa comúnmente un cierto comportamiento en la esfera de la sexualidad, orientado al respeto de la voluntad del Creador y de la finalidad intrínseca de la misma sexualidad. No podemos entrar en contacto con Dios, que es espíritu, de otro modo que mediante nuestro espíritu. Pero el desorden o, peor aún, las aberraciones en este campo tienen el efecto, comprobado por todos, de oscurecer la mente. Es como cuando se agitan los pies en un estanque: el barro, desde el fondo, asciende y enturbia toda el agua. Dios es luz y una persona así «aborrece la luz».

El pecado impuro no deja ver el rostro de Dios, o, si lo deja ver, lo deja ver todo deformado. Hace de él, no el amigo, el aliado y el padre, sino el oponente, el enemigo. El hombre carnal está lleno de concupiscencias, desea las cosas ajenas y la mujer de los otros. En esta situación Dios se le aparece como aquel que cierra el paso a sus malos deseos con esos  conminatorios suyos: «¡Tú debes!», «¡Tú no debes!». El pecado suscita, en el corazón del hombre, un sordo rencor contra Dios, hasta el  punto de que, si dependiera de él, querría que Dios no existiera en absoluto.

En esta ocasión, sin embargo, más que sobre la pureza de las costumbres, querría insistir sobre el otro significado de la expresión «puros de corazón», es decir, sobre la pureza o rectitud de las intenciones,  prácticamente sobre la virtud contraria a la hipocresía. Nos orienta en este sentido también el tiempo litúrgico que estamos viviendo. Hemos empezado la Cuaresma, el Miércoles de Ceniza, escuchando de nuevo las advertencias martilleantes de Jesús:

«Cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas… Cuando oréis, no seáis como los hipócritas… Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas» (Mt 6,1-18).

Es sorprendente lo poco que entra el pecado de hipocresía —el más denunciado por Jesús en los Evangelios—, en nuestros exámenes de conciencia ordinarios. Al no haber encontrado en ninguno de ellos la pregunta: «¿He sido hipócrita?», he tenido que introducirla por mi cuenta, y rara vez he podido pasar indemne a la pregunta siguiente. El más grande acto de hipocresía sería esconder la propia hipocresía. Esconderla a uno mismo y a otros, porque a Dios no es posible. La hipocresía se vence,  en gran parte, en el momento que es reconocida. Y es lo que nos proponemos hacer en esta meditación: reconocer la parte de hipocresía, más o menos consciente, que hay en nuestras acciones.

El hombre —escribió Pascal— tiene dos vidas: una es la vida verdadera; la otra, la imaginaria que vive en la opinión, suya o de la gente. Nosotros trabajamos sin descanso para embellecer y conservar nuestro ser imaginario y descuidamos el verdadero. Si poseemos alguna virtud o mérito, nos damos prisa en hacerlo saber, en un modo u otro, para enriquecer con tal virtud o mérito nuestro ser imaginario, dispuestos incluso a prescindir de nosotros, para añadir algo a él, hasta consentir, a veces, ser cobardes, a pesar de parecer valientes y en dar incluso la vida, con tal de que la gente hable de ello[1].

Tratamos de descubrir el origen y el significado del término hipocresía. La palabra deriva del lenguaje teatral. Al principio significaba simplemente recitar, representar en el escenario. A los antiguos no se les escapaba el elemento intrínseco de mentira que hay en toda representación escénica, a pesar del alto valor moral y artístico que se le reconoce. De aquí el juicio negativo que se llevaba sobre el oficio del actor, reservado, en ciertos períodos, a los esclavos y prohibido incluso por los apologetas  cristianos. El dolor y la alegría representados allí y enfatizados no son verdadero dolor y verdadera alegría, sino apariencia, afectación. A las palabras y a las actitudes exteriores no corresponde la íntima realidad de los sentimientos. Lo que hay en la cara no es lo que hay en el corazón.

Nosotros utilizamos la palabra fiction en sentido neutral o incluso positivo (¡es un género literario y de espectáculo muy en boga en nuestros días!); los antiguos le daban el sentido que ella tiene en realidad: el de ficción. Lo que había de negativo en la ficción escénica ha pasado a la palabra hipocresía. De palabra originalmente neutra, se ha convertido en palabra exclusivamente negativa, una de las pocas palabras con significados  solo negativos. Hay quien se jacta de ser orgulloso o libertino, nadie de ser hipócrita.

El origen del término nos pone sobre la pista para descubrir la naturaleza de la hipocresía. Es hacer de la vida un teatro en el que se recita para un público; es llevar una máscara, dejar de ser persona para convertirse en personaje. El personaje no es otra cosa que la corrupción de la persona. La persona es un rostro, el personaje una máscara. La persona es desnudez radical, el personaje es todo vestimenta. La persona ama la autenticidad y la esencialidad, el personaje vive de ficción y de artificios. La persona obedece a sus convicciones, el personaje obedece a un guión. La persona es humilde y ligera, el personaje es pesado y torpe.

Esta tendencia innata del hombre se acrecienta enormemente con la cultura actual, dominada por la imagen. Películas, televisión, Internet: todo se basa ahora principalmente en la imagen. Descartes dijo: «Cogito ergo sum», pienso, luego existo; pero hoy se tiende a sustituirlo por «parezco, luego soy». Un famoso moralista ha definido la hipocresía como «el tributo que el vicio paga a la virtud»[2]. Acecha principalmente a las personas piadosas y religiosas. Un rabino del tiempo de Cristo, decía que el 90% de la hipocresía del mundo se encontraba en Jerusalén[3]. El motivo es simple: donde más fuerte es la estima de los valores del espíritu, de la piedad y de la virtud, allí es más fuerte la tentación de aparentarlos para no parecer que se carece de ellos.

Un peligro viene también de la multitud de ritos que las personas piadosas suelen realizar y de las prescripciones que se han comprometido a cumplir. Si no están acompañados por un continuo esfuerzo de poner en ellos un alma, mediante el amor a Dios y al prójimo, se convierten en cáscaras vacías. «Estas cosas —dice san Pablo hablando de ciertos ritos y prescripciones exteriores— tienen una apariencia de sabiduría, con su aparente religiosidad, humildad y austeridad respecto del cuerpo, pero en realidad no sirven que para satisfacer la carne » (Col 2,23). En este caso, las personas conservan, dice el Apóstol, «la apariencia de la piedad, mientras que han renegado de su fuerza interior» (2 Tm 3,5).

Cuando la hipocresía se hace crónica crea, en el matrimonio y en la vida consagrada, la situación de «doble vida»: una pública, evidente, la otra oculta; a menudo una diurna, la otra nocturna. Es el estado espiritual más peligroso para el alma, del cual es muy difícil salir, a menos que intervenga algo desde el exterior rompiendo el muro dentro del cual uno se ha encerrado. Es el estado que Jesús describe con la imagen de los sepulcros blanqueados:

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad(Mt 23,27-28).

Si nos preguntamos por qué la hipocresía es tan abominada por Dios, la respuesta es clara. La hipocresía es mentira. Es ocultar la verdad. Además, en la hipocresía, el hombre degrada a Dios, lo pone en el segundo puesto, colocando en primer lugar a las criaturas, al público. Es como si en presencia del rey, uno le diera  la espalda para dirigir su atención únicamente a los siervos. «El hombre mira la apariencia, el Señor mira el corazón» (1 Sam 16,7): cultivar la apariencia más que el corazón, significa automáticamente dar más importancia al hombre que a Dios.

La hipocresía es, pues, esencialmente falta de fe, una forma de idolatría en cuanto que pone las criaturas en el lugar del Creador. Jesús hace derivar de ella la incapacidad de sus enemigos de creer en él: «¿Cómo podéis creer vosotros, que tomáis la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene solo de Dios?» (Jn 5,44). La hipocresía también carece de caridad hacia el prójimo, porque tiende a reducir a los otros a admiradores. No reconoce su dignidad propia, sino que los ve solo en función de la propia imagen. Números de audiencia y nada más.

Una forma derivada de la hipocresía es la duplicidad o la no sinceridad. Con la hipocresía se trata de mentir a Dios; con la duplicidad en el pensar y en el hablar se trata de mentir a los hombres. Duplicidad es decir una cosa y pensar otra; decir bien de una persona en su presencia y hablar mal de ella apenas se ha dado la espalda.

El juicio de Cristo sobre la hipocresía es como una espada en llamas: «Receperunt mercedem suam»: «recibieron su recompensa». Firmaron un recibo, no pueden esperar otra cosa. Una recompensa, además, ilusoria y contraproducente también en el plano humano, porque es muy cierto el dicho de que «la gloria huye de quien la persigue y persigue a quien la huye».

Está claro que nuestra victoria sobre la hipocresía no será nunca una victoria a primera vista. A menos de haber llegado a un nivel altísimo de perfección, no podemos evitar sentir instintivamente el deseo de que nos pongan bien, de quedar bien, de agradar a los demás. Nuestra arma es la rectificación de la intención. A la recta intención se llega mediante la rectificación constante, diaria, de nuestra intención. La intención de la voluntad, no el sentimiento natural, es lo que hace la diferencia a los ojos de Dios

Si la hipocresía consiste en mostrar también el bien que no se hace, un remedio eficaz para contrarrestar esta tendencia es ocultar incluso el bien que se hace. Privilegiar esos gestos ocultos que no serán estropeados por ninguna mirada terrena y conservarán todo su perfume para Dios. «A Dios —dice san Juan de la Cruz—, le agrada más una acción, por pequeña que sea, hecha a escondidas y sin el deseo de que sea conocida, que mil otras realizadas con el deseo de que sean vistas por los hombres». Y también: «Una acción hecha entera y puramente por Dios, con corazón puro, crea todo un reino para quien la hace»[4].

Jesús recomienda con insistencia este ejercicio: «Reza en lo secreto, ayuna en lo secreto, haz limosna en lo secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (cf. Mt 6,4-18). Son delicadezas respecto de Dios que tonifican el alma. No se trata de hacer de esto una regla fija. Jesús dice también: «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16). Se trata de distinguir cuándo es bueno que los demás vean y cuándo es mejor que no vean.

Lo peor que se puede hacer, al término de una descripción de la hipocresía, es utilizarla para juzgar a los otros, para denunciar la hipocresía que existe en torno a nosotros. Jesús aplica a esos precisamente el título de hipócritas: «¡Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo y luego verás bien para quitar la paja del ojo de tu hermano!» (Mt 7,5). Aquí es realmente el caso de decir: «Quien de vosotros esté sin pecado que tire la primera piedra» (Jn 8,7). ¿Quién puede decir que está del todo exento de alguna forma de hipocresía? ¿No es un poco también él un sepulcro blanqueado, distinto dentro de lo que aparece en el exterior? Quizá sólo Jesús y la Virgen estuvieron libres, de manera estable y absoluta, de toda forma de hipocresía. El hecho consolador es que apenas uno dice: «He sido un hipócrita», su hipocresía es vencida.

«Si tu ojo es sencillo»

La Palabra de Dios no se limita a condenar el vicio de la hipocresía; nos impulsa también a cultivar la virtud opuesta que es la sencillez. «La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo será luminoso» (Mt 6,22). La palabra «sencillez» puede tener —y también hoy lo tiene—  el sentido negativo de candidez, ingenuidad, superficialidad e imprudencia. Jesús se preocupa de excluir este sentido; a la recomendación: «Sed sencillos como palomas», sigue la invitación a ser también «prudentes como serpientes» (Mt 10,16).

San Pablo retoma y aplica a la vida de la comunidad cristiana la enseñanza evangélica sobre la sencillez. En la carta a los Romanos escribe: «Quien da, que lo haga con sencillez» (Rom 12,8). Se refiere, en primer lugar, a aquellos que en la comunidad se dedican a obras de caridad, pero la recomendación se aplica a todos: no sólo a quien da de su dinero, sino también a quien da de su tiempo, de su trabajo. El sentido es no hacer pesar lo que se hace por los demás o en el propio oficio. Alessandro Manzoni, que en su novela «Los novios» encarnó tan bien el espíritu del Evangelio, tiene una escena delicadísima a este respecto. El buen sastre del pueblo.

«interrumpió su discurso, como sorprendido por un pensamiento. Se detuvo un momento; luego puso juntos un plato de viandas que había sobre la mesa, y le añadió un pan, puso el plato en una servilleta y tomada ésta para las cuatro puntas, dijo a su niña mayor: —Coge aquí—. Le dio en la otra mano una cantimplora de vino, y añadió: —Ve a casa de María la viuda; deja estas cosas, y dile que es para estar un poco más alegre con sus niños. Pero ve de buena forma; que no parezca que le das limosna»[5].

El apóstol Pablo habla de sencillez también en otro contexto que nos interesa especialmente porque afecta a la Pascua. Escribiendo a los Corintios dice:

«Barred la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ácimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad»(1 Cor 5,7-8).

La fiesta que el Apóstol invita a celebrar no es una fiesta cualquiera, sino la fiesta por excelencia, la única fiesta que el cristianismo conoce y celebra en los tres primeros siglos de su historia, es decir, la Pascua. La vigilia de la Pascua, el 13 de Nisán, el ritual judío ordenaba que la dueña de casa explorara toda la casa  a la luz de la vela, rebuscando en cada esquina, para hacer desaparecer cualquier pequeño vestigio de pan fermentado y celebrar así, al día siguiente, la Pascua solo con pan ázimo. El fermento, en efecto, era para los hebreos sinónimo de corrupción y el pan ázimo, símbolo de pureza, novedad e integridad. En este sentido Jesús llama a la hipocresía fermento, «el fermento de los fariseos» (Lc 12,1).

San Pablo ve en la práctica ritual judía una grandiosa metáfora de la vida cristiana. Cristo fue inmolado; él es la verdadera Pascua de la que la antigua era una espera; es necesario, pues, explorar la casa interior, el corazón, despojarse de todo lo que es viejo y corrupto, para ser «una masa nueva»; hacer, también dentro de nosotros, la gran limpieza primaveral. La palabra griega heilikrineia que se traduce como «sinceridad» contiene la idea de esplendor solar (helios) y de prueba o juicio (krino) y significa, por eso, una transparencia solar, algo que ha sido probado a la luz y encontrado puro.

La virtud de la sencillez tiene el modelo más sublime que se pueda pensar: Dios mismo. San Agustín escribió: «Dios es trino, pero no es triple»[6]. Él es la simplicidad misma. La Trinidad no destruye la simplicidad de Dios, porque la sencillez se refiere a la naturaleza y la naturaleza de Dios es una y simple. Santo Tomás recoge fielmente esta herencia, haciendo de la sencillez, el primero de los atributos de Dios[7].

La Biblia expresa esta misma verdad de manera concreta, por medio de imágenes: «Dios es luz y en él no hay tinieblas» (1 Jn 1,5). La ausencia de toda mezcla es también uno de los múltiples significados del título divino Qadosh, Santo. Pura plenitud, pura simplicidad. La gran mística santa Catalina de Génova designa este aspecto de la naturaleza divina, de la que estaba enamorada, con neto,  un término que indica, a la vez, pureza e integridad, plenitud y homogeneidad absoluta. Dios es un «todo de una pieza». La simplicidad de Dios es «pura plenitud»; a él, dice la Escritura, «nada se le puede añadir ni quitar» (Sir 42,21). En cuanto es suma plenitud, nada se le puede añadir; en cuanto que es suma pureza, nada se le debe quitar. En nosotros las dos cosas nunca están unidas; la una contradice a la otra. Nuestra pureza se obtiene siempre quitando algo, purificándonos, «quitando el mal de nuestras acciones» (cf. Is 1,16).

Cualquier acción, aunque sea pequeña, si se realiza con intención pura y simple, nos hace ser «a imagen y semejanza de Dios». La intención pura y simple recoge las fuerzas dispersas del alma, prepara el espíritu y lo une a Dios. Es principio, fin y adorno de todas las virtudes. Tendiendo a Dios solo y juzgando las cosas en relación a él, la sencillez rechaza y vence la ficción, la hipocresía y cualquier duplicidad. Esta intención pura y recta es ese ojo simple del que habla Jesús en el Evangelio, que ilumina todo el cuerpo, es decir, toda la vida y los actos del  hombre y los preserva inmunes del pecado.

La sencillez es una de las conquistas más arduas y más bellas del camino espiritual. La sencillez es propia de quien ha sido purificado por una verdadera penitencia, porque es fruto de un total desprendimiento de sí mismo y de un amor desinteresado hacia Cristo. Se alcanza poco a poco, sin desanimarse por las caídas, sino con firme determinación de buscar a Dios por él mismo y no por nosotros mismos.

Si puedo permitirme sugerir un propósito al final de esta meditación, hay que buscar en el salterio, o en la liturgia de las Horas, el salmo 139; recitarlo lenta y repetidamente, como si lo leyéramos por primera vez, más aún, como si lo estuviéramos componiendo nosotros mismos o fuéramos los primeros en pronunciarlo. Si la hipocresía y la doblez consisten en buscar la mirada de los hombres más que la de Dios, aquí encontramos el remedio más eficaz. Rezar este salmo es como someterse a una especie de radiografía, como exponerse a los rayos X. Uno se siente atravesado de un lado a otro por la mirada de Dios. Recuerdo siempre la impresión cuando lo recité por primera vez en el modo que he dicho. Comienza así:

 

«Señor, tú me sondeas y me conoces.

Me conoces cuando me siento o me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, Señor, te la sabes toda…

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí»,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día,

la tiniebla es como luz para ti».

Lo maravilloso es que esta toma de conciencia de estar bajo la mirada de Dios no crea un sentimiento de vergüenza o de malestar, como quien se siente observado y descubierto en sus pensamientos más secretos; al contrario, da alegría porque se entiende que es la mirada de un padre que nos ama y nos quiere perfectos como él es perfecto. El salmista termina, de hecho, su oración con el grito exultante:

«Sondéame, oh Dios,y conoce mi corazón,

ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

mira si mi camino se desvía,

guíame por el camino eterno».

Sí, mira, Señor, si seguimos un camino de mentira y guíanos, en esta Cuaresma, por la vía de la sencillez y de la transparencia. Amén.

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco

 

[1] Cf. B. Pascal, Pensamientos, 147 Br.

[2]  La Rochefoucauld, Máximas, 218.

[3] Cf. Strack-Billerbeck, I, 718.

[4]  S. Juan de la Cruz, Máximas, 20 y 21.

[5] Alessandro Manzoni, I promessi sposi, cap. XXIV [trad. esp. Los novios(Rialp, Madrid 2001].

[6]  S. Agustín, De Trinitate, VI, 7.

[7] S. Tomás de Aquino, S.Th., I,3,7

 

 

Atentados en Nueva Zelanda: Solidaridad del Papa con la comunidad musulmana

Pésame por la muerte de 40 personas

marzo 15, 2019 14:11Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 15 marzo 2019).- El Papa Francisco asegura a todos los neozelandeses, y en particular a la comunidad musulmana, “su solidaridad de todo corazón frente estos atentados”, escribe el Secretario de Estado del Vaticano en el telegrama emitido este viernes, 15 de marzo de 2019.

El cardenal Pietro Parolin señala que el Santo Padre “se ha entristecido profundamente” al tener noticia de los más de 50 heridos y al menos 40 muertos (señalan los medios locales), causados por los insensatos actos de violencia en dos mezquitas en Christchurch.

“Consciente de los esfuerzos del personal de seguridad y emergencias en esta difícil situación”, el Pontífice “reza por la curación de los heridos”, el “consuelo de quienes sufren la pérdida de sus seres queridos” y “por todos los afectados” por esta tragedia, asegura Parolin.

Encomendando a los que “han muerto a la misericordia amorosa” de Dios Todopoderoso, el Papa Francisco invoca las “bendiciones divinas de consuelo y fortaleza sobre la nación”, concluye el mensaje.

Atacante “supremacista blanco”

En doble ataque, sucedido el viernes, 15 de marzo de 2019, a las 13 hora local, actuó un solo comando de 4 personas armadas con ametralladoras. El atacante que filmó el atentado, entró primero en la mezquita, asesinó a algunas personas, luego salió a buscar nuevas municiones en su coche y siguió disparando a los fieles. Después tuvo lugar el ataque a la segunda mezquita.

El video fue filmado por uno de los atacantes, que se define un “supremacista blanco” y que decidió atacar Nueva Zelanda para demostrar cómo también en las partes más remotas del mundo hay inmigración de masa, indica Vatican News en español.

Pésame de los Obispos de Nueva Zelanda

“Estamos profundamente entristecidos por las personas asesinadas y heridas, y nuestros corazones están con ellos, con sus familias y con la comunidad en general. Paz, Salaam”.

Justo después de los trágicos atentados, los obispos católicos de Nueva Zelanda enviaron un mensaje dirigido a los “queridos miembros de la comunidad musulmana” del país en Christchurch, para expresar su solidaridad frente a tal violencia y asegurar sus oraciones.

“Somos profundamente conscientes de las buenas relaciones que tenemos con los musulmanes en esta tierra”, indican en su nota, “y estamos particularmente sorprendidos por el hecho de que esto haya ocurrido en un lugar y en un momento de oración”.

 

 

LLAMADOS A LA SANTIDAD

— El Señor llama a todos a la santidad, sin distinción de profesión, de edad, condición social, etcétera, en el lugar que cada uno ocupa en la sociedad.

— «Santificar el propio trabajo», «santificarse en el trabajo», «santificar a los demás con el trabajo». Necesidad de personas santas para transformar la sociedad.

— Santidad y apostolado en medio del mundo. Ejemplo de los primeros cristianos.

I. Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto1. Así termina el Evangelio de la Misa de hoy. De muchas maneras nos está recordando la Iglesia, en estos cuarenta días de preparación para la Pascua, que el Señor espera mucho más de nosotros: un empeño serio por la santidad.

Sed perfectos... Y el Señor no solo se dirige a los Apóstoles sino a todos los que quieran ser de verdad discípulos suyos. Se dice expresamente que cuando terminó Jesús estos discursos, las multitudes quedaron admiradas de su doctrina2. Esta gran cantidad de gente que le escucha estaría formada por madres de familia, pescadores, artesanos, doctores de la ley, jóvenes... Todos le entienden y quedan admirados, porque a todos se dirige el Señor. Para todos, cada uno según sus propias circunstancias, tiene el Señor grandes exigencias. El Maestro llama a la santidad sin distinción de edad, profesión, raza o condición social. No hay seguidores de Cristo sin vocación cristiana, sin una llamada personal a la santidad. Dios nos escogió para ser santos y sin mancha en su presencia3, repetirá San Pablo a los primeros cristianos de Éfeso; y para conseguir esta meta es necesario un esfuerzo que se prolonga a lo largo de nuestros días aquí en la tierra: el justo justifíquese todavía más y el santo más y más se santifique4.

Esta doctrina del llamamiento universal a la santidad, es, desde 1928, por inspiración divina, uno de los puntos centrales de la predicación de San Josemaría Escrivá, que ha vuelto a recordar en nuestro tiempo –de todas las maneras posibles– que el cristiano, por su Bautismo, está llamado a la plenitud de la vida cristiana, a la santidad.

El Concilio Vaticano II ha declarado para toda la Iglesia esta vieja doctrina evangélica: el cristiano es llamado a la santidad, desde el lugar que ocupa en la sociedad. «Todos los fieles, cualesquiera que sean su estado y condición, están llamados por Dios, cada uno en su camino, a la perfección de la santidad, por la que el mismo Padre es perfecto»5. Todos y cada uno de los fieles.

Llama el Señor a todos los cristianos que están en medio del mundo en plena ocupación profesional, para que allí le encuentren, realizando aquella tarea con perfección humana y, a la vez, con sentido sobrenatural: ofreciéndola a Dios, viviendo la caridad con las personas que tratan, la mortificación, la presencia de Dios...

Hoy podemos preguntarnos en nuestra oración con el Señor si le damos gracias frecuentemente por esta llamada a seguirle de cerca, si estamos correspondiendo a las gracias recibidas mediante una lucha ascética clara y vibrante por adquirir las virtudes, si estamos vigilantes para rechazar todo aburguesamiento, que mata los deseos de santidad y deja el alma sumida en la mediocridad espiritual y en la tibieza. No basta con querer ser buenos; hay que esforzarse decididamente en ser santos.

II. Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. La santidad, amor creciente a Dios y a los demás por Dios, podemos y debemos adquirirla en las cosas de todos los días, que se repiten muchas veces, con aparente monotonía. «Para amar a Dios y servirle, no es necesario hacer cosas raras. A todos los hombres sin excepción, Cristo les pide que sean perfectos como su Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48). Para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo, y encontrar así a Dios en el camino de sus vidas»6.

Para que el trabajo, cualquier tarea recta, pueda convertirse en medio de santidad es necesario que esté humanamente bien hecho, ya que no podemos ofrecer a Dios nada defectuoso, pues no sería digno de Él7. El trabajo bien realizado supone tanto el cuidado de los pequeños deberes que toda profesión lleva consigo como el cumplimiento fidelísimo de la virtud de la justicia con otras personas y con la sociedad, el rectificar con prontitud si se ha cometido algún error con quienes o para quienes trabajamos, el afán constante por mejorar profesionalmente en nuestro quehacer. Esto vale igualmente para el empresario, para el obrero, o el estudiante. Para el médico o para la madre de familia que ha de dedicarse al cuidado de la casa sacando adelante los quehaceres corrientes del hogar.

Santificarnos en el trabajo nos llevará a convertirlo en ocasión y lugar de trato con Dios. Para esto, podemos ofrecer el trabajo al comenzarlo, y luego renovar ese ofrecimiento con frecuencia, aprovechando cualquier circunstancia. A lo largo de su realización se presentarán muchos momentos para ofrecer pequeñas mortificaciones que enriquecen la vida interior y el mismo trabajo que estamos haciendo; también, para el ejercicio de las virtudes humanas (la laboriosidad, la reciedumbre, la alegría...), y de las sobrenaturales (la fe, la esperanza, la caridad, la prudencia...).

El trabajo puede y debe ser el medio para dar a conocer a Cristo a muchas personas. Hay profesiones que tienen una repercusión inmediata en la vida social: la enseñanza, las que se relacionan con los medios de información, el ejercicio de las funciones públicas de un país... Pero no existen tareas que nada tengan que ver con la doctrina de Jesucristo. Aun en problemas muy técnicos de una empresa o en la manera como una madre de familia lleva su hogar, se darán soluciones distintas, en ocasiones radicalmente distintas, según se tenga una visión pagana o cristiana de la vida. Quien no tiene fe siempre tendrá una visión incompleta del mundo, y el modo de comportarse cristiano chocará a veces con la moda del momento, con los usos corrientes entre colegas de una misma profesión. Son circunstancias especialmente propicias para dar a conocer a Cristo, siendo ejemplares en la manera cristiana de actuar, llena de naturalidad y de firmeza.

El mundo está necesitado de Dios, más cuanto con mayor frecuencia repite que no tiene necesidad de Él. Los cristianos, esforzándonos en seguir a Cristo seriamente, lo daremos a conocer. «Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos.

»—Dios quiere un puñado de hombres “suyos” en cada actividad humana. —Después... “pax Christi in regno Christi” —la paz de Cristo en el reino de Cristo»8.

Santificar el trabajo. Santificarse en el trabajo. Santificar con el trabajo.

III. Los primeros cristianos vencieron muchos obstáculos con su empeño y con su amor a Cristo, y nos señalaron el camino: su firmeza en la doctrina del Señor pudo más que la atmósfera materialista, y frecuentemente hostil, que los circundaba. Metidos en la entraña misma de aquella sociedad, no buscaron en el aislamiento el remedio a un posible contagio y su propia supervivencia. Estaban plenamente convencidos de ser levadura de Dios, y su callada pero eficaz acción acabó por transformar aquella masa informe. «Supieron, sobre todo, estar serenamente presentes en el mundo, no despreciar sus valores ni desdeñar las realidades terrenas. Y esta presencia –“ya llenamos el mundo y todas vuestras cosas”, proclamaba Tertuliano–, presencia extendida a todos los ambientes, interesada por todas las realidades honestas y valiosas, llegó a penetrarlas de un espíritu nuevo»9.

El cristiano, con la ayuda de Dios, procurará hacer noble y valioso lo vulgar y corriente, convertir cuanto toque, no ya en oro, como en la leyenda del rey Midas, sino en gracia y en gloria. La Iglesia nos recuerda la tarea urgente de estar presentes en medio del mundo, para reconducir a Dios todas las realidades terrenas. Esto solo será posible si nos mantenemos unidos a Cristo mediante la oración y los sacramentos. Como el sarmiento está unido a la vid10, así debemos estar nosotros cada día unidos al Señor.

«Se necesitan heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios. Para esto se necesitan nuevos santos. Debemos suplicar al Señor que aumente el espíritu de santidad en la Iglesia y nos mande santos para evangelizar el mundo de hoy»11. Y esta misma idea la expresaba el Sínodo Extraordinario de Obispos haciendo un balance global de la situación de la Iglesia: «Hoy día necesitamos fuertemente pedir a Dios, con asiduidad, santos»12.

El cristiano ha de ser «otro Cristo». Esta es la gran fuerza del testimonio cristiano. Y de Jesús se dijo, a modo de resumen de toda su vida, que pasó por la tierra haciendo el bien13, y eso debería decirse de cada uno de nosotros, si de verdad procuramos imitarle. «El divino Maestro y Modelo de toda perfección, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, en cualquier circunstancia que viviere, la santidad de vida, de la cual Él es autor y consumador: Sed, pues, perfectos (...). Es completamente claro que todos los fieles de cualquier estado o condición de vida están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, santidad que, aun en la sociedad terrena, promueve un modo más humano de vivir»14.

1 Mt 5, 48. — 2 Mt 7, 28. — 3 Ef 1, 4. — 4 Apoc 22, 11. — 5 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 11. — 6 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 55. — 7 Cfr. Lev 22, 20. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 301. — 9 J. Orlandis, La vocación del hombre de hoy, Rialp, Madrid 1973, 3ª ed., p. 48. — 10 Cfr. Jn 15, 1-7. — 11 Juan Pablo II, Discurso, 11-X-1985. — 12 Sínodo Extraordinario de Obispos 1985. Relación final II, A n. 4. — 13 Hech 10, 38. — 14 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 40.

 

“Es preciso que seas hombre de vida interior”

Es preciso que seas “hombre de Dios”, hombre de vida interior, hombre de oración y de sacrificio. –Tu apostolado debe ser una superabundancia de tu vida “para adentro”. (Camino, 961)

Vida interior. Santidad en las tareas ordinarias, santidad en las cosas pequeñas, santidad en la labor profesional, en los afanes de cada día...; santidad, para santificar a los demás. Soñaba en cierta ocasión un conocido mío -¡nunca le acabo de conocer bien!- que volaba en un avión a mucha altura, pero no dentro, en la cabina; iba montado sobre las alas. ¡Pobre desgraciado: cómo padecía y se angustiaba! Parecía que Nuestro Señor le daba a entender que así van –inseguras, con zozobras– por las alturas de Dios las almas apostólicas que carecen de vida interior o la descuidan: con el peligro constante de venirse abajo, sufriendo, inciertas.
Y pienso, efectivamente, que corren un serio peligro de descaminarse aquellos que se lanzan a la acción –¡al activismo!–, y prescinden de la oración, del sacrificio y de los medios indispensables para conseguir una sólida piedad: la frecuencia de Sacramentos, la meditación, el examen de conciencia, la lectura espiritual, el trato asiduo con la Virgen Santísima y con los Ángeles custodios... Todo esto contribuye además, con eficacia insustituible, a que sea tan amable la jornada del cristiano, porque de su riqueza interior fluyen la dulcedumbre y la felicidad de Dios, como la miel de panal.
En la personal intimidad, en la conducta externa; en el trato con los demás, en el trabajo, cada uno ha de procurar mantenerse en continua presencia de Dios, con una conversación -un diálogo- que no se manifiesta hacia fuera. Mejor dicho, no se expresa de ordinario con ruido de palabras, pero sí se ha de notar por el empeño y por la amorosa diligencia que pondremos en acabar bien las tareas, tanto las importantes como las menudas. (Amigos de Dios, 18-19)

 

Para santificar al mundo

Han pasado 40 años desde que San Josemaría celebró la Santa Misa en Pamplona ante un cuantioso número de fieles y pronunció una homilía llamada a perdurar en el tiempo. Presentamos un artículo sobre las palabras en las que el Fundador del Opus Dei invitaba a "Amar al mundo apasionadamente".

Otros19/04/2016

Opus Dei - Para santificar al mundo

La solemne liturgia tuvo lugar en el marco de la II Asamblea General de Amigos de la Universidad de Navarra, y fue oficiada en el campus universitario, más precisamente en el lugar conocido como la explanada de la Biblioteca. Era indudablemente el acto más importante de aquellas jornadas.

Cuando se contempla una fotografía del lugar en tan histórico momento y se compara con otra actual de idéntica perspectiva, se pueden observar muchos detalles interesantes, aunque uno destaca a primera vista entre todos: los hermosos árboles que adornan ahora ese rincón entrañable del campus no existían entonces o, quizás, sólo eran pequeños arbustos rodeados de una mancha de césped, que los presentes en aquella ceremonia litúrgica evitaban pisar.

Como ellos, ha crecido en forma notable la Universidad de Navarra, y, a la par, se han visto desarrolladas tantas otras iniciativas apostólicas que San Josemaría fundó, bendijo y amó. El Opus Dei, que en aquel 1967 ya hacía llegar su eficacia santificadora a los cuatro ángulos de la tierra, ha experimentado también en estos 40 años, por la gracia de Dios y bajo la guía amorosa, sucesivamente, de San Josemaría, de Mons. Álvaro del Portillo y de Mons. Javier Echevarría, una formidable expansión de su servicio universal a la Iglesia y a la sociedad.

La homilía [1] que San Josemaría proclamó aquel día con voz firme, con tono vibrante y a la vez templado, y siempre con la impresionante auctoritas de su condición de Fundador y Pastor del Opus Dei, ha recorrido desde entonces un largo y fecundo camino de influjo a lo divino. Al tiempo de ser pronunciada, veía la luz su primera edición escrita, pues al finalizar la Santa Misa, fueron repartidos algunos ejemplares entre autoridades e invitados. Las ediciones sucesivas (bien de la homilía por separado o incluida ya en el libro Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer) han superado en la actualidad el centenar, en una docena de lenguas. La simiente de amor a Dios, de vida ordinaria santificada, de generosidad apostólica, de servicio a la Iglesia, de amor cristiano al mundo que San Josemaría arrojaba a manos llenas ante unos miles de personas, continúa floreciendo hoy por todos los rincones del mundo.

Un texto nacido en un clima de oración y afán de almas

La explanada que acogió la Misa en la Universidad de Navarra, actualmente.La explanada que acogió la Misa en la Universidad de Navarra, actualmente.

Quienes participaban en la II Asamblea de Amigos de la Universidad de Navarra esperaban con alegría y emoción el momento en que tendría lugar la Santa Misa del Gran Canciller en la explanada de la Biblioteca. Estar cerca de San Josemaría y, más aún, poder participar en el Santo Sacrificio celebrado por él, significaba mucho para las personas allí congregadas, entre las que se contaban tantos hijos e hijas suyos y tantos Cooperadores y amigos. Muchos de ellos –quizás la mayoría, constituida por personas jóvenes– no lo conocían físicamente y sólo unos pocos habían tenido la oportunidad de asistir alguna vez, y lo guardaban en su corazón como un regalo de la Providencia, a una Misa suya. Eran miles de personas felices y agradecidas por encontrarse junto al Fundador del Opus Dei, y sobre todo porque tomaban parte con él –y, en cierto modo, a través de él– en “la acción más sagrada y trascendente que los hombres, por la gracia de Dios, podemos realizar en esta vida[2].

No es posible describir con palabras la fuerza espiritual del momento. Allí se hacía evidente aquel: “¡Vive la Santa Misa!”[3],que tantos fieles cristianos han aprendido a hacer suyo, siguiendo las enseñanzas de San Josemaría. En aquel “templo singular”, como lo describía en su homilía –“la nave es el campus universitario; el retablo, la Biblioteca de la Universidad; allá, la maquinaria que levanta nuevos edificios; y arriba, el cielo de Navarra...[4]–, era patente la fe y la piedad de una multitud en oración. Se “oían” con igual intensidad los diálogos y los silencios litúrgicos. Con la mirada fija en el celebrante y en el altar, se vivía intensamente el Sagrado Rito.

En ese ambiente espiritual, llegó, tras las Lecturas, el momento de la homilía, que fue seguida de principio a fin con atento y respetuoso interés. El Fundador del Opus Dei, de pie ante el altar y con los folios de la homilía en sus manos (se los había entregado D. Javier Echevarría, que permanecía delicadamente junto a él), pronunciaba el texto con la cadencia y la modulación necesarias para que pudiera ser bien seguido en aquel espacio abierto. Proclamaba la doctrina –aspectos centrales del espíritu que Dios le había entregado– con elegancia y vigor, con esa fuerza de atracción y convicción que siempre tenía su predicación. Leía el texto como diciéndolo, y se advertía que lo conocía muy bien. Lo había preparado cuidadosamente en las semanas anteriores, durante su estancia en Elorrio (Vizcaya), y lo había retocado días antes de los actos de Pamplona. Cada párrafo, cada palabra de aquella homilía era fruto de su meditación personal y de su deseo de ayudar a todos dando a manos llenas el buen espíritu.

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Esta homilía y todos los escritos pastorales que San Josemaría ha dejado en herencia a sus hijos y a toda la Iglesia poseen, en efecto, con independencia de sus concretas circunstancias de tiempo y lugar, y de sus diferentes características internas, una importante cualidad común. Han venido a la luz en un clima de oración, de compromiso con la misión y el espíritu fundacionales, de plena fidelidad a la doctrina de fe de la Iglesia Católica y de afán de almas. Originados en el corazón y en la mente del Fundador, son fuente de la que mana incesante el espíritu del Opus Dei, a la vez que motor de vida cristiana para personas de todo lugar y condición. Es preciso acercarse a ellos, como es tradición en la Obra, con gratitud y veneración, leerlos y meditarlos con una disposición personal semejante a aquella con la que fueron escritos: en un ámbito de oración, de compromiso con la tarea apostólica encomendada, de fidelidad a la Iglesia.

¿No es cierto que la homilía Amar al mundo apasionadamente, releída en un clima de oración y afán de almas como en el que fue pensada, siempre vuelve a impresionar por la fuerza espiritual que encierra? San Josemaría quiso que, pocos días antes de ser pronunciada por él en el campus de Navarra, fuera leída en su presencia a un puñado de hijos suyos. La impresión que dejó en ellos fue, en cierto modo, como una anticipación de la que iba a transmitir días más tarde a quienes la escucharon de sus labios en Pamplona y la que sigue proporcionando a cuantos la han leído en estos años.

Vivir santamente la vida ordinaria

La frase que da título a este parágrafo es el leitmotiv de la homilía: su verdadera música de fondo. Esas cinco palabras sintetizan perfectamente su contenido e incluso, yendo más allá, permiten formular con brevedad y acierto la sustancia del mensaje fundacional de San Josemaría: la vida ordinaria puede ser medio de santidad, Dios nos llama a santificarnos en ella. “¡Con cuánta fuerza ha hecho resonar el Señor esa verdad, al inspirar su Obra! Hemos venido a decir, con la humildad de quien se sabe pecador y poca cosa —homo peccator sum (Luc. V, 8), decimos con San Pedro—, pero con la fe de quien se deja guiar por la mano de Dios, que la santidad no es cosa para privilegiados: que a todos nos llama el Señor, que de todos espera Amor: de todos, estén donde estén; de todos, cualquiera que sea su estado, su profesión o su oficio. Porque esa vida corriente, ordinaria, sin apariencia, puede ser medio de santidad: no es necesario abandonar el propio estado en el mundo, para buscar a Dios, si el Señor no da a un alma la vocación religiosa, ya que todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo”[5].

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La homilía hace hincapié en esa doctrina fundamental y pone de manifiesto sus principales claves teológicas y espirituales, como por ejemplo el hecho de acentuar ya desde el principio que la vida ordinaria es “el verdadero lugar de nuestra existencia cristiana[6]. El término “lugar” indica el conjunto de realidades que constituyen nuestra existencia cotidiana: circunstancias, deseos, acciones, inquietudes personales, relaciones con los demás, acontecimientos, etc. Todas las vicisitudes materiales y espirituales de nuestro vivir de personas corrientes durante las veinticuatro horas del día conforman, a la vez e inseparablemente, el marco necesario del ser cristiano, que no consiste sino en vivir la vida diaria en referencia a Cristo, como hijos de Dios. “Existencia cristiana” nada añade a “vida cotidiana” salvo la intencionalidad de vivir ésta, con ayuda de la gracia, en Cristo[7], es decir, dejándose guiar por el Espíritu Santo[8]: con sentido sobrenatural, con caridad y verdad, con finura de conciencia, con recto criterio moral. En definitiva, como hijos de Dios. “En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria...[9]

En el don de la adopción filial que Dios nos ha concedido por los méritos de Cristo, y en la llamada que nos dirige a comportarnos en todo, confortados con la gracia, como hijos suyos, radica la humilde grandeza de la existencia cristiana, que es –mientras no lo ocultemos con acciones impropias– un inmenso foco de luz en medio de la sociedad. “Vosotros sois la luz del mundo[10].

La voz de San Josemaría resonaba con extraordinaria determinación en aquella mañana de octubre de 1967: “No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca[11]. Esa misma voz, entrañable y paterna, sigue recordando a todos los cristianos que tenemos el deber de mostrar a nuestros conciudadanos, a toda la sociedad contemporánea el verdadero rostro amable y misericordioso de Cristo: la obligación de que pueda ser conocido en y por nuestra vida. “Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos[12].

Vivir santamente la vida ordinaria –“sin ruido, con sencillez, con veracidad[13]– es, como hemos comprobado en nuestra propia existencia, un ideal de extraordinario atractivo. Pero sólo se alcanza a comprender plenamente su grandeza (“la grandeza de la vida corriente[14]) cuando ese existir está empapado a diario de espíritu apostólico, de celo por las almas. “Santidad en las tareas ordinarias, santidad en las cosas pequeñas, santidad en la labor profesional, en los afanes de cada día...; santidad, para santificar a los demás[15]. Los cimientos firmes del camino del Opus Dei, queridos como tales por Dios, se siguen implantando y extendiendo día a día por todo el mundo sobre el fundamento de la fe (pues “sin la fe, falta el fundamento mismo para la santificación de la vida ordinaria[16]), y de la puesta en práctica –con naturalidad y audacia, con humildad y sin temores– de la libertad del cristiano(“no podríais realizar ese programa de vivir santamente la vida ordinaria, si no gozarais de toda la libertad que os reconocen –a la vez– la Iglesia y vuestra dignidad de hombres y de mujeres creados a imagen de Dios[17]).

Amar el mundo apasionadamente

Una frase que el Fundador del Opus Dei escribió en la homilía del campus y que, llegado el momento de su proclamación litúrgica, pronunció con singular vibración, ha servido para inspirar el título con que la homilía ha pasado a la historia: “Amar al mundo apasionadamente”. La referida frase suena así: “Soy sacerdote secular: sacerdote de Jesucristo, que ama apasionadamente el mundo[18]”. Entre la frase y el título hay un evidente parentesco, pero no es menos evidente que la frase dice más que lo expresado en el título. Hay en ella un plus de significado, cuyo peso teológico otorga también implícitamente al título su auténtico alcance espiritual.

Cuando la homilía salió de la pluma de San Josemaría no tenía propiamente un título, ni tampoco lo tuvo en su primera edición[19], o en sus primeras reproducciones en algunos medios de comunicación en lengua castellana. Sólo al ser traducida y editada en otras lenguas –como al francés y al italiano– recibió, con aprobación de su Autor, un título propio[20]. Fue el italiano (Amare il mondo appassionatamente), directamente deducido de la frase antes mencionada, el asumido en las ediciones y traducciones sucesivas. Bajo ese título, ya definitivo, se incluyó la homilía en el libro Conversaciones.

El amor al mundo del que trata la homilía no es un amor simplemente natural, como el que pudiera brotar en alguien que admirase su armonía y belleza desde una perspectiva ajena al sentido religioso, o incluso –aun sin excluir su referencia a Dios– desde una actitud religiosa genérica. San Josemaría, por el contrario, está hablando en su homilía del amor cristiano al mundo, contemplado por él no sólo como creación de Dios –que es lo propio de una visión creyente– sino sobre todo, yendo más allá, como lugar del encuentro personal con Cristo, como escenario en el que los cristianos están llamados a “vivir santamente la vida ordinaria”. El mundo que el Fundador del Opus Dei ama y enseña a amar es esencialmente amable “porque ha salido de las manos de Dios, porque es criatura suya, porque Yaveh lo miró y vio que era bueno (cfr. Gen 1, 7 y ss.)”[21]. En el amor al mundo de San Josemaría está latiendo la sublime enseñanza del Señor a Nicodemo: “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito” (Jn 3, 16). Ese es el mundo que contempla y ama con amor sacerdotal: el que, amado eternamente por el Creador, ha sido redimido y santificado por Cristo mediante su vida humana, su muerte y su gloriosa resurrección y ascensión al Cielo.

El amor apasionado de San Josemaría al mundo está siempre ardiendo en la llama del amor a Cristo y a su obra de salvación. Es un amor apostólico, un amor redentor y, en ese sentido, un amor también sacerdotal, mediador, sacrificado, partícipe del amor al mundo del Sacerdote Eterno, Cristo Señor nuestro. La referencia personal del cristiano al mundo (su mundo, su quehacer, su cotidiana relación con las personas y las cosas) incluye sustancialmente, en virtud de su sacerdocio común, una dimensión de mediación y suscita, en el alma abierta a la gracia, la intención de conducir a Dios todas las cosas, de encaminarlas a su destino, que es la gloria de Dios. Todas las cosas son vuestras, vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios(1 Cor 3, 22-23). Se trata de un movimiento ascendente que el Espíritu Santo, difundido en nuestros corazones, quiere provocar en el mundo: desde la tierra, hasta la gloria del Señor[22]. Traen esas palabras a la mente aquellas otras en las que habla de la “corriente trinitaria de amor por los hombres, que se perpetúa de manera sublime en la Eucaristía[23]. La corriente de amor de Dios que ha descendido sobre los cristianos y sobre la entera creación, perpetuada en el Sacrificio del altar, pide ser correspondida por el movimiento ascendente del amor a Dios y a todas las cosas creadas –cotidianamente encendido en la Eucaristía– para reconducir la entera creación redimida a su Creador. Es un ideal apasionante, como el amor que el Espíritu Santo induce y sostiene en nosotros.

En todo el inmenso panorama del trabajo

Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día[24]. Aquellos miles de personas que escuchaban atentamente aquel 8 de octubre de 1967 eran como una breve representación de todos los que, desde 1928 y hasta el final de los tiempos, habrán sido confortados con su mensaje de santidad. En el campus dePamplona, ante el Fundador del Opus Dei, se hallaba, en cierto modo, como en apretada síntesis, el inmenso panorama del mundo del trabajo –el mundo de los hombres y las mujeres corrientes, el de su diario existir– en medio del cual había hecho Dios brotar, en su misericordia, esa fuente permanente de luz y de sentido cristiano que es el espíritu del Opus Dei.

Mirad las aves del cielo … Fijaos en los lirios del campo …”, decía Jesús a las gentes que escuchaban su discurso en el monte, haciéndoles meditar sobre la presencia bienhechora de Dios entre nosotros, sobre su providencia paterna[25]. Ha querido también el Señor que, a través de San Josemaría, resuene en el seno de la Iglesia y en la entraña misma del mundo un cierto eco de sus palabras, y no falten personas que al calor del espíritu del Opus Dei sepan poner de relieve el significado cristiano del cotidiano acontecer. “Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir[26]. Ese quid divinum que corresponde descubrir a cada uno, contribuyendo así a que también otros se animen a descubrirlo, es sencillamente “la voluntad de Dios en esos detalles pequeños y grandes de la vida[27], es decir, lo que da valor y significado transcendente a la vida ordinaria es que, en y desde ella, Dios dice lo que espera de cada uno.

Son muchos los aspectos del ambiente secular, en el que os movéis, que se iluminan a partir de estas verdades[28], repite nuevamente San Josemaría con sus palabras de entonces. En realidad, es la propia alma, la inteligencia, la conciencia las que se iluminan en primer lugar a partir de esas verdades, y con ellas también se llena de nueva luz y queda purificada la mirada sobre los acontecimientos y las cosas. El mundo en el que vivimos y actuamos “como ciudadanos en la vida civil[29], cuando es contemplado con ojos cristianos, con mirada de hijo de Dios, deja ver a través de su belleza la Belleza de su Autor, a través de su grandeza la grandeza del Amor Creador.

El mundo que Dios amorosamente ha creado y redimido en Cristo para nosotros sus hijos, este mundo real de lo cotidiano que nos ha sido entregado para que lo santifiquemos y lo pongamos a los pies de su Señor, despierta el amor, solicita el trabajo, apremia el celo apostólico. Convoca, en definitiva, a vivir santamente la vida ordinaria con generosidad y audacia, con sentido apostólico, con intención: “porque una vida santa en medio de la realidad secular (…) ¿no es hoy acaso la manifestación más conmovedora de las magnalia Dei (Eccli 18, 4), de esas portentosas misericordias que Dios ha ejercido siempre, y no deja de ejercer, para salvar al mundo?[30].

A. Aranda.


[1] San Josemaría Escrivá, Amar al mundo apasionadamente, en “Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer”, nn. 113-123, Madrid, Rialp, 1968 (1ª ed.). (Citaremos ese texto en adelante siguiendo la numeración marginal de Conversaciones, distinguiendo los párrafos dentro de cada número con letras minúsculas).

[2] Conversaciones, 113b.

[3] Cfr. Forja, 934.

[4] Conversaciones, 113d.

[5] Carta 24-III-1930, 2

[6] Conversaciones, 113e.

[7] Cfr. Gal 2, 20; 2 Cor 13, 5; Rm8, 10; Col 1, 27; Ef 3, 17; etc.

[8] Cfr. Rm 8, 14.

[9] Conversaciones, 116b.

[10] Mt 5, 14.

[11] Conversaciones, 114e.

[12] Mt 5, 16.

[13] Conversaciones, 123a.

[14] Cfr. Amigos de Dios, 1-22.

[15] Amigos de Dios, 18.

[16] Conversaciones, 117b.

[17] Conversaciones, 123d.

[18] Conversaciones, 118b.

[19] Esa primera edición, impresa en “Ediciones Magisterio Español, S.A” (E.m.e.s.a.), Madrid, vió la luz coincidiendo con la Misa de nuestro Padre en Pamplona. En la portada se lee: “Homilía | pronunciada por el Excmo. y Revmo. Sr. | Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer | Gran Canciller de la Universidad de Navarra | durante la Misa celebrada en el campus de la | Universidad, con ocasión de la Asamblea General de la Asociación de Amigos | 8 de octubre de 1967 | Pamplona | mcmlxvii”. Constaba de 16 páginas.

[20] Los títulos, en ambos casos, se inspiraban en palabras tomadas del mismo texto de la homilía. En francés fue denominada: “Le matérialisme chrétien” (cfr. “La Table Ronde”, nº 239-240, noviembre-diciembre 1967, pp. 231-241; en italiano recibió el nombre de “Amare il mondo apassionatamente” (cfr. “Studi Cattolici”, nº 80, noviembre 1967, pp. 35-40.

[21] Conversaciones, 114a.

[22] Conversaciones, 115c.

[23] Es Cristo que pasa, 85.

[24] Conversaciones, 114b.

[25] Cfr. Mt 6, 26-28.

[26] Conversaciones, 114b.

[27] Conversaciones, 116d.

[28] Conversaciones, 116d.

[29] Conversaciones, 116d.

[30] Conversaciones, 123a.

 

 

 La penitencia

Cristo confió el ministerio de la reconciliación a sus Apóstoles que lo transmitieron a sus colaboradores. Los sacerdotes pueden perdonar los pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Resúmenes de fe cristiana09/12/2016

Opus Dei - Tema 23. La penitencia (2)

El sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador.

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1. Los actos del ministro del sacramento

1.1. Quién es el ministro y cuál es su tarea

«Cristo confió el ministerio de la reconciliación a sus Apóstoles, a los obispos, sucesores de los Apóstoles, y a los presbíteros, colaboradores de los obispos, los cuales se convierten, por tanto, en instrumentos de la misericordia y de la justicia de Dios. Ellos ejercen el poder de perdonar los pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Compendio, 307).

El confesor realiza el ministerio de la reconciliación en virtud del poder sacerdotal recibido con el sacramento del Orden. El ejercicio de este poder está regulado por las leyes de la Iglesia de tal modo que es necesario al sacerdote tener la facultad de ejercerlo sobre determinados fieles o sobre todos.

«Cuando celebra el sacramento de la Penitencia, el sacerdote ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida, el del Buen Samaritano que cura las heridas, del Padre que espera al Hijo pródigo y lo acoge a su vuelta, del justo Juez que no hace acepción de personas y cuyo juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador» ( Catecismo, 1465).

«Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, todo confesor está obligado, sin ninguna excepción y bajo penas muy severas, a mantener el sigilo sacramental, esto es, el absoluto secreto sobre los pecados conocidos en confesión» (Compendio, 309).

1.2. La absolución sacramental

Entre los actos del confesor, algunos son necesarios para que el penitente realice los que le corresponden, en concreto, escuchar su confesión e imponerle la penitencia. Además, con el poder sacerdotal del sacramento del Orden, le da la absolución recitando la fórmula prescrita en el Ritual, «cuya parte esencial son las palabras: “Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo"» [1].

«Así, por medio del sacramento de la penitencia, el Padre acoge al hijo que retorna a él, Cristo toma sobre sus hombros a la oveja perdida y la conduce nuevamente al redil y el Espíritu Santo vuelve a santificar su templo o habita en él con mayor plenitud» [2].

2. Los efectos del sacramento de la Penitencia

«Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano» (Compendio, 310).

San Josemaría Escrivá de Balaguer resume sus efectos de modo vivo: «en este Sacramento maravilloso, el Señor limpia tu alma y te inunda de alegría y de fuerza para no desmayar en tu pelea, y para retornar sin cansancio a Dios, aun cuando todo te parezca oscuro» [3].

«En este sacramento, el pecador, confiándose al juicio misericordioso de Dios, anticipa en cierta manera el juicio al que será sometido al fin de esta vida terrena» (Catecismo, 1470).

3. Necesidad y utilidad de la Penitencia

3.1. Necesidad para el perdón de los pecados graves

«Para los caídos después del bautismo, es este sacramento de la Penitencia tan necesario, como el mismo Bautismo para los aún no regenerados» [4].

«Según el mandamiento de la Iglesia “todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar al menos una vez al año, los pecados graves de que tiene conciencia" (CIC can. 989)» ( Catecismo , 1457).

«“Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no […] comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes" (CIC, can. 916)» (Catecismo, 1457).

3.2. Utilidad de la Confesión frecuente

«Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia. En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu» (Catecismo, 1458).

«El uso frecuente y cuidadoso de este sacramento es también muy útil en relación con los pecados veniales. En efecto, no se trata de una mera repetición ritual ni de un cierto ejercicio psicológico, sino de un constante empeño en perfeccionar la gracia del Bautismo, que hace que de tal forma nos vayamos conformando continuamente a la muerte de Cristo, que llegue a manifestarse también en nosotros la vida de Jesús» [5].

4. La celebración del sacramento de la Penitencia

«La confesión individual e íntegra y la absolución continúan siendo el único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y la Iglesia, a no ser que una imposibilidad física o moral excuse de este modo de confesión» [6].

«El sacerdote acoge al penitente con caridad fraternal […] Después el penitente hace el signo de la cruz, diciendo: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén". El sacerdote puede hacerlo al mismo tiempo. Después el sacerdote le invita con una breve fórmula a la confianza en Dios» [7].

«Entonces el sacerdote, o el mismo penitente, lee, si parece oportuno, un texto de la Sagrada Escritura; esta lectura puede hacerse también en la preparación del sacramento. Por la palabra de Dios el cristiano es iluminado en el conocimiento de sus pecados y es llamado a la conversión y a la confianza en la misericordia de Dios» [8].

«Después el penitente confiesa sus pecados» [9]. El sacerdote le exhorta al arrepentimiento, le ofrece los oportunos consejos para empezar una nueva vida y le impone la penitencia. «Después el penitente manifiesta su contrición y el propósito de una vida nueva por medio de alguna fórmula de oración, con la que implora el perdón de Dios Padre» [10]. Seguidamente el sacerdote le da la absolución.

Una vez recibida la absolución, el penitente puede proclamar la misericordia de Dios y darle gracias con una breve aclamación tomada de la Sagrada Escritura, o bien el sacerdote recita un fórmula de alabanza de Dios y de despedida del penitente.

«El sacramento de la penitencia puede también celebrarse en el marco de una celebración comunitaria, en la que los penitentes se preparan a la confesión y juntos dan gracias por el perdón recibido. Así la confesión personal de los pecados y la absolución individual están insertadas en una liturgia de la Palabra de Dios, con lecturas y homilía, examen de conciencia dirigido en común, petición comunitaria del perdón, rezo del Padrenuestro y acción de gracias en común» (Catecismo, 1482).

«Las normas sobre la sede para la confesión son dadas por las respectivas Conferencias Episcopales, las cuales han de garantizar que esté situada en “lugar patente" y esté “provista de rejillas" de modo que puedan utilizarlas los fieles y los confesores mismos que lo deseen» [11]. «No se deben oír confesiones fuera del confesionario, si no es por justa causa» [12].

5. Las indulgencias

La persona que ha pecado necesita no sólo el perdón de la culpa por haber ofendido a Dios, sino también de las penas que ha merecido por tal desorden. Con el perdón de las culpas graves el pecador obtiene también la liberación de la pena de la separación eterna de Dios, pero normalmente permanece aún como merecedor de penas temporales, es decir, no eternas. También las culpas veniales merecen penas temporales. «Estas penas se imponen por justo y misericordioso juicio de Dios para purificar las almas y defender la santidad del orden moral, y restituir la gloria de Dios en su plena majestad. Pues todo pecado lleva consigo la perturbación del orden universal, que Dios ha dispuesto con inefable sabiduría e infinita caridad, y la destrucción de ingentes bienes tanto en relación con el pecador como de toda la comunidad humana» [13].

«La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos» (Catecismo, 1471).

Los «bienes espirituales de la comunión de los santos, los llamamos también el tesoro de la Iglesia, “que no es suma de bienes, como lo son las riquezas materiales acumuladas en el transcurso de los siglos, sino que es el valor infinito e inagotable que tienen ante Dios las expiaciones y los méritos de Cristo nuestro Señor, ofrecidos para que la humanidad quedara libre del pecado y llegase a la comunión con el Padre. Sólo en Cristo, Redentor nuestro, se encuentran en abundancia las satisfacciones y los méritos de su redención. Pertenece igualmente a este tesoro el precio verdaderamente inmenso, inconmensurable y siempre nuevo que tienen ante Dios las oraciones y las buenas obras de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos que se santificaron por la gracia de Cristo, siguiendo sus pasos, y realizaron una obra agradable al Padre, de manera que, trabajando en su propia salvación, cooperaron igualmente a la salvación de sus hermanos en la unidad del Cuerpo místico [14]» (Catecismo, 1476-1477).

«La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente […] Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias» ( Catecismo, 1471).

«Al fiel que, al menos con corazón contrito, lleva a cabo una obra enriquecida con indulgencia parcial, se le concede por obra de la Iglesia una remisión tal de la pena temporal cual la que ya recibe por su acción» [15].

«Para ganar la indulgencia plenaria se requiere la ejecución de la obra enriquecida con la indulgencia y el cumplimiento de las tres condiciones siguientes: la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Romano Pontífice. Se requiere además, que se excluya todo afecto al pecado, incluso venial. Si falta esta completa disposición, y no se cumplen las condiciones arriba indicadas, […] la indulgencia será solamente parcial» [16].

Antonio Miralles

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


 

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 1422-1484.

Lecturas recomendadas

Ordo Paenitentiae , Praenotanda, 1-30.

Juan Pablo II, Exhortación apostólica Reconciliatio et Pænitentia, 2-XII.1984, 28-34.

Pablo VI, Const. Ap. Indulgentiarum doctrina, 1-I-1967.


[1] Ordo Paenitentiae, Praenotanda, 19.

[2] Ibidem, 6, d.

[3] San Josemaría, Amigos de Dios, 214.

[4] Concilio de Trento, sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la Penitencia, cap. 2 (DS 1672).

[5] Ordo Paenitentiae, Praenotanda, 7, b.

[6] Ibidem, 31.

[7] Ibidem, 16.

[8] Ibidem, 17.

[9] Ibidem, 18.

[10] Ibidem, 19.

[11] Juan Pablo II, Motu proprio Misericordia Dei, 7-IV-2002, 9, b.

[12] CIC, can. 964, § 3.

[13] Pablo VI, Const. Ap. Indulgentiarum doctrina, 1-I-1967, 2.

[14] Ibidem, 5.

[15] Ibidem, Norma 5.

[16] Ibidem, Norma 7.

 

Comentario al Evangelio: La Transfiguración

Evangelio del 2º domingo de Cuaresma (Ciclo C) y comentario al evangelio.

Vida cristiana13/03/2019

Opus Dei - Comentario al Evangelio: La Transfiguración

Evangelio (Lc 9,28b-36)

En aquellos días Jesús se llevó con él a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a un monte para orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro, y su vestido se volvió blanco y muy brillante. En esto, dos hombres comenzaron a hablar con él: eran Moisés y Elías que, aparecidos en forma gloriosa, hablaban de la salida de Jesús que iba a cumplirse en Jerusalén. Pedro y los que estaban con él se encontraban rendidos por el sueño. Y al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban a su lado. Cuando éstos se apartaron de él, le dijo Pedro a Jesús:

—Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías —pero no sabía lo que decía.

Mientras así hablaba, se formó una nube y los cubrió con su sombra. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. Y se oyó una voz desde la nube que decía:

—Éste es mi Hijo, el elegido: escuchadle.

Cuando sonó la voz, se quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.


Comentario

Este segundo domingo de Cuaresma nos presenta una de las páginas más bellas y reveladoras de la Sagrada Escritura: la Transfiguración de Jesús. En un monte alto, el Señor mostró su gloria a los tres discípulos más íntimos con el fin de prepararlos para la inminente Pasión. Se cumplía así el anuncio hecho días antes: “Os aseguro de verdad que hay algunos de los aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean el Reino de Dios” (Lucas 9, 27). Lucas señala con intención que todo sucedió “mientras Jesús oraba”.

Esta “aparición pascual anticipada”, como la llama el Papa Francisco[1], supera las barreras de tiempo y espacio y está cargada de significado teológico. El Apóstol Pedro explicaba a los primeros cristianos: “Nosotros hemos sido testigos oculares de su majestad. En efecto, él fue honrado y glorificado por Dios Padre, cuando la suprema gloria le dirigió esta voz: "Éste es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias". Y esta voz venida del cielo la oímos nosotros estando con él en el monte santo” (2 Pedro 1,16-18).

El monte representa en la Biblia la cercanía con Dios. Allí Moisés y Elías tuvieron coloquios íntimos con el Señor (cfr. Éxodo 24 y 1 Reyes 19). Ambos personajes aparecen ahora gloriosos y hablando con Jesús de su salida (éxodo) en Jerusalén. Representan la Ley y los Profetas, que anuncian el misterio de la Pasión y la Resurrección del Mesías, como explicará Jesús resucitado a los discípulos de Emaús (cfr. Lucas 24,1ss). En el pasaje se revela además “toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa"[2].

No obstante, la enseñanza más importante se condensa en la invitación que hace la voz acerca de Jesús: “Escuchadle”. Moisés anunció que Dios suscitaría un profeta como él, uno al que había que escuchar (cfr. Dt 18,15). La voz presenta pues al nuevo Moisés: al Hijo que nos revela al Padre con autoridad y al que debemos escuchar. Para esto necesitamos seguir el ejemplo del Maestro: subir al monte de la oración, reservar en nuestro horario unos tiempos diarios para dialogar exclusivamente con Dios. En esos ratos de trato personal e íntimo, podremos decirle con palabras de San Josemaría: “Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos. Háblanos; estamos atentos a tu voz. Que tu conversación, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte”[3].

San Josemaría solía relacionar este pasaje con la búsqueda amorosa del Rostro de Jesús y de su Humanidad Santísima: “¡Jesús: verte, hablarte! ¡Permanecer así, contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca, nunca, en esa contemplación! ¡Oh, Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera para quedar herido de amor a Ti!”[4]. Vale la pena insistir a diario en esos ratos de oración, haciendo compañía al Señor, con el mismo afán que expresa el salmista: “Tu rostro buscaré, Señor. ¡No me escondas tu rostro! (Salmo 27,8-9). Nuestra humilde perseverancia se verá recompensada. Moisés terminó con el rostro “radiante por haber hablado con el Señor” (Éxodo 34,29). Y Jesús, que es “Luz de Luz” como confesamos en el Credo, también nos irá transfigurando con su gracia para que nuestro día, el trabajo y el trato con los demás se iluminen por la presencia de Dios en nuestra alma.

La expresión de Pedro “¡Qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas” expresa la alegría del encuentro con Dios. Remite también a las “moradas eternas” que el Mesías restablecería (Lc 16, 9) y que los judíos conmemoraban en la fiesta de las tiendas. Pedro quiere retener el instante de felicidad que le proporciona aquel rato íntimo con Dios. “Pero la oración no es aislarse del mundo y de sus contradicciones” –nos explica Benedicto XVI−. La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que de ahí se derivan, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios»[5]. La prueba clara de que en nuestros ratos de oración estamos escuchando al Hijo como pide la voz del Padre es que su Espíritu nos llena de afán apostólico para llevar a todos la luz de Dios.


[1] Papa Francisco, Ángelus, 25 de febrero de 2018.

[2] Santo Tomás de Aquino, S.th. 3, q. 45, a. 4, ad 2.

[3] Santo Rosario, Apéndice, 4º misterio de Luz.

[4] Ídem.

[5] Benedicto XVI, Ángelus, 24 febrero 2013.

 

 

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA.

     Lc 9,28-b-36.

Pasión camino hacia la resurrección.

Hoy tendemos a visibilizar nuestra vida, nuestras convicciones, nuestras conductas, en la versión de la Transfiguración lucana que nos ayuda a poner el acento en ser transfigurados, ser vidriera a través de la cual pase la luz del amor de Dios. No somos solos nosotros protagonistas de nuestra vida y nuestra historia. Contamos siempre con el Señor.

Para poder aceptar el escándalo de la cruz es necesario pasar por la subida al monte de la contemplación. Subir para bajar. De la transfiguración a la desfiguración del calvario. La subida a la contemplación nos da la certeza de que con su gracia seremos capaces de digerir la cruz como camino hacia la resurrección.

No nos podemos quedar en el lamento estéril de quien se queja continuamente de los planes incomprensibles de Dios. Muchos se pasan la vida preguntado a Dios el porqué, sin recibir respuesta. Hay que preguntar al Señor el para qué y  nos responderá con el tiempo, aunque casi siempre se ha esperar.

 Los que suben al Tabor entraran en el huerto de Getsemaní y se les pedirá permanecer en su Amor. Tienen que experimentarse en el monte alto que son amados de Dios, predilectos de su Corazón y sobre todo llamados a identificarse, como todos nosotros en el misterio de su pasión, muerte y resurrección qué celebramos en la eucaristía, misterio de fe.

La Iglesia siempre ha vivido la cuaresma como un camino hacia la Pascua. Estamos subiendo a Jerusalén con Jesús y sabemos que debemos identificarnos con el mismo amor que llevo a Jesús a la cruz, como expresión de su amor que ama hasta el extremo y que no se echa atrás ante los peligros y dificultades.

+ Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

 

 

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.

También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.

Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

 

Antífona (para todos los días):


¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Rogad por nosotros bienaventurado San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.

 

SÉPTIMO DOMINGO

Oh modelo de toda santidad, glorioso San José,
que, habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús,
le buscasteis durante tres días con profundo dolor, hasta
que lleno de gozo le encontrasteis en el Templo, en
medio de los doctores.
Por este dolor y gozo os suplicamos, con palabras
salidas del corazón, intercedáis en nuestro favor, para
que no nos suceda jamás perder a Jesús por algún
pecado grave. Mas si por desgracia le perdiéramos,
haced que le busquemos con tal dolor, que no nos
deje reposar hasta encontrarle favorable, sobretodo en
nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar
eternamente con Vos sus divinas misericordias.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

FINAL (para todos los días): 

 

Acordaos Oh purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío
San José, que jamás se oyó decir que haya dejado
de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a
vuestra protección e implorado vuestro auxilio. Con esta
confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo
a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor.
No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas
piadosamente. Amén.

Oración: Oh Dios, que por providencia inefable
os dignasteis escoger al bienaventurado José para
esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos
concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra
como a nuestro protector, merezcamos tenerle por
intercesor en los cielos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.

Es conveniente hacerlo confesando y comulgando.

 

 

Ángeles o demonios

Daniel Tirapu

La Virgen de la Cinta de Tortosa.

photo_camera La Virgen de la Cinta de Tortosa.

Se han puesto de moda las historias de vampiros buenos y malos, y de lobos. En el mundo se da una lucha feroz entre el bien y el mal. El mal es ausencia de bien, pero existe el maligno que trata continuamente de arrastrarnos y sospechar de Dios.

Qué fácil ir cuesta abajo. Dicen que los cristianos tenemos una vela encendida a Dios y otra al diablo. D. Máximo, amigo cura, me dice que incluso la vela al diablo se enciende sola.

Os propongo, me propongo apagar la del mal, decididamente. Habrá debilidades, caídas, errores, para eso está la confesión. Pero hay que elegir el bando en serio. Ahora que todo es  de fútbol, sería impensable que tuvieses que vigilar a tus propios defensas para que no te metan un gol, queriendo.

 No están los tiempos para mediocridades, tibiezas, estrategias ladinas. Quiero recoger contigo Jesús y estar en tu bando. Que la Virgen Madre de Dios y nuestra nos ayude.

 

 

Un sacerdote de a pie

Ernesto Juliá

Misa católica en China.

photo_camera Misa católica en China.

La iglesia de un suburbio de una gran ciudad europea -prefiero no indicar la ciudad, también porque no es el único caso de situaciones semejantes- está enclavada en una zona que, hoy, acoge a una mayoría considerable de musulmanes.

Durante varios años, sus cinco puertas han permanecida cerradas, excepto una que se abría los domingos para que no más de 50 personas pudieran vivir la Santa Misa. Terminada la celebración, la puerta se volvía a cerrar hasta la semana siguiente. La “pastoral” –de “organizar líos”, de “comunidad horizontal”, “de escuchar, y que ellos “disciernan” lo que quieran”, etc., etc.,- llevada a cabo por los últimos sacerdotes que se habían hecho cargo de la iglesia había acabado en esa situación, con casi todos los fieles “en fuga”.

Ante la perspectiva de abandonar el lugar, vender el templo o intentar volver a sembrar la palabra de Dios en ese rincón de la ciudad, el arzobispo se decidió por la última solución, y encargo a un sacerdote ordenado a los 30 años, después de convertirse de una juventud alejada de la iglesia, de Dios.

El sacerdote se presentó en la zona, en la iglesia, desde el primer día de su llegada vestido claramente de sacerdote. No cabía la menor duda. Y además lo decía con toda claridad, alegando que todo el mundo tenía el derecho de ver a un sacerdote fuera del templo.

Los primeros domingos, todo siguió igual. A un par de matrimonios jóvenes fieles asistentes a la Misa dominical con sus hijos pequeños, el sacerdote les pidió ayuda para adecentar el templo, que se encontraba muy abandonado. Poco podían hacer, pero algo se consiguió. Manteles del altar limpios; pavimento menos sucio; ornamentos sacerdotales mejor planchados; etc.

Un ya maduro organista que había abandonado la práctica religiosa, al ver a un cura vestido de cura se animó de nuevo a entrar en el tempo. Le bastó ver que la luz del Sagrario estaba encendida, que en ese momento, cinco personas estaban adorando al Santísimo Sacramento expuesto en el altar, y que el cura estaba arrodillado adorando también, para emocionarse un poco, y dirigirse al órgano. Lo liberó de la tela que lo cubría y del polvo acumulado, y comenzó a teclear las notas del “Adoro te devote”. El sacerdote volvió la cabeza, y sonrió.

El sacerdote estaba a disposición de todo el que se le acercase. Después de un par de meses, ya comenzó a confesar a fieles que habían abandonado el sacramento de la Reconciliación desde hacía varios años. El tempo era amplio, y pronto empezó a estar más concurrido. Doscientas y hasta trescientas personas, participaban ya en las dos Misas dominicales, y unas veinte aparecían los demás días de la semana para vivir la Misa, que había vuelto a celebrarse a diario.

Homilías breves, serias, concretas, que hablaban de Dios, de Cristo, de los Sacramentos, de la Eucaristía, del Matrimonio y de las familias; y en las Misas de funeral, de la vida eterna, del cielo y del infierno, etc., del pecado y del arrepentimiento para recibir la misericordia de Dios; comenzaron a llenar el corazón de los fieles: Dios seguía ahí; y el sacerdote trataba de reflejar el amor que Dios les tenía en Cristo Nuestro Señor.

En poco más de año y medio; la iglesia abrió las cinco puertas, y las mantuvo abiertas todos los días, de 8 de la mañana a 8 de la noche. Y el sacerdote siempre estaba allí, unas veces con sotana, otras con clergyman; siempre reconocible. Unas veces rezando en solitario en un rincón del templo; otras veces atendiendo a los fieles en el despacho; a horas fijas,  sentado en el confesonario –encontró el mueble arrumbado en un rincón- para atender a los fieles que  empezaron a guardar fila.

Las Misas de los domingos, una por la mañana y otra por la tarde, se ven ahora vividas por cerca de mil personas. El libro de bautizos y matrimonios se han vuelto a abrir, después de haber estado cerrados desde años atrás. Y lo que no ha faltado nunca en el tempo han sido velas encendidas ante la imagen de la Virgen del Carmen, que el sacerdote volvió a colocar en su sitio el mismo día de su llegad

¿Se emociona Santa María al ver que los feligreses se arrodillan  ante el Sagrario donde les espera su Hijo?

 

 

Desarrolla el talento en tu equipo: coaching ejecutivo

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/03/coaching-directivo-2019-300x83.jpg

En la empresa actual, el superior jerárquico, o jefe en la terminología tradicional, debe ser el verdadero líder que conoce y desarrolla el potencial de su gente. El coaching es una competencia de liderazgo más desarrollada en algunos directivos que lo han vivido en experiencias previas; otros, tendrán que desarrollarla. La palabra coach no se utilizaba hasta hace pocos años, pero sí venía aplicándose por los verdaderos líderes. Como expliqué en este post anterior, se trata de un cambio de paradigma: pasar de la mano dura (ordeno y mando) a la confianza (coaching).

Ser buen líder implica desarrollar al máximo el potencial de los otros. La función del directivo es educar, y para ello son imprescindibles la empatía y lacapacidad de escucha. El coaching directivo es hoy fundamental para competir en la economía global, dado que las empresas necesitan atraer, desarrollar y fidelizar todo el talento a su disposición.

Para cubrir esta necesidad, desde hace varios años venimos impartiendo en IESE el programa enfocado Desarrolla el talento en tu equipo: Coaching directivo (podéis ver toda la información del programa de 5 días pulsando en el título) que explica el marco teórico con la aplicación de metodologías prácticas como casos, conferencias, role-plays y coaching presencial y virtual, y capacita a los directivos para desarrollar la competencia de coaching y desplegarla en sus organizaciones, obteniendo un impacto multiplicador. El objetivo es doble: desarrollar esa competencia de liderazgo en el directivo e implantar un sistema efectivo de coaching en la organización, que permita impulsar una cultura de superación, unión y compromiso.

En este superexitoso programa me acompañan mis colegas de claustro Esther Jiménez y Guido Stein, así como María López-Herranz, coach del IESE.

Este año el programa tendrá lugar en Madrid, los días 7, 8 y 9 de mayo, 5 y 6 de junio de 2019.

En este breve vídeo de 3 minutos podéis saber más de este programa y del coaching directivo como proceso de acompañamiento, donde el jefe es también entrenador en competencias:

Imagen de previsualización de YouTube

En este otro vídeo podéis escuchar a participantes del programa y el impacto que tuvo en ellos:

 

 

Imagen de previsualización de YouTube

En este webinar introduje el tema y algunos conceptos a diferenciar (coaching, mentoring, terapia…).  Os dejo aquí el link para que podáis verlo (contraseña coaching):

<a href="http://www.vimeo.com/116966667">http://www.vimeo.com/116966667</a>

Podéis leer más sobre el coaching directivo en esta entrevista que me hicieron en Cinco Días. ¡Os esperamos!

 

 

"Calladita te ves más bonita"

Angélica Benítez

El 8 de marzo sólo fue un impulso a las revueltas de las personas en contra y a favor del aborto.

 

8 de marzo marchas

Alguna vez escuché a un hombre expresarse en contra de la legalización del aborto, siendo posteriormente invitado a callarse por una feminista que le dijo: “Eres hombre, no te puedes embarazar, no puedes opinar”. Esto fue aplaudido por muchas, que insistían en que el aborto es un tema que sólo compete a las mujeres. Incluso he escuchado a hombres utilizar la misma frase, excusándose para no meterse en el asunto.

Este argumento me pareció de lo más superficial: ¿acaso un médico no puede opinar sobre una enfermedad o tratamiento porque no está enfermo? Desde luego que no tiene sentido, las leyes deben ser defendidas o derogadas con base en argumentos y conocimientos para el bienestar social, no solo por presiones de un grupo.

Un amigo (varón) publicó el pasado 8 de marzo en sus redes sociales: “Doble moral es felicitar a las mujeres en su día y, al mismo tiempo, criminalizar su derecho a decidir sobre su cuerpo. #AbortoLegalYa”.

Me quedé pensando muchas cosas después de leerlo, pues seguramente para él yo entro en esa terrible “doble moral”, al defender el derecho a la vida y, a la vez, publicar que el día de la mujer es una gran oportunidad para pensar en nuestros derechos, obligaciones y en nuestro papel en la sociedad. Y felicitarlas también, ya que estamos en eso.

Traigo esto a colación porque se invirtieron los papeles. La mujer soy yo. La que puede embarazarse soy yo. Y en esta ocasión, la provida soy yo. Sin embargo, numerosas veces me han “invitado a callarme” por no pensar como las feministas. Entonces todo esto nunca se ha tratado de darle voz a las mujeres, sino de darle voz a un movimiento político que se llama feminismo. Seas hombre o mujer, lo que en realidad importa es que pienses como ellos, de lo contrario te invitan a guardar silencio.

El 8 de marzo inició como una conmemoración a los derechos laborales de las mujeres. Yo quiero luchar porque las mujeres ganemos lo mismo que los hombres haciendo el mismo trabajo. Yo quiero alzar la voz para que todas las niñas tengan derecho a estudiar y vivan libres de todo tipo de violencia. Pero como no comparto los ideales del pañuelo verde, no soy tan bienvenida. El 8 de marzo las feministas me invitan a quedarme calladita, ¿no es justo eso lo que dicen que atacan? ¿o es sólo cuando les conviene?

 

La necesidad de tener un Plan de Vida Familiar

ESCUELA PARA PADRES

La necesidad de tener un Plan de Vida Familiar

  • Los 10 objetivos personales que me gustaría ver cumplidos en la vejez
  • Los 10 desgloses de un Plan de Vida Familiar
  • Los 10 conocimientos imprescindibles para elaborar el Plan de Vida Familiar
  • Las 10 recomendaciones para hacer un Plan de Vida Familiar que tenga éxito
  • Las Normas ISO 9000 de la familia y el consiguiente control y mejora de su calidad

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Un Plan de Vida Familiar es la intención reflejada en un modelo o proyecto, elaborado anticipadamente y plasmado por escrito. Tiene que estar bien pensado y estudiado, para poder llevar a cabo una vida ordenada, dirigida y encauzada hacia un fin determinado. También debe ser realista, coherente, conciso, claro y centrado. Debe tener bien definidos los tiempos, objetivos, medios a emplear, forma de analizar los resultados parciales y totales, los rumbos que va tomando y la forma de hacer las correcciones necesarias. Es visualizar el futuro y poner los medios necesarios, para alcanzar los objetivos propuestos.

El Plan de Vida Familiar debe abarcar los aspectos familiares, sociales, profesionales, intelectuales, religiosos, físicos, económicos, etc., y los elementos fundamentales de las virtudes y valores humanos, que deben presidir la vida familiar, tales como: Ahorro, austeridad, ayuda, bien común, coherencia, colaboración, comunicación, cooperación, compromiso, confianza, control, dialogo, disciplina, educación, ejemplo, esfuerzo, fidelidad, generosidad, honradez, justicia, lealtad, orden, organización, puntualidad, responsabilidad, sinceridad, verdad, etc.

El Plan de Vida Familiar debe ser realizable, dinámico, revisable, medible y adaptable, según las circunstancias de cada momento, pero sin perder nunca su esencia, ni el norte. Tienen que estar claramente definidos los objetivos, la forma de controlarlos, de medirlos y de analizarlos, para poder cumplirlos. Tiene que tener metas reales, no metas idealizadas, aunque haya que irlas ajustando, en función de las circunstancias, pero sin perder los objetivos propuestos. En algunos casos, hay que practicar la fórmula de, “acierto y error” y volver a empezar.

El Plan de Vida Familiar produce muy buenos resultados, si se practica con el sistema denominado “Plan 125”. Es decir hacer un Plan de Vida Familiar, con lo que se espera hacer y obtener a 1, 2 y 5 años vista, ya que permite encontrar los caminos a seguir, para asegurarse dónde se quiere estar, en los próximos 1, 2 y 5 años, e ir comprobando parcialmente, los resultados que se habían proyectado. Adecuándolo anualmente cada 1, 2 y 5 años con las modificaciones necesarias y en su  caso, modificando las metas u objetivos previstos, las acciones realizadas y los medios de control empleados.

Este mismo Plan de Vida Familiar 125, debe hacerse también anualmente en sentido inverso, es decir, analizando dónde se estaba y qué es lo que se hacía u omitía hace 1, 2 y 5 años, y como se está ahora. Para darse cuenta, de la evolución o retraso experimentado y de los errores o aciertos realizados. Examinándolo con detalle, se pueden tomar las precauciones necesarias para el futuro.

El Plan de Vida Familiar debe ser diseñado por los cónyuges, y si es necesario con la ayuda de profesionales de cada materia, para intentar obtener, un futuro deseable, que se pueda considerar óptimo y viable, para toda la familia. A ser posible, debe prepararse cuanto antes, mucho mejor empezar a esbozarlo y concretarlo de recién casados o durante el noviazgo, pues es cuando se comienza de cero y así, se podrán formar las bases para el futuro. Cuanto más tarde se haga, más difícil será de cumplir, además que se producirán más errores y mucho más grandes. Algunos errores podrían haberse evitados y los que no se pudieran evitar, costarán mucho más, sufrirlos o corregirlos.

El Plan de Vida Familiar debe hacerse siempre, incluso cuando ya se lleven muchos años de matrimonio, con la llegada de los hijos o cuando estos entran en la pubertad o adolescencia. Cualquier hito que ocurra en la familia, es un buen motivo para reconsiderar algunas de las cosas, que no estén funcionando bien, y que podrían o deberían mejorarse. Es muy conveniente que los hijos, también participen en todo o en algunas partes de la preparación, seguimiento y adaptación del Plan de Vida Familiar.

Todos los Planes de Vida Familiar son diferentes, aunque haya unas normas generales, que ayuden a crearlos y a cumplirlos. Son como mapas y brújulas, para guiarnos en el desarrollo de la vida, en función de la personalidad y circunstancias familiares, tanto en los buenos momentos, como en los malos, en el presente y para el futuro.

Nadie discute, que todas las empresas tienen o deben tener, un  Plan de Negocios, donde abarquen los principales conceptos de su desarrollo. Si se hace en las empresas, cuanto más no debería hacerse en la familia, que es lo más importante que tenemos. En la empresa pudiera ser discutible, si se hace bajo el modelo de 125 o si se emplean otros modelos adecuados a determinados proyectos, negocios, productos, países, etc. Pero un Plan siempre tiene que haber, para que la empresa sepa a dónde va y pueda tener éxito.

¿Cómo es mi vejez y cómo me gustaría que fuera? Para que sea una vejez, como la que mentalmente se ha deseado, hay que empezar, cuanto antes mejor, a hacer un Plan de Vida Familiar. Visualizándose en el futuro a medio y largo plazo, dentro de los objetivos fijados, sobre lo que me gustaría que ocurriera, cuando llegue a la vejez y que haya detallado, lo que se debe hacer para alcanzarlos.

Los 10 objetivos personales que me gustaría ver cumplidos en la vejez: Si no se hace desde muy pronto, un buen Plan de Vida Familiar, es muy posible que no se puedan alcanzar estos objetivos.

1.      Una familia que me quieran y que les quiera, con la que pueda compartir las experiencias dulces y amargas de cada día. Y que siempre me traten con cariño, respeto y satisfacción.

2.      Unas amistades que me respeten y que las respete, con las que pueda compartir y disfrutar los ratos de ocio.

3.      Una situación económica, relacionada con la planificación realizada de ahorros y pensión, donde prime el dicho: Quiero poco, y lo poco que quiero, lo quiero poco.

4.      Una buena salud, compatible con la edad, sin pretender evitar los achaques y las limitaciones, propias de los años. Atendida con una asistencia médica, asequible e integral.

5.      Una posibilidad de disfrutar de la vida, con cosas sencillas, como: La lectura, la música, los paseos, los conciertos, la belleza, el arte, etc.

6.      Una buena relación religiosa, que me llene espiritualmente y que trascienda.

7.      Una capacidad intelectual con sabiduría, sensatez, experiencia, gusto, etc. al nivel de las personas que me rodean.

8.      Un carácter alegre y contagioso, para hacer felices a los demás.

9.      Una vivienda cómoda, que sirva también como centro de reunión, para familiares y amigos, en una ciudad segura, limpia y con buen sistema médico.

10.   Un legado para dejar que trascienda a las siguientes generaciones, soportado con un buen comportamiento personal, familiar y social. Unas memorias escritas, con  las experiencias personales, dejada a las siguientes generaciones, etc.

Para conseguir que cuando se llega a la vejez, se cumplan estos 10 objetivos personales, hay que tenerlos en mente, al hacer desde muy pronto, el Plan de Vida Familiar y en todas las modificaciones, que a lo largo de los años se vayan realizando. Si este Plan no se pone al frente, de todas las decisiones, podremos equivocarnos y carecer en la vejez, de esas cosas tan importantes.

El Plan de Vida Familiar, con sus aciertos y errores medidos, objetivos cumplidos y pendientes, produce una gran seguridad, respeto y conocimiento personal, sobre la realidad de las cosas y situaciones, lo que permitirá saber, qué hacer y no hacer, y cómo, dónde y cuándo hacerlo o no hacerlo.

Los 10 desgloses de un Plan de Vida Familiar:

1.      El trabajo, la familia, la formación y el descanso. Cuánto tiempo se dedica al  trabajo, cuánto a la familia, cuánto a la formación, cuánto al descanso y cuánto se debería dedicar a cada concepto.

2.      La economía familiar. Planificar bien los ingresos, gastos, ahorros, inversiones, testamento de últimas voluntades, etc.

3.      La educación y desarrollo de los hijos. Teniendo en cuenta sus diferentes edades, conocimientos y aptitudes de cada uno de ellos, siempre en función de sus posibilidades, presentes y futuras.

4.      La formación continua. Cuánto tiempo, costos y energía hay que estar dispuestos a gastar, para estar al día y así, disminuir los riesgos de fracaso profesional y aumentar las posibilidades de éxito.

5.      La formación y práctica religiosa. Haciendo un programa completo, con un buen método, para reformar y mantener la vida y lograr ser una nueva persona. No es fácil, pues requiere de una buena técnica y de unas bien pensadas herramientas, que solamente las pueden facilitar los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que se practique.

6.      La profesión. Dónde estoy en el trabajo y hasta dónde quiero y puedo llegar, teniendo en cuenta, mis conocimientos, las posibilidades de mejorarlos y el entorno.

7.      La salud. Presente y futura realizando los ejercicios, dietas, dominio de la voluntad, exámenes médicos periódicos, etc. que hayan recomendado. El testamento vital.

8.      La vida social. Cuánto tiempo dedico o debo dedicar, a las relaciones sociales y cuánto a la familia.

9.      Los estudios. Hasta dónde he llegado y hasta dónde debería llegar, si quiero mejorar en beneficio de la familia, del trabajo y de la sociedad.

10.   Los otros conceptos familiares. Están desarrollados en el cuerpo del artículo.

El Plan de Vida Familiar completo, debe estar ensamblado con los planes parciales y personales, que se suelen hacer. Es muy bueno planificar los estudios, las finanzas, las inversiones, etc. pero planificar lo que debe ser la familia completa, debería ser el objetivo principal de los padres, alrededor del cual, tiene que girar todo el quehacer familiar. Aquí deben estar presentes siempre los conceptos: Qué, cuándo, cómo, dónde, para qué, por qué, etc. Para hacerlo, hay que valerse de, por, con y desde todos los  medios, para que quede lo mejor posible.

El mejor método para cumplir los objetivos, previstos en el Plan de Vida familiar, es la unión incondicional entre todos sus miembros, pues la sinergia que producen, les permitirá más fácilmente cumplir el rumbo, la misión, la visión y las funciones, metas y valores establecidos.

            El plan de vida familiar es como viajar por la vida con mapa y brújula, o actualmente con un GPS. Ayuda a corregir los errores y en su caso, a desandar el camino realizado, pues conlleva unas claras y concretas reglas de juego, por lo que los padres e hijos, saben de antemano cómo comportarse.

El Plan de Vida Familiar, intelectualmente, es un ejercicio muy estimulante, pues al hacerlo, como proyecto en común, cada uno de los cónyuges pone lo mejor de sí, a disposición del otro, llegando a negociaciones, acuerdos y compromisos donde los dos estén ha gusto y unidos, en los buenos y en los malos momentos que seguramente les tocará vivir.

Aunque ya existan las ideas del Plan de Vida Familiar, rondando en las cabezas de los cónyuges, incluso se vaya llevando a cabo, poco a poco en la práctica diaria, conviene hacerlo por escrito, sin premuras, con calma, consensuado y con buena disposición, para anualmente examinarlo, corregirlo y renovarlo, si hubiera diferencias importantes.

Los 10 conocimientos imprescindibles para elaborar el Plan de Vida Familiar:

1.      Conocimiento de la relación matrimonial y su análisis general, teniendo en cuenta las debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas.

2.      Conocimiento de lo que cada uno tiene que hacer, particular y conjuntamente, para conseguir elaborar y cumplir el Plan de Vida Familiar.

3.      Conocimiento de lo que hay que negociar, si no se está de acuerdo totalmente. Por ejemplo: Las prioridades, particularidades, proyectos, objetivos, etc. de cada uno, para finalmente construir un Plan de Vida Familiar, basado en el mutuo acuerdo.

4.      Conocimiento de lo que hay que proteger, evitar y eliminar en la familia, para su crecimiento moral, social e intelectual.

5.      Conocimiento de los medios y tiempos necesarios, para conseguir llegar, controlar y modificar los objetivos propuestos.

6.      Conocimiento de que en una familia, uno más uno, suman mucho más que dos, al aprovechar la sinergia de ambos.

7.      Conocimiento de que se debe intentar hacer un Plan de Vida Familiar, que sea un  ganar/ganar para todos, sin dejar a nadie en desventaja, sin expectativas o marginado.

8.      Conocimiento del entorno social donde se vive, para aceptarlo o rechazarlo parcial o totalmente, asumiendo las consecuencias negativas y positivas.

9.      Conocimiento propio y del cónyuge, los gustos, deseos, miedos, habilidades, debilidades, capacidades, limitaciones, posibilidades, virtudes, defectos, etc.

10.   Conocimientos profundo de los hijos, si los hubiera, teniendo en cuenta sus capacidades físicas y mentales, para determinar las virtudes y valores que hay que transmitirles. El estilo de autoridad que se va a ejercer, la forma de llegar a acuerdos familiares, cómo trasmitirles las normas de convivencia y la forma de cumplirlas, etc.

Hacer un Plan de Vida familiar, es el camino para poder sacar tiempo, para todo, aunque hay muchos que dicen, que no tienen tiempo para nada, a pesar de que tengan como todos, 24 horas diarias. Unos las aprovechan y otros las desperdician. Nadie, por mucho que se agobie, puede añadir una hora a su vida. Cuando se tiene un por qué para vivir, se acaba encontrando el cómo. Nunca ha habido tantas personas, sin tiempo para nada, incluyendo a los jubilados, los desempleados y hasta los que están de vacaciones, que no tienen tiempo ni para descansar, debido a su falta de planificación. Para lo único que no hay tiempo, es para volver al tiempo pasado, ni para recuperar el tiempo perdido.

Dentro del Plan de Vida Familiar, tiene que haber un plan específico de horarios para todos, negociado con una disciplina voluntaria, principalmente en las personas mayores, pues en los jóvenes suele haber, una disciplina impuesta inmisericordemente por los padres, los estudios, los trabajos, etc. Es imposible llevar a cabo un Plan de Vida Familiar e intentar conseguir los objetivos previstos, si no se tiene disciplina en los horarios, ya que éstos suelen ser los ejes, sobre los que se sostienen la vida familiar.

El problema surge y es de muy mala solución, cuando las personas mayores, ya no tienen o creen que no tienen, la fuerza de voluntad, para cumplir los horarios, ni nadie que les obligue a hacerlo. Pero siempre se están quejando, de que el tiempo no les llega para nada, cuando en realidad no hacen nada. Casi siempre es por alguna o varias de estas causas: Su propio desorden, su inseguridad mental, su pereza, su apatía, su desprecio a realizar lo que han proyectado o porque están enfermos y no lo quieren admitir.

El Plan de Vida Familia, si se lleva con orden, ayuda a multiplicar el tiempo. Nunca es monótono, si se valoran los objetivos y se pone interés en ellos. Es como una batalla llevada diariamente, pero analizando los resultados periódicamente. Hacerlo y mantenerlo, es una grave obligación y responsabilidad ante la familia. No hace falta ser un héroe para llevarlo, es suficiente hacer lo que se debe hacer, y estar en lo que se debe estar, procurando no dispersarse de los objetivos propuestos, ni con las cosas que lo interfieran o distraigan.

Los objetivos del Plan de Vida Familiar no tienen por qué hacerse, para obtener inmediatamente, altas y perfectas metas, ni resultados exactos. Para no frustrarnos, es muy conveniente irlos planteando poco a poco, con calma, pero con firmeza, sin prisa, pero sin pausa, siempre con pasos intermedios asequibles y coherentes, y con un espíritu de visión, adaptación y perseverancia, para no gastar las energías innecesariamente.

Siempre hay que planear bien las metas y los caminos, que nos llevarán a ellas, así como prever los problemas y circunstancias, que pudieran salir a impedir que podamos cumplir con nuestros objetivos, para no tener que vivir a la deriva, no desmotivarse, ni sentirse fracasado. “Ningún viento es bueno para los navegantes, si no saben a dónde van”. Hay que visualizar lo que se desea, cómo se quiere o puede conseguir, y hacia donde se quiere ir.

Las 10 recomendaciones para hacer un Plan de Vida Familiar que tenga éxito:

1.      Analizar bien los recursos y características personales y familiares, para sacarles el máximo provecho posible, trabajando con lo que se tiene y no pasarse el día suspirando, por lo que no se tiene y gustaría tener.

2.      Conocerse, aceptarse y superarse, que junto a la práctica de las virtudes y valores humanos, son las claves para que el Plan de Vida Familiar tenga éxito.

3.      Enfocarse en lo que se va haciendo y lo queda por hacer, evitando que los objetivos no conseguidos, sirvan de escusa o desaliento.

4.      Hacer un compromiso formal con uno mismo, la familia y con todos los que estén involucrados. Como el compromiso tiene que estar escrito, es un buen recordatorio para todos en cualquier momento. Aunque sea fácil plasmarlo, requiere una técnica, unas herramientas y mucha constancia.

5.      Hacer un inventario real, de los diferentes recursos que se necesitan, para hacer el Plan de Vida Familiar, analizando los que se van gastando y los que se van añadiendo.

6.      Revisar periódicamente los resultados del Plan de Vida Familiar, para hacer los cambios que sean necesarios y cuando sean necesarios.

7.      Ser realista poniendo objetivos concretos y tangibles, para no sentirse frustrado si no se consiguen.

8.      Tener una flexibilidad calculada, con los objetivos y sus fechas parciales y totales, de forma que no sean estresantes.

9.      Tener una visión general pero sin dispersiones, para poder abarcar todos los objetivos propuestos, aplicando en cada uno, las energías que se deban o puedan.

10.   Tomar las decisiones personales y familiares, de acuerdo con el Plan de Vida Familiar establecido, sin agobios ni angustias. Lo que no se pueda hacer hoy, se hará mañana, si hay firme voluntad de conseguir los objetivos.

Si queremos ser diferentes y tener una familia diferente, no podemos ser indiferentes, a las ventajas que tiene el hacer y seguir un Plan de Vida Familiar.

Las Normas ISO 9000 de la familia y el consiguiente control y mejora de su calidad.

Estoy recopilando información para escribir un artículo o varios, sobre este tema. Me gustaría escribir una especie de “manual” que sea el compendio, de lo que tiene que hacer una familia, en el día a día, para sus relaciones matrimoniales, hijos, familiares, etc. Muchas familias quieren comportarse lo mejor posible, y piden un manual que esté ordenado por conceptos, objetivos y soluciones concretas y medibles, sobre asuntos reales de la vida diaria, para que les sirva de guía, en la búsqueda de su perfeccionamiento. Debería ser una aplicación práctica e integral de la ESCUELA PARA PADRES.

Comprendo que alguien pensará que es una deformación profesional, la de querer convertir a la familia, en una medición con las Normas ISO 9000, pero hay muchos padres, que quieren siempre lo mejor para sus familias. Si la idea les parece descabellada, no se preocupen. La mayoría de las cosas buenas que hoy disfrutamos, empezaron siendo ideas descabelladas, que poco a poco fueron tomando forma.

Todas las empresas, productos y servicios importantes, están normalizados y estandarizados. Se puede comprobar a través de los diferentes sellos o logotipos, que lo acreditan y les acreditan. ¿Por qué no puede tenerlo también la familia?

a)     ¿Cómo se puede crear un control de calidad de la familia?

b)     ¿Por qué no hacerlo, aunque sea privadamente, sobre las actuaciones de la familia?

c)     ¿Cómo saben las familias, que están haciendo bien algunas cosas, pero que hay otras, que deberían también hacerlas?

d)     ¿Tienen que estar inventando y corrigiendo sus actuaciones las familias, cuando ya está todo inventado y ensayado, en los diferentes tipos de familias?

e)     ¿Tiene que esperar a los resultados finales, para saber si acertaron o se equivocaron, con las decisiones que tomaron hace tiempo?

Si me pueden ayudar con sus ideas, escríbame, se lo agradeceré.

Si tiene algún comentario general, por favor escriba a francisco@micumbre.com

 

 

Una súplica a las élites de hoy

El bien común requiere sacrificio

 

Don Miguel de Mañara es un ejemplo, entre muchos, de iniciativas de nobles en favor de la sociedad

Don Miguel de Mañara Vicentelon de Leca, fundador del Hospital de la Caridad de Sevilla, se hizo conocido como personaje entrañable y caritativo para las gentes más sencillas

No hay duda de que las élites derivadas directamente del orden natural —surgidas orgánicamente de la propia vida de una nación o un grupo social— tienen una tarea a cumplir a favor del bien común.

Su propia existencia les impone estar dispuestas a sacrificarse en toda la medida en que esta tarea se lo demande, y a esmerarse en ella tanto cuanto lo requiera su perfecto cumplimiento.

Pues sería absurdo imaginar que Dios creó el orden natural tan sólo para beneficiar a personas que buscan el placer y se apropian, para su exclusivo beneficio, de bienes cuya privación crea infelicidad y pobreza para muchos.

La élites son como el fermento en la masa

De otro lado, si el progreso y la “evolución” son procesos ascensionales, ellos sólo pueden ocurrir mediante los sacrificios de bienes del alma o del cuerpo que tal ascensión demande. Mover a los hombres en un rumbo ascensional requiere un esfuerzo penoso, al que gran parte —en verdad, la mayor parte— de la humanidad es más o menos refractaria.

Este amplio esfuerzo ascensional debe ser realizado a nivel nacional, regional, e incluso entre familias e individuos, por personas o pequeños grupos especialmente dotados por la naturaleza y por la gracia, los cuales buscan perfeccionarse tan intensamente a sí mismos y a su ambiente, que se convierten en las fuerzas conductoras del mejoramiento individual y del progreso colectivo.

En una palabra, ellos son el fermento, los otros son la masa.

El fermento no es enemigo de la masa

Imaginar que el fermento es enemigo de la masa porque se distingue de ella, porque sube más rápidamente, porque levanta todo aquello sobre lo cual actúa, en suma, porque él es la fuerza conductora y el estímulo; imaginar que la masa sufre viéndose a sí misma elevada y aumentada de esa manera, es combatir el progreso, vaciar la evolución, paralizar la vida e imponer a todo el cuerpo social los tormentos del tedio, la ociosidad y la inutilidad.

Sal de la tierra

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El cura de aldea

Estas reflexiones son apoyadas por las enseñanzas del Divino Maestro, quien, al explicar a sus discípulos su misión predominantemente eclesiástica, dijo:

“Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestra buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo” (Mat. 5:13-16).

Una grave responsabilidad

A su modo, las clases dirigentes son también “sal de la tierra”: siendo la cabeza de la sociedad, les cabe la grave responsabilidad de ser los modelos, ejemplos y guías de esta.

El orden social se sustenta necesariamente en el orden moral: sin orden moral, desaparece el orden social. Y donde las élites dejan de dar el ejemplo moral, la sociedad decae inexorablemente.

Pero además, como afirma el prof. Plinio Corrêa de Oliveira en su magistral ensayo Revolución y Contra-Revolución (Parte II, Cap. XI, 1):

“Una autoridad social que se degrada también es comparable a la sal que no sala. Sólo sirve para ser arrojada a la calle, para que sobre ella pisen los transeúntes (Cfr. Mt.. 5, 13). Así lo harán, en la mayoría de los casos, las multitudes llenas de desprecio”.

Por eso puede decirse que, hoy más que nunca, el mundo necesita de verdaderas élites, profundamente compenetradas de su misión.

Fuente: Nobility

 

Edúcalos para que brillen con luz propia

Silvia del Valle Márquez

5 tips que te ayudarán a educar a tu hijo para que desarrolle sus mejores habilidades y las aplique al servicio de la comunidad.

Luz propia en nuestros hijos

 

Es muy común que cuando vemos brillar a las personas sintamos celos y lo primero que se nos viene a la mente es tratar de apagar esa luz, pero eso en realidad es envidia.

Si alguno de tus hijos es bueno en lo que hace, hay que apoyarlo para que desarrolle su talento y lo ponga al servicio de los demás, pero hay que evitar las comparaciones con otros niños y mucho menos los comparemos entre hermanos, ya que la herida que les hacemos es inmensa y muy difícil de sanar.

Por eso aquí te dejo mis 5 tips para educar a nuestros hijos para que aprendan a brillar con luz propia y poner sus talentos al servicio de la comunidad.

Primero. Que reconozcan sus cualidades y defectos.
Es importante que también nosotros como papás reconozcamos lo que nuestros hijos tienen como capacidades y como limitaciones y, después, ayudemos a nuestros hijos a hacerlo ellos también.

Así es más fácil que estén conscientes de sus talentos y trabajen por hacerlos plenos y hacerlos crecer.

En este sentido podemos ayudarles con clases que les apuntalen en esos talentos y en los defectos logren superarlos.

De ser necesario hagamos una lista de cualidades y defectos de cada uno de nuestros hijos para tenerlos bien claros y así poder trabajarlos de la mejor forma.

Segundo. Que desarrollen al máximo sus cualidades.
Es importante que les demos la oportunidad de desarrollar las cualidades con clases que les capaciten y apuntalen lo que ya tienen de nacimiento.

Como papás debemos impulsar a nuestros hijos para sigan capacitándose cada vez más.

Tercero. Que trabajen en los defectos para superarlos.
Los defectos son una oportunidad de oro para ser mejores al tratar de superarlos y es importante que eduquemos a nuestros hijos para que lo vean así.

Es necesario estar conscientes de las debilidades para trabajar sobre ellas y lograr superarlas, pero siempre con Amor.

Cuarto. Que piensen como pueden colaborar con la comunidad
Los talentos nos son dados para ponerlos al servicio de los demás es por esto que debemos enseñar a nuestros hijos sus cualidades deben ponerlas al servicio de la primera comunidad que es la familia y después en las diferentes comunidades que vayan teniendo como son la escuela, el equipo de futbol, el grupo de catequesis, etc.

Y quinto. La humildad, ante todo.
Es importante que estemos conscientes que los talentos son un don y que nada hemos hecho para tenerlos, así debemos educar a nuestros hijos para que mantengan los pies sobre la tierra.

Sobre todo, con los talentos que son muy visibles como el cantar bien, el dibujar bonito o el bailar con ritmo. También hay talentos que no son tan visibles y que son más fáciles de manejar, pero de igual forma la humildad debe regir nuestras vidas.

La diferencia es lo que nos hace únicos, por eso deben brillar con luz propia.

 

 

¿Por qué somos tan pesimistas ?

Lucia Legorreta

Muchas personas creen que en épocas pasadas la humanidad vivía mejor, sin embargo, datos han demostrado que esto es totalmente incorrecto.

Generación pesimista

Te has puesto a pensar que, en comparación con épocas pasadas, vivimos mejor que nunca: avances médicos, tecnológicos, sociales… ¿Y por qué entonces nuestro cerebro presta más atención a las noticias negativas, a lo malo y está en constante alerta?

Hoy platicaremos sobre este tema.

Con frecuencia oímos expresiones que describen un mundo en continuo deterioro y un futuro poco promisorio: “esto ya no es lo que era” …” todo tiempo pasado fue mejor” …” nada como las generaciones pasadas” …” los jóvenes de ahora no son como los de antes”.

Pero como comenté en un principio las estadísticas retratan totalmente otro escenario: un mundo que es cada vez mejor en la mayoría de las dimensiones en que se puede evaluar.

Como afirma Gerver Torres, consejero de investigación de Gallup en la Revista El País: Aunque resulte difícil de creer: vivimos en la época de menor violencia de la humanidad; la pobreza se ha reducido considerablemente; la población mundial vive cada día más, es más educada, tiene mayores ingresos.

El mundo en general se ha hecho más democrático, con el acceso creciente de muchas personas a la participación y a la toma de decisiones públicas.

La gente también responde en el mismo sentido a encuestas en donde se les pregunta sobre su propia vida. Hay mayor número de personas que afirman que sus condiciones son mejores que las de sus padres; que viven mejor que en el pasado reciente y que esperan más de un futuro cercano.

Viene entonces la pregunta: ¿a qué se debe la diferencia entre esta situación y el estado de nuestro optimismo sobre la evolución del planeta?

Los expertos dan algunas razones del porqué:

La primera es que tendemos a prestarle mayor atención a las noticias negativas que a las positivas. Eso tiene que ver con nuestros sesgos emocionales y cognitivos.

Nuestro cerebro está hecho para alertar en primer lugar de los peligros, y una mala noticia, como ocurre con ellos, puede poner en riesgo nuestra vida.

En cambio, una buena noticia difícilmente puede ser una amenaza. Tal vez por esa misma razón nuestra reacción a las pérdidas es asimétrica con relación a nuestra respuesta ante las ganancias. Las personas se entristecen más por perder doscientos pesos, de lo que se alegra por ganarlos.

La segunda razón es que tendemos a proyectar sobre el mundo la evolución de nuestra propia vida como individuos. Es decir, tenemos generalmente una etapa dorada que es la de nuestra infancia, donde estuvimos o así lo sentimos, totalmente protegidos, con todo asegurado.

Luego nos vamos adentrando en un mundo de mayores retos y dificultades, que para muchos se acentúa considerablemente con las limitaciones e inconvenientes del envejecimiento.

Una tercera razón es el desarrollo tecnológico y de los medios de comunicación masivos, que permiten que cualquier noticia negativa se difunda masivamente y a la velocidad de la luz. Toda persona con un teléfono celular en sus manos es como un reportero universal.

La cuarta razón es que tendemos a negar el presente y pensar que otra cosa o persona sería mejor. Es decir, un político al ganar un cargo dirá que su gobierno será mejor que el anterior; un arquitecto al conocer tu casa, dirá que podrías vivir en un mejor espacio. No por el hecho de experimentar cambios en la vida diaria, estos tienen que ser mejores que los que ya hemos vivido. Podemos seguir haciendo lo mismo y estar bien.

Una vez que hemos reflexionado sobre las principales razones por las cuales tendemos a ser precavidos y hasta pesimistas podemos matizarlas y corregirlas.

Primero, poniendo atención en los datos más objetivos que se nos presentan en las diferentes áreas de nuestra vida: social, política, familiar, económica, etc.

Y segundo, tener presente que para realizar algo nuevo, no necesariamente tenemos que ser negativos y devaluar todo aquello sobre lo cual vamos a construir. Podemos adoptar siempre la actitud del que reconoce los avances logrados y plantea nuevas metas y posibilidades.

Es importante que conozcas tu temperamento natural, que sepas si eres un hombre o mujer que tiende a ser pesimista, que ves el vaso medio vacío, o bien tu vaso está medio lleno.

Una disposición más optimista nos mantendrá al final más alegres, más felices, al tiempo que nos hará más eficientes y productivos.

 

 

Tesis y antítesis ¿qué pasa con la vida?

Ana Teresa López de Llergo

Cada persona ve la vida de acuerdo a sus capacidades y necesidades, pero debe adaptarse a lo que el mundo real le está ofreciendo y no atentar contra la vida de otros o ideologías ajenas.

Cada cabeza es un mundo

Preámbulos:

“Cada cabeza es un mundo”. Afirmación que todos comprobamos en el quehacer cotidiano y en la relación suficientemente íntima con quienes conviven con nosotros.

Al recibir los hechos es normal que cada persona muestre preferencias por algunos sucesos, descarte otros y varios le resulten indiferentes. Todo esto se debe a las naturales inclinaciones, a la educación, a la propia historia donde hay experiencias agradables y desagradables, y por eso, ambiciones y rechazos.

Pero esas experiencias que causan nuestro mundo interior, provienen del mundo real en el que nos movemos, en donde transcurre nuestra vida. La verdad de la cual partimos es que básicamente el mundo es el mismo planeta para todos. Esa igualdad no es uniformidad sino variedad de paisajes, de recursos, de aportaciones y transformaciones de los moradores de la tierra.

El mundo real es el punto de convergencia de todos, esta convergencia nos da la posibilidad de tener un punto de partida en común que garantiza el poder entendernos y, después hay un enriquecimiento no imaginado, siempre que haya apertura al otro, al compartir lo singular, lo que se nos ocurre.

Pero desgraciadamente, la sobrevaloración de algunas personas las lleva a olvidar el origen de sus conocimientos y se deslumbran con sus ideas, de manera que, si además tienen dotes de liderazgo o dan muestras de un gran atractivo, fácilmente encontrarán seguidores a quienes deslumbrar.

Entramos al meollo:

La desvinculación del mundo real y desconocer que es nuestro punto de partida, ha llevado a muchas personas a considerar solamente su mundo interior. Cuando esta postura la estructuran mentes brillantes originan planteamientos científicos o filosóficos que arrastran a otras personas.

Es el caso del sistema hegeliano. Mundo perfectamente articulado, funciona dentro de su propio esquema, pero absolutamente divorciado del mundo real, al que desconoce.

Como sistema autónomo, también cuenta con un proceso para interpretar el devenir: los cambios, que en este sistema siempre son de progreso, aunque de momento no se vean, es una “esperanza convincente” que aprovecha los naturales deseos de no fracasar jamás.

Este proceso es la “dialéctica hegeliana”. Consta de tres momentos: tesis, antítesis y síntesis, que a su vez se repiten y se repiten innumerables veces. La síntesis del primer momento pasa a ser la tesis del segundo momento que a su vez tendrá antítesis y luego la síntesis, esta nueva síntesis vuelve a ser tesis y así en un sin número de reproducciones.

La explicación de que se trata de un proceso que lleva al enriquecimiento se debe a que la síntesis asume a la tesis y a la antítesis. Por lo tanto, no selecciona lo que concuerda entre tesis y antítesis, lo asume todo, nada queda fuera de allí el progreso. La selección en este caso sería dejar fuera algo y sería una pérdida.

Esta propuesta que matemáticamente podría ser convincente, en las variables vitales encierra una tremenda mentira que se desenmascara si entendemos lo que quiere decir contrario y lo que quiere decir contradictorio. En lo contrario hay coincidencias y también diferencias, por ejemplo, se puede hablar de árboles frutales –coincidencia– que incluye higueras, naranjos, perales… –diferencias–. Todos para sobrevivir requieren de agua –coincidencia–.

En lo contradictorio todo son diferencias, por ejemplo, se hablaría de árboles frutales, de peces, de metales.

Lo contrario y lo contradictorio son evidentes en el mundo real. Con lo contrario se pueden hacer combinaciones si se parte de lo que es semejante. De la combinación de lo contradictorio no se puede sacar algo porque no hay nada en común.

A la dialéctica hegeliana le importa lo contradictorio entre la tesis y la antítesis, porque así la síntesis asumirá lo más opuesto, que, según esta teoría, con la unión de tanta diferencia se obtendrá máximo enriquecimiento. En el planteamiento realista esto es absurdo, no es posible.

Marx asume la dialéctica propuesta por Hegel, pero la aplica a la vida práctica, a la política, a las relaciones materiales, a las relaciones económicas. Todos los sucesos se explican a base de tesis, antítesis y síntesis. La historia es un devenir continuo hasta llegar a un momento en que ya no habrá oposición porque todo se ha sumado, entonces ya no habrá diferencias, todos seremos iguales.

Para llegar a ese punto final es necesario acelerar la aparición de las respectivas síntesis, promoviendo la confrontación entre tesis y antítesis, incitando a las luchas, a las pugnas, a las guerrillas.

Aplicación a la vida humana

Con estos antecedentes nos es más fácil entender por qué sistemáticamente se promueve la lucha entre hombres y mujeres. Los unos representan la tesis; las otras, la antítesis. Las síntesis variadísimas: lesbianas con mujeres, lesbianas con hombres, lesbianas con lesbianas, homosexuales con hombres, homosexuales con mujeres, homosexuales con homosexuales, homosexuales con lesbianas… Este es el fundamento del movimiento LGBTQI, que seguirá creciendo y enriqueciéndose al infinito. Nos faltarán letras del alfabeto hasta desdibujar las diferencias entre hombre y mujer.

Les urge el igualitarismo, por eso, se entiende que, en la cumbre sobre la mujer, en las Naciones Unidas, que se está llevando a cabo estos días, haya más fondos para la “política de género” y para una “nueva educación” que afronte la problemática contemporánea, como lo es ahora la maternidad porque frena la carrera laboral de la mujer, según ellos. Aunque la verdadera razón es porque la maternidad es lo más característico de la mujer y ven conveniente desterrarlo.

Con estos puntos de vistas es lógico recurrir al aborto y a una “remodelación” de la familia y de la reproducción.

Para suavizar estos terribles enfoques, el buen corazón se vuelca en la mejora del transporte público donde quepan sillas de ruedas o carritos para bebés. También en el cuidado y aprovechamiento del agua, en el rediseño de la sanidad, y en la no discriminación en el terreno laboral.

La buena noticia es que la realidad se impone, la naturaleza tiene la última palabra. Y que tenemos la oportunidad de colaborar a que las aguas tomen su verdadero cauce.

 

 

EL SER DE LA MUJER.

La RAE, en ser2, indica el “ser” como “Esencia o naturaleza”.

El “ser” de la mujer -nadie se escandalice- es ser la máquina perfecta y necesaria para la continuidad de la especie humana, y aunque no es nuestro único objetivo, sí es nuestra mayor gloria.

Exigir los derechos de la mujer es de justicia, pero el feminismo lacerante está confundiendo a muchas mujeres de buena voluntad, llevándolas a un plano que no es el suyo, a una lucha íntimamente desigual.

Mal está la sociedad, pero si la mujer fuera consciente de su papel principal, del gozo que supone la maternidad y la atención a sus bebés, defendería la justa igualdad entre hombre y mujer, pero desde “su terreno”, su “ser”.

Amparo Tos Boix, Valencia.

 

 

 

Una ocasión para regenerar la vida personal y social

En su Mensaje para la Cuaresma de este año el Papa Francisco advierte que cuando se abandona la ley de Dios, que es la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. Esto se manifiesta en la explotación de las personas y del medio ambiente, según una codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho.

Recuerdo que el Papa vincula este tiempo con la fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón para reparar esa fuerza destructiva que deteriora la vida personal, la convivencia social y la propia Creación, para muchos, la tercera es simplemente el medio ambiente.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Porque ellas son el agente más eficaz de transformación

Íntimamente relacionado con la lucha contra el hambre en Manos Unidas, cuyo 60 aniversario celebrábamos  hace un mes, está la promoción de la mujer en los países del sur. No solo porque las mujeres se llevan la peor parte en el reparto de la riqueza, y en muchos países viven situaciones degradantes de sometimiento al varón, sino porque ellas son el agente más eficaz de transformación social. Ayudar a la mujer es invertir en la familia y en el desarrollo de toda la comunidad. Así lo ha experimentado Manos Unidas, que al celebrar su 60 aniversario vuelve a sus raíces para recordar que, por importantes que hayan sido los avances en las últimas décadas, queda mucho por hacer, no ya por la igualdad de la mujer, sino a menudo para que simplemente se respeten sus derechos más básicos.

Pedro García

 

 

Más se refuerza esa identidad

Es cierto que el incremento del montante final a favor de la Iglesia se ha producido, entre otros factores, por la salida de la crisis, por la propia dinámica de la economía. Veremos a ver qué pasa si se confirma la ralentización que amenaza con instalarse en nuestras cuentas. Pero también hay que tener presente que las campañas de trasparencia económica de y en la Iglesia funcionan.

Plateo una hipótesis. En España existe un núcleo de ciudadanos que, por más que arrecien las campañas contra la Iglesia, consideran que esta institución es buena por sí misma para la sociedad.

Es más, cuanto más se la ataca, más se refuerza esa identidad de apoyo a la Iglesia, que se expresa, también, en la asignación tributaria. Esto ocurría, por ejemplo, en ciudades como Madrid, que tiene el refuerzo de un magnífico clero, de un compromiso apostólico de los seglares y una vida religiosa activa. 

En no pocas ocasiones también se han relacionado estos datos con el hacer de las diócesis y con la imagen pública, o la presencia social y mediática de la labor de las Iglesias particulares, de sus obispos, de su gente.

Quizá haya algún estudio en el que se analicen las causas y los motivos por los que los contribuyentes marcan la casilla de la Iglesia católica a partir de una investigación demoscópica.

Una investigación que pregunte a quien marca la casilla si lo que le lleva a esa decisión consciente es una imagen general de la labor de la Iglesia o particular; si responde a experiencias, percepciones que permanecen, o si influye la coyuntura de determinadas acciones, momentos, circunstancias. Si se marca la casilla de la Iglesia porque su parroquia funciona, o a sensu contrario, no se marca por determinados motivos.

Si existe esa investigación, yo no la conozco. Quizá alguien la tenga y no se haya hecho pública. Si no la hubiera, no estaría mal hacerla.

Juan García.

 

 

PALABRAS VACÍAS DISCURSOS POLÍTICOS: DEMAGOGIA PURA

            Los que nos consideramos “hijos de aquella terrible Guerra Civil (qué sarcasmo denominar civil a algo tan atroz)”… y sufrimos las terribles secuelas de los “perdedores” (aunque piadosamente analizado, “casi todos perdimos aquella guerra”) bajo la férrea dictadura del General Franco… y hasta que “ésta y el dictador” envejecieron; y entonces “se pudo respirar”… gracias no a milagros de  Franco (“y menos a los que en el extranjero “cacareaban”), sino al esfuerzo y durísimo trabajo de millones de españoles que trabajamos dentro “y fuera”; de Esta incomprensible España, lo que ocasionó “una tesorería” tan abundante; que gracias a  ella (“y no a nada que los políticos aportaran”) pudo realizarse aquella transición (con minúsculas); y la que fue posible (reitero) por cuanto “las infinitas hambres de “antes, durante y después de aquella triste república (adrede con minúsculas) habían desaparecido… gracias a ese trabajo citado y por ello, y por primera vez en la historia de ésta “insólita” nación… las masas de españoles comían (comíamos) caliente y tres veces al día; la mayoría ya teníamos vivienda propia, la nevera llena, coche, etc… etc… etc… y… ¡¡ Barriga llena quién la mueve !!... (“De ahí que en las primeras votaciones, mandáramos a la Mierda a izquierdas y derechas”, pobre Adolfo Suárez). Sí, los que nacimos en aquella guerra, los que lo hicieron antes y algunos después… no entendemos, que tras todas aquellas odiseas, tragedias y lo “inenarrable”; hoy y en que yo mismo… estoy casi a las puertas de la muerte… tenga o tengamos que soportar, lo que “nos quieren contar a quienes ya tenemos callos en el alma de tanto vivir las realidades”.

         Veamos y aclaremos primero lo que significan las palabras de mi titular según el diccionario de la RAE: 1 “demagogia: Práctica política consistente en ganares con halagos el favor popular. 2 degeneración de la democracia, consistente en que los políticos y mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir y mantener el poder.

            Y esa es la plaga enorme que ha caído sobre España, “desde ni se sabe cuando y que ahora, y debido  a los medios masivos de embaucamiento, toma un incremento muy peligroso y cuando ya creíamos (ilusos) que las “dos Españas” de Machado habían desaparecido  o apenas tenían motivo de resucitar. Pero… el gran problema español, fue y sigue siendo, el analfabetismo y algo peor aún... “el analfabestialismo”. Por ello los demagogos, tienen (tuvieron y tendrán) un amplísimo campo en España. Hoy no hay ni las hambres ni  las miserias que provocaron aquella terrible guerra  (1934/1939)... hoy "estamos hartos de pan y gambas... coches que ni soñábamos, pisos y casas, vacaciones, ríos de alcohol y drogas... no falta nada”... salvo lo principal: educación y formación integral y lo que no quieren los políticos, puesto que un pueblo formado no es manipulable… "De ahí que todas las leyes de educación o enseñanza sean demagógicas"... Y el pueblo “distraído en sus cosas… se deja llevar” ¿Hacia donde? Terrible pregunta.

            Copio de una editorial de un diario lo que sigue: “A juicio de Zapatero, "muchos de lo objetivos y de las grandes aspiraciones" de la II República, a la que definió como un "período de sueños y lágrimas", están hoy en "plena vigencia" y con un "alto" grado de desarrollo. "Es un buen recordatorio para saber que la España de hoy mira a la España de la II República con reconocimiento y, sobre todo, con satisfacción y orgullo”. 

¿Qué recibimos? (pregunto y me respondo): recibimos “sangre, sudor y lágrimas que soportamos muchas décadas”, precisamente por los inútiles políticos, republicanos, monárquicos, derechistas, izquierdistas… “y todos los istas que se pongan”, todos fueron unos inútiles, egoístas (o ciegos de avaricia) y sólo pensaron en ellos… e incluyo en “el lote”, al cobarde rey Alfonso  XIII, el que no supo aguantar y defender al pueblo “que lo mantenía”, como era su ineludible deber; y quedarse aquí a cortar lo que luego vino y que nadie supo detener, por ello y no me cansaré de reiterarlo… ¡¡Franco no fue causa… sino pernicioso efecto de unas causas muy anteriores!!... cómo igualmente lo fueran otros dictadores europeos, tales como Mussolini, Hitler o Tito.

            Por ello y ahora, en uno de los últimos discursos de Rodríguez Zapatero y cuando en “baño de multitudes” (“adictas claro está”) pronuncia la frase… “la estatua de Franco no volverá a su pedestal”…Uno entre perplejo y aguantando la risa, tiene que preguntarse de nuevo… ¿“Y qué tendrá que ver el culo al pulso”? eso es ya historia.

            Sí... lo de "la estatua de Franco", es lo máximo que este "capullo", ha creado para "gloria de la demagogia"... ¿Qué fácil es atacar a los muertos y enterrados hace 30 años? (como para mondarse de risa, si analizamos esta frase). En cuanto a lo que festeja, es nada de nada... ¿pues qué ha hecho en beneficio de España y los españoles en su conjunto, salvo lo que ha aportado a grupos determinados? Por otra parte, emplea los mismos métodos que empleó Franco y antes que Franco Hitler y Mussolini... los que ante todo y sobre todo, cuidaron su imagen y la propaganda, reuniendo masas de adeptos a los que se les pagaba hasta la manutención y el viaje (como ahora ha hecho Zapatero)… ¿Qué significa esa absurda exhibición en esa plaza de toros o recinto cerrado...? Aquellos dictadores sabían mover a masas mucho mayores. Zapatero, lo que va a tratar, en este tiempo que le queda, es mediante estas "luces de bengala" (o propaganda para idiotas)… es tapar la enorme cantidad de desaciertos que lleva ya sobre sus espaldas; y por los que va a pasar a la historia, como uno de los peores gobernantes de España, si no “cambia el rumbo, que al parecer ni lo piensa”.

            Quien esto escribe, jamás ha pertenecido a grupo alguno de presión, vivió y vive de su trabajo… digo esto, para los… “descalificadores y agitadores, o estómagos agradecidos”… yo comí y como de lo mío y me sobra.

Antonio García Fuentes (Escritor y Filósofo)

www.jaen-ciudad.es (allí más)   Jaén: 01 Mayo 2006…Y lo recuerdo hoy por cuanto es bueno no olvidar la verdadera memoria histórica y no la que nos quieren contar estos vividores “de panza y bolsillo” y que sólo les mueven, “esas sus bolsas”.