Las Noticias d ehoy 11 Marzo 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 11 de marzo de 2019   

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: El Papa invita a orar por el Retiro de Cuaresma de la Curia Romana

Ángelus : “Con el diablo no se dialoga, solo se le responde con la Palabra de Dios”

España: Beatificación de nueve seminaristas, un testimonio para la Iglesia en estos tiempos difíciles

EXISTENCIA Y ACTUACIÓN DEL DIABLO: Francisco Fernandez Carbajal

“¿Actuamos como hijos de Dios?”: San Josemaria

Razón de nuestra esperanza: Lluís Clavell

Cuaresma: 40 días para la reconciliación: Teresa Vallés

Los origenes de la Cuaresma: primeroscristianos.com

La valentía en femenino: Sheila Morataya-Fleishman

Vivir juntos y luego quizá casarnos: estudios demuestran que no siempre es buena idea: Pablo J. Ginés

Los niños y el mentir: AACAP

Padres, eduquen a sus hijos en la virtud del pudor.: Francisco Gras

El descubrimiento de la libertad interior: Alfonso Aguiló

¿POR QUÉ VAMOS TAN MAL, SI VAMOS BIEN?: René Mondragón

IRREAL MEDICIÓN DE NIVELES DE POBREZA EN EL PERÚ: Alfredo Palacios Dongo

A cuenta del “Día Internacional de la Mujer” 2019: Josefa Romo

Su propuesta de reforma educativa: Jesús Martínez Madrid

La casa común,: Domingo Martínez Madrid

Franco frente al cadavérico gobierno: Juan García.

Soledad, descanso, multitud, hormiguero: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Ángelus: El Papa invita a orar por el Retiro de Cuaresma de la Curia Romana

Palabras del Papa después del Ángelus

marzo 10, 2019 14:12Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli

(ZENIT 10 marzo 2019).- Durante el Ángelus del 10 de marzo de 2019, el Papa Francisco invitó a la multitud a orar por él y sus colaboradores en la Curia Romana, quienes comenzarán su Retiro de Cuaresma en Ariccia, al sur de Roma, unas horas más tarde.

Desde la Plaza de San Pedro, deseó que todos hicieran de la Cuaresma un tiempo “que dé fruto”.

El retiro de la Curia, predicado por el monje benedictino olivetano, Dom Bernardo Francesco Maria Gianni, abad de San Miniato al Monte, en Florencia, comenzará este domingo a las 18h y terminará el viernes 15 de marzo. El tono de las dos meditaciones diarias será dado por un poema del abad benedictino Mario Luzi.

Aquí está nuestra traducción de las palabras que el Papa pronunció después de la oración mariana.

AK

Palabras del Papa tras el Ángelus.

Queridos hermanos y hermanas,

Ayer, en Oviedo (España), los seminaristas Angelo Cuartas y ocho de sus compañeros mártires, asesinados en odio a la fe en un momento de persecución religiosa, fueron proclamados beatos. Estos jóvenes aspirantes al sacerdocio amaron tanto al Señor, que lo siguieron en el camino de la Cruz. Que su heroico testimonio ayude a los seminaristas, sacerdotes y obispos a permanecer limpios y generosos, para servir fielmente al Señor y al pueblo santo de Dios.

Extiendo un cordial saludo a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones y a todos los peregrinos que han venido de Italia y de diferentes países. Saludo a los alumnos de Castro Urdiales (España) ya los fieles de Varsovia; así como los de Castellammare di Stabia y Porcia. Saludo a los pequeños cantores de Pura (Suiza), a los jóvenes del decanato de Baggio (Milán), a aquellos de la profesión de fe de Samarate, a los confirmandos de Bondone y de Pullo, a los jóvenes de Verona ya los alumnos de la escuela “Emiliani”de los Padres Somaschi de Ginebra.

Les deseo a todos que el camino de la Cuaresma, iniciado recientemente, sea rico en frutos; y les pido un recuerdo en la oración  por mí y por los colaboradores de la Curia Romana, que esta tarde comenzaremos nuestra semana de ejercicios espirituales.

Buen domingo ! Buen almuerzo ¡Y adiós!

 

 

Ángelus : “Con el diablo no se dialoga, solo se le responde con la Palabra de Dios”

Desea a todos que la cuaresma sea “rica en frutos”

marzo 10, 2019 13:38Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 10 marzo 2019).- El Papa Francisco presidió la oración del Ángelus este domingo 10 de marzo de 2019, desde la ventana del despacho del Palacio Apostólico Vaticano, que da a la Plaza de San Pedro.

En este primer domingo de cuaresma el Papa nos dice “con el diablo no se dialoga, solo se le responde con la Palabra de Dios” y nos invita a que sea un tiempo que “dé fruto”.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este primer domingo de Cuaresma (cf. Lc 4, 1-13) narra la experiencia de las tentaciones de Jesús en el desierto. Después de ayunar por cuarenta días, Jesús es tentado tres veces por el diablo. Primero lo invita a convertir una piedra en pan (v. 3); luego le muestra los reinos de la tierra desde arriba y promete convertirse en un mesías poderoso y glorioso (v.  5-6); finalmente, lo lleva al punto más alto del templo en Jerusalén y lo invita a que se arroje, a manifestar su poder divino de una manera espectacular (v. 9-11).

Las tres tentaciones indican tres caminos que el mundo siempre propone prometiendo grandes éxitos: la avidez de posesión, tener, tener y tener, la gloria humana y la instrumentalización de Dios. Son tres caminos que nos harán perder.

La primera, el camino de la avidez de posesión. Esta es siempre la lógica insidiosa del diablo. Comienza con la necesidad natural y legítima de alimentarse, de vivir, de realizarse, de ser feliz, para empujarnos a creer que todo esto es posible sin Dios, incluso contra Él. Pero Jesús se opone diciendo: “Está escrito:” “No solo de pan vivirá el hombre” (v. 4). Al recordar el largo viaje del pueblo elegido a través del desierto, Jesús afirma que quiere abandonarse con plena confianza a la providencia del Padre, que siempre cuida de sus hijos.

Segunda tentación: el camino de la gloria humana. El diablo dice: “Si tu te arrodillas delante de mi, todo será tuyo” (v. 7). Uno puede perder toda dignidad personal, dejarse corromper por los ídolos del dinero, del éxito y el poder, solo para alcanzar la propia autoafirmación. Y uno se complace en la emoción de una alegría vacía que pronto se desvanece y esto nos lleva a pavonearse, la vanidad y esto se desvanece. Por eso Jesús responde: “Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto” (v. 8).

Tercera tentación: instrumentalizar a Dios para su propio beneficio. Al diablo que, invocando las Escrituras, lo invita a buscar de Dios un milagro sorprendente, Jesús nuevamente se opone a la firme decisión de permanecer humilde y confiado ante el Padre: “Se ha dicho:” No tentarás al Señor tu Dios ” (v. 12). Y así Jesús rechaza la tentación, tal vez más sutil: la de querer “poner a Dios de nuestro lado”, pidiéndole gracias que realmente sirvan para satisfacer nuestro orgullo. Estos son los caminos que se nos presentan, con la ilusión de poder alcanzar de esta manera el éxito y la felicidad. Pero, en realidad, son completamente ajenos a la manera de actuar de Dios; más bien, de hecho, nos separan de Él, porque son obra de Satanás. Jesús, enfrentando estas pruebas en primera persona, supera tres veces la tentación para adherirse completamente al proyecto del Padre. Y nos muestra los remedios: la vida interior, la fe en Dios, la certeza de su amor. La certeza que Dios nos ama, que es Padre y con esta certeza venceremos toda tentación. Pero hay algo sobre la cual quisiera llamar la atención, interesante, Jesús en el responder al tentador no entra en diálogo, sino que responde a los desafíos solamente con la Palabra de Dios. Esto nos enseña que con el Diablo no se dialoga, no se debe dialogar, solamente se le responde con la Palabra de Dios.

Por lo tanto, aprovechemos la Cuaresma, como un momento privilegiado para purificarnos, para experimentar la presencia consoladora de Dios en nuestras vidas. La intercesión materna de la Virgen María, ícono de la fidelidad a Dios, nos sostiene en nuestro camino, ayudándonos siempre a rechazar el mal y a acoger el bien.

 

 

España: Beatificación de nueve seminaristas, un testimonio para la Iglesia en estos tiempos difíciles

Homilía del Cardenal Angelo Becciu

marzo 10, 2019 10:15Raquel AnilloTestimonios de la Fe

(ZENIT – 10 marzo 2019).- La beatificación en la Catedral de Oviedo de nueve seminaristas españoles, martirizados muertos en el siglo XX, es un testimonio de la Iglesia de hoy, desfigurada por el abuso sexual y el poder cometido por miembros del clero, dijo el Cardenal Angelo Becciu, celebrando el martirio de Angelo Cuartas Cristóbal y 8 compañeros, el 9 de marzo de 2019, en Oviedo (España): “Necesitamos sacerdotes honestos e irreprochables”.

Estos nueve seminaristas: Angelo, Mariano, Jesús, César Gonzalo, José María, Juan José, Manuel, Sixto y Luis, asesinados por odio a la fe entre 1934 y 1937, “oyeron la voz del  Divino Maestro que les dijo: ‘ Sígueme!’ Dijo el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en su homilía. Pero “este ‘¡Sígueme!’, En cierto punto, pedía una mayor y heroica disponibilidad; y, de nuevo, dijeron “sí”.

En un clima de “fuerte hostilidad católica, que apuntaba a la eliminación de la Iglesia y en particular del clero”, continuó, estaban “decididos a seguir su vocación … conscientes de las trampas y peligros a los que se enfrentaban”. Si bien fue suficiente para que sus perseguidores “los identificaran como seminaristas para dar rienda suelta a su violencia homicida”, estos jóvenes “sabían cómo perseverar con una fuerza particular hasta el último momento de su vida, sin negar su identidad de clérigos en formación”.

AK

A continuación, ofrecemos la homilía completa que el Cardenal Angelo Becciu ha pronunciado en la celebración:

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Homilia del card. Becciu

Queridos hermanos y hermanas, En el Evangelio hemos escuchado el relato siempre conmovedor de la vocación del apóstol Mateo, también llamado Leví, según la costumbre de quienes, para las relaciones con los gentiles, combinaron el nombre hebreo con otro término griego o latino. El evangelista Lucas describe la esencia de ese encuentro entre Mateo el publicano y Aquél que iba a cambiar el curso de su vida. Pero aún más directa es la invitación que Jesús dirige a Mateo; una invitación limitada a una sola y perentoria palabra: “¡Sígueme!”. Así iniciaba para el hijo de Alfeo una nueva etapa de su vida, en la que ya no se iba a dedicar a pedir a los ciudadanos de Cafarnaúm el tributo para la autoridad pública o publicum del que precisamente deriva el nombre de publicano. Ahora era llamado a dedicar su vida a pedirles a los hombres que dieran a Dios otro tributo, el de la fe.

También estos Beatos nuestros: Ángel, Mariano, Jesús, César Gonzalo, José María, Juan José, Manuel, Sixto y Luis, un día escucharon la voz del divino Maestro que les decía: “¡Seguidme!”. Y respondieron generosamente a la llamada divina, emprendiendo el camino para convertirse en sacerdotes del Señor. Pero ese “¡Sígueme!”, a un cierto punto, ha requerido una disponibilidad aún mayor y heroica; y ellos, una vez más, respondieron “sí”. No dudaron en confesar su amor por Cristo, subiendo con él a la cruz, en la ofrenda extrema de sus jóvenes vidas. Unidos por el mismo testimonio de fe en Jesús, los nuevos Beatos fueron víctimas de la misma violencia feroz marcada por una acalorada hostilidad anticatólica, que tenía como objetivo la eliminación de la Iglesia y en particular del clero. Para sus perseguidores y asesinos, fue suficiente identificarlos como seminaristas para descargar sobre ellos su crueldad criminal, impulsados por el odio visceral contra la Iglesia y contra el cristianismo.

Estos nueve jóvenes, seminaristas de la Archidiócesis de Oviedo, estaban convencidos de su vocación al sacerdocio ministerial, comprometidos sinceramente en un camino formativo para convertirse en fieles servidores del Evangelio. Entusiastas, cordiales y devotos, se dedicaron por completo al estilo de vida del Seminario, hecho de oración, de estudio, del compartir fraterno, de compromiso apostólico. Siempre se mostraron decididos a seguir la llamada de Jesús, a pesar del clima de intolerancia religiosa, siendo conscientes de las insidias y de los peligros a los que se enfrentarían. Supieron perseverar con particular fortaleza hasta el último instante de sus vidas, sin negar su identidad de clérigos en formación. La afirmación de la condición de ser clérigos equivalía a una sentencia de muerte, que podía ejecutarse inmediatamente o ser retrasada, si bien no había ninguna duda sobre el destino que esperaba a los seminaristas una vez que habían sido identificados. Por lo tanto, cada uno de ellos, conscientemente, ofreció su vida por Cristo en las circunstancias trágicas ocurridas durante la persecución religiosa del los años Treinta del siglo pasado.

El Salmo responsorial de la celebración de hoy nos permite, en cierto sentido, interpretar algunos momentos del testimonio martirial de estos jóvenes seminaristas. ¿Cuántas veces habrían meditado las palabras del salmista: «Señor, protege mi vida, que soy un fiel tuyo?» (Sal 85, 1-2). ¿Quizá no repitieron también ellos esta invocación en la hora suprema de la prueba? En el momento de la terrible amenaza de los torturadores provistos de medios de opresión, ellos se refugiaron en Dios. Y suplicaron: «Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día […], levanto mi alma hacia ti» (vv.3-4), como queriendo decir: la prepotencia despiadada no prevalecerá sobre nosotros, porque Tú eres la fuente de nuestra fortaleza en el momento de la desesperación y de la debilidad. «Salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti» (v.2). Así rezaba el salmista. Y así rezaron nuestros Beatos en la hora del martirio, cuando fueron exterminados sin piedad. Ellos no salvaron la vida temporal. Hallaron la muerte. Entregaron la vida terrenal, para obtener la vida verdadera y eterna con Cristo.

En el sacramento del bautismo, comenzó su vida nueva en Cristo. Y pereciendo a manos de los agresores, ofrecieron el último testimonio en esta tierra, siendo fieles a esa vida divina sembrada en ellos. La muerte corporal no los destruye. La muerte significa un nuevo comienzo de esta vida, que proviene de Dios, y de la que nosotros participamos por medio de Cristo, a través de su muerte y resurrección. Los nueve seminaristas perecieron; sus jóvenes cuerpos permanecen sin vida. Pero la muerte de estos inocentes anuncia con particular fuerza la verdad expresada por el profeta Isaías en la primera lectura: «El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado» (58.11). Sí, estos jóvenes aspirantes al sacerdocio, capturados y presa de la furia asesina revolucionaria anticristiana, están a salvo, están en manos de Dios que los guiará por los caminos de la vida y hará que su luz brille en las tinieblas (cfr. Is 58,10).

Provenientes de familias cristianas sencillas y de una clase social humilde, hijos de la tierra de Asturias, hoy la Iglesia reconoce en estos nueve Beatos aquella luz que ha brillado en la oscuridad de la noche y que continúa iluminando el camino de los creyentes de hoy. Por ello la Iglesia, al proclamarlos “Beatos”, agradece al Señor por el poder que ha manifestado en sus vidas cristianas virtuosas y en sus muertes heroicas. Sus testimonios son de gran actualidad: ellos no huyeron ante las dificultades, sino que eligieron la fidelidad a Cristo. El mensaje de estos seminaristas mártires habla a España y habla a Europa con sus comunes raíces cristianas. Ellos nos recuerdan que el amor por Cristo prevalece sobre cualquier otra opción y que la coherencia de vida puede llevar incluso a la muerte. Nos recuerdan que no podemos aceptar componendas con nuestra propia conciencia y que no hay autoridad humana que pueda competir con la primacía de Dios.

Con la santidad de sus vidas, los nuevos Beatos hablan sobre todo a la Iglesia de hoy. Ellos, con su sangre, han engrandecido a la Iglesia y han dado esplendor al sacerdocio. Todos estamos preocupados por los escándalos que parecen no tener fin y que desfiguran el rostro de la Esposa de Cristo. Necesitamos sacerdotes, personas consagradas, pastores generosos, como estos màrtires de Oviedo. Necesitamos sacerdotes honestos y irreprensibles que lleven las almas a Dios y no causen sufrimiento a la Iglesia ni turbacion al pueblo de Dios.

Los nuevos Beatos, con su mensaje y su martirio, nos hablan a todos y nos recuerden que morir por la fe es un don que se concede solo a algunos; pero vivir la fe es una llamada que se dirige a todos.

Que con su ejemplo y su intercesión, estos jóvenes seminaristas Beatos nos ayuden a reavivar nuestra adhesión a Jesús, mostrando con el ejemplo de la vida al hombre nuevo del que hemos sido revestidos en el bautismo. Que ayuden a todo bautizado a encaminarse por la vía de la santidad y a ver en ellos modelos convincentes a seguir con una entrega sin límites a la llamada de Dios.

Por ello los invocamos: Beato Ángel Cuartas Cristóbal y ocho compañeros mártires, ¡rogad por nosotros!

© Libreria Editorial Vaticana

 

 

EXISTENCIA Y ACTUACIÓN DEL DIABLO

— El diablo existe y actúa en las personas y en la sociedad. Su actividad es misteriosa, pero real y eficaz.

— Quién es el demonio. Su poder es limitado. Necesidad de la ayuda divina para vencer.

— Jesucristo es el vencedor del demonio. Confianza en Él. Medios que hemos de utilizar. El agua bendita.

I. De nuevo lo llevó el demonio a un monte muy alto... Entonces le respondió Jesús: Apártate, Satanás..., leíamos en el Evangelio de la Misa de ayer1.

El diablo existe. La Sagrada Escritura habla de él desde el primero hasta el último libro revelado, desde el Génesis al Apocalipsis. En la parábola de la cizaña, el Señor afirma que la mala simiente, cuyo cometido es sofocar el trigo, fue arrojada por el enemigo2. En la parábola del sembrador, viene el Maligno y arrebata lo que se había sembrado3.

Algunos, inclinados a un superficial optimismo, piensan que el mal es meramente una imperfección incidental en un mundo en continua evolución hacia días mejores. Sin embargo, la historia del hombre ha padecido la influencia del diablo. Hay rasgos presentes en nuestros días de una intensa malicia, que no se explican por la sola actuación humana. El demonio, en formas muy diversas, causa estragos en la Humanidad. Sin duda, «a través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final»4. De tal manera que el demonio «provoca numerosos daños de naturaleza espiritual e, indirectamente, de naturaleza incluso física en los individuos y en la sociedad»5.

La actuación del demonio es misteriosa, real y eficaz. Desde los primeros siglos, los cristianos tuvieron conciencia de esa actividad diabólica. San Pedro advertía a los primeros cristianos: sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo el diablo anda girando alrededor de vosotros como león rugiente, en busca de presa que devorar. Resistidle firmes en la fe6.

Con Jesucristo ha quedado mermado el dominio del diablo, pues Él «nos ha liberado del poder de Satanás»7. Por razón de la obra redentora de Cristo, el demonio solo puede causar verdadero daño a quienes libremente le permitan hacérselo, consintiendo en el mal y alejándose de Dios.

El Señor se manifiesta en numerosos pasajes del Evangelio como vencedor del demonio, librando a muchos de la posesión diabólica. En Jesús está puesta nuestra confianza, y Él no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas8. El demonio tratará de «seducir y apartar el espíritu humano para que viole los preceptos de Dios, oscureciendo poco a poco el corazón de aquellos que tratan de servirle, con el propósito de que olviden al verdadero Dios, sirviéndole a él como si fuera el verdadero Dios»9. Y esto, siempre. De mil modos diferentes. Pero el Señor nos ha dado los medios para vencer en todas las tentaciones: nadie peca por necesidad. Consideremos, con hondura, en esta Cuaresma lo que esto significa.

Además, para librarnos del influjo diabólico, también ha dispuesto Dios un ángel que nos ayude y proteja. «Acude a tu Custodio, a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones»10.

II. El demonio es un ser personal, real y concreto, de naturaleza espiritual e invisible, y que por su pecado se apartó de Dios para siempre, «porque el diablo y los otros demonios fueron creados por Dios naturalmente buenos; pero ellos, por sí mismos se hicieron malos»11. Es el padre de la mentira12, del pecado, de la discordia, de la desgracia, del odio, de lo absurdo y malo que hay en la tierra13. Es la serpiente astuta y envidiosa que trae la muerte al mundo14, el enemigo que siembra el mal en el corazón del hombre15, y al único que hemos de temer si no estamos cerca de Dios. Su único fin en el mundo, al que no ha renunciado, es nuestra perdición. Y cada día intentará llevar a cabo ese fin a través de todos los medios a su alcance. «Todo empezó con el rechazo de Dios y su reino, usurpando sus derechos soberanos y tratando de trastocar la economía de la salvación y el ordenamiento mismo de toda la creación. Un reflejo de esta actitud se encuentra en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: Seréis como dioses. Así el espíritu maligno trata de trasplantar en el hombre la actitud de rivalidad, de insubordinación a Dios y de oposición a Dios que ha venido a convertirse en la motivación de toda su existencia»16.

El demonio es el primer causante del mal y de los desconciertos y rupturas que se producen en las familias y en la sociedad. «Suponed, por ejemplo –dice el Cardenal Newman–, que sobre las calles de una populosa ciudad cayera de repente la oscuridad; podéis imaginar, sin que yo os lo cuente, el ruido y el clamor que se produciría. Transeúntes, carruajes, coches, caballos, todos se hallarían mezclados. Así es el estado del mundo. El espíritu maligno que actúa sobre los hijos de la incredulidad, el dios de este mundo, como dice San Pablo, ha cegado los ojos de los que no creen, y he aquí que se hallan forzados a reñir y discutir porque han perdido su camino; y disputan unos con otros, diciendo uno esto y otro aquello, porque no ven»17.

En sus tentaciones, el demonio utiliza el engaño, ya que solo puede presentar bienes falsos y una felicidad ficticia, que se torna siempre soledad y amargura. Fuera de Dios no existen, no pueden existir, ni el bien ni la felicidad verdaderos. Fuera de Dios solo hay oscuridad, vacío y la mayor de las tristezas. Pero el poder del demonio es limitado, y también él está bajo el dominio y la soberanía de Dios, que es el único Señor del universo.

El demonio –tampoco el ángel– no llega a penetrar en nuestra intimidad si nosotros no queremos. «Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado columbrarlos merced a indicios sensibles, o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas, les es totalmente inaccesible. Incluso los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen por la misma esencia del alma (...) sino, en todo caso, por los movimientos y manifestaciones externas»18.

El demonio no puede violentar nuestra libertad para inclinarla hacia el mal. «Es un hecho cierto que el demonio no puede seducir a nadie, si no es aquel que libremente le presta el consentimiento de su voluntad»19.

El santo Cura de Ars dice que «el demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado»20. Con todo, «ningún poder humano puede compararse con el suyo, y solo el poder divino lo puede vencer y tan solo la luz divina puede desenmascarar sus artimañas.

»El alma que venza la potencia del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin mortificación y sin humildad»21.

III. La vida de Jesús quedó resumida en los Hechos de los Apóstoles con estas palabras: Pasó haciendo el bien y librando a todos los oprimidos del demonio22. Y San Juan, tratando del motivo de la Encarnación, explica: Para esto vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo23.

Cristo es el verdadero vencedor del demonio: ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera24, dirá Jesús en la Última Cena, pocas hora antes de la Pasión. Dios «dispuso entrar en la historia humana de modo nuevo y definitivo, enviando a su Hijo en carne nuestra, a fin de arrancar por Él a los hombres del poder de las tinieblas y de Satanás»25.

El demonio, no obstante, continúa detentando cierto poder sobre el mundo en la medida en que los hombres rechazan los frutos de la redención. Tiene dominio sobre aquellos que, de una forma u otra, se entregan voluntariamente a él, prefiriendo el reino de las tinieblas al reino de la gracia26. Por eso no debe extrañarnos el ver, en tantas ocasiones, triunfar aquí el mal y quedar lesionada la justicia.

Nos debe dar gran confianza saber que el Señor nos ha dejado muchos medios para vencer y para vivir en el mundo con la paz y la alegría de un buen cristiano. Entre esos medios están: la oración, la mortificación, la frecuente recepción de la Sagrada Eucaristía y la Confesión, y el amor a la Virgen. Con Nuestra Señora estamos siempre seguros. El uso del agua bendita es también eficaz protección contra el influjo del diablo: «Me dices que por qué te recomiendo siempre, con tanto empeño, el uso diario del agua bendita. —Muchas razones te podría dar. Te bastará, de seguro, esta de la Santa de Ávila: “De ninguna cosa huyen más los demonios, para no tornar, que del agua bendita”»27.

Juan Pablo II nos exhorta a rezar dándonos más cuenta de lo que decimos en la última petición del Padrenuestro: «no nos dejes caer en la tentación, líbranos del Mal, del Maligno. Haz, oh Señor, que no cedamos ante la infidelidad a la cual nos seduce aquel que ha sido infiel desde el comienzo»28. Nuestro esfuerzo en estos días de Cuaresma por mejorar la fidelidad a aquello que sabemos que Dios nos pide, es la mejor manifestación de que frente al Non serviam del demonio, queremos poner nuestro personal Serviam: Te serviré, Señor.

1 Cfr. Mt 4, 8-11. — 2 Mt 13, 25. — 3 Mt 13, 19. — 4 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 37. — 5 Juan Pablo II, Audiencia general, 20-VIII-1986. — 6 1 Pdr 5, 8. — 7 Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 6. — 8 Cfr. 1 Cor 10, 13. — 9 San Ireneo, Tratado contra las herejías, 5. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 567. — 11 Conc. Lateranense IV, 1215 DZ. 800 (428). — 12 Jn 8, 44. — 13 Cfr. Heb 2, 14. — 14 Cfr. Sab 2, 24. — 15 Cfr. Mt 13, 28-39. — 16 Juan Pablo II, Audiencia general, 13-VIII-1986. — 17 Card. J. H. Newman, Sermón para el Domingo II de Cuaresma. Mundo y pecado. — 18 Casiano, Colaciones, 7 — 19 Ibídem. — 20 Santo Cura de Ars, Sermón sobre las tentaciones. — 21 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 3, 9. — 22 Hech, 10, 39. — 23 1 Jn 3, 8. — 24 Jn 12, 31. — 25 Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, 3. — 26 Cfr. Juan Pablo II, loc. cit. — 27 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 572. — 28 Juan Pablo II, loc. cit.

 

 

“¿Actuamos como hijos de Dios?”

Un hijo de Dios no tiene ni miedo a la vida, ni miedo a la muerte, porque el fundamento de su vida espiritual es el sentido de la filiación divina: Dios es mi Padre, piensa, y es el Autor de todo bien, es toda la Bondad. Pero, ¿tú y yo actuamos, de verdad, como hijos de Dios? (Forja, 987)

Nuestra condición de hijos de Dios nos llevará –insisto– a tener espíritu contemplativo en medio de todas las actividades humanas –luz, sal y levadura, por la oración, por la mortificación, por la cultura religiosa y profesional–, haciendo realidad este programa: cuanto más dentro del mundo estemos, tanto más hemos de ser de Dios. (Forja, 740)
Cuando se trabaja por Dios, hay que tener “complejo de superioridad”, te he señalado. Pero, me preguntabas, ¿esto no es una manifestación de soberbia? –¡No! Es una consecuencia de la humildad, de una humildad que me hace decir: Señor, Tú eres el que eres. Yo soy la negación. Tú tienes todas las perfecciones: el poder, la fortaleza, el amor, la gloria, la sabiduría, el imperio, la dignidad... Si yo me uno a Ti, como un hijo cuando se pone en los brazos fuertes de su padre o en el regazo maravilloso de su madre, sentiré el calor de tu divinidad, sentiré las luces de tu sabiduría, sentiré correr por mi sangre tu fortaleza. (Forja, 342)

 

Razón de nuestra esperanza

El reto peculiar de la etapa histórica que vivimos consiste –en gran medida– en lograr comunicar la novedad de Cristo a quienes consideran que se trata de una figura de algún modo superada. Artículo del profesor Lluís Clavell.

Otros19/04/2016

A lo largo de su extraordinario pontificado, Juan Pablo II convocó a todos los cristianos a la tarea de evangelizar aquellos países y ambientes que, a causa de un largo proceso de secularización, ya no conocen a Cristo.

Muchos apenas han oído hablar de Jesús y, a la vez, se sienten insatisfechos ante las propuestas terrenas más difundidas en la opinión pública; otros han escuchado o leído algo sobre su Persona, pero en realidad la conocen superficialmente o poseen una imagen deformada.

El reto peculiar de la etapa histórica que vivimos consiste –en gran medida– en lograr comunicar la novedad de Cristo a quienes consideran que se trata de una figura de algún modo superada.

Benedicto XVI ha querido asumir plenamente esta misión: en sus homilías, discursos, escritos, se advierte cómo busca modos de ponernos en contacto con el verdadero Cristo y de suscitar la amistad con Él.

Muchos, creyentes y no creyentes, corresponden a este empeño, como se aprecia en la creciente atención que se presta a las palabras del Papa y en el notable aumento de las personas que acuden a la plaza de San Pedro para oírle. También las colas constantes para rezar ante la tumba de Juan Pablo II son una prueba de la reacción positiva de la gente a la llamada de la nueva evangelización, y de la indeleble necesidad que el corazón humano tiene de Dios.

Facilitar el encuentro con Jesucristo

En Pentecostés, el Espíritu de Verdad se presentó en forma de lenguas de fuego sobre María y los discípulos. Los Apóstoles hablaron con palabras que los millares de peregrinos presentes en Jerusalén esos días comprendieron en su propio idioma. Hoy, como entonces, el Consolador nos impulsa a emplear unas argumentaciones y un lenguaje que se ajusten a cada ambiente y a cada persona. La situación cultural, política y mediática plantea la exigencia de encontrar razones convincentes para los diferentes contextos sociales, de elaborar ideas que atraigan, y de ofrecer soluciones positivas a las dificultades.

Se trata de dar motivaciones sólidas y comprensibles, de modo sereno, respetuoso y amable, como recomienda la primera carta de San Pedro: glorificad a Cristo en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza; pero con mansedumbre y respeto[1].

Ahora, como en los primeros pasos de la Iglesia, sólo un mejor conocimiento del rostro amable de Jesucristo y una amistad más profunda con Él nos permitirán sorprender a nuestros contemporáneos con una noticia esperanzadora y alegre: la que supone descubrir al Señor como el único capaz de llenar con creces los dolorosos vacíos de sentido en los que tantas veces se angustian.

"Sólo un mejor conocimiento del rostro amable de Jesucristo y una amistad más profunda con Él nos permitirán sorprender a nuestros contemporáneos con una noticia esperanzadora y alegre".

Benedicto XVI insiste en la necesidad de fortalecer la razón, y en la importancia que ha tenido, ya en sus orígenes, el encuentro del cristianismo con la tradición filosófica helénica. Su primera encíclica, Deus caritas est, es un ejemplo de su voluntad de reconciliar razón y fe en el núcleo mismo del cristianismo, el amor divino: «la naturaleza específica de la fe es la relación con el Dios vivo, un encuentro que nos abre nuevos horizontes mucho más allá del ámbito propio de la razón.

Pero, al mismo tiempo, es una fuerza purificadora para la razón misma. Al partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda así a ser mejor ella misma. La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio»[2].

La fe se presenta como amiga de la razón, como una iluminación trascendente, como una luz más potente que se infunde en nuestra inteligencia humana; pero Benedicto XVI reivindica también el papel que la razón puede desempeñar como instancia crítica de la religión misma.

La razón, abierta a la trascendencia, a la búsqueda de la verdad, proporciona –desde la perspectiva cristiana– una base para el diálogo con otras creencias; más aún, es un recurso fundamental para que la religión no degenere en superstición. De este modo, se puede decir que la razón pertenece al núcleo de la tarea del teólogo, y también a la existencia teologal cristiana, en la medida en que –como recordaba el Papa, citando a Manuel II Paleólogo– «no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios»[3]

A la luz de la Revelación cristiana, que enseña cómo en el principio era el Logos [4], la razón amplía su uso: no se cierra en las realidades sensibles, sino que su apertura a la verdad alcanza de algún modo los interrogantes fundamentales del hombre, y es capaz de purificar la forma en la que se vive la fe [5]. La fe y la razón «son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación

de la verdad»[6].

Ampliar el horizonte de la razón, una tarea universitaria

Al abordar las relaciones entre la razón y la fe, el cristiano debe contar con la diversidad de las ciencias. Actualmente, la especialización es una característica patente en la organización de las ciencias; gracias a ella, además, el progreso científico ha recibido en el último siglo un notable empuje.

En bastantes ocasiones, sin embargo, es probable que el científico sea llevado por su mismo trabajo a plantearse cuestiones que nunca podrá resolver con su propio método de conocimiento; esta carencia muestra la necesidad de estimular la colaboración entre los expertos de las distintas ramas del saber, para aunar enfoques y llegar así a una síntesis novedosa.

La búsqueda de una nueva armonía entre fe y razón es una tarea especialmente propia de la Universidad. Ésta se debería convertir en «un gran laboratorio en el que, según las diversas disciplinas, se elaboran itinerarios siempre nuevos de investigación en una confrontación estimulante entre fe y razón (...). ¿No es una aventura que entusiasma? Sí, lo es porque, moviéndose dentro de este horizonte de sentido, se descubre la unidad intrínseca que existe entre las diversas ramas del saber: la teología, la filosofía, la medicina, la economía, cada disciplina, incluidas las tecnologías más especializadas, porque todo está unido» [7].

En la Universidad, se condensa la universalidad de los conocimientos humanos y se manifiesta la dependencia entre el crecimiento de la persona humana y el plan creador divino: la investigación –como cualquier otro trabajo honesto– enriquece nuestro habitar el mundo, al tiempo que propone a cada generación un compromiso con el futuro.

Para realizar esta gran aventura de síntesis cultural, Benedicto XVI sugiere un camino: «la razón científica moderna ha de aceptar simplemente la estructura racional de la materia y la correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el cual se basa su método.

Ahora bien, la pregunta sobre el porqué existe este dato de hecho, la deben plantear las ciencias naturales a otros ámbitos más amplios y altos del pensamiento, como son la filosofía y la teología» [8]. Los que cultivan las ciencias particulares han de abrirse, por lo tanto, a un ámbito superior capaz de iluminar una multiplicidad de resultados, en donde sea posible percibir una comprensión que dé unidad a esos conocimientos: el mundo alcanza su significado en la capacidad unificadora de la inteligencia, pero ésta ha de desplegarse a un más allá trascendente, que confiera su sentido último a la existencia.

"La razón, abierta a la trascendencia, a la búsqueda de la verdad, proporciona una base para el diálogo con otras creencias; más aún, es un recurso fundamental para que la religión no degenere en superstición".

Por otra parte, la apertura universal de la razón afecta también a los teólogos y a los filósofos, que no pueden aislarse y prescindir de las otras ciencias. La filosofía –de modo particular la metafísica– utiliza conocimientos de las demás disciplinas y examina sus presupuestos, tratando de aclararlos y justificarlos. Es un saber adecuado a las cuestiones de principios, pero de ningún modo hace superfluas las demás ciencias [9].

Además, la apertura de la razón reclama que filosofía y teología reflexionen sobre otras dimensiones de la existencia humana, como son las grandes experiencias religiosas. «En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud de la razón. Redescubrirla constantemente por nosotros mismos es la gran tarea de la universidad» [10].

Una síntesis personal, fruto de la unidad de vida

Las relaciones entre fe y razón no se manifiestan sólo en el ámbito universitario: podemos considerar las enseñanzas de Juan Pablo II y Benedicto XVI como llamamientos de la Providencia a expresar mejor la armonía entre la fe y la razón.

Responder a esta llamada obliga a cuidar la propia formación y a considerar cómo la fe ilumina la inteligencia en nuestro existir diario; supone poner medios para que nuestra razón sea católica.

En palabras de San Josemaría, una mente auténticamente cristiana debería poseer amplitud de horizontes, y una profundización enérgica, en lo permanentemente vivo de la ortodoxia católica; –afán recto y sano –nunca frivolidad– de renovar las doctrinas típicas del pensamiento tradicional, en la filosofía y en la interpretación de la historia...; –una cuidadosa atención a las orientaciones de la ciencia y del pensamiento contemporáneos; –y una actitud positiva y abierta, ante la transformación actual de las estructuras sociales y de las formas de vida[11].

Como no todas las personas tenemos las mismas oportunidades, ni capacidades, ni intereses para profundizar en la formación cultural, las anteriores palabras se concretarán en cada caso de modo diverso; pero en todos han de suponer un acicate para considerar los medios que ponemos en la tarea de comprender mejor los problemas de nuestro tiempo y ser más incisivos en las propuestas que aportamos.

La familiaridad con la dimensión racional de la fe es una parte fundamental de la formación teológica de todo cristiano, y ciertamente un factor importante del don de lenguas que San Josemaría pedía para el apóstol moderno [12].

Las lecturas de calidad ayudan en muchos aspectos: añaden razonamientos, informaciones, cuidado del lenguaje, educación de los sentimientos y afectos... La lectura puede ser un medio muy apropiado para ampliar los propios horizontes formativos. Sin duda, la lectura sosegada estimula la formulación de nuevos proyectos y permite enjuiciar mejor las informaciones –en ocasiones, fragmentarias– que se reciben desde los medios de comunicación; pero, con relativa frecuencia, algunos estilos de vida dificultan que el lector se acerque a obras literarias o de pensamiento que le podrían enriquecer: la intensidad del trabajo induce a muchas personas a buscar un descanso pasivo, como el que proporcionan la televisión o las novelas de pura evasión.

Pensando en las nuevas generaciones, es útil recordar que la cultura personal y colectiva depende mucho del ambiente en el que uno se ha formado. Por eso, para rehabilitar la razón y ejercitarla en armonía con la fe, es decisivo que la educación que se recibe en la familia o en el colegio ayude a apreciar, ya desde la infancia, la belleza del bien, de los comportamientos virtuosos y de las obras íntegramente acabadas. De los padres, profesores, tutores y amigos depende que los jóvenes se aficionen pronto a la lectura y ejerciten cada vez más esa participación en el Logos divino que es la inteligencia.

Otro ingrediente de la mentalidad universal es la actitud positiva y abierta frente a las corrientes de pensamiento. Para poder desvelar a los hombres que Cristo es la respuesta a sus inquietudes, es necesario mostrar que nos hacemos cargo de los problemas y de las soluciones que nos propone el interlocutor, por equivocadas que nos puedan parecer.

Un ánimo auténticamente católico y universal sabe analizar y exponer la posición del otro, incluso cuando sea contraria a la personal, con respeto, sin ridiculizarla, tomándola en serio, con todo el atractivo que pueda tener.

Examinar con calma los argumentos contrarios ayuda a hacerse preguntas, estimula a madurar las propias ideas, a pensar seriamente: es un modo de razonar utilizado frecuentemente por el Papa Benedicto XVI. Omitir este primer paso puede llevar a los oyentes a aceptar algo sin interiorizarlo, o a que consideren –quizá con razón– que la respuesta no responde al problema planteado: el argumento de autoridad tiene una vigencia limitada y, de hecho, en la mayor parte de los temas no es suficiente; por el contrario, penetrar en las razones del otro permite poner de relieve los límites de esas ideas, por muy generalizadas que estén, en el momento oportuno y con objeciones motivadas.

Sin un verdadero interés desinteresado –es decir, amoroso– por el otro, no llegaremos nunca a comprenderlo a fondo, como es: sólo el amor entiende de lo concreto.

La armonía entre la razón y la fe en la vida pública

El uso de la razón en su función argumentativa y retórica ayuda a perder el miedo a hablar de Dios en el mundo profesional y público, a no limitar la labor apostólica al ambiente privado, familiar y amistoso.

La cultura actual exige que los cristianos participen en los debates públicos sobre temas de interés general, y que lo hagan manifestando su unidad de vida. De este modo se potenciará un debate auténticamente sereno y razonado, con un lenguaje cuidado que contribuirá a la convivencia pacífica.

Hoy, en algunos lugares, se pretende poner como base del diálogo político un cierto relativismo, que ignora cualquier concepción trascendente del hombre. Frecuentemente, se presenta relacionado con la tolerancia, como queriendo afirmar que creer en Dios incapacita para comprender los problemas y necesidades de quienes no tienen fe; o incluso que el creyente, a la hora de dialogar, pretende imponer –aunque no sea consciente de ello– unas convicciones que son puramente subjetivas.

Sin embargo, el relativismo no es una condición para el progreso, ni el resultado de un mayor respeto a la libertad; basta considerar la historia para ver la aportación decisiva del cristianismo en el descubrimiento de la dignidad humana, de la confianza en la razón y en los valores de la libre convivencia.

La fe no ha perdido ninguna de sus virtualidades: por eso, frente a las dificultades de un ambiente que relega lo religioso a lo privado, el cristiano no puede dejarse llevar por el desánimo o por la tentación de ocultar sus creencias. Esto sería una manifestación de tibieza, de comodidad y, en definitiva, de no haber captado la profunda relación entre razón y fe.

El diálogo político requiere aunar esfuerzos para construir el bien común; solicita de cada persona su iniciativa, sus propuestas, sus soluciones a los problemas sociales. En este sentido, la doctrina social de la Iglesia propone «un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia; un humanismo integral y solidario, que pueda animar un nuevo orden social, fundado sobre la dignidad y libertad de la persona» [13]. Quien no hiciera oír su voz ante el relativismo imperante no sólo renunciaría a esa concepción cristiana del hombre, sino que abdicaría de su propia intimidad, de tal modo que privaría a los demás de su personal aportación al bien común.

Ciertamente, la Iglesia no pretende imponer su fe a quienes no la tienen; pero la verdad de su concepción del hombre pueden reconocerla, al menos en parte, los no creyentes. Una de sus contribuciones a la vida civil y política consiste en ofrecer argumentos racionales: «no hay que olvidar que, cuando las Iglesias o las comunidades eclesiales intervienen en el debate público, expresando reservas o recordando ciertos principios, eso no constituye una forma de intolerancia o una interferencia, puesto que esas intervenciones sólo están destinadas a iluminar las conciencias, permitiéndoles actuar libre y responsablemente de acuerdo con las verdaderas exigencias de justicia» [14].

En la mayoría de las ocasiones no serán las instituciones oficiales de la Iglesia las que intervengan en la discusión pública, sino que corresponderá a los fieles laicos tomar las decisiones concretas de orden teórico o practico –por ejemplo, en relación a las diversas opiniones filosóficas, de ciencia económica o de política, a las corrientes artísticas y culturales, a los problemas de su vida profesional o social, etc.– que cada uno juzgue en conciencia más convenientes y más de acuerdo con sus personales convicciones y aptitudes humanas[15].

"Es decisivo que la educación que se recibe en la familia o en el colegio ayude a apreciar, ya desde la infancia, la belleza del bien, de los comportamientos virtuosos y de las obras íntegramente acabadas".

Cada uno debe considerar responsablemente, en la presencia de Dios, cómo puede colaborar en la implantación de un orden social que sea más justo, que exprese mejor la dignidad humana.

Aunque los políticos poseen un compromiso más directo con la edificación del bien común, no es una tarea reservada sólo a ellos. Todos los cristianos están llamados a cooperar con el desarrollo social en sus propias circunstancias: dando ejemplo de justicia en las relaciones profesionales; colaborando en iniciativas culturales o de solidaridad, o en los medios de comunicación; tal vez quepa intervenir en asociaciones profesionales, o participar en una conferencia...

Las posibilidades son múltiples, y a cada uno corresponde reconocer cuándo se le presentan. Pero, en definitiva, también en el terreno de la opinión, aunque no haya reglas universales, convendrá mostrar en muchos casos –de un modo adecuado, pensando en el público al que nos dirigimos– que sin Jesucristo falta la perspectiva para comprender el verdadero calado de muchas situaciones; que toda cuestión puede encontrar respuesta desde una perspectiva cristiana, aunque a veces no sea fácil formularla.

En esta nueva evangelización, el cristiano hace fecundo el don que Dios le ha dado con el Bautismo. Se sabe participe de la misión real, profética y sacerdotal de Cristo, y confía en Él para que ponga el incremento a su labor.

El creyente, enviado a la viña por Quien mejor la conoce, escucha con nueva fuerza las palabras de Juan Pablo II: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas tanto económicos como políticos, los dilatados campos de la cultura, de la civilización, del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. ¡Solo Él lo sabe!» [16].

Lluís Clavell


[1] 1 Pe 3, 15-16.

[2] Benedicto XVI, Litt. enc. Deus caritas est, n. 28.

[3] Cfr. Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006

[4] Cfr. Jn 1, 1

[5] Cfr. Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

[6] Juan Pablo II, Litt. enc. Fides et Ratio, preámbulo.

[7] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad Católica del Sacro Cuore, Roma, 25-XI-2005.

[8] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

[9] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Super Boetium De Trinitate , III, q. 5, a. 1 ad 6.

[10] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

[11] San Josemaría, Surco, n. 428.

[12] Cfr. Ibid., nn.430, 899.

[13] Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 19.

[14] Benedicto XVI, Discurso, 30-III-2006.

[15] San Josemaría, Conversaciones, n. 12.

[16] Juan Pablo II, Homilía al inicio del ministerio de Supremo Pastor de la Iglesia, 22-X-1978. Citado en Exhort. apost. Christifideles laici, n. 34.

 

Cuaresma: 40 días para la reconciliación

Tiempo litúrgico que recuerda los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto. Es un tiempo de reconciliación

Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net

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Origen y significado de la fiesta

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua.

Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días, comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo.

También cabe decir que la liturgia considera el Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de resurrección, toda una celebridad junta llamada "Triduo Pascual".

Inicialmente, la Cuaresma iba desde el Primer Domingo de Cuaresma al Jueves Santo, pero a raíz de una reforma litúrgica, se descontaron los domingos por considerarlos pascuales y no penitenciales. Para "cuadrar", se añadió a la cuaresma los días que van del Miércoles de Ceniza hasta el Primer Domingo de Cuaresma. De esta manera salen los 40 días. Actualmente, y lo repito de nuevo, la Cuaresma va desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo

A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo.

El pecado nos aleja de Dios, rompe nuestra relación con Él, por eso debemos luchar contra él pecado y ésto sólo se logra a través de la conversión interna de mente y corazón.

Un cambio en nuestra vida. Un cambio en nuestra conducta y comportamiento, buscando el arrepentimiento por nuestras faltas y volviendo a Dios que es la verdadera razón de nuestro existir.

La Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos.

La Cuaresma es un camino hacia la Pascua, que es la fiesta más importante de la Iglesia por ser la resurrección de Cristo, el fundamento y verdad culminante de nuestra fe. Es la buena noticia que tenemos obligación de difundir.

En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

El ayuno y la abstinencia en la Cuaresma

  • El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día.
  • La abstinencia consiste en no comer carne.
  • Son días de abstinencia y ayuno el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
  • La abstinencia obliga a partir de los catorce años y el ayuno de los dieciocho hasta los cincuenta y nueve años de edad.
  • Con estos sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (alma y cuerpo) participe en un acto donde reconozca la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.
  • El ayuno y la abstinencia se pueden cambiar por otro sacrificio, dependiendo de lo que dicten las Conferencias Episcopales de cada país, pues ellas son las que tienen autoridad para determinar las diversas formas de penitencia cristiana.

Cómo vivir la Cuaresma

1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome.
2. Luchando por cambiar yo mismo.
3. Haciendo sacrificios.
4. Haciendo oración.

1.-Arrepintiéndome de mis pecados:

Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Este es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.


2. Luchando por cambiar:

Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Hay que subir las escaleras de un escalón en un escalón, no se puede subir toda de un brinco. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista, práctico y concreto para poderlo cumplir.

3. Haciendo sacrificios:

La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa “hacer sagrado”. Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo. Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.

4. Haciendo oración:

Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres estar con Él. Te puedes ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma. Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma.

Sugerencias para vivir la Cuaresma:

  • Rezar la Oración de Cuaresma
  • Padre nuestro, que estás en el Cielo, durante esta época de arrepentimiento, ten misericordia de nosotros.
  • Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras, transforma nuestro egoísmo en generosidad.
    Abre nuestros corazones a tu Palabra,
    sana nuestras heridas del pecado,
    ayúdanos a hacer el bien en este mundo.
    Que transformemos la obscuridad y el dolor
    en vida y alegría.
    Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo.
    Amén.
  • Contar a los niños el sentido de la Cuaresma de una forma amena para que la entiendan y se motiven a cumplir con los propósitos del calendario de Cuaresma. Educarles en el sentido espiritual, sobre todo.
  • Leer en los Evangelios el relato de la Pasión de Cristo.
  • Les invito a leer el mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2018

 

 

Los origenes de la Cuaresma

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¿CÓMO Y CUÁNDO EMPIEZA A VIVIRSE LA CUARESMA?
¿POR QUÉ 40 DÍAS?
¿POR QUÉ LA PENITENCIA Y EL AYUNO?

La celebración de la Pascua del Señor, constituye, sin duda, la fiesta primordial del año litúrgico. De aquí que, cuando en el siglo II, la Iglesia comenzó a celebrar anualmente el misterio pascual de Cristo, advirtió la necesidad de una preparación adecuada, por medio de la oración y del ayuno, según el modo prescrito por el Señor. Surgió así la piadosa costumbre del ayuno infrapascual del viernes y sábado santos, como preparación al Domingo de Resurrección.


LOS PRIMEROS PASOS

Paso a paso, mediante un proceso de sedimentación, este período de preparación pascual fue consolidándose hasta llegar a constituir la realidad litúrgica que hoy conocemos como Tiempo de Cuaresma. Influyeron también, sin duda, las exigencias del catecumenado y la disciplina penitencial para la reconciliación de los penitentes.

La primitiva celebración de la Pascua del Señor conoció la praxis de un ayuno preparatorio el viernes y sábado previos a dicha conmemoración. A esta práctica podría aludir la Traditio Apostolica, documento de comienzos del siglo III, cuando exige que los candidatos al bautismo ayunen el viernes y transcurran la noche del sábado en vela. Por otra parte, en el siglo III, la Iglesia de Alejandría, de hondas y mutuas relaciones con la sede romana, vivía una semana de ayuno previo a las fiestas pascuales.


EN EL SIGLO IV SE CONSOLIDA LA ESTRUCTURA CUARESMAL DE CUARENTA DÍAS

De todos modos, como en otros ámbitos de la vida de la Iglesia, habrá que esperar hasta el siglo IV para encontrar los primeros atisbos de una estructura orgánica de este tiempo litúrgico. Sin embargo, mientras en esta época aparece ya consolidada en casi todas las Iglesias la institución de la cuaresma de cuarenta días, el período de preparación pascual se circunscribía en  Roma a tres semanas de ayuno diario, excepto sábados y domingos. Este ayuno prepascual de tres semanas se mantuvo poco tiempo en vigor, pues a finales del siglo IV, la Urbe conocía ya la estructura cuaresmal de cuarenta días.

El período cuaresmal de seis semanas de duración nació probablemente vinculado a la práctica penitencial: los penitentes comenzaban su preparación más intensa el sexto domingo antes de Pascua y vivían un ayuno prolongado hasta el día de la reconciliación, que acaecía durante la asamblea eucarística del Jueves Santo. Como este período de penitencia duraba cuarenta días, recibió el nombre de Quadragesima o cuaresma.

Durante el primer estadio de organización cuaresmal se celebraban tan sólo las reuniones eucarísticas dominicales, si bien entre semana existían asambleas no eucarísticas: los miércoles y viernes.

Pero a finales del siglo VI las reuniones del lunes, miércoles y viernes celebraban ya la eucaristía. Más tarde, se añadieron nuevas asambleas eucarísticas los martes y sábados. Por último, el proceso se cerró bajo el pontificado de Gregorio II (715-731), con la asignación de un formulario eucarístico para los jueves de cuaresma.


¿POR QUÉ LA CENIZA?

Hacia finales del siglo V, el miércoles y viernes previos al primer domingo de cuaresma comenzaron a celebrarse cómo si formaran parte del período penitencial, probablemente como medio de compensar los domingos y días en los que se rompía el ayuno. Dicho miércoles, los penitentes por la imposición de la ceniza, ingresaban en el orden que regulaba la penitencia canónica.

Cuando la institución penitencial desapareció, el rito se extendió a toda la comunidad cristiana: este es el origen del Miércoles de Ceniza o «Feria IV anerum».

El proceso de alargamiento del período penitencial continuó de forma irremediable. Esta anticipación del ayuno cuaresmal no es una práctica exclusivamente romana: se encuentra también en Oriente, y en diversas regiones de Occidente. Probablemente se trata de una praxis originada en la ascesis monástica y más tarde propagada entre la comunidad cristiana, aunque resulte difícil conocer sus características.


¿POR QUÉ CUARENTA DÍAS?

El significado teológico de la Cuaresma es muy rico. Su estructura de cuarentena conlleva un enfoque doctrinal peculiar. En efecto, cuando el ayuno se limitaba a dos días —o una semana a lo sumo—, esta praxis litúrgica podía justificarse simplemente por la tristeza de la Iglesia ante la ausencia del Esposo, o por el clima de ansiosa espera; mientras que el ayuno cuaresmal supone desde el principio unas connotaciones propias, impuestas por el significado simbólico del número cuarenta.

En primer lugar, no debe pasarse por alto que toda la tradición occidental inicia la Cuaresma con la lectura del evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto: el período cuaresmal constituye, pues, una experiencia de desierto, que al igual que en el caso del Señor, se prolonga durante cuarenta días. En la Cuaresma, la Iglesia vive un combate espiritual intenso, como tiempo de ayuno y de prueba. Así lo manifiestan también los cuarenta años de peregrinación del pueblo de Israel por el Sinaí.

Otros simbolismos enriquecen el número cuarenta, como se advierte en el Antiguo y Nuevo Testamento. Así, la cuarentena evoca la idea de preparación: cuarenta días de Moisés y Elías previos al encuentro de Yahveh; cuarenta días empleados por Jonás para alcanzar la penitencia y el perdón; cuarenta días de ayuno de Jesús antes del comienzo de su ministerio público. La Cuaresma es un período de preparación para la celebración de las solemnidades pascuales: iniciación cristiana y reconciliación de los penitentes.

Por último, la tradición cristiana ha interpretado también el número cuarenta como expresión del tiempo de la vida presente, anticipo del mundo futuro. El Concilio Vaticano II(cfr. SC 109) ha señalado que la Cuaresma posee una doble dimensión, bautismal y penitencial, y ha subrayado su carácter de tiempo de preparación para la Pascua en un clima de atenta escucha a la Palabra de Dios y oración incesante.

El período cuaresmal concluye la mañana del Jueves Santo con la Misa crismalMissa Chrismalis— que el obispo concelebra con sus presbíteros. Esta Misa manifiesta la comunión del obispo y sus presbíteros en el único e idéntico sacerdocio y ministerio de Cristo. Durante la celebración se bendicen, además, los santos óleos y se consagra el crisma.

El tiempo de Cuaresma se extiende desde el miércoles de Ceniza hasta la Misa de la cena del Señor exclusive. El miércoles de Ceniza es día de ayuno y abstinencia; los viernes de Cuaresma se observa la abstinencia de carne.

primeroscristianos.com

 

 

La valentía en femenino

Sheila Morataya-Fleishman
8 marzo 2019

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En medio de un ambiente agitado, la mujer cristiana es promotora de valores. Atrévete a vivir según tus principios.

¿No te parece que hoy priva en el ambiente una actitud intolerante hacia la religión, curiosamente en nombre de la tolerancia? El famoso “vive y deja vivir” sobrevive hoy como una actitud relajada ante la religión, basada en la premisa de que sólo una espiritualidad que no exija nada es posible en la sociedad, dispuesta a transigir en sus creencias.

Quien mantiene convicciones religiosas profundamente arraigadas es vista como sectaria, intolerante, fundamentalista, fanática o terriblemente tradicionalista. Dirán que perteneces a la prehistoria; en suma, un riesgo para la convivencia.

Analicemos por un momento lo qué significa ser una mujer de principios, a pesar de que a veces el entorno -tan revuelto y desorbitado- nos desoriente.

Una mujer de principios se caracteriza por ser una mujer de convicciones profundas que no ceden ante la moda o presión de la sociedad en la que se mueve. Su rasgo principal es la verdadera fe, que la lleva a poner por obra el mandamiento cristiano del amor.

Porque, en una mujer de principios, sus convicciones son prácticas. Es decir, vive en el mundo con naturalidad, como todas, pero con un sentido de integridad diferente. Esto se ve, por ejemplo, en la sencillez con que viste o la delicadeza en el trato que tiene para con los demás.

Sus convicciones son reales, las cree, las vive y, por eso, puede transmitirlas y enseñarlas a otros. Una mujer de principios sustenta su conducta por verdades con las que se puede de una manera segura conducir la propia vida sin caer en idealismos o posturas falsas.

Si como mujer te niegas a tener una conducta que viene desde el amor y va hacia el amor, entonces no podrás ser una mujer de encuentro, pues tu capacidad de entrega quedará encapsulada en el egoísmo.

Esa enseñanza del amor es la fuente de donde nacen los valores que debes promover en tu propio ambiente. Una mujer de principios no es una fanática, es una mujer que ama.

¿Cómo vivir esos valores, fincados en el verdadero amor, en la verdadera caridad? Vienen a cuento las palabras de san Pablo, custodiadas por el Magisterio de la Iglesia: “La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo parcial”.

Por eso el Apóstol había escrito inmediatamente antes: “aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha” (Cf 1 Cor 13, 1 ss).

Es hermoso ser mujer y descubrir esa capacidad innata que tenemos para llevar el amor, para ser mujeres valientes. El don de la vida humana es eso, un verdadero regalo. Tú tendrás muchos sueños, pero ten presente siempre, que tus sueños han existido mucho antes en la mente de Aquel que por Amor te creo.

La semilla de la bondad, como diría Edith Stein, filósofa y mártir de nuestra Iglesia, está en tu corazón y en el mío. Por eso debes de luchar por descubrir los valores y así enseñar a los que vienen el arte de llegar a convertirse en mujeres y hombres de principios.

Sheila Morataya

 

 

Vivir juntos y luego quizá casarnos: estudios demuestran que no siempre es buena idea

Pablo J. Ginés

 

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Foto: Freepik

La idea de casarse sin antes convivir con la pareja es minoritaria entre los jóvenes españoles: según el más reciente estudio de la Fundación Santa María, en el cual sólo declaraban esa intención uno de cada diez jóvenes.

Sin embargo, años atrás (encuestas de 2016), uno de cada tres declaraba "pienso casarme, pero antes convivir con mi pareja". La idea de vivir en pareja sin ningún plan de casarse la tienen uno de cada cinco (un 20%). Y un gran cambio se nota en los absolutamente indecisos: casi un 30% que declaran "no sé lo que haré", mientras que diez años antes esos indecisos eran un 17%.

Los absolutamente liberales ("pienso formar una pareja abierta con total libertad sexual") son en la teoría menos de un 2%... pero en la práctica es evidente que las parejas sexuales se pueden ir sucediendo una tras otra allí donde no hay una voluntad clara de exclusividad y unión indisoluble "hasta que la muerte nos separe".

Cohabitar para "probar": una superstición popular

En España, como en otros países, muchos jóvenes (y sus padres) creen en una superstición absolutamente contraria a los datos científicos recopilados durante décadas: la superstición de que es bueno y prudente cohabitar antes de casarse "para probar nuestra convivencia" o "para probar la compatibilidad".

Así, hemos visto que uno de cada 3 jóvenes menores de 25 años quiere cohabitar con la idea de pasar luego al matrimonio. Y según esta encuesta de Fundación Santa María, un 31% de todos los jóvenes declara que cohabitaría "para probar como es la convivencia", casi un 19% lo hace para ahorrar papeleo en caso de ruptura y un 16% lo hace porque no se siente seguro con la pareja que ha escogido.

¿Cómo les va a los que cohabitan "para probar”?

Un estudio norteamericano de Stanley y Rhoades se centró en analizar qué tal les iba a los que declaraban que cohabitaban "para probar la convivencia" (distintos a los que lo hacen "por conveniencia").

Los resultados sugieren (como en muchos otros estudios y países) que este "probar" no ayuda nada a la pareja:

- los hombres que cohabitaban "para probar" tenían mayores índices de síntomas depresivos, ansiedad generalizada, problemas para depender de otros y ansiedad por temor al abandono.

- las mujeres que declaraban "probar" tenían mayor ansiedad de temor al abandono.

- tanto hombres como mujeres, declaraban un menor nivel de confianza en la relación, peor interacción y más agresión psicológica.

- entre los varones que "probaban" se detectaba más agresividad física y menos niveles de dedicación a la relación.

Stanley admite que muchos de esos factores negativos estaban ahí antes de empezar a cohabitar... pero los cohabitadores se "enganchan" a ellos, los aceptan y piensan que cohabitando más "mejorarán" (o, más bien, que "el otro mejorará").

Cohabitar ciega y dificulta cortar cuando habría que cortar

"Lo que la gente ve menos en el cohabitar es que hace más difícil el romper", insiste. No es que se rompa menos: se rompe más que en las parejas de novios que sólo quedan y salen. Pero, además, se rompe más tarde y peor.

Los sociólogos llaman a esto "la inercia de la cohabitación". Esa inercia no solo implica que puedes alargar una relación tóxica o mala por la dificultad de "empezar de nuevo saliendo de esta casa", sino que hay parejas que pasan de cohabitar a casarse "por inercia". La ruptura llegará más tarde.

No hay estudios sociológicos que demuestren que cohabitar antes de casarse disminuye el riesgo de ruptura. Ni que los que cohabitan rompen menos que los que se casan. Los estudios muestran siempre lo contrario.

Solo recientemente hay algunos estudios que señalan que cohabitar no empeora (aunque tampoco mejora) los índices de ruptura del matrimonio, y se da solo cuando se suman estos factores:

- Haber cohabitado solo con quien luego es tu cónyuge

- Haber empezado a cohabitar teniendo los dos muy claro, y haberlo declarado, que el objetivo era luego casarse

- Empezar esa cohabitación con más de 23 años de edad

Pero "cohabitar con el objetivo firme y declarado de casarse después" no es muy común, en realidad. Normalmente, uno de la pareja lo desea, o espera, o le gustaría... y el otro prefiere no pensar mucho en ello, hasta que, quizá, "se desliza".

¿Tienen los dos voluntad declarada y firme de envejecer juntos?

Stanley insiste que esa voluntad declarada de compromiso, de querer vivir siempre juntos, expresada, es lo que da firmeza frente a la ruptura. Esa voluntad declarada y firme es lo que debe haber en un noviazgo. Y el ritual de una boda y el apoyo público de la comunidad tiene, entonces, una eficacia real y da una fuerza real en esos casos a la pareja.

Lo peor es que en la cohabitación uno queda "enganchado" y tarda en ver esas cosas y dar el paso a dejarlo. Cohabitar dificulta ambas cosas: detectar los problemas y cortar la relación: un piso que pagar, un coche compartido, quizá incluso hijos, etc...

"Hay muchas formas mejores de probar una relación que hacer algo que dificulta el romper porque te lo has imaginado todo. Es mejor tomar un curso sobre relaciones (por ejemplo, los cursos prematrimoniales anteriores incluso a prometerse en matrimonio), hablar de cómo será el futuro juntos y ver si sois compatibles saliendo en el noviazgo. Tomad el tiempo de ver a vuestra pareja en distintos ámbitos sociales", propone Stanley.

 

Los niños y el mentir

   La honradez se aprende en el hogar. Los padres a menudo se preocupan cuando su hijo dice mentiras, pero mentir probablemente no es ningún problema serio. A los niños pequeños les gusta contar e inventarse cosas, es una actividad normal porque ellos se divierten oyendo e inventando cuentos. Muchas veces confunden un poco la realidad con la fantasía. Un niño mayor o un adolescente puede decir mentiras interesadas, por ejemplo, para no tener que hacer algo que no le gusta o negando responsabilidades por sus acciones, etc.    Los padres deben reaccionar ante las mentiras hablando con sus hijos y explicándoles cuán importantes son la verdad, la honradez y la confianza. Algunos adolescentes descubren que las mentiras pueden considerarse aceptables en algunas situaciones, por ejemplo, no decirle al novio o novia la razón real de la ruptura para no herir sus sentimientos. Otros adolescentes mienten para proteger su privacidad o para sentirse psicológicamente separados e independientes de sus padres (por ejemplo, negando que se escaparon por la noche con sus amigos).    Cuando el mentir puede indicar problemas emocionales:Algunos niños, aun sabiendo la diferencia entre la verdad y la mentira, construyen historias que parecen verdaderas. Estos niños suelen relatar este tipo de historias con tanto entusiasmo, que reciben mucha atención mientras cuentan la mentira.   Otros niños y adolescentes, que por lo general actúan de manera responsable, caen en el patrón de mentir repetidamente. Ellos creen que decir mentiras es la mejor manera de satisfacer las demandas de sus padres, maestros y amigos. Estos niños usualmente no están tratando de ser malos o maliciosos, pero el mentir repetidamente se convierte en un mal hábito. Hay otros niños y adolescentes a quienes no les importa mentir o aprovecharse de los demás. Algunos adolescentes mienten frecuentemente para ocultar otros problemas serios. Por ejemplo, un adolescente con un problema serio de drogas o alcohol, mentirá constantemente para ocultar dónde ha estado, con quién andaba, lo que estaba haciendo y en qué se gastó el dinero.

    Qué se debe de hacer si el niño o el adolescente miente:

Los padres son el modelo más importante para los hijos. Cuando el niño o el adolescente miente, los padres deben sacar el tiempo necesario para hablar seriamente con él acerca de:

· La diferencia entre la fantasía y la realidad, la mentira y la verdad.

· La importancia de la honestidad en el hogar y en la comunidad.

· Las alternativas a la mentira.

   Si el niño o el adolescente desarrolla un patrón serio y repetitivo de mentir, entonces se necesita la ayuda de un profesional. La evaluación por parte de un psiquiatra de niños y adolescentes puede ayudar tanto al niño como a sus padres a entender el comportamiento del niño con relación a mentir y puede también hacerles algunas recomendaciones para el futuro.

    La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP) representa a 6.500 psiquiatras de niños y adolescentes (psiquiatras infantiles) con cinco años como mínimo de experiencia en psiquiatría general y psiquiatría infantil.

AACAP (American Academy of Child & Adolescent Psychiatry)

 

 

Padres, eduquen a sus hijos en la virtud del pudor.

ESCUELA PARA PADRES

Padres, eduquen a sus hijos en la virtud del pudor.

  • 10 Consejos para practicar la virtud del pudor
  • 10 Pasos a tener en cuenta, si se quiere practicar la virtud del pudor
  • 10 Consejos para mantener el pudor, en todas las circunstancias

3,157 Palabras. Tiempo de lectura 12:00

Algunos artículos relacionados:

Este artículo está dirigido a los padres, que tengan interés en educar a sus hijos en la virtud del pudor. Si esta virtud no interesa a los padres, es muy difícil que la quieran, puedan o sepan explicar a sus hijos.

Pudor es el sentimiento de vergüenza, hacia lo relativo al sexo o la desnudez física o de ideas. Sentirlo y practicarlo para dar ejemplo, sirve para proteger la intimidad de cada individuo. El concepto del pudor, solamente existe en los humanos y está relacionado con la honestidad, la modestia y el recato.

La virtud del pudor, es una envoltura o mecanismo de protección moral, puesta por la naturaleza, ante los sentimientos de recato, reserva y vergüenza en la intimidad de las personas, lo que permite ser dueños de nosotros mismos.

La virtud del pudor es la tendencia natural, a defender lo más íntimo de la persona, nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y actuar y todas las cosas que consideramos privadas.

La virtud del pudor, hay que practicarla con humildad y modestia, pues no puede ser llevada de forma soberbia ni altanera. Hay que apagar rápidamente los primeros chispazos de la pasión deshonesta, para poder ser personas integras y no dejarse llevar por la lujuria.

La virtud del pudor, deben empezar por demostrarla los padres, con el decoro y recato a la hora de sentarse, de hablar, de moverse, de vestirse demostrándolo en sus escotes, faldas, ropas prietas, etc. De ahí toman ejemplo los hijos.

Los padres tienen que explicar continuamente, la olvidada palabra del pudor, virtud que no está ahora de moda hablar y menos practicar, ya que existe una sobredosis de sexo, que no tiene límites y que provoca más dolor que placer. El respeto que tiene que tener cada persona por si misma, se aprende, principalmente, en la familia.

El pudor preserva la intimidad de las personas, al tratar de no mostrar lo que debe permanecer oculto, incluso para evitar las miradas y los gestos de otros, preservando la dignidad de las personas, su privacidad y la discreción. Es una forma de defensa, de la dignidad espiritual de las personas y está relacionado, con la delicadeza de la castidad y la fortaleza de la templanza.

La virtud del pudor propio conlleva a la virtud de la pureza, invitando a la paciencia, a la moderación en las relaciones amorosas. El pudor aumenta la modestia e inspira las elecciones sobra la vestimenta y el comportamiento, fomentando el mantenerse en silencio o la reserva, donde pueda haber el riesgo de una curiosidad malsana.

El pudor está relacionado con el cuerpo propio y el ajeno, con los sentimientos y con las palabras, al rechazar los exhibicionismos, los chismes de las confidencias intimas, los falsos testimonios, las modas deshonestas, las mentiras y algunas ideologías dominantes.

Los padres deben educar a sus hijos, en la virtud del pudor, desde su más tierna infancia, pues ello les llevará a respetar el pudor de las demás personas. Hoy somos lo que somos, porque antes fuimos lo que fuimos, como consecuencia de la falta de pudor en la niñez.

Cuanto más se aleja el pudor, más se extiende la pornografía, y más violenta y degradada se vuelve, explotando a hombres, mujeres y niños, que son parte de la industria y de sus problemas derivados, como adicciones, infidelidades y divorcios.

La virtud del pudor hay que demostrarla, frente a los medios de comunicación, las redes sociales y las pantallas electrónicas, manifestando la fortaleza moral de la educación recibida, frente a la cada vez mayor disponibilidad y consumo de pornografía.

Virtudes y valores humanos relacionados con la virtud del pudor: Abstinencia, amor, autodisciplina, candor, castidad, continencia, decoro, decencia, dignidad, disciplina, discreción, educación, escrúpulo, familia, Fe, fortaleza, generosidad, honestidad, honradez, inocencia, justicia, moderación, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pureza, recato, religiosidad, respeto, respetabilidad, responsabilidad, rubor, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc.

Si los hijos no tienen inculcada la virtud del pudor, soportada con el ejemplo de sus padres, difícilmente podrán practicar otras virtudes, relacionadas con la sexualidad. Tendrán la conciencia tan endurecida, que todas las cosas les parecerán normales y realizables, en beneficio propio, aunque practiquen vicios como: La osadía, el exhibicionismo, la desvergüenza, la insolencia, el descaro, la inmodestia, la inmoralidad, la indecencia, la perversión, la corrupción, el libertinaje, etc.

El ser firmes con la virtud del pudor, no suele ser social, ni políticamente correcto, ya que la comodidad de dejarse llevar por la corriente de la desnudez y del sexo, es una tentación en la que se cae fácilmente, y difícilmente se sale de ella.

La virtud del pudor se enseña en el hogar, respetando la dignidad del cuerpo, y el derecho a la intimidad y privacidad de los hijos. Haciendo hincapié en la importancia ética del pudor, en la propia persona y en los otros, educándoles en que el cuerpo, no es nada malo ni vergonzoso, sino algo muy importante, que hay que cuidar y conservar.

10 Consejos para practicar la virtud del pudor:

1.     Buscar consejo y ayuda en los propios padres, sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, según la religión que practique, para acrecentar los conocimientos y la práctica de esa virtud.

2.     Cuidar las ropas, miradas, gestos y posturas, para que no induzcan o inciten, a que otros tomen decisiones equivocadas.

3.     Descartar las conversaciones subidas de tono, que suelen ser unidades de medida, puestas, para ver hasta dónde se puede llegar.

4.     Elegir bien las compañías, sobre todo cuando se prevean situaciones, donde se pudiera producir un descontrol por alguna de las partes.

5.     Estar muy alerta, ante cualquier sospechoso, de malas intenciones.

6.     Guardar bien las distancias, para que nadie se intente pasar, no permitiendo las excesivas familiaridades, incluyendo a amigos y parientes.

7.     No usar ropa provocativa, ni los hombres, ni las mujeres, pero principalmente mujeres, por muy de moda que estén, pues provocan malos pensamientos, que suelen conducir a situaciones indeseadas.

8.     Seleccionar muy bien y evitar los amigos, espectáculos, lecturas, medios de comunicación, redes sociales, donde no se respete o se ataque, la práctica de la virtud del pudor.

9.     Cuidar las ropas que se compran a los hijos, para que no sirvan de escándalo ni provocación, aunque estén de moda.

10. Educar bien a los hijos, para que ellos mismos no se compren ni lleven ropas,  que induzcan a la inmoralidad.

Demostrar la práctica de la virtud del pudor, no es solamente cuando se utiliza la fortaleza de rechazar situaciones, que por su contenido pudieran ponerla en peligro. Hay que dar ejemplo ante los demás, y demostrar que es muy importante para cada persona, no participando en situaciones, conversaciones o actitudes, que pudieran conducir a perder el pudor.

10 Pasos a tener en cuenta, si se quiere practicar la virtud del pudor:

1.     No asistir a espectáculos o reuniones, donde se prevé que pueden ir contra la virtud del pudor.

2.     No creer que la virtud de la pureza, es solamente un perjuicio religioso. Es una fortaleza del carácter, que distingue perfectamente el camino hacia el bien o el mal.

3.     No enseñar ni insinuar las partes del cuerpo, que deben ser mantenidas ocultas con modestia, para no crear apetencias en otros.

4.     No hacer ni participar, directa o indirectamente, en negocios que vayan en contra de la moral.

5.     No leer libros, revistas o ver medios de comunicación, que estén rodeados de pornografía.

6.     No ponerse a discutir lo que es o no es, la virtud del pudor. Una conciencia bien formada, sabe distinguirlo desde lejos. Otra cosa diferente es, dar los consejos pertinentes.

7.     No ponerse en postura provocativas, que animen a otros a dar pasos hacia adelante, para conseguir fines deshonestos.

8.     No pretender ser valiente y quedarse frente a los primeros signos, que vayan contra la virtud del pudor. Es preferible huir, pues no se puede practicar la virtud, exponiéndose voluntariamente a la pornografía.

9.     No querer conversar, sin ninguna necesidad sobre temas íntimos, que deben ser guardados para cada una de las personas.

10. No seguir determinadas conversaciones, que van subiendo de tono hasta la ofensa moral.

Es necesario que los padres dialoguen con sus hijos, en cada una de las fases de su crecimiento y con el lenguaje adecuado, sobre la virtud del pudor. No es, ni tiene que ser, un tema tabú. Para explicarlo, tienen que estar muy bien preparados y buscar el momento adecuado y las palabras justas. Les sobrarán los malos y buenos ejemplos, así como las consecuencias que produce la falta de pudor.

Los padres tienen que abrir su mente, ante los ojos y los oídos de los hijos, para que estos no se sientan abandonados. Este papel de los padres, de repetir las cosas, tantas veces como sean necesarias, no debe cansarles, pues es una parte muy importante de la educación que tienen que dar, y así podrán recibir, los maravillosos frutos de unos hijos bien formados. Deben explicar a sus hijos: Es más fuerte, levantarse una vez, que caer cien veces.

Los padres tienen que fomentar en sus hijos, la visión y belleza del verdadero pudor, sin distorsionar su imagen y sin ocultar el sentido de la dignidad del cuerpo humano. La virtud del pudor merece ser vivida en su plenitud, con derecho a toda la verdad y sin falsedades, para que cuando corresponda en su día, comience la aventura del verdadero amor.

La virtud del pudor se va despertando en las personas, a medida que van descubriendo su propia intimidad. Es un inestimable sentimiento positivo de privacidad, que lleva a no querer manifestar a otros, algo privado, hasta elegir cuándo y cómo, revelar el propio ser, a las personas que pueden acogerlo y comprenderlo como se merece.

Todos y a todas las edades, deben cuidar con mucho pudor la intimidad de su cuerpo, reflejándolo en su ropa, imagen, acciones y lenguaje. Guardando las mejores cosas de su vida, para ellos mismos y así poder entregarlas a quien, con pleno conocimiento de causa, en la edad adecuada y en las debidas circunstancias, decida amar incondicionalmente.

En las actividades religiosas y sociales, el pudor y la decencia, deben impedir asistir con provocativos escotes, minifaldas, ropas insinuantes o exageradas, para no distraer, ni provocar, a los asistentes.

El pudor, la decencia y la honestidad, forman la ética en la imagen personal, la cual debe estar siempre fortalecida, de acuerdo con la estética, la moral y las buenas costumbres, soportadas en las virtudes de la pureza, de la castidad, de la abstinencia y la modestia, para ver las cosas en su justa dimensión y no echarlas a perder, por no haber sabido practicar la disciplina del minuto heroico. Les recomiendo que lean este artículo: 10 Ocasiones para inculcar, fomentar y practicar el “minuto heroico”. Sus valores y virtudes

Los padres deben enseñar con el ejemplo, que las personas en todas las ocasiones, deben ir vestidas con pudor, para evitar provocaciones y tentaciones. También deben enseñar a los hijos el pudor, desde la cuna, e irlo haciendo cada vez más intensamente, hasta cuando los hijos llegan a la pubertad y a la adolescencia, para que se respeten a sí mismo, teniendo pudor con su cuerpo, tanto en la intimidad como en la familia y en la sociedad.

Desde que los hijos, empiecen a desarrollar sus inclinaciones sexuales y tengan la madurez necesaria, los padres deben ir aumentando sus enseñanzas, en la práctica de la virtud del pudor, pues es una de las columnas que sostienen las virtudes de la castidad, la continencia y la abstinencia. Tienen que hablarles del pudor, con mucho amor, con mucha delicadeza y con mucha naturalidad. Pero los padres no deben exasperar a los hijos, hasta que se desmoralicen. Deben educarlos y criarlos con disciplina y mucho cariño, enseñándoles a practicar todas las virtudes y valores humanos.

Hay que conocer los límites y los peligros, de no practicar la virtud del pudor, pues la mala curiosidad y la ignorancia, alejan de las virtudes de la sabiduría y de la honradez. La virtud del pudor, no es sólo abstenerse de la impureza, practicando la templanza, es también abrir un camino para el descubrimiento, cada vez más perfecto de la dignidad del cuerpo. No reflejado en un miedo irracional a exponer el cuerpo, sino a tener un gran respeto, a lo más personal del hombre, que es su intimidad.

El adorno más bello en unas mejillas, es el pudor que las enrojece. Es la primera “bandera roja” que indica, que algo no está bien dicho o hecho. Es la imagen de un muro protector, para el que las ve y para quien le sucede. Es una reacción instintiva, que dependerá la mayoría de las veces, de lo que la persona se haya acostumbrado a hacer, ver, oír, hablar o tocar. Esta reacción de las mejillas, empujada por una conciencia bien formada, ayuda a evitar excesos y peligros morales de todo tipo.

La virtud del pudor en los negocios, indica el grado de frialdad o el nivel de conciencia y moral, con el que se está acostumbrado a realizarlos. Hay quien no tiene pudor, ni vergüenza, en hacer negocios sucios, deshonestos o criminales, debido a que la pérdida de moral, le obscurece la forma de distinguir entre el bien y el mal. En otro artículo trataré sobre “La ética, la moral y la responsabilidad en los negocios”

10 Consejos para mantener el pudor, en todas las circunstancias:

1.     Amar, respetar y exigir que se respete la intimidad, que no deba ser compartida con otros. Tratar de conseguir el no ser dominado por la impudicia y proteger también al prójimo, para no incitarle a hacer, lo que no debe hacer.

2.     Despertar la conciencia personal del pudor, dentro de la dignidad espiritual de las personas, sin tener un miedo irracional a exponer el cuerpo, siempre con el mayor respeto a la intimidad y dignidad personal.

3.     Educar en la práctica de la virtud del pudor, a los niños y adolescentes, para despertar en ellos, el respeto de la persona humana, poniendo hincapié en que comprendan el propósito sagrado del cuerpo y de la sexualidad.

4.     Empezar en la propia casa, teniendo mucho cuidado los padres, al practicar la virtud del pudor ante los hijos y estos con sus hermanos, familiares y amigos. Respetando los tiempos, espacios y circunstancias, sin aprovecharse o ignorar la intimidad sagrada del hogar.

5.     Evitar los actos vulgares, chabacanos y desordenados, al expresar públicamente los afectos, debilidades y tentaciones.

6.     Poner límites a las relaciones con los amigos y familiares, reflejando el sentido propio del pudor, de la privacidad, de la vergüenza y de la honestidad.

7.     Proteger del alcance de los demás, a la propia intimidad, pues practicar la virtud del pudor, es propio de la persona humana, ya que los animales no tienen pudor, por eso hacen en público, sus funciones más íntimas.

8.     Protegerse de las miradas lascivas, evitando el exhibicionismo. No consintiendo a los denominados “amigos fuertes, con derecho a roces deshonestos” propios de los novios en la adolescencia.

9.     Soportar algunas pequeñas molestias, que a veces se pretenden eliminar, al dejarse llevar por el instinto o por la comodidad. Por ejemplo: Frotarse o palparse inadecuada y groseramente, mantener posturas indecentes, pero placenteras, arreglarse la ropa interior o exterior en presencia de otros, etc.

10. Controlar el pudor antes del matrimonio, pues quien no lo controla previamente, tampoco lo hará después y seguramente será un cónyuge infiel.

La quiebra moral y humana, que padece nuestra sociedad, es en una gran parte, debida a que muchas personas no saben lo que es moralmente bueno o malo. Creen que todo es indiferente, todo es relativo, (de ahí, la corriente inmoral del relativismo) todo está permitido, todo vale, es lo mismo, etc. Lo que vale, es lo que cada uno decide en cuestiones de pudor y honestidad. Sin practicar las virtudes y valores humanos, creen que las cosas van a suceder, porque ellos quieren que sucedan. “Confunden sus deseos con la realidad”

Los padres tienen la obligación de educar a los hijos, en una formación integral de la persona, para que se desarrollen en todas sus dimensiones. Los hijos, sobre todo los adolescentes, buscan fundamentalmente referencias sanas y que la vida tenga sentido, además de un sentido para la vida, no una vida instrumental, calculadora y funcional, como la que la sociedad les ofrece con su gran vacío moral.

La virtud del pudor no es causa ni consecuencia, de ninguna enfermedad, pero su abandono, negligencia, renuncia o relegación, es ocasión de muchas de ellas. Algunos medios de comunicación y redes sociales, continuamente pregonan clichés y estereotipos contra el pudor, niegan su existencia y lo ridiculizan, ejercitando su tiranía contra esta virtud. Pero practicarla y mantenerla, da muy buenos resultados a plazo corto y largo.

Los padres tienen que enseñar a los hijos, a que sean felices conociendo y viviendo plenamente, la práctica de la virtud del pudor, pues es muy gratificante y vale la pena de vivirla con integridad, con fuerza, con conciencia y con responsabilidad, disfrutando de lo que es la verdadera dignidad del amor humano.

La virtud del pudor aporta un soplo de aire fresco, en la forma de entender las relaciones entre las personas, y la manera de ver el mundo en general. Va más lejos, que la frivolidad que impone la cultura actual, en esta sociedad de usar y tirar.

La virtud del pudor es un ideal, sorprendentemente olvidado para algunos, pero tenido muy presente para muchos. Es un arma en la que numerosas personas, siguen pensando y utilizando, aunque otros no la conozcan. El pudor tiene la capacidad, de liberar de toda la vulgaridad e intrascendencia, con la que nos hemos acostumbrado a convivir. El cuerpo es una obra maravillosa y cada uno es responsable y paga las consecuencias o recibe los premios, según lo que haga con el suyo.

Si tiene algún comentario general, por favor escriba a francisco@micumbre.com

 

 

El descubrimiento de la libertad interior

    Parte importante de ese proceso de maduración del adolescente es su progresivo descubrimiento de la libertad interior.

    Al principio, es fácil que identifique obligación con coacción, que perciba la idea del deber como una pérdida de libertad. Sin embargo, con el tiempo va cobrando conciencia de que en su vida hay elementos que le acercan a su desarrollo más pleno, y otros que, en cambio, le alejan de él. Advierte que, con la conducta personal, unas veces se teje y otras se desteje; que ha de distinguir mejor entre lo que le apetece y lo que le conviene; y que si no procura hacer lo que debe hacer, no logrará ser verdaderamente libre.

Descubre que si su libertad
elige la insolidaridad,
o si elige dejándose dominar por la pereza,
o elige desde la soledad del propio egoísmo,
será una libertad vacía.

    Percibir el deber como una obligación coactiva es uno de los errores más graves que acechan el proceso de su desarrollo emocional. Por eso, debe comprender pronto que actuar conforme al deber es algo que nos perfecciona; que si aceptamos nuestro deber como una voz amiga, acabaremos asumiéndolo de modo gustoso y cordial.

Y descubrimos entonces
que el gran logro de la educación afectiva
es conseguir –en lo posible–
unir el querer y el deber.

    Así, además, se alcanza un grado de libertad mucho mayor.

La felicidad no está en hacer
lo que uno quiere,
sino en querer
lo que uno debe hacer.

    Así nos sentiremos ligados al deber, pero no obligados, ni forzados, ni coaccionados, porque percibiremos el deber como un ideal que nos lleva a la plenitud. Goethe decía que no nos hacemos libres por negarnos a aceptar nada superior a nosotros, sino por aceptar lo que está realmente por encima de nosotros. Percibir el deber como ideal constituye una de las mayores conquistas de la verdadera libertad.

    Esto puede apreciarse en situaciones muy variadas. Por ejemplo, el hombre sometido a sus apetencias es un hombre que vive recluido en una interioridad egoísta, que tendrá una enorme dificultad para dirigir la atención fuera de sí mismo. Una persona acosada por los deseos hasta el extremo de no poder dominarlos, es una persona incapaz de percibir los valores que reclaman su primacía sobre esas apetencias, y será por eso una persona falta de libertad.

    —¿A qué tipo de deseos y apetencias te refieres?

    Me refiero a dejarse absorber por la pereza, el desorden, el egoísmo, una ambición insana, una vida sexual desordenada, el alcohol, etc. Son cosas bien distintas.

Pero todas coinciden en que
al principio no exigen nada:
invitan a dejarse llevar,
lo prometen todo,
pero al final te dejan vacío y triste.

    Se trata de una dinámica que, al no ser exigente, parece concederlo todo a quien se entrega a ella. Pero quien cede a la sugestión fascinadora de buscar la felicidad por esos atajos, con el tiempo se encontrará defraudado y se dará cuenta de que ha equivocado el camino.

    —Por cierto, es la primera vez que te has referido a la vida sexual en todo el libro. Pensé que saldría con más frecuencia.

    Lo hago así porque considero equivocados los enfoques de la educación afectiva que se centran demasiado en la sexualidad, como si fuera la cuestión clave.

    —Pero es importante, como se comprueba en tantos fracasos sentimentales en noviazgos y matrimonios.

    Me parece que una buena educación sexual ha de fundamentarse en una buena educación de los sentimientos. Si falla la educación afectiva, será difícil acertar en la conducta sexual.

    —Pero también una conducta sexual equivocada puede perturbar la educación de los sentimientos.

    Sí. Y así ocurre, por ejemplo, cuando un noviazgo está presidido y mediatizado por intereses eróticos. La sexualidad bien vivida en el matrimonio es algo maravilloso y fascinador, pero en cambio fuera de sus límites naturales es algo realmente peligroso. Igual que hacer fuego es estupendo, por ejemplo, un día de invierno en la chimenea, pero en cambio es muy peligroso encima de la moqueta o del sofá.

    Por ejemplo, como ha señalado López Quintás, si un chico piensa que ama a una chica, pero lo que ama en realidad son sólo las cualidades de esa chica que le resultan agradables, y sobre todo si son de tipo sexual, es probable que haya más amor a sí mismo que otra cosa, y que ame sobre todo el halago y el hechizo que le producen esas cualidades. Y si esas cualidades pierden interés, debido al tiempo o a lo que sea, o dejan de resultar placenteras por el embotamiento que produce la repetición de estímulos, pensará que su amor ha desaparecido, aunque quizá sería mejor decir que ese amor apenas llegó a existir, pues desde el principio estuvo impregnado de egoísmo. Es verdad que el noviazgo precisa de una atracción mutua, también física, pero confundir la lujuria con la atracción entre el hombre y la mujer es dar el mismo nombre al tumor y al órgano que éste corroe. Quien apetece a otra persona sobre todo para saciar su avidez sexual, no establece apenas vínculos personales con ella, sino que la utiliza. En cambio, el que ama da lo que tiene, se da a sí mismo. Son actitudes bien distintas: una arranca del egoísmo, la otra de la generosidad.

    —¿Y piensas que entonces el sexo les separa, en vez de unirles?

    Pienso que cuanto más se sexualiza un noviazgo, más riesgo hay de que derive en una yuxtaposición de dos egoísmos. En esos casos, el placer sustituye al cariño con más facilidad de lo que parece, y se introducen en una atmósfera hedonista que ensombrece el horizonte del amor y les impregna de frustración y de tristeza.

    La adicción al sexo tiende siempre a pedir más, pues la sensibilidad sufre un desgaste y reclama estímulos cada vez más intensos si quiere mantener el nivel de excitación. Produce euforia al principio, pero enseguida acaba en decepción. Tampoco es liberadora; a lo más, puede ser sedativa, pero una sedación bastante fugaz. Además, a quien se enfrasca en la satisfacción de sus placeres le resulta difícil despegarse de ellos para pensar de verdad en los demás. Quien no logra tomar las riendas de sus propios impulsos, difícilmente podrá orientarlos hacia un ideal, pues dar primacía a un valor superior siempre supone un sacrificio.

    —Pero muchos entienden ese planteamiento como un reprimirse inútil.

    Reprimirse es prescindir de algo atractivo para quedarse vacío. Pero cuando, por ejemplo, una madre se priva de algo por amor a un hijo suyo, no se dice que se esté reprimiendo, sino que se está sacrificando por obtener algo mejor para su hijo. Y cuando un novio o una novia guardan su cuerpo para entregarlo limpio (y no de segunda mano) en el matrimonio, no se reprimen sino que apuestan por algo superior.

    Como apunta Pam Stenzel, compartir el sexo con otra persona es –salvando la pobreza de la comparación– como unir ambas vidas con una cinta adhesiva. Si pretendes emplear esa cinta con unos y otros, encontrarás que cada vez une menos y que se lleva adherida un poco de suciedad de cada relación.

    O como me explicaba en una ocasión Gonzalo, un chico de diecinueve años con una novia encantadora: «A lo mejor, en determinado momento, guardarte para tu novia puede costarte más, o puedes sentirte menos ante otros por no tener determinadas experiencias sexuales; pero en cuanto observas las cosas desde una perspectiva más amplia, ves enseguida que, al esperar, estás conservando un tesoro muy valioso, y no quieres echarlo por la borda. Cuando algunos te miran por encima del hombro por no funcionar como ellos, pienso que yo podría hacer lo mismo que ellos cualquier día sin ningún esfuerzo, pero en cambio me parece que a ellos les costaría bastante desintoxicarse de todo el exceso de sexo que tienen ya encima. He decidido esperar hasta casarme, y el hecho de que mi novia también sea capaz de esperar unos años por mí, me parece una buena muestra de lo que ella vale y de lo que me quiere.»

    El entorno familiar

    «Me gustaría que mis padres, y que usted mismo, supieran ponerse más a mi nivel (el que remarcaba esas palabras con seriedad pero con desenvoltura era Daniel, un alumno de diecisiete años resuelto y reflexivo, al comienzo de la primera sesión de tutoría del curso).

    »Me molesta que los adultos hablen siempre con tanta seguridad, que adopten siempre la posición de expertos conocedores de todo. Se lo digo a usted desde el principio, y no para ofender, de verdad. Me gustaría que los adultos se bajaran un poco de su pedestal, que no se dirigieran a la gente joven siempre dando órdenes o consejos.

    »Sólo pido que nos escuchen de vez en cuando, que admitan al menos que también podemos tener ideas inteligentes, que se nos reconozca un plano de cierta igualdad, que nos hablen con más franqueza. Aunque no lo parezca, nos fijamos bastante en ellos, más de lo que se creen. Lo que me gustaría es que sus reflexiones no fueran siempre como consejos encubiertos, y que procuraran hacerse cargo de lo que realmente nos sucede.»

    Aquella conversación con Daniel me recordaba lo que escribió Romano Guardini: el factor más eficaz para educar es cómo es el educador; el segundo, lo que hace; el tercero, lo que dice. Son importantes los consejos que se dan, o las cosas que se mandan, pero mucho antes está lo que se hace, los modelos que presentan, las cosas se valoran, cómo unos y otros se relacionan entre sí. Y hay personas que en esto son auténticos maestros, mientras que otros, por el contrario, son un verdadero desastre.

    La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional. El modo en que los padres tratan a sus hijos (ya sea con una disciplina estricta o con un desorden notable, con exceso de control o con indiferencia, de modo cordial o brusco, confiado o desconfiado, etc.), tiene unas consecuencias profundas y duraderas en la vida emocional de los hijos, que captan con gran agudeza hasta lo más sutil.

    Algunos padres, por ejemplo, ignoran habitualmente los sentimientos de sus hijos, por considerarlos algo de poca importancia, y con esa actitud desaprovechan excelentes oportunidades para educarles.

    Otros padres se dan más cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero su interés suele reducirse a lograr, por ejemplo, que su hijo deje de estar triste, o nervioso, o enfadado, y recurren a cualquier medio (incluido el premio material inmerecido o inadecuado, y a veces hasta el engaño o el castigo físico), pero rara vez intervienen de modo inteligente para dar una solución que vaya a la raíz del problema.

    Otro tipo de padres, de carácter más autoritario e impaciente, suelen ser desaprobadores, propensos a elevar el tono de voz ante el menor contratiempo. Son de esos que descalifican rápidamente a sus hijos, y saltan con un «¡No me contestes!» cuando su hijo intenta explicarse. Es difícil que logren el clima de confianza que exige una correcta educación de los sentimientos.

    Hay, por fortuna, muchos otros padres que se toman más en serio los sentimientos de sus hijos, y procuran conocerlos bien, y aprovechar sus problemas emocionales para educarles. Son padres que se esfuerzan por crear un cauce de confianza que facilite la confidencia y el desahogo. Y saben hablar en ese plano de igualdad al que se refería aquel alumno mío: se dan cuenta de que con el simple fluir de las palabras se alivia ya mucho el corazón de quien sufre, pues exteriorizar los sentimientos y hablar sobre ellos con alguien que esté dispuesto a escuchar y a comprender, es siempre de gran valor educativo.

Manifestar los propios sentimientos
en una conversación confiada
es una excelente medicina sentimental.

    Los niños que proceden de hogares demasiado fríos o descuidados desarrollan con más facilidad actitudes derrotistas ante la vida. Si los padres son inmaduros o imprevisibles, crónicamente tristes o enfadados, o simplemente personas distantes o sin apenas objetivos vitales, o con vida caótica, será difícil que conecten con los sentimientos de sus hijos, y el aprendizaje emocional será forzosamente deficiente.

    —¿En qué sentido hablas de padres imprevisibles?

    Si los padres tratan a sus hijos de manera arbitraria, porque, por ejemplo, cuando están de mal humor los maltratan, pero si están de buen humor les dejan escapar de sus deberes o su responsabilidad en medio del caos, está claro que así será difícil que logren nada.

    Si el reproche o la aprobación pueden presentarse indistintamente en cualquier momento y lugar, dependiendo de si les duele la cabeza o no, o si esa noche han dormido bien o mal, o si su equipo de fútbol ha ganado o perdido el último partido, de esa manera se crea en el hijo un profundo sentimiento de impotencia, de inutilidad de hacer las cosas bien, puesto que las consecuencias serán difícilmente predecibles. Por eso suelen fracasar aquellos padres que alternan imprevisiblemente el exceso de benignidad con el de severidad.

    Alfonso Aguiló

 

 

¿POR QUÉ VAMOS TAN MAL, SI VAMOS BIEN?

Por René Mondragón

MACHACANTE

El primer mandatario mexicano, en su escenario mañanero, insiste una y otra vez que el país va viento en popa; que conforme pasa el tiempo, todo –bajo su presidencial purificación, perdón y olvido- los ciudadanos van olvidando los 36 años de perversos gobiernos neoliberales que sumieron a la nación en un marasmo de corrupción que, jamás, volveremos a presencia en México.

Por esa pontifical, ya no hay guerra contra el narcotráfico, porque y se acabaron los narcotraficantes, las familias y las comunidades enteras que los protegen, a quienes se juró solemnemente, que les darán becas y trabajo para ganar –en la honrosa medianía juarista- hasta cinco mil pesos mensuales.

Era obvio que uno de los malandros le respondiera: “¿Cinco mil pesos al mes….? Eso lo gano yo, en una hora”  El escribano no alcanza a imaginar la fila de capos, reyes del huachicol y sus corifeos, empleados, escoltas, esclavos y raza que los acompaña siempre, haciendo fila en las oficinas de don Carlitos Urzúa para entregar sus facturas , con IVA desglosado, esperando que les informen de las fechas de pago.

Este trámite es obligado por argumentaciones del SAT, a la vez que será necesario que los sujetos-becarios de la transición del presidente López, esperen lo suficiente, porque los apoyos se tardan…y bastante. Pregúntese a las mujeres, a los ancianos, a los minusválidos y a los empleados de las casas de protección para mujeres. En fin, el asunto es que ¿de verdad vamos muy bien?

ESTADÍSTICAS

Las cifras de respaldo a lo que hace el presidente son asombrosas. Los encuestados estiman que el mandatario es como el Alka Seltzer: Todo mundo dice que sí hace…pero, nadie sabe con exactitud, qué hace. Veamos:

Reuters y El Financiero difundieron la nota que provocó revuelo en los mercados, en el mundo empresarial y en los observadores del crecimiento de este país, cuando –además de Fitch Raitings- es ahora, la calificadora Standard & Poor’s, la que bajó la calificación de México. Para entender con detalles “y en cristiano”, decía mi santa agüe, el escribano recomienda a sus bellísimas lectoras y amables lectores, la colaboración del Maestro Enrique Quintana en El Financiero, para dimensionar los alcances del asunto.

Esta vez, el presidente López ya no catalogó de “hipócrita” a S&P, fue más mesurado. México bajó su calificación de “estable” a “negativa”, previendo un crecimiento económico menor.

LAS RAZONES DE S&P

El presidente deja entrever que las empresas públicas son buenas y las empresas privadas son malas. Con todo, atestiguó el cambio de dirigente nacional en el CCE. Pero, ¿qué criterios asume la calificadora para emitir su juicio? Simple: el cambio de políticas del gobierno federal, para reducir la participación de la iniciativa privada en el sector energético y otros proyectos, lo que llevó, dice la nota, a una caída en la inversión y la confianza. Agréguese todo el peso de la deuda del país y la impagable suma que PEMEX   le debe a todo mundo.

"Esperamos que la administración López Obrador implemente pragmáticamente políticas económicas que equilibren las prioridades sociales con la necesidad de la estabilidad macroeconómica en México", dijo S&P en un comunicado, se insiste. El problema adicional es que, cualquier cambio coyuntural puede comprometer, aún más, el cumplimiento de los compromisos

Lo que a este escribano pone a pensar, es que, lejos de mirar al futuro, parece que la visión del nuevo gobierno –como bien lo señala el Ing. Manuel Clouthier Carrillo- es la regresión viable al Siglo XIX.

Obligado es cuestionar: ¿Si de verdad vamos tan bien…por qué los que sí saben, aseguran que vamos tan mal?  Y no se vale el argumento descalificador de que son “neoliberales” o “Fifís”

 

 

IRREAL MEDICIÓN DE NIVELES DE POBREZA EN EL PERÚ

Escribe: Alfredo Palacios Dongo

El pasado 28 de febrero la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Liliana La Rosa, manifestó que para medición de la pobreza se cambiará el método actual de medición monetaria por la metodología multidimensional donde además de la parte monetaria se analizarán otros indicadores sociales y sería incorporada en 2021. Nuestro actual sistema de medición “Línea de Pobreza Monetaria” es evidentemente irreal porque solo evalúa la capacidad de compra de las personas pero no valora las dimensiones indispensables que traducen la privación de necesidades básicas como educación, salud, vivienda, trabajo, y esta situación se explica claramente por el uso político de los gobiernos para mostrar menores cifras de pobreza. Recordemos que durante el segundo gobierno de Alan García (2006-2011), usándose la medición monetaria, las cifras de pobreza fueron reducidas de 49.1% en 2006 hasta 27.8% el 2011 cuando era claro que la cantidad de pobres era mucho mayor.  

Nuestra medición de pobreza monetaria la realiza el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) empleando una sola variable, mediante el valor de una canasta mensual mínima de S/.338 por persona (S/.11.27 diarios) cantidad que debe alcanzar para alimentación, salud, educación, vestido, vivienda, transporte, enseres y otros, así, si una persona tiene dicha cantidad de dinero no es pobre, y para pobreza extrema, la canasta es de S/.183 (S/.6.1 diarios) solo para subsistir con mínimas necesidades nutricionales, también, contando con dicha cantidad de dinero una persona no es pobre extrema. Esta medición de pobreza es tan irreal que si se le entregara a cada peruano en condición de pobreza S/ 11.27 diarios para vivir no existiría ni un solo pobre en nuestro país. Según la última medición monetaria 2017 casi 7 millones de peruanos son pobres (21.7%) de los cuales 1.2 millones son pobres extremos (3.8%), pero además existen 2.3 millones de peruanos (32.6%) en vulnerabilidad a la pobreza, cantidades que obviamente se incrementarían con una medición multidimensional.

Bajo este panorama es necesaria y prioritaria la implementación de la medición multidimensional para evitar maquillajes en cifras de pobreza, ya que este método, por tener un enfoque de derechos sociales, determina carencias en salud, educación y nivel de vida en las diferentes sub-poblaciones (regiones, grupos étnicos, áreas rural/urbana, género), lo que arrojará cifras reales  y nos permitirá diseñar políticas públicas integrales que coadyuven a reducir los niveles de pobreza y encaminen el desarrollo social y económico de nuestro país.

Ver mi Blog:  http://www.planteamientosperu.com

 

A cuenta del “Día Internacional de la Mujer” 2019

En distintas ciudades, el 8 de marzo una gran manifestación recorrió las calles céntricas para reivindicar la igualdad. Cuando se produce una manifestación así, personas de ideas políticas muy diversas suelen estar presentes. La igualdad entre hombres y mujeres en asuntos todavía pendientes, como la retribución económica por el mismo trabajo,  es justa reivindicación. Entre los funcionarios, no hay desigualdad, e igualmente debería ser en la empresa privada. En algunos grupitos se corearon planteamientos ideológicos del feminismo radical, ciego para ver la complementariedad de ambos sexos y la igual dignidad de todas las personas por el hecho de serlo, así como la  valía innegable de tantos varones, compañeros nuestros.  Y,  ¿cómo no?,  no faltaban, en la manifestación,  incontables mujeres muy femeninas; bastantes, acompañadas de sus maridos. Una cosa no es tolerable: las frases de falta de respeto y tinte violento que ciertos grupos profirieren contra instituciones de la Iglesia Católica ( la Conferencia Episcopal), que, desde su origen ha defendido  a la mujer  y se ha  puesto al servicio de su causa en nuestra época. Multitud de hombres y de mujeres ponemos nuestra confianza  en la Mujer que es “el pilar de nuestra Historia”, la Virgen-Madre. A Ella le cantamos: “Siempre que tengo dudas, en ti encuentro certeza. Siempre que tengo miedo, eres tú mi valor. Siempre en mis desalientos, eres tú mi confianza.  Y tu nombre yo invoco como ayuda y favor” ((https://www.youtube.com/watch?v=ErHZ9JWen18).

 Josefa Romo

 

 

Su propuesta de reforma educativa

Resulta difícil de explicar la decisión del gobierno de presentar nada menos que una reforma educativa después de haber anunciado el presidente la convocatoria de elecciones. La comunidad educativa resta valor a un texto que será difícil que llegue a ver la luz o, en su caso, pueda finalmente aplicarse. Esto afecta a las medidas que restan valor a la asignatura de religión y a las que pretenden restringir los conciertos educativos. La escuela católica las ha recibido con preocupación, pero con el consuelo de saber que se trata de un brindis al sol. Este modo de actuar, sin embargo, muestra a las claras qué idea tienen los gobernantes socialistas de la educación.

Tras dinamitar el pacto educativo que venía fraguándose pocos meses antes de la moción de censura contra Mariano Rajoy, el gobierno no ha buscado más diálogo que con los nacionalistas y sus aliados de Podemos, renunciando a un gran acuerdo que de una vez por todas sirviera para despolitizar el debate educativo en España.

Jesús Martínez Madrid

 

 

La casa común,

El Papa asistía en la sede de la FAO al IV Foro de los pueblos indígenas. No es la primera vez que el Papa visita este foro, ni la primera ocasión en la que se encuentra con representantes de las comunidades indígenas. Me parece que a Francisco le interesa que estos encuentros adquieran la dimensión pública que merecen por razón de sus protagonistas, así como de lo que estos pueblos significan en el mundo de hoy.

Ellos son, decía el Papa, “un grito viviente a favor de la esperanza” puesto que su modo de vida nos recuerda la responsabilidad que todos los seres humanos tenemos con relación al mundo que habitamos. La casa común, expresión que ha hecho fortuna en el magisterio de Francisco, es el bien común que estamos llamados a cuidar en función de “gerencia” que nos ha sido encomendada.

Domingo Martínez Madrid

 

Franco frente al cadavérico gobierno

La ministra Delgado oficializó el decreto de exhumación de los “restos cadavéricos” de Franco. Pretendió ser el primer gran anuncio de la campaña, si bien el Gobierno lleva enfangado meses con este asunto en el que, por ignorancia, arrogancia o impostura, se las prometía muy felices y se ha topado con el Estado de Derecho. Ni la familia ni el prior del Valle de los Caídos están dispuestos a que se avasalle la Ley. Santiago Cantera cree que el proceso durará años. Entonces, el recuerdo de este Ejecutivo será ya cadavérico.

Juan García.

 

Soledad, descanso, multitud, hormiguero

 

                                Vivimos en una época loca y donde y por lo que sea, parece ser que el individuo renuncia a su valiosa individualidad y se sumerge en gentíos, cuando no en multitudes e incluso en “hormigueros humanos”; puede ser que en ello trate no de encontrarse a sí mismo, sino más bien de “perderse sumergiéndose en esa especie de mares o mareas humanas, dónde inexplicablemente para mí, se encuentra arropado en su real soledad, puesto que “no olvidemos que se nace sólo y se muere sólo, ya que en ambos actos se viene y se va, con miedos, dolores y llantos”.

                                Sobre ello he seleccionado unas lecciones de uno de los considerados sabios de nuestra civilización, “u lo que esto sea ya”; y el que en su época, dispuso de todo y sin embargo supo aislarse de “ese todo” y dejarnos lecciones para todos los tiempos, puesto que vivió hace casi dos milenios y fue nada menos que emperador en la entonces máxima potencia mundial, cual lo fue la inmortal Roma.

                                Dice así… “Para descansar se buscan las apacibles soledades del campo, las orillas del mar  las serenas montañas. Tú también deseas esto ardientemente y con frecuencia. Y, sin embargo, todo esto no es sino prueba de vulgaridad de espíritu, ya que en cualquier momento que elijamos podemos buscar un retiro incomparable dentro de nosotros mismos. En ninguna parte, en efecto, puede hallar el hombre un retiro tan apacible y tranquilo como en la intimidad de su alma; sobre todo si posee esos dones preciosos que por sí solos constituyen la libertad del alma, y entendiendo por libertad del alma el estado de un alma en que todo está perfectamente ordenado. Goza,   sin cesar de esta soledad y recobra en ella nuevas fuerzas. También encontrarás pensamientos breves y fundamentales que cuando se presenten a tu memoria disiparán enseguida tus inquietudes y te darán ánimos para soportar sin indignación y contrarrestar todo lo que te salga al paso. En consecuencia, ¿de qué te indignas? ¿De la maldad de los hombres, acaso? Tranquilízate, pues, y ten presente que todos los seres racionales han sido creados para soportarse y convivir unos con otros, que esta paciencia forma parte de la justicia y que sus faltas son involuntarias. Recuerda también que los que pasaron su vida en enemistades, sospechas, odios y querellas, hoy ya están en la tumba reducidos a cenizas. Esto te ayudará a adquirir la necesaria calma.

                                Pero ¿es que quizá, te hayas descontento con la parte que te haya correspondido en la repartición de los destinos? Si es así, ten en cuenta que el mundo es o la obra de una providencia o una reunión fortuita de átomos y en esta alternativa se te ha indicado claramente que es como una verdadera ciudad”. (Del libro de Pensamientos de Marco Aurelio: Libro IV- Del libro “LOS ESTOICOS” de Editorial http://www.editorial-na.com un libro de inagotable lectura y para tener siempre a mano.

                                El citado libro que sólo tiene 270 páginas, contiene una selección de pensamientos y máximas, de tres sabios estoicos, cuales son Epicteto, Séneca y Marco Aurelio y el que continuamente lo tengo a mano, puesto que se puede abrir por cualquiera de sus páginas y empezar a leer; seguro que nunca se agota; y si te cansa por lo concentrado de algunas de sus enseñanzas, simplemente lo dejas y vuelves a él cuándo tu alma te lo pida; puesto que no olvides nunca que un libro es:

 

Un libro abierto, es un cerebro que habla.

Cerrado, un amigo que espera.

Olvidado, un alma que perdona.

Destruido, un corazón que llora.

(Proverbio Hindú)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes