Las Noticias de hoy 25 Febrero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 25 de febrero de 2019       

Indice:

ROME REPORTS

Abusos en la Iglesia: “Ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad”

El Papa expone 8 dimensiones para combatir los abusos en la Iglesia

Ángelus: “Queremos que se tomen todas las medidas posibles para que no se repitan tales crímenes”

“¿He cumplido con mi propia responsabilidad?”: Los obispos hacen examen

IMPLORAR MÁS FE: Francisco Fernandez Carbajal

“Hacer de la vida diaria un testimonio de fe”: San Josemaria

Convencer sin querer derrotar: diez claves para la comunicación de la fe: Juan Manuel Mora

¿La teología es de Dogmas, o es de Misterios?: Juan Luis Lorda

Mondadori y su conversión : Daniel Tirapu

Una silenciosa herida en la sociedad: Luis-Fernando Valdés

Los nuevos SíSí, que Sí estudian y Sí trabajan. : Francisco Gras

Aprender del error, una mirada asertiva: Mary Velázquez Dorantes

Embarazo adolescente: Lucia Legorreta

Ama a tus hijos protegiéndolos pero... ¡no te excedas!: Silvia del Valle Márquez

Sobre el Padre Nuestro. Saber rezar en plural: José Martínez Colín.

Ha desvelado la incoherencia de un Gobierno: Jesús Domingo Martínez

40 años de unos Acuerdos: Pedro García

Luces y sombras en muchos lugares: Juan García.

Pensamientos y reflexiones 210: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Abusos en la Iglesia: “Ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad”

Discurso íntegro del Papa Francisco

febrero 24, 2019 11:50Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Protección de Menores

(ZENIT – 24 febrero 2019).- El Papa Francisco ha pronunciado un discurso conclusivo al final del Encuentro sobre ‘La Protección de los Menores en la Iglesia’, celebrado en el Vaticano del 21 al 24 de febrero de 2019, presidido por él mismo y celebrado junto a 190 representantes de la Iglesia Católica:

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Los Presidentes de las Conferencias Episcopales, Superiores y Superioras Religiosos, Líderes de las Iglesias Orientales, miembros de la Curia y del Comité Organizador del Encuentro.

En su discurso, el Papa concluye que el mal de los abusos un “problema universal y transversal” que desgraciadamente “se verifica en casi todas partes”. Sin embargo, reitera que “La universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia”.

8 dimensiones

Así, el Pontífice ha propuesto 8 espacios de trabajo para combatir los abusos en la Iglesia, en su itinerario legislativo, y gracias al trabajo de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores y a la aportación de este encuentro. El Santo Padre se ha servido de la siete estrategias para erradicar la violencia contra los menores, las Best Practices formuladas, bajo la dirección de la Organización Mundial de la Salud, por un grupo de 10 agencias internacionales, llamadas INSPIRE. 

  1. La protección de los menores: el objetivo principal de cualquier medida es el de proteger alos menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico. Por lo tanto, es necesario cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la Institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos.
  2. Seriedad impecable: deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso».
  3. Una verdadera purificación: a pesar de las medidas adoptadas y los progresos realizados en materia de prevención de los abusos, se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad en los pastores, cuya configuración con Cristo Buen Pastor es un derecho del pueblo de Dios.
  4. La formación: es decir, la exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no solo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado a los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad.
  5. Reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales: es decir, reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación.
  6. Acompañar a las personas abusadas: El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano.
  7. El mundo digital: la protección de los menores debe tener en cuenta las nuevas formas de abuso sexual y de abusos de todo tipo que los amenazan en los ambientes en donde viven y a través de los nuevos instrumentos que usan. (…) Los seminaristas, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales; todos deben tomar conciencia de que el mundo digital y el uso de sus instrumentos incide a menudo más profundamente de lo que se piensa.
  8. El turismo sexual: la conducta, la mirada, la actitud de los discípulos y de los servidores deJesús han de saber reconocer la imagen de Dios en cada criatura humana, comenzando por los más inocentes.

Sigue el discurso íntegro del Papa Francisco, pronunciado al final de la Misa, celebrada esta mañana, domingo 24 de febrero de 2019:

***

Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

En la acción de gracias al Señor, que nos ha acompañado en estos días, quisiera agradeceros también a vosotros por el espíritu eclesial y el compromiso concreto que habéis demostrado con tanta generosidad.

Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades. Solo de manera relativamente reciente ha sido objeto de estudios sistemáticos, gracias a un cambio de sensibilidad de la opinión pública sobre un problema que antes se consideraba un tabú, es decir, que todos sabían de su existencia, pero del que nadie hablaba. Esto también me trae a la mente la cruel práctica religiosa, difundida en el pasado en algunas culturas, de ofrecer seres humanos —frecuentemente niños— como sacrificio en los ritos paganos. Sin embargo, todavía en la actualidad las

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estadísticas disponibles sobre los abusos sexuales a menores, publicadas por varias organizaciones y organismos nacionales e internacionales (Oms, Unicef, Interpol, Europol y otros), no muestran la verdadera entidad del fenómeno, con frecuencia subestimado, principalmente porque muchos casos de abusos sexuales a menores no son denunciados,[1] en particular aquellos numerosísimos que se cometen en el ámbito familiar.

De hecho, muy raramente las víctimas confían y buscan ayuda.[2]Detrás de esta reticencia puede estar la vergüenza, la confusión, el miedo a la venganza, los sentimientos de culpa, la desconfianza en las instituciones, los condicionamientos culturales y sociales, pero también la desinformación sobre los servicios y las estructuras que pueden ayudar. Desgraciadamente, la angustia lleva a la amargura, incluso al suicidio, o a veces a vengarse haciendo lo mismo. Lo único cierto es que millones de niños del mundo son víctimas de la explotación y de abusos sexuales.

Sería importante presentar los datos generales —en mi opinión siempre parciales— a escala mundial,[3]después europeo, asiático, americano, africano y de Oceanía, para dar un cuadro de la gravedad y de la profundidad de esta plaga en nuestras sociedades.[4]Para evitar discusiones inútiles, quisiera evidenciar antes de nada que la mención de algunos países tiene el único objetivo de citar datos estadísticos aparecidos en los informes mencionados.

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La primera verdad que emerge de los datos disponibles es que quien comete los abusos, o sea las violencias (físicas, sexuales o emotivas) son sobre todo los padres, los parientes, los maridos de las mujeres niñas, los entrenadores y los educadores. Además, según los datos de UNICEF de 2017 referidos a 28 países del mundo, 9 de cada 10 muchachas, que han tenido relaciones sexuales forzadas, declaran haber sido víctimas de una persona conocida o cercana a la familia.

Según los datos oficiales del gobierno americano, en los Estados Unidos más de 700.000 niños son víctimas cada año de violencia o maltrato, según el International Center For Missing and Exploited Children (ICMEC), uno de cada diez niños sufre abusos sexuales. En Europa, 18 millonesde niños son víctimas de abusos sexuales.[5]

Si nos fijamos por ejemplo en Italia, el informe del Telefono Azzurro de 2016 evidencia que el 68,9% de los abusos sucede dentro del ámbito doméstico del menor.[6]

Teatro de la violencia no es solo el ambiente doméstico, sino también el barrio, la escuela, el deporte[7]y también, por desgracia, el eclesial.

De los estudios efectuados en los últimos años sobre el fenómeno de los abusos sexuales a menores emerge que el desarrollo de la web y de los medios de comunicación ha contribuido a un crecimiento notable de los casos de abuso y violencia perpetrados online. La difusión de la pornografía se está esparciendo rápidamente en el mundo a través de la Red. La plaga de la pornografía ha alcanzado enormes dimensiones, con efectos funestos sobre la psique y las relaciones entre el hombre y la mujer, y entre ellos y los niños. Un fenómeno en continuo crecimiento. Una parte muy importante de la producción pornográfica tiene tristemente por objeto a los menores, que así son gravemente heridos en su dignidad. Los estudios en este campo documentan que esto sucede con modalidades cada vez más horribles y violentas; se llega al extremo de que los actos de abuso son encargados y efectuados en directo a través de la Red.[8]

Recuerdo aquí el Congreso internacional celebrado en Roma sobre la dignidad del niño en la era digital; así como el primer Fórum de la Alianza interreligiosa para Comunidades más seguras sobre el mismo tema y que tuvo lugar el pasado mes de noviembre en Abu Dhabi.

Otra plaga es el turismo sexual: según los datos de 2017 de la Organización Mundial del Turismo, cada año en el mundo tres millones de personas emprenden un viaje para tener relaciones sexuales con un menor.[9]Es significativo el hecho de que los autores de tales crímenes, en la mayor parte de los casos, no reconocen que están cometiendo un delito.

Estamos, por tanto, ante un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades,[10]no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia.

La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética. El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños. Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús. Por eso ha crecido actualmente en la Iglesia la conciencia de que se debe no solo intentar limitar los gravísimos abusos con medidas disciplinares y procesos civiles y canónicos, sino también afrontar con decisión el fenómeno tanto dentro como fuera de la Iglesia. La Iglesia se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión: anunciar el Evangelio a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces.

Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad. De hecho, en la justificada rabia de la gente, la Iglesia ve el reflejo de Dios, traicionado y abofeteado por estos consagrados deshonestos. El eco de este grito silencioso de los pequeños, que en vez de encontrar en ellos paternidad y guías espirituales han encontrado a sus verdugos, hará temblar los corazones anestesiados por la hipocresía y por el poder. Nosotros tenemos el deber de escuchar atentamente este sofocado grito silencioso.

No se puede, por tanto, comprender el fenómeno de los abusos sexuales a menores sin tomar en consideración el poder, en cuanto estos abusos son siempre la consecuencia del abuso de poder, aprovechando una posición de inferioridad del indefenso abusado que permite la manipulación de su conciencia y de su fragilidad psicológica y física. El abuso de poder está presente en otras formas de abuso de las que son víctimas casi 85 millones de niños, olvidados por todos: los niños soldado, los menores prostituidos, los niños malnutridos, los niños secuestrados y frecuentemente víctimas del monstruoso comercio de órganos humanos, o también transformados en esclavos, los niños víctimas de la guerra, los niños refugiados, los niños abortados y así sucesivamente.

Ante tanta crueldad, ante todo este sacrificio idolátrico de niños al dios del poder, del dinero, del orgullo, de la soberbia, no bastan meras explicaciones empíricas; estas no son capaces de hacernos comprender la amplitud y la profundidad del drama. Una vez más, la hermenéutica positivista demuestra su proprio límite. Nos da una explicación verdadera que nos ayudará a tomar las medidas necesarias, pero no es capaz de darnos un significado. Y hoy necesitamos tanto explicaciones como significados. Las explicaciones nos ayudarán mucho en el ámbito operativo,pero nos dejan a mitad de camino.

¿Cuál es, por tanto, el “significado” existencial de este fenómeno criminal? Teniendo en cuenta su amplitud y profundidad humana, hoy no puede ser otro que la manifestación del espíritu del mal. Si no tenemos presente esta dimensión estaremos lejos de la verdad y sin verdaderas soluciones.

Hermanos y hermanas, hoy estamos delante de una manifestación del mal, descarada, agresiva y destructiva. Detrás y dentro de esto está el espíritu del mal que en su orgullo y en su soberbia se siente el señor del mundo[11]y piensa que ha vencido. Esto quisiera decíroslo con la autoridad de hermano y de padre, ciertamente pequeño, pero que es el pastor de la Iglesia que preside en la caridad: en estos casos dolorosos veo la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los pequeños. Y esto me lleva a pensar en el ejemplo de Herodes que, empujado por el miedo a perder su poder, ordenó masacrar a todos los niños de Belén.[12]

Y de la misma manera que debemos tomar todas las medidas prácticas que nos ofrece el sentido común, las ciencias y la sociedad, no debemos perder de vista esta realidad y tomar las medidas espirituales que el mismo Señor nos enseña: humillación, acto de contrición, oración, penitencia. Esta es la única manera para vencer el espíritu del mal. Así lo venció Jesús.[13].

Así pues, el objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren. La Iglesia, para lograr dicho objetivo, tiene que estar por encima de todas las polémicas ideológicas y las políticas periodísticas que a menudo instrumentalizan, por intereses varios, los mismos dramas vividos por los pequeños.

Por lo tanto, ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial. Ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia, evitando los dos extremos de un justicialismo, provocado por el sentido de culpa por los errores pasados y de la presión del mundo mediático, y de una autodefensa que no afronta las causas y las consecuencias de estos graves delitos.

