Las Noticias de hoy 06 Febrero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 06 de febrero de 2019  

Indice:

ROME REPORTS

Misa del Papa en Abu Dhabi: Para entender las bienaventuranzas, “miremos como vivió Jesús”

El Papa y el Gran Imán de Al-Azhar reafirman que “la vida debe salvaguardarse siempre”

Abu Dhabi: Francisco se encuentra con la comunidad católica en la Catedral de San José

Abu Dhabi: Francisco concluye su viaje apostólico a los Emiratos Árabes Unidos

Discurso del Papa Francisco en el Encuentro Interreligioso de Abu Dhabi

TRABAJAR BIEN: Francisco Fernandez Carbajal

“La Misa es acción divina”: San Josemaria

Comunicar la fe: Jutta Burggraf

De Panamá a Roma: la grandeza del amor humano y divino: Salvador Bernal

¿Quién estudia?: Ángel Cabrero Ugarte

YASMÍN NO ES SU SOBRINA: Por René Mondragón

Hacia otra ley de educación impuesta: Jesús Ortiz López

¿Niño, niña u otro?: Silvia del Valle

Sobre creencias. religiosas: Josefa Romo

Real Oratorio Caballero de Gracia: Juan Moya

En el tema de la pena de muerte: Enric Barrull Casals

Contraria al Evangelio: Juan García.

Pacto mundial para una migración: Jesús Domingo Martínez

Algo insólito en un niño de ocho años: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Misa del Papa en Abu Dhabi: Para entender las bienaventuranzas, “miremos como vivió Jesús”

Homilía del Papa en ‘Zayed Sports City’

febrero 05, 2019 09:08Rosa Die AlcoleaViajes pontificios

(ZENIT – 5 febrero 2019).- “Miremos cómo vivió Jesús”, ha exhortado el Papa Francisco en la Misa celebrada en los Emiratos Árabes. “Pobre de cosas y rico de amor, devolvió la salud a muchas vidas, pero no se ahorró la suya. Vino para servir y no para ser servido; nos enseñó que no es grande quien tiene, sino quien da”.

“Queridos hermanos y hermanas, en la alegría de encontrarles, esta es la palabra que he venido a decirles: bienaventurados”: Son palabras de aliento del Papa Francisco a los católicos que viven en los Emiratos Árabes Unidos –unos 900.000–, pronunciadas en la homilía de la Misa celebrada en estadio de Zayed Sport City, en Abu Dhabi, el martes a las 10:30 horas (7:30 horas en Roma).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/MIsa-2-367x275.jpg“No serás bienaventurado, sino que eres bienaventurado: esa es la primera realidad de la vida cristiana”, ha expresado el Pontífice. “No consiste en un elenco de prescripciones exteriores para cumplir o en un complejo conjunto de doctrinas que hay que conocer. Ante todo, no es esto; es sentirse, en Jesús, hijos amados del Padre”.

Se calcula que han participado en la Santa Misa más de 130.000 personas –datos ofrecidos por Vatican News— entre ellos 4.000 musulmanes y católicos de más de 100 nacionalidades diferentes. Entre ellas, las más numerosas son las de Venezuela, Corea, India o Filipinas.

“Miremos como vivió Jesús”

El Santo Padre ha exhortado a “mirar a Jesús”, lo único necesario para vivir las Bienaventuranzas, ha asegurado. “No se necesitan gestos espectaculares”, ha explicado Francisco, “miremos a Jesús: no dejó nada escrito, no construyó nada imponente. Nos ha pedido que llevemos a cabo una sola obra de arte, al alcance de todos: la de nuestra vida”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/WhatsApp-Image-2019-02-05-at-07.49.18-413x275.jpeg“Miremos como vivió Jesús”, ha reiterado el Pontífice. “Vino para servir y no para ser servido; nos enseñó que no es grande quien tiene, sino quien da”. “Las Bienaventuranzas no son para súper-hombres, sino para quien afronta los desafíos y las pruebas de cada día”, ha anotado.

Ahora bien, vivir como bienaventurados y seguir el camino de Jesús “no significa estar siempre contentos”, ha añadido el Papa. “Quien está afligido, quien sufre injusticias, quien se entrega para ser artífice de la paz sabe lo que significa sufrir”.

Coro de variedad de naciones

“Son un coro compuesto por una variedad de naciones, lenguas y ritos; una diversidad que el Espíritu Santo ama y quiere armonizar cada vez más, para hacer una sinfonía. Esta alegre sinfonía de la fe es un testimonio que dan a todos y que construye la Iglesia”, les ha dicho el Papa Francisco.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/Captura-de-pantalla-2019-02-05-a-las-7.57.06-495x275.png“Todos juntos, pidamos hoy en este lugar, la gracia de redescubrir la belleza de seguir a Jesús, de imitarlo, de no buscar más que a él y a su amor humilde”.

Así, el Santo Padre ha narrado una anécdota que le impresionó: “Me ha impactado lo que Mons. Hinder dijo una vez, que no solo él se siente su Pastor, sino que vosotros, con vuestro ejemplo, sois a menudo pastores para él”. “Gracias por esto”, ha expresado.

“Pido para vosotros la gracia de conservar la paz, la unidad, de hacerse cargo los unos de los otros, con esa hermosa fraternidad que hace que no haya cristianos de primera y de segunda clase”, ha dicho Francisco a la heterogénea comunidad católica de Emiratos Árabes, compuesta por indios, pakistaníes, filipinos, coreanos, venezonalos, africanos, y otras nacionalidades.

Publicamos a continuación la homilía y el saludo final que pronuncia el Papa durante la misa:

***

Homilía del Papa Francisco

Bienaventurados: es la palabra con la que Jesús comienza su predicación en el Evangelio de Mateo. Y es el estribillo que él repite hoy, casi como queriendo fijar en nuestro corazón, ante todo, un mensaje fundamental: si estás con Jesús; si amas escuchar su palabra como los discípulos de entonces; si buscas vivirla cada día, eres bienaventurado. No serás bienaventurado, sino que eres bienaventurado: esa es la primera realidad de la vida cristiana. No consiste en un elenco de prescripciones exteriores para cumplir o en un complejo conjunto de doctrinas que hay que conocer. Ante todo, no es esto; es sentirse, en Jesús, hijos amados del Padre. Es vivir la alegría de esta bienaventuranza, es entender la vida como una historia de amor, la historia del amor fiel de Dios que nunca nos abandona y quiere vivir siempre en https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/Misa-494x275.pngcomunión con nosotros. Este es el motivo de nuestra alegría, de una alegría que ninguna persona en el mundo y ninguna circunstancia de la vida nos puede quitar. Es una alegría que da paz incluso en el dolor, que ya desde ahora nos hace pregustar esa felicidad que nos aguarda para siempre. Queridos hermanos y hermanas, en la alegría de encontrarles, esta es la palabra que he venido a decirles: bienaventurados.

Ahora bien, Jesús llama bienaventurados a sus discípulos, sin embargo, llaman la atención los motivos de las diversas bienaventuranzas. En ellas vemos una transformación total en el modo de pensar habitual, que considera bienaventurados a los ricos, los poderosos, los que tienen éxito y son aclamados por las multitudes. Para Jesús, en cambio, son bienaventurados los pobres, los mansos, los que se mantienen justos aun corriendo el riesgo de ser ridiculizados, los perseguidos. ¿Quién tiene razón, Jesús o el mundo? Para entenderlo, miremos cómo vivió Jesús: pobre de cosas y rico de amor, devolvió la salud a muchas vidas, pero no se ahorró la suya. Vino para servir y no para ser servido; nos enseñó que no es grande quien tiene, sino quien da. Fue justo y dócil, no opuso resistencia y se dejó condenar injustamente. De este modo, Jesús trajo al mundo el amor de Dios. Solo así derrotó a la muerte, al pecado, al miedo y a la misma mundanidad, solo con la fuerza del amor divino. Todos juntos, pidamos hoy en este lugar, la gracia de redescubrir la belleza de seguir a Jesús, de imitarlo, de no buscar más que a él y a su amor humilde. Porque el sentido de la vida en la tierra está aquí, en la comunión con él y en el amor por los otros. ¿Creen en esto?

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/Misa-4-367x275.jpgHe venido también a darles las gracias por el modo como vivís el Evangelio que hemos escuchado. Se dice que entre el Evangelio escrito y el que se vive existe la misma diferencia que entre la música escrita y la interpretada. Ustedes aquí conocéis la melodía del Evangelio y viven el entusiasmo de su ritmo. Son un coro compuesto por una variedad de naciones, lenguas y ritos; una diversidad que el Espíritu Santo ama y quiere armonizar cada vez más, para hacer una sinfonía. Esta alegre sinfonía de la fe es un testimonio que dan a todos y que construye la Iglesia. Me ha impactado lo que Mons. Hinder dijo una vez, que no solo él se siente su Pastor, sino que ustedes, con su ejemplo, son a menudo pastores para él. Gracias por esto.

Ahora bien, vivir como bienaventurados y seguir el camino de Jesús no significa estar siempre contentos. Quien está afligido, quien sufre injusticias, quien se entrega para ser artífice de la paz sabe lo que significa sufrir. Ciertamente, para ustedes no es fácil vivir lejos de casa y quizá sentir la ausencia de las personas más queridas y la incertidumbre por el futuro. Pero el Señor es fiel y no abandona a los suyos. Nos puede ayudar un episodio de la vida de san Antonio abad, el gran fundador del monacato en el desierto. Él había dejado todo por el Señor y se encontraba en el desierto. Allí, durante un largo tiempo, sufrió una dura lucha espiritual que no le daba tregua, asaltado por dudas y oscuridades, tentado incluso de ceder a la nostalgia y a las cosas de la vida pasada. Después de tanto tormento, el Señor lo consoló y san Antonio le preguntó: «¿Dónde estabas? ¿Por qué no apareciste antes para detener los sufrimientos?». Entonces percibió con claridad la respuesta de Jesús: «Antonio, yo estaba aquí» (S. ATANASIO, Vida de Antonio, 10). El Señor está cerca. Frente a una prueba o a un período difícil, podemos pensar que estamos solos, incluso después de estar tanto tiempo con el Señor. Pero en esos momentos, aun si no interviene rápidamente, él camina a nuestro lado y, si seguimos adelante, abrirá una senda nueva. Porque el Señor es especialista en hacer nuevas las cosas, y sabe abrir caminos en el desierto (cf. Is 43,19).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/Misa-367x275.jpgQueridos hermanos y hermanas: Quisiera decirles también que para vivir las Bienaventuranzas no se necesitan gestos espectaculares. Miremos a Jesús: no dejó nada escrito, no construyó nada imponente. Y cuando nos dijo cómo hemos de vivir no nos ha pedido que levantemos grandes obras o que nos destaquemos realizando hazañas extraordinarias. Nos ha pedido que llevemos a cabo una sola obra de arte, al alcance de todos: la de nuestra vida. Las Bienaventuranzas son una ruta de vida: no nos exigen acciones sobrehumanas, sino que imitemos a Jesús cada día. Invitan a tener limpio el corazón, a practicar la mansedumbre y la justicia a pesar de todo, a ser misericordiosos con todos, a vivir la aflicción unidos a Dios. Es la santidad de la vida cotidiana, que no tiene necesidad de milagros ni de signos extraordinarios. Las Bienaventuranzas no son para súper-hombres, sino para quien afronta los desafíos y las pruebas de cada día. Quien las vive al modo de Jesús purifica el mundo. Es como un árbol que, aun en la tierra árida, absorbe cada día el aire contaminado y devuelve oxígeno. Les deseo que estén así, arraigados en Jesús y dispuestos a hacer el bien a todo el que está cerca de vosotros. Que sus comunidades sean oasis de paz.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/Misa-filipinas-299x533.jpgPor último, quisiera detenerme brevemente en dos Bienaventuranzas. La primera: «Bienaventurados los mansos» (Mt 5,4). No es bienaventurado quien agrede o somete, sino quien tiene la actitud de Jesús que nos ha salvado: manso, incluso ante sus acusadores. Me gusta citar a san Francisco, cuando da instrucciones a sus hermanos sobre el modo como han de presentarse ante los sarracenos y los no cristianos. Escribe: «No entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios y confiesen que son cristianos» (Regla no bulada, XVI). No entablen litigios ni contiendas: en ese tiempo, mientras tantos marchaban revestidos de pesadas armaduras, san Francisco recordó que el cristiano va armado solo de su fe humilde y su amor concreto. Es importante la mansedumbre: si vivimos en el mundo al modo de Dios, nos convertiremos en canales de su presencia; de lo contrario, no daremos frutos.

La segunda Bienaventuranza: «Bienaventurados los que trabajan por la paz» (v. 9). El cristiano promueve la paz, comenzando por la comunidad en la que vive. En el libro del Apocalipsis, hay una comunidad a la que Jesús se dirige, la de Filadelfia, que creo se parece a la de ustedes. Es una Iglesia a la que el Señor, a diferencia de casi todas las demás, no le reprocha nada. En efecto, ella ha conservado la palabra de Jesús, sin renegar de su nombre, y ha perseverado, es decir que, a pesar de las dificultades, ha seguido adelante. Y hay un aspecto importante: el nombre Filadelfia significa amor entre hermanos. El amor fraterno. Una Iglesia que persevera en la palabra de Jesús y en el amor fraterno es agradable a Dios y da fruto. Pido para vosotros la gracia de conservar la paz, la unidad, de hacerse cargo los unos de los otros, con esa hermosa fraternidad que hace que no haya cristianos de primera y de segunda clase.

Jesús, que les llama bienaventurados, les da la gracia de seguir siempre adelante sin desanimaros, creciendo en el amor mutuo y en el amor a todos (cf. 1 Ts 3,12).

© Librería Editorial Vaticano

 

 

El Papa y el Gran Imán de Al-Azhar reafirman que “la vida debe salvaguardarse siempre”

Con la firma de un documento “valiente y profético”

febrero 05, 2019 13:26Rosa Die AlcoleaViajes pontificios

(ZENIT – 5 feb. 2019).- El documento “Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”, firmado por el Papa y el Gran Imán de Al-Azhar, representa “un paso de gran importancia en el diálogo entre cristianos y musulmanes” y un “poderoso signo de paz y esperanza” para el futuro de la humanidad, declaró Alessandro Gisotti, Director ad interim de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El Documento es un llamamiento acuciante para “responder con el bien al mal”, para “fortalecer el diálogo interreligioso” y “promover el respeto mutuo”, para “bloquear el camino a aquellos que soplan sobre el fuego del choque de civilizaciones”, apuntó.

En Abu Dabi, Francisco y Al-Tayyib han indicado juntos un camino de paz y reconciliación que pueden recorrer todos los hombres de buena voluntad, no solo los cristianos y los musulmanes.

El Documento es “valiente y profético” porque “enfrenta, llamándolos por nombre, los temas más urgentes de nuestro tiempo sobre los cuales los que creen en Dios están llamados a interpelar sus conciencias y a asumir con confianza y decisión su responsabilidad de dar vida a un mundo más justo y solidario”.

Nombre de Dios

“Con palabras inequívocas”, el Papa y el Gran Imán advierten de que “nadie está autorizado a instrumentalizar el nombre de Dios para justificar la guerra, el terrorismo y cualquier otra forma de violencia”. Y reafirman que “la vida debe salvaguardarse siempre, al igual que los derechos de las mujeres deben ser plenamente reconocidos, rechazando cualquier práctica discriminatoria contra ellas”.

Frente a una humanidad herida por tantas divisiones y fanatismos ideológicos, el Pontífice y el Gran Imán de Al-Azhar muestran que promover la cultura del encuentro no es una utopía, sino la condición necesaria para vivir en paz y dejar a las generaciones futuras un mundo mejor que aquel en que vivimos.

 

 

Abu Dhabi: Francisco se encuentra con la comunidad católica en la Catedral de San José

Una de las dos iglesias católicas de la capital

febrero 05, 2019 17:09Rosa Die AlcoleaViajes pontificios

(ZENIT – 5 feb. 2019).- Esta mañana, martes, 5 de febrero de 2019, el Papa Francisco ha visitado en privado la Catedral de San José, una de las dos iglesias católicas de Abu Dabi.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/SFO7426-413x275.jpgAntes de dejar su residencia, el Santo Padre Francisco saludó, además del personal del Al Mushrif Palace, al nuncio apostólico en los Emiratos Árabes Unidos y delegado apostólico de la Península Arábiga, S.E. Mons. Francisco Montecillo Padilla, con sus familiares y un grupo de frailes capuchinos y sacerdotes del Vicariato, acompañados por S.E. Mons. Paul Hinder, O.F.M. Cap., vicario apostólico de Arabia del Sur.

A su llegada, el Papa fue recibido por el vicario apostólico de Arabia del Sur, por el vicario general y el párroco.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/SFO7608-412x275.jpgLuego, mientras se entonaba un canto, el Papa Francisco entró en procesión en la catedral, dentro de la cual había una representación de la comunidad católica compuesta por unos trescientos fieles. Mons. Hinder presentó al Papa la comunidad de fieles presentes y el Santo Padre, dirigiéndose a ellos con un breve saludo, dijo que para él era una gran alegría visitar las iglesias jóvenes como la de los Emiratos y agradeció a los fieles su testimonio.

Después de haber depositado en el altar un ramo de flores  que le dio una familia y tras un breve momento de meditación, el Papa Francisco bendijo a los presentes y se trasladó en automóvil a la Zayed Sports City para la celebración de la santa misa.

 

 

Abu Dhabi: Francisco concluye su viaje apostólico a los Emiratos Árabes Unidos

Telegrama al Presidente de los Emiratos Árabes

febrero 05, 2019 17:54RedacciónViajes pontificios

(ZENIT – 5 feb. 2019).- A las 12:50, hora local (9:50 horas en Roma), el Santo Padre Francisco llegó al aeropuerto presidencial de Abu Dabi, donde tuvo lugar la ceremonia de despedida de los Emiratos Árabes Unidos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/despedida-1-413x275.jpgA su llegada, el Papa fue recibido por el Príncipe Hereditario, Su Alteza el Jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan.

Las delegaciones del Vaticano y de los Emiratos Árabes saludaron al Papa Francisco y al Príncipe Heredero, antes de que el Pontífice subiera por su propio pie a bordo de un avión Eldiad B787 para regresar a Italia.

La delegación papal que lo ha acompañado en este viaje ha estado https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/SFO0270-413x275.jpgformada por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, el Prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales, el cardenal Leonardo Sandri, el Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Fernando Filoni, el Sustituto de la Secretaría de Estado, Mons. Edgar Peña Parra, el Secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, Mons. Miguel Ángel Ayuso Guixot.

El avión con a bordo el Santo Padre a su regreso del viaje apostólico a los Emiratos Árabes Unidos despegó de Abu Dhabi a las 13:13 hora local (10:23 horas en Roma). La llegada al aeropuerto de Roma-Ciampino está prevista para las 17 horas.

***

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/SFO0336-1-413x275.jpgTelegrama al Presidente de los Emiratos Árabes Unidos

Inmediatamente después de la salida en avión de Abu Dabi, el Santo Padre Francisco ha enviado a Su Alteza el Jeque Khalifa bin Zayed Al-Nahyan, Presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el siguiente mensaje telegráfico:

A su Alteza el Jefe Jalifa Bin Zayed Al-Nahyan,
Presidente de los Emiratos Árabes Unidos
Abu Dhabi

En el momento de dejar los Emiratos Árabes Unidos, renuevo mi profundo aprecio a su Alteza, al gobierno y al pueblo de los Emiratos Árabes Unidos por su calurosa bienvenida y su generosa hospitalidad. Le aseguro de mis oraciones e invoco sobre todos las abundantes bendiciones divinas.

Franciscus PP.

Telegrama al Presidente de los Emiratos Árabes

febrero 05, 2019 17:54RedacciónViajes pontificios

(ZENIT – 5 feb. 2019).- A las 12:50, hora local (9:50 horas en Roma), el Santo Padre Francisco llegó al aeropuerto presidencial de Abu Dabi, donde tuvo lugar la ceremonia de despedida de los Emiratos Árabes Unidos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/despedida-1-413x275.jpgA su llegada, el Papa fue recibido por el Príncipe Hereditario, Su Alteza el Jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan.

Las delegaciones del Vaticano y de los Emiratos Árabes saludaron al Papa Francisco y al Príncipe Heredero, antes de que el Pontífice subiera por su propio pie a bordo de un avión Eldiad B787 para regresar a Italia.

La delegación papal que lo ha acompañado en este viaje ha estado https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/SFO0270-413x275.jpgformada por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, el Prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales, el cardenal Leonardo Sandri, el Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Fernando Filoni, el Sustituto de la Secretaría de Estado, Mons. Edgar Peña Parra, el Secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, Mons. Miguel Ángel Ayuso Guixot.

El avión con a bordo el Santo Padre a su regreso del viaje apostólico a los Emiratos Árabes Unidos despegó de Abu Dhabi a las 13:13 hora local (10:23 horas en Roma). La llegada al aeropuerto de Roma-Ciampino está prevista para las 17 horas.

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https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/02/SFO0336-1-413x275.jpgTelegrama al Presidente de los Emiratos Árabes Unidos

Inmediatamente después de la salida en avión de Abu Dabi, el Santo Padre Francisco ha enviado a Su Alteza el Jeque Khalifa bin Zayed Al-Nahyan, Presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el siguiente mensaje telegráfico:

A su Alteza el Jefe Jalifa Bin Zayed Al-Nahyan,
Presidente de los Emiratos Árabes Unidos
Abu Dhabi

En el momento de dejar los Emiratos Árabes Unidos, renuevo mi profundo aprecio a su Alteza, al gobierno y al pueblo de los Emiratos Árabes Unidos por su calurosa bienvenida y su generosa hospitalidad. Le aseguro de mis oraciones e invoco sobre todos las abundantes bendiciones divinas.

Franciscus PP.

 

 

Discurso del Papa Francisco en el Encuentro Interreligioso de Abu Dhabi

 

El Papa Francisco pronuncia su discurso. Foto: ACI Prensa

El Papa Francisco pronunció un importante discurso en el Encuentro Interreligioso celebrado este lunes 4 de febrero en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, donde el Santo Padre se encuentra de viaje apostólico.

El discurso del Pontífice está llamado a convertirse en una brújula que guíe los pasos que se den a partir de ahora en el diálogo interreligioso.

Francisco hizo un llamado a la fraternidad entre religiones, a cuidar la familia humana y a sostener una relación interreligiosa basada en la educación y en la justicia donde la oración tenga un papel esencial.

Además, el Obispo de Roma volvió a rechazar con especial firmeza todo extremismo religioso y toda violencia ejercida en nombre de Dios.

“En el nombre de Dios Creador, hay que condenar sin vacilación toda forma de violencia, porque usar el nombre de Dios para justificar el odio y la violencia contra el hermano es una grave profanación. No hay violencia que encuentre justificación en la religión”.

A continuación, el texto completo del discurso pronunciado por el Papa Francisco:

Al Salamò Alaikum! La paz esté con vosotros.

Agradezco sinceramente a Su Alteza el Jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan y al Dr. Ahmad Al-Tayyib, Gran Imán de Al-Azhar, por sus palabras. Doy las gracias al Consejo de los Ancianos por el encuentro que acabamos de tener en la Mezquita Sheikh Zayed.

Saludo cordialmente a las autoridades civiles y religiosas y al cuerpo diplomático. Permítanme además un sincero agradecimiento por la cálida bienvenida que nos han dispensado a mí y a mi delegación.

También doy las gracias a todas las personas que contribuyeron a hacer posible este viaje y que han trabajado en este evento con dedicación, entusiasmo y profesionalidad: a los organizadores, al personal de Protocolo, al de Seguridad y a todos aquellos que “entre bambalinas” han colaborado de diversas maneras. Agradezco de forma especial al señor Mohamed Abdel Salam, exconsejero del Gran Imán.

Desde vuestra patria me dirijo a todos los países de la Península, a quienes deseo enviarles mi más cordial saludo, con amistad y aprecio. Con gratitud al Señor, en el octavo centenario del encuentro entre san Francisco de Asís y el sultán al-Malik al-Kāmil, he aceptado la ocasión para venir aquí como un creyente sediento de paz, como un hermano que busca la paz con los hermanos. Querer la paz, promover la paz, ser instrumentos de paz: estamos aquí para esto.

El logo de este viaje representa una paloma con una rama de olivo. Es una imagen que recuerda la historia del diluvio universal, presente en diferentes tradiciones religiosas. De acuerdo con la narración bíblica, para preservar a la humanidad de la destrucción, Dios le pide a Noé que entre en el arca con su familia. También hoy, en nombre de Dios, para salvaguardar la paz, necesitamos entrar juntos como una misma familia en un arca que pueda navegar por los mares tormentosos del mundo: el arca de la fraternidad.

El punto de partida es reconocer que Dios está en el origen de la familia humana. Él, que es el Creador de todo y de todos, quiere que vivamos como hermanos y hermanas, habitando en la casa común de la creación que él nos ha dado. Aquí, en las raíces de nuestra humanidad común, se fundamenta la fraternidad como una «vocación contenida en el plan creador de Dios». Nos dice que todos tenemos la misma dignidad y que nadie puede ser amo o esclavo de los demás.

No se puede honrar al Creador sin preservar el carácter sagrado de toda persona y de cada vida humana: todos son igualmente valiosos a los ojos de Dios. Porque él no mira a la familia humana con una mirada de preferencia que excluye, sino con una mirada benevolente que incluye. Por lo tanto, reconocer los mismos derechos a todo ser humano es glorificar el nombre de Dios en la tierra. Por lo tanto, en el nombre de Dios Creador, hay que condenar sin vacilación toda forma de violencia, porque usar el nombre de Dios para justificar el odio y la violencia contra el hermano es una grave profanación. No hay violencia que encuentre justificación en la religión.

El enemigo de la fraternidad es el individualismo, que se traduce en la voluntad de afirmarse a sí mismo y al propio grupo por encima de los demás. Es una insidia que amenaza a todos los aspectos de la vida, incluso la prerrogativa más alta e innata del hombre, es decir, la apertura a la trascendencia y a la religiosidad.

La verdadera religiosidad consiste en amar a Dios con todo nuestro corazón y al prójimo como a nosotros mismos. Por lo tanto, la conducta religiosa debe ser purificada continuamente de la tentación recurrente de juzgar a los demás como enemigos y adversarios. Todo credo está llamado a superar la brecha entre amigos y enemigos, para asumir la perspectiva del Cielo, que abraza a los hombres sin privilegios ni discriminaciones.

Por eso, quisiera expresar mi aprecio por el compromiso con que este país tolera y garantiza la libertad de culto, oponiéndose al extremismo y al odio. De esta manera, al mismo tiempo que se promueve la libertad fundamental de profesar la propia fe, que es una exigencia intrínseca para la realización del hombre, también se vigila para que la religión no sea instrumentalizada y corra el peligro, al admitir la violencia y el terrorismo, de negarse a sí misma.

La fraternidad ciertamente «expresa también la multiplicidad y diferencia que hay entre los hermanos, si bien unidos por el nacimiento y por la misma naturaleza y dignidad». Su expresión es la pluralidad religiosa.

En este contexto, la actitud correcta no es la uniformidad forzada ni el sincretismo conciliatorio: lo que estamos llamados a hacer, como creyentes, es comprometernos con la misma dignidad de todos, en nombre del Misericordioso que nos creó y en cuyo nombre se debe buscar la recomposición de los contrastes y la fraternidad en la diversidad. Aquí me gustaría reafirmar la convicción de la Iglesia Católica: «No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios».

Sin embargo, se nos presentan varias cuestiones: ¿Cómo protegernos mutuamente en la única familia humana? ¿Cómo alimentar una fraternidad no teórica que se traduzca en auténtica fraternidad? ¿Cómo hacer para que prevalezca la inclusión del otro sobre la exclusión en nombre de la propia pertenencia de cada uno? ¿Cómo pueden las religiones, en definitiva, ser canales de fraternidad en lugar de barreras de separación?

La familia humana y la valentía de la alteridad

Si creemos en la existencia de la familia humana, se deduce que esta, en sí misma, debe ser protegida. Como en todas las familias, esto ocurre principalmente a través de un diálogo cotidiano y efectivo. Presupone la propia identidad, de la que no se debe abdicar para complacer al otro. Pero, al mismo tiempo, pide la valentía de la alteridad, que implica el pleno reconocimiento del otro y de su libertad, y el consiguiente compromiso de empeñarme para que sus derechos fundamentales sean siempre respetados por todos y en todas partes. Porque sin libertad ya no somos hijos de la familia humana, sino esclavos. De entre las libertades me gustaría destacar la religiosa. Esta no se limita solo a la libertad de culto, sino que ve en el otro a un verdadero hermano, un hijo de mi propia humanidad que Dios deja libre y que, por tanto, ninguna institución humana puede forzar, ni siquiera en su nombre.

Diálogo y oración

La valentía de la alteridad es el alma del diálogo, que se basa en la sinceridad de las intenciones. El diálogo está de hecho amenazado por la simulación, que aumenta la distancia y la sospecha: no se puede proclamar la fraternidad y después actuar en la dirección opuesta. Según un escritor moderno, «quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto en el que ya no puede distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni a su alrededor, y así comienza a no tener ya estima ni de sí mismo ni de los demás».

Para todo esto la oración es indispensable: mientras encarna la valentía de la alteridad con respecto a Dios, en la sinceridad de la intención, purifica el corazón del replegarse en sí mismo. La oración hecha con el corazón es regeneradora de fraternidad. Por eso, «en lo referente al futuro del diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los unos por los otros: ¡somos hermanos! Sin el Señor, nada es posible; con él, ¡todo se vuelve posible! Que nuestra oración —cada uno según la propia tradición— pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran familia humana en la armonía de la diversidad».

No hay alternativa: o construimos el futuro juntos o no habrá futuro. Las religiones, de modo especial, no pueden renunciar a la tarea urgente de construir puentes entre los pueblos y las culturas. Ha llegado el momento de que las religiones se empeñen más activamente, con valor y audacia, con sinceridad, en ayudar a la familia humana a madurar la capacidad de reconciliación, la visión de esperanza y los itinerarios concretos de paz.

La educación y la justicia

Volvemos entonces a la imagen inicial de la paloma de la paz. También la paz para volar necesita alas que la sostengan. Las alas de la educación y la justicia.

Educar —en latín significa extraer, sacar— es descubrir los preciosos recursos del alma. Es confortador observar que en este país no solo se invierte en la extracción de los recursos de la tierra, sino también en los del corazón, en la educación de los jóvenes. Es un compromiso que espero continúe y se extienda a otros lugares.

También la educación acontece en la relación, en la reciprocidad. Junto a la famosa máxima antigua “conócete a ti mismo”, debemos colocar “conoce a tu hermano”: su historia, su cultura y su fe, porque no hay un verdadero conocimiento de sí mismo sin el otro. Como hombres, y más aún como hermanos, recordémonos que nada de lo que es humano nos puede ser extraño. Es importante para el futuro formar identidades abiertas, capaces de superar la tentación de replegarse sobre sí mismos y volverse rígidos.

Invertir en cultura ayuda a que disminuya el odio y aumente la civilización y la prosperidad. La educación y la violencia son inversamente proporcionales. Las instituciones católicas —muy apreciadas en este país y en la región— promueven dicha educación para la paz y el entendimiento mutuo para prevenir la violencia.

Los jóvenes, rodeados con frecuencia por mensajes negativos y noticias falsas, deben aprender a no rendirse a las seducciones del materialismo, del odio y de los prejuicios; aprender a reaccionar ante la injusticia y también ante las experiencias dolorosas del pasado; aprender a defender los derechos de los demás con el mismo vigor con el que defienden sus derechos.

Un día ellos nos juzgarán: bien, si les hemos dado bases sólidas para crear nuevos encuentros de civilización; mal, si les hemos proporcionado solo espejismos y la desolada perspectiva de conflictos perjudiciales de incivilidad.

La justicia es la segunda ala de la paz, que a menudo no se ve amenazada por episodios individuales, sino que es devorada lentamente por el cáncer de la injusticia.

Por lo tanto, uno no puede creer en Dios y no tratar de vivir la justicia con todos, de acuerdo con la regla de oro: «Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas» (Mt 7,12).

¡La paz y la justicia son inseparables! El profeta Isaías dice: «La obra de la justicia será la paz» (32,17). La paz muere cuando se divorcia de la justicia, pero la justicia es falsa si no es universal. Una justicia dirigida solo a miembros de la propia familia, compatriotas, creyentes de la misma fe es una justicia que cojea, es una injusticia disfrazada.

Las religiones tienen también la tarea de recordar que la codicia del beneficio vuelve el corazón inerte y que las leyes del mercado actual, que exigen todo y de forma inmediata, no favorecen el encuentro, el diálogo, la familia, las dimensiones esenciales de la vida que necesitan de tiempo y paciencia. Que las religiones sean la voz de los últimos, que no son estadísticas sino hermanos, y estén del lado de los pobres; que vigilen como centinelas de fraternidad en la noche del conflicto, que sean referencia solícita para que la humanidad no cierre los ojos ante las injusticias y nunca se resigne ante los innumerables dramas en el mundo.

El desierto que florece

Después de haber hablado de la fraternidad como arca de paz, me gustaría inspirarme en una segunda imagen, la del desierto que nos rodea.

Aquí, en pocos años, con visión de futuro y sabiduría, el desierto se ha transformado en un lugar próspero y hospitalario; el desierto ha pasado de ser un obstáculo intransitable e inaccesible a un lugar de encuentro entre culturas y religiones. Aquí el desierto ha florecido, no solo por unos pocos días al año, sino para muchos años venideros.

Este país, en el que la arena y los rascacielos se dan la mano, sigue siendo una importante encrucijada entre el Occidente y el Oriente, entre el Norte y el Sur del planeta, un lugar de desarrollo, donde los espacios, en otro tiempo inhóspitos, ofrecen puestos de trabajo para personas de diversas naciones.

Sin embargo, el desarrollo tiene también sus adversarios. Y si el enemigo de la fraternidad era el individualismo, me gustaría señalar a la indiferencia como un obstáculo para el desarrollo, que termina convirtiendo las realidades florecientes en tierras desiertas.

De hecho, un desarrollo meramente utilitario no ofrece un progreso real y duradero. Solo un desarrollo integral e integrador favorece un futuro digno del hombre. La indiferencia impide ver a la comunidad humana más allá de las ganancias y al hermano más allá del trabajo que realiza. La indiferencia no mira hacia el futuro; no le interesa el futuro de la creación, no le importa la dignidad del forastero y el futuro de los niños.

En este contexto, me alegro de que, en el pasado mes de noviembre, haya tenido lugar aquí en Abu Dhabi el primer Foro de la Alianza Interreligiosa para Comunidades más seguras, sobre el tema de la dignidad del niño en la era digital.

Este evento acogió el mensaje publicado un año antes en Roma en el Congreso Internacional sobre el mismo tema, al que le di todo mi apoyo y aliento. Por lo tanto, agradezco a todos los líderes comprometidos en este ámbito y les aseguro mi apoyo, solidaridad y colaboración, como también la de la Iglesia Católica, en esta causa importante de la protección de los menores en todos sus aspectos.

Aquí, en el desierto, se ha abierto un camino de desarrollo fecundo que, a partir del trabajo, ofrece esperanzas a muchas personas de diferentes pueblos, culturas y credos. Entre ellos, también muchos cristianos, cuya presencia en la región se remonta a siglos atrás, han encontrado oportunidades y han contribuido de manera significativa al crecimiento y bienestar del país.

Además de las habilidades profesionales, os brindan la autenticidad de su fe. El respeto y la tolerancia que encuentran, así como los lugares de culto necesarios donde rezan, les permiten esa maduración espiritual que luego beneficia a toda la sociedad. Los animo a que continúen en este camino, para que aquellos que viven o están de paso preserven no solo la imagen de las grandes obras construidas en el desierto, sino también de una nación que incluye y abarca a todos.

En este mismo espíritu deseo que, no solo aquí, sino en toda la amada y neurálgica región de Oriente Medio, haya oportunidades concretas de encuentro: una sociedad donde personas de diferentes religiones tengan el mismo derecho de ciudadanía y donde solo se le quite ese derecho a la violencia, en todas sus formas.

Una convivencia fraterna basada en la educación y la justicia; un desarrollo humano, construido sobre la inclusión acogedora y sobre los derechos de todos: estas son semillas de paz, que las religiones están llamadas a hacer brotar.

A ellos les corresponde, quizás como nunca antes, en esta delicada situación histórica, una tarea que ya no puede posponerse: contribuir activamente a la desmilitarización del corazón del hombre. La carrera armamentística, la extensión de sus zonas de influencia, las políticas agresivas en detrimento de lo demás nunca traerán estabilidad. La guerra no sabe crear nada más que miseria, las armas nada más que muerte.

La fraternidad humana nos exige, como representantes de las religiones, el deber de desterrar todos los matices de aprobación de la palabra guerra. Devolvámosla a su miserable crudeza. Ante nuestros ojos están sus nefastas consecuencias. Estoy pensando de modo particular en Yemen, Siria, Irak y Libia. Juntos, hermanos de la única familia humana querida por Dios, comprometámonos contra la lógica del poder armado, contra la mercantilización de las relaciones, los armamentos de las fronteras, el levantamiento de muros, el amordazamiento de los pobres; a todo esto nos oponemos con el dulce poder de la oración y con el empeño diario del diálogo.

Que nuestro estar juntos hoy sea un mensaje de confianza, un estímulo para todos los hombres de buena voluntad, para que no se rindan a los diluvios de la violencia y la desertificación del altruismo. Dios está con el hombre que busca la paz. Y desde el cielo bendice cada paso que, en este camino, se realiza en la tierra.

 

 

TRABAJAR BIEN

— Vida de trabajo de Jesús en Nazaret. La santificación del trabajo.

— El trabajo nos hace partícipes de la obra creadora de Dios. Jesús y el mundo del trabajo.

— Sentido redentor del trabajo. Acudir a San José para que nos enseñe a trabajar con competencia y a corredimir con nuestras tareas.

I. Después de un tiempo, Jesús volvió a Nazaret, su ciudad, con sus discípulos1. Allí le esperaba su Madre con inmensa alegría. Quizá fue la primera vez que aquellos primeros seguidores del Maestro conocieron el lugar donde se había desarrollado la vida de Jesús; y en casa de María repondrían fuerzas. La Virgen tendría particulares atenciones con ellos; les serviría como nadie hasta entonces lo había hecho.

En Nazaret todos conocen a Jesús. Le conocen por su oficio y por la familia a la que pertenece, como a todo el mundo: es el artesano, el hijo de María. Como ocurre a tantos en la vida, el Señor siguió el oficio de quien hizo de padre suyo aquí en la tierra. Por eso también le llaman el hijo del artesano2; tuvo la profesión de José, que ya habría muerto, quizá hacía años. Su familia, que custodiaba el mayor de los tesoros, el Verbo de Dios hecho hombre, fue una más entre las del vecindario, querida y apreciada por todos. «El mismo Verbo encarnado quiso hacerse partícipe de esta humana solidaridad. Tomó parte en las bodas de Caná, se invitó a casa de Zaqueo, comió con publicanos y pecadores. Reveló el amor del Padre y la excelsa vocación del hombre, echando mano de las realidades más vulgares de la vida social y sirviéndose del lenguaje y de las imágenes de la existencia más corriente. Santificó las relaciones humanas, sobre todo las relaciones familiares, de las que brotan las relaciones sociales, siendo voluntariamente un súbdito más de las leyes de su patria. Llevó una vida idéntica a la de cualquier obrero de su tiempo y región»3.

Jesús debió de estar varios días en casa de su Madre, y visitar a otros parientes y conocidos... Y llegado el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Las gentes de Nazaret quedaron sorprendidas. Uno que les ha construido muebles y aperos de labranza, que se los ha arreglado cuando se estropeaban, les habla con suma autoridad y sabiduría, como nadie lo había hecho hasta entonces. Solo ven en Él lo humano, lo que habían observado durante treinta años: la normalidad más completa. Les cuesta trabajo descubrir al Mesías detrás de esa «normalidad».

También la ocupación de la Virgen fue la de cualquier ama de casa de su tiempo, con su forma peculiar de hablar, propia de las mujeres galileas, con el modo de vestir sencillo y común de aquella región. Todo igual a las demás mujeres..., menos, claro está, su amor a Dios, que jamás podrá ser igualado.

El taller de José, que luego heredaría Jesús, era como los otros existentes en aquellos tiempos en Palestina. Quizá era el único de Nazaret. Olía a madera y a limpio. José cobraba lo habitual; quizá daba más facilidades a quien estaba con apuros económicos, pero cobraba lo justo. Los trabajos que se realizaban en aquel pequeño taller eran los propios de ese oficio, en el que se hacía un poco de todo: construir una viga, fabricar un armario sencillo, arreglar una mesa desajustada, pasarle la garlopa a una puerta que no encajaba bien... No se fabricaban allí cruces de madera, como nos presentan algunos grabados piadosos: ¿quién les iba a encargar un objeto semejante? Tampoco importaban del cielo las maderas, sino de los bosques vecinos.

Los habitantes de Nazaret se escandalizaron de Él. La Virgen, no. Ella sabe bien que su hijo es el Hijo de Dios. Le mira con inmenso amor y con una admiración sin límites. Ella le comprende bien.

La meditación de este pasaje, en el que indirectamente queda reflejada la vida anterior de Jesús en Nazaret, nos ayuda a examinar si nuestra vida corriente, llena de trabajo y de normalidad, es camino de santidad, como lo fue la de la Sagrada Familia. Así será si procuramos llevarla a cabo con perfección humana, con honradez y, a la vez, con fe y sentido sobrenatural. No debemos olvidar que, permaneciendo en nuestro lugar, con nuestros quehaceres aquí en la tierra nos ganamos el Cielo y ayudamos a toda la Iglesia y a la humanidad entera.

II. El Señor manifestó conocer muy bien el mundo del trabajo. En su predicación utiliza frecuentemente imágenes, parábolas, comparaciones de la vida de trabajo que Él vivió o vivieron sus paisanos.

Quienes le oyen entienden bien el lenguaje que emplea. Jesús hizo su trabajo en Nazaret con perfección humana, acabándolo en sus detalles, con competencia profesional. Por eso ahora, cuando vuelve a su ciudad, es conocido precisamente como el artesano, por su oficio. A nosotros nos enseña hoy el valor de la vida corriente, del trabajo y de las tareas que debemos desempeñar cada día4.

Si nuestras disposiciones son realmente sinceras, Dios nos concederá siempre la luz sobrenatural para imitar el ejemplo del Señor, buscando en la ocupación profesional no solo el cumplir, sino el sobreabundar en la abnegación y el sacrificio, en un empeño gustoso, con amor. Nuestro examen personal ante el Señor y nuestra conversación con Él versará frecuentemente sobre esas tareas que nos ocupan: debemos llegar al fondo, con valentía. Hemos de realizar el trabajo a conciencia, haciendo rendir el tiempo, sin dejarnos dominar por la pereza; mantener la ilusión por mejorar día a día la preparación profesional; cuidar los detalles en la tarea cotidiana; abrazar con amor la Cruz, la fatiga de la labor de cada día.

El trabajo, cualquier trabajo noble hecho a conciencia, nos hace partícipes de la Creación y corredentores con Cristo. «Esta verdad –enseña Juan Pablo II–, según la cual el hombre, a través del trabajo, participa en la obra de Dios mismo, su Creador, ha sido particularmente puesta de relieve por Jesucristo, aquel Jesús ante el que muchos de sus primeros oyentes en Nazaret permanecían estupefactos y decían: ¿De dónde sabe estas cosas? ¿Y qué sabiduría es la que se le ha dado?... ¿No es este el artesano?»5.

Los años de Jesús en Nazaret son el libro abierto donde aprendemos a santificar lo de cada día. La misma ausencia forzosa de trabajo, la enfermedad... es una situación querida o permitida por Dios para ejercitar las virtudes sobrenaturales y las humanas6. Todo cuanto hacéis de palabra o de obra, todo sea en el nombre del Señor, dando gracias a Dios7.

III. La extrañeza de los vecinos de Nazaret –¿no es este el artesano...?– es para nosotros una luminosa enseñanza: nos revela que la mayor parte de la vida del Redentor fue de trabajo, como la de los demás hombres. Y esta tarea realizada día a día fue instrumento de redención, como todas las acciones de Cristo. Siendo una tarea humana sencilla (la propia de un carpintero que en un pueblo pequeño debía hacer otras muchas labores) se convierte en acciones de valor infinito y redentor por estar realizadas por la Segunda Persona de la Trinidad Beatísima hecha hombre.

El cristiano, al ser otro Cristo por el Bautismo, ha de convertir sus quehaceres humanos rectos en tarea de corredención. Nuestro trabajo, unido al de Jesús, aunque según el juicio de los hombres sea pequeño y parezca de poca importancia, adquiere un valor inconmensurable.

El mismo cansancio que todo trabajo lleva consigo, consecuencia del pecado original, adquiere un nuevo sentido. Lo que aparecía como castigo es redimido por Cristo y se convierte en mortificación gratísima a Dios, que sirve para purificar nuestros propios pecados y para corredimir con el Señor a la entera Humanidad. Aquí radica la diferencia profunda entre el trabajo humanamente bien realizado por un pagano y el de un cristiano que, además de estar bien acabado, es ofrecido en unión con Cristo.

La unión con el Señor, buscada en el trabajo diario, reforzará en nosotros el propósito de hacer todo solamente por la gloria de Dios y el bien de las almas. Nuestro prestigio, noblemente acrecentado, atraerá a nuestro lado a los mejores colegas y será abundante la ayuda del Cielo para empujar a otras muchas personas por el camino de una intensa vida cristiana. De ese modo irán a la par en nuestra vida la santificación del trabajo y el afán apostólico en nuestra labor profesional, índice claro de que trabajamos realmente con rectitud de intención.

San José enseñó a Jesús su oficio. Lo hizo poco a poco, según crecía aquel Niño que el mismo Dios le había encomendado. Un día le explicó cómo se manejaba la garlopa; otro, la sierra, la gubia, el formón... Jesús supo pronto distinguir las clases de maderas y las que debían utilizarse en cada caso; aprendió a fabricar la cola para ensamblar las juntas, el modo de encajar una cuña para ajustar dos piezas... Jesús seguía las indicaciones de José sobre el modo de cuidar los instrumentos, aprendió de él a recoger las virutas después de la jornada, a dejar las herramientas ordenadas en su sitio...

Acudamos hoy a San José para pedirle que nos enseñe a trabajar bien y a amar nuestro quehacer. José es Maestro excepcional del trabajo bien realizado, pues enseñó su oficio al Hijo de Dios; de él aprenderemos, si acudimos a su patrocinio mientras trabajamos. Y si amamos nuestros quehaceres, los realizaremos bien, con competencia profesional, y entonces podremos convertirlos en tarea redentora, al ofrecerlos a Dios.

1 Mc 6, 1-6. — 2 Cfr. Mt 13, 55. — 3 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 32. — 4 Cfr. J. L. Illanes, La santificación del trabajo, p. 29. — 5 Juan Pablo II, Enc. Laborem exercens, 14-IX-1981. — 6 Cfr. Pablo VI, Discurso a la Asociación de Juristas Católicos, 15-XII-1963. 7 Col 3, 17.

 

 

“La Misa es acción divina”

¿No es raro que muchos cristianos, pausados y hasta solemnes para la vida de relación (no tienen prisa), para sus poco activas actuaciones profesionales, para la mesa y para el descanso (tampoco tienen prisa), se sientan urgidos y urjan al Sacerdote, en su afán de recortar, de apresurar el tiempo dedicado al Sacrificio Santísimo del Altar? (Camino, 530)

Toda la Trinidad está presente en el sacrificio del Altar. Por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, el Hijo se ofrece en oblación redentora. Aprendamos a tratar a la Trinidad Beatísima, Dios Uno y Trino: tres Personas divinas en la unidad de su sustancia, de su amor, de su acción eficazmente santificadora.
Inmediatamente después del lavabo, el sacerdote invoca: Recibe, Santa Trinidad, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la Pasión, de la Resurrección y de la Ascensión de Jesucristo, Señor Nuestro. Y, al final de la Misa, hay otra oración de encendido acatamiento al Dios Uno y Trino: Placeat tibi, Sancta Trinitas, obsequium servitutis meae... que te sea agradable, oh Trinidad Santísima, el tributo de mi servidumbre; dispón que el sacrificio que yo, aunque indigno, he ofrecido a la Majestad tuya, merezca aceptación; y te pido que, por tu misericordia, sea éste un sacrificio de perdón para mí y para todos por los que lo he ofrecido.
La Misa ‑insisto‑ es acción divina, trinitaria, no humana. El sacerdote que celebra sirve al designio del Señor, prestando su cuerpo y su voz; pero no obra en nombre propio, sino in persona et in nomine Christe, en la Persona de Cristo, y en nombre de Cristo.
El amor de la Trinidad a los hombres hace que, de la presencia de Cristo en la Eucaristía, nazcan para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias. Este es el sacrificio que profetizó Malaquías: desde la salida del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio humeante y una oblación pura. Es el Sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre con la cooperación del Espíritu Santo: oblación de valor infinito, que eterniza en nosotros la Redención, que no podían alcanzar los sacrificios de la Antigua Ley. (Es Cristo que pasa, 86)

 

Comunicar la fe

“La transmisión de la fe en el postmodernismo: en y desde la familia”, es el título de una conferencia de la teóloga Jutta Burggraf (+2010), profesora de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Otros03/03/2017

Opus Dei - Comunicar la feFotos: Ismael Martínez Sánchez.

Sumario

  • Introducción.
  • I. El ambiente actual: 1. La época del postmodernismo. 2. Actitud ante los cambios culturales.
  • II. La personalidad de quien habla: 1. Ser y parecer. 2. Identidad cristiana y autenticidad. 3. Serenidad. 4. Amor y confianza.
  • III. Hablar sobre la fe: 1. Una búsqueda común. 2. Aprender de todos. 3. Tomar en serio las necesidades y los deseos humanos. 4. Ir a lo esencial. 5. Un lenguaje claro y sencillo. 6. Un lenguaje existencial.
  • Nota final.

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Introducción

Vamos a hablar sobre la transmisión de la fe. Me refiero a los hijos, a otros parientes, a los amigos, vecinos y colegas: a todos los que entran en una casa alegre y abierta; en una casa abierta a personas de todo tipo y condición, de todos los colores y de todas las creencias. Queremos dialogar con todos, como nos enseñó San Josemaría Escrivá, el Fundador del Opus Dei, al que debemos tanto.

Quiero empezar nuestra reflexión con una escena que nos presentó Nietzsche hace más de cien años. En su libro "La gaya ciencia", este filósofo tan perspicaz hizo gritar a un hombre loco: «¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!... ¿A dónde se ha ido Dios?»... Os lo voy a decir... «¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros le hemos matado!... Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos»... Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y le miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos, y se apagó. «Vengo demasiado pronto —dijo entonces—, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres» [1].

Hoy, un siglo más tarde, podemos constatar que este "enorme suceso" sí ha llegado a los oídos de gran parte de nuestros contemporáneos, para los que "Dios" no es nada más que una palabra vacía

Hoy, un siglo más tarde, podemos constatar que este "enorme suceso" sí ha llegado a los oídos de gran parte de nuestros contemporáneos, para los que "Dios" no es nada más que una palabra vacía. Se habla de un actual "analfabetismo religioso", de una ignorancia incluso de los conceptos más básicos de la fe [2].

Algunos se han preguntado si un niño, que no conoce la palabra "gracias", puede estar agradecido: porque el lenguaje no sólo expresa lo que pienso, también lo detiene. En todo caso, lo determina muy profundamente. Podemos comprobarlo en los diferentes idiomas. Hablar chino o francés, no quiere decir simplemente, cambiar una palabra por otra, sino tener otros esquemas mentales y percibir el mundo según las circunstancias de cada lugar. Algunas tribus de Siberia, por ejemplo, tienen muchas palabras distintas para la "nieve" (dependiendo de si es blanca o gris, dura o blanda, nueva o antigua), mientras que los pueblos árabes disponen de un sinnúmero de palabras para "caballo". Si se tiene esto en cuenta, se puede comprender que Carlos V afirmó: "Cuantos idiomas hablo, tantas veces soy hombre".

Con respecto al tema religioso, podemos concluir: si vivo en un mundo secularizado e ignoro el lenguaje de la fe, es humanamente imposible llegar a ser un cristiano.

«Queremos dialogar con todos, como nos enseñó San Josemaría Escrivá, el Fundador del Opus Dei»«Queremos dialogar con todos, como nos enseñó San Josemaría Escrivá, el Fundador del Opus Dei»

I. El ambiente actual

Si queremos hablar sobre la fe, es preciso tener en cuenta el ambiente en el que nos movemos. Tenemos que conocer el corazón del hombre de hoy —con sus dudas y perplejidades—, que es nuestro propio corazón, con sus dudas y perplejidades.

1. La época del postmodernismo

Tenemos, generalmente, muchos ídolos, por ejemplo, la salud, el "culto al cuerpo", la belleza, el éxito, el dinero o el deporte; todos ellos adquieren, en circunstancias, rasgos de una nueva religión. Chesterton dice: "Cuando se deja de creer en Dios, ya no se puede creer en nada, y el problema más grave es que, entonces, se puede creer en cualquier cosa".

Y, realmente, a veces parece que cualquier cosa es más creíble que una verdad cristiana. Mis alumnos de las Facultades civiles, por ejemplo —estudiantes de Derecho o de Químicas— hablan, con muy buena voluntad, de la "reencarnación" de Cristo (que tuvo lugar hace 2000 años): al parecer, la palabra "reencarnación" les es mucho más familiar que la palabra "encarnación". Observamos la influencia del budismo y del hinduismo en Occidente. ¿Por qué ejercen una atracción tan fuerte? Parece que se desea lo exótico, lo "liberal", algo así como una "religión a la carta". No se busca lo verdadero, sino lo apetecible, lo que me gusta y me va bien: un poco de Buda, un poco de Shiva, un poco de Jesús de Nazaret.

En épocas anteriores, la vida era considerada como progreso. Hoy, en cambio, la vida es considerada como turismo: no hay continuidad, sino discontinuidad; caminamos sin una dirección fija. El lema de un motorista lo expresa muy bien: "No sé adónde voy, pero quiero llegar rápidamente allí". En la literatura se habla de la "oscuridad moderna", del "caos actual".

"El hombre moderno es un gitano", se ha dicho con razón. No tiene hogar: quizá tiene una casa para el cuerpo, pero no para el alma. Hay falta de orientación, inseguridad, y también mucha soledad. Así, no es de extrañar que se quiera alcanzar la felicidad en el placer inmediato, o quizá en el aplauso. Si alguien no es amado, quiere ser al menos alabado.

Parece, realmente, que vivimos un cambio de época: estamos entrando en una nueva etapa de la humanidad. Y las novedades reclaman un nuevo modo de hablar y de actuar

Tal vez, todos nos hemos acostumbrado a no pensar: al menos, a no pensar hasta el final. Es el llamado pensamiento débil. Vivimos en una época en la que tenemos medios cada vez más perfectos, pero los fines están bastante perturbados.

A la vez, podemos descubrir una verdadera "sed de interioridad", tanto en la literatura como en el arte, en la música y también en el cine. Cada vez más personas buscan una experiencia de silencio y de contemplación; al mismo tiempo, están decepcionados del cristianismo que, en muchos ambientes, tiene fama de no ser nada más que una rígida "institución burocrática", con preceptos y castigos.

Otras personas huyen de la Iglesia por motivos opuestos: la predicación cristiana les parece demasiado "superficial", muy light, sin fundamento y sin exigencias rigurosas. No buscan lo "liberal", sino todo lo contrario: buscan lo "seguro". Quieren que alguien les diga con absoluta certeza cuál es el camino hacia la salvación, y que otro piense y decida por ellos: ahí tenemos el gran mercado de las sectas [3].

Vivimos en sociedades multiculturales, en las que se puede observar simultáneamente los fenómenos más contradictorios. Algunos intentan resumir todo lo que nos pasa en una única palabra: postmodernismo. El término indica que se trata de una situación de cambio: es una época que viene "después" del modernismo y "antes" de una nueva era que todavía no conocemos. (Los adeptos de New Age se han apropiado del nombre: según ellos, ya estaríamos en esta nueva época, pero —a mi modo de ver— se trata de un error: ellos son simplemente "postmodernos").

El postmodernismo es una era limitada que indica el fracaso del modernismo. Se la puede comparar con la "postguerra" —el tiempo difícil después de una guerra—, que es la preparación para algo nuevo. Y se la puede relacionar también con el período "postoperatorio", en el que una persona convalece de una cirugía, antes de retomar sus actividades normales.

Parece, realmente, que vivimos un cambio de época: estamos entrando en una nueva etapa de la humanidad. Y las novedades reclaman un nuevo modo de hablar y de actuar.

2. Actitud ante los cambios culturales

¿Cómo conviene hablar sobre la fe en este desconcierto? Antes que nada, nos pueden ayudar unas reflexiones de Romano Guardini que no han perdido nada de su actualidad. En sus Cartas desde el lago de Como, este gran escritor cristiano habla sobre su inquietud con respecto al mundo moderno. Se refiere, por ejemplo, a lo artificioso de nuestra vida, escribe acerca de la manipulación a la que diariamente estamos expuestos, trata de la pérdida de los valores tradicionales y de la luz estridente que nos viene del psicoanálisis... Después de mostrar, en ocho largas cartas, una panorámica verdaderamente desesperante, al final del libro cambia repentinamente de actitud. En la novena y última carta expresa un "sí redondo" a este mundo en que le ha tocado vivir, y explica al sorprendido lector, que esto es exactamente lo que Dios nos pide a cada uno. El cambio cultural, al que asistimos, no puede llevar a los cristianos a una perplejidad generalizada [4]. No puede ser que en todas direcciones se vean personas preocupadas y agobiadas que añoran los tiempos pasados. Pues es Dios mismo quien actúa en los cambios. Tenemos que estar dispuestos a escucharle y dejamos formar por Él [5].

Quien quiere influir en el presente, tiene que amar el mundo en que vive. No debe mirar al pasado, con nostalgia y resignación, sino que ha de adoptar una actitud positiva ante el momento histórico concreto

Quien quiere influir en el presente, tiene que amar el mundo en que vive. No debe mirar al pasado, con nostalgia y resignación, sino que ha de adoptar una actitud positiva ante el momento histórico concreto: debería estar a la altura de los nuevos acontecimientos, que marcan sus alegrías y preocupaciones, y todo su estilo de vida. "En toda la historia del mundo hay una única hora importante, que es la presente", dice Bonhoeffer. "Quien huye del presente, huye de la hora de Dios" [6].

Hoy en día, una persona percibe los diversos acontecimientos del mundo de otra forma que las generaciones anteriores, y también reacciona afectivamente de otra manera. Por esta razón, es tan importante saber escuchar [7]. Un buen teólogo lee tanto la Escritura como el periódico, alguna revista o internet; muestra cercanía y simpatía hacia nuestro mundo [8]. Y sabe que es en las mentes y en los corazones de los hombres y mujeres que le rodean, donde puede encontrar a Dios, de un modo mucho más vivo que en teorías y reflexiones.

Los cambios de mentalidad invitan a exponer las propias creencias de un modo distinto que antes [9]. A este respecto comenta un escritor: "No estoy dispuesto a modificar mis ideas (básicas) por mucho que los tiempos cambien. Pero estoy dispuesto a poner todas las formulaciones externas a la altura de mis tiempos, por simple amor a mis ideas y a mis hermanos, ya que si hablo con un lenguaje muerto o un enfoque superado, estaré enterrando mis ideas y sin comunicarme con nadie" [10].

«Los cambios de mentalidad invitan a exponer las propias creencias de un modo distinto que antes»«Los cambios de mentalidad invitan a exponer las propias creencias de un modo distinto que antes»

II. La personalidad de quien habla

Para tratar sobre Dios, no sólo hace falta tener en cuenta el ambiente que nos rodea. Todavía más decisiva es la personalidad de quien habla: porque, al hablar, no sólo comunicamos algo; en primer lugar, nos expresamos a nosotros mismos. El lenguaje es un "espejo de nuestro espíritu" [11].

Existe también un lenguaje no verbal, que sustituye o acompaña nuestras palabras. Es el clima que creamos a nuestro alrededor, ordinariamente a través de cosas muy pequeñas, como son, por ejemplo, una sonrisa cordial o una mirada de aprecio. Cuando faltan los oligoelementos en el cuerpo humano, aunque sean mínimos, uno puede enfermar gravemente y morir. De un modo análogo podemos hablar de "oligoelementos" en un determinado ambiente: son aquellos detalles, difícilmente demostrables y menos aún exigibles, que hacen que el otro se sienta a gusto, que se sepa querido y valorado.

1. Ser y parecer

Nos conviene tomar en serio algunas de las modernas teorías de la comunicación (que, por cierto, expresan verdades de perogrullo). Estas teorías nos recuerdan que una persona transmite más por lo que es que por lo que dice. Algunos afirman incluso que el 80% o 90% de nuestra comunicación ocurre de forma no verbal.

Además, transmitimos sólo una pequeña parte de la información de modo consciente, y todo lo demás de modo inconsciente: a través de la mirada y la expresión del rostro, a través de las manos y los gestos, de la voz y todo el lenguaje corporal. El cuerpo da a conocer nuestro mundo interior, "traduce" las emociones y aspiraciones, la ilusión y la decepción, la generosidad y la angustia, el odio y la desesperación, el amor, la súplica, la resignación y el triunfo; y difícilmente engaña. San Agustín habla de un "lenguaje natural de todos los pueblos" [12].

Los demás perciben el mensaje, asimismo, sólo en parte de modo consciente, y se enteran de muchas cosas inconscientemente. Se me ha grabado una situación, en la que he comprobado esta verdad de un modo muy claro. Cuando trabajaba en una institución para personas enfermas y solitarias, algún día, un directivo entró en la habitación de un enfermo y le hablaba muy amablemente, haciéndole todo tipo de caricias. Pero cuando salió de la habitación, el enfermo me confesó que sentía mucha antipatía hacia este director. ¿Por qué? Por razones de mi trabajo me había enterado que el visitante, en realidad, despreciaba al enfermo. Quería disimularlo, pero lo expresó inconscientemente. Y, como era de temerse, el enfermo lo percibió perfectamente.

Si queremos tocar el corazón de los otros, tenemos que cambiar primero nuestro propio corazón

Esto quiere decir que no basta sonreír y tener una apariencia agradable. Si queremos tocar el corazón de los otros, tenemos que cambiar primero nuestro propio corazón. La enseñanza más importante se imparte por la mera presencia de una persona madura y amante. En la antigua China y en la India, el hombre más valorado era el que poseía cualidades espirituales sobresalientes. No sólo transmitía conocimientos, sino profundas actitudes humanas. Quienes entraban en contacto con él, anhelaban cambiar y crecer y perdían el miedo a ser diferentes.

Justamente hoy es muy importante experimentar que la fe es muy humana y muy humanizante; la fe crea un clima en el que todos se sienten a gusto, amablemente interpelados a dar lo mejor de sí. Esta verdad se expresa en la vida de muchos grandes personajes, desde el apóstol San Juan hasta la Madre Teresa de Calcuta y San Josemaría Escrivá.

2. Identidad cristiana y autenticidad

Para hablar con eficacia sobre Dios, hace falta una clara identidad cristiana. Quizá nuestro lenguaje parece, a veces, tan incoloro, porque no estamos todavía suficientemente convencidos de la hermosura de la fe y del gran tesoro que tenemos, y nos dejamos fácilmente aplastar por el ambiente.

Pero la luz es antes que las tinieblas, y nuestro Dios es el eternamente Nuevo. No es la "vetustez" del cristianismo originario lo que pesa a los hombres, sino el llamado cristianismo burgués. "Pero este cristianismo burgués no es el cristianismo —advierte Congar—. Es tan sólo la encarnación del cristianismo en la civilización burguesa" [13]. Este hecho nos permite tener una cierta porción de optimismo y de esperanza a la hora de hablar de Dios.

Un cristiano no tiene que ser perfecto, pero sí auténtico. Los otros notan si una persona está convencida del contenido de su discurso, o no

Un cristiano no tiene que ser perfecto, pero sí auténtico. Los otros notan si una persona está convencida del contenido de su discurso, o no. Las mismas palabras —por ejemplo, Dios es Amor— pueden ser triviales o extraordinarias, según la forma en que se digan. "Esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre, de donde proceden, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha" [14]. Si alguien habla desde la alegría de haber encontrado a Dios en el fondo de su corazón, puede pasar que conmueva a los demás con la fuerza de su palabra. No hace falta que sea un brillante orador. Habla sencillamente con la autoridad de quien vive —o trata de vivir— lo que dice; comunica algo desde el centro mismo de su existencia, sin frases hechas ni recetas aburridas.

Una persona asimila, como por ósmosis, actitudes y comportamientos de quienes le rodean. Así, toda actividad cristiana puede invitar a abrirse a Dios, esté o no en relación explícita con la fe. Pero también puede escandalizar a los demás, de modo que las palabras pierdan valor. Edith Stein cuenta que perdió su fe judía cuando, de niña, se dio cuenta de que, en las ceremonias de la Pascua, sus hermanos mayores sólo "hacían teatro" y no creían lo que decían.

3. Serenidad

Un cristiano no es, en primer lugar, una persona "piadosa", sino una persona feliz, ya que ha encontrado el sentido de su existencia. Precisamente por esto es capaz de transmitir a los otros el amor a la vida, que es tan contagioso como la angustia.

No se trata, ordinariamente, de una felicidad clamorosa, sino de una tranquila serenidad, fruto de haber asimilado el dolor y los llamados "golpes del destino". Es preciso convencer a los otros —sin ocultar las propias dificultades— que ninguna experiencia de la vida es en vano; Siempre podemos aprender y madurar, también cuando nos desviamos del camino, cuando nos perdemos en el desierto o cuando nos sorprende una tempestad. Gertrud von Le Fort afirma que no sólo el día soleado, sino también la noche oscura tiene sus milagros. "Hay ciertas flores que. sólo florecen en el desierto; estrellas que solamente se pueden ver al borde del despoblado. Existen algunas experiencias del amor de Dios que sólo se viven cuando nos encontramos en el más completo abandono, casi al borde de la desesperación" [15].

Un cristiano no es, en primer lugar, una persona "piadosa", sino una persona feliz, ya que ha encontrado el sentido de su existencia

¿Cómo puede comprender y consolar quien no ha sido nunca destrozado por la tristeza? Hay personas que, después de sufrir mucho, se han vuelto comprensivos, cordiales, acogedores y sensibles frente al dolor ajeno. En una palabra, han aprendido a amar.

4. Amor y confianza

El amor estimula lo mejor que hay en el hombre. En un clima de aceptación y cariño, se despiertan los grandes ideales. Para un niño, por ejemplo, es más importante crecer en un ambiente de amor auténtico, sin referencias explícitas a la religión, que en un clima de "piedad" meramente formal, sin cariño. Si falta el amor, falta la condición básica para un sano desarrollo. No se puede modelar el hierro frío; pero cuando se lo calienta, es posible formado con delicadeza.

A través de los padres, los hijos deberían descubrir el amor de Dios [16]. Hace falta el "lenguaje de las obras"; es preciso vivir el propio mensaje. Lo decisivo no son las lecciones y las clases de catecismo, que vendrán más tarde. Antes, mucho antes, conviene preparar la tierra para que acoja la semilla.

En sus primeros años de vida, cada niño realiza un descubrimiento básico, que será de vital importancia en su carácter: o "soy importante, me entienden y me quieren", o "estoy por medio, estorbo". Cada uno tiene que hacer, de algún modo, esta experiencia de amor que nos transmite Isaías: "Eres precioso a mis ojos, de gran estima, yo te quiero... En la palma de mis manos te tengo tatuado" [17].

Muchas personas no han podido desarrollar la "confianza originaria". Y como no la conocen, se mueven en un ambiente de "angustia originaria". No quieren saber nada de Dios; llegan a sentir miedo y hasta terror frente al cristianismo

Si falta esta experiencia, puede ocurrir que una persona nunca sea capaz de establecer relaciones duraderas, ni de trabajar con seriedad. Y, sobre todo, será dificil para ella creer de verdad en el amor de Dios: creer que Dios es un Padre que comprende y perdona, y que exige con justicia para el bien del hijo [18]. "La historia de la decadencia de cada varón y de cada mujer habla dé que un niño maravilloso, valioso, singularísimo y con muchas cualidades perdió el sentimiento del propio valor" [19]. Esto dificilmente se puede arreglar más tarde dando clases sobre el amor de Dios. Una persona dijo con acierto: "Lo que haces, es tan ruidoso que no oigo lo que dices".

Muchas personas no han podido desarrollar la "confianza originaria". Y como no la conocen, se mueven en un ambiente de "angustia originaria". No quieren saber nada de Dios; llegan a sentir miedo y hasta terror frente al cristianismo. Porque, para ellos, Dios no es nada más que un Juez severo, que castiga y condena, incluso con arbitrariedad. No han descubierto que Dios es Amor, un Amor que se entrega y que está más interesado en nuestra felicidad que nosotros mismos.

Por eso, es tan importante creer en las capacidades de los demás y dárselo a entender. A veces, impresiona ver cuánto puede transformarse una persona, si se le da confianza; cómo cambia, si se le trata según la idea perfeccionada que se tiene.de ella. Hay muchos hombres y mujeres que saben animar a los otros a ser mejores, a través de una admiración discreta y silenciosa. Les comunican la seguridad de que hay mucho bueno y bello dentro de ellos, que, con paciencia y constancia, animan y ayudan a desarrollar.

Cuando alguien nota que es querido, adquiere una alegre confianza en el otro: comienza a abrir su intimidad. La transmisión de la fe comienza —a todos los niveles— con un lenguaje no verbal. Es el lenguaje del cariño, de la comprensión y de la auténtica amistad.

 

«La transmisión de la fe comienza —a todos los niveles— con un lenguaje no verbal. Es el lenguaje del cariño, de la comprensión y de la auténtica amistad»«La transmisión de la fe comienza —a todos los niveles— con un lenguaje no verbal. Es el lenguaje del cariño, de la comprensión y de la auténtica amistad»

III. Hablar sobre la Fe

Cuando conozco bien a otro, conozco también sus experiencias, sus heridas y sus ilusiones. Y —si hay reciprocidad en ese conocimiento— el otro sabe lo que yo he vivido, lo que me hace sufrir y lo que me da esperanza. La amistad nunca es una vía unilateral. En un clima de mutuo conocimiento es más fácil hablar de todo, también de la fe.

1. Una búsqueda común

Hay personas que tienen una fuerte identidad cristiana y, a pesar de ella, no logran convencer a nadie. Cuando alguien se muestra demasiado seguro, en principio, no se le acepta hoy en día. Hay un rechazo a los "grandes relatos" y también a los "portadores de la suma verdad", porque tenemos más claro que nunca que nadie puede saberlo todo. Se habla de una pastoral "desde abajo", no "desde arriba", no desde la cátedra, que quiere instruir a los "pobres ignorantes". Este modo de actuar ya no es eficaz, y quizá nunca lo fue.

El modo de exponer la fe no debe convertirse nunca en un obstáculo para los otros

Viene a la memoria lo que se cuenta del Papa Juan Pablo II. Ocurrió durante el Concilio Vaticano II. En una de las sesiones plenarias del Concilio, el entonces joven obispo Wojtyla pidió la palabra e, inesperadamente, hizo una aguda crítica al proyecto de uno de los documentos más importantes, que se había propuesto. Dio a entender que el proyecto no servía nada más que para ser echado a la papelera. Las razones eran las siguientes: "En el texto presentado, la Iglesia enseña al mundo. Se coloca, por así decirlo, por encima del mundo, convencida de su posesión de la verdad, y exige del mundo que le obedezca" . Pero esta actitud puede expresar una arrogancia sublime. "La Iglesia no ha de instruir al mundo desde la posición de la autoridad, sino que ha de buscar la verdad y las soluciones auténticas de los problemas difíciles de la vida humana junto al mundo" [20]. El modo de exponer la fe no debe convertirse nunca en un obstáculo para los otros.

2. Aprender de todos

Lo que atrae más en nuestros días, no es la seguridad, sino la sinceridad: conviene contar a los otros las propias razones que me convencen para creer, hablar también de las dudas y de los interrogantes [21]. En definitiva, se trata de ponerse al lado del otro y de buscar la verdad junto con él. Ciertamente, yo puedo darle mucho, si tengo fe; pero los otros también pueden enseñarme mucho.

Santo Tomás afirma que cualquier persona, por erróneas que sean sus convicciones, participa de alguna manera de la verdad: lo bueno puede existir sin mezcla de lo malo; pero no existe lo malo sin mezcla de lo bueno [22]. Por tanto, no sólo debemos transmitir la verdad que —con la gracia divina— hemos alcanzado, sino que estamos también llamados a profundizar continuamente en ella y a buscada allí donde puede encontrarse, esto es, en todas partes. Es muy enriquecedor, por ejemplo, conversar con judíos o con musulmanes; siempre se nos abren nuevos horizontes. Y la verdad, la diga quien la diga, sólo puede proceder de Dios [23].

Como los cristianos no tenemos conciencia plena de todas las riquezas de la propia fe, podemos (y debemos) avanzar, con la ayuda de los demás

Como los cristianos no tenemos conciencia plena de todas las riquezas de la propia fe, podemos (y debemos) avanzar, con la ayuda de los demás. La verdad nunca se posee entera. En última instancia, no es algo, sino alguien, es Cristo. No es una doctrina que poseemos, sino una Persona por la que nos dejamos poseer. Es un proceso sin fin, una "conquista" sucesiva.

3. Tomar en serio las necesidades y los deseos humanos

Podemos preguntarnos: ¿por qué esta o aquella ideología atrae a tanta gente? Ordinariamente, muestran los deseos y necesidades más hondas de nuestros contemporáneos (que son nuestros propios deseos y necesidades). La teoría de la reencarnación, por ejemplo, manifiesta la esperanza en otra vida; la meditación trascendental enseña cómo uno puede apartarse de los ruidos exteriores e interiores; y los grupos skinhead o cabezas rapadas, al igual que los punk de los años 80 (y 90), los góticos de los 90 (y del 2000) y los raperos de hoy ofrecen una solidaridad —un sentido de pertenencia— que muchos jóvenes no encuentran en sus familias.

Sin embargo, la fe ofrece respuestas mucho más profundas y alentadoras. Nos dice que todos los hombres —y en particular los cristianos— somos hermanos, llamados a andar juntos por el camino de la vida. Nunca nos encontramos solos. Cuando hablamos con Dios en la oración —que podemos hacer en cualquier momento del día—, no nos distanciamos de los demás, sino que nos unimos con quien más nos quiere en este mundo, y quien nos ha preparado a todos una vida eterna de felicidad.

Si conseguimos exponer el misterio divino desde la clave del amor, será más fácil despertar los intereses del hombre moderno

Si conseguimos exponer el misterio divino desde la clave del amor, será más fácil despertar los intereses del hombre moderno. Hay intentos considerables en este sentido [24]. El Dios de los cristianos es el Dios del Amor, porque no sólo es Uno; a la vez es Trino. Como amar consiste en relacionarse con un tú —en dar y recibir—, un Dios "solo" (una única persona) no puede ser Amor. ¿A quién podría amar, desde toda la eternidad? Un Dios solitario, que se conoce y se ama a sí mismo, puede ser considerado, en el fondo, como un ser muy inquietante.

El Dios trino es, realmente, el Dios del Amor. En su interior, descubrimos una vida de donación y de entrega mutua. El Padre da todo su amor al Hijo; ha sido llamado el "Gran Amante". El Hijo recibe este amor y lo devuelve al Padre; es el que nunca dice "no" al Amor. El Espíritu es el mismo Amor entre ambos; es el "con-dilecto", según Hugo de San Víctor: muestra que se trata de un amor abierto, donde cabe otro, donde cabemos también nosotros [25].

"Estar en el mundo quiere decir: ser querido por Dios" , afirma Gabriel Marcel. Por esto, un creyente puede sentirse protegido y seguro. Puede experimentar que sus deseos más hondos están colmados.

4. Ir a lo esencial

Cuando hablamos de la fe, es importante ir a lo esencial: el gran amor de Dios hacia nosotros, la vida apasionante de Cristo, la actuación misteriosa del Espíritu en nuestra mente y en nuestro corazón... Tenemos que huir de lo que hacen los que quieren quitar fuerza al cristianismo: reducen la fe a la moral, y la moral al sexto mandamiento. En todo caso, conviene dejar muy claro que la Iglesia dice un sí al amor. Y para salvaguardar el amor, dice un no a las deformaciones de la sexualidad.

Cuando hablamos de la fe, es importante ir a lo esencial: el gran amor de Dios hacia nosotros

Benedicto XVI se ha decidido por este mismo modo de actuar. Después del Encuentro Mundial de las Familias, en Valencia, concedió una entrevista a Radio Vaticano, en la que le preguntaron: "Santo Padre, en Valencia, usted no ha hablado ni del aborto, ni de la eutanasia, ni del matrimonio gay. ¿Correspondió a una intención?". Y el Papa respondió: "Claro que sí... Teniendo tan poco tiempo no se puede comenzar inmediatamente con lo negativo. Lo primero es saber qué es lo que queremos decir, ¿no es así? Y el cristianismo... no es un cúmulo de prohibiciones, sino una opción positiva. Es muy importante que esto se vea nuevamente, ya que hoy esta conciencia ha desaparecido casi completamente. Se ha hablado mucho de lo que no está permitido y ahora hay que decir: Pero nosotros tenemos una idea positiva que proponer... Sobre todo es importante poner de relieve lo que queremos" [26].

5. Un lenguaje claro y sencillo

Cuando era estudiante en Colonia, tuve que preparar, en una ocasión, un trabajo largo y difícil para un seminario de la Universidad. Antes de entregarlo al profesor, lo enseñé a un compañero mayor, que lo leyó con interés, y después me dio un consejo amistoso que nunca he olvidado: "Está bien —me comentó—. Pero si quieres tener una nota buena, tienes que decir lo mismo de un modo mucho más complicado".

Así somos. A veces, confundimos lo complicado con lo inteligente, y olvidamos que Dios —la suma verdad— es, a la vez, la suma sencillez. El lenguaje de la fe habla con llaneza sobre realidades inefables. "Prefiero decir cinco palabras con sentido para instruir, que diez mil en lenguajes no inteligibles", advierte San Pablo [27].

Quien no entiende lo que está diciendo otra persona, no puede expresar sus dudas, no puede investigar libremente por cuenta propia

Se pueden usar imágenes para acercar el misterio trinitario a nuestro espíritu. (En la sencillez de las imágenes encontramos más verdad que en los grandes conceptos). Una de las más corrientes es la del sol, su luz y su calor; o también la fuente, el río y el mar, comparación muy apreciada por los Padres griegos [28]. (Como los Padres de la Iglesia se expresan muchas veces en imágenes, su teología es siempre moderna). Se pueden buscar también anécdotas, citas de la literatura o escenas de películas. En tiempos del Vaticano II, los expertos fueron invitados a hablar en un lenguaje accesible: "Que se abandone todo idioma exangüe y árido, la disección cargada de afirmaciones conceptualistas, para emprender un lenguaje más vivo y concreto, a semejanza de la Biblia y de los antiguos Padres. Que se abandone la sobrecarga de discusiones secundarias y de 'cuestiones' de mera curiosidad... Dirigir a alguien un discurso abstruso, difícilmente inteligible... tiene algo de ultrajante e irrespetuoso, tanto para la verdad como para la persona que tiene derecho a comprender" [29].

Quien no entiende lo que está diciendo otra persona, no puede expresar sus dudas, no puede investigar libremente por cuenta propia. Depende del otro, y fácilmente puede ser manipulado por él.

6. Un lenguaje existencial

Asimismo, el otro tiene derecho a conocer toda la verdad. Si reprimimos una parte de la fe, creamos un ambiente de confusión, y no prestamos una ayuda auténtica al otro. Daniélou lo dice claramente: "La condición básica de un diálogo sincero con un no cristiano es decide: tengo la obligación de decirte que un día te encontrarás con la Trinidad" [30].

El otro quiere saber quién soy yo. Si no hablamos, cuidadosamente, sobre todos los aspectos de la fe, los otros no podrían aceptamos tal como somos en realidad

Es preciso explicar a los demás la propia fe tan clara e íntegramente como sea posible [31]. Con ello, por otro lado, ganamos en sinceridad en cualquier relación humana: queremos dar a conocer la propia identidad, es decir, en nuestro caso, la identidad cristiana. El otro quiere saber quién soy yo. Si no hablamos, cuidadosamente, sobre todos los aspectos de la fe, los otros no podrían aceptamos tal como somos en realidad, y nuestra relación se tomaría cada vez más superficial, más decepcionante, hasta que, antes o después, se rompería.

Pero no sólo queremos dar a conocer el propio proyecto vital. Tenemos el deseo de animar a los otros a dejarse encantar y conquistar por la figura luminosa de Cristo.

Aquí se manifiesta el carácter existencial y dinámico del lenguaje sobre la fe, que invita a los demás a entrar, poco a poco, en la vida cristiana, que es diálogo e intimidad, correspondencia al amor y, al mismo tiempo, una gran aventura, «la aventura de la fe».

«No sólo queremos dar a conocer el propio proyecto vital. Tenemos el deseo de animar a los otros a dejarse encantar y conquistar por la figura luminosa de Cristo»«No sólo queremos dar a conocer el propio proyecto vital. Tenemos el deseo de animar a los otros a dejarse encantar y conquistar por la figura luminosa de Cristo»

Nota final

Creer en Dios significa, caminar con Cristo —en medio de todas las luchas que tengamos— hacia la casa del Padre [32]. Pero, para ello, de poco sirven los esfuerzos, y menos aún los sermones. Nuestro lenguaje es muy limitado.

La meta de nuestro hablar de Dios consiste en llevar a todos a hablar con Dios

La fe es un don de Dios, y también lo es su desarrollo. Podemos invitar a los otros a pedirla, junto con nosotros, humildemente de lo alto. La meta de nuestro hablar de Dios consiste en llevar a todos a hablar con Dios. Incluso Nietzsche, que combatió el cristianismo durante largas décadas, hizo al final de su vida un impresionante poema "Al Dios desconocido", que puede considerarse una verdadera oración:

"Vuelve a mí, ¡con todos tus mártires!

Vuelve a mí, ¡al último solitario!

Mis lágrimas, a torrentes,

discurren en cauce hacia Ti,

y encienden en mí el fuego

de mi corazón por Ti.

¡Oh, vuelve, mi Dios desconocido!

Mi dolor, mi última suerte, ¡mi felicidad!" [33].

Conferencia de Jutta Burggraf publicada en el año 2010

 


 

Notas

[1] F. NIETZSCHE, La gaya ciencia (1887), Palma de Mallorca 1984, n.255.

[2] Cfr. Las estadísticas publicadas por J. FL YNN, Analfabetismo religioso, en "Zenit" (Agencia Internacional de Información de Roma), 3-V-2007.

[3] Cfr. M. GUERRA, Historia de las religiones , Pamplona 1980, vol. 3.

[4] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución pastoral Gaudium et Spes (=GS), n. 4.

[5] R. GUARDINI, Cartas del lago de Como, San Sebastián 1957.

[6] D. BONHOEFFER, Predigten, Auslegungen, Meditationen I,1984, pp. 196-202.

[7] Cfr. Y. CONGAR, Situación y tareas de la teología de hoy, Salamanca 1970: "Si la Iglesia quiere acercarse a los verdaderos problemas del mundo actual, debe abrir un nuevo capítulo de epistemología teológico-pastoral. En vez de partir solamente del dato de la revelación y de la tradición, como ha hecho generalmente la teología clásica, habrá que partir de hechos y problemas recibidos del mundo y de la historia. Lo cual es mucho menos cómodo; pero no podemos seguir repitiendo lo antiguo, partiendo de ideas y problemas del siglo XIII o del siglo XIV. Tenemos que partir de las ideas y los problemas de hoy, como de un dato nuevo, que es preciso ciertamente esclarecer mediante el dato evangélico de siempre, pero sin poder aprovechamos de elaboraciones ya adquiridas en la tranquilidad de una tradición segura". pp. 89 y ss.

[8] El Concilio cambia el modo habitual de la reflexión teológica y comienza a contemplar el mundo de hoy, con sus desequilibrios, temores y esperanzas; se abre a los signos de los tiempos. "El pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios". GS, 11 y 44; cfr. 4-10. Cfr. JUAN XXIII, Bula Humanae salutis (25-XII-196l), por la que el Papa convocaba el Concilio Vaticano II. IDEM, Encíclica Pacem in terris (1l-IV-1963), 39.

[9] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decreto Unitatis redintegratio, 6.

[10] J.L. MARTÍN DESCALZO, Razones para la alegría, 8ª ed., Madrid 1988, p. 42.

[11] Cfr. E. SCHOCKENHOFF, Zur Lüge verdammt, Freiburg 2000, p. 73.

[12] SAN AGUSTÍN, Confesiones 1,8. A la vez, la expresión de los sentimientos está modalizada por la cultura. Comprender el valor expresivo de un gesto, de una mirada o de una sonrisa, indica que se está dentro de una determinada cultura.

[13] J. DANIÉLOU, El misterio de la historia. Un ensayo teológico , San Sebastián 1963, pp.39s.

[14] S. WEIL, Gravity and Grace , New York 1952, p. 117.

[15] Gertrud von Le Fort, Unser Weg durch die Nacht, en Die Krone der Frau, Zürich 1950, pp. 90 y ss.

[16] Cfr. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Familiaris consortio, 14 y 36.

[17] Is 43,1-4; 49,15-16.

[18] En esta línea se explica, en parte, el fenómeno de la teología feminista radical. ¿Por qué hay tantas personas que ya no quieren hablar de "Dios Padre"? No hay pocas a las que es imposible dirigirse a Dios como "Padre", porque han tenido experiencias desagradables con sus propios padres.

[19] Cfr. J. BRADSHAW, Das Kind in uns, München 1992, p. 66.

[20] M. MALINSKI; A. BUJAK, Juan Pablo II: historia de un hombre, Barcelona 1982, p. 106. En ciertas situaciones, sin embargo, la Iglesia debe enseñar con autoridad, pero sin "autoritarismo", es decir, con autoridad y humildad.

[21] Se habla también de una "teología narrativa" que intenta descubrir la acción del Espíritu en el mundo, a través de acontecimientos y hechos concretos. Algunos autores cuentan su propia vida (Cfr. J. SUDBRACK, Gottes Geist ist konkret. Spiritualitat im christlichen Kontext, Würzburg 1999, pp.3-31), otros toman ejemplos de la literatura o de la historia para ilustrar cómo Dios actúa en todos los acontecimientos (Cfr. V. CODINA, Creo en el Espíritu Santo. Pneumatología narrativa, cit., pp.11-27 y pp.179-185). La pneumatología narrativa se convierte a veces en hagiografía. El hecho de que algunos grandes santos se convirtieron con la lectura de vidas de otros santos es significativo. Así, por ejemplo, Edith Stein descubrió la fe leyendo la "Autobiografía" de Teresa de Jesús. Rans Urs von Ba1thasar y René Laurentin han empezado, entre otros, a hacer una teología a partir de los santos que tienen un mensaje muy concreto para sus contemporáneos y las generaciones posteriores (Cfr. R.U. VON BALTHASAR, Thérese de Lisieux. Geschichte einer Sendung, Koln 1950. R. LAURENTIN, Vie de Bernadette, París 1978. IDEM, Vie de Catherine Labouré, Paris 1980).

[22] "Bonum potest inveniri sine malo; sed malum non potest inveniri sine bono". SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae I-IIae q. l09, a.1, ad 1.

[23] "Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est". Ibid cfr. IDEM, De veritate, q. 1, a.8.

[24] Cfr. BENEDICTO XVI, Encíclica Deus caritas est (25-XII-2005).

[25] Cfr. SAN AGUSTÍN: "He aquí que son tres: el Amante, el Amado y el Amor." De Trinitate, VIII,10,14: PL 42,960.

[26] Cfr. BENEDICTO XVI, Entrevista concedida a Radio Vaticano y a cuatro cadenas de televisión alemanas con motivo de su próximo viaje a Alemania, Castelgandolfo 5-VIII-2006.

[27] 1 Co 14,19.

[28] Se trata evidentemente de imágenes muy imperfectas que reclaman cada vez más explicaciones.

[29] G. PHILIPS, Deux tendances dans la théologie contemporaine, en Nouv. Rev. Théol (1963/3), p. 236.

[30] J. DANIÉLOU, Mitos paganos, misterio cristiano, Andorra 1967, p.123.

[31] Llegará el momento en que se pueda introducir —cuidadosamente— algunos términos "técnicos" —como persona, relación o naturaleza —, que se han utilizado a la hora de formular los grandes dogmas. La teología —como cualquier ciencia— tiene una terminología muy precisa de la que no podemos prescindir. Muchas palabras de las fórmulas dogmáticas proceden del ámbito filosófico; tras una larga historia de disputa entre fe y filosofía, llegaron a ser expresión específica de lo que la fe puede decir sobre sí misma. Por lo tanto, esas palabras no son solamente el lenguaje del platonismo, del aristotelismo o de cualquier otra filosofía, sino que pertenecen al lenguaje propio de la fe. Ciertamente, la revelación es superior a todas las culturas. Pero al transmitir la Buena Nueva de Cristo, se transmite también algo de cultura.

[32] Cfr. Flp 3,20.

[33] Cfr. F. NIETZSCHE, en F. WÜRZBACH (ed.), Das Vermiichtnis Friedrich Nietzsches, Salzburg-Leipzig 1940.

 

De Panamá a Roma: la grandeza del amor humano y divino

Salvador Bernal

Papa Francisco.

photo_camera Papa Francisco.

¿Qué va a quedar de la Jornada Mundial de la Juventud? Una pregunta casi ritual tras la celebración del evento periódico que introdujo en la Iglesia san Juan Pablo II. Las respuestas son múltiples, pero me atrevo a afirmar –con la experiencia de los años- que muchos la recordarán como un hito crucial en su vida: allí se encontraron con la Persona de Jesucristo, tanto dentro de su alma, como en la alegría vital de otros miles de jóvenes.

Una vez más lo recordó en Panamá el papa Francisco, también con palabras gráficas de san Óscar Romero. Me vino a la memoria el grito “no tengáis miedo…” con el que Juan Pablo II inauguró su pontificado. Lo desarrollaría pronto en su primera encíclica, de 1979, Redemptor hominis, que comienza justamente con esta frase: “El redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia”. Y confiaba públicamente que “a Cristo Redentor elevé mis sentimientos y mi pensamiento el 16 de octubre pasado, cuando después de la elección, se me hizo la pregunta: ‘¿Aceptas?’. Respondí: ‘En obediencia de fe a Cristo, mi Señor, confiando en la Madre de Cristo y de la Iglesia, no obstante las graves dificultades, acepto’”.

Más adelante, señalará que “se impone una respuesta fundamental y esencial, es decir, la única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros ésta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo (…) sólo en Él, Hijo de Dios, hay salvación”. Porque, de acuerdo con la afirmación de Pedro, cuando se produce la desbandada ante la gran manifestación del milagro eucarístico en Cafarnaún: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna”. Al cabo, enseña el Concilio Vaticano II, “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”.

Salvo error por mi parte, la centralidad de Cristo es una de las constantes en el magisterio pontificio de las últimas décadas, con matices específicos en cada obispo de Roma. Francisco ha puesto en primer plano la misericordia, que subraya de modo particular cuando habla a los jóvenes, tantas veces necesitados de conocer y vivir una esperanza auténtica, abierta a la plenitud de horizontes también humanos.

De ahí la invitación en Panamá a discernir la llamada de Dios a cada uno desde la perspectiva de la entrega plena al cumplimiento de la voluntad divina, siguiendo el modelo de Cristo. Las respuestas son distintas, como también las circunstancias personales, pero con el denominador común de la disponibilidad a la gracia, que puede exigir el celibato o confirmar una vocación matrimonial.

Del celibato habló el papa en el viaje de regreso a Roma, y del matrimonio apenas dos días después en el tradicional discurso a la Rota, con motivo de la apertura del año judicial. No es mera coincidencia temporal: en la tradición de la Iglesia, desde los Evangelios y las cartas de san Pablo, no hay tanto jerarquía de valores, como afirmación complementaria de dos manifestaciones distintas de un mismo espíritu de donación, participación del amor de Cristo a su Iglesia en el sacramento magno del matrimonio, según la clásica expresión paulina de Efesios 5, 32.

Escribo estas líneas –mientras el papa vuela hacia Abu Dhabi, en un viaje a los Emiratos Árabes Unidos, breve pero importante para el diálogo interreligioso- después de escuchar la segunda lectura del domingo, que incluye el impresionante himno a la caridad de la primera epístola a los Corintios. Cómo no recordar la detenida glosa de Francisco a ese lugar emblemático de la doctrina cristiana aplicándolo a la familia, en Amoris laetitia, 90 ss. Podría figurar por derecho propio en una posible antología de textos del actual pontífice romano.

Pocos días después de la Jornada de la Juventud, recordaría ante la Rota –más allá del servicio al Pueblo de Dios al interpretar correctamente el derecho matrimonial- los bienes irrenunciables del matrimonio, consciente de la necesidad de un renovado esfuerzo para difundir el estilo de vida cristiano en una sociedad cada vez más secularizada: unidad y fidelidad son dos pilares fundamentales de la esencia misma de la Iglesia de Cristo; “antes de ser, más aún, para ser, obligaciones jurídicas de cada unión conyugal con Cristo, deben ser epifanía de la fe bautismal” (*). En la difusión de esa grandeza divina y humana del matrimonio y la familia, estamos implicados todos, no sólo los pastores.

 

¿Quién estudia?

Ángel Cabrero Ugarte

Jóvenes.

photo_camera Jóvenes.

Observando las recientes incorporaciones a la universidad me surge una duda apremiante. ¿En los colegios están enseñando a los alumnos a estudiar? Parece elemental, quisiéramos creer que eso es primordial, pero yo no lo veo tan claro. La cuestión es, antes que nada, ponernos de acuerdo sobre qué significa estudiar y, de entrada, se me ocurre que debemos partir de la idea de búsqueda de la sabiduría. Es decir, creo que el estudiante debe ser alguien con interés por saber.

En los colegios, a los alumnos les enseñan a solucionar problemas, procuran que sean competentes para realizar cuestiones prácticas. Cuando tienen un texto delante lo leen, pero les falta capacidad de análisis y, sobre todo, capacidad de búsqueda para investigar, para explorar datos que añadir, para saber más sobre lo que se lee; falta el empeño de memorizar ciertos aspectos. Vamos, lo que siempre hemos considerado “chapar”, echar codos, meterse a fondo en las materias.

Hay una obra recientemente publicada, una novela que mezcla ambientes muy reales y duros con un cuento sobre unos personajes de hace mil años. “Un mapa de sal y estrellas” es una novela original donde los personajes más reales son los de hace mil años. Al-Idrisi, es un cartógrafo comisionado por el rey Roger II de Sicilia para crear un mapa del mundo, allá por el siglo XII. La historia que se cuenta en esta novela, mezclada con la historia reciente de unos desplazados por la guerra, es un cuento fantástico, pero con un personaje histórico que es el cartógrafo.

Al-Idrisi es un hombre con mentalidad universitaria. Tiene afán de saber. Entiende que sus estudios pueden ser útiles a los hombres de aquella época y, seguramente, como así fue, a los de épocas posteriores. Le apasiona la posibilidad de descubrir cómo es el mundo, recorrer tierras ignotas, para que consten, con todos los detalles posibles, en el mapa espléndido que, realmente, termina dibujando. Un hombre sabio, porque se ha empeñado en saber.

Ahora en la universidad los estudios se programan en base a las competencias. Se pretende que los universitarios sean competentes para realizar cosas prácticas. Pueden salir estupendos médicos, magníficos ingenieros, pero muy pocos sabios. En realidad, les forman para que tengan unos trabajos muy lucrativos, pero en pocas universidades se les ayuda a saber, a tener esas capacidades que hemos visto en universitarios de los últimos siglos.

En los colegios aprenden muchas cosas prácticas. Tan prácticas como, por ejemplo, aprobar la selectividad -o sea la EBAU-, es decir, los trucos. Lo importante es que sepan apañarse para situarse en la vida y esto les parece muy bien a los papás, que para sus hijos quieren dinero, bienestar. Ya que sepan, que sean sabios, pues vaya usted a saber a quién puede tocarle eso. Estudiar, estudiar, ahora solo estudian inglés. Algo es algo, porque tendrán alguna experiencia de lo que significa dedicar unas horas para memorizar, entender, saber un idioma.

Pero la filosofía, la historia, la teología, la pedagogía, la geografía - ¡la cartografía! - la filología, la literatura, no sabemos dónde pueden quedar. Eso apenas da dinero. Forman a la persona, sirven para formar a las personas, para ir al fondo de lo que es el hombre, de la vida del hombre, pero eso no da dinero y supone estudio.

 

 

YASMÍN NO ES SU SOBRINA

Por René Mondragón

 

ACLARACIÓN LINGÜÍSTICA

 

Aunque todas y todos somos de “el pueblo sabio”, mis hermosísimas lectoras y aguerridos lectores sostienen que, hay unos más sabios que otros o como el vox populi reza –aunque López Obrador se niegue a sostener en sus conferencias mañaneras que “es la voz de Dios”, porque evidentemente no cree en Él, a pesar de ser fan de dos curas que aparecen en el logo de su gobierno- aparte de sabio y bueno, una buena parte del pueblo resulta bastante gandalla –en su acepción catalana de bribonería, RAE 2001- en términos reales.

ANTE TANTA INSISTENCIA

Don Andrés se ha caracterizado, en unas cuantas semanas como gobernante, como el personaje que criticó y, critica con acidez, acritud e ironía perezosa a todo lo que para él significa “la mafia del poder”, para acabar actuando dela mima manera y en los mismo términos, aunque los nombres –obvio- cambien.

Pero ha sido la insistencia que, cada crítica del mandatario prácticamente, encuentra su símil en modelos del pasado.

El presidente mexicano se erigió como uno de los críticos más severos de Enrique Peña Nieto, no solo por el tema de la casa blanca, sino también, porque el Grupo HIGA se constituyó como el equipo de constructores predilecto y favorito del ex presidente.

Baste recordar que Hinojosa Cantú se convirtió en centro del huracán por esa relación en extremo estrecha con Peña Nieto. Forbes, en un reportaje relacionado con los llamados Panama Papers,   (https://www.forbes.com.mx ) decía que “Hinojosa Cantú, dueño de Grupo Higa, oculta 100 mdd: Panama Papers. Hinojosa Cantú buscó mover más de 100 mdd en una red financiera a través de diversos países, luego de que se diera a conocer la investigación sobre la llamada “Casa Blanca”.

Eso detonó un alud de denuncias públicas y memes en las redes sociales en tal magnitud que en términos reales, erosionó fuerte la credibilidad del presidente Peña, haciendo guiñapos su popularidad (hasta nuestros días), entregando a los amlovers una bandera que todavía da para un rato largo, como punta de lanza, para que todo en México se resuelva, acabando con la corrupción.

A IMAGEN Y SEMEJANZA

Como mi santa agüe decía: “Ahora resulta…” que el crítico de siempre cae en la misma incongruencia, cuando se destapa su relación cercanísima con su constructor favorito: José María Riobóo.

Según se presenta (https://www.nacion321.com/elecciones) “El exitoso ingeniero tuvo relación con el Gobierno de la Ciudad de México, bajo el mando de Andrés Manuel López Obrador, a través de cuatro adjudicaciones directas, de 2002 a 2005, por un monto de 171 millones de pesos.

Las adjudicaciones formaron parte del Fideicomiso para el Mejoramiento de las Vías de Comunicación del Distrito Federal (Fimevic), creado para el desarrollo y construcción del Segundo Piso del Anillo Periférico, del Viaducto y de otros proyectos viales” 

El sospechosismo cae fuerte sobre esa extraña cercanía del actual presidente con su constructor predilecto.

Sin embargo, en la perspectiva de los comentócratas parece trazarse un camino más interesante. Para el mandatario mexica, así parece, no es suficiente con la abrumadora mayoría en el Congreso de la Unión, a fin de que le validen y aprueben cualquier cosa que se le ocurra –el tren, el presupuesto, los sueldos y salarios, la refinería o el respaldo a Maduro- peor, ahora, va “por todas las canicas”: La conquista y abordaje del Poder Judicial, mediante la propuesta de nuevos Ministros en la Suprema Corte.

EL TALANTE

El staff del periódico Reforma, reproducido por http://www.especialistas.com.mx, destaca varios comentarios interesantes, entre ellos, los del panista Damián Zepeda, que alerta a la comunidad: Yasmín Esquivel Mossa, actual presidenta del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, fue propuesta por el presidente López a Ministra de la Corte en sustitución de Margarita Luna Ramos.

El tema no es menor, pues se trata de Yasmín Esquivel, esposa de José maría Riobóo, el “príncipe con suerte” del sexenio. La otra propuesta presidencial es Loretta Ortíz Ahlf, ex diputada de MORENA y esposa del maestro Ortíz Pinchetti, asesor para la redacción de la Cartilla Moral del gobierno.

Es claro. Yasmín no es su sobrina, porque eso quiere decir la palabra “nepote”, de donde se deriva “nepotismo”. Pero la propuesta tiene aromas  de conquista y apoderamiento del otro poder republicano. Si estas propuestas del mandatario prosperan, igual que en Venezuela, cualquier controversia constitucional debida a sus ocurrencias, caerá por tierra. Al tiempo.

 

Hacia otra ley de educación impuesta

Jesús Ortiz López

Isabel Celaá, ministra de Educación.

photo_camera Isabel Celaá, ministra de Educación.

No hay pacto educativo de Estado y el anteproyecto presentado por Isabel Celáa sería la octava ley de educación en pocas décadas, una inseguridad e ineficacia que se refleja en los sucesivos informes internacionales sobre el nivel de los alumnos españoles.

La libertad está en juego

La comunidad educativa está encendida por este anteproyecto del Ministerio de Celáa. Primero los padres, y con ellos los profesores, la escuela concertada, y los alumnos. No es para menos porque supone un freno a la libertad de las familias para elegir la educación de los hijos, una de las cosas más necesarias y queridas: que no es un derecho social, como lo llama la izquierda clásica sino un derecho primordial de los padres. Está en juego la personalidad de los hijos, sus principios y sus valores. Está en juego la libertad y con ella las libertades.

Arrebatarles y frenar la iniciativa social ha sido siempre una querencia de los totalitarismos, tanto de izquierdas como de derechas. Siempre han soñado con la creación de un hombre nuevo, como si fueran algún mesías, eso sí, para una sociedad sin Dios. Incluso han intentado tandas veces construirla realmente, como aquella Nova Huta -en el barrio comunista de Cracovia- y su fracaso ya es histórico. Ahora en China hacen lo mismo. Hitler quiso apropiarse de la mente de las juventudes y también fracasó. De Stalin mejor no hablar. La diferencia hoy reside, me parece, en que las izquierdas inspiran y gobiernan una buena parte del mundo y las derechas -por seguir este tópico- lo hace en menos países. Y no gozan del mismo paraguas mediático.

Respetar a la mayoría

Ciertamente no está encendida toda la comunidad, pues hay padres que rechazan educar a sus hijos en la religión, sobre todo la católica. Hace poco una madre advertía a otra porque un hijo de ésta había hablado al de aquella de la primera Comunión, del Bautismo y de Jesús, ambos alumnos de una escuela laica. Exigía que no volviera a ocurrir. Con todo, esta postura contra la religión es minoritaria pues más del 60 % de la población en España se declara católica aunque luego no practiquen. Y algunos que ni siquiera bautizaron a sus hijos, rectifican cuando llega la edad de esa primera Comunión, unos por razón ambiental pero muchos más por darse cuenta de la que han limitado a sus hijos de raíces y de sentido de la trascendencia. De todos modos, la Iglesia defiende también la libertad de los padres para no elegir ninguna religión o la religión que les parezca. Es un derecho primario de las familias.

Comprobamos otra vez que el diálogo es un talismán engañoso en manos del Gobierno de Pedro Sánchez. No en las formas porque no hay el mínimo consenso, algo que exigía el socialismo en la oposición; y tampoco en el fondo de esta contrarreforma reductora con una concepción cerrada de la persona sin sentido de la trascendencia.

Asistimos a otro intento de asfixiar el derecho de las familias, la libertad de enseñanza, y la escuela concertada como una de segundo orden. Por lo visto el socialismo tiene miedo de que los padres católicos y la Iglesia les arrebaten la mente de los jóvenes. El cardenal Blázquez ha pedido «que la clase de Religión, se oferte como se viene ofertando, sin recortes y sin trampas, porque los padres tienen la responsabilidad de elegir la educación para sus hijos según sus convicciones».

 

 

¿Niño, niña u otro?

¿Niño, niña u otro?

Por Silvia del Valle

Es una pena que sigamos recibiendo ataques a la familia y a nuestros hijos.

Y lo digo por qué en la consulta que el INE (el Instituto Nacional Electoral) en la Consulta Infantil y Juvenil 2018, el gobierno se ha atrevido a incluir preguntas manipuladoras que buscan imponer la ideología de género y hacer laxa la conciencia de nuestros hijos.

Preguntar si se es niño, niña u otro, o preguntarle a los Jovenes si son hombre, mujer o no me siento identificado con ninguno, es algo muy bajo y que nos agrede como personas, como familias y como sociedad.

Es importante que nos demos cuenta de que nosotros como padres de familia tenemos el derecho y la obligación de educar a nuestros hijos en los valores y la fe que nosotros creemos más conveniente de acuerdo a nuestro estilo de vida.

Es muy difícil educar a nuestros hijos remando contra corriente pero no es imposible, por eso te dejo 5Tips para educar a nuestros hijos conforme a nuestra fe y valores.

PRIMERO. ¡No te dejes engañar! Aprende leer entre líneas.
A veces estamos como adormecidos y no nos damos cuenta de las intenciones que tiene las campañas y acciones del gobierno que están respaldadas por las instancias internacionales.

Es necesario que estemos alerta y aprendamos a discernir los mensajes más profundos para proteger a nuestros hijos de ellos y aún más, es necesario que enseñemos a nuestros hijos a que ellos mismos disciernan y detecten estos mensajes.

La mejor forma para protegerlos es acompañarlos y tener una excelente comunicación, así podremos detectar cualquier alerta roja y tratar de ayudarles a solucionar sus problemas.

Nuestros hijos necesitan papas presentes a pesar del tiempo y la distancia.

SEGUNDO. Decide qué valores y virtudes quieres inculcar a tus hijos.
Es importante clarificar este punto para hacer una estrategia y propiciar acciones que nos apoyen en la vivencia de dichos valores.

Aún dentro de nuestra fe existen diferentes valores y virtudes sobre los que puede girar la educación de nuestros hijos.

Nosotros nos hemos organizado haciendo que toda la vida familiar gire al rededor de un valor o virtud cada mes. Y programamos actividades familiares que nos ayuden a vivirlo.

Claro que siempre de acuerdo a la edad de cara miembro de la familia.

TERCERO. No tienes que estar siempre a la moda.
Es normal que lo que está de moda no vaya conforme a tus valores y principios por lo que se vale no estar de de acuerdo e ir contracorriente.

En la actualidad, las personas exigen respeto pero no están dispuestos a respetar a los que piensan diferente.

Es algo incongruente, pero debemos armarnos de paciencia y valor para no caer en sus provocaciones y vivir siempre conforme a nuestros principios, valores y fe.

CUARTO. Instrúyete un poco en la fe.
Si no la conocemos no la podemos amar y así cualquier viento nos podrá sombras y hacer que cambiemos de forma de pensar.

Una fe fuerte es el ancla que nos mantiene firmes a pesar de los ataques a la familia y a la vida.

Y QUINTO. Ayuda a otras familias para que no sean engañadas.
Si nosotros ya nos dimos cuenta de esta trampa es necesario ayudar a otras familias a que salgan del espiral donde nos han metido para manipularnos.

Nuestras palabras convencen pero el testimonio arrastra. Es necesario ser luz de la tierra y sal del mundo e irradiar el Amor de Dios.

Sólo así podremos sacar adelante nuestra sociedad. Hagámoslo por nuestros hijos, ellos bien valen la pena.

 

 

Sobre creencias. religiosas

 Hace pocos días, cayeron, en mis manos, unas páginas de un Diario nacional, sueltas en un asiento del tren en el que yo viajaba.  Me sorprendió: en tres largas columnas, trataba sobre cuestiones religiosas, de “vivir sin creer” de las “geografías” espirituales, para negar la Fe del pueblo. Me pregunto:  ¿Por qué el interés de escribir sobre creencias, quien, al parecer,  no cree en nada? Según el último barómetro del CIS, “el 69,8% se declaran católicos. Además 10 millones asisten regularmente a Misa”; además, habría que sumar “muchos otros que no pueden asistir a la parroquia y optan por seguir las celebraciones a través de la televisión pública”, con “una cuota media de espectadores de un 6,6 por ciento frente al 2,6 de la cadena” ( ABC, 19-3- 2017). Y hay muchísimos que, sin ir a misa ( distintas motivaciones), rezan.

Sí, hay mucha gente con Fe religiosa, que se priva de sus ocios o deja sus negocios para asistir  a misa los domingos; mucha gente que sabe que, al final de esta vida,  Dios nos espera y nos juzgará en el amor; mirará nuestro aprovechamiento o despilfarro de los dones que nos dio para nuestro bien y el del prójimo en esta vida terrena. Me da la impresión de que quien así escribía, piensa o quiere hacer pensar que la Fe se ha extinguido. Los domingos, las iglesias de la ciudad están atiborradas de fieles, excepto en verano, que casi se vacían y se llenan las de los pueblos. El corazón de tantos hombres sensatos, siente que hay algo más allá de lo que aquí vemos y tocamos; sabe que existe Dios.  De la Fe brota la Esperanza y el Amor,  que sale de saberse hermano de todos, hijos de un mismo Padre celestial. Las tres virtudes teologales  van de la mano y ahogan el vacío profundo y la  tristeza existencial. Quien cree encuentra motivos para vivir, y razones serias para ser feliz. Quizá, por eso, me dijera un hombre de negocios: “me dais envidia los que tenéis Fe” 

Josefa Romo

 

 

Real Oratorio Caballero de Gracia

Queridos amigos, adjunto el boletín de actividades de febrero.
De esas actividades, os  recuerdo la Charla-coloquio de este viernes, 8.II a las 19,30 h,  dirigida especialmente a profesionales jóvenes, sobre "La misión del cristiano en el mundo"
Bajo este título amplio iremos teniendo diversas charlas  en los meses sucesivos, sobre temas relacionados con esa importante misión.. La de este mes la impartiré yo. Podéis invitar a amigos vuestros.
Aprovecho para enviaros el texto de una conferencia sobre la Eucaristía, que he dado la semana pasada por internet organizada por la  Federación Mundial de las Obras Eucarísticas.
Un cordial saludo,

 

Juan Moya

 

 

 

En el tema de la pena de muerte

En el tema de la pena de muerte el Papa ha recordado las palabras que pronunció en 2015 ante el Congreso de los Estados Unidos y ha reiterado que la reforma del texto del Catecismo en el punto sobre la pena de muerte no implica ninguna contradicción con la enseñanza del pasado, pues la Iglesia siempre ha defendido la dignidad de la vida humana. A su juicio la aceptación de esa forma de castigo fue consecuencia de una mentalidad de la época, más legalista que cristiana, que sacralizó el valor de leyes carentes de humanidad y misericordia

El Papa auspicia que, como ha ocurrido en el seno de la Iglesia, la comunidad internacional asuma un compromiso semejante. En ese sentido, ha invitado a todos los Estados que no han abolido la pena de muerte a que se atengan al compromiso internacional de establecer una moratoria para no aplicar la ejecución de la pena, y evitar también la imposición de nuevas sentencias de muerte.

Enric Barrull Casals

 

 

Contraria al Evangelio

En una audiencia concedida a los miembros de una delegación de la Comisión Internacional contra la pena de muerte, el Papa Francisco ha reiterado el compromiso de la Iglesia con la causa de la abolición de la pena capital y el rechazo a las penas de cadena perpetua, que impiden la posibilidad de una redención moral y existencial.

El Papa ha subrayado que se trata de una pena contraria al Evangelio porque implica suprimir una vida que es siempre sagrada, de la que solo Dios es verdadero juez y garante.

Juan García.

 

 

Pacto mundial para una migración

El Pacto Mundial para una Migración Segura, Regular y Ordenada comenzó a gestarse en 2016, tras una declaración de los 193 miembros de la ONU, en la que asumían que ninguno era capaz de abordar el fenómeno migratorio en solitario. Ahora, tras más de dos años de trabajos, el Pacto Mundial se acaba de firmar en Marruecos, con un texto polémico hasta el punto de que 11 países que ayudaron a negociarlo se han terminado por desvincular. En Estados Unidos, el Gobierno de Donald Trump, fue el primero en desmarcarse del Pacto; en Canadá, Francia o Austria ha sido utilizado como arma política, y en Bélgica, el revuelo ha llegado a tal punto que el Gobierno se ha roto después de que el primer ministro rubricara el Pacto.

Pienso que le texto cuenta con aportaciones positivas. Considera las migraciones como un fenómeno que puede constituir una gran oportunidad para todos, en lugar de verlo como un problema, y aboga, como se indica en el propio título, por una migración segura, ordenada y regular, incidiendo en el compromiso de crear condiciones políticas, económicas y ambientales para que las personas puedan vivir de manera pacífica, productiva y sostenible en su propio país y cumplir sus aspiraciones personales sin verse obligadas a emigrar. También es verdad que el Pacto está trufado de algunas declaraciones grandilocuentes, políticamente correctas, y que parecen estar en la agenda internacional, vengan o no a cuento, como cuando se habla de incorporar a las migraciones la perspectiva de género.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Algo insólito en un niño de ocho años

            El día 13 de diciembre del pasado año, escribí un artículo que titulé, “China primera potencia mundial”; adjunto al mismo envié un vídeo en el que se ve a un niño de similar edad a la que arriba cito, y el que maneja una excavadora con una pericia que asombra; niño y hecho que desconozco el lugar dónde se desarrolla, pero que asombra enormemente; por lo que hoy lo vuelvo a adjuntar para asombro del que no lo conociera y para equiparar a lo que es el motivo de mi artículo de hoy, uno de Enero del 2019 y que es el primero que escribo este año… y lo hago por cuanto comprenderán el motivo del mismo si leen este artículo; vean primero el vídeo que cito: EL NIÑO CHINO Y LA EXCAVADORA “DÍA DEL PADRE” 19-03-2016

https://vimeo.com/156186569/782f3d61d7

                                Imaginen una mañana, en una escuela de primera enseñanza y en España, un profesor (“Maestros no hay hoy”) dicta a unos alumnos, algo insólito para la edad que tienen los educandos. Después y a renglón seguido, les ordena que escriban lo que les impulse el texto que acaban de escribir; y uno de estos niños, escribe respondiendo, los cuatro versos que leerán y espero que como yo, “queden perplejos”, puesto que ello es imposible en niño de esa edad: vean, lean y mediten.

Texto que le dictan en el colegio

Nada soy yo

Energía que flota, luz y oleaje.

Todo es del viento,

Y el viento es aire siempre de viaje.

Respuesta de Samuel

El viento sirve para algo.

Doy vida a las plantas.

Y, sin el viento,

Nadie viviría en la tierra

 

Escrito por Samuel García Ortega el 20 de Diciembre de 2018 (cuenta con 8 años  de edad)

            Para mí este hecho representa uno de los grandes regalos que la vida me dio a lo largo de los más de ochenta “agostos” con que ya cuento; puesto que ese niño, es mi séptimo nieto y por tanto es lógico que como abuelo del mismo, sienta esas sensaciones que sentí, siento y no comprendo aún; salvo que creyendo (como creo) en la reencarnación y por tanto, en la progresión de las almas y los espíritus, aquí me ha llegado una prueba bastante clara de ese proceso que es Universal.

            Y mientras escribo, recuerdo una conferencia a la que asistí hace ya más de cincuenta años, en que el conferenciante afirmó muchas cosas sorprendentes y bastante extrañas en aquella época… “afirmaba que salíamos de la era espacial denominada Piscis y que entrábamos en la nueva era de Acuario, dónde mucho de lo existente se iría disolviendo y dando entrada a nuevos cuerpos y almas, que nos traerían progreso”, cosa que ni yo ni los asistentes, pienso que fuimos convencidos y más aún, viendo las tragedias que habíamos visto o vivido y las posteriores; y a la que ha sido sometida gran parte de la Humanidad… “Pero ahí están esos dos niños que al menos a mí, me hacen meditar en la edad, la sabiduría, la potencia y en una ensoñada realidad en la que muchos soñaron, aunque los tacharan de locos o herejes y muchos de ellos, fueran quemados como seres nefastos para la realidad imperante cuándo abrieron la boca”… “Claro que tras aquellos y tantos otros crímenes, había sólo un solo oponente… El poder y todo cuanto ello conlleva a los de panza y bolsillo”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes