Las Noticias de hoy 17 Enero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 17 de enero de 2019     

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general, 16 de enero de 2019 – Catequesis completa

‘Padre Nuestro’: Para un cristiano, rezar es decir simplemente ‘abba’

Para el Papa, es “fundamental” que los obispos “cumplan los pasos necesarios para prevenir los abusos”

LA COMUNIÓN SACRAMENTAL: Francisco Fernandez Carbajal

“Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos”: San Josemaria

Algo grande y que sea amor (IV): Más madres y padres que nunca: Diego Zalbidea

Unidos por el vínculo de la gracia bautismal

¿Qué puedo hacer yo por la unidad de los cristianos?

Los diez mandamientos

El mercader y los camellos: Javier López

Pongamos nuestra vida en manos de Dios: Mónica Muñoz Jiménez

Otro año nuevo más: Ana Teresa López de Llergo

Los hermanos y hermanas: nos hacen mejores: Lucía Legorreta

EL LABERINTO DE LA OBVIEDAD: René Mondragón

Sin cultura el mundo aburre: Rebeca Reynaud

Jóvenes y mujeres en el medio rural: Jesús Domingo

¿Qué deberían hacer los católicos hoy? «Proteger y formar a sus hijos», alerta Michael O´Brien: J. Lozano

La familia es un auténtico tesoro: Jesús Domingo Martínez

Signos de esperanza: Enric Barrull Casals

Y ahora el turno es el de la ministra Celaá.: Pedro García

EL ORO Y EL INVERSOR EN LA ANTIGUA BABILONIA: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

Audiencia general, 16 de enero de 2019 – Catequesis completa

La oración se concentra en una palabra: “Abba”, Padre

enero 16, 2019 15:32RedacciónAudiencia General

(ZENIT – 16 enero 2019).- La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar a las 9:20 horas en el Aula Pablo VI donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

El Papa bendice a unos sacerdotes en la Audiencia © Vatican Media

El Santo Padre, continuando el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, se ha centrado en el tema “¡Abba, Padre! (Pasaje bíblico: De la Carta de San Pablo a los Romanos 8, 14-16)

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo y ha recordado, en un llamamiento, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que comienza el próximo viernes, 18 de enero.

La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Audiencia-9-413x275.jpgContinuando las catequesis sobre el “Padre nuestro”, hoy partimos de la observación de que, en el Nuevo Testamento, la oración parece querer alcanzar lo esencial, hasta el punto de concentrarse en una palabra: “Abba“, Padre.

Hemos escuchado lo que escribe San Pablo  en la Carta a los Romanos: “No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor, antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar:”¡Abba, Padre!” (8.15). Y a los Gálatas, el apóstol dice: “La prueba de que sois hijos es que  Dios, ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama:”¡Abba, Padre!” (Gal 4,6). Retorna dos veces la misma invocación, que condensa toda la novedad del Evangelio. Después de haber conocido a Jesús y de escuchar su predicación, el cristiano ya no considera a Dios como un tirano a quien temer, no le tiene miedo sino que siente que su confianza en él florece: puede hablar al Creador llamándolo “Padre”. La expresión es tan importante para los cristianos que a menudo se ha mantenido intacta en su forma original: “Abba“.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/20190116111258_0374-413x275.jpgEs raro que en el Nuevo Testamento las expresiones arameas no se traduzcan al griego. Debemos imaginar que en estas palabras arameas, haya quedado “grabada” la misma voz de Jesús: han respetado el idioma de Jesús. En la primera palabra del “Padre Nuestro” encontramos inmediatamente la novedad radical de la oración cristiana.

No se trata solo de usar un símbolo –en este caso- la figura del padre, vinculada con el misterio de Dios; se trata, en cambio, de tener,  por así decirlo, traspasado a nuestro corazón todo el mundo de Jesús. Si llevamos a cabo esta operación, podemos rezar con verdad el “Padre nuestro”. Decir “”Abba” es algo mucho más íntimo, más conmovedor que  llamar a Dios “Padre” simplemente. Por eso alguno ha propuesto que se tradujese esta palabra original aramea Abba con “Papá”. En vez de decir, “Padre nuestro” , decir “Papá”. Nosotros seguimos diciendo “Padre nuestro”, pero con el corazón estamos invitados a decir “Papá”, a https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/20190116105106_0118-355x533.jpgtener una relación con Dios como la de un niño con su papá, que lo llama “papá”. De hecho, estas expresiones evocan afecto, calidez, algo que nos proyecta en el contexto de la infancia: la imagen de un niño completamente envuelta en el abrazo de un padre que siente una infinita ternura por él. Y por eso, queridos hermanos y hermanas, para rezar bien hay que llegar a tener un corazón de niño. No un corazón autosuficiente: así no se puede rezar bien. Como un niño en brazos de su padre, de su papá.

Pero seguramente son los evangelios los que mejor nos introducen en el sentido de esta palabra. ¿Qué significa esta palabra para Jesús? El “Padre nuestro” toma significado y color si aprendemos a rezarlo después de haber leído, por ejemplo,  la parábola del padre misericordioso en el capítulo XV de Lucas (cf. Lc 15, 11-32). Imaginemos esta oración pronunciada por el hijo pródigo, después de sentir el abrazo de su padre que  lo había esperado durante mucho tiempo, un padre que no recuerda las palabras ofensivas que él le había dicho, un padre que ahora hace que entienda, sencillamente, cuánto lo extrañaba. Descubrimos entonces cómo esas palabras cobran vida, se fortalecen. Y nos preguntamos: ¿es posible que Tú, oh Dios, conozcas solo amor? ¿Tú no conoces el odio? No, contestaría Dios, yo conozco solo amor. ¿Dónde está en ti la venganza, la demanda de justicia, la rabia por tu honor herido? Y Dios contestaría: Yo conozco solo amor.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/20190116113248_0613-413x275.jpgEl padre de esa parábola tiene, en su forma de hacer, algo que recuerda mucho el alma de una madre. Son las madres, sobre todo,  las que excusan a sus hijos, las que los cubren, las que no interrumpen la empatía con ellos, las que los siguen queriendo, incluso cuando ellos ya no se merezcan nada.

Basta con evocar esta sola expresión, Abba, para que se desarrolle una oración cristiana. Y San Pablo, en sus cartas, sigue este mismo camino, y no podría ser de otra manera, porque es el camino que enseñó Jesús: en esta invocación hay una fuerza que atrae todo el resto de la oración.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/20190116115654_2714-413x275.jpgDios te busca, aunque tú no lo busques. Dios te ama, aunque tú te hayas olvidado de Él. Dios vislumbra en ti una belleza, aunque  pienses que has desperdiciado todos tus talentos en vano. Dios no es solo un padre, es como una madre que nunca deja de amar a su criatura. Por otra parte, hay una “gestación” que dura siempre, mucho más allá de los nueve meses de la física; es una gestación  que genera un circuito infinito de amor.

Para un cristiano, rezar es simplemente decir “Abba“, decir “papá”, decir “Padre”, pero con la confianza de un niño.

Puede ser que a nosotros también nos suceda que caminemos por sendas alejadas de Dios, como le pasó  al hijo pródigo; o que precipitemos en una soledad que nos haga sentirnos abandonados en el mundo; o, también,  que nos equivoquemos y estemos  paralizados por un sentimiento de culpabilidad.. En esos momentos difíciles, todavía podemos encontrar la fuerza para rezar, recomenzando de la palabra “Padre”, pero dicha con el sentimiento tierno de un niño:”Abba”, “Papá”. Él no nos ocultará su rostro. https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/SFO7469-493x533.jpgAcordaos: quizás alguno lleva dentro cosas difíciles, cosas que no sabe cómo resolver, tanta amargura por haber hecho esto  y esto… Él no nos ocultará su rostro. Él  no se encerrará en el silencio. Tú dile “Padre” y él te contestará. Tú tienes un Padre. “Sí, pero yo soy un delincuente. ¡Pero tienes un padre que te ama!. Dile, “Padre”, empieza a rezar así  y en el silencio nos dirá que nunca nos ha perdido de vista. “Pero, padre, yo he hecho esto…”. “No te he perdido nunca de vista, lo he visto todo”. Pero he estado siempre allí, cerca de ti, fiel a mi amor por ti”. Esa será la respuesta. Nunca os olvidéis de decir “Padre”. Gracias.

 

 

‘Padre Nuestro’: Para un cristiano, rezar es decir simplemente ‘abba’

5ª catequesis sobre el ‘Padre Nuestro’

enero 16, 2019 12:34Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 16 enero 2019).- “Para un cristiano, rezar es decir simplemente abba (padre)”. El Papa ha animado en la audiencia general a rezar el ‘Padre Nuestro’ con esta intención: “En cualquier momento de nuestra vida podemos encontrar la fuerza y la alegría del corazón dirigiéndonos con confianza a nuestro Padre”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Audiencia-8-413x275.jpgLa audiencia general, este miércoles, 16 de enero de 2019, ha congregado a miles de peregrinos procedentes de todo el mundo en el Aula Pablo VI, que han recibido al Pontífice a las 9:20 horas, entre aplausos y voces de alegría.

En su catequesis, pronunciada en italiano, el Santo Padre ha meditado sobre el término «Abbà, Padre!» (de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos, 8, 14-16), empleado tradicionalmente en la oración del ‘Padre Nuestro’.

Siguiendo el ciclo sobre el ‘Padre Nuestro’, el Papa ha ofrecido la quinta catequesis en torno a esta oración, de la que ha destacado que se centra en la palabra: “Abba, Padre”. “Esta expresión es tan importante para los cristianos que se ha conservado en su forma original, escuchando en ella la misma voz de Jesús”, ha explicado.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Audiencia-4-1-413x275.jpg

Hijos adoptivos

San Pablo –ha indicado Francisco– nos dice que no hemos recibido un espíritu de esclavitud, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: “¡Abba!, Padre”.

“El cristiano que ha conocido a Dios y ha escuchado su palabra no lo considera como un tirano al que debe temer, sino que siente confianza y afecto hacia él, como un niño en los brazos de su ‘papá’ “, ha aclarado el Pontífice.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Audiencia-1-413x275.jpgPadre misericordioso

La parábola del padre misericordioso nos enseña el sentido de la palabra “abba” a través de los sentimientos del hijo pródigo.

La actitud de la figura del padre de esa parábola, que abraza al hijo después de haberlo esperado por mucho tiempo, nos recuerda el espíritu de la “madre”, que sigue amando y perdonando a los hijos, aunque no lo merezcan.

 

Para el Papa, es “fundamental” que los obispos “cumplan los pasos necesarios para prevenir los abusos”

Finalidad del Encuentro sobre la protección de menores

enero 16, 2019 13:31Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Protección de Menores

(ZENIT – 16 enero 2019).- El Encuentro de febrero sobre la protección de los menores tiene un objetivo concreto: “la finalidad es que todos los obispos tengan absolutamente claro lo que se necesita hacer para prevenir y combatir el drama mundial de los abusos a menores”.

Así lo ha dado a conocer Alessandro Gisotti, Director ad interim de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, este mediodía, 16 de enero de 2019, en rueda de prensa a los profesionales acreditados en el Vaticano.

El Papa Francisco sabe que “un problema global se puede enfrentar solamente con una respuesta global”, ha indicado. Y quiere que el Encuentro sea “una reunión de Pastores, no una convención de estudio”. Así, esta reunión será “un encuentro de oración y discernimiento, catequético y operativo”.

