Las Noticias de hoy 17 Diciembre 20198

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 17 de diciembre de 2018 

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Invitación a la alegría del Adviento

Migración: El Papa llama a la comunidad internacional a la responsabilidad

Ángelus: El Papa habla a los niños y bendice los “Bambinelli”

LA NAVIDAD, JUNTO A SAN JOSÉ: Francisco Fernandez Carbajal

"¡Déjale que te exija!": San Josemaria

Tiempo de Navidad: la luz de Belén: Juan Rego

Un cardiólogo estudia cinco milagros eucarísticos y conciden en algo: es «un corazón vivo que sufre»

El “pequeño dios” de Einstein: Ernesto Juliá

 RECONOCER SOCIALMENTE EL TRABAJO DEL HOGAR : Ing. Jose Joaquín Camacho                              

Trovas de Navidad: Embajadora de Paz Irene Mercedes Aguirre

El sueño de María: Javier López

¿Por qué se celebra el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre?: Juan Chapa

ORINTACIÓN POLÍTICA DE LA IGLESIA: René Mondragón

El incendio de Roma: Jorge Hernández Mollar

Familia y libertad de educación: Josefa  Romo

Los aromas de la Navidad: Acción Familia

Lo que es del César.: Xus D Madrid

Los mismos derechos en Europa: José Morales Martín

Laicidad no es ‘antirreligión: Suso do Madrid

LAS IDEOLOGÍAS Y LOS PARTIDOS HAN MUERTO: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

Ángelus: Invitación a la alegría del Adviento

Palabras del Papa antes del Ángelus (traducción completa)

diciembre 16, 2018 13:59Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 16 dic. 2018).- En este tercer domingo de Adviento antes del Ángelus, desde la ventana del despacho que da a la Plaza san Pedro y ante unas 25.000 personas, el papa nos invita a preguntarnos que podemos hacer nosotros para participar en la alegría del Adviento.

Palabras del Papa Francisco antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este tercer domingo de Adviento la liturgia nos invita a la alegría. Con estas palabras, el profeta Sofonías se dirige a la pequeña porción del pueblo de Israel: “¡Alégrate, hija de Sión, clama de alegría, Israel, regocíjate y proclama con todo tu corazón, hija de Jerusalén!” (3:14) gritar de alegría, exultar, alegrarse.

Los habitantes de la ciudad santa están llamados a regocijarse porque el Señor ha revocado su condena (véase el versículo 15). Dios ha perdonado, no quiso castigar! En consecuencia, para la gente ya no hay una razón para la tristeza ni de desaliento, sino que todo conduce a una gratitud gozosa a Dios, que siempre quiere redimir y salvar a los que ama. Y el amor del Señor por su pueblo es incesante, comparable a la ternura del padre por los hijos, del novio por la novia, como dice Sofonías: “Se alegra y goza contigo, te renueva con su amor, exulta y se alegra contigo con gritos de alegría “(v. 17).

Como se llama hoy el domingo de la alegría, tercer domingo de adviento antes de Navidad. Este llamado del profeta es especialmente apropiado en el momento en que nos preparamos para la Navidad, porque se aplica a Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros: su presencia es la fuente de alegría. De hecho, Sofonías proclama: “El rey de Israel el Señor esta en medio de ti”; y un poco más tarde, repite: “El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador poderoso” (versículos 15.17).

Este mensaje encuentra su pleno significado en el momento de la Anunciación a María, narrado por el evangelista Lucas. Las palabras dirigidas por el ángel Gabriel a la Virgen, son como un eco de las del profeta: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28). Alégrate le dice a la Virgen en una aldea remota de Galilea, en el corazón de una joven desconocida para el mundo, Dios enciende la chispa de felicidad para todo el mundo. Y hoy, la misma proclamación está dirigida a la Iglesia, llamada a acoger el Evangelio para que se convierta en carne, en una vida concreta y dice a la Iglesia, a todos nosotros: “Alégrate, pequeña comunidad cristiana, pobre y humilde pero hermosa a mis ojos porque deseas ardientemente mi Reino, tienes hambre y sed de justicia, pacientemente teje la paz, no persigas a los poderosos de turno sino mantente fielmente cerca de los pobres.

Y entonces no tendrás miedo de nada, sino que tu corazón está en alegría”. Ante la presencia del Señor, nuestro corazón, está siempre en la alegría. La Paz es la alegría más pequeña. Hoy, también, san Pablo nos exhorta a no preocuparnos por nada, pero en todas las circunstancias a hacer presente a Dios nuestras peticiones, nuestras necesidades, nuestras preocupaciones “con oraciones y peticiones” (Fil 4,6). Con la conciencia de que en las dificultades siempre podemos recurrir al Señor y que Él nunca rechaza nuestras invocaciones, es una gran razón para la alegría.

Ninguna preocupación, ningún temor podrá quitarnos jamás la serenidad que proviene no de cosas humanas, de consuelos humanos, no, no, la serenidad que viene de Dios de saber que Dios guía amorosamente nuestra vida siempre, también en medio de los problemas y sufrimientos, esta certeza nutre la esperanza y el coraje. Pero para recibir la invitación del Señor a la alegría, necesitamos ser personas dispuestas a cuestionarnos a nosotros mismos. Pero, ¿Qué significa esto? Al igual que aquellos que, después de haber escuchado la predicación de Juan el Bautista, pregúntale: Tu predicas así pero nosotros “¿Qué debemos hacer?” “¿Qué debo hacer?”(Lc 3, 10). Esta pregunta es el primer paso en la conversión que estamos invitados a tomar en este tiempo de Adviento. Cada uno de nosotros se pregunte: ¿Qué puedo hacer?, algo pequeño. ¿Qué puedo hacer, que debo hacer? Que la Virgen María nos ayude a abrir nuestros corazones al Dios que viene, para que El inunde toda nuestra vida con alegría.

 

 

Migración: El Papa llama a la comunidad internacional a la responsabilidad

Marco de referencia para la comunidad internacional

diciembre 16, 2018 18:04Anita BourdinOrganismos internacionales, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 16 dic. 2018).- El Papa Francisco instó a la comunidad internacional a asumir la responsabilidad de la migración, refiriéndose al Pacto de Marrakech “por una migración segura” después del Ángelus de este domingo, 16 de diciembre de 2018.

“El Pacto Mundial para la Migración Segura, Regular y Ordinaria fue aprobado la semana pasada en Marrakech, Marruecos: es un marco de referencia para la comunidad internacional”, dijo el Papa.

Pidió “responsabilidad”, pero no sin “solidaridad” y “compasión”: “Espero que, gracias a este instrumento, pueda actuar con responsabilidad, solidaridad y compasión hacia quienes, por diversas razones han dejado su país, y confío esta intención a vuestras oraciones”.

La Santa Sede hizo oír su voz en Marrakech en dos ocasiones por el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, jefe de la delegación del Vaticano, en particular el 10 de diciembre de 2018.

 

 

Ángelus: El Papa habla a los niños y bendice los “Bambinelli”

“Jesús es bueno, Jesús es tierno, Jesús es humilde. ¡Esta es la verdadera Navidad!”

diciembre 16, 2018 18:26Anita BourdinAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 16 dic. 2018).- “Y ahora, en particular, me dirijo a ustedes, queridos niños de Roma, que vinieron para la bendición de los Bambinelli ” , dijo el Papa Francisco después del Ángelus del domingo 16 de diciembre de 2018, el tercer domingo de Adviento, dicho: “de Gaudete”, marcado por la alegría litúrgica y las vestiduras sacerdotales rosas.

El Papa saludó al obispo auxiliar del Centro de Roma, el obispo Gianrico Ruzza, quien acompañó a las familias y representantes de la escuela, y agradeció al Centro Romano del Patronato y a los voluntarios.

Es una tradición en Roma que los niños, sus familias, escuelas, comunidades, parroquias vienen a bendecir a los santones del “Niño Jesús” de sus pesebres por su obispo, el tercer domingo de Adviento, en la plaza San Pedro.

El Papa les explicó a los niños que iban a sentir “estupor” mientras contemplaban al Niño del pesebre: “Queridos hijos, cuando, en casa, se reúnan para orar frente al pesebre, fijando sus ojos en el Niño Jesús, sentirán estupor … ”

Un estupor que el Papa explica de la siguiente manera: “Usted me va a preguntar: ¿qué significa” estupor?” Es un sentimiento más fuerte y más que una emoción ordinaria. Es ver a Dios: el asombro ante el gran misterio de Dios hecho hombre”.

El Papa también insistió en  la humildad, la ternura y la bondad que proviene del pesebre y de Jesús: “Y es el Espíritu Santo quien pondrá en vuestro corazón la humildad, la ternura y la bondad de Jesús. Jesús es bueno, Jesús es tierno, Jesús es humilde. ¡Esa es la verdadera navidad! Que sea así para vosotros y los miembros de vuestra familia. Os bendigo a todos los “bambinelli “.

 

 

LA NAVIDAD, JUNTO A SAN JOSÉ

— La misión de José.

— El trato de José con Jesús.

— Acudir a José para que nos enseñe a vivir junto a María y a Jesús.

I. Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo1.

Hoy nos presenta el Evangelio de la Misa la genealogía de Jesús por parte de José. Entre los judíos, como entre los demás pueblos de origen nómada, el árbol genealógico tenía una importancia capital. La persona estaba ligada y era conocida fundamentalmente por el clan o la tribu a la que pertenecía más que por el lugar donde habitaba2.

En el pueblo hebreo se añadía la circunstancia de pertenecer al pueblo elegido por el vínculo de la sangre.

Entre los hebreos, las genealogías se hacían por vía masculina. José, al ser esposo de María, era el padre legal de Jesús y llevaba consigo las obligaciones de un verdadero padre.

Era José, como María, de la casa y familia de David3, de donde nacería el Mesías, según había sido prometido por Dios: suscitaré de tu linaje después de ti, al que saldrá de tus entrañas y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo restableceré su trono para siempre4. Así, Jesús, que era descendiente de David a través de María, fue empadronado en la casa real por medio de José, pues, «el que vino al mundo debió ser empadronado según el uso del mundo»5.

José será también el encargado de imponer el nombre al Verbo encarnado, según el mandato recibido de Dios: tú le pondrás por nombre Jesús6.

Dios había previsto que su Hijo naciera de la Virgen, en una familia como tantas otras, y que en ella se desarrollara humanamente. La vida de Jesús había de ser igual a la de los demás hombres: debía nacer indefenso, necesitado de un padre que le protegiera y le enseñara lo que todos los padres enseñan a sus hijos.

En el cumplimiento de su misión de custodio de María y de padre de Jesús habría de estar toda la esencia de la vida de José y su último sentido. Vino al mundo para hacer de padre de Jesús y de esposo castísimo de María, de la misma manera que cada hombre viene al mundo con un peculiar encargo de Dios, en el cual radica todo el sentido de su vida.

