Las Noticias de hoy 26 Enero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 26 de enero de 2019      

Indice:

ROME REPORTS

Papa Francisco: “Padre, como María queremos aprender a estar”

El Papa inspira esperanza a los jóvenes infractores: “Abran la ventana y miren el horizonte”

Via Crucis con los jóvenes: Caminar con Jesús será siempre una gracia y un riesgo

El Papa confiesa a 5 adolescentes del Centro de Cumplimiento Las Garzas

La presencia de la Virgen Peregrina de Fátima en Panamá es un “tiempo de gracia”

53ª Jornada Mundial Comunicaciones Sociales – Mensaje del Papa Francisco

JMJ 2019: Encuentro del Papa con jóvenes de Scholas Occurrentes

SANTOS TITO Y TIMOTEO*: Francisco Fernandez Carbajal

“Un encuentro personal con Dios”: San Josemaria

«La tarea de hacer el Opus Dei era un imposible, humanamente hablando»

Algo grande y que sea amor (I): Jesús sale a nuestro encuentro: Borja Armada

TERCER DOMINGO DEL  T.  O.     (Lc 1,1-4;  4, 14-21): + Francisco Cerro Chaves.  Obispo de Coria-Cáceres 

Felicidad, alegría, datos neruobiológicos.: Dr. Jose Luis Velayos

La nueva verdad incómoda: Nuria Chinchilla

Sentido del dolor: Rebeca Reynaud

Se debe ser moderado en todo, incluso en la moderación: Plinio Corrêa de Oliveira.

Los agricultores y ganaderos deben más y pagan mejor: Jesús Domingo

La sangre de los mártires: Pedro García

No deben quedar sin reproche: Juan García.

Asquerosa política y sus sagas: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Papa Francisco: “Padre, como María queremos aprender a estar”

Palabras del Santo Padre en el Via Crucis

enero 26, 2019 04:37Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 25 enero 2019).- “María fue la mujer fuerte del “sí”, que sostiene y acompaña, cobija y abraza. Ella es la gran custodia de la esperanza”, ha remarcado el Papa Francisco en su reflexión del vía crucis, en la tarde del viernes, 25 de enero de 2019, ante miles de jóvenes, llegados a Panamá de todos los continentes para participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Via-Crucis-3-413x275.jpgA las 17:30 horas (23:30 horas en Roma) ha iniciado la ceremonia, con la llegada del Papa al Campo de Santa María de la Antigua, donde estaba ya la cruz, símbolo de la JMJ, colocada delante del altar.

“Padre, hoy el vía crucis de tu Hijo se prolonga en el grito sofocado de los niños a quienes se les impide nacer y de tantos otros a los que se les niega el derecho a tener infancia”, Francisco ha comentado la pasión del Señor, en el contexto de la sociedad moderna, de los problemas reales y humanos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Via-Crucis-2-413x275.jpgAsí, el Pontífice ha invitado a los jóvenes a mirar a María, como modelo de entrega: “Contemplamos a María, mujer fuerte. De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz. Con su misma decisión y valentía, sin evasiones ni espejismos”.

La pasión se prolonga en “jóvenes con rostros fruncidos que perdieron la capacidad de soñar, de crear e inventar el mañana”; “en tantos jóvenes y familias absorbidos en una espiral de muerte a causa de la droga, el alcohol, la prostitución y la trata”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Via-Crucis-4-413x275.jpgAbandonados y descartados

El Papa ha denunciado la realidad de la cultura del descarte: “Se prolonga en el dolor oculto e indignante de quienes, en vez de solidaridad por parte de una sociedad repleta de abundancia, encuentran rechazo, dolor y miseria, y además son señalados y tratados como los portadores y responsables de todo el mal social”; también en “la soledad de los ancianos abandonados y descartados”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Via-Crucis-1-413x275.jpgPueblos originarios

Asimismo, el Santo Padre ha mencionado a los pueblos originarios, sobre los “se prolonga la pasión de Cristo” –ha señalado– por “ser despojados de sus tierras, raíces y cultura”.

Del mismo modo, ha hablado de “nuestra madre tierra”, en la que se prolonga la pasión por estar “herida en sus entrañas por la contaminación de sus cielos, por la esterilidad en sus campos, por la suciedad de sus aguas, y que se ve pisoteada por el desprecio y el consumo enloquecido que supera toda razón”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/31936152587_e10152d4ea_k-413x275.jpgConcluida la oración del vía crucis, el Santo Padre ha bendecido a los miles de peregrinos y visitantes en la Cinta Costera, y se ha trasladado a la Nunciatura Apostólica.

RD

Publicamos las palabras del Papa Francisco, pronunciadas al final del vía crucis.

***

Palabras de Santo Padre

Señor, Padre de misericordia, en esta Cinta Costera, junto a tantos jóvenes venidos de todo el mundo, hemos acompañado a tu Hijo en el camino de la cruz; ese camino que ha querido recorrer para mostrarnos cuánto nos amas y cuán comprometido estás con nuestras vidas.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/45962998275_9c5458c993_k-413x275.jpgEl camino de Jesús hacia el Calvario es un camino de sufrimiento y soledad que continúa en nuestros días. Él camina y padece en tantos rostros que sufren la indiferencia satisfecha y anestesiante de nuestra sociedad que consume y se consume, que ignora y se ignora en el dolor de sus hermanos.

También nosotros, tus amigos, Señor, nos dejamos llevar por la apatía y la inmovilidad. No son pocas las veces que el conformismo nos ha ganado y paralizado. Ha sido difícil reconocerte en el hermano sufriente: hemos desviado la mirada, para no ver; nos hemos refugiado en el ruido, para no oír; nos hemos tapado la boca, para no gritar.

Siempre la misma tentación. Es más fácil y “pagador” ser amigos en las victorias y en la gloria, en el éxito y en el aplauso; es más fácil estar cerca del que es considerado popular y ganador.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/46152610734_311b97f4a2_k-355x533.jpgQué fácil es caer en la cultura del bullying, del acoso y de la intimidación.

Para ti no es así Señor, en la cruz te identificaste con todo sufrimiento, con todo aquel que se siente olvidado.

Para ti no es así Señor, pues quisiste abrazar a todos aquellos que muchas veces consideramos no dignos de un abrazo, de una caricia, de una bendición; o, peor aún, ni nos damos cuenta de que lo necesitan.

Para ti no es así Señor, en la cruz te unes al vía crucis de cada joven, de cada situación para transformarla en camino de resurrección.

Padre, hoy el vía crucis de tu Hijo se prolonga: se prolonga en el grito sofocado de los niños a quienes se les impide nacer y de tantos otros a los que se les niega el derecho a tener infancia, familia, educación; en los niños que no pueden jugar, cantar, soñar… en las mujeres maltratadas, explotadas y abandonadas, despojadas y ninguneadas en su dignidad; en los ojos tristes de los jóvenes que ven arrebatadas sus esperanzas de futuro por falta de educación y trabajo digno; se prolonga en la angustia de rostros jóvenes, amigos nuestros que caen en las redes de gente sin escrúpulos ―entre ellas también se encuentran personas que dicen servirte, Señor―, redes de explotación, de criminalidad y de abuso, que se alimentan de sus vidas.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/46825417052_3f7e16c11c_k-413x275.jpgEl vía crucis de tu Hijo se prolonga en tantos jóvenes y familias que, absorbidos en una espiral de muerte a causa de la droga, el alcohol, la prostitución y la trata, quedan privados no solo de futuro sino de presente. Y así como repartieron tus vestiduras, Señor, queda repartida y maltratada su dignidad.

El vía crucis de tu Hijo se prolonga en jóvenes con rostros fruncidos que perdieron la capacidad de soñar, de crear e inventar el mañana y se “jubilan” con el sinsabor de la resignación y el conformismo, una de las drogas más consumidas en nuestro tiempo.

Se prolonga en el dolor oculto e indignante de quienes, en vez de solidaridad por parte de una sociedad repleta de abundancia, encuentran rechazo, dolor y miseria, y además son señalados y tratados como los portadores y responsables de todo el mal social.

Se prolonga en la resignada soledad de los ancianos abandonados y descartados.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/45962999215_810301f7e8_k-413x275.jpgSe prolonga en los pueblos originarios, a quienes se despoja de sus tierras, raíces y cultura, silenciando y apagando toda la sabiduría que pueden aportar.

Padre, el vía crucis de tu Hijo se prolonga en el grito de nuestra madre tierra, que está herida en sus entrañas por la contaminación de sus cielos, por la esterilidad en sus campos, por la suciedad de sus aguas, y que se ve pisoteada por el desprecio y el consumo enloquecido que supera toda razón.

Se prolonga en una sociedad que perdió la capacidad de llorar y conmoverse ante el dolor.

Sí, Padre, Jesús sigue caminando, cargando y padeciendo en todos estos rostros mientras el mundo, indiferente, consume el drama de su propia frivolidad.

Y nosotros, Señor, ¿qué hacemos?

¿Cómo reaccionamos ante Jesús que sufre, camina, emigra en el rostro de tantos amigos nuestros, de tantos desconocidos que hemos aprendido a invisibilizar?

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/31936153897_ada67d6443_k-413x275.jpgY nosotros, Padre de misericordia, ¿consolamos y acompañamos al Señor, desamparado y sufriente, en los más pequeños y abandonados?

¿Lo ayudamos a cargar el peso de la cruz, como el Cireneo, siendo operadores de paz, creadores de alianzas, fermentos de fraternidad? ¿Nos animamos a permanecer al pie de la cruz como María?

Contemplamos a María, mujer fuerte. De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz. Con su misma decisión y valentía, sin evasiones ni espejismos. Ella supo acompañar el dolor de su Hijo, tu Hijo, Padre; sostenerlo en la mirada y cobijarlo con el corazón. Dolor que sufrió, pero no la resignó. Fue la mujer fuerte del “sí”, que sostiene y acompaña, cobija y abraza. Ella es la gran custodia de la esperanza.

Nosotros también, Padre, queremos ser una Iglesia que sostiene y acompaña, que sabe decir: ¡Aquí estoy! en la vida y en las cruces de tantos cristos que caminan a nuestro lado.

De María aprendemos a decir “sí” al aguante recio y constante de tantas madres, padres, abuelos que no dejan de sostener y acompañar a sus hijos y nietos cuando “están en la mala”.

De ella aprendemos a decir “sí” a la testaruda paciencia y creatividad de aquellos que no se achican y vuelven a comenzar en situaciones que parecen que todo está perdido, buscando crear espacios, hogares, centros de atención que sean mano tendida en la dificultad.

En María aprendemos la fortaleza para decir “sí” a quienes no se han callado y no se callan ante una cultura del maltrato y del abuso, del desprestigio y la agresión y trabajan para brindar oportunidades y condiciones de seguridad y protección.

En María aprendemos a recibir y hospedar a todos aquellos que han sufrido el abandono, que han tenido que dejar o perder su tierra, sus raíces, sus familias, sus trabajos.

Padre, como María queremos ser la Iglesia que propicie una cultura que sepa acoger, proteger, promover e integrar; que no estigmatice y menos generalice en la más absurda e irresponsable condena de identificar a todo emigrante como portador de mal social.

De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz, pero no con un corazón blindado y cerrado, sino con un corazón que sepa acompañar, que conozca de ternura y devoción;que entienda de piedad al tratar con reverencia, delicadeza y comprensión. Queremos ser una Iglesia de la memoria que respete y valorice a los ancianos y reivindique el lugar que tienen como custodios de nuestras raíces.

Padre, como María queremos aprender a “estar”.

Enséñanos Señor a estar al pie de la cruz, al pie de las cruces; despierta esta noche nuestros ojos, nuestro corazón; rescátanos de la parálisis y de la confusión, del miedo y la desesperación.

Padre, enséñanos a decir: Aquí estoy junto a tu Hijo, junto a María y junto a tantos discípulos amados que quieren hospedar tu Reino en el corazón. Amén

Tras haber vivido la pasión del Señor junto a María al pie de la cruz nos vamos con el corazón silencioso y en paz, alegre y con muchas ganas de seguir a Jesús. Que Jesús los acompañe, y que la Virgen los cuide.

 

El Papa inspira esperanza a los jóvenes infractores: “Abran la ventana y miren el horizonte”

Centro de Cumplimiento de Menores Las Garzas

enero 25, 2019 17:55Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 25 enero 2019).- “Abran la venta y miren el horizonte, no se olviden”, ha dicho el Papa a los jóvenes infractores panameños al despedirse de ellos, en el Centro de Cumplimiento de Menores Las Garzas de Pacora, el viernes, 25 de enero de 2019.

En la liturgia penitencial que el Santo Padre ha celebrado con los chicos en la capilla del centro, un joven ha contado al Papa su historia, se ha leído el Evangelio y después Francisco ha dado un mensaje de esperanza, sencillo, directo, mirando a los ojos a los chicos que cumplen condena en este centro panameño: “Todos tenemos un horizonte. Todos. Yo no lo tengo, puede decir alguno. Abrí la ventana y lo verás, abrí la ventana y lo vas a encontrar”.

“Todos somos pecadores. Todos. Todos los que estamos acá. Y si alguno no se siente pecador, sepa que el Señor no lo va a recibir. Se pierde lo mejor”, les ha asegurado el Pontífice.

El Centro de Cumplimiento de Menores Las Garzas, inaugurado en 2012, tiene una capacidad de 192 reclusos. Está considerado modelo de reinserción integral a través de aspectos como el educativo, familiar y de salud.

Incluir e integrar

“Una sociedad se enferma cuando no es capaz de hacer fiesta por la transformación de sus hijos, una comunidad se enferma cuando vive de la murmuración aplastante, condenatoria e insensible”, ha advertido.

