Las Noticias de hoy 28 Febrero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 28 de febrero de 2019      

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general del 27 de febrero de 2019 – Catequesis completa

Cuaresma 2019: “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”

Abolición de la pena de muerte: “Convicción de que el género humano pueda afrontar el crimen”, recuerda el Papa

‘Santificado sea tu nombre’: “Dios nos santifica y nos transforma con su amor”

LO QUE IMPORTA ES IR AL CIELO: Francisco Fernandez Carbajal

“Fuertes y pacientes: serenos”: San Josemaria

Via Crucis, compuesto por Ernestina de Champourcin

Para comprender a Cristo: Ramiro Pellitero

El instante eterno : Ángel Cabrero Ugarte

Felicidad: Javier López

Cero tolerancia a la pederastia: + Felipe Arizmendi Esquivel.  Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

41 Pasos para dejar el vicio del juego (ludopatía).:Francisco Gras

Real Oratorio Caballero de Gracia: Juan M.

Satanás, Pecado. Castidad: Ernesto Juliá Díaz

YO NO SOY MACHUCHÓN, ¡POR TI SERÉ!: René Mondragón

LOS RUEGOS DE LOS NIÑOS: BERTOLT BRECHT

CORRUPCIÓN: PEOR PUESTO DEL PERÚ DESDE 2012: Alfredo Palacios Dongo

 Un esperanzador encuentro: Jorge Hernández Mollar

Inquietudes y deseos del papa Francisco: Jaume Catalán Díaz

La llamada de la tribu: Enric Barrull Casals

En peligro la educación: Pedro García

Ya nos robaron hasta la ilusión: Antonio García Fuentes

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

 

 

 

Audiencia general del 27 de febrero de 2019 – Catequesis completa

‘Santificado sea tu nombre’

febrero 27, 2019 13:36RedacciónAudiencia General

(ZENIT – 27 febrero 2019).- La audiencia general ha tenido lugar a las 9:20 horas en la Plaza de San Pedro donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo y, retomando el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, se ha centrado en la frase “Santificado sea tu nombre”  (Pasaje bíblico: Ezequiel  36, 22-23)

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Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo.

La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Parece que el invierno se esté yendo y por eso hemos vuelto a la Plaza. ¡Bienvenidos a la Plaza!

En nuestro itinerario de redescubrimiento de  la oración del “Padre Nuestro”, hoy profundizaremos la primera de sus siete peticiones, es decir, “santificado sea tu nombre”.

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Las invocaciones del “Padre Nuestro” son siete, fácilmente divisibles en dos subgrupos. Las tres primeras tienen el “Tú” de Dios Padre en el centro; las otras cuatro tienen en el centro el “nosotros” y nuestras necesidades humanas. En la primera parte, Jesús nos hace entrar en sus deseos, todos dirigidos al Padre: “Santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad”; en la segunda es Él quien entra en nosotros y se hace intérprete de nuestras necesidades: el pan de cada día, el perdón de los pecados, la ayuda en la tentación y la liberación del mal.

Aquí está la matriz de toda oración cristiana, -diría de toda oración humana- que está siempre hecha, por un lado, de la contemplación de Dios, de su misterio, de su belleza y bondad, y, por el otro, de sincera y valiente petición de lo que necesitamos para vivir, y vivir bien. Así, en su simplicidad y en su esencialidad, el “Padre Nuestro” educa a quienes le ruegan a no multiplicar palabras vanas, porque, como dice el mismo Jesús, “vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo” (Mt, 6, 8).

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Cuando hablamos con Dios, no lo hacemos para revelarle lo que tenemos en nuestros corazones: ¡Él lo sabe mucho mejor! Si Dios es un misterio para nosotros, nosotros, en cambio, no somos un enigma para sus ojos (cf. Sal 139: 1-4). Dios es como esas madres a las que les basta una mirada para entenderlo  todo de sus hijos: si están contentos o están tristes, si son sinceros u ocultan algo …

El primer paso en la oración cristiana es, por lo tanto, la entrega de nosotros mismos a Dios, a su providencia. Es como decir: “Señor, tú lo sabes todo, ni siquiera hace falta que te cuente  mi dolor, solo te pido que te quedes aquí a mi lado: eres Tú mi esperanza”. Es interesante notar que Jesús, en el Sermón de la Montaña, inmediatamente después de transmitir el texto del “Padre Nuestro”, nos exhorta a no preocuparnos y no afanarnos por las cosas. Parece una contradicción: primero nos enseña a pedir el pan de cada día y luego nos dice: «No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis” (Mt 6,31). Pero la contradicción es solo aparente: las peticiones de los cristianos expresan confianza en el Padre. Y es precisamente esta confianza la que nos hace pedir lo que necesitamos sin afán ni agitación.

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Por eso rezamos diciendo: “¡Santificado sea tu nombre!”. En esta petición – la primera, ¡Santificado sea tu nombre! – se siente toda la admiración de Jesús por la belleza y la grandeza del Padre, y el deseo de que todos lo reconozcan y lo amen por lo que realmente es. Y al mismo tiempo, está la súplica de que su nombre sea santificado en nosotros, en nuestra familia, en nuestra comunidad, en el mundo entero. Es Dios quien nos santifica, quien nos transforma con su amor, pero al mismo tiempo también somos nosotros quienes, a través de nuestro testimonio, manifestamos la santidad de Dios en el mundo, haciendo presente su nombre. Dios es santo, pero si nosotros, si nuestra vida no es santa, hay una gran incoherencia. La santidad de Dios debe reflejarse en nuestras acciones, en nuestra vida. “Yo soy cristiano, Dios es santo, pero yo hago tantas cosas malas”; no, esto no vale. Esto también hace daño, esto escandaliza y no ayuda.

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La santidad de Dios es una fuerza en expansión, y nosotros le suplicamos para que rompa  rápidamente las barreras de nuestro mundo. Cuando Jesús comienza a predicar, el primero en pagar las consecuencias es precisamente el mal que aflige al mundo. Los espíritus malignos imprecan: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: ¡el Santo de Dios!”(Mc 1, 24). Nunca se había visto una santidad semejante: no preocupada por ella misma, sino volcada hacia el exterior. Una santidad – la de Jesús- que se expande en círculos concéntricos, como cuando arrojamos una piedra a un estanque. El mal tiene los días contados, el mal no es eterno, el mal ya no puede hacernos daño: ha llegado el hombre fuerte que toma posesión de su casa (cf. Mc 3, 23-27). Y este hombre fuerte es Jesús, que nos da a nosotros también la fuerza para tomar posesión de nuestra casa interior.

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La oración ahuyenta todo miedo. El Padre nos ama, el Hijo levanta sus brazos al lado de los nuestros, el Espíritu obra en secreto por la redención del mundo. ¿Y nosotros? Nosotros no vacilamos en la incertidumbre, sino que tenemos una certeza: Dios me ama; Jesús ha dado la vida por mí. El Espíritu está dentro de mí. Y esta es la gran cosa cierta. ¿Y el mal? Tiene miedo. Y esto es hermoso.

 

Cuaresma 2019: “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”

Segundo Tejada habla del Mensaje del Papa

febrero 27, 2019 14:28Rosa Die AlcoleaLiturgia, Vaticano

(ZENIT – 27 febrero 2019).- “Necesitamos constantemente la conversión, la Iglesia que es una Madre todos los años tiene este tiempo, que no tiene sentido sin la Pascua –lo dice el Papa dos veces en el mensaje– es la Pascua la que da luz a la Cuaresma, el ayuno, la oración, la limosna, etc. Son todo cosas que nos ayudan a salir de nosotros mismos para ir a la Pascua”.

Son las palabras de Mons. Segundo Tejado Muñoz, Subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en declaraciones exclusivas a la agencia Zenit, tras la presentación del Mensaje de Cuaresma 2019 del Santo Padre, el martes, 26 de febrero de 2019, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

La creación, expectante

El título de este mensaje para la conversión en tiempo de Cuaresma es “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19), y según Mons. Tejada se ha utilizado esta cita de Romanos porque “la Creación está esperando que se manifiesten los hijos de Dios”. Esto quiere decir que “el hombre, que no piensa ya en sí mismo, sino que piensa en el otro, que piensa también en la Creación, está como esperando esto, algo que se completa en la Creación, la revelación del hombre que está en comunión con Dios y en comunión con la Creación, en comunión con el otro”

El tema que señala el Papa Francisco este año para la preparación a la Pascua es “algo muy profundo”, comentó el obispo Segundo Tejada, que “dice mucho de Pascua y dice mucho de la victoria de Cristo sobre la muerte, la Resurrección de Cristo y es blanco, es el color de la Pascua, es maravilloso”.

Junto a Mons. Segundo Tejado Muñoz, ayer, martes, 26 de febrero de 2019, presentaron el documento el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Mons. Segundo Tejado Muñoz, Subsecretario del mismo dicasterio y el Dr. Alberto Piatti, Vicepresidente Ejecutivo de la Compañía Responsable y Sostenible de Eni.

Comunión 

“Siempre el hombre tiende para sí mismo –asegura Mons. Tejada– lo dice el Papa y este vivir para sí mismo al final crea periferias porque uno se afirma en su centro y los demás quedan todos fuera”.

“Esto lleva al hombre a estar en descomunión con Dios, que es comunión, que es caridad, comunión con el otro, dice el Papa en este mensaje”, añadió el Subsecretario del Dicasterio–. “Por eso hemos cogido esta cita de los Romanos con la creación, o sea las acciones del hombre tienen una consecuencia también en la creación”.

Cada pecado, un astro desaparece

Así, el obispo español citó a un filósofo que enseñaba que “cada pecado que se realiza, un astro desaparece en el universo”. “Es una imagen un poco poética, pero muy bonita”, explicó Tejada, “hay algo que se destruye y así también una buena acción en el secreto donde Dios ve solo, no solamente grandes cosas, las cosas en el secreto a las que todos podemos llegar, una obra de caridad en el secreto, pequeña, a nuestra medida, tiene una repercusión social y también en el creador, la destrucción del creador no es otra cosa que el hombre que piensa solamente en sí mismo, en su empresa, en su ganancia”, observó.

Este “no es un mensaje ecológico, por así decirlo”, es una imagen muy espiritual –porque siempre los mensajes de Cuaresma son muy espirituales– que tiene que ver con la ecología con la Creación, por este movimiento el hombre que en la conversión sale de sí mismo y empieza a ver que existe el otro que existe el otro que es también la Creación, es algo que Dios nos ha pedido que cuidemos y este cuidar el mundo que nos rodea es una de las cosas que nos ha pedido Dios, cuidar al hombre, a Adán le pide que cultive y que cuide la naturaleza, que cuide lo que le ha venido dado que es la Creación, es también las personas que tenemos cerca, no las hemos elegido nosotros, también cuidar esto.

 

Abolición de la pena de muerte: “Convicción de que el género humano pueda afrontar el crimen”, recuerda el Papa

VII congreso Mundial contra la pena de muerte

febrero 27, 2019 20:02Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Uncategorized

(ZENIT – 27 febrero 2019).- El objetivo de la abolición de la pena de muerte representa “la convicción de que el género humano pueda afrontar el crimen”, como también “rechazar el mal”, ofreciendo al condenado la “posibilidad” y el” tiempo” para “reparar el daño cometido, pensar sobre su acción y poder así cambiar de vida, al menos interiormente”, anuncia el Papa Francisco.

Con ocasión del VII Congreso mundial contra la pena de muerte, que se celebra estos días en el Parlamento Europeo en Bruselas, el Santo Padre ha enviado un mensaje en video a las personas que participan en la cumbre.

En el video, el Papa habla a todos por igual: “Tanto para creyentes o no creyentes, cada vida es un bien y su dignidad debe ser custodiada sin excepciones”, recuerda. “La pena capital supone entonces una grave vulneración del derecho a la vida que tiene toda persona”.

Por ello, el Pontífice dice que “no se puede abandonar nunca la convicción de ofrecer incluso al culpable de crímenes la posibilidad de arrepentirse”. Por esto mismo, “no deja de ser un signo positivo que cada vez haya más países que apuestan por la vida y no utilizan más la pena de muerte, o la han eliminado completamente de su legislación penal”.

El encuentro está organizado por la Ong ECPM (Together Against the Death Penalty-Juntos contra la pena de muerte) y tiene lugar en Bélgica del 27 de febrero al 1 de marzo de 2019.

Publicamos a continuación el texto del mensaje en vídeo del Papa Francisco.

***

Mensaje en video del Papa

Saludo a los organizadores y participantes en el VII congreso Mundial contra la pena de muerte, que se celebra en Bruselas.

La vida humana es un don que hemos recibido, el más importante y primario, fuente de todos los demás dones y de todos los demás derechos. Y como tal necesita ser protegido. Además, para el creyente el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Pero, tanto para creyentes o no creyentes, cada vida es un bien y su dignidad debe ser custodiada sin excepciones.

La pena capital supone entonces una grave vulneración del derecho a la vida que tiene toda persona. Si bien es cierto que las sociedades y comunidades humanas han de enfrentarse con frecuencia a delitos gravísimos que atentan contra el bien común y la seguridad de las personas, no es menos cierto que hoy en día hay otros medios para expiar el daño causado, y los sistemas de detención son cada vez más eficaces para proteger a la sociedad del mal que pueden ocasionar algunas personas. Por otra parte, no se puede abandonar nunca la convicción de ofrecer incluso al culpable de crímenes la posibilidad de arrepentirse.

Por esto mismo, no deja de ser un signo positivo que cada vez haya más países que apuestan por la vida y no utilizan más la pena de muerte, o la han eliminado completamente de su legislación penal.

La Iglesia siempre ha defendido la vida, y su visión sobre la pena de muerte ha madurado. Por este motivo, he querido que en el Catecismo de la Iglesia Católica fuese modificado este punto. Por mucho tiempo se tuvo en cuenta la pena de muerte como una respuesta adecuada a la gravedad de algunos delitos y también para tutelar el bien común. Sin embargo, la dignidad de la persona no se pierde aun cuando haya cometido el peor de los crímenes. A nadie se le puede quitar la vida y privarlo de la oportunidad de poder abrazar de nuevo la comunidad a la que hirió e hizo sufrir.

El objetivo de la abolición de la pena de muerte a nivel mundial representa una valiente afirmación del principio de la dignidad de la persona humana y de la convicción de que el género humano pueda afrontar el crimen, como también rechazar el mal, ofreciendo al condenado la posibilidad y el tiempo para reparar el daño cometido, pensar sobre su acción y poder así cambiar de vida, al menos interiormente.

Los acompaño con mi oración y los animo en sus trabajos y deliberaciones, como también a los Gobernantes y a todos aquellos que tienen responsabilidades en sus países para que se den los pasos necesarios hacia la abolición total de la pena de muerte. En nuestras manos está reconocer en cada persona su dignidad y trabajar para que no se eliminen más vidas, sino que se ganen para el bien de toda la sociedad. Muchas gracias.

 

 

‘Santificado sea tu nombre’: “Dios nos santifica y nos transforma con su amor”

Catequesis del ‘Padre Nuestro’

febrero 27, 2019 11:53Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 27 febrero 2019).- ‘Santificado sea tu nombre’ es la premisa del ‘Padre Nuestro’ que explica el Papa Francisco en la catequesis de hoy: “Es Dios quien nos santifica y nos transforma con su amor; mientras nosotros, con nuestro testimonio de vida, manifestamos su santidad en el mundo, y hacemos presente su santo nombre”.

Esta mañana, 27 de febrero de 2019, a las 9:20 horas, el Santo Padre ha llegado a la plaza en el papamóvil, bajo un espléndido sol.  Desde el estrado, ha dado la bienvenida a todos: “Parece que el invierno se está yendo y hemos vuelto a la plaza. ¡Bienvenidas a la plaza!”.

La plaza de San Pedro vuelve a ser el lugar de acogida para miles de visitantes y peregrinos que llegan a Roma para escuchar al Papa en la audiencia general, cada miércoles.

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Francisco ha impartido hoy la catequesis sobre el Padre Nuestro, titulada con la frase ‘Santificado sea tu nombre’ (del libro bíblico: Libro del Profeta Ezequiel, 36, 22.23).

El Santo Padre ha señalado que la oración del Padrenuestro contiene siete peticiones.

En las tres primeras –ha indicado– que se refieren al “Tú” de Dios, Jesús nos une a él y a sus más profundas aspiraciones, motivadas por su infinito amor hacia el Padre.

En cambio, en las últimas cuatro, que indican el “nosotros” y nuestras necesidades humanas, es Jesús quien entra en nosotros y se hace intérprete ante el Padre de esas necesidades.

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En su “simplicidad y esencialidad”, el Padrenuestro es “modelo de toda oración” porque contiene, a la vez, la contemplación de Dios, de su misterio, de su belleza y bondad, como también una súplica atrevida de lo que necesitamos para vivir bien, ha relatado el Papa. “Con esta oración Jesús nos enseña a confiar y a abandonarnos en Dios, que nos conoce, nos ama y sabe cuáles son nuestras necesidades”.

El Pontífice ha anunciado que la primera de estas súplicas, que dice así: “Santificado sea tu nombre”, es una expresión de “toda la admiración de Jesús por la belleza y la grandeza del Padre”, y su “deseo de que todos lo conozcan y lo amen”.

Asimismo, ha añadido, es “nuestro ruego de que su nombre sea santificado en nosotros, en nuestra familia, en nuestra sociedad y en el mundo entero”.

 

 

LO QUE IMPORTA ES IR AL CIELO

— Entre todas las cosas de la vida, lo verdaderamente importante es llegar al Cielo. Cortar o rectificar lo que nos separe de nuestro fin último.

— Existencia del infierno. El demonio no ha renunciado a las almas que todavía peregrinan en la tierra. El santo temor de Dios.

— Ser instrumento de salvación para muchos.

I. Entre todos los logros de la vida, uno solo es verdaderamente necesario: llegar hasta la meta que Dios mismo nos ha propuesto, el Cielo. Con tal de alcanzarlo debemos perder cualquier otra cosa, y apartar todo lo que se interponga en el camino, por muy valioso o atractivo que nos pueda parecer. Todo debe ser subordinado a la única meta de nuestra vida: llegar a Dios, y si algo en vez de ser ayuda es obstáculo, entonces habremos de rectificarlo o quitarlo. La salvación eterna –la propia y la del prójimo– es lo primero. Así nos lo dice el Señor en el Evangelio de la Misa1: Si tu mano te escandaliza, córtala... Y si tu pie te escandaliza, córtalo... Y si tu ojo te escandaliza, sácalo... Más vale entrar manco, cojo o tuerto en el Reino que ser arrojado íntegro a la gehena del fuego, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. Más vale privarse de algo tan necesario como la mano, el pie o el ojo que perder el Cielo, bien absoluto, con la visión beatífica de Dios por toda la eternidad. Mucho más si se trata de algo –como suele ocurrir– de lo que con un poco de buena voluntad se puede prescindir sin quebranto grave alguno.

Con estas imágenes tan gráficas el Señor nos enseña la obligación de evitar los peligros de ofenderle y el deber grave de apartar la ocasión próxima de pecado, pues el que ama el peligro, en él caerá2. Todo aquello que nos pone cerca del pecado debe ser echado fuera enérgicamente. No podemos jugar con nuestra salvación, ni con la del prójimo.

Muchas veces –y será lo normal para un cristiano que pretende agradar en todo a Dios– no serán obstáculos muy importantes los que habrá que remover, sino quizá pequeños caprichos, faltas de templanza en las que el Señor pide mortificar el gusto, falta de dominio en el carácter, excesiva preocupación por la salud o por el bienestar... Faltas más o menos habituales –pecados veniales, pero muy a tener en cuenta– que retrasan el paso, y que pueden hacer tropezar y aun caer en otras más importantes.

Si luchamos generosamente, si tenemos claro el fin de la vida, trataremos de rectificar con tenacidad esos obstáculos, para que dejen de serlo y se conviertan en verdaderas ayudas. Esto hizo el Señor muchas veces con sus Apóstoles: del ímpetu precipitado de Pedro formó la roca firme sobre la que se asentaría la Iglesia; de la brusca impaciencia de Juan y de Santiago (les llamaban «hijos del trueno»), el celo apostólico de incansables predicadores; de la incredulidad de Tomás, un testimonio claro de su divinidad. Lo que antes era obstáculo, ahora se ha convertido en una gran ayuda.

II. La vida del cristiano ha de ser un continuo caminar hacia el Cielo. Todo debe ayudarnos para afianzar nuestros pasos en ese sendero: el dolor y la alegría, el trabajo y el descanso, el éxito y el fracaso... De la misma manera que en los grandes negocios y en las tareas de mucho interés se vigilan y se estudian hasta los menores detalles, así debemos hacer con el negocio más importante, el de la salvación. Al final de nuestro paso por la tierra encontramos esta única alternativa: o el Cielo (pasando por el Purgatorio si hemos de purificarnos) o el Infierno, el lugar del fuego inextinguible, del que el Señor habló explícitamente en muchos momentos.

Si el Infierno no tuviera una entidad real, y si no hubiera una posibilidad también real de que los hombres terminaran en él, Cristo no nos habría revelado con tanta claridad su existencia, y no nos habría advertido tantas veces, diciendo: ¡estad vigilantes! El demonio no ha renunciado a lograr la perdición de ningún hombre, de ninguna mujer, mientras peregrine en este mundo hacia su fin definitivo, de ninguno ha desistido, cualquiera que sea el puesto que ocupe y la misión que haya recibido de Dios.

La existencia de un castigo eterno, reservado a los que obren mal y mueran en pecado mortal, está ya revelada en el Antiguo Testamento3. Y en el Nuevo, Jesucristo habló del castigo preparado para el diablo y sus ángeles4, que sufrirán también los siervos malos que no cumplieron la voluntad de su señor5, las vírgenes necias que fueron halladas sin el aceite de las buenas obras cuando llegó el Esposo6, los que se presentaron sin el traje nupcial al banquete de bodas7, quienes ofendieron gravemente a sus hermanos8 o no quisieron ayudarles en sus necesidades materiales o espirituales9... El mundo se compara a una era en la que hay trigo juntamente con la paja, hasta el momento en el que Dios tomará en su mano el bieldo y limpiará la era, metiendo después el trigo en su granero y quemando la paja en un fuego que no termina10.

No es el Infierno una especie de símbolo para la exhortación moral, más a propósito para ser predicado en otros momentos históricos en los que la humanidad estaba menos evolucionada. Es una realidad dada a conocer por Jesucristo, tan tristemente objetiva que le llevó a mandarnos vivamente –como leemos en el Evangelio de la Misa– que dejáramos cualquier cosa, por importante que fuera, con tal de no parar allí para siempre. Es una verdad de fe, constantemente afirmada por el Magisterio; recuerda el Concilio Vaticano II, al tratar de la índole escatológica de la Iglesia: «debemos vigilar constantemente (...), no sea que como aquellos siervos malos y perezosos (cfr. Mt 25, 26) seamos arrojados al fuego eterno (cfr. Mt 25, 41), a las tinieblas exteriores en donde habrá llanto y crujir de dientes»11. La existencia del Infierno es una verdad de fe, definida por el Magisterio de la Iglesia12.

Sería un grave error no llevar este tema trascendental alguna vez a nuestra consideración o silenciarlo en la predicación, en la catequesis o en el apostolado personal. «La Iglesia tampoco puede omitir, sin grave mutilación de su mensaje esencial –advierte Juan Pablo II–, una constante catequesis sobre (...) los cuatro novísimos del hombre: muerte, juicio (particular y universal), infierno y gloria. En una cultura, que tiende a encerrar al hombre en su vicisitud terrena más o menos lograda, se pide a los Pastores de la Iglesia una catequesis que abra e ilumine con la certeza de la fe el más allá de la vida presente; más allá de las misteriosas puertas de la muerte se perfila una eternidad de gozo en la comunión con Dios o de pena lejos de Él»13. El Señor quiere que nos movamos por amor, pero, dada la debilidad humana, consecuencia del pecado original y de los pecados personales, ha querido manifestarnos a dónde conduce el pecado para que tengamos un motivo más que nos aparte de él: el santo temor de Dios, temor de separarnos del Bien infinito, del verdadero Amor. Los santos han tenido como un gran bien las revelaciones particulares que Dios les hizo acerca de la existencia del Infierno y de la enormidad y eternidad de sus penas: «fue una de las mayores mercedes que Dios me ha hecho –escribe Santa Teresa–, porque me ha aprovechado muy mucho, tanto para perder el miedo a las tribulaciones de esta vida, como para esforzarme a padecerlas y a dar gracias al Señor, que me libró, a lo que me parece, de males tan perpetuos y terribles»14.

Veamos hoy en esta oración si existe algo en nuestra vida, aunque sea pequeño, que nos separa del Señor, en lo que no luchamos como deberíamos; examinemos si huimos con prontitud y decisión de toda ocasión próxima de pecar; si pedimos con frecuencia a la Virgen que nos dé un profundo horror a todo pecado, también al venial, que causa tanto daño al alma: nos aleja de su Hijo, nuestro único Bien absoluto.

III. La consideración de nuestro fin último ha de llevarnos a la fidelidad en lo poco de cada día, a ganarnos el Cielo con los quehaceres y las incidencias diarias, a remover todo aquello que sea un obstáculo en nuestro caminar. También nos ha de llevar al apostolado, a ayudar a quienes están junto a nosotros para que encuentren a Dios y le sirvan en esta vida y sean felices con Él por toda la eternidad. Esta es la mayor muestra de caridad y de aprecio que podemos tener.

La primera forma de ayudar a los demás es la de estar atentos a las consecuencias de nuestro obrar y de las omisiones, para no ser nunca, ni de lejos, escándalo, ocasión de tropiezo para otros. El Evangelio de la Misa recoge también estas palabras de Jesús: Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y sea arrojado al mar. En otro momento ya había dicho el Señor: Es imposible que no sucedan escándalos; pero ¡ay de aquel que los causa!15. Pocas palabras encontramos en el Evangelio tan fuertes como estas; pocos pecados tan graves como el de causar la ruina de un alma, porque el escándalo tiende a destruir la obra más grande de Dios, que es la Redención, con la pérdida de las almas: da muerte al alma del prójimo quitándole la vida de la gracia, que es más preciosa que la vida del cuerpo. Los pequeños, para Jesús, son en primer lugar los niños, en cuya inocencia se refleja de una manera particular la imagen de Dios; pero también lo son esa inmensa muchedumbre de personas sencillas, con menos formación y, por lo mismo, más fáciles de escandalizar.

Ante las muchas causas de escándalo que diariamente se dan en el mundo, el Señor nos pide a sus discípulos desagravio y reparación por tanto mal, siendo ejemplos vivos que arrastren a otros a ser buenos cristianos, practicando la corrección fraterna oportuna, afectuosa, prudente, que ayude a otros a remediar sus errores o a que se separen de una situación dañosa para su alma, moviendo a muchos para que acudan al sacramento de la Penitencia, donde enderecen sus pasos torcidos. La realidad de la existencia del Infierno, que nos enseña la fe, es una llamada al apostolado, a ser para muchos instrumento de salvación.

Acudamos a la Virgen Santísima: iter para tutum!16, prepáranos, a nosotros y a todos los hombres, un camino seguro: el que termina en la eterna felicidad del Cielo.

1 Mc 9, 40-49. — 2 Ecli 3, 24. — 3 Cfr. Num 16, 30-33; Is 33, 14; Ecli 7, 18-19; Job 10, 20-21; etc. — 4 Cfr. Mt 25, 41. — 5 Cfr. Mt 24, 51. — 6 Cfr. Mt 25, 1 ss. — 7 Cfr. Mt 22, 1-14. — 8 Cfr. Mt 5, 22. — 9 Cfr. Mt 25, 41 ss. — 10 Cfr. Lc 3, 17. 11 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 48. — 12 Benedicto XII, Const. Apost. Benedictus Deus, 29-1-1336, Dz. 531; Conc. de Florencia, Dz. 693. — 13 Juan Pablo II, Exhor. Apost. Reconciliatio et paenitentia, 2-XII-1984, 26. — 14 Santa Teresa, Vida, 32, 4. — 15 Lc 17, 1. 16 Liturgia de las Horas, Segundas Vísperas del Común de la Virgen, Himno Ave, maris stella.

 

 

“Fuertes y pacientes: serenos”

Si –por tener fija la mirada en Dios– sabes mantenerte sereno ante las preocupaciones, si aprendes a olvidar las pequeñeces, los rencores y las envidias, te ahorrarás la pérdida de muchas energías, que te hacen falta para trabajar con eficacia, en servicio de los hombres (Surco, 856).

El que sabe ser fuerte no se mueve por la prisa de cobrar el fruto de su virtud; es paciente. La fortaleza nos conduce a saborear esa virtud humana y divina de la paciencia. Mediante la paciencia vuestra, poseeréis vuestras almas (Lc XXI, 19). La posesión del alma es puesta en la paciencia que, en efecto, es raíz y custodia de todas las virtudes. Nosotros poseemos el alma con la paciencia porque, aprendiendo a dominarnos a nosotros mismos, comenzamos a poseer aquello que somos. Y es esta paciencia la que nos impulsa a ser comprensivos con los demás, persuadidos de que las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo.
Fuertes y pacientes: serenos. Pero no con la serenidad del que compra la propia tranquilidad a costa de desinteresarse de sus hermanos o de la gran tarea, que a todos corresponde, de difundir sin tasa el bien por el mundo entero. Serenos porque siempre hay perdón, porque todo encuentra remedio, menos la muerte y, para los hijos de Dios, la muerte es vida. Serenos, aunque sólo fuese para poder actuar con inteligencia: quien conserva la calma está en condiciones de pensar, de estudiar los pros y los contras, de examinar juiciosamente los resultados de las acciones previstas. Y después, sosegadamente, interviene con decisión. (Amigos de Dios, 79)

 

 

Via Crucis, compuesto por Ernestina de Champourcin

Recogemos a continuación un ‘Via crucis’ o relato de la Pasión de Jesucristo dividido en 14 estaciones. Es obra de la poetisa Ernestina de Champourcin, que lo publicó en el poemario ‘Presencia a oscuras’ (1952).

Otros26/02/2016

Opus Dei - Via Crucis, compuesto por Ernestina de ChampourcinVia Crucis compuesto por Ernestina de Champourcín.

I. Jesús es condenado a muerte

No tengo palabras que decirte... Serían inútiles y me asusta lastimarte de nuevo. Voy a condenarme yo misma contigo, pues sólo quien acepta la sentencia que tú sufriste obtendrá la gracia de seguir tus huellas, de morir a sí mismo y contigo, de resucitar en Ti.

Fuiste condenado a muerte para que aprendiéramos a aceptar nuestro destino. Enséñanos a seguirte, a no apartarnos un momento de tu senda, a morir poco a poco a tu lado.

II. Jesús es cargado con la Cruz

Sea mi Cruz la que Tú me escogiste. Quiero recibirla de tus manos, que me darán también fuerza para sostenerla, júbilo para ocultarla y amor para sonreír bajo su peso, como si llevase en mis hombros un rosal perfumado.

No temo el dolor porque Tú vas delante de mí. Tus pies liman las asperezas del camino y señalan el atajo por donde Tú pasaste, la ruta inefable que te condujo a la gloria del Padre y que dejaste abierta para todos. ¡Sea nuestra Cruz, Señor, la que Tú has dispuesto!

III. Primera caída

¿Qué piedra te detiene? ¿Qué obstáculo te hace tropezar a Ti, decidido a apurar el cáliz hasta la última hez? Caíste abrumado por un peso más grande que el de esa cruz, un peso agobiante, implacable. Toda la humanidad sobre tus hombros frágiles, consumiéndolos, despojándolos de su energía.

Y hay un momento en que la tierra áspera es un alivio para tus sienes que laten descompasadas; un momento en que el polvo, más compasivo que los hombres, restaña tu sudor y tu sangre.

Aquel suelo agrietado debió de esponjarse dulcemente al recibirte, soñando ser, para Ti, una mullida y fragante pradera.

IV. A María en su encuentro con Jesús

Tu llanto silencioso cae lentamente, apretadamente -grueso rocío nocturno, sin revolar de pájaros ni temblor de frondas-, lágrima desesperada porque sabe que se romperá sin remedio sobre unas rocas áridas, y que no va a florecer...

No puedes acunar tu dolor con tus sueños, no con ilusiones. Conoces el fin hasta su terror último y vas a él, te ofreces a él, vulnerable, desnuda, echando el apoyo pueril del clamor, del grito, de la compasión ajena. Y entre lágrima y lágrima tienes los ojos secos, ardientes, encendidos por una llama que te obliga a mirar, a desgarrarte y sufrir.

Hay quien habla de tus siete dolores. ¿Qué saben ellos? Eres todo el dolor, la suprema amargura, eres el Amor que sabe compartir, compadecer y callar.

V. El cireneo ayuda a Jesús a llevar la Cruz

¿Hay acaso alguna cruz que pueda llevarse a medias? El leño que no pesa, el que no incrusta sus aristas profundamente en los hombres, el que no lastima el cuerpo y el alma hasta en las vetas más hondas, no merece el nombre de cruz. Por eso yo sé muy bien que si aceptaste aquel ademán no fue por Ti, fue sólo por nosotros. Para ayudarnos dándonos el júbilo inmenso de querer ayudarte...

Y si nos tiendes la cruz no es porque no puedas con ella; es, al contrario, porque sólo seremos capaces de sostenerla si nos viene de tus manos, si la recibimos como una prenda inefable de tu amor y del nuestro... Trueque de cruces. Nupcias tuyas, nuestras, con el dolor.

VI. La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Quisiera mirarte en silencio y hora tras hora, incansablemente, absorbiendo en mí la luz y la realidad de tu rostro. Mirarte sin que nada interrumpa mi contemplación, ni una idea, ni un sentimiento...

Sin que ninguna imagen que no seas Tú ocupe el paisaje de mi mente.

Enjugarte el dolor sin un solo gesto, con el ansia de mi corazón enamorado, con la pureza de mi deseo que no se atreve a buscar su expresión para que ni siquiera un hálito lo empañe...

Grabarte en mí como un espejo para que todo lo que no seas Tú resbale sobre tu imagen y se desvanezca. Para que sólo Tú quedes victorioso en mí.

VII. Segunda caída

Caíste de nuevo como un tronco al que no pudo abatir el leñador de un primer golpe. Te veo en tierra y me invade, junto a una piedad infinita, una confianza inefable, que hace reposar de dulzura mi corazón.

Al contemplarte siento que, aunque yo caiga otra vez, mil veces, Tú estarás a mi lado y que, con tu auxilio, podré levantarme siempre, alzar los ojos a Ti y, al encontrar los tuyos, bañarme en tus pupilas, dejar en ellas el polvo del camino, recobrar la antigua pureza, renacer amparada por tu misericordia, por tu paciencia, acogerme a esa mansedumbre que nos rinde a tus plantas y nos entrega a ti sin remedio.

Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

¡Que el otoño no siegue nuestras hojas, Señor! Queremos ser, como Tú, leña verde, fragante, derramando savia. Que el hacha del sufrimiento, al desgajarnos, se impregne de aromas. Danos a raudales la vida de tu gracia, para que no escuchemos jamás de tus labios la maldición de la higuera.

¿Y qué fruto puede brotar de nuestras ramas sin tu ayuda y apoyo? Haz que lloremos por Ti hacia adentro, sin lágrimas, con un dolor verdadero que trascienda a todos nuestros actos y nos redima de llorar más tarde sobre la propia muerte.

IX. Tercera caída

Sólo le faltan unos pasos, muy pocos... Pero, ¿quién no desfallece al último momento, cuando todo en nuestro mundo parece inmovilizarse, concentrándose en torno al sacrificio? Ya no hay manera de volver atrás, de poseer nuevamente aquello a lo que se ha renunciado.

El universo entero retrocede, nos abandona. Estamos solos a orillas de algo implacable, desconocido, cruel; y antes de ofrecernos, de dejarnos devorar voluntariamente, lanzamos un postrer clamor.

Pero Tú no gritas, no protestas. La ofrenda viva de tu cuerpo se ha consumado ya y permaneces en tierra, vacío de Ti mismo, dispuesto a no ser para que nosotros seamos, a abrirnos la senda de la recuperación y del amor.

X. Jesús es despojado de sus vestiduras

Algo ampara tu desnudez de la violencia... Te yergues sobre todos como un rayo de luz, como un haz intacto de secretos resplandores. Tu pureza irradia tu blancura entre la suciedad, la traición, las mezquindades. Te alzas como una antorcha alumbrando la senda para los que quieren aún seguirte. Y entre tantos rostros que deforman la ira, el odio o la codicia, eres, indefenso, salpicado de injurias, el único signo de paz. ¡Blancura de tu frente ensangrentada, de tu cuerpo herido! Límpianos, Señor, con tu mirada, purifica hasta el último rincón de nuestras mentes, grábate en ellas, desnudo, silencioso, intocado...

XI. Jesús es clavado en la cruz

¡Clávanos en la cruz de tu voluntad! Un clavo para cada sentido, cada pasión, cada deseo... ¡si supiéramos tendernos inmóviles sobre ese lecho donde Tú te tendiste, abriendo los brazos en un ademán de amor absoluto...!

Pero siempre frustramos tu generosidad con nuestra obligación o nuestras inquietudes. Queremos amarte a nuestro modo, sufrir a nuestro gusto, como si el dolor y la propia satisfacción fueran compatibles... Como si Tú hubieras elegido... Ofreciste al verdugo tus pies, tus manos, todo tu cuerpo y, primero que nada, tu Corazón...

¿Pues qué valen todos los martirios si el corazón se escuda y esquiva? Que el primer martillazo nos caiga en mitad del pecho derribándonos sin piedad, totalmente. Rendirse a Tu merced es rendirte, hacernos tuyos, para que seas nuestro.

XII. Jesús muere en la Cruz

Muerte victoriosa la tuya. Pero el triunfo derramado en tus venas se ocultaba celosamente, y para los que te vieron eran sólo un despojo humano, unos restos inútiles... Dios sin vida para hacernos vivir. Dejaste de alentar para infundirnos aliento.

Te sometiste al abandono, a la traición, al desamparo, para que cifremos nuestra dicha en sentirnos abandonados, traicionados, desvalidos. Y nuestra desconfianza es tan grande que todavía nos obstinamos en temer, estremeciéndonos ante la posibilidad de morir.

No olvidemos que, en tu muerte, nos abriste las puertas de Ti mismo y la mansión de tu amor.

XIII. A María, con Jesús muerto en los brazos

Era tu carne, tu sangre deshecha, martirizada; tu vida y la de Dios; tu gloria y la del Cielo. Y de todo solamente quedaba en tus brazos un cadáver maltrecho, una frialdad incontenible que te iba invadiendo inexorablemente.

Y en ese momento concedido a las tinieblas empezabas a ser nuestra Madre, a cobijarnos en el regazo de tu dolor. Y por eso tus lágrimas no acabarían de caer nunca. Se te cuajaron al presentir que te necesitábamos, que no dejarías nunca de ser madre, que tu maternidad prodigiosa se ensanchaba, floreciéndote nuevamente los senos, ¡oh redentora de los redimidos!

XIV. Jesús es sepultado

Y nos llamas ahora desde esa piedra que te ciña, aislándote por un breve plazo de todo. Porque para resucitar contigo hay que sepultarse primero enterrar hondo los gritos de la carne, seguirte en tu pasión y hasta tu muerte.

Y saber que estás ahí, aunque no te sienta, aunque nos falte tu sombra, tu contigüidad, tu recuerdo. Danos la fe que resiste a todas las tentaciones, que no se quebranta aunque el mundo entero se alce contra ella, esa fe que surca los mares y traspasa los montes, porque sabe muy bien que, al marcharte, permaneciste entre nosotros...

“Presencia a oscuras”, 1952

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Para comprender a Cristo

Posted: 27 Feb 2019 01:06 PM PST

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En uno de sus textos de los años ochenta, Joseph Ratzinger, ahora papa emérito Benedicto XVI, ofrece siete claves para comprender quién es Cristo, según el testimonio de la Sagrada Escritura[1]. Analizamos aquí esas claves, con sus implicaciones principales para la oración y la vida cristiana.

El centro de la vida de Cristo es su oración

1. “Según el testimonio de la Sagrada Escritura, el centro de la vida y de la persona de Jesús es su permanente comunicación con el Padre[2], sobre todo en su oración.

En el ambiente social e histórico en que Jesús se presenta en su vida pública, lo que domina entre la gente del pueblo son las expectativas de liberación política del yugo romano. En ese sentido parece que hay que entender la primera respuesta que le da Pedro, cuando Jesús les pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es Él (“un profeta” –en el que la gente tiende a ver a un liberador del pueblo); y luego, qué piensan ellos, los discípulos, de Él. Según el Evangelio de Mateo, Pedro en nombre de todos le responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16).

Si uno se pregunta cómo pudieron llegar a esta conclusión, una respuesta teológica acorde con la fe y la tradición de la Iglesia, es: observando a Jesús, contemplándole sobre todo en su oración y aprendiendo a rezar con Él.

Los Evangelios recogen la oración frecuente de Jesús. Relatan además que muchas cosas importantes en su vida acaecieron en relación con su oración o mientras él estaba en oración.

Así acontece con la llamada de “los Doce”, tras toda una noche en oración (cf. Lc 6, 12-17); con la ya referida confesión de Pedro, que tuvo lugar contemplando la oración de Jesús (cf. Lc 9, 18-21); en el relato de la transfiguración de Jesús sobre el monte, que también sucedió mientras Jesús oraba (cf. Lc 9, 29); y en otros pasajes centrales de los Evangelios, como la oración de Jesús en el monte de los Olivos (cf. Lc 22, 42) o su enseñanza de la oración del Padrenuestro a sus discípulos (cf. Mt 6, 9; Lc 11, 1).

En su oración Jesús alimenta la “conciencia de su misión”. Esto puede verse sobre todo en la llamada “oración sacerdotal” de Jesús en la Última Cena (Jn cap. 17), donde al mismo tiempo abre su corazón a sus discípulos, que ya tenían una íntima experiencia de amistad con Él.

Jesús transformó la muerte en una acción de amor

2. "Jesús murió rezando. En la última cena, Él había anticipado su muerte, en cuanto se dio y compartió a sí mismo (por medio de la Eucaristía), y así transformó desde dentro la muerte en una acción del amor, en una glorificación de Dios”[3].

En la institución de la Eucaristía anticipó su entrega en la Cruz (“Esto es mi cuerpo que será entregado… Esta es mi sangre que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados”).

Los Evangelios, a la vez que dejan constancia de su muerte en la cruz (cf. Mc 15, 34; Mt 27, 46; Lc 23, 46; Jn 19, 29), recogen su oración en esos momentos, en la que se entrega a la voluntad de Dios Padre por nuestra salvación (cf. Ps 21 y 31), y juntamene representa al sufrimiento de todos los pobres y maltratados de la historia.

Participar en su oración para conocerle y comprenderle

3. Y porque la oración es el centro de la Persona de Jesús, la participación en su oración es el presupuesto para conocer y comprender a Jesús.

Para conocer algo hay que configurarse o asimilarse con lo conocido. Para conocer una persona hay que “entrar” en ella, unirse a ella, comprenderla. Para conocer algo íntimo de Dios hay que “entrar” en la oración de Jesús.

Por eso el verdadero conocimiento y la verdadera comprensión de Cristo nunca puede provenir de una pura investigación académica, pues necesita también la teología de los santos, que es teología de la experiencia (es decir, de la configuración o identificación espiritual con Cristo).

La Iglesia es el verdadero "sujeto" del conocimiento de Jesús

4. “La comunión con la oración de Jesús incluye la comunicación con todos sus hermanos (…) que Pablo denomina “cuerpo de Cristo”. Por eso, la Iglesia –el “cuerpo de Cristo”– es el verdadero “sujeto” del conocimiento de Jesús”[4]. Según la fe, Cristo está vivo y presente en la Iglesia. Y por eso es posible que la memoria de la Iglesia haga lo pasado presente. Tres consecuencias se pueden sacar de ahí:

a) Aunque Dios ciertamente es, en un sentido general (en cuanto creador), Padre de la humanidad y de cada persona, lo es en un sentido muy especial de Jesús y para la conciencia de los cristianos[5].

b) Nadie por sí solo puede llegar con seguridad a conocer a Dios: necesita de una comunidad humana[6]. Esto es experiencia de la historia de las religiones y lo confirma el cristianismo.

c) En la perspectiva de la fe cristiana se entiende que la búsqueda de Dios no tiene resultado si es solamente una iniciativa del hombre. Solo llega a su objetivo si es iniciativa de Dios[7].

Hijo de Dios, Dios y hombre verdadero

5. Los primeros concilios [siglo IV) concluyeron que “Jesús es el verdadero Hijo de Dios, que posee la misma esencia [o naturaleza] que el Padre y, por medio de la encarnación, también posee la misma esencia que nosotros. En última instancia, esta definición no es sino la interpretación de la vida y de la muerte de Jesús, que siempre estuvieron determinadas por su diálogo filial con el Padre”[8].

“Hijo de la misma esencia” que Dios Padre es la traducción de la oración de Jesús en un lenguaje filosófico y teológico y nada más. El Credo redactado después del Concilio de Constantinopla (a. 381) reafirma que Jesús no es solamente llamado Hijo de Dios, sino que lo es en realidad (de la misma naturaleza que el Padre)[9].

La obediencia amorosa a la voluntad divina

6. El Concilio de Calcedonia (a. 451) concluyó que las dos naturalezas (divina y humana) de Cristo se unen en su Persona “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”. Esto se aclaró más en el III Concilio de Constantinopla (aa. 680-681)[10]. Dos puntos pueden destacarse aquí:

a) En este último Concilio (con la participación de san Máximo el Confesor, teólogo principal en ese momento, que profundizó especialmente en la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos), se explicó que la relación entre las dos naturalezas en Cristo no debe entenderse como un paralelismo o dualismo, sino que se unen a través de la voluntad de Jesús. Su voluntad humana no es absorbida por la voluntad divina, sino que se une libremente, con una obediencia amorosa, a la voluntad divina[11].

b) Una consecuencia insospechada respecto a la importancia de nuestra oración y su significado: la oración cristiana resulta como un “laboratorio de la libertad”, que le lleva al cristiano hacia la divinización, el ser y hacerse como Dios, no “contra Dios” (cf. Gn 3,5), sino según Dios, es decir según el plan salvador revelado en Cristo[12]. “Aquí y solo aquí acontece la profunda transformación del hombre que nosotros necesitamos para que el mundo sea mejor”[13].

Los métodos exegéticos científicos

7. Respecto a los métodos científicos más recientes para la comprensión de la Sagrada Escritura y de la tradición (como el método histórico-crítico, el análisis de los géneros literarios, etc.), “su valor depende del contexto hermenéutico (filosófico) en el que son empleados[14].

No existe el puro método histórico, sino que este vive en un contexto histórico más o menos consciente. Por ejemplo, cuando el punto de partida es una filosofía que niega la fe, entonces los métodos históricos solo pueden ofrecer lo que tienen de presupuesto: una separación entre el personaje histórico (interpretado bajo una clave terrena: maestro, rabino, revolucionario, etc,) y el Jesús del que trata la fe.

En cambio, cuando el punto de partida es la perspectiva de la fe, esta tiene una doble capacidad: 1) conserva el testimonio de las fuentes con una visión de unidad; 2) es capaz de trascender las diferencias de culturas, tiempos y pueblos, respetando lo verdadero que les es propio y purificando lo que no es auténtico.

Todo ello pone de relieve la belleza y la necesidad de la tarea del teólogo, siempre que esta se enraíce en la oración.

En síntesis: el autor propone que se llega a “comprender a Cristo” (conocer quién es verdaderamente Cristo, según el testimonio de la fe cristiana) en la oración cristiana. Esta implica contemplar la oración de Cristo, y entrar en ella dentro del cuerpo vivo de la Iglesia. Solo así llegamos a participar de la libertad de Cristo y nos capacitamos para mejorar el mundo con la luz y la eficacia de la vida divina.

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[1] Cf. J. Ratzinger, “Puntos de referencia cristológicos”, recogido en Miremos al traspasado, Santa Fe-Argentina 2007, original alemán de 1984, pp. 11-57.
[2] p. 14.
[3] p. 24.
[4] p. 31.
[5] Esto se ve cuando enseña del Padrenuestro: “Nadie, excepto Él [Jesús] mismo, puede decir ‘mi Padre’. Todos los demás tienen el derecho de llamar Padre a Dios solo en la comunidad de ese nosotros que Jesús inauguró, pues todos son creados por Dios y creados el uno para el otro” (p. 31).
[6] “Ningún espíritu tiene la agudeza suficiente para imaginar con plena seguridad quién es Dios, para saber si nos escucha o cuál es la forma adecuada de tratar con Él” (p. 32). Para buscar y alcanzar a Dios, el hombre necesita de los demás y, aun así –como lo muestra la historia de las religiones–, esto se realiza con muchas dificultades y contradicciones.
[7] Esto lo mostró Jesús en el modo en que vivió y actuó: “Jesús entró en un sujeto de tradición ya existente, en el pueblo de Israel, por medio de su anuncio y de toda su Persona, y en él hizo posible la convivencia, el ser-con los demás, por medio de su propio y más íntimo acto de ser: su diálogo con el Padre” (p. 35). Por eso “el ser con Jesús y el conocimiento que ahí surge de Él presuponen la comunión en y con el sujeto de la tradición viva a la que todo ello está ligado: la comunión en y con la Iglesia. El mensaje de Jesús no hubiera podido vivir y transmitir vida de otro modo que en esa comunión” (Ibid.).
[8] p. 38.
[9] El Concilio de Nicea (a. 325 declaró que Jesús es verdaderamente Hijo de Dios (y no, como decía Arrio, un hombre bueno que podía en cierto sentido ser considerado como Dios, aunque de segunda clase). El primer Concilio de Constantinopla (a. 381) aclaró que Jesús además es verdadero hombre (y no, como decía Apolinar, un Dios revestido con una forma aparente de hombre, pero sin alma humana) y que el Espíritu Santo también es Dios (contra Macedonio que lo negaba). En el siglo siguiente, el Concilio de Éfeso (a. 431) definió que Jesús es una Persona (y no dos personas separadas, como decía Nestorio), y por eso la Virgen María puede ser llamada “Madre de Dios” y no solo “Madre de Cristo”. Poco después, Eutiques y los monofisitas (mono-fisis=una naturaleza), confundiendo la persona con la naturaleza, defendieron que en Cristo no hay más que una naturaleza, la divina, que de alguna manera absorbe a la humana. Posteriormente son importantes el Concilio de Calcedonia (a. 451) y el 3º de Constantinopla (aa. 680-681).
[10] Este Concilio III de Constantinopla (aa. 680-681) se enfrentó con el monotelismo (mono-telos=una voluntad), doctrina continuadora del monofisismo, y que defendía que en Cristo había solo una voluntad, quedando la voluntad humana absorbida por la divina.
[11] En palabras de Ratzinger, “ambas [voluntades] se fusionan en el espacio personal, en el espacio de la libertad, de modo que ambas devienen una voluntad, no naturalmente, sino personalmente” (p. 47; Mc 14, 36: “pero no sea lo que yo quiero, sino lo que Tú quieras”; cf. Jn 6, 38), expresando así la relación especial de amor de Jesús con su Padre.
[12] Aquí podemos ver que se cumple con creces lo que anunciaba a su manera el mito de Prometeo: todo hombre desea ser Dios, pero esto no puede lograrse sin más por las obras de los hombres, por muy heroicas que sean.
[13] “Puntos de referencia cristológicos”, pp. 50 s.
[14] p. 51.

 

 

 

El instante eterno

Ángel Cabrero Ugarte

Yasuhiro Ozu

photo_camera Yasuhiro Ozu

Los artistas, algunos artistas, buscan el silencio. A veces se confunden porque solo buscan quietud, y al poco rato están prendados de la luz, la luz sola, la claridad estática, sin relieve y sin movimiento. Y resulta que Ozu, director de cine japonés, quiere mostrarnos la eternidad del segundo, pretende inmortalizar el silencio de un momento de quietud, como si no quisiera que pasara el tiempo.

“Silencios elocuentes” es un libro antiguo, del siglo pasado -1999- y reeditado en este siglo, que nos habla de ese afán de transcendencia. “A Ozu sólo le interesa la eternidad del instante. Todo su esfuerzo se concentra en apresar el instante, fijándolo en imágenes en las que se perciba el fluir del tiempo. Para captar esa realidad tan vulnerable se necesitan herramientas de precisión. Y ello requiere poner en pie una técnica que esté libre de toda veleidad personal” (p. 34).

Cuando pasan los años, el tiempo se nos hace corto, nos da un poco de vértigo el suceder alocado de acontecimientos irrelevantes, que quisiéramos detener. Queremos que se pare el tiempo, pero no tenemos tiempo para pararlo. Queremos la eternidad donde todo es tiempo, y no nos damos cuenta de que lo que viene, detrás de ese tiempo que se precipita, es la eternidad.

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“Un trabajo basado en la omisión, en la renuncia, guiado sin vacilaciones por el principio de economía espiritual, según la cual hay que estar siempre dispuesto a desprenderse de todo lo que no resista la prueba de la necesidad. Sólo así es posible aspirar a la epifanía de lo trascendente” (p. 22). Queremos la eternidad del hoy, sin darnos cuenta de que eso es ilógico, porque ahora nos toca hacer, merecer, evolucionar.

“Hay un rasgo común en la obra de estos cinco maestros. Su rechazo del arte entendido como una histérica agresión a los sentidos que promueve la pseudo-cultura mediática y su afirmación del arte como contemplación, como introspección destinada a desvelar el misterio del mundo” (p. 5). Una contemplación de la belleza, que tanto atrae y nos llena, y una contemplación del Amor. Contemplar la belleza es buscar la emoción en mi interior, me centro en mí. Contemplar el Amor es encontrar el gozo en quien amo, es salir de mi. Dios no necesita de mí, pero yo solo me detengo en un trocito de eternidad cuando le amo a Él. Y esta es la auténtica contemplación.

El tiempo pasa volando y nos asusta. Es una contradicción absurda. Queremos ser, queremos la quietud, esa paz que solo da el Amor definitivo, y sin embargo parece que tuviéramos miedo a ese paso que supone encaramarse en la dicha que es estar con Él.

Cuanta prisa tiene el mundo para lo accidental y lo efímero, y que miedo a pararse en la contemplación de lo definitivo.

 

Felicidad

niña

A ver: Que alce la mano quien quiera ser feliz... ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!... Y ¡yo también! Responden todos los niños de un aula a su profesora. Muy bien pero, dime Juanito: ¿En qué consiste para ti la felicidad?

Y aquí desapareció la unanimidad. La felicidad es una de esas palabras comodines que "lo mismo sirve para un roto que para un descosido". Niños y mayores sabemos o intuimos lo que es ser feliz, aunque las palabras sean incapaces de expresarlo con precisión. En estos casos es preferible poner ejemplos, y que cada uno elija lo que mejor le parezca. A continuación exponemos algunos:

Un ciego que recobra la vista es una persona feliz. Lo mismo le sucede a las que se les calma un dolor de cualquier clase o recuperan los movimientos de un miembro. Tener buena salud es condición básica para ser feliz. Es lo que podríamos llamar la felicidad del animal sano, el primer escalón para ser feliz.

La envidia, pesar del bien ajeno, es una máquina creadora de amarguras, de infelicidades. Pedro tiene un amigo con un coche mucho mejor que el suyo, ese amigo dispone de un hermoso chalet con piscina, tiene una mujer preciosa, gana más que él y trabaja menos,...Si además la mujer le echa en cara esas diferencias, su infelicidad puede llegar a límites insospechados. Si a Pedro le tocase la lotería cambiaría de motivos para ser un desgraciado, pero la envidia está dentro de cada uno, es eterna y ya encontraría otras causas para ser infeliz.

En la tele es típica la respuesta de la madre famosa que aparece abrazada a su bebé tras el parto. "Es lo mejor que me ha pasado en esta vida". "No hay felicidad comparable" Desde luego pocas cosas se pueden comparar a dar vida. Con los años esta felicidad queda ensombrecida por muchas preocupaciones y limitada por la muerte.

También es feliz quien acaba de volver a la vida sano y salvo tras un accidente de avión, coche, naufragio, incendio,...Ha vuelto a nacer, se dice. Festejará este segundo nacimiento, pero pronto volverán las dificultades de cada día .

¿Qué decir del estudiante que aprueba brillantemente sus exámenes, saca las oposiciones a la primera y ve resuelta su vida laboral y económica? Se encuentra orgulloso y feliz igual que les sucede a sus padres. Por supuesto algunos de sus amigos les felicitará calurosamente, pero... poniendo cara de conejo.

Conocemos de sobra el amor de los padres por sus hijos, dispuestos a dar sus vidas por las de ellos, así como el milagro del amor entre marido y mujer o entre novio y novia. A nivel humano da lugar a una felicidad de las más nobles, cuando cada persona siempre piensa "en el bien de la otra".

Posiblemente sea el amor, en cualquiera de sus facetas, la causa más noble de sentirse feliz. El sentimiento que embarga a la persona que acaba de salvar a un náufrago, el que acaba de conseguir un puesto de trabajo para un amigo sin dinero y con familia, el que presta ayuda desinteresada a personas desconocidas ante una tragedia, el que arriesga su vida en un incendio,...Podemos asegurar que es un tipo de felicidad de más nobles quilates que los anteriores. Nadie puede ser feliz en este mundo si no ama y es amado. Solo que el amor de este mundo tiene fecha de caducidad, terminando con la vida.

A veces hemos contemplado en la televisión reportajes sobre los monjes cartujos, sobre las monjas encerradas o sobre la dureza de la vida de los misioneros y sacerdotes. No podemos entender que una vida tan sacrificada engendre una sonrisa apenas esbozada, tan llena de seguridad, contestando con el aplomo que da el poseer la única verdad. Se transparenta en ellos una íntima felicidad y confianza que el mundo no puede dar. En ellos se da en plenitud lo que podemos llamar Caridad, o amor de Caridad.

"La Caridad no se encuentra más que en el ser humano, es la milagrosa aptitud de amar con desinterés, con un amor no impuesto por la sangre, ni por el instinto, ni por cualquier deseo de apropiación, un amor desprendido que se enriquece con todo lo que da , que no vive para sí mismo sino para el otro". Sólo comprensible bajo el supuesto de que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, único amor del que procede ese amor sin reservas ni fronteras, que no termina jamás y es eternamente renovado por la propia efusión divina. ¡Que difícil es ser feliz cuando el amor no está anclado en Cristo! Los religiosos han elegido este amor eterno, por eso puede que sean, a pesar de las apariencias, las personas más felices de este mundo.

 

 

Cero tolerancia a la pederastia

Celebrada la reunión sobre abusos en la Iglesia

+ Felipe Arizmendi Esquivel.  Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

VER

Ha concluido, en Roma, el encuentro de los obispos presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, convocados por el Papa Francisco para enfrentar con más eficacia la lucha contra el abuso de menores por parte de miembros de nuestra Iglesia. He leído con detenimiento todas las intervenciones que hubo, no sólo las del Papa, de los obispos y cardenales, sino también de las víctimas y de otras personas. Mucho me llamó la atención la claridad y profundidad, así como el respeto y la competencia, de Valentina Alasraki, periodista mexicana. Todo se puede consultar en la página del vaticano: www.vatican.va

No faltan voces que digan que todo sigue igual, que son puras palabras y promesas. Siguen desconfiando, porque muchos han sufrido en carne propia no haber sido escuchados a tiempo y sostienen que sus victimarios no han sido castigados como merecen. Es explicable su postura. De todo aprendemos, para no seguir cometiendo errores del pasado. Sin embargo, no se puede decir que todo quede en palabras. Se ha avanzado mucho, aunque todavía nos falta más para que este delito desaparezca.

Se resalta también que el fenómeno no se circunscribe a clérigos de la Iglesia, sino que es bastante generalizado, aunque son pocas las víctimas que se atreven a denunciarlo. Por ello, lo que la Iglesia está haciendo, debería estimular a otras instancias a profundizar en las raíces e implementar medidas más eficaces para su justo tratamiento.

PENSAR

El Papa Francisco, en su discurso conclusivo de este encuentro mundial, entre muchas otras cosas, dijo:

“Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades.

La primera verdad que emerge de los datos disponibles es que quien comete los abusos, o sea las violencias (físicas, sexuales o emotivas) son sobre todo los padres, los parientes, los maridos de las mujeres niñas, los entrenadores y los educadores. Además, según los datos de Unicef de 2017 referidos a 28 países del mundo, 9 de cada 10 muchachas, que han tenido relaciones sexuales forzadas, declaran haber sido víctimas de una persona conocida o cercana a la familia.

Estamos ante un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia.

La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética. El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños. Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús. Por eso ha crecido actualmente en la Iglesia la conciencia de que se debe no solo intentar limitar los gravísimos abusos con medidas disciplinares y procesos civiles y canónicos, sino también afrontar con decisión el fenómeno tanto dentro como fuera de la Iglesia. La Iglesia se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión: anunciar el Evangelio a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces.

Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad.

Hoy estamos delante de una manifestación del mal, descarada, agresiva y destructiva. Detrás y dentro de esto está el espíritu del mal que en su orgullo y en su soberbia se siente el señor del mundo y piensa que ha vencido. Detrás de esto está satanás.

El objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren. Por lo tanto, ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial” (24-II-2019).

ACTUAR

Condenemos claramente estos delitos, pero no califiquemos como pedófilos a todos los clérigos. Hay casos muy deplorables, pero la inmensa mayoría es fiel a su vocación y respeta la dignidad de los niños y de la comunidad. Si vemos algún desorden, sigamos el consejo evangélico: hablar directamente con la persona, hacerlo con testigos y, si es necesario, denunciarlo ante la comunidad y las autoridades civiles y religiosas. Y oremos al Espíritu Santo, para purificar más y más a nuestra Iglesia.

 

 

41 Pasos para dejar el vicio del juego (ludopatía).

ESCUELA PARA PADRES

Vicios que se pueden vincular con este artículo: Alcohol, drogas, vigorexia, anorexia, bulimia, cleptomanía, piromanía, ninfomanía, tricotilomanía, redes sociales, pantallas electrónicas, etc.

  1. Aceptar que los promotores de su ludopatía manipulan mental y físicamente a los jugadores, hasta que los dominan.
  2. Aceptar que uno sólo, no puede hacer todo, para dejar la ludopatía y que hay muchas personas que pueden ayudarle.
  3. Admitir que hasta ahora no ha podido, no ha querido o no sabido dejar la ludopatía.
  4. Asumir muy seriamente que los ludópatas, voluntariamente pasan a ser miembros de una minoría socialmente marginada, manipulada, abusada, presionada, estigmatizada, discriminada, hostigada y estresada.
  5. Buscar actividades de distracción de la ludopatía, que puedan ayudar a dedicar el tiempo al deporte, al estudio, a la familia, a la salud, a la religión, al voluntariado y a la convivencia social.
  6. Buscar una solución que contrarreste los impulsos compulsivos, que le hagan olvidar la necesidad de dejar cada uno de los avances que haya hecho, para salirse de la ludopatía.
  7. Cancelar todas las páginas de Internet donde solía jugar.
  8. Compartir a los familiares y amigos, con valentía y sin miedo ni vergüenza, que tiene el vicio de la ludopatía y que está llevando un programa de desintoxicación de ese vicio, pidiéndoles que le acompañen en el esfuerzo que realiza.
  9. Desconfiar de su débil autocontrol y de su fuerza de voluntad ante ese vicio, pues este siempre gana.
  10. En ningún momento confundir el deseo de ganar en el juego, con la realidad de que al final, siempre se pierde.
  11. Escribir bien claro en un papel que tiene el vicio de la ludopatía, y ponerlo en el espejo del baño, para verlo todas las mañanas.
  12. Estar alerta para que el vicio de la ludopatía no le arrastre a otras adicciones.
  13. Estar seguro que si da el primer paso de volver a entrar en un casino, es como retornar a la casilla de salida de todo el proceso recorrido o por recorrer, para la recuperación.
  14. Evitar la presencia o comunicación con los amigos tóxicos, que estén enganchados en ese vicio y que antes iba con ellos a los casinos u otros lugares donde se jugaba.
  15. Evitar pensar que el juego le sirve para evadirse de los problemas personales, familiares o sociales.
  16. Hacer un examen de conciencia cada 10 días, para revisar si se han cumplido todas las actividades proyectadas, analizando los avances, calidad, caídas, retrocesos y levantadas realizadas.
  17. Hacer un Plan de Vida Integral, donde se introduzcan y controlen las actividades que ayuden a dejar la ludopatía, en función de los consejos recibidos y las propias intenciones.
  18. Hacer un profundo examen de sí mismo, de sus circunstancias, sus miedos, sus debilidades y sus fortalezas.
  19. Hacer una lista de todos, a los que ha podido ofender con la ludopatía, para pedirles perdón y en lo posible, resarcirles del daño producido.
  20. Hacer una relación de los acreedores con sus nombres, teléfonos, domicilio, importe adeudado, fecha de la deuda, condiciones, vencimientos, y poner a una persona de su confianza para que negocie una quita y espera o que se declarará en bancarrota y no cobrarán nada.
  21. Intentar buscar una persona, que le ayude a salir de la situación. Puede ser un familiar, amigo íntimo, profesional de la salud, médico o psicólogo, o un sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que se practique.
  22. Intentar no meterse en posibles problemas con la policía, los acreedores, el trabajo o los estudios.
  23. No creerse ser más listo e inteligente que los otros jugadores, que los dueños de los casinos, los creadores de las máquinas o los promotores de las loterías.
  24. No dejarse convencer por los amigos, cuando le insistan para que les acompañe al casino, aunque Vd. no tenga intenciones de jugar.
  25. No exponerse a jugar basándose en: Puedo permitirme el lujo de jugar continuamente y dejarlo cuando quiera. Sólo es por esta vez. Es poco dinero cada juego. Me han dicho como ganar. Etc.
  26. No intentar pagar las deudas del juego, jugando más.
  27. No tratar de arrastrar a otros a jugar, para así sentirse entendido, acompañado y justificado.
  28. Pedir a la familia y amigos, que no le permitan salir a la calle con dinero, y que le controlen las cuentas de sus ingresos y gastos, por si quiere hacerse trampas económicas, sacando dinero a escondidas para el juego.
  29. Pedir humildemente a Dios, que les ayude a llevar adelante los pasos necesarios para salir del vicio de la ludopatía.
  30. Pensar que solamente con buena voluntad y desde la Fe, pude quitarse el vicio de la ludopatía.
  31. Poner en práctica un proyecto de curación de la adicción, haciendo un balance de las caídas y levantadas y fijándose en las situaciones, causas y orígenes que las motivaron.
  32. Poner por delante del vicio de la ludopatía todas las responsabilidades familiares, profesionales y sociales.
  33. Poner todos los medios posibles, para no reincidir en la práctica de la ludopatía.
  34. Poner unas metas razonables, dentro de un programa de salud mental y fortaleza espiritual, para poder realizar los objetivos propuestos.
  35. Reconocer los errores cometidos y tratar de corregirlos, inmediatamente.
  36. Reconocer que el final de los ludópatas, que no tienen la fuerza de voluntad de ponerse en manos profesionales para salir de la adicción, puede ser la cárcel, el hospital o el cementerio.
  37. Reconocer que su vida no la ha podido gobernar, y que se la ha gobernado la ludopatía.
  38. Tener el coraje de acudir a todos los casinos o centros de juego, para pedir que le impidan la entrada, pues la ley permite solicitarlo y tiene el derecho, a que no le dejen entrar.
  39. Tener un profundo arrepentimiento y propósito de la enmienda, de todo lo que ha hecho mal a propios y extraños, por su vicio de la ludopatía.
  40. Tratar de promover estos pasos, entre otros ludópatas y seguidores de otros vicios.
  41. Visitar alguna asociación, dedicada a luchar con el vicio de la ludopatía y de ayuda a los familiares de los ludópatas. Si puede visite esas organizaciones con sus familiares o amigos, para que le sirvan de apoyo. ASOCIACIÓN DE JUGADORES ANÓNIMOS DE ESPAÑA – JA o LUDOPATIA.ORG o LUDOPATIA.CAT

 

Si deja de dar alguno de los 41 pasos, es muy posible que por ese paso no dado, le vuelva a entra el vicio de la ludopatía. Será como si en un barco tiene todo lo de debajo de la línea de flotación bien impermeabilizado, menos una pequeña parte. Por allí es por donde le entrará el agua y el barco se hundirá.

francisco@micumbre.com

 

Real Oratorio Caballero de Gracia

 

 

Titulo.

 

Queridos amigos, aquí podéis ver el boletín de actividades de marzo. Destacamos el ciclo  de charlas coloquio sobre "La misión del cristiano en el mundo" para profesionales jóvenes: el viernes 8, a las 19,30 tendremos la siguiente charla sobre "El amor a la verdad". Y el III Encuentro para Matrimonios el viernes 15, a las 19,30, en el que hablaremos de "La vocación matrimonial".
Informo también del reportaje que veremos el viernes 1.III a las 18,45 h sobre Guadalupe, en el Aula de actividades. 
Un cordial saludo,

Juan M.

 

 

 

Satanás, Pecado. Castidad

Ernesto Juliá Díaz

Papa Francisco rezando el rosario

photo_camera Papa Francisco rezando el rosario

Comprendo que el título de estas líneas puede llamar la atención a más de un lector. ¿Simple querer llamar la atención? Algo de eso hay, soy sincero; y a la vez he de añadir que tengo razones serias para titular así.

Al terminar la concelebración eucarística que cerraba el encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, Francisco leyó un discurso con una serie de análisis estadísticos sobre ese hecho en todo el mundo, y otra serie de medidas que la Iglesia irá tomando para afrontar el problema, también en el ámbito general de la sociedad. Recemos para que todo vaya adelante para el bien de las almas y gloria de Dios.

En medio del discurso el papa pronunció esas tres palabras del título, una sola vez, en ese orden, y siempre en minúscula. Primero satanás: “Detrás de todo esto (lo abusos) está satanás”. Después pecado. “tiene la convicción (el papa) de que los “pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza, y deforman el rostro de la Iglesia”. La tercera, castidad: hablando de la formación de los candidatos al sacerdocio señala la necesidad de “ofrecer un camino de formación a los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad”.

En mi opinión, en estas tres palabras –aunque pueden pasar casi inadvertidas al leer el discurso- está el núcleo de donde puede salir la purificación de los eclesiásticos: la Iglesia como tal no necesita ninguna purificación porque es una, santa, católica y apostólica.

Satanás. El diablo solo nada puede. Provocará todo tipo de tentaciones, pero necesita el asentimiento de la voluntad de un hombre, de una mujer, para que el pecado eche raíces en el corazón y en la inteligencia de una persona.

Descargar toda la culpa del mal, de los abusos, sobre satanás es muy engañoso. Es el camino del hombre que quiere quitarse toda responsabilidad por sus acciones, y acaba echando la culpa sobre Dios, que “le ha permitido” caer en semejante aberración. 

El hombre no está “condenado”, ni “predispuesto” a pecar, así porque sí. Y a la vez necesita que se le hable con toda claridad sobre el pecado, si de verdad se desea que viva la misericordia de Dios pidiéndole perdón por sus pecados.

¿Abusos? ¿Por qué no se les llama claramente pecados, y pecados mortales que alejan el alma de Dios?

Si no se llama Pecado a un hecho semejante, el horizonte del mensaje de Cristo se desvanece, y la perspectiva de las relaciones del hombre con Dios se banalizan sobremanera. Todo abuso sexual a un niño o a un adolescente es sodomía, homosexualidad practicada.

Que se quiera explicar como fruto del “poder” o/y del “clericalismo” no puede ser obstáculo para afirmar claramente que la acción pecaminosa es una práctica homosexual; y ya San Pablo no ahorra palabras para condenar esas prácticas: “No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúltero, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los ebrios, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el reino de Dios” (1 Cor 6, 9-10). Palabras que hace más explícitas en su carta a los Romanos 1, 26-27.

Los abusos, esos pecados, desaparecerán por un camino muy normal y sencillo: viviendo la castidad como el Señor quiere que la vivamos –y nos da la Gracia para vivirla-, y formando a todos los candidatos al sacerdocio en esa maravillosa virtud que nos invita a poner todas nuestras potencias, cualidades, instintos, al servicio del amor a Cristo y del servicio a los demás, “por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender, que entienda” (cfr. Mt 19, 12).

La castidad sacerdotal no es carga, ni renuncia; es “afirmación gozosa”, que abre nuestro corazón y nuestra mente para pensar en los demás, para preocuparnos de las necesidades de los demás, para servir sin límites el amor de Dios en todos nuestros hermanos, hombres y mujeres, pobres y ricos, jóvenes, adultos, ancianos, sanos y enfermos,…

ernesto. julia@gmail.com

  

YO NO SOY MACHUCHÓN, ¡POR TI SERÉ!

Por René Mondragón

HABÍA UNA VEZ…

Bernardo Graue Toussaint (graue.cap@gmail.com) en su entrega “Goteo, ranas y AMLO”, formula un par de situaciones que los gentiles lectores de este escribano pusieron sobre nuestra mesa de trabajo, planteando una analogía que es valioso compartir.

Lo que Graue denomina como “el síndrome de la rana hervida”, se sintetiza en lo que los mexicanos vemos y sentimos después de cada homilía mañanera pontifical: “No pasa nada, no pasa nada…hasta que pasa”.

Un montón de gente lo dice y se arrepiente de su voto, pero más del 70 por ciento de los encuestados aprueba la gestión del señor de Macuspana. Así será hasta que pase algo sentido, en carne propia.

La máxima norbertobobbiano-platónica del “Me canso ganso”, puede traducirse como “Se hará mi voluntad” Esto, en opinión del analista, significa “Acostumbrar por goteo a las masas a creer que él puede darlo todo o quitarlo todo” O sea, clientelismo al más puro estilo Maduresco.

Muchos otros actores y protagonistas, continúan en su zona de confort, hasta que “algo” pase.

EL GOTEO SOBRE LAS MASAS

Se ha vuelto un sistema de comunicación social. Es el caso de Martí Batres, legislador por MORENA, que acusó –sin pruebas- a Felipe Calderón como “experto en fraudes electorales y baños de sangre” Y aquí es donde aparece la primera apreciación machuchona: Calderón gobernó del 2006 al 2012, lo que significa que el joven Batres se ha tardado –tantito- en ir a denunciar al expresidente por todo eso que dice. La pregunta: ¿Por qué hasta ahora la denuncia “contra el expertos en fraude y sangre, mi estimado Seneitor?

EL OTRO GOTEO MACHUCHÓN

También dirigido a las masas, lo propició Don Richard Monreal, cuando se fue a la yugular de las agencias calificadoras –seguramente el jefe Monreal tiene otros números- cuando aseguró que es “decepcionante el juicio de las calificadoras por el plan de fortalecer a PEMEX. Pero, también preguntó: “¿por qué no se decepcionaron cuando ocurría el saqueo, la corrupción y la destrucción de la empresa”

Y el amanuense hace suya la expresión de los analistas financieros de mi adorada Mari Carmen Cortés: Porque las calificadoras solo ponen atención a los números, no a las obras de tipo social, a la clausura de guarderías o la dotación de recursos para “Ninis”. Solo desempeño financiero.

MACHUCHONADA INTERNACIONAL

El “Efecto Machuchón” no se limita a nuestras fronteras, dicen varias de nuestras bellísmas lectoras. CNN (https://cnnespanol.cnn.com/2019/02/13) reprodujo la machuchonada de Delcy Rodríguez, la inquilina de segunda de El Palacio de Miraflores en Venezuela, cuando aseguró –que extraño, otra vez, sin pruebas- que la ayuda humanitaria estadounidense que espera ser ingresada a su país, “viene contaminada y envenenada, es cancerígena”

No obstante, la vice-tirana lanzó una machuchonada espectacular: La tal ayuda humanitaria de los Estados Unidos,”…puede considerase como armas biológicas” que contiene productos químicos para envenenar a la población de Venezuela.

FRENTE A ESTO

Al escribano le queda una última opción. Asegurar ante el respetable: Yo no soy machuchón….pero si lo dice el mandatario, “por ti seré”

 

LOS RUEGOS DE LOS NIÑOS

 

"Las casas no deberían arder.
Ni deberían conocer los bombarderos.
La noche debería ser para dormir.
La vida no debería ser un castigo.
Las madres no deberían llorar.
Nadie debería matar a otro.
Todos deberían construir algo.
Ahí se puede confiar en todos.
Los jóvenes tendrían que lograrlo.
Los ancianos igualmente”

 

BERTOLT BRECHT

 

 

CORRUPCIÓN: PEOR PUESTO DEL PERÚ DESDE 2012

Escribe: Alfredo Palacios Dongo

El pasado día 29 de enero la organización Transparencia Internacional presentó su Índice Anual de Percepción de la Corrupción 2018 en el cual nuestro país ocupa el puesto 105° entre 180 países, el peor puesto desde el año 2012 en que nos ubicamos en el puesto 83°, como este índice permite desde dicho año la comparación anual de puntajes, hemos empeorado 22 puestos en el nivel de corrupción de este Índice que analiza fundamentalmente en los países los casos de corrupción de funcionarios públicos y políticos, abuso del servicio público en beneficio personal, sobornos, pagos irregulares en contrataciones públicas y malversación de fondos, así como la efectividad de iniciativas anticorrupción promovidas por los gobiernos.

No nos sorprende este puesto obtenido en el Índice por todos los escándalos de corrupción política y empresarial sucedidos en nuestro país en los últimos años y que actualmente, por el acuerdo de colaboración eficaz con Odebrecht estamos corroborando las enormes coimas de millones de dólares entregados a ex presidentes, ministros, funcionarios, gobernadores regionales y alcaldes, además de la corrupción de la organización criminal “Los Cuellos Blancos del Puerto” que tiene 100 denuncias y una veintena de jueces involucrados, y hasta del “Club de la Construcción” con más de 10 empresas que habrían repartido sobornos a funcionarios públicos.

Durante los últimos años ha proliferado en nuestro país el nombramiento de comisiones de alto nivel, consejos, oficinas nacionales y pactos anticorrupción, además contamos con un Plan Nacional Anticorrupción y un Código Procesal Penal, sin embargo, continúan las denuncias y la espiral de corrupción avanza sin freno motivo por el cual la Procuraduría Anticorrupción tiene una carga procesal penal a nivel nacional de más de 40,000 procesos de corrupción en trámite.

Bajo este panorama la razón principal del incremento de la corrupción en nuestro país se debe principalmente a que el ámbito político es atraído por la ambición al dinero y la utilización del poder que generan casos de tráfico de influencias, sobornos y coimas, y porque la lucha contra este flagelo no está funcionando debido a la falta de institucionalidad política y judicial, fragilidad en los sistemas de prevención y control y falta de compromiso ético y transparente con el país de los poderes del Estado y de políticos y personajes públicos para que se distingan por su austeridad y honradez, todo lo cual imposibilita la eliminación de los incentivos e impunidad que genera la corrupción.

Ver mi Blog:  http://www.planteamientosperu.com

 

 Un esperanzador encuentro

Una profunda reflexión y luz y claridad es lo que la Iglesia Universal espera y desea de este encuentro

A lo largo de cuatro días, del 21 al 24 de febrero, el Papa Francisco preside un relevante encuentro de los presidentes de todas las conferencias episcopales que junto a los representantes de las Iglesias orientales y de las órdenes religiosas debatirán y reflexionarán sobre la protección de los menores en la Iglesia católica.

En estos últimos tiempos los medios de comunicación, se vienen haciendo eco de un número importante de denuncias sobre abuso a menores, algunas de ellas de extrema gravedad por estar protagonizadas por altos dignatarios de la Iglesia, sacerdotes o religiosos y que han provocado reacciones de gran preocupación cuando no de escándalo entre la propia jerarquía y fieles de la Iglesia Católica.

Hablando de esta herida algunos dentro de la Iglesia, se alzan contra ciertos agentes de la comunicación, acusándolos de ignorar la gran mayoría de los casos de abusos, que no son cometidos por ministros de la Iglesia —las estadísticas hablan de más del 95%—, y acusándolos de querer dar de forma intencional una imagen falsa, como si este mal golpeara solo a la Iglesia Católica. En cambio, me gustaría agradecer sinceramente a los trabajadores de los medios que han sido honestos y objetivos y que han tratado de desenmascarar a estos lobos y de dar voz a las víctimas. Incluso si se tratase solo de un caso de abuso ―que ya es una monstruosidad por sí mismo― la Iglesia pide que no se guarde silencio y salga a la luz de forma objetiva, porque el mayor escándalo en esta materia es encubrir la verdad.”

Estas palabras del Papa Francisco son de sincero agradecimiento al papel que en este engorroso y desagradable asunto están desempeñando los medios que están tratando este problema de una forma “honesta y objetiva”, sin duda para diferenciarlo de aquellos en los que se advierte un especial “ensañamiento” para ahondar en lo que indudablemente es una lacerante herida abierta en todo el cuerpo eclesial, aunque no menor a las que en sus más de dos mil años de larga historia se han venido produciendo por los pecados, vicios, abusos e incluso depravaciones en las que desgraciadamente incurre el ser humano sea cual sea su condición religiosa, social o política.

 Es bastante evidente que hay determinados medios que ponen especial énfasis en centrar su atención en los abusos a menores en el ámbito de la Iglesia católica cuando lamentablemente se han producido y se producen también casos similares en otras organizaciones o instituciones civiles como han sido los casos de los cascos azules de la ONU que abusaron de niñas en la República Centroafricana en el 2016 o la de algunas ONG como Oxam que fueron “cazados” por una investigación de The Times en el 2011 o casos lacerantes también de agresiones sexuales en el ejército de los EEUU o incluso en el mundo del deporte o los más recientes de las estrellas del cine o de la televisión.

No se trata pues de un problema específico de la Iglesia aunque  la ausencia de estudios comparativos no nos permite conocer si el nivel de gravedad es inferior, igual o superior a otros ámbitos. Lo cierto y verdad es que solo la comisión de una sola de estas condenables conductas en cualquiera de los ámbitos de la Iglesia católica y más si su autor es pastor o formador de almas debe provocar de inmediato una reacción en cadena y transparente para prevenir, evitar, reprimir o condenar a quienes incurran en un delito tan dañino y escandaloso como es la pederastia o el abuso sexual a menores.

Tuvo gran eco la primera crisis que con gran ruido mediático ocurrió en el año 2002 en los Estados Unidos a raíz de una investigación del The Boston Globe. El Papa Juan PabloII llamó entonces a los cardenales estadounidenses a Roma y  consecuencia de ello fue  la renuncia del cardenal Bernard Law al gobierno de la Archidiócesis de Boston. Benedicto XVI tuvo un desafío no menor, clamoroso y muy serio ante el caso del mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, declarado culpable después de una investigación de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y que produjo todo un terremoto en la opinión pública que terminó con una revisión profunda de las constituciones de los legionarios de Cristo.

Estos casos tan mediáticos y graves fueron la punta de lanza que contribuyeron a aflorar un grave problema presente hoy en otras instituciones comunitarias y religiosas donde se entremezclan la manipulación, el abuso de poder, la violación de la libertad de conciencia o el abuso sexual. Con valentía y decisión el Papa Francisco, sensibilizado especialmente con el dolor de las víctimas, coge el testigo de sus antecesores y se involucra sin titubeos para hacer frente a este cáncer que corroe las entrañas de la propia Iglesia y de la sociedad en general convocando a una profunda reflexión de los principales responsables de la Iglesia occidental y oriental.

Los católicos de todo el mundo esperamos y deseamos que este transcendental encuentro pueda dar respuesta a los interrogantes que hoy se ciernen sobre tan grave problema y que de alguna forma abruma e inquieta a los fieles laicos que se sienten tan Iglesia como los Obispos y sus superiores. No cabe duda que las víctimas deben ser prioritarias y deben centrarse sobre ellas todas las medidas de recuperación moral, de perdón, de resarcimiento económico y de condena penal y canónica si procede de sus agresores pero también hay que profundizar en las repercusiones que todo ello tiene sobre las familias, las comunidades afectadas, las medidas de prevención, las escuelas…

La realidad es que desde 2002 ha habido un cambio sustancial en la actitud de la jerarquía de la Iglesia para reconocer públicamente los graves errores cometidos, pedir perdón a las víctimas, ser muy transparentes en la detección de los abusos sexuales cuando se produjeran y aplicarles los correctivos religiosos o penales si procedieran para hacer realidad la “tolerancia cero” ante conductas tan inmorales y  poco ejemplares para los fieles y para la sociedad en general. Una profunda reflexión y luz y claridad es lo que la Iglesia Universal espera y desea de este encuentro que el Papa Francisco ha convocado en Roma para afrontar este espinoso tema.

Jorge Hernández Mollar

 

 

Inquietudes y deseos del papa Francisco

Desde tiempo inmemorial, el obispo de Roma dedica una audiencia al comienzo de año al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede -por cierto, no deja de crecer en número-, para felicitarles y manifestar sus deseos de concordia y paz en el mundo, sin excluir las cuestiones más problemáticas, como en estos momentos la carrera de armamentos o la defensa del planeta. Su discurso suele reflejar un balance del año trascurrido y las inquietudes para el año que comienza.

El papa manifiesta su estima por el trabajo diplomático que consolida las relaciones entre los diversos países y la Santa Sede, que se refuerza con la firma o ratificación de tantos acuerdos. Recuerda de hecho diversos textos de 2018, tanto concordatarios como multilaterales. Así como sus viajes pastorales de ese período.

 Francisco reitera lógicamente la misión espiritual de la cabeza de la Iglesia, que no pretende interferir en la vida de los Estados, sino manifestar su deseo de servir a las necesidades de las personas y de las comunidades en todos los rincones del mundo, en primer lugar contribuir a la paz y la reconciliación, allí donde es particularmente necesario, como señaló Pablo VI en 1965, en el primer discurso de un papa romano ante la asamblea general de la ONU.

Jaume Catalán Díaz

 

 

 

La llamada de la tribu

La aspiración a la verdad es un antídoto frente a la obstinación que hace de cada opinión un dogma incontestable, como explicaban los profesores Robert R George y Cornel West en una importante declaración: "Quien huye de la idolatría de poner sus opiniones por encima de la verdad querrá escuchar a personas que ven las cosas de forma diferente, para entender qué consideraciones -pruebas, razones, argumentos- les han llevado a un lugar diferente de aquel en que, de momento, se encuentra".

Es esta disposición a tomarse en serio a las personas con las que discrepamos -y no la indiferencia relativista- lo que "nos vacuna contra el dogmatismo y el pensamiento de grupo, tan tóxicos ( ... ) para el funcionamiento de las democracias".

Los investigadores de More in Common señalan que a la polarización han contribuido más las dos tribus -de las siete en que dividen a la sociedad, estadounidense- cuyas visiones del mundo son más rígidas: los que llaman "progresistas activistas" y "conservadores devotos". Pero la rigidez parece alimentarse más de la identidad de grupo, la antipatía o el miedo al diferente que de las propias convicciones.

Así, "el tribalismo se refleja en la importancia que las personas atribuyen a su pertenencia a un grupo en particular, en su sentido de solidaridad con los demás miembros de la tribu, en su hostilidad hacia los miembros de un grupo rival, en su tendencia a pensar de forma parecida a los de su tribu en un amplio abanico de temas, y en las narraciones que comparten sobre los valores morales con otros miembros de su tribu".

Enric Barrull Casals

 

 

En peligro la educación

En coincidencia con el Concilio, en los Acuerdos entre España y la Santa Sede de hace 40 años, se reconocía la libertad religiosa como derecho fundamental. Un derecho que va más allá de la libertad de culto e implica, por ejemplo, la posibilidad de que los niños reciban enseñanza en la escuela conforme a las convicciones religiosas de sus padres o la asistencia espiritual a los militares y a la población reclusa o enferma en los hospitales. Son acuerdos similares a los que la Santa Sede ha suscrito con la mayoría de países democráticos, y que hacen operativo el derecho a la libertad religiosa en lo que respecta a los católicos, un derecho que por una vía u otra cualquier democracia estaría igualmente obligada a promover. De modo análogo, España ha firmado acuerdos con otras confesiones, atendiendo a las especificidades de la comunidad religiosa respectiva. Son instrumentos que se han demostrado su utilidad pese a que no falte quien, por motivos ideológicos, insista en pedir su derogación. En estos momentos está en peligro el derecho de los padres a la educación de sus hijos y la posibilidad de que los niños reciban enseñanza en la escuela conforme a las convicciones religiosas de sus padres

Pedro García

 

Ya nos robaron hasta la ilusión

                                Como en España no hay nada más que dos “principales temas de repelente política, cual es siempre, los asuntos catalanes y vascongados”; al surgir la “rebelión que ha supuesto la última votación en la región más extensa y rica de España, cual es Andalucía”; todos los medios “informativos y desinformativos”, han entrado en tromba en informarnos o desinformarnos, de qué es lo que va a pasar en Andalucía y si ello es como muchos temen, lo que va a ocurrir en todas las votaciones nacionales, en este 2019 que recién iniciado ya, preocupa a los instalados en el chollo, mucho más que otra cosa de las que aparentan presentar como, “un mal para los andaluces y por ello del resto de españoles”.

                                ¿Qué decimos los españoles que nos manifestamos con cierta libertad? Según mis particulares sondeos en mi entorno y lo que veo y leo en tantísimas ventanas como en la red de Internet se abren a todo el mundo; los españoles estamos más que hartos, hastiados de tanta “sanguijuela política, que vive y vive bien de lo que nosotros producimos y de lo que implacablemente nos obligan a pagarles mediante leyes que no podemos discutirlas aunque ellas nos empobrecieran llevan ya muchas décadas y a muchos los situaron en la cuneta de la sociedad y de la que sólo pueden salir a mendigar una comida, un lecho para dormir y un lugar donde poder ducharse”; muchos de ellos incluso ya está en la indigencia y abrigados sólo por cartones y la caridad humana o de entidades privadas que les facilitan algo de comer y algún consuelo de la forma en que se da a los ya expulsados de la vida conocida como normal.

            Por mi parte y aunque ya lo he dicho muchas veces, lo vuelvo a decir hoy y lo he publicado en una ventana liberal, de la que abajo indico su dirección y recomiendo su visita, puesto que allí y junto a muchas más cosas, encontrarán una muy buena “radiografía” de los latrocinios de quienes han mangoneado Andalucía, durante tanto tiempo como Franco gobernó España, pero no con los resultados que éste dejó a Andalucía y España, para vergüenza de tantos como lo critican y que sólo nos cuentan “lo malo” de la dictadura, para con ello tapar “sus inutilidades”.  El texto es el que sigue.

                  “Con mis ochenta años cumplidos en agosto... "ya no creo en nadie que huela a político"; así es que trabajo les doy a los nuevos "amos del cortijo andaluz", para que me hagan creer en ellos; la política aquí ha sido tan cruel QUE NOS ROBÓ HASTA LA ILUSIÓN Y ELLO LO AMPLÍO AL RESTO DE ESPAÑA: que por ser tan rica, aguanta los inmensos robos que le han hecho... "hunos y hotros"; aquí no hay otros políticos que LOS DE PANZA Y BOLSILLO; y es claro que por ello una nación que debiera estar siempre en los primeros lugares del planeta, al final siempre ha estado en manos colonizadoras y extranjeras... ¡¡PERO QUÉ SE PUEDE ESPERAR DE UNA POBLACIÓN QUE QUEMA SU PROPIA BANDERA!!... "En fin esperemos puesto que otra solución no hay". Afortunadamente el pueblo sobrevive a todos sus políticos, que han sido y siguen siendo DESPRECIABLES”. https://www.votoenblanco.com/Los-senoritos-son-expulsados-del-cortijo-andaluz_a7407.html#last_comment

                        Y ese es el sentir de muchísimos españoles y de ahí, la sorpresa de los votos a favor de VOX y de CIUDADANOS; cosa que a no dudar se ampliará en todas las votaciones que vamos a tener en este año; puesto que lo que está claro es que si no queremos lo malo de Franco y su dictadura, menos aún la nueva dictadura de partidos y que nos ha desplumado a la mayoría de quienes de verdad trabajamos y creamos riqueza, para nosotros en primer lugar, pero también para España, y que estos “sanguijuelas” la han dilapidado, malversado, trasladado al extranjero y en definitiva robado, empleando palabra entendible para el más tonto de los mortales. Y a la vista está, la situación de ruina española que en realidad es una quiebra encubierta, pero que saldrá, puesto que la deuda nacional que nos han acumulado, es insostenible.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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