Las Noticias de hoy 22 Diciembre 2018

Ideas Claras

 

DE INTERES PARA HOY    sábado, 22 de diciembre de 2018    

Indice:

ROME REPORTS

Abusos: El Papa reitera que “la Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso”

A los empleados del Vaticano: “Por favor, no habléis mal de los demás. Es mejor guardar silencio”

El Papa felicita a la Curia: La Navidad es la fiesta del “gran Dios que se hace pequeño”

P. Raniero Cantalamessa: “A Dios nadie lo ha visto nunca…”

EL MAGNIFICAT. LA HUMILDAD DE MARÍA: Francisco Fernandez Carbajal

“El amor se manifiesta con hechos”: San Josemaria

El prelado: «En el pesebre, vemos el modo de ser de Dios»

Belén – la Ciudad del Mesías: primeroscristianos

Fui peregrino y me diste posada: Mónica Muñoz

Navidad en una parroquia de Vallecas: Francisco Serrano Oceja

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO: +Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

Pobres ricos o ricos pobres: Nuria Chinchilla

¿Cómo mantener un cerebro saludable?: Lucía Legorreta

Navidad: “misterio” lleno de Luz: Ernesto Juliá

UN PRESUPUESTO DE PURO CORAZÓN: René Mondragón

SITUACIÓN DE LA POBREZA RURAL EN EL PERÚ: Alfredo Palacios Dongo

El abuelo repara los juguetes: Acción Familia

Así me hice cura: Alfonso Aguiló

Ni el test del pato sirve ahora: JD Mez Madrid

Una mirada fuera: Jesús Martínez Madrid

¿Rectificar o mentir?: Suso do Madrid

Cocinado y servido por una máquina… ¡Horrendo!: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Abusos: El Papa reitera que “la Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso”

Habla de las heridas de los “abusos” y de la “infidelidad”

diciembre 21, 2018 13:17Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Protección de Menores

(ZENIT – 21 dic. 2018).- Francisco ha reiterado, una vez más, que “incluso si se tratase solo de un caso de abuso –que ya es una monstruosidad por sí mismo– la Iglesia pide que no se guarde silencio y salga a la luz de forma objetiva, porque el mayor escándalo en esta materia es encubrir la verdad”.

Esta mañana, viernes, 21 de diciembre de 2018, el Papa Francisco ha hecho referencia a los abusos de poder, de conciencia y sexuales dentro de la Iglesia Católica, en su discurso a los cardenales y obispos de la Curia Romana, con motivo de su felicitación de Navidad.

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Hombres consagrados que abusan 

El Papa denuncia que “hoy hay ‘ungidos del Señor’, hombres consagrados, que abusan de los débiles, valiéndose de su poder moral y de la persuasión. Cometen abominaciones y siguen ejerciendo su ministerio como si nada hubiera sucedido; no temen a Dios ni a su juicio, solo temen ser descubiertos y desenmascarados. Ministros que desgarran el cuerpo de la Iglesia, causando escándalo y desacreditando la misión salvífica de la Iglesia y los sacrificios de muchos de sus hermanos”.

“Sin pestañear, entran en la red de corrupción, traicionan a Dios, sus mandamientos, su propia vocación, la Iglesia, el pueblo de Dios y la confianza de los pequeños y sus familiares”, indica Francisco.

La Iglesia no intentará encubrir

Ante estas abominaciones, “la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso”.

Es innegable que algunos responsables, en el pasado, por “ligereza”, por “incredulidad”, por “falta de preparación”, por “inexperiencia” o por “superficialidad espiritual y humana” han tratado muchos casos “sin la debida seriedad y rapidez”. Esto “nunca debe volver a suceder”. “Esta es la elección y la decisión de toda la Iglesia”, afirma el Papa.

Antitestimonio

En su discurso de Navidad a los cardenales y superiores de la Curia Romana, el Papa ha expresado ha mencionado las aflicciones y las alegrías que vive la Iglesia: “Este año, en el mundo turbulento, la barca de la Iglesia ha vivido y vive momentos de dificultad, y ha sido embestida por tormentas y huracanes”.

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Mientras tanto, la Esposa de Cristo continúa su peregrinación en medio de alegrías y aflicciones, externas e internas, éxitos y dificultades. Ciertamente, “las dificultades internas siguen siendo siempre las más dolorosas y destructivas”, ha asegurado.

El ejemplo heroico de los mártires y de numerosos buenos samaritanos, es decir, de los jóvenes, de las familias, de los movimientos caritativos y de voluntariado, y de muchas personas fieles y consagradas, no nos hace olvidar, sin embargo, el “antitestimonio” y los “escándalos” de algunos hijos y ministros de la Iglesia.

Abusos e infidelidad

En concreto, enmarcadas en las aflicciones que describe el Pontífice, ha profundizado en las “heridas de los abusos y de la infidelidad”.

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“Desde hace varios años, la Iglesia se está comprometiendo seriamente por erradicar el mal de los abusos, que grita la venganza del Señor, del Dios que nunca olvida el sufrimiento experimentado por muchos menores a causa de los clérigos y personas consagradas: abusos de poder, de conciencia y sexuales”.

“A los que abusan de los menores querría decirles”, insiste el Papa Francisco: “Convertíos y entregaos a la justicia humana, y preparaos a la justicia divina, recordando las palabras de Cristo: ‘Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar'”.

Cizaña

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Francisco ha señalado la infidelidad de “quienes traicionan su vocación, su juramento, su misión, su consagración a Dios y a la Iglesia”; aquellos “que se esconden detrás de las buenas intenciones para apuñalar a sus hermanos y sembrar la discordia, la división y el desconcierto”.

De las chispas de la pereza y de la lujuria, y del bajar la guardia, denuncia el Papa, “comienza la cadena diabólica de pecados graves: adulterio, mentira y homicidio”.

“¿Pensáis, hermanos, que la cizaña no sube a las cátedras episcopales?”: El Santo Padre ha recordado las palabras de San Agustín.

Encuentro de febrero

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Los próximos días del 21 al 24 de febrero de 2019, la Iglesia “reiterará su firme voluntad de continuar, con toda  su fuerza, en el camino de la purificación”. En el encuentro, al que asistirán los presidentes de todas la Conferencias Episcopales, la Iglesia se cuestionará, valiéndose también de expertos, sobre cómo proteger a los niños; cómo evitar tales desventuras, cómo tratar y reintegrar a las víctimas; cómo fortalecer la formación en los seminarios.

El Santo Padre ha anunciado que la pregunta que se hará en este foro será: “Si esta gravísima desgracia ha golpeado algunos ministros consagrados, la pregunta es: ¿Cuánto podría ser profunda en nuestra sociedad y en nuestras familias?”.

La Iglesia “no se limitará a curarse a sí misma, sino que tratará de afrontar este mal que causa la muerte lenta de tantas personas, a nivel moral, psicológico y humano”, ha añadido el Pontífice.

Gracias a los medios

Asimismo, el Papa ha agradecido “sinceramente” a los trabajadores de los medios “que han sido honestos y objetivos y que han tratado de desenmascarar a estos lobos y de dar voz a las víctimas”.

 

 

A los empleados del Vaticano: “Por favor, no habléis mal de los demás. Es mejor guardar silencio”

Discurso del Papa Francisco

diciembre 21, 2018 17:57Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Vaticano

(ZENIT – 21 dic. 2018).- “También en el lugar de trabajo existe la santidad de la puerta de al lado. También aquí en el Vaticano, por supuesto, y puedo atestiguarlo”, ha anunciado el Papa.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/1-5-413x275.jpgEl Papa se ha encontrado con los empleados de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano, con sus familiares, para felicitarles la Navidad, esta mañana, viernes, 21 de diciembre de 2018, a las 12 horas, en el Aula Pablo VI.

La tarea que les ha encomendado a los empleados del Vaticano es clara: “Por favor, no habléis mal de los demás, no cotilleéis. Es mejor guardar silencio. Si tienes algo contra él, ve y díselo directamente. Pero no hables mal. Cuando tengas ganas, muérdete la lengua y así no hablarás mal”.

“Sed santos, para ser felices. ¡Pero no santos de estampita! No, no. Santos normales. Santos y santas de carne y hueso, con nuestro carácter, nuestras faltas, incluso nuestros pecados, pedimos perdón y seguimos adelante”, ha exhortado el Pontífice.

Capacidad de maravillarse

“¿Quién es feliz en el Belén?” ha preguntado el Papa. “La Virgen y San José están llenos de alegría: miran al Niño Jesús y son felices porque, después de mil preocupaciones, han aceptado este Regalo de Dios, con tanta fe y tanto amor. Están “rebosantes” de santidad y, por lo tanto, de alegría”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/2-4-413x275.jpgTambién los pastores son santos, ha añadido el Santo Padre, “porque respondieron al anuncio de los ángeles, corrieron enseguida a la gruta y reconocieron la señal del Niño en el pesebre. No era obvio”.

Este es un rasgo de la santidad: “conservar la capacidad de maravillarse, de asombrarse de los dones de Dios, de sus ‘sorpresas’, y el regalo más grande, la sorpresa siempre nueva es Jesús”.

Los personajes presentes en el Belén que ejercen un oficio, como el zapatero, el aguador, el herrero, el panadero… y tantos otros, “todos son felices”, asegura el Papa. “¿Por qué? Porque están como ‘contagiados’ por el gozo del evento en el que participan, es decir, el nacimiento de Jesús”. Su trabajo también está santificado por la presencia de Jesús, por su venida entre nosotros.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/4-3-413x275.jpgBisabuela de 93 años

El Papa ha comenzado expresando lo mucho que le ha gustado saludar a las familias, y ha hecho una mención especial a la bisabuela, de 93 años, con su hija, que es abuela, con sus padres y dos hijos. “¡Qué bonita es una familia así! Y vosotros trabajáis para la familia, para los hijos, para sacar adelante a la familia. ¡Es una gracia! ¡Custodiad a las familias!”, les ha dicho.

RD

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes durante la audiencia:

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Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/5-5-413x275.jpgGracias por venir, muchos incluso con miembros de la familia. Me ha gustado saludar a las familias, pero el premio es para la bisabuela, de 93 años, con su hija, que es abuela, con sus padres y dos hijos. ¡Qué bonita es una familia así! Y vosotros trabajáis para la familia, para los hijos, para sacar adelante a la familia. ¡Es una gracia! ¡Custodiad a las familias! ¡Y feliz Navidad a todos! ¡Feliz Navidad a todos!

La Navidad es una fiesta alegre por excelencia, pero a menudo nos damos cuenta de que la gente, y quizás nosotros mismos, estamos ocupados con tantas  cosas y al final no hay alegría o, si la hay, es muy superficial. ¿Por qué?

Me vino a la mente esa frase del escritor francés Léon Bloy: “Existe una sola tristeza, la de no ser santos” (La mujer pobre,ver Exort. Ap. Gaudete et exsultate, 34). Por lo tanto, lo opuesto a la tristeza, es decir la alegría, está vinculada a ser santos. También la alegría de la Navidad. Ser buenos, al menos tener el deseo de ser buenos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/6-3-413x275.jpgMiremos el belén ¿Quién es feliz, en el belén? Esto me gustaría preguntárselo a vosotros, niños, a los que os encanta mirar las figuras… y tal vez incluso moverlas un poco, cambiarlas de sitio, haciendo que se enfade vuestro padre, ¡que las ha puesto allí con tanto cuidado!

Entonces, ¿quién es feliz en el Belén? La Virgen y San José están llenos de alegría: miran al Niño Jesús y son felices porque, después de mil preocupaciones, han aceptado este Regalo de Dios, con tanta fe y tanto amor. Están “rebosantes” de santidad y, por lo tanto, de alegría. Y me diréis vosotros: ¡Anda, claro! ¡Son la Virgen y San José! Sí, pero no pensemos que haya sido fácil para ellos: los santos no nacen, se hacen, y esto vale también para ellos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/7-4-489x275.jpgLuego, también están llenos de alegría los pastores. También los pastores son santos, seguro, porque respondieron al anuncio de los ángeles, corrieron enseguida a la gruta y reconocieron la señal del Niño en el pesebre. No era obvio. En particular, en los belenes a menudo hay un pastor joven, que mira hacia la gruta con un aire de ensueño y encantado: ese pastor expresa la alegría asombrada de aquellos que acogen el misterio de Jesús con el espíritu de un niño. Este es un rasgo de la santidad: conservar la capacidad de maravillarse, de asombrarse de los dones de Dios, de sus “sorpresas”, y el regalo más grande, la sorpresa siempre nueva es Jesús. ¡La gran sorpresa es Dios!

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/9-2-413x275.jpgDespués, en algunos belenes, los más grandes, con tantos personajes, están los oficios: el zapatero, el aguador, el herrero, el panadero…, y tantos otros. Y todos son felices. ¿Por qué? Porque están como “contagiados” por el gozo del evento en el que participan, es decir, el nacimiento de Jesús. Por lo tanto, su trabajo también está santificado por la presencia de Jesús, por su venida entre nosotros.

Y esto también nos hace pensar en nuestro trabajo. Por supuesto, trabajar siempre tiene una parte de cansancio, es normal. Pero yo, en mi tierra conocía a alguien que nunca estaba cansado: fingía trabajar, pero no trabajaba. ¡No se cansaba, por supuesto! Pero si cada uno reflexiona sobre la santidad de Jesús, se necesita muy poco, un pequeño rayo, -una sonrisa, una atención, una cortesía, una disculpa-, entonces todo el entorno laboral se vuelve más “respirable”, ¿no es así? .Se disipa ese clima pesado que a veces los hombres y las mujeres creamos con nuestras arrogancias, los cierres, los prejuicios y se trabaja todavía mejor, con más fruto.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/8-1-413x275.jpgHay algo que nos pone tristes en el trabajo y enferma el entorno laboral: es el cotilleo. Por favor, no habléis mal de los demás, no cotilleéis. “Sí, pero aquel me cae antipático, y ese otro…”. Mira, reza por él, pero no hables mal, por favor, porque destruye: destruye la amistad, la espontaneidad. Y criticar esto y aquello. Mira, es mejor guardar silencio. Si tienes algo contra él, ve y díselo directamente. Pero no hables mal. “Eh, padre, sale solo, el cotilleo…”. Pero hay una buena medicina para no hablar mal, os la diré: morderse la lengua. Cuando tengas ganas, muérdete la lengua y así no hablarás mal.

También en el lugar de trabajo existe “la santidad de la puerta de al lado” (ver Gaudete et exsultate, 6-9). También aquí en el Vaticano, por supuesto, y puedo atestiguarlo. Conozco a algunos de vosotros que son un ejemplo de vida: trabajan para la familia, y siempre con esa sonrisa, con esa laboriosidad sana, bella. La santidad es posible. Es posible.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/selfie-chico-413x275.jpgEsta es mi sexta Navidad como obispo de Roma, y ​​debo decir que he conocido a varios santos y santas que trabajan aquí. Santos y santas que viven bien la vida cristiana y si hacen algo mal piden perdón. Pero siguen adelante, con la familia. Se puede vivir así. Es una gracia, y es tan bonito. Por lo general, son personas a las que no les gusta lucirse, personas simples, modestas, pero que hacen mucho bien en el trabajo y en las relaciones con los demás. Y son gente alegre; no porque siempre se rían, no, sino porque tienen una gran serenidad en su interior y saben cómo transmitirla a los demás. ¿Y de dónde viene esa serenidad? Siempre de él, Jesús, el Dios con nosotros. Él es la fuente de nuestra alegría, tanto personal como familiar, como en el trabajo.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/Niños-413x275.jpgAsí que mi deseo es este: sed santos, para ser felices. ¡Pero no santos de estampita! No, no. Santos normales. Santos y santas de carne y hueso, con nuestro carácter, nuestras faltas, incluso nuestros pecados, -pedimos perdón y seguimos adelante- pero listos para dejarnos “contagiar” de la presencia de Jesús en medio de nosotros, listos para correr hacia él, como los pastores, para ver este evento, esta increíble señal que Dios nos ha dado. ¿Qué decían los ángeles?:  “Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo” (Lc. 2, 10). ¿Iremos a verlo? ¿O estaremos ocupados  con otras cosas?

Queridos hermanos y hermanas, no tengamos miedo de la santidad. Os lo aseguro, es el camino de la alegría. ¡Feliz Navidad a todos!

© Librería Editorial Vaticano

 

 

El Papa felicita a la Curia: La Navidad es la fiesta del “gran Dios que se hace pequeño”

Discurso del Papa a cardenales y obispos

diciembre 21, 2018 11:48RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 21 dic. 2018).- El Papa Francisco ha felicitado la Navidad en audiencia con los cardenales y superiores de la Curia Romana, este viernes, 21 de diciembre de 2018, a las 10:30 horas, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano.

El Santo Padre ha ofrecido un discurso a los sacerdotes, que ofrecemos a continuación:

***

«La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz» (Rm13,12).

Inundados por el gozo y la esperanza que brillan en la faz del Niño divino, nos reunimos nuevamente este año para expresarnos las felicitaciones navideñas, con el corazón puesto en las dificultades y alegrías del mundo y de la Iglesia.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/1-4-413x275.jpgOs deseo sinceramente una santa Navidad a vosotros, a vuestros colaboradores, a todas las personas que prestan servicio en la Curia, a los Representantes pontificios y a los colaboradores de las nunciaturas. Y deseo agradeceros vuestra dedicación diaria al servicio de la Santa Sede, de la Iglesia y del Sucesor de Pedro. Muchas gracias.

Permitidme también darle una cálida bienvenida al nuevo Sustituto de la Secretaría de Estado, Mons. Edgar Peña Parra, que el pasado 15 de octubre comenzó su delicado e importante servicio. Su origen venezolano refleja la catolicidad de la Iglesia y la necesidad de abrir cada vez más el horizonte hasta abarcar los confines de la tierra. Bienvenido, Excelencia, y buen trabajo.

La Navidad es la fiesta que nos llena de alegría y nos da la seguridad de que ningún pecado es más grande que la misericordia de Dios y que ningún acto humano puede impedir que el amanecer de la luz divina nazca y renazca en el corazón de los hombres. Es la fiesta que nos invita a renovar el compromiso evangélico de anunciar a Cristo, Salvador del mundo y luz del universo. Porque si «Cristo, “santo, inocente, inmaculado” (Hb 7,26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5,21), sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación. La Iglesia “va peregrinando entre las persecuciones del https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/3-6-413x275.jpgmundo y los consuelos de Dios”, anunciando la cruz del Señor hasta que venga (cf. 1 Co 11,26). Está fortalecida, con la virtud del Señor resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium,8).

Apoyándonos en la firme convicción de que la luz es siempre más fuerte que la oscuridad, me gustaría reflexionar con vosotros sobre la luz que une la Navidad (primera venida en humildad) alaParusía(segundavenidaenesplendor)ynosconfirmaenlaesperanzaquenuncadefrauda.Esa esperanza de la que depende la vida de cada uno de nosotros y toda la historia de la Iglesia y del mundo.

Jesús, en realidad, nace en una situación sociopolítica y religiosa llena de tensión, agitación y oscuridad. Su nacimiento, por una parte esperado y por otra rechazado, resume la lógica divina que no se detiene ante el mal, sino que lo transforma radical y gradualmente en bien, y también la lógica maligna que transforma incluso el bien en mal para postrar a la humanidad en la desesperación y en la oscuridad: «La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió» (Jn1,5).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/5-4-413x275.jpgSin embargo, la Navidad nos recuerda cada año que la salvación de Dios, dada gratuitamente a toda la humanidad, a la Iglesia y en particular a nosotros, personas consagradas, no actúa sin nuestra voluntad, sin nuestra cooperación, sin nuestra libertad, sin nuestro esfuerzo diario. La salvación es un don que hay que acoger, custodiar y hacer fructificar (cf. Mt 25,14-30). Por lo tanto, para el cristiano en general, y en particular para nosotros, el ser ungidos, consagrados por el Señor no significa comportarnos como un grupo de personas privilegiadas que creen que tienen a Dios en el bolsillo, sino como personas que saben que son amadas por el Señor a pesar de ser pecadores e indignos. En efecto, los consagrados no son más que servidores en la viña del Señor que deben dar, a su debido tiempo, la cosecha y lo obtenido al Dueño de la viña (cf. Mt20,1-16).

La Biblia y la historia de la Iglesia nos enseñan que muchas veces, incluso los elegidos, andando en el camino, empiezan a pensar, a creerse y a comportarse como dueños de la salvación y no como beneficiarios, como controladores de los misterios de Dios y no como humildes distribuidores, como aduaneros de Dios y no como servidores del rebaño que se les ha confiado.

Muchas veces ―por un celo excesivo y mal orientado― en lugar de seguir a Dios nos ponemos delante de él, como Pedro, que criticó al Maestro y mereció el reproche más severo que Cristo nunca dirigió a una persona: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» (Mc8,33).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/6-2-413x275.jpgQueridos hermanos y hermanas:

Este año, en el mundo turbulento, la barca de la Iglesia ha vivido y vive momentos de dificultad, y ha sido embestida por tormentas y huracanes. Muchos se han dirigido al Maestro, que aparentemente duerme, para preguntarle: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38); otros, aturdidos por las noticias comenzaron a perder la confianza en ella y a abandonarla; otros, por miedo, por intereses, por un fin ulterior, han tratado de golpear su cuerpo aumentando sus heridas; otros no ocultan su deleite al verla zarandeada; muchos otros, sin embargo, siguen aferrándose a  ella con la certeza de que «el poder del infierno no la derrotará» (Mt16,18).

Mientras tanto, la Esposa de Cristo continúa su peregrinación en medio de alegrías y aflicciones, externas e internas, éxitos y dificultades. Ciertamente, las dificultades internas siguen siendo siempre las más dolorosas y destructivas.

Las aflicciones

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/7-3-413x275.jpgSon muchas las aflicciones: cuántos inmigrantes —obligados a abandonar sus países de origen y arriesgar sus vidas— hallan la muerte, o sobreviven pero se encuentran con las puertas cerradas y sus hermanos de humanidad entregados a las conquistas políticas y de poder. Cuánto miedo y prejuicio. Cuántas personas y cuántos niños mueren cada día por la falta de agua, alimentos y medicinas. Cuánta pobreza y miseria. Cuánta violencia contra los débiles y contra las mujeres. Cuántos escenarios de guerras, declaradas y no declaradas. Cuánta sangre inocente se derrama cada día. Cuánta inhumanidad y brutalidad nos rodean por todas partes. Cuántas personas son sistemáticamente torturadas todavía hoy en las comisarías de policía, en las cárceles y en los campos de refugiados en diferentes lugares del mundo.

Vivimos también, en realidad, una nueva era de mártires. Parece que la persecución cruel y atroz del imperio romano no tiene fin. Continuamente nacen nuevos Nerones para oprimir a los creyentes, solo por su fe en Cristo. Nuevos grupos extremistas se multiplican, tomando como punto de mira a iglesias, lugares de culto, ministros y simples fieles. Viejos y nuevos círculos y conciliábulos viven alimentándose del odio y la hostilidad hacia Cristo, la Iglesia y los creyentes.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/8-413x275.jpgCuántos cristianos, en tantas partes del mundo, viven todavía hoy bajo el peso de la persecución, la marginación, la discriminación y la injusticia. Sin embargo, siguen abrazando valientemente la muerte para no negar a Cristo. Qué difícil es vivir hoy libremente la fe en tantas partes del mundo donde no hay libertad religiosa y libertad de conciencia.

Por otro lado, el ejemplo heroico de los mártires y de numerosos buenos samaritanos, es decir, de los jóvenes, de las familias, de los movimientos caritativos y de voluntariado, y de muchas personas fieles y consagradas, no nos hace olvidar, sin embargo, el antitestimonio y los escándalos de algunos hijos y ministros de la Iglesia.

Me limito aquí solo a las heridas de los abusos y de la infidelidad.

Desde hace varios años, la Iglesia se está comprometiendo seriamente por erradicar el mal de los abusos, que grita la venganza del Señor, del Dios que nunca olvida el sufrimiento experimentado por muchos menores a causa de los clérigos y personas consagradas: abusos de poder, de conciencia y sexuales.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/9-1-413x275.jpgPensando en este tema doloroso me vino a la mente la figura del rey David, un «ungido del Señor» (cf. 1 S 16,13 – 2 S 11-12). Él, de cuyo linaje deriva el Niño divino —llamado también el “hijo de David”—, a pesar de ser un elegido, rey y ungido por el Señor, cometió un triple pecado, es decir, tres graves abusos a la vez: abuso sexual, de poder y de conciencia. Tres abusos distintos, que sin embargo convergen y se superponen.

La historia comienza —como sabemos— cuando el rey, siendo un guerrero experto, se quedó holgazaneando en casa en vez de ir a la batalla en medio del pueblo de Dios. David se aprovecha, para su conveniencia y su interés, de ser el rey (abuso de poder). El ungido, abandonándose a la comodidad, comienza un irrefrenable declive moral y de conciencia. Y es precisamente en este contexto que él, desde la terraza del palacio, ve a Betsabé, mujer de Urías, el hitita, mientras se bañaba y se siente atraído (cf. 2 S 11). Manda llamarla y se une a ella (otro abuso de poder, más abuso sexual). Así, abusa de una mujer casada y sola, para cubrir su pecado, llama a Urías e intenta sin conseguirlo convencerlo de que pase la noche con su mujer. Y, posteriormente, ordena al jefe del ejército que exponga a Urías a una muerte segura en la batalla (otro abuso de poder, más abuso de conciencia). La cadena del pecado se alarga como una mancha de aceite y rápidamente se convierte en una red de corrupción.

De las chispas de la pereza y de la lujuria, y del “bajar la guardia” comienza la cadena diabólica de pecados graves: adulterio, mentira y homicidio. Presumiendo que al ser rey puede hacer todo y obtener todo, David también trata de engañar al marido de Betsabé, a la gente, a sí mismo e incluso a Dios. El rey descuida su relación con Dios, infringe los mandamientos divinos, daña su propia integridad moral sin siquiera sentirse culpable. El ungido seguía ejerciendo su misión como si nada hubiera pasado. Lo único que le importaba era salvaguardar su imagen y su apariencia. «Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan desgastándose y corrompiéndose» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 164). De pecadores acaban convirtiéndose en corruptos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/cq5dam.web_.800.800-413x275.jpgTambién hoy hay “ungidos del Señor”, hombres consagrados, que abusan de los débiles, valiéndose de su poder moral y de la persuasión. Cometen abominaciones y siguen ejerciendo su ministerio como si nada hubiera sucedido; no temen a Dios ni a su juicio, solo temen ser descubiertos y desenmascarados. Ministros que desgarran el cuerpo de la Iglesia, causando escándalo y desacreditando la misión salvífica de la Iglesia y los sacrificios de muchos de sus hermanos.

También hoy, muchos David, sin pestañear, entran en la red de corrupción, traicionan a Dios, sus mandamientos, su propia vocación, la Iglesia, el pueblo de Dios y la confianza de los pequeños y sus familiares. A menudo, detrás de su gran amabilidad, su labor impecable y su rostro angelical, ocultan descaradamente a un lobo atroz listo para devorar a las almas inocentes.

Los pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza, y deforman el rostro de la Iglesia socavando su credibilidad. En efecto, también la Iglesia, junto con sus hijos fieles, es víctima de estas infidelidades y de estos verdaderos y propios “reatos de malversación”.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Está claro que, ante estas abominaciones, la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso. Es innegable que algunos responsables, en el pasado,por ligereza, por incredulidad, por falta de preparación, por inexperiencia o por superficialidad espiritual y humana han tratado muchos casos sin la debida seriedad y rapidez. Esto nunca debe volver a suceder. Esta es la elección y la decisión de toda la Iglesia.

En el próximo mes de febrero, la Iglesia reiterará su firme voluntad de continuar, con toda  su fuerza, en el camino de la purificación. La Iglesia se cuestionará, valiéndose también de  expertos, sobre cómo proteger a los niños; cómo evitar tales desventuras, cómo tratar y reintegrar a las víctimas; cómo fortalecer la formación en los seminarios. Se buscará transformar los errores cometidos en oportunidades para erradicar este flagelo no solo del cuerpo de la Iglesia sino también de la sociedad. De hecho, si esta gravísima desgracia ha golpeado algunos ministros consagrados, la pregunta es: ¿Cuánto podría ser profunda en nuestra sociedad y en nuestras familias? Por eso, la Iglesia no se limitará a curarse a sí misma, sino que tratará de afrontar este mal que causa la muerte lenta de tantas personas, a nivel moral, psicológico y humano.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hablando de esta herida, algunos, también dentro de la Iglesia, se alzan contra ciertos agentes de la comunicación, acusándolos de ignorar la gran mayoría de los casos de abusos, que no son cometidos por ministros de la Iglesia, las estadísticas hablan de más del 95%, y acusándolos de querer dar de forma intencional una falsa imagen, como si este mal golpeara solo a la Iglesia Católica. En cambio, me gustaría agradecer sinceramente a los trabajadores de los medios que han sido honestos y objetivos y que han tratado de desenmascarar a estos lobos y de dar voz a las víctimas. Incluso si se tratase solo de un caso de abuso ―que ya es una monstruosidad por sí mismo― la Iglesia pide que no se guarde silencio y salga a la luz de forma objetiva, porque el mayor escándalo en esta materia es encubrir la verdad.

Todos recordamos que fue solo a través del encuentro con el profeta Natán como David entendió la gravedad de su pecado. Hoy necesitamos nuevos Natán que ayuden a muchos David a despertarse de su vida hipócrita y perversa. Por favor, ayudemos a la santa Madre Iglesia en su difícil tarea, que es reconocer los casos verdaderos, distinguiéndolos de los falsos, las acusaciones de las calumnias, los rencores de las insinuaciones, los rumores de las difamaciones. Una tarea muy difícil porque los verdaderos culpables saben esconderse tan bien que muchas esposas, madres y hermanas no pueden descubrirlos entre las personas más cercanas: esposos, padrinos, abuelos, tíos, hermanos, vecinos, maestros… Incluso las víctimas, bien elegidas por sus depredadores, a menudo prefieren el silencio e incluso, vencidas por el miedo, se ven sometidas a la vergüenza y al terror de ser abandonadas.

A los que abusan de los menores querría decirles: convertíos y entregaos a la justicia humana, y preparaos a la justicia divina, recordando las palabras de Cristo: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!» (Mt18,6-7).

 

Queridos hermanos y hermanas:

Ahora permitidme hablar también de otra aflicción, a saber, la infidelidad de quienes traicionan su vocación, su juramento, su misión, su consagración a Dios y a la Iglesia; aquellos que se esconden detrás de las buenas intenciones para apuñalar a sus hermanos y sembrar la discordia, la división y el desconcierto; personas que siempre encuentran justificaciones, incluso lógicas y espirituales, para seguir recorriendo sin obstáculos el camino de la perdición.

Esto no es nada nuevo en la historia de la Iglesia. San Agustín, hablando del trigo bueno y de la cizaña, afirma: «¿Pensáis, hermanos, que la cizaña no sube a las cátedras episcopales?

¿Pensáis que está abajo y no arriba? Ojalá no seamos cizaña. […] En las cátedras episcopales hay trigo y hay cizaña; y en las comunidades de fieles hay trigo y hay cizaña» (Sermo 73, 4: PL 38, 472).

Las palabras de san Agustín nos exhortan a recordar el proverbio: «El camino del infierno está lleno de buenas intenciones»; y nos ayudan a comprender que el Tentador, el Gran Acusador, es el que divide, siembra la discordia, insinúa la enemistad, persuade a los hijos y los lleva adudar.

En realidad, las treinta monedas de plata están casi siempre detrás de estos sembradores de cizaña. Aquí la figura de David nos lleva a la de Judas el Iscariote, otro elegido por el Señor que vende y entrega a su maestro a la muerte. David el pecador y Judas Iscariote siempre estarán presentes en la Iglesia, ya que representan la debilidad que forma parte de nuestro ser humano. Son iconos de los pecados y de los crímenes cometidos por personas elegidas y consagradas. Iguales en la gravedad del pecado, sin embargo, se distinguen en la conversión. David se arrepintió, confiando en la misericordia de Dios, mientras que Judas se suicidó.

Para hacer resplandecer la luz de Cristo, todos tenemos el deber de combatir cualquier corrupción espiritual, que «es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Co 11,14). Así acabó sus días Salomón, mientras el gran pecador David supo remontar su miseria» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 165).

 

Las alegrías

Han sido numerosas este año, por ejemplo la feliz culminación del Sínodo dedicado a los jóvenes. Los pasos que se han dado hasta ahora en la reforma de la Curia, ¿cuándo terminará? no terminará nunca, pero los pasos son buenos. Los ejemplos son: los trabajos de clarificación y transparencia en la economía; los encomiables esfuerzos realizados por la Oficina del Auditor General y del AIF; los buenos resultados logrados por el IOR; la nueva Ley del Estado de la Ciudad del Vaticano; el Decreto sobre el trabajo en el Vaticano, y tantos otros logros menos visibles. Recordamos los nuevos beatos y santos que son las “piedras preciosas” que adornan el rostro de la Iglesia e irradian esperanza, fe y luz al mundo. Es necesario mencionar aquí los diecinueve mártires de Argelia: «Diecinueve vidas entregadas por Cristo, por su evangelio y por el pueblo argelino… modelos de santidad común, la santidad de la “puerta de al lado”» (Thomas Georgeon, Nel segno della fraternità: L’Osservatore Romano, 8 diciembre 2018, p. 6); el elevado número de fieles que reciben el bautismo cada año y renuevan la juventud de la Iglesia como una madre siempre fecunda, y los numerosos hijos que regresan a casa y abrazan de nuevo la fe y la  vida cristiana; familias y padres que viven seriamente la fe y la transmiten diariamente a sus hijos a través de la alegría de su amor (cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 259-290); el testimonio de muchos jóvenes que valientemente eligen la vida consagrada y el sacerdocio.

Un gran motivo de alegría es también el gran número de personas consagradas, de obispos y sacerdotes, que viven diariamente su vocación en fidelidad, silencio, santidad y abnegación. Son personas que iluminan la oscuridad de la humanidad con su testimonio de fe, amor y caridad. Personas que trabajan pacientemente por amor a Cristo y a su Evangelio, en favor de los pobres, los oprimidos y los últimos, sin tratar de aparecer en las primeras páginas de los periódicos o de ocupar los primeros puestos. Personas que, abandonando todo y ofreciendo sus vidas, llevan la luz de la fe allí donde Cristo está abandonado, sediento, hambriento, encarcelado y desnudo (cf. Mt 25,31-46). Pienso especialmente en los numerosos párrocos que diariamente ofrecen un buen ejemplo al pueblo de Dios, sacerdotes cercanos a las familias, que conocen los nombres de todos y viven su vida con sencillez, fe, celo, santidad y caridad. Personas olvidadas por los medios de comunicación pero sin las cuales reinaría la oscuridad.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando hablaba de la luz, de las aflicciones, de David y de Judas, quise evidenciar el valor de la conciencia, que debe transformarse en un deber de vigilancia y de protección de quienes ejercen el servicio del gobierno en las estructuras de la vida eclesiástica y consagrada. En realidad, la fortaleza de cualquier institución no reside en la perfección de los hombres que la forman (esto es imposible), sino en su voluntad de purificarse continuamente; en su habilidad para reconocer humildemente los errores y corregirlos; en su capacidad para levantarse de las caídas; en ver la luz de la Navidad que comienza en el pesebre de Belén, recorre la historia y llega a la Parusía.

Por lo tanto, nuestro corazón necesita abrirse a la verdadera luz, Jesucristo: la luz que puede iluminar la vida y transformar nuestra oscuridad en luz; la luz del bien que vence al mal; la luz del amor que vence al odio; la luz de la vida que derrota a la muerte; la luz divina que transforma todo  y a todos en luz; la luz de nuestro Dios: pobre y rico, misericordioso y justo, presente y oculto, pequeño ygrande.

Recordamos las maravillosas palabras de san Macario el Grande, padre del desierto egipcio del siglo IV que, hablando de la Navidad, afirma: «Dios se hace pequeño. Lo inaccesible e increado, en su bondad infinita e inimaginable, ha tomado cuerpo y se ha hecho pequeño. En su bondad descendió de su gloria. Nadie en el cielo y en la tierra puede entender la grandeza de Dios y nadie en el cielo y en la tierra puede entender cómo Dios se hace pobre y pequeño para los pobres y los pequeños. Igual que su grandeza es incomprensible, también lo es su pequeñez» (cf. Homilías IV, 9- 10; XXXII, 7: en Spirito e fuoco. Omelie spirituali. Colección II, Qiqajon-Bose, Magnano 1995, pp.88-89.332-333).

Recordemos que la Navidad es la fiesta del «gran Dios que se hace pequeño y en su pequeñez no deja de ser grande. Y en esta dialéctica, lo grande es pequeño: está la ternura de Dios. El grande que se hace pequeño y lo pequeño que es grande» (Homilía en Santa Marta, 14 diciembre 2017; cf. Homilía en Santa Marta, 25 abril 2013).

La Navidad nos da cada año la certeza de que la luz de Dios seguirá brillando a pesar de nuestra miseria humana; la certeza de que la Iglesia saldrá de estas tribulaciones aún más bella, purificada y espléndida. Porque, todos los pecados, las caídas y el mal cometidos por algunos hijos de la Iglesia nunca pueden oscurecer la belleza de su rostro, es más, nos ofrecen la prueba cierta de que su fuerza no está en nosotros, sino que está sobre todo en Cristo Jesús, Salvador del mundo y Luz del universo, que la ama y dio su vida por ella. La Navidad es una manifestación de que los graves males cometidos por algunos nunca ocultarán todo el bien que la Iglesia realiza gratuitamente en el mundo. La Navidad nos da la certeza de que la verdadera fuerza de la Iglesia y de nuestro trabajo diario, a menudo oculto, reside en el Espíritu Santo, que la guía y protege a través de los siglos, transformando incluso los pecados en ocasiones de perdón, las caídas en ocasiones de renovación, el mal en ocasión de purificación y victoria.

Muchas gracias y Feliz Navidad a todos.

 

 

P. Raniero Cantalamessa: “A Dios nadie lo ha visto nunca…”

Tercera predicación de Adviento 2018

diciembre 21, 2018 18:07Raniero CantalamessaEspiritualidad y oración

(ZENIT – 21 dic. 2018).- Esta mañana, a las 9 horas, en la Capilla Redemptoris Mater, en presencia del Santo Padre Francisco, el Predicador de la Casa Pontificia, el P. Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap., ha pronunciado el tercer sermón de Adviento sobre el tema: “Mi alma tiene sed del Dios vivo” (Salmo 42, 2).

A continuación, ofrecemos la prédica del padre Raniero Cantalamessa:

***

Tercera predicación de Adviento

El Dios vivo es la Trinidad viviente, dijimos la última vez. Pero nosotros estamos en el tiempo y Dios está en la eternidad. ¿Cómo superar esta «infinita diferencia cualitativa»? ¿Cómo tender un puente sobre semejante abismo infinito? La respuesta está en la solemnidad que nos disponemos a celebrar: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros».

Entre nosotros y Dios —escribió el gran teólogo bizantino Nicolás Cabasilas— se elevan tres muros de separación: el de la naturaleza, porque Dios es espíritu y nosotros somos carne; el del pecado y el de la muerte. El primero de estos muros ha sido abatido en la Encarnación, cuando la naturaleza humana y la naturaleza divina se unieron en la persona de Cristo; el muro del pecado fue abatido sobre la cruz, y el muro de la muerte en la resurrección. Jesucristo es ahora el lugar definido del encuentro entre el Dios vivo y el hombre viviente. En él, el Dios lejano se ha hecho cercano, el Emmanuel, el Dios-con-nosotros.

El camino de búsqueda del Dios vivo que hemos emprendido en este Adviento tuvo un precedente ilustre: «El itinerario de la mente hacia Dios» (Itinerarium mentis in Deum), de san Buenaventura. Como filósofo y teólogo especulativo, identifica siete escalones para los cuales el alma asciende hacia el conocimiento de Dios. Ellos son:

La visión de él a través de sus vestigios en el universo.

La contemplación de Dios en sus vestigios en este mundo sensible.

La contemplación de Dios a través de su imagen impresa en las facultades naturales.

La contemplación de Dios en su imagen renovada por los dones de la gracia.

La visión de la Santísima Trinidad en su nombre, es decir, el bien.

El rapto místico del alma en el que cesa la obra del intelecto mientras que el amor pasa totalmente a Dios.

Después de haber pasado revista a los diferentes medios que tenemos para elevarnos al conocimiento del Dios vivo y los «lugares» donde podemos encontrarlo, san Buenaventura llega, pues, a la conclusión de que el medio definitivo, infalible y suficiente es la persona de Jesucristo. De hecho, así termina su tratado:

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/Adviento-2-413x275.jpgAhora bien: al alma no le queda más que ir más allá de todo esto con la contemplación, y pasar más allá del mundo sensible, no solo, sino incluso más allá de sí misma. En este tránsito Cristo es camino y puerta; Cristo es escalera y vehículo como propiciatorio puesto encima del arca de Dios y sacramento oculto desde los siglos.

El filósofo Blaise Pascal, en su famoso Memorial, llega a la misma conclusión: al Dios de Abraham, Isaac y Jacob «solo se le encuentra por las vías que enseña el Evangelio». La razón de esto es simple: Jesucristo es «el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16). La Carta a los Hebreos basa en esto la novedad del Nuevo Testamento:

«Dios, que muchas veces y en diversos modos en los tiempos antiguos había hablado a los padres por medio de los profetas, últimamente, en estos días, nos ha hablado en el Hijo, al que ha establecido heredero de todas las cosas y mediante el cual hizo también el mundo» (Heb 1,1-2).

El Dios vivo ya no nos habla por persona interpuesta, sino en persona porque el Hijo «es el resplandor de su gloria e impronta de su sustancia»(Heb 1,3). Esto desde el punto de vista ontológico y objetivo. Desde el punto de vista existencial, o subjetivo, la gran novedad es que ahora ya no es el hombre el que, «a tientas» (Hch 17, 27), va a la búsqueda del Dios vivo; es el Dios viviente, que desciende a la búsqueda del hombre, hasta morar en su mismo corazón. Es allí donde, de ahora en adelante, se le puede encontrar y adorar en espíritu y verdad: «Si alguno me ama, dice Jesús, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23).

«Nadie viene al Padre si no es por medio de mí»

Quién hizo esta verdad —es decir, que Jesucristo es el supremo revelador del Dios vivo, y el «lugar» donde se entra en contacto con él— es el evangelista Juan. Nos encomendamos a él para que nos ayude a hacer de la búsqueda del Dios vivo algo más que una simple «investigación»: una «experiencia» de él, no solo conocerle, sino un «sentimiento» vivo.

Para no perder la fuerza e inmediatez de su testimonio inspirado, evitemos imponer a los textos cualquier marco interpretativo. Pasamos simplemente revista a las palabras más explícitas en las cuales es Jesús mismo quien se presenta como el definitivo revelador de Dios. Cada una de estas palabras es capaz, por sí sola, de llevarnos al borde del misterio y hacernos asomar sobre un horizonte infinito.

Juan 1,18: «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo unigénito, que es Dios y está en el seno del Padre, es él quien lo ha revelado». Para comprender el sentido de estas palabras, hay que remitirse a toda la tradición bíblica sobre el Dios que no se puede ver sin morir. Basta leer Éxodo 33, 18-20: «Le dijo (Moisés): “¡Muéstrame tu gloria!”. Dijo: “Yo haré pasar delante de ti toda mi bondad y proclamaré mi nombre, Señor, delante de ti. A quién quiera hacerle gracia se la haré y de quiénes quiera tener misericordia la tendré”. Dijo: “Pero tú no podrás ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y permanecer vivo”».

Hay tal abismo entre la santidad de Dios y la indignidad del hombre que este debería morir viendo a Dios o solo oyéndolo. Por eso, Moisés (Ex 3,69) y también los serafines (Is 6,2) se tapan la cara con un velo delante de Dios. Manteniéndose en vida después de haber visto a Dios, se experimenta una sorpresa agradecida (Gén 32,31). Es un raro favor que Dios concede a Moisés (Ex 33,11) y a Elías (1 Reyes 19,11 s.), que, curiosamente, serán los dos admitidos en el Tabor a contemplar la gloria de Cristo.

Juan 10,30. «Yo y el Padre somos una sola cosa». Es la afirmación quizá más cargada de misterio de todo el Nuevo Testamento. Jesucristo no es solo el revelador del Dios vivo: ¡él mismo es el Dios vivo! Revelador y revelación son la misma persona. De esta afirmación partirá la reflexión de la Iglesia para llegar a la plena y explícita fe en el dogma trinitario. Lo que nosotros traducimos con la expresión «una sola cosa» es un sustantivo neutro (en, en griego, unum, en latín). Si Jesús hubiese utilizado el masculino eis, unus se habría podido pensar que Padre e Hijo son una sola persona y la doctrina de la Trinidad quedaría excluida de raíz. Diciendo «unum», una sola cosa, los Padres deducirán de ahí acertadamente que Padre e Hijo (y más tarde el Espíritu Santo) son una misma naturaleza, pero no una sola persona.

Juan 12,6-7: Le dijo Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no por medio de mí». Aquí debemos detenernos un poco más largamente. «Nadie va al Padre si no es por medio de mí»: leídas en el contexto actual del diálogo interreligioso, estas palabras plantean un interrogante que no podemos pasar en silencio. ¿Qué pensar de toda esa parte de la humanidad que no conoce a Cristo y su Evangelio? ¿Ninguno de ellos va al Padre? ¿Son excluidos de la mediación de Cristo y, por consiguiente, de la salvación?

Una cosa es cierta y de ella debe partir cualquier teología cristiana de las religiones: Cristo dio su vida «en rescate» y por amor de todos los hombres, porque todos son criaturas de su Padre y hermanos suyos. No ha hecho distinciones. Su ofrecimiento de salvación, al menos, es seguro que es universal. «Cuando yo sea levantado de la tierra (¡sobre la cruz!), atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32); «No hay otro nombre dado a los hombres en el que se ha establecido que se salven», proclama Pedro delante del sanedrín (Hch 4,12).

Algunos, aun profesándose creyentes cristianos, no logran admitir que un hecho histórico particular, como es la muerte y resurrección de Cristo, pueda haber cambiado la situación de toda la humanidad frente a Dios, y sustituyen, por eso, el acontecimiento histórico con un principio universal «impersonal». Ellos deberían plantearse, creo, otra pregunta, es decir, si creen realmente en el misterio con el que todo el cristianismo está en pie o cae: la encarnación del Verbo y la divinidad de Cristo. Una vez admitida esta, ya no aparece absurdo para la razón que un acto particular pueda tener un alcance universal. Sería extraño, más bien, pensar lo contrario.

El error más grande, al sustraerle tanta parte de la humanidad, no se le hace a Cristo o a la Iglesia, sino a esa misma humanidad. ¿No es posible partir de la afirmación de que «Cristo es la propuesta suprema, definitiva y normativa de salvación hecha por Dios al mundo», sin por ello mismo reconocer a todos los hombres el derecho de beneficiarse de esta salvación?

«Pero, ¿es realista —se pregunta uno—, seguir creyendo en una misteriosa presencia e influencia de Cristo en religiones que existen desde antes que él y que no sienten ninguna necesidad, después de veinte siglos, de acoger su evangelio?» En la Biblia existe un dato que puede ayudarnos a dar una respuesta a esta objeción: la humildad de Dios, el escondimiento de Dios. «Tú eres un Dios escondido, Dios de Israel salvador»:Vere tu es Deus absconditus (Is 45,15, Vulgata). Dios es humilde al crear. No pone su etiqueta sobre todo, como hacen los hombres. En las criaturas no está escrito que están hechas por Dios. Ha dejado a ellas que lo averiguen.

¿Cuánto tiempo se ha necesitado para que el hombre reconociera a quién le debía ser, quien había creado para él el cielo y la tierra? ¿Cuánto faltará todavía hasta que todos lleguen a reconocerlo? ¿Deja de ser Dios, por eso, el Creador de todo? ¿Deja de calentar con su sol a quien lo conoce y a quién no lo conoce? Lo mismo ocurre en la redención. Dios es humilde al crear y es humilde al salvar. Cristo está más preocupado de que todos los hombres se salven, que no que sepan quién es su Salvador.

Más que de la salvación de aquellos que no han conocido a Cristo, habría que preocuparse, creo, de la salvación de los que la han conocido, si viven como si no hubiera existido nunca, olvidados totalmente de su bautismo, ajenos a la Iglesia y a toda práctica religiosa. En cuanto a la salvación de los primeros, la Escritura nos asegura que «Dios no hace preferencia de personas, pero acoge a quien le teme y practica la justicia, cualquiera que sea la nación a la que pertenece» (Hch 10,34-35). Francisco de Asís, a su vez, hace una afirmación casi increíble para su época: «Todo bien que se encuentra en los hombres, paganos o no, se debe referir a Dios, fuente de todo bien»[1].

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/Adviento-4-413x275.jpgEl Paráclito guiará a la verdad plena

Al hablar del papel de Cristo respecto a las personas que viven fuera de la Iglesia, el Concilio Vaticano II afirma que «el Espíritu Santo, en un modo conocido sólo por Dios, da a toda persona la posibilidad de entrar en contacto con el misterio pascual de Cristo», es decir, con su obra redentora (Gaudium et spes, 22). Llegamos así a la última etapa de nuestro camino, el Espíritu Santo. Al término de su vida terrena Jesús decía:

Muchas cosas tengo todavía que deciros, pero por el momento no sois capaces de asumir su peso. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que hablará de todo lo que haya oiga, y os anunciará las cosas futuras. Él me glorificará, porque recibirá de lo que es mío y os lo anunciará. Todo lo que posee el Padre es mío; por eso he dicho que tomará de lo que es mío y os lo anunciará (Jn 16,12-15).

En el Espíritu Santo es Jesús quien sigue revelándonos al Padre, porque el Espíritu Santo es ya el Espíritu del Resucitado, el Espíritu que continúa y aplica la obra del Jesús terreno. Poco después de las palabras que acabamos de recordar, Jesús añade: «Estas cosas os las he hablado en forma velada, pero llega la hora en que ya no os hablaré en forma velada y abiertamente os hablaré del Padre». ¿Cuándo podrá Jesús hablar a los discípulos abiertamente del Padre, si éstas están entre las últimas palabras pronunciadas como persona viva y poco después morirá en la cruz? Lo hará, precisamente, mediante el Espíritu Santo, que él enviará desde el Padre.

San Gregorio de Nisa escribió: «Si a Dios le quitamos el Espíritu Santo, lo que queda ya no es el Dios vivo, sino su cadáver»[2]. Es Jesús mismo quien explica la razón de esto. «El Espíritu —dice— es quien da la vida, la carne no sirve para nada» (Jn 6,63). Aplicado en nuestro caso, esto significa: es el Espíritu quien da la vida a la idea de Dios y a la investigación sobre él. La razón humana, marcada como está por el pecado, por sí sola, no basta. Al contrario, no sirve prácticamente para nada, porque, aunque descubre que Dios existe, no es capaz, como afirma san Pablo de comportarse luego consecuentemente, dándole gloria y gracias, como le conviene (cf. Rom 1,18ss.). El hombre que se dispone a hablar de Dios, con cualquier argumento, si es creyente, debe recordar que «los secretos de Dios nadie los ha podido conocer nunca, si no el Espíritu de Dios» (1 Cor 2,11).

El Espíritu Santo es el verdadero «ambiente vital», el Sitzt im Leben, donde nace y se desarrolla toda auténtica teología cristiana. El Espíritu Santo es el espacio invisible en el que es posible advertir el paso de Dios y en el que Dios mismo aparece como una realidad viva y activa. El Dios vivo, a diferencia de los ídolos, es un «Dios que respira», y el Espíritu Santo es su respiración. Esto es verdad también respecto de Cristo. «En el Espíritu Santo» indica ese ámbito misterioso donde, después de su resurrección, se puede entrar en contacto con Cristo y experimentar la acción santificadora. Él vive ahora «en el Espíritu» (cf. Rom 1,4; 1 Pe 3,18). El Espíritu Santo es, en la historia, «el aliento del Resucitado».

El gran arco voltaico entre Dios y el hombre no se cierra, pues, y el repentino rayo de luz no se produce si no es dentro de este especial «campo magnético» que está constituido por el Espíritu del Dios vivo. Es él quien crea, en lo íntimo del hombre, ese estado de gracia por el que un día se tiene la gran «iluminación»: se descubre que Dios existe, es real, hasta tener «cortada la respiración».

A quien buscara a Dios en otros lugares, sólo entre las páginas de los libros o entre los razonamientos humanos, habría que repetirle lo que el ángel dijo a las mujeres: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» (Lc 24,5). Del Espíritu Santo —escribe san Basilio— depende «la familiaridad con Dios». Es decir, depende si Dios nos es familiar o por el contrario ajeno, si somos sensibles, o bien alérgicos a su realidad[3].

El remedio es, pues, encontrar un contacto cada vez más pleno con la realidad, más aún, con la persona del Espíritu Santo. No contentarnos tampoco de una renovada neumatología, es decir, de una teología del Espíritu, sino aspirar a hacer de él también una experiencia personal. Millones de cristianos de nuestro tiempo han hecho la experiencia personal del nuevo Pentecostés invocado por san Juan XXIII. He aquí cómo describe sus efectos uno de aquellos primeros que hicieron esta experiencia en la Iglesia católica:

«Nuestra fe se ha hecho viva; nuestro creer se ha convertido en una especie de conocer. De repente, lo sobrenatural se ha vuelto más real que lo natural. En resumen, Jesús es una persona viva para nosotros. Prueba a abrir el Nuevo Testamento y a leerlo como si fuera literalmente verdadero ahora, cada palabra, cada línea. La oración y los sacramentos se han convertido verdaderamente en nuestro pan cotidiano, y no en genéricas prácticas piadosas. Un amor hacia las Escrituras que yo jamás habría creído posible, una transformación de nuestras relaciones con los demás, una necesidad y una fuerza para testimoniar más allá de cualquier expectativa: todo esto se ha convertido en parte de nuestra vida. La experiencia inicial del bautismo del Espíritu no nos dio particular emoción exterior, pero la vida se ha rociado de calma, confianza, alegría y paz»[4].

«Y el Verbo se hizo carne»

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/Adviento-3-413x275.jpgUna meditación sobre el papel de Cristo revelador único del Dios vivo no puede concluir de modo más digno que con el Prólogo de Juan. No como un pasaje de Evangelio a comentar —esto lo haremos el día de Navidad—, sino como un himno de alabanza que brota ahora desde nuestro corazón para gloria de la Santísima Trinidad. Que una porción tan representativa de la Iglesia, en un lugar como este, proclame su absoluta fe en Cristo Hijo de Dios y Luz del mundo reviste un valor salvífico. En un acto de fe como este Cristo fundó su Iglesia y prometió que «las potencias del infierno no prevalecerán contra ella». Lo recitamos juntos de pie con el corazón lleno de asombro y gratitud:

En el principio existía el Verbo,

y el Verbo estaba junto a Dios,

y el Verbo era Dios.

2 Este estaba en el principio junto a Dios.

3 Por medio de él se hizo todo,

y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

4 En él estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

5Y la luz brilla en la tiniebla,

y la tiniebla no lo recibió […]

9 El Verbo era la luz verdadera,

que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

10En el mundo estaba;

el mundo se hizo por medio de él,

y el mundo no lo conoció.

11 Vino a su casa,

y los suyos no lo recibieron.

12 Pero a cuantos lo recibieron,

les dio poder de ser hijos de Dios,

a los que creen en su nombre.

13 Estos no han nacido de sangre,

ni de deseo de carne,

ni de deseo de varón,

sino que han nacido de Dios.

14 Y el Verbo se hizo carne

y habitó entre nosotros,

y hemos contemplado su gloria:

gloria como del Unigénito del Padre,

lleno de gracia y de verdad[…]

18 A Dios nadie lo ha visto jamás:

Dios unigénito,

que está en el seno del Padre,

es quien lo ha dado a conocer.

 

Santo Padre, Venerables Padres, hermanos y hermanas, ¡Feliz Navidad!

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco

***

[1] Celano, Vida primera, XXIX, 83: FF 463.

[2] San Gregorio de Nisa, De eo qui sit ad imaginem Dei: PG 44, 1340.

[3] San Basilio, De Spiritu Sancto, 19,49: PG 32, 157.

[4] Testimonio recogido en el Gallagher Mansfield, As by a New Pentecost(Steubenville 1992) 25s.

 

 

EL MAGNIFICAT. LA HUMILDAD DE MARÍA

— Humildad de la Virgen. Qué es la humildad.

— Fundamento de la caridad. Frutos de la humildad.

— Caminos para alcanzar esta virtud.

I. Portones, ¡alzad los dinteles! Que se alcen las antiguas compuertas, va a entrar el Rey de la gloria1.

La Virgen lleva la alegría por donde pasa: en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno2, le dice Santa Isabel refiriéndose a Juan el Bautista, que crecía en su vientre. A la alabanza de su prima, la Virgen responde con un bellísimo canto de júbilo. Mi alma glorifica al Señor; y mi espíritu está transportado de gozo en Dios mi Salvador.

En el Magnificat se contiene la razón profunda de toda humildad. María considera que Dios ha puesto sus ojos en la bajeza de su esclava; por eso en Ella ha hecho cosas grandes el Todopoderoso.

En este tono de grandeza y de humildad transcurre toda la vida de Nuestra Señora. «¡Qué humildad, la de mi Madre Santa María! —No la veréis entre las palmas de Jerusalén, ni –fuera de las primicias de Caná– a la hora de los grandes milagros.

»—Pero no huye del desprecio del Gólgota: allí está, “juxta crucem Jesu” — junto a la cruz de Jesús, su Madre»3. No buscó nunca gloria personal alguna.

La virtud de la humildad –que tanto se transparenta en la vida de la Virgen– es la verdad4, es el reconocimiento verdadero de lo que somos y valemos ante Dios y ante los demás; es también el vaciarnos de nosotros mismos y dejar que Dios obre en nosotros con su gracia. «Es rechazo de las apariencias y de la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condición de su grandeza»5.

La humildad se apoya en la conciencia del puesto que ocupamos frente a Dios y frente a los hombres, y en la sabia moderación de nuestros siempre desmesurados deseos de gloria. Nada tiene que ver esta virtud con la timidez, con la pusilanimidad o la mediocridad.

No se opone a que tengamos conciencia de los talentos recibidos, ni a disfrutarlos plenamente con corazón recto; la humildad descubre que todo lo bueno que existe en nosotros, tanto en el orden de la naturaleza como en el de la gracia, a Dios pertenece, porque de su plenitud hemos recibido todos6. El Señor es toda nuestra grandeza; lo nuestro es deficiencia y flaqueza. Frente a Dios, nos encontramos como deudores que no saben cómo pagar7, y por eso acudimos como Medianera de todas las gracias a María, Madre de misericordia y de ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; «abandónate lleno de confianza en su seno materno, pídele que te alcance esta virtud que Ella tanto apreció; no tengas miedo de no ser atendido. María le pedirá para ti a ese Dios que ensalza a los humildes y reduce a la nada a los soberbios, y como María es omnipotente cerca de su Hijo, será con toda seguridad oída»8.

II. La humildad está en el fundamento de todas las virtudes y sin ella ninguna podría desarrollarse. Sin la humildad todo lo demás es «como un montón muy voluminoso de paja que habremos levantado, pero al primer embate de los vientos queda derribado y deshecho. El demonio teme muy poco esas devociones que no están fundadas en la humildad, pues sabe muy bien que podrá echarlas al traste cuando le plazca»9. No es posible la santidad si no hay lucha eficaz por adquirir esta virtud; ni siquiera podría darse una auténtica personalidad humana. El humilde tiene, además, una especial facilidad para la amistad, incluso con gente muy diferente en gustos, edad, etc., que le prepara para todo apostolado personal.

La humildad es, especialmente, fundamento de la caridad. Le da consistencia y la hace posible: «la morada de la caridad es la humildad»10, decía San Agustín. En la medida en que el hombre se olvida de sí mismo, puede preocuparse y atender a los demás. Muchas faltas de caridad han sido provocadas por faltas previas de vanidad, orgullo, egoísmo, deseos de sobresalir, etc. Y estas dos virtudes, humildad y caridad, «son las virtudes madres; las otras las siguen como polluelos a la clueca»11.

El que es humilde no gusta de exhibirse. Sabe bien que no se encuentra en el puesto que ocupa para lucir y recibir consideraciones, sino para servir, para cumplir una misión. No te sientes en el primer puesto..., por el contrario, cuando seas invitado ve a sentarte en el último lugar12. Y si el cristiano se encuentra entre los primeros puestos, ocupando un lugar de preeminencia, sabe que «este motivo de excelencia se lo ha dado Dios para que aproveche a los demás, de donde se sigue que tanto debe agradarle al hombre el testimonio de los demás, cuanto que esto contribuya al bien ajeno»13.

Hemos de estar en nuestro sitio (en conversaciones, familia, etc.), trabajando cara a Dios, y evitar que la ambición nos ofusque. Mucho menos convertir la vida, llevados por la vanidad, en una loca carrera por puestos cada vez más altos, para los que quizá no serviríamos y que más tarde habrían de humillarnos creando en nosotros el profundo malestar de sentir que no estamos en el lugar que nos corresponde y para el que tampoco estábamos dotados. Esto no se opone a la llamada del Señor para hacer rendir al máximo nuestros talentos, con muchos sacrificios a la hora del aprovechamiento del tiempo.

Sí se opone, por el contrario, a la falta de rectitud de intención, síntoma claro de soberbia. La persona humilde sabe estar en su papel, se siente centrada y es feliz en su quehacer. Además, es siempre una ayuda. Conoce sus limitaciones y posibilidades, y no se deja engañar fácilmente por su ambición. Sus cualidades son ayuda, mayor o menor, pero nunca estorbo. Cumple su función dentro del conjunto.

Otra manifestación de humildad es evitar el juicio negativo sobre los demás. El conocimiento de nuestra flaqueza impedirá «un mal pensamiento de nadie, aunque las palabras u obras del interesado den pie para juzgar así razonablemente»14. Veremos a los demás con respeto y comprensión, que llevarán, cuando sea necesario, a hacer la corrección fraterna.

III. Entre los caminos para llegar a la humildad está, en primer lugar, el desearla ardientemente, valorarla y pedirla al Señor; fomentar la docilidad ante los consejos recibidos en la dirección espiritual, y esforzarse por ponerlos en práctica; recibir con alegría agradecida la corrección fraterna, llena de delicadeza, que nos hacen; aceptar las humillaciones en silencio, por amor al Señor; la obediencia rápida y de corazón; y, sobre todo, la alcanzaremos a través de la caridad, en constantes detalles de servicio alegre a los demás. Jesús es el ejemplo supremo de humildad. Nadie tuvo jamás dignidad comparable a la suya, y nadie sirvió a los hombres con tanta solicitud como Él lo hizo; yo estoy en medio de vosotros como un sirviente15. Imitando al Señor, aceptaremos a los demás como son y pasaremos por alto muchos detalles quizá molestos que, en el fondo, casi siempre carecen de verdadera importancia. La humildad nos dispone y nos ayuda a tener paciencia con los defectos de quienes nos rodean y, también, con los propios. Prestaremos pequeños servicios en la convivencia diaria, sin darles excesiva importancia y sin pedir nada a cambio, y aprenderemos de Jesús y de María a convivir con todos, a saber comprender a los demás, también con sus defectos. Si procuramos ver a los demás como los ve el Señor, será fácil acogerles también como Él los acoge.

Al meditar los pasajes del Evangelio en los que se manifiestan las imperfecciones de los Apóstoles, aprenderemos nosotros a no impacientarnos con las nuestras: el Señor cuenta con ellas, y cuenta con el tiempo, con la gracia, con nuestros deseos de mejorar en esas virtudes o en esa determinada faceta del propio carácter.

Terminaremos este día nuestra oración contemplando a Nuestra Madre Santa María, que alcanzará de su Hijo para nosotros esta virtud que tanto necesitamos. «Mirad a María. Jamás criatura alguna se ha entregado con más humildad a los designios de Dios. La humildad de la ancilla Domini (Lc 1, 38), de la esclava del Señor, es el motivo de que la invoquemos como causa nostrae laetitiae, causa de nuestra alegría (...). María, al confesarse esclava del Señor, es hecha Madre del Verbo divino, y se llena de gozo. Que este júbilo suyo, de Madre buena, se nos pegue a todos nosotros: que salgamos en esto a Ella –a Santa María–, y así nos pareceremos más a Cristo»16.

1 Antífona de entrada, Sal 23, 7. — 2 Lc 1, 44. — 3 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 507. — 4 Cfr. Santa Teresa, Moradas sextas, c. 10 b. — 5 Juan Pablo II, Ángelus 4-III-1979. — 6 1 Cor 1, 4. — 7 Cfr. Mt 18, 23-25. — 8 J. Pecci (León XIII), Práctica de la humildad, 56. — 9 Santo Cura de Ars, Sermón sobre la humildad. — 10 San Agustín, Sobre la Virginidad, 51. — 11 San Francisco de Sales, Epistolario, fragm. 17, vol. II, p. 651. — 12 Lc 14, 7 ss. — 13 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 131. — 14 San Josemaría Escrivá, cfr. Camino, n. 442. — 15 Lc 22, 27. — 16 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 109.

 

 

 

“El amor se manifiesta con hechos”

Llégate a Belén, acércate al Niño, báilale, dile tantas cosas encendidas, apriétale contra el corazón... No hablo de niñadas: ¡hablo de amor! Y el amor se manifiesta con hechos: en la intimidad de tu alma, ¡bien le puedes abrazar! (Forja, 345)

Es preciso mirar al Niño, Amor nuestro, en la cuna. Hemos de mirarlo sabiendo que estamos delante de un misterio. Necesitamos aceptar el misterio por la fe y, también por la fe, ahondar en su contenido. Para esto, nos hacen falta las disposiciones humildes del alma cristiana: no querer reducir la grandeza de Dios a nuestros pobres conceptos, a nuestras explicaciones humanas, sino comprender que ese misterio, en su oscuridad, es una luz que guía la vida de los hombres.
He procurado siempre, al hablar delante del Belén, mirar a Cristo Señor nuestro de esta manera, envuelto en pañales, sobre la paja de un pesebre. Y cuando todavía es Niño y no dice nada, verlo como Doctor, como Maestro. Necesito considerarle de este modo: porque debo aprender de El. Y para aprender de El, hay que tratar de conocer su vida: leer el Santo Evangelio, meditar aquellas escenas que el Nuevo Testamento nos relata, con el fin de penetrar en el sentido divino del andar terreno de Jesús.
Porque hemos de reproducir, en la nuestra, la vida de Cristo, conociendo a Cristo: a fuerza de leer la Sagrada Escritura y de meditarla, a fuerza de hacer oración, como ahora, delante del pesebre.
Hay que entender las lecciones que nos da Jesús ya desde Niño, desde que está recién nacido, desde que sus ojos se abrieron a esta bendita tierra de los hombres. Jesús, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revela que la existencia humana, el quehacer corriente y ordinario, tiene un sentido divino. (Es Cristo que pasa, nn. 13-14)

 

 

El prelado: «En el pesebre, vemos el modo de ser de Dios»

La Navidad nos ayuda a "creer" en el amor de Dios por nosotros. Comentarios de Mons. Fernando Ocáriz a la celebración del nacimiento de Jesús, una ocasión para aumentar la fe y para dar paz al propio corazón y a quienes nos rodean.

 

 

Belén – la Ciudad del Mesías

La ciudad del Rey David

LA TIERRA DE JESÚS

“Pero tú, Belén de EFrata, pequeña entre las familias de Judá, de ti saldrá el que ha de ser jefe en Israel, y cuyo origen es antiguo, inmemorial,… y se afirmará y apacentará con la fortaleza de Yahvé, con la majestad del nombre de su Dios; y habrá seguridad, porque su prestigio se extenderá hasta los confines de la tierra”. (Miqueas 5, 2-4).

La ciudad de Belén está situada sobre dos colinas rocosas a unos 777 metros sobre el nivel del mar, cerca del Desierto de Judea, al sur de Jerusalén. Su nombre hebreo “Bethlehem” significa “la casa del pan”.

Belén debe su importancia de manera fundamental a dos hechos relevantes:

El primero se relata en el Antiguo Testamento y hace referencia a que se convirtió en la cuna del rey David, elegido por Dios y ungido por el profeta Samuel;

El segundo se debe al cumplimiento de las profecías mesiánicas que anunciaban que el Mesías debía nacer en Belén, donde nació Jesús.

Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las familias de Judá, de ti saldrá el que ha de ser jefe en Israel, y cuyo origen es antiguo, inmemorial,… y se afirmará y apacentará con la fortaleza de Yahvé, con la majestad del nombre de su Dios; y habrá seguridad, porque su prestigio se extenderá hasta los confines de la tierra”(Miqueas 5, 2-4).

San Mateo (2,1) y San Lucas (2, 1-20) hablan del nacimiento de Jesús en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes, bajo el imperio de César Augusto; y en un establoporque no había lugar para ellos en la posada“. El Protoevangelio de Santiago dice que fue en una cueva. Así es también como lo presenta San Justino, natural del país, a mediados del siglo II.

 

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Gruta del Nacimiento. Basílica de la Natividad. Belén.

Los primeros cristianos nunca olvidaron estos acontecimientos, recordando con veneración el lugar donde nació Jesús. En el año 135, tras el fracaso de una revolución judía contra los romanos, el emperador Adriano construyó sobre la gruta un templo y un bosque sagrados, dedicados al dios pagano Adonis.

El lugar fue visto por San Cirilo de Jerusalén, en el año 348, cubierto de árboles; y San Jerónimo escribía, en el 395: “Belén, que es ahora nuestra,… estuvo bajo la sombra de un bosque de Tammuz; es decir, de Adonis, y en la cueva donde en otro tiempo se oyeron los primeros gemidos de Dios, se lloraba al querido de Venus”.

Anteriormente, Orígenes había dicho: “En Belén, se muestra la cueva en que nació Jesús y, dentro de la cueva, el pesebre en el que fue reclinado, siendo de todos conocido, incluso las gentes ajenas a la fe; en esta cueva- se dice- nació aquel Jesús a quien admiran y adoran los cristianos”.

Más tarde, el emperador Constantino, a instancias de su madre (Santa Elena), construyó en el 326 la Iglesia de la Natividad sobre gruta donde nació Jesús. Tras ser invadido Belén por los persas en el 614, la iglesia construida por Justiniano se salvó milagrosamente del saqueo y la destrucción gracias a un mosaico que representaba a los Reyes Magos vestidos con atuendos persas.

 

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Entrada a la Basílica de la Natividad. Belén

 

En el año 1099, Tancredo fue enviado por Godofredo de Bouillón para proteger la ciudad de los ataques musulmanes. Un año más tarde, en la noche de Navidad del 1100, fue coronado en la basílica como rey de Jerusalén Balduino I. Entre los años 1165-1169 los cruzados restauraron la basílica, sustituyendo el mosaico del pavimento por un enlosado de mármol blanco, que después fue saqueado por los turcos en el siglo XVI para colocarlo en el pavimento de una de sus mezquitas.

El año 1347 se concedió a los franciscanos la posesión de la Gruta del Nacimiento y el mantenimiento de la basílica, derecho que más tarde adquirieron los ortodoxos griegos (1645-1669); entre 1810 y 1829 los armenios ortodoxos también adquirieron derechos en la basílica, cuya propiedad se dividió entre tres comunidades: la griega ortodoxa, la armenia y la latina.

 

LA BASÍLICA DE LA NATIVIDAD

Al entrar en la Basílica de la Natividad desde la Plaza del Pesebre, uno siente que ha entrado en un mundo diferente. Esta basílica es la misma que mandó construir Justiniano en el 529. Tiene forma de cruz latina con el transepto rematado en ábsides. La nave central se halla flanqueada por 44 columnas rosadas de piedra caliza,distribuidas en cuatro filas.

 

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Interior de la Basílica de la Natividad. Belén.

Los capiteles, de mármol blanco, son de estilo corintio. Sobre ellas todavía pueden encontrarse restos de mosaicos del siglo XII, que representaban a los antepasados de Jesús, así como los siete primeros concilios ecuménicos. En la nave sur puede verse todavía una pila bautismal antigua de piedra rosácea local, forma octogonal y cavidad cruciforme. Es todo lo que queda del antiguo baptisterio por el que pasaban los catecúmenos para ser bautizados.

El techo actual fue construido en el siglo XVII y reparado en 1842; frente a la puerta de entrada, cubriendo el ábside de la nave central, hay un iconostasio griego de madera tallada y que presenta tres cuerpos superpuestos, decorados con escenas de estilo bizantino.

LA GRUTA DEL NACIMIENTO

Sin duda, es el lugar más sagrado, razón y centro de la Basílica: el lugar tradicional del nacimiento de Cristo, justo debajo del Altar Mayor de la Basílica.

Se accede a la Capilla por los tramos de unas escaleras desgastadas, que se hallan a ambos lados del gran coro. La gruta es una capilla de reducidas dimensiones, de forma casi rectangular, con un pequeño ábside en el extremo oriental.

En él hay un altar y, debajo de éste, una estrella de plata en mármol blanco marca el lugar del nacimiento de Jesús; la inscripció dice así:

Hic de Virgine Maria Jesus Christus natus est” (Aquí nació Jesucristo a la Virgen María).

 

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La estrella señala el lugar del Nacimiento de Cristo. Basílica de la Natividad.

Sobre el altar hay lámparas de aceite de plata suspendidas que permanecen encendidas día y noche.

“Aconteció que por aquellos días salió un decreto de César Augusto, ordenando que se empadronase todo el mundo”. Este primer censo se hizo siendo Cirino gobernador de Siria.

Iban todos a inscribirse, cada uno en su ciudad: Subió también José, desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser de la casa y de la familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

Y sucedió que mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no habí sitio para ellos en la posada” (Lucas 2, 1-7). El pesebre es venerado en la capillita que se encuentra casi enfrente del altar del Nacimiento. También se venera igualmente en ese lugar el Altar de los Reyes Magos que está junto al del pesebre. En la Gruta el ambiente es de recogimiento y de piedad.

LA IGLESIA DE SANTA CATALINA

Construida en la Edad Media, está dedicada a la mártir de Alejandría. Hoy en día es la iglesia parroquial de la comunidad católica de rito latino.

Es aquí donde se celebra cada año la misa solemne de la Vigilia de Navidad.

 

FOTO: FLICKR / TBASS EFFENDI
Basílica de Santa Catalina. Belén. FOTO: FLICKR / TBASS EFFENDI

En 1880 fue ampliada hacia el oeste, reduciéndose el tamaño del claustro de estilo cruzado dedicado a San Jerónimo.

Debajo del patio hay una serie de cuevas que conectan a Santa Catalina con la Gruta de la Natividad: una fue la vivienda de San Jerónimo mientras traducía la Biblia al latín y la otra tiene una capilla dedicada a los Niños Inocentes.

by primeroscristianos.com

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Fui peregrino y me diste posada

Fui peregrino y me diste posada

Por Mónica Muñoz

Un tema que todos hemos visto tratar en los medios de comunicación y las redes sociales ha sido la caravana de los inmigrantes hondureños que ingresaron a México ante la desesperación de no tener en su país el sustento necesario para mantener a sus familias.

A todos nos ha conmovido observar hombres y mujeres con niños, en ocasiones muy pequeños, que han buscado a toda costa la manera de mejorar las condiciones de vida que su país, al parecer, no ha podido brindarles.

Y también es increíble la cantidad de comentarios que han surgido a raíz de esta situación, unos a favor y otros muchos en contra. Las personas de buena voluntad no saben cómo comportarse ante la gran marea de opiniones, pues ninguna parece ser la  que dé una respuesta satisfactoria a sus inquietudes.

Arriesgándome a ser una más entre este inmenso mar cibernético, creo, basándome en lo que dice el Santo Evangelio, que toda persona que se diga cristiana tiene que ver con caridad al hermano y condolerse de su situación, no importando las cuestiones políticas, sino observar únicamente el lado humano.

Basta recordar que el mismo Jesús fue inmigrante en Egipto. Dice la Escritura que San José, su padre adoptivo, fue alertado durante un sueño para que huyera con María y el Niño ante el peligro que corrían por causa de Herodes el Grande. (Mateo 2,13)

Y es oportuno recordar también la carta del Apóstol Santiago que dice: “Habrá juicio sin misericordia para quien no ha sido misericordioso, mientras que la misericordia no tiene miedo al juicio.” (Santiago 2, 13). Y continúa: “Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, y ustedes les dicen: «Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense», sin darles lo necesario para el cuerpo; ¿de qué les sirve eso? Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita. Y sería fácil decirle a uno: «Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras.”  (Santiago 2, 14-18).  Es pues, claro que no basta tener buena intención ni dar “sabios consejos”, que no tendrán razón de ser sin sustentarlo con algo material.

Por eso, pensando que muy probablemente estos hermanos atraviesen nuestros Estados, sería muy bueno reunir un poco de comida y ropa para aliviar en algo sus necesidades. Quizás nunca nos tocará a nosotros vivir una situación tal, pero si podemos ayudar y no lo hacemos, de esa omisión se nos pedirá cuentas. Cristo es muy claro en este sentido, como lo narra el Evangelio de San Mateo:

“Y el Rey les dirá: “En verdad les digo que cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron. “Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me acogieron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me visitaron.””  (Mateo 25, 40, 43)

Es, pues, urgente, que desechemos sentimientos egoístas y temores infundados, pues  el hecho de que este grupo pase por territorio nacional nos da la oportunidad de ejercer la caridad.  Los Obispos mexicanos, han publicado un comunicado, firmado en la Ciudad de México el 21 de octubre de 2018, por Mons. Guillermo Ortiz Mondragón, responsable de la dimensión de Movilidad Humana, el Cardenal José Francisco Robles y el Obispo Alfonso Miranda, presidente y secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano, respectivamente,  titulado “Los gritos del pobre” en el que comentan “Hoy en especial nos inquieta el grito estremecedor de nuestros hermanos de Honduras y de otros países centroamericanos que han emprendido una caravana en búsqueda de la supervivencia un éxodo de liberación”.  Continúa diciendo: “Y asombrados contemplamos que con esta caravana, como con los distintos gritos del pobre, surgen miembros de la sociedad tratando de sofocarlos al percibir esos gritos como amenaza para su confort e intereses propios.”

Insiste el documento en que “nuestros hermanos en desplazamiento son los verdaderos pobres, a los que estamos llamados a dirigir nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades”.

Los obispos agregan que “Todos en la Iglesia y en la sociedad estamos llamados a salir al encuentro de los desplazados y ofrecer nuestro apoyo tanto organizado como espontáneo como principio de humanismo y caridad”.  Resulta oportuno señalar que para dar apoyo a los hermanos desplazados, la pastoral de Movilidad Humana trabaja con 133 albergues y centros de atención y orientación, además  la Iglesia de Tapachula y San Cristóbal de Las Casas, junto a otras Iglesias y comunidades religiosas, organismos gubernamentales y de la sociedad civil, han instrumentado acciones para favorecer humana y cristianamente a nuestros hermanos en la ruta de su desplazamiento.  (El documento completo puede consultarse en esta liga: https://www.cem.org.mx/Slider/318-ver-detalle.html)

No podemos quedarnos de brazos cruzados.  Oremos y trabajemos para que estos hermanos encuentren una mejor situación para sus familias, y, en el trayecto, hagámosles la jornada menos dura con un poco de ayuda y una palabra de aliento.

 

 

Navidad en una parroquia de Vallecas

Francisco Serrano Oceja

Parroquia San Ramón Nonato

 Parroquia San Ramón Nonato

Cada vez que visito, en mi peregrinación periodística, la Iglesia de a pie, la Iglesia de los barrios de Madrid, me doy más cuenta de que esta ciudad, como otras en España, como todas en España, no se entendería sin las parroquias. Al fin y al cabo es como decir que no se comprendería sin los párrocos, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los fieles que hacen posible la presencia del Evangelio.

Vallecas no es una sola Vallecas, hay muchas, son varias. Incluso me han explicado que hay una Vallecas eclesial al lado de una calle y otra, al otro, por historia y formas de presencia. Complementarias, hermanas.

Y que hay una Vallecas que sale en los medios y otra que no. Lo digo porque también me dicen que hay quienes están empeñados en remover las aguas de Vallecas. Lo siento.

Hoy me permitirán los lectores que les hable de una parroquia en Vallecas que no sale en los medios. Ustedes me entienden. Cada vez más desconfío de la Iglesia que está obsesionada por salir en los medios. ¿Por qué será?

Pues en esa Vallecas que no sale, está la parroquia de San Ramón Nonato, la del Puente de Vallecas, que de por si es frontera y periferia, y que desarrolla una impresionante labor social, caritativa, espiritual. Todas ellas juntas, sin cesiones ni concesiones, sin cesuras.

Hace poco nos hemos enterado de algunos números de esta parroquia. En el curso septiembre 2017-julio 2018, dieron un total de 22.195 comidas servidas en su comedor parroquial, además de 18.000 táperes y 9.900 bolsas de alimentos entregadas a 300 familias.

Los táperes con comida a las familias que sus hijos no quieren ir al comedor parroquial.

La Obra Social Familiar Álvaro del Portillo, que está al servicio de la parroquia, ayudó a 143 personas vulnerables, a los que facilitó alojamiento, atención infantil y formación laboral. Se trata sobre de mujeres abandonadas, madres embarazadas o refugiados. Cáritas Parroquial atendió a 1.850 personas, 520 en su ropero y 130 en su centro de mayores.

Quizá en estas fechas de Navidad, no esté de más recordar lo que son y hacen las parroquias, de Madrid, de España, del mundo entero.

He aquí solo una muestra… Pero como ésta, otras muchas, tantas…

Qué sano orgullo.

 

 

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Lc.1.2945

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RENACER EL FRUTO

Este Evangelio de Lucas nos recuerda la Visitación de María a Isabel. En mis peregrinaciones a Tierra Santa siempre he visitado lo que según la tradición fue el lugar llamado Ain-Karem, aunque no lo nombra el Evangelio. Se encuentran dos mujeres embarazadas. Dos corazones que aman los proyectos de Dios y que cada una se ha visto envuelta en el misterio del Amor que salva. Una ha concebido en su vejez, otra ha concebido virginalmente “por obra y gracia del Espíritu Santo”. ¡Dónde reside el misterio de este evangelio cercana la Navidad!

Recorrer deprisa el camino que conduce a la caridad. María no se queda en el éxtasis de su ser Madre del Mesías, del Señor, sino es el mismo Espíritu Santo, lo que es una especie como de procesión de Corpus Christi, lo lleva a los montes de Judea a servir a Isabel.

La grandeza de María, como dice su parienta Isabel es su fe: “Dichosa tú que has creído”. Es la fe la que nos hace siempre felices. Es la fe la que nos llena el corazón de dicha. Quizás cuando los hombres son menos creyentes, es cuando asoma más la tristeza en su corazón, cuando nuestra vida se llena de un fe viva y esperanzada, nos sentimos bienaventurados y felices porque como María “hemos creído”  en el Amor del Señor, que siempre ha estado grande con nosotros.

Creer en que lo que ha dicho el Señor se cumplirá, es lo mismo que creer en el Dios de lo imposible, y es el camino que va a recorrer junto con San José, como peregrina de la fe, a Belén. Los caminos que recorre la Madre de Dios son siempre caminos de esperanza, caminos tejidos de una fe que se recorren poniendo la mirada en el Dios de la vida y sabiendo que el Señor nos hace felices, inmensamente felices cuando nos fiamos de su Corazón.

María sube a la aldea de Judá con el ardiente amor de servir a Isabel que le habían comunicado que esperaba un hijo en su vejez, a Juan Bautista. Su padre, Zacarías, esposo de Isabel tuvo en el templo esa revelación del nacimiento de este niño. A la Virgen fue el arcángel Gabriel que en su casita de Nazaret le anuncia de parte de Dios que Jesús nacerá de su seno virginal. Ella acepta y confía, contempla y camina. Sabe que siempre el Amor de Dios  ha estado a su favor porque “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.

+Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

 

 

Pobres ricos o ricos pobres

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El plan de José: almacena para cuando no haya (Ilustración: BBC World)

La Biblia no proporciona ningún modelo económico, sino un modelo de persona, aunque diferentes confesiones cristianas se han empeñado en alinear las Escrituras con diferentes sistemas: marxista para los teólogos de la Liberación, socialista para otros sectores,  o alguna forma de capitalismo. Una reflexión interesante que podéis leer aquí es la que hace Tomas Sedlacek, “el economista que recomienda no olvidar las 7 vacas de la Biblia“.

Don Hanjo Kollemann, capellán del Campus de IESE Barcelona, habló de ello en nuestro último I-WiL Lunch del año 2018, que tradicionalmente, y dada la proximidad de la Navidad, solemos dedicar a algún aspecto más directamente relacionado con valores antropológicos cristianos. Con el título Bible and Business, explicó aspectos generales de la Biblia, como la autoría, la estructura, los géneros literarios, y cómo esto afecta a los empresarios.

Juan Pablo II acuñó el término hipoteca social, “durante la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrado en Puebla en 1979.  Es la deuda que tienen con la sociedad quienes han sido beneficiados con diferentes carismas y dones, lo que facilita la construcción de un patrimonio.” (Podéis leer más aquí). Father Hanjo se extendió especialmente sobre el tratamiento que los ricos reciben en el Evangelio, con los dos pasajes más conocidos sobre el tema:

Mt 6,24: nadie puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión a uno y amará al otro o bien se allegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Mt 19,23: difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. De nuevo os digo: más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos. Al oír esto, los discípulos se quedaron muy asombrados y decían entonces, ¿quién podrá salvarse?

Por eso, ¿ser rico equivale a ser pobre? ¿Es preferible ser pobre? ¿Los ricos no pueden esperar salvación? Un rico pobre (que

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Lugar del bautismo de Lidia, en Filipos (Grecia)

vive el desprendimiento) es aquel que combate la pobreza, la desigualdad y la inseguridad con sus bienes. Y puso como ejemplo a Lidia de Tiatira, la primera cristiana europea, mujer de negocios, empresaria dedicada a la tintura textil, que se convirtió al cristianismo al escuchar a San Pablo, y con ella toda su familia. Vivía en una región de Macedonia, en territorio hoy europeo, y conoció a Pablo en Filipos (Grecia). De su iniciativa y capacidad de hospedar a Pablo y sus acompañantes, se deduce que tenía un elevado estatus social y que, posiblemente, era viuda, ya que es la protagonista del relato, sin que aparezca ningún hombre en el mismo. Podéis consultar la presentación aquí

A cuatro días de la Nochebuena, muchos van locos cerrando temas como si el mundo se fuera a acabar con el final del año. Pero esperemos que no sea así. Aquí tenéis el vídeo de la sesión, que incluso podéis ver en el 2019! Aprovecho para desearos a todos una muy feliz y santa Navidad, rodeados de vuestras familias y seres queridos.  Que traigamos Paz al 2019. ¡Seguimos!

 

 

 

¿Cómo mantener un cerebro saludable?

Lucía Legorreta

Mente sana en cuerpo sano.

Mente sana en cuerpo sano

De la misma que cuidamos nuestro cuerpo, nos entrenamos para ganar masa muscular y cuidamos nuestra alimentación, necesitamos mantener la mente activa, sobre todo cuando envejecemos.

Comparto contigo, diez consejos o tips prácticos que Beverly Sanborn, gerontóloga y vicepresidenta de Belmont Village, empresa especializada en el cuidado de personas mayores nos proporciona para mantener el cerebro y el cuerpo saludable:

Nutrirse:
Lo que es bueno para el corazón es bueno para el cerebro. Mantén una dieta baja en sal y en grasas saturadas, ingiere muchas frutas con piel de colores intensos (rojo, morado, naranja), vegetales de hoja verde y granos integrales, además de Omega 3.

Hacer ejercicio:
Ejercítate mínimo 20 minutos cada día, e incluye algo de cardio y fuerza en el entrenamiento.

Reta a la mente:
Nunca es tarde para aprender. Encuentra maneras de hacer que las diferentes áreas del cerebro se conecten e interactúen, por ejemplo:

- Pensamiento crítico: puedes leer un artículo controversial, platicarlo con alguien y debatir los distintos puntos de vista que cada uno tenga.
- Usa mente y cuerpo simultáneamente: bailar es una actividad perfecta para ello. También puedes realizar actividades que necesitan de estrategia y/o movimientos complejos como el taichí.
- Aprende algo nuevo: elige algo que siempre habías querido aprender, pero que por alguna razón nunca tuviste el tiempo ni la iniciativa para hacerlo.
- Practica algo que aprendiste hace mucho: usa habilidades y/o conocimientos que están almacenados en tu memoria desde hace tiempo.
- Organiza las ideas: puedes interpretar un poema o un proverbio. Ya sea de manera escrita o verbal, esta actividad realmente hace que el cerebro actúe. Mientras más difícil sea el texto, mejor será el ejercicio.
- Piensa de manera analítica: será como regresar a la escuela, o por lo menos hacer la tarea. El análisis y la resolución de problemas matemáticos ayudan a mantener la mente aguda.

Mantenerse socialmente activo:
Aislarse y estar inactivo puede llevar a la depresión, lo cual contribuye al desarrollo de ciertas demencias.

Reducir el estrés:
El estrés crónico libera un cúmulo de hormonas como el cortisol, que eventualmente afectarán las áreas cerebrales que regulan la memoria y las funciones cognitivas.

Dormir, dormir y dormir:
La falta de sueño altera la regulación natural de los ciclos y de los procesos restaurativos del sistema nervioso central.

Concentrarse:
Las interrupciones y cambios de actividad constantes interfieren con la memoria a corto y mediano plazo. Ya que, los cerebros maduros tienen mayor dificultad para cambiar entre una y otra tarea, poner atención y concentrarse es la mejor recomendación.

Ser más espiritual:
Por supuesto que esto es diferente en cada persona, pero en términos generales significa que tus valores y creencias te ayudarán a conectarte mejor con el mundo. Para ello, puedes meditar, rezar o realizar acciones en beneficio de la comunidad. Atender tu lado espiritual creará una sensación de bienestar y reducirá el estrés.

Mantener un propósito de vida:
Todos necesitamos una razón para comenzar cada mañana. Sentir que la vida tiene un significado y que uno mismo tiene el control de ello, facilita las emociones y actitudes positivas y además fortalece tu cerebro.

Evaluar y ajustar:
No te estanques en la rutina. Al igual que el ejercicio físico, el trabajo mental debe de ajustarse periódicamente para que siga siendo efectivo.

Los expertos consideran que los cambios en el cerebro pueden comenzar incluso desde dos décadas antes de que los síntomas de la enfermedad de Alzheimer aparezcan, sin embargo, investigaciones han indicado que hay formas de ayudar al cerebro a construir conexiones neuronales nuevas de manera continua. Esta reserva cognitiva es la que los adultos, mayores pueden aprovechar para mantener sus funciones cerebrales por más tiempo.

Te invito a empezar cuanto antes, no importa la edad que tengas. Cada día viviremos más años, por lo que mantener a nuestro cerebro activo y saludable es de suma importancia.

 

 

Navidad: “misterio” lleno de Luz

Ernesto Juliá

El Papa Francisco, besando una imagen del Niño Jesús.

El Papa Francisco, besando una imagen del Niño Jesús.

La Navidad se acerca a nosotros en el silencio, en el misterio de la primera vez, de la única vez, de la eterna vez.

El nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre -que no fue noticia en ninguno de los medios de comunicación de la época- seguirá vivo, actual, siendo “noticia” en el silencio, en el “misterio”, hasta el fin del mundo. Y sólo en el silencio, en recogimiento ante el Misterio de este Nacimiento, desentrañamos el misterio sembrado y escondido en nuestro propio vivir, en nuestro propio nacer. 

Contemplando el Aleph, Borges hace una lista de cosas vistas: el poniente de Querétaro, el zaguán de una casa en Frey Bentos, la circulación de su oscura sangre…Y al fin reconoce: “Y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, que ningún hombre ha mirado: “el inconcebible universo”.

Conscientes de su poder y de su capacidad, hay hombres que se resisten a admitir lo que no entra en su cabeza, y han dado en calificar de “incomprensible” todo lo que no entienden, para quitarle así el derecho a existir. Ante la familia en el Portal de Belén, cierran los ojos para no ver el “misterio”  “el inconcebible universo”- hecho realidad, y realidad tangible.

Hay hombres que se han ido cerrando el camino que les llevaría a entender alguna vez el misterio de su nacimiento, el misterio de su vida, el misterio de su muerte de cada día; el misterio del vivir y del morir que tienen delante de sus ojos en un rincón cualquiera de su casa, de su oficina, de su mundo.

Y, sin embargo, hay contados momentos en la historia personal de cada ser humano, en los que se hace necesario situarse ante “lo incomprensible”, ante el misterio: un llanto, una sonrisa, un dolor, una tenue llovizna…, destrozan los pequeños ídolos, los pequeños modelos de sí mismo, que cada uno haya podido fabricarse, y le hacen volver fugazmente al abismo del misterio, al abismo de la realidad. 

En el pesebre de Belén está la más asombrosa realidad hecha Misterio; el más asombroso Misterio escondido en la realidad. Quizá la tierra ha sido creada, y con ella los hombres, para vivir un día la venida del Creador.

En estos días de Navidad, el hombre vuelve a apreciar el sabor de algo que desconoce, de algo que le sobrepasa y le sobrecoge, de algo “incomprensible”, una luz inexplicable, como un recuerdo de algo que quizá aprendió en el seno de su madre: “el inconcebible misterio del Amor de Dios hecho carne”. ¿Es nostalgia de Dios? ¿Es el eco de las conversaciones de Adán con Dios en el Paraíso, transmitido de generación en generación, como el ruido del primer big-bang del universo?

En el silencio y en el Misterio del Nacimiento de Cristo, Hijo de Dios vivo hecho hombre, nacido de mujer, revive el silencio y el misterio del primer día del mundo, nacido de las manos de Dios en la creación.

El hombre necesita vaciarse de información, de anuncios, de curiosidades banales, y recogerse en sí mismo, en el silencio, aun sumido en preocupaciones, en alegrías, en angustias, para poder iniciar un diálogo. Un diálogo en silencio no consigo mismo, sino con ese Niño “envuelto en pañales”, en la soledad, y en el deseo de compartir con las huellas de Dios el misterio de la creación, el misterio de la existencia aquí y ahora.

El diálogo que tantos hombres y mujeres viven con el Niño Jesús, con su Madre María, con San José, mientras contemplan las figuras del belén y caminan con los pastores, con la lechera, con las ovejas y curiosos, hasta el Portal, les va abriendo los ojos del cuerpo y del alma. Es un encuentro personal con Dios que se hace Niño para llenar de luz nuestra obscuridad.

El Misterio “incomprensible”, “inefable”, está a la vista de los pastores en una cuna en el portal de Belén, y estará un día a una altura ligeramente superior a la de un hombre, en el costado abierto de un hombre crucificado: en el Corazón de Cristo abierto en la Cruz. 

ernesto.julia@gmail.com

 

UN PRESUPUESTO DE PURO CORAZÓN

Por René Mondragón

DEL CLUB

Del “Club de los Libros Perdidos” –página altamente recomendable- le hacen llegar a este escribano el fragmento de una conversación entre Albert Einstein y Charles Chaplin. El científico reconoció la labor de Chaplin, porque éste, sin decir una sola palabra, toda la gente lo entiende.

El mimo excelso, correspondiendo al elogio argumentando que la tarea de Einstein resultaba de mayor envergadura, ya que todo mundo lo admiraba y, prácticamente, nadie entendía una sola cosa de lo que Albert platicaba.

SEMEJANZA

Algo parecido sucede ahora con el traído y llevado presupuesto 2019. 30 millones –ahora ya es menos- de aplausos para el mandatario, cuando nadie entiende “una jota” de lo que se trata; y, cuando además, los “errores humanos”, esos que no pertenecen “a la divinidad”, están por entrar al record Guinness.

Este amanuense sostiene que el jefe Carlos Urzúa Macías, mandamás en la SHCP, tiene más talento que oficio político, pero eso se aprende y él, aprende rápido. El berenjenal en el que a cada rato lo mete la mayoría del inexperto equipo presidencial, legisladores incluidos, ha hecho que el Secretario saque la casta –y eventualmente la nariz- para detener locuras, ocurrencias y sueños guajiros. No lo ha hecho mal, porque su agenda y la de AMLO están muy lejos de las correspondientes de algunos cercanos en el gabinete.

PURO CORAZÓN

Lo que hemos visto en los días recientes es, como dice el poeta argentino Héctor Gagliardi, “puro corazón”. Poca reflexión y mucha carga ideológica por la izquierda socialista. Mucha defensa de los pobres, pero sin los pobres, como sostiene SS Francisco. Pobres del pueblo sabio, solo presentes para las fotos con la madre tierra. Abundancia de retórica, pero ayuna de “carnita” como se acostumbra decir en el argot periodístico. Por simpatías no paramos, incluido Solalinde y su “niño dios” –con minúscula- disfrazado como grotesca y pequeña botarga del presidente, recibiendo el burlón aplauso de Martí Batres.

COSAS VEREDES

Pablo Hiriart, por ejemplo, (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion) sostiene que México necesita un gran aeropuerto que detone desarrollo y empleos en conectividad con el resto del mundo. Pero al pueblo sabio le importó una dicotiledónea que vayamos “…a gastar más dinero en cancelarlo que en terminarlo, amén de lo que vamos a perder en empleos y en actividad económica…”

El tren, agrega el analista, tiene ya dos problemas: no tendrá pasajeros ni carga que transportar. Esto es, otro elefante grandote y blanco, porque no hay estudios de aforo, volumen de carga y pasajeros, tampoco derecho de vía. ¿Un tren de alta velocidad con los cruceros existentes?, es otro gran deseo del corazón.

Y agréguese, sostiene Hiriart, “…2.5 millones de durmientes, y 250 mil toneladas de riel. Una estimación barata del puro riel asciende a 5,000l millones de pesos, mientras que el Presupuesto 2019 destinó apenas seis mil millones de pesos a la obra” ¿Es viable económicamente hablando? Eso no importa, el corazón es lo que cuenta para el pueblo sabio.

En el tema del NAIM, la economista Maricarmen Cortés (Maricarmen Cortes‏ @mcmaricarmen) profetiza: “…habrá un alud de demandas millonarias vs el gobierno. Será más caro cancelarlo que haberlo concluido y será también uno de los mayores errores de @lopezobrador)

Mi estimado maestro José Antonio Crespo apunta en este tenor (@JACrespo): Amlo se benefició electoralmente del gasolinazo. Prometió bajar la gasolina. No lo hará. Se impone la realidad sobre la fantasía”

Pero, quien se lleva la medalla de oro al “Milagro financiero” es el diputado Carol Antonio Altamirano (http://elporenir.mx) que en menos de 24 horas encontró que se pueden agregar -previa recaudación, desde luego; investigación de empresas fantasma y detección de facturas falsas, castigo ejemplar para los defraudadores y anatemas a los que de esta forma evaden al fisco- 23 mil 768 millones de pesos más “para lo que le haga falta” al presidente.

En alguna oportunidad, conversando con el Diputado Juan Carlos Romero Hicks, H. Pastor de la bancada panistam decía con vehemencia: Cuando no se construye bien común, lo único que se construye es Mal Común.

Como que vamos para allá…¿O solo es puro corazón?

 

SITUACIÓN DE LA POBREZA RURAL EN EL PERÚ

Escribe: Alfredo Palacios Dongo

El pasado 21 de noviembre la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó en Buenos Aires, Argentina, la primera edición del “Panorama de la Pobreza Rural en América Latina y el Caribe” advirtiendo que en la última década aumentó la pobreza rural regional en 2 millones de personas llegando a 59 millones de pobres rurales, de los cuales 27 millones son pobres extremos rurales, resaltando que casi la mitad de la población rural regional es pobre a pesar que 28 de los 33 países que la conforman son de ingreso rural medio y alto.

Con relación al Perú, el informe incluye nivel de pobreza monetaria y nivel de pobreza multidimensional, respecto a la monetaria (actualmente aplicada por INEI) indica que hemos reducido la pobreza rural desde 1997, de 73% a 46% en 2014 (actualmente el INEI registra 44.4%), esto significa que de los 9 millones de peruanos rurales casi 4 millones son pobres), pero el informe también registra que tenemos 86% de pobreza multidimensional (de los 9 millones de peruanos rurales 7.7 millones son pobres). Para comprender esta extrema diferencia entre medición monetaria y multidimensional, el INEI emplea la medición monetaria considerando que quien tiene S/ 11.27 diarios para vivir (alimentación y todas las demás necesidades) no es pobre, y si tiene más de S/ 6.1 no es pobre extremo. Esta inexplicable e ilógica medición no permite dimensionar la magnitud de las carencias poblacionales que si incluye la medición multidimensional como falta de servicios básicos, educación, empleo, protección social, vivienda y calidad de vida.

Bajo este panorama nuestra pobreza rural es estructural, los elevados niveles de pobres y la mayoría de necesidades básicas insatisfechas demuestran que las zonas rurales están siendo olvidadas por el Estado y la sociedad. Se requieren programas estratégicos y políticas políticas coordinadas entre los tres niveles de gobierno, nacional, regional y local priorizando la inversión para luchar contra la pobreza existente en el ámbito rural, principalmente en crear oportunidades de empleo (la informalidad supera 88%), mejorar agua y saneamiento (alrededor de 30% sin servicio de agua y 42% sin servicios higiénicos), salud (mínima inversión, cobertura muy reducida y en muchos casos inexistente), educación (muy bajos niveles de aprendizaje), capacitación de pequeños agricultores (siembras, cosechas, demanda, calidad, competencia y precios de productos), electrificación (brecha permanece en 20%), y gestión ambiental (conservación ambiental y manejo eficiente de recursos naturales).

Ver mi Blog:  http://www.planteamientosperu.com

 

 

El abuelo repara los juguetes

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Un abuelo repara un juguete bajo la mirada de los pequeños.

El niño sigue con curiosidad el trabajo

El niño, curioso, intenta aprender; él sigue con ojo atento la operación de costura del cuerpo del caballo.
La niña, imagen de la inocencia, está maravillada por este personaje que ella teme un poco, pero que venera mucho; su muñeca, por lo demás, está toda caída del revés.

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Se le figura un ser misterioso con poderes increíbles. La barba blanca y la pipa le fascinan.

Un poco zapatero, este abuelo es la providencia de los niños, y él conoce la importancia para ellos, de reparar un juguete.

La luz entra por la ventana que no se ve.
Un pocillo de agua fresca sacada del pozo y un vaso están colocados sobre el pequeño armario detrás de él. Un poco más arriba, un canario mira la escena desde su jaula.

un canario mira la escena desde su jaula.

El lugar donde él trabaja está poco amueblado, no se sabe bien si se trata de la sala principal de la casa o de su taller.

Inocencia de la infancia, juegos simples que despiertan y hacen descubrir la realidad de la vida, en lugar de embrutecer, bien lejanos de la televisión y de Internet.

 

 

Así me hice cura

 

Alfonso Aguiló

La noche del 27 al 28 de diciembre de 1942 fue muy importante para un chico de doce años llamado José Luis Martín Descalzo. Transcurrían las vacaciones de Navidad en casa de don Cosme, hermano de su madre y párroco de San Cebrián de Arriba, un pueblecito de León. Aquella tarde había caído una gran nevada.

        "En el viejo cuarto de estar -recordaría José Luis unos años después- golpeaba un reloj que marchaba más de prisa que los pasos de mi tío, que resonaban en el despacho. Mi tío era un hombre de esos a quienes hay que querer en cuanto se le conoce. Tenía el pelo gris y dos grandes arrugas surcaban la frente, sin que ninguna de estas dos cosas consiguieran hacer menos brillante su mirada ni apagar su sonrisa constante. En el cuarto de estar, mis hermanas hacían comiditas en un rincón. Yo jugaba con Laurel, un canelo de dos años a quien habíamos tenido que meter en casa porque la nieve casi taponaba la puerta de su caseta. De pronto, Laurel se puso rígido, estiró las orejas y lanzó un ladrido agudo, que hizo que mis hermanas levantaran a un tiempo la cabeza. Fue entonces cuando oímos que un caballo se acercaba calle abajo, y se paraba a nuestra puerta. Llamaban. Mi madre tiró de la soga, y al tiempo se abrieron la puerta de la calle y la del despacho de mi tío, que apareció con el breviario en la mano. Abajo había un hombre mal afeitado y con la pelliza salpicada de nieve."

        Aquel hombre venía a avisar de que en Roblavieja se había puesto muy enferma una señora y quizá falleciera esa misma noche. Él seguía su camino a otro lugar, en busca de unas medicinas. Don Cosme no dudó un instante. Se puso sus botas, acabó deprisa su cena y se dispuso a salir. No sirvieron de nada los consejos de su hermana, que le hacía ver el peligro de salir andando, de noche y con esa nevada, para hacer los cuatro kilómetros que había hasta Roblavieja. Solo logró convencerle de que le acompañara su sobrino, José Luis.

        "Había dejado de nevar y el aire estaba tibio. Había salido la luna, que daba a la nieve una luz extrañamente blanca. Cuando salimos del pueblo, el reloj de la torre dio las diez de la noche. Mi tío iba embozado en su manteo, bajo el que ocultaba la caja de los sacramentos. Yo iba físicamente embutido en el abrigo y la bufanda y caminaba a saltos para no helarme los pies. La primera parte del camino fue fácil; pero cuando llevaríamos andados cerca de tres cuartos de hora se ocultó la luna y comenzó otra vez a nevar. Se levantó un frío que cortaba y que hacía llorar. La noche se había puesto muy oscura y no había más luz que la que despedía el brillo de la nieve. Fue entonces cuando yo comencé a tener miedo de veras, porque noté que mis pies se hundían más que antes, y tuve la sensación de que nos habíamos salido del camino. Miré a mi tío sin atreverme a hablar, y vi en sus ojos idéntico temor. Nos detuvimos. Se veían ya algunas luces de Roblavieja y el pueblecito se dejaba ver como una mancha más oscura. Pero ¿y el camino? No había posibilidad de adivinarlo, ya que la nieve estaba tendida como una capa, que no permitía adivinar dónde estaba el suelo firme.

        "Seguimos andando a la ventura, y ahora el pavor estaba ya en mi corazón. Y entonces fue cuando sucedió lo que tenía que suceder, lo que estaba señalado para esta fecha desde la eternidad. Y todo fue sencillo, como una lección bien aprendida. Mi tío perdió tierra y cayó, dando un grito. Yo corrí hacia él e intenté ayudarle a ponerse en pie. Pero fue inútil. No podía ponerse en pie y ya no volvería a caminar más.

        "Lo demás todo fue muy rápido. Corrí como un loco hacia el pueblo, sin atender en absoluto al peligro que también yo corría. Aporreé la puerta de la primera casa hasta hacerme daño en los nudillos. La noticia corrió de casa en casa, y poco después unos veinte hombres y varios perros me acompañaban al lugar donde había dejado a mi tío. Mientras, seguía nevando, y los ladridos de los perros eran secos y parecía que hicieran daño en el silencio. Mi tío estaba sin sentido, pero vivo todavía. Cuando le levantaron quedó en medio de la nieve removida una mancha de sangre que chillaba entre la blancura. Envuelto en una manta le llevaron hacia el pueblo. Abrió los ojos y pidió que le llevaran a casa de la enferma.

        "Le arrimaron al fuego y se fue reanimando, mientras el médico vendaba la pierna, toda roja. Cuando estuvo un poco más repuesto pidió que le acercaran a la cama de la enferma, que era una viejecita arrugada que hablaba con rápidos chillidos. Había mucha gente en el cuarto, y yo noté que todos apretaban los labios como queriendo contener el llanto. Yo me quedé junto al fogón, sin acabar de comprender lo que pasaba; era demasiado grande aquello para mi pequeña cabeza. Yo perdí la noción del tiempo, porque mi tío y la vieja parecían no cansarse de hablar. Yo oía desde lejos la respiración ahogada de mi tío -una respiración irregular, como una máquina estropeada-, y entonces, no sé cómo, le vi como uno de aquellos troncos que iban desfalleciendo en el fogón. Le veía doblarse lentamente hasta que al fin cayera. Pero veía su sonrisa clara, que tampoco ahora se apagó; su alegría de morir en un acto de servicio, morir calentando a los demás y agotarse para dar puesto a otro leño que vendría tras él, para morir también en el fogón. Fue entonces cuando se me ocurrió de repente -¿cómo?- que por qué no iba a ser yo el leño que le sustituyera. No sé, nunca se sabe cómo se ocurren las grandes ideas.

        "Al día siguiente las campanas de los dos pueblos tocaron a muerto, ¡aunque parecía que tocaban a gloria! Yo estaba como abstraído, como fuera de mí. La gente pensaba que era tristeza por la muerte de mi tío; pero ¿cómo iba a entristecerme una muerte tan estupenda? Me parecía tan terriblemente hermosa aquella muerte, que empecé desde entonces a soñarla para mí. Y era este sueño lo que obsesionaba mi cerebro infantil."

        Al siguiente mes de octubre, José Luis entró en el seminario. Las cosas no fueron fáciles, pero se fueron resolviendo. "Yo recordaba siempre a mi tío en cada sacerdote que veía, y recordaba aquella noche de nieve cada vez que nuestro patio aparecía blanqueado; recordaba sobre todo aquel fogón en que los leños iban consumiéndose. Y pensaba: dentro de cuatro años me tocará a mí arder y también calentar y alumbrar. ¿Qué sería de nosotros sin este fuego vivificador? En los pueblos sin sacerdote -pensaba- deben tener un invierno perpetuo.

        "Y entonces venía a mi memoria toda mi vida. Recordaba, sobre todo, aquella noche de diciembre y me parecía que ahora yo estaba repitiéndola. Tanto, que cuando por fin subí al altar tuve la sensación de oír el reloj que aquella noche había dado las diez campanadas. Y cuando me acercaba a la Consagración me parecía como si me hundiese en tierra, igual que aquella noche en la nieve. Me temblaba el corazón como entonces, aunque esta vez no de miedo, sino de gozo.

        "Cuando acabó la Misa me senté en un rincón de la iglesia y allí estuve largo rato, como intentando explicarme a mí mismo lo que había sucedido. Todo en mi vida era distinto, comenzaba a sentirme útil y mi existencia empezaba a servir para algo. Me veía entre los hombres con las manos llenas de amor y siendo como un canal entre ellos y Dios, un canal por el que bajarían las gracias del Cielo, por el que subirían las oraciones de la tierra. Me veía derramando el agua santa sobre la frente de los niños, y acompañando los últimos minutos de los moribundos; perdonando a los jóvenes sus pecados -¡ah, y viéndoles marcharse contentos, con una nueva alegría!- y bendiciendo los nuevos hogares en que se perpetuaría la vida. Veía a los niños arrodillados, puros y angelicales, ante el altar, y yo bajaba hasta ellos y les ponía el Cuerpo del Señor sobre la lengua. Yo rezaba también sobre los muertos, y mi bendición era lo último que descendía sobre sus tumbas entre las paletadas de tierra. Yo bendecía las casas, y los animales, y los frutos, y hablaba a los hombres de Dios, y por ellos, por todos ellos, levantaba en las manos la Hostia blanca, en la que Cristo se nos mostraría y vendría a vivir entre nosotros. Sí -pensé-; mi vida comienza a servir para algo.

        "Pienso que ya estoy ardiendo, que soy el leño en el fuego, el fuego que ilumina, que calienta; que ese es mi destino: consumirme en un acto de servicio, en un glorioso acto de servicio a los hombres. ¡Y estoy tan orgulloso con este destino!

        "¿Cuánto durará? ¡Qué importa eso! Quizá sean muchos años, como mi tío; quizá solo unos meses, puede que unos días; quién sabe si esta misma noche no nevará y estará borrado el camino que lleva a Castales y llegará uno a caballo a llamar a mi puerta. Por eso tengo que darme prisa, tengo que buscar en seguida alguien que me sustituya, que siga en la brecha si yo muero. Este fuego no puede extinguirse, porque con él se apagaría el mundo."

 

 

Ni el test del pato sirve ahora

En la actualidad hemos llegado a un grado de subjetivismo que hasta las mayores evidencias son materia de opinión. Ni el test del pato sirve ahora, porque aunque veamos a un pájaro que nade o grazne como él, o cuente con su pico y sus plumas, siempre habrá quien sostenga que es discutible que se trate de un pato. Esta inmadura forma de entender la vida se extiende a cualesquiera asunto, desde los más prosaicos a los más relevantes, configurando calles repletas de osados ignorantes que pontifican a la ligera sobre lo último que han escuchado o visto en internet, exigiendo además respeto a su estulticia, porque hoy existe el derecho a decir simplezas con ropaje de erudición.

Este eclipse del raciocinio por la mera opinión se suele asentar sobre un libre albedrío que ninguna relación guarda con lo que aquí nos ocupa. Por supuesto que existen materias opinables, sobre las que cada quien puede expresarse como considere, pero incluso en ellas existen patrones que contribuyen a formarse un criterio certero. Aunque para gustos haya colores y todo sea según el color del cristal con que se mira, contamos con especialistas que se dedican a estudiar el pigmento más apropiado para cada aplicación, de modo que hasta en lo que menos nos imaginamos la opinión cuenta con instrumentos a su servicio para encauzarse en torno a la racionalidad, porque una cosa es hablar y otra opinar.

Quienes, en legítimo uso de su libertad, opinen sin saber de algo o entiendan que una certeza irrefutable es opinable, deberán por pura lógica respetar la libertad ajena de considerarles unos genuinos patanes, aunque quizá estimen hasta esto dudoso, en ese bucle infantil y relativista en el que se desenvuelven y que tanto cálido acogimiento les ofrecen nuestras sociedades contemporáneas.

JD Mez Madrid

 

 

Una mirada fuera

Comparando nuestra situación con Europa, el Mapa de la Maternidad elaborado por RedMadre contrasta los datos de España con los de Alemania, donde nacen casi los mismos niños por cada 1.000 habitantes que en España. Pero ellos cuentan con un subsidio de maternidad de 735 euros para cada mujer embarazada y con una ayuda con carácter universal de 194 euros mensuales por hijo a cargo. Por el contrario, en España se destinan tan solo 24,5 euros por hijo a cargo para rentas inferiores a 11.574 euros y una media de 7,6 euros anuales de ayuda por mujer embarazada.

Antonio Torres, ha afirmado que "resulta demoledor e incomprensible comprobar que el conjunto de las administraciones públicas en España financiaron el aborto con 34 millones y solo destinaron, en ese mismo año, algo más de 3 millones y medio de euros a apoyar a las mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad".

Por su parte, Amaya Azcona, directora general de RedMadre ha dicho que "9 de cada 10 mujeres que nos piden ayuda siguen adelante con su embarazo, por lo que constatamos que una mujer que recibe el apoyo que necesita opta por tener a su hijo" en lugar de abortarlo.

Jesús Martínez Madrid

 

 

¿Rectificar o mentir?

Pedro Sánchez no rectifica, miente. Porque cuando dice y promete que va a hacer algo o que va a plantear alguna toma de decisiones, sabe de antemano que no va a cumplir lo que ha prometido y que no va a hacer lo que ha dicho.

Desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa, un día sí y otro también, asistimos a un aquelarre de afirmaciones y de decisiones que nada tienen que ver con lo dicho ni con lo prometido. Afirmaciones y acciones contradictorias, faltas de coherencia y de la más mínima credibilidad, que se ha dado en denominar rectificaciones. Y a esas rectificaciones se refieren muchos de los que le critican.

Pero Sánchez no rectifica. Sánchez miente. Porque cuando dice y promete que va a hacer algo o que va a plantear una toma de decisiones, sabe de antemano que no va a cumplir lo que ha prometido y no va a hacer lo que ha dicho.

Con gran aplomo, afirma en una de sus comparecencias ante los periodistas, refiriéndose a algo que dice que va a hacer: “ustedes ya me conocen”. Y lo dice ufanándose de su coherencia en cumplir lo que promete, cuando la realidad, no es que sea distinta, sino que es precisamente la contraria.

Con los únicos que Pedro Sánchez va cumpliendo lo prometido es con los separatistas y con los populistas de la extrema izquierda, que son quienes le sostienen en sus ambiciones de poder. Esperemos a ver cómo actúa ahora con los de Cataluña.

Amnistía, indulto, delitos, enseñanza, consulta o nación, son palabras que a fuerza de repetidas –aunque previamente hayan sido estigmatizadas y negadas por el propio Sánchez- se van introduciendo de forma clandestina y en el bagaje de los futuros votantes de Sánchez, de los separatistas o de la extrema izquierda.

Suso do Madrid

 

Cocinado y servido por una máquina… ¡Horrendo!

 

                                Sí, horrendo por demás, puesto que “ese último invento robotizado” va encaminado a eliminar millones de cocineros, camareros, pinches y demás profesionales de lo que hasta ahora se denominó “arte culinario”, que si se impone la monstruosidad a que ahora me referiré, será reducido todo, al mismo sistema en que se alimentan hoy, las granjas de cerdos, vacas o gallinas… lean y mediten; yo y afortunadamente, espero estar muerto cuando el invento se vaya extendiendo, que como todo lo similar, “el imbécil ser humano lo aceptará sin valorar lo que le espera”.

                                “Ningún humano ha elaborado esta comida” – Alumnos del Instituto Tecnológico de Massachusetts ha abierto el primer restaurante en el que cocinan solo robots. Los platos están listos ¡EN TRES MINUTOS”!

                                Son los que para mí, terribles titulares, de un trabajo periodístico que publica la revista XLSEMANAL número 1615 del 7 al 13 de octubre 2018; la que dedica dos páginas a todo color y con información más que suficiente, para calibrar el enorme y nuevo MONSTRUO, que como siempre, será adueñado por EL GRAN CAPITAL; y lo extenderá por todo el mundo que considere rentable y “donde los rebaños de borregos humanos, acudirán a servirse del mismo, como por ejemplo… hacen los canarios en sus jaulas para comer el alpiste y beber el agua que les pone su amo”; puesto que ese es el camino que los norteamericanos principalmente, recorren invadiendo con sus máquinas, el mundo que dicen “no civilizado”; aunque ellos aún no aprendieran a comer, o al menos a comer de forma civilizada y como comemos aún, muchos europeos, que simplemente “la comida basura y sus sistemas nos dan asco”.

                                Recordemos algo de la historia de “la comida basura controlada por las grandes multinacionales, el reparto a domicilio y todo lo que ello conlleva para (dicen) que mejorar la vida de la hormiga humana, cada vez más deshumanizada y convertida como antes digo, en… “pobre animal de granja y estabulado como esos desgraciados animales los esclavizaron de forma tan repelente”.

                                Busquen en la red de Internet el citado trabajo, léanlo con atención, medítenlo y difúndanlo cuanto puedan, si es que de verdad saben encontrarle el fin a que va encaminado, que como todo lo que se inventa para consumo masivo, no tiene otro fin que el aumento de capitales inmensos, cueste lo que cueste y caiga quién caiga.

                                Si alguien no se detiene a valorar, lo que representa la comida servida por seres humanos, cocinada por seres humanos, instalada en más o menos lujosos restaurantes o simples casas de comidas y está dispuesto a mantener todo ello con su asistencias… entonces, pobrecillo; se ha convertido en “otro borrego más y será alimentado por los nuevos fabricantes de piensos para ese ser humano, que ya no lo será por mucho que él mismo se lo crea”.

                                Por otra parte pienso yo (espero que otros también)… Si ese monstruoso invento se impone y los rebaños humanos lo aceptan… ¿Qué van a hacer con los millones y millones de esos otros seres humanos que viven de cocinar y servir comidas en la mesa del comensal…? ¿Acaso han pensado en meterlos en modernas trituradoras y convertirlos en componentes o materia para alimentar a esos robots que instalan para alimentar a los que queden vivos? Que por lógica cada vez serán menos.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes