Las Noticias de hoy 05 Enero 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 05 de enero de 2019      

Indice:

ROME REPORTS

525º aniversario de la Primera Eucaristía en América: Card. Rosa Chávez, Enviado Especial del Papa

Pacto Mundial sobre Migración: “Derecho previo a vivir con dignidad y seguridad en el país de origen”

El Por Qué de la JMJ: ‘¡Proclamen desde los techos!’

LA FE DE LOS MAGOS: Francisco Fernandez Carbajal

“Dar es propio de enamorados”: San Josemaria

6 de enero: Epifanía del Señor

En la Epifanía del Señor

«Donde está el Evangelio, hay una revolución»

Feliz año, con problemas      : Daniel Tirapu

Tema de la Jornada de la paz 2019: Ana Teresa López de Llergo

La historia personal deja huella en los hijos: Silvia del Valle

La Vida de Cristo, vida nuestra: Pedro Beteta López

Política y doctrina social: Sergio Ibarra

FUNDACION CARF PIDA REZAR INCESANTEMENTE POR LAS VOCACIONES

Existencia de apariencias: Luis Fernando Valdés

ALFONSO CORTÉS, UN OBISPO VALIENTE: René Mondragón

Hasta los propios cristianos: Jesús D Mez Madrid

¿Estamos  “pasando” de Dios?: Jesús Domingo Martínez

En estos días navideños: Juan García.

La prisa, la pausa y la impotencia humanas: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

525º aniversario de la Primera Eucaristía en América: Card. Rosa Chávez, Enviado Especial del Papa

Para clausurar las celebraciones en Rep. Dominicana

enero 04, 2019 14:06Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 4 enero 2019).- El Cardenal Gregorio Rosa Chávez ha sido nombrado por el Santo Padre su Enviado Especial a la clausura de las celebraciones en el marco del 525º aniversario de la Primera Eucaristía en el Continente Americano, en Puerto Plata, República Dominicana, el próximo 5 de enero de 2019.

El Enviado Especial –designado mediante una Carta escrita por el Papa Francisco– estará acompañado de una Misión Pontificia, compuesta por Don Carlos Manuel Abreu Frías, del clero de la Arquidiócesis de Santo Domingo y Secretario General adjunto de la Conferencia Episcopal, y Don Bernardo Kiwi, párroco de la Diócesis de Puerto Plata.

La eucaristía fue celebrada en la Isabela, Puerto Plata el 6 de enero de 1494, por el sacerdote Bernardo Boil, quien era parte de la comitiva del segundo viaje de Cristóbal Colón.  La misa fue celebrada en una capilla improvisada.

Francisco afirma en la Carta que “la Eucaristía es el mayor regalo que nos ha dado nuestro Salvador”. y añade que la tarea de la Iglesia sigue siendo “animar en la fe y la esperanza a los fieles”. Así, el Papa anima a los obispos y a todos los que realizan labor pastoral. Les pide siempre estar cerca de la Eucaristía, porque es fuente de comunión y energía para la misión.

Publicamos a continuación la Carta del Santo Padre al Cardenal Gregorio Rosa Chávez:

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Carta del Papa Francisco

Venerabili Fratri Nostro Gregorio S.R.E. Cardinali ROSACHÁVEZ

Episcopo Auxiliari Sancti Salvatoris in America

Maximum donum ac thesaurum dedit Salvator noster credentibus in novissima cena, cum Apostolos sacerdotio auxit et Eucharistiae mysterium celebrandum commendavit. “In hac vero sacramentali Christi commemoratione Iesus Christus praesens sub alia quidem forma, in propria vero substantia est nobiscum. Adscensurus enim in caelum dixit Apostolis et eorum sequacibus: Ecceego vobiscum sum omnibus diebus usque ad consummationem saeculi (Mt 28,20), benigna ipsos promissione confortans, quod remaneret et esset cum eis etiam praesentia corporali” (UrbanusIV, Transiturus de hoc mundo). Hac certa fide ducta, Ecclesia catholica ubique per saecula salutem aeternam in Christo consequendam annuntiabat simulque Eucharisticum Sacrificium pie offerebat.

Cum ergo ex eunte saeculo XV inventa est continens Americana, adhortante Decessore Nostro Alexandro VI, in secundo itinere Christophori Columbi missionarii etiam sunt profecti evangelizationem indigenarum incohaturi. Postquam pervenerunt ad locum Hispanice appellatum Isabela,ibiinEpiphaniaDominianniMCDXCIVpaterBernardusBoilprimaminhacterrasanctam Missam celebravit. Modicum fuit initium mirabilis Christi praesentiae in eius vero corpore et sanguine, anima et divinitate, quae totam Americanam continentem gratia sua implevit atque continenter implet, cuius Nos, Christi Vicarii munus exercentes, fructus sumus actestes.

Nuper Venerabilis Frater Diomedes Espinal De León, Episcopus Maoënsis – Montis Christi, Praeses Conferentiae Episcoporum Dominicianae, significavit Nobis die V proximi mensis Ianuarii in loco Isabela, dioecesis Portus Argentarii, in Republica Dominiciana, Episcopos huius Nationis una cum populo fideli recordaturos esse DXXV elapsos annos a prima Eucharistia celebrata in America. Ad hanc commemorationem magni ponderis ipsi poposcerunt a Nobis quendam PatremPurpuratum, quiNostrasvicesillicageret.NosergohisceLitterisMISSUMEXTRAORDINARIUMNOSTRUM ad hanc sollemnem festivitatem te constituimus, Venerabilis Frater Noster, quem Pastorem novimus de Ecclesia per orbem, ac potissimum in America, valdesollicitum.

Rogamus te ut, dum praesidebis celebrationibus, adstantes Nostro nomine imo ex corde salutes iisque sensus ostendas sincerae Nostrae caritatis. Proinde cohortaberis omnes credentes, ac praecipue sacros Pastores, ad fidem catholicam semper servandam, strenue proclamandam, caritate bonisque moribus usque probandam. Dum ergo ipsi laetanter gratias agunt Deo propter Christi, veri Dei et Hominis, in Eucharistia realem praesentiam, tu eos sermone hortare ut sanctorum per intercessionem sese late aperiant ad divinum hoc Sacramentum iugiter digne ac frequenter suscipiendum.

Scias volumus, Venerabilis Frater Noster, missionem tuam Nos intercessionibus Beatae Mariae Virginis, inclitae universae Americae Patronae, et cunctorum Sanctorum Beatorumque Americae commendaturos. Denique Benedictionem Apostolicam, copiosae caelestis gratiae pignus et sincerae Nostrae caritatis testem, perlibenter tibi elargimur, quam nomine Nostro cum omnibus hunc memorabilem eventum participantibus peramanter communices volumus.

Ex Aedibus Vaticanis, die XII mensis Decembris, in sollemnitate Beatae Mariae Virginis de Guadalupe, anno MMXVIII, Pontificatus Nostri sexto.

FRANCISCUS

 

 

Pacto Mundial sobre Migración: “Derecho previo a vivir con dignidad y seguridad en el país de origen”

Intervención del Secretario de Estado del Vaticano

enero 04, 2019 13:36Rosa Die AlcoleaDerechos humanos y justicia, Organismos internacionales

(ZENIT – 4 enero 2019).- Sobre Migración Internacional, el Papa Francisco ha enfatizado que, si bien la migración es un “fenómeno natural”, existe el “derecho previo a vivir con dignidad y seguridad en el país de origen”, declaró el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, el pasado 11 de diciembre de 2018 en Marrakech, en la Conferencia Intergubernamental para adoptar el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2019/01/Marrakech-600x226.jpgLa conferencia se convocó bajo los auspicios de la Asamblea General de las Naciones Unidas y se llevó a cabo de conformidad con la resolución 71/1 de 19 de septiembre de 2016, titulada Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes, que decidió iniciar un proceso de negociaciones intergubernamentales que conduzca a la adopción del Pacto Mundial sobre Migración.

La Santa Sede “apela a los gobiernos y la comunidad internacional en su conjunto, para fomentar aquellas condiciones que podrían permitir que las comunidades y los individuos vivan con seguridad y dignidad en sus propios países”, anunció Mons. Parolin.

Derecho a no migrar

El derecho a no migrar –añadió el representante de la Santa Sede– solo se puede disfrutar si los factores adversos y los factores estructurales que obligan a las personas a abandonar su país de origen se controlan y minimizan efectivamente. “Conflictos, las guerras, el cambio climático, y la pobreza extrema con su serie de miserias inevitablemente obligarán a muchas personas a la migración insegura, desordenada, e irregular, por lo cual no es una opción, sino un acto de desesperación”, recordó el obispo Parolin.

El Secretario de Estado del Vaticano señaló en su discurso que el Pacto Mundial para la Migración da a los países el espacio para responder a sus circunstancias nacionales y prioridades, “en pleno respeto del derecho internacional y de los derechos humanos de todos los migrantes, independientemente de su estado”.

“Su implementación –observó Parolin–ayudará a todos los gobiernos, así como a las entidades no gubernamentales, incluyendo organizaciones basadas en la fe, colectivamente para gestionar la migración de una manera más segura, ordenada, y de manera regular, algo que ningún Estado puede lograr solo”.

Cuatro acciones

La visión del Papa Francisco sobre la migración internacional se puede resumir en los cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar;  “cuatro acciones que encontramos fundamentales en las mejores prácticas y compromisos que comprende el Pacto Mundial sobre Migración”, ha matizado Card. Parolin.

El Papa con refugiados e migrantes © Caritas Internationalis

Así, el Santo Padre ha dedicado gran parte de su pontificado a “crear conciencia sobre la difícil situación de migrantes, así como la urgencia moral de atender a los desplazados y de responder a las causas fundamentales de su desplazamiento. En particular, se ha centrado en las situaciones más vulnerables, incluyendo los niños y jóvenes migrantes”, ha añadido el Secretario del Estado Vaticano.

Las modalidades de la Conferencia sobre el Pacto Mundial para la Migración se detallan en las resoluciones 71/280, de 6 de abril de 2017, 72/244, de 24 de diciembre de 2017 y 72/L.67, de 31 de julio de 2018.

A continuación ofrecemos la intervención completa del Card. Pietro Parolin, Secretario del Estado Vaticano:

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Discurso en el debate general de la conferencia del Cardenal Pietro Parolin

Intervención del Primer Diálogo de la Conferencia 

Señor Secretario General, Señora Presidenta de la Asamblea General, Señora Secretaria General de la Conferencia, Señor Presidente.

Cardenal Parolin. Vatican News

Me complace ofrecerles los buenos deseos de Su Santidad, el Papa Francisco y, en su nombre, damos la bienvenida a la adopción formal del Pacto Mundial Para la Migración Segura, Ordenada, y Regular. Al mismo tiempo, también deseo expresar mi gratitud a Su Majestad el Rey Mohammed VI, Rey de Marruecos, por invitar y hospedar gentilmente a nuestra delegación hoy aquí.

También agradecemos a la Secretaria General de la Conferencia, Madame Louise Arbour, y las Delegaciones de la Conferencia Misiones permanentes de México y Suiza ante las Naciones Unidas por su liderazgo en llevando este proceso intergubernamental a su conclusión exitosa.

Señor presidente,

La adopción del Pacto Mundial sobre Migración llega en un momento crítico de la historia. La migración siempre ha sido una respuesta natural a las crisis y al deseo innato de mayor oportunidades, para una vida más plena con mayor libertad, paz, y seguridad. Cada más personas están en movimiento como nunca hasta la fecha. Mientras que la mayoría de la migración sigue siendo regular, cada vez más personas están siendo limitados por factores adversos para abandonar sus hogares. Esto a menudo conduce a involuntario e inseguro desplazamientos irregulares que sitúan a los migrantes y sus familias en situaciones de vulnerabilidad, presentando desafíos importantes para los países de origen, tránsito, y destino.

Para lograr estos objetivos, el Pacto Mundial para la Migración, aunque no es legalmente vinculante, incluye un marco integral de mejores prácticas e instrumentos de política para aumentar cooperación internacional y el reparto de responsabilidades en la gobernanza de la migración en todos sus dimensiones. Lo hace dando a los países el espacio para responder a sus circunstancias nacionales y prioridades, en pleno respeto del derecho internacional y de los derechos humanos de todos los migrantes, independientemente de su estado. Su implementación ayudará a todos los gobiernos, así como a las entidades no gubernamentales, incluyendo organizaciones basadas en la fe, colectivamente para gestionar la migración de una manera más segura, ordenada, y de manera regular, algo que ningún Estado puede lograr solo.

Señor presidente,

El Papa Francisco ha dedicado gran parte de su pontificado a crear conciencia sobre la difícil situación de migrantes, así como la urgencia moral de atender a los desplazados y de responder a las causas fundamentales de su desplazamiento. En particular, se ha centrado en las situaciónes más vulnerables, incluiendo los niños y jóvenes migrantes. Su visión de la migración internacional se puede resumir en los cuatro verbos: acoger, proteger, promover, e integrar, cuatro acciones que encontramos fundamentales en las mejores prácticas y compromisos que comprende el Pacto Mundial de Migración.

También ha subrayado que una respuesta digna a la migración debe ser razonable, que los gobiernos determinan prudentemente su capacidad real para una integración significativa. La integración es un proceso bidireccional en el que los migrantes deben respetar las leyes, la cultura, y las costumbres locales de lpaís que los recibe, mientras que los países anfitriones deben respetar las tradiciones y culturas de los migrantes.

A través de la acogida y la prudencia mutuas, el aumento de la xenofobia y el racismo puede abordarse de manera efectiva.

El Papa Francisco también ha enfatizado que, si bien la migración es un fenómeno natural, existe el derecho previo a vivir con dignidad y seguridad en el país de origen. La Santa Sede apela a los gobiernos y la comunidad internacional en su conjunto, para fomentar aquellas condiciones que podrían permitir que las comunidades y los individuos vivan con seguridad y dignidad en sus propios países.

El derecho a no migrar solo se puede disfrutar si los factores adversos y los factores estructurales que obligan a las personas a abandonar su país de origen se controlan y minimizan efectivamente. Conflictos, las guerras, el cambio climático, y la pobreza extrema con su serie de miserias inevitablemente obligarán a muchas personas a la migración insegura, desordenada, e irregular, por lo cual no es una opción, sino un acto de desesperación.

Al encontrar soluciones sostenibles a los conflictos y el subdesarrollo, disminuiríamos enormemente la migración forzada, insegura, desordenada e irregular.

Señor presidente,

La Santa Sede ya ha iniciado el proceso para encontrar las formas más eficazes con las que las instituciones de la Iglesia Católica y las organizaciones de inspiración Católica de todo el mundo puedan utilizar el compendio de mejores prácticas y recomendaciones del Pacto Mundial que ejemplifican la acogida, la protección, la promoción, y la integración de los migrantes. En este sentido, vale la pena reconocer el papel y las contribuciones que las religiones y las organizaciones religiosas ofrecen en este contexto, apoyando los esfuerzos de la comunidad internacional, tal como se expresan en el Pacto Mundial, mientras reciben el debido respeto por su autonomía como instituciones religiosas.

Si bien algunos Estados han decidido no participar en el proceso o en esta Conferencia Intergubernamental, la Santa Sede está convencida de que los enormes desafíos que plantea la migración se enfrentan mejor a través de procesos multilaterales en lugar de políticas aislacionistas.

La Santa Sede, mientras vota de conformidad con su naturaleza y misión particular para el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada, y Regular, presentará sus reservas a su debido tiempo, específicamente sobre aquellos documentos en el Pacto que contienen terminología, principios, y directrices que se encuentran lenguaje no acordado, incluidas ciertas interpretaciones ideológicas de los derechos humanos que no reconocen el valor y la dignidad inherentes a la vida humana en cada etapa de su inicio, desarrollo, y fin.

Señor presidente,

A través de su enfoque prudente, de “360 grados”, considerando todos los factores involucrados en la gobernanza de la migración, el Pacto Mundial, sin ignorar los muchos desafíos y oportunidades que cada Estado y migrantes enfrentan en su viaje compartido, le da a los Estados la oportunidad de mejorar sus respectivas políticas de migración y, en conjunto, la gestión internacional de la migración.

Por estas razones, el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada, y Regular es un avance significativo en la responsabilidad compartida de la comunidad internacional de actuar en solidaridad con las personas en movimiento, especialmente aquellos que se encuentran en situaciones muy precarias. Se lo agradezco.

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Intervención del Primer Diálogo de la Conferencia 

Señor presidente,

En este diálogo, dedicado a promover la acción sobre los compromisos del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada, y Regular, la Santa Sede desea centrarse sobre todo en dos de esos compromisos, que considera entre los más fundamentales e indispensables si la comunidad internacional responderá adecuadamente a los desafíos y oportunidades que enfrentamos ante el aumento de los flujos migratorios.

El primero es el compromiso con la paz y el desarrollo. Si queremos cumplir nuestro compromiso de hacer que la migración sea voluntaria y segura, ordenada y regular, debemos abordar las causas fundamentales de los flujos migratorios. Como se indica claramente en el párrafo 13 del Pacto Mundial, del cual la Santa Sede se enorgullece de ser un contribuyente principal: “Debemos trabajar juntos para crear condiciones que permitan a las comunidades e individuos vivir seguros y dignos en sus propios países”. Por lo tanto, deben abordarse las respuestas adecuadas a los impulsores adversos de la migración, especialmente los conflictos violentos y la pobreza extrema.

Estas soluciones no deben considerarse responsabilidad exclusiva del país de origen. La comunidad internacional también debe ayudar si queremos asegurarnos de que aquellos que se ven obligados a huir puedan permanecer en sus países de origen en paz y seguridad. Las situaciones de violencia, condiciones de vida inhumanas, y dificultades económicas, así como los desastres naturales y la degradación del medio ambiente, afectan no solo a los países donde surgen, sino también a los países de tránsito y destino. Esto no es solo una cuestión de cumplir con los compromisos de proporcionar asistencia internacional para el desarrollo y ayuda humanitaria, sino que también implica el compromiso con el desarrollo humano integral de cada individuo, que brinda a cada persona las condiciones y oportunidades básicas para vivir una vida digna. Pocos se irían si tuvieran acceso a trabajos, educación, atención médica, y otros bienes y servicios básicos que son fundamentales para el cumplimiento y el bienestar básico de cada persona.

También son esenciales para la estabilidad los derechos fundamentales para poder practicar su religión libremente, sin temor a la persecución o discriminación. Igualmente en su importancia es el derecho a la participación política y la libertad de expresión. Estas preocupaciones forman parte integral del “derecho a permanecer”.

El segundo compromiso es la integración. Aquellos en movimiento deben ser bienvenidos y tratados con dignidad, incluso si se determina más adelante que deben ser devueltos a su país de origen.

Según lo establecido en el Pacto Mundial, todos los migrantes, independientemente de su estado, deben tener garantizado el debido proceso y recibir una evaluación individual que determinará su estado. En el caso de los niños y las víctimas del tráfico humano, tales medidas son cruciales si queremos responder adecuadamente a sus necesidades y asegurarnos de que no se encuentren en la misma situación que intentaron dejar atrás. Debemos dar preferencia a las políticas que favorecen la reunificación familiar y evitan su separación durante el proceso de migración, mientras trabajamos para poner fin a la práctica de la detención, en particular de los menores.

Para aquellos a los que se les otorga un estado regular y la posibilidad de permanecer en el país de destino, ya sea de manera temporal o permanente, es importante enfatizar que la integración no es simplemente una asimilación ni una incorporación, sino un proceso de dos vías enraizado en el reconocimiento mutuo de Igualdad fundamental y dignidad de todos. Este enfoque también ayudará a contener la marea del racismo y la xenofobia. Los que llegan son, como subraya el Papa Francisco, “el deber de no cerrarse de la cultura y las tradiciones del país receptor, respetando sobre todo sus leyes”. Al mismo tiempo, la integración “no es la superposición de una cultura sobre otra”, ni el aislamiento mutuo, con el riesgo insidioso y peligroso de “crear guetos”. Es más bien un enriquecimiento mutuo basado en el respeto mutuo e interpersonal. Estos dos objetivos requieren una respuesta urgente por parte de la comunidad internacional. Dado que es muy probable que las migraciones, incluso las migraciones masivas, continúen en los próximos años, consideramos necesario ampliar los canales regulares y seguros de emigración a través de políticas generosas y responsables, inspiradas en la solidaridad y la corresponsabilidad.

Señor presidente,

La paz, el desarrollo, y la verdadera integración son fundamentales para garantizar la implementación del Pacto Mundial. Al igual que los “sujetalibros”, estos dos compromisos mantienen los otros compromisos de manera recta y ordenada, desde minimizar los impulsores adversos de la migración a través de la paz y el desarrollo hasta una conclusión exitosa del proceso migratorio en la integración armoniosa del migrante en el país nueva patria.

Gracias, señor presidente.

 

El Por Qué de la JMJ: ‘¡Proclamen desde los techos!’

“La JMJ es un caminar juntos, bajo la Cruz, hacia Cristo”

enero 04, 2019 12:49RedacciónJornada Mundial de la Juventud

(ZENIT – 4 enero 2019).- Pedro Guevara Mann, sacerdote panameño y Director Artístico de la JMJ Toronto 2002 comparte, a través de Zenit, durante estas semanas, un poco de su experiencia con la JMJ –la Jornada Mundial de la Juventud– y explicar los orígenes de este encuentro de la Iglesia Universal.

“La JMJ es un caminar juntos, bajo la Cruz, hacia Cristo, para encontrarnos con el Santo Padre y la Iglesia, con los unos y los otros, para aprender acerca y celebrar nuestra fe y lo hacemos en espíritu de reconciliación y alabanza, de la mano de María” escribe Guevara en el octavo artículo de la serie El Por Qué de la JMJ.

Del 22 al 27 de enero de 2019, se celebrará en la Ciudad de Panamá la Jornada Mundial de la Juventud, y el Papa Francisco llegará al país centroamericano el miércoles, 23 de enero de 2108 para encontrarse con los jóvenes peregrinos.

Pedro es diácono permanente en la arquidiócesis de Toronto, en Canadá donde trabaja como productor de TV para Salt + Light Catholic Television.

Sigue la reflexión del diácono Pedro Guevara:

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¡Proclamen desde los techos!

En 1995 la JMJ viaja al pacifico sur, a las Filipinas. La misa final en Manila fue el evento más grande en la historia católica, quizás, solo después del funeral de Juan Pablo II. Me parece interesante que los eventos más grandes no fueron la bienvenida del Papa ni la Vigila; sino la Misa de Envío, a la que asistieron 5 millones de peregrinos. La Misa es siempre el evento más concurrido. Los jóvenes quieren ir a Misa. Es por eso que cada Jornada comienza con una Misa y termina con una Misa. Cada Catequesis termina con Misa. La Eucaristía es la razón por la cual nos reunimos como católicos.

La Iglesia enseña que la Eucaristía es la fuente y cumbre de nuestra vida cristiana.

En la Eucaristía entramos en comunión con Cristo y los unos con los otros. Es la Eucaristía la que le da significado a la Cruz. Es nuestra fuente – de ahí nace todo – y nuestra cumbre: la cima de nuestro peregrinar.  Es todo en nuestra vida cristiana. Pues claro que es una parte primordial de toda JMJ.

En el 2005, en Colonia, Alemania, la Vigilia del sábado fue adaptada para incluir un momento de adoración al Santísimo. Eso lo hicieron porque el lema de ese año fue, “hemos venido a adorarlo”. Esta es otra razón por la cual nos encontramos en la JMJ: para adorarlo y lo hacemos frente a su Presencia Real. Encontramos a Cristo en la Eucaristía y también lo encontramos en el Santísimo Sacramento.

Quizás algunos de ustedes se sentirán incómodos con la idea de alabar a Dios. Pero cuando de verdad amamos a alguien, se lo decimos. O les decimos lo bien que se ven. A veces cuando amamos a alguien decimos que los adoramos.  Lo que pasa es que como no conocemos de verdad a Jesús – no sabemos adorarlo.

Jesús nos encuentra en el Sacramento de la Eucaristía y también nos encuentra en el Santísimo Sacramento – en la Adoración. Desde el 2005, todas las Vigilias han incluido un momento de Adoración y en todas, desde el 2005, en el campo de la Vigilia y la Misa de Envío hay una carpa donde hay adoración perpetua.

En 1997, en Paris, Francia, la JMJ introdujo el Festival de la Juventud. Este es un aspecto de la Jornada que asegura que los jóvenes sean co-productores del evento. En Paris, la mayoría de los eventos fueron organizados por movimientos, asociaciones laicas y comunidades religiosas. En Toronto muchos de los eventos fueron organizados por individuos. Hubo eventos de comunidades de Rito Oriental, de grupos Indígenas y para gente con discapacidades. En Toronto tuvimos más de 400 eventos en el Festival Juvenil: música, danza, teatro, encuentros culturales y religiosos, encuentros de oración, grupos de discusión, y un festival de cine. Quizás este es el elemento que más tiene sentido: La JMJ es una celebración y el Festival Juvenil captura ese elemento.

También es el elemento que le permite a los que no son peregrinos de la JMJ ha tener un poco de la experiencia de la JMJ, ya que todos los eventos del Festival son gratis y abiertos al público en general. Es una gran forma de evangelizar. No es catequesis, ni enseñanza – es simplemente cultura, música, entretenimiento. Eso es lo que le gusta a la gente. Pero se hace no solamente para que los peregrinos y el público se encuentren los unos con los otros, sino que se hace para que se encuentren con Cristo.

El Festival de la Juventud también es celebración. Cuantas veces decimos que la misa es una celebración: le decimos “celebración eucarística” pero en vez de ser celebración, parece funeral. Están todos con cara de amargados – con el cura regañándolos – con los cantos malísimos; todo el mundo distraído – ausentes…. Eso no es celebración. Si hay algo que la Iglesia de Latinoamérica tiene es que, ¡nuestras misas si son celebraciones! La JMJ es una gran celebración y por eso es que nos ofrece la mejor música y la mejor liturgia –¡es  un espectáculo! ¿Por qué? Porque es celebración – y porque lo hacemos para Dios.

Bueno, ¿qué es lo que tenemos por ahora? La JMJ es un caminar juntos, bajo la Cruz, hacia Cristo, para encontrarnos con el Santo Padre y la Iglesia, con los unos y los otros, para aprender acerca y celebrar nuestra fe y lo hacemos en espíritu de reconciliación y alabanza, de la mano de María.

No podemos hablar de la JMJ sin hablar de los Santos. Eso lo haremos la próxima semana.

 

LA FE DE LOS MAGOS

— Firmeza en la fe. Vencer respetos humanos, comodidad, apego a los bienes, para buscar al Señor.

— Fe y docilidad en momentos de oscuridad y desorientación. Dejarse ayudar.

— Llegar hasta el Señor es lo único importante en nuestra vida.

I. Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén1. Habían visto una estrella y, por una gracia especial de Dios, supieron que anunciaba el nacimiento del Mesías que el pueblo hebreo esperaba.

La ocupación de estos sabios –estudiar el firmamento– fue la circunstancia de la que se valió Dios para hacerles ver su voluntad: «Dios les llama por lo que a ellos les era más familiar y les muestra una estrella grande y maravillosa para que les llamara la atención por su misma grandeza y hermosura»2. ¿Cómo llegaron a saber con exactitud de qué se trataba? Lo ignoramos, pero ellos lo supieron y se pusieron en marcha; sin duda, recibieron una inspiración muy extraordinaria de Dios, que deseaba su presencia en Belén, como había anunciado Isaías: Levanta los ojos y mira en torno tuyo...; de lejos llegan tus hijos3. Serían los primeros de los que llegarían luego, en todos los tiempos, de todas partes. Y ellos fueron fieles a esta gracia.

Dejaron familia, comodidad y bienes. No les debió resultar fácil explicar el motivo del viaje. Y, probablemente sin hacer demasiados comentarios, tomaron lo mejor que tenían para llevarlo como ofrenda, y se pusieron en camino para adorar a Dios.

El viaje tuvo que ser largo y difícil. Pero se mantuvieron firmes en su camino.

Estos hombres decididos y sin respetos humanos nos enseñan lo que hemos de hacer para llegar hasta Jesús, dejando a un lado todo lo que pueda desviarnos o retrasarnos en nuestro camino. «Algunas veces puede detenernos –en lo que toca a seguir a Jesús hondamente, amorosamente– el miedo al qué dirán, el miedo a que nuestra conducta pueda ser prejuzgada de algún modo extremosa, como exagerada. Ya veis que estos personajes, que nos llenan de alegría las fiestas hogareñas, nos dan una lección de valentía y una lección de no tener en cuenta el respeto humano, que paraliza a muchos hombres que podían estar ya cerca de Cristo, viviendo con Él»4.

También nosotros hemos visto la estrella en la intimidad de nuestro corazón, que nos invita al desprendimiento de las cosas que nos atan y a vencer cualquier respeto humano que nos impida llegar a Jesús. «Considerad con qué finura nos invita el Señor. Se expresa con palabras humanas, como un enamorado: Yo te he llamado por tu nombre... Tú eres mío (Is 43, 1). Dios, que es la hermosura, la grandeza, la sabiduría, nos anuncia que somos suyos, que hemos sido escogidos como término de su amor infinito. Hace falta una recia vida de fe para no desvirtuar esta maravilla, que la Providencia divina pone en nuestras manos. Fe como la de los Reyes Magos: la convicción de que ni el desierto, ni las tempestades, ni la tranquilidad de los oasis nos impedirán llegar a la meta del Belén eterno: la vida definitiva con Dios»5.

Entre todos los hombres que contemplaron la estrella, solo estos Magos de Oriente descubren su significado profundo. Solo ellos entendieron que para los demás no sería más que un prodigio del firmamento. También es posible que otros recibieran la misma gracia especial de Dios y no correspondieran. ¡Qué tragedia la suya!

Pidamos con la Iglesia a Dios nuestro Padre: Tú, que iluminaste a los sabios de oriente y les encaminaste para que adoraran a tu Hijo, ilumina nuestra fe y acepta la ofrenda de nuestra oración6.

II. «Un camino de fe es un camino de sacrificio. La vocación cristiana no nos saca de nuestro sitio, pero exige que abandonemos todo lo que estorba al querer de Dios. La luz que se enciende es solo el principio; hemos de seguirla, si deseamos que esa claridad sea estrella, y luego sol»7.

Los Magos debieron pasar por malos caminos y dormir en lugares incómodos..., pero la estrella les indicaba el camino y les señalaba el sentido de sus vidas. La estrella alegra su caminar, y les recuerda en todo instante que vale la pena pasar cualquier incomodidad o peligro con tal de ver a Jesús. Esto es lo importante. Los sacrificios se llevan con garbo y alegría si el fin vale la pena.

Pero al llegar a Jerusalén se quedan sin la luz que les guía. La estrella desaparece y ellos se hallan desorientados. Entonces, ¿qué hacen? Preguntan a quien debe saberlo: ¿Dónde está el nacido rey de los judíos? Pues vimos su estrella en Oriente y venimos a adorarle8. Nosotros hemos de aprender de estos hombres sabios y santos. En ocasiones estamos a oscuras y desorientados, en vez de buscar la luz de la voluntad de Dios, vamos alumbrando nuestra vida con la luz de nuestros propios caprichos, que nos llevan quizá por sendas más fáciles. «Muchas veces en la vida vamos eligiendo no según la voluntad de Dios, sino según nuestro gusto y nuestro capricho, según nuestra comodidad y nuestra cobardía. No estamos acostumbrados a mirar a lo alto, hacia la estrella y, en cambio, tenemos la costumbre de alumbrarnos con nuestro propio candil, que es una pequeña luz, que es luz oscura, que es luz que (...) nos reduce a los límites de nuestro propio egoísmo»9.

Los Magos preguntan porque quieren seguir la luz que les da Dios, aunque les señale caminos empinados y difíciles. No quieren seguir la luz propia, que les conduciría por caminos en apariencia más suaves y tranquilos, pero en los que no encontrarían a Jesús. Ahora, que no tienen la estrella, ponen todos los medios a su alcance para llegar hasta la gruta de Belén. Porque llegar hasta Jesús es lo verdaderamente importante.

Toda nuestra vida es un camino hacia Jesús. Es un camino que andamos a la luz de la fe. Y la fe nos llevará, cuando sea preciso, a preguntar y a dejarnos guiar, a ser dóciles. «Pero los cristianos no tenemos necesidad de preguntar a Herodes o a los sabios de la tierra. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar, para conducir, para traer a la memoria constantemente el camino (...).

»Permitidme un consejo: si alguna vez perdéis la claridad de la luz, recurrid siempre al buen pastor (...). Id al sacerdote que os atiende, al que sabe exigir de vosotros fe recia, finura de alma, verdadera fortaleza cristiana. En la Iglesia existe la más plena libertad para confesarse con cualquier sacerdote, que tenga las legítimas licencias; pero un cristiano de vida clara acudirá –¡libremente!– a aquel que conoce como buen pastor, que puede ayudarle a levantar la vista, para volver a ver en lo alto la estrella del Señor»10.

Los Magos volvieron a encontrar la estrella que les indicaba dónde estaba el Señor porque siguieron los consejos y las indicaciones de quienes en aquellos momentos habían sido puestos por Dios para señalarles el camino. Con mucha frecuencia la fe se nos concreta en docilidad, en esa muestra de humildad que es dejarse ayudar en la dirección espiritual, por quien sabemos es el buen pastor para nosotros en concreto.

III. La noticia que traían los Magos se propagó por Jerusalén, de puerta en puerta, de casa en casa. En muchos buenos israelitas se avivaría la esperanza del Mesías y se preguntarían si no habría llegado ya. Otros, como el mismo Herodes, a pesar de tener más cultura, mejores conocimientos, recibieron la noticia de muy diversa manera, porque no se hallaban interiormente dispuestos para recibir al nacido rey de los judíos.

Jesús, el mismo Niño nacido en Belén de Judea, pasa continuamente a nuestro lado; pasa como lo hizo una vez junto a los Magos o se cruzó por la vida de Herodes. Son dos posturas ante el Señor: aceptarle, y entonces es Suyo todo lo nuestro; o negarle, prescindiendo de Él, construyendo nuestra vida como si no existiera. También cabe la postura de combatirlo; esto hizo Herodes.

Nosotros, como los Magos, queremos llegar hasta Jesús, aunque tengamos que dejar las cosas que otros aprecian o, por seguir el camino que conduce hasta Belén, debamos sufrir algún contratiempo.

Cada propósito que hacemos de seguir a Cristo es como una luz pequeña que se enciende. El tiempo, la constancia a pesar de las dificultades, el recomenzar una y otra vez, transforma lo que se inició como algo pequeño y titubeante en una gran luz: claridad para otros que también andan buscando a Cristo. «Mientras los Magos estaban en Persia, no veían sino una estrella; pero cuando dejaron su patria, vieron al mismo Sol de justicia»11.

Hoy, en la víspera de esta gran fiesta de la Epifanía, nos podríamos preguntar en la intimidad de nuestro corazón: ¿Por qué a veces dejo que mi vida siga las luces oscuras de mi capricho, de mi temor, de mi comodidad? ¿Por qué no me acerco siempre a la luz del Evangelio, donde está mi estrella y mi futuro de felicidad? ¿Por qué no doy un paso adelante y abandono mi posible situación de medianía espiritual? Isaías nos dice que todos los hombres son llamados para venir desde lejos hasta encontrarse con el Salvador12. El Señor nos dice también –quizá alguno de nosotros no se sienta tan cerca espiritualmente de Jesús, como debe– que estamos invitados especialmente en este día. Pongámonos en camino. Con la liturgia de estos días13 pidamos al Señor que en nuestro caminar nos conceda tal firmeza en la fe, una fe tan sólida, que alcancemos los dones que nos tiene prometidos.

Muy cerca de Jesús, como siempre, vamos a encontrar a María.

1 Mt 2, 1. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 6, 3. — 3 Is 60, 4. — 4 A. M. Gª Dorronsoro, Tiempo para creer, pp. 76-77. — 5 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 32. — 6 Vísperas de la Epifanía. Preces. — 7 San Josemaría Escrivá, o. c., 33. — 8 Mt 2, 2. — 9 A. M. Gª Dorronsoro. o. c., p. 78. — 10 San Josemaría Escrivá, o. c., 34. — 11 San Juan Crisóstomo, l. c., 6. — 12 Is 60, 4. — 13 Cfr. Oración colecta del jueves antes de Epifanía.

 

 

“Dar es propio de enamorados”

Tu talento, tu simpatía, tus condiciones... se pierden: no te dejan aprovecharlas. –Piensa bien estas palabras de un autor espiritual: “No se pierde el incienso que se ofrece a Dios. –Más honrado es el Señor con el abatimiento de tus talentos que con el vano uso de ellos”. (Camino, 684)

Y abriendo sus tesoros le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Detengámonos un poco para entender este pasaje del Santo Evangelio. ¿Cómo es posible que nosotros, que nada somos y nada valemos, hagamos ofrendas a Dios? Dice la Escritura: toda dádiva y todo don perfecto de arriba viene. El hombre no acierta ni siquiera a descubrir enteramente la profundidad y la belleza de los regalos del Señor: ¡Si tú conocieras el don de Dios!, responde Jesús a la mujer samaritana. Jesucristo nos ha enseñado a esperarlo todo del Padre, a buscar, antes que nada, el reino de Dios y su justicia, porque todo lo demás se nos dará por añadidura, y bien sabe El qué es lo que necesitamos.
En la economía de la salvación, Nuestro Padre cuida de cada alma con delicadeza amorosa: cada uno ha recibido de Dios su propio don, quien de una manera, quien de otra. Parecería inútil, por tanto, afanarse por presentar al Señor algo de lo que El tuviera necesidad; desde nuestra situación de deudores que no tienen con qué pagar, nuestro dones se asemejarían a los de la Antigua Ley, que Dios ya no acepta: Tú no has querido, ni han sido de tu agrado, los sacrificios, las ofrendas y los holocaustos por el pecado, cosas todas que ofrecen según la Ley.
Pero el Señor sabe que dar es propio de enamorados, y El mismo nos señala lo que desea de nosotros. No le importan las riquezas, ni los frutos ni los animales de la tierra, del mar o del aire, porque todo eso es suyo; quiere algo íntimo, que hemos de entregarle con libertad: dame, hijo mío, tu corazón. ¿Veis? No se satisface compartiendo: lo quiere todo. No anda buscando cosas nuestras, repito: nos quiere a nosotros mismos. De ahí, y sólo de ahí, arrancan todos los otros presentes que podemos ofrecer al Señor. (Es Cristo que pasa, 35)

 

 

 

6 de enero: Epifanía del Señor

Diez artículos y audios para preparar la fiesta de la Epifanía del Señor.

De la Iglesia y del Papa01/01/2019

Opus Dei - 6 de enero: Epifanía del Señor“La Adoración de los Reyes Magos” (Gentile da Fabriano)

1. Homilía En la Epifanía del Señor (audio y texto), pronunciada por San Josemaría el 6 de enero de 1956 y publicada en el libro Es Cristo que pasa.

2. De los pastores a los magos: Amar con un corazón libre (tercer día con San Josemaría). Fragmento del libro "15 días con Josemaría Escrivá" de D. Guillaume Derville, editado por Ciudad Nueva.

3. Los tres gestos de los Magos que guían nuestro viaje al encuentro del Señor (Homilía del Papa Francisco, 6 de enero de 2018)

4. Libro electrónico: Homilías de Epifanía Benedicto XVI (ePub) - Homilías de Epifanía Benedicto XVI (Mobi)

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5. Aprender a ser fiel. La fidelidad a una persona, a un amor, a una vocación, es un camino en el que se alternan momentos de felicidad con periodos de oscuridad y duda. Artículo escrito por J.J. Marcos.

6. Vida de María (IX): Adoración de los magos La serie sobre la Vida de Maria se fija en la escena de la adoración de los magos, con la que se profetizaba la llegada a la Iglesia de todos los pueblos. Artículo de J.A. Loarte.

7. El origen de los Reyes Magos y otras tradiciones de Navidad. Artículo escrito por M. Narbona, Dra. en Historia.

Niño Jesús de la Gruta de la Natividad en JerusalénNiño Jesús de la Gruta de la Natividad en Jerusalén

8. ¿Qué fue la estrella de Oriente? Tres hipótesis de la exégesis moderna sobre la estrella que menciona el evangelio de San Mateo.

9. La Adoración de los Reyes Magos (audio y texto): San Mateo relata en el segundo capítulo de su Evangelio la Epifanía del Señor.

10. El Belén perenne del Sagrario: texto y audio sobre la Navidad. En él se recuerda que los Magos llevaron oro, incienso y mirra. ¿Y qué llevamos nosotros al Niño Jesús?: El trabajo de todas las actividades humanas.

 

 

En la Epifanía del Señor

En 1956 San Josemaría pronunció la homilía titulada “En la Epifanía del Señor” (audio y texto).

Homilías en audio31/05/2015

No hace mucho, he admirado un relieve en mármol, que representa la escena de la adoración de los Magos al Niño Dios. Enmarcando ese relieve, había otros: cuatro ángeles, cada uno con un símbolo: una diadema, el mundo coronado por la cruz, una espada, un cetro. De esta manera plástica, utilizando signos conocidos, se ha ilustrado el acontecimiento que conmemoramos hoy: unos hombres sabios —la tradición dice que eran reyes— se postran ante un Niño, después de preguntar en Jerusalén: ¿dónde está el nacido rey de los judíos?

Yo también, urgido por esa pregunta, contemplo ahora a Jesús, reclinado en un pesebre, en un lugar que es sitio adecuado sólo para las bestias. ¿Dónde está, Señor, tu realeza: la diadema, la espada, el cetro? Le pertenecen, y no los quiere; reina envuelto en pañales. Es un Rey inerme, que se nos muestra indefenso: es un niño pequeño. ¿Cómo no recordar aquellas palabras del Apóstol:se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo?
Nuestro Señor se encarnó, para manifestarnos la voluntad del Padre. Y he aquí que, ya en la cuna, nos instruye. Jesucristo nos busca —con una vocación, que es vocación a la santidad— para consumar, con El, la Redención. Considerad su primera enseñanza: hemos de corredimir no persiguiendo el triunfo sobre nuestros prójimos, sino sobre nosotros mismos. Como Cristo, necesitamos anonadarnos, sentirnos servidores de los demás, para llevarlos a Dios.

¿Dónde está el Rey? ¿No será que Jesús desea reinar, antes que nada en el corazón, en tu corazón? Por eso se hace Niño, porque ¿quién no ama a una criatura pequeña? ¿Dónde está el Rey? ¿Dónde está el Cristo, que el Espíritu Santo procura formar en nuestra alma? No puede estar en la soberbia que nos separa de Dios, no puede estar en la falta de caridad que nos aísla. Ahí no puede estar Cristo; ahí el hombre se queda solo.
A los pies de Jesús Niño, en el día de la Epifanía, ante un Rey sin señales exteriores de realeza, podéis decirle: Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo.

El camino de la fe

La meta no es fácil: identificarnos con Cristo. Pero tampoco es difícil, si vivimos como el Señor nos ha enseñado: si acudimos diariamente a su Palabra, si empapamos nuestra vida con la realidad sacramental —la Eucaristía— que El nos ha dado por alimento, porque el camino del cristiano es andador, como recuerda una antigua canción de mi tierra. Dios nos ha llamado clara e inequívocamente. Como los Reyes Magos, hemos descubierto una estrella, luz y rumbo, en el cielo del alma.

Hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. Es nuestra misma experiencia. También nosotros advertimos que, poco a poco, en el alma se encendía un nuevo resplandor: el deseo de ser plenamente cristianos; si me permitís la expresión, la ansiedad de tomarnos a Dios en serio. Si cada uno de vosotros se pusiera ahora a contar en voz alta el proceso íntimo de su vocación sobrenatural, los demás juzgaríamos que todo aquello era divino. Agradezcamos a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo y a Santa María, por la que nos vienen todas las bendiciones del cielo, este don que, junto con el de la fe, es el más grande que el Señor puede conceder a una criatura: el afán bien determinado de llegar a la plenitud de la caridad, con el convencimiento de que también es necesaria —y no sólo posible— la santidad en medio de las tareas profesionales, sociales...

Considerad con qué finura nos invita el Señor. Se expresa con palabras humanas, como un enamorado: Yo te he llamado por tu nombre... Tú eres mío. Dios, que es la hermosura, la grandeza, la sabiduría, nos anuncia que somos suyos, que hemos sido escogidos como término de su amor infinito. Hace falta una recia vida de fe para no desvirtuar esta maravilla, que la Providencia divina pone en nuestras manos. Fe como la de los Reyes Magos: la convicción de que ni el desierto, ni las tempestades, ni la tranquilidad de los oasis nos impedirán llegar a la meta del Belén eterno: la vida definitiva con Dios.

Un camino de fe es un camino de sacrificio. La vocación cristiana no nos saca de nuestro sitio, pero exige que abandonemos todo lo que estorba al querer de Dios. La luz que se enciende es sólo el principio; hemos de seguirla, si deseamos que esa claridad sea estrella, y luego sol. Mientras los Magos estaban en Persia —escribe San Juan Crisóstomo— no veían sino una estrella; pero cuando abandonaron su patria, vieron al mismo sol de justicia. Se puede decir que no hubieran continuado viendo la estrella, si hubiesen permanecido en su país. Démonos prisa, pues, también nosotros; y aunque todos nos lo impidan, corramos a la casa de ese Niño.

Firmeza en la vocación

Hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. Al oír esto, el Rey Herodes se turbó y, con él, toda Jerusalén. Todavía hoy se repite esta escena. Ante la grandeza de Dios, ante la decisión, seriamente humana y profundamente cristiana, de vivir de modo coherente con la propia fe, no faltan personas que se extrañan, y aun se escandalizan, desconcertadas. Se diría que no conciben otra realidad que la que cabe en sus limitados horizontes terrenos. Ante los hechos de generosidad, que perciben en la conducta de otros que han oído la llamada del Señor, sonríen con displicencia, se asustan o —en casos que parecen verdaderamente patológicos— concentran todo su esfuerzo en impedir la santa determinación que una conciencia ha tomado con la más plena libertad.

Yo he presenciado, en ocasiones, lo que podría calificarse como una movilización general, contra quienes habían decidido dedicar toda su vida al servicio de Dios y de los demás hombres. Hay algunos, que están persuadidos de que el Señor no puede escoger a quien quiera sin pedirles permiso a ellos, para elegir a otros; y de que el hombre no es capaz de tener la más plena libertad, para responder que sí al Amor o para rechazarlo. La vida sobrenatural de cada alma es algo secundario, para los que discurren de esa manera; piensan que merece prestársele atención, pero sólo después que estén satisfechas las pequeñas comodidades y los egoísmos humanos. Si así fuera, ¿qué quedaría del cristianismo? Las palabras de Jesús, amorosas y a la vez exigentes, ¿son sólo para oírlas, o para oírlas y ponerlas en práctica? El dijo: sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Nuestro Señor se dirige a todos los hombres, para que vengan a su encuentro, para que sean santos. No llama sólo a los Reyes Magos, que eran sabios y poderosos; antes había enviado a los pastores de Belén, no ya una estrella, sino uno de sus ángeles. Pero, pobres o ricos, sabios o menos sabios, han de fomentar en su alma la disposición humilde que permite escuchar la voz de Dios.

Considerad el caso de Herodes: era un potente de la tierra, y tiene la oportunidad de servirse de la colaboración de los sabios: reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Su poder y su ciencia no le llevan a reconocer a Dios. Para su corazón empedernido, poder y ciencia son instrumentos de maldad: el deseo inútil de aniquilar a Dios, el desprecio por la vida de un puñado de niños inocentes.

Sigamos leyendo el santo Evangelio: ellos contestaron: en Belén de Judá, pues así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ciertamente la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo Israel. No podemos pasar por alto estos detalles de misericordia divina: quien iba a redimir al mundo, nace en una aldea perdida. Y es que Dios no hace acepción de personas, como nos repite insistentemente la Escritura. No se fija, para invitar a un alma a una vida de plena coherencia con la fe, en méritos de fortuna, en nobleza de familia, en altos grados de ciencia. La vocación precede a todos los méritos: la estrella que habían visto en Oriente les precedía, hasta que, llegada encima del lugar en que estaba el Niño, se detuvo.

La vocación es lo primero; Dios nos ama antes de que sepamos dirigirnos a El, y pone en nosotros el amor con el que podemos corresponderle. La paternal bondad de Dios nos sale al encuentro. Nuestro Señor no sólo es justo, es mucho más: misericordioso. No espera que vayamos a El; se anticipa, con muestras inequívocas de paternal cariño.

Buen pastor, buen guía

Si la vocación es lo primero, si la estrella luce de antemano, para orientarnos en nuestro camino de amor de Dios, no es lógico dudar cuando, en alguna ocasión, se nos oculta. Ocurre en determinados momentos de nuestra vida interior, casi siempre por culpa nuestra, lo que pasó en el viaje de los Reyes Magos: que la estrella desaparece. Conocemos ya el resplandor divino de nuestra vocación, estamos persuadidos de su carácter definitivo, pero quizá el polvo que levantamos al andar —nuestras miserias— forma una nube opaca, que impide el paso de la luz.

¿Qué hacer, entonces? Seguir los pasos de aquellos hombres santos: preguntar. Herodes se sirvió de la ciencia para comportarse injustamente; los Reyes Magos la utilizan para obrar el bien. Pero los cristianos no tenemos necesidad de preguntar a Herodes o a los sabios de la tierra. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar, para conducir, para traer a la memoria constantemente el camino. Disponemos de un tesoro infinito de ciencia: la Palabra de Dios, custodiada en la Iglesia; la gracia de Cristo, que se administra en los Sacramentos; el testimonio y el ejemplo de quienes viven rectamente junto a nosotros, y que han sabido construir con sus vidas un camino de fidelidad a Dios.

Permitidme un consejo: si alguna vez perdéis la claridad de la luz, recurrid siempre al buen pastor. ¿Quién es el buen pastor? El que entra por la puerta de la fidelidad a la doctrina de la Iglesia; el que no se comporta como el mercenario que viendo venir el lobo, desampara las ovejas y huye; y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño. Mirad que la palabra divina no es vana; y la insistencia de Cristo —¿no veis con qué cariño habla de pastores y de ovejas, del redil y del rebaño?— es una demostración práctica de la necesidad de un buen guía para nuestra alma.

Si no hubiese pastores malos, escribe San Agustín,El no habría precisado, hablando del bueno.¿Quién es el mercenario? El que ve el lobo y huye. El que busca su gloria, no la gloria de Cristo; el que no se atreve a reprobar con libertad de espíritu a los pecadores. El lobo coge una oveja por el cuello, el diablo induce a un fiel a cometer adulterio. Y tú, callas, no repruebas. Tú eres mercenario; has visto venir al lobo y has huido. Quizá él diga: no; estoy aquí, no he huido. No, respondo, has huido porque te has callado; y has callado, porque has tenido miedo.

La santidad de la Esposa de Cristo se ha demostrado siempre —como se demuestra también hoy— por la abundancia de buenos pastores. Pero la fe cristiana, que nos enseña a ser sencillos, no nos induce a ser ingenuos. Hay mercenarios que callan, y hay mercenarios que hablan palabras que no son de Cristo. Por eso, si el Señor permite que nos quedemos a oscuras, incluso en cosas pequeñas; si sentimos que nuestra fe no es firme, acudamos al buen pastor, al que entra por la puerta ejercitando su derecho, al que, dando su vida por los demás, quiere ser, en la palabra y en la conducta, un alma enamorada: un pecador quizá también, pero que confía siempre en el perdón y en la misericordia de Cristo.

Si vuestra conciencia os reprueba por alguna falta —aunque no os parezca grave—, si dudáis, acudid al Sacramento de la Penitencia. Id al sacerdote que os atiende, al que sabe exigir de vosotros fe recia, finura de alma, verdadera fortaleza cristiana. En la Iglesia existe la más plena libertad para confesarse con cualquier sacerdote, que tenga las legítimas licencias; pero un cristiano de vida clara acudirá —¡libremente!— a aquel que conoce como buen pastor, que puede ayudarle a levantar la vista, para volver a ver en lo alto la estrella del Señor.

Oro, incienso y mirra

Videntes autem stellam gavisi sunt gaudio magno valde, dice el texto latino con admirable reiteración: al descubrir nuevamente la estrella, se gozaron con un gozo muy grande. ¿Por qué tanta alegría? Porque, los que no dudaron nunca, reciben del Señor la prueba de que la estrella no había desaparecido: dejaron de contemplarla sensiblemente, pero la habían conservado siempre en el alma. Así es la vocación del cristiano: si no se pierde la fe, si se mantiene la esperanza en Jesucristo que estará con nosotros hasta la consumación de los siglos, la estrella reaparece. Y, al comprobar una vez más la realidad de la vocación, nace una mayor alegría, que aumenta en nosotros la fe, la esperanza y el amor.

Entrando en la casa, vieron al Niño con María, su Madre, y, arrodillados, le adoraron. Nos arrodillamos también nosotros delante de Jesús, del Dios escondido en la humanidad: le repetimos que no queremos volver la espalda a su divina llamada, que no nos apartaremos nunca de El; que quitaremos de nuestro camino todo lo que sea un estorbo para la fidelidad; que deseamos sinceramente ser dóciles a sus inspiraciones. Tú, en tu alma, y también yo —porque hago una oración íntima, con hondos gritos silenciosos— estamos contando al Niño que anhelamos ser tan buenos cumplidores como aquellos siervos de la parábola, para que también a nosotros pueda contestarnos: alégrate, siervo bueno y fiel.

Y abriendo sus tesoros le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Detengámonos un poco para entender este pasaje del Santo Evangelio. ¿Cómo es posible que nosotros, que nada somos y nada valemos, hagamos ofrendas a Dios? Dice la Escritura: toda dádiva y todo don perfecto de arriba viene. El hombre no acierta ni siquiera a descubrir enteramente la profundidad y la belleza de los regalos del Señor: ¡Si tú conocieras el don de Dios!, responde Jesús a la mujer samaritana. Jesucristo nos ha enseñado a esperarlo todo del Padre, a buscar, antes que nada, el reino de Dios y su justicia, porque todo lo demás se nos dará por añadidura, y bien sabe El qué es lo que necesitamos.

En la economía de la salvación, Nuestro Padre cuida de cada alma con delicadeza amorosa: cada uno ha recibido de Dios su propio don, quien de una manera, quien de otra. Parecería inútil, por tanto, afanarse por presentar al Señor algo de lo que El tuviera necesidad; desde nuestra situación de deudores que no tienen con qué pagar, nuestro dones se asemejarían a los de la Antigua Ley, que Dios ya no acepta: Tú no has querido, ni han sido de tu agrado, los sacrificios, las ofrendas y los holocaustos por el pecado, cosas todas que ofrecen según la Ley.

Pero el Señor sabe que dar es propio de enamorados, y El mismo nos señala lo que desea de nosotros. No le importan las riquezas, ni los frutos ni los animales de la tierra, del mar o del aire, porque todo eso es suyo; quiere algo íntimo, que hemos de entregarle con libertad: dame, hijo mío, tu corazón. ¿Veis? No se satisface compartiendo: lo quiere todo. No anda buscando cosas nuestras, repito: nos quiere a nosotros mismos. De ahí, y sólo de ahí, arrancan todos los otros presentes que podemos ofrecer al Señor.

Démosle, por tanto, oro: el oro fino del espíritu de desprendimiento del dinero y de los medios materiales. No olvidemos que son cosas buenas, que vienen de Dios. Pero el Señor ha dispuesto que los utilicemos, sin dejar en ellos el corazón, haciéndolos rendir en provecho de la humanidad.

Los bienes de la tierra no son malos; se pervierten cuando el hombre los erige en ídolos y, ante esos ídolos, se postra; se ennoblecen cuando los convertimos en instrumentos para el bien, en una tarea cristiana de justicia y de caridad. No podemos ir detrás de los bienes económicos, como quien va en busca de un tesoro; nuestro tesoro está aquí, reclinado en un pesebre; es Cristo y en El se han de centrar todos nuestros amores, porque donde está nuestro tesoro allí estará también nuestro corazón.

Ofrecemos incienso: los deseos, que suben hasta el Señor, de llevar una vida noble, de la que se desprenda el bonus odor Christi, el perfume de Cristo. Impregnar nuestras palabras y acciones en el bonus odor, es sembrar comprensión, amistad. Que nuestra vida acompañe las vidas de los demás hombres, para que nadie se encuentre o se sienta solo. Nuestra caridad ha de ser también cariño, calor humano.

Así nos lo enseña Jesucristo. La Humanidad esperaba desde hacía siglos la venida del Salvador; los profetas lo habían anunciado de mil formas; y hasta en los últimos rincones de la tierra —aunque estuviese perdida, por el pecado y por la ignorancia, gran parte de la Revelación de Dios a los hombres— se conservaba el deseo de Dios, el ansia de ser redimidos.

Llega la plenitud de los tiempos y, para cumplir esa misión, no aparece un genio filosófico, como Platón o Sócrates; no se instala en la tierra un conquistador poderoso, como Alejandro. Nace un Infante en Belén. Es el Redentor del mundo; pero, antes de hablar, ama con obras. No trae ninguna fórmula mágica, porque sabe que la salvación que ofrece debe pasar por el corazón del hombre. Sus primeras acciones son risas, lloros de niño, sueño inerme de un Dios encarnado: para enamorarnos, para que lo sepamos acoger en nuestros brazos.

Nos damos cuenta ahora, una vez más, de que éste es el cristianismo. Si el cristiano no ama con obras, ha fracasado como cristiano, que es fracasar también como persona. No puedes pensar en los demás como si fuesen números o escalones, para que tú puedas subir; o masa, para ser exaltada o humillada, adulada o despreciada, según los casos. Piensa en los demás —antes que nada, en los que están a tu lado— como en lo que son: hijos de Dios, con toda la dignidad de ese título maravilloso.

Hemos de portarnos como hijos de Dios con los hijos de Dios: el nuestro ha de ser un amor sacrificado, diario, hecho de mil detalles de comprensión, de sacrificio silencioso, de entrega que no se nota. Este es el bonus odor Christi, el que hacía decir a los que vivían entre nuestros primeros hermanos en la fe: ¡Mirad cómo se aman!

No se trata de un ideal lejano. El cristiano no es un Tartarín de Tarascón, empeñado en cazar leones donde no puede encontrarlos: en los pasillos de su casa. Quiero hablar siempre de vida diaria y concreta: de la santificación del trabajo, de las relaciones familiares, de la amistad. Si ahí no somos cristianos, ¿dónde lo seremos? El buen olor del incienso es el resultado de una brasa, que quema sin ostentación una multitud de granos; elbonus odor Christi se advierte entre los hombres no por la llamarada de un fuego de ocasión, sino por la eficacia de un rescoldo de virtudes: la justicia, la lealtad, la fidelidad, la comprensión, la generosidad, la alegría.

Y, con los Reyes Magos, ofrecemos también mirra, el sacrificio que no debe faltar en la vida cristiana. La mirra nos trae al recuerdo la Pasión del Señor: en la Cruz le dan a beber mirra mezclada con vino, y con mirra ungieron su cuerpo para la sepultura. Pero no penséis que, reflexionar sobre la necesidad del sacrificio y de la mortificación, signifique añadir una nota de tristeza a esta fiesta alegre que celebramos hoy.

Mortificación no es pesimismo, ni espíritu agrio. La mortificación no vale nada sin la caridad: por eso hemos de buscar mortificaciones que, haciéndonos pasar con señorío sobre las cosas de la tierra, no mortifiquen a los que viven con nosotros. El cristiano no puede ser ni un verdugo ni un miserable; es un hombre que sabe amar con obras, que prueba su amor en la piedra de toque del dolor.

Pero he de decir, otra vez, que esa mortificación no consistirá de ordinario en grandes renuncias, que tampoco son frecuentes. Estará compuesta de pequeños vencimientos: sonreír a quien nos importuna, negar al cuerpo caprichos de bienes superfluos, acostumbrarnos a escuchar a los demás, hacer rendir el tiempo que Dios pone a nuestra disposición... Y tantos detalles más, insignificantes en apariencia, que surgen sin que los busquemos —contrariedades, dificultades, sinsabores—, a lo largo de cada día.

Sancta Maria, Stella Orientis

Termino, repitiendo unas palabras del Evangelio de hoy: entrando en la casa, vieron al Niño con María, su Madre. Nuestra Señora no se separa de su Hijo. Los Reyes Magos no son recibidos por un rey encumbrado en su trono, sino por un Niño en brazos de su Madre. Pidamos a la Madre de Dios, que es nuestra Madre, que nos prepare el camino que lleva al amor pleno: Cor Mariæ dulcissimum, iter para tutum! Su dulce corazón conoce el sendero más seguro para encontrar a Cristo.

Los Reyes Magos tuvieron una estrella; nosotros tenemos a María, Stella maris, Stella orientis. Le decimos hoy: Santa María, Estrella del mar, Estrella de la mañana, ayuda a tus hijos. Nuestro celo por las almas no debe conocer fronteras, que nadie está excluido del amor de Cristo. Los Reyes Magos fueron las primicias de los gentiles; pero, consumada la Redención, ya no hay judío o griego, no hay siervo o libre, no hay varón o hembra —no existe discriminación de ningún tipo—, porque todos sois uno en Cristo Jesús.

Los cristianos no podemos ser exclusivistas, ni separar o clasificar las almas; vendrán muchos de Oriente y de Occidente; en el corazón de Cristo caben todos. Sus brazos —lo admiramos de nuevo en el pesebre— son los de un Niño: pero son los mismos que se extenderán en la Cruz, atrayendo a todos los hombres.

Y un último pensamiento para ese varón justo, Nuestro Padre y Señor San José, que, en la escena de la Epifanía, ha pasado, como suele, inadvertido. Yo lo adivino recogido en contemplación, protegiendo con amor al Hijo de Dios que, hecho hombre, le ha sido confiado a sus cuidados paternales. Con la maravillosa delicadeza del que no vive para sí mismo, el Santo Patriarca se prodiga en un servicio tan silencioso como eficaz.

Hemos hablado hoy de vida de oración y de afán apostólico. ¿Qué mejor maestro que San José? Si queréis un consejo que repito incansablemente desde hace muchos años, Ite ad Ioseph, acudid a San José: él os enseñará caminos concretos y modos humanos y divinos de acercarnos a Jesús. Y pronto os atreveréis, como él hizo, a llevar en brazos, a besar, a vestir, a cuidar a este Niño Dios que nos ha nacido. Con el homenaje de su veneración, los Magos ofrecieron a Jesús oro, incienso y mirra; José le dio, por entero, su corazón joven y enamorado.

 

 

«Donde está el Evangelio, hay una revolución»

El Santo Padre ha continuado con su catequesis sobre el Padre nuestro. "Nosotros somos hijos de ese Dios, no superhombres capaces de lo que nadie puede hacer", ha dicho.

De la Iglesia y del Papa03/01/2019

 

 

Queridos hermanos:

Continuamos con la catequesis del Padre nuestro, y hoy nos fijamos en el contexto donde el evangelista Mateo coloca esta oración, que es el discurso de la Montaña. Ese relato que comienza con las bienaventuranzas resume la enseñanza de Jesús y se abre precisamente invirtiendo las categorías humanas corrientes, llamando dichosos a unas personas que ni entonces ni ahora tenían gran prestigio en la sociedad, pero que son capaces de amar, de trabajar por la paz y, por ello, de ser constructores del reino.

Basta hablarle como a un padre que sabe lo que necesitamos antes incluso de decírselo

La ley llega a su cumplimiento en el mandato del amor y del amor a los enemigos, de ese amor que Dios nos enseña y que lleva hasta las últimas consecuencias. Nosotros somos hijos de ese Dios, no superhombres capaces de lo que nadie puede hacer; al contrario, somos tan pecadores como los demás, pero podemos ponernos delante de la zarza ardiente del misterio divino y llamarle Padre, dejándonos renovar por su potencia y reflejar un rayo de su bondad en este mundo sediento de bien.

Y en este contexto se encuadra la enseñanza del Padre nuestro. Dios no quiere ser “amansado” con largas retahílas de adulaciones, como hacían los paganos para captar la benevolencia de la divinidad; basta hablarle como a un padre que sabe lo que necesitamos antes incluso de decírselo. Del mismo modo, la oración no es un acto hipócrita, ateo, que no tiene otro interés que ser admirados por los demás. El único testigo de la oración cristiana es la propia conciencia, pues es un diálogo íntimo con el Padre que nos ama.

* * *

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América –veo mexicanos por allá atrás, ¿no?–. Los animo a que mantengan siempre abierto ese canal de comunicación con Dios, pues él los ama, los espera y no quiere nada más que darles su amor. Les deseo a ustedes y a sus familias un año nuevo lleno de la cercanía y de la ternura de Dios. Muchas gracias.

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Algunos recursos relacionados con esta catequesis del Papa sobre el Padre nuestro

¿Saber rezar el Padre nuestro? Aquí lo tienes Siete respuestas a las preguntas más habituales.

Tema 40. Padre nuestro, que estás en el Cielo. Con el Padre Nuestro, Jesucristo nos enseña a dirigirnos a Dios como Padre. Es la oración filial por excelencia.

«El “Padre nuestro” es la oración por excelencia de los hijos de Dios». El Papa Francisco explica las partes del rito de la comunión: el Padre nuestro, la fracción del pan y el intercambio de paz.

 

 

Feliz año, con problemas     

Daniel Tirapu

Gracia

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¿Por qué va a ser mejor este año que el anterior?, ¿por qué tanta felicidad por el cambio de una hoja de calendario? Año nuevo, vida nueva. Dejaré de fumar, haré deporte, empiezo un régimen (sobre todo ahora que estoy lleno de la cena). Que típico tópico. Pero, seguramente está bien; este año es el que te da Dios para rendir tus talentos, para vivir, hacer el bien, tomar decisiones que comprometen.

Lo que sí parece claro es que todo el mundo tiene problemas. Unos de verdad, otros menos, otros más subjetivos. No hay nadie que se libre; el mundo moderno además lleva a cotas de infelicidad grandes, junto con unos medios técnicos geniales.

¿Qué nos pasa? Pienso que, en ocasiones, esperamos demasiado de la vida en la tierra, nuestro nivel de expectativas es muy alto y sentimental; la realidad no suele coincidir.

Otra causa importante es la pérdida del sentido de Dios, un mundo que prescinde de Dios acaba prescindiendo del hombre. Nos falta fe, nos falta esperanza, nos falta amor de verdad .Lo primero quizás, sea pararse y pensar a fondo. Dicen que cuando uno está cavando su propia fosa, lo primero que debe de hacer es dejar de seguir cavando. 

En cualquier caso, hay que dejarse sorprender por el Dios de la alegría; el pasado en su misericordia, el futuro en su providencia, el presente en su amor. Ahora sí, ¡¡¡muy feliz año!!!!

 

 

Tema de la Jornada de la paz 2019

Ana Teresa López de Llergo

Más que oportuno es el mensaje enviado por el Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz: “La buena política al servicio de la Paz”.

Jornada de la Paz 2019

El primero de enero de 1968 san Pablo VI estableció la costumbre de publicar un tema para propiciar la paz. Han transcurrido 52 años, y este año Su Santidad, el papa Francisco, dedica el tema a “La buena política está al servicio de la paz”.

El año pasado, el mensaje para la 51ª Jornada Mundial de la Paz, se enfocó a “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”, y el papa durante el curso del año habló sin cesar de los migrantes, impulsando a todas las poblaciones, en sus respectivas circunstancias, a tomar medidas positivas frente a ese problema. Por eso, sabemos que insistirá en este tópico y abundará en consejos. Debemos estar atentos.

En nuestro entorno este tema cae como anillo al dedo, pues inauguramos un nuevo modo de gobernar, y en una democracia donde hemos de participar, leeremos o escucharemos muchas ideas que nos interpelarán e inspirarán para tener una participación rica en contenido. Por lo pronto, en el documento de este año están concentradas muchas sugerencias tanto para gobernantes como para los gobernados porque todos somos artífices de la paz.

El vínculo paz y política lo encontramos en la idea original de Pablo VI: “La política es el más alto grado de caridad”, que ha servido de inspiración a los sucesivos pontífices y a mandatarios que han ejercido su papel con un alto nivel de responsabilidad. Por tanto, una buena política producto del trabajo de buenos políticos, necesariamente acarrea la paz.

El documento tiene siete incisos. Los títulos nos pueden dar idea de la secuencia y los focos de atención: paz a esta casa; el desafío de una buena política; caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz; los vicios de la política; la buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro; no a la guerra ni a la estrategia del miedo; un gran proyecto de paz.

Como siempre, este tipo de documentos sacan su fuerza de los textos de la Sagrada Biblia, de ahí la solidez propia de quien no se apoya en las personales inspiraciones sino en la palabra de Dios: sapientísima, firme y universal. Al conocer los subtítulos podremos acudir al que nos sea más necesario según nuestras circunstancias.

Observaremos esquemáticamente uno de los puntos propuestos, el de la caridad y las virtudes humanas. La caridad y las virtudes humanas porque a todos nos conciernen. Para tener puntos de referencia para evaluar los dichos y hechos de nuestros gobernantes, y poder apoyar nuestras demandas en aspectos objetivos.

Francisco se apoya en unas ideas de Benedicto XVI: “El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político.” La tarea política solamente es para todos cuando hay caridad en la mente y en el corazón, sin caridad se corre el riesgo de moverse por preferencias y beneficiar a un sector, y segregar a los otros. En esta situación no se gobierna para todos.

Las virtudes humanas forjan el carácter, de manera que quien gobierna es capaz de sobreponerse a los obstáculos, a las diferencias, a las críticas e incluso, a los insultos, sin buscar revancha, sin excluir a nadie. Sigue con fortaleza el plan previamente estudiado y lo aplica porque tiene la seguridad de haberlo elegido como un auténtico bien común. De entre las virtudes indispensables para el gobernador está la prudencia.

Las virtudes humanas forjan el carácter de los gobernados. Esto garantiza el respeto a la autoridad, la manera educada de decir lo que no se percibe bien, el modo equilibrado de proponer otras medidas sin caer en el sarcasmo, en la burla o el insulto. Pero también la fortaleza para resistir la injusticia y perseverar en el empeño por la honestidad.

El papa, en este inciso recuerda las “bienaventuranzas del político”, propuestas por el cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận, fallecido en el año 2002, y quien dio testimonio de caridad y paciencia ante el injusto encarcelamiento al que le sometió el gobierno de su país, por dar testimonio de su fe en el Evangelio.

Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
Bienaventurado el político que realiza la unidad.
Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Bienaventurado el político que no tiene miedo.

Su Santidad cierra este inciso con el siguiente párrafo: “Cada renovación de las funciones electivas, cada cita electoral, cada etapa de la vida pública es una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho. Estamos convencidos de que la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud”.

Para facilitar nuestro trabajo, como ciudadanos responsables de la buena marcha del gobierno podemos fijarnos en tres aspectos: si cualquier propuesta, decisión o enmienda de ley respetan la vida, la libertad y la dignidad de las personas. Ya sea directamente o indirectamente.

 

 

La historia personal deja huella en los hijos

La historia personal deja huella en los hijos

Por Silvia del Valle

Aveces pensamos que lo que hacemos en la vida sólo nos afecta a nosotros, sin darnos cuenta de que todos nuestros actos van creando una historia, tanto personal como familiar, y le van imprimiendo un estilo a nuestra familia.

Así que debemos hacer conciencia y buscar que actuemos siempre conforme a lo que Dios nos manda y la moral permite.

Así también debemos darles testimonio a nuestros hijos al actuar para ayudar a los demás. Por eso aquí te dejo mis 5Tips para educar a nuestros hijos en este estilo de vida.

PRIMERO: Actúa como si todo dependiera de ti

Es necesario poner todo de nuestra parte para que nuestros actos sean buenos y conforme a lo que los Mandamientos nos van marcando.

Es necesario también que demos testimonio con nuestras acciones de que Dios es el centro de nuestras vidas y, por lo mismo, de que hacemos las cosas para agradarle a Él, aunque al mundo no le agraden tanto.

Debemos ser valientes. Debemos actuar bien para dar siempre frutos buenos, mucho más cuando los beneficiados son nuestros familiares.

Seamos generosos y humildes para que nuestros hijos lo sean también.

SEGUNDO: Reza como si todo dependiera de Dios

La oración es parte importante para que nuestras acciones den frutos buenos en nuestra familia.

Es necesario sobrenaturalizar lo cotidiano, y la mejor forma de hacerlo es con nuestras oraciones y ofrecimientos diarios.

Es importante tener claro que la acción sin oración se vuelve infecunda.

Si nuestros hijos ven que nosotros oramos a Dios en todo momento y con todo nuestro corazón, seguro que ellos lo harán de forma cotidiana y constante, logrando sobrenaturalizar lo cotidiano.

TERCERO: Ofrece todas tus acciones

Otra forma muy buena de que nuestras acciones vayan dejando huella en la historia de nuestros hijos es que las ofrezcamos a Dios para que sea Él quien las haga fructificar en nuestros hijos. Además, así estaremos dándole un sentido trascendente a nuestro vivir y, por lo mismo, haremos todo para que nuestros hijos se sientan orgullosos de formar parte de nuestra familia.

Las acciones ofrecidas a Dios se vuelven capital de Gracia para nuestra familia.

CUARTO: Platica con tus hijos para que lo comprendan

También es necesario explicarles a nuestros hijos el estilo de vida que llevamos como personas y como familia, para que ellos también puedan participar.

Es importante que comprendan todo lo que hacemos para que después lo hagan suyo y lo vivan por gusto y no por obligación.

Y QUINTO: Busca hacer siempre el mayor bien posible

Si ya comprendimos que todo lo que hacemos les beneficia o perjudica a nuestros hijos, entonces debemos buscar hacer el mayor bien posible.

Así, siempre escogeremos entre dos bienes el mayor, y con este testimonio nuestros hijos estarán capacitados para siempre actuar confirme al bien, la moral y lo que Dios nos manda.

¡Atrévete a ser diferente!

Dios te bendiga y Mamita María te cubra con su manto.

 

 

La Vida de Cristo, vida nuestra

En casi todas las lenguas hay expresiones, términos para expresar algo de que el hombre, bajo ningún concepto, quiere dejar de mirar. Y no quiere perderlo de vista porque constituye su aspiración, su deseo, su esperanza. Ese vocablo no es, ni más ni menos, que esta palabra: vida. Vida es una expresión que logra resumir todas las aspiraciones mayores del ser humano. Vida indica la suma de los bienes deseados y al mismo tiempo aquello que los hace posibles, accesibles y duraderos.

El objeto formal de la inteligencia es todo lo que es y el objeto formal de la voluntad es todo lo bueno. Hay más cosas –entes reales y entes de razón– que cosas buenas, por lo que parece más universal la inteligencia que la voluntad. Santo Tomás resolverá el dilema diciendo que ante lo material es mejor conocerlo que amarlo, pero ante lo espiritual es mejor amarlo que conocerlo. Dios es Espíritu Puro y lo único digno de ser amado por el hombre que posee esa capacidad universal de amar merced a su voluntad. Dios es todo lo bueno a que aspira el hombre por su condición –de imagen y semejanza suya– y no se conforma con menos.

Esta vida no es un todo que se cierra de modo definitivo entre la fecha del nacimiento y la de la muerte. Está abierta hacia su último acabamiento en Dios. Cada uno de nosotros siente dolorosamente la limitación de la vida, los límites que pone la muerte. Los seres humanos somos, de algún modo, conscientes de no estar plenamente contenidos dentro de estos límites; que nuestras aspiraciones no pueden desparecer definitivamente con la muerte.

En todo momento pueden aparecer estos interrogantes pero, sobre todo, ante la muerte cada hombre se interpela acerca de muchas cuestiones nunca contestadas y muchos problemas no resueltos. Ninguno de nosotros vive solo. Llevamos dentro de nosotros la necesidad de la “universalización”. Pero, en un determinado momento la muerte lo interrumpe todo.         

¿Acaso la historia del hombre no está marcada por una fatigosa y dramática búsqueda de algo o de alguien que sea capaz de liberarlo de la muerte y de asegurarle la vida? La existencia humana conoce momentos de crisis, de desilusión y de oscuridad. Se trata de una experiencia de insatisfacción que se refleja en tanta literatura y en tanto cine en nuestros días. Jesús ha venido para dar la respuesta definitiva al deseo de vida y de infinito que el Padre celeste, creándonos, ha inscrito en nuestro ser.

Contaba Andrè Frossard recordando como al día siguiente de aquel atentado que estuvo a punto de costarle la vida del Papa anterior, el Santo Padre llamó “mi hermano” al terrorista turco. Y Frossard cuando tuvo oportunidad –pasada la covalecencia– comiendo con él le dijo: “Santidad, yo hubiera preferido que ese hermano hubiera encontrado otro medio de entrar en la familia”. El verdadero mal es el pecado, y Dios siempre que nos arrepentimos, lo perdona. Juan Pablo II siguió siempre ese mismo camino.

Cristo proclama: Yo soy la vida, y también: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. ¿Pero de qué vida se trata? La intención de Jesús es clara: la misma vida de Dios, que está por encima de todas las aspiraciones que pueden nacer en el corazón humano. Hemos sido creados para vivir eternamente la misma vida intratrinitaria, entrando en ella por Cristo, el Hijo en esa Familia divina, de la que por Él somos introducidos como sus hermanos.

La muerte es para todos un paso a la existencia en el más allá. Para Jesucristo es más todavía. Para Él es la premisa de la resurrección que tendrá lugar al tercer día. La muerte, que tiene siempre un carácter de disolución cuerpo humano, y que provoca repulsa, es buscada y abrazada por Jesús después de todos los sufrimientos padecidos físicos y morales. De esa manera inaugura el camino para alcanzar la paz inalterable y eterna a todos nosotros.

Jesús, con su muerte revela que al final de la vida el hombre no está destinado a sumergirse en la oscuridad, en el vacío existencial, en la vorágine de la nada, sino que está invitado al encuentro con el Padre, hacia el que se ha movido en el camino de la fe y del amor durante toda la vida, y en cuyos brazos se ha arrojado con santo abandono en la hora de la muerte[1]. Si se nos permite hablar así, Cristo es el mayor realista de la historia del hombre. Él sabe lo que hay dentro de cada hombre. ¡El lo sabe! Y esta afirmación no puede ni quiere ofender a cuantos a lo largo de los tiempos han procurado y procuran hoy descubrir qué es el hombre y desean enseñarlo. Sobre la base de este realismo, Cristo nos enseña que la vida humana tiene sentido en cuanto que es un testimonio de la verdad y del amor.

Esta apertura a Dios es una dimensión esencial sin la cual el hombre cae prisionero de sí mismo o de los demás. Sin Dios el hombre pierde pie, pierde la clave de sí mismo, pierde la clave de su historia. Porque, desde la creación, lleva en sí la semejanza de Dios. Esa semejanza permanece en él en estado de deseo implícito y de necesidad inconsciente, a pesar del pecado. Y el hombre está destinado a vivir con Dios. También aquí una vez más Cristo se revela no sólo como fuente de vida y verdad sino como nuestro camino.

Pedro Beteta López

Teólogo y escritor

  


    [1] Cfr. JUAN PABLO II, Audiencia general, 7-XII-1988

 

 

Política y doctrina social

Política y doctrina social

Por Sergio Ibarra

La Ética, como ciencia perteneciento a la Filosofía, tiene como objetivo distinguir el bien del mal. Toda doctrina representa una sabiduría para ser enseñada. La cristiana es un término que va más allá de ir a la «doctrina» para hacer la primera Comunión: se trata del conjunto de normas para la promoción de los derechos humanos, para la tutela de la familia, para el desarrollo de instituciones políticas auténticamente democráticas y participativas, para una economía al servicio del hombre, para un nuevo orden internacional que garantice la justicia, la paz y para una actitud responsable hacia la creación (Juan Pablo II).

La responsabilidad de la política está en manos de los líderes de los grupos humanos. Trátese de una empresa, de un ente gubernamental o académico, de un hospital o de una cárcel, la doctrina social cristiana establece reconocer a los seres humanos como personas, término que Jacques Maritain, filósofo católico, explicó como la transición que vive cada quién, desde su nacimiento como individuo, para que, en el ejericicio de su libertad, aprenda a servir al prójimo y entonces convertirse en persona.

Una buena política tiene que propiciar que en los grupos humanos, públicos o privados, se vele por que cada miembro de la sociedad encuentre las condiciones para el encuentro consigo mismo, primero y luego con los demás, con el fin de cumplir su vocación.

¿En qué se traduce esto? En decisiones, acciones y proyectos que, como empresario o como gobernante, generen condiciones para tener acceso a una vida digna, desde donde sea posible que los de arriba, los de abajo y los de en medio, en este mundo urbanizado de hoy, encuentren la forma de ser para los demás.

Son asuntos más serios que estarse luciendo con cancelar aeropuertos que generan una deuda a todos, derogar leyes a su conveniencia o querer imponer sueldos a toda la sociedad. La libertad es un privilegio que Dios nos dio, no el líder en turno.

 

FUNDACION CARF PIDA REZAR INCESANTEMENTE POR LAS VOCACIONES

 

Querida COMUNIDAD CATÓLICA: 

La Iglesia Católica nos llama y pide que redoblemos nuestros esfuerzos y recemos incansablemente y incesantemente por muchas vocaciones a la  vida consagrada, especialmente que lleguen a ser sacerdotes santos, según el Sagrado Corazón de Jesús, El Buen Pastor y por todos los que ya recibieron  su ordenación o consagración que honren su ministerio sacerdotal, o diaconal o si son religiosos también sean y hagan en todo la Voluntad de Dios, Nuestro Creador y en Jesucristo, Nuestro Señor cumplan a conciencia sus deberes de estado y sus tareas y misiones sacerdotales.

 

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Cuerpo:

Hola, Cientos de sacerdotes trabajan en solitario por sacar adelante a miles de personas en las localidades más abandonadas de la Tierra. Aunque ellos no lo piden, necesitan tus rezos para continuar su misión.

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¡Gracias!

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Oración del Santo cura de Ars por los sacerdotes