Las Noticias de hoy 16 Febrero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 16 de febrero de 2019      

Indice:

ROME REPORTS

Francisco agradece a las comunidades de acogida a migrantes: “¡Adelante! ¡No tengáis miedo!”

El Vaticano descubre por la prensa la acusación al Nuncio en Francia

MADRE DE MISERICORDIA: Francisco Fernandez Carbajal

“Una vez bautizados, todos somos iguales”: San Josemaria

Para un feminismo cristiano: reflexiones sobre la Carta Apostólica "Mulieris Dignitatem": Jutta Burggraf

Miradas: C. Ruiz. M. de Sandoval

Comentario al Evangelio: El poema del amor divino

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.: + Francisco Cerro Chaves.Obispo de Coria-Cáceres

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Una mujer embarazada son dos seres humanos: Daniel Tirapu

La nueva verdad incómoda: Nuria Chinchilla

“NOS FALLASTE”: René Mondragón

Respuesta prometida sobre votar o no votar: Miguel A. Espino Perigault

Mel Gibson estrenará "La Resurrección de Cristo" a finales de 2019: Alfonso Mendiz

Cómo educar desde la infancia para llegar bien preparados a la adolescencia: LaFamilia.info

La paciencia todo lo alcanza: Silvia del Valle Márquez

¿Cómo mantener la chispa en mi matrimonio?: Lucia Legorreta

Talento femenino para la CEOE: Xus D Madrid

Los Derechos Humanos: Suso do Madrid

Tiempo de regar la semilla:  Enric Barrull Casals

¿QUE ES EL TIEMPO... EXISTE EL TIEMPO?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

 Francisco agradece a las comunidades de acogida a migrantes: “¡Adelante! ¡No tengáis miedo!”

Misa en la ‘Fraterna Domus’

febrero 15, 2019 19:48Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Uncategorized

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/5-413x275.jpg

(ZENIT – 15 febrero 2019).- Este mediodía, el Papa Francisco ha visitado la Casa Fraterna Domus de Sacrofano, en la provincia de Roma, para celebrar la Santa Misa de apertura del Encuentro ‘Libres del miedo’, promovido y organizado por la Fundación Migrantes, de Cáritas Italiana y del Centro Astalli, que tendrá lugar del 15 al 17 de febrero de 2019.

A su llegada, el Santo Padre ha sido recibido por los obispos presidentes y por los organizadores. Luego, a las 16 horas, en la iglesia de la Fraterna Domus, presidió la Concelebración Eucarística. Durante la Santa Misa, después del discurso de homenaje del Secretario General de la Conferencia Episcopal Italiana, Mons. Stefano Russo, y la proclamación del Evangelio, el Papa pronunció la homilía.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/regalo-413x275.jpg

Antes de la bendición final el Presidente de la Fundación Migrantes, Mons. Guerino Di Tora, ha dirigido un saludo al Papa, y le ha regalado un cuadro de tela que representa a Jesús agarrando a Pedro por temor a que se hundiera en el agua, con la inscripción Ego sum nolite timere y el folleto ilustrativo de la exposición Exodus de Safet Zec, promovido y apoyado por la Fundación Migrantes, Caritas Italiana, Caritas de Roma, que se inaugurará el próximo 20 de febrero, en la iglesia de San Francisco Saverio del Caravita en Roma.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/3-413x275.jpg

De este modo, el Papa, después de haber impartido la bendición final, ha dirigido a todos los fieles presentes unas palabras de agradecimiento: “Antes de decir adiós, quisiera agradecer a cada uno de ustedes por todo lo que hacen: el pequeño paso… Pero el pequeño paso hace el gran viaje de la historia ¡Adelante! ¡No tengáis miedo, sed valientes!”.

Al final, antes de abandonar la casa Fraterna Domus, el Santo Padre saludó a los religiosos que dirigen el Centro y después regresó al Vaticano.

 

El Vaticano descubre por la prensa la acusación al Nuncio en Francia

Se abre una investigación en París

febrero 15, 2019 19:31Anita BourdinMedios de comunicación y media

(ZENIT – 15 febrero 2019).- “La Santa Sede se enteró por la prensa de que las autoridades francesas iniciaron una investigación hacia monseñor Luigi Ventura, Nuncio Apostólico en París. La Santa Sede está a la espera del resultado de las investigaciones”, ha declarado Alessandro Gisotti, Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el 15 de febrero de 2019, en respuesta a las preguntas de la prensa internacional.

Los medios de comunicación franceses, de hecho, informan de que un chico de treinta años de la Delegación General para las Relaciones Internacionales (DGRI) del Ayuntamiento de París acusa al embajador del Papa de “tocamientos repetidamente”, en público, durante la ceremonia de saludo a las autoridades diplomáticas, que tuvo lugar en el Ayuntamiento de París el 17 de enero.

Los supuestos hechos fueron denunciados al fiscal y ahora están bajo investigación, inaugurada el 24 de enero por el fiscal de París, contra el arzobispo italiano, afincado en París desde 2009, y 74 años – el retiro canónico tiene 75 años.

El obispo Ventura ha servido al servicio de la diplomacia del Vaticano, sucesivamente, en Brasil, Bolivia, Gran Bretaña, la Secretaría de Estado en Roma, Costa de Marfil, Burkina Faso y Níger. Luego, como Nuncio Apostólico, en Chile y Canadá, antes de ser nombrado en París, habrá diez años este año, el 22 de septiembre de 2009.

 

 

MADRE DE MISERICORDIA

— María participa en grado eminente de la misericordia divina.

Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores.

Consuelo de los afligidos, Auxilio de los cristianos.

I. Una gran multitud seguía a Jesús, y van tan pendientes de su doctrina que se han ido alejando de las ciudades y aldeas, sin tener nada que comer. El Señor llamó entonces a sus discípulos, y les dijo: Siento profunda compasión por la muchedumbre, porque ya hace tres días que permanecen junto a mí y no tienen qué comer; y si los despido en ayunas a sus casas desfallecerán en el camino, pues algunos han venido de lejos1. La compasión misericordiosa es, una vez más, lo que lleva a Jesús a realizar el extraordinario milagro de la multiplicación de los panes y de los peces.

Nosotros debemos recurrir frecuentemente a la misericordia divina, porque en su compasión por nosotros está nuestra salvación y seguridad, y también debemos aprender a ser misericordiosos con los demás: este es el camino para atraer con más prontitud el favor de Dios. Nuestra Madre Santa María nos alcanza continuamente la compasión de su Hijo y nos enseña el modo de comportarnos ante las necesidades de los hombres: Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia..., le hemos dicho tantas veces. Quizá, como muchos cristianos, un día a la semana como hoy sábado, acudimos a Ella de modo particular, cantándole o rezándole esa antiquísima oración. María «es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos Madre de la misericordia: Virgen de la Misericordia o Madre de la divina Misericordia; en cada uno de estos títulos se encierra un profundo significado teológico, porque expresan la preparación particular de su alma, de toda su personalidad, sabiendo ver primeramente a través de los complicados acontecimientos de Israel, y de todo hombre y de la humanidad entera después, aquella misericordia de la que nos hacemos partícipes por todas las generaciones (Lc 1, 50), según el eterno designio de la Santísima Trinidad»2.

Enseña San Agustín que la misericordia nace del corazón y se apiada de la miseria ajena, corporal o espiritual, de tal manera que le duele y entristece como si fuera propia, llevando a poner –si es posible– los remedios oportunos para intentar sanarla3. Se derrama sobre otros y toma los defectos y miserias ajenos como propios e intenta librarles de ellos. Por esto, dice la Sagrada Escritura que Dios es rico en misericordia4; y «es más glorioso para Él sacar bien del mal que crear algo nuevo de la nada; es más grande convertir a un pecador dándole la vida de la gracia, que crear de la nada todo el universo físico, el cielo y la tierra»5.

En Jesucristo, Dios hecho hombre, encontramos plenamente la expresión de esta misericordia divina, manifestada de muchas maneras a lo largo de la historia de la salvación. Se entregó en la Cruz, en acto supremo de Amor misericordioso, y ahora la ejerce desde el Cielo y en el Sagrario, donde nos espera, para que vayamos a exponerle las necesidades propias y las ajenas. No es tal nuestro Pontífice, que sea incapaz de compadecerse de nuestras miserias (...). Lleguémonos, pues, confiadamente, al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia para ser socorridos al tiempo oportuno6. ¡Qué frutos de santidad produce en el alma la meditación frecuente de esa divina invitación!

María participa en grado eminente de esta perfección divina, y en Ella la misericordia se une a la piedad de madre; Ella nos conduce siempre al trono de la gracia. El título de Madre de la Misericordia, ganado con su fiat en Nazaret y en el Calvario, es uno de los mayores y más bellos nombres de María. Es nuestro consuelo y nuestra seguridad: «Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora»7. Ni un solo día ha dejado de ayudarnos, de protegernos, de interceder por nuestras necesidades.

II. El título de Madre de Misericordia se ha expresado tradicionalmente a través de estas advocaciones: Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consuelo de los afligidos, Auxilio de los cristianos. «Esta gradación de las letanías es bellísima. Muestra cómo María ejerce su misericordia sobre aquellos que sufren en el cuerpo para curar su alma, y cómo seguidamente les consuela en sus aflicciones y les hace fuertes en medio de todas las dificultades que tienen que sobrellevar»8.

Santa María nos espera como Salud de los enfermos, porque obtiene la curación del cuerpo, sobre todo cuando está ordenada a la del alma. Otras veces, nos concede algo más importante que la salud corporal: la gracia de entender que el dolor, el mal físico, es instrumento de Dios. Él espera que –al aceptarlo con amor– lo convirtamos en un gran bien, que nos purifique y nos permita obtener innumerables dones para toda la Iglesia. A través de la enfermedad, llevada con paciencia y visión sobrenatural, conseguimos una buena parte del tesoro que vamos a encontrar en el Cielo y abundantes frutos apostólicos: decisiones de entrega a Dios y la salvación de personas que, sin aquellas gracias, no hubieran encontrado la puerta del Cielo. La Virgen nos remedia también de las heridas que el pecado original dejó en el alma y que han agravado los pecados personales: la concupiscencia desordenada, la debilidad para realizar el bien. Fortalece a los que vacilan, levanta a los caídos, ayuda a disipar las tinieblas de la ignorancia y la oscuridad del error.

La Virgen misericordiosa se nos muestra como Refugio de los pecadores. En Ella encontramos amparo seguro. Nadie después de su Hijo ha detestado más el pecado que Santa María, pero, lejos de rechazar a los pecadores, los acoge, los mueve al arrepentimiento: ¡en cuántas Confesiones ha intervenido Ella con un auxilio particular! Incluso a quienes están más alejados les envía gracias de luz y de arrepentimiento, y si no se resistiesen serían conducidos de gracia en gracia hasta alcanzar la conversión. «¿Quién podrá investigar, pues, ¡oh Virgen bendita!, la longitud y latitud, la sublimidad y profundidad de tu misericordia? Porque su longitud alcanza hasta su última hora a los que la invocan. Su latitud llena el orbe para que toda la tierra se llene de su misericordia»9. A Ella acudimos hoy, y le pedimos que tenga piedad de nuestra vida. Le decimos que somos pecadores, pero que queremos amar cada vez más a su Hijo Jesucristo; que tenga compasión de nuestras flaquezas y que nos ayude a superarlas. Ella es Refugio de los pecadores y, por tanto, nuestro resguardo, el puerto seguro donde fondeamos después de las olas y de los vientos contrarios, donde reparamos los posibles daños causados por la tentación y nuestra debilidad. Su misericordia es nuestro amparo y nuestra paz: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores...

III. La Virgen, Nuestra Madre, fue durante toda su vida consuelo de aquellos que andaban afligidos por un peso demasiado grande para llevarlo ellos solos: dio ánimos a San José aquella noche en Belén, cuando, después de explicar en una puerta y otra la necesidad de alojamiento, no encontró ninguna casa abierta. Le bastó una sonrisa de María para recuperar fuerzas y acondicionar lo que encontró: un establo a las afueras del pueblo. Y le ayudó a salir adelante en la fuga a Egipto, y a establecerse en aquel país... Y a José, a pesar de ser un hombre lleno de fortaleza, se le hizo más fácil el cumplimiento de la voluntad de Dios con el consuelo de María. Y las vecinas de Nazaret encontraron siempre apoyo y comprensión en unas palabras de la Virgen... Los Apóstoles hallaron amparo en María cuando todo se les volvió negro y sin sentido después que Cristo expiró en la cruz. Cuando volvieron de sepultar el Cuerpo de Jesús y las gentes de Jerusalén se preparaban para celebrar en familia la fiesta de la Pascua, los Apóstoles, que no habían estado presentes, andaban perdidos, y casi sin darse cuenta se encontraron en casa de María.

Desde entonces no ha dejado un momento de dar consuelo a quien se siente oprimido por el peso de la tristeza, de la soledad, de un gran dolor. «Ha cobijado a muchos cristianos en las persecuciones, liberado a muchos poseídos y almas tentadas, salvado de la angustia a muchos náufragos; ha asistido y fortalecido a muchos agonizantes recordándoles los méritos infinitos de su Hijo»10. Si alguna vez nos pesan las cosas, la vida, la enfermedad, el empeño en la tarea apostólica, el esfuerzo por sacar la familia adelante, los obstáculos que se juntan y amontonan, acudamos a Ella, en la que siempre encontraremos consuelo, aliento y fuerza para cumplir en todo la voluntad amable de su Hijo. Le repetiremos despacio: Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura, esperanza nuestra... En Ella aprenderemos a consolar y alentar, a ejercer la misericordia con quienes veamos que necesitan esa ayuda grande o pequeña –una palabra de estímulo, de condolencia...– que tan grata es al Señor.

La Virgen es auxilio de los cristianos, porque se favorece principalmente a quienes se ama, y nadie amó más a quienes formamos parte de la familia de su Hijo. En Ella encontramos todas las gracias para vencer en las tentaciones, en el apostolado, en el trabajo... En el Rosario encontramos un «arma poderosa»11 para superar tantos obstáculos con los que nos vamos a encontrar. Muchos son los cristianos en el mundo que, siguiendo la enseñanza ininterrumpida de los Romanos Pontífices, han introducido en su vida de piedad la costumbre de rezarlo a diario: en sus familias, en las iglesias, por la calle o en los medios de transporte.

«En mí se encuentra toda gracia de doctrina y de verdad, toda esperanza de vida y de virtud (Eclo 24, 25). ¡Con cuánta sabiduría la Iglesia ha puesto esas palabras en boca de nuestra Madre, para que los cristianos no las olvidemos! Ella es la seguridad, el Amor que nunca abandona, el refugio constantemente abierto, la mano que acaricia y consuela siempre»12.

1 Mc 8, 1-10. — 2 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 30-XI-1980, 8. — 3 Cfr. San Agustín, Sobre la Ciudad de Dios, 9. — 4 Ef 2, 4. — 5 Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 113, a. 9. — 6 Hebr 4, 15-16. — 7 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium. 62. — 8 R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador, p. 305. — 9 San Bernardo, Homilía en la Asunción de la B. Virgen María. 4, 8-9. — 10 R. Garrigou-Lagrange, o. c., p. 311. — 11 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario. Introducción. — 12 ídem, Amigos de Dios, 279.

 

 

“Una vez bautizados, todos somos iguales”

Afirmas que vas comprendiendo poco a poco lo que quiere decir “alma sacerdotal”... No te enfades si te respondo que los hechos demuestran que lo entiendes sólo en teoría. Cada jornada te pasa lo mismo: al anochecer, en el examen, todo son deseos y propósitos; por la mañana y por la tarde, en el trabajo, todo son pegas y excusas. ¿Así vives el “sacerdocio santo, para ofrecer víctimas espirituales, agradables a Dios por Jesucristo”? (Surco, 499)

En la Iglesia hay igualdad: una vez bautizados, todos somos iguales, porque somos hijos del mismo Dios, Nuestro Padre. En cuanto cristianos, no media diferencia alguna entre el Papa y el último que se incorpora a la Iglesia. Pero esa igualdad radical no entraña la posibilidad de cambiar la constitución de la Iglesia, en aquello que ha sido establecido por Cristo. Por expresa voluntad divina tenemos una diversidad de funciones, que comporta también una capacitación diversa, un 'carácter' indeleble conferido por el Sacramento del Orden para los ministros sagrados. En el vértice de esa ordenación está el sucesor de Pedro y, con él y bajo él, todos los obispos: con su triple misión de santificar, de gobernar y de enseñar.
Permitidme esta insistencia machacona, las verdades de fe y de moral no se determinan por mayoría de votos: componen el depósito –“depositum fidei”- entregado por Cristo a todos los fieles y confiado, en su exposición y enseñanza autorizada, al Magisterio de la Iglesia.
Sería un error pensar que, como los hombres han adquirido quizá más conciencia de los lazos de solidaridad que los unen mutuamente, se deba modificar la constitución de la Iglesia, para ponerla de acuerdo con los tiempos. Los tiempos no son de los hombres, sean o no eclesiásticos; los tiempos son de Dios, que es el Señor de la historia. Y la Iglesia puede dar la salvación a las almas, sólo si permanece fiel a Cristo en su constitución, en sus dogmas, en su moral. (Amar a la Iglesia; Palabra, 1986, pp. 58-59)

 

 

Para un feminismo cristiano: reflexiones sobre la Carta Apostólica "Mulieris Dignitatem"

Estudio de Jutta Burggraf, Doctora en Sagrada Teología y en Pedagogía, publicado en "Romana" nº 10 (1988).

Otros31/05/2015

La Carta Apostólica Mulieris dignitatem fue publicada en un tiempo en el que se puede observar un cambio en el movimiento feminista. Ya no estaba tan de moda el feminismo radical, de matiz ecologista, con sus cultos rituales de brujería y la proclamación del poder mágico-materno de la mujer; más bien se había extendido un feminismo "moderado" social (corporate feminism) de las así llamadas "mujeres de carrera". En él, matrimonio es tolerado, con tal que no amenace la autonomía de la mujer y no limite las posibilidades profesionales con la "trampa de la maternidad". En la actualidad, los partidos políticos más contrapuestos ideológicamente, convergen en el compromiso de ampliar las cuotas de acceso de las mujeres a las diversas profesiones, incluida la militar. Por otro lado, a pesar de todas las tentativas de emancipación, avanza de forma alarmante la comercialización de la mujer en la publicidad, en el cine, en el turismo y hasta en las bellas artes.

Desde hace tiempo, la inseguridad sobre la cuestión femenina ha penetrado incluso en algunos sectores de la teología y de la vida eclesial. Crece en la medida en la que las confesiones cristianas, que surgieron de la Reforma protestante, permiten, cada vez más, el acceso de mujeres a las funciones pastorales.

A lo mejor, nunca se ha discutido y polemizado tanto sobre los derechos femeninos. Y los frentes que se han formado a partir de estos debates, quizá nunca han sido tan compactos: uno es acusado de encajonar a la mujer entre la cocina y el jardincito delantero de la casa, en definitiva de constreñirla al campo de las funciones domésticas; el otro es amonestado por alimentar reivindicaciones egolátricas e individualistas. El carácter esquemático de estas reducciones aparece evidente, pero es de todas formas innegable, que el diálogo entre las dos posiciones arriba indicadas llega a ser cada vez más difícil. Precisamente por esto, las reflexiones desarrolladas por Juan Pablo II en la Mulieris dignitatem resultan tan reconfortantes. Con extraordinaria sensibilidad el Santo Padre supera las barreras ya consolidadas y, manteniéndose abierto a las verdades presentes en cada una de las dos concepciones, las une —bajo la luz de la fe viva— en un nivel superior.

La meditación del Papa no toma como punto de partida los datos empíricos sobre las situaciones de la mujer, ya que éstos aparecen en efecto insuficientes, no solo por su intrínseca variabilidad, sino también por las diferencias existentes, por ejemplo, entre países industrializados y áreas del tercer mundo. Considera, sin embargo, la concepción cristiana de la mujer y de ella saca los presupuestos para una valoración de fondo de la realidad presente y de las exigencias que de ella derivan para la mujer y para el varón.

Dicha valoración de fondo no está constituida por los avatares del movimiento para la emancipación femenina, sino por la historia de la salvación. Juan Pablo II se plantea como tema de la propia reflexión, todo lo que el Evangelio de Cristo dice «a la Iglesia y a la humanidad» respecto de la dignidad y de la vocación de la mujer (MD, 2). Encuadra, por consiguiente, el problema en un contexto bíblico de gran atractivo y profundidad. Sobre el fundamento de la revelación desarrolla un feminismo cristiano que, en la misma medida que se propone promover todas las posibilidades de crecimiento de la mujer, se aleja de las tendencias que la separan del plan de la creación y de la salvación.

La Mulieris dignitatem responde a una petición de los participantes a la VII Asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar en Roma en el año 1987, sobre el tema: "La vocación y la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, veinte años después del Concilio Vaticano II". Al principio no parecía que la cuestión femenina tuviera que incluirse entre los problemas del Sínodo. Efectivamente, los Lineamenta preparatorios del 1-II-85, enviados a las diversas Iglesias particulares, no contenían alusiones explícitas a la mujer. Sin embargo , ya el Instrumentum laboris del año 1987, es decir, el documento de trabajo del Sínodo, hacía alusión al tema en tres pasajes diferentes. A la postre, se encontraban realmente veintiocho mujeres entre los sesenta representantes de los laicos que intervinieron en la Asamblea. Y el Card. Hyacinthe Thiandoum, Arzobispo de Dakar, afrontó directamente la cuestión en el discurso de apertura; cuando habló nada menos que de la necesidad de eliminar las discriminaciones "no objetivas" del sexo femenino.

La relación de todas las propuestas surgidas durante las discusiones, que fue elaborada al término de los trabajos, contiene dos largos párrafos dedicados a la mujer (propositiones 46 y 47.)[1]. Allí se expresa el deseo de estudiar atentamente los fundamentos antropológicos y teológicos de la feminidad, de profundizar en la teología del matrimonio y de revalorizar tanto la maternidad como la virginidad. La Mulieris dignitatem constituye precisamente el cumplimiento de tales deseos. El hecho de que el Santo Padre haya querido dedicar a esta sola cuestión una Carta Apostólica, en vez de limitarse a incluirla junto con otros temas en el documento conclusivo del Sínodo, demuestra su importancia.

Antes de pasar a examinar el contenido del documento, no estará de más recordar que esta Carta se dirige tanto a las mujeres como a los varones, ya que el acercamiento de Juan Pablo II al feminismo cristiano se basa precisamente en el hecho de envolver a toda la humanidad en la superación de los. problemas viejos y nuevos.

1. María, modelo para la mujer y para el hombre

La Mulieris dignitatem ha sido publicada al término de un Año Mariano y en cierto modo representa su fruto y su legado. Juan Pablo II lo muestra ampliamente cuando precisa que el modelo para la mujer no puede encontrarse en base solo a definiciones conceptuales de carácter filosófico o teológico, sino dirigiendo la mirada sobretodo a la "Mujer" de la Escritura, a María, que gracias a su excepcional unión con Dios, constituye la expresión más perfecta de la dignidad y de la vocación humanas. El acontecimiento central de la historia de la salvación, está inseparablemente unido a una extraordinaria elevación de la mujer (cfr. MD, 3). Dios, en efecto, eligió a una mujer para estrechar la definitiva alianza con la humanidad y, por eso mismo, hace de ella la representante y el modelo de la Iglesia y de la humanidad entera, varones y mujeres. Desde esta perspectiva, cualquier argumentación que disminuya el papel de la mujer, pierde incluso hasta la última brizna de razón.

María participa en la redención precisamente como mujer. En cuanto tal es la primera en recibir, conservar y transmitir la Buena Nueva; su feminidad es el lugar en el que el amor de Dios se interioriza y profundiza en la medida que no tiene igual. «Aquella plenitud de gracia, concedida a la Virgen de Nazaret para llegar a ser Theotókos, significa al mismo tiempo, la plenitud de la perfección de lo que es característico de la mujer, de lo que es femenino» (MD, 5).

En María se encuentran cumplidas, en la forma más sublime, todas las posibilidades de la mujer. Por esto, viviendo unida a la Madre de Dios, imitándola y procurando imitarla, la mujer desarrolla en el grado máximo la propia personalidad. Es ésta una idea, que Juan Pablo II ya había claramente formulado en la Encíclica Redemptoris Mater (25-III-1987): «En efecto, la feminidad se encuentra en una relación singular con la Madre del Redentor (...) Se puede, por tanto, afirmar que la mujer, mirando a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y actuar su verdadera promoción» (n.46).

Es conocido que ciertas corrientes del feminismo rechazan vehementemente la imagen de María como punto de referencia de la realización de la mujer, acusándola de haber ofrecido en el pasado un pretexto teológico a la tendencia católica de poner a la mujer en posiciones subordinadas[2]. En contra de esta actitud, Juan Pablo II subraya la libertad de María que entró con una «participación plena» de su «yo personal y femenino» en aquella irrepetible relación con Dios (MD, 49). Donó consciente y voluntariamente todo su ser físico y espiritual a Dios, cuando se definió a sí misma como la esclava del Señor (Lc 1, 38).

Reconocer que una interpretación errónea de esta expresión puede inducir al mantenimiento de la mujer en situaciones de subordinación, hasta el punto de hacer pasar, como cualidades femeninas, la timidez y el apocamiento de ánimo, no significa que la virtud de la caridad y de la disponibilidad a servir, tengan que ser liquidadas sin más como retazo de esclavitud. El rechazo del "servicio" coincide en efecto con la exaltación práctica del egoísmo, es decir, de la actitud espiritual que constituye la mayor amenaza a la realización personal, tanto de la mujer como del varón. Hace falta , sin embargo, sondear las palabras en que María declara ser la "sierva" del Señor en toda su incomparable profundidad.

El Santo Padre subraya, ante todo, que también Cristo se define a sí mismo como "siervo" (cfr. MD, 5). Justo en el momento más álgido de la declaración de su misión mesiánica, afirma con desconcertante sencillez: «El Hijo del hombre, en efecto, no ha venido para ser servido, sino para servir» (Mc 10, 45). Palabras que, además de manifestar la intensa unión espiritual entre el Hijo y la Madre, revelan cómo es de excelsa la dignidad de servir del hombre[3].

Quien es capaz de darse libremente a los demás, refleja en sí la imagen de Dios y realiza, por tanto, la propia humanidad con singular plenitud. Esto lo desarrolla ampliamente el capítulo sucesivo de la Mulieris dignitatem que trata de la relación entre el ser persona y el servicio.

2. Persona, comunidad, don de sí

Ya en las catequesis de los miércoles desarrolladas desde 1979 a 1981 sobre la teología del cuerpo, Juan Pablo II había analizado a fondo los primeros tres capítulos del libro del Génesis. Sobre la traza de aquella exégesis, reafirma ahora que los textos sobre la creación del hombre revelan «la inmutable base de toda la antropología cristiana» (MD, 6).

Gn 1, 27 afirma explícitamente que Dios creó al hombre —varón y mujer— a su imagen y semejanza. Esto significa, en primer lugar, que los dos sexos poseen la misma naturaleza de seres racionales y libres; que ambos han recibido el mandato común de someter la tierra; y finalmente, que cada uno de los dos tiene una relación directa y personal con Dios. Es decir, tanto el varón como la mujer son personas: son —como repite a menudo el Papa citando la Gaudium et Spes (n. 24)— amados por Dios «por sí mismos», y en esto reside su dignidad (cfr. MD, 7, 10, 13, 18, 20, 30). La mujer no es pues un ser definido a través del varón y en función del varón. No recibe del varón su propia dignidad, sino que la posee originariamente en sí misma.

Gen 2,18-25 procede posteriormente a enseñar las verdades fundamentales sobre el hombre. Narra la creación de la misma materia, de aquella costilla, en la que Juan Pablo II ve una expresión plástica de la identidad de la naturaleza entre el varón y la mujer. Esta es como el "otro yo" en la humanidad común (MD, 6). La unidad de los dos expresa así en medida todavía más alta la semejanza con Dios en cuanto, en cierto modo, reproduce aquella verdadera unidad en la distinción que existe en modo supremo en la Trinidad.

La fe trinitaria, presupuesta aquí por el Papa, afirma en efecto que la vida divina es comunión del Padre con el Hijo y el Espíritu Santo, los cuales, siendo un único y el mismo Dios eterno y omnipotente, se distinguen realmente como Personas[4]. El Padre es lo que es por el Hijo. Su "personalidad" se realiza en ser Padre del Hijo: está en relación total y constitutiva con el Hijo, con el cual, por el cual y en el cual es. Asimismo, el Hijo es lo que es por el Padre. Su "personalidad" consiste en ser Hijo del Padre y en el corresponder al amor que recibe eternamente de El. Es con el Padre, por el Padre y en el Padre. Y el Espíritu Santo es el Amor subsistente del Padre y del Hijo; procede de ambos como fruto de la relación Padre-Hijo y a la vez, misteriosamente, hace posible tal relación. Por El, con El y en El, el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al Padre. He aquí como el Espíritu Santo consuma la unidad y la diversidad en la Trinidad.

Juan Pablo II destaca que, aunque Dios haya querido revelarse en su designio salvífico sobre todo con nombres masculinos, esto no significa que El puede ser concebido según categorías creaturales y finitas. En El se basan todas las perfecciones de las criaturas y por tanto no solo la paternidad, sino también la maternidad. El Santo Padre señala muchos textos en los que la Escritura nos muestra los rasgos maternos del amor de Dios, que consuela a su propio hijo (Is 66,13), no le puede olvidar (Is 49,14-15), lo abraza cariñosamente (Sal 131,2-3), lo cuida y lo nutre (Is 31,20): «El amor de Dios es presentado en muchos pasajes como amor masculino del esposo y del padre (cfr. Os 11,1-4; Jer 3,4-19) pero a veces también como amor femenino de la madre» (MD, 8).

Algunos exponentes de la teología feminista[5] han insistido a menudo, recientemente y con gusto sobre la "feminidad" de Dios. Estas tesis, aun remediando indudables lagunas de la teología tradicional, no siempre han conseguido respetar la justa medida. Juan Pablo II parece acoger los detalles más relevantes, que por otra parte se pueden ya encontrar en autores de los primerísimos siglos[6], pero los armoniza con la gran tradición de la Iglesia. El descubrimiento del «rostro materno» de Dios, tan querido a la teología de hoy, contribuye en verdad a enriquecer los contornos de la imagen de Dios si no oscurece el aspecto paterno. Se puede, pues, afirmar que en Dios encontramos tanto la "masculinidad" como la "feminidad", sin embargo no a través de un proceso de humanización de corte pagano, sino analógicamente, como arquetipo ideal, de modo ejemplar y eminente (cfr. MD, 8).

Ser persona a imagen y también a semejanza de Dios significa para el hombre, por tanto, existir "en relación" a otro y encontrar en ello un nuevo yo en la comunicación del amor. Ser hombre quiere decir comunión interpersonal (cfr. MD, 7), ya que el hombre no fue creado solo, sino como varón y mujer desde el principio: «En la unidad de los dos, el varón y la mujer son llamados desde el principio no solo a existir uno al lado de la otra o también juntos; sino que son también llamados a existir recíprocamente el uno para el otro» (MD, 7). Sobre la base de esta observación, Juan Pablo II aclara que la ayuda de la que habla el Génesis es una «ayuda recíproca» del hombre a la mujer y de la mujer al hombre. Los dos sexos se ayudan a ser plenamente humanos. La naturaleza misma los ha ordenado a completarse mutuamente, de modo que cada uno sea, en el propio ámbito, superior al otro. Ambos poseen cualidades espirituales específicas, como confirma la investigación médico-psicológica moderna[7].

Por otra parte, la palabra "ayuda" es conducida por Juan Pablo II a significar el hecho de que la persona humana como tal, varón y mujer, alcanza su propia plenitud solo en el don sincero de sí. Se realiza en el darse. Aquí está el fundamento de todo el ethos humano. La persona es pues revelación de una dignidad y de una vocación (cfr. MD, 7). Por lo que respecta a las relaciones entro los dos sexos, esto conlleva que el varón y la mujer han sido creados para servirse recíprocamente, en mutua y libre subordinación por amor.

3. La mujer y el dominio masculino

Los textos del Génesis sobre el estatuto del varón y de la mujer en el "principio" contienen también la explicación de las desarmonías de la realidad: «Precisamente en este principio el pecado se inscribe y se revela como contraste y negación» (MD, 9) Como recuerda el Concilio Vaticano II, la imagen de Dios en el hombre, aún no siendo borrada por el pecado, ha sufrido una considerable ofuscación (MD, 9)[8]. La pérdida de la íntima unión originaria con el Creador, lleva consigo una alteración en la relación recíproca entre los sexos. El varón y la mujer se encuentran el uno frente a la otra e incluso la naturaleza se rebela contra ellos (cfr. MD, 9).

Cuanto más el hombre se aleja de Dios por el pecado, tanto menos reconoce que puede realizar la propia vida solo en la solicitud por un tú, y tanto menos respeta a los demás hombres. Juan Pablo II observa que las tristes consecuencias de esta alteración afectan sobre todo al sexo femenino: el varón envilece a la mujer y la priva de sus derechos, degradándola a menudo a objeto de posesión y de placer. Al amor y al don de sí, sustituyen el dominio y el utilitarismo, con todas las formas de traición a la persona que estas palabras encierran. El Santo Padre condena enérgicamente las injusticias a las que está expuesta la mujer y afirma que éstas hieren también al varón: pues cuando él ofende la dignidad y la vocación de la mujer «actúa contra la propia dignidad personal y la propia vocación» (MD, 10).

Juan Pablo II se pone sin vacilaciones al lado de los que luchan por la igualdad de los derechos sociales y políticos de las mujeres. También a propósito de esto, las enseñanzas del Concilio Vaticano II son claras. El texto más famoso no se encuentra en la Mulieris dignitatem, pero está contenido en la Gaudium et Spes, que a su vez está citada 13 veces en la Carta Apostólica: «Sin embargo, cualquier género de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, tanto en el campo social como cultural, por razón del sexo, de la estirpe, del color (...), debe ser superado y eliminado, como contrario al designio de Dios»[9]. En otro lugar, el mismo documento dice: «Las mujeres reivindican, donde aún no la han alcanzado, la paridad con los hombres, no sólo de derecho, sino también de hecho»[10].

A pesar de algunos abusos y unilateralidad, los movimientos por los derechos de la mujer han contribuido innegablemente a significativos progresos en el desarrollo de la sociedad. Pero no se puede olvidar que tales pasos hacia adelante quedan, a pesar de todo, insuficientes, porque la defensa de la dignidad de la persona representa, en cada generación, una tarea siempre nueva para cada varón y cada mujer (MD, 10). La oposición de las mujeres al dominio de los varones no debe llevar a la "masculinización" y a la deformación de la naturaleza femenina. En este sentido Mons. Escrivá escribió: «Desarrollo, madurez, emancipación de la mujer, no deben significar un pretexto de igualdad —de uniformidad— respecto al hombre, una "imitación" de los modelos masculinos: esto para la mujer no sería una conquista, sino más bien una pérdida»[11]. La igualdad no va confundida con la identidad, porque de lo contrario, la mujer perdería todo lo que constituye "su esencial riqueza": «Los recursos personales de la feminidad no son ciertamente menores de los recursos de la masculinidad, son solamente diferentes» (MD, 10); su desarrollo requiere la libertad de cualquier coacción arbitraria (MD, 10).

Sobre las consecuencias del pecado se instaura , sin embargo, la redención que, en este contexto, aparece como reintegración del orden original a un nivel superior, restitución de la dignidad de la mujer y del varón. Como Eva es «testimonio desde el principio», María es «testimonio del nuevo principio y de la nueva cultura» (MD, 11). Ella es «el nuevo principio de la dignidad y de la vocación de la mujer, de todas las mujeres y de cada una» (MD, 11)[12]. Tanto en el inicio como en el momento crucial de la historia de la humanidad, encontramos una mujer que influye de manera determinante en el desarrollo de tal historia. La consideración de esta realidad podría hacer definitivamente desaparecer la costumbre de designar a la mujer como el sexo "débil" o "pasivo". Su papel en el destino de la humanidad se revelaría decisivo, si realmente desarrollara las virtualidades de las que es depositaria para la salvación del mundo.

4. Cristo, supremo protector de la mujer

Cristo ofrece un testimonio riquísimo de «lo que la realidad de la redención significa para la dignidad y la vocación de la mujer» (MD, 12). Incluso quien escucha con actitud crítica la enseñanza de la Iglesia, reconoce cómo «Cristo se ha constituido ante sus contemporáneos promotor de la verdadera dignidad de la mujer» (MD, 12). No es pues casualidad si el capítulo sobre Cristo y las mujeres marca el núcleo central de la Mulieris dignitatem: en efecto, es Cristo, quien ofrece la norma y la medida de la acción de sus discípulos.

El Santo Padre recuerda con algunos ejemplos cómo Jesús restablece el orden alterado por el pecado, cómo reconcilia al hombre con Dios y con los demás hombres, cómo promueve la justicia acogiendo especialmente a los débiles. Entre los sectores de la población más expuestos a las injusticias destacan, en el tardío judaísmo, las mujeres a las que ni siquiera estaba plenamente reconocida una personalidad madura. Recientes investigaciones han mostrado, entre otras cosas, que el puesto de la mujer en la casa no era con el marido, sino al lado de los hijos y de los esclavos. Incluso el estudio de la Ley les estaba expresamente prohibido. Un famoso rabino formuló así esta prohibición: «mejor quemar las palabras de la Torah, antes que confiarlas a una mujer»[13].

Cristo se opuso radicalmente a semejante discriminación. Su conducta le muestra no solo libre totalmente de los prejuicios sociales del tiempo, sino positivamente dispuesto a testimoniar, a través de relaciones espontáneas y directas, que Dios ama a cualquier creatura «por sí misma» (MD, 13). En la acogida de Jesús a las mujeres, los contemporáneos no pudieron leer un testimonio de la igualdad de los dos sexos; así, algunos se escandalizaron; los mismos discípulos «se maravillaron» (Jn 4, 27). Pero El había venido a liberar al hombre, y no se dejó frenar por los convencionalismos y por consideraciones de oportunidad, que hubieran desnaturalizado su misión salvadora. Los motivos que hicieron de Cristo un «signo de contradicción» (Lc 2, 34) fueron eminentemente teológicos y hacían referencia a su misma personalidad divina; pero no como la última entre las razones de tan tenaces oposiciones aparece su misericordia hacia las mujeres y, en particular, hacia las que eran consideradas "pecadoras públicas". Con respecto a semejantes situaciones, Juan Pablo II subraya la actualidad del problema recordando el perpetuarse del juicio discriminatorio que tiende todavía a hacer de la mujer la única culpable y la condena a pagar "ella sola", mientras olvida las transgresiones o los abusos del varón que la abandona con su maternidad, rechaza la propia responsabilidad ante la nueva vida y no raramente la empuja al aborto (cfr. MD, 14).

Y más allá de todo esto, Cristo compromete profundamente a las mujeres en el plano de la redención, llamándolas a colaborar en la instauración del reino (MD, 15): les hace partícipes del mensaje evangélico no solo a través de la transmisión de la fe, sino que les confía un papel de primer orden en el anuncio de la salvación. Es algo inaudito en aquel tiempo, que El se entretiene en dialogar con las mujeres sobre los misterios de Dios. Y ellas le responden evidenciando una especial sensibilidad, que Juan Pablo II define como «auténtica resonancia de la mente y del corazón» (MD, 15). Es una respuesta de la fe que supera cualquier obstáculo y ofrece la prueba definitiva del sí a los pies de la Cruz. En la hora suprema son las mujeres quienes dan el testimonio más vigoroso de unión con Cristo. «En ésta, que fue la más dura prueba de fe y de fidelidad, las mujeres se demostraron más fuertes que los apóstoles» (MD, 15).

Ellas fueron también las primeras que testimoniaron la Resurrección. Los acontecimientos de la mañana de Pascua nos confirman que Cristo confía ante todo a las mujeres el anuncio de la Buena Nueva restituyéndoles así plenamente su dignidad. No hay que maravillarse si la defensa obrada por el Santo Padre, en el n.16 de la Mulieris dignitatem, de la igual dignidad de todos los hijos de Dios y de la "nueva medida" alcanzada en Cristo por la peculiar vocación de la mujer, ha hecho hablar de un documento del feminismo cristiano.

5. Maternidad física y maternidad espiritual

La unidad y la igualdad del varón y de la mujer no anulan, sin embargo, la diversidad. Después de haber rebatido hasta aquí la radical paridad de los dos sexos, en la segunda parte de la Carta Apostólica, el Santo Padre busca las dimensiones específicas. La especificidad, ciertamente, no se encuentra en calidad o dotes humanas que caracterizan a uno o al otro de ellos. En efecto, la mayor o menor frecuencia con que los diversos talentos pueden darse, según determinadas distribuciones estadísticas, en los varones y en las mujeres no dice nada acerca de las personas concretas. Ningún individuo está determinado solamente por el sexo: además de ser hombre o mujer, posee disposiciones y aptitudes propias que le confieren caso por caso particulares condiciones para la actividad artística, técnica, científica, social, etc.

La especificidad, pues, es bastante más radical y consiste en la maternidad o en la paternidad (cfr. MD, 17). El Papa se entretiene largamente sobre la maternidad como dimensión de la vocación de la mujer (cfr. MD, 18), que implica desde el principio una especial apertura a la concepción o al nacimiento. Así, la mujer se realiza admirablemente mediante un «don sincero de sí» (MD, 18).

El varón, aun siendo padre, se encuentra necesariamente fuera del proceso de la gestación y del nacimiento. Su contribución a la paternidad común, inicialmente, es menos comprometida respecto a la de la mujer: de aquí las obligaciones especiales que nacen para él en relación con su mujer. Juan Pablo II afirma que el marido es deudor de su esposa y recuerda que «ningún programa de igualdad de derechos de las mujeres y de los varones es válido, si no se tiene presente esto de una manera totalmente esencial» (MD, 18). A la concretización de tales deberes preverá la sensibilidad de cada uno, pero no parece fuera de lugar proyectar una colaboración del varón a las necesidades domésticas, como por otra parte la mujer colabora en el sostenimiento económico de la familia.

La maternidad no es solamente un proceso fisiológico. Es sobre todo un acontecimiento que llama en causa el ser de la mujer en su más íntima raíz y corresponde a la total estructura psico-física de la feminidad. El documento pontificio concluye por ello que el «modo único de contacto con el nuevo hombre que se está formando, crea, a su vez, una actitud hacia el hombre —no sólo hacia el propio hijo, sino hacia el hombre en general—, tal que caracteriza profundamente toda la personalidad de la mujer» (MD, 18). La antropología filosófica[14] y las ciencias experimentales recientes, confirman, por ejemplo, que la mujer ofrece una contribución más concretamente humana a las relaciones interpersonales: ella posee una capacidad toda suya de descubrir al individuo en la masa y de promoverlo en cuanto tal. «Dios —afirma Juan Pablo II— le confía de un modo especial al hombre» (MD, 30). Sustraer al individuo del anonimato de la sociedad masificada, salvarlo de la fría tiranía de las tecnologías, protegerlo en un contexto de relaciones personales, todo esto es misión y conquista de la mujer[15].

