Las Noticias de hoy 09 Marzo 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 09 de marzo de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Francisco a los sacerdotes: “El Señor comienza una obra paciente de reconciliación”

“Nuestras acciones y el clamor de la tierra y de los pobres están vinculados”

Diálogo judeo-cristiano: El Papa solicita la formación de las generaciones futuras

Meditación del Santo Padre a los sacerdotes de Roma – Texto completo

SALVAR LO PERDIDO: Francisco Fernandez Carbajal

“Has de convivir, has de comprender”: San Josemaria

«Si fuera hombre, a nadie le sorprendería que tuviera trabajo, familia y afición al deporte»

Comentario al Evangelio: Tentaciones

Domingo de la semana 1 de Cuaresma; ciclo C

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Jesucristo, vida verdadera y eterna: Ramiro Pellitero

Feminismo out of the box: Nuria Chinchilla

El qué dirán: Daniel Tirapu

Educar a los hijos en la familia para que la escuela funcione: Francisco Gras

Mujer, sé lo que eres: Silvia del Valle Márquez

Día de la Mujer: Ana Teresa López de Llergo

Aborto y Relativismo Moral: Acción Familia

Adiós a Tristán Solarte.:  Miguel A. Espino Perigault

El matrimonio parece la relación más segura: Jesús Domingo Martínez

La vida entregada de los misioneros: Pedro García

Las "víctimas invisibles": Valentín Abelenda Carrillo

Sobre el asesinato de mujeres y… “otros”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes 8 de marzo de 2019

En la primera lectura (Is 58,1-9a) hemos oído: “En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis por querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos”. El Señor reprocha a su pueblo, y explica la diferencia entre lo real y lo formal, condenando toda forma de hipocresía. “No ayunéis de ese modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo”. Lo formal es una expresión de lo real, pero deben proceder juntos; si no, se acaba viviendo una existencia de apariencias, una vida sin verdad en el corazón.

Deberíamos descubrir la sencillez de las “apariencias” sobre todo en este periodo de Cuaresma, a través del ejercicio del ayuno, la limosna y la oración. Los cristianos deberían hacer penitencia mostrándose alegres; ser generosos con quien lo necesita, sin tocar la trompeta; dirigirse al Padre casi a escondidas, sin buscar la admiración de los demás. En tiempos de Jesús el ejemplo era evidente en la conducta del fariseo y del publicano; hoy hay católicos que se sienten justos porque pertenecen a tal o cual asociación, van a misa todos los domingos y no son “como esos desgraciados que no entienden nada”. Los que buscan las apariencias, jamás se reconocen pecadores y si les dices: “Pero tú también eres pecador” –“Bueno, sí, pecados tenemos todos”, lo relativizan todo y vuelven a sentirse justos. Hasta intentan aparecer con cara de estampita, de santo: pura apariencia. Y cuando hay esa diferencia entre la realidad y la apariencia, el Señor usa un adjetivo: hipócrita.

Todo individuo es tentado por la hipocresía, y el tiempo que nos lleva a la Pascua puede ser ocasión para reconocer las propias incoherencias y distinguir las capas de maquillaje aplicadas para esconder la realidad. De la hipocresía también se habló en el Sínodo de los jóvenes. Los jóvenes no se dejan engañar por los que intentan aparentar y luego no se comportan en consecuencia, sobre todo cuando esa hipocresía la visten “profesionales de la religión”. El Señor pide, en cambio, coherencia. Muchos cristianos, también católicos, que se llaman católicos practicantes, explotan a la gente: “apremiáis a vuestros servidores”. ¡Cómo explotan a los obreros! Los mandan a casa al inicio del verano para volver a contratarlos al final, y así no tienen derecho a la pensión, ni tienen derecho a seguir adelante. Y muchos de esos se dicen católicos: van a misa el domingo…, pero hacen eso. ¡Y eso es pecado mortal! ¡Cuántos humillan a sus empleados!

En este tiempo de Cuaresma, invito a todos a redescubrir la belleza de la sencillez, de la realidad que debe estar unida a la apariencia. Pide al Señor la fuerza y ve humildemente adelante, con lo que puedas. Pero no te maquilles al alma, porque si te retocas el alma, el Señor no te reconocerá. Pidamos al Señor la gracia de ser coherentes, de no ser vanidosos, de no aparecer más dignos de lo que somos. Pidamos esa gracia en esta Cuaresma: la coherencia entre lo formal y lo real, entre la realidad y las apariencias.

 

Francisco a los sacerdotes: “El Señor comienza una obra paciente de reconciliación”

Liturgia penitencial al inicio de Cuaresma

marzo 08, 2019 16:41Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Roma

(ZENIT – 8 marzo 2019).- Francisco indicó a los clérigos romanos la razón por la que el tiempo de Cuaresma es “verdaderamente una gracia” porque “nos permite reubicarnos ante Dios, dejando que Él sea todo” (Leer el discurso completo)

El Papa se reunión con los sacerdotes de la Diócesis de Roma el jueves, 7 de marzo de 2019, en la Basílica de San Juan de Letrán. El Cardenal Angelo de Donatis, vicario general del Papa, inició el evento con una meditación introductoria.

En la celebración, con carácter penitencial, los sacerdotes recibieron el sacramento de la reconciliación. Algunos de ellos, se confesaron con el Papa; quien se dirigió a ellos, casi todo el rato de manera espontánea, con un discurso profundo, haciendo un fuerte llamamiento a la fuerza renovadora del perdón de Dios y a ponerse en manos de “la guía paciente de Dios”.

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Las palabras del Pontífice fueron directas: “La vida de un sacerdote a menudo está marcada por incomprensiones, sufrimientos silenciosos, a veces persecuciones. Y también pecados que solo Él conoce. Las laceraciones entre hermanos de nuestra comunidad, la no aceptación de la Palabra del Evangelio, el desprecio de los pobres, el resentimiento alimentado por las reconciliaciones que  nunca hubo,  el escándalo causado por el comportamiento vergonzoso de algunos hermanos, todo esto puede quitarnos el sueño y dejarnos en la impotencia… Creamos, en cambio, en la guía paciente de Dios, que hace las cosas a su debido tiempo, ensanchemos nuestros corazones y pongámonos al servicio de la Palabra de la  reconciliación”.

El “santo espejo”

El Papa narró la historia de un sacerdote muy bueno, brillante, devoto del ” santo espejo”, donde “se miraba tanto”. “Dios fue bueno con él. Un día le hizo sentir que estaba solo en la vida, que había perdido tanto. Y no se atrevió a decirle al Señor: ‘Pero he arreglado esto, lo otro, lo otro…’. No, de inmediato se dio cuenta de que estaba solo”.

Y el Señor le dio la “gracia de llorar”, relató Francisco. “Lloró por el tiempo perdido, lloró porque el santo espejo no le había dado lo que esperaba de sí mismo. Y volvió a empezar desde el principio, humildemente. Cuando el Señor se va, porque lo echamos, debemos pedir el don  de las lágrimas, llorar la ausencia del Señor”.

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Ministros de reconciliación

“El tiempo litúrgico que viviremos –dijo el purpurado– nos pedirá que seamos ministros de reconciliación, embajadores y diáconos del perdón de Dios para todos nuestros hermanos”. Así, el Cardenal les propuso decir en sus comunidades: “Os imploramos, en nombre de Cristo, que os dejéis reconciliar con Dios”, y exhortó a la invitación a todos a pedir perdón, con humildad, a Dios y a los hermanos y hermanas del mal hecho.

Antes de concluir la ceremonia, el Papa les entregó como regalo un subsidio para las segundas lecturas del Oficio de Lectura Cuaresmal, y comentó: “Una de las cosas que me gustan de este [folleto] es la riqueza de los Padres: regresar a los Padres”.

Como de costumbre, el Santo Padre pidió a los sacerdotes su oración por el Sucesor de Pedro: “Lo necesito, necesito la oración. Rezad por mí”.

Éxodo

Para estos siete años de camino diocesano de conversión pastoral, que hay hasta el Jubileo de 2025 (el segundo), el Santo Padre ha propuesto el libro de Éxodo como un paradigma. “El Señor actúa, hoy como ayer, y transforma a un “no-pueblo” en Pueblo de Dios. Este es su deseo y su proyecto también con nosotros.

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Y bien, “¿qué hace el Señor cuando constata con tristeza que Israel es un pueblo ‘de dura cerviz’? ‘inclinado al mal’, como en el episodio del becerro de oro?” –reflexionó el Papa– “Comienza una obra paciente de reconciliación, una pedagogía sabia, en la que amenaza y consuela, hace conscientes de las consecuencias del mal cometido y decide olvidar el pecado, castiga azotando al Pueblo y cura la herida que nos ha infligido”.

Precisamente en el texto de Éxodo 32-34, que los sacerdotes están llamados a proponer en la Cuaresma para la meditación de sus comunidades, aparece la “decisión radical” del Señor: “No subiré contigo” (Ex 33.3), indicó el Papa. “Cuando el Señor se cierra, se aleja. Tenemos experiencia de esto, en los malos momentos, de desolación espiritual. Si alguno de vosotros no conoce estos momentos, le aconsejo que vaya y hable con un buen confesor, un padre espiritual, porque falta algo en su vida; no sé qué es, pero no tengo desolación… no es normal, diría que no es cristiano”.

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Ídolos

“A veces, cuando no tenemos desolación, podemos tener ídolos”, previno el Santo Padre. “No, estoy bien, con esto con que me las arreglo…”. “La tristeza del abandono de Dios nunca llega. ¿Qué hace el Señor cuando lo ‘apartamos’ – con los ídolos- de la vida de nuestras comunidades, porque estamos convencidos de que somos suficientes por nosotros mismos? En ese momento el ídolo soy yo: ‘No, me las arreglo…Gracias… No te preocupes, me las arreglo’. Y no se siente esa necesidad del Señor, no se siente la desolación de la ausencia del Señor”.

Polvo

“¿Qué sentiríamos nosotros si el Señor Resucitado nos dijera: continuad si queréis vuestras actividades eclesiales y vuestras  liturgias, pero no seré yo el que estará presente y actuará en vuestros sacramentos?” hizo pensar el Papa a los curas romanos.

“Dado que, cuando tomáis vuestras decisiones, os basáis en criterios mundanos y no evangélicos (tamquan Deus non esset), entonces me quito totalmente de en medio… Todo sería vacío, sin sentido, no sería más que ‘polvo'”, recordó. “Es la muerte, la desesperación, el infierno: sin mí no puedes hacer nada“, citó Francisco.

Gran privilegio

“¡Es un gran privilegio es el nuestro!”, animó Francisco a los sacerdotes. “Dios conoce nuestra ‘vergonzosa desnudez’, y sin embargo, nunca se cansa de servirse de nosotros para ofrecer reconciliación a los hombres. Somos muy pobres, pecadores, y, no obstante, Dios nos toma para interceder por nuestros hermanos y para distribuir a los hombres, a través de nuestras manos que no son para nada inocentes, la salvación que regenera”.

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El perdón de Dios, fuerza

El perdón de Dios –celebrado en la liturgia penitencial– es una fuerza que “restablece la comunión en todos los niveles”: “entre nosotros los presbíteros en el único presbiterio diocesano; con todos los cristianos, en el único cuerpo que es la Iglesia; con todos los hombres, en la unidad de la familia humana”, explicó Francisco.

Sed vosotros los primeros en pedir perdón a vuestros hermanos. “Será una buena señal si, como hemos hecho hoy, cada uno de vosotros se confesará con un hermano, incluso en las liturgias penitenciales en la parroquia, ante los ojos de los fieles”.

Asimismo, animó a los sacerdotes a animó en los ejercicios espirituales que predicarán a las personas de sus comunidades, en las liturgias penitenciales, a “tener el valor de proponer la reconciliación del Señor, de proponer su amor apasionado y celoso”.

 

“Nuestras acciones y el clamor de la tierra y de los pobres están vinculados”

Advierte el Papa a los líderes religiosos

marzo 08, 2019 21:12Ana Paula MoralesNaturaleza y ambiente, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 8 marzo 2019).- El Santo Padre ha recibido en audiencia esta mañana, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, a los participantes en la Conferencia Internacional Las religiones y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): Escuchar el clamor de la tierra y de los pobres, organizado  por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, en curso en el Vaticano, en la nueva Sala del Sínodo, del 7 al 9 de marzo.

El objetivo de la conferencia es encontrar “las respuestas concretas al clamor de la tierra y al clamor de los pobres”, ha recordado Francisco. El Pontífice recalcó que al hablar de sostenibilidad, es importante tomar en cuenta la inclusión y la escucha de los marginados,pobre, migrantes, indígenas y los jóvenes.

Así, el Papa ha expuesto que es importante “reconocer que el “desarrollo” es un concepto complejo, a menudo instrumentalizado.” Es importante preguntar: “¿De qué desarrollo se habla?”.

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Francisco ha citado a San Pablo VI, en su encíclica Populorum progressio, “hablar de desarrollo humano significa referirse a todas las personas, -no solo a unas pocas- , y a toda la persona humana, no solo a la dimensión material”.

Del mismo modo, ha destacado que el “Papa Benedicto XVI  ha reconocido como “la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes”. Políticas económicas concretas que se centren en la persona y que puedan promover un mercado y una sociedad más humanos . Medidas económicas concretas que tomen seriamente en consideración nuestra casa común. Compromisos éticos, civiles y políticos concretos para desarrollarse junto a nuestra hermana tierra, y no a pesar de ella”.

Asimismo, señaló que la Agenda de las Naciones Unidas 2030 propone integrar todos los objetivos a través de las cinco P: personas, planeta, prosperidad, paz y partnership. Sé que esta conferencia también se articula en torno a estas cinco P.

La importancia de los indígenas de cara al próximo sínodo de la Amazonia fue también un punto de interés comentado por el Papa: “El principio cardinal de todas las religiones es el amor por nuestros semejantes y el cuidado de la creación. Me gustaría destacar un grupo especial de personas religiosas, la de los pueblos indígenas. Aunque representan solo el 5% de la población mundial, cuidan de casi el 22% de la superficie terrestre. Por vivir en áreas como el Amazonas y el Ártico, ayudan a proteger aproximadamente el 80% de la biodiversidad del planeta”.

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A modo de conclusión, el Pontífice comentó: “Debemos darnos cuenta aún más claramente de la importancia de acelerar y adaptar nuestras acciones para responder adecuadamente al clamor de la tierra y al clamor de los pobres. Están vinculados”.

Por último, agradeció a todos los asistentes en la Conferencia Internacional por su participación y esfuerzo.

A continuación ofrecemos el texto íntegro del discurso pronunciado por el Santo Padre en esta audiencia:

***

Discurso del Papa Francisco

Eminencias, Excelencias,
Estimados responsables de las tradiciones religiosas mundiales,
Representantes de los  organismos internacionales,
Ilustres señoras y señores,

Os doy la bienvenida a todos vosotros aquí convocados para esta Conferencia Internacional sobre las religiones y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Sostenibilidad e inclusión.

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Cuando hablamos de sostenibilidad, no podemos pasar por alto la importancia de la inclusión y la de la escucha de todas las voces, especialmente de aquellas normalmente marginadas en este tipo de discusión, como las de los pobres, los migrantes, los indígenas y los jóvenes. Me alegra ver a una variedad de participantes en esta conferencia, portadores de una multiplicidad de voces, de opiniones y propuestas, que pueden contribuir a nuevos itinerarios de desarrollo constructivo. Es importante que la implementación de los objetivos de desarrollo sostenible siga su verdadera naturaleza original que es la de ser inclusiva y participativa.

La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por más de 190 naciones en septiembre de 2015, fueron un gran paso adelante para el diálogo mundial, a la enseña de una necesaria “nueva solidaridad universal” (Enc. Laudato si ‘, 14) . Diferentes tradiciones religiosas, incluida la católica, han abrazado los objetivos del desarrollo sostenible porque son el resultado de procesos participativos globales que, por un lado, reflejan los valores de las personas y, por el otro, se sustentan en una visión integral del desarrollo.

Desarrollo integral

Sin embargo, proponer un diálogo sobre el desarrollo inclusivo y sostenible también requiere reconocer que el “desarrollo” es un concepto complejo, a menudo instrumentalizado. Cuando hablamos de desarrollo siempre debemos aclarar: ¿Desarrollo de qué? ¿Desarrollo para quién? Durante demasiado tiempo, la idea convencional de desarrollo se ha limitado casi por completo al crecimiento económico. Los indicadores de desarrollo nacional se basaban en los índices del producto interno bruto (PIB). Esto ha guiado al sistema económico moderno por un camino peligroso, que ha evaluado el progreso solo en términos de crecimiento material, por lo que casi estamos obligados a explotar irracionalmente tanto a la naturaleza como a los seres humanos.

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En realidad, como destacó mi predecesor San Pablo VI, hablar de desarrollo humano significa referirse a todas las personas, -no solo a unas pocas- , y a toda la persona humana, no solo a la dimensión material (véase Enc. Populorum progressio, 14). Por lo tanto, una discusión fructífera sobre el desarrollo debería ofrecer modelos viables de integración social y de conversión ecológica, porque no podemos desarrollarnos como seres humanos fomentando la desigualdad y la degradación del medio ambiente.

Las denuncias de los modelos negativos y las propuestas de rutas alternativas no son válidas solo para los demás, sino también para nosotros. De hecho, todos debemos comprometernos a promover e implementar los objetivos de desarrollo que están respaldados por nuestros valores religiosos y éticos más profundos. El desarrollo humano no es solo una cuestión económica o que concierne solo a los expertos, sino, en primer lugar, una vocación, una llamada que requiere una respuesta libre y responsable (cf. BENEDICTO XVI, Enc. Caritas in veritate, 16-17).

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Objetivos (diálogo y compromisos)

Y las respuestas son lo que yo espero que surja en esta Conferencia: respuestas concretas al clamor de la tierra y al clamor de los pobres. Compromisos concretos para promover un desarrollo real de manera sostenible a través de procesos abiertos a la participación de las personas. Propuestas concretas para facilitar el desarrollo de los necesitados, haciendo uso de lo que el Papa Benedicto XVI ha reconocido como “la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes” (ibíd., 42). Políticas económicas concretas que se centren en la persona y que puedan promover un mercado y una sociedad más humanos (véase ibíd., 45.47). Medidas económicas concretas que tomen seriamente en consideración nuestra casa común. Compromisos éticos, civiles y políticos concretos para desarrollarse junto a nuestra hermana tierra, y no a pesar de ella.

Todo está conectado

También me alegra saber que los participantes en esta Conferencia están dispuestos a escuchar las voces religiosas cuando discuten la implementación de los objetivos del desarrollo sostenible. Efectivamente, todos los interlocutores de dicho diálogo sobre este tema complejo están, de alguna manera, llamados a salir de su especialización para encontrar respuestas comunes al clamor de la tierra y al de los pobres. En el caso de las personas religiosas, necesitamos abrir los tesoros de nuestras mejores tradiciones para un diálogo verdadero y respetuoso sobre la manera de construir el futuro de nuestro planeta. Los relatos religiosos, aunque antiguos, están normalmente llenos de simbolismo y contienen “una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (Enc. Laudato si ‘, 70).

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En este sentido, la Agenda de las Naciones Unidas 2030 propone integrar todos los objetivos a través de las cinco P: personas, planeta, prosperidad, paz y partnership. Sé que esta conferencia también se articula en torno a estas cinco P.

Acojo con satisfacción este enfoque unificado de los objetivos; también puede servir para defendernos de una concepción de prosperidad basada en el mito del crecimiento y el consumo ilimitados (ver Enc. Laudato si ‘, 106), para cuya sostenibilidad dependeríamos solo del progreso tecnológico. Todavía podemos encontrar algunos que apoyan obstinadamente este mito, y dicen que los problemas sociales y ecológicos se resuelven simplemente aplicando nuevas tecnologías y sin consideraciones éticas o cambios fundamentales (cf. ibíd., 60).

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Un enfoque integral nos enseña que esto no es cierto. Si bien es ciertamente necesario apuntar a una serie de objetivos de desarrollo, sin embargo, esto no es suficiente para un orden mundial ecuo y sostenible. Los objetivos económicos y políticos deben estar respaldados por objetivos éticos, que presupongan un cambio de actitud, la Biblia diría un cambio de corazón (cf. ibíd., 2). Ya San Juan Pablo II hablaba sobre la necesidad de “alentar y sostener una conversión ecológica” (Catequesis, 17 de enero de 2001). Esta palabra es fuerte: conversión ecológica. Aquí las religiones tienen un papel clave que desempeñar. Para una transición correcta hacia un futuro sostenible, es necesario reconocer “los propios errores, pecados, vicios o negligencias”, “arrepentirse de corazón, cambiar desde adentro”, reconciliarse con los demás, con la creación y con el Creador (ver Enc. Laudato si ‘, 218).

Si queremos dar  bases sólidas al trabajo de la Agenda 2030, debemos rechazar la tentación de buscar una respuesta simplemente tecnocrática a los desafíos, – así no va- , estar dispuestos a enfrentar las causas profundas y las consecuencias a largo plazo.

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Pueblos indígenas

El principio cardinal de todas las religiones es el amor por nuestros semejantes y el cuidado de la creación. Me gustaría destacar un grupo especial de personas religiosas, la de los pueblos indígenas. Aunque representan solo el 5% de la población mundial, cuidan de casi el 22% de la superficie terrestre. Por vivir en áreas como el Amazonas y el Ártico, ayudan a proteger aproximadamente el 80% de la biodiversidad del planeta. Según la UNESCO: “Los pueblos indígenas son custodios y especialistas de culturas y relaciones únicas con el medio ambiente natural. Representan una amplia gama de diversidad lingüística y cultural en el corazón de nuestra humanidad común”. Yo agregaría que, en un mundo fuertemente secularizado, esas poblaciones nos recuerdan a todos la sacralidad de nuestra tierra. Por estos motivos, sus voces y preocupaciones deben ser fundamentales para la implementación de la Agenda 2030 y en el centro de la búsqueda de nuevos caminos para un futuro sostenible. Lo discutiré también con mis hermanos obispos en el Sínodo de la Región Pan amazónica al final de octubre de este año.

Conclusiones

Queridos hermanos y hermanas, hoy, después de tres años y medio desde la adopción de los objetivos del desarrollo sostenible, debemos darnos cuenta aún más claramente de la importancia de acelerar y adaptar nuestras acciones para responder adecuadamente al clamor de la tierra y al clamor de los pobres. (Ver Enc. Laudato si ‘, 49): están vinculados.

Los desafíos son complejos y tienen múltiples causas; Por lo tanto, a su vez, la respuesta solo puede ser compleja y articulada, respetuosa de las diferentes riquezas culturales de los pueblos. Si estamos realmente preocupados por desarrollar una ecología capaz de remediar el daño que hemos hecho, ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría deben quedar fuera, y esto incluye las religiones y los lenguajes que les son propios (cf. ibíd., 63). Las religiones pueden ayudarnos a caminar por la senda del desarrollo integral real, que es el nuevo nombre de la paz (cf. PAUL VI, Enc. Populorum progressio,76-77).

Expreso mi sincero agradecimiento por vuestros esfuerzos en el cuidado de nuestra casa común, al servicio de la promoción de un futuro sostenible e inclusivo. Sé que a veces puede parecer una tarea demasiado ardua. Y, sin embargo, “capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse”. (Enc. Laudato si ‘, 205). Este el cambio que requieren las circunstancias actuales, porque la injusticia que hace llorar a la tierra y a los pobres no es invencible. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

 

Diálogo judeo-cristiano: El Papa solicita la formación de las generaciones futuras

Audiencia con una Delegación del ‘American Jewish Committee’

marzo 08, 2019 18:02Rosa Die Alcoleajudaísmo, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 8 marzo 2019).- “En el servicio a la humanidad, así como en nuestro diálogo, esperan estar más involucrados los jóvenes, deseosos de soñar y abiertos al descubrimiento de nuevos ideales”, así ha destacado el Papa Francisco la importancia de la formación de las generaciones futuras en el diálogo judeo-cristiano.

El Santo Padre ha recibido en audiencia a una Delegación del American Jewish Committee, este viernes, 8 de marzo de 2019, las 11:40 horas, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico.

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Francisco ha querido hacer una mención especial a la figura femenina en este encuentro, celebrado el 8 de marzo, día dedicado a la mujer. “La mujer es la que hace hermoso el mundo, que lo custodia y lo mantiene vivo. Lleva  la gracia que hace las cosas nuevas, el abrazo que incluye, el coraje de entregarse. La paz es mujer. Nace y renace de la ternura de las madres. Por eso el sueño de paz se realiza mirando a la mujer”.

El compromiso común en el campo de la educación juvenil “es también una herramienta eficaz para combatir la violencia y abrir nuevos caminos de paz con todos”, ha asegurado el Pontífice. “Cultivar buenas relaciones fraternales a través del tiempo es un regalo y al mismo tiempo una llamada de Dios”.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes durante la audiencia:

***

Discuso del Santo Padre

Queridos amigos,

Os doy mi calurosa bienvenida al Vaticano. Vuestra organización ha tenido estrechos contactos con los sucesores de Pedro desde el inicio del diálogo oficial entre la Iglesia Católica y el judaísmo. Ya en el Concilio Vaticano II, cuando comenzó una nueva orientación en nuestras relaciones, entre los observadores judíos se encontraba el distinguido Rabino Abraham J. Heschel del American Jewish  Committee. Vuestro compromiso con el diálogo católico-judío tiene tantos años como la Declaración Nostra Aetate, piedra angular en nuestro camino de redescubrimiento fraterno. Me alegra que con el tiempo hayamos logrado mantener buenas relaciones e intensificarlas aún más.

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Cultivar buenas relaciones fraternales a través del tiempo es un regalo y al mismo tiempo una llamada de Dios. En este sentido, me gustaría mencionar un episodio ocurrido precisamente cerca de vosotros. Un joven católico había sido enviado al frente y había vivido en primera línea los horrores de la Segunda Guerra Mundial. De vuelta a los Estados Unidos, comenzó a formar una familia. Después de mucho trabajo, finalmente pudo comprar una casa más grande. Se la compró a una familia judía. En la puerta principal estaba la Mezuzah y este padre quería que no se moviera durante los trabajos de renovación de la casa: tenía que quedarse allí, en la entrada. Y a los hijos dejó como herencia la importancia de ese signo. Les dijo, -uno de los cuales es sacerdote-, que aquel pequeño “rectángulo” en la puerta tenía que mirarse cada vez que se entraba y se salía de casa, porque guardaba el secreto para hacer que la familia fuera sólida y para hacer de la humanidad una familia. En efecto, estaba escrito lo que de generación en generación no debemos olvidar: amar al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas (cf. Dt 6: 4). Queridos amigos, estamos llamados juntos a construir una atmósfera de hogar, de familia, eligiendo con todas nuestras fuerzas el amor divino, que inspira respeto y aprecio por la religiosidad de los demás. No es “buenismo”, es nuestro futuro.

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Hoy, 8 de marzo, también me gustaría decir algo sobre la insustituible contribución de las mujeres en la construcción de un mundo que sea una casa para todos. La mujer es la que hace hermoso el mundo, que lo custodia y lo mantiene vivo. Lleva la gracia que hace las cosas nuevas, el abrazo que incluye, el coraje de entregarse. La paz es mujer. Nace y renace de la ternura de las madres. Por eso el sueño de paz se realiza mirando a la mujer. No es casualidad que en la historia de Génesis, la mujer sea sacada de la costilla del hombre mientras duerme (cf. Gn. 2:21). La mujer, es decir, se origina cerca del corazón y en el sueño, durante los sueños. Por eso lleva al mundo el sueño del amor. Si amamos el futuro, si soñamos con un futuro de paz, debemos dar espacio a las mujeres.

Sin embargo, en la actualidad, es para mí fuente de gran preocupación la propagación en muchos lugares de un clima de maldad y de rabia, en el que se arraigan excesos perversos de odio. Estoy pensando, en particular, en el recrudecimiento bárbaro, en varios países, de  ataques antisemitas. Hoy también me gustaría reiterar que es necesario estar atentos a este fenómeno: “La historia nos enseña dónde pueden conducir incluso  esas formas de antisemitismo al principio apenas perceptibles: a la tragedia humana de la Shoah, en la que dos tercios de los judíos europeos fueron aniquilados”. (Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo, Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables, 47). Repito que para un cristiano cualquier forma de antisemitismo es una negación de los orígenes, una contradicción absoluta. Debemos hacer como aquel padre, que había visto cosas trágicas y no se cansaba de transmitir a sus hijos los fundamentos del amor y del respeto. Y debemos mirar al mundo a través de los ojos de las madres, con la mirada de la paz.

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En la lucha contra el odio y el antisemitismo, una herramienta importante es el diálogo interreligioso, encaminado a promover el esfuerzo por  la paz, el respeto mutuo, la defensa de la vida, la libertad religiosa y la salvaguarda de la creación. Los judíos y los cristianos también comparten una rica herencia espiritual, que nos permite hacer muchas cosas buenas juntos. En un momento en que Occidente está expuesto a un secularismo despersonalizado, corresponde a los creyentes buscarse y colaborar para hacer más visible el amor de Dios por la humanidad. Y hacer gestos concretos de proximidad, contrarrestando el crecimiento de la indiferencia. En  el Génesis Caín, después de matar a Abel, dice: “¿Soy acaso el guardián de mi hermano?” (Gen 4,9). Antes del asesinato que quita la vida, está la indiferencia que borra la verdad: Sí, Caín, ¡eras tú precisamente el guardián de tu hermano! Tú, como todos nosotros, por la voluntad de Dios. En un mundo donde la distancia entre los muchos que tienen poco y los pocos que  tienen mucho aumenta de día en día, estamos llamados a cuidar de los hermanos más indefensos: los pobres, los débiles, los enfermos, los niños,  los ancianos.

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En el servicio a la humanidad, así como en nuestro diálogo, esperan estar más involucrado los jóvenes, deseosos de soñar y abiertos al descubrimiento de nuevos ideales. Por lo tanto, me gustaría resaltar la importancia de la formación de las generaciones futuras en el diálogo judeo-cristiano. El compromiso común en el campo de la educación juvenil es también una herramienta eficaz para combatir la violencia y abrir nuevos caminos de paz con todos. Queridos amigos, al agradeceros vuestra visita, os deseo lo mejor en vuestros esfuerzos por promover el diálogo, favoreciendo intercambios provechosos entre religiones y culturas, tan valiosos para nuestro futuro, para la paz. ¡Shalom!

 

 

Meditación del Santo Padre a los sacerdotes de Roma – Texto completo

En la Basílica de San Juan de Letrán

marzo 08, 2019 14:37RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 8 marzo 2019).- Como es tradición al comienzo del Tiempo de Cuaresma, el Papa Francisco se encontró con los párrocos y los sacerdotes de la diócesis de Roma, el jueves, 7 de marzo de 2019, a las 11 horas en la basílica papal de San Juan de Letrán. A su llegada a la basílica, el Pontífice confesó a algunos sacerdotes.

Después del saludo de el  cardenal Angelo de Donatis, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma, el Santo Padre pronunció la meditación que reproducimos a continuación:

***

Meditación del Santo Padre

Buenos días a todos vosotros:

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Siempre es agradable reunirse aquí cada año al comienzo de la Cuaresma, para esta liturgia del perdón de Dios. Es bueno para nosotros, -¡es bueno para mí también! – y siento una gran paz en mi corazón, ahora que cada uno de nosotros ha recibido la misericordia de Dios y la ha dado a otros, hermanos suyos. Vivamos este momento por lo que realmente es, como una gracia extraordinaria, un milagro permanente de la ternura divina, en el que una vez más la Reconciliación de Dios, hermana del Bautismo, nos conmueve, nos lava con lágrimas, nos regenera, nos devuelve la belleza original.

Esta paz y esta gratitud que desde nuestros corazones se elevan al Señor nos ayudan a comprender cómo toda la Iglesia y cada uno de sus hijos viven y crecen gracias a la misericordia de Dios. La Esposa del Cordero se vuelve “sin mancha ni arruga” (Ef 5, 27) por el don de Dios, su belleza es el punto de llegada de un camino de purificación y transfiguración, es decir, un éxodo al que el Señor la invita permanentemente: “La llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (Os 2.16). Nunca debemos dejar de advertirnos mutuamente de la tentación de la autosuficiencia y de la autosatisfacción, como si fuéramos Pueblo de Dios por nuestra propia iniciativa o por nuestro propio mérito; no, de verdad, nosotros somos y seremos siempre el fruto de la acción misericordiosa del Señor: un Pueblo de orgullosos hechos pequeños por la humildad de Dios, un Pueblo de miserables enriquecido por la pobreza de Dios, un Pueblo de malditos hecho justo por Aquel que se hizo “Maldito” colgado del madero de la cruz (cf. Gal 3:13). Nunca lo olvidemos: “separados de mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Lo repito, el Maestro nos dijo: «¡separados de mí no podéis hacer nada!».

Esta es la razón por la que este tiempo de Cuaresma es verdaderamente una gracia: nos permite reubicarnos ante Dios, dejando que Él sea todo. Su amor nos levanta del polvo (acuérdate de que sin mí eres polvo, nos decía ayer el Señor), su Espíritu que sopla una vez más sobre nuestra nariz nos da la vida de los resucitados. La mano de Dios, que nos creó a imagen y semejanza de su misterio trinitario, nos ha hecho múltiples en unidad, diferentes pero inseparables los unos de los otros.  El perdón de Dios, que hemos celebrado hoy, es una fuerza que restablece la comunión en todos los niveles: entre nosotros los presbíteros en el único presbiterio diocesano; con todos los cristianos, en el único cuerpo que es la Iglesia; con todos los hombres, en la unidad de la familia humana. El Señor nos presenta los unos a los otros y nos dice: He aquí a  tu hermano, “hueso de tus huesos, carne de tu carne” (cf. Gen 2:23), aquel con quien estás llamado a vivir la “caridad que no acaba nunca “(1Cor 13.8).

Para estos siete años de camino diocesano de conversión pastoral, que nos separan del Jubileo de 2025 (hemos llegado al segundo), os he propuesto el libro de Éxodo como un paradigma. El Señor actúa, hoy como ayer, y transforma a un “no-pueblo” en  Pueblo de Dios. Este es su deseo y su proyecto también con nosotros.

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Y bien, ¿qué hace el Señor cuando constata con tristeza que Israel es un pueblo “de dura cerviz” (Éxodo 32: 9), “inclinado al mal” (Ex. 32: 22) como en el episodio del becerro de oro? Comienza una obra paciente de reconciliación, una pedagogía sabia, en la que amenaza y consuela, hace conscientes de las consecuencias del mal cometido y decide olvidar el pecado, castiga azotando al Pueblo  y cura la herida que nos ha infligido. Precisamente en el texto de Éxodo 32-34, que propondréis en la Cuaresma para la meditación de vuestras comunidades, el Señor parece haber tomado una decisión radical: “No subiré contigo” (Ex 33.3). Cuando el Señor se cierra, se aleja. Tenemos experiencia de esto, en los malos momentos, de desolación espiritual. Si alguno de vosotros no conoce estos momentos, le aconsejo que vaya y hable con un buen confesor, un padre espiritual, porque falta algo en su vida; no sé qué es, pero no tengo desolación… no es normal, diría que no es cristiano. Tenemos estos momentos… “Ya no caminaré a tu cabeza. Mi ángel irá delante de ti (cf. Ex. 32: 34) para que te preceda en el camino, pero no iré. Por otro lado, el pueblo, quizás por impaciencia o por sentirse abandonado (Moisés tardó en bajar del monte), había dejado a un lado al profeta elegido por Dios y le había a Arón que construyera un ídolo, imagen muda de Dios, que lo encabezase. El pueblo no tolera la ausencia de Moisés, está desolada y no lo tolera e inmediatamente busca otro Dios para sentirse cómodo. A veces, cuando no tenemos desolación, podemos tener ídolos. “No, estoy bien, con esto con que me las arreglo…”. La tristeza del abandono de Dios nunca llega. ¿Qué hace el Señor cuando lo “apartamos” – con los ídolos- de la vida de nuestras comunidades, porque estamos convencidos de que somos suficientes por nosotros mismos? En ese momento el ídolo soy yo: “No, me las arreglo…Gracias… No te preocupes, me las arreglo”. Y no se siente esa necesidad del Señor, no se siente la desolación de la ausencia del Señor.

¡Pero el Señor es “listo”! La reconciliación que quiere ofrecer al pueblo será una lección que los israelitas recordarán siempre. Dios se comporta como un amante rechazado: si realmente no me quieres, ¡entonces me voy! Y nos deja solos. Es cierto, podemos salir adelante por una temporada, seis meses, un año, dos años, tres años, incluso más. En un momento dado, las cosas estallan. Si seguimos solos, esta autosuficiencia estalla, esta autocomplacencia de la soledad. Y estalla mal, estalla mal. Pienso en un caso de un buen sacerdote, bueno,  religioso, lo conozco bien. Era brillante. Si había un problema en algunas comunidades, los superiores pensaban en él para resolverlo: un colegio, una  universidad; era bueno, bueno. Pero era un devoto del ” santo espejo “: se miraba tanto. Y Dios fue  bueno con él. Un día le hizo sentir que estaba solo en la vida, que había perdido tanto. Y no se atrevió a decirle al Señor: “Pero he arreglado esto, lo otro, lo otro…”. No, de inmediato se dio cuenta de que estaba solo. Y la gracia más grande que el Señor puede dar, -para mí es la gracia más grande-: ese hombre lloró. La gracia de llorar. Lloró por el tiempo perdido, lloró porque el santo espejo no le había dado lo que esperaba de sí mismo. Y volvió a empezar desde el principio, humildemente. Cuando el Señor se va, porque lo echamos, debemos pedir el don  de las lágrimas, llorar la ausencia del Señor. “Tú no me quieres, así que  me voy”, dice el Señor, y con el tiempo pasa  lo que le sucedió a este sacerdote.

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Volvamos al Éxodo. El efecto es el  esperado: “Al oír el pueblo estas duras palabras, hizo duelo y nadie se vistió de su galas” (Ex 33: 4). No se le escapa a los israelitas que ningún castigo es tan fuerte como esta decisión divina que contradice su santo nombre: “¡Yo soy el que soy!” (Ex. 3:14): una expresión que tiene un significado concreto, no abstracto, quizás traducible como “Soy el que está y estará aquí, a tu lado”. Cuando te das cuenta de que Él se ha ido, porque tú le has echado, es una gracia sentirlo. Si no te das cuenta, hay sufrimiento, El ángel no es una solución, al contrario, sería el testigo permanente de la ausencia de Dios. Por eso la reacción del pueblo es la tristeza. Esto es otra cosa peligrosa, porque hay una tristeza buena y una tristeza mala. Allí hay que discernir, en los momentos de tristeza: ¿cómo está mi tristeza, de dónde viene? Y a veces es buena, viene de Dios, de la ausencia de Dios, como en este caso; otras veces también es una autocomplacencia, ¿no es así?

¿Qué sentiríamos nosotros si el Señor Resucitado nos dijera: continuad si queréis vuestras actividades eclesiales y vuestras  liturgias, pero no seré yo el que estará presente y actuará en vuestros sacramentos? Dado que, cuando tomáis vuestras decisiones, os basáis en criterios mundanos y no evangélicos (tamquan Deus non esset), entonces me quito totalmente de en medio… Todo sería vacío, sin sentido, no sería más que “polvo”. La amenaza de Dios abre la puerta a la intuición de lo que sería nuestra vida sin Él, si de verdad  Él nos volviera para siempre la cara. Es la muerte, la desesperación, el infierno: sin mí no puedes hacer nada.

El Señor nos muestra una vez más, sobre la carne viva del desenmascaramiento de nuestra hipocresía, que es realmente su misericordia. Dios revela en el monte a Moisés,  su Gloria y su santo Nombre: “El Señor, el Señor, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad” (Ex 34: 6). En el “juego de amor” que sigue Dios, hecho de ausencia amenazada y presencia recobrada, “Yo mismo iré contigo y te daré descanso” (Ex 33.14) – Dios lleva a cabo la reconciliación con su pueblo. Israel sale de esta experiencia dolorosa, que lo marcará para siempre, con una nueva madurez: es más consciente de quién es el Dios que lo ha liberado de Egipto y es más lúcido para comprender los verdaderos peligros del camino (podríamos decir: ¡tiene más miedo de sí mismo que de las serpientes del desierto!). Esto está bien: tener algo de miedo de nosotros mismos, de nuestra omnipotencia, de nuestra astucia, de nuestro escondernos, de nuestro doble juego… Algo de miedo. Si fuera posible, tener más miedo de esto que de las serpientes, porque este es un auténtico veneno. Y el pueblo así está más unido alrededor de Moisés y a la Palabra de Dios que éste anuncia. La experiencia del pecado y del perdón de Dios es lo que ha permitido a Israel convertirse algo más en el Pueblo que pertenece a Dios. Hemos hecho esta liturgia penitencial y hemos experimentado nuestros pecados; y decir pecado es algo que nos abre a la misericordia de Dios, porque el pecado generalmente se esconde. Ocultamos el pecado https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/03/Clero-13-413x275.jpg

no solo a Dios, no solo a nuestro prójimo, no solo al sacerdote sino a nosotros mismos. La “cosmética” ha progresado mucho, en esto: somos especialistas en camuflar las  situaciones. “Sí, pero no es para tanto, se entiende…”. Y un poco de agua para lavarse los cosméticos es bueno para todos, para ver que no somos tan hermosos: somos feos, feos incluso en nuestras cosas. Pero sin desesperarse, porque está Dios, clemente y misericordioso, que siempre está detrás de nosotros. Está su misericordia que nos acompaña.

Queridos hermanos este es el sentido de la Cuaresma que viviremos. En los ejercicios espirituales que predicaréis a las personas de vuestras comunidades, en las liturgias penitenciales que celebraréis, tened el valor de proponer la reconciliación del Señor, de proponer su amor apasionado y celoso.
Nuestro papel es como el de Moisés: un servicio generoso a la obra de reconciliación de Dios, un “seguir el juego” de su amor.

Es hermoso el modo en que Dios involucra a Moisés, lo trata realmente como a un amigo: lo prepara antes de que baje del  monte, advirtiéndole de la perversión del pueblo, acepta que haga de intercesor de sus hermanos, lo escucha y le recuerda el juramento de que Dios hizo a Abraham, Isaac y Jacob. Podemos imaginar que Dios sonriera cuando Moisés lo invitaba a no contradecirse, a no causar una mala impresión a los ojos de los egipcios y a no ser menos que a sus dioses, a respetar su Santo Nombre. Lo provoca con la dialéctica de la responsabilidad: “Tu pueblo, a quien tú, Moisés, has sacado de Egipto”, para que  Moisés responde subrayando que no, que el pueblo pertenece a Dios, que fue Él quien lo sacó de Egipto. Y este es un diálogo maduro, con el Señor. Cuando vemos que el pueblo que servimos en la parroquia, o en cualquier lugar, se ha alejado, tenemos la tendencia a decir: “Es mi gente, es mi pueblo”. Si, es tu pueblo, pero vicariamente, por decir así: ¡El pueblo es Suyo! Y entonces ir a regañarle: “Mira lo que está haciendo tu pueblo”. Este diálogo con el Señor,

Pero el corazón de Dios exultaba de alegría cuando escucha las palabras de Moisés: “Con todo, si te dignas perdonar su pecado, […]  si no, ¡bórrame del libro que has escrito!” (Ex 32.32). Y esta es una de las cosas más hermosas del sacerdote, del sacerdote que se presenta ante el Señor y da la cara por su pueblo. “Es tu pueblo, no el mía, y Tú debes perdonar” – “No, pero…” – “¡Me voy! Ya no te hablo. Bórrame” ¡Hacen falta “pantalones” para hablar así con Dios! ¡Pero debemos hablar así, como hombres, no como pusilánimes, como hombres! Porque esto significa que soy consciente del lugar que tengo en la Iglesia, que no soy un administrador, puesto allí para sacar adelante  algo de manera ordenada. Significa que creo, que tengo fe. Intentad hablar así con Dios.

Morir por el pueblo, compartir el destino del pueblo pase lo que pase, hasta llegar a morir. Moisés no acepta la propuesta de Dios, no acepta la corrupción. Dios finge que quiere corromperlo. Y no lo acepta. “No, no cuentes conmigo para esto. Yo estoy con el pueblo. Con tu pueblo”. La propuesta de Dios era “Que se encienda mi ira contra ellos y los devore. En cambio haré de ti un gran pueblo “(Ex 32.10). He aquí la “corrupción”. Pero ¿cómo? ¿Dios es el corruptor? Está intentando ver su corazón de pastor. Moisés no quiere salvarse solo: ya es uno con sus hermanos. ¡Ojalá cada uno de nosotros llegase  a esto! Es malo cuando un sacerdote acude al obispo para quejarse de su gente: “Ah, no se puede, estas personas no entienden nada, y así, y así… se pierde el tiempo…”. Es feo ¿Qué le falta a ese hombre? ¡Tantas  cosas le faltan a ese sacerdote! Moisés no hace esto. No quiere salvarse a sí mismo porque es uno con sus hermanos. Aquí el Padre ha visto el rostro del Hijo. La luz del Espíritu de Dios ha invadido el rostro de Moisés y ha delineado sobre él los rasgos del Crucificado Resucitado, haciéndolo luminoso. Y cuando nosotros vamos  allí, a luchar  con Dios, -incluso nuestro padre Abraham lo había hecho-  esa lucha  con Dios, cuando vamos allí demostramos que nos parecemos a Jesús, que da su vida por su pueblo. Y el Padre sonríe: verá en nosotros la mirada de Jesús que murió por nosotros, por el pueblo del Padre, nosotros. Ahora el corazón del amigo de Dios se ha dilatado completamente, haciéndose grande, – Moisés, el amigo de Dios- similar al corazón de Dios, mucho más grande que el corazón humano (cf. 1 Jn 3, 18). Moisés se ha convertido verdaderamente en el amigo que habla con Dios cara a cara (Ex. 33:11), ¡Cara a cara! Esto es cuando el obispo o el padre espiritual le pregunta a un sacerdote si reza “Sí, sí, yo… sí, con la ‘suegra’ me las arreglo – la ‘suegra’ es el breviario – sí, me las arreglo, rezo, los Laudes, luego…”. No, no. Si rezas, ¿qué significa? Si cas la cara  por tu pueblo ante Dios, si vas a luchar  por tu

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pueblo con Dios, esto es orar para un sacerdote. No se trata de hacer las prescripciones. “Ah, Padre, pero entonces el breviario ¿ya no sirve?” No, el breviario sirve, pero con esta actitud. Tú estás allí, ante Dios y tu gente detrás de ti. Y Moisés es también el guardián de la Gloria de Dios, de los secretos de Dios.  Ha contemplado su gloria desde atrás, ha escuchado su verdadero Nombre en el monte,  ha entendido su  amor de Padre.

Queridos hermanos, ¡es un gran privilegio es el nuestro! Dios conoce nuestra “vergonzosa desnudez”. Me sorprendió tanto cuando vi el original de  la [Virgen] Odigitria di Bari: no es como ahora, un poco ‘vestido con  las ropas que  ponen en los íconos los cristianos orientales. Es la Virgen con el niño desnudo. Me gustó tanto que el obispo de Bari me dio una,  me la regalo y la puse allí, frente a mi puerta. Y me gusta – lo digo para compartir una experiencia – me gusta por la  mañana, cuando me levanto, cuando paso delante, le digo a la Virgen que guarde mi desnudez: “Madre, tú conoces toda mi desnudez”. Esto es algo grandioso: pedirle al Señor, desde mi desnudez, pedirle  que guarde mi desnudez. Ella las conoce todas. Dios conoce nuestra “vergonzosa desnudez”, y, sin embargo, nunca se cansa de servirse de nosotros para ofrecer reconciliación a los hombres. Somos muy pobres, pecadores, y, no obstante, Dios nos toma para interceder por nuestros hermanos y para distribuir a los hombres, a través de nuestras manos que no son para nada inocentes, la salvación que regenera.

El pecado nos desfigura, y sufrimos con dolor  esa experiencia humillante cuando nosotros mismos o uno de nuestros hermanos sacerdotes u obispos caemos en el abismo sin fondo de vicio, de la corrupción o, lo que es peor, del crimen que destruye las vidas de otros. Quiero compartir con vosotros el dolor y la pena insoportables que causa en nosotros y en todo el cuerpo eclesial la ola de escándalos de los que están llenos los periódicos de todo el mundo. Es evidente que el verdadero significado de lo que está sucediendo hay que buscarlo en el espíritu del mal, en el Enemigo, que actúa con la pretensión de ser el amo del mundo, como dije en la liturgia eucarística al final del  Encuentro sobre la protección de los  menores en la Iglesia (24 de febrero de 2018). Sin embargo, ¡no os desaniméis! El Señor está purificando a su Esposa y nos está convirtiendo a todos a sí mismo. Nos está haciendo experimentar la prueba para que entendamos que sin Él somos polvo. Nos está salvando de la hipocresía, de la espiritualidad de las apariencias. Está soplando su Espíritu para devolver la belleza a su Esposa, sorprendida en flagrante adulterio. Nos hará bien leer hoy el capítulo XVI de Ezequiel. Esta es la historia de la Iglesia. Esta es mi historia, puede decir cada uno de nosotros. Y, al final, pero a través de tu vergüenza, seguirás siendo el pastor. Nuestro humilde arrepentimiento, que permanece en silencio entre lágrimas ante la monstruosidad del pecado y la insondable grandeza del perdón de Dios, este, este humilde arrepentimiento es el comienzo de nuestra santidad.

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No tengáis miedo de jugaros la vida al servicio de la reconciliación entre Dios y los hombres: no se nos da ninguna otra grandeza secreta que este dar la vida para que los hombres puedan conocer su amor. La vida de un sacerdote a menudo está marcada por incomprensiones, sufrimientos silenciosos, a veces persecuciones. Y también pecados que solo Él conoce. Las laceraciones entre hermanos de nuestra comunidad, la no aceptación de la Palabra del Evangelio, el desprecio de los pobres, el resentimiento alimentado por las reconciliaciones que  nunca hubo,  el escándalo causado por el comportamiento vergonzoso de algunos hermanos, todo esto puede quitarnos el sueño y dejarnos en la impotencia… Creamos, en cambio, en la guía paciente de Dios, que hace las cosas a su debido tiempo, ensanchemos nuestros corazones y pongámonos al servicio de la Palabra de la  reconciliación.

Lo que hemos vivido hoy en esta catedral, propongámoslo en nuestras comunidades. En las liturgias penitenciales que viviremos en las parroquias y prefecturas, durante este tiempo de Cuaresma, cada uno pedirá perdón a Dios y a los hermanos del pecado que ha socavado la comunión eclesial y ha sofocado el dinamismo misionero. Con humildad, -que es una característica del corazón de Dios, pero que nos cuesta trabajo hacer  nuestra-  confesemos  los unos a los otros que necesitamos que Dios nos vuelve a moldear vida.

Sed vosotros los primeros en pedir perdón a vuestros hermanos. “Acusarse es un comienzo sapiencial, vinculado al temor de Dios” (ibíd.). Será una buena señal si, como hemos hecho hoy, cada uno de vosotros se confesará con un hermano, incluso en las liturgias penitenciales en la parroquia, ante los ojos de los fieles. Tendremos el rostro luminoso, como Moisés, si con la mirada conmovida hablaremos a los demás de la misericordia que nos ha sido dada. Es el camino. No hay otro. Veremos al demonio del orgullo caer como un rayo del cielo, si en nuestras comunidades se cumplirá el milagro de la reconciliación. Sentiremos que somos un poco más el Pueblo que pertenece al Señor, en medio del cual Dios camina. Este es el camino. Y os deseo buena Cuaresma.

Ahora me gustaría agregar algo que me pidieron que hiciera. Una de las formas concretas de vivir una Cuaresma de caridad es contribuir generosamente a la campaña “Como en el cielo, así en la calle”, con la cual nuestra Caritas diocesana tiene la intención de responder a todas las formas de pobreza, acogiendo y apoyando a los necesitados. Sé que todos los años respondéis generosamente a este llamado, pero este año os pido un mayor esfuerzo  para que toda la comunidad y todas las comunidades estén realmente involucradas en primera persona.

Cardenal Angelo de Donatis

Una palabra para la entrega, ahora, de este folleto: el Papa Francisco nos lo regala. Es el volumen que nos acompañará en la Cuaresma, como segunda lectura, como hicimos el año pasado: del mismo tamaño que el breviario, así podremos tenerlo cerca. Y ahora, los prefectos distribuirán a todos estos volúmenes, quizás se lo podáis llevar a  los que no están presentes. Gracias. Yo, en nombre de todos, le digo un gracias, reamente de todo corazón, por haber venido hoy aquí, como todos los años. Lo que puedo decirle en nombre de todos, más allá de las gracias, es que continuamos sosteniéndole con nuestra oración diaria.

Papa Francisco:

Lo necesito, necesito la oración. Rezad por mí. Una de las cosas que me gustan de este [folleto] es la riqueza de los Padres: regresar a los Padres. Hace poco tiempo, en una parroquia de Roma, se presentó un libro “Necesidad de paternidad”, creo que se llama así; son todos los textos de los Padres según diferentes temas: las virtudes, la Iglesia… Volver a los Padres nos ayuda mucho porque es una gran riqueza. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

SALVAR LO PERDIDO

— Jesús viene como Médico para sanar a toda la humanidad, pues todos estamos enfermos. Humildad para ser curados.

— Cristo remedia nuestros males. Eficacia del sacramento de la Penitencia.

— Esperanza en el Señor cuando sentimos las propias flaquezas. No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. Esperanza en el apostolado.

I. El Evangelio de la Misa1 nos narra la vocación de Mateo: su llamada por el Señor y la pronta respuesta del recaudador de tributos. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

El nuevo apóstol quiso mostrar su agradecimiento a Jesús con un convite que San Lucas califica de grande. Estaban sentados a la mesa gran número de recaudadores y otros. Allí estaban todos sus amigos.

Los fariseos se escandalizaron. Les preguntaban a los discípulos: ¿cómo es que coméis y bebéis con publicanos y con pecadores? Los publicanos eran considerados como pecadores, por los beneficios desorbitados que podían obtener en su profesión y por las relaciones que mantenían con los gentiles.

Jesús replicó a los fariseos con estas consoladoras palabras: No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan2.

Jesús viene a ofrecer su reino a todos los hombres, su misión es universal. «El diálogo de salvación no quedó condicionado por los méritos de aquellos a quienes se dirigía, se abrió para todos los hombres sin discriminación alguna...»3.

Jesús viene para todos, pues todos andamos enfermos y somos pecadores, nadie es bueno, sino uno, Dios4. Todos debemos acudir a la misericordia y al perdón de Dios para tener vida5 y alcanzar la salvación. La humanidad no está dividida en dos bloques: quienes ya están justificados por sus fuerzas, y los pecadores. Todos necesitamos, cada día, del Señor. Quienes piensan que no tienen necesidad de Dios no alcanzan la salud, siguen en su muerte o en su enfermedad.

Las palabras del Señor que se nos presenta como Médico nos mueven a pedir perdón con humildad y confianza por nuestros pecados y también por los de aquellas personas que parecen querer seguir viviendo alejados de Dios. Le decimos hoy, con Santa Teresa: «¡Oh qué recia cosa os pido, verdadero Dios mío: que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo y anda procurando la enfermedad! Vos decís, Señor mío, que venís a buscar a los pecadores. Éstos, Señor son los verdaderos pecadores. No miréis nuestra ceguedad, mi Dios, sino la mucha sangre que derramó vuestro Hijo por nosotros, resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra»6. Si acudimos así a Jesús, con humildad, siempre tendrá misericordia de nosotros y de aquellos a quienes procuramos acercar a Él.

II. En el Antiguo Testamento se describe al Mesías como al pastor que había de venir para cuidar con solicitud sus ovejas, acudiendo a sanar a las heridas y enfermas7. Ha venido a buscar lo que estaba perdido, a llamar a los pecadores, a dar su vida como rescate por muchos8. Fue Él, según se había profetizado, quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, y en sus llagas hemos sido curados9.

Cristo es el remedio de nuestros males: todos andamos un poco enfermos y por eso tenemos necesidad de Cristo. «Es Médico y cura nuestro egoísmo, si dejamos que su gracia penetre hasta el fondo del alma»10. Debemos ir a Él como el enfermo va al médico, diciendo la verdad de lo que pasa, con deseos de curarse. «Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados. Con el Médico es imprescindible una sinceridad absoluta, explicar enteramente la verdad y decir: Domine, si vis, potes me mundare (Mt 8, 2), Señor, si quieres –y Tú quieres siempre–, puedes curarme. Tú conoces mi flaqueza, siento estos síntomas, padezco estas otras debilidades. Y le mostramos sencillamente las llagas; y el pus, si hay pus. Señor. Tú, que has curado a tantas almas, haz que, al tenerte en mi pecho o al contemplarte en el Sagrario, te reconozca como Médico divino»11.

Unas veces, el Señor actuará directamente en nuestra alma: Quiero, sé limpio12, sigue adelante, sé más humilde, no te preocupes. En otras ocasiones, y siempre que haya un pecado grave, el Señor dice: Id y mostraos a los sacerdotes13, al sacramento de la Penitencia, donde el alma encuentra siempre la medicina oportuna.

«Reflexionando sobre la función de este sacramento –dice el Papa Juan Pablo II–, la conciencia de la Iglesia descubre en él, además del carácter de juicio..., un carácter terapéutico o medicinal. Y esto se relaciona con el hecho de que es frecuente en el Evangelio la presentación de Cristo como Médico, mientras su obra redentora es llamada a menudo, desde la antigüedad cristiana, medicina salutis. “Yo quiero curar, no acusar” –decía San Agustín refiriéndose a la práctica pastoral penitencial–, y, gracias a la medicina de la Confesión, la experiencia del pecado no degenera en desesperación»14. Termina en una gran paz, en una inmensa alegría.

Contamos siempre con el aliento y la ayuda del Señor para volver y recomenzar. Él es quien dirige la lucha, y «un jefe en el campo de batalla estima más al soldado que, después de haber huido, vuelve y ataca con ardor al enemigo, que al que nunca volvió la espalda, pero tampoco llevó nunca a cabo una acción valerosa»15. No solo se santifica el que nunca cae sino el que siempre se levanta. Lo malo no es tener defectos –porque defectos tenemos todos–, sino pactar con ellos, no luchar. Y Cristo nos cura como Médico y luego nos ayuda a luchar.

III. Si alguna vez nos sintiéramos especialmente desanimados por alguna enfermedad espiritual que nos pareciera incurable, no olvidemos estas consoladoras palabras de Jesús: Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Todo tiene remedio. Él está siempre muy cerca de nosotros, pero especialmente en esos momentos, por muy grande que haya sido la falta, aunque sean muchas las miserias. Basta ser sincero de verdad.

No lo olvidemos tampoco si alguna vez en nuestro apostolado personal nos pareciera que alguien tiene una enfermedad del alma sin aparente solución. Sí la hay, siempre. Quizá el Señor espera de nosotros más oración y mortificación, más comprensión y cariño.

«Se curarán todas tus enfermedades –dice San Agustín–. “Pero es que son muchas”, dirás. Más poderoso es el Médico. Para el Todopoderoso no hay enfermedad insanable; tú déjate sólo curar, ponte en sus manos»16.

Debemos llegarnos a Él como aquellas gentes sencillas que le rodeaban. Como acudían los ciegos, los cojos, los paralíticos..., que deseaban ardientemente su curación. Solo aquel que se sabe y se siente manchado experimenta la necesidad profunda de quedar limpio; solamente quien es consciente de sus heridas y de sus llagas experimenta la urgencia de ser curado. Hemos de sentir la inquietud por curar aquellos puntos que nuestro examen de conciencia general o particular nos enseña que deben ser sanados.

Mateo dejó aquel día su antigua vida para recomenzar otra nueva junto a Cristo. Hoy podemos hacer nuestra esta oración de San Ambrosio: «También yo como él quiero dejar mi antigua vida y no seguir a otro más que a ti, Señor, que curas mis heridas. ¿Quién podrá separarme del amor a Dios que se manifiesta en ti?... Estoy atado a la fe, clavado en ella; estoy atado por los santos vínculos del amor. Todos tus mandamientos serán como un cauterio que tendré siempre adherido a mi cuerpo...; la medicina escuece, pero aleja la infección de la llaga. Corta, pues, Señor Jesús, la podredumbre de mis pecados. Mientras me tienes unido con los vínculos del amor, corta cuanto esté infecto. Ven pronto a sajar las pasiones escondidas, secretas y múltiples; saja la herida, no sea que la enfermedad se propague a todo el cuerpo.

»He hallado un médico que habita en el Cielo, pero que distribuye sus medicinas en la tierra. Solo Él puede curar mis heridas, porque no las padece; solo Él puede quitar del corazón la pena y del alma el temor, porque conoce las cosas más íntimas»17.

Muchos de los amigos de Mateo que estuvieron con Jesús en aquel banquete se sentirían acogidos y comprendidos por el trato amable del Señor. Tendría con ellos, sin duda, singulares muestras de amistad. Más tarde, se convertirían a Él de todo corazón y aceptarían plenamente su doctrina, que les obligaba a cambiar de vida en muchos puntos. Formarían parte de la primitiva comunidad de cristianos en Palestina. Los amigos de Mateo encontraron al Maestro en un banquete. Jesús aprovechó siempre cualquier circunstancia para llevar a las gentes a la salvación. También en esto debemos imitarle en nuestro apostolado personal.

1 Lc 5, 27-32. — 2 Lc 5, 31-32. — 3 Pablo VI, Enc. Ecclesiam suam, 6-VIII-1964. — 4 Mc 10, 18. — 5 Cfr. Jn 10, 28. — 6 Santa Teresa, Exclamaciones, 8. — 7 Cfr. Is 61, 1 ss; Ez 34, 16 ss. — 8 Cfr. Lc 19, 10. — 9 Is 83, 4 ss. — 10 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 93. — 11 Ibídem. — 12 Mt 8, 3. — 13 Lc 17, 14. — 14 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 31, II. — 15 San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 4, 4. — 16 San Agustín, Comentario al Salmo 102. — 17 San Ambrosio, Comentario al Evangelio según San Lucas, 5, 27.

 

 

“Has de convivir, has de comprender”

Has de convivir, has de comprender, has de ser hermano de tus hermanos los hombres, has de poner amor –como dice el místico castellano– donde no hay amor, para sacar amor. (Forja, 457)

Jesucristo, que ha venido a salvar a todas las gentes y desea asociar a los cristianos a su obra redentora, quiso enseñar a sus discípulos -a ti y a mí- una caridad grande, sincera, más noble y valiosa: debemos amarnos mutuamente como Cristo nos ama a cada uno de nosotros. Sólo de esta manera, imitando -dentro de la propia personal tosquedad- los modos divinos, lograremos abrir nuestro corazón a todos los hombres, querer de un modo más alto, enteramente nuevo.
Un escritor del siglo II, Tertuliano, nos ha transmitido el comentario de los paganos, conmovidos al contemplar el porte de los fieles de entonces, tan lleno de atractivo sobrenatural y humano: mirad cómo se aman, repetían.
Si percibes que tú, ahora o en tantos detalles de la jornada, no mereces esa alabanza; que tu corazón no reacciona como debiera ante los requerimientos divinos, piensa también que te ha llegado el tiempo de rectificar.
El principal apostolado que los cristianos hemos de realizar en el mundo, el mejor testimonio de fe, es contribuir a que dentro de la Iglesia se respire el clima de la auténtica caridad. Cuando no nos amamos de verdad, cuando hay ataques, calumnias y rencillas, ¿quién se sentirá atraído por los que sostienen que predican la Buena Nueva del Evangelio? (Amigos de Dios, nn. 225-226)

 

 

«Si fuera hombre, a nadie le sorprendería que tuviera trabajo, familia y afición al deporte»

En 1975 la ONU institucionalizó el Día Internacional de la Mujer, para conmemorar la lucha histórica de las mujeres por contribuir a la sociedad civil en igualdad de oportunidades que los hombres. Mucho ha llovido desde entonces... Pilar (policía local), María (corredora de fondo) y María Rosa (investigadora) son tres ejemplos de cómo el llamado "genio femenino" es capaz de brillar, haciendo compatibles las aspiraciones de hombres y mujeres. Mujeres, igualdad y servicio.

En primera persona07/03/2019

Opus Dei - «Si fuera hombre, a nadie le sorprendería que tuviera trabajo, familia y afición al deporte»

Hace casi 34 años que Pilar lleva cosido en la manga el escudo de la Policía Local de Canarias (España). Trabaja en la Jefatura de Arona, al sur de Tenerife, uno de los municipios más poblados de la isla, con casi 95.000 habitantes. “Cuando era jovencita empezaron a aparecer las primeras mujeres policías y me llamó la atención”, relata.

Cuando llegó a la Policía Local corría el año 1985, y sólo había tres mujeres en una plantilla de 17 agentes. Desde entonces ha hecho de todo, desde patrullar por las calles a poner multas, atender al público o hacer el papeleo. “Para mí el trabajo es mi vida; me gusta muchísimo, me pongan donde me pongan”, comenta.

Cuando llegó a la Policía Local corría el año 1985, y sólo había tres mujeres en una plantilla de 17 agentes

Cuando llegó a la Policía Local corría el año 1985, y sólo había tres mujeres en una plantilla de 17 agentes

Pero no siempre su trabajo es tan divertido. A veces le toca lidiar con los conductores molestos porque les han puesto una sanción. “Llega gente muy enfadada, pero hablas con ellos y reducen el nivel de agresividad. Al final consigues que se vayan contentos, aunque tengan que pagar, porque comprenden que han cometido una infracción”, refiere.

“Mi trabajo es un servicio muy bonito porque la gente te necesita. No se trata solo de salvar la vida de personas en un accidente. Nosotros les salvamos la vida todos los días. Estamos para ayudar y solucionar sus problemas”, explica esta agente de 57 años.

En casa, es su marido el que hace la comida. Trabajaba como jefe de cocina de un restaurante, pero hace unos años cambió de sector y se incorporó como empleado de la empresa pública de limpieza para poder conciliar los horarios de la familia. “Buscamos la manera y funcionó”, recuerda Pilar.

Dios es mi Padre y me da lo que me conviene. Eso como mujer me ayuda a lanzarme a todo tipo de cosas

Dios es mi Padre y me da lo que me conviene. Eso como mujer me ayuda a lanzarme a todo tipo de cosas

El matrimonio tiene cuatro hijos, ya crecidos, y dos niños en acogida permanente, además de un buen puñado de animales domésticos como gallinas, conejos y hasta algunos burros. “Así los niños juegan y se divierten”, comenta.

“Mis hijos han estudiado lo que han querido. Todos no van a ser ministros. En la vida todos somos necesarios: lo mismo los que limpian que los que traen el pan a casa. Por eso les hemos dejado completa libertad para elegir”, explica.

En todo este mosaico vital, Dios juega un papel fundamental. Pilar es del Opus Dei, y eso le ha servido para vivir “de otra manera, cara a Dios”. La formación y ayuda que ha recibido en el Opus Dei le ha ayudado a ser consciente de que Dios está siempre a su lado. “Es mi Padre y me da lo que me conviene. Eso como mujer me ayuda a lanzarme a todo tipo de cosas –afirma–; es la base de la igualdad”.

Por lo pronto, hace tiempo que Pilar ya no se enfada con nadie. “Ofrezco mi trabajo y estoy contenta siempre. En el trabajo y en la vida hay que reírse mucho, en especial de uno mismo, porque la vida es corta y hay que vivirla con sentido del humor y para los demás”.

María Tió, corredora de fondo

Para María Tió, atleta y madre de atletas, no ha habido nunca incompatibilidad entre su vida familiar y su pasión por el deporte. Al acabar el colegio ya jugaba en un equipo de baloncesto en Primera División, y llegó a ser campeona de España junior y senior. Pero cuando tuvo su segundo hijo pensó que no podía seguir el ritmo de la competición y optó por cambiar de deporte y pasarse al atletismo. Y entonces comenzó su despegue.

Su primera competición fue la carrera de la Mercé en Barcelona, y la ganó. Los clubes se la rifaban. Fichó por uno de ellos -el Calella- cuando ya tenía cuatro hijos, que le acompañaban a todas las carreras, y a los que inculcó el amor por el deporte. Uno de ellos, Marc, se ha convertido en fisioterapeuta de los mejores corredores de fondo a nivel mundial, y se encuentra en Kenia trabajando para figuras como Kenenisa Bekele. Tuvo de quien aprender: María llegaría en poco tiempo a convertirse en una de las mejores fondistas del atletismo español de los años 80 y 90.

Mis mejores marcas las hice entre mi quinto y mi sexto hijo. Los científicos dicen que con cada embarazo el cuerpo se resiente, pero ése no fue mi caso

Mis mejores marcas las hice entre mi quinto y mi sexto hijo. Los científicos dicen que con cada embarazo el cuerpo se resiente, pero ése no fue mi caso

“Mis mejores marcas las hice entre mi quinto y mi sexto hijo. Los científicos dicen que con cada embarazo el cuerpo se resiente, pero ése no fue mi caso. Hice mis mejores tiempos en maratón, media maratón, 3.000 y 5.000 metros. En 10.000 metros hice la segunda mejor marca de Cataluña en pista, y con el equipo de cross quedamos subcampeonas de España”, rememora mientras muestra varios de sus trofeos.

Cada año, su marido y sus hijos la acompañaban a los campeonatos de España. Hasta que un año María no subió al podio sola. Uno de sus hijos se subió también a la tarima de los vencedores en el mismo campeonato. Su pasión por el atletismo le llevó incluso a plantearse solicitar una excedencia en La Caixa, donde trabajaba, para dedicarse por completo a este deporte, aunque finalmente lo descartó.

“Mi marido me animaba mucho, y pude hacerlo porque la casa la llevábamos entre los dos. Yo no sé cocinar; no sé hacer guisos. Quizás un huevo frito. Desde que nos casamos cocina mi marido. También repartíamos el cuidado de los niños. Había momentos en los que era difícil compaginarlo todo, pero hablábamos mucho y acabamos organizando todo para que todos, también los niños, pudiéramos hacer deporte”, recuerda María.

“La mujer, con toda su feminidad, no tiene que agachar la cabeza”, argumenta María

“La mujer, con toda su feminidad, no tiene que agachar la cabeza”, argumenta María

Para ella hacer compatible la familia con su pasión deportiva era algo completamente normal. “Si fuera un hombre a nadie le sorprendería que tuviera un trabajo y además afición a un deporte”, considera.

“La mujer, con toda su feminidad, no tiene que agachar la cabeza”, argumenta María, que desde pequeña competía por igual con chicos y chicas. Fue corriendo con uno de sus hijos como conoció el Opus Dei, que le ayudó a verle a la vida un sentido más sobrenatural y a santificarse con su trabajo, “lo que mi marido y yo habíamos hecho siempre: trabajar”.

María Rosa Infante, profesora e investigadora del CSIC

La carrera científica de María Rosa comenzó cuando tenía apenas 22 años, gracias a la orientación de un amigo, que la introdujo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Allí ha ocupado diferentes cargos de responsabilidad y ha dedicado su vida a la química sostenible, elaborando productos no contaminantes para el sector industrial.

Como responsable de grupos de investigación, siempre tuvo claro que quería equipos de hombres y mujeres. “Es bueno que trabajemos juntos porque ambos aportamos. Pero tenemos que trabajar ocho horas. Porque después del trabajo tenemos una familia que atender. Ellos y ellas”, mantiene.

“El trabajo y la familia tenían que ir de la mano, porque interaccionan mutuamente; si la familia va bien el trabajo va bien, y viceversa”

Con este planteamiento, María Rosa fomentó siempre que las personas de su equipo pudieran hacer compatible su dedicación a la ciencia y a las tareas familiares. “El trabajo y la familia tenían que ir de la mano, porque interaccionan mutuamente; si la familia va bien el trabajo va bien, y viceversa”, incide. De hecho, en su grupo de investigación, formado por una decena de personas, los investigadores fueron teniendo hijos y siguieron siendo productivos. “Éramos tan productivos como otros que no tenían obligaciones familiares y podían quedarse en el trabajo todo el tiempo del mundo”, recuerda.

María Rosa se casó con un marino mercante, y tuvieron tres hijos. Las continuas ausencias de su marido hacían más complicada la organización de la casa, pero eso no fue obstáculo para que se lanzase a hacer un postdoctorado en Londres y se llevase a su familia con ella. “La mujer, a veces, se pone ella misma los límites. Yo he tenido tareas de responsabilidad y también una familia, y vas colocando todo”, afirma, ya jubilada.

A ella también le sirvió de estímulo el espíritu del Opus Dei en su labor científica y en su papel como madre de familia

A ella también le sirvió de estímulo el espíritu del Opus Dei en su labor científica y en su papel como madre de familia

“Si hay algo que tiene el investigador es vocación. Esa vocación te mantiene entusiasmada y buscas el tiempo donde sea”, explica. A ella también le sirvió de estímulo el espíritu del Opus Dei en su labor científica y en su papel como madre de familia. “Cambié totalmente de mentalidad: el trabajo, que había hecho con más amor propio, más para mí, lo vi como un servicio a los demás –recuerda–. Me di cuenta de que las personas que tenía alrededor eran lo más importante, y no los resultados. El trabajo era para Dios y siempre estaba recompensado. Y aprendí a trabajar por amor a la verdad, a no dejarme llevar por el éxito, y transmitir a otros que lo importante no era el gran artículo en la revista científica, sino buscar la verdad. Trabajando así hemos sido felices hombres y mujeres”.


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Comentario al Evangelio: Tentaciones

Evangelio del 1º domingo de Cuaresma (Ciclo C) y comentario al evangelio.

Vida cristiana06/03/2019

Opus Dei - Comentario al Evangelio: Tentaciones

Evangelio (Lc 4,1-13)

Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada en estos días, y al final sintió hambre. Entonces le dijo el diablo:

— Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.

Y Jesús le respondió:

— Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre.

Después el diablo lo llevó a un lugar elevado y le mostró todos los reinos de la superficie de la tierra en un instante y le dijo:

— Te daré toda esta potestad y su gloria, porque me ha sido entregada y la doy a quien quiero. Por tanto, si me adoras, todo será tuyo.

Y Jesús le respondió:

— Escrito está: Adorarás al Señor tu Dios y solamente a Él darás culto.

Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del Templo y le dijo:

— Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo desde aquí, porque escrito está: Dará órdenes a sus ángeles sobre ti para que te protejan y te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra.

Y Jesús le respondió:

— Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.

Y terminada toda tentación, el diablo se apartó de él hasta el momento oportuno.


Comentario

Comenzamos el tiempo de cuaresma recordando esos cuarenta días en los que Jesús ayunó en el desierto al comienzo de su vida pública. El pueblo de Israel, liberado de la esclavitud de Egipto, fue tentado en su peregrinación por el desierto camino de la tierra prometida. Donde ellos cayeron, Jesús vence y nos da ejemplo de cómo vencer.

San Lucas hace notar que “fue conducido por el Espíritu al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo” (vv. 1-2). Las tentaciones no fueron una contrariedad que se cruzó en su camino, sino algo previsto en los planes de Dios para que aprendiésemos que, como Él, también nosotros seremos tentados.

Jesús siente hambre y el diablo, que está siempre al acecho, aprovecha esa circunstancia para tentarlo. Días antes, al recibir el bautismo de Juan, Jesús oyó la voz del cielo que le decía: “Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido” (Lc 3,22). ¿Será verdad? El diablo le pone por delante una necesidad física urgente, como la de tomar alimento, y le sugiere que lo haga comprobando, de paso, si efectivamente es el Hijo de Dios, capaz de superarla con un poder divino. Se trata de una provocación insidiosa, y muy actual. Cuando tantas personas pasan hambre en el mundo y apremia solucionar numerosas emergencias sociales, la Iglesia, por no decir Dios mismo, ¿no tendrían que interesarse primero por lo urgente, dejando lo demás para después? Jesús señala el mejor camino para resolver esas necesidades: sólo de un corazón alimentado por la palabra de Dios, recto y bueno, pueden surgir soluciones creativas y eficaces.

A continuación, el diablo le ofrece tanto poder y gloria cuanto pueda desear, a cambio de que lo adore. Intenta que ambicione mando y autoridad para pervertir su misión espiritual. Es la insidia de servirse del poder temporal para implantar el reino de Dios en la tierra, una tentación que también ha sufrido la Iglesia con el correr de los siglos. La cuestión que se plantea no es banal: ¿Qué medios hay que poner para que las esperanzas mesiánicas se realicen? ¿Qué aporta el cristianismo al mundo para solucionar sus problemas? En realidad, es algo muy sencillo. No se trata de ningún régimen político ni social. Lo que aporta es el conocimiento del Dios verdadero. “Adorarás al Señor tu Dios y solamente a Él darás culto” (v. 8), responde Jesús. Los reinos surgidos por la ambición de poder humano se van derrumbando. Sólo cuando se reconoce a Dios como creador y se respetan las leyes de la naturaleza, se alcanza el verdadero bien del hombre.

Por último, el diablo le sugiere realizar una acción espectacular ante las gentes que pululaban por los atrios y alrededores del Templo de Jerusalén, lanzándose desde su esquina más alta, para que unos ángeles detuvieran su caída ante la mirada atónita de aquellos espectadores. Sin duda, su reconocimiento como Mesías sería inmediato. ¿No hacía falta alguna señal clara para que se reconociera al enviado del Señor? Esta tentación también incide en una inquietud muy arraigada hoy: ¿Cómo se puede reconocer a Dios? ¿Es posible creer en él sin haber contemplado nunca nada extraordinario? ¿No es necesario comprobar experimentalmente su existencia? En realidad, quien trata a Dios como si fuera un objeto que ha de ser sometido a experiencias de laboratorio, nunca podrá encontrarlo. Ante la arrogancia intelectual, la respuesta de Jesús es la humildad: “No tentarás al Señor tu Dios” (v. 12).

 

 

Domingo de la semana 1 de Cuaresma; ciclo C

Las tentaciones de Jesús

«En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: -«Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le contestó: -“Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”. Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: -“Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.” Jesús le contestó: -“Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”. Jesús le contestó: -Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión» (Lucas 4,1-13).

I. «La Cuaresma conmemora los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, como preparación de esos años de predicación, que culminan en la Cruz y en la gloria de la Pascua. Cuarenta días de oración y de penitencia. Al terminar, tuvo lugar la escena que la liturgia de hoy ofrece a nuestra consideración, recogiéndola en el Evangelio de la Misa: las tentaciones de Cristo (Cfr. Mt 4, 111).

»Una escena llena de misterio, que el hombre pretende en vano entender -Dios que se somete a la tentación, que deja hacer al Maligno-, pero que puede ser meditada, pidiendo al Señor que nos haga saber la enseñanza que contiene».

Es la primera vez que interviene el diablo en la vida de Jesús, y lo hace abiertamente. Pone a prueba a Nuestro Señor; quizá quiere averiguar si ha llegado ya la hora del Mesías. Jesús se lo permitió para darnos ejemplo de humildad y para enseñarnos a vencer las tentaciones que vamos a sufrir a lo largo de nuestra vida: «como el Señor todo lo hacía para nuestra enseñanza -dice San Juan Crisóstomo‑, quiso también ser conducido al desierto y trabar allí combate con el demonio, a fin de que los bautizados, si después del bautismo sufren mayores tentaciones, no se turben por eso, como si no fuera de esperar». Si no contáramos con las tentaciones que hemos de padecer abriríamos la puerta a un gran enemigo: el desaliento y la tristeza.

Quería Jesús enseñarnos con su ejemplo que nadie debe creerse exento de padecer cualquier prueba. «Las tentaciones de Nuestro Señor son también las tentaciones de sus servidores de un modo individual. Pero su escala, naturalmente, es diferente: el demonio no va a ofreceros a vosotros ni a mí -dice Knox- todos los reinos del mundo. Conoce el mercado y, como buen vendedor, ofrece exactamente lo que calcula que el comprador tomará. Supongo que pensará, con bastante razón, que la mayor parte de nosotros podemos ser comprados por cinco mil libras al año, y una gran parte de nosotros por mucho menos. Tampoco nos ofrece sus condiciones de modo tan abierto, sino que sus ofertas vienen envueltas en toda especie de formas plausibles. Pero si ve la oportunidad no tarda mucho en señalarnos a vosotros y a mí cómo podemos conseguir aquello que queremos si aceptamos ser infieles a nosotros mismos y, en muchas ocasiones, si aceptamos ser infieles a nuestra fe católica».

El Señor, como se nos recuerda en el Prefacio de la Misa de hoy, nos enseña con su actuación cómo hemos de vencer las tentaciones y además quiere que saquemos provecho de las pruebas por las que vamos a pasar. Él «permite la tentación y se sirve de ella providencialmente para purificarte, para hacerte santo, para desligarte mejor de las cosas de la tierra, para llevarte a donde Él quiere y por donde Él quiere, para hacerte feliz en una vida que no sea cómoda, y para darte madurez, comprensión y eficacia en tu trabajo apostólico con las almas, y... sobre todo para hacerte humilde, muy humilde». Bienaventurado el varón que soporta la tentación -dice el Apóstol Santiago- porque, probado, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que le aman.

II. El demonio tienta aprovechando las necesidades y debilidades de la naturaleza humana.

El Señor, después de haber pasado cuarenta días y cuarenta noches ayunando, debe encontrarse muy débil, y siente hambre como cualquier hombre en sus mismas circunstancias. Este es el momento en que se acerca el tentador con la proposición de que convierta las piedras que allí había en el pan que tanto necesita y desea.

Y Jesús «no sólo rechaza el alimento que su cuerpo pedía, sino que aleja de sí una incitación mayor: la de usar del poder divino para remediar, si podemos hablar así, un problema personal (...).

»Generosidad del Señor que se ha humillado, que ha aceptado en pleno la condición humana, que no se sirve de su poder de Dios para huir de las dificultades o del esfuerzo. Que nos enseña a ser recios, a amar el trabajo, a apreciar la nobleza humana y divina de saborear las consecuencias del entregamiento».

Nos enseña también este pasaje del Evangelio a estar particularmente atentos, con nosotros mismos y con aquellos a quienes tenemos una mayor obligación de ayudar, en esos momentos de debilidad, de cansancio, cuando se está pasando una mala temporada, porque el demonio quizá intensifique entonces la tentación para que nuestras vidas tomen otros derroteros ajenos a la voluntad de Dios.

En la segunda tentación, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes acerca de ti a sus ángeles de que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra. Y le respondió Jesús: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

Era en apariencia una tentación capciosa: si te niegas, demostrarás que no confías en Dios plenamente; si aceptas, le obligas a enviar, en provecho personal, a sus ángeles para que te salven. El demonio no sabe que Jesús no tendría necesidad de ángel alguno.

Una proposición parecida, y con un texto casi idéntico, oirá el Señor ya al final de su vida terrena: Si es el rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él.

Cristo se niega a hacer milagros inútiles, por vanidad y vanagloria. Nosotros hemos de estar atentos para rechazar, en nuestro orden de cosas, tentaciones parecidas: el deseo de quedar bien, que puede surgir hasta en lo más santo; también debemos estar alerta ante falsas argumentaciones que pretendan basarse en la Sagrada Escritura, y no pedir (mucho menos exigir) pruebas o señales extraordinarias para creer, pues el Señor nos da gracias y testimonios suficientes que nos indican el camino de la fe en medio de nuestra vida ordinaria.

En la última de las tentaciones, el demonio ofrece a Jesús toda la gloria y el poder terreno que un hombre puede ambicionar. Le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: -Todas estas cosas te daré si postrándote delante de mí, me adoras. El Señor rechazó definitivamente al tentador.

El demonio promete siempre más de lo que puede dar. La felicidad está muy lejos de sus manos. Toda tentación es siempre un miserable engaño. Y para probarnos, el demonio cuenta con nuestras ambiciones. La peor de ellas es la de desear, a toda costa, la propia excelencia; el buscarnos a nosotros mismos sistemáticamente en las cosas que hacemos o proyectamos. Nuestro propio yo puede ser, en muchas ocasiones, el peor de los ídolos.

Tampoco podemos postrarnos ante las cosas materiales haciendo de ellas falsos dioses que nos esclavizarían. Los bienes materiales dejan de ser bienes si nos separan de Dios y de nuestros hermanos los hombres.

Tendremos que vigilar, en lucha constante, porque permanece en nosotros la tendencia a desear la gloria humana, a pesar de haberle dicho muchas veces al Señor que no queremos otra gloria que la suya. También a nosotros se dirige Jesús: Adorarás al Señor Dios tuyo; y a Él solo servirás. Y eso es lo que deseamos y pedimos: servir a Dios en la vocación a la que nos ha llamado.

III. El Señor está siempre a nuestro lado, en cada tentación, y nos Confiad: Yo he vencido al mundo. Y nosotros nos apoyamos en Él, porque, si no lo hiciéramos, poco conseguiríamos solos: Todo lo puedo en Aquel que me conforta. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?.

Podemos prevenir la tentación con la mortificación constante en el trabajo, al vivir la caridad, en la guarda de los sentidos internos y externos. Y junto a la mortificación, la oración: Velad y orad para no caer en la tentación. También debemos prevenirla huyendo de las ocasiones de pecar, por pequeñas que sean, pues el que ama el peligro perecerá en él, y teniendo el tiempo bien ocupado, principalmente cumpliendo bien nuestros deberes profesionales, familiares y sociales.

Para combatir la tentación «habremos de repetir muchas veces y con confianza la petición del padrenuestro: no nos dejes caer en la tentación, concédenos la fuerza de permanecer fuertes en ella. Ya que el mismo Señor pone en nuestros labios tal plegaria, bien estará que la repitamos continuamente.

»Combatimos la tentación manifestándosela abiertamente al director espiritual, pues el manifestarla es ya casi vencerla. El que revela sus propias tentaciones al director espiritual puede estar seguro de que Dios otorga a éste la gracia necesaria para dirigirle bien».

Contamos siempre con la gracia de Dios para vencer cualquier tentación. «Pero no olvides, amigo mío, que necesitas de armas para vencer en esta batalla espiritual. Y que tus armas han de ser éstas: oración continua; sinceridad y franqueza con tu director espiritual; la Santísima Eucarístia y el Sacramento de la Penitencia; un generoso espíritu de cristiana mortificación que te llevará a huir de las ocasiones y evitar el ocio; la humildad del corazón, y una tierna y filial devoción a la Santísima Virgen: Consolatrix afflictorum et Refugium peccatorum, consuelo de los afligidos y refugio de los pecadores. Vuélvete siempre a Ella confiadamente y dile: Mater mea, fiducia mea; ¡Madre mía, confianza mía!».

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

 

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.

También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.

Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

 

Antífona (para todos los días):


¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Rogad por nosotros bienaventurado San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.

 

SEXTO DOMINGO

Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que
pudisteis admirar al Rey de los Cielos, sometido a
vuestros más mínimos mandatos; aunque la alegría
al traerle de Egipto se turbó por temor de Arquelao,
sin embargo, tranquilizado luego por el ángel vivisteis
dichoso en Nazaret con Jesús y María.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos la
gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor
nocivo; de poseer la paz de la conciencia, de vivir
seguros con Jesús y María, y de morir también asistidos
de ellos.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

FINAL (para todos los días): 

 

Acordaos Oh purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío
San José, que jamás se oyó decir que haya dejado
de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a
vuestra protección e implorado vuestro auxilio. Con esta
confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo
a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor.
No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas
piadosamente. Amén.

Oración: Oh Dios, que por providencia inefable
os dignasteis escoger al bienaventurado José para
esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos
concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra
como a nuestro protector, merezcamos tenerle por
intercesor en los cielos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.

Es conveniente hacerlo confesando y comulgando.

 

 

Jesucristo, vida verdadera y eterna

Posted: 08 Mar 2019 02:07 AM PST

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M. I. Rupnik, La resurrección de Lázaro
Capilla de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón, del Padre Menni
Betanzos (Galicia) 

 

Cristo "nos vivificó con él, (...) al borrar el pliego 

de cargos que nos era adverso,
y que canceló clavándolo en la cruz"
(Col 2, 13-14) 


A propósito de “la protección de los menores en la Iglesia” (Francisco, Discurso, 24-II-2019) y para contribuir a esta tarea en el conjunto de la sociedad, los educadores de la fe deberíamos hacernos algunas preguntas: ¿cómo se explican las incongruencias, y a veces los delitos, de personas que dicen tener fe y que incluso tienen como misión la de educar a otros? ¿Qué tipo de educación hay que dar a los cristianos, comenzando por los educadores? ¿Podría bastar una educación suficientemente ética, como señalan algunos?

Esto no significa echar las culpas de todo a una mala educación recibida por quienes cometen abusos, ni tampoco lo contrario: afirmar que la única causa y por tanto el único remedio para evitar los problemas sea una buena educación o formación. Pero es nuestra responsabilidad preguntarnos cómo puede contribuir la educación de la fe en estas cuestiones.

Conviene preguntarse antes: ¿qué es la fe?, ¿qué implica la fe para la vida?, ¿cómo educar la coherencia de los cristianos en su colaboración con todos para la búsqueda del bien común?

La fe cristiana anuncia una vida humana mejor para todos, más plena y verdadera, en lo grande y lo pequeño de cada día. La fe cristiana me da la convicción de que hay un Dios que me ama. Un Dios que ha querido que Jesucristo, su Hijo unigénito, bajara a la tierra para traer el anuncio salvador a todos y a cada uno de los hombres. Al mismo tiempo, ese anuncio no es irracional, sino que comparte muchos elementos con la razón, aunque finalmente vaya más allá; comparte aspiraciones e ideales que muchos hombres, también de culturas lejanas, atisbaron con la sola luz de la razón y continúan atisbando hoy.

Es lo que explica Joseph Ratzinger, ahora papa emérito, en algunas páginas de su libro “Jesús de Nazaret” (vol. 2, Madrid 2011, pp. 101-105).

Su reflexión parte de las palabras de Jesús durante su Última Cena, poco antes de su pasión, que recoge el evangelio de san Juan: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Jn. 17, 3).

Jesús es la "vida eterna"

1. Ante todo, ¿qué significa “vida eterna”? El autor hace notar que vida eterna no significa una vida que viene después de la muerte –como puede pensar el lector moderno–, en contraposición a esta vida pasajera que no es eterna. Jesús no se refiere a eso: “Vida eterna significa la vida misma, la vida verdadera, que puede ser vivida también en este tiempo y que después ya no puede ser rebatida por la muerte física. Esto es lo que realmente interesa: abrazar ya desde ahora la vida, la vida verdadera, que ya nada ni nadie puede destruir”.

Este significado de “vida eterna” –explica Joseph Ratzinger– se puede ver claramente en el capítulo que recoge la resurrección de Lázaro: “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” (Jn 11, 25s). Con ello Jesús enseña, ciertamente, que el que cree en Él no morirá para siempre. Pero también enseña que ya ahora, lo característico del discípulo de Cristo es que está “vivo”. Y esto va mucho más allá del simple existir, pues lo característico del discípulo de Jesús es que “vive”; que el cristiano –observa Ratzinger–, “ha encontrado y abrazado la verdadera vida que todos andan buscando”.

Basándose en estos textos, los primeros cristianos se consideraban sencillamente como “los vivientes” (hoi zóntes). Y esto, porque habían encontrado lo que todos buscan: “la vida misma, la vida plena y, por tanto, indestructible”.

Que te conozcan a ti...y a tu enviado

2. Una vez aclarado qué es la vida verdadera en la perspectiva cristiana, pasemos a un segundo punto: ¿cómo se puede llegar a eso? Volviendo a esas palabras de Cristo encontramos una respuesta quizás sorprendente para muchos (“que te conozcan a ti...y a tu enviado), pero que –nos avisa Benedicto XVI– ya estaba preparada en el contexto del pensamiento bíblico:

“El hombre encuentra la vida eterna a través del conocimiento”. Para comprender esta afirmación, hay que tener en cuenta que para la Biblia el conocimiento en sentido propio y profundo crea comunión, hacerse una sola cosa con lo conocido.

Es en ese sentido como debe interpretarse las palabras de Cristo: la clave de la vida no es un conocimiento “cualquiera”, sino el hecho de “que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo” (Jn. 17,3).

Y explica el papa Benedicto que se trata de una síntesis de la fe. En esta síntesis podemos ver lo esencial del ser cristianos: “El cristiano no cree una multiplicidad de cosas. En el fondo cree simplemente en Dios, cree que hay realmente un único Dios”. Y que Dios se le hace accesible en quien ha enviado, Jesucristo.

Como consecuencia, en el encuentro con Jesús “se produce ese conocimiento de Dios que se hace comunión y, con ello, llega a ser vida”. Aquí se recuerda cómo en el libro del Éxodo, Dios pide que crean “en mí” “y en Moisés”, su enviado. Así, Dios mostró entonces su rostro en el enviado, Moisés, y lo muestra ahora definitivamente en su Hijo.

La relación con Dios en Cristo

3. De este modo damos un tercer paso, porque necesitamos saber qué es cómo se puede lograr ese “conocimiento” de Dios que se haga vida en nosotros y para todos.

En el libro esto se anuncia así: “La vida eterna es por tanto un acontecimiento relacional. El hombre no la ha adquirido por sí mismo, ni solo para sí. Mediante la relación con quien es Él mismo la vida, también el hombre llega a ser un viviente”. O sea, eso se adquiere por la relación con Dios.

De este pensamiento hondamente bíblico acerca de que la vida verdadera se da en relación con Dios –continúa Benedicto XVI–, se encuentran “preparaciones” en Platón. Este, a su vez, recoge tradiciones y reflexiones diferentes sobre el tema de la inmortalidad:

“Así encontramos en él (Platón) la idea según la cual el hombre puede hacerse inmortal uniéndose a lo que es inmortal. Cuanto más acoge en sí la verdad, se une a la verdad y se adhiere a ella, tanto más vive en función de ella y se ve colmado de lo que no puede ser destruido. En la medida en que, por decirlo así, se adhiere a la verdad, en la medida en que está sujeto a lo que permanece, puede estar seguro de la vida después de la muerte, de una vida plena de salvación”.

Lo que en este caso se busca a tientas –entiende Joseph Ratzinger–, aparece con espléndida claridad en la palabra de Jesús: “El hombre ha encontrado la vida cuando se sustenta en Él (Cristo), que es la vida misma. Entonces, muchas cosas en el hombre pueden ser abandonadas. La muerte puede sacarlo de la biosfera, pero la vida que la transciende, la vida verdadera, ésa perdura”.

Lo que se necesita es que el hombre se inserte en esa vida que Juan, distinguiéndola de la vida meramente biológica (bios) llama zoe.

Como hemos visto, lo que da esa vida que ninguna muerte puede quitar es la relación con Dios en Jesucristo.Es obvio, señala Benedicto XVI, que con este “vivir en relación” se entiende un modo de existencia bien concreta: “Se entiende que fe y conocimiento no son un saber cualquiera que tiene el hombre entre otros saberes más, sino que [la fe y el conocimiento que comporta la fe] constituyen la forma de su existencia”.

En términos más concretos, podríamos nosotros decir: la fe conduce a la relación con Dios, pero ha de ser no una fe teórica o inoperante (del que no vive lo que cree, e incluso vive en oposición a lo que cree); sino una “fe vivida” por medio del trato con Jesucristo en la oración, en los sacramentos y en la relación con los demás con motivo de nuestras relaciones familiares, de trabajo o de amistad. Y así será una fe que impregne todo nuestro ser: pensamientos, afectos, acciones. Este es el conocimiento que nos permite llevar una “vida lograda” desde el punto de vista cristiano, y participar ya ahora de la vida eterna. Y cuando no se da en nosotros la justicia y el amor a los demás, es de sospechar que nuestro conocimiento de Dios y de Cristo no es el adecuado, o que algo ha fallado para que ese conocimiento no se haya convertido en amor.

De hecho, concluye Benedicto XVI: “Aunque en este punto no se habla del amor, es evidente sin embargo que el conocimiento de Aquel que es el amor mismo, se convierte en amor en toda la magnitud de su don y su exigencia».

Así es. Se trata, en definitiva, de lo que el Catecismo de la Iglesia Católica llama conocimiento amoroso de Dios (cf. nn. 25 y 429, Compendio, 80), que alcanzamos en nuestra relación con Jesucristo, que, cuando es auténtica, se prolonga en nuestras relaciones con los demás y se alimenta también de ellas.

Un conocimiento falso o insuficiente

4. En torno a todo ello cabrían, como decíamos al principio, algunas preguntas. Nos limitamos ahora a las tres que hemos planteado y que nos interpelan a los educadores de la fe, también en el modo en que están interrelacionadas.

1) Una primera: ¿cómo se explica que haya quienes, conociendo a Dios y a Jesucristo, llevan una vida que no se puede llamar verdadera o plena, sino al contrario, falsa y vergonzosa, porque han hecho daño a los demás, y sobre todo a los más débiles, precisamente abusando de su papel de educadores?

Se podría responder a esto diciendo que esas personas, por diversos motivos, no han “conocido” propiamente a Dios ni a Jesucristo; o si le han conocido, ha sido de forma claramente defectuosa, falsa o al menos insuficiente. En todo caso, han desarrollado esa mala conducta no por haberle conocido, sino a pesar de haberle conocido. Quizá no hayan tenido una adecuada formación en su ambiente, o les hayan influido malos ejemplos, sin olvidar los factores psicopatológicos y los pecados personales.

Por supuesto que ninguno de estos u otros factores educativos, morales o culturales pueden servir como excusa para disminuir un ápice el deber de garantizar un juicio justo y proteger a las víctimas. Al mismo tiempo cabe plantearse cómo se puede actuar a nivel educativo para prevenir estos hechos y promover el sano desarrollo de las tareas educativas.

De hecho, ante la pregunta por el significado existencial del fenómeno criminal de los abusos a menores, Francisco ha destacado “la manifestación del espíritu del mal”. Y por ese motivo ha señalado la necesidad de evitar dos actitudes extremas: una actitud juridicista –que A. Ivereigh describe como creer que se puede cambiar todo simplemente por medio de leyes o regulaciones–, provocada por el sentido de culpa por los errores pasados y la presión del mundo mediático, y una actitud autodefensiva –de quien se refugia detrás del “no es mi problema”–, que no afronta las causas y consecuencias de estos graves delitos (cf. Francisco, Discurso, 24-II-2019).

¿Cómo educar un conocimiento amoroso de Cristo?

2) Una segunda pregunta o serie de preguntas: ¿qué tipo de conocimiento de Dios es el que pide la fe cristiana? Dicho de otro modo: ¿cómo educar para que ese conocimiento sea verdadero y amoroso, es decir, que lleve a vivir según la verdad y, por tanto, de modo conforme a la justicia y al amor de Dios hacia las personas?

Para responder a esto, habría que tener en cuenta la integración que pide la fe entre los distintos aspectos de la persona: su inteligencia y su voluntad –y por tanto su libertad–, sus afectos, las relaciones con los demás y su apertura a la trascendencia. Esto va en la línea de lo que Josemaría Escrivá llamaba “unidad de vida”. Por eso educar la fe cristiana requiere una visión (cristiana) completa de la persona, una antropología, y una metodología de tipo interdisciplinar.

Cultura y religión

3) En otro orden de cosas, pensando en los que no son cristianos y quizá ni siquiera creyentes: ¿qué sucede con alguien o con muchos en los que no se da el conocimiento de Dios y de Cristo? ¿No pueden tener una vida verdadera y eterna? ¿No basta para esto la formación ética sin necesidad de la religión?

Comencemos por esto último. La religión es necesaria a la cultura, pues “todo hombre se realiza como tal dentro de una tradición cultural, que tiene en la religión respectiva su expresión más elevada y su fundamentación última” (Comisión Teológica Internacional, Cristianismo y religiones, 1998, n. 11).

Como decía Juan Pablo II, “la religiosidad representa la expresión más elevada de la persona humana, porque es el culmen de su naturaleza racional. Brota de la aspiración profunda del hombre a la verdad y está en la base de la búsqueda libre y personal que el hombre realiza sobre lo divino” (Audiencia general 19-X-1983). Por eso “en el corazón de la cuestión cultural está el sentido religioso” (enc. Veritatis splendor, 1993, n. 98).

En la misma línea, Benedicto XVI señalaba que “la dimensión religiosa es intrínseca al hecho cultural, contribuye a la formación global de la persona y permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida” (Discurso, 25-IV-2009).

En efecto. Sin la religión, las culturas están inacabadas e incomunicadas entre sí, puesto que es la religión quien les abre el camino hacia la trascendencia. Un camino donde las culturas pueden dar lo mejor de sí mismas y complementarse para contribuir a mejorar el mundo y la vida de las personas. 

Fe y responsabilidad

Según la fe cristiana, sin Dios y sin Cristo no se logra una vida en la profundidad y con la plenitud que Cristo nos ha traído. Esto no significa condenar a una persona a ser necesariamente desgraciada.

Por otra parte, ni siquiera un buen creyente tiene garantizada una vida fácil, exenta de las dificultades por las que todos o muchos pasan (de salud, económicas, etc.) y algunas otras que hoy tienen “sobre todo” los cristianos, como las persecuciones abiertas o solapadas. Además, está la desgraciada posibilidad de no ser coherente con la fe cristiana, de pecar y cometer graves injusticias.

En cualquier caso, Dios ayuda siempre a todos: al que le va conociendo, para que profundice en ese conocimiento y sea consecuente con él; al que lo busca en las religiones, con los valores distintos que tiene cada una, sus posibles elementos de verdad y de bien junto con otros que hay que purificar; y también ayuda al no creyente, con tal que tenga buenas disposiciones, intente buscar la verdad y vivir en el amor.

Esto es lo que deberíamos pensar los cristianos y concretamente los educadores: por una parte, debemos mejorar cada vez más nuestro conocimiento y amor a Jesucristo, también para ser coherentes con lo que creemos y decimos, aunque a veces no sea fácil. Y por otra parte, es justo que si hemos recibido más, tengamos la responsabilidad de dar más; es decir, de anunciar a Jesucristo con el testimonio de nuestra vida y nuestras palabras.

De esta manera la fe cristiana, si se vive auténticamente, se traduce en hacer el bien, en vivir la justicia y la misericordia con los demás, en iluminar –nunca suprimir ni contradecir– la razón y hacer verdaderamente plena la vida. Esto requiere un continuo esfuerzo por aprender a hacer el bien (cf. Is 1, 17; Mc 7, 37) y combatir el mal a todos los niveles. El mal –ha observado Francisco al final de su Audiencia general del 27 de febrero– tiene los días contados, no es eterno, porque ya está presente quien lo puede vencer: Jesucristo.

 

Feminismo out of the box

Hoy es el Día Internacional de la Mujer. Desde toda clase de organismos (públicos y privados), empresas, asociaciones, partidos políticos …, se viene haciendo campaña desde hace unas semanas.

The Dream Gap, o brecha existente entre las niñas y su potencial, es el título de una campaña de Barbie España que se ha hecho viral en las últimas semanas. Si lo leemos en positivo, la mujer puede ser presidente del gobierno, científica, astronauta, gran filósofa, ingeniera, CEO, y muchas cosas más.

El vídeo pone de relieve que “necesitamos ver mujeres brillantes”, pero lo que necesitamos son mujeres referentes para las nuevas generaciones. No se trata de lograr el poder por el poder. En ese sentido, el dream gap afecta también a los niños, como es lógico. En general, deseamos que todo ser humano sea capaz de alcanzar sus sueños, sean en forma de posición profesional -donde ponen el énfasis las niñas del vídeo-, familiar y social. Todos tenemos un potencial concreto, único, y sería deseable que cada persona (y no solo las mujeres), lo llegaran a ver hecho realidad.

Si bien es cierto que hay brechas entre hombre y mujeres, y en algunas partes del mundo son auténticos abismos, parece que es “obligatorio” alcanzar una posición de poder si se es mujer. ¿Por qué? O mejor dicho: poder, ¿para qué? Porque necesariamente habrá una diferencia entre aquellas mujeres que busquen el poder para sobresalir, o para estar a gusto consigo mismas, y aquellas otras que lo busquen para hacer un mundo mejor, ayudando a otros a ser su mejor versión, especialmente a otras mujeres.

Y habrá que considerar también cómo se obtiene ese poder, cómo llegamos a ser presidente de gobierno, o CEO, o premio Nobel de ciencias… ¿Por cuota? ¿Por imposición de políticas feministas o discriminación positiva? ¿Por méritos, sin importar que dejemos por el camino a hombres que podrían ser mejores en un caso concreto? ¿O realmente lo que interesa a nuestro ecosistema humano es identificar el mejor/ la mejor  para ser el líder que necesitamos?

Sobre este tema reflexionaremos en una próxima sesión especial para IESE Alumni e Invitados (pulsad en uno de ellos para inscribiros): Women empowerment en la agenda empresarial: como atraer y fidelizar talento femeninodonde moderaré un panel con Maribel Alvarez, Talent Management & Development Spain, Zurich, Consuelo Castilla, Socia y Presidenta de AdQualis Human Results, Xavier Coll, Director General RRHH y Organización, CaixaBank y Helena Matabosch, Directora HR Spain, Unilever. Será en IESE Barcelona, el 26 de marzo, de 19 a 20.30. Os esperamos a todos.

Os dejo con el vídeo Dream Gap. Podéis sacar vuestras propias conclusiones. Material, estos días, hay de sobra. ¡Seguimos!

 

 

 

El qué dirán        

Daniel Tirapu

Camino de Santiago.

photo_camera Camino de Santiago.

Ante una sonrisa ajena, un comentario peyorativo, una actuación no demasiado clara nos importa demasiado el qué  dirán. El otro día, sin ir más lejos, me llega una interpretación muy desafortunada e ignorante sobre una persona que quiero bien. Le doy vueltas, como otras veces me ha pasado personalmente, y aunque procuro prescindir del que dirán, me importa y mucho, demasiado.

Qué fácil reconocerse ante Dios que no vales nada, pero ante la inexactitud o la superficialidad de un juicio ajeno, salto como pantera. Si me, si te pagan en esta tierra que dejas para la otra, ni siquiera merece la pena llevar la cuenta de las deudas perdonadas por Dios.

Su misericordia vale mucho más que mi memoria. Jesús fue un Maestro, ajeno al qué  dirán. Los pecados de la lengua son frecuentes y poco valorado: mentiras, chismorreos, cotillas, aves carroñeras que comen de los demás. Es que, cuando dije, quería decir....asumir nuestras palabras es bueno e incluso una dieta sana lleva a tragarse lo que uno dice, de vez en cuando.

 

 

Educar a los hijos en la familia para que la escuela funcione

ESCUELA PARA PADRES 

Educar a los hijos en la familia para que la escuela funcione.  

  • Las 4 principales formas para que mejore la enseñanza y los resultados escolares.
  • Los 24 principales conceptos que los padres tienen que enseñar y facilitar a sus hijos en la casa.
  • Principales virtudes y valores humanos, que los padres deben enseñar a sus hijos, según sus edades físicas y mentales.
  • 27 Características positivas que los hijos tienen y demuestran, cuando reciben una buena educación.
  • Las 7 principales disculpas que dicen algunos padres, sobre la mayor o menor involucración en la escuela de sus hijos.
  • 10 Conceptos que los padres tienen que considerar, en relación con la escuela pública o privada.
  • 20 Sentencias sobre educar los padres.

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Padres, maestros y alumnos, los tres pilares de la educación escolar y los tres lados de ese triangulo equilátero. Si se elimina, rompe, daña o no se tiene en cuanta uno de ellos, ya no funciona ese triangulo y se perjudica la educación final de los hijos.

            Sin que los padres eduquen a sus hijos dentro de la casa, es muy difícil que los maestros en la escuela puedan enseñarles nada. Los maestros intentarán enseñarles matemáticas, física, historia, geografía, etc., pero la información sin la formación, no produce una buena educación integral.

Los padres tienen que tener en cuenta, todos los factores educativos que estén a su alcance, pero especialmente la familia, pues es el camino para el desarrollo humano, personal y social de sus hijos.

Las 4 principales formas, para que mejore la enseñanza y los resultados escolares.

1.      La mejor educación de los hijos, dentro de las familias.

2.      La mayor comunicación, involucración y colaboración de los padres, con los maestros y los administradores escolares.

3.      La unión de todos los padres de alumnos, por escuelas, ciudades y naciones.

4.      La participación activa de los padres, en la política nacional y local, para exigir mayores y mejores sistemas escolares. La educación es demasiado importante, como dejarla en manos de los políticos. 

Los hijos son el mejor, el más preciado y el más maravilloso préstamo, que los padres reciben en toda su vida. Ese préstamo, obliga a los padres a hacer un curso intensivo y rápido, sobre cómo amarles más que a ellos mismos, cómo cambiar los propios defectos para darles los mejores ejemplos y cómo aprender a tener coraje, voluntad y conocimientos para educarles. 

Los padres tienen que entender, que al haber recibido este maravilloso regalo, asumen la obligación de educarles, de la mejor forma posible, sin escatimar esfuerzos. Es cierto que los hijos, también producen el dolor e incertidumbre, de no saber si se les está educando correctamente, en el camino hacia su futuro, hacia su propia vida y hacia la formación de su propia familia. Ojalá los padres, no tengan que decir nunca: 

Así mismo los hijos educados en una familia unida, reciben un tesoro que no pueden ni deben desaprovechar. Ese tesoro de la educación, si lo ignoran, desperdician o derrochan, les impedirá tener las herramientas, para poder subsistir en esta vida tan competitiva. No todo el mundo tiene la gran fortuna, de recibir una buena educación familiar. Hay quienes tienen muy buena información escolar, pero muy mala formación, familiar, religiosa y social, por lo que se les hace muy difícil, ser personas denominadas “de bien”. 

En la familia es donde se empieza a educar, a los futuros escolares. Los maestros y las organizaciones educativas, al fin y al cabo, son los que tienen la principal obligación, de ofrecer una buena información, pero la formación integral, debe empezar desde el hogar. Los maestros no pueden luchar, contra los alumnos mal educados o no educados, por sus padres. Máxime en algunas comunidades, donde los padres, aunque no tengan razón, sistemáticamente se ponen de parte de sus hijos y en contra de los maestros. Para los maestros, es mucho más reconfortante, enseñar a un alumno bien educado en su casa, que hacer el gran esfuerzo, la mayoría de las veces no comprendido, de enseñar a los que están faltos de educación familiar.

Los 24 principales conceptos, que los padres tienen que enseñar y facilitar a sus hijos en la casa, indispensables, para que la escuela funcione mejor y ellos tengan éxito en sus estudios.

1.     Hacer resaltar el valor del conocimiento. Cuanto valen económica y socialmente cada persona, en función de lo que han aprendido y las posibilidades, que se les abren o se les cierran, según su formación.

2.     Explicarles los costos directos e indirectos que supone, su educación escolar y lo que puede suponer para ellos, esa inversión a plazo corto y largo, pagada por los padres y la sociedad.

8.     Enseñar la importancia y el valor, del trabajo de los maestros y el esfuerzo, que también hace la sociedad, para que los hijos puedan tener la oportunidad de aprender, a ser personas de provecho, en el resto de sus vidas.

9.     Enseñarles la importancia del valor del tiempo, que no pueden desperdiciar, pues este no es recuperable, haciéndoles comprender, que hay un tiempo para cada cosa y que el tiempo de la juventud, es para dedicarlo al estudio y a la formación, para que estén preparados, cuando les llegue el tiempo del trabajo y el de rendir cuentas, de lo que han aprendido.

Insistir en las ventajas de estudiar y los inconvenientes de no estudiar, frente a su familia presente y futura y a la sociedad. Haciéndoles ver, la importancia de las cosas, incluso de las más pequeñas e insignificantes, relacionadas con la escuela y su educación.

Inculcarles la práctica de las virtudes y valores humanos, que le ayudaran a tener éxito con los estudios, como: La puntualidad, la disciplina, el orden, la firmeza, la fortaleza, el aprendizaje, la paciencia, el respeto, la responsabilidad, el sacrificio, el trabajo, la constancia, el saber escuchar, la honradez, la fraternidad, la generosidad, el honor, etc.

Ayudarles a tener, un buen sitio y las mejores condiciones posibles, para estudiar en la casa.

Dar ejemplo manteniéndose estudiando, intentando mejorar profesional,      social y moralmente.

Procurándoles los medios, para que tengan buenas amistades e impidiéndoles que frecuenten, a los amigos o compañeros tóxicos, escolar, moral y socialmente.

10. Enseñarles que van a la escuela, porque todo el mundo tiene el derecho y la obligación, de aprender y mejorar continuamente, para poder sobrevivir en el futuro.

11. La escuela es un centro de enseñanza, donde el conocimiento se perpetúa, de generación en generación y se convierte, en el gran sistema seleccionador de ganadores y perdedores, en la sociedad. No es un centro de educación de la vida, para eso está la familia, aunque ambas organizaciones sean imprescindibles, complementarias, compatibles y estén interrelacionadas.

12. Enseñar la práctica de la disciplina y el orden necesario, ante la avalancha del uso desmedido, de las nuevas adicciones de algunos hijos, como son las pantallas electrónicas, en todas sus variantes, relacionadas con las actividades de entretenimiento, que quitan tantas horas al estudio, la formación, el sueño y por lo tanto, el rendimiento escolar. ¿Cómo puede un alumno, entender al maestro, si ha dormido muy poco, por haber dedicado su tiempo de descanso, a las pantallas electrónicas?

13. ¿Cómo ayudar a los maestros a que enseñen mejor? Llevando a la escuela, hijos bien educados en la familia y que hayan adquirido una actitud positiva, inculcada por sus padres. Los hijos, tienen que adaptarse al funcionamiento de la escuela, además de que su comportamiento, debe estar bien motivado, estimulado y reforzado, con las enseñanzas que les den sus padres en la familia.

14. Ser exigentes en el cumplimiento de los horarios, y de los compromisos adquiridos o impuestos, como las tareas escolares, los voluntariados, etc.

15. Evitar totalmente, las críticas hacia los maestros y al personal de la escuela en general. Las diferencias que pudiera haber, deben dilucidarse privadamente con los maestros, pero nunca delante de los hijos. Es totalmente necesario, oír la versión completa de los hijos y si fuera necesario, someterles a un hábil interrogatorio, para tener certeza plena y a poder ser evidencia, de lo que haya sucedido, para de esta forma, estar bien preparado, para cuando los padres vayan a hablar con el maestro, a conocer su autorizada opinión.

16. Estar en continua comunicación con los maestros, pero no solamente cuando hay problemas, también cuando tenga que haber felicitaciones, de forma que los hijos, se acostumbren a ver una buena comunicación, entre los padres y el maestro, sin que sea siempre sobre temas escolares. Si creciera una buena y sincera amistad, entre padre y maestro, el alumno tendría mucha más confianza y mejoraría su rendimiento.