Para el Santo Padre, es “fundamental” que regresando a sus países, en sus diócesis, “los obispos reunidos en Roma sean conscientes de las reglas para aplicar y cumplan así los pasos necesarios para prevenir los abusos, para proteger a las víctimas, para no permitir que ningún caso sea ocultado o encubierto”.

Camino desde hace más de 15 años

Sobre las grandes expectativas que se han creado alrededor del Encuentro, ha matizado Alessandro Gisotti, “es importante subrayar que la Iglesia no está en el punto inicial en la lucha contra los abusos”.

“El Encuentro es la etapa de un camino doloroso pero sin pausa que, con decisión, la Iglesia está recorriendo desde hace más de quince años”, ha puntualizado. 

 

LA COMUNIÓN SACRAMENTAL

— Jesucristo nos espera cada día.

— Presencia real de Cristo en el Sagrario. Ser consecuentes.

— El Señor nos sana y purifica en la Sagrada Comunión, y nos da las gracias que necesitamos.

I. Llegó un leproso a donde estaba Jesús1, se postró de rodillas, y le dijo: Si quieres puedes limpiarme. Y el Señor, que siempre desea el bien nuestro, se compadeció de él, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. «Aquel hombre se arrodilla postrándose en tierra –lo que es señal de humildad–, para que cada uno se avergüence de las manchas de su vida. Pero la vergüenza no ha de impedir la confesión: el leproso mostró la llaga y pidió el remedio. Su oración está además llena de piedad: esto es, reconoció que el poder curarse estaba en manos del Señor»2. En sus manos sigue estando el remedio que necesitamos.

El mismo Cristo nos espera cada día en la Sagrada Eucaristía. Allí está verdadera, real y sustancialmente presente, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Allí se encuentra con el esplendor de su gloria, pues Cristo resucitado no muere ya3. El Cuerpo y el Alma permanecen inseparables y unidos para siempre a la Persona del Verbo. Todo el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios está contenido en la Hostia Santa, con la riqueza profunda de su Santísima Humanidad y la infinita grandeza de su Divinidad, una y otra veladas y ocultas. En la Sagrada Eucaristía encontramos al mismo Señor que dijo al leproso: Quiero, queda limpio. El mismo que contemplan y alaban los ángeles y los santos por toda la eternidad.

Cuando nos acercamos a un Sagrario, allí le encontramos. Quizá hemos repetido muchas veces en su presencia el himno con el que Santo Tomás expresó la fe y la piedad de la Iglesia, y que tantos cristianos han convertido en oración personal:

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.

En la Cruz se escondía solo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios; haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere, que te ame4.

Esta maravillosa presencia de Jesús en medio de nosotros debería renovar cada día nuestra vida. Cuando le recibimos, cuando le visitamos, podemos decir en sentido estricto: hoy he estado con Dios. Nos hacemos semejantes a los Apóstoles y a los discípulos, a las santas mujeres que acompañaban al Señor por los caminos de Judea y de Galilea. «Non alius sed aliter», no es otro, sino que está de otro modo, suelen decir los teólogos5. Se encuentra aquí, con nosotros: en cada ciudad, en cada pueblo. ¿Con qué fe le visitamos?, ¿con qué amor le recibimos?, ¿cómo disponemos nuestra alma y nuestro cuerpo cuando nos acercamos a la Comunión?

II. El cuerpo del leproso quedó limpio al sentir la mano de Cristo. Y nosotros podemos quedar divinizados al contacto con Jesús en la Comunión. Hasta los ángeles se asombran de tan gran Misterio. El Alma de Cristo está en la Hostia Santa, y todas sus facultades humanas conservan en ella las mismas propiedades que en el Cielo. Nada escapa a la mirada amable y amorosa de Cristo: ni la creación material, ni la gloria de los bienaventurados, ni la actividad de los ángeles. Él conoce el pasado, el presente, el porvenir. «Su vida eucarística es una vida de amor. Del Corazón de Cristo sube sin cesar el fervor de una caridad infinita. Toda la vida íntima del alma sacerdotal del Verbo encarnado –adoración, peticiones, acción de gracias, expiación– es inspirada por este amor sin límites»6. La Santísima Trinidad encuentra en Jesucristo presente en el Sagrario una gloria sin medida y sin fin.

Enseña Santo Tomás de Aquino7 que el Cuerpo de Cristo está presente en la Sagrada Eucaristía tal como es en sí mismo, y el Alma de Cristo con su inteligencia y voluntad; se excluyen solo aquellas relaciones que hacen referencia a la cantidad, pues no está Cristo presente en la Hostia Santa a la manera de una cantidad localizada en el espacio8. De un modo misterioso e inefable está con su Cuerpo glorioso.

La Segunda Persona de la Trinidad Beatísima está allí, en el Sagrario que visitamos cada día, quizá muy cercano a la casa donde vivimos o muy próximo a la oficina donde trabajamos, en la Capilla de la Universidad, de un hospital o del aeropuerto; y está con el poder soberano de su Divinidad increada. Él, el Hijo Unigénito de Dios, ante quien tiemblan los Tronos y las Dominaciones, por Quien todo fue hecho, igual en poder, en sabiduría, en misericordia a las otras Personas de la Trinidad Beatísima, permanece perpetuamente con nosotros, como uno de los nuestros, sin dejar jamás de ser Dios. En verdad, en medio de vosotros está uno a quien no conocéis9. Absortos por nuestros negocios, por el trabajo, por las preocupaciones diarias, ¿pensamos con frecuencia que allí, muy cerca, al lado de nuestro hogar, habita realmente Dios misericordioso y omnipotente? Nuestro gran fracaso, el mayor error de nuestra vida, sería que se nos pudiesen aplicar en algún momento aquellas palabras que el Espíritu Santo puso en la pluma de San Juan: Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron10, porque estaban –podemos añadir– ocupados en sus cosas y en sus trabajos, asuntos todos que sin Él no tienen la menor importancia. Pero nosotros hacemos hoy el propósito firme de permanecer con un amor vigilante: alegrándonos mucho cuando divisamos los muros de una iglesia, realizando durante el día muchas comuniones espirituales, y actos de fe y de amor; y le expresaremos nuestros deseos de desagravio por quienes pasan a su lado sin dirigirse a Él.

III. Señor Jesús, bondadoso pelícano, límpiame, a mí inmundo, con tu Sangre, de la que una gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero11.

El Señor nos da en la Sagrada Eucaristía, a cada hombre en particular, la misma vida de la gracia que trajo al mundo por su Encarnación12. Si tuviéramos más fe se realizarían en nosotros los mismos milagros al contacto con su Santísima Humanidad: en cada Comunión nos limpiaría hasta lo más profundo del alma de nuestras flaquezas e imperfecciones. ¡Haz que yo crea más y más en Ti!, nos invita a clamar, a suplicar interiormente, el himno eucarístico. Si acudimos con fe, oiremos las mismas palabras que dirigió al leproso: Quiero, sé limpio. Otras veces veremos cómo se levanta ante las olas, como en Tiberíades, para apaciguar la tempestad. Y en el alma se hará también una gran calma, se llenará de paz.

Señor Jesús, bondadoso pelícano... En la Comunión el Señor no solo ofrece un alimento espiritual, sino que Él mismo se nos da como Alimento. Antiguamente se pensaba que cuando morían los polluelos del pelícano, este se abría el costado y alimentaba con su sangre a sus hijos muertos y así los volvía a la vida... Cristo nos da la vida eterna. La Comunión, recibida con las debidas disposiciones, suscita en el alma fervientes actos de amor, y nos transforma e identifica con Cristo. El Maestro viene a cada uno de sus discípulos con su amor personal, eficaz, creador y redentor. Se nos presenta como el Salvador de nuestras vidas, ofreciéndonos su amistad. Este sacramento es alimento insustituible de toda intimidad con Jesús.

En contacto con Cristo, el alma se purifica y allí encontramos el vigor necesario para ejercitar la caridad en los mil pequeños incidentes de cada jornada, para vivir ejemplarmente los propios deberes, para vivir la santa pureza, para realizar con valentía y espíritu de sacrificio el apostolado que Él mismo nos ha encomendado... En la Sagrada Eucaristía hallamos remedio para las faltas diarias, para salir adelante en esas pequeñas dejaciones y faltas de correspondencia, que no matan el alma pero que la debilitan y la conducen a la tibieza. La Comunión fervorosa nos impulsa eficazmente hacia Dios, por encima de las propias flaquezas y cobardías. Allí encontramos diariamente las fuerzas que necesitamos, el alimento imprescindible para el alma. La vida humana tiene en Cristo su realización, su prenda de vida eterna... «Cristo es el pan de vida. Y así como el pan ordinario está en proporción al hambre terrena, así Cristo es el pan extraordinario proporcionado al hambre extraordinaria, desmedida, del hombre, capaz, más aún, inquieto por abrirse a aspiraciones infinitas... Cristo es el pan de vida. Cristo es necesario a todos los hombres, a todas las comunidades»13. Sin Él, no podríamos vivir.

En la Sagrada Eucaristía nos espera Jesús para restaurar nuestras fuerzas: Venid a Mí todos los que andáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré14. Y fundamentalmente agobian y fatigan esas enfermedades que fuera de Cristo no tienen remedio. Venid todos: a nadie excluye Jesús: si alguien quiere acercarse a Mí, yo no lo echaré fuera15. Mientras dure el tiempo de la Iglesia militante, Jesús permanecerá con nosotros como la fuente de todas las gracias que nos son necesarias.

Con Santo Tomás de Aquino, podemos decirle a Jesús, presente en la Sagrada Eucaristía, cuando nos acerquemos a recibirle: «me acerco como un enfermo al médico de la vida, como un inmundo a la fuente de la misericordia, como un ciego a la luz de la claridad eterna, como un pobre y necesitado al Señor de cielos y tierra. Imploro la abundancia de tu infinita generosidad para que te dignes curar mi enfermedad, lavar mi impureza, iluminar mi ceguera, remediar mi pobreza y vestir mi desnudez, para que me acerque a recibir el Pan de los Ángeles, al Rey de reyes y Señor de señores con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y piedad, con tanta pureza y fe, y con tal propósito e intención como conviene a la salud de mi alma»16.

Nuestra Madre la Virgen nos impulsa siempre al trato con Jesús sacramentado: «Acércate más al Señor..., ¡más! —Hasta que se convierta en tu Amigo, en tu Confidente, en tu Guía»17.

1 Mc 1, 40-45. — 2 San Beda, Comentario al Evangelio de San Marcos. in loc. — 3 Rom 6, 9. — 4 Himno Adoro te devote. — 5 Cfr. M. M. Philipon, Nuestra transformación en Cristo, p. 116. — 6 Ibídem, p. 117. — 7 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, III, q. 76, a. 5, ad 3. 8 Cfr. Ibídem, III, q. 81, a. 4. — 9 Jn 1, 26. — 10 Jn 1, 11. — 11 Himno Adoro te devote. — 12 Cfr. Santo Tomás, o. c., I, q. 3, a. 79. 13 Pablo VI, Homilía 8-VIII-1976. 14 Mt 11, 28. — 15 Cfr. Jn 6, 37. 16 Misal Romano, Praeparatio ad Missam. — 17 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 680.

 

 

“Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos”

Nunca compartiré la opinión -aunque la respeto- de los que separan la oración de la vida activa, como si fueran incompatibles. Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura. (Forja, 738)

No lo dudéis, hijos míos: cualquier modo de evasión de las honestas realidades diarias es para vosotros, hombres y mujeres del mundo, cosa opuesta a la voluntad de Dios.
Por el contrario, debéis comprender ahora –con una nueva claridad– que Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir.
Yo solía decir a aquellos universitarios y a aquellos obreros que venían junto a mí por los años treinta, que tenían que saber materializar la vida espiritual. Quería apartarlos así de la tentación, tan frecuente entonces y ahora, de llevar como una doble vida: la vida interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social, plena de pequeñas realidades terrenas.
¡Que no, hijos míos! Que no puede haber una doble vida, que no podemos ser como esquizofrénicos, si queremos ser cristianos: que hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser –en el alma y en el cuerpo– santa y llena de Dios: a ese Dios invisible, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales.
No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca. Por eso puedo deciros que necesita nuestra época devolver –a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares– su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo. (Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá, n. 114)

 

Algo grande y que sea amor (IV): Más madres y padres que nunca

La misión de los padres no se limita a la acogida de los hijos que Dios les da: sigue durante toda la vida, y tiene como horizonte el cielo.

Vocación17/01/2019

Opus Dei - Algo grande y que sea amor (IV): Más madres y padres que nunca

La madre de Santiago y Juan se acerca a Jesús. Tiene una enorme confianza con Él. El Señor adivina por los gestos su intención de pedirle algo y le pregunta directamente: «¿Qué quieres?». Ella no se anda con rodeos: «Di que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (Mt 20,21). Jesús posiblemente sonreiría ante la petición efusiva de esta madre. Con el tiempo le concedería algo incluso más audaz que lo que ella soñaba para sus hijos. Les dio una morada en su propio corazón y una misión universal y eterna.

En familia aprendemos a rezar, con palabras que seguiremos utilizando el resto de nuestra vida

La Iglesia, que entonces apenas estaba naciendo, conoce hoy un nuevo impulso apostólico. A través de los últimos Romanos Pontífices, el Señor la está llevando hacia una «evangelización siempre renovada»[1], que es una de las notas dominantes del paso del segundo al tercer milenio. Y, en esta aventura, la familia no es un sujeto pasivo; al contrario, las madres, los padres, las abuelas, son protagonistas: están en la primera línea de la evangelización. La familia, en efecto, es «el primer lugar en el que se hace presente en nuestras vidas el Amor de Dios, más allá de lo que podamos hacer o dejar de hacer»[2]. En familia aprendemos a rezar, con palabras que seguiremos utilizando el resto de nuestra vida; en familia toma forma la manera en la que los hijos van a mirar el mundo, las personas, las cosas[3]. El hogar está llamado por eso a ser el clima adecuado, la tierra buena en la que Dios pueda lanzar su semilla, de modo que el que escuche la palabra y la entienda dé fruto y produzca ciento o sesenta o treinta por uno (cfr. Mt 13,23).

Padres de santos

San Josemaría era un joven sacerdote cuando el Señor le mostró el inmenso panorama de santidad que el Opus Dei estaba llamado a sembrar en el mundo. Contemplaba su misión como una tarea que no podía retrasar, y pedía a su director espiritual que le permitiera crecer en oración y penitencia. Como para justificar esas exigencias, le escribía: «Mire que Dios me lo pide y, además, es menester que sea santo y padre, maestro y guía de santos»[4]. Son palabras que se pueden aplicar, de algún modo, a cualquier madre y a cualquier padre de familia, porque la santidad solo es auténtica si se comparte, si ilumina a su alrededor. Por eso, si aspiramos a la verdadera santidad, cada uno de nosotros está llamado a convertirse en «santo y padre, maestro y guía de santos».

Desde muy pronto, san Josemaría hablaba de «vocación matrimonial»[5]. Sabía que la expresión resultaba sorprendente, pero estaba convencido de que el matrimonio es un verdadero camino de santidad, y de que el amor conyugal es algo muy de Dios. En frase audaz, solía decir: «Yo bendigo ese amor con las dos manos, y cuando me han preguntado que por qué digo con las dos manos, mi respuesta inmediata ha sido: ¡porque no tengo cuatro!»[6].

La misión de los padres no se limita a la acogida de los hijos que Dios les da: sigue durante toda la vida, y tiene como horizonte el cielo. Si el afecto de los padres hacia los hijos puede parecer a veces frágil e imperfecto, el vínculo de la paternidad y de la maternidad es de hecho algo tan profundamente enraizado que hace posible una entrega sin límites: cualquier madre se cambiaría por un hijo suyo que sufre en la cama de un hospital.

La Sagrada Escritura está llena de madres y padres que se sienten privilegiados y orgullosos de los hijos que Dios les ha regalado. Abraham y Sara; la madre de Moisés; Ana, la madre de Samuel; la madre de los siete hermanos macabeos; la cananea que pide a Jesús por su hija; la viuda de Naín; Isabel y Zacarías; y, muy especialmente, la Virgen María y San José. Son intercesores a quienes podemos confiarnos para que cuiden de nuestras familias, de modo que sean protagonistas de una nueva generación de santas y santos.

No se nos oculta que la maternidad y la paternidad están asociadas íntimamente a la Cruz y al dolor. Junto a grandes alegrías y satisfacciones, el proceso de maduración y crecimiento de los hijos no ahorra dificultades, algunas menores y otras no tanto: noches sin dormir, rebeldías de adolescencia, dificultades para encontrar un trabajo, la elección de la persona con la que quieren compartir su vida, etc.

No se nos oculta que la maternidad y la paternidad están asociadas íntimamente a la Cruz y al dolor

Particularmente doloroso es ver cómo a veces los hijos toman decisiones equivocadas o se alejan de la Iglesia. Los padres han intentado educarles en la fe; han procurado mostrarles el atractivo de la vida cristiana. Y se plantean quizá entonces: ¿qué hemos hecho mal? Es normal que surja esa pregunta, aunque no conviene dejarse atormentar por ella. Los padres, es cierto, son los responsables principales de la educación de los hijos, pero no son los únicos que tienen influencia sobre ellos: el ambiente que les rodea puede presentarles otros modos de ver la vida como más atractivos y convincentes; o puede hacer que el mundo de la fe se les antoje como algo lejano. Y, sobre todo, los hijos tienen su libertad, por la que deciden seguir un camino u otro.

A veces, simplemente, puede suceder que los hijos necesiten distanciarse para redescubrir con ojos nuevos lo que recibieron. Entretanto, es necesario ser pacientes: aunque se equivoquen, aceptarlos de verdad, asegurarse de que lo notan, y evitar atosigarles, porque eso podría alejarlos más. «Muchas veces no hay otra cosa que hacer más que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia»[7]. Resulta muy expresiva, en este sentido, la figura del padre en la parábola del hijo pródigo (cfr. Lc 15,11-32): él veía mucho más lejos que su hijo; y por eso, aunque se daba cuenta de su error, sabía que tenía que esperar.

En todo caso, no es sencillo ni automático, para una madre o un padre, aceptar la libertad de sus hijos cuando estos se van haciendo mayores, porque incluso algunas decisiones, aun siendo buenas en sí mismas, son distintas de las que tomarían los padres. Si hasta ese momento los hijos les han necesitado para todo, podría parecer que ahora los padres empiezan a ser solo espectadores de sus vidas. Sin embargo, aunque resulte paradójico, en esos momentos los necesitan más que nunca. Los mismos que les enseñaron a comer y a caminar pueden seguir acompañando el crecimiento de su libertad, mientras se abren su propio camino en la vida. Los padres están ahora llamados a ser maestros y guías.

Maestros de santos

Un maestro es aquel que enseña una ciencia, arte u oficio. Los padres son maestros, muchas veces incluso sin darse cuenta. Como por ósmosis, transmiten a los hijos tantas cosas que les acompañarán durante toda la vida. En particular, tienen la misión de educarles en el arte más importante: amar y ser amados. Y en ese camino, una de las lecciones más difíciles es la de la libertad.

Para empezar, los padres tienen que ayudarles a superar algunos prejuicios que hoy pueden parecer evidentes, como la idea de que la libertad consiste en «actuar conforme a los propios caprichos y en resistencia a cualquier norma»[8]. Sin embargo, el verdadero desafío que tienen ante sí consiste en despertar en los hijos, con paciencia, como por un plano inclinado, un gusto por el bien: de modo que no perciban solamente la dificultad de obrar como dicen sus padres, sino que lleguen a ser «capaces de disfrutar del bien»[9]. En este camino de crecimiento, a veces los hijos no valoran todo lo que les enseñan. Es verdad que con frecuencia también los padres tienen que aprender a educar mejor a sus hijos: no se nace sabiendo ser padre y madre. Sin embargo, incluso a pesar de las posibles deficiencias de la educación, pasado el tiempo los hijos valoran más lo recibido, como sucedió a san Josemaría con un consejo que su madre le repetía: «Muchos años después me he dado cuenta de que había en aquellas palabras una razón muy profunda»[10].

Los hijos acaban por descubrir, antes o después, lo mucho que los han querido sus padres, y hasta qué punto han sido maestros de vida para ellos. Lo expresa con lucidez uno de los grandes autores del siglo XIX: «No hay nada más noble, más fuerte, más sano y más útil en la vida que un buen recuerdo, sobre todo cuando es un recuerdo de la infancia, del hogar paterno. (...) El que hace una buena provisión de ellos para su futuro, está salvado. E incluso si conservamos uno solo, este único recuerdo puede ser algún día nuestra salvación»[11]. Los padres saben que su misión es sembrar y esperan con paciencia que sus desvelos continuos produzcan fruto, aunque tal vez no lleguen a verlo.

Guías de santos

Un guía es quien conduce y enseña a otros a seguir o a abrirse un camino. Para llevar a cabo esta tarea es necesario conocer el terreno y luego acompañar a quienes lo recorren por primera vez. Los buenos maestros amueblan la cabeza y saben caldear los corazones: Salomé, la mujer de Zebedeo, acompañó a sus hijos por la senda de Cristo, los puso delante de quien podría dar sentido y alegría a sus vidas; estuvo al pie de la Cruz. Allí solo consiguió estar con Juan. Sin embargo, Santiago sería con el tiempo el primer apóstol en dar la vida por Jesús. Ella estuvo también en el sepulcro, en la madrugada del domingo, junto a la Magdalena. Y Juan la siguió poco después.

Todo guía tiene que afrontar a veces algunos pasos complicados, desafiantes

Todo guía tiene que afrontar a veces algunos pasos complicados, desafiantes. En el camino de la vida, uno de ellos es la respuesta a la llamada de Dios. Acompañar a los hijos en el momento de discernir su vocación es una parte importante de la llamada propia de los padres. Es comprensible que sientan miedo ante este paso. Pero eso no debe paralizar a un guía. «¿Miedo? Tengo clavadas en mi alma unas palabras de San Juan, de su primera epístola, en el capítulo cuarto. Dice: Qui autem timet, non est perfectus in caritate (1 Jn 4,18). El que tiene miedo, no sabe amar. Y vosotros sabéis amar todos, así que no tenéis miedo. ¿Miedo a qué? Tú sabes querer; por lo tanto no tengas miedo. ¡Adelante!»[12].

Desde luego, nada preocupa más a una madre o un padre que la felicidad de sus hijos. Sin embargo, muchas veces ellos mismos tienen ya una idea de la forma que debería tomar esa felicidad. A veces dibujan un futuro profesional que no encaja del todo con los talentos reales de sus hijos. Otras veces, desean que sus hijos sean buenos, pero “sin exagerar”. Olvidan quizá así la radicalidad, a veces desconcertante, pero esencial, del Evangelio. Por eso, con más razón si se les ha dado una profunda educación cristiana, resulta inevitable «que cada hijo nos sorprenda con los proyectos que broten de esa libertad, que nos rompa los esquemas, y es bueno que eso suceda. La educación entraña la tarea de promover libertades responsables»[13].

Los padres conocen muy bien a sus hijos; habitualmente, mejor que nadie. Como quieren lo mejor para ellos, es lógico y bueno que se pregunten si van a ser felices con sus elecciones de vida, y que contemplen su futuro «de tejas abajo»[14], con deseos de protegerlos y ayudarlos. Por eso, cuando los hijos empiezan a vislumbrar una posible llamada de Dios, los padres tienen delante una hermosa tarea de prudencia y guía. Cuando san Josemaría habló de su vocación a su padre, este le dijo: «Piénsalo un poco más»… pero añadió enseguida: «yo no me opondré»[15]. Mientras procuran dar realismo y sensatez a las decisiones espirituales de sus hijos, pues, los padres necesitan a la vez aprender a respetar su libertad y a vislumbrar la acción de la gracia de Dios en sus corazones, para no convertirse —queriendo o sin querer— en un obstáculo para los planes del Señor.

Por otra parte, a menudo los hijos no se hacen cargo de la sacudida que su vocación puede suponer para sus padres. San Josemaría decía que la única vez que vio llorar a su padre fue precisamente cuando le comunicó que quería ser sacerdote[16]. Hace falta mucha generosidad para acompañar a los hijos por un camino que va en una dirección distinta de la que uno había pensado. Por eso, no es extraño que cueste renunciar a esos planes. A la vez, Dios no pide menos a los padres: ese sufrimiento, que es muy humano, puede ser también, con la gracia de Dios, muy divino.

Estas sacudidas pueden ser, por lo demás, el momento de considerar que, como solía decir san Josemaría, los hijos deben a sus padres el noventa por ciento de la llamada a amar a Dios con todo el corazón[17]. Dios sí que conoce el sacrificio que puede suponer para los padres aceptar con cariño y libertad esa decisión. Nadie como Él, que entregó a su Hijo para salvarnos, es capaz de entenderlo.

Cuando unos padres aceptan generosamente la llamada de sus hijos, sin reservárselos, atraen para mucha gente numerosas bendiciones del Cielo. En realidad, se trata de una historia que se repite a lo largo de los siglos. Cuando Jesús llamó a Juan y Santiago a seguirle dejándolo todo, se encontraban con su padre arreglando las redes. Zebedeo siguió con las redes, quizá algo contrariado, pero les dejó marcharse. Es posible que le llevara un tiempo darse cuenta de que era el mismo Dios el que estaba entrando en su familia. Y al final, qué alegría de verlos felices en esa nueva pesca, en el «mar sin orillas» del apostolado.

Más necesarios que nunca

Cuando una hija o un hijo toma una decisión importante en su vida, sus padres son más necesarios que nunca. Una madre o un padre son muchas veces capaces de descubrir, incluso a mucha distancia, sombras de tristeza en sus hijos, como son capaces de intuir la auténtica alegría. Por eso, les pueden ayudar, de una forma insustituible, a ser felices y fieles.

Para llevar a cabo esa nueva tarea, quizá lo primero sea reconocer el don que han recibido. Al considerarlo en la presencia de Dios, pueden descubrir que «no es un sacrificio, para los padres, que Dios les pida sus hijos; ni, para los que llama el Señor, es un sacrificio seguirle. Es, por el contrario, un honor inmenso, un orgullo grande y santo, una muestra de predilección, un cariño particularísimo»[18]. Ellos son los que han hecho posible la vocación, que es una continuación del regalo de la vida. Por eso, san Josemaría les decía: «Os doy la enhorabuena, porque Jesús ha tomado esos pedazos de vuestro corazón —enteros— para Él solo... ¡para Él solo!»[19].

Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y solo en la oración pueden perseverar y dar fruto

Por otro lado, la oración de los padres ante el Señor cobra entonces una gran importancia. ¡Cuántos ejemplos de esta intercesión encantadora encontramos en la Biblia y en la historia! Santa Mónica, con su oración confiada e insistente por la conversión de su hijo Agustín, es quizá el ejemplo más conocido; pero en realidad las historias son incontables. Detrás de todas las vocaciones «está siempre la oración fuerte e intensa de alguien: de una abuela, de un abuelo, de una madre, de un padre, de una comunidad. (…) Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y solo en la oración pueden perseverar y dar fruto»[20]. Una vez iniciado el camino, recorrerlo hasta el final depende en buena medida de la oración de quienes más quieren a esas personas.

Y, junto a la oración, la cercanía. Ver que los padres se implican en su nueva misión en la vida ayuda mucho a fortalecer la fidelidad de los hijos. Muchas veces los padres están pidiendo a gritos, sin decirlo expresamente, echar una mano y percibir lo feliz que es su hija o su hijo en ese camino de entrega. Necesitan tocar la fecundidad de esas vidas. A veces serán los hijos mismos quienes, con simpatía, también les pidan la vida, en forma de consejo, de ayuda, de oración. ¡Cuántas historias de padres y madres que descubren su llamada a la santidad a través de la vocación de sus hijos!

El fruto de la vida y de la entrega de Santiago y Juan no se puede medir. Sí que se puede decir, por el contrario, que estas dos columnas de la Iglesia deben a su madre y a su padre la mayor parte de su vocación. Santiago llevó el Amor de Dios hasta los confines de la tierra, y Juan lo proclamó con palabras que son parte de las páginas más bellas jamás escritas sobre ese Amor. Todos los que hemos recibido la fe a través de su entrega podemos sentir un profundo agradecimiento hacia este matrimonio del mar de Galilea. Los nombres de Zebedeo y Salomé se pronunciarán, con los de los apóstoles, hasta el fin de los tiempos.

«Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros»[21]. Las madres y padres que aman a Dios, y que han visto como un hijo suyo se entregaba a Él por completo, comprenden de modo muy especial las palabras del Señor en la consagración de la Misa. De algún modo las viven en sus propias vidas. Han entregado a su hijo para que otros tengan alimento, para que otros vivan. Así, en cierto modo sus hijos multiplican su maternidad y su paternidad. Al dar ese nuevo , se unen a la obra de la redención, que se consumó en el de Jesús en la Pasión y que comenzó, en un sencillo hogar, en el de María.

Diego Zalbidea


[1] San Pablo VI, Ex. ap. Evangelii nuntiandi (8-XII-1975), n. 82. Cfr. también San Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6-I-2001), n. 40; Benedicto XVI, Homilía en la Apertura del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, 7-X-2012; Francisco, Ex. ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 27.

[2] F. Ocáriz, Carta 4-VII-2017.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1666.

[4] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1725, cit. en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 554.

[5] San Josemaría, Camino, n. 27.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 184.

[7] Francisco, Audiencia general, 4-II-2015.

[8] F. Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 5.

[9] J. Diéguez, Llegar a la persona en su integridad: el papel de los afectos (I), opusdei.org

[10] San Josemaría, notas de una reunión familiar, 17-II-1958, cit. en S. Bernal, Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei; Rialp, Madrid 1980, p. 20.

[11] Dostoievski, F. Los hermanos Karamazov, epílogo.

[12] San Josemaría, notas de un encuentro con jóvenes, noviembre 1972. Citado en Dos meses de Catequesis, 1972, vol. 1, p. 416 (AGP, biblioteca, P04).

[13] Francisco, Ex. ap. Amoris laetitia (19-III-2016), n. 262. San Josemaría dibujaba esta realidad con una pizca de humor: «La mamá, apenas le nació un chiquillo, ya piensa que lo casará con fulanita y que harán esto, y aquello. El papá piensa en la carrera o en los negocios en los que va a meter al hijo. Cada uno hace su novela, una novela rosa encantadora. Después, la criatura sale lista, sale buena, porque sus padres son buenos, y les dice: esa novela vuestra no me interesa. Y hay dos berrinches colosales» (notas de una reunión con familias, 4-XI-1972, en Hogares luminosos y alegres, p. 155 [AGP, biblioteca, P11].

[14] San Josemaría utilizaba con frecuencia esta expresión para referirse a la preocupación lógica de los padres por la prosperidad humana de los hijos. Cfr. p. ej. J. Echevarría, Memoria del Beato Josemaría Escrivá, Rialp, Madrid 2000, p. 99.

[15] A. Sastre, Tiempo de caminar, Rialp, Madrid 1989, p. 52.

[16] Cfr. A. Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 101.

[17] Cfr. San Josemaría, Conversaciones, n. 104.

[18] San Josemaría, Forja, n. 18.

[19] Palabras de San Josemaría a unas familias el 22-X-1960, en A. Rodríguez Pedrazuela, Un mar sin orillas, Rialp, Madrid 1999, p. 348.

[20] Francisco, Regina coeli, 21-IV-2013.

[21]Misal Romano, Plegaria Eucarística.

 

Unidos por el vínculo de la gracia bautismal

El día 18 comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos, que culmina con la fiesta de la conversión de San Pablo. «También cuando las diferencias nos separan, reconocemos que pertenecemos al pueblo de los redimidos, a la misma familia de hermanos y hermanas amados por un mismo Padre», dijo el Papa Francisco el año pasado.

De la Iglesia y del Papa17/01/2019

 

Materiales para la semana de oración por la unidad de los cristianos 2019. Elaborado por una comisión mixta entre el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias.

Homilía del Santo Padre Francisco. Basílica de San Pablo extramuros (25 de enero de 2018).

¿Qué puedo hacer yo por la unidad de los cristianos? Rezar con San Josemaría durante el Octavario por la unidad de los cristianos.

Rezar con don Álvaro por la unión de los cristianos.


Artículos sobre el Ecumenismo

Ecumenismo, D. Pedro Rodríguez, teólogo y miembro de la Academia de Doctores de España.

Evangelización, proselitismo y ecumenismo, Artículo de Mons. Fernando Ocáriz, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz publicado en Scripta Theologica. (Descarga, en formato PDF)

Ecumenismo espiritual. Conferencia pronunciada por el Cardenal Kasper (19 de febrero de 2007)

Hacia la plena unidad de la Iglesia de Jesucristo. Artículo sobre la visita del Papa Francisco a Turquía (11 de diciembre de 2014).


Entrevistas

∙ Ulf Ekman, sueco: “El Papa nos ayudará a acercarnos mutuamente con humildad”

∙ «En Finlandia las relaciones ecuménicas con luteranos y ortodoxos son maravillosas». Entrevista al Vicario General de la diócesis de Helsinki, el sacerdote español Raimo Goyarrola.

“El ecumenismo es, en primer lugar, una cuestión de oración y de caridad", entrevista a la teóloga Jutta Burggraf (+2010).

La situación actual del ecumenismo. Entrevista al profesor Pedro Rodríguez.

“Las enseñanzas de san Josemaría son ecuménicas”. Evgeni Pazukhin, filósofo y escritor ortodoxo.

∙ Labor evangelizadora en Rusia. Entrevista a Jaime Falcó en COPE. Jaime vive en Moscú donde colabora en la labor apostólica del Opus Dei.

“Los católicos estonios tienen un sentido muy fuerte de lo sagrado”. El obispo Philippe Jourdan es un francés nacionalizado estonio que lleva diez años al frente de la Iglesia católica en Estonia.


Algunas historias

Viento ecuménico del norte: Católicos, luteranos y ortodoxos trabajan de la mano en Finlandia para conseguir que la fe descongele la falta de trascendencia de la sociedad del progreso.

∙ Aleksei: un ortodoxo en un Centro del Opus Dei.

El amor no muere nunca (2007). Alexander Zorin, un eminente intelectual y poeta ruso, de religión ortodoxa, reflexiona en este breve ensayo sobre las enseñanzas de Josemaría Escrivá.


Algunos viajes del Papa Francisco, relacionados con la unidad de los cristianos

Encuentro ecuménico en la Catedral evangélica luterana de Riga (24 de septiembre de 2018)

Peregrinación ecuménica del Santo Padre a Ginebra (21 de junio de 2018)

El Papa Francisco en Egipto (abril de 2017)

El Papa Francisco en Suecia (noviembre 2016)

Intervenciones del Papa Francisco en Georgia y Azerbaiyán (30 de septiembre-2 de octubre de 2016).

Declaración conjunta del Papa Francisco y del Patriarca Kiril de Moscú y toda Rusia (Cuba, 12 de febrero de 2016).

Declaración conjunta del Santo Padre Francisco y del Patriarca Ecuménico Bartolomé I (Jerusalén, 25 de mayo de 2014).

 

 

¿Qué puedo hacer yo por la unidad de los cristianos?

La Iglesia propone una oración más intensa durante el Octavario por la unidad de los cristianos, del 18 al 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo. Movido por el deseo de promover la unidad, San Josemaría exhorta para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad.

Textos para orar18/01/2014

Opus Dei - ¿Qué puedo hacer yo por la unidad de los cristianos?

La Iglesia propone a los cristianos una oración más intensa en el Octavario por la unidad de los cristianos, durante la semana del 18 al 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo.

Con el mismo espíritu

Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: “multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una —la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma.

—Te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡Llévalo a tu oración!

Forja, 632

Ofrece la oración, la expiación y la acción

por esta finalidad: «ut sint unum!» –para que todos los cristianos

tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo

espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!» –que

todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María.

Forja, 647

Cuídame tu oración diaria por esta intención: que todos los católicos seamos fieles, que nos decidamos a luchar para ser santos.

—¡Es lógico!, ¿qué vamos a desear para los que queremos, para los que están atados a nosotros por la fuerte atadura de la fe?

Forja, 925

Habla Jesús: "Así os digo yo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito?

Camino, 96

Agrandar el corazón

Venero con todas mis fuerzas la Roma de Pedro y de Pablo, bañada por la sangre de los mártires, centro de donde tantos han salido para propagar en el mundo entero la palabra salvadora de Cristo. Ser romano no entraña ninguna muestra de particularismo, sino de ecumenismo auténtico; supone el deseo de agrandar el corazón, de abrirlo a todos con las ansias redentoras de Cristo, que a todos busca y a todos acoge, porque a todos ha amado primero.

Amar a la Iglesia, 28

La efusión del Espíritu Santo, al cristificarnos, nos lleva a que nos reconozcamos hijos de Dios. El Paráclito, que es caridad, nos enseña a fundir con esa virtud toda nuestra vida; y consummati in unum, hechos una sola cosa con Cristo, podemos ser entre los hombres lo que San Agustín afirma de la Eucaristía: signo de unidad, vínculo del Amor.

Es Cristo que pasa, 87

Vivir la unidad

¡Con qué acentos maravillosos ha hablado Nuestro Señor de esta doctrina! Multiplica las palabras y las imágenes, para que lo entendamos, para que quede grabada en nuestra alma esa pasión por la unidad. Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo cortará; y a todo aquel que diere fruto, lo podará para que dé más fruto... Permaneced en mí, que yo permaneceré en vosotros. Al modo que el sarmiento no puede de suyo producir fruto si no está unido con la vid, así tampoco vosotros, si no estáis unidos conmigo. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; quien está unido conmigo y yo con él, ése da mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer (Jn XV, 1-5).

Amar a la Iglesia, 20

Es necesario actualizar esa fraternidad que tan hondamente vivían los primeros cristianos

Forma parte esencial del espíritu cristiano no sólo vivir en unión con la Jerarquía ordinaria —Romano Pontífice y Episcopado—, sino también sentir la unidad con los demás hermanos en la fe. Desde muy antiguo he pensado que uno de los mayores males de la Iglesia en estos tiempos, es el desconocimiento que muchos católicos tienen de lo que hacen y opinan los católicos de otros países o de otros ámbitos sociales. Es necesario actualizar esa fraternidad, que tan hondamente vivían los primeros cristianos. Así nos sentiremos unidos, amando al mismo tiempo la variedad de las vocaciones personales; y se evitarán no pocos juicios injustos y ofensivos, que determinados pequeños grupos propagan —en nombre del catolicismo—, en contra de sus hermanos en la fe, que obran en realidad rectamente y con sacrificio, atendidas las circunstancias particulares de su país.

Conversaciones, 61

Te pasmaba que aprobara la falta de "uniformidad" en ese apostolado donde tú trabajas. Y te dije:

Unidad y variedad. —Habéis de ser tan varios, como variados son los santos del cielo, que cada uno tiene sus notas personales especialísimas. —Y, también, tan conformes unos con otros como los santos, que no serían santos si cada uno de ellos no se hubiera identificado con Cristo.

Camino, 947

Llevo todo el día en el corazón, en la cabeza y en los labios una jaculatoria: ¡Roma!

Para tantos momentos de la historia, que el diablo se encarga de repetir, me parecía una consideración muy acertada aquella que me escribías sobre lealtad: “llevo todo el día en el corazón, en la cabeza y en los labios una jaculatoria: ¡Roma!”

Surco, 344

Quiero recordaros las palabras que nos propone San Cipriano: se nos presenta la Iglesia universal como un pueblo que obtiene su unidad a partir de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amar a la Iglesia, 1

Con la ayuda mutua

Piensa en tu Madre la Iglesia Santa, y considera que, si un miembro se resiente, todo el cuerpo se resiente.

—Tu cuerpo necesita de cada uno de los miembros, pero cada uno de los miembros necesita del cuerpo entero. —¡Ay, si mi mano dejara de cumplir su deber..., o si dejara de latir el corazón!

Forja, 471

Tendrás más facilidad para cumplir tu deber al pensar en la ayuda que te prestan tus hermanos y en la que dejas de prestarles, si no eres fiel.

Camino, 549

El punto de referencia: Pedro

El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros un hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo

No existe otra Iglesia Católica, sino la que, edificada sobre el único Pedro, se levanta por la unidad de la fe y por la caridad en un solo cuerpo conexo y compacto. Contribuimos a hacer más evidente esa apostolicidad, a los ojos de todos, manifestando con exquisita fidelidad la unión con el Papa, que es unión con Pedro. El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros un hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo. Si tratamos al Señor en la oración, caminaremos con la mirada despejada que nos permita distinguir, también en los acontecimientos que a veces no entendemos o que nos producen llanto o dolor, la acción del Espíritu Santo.

 

Los diez mandamientos

Los 10 mandamientos

Los diez mandamientos de la Ley de Dios son:

El primero, amarás a Dios sobre todas las cosas.

El segundo, no tomarás el nombre de Dios en vano.

El tercero, santificarás las fiestas.

El cuarto, honrarás a tu padre y a tu madre.

El quinto, no matarás.

El sexto, no cometerás actos impuros.

El séptimo, no hurtarás.

El octavo, no dirás falso testimonio ni mentirás.

El noveno, no consentirás pensamientos ni deseos impuros.

El décimo, no codiciarás los bienes ajenos.

Estos diez mandamientos se resumen en dos:

Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

 

Dios entregó los Diez Mandamientos a Moisés en el Sinaí para ayudar a su pueblo escogido a cumplir la ley divina. Recogen la Ley dada por Dios al pueblo de Israel durante la Alianza hecha por medio de Moisés, con el fin de proporcionar un camino de vida liberado de la esclavitud del pecado. El pasaje bíblico que lo relata se puede leer en en el Antiguo Testamento (Ex 34, 28)

Jesucristo confirmó los Diez Mandamientos y los perfeccionó con su palabra y con su ejemplo.

Nuestro amor a Dios se manifiesta en el cumplimiento de los Diez Mandamientos y de los preceptos de la Iglesia.

 

Mandamientos de la Santa Madre Iglesia

El primero, oír Misa entera todos los domingos y fiestas de precepto.

El segundo, confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de muerte y si se ha de comulgar.

El tercero, comulgar al menos por Pascua de Resurrección.

El cuarto, ayunar y no comer carne cuando lo mande la Santa Madre Iglesia.

El quinto, ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

 

 

El mercader y los camellos

Camello

Cuenta una historia, que un rico mercader salió a vender mercancías en compañía de sus servidores y con una caravana de 12 camellos.

De noche, pararon en un oasis y cuando el señor ya estaba listo para dormir, llegó su asistente y le dijo:

- Señor, tenemos un problema: Ya hemos amarrado 11 camellos pero olvidamos traer una estaca y no sabemos que hacer con el que nos falta.

- Muy sencillo, dijo el mercader: Simula delante del animal que clavas la estaca y lo amarras a ella. El camello, que es torpe, creerá que está sujeto y se quedará quieto.

Los servidores hicieron lo que dijo su señor y se fueron a dormir.

Al amanecer vieron que todos los camellos estaban en su lugar.

Fue de nuevo el asistente y le dijo al comerciante que tenían los camellos listos para partir, pero no podían poner en camino al camello número 12.

El señor les dijo que simularan desatarlo porque creía que estaba amarrado. Así se hizo y la caravana pudo proseguir su camino.

A tí, ¿cuántos lazos mentales te frenan?

 

 

Pongamos nuestra vida en manos de Dios

Pongamos nuestra vida en manos de Dios

Por Mónica Muñoz Jiménez

Aún estamos iniciando el año y la primera quincena de ene­ro siempre significa volver a la realidad, luego de unos días de merecido descanso y festividades en torno al nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Y hoy, luego de un fin de semana especialmente difícil por la incertidumbre que despertó en la sociedad la falta de combustible, parece que todo se ha normalizado, los estudiantes regresarán a clases y muchos a trabajar, así que es momento oportuno para reflexionar sobre algunos puntos, que parecieran repetirse cada vez que comienza un año, pero que nos servirán para continuar con la vida que Dios nos ha regalado.

Por ejemplo, sería buena idea retomar los retos que hemos dejado para después en muchas ocasiones, como comer más sano, hacer ejercicio, ahorrar dinero o dejar algún mal hábito, grandes clásicos en las listas de buenos propósitos de la mayoría de la gente.  Pero también podríamos agregar algunos que se refieran  a cultivar una habilidad como aprender un nuevo idioma, tomar clases de manualidades, volver a estudiar si no concluimos algún nivel escolar o hasta abrir un negocio.  Por supuesto, todo esto para progresar en nuestra vida personal y profesional.

Pero también deberíamos analizar profundamente qué hemos hecho con nuestra vida espiritual.  Ya sé que actualmente muchas personas se han alejado de la fe y perdido su relación con Dios.  Motivos abundan y cada quien es un caso diferente, por eso no podría generalizar, sin embargo, puedo intentar compartir los beneficios que trae a quien se esmera por vivir unido a Dios.

En primer lugar, podría decir que la persona de fe, especialmente el cristiano, está dispuesto a esperar todo de parte de Dios. Por supuesto, eso, a primera vista, puede sonar ilusorio, todos sabemos que no es fácil ganarse la vida y que las cosas pueden cambiar de un momento a otro, pero para aquel que ha confiado y deja todo manos de Dios, las contrariedades de la vida son más llevaderas.

En segundo lugar, el que tiene fe trabaja sabiendo que todo llegará en el momento en que a Dios le parezca mejor. Esa certeza mantiene en el creyente el ánimo alto, aun cuando pareciera que las circunstancias de la vida están en su contra, pues el Señor está atento a sus necesidades. Por esta razón, está seguro de que su cansancio y esmero verán frutos.

En tercer lugar, se está dispuesto a abrir el corazón para dejar Dios lo llene de las bendiciones que en todo momento derrama el Señor. No basta solamente desear que Dios nos bendiga, sino dejar que Él colme nuestro ser con lo que quiera regalarnos. Parece mentira, pero en muchas ocasiones somos nosotros mis­mos los que impedimos que la gracia de Dios haga el bien en nuestras almas, quizá porque no estamos seguros de merecerla o porque no la buscamos o tal vez porque no queremos ser alcanza­dos por ella.

Algo más: se tiene como aliada a la Madre de Jesús, porque no hay nadie como Ella para alcanzar de Cristo todo lo que necesitamos.  En mi experiencia personal puedo agregar que mi Madre del cielo siempre me ha escuchado, todas las veces que he acudido a su intercesión he visto resueltos mis problemas, por eso le confío mis penas, alegrías y necesidades, porque su Santísimo Hijo la ama infinitamente y no puede negarle nada.

Además, recordemos que la vida es muy breve, y, tarde o temprano tendremos que rendir cuentas al Señor.  Por eso, pidamos a Dios que este año sea­mos capaces de abrirnos a su gra­cia y quitemos los obstáculos que nos alejan de Él, recordemos cons­tantemente lo que dice la Palabra de Dios: “Aunque uno viva setenta años y el más robusto hasta ochen­ta, su afán es fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan”. (Salmo 90, 10), no permitamos que la desidia, la desesperanza o peor aún, el pe­cado, nos alejen del Señor, porque al final, Él es lo único por lo que vale la pena luchar en esta vida.

Que Santa María, nuestra Madre, nos ayude a perseverar y a alcan­zar la meta: gozar de la presencia divina en la vida eterna.

 

Otro año nuevo más

Ana Teresa López de Llergo

Como cada año nuevo, todos nos proponemos una serie de propósitos, pero para llegar a la meta debemos plantear algo eficaz, certero, comprensible y que no nos haga adoptar malas conductas en el intento.

 

Propósitos para el 2019

¿Cuántos años nuevos hemos recibido? Es oportuno detenernos a revisar qué huella y qué resultados nos ha dejado la recepción de cada año nuevo.

En general hay regocijo, fiesta, oportunidad de estar con seres queridos o con personas a quienes hace tiempo no vemos. Ingenuamente nos podemos dejar llevar por el deseo iluso de que dar la vuelta a la página del calendario modificará como por encanto todo lo molesto y nos conseguirá todas nuestras metas.

Han pasado algunos días, pero seguimos en el primer mes del año y, tal vez, por el ritmo acelerado de la vida contemporánea, veamos este inicio como algo lejano y mucho menos recordemos los propósitos. Además, los graves acontecimientos en nuestra patria nos sacuden y nos cuestionan sobre la honestidad y sobre la participación ciudadana.

La vida ordinaria es la constante que no equivale a olvidar la necesidad de ocuparnos de mejorar nuestra actividad cotidiana. De hecho, nos superamos y llevamos el control de los resultados por diversos fines: conservar el trabajo, acceder a un puesto más alto, asegurar la manutención personal y de la familia, etcétera. Pero no somos únicos en nuestro planeta ni en nuestra paria, influimos y nos influyen.

Entonces, para darle más profundidad y contenido a nuestras actividades, lo más pronto posible, conviene articular los propósitos con mi experiencia y con el tipo de actividades que realizo. Así, en primera persona.

Propósitos:

Seguramente los propósitos son muy buenos. Manifiestan la tendencia a la superación, pero ¿están a mi alcance? Siempre hemos de partir de nuestro modo de ser, de nuestras capacidades, de los estudios que hemos realizado y, sobre todo de nuestros principios.

En los propósitos se muestra el sentido de responsabilidad, porque solamente si hay un efectivo deseo de mejorar habrá cambio, habrá mejora. Un adulto siempre es el artífice de su propia vida, del cultivo de su intimidad. Este es precisamente el tema de las virtudes, sólo cada uno las adquiere con muchos, muchos actos buenos, honestos, sinceros. Y siempre el punto de partida debe ser la verdad. Verdad para reconocer mis cualidades y mis defectos, especialmente para reconocer cómo influyo en los demás.

Quién miente y niega su mala conducta, aunque no lo quiera, fomenta la injusticia porque se culpará a un inocente de esa acción. Mucho peor es cuando además de actuar mal se acusa a otro de tal hecho. Por eso, antes de cometer una deshonestidad hay que prever el modo de actuar cuando se descubra. Esto puede ser un buen freno.

Especialmente, en estos tiempos, las virtudes más necesarias son la fortaleza para cumplir el deber y no permitir la deshonestidad propia o ajena y denunciarla. La prudencia para fomentar un ambiente sano en la familia y en los sitios que se frecuentan. El orden para el manejo del tiempo y así tener presencia en la familia y a la vez hacer rendir las horas laborales. .

Propósitos y experiencia:

A partir del conocimiento propio y el deseo de practicar las virtudes, la experiencia se vuelve una gran aliada, tanto si se han cometido errores como, por supuesto, los aciertos. Este aspecto hace énfasis en la historia personal y el modo como se percibe esa historia, que es preámbulo del futuro.

La historia personal es muy importante. Allí descubrimos causas de nuestras elecciones, de nuestro modo de actuar, de nuestras preferencias, e incluso de afirmaciones o negaciones muy arraigadas de las que no sabemos dar explicaciones pues seguramente las hemos adoptado del entorno cercano y nos han inclinado a pensar que son así.

Por eso, al relacionarnos con otras personas es bueno escucharlas para aprender de otros enfoques, para encontrar a otros modos de pensar y de actuar, lo mejor es escuchar y aprender a ver las cosas desde su perspectiva. Entonces, al comprenderlas se les podrá mostrar con acierto si están actuando bien o no. O si yo soy quien debo rectificar. Y esto es un gran aprendizaje.

Cuando se llega a la madurez de juicio, es recomendable dialogar con las personas con quienes hemos compartido algunos sucesos y comparar sus impresiones con las propias. De esta manera podremos ajustar los recuerdos y descubrir que muchas veces no los hemos interpretado bien. Es una manera de recordar la misma historia y descubrir el mejor modo de interpretarla. Si la mía no es la mejor puedo descubrir que otros son más positivos, e imitarlos.

Estos descubrimientos pueden desterrar recuerdos que son auténticos fardos que no dejan avanzar. Además, también pueden hacernos ver lo poco agradecidos que hemos sido con tantas personas de quienes no hemos reconocido su ayuda incondicional.

Ante quienes nos han hecho daño, lo óptimo es perdonar. Pero también poner medios para evitar que esas personas dañen a otros. En algunos casos denunciándolos con quien les pueda ayudar o impedir que sigan por ese camino errado.

Propósitos y actividades cotidianas:

Ante las actividades cotidianas caben dos actitudes: aceptarlas tal cual porque nos corresponden. Si no nos gustan, buscar el lado amable para hacerlas más llevaderas. Nunca soñar que saldremos de ellas, porque es una evasión mental que no nos hace bien. Si nos gustan, realizarlas con más alegría para contagiar ese estado de ánimo a los demás.

Las actividades cotidianas nunca se repiten igual que en el pasado, por eso, hay que prepararse a recibir del mejor modo los desafíos que nos esperan.

Una excelente manera de mejorar las actividades cotidianas es darles una dimensión social. Para eso, evitar la simulación o el engaño. Ser abiertos y sinceros y tener la firme determinación de erradicar cualquier síntoma de deterioro moral en nuestra familia, en las instituciones donde trabajamos o en las que nos prestan algún servicio.

Para perseverar en este modo de proceder, son imprescindibles las virtudes. La justicia para promover la buena conducta y denunciar la mala. La prudencia para fomentar la necesaria unidad entre los miembros de la sociedad, dicho de otro modo: conseguir la fraternidad ciudadana. Esta actitud influirá en la unidad que traspasa fronteras. Pero la base es la unidad de las personas cercanas, especialmente las de la propia familia.

Y la virtud del orden para saber honrar, mostrar afecto, respetar, obedecer, consolar, reprender, estimular, corregir, castigar a quien lo necesita. De este modo se practica el amor al prójimo y la justicia.

Tal vez así, los propósitos para el próximo fin de año sean realmente eficaces, por la experiencia adquirida de nunca encubrir las malas conductas.

 

 

Los hermanos y hermanas: nos hacen mejores

Lucía Legorreta

Lo que vivimos hoy y el papel que ocupemos con nuestros hermanos y hermanas, puede influir en nuestros comportamientos en el ámbito laboral, social y personal.

 

Hermanos y hermanas

¿Te has preguntado qué tanto influyen los hermanos y hermanas en la vida de una persona? Hoy te platicaré el resultado de diversas investigaciones serias que concluyen que esta relación nos hace ser “mejores personas”. Veamos por qué.

Hermanos y hermanas nos enseñan sobre: compañerismo, combate, lealtad, rivalidad, a sentirnos seguros o inseguros; a compartir confidencias para después romperlas.

Aprendemos lecciones de egoísmo y de generosidad; de enseñanza y aprendizaje; a expresarnos y a escuchar. Aprendizajes indispensables para cuando salgamos al mundo que está fuera de casa.

La conexión entre hermanos no la tendremos con nadie más. Nuestros papás nos dejan cuando aún somos jóvenes, nuestros esposos e hijos aparecen más tarde. Son nuestros hermanos quieres nos acompañarán durante todo el camino de nuestra vida.

La socialización entre hermanos empieza desde muy temprana edad y va acompañada tanto de juegos como de pleitos. Los papás no exageran al decir que sus hijos pelean todo el tiempo. Se calcula que niños pequeños pueden llegar a pelearse o discutir casi cada diez minutos.

Un niño que pelea en la escuela se queda generalmente sin amigos. Sin embargo, los hermanos pueden discutir o pelear constantemente y seguirán conviviendo diariamente.

Competencia y conflicto suceden continuamente. Es importante que como padres de familia dejemos que estos ocurran, siempre y cuando no lleguen a consecuencias graves.

Está comprobado que los niños que aprendieron a solucionar conflictos con sus hermanos, de adultos sabrán hacerlo mucho mejor en el mundo de los negocios y el trabajo.

En el proceso de socialización entre hermanos, no solo se dan conflictos, sino algo muy natural e importante: la imitación.

El hermano o hermana pequeña que adora al mayor y que lo imita y sigue constantemente: hablando, vistiendo, estudiando o realizando el deporte del primogénito de la casa.

Esto con la finalidad de lograr la mayor atención de parte de sus padres y el máximo beneficio. Recordemos que para un niño lo más importante es que sus padres se fijen en él.

Me gustaría mencionar en este punto de la imitación, que nosotros como padres debemos ofrecer a cada hijo diferentes opciones, direcciones o caminos a elegir en la vida. Es decir, es bueno que quieran imitar a su hermano mayor, pero no siempre es el camino más adecuado para ellos.

Sin embargo, si bien los hermanos pueden motivarse a tener intereses comunes, ya sean sociales, académicos o deportivos, también pueden hacer mucho daño.

Está comprobado que un joven cuyo hermano o hermana mayor bebe en exceso, tiene el doble de probabilidad de hacer lo mismo; en el tema del cigarro el riesgo se incrementa a cuatro veces, y en el caso de embarazo en adolescentes la probabilidad es seis veces mayor.

Jugará un papel importante el sexo de los hermanos, si son hombres, mujeres o ambos.

Lo que, sí es un hecho, es que cuando la relación entre hermanos es cercana y profunda las ventajas son muchas, pero los riesgos si hay un comportamiento negativo aumentan.

¿Cuál es el papel de los papás?

La clave cuando se presentan comportamientos riesgosos empieza con una supervisión cercana de parte de los padres. Por ejemplo, si un joven de secundaria tiene un hermano dos o tres años mayor que él en la preparatoria, los padres tienen que vigilarlo de cerca para que no vaya a caer en algún problema o adicción.

Los límites para la bebida, el cigarro o las drogas deben ser muy claros y bien establecidos tanto para los mayores como para los menores.

Hemos hablado de algunos puntos que unen a los hermanos, pero existen incontables formas en que estos interactúan y socializan: nuevos amigos, relaciones amorosas, noviazgos, experiencias escolares, primeras fiestas, viajes, música, programas de televisión, películas.

Aprenden acerca del poder y el lugar que ocupa cada uno de ellos en un lugar en el cual no eligieron nacer, con hermanos que no eligieron tener, pero que se convierten a lo largo de la vida en amigos y cómplices.

La meta para todos los padres debe ser el ayudar a estos hijos e hijas que aman profundamente, a crecer como adultos sanos que se quieren entre sí y se preocupan los unos por los otros.

 

 

EL LABERINTO DE LA OBVIEDAD

Por René Mondragón

ESTOICISMO

Este escribano se ocupó durante los días recientes, de leer mucho, de preparar los proyectos al tundir la computadora; de rezar cuanta jaculatoria veía en los memes para solicitar al santo del día su amable intervención. Nada más porque había mucha gente, el escribano no realizó un ritual al estilo presidencial, a efecto de que san Octavio Romero Oropeza se conmoviera de estos pobres pecadores, y enviara –aunque fuese- una “pipita” que, de perdida, alcanzara hasta la ficha 854 que le entregaron al suscrito. Pero ¡Oh, desgracia nacional! No pasó nada.

Todo iba bien, hasta que un sujeto con cara de empleado despedido del SAT y una ojeras borrachas de sol, se acercó y con gentil voz espetó: “¡Ya no hay ni madres de gasolina! Si quieren mejor, váyanse a dormir.”

De aquí que, sacando fuerzas de flaqueza, con el rostro demudado por la desmañanada, personificando a cualquier miembro del gabinete en rueda de prensa lechera (en alguna época los lecheros dejaban su producto en la puerta de las casas y de madrugada) este escribano montó en santa cólera y se dijo a sí mismo: “Mi mismo, ya estamos en este camino. Vámonos –dice una parte de la canción- “donde nadie nos juzgue, donde nadie nos diga que hueles mal”…y emprendimos la búsqueda de otra gasolinera.

El milagro se hizo. La fila solo tenía como 300 vehículos y los ojos no daban crédito a las bondades de los dioses…¡¡¡Una pipa estaba descargando, y eran apenas las 4:50 de la madrugada!!!

Como la idea era optimizar el tiempo, la decisión fue leer un poco a esas horas…el termo de café –como maldición de romero Descdhamps- se había agotado. Y el segundo milagro llegó: un señor en un triciclo vendiendo café y unas conchas que en ese instante supieron a gloria.

Los apuntes del escribano señalaron el tema de la dichosa Guardia Nacional.

¿EN QUÉ QUEDAMOS, POR FIN?

En efecto, por todo el arguende generado porque sí hay gasolina, pero no hay en las bombas, a la Chomsky, lo “morenos” se pusieron a disertar sobre el asunto, aprovechando que todo mundo estábamos haciendo fila. Doña Olga Sánchez Cordero puso su granito de arena tratando de explicar por qué los conceptos “policía” y “soldado” son sinónimos; además de que amplió el debate sobre los neologismos al explicar que “militarización” no es tal, sino “policialización” (sic)

DE MÁS FONDO

Con todo y los cinco días de audiencias resulta que la multicitada Guardia Nacional, no acaba de convencer a nadie, empezando por los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y muchos más interesados.

La nota del reportero Víctor Chávez en El Financiero es clarificante. Los colectivos como “Sociedad sin guerra”, se mostraron desencantados y decepcionados. Las razones esgrimidas se concentran: votaron por Morena y por López Obrador, con tal de retirar al Ejército de las calles, y ahora resulta que sigue la misma “estrategia” y según el vocero de la agrupación, ni Morena ni el presidente cumplieron.

UNA RAZÓN MÁS

Los quejosos profundizan. “No es creíble” que un mando civil “esté por encima de las estrategias” La Guardia Nacional “no existe”, es el mismo Ejército, señalaron.

En adición, la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, a través de su representante, habló fuerte. Indicó que hace algunos años se buscaba impedir la legalización de lo que llamó “una guerra militar”; pero, que ahora –agregó- se trata de “constitucionalizar” el mismo tema.

LO MÁS SENSATO

Ha sido el aporte del diputado Juan Carlos Romero Hicks quien puso el dedo en la llaga: Ya se realizaron las audiencias y ya se reflejaron y documentaron las inquietudes y propuestas. Por eso mismo no es válido que algunos legisladores propongan que se formule un nuevo debate.

Se trata de entender que el asunto está suficientemente discutido y no requiere, en consecuencia de un nuevo dictamen. Es entremeterse en un laberinto de obviedad.

EL MICRÓFONO DE ORO

Aprovechando que estamos en tiempos de The Golden Globe, a este escribano le parece que “El Micrófono de Oro” es para Alfonso Durazo por una genial explicación: “…lo que se pretende crear es un cuerpo armado y permanente, con adscripción civil y entrenamiento policial, con estructura y disciplina militar y mando mixto”….El escribano se declara de lento aprendizaje.

 

Sin cultura el mundo aburre

Rebeca Reynaud

La lectura es un hábito que fomenta experiencia, aprendizaje, reflexión y hasta experiencia de vida…

 Hombre y su cultura de leer

Muchos personajes aprecian los buenos libros. Citamos algunos. Borges escribió: “Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe”. Thomas Carlyle afirma: “La verdadera universidad en nuestros días consiste en una colección de libros”. Ricardo León enfatiza: “Los libros me enseñaron a pensar, y el pensamiento me hizo libre”. Una mujer famosa, Elizabeth Barrett B. dejó dicho: “Ningún ser humano que tenga a Dios y tenga libros tiene derecho a considerarse falto de amigos”. Günter Grass observa: “No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”. Nuestro filósofo José Vasconcelos oaxaqueño pensaba así: “Un libro, como un viaje, comienza con inquietud y se termina con melancolía”.

Hay libros que le cambian a uno la vida, como le sucedió a san Agustín con el Hortensius, de Cicerón. Aunque no todos los libros van a marcar un antes y un después tan neto en nuestra vida, lo que leemos nos cambia: nos afina el alma, o nos la embota; nos abre horizontes o nos los estrecha. Nuestra personalidad refleja de algún modo los libros que hemos leído como los que no hemos leído.

Quien a lo largo de los años se nutre de lecturas selectas, clásicas, adquiere una mirada abierta sobre el mundo y las personas, sabe medirse con la complejidad de las cosas, y desarrolla la sensibilidad necesaria para dejar de lado la banalidad y no pasar de largo ante la grandeza.

Hablar de lo que se lee enriquece la vida familiar y las conversaciones con amigos. La cultura general abre al mundo de la conversación. Sin cultura, todo este mundo aburre, y acaba siendo ajeno. Se acaba viviendo sin saber qué sucede. (Juan Luis Lorda, Humanismo. Los bienes invisibles, Rialp, Madrid 2009).

Por muchas razones los libros ocupan un lugar fundamental en la vida cultural de los hombres. Los argumentos, historias, ejemplos y metáforas que aprendemos en los libros llenan de razones y de palabras nuestro andar diario. Las actitudes que desarrollamos en la lectura –deseo de aprender, búsqueda permanente, discernimiento, descubrimiento de conocimientos nuevos– ayudan a enriquecer la interioridad propia y las conversaciones.

“En la ciencia, lea de preferencia los trabajos más nuevos; en literatura haga lo contrario. Los libros clásicos siempre son lo más moderno que encontrará”, escribía el novelista Edward Bulwer-Lytton a un amigo que le consultada sobre lecturas.

En los libros aprendemos a transmitir conocimientos, a expresar sentimientos, a compartir experiencias. En particular, los grandes libros ayudan a comprender con mayor profundidad el alma humana. Los grandes genios del arte literario son aquellos que han acertado a contar el drama que acontece en el corazón del hombre de todos los tiempos: el amor y el dolor, la miseria y la grandeza y la lucha del corazón. De entre todos los libros, los mejores son los clásicos. Clásico es aquel libro que se ha convertido en muestra representativa de la época en que fue escrito y que marcó el camino para las siguientes generaciones de escritores y de lectores. Estos clásicos son como puertos adonde todo lector puede llegar para quedarse largo tiempo, cuando se ha fatigado en el mar de las novedades editoriales. Entre los autores clásicos están: Dante Alighieri, Homero, Horacio, Esquilo, Cervantes, Lope de Vega, Shakespeare, Charles Dickens, Dostoyewski, Tolstoi, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Saint-Exupery, Tolkien, etc.

Los grandes libros permiten compartir experiencias de gran valor; permiten conocer personalidades como la de Hamlet o la de don Quijote; descubrir, a través de las mitologías antiguas, tentativas de respuesta a interrogantes existenciales; disfrutar con el amor a la naturaleza que late en las novelas de Tolkien; acercarse a la Roma de Nerón con Henryk Sienkiewicz; penetrar en el proceso de una conversión como en Las confesiones de San Agustín, o en la búsqueda de sentido de Viktor Frankl.

El encuentro con un libro supone para millones de personas el umbral de entrada al mundo de la verdad, de la belleza y de la libertad. Más aún, la vida del mismo Dios nos ha sido narrada en un libro.

El cultivo de las humanidades ayuda a adquirir hábitos de contemplación estética o intelectual. La Literatura, la Historia, la Filosofía, el Arte y tantas otras disciplinas, cultivan aspectos de la inteligencia o de la sensibilidad, tan importantes que un personaje dijo: “Quien olvida las humanidades se hace enemigo de la humanidad”.

Un libro no es sólo un producto, y el lector no es sólo un consumidor; se da una especie de diálogo entre ambos. Las lecturas condicionan nuestro modo de pensar; y éste determina nuestra forma de vivir, por eso es fundamental elegir bien. Las decisiones en este campo no son actos moralmente indiferentes, porque las consecuencias no lo son. Hemos de ser prudentes al elegir nuestras influencias. Hay que saber elegir pues la vida es corta y no podemos leer todo.

 

 

Jóvenes y mujeres en el medio rural

El ministro de Agricultura se reunió el primer lunes de año con la comisionada para el Reto Demográfico, Isaura Leal, con quien ha abordado los avances en el proceso de elaboración de una Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, en la que colaboran todos los Ministerios en sus ámbitos de competencia, para afrontar los desafíos demográficos, siendo el principal de ellos el despoblamiento territorial.

 En este encuentro, el ministro ha planteado la contribución del Departamento en la realización de la Estrategia Nacional, en lo relativo a los procesos de despoblación del medio rural.

Entre las medidas previstas, Planas ha destacado el apoyo al mantenimiento de jóvenes y mujeres en el medio rural, con medidas que mejoren las condiciones de vida y el empleo, así como el apoyo al empoderamiento de la mujer en el medio rural, incorporando la perspectiva de género en las negociaciones de la PAC post 2020 y la revisión de la Ley de Titularidad compartida.

También ha resaltado el ministro la promoción de inversiones y mejores condiciones de vida en el medio rural a través del Programa de Desarrollo Rural Nacional cofinanciado con el FEADER y el fomento de la digitalización del sector primario, yo, cuando voy a mi pueblo no tengo cobertura ni puedo trabajar con Internet. En este ámbito Planas ha recordado que el Ministerio está elaborando una Agenda de digitalización para el sector agroalimentario y forestal y del medio rural, para impulsar la transformación digital del medio rural y el desarrollo de territorios rurales inteligentes.

Complementando estas medidas, y junto al apoyo al tránsito hacia una economía rural inteligente, con la apuesta por la innovación en el medio rural y con el diseño de una política forestal adecuada.

Otra colaboración del Ministerio en el marco de la Estrategia ha sido la creación de un Foro Nacional contra el despoblamiento del medio rural, como punto de encuentro entre los actores implicados para el estudio y toma de decisiones, cuya primera reunión ha tenido lugar el pasado mes de octubre.

Estas y otras actuaciones del Ministerio, ha subrayado Planas, estarían diseñadas y orientadas a mejorar la sostenibilidad socioeconómica y medioambiental del medio rural, contribuyendo a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, haciendo más atractivo su asentamiento en estos territorios y contribuyendo a afianzar un tejido socioeconómico que frene el proceso de despoblación de una gran parte del territorio rural español.

Espero que estos principios tan generales y amplios no queden en buenas palabras, hay realidades que son necesarias ya.

Jesús Domingo

 

¿Qué deberían hacer los católicos hoy? «Proteger y formar a sus hijos», alerta Michael O´Brien

J. Lozano / ReL - 10.01.2019

http://www.lafamilia.info/images/stories/actualidad/20191401act2.jpg Michael O´Brien, novelista canadiense

Michael O´Brien es considerado por muchos como el mejor novelista católico vivo. Cientos de miles de lectores han leído El Padre Elías, la obra con la que se consagró mundialmente, y otras más que se convirtieron en una profecía de lo que se está viviendo ahora, y que con su tinte apocalíptico alertan de los nuevos totalitarismos que se dan en la sociedad actual.

En Francia acaban de publicar Le journal de la peste, novela que publicó en 1999 y que en español se editó bajo el título de La última escapada, y que anticipaba la realidad actual de la imposición escolar de la ideología de género: un padre que lo deja todo y huye con sus hijos, perseguido como un peligroso criminal por no querer que sean adoctrinados en el colegio.

Una revolución que afecta a todas las esferas

En una entrevista en Famille Chretienne, Michael O´Brien habla de la decadencia de Occidente y afirma que “los signos de decadencia son legión. Uno puede ver los síntomas en todas las artes, y especialmente en la glorificación del arte degenerado, la industria del entretenimiento y el poder de los nuevos medios para controlar y reformatear la conciencia. Estamos viviendo una revolución cultural y, de hecho, una revolución que afecta a todas las esferas”.

El escritor canadiense alerta de que “estamos presenciando una revolución social y política impuesta a todas las naciones”. En primer lugar cita “la redefinición de la moralidad sexual, de la cual la revolución de género es un ejemplo obvio. Así como el surgimiento de una cultura de la muerte llamando bien al mal, y al asesinato de un niño en el vientre de su madre un gesto de compasión”.

En general las políticas de los dirigentes de los países occidentales como el caso de Trudeau en Canadá, país del escritor, Macron en Francia o Sánchez en España van contra los ideales cristianos. Ante esto, O´Brien cree que “cada vez que una idea va contra la vida y los Evangelios proviene de un espíritu del Anticristo. Pero hay que tener cuidado. No podemos rechazar esto o a aquel líder diciendo: ‘Este es el Anticristo’. Vivimos en medio de este espíritu que impregna todo el mundo occidental. En su primera epístola, el apóstol San Juan dice que un día vendrá el hombre de pecado, el verdadero Anticristo. Y muchos anticristos primitivos lo prefiguran.

Educar a los hijos

¿Qué deben hacer los católicos en el mundo de hoy? Ante esta pregunta, el autor de El Padre Elías lo tiene claro: “Hay que formar y proteger, sin duda con prudencia, a nuestros hijos. Pero, al mismo tiempo, nuestros corazones deben estar abiertos para amar a cada persona, incluso a nuestros enemigos. Sin compromiso, pero también sin miedo”.

Sin alejarse de lo que ocurre en su país, el gran laboratorio de la ideología de género, O´Brien afirma que en Canadá por ejemplo se produce “un ataque a la familia”, la eutanasia es completamente legal y ahora cualquiera puede ser “sacrificado” sólo por estar deprimido o ser enfermo mental. “Estoy convencido de que uno de los síntomas del totalitarismo es que algunos seres humanos son desechados”, sentencia.

 

 

La familia es un auténtico tesoro

Por todo lo que nos enseña, la familia es un auténtico tesoro. En palabras de Chesterton, los que la atacan en muchas ocasiones no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen. De ahí la necesidad de defenderla siempre, como apunta el Papa. Y eso pasa por defenderla con el testimonio coherente de la propia vida, proponiendo cuanto en ella hay de bueno y de bello, y mostrándole con sencillez al mundo lo decisiva que es la familia para el futuro de la humanidad.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Signos de esperanza

Como aspectos positivos, a las persecuciones y a severas discriminaciones a las que están sometidos muchos cristianos, destaca el retroceso del Daesh en Irak y Siria, que está permitiendo a los refugiados un regreso más rápido de lo esperado. Otro signo de esperanza es la alianza por la paz con los musulmanes promovida por los obispos de la República Centroafricana, que ha impedido la expansión del yihadismo aprovechando conflictos de tipo económico y político ajenos a la religión. Juan José Aguirre, el obispo español de Bangassou, que hizo de escudo humano para evitar que cientos de musulmanes fuera masacrados, ha sido el rostro de esa Iglesia que trabaja por la concordia y por eso ha recibido el Premio 2018 a la Libertad Religiosa.

Enric Barrull Casals

 

 

Y ahora el turno es el de la ministra Celaá.

Siempre se ha dicho –en un tono más o menos jocoso -que las grandes preguntas que se hacen los españoles son eso de “de dónde venimos, a dónde vamos y a qué hora es el partido”. Dicen las mismas fuentes que, en algunas zonas del norte, se añade una cuarta interrogante, “dónde comemos hoy”.

A esas preguntas “fundamentales” se añade ahora, otra duda existencial: ¿el sectarismo de Celaá, surgirá hoy desde la portavocía del Gobierno o desde el Ministerio de Educación?

Esta vez sale del Ministerio de Educación y tenemos que escuchar que la Ley de Educación vigente no se deroga, que se dan algunos retoques, que se puede ser bachiller con asignaturas suspendidas, que repetir curso no sirve de nada y que causa frustraciones al estudiante (que no estudioso), que se añade un tercer curso al bachillerato… y todo suena a sectarismo improvisado (que también los sectarios improvisan).

En lo que no improvisa Celaá, como buena militante, es en lo referente a la enseñanza privada que, para un socialista, siempre es la que se imparte en los colegios que ellos denominan católicos, en la asignatura de religión, en la batalla contra la familia y en la lucha por hurtar a los padres el derecho a educar a sus hijos como mejor les venga en gana.

Todas esas monsergas de los suspensos, de las lenguas de las autonomías, de la derogación de antiguas normas, de transferencias en la materia, de la frustración de los malos estudiantes, de los libros de texto y hasta de la formación de los profesores, son pura y simplemente cortinas de humo entre las que se camuflan los verdaderos fines del Partido Socialista, que no han variado desde su fundación y que no van a variar nunca: la fobia contra la religión, enfocada sin sonrojo hacia la Iglesia Católica y el ataque a la familia por el flancoque más le duele, que es la educación de los hijos.

Un flanco a través del que el Partido Socialista siempre ha sacado buenos dividendos electorales.

Pedro García

 

EL ORO Y EL INVERSOR EN LA ANTIGUA BABILONIA

    El texto me llegó en un correo electrónico el uno de diciembre del 2018; el mismo demuestra que “los modernos estafadores” no inventaron nada nuevo, ni tampoco los inversores denominados modernos; todo y en realidad se basa en el también muy viejo dicho (o dichos) que aseveran lo que sigue… “No tengas nunca prisa, piensa, trabaja y luego camina… Vísteme despacio que tengo prisa… Nadie da duros a peseta (el duro español se compone de cinco pesetas)… para emprender un largo camino, siempre hay que iniciarlo con un primer paso”. ¿Y cuántos más se pueden referir del simple pero profundo acervo popular?

EL TEXTO QUE ARRIBA REFIERO ES EL SIGUIENTE:

“El hombre más rico de Babilonia” es un clásico moderno en materia de ahorro y planificación financiera. Describe las claves para adquirir, mantener y reproducir el dinero, en un lenguaje sencillo, informativo y motivador.

Su autor, George Clason, emplea parábolas e historias babilónicas que muestran como esta antigua civilización logro acumular riquezas y un desarrollo económico sin comparación para su época.

Las cinco leyes del oro
Las leyes de oro son los secretos del éxito, que en el libro separan a los constructores de riqueza del resto de las personas.

Y son:

1. El oro llega en grandes cantidades a aquellos que ahorran al menos un décimo de sus ingresos, para crear un estado para su bienestar futuro.

2. El oro trabaja a favor de las personas que seleccionan apropiadamente una forma rentable de utilizarlo.

3. El oro se apega al inversionista cauteloso, que busca la asesoría de personas con experiencia.

4. El oro se escapa de las personas que invierten en negocios desconocidos para ellos, o que no son recomendados por los expertos en el área.

5. El oro huye de las manos de personas que lo fuerzan a generar ganancias imposibles, que siguen los consejos de tramposos o que confían en sí mismos aun cuando no tienen experiencia.

************************

         Y como final, un consejo que alguna vez, ya hace mucho tiempo “naciera en mi propio caletre”…“El oro (hoy el dinero) es simplemente un medio, nunca un fin; puesto que el dinero como medio es el camino para conseguir bienestar propio y ajeno; como fin, es la maldición que padecemos hoy en día; o sea esa enfermedad que padecen muchos de acumular dinero en cantidades fabulosas y lo que los convierte en simples y pobres diablos, que terminan su vida, SIENDO ESCLAVOS DE SU PROPIO DINERO; lo que también produjo esa reflexión de autor anónimo y que asevera lo siguiente… “ERA TAN POBRE TAN POBRE QUE… SÓLO TENÍA DINERO”: Amén.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)