Esto no significa, sin embargo, que las mujeres creen un mundo más humano con su sola y simple presencia y más que los varones. Nuestra sociedad podrá cambiar sólo si ambos sexos supieran acoger la invitación del Papa a dar vida a una nueva cultura, marcada por la comprensión, el amor, el don de sí y de aquella recíproca actitud de servicio que Dios ha inscrito en cada uno de ellos en el principio de la creación y de la redención (MD 18). Pero, en todo esto, la mujer tiene mucho que ofrecer (cfr. MD, 3) y el varón, en cuanto que está por naturaleza más distante de la vida, mucho que aprender. Esto adquiere una especial aplicación a la paternidad en el periodo postnatal (MD, 18).

Juan Pablo II describe la educación de los hijos como dimensión espiritual de la paternidad, en la que los dos cónyuges son igualmente responsables. Sin embargo, de algún modo, la mujer es la «primera educadora» de los hijos (MD, 19). De ello deriva, entre otras cosas, que las incluso legítimas aspiraciones a la emancipación resultan descaminadas, si están dirigidas sólo al ámbito extradoméstico. Con vistas al Concilio Vaticano II[16], el Papa reivindica que es necesario reconocer el valor de los empeños domésticos y educativos de las mujeres (cfr. MD, 18). Es la madre, en efecto, la que echa los cimientos de la formación «de una nueva personalidad humana» con la asiduidad de sus cuidados en los primeros años del desarrollo. Si también la maternidad en el sentido biofísico muestra una aparente pasividad, sin embargo es sumamente creativa desde el punto de vista ético y psicológico: el hombre no aprende de otra manera a amar, a perdonar, a ser fiel. Como madre, por tanto, la mujer «posee una específica precedencia sobre el varón» (MD, 19).

Nadie podrá, pues, considerar fuera de lugar la llamada, que se levanta de tantos sitios, para que la mujer sea adecuadamente protegida por el legislador en su más necesaria actividad específica, y su compromiso en la familia reciba el necesario reconocimiento económico y socio-político[17]. Emancipación viene entonces a significar para la mujer la posibilidad real de desarrollar plenamente las propias virtualidades: aquellas que tiene en cuanto mujer. La igualdad ante el derecho, la paridad ante la ley, no oprimen, sino que presuponen y promueven tales diversidades, que son además riqueza para todos»[18].

Pasando de la dimensión natural a la sobrenatural de la educación, la tarea de la mujer puede ser delineada afirmando que, como ella (cada mujer) recibe el propio hijo de Dios (en cuanto la generación es siempre participación en el acto creador) así el hijo (cada hijo) existe en última instancia para Dios. En este sentido cada mujer participa, de algún modo, en la definitiva alianza establecida por Dios con María: porque cada mujer contribuye a la temporalidad y a la eternidad de su hijo. Así la maternidad «entendida a la luz del Evangelio, no es solo de la carne y de la sangre (...) Son, en efecto, precisamente los hijos de las madres terrenas (...) los que reciben del Hijo de Dios el poder de llegar a ser hijos de Dios (Jo 1,12)» (MD, 19).

6. La virginidad por el Reino de los cielos

Hay una segunda dimensión constitutiva del desarrollo de la personalidad femenina que Juan Pablo II analiza en la Mulieris dignitatem: el celibato, la virginidad «por el Reino de los Cielos» (MD, 17). Pocas realidades cristianas chocan como ésta con las costumbres de una sociedad permisiva y consumista, en la que los comportamientos dictados por la sensualidad y el egoísmo se han generalizado. Sin embargo, también hoy la virginidad «por el Reino de los Cielos» es lugar insustituible de la experiencia vital de la plenitud del amor. Como el Papa ya había hecho desde la sede de Cracovia[19], también ahora dedica amplio espacio en su propia predicación a ilustrar el sentido de la virginidad en la conciencia cristiana[20] y la Mulieris dignitatem lo confirma con especial hondura.

También la elección del celibato introduce al varón y a la mujer en el misterio esponsal de la unión con Cristo y con la Iglesia. La Carta Apostólica subraya que la virginidad los proyecta en una entrega llena de amor a un Tú, en la que se encuentra la totalidad del don de sí que caracteriza el matrimonio, pero de modo diverso: aquí cada uno, separadamente, se pone en relación directa y personal con Cristo vivo y presente. Varón y mujer se entregan a sí mismos exclusivamente a quien primero se entregó a cada hombre, amándolo «hasta el fin» (cfr. Jn 13, 1). La persona humana amada por Dios hasta tal extremo «se entrega a El y sólo a El»[21], y el Papa aclara: «Esto no puede ser comparado con el simple permanecer célibes porque la virginidad no se limita al solo no, sino que contiene un profundo sí en el orden esponsal: el darse por amor de manera total e indivisa» (MD, 20).

La vocación al celibato es profundamente personal, concreta, irrepetible (MD, 21). En ella, el varón y la mujer se realizan completamente como personas: la feminidad y la masculinidad entran plenamente, con todas sus cualidades y debilidades, en relación con Cristo, y se abren posibilidades y perspectivas nuevas. En la plena comunión del yo con el Tú divino, el corazón humano es colmado por la superabundancia del amor, que se derrama hasta abrazar a la humanidad entera. La mujer que ha renunciado a la maternidad física podrá comprender con mayor inmediatez las exigencias de la maternidad espiritual, puesto que también ésta pertenece a su interioridad más profunda (cfr. MD, 21). Como una madre ama en primer lugar al marido y los propios hijos, así la mujer que se ha dado enteramente a Dios en la virginidad se hace capaz de ofrecer la propia vida por todos. El grado de tal entrega depende de la profundidad vital de su unión con Cristo. Y se consuma también en el dirigirse espontáneamente a los más débiles, a los indefensos, a los inocentes y a los culpables, abandonados por una sociedad cada vez más competitiva. En este contexto, Juan Pablo II recuerda los grandes méritos históricos de las órdenes femeninas, que se han distinguido por la aceptación de la maternidad espiritual a favor de los marginados (cfr. MD, 21): ejemplos elocuentes de cómo, dándose a los demás, por amor a Cristo, la mujer alcanza una realización a menudo heroica de la propia vocación y ofrece un testimonio vivo de insustituible papel de la feminidad. El celibato por el Reino de los Cielos se pone así en estrecha relación con la fecundidad del matrimonio: «Existen, pues, muchas razones para ver en estas dos vías —dos vocaciones de vida diferentes de la mujer— una profunda complementariedad y, nada menos que una profunda unión en el interior del ser de la persona» (MD, 22).

7. La Iglesia, Esposa de Cristo

La Mulieris dignitatem presenta con amplitud la misión eclesial de la mujer, teniendo en cuenta que la Iglesia no es una sociedad como las demás, sino un misterio cuya más profunda comprensión excede las posibilidades humanas.

La Iglesia es término femenino, consolidado entre otras cosas también por la célebre analogía paulina que hace de ella la Esposa de Cristo (cfr. Ef 5, 23-32). En cuanto sujeto colectivo, comprende obviamente a varones y mujeres, de manera que el femenino surge aquí como «símbolo de todo lo humano» (MD, 25). No es el varón con su espíritu activista, sino la mujer con su apertura a la vida, la que representa en su propio ser la naturaleza de la Iglesia: acogida del hombre por parte de Dios y comunión íntima con Cristo.

¿Y el sacerdocio? La respuesta del Santo Padre no da lugar a ningún posible equívoco a propósito. Se puede deducir de ello que no tiene sentido hacer depender la cuestión de la dignidad de la mujer del sí o del no a su acceso al sacerdocio ministerial[22]. Es sabido que algunos sectores de la opinión pública, sensibilizados por la emancipación de la mujer y por la igualdad de derechos entre los dos sexos, han entendido como una especie de discriminación el hecho de que, en la tradición católica, el sacerdocio ministerial está reservado a los varones. Juan Pablo II, haciéndose eco de la declaración Inter insigniores de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1976), argumenta, fundándose en la conducta mantenida al respecto por el mismo Cristo: aún habiéndose opuesto radicalmente, hasta desafiar la práctica social dominante, y a sus propugnadores, a cualquier discriminación contra la mujer, ordenó sacerdotes sólo a los varones, y lo hizo «con la misma libertad con que, en todo su comportamiento, ha puesto de manifiesto la dignidad y la vocación de la mujer, sin conformarse a la costumbre predominante y a la tradición sancionada además por la legislación de la época» (MD, 26) Los Apóstoles actuaron ateniéndose al ejemplo del Maestro y la Iglesia siempre ha sentido el deber de seguir fielmente lo que Cristo y la comunidad apostólica han hecho. El cristianismo, en efecto, es en muchos sentidos una comunidad histórica[23]: las actuaciones de Cristo no representan sólo un punto de partida, sino que tienen un contenido normativo, que marca para siempre sus rasgos fundamentales.

Se podría incluso imaginar un eventual modo de actuar diverso por parte de Cristo, y quizás esto no estaría en contraste con el resto de la economía sacramental ni con la forma global de la redención. Pero es innegable que, de hecho, el plan de Dios ha seguido su camino, muy distinto y bien determinado. Dicho plan se ha revelado en un momento concreto de la historia y en circunstancias específicas, pero su carácter es permanente[24]. La razón por la que la mujer no puede recibir la ordenación sacerdotal no deriva pues, de la racionalidad humana, porque asciende a una dimensión infinitamente más profunda, que puede ser aclarada y aceptada sólo por la fe.

La referencia del sacerdocio al varón se encuentra anclada en el centro mismo de la sustancia del ministerio de la Iglesia. Cuando el sacerdote ejerce el ministerio, no actúa en nombre propio, sino in persona Christi. En su naturaleza de varón, representa a Cristo, Esposo de la Iglesia en cuanto autor de la gracia (cfr. MD, 26). Esto no implica que a la mujer le estén prohibidas funciones relevantes en la Iglesia, como ha aclarado el Concilio Vaticano II, por ejemplo en el n.9 del decreto Apostolicam actuositatem: «Puesto que además en nuestros días las mujeres toman parte cada vez más activa en toda la vida social, es de gran importancia una más amplia participación suya también en los varios campos de apostolado de la Iglesia». Por otra parte, la doctrina del sacerdocio común de los fieles testimonia que en la Iglesia no se verifica una discriminación de la mujer respecto al varón, sino más bien una complementariedad de funciones y condiciones (cfr. MD, 27).

8. La dignidad de la mujer y el orden del amor

La necesidad del sacerdocio ministerial o jerárquico y su excelsa dignidad están evidentemente fuera de discusión, sin embargo, esto no representa el ápice supremo en la Iglesia de Dios. Juan Pablo II se detiene en otra jerarquía, que trasciende infinitamente a aquella primera, en importancia: la jerarquía de la santidad que, por cuanto escondida a menudo a nuestros ojos, posee una eficacia histórica superior a cualquier valoración (cfr. MD, 27). En este contexto, el Santo Padre examina la dimensión mariana y apostólica —petrina— de la Iglesia, precisando que el ejemplo de la santidad proviene a todos los cristianos de María, antes y más que de los Apóstoles. En Ella, Virgen y Madre al mismo tiempo (cfr. MD, 17), la Iglesia ha tomado ya la propia plenitud. Y puesto que Ella es modelo también de los Apóstoles, se sigue que todos los sacerdotes deben recurrir a la escuela de María: una mujer que no fue investida por el orden sacerdotal, pero que justamente veneramos como Madre de la Iglesia (cfr. MD, 27).

María supera y precede a todos los cristianos en el camino de la santidad. Es el modelo de la perfecta semejanza con Dios que, en la vida intratrinitaria como en el misterio salvífico, se ha revelado como Amor que se entrega a sí mismo (cfr. MD, 29). En Ella, «la mujer comprende que no puede encontrarse a sí misma si no dando el amor a los demás» (MD, 30). Y esto vale para cualquier criatura humana[25]. La profundización de tal misión lleva al Santo Padre a volver, en la conclusión del documento, sobre el ideal cristiano de servicio. La moral enseñada por Jesús implica un cambio completo del valor mundano de poder al de la humildad, que está en realidad bastante más en consonancia con las exigencias fundamentales de la naturaleza humana. Sólo quien ama, varón o mujer, puede hacerse cargo de los demás y ayudar efectivamente; sólo él puede poner remedio a los sufrimientos. El amor le vuelve sensible y fuerte, humilde y seguro, libre y obediente a la vez; y le hace asumir la responsabilidad para un futuro más humano.

La visión del Apocalipsis culmina en la aparición de María, vencedora en la lucha contra el mal, en la que el Santo Padre ve el definitivo cumplimiento de la dignidad y de la vocación de la mujer (cfr. MD, 30). En el combate contra el pecado, que se plantea como lucha por el hombre y por su definitiva realización en Dios, la mujer es llamada a construir la civilización del amor con su fuerza espiritual y moral.

Jutta Burggraf


[1] Cfr. Elenchus definitivus propositionum, en "La Documentation Catholique", 21 (1987) 1088-1100.

[2] Cfr. C. HALKES, Gott hat nicht nur starke Söhne, Gütersloh 1980, p. 117.

[3] El argumento viene desarrollado también en la Encíclica Redemptor hominis, 4-III-1975, n. 21.

[4] Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th. I, qq. 28-38; SAN ALBERTO MAGNO, S. Th. I, tr 9, qq. 37 ss., Ed. Col. (1951 ss), 34, 1.

[5] Cfr. M. DALY, Jenseits von Gottvater, München 1980 (Boston 1973).

[6] Cfr. CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Quis dives salvetur? 37,2 ss: PG 9, 642 ss.

[7] Cfr. B. FLAD-SCHNORRENBERG, Der wahre Unterschied. Frau sein — angeboren oder angelernt? Freiburg 1978; F. MERZ, Geschlechtsunterschiede und ihre Entwicklung. Lehrbuch der differenziellen Psychologie III, Göttingen 1979; E. SULLEROT, Die Wirklichkeit der Frau, París 1978.

[8] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. past. Gaudium et spes, n. 13.

[9] Ibid., n. 29.

[10] Ibid., n. 9; cfr. también MD, 1.

[11] JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, n. 87.

[12] Cfr. SAN AMBROSIO, De institutione virginum, V, 33: PL 16, 313.

[13] Cfr. G. SIEGMUND, Die Stellung der Frau in der Welt von heute, Stein am Rhein 1981, p. 54.

[14] Cfr. G. VON LE FORT, Die ewige Frau, 14ª ed., München 1950.

[15] Ya en la Encíclica Redemptoris Mater, n. 46, Juan Pablo II había sonsacado de la contemplación de la figura de María estas cualidades como específicamente femeninas.

[16] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. past. Gaudium et spes, n. 52; JUAN PABLO II, Exhort. apost. Familiaris consortio, 22-XI-1981, n. 23.

[17] Cfr. JUAN PABLO II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 19.

[18] Conversaciones, cit., n. 87.

[19] Cfr. K. WOJTYLA, Liebe und Verantwortung, ???

[20] JUAN PABLO II, Die Erlösung des Leibes. Katechesen 1981-1984, Vallendar 1985.

[21] Cfr. K. WOJTYLA, Liebe und Verantwortung, cit., p. 21.

[22] J. RATZINGER, La donna, custode dell'essere umano, en "L'Osservatore Romano", 6-X-1988.

[23] Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Decl. Inter insigniores, 15-X-1976, n. 4: AAS 69 (1976) 98-116.

[24] Cfr. J. RATZINGER, Das Priestertum des Mannes: ein Verstoss gegen die Rechte der Frau? en "Die Sendung der Frau in der Kirche", Kevelaer 1978, p.88.

[25] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. past. Gaudium et spes, n. 24; JUAN PABLO II, Exhort apost. Familiaris consortio, n. 22.

 

Miradas

Mirar a los demás, mirar a Cristo, ser mirados... En este artículo se explica que contemplar -contemplar sobre todo a Dios- significa saber ver, tener ojos limpios que hagan más bella la vida.

Otros05/06/2015

Opus Dei - MiradasFoto: Ismael Martínez Sánchez

La vida cristiana es un constante buscar a Jesús y seguirle, sabiendo que quien le ha visto, ha visto al Padre[1]; y es también dejarse mirar por Él. El Señor se ha quedado en su Iglesia, y espera que le miremos. En la liturgia eucarística se alzan el pan y el vino consagrados para que Le miren los fieles. Cada día procuramos encontrarle en el Santísimo Sacramento, realmente presente, con su Carne y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad[2]; y en las páginas del Evangelio, que relatan su paso entre los hombres.

¡Cómo sería la mirada alegre de Jesús!: la misma que brillaría en los ojos de su Madre, que no puede contener su alegría –«Magnificat anima mea Dominum!» –y su alma glorifica al Señor, desde que lo lleva dentro de sí y a su lado. ¡Oh, Madre!: que sea la nuestra, como la tuya, la alegría de estar con Él y de tenerlo[3].

La mirada de Dios

«Si buscamos el principio de esta mirada, es necesario volver atrás al libro del Génesis, a aquel instante en que, tras la creación del hombre varón y mujer Dios vio que era muy bueno. Esta primera mirada del Creador se refleja en la mirada de Cristo»[4].

El Verbo encarnado nos contempla con ojos y rostro humanos. En la mirada de Jesucristo encontramos la fuente de nuestra alegría, el amor incondicional, la paz de sabernos queridos. Más todavía: en sus ojos vemos nuestra imagen auténtica, conocemos nuestra verdadera identidad. Somos fruto del amor de Dios, existimos porque Dios nos ama, y estamos destinados a verle un día cara a cara, viviendo su misma vida. Quiere hacernos totalmente suyos, hasta el punto de ser uno con el Hijo, como el Hijo es uno con el Padre[5].

«¡Deseo que experimentéis una mirada así! –decía Juan Pablo II en 1985– ¡Deseo que experimentéis la verdad de que Cristo os mira con amor! (...). Se puede también decir que en esta “mirada amorosa” de Cristo está contenida casi como en resumen y síntesis toda la Buena Nueva»[6].

Jesús mira a cada uno y a la humanidad entera; se compadece de las multitudes, pero no las contempla como masa anónima; de todos pide amor, en singular. Fija sus ojos en el joven rico, inquieto ante la entrega; en Pedro, después de la traición; en la anciana pobre y generosa que deposita su limosna en el templo, pensando que nadie la ve. Jesús reposa su mirada en cada uno de nosotros.

La mirada de Cristo invita a la entrega, porque Él se da totalmente y nos quiere junto a sí; nos enseña a levantar los ojos hacia cosas grandes, libres de ataduras terrenas: una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme[7], pide al joven rico.

Si nos atrevemos a mirar al Redentor, sentiremos el dolor por nuestros pecados y la necesidad de conversión, penitencia y apostolado. Cuando Pedro, después de haberle negado, se encontró con la mirada del Señor, cayó en la cuenta de lo que había hecho: y salió afuera y lloró amargamente[8]. Aquel dolor se convirtió después en audacia de apóstol, en decisión de no ocultar más el Nombre de Jesucristo, y en gozo, hasta con las dificultades en el apostolado: salían gozosos de la presencia del Sanedrín, porque habían sido dignos de ser ultrajados a causa del Nombre[9].

Cuando nos sentimos ciegos, incapaces de verle a nuestro lado, le pedimos con humildad: ut videam!, ¡haz que vea, Señor!

Sus ojos devuelven la paz y la confianza, aunque nos dirijamos a Él tímidamente, como aquella mujer enferma que quiso sólo tocar su manto: Jesús se volvió y mirándola le dijo: –Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado. Y desde ese mismo momento quedó curada la mujer[10].

Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Con estas palabras empezaba San Josemaría sus ratos diarios de oración. Para la oración, es importante mirarle y saber que nos mira. En el cielo lo contemplaremos eternamente y sin sombras; pero también podemos descubrirlo en esta tierra, en la vida ordinaria: en el trabajo, en el hogar, en los demás, especialmente en quienes sufren. Para alimentar esa claridad, repetimos con fe, delante del Sagrario: creo firmemente que me ves siempre. Y cuando nos sentimos ciegos, incapaces de verle a nuestro lado, le pedimos con humildad: ut videam!, ¡haz que vea, Señor!

La mirada de Santa María

«La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable (...). Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo (...). Su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?” (Lc 2, 48); será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cfr. Jn 2, 5); otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la “parturienta”, ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cfr. Jn 19, 26-27); en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés (cfr. Hch 1, 14)»[11].

En la vida se suceden alegrías y penas, esperanzas y desilusiones, gozos y amarguras; el Señor espera que le busquemos en cada circunstancia exterior o interior. Aprendamos de María a mirarle con mirada interrogadora, dolorida, ardorosa o radiante; siempre llena de confianza. Aprendamos de Ella, sirviéndonos también de las imágenes de la Virgen que acompañan nuestra vida. La costumbre de buscar y de mirar esas imágenes, y el amor con que lo hagamos, prepararán el encuentro con el Hijo, fruto bendito de su vientre. Busquemos el rostro de Jesús, guiados por su Madre: rostro de niño en Belén, lacerado en el Calvario, glorioso después de la Resurrección. Esa búsqueda es en realidad la búsqueda del rostro de Dios, que lleva a orientar la existencia entera al encuentro con Jesús.

«Contemplando este rostro nos disponemos a acoger el misterio de la vida trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegría del Espíritu Santo. Se realiza así también en nosotros la palabra de San Pablo: “Reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más: así es como actúa el Señor, que es Espíritu” (2 Co 3, 18)»[12]. El cristiano tiene la apasionante misión de reflejar a Cristo para mostrar la mirada que Dios dirige a cada persona, como han hecho los santos. Al adorar al Señor en la Sagrada Eucaristía, por ejemplo durante las bendiciones con el Santísimo, vemos al que hemos traspasado, lleno de sangre y de heridas, y descubrimos el misterio del amor de Dios, el verdadero rostro de Dios[13].

Mirar al prójimo

La mirada no es solamente un acto físico; es una acción humana, que expresa las disposiciones del corazón. San Josemaría animaba a contemplar a los demás con las pupilas dilatadas por el amor, porque saber mirar es saber amar. Ciertamente hay miradas de amor y de indiferencia; miradas que muestran apertura y disponibilidad para comprender, acoger y servir; y miradas posesivas, cegadas por el egoísmo. Nosotros queremos mirar con ojos limpios, animados por la predicación del Maestro: bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios[14].

Hay miradas de amor y de indiferencia; miradas que muestran apertura y disponibilidad para comprender, acoger y servir.

Intentamos ejercitar las virtudes, conscientes de que hemos de luchar para santificar todos los aspectos de nuestra existencia, también la vista y los demás sentidos. Los ojos no son solamente una ventana por la que vemos el mundo y por donde entran imágenes, sino un cauce por el que expresamos las disposiciones, por donde salen nuestros deseos. La caridad, la compasión, la limpieza de corazón, la pobreza de espíritu y la disponibilidad para servir se desbordan a través de los ojos.

El afán apostólico comienza por descubrir las necesidades de los demás: la indefensión, las ataduras que ahogan la libertad, la confusión... Nos pondremos en el lugar del prójimo si estamos dispuestos a hacernos prójimo nosotros mismos[15]: a olvidar otros intereses menos nobles, a salir del torbellino de las preocupaciones personales para, como el buen samaritano, detenernos, gastar tiempo, e interesarnos por los problemas y preocupaciones de los demás. Es necesario abrir bien los ojos para adivinar y colmar la indigencia espiritual de quienes nos rodean.

El afán apostólico del cristiano lleva a no volver el rostro ante los problemas y las necesidades de todos hombres: la mirada de apóstol afirma el valor de cada hombre, considerado en sí mismo y no en la medida que satisface el propio interés. La verdad moral, como verdad del valor irrepetible de la persona, hecha a imagen de Dios, está cargada de exigencias para la libertad[16].

A su vez, el deseo impuro, el afán de poseer o la curiosidad morbosa, que crecen si no educamos positivamente la mirada, terminan por cegar el corazón. Guardamos la vista para Dios y para los demás. Rechazamos las imágenes que nos separan de Él porque alimentan al hombre viejo, de mirada triste y de corazón egoísta.

Aprender a mirar

Educar la mirada es una lucha importante, que influye en la apertura y la calidad de nuestro mundo interior. Se trata de descubrir a Dios en todo, y de huir de lo que pueda apartar de Él.

Aprender a mirar es, pues, un ejercicio de contemplación: si nos acostumbramos a contemplar lo más alto y hermoso, la mirada sentirá repulsa hacia lo bajo y sucio. Quien contempla asiduamente al Señor, en la Eucaristía y en las páginas del Evangelio, aprende a descubrirle también en los demás, detrás de las bellezas de la naturaleza o de las obras de arte. Disfruta más de lo bueno y adquiere sensibilidad para rechazar lo que enturbia.

Al mismo tiempo, como la vida en esta tierra es una lucha, estamos siempre expuestos a volver al barro. Aprender a mirar es también aprender a no mirar. No conviene mirar lo que no es lícito desear[17].

Las ofensas a Dios se presentan de diferentes modos ante nuestros ojos: algunas veces nos repugnan humanamente, y nos sale sincero y natural el rechazo, por ejemplo ante cosas violentas; otras veces el mal toma la forma de tentación, y se presenta con el atractivo de la carne, el egoísmo o el lujo.

En cualquier caso, siempre se puede convertir la actitud defensiva en actitud constructiva, con el valor redentor de los actos de desagravio. Desagraviar supone que veamos esas realidades en cuanto ofensa a Dios. No sólo como algo desagradable, que nos molesta; ni sólo como una tentación, que rechazamos; sino sobre todo en cuanto que ofenden a Dios.

Foto: artisrams

Foto: artisrams

Cuando Jesús dice que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón[18], deja claro que el desorden en la mirada no consiste sobre todo en el mal uso de un sentido externo, sino que se mueve en un nivel más hondo: ese deseo muestra una visión equivocada de la persona, que deja de ser vista como digna de respeto, como hija de Dios. La mirada que dirijo sobre el otro decide sobre mi humanidad[19].

Si miramos a los demás con ojos limpios, con respeto, descubriremos en ellos nuestra propia dignidad de hijos de Dios, nos sentiremos siempre hijos de Dios Padre. Si, por el contrario, la vista se enturbia, también se deforma nuestra imagen interior. «Así como puedo aceptar o reducir al otro a cosa para usar o destruir, del mismo modo debo aceptar las consecuencias del propio modo de mirar, consecuencias que repercuten en mí»[20] La mirada es decisiva; tal como uno mira se siente mirado, porque tal como uno ama se siente amado.

* * *

San Josemaría nos ha enseñado a dirigir el corazón –con una jaculatoria, un beso, una inclinación de cabeza o un golpe de vista– a las cruces, y a no dejar de saludar, al menos con una mirada, a las imágenes de Nuestra Señora. Pequeños gestos que nos ayudan a vivir como contemplativos, con la esperanza de ver un día el rostro de Dios, cara a cara.

Vultum tuum, Domine, requiram (Sal 26, 8), buscaré, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos, y pensar que llegará el momento, cuando Dios quiera, en que podré verle, no como en un espejo, y bajo imágenes oscuras... sino cara a cara (1 Co 13, 12). Sí, mi corazón está sediento de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo vendré y veré la faz de Dios? (Sal 41, 3)[21].

Estas palabras de San Josemaría describen el anhelo profundo del cristiano, que se mueve todavía entre sombras, y anhela de todo corazón la claridad de la luz de Dios, motivo de su esperanza.

C. Ruiz

M. de Sandoval


[1] Cfr. Jn 14, 7.

[2] San Josemaría, Surco, n. 684.

[3] San Josemaría, Surco, n. 95.

[4] Juan Pablo II, Carta a los jóvenes en el Año Internacional de la Juventud, 31-III-1985, n. 7.

[5] Cfr. Jn 17, 21.

[6] Juan Pablo II, Carta a los jóvenes en el Año Internacional de la Juventud, 31-III-1985, n. 7.

[7] Mc 10, 21.

[8] Lc 22, 62.

[9] Hch 5, 41-42.

[10] Mt 9, 22.

[11] Juan Pablo II, Litt. apost. Rosarium Virginis Mariæ, 16-X-2002, n. 10.

[12] Ibid., n. 9.

[13] Cfr. J. Ratzinger, Intervención en el Congreso Il volto nascosto e trasfigurato di Cristo, Roma, 20-X-2001.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 175; Mt 5, 8.

[15] Cfr. J. Ratzinger, L’Europa di Benedetto nella crisi delle culture, p. 84; cfr. Lc 10, 29-37.

[16] Cfr. ibid., p. 81-82.

[17] S. Gregorio Magno, Moralia, 21, 2, 4.

[18] Mt 5, 28.

[19] Cfr. J. Ratzinger, L’Europa di Benedetto nella crisi delle culture, pp. 81-91.

[20] Ibid., pp. 86-87.

[21] San Josemaría, Santo Rosario, Apéndice, IV misterio de luz.

 

 

Comentario al Evangelio: El poema del amor divino

Evangelio del 6º domingo del Tiempo ordinario (Ciclo C) y comentario al texto.

Vida cristiana14/02/2019

Opus Dei - Comentario al Evangelio: El poema del amor divino

Evangelio (Lc 6, 17. 20-26)

Bajando con ellos, se detuvo en un lugar llano. Y había una multitud de sus discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo procedente de toda Judea y de Jerusalén y del litoral de Tiro y Sidón,

Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía:

—Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

»Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

»Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

»Bienaventurados cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como maldito, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos en aquel día y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo; pues de este modo se comportaban sus padres con los profetas.

»Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

»¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre!

»¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis!

»¡Ay cuando los hombres hablen bien de vosotros, pues de este modo se comportaban sus padres con los falsos profetas!

 


Comentario

El evangelio de este domingo recoge uno de los pasajes más sorprendentes y nucleares de la predicación de Jesús: las bienaventuranzas, que son con su lenguaje paradójico una enseñanza sobre la verdadera felicidad que todos los hombres buscan. San Josemaría las definía como “un poema del amor divino”[1]. De hecho, como explica el Papa Francisco, “las bienaventuranzas son el retrato de Jesús, su forma de vida; y son el camino de la verdadera felicidad, que también nosotros podemos recorrer con la gracia que nos da Jesús”[2]. Lucas nos muestra al Maestro de pie en un llano, predicando con autoridad y majestad. Mezclados entre la muchedumbre, hoy podemos sentir como dirigidas a nosotros sus palabras.

“Bienaventurados los pobres”. En la vida de un cristiano la pobreza no es opcional: sin ella no se es discípulo ni tampoco dichoso. Todos hemos de vivirla como el Maestro. Y para encarnar la pobreza en medio del mundo, san Josemaría recomendaba: “te aconsejo que contigo seas parco, y muy generoso con los demás; evita los gastos superfluos por lujo, por veleidad, por vanidad, por comodidad...; no te crees necesidades”[3]. Frente a un clima general de consumismo, es necesario revisar con frecuencia si estamos desprendidos de las cosas que usamos; si vivimos ligeros de equipaje para seguir de cerca a Jesús y empezar a poseer “el Reino de Dios”. Si vivimos la pobreza sabremos cuidar también con generosidad de los demás y en especial de los pobres y los que pasan necesidad, a los que nunca veremos con indiferencia.

“Bienaventurados los que ahora pasáis hambre”. En la opulencia de los ricos y saciados no hay sitio para Dios y los demás. En cambio, quienes viven con sobriedad y templanza empiezan a “ser saciados” por Dios. Se trata de disfrutar de los bienes terrenos con agradecimiento, pero de forma que nos lleven a desear los bienes espirituales. Esta bienaventuranza nos invita también a trabajar con confianza en la providencia: mientras procuramos ganar con rectitud el sustento necesario, mantenemos la serenidad ante las posibles estrecheces, porque Dios nunca abandona a sus hijos.

Jesús dice también que son bienaventurados los que ahora lloran, porque luego reirán. Cuando un cristiano procura imitar al Maestro, “experimenta la íntima relación entre cruz y resurrección”[4], como explicaba Benedicto XVI. Unidos a Cristo, adquirimos la fuerza para transformar el sufrimiento en amor redentor. Tenemos entonces la misma alegría que vivió el Señor en su Pasión, porque con ella nos alcanzaba el don del Espíritu Santo y nos abría las puertas del Cielo. Con esta esperanza y consuelo, el cristiano es consuelo para los demás; “puede atreverse a compartir el sufrimiento ajeno y deja de huir de las situaciones dolorosas”, nos dice el Papa Francisco[5].

Por último, Jesús llama bienaventurados a los que sufren persecución o rechazo por su causa. Nuestra coherencia de cristianos corrientes puede chocar o molestar a otros. Pero hemos de ser valientes para reflejar con nuestra conducta recta el Rostro amable de Jesús que todas las personas buscan. En esto podemos seguir el consejo que daba san Pedro a los primeros cristianos: “si tuvierais que padecer por causa de la justicia, bienaventurados vosotros: No temáis ante sus intimidaciones, ni os inquietéis, sino glorificad a Cristo Señor en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza; pero con mansedumbre y respeto, y teniendo limpia la conciencia, para que quienes calumnian vuestra buena conducta en Cristo, queden confundidos en aquello que os critican” (1Pedro 3,14-18). En resumen, y en contra de lo que pueda parecer, nuestra dicha no radica en la posesión ilimitada de bienes. Tampoco en conseguir a toda costa la aprobación ajena. La felicidad está más bien en la identificación con Cristo.


[1] San Josemaría, Apuntes de una meditación, 25-XII-1972, (AGP, P09, p. 186), cita publicada en E. Burkhart y J. López, Vida cotidiana y santidad. 3: En la enseñanza de San Josemaría, Rialp, Madrid 2013. 125.

[2] Papa Francisco, Audiencia 6 agosto 2014.

[3] San Josemaría, Amigos de Dios, 123.

[4] Benedicto XVI, Jesús Nazaret, 100.

[5] Papa Francisco, Gaudete et exultate, 76

 

 

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Bienaventuranzas y malaventuranzas.

Lc 6. 17. 20-26

En la versión de Lucas se habla de cuatro Bienaventuranzas y de cuatro malaventuranzas, mientras que Mt 5 habla de ocho bienaventuranzas.

Nitzche decía que las bienaventuranzas de Jesús han pervertido a la humanidad. ! Como se puede llamar felices a los pobres, a los que lloran, a los perseguidos por causa de la justicia!

Habria que llamar dichosos a los ricos, a los que ríen porque no les falta de nada, a los que les va todo bien en la vida. Jesús nos presenta el Corazón del Reino, su mismo Corazón para vivir con sus sentimientos.

Es necesario intuir que lo que reflejan las bienaventuranzas es el Corazón herido de Amor de Jesús y lo que reflejan las malaventuranzas es el corazón humano herido por el pecado, el egoísmo y la soberbia. Hay que elegir de que parte esta nuestra vida. Si queremos vivir unidos y con los sentimientos del Corazón ilimitadamente bueno de Jesús que refleja su santidad.

La felicidad que nos promete Jesús es un amor fiel a los proyectos de su Corazón. Cuando se elige el camino de la mundanidad del que tanto habla el papa Francisco siempre tiene el perfume de la tristeza y la decepción.

Tenemos que saber que nuestro corazón es el lugar de lucha entre el bien y el mal y es mucho lo que nos jugamos. Apostar por las bienaventuranzas es siempre acertar con el camino de la santidad, aunque cueste. Seguir el camino de la mundanidad es tener vivacidad pero no vida abundante.

Es como si sacamos al pez fuera del agua que da botes y salta porque se muere. Sin embargo dentro del agua vive feliz, sin dar saltos de vivacidad pero vive en la alegría y la paz de Dios y de sus promesas del Reino.

+ Francisco Cerro Chaves.Obispo de Coria-Cáceres

 

 

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.

También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.

Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

 

Antífona (para todos los días):


¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Rogad por nosotros bienaventurado San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.

 

TERCER DOMINGO

Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas,
glorioso San José: la sangre preciosísima que el
redentor derramó en su circuncisión os traspasó el
corazón, pero el nombre de Jesús, que entonces se le
impuso, os confortó, llenándoos de alegría.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos el vivir
alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos con
el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los
labios.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

FINAL (para todos los días): 

 

Acordaos Oh purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío
San José, que jamás se oyó decir que haya dejado
de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a
vuestra protección e implorado vuestro auxilio. Con esta
confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo
a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor.
No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas
piadosamente. Amén.

Oración: Oh Dios, que por providencia inefable
os dignasteis escoger al bienaventurado José para
esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos
concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra
como a nuestro protector, merezcamos tenerle por
intercesor en los cielos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.

Es conveniente hacerlo confesando y comulgando.

 

 

Una mujer embarazada son dos seres humanos

Daniel Tirapu

Bebé vientre materno.

photo_camera Bebé vientre materno.

La ministra de Sanidad española dice que en tema de aborto retroceder a la ley española de 1985, es retroceder a la Edad Media (por cierto, tan desconocida y tan noble ella, la Edad Media).

En Nueva York se aprueba el aborto hasta el mismo día del parto. Todo esto genera un gran malestar de fondo que clama al cielo. No se habla de aborto y a todos nos concierne. Expediente fácil de encargarlo a aborteros y pagado por ayuda social. Frías cifras cada dos años. ¿Qué sociedad moderna puede presentarse libre de culpa? Precisamente la ciencia ha puesto de relieve, con más claridad que nunca en la historia, que desde el primer momento de la unión de principio masculino y femenino hay potencial de ser lo que somos cada uno, y en un momento del continuum vital fuimos ese embrión.

Estamos encantados y es para estarlo con el discurso de Jesús Vidal en los Goya sobre la inclusión y el valor de los discapacitados; pero cada vez menos padres quieren tenerlos e incluso puedes demandar al sistema sanitario si no te advierten de esa cuestión en el embarazo.

Hace diez años, en algunos estados de USA, en ciertos días no se admite que vaya un sólo pasajero en un automóvil, cuestión de ahorro, medida que llegará a España, y quien conduzca solo en esos días debe pagar una multa. Una señora embarazada conducía en uno de esos días y en uno de esos estados, el policía correcto le explicó el asunto y le imponía la consiguiente multa.

La señora alegó que no iba sola, que eran dos, pues ella estaba embarazada. El policía le dijo que hiciese las alegaciones oportunas. La señora reclamó y el tribunal estatal le dio la razón, una mujer embarazada son dos seres humanos.

 Por cierto, la tele que es tan libre y todo eso, por qué se ha negado a poner el video de Nathanson, que filma un aborto y titulado "el grito silencioso". Abortar es matar, todos fuimos alguna vez una célula muy pequeña. No al Auschwitz intrauterino. Y éste no es un tema de izquierdas o derechas.

 

 

La nueva verdad incómoda

El 21 de octubre de 2017 tuve el honor de ser invitada a ingresar en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (RACEF),  perteneciente al Instituto de España, y el pasado 17 de enero pronuncié el discurso de ingreso.

En él, empezaba recordando el documental “Una verdad incómoda”, donde el entonces vicepresidente del Gobierno de los EEUU y candidato presidencial a la Casa Blanca, Al Gore, advertía sobre los peligros del calentamiento global y urgía a tomar una acción inmediata.

Fue entonces cuando fui más consciente de que una gran mayoría de empresas y de ciudadanos podían haber estado ciegos durante muchas décadas ante el impacto medioambiental de sus acciones y omisiones. Pero, siendo esto verdad, me parecía aún más relevante la ceguera que seguíamos sufriendo en cuanto al impacto de las decisiones empresariales en lo que empecé a calificar como “contaminación humana y social” (la nueva verdad incómoda), cada vez que sus directivos actuaban como si los empleados fueran piezas mecánicas de un engranaje sin tener en cuenta cómo eran devueltos a sus familias, tras jornadas interminables.

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/01/Portada-libro-racef-224x300.png

Portada del libro editado con motivo de mi ingreso en la RACEF

Por eso, mi discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras trata de la importancia y de la urgencia, tanto económica como social, de cuidar nuestra ecología humana, como condición sine qua non para “salvaguardar nuestra casa común y sus habitantes”. Preservar la salud y la ecología de las personas, de las familias y de las comunidades humanas donde trabajan, es tan importante y urgente para la economía como preservar el medio ambiente, cuyo deteriorono deja de ser consecuencia del deterioro de la ecología humana.

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/01/académicos-300x200.jpg

Esta semana, antes de iniciar la sesión en el PADE (Programa de Alta Dirección del IESE), los participantes quisieron felicitarme por este ingreso en la RACEF y, puestos todos en pie,  estallaron en una ovación cerrada. Muy emocionada, recordé en ese momento que en mi discurso de ingreso había hecho referencia a los líderes trascendentes que ya estamos educando: ¡eran ellos! Fue como cerrar el círculo.

En la cena que tuvo lugar con los académicos en el Círculo Ecuestre, tras el acto de ingreso, me referí al lema de la Academia, “Utraque unum” (ambos son uno), que subraya la unidad entre “pensar” y “actuar”, que encaja perfectamente con cómo intento operativizar mi misión profesional y personal: ayudar a ir conformando empresas y sociedades cada vez más humanas y sostenibles, a la medida del hombre y de la mujer de hoy, donde se integren cabeza y corazón (ambos son uno), a fin de superar la nueva verdad incómoda, sanando el ecosistema humano. El Programa Enfocado del IESE Lidera tu liderazgo  es un primer paso para conseguirlo.

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2019/01/medalla-racef-300x100.jpeg

Medalla RACEF

Quisiera, desde aquí, agradecer a tantas personas que os habéis puesto en contacto conmigo para felicitarme: muchas gracias por vuestra presencia, acompañándonos a mi familia y a mí, o por vuestro apoyo desde la distancia. Mi trabajo encuentra su sentido en vosotros.

Podéis leer el discurso íntegro aquí.

 

También podéis ver el vídeo de todo el acto académico, de principio a fin, aquí.

 

“NOS FALLASTE”

Por René Mondragón

ESE FUE EL GRITO

De más de 200 madres de familia que reprocharon al presidente, la instrucción de acabar con las Estancias Infantiles. En el mismo evento, levantaron el volumen de una grabación con la voz del entonces candidato presidencial, asegurando que el programa que favorece  a las madres, a los padres solos y a los más de 300 mil pequeños en el país, no desaparecería.

Varios legisladores los recibieron, incluida Martha Lucía Micher, militante de MORENA  y gente cercana al mandatario. De la bancada mayoritaria, ni las mujeres ni los señores salieron a escuchar a esa parte del “pueblo bueno y sabio” que votó por ellos.

Las demandas de esas mujeres que alguna vez creyeron en las promesas  de la 4T, se desvanecieron en el aire. Sus “representantes” prefirieron tener contento al presidente por encima de resolver un problema que afecta –según el CONEVAL- al 43.7 por ciento de las mujeres que realizan alguna actividad en el ámbito laboral, entre ellas, trabajar para sostener  a sus familias.

LEJOS DE LAS PROMESAS

Muchas personas creyeron que ese apoyo, específicamente dirigido a  las jefas de familia que  desempeñan alguna tarea en el mercado laboral o, incluso, en la informalidad –porque no les queda de otra- podría expandirse a una política pública universal.

Nada más ingenuo e iluso que eso. Por lo mismo se escuchó con más fuerza un dramático reclamo: “Nos fallaste”

OLVIDO

Al mandatario se le ha olvidado que la campaña concluyó, que ahora es el presidente de todos.

Sin embargo, la siembra de división continúa y cada vez, con un tono de mayor rijosidad y virulencia.

En este país, no hay mexicanos de primera o de segunda. Simplemente mexicanas y mexicanos todos. Sin embargo, para el titular del Ejecutivo la discriminación es ya un tema de todos los días.

De inicio, descubrimos que hay Chairos y Fifís, que los buenos son los que alaban al mandatario y los malos, esos son los neoliberales, los conservadores.

Ahora aparece ya una subdivisión –como si en México necesitáramos más clasificaciones discriminatorias- ya surgieron los “Machuchones”, particularmente en el CONACYT, pero también en el Consejo Coordinador Empresarial y otras agrupaciones ciudadanas.

Los machuchones -http://www.culturaderioja.org- son los “tardos o pesados en sus acciones”. Funcionarios del CONACYT se molestaron con razón, porque fueron acusados de “tontos” en expresión de uno de sus directivos, aunque en el pueblo primigenio de donde es originario este escribano, el calificativo se oye más feo.

Sin embargo, lo que caló fuerte en el medio de ciencia y tecnología, fueron las evidencias que ha dado el mandatario, relativas a su muy modesto conocimiento de los temas que en esa institución se abordan; por ello mismo, cuando fueron señalados de corruptos y parte de la mafia del poder, montaron en santa cólera. No era para menos.

AL VOLEO

En la página https://www.digitalmex.mx/opinion, surge un dato interesantísimo, recopilado por la periodista Elizabeth Velasco. La cabeza de la nota es formidable: “AMLO: más de 5 mil despidos por día, todo un récord con tinte neoliberal”  Y todo esto, como dice Velasco, “A 74 días del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el IMSS reportó la pérdida de 378 mil 661 puestos de trabajo. La peor caída en los últimos 20 años en México.

No cabe duda que la mal llamada cuarta transformación, se ha dedicado, en muy poco tiempo, a “hacer hogares felices”, como era el slogan de un viejísimo programa de concursos en la tele.

El escribano hace acopio de las opiniones de las bellísimas lectoras y gentiles lectores: “Pobre país.  Ni modo. Nos fallaste”

 

 

Respuesta prometida sobre votar o no votar

Una de mis bellas nietas, Patricia, dijo que no votaría en las elecciones de mayo. Es su primera experiencia electoral; pero, el votar no le despierta curiosidad ni le resulta atractivo, como debería suceder a las almas juveniles ante lo percibido como un bien desconocido e inocente.

En lugar de alegría, vemos inseguridad y tristeza. Muchos miles de jóvenes reaccionan de igual modo. Y es comprensible, porque la vida política hiede a corrupción de toda clase, de la conducta, del lenguaje, de los procedimientos y las ideologías. Se irrespetan e ignoran valore éticos ni morales. No parece haber diferencias entre el bien y el mal. Todo es relativo, al gusto.

Pero hay un remedio, para empezar. Y me atrevo a tomar el conocido mensaje a del Papa Francisco a los jóvenes en la reciente JMJ. El momento de la juventud no es mañana, sino ahora. Se trata de despertar esperanzas a todos.

Y, esto se logra haciendo líos, sin odios, con amor a la patria, que es sentimiento natural. Hay que votar, aunque nos equivoquemos (Que es lo más probable). Conversen con sus padres, familiares y amigos.

Valoren los mensajes de los candidatos. Escuchen a analistas políticos en nuestros medios, que los hay buenos. Y, voten, porque si no lo hacen, no tendrán autoridad moral para reclamar. En democracia, es el primer paso de una carrera de cinco años de líos para hacer nuestra parte. Hacer líos positivos.

 * Periodista.

Miguel A. Espino Perigault
espinomiguel21@gmail.com

 

 

Mel Gibson estrenará "La Resurrección de Cristo" a finales de 2019

 

https://1.bp.blogspot.com/-Fqig1D_3h58/XGGwzaYxggI/AAAAAAAAKg0/7yMM4ZR6cNwuYMlmDdornUqsT0qgu79sQCLcBGAs/s320/Passion-Of-Christ-2-Resurrection-Plans-Mel-Gibson.jpg

En abril de 2018, USA Today publicó una entrevista a Jim Caviezel en la que se confirmaba la definitiva puesta en marcha del filme tantas veces prorrogado: "The Passion of the Christ 2: Resurrection". Ahora se anuncia en qalgunos medios que la película llegará a la gran pantalla en este año de 2019, mientras que otros hablan de finales de 2019 o Semana Santa de 2020.

Se ha confirmado que es una continuación del primer filme de Mel Gibson, y que su argumento comienza donde aquella otra cinta terminaba: empieza con la sepultura de Cristo y sigue paso a paso los tres días de angustia que vivieron los Apóstoles hasta la Resurrección. Al mismo tiempo, sigue también las intrigas que se producen en el palacio de Herodes y termina con los hechos que acaecieron en Jerusalén el domingo de Resurrección.

Samuel Goldwyn Films apadrina este proyecto, que cuenta con un presupuesto de 20 millones de dólares. El rodaje cuenta con el mismo equipo que la primera cinta. Además del regreso del director, la productora ya ha confirmado el regreso de su elenco central: Jim Caviezel, Maia Morgenstern, Christo Jivkov y Francesco De Vito.

Dan Gordan (guionista de The Hurricane o Murder in the First) escribió la primera versión del guión, que luego ha sido sustancialmente modificado por Randall Wallace (guionista de Braveheart, en la que Gibson triunfó en el doble papel de director y actor). Sobre la historia solo se sabe que abarca un lapso temporal muy breve (3 días) y poco explotado en otros filmes sobre Jesús, y que, según informa la productora, desarrollará los resortes del poder, la codicia y la ambición por parte de algunos personajes involucrados en la crucifixión: Poncio Pilatos, Herodes, Caifás y Judas. Hace ya tiempo que Mel Gibson anunció: “La película no sólo será la narración de un evento extraordinario como la Resurrección de Cristo, sino también de todos los hechos que lo rodean, y que evidencian aún más su significado”.

Las localizaciones se sitúan en Israel, Marruecos y Europa. ¿El resultado? Lo sabremos antes de terminar el año.

 

 

Cómo educar desde la infancia para llegar bien preparados a la adolescencia

Por LaFamilia.info

 

http://www.lafamilia.info/images/20191102edh.jpgFoto: Freepik

Algunos padres se sienten temerosos ante la llegada de la adolescencia de sus hijos, pues la perciben como una etapa llena de retos y dificultades. Sin embargo, no hay que amedrentarse, ¡lo que hay que hacer es prepararse!

Se suele pensar que se educa para una edad determinada, pero esto es equivocado. Aunque todo plan educativo debe irse adaptando a las necesidades de cada período, se educa para formar una persona adulta. Así que la primera clave es educar pensando en el futuro, teniendo en cuenta que la infancia es la etapa donde forjamos las bases de la adolescencia.

Antes de que llegue la adolescencia

Las primeras edades son el tiempo óptimo para cimentar las bases que se pondrán en juego durante el resto de la vida. Si desde pequeños los hijos acatan normas, cuando sean adolescentes o ya jóvenes, lo más seguro es que se adapten a ellas con mayor disposición. Por eso cuando se quieren lograr cambios o mejoras en los adolescentes, es más difícil lograr resultados satisfactorios, ya que no se puede pretender llevar a cabo una tarea que requería doce años, en unos cuantos meses.

Habrá casos especiales y excepciones a la regla. Pero existen muchas más probabilidades de que la adolescencia trascurra de forma normal, si durante los años previos el adolescente recibió una educación rica en valores y límites; a diferencia de uno que durante su infancia se le dio plena libertad de hacer lo que le provocó, dejando de lado la formación de la voluntad, el acatamiento de normas, la enseñanza de virtudes; en fin, todos los frentes que abarca la formación del ser.

Jorge Ordeig Corsini autor del libro “Preparar la adolescencia”, expresa en éste, el siguiente ejemplo:

“La adolescencia es una de las épocas más divertidas, apasionantes... y problemáticas de la vida. Es como una tempestad que embiste con toda su fuerza. En los antiguos barcos de vela, cuando se encontraban en medio de una borrasca, no tenían más remedio que ponerse a la capa: arriar velas, renunciar a avanzar y rezar para que el barco aguantara. Unos sobrevivían y otros se hundían. ¿De qué dependía? Esta es la pregunta clave. Y la respuesta es: de cómo estuviera preparado el barco; de que se hubiera construido bien, de que el mantenimiento hubiera sido correcto, de que la carga estuviera bien estibada, de que se hubieran hecho las maniobras previas para reducir trapo, etc. Cuando la tempestad ya se ha desatado, no se puede gobernar el barco: tiene que resistir él solo. Muy parecida es la situación de un adolescente. Si la tormenta le sorprende sin una preparación adecuada puede tener graves averías, casi irse a pique.”

No hay que dar por sentado que una buena preparación, elimina cualquier posibilidad de errores y equivocaciones por parte de los adolescentes, pues es lógico y normal que se presenten en esta etapa, incluso estos pequeños tropiezos serán importantes para alcanzar su maduración, además, conocer y aceptar sus propios límites. Frente a este punto, Jorge Ordeig explica: “No es bueno preocuparse demasiado: si el barco estaba bien preparado, las averías no serán de importancia, y tendrán un efecto muy positivo”. Claro que por otro lado, se encuentra la libertad personal, la cual le confiere al ser humano la facultad de tomar sus propias decisiones, pese a que los padres hayan realizado un perfecto trabajo.

Plan de acción

1. Límites y normas desde pequeños. Para los bebés también existen formas de enseñarles los límites, por ejemplo los horarios de alimentación, sueño, recreación, baño, etc.

2. No ceder ante los caprichos y ayudarles a tolerar la frustración, con el fin de enseñar los conceptos de autoridad y formación de la voluntad. (Ver: Tolerancia a la frustración: por qué es tan importante enseñarla a los niños)

3. No hacer cosas que ellos están en capacidad de hacer como ordenar su habitación, llevar la ropa al lugar indicado, resolver pequeños problemas… Dejarles que se esfuercen a la medida de sus capacidades.

4. No sobreprotegerlos, mejor darles la seguridad para que aprendan a tomar sus propias decisiones. (Ver: Educar sin sobreproteger: ¿cómo lograrlo?)

5. Fortalecer la autoestima, básico para el adolescente. (Ver: Fortalecer la autoestima: tarea que empieza al nacer)

6. La enseñanza de valores como orden, disciplina, generosidad, honestidad, amistad, constancia, laboriosidad, respeto… también tienen aplicación en las edades primarias. Los niños irán interiorizando de acuerdo a su nivel de comprensión, pero para ello necesitan que los padres los familiaricen con estas virtudes.

7. Los padres no nacemos aprendidos, necesitamos preparación y ayudas.

El hombre es como un bloque en bruto que durante años va adquiriendo forma gracias a la tarea, exigente y amorosa a la vez, de los padres. Este encargo requiere tiempo, dedicación y constancia, puesto que durante años se sembrará sin ver los frutos, hasta que un día aquella obra deberá brillar con luz propia y defenderse por sus propios medios, valiéndose de los instrumentos adquiridos en años anteriores.

Lectura recomendada: "Preparar la adolescencia", Jorge Ordeig Corsini. Colección Cómo Educar de Hacer Familia. Ediciones Palabra. Madrid, 2007.

 

 

La paciencia todo lo alcanza

Silvia del Valle Márquez

La paciencia es una virtud con la que nuestros hijos no están muy familiarizados, te dejo aquí 5 tips para enseñarles a ser pacientes en sus metas y objetivos.

Paciencia hijos

Nuestros jóvenes y niños ya no saben esperar. Quieren todo de la forma y en el momento en que lo quieren.

Por eso es necesario que pongamos énfasis en inculcarles la paciencia como virtud en la vida cotidiana para que puedan hacer frente a los contratiempos y dificultades que se les presenten.

Por eso aquí te dejo mis 5Tips para educar a nuestros hijos en la paciencia.

Primero. No les des todo a la primera.
Sé que buscamos darles a nuestros hijos lo mejor que tenemos y que no sufran como nosotros lo hemos hecho, pero a veces nos vamos al extremo y les damos hasta de más.

Primero que nada, es necesario que ellos aprendan a pedir lo que necesitan y después que aprendan a esperar a que llegue lo que pidieron.

A veces caemos en su juego y corremos a darles las cosas para que no lloren o para que no se sientan mal, sin darnos cuenta que les estamos haciendo un daño mayor.

Y en cuanto a los adolescentes, es necesario que les ayudemos a hacer las cosas por ellos mismos ya que en esta etapa todo les cuesta trabajo, así que, si los dejamos, se pasarían el día sin mover un dedo, pidiendo que les hagan todo. En nuestras manos está corregir esto.

Segundo. Explícales cómo son las cosas y asegúrate que lo entiendan.
Nuestros hijos son pequeños, no tontos; por eso es necesario darles una pequeña explicación para que comprendan que las cosas son de cierta forma y que debemos ser pacientes para que todo salga bien.

Además, debemos asegurarnos de que hayan comprendido todo para que después puedan esperar en paz.

Cuando se comiencen a inquietar, podemos recordarles lo que platicamos con ellos y si es necesario reforzar las ideas principales.

Tercero. Los juegos de mesa son de gran utilidad.
Este tipo de juegos fortalecen su paciencia ya que les hacen esperar turno y también les enseña que a veces se gana y a veces se pierde.

Y si además jugamos en familia, logramos también, una buena integración familiar.

Ojalá que designemos un tiempo en la agenda familiar para jugar en familia.

Cuarto. Cuéntales cuentos.
Los cuentos son una herramienta excelente ya que fomentan la creatividad en nuestros hijos, les forman en la cuestión del vocabulario y redacción y también fomentan la paciencia ya que les capacitan a escuchar y esperar el tiempo necesario para llegar al final de la historia.

Si buscamos cuentos que estén de acuerdo con su edad será mucho mejor y si queremos que crezca su vocabulario podemos leerles cuentos un poco más elevados, pero debemos explicarles las palabras que no entiendan.

Y quinto. Sé paciente con ellos. El ejemplo es básico.
Mucho hemos dicho que se educa con el ejemplo y que es necesario que nuestros hijos vean en nosotros lo que queremos educar en ellos.

Así que debemos armarnos de paciencia y educarlos con amor a pesar de nuestras circunstancias personales o familiares, ellos siempre merecen nuestra atención y cariño.

Si en algún momento los tratamos mal, jamás será tarde para ofrecer una disculpa y para dar una explicación del porque sucedieron las cosas así. Esto en lugar de restarnos autoridad como muchos creen, nos hace humanos y les enseña a nuestros hijos que podemos equivocarnos, pero que siempre podemos aprender de los errores y corregirlos.

Al final de cuentas la paciencia todo lo alcanza y si nuestros hijos aprenden a ser pacientes es justo que obtengan lo que quieren. Esto les dará mucha paz y será de gran ayuda en su vida cotidiana.

 

¿Cómo mantener la chispa en mi matrimonio?

Lucia Legorreta

El amor en un matrimonio puede convertirse en costumbre y apagar la chispa con la que se había iniciado, por ello, te dejo una lista con las diez reglas básicas para mantener un amor verdadero, que nos propone el Dr. Enrique Rojas, psiquiatra español.

 

Amor en el matrimonio

Piensa bien en esta pregunta: ¿El amor entre dos esposos puede terminarse? Tristemente la respuesta es: sí puede acabarse.

El matrimonio debe cultivarse día tras día, el amor no es estático, crece con el tiempo o puede disminuir. El amor no es un sentimiento, es un acto de la voluntad, es decir, me levanto todos los días y quiero quererte cada vez más.

Ahora bien, ¿cómo entonces mantener ese amor durante años y años, como lograr que mi matrimonio tenga chispa?

Comparto contigo las diez reglas básicas para mantener un amor verdadero, que nos propone el Dr. Enrique Rojas, psiquiatra español en su libro El amor inteligente:

1. Enamorarse y mantenerse enamorado: tener muy claro qué es estar enamorado, y una voluntad decidida y firme para cultivar el amor.

2. Conocer el equilibrio entre los sentimientos y la razón: al principio todo es sentimiento, emoción y/o pasión; más adelante todo debe ir siendo más racional, con más conocimiento, pero sin que los sentimientos pierdan sus rasgos, su fuerza inicial y su capacidad para tirar de los argumentos que los vieron nacer.

3. Cuidar el amor: el mejor amor se desmorona, se viene abajo, se hunde y se oxida si no se le cuida. ¿Cómo?: trabajando día a día a base de cosas pequeñas.

4. Utilizar las herramientas que nos ayudan a seguir enamorados: la inteligencia y la voluntad.

5. Luchar por no descuidar aspectos esenciales del amor: sentimiento, sexualidad, ideas y creencias similares, el arte de la convivencia, compromiso y dinamismo. Y, por supuesto, dejar fuera la rutina.

6. Saber que la sexualidad desempeña un papel importante en la vida conyugal y que debe estar centrada en la comunicación: el acto sexual para que sea un encuentro entre dos personas debe ser al mismo tiempo algo físico, psicológico y espiritual.

7. Compartir sentimientos, ideas y creencias asegura su permanencia.

8. Mimar la conciencia diaria con racionalidad: desarrollar las habilidades de comunicación.

9. Comprometerse por encima de todo: no hay amor auténtico si no existe compromiso. El amor comprometido aspira a la fidelidad.

10. Potenciar la espiritualidad: si los sentimientos son la residencia donde se habita, la espiritualidad es el calor de hogar que quema, abrasa y da fuerzas para continuar.

Ahora bien, mantener una relación de pareja amorosa no es fácil, no es seguir un cuento de hadas. La realidad es que hay muchos factores que afectan al matrimonio.

Para no caer en la monotonía del amor cuida de algunos errores comunes que cometemos las parejas como:

* Falta de intimidad: estamos mucho tiempo juntos, pero poco solos y la relación se va distanciando poco a poco hasta llegar a tener vidas paralelas cuyos puntos nunca se juntan.

* Falta de respeto: en una convivencia continua y de confianza es fácil caer en faltas de respeto.

* Falta de tiempo: increíble pero las parejas de hoy no tenemos tiempo para estar juntos, si queremos que el amor crezca, debemos dedicarnos tiempo el uno al otro.

* No aceptarse: tal y como es nuestro cónyuge, sin juzgar, criticar ni humillar. Dentro de un matrimonio cada quien debe mostrarse tal cual es sin miedos ni prejuicios.

* Huir de los conflictos: cuidado con no enfrentar las discusiones o problemas que surjan. Todas las parejas enfrentamos conflictos, lo importante es saber resolverlos.

¡Te tengo buenas noticias! Se sabe que los matrimonios que permanecen unidos por muchos años tienen grandes ventajas.

En el libro The Case for Marriage, de Linda J. Waite y Maggie Gallagher, se muestran los resultados de estudios realizados durante varias generaciones a matrimonios.

Las personas felizmente casadas viven más tiempo, tienen mejor salud, ganan y acumulan más dinero; se sienten plenas en su vida, cuentan con una vida sexual más satisfactoria; y en general sus hijos son más felices que aquellas que permanecen solteras, viven en unión libre o se divorcian.

Te recomiendo: enciende todos los días la chispa del amor, y nunca bajes la guardia: el amor no es estático, sino crece significa que está disminuyendo.

 

Talento femenino para la CEOE

El nuevo presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, está decidido a reconducir un crónico desequilibrio en la representación femenina en la organización. En esta nueva etapa quiere incorporar a más mujeres a puestos de responsabilidad, incluidos varias vicepresidencias para lo que tendrá que producirse un cambio de estatutos. Resulta más que lógico y deseable normalizar una presencia de la mujer acorde con el talento y la profesionalidad ya manifestadas en el mundo de la empresa y de la economía.

Xus D Madrid

 

 

Los Derechos Humanos

Como subraya Francisco, en pleno siglo XXI, hay una parte de la humanidad que vive en opulencia mientras otra ve su propia dignidad pisoteada. Hay niños por nacer a quienes se les niega el derecho a venir al mundo. Hay muchos que no tienen acceso a los medios indispensables para una vida digna. Ante estos graves fenómenos, todos somos cuestionados y estamos llamados a contribuir con coraje y determinación a respetar los derechos fundamentales de cada persona, especialmente de las “invisibles”, de aquellas que viven en los márgenes o son directamente descartadas. El Papa pide a quienes tienen responsabilidades institucionales que coloquen los derechos humanos en el centro de todas las políticas, incluidas las de cooperación para el desarrollo, incluso cuando esto signifique ir contra la corriente dominante.

Suso do Madrid

 

 

Tiempo de regar la semilla

La beatificación, el pasado mes de diciembre, de 19 mártires en la ciudad argelina de Orán representa un hito histórico para la presencia cristiana en el norte de África. Víctimas del fundamentalismo que asoló Argelia en los años 90, su ascenso a los altares está en las antípodas del revanchismo histórico y por el contrario ha dejado un mensaje de reconciliación y de sincera amistad de la Iglesia con el pueblo musulmán del Magreb, entre otras cosas con un recuerdo especial a los 114 imanes asesinados por su oposición a los yihadistas. Así es como han querido celebrar esta beatificación los obispos de Argelia, y así es también como estos 19 mártires hubieran deseado que fuera, entre los cuales hay dos religiosas españolas. Todos ellos eligieron libremente permanecer en Argelia durante la guerra civil, aún sabiendo que sus vidas corrían serio peligro, pero no quisieron abandonar en las horas difíciles a un pueblo al que servían con su trabajo en hospitales y escuelas.

Enric Barrull Casals

 

¿QUE ES EL TIEMPO... EXISTE EL TIEMPO?

 

            El tiempo nosotros aquí en La Tierra, lo contamos o medimos, sobre la base de las vueltas que ésta da sobre sí misma y alrededor del Sol.

            Si éste preciso instante lo fijásemos aquí en La Tierra, pero al mismo tiempo lo situamos en el Sol, la Luna, Marte... o en la Estrella Polar ("cuyas esferas marcan igualmente su tiempo")... ¿qué sería el tiempo?... ¿de dónde partiría y como contaría?... ¿Existe entonces el tiempo y por tanto la edad?

            Si por otra parte "nada desaparece en el Universo", la materia simplemente se transforma y cambia ininterrumpidamente a múltiples formas y por tanto "siempre será la misma" y el tiempo se fija (o lo fijamos nosotros) sobre la base de esa materia aparentemente fija en el espacio y digo aparentemente fija, por cuanto todos los cuerpos están en continuo movimiento en el espacio.

            Por tanto si la materia (base del tiempo) no desaparece y siempre está presente... ¿no ocurrirá igual con el tiempo... que será constante y permanente pero con diferentes apariencias?.

            Deducido todo ello, la eternidad aparece segura... la duda es si también nosotros seremos eternos... desde luego "la materia de que estamos compuestos, si que lo será" y entonces... ¿por qué no el resto de lo que componga nuestro yo "invisible"?

            Antonio García Fuentes (20 Abril 1.996)

 

Tampoco “cambia el hombre/mujer, en el tiempo sino lean cuanto sigue y vean el hoy como anda, andamos, o nos hacen andar”….

EL TIEMPO PASA: BANCOS, POLICÍAS, LADRONES Y JUZGADOS

 

                                “LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN: Deutsche Bank ficha al policía de la UDEF que dirige la investigación sobre Oleguer Pujol. El inspector se incorpora al departamento de la entidad financiera responsable de la prevención del blanqueo de capitales en sus oficinas en España. En los últimos años varios agentes especializados en la lucha contra la delincuencia económica han dado el salto a la empresa privada”. (Vozpópuli 18-09-2015).

                                Me sorprende la noticia que arriba he copiado, puesto que parece ser que con la misma “se descabeza”, uno de los asuntos más importantes (aunque es uno más de los ya muchísimos que hay en “la despensa delictiva”) que se investigan, en este país donde la corrupción es tan abundante “como los conejos en el campo de la Hispania de que nos hablan los antiguos”; por lo que pensamos que ese asunto de la “honorable familia Pujol”, le va a ocurrir lo que a Ruiz Mateos “el de la abeja”, o sea que se les muere el reo antes de poder juzgarlo; y se les muere de puro viejo, no por agotamiento anímico, puesto que José María fue un gran luchador “por su panza y su bolsillo” y de hecho ha muerto luchando contra las endebles leyes españolas, con las que estuvo jugando durante muchas décadas, incluso ganándole pleitos al Estado que lo expolió indebidamente (junto a cientos de miles de incautos que confiaron dinero a tan listo especulador con el dinero ajeno) según tuvieron que reconocer los tribunales de la ya mentada… “conejolandia ibera o íbera”. Y reitero lo de “conejolandia” por cuanto aquí, hay más madrigueras, escondites y proliferación de “conejos dedicados a la delincuencia” que, posiblemente, en otro lugar de este perro mundo.

                                Y me sorprende la noticia, puesto que me pregunto y pregunto… ¿Para qué necesita uno de los más importantes bancos del mundo los servicios de un destacado policía especializado precisamente en delitos bancarios? ¿Para qué puede aprovecharlo un comerciante del dinero? Puesto que doy por sentado, que no será para denunciar a posibles clientes que se dediquen a esos delitos por los que ha destacado el hasta hoy policía al servicio de la Hacienda Española; la imaginación si es un poco abierta, da pie para imaginar tantas cosas que asombra todo ello… ¿o no?

                                Continuando con el tema de la ya “gangrena delictiva que invadió España”; observarse puede el que los pleitos de este tipo y otros muchos similares o de envergaduras enormes; van “echando como los buenos vinos”, solera en “las bodegas de los infinitos juzgados que ya hay en España; y no parecen terminar “las infinitas diligencias” que han de llevarse a cabo para que por fin y para ejemplo del común del pueblo (“que ya no creemos apenas en nada ni en nadie”) aparezcan sentados en los banquillos, los cientos o miles de implicados que esperan esa justicia, que no tiene prisa alguna aquí en “conejolandia”; puesto que hay una lista de “presuntos” que ni la de la guía telefónica de Madrid o Barcelona; y entre ellos, aparte de la “muy honorable familia catalana arriba citada, recordemos que están la hija y yerno del anterior rey, el que fuera jefe del Fondo Monetario Internacional (un tal Rato), ministros y ex ministros y así hasta ni sabemos cuántos más habrá en espera de salir al escenario, por lo que aquí habrá trámites interminables, hasta como arriba digo y como dice el cura en la ceremonia del matrimonio católico… “Hasta que la muerte os separe”.

                                Mientras y aquí que ya… “no hay ni para alpiste para el canario”; se van a dedicar cantidades enormes para atender a refugiados que vienen huyendo de sitios aún mucho peores y que de hecho no quieren venir a la arruinada España, sino que aspiran a otras naciones mucho más boyantes y donde esperan sacar mucho más partido a sus penas y dolores… “pero como dijo aquel gitano… Señora más vale ensalá que hambre”; y eso es lo que van a tener estos nuevos “inquilinos impuestos en la medio hambrienta España o conejolandia”; una vez saciada esa hambre, se irán yendo a lugares mucho mejores a los que de seguro creen tener pleno derecho.

                                Pero las barreras con alambradas temibles siguen creciendo, las algaradas y disturbios también y los inútiles ministros que cobran sueldos que no merecen, siguen “tocándose los cojoncios y dando discursos de taberna puesto que soluciones no hay, digan lo que digan y lo hagan como quieran”.

                                Mientras… Rusia y Estados Unidos (que son los que debieran atender a todos estos desgraciados), parece ser que ya están dispuestos a hablar sobre esa guerra o guerras que tanto desastre han acarreado; lo que demuestra que es desde esos dos lejanos “estados mayores”, dónde ha de venir la nueva paz, aunque esta sea como las demás… “transitoria y hasta que alguno de estos mandamases les interese provocar nuevas escabechinas, para luego cargarlas a los que se tercie y que no son otra cosa que marionetas, al servicio del que verdaderamente manda y paga a sus sicarios… perro mundo de ahora y de siempre”… Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)

Jaén: 19 de Septiembre del 2015