Las Noticias de hoy 13 Marzo 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 13 de marzo de 2019     

Indice:

ROME REPORTS

Retiro de Cuaresma: Las ciudades, “lugares ardientes de amor, de paz y de justicia”

Venezuela: En la frontera con Colombia “hay gran urgencia y necesidad”, asegura el Obispo de Cúcuta

CONFESAR LOS PECADOS: Franciasco Fernandez Carbajal

“Penitencia es atender a los que sufren”: San Josemaria

Aquella primera homilía de Francisco

Textos del beato Álvaro sobre la Cuaresma y la Semana Santa

En la fiesta de San José

Santa Josefina Bakhita, intercesora contra las nuevas esclavitudes: Salvador Bernal

¡CUARENTA DÍAS OTRA VEZ!: Javier López

Divorcio: Razones de la Indisolubilidad del vínculo: Acción Familia

El difícil equilibrio de amarse a sí mismo: Aquilino Polaino-Lorente

El Bullying también lo fomentan los padres con su mal ejemplo.: Francisco Gras

Civilizado ¿como los animales?: José Manuel Belmonte

Un poco más… sobre la mujer: Norma Mendoza Alexandry

Febrerillo el loco: Jesús Domingo

UN PENDIENTE QUEDA EN MI MANO: TAEKO UEMURA

Urge un pacto por la maternidad: Juan García.

Una verdadera lacra social: Enric Barrull Casals

El cuidado del mundo y de la vida: José Morales Martín

ELECCIONES:España y otros: cambio y regeneración: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Retiro de Cuaresma: Las ciudades, “lugares ardientes de amor, de paz y de justicia”

Tercera jornada de ejercicios

marzo 12, 2019 23:09Rosa Die AlcoleaUncategorized

(ZENIT – 12 marzo 2019).- Este martes, 12 de marzo de 2019, ha tenido lugar la tercera jornada del retiro de Cuaresma que realizan el Papa Francisco y los sacerdotes de la Curia Romana en la Casa del Divino Maestro de Ariccia, predicados por el abad benedictino Bernardo Francesco Maria Gianni.

Los ejercicios espirituales comienzan cada día con la celebración de la Santa Misa y concluye con las Vísperas y la Adoración Eucarística. Ayer, lunes, 11 de marzo, por la tarde, el religioso italiano reflexionó en torno a la propuesta: “Estamos aquí para reavivar las brasas con nuestro aliento”.

El religioso ha predicado en este tercer día dos meditaciones, la matutina y la vespertina, sobre los temas “El presente de la infamia, la sangre, la indiferencia” y “¿Recuerdas?”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/03/Adoracion-355x533.jpg

El abad de San Miniato al Monte en Florencia está proponiendo en sus meditaciones “conceptos entretejidos con citas” y “llamadas como suave soplo a las brasas de la esperanza y de la confianza”, señaló.

El predicador orientó sus reflexiones hacia una mirada evangélica sobre las ciudades, a fin de que se conviertan en “lugares ardientes de amor, de paz y de justicia”, citando al famoso político italiano católico Giorgio La Pira, incansable constructor de la paz, y evocando la poesía de Mario Luzi, uno de los poetas italianos más prestigiosos del Siglo XX, haciéndose eco también del pensamiento del sacerdote, escritor y académico italiano muy conocido por el mismo Papa Francisco, Romano Guardini.

Reavivar el fuego 

“Reavivar el fuego para contemplarlo con esperanza es lo que Mario Luzi nos hace cantar. La ciudad que fue el sueño de Giorgio La Pira, es una ciudad en la que reavivar el fuego, para que la humanidad vuelva a contemplarlo con renovada esperanza, reconociéndolo, como a menudo tratamos de decir, como “un lugar por donde pasa el Señor, un lugar visitado por el Señor”, comentó el abad.

El benedictino recordó a los presentes que este tiempo de conversión nos permite reavivar el fuego que se ha vuelto menos ardiente “a causa de la resignación, la costumbre y la tibieza”, que justamente reprochan algunas páginas importantes del mismo Apocalipsis.

El Abad Gianni también advirtió ante la presunción de no tener “necesidad de nada”, con la que “nos consideramos verdaderamente dispensados de tener que tomar en serio y cuidar este inmenso don que el Señor nos ha dado”, “con una vida de oración, de escucha de su Palabra, alimentándonos con la santa y divina Eucaristía, viviendo una fraternidad radical que brota de la escucha de la Palabra y de la conformación con la lógica eucarística con la que la vida divina se hace camino en nosotros”. Y “se abre paso de verdad”, señaló, “místicamente, con la fuerza del Espíritu Santo”.

Renacer

Haciendo referencia a las palabras de Giorgio La Pira, “profeta de la esperanza”, el monje afirmó que un hombre puede “nacer cuando es viejo” y señaló que esto sucede “si nos sentimos necesitados de la necesidad y deseosos del deseo”.

Así, el predicador de los ejercicios de Cuaresma afirmó que se trata pues de “redescubrir que nuestra interioridad tiene una sinfonía, tiene una polifonía en el espíritu mucho más rica y articulada que la que el tiempo mecánico de nuestros relojes nos parece sugerirnos”.

San Pablo, en su Segunda Carta a los Corintios –ha reflexionado el padre Gianni– usa palabras de extraordinaria fuerza evocativa y de gran verdad espiritual y antropológica: “Por eso no nos desanimamos, pero incluso si nuestro hombre exterior va deshaciéndose, el interior se renueva día a día”.

Temas del miércoles

Los temas de mañana, miércoles 13 de marzo, día en que se cumplen 6 años de la elección de Francisco a la Cátedra de Pedro, serán: “Los deseos ardientes” y “Sus banderas de paz y amistad”.

Como es habitual en el retiro, habrá una meditación por la mañana y otra por la tarde.

 

 

Venezuela: En la frontera con Colombia “hay gran urgencia y necesidad”, asegura el Obispo de Cúcuta

Asistencia en ‘Casa de Paso’ y en comedores

marzo 12, 2019 21:30Ana Paula MoralesDesarrollo y población

(ZENIT – 12 marzo 2019).- En la situación fronteriza en Colombia con Venezuela –informa Vatican News– el grupo de migrantes ilegales y exiliados que pasan por las trochas, atravesando el río Táchira, llegan a confrontarse entre sí, provocando muerte y heridos. Por lo que la autoridad venezolana ha cerrado los puentes, bloqueándolos con containers.

Mons. Víctor Ochoa Cadavid, Obispo de la diócesis de Cúcuta, expresa ante las situaciones que se presentan, según Vatican News, que “en la frontera entre Colombia y Venezuela hay gran urgencia y necesidad” de parte de los venezolanos al no poder pasar la frontera en San Antonio y Ureña a Colombia, los dos principales problemas son la asistencia de los niños y de los enfermos.

La asistencia de los niños a la escuela: Los infantes venezolanos que van a estudiar a Colombia, no han podido pasar la frontera, por lo que, alrededor de 3.000 niños no han asistido a la escuela.

Con respecto al tema de los enfermos, el prelado señala que hay personas a las que les practican diálisis, quimioterapia o radio terapia en Cúcuta, no han podido pasar a Colombia, por lo que se presenta una gran urgencia médica.

Ante esta situación, Mons. Víctor Ochoa comenta que en apoyo a los hermanos venezolanos se tiene la Casa de Paso La Divina Providencia y ocho comedores en las parroquias cercanas a la frontera de Cúcuta, atendiendo entre 4.000 a 6.000 personas, dando alrededor de 10.000 comidas al día; el principio de atención.

El prelado señaló en la entrevista de Vatican News: “Ninguna mujer en embarazo se va sin comer, ningún niño se va sin comer, ningún anciano se va sin comer”. Las trochas no sólo sirven de paso para los venezolanos que salen para Colombia, sino que se pasa alimentos, vehículos y gasolina también.

 

 

CONFESAR LOS PECADOS

— La Confesión, un encuentro con Cristo.

— Al sacramento de la Penitencia vamos a pedir perdón por nuestros pecados. Cualidades de una buena Confesión: «concisa, concreta, clara y completa».

— Luces y gracias que recibimos en este sacramento. Importancia de las disposiciones interiores.

I. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas1, leemos en la Antífona de entrada de la Misa.

La Cuaresma es un tiempo oportuno para cuidar muy bien el modo de recibir el sacramento de la Penitencia, ese encuentro con Cristo, que se hace presente en el sacerdote; encuentro siempre único, y siempre distinto. Allí nos acoge como Buen Pastor, nos cura, nos limpia, nos fortalece. Se cumple en este sacramento lo que el Señor había prometido a través de los Profetas: Yo mismo apacentaré a mis ovejas y yo mismo las llevaré a la majada. Buscaré a la oveja perdida, traeré la extraviada, vendaré a la herida y curaré la enferma, y guardaré las gordas y robustas2.

Cuando nos acercamos a este sacramento debemos pensar ante todo en Cristo. Él debe ser el centro del acto sacramental. Y la gloria y el amor a Dios han de contar más que nuestros pecados. Se trata de mirar mucho más a Jesús que a nosotros mismos; más a su bondad que a nuestra miseria, pues la vida interior es un diálogo de amor en el que Dios es siempre el punto de referencia.

El hijo pródigo que vuelve –eso somos nosotros cuando decidimos confesarnos– inicia el camino del retorno movido por la triste situación en la que se encuentra, sin perder nunca la conciencia de su pecado: No soy digno de ser llamado hijo tuyo; pero conforme se acerca a la casa paterna va reconociendo con cariño todas las cosas del hogar propio, del hogar de siempre. Y ve en la lejanía la figura inconfundible de su padre que se dirige hacia él. Esto es lo importante: el encuentro. Cada Confesión contrita es «un acercamiento a la santidad de Dios, un nuevo encuentro en la propia verdad interior, turbada y transformada por el pecado, una liberación en lo más profundo de sí mismo, y, con ello, una recuperación de la alegría perdida, la alegría de ser salvados, que la mayoría de los hombres de nuestro tiempo han dejado de gustar»3. Nosotros hemos de procurar que sientan, que experimenten esa nostalgia de Dios y se acerquen a Él, que les espera.

Debemos sentir deseos de encontrarnos a solas con el Señor lo antes posible, como lo desearían sus discípulos después de unos días de ausencia, para descargar en Él todo el dolor experimentado al comprobar las flaquezas, los errores, las imperfecciones, los pecados, tanto al desempeñar nuestros deberes profesionales como en la relación con los demás, en la actividad apostólica, en la misma vida de piedad.

Este empeño por centrar la Confesión en Cristo es importante para no caer en la rutina, para sacar del fondo del alma aquellas cosas que son las que más pesan y que solo saldrán a la superficie a la luz del amor a Dios. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas.

II. Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi pecado4.

Muchas veces a lo largo de nuestra vida hemos pedido perdón, y muchas veces nos ha perdonado el Señor. Al finalizar cada día, cuando hacemos recuento de nuestras obras, podríamos decir: Misericordia, Dios mío... Cada uno de nosotros sabe cuánto necesita de la misericordia divina.

Así acudimos a la Confesión: a pedir la absolución de nuestras culpas como una limosna que estamos lejos de merecer. Pero vamos con confianza, fiados no en nuestros méritos, sino en Su misericordia, que es eterna e infinita, siempre dispuesta al perdón: Señor, Tú no desprecias un corazón quebrantado y humillado5. Cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies.

Él solo nos pide que reconozcamos nuestras culpas con humildad y sencillez, que reconozcamos nuestra deuda. Por eso, a la Confesión vamos, en primer lugar, a que nos perdone quien está en lugar de Dios y haciendo sus veces. No tanto a que nos comprendan, a que nos alienten. Vamos a pedir perdón. Por eso, la acusación de los pecados no consiste en la simple declaración de los mismos, porque no se trata de un relato histórico de las propias faltas, sino de una verdadera acusación de ellas: Yo me acuso de... Es, a la vez, una acusación dolorida de algo que desearíamos que no hubiese ocurrido nunca, y en la que no caben las disculpas con las que disimular las propias faltas o disminuir la responsabilidad personal. Señor..., por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

San Josemaría Escrivá, con criterio sencillo y práctico, aconsejaba que la Confesión fuese concisa, concreta, clara y completa.

Confesión concisa, de no muchas palabras: las precisas, las necesarias para decir con humildad lo que se ha hecho u omitido, sin extenderse innecesariamente, sin adornos. La abundancia de palabras denota, en ocasiones, el deseo, inconsciente o no, de huir de la sinceridad directa y plena; para evitarlo, hay que hacer bien el examen de conciencia.

Confesión concreta, sin divagaciones, sin generalidades. El penitente «indicará oportunamente su situación y también el tiempo de su última confesión, sus dificultades para llevar una vida cristiana»6, declara sus pecados y el conjunto de circunstancias que hacen resaltar sus faltas para que el confesor pueda juzgar, absolver y curar7.

Confesión clara, para que nos entiendan, declarando la entidad precisa de la falta, poniendo de manifiesto nuestra miseria con la modestia y delicadeza necesarias.

Confesión completa, íntegra. Sin dejar de decir nada por falsa vergüenza, por «no quedar mal» ante el confesor.

Revisemos si al prepararnos, en cada ocasión, para recibir este sacramento procuramos que lo que vamos a decir al confesor tenga estas características anteriormente descritas.

III. «La Cuaresma es un tiempo particularmente adecuado para despertar y educar la conciencia. La Iglesia nos recuerda precisamente en este período la necesidad inderogable de la Confesión sacramental, para que todos podamos vivir la resurrección de Cristo no solo en la liturgia, sino también en nuestra propia alma»8.

La Confesión nos hace participar en la Pasión de Cristo y, por sus merecimientos, en su Resurrección. Cada vez que recibimos este sacramento con las debidas disposiciones se opera en nuestra alma un renacimiento a la vida de la gracia. La Sangre de Cristo, amorosamente derramada, purifica y santifica el alma, y por su virtud el sacramento confiere la gracia –si se hubiera perdido– o la aumenta, aunque en grados diferentes, según las disposiciones del penitente. «La intensidad del arrepentimiento es, a veces, proporcionada a una mayor gracia que aquella de la que cayó por el pecado; a veces, igual; a veces, menor. Y por lo mismo, el penitente se levanta en unas ocasiones con mayor gracia de la que tenía antes; otras, con igual gracia; y a veces, con menor. Y lo mismo hay que decir de las virtudes que dependen y siguen a la gracia»9.

En la Confesión, el alma recibe mayores luces de Dios y un aumento de sus fuerzas –gracias particulares para combatir las inclinaciones confesadas, para evitar las ocasiones de pecar, para no reincidir en las faltas cometidas...– para su lucha diaria. «Mira qué bueno es Dios y qué fácilmente perdona los pecados; no solo devuelve lo perdonado sino que concede cosas inesperadas»10 ¡Cuántas veces las mayores gracias las hemos recibido después de una Confesión, después de haberle dicho al Señor que nos hemos portado mal con Él! Jesús da siempre bien por mal, para animarnos a ser fieles. El castigo que merecemos por nuestros pecados –como el que merecían los habitantes de Nínive, que hoy se nos narra en la Primera lectura de la Misa11– es borrado por Dios cuando ve nuestro arrepentimiento y nuestras obras de penitencia y desagravio.

La Confesión sincera de nuestras culpas deja siempre en el alma una gran paz y una gran alegría. La tristeza del pecado o de la falta de correspondencia a la gracia se torna gozo. «Quizá los momentos de una Confesión sincera figuran entre los más dulces, más confortantes y más decisivos de la vida»12.

«Ahora comprendes cuánto has hecho sufrir a Jesús, y te llenas de dolor: ¡qué sencillo pedirle perdón, y llorar tus traiciones pasadas! ¡No te caben en el pecho las ansias de reparar!

»Bien. Pero no olvides que el espíritu de penitencia está principalmente en cumplir, cueste lo que cueste, el deber de cada instante»13.

1 Antífona de entrada. Sal 24, 6. — 2 Ez, 34, 15-16. — 3 Juan Pablo II, Exhor. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 31, III. — 4 Salmo responsorial. Sal 50, 4. — 5 ídem. — 6 Pablo VI, Ordo Paenitentiae, 16. — 7 Cfr. Ibídem. — 8 Juan Pablo II, Carta a los fieles de Roma, 28-II-1979. — 9 Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 89, a. 2c. — 10 San Ambrosio, Trat. sobre el Evangelio de San Lucas, 2, 73. — 11 Primera lectura, Jon 3, 1-10. — 12 Pablo VI, Alocución, 27-II-1975. — 13 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, Rialp, Madrid 1981, IX, 5.

 

 

“Penitencia es atender a los que sufren”

Esta es la receta para tu camino de cristiano: oración, penitencia, trabajo sin descanso, con un cumplimiento amoroso del deber. (Forja, 65)

Y por si no se te ocurre ahora cómo responder concretamente a los requerimientos divinos que golpean en tu corazón, óyeme bien.
Penitencia es el cumplimiento exacto del horario que te has fijado, aunque el cuerpo se resista o la mente pretenda evadirse con ensueños quiméricos. Penitencia es levantarse a la hora. Y también, no dejar para más tarde, sin un motivo justificado, esa tarea que te resulta más difícil o costosa.
La penitencia está en saber compaginar tus obligaciones con Dios, con los demás y contigo mismo, exigiéndote de modo que logres encontrar al tiempo que cada cosa necesita. Eres penitente cuando te sujetas amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío. (Amigos de Dios, 138)

 

 

Aquella primera homilía de Francisco

“El verdadero poder es servicio”: así se tituló la homilía de inicio de Pontificado del Papa Francisco. Era la solemnidad de San José de 2013. El Santo Padre animaba a los cristianos a custodiar a quienes tenían a su alrededor y a servirles sin medida.

De la Iglesia y del Papa12/03/2019

Más información: Especial: un nuevo papa para la Iglesia |Libro electrónico: “Primeras palabras del papa Francisco” |Papa Francisco: libros electrónicos


Queridos hermanos y hermanas,

Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.

Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas. Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.

 

Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).

¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.

¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu.

Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.

 

Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.

Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.

Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro.

Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.

Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.

Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.

 

En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza. También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.

Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.

Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.

 

 

Textos del beato Álvaro sobre la Cuaresma y la Semana Santa

Ofrecemos varios textos del beato Álvaro del Portillo, sobre los domingos de Cuaresma y sobre la Semana Santa, en el aniversario de su nacimiento (11 de marzo de 1914).

Textos11/03/2019

Opus Dei - Textos del beato Álvaro sobre la Cuaresma y la Semana Santa

Índice

Hacia la Cuaresma

Domingo I de Cuaresma

Domingo II de Cuaresma

Domingo III de Cuaresma

Domingo IV de Cuaresma

Domingo V de Cuaresma

Semana Santa


Hacia la Cuaresma

Poner por obra la recomendación de la Iglesia de crecer en espíritu de penitencia y de mortificación.

(Texto del 2 de febrero de 1985 publicado en Caminar con Jesús al compás del año litúrgico, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2014, pp. 109-112).

Dentro de poco comenzará la Cuaresma, tiempo que la Iglesia dedica a la purificación y a la penitencia, recordando los cuarenta días de oración y ayuno con que Jesucristo se preparó para su ministerio público. Querría que a lo largo de esas semanas, siguiendo fielmente el espíritu del Evangelio, todos nosotros —y las personas que se acogen al calor de nuestro camino— nos decidiéramos de verdad a seguir las recomendaciones del Señor, que la liturgia recoge en la Misa del Miércoles de Ceniza[1], cuando nos invita a incrementar el ayuno, la oración y las obras de caridad —las tres prácticas penitenciales por excelencia— con rectitud de intención y con alegría, pidiendo a Dios que, al luchar contra el espíritu del mal, seamos protegidos con las armas de la austeridad[2].

La Cuaresma es una llamada apremiante a vigilar contra las asechanzas del Maligno, empuñando las armas de la oración y de la penitencia. Con palabras de nuestro Padre, muchas veces os he recordado que «el demonio no se toma vacaciones», que no ceja nunca en su empeño de apartar las almas de Dios. (...) Hemos de dar —entre nuestros colegas, amigos y parientes— un testimonio decidido y generoso de reciedumbre y de templanza, de austeridad en el uso de los bienes de la tierra y de sobriedad en las comidas y bebidas. Está en juego la autenticidad de nuestra vocación y la realidad de nuestro servicio a la Iglesia, porque una persona, si se deja prender por los atractivos de las cosas materiales, pierde la eficacia apostólica en esta batalla por la gloria de Dios y la salvación de las almas, que estamos combatiendo (...).

[Los aniversarios de la historia del Opus Dei] tienen el denominador común del espíritu de oración y de penitencia de nuestro amadísimo Padre. El Espíritu Santo le empujó —en los primeros años y siempre— a prácticas heroicas de penitencia, porque había de ser el fundamento de esta divina construcción, que ha de durar siglos. ¡Cuántas veces, al hablar de la expansión de la Obra, afirmaba que se había ido difundiendo por todas partes al paso de Dios, con la oración y mortificación suya y de muchas otras personas! Comentaba también que, marcando ese paso de Dios, iba el son de sus disciplinas..., y —añado yo— de la heroica sobriedad de nuestro Fundador, que supo mortificarse lo indecible en la comida, en la bebida, en el descanso, siempre con una sonrisa, para ser el instrumento idóneo en manos de Dios y hacer así el Opus Dei en la tierra.

También ahora rige la misma ley, hijas e hijos míos. También ahora la mortificación y la penitencia, la austeridad de vida, son necesarias para que la Obra se desarrolle al paso de Dios. Y nos toca a nosotros —a ti y a mí, a cada una y a cada uno— seguir los pasos de nuestro Padre, del modo más adecuado a las circunstancias personales. (...) Deseo que consideréis, concretamente, cómo estáis viviendo las indicaciones sobre templanza que os vengo dando desde hace algún tiempo, para ayudaros a vivir delicadamente esta virtud. No las consideréis, hijos, como algo negativo. Por el contrario, vedlas como disposiciones que —si se viven con generosidad y alegría— aligeran de peso nuestra alma y la hacen más capaz de elevarse —«como esas aves de vuelo majestuoso, que parecen mirar el sol de hito en hito»— a las alturas de la vida interior y del apostolado.

Examínate con valor y sinceridad: ¿cultivo la templanza en todos los momentos de mi vida? ¿Mortifico la vista con naturalidad, sin rarezas, pero realmente, cuando voy por las calles o leo el periódico? ¿Lucho contra la tendencia a la comodidad? ¿Evito crearme necesidades? ¿Sé poner «entre los ingredientes de la comida, "el riquísimo" de la mortificación»[3], y me mortifico voluntariamente en la bebida? ¿Me dejo llevar por la excusa de que esa conducta llamaría la atención en mi ambiente, en mi círculo de amigos, entre mis relaciones sociales? (...)

No perdáis de vista, además, que el ejemplo de una vida sobria constituye el bonus odor Christi[4] [el buen aroma de Cristo] que atrae a otras almas. Muchas personas, jóvenes y menos jóvenes, están hastiadas de llevar una vida fácil, muelle, sin relieve humano ni sobrenatural. El testimonio de nuestra vida entregada, el ambiente de nuestros Centros, de nuestros hogares —un ambiente de austeridad alegre, de exigencia y de comprensión al mismo tiempo, sin concesiones a la facilonería—, viene a ser como un imán que atrae a los más nobles, a los más sinceros, a los más deseosos de cosas grandes. Y éstas son las personas que el Señor quiere necesitar, para llegar a la masa de la humanidad —nos interesan todas las almas— con nuestra actuación, a modo de fermento.

[1] Cfr. Misal Romano, Miércoles de Ceniza (Evangelio: Mt 6, 1-6. 16-18).

[2] Misal Romano, Miércoles de Ceniza (Oración Colecta).

[3] San Josemaría, Forja, n. 783.

[4] 2 Cor 2, 15.


Domingo I de Cuaresma

Incrementar la lucha ascética personal y la práctica de las obras de misericordia, especialmente la de difundir la buena doctrina.

(Texto del 1 de febrero de 1989 publicado en Caminar con Jesús al compás del año litúrgico, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2014, pp. 126-130).

«Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación»[1], [hemos leído] (…) en la liturgia de la Misa, al inicio de la Cuaresma. Aunque no hay época del año que no sea rica en dones divinos, este tiempo lo es de modo particular, por servir de preparación inmediata a la Pascua, la solemnidad más grande del año litúrgico. En los días de Semana Santa, en efecto, la Iglesia recuerda y revive la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, por las que el demonio ha sido vencido, el mundo redimido de los pecados y los hombres hechos hijos de Dios.

«Entramos en la Cuaresma, es decir, en una época de fidelidad mayor al servicio del Señor. Viene a ser —escribe el Papa san León— como si entrásemos en un combate de santidad»[2]. ¡Qué familiares suenan estas palabras, claro reflejo de la Tradición viva de la Iglesia, en los oídos de los hijos de Dios en el Opus Dei! Son exhortaciones a no cejar en la pelea interior, a no concedernos tregua en la lucha contra los enemigos de nuestra santificación.

Esta pelea, lo sabemos bien, es deber de todos los cristianos. Al recibir las aguas del Bautismo, prometimos —y lo hemos ratificado luego en el Sacramento de la Confirmación— renunciar a Satanás y a todas sus obras, para servir solamente a Jesucristo. Un compromiso que exige un combate perenne. «Este es nuestro destino en la tierra: luchar, por amor, hasta el último instante. Deo gratias!»[3], escribió nuestro Padre el último día de 1971, sintetizando sus propósitos y sus anhelos después de muchos años de pelea personal constante (…).

Siendo la Cuaresma, como antes os recordaba, una época de más rigor en la pelea, deseo invitaros a renovar vuestro combate con la ayuda del Señor, en estas semanas de preparación para la Pascua. ¿Cómo lo haremos? Cada uno de vosotros, hijas e hijos míos, responsable y libremente, procurará concretar lo que os señalo —«hacerse un traje a la medida», diría nuestro queridísimo Padre—, de acuerdo con las necesidades de su alma, a la luz de los consejos que reciba en la Confesión sacramental, en la charla fraterna [dirección espiritual personal] y en los Círculos.

La ascética cristiana ha reconocido siempre, como especialmente propios de este tiempo litúrgico, la oración, el ayuno y la limosna; es decir, el amor a Dios —manifestado en la oración de la mente y en la oración de los sentidos, que eso es la mortificación— y el amor a todas las almas, mediante la práctica generosa de las obras de misericordia y de apostolado.

Me gustaría, pues, que todos a una, latiendo nuestros corazones al unísono, nos planteásemos decididamente en esta Cuaresma vivir con mayor intensidad, cada día, la oración mental y vocal; ser generosos en la mortificación de los sentidos, mirando la Cruz de Cristo; y practicar con más asiduidad las obras espirituales y corporales de misericordia. He escrito con más asiduidad, porque todos los días, con distintos matices, se nos presentarán muchas ocasiones de llevar a Cristo a otras almas, o de encontrarle y servirle en las personas que nos rodean en la convivencia ordinaria.

En estas líneas, hijas e hijos míos, deseo recordaros una de las principales manifestaciones de misericordia con las almas: enseñar al que no sabe. La necesidad de llevar a cabo un generoso apostolado de la doctrina, que se robustece con la formación que recibimos y es tan querido y deseado por todos en el Opus Dei, nos hace presente lo que tantas veces enseñó nuestro Padre: que «el mejor servicio que podemos hacer a la Iglesia y a la humanidad es dar doctrina. Gran parte de los males que afligen al mundo se deben a la falta de doctrina cristiana (...). Toda nuestra labor tiene, por tanto, realidad y función de catequesis. Hemos de dar doctrina en todos los ambientes»[4].

Para esto se requiere, en primer lugar, que tengamos doctrina clara, abundante, segura: ¡cuidadme los medios de formación que la Prelatura dispensa a manos llenas! Acudid a las clases y Círculos, a las meditaciones y charlas, a los retiros... con «la ilusión de la primera vez», aunque hayan transcurrido muchos años desde entonces, y con deseos sinceros de sacarles el provecho que encierran. Sólo así estaréis en condiciones de ayudar a tantas personas que la Divina Providencia pone diariamente a vuestro lado para que alumbréis su inteligencia y su conducta con la luz de la doctrina católica.

Resulta urgente y necesario realizar una siembra generosa de doctrina, en todos los campos de la actividad humana. Cada cristiano debería sentirse personalmente responsable de hacer llegar a su entorno concreto, a su ambiente, las enseñanzas que Jesucristo ha entregado a su Esposa para que las conserve intactas y las transmita de generación en generación. Todos, en efecto, en virtud del Bautismo recibido, estamos llamados a colaborar en la misión evangelizadora de la Iglesia. Piensa ahora por tu cuenta, hija mía, hijo mío, cómo estás contribuyendo al cumplimiento de ese divino encargo: id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura...[5], en todas las circunstancias de tu trabajo profesional, de tu caminar junto a las demás personas en esta etapa de la historia.

[1] Misal Romano, Miércoles de Ceniza (Segunda lectura: 2 Cor 6, 2).

[2] San León Magno, Homilía 39, 3.

[3] San Josemaría, Nota manuscrita del 31-XII-1971.

[4] San Josemaría, Carta 9-I-1932, nn. 27-28.

[5] Mc 16, 15.


Domingo II de Cuaresma

Los detalles de caridad fraterna y de servicio a los demás ayudan a mejorar el espíritu de penitencia

(Texto del 1 de febrero de 1993, publicado en “Caminar con Jesús al compás del año litúrgico", Ed. Cristiandad, Madrid 2014, pp. 120-121).

El servicio a los demás, concretado en la preocupación por sus necesidades espirituales y materiales, constituye una de las tradicionales prácticas de la piedad cristiana que la Iglesia pone en primer plano especialmente durante la Cuaresma. De cara a este tiempo litúrgico, deseo que cuidéis de modo particular —junto con una mayor exigencia en la oración y en la mortificación— los detalles concretos de caridad fraterna, como nos enseñó nuestro santo y amadísimo Fundador, «para que nuestras conversaciones no giren en torno a nosotros mismos, para que la sonrisa reciba siempre los detalles molestos, para hacer la vida agradable a los demás»[1].

Más aún, os pido —nos pide a todos la Trinidad Beatísima— que busquemos las ocasiones para mejorar nuestro espíritu de penitencia precisamente en el servicio a quienes están a nuestro alrededor, por el motivo que sea, aunque sea unos pocos instantes: en nuestra vida en familia, en el seno de las familias de mis hijas y de mis hijos Agregados o Supernumerarios, en la convivencia diaria con los colegas y compañeros de trabajo... En una palabra, poned en práctica el consejo del Apóstol: llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo[2]. Nuestro Padre lo comentaba así: «Debéis tener empeño, un empeño muy particular en hacer agradable la vida a los demás, sin mortificaros jamás unos a otros. Diciendo: me voy a fastidiar yo un poco, para hacer más amable el camino divino de los demás»[3]. Y añadía: «Que os sepáis fastidiar alegremente y discretamente para hacer agradable la vida a los demás, para hacer amable el camino de Dios en la tierra. Este modo de proceder es verdadera caridad de Jesucristo»[4].

Exigíos en este campo, hijas e hijos míos, atribuyendo mucha importancia a las pequeñas mortificaciones que hacen más alegre y amable el camino de los demás, viendo siempre en ellos a Cristo, sin olvidar que «una sonrisa puede ser, a veces, la mejor muestra del espíritu de penitencia»[5]. De este modo, vuestros pequeños sacrificios subirán al Cielo in odorem suavitatis[6], como el incienso que se quema en honor del Señor, y se reforzará la fuerza de vuestras oraciones por la Iglesia, por la Obra, por mis intenciones.

[1] San Josemaría, Notas de una meditación, 13-IV-1954 (AGP, biblioteca, P01, IV-1963, p. 10).

[2] Gal 6, 2.

[3] San Josemaría, Notas de una meditación, 13-IV-1954 (AGP, biblioteca, P01, IV-1963, p. 12).

[4] Ibid., p. 11.

[5] San Josemaría, Forja, n. 149.

[6] Ef 5, 2.


Domingo III de Cuaresma

La confesión de los pecados en el sacramento de la Penitencia es fuente de alegría

(Texto del 16 de enero de 1984, publicado en “Caminar con Jesús al compás del año litúrgico", Ed. Cristiandad, Madrid 2014, pp. 122-124).

Deseo, hijos míos, que vuestra alma rebose siempre de gozo, y que lo transmitáis a las personas que tenéis alrededor. Pero no olvidéis que la alegría es consecuencia de la paz interior —y, por tanto, de la lucha de cada uno contra sí mismo—, y que en esa pelea personal la verdadera paz es inseparable de la compunción, del dolor humilde y sincero por nuestras faltas y pecados, que Dios perdona en el Santo Sacramento de la Penitencia, dándonos además su fuerza para pelear con más empeño.

Hijas e hijos míos, cuidad con esmero la Confesión sacramental (…), que es una de las Normas de nuestro plan de vida; esforzaos de verdad por alejar de este Sacramento Santo la rutina o el acostumbramiento; exigíos en puntualidad; preparadla con amor, pidiendo al Espíritu Santo sus luces para ir a la raíz de vuestras faltas; fomentad la contrición, sin darla nunca por supuesta; haced vuestros propósitos y luchad para ponerlos en práctica, contando siempre con la gracia sacramental, que obrará maravillas en nuestras almas, si no ponemos obstáculos a su acción.

Y con esta determinación renovada para confesaros mejor vosotros mismos, lanzaos sin tregua al apostolado de la Confesión, que tan urgente es en estos tiempos de la vida del mundo y de la Iglesia. ¡Con qué fuerza lo predicaba nuestro Padre!: «¡El Señor está esperando a muchos para que se den un buen baño en el Sacramento de la Penitencia! Y les tiene preparado un gran banquete, el de las bodas, el de la Eucaristía; el anillo de la alianza y de la fidelidad y de la amistad para siempre. ¡Que vayan a confesar! (...). ¡Que sea mucha la gente que se acerque al perdón de Dios!»[1].

El retorno a la amistad con Dios, rota por el pecado, es la raíz de la verdadera y más profunda alegría, que tantos hombres y mujeres buscan afanosamente sin encontrarla. Recordádselo con santa audacia, hijas e hijos míos, a vuestros parientes, a vuestras amistades, a vuestros colegas de trabajo, a cuantas personas tengáis ocasión de tratar, convencidos de que las abundantes gracias [de estos días] (…), que estamos celebrando en unión con la Iglesia universal, son poderosas para despertar las conciencias, mover los corazones al arrepentimiento y la voluntad a los propósitos de conversión. No cortéis por falsas prudencias o por respetos humanos ese carisma de la Confesión que, en frase del Santo Padre Juan Pablo II, distingue a los miembros del Opus Dei. Meditad con frecuencia que la amistad con Dios —y, por tanto, la piadosa recepción del Sacramento de la Penitencia— es el punto de partida indispensable para que vuestro apostolado personal produzca sólidos frutos (…).

A mis hijos sacerdotes, a todos, quiero insistirles en que dediquen mucho tiempo —todo el que puedan— a administrar el perdón de Dios en este Sacramento de reconciliación y de alegría. Estad siempre disponibles para atender a las almas. Buscad con pasión —la administración del Santo Sacramento de la Penitencia y la dirección espiritual son una de nuestras “pasiones dominantes"— la oportunidad de aumentar vuestra labor de confesonario. Experimentaréis así la alegría del Buen Pastor, que sale en busca de la oveja perdida y, cuando la halla, se la pone sobre los hombros muy gozoso[2]. Y haced partícipes de esta alegría a otros muchos hermanos vuestros en el sacerdocio, para que sean cada vez más los que administren la misericordia divina en este Sacramento del perdón.

[1]San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 6-VII-1974 (AGP, biblioteca, P04, 1974 vol. II, p. 214).

[2]Lc 15, 5.


Domingo IV de Cuaresma

La fiesta de san José invita a renovar la entrega a Dios y a recomenzar la lucha ascética

(Texto del 1 de marzo de 1984, publicado en "Caminar con Jesús al compás del año litúrgico", Ed. Cristiandad, Madrid 2014, pp. 116-120).

Crecer en vida interior es una exigencia de nuestra vocación divina. Crecer significa renovarse, abandonar lo que se ha hecho viejo —con la vejez del acostumbramiento, de la rutina, de la tibieza— y reencontrar la juventud de espíritu, que únicamente brota de un corazón enamorado. Así nos lo recalcó nuestro Fundador, que cada día sabía hallar en la Santa Misa —ese «encuentro personalísimo con el Amor de mi alma»[1], decía— el impulso para renovar y acrecentar constantemente su entrega, porque —añadía— «soy joven, y lo seré siempre, ya que mi juventud es la de Dios, que es eterno. Jamás podré con este amor sentirme viejo»[2].

También nosotros, hijas e hijos míos, hemos de mantener joven y vibrante nuestra respuesta a la llamada que recibimos, nuestra entrega, sin reservarnos nada: proyectos, afectos, recuerdos, ilusiones... todo ha de estar bien abandonado en el Señor —relictis omnibus![3]—, si de verdad deseamos ser fieles a esta vocación divina. Examinaos con valentía, con sinceridad, con hondura: ¿cómo he vivido este año las obligaciones —¡gustosas obligaciones!— de mi compromiso de amor? ¿Me he esmerado con el Señor en delicadezas de persona enamorada o, por el contrario, he soslayado alguna de las consecuencias concretas de la entrega? ¿He luchado decididamente contra todo aquello que podía entibiarla? Fomentad en vuestro examen el dolor de amor, porque todos podíamos haber puesto más cariño y más debida exigencia en nuestro trato con Dios. Y si descubrís algo que os ate a cosas que no sean las suyas (…), reaccionad con energía, porque hemos sido escogidos para ser santos de verdad, para dar la caza al Amor que no conoce fin: ese Amor que nos enciende cada día, que nos mantiene siempre jóvenes —con una juventud de alma y de espíritu—, aunque transcurra el tiempo y en el cuerpo se perciba el desgaste de los años.

Al renovar vuestra entrega el próximo día 19[4], considerad la fidelidad de san José a su vocación específica, teniendo delante de los ojos el ejemplo heroico de nuestro Padre. Llevad a vuestra meditación personal —como ya habréis hecho a lo largo de estas semanas— la vida del santo Patriarca, que no regateó esfuerzos para dar cumplimiento a la misión que le había sido confiada. «Mirad, nos enseñaba nuestro Fundador: ¿qué hace José, con María y con Jesús, para seguir el mandato del Padre, la moción del Espíritu Santo? Entregarle su ser entero, poner a su servicio su vida de trabajador. José, que es una criatura, alimenta al Creador; él, que es un pobre artesano, santifica su trabajo profesional (...). Le da su vida, le entrega el amor de su corazón y la ternura de sus cuidados, le presta la fortaleza de sus brazos, le da... todo lo que es y puede»[5] (…).

Cuando la pelea resulta fácil y cuando se presente difícil, cuando el entusiasmo acompaña y cuando falta la ilusión humana, cuando se recogen victorias y cuando parece que sólo cosechamos fracasos..., mantened vivo el sentido del deber: ¡seamos leales! El Señor no se cansa nunca de nosotros: nos perdona una vez y otra, nos llama cada día, con una sucesión ininterrumpida de mociones que nos transforman —si procuramos corresponder a esas gracias— en instrumentos aptos, aunque no nos demos cuenta (…).

Os pido también una constancia diaria en ese apostolado de la Confesión, que la Iglesia espera de nosotros y que es el requisito indispensable para realizar una honda labor de almas. Derrochad mucha paciencia con las personas que tratáis, sin desanimaros cuando no respondan. Dedicadles tiempo, queredlas de verdad, y acabarán rindiéndose al Amor de Dios que descubrirán en vuestra conducta.

[1]San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 15-III-1969 (AGP, biblioteca, P01, 1969, p. 403).

[2] Ibid., pp. 405-406.

[3] Lc 5, 11.

[4] N. ed. En la fiesta de san José, los fieles del Opus Dei renuevan personalmente, sin ninguna formalidad,los compromisos que libremente asumieron al incorporarse a la Obra. Es buen momento para que los cristianos renueven sus compromisos bautismales.

[5]San Josemaría, Notas de una meditación, 19-III-1968 (AGP, biblioteca, P09, p. 99).


Domingo V de Cuaresma

La verdadera felicidad sólo se encuentra en la Cruz. Darse a los demás, por amor de Dios, es la receta para ser dichosos también en la tierra

(Texto del 1 de abril de 1993, publicado en “Caminar con Jesús al compás del año litúrgico", Ed. Cristiandad, Madrid 2014, pp. 164-168)

Hemos llegado a los umbrales de la Semana Santa. Dentro de pocos días, al asistir a las ceremonias litúrgicas del solemne Triduo Pascual, participaremos en las últimas horas de la vida terrena de Nuestro Señor Jesucristo, cuando se ofreció al Eterno Padre como Sacerdote y Víctima de la Nueva Alianza, sellando con su Sangre la reconciliación de todos los hombres con Dios. A pesar de su carga dramática, a la que no debemos ni podemos acostumbrarnos —¡el Inocente cargado con las culpas de los pecadores, el Justo que muere en lugar de los injustos!—, la tragedia de la Semana Santa es fuente de la más pura alegría para los cristianos. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor![1], canta la Iglesia en el Pregón pascual, a propósito del pecado de nuestros primeros padres, y queremos decir nosotros de nuestros errores personales diarios, si nos sirven para rectificar llenos de dolor de amor y crecer en espíritu de compunción.

Os aconsejo, hijas e hijos míos, que en estas jornadas santas que se avecinan procuréis fomentar en vuestras almas muchos actos de reparación y de dolor —dolor de amor—, pidiendo al Señor perdón por vuestras faltas personales y por las de la humanidad entera. Poneos con el pensamiento y el deseo junto a Cristo, en aquellas pruebas amargas de la Pasión, y tratad de consolarle con vuestras palabras llenas de cariño, con vuestras obras fieles, con vuestra mortificación y vuestra penitencia generosas, sobre todo en el cumplimiento de los deberes de cada momento. Si lo hacéis así, estad seguros de que ayudaréis a Jesús a llevar la Cruz —esa Cruz que pesa y pesará sobre el Cuerpo místico de Cristo hasta el final de los siglos—, siendo con Él corredentores. Participaréis de la gloria de su Resurrección, porque habréis padecido con Él[2], y quedaréis colmados de alegría, de una alegría que nada ni nadie os podrá quitar[3].

No olvidemos nunca, hijas e hijos de mi alma, que el gaudium cum pace, la alegría y la paz que el Señor nos ha prometido si somos fieles, no depende del bienestar material, ni de que las cosas salgan a la medida de nuestros deseos. No se funda en motivos de salud, ni en el éxito humano. Esa sería, en todo caso, una felicidad efímera, perecedera, mientras que nosotros aspiramos a una bienaventuranza eterna. La alegría profunda, que llena completamente al alma, tiene su origen en la unión con Nuestro Señor. Recordad aquellas palabras que nuestro amadísimo Fundador nos repitió en una de sus últimas tertulias: «Si quieres ser feliz, sé santo; si quieres ser más feliz, sé más santo; si quieres ser muy feliz —¡ya en la tierra!—, sé muy santo»[4].

Hija mía, hijo mío: la receta viene muy experimentada, porque nuestro santo Fundador, que tanto sufrió por el Señor, fue felicísimo en la tierra. Mejor dicho: precisamente por haberse unido íntimamente a Jesucristo en la Santa Cruz —en esto consiste la santidad, en identificarnos con Cristo crucificado—, recibió el premio de la alegría y de la paz.

Escuchad lo que nos confiaba en 1960, predicando una meditación el día de Viernes Santo. Rememoraba en su oración personal esa forja de sufrimientos que fue su vida, y nos animaba a no tener «miedo al dolor, ni a la deshonra, sin puntos de soberbia. El Señor, cuando llama a una criatura para que sea suya, le hace sentir el peso de la Cruz. Sin ponerme de ejemplo, os puedo decir que a lo largo de mi vida yo he sufrido dolor, amargura. Pero en medio de todo me he encontrado siempre feliz, Señor, porque Tú has sido mi Cirineo.

»¡Rechaza el miedo a la Cruz, hijo mío! ¿Ves a Cristo clavado en ella y, sin embargo, buscas sólo lo placentero? ¡Esto no va! ¿No te acuerdas de que no es el discípulo más que su Maestro? (cfr. Mt 10, 24).

»Señor, una vez más renovamos la aceptación de todo aquello que se llama en ascética tribulación, aunque a mí no me gusta esta palabra. Yo no tenía nada: ni años, ni experiencia, ni dinero; me encontraba humillado, no era... ¡nada, nada! Y de ese dolor llegaban salpicaduras a los que se hallaban a mi lado. Fueron años tremendos, en los que sin embargo jamás me sentí desgraciado. Señor, que mis hijos aprendan de mi pobre experiencia. Siendo miserable, no estuve nunca amargado. ¡He caminado siempre feliz! Feliz, llorando; feliz, con penas. ¡Gracias, Jesús! Y perdona por no haber sabido aprovechar mejor la lección»[5].

Al meditar estas palabras de nuestro Padre, la conclusión que hemos de sacar es clara: no debemos perder nunca, en ninguna circunstancia, la alegría sobrenatural que dimana de nuestra condición de hijos de Dios. Si alguna vez nos falta, acudiremos inmediatamente a la oración y a la dirección espiritual, al examen de conciencia bien hecho, para descubrir la causa y poner el remedio oportuno.

Es cierto que, en ocasiones, esa ausencia de alegría puede nacer de la enfermedad o del cansancio; es entonces obligación grave de los Directores facilitar a esos hermanos suyos el descanso y los cuidados oportunos, vigilando para que nadie —por un recargo excesivo de trabajo, por falta de sueño, por agotamiento o por la razón que sea— llegue a ponerse en una situación que causa un daño a su respuesta interior.

En otros momentos, como nos señalaba nuestro Padre, la pérdida de la alegría esconde raíces ascéticas. ¿Sabéis cuál es la más frecuente? La preocupación excesiva por la propia persona, el dar vueltas y revueltas en torno a uno mismo. Con lo poquita cosa que somos cada uno, ¿cómo se te ocurre a veces, hijo mío, hija mía, girar alrededor de tu propio yo? «Si nos amamos a nosotros mismos de un modo desordenado —escribe nuestro Padre—, motivo hay para estar tristes: ¡cuánto fracaso, cuánta pequeñez! La posesión de esa miseria nuestra ha de causar tristeza, desaliento. Pero si amamos a Dios sobre todas las cosas, y a los demás y a nosotros mismos en Dios y por Dios, ¡cuánto motivo de gozo!»[6].

Este ha sido el ejemplo del Maestro, que entregó su vida por nosotros. Vamos, pues, a corresponder de modo igual por Él y por los demás. Vamos a alejar de nuestro horizonte cotidiano cualquier preocupación personal; y si nos asalta alguna, la abandonaremos con plena confianza en el Sagrado Corazón de Jesús, en el Corazón Dulcísimo de María, nuestra Madre, y nos quedaremos tranquilos. Nosotros, hijas e hijos míos, hemos de preocuparnos —mejor dicho, hemos de ocuparnos— sólo de las cosas de Dios, que son las cosas de la Iglesia, de la Obra, de las almas. ¿No os dais cuenta de que hasta humanamente salimos ganando? Y, además, sólo así estaremos siempre llenos del gaudium cum pace y atraeremos a muchas otras personas a nuestro camino.

[1]Misal Romano, Vigilia Pascual (Pregón pascual).

[2]Cfr. Rm 8, 18.

[3]Cfr. Jn 16, 22.

[4]San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 7-VI-1975 (AGP, biblioteca, P01, VII-1975, p. 219).

[5] San Josemaría, Notas de una meditación, 15-IV-1960.

[6]San Josemaría, Carta 24-III-1931, n. 25.


Semana Santa

Acompañar a Cristo en la pasión

(Texto del 1 de abril de 1987, publicado en “Caminar con Jesús al compás del año litúrgico", Ed. Cristiandad, Madrid 2014, pp. 152-157).

Se aproximan los días de la Semana Santa, en los que la Iglesia celebra de modo solemne el adorable misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo; y estas fechas son especialmente apropiadas para poner en práctica aquel consejo de nuestro Padre: «¿Quieres acompañar de cerca, muy de cerca, a Jesús?... Abre el Santo Evangelio y lee la Pasión del Señor. Pero leer sólo, no: vivir. La diferencia es grande. Leer es recordar una cosa que pasó; vivir es hallarse presente en un acontecimiento que está sucediendo ahora mismo, ser uno más en aquellas escenas»[1].

Sí, hijas e hijos míos. Hemos de procurar ser uno más, viviendo en intimidad de entrega y de sentimientos, los diversos pasos del Maestro durante la Pasión; acompañar con el corazón y la cabeza a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen en aquellos acontecimientos tremendos, de los que no estuvimos ausentes cuando sucedieron, porque el Señor ha sufrido y ha muerto por los pecados de cada una y de cada uno de nosotros. Pedid a la Trinidad Santísima que nos conceda la gracia de entrar más a fondo en el dolor que cada uno ha causado a Jesucristo, para adquirir el hábito de la contrición, que fue tan profundo en la vida de nuestro santo Fundador, y le llevó a heroicos grados de Amor.

Meditemos a fondo y despacio las escenas de estos días. Contemplemos a Jesús en el Huerto de los Olivos, miremos cómo busca en la oración la fuerza para enfrentarse a los terribles padecimientos, que Él sabe tan próximos. En aquellos momentos, su Humanidad Santísima necesitaba la cercanía física y espiritual de sus amigos; y los Apóstoles le dejan solo: ¡Simón!, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora?[2]. Nos lo dice también a ti y a mí, que tantas veces hemos asegurado, como Pedro, que estábamos dispuestos a seguirle hasta la muerte y que, sin embargo, a menudo le dejamos solo, nos dormimos. Hemos de dolernos por estas deserciones personales, y por las de los otros, y hemos de considerar que abandonamos al Señor, quizá a diario, cuando descuidamos el cumplimiento de nuestro deber profesional, apostólico; cuando nuestra piedad es superficial, ramplona; cuando nos justificamos porque humanamente sentimos el peso y la fatiga; cuando nos falta la divina ilusión para secundar la Voluntad de Dios, aunque se resistan el alma y el cuerpo.

En cambio —empapémonos de esta realidad, actual entonces como ahora—, los enemigos de Dios están en vela: Judas, el traidor, y la chusma no se han concedido reposo, y llegan en plena noche para entregar con un beso al Hijo del hombre. Sigue golpeando en mi alma la impresión que me produjo, en México, la imagen de Cristo crucificado con una llaga tremenda en la mejilla —el beso de Judas—, imaginada por la piedad del pueblo cristiano, para simbolizar la herida que causó en su Corazón la defección de uno de los que Él había elegido personalmente.

Hijos de mi alma: ¡que no nos separemos nunca del Señor! Dejadme que insista: vamos a procurar seguirle muy de cerca, para que no se repita —en lo que dependa de nosotros— la indiferencia, el abandono, los besos traidores... En estos días, y siempre, «deja que tu corazón se expansione, que se ponga junto al Señor. Y cuando notes que se escapa —que eres cobarde, como los otros—, pide perdón por tus cobardías y las mías»[3], agarrado de la mano de tu Madre santa María, para que Ella infunda en tu alma un afán decidido y sincero, ¡operativo!, de fidelidad a ese Cristo que se entrega por nosotros.

Después del prendimiento en Getsemaní, acompañamos a Jesús a casa de Caifás y presenciamos el juicio —parodia blasfema— ante el Sanedrín. Abundan los insultos de los fariseos y levitas, las calumnias de los falsos testigos, bofetadas como aquélla, cobarde, del siervo del Pontífice, y suenan de forma sobrecogedora las negaciones de Pedro: ¡qué dolor el de nuestro Jesús, y qué lecciones para cada uno nosotros! Luego, el proceso ante Pilatos: aquel hombre es cobarde; no encuentra culpa en Cristo, pero no se atreve a pechar con las consecuencias de un comportamiento honrado. Primero busca una estratagema: ¿a quién dejamos libre, a Barrabás o a Jesús?[4]; y cuando le falla este expediente, ordena que sus soldados torturen al Señor, con la flagelación y la coronación de espinas. Ante el cuerpo destrozado del Salvador, nos hará mucho bien seguir aquel consejo de nuestro Padre: «Míralo, míralo... despacio»[5]; y preguntarnos: «Tú y yo, ¿no le habremos vuelto a coronar de espinas, y a abofetear, y a escupir?»[6]. Por último, la crucifixión. «Una Cruz. Un cuerpo cosido con clavos al madero. El costado abierto... Con Jesús quedan sólo su Madre, unas mujeres y un adolescente. Los apóstoles, ¿dónde están? ¿Y los que fueron curados de sus enfermedades: los cojos, los ciegos, los leprosos?... ¿Y los que le aclamaron?... ¡Nadie responde»![7].

Me ha ayudado a hacer la oración la descripción de los sufrimientos de Nuestro Señor, que hace santo Tomás de Aquino[8], con estilo literario escueto. Explica el Doctor Angélico que Jesús padeció por parte de todo tipo de hombres, pues le ultrajaron gentiles y judíos, varones y mujeres, sacerdotes y populacho, desconocidos y amigos, como Judas que le entregó y Pedro que le negó. Padeció también en la fama, por las blasfemias que le dijeron; en la honra, al ser objeto de ludibrio por los soldados y con los insultos que le dirigieron; en las cosas exteriores, pues fue despojado de sus vestiduras y azotado y maltratado; y en el alma, por el miedo y la angustia. Sufrió el martirio en todos los miembros del cuerpo: en la cabeza, la corona de espinas; en las manos y pies, las heridas de los clavos; en la cara, bofetadas y salivazos; en el resto del cuerpo, la flagelación. Y los sufrimientos se extendieron a todos los sentidos: en el tacto, las heridas; en el gusto, la hiel y el vinagre; en el oído, las blasfemias e insultos; en el olfato, pues le crucificaron en un lugar hediondo; en la vista, al ver llorar a su Madre... y —añado yo— nuestra poca colaboración, nuestra indiferencia.

Hijas e hijos míos, al meditar en la Pasión surge espontáneo en el alma un afán de reparar, de dar consuelo al Señor, de aliviarle sus dolores. Jesús sufre por los pecados de todos y, en estos tiempos nuestros, los hombres se empeñan, con una triste tenacidad, en ofender mucho a su Creador. ¡Decidámonos a desagraviar! ¿Verdad que todos sentís el deseo de ofrecer muchas alegrías a nuestro Amor? ¿Verdad que comprendéis que una falta nuestra —por pequeña que sea— tiene que suponer un gran dolor para Jesús? Por eso os insisto en que valoréis en mucho lo poco, en que afinéis en los detalles, en que tengáis auténtico pavor a caer en la rutina: ¡Dios nos ha concedido tanto, y Amor con amor se paga! Me dirijo a Jesús, contemplándole en el patíbulo de la Santa Cruz, y le ruego que nos alcance el don de que nuestras confesiones sacramentales sean más contritas: porque —como nos enseñaba nuestro Padre— sigue en ese Madero, desde hace veinte siglos, y es hora de que ahí nos coloquemos nosotros. Le suplico también que nos aumente el imperioso afán de llevar más almas a la Confesión.

En la Cruz, Jesús exclama: sitio![9]; tengo sed; y nuestro Padre nos recuerda que «ahora tiene sed... de amor, de almas»[10]. La redención se está haciendo, y nosotros hemos recibido una vocación divina que nos capacita y nos obliga a participar en la misión corredentora de la Iglesia, según el modo específico —querido por Dios para su Obra— que nos ha transmitido nuestro Padre.

El Señor y la Iglesia esperan que seamos leales a esta misión, que nos gastemos totalmente en nuestro empeño por ser apóstoles de Jesucristo. Esperan que carguemos sobre nuestros hombros, con alegría, la Cruz de Jesús, y que la abracemos «con la fuerza del Amor, llevándola en triunfo por todos los caminos de la tierra»[11].

Las almas necesitan que realicemos una labor mucho más extensa e intensa de apostolado y proselitismo: ¡urge mucho! ¿Y las dificultades del ambiente? Sabéis que el hecho de que exista un ambiente más o menos hostil al sacrificio, a la entrega, no es motivo para disminuir nuestro afán apostólico, ¡al contrario!: montes sicut cera fluxerunt a facie Domini[12]; los obstáculos se derriten como cera ante el fuego de la gracia divina. Nunca olvidéis que la obra de Cristo no termina en la Cruz y en el sepulcro, que no son un fracaso; que culmina en la Resurrección y en la Ascensión al Cielo, y en el envío del Paráclito: la Pentecostés ubérrima de frutos, que también ha de repetirse, necesariamente, en la vida de los cristianos, pues si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él [13]; y con Él, y por Él, y en Él llevaremos a innumerables hombres y mujeres, en los más diversos confines del mundo, el alegre anuncio de la Redención: el gozo y la paz que el Espíritu Santo derrama en los corazones fieles.

[1]San Josemaría, Vía Crucis, IX estación, punto 3.

[2] Mc 14, 37.

[3]San Josemaría, Vía Crucis, IX estación, punto 3.

[4]Cfr. Mt 17, 17.

[5]San Josemaría, Santo Rosario, II misterio doloroso.

[6]Ibid., III misterio doloroso.

[7]San Josemaría, Vía Crucis, XII estación, punto 2.

[8] Cfr. Santo Tomás, S.Th., III, q. 46, a. 5 c.

[9] Jn 19, 28.

[10]San Josemaría, Santo Rosario, V misterio doloroso.

[11] San Josemaría, Vía Crucis, IV estación.

[12]Sal 96, 5.

[13] Rm 6, 8.

 

En la fiesta de San José

El 19 de marzo la Iglesia celebra la fiesta del Santo Patriarca, patrono de la Iglesia y de la Obra, fecha en la que en el Opus Dei renovamos el compromiso de amor que nos une al Señor.

De la Iglesia y del Papa13/03/2019

Opus Dei - En la fiesta de San José

“San José es realmente Padre y Señor -afirma el fundador del Opus Dei-, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre”.

El San José Durmiente del Papa Francisco en la Casa de Santa Marta, con los papeles escritos por el propio Papa con sus peticiones.El San José Durmiente del Papa Francisco en la Casa de Santa Marta, con los papeles escritos por el propio Papa con sus peticiones.

Textos y audios sobre San José

Homilía de san Josemaría: En el taller de José

Rezar con el beato Álvaro del Portillo: en la fiesta de san José y Responder con alegría al querer de Dios.

Palabras del Papa Francisco en la consagración del Estado de la Ciudad del Vaticano también a san José y a san Miguel Arcángel. (5 de julio de 2013)


Textos para meditar sobre la fiesta de San José

Exhortación Redemptoris Custos, sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia. (San Juan Pablo II, 15 de agosto de 1989)

Una fidelidad que se renueva: La fiesta de San José pone ante nuestra mirada la belleza de una vida fiel. José se fiaba de Dios: por eso pudo ser su hombre de confianza en la tierra para cuidar de María y de Jesús, y es desde el cielo un padre bueno que cuida de nuestra fidelidad.

San José en la vida cristiana y en las enseñanzas de san Josemaría: editorial publicado en el nº 59 de Romana, sobre la devoción de san Josemaría a san José.

Aprender a ser fiel: La fidelidad a una persona, a un amor, a una vocación, es un camino en el que se alternan momentos de felicidad con periodos de oscuridad y duda.

Vida de María (IV): Los desposorios con José.

Relato sobre un episodio de la vida de San Josemaría que acrecentó su devoción al Santo Patriarca (marzo de 1935).

Dolores y gozos de San José: en formato PDF, con ilustraciones que representan los principales momentos de la vida del Santo Patriarca y de la Sagrada Familia.

¿Estuvo casado San José por segunda vez? (Preguntas sobre Jesucristo y la Iglesia).

Imagen de la Sagrada Familia, del retablo del Santuario de Torreciudad (Huesca, España).Imagen de la Sagrada Familia, del retablo del Santuario de Torreciudad (Huesca, España).

Vídeos sobre San José

En la fiesta de San José: San Josemaría habla en este vídeo sobre la devoción al Santo Patriarca. El Fundador del Opus Dei tenía una gran devoción a San José, y se conmovía ante las muestras populares de ese cariño al padre adoptivo de Jesús, tan extendido en todo el pueblo cristiano.

 

Devoción del Papa Francisco a San José: “Yo quisiera también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y tengo en mi escritorio tengo una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de san José para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema”.

 

 

Santa Josefina Bakhita, intercesora contra las nuevas esclavitudes

Salvador Bernal

Josefina Bakhita

photo_camera Josefina Bakhita

El 8 de febrero de 2015, fiesta de santa Josefina Bakhita, se celebró por primera vez la jornada mundial de oración y reflexión contra la trata de seres humanos y las diversas formas de esclavitud y abusos, fuertemente apoyada por el papa Francisco. La fecha no deja de ser significativa, porque Bakhita, esclava sudanesa desde la infancia, liberada a través de una concatenación de causas de sus cadenas y sufrimientos, transformó completamente su vida, hasta convertirse en modelo y fuerza para personas que, como ella, también hoy son vendidas, compradas y explotadas.

Un mes después de esa festividad, se difunde la noticia de dos nuevos libros sobre la santa italo-sudanesa, de la que nunca oí hablar –a pesar de su extendida fama de santidad, sobre todo en Italia- hasta la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer. Pienso que fue una pillería de Juan Pablo II hacer coincidir las dos beatificaciones el 17 de mayo de 1992 en la plaza de san Pedro, llena a rebosar con gentes de todo el mundo, para difundir aún más la vida de Bakhita. De otra parte, no se puede olvidar el afecto de Benedicto XVI hacia esta santa, citada ampliamente en su encíclica Spe salvi 3-5, como ejemplo de esperanza. Bakhita murió en Schio (Vicenza) en 1947, y fue canonizada en 2000, dos años antes que san Josemaría.

El primer libro es la traducción por Rialp del de Hervé Roullet, La esclava indomable: es un texto ágil, de fácil lectura, que honra la tradición francesa de la buena divulgación. Ofrece como dos planos: el clásico hagiográfico que, en este caso, comienza con una etapa ciertamente llena de aventuras apasionantes hasta la llegada de la protagonista a Italia; el segundo, la amplitud de las descripciones históricas y culturales de conjunto, que facilitan el conocimiento de la geografía e historia de Sudán y Darfur. En este sentido, Roullet ayuda a entender la opresión humana en África, especialmente la que han sufrido sufren los cristianos por parte de los musulmanes; la doctrina y praxis de la Iglesia sobre la esclavitud (con buen criterio, destaca sólo lo positivo), hasta la triste realidad de las nuevas esclavitudes.

En lo biográfico, saca partido a los datos disponibles, antes y después de su profesión como religiosa canosiana. Tras la muerte, enlaza con la causa de canonización y la declaración de sus virtudes heroicas, que va desgranando con cierto detalle, y en ciertos aspectos, subrayando concomitancias con Teresa de Lisieux, aunque no parece que la hubiera conocido. Se trata de una biografía sencilla, como la propia vida de la santa, que permite conocerla, así como las figuras de Madeleine de Canossa, y Daniele Comboni (ejemplos del moderno trabajo misionero en el mundo desde Italia).

El sábado 9 de marzo terminaba en Schio el mes habitual de celebraciones dedicadas a Santa Bakhita con la presentación del libro de Roberto Italo Zanini, periodista del diario Avvenire de Milán, Bakhita, el encanto –fascino- de una mujer libre (Ed. San Paulo).

La principal fuente sigue siendo el relato autobiográfico que la santa redactó por indicación de los superiores, ya religiosa canosiana. La realidad supera a la fértil imaginación de un buen escritor de aventuras. Fue secuestrada a los nueve años por mercaderes de esclavos y sufrió todo tipo de torturas y humillaciones. Con unos diez años, en su tercera transferencia de "propiedad", fue esclava de un general turco del que sufrió abusos físicos y morales (cientos de cortes en todo el cuerpo y la "torsión del pecho, como se hace con un paño para exprimirlo", decía ella misma, al evocar sus recuerdos). Años después era esclava del cónsul italiano en Jartum, que se la regaló a un amigo en 1885 (tenía unos 16 años), para satisfacer una especie de capricho de su esposa, una noble veneciana.

Frente a reivindicaciones actuales un tanto agresivas, no está de más subrayar, como hace Zanini –según las reseñas, pues no he leído aún el libro-,

que Bakhita conquistó la libertad perdonando a todos, porque los consideraba bienhechores, peones de la Providencia: "Si me encontrara con los negreros que me secuestraron y con los que me torturaron -explica-, me arrodillaría y les besaría las manos, porque si no me hubieran sucedido esas cosas, no sería cristiana ni me habría consagrado a Dios".

Josefina Bakhita es modelo de esperanza para los oprimidos, especialmente las mujeres. Pero el conocimiento de su vida resulta también inseparable de la dura realidad actual de Darfur y Sudán del sur, ante la magnitud de las penalidades y masacres en el siglo XXI, a pesar de la división de los dos estados.

 

 

¡CUARENTA DÍAS OTRA VEZ!

Cuarenta días otra vez

¡Cuarenta días, otra vez!. Me pregunto: ¿Qué haré este año? ¿Dejaré de fumar?. ¿Dejaré de tomar cerveza o refrescos? ¿Dejaré de comer dulces? ¿Dejaré de ver la televisión? ¿Dejaré de pasar tanto tiempo en las redes sociales? ¿Dejaré de enviar tantos whatsapps inútiles? ¿Y las fiestas que tengo planificadas? ¿No me conviene entonces? ¿Dejaré de...?

No, no, nada de esto es buena idea, definitivamente no. Ya sé, tomaré el café sin azúcar, la leche sin chocolate, no comeré tortillas de harina, no veré películas entre semana.

¡Cuarenta días otra vez! Y es que esta es, verdaderamente, la misma vieja historia que se repite año tras año: tratar de resignarme y vivir este tiempo de cuaresma, con la "Ley del mínimo esfuerzo". Y como siempre, dará resultado por unos cuantos días. Y es que estoy perdiendo de vista el objetivo. Pero yo mismo me río, porque ¿cuál es el objetivo?

¡Señor!, ¿No te das cuenta de que estoy perdido? ¡Cuaresma! ¡Cuarenta días, otra vez! Oración, ayuno, penitencia, conversión, limosna, confesarse, comulgar, ser mejor, cambiar, ¿ayudar a los demás? ¿indulgencias? ¿de qué se trata todo esto? Jesús, realmente no entiendo, no creo ni lo acepto. ¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué batallo tanto?

"Es Jesús mismo quien te responde"

Jesucristo- Yo soy el camino, la verdad y la vida. Todo lo que te pido es que me sigas. Que vengas conmigo adonde yo vaya en este camino de la cruz. Cuarenta días, sí, otra vez. Porque te necesito a ti. No necesito tus cigarros, ni tus bebidas, ni tus refrescos, ni el azúcar, ni el café, ni el chocolate. Sí, claro, todo esto te ayuda a vivir el espíritu de sacrificio, pero lo que yo necesito eres "TÚ". Necesito tus pies, necesito tus manos, necesito tus ojos, necesito tu libertad, tu memoria, tu voluntad, necesito tu comprensión, necesito tu mente, tu corazón y tu alma.

!Cuarenta días... otra vez¡ Déjame sanarte interiormente, déjame darte mi Amor, déjame mostrarte mi perdón y mi misericordia. Esto es lo que te pido:

Déjame entrar a tu corazón; acércate a mí en el silencio de tu alma y en la quietud de tu conciencia, ahí estoy yo, sediento de ti, esperándote con los brazos abiertos.

!Cuarenta días... otra vez ¡Sé que no es fácil, pero ciertamente es posible. El camino es largo y a ratos puede parecer aburrido y sin sentido. Te vas a cansar, muy pronto te vas a desanimar, puede ser doloroso y difícil, pero acuérdate que estoy contigo, siempre contigo.

Para convertir tu cansancio en ánimo, tu tristeza en alegría, tu pecado en gracia, tu soledad en compañía. No fue nada fácil para mí hacerlo hace ya dos mil años. Estaba solo, hambriento, cansado, tuve tentaciones pero tenía la seguridad de que mi Padre no me abandonaría. Escuché dentro de mi corazón: "Confía en MI"

No dejes que estos cuarenta días sean nada más un cambio cuaresmal, "otra vez". Arriésgate a caminar conmigo, sé valiente y acepta el reto, haz de este camino de la cruz algo muy especial... TÚ y YO, un camino desde dentro del corazón.

¡Cuarenta días... sí, otra vez, pero distintos! "Confía en Mi", Caminaremos juntos, sufriremos juntos, moriremos juntos al pecado en la cruz, para resucitar y VIVIR juntos mi GRACIA en la LUZ de la PASCUA de este año. "TENGO HAMBRE Y SED DE TI"

 

 

Divorcio: Razones de la Indisolubilidad del vínculo

El matrimonio en la cultura romana

Una institución natural, tan antigua como la humanidad

Orígenes y fines del matrimonio

1º.-¿Cuáles son los orígenes y los fines de la familia?

La sociedad doméstica es lógica y cronológicamente anterior a la sociedad civil. Ella es una institución natural, tan antigua como la humanidad que tiene sus orígenes en la propia vida humana, a la que genera, forma y perfecciona.

Sus fines esenciales son conservar la especie y asegurar la felicidad de los cónyuges. Ellos  se encuentran inscritos, con caracteres indelebles, en los instintos, en las tendencias y en las exigencias de la vida humana.

2º.- ¿Existe una jerarquía de importancia entre estos fines?

Entre estas dos finalidades existe una jerarquía evidente, que subordina lo menos a lo más. Garantizar la perpetuidad de la raza “bien social, bien humano- es la finalidad primordial y directa de la familia. Dar a los cónyuges la legítima satisfacción de sus afectos “bien individual y pasajero- es, por esto mismo, secundario.

3º.-¿Cuáles son las condiciones en que la familia puede cumplir con estas finalidades?

La estructura de un órgano es condicionada por su función. Si el fin de la familia es la conservación y desarrollo del género humano, necesarios y naturales serán también los medios que condicionan su realización objetiva.

Formar hombres no es sólo darles la vida, es asegurarles todos los medios sin los cuales la vida no es digna de ser vivida. Los padres, dándoles la vida a sus hijos, contraen la obligación de asistirlos  con sus cuidados durante todo el período de  su desarrollo.  Sólo la monogamia realiza esta concentración de afectos que puede beneficiar a padres y a hijos.

Como la generación, la educación debe ser el deber solidario de los que se unieron en la intimidad conyugal.

4º.- Tener familia es el primer derecho del niño

Es un derecho del niño el tener un padre y una madre

Tener familia es el primer derecho del niño

El primero y el más fundamental de los derechos del niño es el de tener una familia, el de tener un padre y una madre que le aseguren una existencia de acuerdo a  la dignidad humana. Por eso, eliminar la función de la unión conyugal y conservar el placer es un desorden biológico y una depravación moral.

El acto transmisor de la vida humana es pasajero, su fruto es permanente: como indisolubles y complementariamente conjugados son los vínculos de la paternidad y de la maternidad, así también son los vínculos conyugales que les dan origen. Esta es la ley vital de la familia humana.

Los hijos nacidos o por nacer son los acreedores perpetuos de la asociación conyugal.

5º.-¿Por qué los hombres deben unirse de modo monogámico e indisoluble, a diferencia de los otros seres animales?

De la variedad aparente de los regímenes sexuales en la serie animal resulta una gran ley que domina la biología. La unión de los sexos, cuyo fin es llenar los vacíos dejados por la muerte, es determinada en su forma y duración por las exigencias naturales de la prole.

Aplicada a la familia humana, la ley general se modifica según las necesidades específicas de nuestra naturaleza. Conservando siempre la unión de los sexos  su objetivo primordial de perpetuar la raza, en el caso del  hombre su formación exige largos años de colaboración asidua del hombre y de la mujer. En los hombres la indisolubilidad de la unión conyugal es la expresión del orden, la ley que corresponde a la nobleza y a la dignidad humana.

Desde el punto de vista biológico, como desde el punto de vista moral, la disolución del casamiento es un mal y el matrimonio debe ser proclamado científicamente: una monogamia libremente consentida e indisoluble.

6º.- ¿Qué relación existe entre el amor y la familia indisoluble?

La familia forma a los esposos para el sacrificio, contrario a los egoísmos sexuales. Por esto mismo, es la gran escuela educativa del verdadero amor.

El amor es por naturaleza absoluto. Absoluto en el tiempo: sus promesas y sus aspiraciones son eternas. Con los corazones nobles no se estipulan pactos efímeros.

Absoluto en el exclusivismo: con el mismo amor no se aman tres.

Absoluto en la totalidad de la donación: el matrimonio indisoluble es una donación recíproca , irrevocable, completa de dos almas.

La familia indisoluble es pues la exigencia auténtica del más noble amor.

Fundidos por la intimidad recíproca del amor en una sola unidad moral, que corresponde a la unidad física del hijo, los padres constituyen en la familia un ejemplo singular de una sociedad enteramente orientada para el bien de un tercero.

7º.- ¿Por qué no podemos liberar el amor de las obligaciones  de la familia?

Los tres enemigos del amor son: el impulso malo que nos arrastra para la animalidad, la inestabilidad y la irresponsabilidad.

Lo que debemos liberar no es nuestro amor, sino a nosotros mismos de nuestra miseria, de nuestro egoísmo, mediante la disciplina perseverante de la familia monogámica.

La familia es una escuela de formación y desarrollo espiritual para sus miembros

La familia educa los sentimientos del hombre

Canalizar el más egoísta de los instintos  en la más desinteresada de las instituciones, es la inapreciable ventaja que la indisolubilidad da a los cónyuges en el campo psicológico y moral.

La vida común no se mantiene ni se desarrolla sin la tolerancia mutua, hecha de sacrificios recíprocos. Así en el roce bienhechor del esmeril se van puliendo los diamantes brutos para que brillen en toda la pureza de su agua.

8º.- ¿Cómo la familia educa los sentimientos del hombre?

Las preocupaciones del futuro educan los sentimientos de responsabilidad y de economía y estimulan al ejercicio de las energías desinteresadas.

El hombre ya no es un egoísta:  son otros deseos que los placeres de un día. Tiene una familia a la cual ligó para siempre su nombre y, con él,  un tesoro de virtudes que transmitir a los herederos de su sangre.

Honra y gloria suya serán honra y gloria de sus hijos.

“La indisolubilidad del matrimonio es el baluarte de la dignidad y de la libertad personal contra la tiranía de las pasiones, el sustentáculo de la voluntad y de la constancia moral contra la inestabilidad de los afectos, el dominio  de la virilidad contra el afeminamiento, el triunfo del espíritu sobre la carne” (J. Donat, Ethica Specialis, 1921, p. 70).

9º.- ¿Qué relación tiene la familia con la vida social?

“Las familias legítimas son la matriz de la propia humanidad, el laboratorio sagrado donde se prepara, se forma y se conserva a cada instante, la sociedad entera.

“Desorganizar o deformar este laboratorio es provocar los más graves desordenes en la vida social: no habrá un solo mecanismo social que pueda funcionar normalmente, porque todos reciben de la familia la norma y el principio de su movimiento” (Paul Bureau, “L”indiscipline des moeurs”, p. 342)

10º.- ¿Por qué el divorcio invierte los fines de la familia?

El divorcio invierte la jerarquía de fines naturales del matrimonio porque ya no es la prole la que dicta la ley de la familia y la duración de su convivencia, sino la felicidad individual de los cónyuges.

Estamos por lo tanto frente a una perversión esencial.

 

 

El difícil equilibrio de amarse a sí mismo

   ¿Por qué ahora que todo el mundo habla de autoestima muy pocos se estiman de verdad? ¿Por qué hay «triunfadores que dan pena» y tanta gente profundamente insatisfecha?    En la confrontación personal entre lo que somos y la realidad a que aspiramos se juega la felicidad. Los muchos años de docencia y experiencia clínica del autor le permiten afrontar cuestiones desatendidas.   El término autoestima está de moda. Sin embargo, su significado más profundo todavía no ha sido desvelado como merece, y eso con independencia de que sea un concepto de muy amplia circulación social en la actualidad. Cuanto más frecuente es su uso, más parece que su auténtico significado pasa inadvertido a muchos.

   En cierto modo es normal que importe tanto, puesto que atañe a la dignidad de la persona y hace referencia a la índole del yo. La autoestima denota la íntima valoración que una persona hace de sí misma. Hasta cierto punto es natural que importe tanto, puesto que atañe a la dignidad de la persona y hace referencia a la índole del yo.

   William James, en su libro The Principles of Psychology, opina que la autoestima depende por completo de lo que nos propongamos ser y hacer, y que está determinada por la relación de nuestra realidad con nuestras supuestas potencialidades. Según él, puede expresarse con una fracción: el denominador es igual a nuestras pretensiones y el numerador, a los éxitos alcanzados.

   Cuanto mayor sea el éxito esperado y no logrado, más baja será la autoestima. Por el contrario, cuanto menores sean las aspiraciones o mayores los éxitos, tanto mayor será la autoestima. Con esta teoría se hace depender a la estima de los logros, metas y éxitos (resultados), con independencia de las cualidades, peculiaridades y características de cada persona (principios).

   No obstante, cualesquiera que sean los éxitos obtenidos o incluso cuando todavía no se ha logrado ninguno –como ocurre con los niños– la autoestima ya está presente.

   Hay personas que han triunfado en la vida de acuerdo con lo que la opinión pública entiende por triunfar. Han logrado éxito en su profesión y con su familia, gozan de prestigio social, disponen de un excelente futuro y, sin embargo, se estiman en muy poco. Son triunfadores que dan pena.

   Lo contrario de otros casos que, desde la exclusiva perspectiva del éxito social, serían calificados de fracasados y, sin embargo, resulta que su estima personal es alta. Por tanto, la autoestima no puede atribuirse principal o exclusivamente al éxito.

   Este «eficacismo» o pragmatismo utilitarista no se compagina con la realidad. Hoy se concibe la autoestima más como un resultado del rendimiento personal y social que como un principio a través del cual se reconoce la dignidad de la persona. Más una propiedad que deriva de lo conquistado (lo adquirido) que de lo dado (el don innato).

   De acuerdo con esta visión, poco o nada tiene que ver la autoestima con la bondad o maldad de lo que uno hace, sólo depende de lo acertado o desacertado de las acciones emprendidas, conforme a determinados criterios relativos a una especial productividad.

   La autoestima se nos presenta así como simple consecuencia de los resultados del hacer. Cuantificables según una mera dimensión económica y de prestigio social, pero no de lo bien o mal realizados, que en última instancia es lo que hace que alguien se considere bueno o malo y, en consecuencia, se estime o desestime.

   Se confunden así el ser y el tener, lo objetivo y lo subjetivo, el yo y los resultados.

   Pero ¿qué significa su magnificación? ¿Estamos acaso en una etapa cultural de acendrado individualismo? ¿Puede tal vez reducirse la autoestima a sólo la autoexaltación del yo? ¿Constituye este concepto, por el contrario, un modo de enriquecimiento cultural en servicio de la dignidad de la persona?

   ¿CÓMO SE COMPONE LA AUTOESTIMA?

   Se ignora casi todo acerca del origen de la autoestima y de los factores que contribuyen a su desarrollo en cada persona. En realidad, tiene mucho que ver con el conocimiento personal, pero no sólo con ello. No es aventurado admitir que las relaciones tempranas de afecto entre padres e hijos contribuyen en buena medida a configurar la futura autoestima.

   Además, la estimación de cada persona respecto de sí misma no acontece en el vacío. No es fruto de una autopercepción aislada, solitaria y silenciosa. Surge, claro está, de la percepción de sí mismo, pero entreverada con la experiencia que cada persona tiene del modo en que los demás le estiman. Es decir, que un referente obligado y necesario con el que hay que contar aquí es, precisamente, la estimación percibida en los otros respecto de sí mismo.

   Hay otros muchos factores. Por ejemplo, el ideal del yo del que se parte, de la persona ideal que cada uno quiere llegar a ser. En ocasiones se elige un modelo y compararse con él se adopta como criterio. Según los resultados que se obtengan, lleva a estimarse o no. Este criterio sirve de referente inevitable respecto del modo en que cada uno se estima a sí mismo. Este modelo no cae del cielo, sino que se diseña y construye de una manera implícita, tomando a menudo como inspiración a las personas relevantes con las que uno se ha relacionado y que suelen suscitar admiración. La admiración empuja a elevar a esas personas a la categoría de modelos.

   Importa mucho cómo se atribuye valor al modelo, porque de ese valor dependerá el criterio por el que se opte para evaluar la autoestima personal.

   Cuanto menor sea la edad de quienes diseñan modelos como inspiración para vertebrar el propio yo, tanto más importante es su función. Esto reviste especial relevancia en la etapa de la adolescencia.

   Otro ingrediente imprescindible es el propio cuerpo o, más exactamente expresado, la percepción del cuerpo. No hay estima sin corporalidad. Pero la percepción del propio cuerpo casi nunca es objetiva.

   A menudo hay sesgos, atribuciones erróneas, comparaciones injustas y muchas distorsiones, como consecuencia de haberse plegado a los criterios extraídos de los modelos impuestos por las modas. Sin apenas espíritu crítico, en muchos casos confunden y tergiversan la estima personal e inducen a la persona a juicios erróneos acerca de su cuerpo.

   Ello pone de manifiesto que la persona se estima también en función de cómo perciba su cuerpo y de cómo considera que lo perciben los demás, con independencia de que esa percepción sea real o no; en función del valor estético que atribuya a su figura; de la peor o mejor imagen que considere que da de sí misma, etcétera.

   Es muy difícil que la autoestima escape a este factor porque el cuerpo no es separable – aunque sí distinguible – del propio yo. El cuerpo media toda relación entre el yo y el mundo, más aún, manifiesta el yo al mundo. A través del cuerpo el yo se hace presente al mundo y el mundo se hace presente a la persona. Tanto importa a la autoestima personal la figura del cuerpo que, en circunstancias especiales, su distorsión fundamenta la aparición de trastornos psicopatológicos muy graves, como la anorexia.

   Además, la autoestima es un concepto muy poco estable y demasiado versátil que, lógicamente, va modificándose a lo largo de la vida. No sólo por las naturales transformaciones que sufre la persona a consecuencia del devenir, sino también por los profundos cambios de ciertas variables culturales (sesgos, atribuciones erróneas, modas, nuevos estilos de vida…) sobre las que resulta muy difícil ejercer cierto control y escapar de sus influencias.

   La autoestima atraviesa de parte a parte el entramado que configura la trayectoria biográfica de la persona. Conviene estudiar qué modificaciones sufre en función de la historia personal, los aciertos y desaciertos, las acciones dignas e indignas de la gente con que se entreteje eso que constituye la columna vertebral fundante de cada ser humano.

   UN MODELO PERSONAL CON CUATRO INGREDIENTES

   A continuación se pasará revista a los cuatro ingredientes más importantes que se dan cita en la génesis de la autoestima.

   1) El conocimiento personal

El primer factor es qué piensa la persona acerca de sí misma, sea porque se conozca bien o porque considera que quienes la conocen piensan bien de ella. En efecto, la autoestima es función del propio conocimiento, de lo que conocemos acerca de nosotros mismos.

   El mejor o peor modo de conocimiento resulta imprescindible para conducirse mejor a sí mismo en libertad. Pero la persona nunca acaba de conocerse. Antes termina la vida que el conocimiento personal; esto pone de manifiesto la inmensidad de la condición humana y lo limitado de nuestros conocimientos.

   A pesar de tanta ignorancia personal, las personas suelen amarse. ¿Qué hace que alguien se ame tanto a sí mismo? Aquello que, una vez conocido o imaginado, lo juzga como valioso. La atribución de valor a las características personales es uno de los factores sobre los que se fundamenta la autoestima.

   Cuando una persona considera que es un buen deportista, su autoestima crece; si se sabe capaz de hacer una excelente comida, su autoestima crece. Si ha sido calificada por quienes la rodean de amable y simpática, su autoestima crece. Y no tanto porque los demás así la hayan calificado, sino porque lo percibe en función de algún comentario indirecto acerca de ella.

   2) Factores emotivos

   En función de lo que se piensa, se siente. Si el juicio que una persona tiene de ella misma es positivo, normalmente experimenta también sentimientos positivos acerca de sí misma. El modo como los expresa reobra también sobre su autoestima. En cierto modo, la autoestima condiciona la expresión de las emociones, pero a su vez la expresión reafirma, consolida o niega la autoestima de la que se parte.

   Las personas se estiman también más en función de que manifiesten mejor sus emociones. La expresión de los propios sentimientos está muy vinculada a la autoestima, especialmente entre los más jóvenes. En esto queda mucho por hacer. Muchos adolescentes no pueden, no saben o no quieren manifestar sus sentimientos en público por miedo a hacer el ridículo. Como es lógico, un sentimiento que no se manifiesta es un sentimiento que no puede ser compartido por quienes los rodean. Por ello, el encuentro, la comunicación y la misma comprensión humana resultan gravemente afectados y pueden generar numerosos conflictos.

   Qué duda cabe que la afectividad y el emotivismo están hoy a la alza. Basta reparar en las tiradas de las «revistas del corazón» o en las audiencias de los seriales televisivos.

   Esto manifiesta que la empatía está presente, que los afectos de los otros nos afectan. Nada de particular tiene que, en este contexto, la autoestima – el afecto de los afectos – haya sido descrita en forma emotiva.

   En el fondo, podemos decir que la autoestima es el sentimiento que cada uno tiene de sí mismo, el sentimiento del yo acerca del yo, que es necesariamente complejo. Aquí coinciden y se superponen el yo-sujeto que siente y el yo-objeto sobre el cual se siente. En esta experiencia tal vez hay de por medio demasiado yo y muy escaso conocimiento de uno mismo.

   3) Autoestima y comportamiento

   La autoestima no sólo depende de los gestos, sino de lo que cada persona hace especialmente con su vida. Porque el hacer humano hace a la persona que lo hace; el hacer humano supone un cierto quehacer de la persona humana; el hacer humano obra sobre quien así se comporta, lo modifica minusvalorándolo o avalorándolo. Ninguna acción deja indiferente a quien la realiza y, por consiguiente, modifica también el modo en que se estima.

   A pesar de que tiene cierta verdad, la afirmación pragmática «la persona es lo que hace» no me parece suficientemente rigurosa y exacta. La autoestima también depende de lo que la persona hace, especialmente aquello que tiene una mayor incidencia en el hacerse a sí misma.

   En realidad, la propuesta anterior sólo podría admitirse si se ampliara el segundo término, pues la persona – y su autoestima – no puede reducirse sólo a su mero hacer. Para completar el enunciado habría que añadir otras funciones como, por ejemplo, lo que la persona piensa, siente, vive, proyecta, etcétera.

   Nunca las partes sustituyen al todo, incluso en el caso de la autoestima, sería un flaco servicio a la persona. No obstante, late allí una parte de verdad. La acción sigue siempre a la persona, como el actuar sigue al ser. De tal ser, tal obrar. Primero, el ser; después, el obrar.

   La bondad de lo hecho, lo que califica la acción realizada califica también a quien lo hizo. Pues esa persona añadió – mediante su acción – un nuevo valor a la cosa sobre la que intervino.

   La acción estimable hace más estimable a quien la realizó. Si lo hecho por alguien comporta un valor añadido a su propio ser, es lógico que esa persona se estime un poco más. La acción añade valor al agente y a la estima que se fundamenta en ese valor.

   4) Autoestima y estimación de los demás

   Otro factor importante para la génesis y desarrollo de la estima personal es el modo como percibimos que los otros nos estiman, la experiencia de sentirnos queridos, al modo en que experimentamos lo que los demás consideran valiosas determinadas cualidades personales.

   Este factor comienza desde antes del nacimiento –los padres estiman al hijo que vendrá, antes de su alumbramiento–, aunque de ello no tengamos ninguna experiencia. Una vez que nace el niño, sí que experimenta de continuo la estima de sus padres. A esto se le conoce como apego infantil.

   El apego, la confianza y la autoconfianza son elementos claves y originarios de la autoestima. Es muy difícil que un niño llegue a confiar en sí mismo si antes no ha experimentado confianza en sus padres. Y es que confiar en otros y en sí mismo forman parte del sentimiento de confianza básico, integrado en la autoestima.

   Pero la autoconfianza no sigue la ley del todo o nada, admite gradualidad, lo que permite acrecerla.

   Hoy se habla de que cada niño construye modelos prácticos del mundo y de sí mismo, en virtud de la interacción que haya tenido con sus padres. Experiencia que condicionará en el futuro su autoestima y sus proyectos. Estos modelos serán tanto más seguros, vigorosos, estables y confiados cuanto más apegado haya estado a su madre, más accesible y digna de confianza la haya experimentado y cuanto más disponible, estimulante y reforzadora haya sido la conducta de su padre.

   Por el contrario, el modelo práctico que el niño tiene de sí mismo será tanto más inseguro, débil, inestable y desconfiado en función de que perciba y atribuya a la interacción con sus padres rasgos de hostilidad, desconfianza, rechazo o dudosa accesibilidad.

   De estos modelos prácticos, que autoconstruye el niño, dependerá, de alguna forma, el modo en que más tarde serán los modos en que otros respondan a su comportamiento. Esto determinará su valía personal, su estilo emocional y, en una palabra, su autoconcepto y autoestima.

   El apego depende de los dos elementos que se concitan irrenunciablemente en esa relación: el niño y los padres. La vinculación entre madre e hijo depende del repertorio de conductas innatas del niño (temperamento) y de cuáles sean sus conductas (comportamiento de apego), pero también y principalmente de la sensibilidad y conducta materna y paterna.

   En consecuencia, el apego describe la necesidad básica que experimenta todo niño de buscar, establecer y mantener cierto grado de contacto físico y cercanía con las figuras vinculares, a través de las cuales moldea y configura las experiencias vivenciales de seguridad, confianza, emocionabilidad y estima, referidas tanto así mismo como a los otros y al mundo.

   LA FATIGA DE SER UNO MISMO

   La fatiga es una característica que afecta hoy a la mayoría de las personas. Eso es lógico si contemplamos el ir y venir, el movimiento incesante, la vida azacanada y urgida a que el activismo de cada día somete al vivir humano. Pero más allá del natural cansancio físico, consecuencia del ajetreo, la fatiga añade ciertas peculiaridades a esta situación vital y humana.

   Asistimos a un cierto desfondamiento de la vida personal. Hombres y mujeres parecen no hacer pie en sus propias existencias. Hacen muchas cosas, desde luego, pero tal vez ninguna les satisfaga.

   El avance tecnológico – en especial, en el ámbito de la informática y las telecomunicaciones – nos ha introducido y arrastrado a un nuevo escenario, un tanto revolucionario e imprevisible. Se han multiplicado nuestras capacidades y el rendimiento de nuestro trabajo al incrementarse los recursos técnicos de que hasta ahora disponíamos, y parece como si nuestras facultades se hubieran potenciado de forma casi ilimitada.

   No obstante, hoy más que nunca las personas se sienten solas y, sobre todo, se ignoran a sí mismas. Por eso importa poco que hagan tantas cosas. En muchos casos sus actividades no contribuyen a su realización personal ni a que se estimen mejor. Hacen lo que no quieren, y lo que quieren, eso es, precisamente, lo que no hacen.

   Tampoco se trata de estresarse todavía más estirando el escaso tiempo del que se dispone. Michael Ende, en su libro Momo, denuncia muy bien, a través de las palabras que dirige el señor Gris al barbero, este perverso afán de ahorrar el tiempo más necesario e importante: el que se ocupa en relacionarse con los demás. He aquí sus consejos:

   «¡¿Qué no sabe cómo ahorrar tiempo?! Pues, por ejemplo, ha de trabajar más deprisa y dejarse de cosas superfluas. Al cliente, en vez de media hora, dedíquele sólo un cuarto de hora. Evite las conversaciones que hacen perder el tiempo. La horita que está con su madre puede reducirla a media. Lo mejor que puede hacer es llevarla a una buena residencia de ancianos – barata, si puede ser – para que la cuiden. Entonces habrá ganado una hora entera cada día».

   La fatiga no suele estar causada sólo por la falta de tiempo, sino por lo que se hace en un tiempo que forzosamente es el que es, un bien escaso que huye y se consume de forma incesante. ¿Tiene algo de particular que en una situación como ésta experimenten tan insoportable fatiga? ¿Acaso se conocen mejor a sí mismos gracias a la informática? ¿Es que no experimentan tal vez una cierta nostalgia de sí mismos, de los primeros años de su vida, de lo que constituye el sentido que alumbra y vertebra su entera biografía?

   Tanta insatisfacción vital acumulada se aproxima mucho a la frustración crónica, en la que ni siquiera se vislumbra cómo escapar de ella. En esas circunstancias, la insatisfacción no suele restringirse al recortado horizonte vital, sino que invade la vida personal. Ahora es la propia vida la que ha sido alcanzada por la insatisfacción. La vida se ha hecho demasiado pesada como para continuar tirando de ella cada día. Pero apenas si hay una salida digna. Tal vez por eso las personas dejan de estimarse a sí mismas, a pesar de que a todas horas se habla de autoestima.

   Mientras tanto, persiste la fatiga psíquica, el cansancio se acrece, las ilusiones se extinguen, el horizonte vital se estrecha y la mente se repliega y atrinchera en ella misma, desesperada por no saber a qué atenerse para solucionar el problema. En esto consiste lo que algunas personas quieren significar cuando aluden a una pérdida de la autoestima.

   No es extraño que, después de leer tantos libros sobre autoestima, el fatigado lector experimente confundido el deseo de gritar: «¿Dónde está, autoestima, tu pujanza y vitalidad? ¿Dónde tu alegría de vivir, tu seguridad?».

   Se nos dice que debemos estimarnos más cada día, pero no sabemos cómo. Además, estimarse por estimarse – sin ninguna razón particular – apenas si sirve para algo.

   ¿Es que no está también el hombre fatigado de estimarse un día y otro, una hora y la siguiente, a pesar de tantas frustraciones? ¿Acaso resuelve sus problemas el hecho de estimarse, de recomenzar cada día, cansinamente, ese leve y frágil proceso de autoexaltación?

   No, tal modo de proceder en absoluto resuelve los problemas humanos. Más bien emergen nuevas preocupaciones por el propio cuerpo, el bienestar y la calidad de vida, la salud, los problemas económicos, etcétera; preocupaciones todas ellas que no cesan. Unas preocupaciones condicionadas a su vez por la excesiva ocupación que del cuerpo se ha hecho.

   ¿De qué sirven al hombre tantos cuidados y atenciones, si siempre está fatigado? ¿Podrán tanta sauna, masajes y jacuzzi devolverle su prestancia y frescura, gallardía y seguridad que caracterizan a los sanos? ¿Se alivia quizá la fatiga de ser uno mismo cuando se presta mayor atención al cuerpo?

   La fatiga de ser uno mismo revela las profundas transformaciones que se han producido en las actitudes, el modo de habérselas con la individualidad. Lo que a su vez guarda cierta relación con los profundos cambios normativos que han convulsionado los actuales estilos de vida.

   ¿CÓMO ENCONTRAR LA AUTOESTIMA PERDIDA?

   Para encontrar la autoestima perdida – una vez que se ha extraviado por haberla erigido en la dirección del propio comportamiento –, lo que debemos hacer es conocer mejor los propios sentimientos. Es una tarea personal que cada cual debe hacer como le plazca, pero que sin duda puede ser también ayudada por otros. Este es el propósito al que debe tender la educación de los sentimientos.