17. Hacer un plan de trabajo diario, con los horarios disponibles después de la escuela, de acuerdo con las asignaturas, previsiones de trabajo, actividades familiares, deportivas o sociales, etc. Este plan debe ser consensuado entre padres, alumnos y maestros, y complementado con el programa escolar.

18. Hacer ver a los hijos, que los padres son piezas claves en su desarrollo escolar, pues son los que proporcionan seguridad, confianza, amor, protección, unión, etc. además de los medios económicos, físicos y emocionales, para que el hijo pueda estudiar y tenga éxito moral y material en la vida.

19. El alumno que llega a la escuela, sabiendo que detrás tiene el soporte incondicional de sus padres, y que ellos están en estrecha comunicación con los maestros, tiene muchas posibilidades de triunfar en la escuela y en la vida. El amor y la atención que los hijos, perciben de sus padres, es fundamental en el proceso de aprendizaje. Además si conoce su responsabilidad irrenunciable de estudiar, de respetar a los maestros, está bien acostumbrado a practicar las virtudes y valores humanos, y está formado con una mentalidad positiva, tiene todas las posibilidades de que, su paso por la escuela, sea muy fructífero.  Así los maestros se verán mucho más motivados, para ejercer mejor su profesión.

20. La formación del triangulo equilátero de padres, maestros y alumnos, toma su total definición de insustituible, en ninguno de sus tres lados. Si los tres no trabajan como un equipo bien conjuntado, no lograrán los objetivos que se hayan propuesto y todos, podrán fracasar por no haber sabido ponerse de acuerdo.

21. Hacer ver a los hijos, que las tareas escolares encomendadas para hacer en la casa, son el complemento indispensable para aclarar, prepara o afianzar, los estudios que se han hecho o se van a hacer, durante el tiempo de la escuela. No es un castigo, es un proceso más en la educación. Los padres siempre en plena comunicación con los maestros, podrán ayudar a los hijos, pero no hacerles sus trabajos.

22. Insistir ante los hijos, que la comunicación con sus maestros, ayuda a ser mejores padres y por lo tanto, es un beneficio presente y futuro, para la educación de los hijos. Los maestros son las mejores vías de comunicación, para conocer lo que sucede en la escuela con los hijos y prever, lo que posiblemente pueda suceder, con los estudios y fuera de la escuela.

23. Dedicarles todo el tiempo posible, cuanto más mejor, para enseñarles las normas adecuadas y apoyarles en todo lo que necesiten. Para eso tendrán que organizarse e intentar estar en el hogar, cuando los hijos lleguen de la escuela.

24. Establecer a los hijos temas de comportamiento y convivencia, con límites no negociables pero razonables, para evitar que se produzca el fracaso escolar y el personal.

Los padres tienen que tener estos conceptos muy claros, y que sean fáciles de entender también por los hijos, principalmente en las edades entre los 10 y los 17 años. Deben preparar programas familiares, en algunos casos, negociados con los hijos y con los maestros, siempre con instrucciones concretas, y que se reflejen en hechos a poder ser sólidos, comprensibles y medibles, y que sean examinados frecuentemente, para ver si cumplen los objetivos o tienen que modificar las desviaciones surgidas.

La escuela o universidad, no es una guardería donde se llevan a los hijos, para que les tengan más o menos cuidados y entretenidos, mientras los padres trabajan. Aunque también cumpla esa función, la escuela es el lugar donde los alumnos van a aprender, cuanto más y más rápido mucho mejor. Algunos padres equivocados, creen que es un derecho adquirido, porque lo han pagado con sus impuestos y por lo tanto, es obligación de los maestros solucionar el aprendizaje de los alumnos.

Algunos padres no quieren entender, que si ellos como padres no han puesto la tierra bien labrada y abonada, en la formación de sus hijos, es imposible que los maestros siembren nada, que posteriormente de los frutos del conocimiento. Al final los que salen perdiendo, son los alumnos mal preparados desde la familia, lo que se vuelve contra ella misma, como si fuera un boomerang. Así determinados segmentos sociales, entran en un círculo vicioso, donde por falta de educación en la familia, no reciben una buena información escolar. ¿Cómo van a convivir e interactuar los hijos en las escuelas, si previamente no están bien educados en la familia? Las virtudes y valores humanos bien asimilados y practicados por los hijos, según sus edades, serán las que les permitan aprovechar, los conocimientos que les impartan los maestros y les permitan, empezar a vivir en colectividad dentro de su sociedad, que en esa edad, es la escuela. 

Los padres con sus hijos, tienen que tener una política de formación religiosa, humana y social, basada en la práctica propia y en la enseñanza de las virtudes y valores humanos. Sin esa completa formación, es imposible que los hijos, saquen provecho de las enseñanza escolares, que los maestros les puedan ofrecer. 

Principales virtudes y valores humanos, que los padres deben enseñar a sus hijos, según sus edades físicas y mentales. Pero siempre deben poner más énfasis o añadir, las que consideren convenientes, según las características de cada hijo y circunstancias. En cada caso, las reforzarán, a medida que vayan creciendo en edad, conocimientos y responsabilidades: 

  • Hasta los      7 años: Fe.      Obediencia. Orden. Sinceridad. Etc.
  • Desde los      8 hasta los 12 años: Carácter. Caridad. Colaboración. Conciencia.      Disciplina. Esperanza. Estudio. Fortaleza, Generosidad, Justicia,      Laboriosidad, Paciencia. Perseverancia, Piedad. Puntualidad.      Responsabilidad, Etc.
  • Desde los      13 hasta los 15 años: Amistad, Compromiso. Esfuerzo. Firmeza. Justicia.      Pudor, Respeto, Sacrificio. Sencillez, Sinceridad. Sobriedad,      Sociabilidad, Templanza.
  • Desde los      16 hasta los 18 años: Audacia, Castidad. Compresión, Cortesía. Discreción.      Ética. Flexibilidad, Honradez. Humildad. Lealtad, Optimismo. Perseverancia.      Prudencia, Sencillez. Solidaridad. Tolerancia. Virginidad. Etc. 

27 Características positivas que los hijos tienen y demuestran, cuando reciben una buena educación, reflejadas en su comportamiento continuo y diario, dentro de la familia. Los hijos suelen ser: Afectuosos. Benévolos. Cálidos. Cariñosos. Colaboradores. Confiables. Creativos. Decididos. Enérgicos. Espontáneos. Expresivos. Generosos. Humorísticos. Imaginativos. Ingeniosos. Innovadores. Intuitivos. Inventivos. Leales. Nobles. Observadores. Optimistas. Retentivos. Seguros. Sinceros. Tenaces. Tolerantes, etc. 

La educación integral es una virtud, es el hábito de tener y practicar, buenas virtudes y valores humanos, para el presente y el futuro, haciendo que los hijos tengan una vida lograda y cultivada. Tienen que considerar, que todas las áreas educativas, son necesarias e imprescindibles para tener éxito en la escuela, en la familia y en la sociedad.

Las 7 principales disculpas que dicen algunos padres, sobre la mayor o menor involucración en la escuela de sus hijos. 

1.      Pagan la cuota y asisten a las reuniones del PTA, (Padres, Profesores y Alumnos) aunque vayan pocas personas y siempre las mismas, para tratar sobre temas similares, casi siempre administrativos.

2.      Asisten como voluntarios a los comedores, viajes, deportes, fiestas colectivas, recaudaciones de dinero, etc.

3.      Ayudan a los hijos a hacer las tareas escolares.

4.      Visitan la escuela, cuando los maestros les llaman.

5.      Leen y contestan las llamadas y los correos electrónicos, que los maestros les envían.

6.      En la casa no hablan mal de los maestros, ni del sistema.

7.      Les fomentan algo, pero muy poco, las virtudes y valores relacionados con su edad y sus actividades escolares.

Los padres agradecidos, producen maestros motivados por su trabajo. Los padres no deben olvidarse nunca, de elogiar y agradecer a los maestros, la tarea que hacen enseñando a los alumnos. Nunca deben pensar que, no tienen que agradecer nada, pues es su trabajo y para ello les pagan. No todo es cuestión de dinero, ni de intereses. Son humanos y a todos gusta, que reconozcan el trabajo bien hecho. Produce muy buenos beneficios en los maestros y alumnos, el reconocer su enorme trabajo y ese esfuerzo de más, que han realizado en favor de sus alumnos. Además esa sinceridad de los padres les dará autoridad, cuando sea necesario para hablarles con educación, de las cosas que no han gustado o parecido bien.

Los padres deben decir a sus hijos, que su obligación durante la edad escolar, es estudiar y que ya les llegará el tiempo, de tener que demostrar lo estudiado. Que ahora ya valoran el esfuerzo enorme, de su dedicación constante, ordenada y continua al estudio, y que ellos, como hijos tienen que valorar el esfuerzo de los padres, para que los hijos puedan estudiar.

La experiencia enseña lo difícil y complicado que es, educar a los hijos, respetando su personalidad, poniéndoles límites y normas, sacar lo mejor de sus virtudes y minimizar sus defectos, enseñarles las virtudes y valores humanos y sobre todo, darles un buen ejemplo.

Es justo y necesario agradecer, durante todo el año a los maestros, el trabajo lleno de esfuerzo e ilusión que han hecho día a día, con los alumnos, aún que esa sea su obligación y los padres les paguen para que lo hagan.

10 Conceptos que los padres tienen que considerar, en relación con la escuela pública o privada.

1.      El entorno social de la escuela.

2.      El voluntariado que realicen en calidad, cantidad y frecuencia.

3.      La comunicación con los profesores y con los otros padres.

4.      La enseñanza en si, los programas, sistemas y la forma de desarrollarlos y los resultados que puedan obtener.

5.      La familia propia donde se dan las bases, para que los niños puedan desarrollarse en la escuela y asimilen, de la mejor manera posible, el esfuerzo de los maestros.

6.      La formación religiosa, familiar y social, complementaria, a la información que reciban en la escuela.

7.      La preparación de objetivos y su seguimiento, coordinado con los maestros.

8.      Los compañeros y su comportamiento dentro y fuera de la escuela.

9.      Los maestros, y el personal administrativo y su influencia, negativa o positiva, en la obtención de resultados.

10.   Sus relaciones con la asociación de PTA.

En este triangulo equilátero de la educación de los hijos, no valen las discusiones, sobre quien tiene la culpa o responsabilidad, de los fracasos escolares y humanos de los alumnos. Cada parte tiene que hacer su tarea, aunque las otras partes no la hagan. Nadie va a solucionar los graves problemas, que origina el fracaso escolar, en función de las culpas que le echen, o que eche. Lo que cuenta, es el resultado que obtienen los hijos, en el presente y para el futuro.

            La familia es la piedra angular, para construir la educación de los hijos y evitar su fracaso escolar. Cuando un hijo tiene dificultades en la escuela, lo primero que hay que estudiar, son sus relaciones familiares y su interacción con la escuela. Normalmente las dificultades escolares, comienzan en la familia, debido a muchas razones, algunas de las cuales son: Posiciones extremas sobre la disciplina, la indisciplina, la sobreprotección, el intento de perfección, el abandono de los hijos a su suerte, los castigos desproporcionados, irracionales o fuera de tiempo, la falta de normas de convivencia y educación, la ausencia de los padres, los divorcios, las adicciones prohibidas o tóxicas, etc.

            Los padres deben ser conscientes, que son los responsables totales de la educación y formación de sus hijos. Son los guías y supervisores de sus hijos, aunque deleguen algunas actividades en los maestros. Tienen que enseñar a sus hijos, que toda acción u omisión que hagan, tiene su consecuencia, favorable o desfavorable, dependiendo de cada caso. Los padres tienen la obligación, entre otras cosas, de no solucionar a los hijos todos sus problemas, aunque siempre es bueno echarles una mano que les ayude, pero su verdadera obligación, es dejarles que asuman sus efectos y que carguen con sus responsabilidades, incluyendo la repetición del curso escolar, si fuera necesario o conveniente para el hijo.

La rebelión de los torpes, es la que originan, voluntaria o involuntariamente, algunos padres que no quieren, no saben o no pueden, educar a sus hijos, para que saque provecho de los conocimientos, que las escuelas les ofrecen. Desgraciadamente, algunos son empujados a que posteriormente, se integran a los grupos llamados de los “Indignados”, de los “Niní”, de los “Perdedores” de los “Fracasados”, etc. Al no sentir pertenencia a la sociedad de “la era del conocimiento”, se sienten  autodesplazados y comienzan a rebelarse contra la propia comunidad, echando la culpa a todo, menos a que no estudiaron, cuando debían de haberlo hecho.

Las frustraciones de los hijos suelen, ser su mejor escuela de la vida, si es que las saben manejar. Los padres no deben atribuir solamente a los maestros, las frustraciones y fracasos de los hijos. Tienen que revisar con mucho detalle, los tres lados del triangulo, para analizar, cuales son las verdaderas causas que lo han  motivado, para hacer un plan de acción, que resuelva los problemas y así evitar, que vuelvan a ocurrir.

20 Sentencias sobre educar los padres.

1.      Donde no hay padres competentes, hay padres incompetentes.

2.     Educar es mostrar la vida, a quien aun no la ha vivido.

3.      El maestro transmite conocimientos, deja una huella imperecedera, abre los ojos y ayuda a crecer humanamente, gracias a su dedicación e interés.

4.      El mayor regalo que un padre puede hacer a un hijo, es educarlo.

5.      El padre debe enseñar, que el éxito es aprender a ir, de fracaso en fracaso, levantándose y sin desesperarse.

6.      Hay muchos más padres criticólogos, que solucionólogos.

7.      La educación no es solo memorizar palabras, es comprender las realidades que ellas representan.

8.      La figura paterna si no está suficientemente presente, en la vida de los hijos, tampoco será suficientemente positiva.

9.      La importancia de la educación, se nutre con la psicología de la educación, la sociología de la educación y la filosofía de la educación.

10.   La primera tarea de la educación es, enseñar a ver.

11.   Las palabras solo tienen sentido, si nos ayudan a ver mejor el mundo.

12.   Lo que conservemos y dejemos a nuestros hijos, es lo que dejarán a los suyos, que también son los nuestros.

13.   Los conocimientos nos dan, medios para vivir, y la sabiduría nos da, razones para vivir.

14.   Los hijos para perderse en la calle, previamente se han tenido que perder en el hogar.

15.   Los hijos son el pasado y el futuro, fundidos en un presente continuo.

16.   Los padres bien educados, son buenos padres, los mal educados, dejan mucho que desear y los hijos, pagan las consecuencias.

17.   Los padres sobreprotectores, forman hijos consentidos, muy proclives al fracaso.

18.   Para que haya un buen aprovechamiento en la escuela, debe haberlo primero en la casa.

19.   Sintiéndose mas educado, puede sentirse mas alegre y compartir esa alegría.

20.   Tan pronto, se nos ha hecho tan tarde, para tantas cosas.

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

 

 

Mujer, sé lo que eres

Silvia del Valle Márquez

Saber educar a nuestros hijos en lo que representan las palabras “feminismo” y “machismo” es fundamental hoy en día.

Feminismo y machismo

En estos días en los que la sociedad está tan permeada de conceptos como feminismo y machismo, es necesario aclarar la diferencia entre feminidad y feminismo.

La feminidad son todas las características que hacen a la mujer ser mujer, en cambio el feminismo no es otra cosa más que el machismo disfrazado.

Por eso es muy necesario educar a nuestros hijos basándonos en los conceptos verdaderos y en los valores que nunca cambian así que aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.

Primero. Que no te de pena vestir como mujer.
Por ahí se dice que el hábito no hace al monje… pero le da identidad.

Es importante que no nos dé pena vestirnos con vestidos y con faldas. No digo que no nos pongamos pantalón, pero sí que sean muy femeninos.

El ejemplo para nuestras hijas es vital.

Segundo. Los detalles son importantes.
Cuando nosotros hacemos uso de los detalles como son los collares, listones, bolsas, etc. que no deben ser caros, pero sí lindos.

Este punto nos da oportunidad de desarrollar nuestra creatividad y desarrollar nuestra feminidad y provocar un ambiente femenino y no feminista en nuestro entorno.

Si nuestros hijos se acostumbran a ver a las mujeres femeninas, les estamos generando seguridad y también que ellos reafirmen su masculinidad.

Tercero. Debemos tener un arreglo digno, no de más, pero tampoco de menos.
Es muy importante que nos demos cuenta que nuestra imagen es muy importante.

Tan malo es arreglarse en extremo, dándole un culto al cuerpo y con un sentido materialista, como el no arreglarse… ya que esto puede denotar que no tenemos cuidado de nuestra dignidad de persona y de hija de Dios.

Cuarto. Da testimonio de que la mujer es la corona de la creación.
Debemos ser las primeras promotoras de la dignidad de la mujer con nuestro ejemplo y desde nuestra familia, educando a nuestros hijos para que sepan respetar a todos y darles su lugar.

Así ellos tendrán claro que la mujer no es un objeto, que es una persona, así vamos educando a nuestros hijos y vamos abriendo camino para que la mujer llegue a tener el lugar que merece como corona de la creación de Dios, imagen y semejanza Suya.

Y quinto. Educa a tus hijos de forma coherente.
En nuestras manos tenemos la mejor forma de lograr redignificar a la mujer al educar a nuestros hijos con los valores y virtudes adecuados.

Con los conceptos verdaderos, basados en el modelo natural y apoyando esta educación en lo que el magisterio y la doctrina de la Iglesia nos marca.

Es importante que seamos las mejores promotoras de los conceptos reales y veraces de la feminidad y la masculinidad, de la familia y así estaremos educando a los futuros padres y madres de familia.

En nuestras manos está que nuestro testimonio eduque a nuestros hijos con amor.

¡Mujer… sé lo que eres! La belleza, la ternura y la feminidad de la creación.

 

 

Día de la Mujer

Ana Teresa López de Llergo

Sin duda las mujeres han logrado mucho, transformado la humanidad y aportado grandes cosas; por ello hay que conmemorarlas este 8 de marzo.

Día de la Mujer

En México, celebramos el día de la mujer el 8 de marzo. En otros países celebran en día internacional de la mujer el 11 de marzo. Sea como sea, este festejo nos lleva a reflexionar en lo que significa ser mujer.

Lo sabemos, como sabemos tantas cosas. Pero también ahora hay planteamientos tan complejos que viene bien partir de lo evidente. Y, evitar que la superficialidad nos haga olvidar el aprecio que merecemos, así como lo que se espera de nosotras. ¿Qué esperamos ese día? ¿Qué mensaje queremos dar? Porque hay muchas voces que gritan venganza más que reivindicación, que proponen desprecio más que equidad, que buscan la independencia más que la complementariedad, entre el hombre y la mujer. ¿Defendemos el feminismo o lo femenino?

Inicialmente los movimientos feministas buscan la reivindicación de la igualdad de derechos civiles y políticos para la mujer, tal como la tenía el hombre, con el fin de ejercer la plena ciudadanía. Pero la legitimidad de estas demandas se desfigura gracias a las ideas que Betty Friedam expone en su libro La Mística de la feminidad. Ella añade la igualdad sexual de la mujer y del hombre. Para eso, es necesario liberar a la mujer del embarazo. Este sueño se torna real con el descubrimiento de la píldora y de otros métodos anti conceptivos. Aunque el paso contundente es la defensa del aborto para remediar los fallos de los medios para impedir los embarazos. Así se explica ver el aborto como un derecho de la mujer. Y ¿qué sucedería si el hombre ahora buscara un derecho para no quedarse atrás? Pero con el aborto ya no es necesaria la defensa de las madres o de las mujeres embarazadas. Con lo cual se da un fuerte golpe a la familia natural. Además, para defender el feminismo, la política se pronuncia por la familia monoparental y por la inseminación de lesbianas y mujeres solas.

En contraste con todo esto, lo femenino reconoce la tendencia natural de la mujer a ser madre y la necesidad del apoyo responsable del padre, en comunidad de vida, en configuración de una familia. Con la proliferación de familias así se asegura el futuro de la sociedad, y se fomenta la felicidad de las personas porque se reconoce y valora lo natural. Lo natural es la maternidad para la mujer y la paternidad para el hombre. Lo natural es valorar el proceso de la madre de engendrar, parir y amamantar, así como la complementariedad del hombre al acompañar y proteger a la madre y al hijo. Nuevamente, el día de la mujer nos interpela. ¿Busco la venganza para pisotear al hombre por lo agravios a la mujer? ¿No reconozco a ningún hombre con capacidad para querer y apoyar a la mujer? Y si encuentro a un varón justo, ¿por qué lo trato como si no lo fuera? Es una utopía un mundo sólo de mujeres ¿eso buscamos? Ojalá nos demos cuenta de que desfigurar la realidad, desfigurar la familia, desfigurar lo singular y característico de la mujer nos hace profundamente infelices.

Al desfigurarnos desfiguramos también al hombre. Si nos decidimos a aceptarnos, si nos decidimos a diseñar un futuro de colaboración y de ayuda mutua entre hombre y mujer para ser mejores, estaremos cultivando la felicidad que tanto añoramos para todos. Además ¿no nos vendría bien reconocer cuándo, dónde y con quién hemos sido injustas y rectificar? Allí encontraremos el secreto de la felicidad.

 

 

Aborto y Relativismo Moral

Comunismo y feminismo se dan la mano con el aborto

El aborto es un crimen y también una revolución socialista de corte feminista y libertario

El aborto es una consecuencia de la pérdida de las nociones de bien y mal. La causa está en un relativismo que niega los principios básicos del orden moral.

El derecho a la vida, ¿una mera concesión social?

El consenso universal sobre la inviolabilidad de la vida humana inocente es una de las características más profundas de la conciencia moral y jurídica del hombre.

Aunque las violaciones de este principio han ocurrido desde los albores de la historia, comenzando con el fratricidio narrado en el capítulo cuatro del Génesis, el homicidio voluntario siempre fue considerado una aberración moral.

A través de una formulación negativa, el mandamiento bíblico “No matarás” 1 es el garante del principio según el cual la vida humana inocente es un bien sagrado. Tuvimos que llegar al siglo XXI para presenciar un aplastante y general desvanecimiento de un principio tan evidente.

Como señala el Papa Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae,

“Se está desarrollando y estableciendo un nuevo clima cultural que da al crimen contra la vida un carácter nuevo y, si es posible, aún más siniestro: amplios sectores de la opinión pública justifican ciertos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de libertad individual, y sobre esta base reivindican no sólo la exención de castigo, sino la autorización del Estado para que estas cosas puedan hacerse con total libertad y la asistencia gratuita de los sistemas sanitarios”.

Otro punto denunciado en Evangelium Vitae es el relativismo moral que impregna el “nuevo clima cultural”:

“No sólo el hecho de la destrucción de tantas vidas humanas por nacer o en su etapa final es extremadamente grave y perturbador. No menos grave y perturbador es el hecho de que la propia conciencia, obscurecida por un condicionamiento tan generalizado, está encontrando cada vez más difícil distinguir entre el bien y el mal”.

El relativismo moral reinante hoy ha logrado confundir el sentido común con respecto al valor de la vida humana; la vida y la muerte se han convertido en cosas insignificantes. En consecuencia, millones de seres humanos ‒los no nacidos‒ terminan su breve existencia en los recipientes de basura de clínicas de aborto o en laboratorios de investigación.

Las leyes de aborto han producido millones de víctimas inocentes

Millones de seres humanos terminan su breve existencia en los recipientes de basura de clínicas de aborto o en laboratorios de investigación

A juicio de los defensores del aborto libre, la nueva vida humana en el útero no es más que un “material biológico potencialmente humano”.

Él o ella es una vida desde el punto de vista biológico, pero no desde el punto de vista cultural y filosófico. De esto se deduce que suprimir la vida de un feto es suprimir una vida biológica, no humana.

Para proporcionar un fundamento filosófico a esta noción absurda, los teóricos del aborto recurren al relativismo filosófico, afirmando que no existe la naturaleza humana inmutable.

El ser humano y la persona humana, dicen, no son más que conceptos históricos y filosóficos, que no corresponden a ninguna verdad objetiva, simplemente porque la verdad objetiva no existe. Todo es subjetivo. Por lo tanto, ser y persona son nociones relativas que pueden definirse arbitrariamente, como las reglas de un juego.

Y esas nociones experimentan el mismo proceso de evolución que la cultura y la gente.

“De esta manera ‒señala Juan Pablo II‒ se pierde toda referencia a los valores comunes y a una verdad absolutamente vinculante para todos, y la vida social se aventura en las arenas movedizas del relativismo completo. En ese punto todo es negociable, todo está abierto a la negociación: incluso el primero de los derechos fundamentales, el derecho a la vida”.

Totalitarismo cultural

Esta concepción relativista del hombre y del universo es el pilar doctrinal del aborto, que imagina que el concepto de persona humana es una construcción de la sociedad.

Detrás de este razonamiento se esconde el Leviatán moderno del totalitarismo cultural, de la “dictadura de las ideas”, que surge cuando los teóricos reemplazan la realidad natural por sus propias ideas.

La razón, dejando de ser el instrumento que nos permite conocer lo que es el hombre, presume que puede crear o inventar al hombre. Quien inventa la idea de hombre, inventa al hombre; y el que inventa al hombre, tiene dominio sobre él y dispone de él como le plazca, ya que inventa al hombre a la “imagen y semejanza” de sus pensamientos y voluntad arbitrarios.

De acuerdo con el relativismo moral, el derecho a la vida del niño concebido en el vientre, proviene de una mera concesión de los padres y de la sociedad, que se otorgará en la medida requerida por las demandas personales y las de la investigación científica profesional.

Para ellos, los llamados derechos inalienables no existen, porque todo derecho es una fabricación social, fruto artificial de simples convenciones jurídicas.

La aprobación del aborto en un referendo no lo legitima

La aprobación del aborto por una mayoría de la población no podrá justificarlo, pues el derecho a la vida no es una mera concesión social.

Como consecuencia de concepciones tan erróneos, la vida del más débil y más inocente de los seres humanos, el conceptus, queda a merced de los más fuertes, de los padres y del Estado.

Juan Pablo II se refiere a las consecuencias del relativismo:

“Resultado siniestro de un relativismo que reina sin oposición: el ‘derecho’ deja de ser tal, porque ya no está firmemente fundado en la dignidad inviolable de la persona, sino que queda sometido a la voluntad de la parte más fuerte. De esta manera, la democracia, contradiciendo sus propios principios, se mueve efectivamente hacia una forma de totalitarismo”.

Ahora bien, la vida de todo ser humano debe ser respetada por lo que es, no por una mera concesión social, pues todo individuo humano es titular de un derecho objetivo, primario e inalienable a la vida.

Derecho inalienable a la vida

Esto es lo que afirma el Magisterio de la Iglesia al enseñar que:

“Hay precisamente un cierto número de derechos que la sociedad no está en condiciones de otorgar, ya que estos derechos preceden a la sociedad; pero la sociedad tiene la función de preservarlos y hacerlos valer”.

“El primer derecho de la persona humana es su vida. Tiene otros bienes y algunos más preciosos, pero éste es fundamental: es la condición de todos los demás, por lo que debe ser protegido sobre todos los demás.

“No le pertenece a la sociedad, ni a la autoridad pública, en ninguna forma reconocer este derecho para algunos y no para otros”.

El respeto de la vida humana inocente es una limitación moral de la cual nadie puede ser liberado. Se trata, pues, de un principio que no admite excepciones ni presunciones legitimadoras.

En otras palabras, ningún pretexto, ya sea ventaja personal, defectos genéticos, el derecho de otra persona, la salud, la vida de una madre o el honor manchado, o la supuesta superpoblación, puede justificar moralmente el aborto adquirido.

Escribe el Papa en Evangelium Vitae:

“Ninguna circunstancia, ningún propósito, ninguna ley puede jamás hacer lícito un acto intrínsecamente ilícito, ya que es contrario a la Ley de Dios que está escrita en todo corazón humano, reconocible por la razón misma, y proclamado por la Iglesia”.

Este abominable crimen será siempre condenable, independientemente de su extendida y espantosa práctica. Incluso la aprobación del aborto por una mayoría de la población no podrá justificarlo.

La verdad no puede ser medida por la opinión de la mayoría, afirma Juan Pablo II:

“Ciertamente, un cambio de mentalidad en la gente con respecto a la naturaleza humana no puede de ninguna manera justificar el aborto. Más bien, sólo mostraría el grado y la profundidad de un fenómeno trágico: el embotamiento general del sentido moral”.

Agrega el Pontífice:

“La democracia no puede ser idolatrada hasta convertirla en un sustituto de la moral o una panacea para la inmoralidad”.

Pero, siendo relativistas, los abortistas no pueden dejar de ser contradictorios.

La incongruencia más estridente es observable, una de ellas es que ningún defensor del aborto aceptaría jamás sufrir lo que están dispuestos a hacer sufrir al feto. Ellos tienen razón con respecto a sí mismos. Están totalmente equivocados con respecto al nonato.

Traducción Acción Familia. Fuente: TFP Student Action

NOTAS:

  1. Véase Éxodo 20:13; Dent 5:17; Mt. 19:18; Mc. 10:19.
  2. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, instrucción “Sobre el Aborto intentado”, 18 de noviembre de 1974, nn. 10-13, en Social Justice Review, noviembre de 1974, pág. 207.
  3. Juan Pablo II, “Alocución sobre el vigésimo aniversario de la encíclica Humanae Vitae”, en L’Osservatore Romano, 17 de marzo de 1988, p. 11

 

 

En el año 1950, tuve la agradable experiencia de trabajar con el colega periodista y admirado escritor, Guillermo Sánchez Borbón, quien formaba parte del equipo de trabajo de la extraordinaria dama, Carmen Miró, hija del poeta Ricardo Miró, reconocida internacionalmente por sus aportaciones a las ciencias demográficas y estadísticas. Bajo su dirección me inicié como novato empleado público.

Así fui compañero de gira de trabajo de Guillermo Sánchez, nada menos que por la provincia de Bocas del Toro, de la cual pude conocer, como compañero de gira, los misterios ocultos en los poéticos paisajes bocatoreños.

Luego, ambos, compañeros de pluma en el diario La Prensa, junto con unos pocos colegas periodistas que nos atrevíamos (esa es la verdad) a escribir sin esperar el permiso de la dictadura militar, alentados por la valiente dirección del diario y la poderosa imagen que irradiaba la brillante pluma de Guillermo Sánchez.

Su muerte me trajo a la memoria el, para mí, su más hermoso poema: “En el onceno aniversario” de la muerte de madre”(1947).

 “Perdóname el haberte retenido en la tierra./ Perdóname el no haber roto las raíces/ que en mí hundió tu recuerdo”.

…..

...Versos que expresan el universal sentimiento por la muerte de un ser querido. Un sentimiento que solamente se supera con la fe. Y en ese mismo poema, precisamente, nos ha dado su adiós Una respuesta quizá surgida de sus juveniles años de seminarista.

“Hoy, que ya regreso de la vida,/que una helada quietud me va alejando/ de todo lo que he sido,/vengo a decirte con once años de retraso: descansa en paz,/ yo también voy a rendirme al silencio que tu invocaste.”

Adiós poeta

 Miguel A. Espino Perigault
espinomiguel21@gmail.com

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* Periodista.

 

 

El matrimonio parece la relación más segura

También los datos de la Fiscalía General del Estado muestran que suben las cifras de violencia contra la mujer: un 2,5% con respecto al año anterior y un 7% más con respecto a 2014, hasta un total de 29.008. En el caso de víctimas menores de edad, también varía la distribución según el tipo de relación entre agresores y víctimas. Así, disminuye notablemente el número de afectadas entre las unidas en matrimonio, y algo menos en las parejas de hecho. En cambio, aumentan las agresiones contra las que fueron pareja de hecho, las exnovias y las novias. El matrimonio parece la relación más segura, pues las parejas casadas, que son el 85,5% del total, suponen el 22% de los casos de violencia contra la mujer. En cambio, las de hecho representan una parte casi igual de las agresiones, siendo solo el 14,5% de las parejas.

Jesús Domingo Martínez

 

 

La vida entregada de los misioneros

Antonio César Fernández, recuerdan el misionero que acaba de ser asesinado?, ha entregado su vida misionera a África y a los africanos. Vivir la vocación salesiana en cada uno de los lugares en los que he estado es una Gracia del Señor, decía hace poco tiempo el misionero asesinado, en un vídeo que ahora ha hecho viral en redes. Allí reconocía todos los beneficios recibidos, especialmente en su dedicación y entrega a los jóvenes a los que, como buen salesiano, dedicó buena parte de sus desvelos misioneros.

Antonio era un hombre sencillo, enamorado de Dios y discípulo de don Bosco, que sirvió hasta el extremo a los más necesitados. Su testimonio ha dado y seguirá dando mucho fruto. Descanse en paz, y vaya en su persona y en su entrega sin límites, el agradecimiento a todos los testimonios, callados y eficaces, de los 12.000 misioneros españoles que, por todo el mundo, dedican su vida a la causa del Evangelio.

Pedro García

 

 

Las "víctimas invisibles"

La violencia de género es ahora mismo uno de los temas más politizados del escenario público, no hay día que los telediarios no se ensañen en uno o diversos casos. Por encima de las opiniones de unos y otros, resalta un dato especialmente alarmante que muestra la dificultad o el fracaso de la prevención: de las mujeres fallecidas por este tipo de violencia (45 en 2016, 51 en 2017), apenas una de cada cuatro había denunciado a su asesino por agresiones o amenazas anteriores.

El estudio destaca también a las "víctimas invisibles" de la violencia de género: los hijos de las víctimas. "Además de ser testigos de muchas de las agresiones hacia sus madres, son también víctimas directas" en algunos casos. Concretamente, en los últimos cinco años, 188 menores han quedado huérfanos y 24 han resultado muertos.

Pienso que tal vez sea importante tener en cuenta que los matrimonios son el 85% de las parejas y suponen solo el 22% de los casos de violencia contra la mujer, mejor que el porcentaje fuera cero, pero el dato ya dice bastante a favor de la institrución.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Sobre el asesinato de mujeres y… “otros”

 

                                Quieren mediante leyes; y sobre todo dinero, mucho dinero a entregar… ¿a quién y para qué?... Cortar esos asesinatos por los que casi ya a diario, surgen en “la tierra dicen que civilizada” (puesto que estos hechos proliferan también en países “dicen que mucho más civilizados que España”). Vean e indaguen simplemente en Internet y vean lo que pasa en Francia, Alemania, Italia y otros destacados países; en los que se supone que sus autoridades habrán intentado todo lo posible por que esos y otros hechos, donde se asesina gente, sean controlados.

                                Pero en el caso de “parejas” (y en parejas incluyo a todos los que siendo mayores de edad se asocian o unen para vivir juntos) y donde en la intimidad se deben “cocer” situaciones que ni sabemos, puesto que como dice el dicho… “en todas partes cuecen habas”; por más que “me estrujo el caletre”, yo no intuyo posibilidad alguna de control, puesto que el luctuoso hecho, nadie sabe cuándo se realizará, ya que y como suelo pensar, ya que el hecho final no debe tener sus motivos en ese momento… ¿cuándo empezaría el drama me suelo decir?

                                Por tanto “la parafernalia que se monta en España (“aplausos, días de luto, asamblea de políticos y sus mariachis”) la considero absurda e inútil por demás”; salvo que pensemos en lo que abajo he dicho en un foro, tras oír o leer los absurdos que muchos aportan a este luctuoso tema, que es aplicable a otros similares y de ahí mi titular de hoy, puesto que “asesinatos violentos hay en el mundo y cada día, como para no fijarse sólo en esas mujeres, que los han sufrido o sufrirán, puesto que por lo que digo, esto no acaba como tristemente, cada año comprobamos”.

                                   Por todo ello, si no se educa desde niños a ambos sexos (“y aun así seguirá ocurriendo”) y el ser humano madura, de forma en que siempre trate de en paz y concordia, resolver cualquier asunto que le concierna; la violencia “del bicho humano actual”, seguirá produciendo los hechos luctuosos que cada día vemos publicados, ya que “los medios”, parece ser, “que se gozan en resaltar ellos y todos los peores que ocurren cada día, cada hora y cada minuto en este perro mundo”. El sensacionalismo y sobre todo “la sangre y la muerte”, es lo primero que “nos sueltan”.

                                   Y ocurre todo ello por cuanto ya hace muchísimo tiempo, un sabio dejó escrito para la posteridad: “Dentro de cada uno de nosotros hay DOCE ENEMIGOS: la ignorancia, la tristeza, la inconstancia, la ambición, la injusticia, la lujuria, la decepción, la envidia, el fraude, la ira, la temeridad y la malicia”. Esta es, en esencia, la doctrina filosófica del egipcio Hermes Trimegisto.

 

                                   Por todo ello en el citado foro yo he aportado con contundencia lo que sigue y en ello me afirmo; ante todo, por mi impotencia para aportar algo que en realidad sirviera para solucionar el drama.

 

“No sean capullos, esa propaganda, "sobre las mujeres; no es otra cosa que buscar su voto y aparte, el que vivan del chiringuito algunas mujeres que no saben hacer otra cosa"... Lo que ocurre en España con esos asesinatos (que yo también lamento y deploro) OCURRE EN OTROS MUCHOS PAÍSES DICEN QUE CIVILIZADOS, y eso no se corta con nada, que no sea EDUCACIÓN Y PREPARACIÓN DESDE LA ESCUELA PARA QUE SEPAN VIVIR Y AGUANTARSE EN PAREJA; el asesinato surge en ese PRONTO VIOLENTO DEL SER HUMANO; Y QUE NADIE NI NADA PUEDE EVITAR, SENCILLAMENTE POR CUANTO ES IMPOSIBLE... ¿O VAN A PONER UNA PAREJA DE LA GUARDIA CIVIL O DE LA POLICÍA EN CADA VIVIENDA... "O EN CADA CAMA", DONDE VIVEN ESAS PAREJAS QUE ALGUNA VEZ SE QUISIERON? Piensen en la cruda, cruel y triste realidad de esos hechos y déjense de pamplinas e idioteces”. 

 

                                Por todo lo dicho, aportar dinero y que éste vaya a parar a determinadas organizaciones que no sean estatales y éstas estén bien dirigidas; no serviría para otra cosa que para mantener más enchufados, que vivirían de ello y a costa de nuestros impuestos.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes