Las Noticias de hoy 07 Enero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 07 de enero de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Epifanía del Señor: Para encontrar a Jesús hay que plantearse un “itinerario distinto” y “mantenerlo”

Ángelus: El que encuentra a Jesús cambia de camino

LA HUIDA A EGIPTO. VIRTUDES DE SAN JOSÉ: Francisco Fernandez Carbajal

“La riqueza de la fe”: San Josemaria

Dar más sin ser héroes: Carlo De Marchi

Si quieres llegar lejos, camina acompañado

La vocación de Josemaría Escrivá de Balaguer (1918-1928)

Estrella de libertad: Ramiro Pellitero

Formando a los niños para ser santos: José Gea

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR: Javier López

REFLEXIONES DE EPIFANÍA: María de los Ángeles Albornoz

¡Gracias por tu rezo!: CARF Fundación

¿Hay patria sin respeto a la vida?: Fernando Pascual, L.C.

Los jóvenes son nuestra esperanza: Mónica Muñoz

Radiografía del problema de los ni-ni: Víctor Ruiz

Votar antes por el qué, que por el quién: Miguel A Espino Perigault

Mártires y violadores del secreto de confesión: Roberto de Mattei

Respuesta de la Santa Sede a una duda sobre la legitimidad de la histerectomía en algunos casos

Los cristianos, ¿culpables del deterioro del medio ambiente?: Benedicto XVI

“América primero”: JD Mez Madrid

“12 razones para decir no a la eutanasia”: Jesús Martínez Madrid

MARRUECOS Y SU... ‘MACABRO NEGOCIO’: Antonio García Fuentes  (Escritor y filósofo)

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Epifanía del Señor: Para encontrar a Jesús hay que plantearse un “itinerario distinto” y “mantenerlo”

Homilía del Papa Francisco

enero 06, 2019 11:28Rosa Die AlcoleaLiturgia, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 6 enero 2019).- En la Epifanía del Señor, se desvela la “hermosa realidad” de Dios que viene para todos: “Toda nación, lengua y pueblo es acogido y amado por él. Su símbolo es la luz, que llega a todas partes y las ilumina”, ha recordado el Papa Francisco. 

A las 10 de esta mañana, 6 de enero de 2019, Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Santo Padre preside la Celebración Eucarística en la Basílica Vaticana.

Los magos “realizan la profecía”, ha asegurado el Pontífice, “se levantan para ser revestidos de la luz”. “Solo ellos ven la estrella en el cielo; no los escribas, ni Herodes, ni ningún otro en Jerusalén”. Para encontrar a Jesús hay que plantearse un itinerario distinto, hay que tomar un camino alternativo, el suyo, el camino del amor humilde. Y hay que mantenerlo.

Peregrinos

El camino al que llama el Papa, un “camino alternativo al mundo”, como el que han recorrido todos los que en Navidad están con Jesús: María y José, los pastores. Ellos, como los magos, han dejado sus casas y se han convertido en “peregrinos por los caminos de Dios”. Porque “solo quien deja los propios afectos mundanos para ponerse en camino encuentra el misterio de Dios”, ha aclarado.

Si hemos ido al Señor con las manos vacías, “hoy lo podemos remediar”, señala Francisco. El evangelio muestra, por así decirlo, una pequeña lista de regalos: oro, incienso y mirra.

Oro

El oro, considerado el elemento más precioso, nos recuerda que a Dios hay que darle siempre el primer lugar. “Se le adora”: Para hacerlo “es necesario que nosotros mismos cedamos el primer puesto, no considerándonos autosuficientes sino necesitados”, ha exhortado el Santo Padre.

Incienso

Luego está el incienso, que simboliza la relación con el Señor, la oración, que como un perfume sube hasta Dios (cf. Sal 141,2). Pero –ha advertido el Papa– así como el incienso necesita quemarse para perfumar, la oración necesita también “quemar” un poco de tiempo, “gastarlo para el Señor”.

Mirra

La mirra es el ungüento que se usará para “envolver con amor” el cuerpo de Jesús bajado de la cruz (cf. Jn 19,39). “El Señor agradece que nos hagamos cargo de los cuerpos probados por el sufrimiento, de su carne más débil, del que se ha quedado atrás, de quien solo puede recibir sin dar nada material a cambio”, ha explicado el Santo Padre.

En el marco de esta celebración, Francisco ha anunciado que el día de Pascua este año se celebrará el 21 de abril.

Publicamos a continuación el texto de la homilía que el Papa ha pronunciado después de la proclamación del Santo Evangelio:

***

Homilía del Papa Francisco

Epifanía: la palabra indica la manifestación del Señor quien, como dice san Pablo en la segunda lectura (cf. Ef 3,6), se revela a todas las gentes, representadas hoy por los magos. Se desvela de esa manera la hermosa realidad de Dios que viene para todos: Toda nación, lengua y pueblo es acogido y amado por él. Su símbolo es la luz, que llega a todas partes y las ilumina. 

Ahora bien, si nuestro Dios se manifiesta a todos, sin embargo, produce sorpresa cómo se manifiesta. El evangelio narra un ir y venir entorno al palacio del rey Herodes, precisamente cuando Jesús es presentado como rey: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?» (Mt 2,2), preguntan los magos. Lo encontrarán, pero no donde pensaban: no está en el palacio real de Jerusalén, sino en una humilde morada de Belén. Asistimos a la misma paradoja en Navidad, cuando el evangelio nos hablaba del censo de toda la tierra en tiempos del emperador Augusto y del gobernador Quirino (cf. Lc 2,2). Pero ninguno de los poderosos de entonces se dio cuenta de que el Rey de la historia nacía en ese momento. E incluso, cuando Jesús se manifiesta públicamente a los treinta años, precedido por Juan el Bautista, el evangelio ofrece otra solemne presentación del contexto, enumerando a todos los “grandes” de entonces, poder secular y espiritual: el emperador Tiberio, Poncio Pilato, Herodes, Filipo, Lisanio, los sumos sacerdotes Anás y Caifás. Y concluye: «Vino la palabra de Dios sobre Juan en el desierto» (Lc 3,2). Por tanto, no sobre alguno de los grandes, sino sobre un hombre que se había retirado en el desierto. Esta es la sorpresa: Dios no se manifiesta ocupando el centro de la escena. 

Al oír esa lista de personajes ilustres, podríamos tener la tentación de “poner el foco de luz” sobre ellos. Podríamos pensar: habría sido mejor si la estrella de Jesús se hubiese aparecido en Roma sobre el monte Palatino, desde el que Augusto reinaba en el mundo; todo el imperio se habría hecho enseguida cristiano. O también, si hubiese iluminado el palacio de Herodes, este podría haber hecho el bien, en vez del mal. Pero la luz de Dios no va a aquellos que brillan con luz propia. Dios se propone, no se impone; ilumina, pero no deslumbra. Es siempre grande la tentación de confundir la luz de Dios con las luces del mundo. Cuántas veces hemos seguido los seductores resplandores del poder y de la fama, convencidos de prestar un buen servicio al evangelio. Pero así hemos vuelto el foco de luz hacia la parte equivocada, porque Dios no está allí. Su luz tenue brilla en el amor humilde. Cuántas veces, incluso como Iglesia, hemos intentado brillar con luz propia. Pero nosotros no somos el sol de la humanidad. Somos la luna que, a pesar de sus sombras, refleja la luz verdadera, el Señor: Él es la luz de mundo (cf. Jn 9,5); él, no nosotros. 

La luz de Dios va a quien la acoge. En la primera lectura, Isaías nos recuerda que la luz divina no impide que las tinieblas y la oscuridad cubran la tierra, pero resplandece en quien está dispuesto a recibirla (cf. 60,2). Por eso el profeta dirige una llamada, que nos interpela a cada uno: «Levántate y resplandece, porque llega tu luz» (60,1). Es necesario levantarse, es decir sobreponerse a nuestro sedentarismo y disponerse a caminar, de lo contrario, nos quedaremos parados, como los escribas consultados por Herodes, que sabían bien dónde había nacido el Mesías, pero no se movieron. Y después, es necesario revestirse de Dios que es la luz, cada día, hasta que Jesús se convierta en nuestro vestido cotidiano. Pero para vestir el traje de Dios, que es sencillo como la luz, es necesario despojarse antes de los vestidos pomposos, en caso contrario seríamos como Herodes, que a la luz divina prefirió las luces terrenas del éxito y del poder. Los magos, sin embargo, realizan la profecía, se levantan para ser revestidos de la luz. Solo ellos ven la estrella en el cielo; no los escribas, ni Herodes, ni ningún otro en Jerusalén. Para encontrar a Jesús hay que plantearse un itinerario distinto, hay que tomar un camino alternativo, el suyo, el camino del amor humilde. Y hay que mantenerlo. De hecho, el Evangelio de este día concluye

diciendo que los magos, una vez que encontraron a Jesús, «se retiraron a su tierra por otro camino» (Mt 2,12). Otro camino, distinto al de Herodes. Un camino alternativo al mundo, como el que han recorrido todos los que en Navidad están con Jesús: María y José, los pastores. Ellos, como los magos, han dejado sus casas y se han convertido en peregrinos por los caminos de Dios. Porque solo quien deja los propios afectos mundanos para ponerse en camino encuentra el misterio de Dios. 

Vale también para nosotros. No basta saber dónde nació Jesús, como los escribas, si no alcanzamos ese dónde. No basta saber, como Herodes, que Jesús nació si no lo encontramos. Cuando su dónde se convierte en nuestro dónde, su cuándo en nuestro cuándo, su persona en nuestra vida, entonces las profecías se cumplen en nosotros. Entonces Jesús nace dentro y se convierte en Dios vivo para mí. Hoy estamos invitados a imitar a los magos. Ellos no discuten, sino que caminan; no se quedan mirando, sino que entran en la casa de Jesús; no se ponen en el centro, sino que se postran ante él, que es el centro; no se empecinan en sus planes, sino que se muestran disponibles a tomar otros caminos. En sus gestos hay un contacto estrecho con el Señor, una apertura radical a él, una implicación total con él. Con él utilizan el lenguaje del amor, la misma lengua que Jesús ya habla, siendo todavía un infante. De hecho, los magos van al Señor no para recibir, sino para dar. Preguntémonos: ¿Hemos llevado algún presente a Jesús para su fiesta en Navidad, o nos hemos intercambiado regalos solo entre nosotros? 

Si hemos ido al Señor con las manos vacías, hoy lo podemos remediar. El evangelio nos muestra, por así decirlo, una pequeña lista de regalos: oro, incienso y mirra. El oro, considerado el elemento más precioso, nos recuerda que a Dios hay que darle siempre el primer lugar. Se le adora. Pero para hacerlo es necesario que nosotros mismos cedamos el primer puesto, no considerándonos autosuficientes sino necesitados. Luego está el incienso, que simboliza la relación con el Señor, la oración, que como un perfume sube hasta Dios (cf. Sal 141,2). Pero, así como el incienso necesita quemarse para perfumar, la oración necesita también “quemar” un poco de tiempo, gastarlo para el Señor. Y hacerlo de verdad, no solo con palabras. A propósito de hechos, ahí está la mirra, el ungüento que se usará para envolver con amor el cuerpo de Jesús bajado de la cruz (cf. Jn 19,39). El Señor agradece que nos hagamos cargo de

los cuerpos probados por el sufrimiento, de su carne más débil, del que se ha quedado atrás, de quien solo puede recibir sin dar nada material a cambio. La gratuidad, la misericordia hacia el que no puede restituir es preciosa a los ojos de Dios. En este tiempo de Navidad que llega a su fin, no perdamos la ocasión de hacer un hermoso regalo a nuestro Rey, que vino por nosotros, no sobre los fastuosos escenarios del mundo, sino sobre la luminosa pobreza de Belén. Si lo hacemos así, su luz brillará sobre nosotros. 

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Ángelus: El que encuentra a Jesús cambia de camino

Palabras del Papa antes de la oración mariana (Texto completo)

enero 06, 2019 14:18Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli

 

(ZENIT – 6 enero 2019).- Al igual que los Magos, “cada vez que un hombre y una mujer se encuentran con Jesús, cambia de camino y vuelve a la vida de una manera diferente”, afirmó el Papa Francisco durante el Ángelus de este 6 de enero de 2019 en la fiesta de la Epifanía.

“La salvación ofrecida por Dios en Cristo es para todos los hombres, cercanos y lejanos”, dijo en su meditación en la Plaza de San Pedro ante unos 60.000 fieles. No es posible “tomar posesión” de este Niño: es un regalo para todos”.

El Papa invitó a la multitud a “dejarse iluminar con la luz de Cristo que proviene de Belén”: “No permitamos que nuestros temores cierren nuestros corazones, sino que tengamos el valor de abrirnos a esta luz suave y discreta”.

AK

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,  ¡buenos días!

Hoy, la solemnidad de la Epifanía del Señor es la fiesta de la manifestación de Jesús, simbolizada por la luz. En los textos proféticos se promete esta luz. De hecho, Isaías se dirige a Jerusalén con estas palabras: “Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz, la gloria del Señor brilla sobre ti” (60,1). La invitación del profeta parece sorprendente, ya que se coloca después del duro exilio y el numeroso hostigamiento que la gente había experimentado.

Esta invitación resuena también para nosotros los que hemos celebrado la Navidad de Jesús,  esta invitación resuena para acercarnos a la luz del Belén, también nosotros estamos invitados a no detenernos en los signos exteriores del acontecimiento, sino a volver a partir de él para recorrer en una nueva forma de vida nuestro camino de hombres y de creyentes.

La luz que el profeta Isaías había anunciado en el evangelio esta presente y se encuentra en Jesús nacido en Belén ciudad de David y vino para traer salvación a los lejanos y a los cercanos, a todos.

Mateo muestra diferentes maneras en que uno puede encontrarse con Cristo y reaccionar ante su presencia. Herodes y los escribas de Jerusalén tienen un corazón duro, que persiste y rechaza la visita de ese Niño, es una posibilidad cerrarse ante la luz de Dios. Representan a quienes, incluso en nuestros días, temen a la venida de Jesús y cierran sus corazones a los hermanos y hermanas que necesitan ayuda. Herodes teme perder el poder y no piensa en el verdadero bien de las personas, sino en su propio interés personal. Los escribas y los líderes del pueblo tienen miedo porque no pueden mirar más allá de sus certezas,al no poder captar la novedad que hay en Jesús.

La experiencia de los Reyes Magos es muy diferente (ver Mt 2: 1-12). Viniendo de Oriente, representan a todos los pueblos lejanos de la fe judía tradicional. Sin embargo, se dejan guiar por la estrella y se enfrentan a un largo y arriesgado viaje para llegar al destino y conocer la verdad sobre el Mesías. Los Magos estaban abiertos a la “novedad”, y a ellos se les revela la novedad más grande y sorprendente de la historia: Dios hecho hombre. Los Magos se postran ante Jesús y le ofrecen dones simbólicos: oro, incienso y mirra; Porque la búsqueda del Señor implica no solo la perseverancia en el camino, sino también la generosidad del corazón. Y dice el Evangelio que finalmente, regresaron “a sus países” (v. 12) por otros caminos. Hermanos y hermanas cada vez que un hombre y una mujer encuentra a Jesús cambia de camino, regresa a la ciudad de un modo diferente, regresa renovado por otro camino. Los Reyes regresaron a sus países llevando dentro de sí el misterio de ese Rey humilde y pobre; y podemos imaginar que les contaron a todos la experiencia vivida: la salvación ofrecida por Dios en Cristo es para todos los hombres, cercanos y lejanos. No es posible “tomar posesión” de ese Niño: Él es un don para todos. También nosotros hagamos un poco de silencio en nuestro corazón.  Dejémonos iluminar por la luz de Jesús que viene de Belén. No permitamos que nuestros miedos cierren nuestros corazones, sino que tengamos el valor de abrirnos a esta luz que es suave y discreta. Entonces, como los Magos, experimentaremos “una alegría muy grande” (versículo 10) que no podremos conservar para nosotros mismos. Que la Virgen María nos sostenga en este viaje, ella que es estrella que nos lleva a Jesús y hace ver a Jesús a los Magos y a todos aquellos que se acercan a Él.

 

 

LA HUIDA A EGIPTO. VIRTUDES DE SAN JOSÉ

— Un viaje duro y difícil. Obediencia y fortaleza de José. Confianza en Dios.

— En Egipto. Otras virtudes que hemos de imitar del Santo Patriarca.

— Fortaleza en nuestra vida ordinaria.

I. Los Magos se habían marchado. La Virgen y San José comentarían gozosos los acontecimientos de aquella jornada. Después, en medio de la noche, se despertó María a la llamada de José. Este le comunicó la orden del Ángel: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo1. Era la señal de la Cruz al término de un día repleto de felicidad.

María y José salieron de Belén apresuradamente, abandonando muchas cosas necesarias que no podían llevar consigo en un largo y difícil viaje, con el sobresalto además de una huida ante la amenaza de muerte. Es un profundo misterio, asombrosamente real, que el Hijo de Dios hecho hombre buscó refugio, lloró y durmió en brazos de María y de José.

No pudo ser cómodo el viaje: varias jornadas de andadura por caminos inhóspitos, con el temor de ser alcanzados en la fuga, y el cansancio y la sed. La frontera de Egipto, tras la cual Herodes ya nada podía hacer, estaba aproximadamente a una semana de distancia al paso que ellos podían avanzar, sobre todo si siguieron, como es lo más seguro, los caminos menos frecuentados. Fue un viaje extenuante, a través de regiones desérticas. Dios Padre no quiso ahorrar fatigas a los seres que más quería. Quizá, para que también nosotros entendiéramos que de las dificultades podemos sacar mucho bien. Y para que supiéramos que estar cerca de Dios no significa ausencia de dolor y de dificultades. Dios solo nos ha prometido serenidad y fortaleza para afrontarlas.

Con prisa siguieron el camino que el Ángel les había indicado, cumpliendo en todas las circunstancias la voluntad de Dios. «José no se escandalizó ni dijo: eso parece un enigma. Tú mismo hacías saber no ha mucho que Él salvaría a su pueblo, y ahora no es capaz ni de salvarse a sí mismo, sino que tenemos necesidad de huir, de emprender un viaje y sufrir un largo desplazamiento: eso es contrario a tu promesa. José no discurre de este modo, porque es un varón fiel»2.

Obedeció sin más, con fortaleza para hacerse cargo de la situación y para poner los medios a su alcance, confiando plenamente en que Dios no le dejaría solo. Así hemos de hacer nosotros en situaciones difíciles, quizá extremas, cuando nos cueste ver la mano providente de Dios Padre en nuestra vida o en la de quienes más apreciamos. O se nos pide algo que pensamos que no somos capaces de dar. Al día siguiente de su elección como Papa, decía Juan Pablo I: «Ayer por la mañana yo fui a la Sixtina a votar tranquilamente. Jamás hubiera imaginado lo que iba a suceder. Apenas había comenzado el peligro para mí, los dos colegas que estaban a mi lado me susurraron palabras de aliento. Uno dijo: “¡Animo!, si el Señor da un peso, da también la ayuda para llevarlo”»3.

II. Tras una larga y penosa travesía llegaron María y José con el Niño a su nuevo país. Por aquel tiempo residían en Egipto muchos israelitas, formando pequeñas comunidades; se dedicaban principalmente al comercio. Es de suponer que José se incorporó con su Familia a una de estas comunidades, dispuesto a rehacer una vez más su vida con lo poco que había podido traer desde Belén. Con todo, llevaba consigo lo más importante: a Jesús, a María, y su laboriosidad y empeño por sacarles adelante a costa de todos los sacrificios del mundo. Aunque aquellos judíos fueran de su patria, nunca llegaron a saber la inmensa suerte que habían tenido. Estaba con ellos el soberano de la casa de Israel, el verdadero Redentor, que libertaba no solo de la esclavitud de Egipto, sino también de algo inmensamente peor que toda esclavitud humana: el pecado. En Él confluía toda la historia de su pueblo.

San José es para nosotros ejemplo de muchas virtudes: de obediencia inteligente y rápida, de fe, de esperanza, de laboriosidad... También de fortaleza, tanto en medio de grandes dificultades como en situaciones ordinarias por las que pasa un buen padre de familia. En Egipto comenzó como pudo, pasando estrecheces, realizando al principio todo tipo de trabajos, procurando a María y a Jesús un hogar y sosteniéndolos, como siempre, con el trabajo de sus manos, con una laboriosidad incansable.

Ante las contrariedades que podamos padecer, si el Señor las permite, hemos de contemplar la figura llena de fortaleza de San José y encomendarnos a Él como han hecho muchos santos. De su intercesión eficaz dice Santa Teresa: «No me acuerdo hasta ahora haberle encomendado cosa alguna que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, ansí de cuerpo como de alma; que a otros santos parece le dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que ansí como le fue sujeto en tierra –que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar– ansí en el cielo hace cuanto le pide. Esto han visto otras algunas personas –a quien yo decía se encomendasen a él– también por experiencia, y ansí muchas que le son devotas, de nuevo han experimentado esta verdad»4.

III. Después de un tiempo, pasado el peligro, nada retenía ya a José en aquella tierra extraña, pero allí permaneció todo el tiempo sin otra razón que el cumplimiento fiel del mandato del Ángel: Estate allí hasta que yo te diga5. Y en Egipto permaneció sin disgusto ni protestas, paciente, realizando su trabajo como si jamás hubiera de salir de aquel lugar. ¡Qué importante es saber estar, permanecer donde se debe, ocupado en lo que a cada uno le compete, sin ceder a la tentación de cambiar continuamente de sitio! Para esto también se requiere fortaleza, que «nos conduce a saborear esa virtud humana y divina de la paciencia»6. «Es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás»7.

Hemos de pedir a San José que nos enseñe a ser fuertes no solo en casos extraordinarios y difíciles, como son la persecución, el martirio, o una gravísima y dolorosa enfermedad, sino también en los asuntos ordinarios de cada día: en la constancia en el trabajo, al sonreír cuando estamos serios, o en tener una palabra amable y cordial para todos. Necesitamos echar mano de la fortaleza para no ceder ante el cansancio, o la comodidad o la tranquilidad, para vencer el miedo a cumplir deberes que cuestan, etcétera.

«El hombre por naturaleza teme el peligro, las molestias, el sufrimiento. Por ello es necesario buscar hombres valientes no solamente en los campos de batalla, sino también en los pasillos de los hospitales o junto al lecho del dolor»8, en la tarea de cada día.

Un aspecto importante de esta virtud de la fortaleza es la firmeza interior para superar obstáculos más sutiles, como son la vanidad, la impaciencia, la timidez y los respetos humanos. También son manifestaciones de fortaleza: el olvido de sí, el no dar excesivas vueltas a los problemas personales para no desorbitarlos, el pasar ocultos y el servir a los demás sin hacerse notar.

En el apostolado esta virtud tiene muchas manifestaciones: hablar de Dios sin miedo al qué dirán, a cómo quedaré ante esas personas; comportarse siempre de modo cristiano, aunque choque con un ambiente paganizado; correr el riesgo de tener iniciativas para llegar a más gente, y esforzarse por llevarlas a la práctica.

Las madres de familia deberán ejercitar con frecuencia esta fortaleza de modo discreto y ordinariamente amable y paciente. Serán entonces la verdadera roca firme en la que se apoya toda la casa. «La Biblia no alaba a la mujer débil, sino a la mujer fuerte, cuando dice en el libro de los Proverbios: La ley de la dulzura está en su lengua (31, 6). Porque la dulzura es el punto más alto de la fortaleza.

»La mujer maternal tiene por privilegio esta función discreta y capital: saber atender, saber callarse, ser capaz, ante una injusticia o una debilidad, de cerrar los ojos, de excusar, de cubrir –obra de misericordia no menos bienhechora que cubrir la desnudez del cuerpo– (...)»9.

Aprendamos hoy de San José a sacar adelante, con reciedumbre y fortaleza, todo lo que, de modo ordinario, el Señor nos encomienda: familia, trabajo, apostolado, etc., contando con que lo habitual será que encontremos obstáculos, superables siempre con la ayuda de la gracia.

1 Mt 2, 13. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 8, 3. — 3 Juan Pablo I, Angelus, 27-VIII-1978. — 4 Santa Teresa, Vida, 6. — 5 Cfr. Mt 2, 13. — 6 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 78. — 7 Ibídem, 77. — 8 Juan Pablo II, Sobre la fortaleza, 15-XI-1978. — 9 Gertrud von le Fort, La mujer eterna, p. 128.

 

“La riqueza de la fe”

No seas pesimista. -¿No sabes que todo cuanto sucede o puede suceder es para bien? -Tu optimismo será necesaria consecuencia de tu Fe. (Camino, 378)

En medio de las limitaciones inseparables de nuestra situación presente, porque el pecado habita todavía de algún modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiación divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegría se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza.
Es en esa hora, además y al mismo tiempo, cuando es capaz de admirar todas las bellezas y maravillas de la tierra, de apreciar toda la riqueza y toda la bondad, de amar con toda la entereza y toda la pureza para las que está hecho el corazón humano. Cuando el dolor ante el pecado no degenera nunca en un gesto amargo, desesperado o altanero, porque la compunción y el conocimiento de la humana flaqueza le encaminan a identificarse de nuevo con las ansias redentoras de Cristo, y a sentir más hondamente la solidaridad con todos los hombres.
Cuando, en fin, el cristiano experimenta en sí con seguridad la fuerza del Espíritu Santo, de manera que las propias caídas no le abaten: porque son una invitación a recomenzar, y a continuar siendo testigo fiel de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, a pesar de las miserias personales, que en estos casos suelen ser faltas leves, que enturbian apenas el alma; y, aunque fuesen graves, acudiendo al Sacramento de la Penitencia con compunción, se vuelve a la paz de Dios y a ser de nuevo un buen testigo de sus misericordias.
Tal es, en un resumen breve, que apenas consigue traducir en pobres palabras humanas, la riqueza de la fe, la vida del cristiano, si se deja guiar por el Espíritu Santo. (Es Cristo que pasa, 138)

 

Dar más sin ser héroes

Ser santos es “dar lo mejor de uno mismo” y, al mismo tiempo, darse cuenta “de que al final siempre es Dios quien lo hace todo”. Texto sobre la santidad que nos pide el Señor.

Vocación06/01/2019

Opus Dei - ​Dar más sin ser héroes

El episodio de la pesca milagrosa que narra san Lucas puede ayudarnos a descubrir lo que el Señor nos pide a cada uno; una petición que se resume en una palabra exigente y a menudo incomprensible: santidad.

Fijémonos en la vida de Jesús, que en el momento en que se narra este pasaje del Evangelio es un maestro famoso, buscado, escuchado y seguido por muchas personas. Jesús ve dos barcas a orillas del lago de Genesaret. “Los pescadores, que habían desembarcado, lavaban sus redes. Subiendo a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se alejara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: `Rema mar adentro y echad las redes para la pesca´. Respondió Simón: `Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes´” (Lc 5, 2-5).

El Señor llama a los pescadores justo en el momento en que han fracasado

Como sabemos, la historia continúa con una pesca abundante, pero es importante fijarse en el hecho de que Jesús sube a la barca de los pescadores y los llama, les pregunta, les anima a hacer algo más grande de lo que ya estaban haciendo. Al considerar esta historia, se nos podría venir a la mente: “Sí, debería hacer algo más, pero bastante tengo con sobrevivir...”. Es una reacción normal, pero equivocada. El Señor no nos dice: “No has hecho ni la mitad de lo que tenías que hacer, ahora tienes que hacer más...”. Jesús sube a la barca porque quiere saber cómo se está dentro de nuestra barca: eso es la vocación. Es una llamada para dar lo mejor de uno mismo. Curiosamente, en esa escena la llamada se produce cuando los pescadores lavan sus redes después de haber trabajado toda la noche sin éxito. Es decir, el Señor llama a los pescadores justo en el momento en que han fracasado.

El cardenal Ratzinger, en un artículo publicado en el Osservatore Romano el día de la canonización de san Josemaría, el 6 de octubre de 2002, señaló que existe una idea equivocada de lo que es la santidad: “Sabiendo que en los procesos de canonización se busca la virtud heroica, casi inevitablemente se nos mete un concepto erróneo de santidad: `No es para mí´, podemos pensar, porque no me siento capaz de alcanzar las virtudes heroicas: es un ideal demasiado alto”. La santidad se convertiría entonces en algo reservado a algunas personas especiales, no a personas normales como nosotros. “Pero se trata de una concepción equivocada de la santidad, una percepción errónea que ha sido corregida –y este me parece el punto clave– por el propio Josemaría Escrivá”.

El esfuerzo gimnástico por la perfección

Sin embargo, sabemos que la santidad normal y ordinaria no es exclusiva de san Josemaría: hay muchos otros testimonios de santidad alcanzable –“la santidad de la puerta de al lado”, la denominó el Papa Francisco en Gaudete et exsultate–. En efecto, existe una concepción muy peligrosa de lo que es la santidad: la santidad concebida como un esfuerzo gimnástico por hacer todo a la perfección. Esta no es la experiencia de los santos, ni es la experiencia de los apóstoles. Su llamada no se explica porque fueran buenos o porque en ese momento estuvieran dando lo mejor de sí. El santo no es el que hace todo bien, sino el que deja que la voluntad de Dios actúe en su vida. ¿Por qué? Porque confía en Él.

El santo no es el que hace todo bien, sino el que deja que la voluntad de Dios actúe en su vida

Por eso, el error debe corregirse en primer lugar a nivel terminológico, porque se habla de santidad en la vida cotidiana, de santificación del trabajo, de una llamada a la santidad dirigida a todos... Pero “las palabras son importantes”, y si no se entienden las palabras tenemos un problema. No podemos dar por supuesto que atribuimos su verdadero significado a términos como bienaventurado, manso, santidad, pecado, reconciliación, eucaristía... En concreto, la “santificación” puede entenderse equivocadamente como una especie de perfección ética o incluso estética, propia de una persona infalible (“porque he aprendido y ya no me equivoco”).

El Señor no se sube a nuestra barca porque hayamos pasado la noche triunfando y pescando con éxito. En realidad, a veces lo hará en los momentos de fracaso: “Hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero por tu palabra echaré las redes” (Lc 5, 5). Y Pedro lanza las redes de nuevo, en contra de su experiencia, porque el pescador sabe que se pesca de noche. Pero aun sabiendo esto, confía más en Dios que en su propia experiencia. Este es el gran acto de confianza de Pedro, gracias al cual “se llevaron una enorme cantidad de peces, hasta el punto de que las redes casi se rompían. Tuvieron que llamar a los compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Vinieron y llenaron las dos barcas hasta casi hundirse” (Mt 5,6-7).

Si uno se fía de Dios, suceden cosas que uno no espera. Santificar el trabajo, santificarse en la vida diaria, no significa que Dios nos recompensa porque lo hacemos todo bien y no nos equivocamos nunca. Aunque no lo pensemos así, en el fondo, cuando cometemos un acto malo, por orgullo, envidia o celos, con frecuencia nos viene a la cabeza pensar: “Ahora el Señor me castiga porque he hecho algo mal”. Esta es una concepción no evangélica, no cristiana de la santidad. De igual manera, la santificación de la vida familiar no equivale a que el orden siempre reinará en casa. Una madre o un padre con hijos pequeños o adolescentes puede tener la tentación de pensar: “Si santificara mi vida diaria, mis hijos siempre irían bien peinados, con las manos limpias, los dientes blancos como en los anuncios de pasta de dientes…”. No, santificación no es una perfección externa de la vida diaria, o de la vida social o familiar. Significa más bien tratar de poner buena cara, incluso cuando el desorden parece prevalecer; significa sonreír pese a que todo en la jornada vaya mal o nuestro entorno sea caótico y muestre su imperfección de modo evidente.

Los santos, como nosotros

En la exhortación Gaudete et exsultate, el Papa Francisco recuerda que “para ser santos, no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosos” (Gaudete et exsultate, n. 14). La santidad no es para personas especiales. “Muchas veces nos sentimos tentados -dice el Papa- a pensar que la santidad está reservada a aquellos que tienen la posibilidad de distanciarse de las ocupaciones ordinarias para dedicar mucho tiempo a la oración”. Por supuesto, no hay santidad sin oración, pero corremos el riesgo de pensar (quizá después de leer la biografía de un santo o el resumen de dos líneas de su voz en Wikipedia) que los santos son personas que tuvieron frecuentes “arrebatos místicos”...

Los santos, por el contrario, fueron como cada uno de nosotros. No escaparon a las ocupaciones ordinarias, no lograron ser santos escapando de la presión de las mil y un preocupaciones y ocupaciones que nos afectan a todos. Es gracias a ellas que acudieron a la misericordia del Señor.

Si uno se fía de Dios, suceden cosas que uno no espera

Por eso, la santidad es tratar de estar en la realidad amando a los demás, considerando las personas y las situaciones como un don, viendo la presencia de Dios en la propia existencia diaria. La santidad no se alcanza “a pesar” de la realidad en la que nos encontramos, sino precisamente a través de la realidad, que consiste sobre todo en la familia y el trabajo. Luego, pueden existir situaciones extraordinarias, pero antes de nada está la situación en la que nos encontramos.

Lavar cada uno las propias redes

La santidad también significa lavar las redes cuando parece que se pierde el tiempo, porque la pesca no ha servido para nada. Las redes son las herramientas de trabajo para los apóstoles; para cada uno de nosotros son las cosas que usamos habitualmente. Lavarlas supone mantenerlas en orden, es decir, tratar de hacer las cosas con puntualidad y sentido común, fomentando una actitud sonriente mientras se vive una vida normal. Y si a mí me parece que todo ha ido mal, intento seguir poniendo buena cara. Santidad no significa que todo ha ido bien y que he conseguido sonreír; significa que lo he intentado y que, después de una noche entera en la que no he pescado nada, al día siguiente lo intentaré de nuevo con paciencia.

Luchar por la santidad significa también ayudarse mutuamente entre una barca y otra. Quizá en el momento de la pesca nos demos cuenta que tal vez fue decisivo lavar las redes para que no se rompieran: ese detalle de cuidado de las cosas pequeñas ha hecho que resistan. Y ha sido necesaria entonces la ayuda de otra barca. Luchar por la santidad es tratar de ayudar en las necesidades del otro sin pensar que ahora “tiene que arreglárselas solo; tiene su propio barco, yo tengo el mío”.

Lavar las redes e ir hacia la otra barca significa cultivar las virtudes y las cualidades relacionales que ayudan a llevarse bien con los demás, porque no hay santidad encerrada en una torre de marfil, en un edificio donde todo es preciso y no hay contratiempos. En la convivencia ordinaria, aporta hablar con sentido positivo, más aún cuando se trata de personas, para reconocer las cosas buenas que han hecho. En general, hablar bien de los demás, mostrar estima, ayuda a crear ese buen ambiente que san Pablo recomienda: “Competid en la estima hacia los demás” (Rm 12, 10). Esto significa que se tiene que notar ese amor; no se puede querer a una persona sin manifestar ese cariño con palabras o gestos.

En el mensaje que el Señor ha confiado a san Josemaría hay también otro aspecto esencial. La santidad en la vida diaria no es solo una llamada a la vida individual de una persona: hay algo más. La llamada específica es una vocación personal, una especie de “ignición del bautismo”, que nos hace descubrir que la normalidad de la propia vida es una llamada y al mismo tiempo una misión. Es preciso sentirse enviado, con la misión de llevar luz y afecto allí donde cada uno desarrolla su propia vida. No porque sea mejor, sino porque he sido llamado. No se trata de una elección hecha en virtud de una supuesta superioridad, sino una misión para la que el Señor, en su sorprendente imaginación y bondad, nos elige y nos envía por medio del bautismo.

Atreverse a más, sin ser héroes

Cuando se da cuenta de lo que ha pasado, es decir, de que Jesús se ha metido en su barca después de un fracaso y de que entonces, paradójica y milagrosamente, la pesca ha sido un éxito, Simón Pedro se arroja a los pies de Jesús diciendo: “Señor, aléjate de mí porque soy un pecador” (Lc 5, 8). Pedro tiene miedo. Se trata de un sentimiento normal cuando uno percibe que Dios le llama. Si este encuentro fuera una cuestión académica, histórica, si fuera objeto de un estudio sobre otra época u otras personas, no tendría miedo. Pedro, por otro lado, tiene miedo de cómo se puede transformar toda su vida. Tiene miedo porque se siente llamado personalmente a involucrarse, a tratar de dar lo mejor de sí mismo, aquí y ahora.

Es preciso sentirse enviado, con la misión de llevar luz y afecto allí donde cada uno desarrolla su propia vida

Recuerdo que en un encuentro con jóvenes, el Papa san Juan Pablo II escuchó a un grupo cantando “Se puede dar más”, una canción que había ganado el festival de San Remo. Inmediatamente después, improvisó un comentario sobre la canción y dijo que había un verso muy profundo: “Pueden atreverse a más sin ser héroes. Hay quienes piensan que para atreverse a algo hay que mostrar ya una virtud heroica. Pero no todo es heroico, lo que cuenta es el valor y siempre podemos atrevernos a más sin ser héroes” (Juan Pablo II, Encuentro con los jóvenes del UNIV, 19 de abril de 1987). Se puede dar más sin que esto nos convierta en personas diferentes, diversos de quien el Señor quiere que seamos. “Tú, Señor –podríamos decirle–, me pides que sea lo que soy, pero siendo la mejor versión de mí mismo”. Es como cuando nos hacen una foto y sonreímos. No es que la sonrisa sea falsa, sino que al sonreír estamos dando lo mejor que llevamos dentro. Es la mueca la que no es auténtica. La sonrisa siempre es auténtica aunque suponga un esfuerzo, y el Señor nos pide una santidad sonriente. Toda persona que nos ama, si lo pensamos bien, nos imagina sonrientes, porque es nuestro verdadero rostro.

El cardenal Luciani, unas semanas antes de convertirse en Juan Pablo I, escribió que Josemaría Escrivá de Balaguer (que en aquel momento ni siquiera había sido beatificado) había enseñado a convertir el trabajo en una “sonrisa diaria”. Muchas veces la santidad consiste en sonreír a los propios límites, a los del cónyuge, del colega, de los amigos… en definitiva, en sonreír a la realidad, porque nos sabemos mirados con cariño por nuestro Padre Dios. No tenemos que ser héroes pero, al mismo tiempo –diría san Juan Pablo II– sí que podemos hacer más.

Es consolador saber que los tres apóstoles más cercanos a Cristo, cuando fueron llamados, sintieron miedo

Jesús comprende muy bien nuestro miedo y el de Simón Pedro y dice: “No tengas miedo”. Poco antes puede leerse en el Evangelio de Lucas un detalle muy bonito sobre el estado de ánimo del apóstol: “el asombro lo había invadido a él y a todos los que estaban con él por la pesca que habían hecho” (Lc 5, 9), incluso a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo y compañeros de Simón. Es consolador saber que los tres apóstoles más cercanos a Cristo, cuando fueron llamados, sintieron miedo, “se llenaron de asombro”, tal vez pensando: “No puede ser, no soy un profeta, no soy un santo”. Jesús dice a Simón: “No tengas miedo. De ahora en adelante serás pescador de hombres” (Lc 5, 10). Es decir, a partir de ahora no solo tendrás un trabajo, sino que ayudarás a otros a través de tu vida, tu trabajo, tu presencia. Pero debemos entender bien este “de ahora en adelante”, que no significa de una vez por todas; significa más bien que cada vez que tengamos miedo, el Señor nos dirá: “No tengas miedo, a partir de ahora... vuelve a empezar”.

La fiesta litúrgica de san Josemaría es el 26 de junio. Unas semanas antes de su muerte (a finales de marzo de 1975), san Josemaría celebró el 50º aniversario de su ordenación sacerdotal e hizo una reflexión espontánea e improvisada sobre su vida: “He querido –decía– hacer la suma de estos cincuenta años, y me ha salido una carcajada. Me he reído de mí mismo, y me he llenado de agradecimiento a Nuestro Señor, porque es Él quien lo ha hecho todo”.

Esta es la santidad a la que estamos llamados. No es la de los que dicen “a partir de ahora mi trabajo, mis relaciones, mis hijos serán como yo digo”, sino la de los que se dan cuenta de que al final siempre es Dios quien lo hace todo. Al contemplar la llamada de los apóstoles en el Evangelio, es bueno recordar que Pedro, Santiago y Juan cometerán después muchos errores, pero que Jesús continuará llamándolos. La llamada a la santidad es diaria, no es de una vez por todas, sino que se renueva cada día. Fuera de Nuestra Señora, no hay santo que en la tierra no haya tenido experiencia del pecado, y el Señor no se aleja de sus hijos por esta razón, no se aleja de nuestra casa porque nos equivoquemos, sino que sube cada día a nuestra barca. A nosotros nos corresponde acogerlo, confiando en la promesa de una vida llena de frutos, de una vida hermosa.

Y vale la pena tratar de responder cada día, como la Virgen: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Carlo De Marchi

 

 

Si quieres llegar lejos, camina acompañado

¿Cómo podemos entender lo que Dios quiere de cada uno de nosotros? Luca, un joven estudiante universitario de Roma, descubrió que el camino cristiano es un camino que se recorre acompañado.

En primera persona05/01/2019

Opus Dei - Si quieres llegar lejos, camina acompañado

Hace un año y medio Luca fue invitado por un amigo a una actividad de formación cristiana en un centro del Opus Dei en Roma. Desde allí, tuvo la oportunidad de visitar un centro de cuidados paliativos con otros chicos. A través de lo que en un principio le pareció “una antesala de la muerte”, consiguió descubrir cosas nuevas, en primer lugar el hecho de que ese sitio, donde viven enfermos terminales en el último tramo de sus vidas, no era en absoluto lo que él pensaba.

El centro que visitó se reveló a Luca como un lugar donde uno se compromete a dar dignidad y amor a los enfermos. Junto con los otros chicos, el personal y a veces incluso con los huéspedes de la clínica, Luca ha realizado pequeños servicios, entrando así en contacto con las personas que viven allí y con su situación. “Había mucha humanidad y unión”, dice Luca, “y descubrí que lo que haces allí (ayudar a cultivar el jardín, organizar la biblioteca, cocinar...) sirve sobre todo para estar con ellos. Estuvimos juntos, nos conocimos y vivimos momentos que ayudaron a los pacientes de la clínica a salir por un rato de la rutina de la terapia y la hospitalización. Ya ni siquiera era un labor de voluntariado, sino casi una reunión familiar”. Todos en la clínica estaban muy contentos con la visita e invitaron a Luca y a los demás a regresar pronto.

Ponerse al servicio de los demás da sentido a la propia existencia

Esto, para Luca, no fue solo una experiencia conmovedora: “Esta ocasión fue muy importante —continúa Luca— para tener una luz más clara sobre la vida. Ponerse al servicio de los demás, tanto en este tipo de experiencias como en el propio trabajo, da sentido a la propia existencia. Actividades de este tipo te hacen comprender mejor el porqué del servicio. Hay que ponerse en contacto con los demás para comprenderlo”.

También sucede con la fe: “Sin la ayuda de amigos con más experiencia en temas de fe, que se dedicaron a mí y me acompañaron, nunca habría llegado a comprender que puedo hablar con Jesús, como un amigo”. Luca se refiere a su amigo Michele (un nombre ficticio), perteneciente a una familia judía y, por lo tanto, no bautizado. Después de una serie de iniciativas como la de la clínica de cuidados paliativos, Michele manifestó su deseo de ser bautizado: “Inmediatamente me habló de ello —dice Luca— y me puse a su disposición. Intenté que entendiera que podía hablar conmigo cuando quisiera y que podíamos seguir juntos por este camino. También tuve un momento similar cuando hace un año decidí recibir la confirmación: me faltaba algo y necesitaba acercarme de nuevo a Dios; el apoyo de amigos creyentes que me acompañaron fue crucial en ese momento”.

Ahora Michele ha comenzado unas sesiones de catecismo con un sacerdote y en 2019 recibirá el sacramento del bautismo. “Pero lo más hermoso —subraya Luca— es que este deseo nació de Michele sin que nadie se le acercara con ningún discurso. Bastaba con el ejemplo y la compañía de otros chicos que viven como cristianos: a eso me refiero cuando digo que el discernimiento no viene solo”.

 

 

La vocación de Josemaría Escrivá de Balaguer (1918-1928)

Artículo de José Luis González Gullón, publicado en la revista Scripta Theologica, que analiza un suceso singular del que se conmemoró el centenario –las huellas que dejaban unos carmelitas descalzos en la nieve– le llevaron al descubrimiento de su vocación en la Iglesia y a una profundización personal en el misterio cristiano.

Bibliografía y ensayos06/01/2019

Opus Dei - La vocación de Josemaría Escrivá de Balaguer (1918-1928)Josemaría Escrivá con su hermano pequeño, en Logroño.

Scripta Theologica* La vocación de Josemaría Escrivá de Balaguer (1918-1928) Descargar en PDF el artículo La vocación de Josemaría Escrivá de Balaguer (1918-1928) | Diez maneras de conocer mejor a San Josemaría

La vida de las personas declaradas como santos por la Iglesia está marcada por eventos en los que se sintieron llamados interiormente por la gracia divina. En el caso de los fundadores, estos sucesos tienen una componente carismática que marca la evolución de las instituciones que inician. La biografía de san Josemaría Escrivá de Balaguer se mueve en estas coordenadas. Un suceso singular del que se conmemora el centenario –las huellas que dejaban unos carmelitas descalzos en la nieve– le llevaron al descubrimiento de su vocación en la Iglesia y a una profundización personal en el misterio cristiano. Este artículo analiza el contenido de lo que el propio Escrivá de Balaguer denominó más tarde “barruntos”, es decir, presentimientos de que Dios le quería para una determinada misión.


«Toda la vida es vocación»[1]. Del principio al final de la existencia, Dios llama a cada hombre a través de etapas y circunstancias en las que, a veces, se siente la vocación de modo impetuoso y otras de forma casi imperceptible. Dentro del amplio y rico panorama teológico y jurídico al que hace referencia la vocación cristiana, nuestro estudio –de marcado carácter histórico– analiza el momento en el que José María Escrivá sintió que Dios pasaba por su vida y la evolución de ese suceso hasta que recibió la misión de fundar el Opus Dei[2]. Estudiaremos una década que comenzó a finales de 1917 o principios de 1918 –lo que denominó una vez el momento «de mi vocación en Logroño»[3]– y que concluyó en octubre de 1928 con la fundación del Opus Dei. Estos diez años coinciden con su adolescencia y juventud, una fase de la vida en la que cada persona aprende a amar con libertad y forja grandes ideales[4].

Hemos dividido el artículo en cinco apartados. Comienza con una breve referencia a la infancia y adolescencia de José María Escrivá. Después, analizamos los sucesos del momento en el que comienza su vocación; a continuación, nos referiremos a los años de seminario en Logroño y Zaragoza; luego, examinamos cuál era su estado interior durante esa época; y, finalmente, mencionamos el suceso fundacional del Opus Dei, que da fin a esta etapa de su vida.

1. Adversidades de una familia cristiana

José María Escrivá Albás nació en Barbastro, Huesca, el 9 de enero de 1902. Su padre se llamaba José Escrivá Corzán; había nacido en Fonz (Huesca), en 1867, aunque su familia procedía de Balaguer (Lérida). Su madre se llamaba Dolores Albás Blanc. Era barbastrina, con antepasados en Aínsa (Huesca). La pareja se había casado cuatro años antes, en 1898, y residían en una casa alquilada en la calle Mayor de Barbastro, que hacía ángulo a la Plaza del Mercado. En 1899, había nacido la primogénita, Carmen[5].

La población barbastrina no sobrepasaba los siete mil habitantes. A pesar de su escaso número, acogía una sede episcopal desde hacía ocho siglos. La economía de la ciudad giraba en torno a diversas actividades agrícolas, como el cereal o la producción de vino y aceite. Los comerciantes y pequeños empresarios convivían con los campesinos y jornaleros. Había tendencias políticas de diverso tipo, desde las carlistas –legitimistas y partidarios del Antiguo Régimen– hasta las republicanas y socialistas. En los círculos recreativos y culturales dominaba el pensamiento liberal, sin que hubiese graves conflictos políticos o sociales.

A finales del siglo xix, José Escrivá y otros dos socios crearon una empresa dedicada al comercio de tejidos y la venta de chocolate. En 1902, un socio se retiró con el compromiso de no poner un negocio del mismo tipo en Barbastro. José Escrivá estableció junto con un socio una nueva sociedad llamada “Juncosa y Escrivá”. En un primer momento, esta actividad empresarial dio buenos resultados. La familia Escrivá disfrutó de una posición relativamente acomodada. De acuerdo con los usos de la época, tenía cuatro personas de servicio en la casa. José Escrivá poseía un alto sentido de la solidaridad, manifestado en las limosnas que entregaba a personas menesterosas, la colaboración económica con el Centro Católico de la ciudad, y la organización de conferencias religiosas para sus empleados[6].

A los cuatro días de su nacimiento, José María fue bautizado en la catedral de Barbastro que, además, era su parroquia. Poco después –el 23 de abril– recibió la confirmación. En 1904, cuando tenía dos años, sufrió una meningitis aguda. Desahuciado por los médicos, su madre rezó una novena a Nuestra Señora del Sagrado Corazón y le prometió que, si el niño curaba, iría a visitarla en peregrinación a una ermita dedicada a Nuestra Señora de Torreciudad, a veinte kilómetros de Barbastro. El pequeño sanó y su madre lo llevó en brazos hasta Torreciudad como agradecimiento.

La familia Escrivá estaba muy unida. José María aprendió de sus padres virtudes como la libertad unida a la responsabilidad, la laboriosidad y el orden. También le enseñaron a rezar con una piedad sencilla, sin artificio. Según recordaba más tarde, «nuestro Señor fue preparando las cosas para que mi vida fuera normal y corriente, sin nada llamativo. Me hizo nacer en un hogar cristiano, como suelen ser los de mi país, de padres ejemplares que vivían y practicaban su fe»[7].

En los años siguientes llegaron tres niñas al hogar: María Asunción, Chon, en 1905; María de los Dolores, Lolita, en 1907; y María del Rosario, en 1909. Tristemente, la mortandad infantil se llevó a una detrás de otra. Rosario falleció con nueve meses, Lolita con cinco años, y Chon con ocho.

A pesar de estas duras contrariedades, la mayor parte de la infancia de José María fue normal, alegre, de progresiva apertura a la sociedad y al mundo. Entre 1905 y 1908 asistió a un parvulario regentado por las Hijas de la Caridad; y de 1908 a 1915 fue alumno de un colegio de los padres escolapios. En 1912 –año en que comenzaba la educación secundaria– recibió la Primera Comunión en la escuela, beneficiándose de la disposición del Papa Pío X para que se comulgara al llegar al uso de razón. Cuando recibió a Jesús sacramentado, José María le pidió la gracia de no cometer nunca un pecado grave[8].

Debido a la coyuntura económica del momento y a que el antiguo socio no había cumplido el compromiso de no hacer competencia, la sociedad “Juncosa y Escrivá” entró en crisis. Juan Juncosa y José Escrivá demandaron a aquel socio. El Juzgado de primera instancia de Barbastro falló a favor de la empresa en 1910. Como consecuencia de una apelación, la Sala de lo civil de la Audiencia Territorial de Zaragoza también dio una sentencia favorable a “Juncosa y Escrivá” en 1912, aunque rebajó la indemnización a que tenía derecho. La sociedad, que estaba entonces en fase de liquidación por haber terminado su periodo social, presentó un recurso de casación. En mayo de 1913, el Tribunal Supremo rechazó el recurso y obligó a pagar los costes del pleito. “Juncosa y Escrivá” quebró y cedió el activo social a una comisión de acreedores. En 1915, otra sentencia del Tribunal Supremo falló a favor de un pleito presentado por algunos acreedores. El negocio quedaba definitivamente cancelado[9].

Como el patrimonio social de la empresa resultaba insuficiente para resarcir las deudas, José Escrivá pagó a los acreedores con su capital familiar. No estaba obligado legalmente pero pensaba en conciencia que debía hacerlo. Esta resolución fue respaldada por su mujer; en cambio, no fue entendida por otros parientes políticos. La familia Escrivá Albás quedó en la ruina. Tuvo que prescindir de las personas que trabajaban en el servicio de la casa y comenzó a pasar estrecheces. José María sufrió una crisis interior porque esas dificultades económicas se unían al dolor por la muerte de sus hermanas. Pero la serena resignación cristiana de sus padres ante las adversidades le ayudaron a mantener la confianza en Dios.

En marzo de 1915, José Escrivá encontró trabajo como dependiente en La Gran Ciudad de Londres, una tienda de tejidos de la ciudad de Logroño. Después del verano de ese año, trasladó toda la familia a la capital riojana, que por entonces tenía veinticuatro mil habitantes. Los Escrivá Albás afrontaron las incomodidades propias del cambio de localidad y de la inicial ausencia de amistades.

Carmen se matriculó en Magisterio, carrera que acabaría en 1921. José María siguió los estudios de bachillerato en el Instituto General y Técnico, que pasó más tarde a llamarse Instituto Práxedes Mateo Sagasta. Por las mañanas acudía al instituto y por las tardes iba al colegio de San Antonio de Padua donde estudiaba y recibía clases complementarias, como era habitual en esa época[10].

2. El descubrimiento de la llamada

En diciembre de 1917, José María Escrivá realizaba el último curso de bachillerato en Logroño. Por entonces, pasaba un periodo de cierta confusión. Además de las dudas propias de la adolescencia, mantenía una rebeldía interior ante la situación en la que se encontraba la familia –estaban abiertas las heridas de la muerte de sus hermanas y de la ruina de su padre, José Escrivá– y porque había cambiado de colegios y de amistades. Como recordaba años más tarde, «me rebelaba ante la situación de entonces. Me sentía humillado»[11]. En cambio, le impresionaba la serenidad y gran confianza en la Providencia que encontraba en sus padres, pues les veía sufrir en silencio.

Entre el 9 de diciembre de 1917 y el 6 de enero de 1918 hubo doce días en los que nevó, con intensidad variable, en Logroño. El punto álgido se produjo a finales de diciembre, con fuertes nevadas y con una mínima de dieciséis grados bajo cero registrada el día 30 de diciembre. Al menos una persona anciana falleció en su casa a causa del frío[12].

Uno de esos días, después de una nevada, José María Escrivá se encontraba en la calle Mayor. Tal vez iba o regresaba a su casa, situada en la calle Sagasta n. 12, muy cerca del Puente de Hierro, o quizá había ido al colegio de San Antonio de Padua. Cuando estaba a la altura del colegio de los hermanos maristas, en una zona llamada la Costanilla, vio de repente a «unos religiosos Carmelitas, descalzos sobre la nieve»[13] y, como reacción, se planteó una pregunta en primera persona: «Si otros hacen tantos sacrificios por Dios y por el prójimo, ¿no voy a ser yo capaz de ofrecerle algo?»[14]. Entonces, le vino el pensamiento de ser sacerdote, algo que hasta ese momento no había considerado que fuese para él[15].

3. El sacerdocio secular

Enseguida –quizá unos días después de cumplir dieciséis años el 9 de enero de 1918– el joven José María acudió al convento donde vivían los carmelitas, que estaba situado a las afueras de la ciudad, en un camino carretero que se llamaba la Vuelta del Peine, al otro lado de las vías del ferrocarril. Pocas semanas antes, se había formado la comunidad de carmelitas varones de Logroño, compuesta solamente por tres personas: el hermano Pantaleón del Sagrado Corazón de Jesús, que había llegado a finales de noviembre de 1917; el padre Juan Vicente de Jesús María, que acudió a la ciudad el 11 de diciembre; y el padre José Miguel de la Virgen del Carmen, que se incorporó el 20 de diciembre[16].

José María Escrivá comenzó a tener dirección espiritual con el padre José Miguel[17]. Incrementó la práctica cristiana que, en sus palabras, le condujo «a la comunión diaria, a la purificación, a la confesión… y a la penitencia»[18]. Al advertir las buenas disposiciones del joven, el padre José Miguel le animó dos o tres meses más tarde a que considerara la posibilidad de ser carmelita. Escrivá lo meditó con seriedad; incluso pensó que, en el caso de que fuera ese su camino, tendría como nombre de religión Amador de Jesús Sacramentado, por devoción a la Eucaristía. Pero muy pronto llegó a la conclusión de que Dios le llamaba a ser un presbítero secular[19].

Ahora bien, esta determinación abarcaba algo más. José María pensó que su vocación no estaba orientada a ocupar un puesto en la estructura diocesana. Con sus palabras, «aquello no era lo que Dios me pedía, y yo me daba cuenta: no quería ser sacerdote para ser sacerdote, el cura que dicen en España. Yo tenía veneración al sacerdote, pero no quería para mí un sacerdocio así»[20]. En su interior sintió una llamada que era, a la vez, cierta e indeterminada, unos sentimientos que denominó después barruntos, es decir, presentimientos de que Dios le pedía algo más que, en cierto sentido, estaba unido al sacerdocio. Según afirmó, «yo no sabía lo que Dios quería de mí, pero era, evidentemente, una elección»[21]. En este sentido, ser sacerdote se le presentaba como un elemento necesario y, a la vez, quizá no suficiente para que los barruntos se aclarasen. Como dijo en una ocasión, «¿Por qué me hice sacerdote? Porque creí que era más fácil cumplir una voluntad de Dios, que no conocía»[22]; solamente el futuro le mostraría qué significaba, en su caso, que un presbítero es un pastor en la Iglesia.

Por entonces intensificó la plegaria de petición –«las luces no venían pero, evidentemente, rezar era el camino»[23], apuntó–, pues estaba «persuadido de que Dios me quería para algo»[24]. Concretamente, recitaba dos breves frases en latín con las que rogaba conocer los designios de Dios. Decía: Domine, ut videam! (¡Señor, que vea!); Domine, ut sit! (¡Señor, que sea!).

Un buen día comunicó a su padre que quería entrar en el seminario. José Escrivá quiso cerciorarse y le preguntó: «¿Has pensado en el sacrificio que supone la vocación de sacerdote?». José María le respondió: «Solo he pensado, lo mismo que tú cuando te casaste, en el Amor»[25]. Al verle tan firme, su padre se conmovió hasta las lágrimas «porque tenía otros planes posibles, pero no se rebeló. Me dijo: –Hijo mío, piénsalo bien. Los sacerdotes tienen que ser santos... Es muy duro no tener casa, no tener hogar, no tener un amor en la tierra. Piénsalo un poco más, pero yo no me opondré»[26]. Solamente le sugirió que, además de la Teología, hiciera la carrera de Derecho –hasta ese momento, habían pensado que José María podía ser arquitecto, abogado o médico–, porque era compatible con los estudios eclesiásticos. Además, su padre le presentó a Antolín Oñate, un sacerdote conocido que era párroco y abad de la colegiata de La Redonda[27].

En el verano de 1918, José María acabó el bachillerato con buenas calificaciones. Tras el periodo estivo, ingresó en el seminario de Logroño. Durante dos cursos académicos superó las asignaturas correspondientes del primer año de Teología y participó en una catequesis los domingos por la mañana[28]. Ante sus compañeros era «responsable, buen estudiante, alegre, amable con todos, un tanto reservado y piadoso»[29].

En la España de entonces, los hijos varones se encargaban de sacar adelante la propia familia. José María pensó que en su casa necesitaban otro varón y se lo pidió a Dios. En ese momento, José Escrivá tenía cincuenta y un años, y Dolores Albás cuarenta y uno. Hacía nueve años que no tenían hijos. Pero, con todo, el 28 de febrero de 1919 –diez meses después de que José María hubiese comentado la vocación sacerdotal con su padre–, nació Santiago Escrivá[30]. Este suceso impresionó a José María; entendió que también estaba en relación con los barruntos y con la llamada al sacerdocio: «Mi madre me llamó para comunicarme: vas a tener otro hermano. Con aquello toqué con las manos la gracia de Dios; vi una manifestación de Nuestro Señor. No lo esperaba»[31].

Un año más tarde, en septiembre de 1920, José María Escrivá se trasladó a Zaragoza para continuar sus estudios eclesiásticos. La capital de Aragón rondaba los ciento cincuenta mil habitantes y tenía una creciente actividad agrícola e industrial. José María fue allí para seguir el consejo de su padre –la ciudad contaba con una facultad de Derecho– y también porque acabaría los estudios eclesiásticos en una universidad pontificia; viviría cerca de sus tíos Carlos Albás, que era canónigo de la catedral de Zaragoza, y de Mauricio Albás, que estaba casado; y, de ese modo, evitaría que le destinaran al pueblo de Calahorra para acabar la Teología, como era habitual entre los seminaristas riojanos.

Carlos Albás facilitó las gestiones para que su sobrino entrara en el seminario de San Francisco de Paula, donde le concedieron media beca. Desde el primer día de clase, José María acudió a la Universidad Pontificia de San Valero y San Braulio. En cambio, postergó el inicio de la carrera de Derecho hasta quinto de Teología para realizar bien ambos estudios. En el seminario recibió la formación tradicional propia del momento[32].

4. La esencia de los barruntos

José María Escrivá estaba convencido de que Dios le inspiraba los barruntos de ese “algo” que vendría en el futuro. Por su misma naturaleza, los presentimientos eran claros en algunos aspectos e inciertos en otros. Como dijo después, «seguía viendo, pero sin precisar qué es lo que quería el Señor: veía que el Señor quería algo de mí. Yo pedía, y seguía pidiendo»[33]. Siempre que podía, acudía a la capilla de la Virgen del Pilar para solicitar el conocimiento de la voluntad divina. Empleaba una jaculatoria semejante a otras que utilizaba: Domina, ut sit! (¡Señora, que sea!); y reforzaba su súplica con frases del Evangelio que a veces decía en voz alta o incluso cantaba: «Ignem veni mittere in terram et quid volo nisi ut accendatur?; he venido a poner fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? Y la contestación: Ecce ego quia vocasti me!, aquí estoy, porque me has llamado»[34].

Coincidiendo con la llegada a la capital aragonesa, se sintió «impulsado a escribir, sin orden ni concierto»[35], en «notas sueltas»[36], sin ilación clara, diversas mociones y sucesos de su vida interior. A algunas de estas inspiraciones, en las que sentía la providencia de Dios, las denominaba «operativas, porque de tal manera dominaban mi voluntad que casi no tenía que hacer esfuerzo»[37]. Eran ideas confusas; a veces incluso apuntaban hacia una fundación, pero sin nada concreto.

En cambio, el fundamento de esos barruntos se le hacía patente. Radicaba en una relación íntima con Dios, en «algo tan hermoso como enamorarse»[38]. Años más tarde, condensaría esta etapa de su vida con las siguientes palabras: «comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor»[39]. Y, como fruto de ese arrebato interior, se le acrecentaba el deseo de rezar y de cumplir la voluntad de Dios, como escribió: «verdaderamente, el Señor dilató mi corazón, haciéndolo capaz de amar, de arrepentirse, de servir, aun a pesar de mis errores»[40].

Las limitaciones en la educación humana de algunos seminaristas de Zaragoza y las incomprensiones con el rector del seminario pusieron en crisis su vocación sacerdotal. En el verano de 1921 José María buscó la dirección espiritual de un sacerdote en Logroño que, al advertir que tenía las disposiciones adecuadas, le animó a seguir adelante. El joven se decidió y, un año más tarde, en septiembre de 1922, recibió la tonsura –que le incorporaba oficialmente al estado clerical– y fue nombrado inspector del seminario por el arzobispo de Zaragoza, el cardenal Juan Soldevila[41].

En 1923 comenzó la carrera de Derecho, como alumno libre, en la Universidad de Zaragoza. Se trataba de una facultad pequeña –trescientos treinta y un alumnos, de los cuales doscientos cuarenta y dos libres–, con profesores de prestigio nacional. Salvo dos exámenes del preparatorio, José María no acudió a las clases de la facultad de Derecho ni se examinó hasta que no acabó los estudios de la licenciatura de Teología, en junio de 1924.

Este ritmo lento en el estudio del Derecho y su deseo de no “hacer carrera” eclesiástica disgustaban a su tío Carlos, que quería que José María opositara lo antes posible. El joven, en cambio, «consideraba que los estudios universitarios le permitirían estar más disponible para el cumplimiento de la voluntad divina»[42]. En este sentido, tal vez pensó que la carrera de Derecho también formaba parte del ámbito en el que se movían los barruntos (más adelante, la formación jurídica recibida le ayudaría a buscar caminos a través de los cuales situaría al Opus Dei dentro del ordenamiento canónico de la Iglesia).

El 14 de junio de 1924 recibió el subdiaconado. Cinco meses más tarde, el 27 de noviembre, su padre falleció repentinamente en Logroño y José María quedó como cabeza de familia. Entonces decidió que los suyos se trasladasen a Zaragoza. Esta mudanza motivó un fuerte choque con su tío. Si, años antes, Carlos Albás no había entendido las resoluciones que adoptó José Escrivá cuando quebró su empresa, ahora no deseaba que su hermana e hijos fuesen a residir a Zaragoza porque se encontraban en franca penuria. Pensaba que era más oportuno que José María se ordenase presbítero y que se situara en la diócesis; después, podría reencontrarse con la familia. Pero, como el sobrino no siguió su consejo, se produjo la ruptura.

El 20 de diciembre de 1924, Miguel de los Santos Díaz Gómara, obispo auxiliar de Zaragoza, confirió el diaconado a José María; y el 28 de marzo de 1925 le ordenó sacerdote. A los dos días, José María celebró la Primera Misa en la santa capilla del Pilar en sufragio por su padre. Asistieron su madre y hermanos, unos primos, la familia de un profesor amigo y unos pocos invitados más; en cambio, no estuvieron presentes ninguno de sus tres tíos sacerdotes. Al acabar la Misa, el joven presbítero se retiró a la sacristía. Y, después de desvestirse, lloró a Dios con desconsuelo[43].

Luego pasó un mes y medio en un pequeño pueblo de la provincia llamado Perdiguera. Tuvo así la primera experiencia pastoral en la administración de los sacramentos y en la atención de los fieles mediante la dirección espiritual[44]. Cuando regresó a Zaragoza, la curia diocesana no le otorgó un nombramiento para trabajar en la pastoral ordinaria como, por ejemplo, colaborar en una parroquia. José María Escrivá consiguió un puesto como capellán de la iglesia de San Pedro Nolasco, que estaba regentada por los jesuitas. Este cargo le exigía celebrar la Misa y dedicar un tiempo al confesionario. El resto del día lo dedicaba a asistir a clase y a estudiar las asignaturas de Derecho[45].

La relación con el mundo académico le resultó enriquecedora. Escrivá mostraba una mentalidad laical poco común entre el clero. Por ejemplo, en los intervalos entre una lección y otra no se reunía solo con sacerdotes o seminaristas, sino que buscaba el diálogo con los estudiantes laicos; no pedía privilegios a la hora de hacer los exámenes o de asistir a clase; y tampoco “sermoneaba” cuando hablaba con los demás. Por eso, algunos compañeros le cobraron particular aprecio y le confiaban asuntos personales o le acompañaban por la calle.

En su actividad ministerial, tuvo relación con universitarios de las Congregaciones Marianas, dirigidas por los jesuitas. Además, acompañado por unos cuántos jóvenes, los domingos enseñó la doctrina cristiana a niños de familias de escasos recursos del barrio de Casablanca, a la salida de Zaragoza. El contacto con los necesitados incrementó su deseo de servir a los demás con el sacerdocio.

Desde hacía tiempo –de modo particular desde la muerte de su padre–, tenía la idea de hacer el doctorado en Derecho y de ocupar una cátedra universitaria. Quería llevar la doctrina cristiana al mundo académico pues, cuando contemplaba a sus compañeros de Facultad, los veía «un poco como “ovejas sin pastor”»[46]. Ahora bien, como le aconsejó un sacerdote amigo, el catedrático José Pou de Foxá, debería abrirse camino fuera de Zaragoza, ya que allí «no tenía campo»[47] dadas las dificultades con su tío.

5. La plenitud de la llamada

Hacia septiembre de 1926, José María viajó a Madrid para informarse sobre cómo podía realizar el doctorado. Cuando regresó a Zaragoza, y como forma de ganar algo de dinero para su familia, dio clase de repaso de Derecho Romano, Canónico, Historia del Derecho y Derecho Natural en el Instituto Amado.

En enero de 1927 se licenció en Derecho. Dos meses más tarde, solicitó el traslado del expediente académico a Madrid para hacer el doctorado en la Universidad Central. Y, al poco –después de una breve sustitución de un sacerdote en un pueblo de Zaragoza, Fombuena– dejó la capital aragonesa.

José María Escrivá llegó a Madrid el 20 de abril[48]. Se matriculó en los cursos de doctorado de la Facultad de Derecho y se alojó en la Casa Sacerdotal para presbíteros extradiocesanos. Esta residencia estaba regentada por las damas apostólicas del Sagrado Corazón de Jesús, una nueva congregación religiosa. Un mes más tarde, la fundadora de las damas apostólicas le ofreció ser capellán de la iglesia del Patronato de Enfermos, sede central de las religiosas y centro de diversas actividades benéficas[49].

El 1 de junio, don José María comenzó en el Patronato de Enfermos su trabajo pastoral, que consistía en la celebración de la Misa, la exposición de la Eucaristía, la atención del confesonario y, por la tarde, el rezo del rosario y la bendición con el Santísimo Sacramento. Además, los fines de semana estaba disponible para confesar a los niños de las escuelas semi-gratuitas promovidas por las damas apostólicas. Y, aunque no formase parte de sus obligaciones como capellán, muchas tardes visitaba a enfermos de escasos recursos en sus domicilios para llevarles la Comunión o impartirles la reconciliación sacramental[50].

Cinco meses después, José María alquiló un apartamento para que su madre y sus hermanos viviesen con él. En ese curso académico, consiguió un puesto como profesor de Derecho Romano y de Canónico en la “Academia Cicuéndez”, un centro privado de enseñanza que preparaba el ingreso en la Facultad de Derecho y reforzaba la explicación de algunas asignaturas. El sacerdote impartió clase en esta Academia dos tardes a la semana, durante más de cuatro años, para ayudar económicamente a la familia[51].

El 30 de septiembre de 1928, José María Escrivá acudió al convento de los paúles –situado en el norte de Madrid– para hacer los ejercicios espirituales. Seis sacerdotes se habían apuntado a aquella tanda. El martes 2 de octubre, después de celebrar la Misa, se retiró a su habitación para leer unos papeles en los que había anotado con anterioridad ideas y sucesos que consideraba inspirados por Dios y que formaban parte de los barruntos. De repente, «se dio cuenta de la hermosa y pesada carga que el Señor, en su bondad inexplicable, había puesto sobre sus espaldas»[52], y recopiló «con alguna unidad las notas sueltas, que hasta entonces venía tomando»[53]. En ese momento, de gran intensidad, «acabó de ver claramente la Voluntad de Dios»[54] por la que llevaba tantos años rezando. ¿Qué había ocurrido?

El joven sacerdote recibió una luz de carácter sobrenatural que le situaba en el corazón del misterio cristiano. Tuvo una «iluminación sobre toda la Obra»[55], una «idea clara general de mi misión»[56] que abría un «panorama apostólico inmenso»[57]. Conmovido porque «quiso Jesús que se comenzara a dar forma concreta a su Obra»[58], se arrodilló y dio gracias a Dios. Acababa de nacer el Opus Dei. Entonces, escuchó el sonido de las campanas de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, que llamaban a los fieles a Misa; más adelante, consideró este hecho como una muestra de la intercesión de Santa María y de los ángeles en el momento fundacional[59].

De este modo, la llamada divina que José María Escrivá había sentido en Logroño a finales de 1917 o principios de 1918 eclosionaba en aquel octubre de 1928. Para el entonces joven sacerdote, todos los hechos pasados de su vida –y también los que vendrían en el futuro– adquirían pleno sentido vocacional. Escrivá estaba emplazado a encarnar y difundir el mensaje de santidad cristiana en medio del mundo, y a fundar, con ese fin, una institución que viviera y plasmara ese ideal. Como apuntó después, Dios le convocaba a ser «santo y padre, maestro y guía de santos»[60].

* Agradecemos al Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica el permiso para la publicación de este artículo.

Bibliografía

Alonso, J., “Vocación de San Josemaría”, en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo e Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, 2013, 1296-1300.

Ánchel, C., «Actividad docente de san Josemaría: el Instituto Amado y la Academia Cicuéndez», Studia et Documenta 3 (2009) 307-333.

Aranda, A., “El bullir de la Sangre de Cristo”. Estudio sobre el cristocentrismo del beato Josemaría Escrivá, Madrid: Rialp, 2000.

Baltar Rodríguez, J. F., «Los estudios de Derecho de san Josemaría en la Universidad de Zaragoza», Studia et Documenta 9 (2015) 231.

Bernal, S., Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes sobre la vida del fundador del Opus Dei, Madrid: Rialp, 1980.

Escrivá de Balaguer, J., Camino. Edición crítico-histórica preparada por Pedro Rodríguez, Madrid: Rialp, 2004, 3.ª ed.

Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, Madrid: Rialp, 2017.

Eterovic Garnet, D., «La luz del 2 de octubre de 1928: un estudio de fuentes», en Un mensaje siempre actual. Actas del Congreso “Hacia el centenario del nacimiento del beato Josemaría Escrivá de Balaguer”, Buenos Aires: Universidad Austral, 2002, 521-539.

Ferrer Ortiz, Javier, «Perdiguera», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo e Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, 2013, 966-967.

Garrido, M., Barbastro y el Beato Josemaría Escrivá, Barbastro: Ayuntamiento de Barbastro, 1995.

González Gullón, J. L., «Anotaciones de Ricardo Fernández Vallespín en la Academia DYA de Madrid (18 de marzo - 25 de junio de 1934)», Studia et Documenta 7 (2013) 371-402.

González Gullón, J. L., DYA. La Academia y Residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939), Madrid: Rialp, 2016.

González-Simancas y Lacasa, J., «San Josemaría entre los enfermos de Madrid (1927-1931)», Studia et Documenta 2 (2008) 147-203.

Herrando Prat de la Riba, R., Los años de seminario de Josemaría Escrivá en Zaragoza (1920-1925): El seminario de San Francisco de Paula, Madrid: Rialp, 2002.

Herrando Prat de la Riba, R., «Seminario de San Francisco de Paula», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo e Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, 2013, 1146-1148.

Ibarra Benlloch, M., «Josemaría Escrivá de Balaguer y el colegio de las Escuelas Pías de Barbastro (1908-1915)», Studia et Documenta 7 (2013) 201-220.

Illanes Maestre, J. L., «Datos para la comprensión histórico-espiritual de una fecha», Anuario de Historia de la Iglesia XI (2002) 655-697.

Montero, J., y Cervera Gil, J., «Madrid en los años treinta. Ambiente social, político, cultural y religioso», Studia et Documenta 3 (2009) 4513-39.

Mora-Figueroa, J., «Barbastro», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo e Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, 2013, 153-157.

Ocáriz, F., “La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia”, en Rodríguez P., Ocáriz, F. e Illanes, J. L., El Opus Dei en la Iglesia, Madrid: Madrid, 2014, 6.ª ed., 133-193.

Pioppi, C., «Infanzia e prima adolescenza di Josemaría Escrivá: Barbastro 1902-1915. Contesti, eventi biografici, stato delle ricerche e prospettive di approfondimento», Studia et Documenta 8 (2014) 149-189.

Redondo, G., «El 2 de octubre de 1928 en el contexto de la historia cultural contemporánea», Anuario de Historia de la Iglesia XI (2002) 699-741.

Rodríguez, P., «Apuntes íntimos (obra inédita)», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo e Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, 2013, 131-135.

Rodríguez, P., «El doctorado de san Josemaría en la Universidad de Madrid», Studia et Documenta 2 (2008) 13-103.

Rodríguez, P., Opus Dei: Estructura y Misión. Su realidad eclesiológica, Madrid: Cristiandad, 2001.

Toldrà, J., «Instituto General y Técnico de Logroño», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo e Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, 2013, 643-644.

Toldrà, J., «Seminario Conciliar de Logroño», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo e Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, 2013, 1142-1143.

Toldrà Parés, J., Josemaría Escrivá en Logroño (1915-1925), Madrid: Rialp, 2007.

Toranzo, E., Toranzo, G. y Toranzo, E. L., Una familia del Somontano, Madrid: Rialp, 2004.

Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, vol. I (“¡Señor, que vea!”), Rialp, Madrid 1997.

 


[1] Ocáriz, F., “La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia”, en Rodríguez P., Ocáriz, F. e Illanes, J. L., El Opus Dei en la Iglesia, Madrid: Madrid, 2014, 6.ª ed., 142. Las cursivas son del original.

[2] En nuestro artículo aparecerá el nombre del fundador del Opus Dei como se utilizaba en los años treinta del siglo pasado, es decir, José María Escrivá Albás: González Gullón, J. L., DYA. La Academia y Residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939), Madrid: Rialp, 2016, 11, nt. 1.

[3] Apuntes íntimos, n. 289 (17-IX-1931), en Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, vol. I (“¡Señor, que vea!”), Rialp, Madrid 1997, 100. Sobre el contenido y alcance de esta fuente, puede verse Escrivá de Balaguer, J., Camino. Edición crítico-histórica preparada por Pedro Rodríguez, Madrid: Rialp, 2004, 3.ª ed., 18-27; y Rodríguez, P., «Apuntes íntimos (obra inédita)», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos: Monte Carmelo e Instituto Histórico San Josemaría Escrivá, 2013, 131-135.

[4] Desde el punto de vista de la biografía de Escrivá, estos años pueden verse en Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, cit., 13-250.

[5] Sobre este periodo, ver Pioppi, C., «Infanzia e prima adolescenza di Josemaría Escrivá: Barbastro 1902-1915. Contesti, eventi biografici, stato delle ricerche e prospettive di approfondimento», Studia et Documenta 8 (2014) 149-189; Mora-Figueroa, J., «Barbastro», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, cit., 153-157; y Toranzo, E., Toranzo, G. y Toranzo, E. L., Una familia del Somontano, Madrid: Rialp, 2004.

[6] Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, cit., 49.

[7] Citado en Garrido, M., Barbastro y el Beato Josemaría Escrivá, Barbastro: Ayuntamiento de Barbastro, 1995, 36.

[8] Ibarra Benlloch, M., «Josemaría Escrivá de Balaguer y el colegio de las Escuelas Pías de Barbastro (1908-1915)», Studia et Documenta 7 (2013) 201-220; y Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, cit., 51.

[9] Toranzo, E., Toranzo, G. y Toranzo, E. L., Una familia del Somontano, cit. 85-87.

[10] Toldrá, J., «Instituto General y Técnico de Logroño», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, cit., 643-644.

[11] Meditación, 14-II-1964, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, Madrid: Rialp, 2017, 199.

[12] Toldrà Parés, J., Josemaría Escrivá en Logroño (1915-1925), Madrid: Rialp, 2007, 121-122.

[13] Apuntes íntimos, n. 1637b (4-X-1932), en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 80, nt. 98. Este es el recuerdo más antiguo de Escrivá sobre el episodio de los carmelitas caminando sobre la nieve. Puede ser que esos religiosos fuesen con los pies desnudos, pero lo más probable –era lo habitual–, es que llevasen unas sandalias ligeras y abiertas. La Costanilla está situada a la altura del actual número 107 de la calle Marqués de San Nicolás.

[14] Frase escuchada al fundador por Álvaro del Portillo y recogida en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 96.

[15] Catorce años después de estos sucesos, en 1932, Escrivá realizó unos ejercicios espirituales en el convento del Carmen de Segovia. Un día apuntó: «Mi Madre del Carmen me empujó al sacerdocio. Yo, Señora, hasta cumplidos los dieciséis años, me hubiera reído de quien dijera que iba a vestir sotana. Fue de repente, a la vista de unos religiosos Carmelitas, descalzos sobre la nieve...»: Apuntes íntimos, n. 1637b (4-X-1932; las cursivas son nuestras), en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 80, 98. En diversas ocasiones, el fundador de la Obra recordó que había rechazado la posibilidad del sacerdocio antes de ese momento: «Yo nunca pensé en hacerme sacerdote, ni en dedicarme a Dios. No se me había presentado ese problema, porque creía que no era para mí. Más aún: me molestaba el pensamiento de poder llegar al sacerdocio algún día, de tal manera que me sentía anticlerical. Amaba mucho a los sacerdotes, porque la formación que recibí en mi casa era profundamente religiosa; me habían enseñado a respetar, a venerar el sacerdocio. Pero no para mí: para otros» (AGP, Biblioteca, P01, 1975, 218-219).

[16] Toldrà Parés, J., Josemaría Escrivá en Logroño, cit., 125.

[17] Bernal, S., Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes sobre la vida del fundador del Opus Dei, Rialp: Madrid, 1980, 63-64.

[18] Nos parece relevante ofrecer la cita completa: «El Señor me fue preparando a pesar mío, con cosas aparentemente inocentes, de las que se valía para meter en mi alma esa inquietud divina… cosas que me removieron y me llevaron a la comunión diaria, a la purificación, a la confesión… y a la penitencia» (Meditación, 14-II-1964, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, cit., 200).

[19] Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, cit., 96, nt. 75.

[20] Meditación, 14-II-1964, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, cit., 200. Sobre los diversos aspectos de su llamada al sacerdocio y los barruntos, ver Alonso, J., “Vocación de San Josemaría”, en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, cit., 1296-1300.

[21] Apuntes de una meditación, 19-III-1975, en Vázquez de Prada, A., El Fundador del Opus Dei, cit., 97. Escrivá tuvo claro que se trataba de una llamada o vocación divina; ver Apuntes íntimos, n. 289 (17-IX-1931), en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 100.

[22] AGP, P01, 1975, 218. En otra ocasión explicó que «esos barruntos de amor me llevaron al sacerdocio» (Homilía, 2-X-1968, cit. en AGP, Biblioteca, P06, vol. VI, 306).

[23] Carta 25‑V‑1962, n. 41, en Vázquez de Prada, A., El Fundador del Opus Dei, cit., 175.

[24] Apuntes íntimos, n. 289 (17-IX-1931), en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 100. Las cursivas son del original.

[25] Recuerdo de Luis Felipe Gómez Caballero, Gaztelueta (Bilbao), 9-VIII-1975, en AGP, serie A.5, 216-1-7.

[26] Meditación, 14-II-1964, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, cit., 200. En otro momento, años más tarde, lo recordaba de modo semejante: «hablé con mi padre, diciéndole que quería ser sacerdote. Él no se esperaba esta salida. Fue la única vez –ya os lo he contado en otras ocasiones– que yo he visto lágrimas en sus ojos. Me respondió: mira, hijo mío, si no vas a ser un sacerdote santo, ¿por qué quieres serlo? Pero no me opondré a lo que deseas» (Apuntes de un encuentro familiar, 19-III-1975, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, cit., 403).

[27] Toldrà Parés, J., Josemaría Escrivá en Logroño, cit., 130.

[28] Toldrà Parés, J., Josemaría Escrivá en Logroño, cit., 120-123.

[29] Toldrà, J., «Seminario Conciliar de Logroño», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, cit., 1143.

[30] Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 109.

[31] Meditación, 14-II-1964, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, cit., 199.

[32] Los diversos pasos del joven Escrivá en el seminario de Zaragoza pueden verse en Herrando Prat de la Riba, R., Los años de seminario de Josemaría Escrivá en Zaragoza (1920-1925): El seminario de San Francisco de Paula, Madrid: Rialp, 2002; y Herrando Prat de la Riba, R., «Seminario de San Francisco de Paula», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, cit., 1146-1148.

[33] Apuntes íntimos, n. 179, en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 117. Estas palabras del fundador fueron transcritas por Álvaro del Portillo en 1968.

[34] Meditación, 2-II-1962, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, cit., 179.

[35] Apuntes íntimos, n. 414 (24-XI-1931), en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 247.

[36] Apuntes íntimos, n. 306 (2-X-1931), Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 293.

[37] Meditación, 14-II-1964, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, cit., 201.

[38] Apuntes de un encuentro familiar, en AGP, Biblioteca, P01, 1968, 450.

[39] Apuntes de un encuentro familiar, 19-III-1975, en Escrivá de Balaguer, J., En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica preparada por Luis Cano y Francesc Castells, cit., 403. Al final de su vida, repitió varias veces esta idea: «Yo barruntaba el amor de Dios, pero no sabía que era tan inmenso» (Apuntes de un encuentro familiar, 11-VII-1974, en AGP, Biblioteca, P06, vol. V, 117).

[40] Carta 25-I-1961, n. 3, en AGP, Biblioteca, P06, vol. VI, 397.

[41] Herrando Prat de la Riba, R., Los años de seminario de Josemaría Escrivá en Zaragoza (1920-1925), cit., 160-162.

[42] Baltar Rodríguez, J. F., «Los estudios de Derecho de san Josemaría en la Universidad de Zaragoza», Studia et Documenta 9 (2015) 231.

[43] Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 194-197; y González Gullón, J. L., «Anotaciones de Ricardo Fernández Vallespín en la Academia DYA de Madrid (18 de marzo - 25 de junio de 1934)», Studia et Documenta 7 (2013) 401.

[44] Ferrer Ortiz, Javier, «Perdiguera», en Illanes, J. L. (Coord.), Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, cit., 966-967.

[45] Rodríguez, P., «El doctorado de san Josemaría en la Universidad de Madrid», Studia et Documenta 2 (2008) 45, nt. 114.

[46] Recuerdo de Arsenio Górriz Monzón, Teruel, XII-1975, en AGP, serie A.5, 218-1-8.

[47] Recuerdo de F. Javier de Ayala (que cita una conversación con Pou de Foxá), São Paulo, 8-IX-1979, en AGP, serie A.5, 196-2-7.

[48] Puede verse un breve análisis de la capital española en ese momento en Montero, J., y Cervera Gil, J., «Madrid en los años treinta. Ambiente social, político, cultural y religioso», Studia et Documenta 3 (2009) 4513-39.

[49] Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 257.

[50] Las visitas de Escrivá a domicilios de personas necesitadas han sido estudiadas por González-Simancas y Lacasa, J., «San Josemaría entre los enfermos de Madrid (1927-1931)», Studia et Documenta 2 (2008) 147-203.

[51] Ver Ánchel, C., «Actividad docente de san Josemaría: el Instituto Amado y la Academia Cicuéndez», Studia et Documenta 3 (2009) 330.

[52] Apuntes íntimos, n. 306 (2-X-1931), en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 302. Las cursivas de los textos citados son del original.

[53] Apuntes íntimos, n. 306 (2-X-1931), en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 293.

[54] Apuntes íntimos, n. 978b (10-IV-1933).

[55] Apuntes íntimos, n. 306, en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 293. Esta frase es una nota marginal de Escrivá de 1968.

[56] Apuntes íntimos, n. 179, en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 298, nt. 118. Estas palabras del fundador fueron transcritas por Álvaro del Portillo en 1968.

[57] Carta de Josemaría Escrivá a José María Hernández Garnica, Roma, 29-I-1948 en AGP, serie A.3.4, 260-1, 480129-2.

[58] Apuntes íntimos, n. 331 (15-X-1931). La expresión “Obra de Dios” referida a la institución, al Opus Dei, es de 1930. Entre 1928 y 1930 Escrivá no tenía todavía un nombre para definirla.

[59] Para un estudio sobre lo ocurrido y el sentido del 2 de octubre de 1928, que desborda el análisis de estas páginas, remitimos a Aranda, A., “El bullir de la Sangre de Cristo”. Estudio sobre el cristocentrismo del beato Josemaría Escrivá, Madrid: Rialp, 2000; Eterovic Garnet, D., «La luz del 2 de octubre de 1928: un estudio de fuentes», en Un mensaje siempre actual. Actas del Congreso “Hacia el centenario del nacimiento del beato Josemaría Escrivá de Balaguer”, Buenos Aires: Universidad Austral, 2002, 521-539; Illanes Maestre, J. L., «Datos para la comprensión histórico-espiritual de una fecha», Anuario de Historia de la Iglesia XI (2002) 655-697; Redondo, G., «El 2 de octubre de 1928 en el contexto de la historia cultural contemporánea», Anuario de Historia de la Iglesia XI (2002) 699-741; Rodríguez, P., Opus Dei: Estructura y Misión. Su realidad eclesiológica, Madrid: Cristiandad, 2001; y Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 251-495.

[60] Apuntes íntimos, n. 1725 (22-VI-1933), en Vázquez de Prada, A., El fundador del Opus Dei, cit., 554.

 

Estrella de libertad

Posted: 05 Jan 2019 01:31 PM PST

https://4.bp.blogspot.com/-dB1fctyEg6g/XDCgaSDc9-I/AAAAAAAACgA/7RQBajos1OICWBPUkZLXxyl7z2cdLXFZgCLcBGAs/s320/Giovanni%2Bda%2BModena-1410-Iglesia-%2BSanpetronio-Bolonia.jpg

Cuadro de Giovani da Modena (1410),
iglesia de San Petronio, Bolonia


La estrella de los Magos nos trae esa libertad que Cristo nos ha ganado, la libertad de los hijos de Dios.

En la época en que Daniélou publicó su libro “Los símbolos cristianos primitivos” (1951: en castellano, eds. Ega, Bilbao 1993), había ya suficiente investigación acerca de la estrella de los Magos (Mt 2, 2) en el marco de la cultura bíblica.

La estrella tiene una larga historia que la precede en los textos del Antiguo Testamento (cf. la “estrella de Jacob” de Num 24, 17), del cristianismo primitivo y en relación con las culturas circundantes. Esa estrella es anunciadora de la salvación que trae el Mesías y que llega a todas las gentes.

San Justino ( s. II) dice que la estrella es uno de los nombres de Cristo, y la pone en relación con la estrella que vieron los Magos en Oriente. Para nosotros, es también una estrella de esperanza.

 El lucero en la frente

En efecto, el Apocalipsis menciona la “estrella de la mañana” (2, 28) o el lucero del alba, que Dios dará a los que sean fieles a Cristo (quizá en relación con la marca que llevan en su frente, cf. 14, 1). Cristo mismo es la estrella radiante de la mañana (22, 16), como también le llama la segunda carta de san Pedro (2 Pe, 1, 19).

En una de las lecturas previas a la fiesta de la Epifanía, la liturgia católica de las Horas recoge este texto de San Agustín:

“El que era igual al Padre en la forma de Dios, se hizo semejante a nosotros en la forma de siervo, para reformarnos a semejanza de Dios; y, convertido en hijo del hombre –Él, que era único Hijo de Dios–, convirtió a muchos hijos de los hombres en hijos de Dios: y, habiendo alimentado a aquellos siervos con su forma visible de siervo, los hizo libres para que contemplasen la forma de Dios.

Pues ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él porque lo veremos tal cual es’ [1 Jn 3, 2]. (...)

Pero mientras eso no suceda, (…) mientras tenemos hambre y sed de justicia y anhelamos con inefable ardor la belleza de la forma de Dios, celebremos con devota obsequiosidad el nacimiento de la forma de siervo” (Sermón194, subrayado nuestro, 2ª lectura del 5 de enero).

El nacimiento de Jesús, Hijo de Dios hecho carne por nuestra salvación, nos hace, en efecto, “libres para contemplar a Dios”, cosa que sucederá en el Cielo, cuando le veamos “cara a cara” (1 Co 13, 12), y disfrutemos de la vida divina en la compañía de los santos.

Mientras tanto, la estrella que guía a los Magos, llevándoles hasta el Niño, nos trae, también a nosotros, la libertad. 

La libertad del amor

¿Qué libertad es esta? La libertad del amor, que es la perfección de la libertad. ¿Cómo se explica todo esto?

Es este un tema muy querido y recurrente en el pensamiento de Joseph Ratzinger. En una de sus audiencias generales (1-II-2012), Benedicto XVI lo desarrollaba con referencia a la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní y la interpretación de san Máximo el Confesor. He aquí las palabras del Papa alemán:

“Adán y Eva pensaron que el no a Dios sería la cumbre de la libertad, el ser plenamente uno mismo. (...) Jesús nos dice que el ser humano sólo alcanza su verdadera altura, sólo llega a ser divino conformando su propia voluntad a la voluntad divina; sólo saliendo de sí, sólo en el a Dios, se realiza el deseo de Adán, de todos nosotros, el deseo de ser completamente libres”.

Todo ello tiene que ver con el desarrollo del pensamiento cristiano sobre Cristo. Los primeros concilios definieron que Cristo es Hijo de Dios (concilio de Nicea en el a. 325) y que tiene una Persona y dos naturalezas, entre las cuales no hay confusión, ni cambio, ni división, ni separación (concilio de Calcedonia en el a. 451).

Con motivo del concilio III de Constantinopla (680), san Máximo el Confesor explicó que en Cristo, su voluntad humana (que se resistía, como es lógico, a la pasión y muerte) se unió a la voluntad divina, que deseaba nuestra salvación (cf. Mt 26, 39; Mc 14, 36; Lc 22, 42; Jn 12, 27s) por su obediencia amorosa al plan salvífico divino, trazado por la Trinidad.

La oración, laboratorio de libertad 

De esta manera se aclaraba que la unidad de las dos voluntades no se dio en el nivel de la naturaleza sino en su Persona (el espacio personal es el espacio de la libertad; la unidad libre es la unidad creada por el amor). Por eso, su naturaleza humana no quedó anulada por la naturaleza divina.

En su oración, que le llevó a morir en la Cruz, Cristo ejerció máximamente su libertad. Y por eso la oración cristiana –que participa de la de Cristo– puede caracterizarse como un “laboratorio de la libertad” (cf. sobre todo ello J. Ratzinger, Miremos al traspasado, Santa fe, Argentina, 2007, pp. 45-51).

Cristo con su voluntad humana es completamente libre. Cristo –afirma san Máximo– "murió, si así puede decirse, divinamente, porque murió libremente" (Ambigua, 91, 1056). Esto implicaba la mediación del Espíritu Santo, que es el amor mutuo entre el Padre y el Hijo.

Por todo ello, la caridad o el amor cristiano, que nos da una participación del amor de Cristo, nos hace participes de su misma libertad. El cristiano es verdaderamente libre, con la libertad del amor. Y plenamente libre, cuando busca hacerlo todo por amor a Dios y a los demás.

Así, la estrella de los Magos nos trae esa libertad que Cristo nos ha ganado, la libertad de los hijos de Dios. Esta libertad que nos hace, efectivamente, capaces de contemplar a Dios: incoadamente aquí, plenamente en el Cielo. Esto significa, al mismo tiempo, llenarnos de su amor y colaborar para que crezca la verdadera libertad en el mundo. http://feeds.feedburner.com/~r/IglesiaYNuevaEvangelizacin/~4/uuHFw1uPKK0?utm_source=feedburner&utm_medium=email

 

 

Formando a los niños para ser santos

Formando a los niños para ser santos
 
En el artículo anterior me refería a la alegría de los padres al tener un hijo que se fue desarrollando en el seno de la madre hasta el momento de darlo a luz; y reflexionaba sobre la acción de Dios, sabio y omnipotente, que iba, paso a paso, gestando esa nueva vida. Hoy podríamos detenernos a pensar sobre la misión de los padres con el hijo que Dios les ha regalado.
 
¿Qué hacen los padres o qué deben hacer, con cada hijo, que es un  don de incalculable valor, aunque es frágil, pequeño y débil pero que llega al mundo con un plan previsto por Dios para él? 
 
Sabemos que los cuidados primeros del ser humano son el alimento, el vestido, el cariño, cosas que necesitaremos a lo largo de la vida, además de otras muchas. Y pronto empezará ya la formación, se le enseñarán muchas cosas.  Pero, ¿qué parte tienen los padres para realizar en el hijo el plan de Dios sobre él?  Lo primero será saber cuál es ese plan.  Bien podemos decir que lo que Dios espera de cada una de sus criaturas al llamarnos a la vida, al elegirnos antes de la creación del mundo, es para que seamos santos e irreprochables por el amor
 
Por tanto, ahí tienen los padres una pauta para ir modelando a sus hijos.  Si los padres tienen derechos sobre el hijo, cuánto más el autor y dueño de su vida, Dios Padre Creador, para señalar el modo en que su hijo se debe desarrollar, crecer, madurar…
 
¡Ayudarle a ser santo e irreprochable por el amor!  Realmente hay padres que hacen eso: aman y enseñan a sus hijos a amar con corazón universal.
 
Cuando nos llegan noticias de acoso escolar, de maltrato entre niños, uno se pregunta si eso es espontáneo o lo ha aprendido en su entorno.
 
Podemos criar niños santos o niños capaces de crímenes, según las ideas, sentimientos que sembremos en sus mentes y en su corazón, ya desde su infancia.  Es fácil comprender la gran responsabilidad de los padres.
Algunos consideran al hijo como propiedad suya, olvidando que es puro regalo de Dios, tanto en el hecho de nacer como en el de conservarle la vida. Se ha fiado de ellos y se lo ha encomendado para que lo vayan manteniendo y educando; y como eso no es posible sin amarlo, les ha dado desde el principio un amor que sólo los padres pueden tener. El niño es propiedad de Dios, sólo de Dios. No lo es ni de los padres, ni de la sociedad, ni del Estado ni de cualquier grupo social.
 
Como en otras cosas de la vida, los hijos son causa de muchas alegrías y también de penas y disgustos. Con ello han de contar los padres y tener bien asumida su responsabilidad para afrontar debidamente cualquier situación.
 
¿Y si el hijo enferma?  ¿Y si nace enfermo?  ¿Y si muere?  Algunos padres ni siquiera admiten la posibilidad de que esas cosas le sucedan. Pero sí suceden, casi siempre a los demás. Pero han de pensar que alguna vez me puede pasar a mí.
 
Y aquí quiero manifestar mi admiración y cariño a tantos niños enfermos, que supieron asumir la muerte y ofrecerse como víctimas por la santidad de sus padres, la unión de su familia, por la conversión de pecadores, por defender la Eucaristía, por caridad con el prójimo, por confesar a Jesús. ¡Como verdaderos santos y así lo eran!  Y no sólo me refiero a los ya canonizados como Francisco y Jacinta, Laura, etc., sino a los cercanos a nosotros: Mª Carmen González-Valerio, Alejandro, Alexia, Anne Gabrielle, etc. También a todos los padres que supieron sobrellevar su inmenso dolor, dando testimonio de fe, de fortaleza, de abandono en el Autor de la vida. Y cómo no, mi oración por quienes están siendo probados por el dolor.
 
José Gea

 

 

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
6 de enero

Reyes MagosEl Evangelio de San Mateo (2,1-12) relata la historia de los magos.

Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer. Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:

Su Epifanía ante los Magos de Oriente: Se trata de una manifestación a los paganos, para poner de relieve que el Niño Dios que nace, viene para salvarnos a todos, independientemente de nuestra raza.

Su Epifanía del Bautismo del Señor: Manifestación a los judíos por medio de San Juan Bautista.

Su Epifanía de las Bodas de Caná: Manifestación a Sus discípulos y comienzo de Su vida pública por intercesión de su Madre María.

LOS OBSEQUIOS

Melchor, que representa a los europeos, ofreció al Niño Dios un presente de oro que atestigua su realeza. Gaspar, representante de los semitas de Asia, cuyo bien más preciado es el incienso, lo ofreció al Niño como símbolo de su divinidad. Y por último, Baltasar, negro y con barba, se identifica con los hijos de Cam, los africanos, que entregan la mirra, en alusión a su futura pasión y resurrección.

LA ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS
según las visiones de la Beata Ana Catalina Emmerich.

"Vi la caravana de los tres Reyes llegando a una puerta situada hacia el Sur.
Un grupo de hombres los siguió hasta un arroyo que hay delante de la ciudad, volviéndose luego. Cuando hubieron pasado el arroyo, se detuvieron un momento para buscar la estrella en el cielo. Habiéndola divisado dieron un grito de alegría y continuaron su marcha cantando. La estrella no los conducía en línea recta, sino por un camino que se desviaba un poco al Oeste.

La gran estrella
"La estrella, que brillaba durante la noche como un globo de fuego, se parecía ahora a la luna vista durante el día; no era perfectamente redonda, sino como recortada; a menudo la vi oculta por las nubes (...) El camino que seguían los Reyes era solitario, y Dios los llevaba sin duda por allí para que pudieran llegar a Belén durante la noche, sin llamar demasiado la atención.
Los vi ponerse en camino cuando ya el sol se hallaba muy bajo. Iban en el mismo orden, en que habían venido ; Ménsor, el más joven, iba delante; luego venía Saír, el cetrino, y por fin Teóceno, el blanco, que era también el de más edad.
"Les hablaron del valle de los pastores como de un buen lugar para levantar sus carpas. Ellos se quedaron durante largo rato indecisos. Yo no les oí preguntar nada acerca del rey de los judíos recién nacido. Sabían que Belén era el sitio designado por la profecía; pero, a causa de lo que Herodes les había dicho, temían llamar la atención.
"Pronto vieron brillar en el cielo, sobre un lado de Belén, un meteoro semejante a la luna cuando aparece; montaron entonces nuevamente en sus cabalgaduras, y costeando un foso y unos muros ruinosos, dieron la vuelta a Belén, por el Sur, y se dirigieron al Oriente hacia la gruta del Pesebre, que abordaron por el costado de la llanura donde los ángeles se habían aparecido a los pastores (...) "El campamento se hallaba en parte arreglado, cuando los Reyes vieron aparecer la estrella, clara y brillante, sobre la colina del Pesebre, dirigiendo hacia ella perpendicularmente sus rayos de luz. La estrella pareció crecer mucho y derramó una cantidad extraordinaria de luz (...)

Un gran júbilo
"De pronto sintieron un gran júbilo, pues vieron en medio de la luz, la figura resplandeciente de un niño. Todos se destocaron para demostrar su respeto; luego los tres Reyes fueron hacia la colina y encontraron la puerta de la gruta. Ménsor la abrió, viéndola llena de una luz celeste, y al fondo, a la Virgen, sentada, sosteniendo al Niño, tal como él y sus compañeros la habían visto en sus visiones.
³Volvió sobre sus pasos para contar a los otros lo que acababa de ver (...) Los vi ponerse unos grandes mantos, blancos con una cola que tocaba el suelo. Tenían un reflejo brillante, como si fueran de seda natural; eran muy hermosos y flotaban ligeramente a su alrededor. Eran éstas las vestiduras ordinarias para las ceremonias religiosas. En la cintura llevaban unas bolsas y unas cajas de oro colgadas de cadenas, cubriendo todo esto con sus amplios mantos. Cada uno de los Reyes venía seguido por cuatro personas de su familia, además de algunos servidores de Ménsor que llevaban una mesa pequeña, una tapete con flecos y otros objetos.
"Los Reyes siguieron a San José, y al llegar bajo el alero que estaba delante de la gruta, cubrieron la mesa con el tapete y cada uno de ellos puso encima las cajas de oro y los vasos que desprendieron de su cintura :
eran los presentes que ofrecían entre todos.

En el pesebre
"Ménsor y los demás se quitaron las sandalias, y José abrió la puerta de la gruta. Dos jóvenes del séquito de Ménsor iban delante de él; tendieron una tela sobre el piso de la gruta, retirándose luego hacia atrás ; otros dos los siguieron con la mesa, sobre la que estaban los presentes.
Una vez llegado delante de la Santísima Virgen, Ménsor los tomó, y poniendo una rodilla en tierra, los depositó respetuosamente a sus plantas. Detrás de Ménsor se hallaban los cuatro hombres de su familia que se inclinaban con humildad. Saír y Teóceno, con sus acompañantes, se habían quedado atrás, cerca de la entrada.
"María, apoyada sobre un brazo, se hallaba más bien recostada que sentada sobre una especie de alfombra, a la izquierda del Niño Jesús, el cual estaba acostado en el lugar en que había nacido; pero en el momento en que ellos entraron, la Santísima Virgen se sentó, se cubrió con su velo y tomó entre sus brazos al Niño Jesús, cubierto también por su amplio velo.
Entre tanto, María había desnudado el busto del Niño, el cual miraba con semblante amable desde el centro del velo en que se hallaba envuelto; su madre sostenía su cabecita con uno de sus brazos y lo rodeaba con el otro.
Tenía sus manitas juntas sobre el pecho, y a menudo las tendía graciosamente a su alrededor (...)  Vi entonces a Ménsor que sacaba de una bolsa, colgada de su cintura, un puñado de pequeñas barras compactas, pesadas, del largo de un dedo, afiladas en la extremidad y brillantes como el oro; era su regalo, que colocó humildemente sobre las rodillas de la Santísima Virgen al lado del Niño Jesús (...) Después se retiró, retrocediendo con sus cuatro acompañantes, y Saír, el Rey cetrino, se adelantó con los suyos y se arrodilló con una profunda humildad, ofreciendo su presente con palabras conmovedoras. Era un vaso de oro para poner el incienso, lleno de pequeños granos resinosos, de color verdoso; lo puso sobre la mesa delante del Niño Jesús.
Luego vino Teóceno, el mayor de los tres. Tenía mucha edad; sus miembros estaban endurecidos, no siéndole posible arrodillarse; pero se puso de pie, profundamente inclinado, y colocó sobre la mesa un vaso de oro con una hermosa planta verde. Era un precioso arbusto de tallo recto, con pequeños ramos crespos coronados por lindas flores blancas: era la mirra (...) Las palabras de los Reyes y de todos sus acompañantes eran llenas de simplicidad y siempre muy conmovedoras. En el momento de prosternarse y al ofrecer sus presentes, se expresaban más o menos en estos términos: «Hemos visto su estrella; sabemos que Él es el Rey de todos los reyes; venimos a adorarlo y a ofrecerle nuestro homenaje y nuestros presentes». Y así sucesivamente (...)

Dulce y amable gratitud
La madre de Dios aceptó todo con humilde acción de gracias; al principio no dijo nada, pero un simple movimiento bajo su velo expresaba su piadosa emoción. El cuerpecito del Niño se mostraba brillante entre los pliegues de su manto.
Por fin, Ella dijo a cada uno algunas palabras humildes y llenas de gracia, y echó un poco su velo hacia atrás. Allí pude recibir una nueva lección.
Pensé: «con qué dulce y amable gratitud recibe cada presente! Ella, que no tiene necesidad de nada, que posee a Jesús, acoge con humildad todos los dones de la caridad. Yo también, en lo futuro, recibiré humildemente y con agradecimiento todas las dádivas caritativas» ¡Cuánta bondad en María y en José! No guardaban casi nada para ellos, y distribuían todo entre los pobres
(...)
Los honores solemnes rendidos al Niño Jesús, a quien ellos se veían obligados a alojar tan pobremente, y cuya dignidad suprema quedaba escondida en sus corazones, los consolaba infinitamente. Veían que la Providencia todopoderosa de Dios, a pesar de la ceguera de los hombres, había preparado para el Niño de la Promesa, y le había enviado desde las regiones más lejanas, lo que ellos por sí no podían darle: la adoración debida a su dignidad, y ofrecida por los poderosos de la tierra con una santa magnificencia. Adoraban a Jesús con los santos Reyes. Los homenajes ofrecidos los hacían muy felices (...)

Agasajo
"Entre tanto, José, con la ayuda de dos viejos pastores, había preparado una comida frugal en la tienda de los tres Reyes. Trajeron pan, frutas, panales de miel, algunas hierbas y frascos de bálsamo, poniéndolo todo sobre una mesa baja, cubierta con un tapete. José había conseguido estas cosas desde la mañana para recibir a los Reyes, cuya venida le había sido anunciada de antemano por la Santísima Virgen (...) En Jerusalén vi hoy, durante el día, a Herodes leyendo todavía unos rollos en compañía de unos escribas, y hablando de lo que habían dicho los tres Reyes. Después todo entró nuevamente en calma, como si se hubiera querido acallar este asunto.
"Hoy por la mañana temprano vi a los Reyes y a algunas personas de su séquito, visitando sucesivamente a la Sagrada Familia. Los vi también, durante el día, cerca de su campamento y de sus bestias de carga, ocupados en hacer diversas distribuciones. Estaban llenos de júbilo y de felicidad, y repartían muchos regalos. Vi que entonces, se solía siempre hacer esto, en ocasión de acontecimientos felices.
"Por la noche, fueron al Pesebre para despedirse. Primero fue sólo Ménsor.
María le puso al Niño Jesús en los brazos; él lloraba y resplandecía de alegría.
Luego vinieron los otros dos, y derramaron lágrimas al despedirse. Trajeron todavía muchos presentes; piezas de tejidos diversos, entre los cuales algunos que parecían de seda sin teñir, y otros de color rojo o floreados; también trajeron muy hermosas colchas. Quisieron además dejar sus grandes mantos de color amarillo pálido, que parecían hechos con una lana extremadamente fina; eran muy livianos y el menor soplo de aire los agitaba.
Traían también varias copas, puestas las unas sobre las otras, cajas llenas de granos, y en una cesta, unos tiestos donde había hermosos ramos de una planta verde con lindas flores blancas. Aquellos tiestos se hallaban colocados unos encima de otros dentro de la canasta. Era mirra. Dieron igualmente a José unos jaulones llenos de pájaros, que habían traído en gran cantidad sobre sus dromedarios para alimentarse con ellos.

La despedida
"Cuando se separaron de María y del Niño, todos derramaron muchas lágrimas.
Vi a la Santísima Virgen de pie junto a ellos en el momento de despedirse.
Llevaba sobre su brazo al Niño Jesús envuelto en su velo, y dio algunos pasos para acompañar a los Reyes hasta la puerta de la gruta; allí se detuvo en silencio, y para dar un recuerdo a aquellos hombres excelentes, desprendió de su cabeza el gran velo transparente de tejido amarillo que la envolvía, así como al Niño Jesús, y lo puso en las manos de Ménsor. Los Reyes recibieron aquel presente inclinándose profundamente, y un júbilo lleno de respeto hizo palpitar sus corazones, cuando vieron ante ellos a la Santísima Virgen sin velo, teniendo al pequeño Jesús. ¡Cuántas dulces lágrimas derramaron al abandonar la gruta! El velo fue para ellos desde entonces la más santa de las reliquias que poseían.
"Hacia la medianoche, tuve de pronto una visión. Vi a los Reyes descansando en su carpa sobre unas colchas tendidas en el suelo, y cerca de ellos percibí a un hombre joven y resplandeciente. Era un ángel que los despertaba y les decía que debían partir de inmediato, sin volver por Jerusalén, sino a través del desierto, siguiendo las orillas del Mar Muerto.
"Los Reyes se levantaron enseguida de sus lechos, y todo su séquito pronto estuvo en pie. Mientras los Reyes se despedían en forma conmovedora de san José una vez más delante de la gruta del Pesebre, su séquito partía en destacamentos separados para tomar la delantera, y se dirigía hacia el Sur con el fin de costear el Mar Muerto atravesando el desierto de Engaddi.
"Los Reyes instaron a la Sagrada Familia a que partiera con ellos, porque sin duda alguna un gran peligro la amenazaba; luego aconsejaron a María que se ocultara con el pequeño Jesús, para no ser molestada a causa de ellos.
Lloraron entonces como niños, y abrazaron a san José diciéndole palabras conmovedoras; luego montaron sus dromedarios, ligeramente cargados, y se alejaron a través del desierto. Vi al ángel cerca de ellos, en la llanura, señalarles el camino. Pronto desaparecieron. Seguían rutas separadas, a un cuarto de legua unos de otros, dirigiéndose durante una legua hacia el Oriente, y enseguida hacia el Sur, en el desierto.

Autor del artículo: Javier López

 

 

 

REFLEXIONES DE EPIFANÍA

Pensamientos de santos y pontífices sobre la fiesta en  que Cristo se manifestó como Dios y como Hombre, Antología de textos de F. fernández Carvajal:

  Como  los Reyes Magos, hemos descubierto una estrella, luz y  rumbo, en el cielo del alma.
  Precisamente se les había ocultado (la estrella) para que, al hallarse sin guía, no tuvieran otro remedio que preguntar a los judíos, y quedara así manifiesto a to-dos el nacimiento de Cristo (San Juan Crisóstomo, Homilía  sobre S. Mateo, 7).

  Hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. Es nuestra misma experiencia. También nosotros advertimos que, poco a poco, en el alma se encendía un nuevo resplandor: el deseo de ser plenamente cristiano; si me permitís la expresión, la ansiedad de tomarnos a Dios en serio (J. Escriva de Balaguer, Es Cristo que pasa, 32).

  Hoy los Magos revuelven en su mente con profundo estupor lo que allí han visto; el cielo en la tierra, la tierra en el cielo, el hombre en Dios, Dios en el hombre y a aquel a quien no puede contener el universo encerrado en un pequeño cuerpecillo. Y, al verlo, lo aceptan sin discusión, como lo demuestran sus dones simbólicos: el incienso, con el que profesan su divinidad; el oro, expresión de la fe en su raleza; la mirra, como signo de su condición mortal. 

  Así los gentiles, que eran los últimos, llegan a ser los primeros, ya que la fe de los Magos inaugura la creencia de toda la gentilidad (san Pedro Crisólogo, Sermón 160).

  La Epifanía es, pues, la gran fiesta de la fe. Participan en esta fiesta tanto quienes han llegado ya a la fe como los que se encuentran en el camino para alcanzarla. Participan, agradeciendo el don de la fe, al igual que los Magos, llenos de gratitud, se arrodillaron ante el Niño. En esta fiesta participa la Iglesia, que cada año se hace más consciente de la amplitud de su misión (Juan Pablo II, Homilía 6-1-1979).

María de los Ángeles Albornoz

Monteros-Tucumán-Argentina

 

 

 

¡Gracias por tu rezo!

Gracias por enviar tu rezo. Ahora, ¿podrías compartirlo para que sean más las personas que recen por estos sacerdotes?

Clic aquí para compartirlo en Facebook .

Clic aquí para compartirlo en Twitter.

O puedes enviar este enlace a tus amigos: https://carfundacion.org/rezoxsacerdotes/?source=direct_link&

O copia el mensaje a continuación y pégalo.

¡Gracias!

CARF Fundación


Copia y pega este mensaje para que seamos más rezando por los sacerdotes:

Asunto: ¡Envía tu rezo!

Cuerpo:

Hola,

Cientos de sacerdotes trabajan en solitario por sacar adelante a miles de personas en las localidades más abandonadas de la Tierra. Aunque ellos no lo piden, necesitan tus rezos para continuar su misión.

Necesito tu ayuda para seguir enviando rezos: https://carfundacion.org/rezoxsacerdotes/?source=email&&

¡Gracias!

 

 

¿Hay patria sin respeto a la vida?

Fernando Pascual, L.C.

La noción de patria es compleja y crea discusiones muy vivas. El hecho de que un conjunto de hombres y mujeres se sientan miembros de una colectividad, con una historia común, además de otros elementos necesarios para que se dé la cohesión necesaria para acometer proyectos compartidos, podrían parecer suficientes para que constituyan una patria.

         Existe una dimensión básica sin la cual cualquier idea de patria estaría dañada en sus mismas raíc es. Porque una idea de patria no puede ser sana si implica injusticias graves contra los seres humanos más indefensos, sea que hayan nacido dentro de las propias fronteras, sea que tengan “ pasaportes ” de otros estados.

        Especialmente, la idea de patria est á gravemente herida allí donde una comunidad humana no reconoce ni tutela adecuadamente la vida de cada uno de los hijos que viven en el seno materno. En otras palabras, si un estado (que no siempre coincide con una patria) permite el aborto, se coloca en una situación tal de injusticia que daña de modo irremediable los fundamentos en los que se construye una vida social sana.

        Por eso, a la hora de analizar las leyes y las costumbres de cualquier colectividad humana, hace falta fijarse seriamente en lo que se refiere a la tutela de la vida naciente. ¿Este grupo humano ayuda a las mujeres en su maternidad? ¿Tutela a cada hijo por encima de los deseos o imposiciones de sus padres y de sus madres? ¿Promueve medidas concretas para penalizar de modo adecuado la injusticia del aborto? ¿Enseña a las personas a respetar y ayudar al hijo desde el inicio de su existencia? ¿Evita cualquier forma de abusos contra la dignidad de los hijo y contra el respeto a la vida matrimonial, como los que se producen en técnicas de f ecundación artificial que son indignas del ser humano?

        Son preguntas ante las que es necesario detenerse a la hora de mirar si un grupo, una sociedad, un estado, una patria, han alcanzado un nivel irrenunciable de justicia.

        Hay, desde luego, muchos otros aspectos a tener en cuenta, pero el respeto a la vida constituye una dimensión esencial para que una patria (y cualquier otra sociedad humana) se construya desde cimientos sólidos y buenos, para que promueva realmente los derechos fundamentales de todos y de cada uno de sus miembros, desde que inician a existir hasta que llegan a cruzar la frontera de la muerte.

 

 

Los jóvenes son nuestra esperanza

Los jóvenes son nuestra esperanza

Por Mónica Muñoz

Cuando escucho quejas acerca de la juventud actual, muchas reflexiones llegan a mi cabeza, por ejemplo, no puedo evitar pensar en los padres de esos muchachos que no se han preocupado en guiarlos por el buen camino.  También se me ocurre que no han tenido la oportunidad de desarrollar su potencial, nada menos porque han estado expuestos a un ambiente dañino que nada ha aportado para que exploten sus talentos.  O bien, que este mundo que les estamos dejando no tiene esperanza porque está condenado a desaparecer.

Claro que todo lo que se me ocurre, pinta un panorama negro y que no deja más que sentimientos de frustración y pesar, porque los medios de comunicación y las redes sociales se centran en presentarnos sólo las malas noticias, sin embargo, hay muchas experiencias buenas y conmovedoras que fácilmente nos haría cambiar de parecer.

Y para no ser parte de la oleada de malas nuevas, quiero compartir una hermosa vivencia que  tuvo un final feliz.

Todo comenzó en agosto, cuando iniciamos el ciclo escolar en la universidad en la que trabajo. La materia nos presentaba la oportunidad de desarrollar una campaña de publicidad en torno a un producto o servicio. No obstante, decidimos que era mejor enfocarla a apoyar a una organización no gubernamental sin fines de lucro.  La elección recayó en AMANC Guanajuato, que se dedica a apoyar a niños con cáncer y sus familias. AMANC tiene una campaña permanente de recaudación de tapitas de plástico para obtener fondos.  Con el dinero solventan los gastos que las familias de los niños que acuden al hospital general de Celaya tienen que afrontar, la mayoría de ellas son de escasos recursos.

Hay que señalar que es el sector salud el que aplica a los pacientes los tratamientos y quimioterapias, que son muy caros, pero para pagar la estancia, los pasajes, la comida y demás gastos que genera esta terrible enfermedad, AMANC brinda un apoyo increíble durante el proceso de detección, diagnóstico e inicio de los tratamientos. Actualmente atienden a más de 300 niños de 34 municipios del estado de Guanajuato y uno de Michoacán.   Por eso, la ayuda de voluntarios y bienhechores es invaluable.

Tres meses duró la campaña que hicieron estos jóvenes, a quienes vi desvelarse, organizar, cambiar de planes, colectar tapas en la escuela, en negocios, en iglesias, con familiares, amigos y toda la gente de buena voluntad que quiso sumarse.  Hicieron uso de la radio y las redes sociales para pedir ayuda, organizaron dos colectas en el parque de La Alameda de Celaya, donde gente de otros municipios como Cortazar, San Miguel de Allende y Apaseo el Grande llegó con su donativo.  Y lo mejor del caso, se dieron cuenta de que podían usar su inteligencia y talentos para ayudar a sus prójimos.

Por fin llegó el día de la entrega. El grupo, conformado por siete entusiastas jóvenes, se reunió en la escuela para cargar la camioneta que el papá de una de las chicas prestó con gusto. Su hermano menor conducía el vehículo. Costó mucho cargar todo, sin embargo tomamos la calle para dirigirnos a nuestro destino, donde nos esperaba la Lic. Sofía Villanueva, directora de AMANC Guanajuato.  Para que los jóvenes pudieran entregar algunos regalitos que llevaban para los niños, la acompañamos a la unidad oncopediátrica “Alejandre” que tienen anexo al hospital.  Mucha gente esperaba turno, unos para ser atendidos por la psicóloga o la trabajadora social, otros para quimioterapias, pero un grupito de pequeños jugaba en la ludoteca.  Luego de conocer las instalaciones, construidas por AMANC con los donativos de sus bienhechores, los jóvenes pudieron entregar sus presentes y, por supuesto, no podía faltar la foto con los niños que, gracias a Dios, sólo van a revisión porque casi han logrado vencer el cáncer.

Hay que destacar que, por una gracia especial, pudimos ingresar al área de consultorios para convivir un momento con los niños y llevarles un poco de alegría, porque hay que ser muy cuidadosos con ellos, ya que, debido al tratamiento que reciben, pierden todas sus defensas. Ahora, la invitación permanece para quienes se han añadido a este sencillo pero significativo esfuerzo, ¡sigan juntando tapas!, a los jóvenes les ha quedado claro que no es basura, sino ayuda para estos pequeños y sus familias.

Mil gracias por su apoyo a quienes se sumaron a la campaña. Y a mis queridos alumnos, que terminaron satisfechos y muy contentos con el resultado, mi admiración y reconocimiento por su entrega y dedicación, éste fue un semestre lleno de aprendizaje y experiencias invaluables para el resto de sus vidas. Quedó demostrado que los jóvenes pueden hacer mucho bien en este deteriorado mundo. Que Dios los bendiga.

Que tengan una excelente semana.

 

 

Radiografía del problema de los ni-ni

    Radiografía del problema de los 'ni-ni' en España: ¿consecuencia de la crisis o abandono escolar?

    Los jóvenes españoles de entre 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan son el 18,8%; la media europea de los Veintisiete está en el 13,2%. Expertos apuntan a la implantación de la Logse como freno al acceso a la FP y al aumento del fracaso escolar, mucho mayor entre los chicos.

    En la actual situación de grave crisis económica, España tiene además un grave problema añadido con los llamados 'ni-ni', es decir aquellos jóvenes entre los 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan.

    Hasta tal punto esto es así que, según datos de la encuesta de población activa (EPA), España está en cabeza de los países con más jóvenes que ni estudian ni trabajan, con un 18,8% de 'ni-ni' en 2012. Solo Bulgaria, Italia y Grecia la superan, mientras la media de la Europa de los Veintisiete es del 13,2% y países como Holanda, Noruega, Islandia, Austria, Suiza, Dinamarca o Alemania están por debajo del 8%.

    Aunque diversos estudios consideran que la cifra es algo exagerada, dado que hay jóvenes que rechazan trabajo porque no es adecuado a sus conocimientos y otros que viven en familia y no tienen prisa por trabajar, lo cierto es que "en el contexto internacional, España es el modelo que no se ha de hacer, el sistema educativo está muy lejos del mercado laboral", advierte Carme Pagès-Serra, que trabaja en la Unidad de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo.

    Además, según afirma en declaraciones publicadas el 7 de julio en La Vanguardia, "se hacen muy pocas prácticas en las empresas, no hay programas para trabajar durante el verano y se produce una separación absoluta entre la etapa educativa y la etapa en que se empieza a trabajar".

    Ante esta situación, cabe preguntarse si la desproporcionada cantidad de 'ni-ni' que hay en España es producto de la crisis o está más relacionado con el abandono escolar temprano.

    El freno de la Logse    En principio, la gravedad de la crisis y el incremento del paro son factores que influyen en que haya menos abandono escolar, y por tanto menos 'ni-ni', ya que ante la falta de oportunidades laborales muchos jóvenes optan por seguir estudiando.

    De hecho, entre 2008 y 2012 se ha notado un ligero descenso del 30% al 24% en abandono escolar prematuro. Y otro tanto ha sucedido en la gran mayoría de países europeos, en los que el abandono de los estudios se ha ido reduciendo de manera constante.

    Sin embargo, mientras en el contexto europeo este descenso se ha venido produciendo de forma continuada en los últimos veinte años, en España la caída del abandono escolar se vio frenada entre el 2000 y el 2008. ¿La causa? La implantación de la Logse. Desde el momento en que se puso en marcha se produjo un ligero incremento del abandono de los estudios.

    Aunque en su día la Logse fue defendida a capa y espada por aquellos que consideraban que se trataba de una ley progresista e igualitaria, había quienes la denunciaban porque consideraban que era la causante de una buena parte de los problemas educativos y del fracaso escolar que se daban.

    La cuestión es que a día de hoy hay expertos que han encontrado una conexión entre la implantación de la Logse y el aumento del abandono escolar prematuro, especialmente con respecto a los chicos. Entre ellos están los autores de un estudio de Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), Sergi Jiménez-Martín, Florentino Felgueroso y Begoña Álvarez.

    La explicación es que la aprobación de la Logse en 1990, que amplió la educación obligatoria de los 14 a los 16 años, supuso también la supresión de la FP1, que se podía iniciar a los 14 años al acabar la EGB. Y es que si el alumno no llega a aprobar la ESO, empieza a repetir y pierde interés en seguir unos estudios muy académicos, queda prácticamente expulsado del sistema, sin posibilidad de una formación profesional.

    Mucho más abandono entre los chicos

    Además, en el caso español el abandono escolar padece de una seria distorsión. Mientras casi hasta el año 1985 el abandono de los estudios era algo mayor entre los chicos que entre las chicas, esa diferencia ha ido aumentando con el paso del tiempo y ya es la mayor entre todos los países de la OCDE, por encima de 10 puntos porcentuales.

    Es decir, España no solo es un país líder en 'ni-ni' y en fracaso escolar sino que al mismo tiempo ese fracaso escolar se ceba de forma más rotunda entre los chicos que entre las chicas.

    Obviamente, si esa proporción se diera al revés, ya se habrían alzado voces que hablarían de discriminación y, por tanto, de legislar y dotar de recursos para evitarlo. En este caso, ni hay discriminación ni tan siquiera problema, a la vista de la falta de iniciativas en este sentido.

    Esta situación se observa también en el reciente estudio de la OCDE 'Panorama de la educación 2013'. En uno de sus apartados incluyen el gráfico que acompaña esta información, donde se puede apreciar la desviación en los resultados entre chicos y chicas que han alcanzado al menos la primera etapa de Educación Secundaria.

    En el grupo de edad que en España ahora tiene entre 55 y 64 años, es decir que hizo los estudios de Primaria y Secundaria tiempo atrás, un 38% de los chicos había terminado esa etapa, mientras que en las chicas era un 30%, es decir 8 puntos porcentuales menos en ellas.

    Sin embargo, analizados los datos de quienes tienen ahora entre 25 y 34 años, un 59% de hombres han cerrado ese ciclo, mientras que entre las mujeres lo ha hecho un 70%. O sea que actualmente ellas superan a los chicos en 11 puntos. Si se tiene en cuenta que años atrás las mujeres estaban por debajo en 8 puntos, el salto cualitativo que ellas han dado sobre los chicos ha sido de 19 puntos porcentuales.

    Comparativamente, los datos de la OCDE no muestran unas diferencias tan marcadas. Entre los hombres que ahora tienen entre 55 y 64 un 68% alcanzaron la primera etapa de Educación Secundaria, y entre las mujeres un 60%. La diferencia era también de 8 puntos.

    Y de las mujeres de entre 25 y 34 años, un 81% ha acabado con éxito esa etapa, frente a un 84% de ellos. La diferencia es de 3 puntos que, sumados a los 8 anteriores da una evolución de la mujer de 11 puntos.

    En este caso, además de significar la gran diferencia que hay en los resultados escolares de la ESO entre los países de la OCDE y España, se puede observar que la diferencia entre ellos y ellas en la OCDE no es tan grande como en el caso español, sobre todo en los tiempos actuales.

    Toda esta visión, en su conjunto, no hace otra cosa que constatar una vez más la excepcionalidad de España en el contexto de los países europeos y de la OCDE, en este caso en relación al sistema educativo.

    Víctor Ruiz

 

 

 

Votar antes por el qué, que por el quién

En las próximas elecciones de Mayo será más importante votar por el “Qué”, que por el “Quién”.
Importa menos el candidato que los valores o anti-alores que representan sus ideas y conducta conocidas.
Y es que todos somos el resultado de los valores, respetados o no, propios de la cultura en la que nos realizamos. Valores y cultura están en íntima relación. Y nuestra cultura, gústenos o no, es cristiana, más o menos bien practicada.
Una cultura que nos llega desde las antiguas Grecia y Romay el judaísmo, todo depurado y enriquecido por el cristianismo.
La palabra latina, desde sus iniciales significados, apuntó siempre hacia la vida, la verdad y el bien. Aunque se crearon antivalores, todos son anti-cristianos.
El Dios en el que no creen nuestros ateos es el Dios Cristiano. Como nunca antes, la lucha contra los valores es global, impulsada por movimientos políticos de género, furiosamente anti-cristianos, que pretenden imponer el matrimonio homosexual y el aborto, cambiando Constituciones y leyes. Esto, para empezar.
Todos los candidatos deben definirse claramente contra esos anti-valores. Debemos exigírselo. Es nuestro derecho.

Es hora de recordarles a los políticos los clarísimos mensajes emanados de las multitudinarias marchas por la vida y la familia, alentadas por gropos, movimientos e iglesias cristianas y laicos humanistas. Se me ocurre que los medios interesados en esta perspectiva moral podrían recordarles esos valores.
* El autor es periodista.

Miguel A Espino Perigault
espinomiguel21@gmail.com

 

 

Mártires y violadores del secreto de confesión

Se intenta eliminar el secreto de confesión dando un golpe mortal a ese sacramento

La abolición por parte de los Estados del secreto de confesión constituye una verdadera persecución contra la Iglesia

El secreto de confesión está siendo contestado por un número creciente de países, bajo pretexto de reprimir la pedofilia y otros delitos.

Contenidos

La inviolabilidad del secreto de confesión es uno de los pilares de la moral católica.

El nuevo Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que «todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas.

Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes.

Este secreto, que no admite excepciones, se llama “sigilo sacramental”, porque lo que el penitente ha manifestado al sacerdote queda “sellado” por el sacramento.» (nº 1467).

A su vez, el nuevo Código de Derecho Canónico impone la excomunión latae sententiae al sacerdote que viola el secreto sacramental (canon 1388 – §1). Para la Iglesia, no hay motivo que pueda justificar la violación del secreto confesional, porque, como explica Santo Tomás, «el sacerdote no conoce como hombre los pecados que se le confían, sino como Dios» (Suma Teológica, supl. 11, 1 ad 2).

Lo estados católicos siempre han salvaguardado el secreto de confesión.

En su novela histórica La marquesa de Brinvilliers, Alejandro Dumas evoca un episodio tomado del Tractatus de confessariis de Rodrigo da Cunha y Silva (1577-1643), arzobispo de Lisboa:

Un catalán natural de Barcelona había sido condenado a muerte por un homicidio que había cometido y reconocido. Llegada la hora de confesarse, se negó a hacerlo. Varias veces intentaron convencerlo, pero se mantuvo en sus trece con tanta vehemencia que los presentes entendieron que semejante rebelión era fruto de la turbación suscitada por la proximidad de la muerte.

Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), arzobispo de Valencia, fue informado de la situación. El prelado resolvió hacer lo posible por inducir al reo a confesarse, a fin de que no perdiese el alma junto con el cuerpo.

Cuál no sería su sorpresa cuando, habiéndole preguntado el porqué de su negativa a confesarse, el condenado repuso que detestaba a los confesores porque se lo había condenado por homicidio a causa precisamente de lo que había revelado durante el sacramento.

Nadie tenía noticia del mencionado asesinato excepto el  sacerdote a quien no sólo había manifestado su arrepentimiento, sino también el lugar donde había sepultado el cadáver y otras circunstancias del delito.

Más tarde, el sacerdote había referido todos los detalles a las autoridades, y por ese motivo el asesino no había podido negar su culpa. En ese momento, el culpable comprendió que el sacerdote era hermano de la víctima y la sed de venganza había podido más que sus obligaciones sacerdotales.

Santo Tomás de Villanueva estimó esta declaración mucho más grave que el proceso, ya que estaba en juego el prestigio de la religión. Por tanto, consideró oportuno indagar la veracidad de tal declaración.

Hizo llamar al sacerdote y, tras hacerle confesar el delito de violación del sacramento, obligó a los jueces a revocar la sentencia y absolverlo. Y así se hizo, ante la admiración y aclamación de los presentes.

El confesor fue condenado a una severísima pena, que mitigó Santo Tomás en consideración al pronto reconocimiento de su culpa por parte del sacerdote y sobre todo por la satisfacción de ver la gran estima en que los magistrados tenían el sacramento».

¿Hacia la abolición del secreto?

Aunque la tradición jurídica occidental ha respetado siempre el secreto de confesión, el proceso de secularización operado en las últimas décadas, que según algunos habría debido beneficiar a la Iglesia, está alterando no obstante la situación.

En un artículo aparecido recientemente en el diario romano Il Messaggero (20 de diciembre de 2018) el vaticanista Franca Giansoldati ha afirmado que

«la abolición del secreto de confesión es una hipótesis que avanza implacablemente en varios países a pesar de la enérgica oposición por parte de los obispos».

Desgraciadamente, la realidad confirma esta previsión.

En Australia, las autoridades locales de Camberra han aprobado una ley que exige a los sacerdotes vulnerar el sigilo confesional cuando vengan en conocimiento de casos de abusos sexuales.

En Bélgica, el pasado día 17, el padre Alexander Stroobandt ha sido condenado por el tribunal de Brujas por no haber notificado a los servicios sociales que un anciano le había manifestado su intención de quitarse la vida.

Imposiciones legales

Según el tribunal, el secreto de confesión no es inviolable y debe ser quebrantado en caso de abusos de menores y para prevención de suicidios.

El Tribunal Supremo italiano, mediante la resolución 6912 del 14 de febrero de 2017, determinó que, en caso de negarse a declarar alegando secreto de confesión, los sacerdotes citados para declarar en un proceso por abusos sexuales incurrirían en delito de perjurio.

Es de suponer que en la reunión cumbre del Papa con los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo que se celebrará en Roma entre el 21 y 24 del próximo mes de febrero para hablar de la protección de los menores en la Iglesia se tratará este tema.

Pero por lo que se ve, tanto Francisco como las jerarquías eclesiásticas ceden a las exigencias del mundo a la hora de distinguir entre pecados que son delitos para los estados laicos, como los abusos contra menores, y otros que por el contrario gozan de protección por parte de los estados modernos, como la homosexualidad.

Para los primeros, el clero pide tolerancia cero; respecto a los segundos, calla.

En consecuencia, es de prever que la legislación de los estados modernos imponga a la Iglesia la tolerancia cero a los abusos de menores, eximiendo del secreto de confesión a los sacerdotes que vengan en conocimiento de dichos delitos.

En caso contrario, la persecución motivada por el secreto sacramental, que ha sido excepcional en la historia de la Iglesia, será habitual en los próximos años. Por esta razón, se hace más necesaria que nunca la ayuda espiritual de quienes no se dejaron intimidar ante la muerte por respeto a la ley divina.

Mártires del secreto de confesión

https://www.accionfamilia.org/wp-content/uploads/2019/01/sanjuannepomuceno.jpg

San Juan Nepomuceno (1330-1383), torturado y ahogado en el río Moldava

Es conocido el martirio de San Juan Nepomuceno (1330-1383), torturado y ahogado en el río Moldava en Praga por orden del rey Wenceslao de Bohemia tras haberse negado a revelar lo que la mujer de éste le había confiado en confesión.

Menos conocido es el caso del sacerdote mexicano san Mateo Correa Magallanes (1866-1927).

Durante el levantamiento cristero contra el gobierno masónico, el general Eulogio Ortiz, famoso por haber fusilado a uno de sus hombres porque llevaba un escapulario, mandó detener al padre Mateo, y le ordenó confesar en la celda a los bandidos cristeros que serían fusilados al día siguiente y contarle después cuanto le hubiesen revelado en confesión.

El sacerdote confesó a los detenidos, pero se negó vehementemente a acceder a la orden que le se le había dado. El 6 de febrero de 1927, el general Ortiz lo ejecutó con su propia pistola junto al cementerio de Durango. Mateo Correa Magallanes fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y canonizado el 21 de mayo de 2000 por el papa Juan Pablo II.

En cambio, nadie se acuerda del sacerdote mártir peruano Pedro Marieluz Garcés (1780-1825).

Este religioso, de la orden de los camilos, participó en la guerra de emancipación del Perú como capellán del virrey español don José de la Serna y de sus tropas, mandadas por el brigadier José Ramón Rodil y Campillo (1789-1853).

Tras la derrota de los realistas en la batalla de Ayacucho (1824), el ejército de Rodil fue sitiado en la fortaleza de El Callao, y el padre Garcés se quedó junto a los soldados para brindarles asistencia espiritual.

En septiembre de 1825, la desmoralización de las tropas suscitó una conspiración por parte de algunos oficiales al interior de la fortaleza.

La trama fue descubierta por Rodil, y trece oficiales sospechosos fueron detenidos, los cuales negaron que hubiese conspiración alguna. Rodil ordenó fusilarlos y llamó al padre Marieluz para que los confesara y preparara para morir cristianamente. A las nueve de la noche todos fueron ejecutados.

Como el general no tenía certeza de haber descubierto a todos los conjurados, hizo llamar al capellán para exigirle, en nombre del Rey, que le revelara cuanto se le hubiese dicho en confesión sobre la conjura.

El padre Marieluz se negó rotundamente invocando el secreto de confesión. Rodil lo amenazó, acusándolo de traicionar al Rey, a la Patria y a su general. El sacerdote respondió con firmeza: «Soy fiel al Rey, a la bandera y a mis superiores, pero nadie tiene derecho a pedirme que traicione a mi Dios. En esto no puedo obedecer a Vuecencia».

Al oír estas palabras, Rodil abrió la puerta de par en par y ordenó a una cuadrilla de cuatro soldados que entrasen con los fusiles listos para disparar. Obligó al religioso a arrodillarse, y exclamó: «En nombre del Rey, le exijo por última vez: ¡hable!»

«En nombre de Dios, no puedo hablar», respondió serenamente el padre Pedro Marieluz Garcés, que instantes después caía herido de muerte, mártir del secreto de confesión.

Cuando Rodil regresó a España, le fue otorgado el título de marqués, y fue sucesivamente diputado, senador, presidente del Consejo de Ministros y gran maestre de la Masonería.

Pedro Marieluz Garcés está a la espera de ser beatificado por la Iglesia.

Por Roberto de Mattei

 

 

Respuesta de la Santa Sede a una duda sobre la legitimidad de la histerectomía en algunos casos

 

 

Respuesta de la Santa Sede a una duda sobre la legitimidad de la histerectomía en algunos casos

Congregación para la Doctrina de la Fe

Respuesta a una duda
sobre la legitimidad de la histerectomía en algunos casos

El 31 de julio de 1993, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó las Respuestas a las preguntas presentadas sobre el “aislamiento uterino” y otras cuestiones. Estas respuestas, que conservan toda su validez, consideran la extirpación del útero (histerectomía) moralmente lícita cuando el mismo constituye un grave peligro actual para la vida o la salud de la madre, y consideran ilícitas, en cuanto se configuran como una modalidad de esterilización directa, la extirpación del útero y la ligadura de las trompas (aislamiento uterino) con el fin de imposibilitar un posible embarazo que pudiera implicar algún riesgo para la madre.

En los últimos años, se han presentado algunos casos a la Santa Sede, bien circunstanciados, también relacionados con la histerectomía, que se presentan sin embargo como un caso diferente del que fue examinado en 1993, porque se refieren a situaciones en las que en ningún caso es posible la procreación. La duda y la respuesta, acompañadas de la Nota ilustrativa, que ahora se publican, se refieren a este nuevo caso y completan las respuestas dadas en 1993.

Duda: Cuando el útero se halla de forma irreversible en un estado tal que ya no puede ser idóneo para la procreación, y médicos expertos han alcanzado la certeza de que un posible embarazo conducirá a un aborto espontáneo, antes de que el feto pueda alcanzar el estado de viabilidad. ¿Es lícito extirparlo (histerectomía)?

Respuesta: Sí, porque no se trata de esterilización.

Nota ilustrativa

La duda se refiere a algunos casos extremos, recientemente presentados a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que constituyen un caso diferente de aquel al que se dio respuesta negativa el 31 de julio de 1993. El elemento que hace esencialmente diferente la pregunta actual es la certeza alcanzada por médicos expertos de que, en caso de embarazo, el mismo se detendría espontáneamente antes de que el feto alcance el estado de viabilidad. Aquí no se trata de dificultades o riesgos de mayor o menor importancia, sino de una pareja para la cual no es posible procrear.

El objeto propio de la esterilización es impedir la función de los órganos reproductores, y su malicia consiste en el rechazo de la prole: es un acto contra el bonum prolis. En el caso contemplado en la presente duda, se sabe con certeza que los órganos reproductivos no son capaces de custodiar a un concebido hasta su viabilidad, es decir, no son capaces de llevar a cabo su función procreativa natural. La finalidad del proceso procreativo es dar a luz a una criatura, pero aquí el nacimiento de un feto vivo no es biológicamente posible. Por lo tanto, no estamos ante un funcionamiento imperfecto o arriesgado de los órganos reproductores, sino ante una situación en la que la finalidad natural de dar a luz a una prole viva es imposible.

La intervención médica en cuestión no puede juzgarse como anti-procre­ativa, porque se está en presencia de un contexto objetivo en el que ni la procreación ni como resultado la acción anti-procreativa son posibles. Excluir un aparato reproductivo que no es capaz de llevar a término un embarazo no puede por lo tanto calificarse como esterilización directa, que es y sigue siendo intrínsecamente ilícita como fin y como medio.

El problema de los criterios para evaluar si el embarazo pueda o no prolongarse hasta el estado de viabilidad es una cuestión médica. Desde el punto de vista moral, hay que pedir que se alcance todo el grado de certeza que se puede alcanzar en medicina, y en este sentido, la respuesta dada es válida para la duda tal como, en buena fe, ha sido propuesta.

Además, la respuesta a la duda no dice que la decisión de practicar la histerectomía sea siempre la mejor, sino solo que, en las condiciones mencionadas anteriormente, es una decisión moralmente lícita, sin excluir por ello otras opciones (por ejemplo, recurrir a los períodos de infertilidad o a la abstinencia total). Corresponde a los esposos, en diálogo con los médicos y con su guía espiritual, elegir el camino a seguir, aplicando a su caso y circunstancias los criterios normales de gradualidad de la intervención médica.

El Sumo Pontífice Francisco, en la Audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha aprobado la mencionada respuesta y ha ordenado su publicación.

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 10 de diciembre de 2018.

Luis F. Card. Ladaria, S.I.
Prefecto

+ Giacomo Morandi
Arzobispo titular de Cerveteri
Secretario

 

Los cristianos, ¿culpables del deterioro del medio ambiente?

Los cristianos, ¿culpables del deterioro del medio ambiente?

Por Benedicto XVI

Hace veinte o treinta años se acusaba a los cristianos —no sé si se les sigue acusando de esto— de que eran los verdaderos responsables de la destrucción de la creación, porque las palabras del Génesis, «someted la tierra», habrían llevado a una arrogancia con respecto a la creación, cuyas consecuencias nosotros sufrimos hoy.

Debemos esforzarnos por ver toda la falsedad que encierra esa acusación: a la vez que la tierra se consideraba creación de Dios, la tarea de «someterla» nunca se entendió como una orden de hacerla esclava, sino más bien como la tarea de ser custodios de la creación, de colaborar activamente en la obra de Dios, de forma que los dones de la creación sean valorados y no pisoteados y destruidos.

Si pensamos en lo que ha surgido en torno a los monasterios; si vemos cómo en esos lugares han surgido y siguen surgiendo pequeños paraísos, oasis de la creación, resulta evidente que todo eso no son sólo palabras. Donde la Palabra del Creador se ha entendido de modo correcto, donde ha habido vida con el Creador redentor, allí las personas se han comprometido en la tutela de la creación y no en su destrucción.

En este contexto se puede citar el capítulo 8 de la carta a los Romanos, donde se dice que la creación sufre y gime por la sumisión en que se encuentra y que espera la revelación de los hijos de Dios: se sentirá liberada cuando vengan criaturas, hombres que son hijos de Dios y que la tratarán desde Dios. Yo creo que es precisamente esto lo que nosotros podemos constatar como realidad: la creación gime  y espera personas humanas que la miren desde Dios.

El consumo brutal de la creación comienza donde no está Dios. El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros; comienza donde no existe ya ninguna dimensión de la vida más allá de la muerte, donde en esta vida debemos acapararlo todo y poseer la vida de la forma más intensa posible, donde debemos poseer todo lo que es posible poseer.

Sólo se pueden comprender y vivir instancias verdaderas y eficaces contra la destrucción de la creación donde la creación se considera desde Dios.

Al clero de la diócesis de Bozen-Brixen, 6 de agosto de 2008

TRAMPAS DE LAS QUE HAY QUE CUIDARSE

«Algunos… afirman que los problemas ecológicos se resolverán simplemente con nuevas aplicaciones técnicas, sin consideraciones éticas ni cambios de fondo. En el otro extremo, otros entienden que el ser humano, con cualquiera de sus intervenciones, sólo puede ser una amenaza y perjudicar al ecosistema mundial, por lo cual conviene reducir su presencia en el planeta».

(Francisco, Laudato si’,  n. 60).

«Una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma. El Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la ‘dignidad’ de todos los seres vivientes. Se abre así paso a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos».

 

 

“América primero”

Aunque los tiempos han cambiado mucho desde el fin de la última guerra mundial, los conflictos, los recelos y la desconfianza siguen siendo una amenaza. En el programa del Foro Mundial de la Paz figuran la presentación de proyectos de seguridad, desarrollo, medio ambiente, la economía y las nuevas tecnologías. Lo que no pueden olvidar es, como decía San Juan XXIII en su encíclica, “Pacem in terris”, dirigida por primera vez a todas las personas de buena voluntad, es que la paz debe fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, y nunca en el miedo y la carrera de armamentos.

Solo cabe esperar que los buenos deseos se abran paso a pesar de la ausencia de la primera potencia del mundo, que prefiere ir por libre con su política de “América primero” en un mundo globalizado.

JD Mez Madrid

 

 

“12 razones para decir no a la eutanasia”

Sí parece haberse llegado a un acuerdo en materia del fin de la vida, a pesar de que no cesan las presiones de los partidarios de la eutanasia, que están provocando también una seria reacción social. Una muestra para mí significativa es la de cerca de doscientas asociaciones de voluntarios de cuidados paliativos. Representan a miles de personas que participan diariamente en el apoyo a los pacientes y a sus familias, en la etapa final de la vida. Desarrollan en silencio su importante actividad –más allá de las exigencias legales o administrativas-, pero han visto necesario hacer oír su voz, en un manifiesto que expone, con claridad y altura, “12 razones para decir no a la eutanasia (y sí a los cuidados paliativos)". El documento, como su propia actividad, aporta un profundo testimonio de solidaridad humana. Tuve noticia a través del diario La Croix, y se puede consultar, así como la relación de firmantes, en http://laviepaslamort.fr/. Se podrá conocer en castellano en www.aceprensa.com.

El punto de partida es nítido: todos deben vivir con dignidad hasta el final de su vida: la dignidad de la persona no depende de su salud. Incluso en las situaciones más difíciles y menos deseables, los equipos de cuidados paliativos entregan su corazón y experiencia para salvaguardar la dignidad de los pacientes. Al contrario, optar por la muerte no garantiza esa dignidad y supone una renuncia a la condición humana.

Jesús Martínez Madrid

 

 

MARRUECOS Y SU... ‘MACABRO NEGOCIO’

            Tras cuanto se sabe de antes y después de la muerte del padre... del actual rey, Mohamed VI y de los problemas de ambos con su pueblo (‘nunca mejor dicho lo de su pueblo’) no tiene uno, más remedio que pensar, que el triste, bochornoso, inexplicable y criminal trasiego de africanos en esos ‘cascarones’ denominados pateras, sometidas a todo cuanto de horrible y perverso podamos imaginar... está plena y totalmente consentido e incluso fomentado, por el monarca actual, el que joven y puede que en principio lleno de buena voluntad... ve que lo mejor es seguir como ‘su padre’  y ‘salga es sol por Argelia... que es por donde se le puede meter el fundamentalismo’ que lo destrone y mande ‘a paseo’.

            Y como de reformas eficaces, nada de nada y de invertir lo mucho que tienen (los que tienen en Marruecos) evadido en el extranjero; de lo que sólo a la familia real ya se les asignan capitales fabulosos en cantidad (se ha publicado en ABC) de decenas y decenas de miles de millones en dólares... pues, nada... ‘a mandar marroquíes y todo tipo de otros africanos, al estrecho y caiga quien caiga, puesto que... al final todo son ganancias para el Gobierno de Marruecos y todos cuantos el mismo... consiente para tan criminal hecho’.

            Si comparamos ello, con la forzada emigración de trabajadores españoles, efectuada o fomentada...  por los gobiernos de Franco a otros países europeos... ‘Franco nos aparece como un ángel de la guarda... comparado con los gobernantes marroquíes’ y no se asusten (que no trato de glorificar a Franco, sí el darle su justo valor a un hecho histórico y que se puede constatar en los archivos nacionales hoy mismo)... que voy a decir, los motivos que existen para que esa ‘moderna invasión’ siga y siga y que nadie va a parar o detener, aunque los muertos en ese paso, se den por miles y miles... si no al tiempo, puesto que cuando escribo esto, ha aparecido en prensa, el que ya y como en los grandes almacenes de la denominada ‘sociedad opulenta o de consumo’... esos desgraciados están ya, recibiendo ofertas especiales para su paso por el estrecho de Gibraltar... ‘Les están ofreciendo un tres por uno... pagan un viaje y si falla y no mueren, son deportados o devueltos a África... los organizados fletadores de pateras y otros frágiles barquitos... les dan dos posibilidades más’. Suponemos que las ofertas no se cierran y si el desgraciado puede cubrir los tres pasajes y aún quedar con vida y con dinero... seguro que le admiten otra oferta y así... hasta que muera en el intento o pase de la forma que sea, a la tan añorada orilla española y europea.

            ¿Por qué se fomenta todo ello?: es claro y sencillo para cualquiera que piense y deduzca, siendo medianamente inteligente pues no se necesita más; veamos:

Cada marroquí que pasa a España, es un problema que el Rey de Marruecos y sus gobiernos se quitan de encima.

Cada marroquí (igual es si es de otro cualquier país) que pasa y logra encontrar donde trabajar, lo primero que hace es ahorrar el máximo de lo que gana y mandar a su familia el resto; más o menos lo que hicieron los españoles en la época que antes cito, de Franco y que fue el motivo de ‘uno de sus milagros’ (el otro fue el Turismo).

Esas remesas de dinero internacional admitido en todo el mundo, pasan de momento a enriquecer el Tesoro marroquí... no hablemos si luego, se hacen remesas clandestinas desde éste al extranjero... ‘cómo siguen engordando’ los capitales evadidos y a los que antes me he referido.

Si el africano sigue mandando dinero, con él vive la familia y otros problemas que se quitan los gobiernos de turno... y si por fin, el africano se sitúa definitivamente en España u otro país europeo, igualmente los gobiernos africanos, se han quitado de encima... una familia más.

En el intervalo y como esos desgraciados, aún tienen que pagar por su cuenta y riesgo cantidades fabulosas (para ellos) y por simplemente ser pasados a la otra orilla... imaginemos las cantidades que ello representa, para corromper a todo tipo de funcionarios (o no funcionarios) y para fomentar ese horrible e incalificable (ya) ‘mercado de esclavos en que se ha convertido todo ese infernal tinglado.

Si analizamos todo ello, no nos explicamos ‘las contemplaciones que guarda’ primero el Gobierno de España, con su Presidente a la cabeza... tampoco cómo callan y otorgan, el ‘otro gobierno superior’ compuesto por un enjambre de representantes (‘pagados a peso de oro’) y que cacarean en Bruselas o Luxemburgo... tampoco las actuaciones de ‘los buenos samaritanos’, que en cierto modo, con sus ayudas (que también) lo que deben es pedir y exigir, el que todo este enorme tinglado, se regularice en su totalidad y simplemente que se haga, lo que se hacía en esos tiempos de los gobiernos de Franco... o sea, que desde origen y previo reconocimiento médico de cada individuo (lo que no es discriminación, sino una simple prevención sanitaria o epidémica) se contraten legalmente a aquellos trabajadores, que de verdad... vengan a trabajar y necesitemos para ello, los que y eso sin excusa ni pretexto alguno... a partir de ese momento, tienen que tener todos y cada uno de los derechos de cualquier trabajador español o europeo... ‘no nos la cojamos con papel de fumar’... las cosas son como son (o debiera ser) todo lo demás son demagogias, cuando no... ‘complicidades criminales y encubiertas’.

            Trate usted de entrar en Marruecos u otro país musulmán ‘organizado’ y vea cuanto les exigen... yo puedo decir que para bajar en el puerto de Agadir, al Sur de Marruecos, en un crucero turístico compuesto por gente acomodada y para visitar aquella parte de Marruecos, subiendo luego hasta Marraquech... nos retuvieron los pasaportes a todos y cada uno de los pasajeros de aquel trasatlántico y sin consideración alguna a nadie... ¿Qué peligro podíamos representar unos cientos de personas que simplemente fuimos a Marruecos... a gastar dinero?... Y ni se les ocurra, propagar algo de cualquier otra religión que no sea la musulmana, pues en algunos países y ahora mismo... ello les puede costar años de cárcel e incluso la vida... ‘ello se ha publicado en prensa y muy recientemente’.

            A la vista de todo ello, que cada cual piense, medite y tome la postura que mejor le venga en gana, pero... ‘ayudar si y todo cuanto se pueda... bajarse los pantalones no desde luego’... ‘al prójimo como a ti mismo, pero mirando al tipo de prójimo que sea’... con ello, simplemente nos evitaremos problemas insolubles y que ya están padeciendo en otros países occidentales y si ello no lo ven quienes nos gobierna... simplemente es que son idiotas en grado muy preocupante.

         LO ESCRIBÍ EL 23 DE AGOSTO DEL 2001 HAN PASADO PUES MÁS DE DIECISIETE AÑOS Y FUE AMPLIAMENTE DIFUNDIDO… NO SIRVIÓ PARA NADA Y A LA VISTA ESTÁ, LA TRAGEDIA SIGUE Y CADA VEZ PEOR.

Antonio García Fuentes  (Escritor y filósofo)

 www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

Jaén: 23 Agosto de 2001