Las Noticias de hoy 25 Enero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    viernes, 25 de enero de 2019       

Indice:

ROME REPORTS

Papa Francisco: “Tenemos muchas diferencias, pero, por favor juguemos a tener un sueño en común”

El color y el calor de los jóvenes en Panamá reciben al Papa Francisco

Obispos centroamericanos: Es importante “tocar las heridas de nuestra gente”

Panamá: El Papa llama a la apertura de “nuevos canales de comunicación, entendimiento y solidaridad”

Discurso del Papa Francisco a los obispos centroamericanos

Presidente Varela al Papa: “Su mensaje trae una voz de aliento, de fe y esperanza a los jóvenes”

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO*: Francisco Fernandez Carbajal

“Dispuestos a una nueva conversión”: San Josemaria

¿Quién fue San Pablo y qué herencia dejó a la Iglesia?: B. Estrada

Viaje pastoral a Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Puerto Rico

Cuento de enero: Daniel Tirapu

Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos: Moisés Matamoros

En 11 países del mundo los cristianos sufren persecución extrema: Rome Reports

Es necesario saber dar y negar: Acción Familia

El alerta que no fue escuchado: Juan Gonzalo Larraín Campbell

Y es que el español, es un idioma muy rico.: José Morales Martín

Visto bueno a reducir el contenido de grasas trans en alimentos: Suso do Madrid

Una lacra y una vergüenza social: Valentín Abelenda Carrillo

Alcalde y otros abusadores del dinero público: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Papa Francisco: “Tenemos muchas diferencias, pero, por favor juguemos a tener un sueño en común”

Primer discurso de la JMJ Panamá 2019

enero 25, 2019 01:32Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 24 enero 2019).- El Papa Francisco ha dicho en su primer encuentro con los jóvenes de más de 150 países, en la JMJ de Panamá: “Tenemos muchas diferencias, hablamos idiomas diferentes, vestimos ropas diferentes pero, por favor, juguemos a tener un sueño en común, un sueño grande, capaz de cobijarnos a todos: Ese sueño por el que Jesús dio la vida en la cruz”.

En la tarde del jueves, 24 de enero de 2019, a las 18 horas, el Sucesor de Pedro ha compartido con los jóvenes peregrinos llegados a Panamá de todos los rincones del mundo un mensaje de alegría, de ilusión, de unión y comunión en las diferencias, propias de cada etnia y cada país.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/4-4-413x275.jpg“Un amor que no ‘patotea’ ni aplasta, un amor que no margina ni calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, un amor de todos los días, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que sana y levanta”, ha anunciado el Papa a todos los jóvenes del mundo, visiblemente emocionado, desde la Ciudad de Panamá.

“Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado”, ha explicado el Santo Padre.

“Queridos jóvenes”, les ha dicho: “Lo más esperanzador de esta Jornada no será un documento final, una carta consensuada o un programa a ejecutar. No, esa no va a ser. Lo más esperanzador de este encuentro serán vuestros rostros y una oración. Eso será la esperanza. Con el corazón cambiado con el que volverán a sus casas”.

***

Discurso del Papa Francisco 

Queridos jóvenes, ¡buenas tardes!

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/WhatsApp-Image-2019-01-24-at-19.04.29-413x275.jpeg¡Qué bueno volver a encontrarnos y hacerlo en esta tierra que nos recibe con tanto color y calor! Juntos en Panamá, la Jornada Mundial de la Juventud es otra vez una fiesta de alegría y esperanza para la Iglesia toda y, para el mundo, un enorme testimonio de fe.

Me acuerdo que, en Cracovia, algunos me preguntaron si iba a estar en Panamá y les contesté: “yo no sé, pero Pedro seguro va a estar. Pedro va a estar”. Hoy me alegra decirles: Pedro está con ustedes para celebrar y renovar la fe y la esperanza. Pedro y la Iglesia caminan con ustedes y queremos decirles que no tengan miedo, que vayan adelante con esa energía renovadora y esa inquietud constante que nos ayuda y moviliza a ser más alegres y disponibles, más “testigos del Evangelio”. Ir adelante no para crear una Iglesia paralela un poco más “divertida” o “cool” en un evento para jóvenes, con algún que otro elemento decorativo, como si a ustedes eso los dejara felices. Pensar así sería no respetarlos y no respetar todo lo que el Espíritu a través de ustedes nos está diciendo.

¡Al contrario! Queremos reencontrar y despertar junto a ustedes la continua novedad y juventud de la Iglesia abriéndonos a un nuevo Pentecostés (cf. SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES, Doc. final, 60). Eso solo es posible, como lo acabamos de vivir en el Sínodo, si nos animamos a caminar escuchándonos y a escuchar complementándonos, si nos animamos a testimoniar anunciando al Señor en el servicio a nuestros hermanos; servicio concreto, se entiende.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Panama-Papa-413x275.jpgSé que llegar hasta aquí no ha sido nada fácil. Conozco el esfuerzo, el sacrificio que realizaron para poder participar en esta Jornada. Muchos días de trabajo y dedicación, encuentros de reflexión y oración hacen que el camino sea en gran medida la recompensa. El discípulo no es solamente el que llega a un lugar sino el que empieza con decisión, el que no tiene miedo de arriesgar y ponerse a caminar. Esa es su mayor alegría, estar en camino. Ustedes no tuvieron miedo de arriesgar y caminar. Hoy podemos “estar de rumba”, porque esta rumba comenzó hace ya mucho tiempo en cada comunidad.

Venimos de culturas y pueblos diferentes, hablamos lenguas diferentes, usamos ropas diferentes. Cada uno de nuestros pueblos ha vivido historias y circunstancias diferentes. ¡Cuántas cosas nos pueden diferenciar!, pero nada de eso impidió poder encontrarnos y sentirnos felices por estar juntos. Eso es posible porque sabemos que hay algo que nos une, hay Alguien que nos hermana. Ustedes, queridos amigos, han hecho muchos sacrificios para poder encontrarse y así se transforman en verdaderos maestros y artesanos de la cultura del encuentro. Con sus gestos y actitudes, con sus miradas, sus deseos y especialmente con su sensibilidad desmienten y desautorizan todos esos discursos que se concentran y se empeñan en sembrar división, en excluir o expulsar a los que “no son como nosotros”. Y https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/3-6-413x275.jpgesto porque tienen ese olfato que sabe intuir que «el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior» (BENEDICTO XVI, Homilía, 25 enero 2006). ¿Saben quién dijo esto? El Papa Benedicto. Que nos está viendo! nos está mirando por la televisión y lo vamos a aplaudir, un saludo, todos con la mano. ¡Un saludo! (Aplausos y saludos). Por el contrario, sabemos que el padre de la mentira prefiere un pueblo dividido y peleado, a un pueblo que aprende a trabajar juntos.

Ustedes nos enseñan que encontrarse no significa mimetizarse, ni pensar todos lo mismo o vivir todos iguales haciendo y repitiendo las mismas cosas, escuchando la misma música o llevando la camiseta del mismo equipo de fútbol. No, eso no. La cultura del encuentro es un llamado e invitación a atreverse a mantener vivo un sueño en común.

Tenemos muchas diferencias, hablamos idiomas diferentes, vestimos ropas diferentes pero, por favor, juguemos a tener un sueño en común, un sueño grande y capaz de cobijar a todos. Ese sueño por el que Jesús dio la vida en la cruz y el Espíritu Santo se desparramó y tatuó a fuego el día de Pentecostés en el corazón de cada hombre y cada mujer, en el tuyo y en el mío, a la espera de que encuentre espacio para crecer y desarrollarse. Un sueño llamado Jesús sembrado por el Padre con la confianza que crecerá y vivirá en cada corazón. Un sueño que corre por nuestras venas, estremece el corazón y lo hace bailar cada vez que los escuchamos: «Ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes. En eso todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,34-35). ¿Cómo se llama el sueño nuestro? ¡Jesús! ¡Jesús! ¿ Cómo? ¡¡Jesús!!

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/WhatsApp-Image-2019-01-24-at-18.29.55-413x275.jpegA un santo de estas tierras le gustaba decir: «el cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, o de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor. ¡El cristianismo es Cristo! Repitámoslo en alto: ¡El cristianismo es Cristo!» (cf. S. OSCAR ROMERO, Homilía, 6 noviembre 1977); es desarrollar el sueño por el que dio la vida: amar con el mismo amor que nos ha amado.

Nos preguntamos: ¿Qué nos mantiene unidos? ¿Por qué estamos unidos? ¿Qué nos mueve a encontrarnos? La seguridad de saber que hemos sido amados con un amor entrañable que no queremos y no podemos callar y nos desafía a responder de la misma manera: con amor. Es el amor de Cristo el que nos apremia (cf. 2 Co 5,14).

Un amor que no “patotea” ni aplasta, un amor que no margina ni calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, un amor de todos los días, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que sana y levanta. Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado. Es el amor silencioso de la mano tendida en el servicio y la entrega, es el amor que no se pavonea, que no la juega de pavo real, ese amor humilde (…)

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/WhatsApp-Image-2019-01-24-at-18.29.53-322x533.jpegLes pregunto: ¿Creés en este amor? ¡¡Sí!! (Contestan los jóvenes) Les pregunto otra cosa: ¿Es un amor que vale la pena? ¡¡Sí!! (Contestan). Fue la misma pregunta e invitación que recibió María. El ángel le preguntó si quería llevar este sueño en sus entrañas y hacerlo vida, hacerlo carne. María tenía la edad de tantas de ustedes, la edad de tantas chicas como ustedes. Y ella dijo: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

Cerremos los ojos todos, y pensemos en María. No era tonta. Sabía lo que sentía su corazón, sabía lo que era el amor, y respondió: Hágase en mí la sierva del Señor. Hágase en mí según tu Palabra.

María se animó a decir “sí”. Se animó a darle vida al sueño de Dios. Y es lo mismo que el ángel te quiere preguntar a vos, a vos, a mí: ¿querés que este sueño tenga vida? ¿Querés darle carne con tus manos, con tus pies, con tu mirada, con tu corazón? ¿Querés que sea el amor del Padre el que te abra nuevos horizontes y te lleve por caminos jamás imaginados , jamás pensados, soñados o esperados que alegren y hagan cantar y bailar a tu corazón?

¿Nos animamos a decirle al ángel, como María: he aquí los siervos del Señor, hágase? No contesten, cada uno conteste en su corazón. Hay preguntas que solo se contestan en silencio.

Queridos jóvenes: Lo más esperanzador de esta Jornada no será un documento final, una carta consensuada o un programa a ejecutar. No, esa no va a ser. Lo más esperanzador de este encuentro serán vuestros rostros y una oración. Eso será la esperanza. Con el corazón cambiado con el que volverán a sus casas. Cada uno volverá a casa con la fuerza nueva que se genera cada vez que nos encontramos con los otros y con el Señor, llenos del Espíritu Santo para recordar y mantener vivo ese https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/46812719252_7b58a71051_k-413x275.jpgsueño que nos hermana y que estamos invitados a no dejar que se congele en el corazón del mundo: allí donde nos encontremos, haciendo lo que estemos haciendo, siempre podremos levantar la mirada y decir: Señor, enséñame a amar como tú nos has amado —¿se animan a repetirlo conmigo?—. “Señor, enséñame a amar como tú nos has amado”. ¡Más fuerte! ¿Están roncos? ¡Señor, enséñame a amar como tú nos has amado!

No podemos terminar este primer encuentro sin agradecer. Gracias a todos los que han preparado con mucha ilusión esta Jornada Mundial de la Juventud. ¡Gracias a todos! ¡Fuerte! (Aplausos y gritos de alegría). Gracias por animarse a construir y hospedar, por decirle “sí” al sueño de Dios de ver a sus hijos reunidos. Gracias Mons. Ulloa y todo su equipo por ayudar a que Panamá hoy sea no solamente un canal que une mares, sino también canal donde el sueño de Dios siga encontrando cauces para crecer y multiplicarse e irradiarse en todos los rincones de la tierra.

Amigos y amigas, que Jesús los bendiga y Santa María la Antigua los acompañe y los cuide, para que seamos capaces de decir sin miedo, como ella: «Aquí estoy. Hágase». Gracias

 

 

El color y el calor de los jóvenes en Panamá reciben al Papa Francisco

350 mil jóvenes han festejado su llegada

enero 25, 2019 02:58Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 24 enero 2019).- Entre palmas y voces de alegría al ritmo del tambor panameño, 350 mil jóvenes –según informes de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial San Miguel Arcángel– con sus banderas de todos los colores, han acogido al Santo Padre para celebrar el primer encuentro con la juventud, congregada en el campo de Santa María la Antigua, en la Cinta Costera de la Ciudad de Panamá, en la tarde del jueves, 24 de enero de 2019.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_161-413x275.jpgLos fuertes vientos del norte, propios de la estación estival panameña favorecían el cálido abrazo del Santo Padre a los peregrinos, llegados de todas las regiones del mundo para participar en la 15ª Jornada Mundial de la Juventud.

Hágase

“¿Nos animamos a decirle al ángel, como María: he aquí los siervos del Señor, hágase? No contesten, cada uno conteste en su corazón. Hay preguntas que solo se contestan en silencio”, esta es la invitación que ha dejado el Pontífice a las decenas de miles de chicas y chicos presentes en la JMJ 2019.

Francisco ha pronunciado un discurso con fuerza, entusiasmo y lleno de alusiones a la cultura del encuentro, a la unión en las diferencias, a la inclusión y a la custodia de las tradiciones, de las raíces. En especial, el Papa ha pedido un gran aplauso para los jóvenes indígenas y los afro descendientes, que han celebrado un encuentro en Panamá previo a la JMJ.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_96-413x275.jpgEnorme saludo a Benedicto 

También ha sido particularmente conmovedor el momento en el que el Papa Francisco ha citado una frase de Benedicto: “el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior”, y ha dicho a continuación: “¿Saben quién dijo esto? El Papa Benedicto, ¡que nos está viendo!”, pidiendo a todos los jóvenes un saludo para él: “Nos está mirando por la televisión y lo vamos a aplaudir, un saludo, todos con la mano. ¡Un saludo!”.

Al llegar a la cinta costera, han acompañado al Santo Padre varios jóvenes de los diferentes continentes, mientras otros cantaban el himno de la JMJ Panamá 2019 en sus diferentes versiones mientras el Papa llegaba a la tarima.

El Santo Padre ha sido recibido por 2 jóvenes panameños que le han acompañado a pasar a través de una réplica de las compuertas del Canal de Panamá. El Santo Padre ha subido en ascensor y se ha tomado unos minutos en la sacristía.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_156-355x533.jpgRegalos de los jóvenes

Ya sentado el Santo Padre en la tarima principal, varias parejas de jóvenes se han presentado en sus idiomas y se han acercado al Papa para entregarle unos regalos. Los panameños van vestidos con los trajes típicos: la mujer lleva el vestido de pollera y el chico va con el sombrero pintao. Han regalado al Pontífce una estola blanca bordada con colores de la bandera de Panamá, rojo y azul.https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_100-413x275.jpg

Los jóvenes artistas han cantado en francés, en inglés, portugués, desde diferentes puntos de la tarima, con coreografías de chicos y chicas que visten de vivos colores. También bailan las parejas panameñas con los trajes propios de la tierra transoceánica.

Presentación de los patronos

San Juan Pablo II ha sido presentado por la mexicana Ana Lucia Reyescon “su firme decisión de mostrar al mundo el rostro joven de Cristo” y también ha hablado del indio San Juan Diego, como modelo de entrega a Dios en la juventud.

Una chica de Perú: ha introducido a San Martín de Porres, que representa “la belleza morena de un corazón lleno de Dios” y a Santa Rosa de Lima, la “joven alegre que iluminó su vida con la cruz de Cristo”.

En francés, un chico de Haití, ha presentado a San Juan Bosco y a la Beata Sor María Romero, y un muchacho de El Salvador ha presentado al joven José Sánchez Rico y a Óscar Romero, quien “junto al altar, derramó su sangre”.

Al final, jóvenes de diferentes países han leído sus peticiones en español (Venezuela), inglés (Canadá), Francés (Francia), Italiano (Italia), Coreano (Corea), Árabe (Líbano), Portugués (Angola).

 

Obispos centroamericanos: Es importante “tocar las heridas de nuestra gente”

El Papa los exhorta a la paternidad y la pobreza

enero 25, 2019 03:41Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de la Juventud, Viajes pontificios

(ZENIT – 24 enero 2019).- “Es importante, hermanos, que no tengamos miedo de tocar y de acercarnos a las heridas de nuestra gente, que también son nuestras heridas, y esto hacerlo al estilo del Señor”, las palabras del Papa Francisco a los 80 obispos centroamericanos, con quienes se ha reunido en Ciudad de Panamá, este jueves 24 de enero de 2019, han sido claras y rotundas, a la vez que sencillas y cercanas.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_57-533x533.jpgFrancisco ha recordado la esencia del ministerio episcopal, y lo ha resumido en 3 puntos: Reconocimiento y gratitud; un amor con sabor a pueblo; y Llevar en las entrañas la kénosis de Cristo, que a su vez, ha detallado en: la juventud, el sacerdocio, y la pobreza.

“El pastor no puede estar lejos del sufrimiento de su pueblo; es más, podríamos decir que el corazón del pastor se mide por su capacidad de dejarse conmover frente a tantas vidas dolidas y amenazadas”, ha recordado el Papa.

Abandonar la virtualidad

La kénosis de Cristo –ha expresado– implica “abandonar la virtualidad de la existencia y de los discursos para escuchar el ruido y la cantinela de gente real que nos desafía a crear lazos”.

“Y permítanme decirlo”, ha aclarado Francisco: “las redes sirven para crear vínculos pero no raíces, son incapaces de darnos pertenencia, de hacernos sentir parte de un mismo pueblo. Sin este sentir, todas nuestras palabras, reuniones, encuentros, escritos serán signo de una fe que no ha sabido acompañar la kénosis del Señor, una fe que se quedó a mitad de camino”.

Así, ha exhortado a los obispos a promover programas y centros educativos que sepan acompañar, sostener y potenciar a sus jóvenes: “Róbenselos” a la calle antes de que sea la cultura de muerte la que, “vendiéndoles humo” y mágicas soluciones se apodere y aproveche de su imaginación, les ha animado.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/SFO3777-1-413x275.jpgComo hermanos

“Y háganlo no con paternalismo, de arriba a abajo, porque eso no es lo que el Señor nos pide, sino como padres, como hermanos a hermanos”.

También Francisco ha aconsejado a los prelados a prestar especial atención a los curas: “Es importante que el cura encuentre al padre, al pastor en el que “mirarse” y no al administrador que quiere “pasar revista de las tropas”.

“Es fundamental –ha añadido– que, con todas las cosas en las que discrepamos e inclusive los desacuerdos y discusiones que puedan existir (y es normal y esperable que existan), los curas perciban en el obispo a un hombre capaz de jugarse y dar la cara por ellos, de sacarlos adelante y ser mano tendida cuando están empantanados”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_45-413x275.jpgAsimismo, el Pontífice ha hecho un fuerte llamamiento a conversar las raíces de los pueblos: “Vuestros pueblos no son el ‘patio trasero’ de la sociedad ni de nadie. Tienen una historia rica que ha de ser asumida, valorada y alentada. Las semillas del Reino fueron plantadas en estas tierras. Estamos obligados a reconocerlas, cuidarlas y custodiarlas para que nada de lo bueno que Dios plantó se seque por intereses espurios que por doquier siembran corrupción y crecen con la expoliación de lo más pobres”.

“El mundo descarta, lo sabemos y padecemos; la kénosis de Cristo no, la hemos experimentado y la seguimos experimentando en propia carne por el perdón y la conversión. Esta tensión nos obliga a preguntarnos continuamente: ¿dónde queremos pararnos?”, ha compartido con los obispo de Centroamérica.

La kénosis de Cristo es pobre

El Papa ha recordado que “sentir con la Iglesia es sentir con el pueblo fiel, el pueblo sufriente y esperanzador de Dios”.

Y ha compartido una cita de Ignacio de Loyola: «la pobreza es madre y muro». Madre porque nos invita a la fecundidad, a la generatividad, a la capacidad de donación que sería imposible en un corazón avaro o que busca acumular. Y muro porque nos protege de una de las tentaciones más sutiles que enfrentamos los consagrados, la mundanidad espiritual: ese revestir de valores religiosos y “piadosos” el afán de poder y protagonismo, la vanidad e incluso el orgullo y la soberbia.

 

 

Panamá: El Papa llama a la apertura de “nuevos canales de comunicación, entendimiento y solidaridad”

Discurso del Papa a las autoridades de Panamá

enero 24, 2019 19:55Rosa Die AlcoleaUncategorized, Viajes pontificios

(ZENIT – 24 enero 2019).- En su prima día de encuentros en Panamá, jueves 24 de enero de 2019, el Pontífice Francisco se ha reunido con las autoridades con las Autoridades, los Miembros del Cuerpo Diplomático y los Representantes de la Sociedad Civil y la Cultura en el Palacio Bolívar de Panamá, a las 10:40 am (hora de Panamá).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/SFO1993-413x275.jpgA su llegada al Palacio Bolívar, ha sido recibido por el Presidente de la República de Panamá, Juan Carlos Varela Rodríguez, y por la Vicepresidenta de la República, Isabel de Saint Malo de Alvarado, junto con los respectivos Consorcios.

Panamá, tierra de sueños

En el interior del salón del Palacio Bolívar de Ciudad de Panamá, después del discurso introductorio del Presidente de la República, el Papa ha pronunciado su discurso, en el que ha hablado de Panamá como una tierra de convocatorias y tierra de sueños, enmarcado en esta Jornada Mundial de la Juventud, que se celebra del 23 al 27 de enero de 2019.

Al final, después de despedirse del Presidente y de las demás autoridades presentes, el Papa se ha dirigido a la iglesia de San Francisco de Asís para encontrarse con los obispos de América Central.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/bienvenida-presidente-413x275.jpgPreviamente a este encuentro, el Papa ha conversado de manera privada con el Presidente de la República en el Palacio Presidencial de Las Garzas, ubicado en el Caso Antiguo de la Ciudad de Panamá, donde a primera hora de la mañana ha tenido lugar la ceremonia de bienvenida al Santo Padre.

A continuación publicamos el discurso que el Papa Francisco ha pronunciado antes las Autoridades, con los Miembros del Cuerpo Diplomático, los Representantes de la Sociedad Civil:

***

Discurso del Papa Francisco

Le agradezco señor Presidente sus palabras de bienvenida y su amable invitación a visitar esta nación. En su persona quiero saludar y agradecer a todo el pueblo panameño que, desde Darién hasta Chiriquí y Bocas del Toro, han realizado un esfuerzo invalorable para acoger a tantos jóvenes provenientes de todas partes del mundo. Gracias por abrirnos las puertas de la casa.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/SFO2141-413x275.jpgComienzo mi peregrinación en este histórico recinto donde Simón Bolívar, afirmando que «si el mundo hubiese de elegir su capital, el istmo de Panamá sería señalado para este augusto destino», convocó a los líderes de su tiempo para forjar el sueño de la unificación de la Patria Grande. Convocatoria que nos ayuda a comprender que nuestros pueblos son capaces de crear, forjar y, sobre todo, soñar una patria grande que sepa y pueda albergar, respetar y abrazar la riqueza multicultural de cada pueblo y cultura. Siguiendo esta inspiración podemos contemplar a Panamá como tierra de convocatoria y sueños.

  1. Tierra de convocatoria

Así lo transparentó el Congreso Anfictiónico, y así también lo transparenta hoy el desembarco de miles de jóvenes que traen consigo el deseo y las ganas de encontrarse y celebrar.

Vuestro País, por su privilegiada ubicación, se vuelve un enclave estratégico no solo para la región sino para el mundo entero. Puente entre océanos y tierra natural de encuentros, Panamá, el país más angosto de todo el continente americano, es símbolo de la sustentabilidad que nace de la capacidad de crear vínculos y alianzas. Esta capacidad configura el corazón del pueblo panameño.

Cada uno de ustedes ocupa un lugar especial en la construcción de la nación y está llamado a velar para que esta tierra pueda cumplir su vocación a ser tierra de convocatorias y encuentros; esto implica la decisión, el compromiso y el trabajo cotidiano para que todos los habitantes de este suelo tengan la oportunidad de sentirse actores de su destino, del de sus familias y de la nación toda. Es imposible pensarel futuro de una sociedad sin la participación activa ―y no solo nominal― de cada uno de sus miembros, de tal modo que la dignidad se vea reconocida y garantizada en el acceso a la educación de calidad y en la promoción de trabajos dignos. Ambas realidades tienen la fuerza de ayudar a reconocer y valorar la genialidad y el dinamismo creador de este pueblo y a su vez, son el mejor antídoto ante cualquier tipo de tutelaje que pretenda recortar la libertad y someta o saltee la dignidad ciudadana, especialmente la de los más pobres.

La genialidad de estas tierras está marcada por la riqueza de sus pueblos originarios: bribri, buglé, emberá, kuna, nasoteribe, ngäbe y waunana, que tanto tienen que decir y recordar desde su cultura y visión del mundo: a ellos mi saludo y mi reconocimiento. (APLAUSOS) Ser tierra de convocatorias supone celebrar, reconocer y escuchar lo específico de cada uno de estos pueblos y de todos los hombres y mujeres que conforman el rostro panameño y animarse a entretejer un futuro esperanzador, porque solo se es capaz de defender el bien común por encima de los intereses de unos pocos o para unos pocos cuando existe la firme decisión de compartir con justicia los propios bienes.

Las nuevas generaciones, desde su alegría y entusiasmo, desde su libertad, sensibilidad y capacidad crítica reclaman de los adultos, pero especialmente de todos aquellos que tienen una función de liderazgo en la vida pública, llevar una vida conforme a la dignidad y autoridad que revisten y que les ha sido confiada. Es una invitación a vivir con austeridad y transparencia, en la responsabilidad concreta por los demás y por el mundo; llevar una vida que demuestre que el servicio público es sinónimo de honestidad y justicia, yantónimo de cualquier forma de corrupción (APLAUSOS) Ellos reclaman un compromiso, en el que todos ―comenzando por quienes nos llamamos cristianos― tengamos la osadía de construir «una política auténticamente humana» (Const. past. Gaudium et spes, 73) que ponga a la persona en el centro como corazón de todo; lo cual impulsa a crear una cultura de mayor transparencia entre los gobiernos, el sector privado y la población toda, como reza esa hermosa oración que tienen ustedes por la patria: «Danos el pan de cada día: que lo podamos comer en casa propia y en salud digna de seres humanos».

  1. Tierra de sueños

En estos días Panamá no solo será recordada como centro regional o punto estratégico para el comercio o el tránsito de personas; se convertirá en un “hub” de la esperanza. Punto de encuentro donde jóvenes provenientes de los cinco continentes, cargados de sueños y esperanzas, celebrarán, se encontrarán, rezarán y reavivarán el deseo y su compromiso por crear un mundo más humano. Así desafiarán las miopes miradas cortoplacistas que, seducidas por la resignación, la avidez, o presas del paradigma tecnocrático, creen que el único camino posible se transita en el «juego de la competitividad, [de la especulación] y de la ley del más fuerte donde el poderoso se come al más débil» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 53), cerrando el mañana a una nueva imaginación de la humanidad. Al hospedar los sueños de estos jóvenes, Panamá se vuelve tierra de sueños que desafía tantas certezas de nuestro tiempo y genera horizontes vitales que señalan una nueva espesura al caminar con una mirada respetuosa y llena de compasión sobre los otros. Durante este tiempo seremos testigos de la apertura de nuevos canales de comunicación y entendimiento, solidaridad, de creatividad y ayuda mutua; canales de medida humana que impulsen el compromiso y rompan el anonimato y el aislamiento en vistas a una nueva manera de construir la historia.

Otro mundo es posible, lo sabemos y los jóvenes nos invitan a involucrarnos en su construcción para que los sueños no queden en algo efímero o etéreo, para que impulsen un pacto social en el que todos puedan tener la oportunidad de soñar un mañana: el derecho al futuro es también un derecho humano.

En este horizonte parecieran tomar cuerpo las palabras de Ricardo Miró que, al cantarle al terruño de sus amores, decía: «Porque viéndote, Patria, se dijera /que te formó la voluntad divina/ para que bajo el sol que te ilumina /se uniera en ti la Humanidad entera» (Patria de mis amores) (APLAUSOS)

Les renuevo mi agradecimiento por todo lo que han hecho para que este encuentro sea posible y expreso a usted, señor Presidente, a todos los aquí presentes, y a quienes siguen por los medios de comunicación, mis mejores deseos de un renovada esperanza y alegría en el servicio al bien común.

Que Santa María la Antigua bendiga y proteja a Panamá.

 

 

Discurso del Papa Francisco a los obispos centroamericanos

En la iglesia de S. Francisco de Asís, Ciudad de Panamá

enero 25, 2019 03:23RedacciónJornada Mundial de la Juventud, Viajes pontificios

(ZENIT – 24 enero 2019).- El segundo día del viaje del Papa a Panamá, jueves, 24 de enero de 2019 –el primero de actividad–, Francisco se ha encontrado con 80 obispos de Centroamérica en la iglesia de San Francisco de Asís, situada en el Casco Antiguo de la Ciudad de Panamá, junto al Palacio Bolívar, donde el Santo Padre se ha reunido con las autoridades civiles de la República momentos antes.

A continuación, ofrecemos el discurso completo del Santo Padre a los prelados de los países de Centro América.

***

Discurso del Santo Padre

Gracias Mons. José Luis Escobar Alas, arzobispo de San Salvador, por las palabras de bienvenida que me dirigió en nombre de todos. Me alegra poder encontrarlos y compartir de manera más familiar y directa sus anhelos, proyectos e ilusiones de pastores a quienes el Señor confió el cuidado de su pueblo santo. Gracias por la fraterna acogida.

Poder encontrarme con ustedes es también “regalarme” la oportunidad de poder abrazar y sentirmemás cerca de vuestros pueblos, poder hacer míos sus anhelos, también sus desánimos y, sobre todo, esa fe“corajuda” que sabe alentar la esperanza y agilizar la caridad. Gracias por permitirme acercarme a esa feprobada pero sencilla del rostro pobre de vuestra gente que sabe que «Dios está presente, no duerme, está activo, observa y ayuda» (S. Óscar Romero, Homilía, 16 diciembre 1979).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_75-413x275.jpgEste encuentro nos recuerda un evento eclesial de gran relevancia. Los pastores de esta región fueron los primeros que crearon en América un organismo de comunión y participación que ha dado —y sigue dando todavía— abundantes frutos. Me refiero al Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC). Un espacio de comunión, de discernimiento y de compromiso que nutre, revitaliza y enriquece vuestras Iglesias. Pastores que supieron adelantarse y dar un signo que, lejos de ser un elemento solamente programático, indicó cómo el futuro de América Central —y de cualquier región en el mundo— pasa necesariamente por la lucidez y capacidad que se tenga para ampliar la mirada, unir esfuerzos en un trabajo paciente y generoso de escucha, comprensión, dedicación y entrega, y poder así discernir los horizontes nuevos a los que el Espíritu nos está llevando[1] (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 235).

En estos 75 años desde su fundación, el SEDAC se ha esforzado por compartir las alegrías y tristezas, las luchas y esperanzas de los pueblos de Centroamérica, cuya historia se entrelazó y forjó con la historia de vuestra gente. Muchos hombres y mujeres, sacerdotes, consagrados, consagradas y laicos, han ofrecido su vida hasta derramar su sangre por mantener viva la voz profética de la Iglesia frente a la injusticia, el empobrecimiento de tantas personas y el abuso de poder. Ellos nos recuerdan que «quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 107). Y esto, no como limosna sino como vocación.

Entre esos frutos proféticos de la Iglesia en Centroamérica me alegra destacar la figura de san Óscar Romero, a quien tuve el privilegio de canonizar recientemente en el contexto del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes. Su vida y enseñanza son fuente constante de inspiración para nuestras Iglesias y, de modo particular, para nosotros obispos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/45931946675_03b97d9598_k-413x275.jpgEl lema que escogió para su escudo episcopal y que preside su lápida expresa de manera clara suprincipio inspirador y lo que fue su vida de pastor: “Sentir con la Iglesia”. Brújula que marcó su vida en fidelidad, incluso en los momentos más turbulentos.

Este es un legado que puede transformarse en testimonio activo y vivificante para nosotros, también llamados a la entrega martirial en el servicio cotidiano de nuestros pueblos, y en este legado me gustaría basarme para esta reflexión que quiero compartir con ustedes. Sé que entre nosotros hay personas que lo conocieron de primera mano —como el cardenal Rosa Chávez— así que, Eminencia, si considera que me equivoco con alguna apreciación me puede corregir. Apelar a la figura de Romero es apelar a la santidad y al carácter profético que vive en el ADN de vuestras Iglesias particulares.

Sentir con la Iglesia

1. Reconocimiento y gratitud

Cuando san Ignacio propone las reglas para sentir con la Iglesia busca ayudar al ejercitante a superar cualquier tipo de falsas dicotomías o antagonismos que reduzcan la vida del Espíritu a la habitual tentación de acomodar la Palabra de Dios al propio interés. Así posibilita al ejercitante la gracia de sentirse y saberse parte de un cuerpo apostólico más grande que él mismo y, a la vez, con la consciencia real de sus fuerzas y posibilidades: ni débil pero tampoco selectivo o temerario. Sentirse parte de un todo, que será siempre más que la suma de las partes (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 235) y que está hermanado por una Presencia que siempre lo superará (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 8).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_59-413x275.jpgDe ahí que me gustaría centrar este primer Sentir con la Iglesia, de la mano de san Óscar, como acción de gracias y gratitud por tanto bien recibido, no merecido. Romero pudo sintonizar y aprender a vivir la Iglesia porque amaba entrañablemente a quien lo había engendrado en la fe. Sin este amor de entrañas será muy difícil comprender su historia y conversión, ya que fue este mismo amor el que lo guió hasta la entrega martirial; ese amor que nace de acoger un don totalmente gratuito, que no nos pertenece y que nos libera de toda pretensión y tentación de creernos sus propietarios o los únicos intérpretes. No hemos inventado la Iglesia, ella no nace con nosotros y seguirá sin nosotros. Tal actitud, lejos de abandonarnos a la desidia, despierta una insondable e inimaginable gratitud que lo nutre todo. El martirio no es sinónimo de pusilanimidad o de la actitud de alguien que no ama la vida y no sabe reconocer el valor que esta tiene. Al contrario, el mártir es aquel que es capaz de darle carne y hacer vida esta acción de gracias.

Romero sintió con la Iglesia porque, en primer lugar, amó a la Iglesia como madre que lo engendró en la fe y se sintió miembro y parte de ella.

2. Un amor con sabor a pueblo

Este amor, adhesión y gratitud, lo llevó a abrazar con pasión, pero también con dedicación y estudio, todo el aporte y renovación magisterial que el Concilio Vaticano II proponía. Allí encontraba la mano segura en el seguimiento de Cristo. No fue ideólogo ni ideológico; su actuar nació de una compenetración con los documentos conciliares. Iluminado desde este horizonte eclesial, sentir con la Iglesia es para Romero contemplarla como Pueblo de Dios. Porque el Señor no quiso salvarnos aisladamente sin conexión, sino que quiso constituir un pueblo que lo confesara en la verdad y lo sirviera santamente (cf. Const. dogm.Lumen gentium, 9). Todo un Pueblo que posee, custodia y celebra la «unción del Santo» (ibíd., 12) y ante el cual Romero se ponía a la escucha para no rechazar Su inspiración (cf. S. Óscar Romero, Homilía, 16 julio 1978). Así nos muestra que el pastor, para buscar y encontrarse con el Señor, debe aprender y escucharlos latidos de su pueblo, percibir “el olor” de los hombres y mujeres de hoy hasta quedar impregnado desus alegrías y esperanzas, de sus tristezas y https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_50-413x275.jpgangustias (cf. Const. past. Gaudium et spes, 1) y así escudriñar la Palabra de Dios (cf. Const. dogm. Dei Verbum, 13). Escucha del pueblo que le fue confiado, hasta respirar y descubrir a través de él la voluntad de Dios que nos llama (cf. Discurso durante el encuentro para la familia, 4 octubre 2014). Sin dicotomías o falsos antagonismos, porque solo el amor de Dios es capaz de integrar todos nuestros amores en un mismo sentir y mirar.

Para él, en definitiva, sentir con la Iglesia es tomar parte en la gloria de la Iglesia, que es llevar en sus entrañas toda la kénosis de Cristo. En la Iglesia Cristo vive entre nosotros y por eso tiene que ser humilde y pobre, ya que una Iglesia altanera, una Iglesia llena de orgullo, una Iglesia autosuficiente, no es la Iglesia de la kénosis (cf. S. Óscar Romero, Homilía, 1 octubre 1978).

3. Llevar en las entrañas la kénosis de Cristo

Esta no es solo la gloria de la Iglesia, sino también una vocación, una invitación para que sea nuestra gloria personal y camino de santidad. La kénosis de Cristo no es cosa del pasado sino garantía presente para sentir y descubrir su presencia actuante en la historia. Presencia que no podemos ni queremos callar porquesabemos y hemos experimentado que solo Él es “Camino, Verdad y Vida”. La kénosis de Cristo nosrecuerda que Dios salva en la historia, en la vida de cada hombre, que esta es también su propia historia y allí nos sale al encuentro (cf. S. Óscar Romero, Homilía, 7 diciembre 1978). Es importante, hermanos, que no tengamos miedo de tocar y de acercarnos a las heridas de nuestra gente, que también son nuestras heridas, y esto hacerlo al estilo del Señor. El pastor no puede estar lejos del sufrimiento de su pueblo; es más, podríamos decir que el corazón del pastor se mide por su capacidad de dejarse conmover frente a tantas vidas dolidas y amenazadas. Hacerlo al estilo del Señor significa dejar que ese sufrimiento golpee y marque nuestras prioridades y nuestros gustos, el uso del tiempo y del dinero e incluso la forma de rezar, para poder ungirlo todo y a todos con el consuelo de la amistad de Jesucristo en una comunidad de fe que contenga y abra un horizonte siempre nuevo que dé sentido y https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/SFO3808-413x275.jpgesperanza a la vida (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 49). La kénosis de Cristo implica abandonar la virtualidad de la existencia y de los discursos para escuchar el ruido y la cantinela de gente real que nos desafía a crear lazos. Y permítanme decirlo: las redes sirven para crear vínculos pero no raíces, son incapaces de darnos pertenencia, de hacernos sentir parte de un mismo pueblo. Sin este sentir, todas nuestras palabras, reuniones, encuentros, escritos serán signo de una fe que no ha sabido acompañar la kénosis del Señor, una fe que se quedó a mitad de camino.

La kénosis de Cristo es joven

Esta Jornada Mundial de la Juventud es una oportunidad única para salir al encuentro y acercarse aún más a la realidad de nuestros jóvenes, llena de esperanzas y deseos, pero también hondamente marcada por tantas heridas. Con ellos podremos leer de modo renovado nuestra época y reconocer los signos de los tiempos porque, como afirmaron los padres sinodales, los jóvenes son uno de los “lugares teológicos” enlos que el Señor nos da a conocer algunas de sus expectativas y desafíos para construir el mañana (cf. Sínodo sobre los Jóvenes, Doc. final, 64). Con ellos podremos visualizar cómo hacer más visible y creíble el Evangelio en el mundo que nos toca vivir; ellos son como termómetro para saber dónde estamos como comunidad y sociedad.

Ellos portan consigo una inquietud que debemos valorar, respetar, acompañar, y que tanto bien nos hace a todos porque desinstala y nos recuerda que el pastor nunca deja de ser discípulo y está en camino. Esa sana inquietud nos pone en movimiento y nos primerea. Así lo recordaron los padres sinodales al decir: «los jóvenes, en ciertos aspectos, van por delante de los pastores» (ibíd., 66). Nos tiene que llenar de alegría comprobar cómo la siembra no ha caído en saco roto. Muchas de esas inquietudes e intuiciones han crecido en el seno familiar alimentadas por alguna abuela o catequista, o en la parroquia, en la pastoral educativa o juvenil. Inquietudes que crecieron en una escucha del Evangelio y en comunidades con fe viva y ferviente que encuentra tierra donde germinar. ¡Cómo no agradecer tener jóvenes inquietos por el Evangelio! Esta realidad nos estimula a un mayor compromiso para ayudarlos a crecer ofreciéndoles más y mejores espacios que los engendren al sueño de Dios. La Iglesia por naturaleza es Madre y como tal engendra e incuba vida protegiéndola de todo aquello que amenace su desarrollo. Gestación en libertad y para la libertad. Los exhorto pues, a promover programas y centros educativos que sepan acompañar, sostener y potenciar a susjóvenes; “róbenselos” a https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/MPOR_20190124_145-413x275.jpgla calle antes de que sea la cultura de muerte la que, “vendiéndoles humo” y mágicassoluciones se apodere y aproveche de su imaginación. Y háganlo no con paternalismo, de arriba a abajo, porque eso no es lo que el Señor nos pide, sino como padres, como hermanos a hermanos. Ellos son rostro de Cristo para nosotros y a Cristo no podemos llegar de arriba a abajo, sino de abajo a arriba (cf. S. Óscar Romero, Homilía, 2 septiembre 1979).

Son muchos los jóvenes que dolorosamente han sido seducidos con respuestas inmediatas que hipotecan la vida. Nos decían los padres sinodales: por constricción o falta de alternativas se encuentran sumergidos en situaciones altamente conflictivas y de no rápida solución: violencia doméstica, feminicidios—qué plaga que vive nuestro continente en este sentido—, bandas armadas y criminales, tráfico de droga, explotación sexual de menores y de no tan menores, etc., y duele constatar que en la raíz de muchas de estas situaciones se encuentra una experiencia de orfandad fruto de una cultura y una sociedad que se fue “desmadrando”. Hogares resquebrajados tantas veces por un sistema económico que no tiene comoprioridad las personas y el bien común y que hizo de la especulación “su paraíso” desde donde seguir “engordando” sin importar a costa de quién. Así nuestros jóvenes sin hogar, sin familia, sin comunidad, sinpertenencia, quedan a la intemperie del primer estafador.

No nos olvidemos que «el verdadero dolor que sale del hombre, pertenece en primer lugar a Dios» (Georges Bernanos, Diario de un cura rural, 74). No separemos lo que Él ha querido unir en su Hijo.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/2-7-413x275.jpgEl mañana exige respetar el presente dignificando y empeñándose en valorar las culturas de vuestros pueblos. En esto también se juega la dignidad: en la autoestima cultural. Vuestros pueblos no son el “patio trasero” de la sociedad ni de nadie. Tienen una historia rica que ha de ser asumida, valorada y alentada. Lassemillas del Reino fueron plantadas en estas tierras. Estamos obligados a reconocerlas, cuidarlas y custodiarlas para que nada de lo bueno que Dios plantó se seque por intereses espurios que por doquier siembran corrupción y crecen con la expoliación de lo más pobres. Cuidar las raíces es cuidar el ricopatrimonio histórico, cultural y espiritual que esta tierra durante siglos ha sabido “mestizar”. Empéñense ylevanten la voz contra la desertificación cultural y espiritual de vuestros pueblos, que provoca una indigencia radical ya que deja sin esa indispensable inmunidad vital que sostiene la dignidad en los momentos de mayor dificultad.

En la última carta pastoral, ustedes afirmaban: «Últimamente nuestra región ha sido impactada por la migración hecha de manera nueva, por ser masiva y organizada, y que ha puesto en evidencia los motivos que hacen una migración forzada y los peligros que conlleva para la dignidad de la persona humana» (SEDAC, Mensaje al Pueblo de Dios y a todas las personas de buena voluntad, 30 noviembre 2018).

Muchos de los migrantes tienen rostro joven, buscan un bien mayor para sus familias, no temen arriesgar y dejar todo con tal de ofrecer el mínimo de condiciones que garanticen un futuro mejor. En estono basta solo la denuncia, sino que debemos anunciar concretamente una “buena noticia”. La Iglesia,gracias a su universalidad, puede ofrecer esa hospitalidad fraterna y acogedora para que las comunidades de origen y las de destino dialoguen y contribuyan a superar miedos y recelos, y consoliden los lazos que las migraciones, en el imaginario colectivo, amenazan con romper. “Acoger, proteger, promover e integrar”pueden ser los cuatro verbos con los que la Iglesia, en esta situación migratoria, conjugue su maternidad en el hoy de la historia (cf. Sínodo sobre los Jóvenes, Doc. final, 147).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/4-5-413x275.jpgTodos los esfuerzos que puedan realizar tendiendo puentes entre comunidades eclesiales, parroquiales, diocesanas, así como por medio de las Conferencias Episcopales serán un gesto profético de la Iglesia que en Cristo es «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Const. dogm. Lumen gentium, 1). Así la tentación de quedarnos en la sola denuncia se disipa y se hace anuncio de la Vida nueva que el Señor nos regala.

Recordemos la exhortación de san Juan: «Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios? Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad» (1 Jn 3,17-18).

Todas estas situaciones plantean preguntas, son situaciones que nos llaman a la conversión, a la solidaridad y a una acción educativa incisiva en nuestras comunidades. No podemos quedar indiferentes (cf. Sínodo sobre los Jóvenes, Doc. final, 41-44). El mundo descarta, lo sabemos y padecemos; la kénosis de Cristo no, la hemos experimentado y la seguimos experimentando en propia carne por el perdón y la conversión. Esta tensión nos obliga a preguntarnos continuamente: ¿dónde queremos pararnos?

La kénosis de Cristo es sacerdotal

Es conocida la amistad y el impacto que generó el asesinato del P. Rutilio Grande en la vida de Mons. Romero. Fue un acontecimiento que marcó a fuego su corazón de hombre, sacerdote y pastor. Romero no era un administrador de recursos humanos, no gestionaba personas ni organizaciones, sentía con amor de padre, amigo y hermano. Una vara un poco alta, pero vara al fin para evaluar nuestro corazón episcopal, una vara ante la cual podemos preguntarnos: ¿Cuánto me afecta la vida de mis curas? ¿Cuánto soy capaz de dejarme impactar por lo que viven, por llorar sus dolores, así como festejar y alegrarme con sus alegrías? El funcionalismo y clericalismo eclesial —tan tristemente extendido, que representa una caricatura y una perversión del ministerio— empieza a medirse por estas preguntas. No es cuestión de cambios de estilos, maneras o lenguajes —todo importante ciertamente— sino sobre todo es cuestión de impacto y capacidad de que nuestras agendas episcopales tengan espacio para recibir, acompañar y sostener a nuestros curas, tengan “espacio real” para ocuparnos de ellos. Eso hace de nosotros padres fecundos.

En ellos normalmente recae de modo especial la responsabilidad de que este pueblo sea el pueblo de Dios. Están en la línea de fuego. Ellos llevan sobre sus espaldas el peso del día y del calor (cf. Mt 20,12), están expuestos a un sinfín de situaciones diarias que los pueden dejar más vulnerables y, por tanto, necesitan también de nuestra cercanía, de nuestra comprensión y aliento, de nuestra paternidad. El resultado del trabajo pastoral, la evangelización en la Iglesia y la misión no se basa en la riqueza de los medios y recursos materiales, ni en la cantidad de eventos o actividades que realicemos sino en la centralidad de la compasión: uno de los grandes distintivos que como Iglesia podemos ofrecer a nuestros hermanos. La kénosis de Cristo es la expresión máxima de la compasión del Padre. La Iglesia de Cristo es la Iglesia de la compasión, y eso empieza por casa. Siempre es bueno preguntarnos como https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/5-3-413x275.jpgpastores: ¿Cuánto impacta en mí la vida de mis sacerdotes? ¿Soy capaz de ser padre o me consuelo con ser mero ejecutor? ¿Me dejo incomodar? Recuerdo las palabras de Benedicto XVI al inicio de su pontificado hablándole a sus compatriotas: «Cristo no nos ha prometido una vida cómoda. Quien busca la comodidad con Él se ha equivocado de camino. Él nos muestra la senda que lleva hacia las cosas grandes, hacia el bien, hacia una vida humana auténtica» (Benedicto XVI, Discurso a los peregrinos alemanes, 25 abril 2005).

Sabemos que nuestra labor, en las visitas y encuentros que realizamos ―sobre todo en las parroquias― tiene una dimensión y componente administrativo que es necesario desarrollar. Asegurar quese haga sí, pero eso no es ni será sinónimo de que seamos nosotros quienes tengamos que utilizar el escasotiempo en tareas administrativas. En las visitas, lo fundamental y lo que no podemos delegar es “el oído”.Hay muchas cosas que hacemos a diario que deberíamos confiarlas a otros. Lo que no podemos encomendar, en cambio, es la capacidad de escuchar, la capacidad de seguir la salud y vida de nuestros sacerdotes. No podemos delegar en otros la puerta abierta para ellos. Puerta abierta que cree condiciones que posibiliten la confianza más que el miedo, la sinceridad más que la hipocresía, el intercambio franco y respetuoso más que el monólogo disciplinador.

Recuerdo esas palabras de Rosmini: «No hay duda de que solo los grandes hombres pueden formara otros grandes hombres […]. En los primeros siglos, la casa del obispo era el seminario de los sacerdotes y diáconos. La presencia y la vida santa de su prelado, resultaba ser una lección candente, continua, sublime, en la que se aprendía conjuntamente la teoría en sus doctas palabras y la práctica en asiduas ocupaciones pastorales. Y así se veía crecer a los jóvenes Atanasios junto a los Alejandros» (Antonio Rosmini, Las cinco llagas de la santa Iglesia, 63).

Es importante que el cura encuentre al padre, al pastor en el que “mirarse” y no al administrador que quiere “pasar revista de las tropas”. Es fundamental que, con todas las cosas en las que discrepamos einclusive los desacuerdos y discusiones que puedan existir (y es normal y esperable que existan), los curas perciban en el obispo a un hombre capaz de jugarse y dar la cara por ellos, de sacarlos adelante y ser mano tendida cuando están empantanados. Un hombre de discernimiento que sepa orientar y encontrar caminos concretos y transitables en las distintas encrucijadas de cada historia personal.

La palabra autoridad etimológicamente viene de la raíz latina augere que significa aumentar, promover, hacer progresar. La autoridad en el pastor radica especialmente en ayudar a crecer, en promover a sus presbíteros, más que en promoverse a sí mismo —eso lo hace un solterón—. La alegría del padre/pastor es ver que sus hijos crecieron y fueron fecundos. Hermanos, que esa sea nuestra autoridad y el signo de nuestra fecundidad.

La kénosis de Cristo es pobre

Hermanos, sentir con la Iglesia es sentir con el pueblo fiel, el pueblo sufriente y esperanzador de Dios. Es saber que nuestra identidad ministerial nace y se entiende a la luz de esta pertenencia única y constituyente de nuestro ser. En este sentido quisiera recordar con ustedes lo que san Ignacio nos escribía a los jesuitas: «la pobreza es madre y muro», engendra y contiene. Madre porque nos invita a la fecundidad, a la generatividad, a la capacidad de donación que sería imposible en un corazón avaro o que busca acumular. Y muro porque nos protege de una de las tentaciones más sutiles que enfrentamos losconsagrados, la mundanidad espiritual: ese revestir de valores religiosos y “piadosos” el afán de poder yprotagonismo, la vanidad e incluso el orgullo y la soberbia. Muro y madre que nos ayuden a ser una Iglesia que sea cada vez más libre porque está centrada en la kénosis de su Señor. Una Iglesia que no quiere que su fuerza esté —como decía Mons. Romero— en el apoyo de los poderosos o de la política, sino que se desprende con nobleza para caminar únicamente tomada de los brazos del crucificado, que es su verdadera fortaleza. Y esto se traduce en signos concretos y evidentes, esto nos cuestiona e impulsa a un examen de conciencia sobre nuestras opciones y prioridades en el uso de los recursos, influencias y posicionamientos. La pobreza es madre y muro porque custodia nuestro corazón para que no se deslice en concesiones y compromisos que debilitan la libertad y parresía a la que el Señor nos llama.

Hermanos, antes de terminar pongámonos bajo el manto de la Virgen, recemos juntos para que ella custodie nuestro corazón de pastores y nos ayude a servir mejor al Cuerpo de su Hijo, el santo Pueblo fiel de Dios que camina, vive y reza aquí en Centroamérica.

Que Jesús los bendiga y la Virgen María los cuide. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Muchas gracias.

 

 

Presidente Varela al Papa: “Su mensaje trae una voz de aliento, de fe y esperanza a los jóvenes”

Discurso del Presidente de la República de Panamá

enero 24, 2019 21:56RedacciónUncategorized, Viajes pontificios

(ZENIT – 24 enero 2019).- El presidente de la República de Panamá, Juan Carlos Varela, ha recibido al Santo Padre esta mañana, a las 9:45 hora local, en el Palacio presidencial de las Garzas, donde se ha celebrado una ceremonia de bienvenida al jefe del estado Vaticano.

Tras el acto festivo de bienvenida y la reunión privada del Santo Padre con el Presidente en el Palacio Presidencial, ha tenido lugar el encuentro del Pontífice con las autoridades civiles y del Cuerpo Diplomático de la República de Panamá.

Antes de que el Papa pronunciara su discurso, el presidente Varela le ha dado la bienvenida de manera oficial, y ha ofrecido un discurso. A continuación, ofrecemos su discurso:

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Discurso del Presidente Juan Carlos Varela

Santo Padre: En nombre del pueblo y el Gobierno de la República de Panamá, le damos la más cálida bienvenida a esta hermosa tierra de paz, de diálogo y de unión, donde habita un pueblo que ha sabido usar su privilegiada posición geográfica por más de 500 años para convertirla en un punto de encuentro y de intercambio, de evangelización, de comercio y de puente para los pueblos del mundo.

Desde hace casi 200 años, en este Salón a mi izquierda el Libertador Simón Bolívar tuvo la visión de un continente unido, donde Panamá jugaría un rol de centro del mundo.

En la Carta de Jamaica de 1815, el Libertador manifestó su visión sobre la privilegiada posición geográfica de Panamá: “Parece que si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá sería señalado para este augusto destino, colocado, como está, en el centro del globo, viendo por una parte el Asia, y por la otra el África y la Europa”. Hoy, con su presencia y la de cientos de miles de jóvenes, se reafirma y se fortalece esa visión.

Por estas tierras han pasado hombres y mujeres de fe a llevar la palabra de Dios a otras naciones. Nuestras tres ciudades, Panamá La Vieja o Nuestra Señora de la Asunción, con su Camino de Cruces; el Casco Antiguo, donde estamos hoy, con su ferrocarril y luego su Canal; y la nueva Ciudad Moderna con su Canal Ampliado, su centro logístico y financiero han sido testigos de ese llamado “pro mundi beneficio”, a ser una nación al servicio del mundo.

Santo Padre, quiero dejar un mensaje plasmado en la historia ante las presentes y futuras generaciones. Ese mensaje es el que usted escribió con motivo de la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá en el 2015, que decía:

“…los esfuerzos por tender puentes, canales de comunicación, tejer relaciones, buscar el entendimiento nunca son vanos. La situación geográfica de Panamá, en el centro del continente Americano, que la convierte en un punto de encuentro del norte y el sur, de los Océanos Pacífico y Atlántico, es seguramente una llamada, “pro mundi beneficio”, a generar un nuevo orden de paz y de justicia y a promover la solidaridad y la colaboración respetando la justa autonomía de cada nación.”

Este poderoso mensaje nos recuerda el rol que nuestro país está llamado a jugar a nivel global como promotor de la paz, el diálogo y el respeto entre los pueblos.

Además, deja un compromiso en los aquí presentes, en los panameños, en todos los que han escogido esta patria como suya y en los que nos escuchan, a seguir esa vocación de nuestra posición geográfica y convertirnos en artesanos de paz con acciones que siempre aporten en la construcción de la casa común.

La obra de la Iglesia Católica y las órdenes Religiosas en estas tierras ha dejado una herencia maravillosa tanto en la atención de los más necesitados como en el cuidado de los enfermos y la educación.

Las edificaciones más emblemáticas de este Casco Antiguo son un testimonio de la obra milenaria de la Iglesia iniciada por aquellos 6 franciscanos que acompañaron en 1514 al primer obispo de Darién, pasando por los dominicos, los hermanos de las escuelas cristianas de La Salle, los agustinos, los salesianos, los mercedarios y, por supuesto, los jesuitas.

Santo Padre, desde la llegada del primer miembro de la Compañía de Jesús a Panamá hace 450 años, el Padre Jerónimo Ruíz del Portillo, la orden ha jugado un rol muy importante en la educación de miles de hombres y mujeres que hoy sirven a nuestro país.

Fue la formación que recibí de sacerdotes jesuitas en el Colegio Javier la que me permitió estar aquí con usted, un Santo Padre latinoamericano, en un evento global como este, en el país que me ha dado la oportunidad de servirle como Presidente.

Le agradezco la bendición que nos ha dado, permitiendo que Panamá sea la sede de este importante evento que trae jóvenes de más de 150 países a escuchar su mensaje de paz, amor y unidad, y a vivir la fe del Evangelio para aplicarla en su vida diaria en la construcción de un mundo mejor.

Su Santidad, En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium manifestó su petición a Dios por más políticos capaces y honestos, y además se refirió a la política como una altísima vocación, siendo una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común.

Este mensaje transciende los confines del catolicismo. Su visita nos da la oportunidad a todos, creyentes y no creyentes, cristianos, judíos, musulmanes y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, de unirnos por un fin: poner al ser humano por encima, la obligación de velar por nuestros hermanos, por los olvidados y marginados, por el bien común.

Estoy seguro que entre los miles de jóvenes impactados por esta Jornada se encuentran los futuros constructores del orden mundial, que guiados por la fe, trabajarán porque las riquezas de este hermoso planeta lleguen a todos sus habitantes y se les permita vivir una vida digna, sin que nadie se quede atrás.

Su visita a Panamá llega en medio de importantes retos globales, en donde su mensaje trae una voz de aliento, de fe y esperanza a los jóvenes de los países que enfrentan conflictos políticos y sociales, crisis humanitarias, desastres naturales, violencia, desigualdad, problemas relacionados con el crimen organizado y la alternativa de una complicada y dolorosa migración.

Con su mensaje y su presencia, usted deja sembrada una semilla en el corazón de nuestro pueblo, de los jóvenes y de los que han seguido esta jornada, y de ella crecerá un gran árbol que dará sombras de paz, equidad y prosperidad a los habitantes de nuestra hermosa tierra. Por eso, no sólo en nombre de Panamá y Centroamérica, sino de nuestra región, le decimos una vez más: Gracias por estar aquí, Santo Padre.

Nuestro pueblo en unidad abre sus puertas y su corazón para recibir a Su Santidad y a los miles de peregrinos que han venido de 5 continentes a acompañarlo y asegurar que esta Jornada Mundial de la Juventud, en este verano con sus vientos del norte, traiga una nueva era de fe y esperanza a nuestro continente y al mundo entero.

¡Bienvenido a Panamá, Papa Francisco!

 

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO*

Fiesta

— En el camino de Damasco.

— La figura de San Pablo, ejemplo de esperanza. Correspondencia a la gracia.

— Afán de almas.

I. Sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día, en que vendrá como juez justo, el encargo que me dio1.

Pablo, gran defensor de la Ley de Moisés, consideraba a los cristianos como el mayor peligro para el judaísmo; por eso, dedicaba todas sus energías al exterminio de la naciente Iglesia. La primera vez que aparece en los Hechos de los Apóstoles, verdadera historia de la primitiva cristiandad, lo vemos presenciando el martirio de San Esteban, el protomártir cristiano2. San Agustín hace notar la eficacia de la oración de Esteban sobre el joven perseguidor3. Más tarde, Pablo se dirige hacia Damasco, con poderes para llevar detenidos a Jerusalén a quienes encontrara, hombres y mujeres, seguidores del Camino4. El cristianismo se había extendido rápidamente, gracias a la acción fecunda del Espíritu Santo y al intenso proselitismo que ejercían los nuevos fieles, aun en las condiciones más adversas: los que se habían dispersado iban de un lugar a otro anunciando la palabra del Evangelio5.

Pablo iba camino de Damasco, respirando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor; pero Dios tenía otros planes para aquel hombre de gran corazón. Y estando ya cerca de la ciudad, hacia el mediodía, de repente le envolvió de resplandor una luz del cielo. Y cayendo en tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y Él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues6. Y enseguida la pregunta fundamental de Saulo, que es ya fruto de su conversión, de su fe, y que marca el camino de la entrega: ¿Señor, qué quieres que haga?7. Pablo ya es otro hombre. En un momento lo ha visto todo claro, y la fe, la conversión, le lleva a la entrega, a la disponibilidad absoluta en las manos de Dios. ¿Qué tengo que hacer de ahora en adelante?, ¿qué esperas de mí?

Muchas veces, quizá cuando más lejos estábamos, el Señor ha querido meterse de nuevo hondamente en nuestra vida y nos ha manifestado esos planes grandes y maravillosos que tiene sobre cada hombre, sobre cada mujer. «¡Dios sea bendito!, te decías después de acabar tu Confesión sacramental. Y pensabas: es como si volviera a nacer.

»Luego, proseguiste con serenidad: “Domine, quid me vis facere?” -Señor, ¿qué quieres que haga?

»-Y tú mismo te diste la respuesta: con tu gracia, por encima de todo y de todos, cumpliré tu Santísima Voluntad: “serviam!” -¡te serviré sin condiciones!»8. También ahora se lo repetimos una vez más. ¡Tantas veces se lo hemos dicho ya, en tonos tan diversos! Serviam! Con tu ayuda, te serviré siempre, Señor.

II. Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí9.

Siempre recordaremos esos instantes en que Jesús, quizá inesperadamente, nos detuvo en nuestro camino para decirnos que se quiere meter de lleno en nuestro corazón. Nunca olvidó San Pablo aquel momento único, cuando tuvo lugar el encuentro personal con Cristo resucitado: en el camino de Damasco..., indica a veces, como si dijera: allí comenzó todo. En otras ocasiones señala que aquel fue el instante decisivo de su existencia. Y en último lugar, como a un abortivo, se me apareció a mí también...10.

La vida de San Pablo es una llamada a la esperanza, pues «¿quién dirá, cargado con el peso de sus faltas, “Yo no puedo superarme”, cuando (...) el perseguidor de los creyentes se transforma en propagador de su doctrina?»11. Esta misma eficacia sigue operando hoy en los corazones. Pero la voluntad del Señor de sanarnos y convertirnos en apóstoles en el lugar donde trabajamos y donde vivimos necesita nuestra correspondencia; la gracia de Dios es suficiente, pero es necesaria la colaboración del hombre, como en el caso de Pablo, porque el Señor quiere contar con nuestra libertad. Comentando las palabras del Apóstol -no yo, sino la gracia de Dios en mí señala San Agustín: «Es decir, no solo yo, sino Dios conmigo; y por ello, ni la gracia de Dios sola, ni él solo, sino la gracia de Dios con él»12.

Contar siempre con la gracia nos llevará a no desanimarnos jamás, a pesar de que una y otra vez experimentemos la inclinación al pecado, los defectos que no acaban de desaparecer, las flaquezas e incluso las caídas. El Señor nos llama continuamente a una nueva conversión y hemos de pedir con constancia la gracia de estar siempre comenzando, actitud que lleva a recorrer con paz y alegría el camino que conduce a Dios –afianzados en la filiación divina y que mantiene siempre la juventud del corazón. Pero es necesario corresponder en esos momentos bien precisos en los que, como San Pablo, le diremos a Jesús: Señor, ¿qué quieres que haga?, ¿en qué debo luchar más?, ¿qué cosas debo cambiar? Jesús se nos hace encontradizo muchas veces; entonces, «es menester sacar fuerzas de nuevo para servir –escribe Santa Teresa y procurar no ser ingratos, porque en esa condición las da el Señor; que si no usamos bien del tesoro y del gran estado en que nos pone, nos los tornará a tomar y quedarnos hemos muy más pobres, y dará su Majestad las joyas a quien luzca y aproveche con ellas a sí y a otros»13.

Señor, ¿qué quieres que haga? Si se lo decimos de corazón -como una jaculatoria muchas veces a lo largo del día, Jesús nos dará luces y nos manifestará esos puntos en los que nuestro amor se ha detenido o no avanza como Dios desea.

III. Sé en quién he creído...

Estas palabras explican toda la vida posterior de Pablo. Ha conocido a Cristo, y desde ese momento todo lo demás es como una sombra, en comparación a esta inefable realidad. Nada tiene ya valor si no es en Cristo y por Cristo. «La única cosa que él temía era ofender a Dios; lo demás le tenía sin cuidado. Por esto mismo, lo único que deseaba era ser fiel a su Señor y darlo a conocer a todas las gentes»14. Lo que deseamos nosotros; lo único que queremos.

Desde el momento de su encuentro con Jesús, Pablo se convirtió a Dios de todo corazón. El mismo afán que le llevaba antes a perseguir a los cristianos lo pone ahora, aumentado y fortalecido por la gracia, en el servicio del ideal grandioso que acaba de descubrir. Hará suyo el mensaje que recibieron los demás Apóstoles y que recoge el Evangelio de la Misa: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación15. Pablo aceptó este compromiso e hizo de él, desde ese momento, la razón de su vida. «Su conversión consiste precisamente en esto: en haber aceptado que Cristo, al que encontró por el camino de Damasco, entrará en su existencia y la orientará hacia un único fin: el anuncio del Evangelio. Me debo tanto a los griegos como a los bárbaros, tanto a los sabios como a los ignorantes... Yo no me avergüenzo del Evangelio: es fuerza de salvación para todos los que creen en él (Rom 1, 13-16)»16.

Sé en quién he creído... Por Cristo afrontará riesgos y peligros sin cuento, se sobrepondrá continuamente a la fatiga, al cansancio, a los aparentes fracasos de su misión, a los miedos, con tal de ganar almas para Dios. Cinco veces recibí cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas; una vez fui lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé náufrago en alta mar; en mis frecuentes viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudades, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, en frecuentes ayunos, con frío y desnudez; y además de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la solicitud por todas las iglesias. ¿Quién desfallece sin que yo desfallezca? ¿Quién tiene un tropiezo sin que yo me abrase de dolor?17.

Pablo centró su vida en el Señor. Por eso, a pesar de todo lo que padeció por Cristo, podrá decir al final de su vida, cuando se encuentra casi solo y un tanto abandonado: Abundo y sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones... La felicidad de Pablo, como la nuestra, no estuvo en la ausencia de dificultades sino en haber encontrado a Jesús y en haberle servido con todo el corazón y todas las fuerzas.

Terminamos esta meditación con una oración de la liturgia de la Misa: Señor, Dios nuestro, Tú que has instruido a todos los pueblos con la predicación del apóstol San Pablo, concédenos a cuantos celebramos su conversión caminar hacia Ti, siguiendo su ejemplo, y ser ante el mundo testigos de tu verdad18. A nuestra Madre Santa María le pedimos que no dejemos pasar esas gracias bien concretas que nos da el Señor para que, a lo largo de la vida, volvamos una y otra vez a recomenzar.

1 Antífona de entrada. 2 Tim 1, 12; 4, 8. — 2 Cfr. Hech 7, 60. — 3 Cfr. San Agustín, Sermón 315. — 4 Hech 9, 2. — 5 Hech 8, 4. — 6 Hech 9, 3-5. — 7 Hech 22, 10. — 8 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 238. — 9 Antífona de comunión. Gal 2, 20. — 10 1 Cor 15, 8-10. — 11 San Bernardo, Sermón 1º en la Conversión de San Pablo, 1. — 12 San Agustín, Sobre la gracia y el libre albedrío, 5, 12. — 13 Santa Teresa, Vida, 10. — 14 Liturgia de las Horas, Segunda lectura; San Juan Crisóstomo, Homilía 2 sobre las alabanzas de San Pablo. — 15 Mc 16, 15. — 16 Juan Pablo II, Homilía 25-I-1987. — 17 2 Cor 11, 24-29. — 18 Misal Romano, Oración colecta de la Misa.

Termina hoy el Octavario por la unidad de los cristianos conmemorando la conversión del Apóstol de las gentes. La gracia de Dios convierte a San Pablo de perseguidor de los cristianos en mensajero de Cristo. Este hecho nos enseña que la fe tiene su origen en la gracia y se apoya en la libre correspondencia humana, y que el mejor modo de acelerar la unidad de los cristianos consiste en fomentar cada día la conversión personal.

 

 

“Dispuestos a una nueva conversión”

Tus parientes, tus colegas, tus amistades, van notando el cambio, y se dan cuenta de que lo tuyo no es una transición momentánea, de que ya no eres el mismo. –No te preocupes, ¡sigue adelante!: se cumple el “vivit vero in me Christus” –ahora es Cristo quien vive en ti. (Surco, 424)

Qui habitat in adiutorio Altissimi, in protectione Dei coeli commorabitur, habitar bajo la protección de Dios, vivir con Dios: ésta es la arriesgada seguridad del cristiano. Hay que estar persuadidos de que Dios nos oye, de que está pendiente de nosotros: así se llenará de paz nuestro corazón. Pero vivir con Dios es indudablemente correr un riesgo, porque el Señor no se contenta compartiendo: lo quiere todo. Y acercarse un poco más a El quiere decir estar dispuesto a una nueva conversión, a una nueva rectificación, a escuchar más atentamente sus inspiraciones, los santos deseos que hace brotar en nuestra alma, y a ponerlos por obra.
Desde nuestra primera decisión consciente de vivir con integridad la doctrina de Cristo, es seguro que hemos avanzado mucho por el camino de la fidelidad a su Palabra. Sin embargo, ¿no es verdad que quedan aún tantas cosas por hacer?, ¿no es verdad que queda, sobre todo, tanta soberbia? Hace falta, sin duda, una nueva mudanza, una lealtad más plena, una humildad más profunda, de modo que, disminuyendo nuestro egoísmo, crezca Cristo en nosotros, ya que illum oportet crescere, me autem minui, hace falta que El crezca y que yo disminuya.
No es posible quedarse inmóviles. Es necesario ir adelante hacia la meta que San Pablo señalaba: no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí. La ambición es alta y nobilísima: la identificación con Cristo, la santidad. Pero no hay otro camino, si se desea ser coherente con la vida divina que, por el Bautismo, Dios ha hecho nacer en nuestras almas. El avance es progreso en santidad; el retroceso es negarse al desarrollo normal de la vida cristiana. Porque el fuego del amor de Dios necesita ser alimentado, crecer cada día, arraigándose en el alma; y el fuego se mantiene vivo quemando cosas nuevas. Por eso, si no se hace más grande, va camino de extinguirse. (Es Cristo que pasa, 58)

 

 

¿Quién fue San Pablo y qué herencia dejó a la Iglesia?

¿Quién era Pablo de Tarso? San Pablo sufrió persecuciones y conoció su propia debilidad mientras predicaba la fe en el Resucitado. A cambio, no quiso otra cosa que la misericordia de Cristo.

Otros25/01/2018

Opus Dei - ¿Quién fue San Pablo y qué herencia dejó a la Iglesia?San Pablo. Plaza del Vaticano.

En la tarde del 28 de junio de 2008, durante la celebración de las Primeras Vísperas de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo en la Basílica de San Pablo Extramuros, el Papa Benedicto XVI proclamó oficialmente la apertura del Año Paulino, que se prolongó hasta el 29 de junio de 2009, fiesta de estos dos Apóstoles.

La Ciudad Eterna, la Roma de Pedro y de Pablo, bañada por la sangre de los mártires, centro de donde tantos han salido para propagar en el mundo entero la palabra salvadora de Cristo (1), puede considerarse verdaderamente privilegiada, porque ha sido tantorum principum purpurata pretioso sanguine, bañada con la sangre de los Príncipes de los Apóstoles (2).

Durante este periodo se conmemoraron los dos mil años del nacimiento del Apóstol de las Gentes. Para fijar esta fecha, los estudios sobre la cronología paulina tienen en cuenta los datos que proporcionan sus escritos: en la Carta a los Gálatas afirma que, tras su conversión, encontró a Pedro en Jerusalén, tres años después de su fuga de Damasco (3), donde el rey de los nabateos, Aretas IV, ejercía un cierto poder (4). Esto permite datar la huida hacia el año 37 y su conversión hacia el 34-35.

Por otro lado, en los Hechos de los Apóstoles, al narrar el martirio de Esteban se califica a Saulo como “joven”, poco antes de su vocación (5). Aunque sea éste un dato genérico, de modo aproximado permite situar su nacimiento hacia el año 8.

El Año Paulino quiso promover una reflexión más profunda sobre la herencia teológica y espiritual que San Pablo ha dejado a la Iglesia, por medio de su vasta obra de evangelización. Como signos externos que nos invitan a meditar la fe y la verdad de la mano del Apóstol, el Papa encendió la “Llama Paulina”, en un brasero colocado en el pórtico de la Basílica de San Pablo en Roma y abrió también, en este mismo templo, la “Puerta Paulina”, que atravesó el día 28 de junio, acompañado del Patriarca de Constantinopla.

San Pablo, el apóstol de las gentes

¿Quién era Pablo de Tarso? Nació en la capital de la provincia romana de Cilicia, hoy Turquía. Cuando fue capturado en las puertas del Templo de Jerusalén, se dirigió con estas palabras a la multitud que quería matarlo: yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, educado en esta ciudad e instruido a los pies de Gamaliel según la observancia de la Ley patria (6).

Al final de su existencia, en una visión retrospectiva de su vida y de su misión, dirá de sí mismo: he sido constituido predicador, apóstol y maestro (7). Al mismo tempo su figura se abre al futuro, a todos los pueblos y generaciones, porque Pablo no es sólo un personaje del pasado: su mensaje y su vida son siempre actuales, pues contienen la esencia del mensaje cristiano, perenne y actual.

San Pablo ha sido denominado el decimotercer Apóstol pues, aunque no formaba parte del grupo

Pablo ha sido denominado el decimotercer Apóstol pues, aunque no formaba parte del grupo de los Doce, fue llamado por Jesús resucitado, que se le apareció en el camino de Damasco (8). Es más, al contemplar lo que ha trabajado por Cristo, nada tiene que envidiar a otros: ¿Son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendencia de Abrahán? También yo. ¿Son ministros de Cristo? Pues –delirando hablo– yo más: en fatigas, más; en cárceles, más; en azotes, mucho más. En peligros de muerte, muchas veces. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno, tres veces me azotaron con varas, una vez fui lapidado, tres veces naufragué, un día y una noche pasé náufrago en alta mar. En mis repetidos viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, con frecuentes ayunos, con frío y desnudez (9).

Como se ve, no le faltaron dificultades ni tribulaciones, que soportó por amor de Cristo. Sin embargo, todo el esfuerzo y todos los sucesos por los que atravesó, no le llevaron a la vanagloria. Pablo entendió a fondo y experimentó en su persona aquello que también enseñaba nuestro Padre: que nuestra lógica humana no sirve para explicar las realidades de la gracia. Dios suele buscar instrumentos flacos, para que aparezca con clara evidencia que la obra es suya. Por eso, San Pablo evoca con temblor su vocación: después de todos se me apareció a mí, que vengo a ser como un abortivo, siendo el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios (1 Cor 15, 8-9) (10). «¿Cómo no admirar un hombre así? –dice Benedicto XVI–. ¿Cómo no dar gracias al Señor por habernos dado un Apóstol de esta talla?» (11).

Entre los diversos aspectos que componen la enseñanza teológica de San Pablo se debe señalar, en primer lugar, la figura de Jesucristo

Entre los diversos aspectos que componen la enseñanza teológica de San Pablo se debe señalar, en primer lugar, la figura de Jesucristo. Ciertamente en sus cartas no aparecen los rasgos históricos de Jesús de Nazaret, tal como nos lo presentan los Evangelios. El interés por los numerosos aspectos de la vida terrena de Jesús pasa a un segundo plano, subrayando especialmente el misterio de la pasión y la muerte en la cruz. Al mismo tiempo, se observa que Pablo no fue testigo del caminar terreno de Jesús, sino que lo conoce por la tradición apostólica que lo precede, a la que se refiere explícitamente: os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí (12).

Del mismo modo, se pueden descubrir en el epistolario paulino algunos himnos, profesiones y enunciados de fe, y afirmaciones doctrinales que probablemente se usaban en la liturgia, en la catequesis o en la predicación de la primitiva Iglesia. Jesucristo constituye el centro y el fundamento de su anuncio y de su predicación: en sus escritos el nombre de Cristo aparece 380 veces, superado sólo por el nombre de Dios, mencionado 500 veces. Esto nos hace entender que Jesucristo incidió profundamente en su vida: en Cristo encontramos el culmen de la historia de la Salvación.

Al encuentro con Cristo

Mirando a San Pablo nos podemos preguntar cómo se realiza el encuentro personal con Cristo y qué relación se genera entre Él y el creyente. La respuesta de Pablo se condensa en dos momentos: por una parte se subraya el valor fundamental e insustituible de la fe (13). Así lo escribe a los romanos: el hombre es justificado por la fe con independencia de las obras de la Ley (14); la idea aparece más explícita en la Carta a los Gálatas: el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por medio de la fe en Jesucristo (15). Es decir, se entra en comunión con Dios por obra exclusiva de la gracia; Él sale a nuestro encuentro y nos acoge con su misericordia, perdonando nuestros pecados y permitiéndonos establecer una relación de amor con Él y con nuestros hermanos (16).

Mirando a San Pablo nos podemos preguntar cómo se realiza el encuentro personal con Cristo y qué relación se genera entre Él y el creyente

En esta doctrina de la justificación, Pablo refleja el proceso de su propia vocación. Él era un estricto observante de la Ley mosaica, que cumplía hasta en los más mínimos detalles. Pero esto le llevó a sentirse pagado de sí mismo y a buscar la salvación con sus propias fuerzas. Y en esta situación se descubre pecador, en cuanto que persigue a la Iglesia del Hijo de Dios. La conciencia del pecado será entonces el punto de partida para abandonarse a la gracia de Dios que se nos da en Jesucristo.

Ahí comienza el segundo momento, el encuentro con el Señor mismo. La donación infinita de Cristo en la cruz constituye la invitación más vehemente a salir del propio yo, a no vanagloriarse poniendo al mismo tiempo toda la confianza en la muerte salvadora y en la resurrección del Señor: el que se gloría, que se gloríe en el Señor (17). Esta conversión espiritual comporta, por tanto, no buscarse a sí mismo, sino revestirse de Cristo y entregarse con Cristo, para participar así personalmente en la vida de Cristo hasta sumergirse en Él y compartir tanto su muerte como su vida. Así lo describe el Apóstol mediante la imagen del bautismo: ¿no sabéis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados para unirnos a su muerte? Pues fuimos sepultados juntamente con él mediante el bautismo para unirnos a su muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva (18).

Al Fundador del Opus Dei le gustaba repetir estas palabras del Apóstol, porque veía a Jesucristo muerto y resucitado como la razón de ser de toda la vida del cristiano y de su misión

Pablo –y con él, todo cristiano– contempla al Hijo de Dios no sólo como Aquel que murió por amor nuestro, obteniéndonos la salvación por nuestros pecados –dilexit me et tradidit semetipsum pro me, me amó y se entregó a sí mismo por mí–, sino también como Aquel que se hace presente en su vida: vivo autem iam non ego, vivit vero in me Christus, vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (19). Al Fundador del Opus Dei le gustaba repetir estas palabras del Apóstol, porque veía a Jesucristo muerto y resucitado como la razón de ser de toda la vida del cristiano y de su misión.

Vivir en el espíritu, según San Pablo

Identificarse con Cristo significa vivir en el Espíritu. San Lucas subraya en su segundo libro el papel dinámico y operativo del Espíritu Santo; y comenta San Josemaría: apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana: Él es quien inspira la predicación de San Pedro (cfr. Hch 4, 8), quien confirma en su fe a los discípulos (cfr. Hch 4, 31), quien sella con su presencia la llamada dirigida a los gentiles (cfr. Hch 10, 44-47), quien envía a Saulo y a Bernabé hacia tierras lejanas para abrir nuevos caminos a la enseñanza de Jesús (cfr. Hch 13, 2-4). En una palabra, su presencia y su actuación lo dominan todo (20).

En sus escritos, San Pablo pone de relieve la presencia de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad en la vida del cristiano

En sus escritos, Pablo pone de relieve la presencia de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad en la vida del cristiano. El Espíritu habita en nuestros corazones (21); ha sido enviado por Dios para que nos identifique con el Hijo y podamos exclamar ¡Abbá, Padre! (22). Dejarse conducir por el Espíritu, que nos da la vida en Cristo Jesús, libera de la ley del pecado y de la muerte; lleva a que se manifiesten en la vida del creyente las obras –los frutos– del Espíritu Santo: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley. Los que son de Jesucristo han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias. Si vivimos por el Espíritu, caminemos también según el Espíritu (23).

El Apóstol nos dice que la oración auténtica sólo existe cuando está presente el Espíritu: asimismo también el Espíritu acude en ayuda de nuestra flaqueza: porque no sabemos lo que debemos pedir como conviene; pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (24). Con palabras de Benedicto XVI, es como decir que el Espíritu Santo «es el alma de nuestra alma, la parte más secreta de nuestro ser, de la que se eleva incesantemente hacia Dios un movimiento de oración, cuyos términos no podemos ni siquiera precisar» (25). Pablo nos invita a ser cada vez más sensibles, a estar más atentos a la presencia del Espíritu en nosotros y a aprender a transformarla en oración.

San Pablo nos invita a ser cada vez más sensibles, a estar más atentos a la presencia del Espíritu en nosotros y a aprender a transformarla en oración

El primero de los frutos del Espíritu en el alma del cristiano es el amor. En efecto, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado (26). Si, por definición, el amor une, el Espíritu es quien genera la comunión en la Iglesia: es la fuerza de cohesión que mantiene unidos los fieles al Padre por Cristo, y atrae a los que todavía no gozan de la plena comunión. El Espíritu Santo guía la Iglesia hacia la unidad.

Hacia la unidad de los cristianos

Éste es otro aspecto, entre los muchos que trata el Apóstol en sus epístolas, que vale la pena tener en cuenta al inicio de este Año Paulino: la unidad de los cristianos. Es motivo de consolación y de estímulo para pedir insistentemente al Señor esta gracia –tan grande como difícil de alcanzar– que el Patriarca ecuménico Bartolomé I, siguiendo las huellas del Vicario de Cristo, también haya convocado para la Iglesia ortodoxa un Año Paulino.

La enseñanza de Pablo nos recuerda que la plena comunión entre todos los cristianos encuentra su fundamento en el hecho de tener un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo

La enseñanza de Pablo nos recuerda que la plena comunión entre todos los cristianos encuentra su fundamento en el hecho de tener un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (27). Debemos rezar «para que la fe común, el único bautismo para el perdón de los pecados y la obediencia al único Señor y Salvador se manifiesten plenamente en la dimensión comunitaria y eclesial» (28).

San Pablo nos muestra el camino más eficaz hacia la unidad, en unas palabras que también proponía el Concilio Vaticano II en su decreto sobre el ecumenismo: así pues, os ruego yo, el prisionero por el Señor, que viváis una vida digna de la vocación a la que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándoos unos a otros con caridad, continuamente dispuestos a conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz (29).

San Pablo nos muestra el camino más eficaz hacia la unidad

El Apóstol se empeñó siempre en conservar esa inmensa gracia de la unidad. A los cristianos de Corinto los invita, ya desde el comienzo de su primera carta, a evitar las divisiones entre ellos (30). Sus exhortaciones y sus llamadas de atención nos pueden servir también hoy. Delante de la humanidad del tercer milenio, cada vez más globalizada y, paradójicamente, más dividida y fragmentada por la cultura hedonista y relativista, que pone en duda la existencia misma de la verdad (31), la oración del Señor –ut omnes unum sint, que todos sean uno (32)– es para nosotros la mejor promesa de unión con Dios y de unidad entre los hombres.

B. Estrada

Artículo publicado originalmente en 2008.


1. Homilía Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972.

2. Cfr. Himno de las Primeras Vísperas de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.

3. Cfr. Gal 1, 15-18.

4. Cfr. 2 Cor 11, 32.

5. Cfr. Hch 7, 58.

6. Hch 22, 3.

7. 2 Tm 1, 11.

8. Cfr. 1 Cor 15, 8.

9. 2 Cor 11, 22-27.

10. Es Cristo que pasa, n. 3.

11. Benedicto XVI, Audiencia general, 25-X-2006.

12. 1 Cor 15, 3; cfr. 11, 23ss.

13. Cfr. Benedicto XVI, Audiencia general, 8-XI-2006.

14. Rm 3, 28.

15. Gal 2, 16.

16. Cfr. Rm 3, 24.

17. 1 Cor 1, 31.

18. Rm 6, 3s.

19. Gal 2, 20.

20. Es Cristo que pasa, n. 127.

21. Cfr. Rm 8, 9.

22. Gal 4, 6.

23. Gal 5, 22-24.

24. Rm 8,26.

25. Benedicto XVI, Audiencia general, 15-XI-2006.

26. Rm 5, 5.

27. Ef 4, 5.

28. Benedicto XVI, Discurso durante el encuentro con Bartolomé I en la apertura del Año Paulino, 28-VI-2008.

29. Ef 4, 1-3.

30. Cfr. 1 Cor 1, 10.

31. Cfr. Benedicto XVI, Discurso durante el encuentro con Bartolomé I en la apertura del Año Paulino, 28-VI-2008.

32. Jn 17, 21.

 

 

Viaje pastoral a Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Puerto Rico

El prelado del Opus Dei llegará hoy al aeropuerto de Panamá, en el que recientemente se inauguró una placa que recuerda las visitas de santos y beatos. Participará en la JMJ y luego realizará un viaje pastoral por Costa Rica, Nicaragua y Puerto Rico.

Del Prelado24/01/2019

Opus Dei - ​Viaje pastoral a Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Puerto Rico

El arzobispo metropolitano de Panamá, José Domingo Ulloa, inauguró el pasado 21 de enero en el Aeropuerto Internacional de Tocumen (Panamá) una placa que recuerda los santos y beatos que llegaron al país a través de este aeropuerto.

Resumen del viaje pastoral que emprenderá el prelado tras la JMJ.Resumen del viaje pastoral que emprenderá el prelado tras la JMJ.

El texto dice: “En recuerdo del paso por este Aeropuerto Internacional de Tocumen - Panamá, de: San Juan Pablo II, Papa; San Óscar Arnulfo Romero, arzobispo; San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador; Santa Madre Teresa de Calcuta, Fundadora; Beata María Romero Meneses, religiosa; Beato Álvaro del Portillo, obispo y de otras insignes personas que hicieron de su vida un servicio a la Humanidad”.

“Así queda para la historia que grandes personajes han pasado por este aeropuerto”, señaló el arzobispo.

La placa continúa: "Siendo Arzobispo de Panamá S.E.R. Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, se devela esta placa en conmemoración de la visita de Su Santidad el Papa Francisco, del 23 al 27 de enero de 2019, y de la primera imagen peregrina de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud"

San Josemaría pasó por Panamá camino a Guatemala en 1975. Viajaba desde Venezuela en un viaje de Catequesis.

 

Monseñor Ulloa lee la placa.Monseñor Ulloa lee la placa.

La visita de san Josemaría

En febrero de 1975, a pocos meses de su marcha al cielo, san Josemaría se dirigía de Venezuela a Guatemala y el avión en el que volaba aterrizó en Panamá, en el Aeropuerto Internacional de Tocumen. La labor de la Obra en Panamá no había iniciado (lo hizo en 1996). Con san Josemaría viajaba también el beato Álvaro del Portillo.

Mons. Echevarría —siendo ya Prelado del Opus Dei— viajó a Panamá en el año 2000 y en una reunión con fieles de la Obra recordó aquella breve estancia en tierras canaleras: «Uno mi oración –dijo Mons. Echevarría- a la que hizo aquí, hace 25 años, san Josemaría. Era un sacerdote que el corazón no le cabía en el cuerpo. No pudimos estar más que una hora en el aeropuerto porque era un lugar de tránsito, pero os aseguro que su oración se concentraba sobre esta tierra estupenda, sobre los que estaban entonces, los que nos habían precedido y por los que vendrán».https://odnmedia.s3.amazonaws.com/image/opus-dei-d258acf3f47b51412b455e5550142ba0.jpg

 

 

Cuento de enero

Daniel Tirapu

Paisaje.

photo_camera Paisaje.

Aquel hombre en su mansión veía amanecer. Había sido malo siempre. Pensó que era hora de hacer algo bueno. Pero... no sabía que podía hacer.

Reparó en sus dos pequeños peces de la pecera. Calentamiento global, especies en extinción. Ya está, les daría libertad inmediatamente.

Salió a su playa particular y los dejó en el mar. Dormía a gusto, feliz de su obra, sin reparar en que eran peces de agua dulce.

No basta querer el bien, hay que aprender a  querer el bien. Como personas, como cristianos, la formación religiosa y moral no acaba nunca.

 

 

Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos

Moisés Matamoros

Los cristianos que habitan en Indonesia y que representan una minoría ante los musulmanes han sido los encargados de crear los textos de apoyo para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

 

Semana de Oración

“Actúa siempre con justicia” (Dt 16, 18-2)

Cada año los cristianos de todo el mundo se unen en oración para crecer en la unidad. Hacemos esto en un mundo en el que la corrupción, la codicia y la injusticia crean desigualdad y división. Oramos juntos en un mundo dividido: esto es algo poderoso.

Sin embargo, como cristianos y comunidades muchas veces somos cómplices de la injusticia, aunque también estamos llamados a dar un testimonio común a favor de la justicia y ser instrumentos de la gracia sanadora de Cristo para un mundo quebrantado.

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019 ha sido preparada por cristianos de Indonesia. Con una población de 265 millones, de la cual el 86 % se considera musulmana, Indonesia es bien conocido como el país con mayor población musulmana del mundo.

Sin embargo, un 10 % de los habitantes de Indonesia son cristianos de distintas tradiciones. En términos tanto de población como de su vasta extensión territorial, Indonesia es el país más grande del Sudeste Asiático. Tiene más de 17 000 islas, 1340 grupos étnicos diferentes y más de 740 lenguas locales y, sin embargo, está unido en su pluralidad por una lengua nacional, el indonesio (Bahasa Indonesia).

La nación se funda en cinco principios, llamados Pancasila, con el lema Bhineka Tunggal Ika (unidad en la diversidad). A través de la diversidad de grupos étnicos, lenguas y religiones, los indonesios han vivido de acuerdo con el principio de gotong royong, que es vivir en solidaridad y colaboración. Esto significa compartir en todos los ámbitos de la vida, el trabajo, el duelo y las fiestas, y considerar a todos los indonesios como hermanos y hermanas.

Esta armonía siempre frágil está amenazada en la actualidad de nuevas maneras. Gran parte del crecimiento económico que Indonesia ha experimentado en las últimas décadas se ha basado en un sistema que tiene en su corazón la competitividad.

Esto es directamente contrario al principio de colaboración de gotong royong. La corrupción está presente de muchas formas. Infecta la política y los negocios, frecuentemente con consecuencias devastadoras para el medio ambiente. De un modo especial la corrupción socava la justicia y la aplicación de la ley.

Con demasiada frecuencia los que deberían promover la justicia y proteger al débil hacen lo contrario. Como consecuencia de ello, la brecha entre los ricos y los pobres ha aumentado, con lo que en un país que es rico en recursos se ve el escándalo de muchas personas que viven en pobreza. Como dice un dicho tradicional de Indonesia: “Un ratón se muere de hambre en un granero lleno de arroz”.

Mientras tanto, se suele asociar a algunos grupos étnicos y religiosos concretos con la riqueza en modos que alimentan las tensiones. La radicalización que enfrenta a una comunidad contra otra ha crecido y se ve exacerbada por el uso indebido de los medios de comunicación que demonizan a algunas comunidades.

En tal contexto, las comunidades cristianas toman conciencia nuevamente de su unidad al juntarse ante una misma preocupación y para dar una respuesta común a una situación injusta. Al mismo tiempo los cristianos, frente a estas injusticias, estamos obligados a examinar las maneras en las que somos cómplices.

Solamente atendiendo la oración de Jesús de que “sean uno” podemos dar testimonio de vivir la unidad en la diversidad. Solo a través de nuestra unidad en Cristo seremos capaces de luchar contra la injusticia y de ponernos al servicio de las necesidades de las víctimas.

Movidos por estas preocupaciones, los cristianos de Indonesia encontraron que las palabras del Deuteronomio “actúa siempre con toda justicia…” (cf. Dt 16, 18-20) hablaban poderosamente a su situación y a sus necesidades. Antes de que el pueblo de Dios entrara en la tierra que Dios le había prometido, renovó su adhesión a la alianza que Dios había hecho con él.

El pasaje bíblico se encuentra en un capítulo que tiene como tema central las fiestas que el pueblo de la alianza debía celebrar. Para cada fiesta se instruía al pueblo: “La celebrarás con tus hijos e hijas, tus esclavos y esclavas, con los levitas, inmigrantes, huérfanos y viudas que viven en tus ciudades” (Dt 16, 14; cf. También 16, 11).

Los cristianos de Indonesia intentan recuperar este mismo espíritu de fiestas incluyentes entre las distintas comunidades que antes tenían.

Puede parecer extraño que al final de este largo capítulo aparezcan dos versículos sobre el nombramiento de jueces, pero en el contexto de Indonesia la relación entre las fiestas incluyentes y la justicia aparece con mucha claridad.

Como pueblo de la alianza establecida por Jesús, sabemos que las alegrías del banquete celestial serán dadas a los que tienen hambre y sed y que son perseguidos por la justicia “porque suyo es el reino de los cielos” (Mt 5, 6.10).

La Iglesia de Cristo está llamada a ser un anticipo de este reino. Sin embargo, en nuestra desunión nos quedamos cortos. Fallamos a la hora de ser el signo del amor de Dios para su pueblo.

Del mismo modo que la injusticia ha hecho crecer las divisiones que han desgarrado la sociedad de Indonesia, también la injusticia ha alimentado las divisiones en la Iglesia. Nos arrepentimos de la injusticia que causa divisiones, pero como cristianos creemos en el poder de Cristo para perdonarnos y redimir.

De este modo, nos encontramos unidos bajo la cruz de Cristo, pidiendo a la vez por su gracia que ponga fin a la injusticia y por su misericordia por nuestros pecados que han sido la causa de nuestra división.

Las reflexiones para el Octavario y para la celebración ecuménica se centran en el tema elegido. Para profundizar en nuestra reflexión sobre la unidad y la justicia, el tema de cada día se ha escogido cuidadosamente para presentar conflictos que son resultado de la injusticia. Los temas son:

Día 1: Que fluya el derecho como agua (Amós 5, 24)
Día 2: Decid simplemente: “sí” o “no” (Mateo 5, 37)
Día 3: El Señor es clemente y compasivo (Salmo 145, 8)
Día 4: Contentaos con lo que tenéis (Hebreos 13, 5)
Día 5: Para llevar a los pobres la buena noticia (Lucas 4, 18)
Día 6: Se llama Señor del universo (Jeremías 10, 16)
Día 7: ¡Grande es tu fe, mujer! (Mateo 15, 28)
Día 8: El Señor es mi luz, mi salvación (Salmo 27, 1)

 

 

En 11 países del mundo los cristianos sufren persecución extrema

La ONG cristiana Open Doors vuelve a advertir con su informe del aumento de la persecución contra los cristianos a nivel mundial. Certifica que unos 245 millones de cristianos en todo el mundo sufren algún tipo de persecución. O dicho de otra forma, 1 de cada 9 cristianos son perseguidos a causa de su fe. De los 150 países examinados, Open Doors registra 73 con un nivel de persecución alta, muy alta o extrema. Si hace 5 años se hablaba solo de persecución extrema en Corea del Norte, ahora a la lista se añaden otros 10 países más.

 

 

De nuevo, es el país del dictador Kim Jong-un el primero en la lista. Se desconoce cuántos cristianos pueden estar prisioneros en los campos de reeducación. Solo el hecho de poseer una Biblia puede significar la muerte o la cárcel, no solo para quien la posea, sino incluso para 3 generaciones de una misma familia.

En Afganistán abandonar el islam se ve como una traición castigada hasta con la muerte. Los cristianos están obligados a practicar su fe en secreto. Incluso si una persona es sospechosa de relacionarse con alguien de otra religión, puede ser condenada a muerte.

Somalia es el tercer país de este pódium de la intolerancia. La Iglesia está prácticamente desaparecida en un país donde hace décadas que reina el caos. Socialmente se identifica ser somalí con ser musulmán con lo que los escasos cristianos que permanecen en el país viven en la absoluta clandestinidad. La milicia yihadista Al Shabaab mata a cualquiera sospechoso de haber abandonado el islam.

En una Libia rota por la guerra muchos conversos del islam son perseguidos incluso por su propia familia. Es imposible identificarse como cristiano. Miles de subsaharianos que atraviesan el país para llegar a Europa caen en redes de tráfico de seres humanos. Si son cristianos, su suerte puede llegar a ser incluso más terrible, siendo víctimas de horribles torturas y violaciones.

El último de los 5 países donde peor se trata a los cristianos es Pakistán. Allí la ley antiblasfemia constituye un peligro para los cristianos que pueden ser condenados a muerte. Un ejemplo es la agonía de Asia Bibi resuelta finalmente con su liberación tras 8 largos años de un encarcelamiento inhumano. Los cristianos son además considerados ciudadanos de segunda y, por ello, despreciados.

En países como Irak, el año pasado en el número 10 de este ránking y este año en el 13, la situación ha mejorado levemente para los cristianos tras la desaparición del Estado Islámico. Sin embargo, preocupa la vuelta a la lista de otros países como Marruecos donde Open Doors certifica que la situación para los cristianos ha empeorado.

Fuente: Rome Reports

 

 

Es necesario saber dar y negar

El falso concepto de la libertad conduce a una esclavitud a los vicios. Concepto verdadero: libertad es el derecho de hacer todo lo que la ley de Dios permite.

nunca prohibir, jamás decir no a los impulsos de los hijos los prepara para una vida desgraciada

Dar a los hijos todo cuanto exijan, ceder siempre a sus deseos, concederles una libertad sin fronteras les prepara una vida desgraciada

Cierta pedagogía autodenominada moderna se equivocó al querer inculcar en los padres de familia una actitud excesivamente indulgente: nunca prohibir, jamás decir no a los impulsos de los hijos.

O sea, aplicar solamente la primera parte del axioma de nuestro título, “Es necesario saber dar…”, —dar a los hijos todo cuanto exijan, ceder siempre a sus deseos, concederles una libertad sin fronteras.

En contraposición a este desequilibrio, la pedagogía tradicional, basada en los principios de la Santa Iglesia, enseña que es necesario saber dar, pero también, cuando sea necesario, saber negar, prohibiendo a los hijos aquello que los llevaría a adquirir malos hábitos.

* * *

A continuación, mostraremos que esa pedagogía libertaria es unilateral, porque ve apenas un lado de la cuestión. Pues basándose en un falso concepto de libertad, enseña que para ser felices los niños deben vivir completamente libres, haciendo “lo que les dé la gana” y que no se les debe cohibir sus espontaneidades en nada.

¿Por qué decimos que esa interpretación de la libertad es falsa?

Porque, si al hombre, a cualquier edad, se le permite hacer todo lo que clama la imaginación, las malas tendencias lo llevan a ceder a sus propios caprichos y a las malas pasiones, y acto seguido al pecado. De ahí la expresión “esclavo del pecado”

 

La verdadera libertad consiste en elegir el bien y rechazar el mal

Al respecto, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira explica cuál es el sentido exacto de la libertad, señalando que:

“La doctrina católica sobre la libertad humana enseña que ésta consiste, no en el derecho o en la facultad de hacer todo cuanto agrade a los sentidos y a la imaginación, sino en seguir los dictámenes de la razón, a su vez ilustrada y amparada por la fe.

“Ahora bien, en estas condiciones, la sujeción a una disciplina orientada a impedir que el hombre se ponga en ocasiones de ser arrastrado por el rugido irracional y turbulento de los instintos, constituye, no un vínculo o unos grilletes para la libertad, sino una preciosa protección para ella.

“Así, prohibir a un joven que frecuente ambientes donde se fuma marihuana no es limitar su libertad, sino garantizar esa libertad contra la tiranía del vicio, para lo cual una tentación sutil o torrencial puede atraerlo de un momento a otro”. [1]

¿Libertad? Sí, para el bien; no, para el mal

En la conocida Encíclica de León XIII, Libertas Praestantissimum, del 20 de junio de 1888, el Pontífice denuncia como distorsión y abuso de la libertad el permitirse hacer todo lo que pasa por la cabeza, inclusive el mal; la libertad no consiste en la espontaneidad instintiva, sino en seguir la recta conciencia: pues la verdadera noción de libertad está en la práctica de la virtud y no en la facultad de pecar, que sería una esclavitud.

Así, cuando un niño obedece a sus padres, su libertad no es reprimida, más bien da pruebas de ser libre aceptando ser orientado por ellos en aquello que es bueno y evitando el mal.

El santo pedagogo Marcelino Champagnat supo, en la educación de los niños en los colegios maristas por él fundados, armonizar extraordinariamente el saber dar y el saber negar.

Según él, para conciliar disciplina y libertad es necesario grabar los principios religiosos en el alma del niño y formarle la voluntad, desde los primeros años. Pues hacerlo más tarde, sería como querer enderezar un gran arbusto que, al doblarlo, se quiebra. Al paso que, siendo pequeñito, fácilmente es enderezado.

Cuando el niño es aún pequeño, los buenos principios se imprimen con facilidad en su espíritu y en su corazón; adquiere el gusto por la práctica de la virtud, convencido de que ésta es el bien que lo hace verdaderamente feliz, incluso en este mundo, y que el pecado es el peor de los males.

Para una buena formación, aliar la firmeza con la bondad

San Marcelino Champagnat enseña que, para la formación de la voluntad de los niños, es necesario imponer disciplina, pero sin exigencias innecesarias

San Marcelino Champagnat enseña que, para la formación de la voluntad de los niños, es necesario imponer disciplina, pero sin exigencias innecesarias; advertir, pero con dulzura; castigar, pero sin aterrorizar.

Por último, algunos de sus consejos en ese sentido:

“El más funesto azote de nuestro siglo es la independencia: todo el mundo quiere obrar a su antojo y se cree más capacitado para mandar que para obedecer.

“Los hijos se niegan a obedecer a los padres, los súbditos se rebelan contra los monarcas; la mayor parte de los cristianos desprecian las leyes de Dios y de la Iglesia; en una palabra, la insubordinación reina en todas partes.

“Se presta, pues, un excelente servicio a la religión, a la Iglesia, a la sociedad, a la familia, y especialmente al niño, doblegando su voluntad y enseñándole a obedecer.

Pero, ¿cómo se le inculca la obediencia? Es preciso:

1. No mandarle ni prohibirle nada que no sea conforme a justicia y razón; no prescribirle nunca nada que provoque la rebelión en su mente o tenga visos de injusticia, tiranía o tan sólo capricho. Tales mandatos no consiguen sino turbar el juicio del muchacho, inspirarle profundo desprecio y aversión al maestro, y pertinaz repulsa de cuanto le manden.

2. Evitar el mandar o prohibir demasiadas cosas a la vez, ya que la multiplicidad de las prohibiciones o mandatos provoca la confusión y el desaliento en el corazón del niño y le hace olvidar parte de lo mandado. Por lo demás, la coacción no es necesaria ni da otro resultado que desanimar y sembrar el mal espíritu.

3. No mandar nunca cosas demasiado difíciles o imposibles de llevar a cabo, pues las exigencias inmoderadas irritan a los niños y los tornan testarudos y rebeldes.

4. Exigir la ejecución exacta e íntegra de lo que se ha mandado. Dar órdenes, encargar deberes escolares, imponer penitencias y no exigir que se ejecuten, es hacer al niño indócil, echarle a perder la voluntad y acostumbrarle a que no haga caso alguno de los mandatos o prohibiciones que recibe.

5. Establecer en la escuela una disciplina vigorosa y exigir a los alumnos entera sumisión al reglamento. Esa disciplina es el medio más adecuado para robustecer la voluntad del niño y darle energías; para hacerle adquirir el hábito de la obediencia y de la santa violencia que cada uno ha de ejercer sobre sí mismo para ser fiel a la gracia, luchar contra las malas pasiones y practicar la virtud.

Semejante disciplina ejercita constantemente la voluntad con los sacrificios que impone a cada momento.

Obliga al niño a cortar la disipación, guardar silencio, recoger los sentidos, prestar atención a las explicaciones del maestro, cuidar la postura y los modales, reprimir la impaciencia, ser puntual, estudiar las lecciones y hacer las tareas; ser reverente con el maestro, obsequioso y servicial con los condiscípulos; doblegar y acomodar el temple a mil cosas que le contrarían.

Ahora bien, ese ingente número de actos de obediencia, esa larga serie de triunfos que el niño alcanza sobre sí mismo y sus defectos, son el mejor método de formación de la voluntad, la manera mejor de robustecerla y darle flexibilidad y constancia”. [2]

León XIII: Adhesión a un bien falso = defecto de la libertad

“La libertad es, por tanto, como hemos dicho, patrimonio exclusivo de los seres dotados de inteligencia o razón.

“Considerada en su misma naturaleza, esta libertad no es otra cosa que la facultad de elegir entre los medios que son aptos para alcanzar un fin determinado, en el sentido de que el que tiene facultad de elegir una cosa entre muchas es dueño de sus propias acciones. …

“Pero así como la posibilidad de errar y el error de hecho es un defecto que arguye un entendimiento imperfecto, así también adherirse a un bien engañoso y fingido, aun siendo indicio de libre albedrío, como la enfermedad es señal de la vida, constituye, sin embargo, un defecto de la libertad.

“De modo parecido, la voluntad, por el solo hecho de su dependencia de la razón, cuando apetece un objeto que se aparta de la recta razón, incurre en el defecto radical de corromper y abusar de la libertad.

“Y ésta es la causa de que Dios, infinitamente perfecto, y que por ser sumamente inteligente y bondad por esencia es sumamente libre, no pueda en modo alguno querer el mal moral; como tampoco pueden quererlo los bienaventurados del cielo, a causa de la contemplación del bien supremo. …

“El Doctor Angélico se ha ocupado con frecuencia de esta cuestión, y de sus exposiciones se puede concluir que la posibilidad de pecar no es una libertad, sino una esclavitud” (León XIII, Encíclica Libertas Praestantissimum, in www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_...).


[1] Plinio Corrêa de Oliveira, Guerreros de la Virgen – La réplica de la autenticidad, Editora Vera Cruz Ltda., São Paulo, 1985, pp. 122-124.

[2] Consejos, lecciones, máximas y enseñanzas, c. XXXV, in www.maristas.com.ar/biblioteca_ digital_marista/m_vida/avis/espanol/35.html

 

 

El alerta que no fue escuchado

La ceguera de los europeos actuales con relación a la inmigración musulmana descontrolada recuerda a la desidia de los romanos frente a los bárbaros - Cuadro de Ulpiano Checa

Hoy, Occidente repite con relación a la invasión de los musulmanes la misteriosa conducta adoptada por los romanos frente a la invasión de los bárbaros

En 1947, Plinio Corrêa de Oliveira alertaba: “se formará un peligro ‘árabe’ igual o mayor que los del tiempo de San Pío V y de la batalla de Lepanto”.

Contenidos

El Itinerario recorrido entre la paralización musulmana durante un milenio y la actual agresión contra Occidente, a partir de la Primera Guerra Mundial.

Los atentados al World Trade Center y al Pentágono, así como los atentados de Madrid, París, Alemania, y un largo etc., confirman de modo elocuente las numerosas previsiones que, hace más de 60 años, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira hizo con relación al gravísimo peligro que el islamismo vendría a representar para Occidente. Ellas están registradas en diversos artículos publicados en la revista O Legionário [1].

En este sentido, juzgamos muy oportuno transcribir a continuación, casi en su integridad, el artículo Mahoma renace, publicado en ese órgano el 15 de julio de 1947.

Para analizar el renacimiento musulmán y la desidia de Occidente frente al mismo, Plinio Corrêa de Oliveira ejemplifica, en el inicio del artículo, con la misteriosa conducta adoptada por los romanos frente a la invasión de los bárbaros.

Y pasa, de inmediato, a describir el estado de espíritu de anquilosamiento durante siglos del mahometanismo y el camino recorrido de una progresiva exaltación del mundo musulmán.

* * *

El estancamiento en el mundo islámico

París ha sufrido las trágicas consecuencias de su imprevidencia en relación al peligro musulmán

Las calles de Paris van siendo invadidas por los musulmanes

“… Recordemos rápidamente algunos datos generales del problema. … La zona de influencia del Islam es inmensa desde todos los puntos de vista: territorio, población, riquezas naturales.

Pero hasta hace algún tiempo ciertos factores inutilizaban de modo casi completo todo este poderío.

El vínculo que podría unir a los mahometanos de todo el mundo sería, evidentemente, la religión del ‘Profeta’.

Pero ésta se presentaba dividida, débil y totalmente desprovista de hombres notables en la esfera del pensamiento, del mando o de la acción.

El mahometanismo vegetaba, y esto parecía bastar perfectamente al celo de los altos dignatarios del Islam. El mismo gusto por el estancamiento y por la vida meramente vegetativa era un mal que también afectaba a la vida económica y política de los pueblos mahometanos de Asia y de África.

“… Las naciones mahometanas se encerraban cada cual sobre sí misma, indiferentes a todo lo que no fuese el deleite tranquilo y pequeño de la vida cotidiana.

“Así, cada una vivía en un mundo propio, [cada nación] diversificada de las otras por sus tradiciones históricas profundamente diversas, separadas todas por su recíproca indiferencia, incapaces de comprender, desear y realizar una obra común”.

El aprovechamiento de sus riquezas era imposible.

“En este cuadro religioso y político tan deprimido, el aprovechamiento de las riquezas naturales del mundo mahometano, riquezas que, consideradas en su conjunto, constituyen una de las mayores potencias del globo, era manifiestamente imposible. Todo, pues, no era sino ruina, disgregación y entorpecimiento.

“Arrastraba así sus días el Oriente, mientras Occidente llegaba al cenit de su prosperidad. Desde la era victoriana, una atmósfera de juventud, de entusiasmo y de esperanza soplaba por Europa y por América.

“Los progresos de la ciencia habían renovado los aspectos materiales de la vida occidental. Las promesas de la Revolución encontraban credibilidad, y en los últimos años del siglo XIX había quien esperase que el siglo XX sería la era de oro de la humanidad.

“Es claro que un occidental puesto en este ambiente comprendía a fondo la inercia y la impotencia de Oriente. Hablarle de la posibilidad de la resurrección del mundo mahometano le parecería algo tan irrealizable y anacrónico, cuanto el retorno a los trajes, a los métodos de guerra y al mapa político de la Edad Media.

“De esta ilusión, vivimos todavía hoy. (Hay que recordar que este artículo fue escrito en 1947). Y, como los romanos, confiados en el Mediterráneo que nos separa del mundo islámico, no notamos que fenómenos nuevos y extremadamente graves están en curso en las tierras del Corán”.

El mundo musulmán despierta después de la Primera Guerra Mundial

Occidente ha preferido no ver el peligro musulmán, a pesar de estar sufriendo ya las consecuencias de su ceguera voluntaria

Occidente ha preferido no ver el peligro musulmán, a pesar de estar sufriendo ya las consecuencias de su ceguera voluntaria

“Es difícil abarcar en una descripción sintética fenómenos tan vastos y ricos como éste. Pero, de un modo general, se puede decir que, después de la Primera Gran Guerra, todo Oriente —y entendemos esta expresión en un sentido muy lato…— comenzó a pasar por un fenómeno de reacción antieuropea muy pronunciado. Esta reacción implicaba dos aspectos un tanto contradictorios, pero ambos muy peligrosos para Occidente.

“Por un lado, las naciones orientales comenzaban a sufrir con impaciencia el yugo económico y militar de Occidente, manifestando una aspiración cada vez más pronunciada por la soberanía plena, por la formación de un potencial económico independiente y de grandes ejércitos propios.

“Esta aspiración implicaba, es claro, una cierta ‘occidentalización’, o sea, la adaptación de la técnica militar, industrial y agrícola moderna, del sistema financiero y bancario euroamericano a Asia, etc.”..

El odio a Occidente

“Por otro lado, sin embargo, este impulso patriótico provocaba un ‘renouveau’ de entusiasmo por las tradiciones nacionales, costumbres nacionales, culto nacional, historia nacional.

Es superfluo agregar que el espectáculo degradante de la corrupción y de las divisiones a que estaba expuesto el mundo occidental, contribuía para estimular el odio a Occidente.

De donde se fue dando la formación en todo Oriente de un nuevo interés por los viejos ídolos, de un ‘neopaganismo’ mil veces más combativo, resuelto y dinámico que el paganismo antiguo.

“…. Todas estas naciones… al mismo tiempo, se muestran ufanas de sus riquezas naturales, de sus posibilidades políticas y militares y del progreso financiero que están alcanzando. Día a día ellas se enriquecen. … En sus arcas, el oro se va acumulando. Oro significa posibilidad de comprar armamentos. Y armamentos significan prestigio mundial”.

Fin de la somnolencia milenaria

Un musulmán asesina a sangre fría a hombres indefensos

Estas escenas que nos parecían tan lejanas, hoy tienen su analogía en pleno París

“Todo esto transformó el mundo islámico y determinó en todos los pueblos mahometanos, desde la India a Marruecos, un estremecimiento que significa que la somnolencia milenaria acabó. Paquistán, Irán, Irak, Turquía, Egipto son los puntos altos del movimiento de resurrección islámica.

“Pero, en Argelia, en Marruecos, en Tripolitania [actual Libia], en Túnez, la agitación también es intensa. El nervio vital del islamismo revive en todos estos pueblos, haciendo renacer en ellos el sentido de la unidad, la noción de los intereses comunes, la preocupación de la solidaridad y el gusto por la victoria.

“Nada de esto quedó en el aire. La Liga Árabe, una confederación vastísima de pueblos musulmanes, une hoy a todo el mundo mahometano. Es, al revés, lo que fue en la Edad Media la Cristiandad. La Liga Árabe actúa como un vasto bloque, frente a las naciones no árabes, y fomenta en todo el norte de África la insurrección.

“… ¿Será necesario tener mucho talento, mucha perspicacia, informaciones excepcionalmente buenas, para notar lo que significa este peligro?”.

* * *

Este alerta no fue atendido

Fueron muchos los artículos que, desde los años 30 —cuando el renacimiento musulmán parecía una quimera— Plinio Corrêa de Oliveira escribió advirtiendo sobre el peligro que llegaría a representar para la Iglesia y la Cristiandad la resurrección del islamismo.

Advertencias éstas que fueron hechas a través de las páginas de O Legionário y que constituyeron, en su conjunto, un impresionante grito profético dirigido a los líderes de Occidente, para que tomaran las medidas necesarias.

Sin embargo, en vez de alertar a los católicos y movilizarlos frente a la amenaza musulmana —como lo hicieron San Pío V en 1571 y el Bienaventurado Inocencio XI en 1683— y señalar los enormes males que la expansión del Islam causaría a la Iglesia y a los fieles, se optó por una actitud de capitulación y de diálogo con los secuaces de Mahoma.

La consecuencia no podía ser sino la radicalización de éstos y la penetración del relativismo entre los católicos.

Análogamente, los líderes temporales de Occidente, de concesión en concesión, condujeron la política internacional de modo que favoreciera en toda la medida de lo posible, especialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial, la formación del inmenso bloque pan mahometano.

De las consecuencias de este entreguismo todo el mundo contemporáneo está siendo víctima en estos perturbados días en que vivimos.

Juan Gonzalo Larraín Campbell

 

 

Y es que el español, es un idioma muy rico.

La imposibilidad manifiesta de aprobar los presupuestos se denomina “acortar la vocación” del impotente para sacar adelante las cuentas, que lo hará por decreto-ley, para poder socializar y para igualar a todos, pero a la baja.

A los analfabetos se les llamará la generación digital y escaquearse -todo lo posible- de pagar impuestos, será una sociedad instrumental.

A la persecución del coche privado en nuestras ciudades y a la más absoluta prohibición de usarlo, se le denomina movilidad urbana.

La compra de un chalet, más bien lujoso, pese a las protestas de socialización, se dirá que es un “proyecto de vida en común”.

A la más que obligada y normal honradez en la gestión de los dineros públicos, se le colocará en el diccionario como regeneración democrática.

Y votar cada cuatro años a quienes harán continuos cortes de mangas a los votantes que, además, sufragan los sueldos de los votados, se califica de democracia moderna.

Y luego están los cursis, bilingües y pedantes que a los semáforos llaman señalética luminosa; a las rebajas y ofertas comerciales “blafraidei” o a destripar el final de una película “espoiler”.

Si queremos valorar o ensalzar algo, tendremos que “ponerlo en valor” y si de hablar en el parlamento se trata, lo habremos hecho “en sede parlamentaria”.

Y es que el español, es un idioma muy rico.

Si será rico que a los rufianes, en el Parlamento, se les llama señorías.

José Morales Martín

 

 

Visto bueno a reducir el contenido de grasas trans en alimentos

El pasado mes de diciembre, en el contexto de un Comité Permanente, los Estados miembros respaldaron la propuesta de la  Comisión Europea de establecer un límite máximo para el uso de grasas trans en los alimentos producidos industrialmente en la Unión Europea (UE).

El límite máximo establecido  corresponde a 2 gramos de grasas trans por 100 gramos de grasa en los alimentos destinados al consumidor final.

El objetivo de la medida es proteger la salud de los consumidores y promover opciones de alimentos más saludables para los europeos. A lo largo de los años, varios estudios científicos, incluido uno reciente de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, han enfatizado que las ingestas dietéticas de ácidos grasos trans deben ser lo más bajas posibles para evitar riesgos para la salud.

El Parlamento Europeo tiene ahora dos meses para examinar el borrador del Reglamento. Tras el examen del texto por parte del Parlamento, se espera una adopción final del Reglamento para la primavera de 2019.

Suso do Madrid

 

 

Una lacra y una vergüenza social

Un solo caso de violencia contra la mujer es demasiado, más de  45 en el año que ha acabado, ya no digamos. Por eso mismo, urge abordar el problema desde la raíz, de forma integral y sin anteojeras ideológicas. Por supuesto, desde la información y el compromiso de las instituciones, poniendo a disposición teléfonos de ayuda y denuncia como el 016, pero también apostando de verdad por políticas que defiendan la vida y la familia, y destinando recursos al acompañamiento en el tiempo de las víctimas. Y, por supuesto, con una educación adecuada en la que se haga comprender y experimentar a los más jóvenes que el otro es siempre un bien y que por eso mismo es intolerable cosificarle y ejercer, en este caso sobre ellas, una violencia, que es siempre una lacra y una vergüenza social.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Alcalde y otros abusadores del dinero público

                                En la ciudad donde nací y vivo (Jaén-Andalucía-España) los abusos e irresponsabilidades tanto de “los que mandan como de los que obedecen” (que cobran sueldos que son altos en demasía), son inenarrables; baste decir o significar que en la prensa nacional, se ha publicado que el municipio es el más endeudado de España, sino que también es la ciudad más sucia de todas las de España; y aquí no dimite nadie ni convocan nuevas elecciones; pese a que todo va mal o peor y los impuestos que nos hacen pagar son excesivos y por tanto no tienen justificación alguna.

                                Como respaldo de lo que arriba digo, copio lo que sigue y dejo la dirección por si alguien quiere leer ello y el resto de contenidos, puesto que en general pareciera que España ha sido invadida por invasores extranjeros que sólo han venido para llevarse el botín máximo y dejar esta tierra en la ruina que ya está.

Los sueldos en Jaén tras el cambio de alcalde:

 

En el caso jiennense, el relevo de Fernández de Moya por Javier Márquez ha hecho que el Ayuntamiento de Jaén tenga que desembolsar el sueldo del nuevo alcalde, ya que Fernández de Moya cobraba del Senado, donde tuvo su acta entre 2011 y 2015, y sólo dietas del consistorio. Así, el Boletín Oficial de la Provincia de Jaén publicó el pasado 9 de febrero el salario del nuevo alcalde: 70.466 euros pagaderos en 14 mensualidades y con efectos retroactivos desde la toma de posesión del mismo, el 30 de noviembre de 2015. Poco después, el Ayuntamiento de Jaén decidía en Pleno elevar las liberaciones de los concejales de Ciudadanos (el alcalde necesita sus votos) del 66 y 67 por ciento al 90 por ciento, de manera que cada concejal de la formación naranja ganará 39.820 euros brutos al año, frente a los 29.500 aproximadamente que ganaban antes (entre 29.200 y 29.644 según el porcentaje). Días después de esta subida, fueron expulsados del partido. Con estos salarios, los recién nombrados alcaldes de Almería y Jaén son los mejor pagados de todas las capitales andaluzas. https://sueldospublicos.eleconomista.es/texto-diario/mostrar/422049/nuevos-alcaldes-almeria-jaen-convierten-mejor-pagados-todas-capitales-andaluzas

            Bueno, pues aun así “las cosas”, pretenden presentarse a elecciones y quieren ser elegidos de nuevo… ¡Ni en la actual Venezuela y su tiranía creo que los aceptarían!

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes