Las Noticias de hoy 10 Diciembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 10 de diciembre de 2018  

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en el Ángelus: en el Adviento, emprender un camino de conversión

Virgen María, permanece cercana a las familias del mundo

El Papa visita a sorpresa la periferia sur de Roma

NUESTRA SEÑORA DE LORETO*: Francisco Fernandez Carbajal

“Seguir de cerca las pisadas de Cristo”: San Josemaria

Rasgos de buena amistad: Salvador Bernal

Vivir de fe

Si no puedes conectar con el Adviento: Sheila Morataya

Dos falacias del «cambio de época»: Luis Fernando Valdés

Aspectos jurídicos a tener en cuenta en el caso de los bebés modificados genéticamente en China: Justo Aznar

BRECHA SALARIAL ENTRE SEXOS: Ing. José Joaquín Camacho                                              

Abecedario de la Navidad

Perpetuo renacer A la Navidad: Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina

Nuestra historia personal deja una huella en nuestros hijos: Silvia del Valle Márquez

¿Eres feliz en tu trabajo?: Lucia Legorreta

EN FRANCIA, LES « GILETS JAUNES » EXIGEN OTRO TIPO DE REPARTICIÓN DE LA RIQUEZA CREADA: Dr. Hugo SALINAS

Repudio a la promulgación de la Ley de Identidad de Género

Las diez mejores películas navideñas: Alfonso Mendiz

Los memos y sus memeces: Xus D Madrid

Estabilidad y atracción de la familia: José Morales Martín

Miedo a los emigrantes: Suso do Madrid

Pensamientos y reflexiones 204: Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

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Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

 

El Papa en el Ángelus: en el Adviento, emprender un camino de conversión

En el Adviento emprender un camino de conversión, pero también reencender la esperanza los corazones de quienes nos rodean, para hacer comprender que, a pesar de todo, el reino de Dios sigue siendo construido día a día con el poder del Espíritu Santo. Fue, en síntesis, el mensaje central del Papa en su alocución previa al rezo mariano del Ángelus en el segundo domingo de Adviento.

Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano

También este domingo, el segundo del Adviento, como en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Papa Francisco se asomó a la ventana del Palacio Apostólico para rezar con los fieles presentes en la Plaza de San Pedro la oración mariana del Ángelus. La plaza, este año embellecida por el pesebre de arena realizado por un grupo de cuatro escultores de Estados Unidos, Rusia, Holanda y República Checa, contó con la presencia de numerosos peregrinos provenientes de diversas partes del mundo: 45 mil fieles según informó la Gendarmería Vaticana. 

En el Adviento, emprender un camino de conversión

El Romano Pontífice meditó sobre el Evangelio del día, que en este segundo domingo de Adviento nos indica “cómo dar sustancia” - dijo - a la espera del nacimiento del Señor:  

«El domingo pasado la liturgia nos invitaba a vivir el tiempo de Adviento y de espera del Señor con actitud de vigilancia y también de oración: vigilen y recen. Hoy, segundo domingo de Adviento, se nos indica cómo dar sustancia a esta espera: emprendiendo un camino de conversión, cómo hacer concreta esta espera. Como guía en este camino, el Evangelio nos presenta la figura de Juan el Bautista, que ‘recorrió toda la región del río Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados' (Lc 3,3). Para describir la misión del Bautista, el evangelista Lucas recoge la antigua profecía de Isaías que dice así: ‘Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas’ (vv. 4-5).»

Preparar el camino para la venida del Señor

Pero, ¿cómo preparar el camino para el Señor que viene? Francisco utilizó la profecía de Isaías para describir el trabajo que debemos realizar en nuestro corazón y en nuestras vidas:

«Para preparar el camino para el Señor que viene, es necesario tener en cuenta las exigencias de conversión a las que invita el Bautista. ¿Cuáles son estas exigencias de conversión? Ante todo, estamos llamados a llenar los vacíos producidos por la frialdad y la indiferencia, abriéndonos a los demás con los mismos sentimientos de Jesús, es decir, con esa cordialidad y atención fraterna que se hace cargo de las necesidades del prójimo.  Es decir, rellenar los vacíos producidos por la frialdad: no se puede tener una relación de amor, de fraternidad, de caridad con el prójimo si hay agujeros, así como no se puede ir por un camino con muchos agujeros, ¿no? Y todo esto, hay que hacerlo también con una atención especial por los más necesitados. Luego necesitamos allanar tantas asperezas causadas por el orgullo y la soberbia. Cuánta gente sin darse cuenta tal vez, es soberbia, dura, no tiene una relación de cordialidad. Hay que superar esto cumpliendo gestos concretos de reconciliación con nuestros hermanos, de pedidos de perdón por nuestras culpas. No es fácil reconciliarse, siempre se piensa: ¿quién da el primer paso? Pero el Señor nos ayuda en esto si tenemos buena voluntad. La conversión, de hecho, es completa si lleva a reconocer humildemente nuestros errores, nuestras infidelidades, incumplimientos».

El creyente abre caminos en el desierto

El Santo Padre afirmó que también en los desiertos, es decir, en los contextos existenciales difíciles, el creyente “abre caminos”. E indicó que no podemos rendirnos ante las situaciones negativas, porque Jesús, y su palabra de luz, amor y consuelo, es el centro de nuestra vida:

«El creyente es aquel que, a través de su hacerse cercano al hermano, como Juan el Bautista, abre caminos en el desierto, es decir, indica perspectivas de esperanza incluso en aquellos contextos existenciales difíciles, marcados por el fracaso y la derrota. No podemos rendirnos ante las situaciones negativas de cerrazón y rechazo; no debemos dejarnos subyugar por la mentalidad del mundo, porque el centro de nuestra vida es Jesús y su palabra de luz, de amor, de consuelo, ¡es Él!».

Discípulos de Jesús llamados a reencender la esperanza

A seguir, el Pontífice recordó el testimonio de vida del Bautista, quien "con la pureza y la valentía de su anuncio", logró despertar en la gente las expectativas por el Mesías que en ese tiempo estaban adormecidas:

«El Bautista invitaba a la gente de su tiempo a la conversión con fuerza, con vigor, con severidad. Sin embargo, sabía escuchar, sabía cumplir gestos de ternura, gestos de perdón hacia la multitud de hombres y mujeres que acudían a él para confesar sus pecados y ser bautizados con el bautismo de la penitencia. El testimonio de Juan el Bautista, nos ayuda a ir adelante en nuestro testimonio de vida. La pureza de su anuncio, su valentía en el anuncio de la verdad lograron despertar las expectativas y esperanzas del Mesías que desde hace tiempo estaban adormecidas. Aún hoy, los discípulos de Jesús están llamados a ser sus testigos humildes pero valientes para reencender la esperanza, para hacer comprender que, a pesar de todo, el reino de Dios sigue siendo construido día a día con el poder del Espíritu Santo. Pensemos, cada uno de nosotros: ¿cómo puedo cambiar algo de mi actitud, para preparar el camino al Señor?».

Sembrar paz, justicia y fraternidad

En la conclusión de su alocución antes del Ángelus, el Obispo de Roma pidió que «la Virgen María nos ayude a preparar día a día el camino del Señor, comenzando por nosotros mismos; y a sembrar a nuestro alrededor, con tenacidad y paciencia, semillas de paz, justicia y fraternidad». Y antes de retirarse saludó con afecto a los peregrinos de Roma, de Italia y de diversas partes del mundo. En particular, Francisco saludó a los jóvenes de la diócesis de Orvieto-Todi, deseándoles un buen camino de Adviento. También saludó a los fieles de Trapani, Caltagirone y Bronte, y a los confirmandos de Almè (Bergamo). Y con el augurio de un feliz domingo para todos, pidió que por favor, no nos olvidemos de rezar por él. “¡Buen almuerzo y hasta pronto!”, finalizó.

 

 

Virgen María, permanece cercana a las familias del mundo

El Papa Francisco, en su oración a la Virgen María en la Plaza de España, le pidió a la Madre de Dios, que se quede cerca de las familias que hoy en Roma, en Italia, y en el mundo entero viven situaciones de indiferencia, rechazo y a veces desprecio. Le pidió que sean tutelados los derechos de las familias. En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción Francisco se dirigió a la Basílica de Santa María Mayor, para rendir un homenaje a la Virgen Salus Populi Romani

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Seguidamente, y como es tradición se dirigió a las cuatro de la tarde a la Plaza de España, al acto de oración y homenaje a la Virgen de la Inmaculada. La Plaza de España, lugar donde se encuentra también la embajada española ante la Santa Sede, estaba abarrotada de fieles deseosos de compartir el momento de la oración del Papa y la entrega de la ofrenda floral al monumento de la Inmaculada, que reposa sobre una esbelta columna de aproximadamente 12 metros de altura.

Oración completa del Papa a Nuestra Señora Inmaculada:

Madre Inmaculada, en el día de tu fiesta, tan querida por el pueblo cristiano,

Vengo a rendirte un homenaje en el corazón de Roma.

En mi corazón traigo a los fieles de esta Iglesia.

y todos los que viven en esta ciudad, especialmente los enfermos.

y cuántos por diferentes situaciones les cuesta salir adelante.

En primer lugar, queremos agradecerte.

Por el cuidado materno con el que nos acompañas en nuestro camino:

¡Cuántas veces oímos, con lágrimas en los ojos, a aquellos que han experimentado tu intercesión por las gracias que pides por nosotros a tu Hijo Jesús!

También pienso en una gracia ordinaria que das a las personas que viven en Roma:

La de afrontar los inconvenientes de la vida cotidiana con paciencia.

Cada uno que ponga de su parte por una vida mejor

Ante los inconvenientes de la vida cotidiana, el Papa le pidió a la Virgen María, que nos dé fuerza para no rendirnos, más bien, de permitir que cada uno ponga de su parte para mejorar las cosas. Para que el cuidado de cada uno haga que Roma sea más bella y habitable para todos; Porque el deber bien hecho de cada uno asegure los derechos de todos. En su oración el Papa pidió por “aquellos que tienen roles de mayor responsabilidad” pensando en el bien común de la ciudad, para que la Virgen les de sabiduría, previsión, espíritu de servicio y colaboración. Y le pidió por los sacerdotes, y mujeres de vida consagrada, religiosa y secular:

Santa Virgen

Quisiera confiarte en modo particular a los sacerdotes de esta diócesis:

Los párrocos, los vice-párrocos, los sacerdotes ancianos que con el corazón de pastores continúan trabajando por el pueblo de Dios,

Por los tantos sacerdotes estudiantes de todo el mundo que colaboran en las parroquias.

Por todos ellos te pido la dulce alegría de evangelizar

y el don de ser padres, cercanos al pueblo, misericordiosos.

A ti, Mujer, consagrada a Dios, confío a las mujeres consagradas en la vida religiosa y en la vida secular,

que gracias a Dios en Roma hay tantas, más que en cualquier otra ciudad del mundo,

y forman un hermoso mosaico de nacionalidades y culturas.

Por ellas, te pido la alegría de ser, como Tú, esposas y madres,

Fecundas en la oración, en la caridad, en la compasión.

Virgen María, cercana a las familias

Oh Madre de Jesús, Una última cosa te pido, en esta época de Adviento, pensando en los días en que Tú y José estaban ansiosos por el inminente nacimiento de vuestro hijo, preocupados porque estaba el censo y también porque tenían que abandonar vuestro país, Nazaret, e ir a Belén. Sabes lo que significa llevar en el seno la vida y sentir a tu alrededor la indiferencia, el rechazo, a veces el desprecio.

Al respecto, el Pontífice le pidió a la Madre de Dios, que se quede cerca de las familias que hoy en Roma, en Italia, y en el mundo entero viven situaciones similares, para que no estén abandonas a sí mismas, sino tutelados sus derechos, derechos humanos que van antes que cualquier, exigencia, por muy legítima que sea. Y que vele por Roma, que no falte por ningún lado dijo, el testamento de Jesús: "Amaos como yo os he amado" (cf. Jn 13, 34).

Oh María Inmaculada, Amanecer de la esperanza en el horizonte de la humanidad.

Vela por esta ciudad,

En los hogares, las escuelas, las oficinas, los comercios,

en las fábricas, hospitales, cárceles;

que no falte en ninguna parte lo que Roma tiene más preciado,

y que conserva para el mundo entero, el testamento de Jesús:

"Amaos como yo os he amado" (cf. Jn 13, 34).

Amén.

Al concluir este acto, el Pontífice se dirigió a la sede del cotidiano romano "Il Messaggero", para saludar a los dirigentes y al personal.

Oración completa del Papa a la Virgen Inmaculada

 

 

El Papa visita a sorpresa la periferia sur de Roma

El Santo Padre Francisco, en el marco del "Viernes de la Misericordia", ha visitado en la tarde de hoy, "CasAmica Onlus" y la comunidad terapéutica "El Puente y el Árbol", en la perifera sur de Roma, informa en un comunicado la Oficina de Prensa de la Santa Sede

María Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano

Este viernes 7 de diciembre, el Santo Padre ha querido retomar el compromiso pastoral del Viernes de la Misericordia. Así lo informa en un comunicado la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ilustrando el recorrido realizado por el Pontífice.

El Papa salió las 15.30 horas de Casa Santa Marta acompañado de S.E. Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y esta vez visitó dos realidades en el extremo sur de los suburbios de Roma.

CasAmica Onlus

La primera visita lo llevó a la CasAmica Onlus en la zona de Trigoria, una estructura que acoge a personas enfermas que deben recibir atención hospitalaria continua, acompañadas por sus familiares. Se trata de personas que atraviesan graves dificultades económicas y que no disponen de recursos suficientes para mantener su sustento primario cotidiano. Los huéspedes de la estructura son en su mayoría italianos y provienen de las regiones del sur, obligados a trasladarse a los principales centros de salud de Roma para recibir tratamiento, además estaban presentes algunas familias del norte de África y de Europa del Este. Las estructuras hospitalarias que atienden a los huéspedes de la Asociación, que padecen enfermedades muy graves, como tumores o leucemia, son el Campus Biomédico, el Instituto Nacional de Tumores Regina Elena y el Hospital Pediátrico Bambino Gesù. El servicio que se ofrece en estos centros pone de relieve el fenómeno de las "migraciones por motivos de salud", a lo que se añade la carga de incomodidades y la pobreza que ello conlleva.

El Papa llamó a la puerta y fue recibido por el personal de servicio, que quedó sorprendido por la inesperada visita. A su llegada, algunos pacientes se encontraban en la gran cocina y algunos niños en la sala de juegos. El Santo Padre se detuvo a jugar y a bromear con ellos, luego intercambió algunas palabras de consuelo con los padres que lo recibieron con gran afecto, escuchando con mucha atención sus sufrimientos. Luego el Papa Francisco - acompañado por la Presidenta de la Asociación CasAmica Onlus, Dra. Lucia Cagnacci Vedani - escuchó la historia de Aquiles y Andrei, dos niños de 13 y 11 años de edad que sufren de enfermedad oncológica grave, huéspedes en la institución con sus padres, aquella de Sandra y Plamen de Bulgaria y la de Arwa que viene de Marruecos, niños de 3 a 5 años de edad con enfermedades hematológicas; y, por último, al Sr. Orazio da Montalto di Castro, al Sr. Giuseppe da Cosenza y a la Sra. Giosina da Acireale, acompañados de sus respectivos cónyuges, que también padecen graves enfermedades oncológicas.

Antes de saludarlos, el Santo Padre dejó un pergamino en memoria del encuentro y entregó algunos regalos para las familias.

El Puente y el Árbol

Posteriormente, el Papa se dirigió a la comunidad de rehabilitación terapéutica "Il Ponte e l'Albero" (El Puente y el árbol) - se lee comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede -, situada en uno de los "puentes" del barrio Laurentino 38, una zona muy difícil de la periferia sur de Roma. Los huéspedes de la estructura son doce jóvenes con problemas mentales, que han experimentado condiciones familiares que no han hecho posibles mejorías en  su situación.

El Papa, a pie, subió dos escalones del "puente", llegó hasta donde estaban los muchachos, sorprendiéndolos en medio de una de sus actividades. Con esta visita, el Papa Francisco ha realizado el deseo de estos jóvenes, que hace meses le habían escrito una carta en la que le hablaban de sus dificultades cotidianas causadas por sus dificultades mentales, así como de su voluntad y sus esfuerzos para continuar en el camino del tratamiento junto a los médicos y agentes, esperando una visita del Pontífice.

Luego, se sentó con ellos, los escuchó y los animó, respondiendo a sus preguntas. Mientras tanto, también han llegado a la comunidad algunos padres que han abrazado al Papa con gran emoción, agradeciéndole este gesto de cercanía.

El Papa Francisco escuchó al Dr. Paolo Stievano, Director Psicólogo de la institución, quien le explicó la gran angustia de estos chicos y cómo la estructura sanitaria del Departamento de Salud Mental de la "ASL Roma 2" logra proveer ayuda a las familias.

El Papa dejó un gran pan dulce de 10 kg como regalo para las próximas fiestas navideñas. Y al final de la visita, el Santo Padre regresó al Vaticano.

 

 

NUESTRA SEÑORA DE LORETO*

Memoria

— La casa de Nazareth.

— El hogar de Nazareth, modelo que han de imitar los hogares cristianos.

— Hacer la vida amable a quienes conviven con nosotros.

I. El culto de la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto «está vinculado, según la antigua y viva tradición, a la casa de Nazareth; la casa en la que, como recuerda el Evangelio de la Misa de hoy, María habitó después de los desposorios con José; la casa de la Sagrada Familia»1, el hogar que con tanto cariño prepararía San José para recibir a Santa María. Esta morada fue en primer lugar la casa de María, pues «toda casa es, ante todo, santuario de la madre. Y ella lo crea de modo especial con su maternidad»2. Dios desea «que los hijos de la familia humana, al venir al mundo, tengan un techo sobre su cabeza, que tengan una casa. Sin embargo, la casa de Nazareth, como sabemos, no fue el lugar del nacimiento del Hijo de María e Hijo de Dios. Probablemente, todos los antepasados de Cristo, de los que habla la genealogía del Evangelio de hoy según San Mateo, venían al mundo bajo el techo de una casa. Esto no se le concedió a Él. Nació como un extraño en Belén, en un establo. Y no pudo volver a la casa de Nazareth, porque, obligado a huir desde Belén a Egipto por la crueldad de Herodes, solo después de morir el rey, José se atrevió a llevar a María con el Niño al hogar de Nazareth. Y desde entonces en adelante, esa casa fue el lugar de la vida cotidiana, el lugar de la vida oculta del Mesías; la casa de la Sagrada Familia. Fue el primer templo, la primera iglesia en la que la Madre de Dios irradió su luz con su maternidad. La irradió con su luz, procedente del gran misterio de la Encarnación; del misterio de su Hijo»3.

Sus muros fueron testigos del amor entrañable de los miembros de la Sagrada Familia, del trabajo escondido de los seres que Dios más amó en el mundo. Esta morada, llena de luz y de amor, limpia, alegre, de servicio gustoso, es el modelo de todos los hogares cristianos. En ella se reflejaría el alma de María; los modestos adornos, el orden, la limpieza, hacían que Jesús y José, después de una jornada de trabajo, encontraran el descanso junto a Nuestra Señora. El cuidado material de nuestros hogares, a veces rodeados de una gran pobreza, de unos muebles modestos, nunca es indiferente para esa convivencia en la que debemos encontrar a Dios. La Virgen María nos enseña hoy a que sean también muestra de caridad hacia los demás.