En este contexto, deseo mencionar las Best Practices formuladas, bajo la dirección de la Organización Mundial de la Salud,[14]por un grupo de diez agencias internacionales que ha desarrollado y aprobado un paquete de medidas llamado INSPIRE, es decir, siete estrategias para erradicar la violencia contra los menores.[15]

Sirviéndose de estas directrices, la Iglesia, en su itinerario legislativo, gracias también al trabajo desarrollado en los últimos años por la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores y a la aportación de este encuentro, se centrará en las siguientes dimensiones:

  1. La protección de los menores: el objetivo principal de cualquier medida es el de proteger alos menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico. Por lo tanto, es necesario cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la Institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos. Ante nuestros ojos siempre deben estar presentes los rostros inocentes de los pequeños, recordando las palabras del Maestro: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!» (Mt18,6-7).
  2. Seriedad impecable: deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso» (Discurso a la Curia Romana, 21 diciembre 2018). Tiene la convicción de que «los pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza, y deforman el rostro de la Iglesia socavando su credibilidad. En efecto, también la Iglesia, junto con sus hijos fieles, es víctima de estas infidelidades y de estos verdaderos y propios delitos de malversación» (ibíd.).
  3. Una verdadera purificación: a pesar de las medidas adoptadas y los progresos realizados en materia de prevención de los abusos, se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad en los pastores, cuya configuración con Cristo Buen Pastor es un derecho del pueblo de Dios. Se reitera entonces «su firme voluntad de continuar, con toda su fuerza, en el camino de la purificación. La Iglesia se cuestionará […] cómo proteger a los niños; cómo evitar tales desventuras, cómo tratar y reintegrar a las víctimas; cómo fortalecer la formación en los seminarios. Se buscará transformar los errores cometidos en oportunidades para erradicar este flagelo no solo del cuerpo de la Iglesia sino también de la sociedad» (ibíd.). El santo temor de Dios nos lleva a acusarnos a nosotros mismos —como personas y como institución— y a reparar nuestras faltas. Acusarnos a nosotros mismos: es un inicio sapiencial, unido al santo temor de Dios. Aprender a acusarse a sí mismo, como personas, como instituciones, como sociedad. En realidad, no debemos caer en la trampa de acusar a los otros, que es un paso hacia la excusa que nos separa de la realidad.
  4. La formación: es decir, la exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no solo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado a los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad. San Pablo VI escribía en la encíclica Sacerdotalis caelibatus: «Una vida tan total y delicadamente comprometida interna y externamente, como es la del sacerdocio célibe, excluye, de hecho, a los sujetos de insuficiente equilibrio psicofísico y moral, y no se debe pretender que la gracia supla en esto a la naturaleza» (n. 64).
  5. Reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales: es decir, reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación. Ningún abuso debe ser jamás encubierto ni infravalorado (como ha sido costumbre en el pasado), porque el encubrimiento de los abusos favorece que se extienda el mal y añade un nivel adicional de escándalo. De modo particular, desarrollar un nuevo y eficaz planteamiento para la prevención en todas las instituciones y ambientes de actividad eclesial.
  6. Acompañar a las personas abusadas: El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. Por lo tanto, la Iglesia tiene el deber de ofrecerles todo el apoyo necesario, valiéndose de expertos en esta materia. Escuchar, dejadme decir: “perder tiempo” en escuchar. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano.
  7. El mundo digital: la protección de los menores debe tener en cuenta las nuevas formas de abuso sexual y de abusos de todo tipo que los amenazan en los ambientes en donde viven y a través de los nuevos instrumentos que usan. Los seminaristas, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales; todos deben tomar conciencia de que el mundo digital y el uso de sus instrumentos incide a menudo más profundamente de lo que se piensa. Se necesita aquí animar a los países y a las autoridades a aplicar todas las medidas necesarias para limitar los sitios de internet que amenazan la dignidad del hombre, de la mujer y de manera particular a los menores: el delito no goza del derecho a la libertad. Es necesario oponernos absolutamente, con la mayor decisión, a estas abominaciones, vigilar y luchar para que el crecimiento de los pequeños no se turbe o se altere por su acceso incontrolado a la pornografía, que dejará profundos signos negativos en su mente y en su alma. Es necesario comprometernos para que los chicos y las chicas, de modo particular los seminaristas y el clero, no sean esclavos de dependencias basadas en la explotación y el abuso criminal de los inocentes y de sus imágenes, y en el desprecio de la dignidad de la mujer y de la persona humana. Se evidencian aquí las nuevas normas “sobre los delitos más graves” aprobadas por el papa Benedicto XVI en el año 2010, donde fueron añadidos como nuevos casos de delitos «la adquisición, la retención o divulgación» realizada por un clérigo «en cualquier forma y con cualquier tipo de medio, de imágenes pornográficas de menores». Entonces se hablaba de «menores de edad inferior a 14 años», ahora pensamos elevar este límite de edad para extender la protección de los menores e insistir en la gravedad de estos hechos.
  8. El turismo sexual: la conducta, la mirada, la actitud de los discípulos y de los servidores deJesús han de saber reconocer la imagen de Dios en cada criatura humana, comenzando por los más inocentes. Solo aprovechando este respeto radical por la dignidad del otro podemos defenderlo del poder dominante de la violencia, la explotación, el abuso y la corrupción, y servirlo de manera creíble en su crecimiento integral, humano y espiritual, en el encuentro con los demás y con Dios. Para combatir el turismo sexual se necesita la acción represiva judicial, pero también el apoyo y proyectos de reinserción de las víctimas de dicho fenómeno criminal. Las comunidades eclesiales están llamadas a reforzar la atención pastoral a las personas explotadas por el turismo sexual. Entre estas, las más vulnerables y necesitadas de una ayuda especial son ciertamente las mujeres, los menores y los niños; estos últimos, necesitan todavía de una protección y de una atención especial. Las autoridades gubernamentales deben dar prioridad y actuar con urgencia para combatir el tráfico y la explotación económica de los niños. Para este fin, es importante coordinar los esfuerzos en todos los niveles de la sociedad y trabajar estrechamente con las organizaciones internacionales para lograr un marco legal que proteja a los niños de la explotación sexual en el turismo y permita perseguir legalmente a los delincuentes.[16] 

Permitidme un agradecimiento de corazón a todos los sacerdotes y a los consagrados que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos. Todos —Iglesia, consagrados, Pueblo de Dios y hasta Dios mismo— sufrimos las consecuencias de su infidelidad. Agradezco, en nombre de toda la Iglesia, a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos —pero siempre demasiados— hermanos suyos. Y gracias también a los laicos que conocen bien a sus buenos pastores y siguen rezando por ellos y sosteniéndolos.

Finalmente, quisiera destacar la importancia de transformar este mal en oportunidad de purificación. Miremos a Edith Stein – santa Teresa Benedicta de la Cruz, con la certeza de que «en la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado». El santo Pueblo fiel de Dios, en su silencio cotidiano, de muchas formas y maneras continúa haciendo visible y afirmando con “obstinada” esperanza que el Señor no abandona, que sostiene la entrega constante y, en tantas situaciones, dolorosa de sus hijos. El santo y paciente Pueblo fiel de Dios, sostenido y vivificado por el Espíritu Santo, es el rostro mejor de la Iglesia profética que en su entrega cotidiana sabe poner en el centro a su Señor. Será justamente este santo Pueblo de Dios el que nos libre de la plaga del clericalismo, que es el terreno fértil para todas estas abominaciones.

El resultado mejor y la resolución más eficaz que podamos dar a las víctimas, al Pueblo de la santa Madre Iglesia y al mundo entero, es el compromiso por una conversión personal y colectiva, y la humildad de aprender, escuchar, asistir y proteger a los más vulnerables.

Hago un sentido llamamiento a la lucha contra el abuso de menores en todos los ámbitos, tanto en el ámbito sexual como en otros, por parte de todas las autoridades y de todas las personas, porque se trata de crímenes abominables que hay que extirpar de la faz de la tierra: esto lo piden las numerosas víctimas escondidas en las familias y en los diversos ámbitos de nuestra sociedad.

 

El Papa expone 8 dimensiones para combatir los abusos en la Iglesia

Puntos clave del discurso

febrero 24, 2019 23:39Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Protección de Menores

(ZENIT – 24 febrero 2019).- “Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad”, ha insistido el Papa Francisco, al término del Encuentro sobre ‘La Protección de los Menores en la Iglesia’, que ha celebrado con 190 representantes de la Iglesia de la mayoría de países del mundo.

“El objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren” ha repetido el Pontífice, este domingo, al concluir la Misa celebrada al final de la reunión contra los abusos a menores en la Iglesia, el 24 de febrero de 2019, en el Vaticano.

Francisco ha asegurado que “ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial”.

Manifestación del mal

“Lo único cierto es que millones de niños del mundo son víctimas de la explotación y de abusos sexuales”, ha comenzado así su discurso el Papa, tras unos días de reflexión que cuanto menos, han servido para “tomar conciencia” del problema real de los abusos sexuales en la Iglesia a nivel global, en todos los continentes.

“Hoy estamos delante de una manifestación del mal, descarada, agresiva y destructiva”. Como “pastor de la Iglesia que preside en la caridad”, ha advertido el Papa, “en estos casos dolorosos veo la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los pequeños”.

Problema “universal y transversal”

Estamos ante un problema “universal y transversal” que desgraciadamente “se verifica en casi todas partes”. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, “no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia”, ha comentado el Papa.

Así, ha expuestos algunos indicadores de estas desafortunadas estadísticas: “La primera verdad que emerge de los datos disponibles es que quien comete los abusos, o sea las violencias (físicas, sexuales o emotivas) son sobre todo los padres, los parientes, los maridos de las mujeres niñas, los entrenadores y los educadores”.

Otra plaga –ha enumerado Francisco– es el turismo sexual: según los datos de 2017 de la Organización Mundial del Turismo, cada año en el mundo tres millones de personas emprenden un viaje para tener relaciones sexuales con un menor.

Consecuencia del abuso de poder

La “inhumanidad del fenómeno a escala mundial” es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque “contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética”, ha recordado el Pontífice: “El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños”.

“No se puede comprender el fenómeno de los abusos sexuales a menores sin tomar en consideración el poder”, en cuanto estos abusos son siempre la “consecuencia del abuso de poder”, aprovechando una posición de inferioridad del indefenso abusado que permite la manipulación de su conciencia y de su fragilidad psicológica y física, ha observado el Sucesor de Pedro.

Humillación

La humillación, el acto de contrición, la oración, y la penitencia son importantes “medidas espirituales que el mismo Señor nos enseña”, que según el Papa “no debemos perder de vista” de la misma manera que debemos tomar todas las medidas prácticas que nos ofrece el sentido común, las ciencias y la sociedad.

Buenos pastores

“Permitidme un agradecimiento de corazón a todos los sacerdotes y a los consagrados que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos”.

“Todos —Iglesia, consagrados, Pueblo de Dios y hasta Dios mismo— sufrimos las consecuencias de su infidelidad”, ha asegurado el Papa.

“Agradezco, en nombre de toda la Iglesia, a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos —pero siempre demasiados— hermanos suyos. Y gracias también a los laicos que conocen bien a sus buenos pastores y siguen rezando por ellos y sosteniéndolos”.

8 dimensiones

En este contexto, el Papa ha mencionado las 7 estrategias para erradicar la violencia contra los menores, las Best Practices formuladas, bajo la dirección de la Organización Mundial de la Salud, por un grupo de 10 agencias internacionales nombradas INSPIRE.

En esta línea, la Iglesia, en su itinerario legislativo, gracias también al trabajo desarrollado en los últimos años por la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores y a la aportación de este encuentro, se centrará en las siguientes dimensiones, ha enumerado Francisco:

  1. La protección de los menores: el objetivo principal de cualquier medida es el de proteger alos menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico. Por lo tanto, es necesario cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la Institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos.
  2. Seriedad impecable: deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso».
  3. Una verdadera purificación: a pesar de las medidas adoptadas y los progresos realizados en materia de prevención de los abusos, se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad en los pastores, cuya configuración con Cristo Buen Pastor es un derecho del pueblo de Dios.
  4. La formación: es decir, la exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no solo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado a los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad.
  5. Reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales: es decir, reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación.
  6. Acompañar a las personas abusadas: El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano.
  7. El mundo digital: la protección de los menores debe tener en cuenta las nuevas formas de abuso sexual y de abusos de todo tipo que los amenazan en los ambientes en donde viven y a través de los nuevos instrumentos que usan. (…) Los seminaristas, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales; todos deben tomar conciencia de que el mundo digital y el uso de sus instrumentos incide a menudo más profundamente de lo que se piensa.
  8. Turismo sexual: Las comunidades eclesiales están llamadas a reforzar la atención pastoral a las personas explotadas por el turismo sexual. Entre estas, las más vulnerables y necesitadas de una ayuda especial son ciertamente las mujeres, los menores y los niños; estos últimos, necesitan todavía de una protección y de una atención especial.

 

Ángelus: “Queremos que se tomen todas las medidas posibles para que no se repitan tales crímenes”

Palabras después de la oración

febrero 24, 2019 17:56Rosa Die AlcoleaAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 24 febrero 2019).- Hoy ha concluido en el Vaticano el Encuentro sobre ‘La Protección de los Menores en la Iglesia’, convocado por el Papa, y llevado a cabo del 21 al 24 de febrero de 2019. En este marco, Francisco ha rezado la oración del Ángelus desde el balcón del Palacio Apostólico, mirando hacia la plaza de San Pedro, donde se congregaban cientos de visitantes parar orar con él, este domingo, 24 de febrero de 2019.

“Hemos escuchado las voces de las víctimas, hemos rezado y pedido perdón a Dios y a los ofendidos, hemos tomado conciencia de nuestras responsabilidades, de nuestro deber de hacer justicia en la verdad, de rechazar radicalmente de abuso de poder, de conciencia y de sexualidad”, ha compartido el Santo Padre con los fieles.

“Queremos que todas las actividades y lugares de la Iglesia sean siempre plenamente seguros para los menores” –ha reiterado–, “queremos que se tomen todas las medidas posibles para que no se repitan tales crímenes y queremos que la Iglesia sea una vez más absolutamente creíble y fiable, confiable en su misión de servicio y educación de los niños, según la enseñanza de Jesús”.

Siguen las palabras del Papa Francisco después de rezar la oración del Ángelus, este domingo, a las 12 horas.

***

Palabras del Papa después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Esta mañana ha concluido aquí en el Vaticano una reunión muy importante sobre el tema de la protección de los menores, habían sido convocados los Patriarcas, los Presidentes de todos las Conferencias Episcopales, los Jefes de las Iglesias Católicas Orientales, los representantes de los Superiores y Superioras de las Congregaciones Religiosas y varios de mis colaboradores de la Curia Romana fueron convocados.

Como saben, el problema del abuso sexual de niños por parte de miembros del clero ha sido durante mucho tiempo un grave escándalo en la Iglesia y en la opinión pública, tanto por el dramático sufrimiento de las víctimas como por la injustificable falta de atención a las mismas, y la cobertura de los autores por parte de personas en la Iglesia.

Como se trata de un problema muy extendido en todos los continentes, he querido que lo abordáramos juntos de manera corresponsable y colegiada, como pastores de las comunidades católicas en todo el mundo.

Hemos escuchado las voces de las víctimas, hemos rezado y pedido perdón a Dios y a los ofendidos, hemos tomado conciencia de nuestras responsabilidades, de nuestro deber de hacer justicia en la verdad, de rechazar radicalmente de abuso de poder, de conciencia y de sexualidad.

Queremos que todas las actividades y lugares de la Iglesia sean siempre plenamente seguros para los menores, queremos que se tomen todas las medidas posibles para que no se repitan tales crímenes y queremos que la Iglesia sea una vez más absolutamente creíble y fiable, confiable en su misión de servicio y educación de los niños, según la enseñanza de Jesús.

De esta manera, podremos colaborar con todo nuestro corazón de manera eficaz junto con todas las personas de buena voluntad y todos los componentes y fuerzas positivas de la sociedad en todos los países y a nivel internacional para que el gravísimo flagelo de la violencia contra cientos de millones de niñas y niños en todo el mundo pueda ser combatido hasta el final en todas sus formas.

Chicos y chicas, jóvenes de todo el mundo, saludo cordialmente a todos los peregrinos de Roma, de Italia y de varios países.

Saludo a los fieles de la Diócesis de Sevilla, a los de Triestre, Agrópoli y Venegono.

Saludo al grupo que vino con motivo del día de las enfermedades raras y espero que los pacientes y sus familias reciban el apoyo adecuado en su difícil recorrido, tanto a nivel médico como legislativo, a todos les deseo un feliz domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí.

¡Que tengan un buen almuerzo y hasta la próxima!

 

 

“¿He cumplido con mi propia responsabilidad?”: Los obispos hacen examen

Y confiesan sus pecados

febrero 24, 2019 02:16Ana Paula MoralesProtección de Menores

(ZENIT – 23 febrero 2019).- “¿He cumplido con mi propia responsabilidad? Este es el examen de conciencia de los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo, ante la crisis de abuso sexual cometida dentro de la Iglesia.

Al final del tercer día de la reunión internacional convocada en el Vaticano por el Papa Francisco del 21 al 24 de febrero de 2019, los participantes experimentaron una celebración penitencial en la Sala de la Regia del Palacio Apostólico.

Examen 

Después de la introducción leída por el Papa, el cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de Conferencia Espiscopal Española, enumeró en preguntas en español para un examen de conciencia, alternando con notas de órgano meditativas:

“¿Qué abusos contra los niños y los jóvenes se cometieron por parte del clero y por otros en la Iglesia de mi país? ¿Qué sé sobre las personas de mi diócesis que han sido abusadas y violadas por sacerdotes, diáconos y religiosos? ¿Cómo ha tratado la Iglesia en mi país a los que han sufrido violencia de poder, de conciencia y sexual? ¿Qué obstáculos hemos puesto en su camino? ¿Los hemos escuchado? ¿Hemos intentado ayudarlos? ¿Hemos buscado justicia para ellos? ¿He cumplido con mis responsabilidades personales?

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En la Iglesia de mi país, ¿cómo hemos tratado a obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos acusados de agresión sexual? ¿Qué hemos hecho con aquellos que han cometido crímenes sistemáticamente? ¿Qué he hecho personalmente para prevenir la injusticia y establecer la justicia? ¿En qué he faltado?”

¿Qué atención hemos dado en mi país a las personas que han visto cómo su fe se tambaleada, y a quien ha sufrido y ha sido herido indirectamente por estos sucesos horrendos? ¿Se ha ayudado a las familias y a los allegados de los afecta- dos? ¿Hemos ayudado a los eles de las parroquias donde trabajaba el acusado y los que causaron el daño? ¿He acompañado personalmente a esas personas en sus sufrimientos?

¿Qué pasos se han dado en mi país para prevenir nuevas injusticias? ¿Hemos trabajado para ser firmes en nuestras acciones? ¿Hemos sido consistentes? En mi diócesis, ¿he hecho lo posible para llevar justicia y reparación a las víctimas y a los que sufren con ellas? ¿He descuidado lo que era importante??

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Confesión de pecados 

“Confesamos que a menudo los obispos no hemos cumplido con nuestras responsabilidades. Los 190 participantes confesaron sus pecados, reconociendo que “obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos de la Iglesia han abusado de niños y jóvenes, y que hemos fallado en proteger a los más necesitados de nuestro cuidado”.

Asimismo, los obispos y cardenales confesaron sus faltas, rezando la oración Kyrie Eleison (Señor, ten piedad). Esta es la oración expresada por todos los participantes en el Encuentro:

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Kyrie, eleison

Señor Jesucristo, confesamos que somos pecadores. Kyrie, eleison.

Confesamos que obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos en la Iglesia hemos ocasionado violencia a niños y jóvenes, y que no hemos protegido a quienes más necesitaban de nuestra ayuda. Kyrie, eleison.

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Confesamos que hemos protegido a los culpables y hemos silenciado a los que han sufrido el mal. Kyrie, eleison.

Confesamos que no hemos reconocido el sufrimiento de muchas víctimas, ni hemos ofrecido ayuda cuando la necesitaban. Kyrie, eleison.

Confesamos que a menudo nosotros, obispos, no hemos cumplido nuestras responsabilidades. Kyrie, eleison.

Confesamos que hemos pecado de pensamiento, palabras y obras, en lo que hemos hecho y en lo que hemos omitido. Kyrie, eleison.

Señor Jesucristo, te pedimos misericordia para nosotrospecadores. Kyrie, eleison.

Pedimos perdón por nuestros pecados. Kyrie, eleison.

Pedimos la gracia para superar la injusticia y buscar la justicia para las personas que han sido confiadas a nuestro cuidado. Kyrie, eleison.

 

 

IMPLORAR MÁS FE

— La fe es un don de Dios.

— Necesidad de buenas disposiciones para creer.

— Fe y oración. Pedir la fe.

I. Llegó Jesús a un lugar donde le aguardaban sus discípulos. Allí se encontraban también un padre que había llevado a su hijo enfermo, un grupo de escribas y una gran muchedumbre. Al ver aparecer a Jesús se llenaron de alegría y fueron a su encuentro: todo el pueblo se quedó sorprendido, y acudían corriendo a saludarle1, como debemos acudir nosotros a la oración y al Sagrario. Todos le echaban de menos. El padre se adelanta entre la muchedumbre que rodea al Señor: Maestro -le dice-, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu inmundo (...). Pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.

Los discípulos, que ya habían realizado algunos otros milagros en nombre del Señor, intentaron curarle pero no lo lograron. Jesús les explicó luego, en casa, qué faltaba en ellos para que hubiesen podido realizar el prodigio. El padre tiene una fe deficiente; posee alguna, pues ha acudido en busca de la curación, pero no la fe plena, la confianza sin límites que Jesús pedía y pide. Y el Señor, como hace siempre, le mueve a dar un paso más. Al principio este hombre se dirige a Cristo con humildad, pero vacilante: Si algo puedes, ayúdanos, compadecido de nosotros. Y Jesús, «conociendo las perplejidades de aquella alma, le anticipa: si tú puedes creer, todo es posible para el que cree (Mc 9, 22). Todo es posible: ¡omnipotentes! Pero con fe. Aquel hombre siente que su fe vacila, teme que esa escasez de confianza impida que su hijo recobre la salud. Y llora. Que no nos dé vergüenza este llanto: es fruto del amor de Dios, de la oración contrita, de la humildad. Y el padre del muchacho, bañado en lágrimas, exclamó: ¡Oh Señor! yo creo: ayuda tú mi incredulidad (Mc 9, 23)»2, ¡Qué gran acto de fe para que nosotros lo repitamos muchas veces!: Jesús, ¡yo creo, pero imprime Tú más firmeza a mi fe! ¡Enséñame a acompañarla de obras, a llorar mis pecados, a confiar en tu poder y en tu misericordia!

La fe es un don divino; solo Dios la puede infundir más y más en el alma. Es Él quien abre el corazón del creyente para que reciba la luz sobrenatural, y por eso debemos implorarla; pero a la vez son necesarias unas disposiciones internas de humildad, de limpieza, de apertura..., de amor que se abre paso cada vez con más seguridad.

Si en alguna ocasión nuestra fe vacila ante el apostolado, las dificultades..., o se torna insegura la de nuestros amigos, hermanos, hijos..., imitemos a este buen padre. En primer lugar pide más fe, porque esta virtud es un don. Pero, a la vez crecer en ella depende de nosotros mismos. Abrir los ojos –comenta San Juan Crisóstomo– es cosa de Dios, escuchar atentamente es cosa propia; es a la vez obra divina y humana3. Debemos imitar a este hombre en su humildad: no tiene méritos propios que presentar, por eso acude a su misericordia: ayúdanos, ten compasión de nosotros. Este es el camino seguro que debe seguir toda petición: acudir a la compasión y misericordia divinas. Por nuestra parte, la humildad, la limpieza de alma y la apertura de corazón hacia la verdad nos dan la capacidad de recibir esos dones que Jesús nunca niega. Si la semilla de la gracia no prosperó se debió exclusivamente a que no encontró la tierra preparada. Señor, ¡auméntame la fe!, le pedimos en la intimidad de nuestra oración. ¡No permitas que jamás vacile mi confianza en Ti!

II. ¿Qué vieron en Jesús aquellos que con Él se cruzaron por caminos y aldeas? Vieron lo que sus disposiciones internas les permitían ver. ¡Si hubiéramos podido ver a Jesús a través de los ojos de su Madre! ¡Qué inmensidad tan grande! ¡Y qué pequeñez la de muchos fariseos, que andaban con aquellos enredos acerca de la ley...! ¡Ni siquiera en los mismos milagros supieron descubrir al Mesías!; al menos una buena parte de ellos permaneció ciega ante la Luz del mundo. Y su ciencia de las Escrituras Santas no les sirvió para percibir el cumplimiento de todo lo que se había predicho de Él. Muchos contemporáneos se negaron a creer en Jesús porque no eran de corazón bueno, porque sus obras eran torcidas, porque no amaban a Dios ni tenían una voluntad recta: Mi doctrina no es mía -dirá el Señor-, sino de Aquel que me ha enviado. Quien quisiere hacer la voluntad de Él conocerá si mi doctrina es de Dios o mía4. No tuvieron las disposiciones adecuadas, no buscaban el honor de Dios, sino el suyo propio5. Ni siquiera los milagros pueden sustituir a las necesarias disposiciones interiores. La razón honda del rechazo al Mesías tanto tiempo esperado, con tanto detalle anunciado, estriba en que no solo no poseían en su corazón a Dios como Padre, sino que tenían «al diablo por padre», porque sus obras no eran buenas, ni sus sentimientos, ni sus intenciones6.

«Dios se deja ver de quienes son capaces de verle, porque tienen abiertos los ojos de la mente. Porque todos tienen ojos, pero algunos los tienen cubiertos de tinieblas y no pueden ver la luz del sol. Y no deja de brillar la luz solar porque los ciegos no la vean, sino que se debe atribuir esta oscuridad a su falta de capacidad para ver»7. ¡Cómo habremos de cuidar la frecuente Confesión de nuestras faltas y pecados, si este sacramento nos limpia y nos dispone para ver con mayor claridad al Señor ya aquí en la tierra!

En el apostolado debemos tener en cuenta que, con frecuencia, el gran obstáculo para que muchos acepten la fe, la vocación o una vida cristiana coherente son los pecados personales no remitidos, los afectos desordenados y las faltas de correspondencia a la gracia. «El hombre, llevado de sus prejuicios, o instigado por sus pasiones y mala voluntad, no solo puede negar la evidencia, que tiene delante, de los signos externos, sino resistir y rechazar también las superiores inspiraciones que Dios infunde en su alma»8. Si falta el deseo de creer y de hacer la voluntad de Dios en todo, cueste lo que cueste, no se aceptará ni siquiera lo que es evidente. De ahí que quien vive encerrado en su egoísmo, quien no busca el bien sino la comodidad o el placer, tendrá muchas dificultades para creer o para entender un ideal noble; y, si se trata de alguien que ya ha respondido positivamente a una vocación de entrega a Dios, encontrará una resistencia creciente ante las concretas exigencias de su llamada.

La Confesión sincera y contrita, bien preparada, se presenta así como el gran medio para encontrar el camino de la fe, la claridad interior necesaria para ver lo que Dios pide. Cuando una persona purifica y limpia su corazón ha preparado el terreno para que la semilla de la fe y de la generosidad crezca en su alma y dé fruto. Hacemos un inmenso bien a las almas cuando les ayudamos para que se acerquen al sacramento del Perdón. Es de experiencia común que muchos problemas y dudas se terminan con una buena Confesión; el alma ve con mayor claridad cuanto más limpia está y cuanto mejores son las disposiciones de la voluntad.

III. Pesaba en el ánimo de los discípulos el fracaso de no haber logrado curar ellos al joven lunático, pues cuando entraron en casa, a solas, le preguntaron: ¿Por qué no hemos podido expulsarlo? Y el Señor les dio una respuesta de gran utilidad también para nosotros y para el apostolado. Les dijo: Esta raza (de demonios) no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración.

Solo con la oración venceremos determinados obstáculos, conseguiremos superar tentaciones y ayudar a muchos amigos a llegar hasta Cristo. Comentando este pasaje del Evangelio, explica San Beda que al enseñar a los Apóstoles cómo debe ser expulsado este demonio tan maligno, nos indica a todos cómo hemos de vivir, y cómo la oración es el medio para superar incluso las mayores tentaciones. La oración no solo son las palabras con que invocamos la misericordia divina, sino también lo que ofrecemos en obsequio de nuestro Señor, movidos por la fe9. Todo nuestro trabajo y nuestras obras deben ser plegaria llena de frutos.

Acompañemos la oración con las buenas obras, con un trabajo bien realizado, con el empeño por hacer mejor aquello en que queremos la mejora del amigo. Esa actitud ante Dios abre también camino a un aumento de fe en el alma. «Es solamente en la oración, en la intimidad del diálogo inmediato y personal con Dios, que abre los corazones y las inteligencias (cfr. Hech 16, 14), donde el hombre de fe puede ahondar en la comprensión de la voluntad divina respecto a su propia vida»10, y a todo lo que a ella atañe.

Pidamos con frecuencia al Señor que nos aumente la fe: ante el apostolado cuando los frutos tardan en llegar, ante los defectos propios o de quienes nos rodean que no se superan, cuando nos vemos con escasas fuerzas para lo que Dios quiere de nosotros: ¡Señor, auméntanos la fe! Así pedían los Apóstoles cuando, a pesar de oír y ver al mismo Cristo, sentían flaquear su confianza. Jesús siempre ayuda. A lo largo del día de hoy, y todos los días, nos sentiremos necesitados de decir: ¡Señor! ¡No me dejes solo con mis fuerzas, que nada puedo! La petición de aquel buen padre nos anima hoy a dirigirnos a Jesús en demanda de mayor fe: «Se lo decimos con las mismas palabras nosotros ahora, al acabar este rato de meditación. ¡Señor, yo creo! Me he educado en tu fe, he decidido seguirte de cerca. Repetidamente, a lo largo de mi vida, he implorado tu misericordia. Y, repetidamente también, he visto como imposible que tú pudieras hacer tantas maravillas en el corazón de tus hijos. ¡Señor, creo! ¡Pero ayúdame, para creer más y mejor!

»Y dirigimos también esta plegaria a Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, Maestra de fe: ¡bienaventurada tú, que has creído!, porque se cumplirán las cosas que se te han anunciado de parte del Señor (Lc 1, 45)»11.

1 Mc 9, 13-28. — 2 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 204. — 3 Cfr. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 35. — 4 Jn 7, 16-17. — 5 Cfr. Jn 5, 41-44. — 6 Cfr. Jn 8, 42-44. — 7 Pío XII, Enc. Humani generis, 12-VIII-1950. — 8 San Teófilo de Antioquía, Libro I, 2, 7. — 9 Cfr. San Beda, Comentario al Evangelio de San Marcos, in loc. — 10 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, pp. 92-93. — 11 San Josemaría Escrivá, loc. cit.

 

 

“Hacer de la vida diaria un testimonio de fe”

Muchas realidades materiales, técnicas, económicas, sociales, políticas, culturales..., abandonadas a sí mismas, o en manos de quienes carecen de la luz de nuestra fe, se convierten en obstáculos formidables para la vida sobrenatural: forman como un coto cerrado y hostil a la Iglesia.

Tú, por cristiano –investigador, literato, científico, político, trabajador...–, tienes el deber de santificar esas realidades. Recuerda que el universo entero –escribe el Apóstol– está gimiendo como en dolores de parto, esperando la liberación de los hijos de Dios. (Surco, 311)
Ya hemos hablado mucho de este tema en otras ocasiones, pero permitidme insistir de nuevo en la naturalidad y en la sencillez de la vida de San José, que no se distanciaba de sus convecinos ni levantaba barreras innecesarias.
Por eso, aunque quizá sea conveniente en algunos momentos o en algunas situaciones, de ordinario no me gusta hablar de obreros católicos, de ingenieros católicos, de médicos católicos, etc., como si se tratara de una especie dentro de un género, como si los católicos formaran un grupito separado de los demás, creando así la sensación de que hay un foso entre los cristianos y el resto de la Humanidad. Respeto la opinión opuesta, pero pienso que es mucho más propio hablar de obreros que son católicos, o de católicos que son obreros; de ingenieros que son católicos, o de católicos que son ingenieros. Porque el hombre que tiene fe y ejerce una profesión intelectual, técnica o manual, es y se siente unido a los demás, igual a los demás, con los mismos derechos y obligaciones, con el mismo deseo de mejorar, con el mismo afán de enfrentarse con los problemas comunes y de encontrarles solución.
El católico, asumiendo todo eso, sabrá hacer de su vida diaria un testimonio de fe, de esperanza y de caridad; testimonio sencillo, normal, sin necesidad de manifestaciones aparatosas, poniendo de relieve ‑con la coherencia de su vida‑ la constante presencia de la Iglesia en el mundo, ya que todos los católicos son ellos mismos Iglesia, pues son miembros con pleno derecho del único Pueblo de Dios. (Es Cristo que pasa, 53)

 

Convencer sin querer derrotar: diez claves para la comunicación de la fe

Artículo de Juan Manuel Mora, vicerrector de la Universidad de Navarra, publicado en “L'Osservatore Romano”, con el título “Diez reglas para comunicar la fe”.

Otros18/09/2015

Opus Dei - Convencer sin querer derrotar: diez claves para la comunicación de la fe

La comunicación de la fe es una cuestión antigua, presente en los dos mil años de vida de la comunidad cristiana, que siempre se ha considerado mensajera de una noticia que le ha sido revelada y es digna de ser comunicada. Pero es también una cuestión de candente actualidad. Desde Pablo VI hasta Benedicto XVI, los Papas no han dejado de señalar la necesidad de mejorar la comunicación la fe.

Con frecuencia, este tema se relaciona con la “nueva evangelización”. En ese contexto, Juan Pablo II ha afirmado que la comunicación de la fe ha de ser nueva "en su ardor, en sus métodos, en su expresión". Aquí nos referiremos en particular a la novedad en los métodos.

Quien pretende comunicar la experiencia cristiana necesita conocer la fe que desea transmitir, y debe conocer también las reglas de juego de la comunicación pública.

Hay factores externos que obstaculizan la difusión del mensaje cristiano, sobre los que es difícil incidir. Pero cabe avanzar en otros factores que están a nuestro alcance. En ese sentido, quien pretende comunicar la experiencia cristiana necesita conocer la fe que desea transmitir, y debe conocer también las reglas de juego de la comunicación pública.

Partiendo, por un lado, de los documentos eclesiales más relevantes y, por otro, de la bibliografía esencial del ámbito de la comunicación institucional, articularé mis reflexiones en una serie de principios. Los primeros se refieren al mensaje que se quiere difundir; los siguientes, a la persona que comunica; y los últimos, al modo de transmitir ese mensaje en la opinión pública.

1. Veamos primero los principios relativos al mensaje.

Ante todo, el mensaje ha de ser ser positivo. Los públicos atienden a informaciones de todo género, y toman buena nota de las protestas y las críticas. Pero secundan sobre todo proyectos, propuestas y causas positivas.

Comunicar la fe no es discutir para vencer, sino dialogar para convencer.

Juan Pablo II afirma en la encíclica “ Familiaris consortio ” que la moral es un camino hacia la felicidad y no una serie de prohibiciones. Esta idea ha sido repetida con frecuencia por Benedicto XVI, de diferentes maneras: Dios nos da todo y no nos quita nada; la enseñanza de la Iglesia no es un código de limitaciones, sino una luz que se recibe en libertad.

El mensaje cristiano ha de transmitirse como lo que es: un sí inmenso al hombre, a la mujer, a la vida, a la libertad, a la paz, al desarrollo, a la solidaridad, a las virtudes... Para transmitirla adecuadamente los demás, antes hay que entender y experimentar la fe de ese modo positivo.

 

Foto: Ed YourdonFoto: Ed Yourdon

Adquieren particular valor en este contexto unas palabras del Cardenal Ratzinger: “La fuerza con que la verdad se impone tiene que ser la alegría, que es su expresión más clara. Por ella deberían apostar los cristianos y en ella deberían darse a conocer al mundo”. La comunicación mediante la irradiación de la alegría es el más positivo de los planteamientos.

En segundo lugar, el mensaje ha de ser relevante , significativo para quien escucha, no solamente para quien habla.

La comunicación no es principalmente lo que el emisor explica, sino lo que el destinatario entiende.

Tomás de Aquino afirma que hay dos tipos de comunicación: la locutio, un fluir de palabras que no interesan en absoluto a quienes escuchan; y la illuminatio , que consiste en decir algo que ilustra la mente y el corazón de los interlocutores sobre algún aspecto que realmente les afecta.

Comunicar la fe no es discutir para vencer, sino dialogar para convencer. El deseo de persuadir sin derrotar marca profundamente la actitud de quien comunica. La escucha se convierte en algo fundamental: permite saber qué interesa, qué preocupa al interlocutor. Conocer sus preguntas antes de proponer las respuestas.

Lo contrario de la relevancia es la auto-referencialidad: limitarse a hablar de uno mismo no es buena base para el diálogo.

 

Foto: AntramirFoto: Antramir

En tercer lugar, el mensaje ha de ser claro . La comunicación no es principalmente lo que el emisor explica, sino lo que el destinatario entiende. Sucede en todos los campos del saber (ciencia, tecnología, economía): para comunicar es preciso evitar la complejidad argumental y la oscuridad del lenguaje. También en materia religiosa conviene buscar argumentos claros y palabras sencillas. En este sentido, habría que reivindicar el valor de la retórica, de la literatura, de las metáforas, de las imágenes, de los símbolos, para difundir el mensaje cristiano.

La credibilidad se fundamenta en la veracidad y la integridad moral.

A veces, cuando la comunicación no funciona, se traslada la responsabilidad al receptor: se considera a los demás como incapaces de entender. Más bien, la norma ha de ser la contraria: esforzarse por ser cada vez más claros, hasta lograr el objetivo que se pretende.

2. Pasemos ahora a los principios relativos a la persona que comunica.

Para que un destinatario acepte un mensaje, la persona o la organización que lo propone ha de merecer credibilidad. Así como la credibilidad se fundamenta en la veracidad y la integridad moral, la mentira y la sospecha anulan en su base el proceso de comunicación. La pérdida de credibilidad es una de las consecuencias más serias de algunas crisis que se han producido en estos años.

Por otra parte, en comunicación, como en economía, cuentan mucho los avales. El aval de una autoridad en la materia, o de un observador imparcial, representa una garantía para la opinión pública. Con otras palabras, nadie se avala a sí mismo. Existen instancias que, con mayor o menor fundamento, ejercen esa función evaluadora. En el ámbito de la opinión pública, ese aval lo otorgan principalmente los periodistas. Por eso, es crucial considerarlos como aliados, nunca como enemigos, en el proceso de comunicación.

 

Foto: Dave HeutsFoto: Dave Heuts

El segundo principio es la Empatía. La comunicación es una relación que se establece entre personas, no un mecanismo anónimo de difusión de ideas. El Evangelio se dirige a personas: políticos y electores, periodistas y lectores. Personas con sus propios puntos de vista, sus sentimientos y sus emociones.

Cuando se habla de modo frío, se amplía la distancia que separa del interlocutor. Una escritora africana ha afirmado que la madurez de una persona está en su capacidad de descubrir que puede “herir” a los demás y de obrar en consecuencia.

Nuestra sociedad está superpoblada de corazones rotos y de inteligencias perplejas. Hay que aproximarse con delicadeza al dolor físico y al dolor moral.

Nuestra sociedad está superpoblada de corazones rotos y de inteligencias perplejas. Hay que aproximarse con delicadeza al dolor físico y al dolor moral. La empatía no implica renunciar a las propias convicciones, sino ponerse en el lugar del otro. En la sociedad actual, convencen las respuestas llenas de sentido y de humanidad.

El tercer principio relativo a la persona que comunica es la cortesía . La experiencia muestra que en los debates públicos proliferan los insultos personales y las descalificaciones mutuas. En ese marco, si no se cuidan las formas, se corre el riesgo de que la propuesta cristiana sea vista como una más de las posturas radicales que están en el ambiente. Aun a riesgo de parecer ingenuo, pienso que conviene desmarcarse de este planteamiento. La claridad no es incompatible con la amabilidad.

Con amabilidad se puede dialogar; sin amabilidad, el fracaso está asegurado de antemano.

Con amabilidad se puede dialogar; sin amabilidad, el fracaso está asegurado de antemano: quien era partidario antes de la discusión, lo seguirá siendo después; y quien era contrario raramente cambiará de postura.

Recuerdo un cartel situado a la entrada de un “pub” cercano al Castillo de Windsor, en el Reino Unido. Decía, más o menos: En este local son bienvenidos los caballeros. Y un caballero lo es antes de beber cerveza y también después. Podríamos añadir: un caballero lo es cuando le dan la razón y cuando le llevan la contraria.

3. Veamos por último algunos principios que se refieren al modo de comunicar:

El primero es la profesionalidad. “Gaudium et Spes” recuerda que cada actividad humana tiene su propia naturaleza, que es preciso descubrir, emplear y respetar, si se quiere participar en ella. Cada campo del saber tiene su metodología; cada actividad, sus normas; y cada profesión, su lógica.

 

Foto: mikebairdFoto: mikebaird

La evangelización no se producirá desde fuera de las realidades humanas, sino desde dentro: los políticos, los empresarios, los periodistas, los profesores, los guionistas, los sindicalistas, son quienes pueden introducir mejoras prácticas en sus respectivos ámbitos. San Josemaría Escrivá recordaba que es cada profesional, comprometido con sus creencias y con su profesión, quien ha de encontrar las propuestas y soluciones adecuadas. Si se trata de un debate parlamentario, con argumentos políticos; si de un debate médico, con argumentos científicos; y así sucesivamente.

La evangelización no se producirá desde fuera de las realidades humanas, sino desde dentro.

Este principio se aplica a las actividades de comunicación, que están conociendo un desarrollo extraordinario en los últimos años, tanto por la calidad creciente de las formas narrativas, como por las audiencias cada vez más amplias y por la participación ciudadana cada día más activa.

El segundo principio podría denominarse transversalidad. La profesionalidad es imprescindible cuando en un debate pesan las convicciones religiosas. La transversalidad, cuando pesan las convicciones políticas.

En este punto, vale la pena mencionar la situación de Italia. Al hacer la declaración de la renta, más del 80% de los italianos marcan la casilla correspondiente a la Iglesia, porque desean apoyar económicamente sus actividades. Eso quiere decir que la Iglesia merece la confianza de una gran mayoría de ciudadanos, no solamente de quienes se reconocen en una tendencia política.

La comunicación de ideas tiene mucho que ver con el “cultivo”: sembrar, regar, podar, antes de cosechar.

En ese país, y en muchos otros, los católicos no plantean su acción pública poniendo su esperanza en un partido. Saben por experiencia que lo importante no es que una formación política incorpore a su programa la doctrina social cristiana, sino que esos valores se hagan presentes en todos los partidos, de modo transversal.

El tercer principio relativo al modo de comunicar es la gradualidad . Las tendencias sociales tienen una vida compleja: nacen, crecen, se desarrollan, cambian y mueren. En consecuencia, la comunicación de ideas tiene mucho que ver con el “cultivo”: sembrar, regar, podar, antes de cosechar.

El fenómeno de la secularización se ha ido consolidando en los últimos siglos. Procesos de tan larga gestación no se resuelven en años, meses o semanas.

 

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El cardenal Ratzinger explicaba que nuestra visión del mundo suele seguir un paradigma “masculino", donde lo importante es la acción, la eficacia, la programación y la rapidez. Y concluía que conviene dar más espacio a un paradigma “femenino", porque la mujer sabe que todo lo que tiene que ver con la vida requiere espera, reclama paciencia.

Lo contrario de este principio es la prisa y el cortoplacismo que llevan a la impaciencia y muchas veces también al desánimo, porque es imposible lograr objetivos de entidad en plazos cortos.

A estos nueve principios habría que agregar otro que afecta a todos los aspectos mencionados: al mensaje, a la persona que comunica y al modo de comunicar. El principio de la caridad .

Algunos autores han destacado que, en los primeros siglos, la Iglesia se extendió de forma muy rápida porque era una comunidad acogedora, donde era posible vivir una experiencia de amor y libertad. Los católicos trataban al prójimo con caridad, cuidaban de los niños, los pobres, los ancianos, los enfermos. Todo eso se convirtió en un irresistible imán de atracción.

La caridad es el contenido, el método y el estilo de la comunicación de la fe.

La caridad es el contenido, el método y el estilo de la comunicación de la fe; la caridad convierte el mensaje cristiano en positivo, relevante y atractivo; proporciona credibilidad, empatía y amabilidad a las personas que comunican; y es la fuerza que permite actuar de forma paciente, integradora y abierta. Porque el mundo en que vivimos es con demasiada frecuencia un mundo duro y frío, donde muchas personas se sienten excluidas y maltratadas y esperan algo de luz y de calor. En este mundo, el gran argumento de los católicos es la caridad. Gracias a la caridad, la evangelización es siempre y verdaderamente, nueva.

Juan Manuel Mora

Vicerrector de Comunicación Institucional

Universidad de Navarra

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/static/images/ico-link.pngL'Osservatore Romano: “Diez reglas para comunicar la fe”.

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/static/images/ico-link.pngJuan Manuel Mora, Vicerrector de Comunicación Institucional, Universidad de Navarra

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/static/images/ico_book.pngL'Osservatore Romano: Diez reglas para comunicar la fe

 

 

¿La teología es de Dogmas, o es de Misterios?

Escrito por Juan Luis Lord

Este tema, con raíces en el siglo XIX, produce en el siglo XX enriquecimiento y tensión. Se enriquecen las nociones de teología, de dogma y de misterio. Y se plantea una cierta tensión sobre el trabajo teológico: ¿se centra en dogmas o en misterios?

Evidentemente, la teología se dedica a las dos cosas, porque no puede prescindir de ninguna de ellas: los misterios son la realidad de Dios tal como se nos presenta; los dogmas, lo que sobre esa realidad misteriosa conoce y expresa la tradición cristiana. Pero los matices de esta reflexión son muy interesantes y ayudan a profundizar.

A Mathias J. Scheeben (1835-1888), profesor de teología en Colonia, le debemos un gran manual de teología (1865, edición renovada) con el título, entonces novedoso, de Los misterios del cristianismo; donde reivindica que el núcleo del cristianismo es un gran misterio y que por eso la teología es “la ciencia de los misterios de Dios” (capítulo XI y último). A Heinrich Joseph Denzinger (1819-1883) le debemos un Enchiridion (1854) o recopilación de textos del Magisterio católico, con lo más significativo de su historia.

Heinrich J. Denzinger y su Enchiridion

Heinrich Joseph Denzinger enseñó teología dogmática en Würzburg, su diócesis, desde 1848 hasta su muerte en 1883. Y se especializó en la historia de la teología dogmática, siguiendo los pasos del gran teólogo de Tubinga, Johann Adam Möhler (1796-1838).

Compuso en 1854 su Enchiridion Symbolorum et Definitionum (Compendio de los símbolos −credos− y definiciones), conocido hasta el día de hoy como “el Denzinger”. Era una feliz concreción, sistematización y popularización del dogma, porque también recogía fuentes poco accesibles. Pronto se convirtió en un recurso primario y, con las mejoras, insustituible del trabajo teológico.

En el prólogo de la primera edición, se lamentaba de lo poco conocidos que eran los documentos oficiales de la Iglesia y lo necesarios que resultan para hacer teología. En un sonoro latín advertía: “Medita, hombre de Dios, en […] estas cosas, guarda la forma de las sagradas palabras. No deformes los antiguos términos que poseyeron nuestros Padres. Evita las novedades terminológicas profanas y las críticas de la falsa ciencia. Custodia el depósito y guarda la fe para que recibas la corona de la justicia”.

El profesor Saranyana editó (con Joseph Schumacher) un detallado estudio con la historia de este libro (Sobre la actualidad del enchiridion Symbolorum, online). Allí se puede saber que Denzinger se cuidó de las cinco primeras ediciones, que el jesuita Bannwart preparó la décima (1908) con mejoras importantes de estructura, citas, índices y paralelos. El libro era ya tan conocido que bastaba citar su numeración (Dz 345, por ejemplo). Umberg dirigió la obra desde la 14ª edición (1922) con notables enriquecimientos, y Karl Rahner, desde 1952 a 1958 (28ª a 31ª edición). Adolf Schönmetzer (DzS) haría la 32ª, mejorando introducciones y variando la selección. En 2017, la editorial Herder ofrecía la 45ª edición, dirigida por Hünermann (desde varias anteriores), con nuevos cambios y más de 1800 páginas. El profesor Saranyana subraya que el perfil de cada época se manifiesta en la selección de textos de las sucesivas ediciones.

Problemáticas del Denzinger: la estabilidad de las fórmulas dogmáticas

De alguna manera el Denzinger simbolizaba la voz del Magisterio eclesiástico en la teología. De esa forma entró en los debates de los años cincuenta y sesenta del siglo XX, sobre la manera de hacer la teología.

Dejando de lado las polémicas más centrífugas sobre el valor del Magisterio eclesiástico, y el tema, interesantísimo, de la evolución del dogma, se plantearon dos cuestiones, que afectan a los textos. La primera procedía de la lingüística y era la dificultad de conseguir fórmulas inmutables, si se tiene presente el carácter histórico y variable del lenguaje.

Evidentemente, el lenguaje es una realidad histórica que evoluciona con el tiempo. En abstracto parece una objeción incontestable y definitiva. En la práctica, sin embargo, no es así. El lenguaje varía e introduce dificultades y necesidades de interpretación. Pero basta recordar la capacidad que tenemos hoy para entender textos primitivos, como el código de Hammurabi, para entender que la dificultad no es insalvable. El código de Hammurabi pertenece a una cultura muy distinta de la nuestra, pero mantenemos con los que lo escribieron una continuidad humana: son como nosotros. En el caso del dogma cristiano la continuidad es mucho más fuerte, porque el dogma se mantiene en el seno de una sociedad viva, que conserva vivo, también con la ayuda divina, el sentido de lo que cree. Una persona de cultura china o india, ajena al cristianismo, puede no entender algunas expresiones del Padrenuestro, como el “Cielo”, el “Reino” o la “tentación”; y podría confundirse con la antigua expresión “perdona nuestras deudas”. En cambio, los cristianos de habla castellana han repetido este hebraísmo durante siglos, sabiendo perfectamente que no se refiere a la economía sino a los pecados.

Del Denzinger al Ott, y otros movimientos pendulares

La segunda objeción afecta más directamente al Denzinger. Si nos acercamos al conocido Manual de Teología dogmática (1957) del teólogo medievalista alemán Ludwig Ott, nos daremos cuenta de cuántas cosas han cambiado en el estilo y forma de concebir la teología.

Ludwig Ott (1906-1985) fue discípulo de Martin Grabmann y profesor de Eichstätt. Su manual tuvo un gran éxito por evidentes valores didácticos de orden, síntesis, claridad y seguridad en lo que decía. Pero, visto desde hoy, resulta poco atractivo.

Es un ejemplo del efecto pendular que se produce en la vida del espíritu, cuando una exageración produce casi inevitablemente el desplazamiento hacia el pico contrario. Pero el mismo Ott era el pico más alto de un efecto pendular porque, partiendo del notable caos en la enseñanza eclesiástica del XIX, se consiguió pasar a una colección de compendios sencillos, esquemáticos y seguros, basados en las enseñanzas del Magisterio.

Ya hemos hablado en estas páginas de las insuficiencias de la teología manualística. Entre ellas del pobre tratamiento de las fuentes de la teología, de la escasa presencia de la Escritura, de la fragmentación de la patrística y del uso casi exclusivo del Magisterio, por ser la fuente más clara y segura. Y éste se tomaba, generalmente, del Denzinger. De manera que el famoso Enchiridion vino a simbolizar esas deficiencias. Incluso se habló, un tanto despectivamente, de una “teología del Denzinger”, de la que el famoso libro de Ott era una de sus expresiones más claras, por ser también más exageradas.

La solución venía dada en su mismo planteamiento: había que tratar mucho mejor las fuentes. Esto ha provocado que los nuevos manuales sean mucho más ricos, pero también más gruesos y opinables, bastante desproporcionados para las capacidades de los alumnos. Lo que está provocando un nuevo movimiento pendular hacia una sencillez, quizá también excesiva.

Una teología de proposiciones

El libro de Ott nos resulta extraño por otro aspecto que afecta más a fondo al método teológico. Está lleno de definiciones y procura establecer en todos los tratados afirmaciones bien probadas (tesis), recurriendo (pobremente) a las distintas fuentes de la teología o “lugares teológicos” (Melchor Cano). Además, califica el grado de certeza que tiene cada afirmación con notas y censuras teológicas. A esto se le llamó “teología de las conclusiones”.

Detrás está la convicción escolástica y aristotélica de que la verdad se da en las proposiciones. Es una cuestión básica de la lógica clásica, que afecta a todas las áreas del conocimiento y también a la teología. Un conocimiento verdadero (una ciencia o un saber) se compone, al final, de un conjunto de afirmaciones bien probadas. Y solo posee ese saber quien las conoce, y es capaz de relacionarlas y probarlas, siendo consciente del grado en que las ha probado.

Lo raro y antipático de la terminología de notas y censuras teológicas, tan lejana a una amable narrativa, provocó su desaparición de la teología. Pero ha jugado un papel importante en la definición de muchos conceptos teológicos, desde las famosas “sentencias” de Pedro Lombardo. No es posible prescindir de la precisión y prueba de las afirmaciones teológicas. La misma noción de “dogma” significa una proposición segura que mantiene la fe cristiana.

Las sugerencias del libro de Scheeben

La conciencia de las limitaciones de nuestro lenguaje (y la fealdad de los excesos lógicos) hizo recordar, como efecto pendular, la propuesta de Scheeben: la teología es ciencia de los misterios de Dios. Así se pasó de una “teología de las proposiciones” a una “teología de los misterios”. No hay oposición, pero la mirada se centra primero en los misterios de Dios y después en lo que podemos decir de ellos. Resulta más coherente y así la teología se vuelve, o más respetuosa y contemplativa, también más bella, si consigue reflejar el misterio y no se reduce a verborrea.

Es notable que el libro de Scheeben, Los misterios del cristianismo, a pesar de ser casi cien años más viejo y mucho más largo, resulta más actual que el de Ott. Tiene un notable tratamiento de las fuentes, un poderoso esquema y un fondo que le convierten en una de las grandes obras de la teología.

Scheeben entiende “misterio” en un sentido principalmente gnoseológico: lo que está oculto porque es profundo. Hay un sentido trivial de lo misterioso, como oculto o desconocido (como en las novelas de “misterio”). En el cristianismo hay misterios porque estamos delante del Dios trascendente, con toda la distancia entre lo natural y lo sobrenatural y de la creatura ante el Creador. Lo conocemos porque se revela, y eso quiere decir que se comunica realmente con nosotros (consideración importante para confirmar el valor de nuestro lenguaje religioso). Se desvela, pero al mismo tiempo nos trasciende.

Enriquecimiento de la noción de misterio

Ese sentido del misterio resultó enriquecido en varias etapas, con contribuciones diversas. En primer lugar, por la fenomenología de la religión (Otto) que, al estudiar las expresiones religiosas, identificó la sensación de lo “tremendo” o “numinoso”: la poderosa presencia de lo divino que el hombre religioso presiente, por ejemplo, ante las manifestaciones más espectaculares de la naturaleza. Aquí “Misterio” no expresa solo la dificultad de comprender o abarcar, sino también el fuerte sentimiento de presencia de un poder oculto que nos afecta íntimamente. También los misterios cristianos hacen presente a Dios, pero ¿cómo operan?

Hay que recordar otras etapas. Durante el siglo XX, las ciencias de la religión revalorizaron el carácter simbólico del lenguaje religioso y comprendieron mejor el funcionamiento del mito, que a través de acciones simbólicas hace presentes y operativas las grandes fuerzas y ciclos de la realidad. Desde el punto de vista cristiano, hay algo de esto en la relación entre el Creador y lo creado, entre la eternidad de Dios y el tiempo del universo.

Por su parte, los estudios patrísticos pusieron de manifiesto la antigua correspondencia entre misterio y sacramento, y el carácter profundamente simbólico y operativo de las acciones sacramentales. Odo Casel, en primer lugar; Louis Bouyer, más tarde, y, en contexto muy distinto, C.S. Lewis (hablando del “mito verdadero”), subrayaron las conexiones que todo esto tiene con la revelación cristiana, hecha “con hechos y palabras”.

Y con la salvación cristiana, realizada en el Misterio Pascual. La muerte y resurrección de Cristo siendo un hecho real en la historia, es, al mismo tiempo, símbolo eficaz y permanente del paso de la muerte a la vida: todas las personas y las cosas están llamadas a pasar por su muerte para resucitar en Él. Toda la economía sacramental cristiana consiste en eso.

Conclusión

Volvemos a lo dicho al principio, tras un largo recorrido, pero enriquecidos. La revelación cristiana nos pone ante los misterios de Dios, en parte desvelados, también con palabras, para que podamos contemplarlos, vivirlos y transmitirlos. La teología es principalmente ciencia de los misterios, como quería Scheeben, pero también intenta formularlos hasta donde es posible, y cuida las palabras recibidas, como quería Denzinger. Nos queda el reto, entre un movimiento pendular y el siguiente, de construir esos manuales sintéticos y legibles que introduzcan piadosamente en los misterios cristianos y los expresen con afirmaciones bien probadas, sabiendo, al mismo tiempo, que son pobres en relación a los misterios de Dios, pero luminosas. Esa mezcla de luz y oscuridad es propia del misterio cristiano, único verdadero misterio.

Juan Luis Lorda, en Revista Palabra.

 

 

Mondadori y su conversión 

Daniel Tirapu

Arnoldo Mondadori.

photo_camera Arnoldo Mondadori.

Ya ha fallecido. Era uno de los editores más prestigiosos y adinerados de Italia. Durante unas Navidades en las que se encontraba solo analizó su vida: he fracasado en dos matrimonios, tengo tres hijos de dos madres distintas que no veo a penas, mi empresa no está pasando un buen momento.

Sí ya sé que tengo muchos "amigos", pero por lo que conozco, cuando te van mal las cosas, lo he visto en muchos compañeros en situaciones similares, los que parecían amigos desaparecen a una velocidad de vértigo. ¿Cómo he llegado a una vida aparentemente exitosa, pero tan vacía?

Dios tocó su corazón. Se tomó los evangelios como el manual de su vida, acudió a los sacramentos y a la guía de un sacerdote paciente.

Pudo recuperar el tiempo perdido. Con Vittorio Messori escribió su conversión, un éxito editorial.

Siguen resonando las palabras tomadas de Jesús, que un clérigo de Loyola, cojo y bajito, San Ignacio de Loyola, le sugirió a un navarro que triunfaba en estudios y romances en París, San Francisco Javier: ¿de qué te sirve ganar el mundo, si pierdes tu alma?

 

Una silenciosa herida en la sociedad

Una silenciosa herida en la sociedad

Por Luis-Fernando Valdés

La trata de personas es un gran crimen contra la humanidad, pero, aunque es un delito que todos reprueban, hoy mismo es una plaga difícil de erradicar. ¿Qué propone el Papa Francisco para salvar a las víctimas del tráfico de humanos?

Iniciativas para denunciar la trata

La Santa Sede tiene también la misión de promover la dignidad humana de todas las personas, creyentes o no. Y por eso ha desarrollado algunos proyectos para combatir este terrible mal social.

Entre otros programas, el Vaticano instituyó en 2015 las «Jornadas de oración y reflexión contra la trata de personas», que se celebran en una fecha muy significativa, el 8 de febrero, fiesta de Santa Josefina Bakhita, una religiosa africana del s. XIX, que en su niñez fue víctima de traficantes de esclavos negros.

De esta manera, la Iglesia católica suma esfuerzos con otras instituciones internacionales, como la ONU, la cual cada 23 de septiembre conmemora el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas.

El fenómeno de la trata

Según un informe de la Comisión Europea (2016), la trata de seres humanos «consiste en la compraventa y explotación de niños y adultos». El documento explica que los traficantes «explotan la vulnerabilidad de la gente», producida por «la pobreza, la discriminación, la desigualdad de género, la violencia contra las mujeres, la falta de acceso a la educación, los conflictos étnicos y los desastres naturales».

El informe describe que la trata de personas se realiza con fines de explotación sexual y laboral, junto con otros fines que me impacta enunciar: «mendicidad forzosa, actividad delictiva, matrimonio forzoso o de conveniencia, o extracción de órganos, la trata de lactantes y niños de corta edad para su adopción, la trata de mujeres embarazadas para vender sus bebés recién nacidos, la trata para la producción de cannabis y la trata con fines de contrabando o venta de estupefacientes».

La esclavitud moderna

Cada mes, Francisco graba un video en el que pide a los fieles que recen por una intención particular. Con motivo de la Jornada contra la Trata, el Papa emplea el video de febrero para denunciar el tráfico de personas.

En el video, el Pontífice explica que «unque tratemos de ignorarlo, la esclavitud no es algo de otro tiempo». Y más adelante añade que «no podemos ignorar que hoy hay esclavitud en el mundo, tanto o más quizás que antes».

Y luego, el Papa invita a no permanecer indiferentes: «Ante esta trágica realidad, no podemos lavarnos las manos si no queremos ser, de alguna manera, cómplices de estos crímenes contra la humanidad».

Un silencio cómplice

Hace un año, en la Jornada de 2018, le preguntaron a Francisco sobre el sorprendente silencio ante el fenómeno de la trata. A lo que contestó que, por una parte, hay mucha ignorancia sobre el tema.

Pero, por otra, «a veces parece que haya también poca voluntad de comprender la dimensión del problema», y que esto se debe a que «toca de cerca nuestras conciencias, porque es escabroso, porque nos avergüenza».

El Papa denunció con claridad que hay personas que conocen este problema, pero no quieren hablar de él «porque se encuentran al final de la ‘cadena de consumo’, como usuarios de los ‘servicios’ que son ofrecidos en la calle o en internet».

Y añadió que también hay personas que directamente no quieren que se hable de este tema, por que están implicados «directamente en las organizaciones criminales que de la trata obtienen buenos beneficios».

Epílogo

El dolor de hombres, mujeres y niños que son tratados como esclavos y que sufren dolor físico y maltrato psicológico es una gran herida social, que nos afecta a todos, aunque no lo queramos ver. Por eso, es tarea obligatoria de todos no quedarnos callados, no aceptar que la trata de personas sea algo normal de nuestra cultura y denunciarla.

 

 

Los nuevos SíSí, que Sí estudian y Sí trabajan. 

ESCUELA PARA PADRES

Los nuevos SíSí, que Sí estudian y Sí trabajan.

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Estos SíSí, jóvenes y mayores, son los que trabajan y además estudian, opuestos a los NiNi, que ni estudian, ni trabajan. Son los nuevos modelos de comportamiento social. Para esta élite, hay un plus de esfuerzo y un plus de recompensa, por adecuar sus perfiles profesionales, a las necesidades de las empresas.

Sorprende que hoy en día, trabajar sea un privilegio que conlleva la necesidad, y en muchos casos la obligación, de seguir estudiando, para estar al día y así poder mantener el trabajo. Ese privilegio puede perderse en cualquier momento, basta con que el empresario, decida que necesita que el trabajador tenga los conocimientos profesionales más actualizados, o que contraten a otro trabajador más puesto al día.

Casi todos los trabajos, cambian continuamente dentro de un proceso de mejora, hacia la automatización. El que no se adapta a las nuevas técnicas, se queda retrasado y tiene muchas probabilidades, de perder el privilegio de trabajar. A plazo medio, y para muchas profesiones, valdrán más los certificados profesionales, que algunas de las carreras genéricas.

La mayoría de los fracasos profesionales, son consecuencia de querer retrasar, por pereza o ignorancia, el momento de las oportunidades, que se buscan o se presentan. La suerte es la meta, el lugar donde la inspiración, la preparación y la dedicación, se juntan con la oportunidad.

Los triunfadores a medio y corto plazo, están llevando a la práctica un nuevo concepto de vida, duro pero muy rentable. Ya no se puede trabajar, sin tener un proyecto de formación profesional continua. No tenerlo  es muy peligroso, de muy poca visión del futuro y puede suponer un suicidio profesional.

También es peligros el estar estudiando y no intentar trabajar a la misma vez, compaginando los estudios con algún trabajo, remunerado o no, que esté relacionado con los propios estudios, para que pueda ayudar a alcanzar la profesión que se quiere adquirir.

Las excepciones a esta dualidad pueden ser: A) Ser heredero de una sólida fortuna. B) Tener la capacidad de trabajar, pero no la de seguir formándose. C) No tener aspiraciones de mejora profesional. D) No temer a perder los ascensos. E) No importar el despido.

Antes la discusión era que, si una vez conseguido un trabajo, ya no era necesario formarse más, pues el trabajo era para toda la vida. Pero hemos entrado en la nueva era del trabajo, más el aprendizaje continuado, para mantener el empleo y poder ascender y prosperar.

En muchos trabajos actuales y cada vez más en el futuro inmediato, se trabajará por horas, días, semanas, proyectos concretos, etc. Sin contratos laborales, solamente con contratos mercantiles, donde los trabajadores pagarán sus propios seguros, pensiones, etc. Es la época de decir adiós al empleo fijo y tiempo completo, pues ha llegado a sustituirlo el trabajo temporal, fijo – discontinuo, el de los contratistas independientes y el de los auto-empleados.

¿Qué es lo que hay que seguir estudiando? Lo que el mercado condicione, lo que la capacidad personal considere aceptables y lo que se vea, que puede producir mejores oportunidades profesionales. Muchos de estos estudios, pueden ser realizados en línea a través del Internet, desde cualquier parte del mundo, seleccionando los que ofrezcan los estudios más cualificados, sin ser obligatorio el tener que asistir a la universidad presencial.

Continuamente la ciencia crea nuevos conceptos y servicios, y las empresas se adaptan a ellos. Los cambios de profesiones, empresas, ciudades y países, están a la orden del día. Las estadísticas sobre la movilidad profesional, lo indican.

Las empresas están aumentando la demanda de modernos tipos de perfiles profesionales, que hoy todavía, algunos ni se han diseñado, aunque seguramente no los van a poder cubrir completamente, ante la falta de candidatos bien formados. La demanda de trabajos especiales, está muy por encima de la oferta.

El desajuste existente, entre las necesidades empresariales y la oferta profesional del mercado laboral, hace que cada vez, sean más los profesionales que deciden continuar con su formación, para no quedarse fuera del mercado de trabajo.

La tecnología avanza y se desarrolla muy rápidamente, y las empresas que no se adapten a esos avances, sucumbirán, y con ellas los empleados que no hayan sabido saltar del barco, antes de su hundimiento, porque no estaban preparados profesionalmente. Además, al quedarse sin empleo y no tener los nuevos conocimientos, se quedaran fuera del mercado laboral. Este diferencial, existente entre las necesidades empresariales y la oferta profesional del mercado laboral, se ha traducido en un aumento notable de profesionales que, a pesar de disponer de un empleo, están estudiando para obtener las habilidades que demanda el mercado.

Hay organizaciones, como la ONG www.genesyswork.com que se encargan de formar, a los jóvenes estudiantes calificados de los últimos cursos, para que conozcan cómo es el trabajo en las empresas, lo que les permitirá disminuir el choque, entre la vida escolar y la profesional. También negocia con las empresas, para que les faciliten un trabajo a tiempo parcial a los estudiantes, de forma que pueda combinar, después del horario de trabajo, la asistencia a los estudios en la universidad. Así aprenden a compaginar el trabajo con los estudios y los estudios con el trabajo.

Hay que querer, apasionarse y desear trabajar, estando continuamente, formándose profesionalmente cara al futuro, pues “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.

13 Conceptos que debo analizar con expertos, antes de empezar la formación profesional, continúa:

  1. Conocer y examinar en el mercado laboral, las tendencias o proyecciones hacia las nuevas profesiones o hacia variantes de las mismas, relacionadas con mi trabajo, conocimientos y estudios realizados.
  2. Analizar lo que se quiere, lo que se puede y lo que se debe estudiar, mientras se trabaja, sin descartar una nueva avenida formativa, diferente a la que se ha empezado. Ejemplo: Un abogado que después estudia ingeniería, para especializarse en patentes industriales.
  3. Examinar rigurosamente el pasado, el presente y posible futuro profesional y personal, junto a las obligaciones familiares.
  4. Considerar y sopesar, los factores con los que hay que enfrentarse: El tiempo y costos necesarios que hay que invertir, para conseguir determinada formación. La movilidad geográfica. El retorno a la inversión que haya que hacer, en los nuevos estudios. La posible calidad de vida. El lucro cesante, durante el periodo de formación.
  5. Investigar si la formación profesional que se necesita adquirir, se puede obtener en línea o en un centro presencial, para tratar de conseguir la mejor compatibilidad con el tiempo libre. Sus costos y duración.
  6. Estudiar cuales son los sectores relacionados, con la profesión que haya más demanda y mejor pagada.
  7. Evaluar si se está sufriendo acoso laboral (bullying), motivado por la propia ignorancia profesional, que impide seguir las normas y los procesos de la empresa, lo que dificultan el trabajo en equipo.
  8. Examinar las capacidades personales y entorno familiar, para crear un negocio propio.
  9. Asesorarse de los profesionales especializados en la formación continua, sobre la propia situación laboral y formación. Los cazadores de talentos (Head Hunters), son los profesionales adecuados para empezar las consultas.
  10. Consultar a los expertos, si tiene futuro el trabajo que realizo en la empresa, o si necesita adaptarse al mercado, y si el futuro de ese trabajo, quedará obsoleto a plazo medio o largo.
  11. Averiguar con los expertos, si mis actuales estudios, están bien desarrollados en el trabajo que realizo, cuál es la actualización necesaria o si están infrautilizados.
  12. Reconocer mis capacidades personales de adaptación, a las posibles nuevas realidades.
  13. Estudiar con los profesionales, si con mis actuales conocimientos, ya he llegado al techo de mis posibilidades en la empresa y si para ascender, debería cambiar de sector, industria, actividad profesional o añadirle algunos conocimientos complementarios.
  14. Hay que reconocer las propias fortalezas y debilidades, a través del autoexamen del propio conocimiento, buscando ser proactivo e inconformistas, explorando nuevas oportunidades, donde esas cualidades puedan ser valoradas. Tratar de no estar esperando, a que alguien llegue a descubrirme.

En los avances tecnológicos y en la imprescindible formación continua profesional, donde unos ven problemas, otros ven oportunidades. La inteligencia artificial creará cada día nuevas aplicaciones y por lo tanto, nuevas profesiones. Hoy en día, nadie sabe que es lo que va a tener que estudiar, para poder utilizar esos adelantos tecnológicos y su aplicación en el mercado laboral. Una cosa son las invenciones de los productos, servicios y sistemas, y otra es la formación imprescindible para trabajarlos y sacarles el mejor rendimiento.

Las nuevas tecnologías con estudios en (Ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas, digitalización, etc.) van eliminando muchos empleos tradicionales, en todas las categorías, incluso los que requieren titulaciones universitarias. Para algunas nuevas tecnologías, los nuevos productos y servicios que desarrollan y sus aplicaciones en el mercado, se requieren nuevos trabajos, con certificaciones técnicas especializadas, adecuadas a las nuevas circunstancias. Muchos de los conocimientos anteriores de los trabajadores, no encajarán en los nuevos sistemas, como hay engranajes nuevos, que no encajan con los antiguos ya desgastados, siempre hay que adecuarlos.

Los robots llamados exoesqueletos, son los que se adaptan exteriormente al cuerpo, permiten a los usuarios, eliminar prácticamente los esfuerzos físicos laborales. En su fabricación, mantenimiento y reposición, crean muchos puestos de trabajos, no los eliminan, e incluso mejoran las condiciones físicas laborales, eliminando accidentes.

No siempre las nuevas tecnologías, eliminan los trabajos de los menos preparados laboralmente, aunque se estén creando nuevos puestos de trabajo, mucho más técnicos. También hay nuevas tecnologías, que ayudan a los trabajadores menos cualificados, a hacer el trabajo con menos esfuerzo físico y con más seguridad, disminuyendo las horas de hospital que conllevan, muchos de los trabajos no cualificados.

En esta era, el conocimiento es poder, si se empieza a trabajar de peón de albañil o de ingeniero, pero no se fomenta la formación continua profesional, hay muy pocas probabilidades de ascender en el trabajo. Llegarán a la jubilación en la misma categoría profesional, con la que empezaron. Los ascensos ya no se consiguen por la antigüedad, sino demostrando el aumento del conocimiento y de la experiencia adquirida. Estos ascensos, si no se pueden conseguir en la misma empresa, hay que buscarlos cambiando a otras, en el mismo sector o en otro, que los sepan apreciar, incluso cambiando de ciudad o de nación.

También se asciende, se desciende o se consolida en el trabajo, en función de la ley de oferta y demanda del conocimiento. Cada vez hay más demanda, de trabajadores especializados y bien formados en las nuevas técnicas, pero no hay tanta oferta de trabajadores preparados, como para suplir las necesidades de las empresas. Por eso, aunque en algunas naciones hay un alto índice de desempleo, también hay muchos puestos de trabajo, que no se cubren por diversas causas, como: Adecuación de conocimientos a las necesidades empresariales, nuevas tecnologías, descolocaciones geográficas, falta de incentivos profesionales, costos de vida altos e ingresos bajos, diferencias climáticas extremas, etc.

Compaginar el empleo con la formación continua profesional, bien actualizándola o consiguiendo una diferente, no es solamente para los jóvenes, que quieren mantenerse a flote en la subida o bajada de la ola de su empleo. Las personas mayores, también tienen que hacerlo, si quieren que no les sustituyan por su inadaptabilidad técnica profesional o por no saber adecuarse, a las nuevas demandas del mercado laboral, que se crean con los avances tecnológicos. Después no valen los lamentos.

Los techos emocionales de acero que algunos trabajadores, voluntariamente, se ponen encima de sus cabezas, para no avanzar en la formación continua profesional, les impide crecer en su futura proyección laboral. Suelen ponerse, principalmente, por la falta de confianza, la ausencia de autoestima, el miedo al fracaso en los nuevos estudios, “el qué dirán”, el estereotipo del “sabelotodo”, etc. Solamente se pueden romper esos techos, analizando los propios obstáculos internos y externos, y actuando en consecuencia, para revertir los resultados negativos profesionales, que pudiera haber en el presente y en el futuro.

Algunos conceptos que se deben fomentar, para triunfar laboral y socialmente: La autoexigencia, el trabajo en equipo, las virtudes y valores humanos, la capacidad de sacrificio frente a las adversidades sociales y profesionales, el esfuerzo, los principios familiares, laborales y sociales, la lucha y la humildad, la igualdad, el desarraigo de la ignorancia, la ecología, la sostenibilidad, la seguridad en el sentido más amplio, el rechazo al conformismo, etc.

francisco@micumbre.com

 

Aprender del error, una mirada asertiva

Aprender del error, una mirada asertiva

Sentimos culpa, remordimiento, ira, depresión, frustración, una bomba de emociones y sensaciones negativas. El error es una forma de sentirnos vivos, señalan los psicólogos, y forma parte del crecimiento del hombre, siempre y cuando se aprenda a analizarlo, repararlo y aprender de él.

Por Mary Velázquez Dorantes

La mirada del hombre moderno no tolera el fracaso. Se trata de una situación que lo hace sentir vulnerable y débil en un mundo de competencias, apariencias y espejos externos. Los errores son comunes, dado que se manifiestan como lecciones para transitar en el camino de la vida. La mayoría de ellos crea conexiones negativas dado que no se les ha mirado con detenimiento. El error viene acompañado de una gran virtud: el perdón.

El perdón ayuda a conciliar de forma interna a quienes, a través de los juicios anticipados, el miedo y el coraje, se laceran por sus actos. Hoy El Observador de la Actualidad te presenta cinco formas asertivas para aprender de los errores:

1 No los repitas

Las lecciones de la vida ponen a prueba a los seres humanos constantemente. Los hechos que surgen en cada acción deben dejar un aprendizaje. Si lo que se hizo provocó un daño personal o a terceros debe admitirse con la confianza de repararlo y no volver a repetirlo, tal como una máquina que gira constantemente. Es importante percibir los actos, detectar las fallas y sentir arrepentimiento de ellas.

La mayor parte de los seres humanos experimenta ira cuando comete un error. Trata de controlar la emoción una vez que la detectas, evita los comentarios sarcásticos o el daño intencional a los otros. El primer paso en toda situación de fallo es identificar por qué sucedió, a quién afectó y cómo podemos no volver a cometerlo. El error debe funcionar como un recordatorio para no volver actuar como se hizo y para poner la mirada en los resultados, asumiendo la falta.

2 Aprende

Los errores provocan malestares anímicos pero también físicos, tales como dolores de cabeza, problemas estomacales, nauseas. Se trata de la somatización de la culpa. No es una tarea fácil aprender de los desaciertos cometidos: se requiere de un trabajo de conciencia y de un espíritu noble. El primer paso para lograrlo es no estigmatizar tus errores, sino encontrar una oportunidad de aprendizaje de ellos.

Los psicólogos afirman que los errores pueden ser utilizados como una estrategia para no volver a cometerlos. Lo llaman la «didáctica del error», y consiste en la comprensión de las fallas y la visualización de las intenciones a fin de encontrar soluciones a los problemas que nos colocan frente a los errores.

3 Repararlos

Las consecuencias de los errores en muchos casos son lamentables; sin embargo, para no ser una presa de ellos, es importante aprender a repararlos, saber pedir disculpas y considerar al otro; evitar la confrontación y la violencia es la mejor forma de no caer en la trampa del error.

Cuando el error se comete y trae efectos colaterales es importante no culpar a los demás y en cambio hacerse responsable de los actos. Es la manera más pura y sencilla para rectificar.

4 Evita el castigo

Culturalmente se ha enseñado a purgar los errores y equivocaciones; no obstante, se crean daños irreversibles cuando al cometer una falla se castiga o flagela emocionalmente. Es importante que se reconozca la falla, se remedie la equivocación y no se cree una cauda de autoengaños, porque entonces aparecerá el sentimiento de decepción desde y hacia nosotros mismos. Tratarnos con perdón y misericordia es la forma más útil para dejar de castigarnos por lo que hicimos.

5 Construye

Los errores son barreras que provocan desánimo, apatía, aflicción. Es necesario visualizarlos como aprendizajes que permitirán construir aciertos. La experiencia del error ayuda a crear nuevos capítulos en la vida de las personas. Ayuda concretamente a buscar soluciones alternas, anticiparse a las fallas, visualizar estrategias de cambio y crear una vida digna para uno mismo y para los demás. Así evitamos ser presas de un error y construimos formas de trascendencia. Anímate a ser mejor persona aun cuando hayas errado.

 

 

Embarazo adolescente

Lucia Legorreta

Los embarazos en mujeres menores de 19 y 20 años son considerados como embarazos adolescentes y pueden ser el comienzo de una serie de conflictos irreversibles.

Embarazo adolescente

Hace unos meses fui invitada a un congreso titulado “Extremos en edad reproductiva de la mujer”. Me tocó hablar de la maternidad tardía, es decir cuando la mujer se embaraza a partir de los 35 años, los riesgos y realidades. Pero cuál fue mi sorpresa al darme cuenta que el problema serio en nuestro país no está en las mujeres que se embarazan tardíamente, sino en la maternidad temprana o embarazo en niñas adolescentes.

Un embarazo adolescente o a temprana edad es el que ocurre antes de los 19 o 20 años. Las madres menores a esta edad en México ocupan el 18.8% de los nacimientos.

Cada hora alrededor de 50 adolescentes mexicanas se convierten en madres. De acuerdo al INGEI, de los 2.6 millones de nacimientos que se registran al año en el país, 475 mil corresponden a mujeres menores de 20 años.

La proporción de nacimientos de madres adolescentes se ha incrementado en los últimos años, al pasar de 16.5% de total en 1995 a 18.8% en 2010.

Es fácil saber cuáles son los efectos cuando una joven adolescente queda embarazada, El primero de ellos es que su educación se ve afectada. La mayoría de ellas tienen que dejar sus estudios de secundaria o preparatoria y dedicarse a cuidar a su bebé.

La correlación entre maternidad temprana y no completar los estudios reduce a su vez las oportunidades laborales para muchas jóvenes. No hay estudios, no hay trabajos buenos.

¿Y cuáles son los efectos en los niños?

La maternidad temprana puede afectar el desarrollo psicosocial del niño. Los hijos de madres adolescentes tienen más probabilidades de nacer prematuramente, con bajo peso al nacer, lo que predispone a muchas otras condiciones para toda la vida.

Tienen mayor riesgo de retrasos intelectuales, lingüísticos y socio-emocionales. Las discapacidades del desarrollo y problemas de comportamiento se incrementan en los hijos de madres adolescentes.

También se ha notado un rendimiento académico deficiente en estos niños; las hijas de padres adolescentes tienen más probabilidades de convertirse, a su vez, en madres adolescentes. Resulta tres veces más probable que un hijo de madre adolescente sea condenado por la comisión de un delito.

Estos embarazos pueden influir en los hermanos menores. Se ha encontrado que las hermanitas de madres adolescentes son menos propensas a darle importancia a la educación y el trabajo, y más propensas a aceptar el comportamiento humano sexual, la maternidad, y el matrimonio a edades tempranas.

Los hermanos menores también resultaron ser más tolerantes a los nacimientos fuera del matrimonio, además de ser más susceptibles a comportamientos de alto riesgo.

Ser madre adolescente duplica la probabilidad de que una hermana menor también lo sea más adelante.

Nueve consejos para prevenir el embarazo en adolescentes:

1. Abstinencia: invitar e insistir a los adolescentes a no tener relaciones sexuales

2. Comunicación: los padres deben de propiciar la confianza y el acercamiento con los hijos para que juntos busquen asesoría e información sobre el tema.

3. Educación: que reciban información adecuada y veraz sobre la sexualidad

4. No a las influencias: muchos jóvenes suelen caer en la tentación por las presiones sociales.

5. Decir NO: saber negarse ante cualquier situación con la que no están de acuerdo o se sienten incómodas.

6. Ayuda: como papás abrir un canal por si nuestras hijas necesitan ayuda, que no acudan solo a sus amigas.

7. Responsabilidad: hacerle saber a las hijas cuales son las consecuencias de tener relaciones sexuales a corto y a largo plazo. Y a nuestros hijos que acepten que la responsabilidad es de ambos, y no solo de ellas.

8. Alcohol y drogas: evitar consumirlas, ya que se pierde el control bajo su efecto.

9. Valores: fomentar valores como el respeto a su cuerpo, a la vida, a las decisiones de los demás, al ejercicio de la sexualidad.

Si eres papá o mamá de un adolescente, vive muy cerca de ellos y no le tengas miedo a hablar sobre el tema de la sexualidad, le evitarás muchos problemas para su futuro.

Y si eres una adolescente, piensa muy bien antes de tener una relación sexual, cuida y respeta tu cuerpo, no te dejes llevar por los demás y piensa muy bien que esto cambia totalmente tu vida.

 

 

Ama a tus hijos protegiéndolos pero... ¡no te excedas!

Silvia del Valle Márquez

Amar a nuestros hijos es algo que nunca podremos evitar, sin embargo, hay limites que debemos establecer para no hacerles un mal en el amor que les damos.

Amar a los hijos sin excedernos

El amor es paciente, el amor es servicial, el amor todo lo perdona, todo lo olvida y siempre busca el bien de la persona amada, pero a veces nos vamos al extremo y sentimos que al que amamos nos pertenece y por lo mismo queremos tenerlo siempre a nuestro lado, que no sufra, que esté siempre bien, sin darnos cuenta que eso le puede llegar a asfixiar y dañar.

La sobreprotección es un problema muy común en las familias y a veces ni nos damos cuenta que lo estamos viviendo.

A nosotros los padres de familia, nos puede llegar a pasar que sentimos que nuestros hijos deben tener lo que nosotros no tuvimos, que deben vivir lo que nosotros no vivimos y queremos evitarles pasar por el dolor y sufrimiento que nosotros tuvimos en la infancia y por lo mismo les damos todo lo que nos piden; y hasta lo que no piden también se los damos, sin darnos cuenta que les estamos haciendo un mal.

Todos los excesos son malos y el cariño en exceso se vuelve algo negativo ya que limita y hasta invade a la otra persona, por eso aquí te dejo mis 5 tips para evitar la sobreprotección con nuestros hijos.

Primero. Los hijos son diferentes a nosotros. ¡Conócelos!
Es muy importante que hagamos conciencia que cada uno tiene sus necesidades y características propias por lo que no podemos ni debemos tratar a nuestros hijos como sentimos que debieron tratarnos a nosotros.

Es importante conocerlos para saber qué necesitan y lo que es mejor para su buena formación y un desarrollo integral de sus capacidades y afectividad.

Observarlos para conocerlos y no es necesario estar sobre ellos todo el tiempo, pero acompañarlos en los momentos más importantes de la vida, observar sus reacciones en la vida cotidiana, dedicarles por lo menos 10 minutos al día de tiempo completo, evitando que otros asuntos nos quiten la atención.

Observar para responder a sus necesidades y también para amarlos sin hacerles daño.

Segundo. Nuestros hijos tienen diferentes necesidades que nosotros.
Al conocerlos nos podemos dar cuenta que son únicos y así sus necesidades son específicas por lo que no podemos tratar a todos por igual.

Hay quien requiere más contacto físico, otros más cuidados, otros necesitan atención, otros un poco más de libertad, otros que seamos exigentes con ellos y otros que seamos tiernos, pero todos necesitan Amor.

Si nos movemos por amor y desde el Amor, podremos tener un equilibrio y dar solo lo que nuestros hijos necesitan sin que nuestras carencias definan nuestras acciones.

Tercero. Edúcalos desde el Amor.
Claro, el Amor debe ser el centro de la educación. Si amamos a nuestros hijos, buscaremos siempre su bien, pero si amamos a nuestros hijos seremos capaces de poner un límite a nuestro amor.

Nuestros hijos pueden notar cuando hacemos las cosas por amor y cuando las hacemos por obligación. Una misma acción puede ser benéfica o dañina dependiendo de la intención con la que la realicemos y de lo que la ha movido o provocado.

El Amor implica preguntarnos: ¿qué haría Jesús en esta situación?

Cuarto. Edúcalos con uno poco de hambre y un poco de frío.
El que nuestros hijos tengan todo les limita y los incapacita ya que les impide desarrollarse integralmente.

Un poco de habré y un poco de frío no le hacen daño a nadie, por el contrario, fomenta la resiliencia y la capacidad de crecer.

Y cuidado de hacer las cosas para competir con los otros, para ir con la tendencia o para estar al último grito de la moda porque es muy difícil aguantar ese paso.

Es mejor que capacitemos a nuestros hijos para la vida y les enseñemos a ofrecer todo lo que es necesario vivir, carencias, dolores, humillaciones, etc., para que de ellas aprendan y al unirlas a la cruz con Jesús, sean fecundas y beneficien a muchos, incluidos ellos mismos.

Y quinto. Nuestro modelo es la familia de Nazaret
No hay más que decir. Debemos preguntarnos ¿Cómo educaron María y José a Jesús?

Ojalá que podamos tener este modelo de familia para así, emprender el rumbo de la educación de nuestros hijos y ser capaces de amarlos y protegerlos, pero sin excedernos.

 

Sobre el Padre Nuestro. Saber rezar en plural

Escrito por Pbro. José Martínez Colín.

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Muchas veces al rezar, lo hacemos únicamente por nosotros mismos, mostrando cierta forma de egoísmo; arreglemos eso y recemos no solo por uno sino por todos nuestros hermanos y hermanas.

Sin querer podemos ser egoístas al rezar por uno mismo solamente; no hay que olvidarnos de nuestros hermanos y hermanas. Pidamos por ellos.

1)  Para saber

Hace años una revista francesa publicó un diálogo que tuvo el pintor Salvador Dalí. Este gran artista solía presumir de su ingenio y sus cualidades. Cuando visitó París, le presentaron a Madeleine Renaud, famosa actriz. Ella le dijo a Salvador: “Créame que le admiro mucho señor”. A lo que el artista respondió: “Yo también, señora”. La actriz preguntó sorprendida: “Pero, ¿me ha visto trabajar?” Dalí le dijo: “No hablo de usted, señora, sino de mí. Que yo también me admiro mucho”.

Es fácil caer en el egocentrismo y pretender que todo gire alrededor de uno. Incluso hay el peligro de que nuestra oración a Dios también esté impregnada de egoísmo. Nuestro Señor Jesucristo nos previene contra la hipocresía, cuidando de no orar para que nos vean y alaben.

La verdadera oración, dice el papa Francisco, es la que se hace en el secreto del corazón, visible solo para Dios. Un diálogo íntimo con Dios, silencioso, como el cruce de miradas entre dos personas que se aman: el hombre y Dios cruzan la mirada, y esta es oración. Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar. Tal vez alguien diga: “Pero, padre, yo no digo palabras…” Mira a Dios y déjate mirar por Él: ¡es una hermosa oración!

2)  Para pensar

Siguiendo con la reflexión sobre el Padre Nuestro, el papa Francisco hace una interesante observación: en esa oración no aparece el “yo”, sino el “tú” de Dios: santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad. O aparece el “nosotros”: “Danos el pan…”, “perdona nuestras ofensas…”, “no nos dejes”, “líbranos”. Es decir, hacemos las peticiones en plural, pidiendo por todos, no nada más para uno mismo. Y aunque se rece solitariamente, el cristiano no deja el mundo fuera, sino que lleva en su corazón a personas y situaciones concretas, los problemas y dolores de las personas que están a su lado.

Porque si uno no se da cuenta de que a su alrededor hay gente que sufre, si no se compadece de las lágrimas de los pobres, significa que su corazón es de piedra. En este caso, es bueno suplicar al Señor que nos toque con su Espíritu: “Señor, ablanda mi corazón, para que entienda y se haga cargo de todos los problemas y dolores de los demás”. Es una oración hermosa: Cristo no pasó inmune al lado de las miserias del mundo, sino se compadecía cuando percibía una soledad o un dolor, como con entrañas de una madre. Este “sentir compasión” es uno de los verbos clave del Evangelio.

3)  Para vivir

Ese “nosotros” que Jesús nos enseñó a rezar en el Padre Nuestro, nos impide estar solos tranquilamente y nos hace sentir responsables de nuestros hermanos. Podemos preguntarnos: cuando rezo, ¿me abro al llanto de tantas personas cercanas y lejanas?

Hay hombres que aparentemente no buscan a Dios, pero Jesús nos hace rezar también por ellos, porque Dios busca a estas personas más que a nadie, es decir, por todos, porque el que piensa que está sano, en realidad no lo está. ¡El Padre ama a todos.

A diferencia de nosotros que a veces solo somos buenos con algunos, aprendamos de Dios, que siempre es bueno con todos. Recemos “en plural” pensando en los demás.

 

 

Ha desvelado la incoherencia de un Gobierno

La ley marítima establece que se debe reducir al mínimo el tiempo que las personas rescatadas permanecen en el mar. El hecho de que siga encallada la situación, sin una situación que se atisbe a corto plazo, muestra, por una parte, el fracaso de los estados miembros de la Unión, y por otra deja al descubierto la falta de una política coherente de la propia Unión Europea con respecto a este asunto. Gestos como el de la acogida del Aquarius en España el pasado verano, lejos de haber supuesto un avance en una política migratoria común, no han hecho sino desvelar la incoherencia de un Gobierno como el español, que se mueve, también en un asunto tan sensible como éste, a golpe de marketing. Como muestra la desinformación sobre el tema desde que Sánchez vive en la Moncloa.

Hay que agradecer al Papa, una vez más, el aldabonazo a nuestras conciencias que suponen sus palabras. Desde el inicio de su pontificado, y más en concreto desde su viaje a Lampedusa en el verano de 2013, ha permitido una mayor visibilización de un drama, que Europa, a poco que volviera su rostro hacia las raíces cristianas que la configuraron, debería tomarse muy en serio y abordarlo sin populismos estériles, pero con el coraje del que sabe que son muchas vidas humanas las que están en juego.

Jesús Domingo Martínez

 

 

40 años de unos Acuerdos

Se cumplen 40 años de los Acuerdos entre España y la Santa Sede que redefinieron el marco jurídico para la presencia de la Iglesia en la sociedad, adaptándolo al nuevo contexto democrático y al Vaticano II. Una vez que el rey Juan Carlos allanó el camino con su renuncia al derecho de presentación de obispos, las negociaciones avanzaron sin dificultad. España dejaba de ser un país confesional, pero dado que una abrumadora mayoría social seguía siendo católica, la Carta Magna estableció un mandato de cooperación de las autoridades con la Iglesia, siempre desde la mutua independencia. Ahora que han pasado 40 años me parece importante recordarlo, pues hay quienes prefieren olvidar los tratados.

Pedro García

 

 

Luces y sombras en muchos lugares

Francisco, el Papa, menciona expresamente luces y sombras de lugares como Etiopía y Eritrea, Sudán del Sur, República Democrática del Congo, Mali, Níger, Nigeria, Camerún, Palestina, Yemen e Irak, Nicaragua, Venezuela, Ucrania y, de modo particular, Siria y el Oriente Medio con un recuerdo especial para el sufrimiento de tantos cristianos

De otra parte, en el año del centenario del nacimiento de la Sociedad de Naciones, precedente decisivo de la actual ONU, elogiaba los criterios inspiradores del intento –fallido por la segunda gran guerra, pero permanente- de “evitar que las relaciones recíprocas sean dominadas por la lógica del dominio que conduce a la guerra”.

Juan García.

 

 

Pensamientos y reflexiones 210

 

El que fuera rey y hoy es “un español más”

                                Nos ilusionaron, “nos ilusionamos”; pero al final “un Borbón más”: Sólo hay que conocer la historia desde el primero al último y entonces sabremos el porqué de la “España de entonces y la de ahora”; un pueblo sumergido en la ignorancia y manipulado y explotado siempre, en favor de unas minorías; antes fueron “unas y hoy otras”; pero de común acuerdo para entre ambas explotar el riquísimo cortijo que fue y sigue siendo España, para esas minorías explotadoras y que arrebatan al común del pueblo inmensos recursos, que debieran serle entregados para precisamente elevarlo y sacarlo de los festejos, de siempre, fueran “toros o sea fútbol; fuera Lagartijo o el futbolero del momento y al que se le ha colmado de oro, porque así se entretiene y mantiene a las masas desde, o antes del Imperio Romano”.

            La “historia comisionera, comisionista, especulativa, del tal Borbón, viene ya de “viejo”; puesto que el primer y escandaloso libro escrito sobre la situación “podrida”, de la España de después de Franco, la escribe Jesús Cacho, en 1999 en un volumen de 654 páginas, editado en España (Editorial Foca) bajo el título; “El negocio de la libertad”, del que les copio una primera entradilla: “Convéncete, Jesús, había manifestado José María Aznar tras perder las elecciones de junio del 93, los ricos madrileños no me apoyan porque saben que conmigo les irá bastante peor que con Felipe.... Tras la victoria de marzo del 96, Aznar se vio obligado a suscribir un Pacto de Investidura para formar un Gobierno que significaba, en esencia, la renuncia al compromiso de regeneración democrática que le había llevado a La Moncloa. Ese ideal de regeneración implicaba un peligro abisal para las élites que habían sacado tajada del régimen que representó Felipe González: la banca, las grandes fortunas, una Corona perfectamente acoplada al felipismo, la propia cúpula socialista y, naturalmente, el único poder fáctico real existente en la España de nuestros días: el grupo Prisa de Jesús Polanco- ¿Accedería el primer Gobierno de la derecha democrática española a actuar de zapatero remendón de un sistema agotado, nucleado en torno al eje de poder (Polanco-Felipe-Su Majestad el Rey) surgido en octubre de 1982, y se decidiría a cortar por lo sano, levantando las alfombras y abordando el saneamiento radical de las instituciones?. Este es el relato de...”  Leer resumen completo De este libro creo recordar que se hicieron varias ediciones, pero todo pasó “en el clásico silencio sepulcral y español, que todo lo tapa, salvo lo que interesa a esas minorías dominantes antes reflejadas”; y ni molestaron al autor, que afortunadamente aún sigue viviendo y escribiendo muy bien, por lo que hay que seguir leyéndolo.

                                                                                                                   Ahora ocurrirá igual, puesto que ante las peticiones de que actúe la justicia, ya se ha publicado lo que sigue: https://www.vozpopuli.com/politica/congreso-investigara-posible-comisiones-Rey_0_1153385647.html  ( De mi artículo de igual titular – Julio 2018)

 

Los denostados políticos: No puedo hablar nada más que del lugar donde vivo y donde oigo a la gente hablar de los políticos; de forma generalizada aquí “hablan pestes” de ellos y no se salva partido alguno, puesto que el coste “del conjunto” cada vez es mayor; la cantidad de nepotes  que “colocan” en los departamentos que controlan,  igualmente los engordan cada vez más y no eliminan “lo que los anteriores colocaron”, por lo que de seguir así ni imaginar podemos qué es lo que pasará al paso de los años, con estas cargas que se traducen a cada vez más impuestos y que nos hacen pagar a la fuerza; aumentemos “la invasión de inmigrantes ilegales”, que inundan las costas del sur de España y el enorme gasto que ello conlleva; todo lo cual repudia la general población de españoles, que ni entienden y menos comprenden y por aquello tan simple que dice el dicho ancestral de la cultura… “Arregla antes tu casa y deja al vecino que arregle la suya”.

                                Algunos piensan que “los políticos” no nos sirven y por tanto deben desaparecer; cosa absurda puesto que los políticos son necesarios, ellos lo saben y como en mayoría carecen de escrúpulos, los resultados son los deplorables que padecemos; pero lo que es imposible, es “un gobierno sin políticos”, puesto que “la masa de borregos humanos” (y como la inmensa mayoría de mamíferos y otro animales) necesitamos guías (en el caso humano) administradores, pero no de la forma incontrolada en que hoy campan realizando el bandidaje que en general realizan, cuando no las acciones costosísimas en que nos meten y que nos hacen pagar mediante la imposición de cada vez más impuestos. (De mi artículo de igual titular 30-06-2018)

 

Tristemente… “todo seguirá igual o peor”

 

                                Es lo que “me dice” mi intuición; y viendo, “el discurrir del mundo a lo largo de mi ya larga vida”. “Lo reflejó Lampedusa[i] en “El gatopardo”, en su lampedusiana afirmación”… “Cambiemos algo para que no cambie nada”; y acertó plenamente.

                                En general, todo el que administra algo y con argucias o sin ellas, al final, “mete mano en lo que no es suyo” y roba lo que puede; (“y el robar no es solo dinero y bienes, se roba mucho y de muchas maneras diferentes, quede ello bien claro”); los políticos mucho más y… “sálvese el que pueda”. El mundo se ha estructurado, no “en ganar el pan con el sudor de la propia frente, sino muy al contrario, con el sudor de los demás”; y es claro que así los desastres “menores y mayores”, son “el pan nuestro de cada día”; y al final, se van acumulando estos y terminan en los “grandes desastres” en que siempre y hasta aquí, ha terminado la Humanidad; de ahí mi titular de hoy que en sí… “lo dice todo”.

                                ¿Cómo marcha la política en España? Pues similarmente a como marcha en gran parte del mundo (“y no digo todo el mundo, por reservar algunas excepciones que puedan existir, sin mácula de pudrición”).

                                Todos o la gran mayoría que arriban a ella, lo hacen para hacer su negocio, enriquecerse o como mínimo, asegurarse una vida cómoda “a costa de los demás”; también la mayoría que “militan en política”, es por cuanto nunca hicieron nada (muchos ni lo intentaron) o son fracasados, que recurren “al nuevo oficio”, por cuanto en el mismo “no se arriesga nada y sólo se necesita paciencia y saber hacerle la pelotilla al superior, para agarrado al mismo, ir escalando puestos a los que muchos llegan sin aún haber soñado nunca en ellos”; y lo estamos viendo en nuestro propio entorno, donde “individuos que nunca dieron un palo al agua”, terminan ostentando un mando y teniendo acceso a cantidades enormes de dinero, que no saben administrar; sencillamente porque nunca aprendieron a ello.

                                De ahí la gran sentencia del sabio chino (Confucio)… “Que nadie, que no sepa administrar su casa y sus bienes, entre en política; y nunca, dejarlo que mande en hombres” (Cito de memoria pero el sentido de la sentencia es éste).

(De mi artículo de igual titular: Septiembre del 2018)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

 


[i] Giuseppe Tomasi di Lampedusa: Escribió una sola novela, pero la que se sigue leyendo pasado el tiempo y por cuanto su contenido se va repitiendo en formas más o menos cínicas, más o menos perversas, o más o menos demagógicas (como quieran entenderlo) pero la frase que destaca en toda la obra, sigue teniendo la terrible actualidad de la época en que Italia y tras milenio y medio, volvía a estar bajo un solo gobierno... “El gatopardo, ambientada en la Unificación Italiana. El gatopardismo, o mucho más habitualmente, el adjetivo lampedusiano, ha pasado a definir el cinismo con el que los partidarios del Antiguo Régimen se amoldaron al triunfo inevitable de la revolución, usándolo en su propio beneficio; posición acuñada en una frase lapidaria: Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.