    Se conocen mejor los sentimientos cuando se está avisado de que la acción valorativa de la realidad, que se nos entrega a través de los sentimientos, no es siempre justa ni verdadera; que muchas realidades, personales o no, merecen un aprecio o valor distinto del que procuran los propios sentimientos; que ninguna otra persona debiera ser despreciada, ignorada o condenada a la indiferencia sólo porque en eso concluyan los sentimientos que suscita; que en cada persona, también en sí misma, hay muchos más valores positivos que negativos aunque, por los sentimientos, la persona sólo alcanza a percibir, en ocasiones, los negativos; que la realidad percibida es siempre positiva, aunque los sentimientos suscitados por su percepción concluyan lo contrario; que por muy vital que sea la experiencia a que determinados sentimientos conducen a la persona, los propios sentimientos son siempre engañosos y deben ser corregidos, rectificados y enderezados, de acuerdo con la verdad.

   No olvidemos que los sentimientos también hunden sus raíces en el sustrato biológico: nuestro cuerpo. Los sentimientos tienen que ver con algunas funciones corporales, especialmente con el sistema nervioso y el endocrino. Ambos tienen muy poco que ver con las circunstancias que nos rodean, hasta el punto de que pueden funcionar con casi total autonomía e independencia de ellas y suscitar los correspondientes efectos, emociones y sentimientos.

   La autoestima se encuentra y recupera cuando se rectifica el error que causó su pérdida o cuando se educan los sentimientos erróneos que causaron tal extravío.

   Los sentimientos no son dueños de ellos mismos y, por ende, tampoco saben moderarse como debieran. Moderarlos no siempre significa aminorar su intensidad o duración. En ocasiones moderar los sentimientos significa acrecerlos, estimularlos, reforzarlos. En ocasiones significa también hacer lo contrario.

   La facultad que tiene que determinar esa moderación no es la vida afectiva, sino la razón. Corresponde a ésta determinar el fin, establecer la meta a la que los sentimientos de la persona han de llegar. Corresponde a la razón –además de establecer el fin– integrar y armonizar todas las funciones psicobiológicas de la persona para que se alcance la meta establecida con el concurso valiosísimo e irrenunciable de todas ellas. Un propósito sin el que la vida carecería de valor, con independencia de cuáles fuesen los sentimientos que se experimentasen.

   En conclusión, corresponde a la razón establecer el fin y los medios necesarios para lograr la meta que da sentido a la vida personal, y también a las diversas funciones que, armonizadas e integradas a ella, permiten su consecución.

   La consecución del fin es lo que nos hace felices. La autorrealización de la persona se halla en función de la felicidad que se quiere alcanzar. Pero sólo se podrá alcanzar ese fin si la razón y el corazón, la voluntad y la imaginación, la memoria y los apetitos – en una palabra, la entera persona y sus funciones – se coordinan e integran en una unidad funcional superior y de más poderoso alcance.

   La felicidad, la armonía psíquica, la vida lograda, la armonía interior, y como quiera llamarse, así lo exigen. Pero no se piense que el poder hegemónico de la razón y la voluntad es tan poderoso. De hecho, la razón y la voluntad en muchas ocasiones manifiestan su impotencia para someter, como se supone que deberían, a las emociones.

   En consecuencia, la educación de los sentimientos debiera estar presidida por el eficiente consejo socrático de que el sometimiento de los sentimientos y emociones a la razón no ha de hacerse de un modo despótico sino político. Ese sometimiento debe ser acompasado, sin estridencias ni exclusiones, sin despreciar o anular los sentimientos, sino fortaleciéndolos y cooperando con ellos.

   En la persona habrá siempre una cierta lucha (brutal y despiadada, unas veces; parsimoniosa y rutinaria, otras), sin la cual no podrá alcanzar su fin.

   Platón describe magistralmente lo que acontece cuando no se establece esa lucha porque los sentimientos no se educan, es decir, porque no se educa para la libertad. El siguiente fragmento del Teeteto constituye un diagnóstico certero y luminoso de lo que acontece hoy en los jóvenes y menos jóvenes que se ignoran a sí mismos: «Sus almas se hacen pequeñas y retorcidas. Por la esclavitud que ya de jóvenes sufrieron, se vieron privados de perfección, rectitud y libertad, y obligados a la práctica de la falsedad, arrojando a tan grandes peligros y temores a sus almas todavía tiernas, que, al no poder soportar lo justo y lo verdadero, se volvieron hacia la mentira y la injusticia, con el consiguiente retorcimiento y quebranto de sí».

   La vigencia actual del diagnóstico platónico coincide y ha sido verificada por otros muchos autores contemporáneos, quienes también atribuyen estos errores a la ausencia de la educación en los sentimientos. «La educación – escribe Lledó – juega aquí, de nuevo, un papel decisivo. Es una sociedad sin modelos importantes, sumida en un miserable afán de lucro, mentalizada su juventud con pequeños móviles utilitarios, corrompida la inteligencia con las bajas propuestas de los que luchan para perpetuar la esclavitud, el amor era la fuente que podía lanzar al hombre hacia otro lado de la realidad». Pero no parece que hoy se tenga la preocupación de educar los sentimientos amorosos.

   El abandono a la libre espontaneidad de los sentimientos no debiera considerarse como indicio de autenticidad, sino como ausencia de autocontrol. He aquí otra consecuencia más de la omisión de la necesaria educación de las emociones. El mundo personal oscila entre la naturaleza que somos y la realidad a la que aspiramos. Un mundo en el que se encuentran y chocan entre sí las poderosas tendencias fisiológicas y el irrenunciable y vigoroso anhelo de justicia y perfección.

   En esa confrontación está en juego la felicidad. Si no se logra armonizar, el drama de la vida humana comparecerá en la escena.

   Ese equilibrio lo proporciona el conocimiento. No hay conocimiento sin amor, del mismo modo que no hay amor sin conocimiento. Amor y conocimiento irrumpen en la persona que experimenta la nostalgia de ser ella misma. Una nostalgia que se vehiculiza a través del recuerdo de la autoestima esencial de la que se gozó en el origen.

   En el aprendizaje de las habilidades y destrezas para esa lucha ha de consistir la educación de los sentimientos y apetitos. Sólo así, los sentimientos y la autoestima estarán donde deben estar para que la persona sea feliz: exactamente en ese término medio entre el exceso y el defecto, que es lo que se conoce como virtud.

   Las virtudes constituyen el punto de equilibrio en lo relativo a los sentimientos y apetitos, de manera que sean los más adecuados – en frecuencia, intensidad, duración y cualificación – respecto de los fines establecidos. La educación en los sentimientos no es al fin otra cosa que la educación ética.

   Esta armonización no consiste tanto en reprimir las tendencias humanas como en optimizarlas. La ética, además de educar los sentimientos, es la ciencia que enseña a dirigir el propio comportamiento para alcanzar la felicidad.

Aquilino Polaino-Lorente

 

El Bullying también lo fomentan los padres con su mal ejemplo.

ESCUELA PARA PADRES

El Bullying también lo fomentan los padres con su mal ejemplo. (14 ocasiones)

793 Palabras. Tiempo de lectura 3:00 aproximadamente.

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El Bullying, sin querer o queriendo, puede empezar a fomentarse desde la tranquilidad del hogar, con esos comentarios mordaces, despectivos, injuriosos, etc. que los padres hacen delante de los hijos, sobre las personas que son diferentes a su grupo étnico, social o intelectual.

Esos comentarios suelen fomentar en los hijos la xenofobia, el racismo, la intolerancia, el abuso de fuerza, la discriminación, la aporofobia (miedo a la pobreza), la burla por el físico o imagen, etc., de eso, solamente hay un pequeño paso para desencadenar el chispazo del crimen del bullying.

Critican o consienten que los hijos hablen despectiva o negativamente, sobre diferencias en los sistemas de educación entre escuelas públicas, colegios privados y homeschooling, lo que crea un sentido de rechazo a los no iguales, que algunas veces termina fomentando el bullying.

Los padres no deben hablar con total naturalidad delante de sus hijos, sobre las cosas que nos les gustan de otros, o de situaciones contrarias a sus intereses económicos, sociales o educacionales, demonizando a todos los que no son iguales.

14 Ocasiones en las que los padres pueden sembrar la semilla del bullying:

  1. Cuando critican a las víctimas del bullying al decir “Algo habrán hecho”. “No saben ni defenderse”
  2. Cuando critican a los que son pacíficos y no quieren meterse en peleas, animando a los promotores del bullying: “Son unos cobardes, dejan que todo el mundo haga lo que quiera, no imponen su autoridad”.
  3. Cuando critican a todo lo que sea inclusión, flexibilidad, generosidad, comprensión, caridad, respeto, etc.
  4. Cuando critican aseverando que todos hacen todo mal, y nosotros lo hacemos todo bien.
  5. Cuando critican con expresiones faciales o lenguaje corporal, indicando el disgusto de estar con alguien, que no les cae bien.
  6. Cuando critican continuadamente a los políticos elegidos democráticamente, aunque los que critican, no hayan ejercido el derecho al voto.
  7. Cuando critican a los profesores que castigan a los responsables que ejercieron el Bullying.
  8. Cuando critican los videos comprados o los programa de TV, que no contengan explícitamente acciones violentas, contra las personas más débiles o indefensas.
  9. Cuando critican despiadadamente a otros familiares o amigos comunes, en relación con sus gastos o ingresos, situación económica, problemas familiares, etc.
  10. Cuando critican de forma hiriente o ridiculizadora, los artículos de opinión, noticias o personas en los medios de comunicación, etc.
  11. Cuando critican perversamente, atentando contra la autoestima y dignidad de otras personas, en frases como: “No valen para nada”. “Por mucho que se esfuercen no lo van a conseguir”. “No vale la pena, ni que lo intenten”. “No son capaces”. “Por su culpa, nosotros estamos así”.
  12. Cuando critican negativamente todo lo que sucede, expresando intolerancia hacia lo diferente o ignorado.
  13. Cuando critican sobre colectivos diferentes a ellos, por su Fe, raza, etnia, color, situación económica, cultural, salud, presencia, etc.
  14. Cuando critican sobre todo lo que se oye o ve en la televisión, en determinados programas, sin ejercer el derecho de cambiar el canal.

Algunos padres no quieren o no saben darse cuenta, que ellos tienen que ser para sus hijos los modelos de virtudes, y que tienen que educarlos con sus conocimientos y prácticas de las virtudes y valores humanos. Deben examinar sus propias conductas y lo que se les enseña, considerando cómo afectan a los más pequeños, los comentarios violentos que realizan incluso dentro del hogar.

Los padres deben comprender que sus comentarios, hechos o actitudes despectivas o agresivas, tienen consecuencias directas sobre el comportamiento de los hijos. Tienen que darse cuenta que están enseñando a sus hijos a abusar, fomentando o consintiendo, que sus hijos en la escuela o en la calle hagan bullying.

El efecto desolador que produce, el hacer comentarios tras comentarios de otras personas diferentes, se quejan, dan opiniones sobre todo y sobre todos. Lanzan condena tras condena contra otras personas, que son distintas a ellos. Incluso sugieren que si tuvieran el poder, actuarían de manera violenta con otras personas diferentes.

En el mismo hogar empieza la siembra de la semilla del odio, pues cuando los hijos llegan a tener poder, en grupo o en solitario, contra otra persona diferente, se le viene el recuerdo de las injurias que sus padres han dicho, sobre determinadas personas. Casi siempre indefensas o en minoría.

Pueden enviar sus consultas o comentarios a francisco@micumbre.com

 

 

Civilizado ¿como los animales?

        Quienes han escrito la historia de las civilizaciones, han sido las personas, es decir quienes ideológicamente, siempre, se han  creído o sentido seres superiores, por pertenecer a la especie humana. A las demás especies existentes y los individuos que las integran en el Planeta, apenas se les ha tenido en cuenta, o ha sido únicamente para utilizarlos como parte de la cadena alimentaria.

         Por eso desde la antigüedad, el sistema de vida  y de creencias, -y la evolución  de una y otras, hasta llegar al sistema socioeconómico y tecnológico actual-, el adjetivo "civilizado" nunca se ha pensado que conviniera más que a los "humanos". En consecuencia los hábitos, reglas, leyes y adjetivos han seguido y siguen esas pautas.

       "Las personas civilizadas son las que pueden convivir con otras en un medio social de acuerdo a las pautas de comportamiento que esa sociedad establece. Un animal puede considerarse civilizado cuando responde a un proceso de domesticación y actúa de acuerdo a las órdenes de los dueños, ocultando en mayor o menor grado su lado salvaje".

https://www.definicionabc.com/social/civilizado.php

       Según eso, los humanos que han escrito la historia, estarían dispuestos a conceder el adjetivo de "civilizados" a los animales, solo cuando ellos les han "domesticado", les "obedecen" y/o "han perdido u ocultado su lado salvaje".

       Resulta paradójico que los seres de las distintas especies, nacen libres, se sienten y viven libres, pero los únicos que hayan montado un sistema en defensa de la libertad, sean los humanos. ¿Se sienten amenazados? ¿Son ellos mismos un peligro para los demás y para sí mismos?

       No creo que la duda ofenda. Las respuestas a las preguntas, son más bien escasas. Y salvo excepciones, no han sido buscadas, por la sencilla razón de que, quienes deberían buscarlas, están (estamos) entre los "animales racionales" o "civilizados", aunque seamos también animales.

       Alguien ha dicho que: "Los peores crímenes siempre nacen de la idea delirante de muy pocos, que muchos otros por cobardía e indiferencia dejan convertirse en realidad. Cuando los malos ganan es porque se lo permiten aquellos que habrían podido pararles los pies y no lo hicieron. Esto no solo es aplicable a las grandes tragedias, sino a la vida cotidiana de las sociedades democráticas desarrolladas en las que las múltiples variedades del rodillo ideológico... cada vez con mayor agresividad, (aplastan) los derechos civiles de los individuos y destruyen lenta pero implacablemente nuestro sistema de defensa de la libertad", (Hermann Tertsch@hermanntertsch).

        Ese interés  exclusivo y egoísta de los  "civilizados" humanos, ¿les ha beneficiado a ellos y a los demás seres que han convivido o conviven en el Planeta?  Veamos. La comunidad científica de 184 países ha firmado varios AVISOS A LA HUMANIDAD, para que tome consciencia de la gravedad de la situación en que nos encontramos, generalmente por la acción humana. El primer Aviso se hizo en 1992.

         1) Los no humanos, son los primeros amenazados.

          Evidentemente, la pregunta que encabezaba el escrito, no es romántica o nostálgica, como alguno pueda imaginar.  No es  la canción de Roberto Carlos, "Yo quisiera ser civilizado como los animales",  que podía ser un himno a la vida y la convivencia  de humanos y animales. Es, mucho más profunda. Tiene que ver con la amenaza que sobre ellos (los animales) y sobre nosotros, se cierne, si no tomamos consciencia y ponemos remedio.

        No hemos aprendido, que ellos viven, sienten, y dejan vivir, sin juzgar, sin descalificaciones y sin miedos (salvo a la violencia, los ruidos y las explosiones). Respetan y aceptan cada cosa como es y cada día como viene. Por supuesto tienen que alimentarse, pero sin destruir el entorno. Son felices con lo mínimo  y quien a ellos se acerca, puede aprender mil cosas.

https://youtu.be/OcQ8Cggnqt0

        Viven naturalmente en grupos, en manadas o en sociedades. Socializan con individuos de otras especies,  pero no son considerados "civilizados". Su mayor peligro no son las bajas que sufren de algún animal que mata para alimentarse, sino los humanos, por su falta de respeto y su avaricia.     

       Éstos, los "civilizados",  con el uso de la inteligencia, de la fuerza y de la tecnología, les han puesto en peligro y les han llevado a situaciones de consecuencias graves, -en muchos casos ya irreversibles-, para los individuos y sus especies. ¿Quién (persona u organismo) y cuándo han defendido sus derechos?  Y si  últimamente se habla de ellos, ¿es por interés de los "animales" o por el propio interés de los humanos?

       En este punto, convendría recordar que la  Humanidad mata cada año, para consumir su carne, a un número de 30.000 millones de animales, (solo de bovino, ovino, caprino, porcino, equino, aves y conejos) lo que multiplica por cuatro la propia población humana.

      Nos enfrentamos a "una pérdida del 29% en el número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces. Algunas especies se están extinguiendo a una tasa 1000 veces mayor de la normal. Tan solo en el análisis de 177 especies de mamíferos, los investigadores hallaron que esos animales han perdido ya al menos 30% de su "espacio" territorial entre 1900 y 2015, y el 40% de esas especies han sufrido pérdidas sustantivas de población. Se está arrasando a la naturaleza de modo acelerado y algunas especies tan icónicas como los elefantes o los osos polares, están en grave riesgo de colapso".

https://www.elheraldodelhenares.com/op/segundo-aviso-para-salvar-el-plan...

      Si a ello añadimos, la contaminación y la pérdida de biodiversidad, los incendios y las guerras, cualquiera puede hacer la pregunta en Internet sobre la desaparición de especies. La respuesta que yo he recibido el 7 de marzo 2019 es que se extinguen de150 a 200 especies cada 24 horas. La ONU ya había alertado en 2017, "que eso se consideraba la mayor ola de extinciones desde que desaparecieron los dinosaurios". Por si alguien no lo recuerda: hace unos 65 millones de años. 

https://youtu.be/InFeBzxatpk

      En todo caso y en general, los sabios están de acuerdo en que los "no civilizados" hacen menos daño que los humanos a la Naturaleza y a su entorno.  Puede decirse, pues, que "los no civilizados" son mayoritariamente las víctimas inocentes de la acción humana. Tan solo por eso, ya debería hacer pensar que no es una locura decir que deberíamos ser "civilizados como los animales".

       Si además hubiéramos tenido la humildad de acercarnos a ellos y descubrir la riqueza de su alma, su ternura, su fidelidad y sus ganas de jugar y de vivir, tal vez nos hubieran ayudado a descubrir y ser lo que somos. ¡Hay muchas cosas del universo y de nosotros que desconocemos y que los animales pueden ayudar a descubrir, si hubiera disposición de aprender! Sin pretender que sean como el lobo converso, de Rubén Darío, que veía que "todas las criaturas eran mis hermanos: los hermanos hombres, los hermanos bueyes, hermanas estrellas y hermanos  gusanos"...

        2) Los propios humanos, a veces, ponen en duda que sean  "civilizados".

        Según la definición de "civilizado", que una persona sea "civilizada"  puede indicar, 1) simplemente que "forma parte de una civilización"; 2) que "su manera de actuar es apropiada para la convivencia social".

        Pero, como la historia no se puede negar y los hechos son los que son, quienes adjudican ese calificativo a los humanos, se ven obligados a reconocer que: "Una de las situaciones o circunstancias más comunes en las que tal condición de civilizado se puede poner en duda es aquella en la cual las personas realizan diversos actos de violencia irracional contra otros (personas u objetos) con el simple objetivo de destruir o de causar daño". https://www.definicionabc.com/social/civilizado.php.

       ¿Cuántos "no civilizados" han usado la violencia contra los de su propia especie?

        a)  La violencia irracional que aún persiste.

        Me refiero a la violencia que manifiesta y ejerce contra los seres de su misma especie. Que no se justifica para poder comer, sino "para dominar, destruir y causar daño".

        La historia de la humanidad está plagada de miedos y de guerras, de muertes y de heridos. Tan solo una muestra de esa barbarie cuyos datos están al alcance de cualquiera: Entre 1914 y 1918, la guerra costó la vida a un número indefinido que va de 10 a 31 millones de humanos entre civiles y militares; además de dejar cerca de 18 millones de heridos.

       El resultado de la acción devastadora del ser humano, en 6 años y un día  que duró la II Guerra Mundial, que termino en 1945, según los historiadores dejó más de 72 millones de muertos; algunos elevan esa cifra hasta 83 millones. Pero además, a ese terrible balance, habría que añadir 65 millones de heridos, de los cuales 35 millones quedaron muy graves y 3 millones de desaparecidos.

       Cierto que ese desastre terminó hace 74 años. ¿Fue suficiente para que los humanos inteligentes, aprendieran la lección de ser "civilizados"? ¡En absoluto!

          Hubo naciones que no se implicaron directamente en esas contiendas, aunque como España sufrieron antes o después  durísimas guerras civiles.  En China entre l948-49 que duraron menos de 3 meses, las cifras de bajas, solo en la batalla de Huaihai, más de 500.000 soldados nacionalistas y más de 130.000 comunistas.

          Tampoco la tragedia humana se detuvo entonces. Ha habido después guerras en todos los continentes. En algunos persisten. A parte de las personas que han perdido la vida en ellas, ACNUR cifraba el número de desplazados a finales de 2018, en 69.000 millones.

          Seguro que alguno se pregunta si de verdad somos ¿"más civilizados" que los animales?

               b)  La ambición irracional nos ha convertido en deudores y esclavos.

              Si a esas cifras, se añaden, los incendios provocados, la tala indiscriminada de árboles que reduce constantemente el pulmón terrestre, la especulación y la ambición de quienes quieren ganar el máximo posible en el menor tiempo posible, está dejando el futuro de la mayoría en manos de unos pocos.

              Los jóvenes, los trabajadores y los ancianos, y todos de algún modo, incluso antes de nacer, son propiedad del Estado.  Pero es el sector financiero quien gobierna, gracias a la especulación, y la globalización. Los partidos y los gobiernos de cualquier color y de cualquier país, están en manos del mercado financiero.

              La natalidad, la superpoblación, el trabajo permanente y el estado del bienestar son una amenaza para ese sistema. El trabajo se precariza. El empresario intenta salir al paso con prejubilaciones. Y el Estado con todo tipo de ayudas incentivadoras o subvenciones.

               El dinero físico en circulación es cada vez menor. En general, el dinero no está respaldado por patrones reales de oro, en ningún país. La mayor parte es virtual y "apuntes contables". Se inyecta dinero y se aumenta la deuda, aunque los gobiernos pierdan credibilidad, porque es a los ciudadanos -actuales y futuros-, a quienes se les endosa la deuda sobre la deuda.

              El sistema socioeconómico está siendo engullido por un entramado global de especulación, en pocas manos. Muchos no se dan cuenta pero el cambio es tan brutal que se está dando paso a una sociedad de "esclavos integrales". Creen ser felices porque ignoran lo que son, mientras consumen.

             Para algunos filósofos y sociólogos, como  Zygmunt Bauman les llama también "raza de deudores"

              Los más lúcidos, comienzan a inquietarse o están ya desconcertados. El futuro les produce miedo y el presente pesimismo. Esto se puede sentir en un clima de crispación y violencia, tanto en el ámbito social, como en las familias, en la juventud y  en diversas formas de bullyng (acoso físico o psicológico)

              En este cambio, la sociedad ha ido perdiendo valores. Pero los humanos cada vez recuerdan menos que son, espíritus encarnados.  Y sin eso ¿qué les queda?

             Los animales, en general, no padecen ese estrés. Son una buena compañía. Su cercanía relaja y da paz. Tal vez debiéramos preguntarnos si no sería bueno que fuéramos "civilizados" como los animales.

             Cada vez se está utilizando a los animales como terapia, con resultados muy positivos. ¿Por qué no facilitar la educación, el aprendizaje, la adquisición de habilidades y el descubrimiento de valores que pueden aportar los animales, en la familia y en la escuela?

            Si no aprendemos, de forma urgente, y tomamos consciencia, tendremos, como dijo Hawking,  que abandonar este Planeta azul.

            José Manuel Belmonte

        Quienes han escrito la historia de las civilizaciones, han sido las personas, es decir quienes ideológicamente, siempre, se han  creído o sentido seres superiores, por pertenecer a la especie humana. A las demás especies existentes y los individuos que las integran en el Planeta, apenas se les ha tenido en cuenta, o ha sido únicamente para utilizarlos como parte de la cadena alimentaria.

         Por eso desde la antigüedad, el sistema de vida  y de creencias, -y la evolución  de una y otras, hasta llegar al sistema socioeconómico y tecnológico actual-, el adjetivo "civilizado" nunca se ha pensado que conviniera más que a los "humanos". En consecuencia los hábitos, reglas, leyes y adjetivos han seguido y siguen esas pautas.

       "Las personas civilizadas son las que pueden convivir con otras en un medio social de acuerdo a las pautas de comportamiento que esa sociedad establece. Un animal puede considerarse civilizado cuando responde a un proceso de domesticación y actúa de acuerdo a las órdenes de los dueños, ocultando en mayor o menor grado su lado salvaje".

https://www.definicionabc.com/social/civilizado.php

       Según eso, los humanos que han escrito la historia, estarían dispuestos a conceder el adjetivo de "civilizados" a los animales, solo cuando ellos les han "domesticado", les "obedecen" y/o "han perdido u ocultado su lado salvaje".

       Resulta paradójico que los seres de las distintas especies, nacen libres, se sienten y viven libres, pero los únicos que hayan montado un sistema en defensa de la libertad, sean los humanos. ¿Se sienten amenazados? ¿Son ellos mismos un peligro para los demás y para sí mismos?

       No creo que la duda ofenda. Las respuestas a las preguntas, son más bien escasas. Y salvo excepciones, no han sido buscadas, por la sencilla razón de que, quienes deberían buscarlas, están (estamos) entre los "animales racionales" o "civilizados", aunque seamos también animales.

       Alguien ha dicho que: "Los peores crímenes siempre nacen de la idea delirante de muy pocos, que muchos otros por cobardía e indiferencia dejan convertirse en realidad. Cuando los malos ganan es porque se lo permiten aquellos que habrían podido pararles los pies y no lo hicieron. Esto no solo es aplicable a las grandes tragedias, sino a la vida cotidiana de las sociedades democráticas desarrolladas en las que las múltiples variedades del rodillo ideológico... cada vez con mayor agresividad, (aplastan) los derechos civiles de los individuos y destruyen lenta pero implacablemente nuestro sistema de defensa de la libertad", (Hermann Tertsch@hermanntertsch).

        Ese interés  exclusivo y egoísta de los  "civilizados" humanos, ¿les ha beneficiado a ellos y a los demás seres que han convivido o conviven en el Planeta?  Veamos. La comunidad científica de 184 países ha firmado varios AVISOS A LA HUMANIDAD, para que tome consciencia de la gravedad de la situación en que nos encontramos, generalmente por la acción humana. El primer Aviso se hizo en 1992.

         1) Los no humanos, son los primeros amenazados.

          Evidentemente, la pregunta que encabezaba el escrito, no es romántica o nostálgica, como alguno pueda imaginar.  No es  la canción de Roberto Carlos, "Yo quisiera ser civilizado como los animales",  que podía ser un himno a la vida y la convivencia  de humanos y animales. Es, mucho más profunda. Tiene que ver con la amenaza que sobre ellos (los animales) y sobre nosotros, se cierne, si no tomamos consciencia y ponemos remedio.

        No hemos aprendido, que ellos viven, sienten, y dejan vivir, sin juzgar, sin descalificaciones y sin miedos (salvo a la violencia, los ruidos y las explosiones). Respetan y aceptan cada cosa como es y cada día como viene. Por supuesto tienen que alimentarse, pero sin destruir el entorno. Son felices con lo mínimo  y quien a ellos se acerca, puede aprender mil cosas.

https://youtu.be/OcQ8Cggnqt0

        Viven naturalmente en grupos, en manadas o en sociedades. Socializan con individuos de otras especies,  pero no son considerados "civilizados". Su mayor peligro no son las bajas que sufren de algún animal que mata para alimentarse, sino los humanos, por su falta de respeto y su avaricia.     

       Éstos, los "civilizados",  con el uso de la inteligencia, de la fuerza y de la tecnología, les han puesto en peligro y les han llevado a situaciones de consecuencias graves, -en muchos casos ya irreversibles-, para los individuos y sus especies. ¿Quién (persona u organismo) y cuándo han defendido sus derechos?  Y si  últimamente se habla de ellos, ¿es por interés de los "animales" o por el propio interés de los humanos?

       En este punto, convendría recordar que la  Humanidad mata cada año, para consumir su carne, a un número de 30.000 millones de animales, (solo de bovino, ovino, caprino, porcino, equino, aves y conejos) lo que multiplica por cuatro la propia población humana.

      Nos enfrentamos a "una pérdida del 29% en el número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces. Algunas especies se están extinguiendo a una tasa 1000 veces mayor de la normal. Tan solo en el análisis de 177 especies de mamíferos, los investigadores hallaron que esos animales han perdido ya al menos 30% de su "espacio" territorial entre 1900 y 2015, y el 40% de esas especies han sufrido pérdidas sustantivas de población. Se está arrasando a la naturaleza de modo acelerado y algunas especies tan icónicas como los elefantes o los osos polares, están en grave riesgo de colapso".

https://www.elheraldodelhenares.com/op/segundo-aviso-para-salvar-el-plan...

      Si a ello añadimos, la contaminación y la pérdida de biodiversidad, los incendios y las guerras, cualquiera puede hacer la pregunta en Internet sobre la desaparición de especies. La respuesta que yo he recibido el 7 de marzo 2019 es que se extinguen de150 a 200 especies cada 24 horas. La ONU ya había alertado en 2017, "que eso se consideraba la mayor ola de extinciones desde que desaparecieron los dinosaurios". Por si alguien no lo recuerda: hace unos 65 millones de años. 

https://youtu.be/InFeBzxatpk

      En todo caso y en general, los sabios están de acuerdo en que los "no civilizados" hacen menos daño que los humanos a la Naturaleza y a su entorno.  Puede decirse, pues, que "los no civilizados" son mayoritariamente las víctimas inocentes de la acción humana. Tan solo por eso, ya debería hacer pensar que no es una locura decir que deberíamos ser "civilizados como los animales".

       Si además hubiéramos tenido la humildad de acercarnos a ellos y descubrir la riqueza de su alma, su ternura, su fidelidad y sus ganas de jugar y de vivir, tal vez nos hubieran ayudado a descubrir y ser lo que somos. ¡Hay muchas cosas del universo y de nosotros que desconocemos y que los animales pueden ayudar a descubrir, si hubiera disposición de aprender! Sin pretender que sean como el lobo converso, de Rubén Darío, que veía que "todas las criaturas eran mis hermanos: los hermanos hombres, los hermanos bueyes, hermanas estrellas y hermanos  gusanos"...

        2) Los propios humanos, a veces, ponen en duda que sean  "civilizados".

        Según la definición de "civilizado", que una persona sea "civilizada"  puede indicar, 1) simplemente que "forma parte de una civilización"; 2) que "su manera de actuar es apropiada para la convivencia social".

        Pero, como la historia no se puede negar y los hechos son los que son, quienes adjudican ese calificativo a los humanos, se ven obligados a reconocer que: "Una de las situaciones o circunstancias más comunes en las que tal condición de civilizado se puede poner en duda es aquella en la cual las personas realizan diversos actos de violencia irracional contra otros (personas u objetos) con el simple objetivo de destruir o de causar daño". https://www.definicionabc.com/social/civilizado.php.

       ¿Cuántos "no civilizados" han usado la violencia contra los de su propia especie?

        a)  La violencia irracional que aún persiste.

        Me refiero a la violencia que manifiesta y ejerce contra los seres de su misma especie. Que no se justifica para poder comer, sino "para dominar, destruir y causar daño".

        La historia de la humanidad está plagada de miedos y de guerras, de muertes y de heridos. Tan solo una muestra de esa barbarie cuyos datos están al alcance de cualquiera: Entre 1914 y 1918, la guerra costó la vida a un número indefinido que va de 10 a 31 millones de humanos entre civiles y militares; además de dejar cerca de 18 millones de heridos.

       El resultado de la acción devastadora del ser humano, en 6 años y un día  que duró la II Guerra Mundial, que termino en 1945, según los historiadores dejó más de 72 millones de muertos; algunos elevan esa cifra hasta 83 millones. Pero además, a ese terrible balance, habría que añadir 65 millones de heridos, de los cuales 35 millones quedaron muy graves y 3 millones de desaparecidos.

       Cierto que ese desastre terminó hace 74 años. ¿Fue suficiente para que los humanos inteligentes, aprendieran la lección de ser "civilizados"? ¡En absoluto!

          Hubo naciones que no se implicaron directamente en esas contiendas, aunque como España sufrieron antes o después  durísimas guerras civiles.  En China entre l948-49 que duraron menos de 3 meses, las cifras de bajas, solo en la batalla de Huaihai, más de 500.000 soldados nacionalistas y más de 130.000 comunistas.

          Tampoco la tragedia humana se detuvo entonces. Ha habido después guerras en todos los continentes. En algunos persisten. A parte de las personas que han perdido la vida en ellas, ACNUR cifraba el número de desplazados a finales de 2018, en 69.000 millones.

          Seguro que alguno se pregunta si de verdad somos ¿"más civilizados" que los animales?

               b)  La ambición irracional nos ha convertido en deudores y esclavos.

              Si a esas cifras, se añaden, los incendios provocados, la tala indiscriminada de árboles que reduce constantemente el pulmón terrestre, la especulación y la ambición de quienes quieren ganar el máximo posible en el menor tiempo posible, está dejando el futuro de la mayoría en manos de unos pocos.

              Los jóvenes, los trabajadores y los ancianos, y todos de algún modo, incluso antes de nacer, son propiedad del Estado.  Pero es el sector financiero quien gobierna, gracias a la especulación, y la globalización. Los partidos y los gobiernos de cualquier color y de cualquier país, están en manos del mercado financiero.

              La natalidad, la superpoblación, el trabajo permanente y el estado del bienestar son una amenaza para ese sistema. El trabajo se precariza. El empresario intenta salir al paso con prejubilaciones. Y el Estado con todo tipo de ayudas incentivadoras o subvenciones.

               El dinero físico en circulación es cada vez menor. En general, el dinero no está respaldado por patrones reales de oro, en ningún país. La mayor parte es virtual y "apuntes contables". Se inyecta dinero y se aumenta la deuda, aunque los gobiernos pierdan credibilidad, porque es a los ciudadanos -actuales y futuros-, a quienes se les endosa la deuda sobre la deuda.

              El sistema socioeconómico está siendo engullido por un entramado global de especulación, en pocas manos. Muchos no se dan cuenta pero el cambio es tan brutal que se está dando paso a una sociedad de "esclavos integrales". Creen ser felices porque ignoran lo que son, mientras consumen.

             Para algunos filósofos y sociólogos, como  Zygmunt Bauman les llama también "raza de deudores"

              Los más lúcidos, comienzan a inquietarse o están ya desconcertados. El futuro les produce miedo y el presente pesimismo. Esto se puede sentir en un clima de crispación y violencia, tanto en el ámbito social, como en las familias, en la juventud y  en diversas formas de bullyng (acoso físico o psicológico)

              En este cambio, la sociedad ha ido perdiendo valores. Pero los humanos cada vez recuerdan menos que son, espíritus encarnados.  Y sin eso ¿qué les queda?

             Los animales, en general, no padecen ese estrés. Son una buena compañía. Su cercanía relaja y da paz. Tal vez debiéramos preguntarnos si no sería bueno que fuéramos "civilizados" como los animales.

             Cada vez se está utilizando a los animales como terapia, con resultados muy positivos. ¿Por qué no facilitar la educación, el aprendizaje, la adquisición de habilidades y el descubrimiento de valores que pueden aportar los animales, en la familia y en la escuela?

            Si no aprendemos, de forma urgente, y tomamos consciencia, tendremos, como dijo Hawking,  que abandonar este Planeta azul.

 José Manuel Belmonte

 

 

Un poco más… sobre la mujer

Norma Mendoza Alexandry

El Día Internacional de la Mujer ha dejado cosas negativas que rescatar de las mujeres, sin embargo, sólo buscan ser escuchadas y tomadas en cuenta.

http://www.yoinfluyo.com/images/stories/hoy/mar19/120319/mujer_escuchar.png

Tal parece que el “Día de la Mujer” provocó que gran cantidad de mujeres en el mundo tomaran esta fecha como el gran día en el cual podían salir de sus casas, gritar en las calles y decir lo primero que se les viniera en mente, ya que era “su día”.

La mayoría de las noticias hablaron esencialmente de números, es decir, de la cantidad de mujeres en las calles de diferentes países hablando del récord de manifestaciones masivas en España, por ejemplo, hablando de la “fuerza del feminismo” mundial. Las crónicas se refirieron tanto a “derechos” como a demandas de “igualdad”, a la “violencia machista” y a falta de oportunidades.

En México coincidió la reciente aprobación legal de prohibir el aborto en Nuevo León, lo cual exaltó los ánimos de quienes promueven ‘derechos sexuales y reproductivos’ (léase: aborto). También surgió una protesta por parte de la senadora Lilly Téllez, del Partido MORENA quien declaró abiertamente que: “el aborto es un asesinato” por lo que ella no lo apoyaba, e hizo un exhorto para iniciativas legales que modifiquen constitucionalmente las leyes a favor de la vida. (Ver: http://www.yoinfluyo.com/social/140-analisis-social/6118-trapo-verde-pol...). Colegas de su mismo partido hicieron comentarios contrarios a esta postura, ya que celebraban a una farsante católica quien es conocida únicamente por la promoción indiscriminada de la muerte fetal provocada.

Pero también es cierto, que muchas mujeres contemporáneas se sienten incómodas con el movimiento feminista radical y la manera en que se ha desenvuelto, ya que se ha separado de la mayoría del pensar de las mujeres.

‘Tenerlo todo’ para la mayoría de las mujeres, no significa el odio a los varones, el lesbianismo y políticas radicales en contra de la vida. Muchas de generaciones previas que se autodenominaron feministas han visto el desastre personal de la “libertad sexual” en sus propias vidas. Muchas son divorciadas y sus hijos han sido las víctimas de estos divorcios. Muchas se encontraron ante un embarazo inesperado y acudieron a otras que ya tuvieron esa experiencia, quienes las encauzaron hacia un aborto que destruyó mentalmente sus vidas. Muchas ya pasaron por enfermedades de transmisión sexual o fueron contagiadas de SIDA. Muchas sufrieron el abandono después de un tiempo de cohabitación y quedaron con el corazón roto, y así la lista sigue y sigue. Muchas mujeres que se abren a oportunidades y retos, no se dan cuenta de inmediato de los obstáculos que enfrentan debido a que el moderno feminismo ignora la relación entre lo que son las decisiones y las elecciones y sus consecuencias.

Así, la llamada libertad sexual, dogma básico del moderno feminismo, ha sido un desastre para las mujeres. Esta agenda ha caído en la fase del empoderamiento de la mujer, pero ¿alguien sabe realmente en qué consiste? ¿quién no se sentirá inspirado por la idea de una sociedad igualitaria en donde existiese una igual distribución de la riqueza, el poder… y todo esto influyera en las normas actuales? Pero, ¿es esto un sueño utópico? Preguntemos en países como China, Cuba, Irak, Corea del Norte, Vietnam, Camboya, Eritrea, Arabia Saudí, etc.

Estamos siendo confrontados con un ideal utópico y no nos damos cuenta, cuyas fases son los ‘derechos de la mujer’, ‘la igualdad sexual’ y la realización del ‘potencial laboral’, todo esto suena como altos ideales. Sin embargo, al igual que la trágica ironía del comunismo que ha influido en estas teorías feministas, nos ha traicionado y ha producido gran daño tanto a las mujeres, como a la niñez y a las familias.

En el mes de noviembre pasado en Washington D.C., Estados Unidos hubo una gran marcha por la vida de la que poco hablaron aquí las noticias, tomando como lema “Provida es Prociencia” para enfatizar las contribuciones de científicos que han revelado verdades previamente ocultas sobre el desarrollo humano en el útero y de la singularidad de cada vida humana, incluyendo aquéllos que aún no han nacido.

Pero cuando un contenido científico alcanza un ángulo relevantemente político, las palabras son sesgadas hacia dudosas indagaciones de otro orden ideológico. La ciencia constituye una manera ordenada para explorar lo que algo ‘es’, en cambio la política y las políticas emanadas de esta, son intentos para impulsar algo que ‘debería ser’ según cada grupo social que lo promueve, se han empeñado en determinar qué elementos constituyen el ‘lado progresista’ de la situación presente.

En alguna parte, en algún momento, el feminismo perdió la visión. El movimiento como tal, olvidó que ‘tenerlo todo’ incluía una dimensión personal. La vida no es solamente una profesión académica y una carrera. El éxito no se mide sólo en un sueldo y en el statu quo por adquirir. Hoy las mujeres tienen muchas más oportunidades para el éxito profesional que muchas que las precedieron. Pero lo que se necesita en esta etapa histórica es la oportunidad de vivir una vida personal satisfactoria, es tomar en cuenta lo que significa ‘ser mujer’ en el mundo actual.

Ahora bien, en el panorama mundial, ¿qué ha pasado?, ¿están de acuerdo los países en incluir el aborto legal?

Ha habido a finales del año pasado una serie de votaciones y enmiendas para introducir el término “salud sexual y reproductiva” en el Tercer Comité de las Naciones Unidas. Es sorprendente que, durante la primera votación sobre este término en la ONU, 73 naciones votaron por mantener fuera y excluir el término de la resolución de la Asamblea General sobre “derechos de la niñez”. La victoria se debió a un gran número de abstenciones, lo cual constituyó una victoria por la vida.

Pero al investigar de dónde surgió la propuesta de incluir los “derechos sexuales y reproductivos” en un instrumento internacional, encontré que el país que propuso la enmienda al documento base fue tristemente MÉXICO, quizá como reacción a los esfuerzos diplomáticos actuales provida de Estados Unidos, ya que este país se opuso a todas las referencias de “salud sexual y reproductiva” en todas las negociaciones de resoluciones en la ONU en semanas anteriores a la resolución final, y propuso enmiendas para borrar el término o calificarlo para excluir el aborto en dos resoluciones más de asuntos de la mujer.

Grupos proaborto y sus delegados gubernamentales estaban en alerta sobre esta cuestión que encontraron un gran aliado a su favor en el embajador de México ante la ONU, Sr. Juan José Gómez Camacho para oponerse a los esfuerzos de EEUU. El embajador Gómez explicó que no aceptaría ningún “retroceso” sobre la “salud sexual y reproductiva”. Se opuso a una enmienda a la resolución sobre derechos de la niñez con objeto de reintroducir una referencia a “derechos sexuales y reproductivos” en el párrafo de la resolución sobre el “derecho a la salud”, que ya había sido dejada fuera por las delegaciones africanas.

En su apasionado discurso, el Sr. Gómez, representante de este país, explicó que la enmienda propuesta fue presentada más como una afirmación política, que como un serio esfuerzo para mejorar la resolución. Declaró:

“No tengo duda de que, si esta enmienda es sometida a votación, perderá. Nosotros perderemos. Sé lamentablemente que la inmensa mayoría en esta sala se abstendrá de votar en contra… Esto es lamentable. Muy, bien, ¡eso no me importa!”

Así es como terminó su discurso nuestro representante proaborto ante la ONU.

Más adelante dijo: “El valor de esto no consiste en ganar o perder. Consiste en continuar defendiendo [la causa] y no bajar la guardia”. Este discurso, nuestro embajador lo hizo en español, quizá por no tener conocimiento del idioma oficial en asuntos internacionales que es el idioma inglés.

Finalmente hemos de decir que la convicción de nuestro representante mexicano sobre mantener este término abortista en políticas de la ONU, ni siquiera fue igualado con ninguna otra propuesta política o declaración que significara algún apoyo a la vida. La enmienda propuesta por México fue rechazada con solamente 11 votos a favor, 73 votos en contra y 85 abstenciones en este recinto internacional.

Apenas durante el verano pasado, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), UN Women, la oficina ONU de Derechos Humanos y la Agencia de la ONU sobre drogas y delitos, promovieron activismo judicial sobre el aborto en México, interfiriendo en un proceso judicial del Estado mexicano antes de que llegara a una conclusión. Esto lo hicieron precisamente bajo el epígrafe de realizar el derecho de las mujeres y niñas a tener acceso a la salud sexual y reproductiva. Declararon además que “estaban llevando a cabo los deseos del Gobierno Federal de México”. (Declaraciones al representante de Turtle Bay, ONG norteamericana, en noviembre del año pasado).

Veamos las cosas de manera real. La realidad de los matrimonios en general, que desean formar un hogar y dedicarse a su familia, es impactada por un sistema económico que ignora totalmente el valor del trabajo amoroso de la mujer que no recibe paga ni retribución alguna, y por tanto, no rentable y libre de impuestos. La vivienda –algo crucial para la esfera doméstica– es excesivamente cara en centros urbanos, que es donde puede encontrase un trabajo remunerado. Si la madre desea seguir trabajando, no es factible que encuentre una estructura profesional que tome en cuenta el difícil balance trabajo-hogar que debería ser respetado, por lo menos durante la infancia del hijo(a). Esto quiere decir que el sistema fuerza a la mujer a hacer una elección difícil, casi imposible.

San Juan Pablo II enfatizaba en dos encíclicas, un vínculo entre: “la disposición femenina para darse a sí misma” en el principio unitivo, y su “disposición para aceptar una nueva vida” en el principio procreativo, ambos son ciertamente inseparables. Lo que debería evitarse es que el primero falle, una vez que el segundo se realiza.

Si el padre del infante no asegura que el principio unitivo perdure a través del tiempo de tal modo que la madre sea acompañada en el sacrificio de darse a sí misma, su maternidad se verá comprometida. Si la sociedad que la rodea, comenzando por sus familias, no honran el principio unitivo de su comprensión y apoyo en el siguiente paso que deriva en el embarazo y procreación de una nueva vida, entonces la pareja se sentirá vacía. Si la sociedad no refleja el profundo respeto por el principio unitivo, si no son ‘uno’ con la familia, considerando que ésta es la principal unidad estructural de la sociedad, entonces, ésta se verá fatalmente también comprometida.

Nuevas costumbres sexuales y la moderna tecnología reproductiva han separado la original unidad de dos personas, varón y mujer, unitiva y procreativamente. Hoy se piensa en la procreación más como la elección de un estilo de vida y sólo en caso de ser económicamente factible. Esto de alguna manera concretiza la idea de una familia como algo que podemos escoger, controlar y manipular.

En realidad, para muchos, la familia se ha convertido en una base de poder en lugar del sitio de la abierta entrega de sí mismos. Así, allí no existe un lugar para que el principio unitivo se extienda a los hijos. Los niños se han convertido en el objeto de procreación, en lugar de sujetos que desean encontrar su propio lugar en el escenario social de la familia y lo que deberán aprender es que lo que vale es el poder y el éxito material. (Para conocimiento más profundo de la actualidad femenina, leer: https://www.bioeticaweb.com/vision-contemporanea-de-la-mujer/)

Hay mucho más que decir sobre “mujer”, pero dejemos a la imaginación lo que en verdad intentaron decirnos todas esas demandas masivas que se lanzaron a las calles en el “Día de la Mujer”. Muchas de éstas, con razones certeras del reconocimiento de su importante labor en la sociedad.

Un pequeño cartelón entre los muchos que aparecieron en una gran manifestación en este día 8 de marzo, decía lo siguiente: “¡Quien ama, no mata!, …ni humilla, ni maltrata”. Ojalá se pudiese preguntar a quien lo escribió, si la mujer que desea matar a su hijo en su útero realmente es una mujer que “no” lo ama.

 

Febrerillo el loco

“Febrero, un mes de record en temperaturas y falta de lluvias” era el titular que Agrodigital daba a una nota informativa sobre la meteorología del Febrero 2019.

Y es que el mes de febrero ha sido un mes de récords. Según el balance climatológico mensual que hace la Agencia Estatal de Meteorología, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, febrero ha sido, en su conjunto, un mes muy seco, con una precipitación media en España que supone algo menos de un tercio de lo normal, en muchos lugares no ha llovido ni una gota, convirtiéndolo en el febrero más seco del actual siglo XXI.

El mes ha destacado también por la gran cantidad de marcas históricas (hasta 18) vinculadas a temperaturas máximas que se han batido especialmente en la mitad norte peninsular. Además, ha lucido el sol más de lo habitual (hasta un 44% más en promedio), una presencia que se ha dejado sentir con especial persistencia en el tercio norte peninsular.

Por lo que hace referencia a las lluvias registradas, febrero ha sido en conjunto un mes muy seco, con una precipitación media sobre España de 15 mm (litros/m2), lo que supone el 28 % de la media de este mes, que es de 53 mm (periodo de referencia 1981-2010). Con estos datos se concluye no solo que este mes ha sido el febrero más seco en lo que llevamos de siglo XXI sino que también se convierte en el cuarto más seco desde 1965, por detrás de los años 1997, 2000 y 1990.

En relación a las temperaturas máximas se han batido más de 15 récords, aunque el mes en su conjunto podemos decir que no es exactamente de récord (con una temperatura media sobre España de 9,7ºC, 1,2ºC por encima de la media, este mes es el undécimo febrero más cálido desde 1965 y el cuarto más cálido desde el comienzo del siglo XXI, por detrás de los febreros de 2008, 2007 y 2017), pero sí se han batido multitud de marcas en distintos puntos de la geografía española especialmente del tercio norte.

Tres episodios cálidos ocurridos durante los días 6-9, 13-17 y 21-28 fueron los responsables de que las temperaturas máximas registrasen valores muy superiores a los normales para la época del año (en promedio 3,0ºC por encima del valor normal de febrero). Como resultado se han batido hasta 18 marcas históricas a lo largo del mes. En catorce estaciones principales, situadas todas en la mitad norte de la península, la máxima diaria más alta registrada en febrero superó el anterior valor más alto de la serie. Así mismo, en cuatro estaciones principales se superó el anterior valor más alto de temperatura media de las máximas del mes de febrero.

También se ha caracterizado por las horas de sol. En febrero lució el sol, y además, más de lo habitual. En concreto, hasta un 44% más de media en el conjunto de España. El astro rey se ha dejado ver con más asiduidad de lo esperado sobre todo en el tercio norte. Así, por ejemplo, en Burgos han tenido un 88% más de horas de sol de lo esperable en un mes de febrero típico, o un 79% más en Donostia/San Sebastián, o un 78% más en el aeropuerto de Asturias.

Será que efectivamente se está produciendo un cambio climático o es el típico mes de febrero, recuerdo que mi abuelo, agricultor castellano y gran observador de todo lo que pasaba a su alrededor, lo llamaba “Febrerillo el loco” y añadía “un día malo y otro peor”.

Jesús Domingo

 

 

UN PENDIENTE QUEDA EN MI MANO

Todo el tiempo escuché
Su voz susurrante
Pero no se mezclaba
Con mis suspiros
Porque tocaron mis orejas
Los llevé con cautela.
Una vez cambiaron de color
Por la excitación

Uno de ellos desapareció en el mar
Pero el otro permanece en mi mano
Como recuerdo de un pendiente con perla
Que debí perder alguna noche.


TAEKO UEMURA

 

 

Urge un pacto por la maternidad

Los datos publicados por la agencia europea Eurostat sobre la natalidad en España no dejan lugar a la duda. Se sitúan, por primera vez en mucho tiempo, por debajo de los 400.000 al año. Si nos quedamos con los nacimientos solo de mujeres españolas la cifra nos retrotrae al siglo XVIII, en una época en la que en España había tan solo entre 7 y 8 millones de habitantes, en lugar de los aproximadamente 46 con los que contamos en la actualidad.

El invierno demográfico es cada vez más profundo. La caída de los nacimientos, como se ha subrayado desde el Foro de la Familia, es el fruto de años de políticas de desprecio y acoso a la familia y a la maternidad, que ya no pueden sostenerse ni un minuto más.  Urge un Pacto por la Maternidad, que vaya más allá de los necesarios incentivos económicos.

Juan García.

 

 

Una verdadera lacra social

Como señalaba el Papa con datos rigurosos, la pederastia es una verdadera lacra social. Esto, no obstante, no puede significar en ningún caso minusvalorar la monstruosidad que supone dentro de la Iglesia. Se ha venido trabajando mucho y bien en los últimos años, con renovado ímpetu en la llamada “tolerancia cero” hacia los abusos. Hay que seguir, con más empeño si cabe, en la misma línea. La Iglesia, como ha dicho el Papa Francisco, se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión, que es anunciar el Evangelio, también a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces.

La Iglesia tiene el deber de escuchar atentamente el sofocado grito silencioso de las víctimas, tomando todas las medidas prácticas posibles para la prevención de los abusos e incluyendo en esas medidas las de carácter espiritual, para que esta manifestación del Mal, con mayúscula, descarada, agresiva y destructiva, no vuelva a producirse nunca más.

Enric Barrull Casals

 

 

El cuidado del mundo y de la vida

Frente a las lógicas basadas en el dominio, la Doctrina Social de la Iglesia ha enseñado históricamente que estamos llamados a mantener una relación de cuidado del mundo y de los recursos que este nos ofrece. El desarrollo tecnológico y económico no puede hacerse contra la vida y contra el desarrollo integral de los seres humanos y los pueblos.

Un progreso desarraigado y desmadrado, basado en una explotación salvaje de la tierra solo lleva a la extenuación de los recursos, a la expulsión de los seres humanos, especialmente de los que son menos fuertes.

José Morales Martín

 

ELECCIONES:España y otros: cambio y regeneración

 

       Lo que leerá lo escribí en 2011… igual lo podía haber escrito veinte años antes, hoy o dentro de otros veinte años; “lo saco hoy por las elecciones próximas y las varias que nos esperan, para al final, seguir el aberrante MÁS DE LO MISMO”. No obstante, ya han empezado “la plaga política y sus peleas por conseguir los mejores sillones”.

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      “Se emplea mucho, creo que ya en demasía; la palabra cambio... ¿pero cambio a qué o para qué? La mayoría de españoles de verdad quieren un cambio donde predominen las obligaciones y la justicia; desaparezcan el enchufismo, el compadreo, la vagancia y todas las demás lacras que padece españa (adrede con minúsculas) desde ni se sabe cuántos siglos. Seamos crudos, y el que no lo viera o vea así, es que necesita una revisión de ojos y de... cerebro.

            Lo hemos visto en esta nueva época que creíamos nos traería mucho positivo y ha terminado por traernos el muladar y la ruina que soportamos; aquellos que aún caliente el cadáver de Franco, preconizaban palabras excelsas, como “libertad sin ira, igualdad, progreso, justicia”, muchos de ellos “cuasi muertos de hambre” (otros ricos pero querían mucho más) llegados a los centros de poder y decisión, ¿que hicieron, que han hecho, que han dejado de hacer?; todos o casi todos fueron a la trinca, a colocarse privilegios, a considerarse una clase de intocables y una nueva aristocracia del tipo de las épocas absolutistas, donde no caía nada más que el que caía en desgracia del soberano o el valido que gobernaba en nombre del inútil de la época... palabras, palabras, palabras; pero todo ello era el terrible “quítate tú que me ponga yo”; que es lo que sigue imperando.

            Y es que en españa (ya hay que escribirlo con minúsculas) sigue imperando la envidia, la pereza, la vagancia, la mala leche... y en general nadie quiere que la cosa cambie, en su fuero interno lo que la mayoría quiere es el..."QUÍTATE TÚ QUE ME PONGA YO"; por ello aquí iremos de culo aún muchas décadas o centurias; no nos engañemos, aquí queremos que cambie el de enfrente, pero nosotros no y ese es el cáncer que padece españa.

 

No dudo que esto mismo ocurra en otros muchos países, pero aquí es en forma de plaga, puesto que en cada español hay un dictador cuando no un tirano, un orgulloso omnipotente que quiere que su palabra y deseos sean ley, que le importan dos cojoness lo que los demás digan si él posee la fuerza para tapar la boca a todos. Y si no es así, se arrastrará mendigando hasta llegar al lugar que pretende, para lo que empleará todo tipo de medios, aunque sean abyectos.

            ¿Regenerarse españa y los españoles? No me hagan reír, aquí de regenerados o nacidos menos contaminados, lo que hay son los que siempre hubo, minorías que en general son tratados como apestados y como por ejemplo trataron a Goya y otros “afrancesados” de su época, aquí no hay voluntad de que cambie nada, aquí lo que hay es la envidia y el terrible deseo de apoderarse del poder y mandar, mandar, mandar y que le aplaudan al mandamás; o más aún... que “lo chupapolleen” mientras viva y que luego de él, escriban una brillante historia aunque no la merezca, que queden estatuas y cuadros costosos (veamos sobre ello como cada mandatario por ínfimo que sea, se hace costear su retrato (que paga el pueblo) para que pase a la galería de la historia, mientras y como ya ocurre hoy, hay quien ya no tiene ni para comer caliente); esa es españa... y también gran parte del mundo; pero como español, a mi lo primero que me preocupa es mi patria... si es que se puede aún decir patria a “esto”. Ahora mismo nos entretienen con la tragedia de Venezuela, como si ello nos importara gran cosa a los españoles que viven su propia y actual tragedia.

            Muchos de los que han gritado y logrado que desaparezcan las estatuas, calles y demás “orgullos” del régimen anterior; en su fuero interno, lo que quieren es ser ellos los que ocupen esos lugares... y es claro que los de su cuerda. Cosa que han hecho allí donde han podido o les han dejado.

            Vi recientemente en un documental a trabajadores hindúes, haciendo zapatos de lujo, en cuclillas en el suelo, o en estanterías instalados como colocan a las gallinas para que pongan más huevos... Les pagaban lo justo para que no se mueran de hambre; y esos zapatos los venden en los mercados de lujo y a precio muy alto.

“Libertad, justicia, igualdad, reciprocidad”  ¿Sabremos de verdad  entender y aplicar todas estas palabras y muchas otras y que una realidad demuestre que se ha llegado a ello? No... La panza y el bolsillo sigue mandando en el ser humano... y ello no tiene remedio... al menos por el momento y a plazo corto; se necesita tiempo, mucho tiempo y preparación de los cerebros, para que los llamados a aplicarlo se conciencien, formen y eduquen para ello... pero viendo lo que hay alrededor y más lejano... mejor no seguir... que siga el lector si así lo prefiere, yo por hoy ya he dicho bastante.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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