II. Ante el Cielo, aquella casa de Nazareth resplandecía de luz, porque allí se encontraba la Luz del mundo. A la vez, fue un hogar que sobresalía por su limpieza, por el buen gusto dentro de su pobreza, por el cuidado de las cosas... Nuestra Señora preparó la comida muchas veces, remendó la ropa y procuró que aquel hogar estuviera siempre acogedor. ¡Con qué amor serviría Santa María a Jesús y a José! ¡Cómo estaría pendiente de esos momentos del mediodía cuando hacían un parón en el trabajo, o al atardecer cuando daban por concluida su tarea! En el calor de intimidad de aquel hogar fue creciendo el Hijo de Dios, hasta que llegó el tiempo prefijado desde la eternidad para iniciar su predicación por ciudades y aldeas. Siempre tendría presentes aquellas paredes y aquel lugar pobre, pero ordenado y limpio, humanamente agradable. Cuando, en su ministerio público, Jesús volvió a Nazareth recordaría momentos inolvidables junto a su Madre y a San José. Entre las cosas que Santa María guardaba en su corazón4 estarían sin duda tantos pequeños sucesos corrientes de su Hijo, que fueron la alegría de su alma. «No olvidemos que la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor de Dios!»5.

Dios quiere que sus hijos nazcan, vivan y se formen en un hogar, que ha de ser imitación del de Nazareth. Aunque la mujer está llamada a desempeñar funciones capitales en otros trabajos en bien de la sociedad, la dedicación al cuidado de su hogar ocupará un lugar central en su vida, pues es allí donde principalmente, a través de múltiples detalles, ejerce esa maternidad sobre los suyos, el encargo más excelente que ha recibido del Señor. Y marido y mujer no deben olvidar «que el secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad; en el aprovechamiento también de todos los adelantos que nos proporciona la civilización, para hacer la casa agradable, la vida más sencilla, la formación más eficaz»6.

En la Sagrada Familia tenemos el modelo que hemos de mirar muchas veces. «Nazareth es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida»7. ¡Cuántas veces en nuestra oración mental hemos entrado en aquella casa modesta de Nazareth y hemos contemplado a Jesús, a María y a José mientras trabajan, y en los muchos detalles que tendrían entre sí, en la convivencia diaria!

Examinemos hoy junto a la Sagrada Familia si nuestros hogares son un reflejo de aquel de Nazareth: si procuramos que Jesús ocupe el centro de los pensamientos y del amor de todos, si mantenemos despierto el espíritu de servicio, si nos desvivimos por hacer la vida amable a los demás; o si, por el contrario, se dan riñas frecuentes, si nos preocupamos excesivamente de lo nuestro, si por presiones del ambiente dejamos esas costumbres cristianas que tanto ayudan a tener presente a Dios: la bendición de la mesa, el rezo de alguna oración en común, el asistir juntos a la Misa del domingo o de alguna fiesta principal...

III. «¡Qué gran ejemplo de convivencia cotidiana! afirmaba León XIII, refiriéndose a la Sagrada Familia. ¡Qué perfecta imagen de un hogar! Allí se vive con sencillez de costumbres y calor humano; en constante armonía de sentimientos; sin desorden, con mutuo respeto; con amor sincero, sin fingimientos, plenamente operativo por la perseverancia en el cumplimiento del deber, que tanto atrae a los que lo contemplan»8. Es allí donde debemos mirar para reproducir en nuestras familias el ejemplo de Jesús, María y José.

El calor de hogar no solo depende de la madre aunque su función no es fácilmente sustituible, sino de la aportación personal de cada uno. Hemos de vivir pensando en los demás, usar de las cosas de tal manera que haya algo que ofrecer siempre a otros, cuidar de las tradiciones propias de cada familia... ¡Cuánta semejanza puede haber entre nuestra vida y la de Jesús, María y José en la casa de Nazareth! Todo transcurrió allí con la más completa normalidad, sin acontecimientos de extraordinario relieve externo. El Señor no nos pide sacrificios llamativos. Nos busca, sin embargo, en la propia familia, en mil pequeños detalles de entrega: una sonrisa para aquel que se encuentra más cansado, adelantarnos en los pequeños servicios que requiere toda convivencia, no manifestar desagrado por cosas de poca importancia, vencer el malhumor para no hacer daño a los demás, estar atentos al santo o cumpleaños de quienes conviven con nosotros, festejar en familia esos aniversarios y fiestas especialmente ligados a todos...

«Acepta, ¡oh Señora de Loreto! oraba el Papa Juan Pablo II en este Santuario, Madre de la casa de Nazareth, esta peregrinación mía y nuestra, que es una gran oración común por la casa del hombre de nuestra época: por la casa que prepara a los hijos de toda la tierra para la casa eterna del Padre en el Cielo»9. A Ella le pedimos que nos enseñe a cuidar del propio hogar, como del lugar querido por Dios para aprender y ejercitar las virtudes humanas y sobrenaturales y para restaurar las fuerzas perdidas en orden a una mayor eficacia en el servicio que prestamos a la sociedad con nuestro trabajo, y en el apostolado. Le pedimos que nuestras casas «constituyan esos hogares vivos del amor, en los cuales el hombre puede calentarse cada día»10, y que sean anticipo de la Casa del Cielo, un cielo aquí en la tierra.

1 Juan Pablo II, Homilía en Loreto, 8-IX-1979. — 2 Ibídem. — 3 Ibídem. — 4 Cfr. Lc 2, 51. — 5 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 148. — 6 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, n. 91. — 7 Pablo VI, Homilía en Nazareth, 5-I-1964. — 8 León XIII, Enc. Laetitiae sanctae, 8-IX-1893, 3. — 9 Juan Pablo II, loc cit. — 10 ídem, Exhort. Apost. Familiaris consortio, 22-IX-1981, 37.

En el Santuario de Loreto, según antigua tradición, se conserva la Santa Casa, donde la Virgen nació y recibió el anuncio de su divina maternidad. El pequeño edificio, tal como aparece hoy, consiste en una pieza rectangular, construida con piedras arenosas de sillería unidas por argamasa de barro; la parte superior es de ladrillo. Las paredes no son visibles desde el exterior, habiendo sido incluidas en el siglo xvi en un monumental revestimiento marmóreo. La imagen de la Virgen es obra reciente, y sustituye a una procedente del siglo xvi que fue destruida en el incendio de 1921. Loreto fue, desde muy antiguo, centro de peregrinaciones y foco de piedad mariana.

 

 

“Seguir de cerca las pisadas de Cristo”

Nuestra condición de hijos de Dios nos llevará –insisto– a tener espíritu contemplativo en medio de todas las actividades humanas –luz, sal y levadura, por la oración, por la mortificación, por la cultura religiosa y profesional–, haciendo realidad este programa: cuanto más dentro del mundo estemos, tanto más hemos de ser de Dios. (Forja, 740)

No miramos al mundo con gesto triste. Involuntariamente quizá, han hecho un flaco servicio a la catequesis esos biógrafos de santos que querían, a toda costa, encontrar cosas extraordinarias en los siervos de Dios, aun desde sus primeros vagidos. (…)
Ahora, con el auxilio de Dios hemos aprendido a descubrir, a lo largo de la jornada en apariencia siempre igual, spatium verae poenitentiae, tiempo de verdadera penitencia; y en esos instantes hacemos propósitos de emendatio vitae, de mejorar nuestra vida. Este es el camino para disponernos a la gracia y a las inspiraciones del Espíritu Santo en el alma. Y con esa gracia repito viene el gaudium cum pace, la alegría, la paz y la perseverancia en el camino. (Es Cristo que pasa, 9)

 

Rasgos de buena amistad

Artículo de Salvador Bernal sobre cómo entendió y vivió la amistad el fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer. Publicado originalmente en Scripta Theologica (ene-abr 2002, Vol. 34).

Bibliografía y ensayos09/12/2018

Opus Dei - Rasgos de buena amistad

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Cuando escribí en 1976 Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei [Actualizado y publicado en formato digital recientemente], titulé tiempo de amigos el capítulo cuarto, a continuación del dedicado al momento fundacional de 1928. Quería relatar cómo la historia de los comienzos del Opus Dei se puede compendiar como historia de los amigos de su Fundador. A la vez, esas páginas apasionadas expresarían un rasgo de la personalidad de Josemaría Escrivá de Balaguer: su honda capacidad de amistad[1]. Reflejaban la técnica que había elegido al elaborar mi texto, como explicaba en la presentación: llegar a un perfil basado en hechos y datos históricos, sin orden cronológico; sucesos y escritos de épocas diversas se aproximaban y entremezclaban con libertad, para apuntar en rápidos trazos los rasgos del Fundador que, en cada capítulo, quería destacar.

Quería relatar cómo la historia de los comienzos del Opus Dei se puede compendiar como historia de los amigos de su Fundador

Recordaba entonces que, cuando llegó a Madrid, en 1927, la mayor parte de sus amigos quedaba en Aragón y en la Rioja. Algunas familias, conocidas de la suya, vivían en la capital de España. Después del 2 de octubre de 1928, esas relaciones de amistad –junto a las que surgían con ocasión de su trabajo sacerdotal, sus tareas de enseñanza en la Academia Cicuéndez y las clases particulares que se veía obligado a dar– fueron el campo en que fructificó la semilla de la llamada cristiana al Opus Dei. Día a día, infatigablemente, dedicando su mejor tiempo a la oración, acompañado por la plegaria y el sufrimiento de los enfermos de los hospitales, el Fundador llevó adelante su misión: con los amigos, con los amigos de los amigos. Don Josemaría Escrivá no dejaba de rogar a las personas que se confesaban con él que le facilitaran nombres de amigos que pudieran participar en su apostolado. Los miembros del Opus Dei de aquellos años, cuando evocaban la llamada de Dios, solían referirse siempre al amigo que les presentó al que había de ser para ellos auténtico Padre.

No está de más matizar, desde el primer momento, que no forzaba las cosas. En concreto, nunca transformó la amistad en mero instrumento de apostolado. Dios se sirvió de su capacidad de enlazar con la gente para que vinieran al Opus Dei sus primeros seguidores. Pero abundan también los nombres –incluso de personas a las que acompañaba con su dirección espiritual, según la terminología clásica– a los que no habló del Opus Dei, o se limitó a rogarles que rezaran por él y por su misión apostólica. Ante todo, fue amigo de sus amigos.

Amigos y bienhechores de San Josemaría

“Era muy alegre y comprensivo, y muy sencillo y sin recámaras, se hacía amigo de todos, y todos le querían. Yo no supe de nadie que tuviera enemistad con él personalmente”, pondera el dominico Silvestre Sancho, que le trató mucho durante los años cuarenta. No ignoraba, sin embargo, las graves contradicciones que sufrió precisamente por ese tiempo. Tal vez quería subrayar la verdad profunda de lo que Josemaría Escrivá había escrito en Camino, 838: “No tengas enemigos. ‑Ten solamente amigos: amigos... de la derecha ‑si te hicieron o quisieron hacerte bien‑ y... de la izquierda ‑si te han perjudicado o intentaron perjudicarte‑”. Esta idea, en su fundamento sobrenatural, aparece también en Forja 869: “Si de veras amases a Dios con todo tu corazón, el amor al prójimo ‑que a veces te resulta tan difícil‑ sería una consecuencia necesaria del Gran Amor. ‑Y no te sentirías enemigo de nadie, ni harías acepción de personas”.

No me detendré aquí en la realidad histórica de unas maledicencias y murmuraciones muy fuertes. Casi siempre, cuando tengo que escribir sobre el Fundador del Opus Dei, me viene a la mente el 17 de mayo de 1992, día de su beatificación por el Papa Juan Pablo II. Por mi oficio informativo, me tocó vivir esa jornada desde Madrid. Residía entonces en un edificio de la calle Diego de León. A las diez de la mañana de aquel domingo, seguí la ceremonia, a través de la televisión, a muy pocos metros del oratorio al que acudió Josemaría Escrivá una noche de 1942: “Señor, si Tú no necesitas mi honra, yo ¿para qué la quiero?”.

Eran años de posguerra en España. La Iglesia había recuperado la libertad perdida. Para el Fundador del Opus Dei, no fueron tiempos de victoria, sino de cruz. En esa época de triunfalismo, debió de ser uno de los pocos eclesiásticos al que era lícito insultar. Se le puso como un trapo. Dios le bendijo con la contradicción de los buenos, como se puede deducir de dos puntos de Forja, el 803, escrito en tercera persona, como si de otro se tratara: “Hijo, óyeme bien: tú, feliz cuando te maltraten y te deshonren; cuando mucha gente se alborote y se ponga de moda escupir sobre ti, porque eres «omnium peripsema» -como basura para todos...”.

Se veía considerado como toda la porquería del mundo, como un pobre gusano, y no le resultaba fácil aceptar esa dura Voluntad de Dios, porque tenía un carácter enérgico,sensible a la libertad y a las injusticias, y era bien consciente del valor radical de la buena fama para los hombres. Cuando Mons. Escrivá de Balaguer evocaba con rapidez estos sucesos, en Buenos Aires, una tarde de 1974, añadía: “y me costaba, me costaba porque soy muy soberbio, y me caían unos lagrimones...”. Lo cierto es que se abandonó por completo en las manos de Dios, y renunció a defenderse.

En Forja 1052, quedó estampada la plegaria del Fundador del Opus Dei en aquellas horas de desconsuelo: “Jesús mío, ¿qué iba a darte, fuera de la honra, si no tenía otra cosa? Si hubiera tenido fortuna, te la habría entregado. Si hubiera tenido virtudes, con cada una edificaría, para servirte. Sólo tenía la honra, y te la di.¡Bendito seas! ¡Bien se ve que estaba segura en tus manos!”.

Muchas veces me han preguntado por la razón de esas incomprensiones. No he sabido contestar con claridad, porque no se explica que los dardos se lanzaran contra persona de tan gran corazón. Bien es verdad que su temperamento era vivo y enérgico, y tal vez Dios permitía la contradicción para ayudarle a domeñar el carácter, como podría deducirse indirectamente de Camino, 20: “Chocas con el carácter de aquel o del otro... Necesariamente ha de ser así: no eres una moneda de cinco duros que a todos gusta. / Además, sin esos choques que se producen al tratar al prójimo, ¿cómo irías perdiendo las puntas, aristas y salientes ‑imperfecciones, defectos‑ de tu genio para adquirir la forma reglada, bruñida y reciamente suave de la caridad, de la perfección? / Si tu carácter y los caracteres de quienes contigo conviven fueran dulzones y tiernos como merengues, no te santificarías”.

Mi impresión es que dificultades de ese estilo surgieron sobre todo en ambientes eclesiásticos o clericales. Así se deduce de algunas escenas –tampoco excesivas– entre los seminaristas de San Francisco de Paula; de sus problemas con un pariente próximo, Arcediano de la Seo; de los primeros pasos como sacerdote en la diócesis de Zaragoza; de algunas reacciones desmesuradas que oyó en la curia de Madrid; de las críticas por su nombramiento oficial en el Patronato de Santa Isabel, o de las graves acusaciones de los años de posguerra en España (compatibles con el aprecio y prestigio entre obispos y superiores religiosos, que le llamaban para predicar a sacerdotes, seminaristas y comunidades de tantos lugares). Fenómenos análogos se darán andando los años en ambientes vaticanos específicos, insignificantes hoy al trasluz de las aprobaciones pontificias y la expansión universal del Opus Dei. Quizá resultaba indispensable ese contraste de una mentalidad laical –como la del Fundador– con los elementos estamentales propios de una época cultural hoy gozosamente superada.

En cualquier caso, para Josemaría Escrivá no fueron enemigos, sino bienhechores, por los que rezaba a diario: “Considera el bien que han hecho a tu alma los que, durante tu vida, te han fastidiado o han tratado de fastidiarte. / ‑Otros llaman enemigos a estas gentes. Tú, tratando de imitar a los santos, siquiera en esto, y siendo muy poca cosa para tener o haber tenido enemigos, llámales "bienhechores". Y resultará que, a fuerza de encomendarlos a Dios, les tendrás simpatía”[2].

El fundador del Opus Dei tuvo muchos amigos

El gran lema de su existencia fue “ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca”. A lo largo de los años, el Beato [San] Josemaría triunfó plenamente en su propósito de pasar inadvertido. Sólo después del 26 de junio de 1975 pude comprobar la amplitud y la calidad de gentes que le querían y admiraban en silencio, sin expresarlo externamente. En cambio, a partir de su fallecimiento, en todas partes se publicaron artículos, comentarios, recuerdos, que venían a exponer el afecto ante el amigo desaparecido y mostraban públicamente la gratitud que no se habían atrevido a manifestar antes, porque Mons. Escrivá de Balaguer no lo toleraba: las gracias –señalaba habitualmente– sólo a Dios deben darse. La realidad es que tuvo muchos amigos, y fue un gran amigo; y sigue siendo amigo de quienes recurren confiadamente a su intercesión.

En mis contactos con quienes le conocieron y trataron, aunque eran mujeres y hombres muy distintos, advertí idéntica reacción. No había más que facilidades: como si me agradecieran poder lanzar al fin a todos los vientos vivencias íntimas que no querían conservar sólo para ellos, pues podían ayudar a otras almas, en servicio de la Iglesia.

Aparte de esas vivencias inmediatas, se prestaron con gusto luego a poner por escrito su recuerdo personal sobre la vida y las virtudes de Mons. Escrivá de Balaguer, pensando en la causa de canonización. Años después, con su autorización expresa, se publicó un libro que reunía especialmente testimonios de personalidades del mundo eclesiástico (cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos). A finales de 2001 fue traducido al italiano por Edizioni Ares con el expresivo título Un santo per amico[3].

Decir de alguien que tiene muchos amigos es elogio evidente. En la experiencia cristiana, no es menos claro que la gracia de Dios amplifica el corazón de las almas santas: su capacidad de querer no se agota en un círculo reducido de personas íntimas, de amigos del alma, sino que se agranda en planos sucesivos. De hecho, la propia amistad crece con el número de amigos, incompatible con ambientes empequeñecidos, según lo que se lee en Surco, 752: “La atracción de tu trato amable ha de ensancharse en cantidad y calidad. Si no, tu apostolado se extinguirá en cenáculos inertes y cerrados”. Hasta alcanzar la máxima sociabilidad solidaria de la amistad o caridad social, exigencia de la fraternidad humana y cristiana[4].

En una página de Apuntes..., resumí la diversidad, la universalidad de personas, que a raíz de su muerte publicaron artículos, comentarios y recuerdo del amigo desaparecido: “Junto a amigos de la infancia o condiscípulos, profesores y alumnos. Periodistas y escritores, como Aznar o Cortés Cavanillas. Catedráticos y universitarios, como Rodríguez Casado o García Hoz. Artistas, como Jenaro Lázaro, y obreros, como Gonzalo Larrocha, botones de la Residencia DYA en la calle de Ferraz, 50. Sacerdotes y religiosos, que, con los años, prestarían servicios destacados a la Iglesia: don Vicente Blanco, don Sebastián Cirac, don José María García Lahiguera, don Casimiro Morcillo, don Pedro Cantero, don José María Bueno Monreal, don Marcelino Olaechea, fray José López Ortiz...”. Si hubiera redactado hoy esa página, tal vez habría añadido a algunas otras figuras eximias de la Iglesia universal en el siglo XX, como los cardenales Baggio, Casariego, Dell’Acqua, Hengsbach, Höffner, König o Poletti.

El Beato [San] Josemaría subrayó en Surco, 193 que “quienes han encontrado a Cristo no pueden cerrarse en su ambiente: ¡triste cosa sería ese empequeñecimiento! Han de abrirse en abanico para llegar a todas las almas. Cada uno ha de crear ‑y de ensanchar‑ un círculo de amigos, sobre el que influya con su prestigio profesional, con su conducta, con su amistad, procurando que Cristo influya por medio de ese prestigio profesional, de esa conducta, de esa amistad”.

Desde esa perspectiva, la capacidad de amistad se agranda hasta extremos increíbles, porque “el corazón humano tiene un coeficiente de dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que supera todas las barreras. / Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón”[5].

Se va entonces a las almas con espíritu abierto, sin discriminación alguna. La humilde magnanimidad del seguidor de Jesús abate barreras y divisiones, y transforma al cristiano en efectivo y permanente instrumento de unidad[6].

 

La iniciativa en la amistad

El cristiano procura siempre salir de sí mismo, para interesarse por los demás: qué son, qué hacen, cómo piensan. Está convencido de que, respecto de quienes le rodean, no puede conformarse con ningún tipo de pasividad o languidez[7], especialmente cuando observa que tantas personas sufren la soledad o la indiferencia. Al hombre de Dios no le cuesta tomar la iniciativa, dar el primer paso hacia la amistad. Como evoca Mons. Echevarría, el Beato [San] Josemaría Escrivá “no se dejó llevar por simpatías o antipatías en el trato. Atendió a personas que eran evitadas por sus amistades, por compañeros de trabajo, o por la propia familia. Tuvo una solicitud paciente con personas aisladas por su enfermedad, su carácter hosco o sus extravagancias”[8]. Cumplió el propósito firme de buena amistad que dejó estampado en Surco, 748: “que nunca deje de practicar la caridad, que jamás dé paso en mi alma a la indiferencia”.

Secundaba así en su existencia el ejemplo de la vida de Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que tantas veces consideró en su meditación personal, como se advierte al leer sus escritos: “Fijaos en que toda su vida está llena de naturalidad. Pasa seis lustros oculto, sin llamar la atención, como un trabajador más, y le conocen en su aldea como el hijo del carpintero. A lo largo de su vida pública, tampoco se advierte nada que desentone, por raro o por excéntrico. Se rodeaba de amigos, como cualquiera de sus conciudadanos, y en su porte no se diferenciaba de ellos. Tanto, que Judas, para señalarlo, necesita concertar un signo: aquel a quien yo besare, ése es (Mt XXVI, 48)”[9].

Muchas veces se emocionó el Beato [San] Josemaría ante el calor de la amistad del hogar de Betania, ante los sollozos de Jesús que llora por Lázaro, el amigo muerto[10]. Se conmovía ante la Humanidad de Cristo, “que no dejaba de agradecer los servicios que le prestaban. Le atraía la felicidad que se respiraba junto al Maestro, que no rechaza las pruebas de cariño de los que le rodean. Y de estas lecciones sacaba consecuencias: ‘el Señor no tenía un corazón seco, tenía un corazón de hondura infinita que sabía agradecer, que sabía amar’[11]. Y se hizo amplio eco en sus enseñanzas de esa gran pedagogía divina del Corazón de Cristo, que contrasta con tanta pequeñez humana: “Jesucristo, que ha venido a salvar a todas las gentes y desea asociar a los cristianos a su obra redentora, quiso enseñar a sus discípulos ‑a ti y a mí‑ una caridad grande, sincera, más noble y valiosa: debemos amarnos mutuamente como Cristo nos ama a cada uno de nosotros. Sólo de esta manera, imitando ‑dentro de la propia personal tosquedad‑ los modos divinos, lograremos abrir nuestro corazón a todos los hombres, querer de un modo más alto, enteramente nuevo”[12].

En definitiva, Jesús “es Amigo, el Amigo: vos autem dixi amicos (Ioh XV, 15), dice. Nos llama amigos y El fue quien dio el primer paso; nos amó primero. Sin embargo, no impone su cariño: lo ofrece. Lo muestra con el signo más claro de la amistad: nadie tiene amor más grande que el que entrega su vida por sus amigos (Ioh XV, 13)”[13].

En cierta medida, el Fundador del Opus Dei aprendió en el hogar de sus padres esa característica del alma cristiana que lleva a anticiparse en el afecto. Amigos de infancia han evocado, por ejemplo, la amistad de Josemaría con su padre, manifestada externamente en los grandes paseos que daban juntos en Barbastro. Esa relación de confianza se basaba en la iniciativa de don José Escrivá, que le invitaba a “que abriese el corazón y le contase sus preocupaciones, con objeto de ayudar al pequeño a vencer arrebatos impulsivos de su naciente carácter o a sacrificar gustos y caprichos. Don José le escuchaba sin apresuramientos y satisfacía las preguntas propias de la curiosidad infantil ante la vida. Al hijo le agradaba ver que el padre se mostrara disponible para ser consultado y que, si le hacía una pregunta, le tomase siempre en serio[14].

Rasgos de buena amistad

En mi recuerdo personal de Mons. Escrivá de Balaguer, y en tantos libros sobre su vida y sus enseñanzas, he encontrado esos rasgos de buena amistad que configuran una de las facetas más ricas de su personalidad humana y apostólica. Los he agrupado en unos epígrafes que no reflejan estricto orden de preferencia: no me resulta fácil –tampoco en este punto– distinguir si estamos ante una faceta de su carácter o ante el fruto de la gracia de Dios, que actúa de modo aparentemente natural.

Lo humano y lo divino se funden armónicamente en la vida del Fundador del Opus Dei, camino de santidad en medio del mundo. Llega un momento en el que el Beato [San] Josemaría afirma que no sabe distinguir entre oración y trabajo. Algo semejante se advierte en el trato con los demás: “En un cristiano, en un hijo de Dios, amistad y caridad forman una sola cosa: luz divina que da calor”[15]. Y ahí radica el apostolado más importante de los fieles del Opus Dei: el que cada uno “realiza con el testimonio de su vida y con su palabra, en el trato diario con sus amigos y compañeros de profesión. ¿Quién puede medir la eficacia sobrenatural de este apostolado callado y humilde? No se puede valorar la ayuda que supone el ejemplo de un amigo leal y sincero, o la influencia de una buena madre en el seno de la familia”[16].

Se configura así la grandeza espiritual de las circunstancias más corrientes, no exenta lógicamente de especiales gracias divinas, como afirma Mons. Javier Echevarría: “Nuestro Señor le concedió una muy singular capacidad de comunicación: mediante este don del Cielo, se hacía entender con facilidad por personas de diversas culturas, formación, razas, naciones. En este sentido, no faltan pruebas de que poseía el don de escrutar los corazones, porque se producía tan exacta adecuación de su consejo a las necesidades y condiciones de un alma concreta, que no podía pensarse en una mera coincidencia. Muchos ‑los interesados o sus amigos‑ así lo han atestiguado: encontraban el remedio y la comprensión más hondos ante su propia situación, o se sentían alentados frente a sus inquietudes, siempre arropados por el cariño sobrenatural y humano de Mons. Escrivá de Balaguer. Esto sucedía, incluso, sin haberle manifestado el interior del alma y, a veces, sin ni siquiera estar presente”[17].

Josemaría Escrivá de Balaguer, un amigo desinteresado

La amistad verdadera no se basa en el intercambio aunque, ciertamente, supone comunicar sentimientos, penas, alegrías, aficiones, favores, servicios. Por eso, los ricos tienen aparentemente muchos amigos[18], y del pobre hasta los amigos se apartan[19] Pero, en rigor, el amigo auténtico hace propias las preocupaciones, ilusiones o anhelos del otro. No piensa en sí mismo. Su personal desinterés se traduce por paradoja en interés objetivo por quien está a su lado, dispuesto a compartir todo con alegría, también el dolor, sin esperar nada a cambio: “Cuando se ama de verdad –expresaba con viveza Mons. Escrivá en 1954 ‑, se da con alegría, sin llevar la cuenta y sin buscar agradecimiento: ¡es suficiente, entonces, para el alma, la oportunidad de gastarse gustosamente! No se piensa si ya se ha hecho mucho, o si cuesta: en el trato con Dios no se repara en los obstáculos porque, como en el amor humano, no hay dificultades ni defectos que impidan la conversación con la persona amada”[20].

Desde su infancia, con el ejemplo recibido en el hogar de Barbastro, Josemaría fue un chico normal, abierto, simpático. Compartió las aficiones y esperanzas de los de su edad, sus juegos y diversiones. Hizo buenos amigos, que no le olvidaron, como tampoco él a ellos. Señala Mons. Javier Echevarría que, “al recordar aquellos tiempos de su infancia y de su primera adolescencia, en los que se grabó en su alma la necesidad de interesarse por los demás y de quererlos lealmente ‑como observaba en sus padres‑, le venía a la cabeza una consideración que le hizo frecuentemente doña María Dolores: Josemaría, vas a sufrir mucho en la vida, pues pones todo el corazón en lo que haces. Aseguro que aquel presagio materno se cumplió”[21].

Josemaría Escrivá supo querer. Estaba en todo, de modo particular respecto de quienes tenía más cerca. Pero no olvidaba a personas que llevaba sin ver mucho tiempo. Se acordaba de ellas porque las quería. Su excepcional memoria era fruto de su gran corazón, de su capacidad de interesarse de veras por los demás: en lo grande –la vida del alma‑ y en los detalles más pequeños de la vida ordinaria. El cariño nada sabe de entelequias ni abstracciones: en el Beato [San] Josemaría brotaba recio y tierno, pleno de intuición y rapidez.

Álvaro del Portillo –sin duda, el gran testigo en la tierra del Fundador del Opus Dei– contó muchas veces cómo le había impresionado el dolor del Padre ante la muerte de amigos queridos: “Era extraordinariamente sobrenatural, y por esto mismo, también muy humano: quería a sus amigos con todo el corazón”. Y relataba lo sucedido en Madrid, durante la guerra civil española. A partir del 18 de julio de 1936, tuvo que trasladarse de un escondite a otro, pues su vida corría peligro ante la persecución religiosa. Desde un determinado momento, don Josemaría y Álvaro compartirán refugio. Uno de esos días, el Fundador tuvo que deambular unas horas por la calle de la capital, y se enteró de la muerte de dos amigos. Álvaro no olvidó nunca la inmensa pena con que le refirió el asesinato de don Lino Vea‑Murguía, y nuevos detalles sobre el martirio de don Pedro Poveda, el Fundador de la Institución Teresiana[22].

El desinterés vacuna contra el egoísmo, la vanidad, la timidez cerrada en sí misma, la envidia, las comparaciones, la susceptibilidad[23]. Y ayuda a superar momentos de desánimo, ante la posible falta de correspondencia, pues, al fin y al cabo, hay amigos que lo son sólo de nombre[24]. No le faltaron en la vida desengaños, como recogería en una carta de 1971, que cita Vázquez de Prada, 79: “¿Por qué será que, a pesar de mis miserias, suelo yo ser siempre más amigo de mis amigos que esos amigos de mí? Seguramente es que me hace mucho bien, si lo acepto –fiat!–, ese despego”. La experiencia parece reflejarse también en Camino, 363: “Desilusionado. ‑Vienes alicaído. ¡Los hombres te acaban de dar una lección! ‑Creían que no los necesitabas, y rezumaban ofrecimientos. La posibilidad de que tuvieran que ayudarte económicamente ‑unas pesetillas miserables‑ convirtió la amistad en indiferencia. / ‑Confía sólo en Dios y en quienes, por El, están unidos a ti”.

Pero el desaliento pasajero no deja la huella del agravio, porque “la verdadera caridad, así como no lleva cuenta de los constantes y necesarios servicios que presta, tampoco anota, «omnia suffert» ‑soporta todo‑, los desplantes que padece”[25].

Un amigo cordial

Como he reiterado al comienzo, en Apuntes... pude reunir infinidad de detalles de su carácter, de su modo de ser y de comportarse, en anécdotas y recuerdos vivos y recientes, que hicieron posible mi aproximación a una tarea que se me antojaba francamente ardua: transmitir, a los que no tuvieron oportunidad de conocerle personalmente, el calor humano y espiritual –el gran corazón– de Josemaría Escrivá de Balaguer.

Los testimonios coincidían en subrayar su alegría, su afecto, incluso cuando tenía que reprenderlos. Les había quedado grabada en el alma la lumbre de su mirada, la expresión cariñosa de sus ojos, la solicitud acogedora de su rostro, la facilidad de su sonrisa, la expresividad amable de sus gestos, sus brazos abiertos. No me resisto a reproducir el expresivo comentario de los monjes jerónimos del Parral (Segovia) en los primeros años cuarenta, cuando llegaba allí don Josemaría: “Ahí viene el sacerdote que siempre está de buen humor”.

No imaginaba yo, cuando conocí a Mons. Escrivá de Balaguer el 8 de septiembre de 1960 en el Colegio Mayor Aralar de Pamplona, que tuviese tal simpatía, tal capacidad de meterse en el bolsillo a los universitarios. Pero su facilidad connatural para hacerse entender, su rapidez en las respuestas, su gracia y simpatía humanas, nada tenían que ver con un hacerse el simpático. Todo me pareció recio, espontáneo, verdadero.

No sabía yo entonces que había sido siempre así. Álvaro del Portillo subrayaba la sencillez con que, vestido de sotana, trataba a sus compañeros universitarios de la Facultad de Derecho de Zaragoza en los años veinte: “De vez en cuando, a la salida de clase, sus amigos le invitaban a tomar un aperitivo en un local frecuentado por los estudiantes: era el bar Abdón, en el Paseo de la Independencia, junto a la Plaza de la Constitución. Josemaría aceptaba algunas veces, y así cultivaba la amistad de un modo muy natural. Su comportamiento era tan sacerdotal y al mismo tiempo tan humano que, cuando se ordenó sacerdote, algunos de sus compañeros lo escogieron como confesor habitual”[26]. Y, desde luego, sabía llevarles la contraria cuando era necesario, sin hacerse antipático[27].

Mons. Escrivá de Balaguer destacaba por su gran cordialidad, su acusado modo –amistoso y franco– de hablar de lo divino y lo humano. A su lado, era fácil sentirse comprendido, arropado, empujado al amor de Dios. Su corazón desbordaba cariño: hacia Dios, hacia los hombres, hacia el mundo. Y así deseaba que rebosase la vida de las gentes: “Es una pena no tener corazón. Son unos desdichados los que no han aprendido nunca a amar con ternura. Los cristianos estamos enamorados del Amor: el Señor no nos quiere secos, tiesos, como una materia inerte. ¡Nos quiere impregnados de su cariño!”[28],

De ahí derivaba quizá su facilidad para descubrir y acentuar lo positivo en los acontecimientos y en las personas[29], más allá de pesimismos, contrariedades o calumnias. Lejos de menguar la valía o la honra de nadie, ponía en todo el signo más del cariño, de la afirmación gozosa, de los brazos abiertos de Cristo en la Cruz.

Le gustaba repetir la razón empleada por Santo Tomás de Aquino: “En cualquier hombre existe algún aspecto por el que los otros pueden considerarlo como superior, conforme a las palabras del Apóstol "llevados por la humildad, teneos unos a otros por superiores" (Philip. II, 3). Según esto, todos los hombres deben honrarse mutuamente”[30]. Y Mons. Escrivá concluía: “La humildad es la virtud que lleva a descubrir que las muestras de respeto por la persona ‑por su honor, por su buena fe, por su intimidad‑, no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de la caridad y de la justicia”[31].

Su trato estaba lleno de finura, de politesse –término francés que acudía con frecuencia a sus labios–, de la atención propia de quienes se quieren sinceramente. Aplicaba esa experiencia humana al trato de las almas con Dios, para señalar la falta de delicadeza que supone no dar importancia a pequeños detalles, que obstaculizan la plenitud del amor. Se advertía la fuerza de quien lo ha experimentado antes en la relación con los demás: “si vamos por la calle y, en el trasiego del cruce con otros peatones, nos rozamos o nos damos un pequeño golpe, a aquello no le damos la más mínima importancia; pero si el que nos da un golpe es amigo nuestro, y lo hace con indiferencia, con desprecio, se despierta enseguida en nuestra alma un sentido de dolor. Esta realidad hay que aplicarla a nuestra relación con el Señor”[32].

Un amigo generoso

Podía haber titulado este epígrafe con otros adjetivos –sacrificado, servicial, magnánimo–, pero he preferido la sencillez de la generosidad que, en cierto modo, destaca el carácter personal de la amistad: “de tú a tú, de corazón a corazón”[33]. Desde luego, no excluye la plenitud evangélica que lleva a entregar la propia vida por el amigo: nadie tiene amor más grande que ése[34], encarnado por Quien nos ha llamado amigos[35]. Pero evoca mejor la situación ordinaria de quien piensa en lo que de veras necesita el amigo, cueste lo que cueste, renunciando a lo propio, con espíritu de sacrificio[36]. Como se lee en la Escritura, “el que por amor del amigo no repara en sufrir algún daño es hombre justo”[37].

Por ahí discurre, según el mensaje del Fundador del Opus Dei, el cauce de la mortificación que santifica la propia alma sin mortificar a los demás; al contrario, les hace más amable el camino de la santidad en medio del mundo: “Penitencia es tratar siempre con la máxima caridad a los otros, empezando por los tuyos. Es atender con la mayor delicadeza a los que sufren, a los enfermos, a los que padecen. Es contestar con paciencia a los cargantes e inoportunos. Es interrumpir o modificar nuestros programas, cuando las circunstancias ‑los intereses buenos y justos de los demás, sobre todo‑ así lo requieran”[38].

Josemaría Escrivá de Balaguer ha dejado páginas excepcionales sobre el sentido humano y divino del espíritu de servicio, no siempre comprendido en la cultura moderna construida sobre una hipertrofia de lo individual que oculta sin querer facetas esenciales de la condición y dignidad de la persona. En cualquier caso, la amistad –como la familia o el trabajo en equipo– avanza a base de prestar servicios con alegría, incluso sin que el interesado lo note[39].

Los amigos se ayudan mutua y desinteresadamente, con rectitud de intención, sin amistades particulares, con sentido de justicia que excluye tratos de favor o informaciones privilegiadas. Pero se hacen favores. Y así se comportaba el Beato [San] Josemaría. Por ejemplo, se conservan muchas cartas que reflejan las gestiones y encargos que hacía en Madrid, a finales de los años veinte y en los treinta, a compañeros de Zaragoza o a sacerdotes con los que había coincidido en la residencia de la calle de Larra: desde recoger una sotana o reservar habitación en la fonda, a comprar unas piedras de mechero. Procuraba hacer esos favores enseguida, sin esperas innecesarias[40]. Prestaba a todos, con una sonrisa en los labios –aun en momentos de dolor‑ un servicio sin regateos[41].

Un amigo delicado

La amistad arranca de una primera coincidencia, cultivada después con un trato más o menos asiduo, en que cada uno da lo mejor de sí mismo. En concreto, el amigo sabe sacar tiempo –un bien escaso en la vida intensa y llena de Josemaría Escrivá de Balaguer–, para estar con los demás. La amistad crece en trabajos y aficiones comunes, en fiestas y en el descanso, en los momentos difíciles. El Beato [San] Josemaría no podía acudir a todo, y suplía su ausencia con palabras encendidas que dejaban un cálido recuerdo escrito para siempre. Y sabía también perder el tiempo para alegrar la vida de sus amigos. Por ejemplo, Álvaro del Portillo le oyó contar que cuando era seminarista en Zaragoza, fue muy amigo del Vicepresidente del Seminario de San Carlos, don Antonio Moreno. El Fundador lo relataba con estas palabras: “Por amistad y especialmente por caridad ‑a mí no me gustaba nada‑, alguna vez, cuando bajaba a su habitación, accedía a jugar al dominó con él. Recuerdo que tenía que dejarme ganar porque, si no, no se quedaba contento y hasta se molestaba. Para mí, que estaba decidido a aprender de los sacerdotes que gastaban su vida por el Señor, aquellos eran unos ratos muy agradables, porque ese sacerdote demostraba mucho espíritu sacerdotal, mucha experiencia pastoral y era muy humano. Me contaba anécdotas muy gráficas, con gran sentido sobrenatural y pedagógico, que me hacían un bien enorme”[42].

Para describir su dedicación, basta evocar la intensidad que ponía en los años treinta al organizar y realizar las visitas a los hospitales de Madrid. Lo sintetizó bien José Manuel Doménech, entonces joven estudiante, respecto de Santa Isabel: destacaba “cómo empleaba su tiempo generosamente con nosotros –el grupo de estudiantes que atendíamos a los enfermos– y también con esos mismos enfermos”.

Antonio Rodilla, muchos años Vicario General de Valencia, Rector del Seminario Archidiocesano y Director del Colegio Mayor San Juan de Ribera en Burjasot, ha trazado por su parte el amplio cuadro de amabilidades y delicadezas que Josemaría Escrivá tuvo con él y con su familia: desde el consuelo en situaciones íntimas muy dolorosas, hasta la presencia física en el entierro de su madre.

No sé si alguien ha tenido la paciencia –a que me referí en Apuntes...– de calcular las muchas horas que empleó invitando a comer a los múltiples amigos con –la frase es de Camino, 974– “la vieja hospitalidad de los Patriarcas, con el calor fraterno de Betania”.

Sé, en cambio, que se ha realizado un esfuerzo ímprobo para reconstruir su correspondencia. Escribió millares de cartas, prolongación desde la lejanía de una amistad hondamente sentida. No dejó de escribir ni durante los años de la guerra de España, sorteando con imaginación creativa la censura postal. Muchas personas han dejado constancia de su gratitud cuando, aislados en los frentes, recibían las noticias del Fundador, que les alentaba a seguir en la brecha de otras peleas: su lucha interior, su trabajo intelectual, su afán apostólico, su preocupación por los demás, la reconstrucción de sus vidas, para continuar haciendo una cristiana siembra de paz cuando terminase el conflicto. Sueño con el día en que esté listo para la imprenta lo mejor de ese epistolario: ayudará a comprender más a fondo la personalidad de Josemaría Escrivá de Balaguer.

Un amigo leal

No es adjetivo tópico, sino verdadero. Quizá redundante: ¿cómo entender un amigo que no sea fiel, leal? Monseñor Escrivá de Balaguer anheló la lealtad, también para la Iglesia, en tiempos no fáciles tras el Concilio Vaticano II. Hasta entonces, sabíamos que su virtud humana preferida era la sinceridad. Pero, en los últimos años, como un retornelo, enalteció la lealtad: ¿cómo ser fiel a Dios, si no se saborea la delicia de la lealtad humana, de la fidelidad a los demás? Y es que, “para que este mundo nuestro vaya por un cauce cristiano ‑el único que merece la pena‑, hemos de vivir una leal amistad con los hombres, basada en una previa leal amistad con Dios”[43].

Sin duda, el amigo fiel es un tesoro, con lo que nada es comparable[44]. Confiamos en ese amigo para desahogar el corazón y buscar consejo en las encrucijadas de la vida. A veces, deseamos sólo hablar, contar lo que nos han hecho, explayarnos de tristezas y sinsabores[45]. Pero el verdadero amigo ofrece también la ayuda de su consejo[46], “con el ascendiente que da la intimidad”[47]: encauza inquietudes, abre horizontes, hace dulce la vida[48].

Esa profunda realidad se transforma, sin perder su condición humana, en cauce apostólico específico, según el espíritu del Opus Dei; tanto, que el Fundador lo incluyó expresamente en los Estatutos de la Prelatura (n. 117): los fieles del Opus Dei “suum personalem apostolatum exercent praesertim inter pares, ope praecipue amicitiae et mutuae fiduciae”; el texto añade poco después, con deliberada reiteración, tras citar el pasaje emblemático de Jn 15, 15: “peculiare igitur Praelaturae fidelium apostolatus medium est amicitia et assidua cum collaboratoribus consuetudo”. Desde siempre, fue paradigmático el pasaje de Camino, 973: “Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo... Todo eso es apostolado de la confidencia”.

El Beato [San] Josemaría era un hombre de Dios que arrastraba hacia Él a sus amigos. Le gustaba mucho tratar con los viejos amigos y decirles cosas íntimas; y lo llevaba a la vida interior, convencido de que eso es lo que hace Cristo con los hombres: una razón más para conocer y tratar a la Humanidad Santísima del Señor.

Además, el amigo leal no falla cuando llegan trances apurados[49], el tiempo de la enfermedad, el dolor o el fracaso profesional. Se anticipa, sale al encuentro, como Cristo resucitado buscó a los discípulos de Emaús[50]. Todo, menos dejar solo al amigo en circunstancias adversas, aun a riesgo de sufrir consecuencias negativas[51]: además de rezar, hay que “hacer por él lo que querrías que hicieran por ti, en circunstancias semejantes. / Sin humillarle, hay que ayudarle de tal manera que le sea fácil lo que le resulta dificultoso”[52].

Especialmente mal se pasa en la vida cuando se desatan las calumnias. Josemaría Escrivá, que las sufrió en su propia carne desde muy joven, nunca dejó a ningún amigo en la estacada. Mons. Javier Echevarría pudo comprobarlo durante los veinticinco años que vivió a su lado en Roma: “Jamás se abstuvo de dar la mano a quienes había tratado, si se veían envueltos en situaciones desagradables, motivadas por insidias, calumnias o incomprensiones. Recuerdo el caso de varios eclesiásticos, caídos en desgracia y abandonados por sus compañeros y por los que les habían servido, que encontraron la compañía de Mons. Escrivá de Balaguer, quien no ocultó su relación con esas personas, también ante los que provocaban el vacío a su alrededor”[53].

Muchas personas, como Mons. Juan Hervás Benet, promotor de los Cursillos de Cristiandad, han dejado el testimonio del aliento del Beato Josemaría cuando insidias e incomprensiones se levantaban contra él y contra su iniciativa apostólica. Mons. Escrivá no se limitaba a ofrecer el consuelo de su palabra, que no habría sido poco. Además, se movía y llegaba a la raíz de problemas y soluciones: “Sólo Dios sabe –reconoce Mons. Hervás– en qué medida pudo contribuir a despejar los caminos de la Providencia”[54].

Con mayor motivo, el amigo fiel traza punto y raya a cualquier maledicencia o cicatería: “No permitas nunca que crezca la hierba mala en el camino de la amistad: sé leal[55]. Y en otro lugar: “Evita siempre la queja, la crítica, las murmuraciones...: evita a rajatabla todo lo que pueda introducir discordia entre hermanos”[56]. De este modo, la lealtad hace indestructible la amistad.

Un amigo agradecido

He relatado en otro sitio que la última vez que estuve junto a Mons. Escrivá de Balaguer, el 26 de mayo de 1975, presencié de cerca su espíritu de agradecimiento. Sucedió en el aeropuerto de Barajas, al regreso desde Torreciudad, Barbastro y Zaragoza. Yo estaba en uno de los aparcamientos exteriores, y allí llegó en un coche de la compañía aérea. No me dio tiempo a abrirle la puerta, pues se adelantó con viveza. Antes de seguir su camino, buscó rápidamente al conductor de ese vehículo, para despedirse de él y darle las gracias por el servicio que acababa de prestarle. Pienso que esta gratitud, habitual en la vida del Fundador del Opus Dei, reflejaba lo que dejó escrito en Forja, 502: “Si se hace justicia a secas, es posible que la gente se quede herida”.

El agradecimiento constituyó el arranque de algunas amistades imperecederas de Josemaría Escrivá. Esta faceta destaca en la relación que mantuvo durante muchos años con buena parte de sus profesores de Logroño y Zaragoza. La apertura de corazón de Josemaría facilitaba la superación de posibles obstáculos derivados de la diferencia de edad o de horizontes vitales. La amistad se consolidaría lógicamente con los sacerdotes, especialmente después de la ordenación del propio Josemaría. Basta quizá mencionar aquí algunos nombres, como los de Calixto Terés y Garrido, que le consideraba el mejor alumno que había tenido en Ética y Derecho, y andando el tiempo, cuando iba a verle en Madrid, se anunciaba en portería como “don Calixto, el cura de Logroño”; don Ciriaco Garrido, canónigo penitenciario de la Colegiata, con el que se confesó muchas veces, y fue uno de los primeros que “dieron calor a mi incipiente vocación”, reconocería años después; don Juan Moneva, catedrático de Derecho Canónico en Zaragoza, al que dedicaría un extenso y sentido párrafo en su discurso en el paraninfo el 21 de octubre de 1960 al ser recibido como doctor honoris causa en el claustro de su alma mater cesaraugustana; don José Pou de Foxá, catedrático de Derecho Romano, al que su alumno consideraba “amigo leal y noble y bueno”, que ciertamente fue, con los años, consejero y apoyo moral en ocasiones particularmente difíciles en los primeros años de su sacerdocio y del Opus Dei; en fin, don Miguel Sancho Izquierdo, catedrático de Derecho Natural, con quien compartiría relaciones de veneración y afecto, que se pondrían de manifiesto en 1960 al elegir a “don Miguel, mi maestro” como uno de los dos primeros doctores honoris causa de la incipiente Universidad de Navarra.

En Apuntes... se mencionan sintéticamente los primeros pasos para comenzar la labor del Opus Dei en Bilbao, cuando flotaban en el ambiente las secuelas de serios ataques personales contra el Fundador. Muchas puertas se cerraron. En cambio, la Viuda de Ibarra, Carito Mac Mahon, le abrió todas las puertas de su casa, con plena confianza. Mons. Escrivá de Balaguer no lo olvidó nunca: cualquier ocasión era buena para tener algún detalle especial con esa familia amiga. La Marquesa de Mac Mahon dejó constancia expresa de su honda gratitud: “siempre recordaba con agradecimiento excesivo lo poco que yo y los míos hicimos con él en aquellas épocas en que no era conocido, ni tampoco la Obra”.

Los ejemplos podrían multiplicarse. Su gratitud no era sólo cortesía: palabra que se dice y luego se olvida. La amistad del Fundador del Opus Dei rebosó siempre humanidad, detalles cordiales capaces de superar la lejanía o la ausencia prolongada, como la facilidad con que enviaba cariñosas felicitaciones con motivo de santos o aniversarios personales. Se adhería –con capacidad de aplauso‑ a los buenos acontecimientos, sin caer en vanidosas adulaciones. Y se mantenía en el tiempo, con abundantes detalles de afecto y de servicio, incluido el regalo de su oración y de su fe[57].

Un amigo indulgente

Donde hay amistad, se espera comprensión hacia defectos y debilidades. El amigo es comprensivo, no quisquilloso. Pasa por alto las pequeñeces, los roces inevitables en la convivencia humana. Suele decirse con razón que se quiere al amigo y el bien del amigo, no porque él sea ya bueno, o sea bueno en todo: el propio Jesús dio ejemplo, siendo amigo de publicanos y fariseos[58].

Con mayor motivo, no exige identidad de temperamentos, opiniones, ideologías: “La amistad verdadera supone también un esfuerzo cordial por comprender las convicciones de nuestros amigos, aunque no lleguemos a compartirlas, ni a aceptarlas”[59]. Más bien el amigo tiende a ponerse en el lugar del otro y pasa por alto los defectos: “Si no quieres más que las buenas cualidades que veas en los demás ‑si no sabes comprender, disculpar, perdonar‑, eres un egoísta”[60].

El amigo perdona con facilidad, pronto a la reconciliación, sabedor también de que el perdón es tal vez lo más divino que puede salir de un corazón humano. Ese gesto aproxima a la acción del Espíritu Santo que, con el sacramento de la penitencia, devuelve al pecador al círculo de la amistad con Dios[61].

En definitiva, “hay que convivir, hay que comprender, hay que disculpar, hay que ser fraternos; y, como aconsejaba San Juan de la Cruz, en todo momento hay que poner amor, donde no hay amor, para sacar amor (Cfr. S. Juan de la Cruz, Carta a María de la Encarnación, 6‑VII‑1591), también en esas circunstancias aparentemente intrascendentes que nos brindan el trabajo profesional y las relaciones familiares y sociales”[62].

Desde esta actitud radical, surge espontánea la confianza en los demás. De hecho, Josemaría Escrivá se fiaba más de la palabra del amigo, o de las personas del Opus Dei, que del “testimonio unánime de cien notarios”, como afirmaba con frase gráfica. Esa confianza lleva –si es que no ha brotado antes– a una amistosa intimidad, más allá del mero conocimiento, del compañerismo, de la relación de vecindad, del trato social.

Especial comprensión se requiere para la apertura a personas que se aíslan por razón de carácter o de enfermedad. Es preciso acompañarlas, porque necesitan seguramente el desaguadero de alguien que les escuche, para descargar sus preocupaciones. Mons. Escrivá de Balaguer dedicó muchas horas de su vida a atender a quienes sufrían ese tipo de inquietud. En sus charlas a sacerdotes, como evoca Mons. Javier Echevarría, les insistía en que tuvieran una gran paciencia con esas almas: “Si se presenta ese caso, pensad que tenéis delante un enfermo, atendedle y servidle, no le cerréis las puertas ni los brazos de vuestra caridad sacerdotal. Puede ser que os repitan una y otra vez las mismas cosas. Si no les atendieseis, se quedarían heridos, e incluso se apartarían de la práctica religiosa. Por eso, mientras escuchéis aquella misma conversación con el mismo tono, con los mismos temas, con las mismas manías, con problemas que no tienen solución porque son fruto de una imaginación enfermiza, no les despachéis con cajas destempladas; atendedles, y mientras dure esa larga conversación, procurad encomendar al interesado, procurad rezar oraciones, porque esas personas se conforman con que haya alguien que les escuche, sin darles ninguna respuesta”[63].

Como recuerda también el actual Prelado del Opus Dei [se refiere a Mons. Javier Echevarría], “animado por la justicia, reconcilió a muchas personas, que habían roto la amistad, o se mostraban mutua antipatía. Con sentido sobrenatural y paciencia humana, les hacía razonar separadamente. Si venían a quejarse del que consideraban adversario, les preguntaba: ‘¿le has escuchado?; ¿has tenido en cuenta su situación personal?; ¿has hablado con claridad, y sin ofenderle?’ Además, no dejaba de avisar con sencillez: ‘te advierto con completa sinceridad que también oiré a la otra parte, tanto para ayudarle ‑con el mismo afán que lo hago contigo‑, como para ponderar lo que me estás tú diciendo ahora’”[64].

Un amigo recio

No basta comprender. La amistad sincera lleva también a corregir[65]. Denota máxima muestra de rectitud de intención, de purificación de afectos, frente a la blandura de la bondadosidad[66]. Nada de palabras halagüeñas y fingidas[67]: los amigos merecen la ejercitación de la justicia y de la veracidad, aun a riesgo de enfriar aprecios humanos. Si no, la amistad puede acabar en cauce de perdición, como subrayan algunos pasajes de la Escritura[68]. Mons. Javier Echevarría ha resumido un suceso significativo: “En los primeros años de su sacerdocio, perdió a uno de sus más grandes amigos. Un compañero del Seminario abandonó su vocación y atentó matrimonio civil a pesar de las súplicas con que le rogó que no diera ese paso. Transcurrido el tiempo, para arreglar su situación canónica, le pidió que declarase que había llegado a la ordenación con falta de libertad, presionado por coacciones familiares. El Fundador del Opus Dei, con claridad y caridad, se negó rotundamente; y le explicó que no podía dar ese testimonio, puesto que conocía la libertad con que había accedido a las órdenes sagradas. La familia de aquel hombre le estuvo siempre muy agradecida, aunque el interesado le retiró la palabra. No quiso jamás la verdad a medias, por entender que ‑en muchas ocasiones‑ una verdad a medias puede ser una gran mentira”[69].

Sin llegar a extremos tan duros, parece claro que, desde la inicial simpatía mutua, los amigos superan aspectos sensibles más o menos frívolos o superficiales que limitarían quizá su relación a compadreo de amigotes, cómplices de miserias ajenas[70]. No digamos si se llega al límite de las amistades peligrosas, que podrían encadenar el alma: “Flaquea tu corazón y buscas un asidero en la tierra. ‑Bueno; pero cuida de que el apoyo que tomas para no caer no se convierta en peso muerto que te arrastre, en cadena que te esclavice”[71].

Una amistad humana y espiritualmente noble exige acrisolar y depurar los afectos, que no es desencarnar, prescindir del cariño real que brota de un corazón limpio: “Poniendo el amor de Dios en medio de la amistad, este afecto se depura, se engrandece, se espiritualiza; porque se queman las escorias, los puntos de vista egoístas, las consideraciones excesivamente carnales”[72].

Excluye, por tanto, lo que en la literatura espiritual clásica se conoce como amistad particular, tan ligada a la acepción de personas. Josemaría Escrivá lo explicaba con claridad grande: “Vamos a ver, ¿qué injuria se te hace a ti porque aquél o el otro tengan más confianza con determinadas personas, a quienes conocieron antes o por quienes sienten más afinidades de simpatía, de profesión, de carácter? / ‑Sin embargo, entre los tuyos, evita cuidadosamente aun la apariencia de una amistad particular”[73]. De modo semejante, animaba a sentir y vivir la fraternidad, “pero sin familiaridades”[74]. Y todo, sin respetos humanos que pueden celar comodidad o tibieza[75].

En fin, la reciedumbre de la amistad culmina en la corrección del amigo. Evocaré otro ejemplo, de Mons. Pedro Cantero, a quien conocí personalmente cuando era Arzobispo de Zaragoza. Siempre que le visité, como Director del Colegio Mayor Miraflores, me habló del Padre, de que le había visto hacía poco en Roma o de que habían intercambiado correspondencia, o estarían pronto juntos. Entre tantos recuerdos de su amistad, destacaba el fuerte suceso que refirió en su homilía al celebrar un funeral por el alma del Fundador del Opus Dei: una seria reprimenda, recibida el 14 de agosto de 1931, que “cambió la perspectiva de mi vida y ministerio pastoral”[76].

Amigos de Dios

Josemaría Escrivá zarandeó amablemente el alma de Pedro Cantero, demasiado enfrascado en su tesis doctoral cuando la Iglesia atravesaba en España momentos críticos. Y es que la amistad del cristiano se agranda desde la fe, hasta transformarse –sin desnaturalizarla‑ en cauce de apostolado.

El Fundador del Opus Dei plenificó la virtud humana de la amistad, procurando hacer de sus amigos personas amigas de Dios. No fue el suyo un trato postizo o instrumental, porque ponía en todo el signo más: la amistad humana crece con la gracia divina, y se multiplican los servicios prestados con alegría[77], sin hacerlo notar y sin que los demás adviertan ese esfuerzo ajeno[78].

Nunca dejó a sus viejos amigos, según el consejo de la Escritura[79]. En el fondo, más que acercarlos a su persona, quería hacerlos amigos de Dios, a través de la oración personal y también a través del trato íntimo con los que fueron amigos de Dios en la tierra, según lo que solía enseñar: “Si en ocasiones no os sentís con fuerza para seguir las huellas de Jesucristo, cambiad palabras de amistad con los que le conocieron de cerca mientras permaneció en esta tierra nuestra. Con María, en primer lugar, que lo trajo para nosotros. Con los Apóstoles. Varios gentiles se llegaron a Felipe, natural de Betsaida, en Galilea, y le hicieron esta súplica: deseamos ver a Jesús. Felipe fue y lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe juntos se lo dijeron a Jesús (Ioh XII, 20‑22). ¿No es cierto que esto nos anima? Aquellos extranjeros no se atreven a presentarse al Maestro, y buscan un buen intercesor”[80].

Ese clima de amistad íntima se manifiesta en la conexión entre la Eucaristía y Betania que hacía el Fundador del Opus Dei: “Es verdad que a nuestro Sagrario le llamo siempre Betania... ‑Hazte amigo de los amigos del Maestro: Lázaro, Marta, María. ‑Y después ya no me preguntarás por qué llamo Betania a nuestro Sagrario”[81]. El elemento místico acompaña, con naturalidad, a razones de amistad y trato humanos: “¿Has visto con qué cariño, con qué confianza trataban sus amigos a Cristo? Con toda naturalidad le echan en cara las hermanas de Lázaro su ausencia: ¡te hemos avisado! ¡Si Tú hubieras estado aquí!... / ‑Confíale despacio: enséñame a tratarte con aquel amor de amistad de Marta, de María y de Lázaro; como te trataban también los primeros Doce, aunque al principio te seguían quizá por motivos no muy sobrenaturales”[82].

Josemaría Escrivá encarecía también el trato amistoso con los ángeles, bien persuadido de que cada persona tiene un intercesor propio, que elimina cualquier sensación de soledad. “Todos necesitamos mucha compañía: compañía del Cielo y de la tierra. ¡Sed devotos de los Santos Ángeles! Es muy humana la amistad, pero también es muy divina; como la vida nuestra, que es divina y humana”[83].

Dios no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de sus criaturas. Muy al contrario, sale al encuentro de las almas, les habla como amigo[84], y sabe esperar a cada una con solicitud de Padre, de hermano, de Amigo[85]. Así habló Dios a Moisés, cara a cara, como un hombre suele hablar a su amigo, en clásica expresión de Ex 33, 11. El Fundador del Opus Dei alentaba vivamente a esa amistad con Dios en Camino, 88: “Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo..., aunque los amigos a veces traicionan. ‑No me parece mal. / Pero... ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?”[86].

Y de nuevo el apostolado: cuando se saborea la amistad con Cristo, se impone hacerla llegar a los demás, porque el bien es difusivo. En 1954, Mons. Escrivá advertía a sus hijos, según anota el actual Prelado del Opus Dei: “convenceos de esta realidad: en la Obra la santidad no es compatible con el aislamiento: un hombre del Opus Dei, que siente su vocación cristiana, necesita buscar amigos, necesita pegar esta locura divina del amor de Dios, a través de su trabajo, en sus conversaciones con sus colegas, con sus compañeros, con sus parientes”[87].

La vida profesional, las relaciones humanas son cauce privilegiado para mostrar la vida de Cristo y sus manifestaciones de amistad, de cariño, de comprensión y de paz: “Como Cristo pasó haciendo el bien (Act X, 38) por todos los caminos de Palestina, vosotros en los caminos humanos de la familia, de la sociedad civil, de las relaciones del quehacer profesional ordinario, de la cultura y del descanso, tenéis que desarrollar también una gran siembra de paz”[88].

Terminaré con una cita, ciertamente extensa, pero emblemática: “Nuestro apostolado ha de basarse en la comprensión. Insisto otra vez: la caridad, más que en dar, está en comprender. No os escondo que yo he aprendido, en mi propia carne, lo que cuesta el no ser comprendido. Me he esforzado siempre en hacerme comprender, pero hay quienes se han empeñado en no entenderme. Otra razón, práctica y viva, para que yo desee comprender a todos. Pero no es un impulso circunstancial el que ha de obligarnos a tener ese corazón amplio, universal, católico. El espíritu de comprensión es muestra de la caridad cristiana del buen hijo de Dios: porque el Señor nos quiere por todos los caminos rectos de la tierra, para extender la semilla de la fraternidad ‑no de la cizaña‑, de la disculpa, del perdón, de la caridad, de la paz. No os sintáis nunca enemigos de nadie.

“El cristiano ha de mostrarse siempre dispuesto a convivir con todos, a dar a todos ‑con su trato‑ la posibilidad de acercarse a Cristo Jesús. Ha de sacrificarse gustosamente por todos, sin distinciones, sin dividir las almas en departamentos estancos, sin ponerles etiquetas como si fueran mercancías o insectos disecados. No puede el cristiano separarse de los demás, porque su vida sería miserable y egoísta: debe hacerse todo para todos, para salvarlos a todos (1 Cor IX, 22)”[89].


[1] Debo reconocer que he escrito este artículo por amistad. Cuando el director de Scripta Theologica me lo planteó, le sugerí otro tipo de autor. Francisco L. Mateo Seco me contestó que intentase contar cómo se podría descubrir la amplitud de la mente y el corazón del Fundador del Opus Dei a través de la variedad e intensidad de sus amistades, de sus relaciones humanas. Haz lo que puedas –venía a concluir‑ y envíame tu trabajo a finales de enero. Debo tantos favores al director de la revista, que no podía decirle que no. Ojalá sirva para que, dentro de las reflexiones en curso sobre la grandeza de la vida corriente, algún teólogo penetre con profundidad en el sentido de la amistad en la antropología cristiana a la luz de la vida y las enseñanzas del Beato [San] Josemaría Escrivá. Puede ser interesante también, si se tiene en cuenta el resultado de mi somera inmersión en el índice del Catecismo de la Iglesia Católica: menciona incidentalmente la amistad humana como un bien temporal que puede ser merecido (2010) –un gran bien en el que se expresa la castidad (2347)‑, pero en otra decena de lugares emplea el término sólo en el plano espiritual de la amistad con Dios, sinónimo de gracia, intimidad con el Señor, trato con Él, manifestación de su aprecio por la criatura humana desde el momento de su creación.

[2] Forja, 802.

[3] El libro original es Un hombre de Dios. Testimonios sobre el Fundador del Opus Dei, Madrid, Ediciones Palabra, 1994, 447 páginas. Lo citaré como Testimonios...

Pienso innecesario indicar, por conocidas, las referencias bibliográficas de los libros de o sobre Josemaría Escrivá que menciono en este artículo. Señalaré sólo el título completo de los que cito abreviadamente en el cuerpo del trabajo:

Amigos...: Amigos de Dios.

Apuntes...: S. BERNAL, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei.

Conversaciones...: Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer.

Entrevista...: A. DEL PORTILLO, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei.

Es Cristo...: Es Cristo que pasa.

Memoria...: J. ECHEVARRÍA, Memoria del Beato Josemaría Escrivá.

Recuerdo...: S. BERNAL, Recuerdo de Alvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei.

VÁZQUEZ DE PRADA...: A. VÁZQUEZ DE PRADA, El Fundador del Opus Dei, I, Ut videam!

[4] Cfr. CEC 1939.

[5] Viacrucis, 8, 5.

[6] Cfr. Amigos..., 233.

[7] Cfr. Forja, 880.

[8] Memoria..., 122.

[9] Amigos..., 121.

[10] Cfr. Jn 11, 35.

[11] Memoria, 106.

[12] Amigos..., 225.

[13] Es Cristo..., 93.

[14] VÁZQUEZ DE PRADA, 35. Andando los años, el Fundador del Opus Dei situó en el centro de su pedagogía familiar el consejo a los padres de que procurasen hacerse amigos de sus hijos: “Se puede armonizar perfectamente la autoridad paterna, que la misma educación requiere, con un sentimiento de amistad, que exige ponerse de alguna manera al mismo nivel de los hijos. Los chicos ‑aun los que parecen más díscolos y despegados‑ desean siempre ese acercamiento, esa fraternidad con sus padres. La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre” (Conversaciones..., 100).

La misma idea, con otras palabras, en Es Cristo..., 27: “Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural, y han de sentir la responsabilidad de esa misión, que exige de ellos comprensión, prudencia, saber enseñar y, sobre todo, saber querer; y poner empeño en dar buen ejemplo. No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable.

“Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante: más importante que los negocios, que el trabajo, que el descanso. En esas conversaciones conviene escucharles con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad ‑o la verdad entera‑ que pueda haber en algunas de sus rebeldías. Y, al mismo tiempo, ayudarles a encauzar rectamente sus afanes e ilusiones, enseñarles a considerar las cosas y a razonar; no imponerles una conducta, sino mostrarles los motivos, sobrenaturales y humanos, que la aconsejan. En una palabra, respetar su libertad, ya que no hay verdadera educación sin responsabilidad personal, ni responsabilidad sin libertad”.

[15] Forja, 565.

[16] Conversaciones..., 31.

[17] Memoria..., 355-356.

[18] cfr. Pr 14, 20.

[19] cfr. Pr 19, 7.

[20] Memoria..., 52.

[21] Memoria..., 89-90.

[22] Cfr. Entrevista..., 116.

[23] Cfr. Surco, 757.

[24] Cfr. Si 37, 1.

[25] Surco, 738.

[26] Entrevista..., 27-28.

[27] Cfr. Surco, 429.

[28] Amigos..., 183.

[29] Cfr. Forja, 455.

[30] S. Tomás de Aquino, S. Th., II‑II, q. 103, a. 2‑3.

[31] Es Cristo..., 72.

[32] Memoria..., 55-56.

[33] Cfr. Surco, 191.

[34] Cfr. Jn 15, 13

[35] Cfr. Jn 15, 15.

[36] Cfr. Surco, 191.

[37] Pr 12, 26.

[38] Amigos..., 138; cfr. Surco, 750.

[39] Cfr. Amigos..., 44; Camino 440; etc.

[40] Cfr. Pr 3, 28.

[41] Cfr. Forja, 699.

[42] Entrevista..., 175.

[43] Forja, 943.

[44] Cfr. Si 6, 14-15.

[45] Cfr. Amigos..., 245.

[46] Cfr. Pr 25, 9.

[47] Surco, 731.

[48] Cfr. Pr 27, 9.

[49] Cfr. Pr 17, 17.

[50] Cfr. Lc 24, 13ss.

[51] Cfr. Si 22, 31.

[52] Forja, 957.

[53] Memoria..., 123.

[54] Testimonios..., 202.

[55] Surco, 747.

[56] Surco, 918.

[57] Cfr. Forja, 36.

[58] Cfr. Mt 11, 19.

[59] Surco, 746.

[60] Forja, 954.

[61] Cfr. CEC 1468.

[62] Amigos..., 9.

[63] Memoria..., 122.

[64] Memoria..., 139-140.

[65] Cfr. Si 19, 13.

[66] Neologismo expresivo de Josemaría Escrivá de Balaguer, no incorporado a la edición de 2001 del Diccionario de la Real Academia Española.

[67] Cfr. Pr 29, 5.

[68] Cfr., p. ej., Jb 6, 27; 2M 6, 21.

[69] Memoria..., 136.

[70] Cfr. Surco, 761.

[71] Camino, 159; cfr. también Camino, 160.

[72] Surco, 828.

[73] Camino, 366.

[74] Camino, 948.

[75] Cfr. Surco, 204.

[76] Lo relató detenidamente en Testimonios..., 65-67.

[77] Cfr. Es Cristo..., 51, 182.

[78] Cfr. Surco, 737.

[79] Cfr. Si 9, 14.

[80] Amigos..., 252.

[81] Camino, 322.

[82] Forja, 495.

[83] Amigos..., 315; cfr. también Camino, 562.

[84] Cfr. CEC, 142.

[85] Cfr. Amigos..., 120.

[86] Cfr. también Camino, 422.

[87] Memoria..., 65-66.

[88] Es Cristo..., 166.

[89] Es Cristo..., 124.

 

 

Vivir de fe

Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas es una tarea abrumadora. Pero también lo era dar de comer a 5.000 personas con cinco panes y dos peces. Y los apóstoles, cuando acudieron a Cristo, lo consiguieron. Ofrecemos un texto sobre la vida de fe.

Virtudes06/07/2016

Opus Dei - Vivir de fe

La noticia de la muerte de Juan el Bautista afectó hondamente al Señor. Él había venido a liberarnos del pecado y de la ruptura con la que éste marca profundamente la naturaleza humana, que Él quiso hacer propia; pero precisamente porque –excepto en el pecado– asumió esa naturaleza hasta sus últimas consecuencias, no le dejó indiferente esta nueva experiencia de la maldad –y, en este caso, también de la frívola estupidez– que cabe en el corazón humano. Se sintió profundamente abrumado y experimentó el impulso de retirarse a un lugar tranquilo, donde pudiera rezar y meditar con paz[1].

Sin embargo, al desembarcar vio una gran muchedumbre y se llenó de compasión por ella[2]. Pasó el resto de la jornada ocupándose de aquellas gentes, de sus almas y de sus cuerpos: les enseñó muchas cosas y curó a los enfermos. El Señor no provocó esa situación, su intención era otra: pretendía simplemente meditar y descansar, y hacer meditar y descansar a los Apóstoles. Pero su corazón sacerdotal no dejó escapar una oportunidad inesperada de atender a los demás, aunque le exigiera superar un estado de ánimo muy comprensible.

Como en otras ocasiones, nada nos dicen los evangelistas de lo que Jesucristo predicó ese día. Les basta que conozcamos, además de su ejemplo de generosidad, los sucesos del final de aquella jornada, que encierran enseñanzas de relieve para quien desea tener vida interior y transmitir a otros el fuego del Señor.

Magnanimidad

Transcurrieron unas horas. Las gentes seguían allí y el Maestro no dejaba de enseñarles. Los discípulos comenzaron a inquietarse pensando qué sucedería cuando aquella multitud fuese consciente de que no tenían tiempo de alcanzar un lugar en donde proveerse de algo para comer. Acudieron a Jesús: éste es un lugar apartado y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos[3]. Estas personas tienen una necesidad y hay que darles la oportunidad de satisfacerla antes de que sea tarde. El Señor les respondió de un modo sorprendente: no hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer[4]. Su problema es también vuestro problema: afrontadlo vosotros.

Probablemente los Apóstoles no habían acudido a Jesús huyendo de su responsabilidad, no estaban intentando quitarse de encima esa dificultad. Era, sencillamente, una tarea que les superaba de tal manera, que ni se les había pasado por la cabeza que tuviera que ver con ellos. Por supuesto, se compadecían de aquellas gentes, pero ¿qué más podían hacer?

Por eso, la respuesta del Señor les dejaría desconcertados: ¿nosotros?; ¿les tenemos que dar de comer nosotros?; pero si ¡incluso por el jornal de doscientos días de trabajo nos darían una cantidad de pan irrisoria para tal multitud![5]; ¿qué podemos hacer nosotros?

Pero el Maestro no cedió; quiso que cargasen este problema sobre sus hombros: algo podréis hacer... ¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo[6]. Los Apóstoles reconocen la insuficiencia de sus medios: tenemos sólo cinco, y dos peces[7]. Traédmelos aquí[8].

Durante los años de tarea apostólica que vivieron después, quizá muchas veces pensarían en lo que Jesucristo les había enseñado aquel día: si sólo tenemos estos medios, con estos medios hemos de afrontar el problema; no nos bastan los buenos deseos, la compasión ante la necesidad de la muchedumbre.Tampoco a un cristiano le basta comprobar que un punto de lucha o un objetivo apostólico supera sus capacidades. Los cristianos debemos tener el corazón grande y la cabeza clara: considerar con serenidad cuántos panes tenemos, qué podemos hacer, sin dejarnos abrumar por lo que no podemos; aunque parezca muy insuficiente, hemos de poner a los pies del Señor lo que está en nuestra mano.

Los evangelistas nos dicen que Jesucristo tomó aquellos alimentos, los bendijo, partió los panes y los dio a los discípulos para que éstos los distribuyeran entre la gente. Alcanzó para todos, e incluso sobró tanto que se necesitaron doce cestos para contener los restos: sobró más de lo que tenían al comenzar; la intervención divina hizo que los medios de los que personalmente disponían crecieran en el esfuerzo generoso por ayudar con ellos a los demás.

San Juan relata esta escena como introducción al largo discurso del Señor sobre el Pan de vida. La relación entre los dos pasajes es clara: la multiplicación de los panes es figura del gran misterio de la Eucaristía[9], en el que el Señor nos ofrece un sustento suficiente y sobreabundante; y va incluso más lejos, puesto que por el prodigio de la transustanciación, lo que era algo sólo material y pobre, se convierte en el Cuerpo y Sangre de Cristo: alimento sobrenatural, Pan de los ángeles, nuevo maná que restaura las fuerzas del nuevo Pueblo de Dios. Pero también podemos extraer de este acontecimiento otras enseñanzas.

Si meditamos la escena tratando de aplicarla a la vida interior, quizá tendremos la impresión de que el Señor nos dice: piensa cuáles son tus medios, examínate con audacia; luego, pon a mis pies lo que tengas; y no te preocupes si te falta, porque a Mí me sobra.

Audacia

Reflexionemos ahora sobre la situación de los Apóstoles que, una vez decididos a poner en juego todas sus posibilidades, se enfrentan a la tarea de distribuir algo patentemente escaso entre una considerable multitud. No es fácil hacerse cargo de cómo se produjo el milagro. Milagros de otro tipo pueden ser quizá más sorprendentes, pero desde luego más fáciles de imaginar: Jesucristo pone su mano sobre alguien, o pronuncia unas palabras, y el enfermo recobra la salud que le faltaba. En cambio, aquí no resulta sencillo saber qué pasó exactamente, porque pudo suceder de diversas maneras (cfr. San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 49, 2-3; San Hilario, In Matthaeum, 14).

Cabe la posibilidad de que el montón de trozos en los que Jesús había dividido los cinco panes y los dos peces aumentase repentinamente de volumen, y lo que antes era poco se hiciese sobreabundante, ante la admiración de los Apóstoles. Es posible, efectivamente, que ocurriese así; pero hay otra posibilidad menos espectacular, que ayuda a percibir con mayor claridad una enseñanza fundamental que probablemente Cristo quiso transmitir a sus discípulos y a quienes le seguiríamos a lo largo de los siglos.

Pudo suceder que el Señor entregase a varios de los Apóstoles una parte de los trozos de pan y éstos comenzasen a distribuirlos entre la muchedumbre. Poco a poco, se fueron dando cuenta del prodigio: llegó para todos e incluso sobró. También el maná era imposible de acumular de un día para otro[10]: Dios quería que quienes recibían aquel alimento no perdiesen la conciencia de que era un don divino y se abandonasen en Él, en lugar de buscar una seguridad meramente humana. Quizás Jesús quiso que los Apóstoles tuvieran una experiencia similar.

Para aquellos de los presentes que fueron conscientes de lo sucedido, fue un motivo de sorpresa y de admiración. Para los Apóstoles fue una clara lección de fe. Unos meses después, el Señor les iba a pedir que echaran sobre sus hombros la carencia de formación de millones de almas: id al mundo entero y predicad el evangelio a toda criatura[11]. Sin duda, se les iba a venir encima una tarea que claramente les superaba: ¿quiénes eran ellos?, ¿qué podían hacer?, ¿no sería más razonable proponerse metas que estuvieran a su alcance?

Entonces traerían a su memoria lo que habían vivido. Recordarían que el Señor les pidió que hiciesen un recuento de sus medios; para Él era igual de difícil dar de comer a aquella multitud con cinco panes que con ninguno, pero quiso enseñarles a poner todo de su parte. Meditarían que Él no permitió que la escasez de medios rebajase el objetivo que les había propuesto; que no se conformó con prestar una ayuda simbólica, que no resolviese el problema. Recordarían también que sus medios fueron siempre escasos... pero terminaron siendo suficientes. En definitiva, habrían aprendido que lo determinante no debían ser sus condiciones –que de todos modos debían examinar–, sino el poder de Dios y las necesidades de las almas.

Los cristianos nos debemos sentir interpelados por la sed que Dios tiene de almas en todos los ambientes y ocupaciones[12]. Deseamos poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades de los hombres[13]. No podemos dilatar el inicio de esa tarea hasta que dispongamos de todos los panes necesarios para dar de comer a esa muchedumbre; no podemos plantearnos metas pequeñas en la ayuda a los demás, aunque luego –de hecho– tengamos que proceder paso a paso hasta alcanzar las grandes.

Al proponernos objetivos altos y generosos, es fácil que sintamos fuertemente la desproporción entre nuestras capacidades y lo que pensamos que el Señor espera, e incluso que experimentemos un cierto vértigo, una sensación de impotencia y de inseguridad que no hemos de entender como una prueba de que nos falta fe. Al contrario, es quizás una demostración de que el amor de Dios nos está impulsando más allá de nuestra pequeñez. Ese sentimiento de inquietud, lejos de contradecir la magnanimidad, da sentido a la esperanza, porque donde hay absoluta certeza, la esperanza no puede existir[14].

Optimismo

La fe con la que el Señor espera que actuemos, no consiste, pues, en la seguridad de que nuestras cualidades se multiplicarán. Consiste más bien en poner nuestros cinco panes al servicio de Dios, en actuar como si esos panes fueran suficientes, incluso si mientras lo hacemos seguimos sintiendo palmariamente nuestra limitación. La vida de fe no se demuestra en los sentimientos, sino en las obras, también cuando los sentimientos parecen contradecir esas certezas fundamentales en las que se apoya todo nuestro actuar.

El optimismo cristiano no es un optimismo dulzón, ni tampoco una confianza humana en que todo saldrá bien. Es un optimismo que hunde sus raíces en la conciencia de la libertad y en la seguridad del poder de la gracia; un optimismo que lleva a exigirnos a nosotros mismos, a esforzarnos por corresponder en cada instante a las llamadas de Dios[15].

La fe del cristiano no es la ingenuidad de quien no se hace cargo de las dificultades y confía, por eso, en que todo saldrá bien. Al contrario, la fe genera un optimismo que hunde sus raíces en la conciencia de la libertad, es decir, que se sostiene y se alimenta de la conciencia de que las cosas pueden ir mal y de hecho a veces irán mal, porque la libertad humana –la nuestra y la de los demás– no siempre buscará lo que Dios quiera. Es, por eso, un optimismo que lleva (...) a esforzarnos por corresponder en cada instante a las llamadas de Dios, aun sabiendo que ni siquiera así tendremos certeza de que todo será favorable.

La fe que el Señor me pide y espera de mí, no es, por tanto, la confianza en la buena marcha de las cosas. Es la seguridad de que, vayan éstas como vayan, Dios se servirá de ellas en mi favor, en favor de quienes me rodean y de la Iglesia entera. Dicho de otro modo: Dios no espera de mí que todo me salga bien, ni tampoco yo espero de Dios que si hago lo que debo todo evolucionará favorablemente; sería ingenuo pensar que basta ser bueno para que todo sea positivo. Dios espera que yo me fíe de Él y por eso ponga lo que está de mi parte para que las cosas vayan bien. Y yo tengo la certeza de que, haciendo lo que Él quiere, estoy logrando el objetivo que realmente importa en mi vida, aunque aquello no siempre produzca un estado de cosas positivo: habrá cosas que irán mal, pero seguiré el consejo del Apóstol: noli vinci a malo, sed vince in bono malum; no te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien[16], y por esto, a pesar de todo, el bien estará venciendo: omnia in bonum!: ¡todo es para bien!

El Señor ha encomendado una gran misión a la Iglesia y a cada cristiano. Es lógico que advirtamos que excede nuestras capacidades e incluso que, al pensar en ella, en ocasiones nos sintamos abrumados. También lo es que a veces, ante tanta labor, no sepamos por dónde empezar y tengamos la tentación de permitir que nuestra limitación nos bloquee.

La meditación de la escena que acabamos de considerar nos hará de nuevo conscientes de que el Señor espera que –como los Apóstoles– asumamos la responsabilidad de ayudar a muchas almas, aplicándonos a esa tarea con todas nuestras capacidades. Y espera también que comencemos a hacer lo que podamos, sin dejarnos dominar por la preocupación de si conseguiremos culminar la labor. La escasez de nuestros panes y peces no ha de ser motivo suficiente para impedir que hagamos lo que en cada momento esté en nuestras manos: Dios proveerá a lo que venga después. Así, aunque no sintamos una gran seguridad, estaremos de hecho viviendo de fe.


[1] Cfr. Mt 14, 13.

[2] Mt 14, 14.

[3] Mt 14, 15.

[4] Mt 14, 16.

[5] Cfr. Mc 6, 37; Jn 6, 7.

[6] Mc 6, 38.

[7] Ibidem.

[8] Mt 14, 18.

[9] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1335.

[10] Cfr. Ex 16, 17-20.

[11] Mc 16, 15.

[12] Cfr. San Josemaría, Camino, n. 301.

[13] San Josemaría, Forja, n. 685.

[14] Cfr. Rm 8, 24.

[15] San Josemaría, Forja, n. 659.

[16] Rm 12, 21.

 

Si no puedes conectar con el Adviento

Sheila Morataya
3 diciembre 2018

SinopuedesconectacobelAdviento.encuentra.com.int

Esta semana los cristianos nos adentramos en el adviento. Un tiempo en el que se requiere volver mucho hacia la geografía interior para reflexionar y encontrar lo que hay acumulado en el corazón. Tú y yo sabemos que los tiempos actuales son tiempos confusos debido a las muchas propuestas espirituales que se nos proponen  desde que lo que se llama blogosfera nació. La que escribe empezó en este portal cuando la internet nacía.  Todavía  recuerdo el número impresionante de cartas que recibía para aclarar dudas sobre la vida y la fe. Sin embargo, ahora las personas tienen más acceso a buscar y encontrar sus propias respuestas escribiendo una frase nada más y la respuesta puede venir desde sitios católicos como este, hasta de aquellos que no miran a Dios como una persona. Por eso, si se es cristiano es importante ir al encuentro con Dios con un vivo deseo para que El renueve la fe en el corazón.

Este post es mi primera entrada desde hace muchos meses, en lo que por motivos personales tuve que dejar de escribir. Ahora escribo con un profundo deseo de reflexionar mi vida y mi corazón públicamente y así ayudar a muchos en su camino. No sé tú, pero observo que de forma automática me dirijo a los portales de compras para ver que hay de rebaja y poder ahorrar un poco en navidad. Muchas veces me he cansado dedicando una o dos horas a recorrer diferentes tiendas en red. Entonces llega a mi caja de correo electrónico una reflexión de preparación para el adviento. No sé como comenzar. Estoy que reviento de materialismo.  Preciso volver a esa calma que sólo se encuentra en Dios.

Esta tarde clave mis ojos en el retrato de la Divina Misericordia que me gusta tanto y le pregunte a Jesús: ¿cómo empiezo? siento mi cabeza tan embotada de cosas, de pensamientos, de preocupaciones. ¡Ayúdame! Creo que Dios sintió el genuino deseo de mi corazón de renovar mi oración. Asi que recorde que San Juan de la Cruz tenía la costumbre de llevar a los novicios a la naturaleza para que oraran ahí mismo. Dios pone en mi corazón apagar la televisión, dejar de entrar en las redes sociales, bajar el volumen a las fiestas navideñas y salir a buscarlo, encontrarlo y escucharlo otra vez en la naturaleza. Dios y su Presencia se encuentran ahí. Se encuentra ahí su creatividad, generosidad, belleza, poder y gloria. Esto, anima a un alma confusa y cansada.  Sale el sol, ilumina mi corazón, despierta a mi alma!

Recuerdo ahora mismo mi viaje a el gran Cañón del Colorado en los Estados Unidos. Mi esposo nos sorprendió a nuestra hija y a mí con un paseo en helicóptero. Había visto películas y  documentales del Gran Cañón y sabía que su belleza era majestuosa. Sin embargo sobrevolar en helicóptero sobre el mismo y luego descender a una pista en una de sus montañas para disfrutar de un almuerzo en familia, ha sido una de las experiencias más extraordinarias de mi vida. Mirar y pararse en el Gran Cañón es estar frente al poder y la gloria de Dios. Quien no es sensible, se sensibiliza ahí mismo, porque como decía el sacerdote ruso Alexander Tormen una hoja de árbol vale más que diez iconos porque se puede decir que la hoja de árbol,  la ha hecho directamente Dios.

Es muy hermoso poder percibir la presencia de Dios en la creación y cuando estás en tinieblas mentales o con ese desgano de no hacer oración quizá debido al peso de los propios pecados no confesados, mirar su creación te despierta. Pues Dios por medio de ella te dice: “Mira, yo he creado todo esto para tí, porque te amo, porque quiero que seas feliz….

Me transporto ahora, al momento de las compras de navidad, de los regalos que doy y que me dan. Quizá recuerdo ese maravilloso diamante que recibí un día de mi esposo, pero ¿qué es un diamante, qué es un regalo costoso y bello comparado con lo que Dios da mil veces más?

Te regala a tí y a mí toda la belleza del mundo.  El que hizo el mundo en quince mil millones de años, las galaxias y estrellas que son incontables y todo cuanto hay en el universo es Nuestro Padre.

Ahora decido salir cada mañana a la naturaleza, para que mi alma pueda otra vez salir de este letargo que el mundo de la vista y de los instintos provoca y dejar que toda su creación toque mis neuronas, entre a mi corazón y me permita otra vez más encontrarlo, mirarlo y amarlo.

Yo quiero preparar mi vida para que Jesús nazca. Jesús venti!

Sheila Morataya

 

 

Dos falacias del «cambio de época»

Dos falacias del «cambio de época»

Por Luis Fernando Valdés

Los cambios de época pueden producir en unas personas una ilusión de victoria y de que ya hemos llegado a un momento dorado de nuestra historia y, en otras, suelen provocar una sensación de inseguridad hacia el futuro. Pero, en ambos casos, el riesgo es el mismo: descuidar el esfuerzo diario por construir una mejor familia y una sociedad más justa y solidaria.

Nuestro país hoy necesita mirar hacia el presente. Cuando una persona se confía a que una situación económica global le será favorable o que un sistema político le proporcionará sin costo los medios para vivir, esa persona posiblemente descuidará lo más valioso de su vida: la capacidad de trabajar, que es ejercicio de virtudes, y medio de convivencia y servicio, que para los creyentes, además, se convierte en la vía para santificarse en la vida ordinaria.

Y lo mismo sucede con quien contempla con miedo o desilusión una nueva situación social, pues termina buscando egoístamente su propia supervivencia económica y deja de participar en la construcción de la vida política de nuestra nación.

La respuesta a ambas falacias es el realismo de la vida diaria, la cual necesita ser transformada mediante el esfuerzo cotidiano. Cuando era cardenal de Buenos Aires y Argentina pasaba una dura crisis económica y social, el Papa Francisco acuñó la siguiente frase para invitar a todos a no paralizarse y a no desentenderse de contribuir cada día a la solución de los conflictos sociales y económicos: «echarse la patria al hombro».

Y eso hoy se traduce para los mexicanos en trabajar mucho y bien, con constancia, en ser solidarios con los más necesitados, en tender puentes de diálogo con quienes piensan distinto de nosotros. Y para los creyentes, ese llevar la patria a cuestas incluye vivir mejor la dimensión social de nuestra fe en Cristo: ser Iglesia, porque, a partir del encuentro que ahí tenemos con Cristo, es como se inicia nuestra solidaridad hacia nuestra patria.

 

Aspectos jurídicos a tener en cuenta en el caso de los bebés modificados genéticamente en China

 

INTRODUCCIÓN

La noticia ha saltado a la luz en numerosos medios de comunicación: el investigador chino He Jiankui y su equipo de la Universidad SUSTech (Southern University of Science and Technology of China) en Shenzhen han producido los dos primeros seres humanos (dos niñas) modificados genéticamente mediante la técnica CRISPR-CAS9.

En la medida en que tal experimentación no ha sido publicada en ninguna revista científica especializada, la sorpresa de la propia Universidad porque el investigador se encontraba en excedencia y no había informado nada sobre la investigación, el desconocimiento de cómo se ha realizado exactamente la experimentación, entre otras causas, hace que la información de que disponemos por ahora sea incompleta y, por tanto, no está suficientemente contrastada, motivo por el cual la presente valoración debe regirse por el principio de precaución.

¿Por qué hablamos del Principio de Precaución? Por dos motivos: 1) La cautela a la hora de dejar constancia escrita sobre un experimento respecto del que se desconocen muchos datos. 2) El Principio de Precaución, precisamente, es un principio jurídico básico y fundamental en Bioderecho, sobre todo desde la Sentencia del Tribunal de Primera Instancia de la Unión Europea de 11 de septiembre de 2002, conocida como la Sentencia Virginiamicina.

Este Principio, que ha sido trasladado a la legislación bioética, viene a decir que la función de protección, amparo y, en su caso, prohibición y sanción del Derecho debe actuar y aplicarse cuando exista incertidumbre e imprevisión sobre las consecuencias (sobre todo los riesgos) que puedan derivarse de una determinada investigación o experimentación.

Por otro lado, la falta de información hace que no se puedan tatar varios temas sobre los que, en este caso concreto, incide el Bioderecho, como el consentimiento informado; la confidencialidad y secreto de los datos biológicos y biomédicos de carácter personal relativos a la salud de los padres y de los bebés; y, finalmente, si la experimentación fue sometida a los controles que deben efectuar los correspondientes Comités, tanto científicos como éticos, si bien en este sentido es factible sospechar, a pesar de que no deja de ser una conjetura, que no se cumplió con este requisito legal toda vez que no se informó a la Universidad.

Así pues, dejando aparte la valoración exclusivamente bioética, que corresponde a otro apartado del presente Informe, y teniendo en cuenta que la legislación china no es la misma que la española o europea, sobre la base de lo que ahora conocemos, trataremos de responder a las siguientes preguntas: ¿La experimentación objeto del presente análisis biojurídico vulnera las leyes en materia bioética, tanto supranacionales como nacionales? Si lo hace, ¿la causa es únicamente el Principio de Precaución?

Para responder a esas preguntas distinguiremos descriptivamente lo que dicen al respeto la legislación comunitaria y la legislación de nuestro país.

1. LEGISLACIÓN COMUNITARIA

1.1. DECLARACIÓN UNIVERSAL SOBRE EL GENOMA HUMANO Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LA UNESCO

Artículo 5.a: “Una investigación, un tratamiento o un diagnóstico en relación con el genoma de un individuo, sólo podrá efectuarse previa evaluación rigurosa de los riesgos y las ventajas que entrañe y de conformidad con cualquier otra exigencia de la legislación nacional”.

https://www.observatoriobioetica.org/wp-content/uploads/2018/11/lex-2944268_960_720-300x169.jpgArtículo 24: “El Comité Internacional de Bioética de la UNESCO contribuirá a difundir los principios enunciados en la presente Declaración y a profundizar el examen de las cuestiones planteadas por su aplicación y por la evolución de las tecnologías en cuestión. Deberá organizar consultas apropiadas con las partes interesadas, como por ejemplo los grupos vulnerables. Presentará, de conformidad con los procedimientos reglamentarios de la UNESCO, recomendaciones a la Conferencia General y prestará asesoramiento en lo referente al seguimiento de la presente Declaración, en particular por lo que se refiere a la identificación de prácticas que pueden ir en contra de la dignidad humana, como las intervenciones en la línea germinal”.

La última frase cabe interpretarla en sentido de prohibición de tales intervenciones.

1.2. CONVENIO EUROPEO SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS Y LA BIOMEDICINA (CONVENIO DE OVIEDO)

Artículo 13: “No podrá realizarse intervención alguna en el genoma humano si no es con fines preventivos, terapéuticos o diagnósticos, y a condición de que no tenga por objeto introducir ninguna modificación en el genoma de la descendencia”.

El número 89 del Informe Explicativo del Convenio, después de afirmar que el conocimiento y aplicación del genoma humano tiene aspectos positivos, no deja de ser cierto que también puede esconder peligros para el individuo y para la misma especie: “El miedo mayor es la modificación intencionada del genoma humano para producir individuos o grupos con ciertas características o cualidades seleccionadas”

Artículo 18.2: “Se prohíbe la constitución de embriones humanos con fines de experimentación”.

El número 116 del Informe Explicativo del Convenio indica que “el artículo no adopta una postura sobre la admisibilidad del principio de investigación sobre embriones in vitro. Sin embargo, el párrafo 2 del artículo prohíbe la creación de embriones humanos con el fin de investigar sobre ellos”

Finalmente, y en cuanto a la Unión Europea se refiere, como afirma Bellver (2016, p. 230):

La Unión Europea reguló la (sic) tangencialmente la EGLGH en la directiva europea relativa a la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas, aprobada el 6 de julio de 1998. En la parte no dispositiva afirma: “en el seno de la Unión Europea existe consenso respecto de que la intervención génica germinal en seres humanos y la clonación de seres humanos son contrarias al orden público y a la moralidad” (Considerando 40). Por ello, en la parte regulatoria prohíbe las patentes de “los procedimientos de modificación de la identidad genética germinal del ser humano” (art. 6, 1, b).

2. LEGISLACIÓN NACIONAL

2.1. LEY DE TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN HUMANA ASISTIDA

Artículo 13.2.c: “La terapia que se realice en preembriones in vitro sólo se autorizará si se cumplen los siguientes requisitos: c) Que no se modifiquen los caracteres hereditarios no patológicos ni se busque la selección de los individuos o de la raza”.

Debemos aclarar que este Observatorio no está de acuerdo con el término acientífico “preembrión”.

2.2. LEY DE INVESTIGACIÓN BIOMÉDICA

Artículo 18.2: “La realización de una investigación que comporte un procedimiento invasivo en seres humanos exigirá el aseguramiento previo de los daños y perjuicios que pudieran derivarse de aquélla para la persona en la que se lleve a efecto”.

3. CONCLUSIONES

De todo ello se desprenden tres importantes conclusiones:

  1. Una investigación o experimentación que implique la modificación en el genoma de la descendencia, es decir en la línea germinal, está legalmente prohibida.
  2. Lo cual vale para el caso en que se utilice la técnica CRISPR-CAS9 que conlleve tal finalidad.
  3. Además, y en el caso concreto objeto del presente análisis, teniendo en cuenta que aún desconocemos de modo completo cómo se ha desarrollado la investigación, si la misma se ha llevado a cabo según los conocimientos científicos actuales, que conllevan todavía un amplio umbral de desconocimiento e incertidumbre en relación con las consecuencias que pueda tener para los seres humanos (tanto para los propios sujetos de experimentación como para sus descendientes), y si, junto a ello, ha carecido tanto de un consentimiento informado conforme a Derecho como de la supervisión de los rigurosos controles por parte de los correspondientes Comités científicos y éticos, una investigación así estaría prohibida y sería, por tanto, contraria a Derecho.

Observatorio de Bioética

Instituto de Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

 

BRECHA SALARIAL ENTRE SEXOS
Ing. José Joaquín Camacho                                              

Siglo 21, sábado 8 diciembre 2018
    Un estudio reciente sobre conductores de autobuses de una empresa de transporte público de Boston, muestra que, aun sin discriminación por sexo, las mujeres ganan menos que los hombres. La causa es que ellas tienen distintas preferencias: valoran más que el tiempo de trabajo se adapte lo mejor posible a su vida personal y familiar, aunque eso suponga menos dinero.
    Y realizaron este  trabajo para detectar porqué, aunque todos los conductores están en pie de igualdad, con independencia del sexo, el sueldo medio de las mujeres es un 8% inferior al de los hombres. Dos conomistas de Harvard examinaron para detectar las causas de la diferencia de retribución entre mujeres y hombres.
    Y algo quedó claro: que los empleados con hijos buscan un plus, pero los padres prefieren ingresos adicionales a base de horas extras, mientras las madres se inclinan por trabajar menos o en horarios más favorables para atender a sus hijos especialmente  menores de edad
En un artículo reciente ya se tocaba esto: que “una hora gastada en un tipo de tarea no es necesariamente equivalente al esfuerzo de una hora dedicada a otra”; por ejemplo, cuidar a los hijos genera mucho más intensidad que otros tipos de trabajo. Porque hay otros elementos que también inciden en la diferente percepción de lo que supone el tiempo dedicado, como la falta de sueño continuada en los primeros años de cuidado de los hijos, que afecta más a las madres que a los padres, y les causa agotamiento. En esta exposición, una madre con trabajo remunerado hará de media unas diez horas semanales más que los padres, lo que se denomina “multitarea”, que está compuesta de trabajo de la casa y cuidado de los hijos.
Es interesante a este respecto la afirmación con ocasión de un Congreso nacional promovido por el Centro Italiano Femenino  señalando que si en el mundo del trabajo y en la esfera pública es importante la aportación incisiva del genio femenino, tal aportación permanece imprescindible en el ámbito de la familia, que no es simplemente un lugar privado, sino algo que es condición para la salud y prosperidad de la entera sociedad.
Todo esto parte de una concepción correcta del feminismo. Porque, como comentaba alguien, realmente durante siglos los varones no tomaron demasiado en serio a las mujeres, incluso las despreciaron. Según se cuenta, fue el griego Aristóteles quien planteó la tesis de que la naturaleza había creado algunos individuos para que éstos mandasen sobre los demás, y a otros para que les obedeciesen. Entre los primeros estarían los varones, entre los segundos las mujeres. Desde entonces, según dice, los varones se envanecieron. Bueno…
Porque hay un buen feminismo y otro desenfocado. Este segundo es la tendencia que consideraba a la mujer como subordinada y que para recuperar su posición debía ser antagonista del hombre; y llevaba, equivocadamente, a la rivalidad. Ahora se va consolidando una corriente que sostiene que hombre y mujer deben advertir sus diferencias en armonía y colaboración.
Ya hace un tiempo, Katherine Ellison, premio Pulitzer, comentaba cómo una falsa concepción feminista consideraba dos grupos de mujeres, las madres y las que no lo son, y eran a veces hostiles entre sí. El feminismo moderno sale de ese error y valora a las mujeres que se dedican a sus hijos. Bastantes mujeres sienten el orgullo de ser madre. A veces han alcanzado éxito profesional, y  son conscientes de que eso no justifica el sacrificio de sus deseos y satisfacciones familiares.

 

 

Abecedario de la Navidad

Abecedario de Navidad

Agradecer a Dios el habernos regalado las personas con las que convivimos.

Buscar el bien común por encima de los intereses personales.

Corregir con esmero a aquel que se equivoca.

Dar lo mejor de uno mismo, poniéndose siempre al servicio de los otros.

Estimar a los otros sabiendo reconocer sus capacidades.

Facilitar las cosas dando soluciones y no creando más problemas.

Ganar la confianza de los otros compartiendo con ellos sus preocupaciones.

Heredar la capacidad de aquellos que saben ser sinceros con valentía y respeto.

Interceder por los otros a Dios, antes de hablarle de nuestras cosas.

Juzgar a los otros por lo que son, no por lo que tienen ni por lo que aparentan.

Limitar las ansias personales frente a las necesidades del grupo.

LLenarse con lo mejor que uno encuentra en el camino de la vida.

Mediar entre los compañeros que no se entienden.

Necesitar de los otros sin ningún prejuicio.

Olvidar el miedo al qué dirán dependiendo de la opinión de los demás.

Preocuparse por los más débiles o más necesitados.

Querer siempre el bien de las personas.

Respetar las opiniones de los demás, los derechos de las personas y de los animales.

Salir al encuentro del otro, no esperando que él dé el primer paso.

Tolerar los defectos y límites propios y ajenos con sentido del humor.

Unirnos todos para vivir en paz y armonía.

Valorarse con realismo sin creerse superior a los demás.

X es una incógnita que invita a la búsqueda constante de la verdad con mayúscula.

Yuxtaponer ilusiones y esperanzas, trabajos y esfuerzos por crear fraternidad.

Zambullirse sin miedo en el nuevo día que Dios regala cada mañana.

Texto de Angel Rodríguez Vilagrán, basado en el texto publicado en la revista "Misión Joven" número 287

 

 

 

Perpetuo renacer A la Navidad

 

 

Simbólico es el tiempo navideño,

que intenta con palabras  , dar noticia

a  todas las personas ,  de la albricia

del renacer perpetuo del ensueño.

 

Preludio de Jesús, la Nochebuena

se carga de emociones renovadas,

madura,  entre las horas  derramadas,

el divinal misterio a noche plena.

 

Se vuelve  azul el corazón   humano,

que atisba el horizonte y las estrellas

cuando el pesebre llega a cada  casa,

 

Hesita el mundo, el joven, el anciano,

lucen al sol innúmeras centellas

¡El niño Dios sonríe mientras pasa!

Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina

 

 

Nuestra historia personal deja una huella en nuestros hijos

Silvia del Valle Márquez

Debemos pensar bien en nuestros actos por consecuencias futuras, no sólo por nosotros, sino también por nuestros hijos.

http://www.yoinfluyo.com/images/stories/hoy/dic18/071218/huella_hijos.png

A veces pensamos que lo que hacemos en la vida sólo nos afecta a nosotros, sin darnos cuenta de que todos nuestros actos van creando una historia, tanto personal como familiar y le van imprimiendo un estilo a nuestra familia.

Así que debemos hacer conciencia y buscar que actuemos siempre conforme a lo que Dios nos manda y la moral permite.

Así también debemos darle testimonio a nuestros hijos a actuar para ayudar a los demás, por eso aquí te dejo mis 5 Tips para educar a nuestros hijos en este estilo de vida.

PRIMERO. Actúa como si todo dependiera de ti.
Es necesario poner todo de nuestra parte para que nuestros actos sean buenos y conforme a lo que los mandamientos nos van marcando.

Es necesario también que demos testimonio con nuestras acciones de que Dios es el centro de nuestras vidas y por lo mismo hacemos las cosas para agradarle a Él, aunque al mundo no le agraden tanto.

Debemos ser valientes. Debemos actuar bien para dar siempre frutos buenos, mucho más cuando los beneficiados son nuestros familiares.

Seamos generosos y humildes para que nuestros hijos lo sean también.

SEGUNDO. Reza como si todo dependiera de Dios.
La oración es parte importante para que nuestras acciones den frutos buenos en nuestra familia.

Es necesario sobrenaturalizar lo cotidiano y la mejor forma de hacerlo es con nuestras oraciones y ofrecimientos diarios.

Es importante tener claro que la acción sin oración se vuelve infecunda.

Si nuestros hijos ven que nosotros oramos a Dios en todo momento y con todo nuestro corazón, seguro que ellos lo harán de forma cotidiana y constante, logrando sobrenaturalizar lo cotidiano.

TERCERO. Ofrece todas tus acciones.
Otra forma muy buena de que nuestras acciones vayan dejando huella en la historia de nuestros hijos es que las ofrezcamos a Dios para que sea Él quien las haga fructificar en nuestros hijos.

Además, así estaremos dándole un sentido trascendente a nuestro vivir y por lo mismo haremos todo para que nuestros hijos se sientan orgullosos de formar parte de nuestra familia.

Las acciones ofrecidas a Dios se vuelven capital de gracia para nuestra familia.

CUARTO. Plática con tus hijos para que lo comprendan.
También es necesario explicarles a nuestros hijos el estilo de vida que llevamos como personas y como familia para que ellos también puedan participar.

Es importante que comprendan todo lo que hacemos para que después lo hagan suyo y lo vivan por gusto y no por obligación.

Y QUINTO. Busca hacer siempre el mayor Bien posible.
Si ya comprendimos que todo lo que hacemos les beneficia o perjudicas nuestros hijos, entonces debemos buscar hacer el mayor Bien posible.

Así, siempre escogeremos entre dos bienes el mayor y con este testimonio nuestros hijos estarán capacitados para siempre actuar confirme al bien, la moral y lo que Dios nos manda.

 

 

¿Eres feliz en tu trabajo?

Lucia Legorreta

Algunos son felices en su trabajo, otros más lo ven como una maldición, depende de cada perspectiva.

 

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Existen opiniones diversas y extremas en el tema del trabajo, desde aquellos que lo ven como una maldición hasta los que lo perciben como el medio ideal para la realización del ser humano.

Los avances de la ciencia y de la investigación sobre la actividad laboral permiten hoy saber que puede ser ambas cosas, dependiendo de muchas variables que afectan a individuos, organizaciones y países.

Como lo describe Gerver Torres en El País, para algunos el trabajo es una fuente de sufrimiento, angustia, depresión, estrés. Para otros lo es de dicha, bienestar y felicidad. Lo que si podemos afirmar es que el trabajo es una de las variables más importantes en nuestra satisfacción personal.

Esas horas que pasamos en la fábrica o en la oficina definen en buena medida nuestro estado general de felicidad, porque afectan de una u otra forma al resto de nuestras actividades. Estos sentimientos nos lo llevamos a nuestra casa, los trasmitimos a las personas que nos rodean.

Lo que pasa en el trabajo, afecta a nuestra familia y viceversa. No podemos ser felices en nuestra vida, si somos miserables en nuestro trabajo.

Una forma de captar el nivel de dicha en este aspecto es la del compromiso laboral. Es decir, las personas que se sienten altamente implicadas con su función son las que están muy identificadas con lo que hacen, las que buscan siempre formas de realizarlo mejor, las que emprenden sus tareas diarias con entusiasmo. En resumen, disfrutan su trabajo.

Esas personas enferman menos, se deprimen menos, y cuando se les pregunta sobre su estado general de felicidad, indican valores más altos que aquellos que no están involucrados en su profesión.

¿Te preguntarás de que depende el grado de compromiso y por tanto la felicidad que una persona tenga con su empleo?

La empresa Gallup, después de años de estudio y análisis, ha concluido que existen 12 variables que lo determinan de manera preponderante.

Entre ellas destaca que sientas que estás utilizando tus capacidades, aquello que sabes y puedes hacer mejor. Que tengas oportunidades para aprender y crecer; que seas importante para alguien en tu empresa y que tengas quien te motive continuamente.

Es importante que tus opiniones sean tomadas en cuenta; que te sientas identificado con el propósito u objetivo de la organización en la cual trabajas.

Que tengas al menos un gran amigo entre tus compañeros; que percibas que estos se hayan comprometido con la calidad de sus labores.

Si todas o la mayoría de estas condiciones se cumplen, muy posiblemente eres una persona que está contenta con su empleo.

Para la sorpresa de muchos, el salario no es una variante determinante del compromiso laboral y, por tanto, del bienestar o la felicidad con el trabajo.

Tal y como claramente se desprende del listado de variables, la satisfacción con el trabajo no depende solamente del empleado.

Las organizaciones, los gerentes y los compañeros tienen también un peso importantísimo.

Desde una perspectiva más amplia, el tema de la felicidad en el trabajo ha ido cobrando una creciente importancia no solo porque afecta al bienestar de los trabajadores, sino porque también genera efectos muy importantes en el desempeño de las empresas.

Los profesionales más comprometidos son más productivos, se ausentan menos, originan menos rotación de personal y menor número de accidentes laborales.

En sus lugares de trabajo se producen también menos pérdidas de materiales y suministros.

Algunos estudios han llegado a establecer una relación positiva entre el clima laboral y el precio de las acciones de las compañías.

De manera que cuando un empleado se encuentra altamente implicado, gana todo el mundo. La persona, porque es más feliz; su empresa, porque el trabajador es más productivo, y el país y la sociedad entera porque, como consecuencia, sus niveles de bienestar subjetivo y riqueza material son mayores.

Pregúntate que tan feliz eres en tu trabajo, que tantas de estas variables se presentan en tu empleo actual. Y si eres gerente o director de una empresa, se muy sincero y reflexiona que clima laboral viven tus empleados.

Y recuerda, si un trabajador no está contento en su trabajo, sufre su familia, la empresa y la sociedad entera.

 

 

EN FRANCIA, LES « GILETS JAUNES » EXIGEN OTRO TIPO DE REPARTICIÓN DE LA RIQUEZA CREADA

Dr. Hugo SALINAS

salinas_hugo@yahoo.com

En Francia, el movimiento de “gilets jaunes” (chalecos amarillos), más allá de oponerse a otro impuesto “verde” vía los combustibles, exige un nuevo tipo de “repartición” de la riqueza creada. Lo que exigen no es un poco más de “redistribución” de la riqueza creada, como proponen los sindicatos, los congresistas, los partidos políticos y sus líderes; es decir, como proponen e imponen los representantes de la Democracia Representativa para proteger, directa o indirectamente, a sus amos, los grandes millonarios del planeta.

Los gilets jaunes exigen un nuevo modelo de repartición de la riqueza creada. La riqueza no la crea los grandes multimillonarios. Los que crean la riqueza son los trabajadores y sus familias.

¿Cuál es el tipo de repartición actualmente vigente, y cuál sería el nuevo tipo de repartición que resolvería el problema, por un lado, de los bajos salarios, insuficiente poder adquisitivo, desempleo masivo, marginación de grandes masas de la población y, por otro lado, la riqueza en remuneraciones y en activos, acumulada masivamente en poquísimas manos?

Pero antes de continuar, es necesario precisar dos conceptos (redistribución y repartición) a fin de comprender la problemática de nuestros tiempos modernos: las grandes desigualdades socio-económicas.

Una vez creada la riqueza, ella está compuesta de una masa de salarios y de otra masa de ganancias. ¿Y por qué arte de magia se determina el volumen tanto de los salarios como de las ganancias? A ese mecanismo que determina quién se apropia del resultado de la actividad económica se denomina “repartición” de la riqueza creada.

El tipo de repartición actualmente vigente, y que proviene desde hace unos diez mil años, y que durante este largo período no ha sido tocado ni en un pelo, se denomina Repartición Individualista. ¿En qué consiste este tipo de repartición?

El mecanismo de la Repartición Individualista determina que el 100% del resultado neto de la riqueza creada pertenece, única y exclusivamente, al que maneja el acto económico. Este mecanismo es el resultado de una “decisión de sociedad”. En un cierto momento, y bajo ciertas condiciones, toda la sociedad, de buen grado o a la fuerza, decide que la totalidad de la riqueza creada pertenezca a un cierto sector de la sociedad. ¿Y cómo esta decisión  de sociedad (la Repartición Individualista) se pone en práctica y se mantiene en el tiempo (diez mil años)?

Y es aquí que aparecen, por la primera vez en la historia de la humanidad, dos instituciones intocables: la propiedad privada y la herencia. Instituciones que permiten, recrean e intensifican las grandes desigualdades socio-económicas desde hace unos diez mil años.

Una precisión se impone. Los trabajadores piensan, y creen fuerte, que sus salarios le pertenecen, y que nadie les pueden tocar. Nada más falso. Los salarios pertenecen al que maneja el acto económico. Y es por esta razón, que “los dueños del capital” sueñan con tener trabajadores que no irroguen ningún gasto. Y es por ello también, que los trabajadores se deben poner en movimiento, luchar a pie firme todos los días, para tener, aunque sea, un mínimo de salario, un mínimo de poder adquisitivo que le permita vivir a él y a su familia.

Y este es el fondo de comercio de la “lucha sindical”, una institución de la Democracia Representativa, al igual que el Congreso, los partidos políticos, el Poder Judicial; en suma, el Gobierno de una Democracia Representativa. Todos ellos solamente buscan, a través de la redistribución, un mínimum de salario de existencia para los “trabajadores”, y un mínimum de confort para la sociedad. Y su arma preferida es el Presupuesto de la República. Un monto de dinero manejado directamente, a su guisa, por el Presidente de la República y sus acólitos.

Los representantes que componen la Democracia Representativa están lejos, muy lejos, de buscar un cambio de tipo de repartición. De ahí su desprestigio ante los “gilets jaunes” y la población en general.

Un desprestigio de la Democracia Representativa que se encuentra aún más acentuado en la masa de desempleados, jubilados, huérfanos, inválidos, que no cuentan con ningún medio de presión y, por tanto, son incitados a votar por su “representante”.

Superar esta lucha de reformas, reivindicativa, de aumentos salariales, defensiva, es lo que está en el fondo de los grandes movimientos sociales en todas partes de este planeta Tierra. Los gilets jaunes no creen más en los “representantes” del pueblo. En suma, ellos ya no creen en la Democracia Representativa que, en definitiva, solamente sirve a afirmar el poder de los grandes multimillonarios del planeta. Ellos buscan un nuevo tipo de repartición.

Desgraciadamente, la Repartición Individualista no solamente ha generado la Democracia Representativa, sino también un comportamiento individualista entre todas las personas, sean ricas o pobres. Esto hace difícil, casi imposible, un acuerdo general de los desposeídos para cambiar su situación socio-económica. No obstante, la Historia nos enseña que, pacífica o violentamente, esa conjunción de personas se produce. Lastimosamente, hasta ahora, sus ideas sobre el cambio no estuvieron claras como para triunfar definitivamente.

Pero la Humanidad ha experimentado dos tipos de repartición. ¿Cuál es el otro, aquel que permite una igualdad de oportunidades a todos los hijos de la sociedad, sin distinción de credo, lengua, género y otros?

Lo presentaremos en el artículo siguiente. Mientras tanto, hagamos un esfuerzo de reflexión. Miremos nuestro pasado, y encontraremos fácilmente la respuesta; porque el problema de los tiempos modernos no es un asunto de creación de riquezas, de producción. Es un problema de repartición de la riqueza creada. Y con ello, lo que se impone son nuevas instituciones que sostengan en el tiempo este nuevo tipo de repartición de la riqueza creada.

Paris, 6 de diciembres del 2018

 

 

Repudio a la promulgación de la Ley de Identidad de Género

Piñera promulga la Ley de Identidad de Género

El Presidente Piñera, que asumió con un proyecto pro familia, promulga la Ley de Identidad de Género, que es una puñalada contra la familia natural y cristiana

Comunicado de Prensa

Acción Familia manifiesta su más enérgico repudio a la promulgación de la Ley de Identidad de Género realizada la semana pasada, con alarde de publicidad, por parte del Presidente de la República, Sebastián Piñera.

Este repudio se funda, en primer lugar, en que la referida ley se opone en todos sus fundamentos y disposiciones a la Ley de Dios, manifestada en las Sagradas Escrituras: “Hombre y mujer los creó”. Las leyes que no tienen fundamento en la naturaleza humana y que se oponen a la Ley de Dios deben ser consideradas como inicuas y no vinculantes.

En segundo lugar, esta ley abrirá campo a la persecución contra todos aquellos que consideran que la familia se basa en la unión del hombre y de la mujer para la perpetuidad de la especie y la educación de los hijos. A partir de ahora, los menores de edad deberán ser enseñados que existen muchas “identidades” sexuales y que ellos pueden optar por la que le parezca más conveniente. Lo que no es sino la perversión de los menores.

Además, difícilmente se podrá sancionar la pedofilia, pues si un menor de 14 años puede cambiar su “identidad de género” evidentemente que podrá también consentir en relaciones homosexuales, con lo cual los adultos que la practiquen con menores, quedarán ipso facto declarados inocentes.

Por último, abre las puertas a la persecución contra los católicos que tomen a serio las enseñanzas del catecismo en relación a las conductas homosexuales y otras, que son “intrínsecamente desordenadas”.

En conclusión, no se entiende que un Gobierno que asumió con un proyecto pro familia se haya abanderado con una ley que significa una puñalada por la espalda contra la familia natural y cristiana y que tampoco fue respaldada por sus propios parlamentarios.

Recordamos al Presidente, la frase de Salomón: “Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Ps 127,1). Pero, entonces ¿qué decir de aquel Jefe de Estado que edifica contra la voluntad de Dios?

Luis Montes Bezanilla

Acción Familia.

 

 

Las diez mejores películas navideñas

 

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Estamos comenzando el Adviento, pero para muchos la Navidad está ya a las puertas. Las calles están adornadas e iluminadas, y todos los comercios nos recuerdan que ya es tiempo de hacer regalos...

En este contexto, dentro de poco empezará a programarse en televisión un particular género televisivo que podríamos denominar películas navideñas. Estas cintas incorporan algunos de los valores más típicamente cristianos: el sentido de la Navidad, la conversión a lo "Scrooge" (el personaje de Dickens), los deseos de felicidad, el reencuentro familiar, o el anhelo de retornar a la inocencia y a la infancia.

Como sugerencia para ver en casa durante estas próximas semanas, incluyo mi personal lista de "las diez mejores películas sobre la Navidad": incluye filmes familiares, y cintas clásicas junto a películas más recientes. Todas ellas son fáciles de encontrar en las plataformas o en los videoclubs.

https://2.bp.blogspot.com/-gtkkBL5ngO8/VI2x2oFNn7I/AAAAAAAAHEs/FDDwDoaotd0/s1600/que%2Bbello%2B2.jpg1. ¡Qué bello es vivir! (1946), de Frank Capra. La víspera de Navidad, George Bailey está con el agua al cuello. Toda su vida ha renunciado a proyectos personales para ayudar a su comunidad; pero ahora el banco que ha creado para socorrer a la gente está al borde la quiebra, y Bailey va a un puente dispuesto a arrojarse al agua, pensando que todos sus esfuerzos han sido en balde. La repentina aparición de Clarence, un ángel que todavía no se ha ganado las alas, le hará ver cómo hubiera sido la vida de su familia y sus amigos si él no hubiese existido. Número uno indiscutible del género, que sigue transmitiendo esperanza y optimismo a públicos de todas las culturas.

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2. La Natividad (2006), de Catherine Hardwicke. Recrea con acierto los escenarios, costumbres y utillaje de la época en que nació Cristo, pero falla en el retrato de la Virgen, que aparece siempre tímida e introvertida. Con todo, una buena preparación para vivir el sentido religioso de la Navidad.

3. Las Crónicas de Narnia (2005), de Andrew Adamson. Todo un clásico de la literatura infantil, escrito por C. S. Lewis. Durante la II Guerra Mundial, cuatro hermanos ingleses son enviados a una casa de campo para huir de los bombardeos alemanes. Un día, mientras juegan al escondite, la pequeña Lucy se esconde en un armario y de repente aparece en Narnia, un mundo fantástico que vive un invierno perpetuo. Cuando vuelva al caserón, nadie creerá su increíble aventura. Pero Narnia lanzará más mensajes a los niños, porque necesita de su inocencia para ser redimido. Y en esa misión encontrarán al majestuoso león Aslan, una respetuosa analogía del personaje de Jesucristo. Filme aún reciente que gustó a niños y adultos, y que aúna simbolismo cristiano junto a una gran aventura épica.

https://2.bp.blogspot.com/-FZEQFhPXJ6U/VI2xaFDKHlI/AAAAAAAAHEk/Baaqa_qSgq4/s1600/maktub-cartel.jpg4. Maktub (2011), de Paco Arango. Manolo atraviesa una grave crisis en su matrimonio. Un día, cercano a la Navidad, conoce a Antonio, un chico con cáncer que tiene unas extraordinarias ganas de vivir, y eso le cambia la vida. Esta película familiar, con formato de cuento navideño, logra divertir y conmover, apelando a los buenos sentimientos. El director propone una fábula con enseñanzas sobre el sentido de la vida y la enfermedad, hablando sin complejos de la muerte, la trascendencia, el amor, la familia, la capacidad de perdonar, la fidelidad y las relaciones entre padres e hijos. Una gran opción para jóvenes y adultos.

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5. De ilusión también se vive (1947), de George Seaton. Cercana la Navidad, la jefe de unos grandes almacenes contrata a un viejecito barbudo y simpático para que haga de Santa Claus. El anciano acapara pronto la atención de todos por su derroche de simpatía, y también porque afirma que es el verdadero Santa Claus. Con este planteamiento, la jefa quiere devolver a todos los ciudadanos el auténtico sentido de la Navidad, incluyendo a su escéptica hija. Cinta entrañable, nominada a los Oscar, donde se hace una dura crítica a los impulsos materialistas y consumidores que se anteponen, en estas fechas, al verdadero significado de la Navidad.

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6. Family man (2000), de Brett Ratner. Entrañable fábula sobre un personaje que prefirió alcanzar el éxito en vez de casarse con la chica de sus sueños. En vísperas de Navidad, sólo y sin familia, tiene un extraño encuentro con su “Ángel de la guarda” que le hará ver lo que podría haber sido su vida con un matrimonio feliz, con hogar y con hijos.

7. La gran familia (1962), de Fernando Palacios. Un espléndido homenaje a la familia numerosa, que tiene como clímax la pérdida de uno de los hijos en la víspera de la Navidad. La mejor para el sentido familiar de estas fechas.

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8. Polar Express (2005), de Robert Zemeckis. Un niño que ha perdido la ilusión de la Navidad se ve metido en un tren rumbo al Polo Norte, para conocer a Santa Claus. A través del viaje, plagado de increíbles aventuras, misterios y canciones , el protagonista viajará a un lugar mucho más escondido e importante, el de su propio corazón. Excelente película de animación en 3 D.

9. Mientras dormías (1995), de Jon Turteltaub. Una joven taquillera de metro, secretamente enamorada de uno de los pasajeros, tiene la oportunidad de salvarle la vida, aunque él queda en coma; por una confusión, todos creerán que ella es su novia. Comedia romántica por excelencia, al estilo Capra o LeoMcCarey, que trae a colación la necesidad de afecto y compañía cuando llega la Navidad.

https://1.bp.blogspot.com/-pBy_GECWciY/VI2yyYKyJWI/AAAAAAAAHE8/fuqFI2wP3lE/s1600/feliz_navidad.jpg10. Feliz Navidad (2005), de Christian Carion. Narra lo que sucedió el 24 de diciembre de 1914 en el frente de Ypres (Bélgica), durante la Primera Guerra Mundial. Se decretó una tregua para esa noche que implicaba permanecer en los puestos sin disparo alguno, pero las tropas alemanas iniciaron un villancico, y las tropas británicas respondieron con "Adeste fideles". Luego intercambiaron gritos de alegría y deseos de una feliz Navidad para todos. Al poco, hubo encuentros de unos y otros en la tierra de nadie, y allí se intercambiaron regalos y recuperaron a los caídos. Celebraron funerales con soldados de ambos bandos, llorando las pérdidas y ofreciéndose mutuamente el pésame. Una gran lección de solidaridad cristiana.

 

 

Los memos y sus memeces

Es innegable que las pretensiones de los dirigentes separatistas, sus acciones, sus ruedas de prensa, sus discursos y hasta sus amenazas, son carne del cañón del pitorreo hispánico, pero por lo que se refiere a sus consecuencias, no estaría de más tomar todo ello más en serio, porque los memos y sus memeces también hacen daño.

Aunque los resultados obtenidos en sus pretensiones no se ven por ningún lado, no han logrado ninguno de sus objetivos y su fracaso es evidente, no resulta menos palmario que sus actuaciones están causando perjuicios a España y a los españoles.

Han tergiversado la historia y, aunque esas tergiversaciones no conducen a nada, el mal que están haciendo a los más jóvenes es un hecho y que esas falacias están calando en parte de la sociedad catalana está fuera de toda duda.

Las andanzas europeas de Puigdemont y su histrionismo, pueden producir risa, pero además de risa están consiguiendo un paulatino descrédito de España y de sus instituciones en no pocos sectores de la Europa que, desde el Duque de Alba, nunca ha estado demasiado inclinada a mirarnos con simpatía.

Y además, la fractura que tanta mentira, tanta falacia y, por supuesto tanta memez, está produciendo en Cataluña, es algo demasiado grave como para tomarlo a broma.

Convendría que la sociedad -y a la cabeza los dirigentes políticos- lejos de caricaturas, de menosprecios, de chacotas y de bromas, tomara más en serio a quienes memos y hacedores de memeces, hacen daño.

Xus D Madrid

 

 

Estabilidad y atracción de la familia

Tuve ocasión de leer con cierto detenimiento un informe del Social Trends Institute, presentado como Mapa de los cambios en la familia en consecuencias en el bienestar infantil. Me impresionó la capacidad de la sociología contemporánea para medir con bastante precisión las situaciones sociales, sobre las que tantas veces improvisamos, no sin cierta ligereza. Lo he vuelto a leer estos días, pensando no tanto en el bienestar de los niños, como en la influencia radical de la familia en la formación de la joven generación, objeto de estudio en el sínodo de obispos que se ha celebrado en Roma. Y he comparado brevemente sus conclusiones con notas informativas recientes del Instituto Nacional de Estadística español, que reflejan también tendencias sociales significativas.

En España, 171.454 parejas contrajeron matrimonio en 2017, un 2,2% menos que el año anterior. La tasa bruta de nupcialidad disminuyó una décima, hasta 3,6 matrimonios por cada mil habitantes. El INE muestra una situación más o menos estable, después de la brusca caída en 2007 (204.772) y 2008 (197.216).

Por otra parte, la edad media de los contrayentes confirma una tendencia creciente. Alcanzó los 37,8 años para los hombres y los 35,0 años para las mujeres. La nota que he consultado no precisa si se refiere sólo a primeras nupcias, aunque muy probablemente los segundos o terceros matrimonios aumentarán seguramente esa media. Sí precisa que sólo el 2,7% de los registros corresponde a personas del mismo sexo (4.606).

José Morales Martín

 

 

Miedo a los emigrantes

Las noticias sobre el elevado número de africanos que alcanzan nuestras costas, de una manera o de otra; los muchos europeos del este que se afincan entre nosotros, quizá sobre todo rumanos, o los sudamericanos de distintos países que vemos en nuestras calles, hacen temer a más de uno que ve en peligro nuestra identidad nacional, social y religiosa. De hecho, habría no pocos que buscarían, si fuera posible, la forma de cerrar totalmente nuestras fronteras.

El hecho real es que los acuerdos internacionales de la Comunidad Europea exigen admitir una cantidad establecida que, al parecer, todavía es escasa por parte de España. Hay muchísimos más musulmanes en Alemania o en Francia que en nuestro país, pero para muchos, más o menos expertos, ya es demasiado.

Creo que hay dos aspectos que se deben tener en cuenta. El humanitario y el religioso. Es indudable que si un subsahariano emprende la aventura de recorrer un largo camino hasta llegar al Mediterráneo y luego se juega la vida en el paso del estrecho, es porque buscan una vida mejor. En sus países viven en la miseria. Seguramente nos hemos preguntado alguna vez: ¿por qué viven en la miseria? Y descubrimos que, en algunos casos, no es que falte riqueza natural, lo que falta es un gobierno relativamente justo. Si fuera solo por pobreza natural del país, que también los habrá, más de uno se habrá planteado la posibilidad de construir algún tipo de industria que pueda elevar el nivel económico. Pero si a la pobreza natural se une el desgobierno, entonces es más difícil la ayuda exterior.

Entonces ¿qué pueden hacer esas pobres gentes que viven tan miserablemente? Pues está claro, intentar llegar a los países de la opulencia que, por otra parte, conocen bastante bien por la televisión, el cine, el internet. ¿Nosotros vamos a echarlos? Recientemente una ministra explicaba el número de emigrantes que España necesitará en no muchos años, para cubrir puestos de trabajo, teniendo en cuenta nuestra baja natalidad. ¿En qué quedamos, entonces?

Suso do Madrid

 

Pensamientos y reflexiones 204

 

España: Nuevo gobierno pésimos augurios:            Después de la censura al gobierno anterior, las victorias “individuales” y las alharacas manifestadas, por los que han conseguido echarlo; las realidades se van imponiendo y se empiezan a manifestar las mismas para conocimiento del que quiera enterarse, de que la situación en España sigue siendo mala o peor que antes y a la vista queda lo que copio hoy y que ofrezco a mis lectores.

            “Aprovechando la catastrófica gestión de Mariano Rajoy, un jefe de Gobierno que habiendo obtenido el mayor grado de poder estatal, autonómico y local en 40 años lo ha despilfarrado totalmente con una negligencia y una cobardía tan inauditas que han dejado España al borde del desastre, un Pedro Sánchez que ha hundido al PSOE al peor registro de votos de su historia, sin la menor idea de país, se hace con el poder sin pasar por la urnas gracias al apoyo de un nuevo Frente Popular con la izquierda, los proetarras de Bildu —que ya han explicado que su apoyo a Sánchez “es para debilitar España”—, igual que el PNV, que exige un Estado confederal, y los golpistas catalanes, para “negociar de Gobierno a Gobierno”. Pero lo más importante ahora es saber qué es lo que piensa hacer el nuevo presidente.

En lo económico, para tranquilizar a los mercados, se declara europeísta y dice que utilizará los PGE 2018 del PP —“nos los comeremos con patatas, pero sin corruptos en la mesa”, diría Pablo Iglesias—, lo que es falso porque añade todas las subidas de impuestos y gasto de su propuesta: nuevo expolio fiscal de 6.500 millones de euros a los 'ricos', es decir, a la clase media; subida de IRPF a las rentas 'más altas' cuando los ricos, gracias a las sicavs, unos mecanismos jurídico-fiscales que implantó el PSOE en los años ochenta, están exentos de impuestos; nuevos impuestos 'medioambientales' sobre gasóleos, lo que recaerá sobre las rentas más bajas, el transporte y los autónomos, sobre la electricidad y el gas; impuestos sobre la banca (3.000 millones) que repercutirán en el acto sobre los clientes, y una mayor fiscalidad sobre el ahorro de las familias (del 23 al 35%). En cuanto al gasto, sube en 8.000 millones por la 'subida' de pensiones —que bajarán por los mayores impuestos—, universalización de la sanidad y más gasto 'social'. (De mi artículo de igual titular 13-6-18)

LA CARIDAD NO ES LA JUSTICIA:

. La caridad hay que entenderla como “un parche transitorio”; es la justicia la que ha de arreglar las cosas y si no es así, “esas cosas se engangrenan y llevan a la destrucción, nunca a la solución”

.                               Así es que los verdaderos responsables, que son minorías bien conocidas por todo el que piensa y define, y que se apoltronan en “sus palacios”, que tomen nota y empiecen a solucionar problemas y dejen de creárnoslos a nosotros, que es lo que siempre hacen; ya estamos hartos de sin escrúpulos y vergüenzas y sólo les exigimos que empiecen a gobernar bien y eliminen las causas que de verdad hay que eliminar, “seguir matando mosquitos a cañonazos nunca acabará con las plagas que padecemos y ello es fácil de entender”. Y si no lo hacen, que dimitan y se vayan, no los queremos de ninguna de las maneras, por “súper parásitos”. (De mi artículo de igual titular)

¿A qué van a la política?: Es la pregunta que nos hacemos muchos, viendo la irresponsabilidad, cuando no la total impunidad del gobernante que llega al poder con exceso del mismo y abusa sin escrúpulo alguno. Alguno y tras ser echado del mismo por delitos que llegan a los tribunales; ya incluso en la cárcel, tratan de volver a ese poder que le obligaron a dejar (caso de hoy en Brasil) como delincuente juzgado y condenado.

                                ¿Por qué las figuras señeras no quisieron o usaron el poder que tuvieron en las manos o al alcance de las mismas? Y en estos últimos incluyo a Jesús de Nazaret, a Gandhi, a Nelson Mandela y a Martín Lutero King; que en realidad todos ellos fueron influenciados por el primero y el “Cristianismo” que “El Galileo” preconizó. Entre esos cuatro líderes “naturales”, hay que incluir como uno más, a Mahoma, que pese a ser diferente, puesto que impuso no una religión sino un sistema de vida completo, también terminó en el fracaso actual y que hoy muestra el denominado “mundo árabe” con sus eternas luchas intestinas y sus masivos derramamientos de sangre, así como el fanatismo que sigue envenenando a muchos de sus seguidores.

                                Visto por la óptica de quién esto escribe, “el poder causa miedo y en muchos puede que miedo terrible”, puesto que el poder, es como esa fuerza que contiene infinidad “de cabezas” (“se simboliza con la estampa griega de la Hidra”) y por tanto, resulta incontrolable por el mejor de los dotados; y a la propia historia escrita me remito y los fracasos obtenidos por todos los sistemas de poder y gobierno.

                                El primero de los fracasados, podemos considerar que lo fue propio Cristo (también le ocurre igual a Buda) el que marca un camino, con su propia conducta y nos deja el “Sermón del Monte” que es su legado o doctrina a seguir; pero que la realidad es la que hoy vemos, donde “cientos de sectas”, viven y perviven, erigiéndose como  seguidoras del mismo; pero cada cual “a su aire y sus normas”; no se entendieron nunca, ni antes ni ahora; cada cual defiende a “su Cristo” y mantienen sus negocios, puesto que todas ellas subsisten con el poder que les da el dinero que recaudan y los negocios que controlan; aquello de que “mi reino no es de este mundo”, fue olvidado totalmente; y en este se vive y progresa sobre todo, teniendo dinero y cuanto más mejor.

                                No hablemos de los innumerables “iluminados individuales”, que con “el rebaño” que cada cual logra, se sitúa en una vida cómoda o comodísima, sabiendo inculcar en todos sus seguidores, que “después de Dios” es él, el que manda y dispone en todo lo concerniente a la vida en este planeta; por tanto “sus siervos” a trabajar para él y sin pedir nada a cambio, puesto que para ello “es él el verdadero enviado de Dios”. (Del mi artículo de igual titular 16-6-2018)

 

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

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