Cuando el Ángel le reveló el misterio de la concepción virginal de Jesús, aceptó plenamente su misión, a la que permanecería fiel hasta su muerte. Su misión en la vida consistiría en ser cabeza de la Sagrada Familia.

Toda la gloria y la felicidad de San José consistió en haber sabido entender lo que Dios quería de él y en haberlo llevado a cabo fielmente hasta el final.

Hoy, en nuestra oración, le contemplamos junto a la Virgen, que está encinta, próxima ya a dar a luz a su Hijo Unigénito. Y hacemos el propósito de vivir la Navidad cerca de José: un lugar tan discreto y privilegiado a un mismo tiempo: «¡Qué bueno es José! —Me trata como un padre a su hijo. —¡Hasta me perdona, si cojo en mis brazos al Niño y me quedo, horas y horas, diciéndole cosas dulces y encendidas!...»7.

II. «A San José –leemos en un sermón de San Agustín– no solo se le debe el nombre de padre, sino que se le debe más que a otro alguno»8. Y luego añade el santo doctor: «¿Cómo era padre? Tanto más profundamente cuanto más casta fue su paternidad. Algunos pensaban que era padre de Nuestro Señor Jesucristo, de la misma forma que son padres los demás, que engendran según la carne... Por eso dice San Lucas: se pensaba que era padre de Jesús. ¿Por qué solo se pensaba? Porque el pensamiento y el juicio humanos se refieren a lo que suele suceder entre los hombres. Y el Señor no nació del germen de José. Sin embargo, a la piedad y a la caridad de José le nació un hijo de la Virgen María, que era Hijo de Dios»9.

El amor de San José a la Virgen fue muy grande. «Debió quererla mucho y con gran generosidad cuando, sabiendo su deseo de mantener la consagración que había hecho a Dios, accedió a desposarse, prefiriendo renunciar a tener sucesión antes que vivir separado de aquella a la que tanto amaba»10. Fue el suyo un amor limpio, delicado, profundo, sin mezcla de egoísmo, respetuoso. Dios mismo había sellado su unión de modo definitivo (ya estaban unidos por los esponsales y por eso el ángel dijo: no temas recibir a María, tu esposa) con un nuevo vínculo todavía más fuerte, que era el común destino en la tierra para cuidar del Mesías.

¿Cómo sería el trato de José con Jesús? «José amó a Jesús como un padre ama a su hijo, le trató dándole lo mejor que tenía. José, cuidando de aquel Niño, como le había sido ordenado, hizo de Jesús un artesano: le transmitió su oficio. Por eso los vecinos de Nazaret hablarán de Jesús, llamándole indistintamente faber y fabri filius (Mc 6, 3; Mt 13, 55): artesano e hijo del artesano. Jesús trabajó en el taller de José y junto a José. ¿Cómo sería José, cómo habría obrado en él la gracia, para ser capaz de llevar a cabo la tarea de sacar adelante en lo humano al Hijo de Dios?

»Porque Jesús debía parecerse a José: en el modo de trabajar, en rasgos de su carácter, en la manera de hablar. En el realismo de Jesús, en su espíritu de observación, en su modo de sentarse a la mesa y de partir el pan, en su gusto por exponer la doctrina de una manera concreta, tomando ejemplo de las cosas de la vida ordinaria, se refleja lo que ha sido la infancia y la juventud de Jesús y, por tanto, su trato con José»11.

De la mano de José podemos entrar en la ya cercana Navidad. Él solo nos pide sencillez y humildad para contemplar a María y a su Hijo. Los soberbios no tienen entrada en aquella pequeña gruta de Belén.

III. «El cansancio –decía Juan Pablo II en la Misa de Nochebuena– llena los corazones de los hombres, que se han adormecido, lo mismo que se habían adormecido no lejos los pastores, en los valles de Belén. Lo que ocurre en el establo, en la gruta de la roca tiene una dimensión de profunda intimidad: es algo que ocurre entre la Madre y el Niño que va a nacer. Nadie de fuera tiene entrada. Incluso José, el carpintero de Nazaret, permanece como un testigo silencioso. Ella sola es plenamente consciente de su maternidad. Y solo Ella capta la expresión propia del vagido del Niño. El nacimiento de Cristo es ante todo su misterio, su gran día. Es la fiesta de la Madre»12.

Y solo Ella ha penetrado realmente en el misterio de la Navidad, de la Redención.

Entre María y Jesús existe una relación absolutamente única y particular de la que nadie ha participado, ni el mismo José, que es solo «un testigo silencioso», en palabras del Papa. José contempla admirado, callado y respetuoso al Niño y a la Madre. Fue el primero, después de María, en contemplar al Hijo de Dios hecho hombre. Nadie ha experimentado jamás la felicidad de tener en sus brazos al Mesías, que en nada se distingue de cualquier otro niño.

Con todo, el misterio que contempla José también le impone unos límites, que él no rebasó en ningún momento; con María es distinto, porque «el misterio concernía, sobre todo, a la Madre y al Hijo; José participó de él después, cuando ya existía la profunda y misteriosa relación entre Jesús y la Virgen. José participó del misterio por el conocimiento que le fue dado mediante la revelación del ángel en orden a la misión que debía cumplir cerca de aquellos dos seres excepcionales»13.

San José presenció luego la llegada de los pastores, quizá les invitó a que entraran sin timideces y a que besaran al Niño. «Les vio asomarse a la gruta entre tímidos y curiosos, contemplar al Niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre (Lc 2,12); les oyó explicar a la Virgen la aparición del ángel, que les comunicó el nacimiento del Salvador en Belén y la señal por la que le conocerían, y cómo una multitud de ángeles se habían reunido con el primero y habían glorificado a Dios y prometido en la tierra paz a los hombres de buena voluntad (...). Él también contempló la felicidad de Aquella que era su esposa, de la maravillosa mujer que le había sido confiada. Él vio y se gozó de ello, cómo Ella contempla a su Hijo; vio su dicha, su amor desbordante, cada uno de sus gestos, tan llenos de delicadeza y significación»14.

Si tratamos a José en estos pocos días que faltan para la Navidad, él nos ayudará a contemplar ese misterio inefable del que fue testigo silencioso: a María, que tiene en sus brazos al Hijo de Dios hecho hombre.

San José comprendió muy pronto que toda la razón de ser de su vida era aquel Niño, precisamente en cuanto niño, en cuanto era un ser necesitado de ayuda y de protección, y también María, de la que el mismo Dios le había encargado que la recibiera en su casa y le diera protección. ¡Cómo agradecería Jesús todos los desvelos y atenciones que José tuvo con María! Se entiende bien que, después de la Virgen Santísima, sea la criatura más llena de gracia. Por eso, la Iglesia le ha tributado siempre grandes alabanzas, y ha recurrido a él en las circunstancias más difíciles. Sancte Ioseph, ora pro eis, ora pro me!, San José ruega por ellos (por esas personas que más queremos), ruega por mí (porque también yo necesito tu ayuda). En cualquier necesidad, el Santo Patriarca, junto con la Santísima Virgen, atenderá nuestras súplicas. Hoy le pedimos que nos haga sencillos de corazón para saber tratar a Jesús Niño.

1 Mt 1, 16. — 2 Cfr. Santos Evangelios, EUNSA, notas a Mt 1, 1 y Mt 1, 6. — 3 Lc 2, 4. — 4 2 Sam 7, 12-13. — 5 San Ambrosio, Coment. al Evangelio de San Lucas, 1, 3. 6 Mt 1, 21. — 7 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, Tercer misterio de gozo. — 8 San Agustín, Sermón 51, 26. — 9 Ibídem, 27-30. 10 F. Suárez, José, esposo de María, Madrid 1982, p. 89. 11 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 55. 12 Juan Pablo II, Homilía durante la Misa de Nochebuena de 1978. — 13 F. Suárez, o. c., p. 106. — 14 Ibídem, pp. 108-109.

 

 

 

"¡Déjale que te exija!"

Dios nos quiere infinitamente más de lo que tú mismo te quieres... ¡Déjale, pues, que te exija! (Forja, 813)

El Señor conoce nuestras limitaciones, nuestro personalismo y nuestra ambición: nuestra dificultad para olvidarnos de nosotros mismos y entregarnos a los demás. Sabe lo que es no encontrar amor, y experimentar que aquellos mismos que dicen que le siguen, lo hacen sólo a medias. Recordad las escenas tremendas, que nos describen los evangelistas, en las que vemos a los Apóstoles llenos aún de aspiraciones temporales y de proyectos sólo humanos. Pero Jesús los ha elegido, los mantiene junto a Él, y les encomienda la misión que había recibido del Padre.
También a nosotros nos llama, y nos pregunta, como a Santiago y a Juan: Potestis bibere calicem, quem ego bibiturus sum? (Mt XX, 22): ¿Estáis dispuestos a beber el cáliz –este cáliz de la entrega completa al cumplimiento de la voluntad del Padre– que yo voy a beber? Possumus! (Mt XX, 22); ¡Sí, estamos dispuestos!, es la respuesta de Juan y de Santiago. Vosotros y yo, ¿estamos seriamente dispuestos a cumplir, en todo, la voluntad de nuestro Padre Dios? ¿Hemos dado al Señor nuestro corazón entero, o seguimos apegados a nosotros mismos, a nuestros intereses, a nuestra comodidad, a nuestro amor propio? ¿Hay algo que no responde a nuestra condición de cristianos, y que hace que no queramos purificarnos? Hoy se nos presenta la ocasión de rectificar. (Es Cristo que pasa, 15)

 

 

Tiempo de Navidad: la luz de Belén

Dentro de la serie de editoriales sobre el Año Litúrgico, publicamos uno referente a la Navidad, momento en el que recordamos que Jesús nació "para iluminar nuestro camino sobre la tierra".

Año Litúrgico26/12/2015

Opus Dei - Tiempo de Navidad: la luz de Belén

Cristo, redentor del mundo, Unigénito del Padre, nacido inefablemente del Padre antes de todos los tiempos, «Christe, redemptor omnium, / ex Patre, Patris Unice, / solus ante principium / natus ineffabiliter»[1]. Estas palabras, las primeras que la Iglesia pronuncia cada año al inicio del tiempo de Navidad, nos introducen en la vida íntima de Dios. Las celebraciones litúrgicas durante estos días, los ratos de meditación delante del Belén, la vida familiar más intensa, nos quieren ayudar a contemplar a la Palabra que se ha hecho Niño; a mirarlo «con las disposiciones humildes del alma cristiana» que no quiere «reducir la grandeza de Dios a nuestros pobres conceptos (...) sino comprender que ese misterio, en su oscuridad, es una luz que guía la vida de los hombres»[2].

Una luz que nos lleva al Padre

«Dios es luz»[3]: en Él no hay oscuridad. Cuando interviene en la historia de los hombres, las tinieblas se disipan. Por eso, en el día de Navidad cantamos: «lux fulgebit hodie super nos, quia natus est nobis Dominus»[4]; una luz nos envolverá en su resplandor, porque el Señor ha nacido para nosotros.

«Dios es luz»: en Él no hay oscuridad. Cuando interviene en la historia de los hombres, las tinieblas se disipan.

Jesucristo, el Verbo Encarnado, nace para iluminar nuestro camino en la tierra; nace para mostrarnos el rostro amable del Padre y revelar el misterio de un Dios que no es un ser solitario, sino Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la eternidad el Padre genera al Hijo en un acto perfectísimo de Amor que hace del Verbo el Hijo Amado: del «Padre de las luces»[5] procede Aquel que es «Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero»[6]. Aunque esa generación de Luz es inefable y nuestros ojos no pueden percibirla aquí en la tierra, el Señor no nos ha dejado en las tinieblas: nos ha dejado un signo en el que atisbar algo de tal misterio. Ese signo es el nacimiento virginal de Jesús en la noche de Belén.

«La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación. Jesús no tiene como Padre más que a Dios»[7]. El único Hijo de María es el Unigénito del Padre; el nacido inefablemente del Padre antes de todos los tiempos, nace también de modo inefable de una Madre Virgen. Por eso, la Iglesia canta «talis partus decet Deus»[8], un nacimiento así de admirable convenía a la dignidad de Dios. Se trata de un misterio que revela, a los que son humildes, el resplandor de la gloria divina[9]. Si nos acercamos al Niño con sencillez, como la de los pastores que acuden con premura a la gruta[10], o como la de los Magos que «postrándose le adoraron»[11], podremos reconocer, en la luz que irradia la faz del Niño, el reverberar de su generación eterna.

El inicio del camino hacia la Pascua

«Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada»[12]. Es fácil imaginar la alegría que María había experimentado desde el momento de la Anunciación. Un gozo que iría creciendo conforme pasaban los días y el Hijo de Dios se iba formando en su seno. Sin embargo, a Nuestra Señora y a san José no se les ahorró toda amargura. La noche santa del nacimiento del Redentor está marcada por la dureza y la frialdad del corazón humano: «vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron»[13]. De este modo, si el nacimiento sin dolor anticipaba la gloria del Reino, anticipaba también la “hora” de Jesús, en la que daría su vida por amor a las criaturas: «Sus brazos -lo admiramos de nuevo en el pesebre- son los de un Niño: pero son los mismos que se extenderán en la Cruz, atrayendo a todos los hombres»[14].

La noche santa del nacimiento del Redentor está marcada por la dureza y la frialdad del corazón humano: «vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron».

En la liturgia del tiempo de Navidad, la Iglesia nos invita a recordar el inicio de aquella pasión de Amor de Dios por los hombres que culmina con la celebración anual de la Pascua. De hecho, a diferencia de la Pascua anual, la fiesta de la Natividad del Señor no comenzó a celebrarse litúrgicamente hasta bien entrado el siglo IV, conforme el calendario reflejaba cada vez más la unidad de todo el misterio de Cristo. Por eso, al celebrar el nacimiento de Jesús y dejarnos tocar por su ternura de Niño, el sentido de su venida a la tierra se actualiza, como canta aquel villancico que tantos recuerdos traía a san Josemaría: «Yo bajé a la tierra para padecer». La Navidad y la Pascua están unidas no solo por la luz, sino también por la potencia de la Cruz gloriosa.

«Dum medium silentium… Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, descendió del cielo, desde el trono real»[15]. Son palabras del libro de la Sabiduría, que hacen referencia inmediata a la Pascua antigua, al Éxodo en que fueron liberados los israelitas. La liturgia las emplea con frecuencia en el tiempo de Navidad para presentarnos, a través de contrastes, la figura del Verbo que viene a la tierra. El que es inabarcable se circunscribe en el tiempo; el Dueño del mundo no encuentra sitio en su mundo; el Príncipe de la Paz desciende como «implacable guerrero» desde su trono real. De este modo, podemos comprender que el nacimiento de Jesús es el fin de la tiranía del pecado, el inicio de la liberación de los hijos de Dios. Jesús nos ha liberado del pecado gracias a su misterio Pascual. Es la “hora” que atraviesa y guía toda la historia humana.

Jesús toma una naturaleza como la nuestra, con sus debilidades, para liberarnos del pecado a través de su muerte. Esto solo se puede comprender desde el amor, pues el amor pide la unión, pide compartir la misma suerte que la persona amada: «La única norma o medida que nos permite comprender de algún modo esa manera de obrar de Dios es darnos cuenta de que carece de medida: ver que nace de una locura de amor, que le lleva a tomar nuestra carne y a cargar con el peso de nuestros pecados»[16]

A Dios «no le importan las riquezas, ni los frutos ni los animales de la tierra, del mar o del aire, porque todo eso es suyo; quiere algo íntimo, que hemos de entregarle con libertad: dame, hijo mío, tu corazón» (San Josemaría).

El Señor quiso tener un corazón de carne como el nuestro para traducir al lenguaje humano la locura del amor de Dios por cada una, por cada uno. Por eso, la Iglesia se regocija al exclamar: «Puer natus est nobis»[17], nos ha nacido un Niño. Porque Él es el Mesías esperado por el pueblo de Israel, su misión tiene un alcance universal. Jesús nace para todos, «se ha unido, en cierto modo, con todo hombre»[18], no se avergüenza de llamarnos “hermanos” y quiere alabar con nosotros la bondad del Padre. Es lógico que en los días de la Navidad vivamos de modo especial la fraternidad cristiana, que queramos a todas las personas sin hacer distinciones de proveniencia o capacidades. Hemos de acoger el amor liberador de Jesús, que nos saca de la esclavitud de nuestras malas inclinaciones, derrumba los muros entre los hombres, para hacernos finalmente «hijos en el Hijo»[19].

Un misterio que ilumina a la familia

«Las fiestas en torno al misterio de la Encarnación (Anunciación, Navidad, Epifanía) conmemoran el comienzo de nuestra salvación y nos comunican las primicias del misterio de la Pascua»[20]. Estas primicias provienen siempre del contacto con Jesús, de las relaciones que se crean en torno al Niño que, como las de cualquier niño que viene al mundo, son en primer lugar relaciones familiares. La luz del Niño se extiende, pues, en primer lugar a María y a José, y desde ellos a todas las familias.

Dentro del tiempo de Navidad, la fiesta de la Sagrada Familia nos recuerda que las familias cristianas están llamadas a reflejar la luz del hogar de Nazaret. Son un don del Padre celestial, que quiere que haya en el mundo oasis en los que el amor haya sido liberado de la esclavitud del egoísmo. Las lecturas de la fiesta proponen algunos consejos para hacer santa la vida familiar: «revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo así también vosotros»[21]. Se trata de actitudes concretas para hacer realidad esa gran paradoja del Evangelio: que solo la renuncia y el sacrificio conducen al verdadero amor.

La octava de Navidad se cierra con la solemnidad de Santa María Madre de Dios. Esta fiesta empezó a celebrarse en Roma, posiblemente en relación con la dedicación de la iglesia de Santa María ad martyres, situada en el Pantheon. Esta celebración nos trae a la memoria que el Hijo de Dios es también Hijo de aquella que creyó en las promesas de Dios[22], y que Él se ha hecho carne para redimirnos. Así, pocos días después festejamos el Nombre de Jesús, ese nombre en el que encontramos consuelo en nuestra oración, pues nos recuerda que el Niño que adoramos se llama Jesús porque nos salva de nuestros pecados[23].

La salvación para todos los hombres

Los últimos días del ciclo de Navidad conmemoran la fuerza expansiva de la Luz de Dios, que quiere reunir a todos los hombres en la gran familia de Dios. El rito romano conmemoraba antiguamente en la fiesta del Bautismo del Señor también la “manifestación” a los Magos de Oriente -primicias de los gentiles- y las bodas de Caná, primera manifestación de la gloria de Jesús a sus discípulos. Aunque la liturgia romana celebra hoy estas “epifanías” en días distintos, quedan algunos ecos de esa tradición que han conservado las liturgias orientales. Uno de ellos es una antífona del mismo 6 de enero: «Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque en el Jordán Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino»[24].

En la solemnidad de la Epifanía la Iglesia invita a seguir el ejemplo de los Magos, que perseveran en la búsqueda de la Verdad, no tienen miedo a preguntar cuando pierden la luz de la estrella y encuentran su propia grandeza adorando al Niño recién nacido. Como ellos, también nosotros queremos darle todo lo mejor, conscientes de que dar es propio de enamorados y que al Señor «no le importan las riquezas, ni los frutos ni los animales de la tierra, del mar o del aire, porque todo eso es suyo; quiere algo íntimo, que hemos de entregarle con libertad: dame, hijo mío, tu corazón (Pr 23, 26)»[25].

Festejar el Bautismo

La fiesta del Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad. Nos invita contemplar a Jesús que se abaja para santificar las aguas, para que en el sacramento del Bautismo nos podamos unir a su Pascua: «Nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia»[26]. Por eso, como dice el papa Francisco, es natural que recordemos con alegría la fecha en que recibimos este sacramento: «Conocer la fecha de nuestro Bautismo es conocer una fecha feliz. El riesgo de no conocerla es perder la memoria de lo que el Señor ha hecho con nosotros; la memoria del don que hemos recibido»[27]. Así hacía San Josemaría, que cada 13 de enero recordaba con agradecimiento a sus padrinos y al mismo sacerdote que le había bautizado[28]. En uno de sus últimos cumpleaños en la tierra, al salir del oratorio de Santa María de la Paz después de haber celebrado la Misa, se detuvo un momento ante la pila bautismal, la besó, y apostilló: «Me da mucha alegría besarla. Aquí me hicieron cristiano».

Cada tres años, en el primer domingo después del Bautismo del Señor se proclama el evangelio de las bodas de Caná. Al inicio del Tiempo Ordinario, se nos recuerda que la luz que resplandeció en Belén y en el Jordán no es un paréntesis en nuestra vida, sino una fuerza transformadora que quiere llegar a toda la sociedad a partir de su núcleo, las relaciones familiares. La transformación del agua en vino nos sugiere que las realidades humanas, incluido el trabajo de cada día bien hecho, se pueden transformar en algo divino. Jesús nos pide que llenemos las tinajas «usque ad summum»[29], que con la ayuda de su gracia colmemos hasta el borde nuestros esfuerzos, para que nuestra vida adquiera valor sobrenatural. En esta tarea de santificar la labor cotidiana encontramos de nuevo a Santa María: la misma que nos ha mostrado al Niño en Belén, nos dirige hacia el Maestro con aquel consejo seguro: «¡Haced lo que Él os diga!»[30].

Juan Rego


[1] Himno Christe, redemptor omnium, I Vísperas de Navidad.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 13.

[3] 1 Jn 1, 5.

[4] Cfr. Misal Romano, Natividad del Señor, Ad Missam in aurora, Antífona de entrada (Cfr. Is 9, 2.6).

[5] St 1, 17.

[6] Símbolo Niceno-Constantinopolitano.

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 503.

[8] Himno Veni, Redemptor Gentium.

[9] Cfr. Hb 1, 3.

[10] Cfr. Lc 2,16.

[11] Mt 2, 11.

[12] Lc 2, 6-7.

[13] Jn 1, 11.

[14] Es Cristo que pasa, n. 38.

[15] Sb 18, 14-15.

[16] Es Cristo que pasa, n. 144.

[17] Cfr. Misal Romano, Natividad del Señor, Ad Missam in die, Antífona de entrada (Cfr. Is 9, 6).

[18] Concilio Vaticano II, Const. Past. Gaudium et spes, n. 22.

[19] Ibidem.

[20] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1171.

[21] Col 3, 12-13 (2ª lectura de la fiesta de la Sagrada Familia).

[22] Cfr. Lc 1, 45

[23] Mt 1, 21.

[24] Antífona ad Benedictus, Laudes del 6 de enero.

[25] Es Cristo que pasa, n. 35.

[26] Francisco, Audiencia general, 8-I-2014.

[27] Ibidem.

[28] Cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. I, Rialp, Madrid 1997, pp. 14-15.

[29] Jn 2, 7.

[30] Jn 2, 5.

 

Un cardiólogo estudia cinco milagros eucarísticos y conciden en algo: es «un corazón vivo que sufre»

Zbigniew Kiernikowski, obispo de Legnica (Polonia), muestra el relicario con la forma del milagro.

 

El portal mariano Cari Filii News recoge un comentario al estudio del cardiólogo Franco Serafini sobre los cinco milagros eucarísticos examinados por científicos. El cuadro que resulta es asombroso: "Un diagnóstico clínico preciso, puntual y detallado que coincide perfectamente con lo que leemos en los Evangelios". Lo ha detallado en un libro al que Costanza Signorelli dedica un reportaje en La Nuova Bussola Quotidiana:

"Un corazón sangrante, que pertenece a un hombre joven, golpeado y condenado, oprimido por un  estrés severo de tipo psíco-físico y que, desde hace dos días, se encuentra suspendido entre la vida y la muerte". Es esta la descripción concreta de aquello que reciben los fieles católicos en el momento en el que el sacerdote pone en su lengua la Hostia consagrada. Y bien: no estamos citando la visión mística entregada por Dios a uno de sus santos. Esta vez es la ciencia la que habla claro y de manera irrefutable. Lo revela el Dr. Franco Serafini en su libro: Un cardiologo visita Gesù. I miracoli eucaristici alla prova della scienza [Un cardiólogo visita a Jesús. Los milagros eucarísticos, examinados por la ciencia].

Un libro imprescindible que reúne los cinco milagros eucarísticos revisados por la ciencia médica: Lanciano (Chieti, Abruzos, Italia, siglo VIII), Buenos Aires (1992-1994-1996), Tixtla (Guerrero, México, 2006), Sokółka (Polonia, 2008) y Legnica (Polonia, 2013). A estos se les añadiría un sexto -el milagro de Betania (1991)-, deliberadamente apartado de la tramitación por razones que expone el autor. Por el contrario, se incluyen los dossier sobre los  lienzos de la Pasión, cuya inclusión fue impuesta por los mismos resultados científicos, especialmente como consecuencia de los "desconcertantes resultados relacionados con el grupo sanguíneo", explica Serafini.

El cardiólogo nos introduce así en la enorme mole de trabajo que tuvo que afrontar, revisando personalmente todas las investigaciones realizadas en los últimos cincuenta años y colaborando, cuando fue posible, con los primeros científicos que "trataron" las reliquias. El resultado es un cuadro sorprendente: "Un diagnóstico clínico preciso, puntual y detallado que no entra en conflicto, más bien coincide, con lo que leemos en los Evangelios y recibimos como don de la Tradición católica". Pero procedamos con orden.

Lanciano: un corazón que late dede hace trece siglos

Todo nace con el milagro de Lanciano (Abruzzo, provincia de Chieti). En cierto modo se trata de un outsider respecto al complejo de los milagros eucarísticos citados, pero tal vez -también debido a esto-, es el preferido del Dr. Serafini: "Es un prodigio misterioso que tiene características increíbles. Si bien es poco valorado, se puede decir tranquilamente que estamos ante una de las más importantes reliquias de la cristiandad, que sobrevive dese hace trece siglos. Además, explica el cardiólogo, ha sido un milagro absolutamente generoso: no se trata de una Hostia que ha sangrado 'un poco'; ese día todo el Pan se convirtió en Carne y el todo el Vino en Sangre". Dicho milagro se sale de la norma por dos razones: ante todo, es el único que no pertenece a la época moderna, se verificó en el siglo VIII; en segundo lugar se diferencia por las modalidades específicas con las que se manifestó. Los milagros eucarísticos recientes, de hecho, se han verificado casi todos  después de la "eliminación" de una Hostia consagrada e irremediablemente comprometida.

Para quien no lo sepa, recordamos que en estos casos el procedimiento canónico prevé poner la partícula en un recipiente de agua hasta que se disuelva completamente, durante pocos días; después, el agua de la ablución tiene que revertirse en el sagrario. Pues bien, es este el pasaje que se produce en el prodigio, puesto que la Hostia consagrada, en vez de disolverse, se "transforma" en carne y sangre: así ocurrió en Buenos Aires, en Sokółka y en Legnica. En Lanciano no fue así: el prodigio ocurrió, puntualmente, durante la Consagración eucarística, afectando por entero no solo a la Hostia, sino también al Cáliz. Ademas, señala Serafini: "Me gusta porque es un milagro que persiste y nos acompaña desde hace más de 1300 años, transmitido ininterrumpidamente de una generación a otra: esto es muy reconfortante".

El doble milagro, cuerpo y sangre, en el milagro eucarístico de Lanciano.

Hay, de hecho una "historia en la historia": así como en el siglo VIII el monje de San Basilio había dudado de la real presencia de Cristo en las especies eucarísticas -duda gracias a la cual se produjo el prodigio-, del mismo modo los monjes franciscanos de la generación pasada se encontraron en herencia una reliquia poco conocida y bastante "difícil", y también ellos estuvieron llenos de grandes dudas. Por este motivo, en 1970 los religiosos le pidieron al profesor Odoardo Linoli que realizara una serie de estudios científicos. Fue así cómo, de la segunda duda, nace el segundo milagro porque, precisamente gracias a esos análisis se obtuvo un descubrimiento sin precedentes en la historia: "El antiguo tejido analizado -se lee en el informe-, presenta las características típicas e inconfundibles de las células cardiacas. No es sólo el aspecto microscópico el recuerda el músculo cardíaco; es toda la estructura macroscópica de la carne la que recuerda a una sección entera del corazón".

El cardenal Carol Wojtyla visita el santuario de Lanciano el 4 de noviembre de 1974. Fuente: Santuario del Milagro Eucarístico.

Dicho en otras palabras: el 11 de diciembre de 1970 el profesor Linoli, al exponer a los monjes los primeros resultados de los estudios, escribirá lo siguiente: "In principio erat Verbum, et Verbum caro factum est!» (En el principio era el Verbo, y el Verbo se hizo carne). Cuando los análisis estuvieron ultimados, ya no hubo dudas de ningún tipo: la Hostia es carne, y la carne es un corazón humano. Un asombro detrás de otro: en Buenos Aires, en Tixtla, en Sokolka y en Legnica las investigaciones lo confirman, estamos ante un corazón humano. Pero no acaba aquí.

La ciencia no tiene dudas: la Hostia aún sufre

Hay un aspecto particular con el cual la ciencia puede dar un auténtico valor añadido al fiel que se acerca al Misterio eucarístico y, al mismo tiempo, suscitar un sobresalto en quien aún no cree. Serafini lo cuenta así: "El tejido cardiaco analizado presenta una doble característica: por una parte la fragmentación/segmentación de las fibras y, por la otra, la infiltración leucocitaria". Traducido: "Esta descripción médica detallada", explica el cardiólogo, "nos hace comprender que el sufrimiento de Jesús no es una cuestión genérica; o sea, decir que Jesús sufrió no es un termino vago o abstractamente espiritual. Al contrario, esto se traduce en conceptos precisos de tipo anatomopatológico o histopatológico de los cuales, como veremos, es posible deducir hipótesis de diagnóstico".

Pero hay más: los leucocitos están activos, lo que significa que la muestra de tejido, en el momento en que fue recogida para ser analizada, ¡aún estaba viva! Estamos ante un resultado sencillamente inexplicable desde el punto de vista científico, y Serafini nos explica el porqué: "Una vez que han sido separados del organismo viviente del que proceden, o después de la muerte del mismo, los leucocitos sobreviven en agua, sin disolverse, sólo durante unos minutos, máximo una hora". Para comprender la sorpresa de los científicos, basta pensar que, en el caso de la reliquia de Buenos Aires, el tejido estudiado estuvo conservado en agua destilada y sin nutrientes durante más de tres años.

Pero prosigamos. Una vez dicho que el tejido está vivo y sufre, la pregunta surge espontánea: ¿ante qué tipo de sufrimiento nos encontramos? También en este caso el diagnóstico que se prefigura es absolutamente preciso y coherente con el dato de la fe: "En lo que respecta a la sangre", detalla el cardiólogo, "la linfocitosis y la hipogammaglobulinemia encontradas en el laboratorio son compatibles con el cuadro clínico de un paciente politraumatizado: una persona pisoteada, golpeada o víctima de un grave accidente, sometida a un grave shock, con una situación de estrés psicofísico agudo o subagudo, con una línea temporal de uno/dos días desde el comienzo de dicha situación".

El mismo discurso vale para el tejido cardíaco que nos desvela "no una enfermedad cardíaca o un infarto que depende de defectos coronarios, sino más bien un daño severo de estrés mediado por las catecolaminas... Es decir, hablamos de ese tipo de situación que vemos en las biopsias o en las autopsias de los pacientes que han sufrido una grave postración de tipo psíquico, farmacológico o traumático. Por ejemplo, en víctimas de un accidente aéreo o en... condenados a muerte".

El grupo sanguíneao y... la bomba de gracia

De entre los numerosos aspectos en los que se han centrado las diferentes investigaciones, hay uno en particular que, para la ciencia, no admite réplicas. Se trata del descubrimiento del grupo sanguíneo, en esos casos en los que se han realizado los análisis pertinentes. Hablamos de Lanciano, Tixtla y de los tres principales lienzos de la Pasión: la Sindone de Turín, el Sudario de Oviedo y la Túnica de Argenteuil.

La túnica de Argenteuil (Francia), cuyo grupo sanguíneo coincide con la Sábana Santa y el Santo Sudario de Oviedo.

Y bien, cinco veces sobre cinco se ha encontrado, sin excepción, el mismo grupo sanguíneo: AB. "Este resultado", explica Serafini, "es, como poco, desconcertante, porque se apoya en un dato de estadística matemática que elimina cualquier duda sobre la casualidad y la veracidad de estos prodigios eucarísticos". El porqué es muy sencillo: "Cinco informes hematológicos, procedentes de materiales distintos, separados entre ellos por épocas históricas muy lejanas, por distancias geográficas -incluso transoceánicas-, cuatro de los cuales nos han llegado de épocas en las que se desconocía qué eran los grupos sanguíneos y, por lo tanto, a mayor razón, imposibles de falsificar... pues bien, los cinco, según los datos repetidos más de una vez con metodologías distintas y en laboratorios distintos, pertenecen siempre al grupo sanguíneo AB". Se trata de una verdadera bomba estadística que -nos explica el científico con números en la mano-, nos demuestra la autenticidad de los tejidos al 99,99996875%. En pocas palabras, estamos ante un milagro dentro un milagro que, según Serafini, es poco conocido y es infravalorado.

La Sagrada Forma del milagro eucarístico de Tixtla.

En conclusión: si el estudio en cuestión tiene el mérito de proporcionar un análisis científico de altísimo nivel, el libro del doctor Serafini tiene un mérito adicional. Partiendo de una pregunta aparentemente retórica, pero fundamental ("¿Tiene el hombre de fe la necesidad de una prueba científica para creer en el milagro eucarístico?"), llega a una respuesta final esclarecedora: "El milagro eucarístico se da como alimento al hombre moderno, se le entrega y ofrece sin reservas para sostener su fe vacilante, igual que el Pan partido". Y lo hace con la infinita humildad y delicadeza de Jesucristo: "La luz que emana de estos prodigios no es deslumbrante. Por mucho que algunos resultados científicos sean desconcertantes, es evidente que el milagro eucarístico se contiene, se autolimita y no quiere aplastar con su evidencia el frágil tesoro de nuestra fe". Es decir, si Dios quisiera, en su Omnipotencia podría conducirnos a cualquier evidencia científica, suficiente para convencer a cualquiera de Su Verdad. Pero, evidentemente, no es esta la Voluntad de Nuestro Señor. Nos lo dice la fe y nos lo repite la ciencia: Jesús Eucaristía quiere ser creído, amado y adorado por el hombre libre, que Lo desea con total pasión. He aquí la Comunión viva con Aquel que nos ama primero: el don de Su corazón.

Traducción de Elena Faccia Serrano tomada de Cari Filii News.

 

El “pequeño dios” de Einstein

Ernesto Juliá

Albert Einstein

photo_camera Albert Einstein

Tengo que confesar mi desconocimiento de la carta de Einstein que ha sido noticia en estos días. Y que haya sido noticia me parece lógico; aunque en realidad la verdadera noticia no debería haber sido la carta, sino la persona que ha pagado 2.9 millones de dólares para hacerse con ella. La carta, en realidad, no vale el precio pagado, ni muchos menos, y apenas sirve para guardarla como un cierto recuerdo del autor.

“La palabra Dios es para mí nada más que la expresión y producto de la debilidad humana”, escribe Einstein.

Frases semejantes, más o menos con las mismas palabras y escribiendo la palabra “dios” con minúsculas o mayúsculas, las han repetido no pocas personas a lo largo de la historia: la lista de personajes sería inacabable. Desde el “necio” de la Escritura que dijo en su corazón: no hay Dios; hasta el que para creer en la realidad de Dios, exige que le haga un “milagro” patente aquí y ahora, por ejemplo: que aparezca un “Mercedes” en el garaje de su casa.

 ¿Tiene algún sentido la frase de Einstein? En mi opinión No. No tiene ninguno, y se basa en una concepción del hombre que es inconcebible si Dios no existe.

¿Qué significa que el hombre sea débil? ¿Por qué tiene el hombre conciencia de su debilidad? Sin duda alguna, porque se ve limitado e incapaz de conseguir todo a lo que aspira. Pero, ¿no es absurdo pensar en un hombre fruto simple de una evolución de la materia y de otra fuerzas sueltas por ahí que también tienen su origen en la materia y en ella tienen también su punto de referencia, que llegue a concebir “ideas”, “sueños”, etc. en su mente que no pueda alcanzar y que le hagan sufrir al dejar patentes sus límites?

Sin un ser externo a él; y con quien se vea esencialmente relacionado, el hombre no tiene posibilidad alguna de hacerse cargo de ser limitado. Se queda encerrado en sí mismo y eso le basta. Ni siquiera se le ocurriría pensar en sus límites. Si acaso, diría: “Soy yo, y me basto”. Y ni siquiera “me basto”, porque no sabe tampoco lo que de verdad necesita. Como un animal cualquiera, como una planta cualquiera.

¿Cuál sería el punto de referencia para medir sus límites? ¿Cómo puede pensar en “algo” o en “alguien” más allá de él mismo a quien  pudiera pedir ayuda cuando estalla el vendaval,  si no lo ha visto jamás, ni tiene de él la más mínima referencia?

En breve: ¿cómo puede el hombre “construir” la idea de un “dios” que le pueda ayudar a resolver los problemas, partiendo absolutamente de la nada de su conocimiento? 

“Sin Dios la criatura desaparece” recordó el Concilio Vaticano II, y quiso recordárselo a la Iglesia, a todo el mundo.

Es una pena que una mente tan preclara científicamente como de Einstein no se haya dado cuenta de la realidad de Dios. Para él eran familiares tantas “leyes” que rigen la naturaleza, de las que no se explicaba que fueran esas y no otras. ¿Qué le faltó para dar el “salto” al autor de esas leyes, al Creador?

La ciencia y la fe no se contraponen, pero la existencia de Dios no es una cuestión “científica”, ni una cuestión reservada únicamente a la Fe, como es por ejemplo la divinidad de Jesucristo. Para llegar a Dios basta no cerrar los ojos a la realidad que Él ha creado, y luego, pararse ante uno mismo y tratar de responder a las preguntas: ¿Por qué existo? ¿Para qué existo?

ernesto.julia@gmail.com

 

 RECONOCER SOCIALMENTE EL TRABAJO DEL HOGAR    

Ing. Jose Joaquín Camacho                              

   Siglo 21, 15 diciembre 2018
     
Es tema que permanece de actualidad. Publicaban recientemente (aceprensa, 3 diciembre 2018).
Actualmente muchas mujeres quieren seguir siendo madres sin renunciar a desarrollarse profesionalmente. Ellas ven una cierta evolución en la sociedad, en el mundo empresarial y en los roles familiares; las leyes prohíben la discriminación y protegen a  mujeres que dan a luz. Pero, ¿cuál es la situación real?
    Es decjr, ser madre y trabajar. Las mujeres no quieren renunciar a dedicarse a sus hijos, aunque trabajen..
Una población ya clásica dw Salary.com, una firma de Massachusetts especializada en analizar sueldos de trabajadores, considera que el ama de casa corriente realiza 10 trabajos al mismo tiempo: ama de casa, cocinera, maestra, operadora de lavadoras, conductora, portera, encargada de mantenimiento, operadora de informática, presidenta ejecutiva y psicóloga. Y calcula que esto supondría si se les pagara a precio de mercado, un salario de US$134 mil mensuales. La madre de familia típica dedica unas 92 horas semanales a estos trabajos: de ellas, 52 horas extra. Salary.com elaboró su trabajo de respuestas online de 26 mil madres amas de casa y otras 14 mil que también tienen un empleo fuera. Sobre esta base, alguien calculaba que una madre guatemalteca, dedicada totalmente al cuidado de su familia y con buenos resultados en cuanto a la educación, nutrición y transmisión de valores a sus hijos, debería merecer un reconocimiento económico de al menos 30 mil quetzales mensuales.
    Nuestra sociedad tiene que reconocer que el papel de las amas de casa no es algo que afecta exclusivamente a su familia, sino que hacen un servicio al bienestar común. Para ser justos, los gobernantes y los políticos tienen que asumir seriamente el tema e incluirlo en sus programas, ayudando a la familia no con bellas palabras o parches electorales, sino de una manera concreta, eficaz. Sólo, por decir algo, cuántas guarderías, comedores escolares, residencias de ancianos, hospitales para las enfermedades más simples habría que crear si no fuera por estas mujeres que con su día a día logran que el pulso socioeconómico del país no se paralice. Es necesario instaurar una política que considere a los hijos como "fiscalmente deducibles", que el tener hijos -y sus gastos- se plantee más como una inversión que como un gasto, también fiscalmente hablando.
    El siglo pasado fue testigo de un gran avance social de las mujeres. Pero hay aún algo pendiente: que las madres de familia puedan dar suficiente tiempo y atención a los hijos sin ser penalizadas en el trabajo y, particularmente, en la esfera social. Ser ama de casa, sea a tiempo completo o lo comparta con otro trabajo, es una profesión de la que ellas deben estar orgullosas y que la entera sociedad y las empresas deben apoyar con políticas justas e inteligentes.     
    Sintetizando, podríamos decir que nuestras leyes –laborales y fiscales- deben plantearse desde una perspectiva familiar y no sólo individual: sólo así serán coherentes con el gran aporte a la sociedad que hacen las amas de casa. Esta concepción política deben mostrarla claramente nuestros políticos.     

 

 

       

Trovas de Navidad

I

En mi camino de vida

detengo el paso  y medito,

junto a la llama votiva

de un humilde pesebrito.

II

Para mi coleto, pienso

¿Qué  significado tiene

este ritual repetido

que a los humanos  sostiene?

 

 

III

Algo ha de haber, insistente

¡Aleteos de sentido

que despiertan  nuestra mente

y susurran ¡Ha venido!

 

IV

El niño Dios ha encarnado

entre nosotros y llega

¡para darnos el legado

de Esperanza que despliega!

IV

El alma aflora y  percibe

significados  profundos,

 el corazón los recibe,

¡Amor y Paz en el mundo!

Embajadora de Paz Irene Mercedes Aguirre

 

 

El sueño de María

El sueño de la Virgen María

Tuve un sueño, José, y realmente no lo puedo comprender, pero creo que se trataba del nacimiento de nuestro hijo. La gente estaba haciendo preparativos con seis semanas de anticipación , decoraban las casas, compraban ropa nueva, salían de compras muchas veces y adquirían elaborados regalos. Era un tanto extraño, ya que los regalos no eran para nuestro hijo; los envolvían en vistosos papeles y los ataban con preciosos lazos y todo lo colocaban debajo de un árbol. Sí, un árbol José.

Dentro de sus casas, esta gente había decorado el árbol y las ramas estaban llenas de adornos brillantes y había una figura en lo alto del árbol, me parecía que era un ángel, era realmente hermoso. Luego vi una mesa espléndidamente servida, con platillos deliciosos, y muchos vinos, todo se veía exquisito y todos estábamos invitados.

Toda la gente se veía feliz, sonriente y emocionada por los regalos que se intercambiaban unos a otros, pero, sabes José, no quedaba ningún regalo para nuestro hijo, me daba la impresión de que nadie lo conocía porque nunca mencionaron su nombre.

¿No te parece extraño que la gente trabaje y gaste tanto en preparativos para celebrar el cumpleaños de alguien a quien ni siquiera mencionan y que da la impresión de que no lo conocen?
Tuve la extraña sensación de que si nuestro hijo hubiera entrado a esos hogares, para la celebración hubiera sido solamente un intruso.

Todo se veía tan hermoso y la gente se veía feliz, pero yo sentía enormes deseos de llorar, porque nuestro hijo era ignorado por casi toda esa gente que lo celebraba.

¡Qué tristeza para Jesús, no ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños!

Estoy contenta porque sólo fue un sueño, pero ¡qué terrible sería si esto se convirtiera en realidad!

 

¿Por qué se celebra el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre?

¿Por qué el 25 de diciembre?

Los primeros cristianos no parece que celebrasen su cumpleaños (cf., por ej., Orígenes, PG XII, 495). Celebraban su dies natalis, el día de su entrada en la patria definitiva (por ej.,Martirio de Policarpo18,3), como participación en la salvación obrada por Jesús al vencer a la muerte con su pasión gloriosa. Recuerdan con precisión el día de la glorificación de Jesús, el 14/15 de Nisán, pero no la fecha de su nacimiento, de la que nada nos dicen los datos evangélicos.

No celebraban el cumpleaños

Hasta el siglo III no tenemos noticias sobre la fecha del nacimiento de Jesús. Los primeros testimonios de Padres y escritores eclesiásticos señalan diversas fechas. El primer testimonio indirecto de que la natividad de Cristo fuese el 25 de diciembre lo ofrece Sexto Julio Africano el año 221.

La primera referencia directa de su celebración es la del calendario litúrgico filocaliano del año 354 (MGH, IX,I, 13-196): VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae (“el 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”).

Nacimiento del Sol Invicto

A partir del siglo IV los testimonios de este día como fecha del nacimiento de Cristo son comunes en la tradición occidental, mientras que en la oriental prevalece la fecha del 6 de enero. Una explicación bastante difundida es que los cristianos optaron por ese día porque, a partir del año 274, el 25 de diciembre se celebraba en Roma el dies natalis Solis invicti, el día del nacimiento del Sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche más larga del año.

Esta explicación se apoya en que la liturgia de Navidad y los Padres de la época establecen un paralelismo entre el nacimiento de Jesucristo y expresiones bíblicas como «sol de justicia» (Ma 4,2) y «luz del mundo» (Jn 1,4ss.). Sin embargo, no hay pruebas de que esto fuera así y parece difícil imaginarse que los cristianos de aquel entonces quisieran adaptar fiestas paganas al calendario litúrgico, especialmente cuando acababan de experimentar la persecución. Es posible, no obstante, que con el transcurso del tiempo la fiesta cristiana fuera asimilando la fiesta pagana.

Otra explicación más plausible hace depender la fecha del nacimiento de Jesús de la fecha de su encarnación, que a su vez se relacionaba con la fecha de su muerte. En un tratado anónimo sobre solsticios y equinoccios se afirma que “nuestro Señor fue concebido el 8 de las kalendas de Abril en el mes de marzo (25 de marzo), que es el día de la pasión del Señor y de su concepción, pues fue concebido el mismo día que murió” (B. Botte,Les Origenes de la Noël et de l’Epiphanie, Louvain 1932, l. 230-33).

Tradición Oriental

En la tradición oriental, apoyándose en otro calendario, la pasión y la encarnación del Señor se celebraban el 6 de abril, fecha que concuerda con la celebración de la Navidad el 6 de enero. La relación entre pasión y encarnación es una idea que está en consonancia con la mentalidad antigua y medieval, que admiraba la perfección del universo como un todo, donde las grandes intervenciones de Dios estaban vinculadas entre sí.

Se trata de una concepción que también encuentra sus raíces en el judaísmo, donde creación y salvación se relacionaban con el mes de Nisán. El arte cristiano ha reflejado esta misma idea alo largo de la historia al pintar en la Anunciación de la Virgen al niño Jesús descendiendo del cielo con una cruz. Así pues, es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento. “Lo más decisivo fue la relación existente entre la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de Cristo” (J. Ratzinger,El espíritu de la liturgia, 131).

Juan Chapa

Bibliografía: Josef Ratzinger,El espíritu de la liturgia. Una introducción(Cristiandad, Madrid, 2001); Thomas J. Tolley,The origins of the liturgical year, 2nd ed., Liturgical Press, Collegeville, MN, 1991). Existe edición en italiano,Le origini dell’anno liturgico, Queriniana, Brescia 1991.

 

 

ORINTACIÓN POLÍTICA DE LA IGLESIA

Por René Mondragón

¿EXCLUSIÓN PLANEADA?

Como observación minuciosa y debía a mis preciosérrimas lectoras, este escribano vio –como por quincuagésima ocasión- la grabación de la toma de protesta del presidente López Obrador. El benchmarking fue inevitable: ¡hasta Salinas invitó a varios líderes religiosos! Peña, Fox y Calderón también; pero en la ceremonia de investidura del mandatario envinado, no pudimos ver a ninguno; ni siquiera Franco Coppola como diplomático acreditado en México.

“¿Arriba Juárez?”, ¿Como dijese Juan Gabriel? Sin duda. La Iglesia, las iglesias y los eclesiásticos volverán a ser ciudadanos de tercera, a pesar de que el nuevo gobierno se precia de incluyente y tolerante. ¿Otra pifia de Olga Sánchez Cordero como responsable de gobernación, que también está lejos de la agenda del tabasqueño? Puede ser. Porque es necesario recordar que la tiznada indígena que le pusieron al mandatario, fue a no dudarlo, un acto religioso en donde el chamán o chamana, invocaron  la protección y bendiciones de la Virgen de Guadalupe.

¿SEMOS O NO SEMOS?

La polvareda se levantó también, cuando a Cuauhtémoc Blanco, gobernador envinado del estado de Morelos, se le ocurrió organizar una Misa en palacio de gobierno. El jacobinismo trasnochado se levantó en pleno, se rasgaron las vestiduras hasta enseñar sus miserias, para luego mentarle la madre al gobernador en el santo nombre del Benemérito.

Se puede ser todo lo laico que se desee, pero eso no implica un comportamiento anti-religioso, maniqueo y atentatorio contra los derechos humanos elementales, como el espacio fundamental para creer o dejar de hacerlo. Sin duda, a esos tales, se les ha olvidado que el nuevo logo del gobierno de México admitió a dos clérigos entre los personajes que representan a la institución presidencial.

AL FONDO:

En una espléndida entrega del maestro Josep Miró i Ardèvol (“La Iglesia ha de proclamar alto, claro y concreto, sus orientaciones morales en el ámbito político”,15 diciembre 2018) se desglosan varios argumentos interesantes.

1.- La Iglesia, los cristianos como pueblo, aprendieron de la hecatombe humana, moral y física de la Segunda Guerra Mundial que su voz y su acción, cada uno en el plano que le correspondía, debía hacerse presente en la orientación, la primera, y en la práctica, los segundos, sostiene Ardévol.

2.- Y el autor profundiza: “Si la Iglesia hubiera hablado no fuerte, sino con la discreción del que pretende no importunar el devenir del mundo, si no hubiera impulsado a los cristianos a la acción en el orden temporal, no con espíritu clerical, sino para construir un mundo mejor, difícilmente Europa se hubiera levantado de la postración”

3.- El pensamiento generado con bastante frecuencia, llega a considerar  que la Iglesia "no debe meterse” en política, demostrando una escasa comprensión de la realidad, o incurriendo en una grave confusión. La razón es obvia: Se confunde “la Política” con el “partidismo político”, con las pugnas a muerte por el poder mediante una imposición ideológica. Es decir, la parte más pobre de la concepción de Política.

4.- En consecuencia, “La Política” en su más elevado significado es la gestión necesaria para realizar el bien común; todos aquellos bienes que solo podemos obtener como sociedad mediante las instituciones: Los hospitales, las carreteras, las políticas públicas que favorecen a las familias, e inclusive, aquellos que se derivan de la acción comunitaria para beneficiar a un sector específico de la población, como el Seguro Popular o las Pensiones, como las oportunidades para los minusválidos.

Por eso mismo, la justicia social, el bien ser y el bien común, constituyen parte sustantiva de las enseñanzas del magisterio de la Iglesia.

5.- A 50 años de la Gaudium et Spes, los laicos están llamados a trabajar lo más unidos posible al servicio del aquel hablar y actuar católico.

6.- Es necesario reiterar, que no se trata de un “partido católico”, porque la Iglesia de Jesucristo no puede quedar reducida a una facción política, destaca el pensador. Pero, tampoco basta -en las condiciones concretas de nuestro país- la acción de los cristianos aislados, reducidos a las cuatro paredes de una sacristía o esperando las directrices del clero. Esa labor y este actuar en Política, corresponde a los laicos católicos, porque se trata de una Alianza para el bien común.

Hace algún tiempo, alguien acuñó una frase genial: “Cuando callar es pecado”… Sigue vigente.

 

El incendio de Roma

“A este presidente rebelde y sedicioso no le importa en absoluto, incendiar Cataluña”

No resulta muy difícil imaginar al “emperador” Quim Torra, tocando la lira mientras contempla el incendio de Cataluña al  igual que algunos de los relatores del histórico incendio de Roma atribuyeron al emperador Nerón.

Pero lo peor del incendio de Roma fueron sus consecuencias: según algunos historiadores de la época,  Nerón culpó a las cristianos, iniciándose así la primera gran persecución contra ellos que terminó en una cruel matanza y sufrimiento entre las crucifixiones y las fieras que los destrozaban en un espectáculo dantesco y cruel.

Salvando las distancias y el contexto de lo acontecido alrededor de aquel tirano personaje, se puede encontrar una cierta similitud entre las consecuencias del incendio que amenaza a Cataluña y el odio que se advierte en las acciones que contra los españoles se están atizando por parte de Torra presidente de la Generalidad.

Por sus recientes declaraciones haciendo soflamas para luchar por la independencia al estilo esloveno, lo que supone una clara invocación al levantamiento en armas o las incitaciones a la guerrilla urbana de los CDR, es evidente que a este presidente rebelde y sedicioso no le preocupa en absoluta incendiar Cataluña y luego bailar una sardana, contemplando todos los daños materiales y humanos que especialmente se puedan inferir a millones de catalanes que son  españoles y que no participan de su demencia independentista.

El Gobierno de España en manos hoy de un presidente como Sánchez, trastornado por los efluvios del poder y como Gulliver viajero empedernido, que de una forma sorprendente le ha llevado ya a “olvidarse” en cuatro ocasiones  de su responsabilidades para presidir el Consejo de Ministros, navega sin rumbo en un proceloso mar de contradicciones y rectificaciones y lo que es peor aún en una sistemática dejación de autoridad frente al reto soberanista y revolucionario de los Torra y compañía.

No se puede gobernar un país a golpe de ocurrencias electorales para tratar de ocultar las heridas que entre sus propias filas está produciendo el fracaso de su gestión política en Cataluña y que tienen un evidente reflejo en otras comunidades autónomas gobernadas por los socialistas como ha ocurrido recientemente en Andalucía.

Celebrar un Consejo de Ministros en Cataluña, escoltado y rodeado por cerca de nueve mil efectivos de la policía local, autonómica y del Estado no es la mejor forma de enfrentarse al riesgo y peligro soberanista y menos aún apelar y ofrecer un diálogo a un ciego y sordo como Torra que una y otra vez se pronuncia contra la Constitución y con sus disparatadas pretensiones para que el gobierno interfiera en la independencia del poder judicial y así liberar a quienes hoy son presuntos culpables de gravísimos delitos contra el Estado como si de una república bananera se tratara,

Los resultados de la aplicación del art 155 durante la anterior legislatura no fueron eficaces por la temerosa actitud de los tres partidos constitucionalistas que la diseñaron. El gobierno de la Generalidad sigue atizando las pavesas, los medios de comunicación públicos siguen siendo la plataforma revolucionaria de los independentistas y los Mossos son  manipulados sin pudor alguno por el poder político con advertencias de purgas policiales al más puro estilo soviético.

En esta nueva coyuntura no hay otro camino que una aplicación más firme y decidida de todos los recursos que la Constitución permite y ampara para evitar que al igual que el de Roma, el incendio destruya y arrase Cataluña y así lo vienen demandando dos partidos constitucionalistas con amplia representación parlamentaria como el Partido Popular y Ciudadanos.

El filosofo griego Heráclito decía que “mas vale apagar una injuria que apagar un incendio”. Jugar con fuego es no estar decidido a apagar las permanentes llamadas a la rebelión contra el Estado por parte de Torra y sus secuaces con el solo objeto de permanecer en el poder con  la complicidad de quienes  insultan, injurian y amenazan al resto de los españoles, Hoy, afortunadamente, hay millones de españoles y catalanes que ni quieren ni pueden consentir un indecente e imposible diálogo con quienes tienen la belicista intención de incendiar Cataluña culpando al resto de España, al igual que Nerón hizo con los cristianos, de su inevitable y dramático fracaso.

 

Familia y libertad de educación

 Recientemente en Valladolid ( 16 de noviembre), don Benigno Blanco, abogado, ex Secretario de Estado en el Gobierno de Aznar y ex presidente del “Foro de la Familia”, impartió una brillante Conferencia, en un salón abarrotado por más de doscientas personas. Versó sobre” Familia y libertad de educación”.

Impregnado, el ambiente, de un enorme silencio,  que prueba la preocupación que suscita el tema; con estilo sobrio, claro  y preciso, Benigno Blanco habló del derecho primigenio de los padres a la educación de sus niños y de la función subsidiaria del Estado, que no debe suplantarles.  Dijo que los padres tienen el derecho y el deber de conocer  “cómo se programa la enseñanza en el centro escolar y  las actividades extraescolares, los libros, las películas, los vídeos que se aconseja leer” . Afirmó que en todas nuestras Comunidades Autónomas  ( excepto Asturias, Cantabria, la Rioja y Castila y León, en donde se está debatiendo) y en otras partes, bajo un nombre más o menos equivalente a  ley de regulación de la orientación afectivo sexual, “se impone la ideología de género en todos los sectores de la sociedad; también, en la enseñanza”, y que  se está tratado en el Congreso de los Diputados, presentado por Unidos Podemos,  para toda la nación.Aseveró que ello es “un peligro para las libertades, una opción liberticida” que “parte de una idea jurídica errónea;  porque es el error antropológico del género, convertido en norma jurídica,  definir a las personas por su sexualidad, por lo que hacen con su libertad y no por lo que somos”. “En una sociedad democrática como la nuestra- continuó- todos estamos obligados, éticamente y por la ley, a respetar lo que son los demás, a respetar la dignidad humana”. Matizó que “si uno niega la masculinidad o feminidad como dato relevante para el ser humano, está negando al propio ser humano,  eso es ideología de género”. Dejó claro que la escuela pública, según el Derecho Constitucional, “debe ser neutral”.  Manifestó  que “el Estado no tiene derecho a poner ninguna visión de la persona en la escuela, ni la de género, ninguna, como no tiene derecho a imponer ninguna visón sobre la filosofía”.  Subrayó que “cuando el Estado hace suya una visión de  la sexualidad, está atentando contra la libertad, porque, si el Estado la hace suya, los que no comparten esa visón pierden la libertad de explicarse,  además de ser un error que va contra la evidencia científica” (…)

Matizó que “si uno niega la masculinidad o feminidad como dato relevante para el ser humano- somos XX o XY, masculino o femenino-, está negando al propio ser humano,  eso es ideología de género”.

En el coloquio, salió el tema sobre los que llaman niños “trans”-¡vaya nombre!-. Aludió a un estudio, en Estados Unidos que sostiene que la mayoría de niños que no sienten su corporeidad masculinidad  o femenina, lo superan pasada su pubertad, y dijo que los padres no deben  impedir el desarrollo puberal  de sus hijos.

Josefa  Romo

 

 

Los aromas de la Navidad

Un autor francés decía que un hogar no es maravilloso porque nos abrigue o caliente, ni que nos proteja con unos muros, sino que haya lentamente depositado en nosotros provisiones de dulzura. Que forme en el fondo de nuestro corazón, este macizo oscuro del cual nacen, como el agua del manantial, los sueños.

Esto me hizo recordar las frías y alegres Navidades de otros tiempos. (en España es invierno)

El montaje del pesebre

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Todos los años, cuando la Navidad se acercaba, bajábamos a la bodega del subterráneo, para rescatar del olvido las viejas maletas que guardaban los pequeños tesoros que nos servirían para montar el pesebre.

La maleta principal nos llamaba la atención pues, por el color y material de que estaba hecha, se veía que no era de nuestro tiempo: estaba tan fuera de la moda, que ciertamente ya no se podía utilizar para viajar. Sin embargo, despertaba una cierta simpatía por ser uno de esos objetos cuya solidez y seriedad hacía pensar en esas cosas que le acompañan a uno toda la vida.

Una vez abierta, despertaba nuestra curiosidad reencontrar entre los papeles del embalaje, las antiguas figuras, que nos acompañaban a lo largo de los años.

Entre pequeños puentes, pozos de agua y casitas, aparecía aquel pastor vestido con sobrios ropajes a la usanza del Oriente, y que con una dulce austeridad en su semblante, conducía sus ovejas hacia el portal de Belén. Sus barbas parecían casi de verdad.

También aquella pastora o campesina que con delicadeza y suavidad cargaba una cesta llena de frutos para presentarle al Niño Dios. Recuerdo cómo nos llamaba la atención ver los frutos que llevaba, manzanas rojas y no sé cuantas cosas más.

Después se iban sumando las ovejas, algunas de ellas ya con una pata quebrada, que había que intentar componer como se pudiese.

En fin, una gran familia de figuras cuyo redescubrimiento nos llenaba de alegría y entre las cuales siempre encontrábamos algún viejo pastor con el que nos unía una mayor “amistad” y del que, por así decir, hacíamos nuestro emblema.

A los pequeños, es verdad, casi no nos dejaban tocar las figuras y por eso nos conformábamos apenas con mirar.

Cuando los Reyes Magos hacían su aparición, era uno de los momentos más emocionantes: inmediatamente pensábamos en los regalos que los Reyes nos habían dejado el año anterior (en España son los que traen los regalos a los niños), si nos habríamos portado bien y lo que pasaría ese año.

Era un fugaz examen de conciencia en la presencia de la majestad de aquellas figuras. Todos teníamos nuestro Rey preferido, al que le pedíamos sus mercedes de modo más especial.

La aparición de la Sagrada Familia era también muy impresionante. El Niño Jesús era cuidadosamente guardado y nadie lo vería hasta el día de Navidad. Los fieles acompañantes “el buey y la mula” también hacían su aparición y como eran un poco grandes imponían un poco de respeto, el buey casi miedo.

el montaje del Belén estaba reservado a los más mayores y “artistas” de entre los hermanos

Mirábamos mucho a los Reyes Magos, sus presentes y sus camellos

Junto con ello, comenzaba poco a poco el festival de los olores tan característicos de esa época del año. Olores de paja, de cortezas de alcornoque, de musgos secos o frescos, de una especie de arena que se conseguía para hacer los caminos y de otras muchas cosas.

Infelizmente el montaje del Belén estaba reservado a los más mayores y “artistas” de entre los hermanos. Yo, que era el más pequeño, solía ser apenas espectador.

El pesebre era colocado en el salón de la casa que tenía una mayor solemnidad: sólo ya el crujido de las maderas del entarimado del suelo, a uno le hacían moverse con más cuidado. También el antiguo piano de pared de color negro y con unos candelabros que daban una nota de circunstancia, por fin los sillones, etc.

Recuerdo, que, no sé de donde, aparecía una puerta que se colocaba en posición horizontal para servir de base a toda la pequeña Judá. Allí poco a poco se iba configurando el Nacimiento.

Una vez montado todos esperábamos ansiosos la llegada de la Navidad.

Las figuras del Pesebre se mueven

Durante las fiestas el Belén experimentaba una discreta evolución: algunos pastores avanzaban, otros retrocedían, cruzaban el puente, subían la montaña, otros más allá llegaban al Portal.Nuestros ojos ponían una muy particular atención en la senda seguida por los Magos del Oriente, a quienes no habríamos permitido que perdieran el camino. Los mirábamos mucho, a ellos, a sus presentes, a sus camellos. Ciertamente nos dejaban encantados. A eso del cambio del año venían las primeras nieves, con lo que corríamos a la cocina para coger un poco de harina y empezar a esparcirla por montes y collados y por supuesto también por encima de los pastores.

La cena de Nochebuena

En la cena de Nochebuena cuando tocaban las doce, mi madre – que era el alma de los festejos – hacía que la cena se detuviera y desenvolviendo cuidadosamente al Niño Jesús, nos lo presentaba para que lo adoráramos.

Luego se colocaba en el Portal donde más tarde se cantarían los villancicos al Niño Dios. Mi madre cantaba y acompañaba con el piano, los demás hacíamos lo que podíamos. Recuerdo especialmente un curioso Villancico que ella cantaba y que nunca volví a escuchar en ningún otro lugar: “Suene el pandero, suene el rabel, que ya ha nacido el Dios de Israel / En venturoso día nació y un sol hermoso resplandeció.”

* * *

todos estos perfumes de la Navidad tradicional iban siendo reemplazados por otros modos de encarar los festejos

El antiguo piano de pared de color negro y con unos candelabros que daban una nota de circunstancia

Los perfumes de la Navidad tradicional fueron siendo abandonados

Es cierto que todos estos perfumes de la Navidad tradicional iban siendo reemplazados por otros modos de encarar los festejos.

Recuerdo, por ejemplo, que ya mi madre debía cohibir las risas burlonas de algunos hermanos más mayores, cuando los pequeños cantábamos villancicos ante el pesebre iluminado en la oscuridad.

Ellos más imbuidos por la mentalidad moderna, pasado el tiempo de los villancicos acompañados al piano, comenzaban a poner músicas ligeras en un viejo tocadiscos, y al cabo de un rato ya eran fácilmente los propios Beatles que sonaban por los altavoces.

Cuando íbamos a casa de mis tíos, encontrábamos allí un pesebre casi simbólico. Sus figuras eran unos auténticos muñecos sin ninguna personalidad, hechos de alambre y de trapo, cuya vista por así decir me dejaba casi paralizado.

La televisión siempre encendida siguiendo los programas especiales de las noches de Navidad que incluían canciones, bailes, humor, etc, y donde ya iba entrando la inmoralidad. Pero sobre todo lo que más electrizaba era el humor: reír y reír mucho, pero en realidad sin mucha razón de reír.

En casa de estos tíos se tomaban las doce uvas, cuyo significado me escapaba, aunque se sentía que era una especie de ceremonia-juego que traería una cierta prosperidad medio supersticiosa para el año siguiente. Llegaba alguno de los primos mayores con su coche deportivo, y cuyo “look” era el símbolo del éxito y del goce de la vida despreocupado. Tradición cero.

Una promesa de felicidad sin tradición

Han pasado los años y los coches deportivos que hipnotizaban; ese humor ordinario que consiste en reír por reír y a todo momento, dando más lugar a la materia que al espíritu; ese goce despreocupado de la vida que olvida las graves responsabilidades que todos tenemos; esa “prosperidad” pagana cuyo advenimiento se nos prometía a cambio del desprecio de las tradiciones; todo eso hoy la realidad de la vida nos lo muestra como lo que era: un espejismo o mejor dicho una mentira.

Sin embargo cuando todavía hoy llega la Navidad y desembalo las figuras del pesebre – ¡tan inferiores en calidad a las de otrora! “ me viene el alegre recuerdo de aquellos olores, de aquellas maletas, de aquellos inocentes villancicos, y comprendo entonces bien aquello de que lo más maravilloso que nos puede dar un hogar es aquel cúmulo de provisiones de dulzura que nos hacen soñar y que nos acompañarán siempre.

 

 

Lo que es del César.

Pues resulta que ahora el gobierno no solo quiere implicar a la iglesia en España sino que se va a Roma, con una doble agenda, la pública y la privada. Ahí está el texto posterior, que bien pudiera haber sido titulado como la película: “Lo que la verdad esconde” Y lo que la verdad esconde es la estrategia cultural de la izquierda, marxista en su origen, de transposición, de derivación de la responsabilidad política y pública.

Pero claro, en Roma, han dado con la curia de los Palacios Apostólicos. Y allí el cardenal Pietro Parolin ha querido dejar claro lo que es de Dios y lo que es del César.

Del César, en origen, es el caso de Franco, las inmatriculaciones –competencia en el ámbito legislativo-, los mal llamados privilegios fiscales. Del Vaticano son los Acuerdos Iglesia-Estado, con los casos de la clase de religión, inviolabilidad de los lugares de culto, etc-, y el paso siguiente, hacer viable o no la foto de Pedro Sánchez con el Papa. Pero esa es otra jugada que se ha complicado con la rectificación del Vaticano a la Vicepresidenta. Que también de eso se trata.

Xus D Madrid

 

Los mismos derechos en Europa

Recientemente el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha emitido una polémica sentencia que se refiere a la libertad de expresión. El caso surgió cuando una mujer en una clase mencionó el matrimonio de Mahoma con Aisha, una niña de 6 años, que fue consumado cuando ella tenía 9. En el marco de un seminario sobre información básica sobre el Islam, se le ocurrió afirmar que al profeta del Islam “le gustaba hacerlo con niñas”, e hizo una pregunta retórica: “¿un hombre de 56 años y una niña de 9? ¿Cómo llamamos a esto, si no es pedofilia?”

La polémica afirmación se difundió fuera de las clases, lo cual generó indignación entre los musulmanes e iniciaron juicios contra ella. Hasta ahora no hay nada en la narración de los hechos que nos pueda llamar la atención: pero a partir de ahora, prepárese el lector para llevarse varias sorpresas.

La primera de ellas, que los tribunales austriacos que examinaron el caso dieron la razón a los demandantes en todas las instancias. Y la segunda de ellas, la argumentación que dieron: según el Tribunal Supremo austriaco, es cierto que existe el derecho a criticar una religión, pero sus apreciaciones sobre hechos deben tener en cuenta el contexto histórico, por lo que no debían considerarse objetivas. Además, su lenguaje debía “entenderse como destinado a demostrar que Mahoma no merece el culto” y en vez de eso estaba diseñado para menospreciar el Islam. Vaya, al parecer si decimos que el matrimonio de Mahoma y Aisha es indigno, denigramos no al maduro novio, sino a todo el Islam.

José Morales Martín

 

 

Laicidad no es ‘antirreligión

Me parece una mezcla curiosa e inadecuada la de vincular el Cristianismo a un partido político, sea cual sea. Y precisamente por la laicidad conviene separar la acción política de un partido en concreto con el Cristianismo, como me parecería confuso que lo hiciera otro partido. Laicidad, por supuesto, no es ‘antirreligión”, pero sí separación de ámbitos.

La fe, la doctrina cristiana, es muy útil para la vida política, pero al partir de una visión “progresista” o “reaccionaria” del Evangelio ya de entrada parece una mezcolanza innecesaria, arriesgada. El Cristianismo, sobre todo a través de la doctrina social de la Iglesia, ofrece pautas para todos los católicos, que ojalá se asimilen, pero respetando el pluralismo político y sin que nadie pretenda apropiarse ni ser el portador de las “esencias” cristianas.

En efecto, el Evangelio no es de izquierdas ni de derechas, pero ¿por qué quieren colorearlo políticamente? No sé, tal vez es que se acercan elecciones, al menos las autonómicas y municipales en mayo próximo, y algunos buscan votos por todas partes.

Suso do Madrid

 

 

LAS IDEOLOGÍAS Y LOS PARTIDOS HAN MUERTO

 

            Visto la marcha de los últimos tiempos, visto la real y cruda verdad materialista de unas plagas de  políticos “de panza y bolsillo”; hay que rendirse a la evidencia y esta es cruda y dura… y lo sintetizo en mi titular de hoy. Todo lo que de verdadero cambio y progreso efectivo para el hombre, que alguna vez tuvieran “los gérmenes” de todas las ideologías políticas,  ha muerto; y han muerto matados por sus propios propagadores, que mintiendo más que hablando y haciendo lo que en cada momento ha convenido a las camarillas dominantes; han terminado por enterrar todo tipo de ideología que sostuviera a, unos sistemas que después de corromperse, han sido muertos y no enterrados. Es por lo que aún soportamos unos hedores que contaminan todo el ambiente y que pudren todo cuanto rozan o tocan.

            Todo el arco político está fracasado  y por ello; todo se ha convertido en una especie de bodrio en que todo es o sabe lo mismo, si bien nos lo quieren presentar como diferente; pero la ideología que impera es la vieja técnica o táctica del… “quítate tú que me ponga yo”; lo que importa es el bolsillo y la panza del aspirante y el que éste se sitúe bien o magníficamente bien, para lo que le reste de vida.

            La situación que estamos viviendo lo demuestra,  puesto que han sido tan inútiles que partiendo de un mundo próspero y sin grandes complicaciones (1970/1980) y contando con la mayor tecnología de toda la historia del “pobre hombre (dicen que sapiens)”; han propiciado la mayor catástrofe social y económica que registra la historia… “la tan cacareada globalización ha resultado una globalidad miserable y que llena de miseria a la mayor parte del globo terráqueo”. Y en vez de establecer unos tribunales especiales para hallar culpables y que estos sean juzgados como merecen; todos estos inútiles van de reunión en reunión, itinerantes por el mundo, produciendo enormes gastos, y dándose  una vida de lujos y apariencias que nada resuelve, puesto que se ve claro que el asunto es de tal envergadura, que ni saben cómo afrontarlo y como siempre; y en las grandes catástrofes o cataclismos… “la naturaleza y sus bichos obrará por sí misma y con su ley natural resolverá todo, en el tiempo y el espacio, pero con la crudeza en que obran siempre las fuerzas naturales”.

            Por tanto, ya no podemos confiar ni en conservadores, ni en revolucionarios; hay que tratar de animar a aquellos inteligentes, al parecer ocultos, para que se manifiesten y  preconicen soluciones si es que las hay y procurar elegirlos para que dirijan esta catástrofe; pues ya no se trata de  partidos (todos fracasados: reitero) sino de administradores para “un todo”; eficaces, honrados, trabajadores y en quienes intentemos de nuevo confiar,  puesto que el ser humano es un ser social y al vivir en sociedades, esas sociedades necesitan administradores… pero buenos administradores y no todo lo que hemos padecido y a los que hay que repudiar sin contemplaciones; simplemente necesitamos una renovación de principios y fines, que estos son incapaces de realizar. Y lo son posiblemente, por cuanto faltos de inteligencia y sobrados de egoísmo, no están dotados para dirigirnos hacia  un futuro posible y razonable y  sin las perniciosas banderías o nefastos partidismos que nos asolan.

Todo ello es el fruto de que se llevan ya bastantes décadas, en que desparecidos los últimos y verdaderos estadistas… no nacieron los que debían sustituirlos (o no los dejaron llegar al poder) y al caer todos los resortes en manos de mediocridades y además cargadas de ambiciones y egoísmos;  hemos sufrido la destrucción que a la vista está, pero la que no podemos eludir las masas, por cuanto y sencillamente… somos impotentes y estamos  inermes ante toda esta pléyade de inútiles totales.

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            Lo que antecede, lo escribí a primeros de abril del 2009; hoy podría escribirlo igualmente, pero empeorándolo; puesto que la inutilidad ha ido creciendo desde entonces y sigue “su marcha normal como si tal cosa”; por otra parte el súbdito que no ciudadano, persiste en su pernicioso “borreguismo” y espera el que otros le solucionen sus muchos problemas; cosa que nunca ocurrirá.

                                Hay que aplicarse a lo que hace milenios ya aconsejaban los sabios… “El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”: Platón… Modestamente y hace ya muchos años vengo escribiendo, que… “La política es algo demasiado serio e importante para dejarla en manos… sólo de los políticos”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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