Las Noticias de hoy 23 Febrero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 23 de febrero de 2019   

Indice:

ROME REPORTS

Reportaje: Exigencia de “rendir cuentas” y llamamiento del Papa a valorar a las mujeres como “la Iglesia”

Linda Ghisoni, Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida: “Communio. Actuar juntos”

“Estuve embarazada tres veces, él me hizo abortar tres veces” relata una víctima de abusos

LOS PROPÓSITOS DE LA ORACIÓN: Francisco Fernandez Carbajal

“Es tiempo de esperanza, y vivo de ese tesoro”: San Josemaria

«Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»: Juan Rego

Cátedra de San Pedro

Comentario al Evangelio: Solo el amor vence al odio

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.: + Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

El humanismo de la vida: hacia una bioética global: Ramiro Pellitero

Compartir las semillas: Javier López

La sensibilidad cristiana ante los medios de comunicación: Salvador Bernal

Una Declaración de Fe: Ernesto Juliá

Ser feliz en tiempos de prisa: Nuria Chinchilla

SUECIA, DINAMARCA, JAPÓN Y FINLANDIA ¿UN ÉXITO DEL PUEBLO SABIO?: René Mondragón

ALERTA CONTRA EL TERRORISMO IDEOLÓGICO: Alfredo Palacios Dongo

La Dieta Mediterránea y la salud cardiovascular: Jesús Domingo

Vuelve el debate del aborto: Josefa Romo  

La familia es lo primero... y único.: Miguel Espino 

Más allá de sus discursos altisonantes: Suso do Madrid

 “La cultura del abuso…”: Xus D Madrid

Convirtiéndose en niños de la calle: José Morales Martín

VIVIR SOÑAR LA ETERNA VIDA: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Reportaje: Exigencia de “rendir cuentas” y llamamiento del Papa a valorar a las mujeres como “la Iglesia”

2º día del Encuentro para la protección de menores

febrero 22, 2019 23:30Deborah Castellano LubovProtección de Menores

(ZENIT – 22 febrero 2019).- En el segundo día del encuentro sin precedentes sobre ‘La Protección de los Menores en la Iglesia’, del 21 al 24 de febrero de 2019, convocado por el Papa Francisco para abordar y combatir la crisis de los abusos sexuales durante décadas en la Iglesia, la rendición de cuentas ha estado a la vanguardia.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/DSC9315-413x275.jpg

Como se esperaba, unos 190 participantes, en su mayoría presidentes de las conferencias nacionales de obispos, debatieron durante la primera jornada sobre el tema de la “responsabilidad”, hoy y mañana el tema de la “transparencia”.

Sin embargo, mientras el día parecía haber concluido con las palabras de los participantes, uno de esos participantes, el Papa Francisco, hizo breves e inesperados comentarios importantes sobre el significado de las mujeres tras el discurso de la laica y abogada canónica que consulta a la Congregación para la Doctrina De la Fe, Dra. Linda Ghisoni. También se desempeña como subsecretaria del Dicasterio del Vaticano para Laicos, Familia y Vida.

Una mujer es la “Iglesia”

El Papa subrayó que una mujer no habla a la Iglesia, sino que “es” la Iglesia. El Santo Padre sugirió que hacer que las mujeres participen y hablen no se trata de tener cuidado de mantener a las mujeres involucradas en la Iglesia. También señaló que si bien las mujeres aumentan su participaciónes en la Iglesia es algo bueno, él no estaba hablando sobre eso.

Esencialmente, su punto era: “es el genio femenino que se refleja en la Iglesia, que es mujer”. Los miembros de la Iglesia nacen de la Iglesia, es decir, la madre. Cuando las mujeres hablan, hablan como si la Iglesia misma hablara como una madre.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/DSC9335-413x275.jpg

Este segundo día completo del enuentro comenzó esta mañana con la oración de la mañana. Los dos cardenales que formaban parte del comité organizador del evento, el Cardenal Blase Cupich de Chicago y el Cardenal Oswald Gracias de Mumbai, India, hablaron y sugirieron que cuando haya una conducta cuestionable de los obispos, los mismos obispos deberían vigilarse mutuamente.

Esta tarde, la Dra. Linda Ghisoni habló, marcando la primera de las tres mujeres que intervinieron. En estos días, hay nueve oradores en total, dos que dan homilías y dos discursos del Papa, uno de los cuales fue una breve introducción ayer por la mañana, donde pidió “acciones concretas” y “purificación” mientras distribuía una lista de 21 pasos de acción, que están lejos de ser considerados finales, pero proporcionan un punto de partida concreto, y su discurso de clausura el domingo después de la misa, considerado el momento más esperado del encuentro.

Seguimiento de las propuestas

El lunes, los miembros del comité organizador se reunirán con dicasterios del Vaticano donde comenzarán a ver cómo avanzar y poner en acción algunos de los resultados de este encuentro de tres días y medio.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/DSC9307-413x275.jpg

En el discurso de Cardenal Cupich el día de hoy, el prelado subrayó que acompañar las víctimas significa “rechazar categóricamente todo encubrimiento” y rechazar no acercarse a los sobrevivientes de abuso sexual clerical, por temor a acciones legales o por escándalo.

También proporcionó 12 “pasos procesales concretos” para responsabilizar a los obispos por el maltrato o mal manejo de los casos de abuso.

Cardenal Gracias: Colegialidad 

Cardenal Gracias pidió a sus compañeros obispos que consideren lo siguiente: “¿Realmente entablamos una conversación abierta y señalamos honestamente a nuestros hermanos obispos cuando notamos una conducta problemática en ellos?”.

Le dijo a los obispos que la era de los obispos que piensan que “este no es mi problema” debe terminar porque, por medio la colegialidad, el problema afecta a todos. “Nadie puede pensar ‘este no es mi problema'”, dijo. También admitió que “el encubrimiento puede ser peor que el abuso en sí mismo, re-victimizando a aquellos que ya han sufrido abuso”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/DPF220219_21-413x275.jpg

Linda Ghisoni exhortó a la Iglesia a reexaminar, en casos de abuso, “el secreto pontificio”. Si bien reconoce que el buen nombre de los involucrados debería ser protegido, a menudo, observó, el secreto parece “esconder los problemas en lugar de protegerlos”.

También señaló que si los obispos piensan que están trabajando para la Iglesia, pero actúan solos, sin laicos, no lo están haciendo. Sin embargo, advirtió, la participación de los laicos no significa soluciones mágicas.

O’Malley, jefe de la Comisión de Protección de Menores

Durante la conferencia de prensa de hoy, que precedió al discurso de la Dr. Ghisoni, el Cardenal Sean O’Malley, Arzobispo de Boston y jefe de la Comisión de Protección de Menores del Vaticano, dio sus impresiones sobre el encuentro.

Card. O'Malley -Centre for Child Protection

“En mi forma de pensar”, dijo, “no hay nada más urgente que hacer para la Iglesia que se unirse para encontrar una manera de abordar cuál es el punto más importante de nuestra misión en este punto en nuestros tiempos: la protección de los niños”.

A lo largo de esta conferencia, se observó que este encuentro no pretende crear directrices que no existen, sino revisar lo que ya existe y asegurarse de que todas las conferencias de obispos de todo el mundo, sin excepción, implementen las directrices necesarias y estén en la misma pagina.

Como una Madre amorosa

Por ejemplo, una de las áreas más importantes donde los observadores dicen que se debe trabajar es castigar a los obispos negligentes, aquellos que se han cubierto. Sin embargo, existe una guía dentro del motu proprio del Papa Francisco Come una Madre amorevole, (Como una Madre amorosa) sobre los obispos negligentes.

Aún que existe, es ampliamente conocido que el documento no ha sido implementado. El Cardenal O’Malley mencionó una reforma en curso: “La Santa Sede está proporcionando una aclaración sobre la aplicación de Como una Madre amorosa“, señalando que esto debería darse a conocer pronto.

Involucrar a los laicos

Todos los que hablaron hoy hicieron hincapié en la necesidad de involucrar a los laicos y la propuesta de Cardenal Cupich también mencionó que cuando se necesita la asistencia para las víctimas como resultado de la mala conducta del obispo, que la diócesis del obispo debe financiar los servicios que la víctima necesita.

Esta mañana, el Papa Francisco distribuyó a los participantes del encuentro, el informe de la ONU de la oficina de Marta Santos Pais, Representante Especial del Secretario General de la ONU sobre “Violencia Contra los Niños”, una entidad con la que colabora la Santa Sede. El informe presentó estadísticas y detalles sobre los propios esfuerzos de protección de menores de la oficina de la ONU.

Durante el encuentro, un periodista preguntó sobre el progreso de las investigaciones internas en los Estados Unidos y en el Vaticano sobre cómo Theodore McCarrick pudo llegar al poder. Se señaló que la Santa Sede, en un futuro no muy lejano, debería publicar los resultados.

 

Linda Ghisoni, Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida: “Communio. Actuar juntos”

Sexta Relación del Encuentro

febrero 22, 2019 22:34Anita BourdinProtección de Menores

(ZENIT – 22 febrero 2019).- “Actuar juntos”, es lo que aboga Linda Ghisoni, Subsecretaria del dicasterio romano para los laicos, la familia y la vida, que habló el viernes, 22 de febrero de 2019, a las 16 horas, durante el segundo día del Encuentro para ‘La Protección de los Menores en la Iglesia’, en curso del 21 al 24 de febrero.

Especialista en Derecho Canónico, enfatiza esta vida de la Iglesia como “comunión” que implica: “No hay una clase de negocios en algunas Iglesias particulares y una clase económica en otras, sino la única Iglesia de Cristo se expresa en todas partes, garantizando a todos, herramientas, procedimientos, criterios que, más allá de las particularidades locales necesarias, protegen a los menores buscando la verdad, la justicia, promoviendo la reparación y la prevención del abuso sexual”.

Como consultora de la Congregación para la Doctrina de la Fe, también enfatiza la importancia de la “verificación”, de la evaluación de la acción del obispo también: “Para decir que incluso el obispo siempre debe dar cuenta de su trabajo a alguien no significa someterlo a un control o cubrirlo con desconfianza a priori, sino involucrarlo en la dinámica de la comunión eclesial donde todos los miembros actúan de manera coordinada, de acuerdo con sus propios carismas y ministerios. Si un sacerdote informa a la comunidad, el presbiterio y su obispo sobre su actividad, ¿un obispo a quien reporta? ¿A qué responsabilidad está sujeto?”.

Consejos diocesanos 

Es por esto que propone el establecimiento de “consejos diocesanos” que “operen de manera corresponsable con los obispos y los superiores religiosos, apoyándolos en esta tarea con competencia y actuando como un lugar de verificación y discernimiento con respecto a las iniciativas que se deben emprender sin sustituirlas por ellas mismas” o “interferir con las decisiones que caen dentro de la responsabilidad jurisdiccional directa del obispo o del superior, pueden ser un ejemplo y un modelo de una colaboración saludable de laicos, religiosos y eclesiásticos. En la vida de la Iglesia”.

También considera “deseable” que, “dentro del territorio de cada Conferencia Episcopal, se establezcan comisiones consultivas independientes para asesorar y asistir a obispos y superiores religiosos y para promover un nivel uniforme de responsabilidad en las diversas diócesis”.

La Sra. Ghisoni también señala, entre otros temas de reflexión, la comunicación que debe evitar tanto la “confidencialidad injustificable”, como la “divulgación no controlada” de que “puede crear una mala comunicación y no servir la verdad”: “La responsabilidad también es saber comunicar. Si, de hecho, no nos comunicamos, ¿cómo podemos ser responsables ante los demás? Y entonces, ¿qué comunión puede haber entre nosotros?”.

AB (Traducción de Ana Paula Morales)

***

Communio: actuar juntos

Introducción

«Es una nueva traición que viene del interior de la Iglesia. Estas personas son, desde mi punto de vista, lobos que entran aullando en el redil para asustar aún más al rebaño y dispersarlo, cuando deberían ser precisamente ellos, los Pastores de la Iglesia, quienes tendrían que cuidar y proteger a los más pequeños».

En este testimonio de una mujer víctima de abusos de conciencia, de poder y sexuales por parte de sacerdotes, los “lobos que aullan” son los pastores que han negado a priori y que, una vez probados los hechos criminales, la han hecho objeto de intimidaciones y han aniquilado su dignidad, definiéndola como «una persona que, todo lo más, puede pasar entre un cuadro y la pared» (sin espesor, sin fundamento).

Escuchar testimonios como éste no es un ejercicio de conmiseración; es un encuentro con la carne de Cristo en la que se han provocado heridas incurables, heridas que, como decía Usted, Santo Padre, no prescriben.

De rodillas: esta sería la posición adecuada para tratar los temas de estos días. De rodillas ante las víctimas y sus familias, ante los abusadores, los cómplices, los negacionistas, delante de todos los que han sido acusados injustamente, ante los negligentes, los encubridores, ante los que han intentado hablar y actuar pero han sido silenciados, ante los indiferentes. De rodillas ante el Padre misericordioso que ve desgarrado el Cuerpo de Cristo, su Iglesia, y nos envía a hacernos cargo de las heridas como Pueblo suyo, y a curarlas con el bálsamo de su amor.

No tengo nada que enseñarle a Usted, Santidad, a ustedes, Eminencias, Excelencias Reverendísimas, a las Reverendas Madres y a los Reverendos Padres convocados aquí; creo más bien que juntos, en la escucha recíproca y activa, nos esforzamos por trabajar para que en el futuro no levante tanto clamor un evento como este encuentro y la Iglesia, Pueblo de Dios, cuide de manera competente, responsable y amorosa a las personas implicadas y se haga cargo de lo que ha sucedido, para que la prevención no se agote en un bonito programa, sino que se convierta en actitud pastoral ordinaria.

1. Situar y fundar oportunamente la rendición de cuentas

Ante la anormalidad inherente a cualquier tipo de abuso perpetrado contra menores se impone, en primer lugar, el deber de conocer todo lo que ha sucedido, junto a una toma de conciencia de lo que significa; y el deber de verdad, de justicia, de reparación y prevención para que no se reiteren tales abominaciones.

El conocimiento de los abusos y de su entidad es, evidentemente, el punto de partida fundamental; por lo demás, no es posible elaborar un plan de prevención si no se conoce aquello que se debe evitar. Sin embargo, el conocimiento de los hechos y la definición de la entidad del fenómeno, aunque es necesario, “en sí mismo no basta” (Francisco, Carta al Pueblo de Dios, 20 de agosto de 2018, n.2).

Para satisfacer las exigencias enumeradas más arriba de verdad, justicia, reparación y prevención, se necesita que quien está investido de la debida responsabilidad la asuma, con el consiguiente deber de dar cuenta de ella, el deber de rendir cuentas.

Dicho deber impone una operación de evaluación y rendición de cuentas por lo que se refiere a decisiones tomadas y objetivos fijados y realizados en mayor o menor medida. Responde a exigencias de carácter social, y coloca a la persona investida de responsabilidad ante una rendición de cuentas tanto a sí misma como a la sociedad en la que vive y a beneficio de la cual está llamada a desempeñar un determinado cargo.

Pero la rendición de cuentas en la Iglesia, contrariamente a lo que puede parecer, no responde en primer lugar a exigencias de carácter social y organizativo.

Y ni siquiera –siempre en primer lugar– a la necesidad de transparencia, a la que todos hemos de prestar especial atención en razón de la verdad.

Tales exigencias, que no hay que descuidar ni minimizar, son justas; por lo demás, la Iglesia no puede distanciarse de lo que exige su dimensión institucional.

Sin embargo, no son estas exigencias sociales las que constituyen el fundamento de la rendición de cuentas; éste se encuentra más bien en la naturaleza propia de la Iglesia como misterio de comunión.

Sabemos que la naturaleza de comunión de la Iglesia emerge especialmente gracias al Concilio Vaticano II, si bien, en realidad, ni la Constitución Dogmática Lumen Gentium ni los demás documentos de carácter eclesiológico parecen poner expresamente el acento sobre la eclesiología de comunión.

Habrá que esperar al Sínodo extraordinario de los Obispos del año 1985 – convocado para «meditar, profundizar y promover las enseñanzas del Vaticano II a los 20 años de su conclusión» (Juan Pablo II, Discurso final de la II Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos, 7 de diciembre de 1985) – para que se elabore la categoría de comunión como clave interpretativa de la Iglesia a la luz de la Revelación. Esta surge de la referencia primera, directa, fundante, a la dimensión sacramental de la Iglesia, es decir, a ese misterio trinitario en el cual la Iglesia reconoce su propio rostro, si bien en forma sacramental y, por tanto, analógica: «veluti sacramentum», «o sea, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1).

Solamente apoyándose en este fundamento adquiere pleno significado cada acción de la Iglesia: incluso una acción que connota claramente exigencias de carácter social, como puede parecer la rendición de cuentas, es preciso que sea reconducida a la naturaleza propia de la Iglesia misma, es decir, a su dimensión de comunión.

¿Qué puede significar esto en nuestro ámbito específico?

No pocas veces advierto intranquilidad en la Iglesia por la atención que se dedica a la cuestión de los abusos sexuales de menores. Un sacerdote, hace unos días, exclamó: “¿Otra vez? ¡Se sigue hablando de abusos! La atención que la Iglesia presta a este tema es exagerada”.

También una señora practicante me ha dicho inocentemente: “Mejor no hablar de estos temas, porque de lo contrario crecerá la desconfianza hacia la Iglesia. Hablar de esto oscurece todo el bien que se hace en las parroquias. Que lo resuelvan el Papa, los obispos y los sacerdotes entre ellos”.

¿Es el hablar lo que ofusca lo bueno que se hace en las parroquias, o más bien son los abusos de conciencia, de poder, sexuales?

A estas personas –y en primer lugar a mí misma– les digo que tomar conciencia del fenómeno y dar cuenta de la propia responsabilidad no es una obsesión, no es una acción inquisitoria accesoria para satisfacer meras exigencias sociales, sino una exigencia que brota de la naturaleza misma de la Iglesia como misterio de comunión fundado en la Trinidad, como Pueblo de Dios en camino que no evita sino que afronta, con conciencia de comunión siempre renovada, incluso los desafíos ligados a los abusos sucedidos en su interior en perjuicio de los más pequeños que minan y rompen esta comunión.

2. Algunas cuestiones eclesiológicas consiguientes

Solamente a partir de la visión de la Iglesia como sacramento que significa y realiza el misterio de comunión trinitaria es posible comprender correctamente la variedad de los carismas, dones y ministerios de la Iglesia, la diversidad de los papeles y las funciones en el Pueblo de Dios.

2.1 Una primera cuestión crucial que se deduce de lo dicho hasta ahora es la siguiente: en Iglesia, los fieles no se atribuyen papeles y cargos según una distribución social de acuerdo con exigencias de funcionamiento institucional: sabemos bien que el sacerdocio común de los fieles, fundado en el bautismo, hace partícipes a todos los cristianos –precisamente en virtud del bautismo– del triple munus de Cristo sacerdote, rey y profeta (cf. LG 10).

Por tanto, una referencia honesta a la Iglesia como comunión, como Pueblo de Dios en camino, exige que todos los componentes de este Pueblo, cada uno en el modo que le es propio, vivan consecuentemente los derechos-deberes que han adquirido con el bautismo. No se trata de acaparar puestos o funciones, o de repartirse el poder: la llamada a ser Pueblo de Dios nos entrega una misión que cada uno ha de vivir según los dones recibidos, y no él solo, sino como parte del Pueblo.

2.2 Una segunda cuestión importante en el contexto de nuestro discurso se refiere a la correcta comprensión del ministerio ordenado, especialmente de la relación entre obispo y presbíteros.
Si por una parte se requiere a los presbíteros que estén unidos a su Obispo con sincera caridad y obediencia, reconociendo en él la autoridad de Cristo como Pastor supremo, por otra los Obispos deben preocuparse «cordialmente, en la medida de sus posibilidades, de su bien material (de los presbíteros) y, sobre todo, espiritual, como está escrito en el n. 7 del Decreto Presbyterorum Ordinis. Efectivamente, sobre los obispos recae principalmente la grave responsabilidad de la santidad de sus sacerdotes: por consiguiente, tengan un cuidado exquisito en la continua formación de su presbiterio (CD 15-16)».

Una correcta relación entre Obispo y presbíteros conduce a que éste se haga cargo realmente, desde el punto de vista material y espiritual, de los sacerdotes, pues sobre él recae en primer lugar la responsabilidad de la santidad de los presbíteros.

Es preciso que el ministerio sacerdotal, basándose en una sólida formación, sea vivido en todos los niveles como lo que es: dedicación y servicio a Cristo y a la Iglesia lavando los pies, según lo que Jesús hizo a los apóstoles a pesar de desilusionar a muchos de sus contemporáneos porque no ejercitó el poder como se esperaban. El ministerio sacerdotal vivido como tal preserva de cualquier tentación de acariciar el poder, de autorreferencialidad y autocomplacencia, de principado y explotación de los demás para cultivar el propio placer a cualquier nivel, también sexual.

¡Cuántos sacerdotes, cuántos obispos nos edifican con su ministerio, con su vida de oración, de dedicación y de servicio, estableciendo relaciones sanas y libres dentro del Pueblo de Dios! Damos las gracias a estos sacerdotes, animándolos y sosteniéndolos en la vida de santidad, de servicio en la viña del Señor, a la que han sido llamados.

2.3 Otra nota a destacar, que deriva de la visión de la “Iglesia comunión”, Pueblo de Dios en camino, es la exigencia de interacción entre los varios carismas y ministerios. La Iglesia se hace visible y actúa en su naturaleza de comunión si cada bautizado vive y cumple lo que le es propio, si la diversidad de carismas y ministerios se expresa en la necesaria participación de cada uno, respetando las diferencias.
El citado documento conciliar de 1965 dedicado a los presbíteros les pide no solo que “reconozcan y promuevan sinceramente la dignidad de los seglares y el papel que desempeñan en la misión de la Iglesia”, sino también que “escuchen con gusto a los seglares, considerando fraternalmente sus deseos y aceptando su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, a fin de poder reconocer juntamente con ellos los signos de los tiempos”. Y añade: “Encomienden también confiadamente a los seglares trabajos en servicio de la Iglesia, dejándoles libertad y radio de acción, invitándolos incluso oportunamente a que emprendan sus obras por propia iniciativa” (PO 9).
Se subraya aquí, a partir de la communio que constituye la Iglesia, la necesidad de la contribución diversificada de todos, no para reclamar el protagonismo de algunos, sino para hacer visible la multiforme riqueza de la Iglesia dentro del respeto del proprium de cada uno, contra la pretensión de que el carisma de la síntesis sea la síntesis de los carismas.

2.4 Finalmente, es preciso que la participación de todo el Pueblo de Dios sea necesariamente dinámica: los laicos, los consagrados no están llamados a ser simples ejecutores de las disposiciones de los clérigos, sino que todos somos servidores de una única viña en la que cada uno aporta su propia contribución y participa en el discernimiento que el Espíritu sugiere a la Iglesia.

Indudablemente, el ministerio ordenado, en su grado más alto, el episcopal, lleva sobre sí la responsabilidad de tomar la decisión última, en virtud de la potestad que se le reconoce; sin embargo, no puede actuar solo o limitando a unos pocos su acción de discernimiento.

Es vital para los Obispos valerse de la contribución, del consejo y del discernimiento de los que todos son capaces en su Iglesia, incluidos los laicos, no solamente para sí mismos y en lo referente a las elecciones personales, sino también como Iglesia y para el bien de la Iglesia en el hic et nunc en el que están llamados a vivir.

El fundamento de comunión de la Iglesia es siempre el que nos indica la vía y el método, en este caso un dinamismo de participación de todo el Pueblo de Dios que comporta vivir la sinodalidad, caminando juntos, como un proceso compartido en el que cada uno tiene una parte distinta, responsabilidades diversas, pero todos constituyen la única Iglesia. De hecho –como leemos en la constitución apostólica Episcopalis Communio del 15 de septiembre de 2018– «la totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2, 20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando “desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos” presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres (LG 12). […] Un obispo que vive en medio de sus fieles tiene los oídos abiertos para escuchar “lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2, 7) y la “voz de las ovejas”, también a través de los organismos diocesanos que tienen la tarea de aconsejar al Obispo, promoviendo un diálogo leal y constructivo» (EC 5).

Estas reflexiones nos invitan a huir de dos posiciones erróneas. Un obispo no puede resolver las cuestiones referentes a la Iglesia actuando él solo o exclusivamente con otros obispos, según la idea de que “solo un obispo puede saber lo que es bueno para los obispos”; de manera análoga, se podría decir que “solo un sacerdote sabe lo que es bueno para los sacerdotes, solo un laico para los laicos, solo una mujer para las mujeres”, y así sucesivamente.

Del mismo modo, podemos afirmar que es erróneo, desde mi punto de vista, sostener que la participación de los laicos en cuanto tales en cuestiones que se refieren a los ministros ordenados garantiza una mayor corrección ya que son “terceros” respecto a los eventos. Algunos piden: “Constituyamos una comisión de laicos porque resulta más creíble que una comisión de sacerdotes, que tienden a ser menos objetivos, a tapar y defender a priori”.

Como mujer laica, debo constatar honestamente que tanto entre los sacerdotes y los religiosos como entre los laicos puede haber y hay personas no libres, dispuestas a encubrir a priori, supeditadas a alguien en vez de ser fieles a la propia vocación y de estar al servicio de la Iglesia de manera amorosa, inteligente y libre.

Volver a la naturaleza de comunión de la Iglesia, donde se realizan los diversos carismas y ministerios, no significa nivelación, sino que comporta riqueza y fuerza, ayuda a encontrar las razones para evitar estos eslóganes extremos e improductivos.

3. Sugerencias para algunas actuaciones prácticas

Teniendo presentes los fundamentos y las cuestiones brevemente indicadas, este encuentro nos ofrece la oportunidad de conocer lo que se está realizando en la Iglesia y lo que hay que implementar, conscientes de que esta reunión convocada por el Papa no constituye la meta de un recorrido terminado, validado y perfecto; pero tampoco es el punto de partida: no se pueden ignorar las intervenciones magisteriales, normativas y pastorales promovidas hasta ahora, ni las numerosas acciones derivadas de ellas.

3.1 La primera sugerencia es, por tanto, conocer y estudiar las prácticas ya experimentadas que se han demostrado eficaces en otros contextos eclesiales, en otros episcopados. Me refiero a prácticas que contemplen la participación de personas competentes que representen a todo el Pueblo de Dios, puesto que todos los bautizados, animados por el Espíritu, son idóneos para expresar un sensus fidei del que la Iglesia no puede prescindir.

En este contexto, es bueno reconocer el trabajo de quienes, en años recientes, han dedicado inteligencia, corazón y manos a esta causa escuchando a las víctimas, elaborando protocolos, directrices, revisiones etc., valiéndose de competencias específicas procedentes de todo el Pueblo de Dios.

Teniendo en cuenta la diversidad que deriva de los diferentes contextos culturales y sociales en los que está presente la Iglesia, no debe haber una business class en algunas iglesias particulares y una economy class en otras, sino que la única Iglesia de Cristo ha de expresarse en todas partes garantizando a todos, en cualquier lugar, instrumentos, procedimientos y criterios que, más allá de las necesarias peculiaridades locales, tutelen a los menores buscando la verdad y la justicia, y promuevan la reparación y la prevención en materia de abusos sexuales.

3.2 En las directrices nacionales se debe inserir un capítulo específico que determine los motivos y los procedimientos de rendición de cuentas, para que los obispos y los superiores religiosos establezcan un sistema de verificación ordinaria del cumplimiento de lo que está previsto, y una motivación de las acciones emprendidas o no, de modo que no haya que justificar posteriormente las razones de un determinado comportamiento sometiéndolo a las exigencias del momento, ligado quizá a una acción defensiva.

El hecho de prever un procedimiento ordinario de verificación no se debe entender como desconfianza hacia el Superior o el Obispo; más bien ha de considerarse como una ayuda que le permite conocer –ante todo a él mismo- las razones de una determinada acción realizada u omitida cuando todos los elementos están claros y presentes, o sea, en el mejor momento. Decir que también el obispo debe siempre dar cuenta a alguien de su actuar no significa someterlo a un control o desconfiar de él a priori, sino insertarlo en la dinámica de la comunión eclesial, en la que todos los miembros actúan de modo coordinado, según sus propios carismas y ministerios. Si un sacerdote debe rendir cuentas de su actuación a la comunidad, al presbiterio y a su obispo, ¿a quién debe rendir cuentas un obispo? ¿A qué rendición de cuentas está sujeto?

Identificar una realidad de responsabilización no solo no debilita su autoridad, sino que lo valoriza en su función propia como pastor de un rebaño, que no está separado del pueblo por el cual está llamado a dar la vida. Podrá suceder, como para cada uno de nosotros, que de la rendición de cuentas surja la conciencia de un error, se haga evidente que un camino emprendido es equivocado, quizá porque en aquel momento se pensaba –erróneamente– que se estaba obrando por el bien. Ello no constituirá un juicio del que defenderse para recuperar credibilidad, una mancha en la propia honorabilidad, una insidia a la potestad ordinaria, propia e inmediata (cf CD 8a). Por el contrario, será el testimonio de un camino recorrido junto a los demás, pues solo juntos se puede encontrar el discernimiento de una verdad, de una justicia, de una caridad. La lógica de la comunión no soporta una acusación y una defensa, sino un cooperar (“cooperar”, precisamente, por tanto solo en comunión) por el bien de todos. Por consiguiente, también la rendición de cuentas es una forma, más necesaria hoy que nunca, de esta lógica de comunión.

La puesta en marcha, en la sede local, con base diocesana o regional, de consejos que operen de manera corresponsable con los Obispos y los Superiores religiosos, sosteniéndolos en esta tarea con competencia y actuando como lugar de verificación y discernimiento de las iniciativas a realizar, sin sustituirse a ellos ni interferir en las decisiones que caen bajo la directa responsabilidad jurisdiccional del Obispo o del Superior, puede constituir un ejemplo y un modelo de una sana colaboración entre laicos, religiosos y clérigos en la vida de la Iglesia.

3.3 Es aconsejable que en el territorio de cada Conferencia episcopal se creen Comisiones consultivas independientes para aconsejar y asistir a los Obispos y a los Superiores religiosos, y para promover un nivel uniforme de responsabilidad en las diversas diócesis. Tales comisiones consultivas pueden estar formadas por laicos, sin que se excluya a los religiosos y los clérigos. No se trataría de personas que juzgan a los Obispos, sino de fieles que ofrecen su consejo y asistencia a los Pastores valorando su actuación con criterios evangélicos; y que informan a todos los fieles del territorio sobre los procedimientos apropiados.

Dichas Comisiones consultivas, mediante relaciones y reuniones periódicas entre ellas, podrían contribuir a asegurar una mayor uniformidad en las prácticas y una interacción cada vez más eficaz, de modo que las Iglesias particulares aprendiesen las unas de las otras, en espíritu de confianza recíproca y de comunión, con el fin de asumir y compartir activamente la preocupación por los más pequeños y vulnerables.

3.4 Habrá que considerar si es oportuno establecer una oficina central –no de rendición de cuentas, que se ha de considerar en la sede local- que promueva la formación de una identidad propiamente eclesial en estos organismos; y solicite y verifique a intervalos regulares el correcto funcionamiento de lo que se ha emprendido a nivel local, con una atención especial a la corrección desde el punto de vista eclesiológico, de modo que los carismas y ministerios estén todos representados adecuadamente y puedan contribuir con su propia aportación específica preservando la libertad de cada uno.

3.5 Será preciso revisar la normativa actual sobre el secreto pontificio de modo que éste tutele los valores que quiere proteger -la dignidad de las personas implicadas, la buena fama de cada uno, el bien de la Iglesia- y, al mismo tiempo, consienta el desarrollo de un clima de mayor transparencia y confianza, evitando la idea de que el secreto se utiliza para esconder los problemas en vez de para proteger los bienes en juego.

3.6. Asimismo, habrá que afinar los criterios para una comunicación correcta en un tiempo como el nuestro, en el que la exigencia de transparencia debe equilibrarse con la confidencialidad. De hecho, una confidencialidad injustificada, al igual que una divulgación incontrolada, puede generar mala comunicación y no servir a la verdad. Rendir cuentas es también saber comunicar. De hecho, si no se comunica, ¿cómo se puede rendir cuentas a los demás? ¿Y qué comunión puede haber entre nosotros?

Conclusión

Las consideraciones apenas indicadas sobre posibles actuaciones como Iglesia, como Pueblo de Dios en comunión y con corresponsabilidad, constituyen una invitación a la reflexión y al diálogo transversal, sobre todo durante los trabajos en grupo, con el fin de profundizar y suscitar aplicaciones concretas. De hecho, como nos recuerda la Carta al Pueblo de Dios, «hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura».

 

“Estuve embarazada tres veces, él me hizo abortar tres veces” relata una víctima de abusos

2º testimonio escuchado en el Encuentro

febrero 22, 2019 01:58Rosa Die AlcoleaProtección de Menores

(ZENIT – 22 febrero 2019).- “Los sacerdotes, los religiosos, tienen los medios para ayudar y también tienen los medios para destruir. Deben comportarse con responsabilidad, como personas sensatas”, es el mensaje que lanza una de las personas abusadas por sacerdotes que han compartido su experiencia con los participantes del Encuentro sobre la protección de los menores en la Iglesia, que tiene lugar del 21 al 24 de febrero de 2019 en el Vaticano.

Durante la mañana del primer día del Encuentro, los 190 representantes católicos han escuchado un visto un video con el testimonio de 5 víctimas de abuso sexual en la Iglesia.

El segundo testimonio lo ha narrado una mujer, que sufrió el abuso por parte de un sacerdote desde que tenía quince años, llegando a quedarse embarazada por tres veces, “simplemente porque él no quería un preservativo ni un método anticonceptivo”, relata.

“Siento que tengo una vida arruinada. He sufrido tales humillaciones en esta relación, que no sé qué me depara el futuro. Esto me hace ser muy prudente en mis relaciones en la actualidad”, confiesa esta persona.

A continuación, reproducimos sus palabras, recogidas en el video proyectado en el Encuentro ‘La protección de los menores en la Iglesia’.

***

Segundo testimonio

D. – ¿Qué es lo que más te ha herido en tu vida?

R. – Desde que tenía quince años mantenía relaciones sexuales con un sacerdote. Esto duró trece años seguidos. Estuve embarazada tres veces, él me hizo abortar tres veces. Simplemente porque él no quería un preservativo ni un método anticonceptivo. Al principio tenía tanta confianza en él, que no sabía que podía abusar de mí. Tenía miedo de él. Y cada vez que me negaba a tener relaciones con él, me pegaba. Él me golpeaba. Y como yo dependía totalmente de él económicamente, sufrí todas sus humillaciones. Y teníamos estas relaciones tanto en su casa del pueblo como en el centro de acogida diocesano. Y en esa relación, yo no tenía derecho a tener un novio. Cada vez que lo tenía y que él lo sabía, me golpeaba. Y esa era la condición para que él pudiera ayudarme económicamente. Él me daba todo lo que yo quería cuando yo aceptaba las relaciones sexuales. De lo contrario, me golpeaba.

D. – ¿Cómo ha asumido todas estas heridas y cómo se siente en este momento?

R. – Siento que tengo una vida arruinada. He sufrido tales humillaciones en esta relación, que no sé qué me depara el futuro. Esto me hace ser muy prudente en mis relaciones en la actualidad.

D. – ¿Qué mensaje le gustaría enviar a los obispos?

R. – Hay que decir que amar sinceramente es amar gratuitamente. Cuando se ama a alguien, se piensa en su futuro, se piensa en su bienestar. No se abusa de la persona de esa manera. Y hay que decir que los sacerdotes, los religiosos, tienen los medios para ayudar y también tienen los medios para destruir. Deben comportarse con responsabilidad, como personas sensatas.

Muchas gracias, su contribución será muy, muy significativa para el encuentro de los Obispos. Una vez más, gracias.

 

 

LOS PROPÓSITOS DE LA ORACIÓN

Jesús nos habla en la oración.

— No desalentarnos si alguna vez parece que el Señor no nos oye... Él nos atiende siempre y llena el alma de frutos.

— Propósitos concretos y bien determinados.

I. Subió Jesús al Tabor con tres de sus discípulos más íntimos, Pedro, Santiago y Juan, que más tarde habrían de acompañarle en Getsemaní1. Allí oyeron la voz inefable del Padre: Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. Y luego, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie, sino a Jesús con ellos.

En Cristo tiene lugar la plenitud de la Revelación. En su palabra y en su vida se contiene todo lo que Dios ha querido decir a la humanidad y a cada hombre. En Jesús encontramos todo lo que debemos saber acerca de nuestra propia existencia, en Él entendemos el sentido de nuestro vivir diario. En Cristo se nos ha dicho todo; a nosotros nos toca escucharle y seguir el consejo de Santa María: Haced lo que Él os diga2. Esa es nuestra vida: oír lo que Jesús nos dice en la intimidad de la oración, en los consejos de la dirección espiritual y a través de los acontecimientos y sucesos que Él manda o permite, y llevar a cabo lo que Él quiere de nosotros. «Por esto –enseña San Juan de la Cruz–, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no solo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad. Porque le podría responder Dios de esta manera, diciendo: “Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos solo en Él, porque en Él te lo tengo dicho y revelado, y hallarás en Él aún más de lo que pides y deseas (...); oídle a Él, porque ya no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar”»3.

A la oración hemos de ir a hablar con Dios, pero también a escuchar sus consejos, inspiraciones y deseos acerca del trabajo, de la familia, de los amigos, a quienes debemos acercar a Él. Porque en la oración hablamos a Dios y Él nos habla mediante esos impulsos que nos llevan a mejorar en el cumplimiento de los deberes diarios, a ser más audaces en el apostolado, y nos da luces para resolver –según su querer divino– las cuestiones que se presentan.

Nuestra Madre Santa María –a quien por ser hoy sábado podemos honrar con particular cariño a lo largo del día– nos enseña a escuchar a su Hijo, a considerar las cosas en nuestro corazón como Ella, según lo hace constar por dos veces el Evangelio4. «Fue la ponderación de las cosas en el corazón lo que hizo que, a compás del tiempo, fuera creciendo la Virgen María en la comprensión del misterio, en santidad, en unión de Dios. Nuestra Señora, contrariamente a la impresión habitual que existe entre nosotros, no se lo encontró todo hecho en su camino hacia Dios, pues le fueron exigidos esfuerzos y fue sometida a pruebas que ningún nacido de mujer –excepto su Hijo– hubiera podido atravesar»5. En la intimidad con Dios, conoció lo que quería de Ella; allí penetró más y más en el misterio de la Redención, y en la oración encontró sentido a los acontecimientos de su vida: la alegría inmensa e incomparable de su vocación, la misión de José, la pobreza de Belén, la llegada de los Magos, la zozobra de la huida precipitada a Egipto, la búsqueda dolorosa y el feliz encuentro de Jesús cuando este tenía doce años, la normalidad de los días de Nazaret... La Virgen oraba y comprendía. Así nos ocurrirá a nosotros si aprendemos a tratar con intimidad a Jesús.

II. Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle... Muchas veces debemos oírle, y también preguntarle sobre aquello que no entendemos, que nos sorprende, o sobre las decisiones que hayamos de tomar. Le preguntaremos: Señor, en este asunto, ¿qué quieres que haga?, ¿qué te es más grato?, ¿cómo puedo vivir mejor mi trabajo?, ¿qué esperas de este amigo?, ¿cómo puedo ayudarle?... Y si sabemos estar atentos, oiremos esas palabras de Jesús que nos invitan a una mayor generosidad y nos alumbran para movernos según el querer de Dios. Verdaderamente, podemos decir a Jesús en nuestra oración de hoy: Tu palabra es para mis pies una lámpara, la luz de mi sendero6, sin la cual andaría dando tropezones, sin rumbo y sin sentido. Guíame, Señor, en mis caminos y no me dejes en medio de tanta oscuridad.

A la oración sincera, con rectitud de intención, y sencilla, como habla un hijo con su padre, un amigo con su amigo, «están siempre atentos los oídos de Dios»7. Él nos oye siempre, aunque en alguna ocasión tengamos la impresión de que no nos atiende. Como cuando Bartimeo gritaba a Jesús a la salida de Jericó y este seguía adelante sin pararse ante los ruegos del ciego8, o en aquella otra ocasión en la que los discípulos piden al Señor que atienda a la mujer sirofenicia que les sigue sin dejar de suplicar por su hija enferma9. Jesús conocía muy bien el deseo de estas personas y la fe que, con aquella perseverancia en la oración, se hacía más firme y sincera. Él está atento a lo que decimos, interesado en nuestros asuntos, recibe las alabanzas, las acciones de gracias que le dirigimos, los actos de amor, las peticiones, y nos habla, nos abre caminos nuevos, nos sugiere propósitos... En ocasiones será la oración una conversación sin palabras, como ocurre a veces con amigos que se aprecian y se conocen de verdad. Pero, aun sin palabras, ¡se pueden decir tantas cosas!...

Con frecuencia nos ayudará considerar en la oración que somos los amigos más íntimos de Jesús, como los Apóstoles, que nos ha llamado a servirle desde nuestro lugar de trabajo, y con quien hemos de tratar muchos asuntos, como aquellos que le seguían. «El Señor, después de enviar a sus discípulos a predicar, a su vuelta, los reúne y les invita a que vayan con Él a un lugar solitario para descansar... ¡Qué cosas les preguntaría y les contaría Jesús! Pues... el Evangelio sigue siendo actual»10. Y también nosotros debemos prestar atención a Jesús que nos habla en la intimidad de la oración.

El Señor deja en el alma abundantes frutos, aunque a veces nos pasen inadvertidos; habla entonces de modo apenas perceptible, pero nos da siempre su luz y su ayuda, sin la cual no saldríamos adelante. Procuremos rechazar cualquier distracción voluntaria, veamos qué debemos cuidar para mejorar ese rato de conversación con el Señor (guarda de los sentidos, mortificación en lo habitual de cada día, poner más atención en la oración preparatoria, pedir más ayudas...) y seguir el ejemplo de los santos, que perseveraron en su oración a pesar de las dificultades. «Muy muchas veces –recuerda Santa Teresa– algunos años tenía más cuenta con desear se acabase la hora que tenía por mí de estar y escuchar cuando daba el reloj, que no en otras cosas buenas; y hartas veces no sé qué penitencia grave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a tener oración»11. No la dejemos nunca nosotros, aunque alguna vez nos resulte árida, seca y costosa.

«También aprovecha –señala San Pedro de Alcántara– considerar que tenemos al Ángel de la Guarda a nuestro lado, y en la oración mejor que en otra parte, porque allí está él para ayudarnos y llevar nuestras oraciones al Cielo y defendernos del enemigo»12.

Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle... Jesús nos habla en la oración. Y la Virgen, nuestra Madre, nos señala cómo hemos de proceder: Haced lo que Él os diga..., nos aconseja, como a los sirvientes de Caná. Porque hacer lo que Jesús nos va diciendo cada día en la oración personal y a través de la dirección espiritual es encontrar la llave que permite abrir las puertas del Reino de los Cielos, es situarse en la línea de esos deseos de Dios sobre la propia existencia. Y cuando somos dóciles a esas insinuaciones y consejos hallamos que nuestra vida se colma de frutos, como aquellos sirvientes de Caná, quienes, por su obediencia a las palabras de nuestra Madre Santa María, encontraron las tinajas de piedra llenas de espléndido vino.

Acudamos a Ella y pidámosle que nos enseñe a hablar con Jesús y a saber escucharle; renovemos el propósito firme de poner cada vez más empeño en la oración; examinemos si estamos atentos a lo que quiera decirnos en ese diálogo.

III. Haced lo que Él os diga... Las palabras de la Virgen son una invitación permanente para llevar a cabo los propósitos que cada día nos sugiere el Señor en nuestra oración personal.

Estos propósitos deben estar bien determinados para que sean eficaces, para que se plasmen en realidades o, al menos, en el empeño por que así sea: «planes concretos, no de sábado a sábado, sino de hoy a mañana, y de ahora a luego»13.

Muchas veces se referirán a cosas pequeñas de mejora en el trabajo, en el trato con los demás, en procurar aumentar en ese día la presencia de Dios al ir por la calle o en medio de la familia...

Otras veces nos habla el Señor a través de los consejos recibidos en la dirección espiritual, que serán de ordinario el principal empeño por mejorar y tema frecuente de oración. Así cada día, cada semana, casi sin darnos cuenta, el querer divino irá señalando nuestros pasos como una brújula indica al caminante el sendero que lleva hasta la meta. El fin de nuestro viaje es Dios, a Él queremos encaminarnos con seguridad, sin titubeos, sin retrasos, con toda nuestra voluntad. Nuestra primera misión es aprender a escuchar, a conocer esa voz divina que se va manifestando en la vida. Los propósitos diarios y esos puntos de lucha bien determinados –el examen particular– nos llevarán de la mano hasta la santidad, si no dejamos de luchar con empeño.

Hoy podemos ir hasta el Señor a través de Nuestra Señora, quizá diciendo más jaculatorias, rezando mejor el Santo Rosario, deteniéndonos con más amor en la breve contemplación de cada misterio. «Cómo enamora la escena de la Anunciación. —María –¡cuántas veces lo hemos meditado!– está recogida en oración..., pone sus cinco sentidos y todas sus potencias al hablar con Dios. En la oración conoce la Voluntad divina; y con la oración la hace vida de su vida: ¡no olvides el ejemplo de la Virgen!»14. A Ella le suplicamos hoy que nos dé un oído atento para escuchar la voz de su Hijo, que se nos manifiesta en momentos bien determinados. Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. También a Ella le pedimos un mayor empeño por llevar a la práctica los propósitos de la oración y los consejos recibidos en la dirección espiritual.

1 Mc 9, 1-2. — 2 Jn 2, 5. 3 San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, 2, 22, 5. 4 Lc 2, 19; 2, 51. 5 F. Suárez, La Virgen Nuestra Señora, pp. 198-199. — 6 Prov 30, 5. 7 San Pedro de Alcántara Tratado de la oración y meditación, 1, 4. 8 Cfr. Mc 10, 46 ss. — 9 Cfr. Mt 15, 21 ss. — 10 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 470. — 11 Santa Teresa, Vida, 8, 3. — 12 San Pedro de Alcántara, o. c., II, 4, aviso 5º. 13 Cfr. San Josemaría Escrivá, o. c., n. 222. — 14 Ibídem, n. 481.

 

 

“Es tiempo de esperanza, y vivo de ese tesoro”

“Es tiempo de esperanza, y vivo de este tesoro. No es una frase, Padre –me dices–, es una realidad”. Entonces..., el mundo entero, todos los valores humanos que te atraen con una fuerza enorme –amistad, arte, ciencia, filosofía, teología, deporte, naturaleza, cultura, almas...–, todo eso deposítalo en la esperanza: en la esperanza de Cristo. (Surco, 293)

Allí donde nos encontremos, nos exhorta el Señor: ¡vela! Alimentemos en nuestras conciencias, ante esa petición de Dios, los deseos esperanzados de santidad, con obras. Dame, hijo mío, tu corazón, nos sugiere al oído. Déjate de construir castillos con la fantasía, decídete a abrir tu alma a Dios, pues exclusivamente en el Señor hallarás fundamento real para tu esperanza y para hacer el bien a los demás. Cuando no se lucha consigo mismo, cuando no se rechazan terminantemente los enemigos que están dentro de la ciudadela interior -el orgullo, la envidia, la concupiscencia de la carne y de los ojos, la autosuficiencia, la alocada avidez de libertinaje-, cuando no existe esa pelea interior, los más nobles ideales se agostan como la flor del heno, que al salir el sol ardiente, se seca la hierba, cae la flor, y se acaba su vistosa hermosura. Después, en el menor resquicio brotarán el desaliento y la tristeza, como una planta dañina e invasora.
No se conforma Jesús con un asentimiento titubeante. Pretende, tiene derecho a que caminemos con entereza, sin concesiones ante las dificultades. Exige pasos firmes, concretos; pues, de ordinario, los propósitos generales sirven para poco. Esos propósitos tan poco delineados me parecen ilusiones falaces, que intentan acallar las llamadas divinas que percibe el corazón; fuegos fatuos, que no queman ni dan calor, y que desaparecen con la misma fugacidad con que han surgido.
Por eso, me convenceré de que tus intenciones para alcanzar la meta son sinceras, si te veo marchar con determinación. Obra el bien, revisando tus actitudes ordinarias ante la ocupación de cada instante; practica la justicia, precisamente en los ámbitos que frecuentas, aunque te dobles por la fatiga; fomenta la felicidad de los que te rodean, sirviendo a los otros con alegría en el lugar de tu trabajo, con esfuerzo para acabarlo con la mayor perfección posible, con tu comprensión, con tu sonrisa, con tu actitud cristiana. Y todo, por Dios, con el pensamiento en su gloria, con la mirada alta, anhelando la Patria definitiva, que sólo ese fin merece la pena. (Amigos de Dios, 211)

 

«Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»

¿Qué significa que con su muerte en la Cruz y con su Resurrección Cristo ha obtenido el perdón para todos los hombres? ¿A quién ha ofrecido su vida y por qué? ¿Qué significa que la muerte de Cristo es vida del mundo, que entrando en la muerte ha ganado para todos la vida? Cuatro imágenes nos ayudan a profundizar en el misterio.

La luz de la fe19/02/2019

Opus Dei - «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»

«Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1,22-23)

No es fácil aceptar el misterio de la Cruz. La perspectiva de un Mesías que, después de haber sido humillado, termina sus días sobre una Cruz, escandalizaba la imaginación de Pedro (cfr. Mt 16,21-23) y los Doce simplemente no la comprendían (cfr. Lc 18,30-34). Era tan doloroso este sufrimiento que Jesús pidió a su Padre que pasase ese cáliz (cfr. Mt 26,39) y el corazón de María, identificado con el de su Hijo, conoció igualmente la reticencia natural ante el padecimiento.

Es tan natural el rechazo de un Dios que termina en un patíbulo, que su misma representación pictórica tardó siglos en abrirse camino en el imaginario de la cultura cristiana, tanto en un contexto hebraico como greco-romano. Este no entender es tan natural, que nosotros mismos lo seguimos experimentando cuando la Cruz nos visita, no en la conmoción artística o en la teoría de un discurso, sino en la acerba concreción de la vida real.

La contemplación del misterio de la Cruz es fuente inagotable de vida, a condición de que cada uno recorra su propio camino espiritual y personal

A pesar de la dureza de la Cruz, la confianza en que los planes de Dios, su misterio de salvación, responden a una lógica que Él mismo nos ha querido revelar, impulsó a los primeros cristianos a defender lo indefendible, hasta el punto de que hoy, cualquier niño que aprende el catecismo, recita de memoria: «¿cuál es la señal del cristiano? La señal del cristiano es la santa Cruz»[1]. El sencillo gesto de persignarnos contiene una fuerza simbólica única: confiesa con el alma y con el cuerpo todo el misterio de la creación y de la redención, todo lo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han hecho y harán por cada uno de nosotros.

«Todas las cosas son fatigosas, el hombre no puede expresarlas. No se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír» (Ecl 1,8). La contemplación del misterio de la Cruz es fuente inagotable de vida, a condición de que cada uno recorra su propio camino intelectual y espiritual. Esa ha sido la experiencia de los grandes maestros de la tradición cristiana, que han subido el camino de la Cruz con su predicación y con su vida. Más que una explicación, las reflexiones que siguen quieren presentar cuatro imágenes capaces de generar luz y serenidad cuando parece que la tiniebla de la Cruz nos envuelve.

Primera imagen: el Trono de la Misericordia

La primera imagen es la del Trono de la misericordia. Se trata de una iconografía desarrollada especialmente en la Edad Media. Existen numerosas variaciones, pero el motivo es siempre el mismo: Dios Padre sostiene con sus manos a su Hijo en la Cruz, mientras que el Espíritu Santo, representado como una paloma, aparece entre los rostros del Padre y del Hijo. La fuerza de esta imagen consiste en presentar la auto-donación del Hijo como la misma donación del Padre, gracias a la acción del Espíritu Santo. De esta forma queda manifiesto, en primer lugar, que el Padre revela su misericordia por cada una de sus criaturas no a pesar de, sino a través de la Pasión de su Hijo. Esto no significa que el amor de Dios tenga en la Cruz una manifestación eminente por el dolor que conllevó, sino porque constituye, de hecho, la última y la más elocuente predicación de Jesús sobre el amor con el que Padre respeta y promueve el bien y la libertad de todos sus hijos.

Esa imagen nos dice que Dios está dispuesto a cargar con el peso de la Cruz antes que forzar a nadie a amarle. Por eso, si miramos bien a través de las llagas del Resucitado, no veremos la imagen de un Dios tan radicalmente trascendente que considera indigno de su pureza relacionarse con quienes son polvo y vanidad (cfr. Gn 2,7; Sal 144,4). La imagen del Dios cristiano manifiesta, de modo sorprendente y nuevo, la unidad de la justicia y la misericordia; el amor de Dios, que siempre se pone del lado de sus criaturas, y su capacidad de llevar a cumplimiento el designio originario de la creación. Precisamente la Cruz de Cristo hace evidente el peso de esos pesares, es decir, lo que le ha costado a la Trinidad ser fiel a su proyecto, a esa locura de amor que es la creación de seres personales que llaman de a Dios por toda la eternidad, ya sea bajo la forma de un apasionado Te amo, ya sea con un amargo Te odio. Nuestro Padre decía muchas veces que precisamente el que ama sufre, «si en amor estoy ducho / es por fuerza del dolor»[2].

Segunda imagen: el grito de Jesús

La segunda imagen es el grito de Jesús: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). Como todo en la vida de Jesús, este gemido que sale de las profundidades de un cuerpo exhausto tiene función de revelación. Si miramos a nuestro alrededor sin ingenuidades, veremos que frecuentemente los justos son los que salen perdiendo. Es la constante verdad del salmo 73: «a los impíos les va aparentemente bien, a los que quieren vivir cara a Dios les va aparentemente mal». En este sentido, Jesús en la Cruz se solidariza con todos los inocentes que sufren injustamente y que no ven escuchados sus gritos en este mundo.

La Pasión del Crucificado es un acto de la compassio redentora del Padre en Cristo con todas las víctimas que, de un modo u otro, han sufrido por defender la verdad de Dios y la verdad del hombre. Sus quejas, sus clamores tantas veces silenciados, encuentran un lugar en Dios gracias al grito de Jesús. En Él no se extinguen, sino que encuentran resonancia divina. En el por qué de Jesús nuestras preguntas más crispadas por el dolor o la soledad, no son olvidadas, sino que alcanzan la seguridad de una respuesta llena de amor por parte de la Trinidad. Como en el caso de Jesús, esta respuesta solo será plena cuando llegue la Resurrección. Sin embargo, si aprendemos a gritar en Él, nuestra angustia se transforma progresivamente en paz y serenidad de victoria[3].

Con su grito en la Cruz, Jesús se solidariza con los inocentes que sufren y que no ven escuchados sus gritos en este mundo

Si es verdad aquello de que los malvados, en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada[4], es fácil entender por qué la Cruz es indisociable de la Resurrección y del Juicio Final. Una predicación que de hecho solo insista en una de esas tres realidades hace una caricatura del misterio de Cristo y hace todavía menos aceptable el rostro de Cristo a nuestros contemporáneos. El Juicio Final es indisociable de la Cruz y de la Resurrección. Es el último acto de la constitución del Reino que Jesús predicó desde el inicio; el acto en el que las intenciones del corazón serán manifestadas y el sufrimiento inocente de todos los justos, comenzando desde Abel, recibirán el reconocimiento público que merecen.

La tercera imagen: el buen ladrón

La tercera imagen es la conversión del buen ladrón (cfr. Lc 23,40-43). Colgado de la Cruz, Jesús no solo se solidariza con los inocentes, sino que sondea las profundidades de los corazones que rechazan a Dios. El Espíritu Santo mueve a Jesús a no abandonar a ninguno, ni siquiera a los que se levantan contra Él. Jesús no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mc 2,17). A lo largo de su vida no solo habló del perdón y del amor a los enemigos (Mt 5,44), sino que murió perdonando y bendiciendo a uno de los malhechores que estaba crucificado con Él (cfr. Lc 23,43). El buen ladrón pasó de la maldición a la bendición en pocos minutos. El éxodo por el que le condujo Jesús es una metáfora nuestra vida, pues todos hemos pecado y hemos vivido privados de la gloria de Dios (cfr. Rm 3,23).

Hay una condición, sin embargo, para poder entrar en la bendición, pues en la relación con Jesús no hay nada de mágico o de automático: nadie, ni siquiera Jesús, puede sustituir nuestra conciencia. Al final de su vida Jesús continúa con su programa iniciado en el Jordán (cfr. Mc 1,14). Busca y se solidariza con los pecadores, pero para llamarlos a la conversión y a la penitencia (cfr. Lc 5,32). La novedad de la revelación de la Cruz consiste en que a Dios le basta un verdadero acto de contrición para donar la bendición. El buen ladrón no tuvo oportunidad para reparar lo que había robado y, sin embargo, goza ya de la vida eterna. Como en nuestro Bautismo, resuena aquí la escandalosa generosidad de la parábola del hijo pródigo: el Padre no exige el cumplimiento material de una reparación imposible. Él sondea la verdad del corazón y por eso le basta que reconozcamos sin ambages nuestro pecado, que nos arrepintamos de corazón y que nos abracemos a Jesús con la fe que obra lo que puede por la caridad (Gal 5,6). El buen ladrón es una buena imagen para entender la absoluta gratuidad de la justificación y de aquel mínimo que el Padre exige para poder perdonarnos. El Espíritu Santo que obra en Jesús y en su Cuerpo, que es la Iglesia, se encargará de sanar las secuelas que hemos causado en nuestro entorno con nuestros pecados.

Desde la Cruz, Jesús nos mira. Su oración de intercesión, «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34), es oración eficaz: nos pone, como a aquel ladrón, en condiciones de reconocer la propia culpa, de aceptar la propia responsabilidad y de abrirnos a la necesidad del perdón. Si la mirada de Jesús no fuese misericordiosa, el espectáculo de nuestros pecados nos llevaría fácilmente a la desesperación. Pero su mirada es diferente: no nos reduce a nuestros actos, sino que abre un espacio donde el dolor que experimentamos al palpar la mezquindad de nuestras decisiones no termina en un gesto amargo. El Hijo de Dios es objeto de una violencia absurda; la misma que continúa activa en nuestro interior cuando la envidia, la superficialidad o simplemente la indiferencia ante el mal y el pecado nos transforman en culpables. Pero el Amor de Dios es más fuerte que cualquier necedad de sus criaturas. La paciencia con que soporta la debilidad de quien no tiene báculo (la im-becillitas) revela que el Padre tiene en Cristo sus manos siempre abiertas para acogernos, si de verdad queremos hacer el esfuerzo de dejarnos abrazar por Él.

La cuarta imagen: el Cordero degollado ante el Trono de Dios

La cuarta imagen es la del Cordero degollado que está en pie delante del Trono de Dios (cfr. Ap 5,1-14). El profeta Isaías había usado la imagen del cordero para hablar del Siervo sufriente (cfr. Is 53,7). El Bautista emplea la misma imagen para referirse a Jesús «que quita los pecados del mundo» (Jn 1,29). El evangelio de san Juan hace coincidir la muerte de Cristo con el momento del sacrificio ritual en el templo, quizá para subrayar así que la sangre de un cordero había librado a los primogénitos de Israel de la muerte en Egipto (cfr. Ex 12). El libro del Apocalipsis presenta a Cristo como el Cordero que vence a los potentes de la tierra, pues Él es el Rey de reyes y Señor de señores (cfr. Ap 17,14). Para quien no esté familiarizado con el mundo bíblico puede resultar difícil entender la insistencia –hasta veintinueve veces– con que el Apocalipsis usa esta imagen. Pero para los primeros cristianos hebreos era tan natural, que muy pronto se desarrolló la potente imagen del Cordero degollado y victorioso, síntesis admirable de lo que la tradición cristiana posterior denominará la exaltación gloriosa de Cristo en la Cruz. Esta tradición, de origen joanéo, contempla la cruz como anticipación de la Gloria de la Resurrección. En muchos crucifijos vemos todavía las llamadas potencias, es decir, los rayos de la gloria del Resucitado que se expanden desde la Cruz al mundo entero. San Josemaría, como tantos otros santos, contemplaba habitualmente la Cruz desde este punto de vista[5].

La imagen del cordero degollado, desarrollada sobre todo por san Juan, contempla la cruz como anticipación de la Gloria de la Resurrección

El capítulo 5 del Apocalipsis contiene un guiño característico del estilo de san Juan. El autor presenta con gran dramatismo la escena de un libro sellado que nadie es capaz de abrir. Un ángel grita a grandes voces, preguntando si hay alguien digno de abrir los siete sellos. Pero nadie responde. Ante aquel silencio desolador, «Juan prorrumpe en llanto» (v. 4). Uno de los Ancianos le tranquiliza y le dice: «No llores, mira que ha vencido el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, y que puede abrir el libro» (Ap 5, 5). La paradoja es que cuando ese León hace acto de presencia para abrir el libro, lo hace bajo la forma de un cordero (cfr. Ap 5,6).

«Victor, quia victima»[6]. Venció no porque fue violento, sino porque fue víctima de la violencia. La victoria del Padre en Cristo revela algo de esa divina pasividad y mansedumbre que la imagen del Cordero traduce en lenguaje humano. Ni el Padre exigió a su Hijo el dolor como satisfacción, ni Cristo eliminó el pecado destruyendo a nadie. El Padre pidió a su Hijo que revelase su amor de Padre por cada uno, arriesgándose a que los hombres diesen el curso que quisieran al amor de Dios. Le pidió que confesase siempre y sin ambages que el Padre no retira sus dones, que la libertad es real y que Él no quiere esclavos sino hijos. Por eso, toda la vida de Jesús fue desenmascarar la lógica de los corazones que, aún cumpliendo externamente, viven esclavizados en su interior por el miedo, la envidia o el resentimiento.

Jesús vino a librarnos de la esclavitud del pecado anunciando que «el Padre os ama» (Jn 16,27) y unió su voluntad de hombre a ese deseo divino de modo tan perfecto, que se dejó colgar en un madero antes que obligar a nadie a rendirse ante Dios. La paradoja de ese Cordero «manso y humilde» (Mt 11, 29), que vino «para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3,8), es que las venció soportando hasta el final la tentación de la desconfianza en el amor del Padre. De este modo demostró la grandeza del corazón humano según el diseño creador de Dios: un corazón que, con la fuerza del Espíritu Santo, puede dejarse modelar por todo, puede abrazar a todos y es capaz de introducir, en las tinieblas más densas del rechazo de Dios, la luz de la confianza filial.

Nuestra libertad es real, y la Trinidad la ama tanto, que ha querido que también nosotros demos forma a la relación que Él inició en la creación. Ni Jesús, ni los que le crucificaron, ni María, ni Pedro, ni Judas eran meros ejecutores de un guión ya escrito desde la eternidad. Es verdad que Dios que nos primerea y que él ha establecido las reglas y el sentido de ese juego, que es nuestra vida. Pero una regla fundamental es que nosotros decidimos y construimos con Él el modo de vivir en la eternidad. «El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti»[7] Él está siempre de nuestra parte y nos tiende su mano, pero no ejercerá violencia alguna contra ninguno de nosotros porque sabe que el don de una relación vivida en libertad ilumina nuestra historia.

Juan Rego


[1] Cfr. Catecismo de la Iglesia católica, n. 617.

[2] Amigos de Dios, n. 68.

[3] Sal 22, 25-35: «De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!» Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes. Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones. Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva, le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él».

[4] Cfr. Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30.XI.2007, n. 44.

[5] Cfr. Camino, n. 969.

[6] San Agustín, Confesiones X, 43.

[7] Cfr. San Agustín, Sermo 169, 11, PL 38,923.

 

 

Cátedra de San Pedro

A través de dos mil años de historia, en la Iglesia se conserva la sucesión apostólica. Y, entre los Apóstoles, el mismo Cristo hizo objeto a Simón de una elección especial: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Pedro se traslada a Roma y fija allí la sede del primado, del Vicario de Cristo.

Textos para orar22/02/2019

Opus Dei - Cátedra de San Pedro

Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.» (Mt 16,18-19)

Roma, sede apostólica

A través de dos mil años de historia, en la Iglesia se conserva la sucesión apostólica. (...). Y, entre los Apóstoles, el mismo Cristo hizo objeto a Simón de una elección especial: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mt XVI, 18). Yo he rezado por ti añade también, para que tu fe no perezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos (Lc XXII, 32). Pedro se traslada a Roma y fija allí la sede del primado, del Vicario de Cristo. Por eso es en Roma donde mejor se advierte la sucesión apostólica, y por eso es llamada la sede apostólica por antonomasia. Amar a la Iglesia, 29

Una hermosa pasión

Contribuimos a hacer más evidente esa apostolicidad, a los ojos de todos, manifestando con exquisita fidelidad la unión con el Papa, que es unión con Pedro. El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros un hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo. Si tratamos al Señor en la oración, caminaremos con la mirada despejada que nos permita distinguir, también en los acontecimientos que a veces no entendemos o que nos producen llanto o dolor, la acción del Espíritu Santo. Amar a la Iglesia, 30

El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros un hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo

Siempre más 'romanos'

Esta Iglesia Católica es romana. Yo saboreo esta palabra: ¡romana! Me siento romano, porque romano quiere decir universal, católico; porque me lleva a querer tiernamente al Papa, il dolce Cristo in terra, como gustaba repetir Santa Catalina de Siena, a quien tengo por amiga amadísima. Amar a la Iglesia, 28

Cada día has de crecer en lealtad a la Iglesia, al Papa, a la Santa Sede... Con un amor siempre más ¡teológico! Surco, 353

A todas las gentes

María edifica continuamente la Iglesia, la aúna, la mantiene compacta. Es difícil tener una auténtica devoción a la Virgen, y no sentirse más vinculados a los demás miembros del Cuerpo Místico, más unidos también a su cabeza visible, el Papa. Por eso me gusta repetir: omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!, ¡todos, con Pedro, a Jesús por María! Y, al reconocernos parte de la Iglesia e invitados a sentirnos hermanos en la fe, descubrimos con mayor hondura la fraternidad que nos une a la humanidad entera: porque la Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las gentes y a todos los pueblos. Es Cristo que pasa, 139

Cada día has de crecer en lealtad a la Iglesia, al Papa, a la Santa Sede... Con un amor siempre más ¡teológico!

Para mí, después de la Trinidad Santísima y de nuestra Madre la Virgen, en la Jerarquía del amor, viene el Papa. No puedo olvidar que fue S.S. Pío XII quien aprobó el Opus Dei, cuando este camino de espiritualidad parecía a más de uno una herejía; como tampoco se me olvida que las primeras palabras de cariño y afecto que recibí en Roma, en 1946, me las dijo el entonces Mons. Montini. Tengo también muy grabado el encanto afable y paterno de Juan XXIII, todas las veces que tuve ocasión de visitarle. Una vez le dije: "en nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Su Santidad..." Y el Santo Padre Juan se reía, emocionado. ¿Qué quiere que le diga? Siempre los Romanos Pontífices, todos, han tenido con el Opus Dei comprensión y cariño. Conversaciones, 46

 

 

Comentario al Evangelio: Solo el amor vence al odio

Evangelio del 7º domingo del Tiempo ordinario (Ciclo C) y comentario al evangelio.

Vida cristiana21/02/2019

Opus Dei - Comentario al Evangelio: Solo el amor vence al odio

Evangelio (Lc 6, 27-38)

Pero a vosotros que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnian. Al que te pegue en una mejilla ofrécele también la otra, y al que te quite el manto no le niegues tampoco la túnica. Da a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Como queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo de igual manera con ellos.

Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes les aman. Y si hacéis el bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto. Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.

No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida con que midáis se os medirá.


Comentario

Una vez que Jesús ha presentado las bienaventuranzas, las claves que descubren dónde está la felicidad (cf. Lc 6,20-26), ahora señala el camino para alcanzarla, un sendero duro y espinoso, pero que vale la pena recorrer. Sus palabras son exigentes.

“Amad a vuestros enemigos”. ¿No es esto algo que excede la capacidad humana? Es, ciertamente, costoso pero necesario. Basta abrir los ojos para ver que, en las relaciones profesionales, en el debate político y social, e incluso, a veces, entre amigos y miembros de la propia familia, se hace daño, se comenten injusticias, y no faltan humillaciones, rencores o venganzas. Pero cuando la respuesta a esos atropellos es violenta, las consecuencias son todavía peores. Es necesario encontrar una salida a los conflictos desde otra perspectiva. La propuesta de Jesús es creativa y eficaz: solo el amor es capaz de desarmar el odio.

“Haced bien a los que os odian”. ¿Es justo exigir hacer el bien a quien nos guarda rencor o nos hecho algún mal? “Jesús no pretende alterar el curso de la justicia humana, no obstante, recuerda a los discípulos -observa el Papa Francisco- que para tener relaciones fraternales es necesario suspender los juicios y las condenas. (…) ¡El cristiano debe perdonar! Pero ¿Por qué? Porque ha sido perdonado”[1]. Jesús entregó su vida en la Cruz para traer la salvación al mundo entero, también a sus perseguidores.

“Bendecid a los que os maldicen”. ¡Cuánto destrozan los insultos, las calumnias, las difamaciones, las habladurías, y con qué facilidad nos justificamos cuando nos sumamos al coro de los chismosos! Todos debemos permanecer vigilantes, porque como dice Santiago: “la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad; es ella, de entre nuestros miembros, la que contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, inflama el curso de nuestra vida desde el nacimiento” (St 3,6). La maledicencia no cabe en el perfil del discípulo de Cristo, sino todo lo contrario. Quien ama, habla bien incluso de quienes lo maldicen, y les desea lo mejor, que Dios los bendiga. Reza hasta por aquellos que lo están fastidiando: “rogad por los que os calumnian”.

“Lejos de nuestra conducta, por tanto –señala San Josemaría–, el recuerdo de las ofensas que nos hayan hecho, de las humillaciones que hayamos padecido –por injustas, inciviles y toscas que hayan sido–, porque es impropio de un hijo de Dios tener preparado un registro, para presentar una lista de agravios. No podemos olvidar el ejemplo de Cristo”[2]. El camino cristiano no es fácil, requiere afrontar pruebas arduas en las que es inevitable padecer, como Jesús sufrió en la Cruz, pero es un sendero de paz, alegría y amor, que conduce a la felicidad. Solo quienes perdonan se comportan como buenos hijos de Dios Padre misericordioso y serán bienaventurados.

“Con razón, esta página evangélica se considera la carta magna de la no violencia cristiana -comentaba Benedicto XVI-, que no consiste en rendirse ante el mal -según una falsa interpretación de “presentar la otra mejilla” (cf. Lc 6,29)-, sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12,17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia. (…). El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”, revolución que no se basa en estrategias de poder económico, político o mediático (…) sino que es don de Dios que se obtiene confiando únicamente y sin reservas en su bondad misericordiosa. Esta es la novedad del Evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido”[3].


[1] Francisco, Audiencia general, miércoles 21 de septiembre de 2016

[2] S. Josemaría, Amigos de Dios, 309.

[3] Benedicto XVI, Angelus, 18 de febrero de 2007

 

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Como vuestro Padre.

Lc .  6, 27-38.

Lucas es el evangelista de la misericordia, expresada sobre todo en las parábolas de la misericordia (Lc 15) y en el buen samaritano ( Lc 10); aquí nos habla de la fuente de la misericordia, el Padre; y el destinatario de esa misericordia, la persona herida en el camino de la vida.

Sin beber de la fuente de la misericordia nos agotamos en nuestros egoísmos. Solo los que a través del amor del Padre contemplan el Corazón traspasado de Cristo, la misericordia se ha realidad en nuestra vida.

Sed misericordiosos como el Padre es acoger y dar el Corazón al miserable, al herido y vivir en la gratuidad del que se es feliz dándose, entregándose y sabiendo que el mayor regalo que puede recibir al hacer el bien, es el mismo bien qué es el Corazón misericordioso.

Toda persona es buena con alguien alguna vez. Incluso aunque haya sido un criminal, ha sido bueno con alguien, con su madre...y alguna vez. La novedad de la misericordia del Padre es ser bueno con todos, buenos y malos, justos e injustos y siempre con un corazón ilimitadamente bueno como el de Cristo.

La misericordia del Señor es con todos y siempre, desde el principio hasta el final. Esta es una clave de la vida cristiana que hay que mantener siempre.

La misericordia del Padre tiene que estar presente en el inicio de la vida de fe, en el crecimiento, en la madurez y hasta el final; sino queremos llegar a malograr la vida cristiana por falta de misericordia, que sería en palabras de San Ignacio de Loyola que no se corrompa el sujeto, que no se estropee la persona en su salud espiritual, corporal, psicológica… y se rompa por no vivir con entrañas de misericordia.

Es necesario para avanzar en santidad en palabras del papa Francisco, impregnar toda nuestra vida, pasado, presente y futuro de la misericordia del Padre. 

+ Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

 

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.

También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.

Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

 

Antífona (para todos los días):


¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Rogad por nosotros bienaventurado San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.

 

CUARTO DOMINGO

Oh santo fidelísimo, que tuvisteis parte en
los misterios de nuestra redención, glorioso San
José: aunque la profecía de Simeón acerca de los
sufrimientos que debían pasar Jesús y María, os causó
dolor a par de muerte, sin embargo, os llenó también
de alegría, anunciándoos al mismo tiempo la salvación
y resurrección gloriosa, que de ahí se seguiría para un
gran número de almas.
Por ese dolor y por ese gozo, conseguidnos ser
del número de los que por los méritos de Jesús y por la
intercesión de la bienaventurada Virgen María han de
resucitar gloriosamente.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

FINAL (para todos los días): 

 

Acordaos Oh purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío
San José, que jamás se oyó decir que haya dejado
de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a
vuestra protección e implorado vuestro auxilio. Con esta
confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo
a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor.
No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas
piadosamente. Amén.

Oración: Oh Dios, que por providencia inefable
os dignasteis escoger al bienaventurado José para
esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos
concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra
como a nuestro protector, merezcamos tenerle por
intercesor en los cielos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.

Es conveniente hacerlo confesando y comulgando.

 

El humanismo de la vida: hacia una bioética global

Posted: 18 Feb 2019 03:55 AM PST

 

https://4.bp.blogspot.com/-w8t0bPLBO40/XGp_TMBkaBI/AAAAAAAACh0/-0qchL5CGIslN8Xa3vApy_HUdhJELI6EQCLcBGAs/s200/Roetti-800x450.jpg

(A propósito de la Carta “Humana communitas” del papa Francisco, con motivo del XXV aniversario de la Pontificia Academia para la Vida, 6-I-2019)

Esta reflexión tiene dos partes. En primer lugar, presentamos el valor de la vida, especialmente de la vida humana, en la perspectiva de las Sagradas Escrituras. Desde ahí ofrecemos a continuacion algunas orientaciones operativas sobre todo para quienes se dedican a las ciencias de la vida.

I. La vida en la perspectiva de las Sagradas Escrituras

Este primer apartado se puede desarrollar en torno a tres tesis: 1) la vida es algo propiamente divino; 2) La vida es más perfecta cuanto más consciente de sí misma; 3) La Revelación cristiana muestra que la vida divina se da a participar al hombre en Cristo (*)

1. La vida viene de Dios y en su grado máximo es una caracterísca esencial de Dios mismo. En su encíclica Evangelium vitae, Juan Pablo II toma en serio la declaración del Evangelio de san Juan de que la vida es algo divino. Y ello, en sentido fuerte, como un atributo o característica del ser divino: “En Él [el Verbo=el Hijo de Dios] estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron” (Jn 1, 4-5).

En ese texto se atribuye a Dios el ser vida. Para la Biblia, la vida no solo pertenece a Dios como su autor y Señor, sino que en último término la vida es propiamente algo divino.

De ahí que cuando los cristianos hablamos de “vida divina o sobrenatural” –y de que la vida cristiana es participación de esa Vida que hay que escribir con mayúscula–, no lo hacemos en sentido meramente metafórico.

Dicho brevemente: para san Juan, la vida es, sobre todo y sencillamente, algo divino, transcendente. Y, por tanto, ni se realiza ni se entiende plenamente sin Dios. En todo caso es un don divino. En esta perspectiva, quien vive al margen de Dios, propiamente no vive una vida verdadera.

2. La vida es más perfecta cuanto más consciente de sí misma. Si para san Juan la vida divina es la referencia primera en una línea descendente de analogados (se llama analogado principal en una comparación al elemento del que todos dependen o al que todos se refieren), de aquí puede deducirse que, entre los seres vivos, la vida vegetal es el “eco más débil”, y, por tanto, el menos accesible para nosotros, porque no tenemos la experiencia de esa vida como tenemos de la nuestra, de la vida humana, que en sí es mucho más compleja que la vida animal y mucho más que la vegetal.

“El Espíritu, la conciencia –deduce Spaemann–, no son opuestos a la vida, (...) sino que son más bien la más alta expresión de la vida. La vida en su pleno sentido es vida consciente”. De ahí que, según Tomás de Aquino “el que no entiende, no vive perfectamente, sino que tiene una vida a medias”.

Así es, si bien esto no debe llevar a la conclusión de que una persona inconsciente (dormida o en coma) o poco consciente –por los motivos que sean– de las grandes cuestiones, tenga una vida humana menos digna o valiosa.La dignidad fundamental de la persona y el valor de la vida humana no dependen de las circunstancias o de su aceptación o no por parte de otros. 

Se comprende así que el Evangelio de san Juan afirme: la luz es la vida del hombre; y solo Dios es luz, solo Él es la vida completamente transparente para sí misma. Y la vida humana es digna y valiosa en sí misma porque procede de Dios como imagen y semejanza suya.

En suma, Dios es la verdadera vida del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios. Cuanto más se da cuenta el hombre de cómo es esa Vida y más participa de ella conscientemente, más y mejor vive.

3. La revelación cristiana manifiesta que la Vida divina se da a participar al hombre en Cristo. Cristo es la revelación plena de la imagen de Dios que lleva en sí cada persona humana. En Cristo se revela el amor de Dios por los seres humanos, que le llevó a establecer un plan de salvación. Este plan incluía la muerte de Jesús en la Cruz, con el fin de librarnos del pecado y de sus consecuencias para cada uno, para los demás y para el mundo creado (cf. Rm 8, 22).


II. Algunas conclusiones y orientaciones operativas

En suma, el valor de la vida humana –no solo frente al aborto y la eutanasia, sino también frente a la indiferencia ante el dolor y las necesidades de cualquier ser humano– y su relación con Dios pueden mostrarse simplemente por la razón.

Ahora bien, la Revelación cristiana ilumina poderosamente el valor de la vida humana, en dependencia de Dios, y también el valor de los seres vivos, que en su belleza reflejan a su modo la belleza de Dios, que se identifica con su amor.

De aquí pueden extraerse algunas conclusiones y orientaciones operativas (**): 1) el hombre que vive plenamente es aquél que conoce y ama a Dios; 2) la fe bíblica asegura la dignidad de la persona humana y el valor de la vida humana; 3) los cristianos están comprometidos en promocionar una “cultura de la vida”.

1. Según la fe cristiana, el hombre que propiamente “vive” es el que está unido a Dios, el que vive conforme a Dios, el que participa más perfectamente del conocimiento y del amor que Dios mismo tiene. Y de esa forma, a través de esa vida humana, Dios es más conocido y amado. La grandeza de la vida humana auténtica conduce a ensalzar y alabar a su Creador. Esta es la propuesta de la fe cristiana y a esto se le llama “la gloria de Dios”.

Así se entiende bien la expresión de san Ireneo († 202): “gloria Dei vivens homo”, que podría traducirse libremente como "la vida del hombre es la gloria de Dios", o también "el hombre vivo es la expresión de la gloria de Dios".

2. La fe bíblica asegura la dignidad de la persona humana y el valor de la vida humana, en cuanto que revela que ha sido creada de modo irrepetible por Dios, dotada de inteligencia y voluntad a imagen de su Creador, y redimida por Jesucristo.

Por eso aspiramos a una vida plena e infinita que solamente puede encontrarse más allá de la existencia terrena y que, según el cristianismo, puede incoarse ya ahora en la medida en que se vive del amor a Dios y a los demás.

La dignidad personal se fundamenta en último término en Dios. Y, según la experiencia, solamente se asegura su respeto cuando Dios está “presente” en la sociedad y no se le expulsa de ella.

3. Por todo ello, se ha de relanzar vigorosamente el “humanismo de la vida” que surge de la pasión de Dios por la criatura humana. Los cristianos están comprometidos en promover una cultura de la vida; es decir, están –deben estar– dispuestos a “comprender, promover y defender la vida de todo ser humano” (Francisco, Carta de 6-I-2019), en cualquiera de sus fases o etapas, en cualquier circunstancia y más allá de los criterios de mera conveniencia económica y política.

Como el trabajo humano es continuación de la obra creadora, también la ciencia y la técnica han de ponerse al servicio de la persona y de sus derechos fundamentales, contribuyendo al bien integral del hombre y a la realización del proyecto humano de salvación (cf. Gaudium et spes, 35).

En el contexto actual (inclinado a la degradación de lo humano, motivada por la obsesión acerca del propio bienestar individual, obsesión que lleva a importantes crisis ecológica), se hace necesaria una nueva perspectiva ética universal y un nuevo humanismo, basado en la fraternidad y solidaridad universal.

a) Según Juan Pablo II esto se debe manifestar, en palabras de Francisco, en “los gestos de acogida y defensa de la vida humana, la difusión de una sensibilidad contraria a la guerra y a la pena de muerte, así como uninterés creciente por la calidad de la vida y la ecología”. El santo papa polaco indicaba también como signo de esperanza la difusión de la bioética entendida como “la reflexión y el diálogo –entre creyentes y no creyentes, así como entre creyentes de diversas religiones– sobre problemas éticos, incluso fundamentales, que afectan a la vida del hombre” (Evangelium vitae, 27).

En esta línea se sitúa la defensa de cada vida humana desde su concepción en el seno materno hasta su muerte natural. La vida humana está vinculada a la dignidad humana fundamental que no se pierde con la pérdida de la salud, del papel social o el control del propio cuerpo.

b) Junto a esto señala Francisco: “La perspectiva de la bioética global, con su amplia visión y su atención a las repercusiones del medio ambiente en la vida y la salud, constituye una notable oportunidad para profundizar la nueva alianza del Evangelio y de la creación” (Carta de 6-I-2019).

c) Propone el papa que esto se lleve a cabo hoy, especialmente por parte de los que se dedican a las ciencias de la vida, teniendo en cuenta el ambiente actual con sus dimensiones intercultural e interreligiosa; asegurando las necesidades fundamentales de las personas (la comida, el agua potable, la instrucción básica o los cuidados sanitarios elementales); utilizando sabiamente las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, las biotecnologías, las nanotecnologías y la robótica (por ejemplo en las intervenciones sobre el cuerpo humano que pueden quedar expuestas a las simples exigencias del mercado) (cf. Carta de 15-I-2019)

d) Finalmente, esto precisa por parte de todos un constante discernimiento y por tanto una adecuada formación de la conciencia en el marco de la fraternidad universal y de la apertura a Dios, como horizonte de sentido de la vida humana: “La fuerza de la fraternidad, que la adoración a Dios en espíritu y verdad genera entre los humanos, es la nueva frontera del cristianismo” (Ibid).

Para los cristianos, este discernimiento y esta formación han de situarse además “dentro y a la luz de la relación con Cristo, asumiendo su intencionalidad y sus criterios de elección en la acción (cfr. Flp 2,5)” (Ibid). En efecto, porque Cristo no contradice la razón ni quita nada de lo auténticamente humano, sino que lo lleva a su plenitud.

---

(* ) Para el primer apartado, cf. Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae (1995), sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana; R. Spaemann, “On the Anthropology of the Encyclical Evangelium Vitae, en “Evangelium Vitae”, Vatican City, Feb. 11-14, 2000.

(**) Cf. además Francisco, Carta “Humana communitas”, con motivo del XXV aniversario de la Pontificia Academia para la vida, 6-I-2019; Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes.

 

Compartir las semillas

campo de flores

Un hombre tenía un sembrado de flores estupendas; cada día salían de su cultivo centenares de paquetes a vender a la ciudad con las flores más bellas y fragantes que nadie pudiera conocer.

Este señor, año a año, ganaba el premio a las flores más grandes,bonitas y de mejor calidad y como era de esperarse era la admiración de todos en la región. Un día, se acercó un periodista de un canal de televisión a preguntarle el secreto de su éxito, a lo que el hombre contestó:

- Mi éxito se lo debo a que, de cada cultivo, saco las mejores semillas y las comparto con mis vecinos para que ellos también las siembren.

- ¿Cómo?- respondió el periodista- ¡Pero eso es una locura! ¿Acaso no teme que sus vecinos se hagan famosos como usted y le quiten su importancia?

El hombre dijo: - Yo lo hago porque al tener ellos buenos sembrados, el viento me va a devolver a mi cultivo buenas semillas y la cosecha va a ser mayor. Si no lo hiciera así, ellos sembrarían semillas de mala calidad que el viento traería a mi cultivo y cruzaría las semillas, haciendo que mis flores fuesen de mala calidad.

Es necesario compartir nuestras mejores semillas de cualidades y virtudes para así obtener una cosecha excelente de una sociedad mejor.

Web católico de Javier

Ahora te toca a ti compartir las semillas de esta reflexión con tus amigos, haciendo click en los siguientes botones de las redes sociales.

 

 

La sensibilidad cristiana ante los medios de comunicación

Salvador Bernal

Radio Vaticana, el 12 de febrero de 1931, transmisión del primer radio mensaje del papa Pío XI

photo_camera Radio Vaticana, el 12 de febrero de 1931, transmisión del primer radio mensaje del papa Pío XI

Se ha recordado estos días el aniversario de la inauguración de Radio Vaticana, el 12 de febrero de 1931, con la transmisión del primer radio mensaje del papa Pío XI. En el acto estaba presente el Cardenal Pacelli, que utilizaría profusamente ese medio años después como papa Pío XII. La presentación corrió a cargo de Guillermo Marconi, Nobel de Física en 1909, figura cumbre en la historia de la comunicación inalámbrica, feliz de haber contribuido, como católico, a la fundación de la Radio, sintetizada en una breve frase: “Con la ayuda de Dios, quien coloca tantas fuerzas misteriosas de la naturaleza a la disposición del hombre, he sido capaz de preparar este instrumento el cual dará a los fieles de todo el mundo el gozo de escuchar la voz del Sagrado Padre”. Otro católico, Marshall McLuhan, le asociaría años después en su visión del futuro de la aldea global: la galaxia Marconi eclipsaría a la galaxia Gutenberg.

No pretendo lógicamente resumir en unas líneas la historia de la actitud cristiana ante la comunicación, acentuada desde la invención de la imprenta y el uso de los catecismos, que culmina quizá con la presencia del papa Benedicto en Twitter. Sólo recordar que en 1963 un concilio ecuménico, por vez primera en la historia, aprobó un documento dedicado exclusivamente a esta cuestión: el decreto Inter mirifica. A mi entender, fue un texto primerizo, por aquello de que avanzaba la asamblea ecuménica, y se alargaban estudios y discusiones, sin cuajar en textos aplicables al orbe católico. Por eso, quizá no deba ser interpretado literalmente, sino a la luz del desarrollo magisterial posterior, especialmente la constitución Gaudium et Spes. Pero un objetivo de futuro se cumplió veinte años después: “la exposición y explicación de la doctrina y de la disciplina católicas en esta materia deben enseñarse en el catecismo” (nº 16).

De hecho, entre las novedades del actual Catecismo de la Iglesia católica están los números 2493-99, dentro de la tercera parte, sobre “La vida en Cristo”, en el artículo dedicado al octavo mandamiento (por cierto, salvo mejor opinión, el precepto del decálogo menos conocido y aplicados por pastores y fieles, al menos en el mundo latino).

Antes que los medios de comunicación en sí –instrumentos lógicamente sometidos a las transformaciones continuas derivadas del progreso científico y técnico-, importa la virtud de la veracidad, porque la verdad es uno de los núcleos esenciales de la convivencia. Con información verdadera se construyen las sociedades libres y justas. La mentira –precisamente por su apariencia de verdad y bien- provoca desinformación, con las diversas variantes de autoritarismos, prepotencias políticas, económicas, sociales, culturales (incluso, religiosas: el denostado clericalismo, también en el origen de tantos abusos eclesiásticos que afligen hoy a la Iglesia universal).

La doctrina cristiana, desde el clásico “obrad en verdad” de san Juan, es el gran antídoto contra la mentira. En ocasiones, la prudencia o la caridad pueden hacer aconsejable no decir toda la verdad. Pero en ningún caso la verdad es un límite al derecho a la información, porque forma parte de su contenido. En el derecho español suele usarse la frase “información veraz”, evidentemente tautológica.

Otra indicación del decreto Inter mirifica (nº 18) se vive periódicamente desde entonces en la Iglesia: la jornada sobre los medios de comunicación, que ha superado los cincuenta años. No existe una fecha única, porque depende de la decisión de los obispos locales. En la práctica, significa que el papa aprueba cada año un texto sobre esta materia, que suele abordar aspectos concretos de mayor actualidad. Así, en la fiesta de san Francisco de Sales de 2019, ofrece una reflexión sobre las redes sociales y la comunidad humana, a partir del texto de san Pablo a los Efesios “somos miembros unos de otros”.

El papa Francisco se hace eco, desde la óptica cristiana, de un problema importante hoy en todo el mundo: la pessima corruptio optimi reflejada en la realidad informática omnipresente en la vida cotidiana de la humanidad, especialmente entre la población más joven. Porque, “en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad”. A veces, es mera agregación, cuando no manifestación de narcisismo individual o colectivo.

La clave de todo, una vez más, está en la virtud de la veracidad. Basten unas citas del mensaje pontificio para recomendar su lectura: “El ser miembros unos de otros es la motivación profunda con la que el Apóstol exhorta a abandonar la mentira y a decir la verdad: la obligación de custodiar la verdad nace de la exigencia de no desmentir la recíproca relación de comunión. De hecho, la verdad se revela en la comunión. En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo”. Porque, al cabo, la Iglesia “es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los ‘like’ sino sobre la verdad, sobre el ‘amén’ con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás”.

 

 

Una Declaración de Fe

Ernesto Juliá

El cardenal Müller con el Papa Francisco.

photo_camera El cardenal Müller con el Papa Francisco.

Mucho se está escribiendo estos días sobre la Declaración de Fe del card. Müller, anterior prefecto de la Congregación para la Fe.

“Ante la creciente confusión en la enseñanza de la doctrina de la fe, muchos obispos, sacerdotes, religioso y laicos de la Iglesia Católica, me han pedido dar testimonio público de la verdad de la Revelación. Es tarea de los pastores guiar a los que se le han confiado por el camino de la salvación (…) Hoy en día muchos cristianos ya no son conscientes ni siquiera de las enseñanzas básicas de la fe, `por lo que existe un peligro creciente de apartarse del camino que lleva a la vida eterna”.

Con estas palabras, Müller introduce una declaración de Fe fundamentada en diferentes puntos del Catecismo de la Iglesia Católica, que señalan esas “enseñanzas básicas” que forman parte de lo que un cristiano Cree.

Müller reafirma la fe en las siguientes verdades fundamentales: Dios, Uno y Trino. Revelado en Jesucristo. La Iglesia, fundada por Jesucristo “como signo visible e instrumento de salvación, que subsiste en la Iglesia Católica, y a través de ella “la obra de la redención de Cristo se hace presente en el tiempo y en el espacio en la celebración de los santos sacramento, especialmente en el sacrificio eucarístico, la Santa Misa”. El orden sacramental. Y afirma: “La Iglesia en Jesucristo es el sacramento universal de salvación. Ella no se refleja a sí mismo, sino a la luz de Cristo que brilla en su rostro. Esto sucede sólo cuando, no la mayoría ni el espíritu de los tiempos sino la verdad revelada en Jesucristo se convierte en el punto de referencia, porque Cristo ha confiado a la Iglesia católica la plenitud de la gracia y de la verdad. Él mismo está presente en los sacramentos de la Iglesia”.

La ley moral, que es “obra de la sabiduría divina y conduce al hombre a la bienaventuranza prometida”. “Su observancia es necesaria para la salvación de todos los hombres de buena voluntad”, porque “le fe y la vida están inseparablemente unidas, porque la fe sin obras está muerta”. Esto lleva a consecuencias prácticas en la vida de los cristianos, entre las cuales deben mencionarse los que hoy se oscurecen con frecuencia (Catecismo de la Iglesia Católica, cf. 2270-2283; 2350-2381).

La vida eterna. “Cada persona tiene un alma inmortal, que es separada del cuerpo en la muerte, esperando la resurrección de los muertos. La muerte hace definitiva la decisión del hombre a favor o en contra de Dios. Todo el mundo debe comparecer ante el tribunal inmediatamente después de su muerte. O es necesaria una purificación o el hombre llega directamente a la bienaventuranza celestial y puede ver a Dios cara a cara. Existe también la terrible posibilidad de que un ser humano permanezca en contradicción con Dios hasta el final y, al rechazar definitivamente su amor, “condenarse inmediatamente para siempre”.

Antes de la oración final Müller hace una consideración que algún otro cardenal le ha criticado, por hacer alusión directa a la acción del “Anticristo”: “Ocultar estas y otras verdades de fe y enseñar a la gente en consecuencia, es el peor engaño del que el Catecismo advierte enfáticamente. Representa la prueba final de la Iglesia y lleva a la gente a un engaño religioso de mentiras, al “precio de su apostasía de la verdad”; es el engaño del Anticristo. “Él engañará a los que se pierden por toda clase de injusticia, porque se han cerrado al amor de la verdad por la cual debían ser salvados” (2 Tes 2, 10).

Por desgracia, el “anticristo” está ahí desde el principio del cristianismo, como ya señalan muy bien tanto san Pablo como san Juan.

Además de las referencias directas a los sacramentos de la Reconciliación, de la Eucaristía y del Orden sacerdotal, unas palabras sobre los sacramentos del Bautismo y del Matrimonio me parece que habrían completado muy bien el panorama, teniendo en cuenta la banalidad con la que tantos cristianos viven, en la práctica estos sacramentos.

Y termino señalando que esos números del Catecismo a los que Müller se refiere al hablar de la Ley moral, tratan los temas de Castidad y los pecados graves que con la castidad se relacionan; y de los pecados gravísimos contra la vida: el aborto, la eutanasia, el suicido; por desgracia tan silenciados –con alguna excepción cuando se trata del aborto-, en la predicación, y aceptados, o al menos llevados en silencio sin protesta clara, en la vida social.

Müller, sin duda alguna, actúa en conciencia y sabe, como cualquier otro católico con Fe, con Esperanza y con Caridad, que un día rendirá su alma en las manos de Dios, y Dios acoge con los brazos abiertos a quienes en la tierra dan testimonio de la Fe en Cristo, con sus palabras y sus obras.

ernesto. julia@gmail.com

 

Ser feliz en tiempos de prisa

“Las personas felices no nacemos, nos hacemos”, es el subtítulo del libro Del ataud a la cometa, de Carlos Andreu, que ya va por su novena edición. Esta semana lo hemos tenido en el IESE en nuestro I-WiL Lunch, para descubrir cómo ser felices en tiempos de prisa, ahora que muchos discurren por la vida en la categoría de zombies, y no de vivos. Como dice el autor:

“El mundo apresurado en el que vivimos nos empuja a correr sin descanso, siempre pensando que mañana llegará lo que anhelamos. Y en esa carrera alocada abandonamos lo verdaderamente importante. Descubrimos que en algunos momentos nos comportamos como muertos vivientes atrapados en una búsqueda frenética de lo que no poseemos”.

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/02/Carlos-Andreu-en-Aula-Magna-300x225.jpeg

Muchas personas piensan que están de alguna manera determinadas por la genética, que lo que heredan de sus padres es definitivamente algo que no se puede cambiar. Si bien es cierto que todos tenemos esa influencia de nacimiento, heredada de nuestra familia, no es menos verdad que ser feliz -en todas las acepciones del término, que son variadas- depende de factores externos y progresivos, en cierta medida paralelos al discurrir de la vida. Aprendemos, nos enseñan, mejoramos, nos equivocamos, nos caemos, nos levantamos, escuchamos, compartimos, recibimos feed-back.

Somos seres sociales y de la interacción con los otros depende en gran parte nuestro bienestar. Carlos Andreu recorre en su sesión las diferentes etapas de la vida, preguntándonos quiénes son nuestros “dioses” y cuáles nuestros objetivos en cada una de ellas. Así podemos apreciar cómo la admiración por nuestros padres decae según nos hacemos adultos, o cómo nuestros deseos pasan de jugar con otros niños todo el día o dormir y comer, a ser el más querido o admirado, triunfar en el trabajo, mejorar la salud…y así hasta el final de la vida, en que volvemos a hacernos muchas veces como niños (las necesidades fisiológicas cobran de nuevo relevancia), y la obtención de nuestros deseos ya casi no depende de nosotros.

Entonces, ¿cuáles son las coordenadas de aquellos a los que les va bien? Sin duda, como explica Carlos, hay que tener motivos para empezar el día, y hay que saber que “hay un complot universal para que yo triunfe”, saber lo que realmente importa, pero más allá de la pura verbalización, porque todos afirmamos que la familia es lo que más nos importa, pero luego no todos actúan en consecuencia.

 

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/02/Hugo-y-Nuria-Banderas-encuadrada-262x300.jpg

Con el profesor Hugo Cruz

Un abrazo a todos desde Guatemala, donde he intervenido en el Congreso de los Diputados sobre políticas familiares, y en el primer Programa de Certificación en RFC (Responsabilidad Familiar Corporativa), organizado por el profesor Hugo Cruz, director del CIHE en la UNIS. Además, he impartido sesiones en los programas MBA y EMBA en la UNIS Business School.

Os dejo con un vídeo a Carlos Andreu, grabado en mi despacho del IESE -previo a su sesión- donde da algunas claves.

 

 

SUECIA, DINAMARCA, JAPÓN Y FINLANDIA ¿UN ÉXITO DEL PUEBLO SABIO?

Por René Mondragón

EL FLAUTISTA DE LA 4T

 La Baja Sajonia, en Alemania -a orillas del río Weser- jamás imaginó que el maravilloso texto de los Hermanos Grimm se pudiera tropicalizar en la cuarta transformación.

Existen varias razones para que el escribano encuentre una analogía no tan forzada, porque  el cuento de los Grimm habla de que el flautista liberó al pueblo de una plaga –igual que la pretensión de la llamada Transformación- pero, a un tiempo, y a manera de venganza en la misma trama, el flautista regresó al lugar y se llevó a los niños; igual que con el tema de las Guarderías en donde los chamacos fueron echados de esos espacios.

OPUS PARA FLAUTA EN ROJO MAYOR

A casi 90 días del nuevo gobierno, los mexicanos vemos que cualquier cosa que se atreva a disentir del presidente, a medir sus  resultados, a registrar y evaluar las acciones de gobierno, entra en franca etapa de extinción presupuestal y estructural.

Los nombres campean por las mañaneras: Calderón, Fox, Slim, Téllez, Zedillo, el Instituto de Evaluación de la Educación –junto con los demás órganos autónomos; y recientemente, la Comisión Reguladora de Energía, cuyo titular, Guillermo García Alcocer, en un par de días, será exhibido por el presidente ante el pueblo sabio y bueno, para que éste lo queme en leña verde con chile piquín y rodajas de cebollitas de Cambray. Y todo, por andarle  contestando al presidente, evidenciado su disenso –justificado o no- de las propuestas presentadas por el mandatario.

El hecho presidencial y la consecuente amenaza son de interés público, porque eso mismo puede esperarse para todos aquellos paisanos a quienes se les ocurra decir que no están de acuerdo con el hombre de Macuspana. O sea, la tentación de un socialismo totalitario en el esquema e un Tabasco Bolivariano, está a la vista.

MARXISMO DE PRIMER MUNDO O CAPITALISMO DE CUATES

La expresión de “capitalismo de cuates” es de cuño de Denisse Dresser; lo demás es autoría del escribano. Hecha la aclaración pertinente, la más reciente de las aseveraciones presidenciales se centró en la ilusión de hacer de México un país como Dinamarca.

Si se trata de un capitalismo de Estado, los resultados están por verse. Los modelos de economía central planificada, provocan solamente estatizaciones, nula productividad, cero competitividad, nada de innovación y un aislamiento feroz. Véase los casos  de Cuba, Venezuela, Nicaragua o Bolivia.

Por otro lado, si como dijo el mandatario, se trata de hacer crecer a México en todos los sentidos y llevarlo al primer mundo, el pueblo bueno y sabio –con todo y gobernantes- tienen que dejarse guiar, asesorar y enseñar de los expertos en los diferentes tópicos.

PERO…

Como certeramente señala Pascal Beltrán en su  columna de Excelsior, (15 de Febrero de 2019 https://www.excelsior.com.mx/opinion) además de otras, las fobias presidenciales abarcan a las organizaciones de la sociedad civil que buscan incidir en el acontecer nacional.

En efecto, no son reconocidos como interlocutores porque “hacen parecer tonto al pueblo”. En consecuencia, son elitistas que facilitan y facilitaron el saqueo. (sic) Y, en el fondo, tales organizaciones de la sociedad, forman un “gobierno paralelo” integrado por “una constelación de organismos autónomos”; precisamente, de esos que está exterminando el Ejecutivo.

ACOTACIÓN

Mis adorables lectoras y amables lectores sostienen que, si el presidente López quiere llevarnos a ser como Suecia, Dinamarca, Japón o Finlandia, no puede prescindir de la sociedad civil, de las agrupaciones intermedias que reflejan pluralidad de pensamiento, libertad de expresión y un andamiaje para el disenso necesario en cualquier democracia elemental. Son, pues, un contrapeso natural de la autoridad. Pero eso no le viene bien al mandatario, porque como señala Beltrán del Río, en 2014 se registraron más de 6 mil organizaciones e instituciones de este tipo.

Claro que tales grupos sociales demandan, en consecuencia, transparencia y rendición de cuentas. No son enemigas del presidente ni de su partido. Si la intención presidencial va en serio, hay que estudiar el éxito de los países a los que desea emular…aunque sea de lejitos.

 

ALERTA CONTRA EL TERRORISMO IDEOLÓGICO

Escribe: Alfredo Palacios Dongo

Nuestro Estado, insuficiente, debilitado y desarticulado por falta de una clase política capaz de asumir un proyecto nacional y con una casi inexistente institucionalidad, cada cierto tiempo es rebasado por la organización criminal de Sendero Luminoso (SL) que se coloca en acción ofensiva y sigue ganando espacio, principalmente en el ámbito ideológico y apologista, preparándose para posibles ataques violentistas. Mientras se incrementa la preocupación nacional por los fenómenos climáticos y en el Congreso persisten las discusiones bizantinas sobre blindajes e impunidades a congresistas y sobre la repartija de contratos ilegales en el Parlamento a trabajadores vinculados a partidos políticos, en los últimos días los terroristas has intensificado una campaña ideológica.

El pasado día 11 en el Vraem (distritos de Ayahuanco y Llochegua), entregando panfletos con el símbolo senderista titulado “Orden del Militarizado Partido Comunista del Perú” conminando a los pobladores a crear organizaciones propias y promover sus auténticos dirigentes para tomar medidas y acciones ideológicas, políticas, sociales, económicas, militares, organizativas y culturales.Igualmente en Puno, el pasado día 12 durante las fiestas de la Candelaria, apareció una gran banderola de SL en el puente peatonal del Barrio Santa Rosa, exigiendo “el cierre del penal militar de la Base Naval y la liberación de su cabecilla Abimael Guzmán”. Pero no solo en zonas alejadas, también en Lima, el 25 de enero aparecieron pintas con el mismo formato ideológico en los distritos de Independencia, Ventanilla, Villa María del Triunfo y Villa El Salvador.

Son muchas las evidencias que el terrorismo ideológico sigue operando silenciosa y peligrosamente, en setiembre pasado durante un operativo denominado “Avemo Rojo” se intervino en 13 penales a 290 terroristas presos, incautándose manuscritos y documentos que confirman la vinculación entre SL, Movadef y otros grupos que trabajan ideológicamente en diferentes organizaciones públicas, principalmente en centros escolares y universitarios donde adoctrinan y aleccionan a los estudiantes (según datos de la policía, Movadef cuenta con unos 2,500 integrantes, de los cuales el 70% son estudiantes, ya que buscan contingentes de jóvenes ideologizados).

Bajo este panorama la estrategia de SL para su resurgimiento político-ideológico está avanzando y representa aún un peligro para la sociedad, a los miles de terroristas excarcelados se les ha perdido el rastro y estarían desarrollando actividades apologistas e ideológicas preparándose para futuras acciones organizativas y de violencia terrorista sin tener una adecuada respuesta de parte del sistema político, judicial, educativo y de instituciones democráticas del país.

Ver mi Blog:  http://www.planteamientosperu.com

 

La Dieta Mediterránea y la salud cardiovascular

Unas pautas correctas de alimentación se han demostrado especialmente útiles en la prevención para algunas de las principales dolencias que aquejan a la población mundial. Pero no siempre es fácil discernir en nutrición que es correcto y que no lo es. Por esa razón, en el año 2007 The Culinary Institute of America y la Harvard T.H. Chan School of Public Health se embarcaron en un ambicioso proyecto para poner en marcha un foro que, basándose en los últimos hallazgos de la ciencia, ofreciera al colectivo médico pautas precisas sobre como comer de una forma más saludable. Así nació la iniciativa Healthy Kitchens, Healthy Lives®.

Y si hablamos de pautas alimentarias respaldadas por la ciencia, ahí destaca la Dieta Mediterránea, sin lugar a dudas la más estudiada por equipos de investigadores de todo el mundo. En la edición de este año, la Conferencia ha puesto su foco en el efecto cardioprotector de este modelo alimentario. Para ello ha contado con la experiencia del epidemiólogo español Miguel Ángel Martínez que ha participado en algunas de las principales líneas de investigación. El profesor y director del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra y colaborador del Harvard T.H. Chan School of Public Health, impartió un taller titulado “La Dieta Mediterránea y la salud cardiovascular: de la investigación a la estrategia culinaria”, en el que repasó las principales evidencias que aconsejan adoptar este patrón alimentario.

“El Estudio PREDIMED ha demostrado, más allá de cualquier duda, que seguir este patrón alimentario, rico en aceite de oliva virgen extra y frutos secos, reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en torno a un 30%”. De hecho, durante su presentación, el doctor Martínez hizo hincapié en el papel central que las grasas saludables tienen en este modelo, es especial el aceite de oliva virgen extra, “es bien conocido el efecto antioxidante, antiinflamatorio y antibacteriano de su consumo”. Destacó, asimismo, que hay que acabar con la falsa creencia instalada entre una parte del colectivo médico de que las grasas en general son insalubres: “Hay que cambiar ese paradigma. Ahora sabemos que hay grasas buenas y grasas malas. Y que los aceites de oliva contribuyen a tener una mejor calidad de vida. Eso es indiscutible”.

Finalmente, el doctor Martínez destacó que no se puede desligar la Dieta Mediterránea de un estilo de vida en el que el disfrute de la comida es parte fundamental de su éxito. En ese sentido, el taller también propuso a los asistentes un acercamiento a este modelo de alimentación milenario desde el disfrute culinario. Para ello se contó con la participación del chef español Daniel Olivella, que lleva cuatro décadas ejerciendo de embajador de la Dieta Mediterránea en Estados Unidos. Tomando como base el aceite de oliva virgen extra, elaboró varios platos. Prestó especial atención a su uso en sofritos y en guisos, donde los aceites de oliva son imbatibles, por su resistencia a las altas temperaturas. Asimismo, elaboró varios platos que el público asistente a la Conferencia pudo disfrutar, como escabechados de atún y de pollo, samfaina (ragout vegetal típico de Cataluña), una paella de verduras o el arroz negro con alioli. Recetas saludables y, sobre todo, muy sabrosas.

Jesús Domingo

 

 

Vuelve el debate del aborto

Ha vuelto el debate político y social del aborto; si bien, la apuesta por la vida de todos jamás se fue de la mente  de tantos españoles solidarios con los niños  no nacidos. Desde la antigüedad, se popularizó esta frase: “Soy hombre y nada de los humano me es ajeno” (Terencio, s. II).  ¿Debe el Estado proteger la vida humana? Con raíz en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, art. 3, nuestra Constitución de 1978 declara: “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes (…)”. Todos,  son todos. ¿Por qué tenemos leyes que excluyen al niño por nacer? Sólo la Iglesia Católica defiende la vida sin fisuras. Vemos que, hoy, los partidos políticos con implantación en las Cortes, no advierten  su deber prioritario de defender toda vida humana, ni  se dan cuenta de la degradación moral que supone el aborto; ni  siquiera parece que se percaten del invierno demográfico,  que pone en riesgo la continuidad de las Pensiones.   

El aborto provocado es terminar violentamente con la vida de un niño por nacer en alguna de sus fases de su desarrollo o crecimiento. Todos somos muy sensibles en casos como el de Julen de Totalán ( Málaga);  pero ¿ nos lamentamos por las víctimas del aborto ? Según datos oficiales, fueron  94.123 los abortos provocados en España en 2017. La Biología Celular y Molecular, la Embriología y la Genética ( ciencias experimentales) demuestran que la vida comienza en la fecundación; que todo ser vivo pertenece a su propia especie desde el primer momento de su existencia, sin saltos o cambios cualitativos, pues sólo varía el aspecto según la fase del desarrollo; que tenemos el mismo patrimonio genético durante toda nuestra vida. Los  científicos Keith Moore, TVN Persaud y Mark Torchia aseguran que “el desarrollo humano es un proceso continuo que comienza cuando un ovocito de una hembra es fertilizado por un esperma de un macho”.  ( The Developing Human: Clinically Oriented Embryology,  en su última Edición, 2015). Y aún sin conocimientos científicos, todo el mundo lo sabe si no está cegado por el egoísmo o por ideologías antinatalistas. Decir que antes de nacer o en las primeras semanas de vida no somos humanos, es, además de falso,  lo más tonto que se pueda oír; pero quizá no sea tanto la estupidez, cuanto la cobardía e hipocresía.

Josefa Romo  

 

 

La familia es lo primero... y único.

“El Observador Permanente” de la Santa Sede ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), Monseñor Bernardito Auza, citó palabras del Papa Francisco en la JMJ de Panamá, donde el Pontífice aseguraba “que otro mundo es posible… y para que esos sueños sean realidad es necesario abordar las desigualdades y los desafíos de la inclusión social”.
En ese sentido, dijo el Papa, que dos pilares importantes para el necesario desarrollo son los jóvenes y la familia. (ACI Prensa/16/02/19).  Y, es que los planes y programas de desarrollo y crecimiento económico no deben ser para que los ricos sean más ricos y los pobres sean más pobres; sino para que ambas familias mejoren, con la disminución de las desigualdades.
Mons. Auza hablaba durante el 57 periodo de sesiones de la Comisión de Desarrollo.

Dijo que “la brecha entre los países muy ricos y los pobres continua creciendo” y que la familia y los jóvenes son dos pilares para reducir la pobreza y alcanzar el desarrollo.

El tema es universal y es un tema nuestro.
Y nos preguntamos sobre el papel asignado a la familia en los programas para el desarrollo que nos tienen preparados los candidatos presidenciales. Promoción de inversiones para plazas de trabajo que fortalezcan a las familias; educación para el crecimiento del pensamiento crítico y creativo, las ciencias, artes y todas las actividades que faciliten la formación de un hombre y una mujer capaces de vivir la verdad que los hace libres.

 Miguel Espino 
espinomiguel21@gmail.com
* El autor es periodista.

 

 

Más allá de sus discursos altisonantes

En su toma de posesión como presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha afirmado que Dios está por encima de todos. No es lo mismo invocar a Dios como recurso dialéctico oportunista que practicar una política que busque el bien común, el diálogo y el respeto a los contrarios, algo que está todavía por ver en el flamante presidente, un nacionalista que ha mostrado nostalgia de la dictadura, y que justifica la tortura para acabar con la violencia.

El Papa Francisco, recordaba en su mensaje de Año Nuevo que la buena política está al servicio de la paz. Y no puede olvidarse que la paz es fruto de la justicia, consistente en el respeto y garantía de los derechos humanos fundamentales. En este sentido, Bolsonaro tiene todavía mucho que demostrar, más allá de sus discursos altisonantes. No obstante, se habla muy poco de él, lo cual quiere decir que mal no lo está haciendo.

Suso do Madrid

 

 

 “La cultura del abuso…”

A primeros del año actual, el Papa Francisco dirigía una carta a los obispos de los Estados Unidos, en aquellos momentos reunidos en Ejercicios Espirituales, en la que sintetizaba su pensamiento contra “la cultura del abuso de poder, de conciencia y sexual”, al tiempo que proponía algunas pautas para afrontar la “crisis de credibilidad” por la que atraviesa la Iglesia a causa de estos hechos. En un texto de gran calado teológico y espiritual, afirmaba que el pueblo fiel de Dios y la misión de la Iglesia han sufrido y sufren a causa de los abusos y de su mala gestión.

Francisco pedía a los obispos que no pongan el acento en acciones que aun siendo necesarias, no alcanzan la raíz del problema. La Iglesia no puede depositar su confianza sólo en las estrategias, en los organigramas y en las buenas prácticas, sino ante todo en la presencia de su Señor, que la ha guiado durante dos mil años. Además advertía a los obispos sobre el riesgo de la desunión y las contraposiciones, reclamándoles con fuerza a la comunión.

Xus D Madrid

 

Convirtiéndose en niños de la calle

En los últimos meses el número de extranjeros que han llegado a las costas andaluzas se ha incrementado de forma considerable: han sido alrededor de 60.000. Pero este número solo supone en torno a un 10 por ciento de los inmigrantes que llegan a España por otras vías. De todo esto los medios no nod informan, parece que ahora no interesa.

Los inmigrantes menores no acompañados suponen un fenómeno muy complejo. Las rutas de la migración africana están repletas de estos niños que son invitados a marcharse de sus casas por sus familiares. Es lógico que el Derecho Internacional los tutele y no consienta su expulsión. Es necesario, con la ayuda de Europa, darles una oportunidad para que no se acaben convirtiendo en niños de la calle. Es lo que está sucediendo ahora por la escasez de recursos que el Gobierno dedica a su acogida.

José Morales Martín

 

VIVIR SOÑAR LA ETERNA VIDA:

 

            Era yo bastante joven y ya viviendo agobiado por mis muchas inquietudes, caí en un estado “de sin sentido a la vida” y en él me debatí bastante tiempo; de aquella situación que no llegó a ser trágica, me sacó un viejo maestro que me dio a leer un libro tras escucharme pacientemente la explicación que le di, sobre aquel estado de no vida que yo creía estar viviendo. Aquel libro (que conservo) es el, “Libro de los Espíritus”, escrito en el S. XIX por “Allan Kardec” y en el que se explica, sin contravenir nada de lo esencial de las prédicas del mismo Cristo, la vida espiritual y el arduo camino que hemos de recorrer los seres humanos, tanto en la vida material como en la inmaterial. Vida que cada cual habremos de recorrer inexorablemente hasta llegar al grado de felicidad en el que ya la carne no nos es necesaria y viviremos en lo que se afirma será la verdadera vida individual y colectiva, cuál será la “vida espiritual”.

            Hablar de todo esto y en un mundo tan materializado y animalizado como el actual, “suena a ciencia ficción”; pero como llevo más de medio siglo leyendo textos, incluso escritos por doctores que han investigado, hablando con pacientes que en una situación clínica extrema “estuvieron muertos y luego volvieron a la vida” (Dr. Moddy por ejemplo) contándole sus experiencias en esos trances y además quiero convencerme de que como ser humano, no soy “un juguete” creado para ser marioneta de nada, cuando encuentro textos dignos de ser leídos, los leo y algunos los archivo y como este que a continuación reflejo, lo envío a mis lectores… “la vida es sueño y soñar cosas así no es malo, ni mucho menos… además lo que tenga que ser será, querámoslo o no”.

 

Antonio García Fuentes (En la tarde del día 08 de Febrero del 2015 necesitando alimento “especial”)

************************

Son múltiples las modalidades de vida y aspectos en el mundo espiritual. Entre las múltiples actividades, hay seres tratando de ayudar a los que se hallan en tinieblas o en lugares de sufrimiento; otros, rescatando almas subyugadas por organizaciones maléficas; otros, ayudando a desencarnar; otros a encarnar; otros, orientando a los desencarnados hacia la Luz; otros, en proteger a aquellos que, no siendo malos, son asediados por los seres inferiores por hechos del pasado. Hay médicos, practicantes y enfermeras asistiendo a los que llegan enfermos o traumatizados. Hay equipos de rescate para aquellos seres arrepentidos que se encuentran en zonas purgatoriales o esclavizados por organizaciones maléficas. Hay los dedicados a iluminar la mente de los humanos en momentos críticos, así como en agrupaciones mediúmnicas; los que desarrollan tareas de divulgación en los planos inferiores, etc.

Y en todas esas modalidades, hay millones y millones de seres que gozan en esas tareas de servicio fraterno, a la vez que contribuyen a su progreso y evolución. Y todos esos seres con tareas de servicio en los planos inferiores, tienen también periodos de ’vacaciones”, pasando a disfrutar de las maravillas de su ambiente, por lo que su vida discurre feliz.

Como fue explicado anteriormente, hay grandes laboratorios de estudio en las diversas ciencias (física, química, biología, psicología, etc.), y en las diversas regiones del astral correspondientes a cada país, en las cuales, un grandísimo número de científicos continúan sus investigaciones con mayores facilidades de las que tenían en la Tierra. Y muchos de esos científicos espirituales, son los que ayudan a los investigadores humanos, intuyéndoles, en su labor de investigación.

¿Qué son esos proyectos de hermosas zonas residenciales, de hermosos parques y avenidas que los diseñadores humanos preparan y los constructores ejecutan aquí en nuestro mundo, sino ideas proyectadas por científicos del mundo espiritual?

Y cuando ya nuestro mundo físico quede libre de la maldad humana, grandes descubrimientos habrán, por una mayor interpelación entre el mundo espiritual y el mundo físico; lo cual contribuirá a modalidades de vida no soñadas por nosotros.

Al igual que en la Tierra, hay gobernantes en cada comunidad. Mas no con el interés y ambición personal que tenemos los humanos, sino con el objeto y único de servir, conscientes de su responsabilidad. Y para tal tarea, son siempre seres de mayor sabiduría y poder, que pertenecen a otros planos superiores.

Ninguno de los seres del astral superior está” sujeto a su medio ambiente. Puede trasladarse a cualquier parte del mundo y conocer las modalidades de vida en otras poblaciones en el astral de otros países, dentro de su mismo plano o condición vibratoria, así como bajar a los planos de menos evolución y del astral inferior, así como a los planos físicos en los diversos países y conocer su modo de vida.

Si bien el lenguaje hablado es el medio de comunicación de las ideas entre los seres desencarnados, en los diferentes idiomas esa comunicación puede ser y es mental; de modo que pueden entenderse tan bien como si hablasen. De ese modo, pueden penetrar en los diversos ambientes del astral de otros países.

Debéis conocer también que, la alimentación del cuerpo psíquico, se efectúa por medio de la ósmosis magnética en la respiración. Porque, al igual que el cuerpo físico, el cuerpo psíquico sigue manteniendo funciones fisiológicas análogas a las del cuerpo físico. Y en ese proceso de respiración (aspiración y expiración) recibe y asimila la energía magnética, que es el elemento nutritivo necesario para su normal funcionamiento, desasimilando lo sobrante.

Necesario es desechar de la mente, la idea de un paraíso de vida contemplativa, ociosa y de éxtasis religioso, cantando alabanzas a la Divinidad.

Necesario es conocer que, el mundo espiritual es un mundo de vida activa. Y las ocupaciones en los ambientes del astral superior, son diversas y voluntarias, según los gustos, tendencias y deseos de realización y de aprender. Por ello, los planos del astral superior, son ambientes de acción y realización en diversos aspectos, al que pueden alcanzar los espíritus de mediana evolución que tengan ansias de progreso.

Imaginemos un mundo donde nadie trabaja para vivir, sino por el placer que se siente en realizar, en hacer algo útil para los demás o como satisfacción de un anhelo acariciado y no realizado plenamente en la Tierra, como las aficiones, por ejemplo. Los amantes de la naturaleza, los aficionados a las flores, plantas y animales, por ejemplo, pueden dedicarse todo el tiempo que quieran a esa su afición, sin preocuparse de nada más, y gozar del placer y felicidad que tal ocupación proporciona.

Lo mismo puede decirse de las demás aficiones, como la música, la pintura, la escultura, las artes manuales o alguna de las ramas de la ciencia, etc.

Pero, como después de un tiempo en esa ocupación de su afición, el Espíritu comienza a sentir otras ansias busca otras ocupaciones que puede escoger, porque siempre hay disponibles; así como participar en tareas de servicio en alguna de las múltiples modalidades que hay para los seres con ansias de progreso.

Necesario es recordar que aquellos que hayan alcanzado los planos superiores, no están obligados en modo alguno a realizar tareas que no sean de su agrado, ya que no tienen las necesidades que existen en el mundo físico. Pueden alternar y así acontece, la ocupación, estudio y tareas de servicio que haya escogido, con la distracción, concurrencia a conciertos musicales y artísticas, a salas de estudio, bibliotecas, etc., como viajar a donde sienta deseos. Y en esos otros aspectos para el solaz esparcimiento hay también seres en acción de servicio, como son los músicos, artistas, profesores, bibliotecarios.

Y por último, hagamos referencia a la música espiritual. Naturalmente que, no podemos referirnos a la de los planos elevados, que emana de aquello que ignoramos; sino brevemente a la de los primeros planos del astral superior. Y al igual que en la Tierra, los músicos de dichos planos se valen de instrumentos análogos y también diferentes a los nuestros.

La llamada música celeste, existe. Y en estos planos es análoga a las más hermosas partituras que conocemos; pero, como el sonido es vibración, esa música es de una sutileza y variedad de matices sonoros, desconocidos por nosotros, y de mayor armonía que la producida por nuestros instrumentos. Por ejemplo, la  Sinfonía de Beethoven -Pastoral- si bien oída de nuestros instrumentos es hermosa y dulce, es tan sólo una pálida representación de la misma sinfonía ejecutada en el astral, debido a que los instrumentos materiales son más duros en sus vibraciones.

Sebastián de Arauco

LA VIDA EN EL MUNDO ESPIRITUAL,más allá,Sebastián de Arauco,VIDA DESPUÉS DE LA VIDA