“Una sociedad es fecunda cuando logra generar dinámicas capaces de incluir e integrar, de hacerse cargo y luchar para crear oportunidades y alternativas que den nuevas posibilidades a sus hijos, cuando se ocupa en crear futuro con comunidad, educación y trabajo”.

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https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/SFO5990-413x275.jpgHomilía del Papa Francisco

«Este recibe a los pecadores y come con ellos» acabamos de escuchar al inicio del evangelio (Lc15,2). Es lo que murmuraban algunos fariseos y escribas bastante escandalizados y molestos con el comportamiento de Jesús.

Con esa expresión pretendían descalificarlo y desvalorizarlo delante de todos, pero lo único que consiguieron fue señalar una de sus actitudes más comunes y distintiva: «este recibe a los pecadores y come con ellos». Y todos somos pecadores. Todos. Todos los que estamos acá. Y si alguno no se siente pecador, que sepa que el Señor no lo va a recibir. Se pierde lo mejor.

Jesús no tiene miedo de acercarse a aquellos que, por un sinfín de razones, cargaban sobre sus espaldas con el odio social como eran los publicanos ―recordemos que los publicanos se enriquecían en base a saquear a su mismo pueblo; ellos provocaban mucha pero mucha indignación― o con el peso de sus culpas, errores o equivocaciones como los así llamados pecadores. Jesús lo hace porque sabe que en el cielo hay más fiesta por un solo pecador convertido que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión (cf.Lc 15,7).

Mientras esta gente se limitaba a murmurar o indignarse coartando y cerrando así todo tipo de cambio, conversión e inserción, Jesús se acerca y se compromete, Jesús pone en juego su reputación e invita siempre a mirar un horizonte capaz de hacer nueva la vida y la historia. Todos tenemos un horizonte. Todos. Yo no tengo horizonte, me decía alguno de vosotros. Abré la ventana y lo verás (…) Dos miradas bien diferentes que se contraponen. Una mirada estéril e infecunda ―la de la murmuración y el chisme― y otra que invita a la transformación y conversión ―la del Señor.

La mirada de la murmuración y el chisme

Muchos no toleran y no les gusta esta opción de Jesús, es más, entre dientes al principio y con gritos al final, manifiestan su disgusto buscando desacreditar su comportamiento y el de todos aquellos que están con él. No aceptan y rechazan esta opción de estar cerca y ofrecer nuevas oportunidades. Esta gente condena de una vez para siempre. Esta gente califica de una vez para siempre. Con la vida de la gente parece más fácil poner rótulos y etiquetas que congelan y estigmatizan no solo el pasado sino también el presente y el futuro de las personas. (…) Hay gente que pone etiquetas (…) Rótulos que, en definitiva, lo único que logran es dividir: acá están los buenos y allá están los malos; acá los justos y allá los pecadores. (…) Nos encanta adjetivar a la gente, nos encanta (…). La cultura del adjetivo, esto Dios no lo acepta.

Esta actitud contamina todo porque levanta un muro invisible que hace creer que marginando, separando o aislando se resolverán mágicamente todos los problemas. Y cuando una sociedad o comunidad se permite esto y lo único que hace es cuchichear, chismorrear y murmurar, entra en un círculo vicioso de divisiones, reproches y condenas; curioso esta que no acepta a Jesús así, y se están condenando entre ellos. Entra en una actitud social de marginación, exclusión y de una confrontación tal que le hace decir irresponsablemente como Caifás, mejor que se muera… nosotros queremos vivir tranquilos (…). Y normalmente el hilo se corta por la parte más fina: la de los pobres y la de los indefensos.

Qué dolor genera ver cuando una sociedad concentra sus energías más en murmurar e indignarse que en luchar y luchar para crear oportunidades y transformación.

La mirada de la conversión

En cambio, todo el evangelio está marcado por esta otra mirada que no es nada más y nada menos que la que nace del corazón de Dios. Dios nunca te va a echar. Dios no echa a nadie. Dios te dice: vení, Dios te busca y te abraza. El Señor quiere hacer fiesta cuando ve a sus hijos que retornan a casa (cf. Lc 15,11-32). Así lo testimonió Jesús manifestando hasta el extremo el amor misericordioso del Padre. Tenemos Padre, hijitos, tenemos Padre. Me gustó esa confesión tuya: “Yo tengo Padre”. Un amor que no tiene tiempo para murmurar, sino que busca romper el círculo de la crítica superflua e indiferente, neutra e imparcial y asume la complejidad de la vida y de cada situación; un amor que inaugura una dinámica capaz de ofrecer caminos y oportunidades de integración y transformación, de sanación y de perdón, caminos de salvación. Comiendo con publicanos y pecadores, Jesús rompe la lógica que separa,excluye, aísla y divide falsamente entre “buenos y malos”. Y no lo hace por decreto o con buenasintenciones, tampoco con voluntarismos o sentimentalismo, lo hace creando vínculos capaces de posibilitar nuevos procesos; apostando y celebrando cada paso posible.

Así rompe también con otra murmuración nada fácil de detectar y que “taladra los sueños” porquerepite como susurro continuo: no vas a poder, no vas a poder. Es el cuchicheo interior que aparece en quien, habiendo llorado su pecado y consciente de su error no cree que pueda cambiar. Es cuando se creeinteriormente que el que nació “publicano” tiene que morir “publicano”; y esto no es verdad.

Los apóstoles traicionaron a Jesús y Jesús los buscó uno a uno (…). Cuidado con la polilla de “no vas a poder”, mucho cuidado.

Amigos: Cada uno de nosotros es mucho más que sus rótulos. Así Jesús nos lo enseña e invita a creer. Su mirada nos desafía a pedir y buscar ayuda para transitar los caminos de la superación. Hay veces que la murmuración parece ganar, pero no la crean, no la escuchen. Busquen y escuchen las voces que impulsan a mirar hacia delante y no las que los tiran abajo. Escuchen las voces que le abren la ventana y le hacen ver el horizonte. Está lejos… es difícil. Sí, pero vas a poder. ¡Vas a poder!

La alegría y la esperanza del cristiano ―de todos nosotros, también del Papa― nace de haber experimentado alguna vez esta mirada de Dios que nos dice: vos sos parte de mi familia y no puedo dejarte a la intemperie, no puedo perderte en el camino, estoy aquí contigo. ¿Aquí? Sí, aquí. Es haber sentido como lo compartiste vos, Luis, que en aquellos momentos que parecía que todo se había acabado algo te dijo: ¡No! Todo no ha terminado, porque tenés un propósito grande que te permite comprender que el Padre Dios estaba y está con todos nosotros y nos regala personas con las que caminar y ayudarnos a alcanzar nuevas metas.

Y así Jesús transforma la murmuración en fiesta y nos dice: “¡Alegrate conmigo!”.

Hermanos: Ustedes son parte de la familia, ustedes tienen mucho para compartir, ayúdennos a saber cuál es la mejor manera para estar y acompañar el proceso de transformación que, como familia, todos necesitamos.

Una sociedad se enferma cuando no es capaz de hacer fiesta por la transformación de sus hijos, una comunidad se enferma cuando vive de la murmuración aplastante, condenatoria e insensible. Una sociedad es fecunda cuando logra generar dinámicas capaces de incluir e integrar, de hacerse cargo y luchar para crear oportunidades y alternativas que den nuevas posibilidades a sus hijos, cuando se ocupa en crear futuro con comunidad, educación y trabajo. Y si bien puede experimentar la impotencia de no saber el cómo, no se rinde y lo vuelve a intentar. Todos tenemos que ayudarnos para aprender, en comunidad, a encontrar estos caminos. Es una alianza que tenemos que animarnos a realizar: ustedes, chicos, los responsables de la custodia y las autoridades del Centro y del Ministerio, y sus familias, así como los agentes de Pastoral. Todos, peleen y peleen para encontrar y buscar los caminos de inserción y transformación. Eso el Señor lo bendice, sostiene y acompaña.

En breve continuaremos con la celebración penitencial donde todos podremos experimentar la mirada del Señor, que no mira un rótulo ni una condena, sino que mira hijos. Mirada de Dios que desmiente las descalificaciones y nos da la fuerza para crear esas alianzas necesarias que nos ayudan a todos a desmentir las murmuraciones, alianzas fraternas que permiten que nuestras vidas sean siempre una invitación a la alegría de la salvación. a la Algeria de tener un horizonte delante, a la alegría de la fiesta de hijos, vayamos por este camino. Gracias.

 

 

Via Crucis con los jóvenes: Caminar con Jesús será siempre una gracia y un riesgo

San Juan Pablo II lo rezaba todos los días

enero 26, 2019 05:39Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 25 enero 2019).- Realidad de los Jóvenes y la Iglesia Mártir es el tema pastoral de este vía crucis, cuyo texto se ha diseñado en base a las estaciones compuestas por San Juan Pablo II, uno de los 8 patronos de la JMJ 2019.

San Juan Pablo II rezaba el vía crucis todos los días. Estas meditaciones acompañaron el Via Crucis presidido por el Sumo Pontífice en el Coliseo de Roma el Viernes Santo del año 2003.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Rosa-3-400x533.jpegEl papa polaco se sirvió de este texto para los ejercicios espirituales que, siendo cardenal arzobispo de Cracovia, dirigió al Papa Pablo VI y a la Curia romana, en el año 1976, en la capilla Matilde (actualmente capilla Redemptoris Mater) del Vaticano. Las meditaciones fueron publicadas con el emblemático título Signo de contradicción (en español, BAC, Madrid 1978).

Gracia y Riesgo

“Caminar con Jesús será siempre una gracia y un riesgo”, ha compartido el Santo Padre con los jóvenes, al comienzo de la oración.

“Es Gracia, porque nos compromete a vivir en la fe y a conocerlo, entrando en lo más hondo de su corazón, comprendiendo la fuerza de su palabra”, y “es Riesgo, porque en Jesús, sus palabras, sus gestos, sus acciones, contrastan con el espíritu del mundo, con la ambición humana, con las propuestas de una cultura del descarte y del desamor”.

“Hay una certeza que llena de esperanza este Camino de la Cruz”, ha anunciado el Papa. “Jesús lo recorrió con amor y también lo vivió la Virgen Gloriosa, la que desde el comienzo de la Iglesia ha querido sostener con su ternura el camino de la evangelización”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/31936917607_ab25c47fdb_k-412x275.jpgEstaciones del Via Crucis 

La primera estación, dedicada a la contemplación de Jesús en los Huertos de los Olivos (Mc 14, 32-36)
se ha encomendado por los Pobres, Jóvenes y vocaciones, y ha sido leído por un joven de Honduras.https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Venezuela-413x275.jpg

El ecumenismo ha sido el tema al que se ha dedicado la segunda estación del vía crucis, rezado por jóvenes de Cuba, “Jesús es traicionado por Judas y arrestado” (Mc 14, 43-46).

Una pareja de El Salvador ha leído la reflexión de la tercera estación, que se ha dedicado a rezar por la Iglesia de los Mártires, y jóvenes de Guatemala encomendaron especialmente por los indígenas la 4ª estación: Jesús es negado por Pedro. (Mc. 14, 66-72)

Casa Común

Costa Rica es el país encargado de proclamar la 5ª estación: “Jesús es juzgado por Pilato”. (Lc 23, 1- 4,23-24), encomendada a orar por la Casa Común. La 6ª estación la rezan dos jóvenes de Venezuela, “Jesús es flagelado y coronado de espinas”. (Mt. 27, 26-30) por los migrantes y refugiados.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Rosa-4-400x533.jpeg“Jesús carga con la cruz” (Jn 19, 16-17), séptima estación se reza por las víctimas y es Haití el país elegido para introducirla. Octava estación: “Jesús es ayudado por el Cirineo” (Mc 15,21), jóvenes brasileños leen el texto para orar por la esperanza.

Madres

La violencia contra la mujer es la intención de oración la estación novena, por jóvenes de la República Dominicana, mientras que los colombianos rezan por los Derechos humanos en la 10ª estación.

La 11ª estación se reza por la corrupción, por jóvenes de Puerto Rico: “Jesús promete su Reino al buen ladrón” (Lc 23, 39-43), y la 12ª estación se dedica a las madres y se encargan jóvenes de Belice de presentarla.

El aborto y el terrorismo son los temas que se han abordado en las 2 últimas estaciones del vía crucis.

 

 

El Papa confiesa a 5 adolescentes del Centro de Cumplimiento Las Garzas

Testimonio de un joven

enero 25, 2019 13:31Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 25 enero 2019).- El Papa Francisco ha administrado el sacramento del Perdón a 5 jóvenes del Centro de Cumplimiento Las Garzas, de Pacora, y otros 7 se han acercado a recibir la Reconciliación con otros sacerdotes, en la liturgia penitencial celebrada el viernes, 25 de enero de 2019, en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El acercamiento del Papa a las realidades de dolor y sufrimiento, y en concreto, el querer estar cerca de los jóvenes que por un motivo u otro, no han podido participar en los actos centrales de la JMJ 2019 en Panamá, han sido características esenciales en esta 15ª encuentro mundial de los jóvenes católicos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/DSC9162-355x533.jpg“Es la primera vez que un acto de liturgia penitencial de una Jornada Mundial de la Juventud se realiza en un centro de detención, y por tratarse de un centro de esta naturaleza, correspondió solo a los internos, sea la preparación, así como el desempeño de todos los ministerios de la liturgia, como el canto, los lectores y las invocaciones”, ha puntualizado Paolo Ruffini, Prefecto del Dicasterio de Comunicación del Vaticano.

Libertad

La ceremonia penitencial, en la que han participado 180 jóvenes infractores, del Centro de Las Garzas y de otros, ha tenido lugar en la capilla del recinto.

Uno de los chicos ha querido dar su testimonio al Santo Padre, agradeciéndole su cercanía: “Le agradezco que como servidor de nuestro Señor Jesús se tome el tiempo de escuchar a un joven privado de libertad como yo. No hay palabras para describir la libertad que siento en este momento”, palabras que han emocionado al Papa.

A continuación, se ha leído el Evangelio y el Papa ha pronunciado unas esperanzadoras palabras a los chicos, cara a cara y de manera muy familiar, cercana y directa.

Aquí reproducimos las palabras del joven panameño:

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/DSC9044-413x275.jpgTestimonio del joven de Pacora

Bienvenido al Centro de Cumplimiento de las Garzas de Pacora. Mi nombre es Luis Oscar Martínez y tengo 21 años de edad.

Mi vida ha sido difícil: al cumplir un año de edad, mi padre abandonó a mi madre. Ella siguió la batalla de la vida, no solo conmigo, sino con mi hermana y mi hermano.

Cuando iba creciendo sentía que me faltaba algo, que había un vacío dentro de mí. Hoy sé que ese algo que faltaba era la voz de un papá que me guiara con amor.

En el 2015 Dios tocó mi corazón y tomé la decisión de aceptar a Cristo como mi Señor y Salvador. Ese día volví a tener papá.

Pero tiempo después tropecé, y cometí un delito. No imaginé que tendría consecuencias graves como perder a parte de mi familia, mis estudios y estar en un lugar como este.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/SFO5862-413x275.jpgCausé un daño muy profundo a un ser querido y a mí. Cuando me detuvieron en abril del 2016, creí que todo había acabado. Al principio fue duro convivir con otras personas privadas de libertad, pero cuando me trasladaron al Centro de Cumplimiento de Pacora, meditando una noche algo me dijo que no todo ha terminado porque mi propósito es grande. En ese momento comprendí que mi Padre Dios estaba conmigo, y que si estoy en este momento hablando con usted es por gracia y amor de parte de Dios, mi Cristo amado. Me siento agradecido, porque puso aquellas personas en mi caminar para ayudarme a poder culminar mis estudios secundarios y lograr ese cambio en mi vida. Lo que espero, o cómo me veo en un futuro, es siendo un Chef internacional y un técnico en refrigeración especializada. Espero darle esa alegría a mi madre y estar en comunión con aquella parte de mi familia que perdí.

También quisiera darle las gracias a usted. Le agradezco que como servidor de nuestro Señor Jesús se tome el tiempo de escuchar a un joven privado de libertad como yo. No hay palabras para describir la libertad que siento en este momento.

Gracias por eso.

 

 

La presencia de la Virgen Peregrina de Fátima en Panamá es un “tiempo de gracia”

“Dios cuida maternalmente del hombre”

enero 26, 2019 07:18Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 26 enero 2019).- https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Fatima-1-326x275.jpg“La recepción de la Virgen Peregrina, aquí en Panamá, fue muy cálida”, han señalado los miembros de la delegación portuguesa que acompaña a la Virgen Peregrina de Nuestra Señora de Fátima en Panamá, en una rueda de prensa ofrecida en el Centro Internacional de Prensa de la Jornada Mundial de la Juventud 2019 (JMJ), el viernes, 25 de enero de 2019.

“Diría que estamos positivamente sorprendidos. Ya esperábamos una calurosa bienvenida, pero hemos superado nuestras más altas expectativas”, dijo el rector del Santuario de Fátima, padre Carlos Cabecinhas.

La peregrinación de la imagen de Nuestra Señora de Fátima en Panamá tuvo tres principales motivos, subrayó el Rector a los periodistas. La Virgen Peregrina se encuentra en Panamá “por invitación del arzobispo de la Ciudad de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta” y también “porque el Santuario de Fátima es consciente de la gran devoción del pueblo de Panamá a Nuestra Señora”. En fin, “porque esta Jornada Mundial de la Juventud tiene en concreto, un tema mariano”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/45926000185_cf4e532a34_k-413x275.jpgTienda del Encuentro 

La imagen Peregrina de Nuestra Señora de Fátima está en la Tienda del Encuentro, con su propio programa de oración y celebración. “Ha sido enorme el interés de las personas en tener estos encuentros, tanto de jóvenes participantes en la Jornada como de muchos fieles de Panamá“, dijo el Rector del Santuario de Fátima.

En una oportunidad, la imagen visitó el Centro Penitenciario, como lo describe el rector para que las privadas de libertad “tengan una intensa experiencia espiritual y les ofrezcan un momento festivo” y una iniciativa, según el apostolado del Papa Francisco, en el acercamiento a las periferias.

José Nuno, director del Departamento de Pastoral del Santuario de Fátima, que también estaba presente en la conferencia de prensa, destacó la importancia de la peregrinación para la pastoral del mensaje de Fátima sobre todo entre los jóvenes.

Estos días aquí nos ha permitido percibir que Fátima no es solamente una realidad portuguesa“, dijo el padre José Nuno, añadiendo que la mayor experiencia delante de la Imagen Peregrina es: “La de conexión y afecto que los jóvenes pueden cultivar en Nuestra Señora de Fátima”. Además, porque “Fátima es la experiencia de que Dios cuida maternalmente del hombre“.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/43451795365_e8cb44bdfe_k-413x275.jpg

Sor Lucía

Construida bajo las instrucciones de Sor Lucía de Jesús y del Inmaculado Corazón, la mayor de las tres videntes de Fátima, la Imagen fue ofrecida por el Obispo de Leiria y coronada solemnemente el 13 de mayo de 1947. Desde entonces, ha viajado varias veces alrededor del mundo, visitando 64 países de diferentes continentes, algunos de ellos en varias ocasiones.

“En menos de una década, esta imagen ha atravesado todos los continentes. Y podemos decir que, según los últimos estudios que hemos realizado, esta imagen ya ha recorrido más de 360 mil kilómetros, o sea, ya ha dado quince vueltas por el mundo; es la imagen, la escultura, la obra de arte que más ha viajado en toda la historia”, explicó Marco Daniel Duarte.

Actualmente, la Imagen Peregrina de Fátima está entronizada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima (Santuario de Fátima).

En el contexto del programa de la JMJ, la Imagen Peregrina de Fátima estará con el Papa Francisco durante la vigilia del sábado, 26 de enero, y en la misa dominical, el 27.

 

 

53ª Jornada Mundial Comunicaciones Sociales – Mensaje del Papa Francisco

‘Somos miembros unos de otros’ (Ef 4,25)

enero 25, 2019 22:24RedacciónMedios de comunicación y media, Papa y Santa Sede

Publicamos a continuación el Mensaje del Papa para la LIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que este año se celebra, en muchos países, el domingo 2 de junio, Solemnidad de la Ascensión del Señor.

«Somos miembros unos de otros» (Ef 4,25).

De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana

Queridos hermanos y hermanas:

Desde que internet ha estado disponible, la Iglesia siempre ha intentado promover su uso al servicio del encuentro entre las personas y de la solidaridad entre todos. Con este Mensaje, quisiera invitarles una vez más a reflexionar sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación; y a redescubrir, en la vastedad de los desafíos del contexto comunicativo actual, el deseo del hombre que no quiere permanecer en su propia soledad.

Las metáforas de la “red” y de la “comunidad

El ambiente mediático es hoy tan omnipresente que resulta muy difícil distinguirlo de la esfera de la vida cotidiana. La red es un recurso de nuestro tiempo. Constituye una fuente de conocimientos y de relaciones hasta hace poco inimaginable. Sin embargo, a causa de las profundas transformaciones que la tecnología ha impreso en las lógicas de producción, circulación y disfrute de los contenidos, numerosos expertos han subrayado los riesgos que amenazan la búsqueda y la posibilidad de compartir una información auténtica a escala global. Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber; pero también es cierto que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito.

Hay que reconocer que, por un lado, las redes sociales sirven para que estemos más en contacto, nos encontremos y ayudemos los unos a los otros; pero por otro, se prestan también a un uso manipulador de los datos personales con la finalidad de obtener ventajas políticas y económicas, sin el respeto debido a la persona y a sus derechos. Entre los más jóvenes, las estadísticas revelan que uno de cada cuatro chicos se ha visto envuelto en episodios de acoso cibernético. [1]

Ante la complejidad de este escenario, puede ser útil volver a reflexionar sobre la metáfora de la red que fue propuesta al principio como fundamento de internet, para redescubrir sus potencialidades positivas. La figura de la red nos invita a reflexionar sobre la multiplicidad de recorridos y nudos que aseguran su resistencia sin que haya un centro, una estructura de tipo jerárquico, una organización de tipo vertical. La red funciona gracias a la coparticipación de todos los elementos.

La metáfora de la red, trasladada a la dimensión antropológica, nos recuerda otra figura llena de significados: la comunidad. Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje.

Es evidente que, en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad. En el mejor de los casos, las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles. Además, la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo: este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo.

La red constituye una ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también potenciar nuestro autoaislamiento, como una telaraña que atrapa. Los jóvenes son los más expuestos a la ilusión de pensar que las redes sociales satisfacen completamente en el plano relacional; se llega así al peligroso fenómeno de los jóvenes que se convierten en “ermitaños sociales”, con el consiguiente riesgo de apartarse completamente de la sociedad. Esta dramática dinámica pone de manifiesto un grave desgarro en el tejido relacional de la sociedad, una laceración que no podemos ignorar.

Esta realidad multiforme e insidiosa plantea diversas cuestiones de carácter ético, social, jurídico, político y económico; e interpela también a la Iglesia. Mientras los gobiernos buscan vías de reglamentación legal para salvar la visión original de una red libre, abierta y segura, todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de favorecer su uso positivo.

Está claro que no basta con multiplicar las conexiones para que aumente la comprensión recíproca. ¿Cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?

 

“Somos miembros unos de otros”

Se puede esbozar una posible respuesta a partir de una tercera metáfora, la del cuerpo y los miembros, que san Pablo usa para hablar de la relación de reciprocidad entre las personas, fundada en un organismo que las une. «Por lo tanto, dejaos de mentiras, y hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros» (Ef 4,25). El ser miembros unos de otros es la motivación profunda con la que el Apóstol exhorta a abandonar la mentira y a decir la verdad: la obligación de custodiar la verdad nace de la exigencia de no desmentir la recíproca relación de comunión. De hecho, la verdad se revela en la comunión. En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo.

La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad. Como cristianos, todos nos reconocemos miembros del único cuerpo del que Cristo es la cabeza. Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas. Ya no hay necesidad del adversario para autodefinirse, porque la mirada de inclusión que aprendemos de Cristo nos hace descubrir la alteridad de un modo nuevo, como parte integrante y condición de la relación y de la proximidad.

Esta capacidad de comprensión y de comunicación entre las personas humanas tiene su fundamento en la comunión de amor entre las Personas divinas. Dios no es soledad, sino comunión; es amor, y, por ello, comunicación, porque el amor siempre comunica, es más, se comunica a sí mismo para encontrar al otro. Para comunicar con nosotros y para comunicarse a nosotros, Dios se adapta a nuestro lenguaje, estableciendo en la historia un verdadero diálogo con la humanidad (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 2).

En virtud de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios, que es comunión y comunicación-de-sí, llevamos siempre en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad. «Nada es tan específico de nuestra naturaleza –afirma san Basilio– como el entrar en relación unos con otros, el tener necesidad unos de otros».[2]

El contexto actual nos llama a todos a invertir en las relaciones, a afirmar también en la red y mediante la red el carácter interpersonal de nuestra humanidad. Los cristianos estamos llamados con mayor razón, a manifestar esa comunión que define nuestra identidad de creyentes. Efectivamente, la fe misma es una relación, un encuentro; y mediante el impulso del amor de Dios podemos comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.

La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás. El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal. El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje.

 

Del “like” al “amén”

La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro. Si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión. Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a los ojos, entonces es un recurso. Si una comunidad eclesial coordina sus actividades a través de la red, para luego celebrar la Eucaristía juntos, entonces es un recurso. Si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso.

Podemos pasar así del diagnóstico al tratamiento: abriendo el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia… Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres. La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los like sino sobre la verdad, sobre el amén con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás.

 

Vaticano, 24 de enero de 2019

Fiesta de San Francisco de Sales

 

FRANCISCUS

_______________________

 

[1] Para reaccionar ante este fenómeno, se instituirá un Observador internacional sobre el acoso cibernético con sede en el Vaticano.

[2]Regole ampie, III, 1: PG 31, 917; cf. Benedicto XVI, Mensaje para la 43 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (2009).

 

 

JMJ 2019: Encuentro del Papa con jóvenes de Scholas Occurrentes

Jóvenes de Honduras y Panamá

enero 26, 2019 07:00RedacciónJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 25 enero 2019).- Jóvenes de Honduras y Panamá, representantes de Scholas Occurrentes tuvieron, este viernes, 25 de enero de 2019, un encuentro no previsto con el Papa Francisco en la Nunciatura de Panamá, informan los organizadores de la JMJ 2019.

En su encuentro, los jóvenes le presentaron su propuesta de organizar una marcha pacífica de estudiantes pidiendo se resuelva la crisis actual en la región de América Central y el Caribe.

Scholas Occurrentes es una organización internacional de Derecho Pontificio creada por el Papa Francisco y que tiene por objetivo lograr la integración de todos los alumnos del mundo a través de propuestas tecnológicas, deportivas y artísticas que promueven la educación desde la cultura del encuentro.

Brayan Rodríguez, un joven panameño de 17 años, fue uno de los representantes de los estudiantes de Scholas que le pidió al Papa que continúe el diálogo con los gobernantes para que ellos aprendan a escuchar a los jóvenes y que respeten sus identidades: “Queremos una educación que no nos condene a ser empleados sino que nos permita ser emprendedores, transformadores de nuestra realidad”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/unnamed-3-413x275.jpgPor su parte, Orlin García de Honduras y Ana Karina Villalba de Venezuela, pidieron al Papa más experiencias de Scholas en sus países; además Ana Karina le entregó una carta de parte de su familia.

Martha Avila, de Honduras, lo abrazó, lloró y pudo transformar su dolor como víctima de bullying en una canción que se animó a cantarle a cappella al Papa. Al terminar el Papa les dijo: “Ustedes han tocado mi corazón, quiero que esta canción, si me permites su letra, se difunda por todas partes”.

 

SANTOS TITO Y TIMOTEO*
Obispos

Memoria

— Conservar la buena doctrina.

— Conocer con profundidad las verdades de la fe.

— Difundir la Buena Nueva custodiada por la Iglesia.

I. Tito y Timoteo fueron discípulos y colaboradores de San Pablo. Timoteo acompañó al Apóstol en muchas de sus tareas misionales como un hijo a su padre1. San Pablo le tuvo siempre un especial afecto. En su último viaje por Asia Menor le encargó el gobierno de la Iglesia de Éfeso, mientras que a Tito le confió la de Creta. Desde la prisión de Roma les escribe a ambos encareciéndoles el cuidado de la grey a ellos confiada, el encargo de mantener la doctrina recibida y de estimular la vida cristiana de los fieles, amenazada por el ambiente pagano que les rodeaba y por las doctrinas heréticas de algunos falsos maestros. En primer lugar, han de conservar intacto el depósito de la fe2 que les ha sido confiado y dedicarse con esmero a la enseñanza de la doctrina3, conscientes de que la Iglesia es columna y fundamento de la verdad4; por esto, deben rechazar con firmeza los errores y refutar a quienes los propagan5.

Desde los comienzos, la Iglesia ha procurado que la formación doctrinal de sus hijos se dirija a los contenidos fundamentales, expuestos con claridad, evitando pérdidas de tiempo y posibles confusiones que podrían seguirse de enseñar teorías poco probadas o marginales a la fe. Ya te encarecí –escribe el Apóstol a Timoteo– al marcharme a Macedonia, que permanecieras en Éfeso para que mandases a algunos que no enseñaran doctrinas diferentes, ni prestaran atención a mitos y genealogías interminables, que más bien fomentan discusiones que de nada sirven al plan salvífico de Dios en la fe6. El Papa Juan Pablo II, comentando este pasaje de la Escritura, indica a todos aquellos que se dedican a la formación de otros que «se abstengan de turbar el espíritu de los niños y de los jóvenes en esta etapa de su catequesis, con teorías extrañas, problemas inútiles o discusiones estériles...»7.

Quienes se presentan como maestros, pero no enseñan las verdades de la fe sino sus teorías personales, que siembran dudas o confusión, son un peligro grande para los fieles. A veces, con la intención de adaptar los contenidos de la fe al «mundo moderno» para hacerla más comprensible, no solo cambian el modo de explicarla sino su esencia misma, de tal manera que ya no enseñan la verdad revelada.

Hoy, también hay en medio del trigo una abundante siembra de cizaña, de mala doctrina. La radio, televisión, literatura, conferencias..., son medios poderosos de difusión y comunicación social, para el bien y el mal: junto con mensajes buenos, difunden errores que afectan de modo más o menos directo a la doctrina católica sobre la fe y las costumbres. Los cristianos no nos podemos considerar inmunes al contagio de esta enorme epidemia que sufrimos. Los maestros del error han aumentado en relación a aquella primera época en la que San Pablo escribe estas fuertes recomendaciones. Y sus advertencias, a pesar del tiempo transcurrido, son de plena actualidad. Pablo VI hablaba de «un terremoto brutal y universal»8: terremoto, porque subvierte; brutal, porque va a los fundamentos; universal, porque lo encontramos por todas partes9.

Conocedores de que la fe es un inmenso tesoro, hemos de poner los medios necesarios para conservarla en nosotros y en los demás, y para enseñarla con especial responsabilidad a aquellos que de alguna manera tenemos a nuestro cargo. La humildad de saber que también podemos sufrir el contagio nos moverá a ser prudentes, a no comprar o leer un libro de moda por el solo hecho de estar de moda, a pedir información y consejo sobre espectáculos, programas de televisión, lecturas, etc. La fe vale más que todo.

II. Guarda el precioso depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros10.

En el Derecho romano el depósito eran aquellos bienes que se entregaban a una persona con la obligación de custodiarlos para devolverlos íntegros cuando el que los había depositado lo requería11. San Pablo aplica el mismo término al contenido de la Revelación, y así ha pasado a la tradición católica. Este conjunto de verdades que es entregado a cada generación, que a su vez los transmite a la siguiente, no es fruto –como hemos meditado muchas veces del ingenio y de la reflexión humanos, sino que procede de Dios. Por eso, a quienes no son fieles a su enseñanza se podrían dirigir las palabras que el Profeta Jeremías pone en labios de Yahvé: Dos pecados ha cometido mi pueblo: me ha abandonado a Mí, fuente de las aguas vivas, para excavarse aljibes agrietados que no pueden retener las aguas12. Quienes dejan a un lado el Magisterio de la Iglesia, solo pueden enseñar doctrinas de hombres, que resultan no solo vanas y vacías, sino también dañinas –a veces demoledoras para la fe y la salvación. El verdadero evangelizador es aquel que, «aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar»13.

Dentro de las verdades que componen el depósito de la fe, la Iglesia ha señalado con todo cuidado las definiciones dogmáticas. Muchas de ellas fueron formuladas y precisadas ante ataques de los enemigos de la fe, en épocas de oscuridad, o para acrecentar la piedad de los fieles. En unas charlas a los universitarios católicos de Oxford, R. Knox explicaba que estas verdades venían a ser para nosotros, que recorremos el camino de la vida, lo que para los navegantes las boyas puestas a la desembocadura de un río. Señalan los límites entre los cuales se puede navegar con seguridad y sin miedo; fuera de ellos, siempre existe el peligro de tropezar con algún banco de arena y encallar. Mientras se discurre dentro del camino señalado, tan cuidadosamente marcado, en aquellas materias que se refieren a la fe y a la moral, se puede avanzar tranquilo y a buena marcha. Salirse de él equivale a naufragar. Cuando nos encontramos con estas verdades, nuestro pensamiento, lejos de sentirse coartado, discurre más seguro, porque la verdad se ha hecho más nítida14.

Desde muy antiguo, la Iglesia, maternalmente, ha procurado resumir las verdades de la fe en pequeños Catecismos, en los que de una manera clara y sin ambigüedad ha hecho asequible el tesoro de la Revelación divina –explicado por el Magisterio a lo largo de los siglos–, al alcance de todos. La catequesis, obra de misericordia cada vez más necesaria, es uno de los principales cometidos de la Iglesia, y en ella, en la medida de nuestras posibilidades, hemos de participar todos. A nosotros mismos, cuando ya han pasado los años de la infancia y quizá de la adolescencia, nos puede ser de gran ayuda el repaso de las verdades contenidas y explicitadas de modo sencillo en el Catecismo. Pero no basta con recordar estas ideas fundamentales que un día aprendimos: «poco a poco -señala Juan Pablo II se crece en años y en cultura, se asoman a la conciencia problemas nuevos y exigencias nuevas de claridad y certeza. Es necesario, pues, buscar responsablemente las motivaciones de la propia fe cristiana. Si no se llega a ser personalmente conscientes y no se tiene una comprensión adecuada de lo que se debe creer y de los motivos de la fe, en cualquier momento todo puede hundirse fatalmente...»15. Sin fidelidad a la doctrina no se puede ser fiel al Maestro, y en la medida en que penetramos más y más en el conocimiento de Dios se hace más fácil la piedad y el trato con Cristo.

III. Attende tibi et doctrinae... Cuida de ti mismo –aconseja San Pablo a Timoteo– y de la enseñanza; persevera en esta disposición, pues actuando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan16. Debemos aprovechar con empeño los medios de formación que tenemos a nuestro alcance: estudio de obras de la Sagrada Teología que nos recomiende quien sabe y nos conoce bien, aprovechamiento de los retiros, de la lectura espiritual... Se trata de adquirir una buena formación doctrinal según nuestras peculiares circunstancias, para conocer mejor a Dios, para darlo a conocer, para evitar el contagio de tantas falsas doctrinas como cada día, por un medio u otro, nos llegan.

La doctrina nos da luz para la vida, y la vida cristiana dispone el corazón para penetrar en el conocimiento de Dios. Él nos pide constantemente una respuesta de la inteligencia a todas aquellas verdades que, en su amor eterno, nos ha revelado. Este no es un conocimiento teórico: debe desplegarse en la totalidad de la existencia, para permitirnos actuar, hasta en lo más pequeño, de acuerdo con el querer del Señor. Hemos de vivir con arreglo a la fe que profesamos: sabiéndonos hijos de Dios en todas las situaciones, contando con un Ángel Custodio que el Señor ha querido que nos ampare, animados siempre con la ayuda sobrenatural que nos prestan todos los demás cristianos... Con esta vida de fe, casi sin darnos cuenta, daremos a conocer a otros muchos el espíritu de Cristo.

1 Flp 2, 22. — 2 1 Tim 6, 20. — 3 1 Tim 6, 16. — 4 1 Tim 3, 15. — 5 1 Tim 1, 13. — 6 1 Tim 1, 3-4. — 7 Juan Pablo II, Catechesi tradendae, 16-X-1979, 61. — 8 Cfr. Pablo VI, Exhor. Apost. Petrum et Paulum, 22-II-1967. — 9 Cfr. P. Rodríguez, Fe y vida de fe, EUNSA, Pamplona 1974, p. 151. — 10 2 Tim 1, 14. — 11 Cfr. Sagrada Biblia, vol IX, Epístolas a los Tesalonicenses. Epístolas pastorales. EUNSA, Pamplona 1989, nota a 1 Tim 6, 20. — 12 Jer 2, 13. — 13 Pablo VI, Exhor. Apost. Evangelii nuntiandi. 8-XII-1975, 78. — 14 Cfr. R. A. Knox, El torrente oculto, Rialp, Madrid 1956, p. 262 ss. — 15 Juan Pablo II, Alocución 24-III-1979. — 16 1 Tim 4, 16.

Discípulos y colaboradores de San Pablo, fueron Obispos de Éfeso y Creta, respectivamente. Son los destinatarios de las Cartas llamadas «pastorales» del Apóstol.

Timoteo nació en Listra, en Asia Menor, de madre judía y padre gentil, y se convirtió en el primer viaje de San Pablo a aquella ciudad. Destaca en él la fidelidad con que siguió al Apóstol; debía de ser muy joven cuando San Pablo ruega a los cristianos de Corinto que le traten con respeto, y aún no tenía muchos años cuando fue nombrado Obispo de Éfeso. La tradición nos ha transmitido que murió mártir en esta ciudad.

Tito fue uno de los discípulos más apreciados por San Pablo. Hijo de padres paganos, fue convertido seguramente por el mismo Apóstol. Asistió con él y con Bernabé al Concilio de Jerusalén. En las Cartas de San Pablo aparece como un hombre lleno de fortaleza ante los falsos maestros y las erróneas doctrinas que ya comenzaban a aparecer. Murió, casi centenario, hacia el año 105.

 

 

“Un encuentro personal con Dios”

Cuando le recibas, dile: Señor, espero en Ti; te adoro, te amo, auméntame la fe. Sé el apoyo de mi debilidad, Tú, que te has quedado en la Eucaristía, inerme, para remediar la flaqueza de las criaturas (Forja, 832)

No descubro nada nuevo si digo que algunos cristianos tienen una visión muy pobre de la Santa Misa, que para otros es un mero rito exterior, cuando no un convencionalismo social. Y es que nuestros corazones, mezquinos, son capaces de vivir rutinariamente la mayor donación de Dios a los hombres. En la Misa, en esta Misa que ahora celebramos, interviene de modo especial, repito, la Trinidad Santísima. Corresponder a tanto amor exige de nosotros una total entrega, del cuerpo y del alma: oímos a Dios, le hablamos, lo vemos, lo gustamos. Y cuando las palabras no son suficientes, cantamos, animando a nuestra lengua ‑Pange, lingua!‑ a que proclame, en presencia de toda la humanidad, las grandezas del Señor.
Vivir la Santa Misa es permanecer en oración continua; convencernos de que, para cada uno de nosotros, es éste un encuentro personal con Dios: adoramos, alabamos, pedimos, damos gracias, reparamos por nuestros pecados, nos purificamos, nos sentimos una sola cosa en Cristo con todos los cristianos. (Es Cristo que pasa, nn. 87-88)

 

 

«La tarea de hacer el Opus Dei era un imposible, humanamente hablando»

El 23 de enero se presentó en la Librería Neblí (TROA) el libro “Posguerra. La primera expansión del Opus Dei durante los años 1939 y 1940”, de Onésimo Díaz, Profesor de Historia de la Universidad de Navarra e Investigador del CEDEJ (Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer).

Últimas noticias26/01/2019

 

Publicado por la Editorial Rialp, el libro analiza la vida cotidiana en la residencia de estudiantes de la calle Jenner de Madrid, que comenzó su andadura en septiembre de 1939, al suceder a la residencia de la calle Ferraz, y los primeros viajes para ampliar la labor del Opus Dei a Barcelona, Valencia, Zaragoza, Valladolid, Bilbao, San Sebastián, Granada, Salamanca, Murcia, Gijón y Oviedo en los años 1939 y 1940.

El profesor Onésimo Díaz describe cómo tuvo lugar el desarrollo de la Obra desde Madrid a las principales ciudades universitarias españolas. En el libro aparecen jóvenes que luego desempeñaron un papel relevante en la historia de España como Alberto Ullastres, Rafael Termes, José María Albareda, Rafael Calvo Serer, Antonio Fontán, Vicente Rodríguez Casado, Florentino Pérez Embid…

También son protagonistas de este libro jóvenes universitarios que comenzaron la labor de la Obra en otros países, como Pedro Casciaro, José Luis Múzquiz y José María Hernández Garnica, o que trabajaron junto al fundador y le sucedieron al frente de la institución, como Álvaro del Portillo.

Historia del Opus Dei contextualizada

El autor contextualiza la historia del Opus Dei en esos años en la más general de la posguerra española y los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Analiza cifras y estudios sobre la población universitaria de la época, las instituciones religiosas, como la Acción Católica, las Congregaciones Marianas y la Acción Católica Nacional de Propagandistas (ACNdP), las pastorales de los Obispos y sus relaciones con Franco, etc.

Las fuentes que ha utilizado el autor para el libro, muy documentado, son los documentos sobre la época del Archivo General de la Prelatura del Opus Dei en Roma: “A través de ellos trato de presentar con toda intensidad la vida y actividades del fundador y de las personas del Opus Dei”.

Las fuentes que ha utilizado el autor para el libro, muy documentado, son los documentos sobre la época del Archivo General de la Prelatura del Opus Dei en RomaLas fuentes que ha utilizado el autor para el libro, muy documentado, son los documentos sobre la época del Archivo General de la Prelatura del Opus Dei en Roma

También ha consultado como fuentes primarias, entre otros, el Archivo General de la Administración, el del Palacio Real y el de la Universidad de Navarra, donde se custodian muchos de los archivos personales de los personajes relevantes que se citan; y como fuentes secundarias una amplísima bibliografía que cita a pie de página, sobre muchas de las cuestiones que se abordan en el libro.

El libro incluye una buena selección fotográfica de personas y lugares, un mapa y un índice de nombres.

El ambiente social de la labor apostólica del Opus Dei

Intervinieron en el acto la profesora de Comunicación de la Universidad de Valladolid María Merino Bobillo, que presentó a los que iban a intervenir y comentó que: “Como comunicadora, me quedo con el contraste entre la portada del libro y su contenido. En la portada hay destrucción, desolación, ruina y solamente tres personas que las contemplan con resignación. Y el contenido del libro rebosa entrega, dedicación, entusiasmo. Al pequeño grupo inicial de seguidores de san Josemaría se van incorporando más y más jóvenes con una conciencia de misión tan clara que dedican su vida a ello, se mueven, viajan en unas condiciones muy distintas a las actuales (carreteras destrozadas por la guerra, los fines de semana reducidos al sábado por la tarde y el domingo…) y lo hacen para extender la semilla de lo que ellos acaban de conocer: el Opus Dei, que por decirlo así, apenas existía, si comparamos con la actualidad. No existían modos de hacer, experiencias, gente, medios… y su empuje, secundando al Fundador, marcó un modo de hacer”.

A continuación tomó la palabra el Catedrático Emérito de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense Octavio Ruíz-Manjón que habló del duro contexto en que se desarrolló esta historia.

“Como comunicadora, me quedo con el contraste entre la portada del libro y su contenido”, señaló María Merino Bobillo“Como comunicadora, me quedo con el contraste entre la portada del libro y su contenido”, señaló María Merino Bobillo

La Iglesia sobrevivió a una dura represión en la guerra civil en la que fueron asesinados siete mil sacerdotes y religiosos, trescientas religiosas y numerosos laicos, según las documentadas cifras de Antonio Montero. El papa Pío XI ya empleó la palabra martirio en septiembre de 1936”. La represión en el otro bando también fue dura, aunque de otro signo. Y también hubo personas que buscaron la piedad y el perdón, como D. Marcelino Olaechea, obispo y amigo de san Josemaría.

Y continuó: “El Opus Dei, como parte de la Iglesia, atravesó esa época con enormes dificultades y el Prof. Onésimo Díaz ha realizado un gran esfuerzo de contextualización de la España que salió de la guerra civil: el esfuerzo de una España nueva y soñada. Y es en ese ambiente donde trabajan con entusiasmo los jóvenes del Opus Dei realizando un enorme esfuerzo de apostolado cristiano”.

Un relato conmovedor y muy iluminador de los comienzos del Opus Dei

Intervino a continuación el Catedrático de Comunicación de la UNIR Julio Montero Díaz, que resaltó del libro “la epopeya que relata: en un año, el Opus Dei, apenas formado por un grupo de poco más de una docena de miembros, pasa a multiplicarse y en ese poco tiempo llega a tener setenta y seis miembros. El ambiente era muy duro: se pasa hambre, no se viaja porque es muy difícil hacerlo… Este crecimiento y este entusiasmo en la misión, no fue fruto sólo de un gran esfuerzo –que lo hubo–, sino de algo íntimo: la conciencia de una llamada de Dios para realizar el Opus Dei”.

El libro narra una microhistoria, a base de cartas, diarios y relatos de los viajes, pero la historia que cuenta es una epopeya en la que los jóvenes, movidos por el empuje sobrenatural de san Josemaría, tenían conciencia de estar comenzando algo grande, querido por Dios, y “con un entronque en el modo de hacer de los primeros cristianos”. En el relato parecen entrelazados lo divino y lo humano: personas que se convierten, que se acercan a Dios, y la compra de pan en una panadería de Valladolid para llevar a Madrid, donde escaseaba...

El Catedrático Julio Montero Díaz resaltó del libro “la epopeya que relata”El Catedrático Julio Montero Díaz resaltó del libro “la epopeya que relata”

Por último, el autor, Onésimo Díaz habló de los dos años intensos de la vida de la institución fundada por san Josemaría Escrivá: “tras la guerra civil española, el fundador del Opus Dei visita las ruinas de la residencia de estudiantes DYA, en la calle Ferraz de Madrid y observa que el inmueble ha sido destruido y solo contaba con catorce hombres muy jóvenes y dos mujeres recién incorporadas, y una misión que apenas ha cumplidos diez años de vida. Humanamente hablando era una tarea imposible”.

El autor describió las partes del libro: las Cartas circulares de san Josemaría a los fieles del Opus Dei para alentarles en su vocación y su misión de transmitir el espíritu de la Obra de santificación en medio del mundo; la con la ayuda de la madre y la hermana del fundador, trasmite un espíritu de familia y un ambiente de hogar; los viajes a las ciudades universitarias: “se pasaba hambre, eran viajes duros, sacrificados, penitentes, que hacían jóvenes entusiasmados con su misión de dar a conocer la vocación cristiana de santidad en medio del mundo, mediante la santificación del estudio, el trabajo, las relaciones familiares y sociales…”.

Onésimo Díaz resaltó que ha querido “darles voz a los protagonistas para que cuenten la historia a su manera, pues las fuentes están muy bien conservadas”Onésimo Díaz resaltó que ha querido “darles voz a los protagonistas para que cuenten la historia a su manera, pues las fuentes están muy bien conservadas”

El Prof. Onésimo Díaz concluyó su intervención: “he querido leer con perspectiva de historiador las cartas, los diarios y los relatos de viajes y darles voz a los protagonistas para que cuenten la historia a su manera, pues las fuentes están muy bien conservadas”.

Concluyó la moderadora, la profesora María Merino Bobillo:Estos jóvenes estaban haciendo realidad la conciencia de la radicalidad de la vocación cristiana a la santidad de los laicos, treinta años antes de que el Concilio Vaticano II hablara de ella. Resulta conmovedor y muy iluminador para las personas del Opus Dei, para los creyentes y para todo hombre de bien conocer esta historia de jóvenes que aprendieron de san Josemaría a ser santos en medio del mundo”.

 

 

Algo grande y que sea amor (I): Jesús sale a nuestro encuentro

Primer artículo de una serie sobre el discernimiento vocacional, titulada “Algo grande y que sea amor”, porque cada hombre y cada mujer están llamados a descubrir el proyecto de Dios en la propia vida.

Vocación27/09/2018

Opus Dei - Algo grande y que sea amor (I): Jesús sale a nuestro encuentro

Este mes de octubre tiene lugar en Roma la Asamblea general ordinaria del sínodo de los obispos, que el Papa Francisco ha querido dedicar a Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. En la carta en la que anunciaba el evento a los jóvenes, el Papa evocaba el encuentro de los primeros discípulos con el Señor. «También a ustedes —escribía— Jesús dirige su mirada y los invita a ir hacia Él. ¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino?»[1].

El encuentro personal con Jesús puede hacerse difícil en un momento en que «el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo». Sin embargo, «esta llamada sigue resonando en el corazón de cada uno para abrirlo a la alegría plena». Será posible responder a ella, concluye el Papa, «en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertos», cada uno sepa «emprender un itinerario de discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en la propia vida»[2]. La serie de artículos que ahora comienza quiere ser una ayuda en ese camino. De la mano de los primeros discípulos de Jesús, de las enseñanzas del Papa, de los santos, de san Josemaría, podemos profundizar en esa realidad perenne: Dios nos llama; «Él tiene un plan para cada uno: la santidad»[3].

San Josemaría recordaba cómo, con apenas dieciséis años, descubrió que el corazón le pedía «algo grande y que fuese amor»[4]. Ojalá también nosotros podamos descubrir y redescubrir —porque el amor es siempre joven, siempre sorprendente— algo grande y que sea amor.

***

«Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo: — Éste es el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: — ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: — Rabbí — que significa: “Maestro” —, ¿dónde vives? Les respondió: — Venid y veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima» (Jn 1,35-39). Los protagonistas de esta escena del Evangelio debieron transmitir su recuerdo con gran emoción. Se trataba del momento más importante de sus vidas: el día en que se encontraron, por primera vez, con Jesús de Nazaret.

Encontrarse con Cristo es la experiencia decisiva para para cualquier cristiano

En realidad, encontrarse con Cristo es la experiencia decisiva para cualquier cristiano. Benedicto XVI lo señaló con fuerza al inicio de su pontificado: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[5]. Es muy revelador el hecho de que el Papa Francisco haya querido recordárnoslo también desde el comienzo: «Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso»[6]. En estas páginas queremos seguir esa invitación, siguiendo las huellas del apóstol más joven: san Juan.

¿Quién es Jesucristo para mí? ¿Quién soy yo para Jesús?

El cuarto Evangelio resume con una hermosa frase la identidad del joven Juan: él era «el discípulo al que Jesús amaba». Con eso, en realidad, estaba todo dicho: Juan era alguien a quien Jesús amaba. A la vuelta de los años, esa convicción no se apagaría, sino que se haría aún más fuerte: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó» (1 Jn 4,10). Sin duda, esa seguridad en el Amor que el Señor le tenía es lo que le hizo capaz de conservar, hasta el final de sus días, una alegría profunda y contagiosa. La misma que se respira en su Evangelio. Todo empezó aquel día, a orillas del Jordán.

Y nosotros, ¿hemos experimentado un encuentro tan familiar como el
del joven apóstol? Incluso si somos cristianos desde hace ya muchos años y llevamos toda la vida rezando, es bueno que nos detengamos un momento a pensar: «Para mí, ¿quién es Jesucristo? ¿Qué supone Jesucristo en mi vida real, hoy y ahora?». Con esta consideración podemos calibrar cómo es nuestra fe. «Pero antes de esta pregunta, hay otra en cierto sentido más importante, inseparable y previa (…): ¿Quién soy yo para Jesucristo?»[7].

Ante estas preguntas, no es extraño que nos quedemos un poco perplejos: ¿Quién soy yo para Jesucristo? ¿Quién soy? ¿Una criaturilla? ¿Un producto de la evolución? ¿Un humano más… que tiene que cumplir sus mandamientos? ¿Cómo me ve Jesús? Resulta iluminante, en estas situaciones, mirar a los santos. En una ocasión en que preguntaron algo parecido a San Juan Pablo II, contestó: «Mira, tú eres un pensamiento de Dios, tú eres un latido del corazón de Dios. Afirmar esto es como decir que tú tienes un valor, en cierto sentido, infinito, que cuentas para Dios en tu irrepetible individualidad»[8]. Lo que él mismo había descubierto —lo que han descubierto todos los santos— es lo mucho que le importamos a Dios. No somos una criaturilla, un siervo que está sin más en el mundo para hacer lo que Él quiera. Somos amigos de verdad. Todo lo nuestro le importa, y por eso se preocupa de nosotros y nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida, aunque muchas veces no lo notemos.

Todo esto no es una exageración. Jesús mismo dijo a sus apóstoles: «Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos… A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he hecho conocer» (Jn 15,13-15). Son palabras actuales: Jesucristo «vive y os lo dice a vosotros ahora. Escuchad esta voz con gran disponibilidad; tiene algo que deciros a cada uno»[9]. ¿Quién soy entonces yo para Jesucristo? Soy su amigo, al que quiere con el amor más grande; soy un latido de su corazón. Así soy yo para Él. Y Él, ¿quién es para mí?

¡Que busques a Cristo!

El 29 de mayo de 1933, un joven estudiante de Arquitectura acudió por primera vez a conversar con san Josemaría. Se llamaba Ricardo Fernández Vallespín. Muchos años después, recordaba: «El Padre me habló de las cosas del alma…; me aconsejó, me animó a ser mejor… Recuerdo perfectamente, con una memoria visual, que antes de despedirme, el Padre se levantó, fue a una librería, cogió un libro que estaba usado por él y en la primera página puso, a modo de dedicatoria, estas tres frases: «¡Que busques a Cristo! ¡Que encuentres a Cristo! ¡Que ames a Cristo!»[10]. En aquella conversación, también san Josemaría quiso empezar por lo más importante: el encuentro personal con el Señor.

«¡Que busques a Cristo! ¡Que encuentres a Cristo! ¡Que ames a Cristo!»

El apóstol Juan se puso a buscar a Cristo, aun sin saber exactamente a quién buscaba. Sí sabía que buscaba algo que llenara su corazón. Tenía sed de una vida plena. No le parecía suficiente vivir para trabajar, para ganar dinero, para hacer lo mismo que todos… sin ver más allá del horizonte de su pequeña comarca. Tenía un corazón inquieto, y quería saciar esa inquietud. Por eso fue tras el Bautista. Y fue precisamente estando con él que Jesús pasó por su lado. El Bautista le indicó: «Este es el Cordero de Dios»; y él y su amigo Andrés, «al oírle hablar así, siguieron a Jesús» (Jn 1,36-37).

¿Qué podemos hacer nosotros para seguir los pasos del joven apóstol? Primero, escuchar nuestro corazón inquieto. Hacerle caso cuando se muestre insatisfecho, cuando no le baste una vida mundana, cuando desee algo más que las cosas y las satisfacciones de la tierra. Y acercarnos a Jesús. De hecho, tal vez lo hemos tenido, en cierto sentido, más fácil que Juan. Muchas personas nos han indicado ya dónde está Jesús: «aprendimos a invocar a Dios desde la infancia, de los labios de unos padres cristianos; más adelante, maestros, compañeros, conocidos, nos han ayudado de mil maneras a no perder de vista a Jesucristo»[11]. Por eso, lo que podemos hacer ahora es buscarle: «Buscadlo con hambre, buscadlo en vosotros mismos con todas vuestras fuerzas. Si obráis con este empeño, me atrevo a garantizar que ya lo habéis encontrado, y que habéis comenzado a tratarlo y a amarlo, y a tener vuestra conversación en los cielos»[12].

¡Que encuentres a Cristo!

Cuando Juan y Andrés comenzaron a seguir a Jesús aquella primera vez, la situación debió ser un poco embarazosa para ellos. Se habían puesto en camino detrás de aquel hombre, pero ¿cómo le iban a abordar? No es muy convencional parar a alguien y preguntarle: «¿Eres tú el Cordero de Dios?» Sin embargo, eso les había dicho el Bautista y, en realidad, era lo único que sabían de Él… Quizá estaban deliberando entre ellos qué podían hacer cuando Jesús mismo, «viendo que le seguían, les preguntó: — ¿Qué buscáis?» (Jn 1,38).

Al Señor le conmueven los corazones jóvenes, inquietos. Por eso, cuando le buscamos sinceramente, Él mismo se hace el encontradizo de la manera más inesperada. San Josemaría recordó toda la vida su primer encuentro personal e inesperado con Jesús. Él era entonces un adolescente, con un corazón que bullía de proyectos e ideales. Tras una fuerte nevada, que había cubierto las calles de su ciudad con un denso manto blanco, salió de casa. Descubrió al poco, sorprendido, el rastro de unos pies descalzos sobre la nieve. Las huellas le llevaron hasta un fraile que iba camino de su convento. Aquello le impresionó profundamente. «Si otros hacen tantos sacrificios por Dios y por el prójimo,
—se dijo— ¿no voy a ser yo capaz de ofrecerle algo?»[13]>

Ese día, igual que Juan y Andrés, el joven Josemaría fue tras los pasos del Señor, que se hacía presente, esta vez, en unas huellas en la nieve. Muchas otras personas quizá también vieron aquellas huellas, pero para aquel joven fueron un signo inequívoco de que Jesús quería entrar en su vida. Después, su reacción fue muy similar a la de aquellos primeros amigos de Jesús. «Ellos le dijeron: — Rabbí — que significa: “Maestro” — , ¿dónde vives? Les respondió: — Venid y veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima» (Jn 1,38-39).

Descubrir que alguien nos ama despierta en nosotros un deseo enorme de conocerle. Saber que alguien ha tenido con nosotros una atención de buen amigo hace que queramos conocerle. Descubrir que hay alguien a quien le importamos, que hay alguien que nos está esperando, y que tiene la respuesta a nuestros anhelos más profundos, nos lleva a buscarle. A través de aquellas huellas, Dios quiso que san Josemaría cayera en la cuenta de que «llevaba ya, metida muy dentro, “una inquietud divina”, que renovó su interior con una vida de piedad más intensa»[14]. Buscar a Jesús y encontrarle es solo el inicio. Podremos a partir de entonces empezar a tratarle como a un amigo. Procuraremos conocerle mejor, leyendo el Evangelio, acercándonos a la Santa Misa, disfrutando de su intimidad en la Comunión, cuidándole en quienes más lo necesitan. Y procuraremos darnos a conocer, compartiendo con nuestro Amigo nuestras alegrías y nuestras tristezas, nuestros proyectos y nuestros fracasos. Porque eso es, después de todo, la oración: «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama»[15]. Como Juan y Andrés, que pasaron todo aquel día con Jesús.

¡Que ames a Cristo!

Para el joven Juan, el día en que encontró a Jesús fue el día en que su vida cambió. Por supuesto, tenía aún mucho camino por delante. Desde la pesca milagrosa hasta los viajes con Jesús por Palestina; desde sus milagros hasta su palabra que llenaba de alegría el corazón, o hasta sus gestos de cariño con los enfermos, con los pobres, con los despreciados… Pero, sobre todo, aquellos momentos de conversación a solas con el Maestro. El diálogo que comenzó una tarde, junto al río Jordán, iba a durar toda una vida.

La relación con nuestros amigos nos va transformando, hasta que llegamos a querer lo mismo

Todos tenemos experiencia de la medida en que una amistad nos cambia. Por eso es lógico que los padres estén pendientes de las amistades de sus hijos. Sin darnos cuenta, la relación con nuestros amigos nos va transformando, hasta que llegamos a querer lo mismo y rechazar lo mismo. Tanto nos une la amistad, que se puede decir que los amigos comparten «una misma alma que sustenta dos cuerpos»[16].

En este sentido, es muy llamativa la transformación del joven apóstol. A él, junto a su hermano Santiago, les llamaban «los hijos del Trueno» (Mc 3,17), y algunos detalles de los Evangelios nos hacen comprender que no se trataba de un epíteto excesivo. Por ejemplo, aquella ocasión en que unos samaritanos se negaron a dar alojamiento a Jesús y a sus discípulos, y los hermanos se dirigieron al Maestro preguntando: «¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?» (Lc 9,54). Sin embargo, poco a poco, precisamente a medida en que iba creciendo su amistad con Él, aprendieron a amar como Jesús, a comprender como Jesús, a perdonar como Jesús.

Lo mismo nos puede suceder a cada uno de nosotros: encontrar a Jesús y tratarle nos llevará a querer amar como Él ama. No debe sorprendernos que ese deseo vaya tomando nuestro corazón: dejemos que se llene de agradecimiento, porque el Señor quiere contar con nosotros para hacer presente su Amor en el mundo. Así sucedió a san Josemaría. Aquellas huellas en la nieve le dieron una profunda seguridad de que tenía una misión en esta tierra: «comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor»[17]. Descubramos también nosotros, detrás de estas llamadas del corazón, un eco de la voz de Jesús que en muchas ocasiones leemos en el Evangelio: «¡Sígueme!»

Vivir con Cristo nuestra vida entera

Echando la mirada atrás, Juan no hubiera cambiado nada por tener la oportunidad de seguir a Jesús. Así es como Dios actúa en cada persona: «El amor noble de Jesús nos anima a hacer grandes cosas, y mueve a desear siempre lo más perfecto. El amor quiere estar en lo más alto, y no ser detenido por ninguna cosa baja»[18]. Le sucedió a Juan, como le sucedió a Pedro, a Santiago, a Pablo… a Bartimeo, a María Magdalena y a tantos otros desde que Jesús vino al mundo. La presencia del Señor no es menos real hoy que entonces. Al contrario: Jesús está más presente, porque puede vivir en cada uno de nosotros. Más que invitarnos a compartir la misión que Él recibió de su Padre, pues, Jesús quiere amar desde nuestra vida, desde dentro de cada uno: «permaneced en mi amor», nos dice (Jn 15,9), para reconciliar este mundo con Él, cambiar odio por Amor, egoísmo por servicio, rencor por perdón.

El joven apóstol, que había descubierto el Amor del Señor, le acompañó junto a la Cruz. Más tarde, con el resto de los apóstoles, recibió una misión que daría forma a su vida entera: «— Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). También nosotros, si escuchamos nuestro corazón inquieto y buscamos a Jesús, si le encontramos y le seguimos, si somos amigos suyos, descubriremos que Él cuenta con nosotros. Nos propondrá que le ayudemos, cada uno a su modo, en la Iglesia. Como un amigo que, precisamente porque nos quiere, nos propone sumarnos a un proyecto entusiasmante. «Hoy Jesús, que es el camino, te llama a ti, a ti, a ti a dejar tu huella en la historia. Él, que es la vida, te invita a dejar una huella que llene de vida tu historia y la de tantos otros. Él, que es la verdad, te invita a abandonar los caminos del desencuentro, la división y el sinsentido. ¿Te animas?»[19].

Borja Armada


[1] Francisco, Carta a los jóvenes con ocasión de la presentación del Documento preparatorio de la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, 13-I-2017.

[2] Ibidem.

[3] F. Ocáriz, notas de un encuentro con jóvenes en Argentina, 5-VIII-2018.

[4] A. Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, vol. I, p. 97.

[5] Benedicto XVI, Enc. Deus Caritas est (25-XII-2005), n. 1.

[6] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (24-XI-2013), n. 3.

[7] AGP, Biblioteca, P03, 2017, p. 146.

[8] San Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes de Kazajstán, 23-IX-2001.

[9] Benedicto XVI, Audiencia General, 2-VIII-2006.

[10] Camino, edición crítico-histórica, comentario al n. 382.

[11] Es Cristo que pasa, n. 1.

[12] Amigos de Dios, n. 300.

[13] Andrés Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, volumen I, p. 96.

[14] Ibidem, p. 97.

[15] Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, 8, 2.

[16] San Gregorio Nacianceno, Sermón 43.

[17] Andrés Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, volumen I, p. 97.

[18] T. de Kempis, La imitación de Cristo, libro III, cap. 5.

[19] Francisco, Vigilia de Oración con los Jóvenes durante la JMJ en Cracovia, 30-VII-2016.

 

 

TERCER DOMINGO DEL  T.  O.     (Lc 1,1-4;  4, 14-21)

VOLVED A GALILEA

La Galilea de los Gentiles que contemplaron sus ojos, siempre se vive en primavera con la presencia de Jesús de Nazaret. Llega a la Sinagoga de su pueblo como “buena noticia para los pobres”. No se queda encerrado en sus proyectos, sino que sale a los caminos y va a enfrentarse a la asignatura más complicada que es anunciar el Evangelio a sus paisanos de Nazaret. Sabe que “ha venido a los suyos y los suyos no le recibieron” y, sin embargo, vuelve una y otra vez a ser anuncio de paz y de libertad para los suyos, para esos paisanos suyos que cerraron sus oídos.

Lee el texto de Isaías, como quizás lo había hecho en muchas otras ocasiones en su pueblo, en el sabbath. Sin embargo, aunque repite de forma literal el texto de Isaías, hay una cosa, una palabra que se la traga y no la proclama. El texto original de Isaías habla de la venganza de Yavhé y, sin embargo, el Señor no ha venido a vengarse, sino a hablar a los cautivos y a proclamar el año de gracia del Señor. Es impresionante el Amor que el Señor nos tiene a todos. Todos se asombran de la sabiduría que sale de su boca. Se admiran, pero no le siguen ni tampoco se hacen eco para dejar que cale en su corazón la Buena Noticia del Nazareno.

Siempre es complicado y difícil romper con nuestros prejuicios. Abrirse siempre al que viene en nombre del Señor nos cuesta y, además, mucho. Es tan fácil descalificar cuando las cosas no nos convienen, tratando siempre de echar balones fuera como si la cosa no fuera con nosotros y seguimos, tiempo tras tiempo, aplazando nuestra entrega, nuestra santidad, pensando que el mensaje de Jesús no va dirigido a nosotros.

Por último, el Evangelio que es proclamado y no es aceptado, lleva a sus paisanos a tratar de quitarse a Jesús de en medio. Nos molestan las enseñanzas de Jesús cuando no tenemos limpio el corazón. Y nuestra vida se llena de pegas y dificultades para seguir a Cristo con todas las consecuencias. Al final, el Señor, se aleja de aquellos que no le quieren bien. Ellos deberían pensar la frase de San Agustín: “Tener a un Jesús que pasa y no sé si volverá a pasar”. Él, Jesús, siempre nos espera, pero hay momentos en los que pasa por nuestra vida y debemos aprovecharlo y no dejarle escapar.

+ Francisco Cerro Chaves.  Obispo de Coria-Cáceres 

 

Felicidad, alegría, datos neruobiológicos.

No es lo mismo la alegría que el bienestar corpóreo, situación ésta que también se da en los animales. La alegría no es la del “animal sano”. Tampoco consiste en tener “salud, dinero y amor”. Es algo más profundo.

Dan alegría la sinceridad, la generosidad, el tener hijos, el dedicar tiempo a la familia. Es aprender a disfrutar de las pequeñas y cotidianas cosas de la vida, como la conversación, el descanso, la amistad, el trabajo.

La alegría no tiene que ver con el dinero de que se dispone, pues a medida que los ingresos aumentan, se multiplican las aspiraciones materiales y  los niveles de felicidad incluso pueden descender.

Los casados son, en general, más felices que los solteros; quienes se separan o enviudan son menos felices.

La alegría y la tristeza no van en consonancia con el prestigio, el dolor, o  la enfermedad: no es lo mismo la felicidad que lo que produce felicidad. “La función felicidad depende de la razón entre las aspiraciones y los logros en cada dominio de la vida", escribe Richard Easterlin.

La tristeza es la mayor aliada del “enemigo”.

Para algunos, las cuatro condiciones determinantes para ser feliz son la autonomía, la competencia (ser efectivo en las actividades que se emprenden), los vínculos con otras personas y la autoestima. En segundo lugar estaría la determinación (tener metas propias), el ser físicamente atractivo, y en último lugar, ser popular y tener dinero.

Se postula que cada emoción está asociada con un circuito cerebral particular: la amígdala cerebral está relacionada con el miedo, la ínsula con el disgusto, y el estriado ventral con la agresión; la corteza prefrontal está involucrada en la regulación de la emoción y con la toma de decisiones guiadas emocionalmente. Los estímulos de recompensa activan frecuentemente el estriado ventral; se trata de zonas que son artivadas por las drogas, y en espcial la cocaína.  

Hoy se sabe por imágenes de resonancia magnética que el ánimo positivo se asocia con una mayor actividad de la corteza prefrontal izquierda.

En estudios de tomografía por emisión de positrones se ha visto que el lóbulo frontal está  involucrado en la percepción de objetos que son agradables; y  la amígdala cerebral está relacionada con la percepción de objetos que son feos, o malos.

 La percepción de caras hermosas está relacionada con la parte inferior y medial del lóbulo temporal; con ella también distinguimos si una cara es familiar o no, lo cual también  abre las puertas a un sentimiento de felicidad o no.

 “Esta observación me hizo pensar que es más importante filogenéticamente, para la supervivencia, reconocer los peligros y las cosas feas, y por eso éstas están relacionadas con el cerebro más antiguo”, comenta S. Paradiso, de la Universidad de Iowa.

La corteza orbitofrontal  tiene relación con la recompensa y el placer.

Pero el cerebro trabaja en red y como si fuera un piano, algunas notas son más fuertes que otras: se activa todo el cerebro, aunque haya un área predominante.

Estudios de resonancia magnética funcional  revelan que las mujeres y los varones procesamos las emociones de forma diferente.

En las lesiones del hemisferio cerebral derecho los pacientes tienen risa patológica o se muestran desinhibidos; cuando la lesión es en el izquierdo, hay más depresión o angustia. Indicaría que el lado izquierdo del cerebro procesa más la alegría y el derecho la tristeza.

Los animales se ríen o parecen reírse, incluso frente a situaciones parecidas a las que nos hacen reír a nosotros.

Según Sigman, la tristeza y las emociones negativas serían más primitivas, porque nos ayudan a sobrevivir. “La alegría es una especie de horizonte –afirma–, el lugar hacia dónde ir.”

Richard Layard, miembro de la Cámara de los Lores, en su libro “Happiness. Lessons from a New Science. Penguin Books”, dice que la familia fundada en el matrimonio de siempre aumenta la felicidad. También dice que ahora somos económicamente superiores, pero somos felices que en anteriores épocas, en que había menor bienestar material.

Santo Tomás de Aquino da cinco consejos relacionados con la alegría:

Primer consejo: disfrutar de los pequeños placeres o gozos que tiene la vida cotidiana. San Josemaría aconsejaba hacer fácil y agradable la vida a los demás; “la virtud hay que hacerla simpática”.

Segundo: poder llorar y contar mis penas a alguien que me quiere bien.

Tercero: compartir. Cuando mis trabajos, esfuerzos, problemas, preocupaciones no son míos sino que son de varios y estamos unidos, las dificultades en lugar de ser fuente de crispación son fuente de unión, cariño, alegría y diversión. Si un amigo sufre al verme sufrir, entonces comprendo que me ama y eso alegra profundamente.

Cuarto: hacer de verdad oración mental. La contemplación de la verdad es una fuente fortísima de alegría.

Quinto: el dolor se mitiga con el sueño y los baños.

 

La nueva verdad incómoda

En segundo plano, mi colega y buen amigo, el prof. del IESE Antonio Argandoña, académico de número en la RACEF.

El 21 de octubre de 2017 tuve el honor de ser invitada a ingresar en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (RACEF),  perteneciente al Instituto de España, y el pasado 17 de enero pronuncié el discurso de ingreso.

En él, empezaba recordando el documental “Una verdad incómoda”, donde el entonces vicepresidente del Gobierno de los EEUU y candidato presidencial a la Casa Blanca, Al Gore, advertía sobre los peligros del calentamiento global y urgía a tomar una acción inmediata.

Fue entonces cuando fui más consciente de que una gran mayoría de empresas y de ciudadanos podían haber estado ciegos durante muchas décadas ante el impacto medioambiental de sus acciones y omisiones. Pero, siendo esto verdad, me parecía aún más relevante la ceguera que seguíamos sufriendo en cuanto al impacto de las decisiones empresariales en lo que empecé a calificar como “contaminación humana y social” (la nueva verdad incómoda), cada vez que sus directivos actuaban como si los empleados fueran piezas mecánicas de un engranaje sin tener en cuenta cómo eran devueltos a sus familias, tras jornadas interminables.

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Portada del libro editado con motivo de mi ingreso en la RACEF

Por eso, mi discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras trata de la importancia y de la urgencia, tanto económica como social, de cuidar nuestra ecología humana, como condición sine qua non para “salvaguardar nuestra casa común y sus habitantes”. Preservar la salud y la ecología de las personas, de las familias y de las comunidades humanas donde trabajan, es tan importante y urgente para la economía como preservar el medio ambiente, cuyo deteriorono deja de ser consecuencia del deterioro de la ecología humana.

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Esta semana, antes de iniciar la sesión en el PADE (Programa de Alta Dirección del IESE), los participantes quisieron felicitarme por este ingreso en la RACEF y, puestos todos en pie,  estallaron en una ovación cerrada. Muy emocionada, recordé en ese momento que en mi discurso de ingreso había hecho referencia a los líderes trascendentes que ya estamos educando: ¡eran ellos! Fue como cerrar el círculo.

En la cena que tuvo lugar con los académicos en el Círculo Ecuestre, tras el acto de ingreso, me referí al lema de la Academia, “Utraque unum” (ambos son uno), que subraya la unidad entre “pensar” y “actuar”, que encaja perfectamente con cómo intento operativizar mi misión profesional y personal: ayudar a ir conformando empresas y sociedades cada vez más humanas y sostenibles, a la medida del hombre y de la mujer de hoy, donde se integren cabeza y corazón (ambos son uno), a fin de superar la nueva verdad incómoda, sanando el ecosistema humano. El Programa Enfocado del IESE Lidera tu liderazgo  es un primer paso para conseguirlo.

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Medalla RACEF

Quisiera, desde aquí, agradecer a tantas personas que os habéis puesto en contacto conmigo para felicitarme: muchas gracias por vuestra presencia, acompañándonos a mi familia y a mí, o por vuestro apoyo desde la distancia. Mi trabajo encuentra su sentido en vosotros.

Podéis leer el discurso íntegro aquí.

También podéis ver el vídeo de todo el acto académico, de principio a fin, aquí.

 

Sentido del dolor

Rebeca Reynaud

El dolor no es símbolo de castigo de Dios; como el Evangelio lo dice, es una invitación a reflexionar por nuestros actos o la llegada de algo mejor a nuestras vidas.

El Dolor no es un castigo de Dios

“Me preguntas por qué compro arroz y flores. Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir”, escribía Confucio. Necesitamos cosas bellas a nuestro alrededor, pero la vida también trae sufrimientos. Clives S. Lewis reflexionó sobre el dolor y concluyó que Dios nos habla por medio de la conciencia y nos grita por medio de nuestros dolores: los usa como megáfono para despertar a un mundo de sordos.

Los seres humanos queremos ser felices a toda costa. Y lo seremos –por la eternidad– si somos fieles al plan de Dios. De grandes males, Dios saca grandes bienes. La única razón por la que Dios permite el mal, dice Santo Tomás, es para sacar de allí un mayor bien. ¡Claro! Eso no se percibe fácilmente si no se habla con Dios mentalmente.

San Agustín rezaba así: “Graba, Señor, tus llagas en mi corazón, para que me sirvan de libro donde pueda leer tu dolor y tu amor; tu dolor, para soportar por ti toda suerte de dolores; tu amor, para menospreciar por el tuyo todos los demás amores”.

“El sufrimiento, desde que pasó por él el Hijo de Dios santificándolo, tiene el misterioso poder de disolver el mal, de romper la trama de las pasiones y de desalojar al pecado de nuestros miembros. ‘Quien ha sufrido en carne propia, ha roto con el pecado’” (1 P 4,1). La Sagrada Escritura dice que “Dios reprende a los que ama”, y añade: “Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz” (Hb 12,11). Pero hay algo, sobre todo, que debe sostenernos cuando sintamos sobre nosotros la mano del podador: que Dios sufre con nosotros al vernos sufrir. Él poda con mano temblorosa. (Raniero Cantalamessa).

Debemos de tratar de no echara perder ese poco sufrimiento “injusto” que a veces puede aparecer en nuestra vida: humillaciones, críticas injustas, ofensas. Para ello, no hablar de él si no es realmente necesario; guardarlo celosamente como un secreto entre nosotros y Dios para que no pierda su aroma. Decía un antiguo Padre del desierto:

“Por grandes que sean tus sufrimientos, tu victoria sobre ellos se encuentra en el silencio”.

Cuando sufrimos con fe, poco a poco vamos descubriendo el porqué del sufrimiento y para qué sirve; nos vamos dando cuenta de que los seres humanos, después del pecado, ya no podemos caminar junto a Dios y progresar en la santidad sin sufrir. Bastan unos pocos días sin pequeñas cruces para que nos encontremos inmersos en una gran superficialidad y flojera espiritual. “El hombre no perdura en la opulencia, sino que perece como los animales” (Sal 49, 13).

Se comprende así por qué, para los santos, el sufrimiento deja con frecuencia de ser un problema para convertirse en una gracia, como ya lo decía san Pablo: “A vosotros se os ha concedido la gracia, no sólo de creer en Cristo, sino de sufrir por él” (Flp 1,29). Y entonces el padecer puede convertirse en lo único por lo que vale la pena vivir, hasta llegar a pedirle a Dios: “Señor, o morir o padecer” (Santa Teresa; Vida, 40,20).

Pero no pensemos que hemos llegado ya a esas alturas, y conformémonos al menos con aceptar el sufrimiento que nos toque.

Para que el Señor se luzca no hacen falta éxitos humanos excepcionales. Jesús se ha de lucir en nuestra conducta diaria, porque “el valor sobrenatural de muestra vida no depende de que sean realidad las grandes hazañas que a veces forjamos con la imaginación, sino de la aceptación fiel de la voluntad divina, de la disposición generosa en el menudo sacrificio diario” (cfr. J. Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 25).

San Juan Pablo II explicaba así que no estamos en el paraíso terrenal; “Jesús no ha venido a instaurar un paraíso terrenal, de donde esté excluido el dolor. Los que están más íntimamente unidos a su destino, deben esperar el sufrimiento (...) En el designio divino todo dolor, es dolor de parto; contribuye al nacimiento de una nueva humanidad”.

En realidad, sólo hay dos filosofías de la vida: para una, primero es el banquete y luego el dolor de cabeza; para la otra, primero es el ayuno y luego el banquete.

San Pablo enseña que el ser humano que sufre “completa lo que falta a los padecimientos de Cristo”. En la dimensión espiritual de la obra de la redención sirve para la salvación de hermanos y hermanas: es un servicio insustituible.

María Valtorta dice: “No hay otro camino para salvar al mundo: el sufrimiento. Jesucristo, que es Dios, no escogió otro camino que éste para ser Salvador. Dios quiere que sepamos que la gloria se convertirá en Gloria para nosotros pero en la otra vida.

El sufrimiento, más que cualquier otra cosa, es el que abre el camino a la gracia que transforma las almas. El dolor hace presente la fuerza de la redención cuando nos unimos a los méritos de Cristo. Hemos de vivir con un solo pensamiento: el de consolar a Jesucristo redimiendo a los hombres. A los hermanos se les redime con sacrificio. A Jesús se le consuela con el amor y encendiendo el amor en los corazones apagados”.

Jesús sufrió más que cualquier hombre. Él no veía el suceso del momento. Veía las consecuencias que ese suceso tendría en la eternidad; enseñándonos que el sufrimiento termina, pero los efectos de ese sufrimiento no terminan pues tienen frutos de vida eterna”.

 

 

Se debe ser moderado en todo, incluso en la moderación

Los estados de espíritu de los pueblos como los de los individuos sufren variaciones.

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Henry de la Rochejaquelein, héroe de la resistencia a la Revolución francesa

Hay épocas en las que la opinión pública de una nación sólo se entusiasma con las opiniones extremadas, las afirmaciones o las negaciones estruendosas, las grandes polémicas, los oradores de elocuencia altisonante, los hombres capaces de grandes hechos.

Dice el adagio francés que: “Tout passe, tout casse, toute lasse et tout se remplace“.(Todo pasa, todo se quiebra, todo cansa y todo se reemplaza).

Este gusto de lo grandioso tiende fácilmente a la exageración. Del heroísmo auténtico se pasa al melodrama, y como nadie puede vivir por mucho tiempo en una atmósfera saturada de rayos y de centellas, poco a poco las energías se van gastando, y una sorda nostalgia de la tranquila vida cotidiana, con su despreocupación, con su amenidad, con los placeres vegetativos que proporciona, va minando los corazones.

Los héroes y los heroísmos van pasando de moda. Los espíritus, saturados y hartos de ideal, van dislocando sus preferencias hacia otro polo, hacia las formas de virtud que aseguran la tranquilidad de la vida.

Es la era de los moderados, es decir, de los periodistas que pronostican la inminente solución de todos los problemas, de los pensadores sonrientes que amortiguan con destreza las polémicas encontrando “medios términos” hábiles entre las opiniones extremas, de los artistas que presentan estilos y formas de belleza adecuados a una vida mediana y risueña, etc.

Al cabo de cierto tiempo, los ánimos están rehechos, las energías recuperadas. La vida cotidiana comienza a hartar. El aire parece parado y denso en la modorra de la rutina diaria. El apetito de lo grandioso resurge. Y el ciclo recomienza.

¿Cuánto tiempo duran estos ciclos? Es algo muy variable.

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L’indifferent – Watteau

A veces en la vida de una misma generación estos ciclos se suceden rápidamente. Otras veces, su lentitud es tal que se arrastra lentamente a través de generaciones.

De cualquier forma, este fenómeno existe y marca a fondo toda la vida política, social, cultural y económica. Si Bizancio cayó, fue en gran parte porque los ánimos se encontraban en la fase “moderada” y vegetativa mientras que los acontecimientos exigían heroísmo.

La caída de Napoleón fue muy favorecida porque los franceses estaban cansados del clima de grandeza un tanto melodramática del Imperio, desde Ney hasta el último de los pequeños burgueses. Si Alemania pudo invadir tan fácilmente a Francia en 1940, fue en parte porque encontró delante de sí un pueblo embriagado de espíritu pacifista y “moderado”, mientras que los nazis estaban en el cenit de su fase “heroica”.

Las marcas de estos diversos estados de espíritu son tan profundas en todos los campos, que incluso invaden inesperadamente dominios como el de la moda y del humor. En los períodos “heroicos” los tipos femeninos que logran más éxito son los imponentes, grandiosos, fatales, cleopátricos.

En los períodos “moderados” la admiración recae más fácilmente sobre lo gracioso, lo leve, lo gentil. En los períodos “heroicos”, el humor tiene apetito de anécdotas o diseños que provoquen grandes carcajadas. En los períodos “moderados” se desea un humor discreto, sobrio, que simplemente haga sonreír.

Evidentemente, un hombre sujeto a las grandes variaciones mentales de la opinión pública, que acabamos de describir, sería un intemperante típico.

 

El estilo Biedermeier tuvo gran auge en el periodo posterior a las guerras de Napoleón

En efecto, mutaciones de estas existen en el hombre virtuoso, pero de modo equilibrado. Hay momentos en que el espíritu temperante está dispuesto a la acción, y otros al reposo; momentos en que su alma aspira a las cúspides austeras y otros a los valles risueños. Pero, porque es equilibrado, sabe que su vida fue hecha para los horizontes sublimes y gravísimos que la Fe le revela; de la alternativa entre las glorias regias del Cielo y la tragedia eterna del infierno, poniendo en juego a cada instante la Sangre de Cristo. Sabe que la vida tiene momentos de placer y horas de lucha, momentos de reposo y momentos de trabajo, de dolor y de alegría, de intimidad y de solemnidad.

El hombre equilibrado no ignora que tener un alma saludable pide estas alternancias. Y por esto no querrá pasar toda su vida sólo en uno de estos climas, en el “heroico” o en el “moderado”.

Aún más, sus estados de espíritu no quedarán a merced de los vientos indecisos de su sensibilidad.

El hombre ponderado sabe portarse a la altura de las circunstancias, no mostrando una grandilocuencia ridícula en las ocasiones triviales, ni una trivialidad torpe en las grandes situaciones.

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Esto que se dice del hombre temperante, también se dice de un pueblo temperante. Cuando un pueblo está en su apogeo, no revela estos grandes desequilibrios de alma, estas hambres y estos hastíos mentales inmoderados, parecidos con el hambre y el hastío de los enfermos. Esto se puede decir, por ejemplo, de la Inglaterra victoriana, igualmente espléndida en la grandeza del Imperio y en el encanto de su vida privada.

Evidentemente no vivimos en un siglo de equilibrio mental. Y si algún lector piensa lo contrario, estremézcase, pues es algún desequilibrio de su alma que lo lleva a engañarse tan completamente a respecto de un hecho evidente como la luz del sol.

El resultado es que tenemos de todo en materia de intemperancia. Tenemos “heroicos” intemperantes, como “moderados” intemperantes, y tenemos toda la gama intermedia pues el teclado de la intemperancia tiene mil notas.

De estas intemperancias, la “moderada” parece sin embargo ser hoy, entre nosotros, la más generalizada.

En buena parte por lo menos, esto es natural. Pues la II Guerra sació de grandezas dramáticas y melodramáticas.

En Occidente, la influencia que se tornó preponderante fue la norteamericana. Esta trae consigo una atmósfera de saciedad, optimismo, alegría conciliadora, del estilo “joven simpático” y “niña buena”, de liberalismo profundo, de negación implícita del pecado original, que estimula al máximo la intemperancia “moderada”. Por lo demás, con buenos baños, buenos refrigeradores, buena cocina, radio, televisión, automóvil, clínicas Mayo y ataúdes pintados, decorados, adornados, en cementerios risueños, al son de músicas amenas, ¿por qué no sonreír siempre? ¿Y qué quiere el “moderado” sino estar siempre sonriendo?

Es fácil ver cómo esta tendencia “moderada” se va tornando preponderante.

En los artículos de diarios, en los discursos, en las conferencias, incluso en las conversaciones particulares, las opiniones que se afirman con mayor seguridad, más énfasis, más eco, son siempre las “equilibradas”, las “moderadas”, las del término medio. Todos los que atacan una opinión procuran denunciarla como “extremada”. Y sus defensores tratan de esquivar este rótulo como si de eso dependiera el éxito de su causa.

En una palabra, un slogan de un origen más o menos invisible domina a Occidente: ¡moderación! ¡moderación!

Contrarios por principio a cualquier desequilibrio, ocupémonos del más actual, es decir, de este intemperante e inmoderado amor a la moderación.

Esta será la materia de un próximo artículo.

Plinio Corrêa de Oliveira.

 

 

Los agricultores y ganaderos deben más y pagan mejor

Al menos es lo que refleja el último Informe del Ministerio de Agricultura sobre Financiación del Sector Agrario y Alimentario, que acaba de ser publicado con información relativa al tercer trimestre de 2018 y cuyos datos recoge la Organización Profesional Unión de Uniones.

Según el citado estudio, los agricultores y ganaderos deben 20.070 millones de euros, lo que representa más de los dos tercios de la renta anual del sector (un 67,0 %) en 2018, dando por buena la primera estimación del Ministerio para el pasado año, que hace un cálculo de cifras de récord histórico de Renta Agraria, situándola cerca de los 30.000 millones de euros.

Además, los agricultores y ganaderos deben este año más que el año pasado. Respecto del segundo trimestre de 2018, la deuda ha aumentado un 1,6 %; pero si ponemos la mirada hace 12 meses (o sea, en el tercer trimestre del 17) el incremento ha sido del 5,8 %.

La tendencia del sector agrario es inversa a la seguida por el conjunto de las actividades económicas de España, cuya deuda ha experimentado un descenso del 1,4 % con respecto al segundo trimestre de 2018, y del -6,4% en el interanual.

Por su parte, la industria agroalimentaria ha registrado, con respecto al trimestre anterior, un aumento del crédito del 0,8% (un +4,7% en el interanual) y su volumen de endeudamiento alcanzó los 22.083 millones de euros, equivalente al 76,7% de su VAB.

Créditos dudosos.

Por otro lado, los agricultores y ganaderos son buenos pagadores de sus deudas. De hecho históricamente lo han sido siempre, podemos afirmarlo con los datos en la mano. La tasa de créditos dudosos en el sector agrario en el 3er trimestre de 2018 se mantiene en cifras similares a las del trimestre precedente, situándose en el 6,4 %, que está por debajo del índice del conjunto de todas las actividades económica, que es del 7,4 % (fundamentalmente debido al mayor endeudamiento de la construcción y sector inmobiliario).

Por último, la tasa de créditos dudosos en la industria agroalimentaria se ha mantenido para el tercer trimestre de 2018 en el mismo valor que para el trimestre anterior, es decir el 5,1%.

Jesús Domingo

 

 

La sangre de los mártires

En septiembre de 2017, la Iglesia en Irak celebraba con gran solemnidad el regreso de las primeras 500 familias cristianas a Qaraqosh, en la llanura de Nínive. Los terroristas del Daesh acaban de ser expulsados y los obispos locales necesitaban infundir ánimo entre su gente para animarles a volver y evitar la desaparición de la que se precia de ser la Iglesia más antigua del mundo, hasta el punto de que en estos lugares se sigue hablando en arameo, la lengua de Jesús. Las previsiones se han visto desbordadas.

Pedro García

 

 

No deben quedar sin reproche

El colectivo feminista radical conocido como FEMEN acostumbra a promover actos que tratan de violentar a quienes no piensan como ellas, sin proponer nada a cambio. Buscan la provocación de revueltas de las que puedan sacar alguna ganancia, aunque solo sea la del minuto de gloria que les otorgan los focos de los medios de comunicación, como la provocaron con el torso desnudo al Altar Mayor de la Catedral de la Almudena. La sentencia probablemente será recurrida, en todo caso no debería abrirse una vía para que cualquier acto de profanación quede impune. Independientemente de la calificación jurídica que estos actos merezcan, lo cierto es que la protesta no fue pacífica, tal como ahora alegan las acusadas, y que un comportamiento como ese contribuye al envilecimiento social en lugar de servir al entendimiento y a la necesaria convivencia que ha de existir entre quienes piensan diferente.

Juan García.

 

Asquerosa política y sus sagas

            Pese al muladar asqueroso en que han convertido España por la inundación o “maremoto” de la inmensa corrupción que ha destruido todo o casi todo, lo positivo que hace a una nación (“la masa, la plebe, el pueblo imita a los que en él dicen mandar”) fortalecerse en un verdadero progreso humano; lo que aún queda de normal en una sociedad que se sostiene (“los hombres que cuidan la justicia”) aun, destapan ese inmenso muladar y de vez en cuando nos comunican noticias como la que sigue y de la que como tantas otras, simplemente al leerla dan ganas de vomitar. Lean y opinen:

El Tribunal de Cuentas ha condenado a la exalcaldesa de Madrid, Ana Botella, y a siete altos cargos de su Gobierno municipal a pagar 25 millones de euros por la venta de 1.860 pisos de propiedad pública a dos empresas de Blackstone, considerado un fondo buitre, por debajo del precio que estipulaba el mercado en 2013. https://www.vozpopuli.com/espana/Condenan-Ana-Botella-millones-publicos_0_1204079639.html

                                Y como les dejo la dirección del periódico que publica la noticia y el que la acompaña de una fotografía muy expresiva. Y si como se dice “la cara o el rostro es el espejo del alma”; trate el observador de averiguar o intuir lo que le refleje el rostro de la principal encausada en este nuevo y descomunal desfalco, malversación, robo, sobornos y lo que queramos o podamos imaginar de tan bochornoso hecho, donde los millones se imagina uno, que “han volado a bolsillos ajenos en connivencia o complicidad de los que impunemente pudieron trasvasar tan monstruosos capitales”.

                                Recordemos que esta mujer llegó a la alcaldía de Madrid, por “la mano” de su marido, el que fuera presidente del Gobierno, que al cesar del cargo y por “maniobra” del sinvergüenza Felilpe González Márquez (que lo instituyó para su disfrute propio aprovechándose de su fuerza cuando ejercía como presidente nacional) también algunos de sus sucesores, hoy cobran pagas “monstruosas” con añadidos y abusivas prebendas  sinecuras, que hemos de pagarles de por vida, los esquilmados españoles; a pesar de todo ello, “entraron en consejos de gobierno” de multinacionales, que les pagaron y pagan si continúan en ellos, cantidades de incalificable bochorno para aquellos que sientan un poquito de ese sentimiento de dignidad humana… “y muchas más cosas que se podrían añadir de los nepotes, familias y allegados de estos pájaros que gozan de puestos o enchufes que no ganaron con esfuerzo alguno”.

                                Todo ello nos llena de indignación e impotencia, sobre los que aún se creen algo en este “engrudo” que dice gobernar o dirigir a la desgraciada España actual y los que aún, pretenden dirigir desde la sombra, la política que nos siga explotando; por lo que es dudoso que alguien que no esté cobrando o viviendo de ello, los vote en el futuro y como recientemente ha ocurrido en Andalucía, que como siempre marca el rumbo de lo que va a ocurrir en España a no tardar mucho.

                                Ahora empezarán los muy largos trámites judiciales, que con todo lo que ello conlleva, igual llegan o llegamos (yo ya y afortunadamente estaré muerto) al año 2.040 y aún todos esos legajos están pendientes de sentencia final, para que los que aún queden vivos, entren en las muy cómodas cárceles que les prepararán y posiblemente sin que el dinero malversado, haya vuelto a su lugar de pertenencia.

                                Y sí… “hasta el rey en su último discurso dijo que vivíamos en un progreso envidiable”; cosa que es claro que ni se lo cree él, ni su propia familia.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes