Las Noticias de hoy 27 Diciembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 27 de diciembre de 2018       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus del Papa: Confiar en Dios y perdonar, como Esteban, a imitación de Jesús

Navidad San Egidio: almorzar con los pobres de Italia y del mundo

EL DISCÍPULO A QUIEN AMABA EL SEÑOR: Francisco Fernandez Carbajal

“Servir al Señor en el mundo”: San Josemaria

¿Cómo vivía san Josemaría la Navidad?

¿Un Dios que deja hacer? El mal y el dolor: Antonio Ducay

CURIOSIDADES DE NAVIDAD: Javier López

Navidad y felicidad: Gerardo Castillo Ceballos

Fin de año, balance de vida: Silvia del Valle Márquez

Cuidar las relaciones: Lucía Legorreta

A RECUPERAR POSICIONES: René Mondragón

La llama de una vela: Nelson Fragelli.

Quien crea encontrar la felicidad en la agitación será infeliz: Acción Familia

Cómo hablar con los hijos sobre la discapacidad: LaFamilia.info

La microbiota y el desarrollo del sistema inmune de los animales: Jesús Domingo

SISTEMA PENITENCIARIO: NO QUEREMOS VER LA REALIDAD: Alfredo Palacios Dongo

Ayudan a vivir el Evangelio: Jaume Catalán Díaz

Hay que seguir instando: Valentín Abelenda Carrillo

Un Brexit blando: Jesús Domingo Martínez

VOLTAIRE: IGNORANCIA E IGUALDAD textos en su Diccionario filosófico: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Ángelus del Papa: Confiar en Dios y perdonar, como Esteban, a imitación de Jesús

En la fiesta litúrgica de San Esteban Francisco rezó a mediodía el Ángelus con miles de fieles y peregrinos, a quienes les dijo que la actitud del primer mártir que imita fielmente a Jesús, es una invitación a acoger con fe de las manos del Señor lo que la vida nos reserva de positivo y también de negativo

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Tras la solemnidad de la Navidad del Señor, en que el Papa Francisco dirigió al mundo el tradicional Mensaje navideño con su bendición apostólica “Urbi et Orbi”, en la fiesta litúrgica de San Esteban, primer mártir, el Obispo de Roma volvió a encontrarse con los miles de fieles y peregrinos que se dieron cita a mediodía en la Plaza de San Pedro, deseosos de escuchar su comentario al Evangelio y rezar por sus intenciones de Pastor de la Iglesia universal.

“La alegría de la Navidad inunda aún nuestros corazones”. Con estas palabras el Papa Francisco comenzó su alocución antes de rezar a la Madre de Dios, destacando que sigue resonando el “maravilloso anuncio” del nacimiento de Cristo, que trae la paz al mundo.

En efecto – dijo Francisco – en este clima de alegría celebramos hoy la fiesta de San Esteban, diácono y primer mártir. Y explicó que podría parecer extraño acercar la memoria de este Santo al nacimiento de Jesús, porque surge el contraste entre la alegría de Belén y el drama de Esteban, lapidado en Jerusalén durante la primera persecución contra la Iglesia naciente.

En realidad no es así – prosiguió explicando el Papa – porque el Niño Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, que salvará a la humanidad muriendo en la cruz. Y ahora lo contemplamos envuelto en lienzos en el pesebre; mientras después de su crucifixión será envuelto nuevamente por lienzos y colocado en un sepulcro.

San Esteban, el primero en seguir las huellas del Maestro

Y añadió que San Esteban fue el primero en seguir las huellas del divino Maestro con el martirio, quien murió como Jesús encomendando su vida a Dios y perdonando a sus persecutores. De hecho, Francisco recordó que mientras lo apedreaban decía: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Palabras similares a las de Cristo en la cruz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

De modo que – como dijo el Obispo de Roma – la actitud de Esteban que imita fielmente el gesto de Jesús, es una invitación dirigida a cada uno de nosotros a acoger con fe de las manos del Señor lo que la vida nos reserva de positivo y también de negativo.

Sí, porque aunque nuestra existencia esté marcada no sólo por circunstancias felices, sino también por momentos de dificultad y desconcierto, la confianza en Dios nos ayuda a coger los momentos fatigosos y a vivirlos como una ocasión de crecimiento en la fe y de construcción de nuevas relaciones con los hermanos. “Se trata – dijo textualmente el Papa – de abandonarnos en las manos del Señor”, sabiendo que es “un Padre rico de bondad hacia sus hijos”.

La segunda actitud con que Estaban imitó a Jesús en el momento extremo de la cruz – puntualizó el Santo Padre – es el perdón. En efecto, no maldijo a sus persecutores, sino que rezó por ellos. Por esta razón Francisco afirmó que “estamos llamados a aprender de él a perdonar siempre”.

El perdón ensancha el corazón, da serenidad y paz

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Ángelus del Papa 26 de diciembre de 2018

26/12/2018

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Ángelus del Papa 26 de diciembre de 2018

El perdón ensancha el corazón, genera participación, da serenidad y paz. De ahí que el protomártir Esteban nos indica el camino que debemos recorrer en las relaciones interpersonales en la familia, en los lugares de la escuela y del trabajo, en la parroquia y en las diversas comunidades.

“La lógica del perdón y de la misericordia siempre es vencedora y abre horizontes de esperanza”, dijo el Papa al concluir, antes de invitar a invocar la intercesión de la Virgen y de San Esteban, para que nos ayuden a encomendarnos siempre a Dios, especialmente en los momentos difíciles, y para que nos sostenga en el propósito de ser hombres y mujeres capaces de perdón.

 

 

Navidad San Egidio: almorzar con los pobres de Italia y del mundo

Más de 240.000 personas en 77 países del mundo, 60.000 en Italia, participaron hoy en los almuerzos de Navidad con los pobres de la comunidad San Egidio

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano

Origen de la comunidad

Sant'Egidio es una comunidad cristiana que nació en 1968, apenas finalizar el Concilio Vaticano II, por iniciativa de Andrea Riccardi, en un instituto del centro de Roma. Con los años se ha convertido en una red de comunidades que se ha extendido por más de 70 países y que dedica una especial atención a las periferias y a los olvidados del mundo. La forman hombres y mujeres de distintas edades y extracciones que están unidos por un lazo de fraternidad basado en la escucha del Evangelio y en el trabajo voluntario y gratuito por los pobres y por la paz. 

San Egidio en Italia

La historia tiene su punto de partida en  la Basílica de Santa María, en el  Trastevere, donde esta tradición se inició en 1982 con un pequeño grupo de ancianos que de otro modo, en el día más bello del año, se habrían quedado solos, la Comunidad consiguió que muchos, diferentes entre sí, se sentaran a la misma mesa: desde los sin techo hasta los refugiados que llegaban a través de corredores humanitarios a Europa, pasando por los niños de la calle y los menores necesitados de las grandes villas miseria de África y América Latina.

"Es un pueblo en el que los que ayudan se confunden con los que son ayudados” -comentó el Presidente de la Comunidad, Marco Impagliazzo-, una gran familia en la que hay sitio para todos. La gran participación de este año demuestra que es posible responder a la cultura de resignación y cierre, que a veces parece dominante, devolviendo a muchos la esperanza para construir un  futuro juntos.

La solidaridad crece

El crecimiento de la solidaridad es significativo: el número de voluntarios que se han ofrecido a ayudar aumenta, no sólo preparando almuerzos y sirviendo en la mesa, sino también conociendo a los pobres que son amigos de la Comunidad a lo largo del año. En Santa María, en  Trastevere,  el saludo final que acompaña a los dones (todos "personalizados" dado el conocimiento de los invitados), estuvo a cargo del  párroco Don Marco Gnavi y del nuncio de la Santa Sede en Italia, Monseñor Emil Paul Tscherrig, quien les dijo: "les traigo la bendición del Papa Francisco que está espiritualmente aquí con ustedes. Esta Navidad nos ha recordado que tenemos el mismo padre: todos somos hermanos para que se abra un año de paz".

 

 

 

EL DISCÍPULO A QUIEN AMABA EL SEÑOR

— La vocación del Apóstol. Su fidelidad. Nuestra propia vocación.

— Detalles particulares de predilección por parte del Señor. El encargo de cuidar de Santa María. Nuestra devoción a la Virgen.

— La pesca en el lago después de la Resurrección. La fe y el amor le hacen distinguir a Cristo en la lejanía; nosotros debemos aprender a verle en nuestra vida ordinaria. Peticiones a San Juan.

I. El Apóstol San Juan era natural de Betsaida, ciudad de Galilea, en la ribera norte del mar de Tiberíades. Sus padres eran Zebedeo y Salomé; y su hermano, Santiago el Mayor. Formaban una familia acomodada de pescadores que, al conocer al Señor, no dudan en ponerse a su total disposición. Juan y Santiago, en respuesta a la llamada de Jesús, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron1. Salomé, la madre, siguió también a Jesús, sirviéndole con sus bienes en Galilea y Jerusalén, y acompañándole hasta el Calvario2.

Juan había sido discípulo del Bautista cuando este estaba en el Jordán, hasta que un día pasó Jesús cerca y el Precursor le señaló: He ahí el Cordero de Dios. Al oír esto fueron tras el Señor y pasaron con Él aquel día3. Nunca olvidó San Juan este encuentro. No quiso decirnos nada de lo que aquel día habló con el Maestro. Solo sabemos que desde entonces no le abandonó jamás; cuando ya anciano escribe su Evangelio, no deja de anotar la hora en la que se produjo el encuentro con Jesús: Era alrededor de la hora décima4, las cuatro de la tarde.

Volvió a su casa en Betsaida, al trabajo de la pesca. Poco después, el Señor, tras haberle preparado desde aquel primer encuentro, le llama definitivamente a formar parte del grupo de los Doce. San Juan era, con mucho, el más joven de los Apóstoles; no tendría aún veinte años cuando correspondió a la llamada del Señor5, y lo hizo con el corazón entero, con un amor indiviso, exclusivo.

En San Juan, y en todos, la vocación da sentido aun a lo más pequeño. La vida entera se ve afectada por los planes del Señor sobre cada uno de nosotros. «El descubrimiento de la vocación personal es el momento más importante de toda existencia. Hace que todo cambie sin cambiar nada, de modo semejante a como un paisaje, siendo el mismo, es distinto después de salir el sol que antes, cuando lo bañaba la luna con su luz o le envolvían las tinieblas de la noche. Todo descubrimiento comunica una nueva belleza a las cosas y, como al arrojar nueva luz provoca nuevas sombras, es preludio de otros descubrimientos y de luces nuevas, de más belleza»6.

Toda la vida de Juan estuvo centrada en su Señor y Maestro; en su fidelidad a Jesús encontró el sentido de su vida. Ninguna resistencia opuso a la llamada, y supo estar en el Calvario cuando todos los demás habían desaparecido. Así ha de ser nuestra vida, pues, aunque el Señor hace llamamientos especiales, toda su predicación tiene algo que comporta una vocación, una invitación a seguirle en una vida nueva, cuyo secreto Él posee: si alguno quiere venir en pos de Mí...7.

A todos nos ha elegido el Señor8 –a algunos con una vocación específica– para seguirle, imitarle y proseguir en el mundo la obra de su Redención. Y de todos espera una fidelidad alegre y firme, como fue la del Apóstol Juan. También en los momentos difíciles.

II. Este es el apóstol Juan, que durante la cena reclinó su cabeza en el pecho del Señor. Este es el apóstol que conoció los secretos divinos y difundió la palabra de vida por toda la tierra9.

Junto con Pedro, San Juan recibió del Señor particulares muestras de amistad y de confianza. El Evangelista se cita discretamente a sí mismo como el discípulo a quien Jesús amaba10. Ello nos indica que Jesús le tuvo un especial afecto. Así, ha dejado constancia de que, en el momento solemne de la Última Cena, cuando Jesús les anuncia la traición de uno de ellos, no duda en preguntar al Señor, apoyando la cabeza sobre su pecho, quién iba a ser el traidor11. La suprema expresión de confianza en el discípulo amado tiene lugar cuando, desde la Cruz, el Señor le hace entrega del amor más grande que tuvo en la tierra: su santísima Madre. Si fue trascendental en la vida de Juan el momento en que Jesús le llamó para que le siguiera, dejando todas las cosas, ahora, en el Calvario, tiene el encargo más delicado y entrañable: cuidar de la Madre de Dios.

Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Después dice el discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa12. A Juan, como a ningún otro, pudo hablar la Virgen de todo aquello que guardaba en su corazón13.

Hoy, en su festividad, miramos al discípulo a quien Jesús amaba con una santa envidia por el inmenso don que le entregó el Señor, y a la vez hemos de agradecer los cuidados que con Ella tuvo hasta el final de sus días aquí en la tierra.

Todos los cristianos, representados en Juan, somos hijos de María. Hemos de aprender de San Juan a tratarla con confianza. Él, «el discípulo amado de Jesús, recibe a María, la introduce en su casa, en su vida. Los autores principales han visto en esas palabras, que relata el Santo Evangelio, una invitación dirigida a todos los cristianos para que pongamos también a María en nuestras vidas. En cierto sentido, resulta casi superflua esa aclaración. María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a Ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pidiéndole que se manifieste como nuestra Madre»14.

Podemos también imaginar la enorme influencia que la Virgen ejerció en el alma del joven Apóstol. Nos podemos hacer una idea más acabada al recordar esas épocas de nuestra vida –quizá ahora– en que nosotros mismos hemos acudido y hemos tratado de modo especial a la Madre de Dios.

III. Pocos días después de la Resurrección del Señor se encuentran algunos de sus discípulos junto al mar de Tiberíades, en Galilea, cumpliendo lo que les ha dicho Jesús resucitado15. Están dedicados de nuevo a su oficio de pescadores. Entre ellos se encuentran Juan y Pedro.

El Señor va a buscar a los suyos. El relato nos muestra una escena entrañable de Jesús con los que, a pesar de todo, han permanecido fieles. «Pasa al lado de sus Apóstoles, junto a esas almas que se han entregado a Él; y ellos no se dan cuenta. ¡Cuántas veces está Cristo, no cerca de nosotros, sino en nosotros; y vivimos una vida tan humana! (...). Vuelve a la cabeza de aquellos discípulos lo que, en tantas ocasiones, han escuchado de los labios del Maestro: pescadores de hombres, apóstoles. Y comprenden que todo es posible, porque Él es quien dirige la pesca.

»Entonces, el discípulo aquel que Jesús amaba se dirige a Pedro: es el Señor. El amor, el amor lo ve de lejos. El amor es el primero que capta esas delicadezas. Aquel Apóstol adolescente, con el firme cariño que siente hacia Jesús, porque quería a Cristo con toda la pureza y toda la ternura de un corazón que no ha estado corrompido nunca, exclamó: ¡es el Señor!

»Simón Pedro apenas oyó es el Señor, vistiose la túnica y se echó al mar. Pedro es la fe. Y se lanza al mar, lleno de una audacia de maravilla. Con el amor de Juan y la fe de Pedro, ¿hasta dónde llegaremos nosotros?»16.

¡Es el Señor! Ese grito ha de salir también de nuestros corazones en medio del trabajo, cuando llega la enfermedad, en el trato con aquellos que conviven con nosotros. Hemos de pedirle a San Juan que nos enseñe a distinguir el rostro de Jesús en medio de esas realidades en las que nos movemos, porque Él está muy cerca de nosotros y es el único que puede darle sentido a lo que hacemos.

Además de sus escritos inspirados por Dios, conocemos por la tradición detalles que confirman el desvelo de San Juan para que se mantuviera la pureza de la fe y la fidelidad al mandamiento del amor fraterno17. San Jerónimo cuenta que a los discípulos que le llevaban a las reuniones, cuando ya era muy anciano, les repetía continuamente: «Hijitos, amaos los unos a los otros». Le preguntaron por su insistencia en repetir siempre lo mismo. San Juan respondió: «Este es el mandamiento del Señor y, si se cumple, él solo basta»18.

A San Juan podemos pedirle hoy muchas cosas: de modo especial que los jóvenes busquen a Cristo, lo encuentren y tengan la generosidad de seguir su llamada; también podemos acudir a su intercesión para nosotros ser fieles al Señor como él lo fue; que sepamos tener al sucesor de Pedro el amor y el respeto que él manifestó al primer Vicario de Cristo en la tierra; que nos enseñe a tratar a María, Madre de Dios y Madre nuestra, con más cariño y más confianza; le pedimos que quienes están a nuestro alrededor puedan saber que somos discípulos de Jesús por el modo en que los tratamos.

Dios y Señor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol San Juan el misterio de tu Palabra hecha carne; concédenos, te rogamos, llegar a comprender y a amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer19.

1 Mc 1, 20. — 2 Mc 15, 40-41. — 3 Jn 1, 35-39. — 4 Jn 1, 39. — 5 Cfr. Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, p. 1.094. — 6 F. Suárez, La Virgen Nuestra Señora, p. 80. — 7 Mt 16, 24. — 8 Cfr. Rom 1, 7; 2 Cor 1, 1. — 9 Antífona de entrada de la Misa. — 10 Cfr. Jn 13, 23; 19, 26; etc. — 11 Jn 13, 23. — 12 Jn 19, 26-27. — 13 Cfr. Lc 2, 51. — 14 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 140. — 15 Cfr. Mt 28, 7. — 16 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 265-266. — 17 Cfr. Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona, 1983, p. 1.101. — 18 San Jerónimo, Comentario a Gálatas, 3, 6. — 19 Oración colecta de la Misa.

 

 

“Servir al Señor en el mundo”

Fíjate bien: hay muchos hombres y mujeres en el mundo, y ni a uno solo de ellos deja de llamar el Maestro. Les llama a una vida cristiana, a una vida de santidad, a una vida de elección, a una vida eterna. (Forja, 13)

Permitidme que vuelva de nuevo a la ingenuidad, a la sencillez de la vida de Jesús, que ya os he hecho considerar tantas veces. Esos años ocultos del Señor no son algo sin significado, ni tampoco una simple preparación de los años que vendrían después: los de su vida pública. Desde 1928 comprendí con claridad que Dios desea que los cristianos tomen ejemplo de toda la vida del Señor. Entendí especialmente su vida escondida, su vida de trabajo corriente en medio de los hombres: el Señor quiere que muchas almas encuentren su camino en los años de vida callada y sin brillo. Obedecer a la voluntad de Dios es siempre, por tanto, salir de nuestro egoísmo; pero no tiene por qué reducirse principalmente a alejarse de las circunstancias ordinarias de la vida de los hombres, iguales a nosotros por su estado, por su profesión, por su situación en la sociedad.
Sueño ‑y el sueño se ha hecho realidad‑ con muchedumbres de hijos de Dios, santificándose en su vida de ciudadanos corrientes, compartiendo afanes, ilusiones y esfuerzos con las demás criaturas. Necesito gritarles esta verdad divina: si permanecéis en medio del mundo, no es porque Dios se haya olvidado de vosotros, no es porque el Señor no os haya llamado. Os ha invitado a que continuéis en las actividades y en las ansiedades de la tierra, porque os ha hecho saber que vuestra vocación humana, vuestra profesión, vuestras cualidades, no sólo no son ajenas a sus designios divinos, sino que El las ha santificado como ofrenda gratísima al Padre (Es Cristo que pasa, 20).

 

 

 

¿Cómo vivía san Josemaría la Navidad?

Recogemos algunas anécdotas que reflejan cómo vivía san Josemaría las fiestas navideñas, su devoción al Niño Jesús y a la Sagrada Familia y detalles de cariño que tenía con las personas que convivían con él.

Del Opus Dei16/12/2018

Poner el pesebre

En casa de los padres de san Josemaría durante la Navidad se ponía el Nacimiento, siempre el mismo y siempre renovado, con sus montañas de corcho o de cartón-piedra y las ingenuas figuritas que los niños ayudaban a colocar en torno al portal de Belén. A medianoche, Josemaría y su hermana acompañaban a sus padres a la Misa de medianoche (conocida en España como Misa del Gallo) en la catedral. La familia se congregaba para cantar a coro los villancicos populares que, con ritmo alegre o tono melodioso de canción de cuna, expresan el gozo de los hombres ante la venida al mundo del Niño-Dios.

Se acordaba, sobre todo, de uno que decía: "Madre en la puerta hay un Niño". La letra de la canción tenía un estribillo en que el Niño Jesús repetía: —"Yo bajé a la tierra para padecer". Desde la cuna a la sepultura le acompañó la canción. "Cuando yo tenía unos tres años —contaba en familia—, mi madre me cantaba esta canción, me tomaba en sus brazos, y yo me adormecía muy a gusto". En sus últimos años, al oírlo cantar durante las Navidades, se conmovía, absorbiendo todos sus sentidos en oración.

En Camino recogió quizás esos recuerdos de su infancia, cuando escribía en el punto 557: "Devoción de Navidad. —No me sonrío cuando te veo componer las montañas de corcho del Nacimiento y colocar las ingenuas figuras de barro alrededor del Portal. —Nunca me has parecido más hombre que ahora, que pareces un niño."

El Niño

Para san Josemaría, la Navidad era una época especialmente entrañable, en la que se esforzaba por imitar el ambiente que se respiraría en el portal de Belén, donde María y José estarían muy pendientes del Niño Jesús. Una vez, en vísperas de Navidad, José Luis Illanes, un estudiante andaluz, de gran talento y vitalidad a todo trapo, está en cama con fiebres altísimas. Al Padre le apena que ese muchacho no pueda participar de la alegría festiva que hay en toda la casa. Encarga que le preparen "un arbolito navideño, como los que habéis puesto por la casa, pero en pequeño, con adornos y muchas figuritas de chocolate colgando... Es que tengo un hijo enfermo... Y yo, además, he conseguido un Niño Jesús diminuto para llevárselo a su cuarto... ¡Se me parte el corazón de que tenga que pasar estos días, tan de familia, en la cama y con fiebre!".

En esos días, san Josemaría expresaba con detalles concretos su cariño por el Niño Jesús. Pilar Urbano cuenta en "El hombre de Villa Tevere" una anécdota significativa: en las navidades de 1969 le llevan la imagen de un Niño Jesús de barro policromado, hecho por Palmira Laguéns, una hija suya escultora, el Padre se acerca a la cuna, mira al Niño, sonríe, lo toma en sus manos, lo alza, lo levanta alto, alto, en el aire, como si jugase con una criatura de verdad; empieza a hacerle "fiestas" y a besarle y a acariciarle, mientras le dice palabras cariñosas, mimosas, sin reparar en que le están mirando: "¡Precioso! ¡Guapo! ¡Chato! ¡Niño mío...! ¡A éste me lo quedo yo!"

Era una devoción arraigada. Años atrás, cuando en Madrid era capellán del Patronato de santa Isabel, las monjas le prestaron una talla del Niño Jesús, al que todavía hoy llaman "el Niño de don Josemaría", y la Madre San José, que entonces era la sacristana, recuerda haber visto muchas veces, cuando el Niño estaba en la sacristía de la iglesia durante el tiempo de Navidad, cómo don Josemaría le hablaba, le cantaba, le mecía, como si se tratase de un niño de verdad.

“Álvaro, he pensado regalar este Niño Jesús al Colegio Romano de la Santa Cruz; será la primera piedra de su sede definitiva“Álvaro, he pensado regalar este Niño Jesús al Colegio Romano de la Santa Cruz; será la primera piedra de su sede definitiva

Un detalle referido a esa talla del Niño que cuenta Álvaro del Portillo muestra el desprendimiento que siempre san Josemaría procuraba vivir: En 1959 san Josemaría había encargado una copia, un poco más grande que el original, de la imagen del Niño Jesús que conserva la comunidad de las Agustinas recoletas del Patronato de Santa Isabel, de Madrid, del que había sido capellán desde 1931 y rector desde 1934; es una imagen ligada a muchos recuerdos íntimos de su vida interior, a favores y gracias extraordinarias. Tres días antes de la Navidad de 1959, el Fundador del Opus Dei entró en el estudio de arquitectos de Villa Tevere. Se sentó, cansado, insólitamente silencioso; estaba completamente inmerso en Dios. En eso llegó Manuel Caballero, que había modelado en barro la imagen de aquel Niño, de la que se había sacado la copia en madera, que llevaba envuelta en un paquete. Se sentó junto al Padre y con deliberada lentitud comenzó a abrirlo. Apenas san Josemaría vio que se trataba del Niño, lo tomó en sus brazos, lo apretó contra su pecho, y poco después, visiblemente emocionado, salió de la habitación.

Algún tiempo más tarde me dijo: "Álvaro, he pensado regalar este Niño Jesús al Colegio Romano de la Santa Cruz; será la primera piedra de su sede definitiva". El Padre, apenas advirtió la emoción que le producía aquella imagen tan querida, rechazó inmediatamente cualquier apegamiento: no se concedió ni siquiera esta alegría, perfectamente legítima.

Javier Echevarría, actual Prelado del Opus Dei, ha vivido durante más de veinte años junto a san Josemaría. Recuerda algunos detalles del trato del Fundador del Opus Dei con la Sagrada Familia durante el tiempo de Navidad: Me ha impresionado siempre su espontaneidad en el trato con el Señor. He visto también su actitud ardiente y apasionada cuando llegaban las Navidades: al entrar o salir del oratorio, besaba con ternura al Niño recién nacido. En otros momentos le cogía en sus brazos, acariciándole dulcemente, mientras le miraba agradecido y con hambre de aprender. En una ocasión, después de besarle, puso sus ojos en esa imagen y, con la delicada ilusión de un padre de familia, requebró al Niño Jesús: "¡chato!".

He contemplado una escena en distintas Navidades, cuando —al distribuir las figuras del Nacimiento— alguien colocaba a San José un poco distante del Niño y de la Virgen o en un segundo plano. Mons. Escrivá de Balaguer las acercaba, mientras repetía: "vamos a poner siempre a José muy cerca de Jesús y de María, porque siempre lo estuvo, porque lo sigue estando, y porque nos tiene que servir de guía para servir al Señor, contando también con la intercesión de la Virgen, como los dos le sirvieron".

Muy unido a sus hijos y sus hijas

San Josemaría siempre buscó celebrar con sus hijos esas fiestas tan familiares. En 1937, en plena guerra civil española, cuando los pocos miembros que había en el Opus Dei se encontraban en los frentes de guerra, Escrivá visitó a Botella y a Casciaro en sus compañías militares. Celebraron la noche de Navidad en los barracones. Botella recuerda que "estos detalles de cariño, de vida de familia, en las circunstancias tan extraordinarias que vivíamos, se me clavaron en el corazón: me hacían sentir muy feliz y la entrega al Señor se me hacía gozosa".

“¿Dónde está, hijo mío, esa imagen de Cristo que busco en tu corazón?“¿Dónde está, hijo mío, esa imagen de Cristo que busco en tu corazón?

Más adelante, cuando el Opus Dei se hallaba extendido por diversos países, san Josemaría ya no podía celebrar físicamente las fiestas navideñas con cada uno. Entonces, se hacía cercano enviándoles cartas o felicitaciones navideñas, como en la Navidad de 1971: "Que Él (Dios) y su Santísima Madre, Madre Nuestra —adeamus cum fiducia ad thronum gloriae, a María, ut misericordiam consequamur—, nos concedan una Santa Navidad, y nos den la gracia de una entrega cada día más delicada y generosa."


"Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
Al enviaros estas líneas con mi felicitación más cariñosa por la Santa Navidad, me gusta repetiros de nuevo, para que se os grabe en el fondo del alma, que el Señor se apoya con fuerza en nosotros, en cada uno, y que todos hemos de notar sobre nuestros hombros, con optimismo y con auténtico sentido universal, el peso bendito de sacar adelante la Obra, como Dios espera."

Sin embargo, esta forma de proceder no era algo nuevo, desde su juventud escribía cartas para felicitar las navidades. Como cuenta la Edición Crítica de Camino, el punto 94 -"Se ha hecho tan pequeño —ya ves: ¡un Niño!— para que te le acerques con confianza."- tiene probablemente su origen en una carta escrita en los días previos a la Navidad de 1938. Se conserva una carta a Ricardo Fernández Vallespín, que dice:

«Pediré al Niño Jesús –ya ves: ¡un niño!– que nos ayude a dejar «el hombre viejo» entre las nieves de este mes de diciembre. Si queremos, así será. Un abrazo fuerte y mi bendición. Mariano»

"Se ha hecho tan pequeño —ya ves: ¡un Niño!— para que te le acerques con confianza". Don Joaquín Alonso, tuvo la oportunidad de vivir estas fiestas durante varios años junto a san Josemaría: Recuerdo muy bien la Nochebuena de 1954, cuando los alumnos del Colegio Romano acabábamos de ocupar el edificio llamado Casa del Vicolo, en Viale Bruno Buozzi 73. Un artista andaluz que vivía con nosotros, Manolo Caballero, que entonces era joven pero que murió ya hace años, había modelado unas figuras para el belén que íbamos a poner en la sala de estar, que estaba casi vacía, sin muebles. San Josemaría entró a verlas y le gustaron mucho, y nos dijo que había que estrenarlas aquella noche con una meditación allí mismo, en la sala de estar. Como no había sillas, en la meditación estuvimos todos sentados por el suelo. Debíamos de ser más de cien: muy jóvenes, eso sí. Bueno, él −como predicador− sí estaba sentado en una silla. Recuerdo sobre todo, porque se me quedó grabada, una frase que repitió varias veces, como martilleándola: "¿dónde está, hijo mío, esa imagen de Cristo que busco en tu corazón?". Una vez y otra, después de tocar distintos temas: "¿dónde está, hijo mío, esa imagen de Cristo que busco en tu corazón?". Se veía que le salía del alma.

La meditación que nos dirigió en la Nochebuena de 1963 está publicada, después de que él mismo la rehiciera un poco, en Es Cristo que pasa: es la homilía que se titula "El triunfo de Cristo en la humildad". Lo que ahí dice de dejar que la luz y la gracia de Cristo entren a fondo en nuestro corazón, que a mí me trae a la memoria lo que antes decía sobre aquella meditación de 1954, es una típica idea suya en relación con la Navidad. Otra es la de aprender a cumplir la voluntad de Dios Padre como la cumplen Jesús, María y José, que con su obediencia cooperan para que nosotros tengamos la vida nueva en Cristo.

*Las anécdotas recogidas en este artículo se han seleccionado de: El hombre de Villa Tevere, de Pilar Urbano; Edición Crítica de Camino, Ed. Pedro Rodríguez; La Fundación del Opus Dei, John F. Coverdale; Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, Césare Cavalleri; Historia del Opus Dei y de su Fundador, François Gondrand; Memoria del Beato Josemaría. Javier Echevarría y El Fundador del Opus Dei, Andrés Vázquez de Prada y de la entrevista realizada a don Joaquín Alonso para esta página web.

 

 

¿Un Dios que deja hacer? El mal y el dolor

¿Por qué existe el mal? ¿Qué sentido tiene el dolor? ¿Por qué Dios permite el mal? Estas son las preguntas que toda persona se hace en algún momento de la vida. Hacen referencia a uno de los grandes misterios del hombre.

La luz de la fe24/10/2018

Opus Dei - ¿Un Dios que deja hacer? El mal y el dolor

La existencia del mal en el mundo, especialmente en sus formas más agudas y difíciles de entender, es una de las causas más frecuentes del abandono de la fe. Ante sucesos que parecen claramente injustos y sin sentido y frente a los que nos sentimos impotentes, surge de modo natural la pregunta de cómo puede Dios permitirlo. ¿Por qué el Señor, que es bueno, que es omnipotente, deja que ocurran males semejantes? ¿Por qué personas sencillas, que acarrean ya mucho peso en la vida, deben cargar con el drama de una tragedia imprevista, como un desastre natural?¿Por qué Dios no interviene? Son preguntas que no dirigimos al mundo, ni tampoco a nuestros semejantes, sino a Dios, porque confesamos que Él es el Creador y el Señor del mundo [1].

Estas cuestiones, en cierta manera, desbordan los confines de la Revelación y penetran en el misterio de Dios mismo; al fin y al cabo, nada hay en la creación que escape a la sabiduría y a la voluntad de Dios. Del mismo modo que no podemos abarcar la infinita bondad de Dios, tampoco podemos sondear completamente sus proyectos. Por eso, muchas veces, la mejor actitud ante el mal y el dolor es la del abandono confiado en Dios, que siempre “sabe más” y “puede más”.

Pero es también natural que tratemos de iluminar el oscuro misterio del mal, de modo que la fe no se apague por la experiencia de la vida, sino que, precisamente en esos momentos, siga siendo luz clara en nuestro camino, «lámpara para mis pasos» (Sal 119,105).

El mal procede de la libertad creada

Dios no ha creado un mundo cerrado, al que sólo tenga acceso Él, ni tampoco ha hecho el mundo perfecto. Lo ha hecho abierto a muchas posibilidades y perfectible, y ha creado a los hombres y a las mujeres para que lo habiten y lo completen con su ingenio. Nos ha hecho inteligentes y libres y nos ha dado espacio para desarrollar esos talentos. En ese sentido Dios, al llamarnos a la existencia, nos pone a prueba: nos encarga la tarea de hacer el bien según nuestras posibilidades. Y eso es, con frecuencia, una tarea fatigosa. «Negociad hasta que vuelva» (Lc 19,13): como en la conocida parábola de Jesús, los talentos no se pueden enterrar o esconder: la vida de cada uno está llamado a hacer fructificar su vida, a desarrollar lo que recibimos. Pero a menudo no lo hacemos, o incluso hacemos todo lo contrario, nos proponemos voluntariamente cosas malas y las llevamos a cabo: somos, muchas veces, culpables.

El verdadero mal, el que más hemos de temer: el pecado. De él provienen los otros males de un modo o de otro

La humanidad lo fue desde el principio, desde aquel acto que fue cabeza de los demás males. Todo lo que hay de mal en el mundo gira en torno a esto: al mal uso de la libertad, a la capacidad que tenemos de destruir las obras de Dios: en nosotros mismos, en los demás, en la naturaleza. Cuando lo hacemos nos privamos de Dios, se oscurece nuestro corazón, e incluso podemos hacer que nuestra vida o la de otros se conviertan en un infierno. Este es el verdadero mal, el que más hemos de temer: el pecado. De él provienen los otros males de un modo o de otro.

El sufrimiento como prueba o purificación

Pero entonces ¿el mal es siempre el fruto directo de la culpa? Primero hay que aclarar qué es el mal. En sí mismo no es más que la otra cara del bien, la cara que la realidad muestra cuando el bien falta, cuando lo que debería ser no es y lo que tendría que estar presente no lo está. El mal es privación, no tiene entidad positiva, es negatividad, y necesita agarrarse al bien para existir[2]. Sufrimos cuando experimentamos esa ausencia de lo bueno. Desde luego, la culpa, nuestra o de los demás, produce siempre un daño; sin embargo, no siempre que sufrimos un daño lo sufrimos por haber sido culpables.

En la Sagrada Escritura el libro de Job trata con profundidad este problema. Los amigos de Job quieren persuadirlo de que las desgracias que el Señor le ha enviado son consecuencia de sus pecados, de su injusticia. Aunque no pocas veces sea así, porque los delitos merecen un castigo –algo lógico según el orden humano y también según el divino–, el caso de Job nos muestra que también los justos y los inocentes sufren. Refiriéndose a este libro sagrado san Juan Pablo II escribió: «Si es verdad que el sufrimiento tiene un sentido como castigo cuando está unido a la culpa, no es verdad, por el contrario, que todo sufrimiento sea consecuencia de la culpa y que tenga carácter de castigo»[3]. De hecho, para Job su sufrimiento supuso una prueba para su fe, de la que salió fortificado. En ocasiones Dios nos prueba, pero siempre nos da su gracia para vencer y busca el modo de que podamos crecer en el amor, que es el sentido último del bien.

Otras veces el sufrimiento tiene un sentido de purificación. Así sucedió con Israel en el tiempo de Moisés, cuando el pueblo era voluble y caprichoso. Dios lo purificó con un largo viaje a través del desierto, y así lo fue formando hasta que fue capaz de entrar en la tierra prometida y reconocer la fidelidad de Dios a su palabra. Con frecuencia, el sufrimiento adquiere –en la Providencia divina– un valor semejante, purificador. Existen personas que, enfrascadas en el ajetreo de la vida, no se plantean las preguntas decisivas hasta que una enfermedad, o un revés económico o familiar, les lleva a interrogarse más a fondo. Y es frecuente que se opere un cambio, una conversión, o una mejora, o una apertura a la necesidad del prójimo. Entonces el sufrimiento es también pedagogía de Dios, que quiere que el hombre no se pierda, que no se disipe en las delicias del camino o entre los afanes mundanos. Por tanto, aunque hay una medida de mal en la vida de cada uno con la que cuenta la Providencia divina, ese mal se revela en último término servicio al bien del hombre.

El sufrimiento en la naturaleza

En esta luz adquiere también un cierto sentido el sufrimiento natural, ese que está presente y como inscrito en nuestro entorno creado: la fatiga del crecimiento para saber más y progresar, la caducidad de los seres, que envejecen y mueren, la falta de armonización en los fenómenos naturales (que se imponen como destruyendo el orden de la creación). Sufrimientos que no podemos evitar, que no dominamos ni controlamos, que están ahí, inscritos en la naturaleza.

Cuando contemplamos una naturaleza desatada hemos de pensar que el Señor nos presenta allí la figura de un mundo en el que no puede reinar

En ocasiones se trata de males necesarios para que puedan subsistir otros bienes. Santo Tomás pone el ejemplo del león que no podría conservar su vida si no diera caza al asno o a algún otro animal[4]. Pero, con frecuencia, se nos ocultan los bienes que puedan tener relación con los sucesos trágicos de la naturaleza. No es fácil entender por qué Dios los permita, ni por qué ha creado un universo donde está implicada la destrucción y que, a veces, no parece estar regido por la Bondad y el Amor. Una posible luz viene del hecho de considerar que, en general, la destrucción originada por los fenómenos naturales, tiene que ver, según el designio creador, con nuestra libertad y con la capacidad que tenemos de rechazar a Dios.

El hábitat en que vivimos y que tantas veces nos maravilla con su belleza –el mundo físico– puede también convertirse en un lugar horrible, de modo semejante a como nuestro corazón, hecho para amar a Dios y tener el Cielo dentro, puede también llegar a ser un lugar triste y oscuro: si se abandona, si se deja llevar por las semillas que planta el diablo. De modo que, cuando contemplamos una naturaleza desatada que causa destrucción sin miramientos ni atisbos de justicia, hemos de pensar que el Señor nos presenta allí la figura de un mundo en el que no puede reinar y de un corazón que rechaza el amor y la justicia. La profunda relación entre la Creación y el hombre, que fue puesto como cabeza para que la custodiase (cfr. Gén 2,15), se muestra también en ese desorden.

Los hombres y también «la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto» (Rm 8,22), porque participa del proyecto creador y redentor de Dios. Ella también «tiene la esperanza de ser liberada de la corrupción» y «participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

El sufrimiento redentor

Pero sin duda lo que ilumina de modo más importante el sentido del mal es la Cruz de Jesús. Y junto a la Cruz, la Resurrección. Su Cruz nos indica que el sufrimiento puede ser el signo y la prueba del amor. Más aún que puede ser la vía de la destrucción de pecado. Porque en la Cruz de Jesús el amor de Dios lavó los pecados del mundo. El pecado no resiste, no puede resistir, al amor que se abaja y se humilla por el bien del pecador. Como expresa un famoso personaje creado por Dostoievski, «la humildad del amor es una terrible fuerza, la más fuerte de todas, a la cual no hay nada que se asemeje»[5].

En la Cruz, el sufrimiento de Jesús es redentor porque su amor al Padre y a los hombres no retrocede ante el rechazo y la injusticia humanas. Él dio su vida por los pecadores, los sirvió con su entrega total, y así su Cruz se convirtió en fuente de vida para ellos.

También nuestros sufrimientos pueden ser redentores, cuando son fruto del amor o se transforman por el amor. Entonces participan de la Cruz de Cristo. Como enseñaba san Josemaría, el sufrimiento es fuente de vida: de vida interior y de gracia para uno mismo y para los demás[6]. En realidad, no es el sufrimiento en cuanto tal lo que redime, sino la caridad presente en él.

Ya en lo humano el amor tiene capacidad de modelar la vida: la madre que no escatima esfuerzos por la felicidad de sus hijos, el hermano que se sacrifica por el hermano necesitado, el soldado que se juega la vida por su pelotón. Son ejemplos que perviven en la memoria y honran a sus protagonistas. Cuando ese amor está motivado y fundado en la fe, entonces, además de ser algo hermoso, es también divino: participa de la Cruz y es canal de la gracia que proviene de Cristo. Allí el mal se transforma en bien, mediante la acción del Espíritu Santo, don que procede de la Cruz de Jesús.

La última carta

Pero a todo lo que se ha dicho hasta ahora para intentar explicar el sentido del mal se podría añadir una consideración conclusiva. Y es que, aunque el mal está presente en la vida del hombre sobre la tierra, Dios tiene siempre en su mano una última carta, es siempre el último jugador por lo que se refiere a la vida de cada uno. Dios nos quiere, nos aprecia, y por eso se reserva la última carta, que es la esperanza del mundo: su amor creador omnipotente. El amor que se manifiesta también en la resurrección de Jesucristo.

Pues por grandes e incomprensibles que lleguen a ser los dramas de la vida, mucho mayor es el poder creador y re-creador de Dios. La vida es tiempo de prueba y, cuando se acaba, empieza lo definitivo. Este mundo es pasajero. Sucede con él como con el ensayo de un concierto: quizá alguien se olvidó el instrumento y otro no se aprendió bien la partitura y un tercero está desafinando. Para eso están los ensayos. Es el tiempo de ajustar, de armonizar instrumentos, de adaptarse al director de la orquesta. Luego, al fin, llega el gran día, cuando todo está ya listo, y el concierto tiene lugar en una sala fastuosa, en medio del alborozo y de la emoción general.

La vida de Cristo no muestra sólo el amor de Dios sino también su poder, el poder de devolver con creces todo aquello que no correspondió a la justicia, todo aquello en lo que pareció que Dios no estaba presente, allí donde le dejó hacer al mal y al dolor más allá de lo que llegamos entonces a comprender. Jesús experimentó también su momento de abandono (cfr. Mc 15,34), lo sufrió con amor, y a la Cruz le siguió una eterna gloria. El último libro de la Escritura, el Apocalipsis, nos habla de un Dios que «enjugará toda lágrima» (Ap 21,4) porque Él hace nuevas todas las cosas (cfr. Ap 21,5) y será fuente de una felicidad sobreabundante.

¿Cómo ayudar a los que sufren?

En muchas ocasiones, ante el dolor ajeno nos sentimos impotentes y solamente podemos hacer lo mismo que el buen samaritano (cfr. Lc 10,25-37): ofrecer cariño, escuchar, acompañar, estar al lado; es decir, no pasar de largo. Algunas obras de arte retratan al buen samaritano y al hombre asaltado con el mismo rostro. Y puede interpretarse como que Cristo cura y, a la vez, es curado. Cada uno de nosotros somos, o podemos ser, el buen samaritano que cura las heridas de otro, y en ese momento somos Cristo. Pero a veces también necesitamos que nos curen porque algo nos ha herido –una mala cara, una mala contestación, un amigo que nos ha dejado– y somos curados por un buen samaritano, que puede ser el mismo Cristo cuando acudimos a Él en la oración, o una persona cercana que se convierte en Cristo cuando nos escucha. Y nosotros somos Cristo para los demás, porque cada uno de nosotros somos imagen y semejanza de Dios.

El sufrimiento permanece siempre como un misterio, pero un misterio que por la acción salvadora de Nuestro Señor nos puede abrir hacia los demás: «En todas partes hay chicos abandonados o porque los abandonaron cuando nacieron o porque la vida los abandonó, la familia, los padres y no sienten el afecto de la familia. ¿Cómo salir de esa experiencia negativa de abandono, de lejanía de amor? Hay un sólo remedio para salir de esas experiencias: hacer aquello que yo no recibí. Si tu no recibiste comprensión, sé comprensivo con los demás. Si no recibiste amor, ama a los demás. Si sentiste el dolor de la soledad, acércate a aquellos que están solos. La carne se cura con la carne y Dios se hizo carne para curarnos a nosotros. Hagamos lo mismo nosotros con los demás»[7].

Muchas personas han sentido la caricia de Dios justamente en los momentos más difíciles: los leprosos acariciados por santa Teresa de Calcuta, los tuberculosos a los que confortaba material y espiritualmente san Josemaría o los moribundos tratados con respeto y amor por san Camilo de Lelis. Esto también nos dice algo sobre el misterio del dolor en la existencia humana: son momentos en que la dimensión espiritual de la persona puede desplegarse con fuerza si se deja abrazar por la gracia del Señor, dignificando hasta las situaciones más extremas.

Antonio Ducay


[1] Cfr. Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, n. 9.

[2] Cfr. J. Ratzinger, Dios y el mundo, Creer y vivir en nuestra época, Barcelona 2005, p. 120.

[3] Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, n. 11.

[4] Cfr. San Tommaso d’Aquino, Summa Theologiae, I, q. 48, a. 2 ad 3

[5] Los hermanos Karamazov, Colihue, Buenos Aires 2006, p. 447.

[6] Cfr. S. Josemaría, Via Crucis, Estación XII.

[7] Papa Francisco, Discurso en el estadio Kerasani de Nairobi, 27-XI-2015.

 

 

CURIOSIDADES DE NAVIDAD

Belén

El término Navidad proviene del latín "Nativitas" y significa Nacimiento.

Las tarjetas navideñas fueron inventadas por sir Henry Cole, quien en el año 1843 encargó a un amigo pintor que le dibujara y pintara una escena navideña, que luego mandaría a reproducir en una imprenta, para después escribirle unos breves deseos de felicidad y firmarlas y enviarlas a los amigos y familiares.

La tradición de poner el Belén en el mundo se remonta al año 1223, en una Navidad de la villa italiana de Greccio. En esta localidad, San Francisco de Asís reunió a los vecinos de Greccio para celebrar la misa de medianoche. En derredor de un pesebre, con la figura del Niño Jesús, moldeado por las manos de San Francisco, se cantaron alabanzas al Misterio del Nacimiento; en el momento más solemne de la misa, aquella figura inmóvil adquirió vida, sonrió y extendendió sus brazos hacia el Santo de Asís. El milagro se había producido ante la vista de todos, y desde entonces la fama de los "Nacimientos" y su costumbre se extendió por todo el mundo. El Papa Juan Pablo II, en 1.986, a petición de las asociaciones belenistas de todo el mundo, proclamó a San Francisco de Asís Patrón Universal del Belenismo.

El árbol de Navidad decorado, se cree que apareció a principios del siglo XVII, en Alemania. En 1605, un árbol fue decorado para ambientar el frío de la Navidad, costumbre que se difundió rápidamente por todo el mundo. El árbol de Navidad llegó a Finlandia en el año de 1800, donde se extendió por el resto de países nórdicos. Llegó a Inglaterra en 1829, y fue el príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, quien ordenó adornar el castillo de Windsor con un árbol navideño en 1841. En Suecia, mantienen el árbol adornado y con sus luces hasta 20 días después de la Navidad.

Desde el siglo XIII se realiza en Italia una competición de villancicos llamada "pastorelle".

El roscón de Reyes con haba de la suerte incluida se comenzó a elaborar en la Edad Media.

El tercer domingo de adviento, el Papa bendice las figuras del Niño Jesús que los niños le llevan y que son las figuras que luego ponen los niños en sus belenes.

El primer sorteo de la Lotería de Navidad se celebró en Cádiz (España) en 1812. El sorteo de "el Niño" se instituyó en el año 1941.

Los cotillones de Nochevieja empezaron a organizarse en restaurantes franceses a principios del siglo XX

Las doce uvas de la suerte es una costumbre reciente, nacida en el primer tercio del siglo XX.

El primer árbol de Navidad iluminado con lámparas eléctricas se instaló en casa de Edward Johnson.

La existencia de tres Reyes Magos data del siglo VI d.C. Melchor, que representa a los europeos, ofreció al Niño Dios un presente de oro que atestigua su realeza. Gaspar, representante de los semitas de Asia, cuyo bien más preciado es el incienso, lo ofreció al Niño como símbolo de su divinidad. Y por último, Baltasar, negro y con barba, se identifica con los hijos de Cam, los africanos, que entregan la mirra, en alusión a su futura pasión y resurrección.

El muérdago representa en navidad una demanda de prosperidad a la divinidad.

El primer pan dulce se hizo en Milán, por encargo del duque Sforza, quien pidió a sus cocineros una comida especial para Navidad que contenía en su interior frutas secas y pasas de uva, y que decidió bautizar como "panettone"

En Suecia se mantiene el arbolito adornado y con luces hasta 20 días después de la celebración de Navidad.

En Finlandia, las familias decoran sus casas para Navidad, con velas que realiza cada familia.

El primer cava español data de 1872.

En la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, Argentina, el primer belén lo montó el misionero Gaspar de Monroy, en 1594, en el Vallecito del Cerro.

Los villancicos son cantos que se entonan en Navidad para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. Esta costumbre tiene su origen en la edad media y se mantiene en recuerdo de los muchos profetas que anunciaban el nacimiento del Salvador. La gente de la villa, los villanos, fueron los que adaptaron los antiguos himnos y cantos en latín con los que la Iglesia recordaba la llegada de Jesús, transformándolos en canciones muy dulces. Son esas las canciones que -en honor de sus autores- hoy se conocen con el nombre de villancicos. Los primeros se originaron, según se cree, en Inglaterra, en la época de Enrique I, los cantos eran en latín y amenizaban las fiestas de la Corte. "El Canto del Jabalí", era llamado canto del villano, y una especie de diminutivo se transformó en villancico para designar estos coros o estribillos.

¿Por qué se llama «Misa del Gallo» la misa que se celebra el 24 de diciembre como término de la vigilia de Navidad? Porque esa misa solía caer «ad galli cantus» al canto del gallo, de donde le quedó su sugestivo nombre que nada tiene que ver con el hecho de que en algunos países acostumbraran comer gallo al horno en la cena de Nochebuena.

La palabra pesebre se deriva del latín praesepem. Su significado original era "cajón para la comida de los animales".

El buey, símbolo de San Lucas Evangelista, es símbolo de la paciencia y el trabajo. El asno, animal que acompaña a la Virgen en el nacimiento, es símbolo de humildad.

En mitad del Océano Pacífico, existe una isla llamada Navidad que pertenece a Kiribati. La venta de sellos de correos es su principal actividad económica.

El día de Navidad fue oficialmente reconocido en el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad de Cristo. Pero algunas de las costumbres tradicionales de la Navidad llegaron más tarde, como la de cantar villancicos que no se agregó hasta la Edad Media. Por Navidad, los cristianos africanos se reúnen y leen pasajes de la Biblia. Posteriormente realizan bailes y cantos al aire libre. En Etiopía realizan una ceremonia bañándose en los ríos.

Según las crónicas, el pavo de Nochebuena tuvo su origen en México en el S. XVI. Los aztecas se lo hicieron probar a Hernán Cortés, a quien le agradó y lo llevó a España.

El turrón fue incorporado a la mesa en el siglo XVI.

La bebida con que más frecuentemente se brinda en Navidad e Argentina es la sidra. 

La cesta de Navidad tiene sus raíces en las canastillas que antiguamente empleaban los campesinos para transportar los aguinaldos que iban a entregar.

Hacia el siglo II un sacerdote cristiano llamado Nicolás abandonó Italia, para difundir en Asia la palabra de Dios. Siendo misionero, fue trasladado a Mira, para ser nombrado obispo. Murió un 6 de diciembre, fue proclamado santo e inspiró la figura de Papá Noel. La figura de Santa Claus, con la estética que ahora conocemos, es una invención estadounidense del siglo XX, si bien se basó en la vida y la leyenda de San Nicolás. Actualmente, se designa al mismo personaje en los distintos países, como Santa Claus, Papá Noel o San Nicolás. Aunque en ciertos lugares el día de San Nicolás se celebra el 6 de diciembre. El nombre Santa Claus es una contracción de Sanctus Nicolaus, y se refiere específicamente a San Nicolás de Bari, quien fuera Obispo de Mira en el S. IV, personaje de una enorme bondad y protector sobretodo de los niños.

Los restos de los Reyes Magos estuvieron durante trescientos años en Constantinopla, en lo que antes era Bizancio y ahora Estambul, en Turquía. Luego fueron trasladados a Milán hasta 1162, en que el emperador Barbarroja saqueó Milán y entregó los restos de los Reyes Magos al arzobispo Reinaldo de Dassel, quien decidió que dichos restos fueran trasladados a Colonia, Alemania, en 1164. Las reliquias de los tres Reyes Magos descansan en un cofre de oro y plata que pesa unos 350 kg, y se halla en una capilla que hizo construir a tal efecto el emperador Carlomagno en Colonia, Alemania. En 2014 se ha celebrado el 850 aniversario del traslado de las reliquias a Colonia

Según cuenta la historia, el 25 de diciembre de 1492 se celebró la primera Navidad en tierras americanas. Colón realizaba un reconocimiento de los archipiélagos de la zona, cuando una mala maniobra dañó irreparablemente a la carabela "Santa María". Los indígenas le ayudaron a rescatar la carga y a construir un fortín donde quedaría parte de la tripulación. Se utilizaron las maderas del barco para levantar dicho fuerte, y se terminó de construir el 25 de diciembre. Por esa razón se llamó al fuerte "Fuerte de Navidad" (Natividad). Allí celebraron con gran emoción la Navidad de 1492.

La costumbre de la celebración de la Misa de Gallo proviene de los ritos de los templos de Jerusalén. Allí los católicos celebraban tres misas el día del nacimiento de Jesús: una en la noche en la cueva de la natividad, santificando el nacimiento, otra al amanecer como signo de la resurrección y una tercera en el templo, siendo ésta el oficio solemne del día.

La estrella de Navidad es originaria de Filipinas. Allí se hacen antorchas en forma de estrellas de 5 puntas, que iluminan la entrada de las casas. Suele colocarse en la parte superior del árbol de Navidad. En San Fernando (Filipinas) se realiza un desfile de estrellas de Belén confeccionadas por los niños.

Por navidad, se bebe en Chile Cola de Mono, que es un ponche hecho de pisco con café con leche, azúcar y canela. El pisco chileno es un licor destilado de uvas moscatel, en diversas variedades y, en menor medida, Pedro Jiménez y torontel.

Cada 24 de diciembre, miles de turistas se trasladan a Oberndorf, cerca de Salzburgo (Austria), donde hace ahora 200 años fue compuesta la canción “Noche de Paz”, quizá el villancico más conocido del mundo.

“Noche de Paz” fue traducida a 330 idiomas; la canción de Navidad austríaca, que cumplió 200 años en 2018, fue creada casi por casualidad, porque se había estropeado el órgano de la iglesia. En 1818, dos días antes de Navidad, el viejo órgano de la iglesia de San Nicolás, la parroquia del padre Joseph Mohr, pasó a mejor vida. Para no decepcionar a sus feligreses, el sacerdote pidió a su amigo Franz Xaver Gruber, maestro y organista del vecino pueblo de Arnsdorf, que compusiera una melodía para un texto de Navidad.

En la misa del gallo de ese 24 de diciembre, Joseph Mohr, cura con voz de tenor y que tocaba la guitarra, y Gruber, que poseía una bella voz de bajo, interpretaron por vez primera en alemán “Noche de Paz”. El hecho era totalmente inhabitual en la época, cuando los textos religiosos se redactaban todavía en latín. Pero Mohr consideraba que una letra simple y comprensiva era lo más adecuado para sus feligreses.

En 1831, un coro que se dedicaba a cantar aires populares tiroleses incorporó el villancico del padre Mohr a su repertorio durante una gira por Prusia. De allí, la canción viajó a Nueva York, donde fue interpretada por un coro tirolés en 1839 pero donde sus autores y su origen permanecieron desconocidos.

Treinta y seis años más tarde, la corte real de Prusia, que buscaba el original de la partitura, consultó al párroco de San Pedro de Salzburgo, quien, para sorpresa general, respondió que Mohr y Gruber, muertos en el anonimato respectivamente en 1848 y 1863, eran los autores del villancico que se había atribuido al compositor austríaco Michael Haydn.

 

 

Navidad y felicidad

Gerardo Castillo Ceballos

El Papa Francisco, besando una imagen del Niño Jesús.

El Papa Francisco, besando una imagen del Niño Jesús.

Existe una Navidad feliz. Es la que nace del corazón y de la amistad con Jesús y se expresa con obras fraternas y solidarias con los más necesitados, como, por ejemplo, los ancianos que viven solos, los impedidos y los enfermos. Es más feliz el que da que el que recibe.

Pero no podemos ignorar que  la esencia o espíritu de la Navidad tiene el riesgo de oscurecerse en la actual sociedad consumista. La idolatría de las cosas puede distanciar al hombre de su Creador, incluso en el momento en el que se conmemora que Él vino a nuestro encuentro. Decía Aristóteles que la felicidad no está en lo efímero, sino en la vida honesta, conforme a la virtud.

Sin llegar al extremo de la idolatría, puede ocurrir que reduzcamos la Navidad a su “envoltura”, sin penetrar en su “meollo” o misterio; que nos quedemos en las típicas costumbres navideñas: decoración de la casa, poner el belén y el árbol de Navidad, cantar villancicos, etc. Todo eso está muy bien, porque son signos cristianos que sirven para crear un ambiente propicio en la familia, pero no es lo más importante. ¿Por qué? Porque es vivir la Navidad hacia afuera. Lo esencial es vivirla hacia adentro.

En las felicitaciones se unen dos palabras: “Navidad” y “felicidad”; esto significa que muchas personas vemos la Navidad como fuente potencial de felicidad ligada a su profundo mensaje: con el nacimiento de Cristo comienza la Redención, la plenitud de los tiempos. Fue el momento elegido por Dios para manifestar su amor a los hombres, entregándonos a su propio Hijo.

Este hecho debe llenar nuestras vidas; cada Navidad debe ser para nosotros un nuevo encuentro personal con Jesús, un nacimiento de Dios en el alma de cada uno, que posibilita una renovación de la vida espiritual.

Algunas personas confiesan que la Navidad es la época del año en la que se sienten más tristes, debido a que ven alguna silla vacía. Habría que aclarar que, para un cristiano, el dolor no es incompatible con la felicidad y que la verdadera alegría tiene raíces en forma de cruz. Una madre que permanece mucho tiempo en la cabecera de un hijo enfermo sufre, pero no es infeliz; siente el gozo de amar y ser amada de forma incondicional, tan propio de la familia. Para Josef Pieper, “feliz es quien contempla el bien que ama”.

El ejemplo de San Juan Pablo II en su Navidad polaca  lo confirma. El cardenal Stanislaw Dziwisz, que fue su  secretario, ha contado que para él las fiestas navideñas fueron siempre fiestas alegres en familia, a pesar de que perdió muy pronto a la suya. Su madre murió cuando era niño, la hermana poco después de nacer, el hermano tras titularse como médico, y su padre durante la Segunda Guerra Mundial. Pero él siempre celebró la Navidad con personas amigas.

Contemplar a Dios encarnado en un Niño indefenso, reclinado sobre el pesebre de un establo, sin más calor que el aliento de dos animales, nos tiene que remover por dentro. Dios se revela haciéndose niño, y espera lo mismo de cada uno de nosotros, hacernos niños viviendo la vida de infancia, la infancia espiritual.

En el portal de Belén se imparten lecciones de humildad, pobreza y paciencia. Dios viene al mundo sin ostentación, busca compañía en la gente sencilla y humilde, por ejemplo, los pastores, y toma forma de siervo. Era la luz del mundo y los suyos no le recibieron, pero no se queja y sabe esperar.

Tenemos que aprender a vivir la Navidad no dentro de una campana de cristal, sino en la sociedad consumista que nos ha tocado vivir, y no como víctimas, sino asumiendo con espíritu deportivo y afán apostólico, el reto de recristianizarla.  Podemos empezar, por ejemplo, aboliendo el interesado intercambio de regalos caros que están de moda, con los que, de forma ingenua, se pretende expresar el amor y comprar la felicidad.

El verdadero sentido del regalo es la donación gratuita, no por compromiso. Hay regalos que ni se compran ni se venden, pero tienen un valor espiritual incalculable: regalar tiempo, cercanía, compañía, comprensión, consejo, consuelo, ayuda invisible, etc. Estos regalos pueden cambiar la vida de quienes los reciben.

Una Navidad feliz requiere preparación, La liturgia de la Iglesia nos propone el tiempo de  Adviento, para ser vivido tanto en el templo como en la familia. Es una preparación interior: preparar a Jesús una morada  digna en nuestra alma. Es  ir al encuentro del Señor exigiéndonos más en nuestro plan de vida cristiana, por ejemplo en la oración y en la caridad. Supone rectificar la vida interior, para recomenzar con humildad. ¡Feliz Navidad!

 

Fin de año, balance de vida

Silvia del Valle Márquez

Se acerca el fin de año y es necesario hacer un balance de lo que hicimos durante él.

Balance personal del año que termina

Es muy buena práctica que nos entremos a cuestionarnos cómo fue este año que termina.

Y no solo a nivel personal sino también en el plano personal. Por eso quinte dejo mis 5 tips para hacer el balance del año que termina.

Primero. Trae a la memoria los hechos más importantes del año.
Es importante darnos tiempo de pensar en lo que hicimos a lo largo del año.

Yo te recomiendo que con un calendario cerca, pensemos mes con mes lo que sucedió para no olvidar nada.

Si por algo no tienes claro algún evento, puedes preguntar a las personas que te acompañaron para que tengas los mayores datos posibles.

Segundo. Haz una lista de lo bueno y de lo malo.
Es importante poner en papel todo lo que hicimos, así no lo olvidaremos y nos dará oportunidad de trabajar con todo eso.

Yo acostumbro hacer una lista de lo bueno y otra de lo malo, en hojas diferentes; así después puedo ubicarlo muy bien.

Esto me ayuda a ver que mi año ha estado lleno de actividades y cosas que se pueden ofrecer a Dios y agradecer por su infinita misericordia.

Tercero. Agradece a Dios por lo bueno.
Sí, con la lista en la mano podemos hacer una pequeña ceremonia para agradecer a Dios por todos los dones recibidos a lo largo del año.

Quizá puede ser frente al Nacimiento o quizá ir a la iglesia y frente al Santísimo poner a sus pies la lista.

El chiste es que sepamos agradecer a Dios por las gracias y favores recibidos.

Cuarto. Ofrece a Dios lo malo.
Para los hechos negativos o dolorosos el proceso es un poco más largo, porque además de ofrecérselos a Dios es necesario pedirle que nos sane el corazón por las huellas que nos han dejado estos hechos y eventos negativos o dolorosos.

Quizá haya que pedir perdón, quizá sea necesario reparar la falta cometida y acercarnos a alguien del que estábamos distanciados, etc.

Una vez logrado esto. Podemos ir frente al Santísimo o frente al Nacimiento y ofrecer nuestra lista a Dios.

Y quinto. Revisa cómo puedes mejorar para el año siguiente. Qué propósitos vas a tener.
Ahora es tiempo de poner manos a la obra y ver cómo podemos crecer y llevar a cabo todo lo que no hicimos este año.

También es tiempo de soñar y de ver cómo hacemos para que nuestros sueños se hagan realidad.

Que este año que está por comenzar esté lleno del Amor de Dios.

Que todo sea para la máxima gloria de Dios.

Dios te bendiga y mamita María te cubra con su manto.

 

 

Cuidar las relaciones

Lucía Legorreta

Debemos aprender a cuidar y valorar nuestras relaciones con la pareja, familia y amigos; pues no sabemos cuándo será muy tarde para querer hacerlo.

 

Saber valorar y cuidar las relaciones

Sabemos perfectamente que las relaciones son fuente de felicidad y de sufrimiento. Encontramos felicidad en una buena amistad, un buen amor, una conversación, al compartir momentos y experiencias. Todo esto nos nutre.

Sin embargo, las relaciones también son las que más sufrimiento nos causan. Debido a malos entendidos, peleas y conflictos, pueden suponernos una preocupación constante.

Si sabemos que las personas nos nutren, porque con frecuencia descuidamos las relaciones, las convertimos en rutinarias o en el acelere de la vida diaria nos olvidamos de cultivarlas.

Sucede a menudo que, ante la pérdida de un ser querido, sentimos que quizás deberíamos haber cuidado más la relación.

O bien, cuando la persona está muy cerca de la muerte, se arrepiente de no haber cuidado mejor a sus amistades o familiares, de no haber dedicado más tiempo a conversar y a estar con ellos. Como nos dice Marguerite Duras: “Muy pronto en la vida es demasiado tarde”.

A veces, cuidamos más las relaciones en momentos difíciles. En cambio, en momentos mejores podemos caer en dar por supuesto que uno ya tiene a esa persona, sea marido, esposa, amigo, colaborador o hijo.

Y entonces, se deja de sentirlo, de cuidarlo, de estar más atento a su presencia y a lo que le ocurre y necesita. Podemos decir que “nos acostumbramos” a él o a ella, y damos por hecho que la relación funciona.

Es muy común que cuando se inicia una relación se cuidan los detalles, basta ver como una pareja que acaba de formalizar un noviazgo: se preocupa el uno por el otro en todo momento.

Con el tiempo, cuando uno ya ha integrado a esa persona en su círculo relacional cercano, a menudo se deja de cuidarla con atención: no se le escucha, no se le dedica tiempo, no se percibe si está pasando por momentos difíciles.

Cuidarnos unos a otros es esencial para que las relaciones florezcan. Somos seres sociales y las relaciones le dan sentido a nuestra vida. Nos construimos con el otro, mediante ellas nos conocemos más a nosotros y descubrimos a quienes nos rodean.

Ahora bien, ¿cómo hacer para que las relaciones prosperen?

Si las amistades y relaciones son importantes para ti, te propongo algunos consejos:

Cuando estamos muy cerca de alguien, creemos que lo conocemos bien, podemos caer en el hábito de fijarnos más en lo que no nos gusta y nos acostumbramos a quejarnos. Dejamos de apreciar el valor que nos aporta esa persona y tenemos la sensación de que el otro es responsable de nuestra insatisfacción.

Uno de los factores clave del cuidado de las relaciones radica en tener las conversaciones acerca de los temas que importan con las personas que nos importan. Estar presentes y disponibles para conversar, dialogar y aclarar.

Podemos preguntar qué es lo que la persona realmente quiere, y hablar desde este aspecto y no de lo que no se quiere.

Al platicar sobre los anhelos, abrimos las puertas a una conversación generativa que nos ayuda a aclarar lo que deseamos y hacia dónde queremos ir. En cambio, si nos focalizamos en lo negativo con un discurso de lo que falta, nos anclamos en la queja y nos cerramos a posibles soluciones.

A menudo vamos tan deprisa que cuando hablamos con otra persona, lo hacemos de forma rutinaria y aburrida, sin chispa.
La comunicación se vuelve informativa.

No somos comunicadores creativos. Vemos la relación como una irrupción en lo que teníamos previsto, en nuestros planes no entraba la presencia del otro. Hace poco escuché una afirmación muy dura respecto a una relación: “Prescindimos uno del otro, no nos necesitamos”.

Planificamos reuniones y acciones, lugares y horarios. Nos forzamos a cumplir los planes que nos hemos marcado, y los compromisos que hemos adquirido. Otras veces nos obligamos a seguir los horarios impuestos por otros.

Vamos por la vida sin parar, sin respirar a conciencia ni escuchar. Las personas pasan por nuestro lado o las tenemos delante, y no hay tiempo para ellas, porque debemos de cumplir con nuestros planes. Así la vida va pasando.

Te invito a que cada vez que estés con una persona, incrementes tu actitud de interés hacia ella, sea quien sea quien este frente a ti. Si estás con un cliente, estate plenamente con él. Si es tu hijo, entrégate completamente.

Que cada persona con la que te encuentres sienta que es la más importante para ti en ese momento. Comparte lo mejor de ti mismo. Cuida mucho tus relaciones, son lo más valioso que tienes en tu vida.

 

 

A RECUPERAR POSICIONES

Por René Mondragón

MUCHAS QUEJAS, POCA ACCIÓN

¡Vaya que los mexicanos tenemos un montón de cosas de las qué quejarnos! La brujería confabulada con el tren para una depredación ecológica; insistir en resucitar la refinerías más contaminantes de PEMEX; “marchantear” los pagos de los bonos del aeropuerto abortado; la invitación al escurridizo Maduro; un presupuesto 2019 sostenido con alfileres y muy buenas intenciones; un discurso del nuevo Secretario de la Defensa, durísimo en toda su extensión; y todo ello sumado a que la promesa de crecer al cuatro por ciento, no alcanzó más que para la mitad, si bien nos va.

Dentro del sagrado derecho al pataleo, los diversos grupos de comentócratas se deshacen en admiraciones, exclamaciones y atónitos silencios, pero nada más allá.

En tanto, la respuesta de la sociedad civil –organizada y desorganizada- se ha auto-limitado a las gesticulaciones  de sorpresa y espanto, al descubrir pintarrajeadas en la ex residencia oficial de Los Pinos, con la leyenda “Yegó MORENA” (sic); o ver que, de acuerdo con algunos “memes”, el principal instigador de la violencia contra los ministros de la Suprema corte de Justicia, aparece sonriente al lado del nuevo mandatario mexicano.

EL ASOMBRO NO BASTA

Las lamentaciones tampoco. Había que escuchar a esos 30 millones de voces que, equivocadas o no, eran expresiones que durante mucho tiempo se olvidaron, y que, ahora, hacen retumbar sus deseos de venganza, de catarsis o de simple desahogo.

Un punto de vista mucho más mesurado y certero lo ofrece el metro Juan Manuel de Prada en la entrevista que otorgó al recibir los premios ReL Edición 2018. Su propuesta resulta genial porque va directo, contra todo lo que significa el actuar “políticamente correcto”

El llamado es a “recuperar las posiciones abandonadas” particularmente, por aquellos que tenemos el privilegio de la Fe y creemos en el destino ultraterreno del ser humano, sin importar si se es cristiano, anglicano, evangélico, católico o musulmán.

Se trata de recuperar los espacios y las posiciones soslayadas por quienes creemos en un verdadero humanismo integral y solidario  que nos hace responsables unos de otros, y porque consideramos que aceptar la etiqueta de “Fifí” o “Chairo”, no contribuye a la necesaria y urgente unidad de nuestro pueblo.

Evidentemente, el trabajo y la batalla no serán algo simple. Y no lo será, porque corresponde y se encuentra en el terreno de competencia de los  laicos. Las orientaciones del Magisterio y la inspiración de la Iglesia siempre serán un aliciente formidable. Pero la tarea es de los ciudadanos que creemos en la posible construcción del bien común terrenal y trascendente de la persona y de todas las personas.

Por esa razón, como sostiene el Dr. Prada, "Mostrar hoy el mal y el pecado resulta escandaloso"

En efecto, la realidad no se pude edulcorar. Es mostrar la vida tal cual es. De aquí el enorme sentido de la frase “No te pido que los saques del mundo…”

No se trata de bordar en torno a un puritanismo ramplón, sino de actuar consciente, oportuna y responsablemente. No es aceptable que los laicos y ciudadanos de buena voluntad acepten ser condenados a vivir en un gueto de holograma, inventado por las ideologías disolventes que nos rodean.

TESTIMONIOS DESCAFEINADOS

La visión trascendente que se deriva de la Fe y los valores de orden superior, son elementos de vanguardia que no pueden ni deben ser soslayados, menos aún, sustituidos por posiciones llenas de almibaradas acciones tan frágiles como anodinas.

Cuando se olvida que la persona humana y su dignidad constituyen el centro y la razón de ser de la economía, de la política, del arte o las ciencias duras, es fácil caer en la tentación de aceptar cualquier teoría, cualquier ideología que abra los espacios a las dictaduras bajo la voluntad de un solo hombre.

El testimonio exigido por la Fe, traspasa y trasciende la geometría política que ubica a las personas en las izquierdas o las derechas.

Reitera el escribano en coincidencia con el maestro Juan Manuel Prada, es necesario recuperar posiciones que, sin la intervención sobrenatural, pareciera poco viable. Al tiempo.

 

La llama de una vela

Una llama siempre atrae la mirada. Es raro que deje a alguien indiferente. La llama de la vela es la más común y la más bella expresión del fuego. Siempre igual así misma, pero paradójicamente, nunca repite sus armoniosos movimientos. Así, cuando un artista desea pintarla, tiene que decidir entre mil posibilidades, para determinar los contornos de la llama que quiere plasmar en el lienzo. ¿Por qué Dios creo la llama tan versátil?

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La llama de una vela es ciertamente la más tierna expresión del fuego. Pareciendo frágil y vacilante, ella brujulea y necesita ser protegida. Ella renace continuamente de la cera que la sustenta y alimenta, y se disuelve en el espacio. Sobre un altar, en particular durante la celebración de la Santa Misa, la expresión de su ternura recuerda la infinita bondad de Dios, su amor ardiente, y la protección dada a la fragilidad de sus hijos.

Dice San Buenaventura que el fuego aviva el amor de Dios. Quien se deja atraer por la belleza de una llama y la admira, crece en el amor de Dios, incluso cuando no tiene su pensamiento explícitamente vuelto hacia el Creador de todas las maravillas. Sobre el altar, la llama conduce suavemente el pensamiento de los fieles hacia Nuestro Señor Jesucristo, Luz del mundo, que se ofreció como víctima por todos nosotros. La vela encendida parece ofrecerse en sacrificio para dar vida a la luz. Al dar luz ella se consume y desaparece. Incluso las gotas de cera líquida, cristalina, que escurren a lo largo de la vela recuerdan las lágrimas del sacrificio. El fuego torna la cera límpida y transparente, tal como el sacrificio cuando purifica las almas.

Por un lado, al contemplar el fuego atentamente, sus misterios enardecen el pensamiento: se piensa en el fuego que da luz a nuestros ojos, en el fuego que expurga, que protege del frío, pero que puede destruir también.

Por otro lado, de apariencia simple, vaporosa, inconsistente y frágil, la llama de la vela trae al pensamiento del hombre contemporáneo la fragilidad del amor de Dios en este mundo. Un único fiel que verdaderamente ame a Dios, puede hacer que muchas almas se inflamen. Santos hay que abrasaron naciones y continentes. De esto nos dan ejemplos los Santos de Cluny y de la Contra–Reforma. Entretanto, a todo momento el impulso del amor de Dios puede ser sofocado por las tentaciones del Mundo, sobre todo en estos días de impiedad en que vivimos.

Santo Tomás de Aquino nota que la llama de una vela, en su verticalidad, busca siempre lo alto. En este movimiento natural se encuentra uno más de sus símbolos. Viéndola sobre un altar, el fiel es llevado a imitarla dirigiendo al Dios de las alturas sus pensamientos y sus deseos. Sursum corda [levantemos los corazones], proclama el celebrante; abemus ad Dominum [lo tenemos levantado hacia el Señor], responden los fieles.

Con frecuencia, en ciertas horas del día, entramos en una iglesia donde casi nadie reza. Nada es más reconfortante que notar, junto al altar de Nuestra Señora, velas que arden. De lejos, su luz anuncia la vida de la fe y de la devoción persistente. Junto a la Santísima Virgen ellas iluminan el rostro materno que acoge y protege.

Por Nelson Fragelli.

 

 

Quien crea encontrar la felicidad en la agitación será infeliz

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El Angelus de Millet

Lo que Millet quiso expresar en el cuadro del Angelus, de una manera romántica, es la felicidad sin placer. Es la tranquilidad inmensa del campo, del trabajo que terminó, de la campana de la iglesia cercana que tintinea chamando al rezo del Ángelus; de la pareja que está rezando, en la castidad de la vida campesina, con sus zuecos, en traje de labor y con los instrumentos de trabajo; y que, en la tranquilidad del campo, regresará a casa para cenar.

Allí descansará; sentirá el aroma de la comida que está siendo preparada que comienza a extenderse por la casa. El multiforme juego de las llamas en la chimenea y el humo que sube, le servirán de entretenimiento y de reposo. A lo lejos se oye el mugido de algún animal, y en la habitación vecina, un niño realiza sus últimas piruetas antes de irse a dormir. https://www.accionfamilia.org/images/tranquilidadt-2.jpg

Llega la noche y mientras la inseguridad nocturna domina a su alrededor, se disfruta de aquella seguridad que dan los gruesos muros de la casa. Es la alegría tranquila, la felicidad de las situaciones.

¿No es verdad que todos ganaríamos mucho inhalando esta felicidad? Al pensar en esta escena, no nos parece que es un verdadero infeliz el individuo intoxicado por la idea que la felicidad se encuentra en la agitación? A mí me parece que sí.

 

 

Cómo hablar con los hijos sobre la discapacidad

Por LaFamilia.info

 

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Foto LaRazón España. De los cuatro hijos que tienen Macarena y Francisco, dos de ellos, Fátima (arriba al extremo derecho) y Nicolás (a la izquierda), padecen síndrome de Down.

El 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, oportunidad para enseñar a los hijos a entender y respetar esa característica de la vida de algunas personas, de manera que desarrollen hacia ellas, la empatía, el afecto y la aceptación.

La Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial estiman que el mundo hay más de 1.000 millones de personas que experimentan alguna forma de discapacidad, y afirman que faltan mecanismos para asegurar la igualdad de oportunidades para ellas.

Se hace necesario por tanto, fomentar una mayor integración en la sociedad de las personas con discapacidades, y educar a la población para la inclusión, el respeto y la solidaridad; tarea que comienza al interior de la familia.

Cómo hablar con los niños de discapacidad

A partir de los cuatro años, los niños comienzan a notar las diferencias físicas y cognoscitivas entre las personas. Por eso, cuando los pequeños ven a alguien con alguna discapacidad, les causa curiosidad y pueden hacer preguntas como, por qué esa persona está en una silla de ruedas, por qué no puede ver, por qué habla o actúa de otra forma, etc.

En ese momento es conveniente que los padres aprovechen la ocasión para hablar del tema; deben dar una respuesta sencilla y oportuna a los hijos, partiendo del respeto y resaltando los valores que tiene todo ser humano por encima de cualquier condición. Este primer paso dará inicio a un proceso formativo que les permitirá en un futuro, entender desde su propia realidad, la realidad del otro; y relacionarse naturalmente con las personas con discapacidad.

Algunas ideas que los padres deben tener presente:

Hablar sobre las diferencias. En una primera conversación se puede explicar a los más pequeños que todos somos diferentes en algunos aspectos, se puede ejemplificar a través de las diferencias de los rasgos físicos que varían de cultura a cultura, el color de piel o de pelo. Todo ello bajo la idea de la aceptación y la inclusión.

Claro y sencillo. En las primeras edades se deben emitir conceptos claros y aptos para su nivel de comprensión. A medida que ellos indaguen más, se les podrá ampliar la información. Por ejemplo algunos niños piensan que la discapacidad les puede pasar a ellos o se les puede pegar. En este caso se les deberá explicar que la mayoría de las personas con discapacidad nacen así, y que no es contagioso.

No incitarles a sentir lástima. Hay que evitar transmitirles a los hijos “lástima” o “pesar”, pues la discapacidad no tiene por qué generar este tipo de sentimientos. Mejor, hay que enseñarles a ser solidarios, respetuosos y amables.

Rechazar las burlas y el menosprecio. Los progenitores han de ser enfáticos en el trato respetuoso que sus hijos deben ofrecer a quienes tienen alguna discapacidad. En caso de demostrar una actitud negativa, se debe corregir de inmediato. No sobra decir que el ejemplo es determinante.

Usar los términos correctos. Hay que ser cuidadosos en usar las expresiones correctas para referirse a las personas con discapacidad. El equipo médico del portal BabyCenter sugiere: “Procura centrarte en la persona y no en la discapacidad. Di `el niño que tiene autismo´ en lugar de `el niño autista´. También procura evitar referirte a los niños que no tienen discapacidades como `niños normales´, ya que esto implica que los otros son anormales.”

Igualmente los especialistas explican que no se debe actuar con misterio, “cuando tu hijo y tú se crucen con alguien que tiene una discapacidad, no hace falta que le digas `no mires´ o `sigue caminando´”. Con esta actitud se siembra en los niños la semilla de la indiferencia y el rechazo.

Por tanto, es bueno favorecer el encuentro con personas con discapacidad, de esta manera, los hijos desarrollarán empatía, solidaridad, respeto, aprecio y finalmente aprenderán mucho al compartir con personas que nos dan lecciones de vida.

 

 

La microbiota y el desarrollo del sistema inmune de los animales

La ciudad de Bilbao acogió el pasado 11 de diciembre el primer encuentro de microbiólogos del País Vasco, Mikrobiogune, organizado por investigadores del Departamento de Inmunología, Microbiología y Parasitología de la UPV/EHU en colaboración con investigadores del CIC bioGUNE. El objetivo principal de este congreso es dar a conocer las áreas de especialización de cada grupo y establecer redes de colaboración entre centros geográficamente cercanos. Así, los participantes han tenido la oportunidad de presentar sus grupos de investigación y líneas de trabajo divididos en tres sesiones: biomedicina, ciencia básica y medioambiente y alimentos.

Como ponente invitada, María Carmen Collado, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) de Valencia, ha compartido su trabajo sobre el impacto de la dieta en las interacciones microorganismo-hospedador y la influencia de las comunidades microbianas maternas en el sistema inmune del neonato y el desarrollo de la microbiota. La microbiota normal es el conjunto de microorganismos que se localizan de manera normal en distintos sitios de los cuerpos de los seres vivos pluricelulares, tales como el cuerpo humano.

Sus estudios en medicina humana resultan reveladores y aplicables a la medicina veterinaria. De hecho, están alineados con diferentes proyectos del Departamento de Sanidad Animal de Neiker en los que se busca potenciar el sistema inmune de los animales. Entender el efecto que tienen diferentes intervenciones (dieta, clima, manejo,…) sobre la microbiota y el desarrollo del sistema inmune resulta crucial para poder diseñar estrategias encaminadas a evitar o prevenir enfermedades en los animales objeto de estudio.

Me parece interesante tener ligeros conocimientos biológicos y biotecnológicos y que algunos términos técnicos nos sean familiares en cierto sentido.

Jesús Domingo

 

 

SISTEMA PENITENCIARIO: NO QUEREMOS VER LA REALIDAD

Escribe: Alfredo Palacios Dongo

El pasado día 12 la Defensoría del Pueblo presentó el Informe Defensorial “Retos del Sistema Penitenciario” en el que advierte que el nivel de hacinamiento en 54 de los 69 penales existentes en el país ha sido desbordado, de una capacidad máxima para recibir 39,156 internos actualmente albergan a 89,166, es decir, existe una increíble sobrepoblación de 128%, pero hay penales que tienen extrema sobrepoblación y hacinamiento como el penal del Callao Sarita Colonia casi en 500%, el penal Miguel Castro Castro (300%) y Lurigancho (200%). Además se presentan otros graves problemas, entre ellos, el nivel de internos sin condena llega al 40%, además, para personas vulnerables internadas hay déficit o ausencia de políticas de tratamiento, y los problemas de seguridad dentro de los penales son deficientes, en el penal de Lurigancho hay un solo agente penitenciario disponible para el resguardo de 117 internos y en el penal El Milagro (Trujillo) hay disponible un agente penitenciario para y 131 internos.

La inseguridad de los penales es realmente dramática, se perpetran extorsiones con celulares, se coordinan secuestros y crímenes por encargo y predomina una grave corrupción y discrecionalidad donde se promueven excesos y abusos, se fortalecen bandas de secuestradores, narcotraficantes y escuelas de crimen, los decomisos de celulares, cocaína, licores, y armas son comunes, por lo que las posibilidades de resocialización son muy limitadas o casi nulas a pesar de que existe un mandato constitucional que dispone que el sistema penitenciario tiene por objeto la reeducación, rehabilitación y reincorporación del penado a la sociedad, es decir, su mandato se adscribe a la función resocializadora penitenciaria (Artículo 139 inciso 22), sin embargo esto no se ejecuta en los penales.

Aunque parezca increíble el sistema penitenciario y el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe) se encuentran declarados en emergencia desde el 6 enero 2017 por 2 años que culmina el 6 enero 2019 (Decreto Legislativo 1325) a fin de revertir la aguda crisis que atraviesan los establecimientos penitenciarios a nivel nacional por deficiencias en seguridad, salud, hacinamiento, lucha contra la corrupción, fortalecimiento de la gestión administrativa e infraestructura, sin embargo, ya estamos solo a días de que concluya la declaratoria de emergencia y no se han logrado mejoras. El ministro de Justicia le debe una explicación al país sobre los resultados obtenidos en el sistema penitenciario nacional y en el Inpe durante estos dos años declarados en emergencia.

Ver mi Blog:  http://www.planteamientosperu.com

 

 Ayudan a vivir el Evangelio

Mientras el mundo admira a quienes “tienen poder y riqueza” y “margina a los pobres”, el Papa recuerda que son estos los que “nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio”. Un Evangelio que no consiste en una serie de doctrinas y teorías abstractas, sino en seguir a Jesús con un estilo de vida siempre atento hacia las personas que nos necesitan a nuestro alrededor, “para escuchar su grito y reconocer sus necesidades”.

Jaume Catalán Díaz

 

Hay que seguir instando

La ONU se vuelve a mostrar ahora preocupada por el aumento de la violencia en el país, la República Centroafricana, pero el mismo jueves, en el que murieron asesinadas al menos 42 personas, la gran mayoría cristianos, entre ellas dos sacerdotes, el Consejo de Seguridad ni siquiera logró ponerse de acuerdo para extender la misión de paz en el país. El riesgo de una gran guerra parece evidente. Por eso son tan importantes denuncias como la realizada por el Papa.  Hay que seguir instando a los responsables de la comunidad internacional a que tomen de una vez medidas eficaces, y hay que seguir sin descanso, rezando por las víctimas y para que cese la violencia en ese amado país, la República Centroafricana, que tanto necesita la paz.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Un Brexit blando

Una vez que la Unión Europea y el gobierno británico han llegado a un acuerdo inicial sobre el Brexit, le tocaba el turno a la primera ministra británica Theresa May. La mandataria sabía que no lo tenía fácil, de momento le ha costado la renuncia a voñver a presentar. Hasta ahora ha conseguido lo que parecía imposible, un acuerdo de ruptura aceptable con la Unión Europea, que tenga además el aval de su gobierno.

Sin embargo la adopción de un acuerdo para un Brexit blando sigue dividiendo al partido Conservador y, por otra parte, no acalla voces como las de los ex primeros ministros Tony Blair y John Major, que piden un segundo referéndum. Según las últimas encuestas, si se produjera una nueva votación, el 54 por ciento de los británicos apostaría por quedarse en Europa.

Jesús Domingo Martínez

 

VOLTAIRE: IGNORANCIA E IGUALDAD textos en su Diccionario filosófico

 

IGNORANCIA. Confesión de un papagayo: Ignoro como fui formado y nací. Ignoré absolutamente durante la cuarta parte de mi vida las razones de todo lo que vi, oí y sentí; sólo he sido un papagayo entre otros papagayos.

            Cuando he observado a mí alrededor y dentro de mi mismo he conocido que hay algo que existe por toda la eternidad, y puesto que hay seres que viven actualmente, he deducido que debe haber aquí un Ser necesario y necesariamente eterno. Y así, el primer paso que he dado para salir de mi ignorancia me ha hecho traspasar los límites de todos los siglos.

            Pero cuando he querido emprender esa carrera infinita, abierta ante mí, no puede encontrar ni un solo sendero, ni descubrir tan solo un objeto, y el salto que dí para contemplar la eternidad me hizo volver a caer en el abismo de mi ignorancia.

            Estudié lo que llamamos materia, desde la estrella Sirio y las estrellas que se llaman vía láctea, que están tan lejos de Sirio como ése lo está de nosotros, hasta el más insignificante átomo que sólo podemos percibir a través del microscopio, y sigo ignorando qué es.

            Desconozco la luz que me hace ver todos los seres; puedo, con ayuda del prisma, anatomizar la luz y dividirla en siete haces de rayos, pero no puedo dividir esos haces, ni sé de qué se componen. La luz tiene algo de materia porque está dotada de movimiento y hiere los objetos, pero no tiende al centro común como los demás cuerpos, sino que, por el contrario, huye invenciblemente del centro, en tanto que toda la materia es impenetrable. La luz, ¿es materia o no lo es? ¿Cuáles son sus innumerables propiedades? Lo ignoro.

            Esa sustancia tan brillante, veloz y desconocida, y esas otras sustancias que nadan en la inmensidad del espacio, ¿son eternas, como parecen ser infinitas? No lo sé. El Ser necesario, soberanamente inteligente, ¿las creó de la nada o las organizó? ¿Estableció el orden de la Naturaleza al crear el tiempo o antes? ¿Y qué es el tiempo de que estoy hablando? No puedo definirlo.

            ¿Quién eres tú, animal bípedo, que te arrastras como yo por el planeta? Al igual que yo sacas algunos frutos de la tierra, que es nuestra nodriza común. ¡Vas al retrete y piensas! Estás sujeto a las enfermedades más repugnantes y tienes ideas metafísicas. Veo que Natura te dio dos especie de nalgas por la parte de delante, que se negó a darme; que te hizo en el bajo vientre un feo agujero que por lo mismo te has inclinado a esconder, y a veces los orines y otras unos bichejos salen por ese agujero tras haber nadado nueve meses en un líquido repulsivo, entre ese albañal y otra cloaca, cuyas inmundicias acumuladas serían capaces de infestar al mundo entero; no obstante, esos dos agujeros son causa de los mayores eventos. Troya quedó destruida por uno de ellos, y Alejandro y Adriano erigieron altares al otro. El alma inmortal tiene, pues, su cuna entre esas dos cloacas. Quizá alguna lectora encuentre que esta descripción dicta mucho de los estilos de Tíbulo y Quinault; en esto estamos de acuerdo por que no tengo humor para escribir galanterías. Las ratas y los topos también tienen esos dos agujeros por los que nunca han hecho semejantes extravagancias. ¿Qué le importa al Ser necesario que existan animales como nosotros y como la ratas, en este Globo que gira en el espacio con infinidad de otros innumerables globos? ¿Por qué hemos nacido y por qué hay en el mundo seres?

            ¿Y qué es el conocimiento y cómo lo he recibido? ¿Qué relación existe entre el aire que hiere mi oído y el conocimiento de su sonido, entre ese cuerpo y el conocimiento de los colores? No lo sé y nunca los sabré. ¿Qué es el pensamiento, dónde reside, cómo se forma, quién me da los pensamientos mientras duermo? ¿Pienso en virtud de mi voluntad? Durante el sueño, y con frecuencia mientras estoy en vela, siempre tengo ideas contra mi voluntad. Estas ideas, mucho tiempo olvidadas en el desván de mi cerebro, salen de allí sin que las haga salir y se presentan espontáneamente a mi memoria, que hace baldíos esfuerzos para rechazarlas. Los objetos exteriores no pueden formar en mí las ideas, pues nadie da lo que no tiene; conozco que no soy yo quién las da, puesto que nacen sin orden mía. ¿Quién pues, me las da, de dónde vienen y a dónde van? Espectros fugaces, ¿qué mano invisible os produce y hace desaparecer?

            ¿Por qué el hombre es el único animal que siente la airada pasión de dominar a sus semejantes? ¿Por qué y como acontece que entre cien millones de hombres inmolen esta pasión noventa y nueve millones de seres humanos?

            ¿Cómo es posible que siendo la razón el don precioso que no quisiéramos perder por nada del mundo, debemos a esta misma razón ser casi siempre más desgraciados que los demás seres? ¿En qué consiste que amando apasionadamente la verdad nos arrastren siempre las imposturas? ¿De dónde nace el mal y por qué existe?

            Átomos efímeros, compañeros míos en la infinita pequeñez, nacidos como yo para sufrir e ignorarlo todo, ¿es posible que haya entre vosotros algunos tan desquiciados que quieran saber todo eso que ignoro? No, no los hay. En el fondo de vuestro pecho sois conscientes de vuestra nada, como soy consciente de la mía, pero como sois soberbios movéis guerra para que los hombres adopten vuestros vastos sistemas, y no pudiendo tiranizar sus cuerpos pretendéis tiranizar sus espíritus.

 

IGUALDAD: ¿Qué le debe un perro a otro perro, un caballo a otro caballo? Nada. Ningún animal depende de su semejante, pero habiendo recibido el hombre el destello de la Divinidad que se llama razón, ¿cuál es el fruto? El de ser esclavo en casi toda la tierra.

            Si esta tierra fuese la que parece debería ser, es decir, si el hombre hallase por doquier una subsistencia fácil y garantizada y un clima adecuado a su naturaleza, es evidente que hubiera sido imposible que un hombre esclavizara a otro. Si el planeta estuviese cubierto de frutos saludables, si el aire que debe contribuir a nuestra vida no nos provocase las enfermedades y la muerte, si el hombre no necesitase más alojamiento ni más lecho que aquel del cual se sirven los gamos y los corzos, entonces los Gengis-Khan y los Tamerlán no tendrían más servidores que sus hijos, que serían lo bastante buenas gentes para ayudarles en su ancianidad.

            En este estado tan natural que disfrutan los cuadrúpedos, las aves y los reptiles, el ser humano sería tan feliz como ellos, la dominación sería entonces una quimera, un absurdo en el que nadie pensaría,  pues ¿para qué buscar servidores cuando no se necesita ningún servicio?

            Si a cualquier individuo de cabeza tiránica y brazo inquieto se le pasara por la mente esclavizar a un vecino menos fuerte que él, la cosa sería imposible: el oprimido estaría ya a cien leguas antes que el opresor hubiera adoptado sus medidas.

            Así pues, todos los hombres serían forzosamente iguales si carecieran de necesidades. La miseria que encadena nuestra especie subordina un hombre a otro y esto no es desigualdad, que es un mal, sino la dependencia o subordinación. Importa poco que tal hombre se titule Su Alteza o Su Santidad; tan dura es la servidumbre que se padece a las órdenes de uno como de otro.

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Copiado y difundido por

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

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