Las Noticias de hoy 07 Diciembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    viernes, 07 de diciembre de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

El Papa a Mercedarios: Entrega total a Dios, sin guardarse cosas en los bolsillos

El Papa visitará los Emiratos Árabes Unidos en febrero 2019

El Video del Papa: la escucha es la clave para comunicar la fe

AUMENTAR NUESTRA FE: Francisco Fernandez Carbajal

“Una oración continua”: San Josemaria

El Papa Francisco comienza un ciclo de catequesis sobre el Padre Nuestro

Madre de Dios, Madre nuestra: San Josemaria

El dogma de la Inmaculada Concepción: Javier López

La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen: almudi

La Inmaculada Concepción de la Virgen María

Ecología social: Daniel Tirapu

Tiempo de Adviento: Rebeca Reynaud

Human, but not a person: Nuria Chinchilla

Racismo y xenofobia  y cerebro. Jose Luis Velayos

EQUILIBRISMO AMOROSO: René Mondragón

Intrusos en la educación de los hijos: Silvia del Valle

  El papá en la familia actual: Ana Teresa López de Llergo

La nueva relación de ciencia y religión: Luis Fernando Valdés

Los de la puerta de al lado: Miguel Aranguren

Combatir la corrupción con educación en valores: ALFREDO PALACIOS DONGO

Un sarcasmo: Por mi conciencia y honor: Domingo Martínez Madrid

Reciban con sincera apertura, sine glossa,: JD Mez Madrid

Más sombras al cuadro: Jesús Martínez Madrid

Corrupción en el “Premio Nóbel” de literatura: Antonio García Fuentes

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Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Jueves 6 de diciembre de 2018

De las lecturas de hoy (Is 26,1-6 y Mt 7,21.24-27) podemos sacar tres pares de palabras, en contraste la una con la otra: decir y hacer; arena y roca; alto y bajo.

El primer grupo, decir y hacer, señala dos caminos opuestos de la vida cristiana. «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos». Decir es un modo de creer, pero muy superficial, a medio camino: digo que soy cristiano pero no hago las cosas del cristiano. Es un poco –por decirlo de modo sencillo– disfrazarse de cristiano: decir solamente es un disfraz, decir sin hacer. En cambio, la propuesta de Jesús es concreta, siempre concreta. Cuando alguno se acercaba y pedía consejo, siempre le respondía cosas concretas. Por ejemplo, las obras de misericordia son concretas.

También la segunda pareja de palabras, arena y roca, se articula entre dos directrices opuestas. «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande». La arena no es sólida, es una consecuencia del decir, un disfrazarse de cristiano, una vida construida sin cimientos. La roca, en cambio, es el Señor. Él es la fuerza. Pero muchas veces, quien confía en el Señor no aparece, no tiene éxito, está escondido…, pero está firme. No tiene su esperanza en el decir, en la vanidad, en el orgullo, en los efímeros poderes de la vida… «Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua». El Señor es la roca. La concreción de la vida cristiana nos hace avanzar y construir sobre esa roca que es Dios, que es Jesús; sobre la solidez de la divinidad. No sobre las apariencias o sobre la vanidad, el orgullo, las recomendaciones… No: ¡sobre la verdad!

El tercer binomio, alto y bajo, contrapone los pasos de los orgullosos y vanidosos a los de los humildes. En la primera lectura, dice el profeta Isaías que el Señor «doblegó a los habitantes de la altura, a la ciudad elevada; la abatirá, la abatirá hasta el suelo, hasta tocar el polvo. La pisarán los pies, los pies del oprimido, los pasos de los pobres». Este pasaje del profeta Isaías tiene el aire del canto de la Virgen, del Magníficat: el Señor ensalza a los humildes, a los que están en las cosas concretas de cada día, y abate a los soberbios, a los que han construido su vida sobre la vanidad, el orgullo… ¡esos no duran!

En este periodo de Adviento nos pueden ayudar algunas preguntas cruciales: ¿Yo soy cristiano del decir o del hacer? ¿Construyo mi vida sobre la roca de Dios o sobre la arena de la mundanidad, de la vanidad? ¿Soy humilde, procuro ir siempre desde abajo, sin orgullo, y así servir al Señor?

 

 

El Papa a Mercedarios: Entrega total a Dios, sin guardarse cosas en los bolsillos

El Papa se reúne con la Orden de la Merced con motivo del Jubileo que están celebrando por los 800 años de su fundación y les anima a experimentar en sí mismos la redención de Cristo para poder ayudar a los hermanos necesitados.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Lo primero que el Papa Francisco ha querido advertir a los Mercedarios reunidos en la Sala Clementina del Vaticano ha sido “que no pierdan el primer amor” el cual expresan a través del “voto de redención” y que nos recuerda a todos, y de modo especial a los religiosos, “que seguir a Cristo significa dar la vida para salvar almas”. Hablando sobre ese “primer amor” relata una anécdota que vivió en una de sus Audiencias de los miércoles en la Plaza de San Pedro en el Vaticano: “Hace un tiempo, en una Audiencia de la Plaza, mientras saludaba a la gente, había un matrimonio anciano pero muy juveniles. Cumplían 60 años de casados y no parecía y yo les pregunté: “¿Y siguen enamorados?”, ellos se miraron entre ellos, volvieron a mirarme a mí y tenían los ojos mojados y me dijeron: “ Estamos enamorados”. Les dejo esa imagen”.

Seguir a Cristo, sin malentendidos en el camino

Francisco también ha hablado sobre uno de los errores en los que caemos cuando seguimos a Cristo, asegurando que a veces, en vez de seguirlo, “planteamos nuestra vida como si fuera Él el que nos tiene que seguir a nosotros” y eso es “una tentación” ha puntualizado. “Seguir a Jesús no es cuestión de metodología, sino es dejar que Él nos preceda y marque el ritmo del caminar personal y comunitario”.

Entrega total a Dios, sin guardarse algo en los bolsillos

En este sentido, Francisco les pide “fiarse del Señor” que no es nada más ni nada menos que entregarse “sin guardase nada en el bolsillo”: “no solo dando lo material y lo superfluo – ha especificado - sino darle todo lo que consideramos como propio, nuestros gustos y opiniones” porque la entrega de la propia vida “no es algo opcional”, sino que es “la consecuencia de un corazón que ha sido “tocado” por el amor de Dios”.

La visita y la liberación deben ser las premisas de los Mercedarios

Comentando el carisma mercedario, el Papa expresa que están llamados a “dejarse interpelar por los nuevos campos de acción y de servicio redentor”, como pueden ser la promoción de la dignidad de la persona humana, la prevención de esclavitudes físicas o espirituales, el acompañamiento y la reinserción de los más vulnerables de nuestra sociedad. También asegura que la Orden de la Merced hace eco del Evangelio de la salvación que dice: «El Señor ha visitado y redimido a su pueblo» (Lc 1,68) y que el gesto de “visitar y liberar” es “el que marca toda su vocación y su acción misionera”. Dicho esto, el Papa les pide que “no se dejen arrastrar por la tentación de considerar su sacrificio y su entrega como una inversión destinada al provecho personal, para alcanzar una posición o una seguridad de vida” y se esfuercen más bien “por hacer realidad esta oblación y consagración al servicio de Dios y de los hombres”.

Estar alerta al triple peligro: mundo, demonio y carne

Un discurso en el que el Santo Padre también les ha exhortado a “estar atentos” al triple peligro: el mundo, el demonio y la carne, los cuales, adormecen la conciencia y provocan parálisis espiritual que lleva a la muerte interior. “Estos enemigos – ha dicho el Papa - a veces, se nos presentan de frente pero la mayoría de las veces van despacito, despacito... adormeciéndonos y uno no se da cuenta. No se da cuenta y hace falta la Gracia de Dios para decir: ¿Dónde estoy?, ¿Cómo he venido de caer de allá a acá?, esa anestesia, vigilen, vigilen, para que no terminen anestesiados”.

Imprescindible experimentar la redención para poder ayudar a los descartados

Por último, el Pontífice les anima a “experimentar primero en sí mismos la redención de Cristo” para luego poder ayudar a sus hermanos a descubrir al Dios que salva y a llevar a todos los que son descartados por la sociedad “la ternura y la misericordia de Dios”.

 

El Papa visitará los Emiratos Árabes Unidos en febrero 2019

“Haz de mí un canal de tu paz” será el tema de la visita del Pontífice a Abu Dabi, a realizarse del 3 al 5 de febrero 2019

Ciudad del Vaticano

“Acogiendo la invitación de Su Alteza el Jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan, Príncipe heredero de Abu Dabi, Su Santidad el Papa Francisco visitará Abu Dabi, en los Emiratos Árabes Unidos, del 3 al 5 de febrero 2019, para participar en el Encuentro Interreligioso Internacional sobre la “Hermandad Humana”: lo ha declarado en el día de hoy el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke, afirmando asimismo que “la visita tiene lugar también en respuesta a la invitación de la Iglesia Católica en los Emiratos Árabes Unidos.

“Haz de mí un canal de tu paz", tema de la visita

El Papa Francisco ha tomado su nombre de San Francisco de Asís, santo que fue un luminoso ejemplo de cómo poner en práctica las palabras de Jesucristo: "Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios"." (Mateo 5:9). La paz de Dios sana toda forma de hostilidad en la persona humana y acompaña la Buena Nueva proclamada por Jesucristo de un Dios que reconcilia al mundo consigo mismo.

El tema ha  sido tomado de las palabras iniciales de la Oración de la Paz de San Francisco de Asís y expresa la oración para que la visita del Papa Francisco a los Emiratos Árabes Unidos pueda difundir de manera especial la paz de Dios en los corazones de todas las personas de buena voluntad.

El logotipo de la visita

El logotipo de la visita del Santo Padre Francisco a tierra emiratí es una paloma con una rama de olivo. Los colores de la paloma, blanco con contorno amarillo, están tomados de los colores de la bandera del Vaticano. Los colores de la bandera de los Emiratos Árabes Unidos están incorporados en el cuerpo de la paloma, simbolizando la visita del Papa al país como heraldo de la paz.

 

 

El Video del Papa: la escucha es la clave para comunicar la fe

 

Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano

«Si uno quiere compartir su fe con la palabra, tiene que escuchar mucho. Imitemos el estilo de Jesús que se adaptaba a las personas que tenía ante Él para acercarles el amor de Dios. Recemos para que las personas dedicadas al servicio de la transmisión de la fe encuentren un lenguaje adaptado al presente, en diálogo con la cultura, en diálogo con el corazón de las personas y sobre todo escuchando mucho». Papa Francisco, diciembre de 2018.

Imitar el estilo de Jesús para acercar el amor de Dios

En la última edición del año de El Video del Papa, el Santo Padre exhorta a "quienes quieren compartir su fe con la palabra", a imitar el estilo de Jesús, "para acercarles el amor de Dios". 

La pregunta que nos hacemos todos es ¿cómo hacía Jesús? El Señor "se adaptaba a las personas que tenía ante Él", explica el Papa en el vídeo. 

De este modo, en este mes de diciembre en que nos preparamos al Nacimiento de Cristo, Francisco pide oración para que "las personas dedicadas al servicio de la transmisión de la fe, encuentren el lenguaje adaptado al presente, en diálogo con la cultura, en diálogo con el corazón de las personas y sobre todo, escuchando mucho". 

Caridad, testimonio, anuncio, celebración, escucha y participación compartida

Acompañando la intención de Oración del Santo Padre, la Red Mundial de Oración recuerda por su parte la reunión de los obispos del mundo en su XIII Asamblea General Ordinaria, en cuyo documento de trabajo los prelados indican que las obras fundamentales de la vida de fe son: la caridad, el testimonio, el anuncio, la celebración, la escucha y la participación compartida. Y en donde se señala, asimismo, que toda la Iglesia está llamada a comunicar la fe: obispos, sacerdotes, catequistas, familias y religiosos.

Una comunicación "de corazón a corazón"

El Padre Frédéric Fornos SJ, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa que incluye el Movimiento Eucarístico Juvenil, expresó que “la transmisión de la fe es ante todo comunicar la vida del Resucitado con palabras que acompañan gestos de vida, que liberan y sanan". Se trata de una comunicación "de corazón a corazón”, dice el sacerdote, a la vez que recuerda las palabras del Santo Padre en la Jornada Misionera Mundial 2018: «Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el 'contagio' del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor».

 

 

AUMENTAR NUESTRA FE

— Necesidad de la fe. Pedirla.

— La fe, el tesoro más grande que tenemos. Guardarla. Comunicarla.

— La fe de María.

I. En aquel día, los sordos oirán las palabras del libro, y desde las tinieblas y desde la oscuridad verán los ojos del ciego. Y los mansos se alegrarán más y más en el Señor, y los pobres se regocijarán en el Santo de Israel1.

La nueva era del Mesías es anunciada por los Profetas llena de alegría y de prodigios. Una sola cosa pedirá el Redentor: fe. Sin esta virtud el reino de Dios no llega a nosotros.

El Evangelio de la Misa2 nos presenta a dos ciegos que seguían a Cristo, pidiéndole a voces su curación: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David, le dicen. El Señor les pregunta: ¿Creéis que yo puedo hacer esto? Cuando ellos le dijeron que sí, Él los despidió curados con estas palabras: Hágase en vosotros según vuestra fe3. A otro ciego, en Jericó, le devolvió igualmente la vista y le dijo: Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía por el camino4. Al padre de una niña muerta le asegura: No temas, basta que creas y vivirá5. Pocos momentos antes había curado a una mujer, enferma durante mucho tiempo, que solo había manifestado su fe tocando la orla de su vestido, y le había dicho: Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz6. ¡Oh mujer, grande es tu fe!, le dirá a una mujer cananea. Y luego: Hágase como tú quieras7. No hay obstáculo para el creyente. Todo es posible para el que cree8, le dice al padre del muchacho que estaba poseído por un espíritu mudo.

Los Apóstoles se manifiestan al Señor con toda sencillez. Conocen su fe insuficiente en muchos casos ante lo que ven y oyen, y un día le piden a Jesús: ¡Auméntanos la fe! El Señor les responde: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este moral: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería9.

También nosotros nos encontramos como los Apóstoles; nos falta fe ante la carencia de medios, ante las dificultades en el apostolado, ante los acontecimientos, que nos cuesta interpretar desde un punto de vista sobrenatural.

Si vivimos con la mirada puesta en Dios no hemos de temer nada: «la fe, si es fuerte, defiende toda la casa»10, defiende toda nuestra vida. Con ella podemos alcanzar frutos que están por encima de nuestras pocas fuerzas; no tendremos imposibles. «Jesucristo pone esta condición: que vivamos de la fe, porque después seremos capaces de remover los montes. Y hay tantas cosas que remover..., en el mundo y, primero, en nuestro corazón»11.

Imitemos a los Apóstoles y con ánimo humilde, porque conocemos nuestras pocas fuerzas y nuestras cobardías, pidamos al Señor que tenga piedad de nosotros. «Señor, ¡auméntanos la fe!», le decimos en nuestra oración. ¡Santa María, pídele a tu Hijo que aumente nuestra fe flaca y débil en tantas ocasiones!

Con esta confianza aguardamos la Navidad, y por eso rezamos con la Iglesia: Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe el nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad –fiesta de gozo y salvación– y poder celebrarla con alegría desbordante12.

II. La fe es el tesoro más grande que tenemos y, por eso, hemos de poner todos los medios para conservarla y acrecentarla. También es lógico que la defendamos de todo aquello que le pueda hacer daño: lecturas (especialmente en épocas en que los errores están más difundidos), espectáculos que ensucian el corazón, provocaciones de la sociedad de consumo, programas de televisión que puedan dañar este tesoro que hemos recibido. Pongamos los medios para una adecuada formación, tanto más sólida cuanto más difíciles sean los ambientes y situaciones en los que se desarrolla nuestra vida; procuremos rezar con atención el Credo en la Misa de los domingos y fiestas, haciendo una verdadera profesión de fe.

En un época de confusión doctrinal hay que velar con especial cuidado para no ceder en el contenido de nuestra fe, ni aun en lo más pequeño, porque «si se cede en cualquier punto del dogma católico, después será necesario ceder en otro, y después en otro más, y así hasta que tales abdicaciones se conviertan en algo normal y lícito. Y una vez que se ha metido la mano para rechazar el dogma pedazo a pedazo, ¿qué sucederá al final, sino repudiarlo en su totalidad?»13.

Si guardamos la fe y la reflejamos en nuestra vida ordinaria sabremos comunicarla a los demás. Daremos al mundo el mismo testimonio que dieron los primeros cristianos: fueron fuertes como la roca ante dificultades inimaginables. Muchos de nuestros amigos, al ver que nuestra conducta es coherente con la fe que profesamos, se verán movidos por este testimonio sereno y firme y se acercarán a Nuestro Señor.

A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos14. ¡Qué gran promesa para alentarnos a una vida apostólica!

Reconocer al Señor delante de los hombres es ser testigos vivos de su vida y de su palabra. Nosotros queremos cumplir nuestras tareas cotidianas según la doctrina de Jesucristo, y debemos estar dispuestos a que se transparente nuestra fe en todas nuestras obligaciones familiares y profesionales. Pensemos un momento en nuestro trabajo, en nuestros compañeros, en nuestras amistades: ¿se nos reconoce como personas cuya conducta es coherente con su fe? ¿Nos falta audacia para hablar de Dios a nuestros amigos? ¿Nos sobran respetos humanos? ¿Cuidamos la fe de aquellos que, de alguna forma, el Señor ha puesto a nuestro cargo?

Una consecuencia de la fe firme es el optimismo y la seguridad de que las cosas saldrán adelante. El poder de Dios está con nosotros y disipa todo posible temor. Él que nos ha dado una vocación de santidad y una misión divina, nos dará también la gracia para cumplirla.

III. En todo tiempo hemos de fijarnos en Nuestra Señora, que vivió toda su existencia movida por la fe, pero especialmente en este tiempo de Adviento que es tiempo de espera, de esperanza segura, antes de que naciera el Mesías de su seno virginal. Bienaventurada tú que has creído15, le dice su prima Santa Isabel.

Confianza y serenidad de la Virgen ante el descubrimiento mismo de su vocación. ¡Ella es la Madre de Dios! Es aquella criatura de quien venían hablando los Libros Sagrados desde los mismos comienzos del Génesis, la que aplastaría la cabeza del enemigo de Dios y de los hombres16, la anunciada tantas veces por los Profetas17. Yahvé ha mirado la humildad, la sencillez, de su esclava18.

Serenidad confiada de la Virgen en el silencio que ha de mantener ante San José. María quería a José y le ve sufrir19. Ella confía en Dios. Es posible que al seguir la propia vocación, o al actuar cumpliendo la voluntad de Dios, temamos hacer sufrir a las personas queridas. ¡Él sabe arreglar bien las cosas! «¡Dios sabe más!»20, ve más lejos. El cumplimiento de la voluntad de Dios, que siempre exige fe, es el mayor bien para nosotros y para quienes habitualmente tratamos.

Fe de la Virgen en los momentos difíciles que preceden al Nacimiento de Jesús. San José llamó a muchas puertas aquella noche santa, y la Virgen oyó muchas negativas. Fe ante la huida precipitada a Egipto. ¡Dios huyendo a un país extraño...!

Confianza de María cada día de los treinta años que Jesús vivió oculto en Nazaret, cuando no hay signos prodigiosos de la divinidad de su Hijo, sino un trabajo sencillo y normal.

Fe de María en el Calvario. «Avanzó la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la Cruz, junto a la cual no sin designio divino permaneció en pie, sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su Sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la Víctima que Ella misma había engendrado»21.

María vive con la mirada puesta en Dios. Ha puesto toda su confianza en el Altísimo y se ha rendido por completo a Él. Eso nos pide Ella a nosotros: que vivamos con una confianza inquebrantable en Jesús. Y esto, porque desea vernos serenos en medio de todas las tempestades, y porque debemos dar serenidad a quienes están cerca de nosotros. Quiere, sobre todo, vernos un día en el Cielo, junto a su Hijo.

Con la liturgia de la Iglesia rezamos: Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria: asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo22.

1 Primera lectura de la Misa, Is 29, 17-24. — 2 Mt 9, 27-31. — 3 Mt 9, 28-29. — 4 Mc 10, 52. — 5 Lc 8, 50. — 6 Lc 8, 48. — 7 Mt 15, 28. — 8 Mc 9, 23. — 9 Lc 17, 5-10. — 10 San Ambrosio, Comentario sobre el Salmo 18, 12, 13. — 11 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 203. — 12 Oración de la Misa del 3.º domingo de Adviento. — 13 San Vicente de Lerins, Conmonitorio, n. 23. — 14 Mt 10, 32. — 15 Lc 1, 45. — 16 Gen 3, 15. — 17 Cfr. Is 7, 14; Miq 5, 2. — 18 Cfr. Lc 1, 48. — 19 Cfr. Mt 1, 18-19.— 20 A. del Portillo, en la presentación de «Amigos de Dios». — 21 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 58. — 22 Oración de la Misa del día 19 de diciembre.

 

 

“Una oración continua”

Padre, me has comentado: yo tengo muchas equivocaciones, muchos errores. Ya lo sé, te he respondido. Pero Dios Nuestro Señor, que también lo sabe y cuenta con eso, sólo te pide la humildad de reconocerlo, y la lucha para rectificar, para servirle cada día mejor, con más vida interior, con una oración continua, con la piedad y con el empleo de los medios adecuados para santificar tu trabajo. (Forja, 379)

Vida interior, en primer lugar. ¡Qué pocos entienden todavía esto! Piensan, al oír hablar de vida interior, en la oscuridad del templo, cuando no en los ambientes enrarecidos de algunas sacristías. Llevo más de un cuarto de siglo diciendo que no es eso. Describo la vida interior de cristianos corrientes, que habitualmente se encuentran en plena calle, al aire libre; y que, en la calle, en el trabajo, en la familia y en los ratos de diversión están pendientes de Jesús todo el día. ¿Y qué es esto sino vida de oración continua? ¿No es verdad que tú has visto la necesidad de ser alma de oración, con un trato con Dios que te lleva a endiosarte? Esa es la fe cristiana y así lo han comprendido siempre las almas de oración: se hace Dios aquel hombre, escribe Clemente de Alejandría, porque quiere lo mismo que quiere Dios.
Al principio costará; hay que esforzarse en dirigirse al Señor, en agradecer su piedad paterna y concreta con nosotros. Poco a poco el amor de Dios se palpa ‑aunque no es cosa de sentimientos‑, como un zarpazo en el alma. Es Cristo, que nos persigue amorosamente: he aquí que estoy a tu puerta, y llamo. (Es Cristo que pasa, 8)

 

 

El Papa Francisco comienza un ciclo de catequesis sobre el Padre Nuestro

El Papa inició un ciclo de catequesis sobre el “Padre Nuestro” explicando lo importante que era la oración para Cristo: “Para Él, la oración era entrar en la intimidad con el Padre, que lo sostenía en su misión, como sucedió en Getsemaní, donde recibió la fuerza para emprender el camino de la cruz”.

De la Iglesia y del Papa05/12/2018

Queridos hermanos y hermanas:

Iniciamos hoy un nuevo ciclo de catequesis centradas en el “Padre nuestro”. Los evangelios nos presentan a Jesús como un hombre que rezaba. Si bien experimentaba la urgencia de predicar y de salir al encuentro de la multitud, buscaba momentos de soledad para rezar.

Para Jesús la oración era entrar en la intimidad con el Padre, que lo sostenía en su misión

El Evangelio de san Marcos nos narra una jornada de Jesús, en la que pasó todo el día predicando y curando enfermos, sin embargo, la noche la dedicó a la oración.

Para él, la oración era entrar en la intimidad con el Padre, que lo sostenía en su misión, como sucedió en Getsemaní, donde recibió la fuerza para emprender el camino de la cruz. Toda su vida estaba marcada por la oración, tanto privada como litúrgica de su pueblo. Esa actitud se ve también en sus últimas palabras en la cruz, que eran frases tomadas de los salmos.

Los animo a pedir a Dios como hicieron los discípulos: «Señor, enséñanos a rezar»

Jesús rezaba como cualquier hombre, pero su modo de hacerlo estaba envuelto en el misterio. Esto impactó a sus discípulos y por eso le pidieron: «Señor, enséñanos a rezar». Jesús se convirtió así en maestro de oración para ellos, como quiere serlo también para nosotros.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. Los animo a pedir a Dios como hicieron los discípulos: «Señor, enséñanos a rezar», para que nuestra oración no sea ni rutinaria ni egoísta, sino encarnada en nuestra vida y que sea agradable a nuestro Padre del cielo.

Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

 

 

Madre de Dios, Madre nuestra

Cuando la Virgen respondió que sí, libremente, a aquellos designios que el Creador le revelaba, el Verbo divino asumió la naturaleza humana: el alma racional y el cuerpo formado en el seno purísimo de María.

Homilías en audio01/01/2018

Todas las fiestas de Nuestra Señora son grandes, porque constituyen ocasiones que la Iglesia nos brinda para demostrar con hechos nuestro amor a Santa María. Pero si tuviera que escoger una, entre esas festividades, prefiero la de hoy: la Maternidad divina de la Santísima Virgen.

Esta celebración nos lleva a considerar algunos de los misterios centrales de nuestra fe: a meditar en la Encarnación del Verbo, obra de las tres Personas de la Trinidad Santísima. María, Hija de Dios Padre, por la Encarnación del Señor en sus entrañas inmaculadas es Esposa de Dios Espíritu Santo y Madre de Dios Hijo.

Cuando la Virgen respondió que sí, libremente, a aquellos designios que el Creador le revelaba, el Verbo divino asumió la naturaleza humana: el alma racional y el cuerpo formado en el seno purísimo de María. La naturaleza divina y la humana se unían en una única Persona: Jesucristo, verdadero Dios y, desde entonces, verdadero Hombre; Unigénito eterno del Padre y, a partir de aquel momento, como Hombre, hijo verdadero de María: por eso Nuestra Señora es Madre del Verbo encarnado, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad que ha unido a sí para siempre —sin confusión— la naturaleza humana. Podemos decir bien alto a la Virgen Santa, como la mejor alabanza, esas palabras que expresan su más alta dignidad: Madre de Dios.

Fe del pueblo cristiano

Esa ha sido siempre la fe segura. Contra los que la negaron, el Concilio de Efeso proclamó que si alguno no confiesa que el Emmanuel es verdaderamente Dios, y que por eso la Santísima Virgen es Madre de Dios, puesto que engendró según la carne al Verbo de Dios encarnado, sea anatema.

La historia nos ha conservado testimonios de la alegría de los cristianos ante estas decisiones claras, netas, que reafirmaban lo que todos creían: el pueblo entero de la ciudad de Efeso, desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, permaneció ansioso en espera de la resolución... Cuando se supo que el autor de las blasfemias había sido depuesto, todos a una voz comenzaron a glorificar a Dios y a aclamar al Sínodo, porque había caído el enemigo de la fe. Apenas salidos de la iglesia, fuimos acompañados con antorchas a nuestras casas. Era de noche: toda la ciudad estaba alegre e iluminada. Así escribe San Cirilo, y no puedo negar que, aun a distancia de dieciséis siglos, aquella reacción de piedad me impresiona hondamente.

Quiera Dios Nuestro Señor que esta misma fe arda en nuestros corazones, y que se alce de nuestros labios un canto de acción de gracias: porque la Trinidad Santísima, al haber elegido a María como Madre de Cristo, Hombre como nosotros, nos ha puesto a cada uno bajo su manto maternal. Es Madre de Dios y Madre nuestra.

La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima.

Eramos pecadores y enemigos de Dios. La Redención no sólo nos libra del pecado y nos reconcilia con el Señor: nos convierte en hijos, nos entrega una Madre, la misma que engendró al Verbo, según la Humanidad. ¿Cabe más derroche, más exceso de amor? Dios ansiaba redimirnos, disponía de muchos modos para ejecutar su Voluntad Santísima, según su infinita sabiduría. Escogió uno, que disipa todas las posibles dudas sobre nuestra salvación y glorificación. Como el primer Adán no nació de hombre y de mujer, sino que fue plasmado en la tierra, así también el último Adán, que había de curar la herida del primero, tomó un cuerpo plasmado en el seno de Virgen, para ser, en cuanto a la carne, igual a la carne de los que pecaron.

Madre del Amor Hermoso

Ego quasi vitis fructificavi...: como vid eché hermosos sarmientos y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos. Así hemos leído en la Epístola. Que esa suavidad de olor que es la devoción a la Madre nuestra, abunde en nuestra alma y en el alma de todos los cristianos, y nos lleve a la confianza más completa en quien vela siempre por nosotros.

Yo soy la Madre del amor hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Lecciones que nos recuerda hoy Santa María. Lección de amor hermoso, de vida limpia, de un corazón sensible y apasionado, para que aprendamos a ser fieles al servicio de la Iglesia. No es un amor cualquiera éste: es el Amor. Aquí no se dan traiciones, ni cálculos, ni olvidos. Un amor hermoso, porque tiene como principio y como fin el Dios tres veces Santo, que es toda la Hermosura y toda la Bondad y toda la Grandeza.

Pero se habla también de temor. No me imagino más temor que el de apartarse del Amor. Porque Dios Nuestro Señor no nos quiere apocados, timoratos, o con una entrega anodina. Nos necesita audaces, valientes, delicados. El temor que nos recuerda el texto sagrado nos trae a la cabeza aquella otra queja de la Escritura: busqué al amado de mi alma; lo busqué y no lo hallé.

Esto puede ocurrir, si el hombre no ha comprendido hasta el fondo lo que significa amar a Dios. Sucede entonces que el corazón se deja arrastrar por cosas que no conducen al Señor. Y, como consecuencia, lo perdemos de vista. Otras veces quizá es el Señor el que se esconde: El sabe por qué. Nos anima entonces a buscarle con más ardor y, cuando lo descubrimos, exclamamos gozosos: le así y ya no lo soltaré.

El Evangelio de la Santa Misa nos ha recordado aquella escena conmovedora de Jesús, que se queda en Jerusalén enseñando en el templo. María y José anduvieron la jornada entera, preguntando a los parientes y conocidos. Pero, como no lo hallasen, volvieron a Jerusalén en su busca. La Madre de Dios, que buscó afanosamente a su hijo, perdido sin culpa de Ella, que experimentó la mayor alegría al encontrarle, nos ayudará a desandar lo andado, a rectificar lo que sea preciso cuando por nuestras ligerezas o pecados no acertemos a distinguir a Cristo. Alcanzaremos así la alegría de abrazarnos de nuevo a El, para decirle que no lo perderemos más.

Madre de la ciencia es María, porque con Ella se aprende la lección que más importa: que nada vale la pena, si no estamos junto al Señor; que de nada sirven todas las maravillas de la tierra, todas las ambiciones colmadas, si en nuestro pecho no arde la llama de amor vivo, la luz de la santa esperanza que es un anticipo del amor interminable en nuestra definitiva Patria.

En mí se encuentra toda gracia de doctrina y de verdad, toda esperanza de vida y de virtud. ¡Con cuánta sabiduría la Iglesia ha puesto esas palabras en boca de nuestra Madre, para que los cristianos no las olvidemos! Ella es la seguridad, el Amor que nunca abandona, el refugio constantemente abierto, la mano que acaricia y consuela siempre.

Un antiguo Padre de la Iglesia escribe que hemos de procurar conservar en nuestra mente y en nuestra memoria un ordenado resumen de la vida de la Madre de Dios. Habréis ojeado en tantas ocasiones esos prontuarios, de medicina, de matemáticas o de otras materias. Allí se enumeran, para cuando se requieren con urgencia, los remedios inmediatos, las medidas que se deben adoptar con el fin de no descaminarse en esas ciencias.

Meditemos frecuentemente todo lo que hemos oído de Nuestra Madre, en una oración sosegada y tranquila. Y, como poso, se irá grabando en nuestra alma ese compendio, para acudir sin vacilar a Ella, especialmente cuando no tengamos otro asidero. ¿No es esto interés personal, por nuestra parte? Ciertamente lo es. Pero ¿acaso las madres ignoran que los hijos somos de ordinario un poco interesados, y que a menudo nos dirigimos a ellas como al último remedio? Están convencidas y no les importa: por eso son madres, y su amor desinteresado percibe —en nuestro aparente egoísmo— nuestro afecto filial y nuestra confianza segura.

No pretendo —ni para mí, ni para vosotros— que nuestra devoción a Santa María se limite a estas llamadas apremiantes. Pienso —sin embargo— que no debe humillarnos, si nos ocurre eso en algún momento. Las madres no contabilizan los detalles de cariño que sus hijos les demuestran; no pesan ni miden con criterios mezquinos. Una pequeña muestra de amor la saborean como miel, y se vuelcan concediendo mucho más de lo que reciben. Si así reaccionan las madres buenas de la tierra, imaginaos lo que podremos esperar de Nuestra Madre Santa María.

Madre de la Iglesia

Me gusta volver con la imaginación a aquellos años en los que Jesús permaneció junto a su Madre, que abarcan casi toda la vida de Nuestro Señor en este mundo. Verle pequeño, cuando María lo cuida y lo besa y lo entretiene. Verle crecer, ante los ojos enamorados de su Madre y de José, su padre en la tierra. Con cuánta ternura y con cuánta delicadeza María y el Santo Patriarca se preocuparían de Jesús durante su infancia y, en silencio, aprenderían mucho y constantemente de El. Sus almas se irían haciendo al alma de aquel Hijo, Hombre y Dios. Por eso la Madre —y, después de Ella, José— conoce como nadie los sentimientos del Corazón de Cristo, y los dos son el camino mejor, afirmaría que el único, para llegar al Salvador.

Que en cada uno de vosotros, escribía San Ambrosio, esté el alma de María, para alabar al Señor; que en cada uno esté el espíritu de María, para gozarse en Dios. Y este Padre de la iglesia añade unas consideraciones que a primera vista resultan atrevidas, pero que tienen un sentido espiritual claro para la vida del cristiano. Según la carne, una sola es la Madre de Cristo; según la fe, Cristo es fruto de todos nosotros.

Si nos identificamos con María, si imitamos sus virtudes, podremos lograr que Cristo nazca, por la gracia, en el alma de muchos que se identificarán con El por la acción del Espíritu Santo. Si imitamos a María, de alguna manera participaremos en su maternidad espiritual. En silencio, como Nuestra Señora; sin que se note, casi sin palabras, con el testimonio íntegro y coherente de una conducta cristiana, con la generosidad de repetir sin cesar un fiat que se renueva como algo íntimo entre nosotros y Dios.

Su mucho amor a Nuestra Señora y su falta de cultura teológica llevó, a un buen cristiano, a hacerme conocer cierta anécdota que voy a narraros, porque —con toda su ingenuidad— es lógica en persona de pocas letras.

Tómelo —me decía— como un desahogo: comprenda mi tristeza ante algunas cosas que suceden en estos tiempos. Durante la preparación y el desarrollo del actual Concilio, se ha propuesto incluir el tema de la Virgen. Así: el tema. ¿Hablan de ese modo los hijos? ¿Es ésa la fe que han profesado siempre los fieles? ¿Desde cuándo el amor a la Virgen es un tema, sobre el que se admita entablar una disputa a propósito de su conveniencia?

Si algo está reñido con el amor, es la cicatería. No me importa ser muy claro; si no lo fuera —continuaba— me parecería una ofensa a Nuestra Madre Santa. Se ha discutido si era o no oportuno llamar a María Madre de la Iglesia. Me molesta descender a más detalles. Pero la Madre de Dios y, por eso, Madre de todos los cristianos, ¿no será Madre de la Iglesia, que es la reunión de los que han sido bautizados y han renacido en Cristo, hijo de María?

No me explico —seguía— de dónde nace la mezquindad de escatimar ese título en alabanza de Nuestra Señora. ¡Qué diferente es la fe de la Iglesia! El tema de la Virgen. ¿Pretenden los hijos plantear el tema del amor a su madre? La quieren y basta. La querrán mucho, si son buenos hijos. Del tema —o del esquema— hablan los extraños, los que estudian el caso con la frialdad del enunciado de un problema. Hasta aquí el desahogo recto y piadoso, pero injusto, de aquella alma simple y devotísima.

Sigamos nosotros ahora considerando este misterio de la Maternidad divina de María, en una oración callada, afirmando desde el fondo del alma: Virgen, Madre de Dios: Aquel a quien los Cielos no pueden contener, se ha encerrado en tu seno para tomar la carne de hombre.

Mirad lo que nos hace recitar hoy la liturgia: bienaventuradas sean las entrañas de la Virgen María, que acogieron al Hijo del Padre eterno. Una exclamación vieja y nueva, humana y divina. Es decir al Señor, como se usa en algunos sitios para ensalzar a una persona: ¡bendita sea la madre que te trajo al mundo!

Maestra de fe, de esperanza y de caridad

María cooperó con su caridad para que nacieran en la Iglesia los fieles, miembros de aquella Cabeza de la que es efectivamente madre según el cuerpo. Como Madre, enseña; y, también como Madre, sus lecciones no son ruidosas. Es preciso tener en el alma una base de finura, un toque de delicadeza, para comprender lo que nos manifiesta, más que con promesas, con obras.

Maestra de fe. ¡Bienaventurada tú, que has creído!, así la saluda Isabel, su prima, cuando Nuestra Señora sube a la montaña para visitarla. Había sido maravilloso aquel acto de fe de Santa María: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. En el Nacimiento de su Hijo contempla las grandezas de Dios en la tierra: hay un coro de ángeles, y tanto los pastores como los poderosos de la tierra vienen a adorar al Niño. Pero después la Sagrada Familia ha de huir a Egipto, para escapar de los intentos criminales de Herodes. Luego, el silencio: treinta largos años de vida sencilla, ordinaria, como la de un hogar más de un pequeño pueblo de Galilea.

El Santo Evangelio, brevemente, nos facilita el camino para entender el ejemplo de Nuestra Madre: María conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón. Procuremos nosotros imitarla, tratando con el Señor, en un diálogo enamorado, de todo lo que nos pasa, hasta de los acontecimientos más menudos. No olvidemos que hemos de pesarlos, valorarlos, verlos con ojos de fe, para descubrir la Voluntad de Dios.

Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta San Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en El sus discípulos. Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios.

Maestra de esperanza. María proclama que la llamarán bienaventurada todas las generaciones. Humanamente hablando, ¿en qué motivos se apoyaba esa esperanza? ¿Quién era Ella, para los hombres y mujeres de entonces? Las grandes heroínas del Viejo Testamento —Judit, Ester, Débora— consiguieron ya en la tierra una gloria humana, fueron aclamadas por el pueblo, ensalzadas. El trono de María, como el de su Hijo, es la Cruz. Y durante el resto de su existencia, hasta que subió en cuerpo y alma a los Cielos, es su callada presencia lo que nos impresiona. San Lucas, que la conocía bien, anota que está junto a los primeros discípulos, en oración. Así termina sus días terrenos, la que habría de ser alabada por las criaturas hasta la eternidad.

¡Cómo contrasta la esperanza de Nuestra Señora con nuestra impaciencia! Con frecuencia reclamamos a Dios que nos pague enseguida el poco bien que hemos efectuado. Apenas aflora la primera dificultad, nos quejamos. Somos, muchas veces, incapaces de sostener el esfuerzo, de mantener la esperanza. Porque nos falta fe: ¡bienaventurada tú, que has creído! Porque se cumplirán las cosas que se te han declarado de parte del Señor.

Maestra de caridad. Recordad aquella escena de la presentación de Jesús en el templo. El anciano Simeón aseguró a María, su Madre: mira, este niño está destinado para ruina y para resurrección de muchos en Israel y para ser el blanco de la contradicción; lo que será para ti misma una espada que traspasará tu alma, a fin de que sean descubiertos los pensamientos ocultos en los corazones de muchos. La inmensa caridad de María por la humanidad hace que se cumpla, también en Ella, la afirmación de Cristo: nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos.

Con razón los Romanos Pontífices han llamado a María Corredentora: de tal modo, juntamente con su Hijo paciente y muriente, padeció y casi murió; y de tal modo, por la salvación de los hombres, abdicó de los derechos maternos sobre su Hijo, y le inmoló, en cuanto de Ella dependía, para aplacar la justicia de Dios, que puede con razón decirse que Ella redimió al género humano juntamente con Cristo. Así entendemos mejor aquel momento de la Pasión de Nuestro Señor, que nunca nos cansaremos de meditar: stabat autem iuxta crucem Iesu mater eius, estaba junto a la cruz de Jesús su Madre.

Habréis observado cómo algunas madres, movidas de un legítimo orgullo, se apresuran a ponerse al lado de sus hijos cuando éstos triunfan, cuando reciben un público reconocimiento. Otras, en cambio, incluso en esos momentos permanecen en segundo plano, amando en silencio. María era así, y Jesús lo sabía.

Ahora, en cambio, en el escándalo del Sacrificio de la Cruz, Santa María estaba presente, oyendo con tristeza a los que pasaban por allí, y blasfemaban meneando la cabeza y gritando: ¡Tú, que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo!; si eres el hijo de Dios, desciende de la Cruz. Nuestra Señora escuchaba las palabras de su Hijo, uniéndose a su dolor: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?. ¿Qué podía hacer Ella? Fundirse con el amor redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso —como una espada afilada— que traspasaba su Corazón puro.

De nuevo Jesús se siente confortado, con esa presencia discreta y amorosa de su Madre. No grita María, no corre de un lado a otro. Stabat: está en pie, junto al Hijo. Es entonces cuando Jesús la mira, dirigiendo después la vista a Juan. Y exclama: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu Madre. En Juan, Cristo confía a su Madre todos los hombres y especialmente sus discípulos: los que habían de creer en El.

Felix culpa, canta la Iglesia, feliz culpa, porque ha alcanzado tener tal y tan grande Redentor. Feliz culpa, podemos añadir también, que nos ha merecido recibir por Madre a Santa María. Ya estamos seguros, ya nada debe preocuparnos: porque Nuestra Señora, coronada Reina de cielos y tierra, es la omnipotencia suplicante delante de Dios. Jesús no puede negar nada a María, ni tampoco a nosotros, hijos de su misma Madre.

Madre nuestra

Los hijos, especialmente cuando son aún pequeños, tienden a preguntarse qué han de realizar por ellos sus padres, olvidando en cambio las obligaciones de piedad filial. Somos los hijos, de ordinario, muy interesados, aunque esa conducta —ya lo hemos hecho notar—, no parece importar mucho a las madres, porque tienen suficiente amor en sus corazones y quieren con el mejor cariño: el que se da sin esperar correspondencia.

Así ocurre también con Santa María. Pero hoy, en la fiesta de su Maternidad divina, hemos de esforzarnos en una observación más detenida. Han de dolernos, si las encontramos, nuestras faltas de delicadeza con esta Madre buena. Os pregunto —y me pregunto yo—, ¿cómo la honramos?

Volvemos de nuevo a la experiencia de cada día, al trato con nuestra madres en la tierra. Por encima de todo, ¿qué desean, de sus hijos, que son carne de su carne y sangre de su sangre? Su mayor ilusión es tenerlos cerca. Cuando los hijos crecen y no es posible que continúen a su lado, aguardan con impaciencia sus noticias, les emociona todo lo que les ocurre: desde una ligera enfermedad hasta los sucesos más importantes.

Mirad: para nuestra Madre Santa María jamás dejamos de ser pequeños, porque Ella nos abre el camino hacia el Reino de los Cielos, que será dado a los que se hacen niños. De Nuestra Señora no debemos apartarnos nunca. ¿Cómo la honraremos? Tratándola, hablándole, manifestándole nuestro cariño, ponderando en nuestro corazón las escenas de su vida en la tierra, contándole nuestras luchas, nuestros éxitos y nuestro fracasos.

Descubrimos así —como si las recitáramos por vez primera— el sentido de las oraciones marianas, que se han rezado siempre en la Iglesia. ¿Qué son el Ave Maria y el Angelus sino alabanzas encendidas a la Maternidad divina? Y en el Santo Rosario —esa maravillosa devoción, que nunca me cansaré de aconsejar a todos los cristianos— pasan por nuestra cabeza y por nuestro corazón los misterios de la conducta admirable de María, que son los mismos misterios fundamentales de la fe.

El año litúrgico aparece jalonado de fiestas en honor a Santa María. El fundamento de este culto es la Maternidad divina de Nuestra Señora, origen de la plenitud de dones de naturaleza y de gracia con que la Trinidad Beatísima la ha adornado. Demostraría escasa formación cristiana —y muy poco amor de hijo— quien temiese que el culto a la Santísima Virgen pudiera disminuir la adoración que se debe a Dios. Nuestra Madre, modelo de humildad, cantó: me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es Todopoderoso, cuyo nombre es santo, y cuya misericordia se derrama de generación en generación para los que le temen.

En las fiestas de Nuestra Señora no escatimemos las muestras de cariño; levantemos con más frecuencia el corazón pidiéndole lo que necesitemos, agradeciéndole su solicitud maternal y constante, encomendándole las personas que estimamos. Pero, si pretendemos comportarnos como hijos, todos los días serán ocasión propicia de amor a María, como lo son todos los días para los que se quieren de verdad.

Quizá ahora alguno de vosotros puede pensar que la jornada ordinaria, el habitual ir y venir de nuestra vida, no se presta mucho a mantener el corazón en una criatura tan pura como Nuestra Señora. Yo os invitaría a reflexionar un poco. ¿Qué buscamos siempre, aun sin especial atención, en todo lo que hacemos? Cuando nos mueve el amor de Dios y trabajamos con rectitud de intención, buscamos lo bueno, lo limpio, lo que trae paz a la conciencia y felicidad al alma. ¿Que no nos faltan las equivocaciones? Sí; pero precisamente, reconocer esos errores, es descubrir con mayor claridad que nuestra meta es ésa: una felicidad no pasajera, sino honda, serena, humana y sobrenatural.

Una criatura existe que logró en esta tierra esa felicidad, porque es la obra maestra de Dios: Nuestra Madre Santísima, María. Ella vive y nos protege; está junto al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, en cuerpo y alma. Es la misma que nació en Palestina, que se entregó al Señor desde niña, que recibió el anuncio del Arcángel Gabriel, que dio a luz a Nuestro Salvador, que estuvo junto a El al pie de la Cruz.

En Ella adquieren realidad todos los ideales; pero no debemos concluir que su sublimidad y grandeza nos la presentan inaccesible y distante. Es la llena de gracia, la suma de todas las perfecciones: y es Madre. Con su poder delante de Dios, nos alcanzará lo que le pedimos; como Madre quiere concedérnoslo. Y también como Madre entiende y comprende nuestras flaquezas, alienta, excusa, facilita el camino, tiene siempre preparado el remedio, aun cuando parezca que ya nada es posible.

¡Cuánto crecerían en nosotros las virtudes sobrenaturales, si lográsemos tratar de verdad a María, que es Madre Nuestra! Que no nos importe repetirle durante el día —con el corazón, sin necesidad de palabras— pequeñas oraciones, jaculatorias. La devoción cristiana ha reunido muchos de esos elogios encendidos en las Letanías que acompañan al Santo Rosario. Pero cada uno es libre de aumentarlas, dirigiéndole nuevas alabanzas, diciéndole lo que —por un santo pudor que Ella entiende y aprueba— no nos atreveríamos a pronunciar en voz alta.

Te aconsejo —para terminar— que hagas, si no lo has hecho todavía, tu experiencia particular del amor materno de María. No basta saber que Ella es Madre, considerarla de este modo, hablar así de Ella. Es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces.

Te aseguro que, si emprendes este camino, encontrarás enseguida todo el amor de Cristo: y te verás metido en esa vida inefable de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo.

Ese, y no otro, es el temple de nuestra fe. Acudamos a Santa María, que Ella nos acompañará con un andar firme y constante.

 

El dogma de la Inmaculada Concepción

Dogma de la Inmaculada Concepción
La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que, por una gracia especial de Dios, Ella fue preservada de todo pecado desde su concepción.

En el año 2024 se celebrará el 170 aniversario de la Proclamación del Dogma de que María fue concebida sin pecado original, sin mancha. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.

"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de todo mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelado por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles ... "   Pío IX, bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de (1854)

La Concepción: Es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana. María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir, María es la "llena de gracia" desde su concepción. Cuando hablamos de la Inmaculada Concepción no se trata de la concepción de Jesús, quien, claro está, también fue concebido sin pecado.

"Dios inefable, (...) habiendo provisto desde toda la eternidad la ruina lamentabilísima de todo el género humano que había de derivarse de la culpa de Adán, y habiendo determinado, en el misterio escondido desde todos los siglos, culminar la primera obra de su bondad por
medio de la encarnación del Verbo (...), eligió y señaló desde el principio y antes de todos los siglos a su unigénito Hijo, una Madre, para que, hecho carne de Ella, naciese en la feliz plenitud de los tiempos; y tanto la amó por encima de todas las criaturas, que solamente en Ella se complació con señaladísima benevolencia

Como nos indican las anteriores palabras de Pío IX, la concepción inmaculada de la Virgen María es un maravilloso misterio de amor. La Iglesia lo fue descubriendo poco a poco, al andar de los tiempos. Hubieron de transcurrir siglos hasta que fuera definido como dogma de fe.

Dirijamos, pues, nuestra mirada en este tiempo de Adviento a María, que preparó a conciencia el primer y verdadero adviento. Nadie como Ella supo interpretar los signos de los tiempos, sintiendo que el Señor estaba cerca, Ella oró como nadie con el Salmo 24:
"Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza"

Y cuando le fue propuesta la maternidad, nada menos que del mismísimo Hijo de Dios, no quiso decir que no. Su vida fue un "sí "rotundo a los planes de Dios.
   
Siendo Ella, con su sí, quien propició que el Dios lejano se hiciera nuestro, y a partir de la encarnación de su Hijo, Dios tuviera otro título que antes no tenía: Emmanuel", el Dios con nosotros, el Salvador, el que puso su tienda entre nosotros.

Parece que de María tendríamos que explayarnos hasta la última semana de Adviento, pero quién mejor que Ella para abrir y disponer los corazones para que esta Navidad no tenga las características de ser sólo una fiesta más, o mejor la fiesta de las fiestas, donde hay de todo, pero donde se siente muchas veces un vacío, no tanto por las cosas de las que no se pudo disponer para la fiesta y el festejo, sino precisamente por no haber dispuesto el corazón, para hacer ahí el Adviento, la llegada, la recepción y la acogida para el recién nacido.

Navidad será entonces un festejo anticipado de la Pascua del Señor. Sin su encarnación, no hubiera sido posible ni la entrega, ni la redención, ni la cruz; pero tampoco la Resurrección y la vuelta de los hijos de Dios a la casa, al Reino, a los brazos amorosos del buen Padre Dios. La Navidad nos hermanará en torno al Divino Niño, nos hará compadecernos y enternecernos a la vista de quien se convierte en la presencia más cercana del Dios de los Cielos, y de la tierra.

María es un signo anticipado: de limpieza, de belleza, de santidad, de perfección, de plenitud, de vida nueva, de victoria pascual. Es un anticipo del ideal humano, del proyecto que Dios había soñado para el hombre. Un modelo, por lo tanto, para cada persona humana, para cada creyente, para la Iglesia, para la humanidad. Lo que tanto soñamos y deseamos es posible, en María se ha realizado ya.

Alegre aurora. Cuando aparecen las primeras luces del día, cuando amanece o mañanea, admiramos los tonos de color que vencen la oscuridad nocturna, Y nos alegramos. La luz, además de ofrecernos claridad, nos llena de alegría. Así es la Virgen Inmaculada, suave luz que anuncia victoria sobre el pecado y la muerte, señal segura de que se acerca el día, buena noticia para todos los hijos de la noche, causa de nuestra alegría.

Alegría verdadera, porque nos garantiza salvación y victoria. Después de tantos fracasos, después de tantas derrotas, por fin podemos levantar cabeza. El poder de las tinieblas ha sido superado. En la madre aparece un punto de luz primero, como una flor, pero la luz va creciendo hasta el encanto. Es un regalo, no sólo para los ojos, sino para toda el alma.
Pero la aurora es un anuncio solamente, ella no tiene identidad propia, es una adelantada de otra realidad original, que es el sol. La aurora no es el día, sino que lo anuncia, lo prepara. Sus luces y colores no son propios, sino del sol. La aurora es algo relativo, sin el sol nada sería. Así es María con relación a Cristo, nuestro día y nuestro sol.

 

La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

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Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

           (Gen 3,9-15.20) "¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo?
           (Ef 1,3-6.11-12) "Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo"
           (Lc 1,26-38) "Dios te salve, llena de gracia"

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía en la Basílica Santa María la Mayor (8-XII-1980)

           --- La primera esperanza
           --- La Inmaculada es la gran fiesta del Adviento
           --- Gracias por su Inmaculada Concepción

--- La primera esperanza

El Concilio Vaticano II enseña en la Constitución “Lumen gentium”: “Único es nuestro Mediador según la palabra del Apóstol: ‘Porque uno es Dios y uno el Mediador de Dios y de los hombres, un hombre, Cristo Jesús, que se entregó a Sí mismo como precio de rescate por todos’ (1 Tim, 2,5-6)  Pero la misión maternal de María hacia los hombres, de ninguna manera obscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia. Porque todo el influjo salvífico de la Bienaventurada Virgen en favor de los hombres no es exigido por ninguna ley, sino que nace del Divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, de ella depende totalmente y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo” (60).

Lo demuestra de modo particular esta solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Este es el día en que confesamos que María -elegida de modo particular y eternamente por Dios en su amoroso designio de salvación- ha experimentado también de modo especial la salvación: fue redimida de modo excepcional por obra de Aquél, a quien Ella, como Virgen Madre, debía transmitir la vida humana.

De ello habla también las lecturas de la liturgia de hoy. San Pablo en la Carta a los Efesios escribe: “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido, en la persona de Cristo, con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la Persona de Cristo -antes de crear el mundo- para que fuésemos santos e irreprochables en Él por el amor” (Ef 1,3-4).

Estas palabras se refieren de modo particular y excepcional a María. Efectivamente, Ella, más que todos los hombres -y más que los ángeles- “fue elegida en Cristo antes de la creación del mundo”, porque de modo único e irrepetible fue elegida para Cristo, fue destinada a Él para ser Madre.

Luego, el Apóstol, desarrollando la misma idea de su Carta a los Efesios, escribe: “...Nos ha destinado (Dios) en la Persona de Cristo -por pura iniciativa suya- a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya” (Ef 1,5).

Y también estas palabras -en cuanto se refieren a todos los cristianos- se refieren a María de modo excepcional. Ella -precisamente Ella como Madre- ha adquirido en el grado más alto la “adopción divina”: elegida para ser hija adoptiva en el eterno Hijo de Dios, precisamente porque Él debía llegar a ser, en la economía divina de la salvación, su verdadero Hijo, nacido de Ella, y por esto Hijo del Hombre: Ella como frecuentemente cantamos- ¡Hija amada de Dios Padre!

Y finalmente escribe el Apóstol: “Con Cristo hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria” (Ef 1,11-12).

Nadie de modo más pleno, más absoluto y más radical “ha esperado” en Cristo como su propia Madre, María.

Y tampoco nadie como Ella “ha sido hecha heredera en Él”, ¡en Cristo!

Nadie en la historia del mundo ha sido más cristo-céntrico y más cristo-foro que Ella. Y nadie ha sido más semejante a Él, no sólo con la semejanza natural de la Madre con el Hijo, sino con la semejanza del Espíritu y de la santidad.

Y porque nadie tanto como Ella existía “conforme al designio de la voluntad de Dios”, nadie en este mundo existía tanto como Ella “para alabanza de su gloria”, porque nadie existía en Cristo y por Cristo tanto como Aquella, gracias a la cual Cristo nació en la tierra.

--- La Inmaculada es la gran fiesta del Adviento

He aquí la alabanza de la Inmaculada, que la liturgia de hoy proclama con las palabras de la Carta a los Efesios. Y toda esta riqueza de la teología de Pablo se puede encontrar encerrada también en estas dos palabras de Lucas “Llena de gracia” (“Kecharitoméne”).

La Inmaculada Concepción es un particular misterio de la fe, y es también una solemnidad particular. Es la fiesta de Adviento por excelencia. Esta fiesta -y también este misterio- nos hace pensar en el “comienzo” del hombre sobre la tierra, en la inocencia primigenia y luego, en la gracia perdida y en el pecado original.

Por esto leemos hoy primeramente el pasaje el pasaje del libro del Génesis, que da la imagen de este “comienzo”.

Y cuando, precisamente en este texto, leemos de la mujer, cuya estirpe “aplastará la cabeza de la serpiente” (Gen 3,15), vemos en esta mujer, juntamente con la Tradición, a María, presentada precisamente inmaculada por obra del Hijo de Dios, al cual debía dar la naturaleza humana. Y no nos maravillamos de que al comienzo de la historia del hombre, entendida como historia de la salvación, esté inscrita también María, si -como hemos leído en San Pablo- antes de la creación del mundo todo cristiano fue elegido ya en Cristo y por Cristo: ¡Esto vale mucho más para Ella!

La Inmaculada es, pues, obra particular, excepcional y única de Dios: “Llena de gracia...”.

--- Gracias por su Inmaculada Concepción

Cuando en el tiempo establecido por la Santísima Trinidad, fue a Ella, el Ángel y le dijo: “No temas... Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo” (Lc 1,30-32), solamente Aquella que era “llena de gracia” podía responder tal como entonces respondió María: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Y María respondió así precisamente.

Hoy, en esta fiesta de Adviento, alabamos por ello al Señor.

Y le damos gracias por esto.

¡Damos gracias porque María es “llena de gracia”!

Damos gracias por su Inmaculada Concepción.

DP-324 1980

* * *

Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

No sin intención coloca la Iglesia a María en este tiempo de Adviento. Ella, nacida sin pecado, es la digna morada de Jesús, la puerta por la que el Hijo de Dios se introduce en la Historia. El inefable amor y la limpieza de alma con que esperó a su Hijo, es un modelo de cómo debemos prepararnos para el encuentro del Señor que viene (Marialis C. 3-4).

El pecado no sólo corrompe al hombre y lo aleja de Dios, sino que lo convierte en alguien socialmente peligroso, como recuerda el Vaticano II: "las mutilaciones, las torturas morales o físicas, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes..., estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana" (GS 27). Sin embargo Dios no abandona al hombre y una Mujer nacerá sin esta mancha y mantendrá una enemistad perpetua con el autor del mal a quien, finalmente, le aplastarán la cabeza. Es lo que celebra hoy la Iglesia.

Purísima debía ser la que diera a luz al Salvador que quita los pecados del mundo (Prefacio). La Tradición exegética ha entendido que las palabras del ángel: "Salve, llena de gracia", hablan de su concepción inmaculada, la nueva Eva, por la que recuperamos la vida que nos trae Jesucristo.

María está en el inicio y en el corazón del acontecimiento salvífico. Su "sí" a Dios pone en marcha la gran obra de la Redención operada por Cristo. Quien enfrente esta obediencia de María a los designios de Dios y que anuncia la aurora de una nueva era, con la desobediencia de Eva en el Edén, podrá advertir la diferencia que media entre la entrega fiel a los planes de Dios y el enfermizo deseo de "ir a la nuestra". María nos enseña que decir "sí" a Dios es alinearse con los grandes proyectos que Él tiene sobre la humanidad. "De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes" (Camino, 755)

María es la nueva Eva, recuerdo de lo que era la mujer "al principio" y promesa de lo que será: hija de la Resurrección. En María se ha realizado plenamente el proyecto de Dios sobre la humanidad. Ella fue concebida sin mancha para que Jesucristo tuviera una digna morada. ¡Purifiquémonos con una buena Confesión ahora que se acerca la Navidad¡ ¡Solicitemos su ayuda para cumplir el querer de Dios! ¡Ella puede hacer por nosotros más que nadie!

* * *

Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

«Alégrate, llena de gracia»

I. LA PALABRA DE DIOS

            Gn 3, 9-15.20: «Establezco hostilidades entre tí y la mujer, entre tu estirpe y la suya».
            Sal 97, 1.2-4: «Cantad al Señor un cántico nuevo».
            Ef 1, 3-6.11-12: «Dios nos elegió en la persona de Cristo».
            Lc 1, 26-38: «Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo».

II. LA FE DE LA IGLESIA

«De la descendencia de Eva, Dios elegió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, ``llena de gracia'', es ``el fruto excelente de la Redención''; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida» (508).

«Esta resplandeciente santidad del todo singular de la que Ella fue ``enriquecida desde el primer instante de su concepción'', le viene toda entera de Cristo. Ella es ``redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo''. El Padre la ha ``bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en el cielo, en Cristo'' (492).

III. TESTIMONIO CRISTIANO

«Cuando leemos que el Mensajero dice a María ``llena de gracia'', el contexto evangélico en el que confluyen revelaciones y promesas antiguas, nos da a entender que se trata de una benedición singular entre todas las bendiciones espirituales en Cristo. En el misterio de Cristo María está presente ya ``antes de la creación del mundo'' como aquella que el Padre ``ha elegido'' como Madre de su Hijo en la Encarnación y junto con el Padre la ha elegido el Hijo confiándola eternamente al Espíritu de Santidad». (Juan Pablo II, Redemptoris Mater, n.8).

IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA

A. Apunte bíblico-litúrgico

El texto del Génesis es el primer anuncio de la salvación. El pecado originó la división y la lucha entre la serpiente y la mujer, entre la descendencia de una y la descendencia de otra. El triunfo será de la mujer y de su descendencia. Se anuncia así la redención y liberación del pecado por la victoria de Jesucristo «nacido de mujer». La tradición eclesial ha visto, además, el anuncio de la victoria de una Mujer. Aquella de la que nació el Salvador: La Virgen María, Inmaculada en su Concepción.

«La llena de gracia» (Evangelio). En el ser de María no ha existido jamás ni vacío ni sombra alguna, desde que «es» Inmaculada.

La Virgen Inmaculada es el espejo que hemos de mirar en el empeño por realizar el designio de Dios sobre nosotros (Segunda lectura).

B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica

La fe:
La Inmaculada Concepción: 490-493; 508.
María, icono escatológico de la Iglesia: 972.

La respuesta:
María tipo de la Iglesia Santa: 829.
Alégrate llena de gracia: 721-726.

C. Otras sugerencias

El Adviento es el tiempo de la Virgen María. En Ella se realizan las tres venidas de Jesucristo (ver Domingo I de Adviento).

Cielos, tierra, cosmos y toda criatura que Dios ha sometido al hombre para su realización, se alegran porque la concepción inmaculada de María es el anuncio de que la salvación ha llegado a la tierra y ha comenzado en ella la «nueva creación» «el cielo nuevo y la tierra nueva».

Dios la amó y la hizo inmaculada: «Con amor eterno te amé: por eso te he mantenido mi favor» (Jr 31, 3-4). En María no hay mancha alguna de pecado, es toda hermosa. Todo su ser es puro, bello y santo. Dios muestra en Ella su esplendor. «La llena de gracia».

 

La Inmaculada Concepción de la Virgen María

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Los orígenesde la Fiesta

En la Constitución Ineffabilis Deus de 8 de Diciembre de 1854, Pío IX pronunció y definió que la Santísima Virgen María «en el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia concedidos por Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador del linaje humano, fue preservada de toda mancha de pecado original».

De esta manera proclamaba como dogma de fe de forma definitiva lo que la tradición popular había sostenido desde los comienzos de la Iglesia.

1. LA SAGRADA ESCRITURA

En la Sagrada Escritura encontramos algunas referencias (aunque no directas) a la Virgen. El primer pasaje escriturístico que contiene la promesa de la redención menciona también a la Madre del Redentor: “Yo pondré enemistad entre ti y la mujer y su estirpe; ella aplastará tu cabeza cuando tú aceches para morderle su talón” (Génesis 3:15).

     
   
       

Por otra parte en el evangelio de San Lucas, el saludo del ángel Gabriel (Cfr. Lucas 1:28) Dios te salve, llena de gracia , “chaire kecharitomene”, indica una alabanza a la abundancia de gracia, un sobrenatural estado del alma agradable a Dios, que encuentra explicación sólo en la Inmaculada Concepción de María. También se han visto referencias a la Virgen María en el libro de los Proverbios, el Eclesiático y el Cantar de los Cantares (Cfr. Cant. 4:7).

 

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2. LOS PADRES DE LA IGLESIA

Respecto de la impecabilidad de María, los antiguos Padres son muy cautelosos, aunque insisten en dos puntos sobre todo: la absoluta pureza de María y su posición como segunda Eva (Cfr. 1 Cor 15:22). Esta celebrada comparación entre Eva, por algún tiempo inmaculada e incorrupta -no sujeta al pecado original- y la Santísima Virgen es desarrollado por varios Padres de la Iglesia: San Justino, San Ireneo de Lyon, Tertuliano, San Cirilo de Jerusalén y Sedulio entre otros.

Los escritos patrísticos sobre la absoluta pureza de María son muy abundantes: Orígenes la llama «digna de Dios, inmaculada del inmaculado, la más completa santidad, perfecta justicia, ni engañada por la persuasión de la serpiente, ni infectada con su venenoso aliento». San Ambrosio dice que «es incorrupta, una virgen inmune por la gracia de toda mancha de pecado». San Agustín declara que todos los justos han conocido verdaderamente el pecado «excepto la Santa Virgen María, de quien, por el honor del Señor, yo no pondría en cuestión nada en lo que concierne al pecado».

 

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Los Padres sirios nunca se cansaron de ensalzar la impecabilidad de María. San Efrén describe la excelencia de la gracia y santidad de María: «La Santísima Señora, Madre de Dios, la única pura en alma y cuerpo, la única que excede toda perfección de pureza, única morada de todas las gracias del más Santo Espíritu [..], mi Señora santísima, purísima, sin corrupción, la solamente inmaculada».

 

3. EL ORIGEN DE LA FIESTA

La antigua fiesta de la Concepción de María (Concepción de Santa Ana), que tuvo su origen en los monasterios de Palestina a final del siglo VII, y la moderna fiesta de la Inmaculada Concepción no son idénticas en su origen, aunque la fiesta de la Concepción de Santa Ana se convirtió con el paso del tiempo en la de la Inmaculada Concepción.

Para determinar el origen de esta fiesta debemos tener en cuenta los documentos genuinos que poseemos. El más antiguo es el canon de la fiesta, compuesto por San Andrés de Creta, quien escribió su himno litúrgico en la segunda mitad del siglo VII. En la Iglesia Oriental la solemnidad emergió de comunidades monásticas, entró en las catedrales, fue glorificada por los predicadores y poetas, y eventualmente fue fijada fiesta en el calendario de Basilio II, con la aprobación de la Iglesia y del Estado.

 

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En la Iglesia Occidental la fiesta aparece cuando en el Oriente su desarrollo se había detenido. El tímido comienzo de la nueva fiesta en algunos monasterios anglosajones en el siglo XI, en parte ahogada por la conquista de los normandos, vino seguido de su recepción en algunos cabildos y diócesis del clero anglo-normando. El definitivo y fiable conocimiento de la fiesta en Occidente vino desde Inglaterra; se encuentra en el calendario de Old Minster, Winchester, datado hacia el año 1030, y en otro calendario de New Minster, Winchester, escrito entre 1035 y 1056. Esto demuestra que la fiesta era reconocida por la autoridad y observada por los monjes sajones con considerable solemnidad.

Después de la invasión normanda en 1066, el recién llegado clero normando abolió la fiesta en algunos monasterios de Inglaterra donde había sido establecida por los monjes anglosajones. Pero hacia fines del siglo XI, a través de los esfuerzos de Anselmo el Joven, fue retomada en numerosos establecimientos anglo-normandos. Durante la Edad Media la Fiesta de la Concepción de María fue comúnmente llamada la «Fiesta de la nación normanda», lo cual manifiesta que era celebrada en Normandía con gran esplendor y que se extendió por toda la Europa Occidental.

Por un Decreto de 28 de Febrero de 1476, Sixto IV adoptó por fin la fiesta para toda la Iglesia Latina y otorgó una indulgencia a todos cuantos asistieran a los Oficios Divinos de la solemnidad. Para poner fin a toda ulterior cavilación, Alejandro VII promulgó el 8 deDiciembre de 1661 la famosa constitución «Sollicitudo omnium Ecclesiarum» en la que declaró que la inmunidad de María del pecado original en el primer momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo eran objeto de fe.

Desde el tiempo de Alejandro VII hasta antes de la definición final, no hubo dudas por parte de los teólogos de que el privilegio estaba entre las verdades reveladas por Dios. Finalmente Pío IX, rodeado por una espléndida multitud de cardenales y obispos, promulgó el dogma el 8 de Diciembre de 1854.

 

Fuente: FREDERICK G. HOLWECK

 

Ecología social

Daniel Tirapu

Entre el cielo y la tierra

Entre el cielo y la tierra

Es muy bueno que haya un sentido de la ecología; parecía impensable, pero hasta reciclamos.

Pero también me parece que debe existir una cierta ecología social, que consiste en respetar el ser de las cosas y la dignidad de las personas. La revolución sexual prometía que desaparecerían todas las represiones pero algo no funciona cuando suben las emisiones de telebasura, abusos a menores, violaciones en masa,etc.

El divorcio, presupuesto de la libertad de la mujer, ha ocasionado que por cada tres hombres que se vuelven a casar por encima de los cuarenta años, solo una divorciada en esa edad lo hace : las mujeres de nuevo desprotegidas y envejeciendo solas.

Los Chinos y su política de hijo único llevan a que haya 50 millones de varones sin pareja para contraer matrimonio. La naturaleza humana tiene sus leyes y es peligroso olvidarse de ellas. Es preciso obedecer antes a Dios que a los hombres. Pues eso, más ecología social. 

Dios perdona siempre, los hombres algunas veces, la naturaleza nunca.

 

Tiempo de Adviento

Rebeca Reynaud

Reflexión de lo que significa la época de adviento.


La Época de Adviento


Con el Adviento preparamos la venida del Señor, el 25 de diciembre, y la Segunda Venida de Cristo. Por eso decimos: “¡Ven, Señor Jesús!”. El tiempo de Adviento comienza con las primeras vísperas del domingo que coincide con el 30 de noviembre. Los domingos de este tiempo reciben el nombre de domingos I, II, III y IV de Adviento.

El tiempo de Adviento nos empuja a afrontar la gran figura de san Juan Bautista. Es difícil captar la importancia de Jesús si no se pasa antes por el baño purificador de Juan. ¿Qué es lo primero que nos dice este profeta? “¡Conviértanse!”, en otras palabras, “¡arrepiéntanse!”. Escuchemos hoy sus palabras.

Después de la celebración anual del misterio pascual (esto es, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo), la Iglesia nada tiene más antiguo que la celebración del Nacimiento del Señor y de sus primeras manifestaciones. Esta celebración se prepara con el tiempo de Adviento, que posee una doble índole: es el tiempo de preparación para la solemnidad de Navidad, en la que se celebra la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y al mismo tiempo, por medio de esta recordación, el espíritu se orienta a la espera de la segunda venida de Cristo al final de los tiempos: esto se llama Parusía. Por estas dos razones, el tiempo de Adviento se presenta como un tiempo de espera.

Jesucristo pide a sus discípulos obras dignas de penitencia. El Señor decía que cada día había que tomar la Cruz, que morir como el grano de trigo. El cristiano debe buscar la penitencia con alegría. Hay muchos ámbitos en que negarse. Cuanto más me niego, más feliz soy. Mientras más busco mi placer, más vacío me siento. Se trata de hacer pequeñas mortificaciones encaminadas a vivir la caridad: sonreír, servir, vencer la pereza, no perder el tiempo, hacer mi trabajo, sentarme derecho no medio acostado, hacer amable la vida a los demás, etc.

El papa Francisco dijo a los presos en Filadelfia: Todos sabemos que vivir es caminar. Y por la fe sabemos que Jesús nos busca, quiere sanar nuestras heridas, lavar nuestros pies de las llagas de un andar cargado de soledad, limpiarnos del polvo que se fue impregnando por los caminos... Jesús no nos pregunta por dónde anduvimos, no os interroga qué estuvimos haciendo. Por el contrario, nos dice: “Si no te lavo los pies no podrás ser de los míos” (Juan 13,9). Si no te lavo los pies no podré darte la vida que el Padre siempre soñó, la vida para la cual te creó. Él viene a nuestro encuentro para calzarnos de nuevo, con la dignidad de los hijos de Dios. Nos quiere ayudar a recomponer nuestro andar, recuperar nuestra esperanza, restituirnos en la fe y la confianza. Quiere que volvamos a los caminos de la vida, sintiendo que tenemos una misión… Todos tenemos necesidad de ser purificados, de ser lavados. Todos, yo el primero. Todos somos buscados por ese Maestro que nos quiere ayudar a reemprender el camino. A todos nos busca Dios para darnos su mano… (27-IX-15 ).

Los seres humanos cometemos errores, y eso se remedia, en parte, haciendo penitencia y pidiendo perdón al ofendido. Los medios para obtener el perdón de los pecados son: el arrepentimiento, la Confesión, la caridad, el ayuno, la oración y la limosna, y la preocupación por la salvación de los demás. Un ejemplo de esto lo tenemos en Jacinta y Francisco, los pastorcitos portugueses, dos niños de 7 y 8 años beatificados por Juan Pablo II, para quienes "ninguna mortificación y penitencia eran demasiadas para salvar a los pecadores".

A una mística francesa Dios le reveló: Aun cuando Yo os amo a todos y en todo momento, considero con un amor particular a aquellos entre mis hijos que están sufriendo. Los miro con una mirada mucho más tierna y afectuosa que la de una madre. Te lo digo y repito yo, que hice el corazón de las madres. Contadme cuál es vuestra pena, pequeños míos, que estáis ya en mi corazón … (Gabriela Bossis, 1, 287).

Estamos viviendo una batalla decisiva y podemos colaborar en ella a través de la oración y la Penitencia. La penitencia me vivifica. Que no nos tome de improviso lo que Dios nos mande, ya que nada impuro puede entrar a la presencia de Dios. Hay que ser fiel a las mociones de Dios que nos dice: “No compres eso”, o “prívate cinco minutos de tomar agua”, “ora por ese amigo”. En todas sus apariciones del siglo XX, la Virgen dice que hay que hacer penitencia. La penitencia me ayuda a recibir dentro de mí el Reino de Dios que está cerca.

Alguien dijo que bastaría que nos tomáramos en serio una frase de Jesús para que nuestra vida se orientara por caminos de salvación.

 

 

Human, but not a person

¿Cómo es posible esta combinación en una frase, referida a un ser humano? ¿Se puede ser humano, pero no persona? Aunque parezca absurdo, es una idea que ya ha sido inoculada -como un virus maligno y profundamente contagioso- en nuestras mentes. Sin habernos dado cuenta, hay muchas personas mayores en nuestras familias que, con la idea de hacernos un favor, hablan de irse voluntariamente a una residencia, y dejar su sitio en la familia, cuando dejan de ser autónomos.

Esta idea proviene en parte de La ley de los Grandes Simios (leer más) que, aunque no fue aprobada por el gobierno,  introdujo hace 10 años en el Congreso  el argumento de que los seres humanos forman parte de los homínidos, junto a especies como chimpancés, gorilas, etc. De ahí lo de “human, but not person”. Esta categorización del ser humano abre la puerta a la eutanasia, porque estos seres pueden ser eliminados en caso de enfermedad u otras necesidades. La idea de facilitarles el paso a la muerte con ayuda (suicidio asistido) o directamente, se va abriendo camino con una serie de pasos que la sociedad va dando sin apenas notarlo: “ser autónomo es vital y es la raíz de nuestra dignidad”; “hacemos un favor a los otros miembros de la familia si nos quitamos de en medio para no causarles trabajo extra”; “no hay que ser egoísta”, etc.

Pensemos: ¿cuándo ha empezado la autonomía a ser sinónimo de dignidad? ¿Acaso no son dignos de vivir los bebés, los seres más dependientes que hay? ¿Cuál es la diferencia entre un bebé dependiente y un adulto enfermo de alzheimer, un adulto con síndrome de Down, o una persona parapléjica como resultado de un accidente, todos ellos dependientes también, en diferentes grados?

Y por otro lado: ¿Qué mensaje doy a mis hijos y nietos si me “autorretiro” a una residencia “para hacerles un favor”, o incluso como “obra de caridad”? Pues sencillamente les estoy diciendo que se preparen, que a ellos también les harán lo mismo sus hijos y nietos… ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos y nietos el verdadero amor? ¿O solo enseñamos a amar lo perfecto, lo bonito, lo que no tiene defectos? ¿Verdad que sería absurdo? Porque todos tenemos defectos, problemas y dependencias, en mayor o menor medida.

Hay que enseñar a nuestros hijos y nietos el amor desinteresado, esencialmente gratuito, sin esperar nada a cambio. Nunca como una inversión… No vale cuidar a nuestros mayores y dependientes de otras edades para que, llegado el momento, nos cuiden a nosotros también. Eso es egoísmo interesado.

https://blog.iese.edu/nuriachinchilla/files/2018/12/ancianos-300x169.jpg

La eutanasia llama a la eutanasia: En Holanda se ha pasado de 1815 casos en 2003 a 6585 en 2017. En este último año el 10% de las eutanasias se han practicado a personas que no tenían ninguna enfermedad terminal, como podemos leer en este artículo. No es de extrañar que muchas personas mayores se resistan a quedarse ingresados en hospitales holandeses…

Los interesados en que se aplique en todo el mundo, como solución a los problemas de escasez de recursos, de pensiones, etc.,  saben que vender la muerte directamente es difícil. Por eso, practican estrategias de marketing que pasan inadvertidas pero que van configurando y “educando” nuestra mentalidad para que demos pasos en la dirección que les interesa.

Ya lo hizo Anthony Trollope en el siglo pasado con su novela El plazo fijado, donde la población de un lugar imaginario aprueba por mayoría una ley que establece la eutanasia obligatoria para todos los ciudadanos de más de 66 años. Al llegar a esa edad, deberán ser llevados a una institución situada en la ciudad de Necrópolis en la que reciben buenos cuidados mientras se preparan para morir, lo que tiene que suceder no más tarde de un año”. Mientras tanto, reciben charlas pro-eutanásicas para ir viendo con buenos ojos lo que nadie quiere aceptar.

Y como muestra, un botón: os dejo aquí este vídeo que, bajo capa de parodia, va inoculando el virus eutanásico.

 

 

Racismo y xenofobia  y cerebro.

Dedicado a José Tomás de la Torre.

El término “raza” se empezó a usar en el siglo XVI. Su auge fue en el XIX. Siempre se habló de varias razas: blanca, negra, amarilla, cobriza, aceitunada. En puridad, solo hay una raza, la de los descendientes de la primera pareja humana: Adán y Eva. A este respecto, hay hallazgos que confirman tal afirmación. Hoy día se habla más de grupos étnicos que de razas.

Según el Diccionario de la RAE, el racismo es un sentimiento exacerbado del «sentido racial» de un grupo étnico, que habitualmente causa discriminación o persecución contra otros grupos étnicos. La palabra designa también la doctrina antropológica o la ideología política basada en ese sentimiento.

El racismo suele ir unido a la xenofobia (fobia al extranjero, al extraño).

El Pueblo de Israel, elegido por Dios, ha sido perseguido en varias ocasiones. En la Biblia se narra su situación de esclavitud en Egipto; y también su destierro a Babilonia. Más recientemente, en el siglo XX, sufrió  la persecución nacionalsocialista. La ideología nazi propugnaba la superioridad de la raza aria. Pio XI condenó esta doctrina. Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz), católica, por ser de raza judía, sufrió persecución en esa época. Murió en la cámara de gas de Auschwitz el 7 de agosto de 1942.

Otra razón para no ser racista es que Jesús, María y José eran (son) hebreos. Los rasgos físicos de Jesús deben de ser los de un judío: con una barba típicamente semita, ojos oscuros, nariz recta (como se ve, curiosamente, en la Sábana Santa de Turín). Otra razón es que todos somos hijos de Dios, imagen de Dios.

Santa Hildegarda,  (siglo XIII), abadesa del monasterio benedictino de Bingen, tuvo unas visiones en que contemplaba la Historia del Universo partiendo de la Creación, pasando por la llegada de Cristo, como punto culminante, y finalizando con el Juicio Final. En sus enseñanzas no dejaba fuera a ninguna raza: todo hombre es una criatura de Dios, y la más importante. Hildgarda es un ejemplo, entre muchos, de hombres y mujeres que se dedicaban (y actualmente se dedican) a los semejantes, sin considerar raza, credos, ideologías. Santa Teresa de Calcuta es otro importante ejemplo más.

Galton creó el término de "Eugenesia" en 1883. Sus ideas están reflejadas en su  libro "Inquiries into Human Faculty and Its Development”. Decía que debía fomentarse el matrimonio entre familias de alto rango mediante la provisión de incentivos monetarios. Afirmaba que los negros estaban por debajo de los blancos. Y decía que los ciudadanos mediocres debían ser considerados “enemigos del Estado”.

A este respecto, entre 1899 y 1912 se realizaron en Indiana 236 vasectomías (ligadura o corte de los cordones espermáticos) de retrasados mentales.

La doctrina nacionalsocialista propugnaba la eugenesia, en base a que la “raza aria” es de rango superior. Hitler, en su “Mein Kampf”, hablaba de la “pureza de la raza”.

No existe una Eugenesia de tipo científico, pero la vena racista sigue vigente:

Crick, Premio Nobel, ha dicho: “Ningún recién nacido debería ser considerado humano sin haber pasado previamente cierto número de pruebas relativas a su dotación genética”. “En caso de fracaso, pierde su derecho a la vida”.

Y hubo científicos que propusieron la esterilización de los menos dotados intelectualmente.

Pero la idea es antigua: ya en Platón se desarrollaron temas eugenésicos.

¿Existen diferencias raciales cerebrales?

No existen estudios sólidos que lo demuestren. Sí existen diferencias relativas a las medidas craneofaciales, forma de la nariz, estatura, longitud de las extremidades, color de la piel, del pelo; pero ninguno de estos rasgos constituye ninguna agrupación con sentido biológico, pues su origen es diverso. Como dice E. Rebato, el concepto “raza” no tiene un significado científico. “Es en la diversidad cultural donde se encuentra nuestra riqueza”, afirma.

       Se ha visto que las neuronas espejo del lóbulo frontal se activan menos ante la visión de un ser humano de distinta raza que la propia realizando una acción concreta (por ejemplo, el acto de beber un vaso de agua).

La prácticamente ilimitada fertilidad al cruzarse los seres humanos nos habla de la unidad de la humanidad; unidad respaldada por la similitud entre los salvajes más primitivos e  individuos representativos de culturas más elevadas.

Watson, que compartió el Nobel con Crick, afirmaba que los negros son menos inteligentes que los blancos. En este sentido, para algunos, el tamaño (y el peso) del cerebro del negro es inferior al del blanco; y tiene menos neuronas en su corteza cerebral.

Pero en relación al coeficiente intelectual (CI), la conectividad neuronal (que no tiene que ver con el color de la piel) es mucho más importante que el tamaño y peso del cerebro. No hay correlación entre tamaño cerebral, raza y coeficiente intelectual.

El CI no es dependiente de la raza.

 

EQUILIBRISMO AMOROSO

Por René Mondragón

DE INICIO

Durante su visita a México, el Papa Bergoglio destacó: ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos pueden asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad sino de caminarla? (…) Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación

Este escribano considera que, de cara a las circunstancias coyunturales y no, planeadas, cínicas o sofisticadas, la “resignación” –estrechamente ligada a la Esperanza virtud- adquiere dos connotaciones interesantes: Una, la resignación de quien espera de manera activa para restaurar o modificar el status quo y mejorar; y la resignación que se lamenta de todo, de cada circunstancia difícil, en una esperanza que mucho tiene de cobardía y pereza, porque no cree en nada y nada puede transformar.

UNOS Y OTROS

Algunos amables lectores sostienen que, como fueron 30 millones de personas quienes dieron soporte al nuevo gobierno –el amanuense se  resiste a decir “nuevo régimen”- aunque hayan sido otros más quienes no lo hicieron así, entonces nos queda el recurso “del agua y del ajo”…Es decir, a aguantarse y a joderse.

Si la intención de mandatario es, efectivamente, impulsar una transformación, la parte sustantiva está en la capacidad del gobierno de escuchar a quienes en un simple ejercicio de democracia, disienten, se oponen y expresan su disenso. El hombre de Macuspana así lo exigió durante 18 años; así es la gestión de la democracia en serio, no la que se funda en la manipulación del fervoroso club de aplaudidores.

CAPACIDAD DE ESCUCHA

En opinión de mis adorables lectoras y amables lectores, el mandatario tiene que aprender a escuchar y hablar menos a sus seguidores y fans. Ya no está en campaña; por ello, los conceptos de “nuestros adversarios”, “los conservadores”, están ahora fuera de lugar, porque es el presidente de todos los mexicanos, no solo de sus admiradores.

  1. En este sentido es urgente escuchar a los tenedores de bonos emitidos por el Fideicomiso del Aeropuerto de la Ciudad de México (https://www.eleconomista.com.mx/mercados/Bonistas-del-NAIM-rechazan-propuesta-de-recompra) quienes rechazaron, a través de Hogan Lovells, ya la propuesta de re-compra que formuló el gobierno federal. Hay preocupación en ese sector que no puede ser desoída. A ellos nadie los consultó. Nadie tiene claro qué pasará con la liberación y la revocación de garantías derivados del incumplimiento.
  2. El riesgo es enorme. La pieza de la periodista Yolanda Morales es clara: Los bonos del NAIM, “en riesgo de caer en calificación especulativa o bono baura: Moody’s”
  3. Otro elemento de atención para el nuevo gobierno: medir los avances (https://www.forbes.com.mx/Forbes Política) en particular, con respecto a los índices de victimización del país, el índice de percepción de corrupción y el Latinobarómetro. De las Heras Demotecnia así lo concluyen en un estudio reciente.
  4. Bien por el mandatario cuando en el pleno de la CONAGO dio marcha atrás en el tema de los chicos súper poderosos nombrados como Delegados: Se limitarán a atender programas sociales; aunque el riesgo, subsiste.
  5. Por su parte, una entrega del analista Francisco Delgado Castillo en https://mx.investing.com/news/economic-indicators, sostiene algo interesante también: el reto de mantener el perfil crediticio de México de acuerdo con Moody’s, ante la marcada volatilidad de los mercado y el tipo de cambio. Cierto, hay fortaleza en la posición financiera del gobierno federal…pero….

Al escribano le parece que la parte más complicada para el nuevo presidente, se encuentra en la urgente necesidad de abandonar el equilibrismo amoroso que desvincula su narrativa de su accionar como gobernante.

Por ejemplo: De contratarse a varios miles de médicos cubanos –igual que ha hecho Maduro- muchos galenos mexicanos, altamente competentes, se verán echados a un lado por el compromiso con las izquierdas latinoamericanas… como si la abundancia de empleos especializados en México estuviese a la alza.

Es difícil dirigir a un país tratando de caminar en la cuerda floja; sobre todo, improvisando a cada momento.

 

Intrusos en la educación de los hijos

Intrusos en la educación de los hijos

Por Silvia del Valle

Es muy común que existan personas que, de buena voluntad, quieran aconsejarnos en cómo debemos educar a nuestros hijos o cómo debemos organizar nuestra vida familiar.

Esto provoca grandes problemas que, si no tenemos una buena comunicación familiar, pueden dañarnos gravemente.

Lo que es claro es que nosotros, los papás, somos los primeros y principales educadores de nuestros hijos, así que aquí te dejo mis 5Tips para evitar esos intrusos en la educación de nuestros hijos.

PRIMERO: Papá y mamá son los responsables de la educación de los hijos

Es un derecho natural que está reconocido en muchos pactos internacionales, como el de San José, entre otros, y que debemos aprender a ejercer.

El Papa Francisco nos lo ha dicho claramente: hay que regresar del exilio y comenzar a educar a nuestros hijos.

La educación es un derecho, pero también una obligación que debemos cumplir por el bien de nuestros pequeños, no importa la edad que tengan.

SEGUNDO: Todos los demás pueden opinar

Es importante tener en cuenta que los que están a nuestro lado no podrán dejar de darnos su opinión, pero es sólo eso: una opinión.

Cada cabeza es un mundo, y cada quien ve la vida de forma distinta; por eso es necesario escuchar todo y sólo tomar lo que nos puede beneficiar.

Escuchar no quiere decir hacer todo al pie de la letra.

TERCERO: No deben discutir por lo que los demás opinan

Es importante que, como esposos, lleguen a un acuerdo para no discutir por las opiniones de los demás.

Por el contrario, agradezcan todo y filtren lo que les vayan diciendo.

Esto también aplica con nuestros hijos más grandes, ya que ellos ya se dan cuenta de lo que los demás dicen.

Debemos llegar a un acuerdo y saber que en casa se dialoga lo que los demás dicen como opinión sobre nuestra familia.

CUARTO: Es importante poner las reglas claras

Todos los miembros de la familia las debemos conocer.

Poner límites es muy sano, no sólo hacia afuera de la familia, sino hacia adentro también.

Si nuestros hijos ven que alguien está terqueando sobre cómo deben ser educados, ellos no deben participar de la plática y esperar a que seamos papá o mamá los que opinemos y pongamos el límite.

Y QUINTO: La última palabra la tienen papá y mamá

Muchas opiniones podemos tener; pero al final quienes deciden cómo se van a educar a los hijos somos los papás.

Así que hagamos oración y tengamos un discernimiento para saber qué rumbo vamos a tomar como familia y cómo vamos a educar a nuestros hijos.

 

  El papá en la familia actual

Ana Teresa López de Llergo

Los padres en la mayoría de las ocasiones no están mucho tiempo en casa con sus familias, pero esto no significa que sean menos importantes que las madres.

 

El papel de Papá en una familia

La familia actual ha sufrido profundas modificaciones, ya traté de los nuevos retos que tiene la mujer. Ahora analizamos los que se le presentan al papá, considerando que los efectos del papel de la mujer en el hogar actual necesariamente les afectan a ellos.

Como preámbulo, vale la pena considerar un aspecto que manifiesta la capacidad que tiene la persona de modelarse. Es evidente que el varón en el aspecto físico tiene más fuerza, vigor, resistencia. Culturalmente se reconoce la necesidad de la cortesía en las relaciones humanas, y se habla de ella en los varones. Esto muestra que con la educación se pueden orientar las tendencias naturales.

Por eso encontramos documentos que hablan del “gentil hombre”, su vigor no impide adquirir detalles de consideración hacia los demás, especialmente hacia las damas. Esos detalles de cortesía, de deferencia, dan un toque muy especial a las relaciones humanas, calman ímpetus y evitan salidas de tono en el trato mutuo. Se crea un ambiente cordial incluso para tratar asuntos escabrosos donde no se prevén acuerdos.

Otro efecto del vigor masculino está en que su presencia causa seguridad. Surgen personas seguras, dígase sobre todo hijas seguras, pero también hijos seguros, esposa segura, hermana segura, madre segura. Por eso, simplemente por eso, para impulsar personas seguras, decididas y firmes se requiere de la presencia del varón en el hogar. Él debe ser consciente de lo que su ausencia provoca.

La variación de actividades de la mujer: recorte de tiempo en la casa y desempeño de trabajo fuera del hogar, han modificado las actividades del varón. Obviamente la demanda laboral ya no es sólo para los hombres, también las mujeres lo solicitan, de manera que se ha propiciado el desempleo, a veces el puesto es para ellas.

Como el modelo de las estructuras familiares antiguas aún se extraña, el hombre desconoce muchas de las demandas intrínsecas del hogar, sufre desconcierto por la ausencia de la mujer, no sabe cómo resolver problemas mínimos porque tampoco ha tenido una indicción. Algunos, poco a poco van ocupando su lugar, pero otros se encuentran descentrados o deprimidos. Algunos inconscientemente se sienten inferiores y asumen posturas feminoides.

La presencia de la mujer en el trabajo fuera del hogar también ha ocasionado desconcierto, surge otro modo de compañerismo, otro modo de competitividad, e incluso aparecen reacciones femeninas que nunca habían experimentado, y ese desconcierto muchas veces repercute negativamente en el estado de ánimo que también afecta a los miembros de la familia. Especialmente delicados son aspectos que pueden deteriorar la fidelidad conyugal.

La responsabilidad ante el nacimiento de un hijo acelera la madurez del padre; pero como ahora se retrasa la decisión de engendrar, no se da este aspecto de la madurez masculina, por eso, ante cualquier tipo de problemas es fácil que el hombre los evada, muchas veces, con el abandono del hogar. El problema de la paternidad retrasada o inexistente afecta muy seriamente las relaciones conyugales porque fomentan el egoísmo y luego el individualismo que rompe la unidad.

Por lo tanto, es urgente que el varón salga al paso de estos problemas y encuentre su quehacer dentro del hogar, distribuyendo los encargos con la esposa para que descubran nuevos modos de complementación y de armonía. Pero siempre se ha de estar alerta para combatir cualquier manifestación de celos o envidia ante los éxitos de cónyuge.

Es importante que de manera respetuosa y discreta, compartan sus inquietudes, logros, acierto y fracasos en el trabajo que él y ella tienen fuera de la casa. Así cuidan de no alejarse ni de enfriar su relación. Han de cultivar espacios de reencuentro estimulante y amable donde mantengan vivo el amor que les unió.

La oportunidad de alternar la presencia del padre y de la madre en la casa, debe abrir horizontes para el papel que les compete a la madre y al padre respecto a la educación de los hijos. Está comprobado que la madre busca acompañar en el aprendizaje y esto ayuda a fomentar el compañerismo. El padre en cambio impulsa a hacer de modo personal y esto fomenta la iniciativa para la superación de obstáculos.

Actualmente se experimenta una vida familiar empobrecida por la ausencia del padre y de la madre dentro de la casa, por eso, urge que entre los dos de pongan de acuerdo en el modo de realizar su profesión, ahora hay trabajos que se pueden realizar desde la casa, otras veces verán el modo de tener horarios escalonados, pero el padre nunca debe excluirse.

En esta época en la que se defiende con tanto celo la libertad, es muy importante no confundirla con la independencia, de manera que se forje la libertad en la vida familiar, respetando la libertad de cada miembro y haciendo que cada uno libremente disfrute de la compañía de los demás. En este aspecto el padre tiene un don especial para lograrlo.
El padre, al integrarse más tiempo en el hogar tiene la posibilidad de detectar la necesidad de los valores morales, de los comportamientos éticos y del soporte profundo que encierran las creencias religiosas. Todo eso le ayudará a profundizar en cómo vive esos aspectos y en la necesidad de dar buen ejemplo.

Con la ayuda de la fe en Dios el varón podrá tener conversaciones entrañables sobre el modo de vivir, de dónde venimos, a dónde vamos, cuál es el significado de la existencia, y otras preguntas que sólo un padre puede responder.

 

La nueva relación de ciencia y religión

La nueva relación de ciencia y religión

Por Luis Fernando Valdés

Después de siglos de desencuentros entre los científicos y la religión católica, el Papa Francisco propone un nuevo esquema de cooperación entre los dos ámbitos, para el cuidado del planeta y el desarrollo de la sociedad.

1 Un nuevo modelo de diálogo

Aunque es muy conocido el Caso Galileo, quizá pocos saben que la Santa Sede cuenta con una institución para fomentar el diálogo con los científicos: la Academia Pontificia de las Ciencias, que tiene entre sus miembros a varios ganadores del Premio Nobel.

Durante la Asamblea plenaria de este año (el 12 nov.) el Papa dirigió un histórico mensaje a la comunidad científica, en el que propuso un paradigma de cooperación social como modelo de relación entre las ciencias y la religión.

Francisco explicó que el mundo de la ciencia, que antes tenía «actitudes de desconfianza hacia los valores espirituales y religiosos», hoy día ha cobrado consciencia de ser parte de la sociedad, y por eso le recordó que está llamado «a servir a la familia humana y su desarrollo integral».

2 Un panorama enorme para la ciencia

Francisco, un Papa muy sensible a los problemas sociales que hacen sufrir a los pueblos, propuso a la comunidad científica algunos temas para servir mejor a la sociedad.

Las situaciones más urgentes son la «inmensa crisis del cambio climático en curso» y la amenaza nuclear, junto con «salvaguardar la salud del planeta y de las poblaciones», ya que la salud que está en peligro «por todas las actividades humanas que utilizan combustibles fósiles y la deforestación del planeta».

Ante este amplio horizonte, el Papa les recordó a los académicos que tienen como vocación «identificar avances innovadores en todas las disciplinas principales de la ciencia de base y reconocer las fronteras entre los diversos sectores científicos, en particular en física, astronomía, biología, genética y química».

3 Compartir el conocimiento con los países en desarrollo

Con una frase de Pablo VI, el Papa Francisco pidió a los científicos que vivan la «caridad del conocimiento», es decir, que compartan con los pueblos menos desarrollados los logros científicos «en materia de nutrición, salud, educación, conectividad, bienestar y paz».

Francisco les pidió, a nombre de esos pueblos, que su «investigación pueda beneficiar a todos», para que los países sean «alimentados, saciados la sed, curados y educados»; y también exhortó a políticos y economistas a que atiendan las indicaciones de la ciencia para proceder con mayor certeza hacia el bien común, en beneficio especialmente de los pobres y necesitados, y hacia el respeto al planeta.

Epílogo

El Papa Francisco ha convertido las crisis sociales en el «lugar de encuentro» por excelencia. Así como ha fomentado que las religiones trabajen juntas en la ayuda a los pobres y a los migrantes, ahora el Pontífice propone que la relación de las ciencias con la religión se base no sólo en el diálogo académico, sino también en la ayuda para buscar soluciones a los problemas sociales. Trabajar juntos por los más necesitados es un novedoso y excelente modelo de diálogo.

     

Los de la puerta de al lado

Los de la puerta de al lado

Por Miguel Aranguren

Qué gastado está el discurso que nos advierte de la compleja polisemia del verbo «amar», del sustantivo «amor» y sus extensiones. Utilizamos tantas veces estas palabras, las escuchamos con tanta frecuencia (hay quienes las incluyen al saludar, aunque apenas conozcan al otro: «¿Qué tal, amor?», «¿Cómo estás, cariño?») que nos pasan como medusas transparentes por el agitado océano de todos los días.

De amor es de lo que hablan la mayoría de las canciones, aunque en muchos casos no se trate -en el argumento que da cuerpo a la melodía- de una voluntad cierta de entrega sin condiciones sino de una macedonia de sentimientos de ida y vuelva, de vuelta y revuelta, de revuelta y sanseacabó.

Muchos cristianos aceptamos que Dios es Amor, pero sin entenderlo. Aceptamos la idea de que Dios sea una especie de hippie de largas barbas blancas y camisa de flores, que nos anima a pasear por el mundo con una bandera que representa una suerte de flower power celeste, entre aromas de incienso y ecos de coral parroquial. Pero, ¿qué doctrina acompaña a esa concepción de Dios?… Después de un incómodo silencio, encogemos los hombros sin ofrecer respuesta.

Incluso para los sabios, el Amor de Dios no es fácil de explicar. Ni de entender. Va unido a sus atributos, especialmente a su infinita Misericordia, por la que perdona y olvida, aunque sin renunciar a su Justicia, con la que sentenciará el destino eterno y maravilloso de los santos. Pero no quiero dejarme llevar por esta deriva, que no soy teólogo sino un simple observador que apenas llega a darse cuenta de las manifestaciones de ese Amor divino que se reflejan en tanta gente buena, en tanto «santo de la puerta de al lado», como con genialidad ha definido el Papa Francisco a los cristianos que, incluso sin saberlo, prenden de luces a la rutina.

El amor logra en el hijo una natural reproducción respecto a los modos de su padre. «¡Cómo se le parece!», exclamamos ante el niño que replica los ademanes de su progenitor. No es tanto la semejanza física, que también, como un instante en el que el gesto, la mirada, un leve visaje recuperan el de aquel que lo engendró o el de aquella que lo concibió. Y como en Dios no caben los rasgos físicos -sí en Cristo, aunque en la narración de los Evangelios podemos interpretar que, tras la Resurrección, su cuerpo glorioso no ha quedado sujeto a un molde concreto-, las acciones, los guiños de los «santos de la puerta de al lado» son un hacer, un obrar, interior y exterior en el que se percibe el vértigo de lo infinito.

¿Quién que se haya parado a contemplar el trayecto de su vida, liberado por unos momentos del hoy y del ahora, dejando de lado la ansiedad que nos distrae de lo único importante, no se ha removido al considerar los jalones de Amor que, a través de la presencia de determinadas personas, le han mostrado el rostro de Dios? Es la colección que cada uno de nosotros tiene de sus «santos de la puerta de al lado». Una abuela, un profesor, un amigo, un confesor al que acudimos en cierto momento, alguien que nos regaló una sonrisa, una lágrima, una mirada, unas palabras que nos sobrecogieron por traernos el fuego de un destino prodigioso, un conocido del que supimos un comportamiento heroico y aquel o aquella que con tierna constancia nos enseñó a rezar.

Las noticias que trae la prensa nos cuentan que el mundo no tiene remedio porque el hombre solo sabe hacer el mal. Muerte, crimen, odio, celos, deshonra, deshonor… son los distintos géneros de una realidad desalentadora. Pero el Amor nos eleva para que contemplemos la verdad de las cosas: en los entornos de la muerte, del crimen, del odio, de los celos, de la deshonra, del deshonor… están los «santos de la puerta de al lado», indispensables para que sigamos reconociendo los atributos de nuestro padre Dios.

 

 

Combatir la corrupción con educación en valores

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

El tema de la corrupción es un fenómeno antiguo muy conocido por todos los peruanos porque se ha desbordado como una verdadera pandemia e incrustado en la mayoría de instituciones, sus efectos son demoledores, no solo arrebata dinero de los recursos públicos (según Transparencia Internacional se pierden anualmente S/ 12,600 millones por corrupción) sino que su misma existencia socaba la estructura social y ética de nuestra sociedad, crea desconfianza, incentiva conductas abusivas y rompe el principio de legalidad. A raíz del caso Lava Jato la corrupción en nuestro país llegó a su máxima expresión cuando se confirmó que Odebrecht pagó sobornos por US$ 29 millones para ganar licitaciones involucrando a personajes que mostraron su verdadera miseria moral, entre ellos, ex presidentes, políticos, gobernadores, alcaldes, jueces, fiscales, funcionarios públicos, empresarios y profesionales.

Para comprender la magnitud de la corrupción a nivel nacional, el pasado 20 de setiembre el procurador anticorrupción, Amado Anco, advirtió que hay 4,225 procesos (peculado, colusión, negociación incompatible) que involucran a autoridades y ex autoridades de gobiernos regionales y locales, 4,000 están en trámite y solo 222 tienen sentencia firme e increíblemente solo 14 cumplen prisiones preventivas. También, un reciente estudio “círculo de la corrupción en gobiernos regionales” advierte que existen 1,091 obras paralizadas por corrupción que afectan en diferentes regiones servicios de salud, educación, agua y saneamiento, vivienda y carreteras.

Bajo este panorama, a corto plazo debemos implementar en forma prioritaria las reformas judicial y política para tratar de cambiar la cultura institucional y la lógica de la gestión pública, pero para combatir la corrupción de manera sostenida y con visión de futuro se requiere la intervención de los tres poderes del Estado y de todos los peruanos, principalmente en temas de educación en valores. La solución a largo plazo pasa por una adecuada educación del carácter en valores y virtudes con códigos éticos y de conducta en colegios y universidades siendo indispensable incluir y desarrollar programas curriculares de enseñanza que incidan en valores éticos (honradez, transparencia, normas de comportamiento, ejemplaridad, responsabilidad, disciplina y respeto) para edificar la conciencia ciudadana, además es fundamental la educación en la familia para formación del carácter de sus hijos y su comprensión de las necesidades de los demás por encima de pensar en sí mismos. Todos los esfuerzos educativos y de los padres de familia coadyuvarán a erradicar en el futuro los casos de corrupción y de otros problemas sociales.

 

 

Un sarcasmo: Por mi conciencia y honor

Hay cargos que para ser ejercidos, exigen fórmulas más o menos altisonantes. Lo que pasa es que no siempre se hace honor a esas fórmulas.

Existen protocolos que -por mucho que se hayan variado y hasta, en ocasiones, desnaturalizado- mantienen un alto significado y, aunque parezca mentira, aún hay gentes que creen en su virtualidad.

Y hay ciertos cargos que para ser ejercidos, exigen fórmulas protocolarias más o menos altisonantes, que suenan bien y hasta dan cierto lustre a quienes las pronuncian.

Pero ocurre que las aguas, en algunos sectores de nuestra vida política, bajan turbias porque no todos los que protagonizaron esas fórmulas y tomaron parte en esos protocolos, hacen gala ni de conciencia ni de honor.

No se trata de que se deba exigir más conciencia y más honor a quienes ostentan cargos públicos y representan a los ciudadanos, pero es que hay hechos, situaciones, circunstancias, actitudes, amistades, conversaciones y hasta lenguajes que, no por supuestamente privados, dejan de ser reprobables por más que no sean delictivos y que son claramente censurables, aunque no tengan ninguna connotación negativa en sus hipotéticas consecuencias legales.

Por mucho que la ética, tanto privada como pública (si se pudiera hacer la distinción) sea un bien escaso en ciertos ámbitos públicos, tiene mucho que ver con eso de la conciencia y del honor y tanto en lo privado como en lo público debería ser objeto de una mayor consideración y estar más cuidada de lo que es habitual.

Y es que aquella historia del “maestro de Siruela que no sabía leer ni escribir y puso escuela” se está poniendo desgraciadamente de actualidad con demasiada frecuencia.

O aquello otro de “dime de lo que presumes…”.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Reciban con sincera apertura, sine glossa,

Como dice el papa Francisco en su “Evangelli Gaudium”, en el Sínodo que ha tenido lugar en Roma se han oído las exigencias de Jesús para que los jóvenes las “acepten y reciban con sincera apertura, sine glossa, es decir, sin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten fuerza” (n. 97). ¿O acaso el testimonio coherente de vida evangélica sine glossa no ha sido el que, a lo largo de la historia, ha atraído a los jóvenes?

Si es cierto que la Iglesia no ha encontrado la forma adecuada de hablar sobre determinadas cuestiones, no lo es menos que su comprensión de la persona, de su sexualidad, y de las relaciones entre amor, sexualidad y felicidad, sigue siendo una propuesta válida contra la trivialización que imponen los agentes culturales y antropológicos dominantes.

Como escribe en un libro reciente el profesor Rafael Gómez Pérez, filósofo y profesor universitario, sus memorias de joven en Roma, “cuando se pretenden dar “facilidades”, ceder ante lo que pide una supuesta opinión pública, las reacciones mayoritarias son: o acudir a una Iglesia más exigente o, simplemente, desentenderse de todo el asunto”.

JD Mez Madrid

 

 

Más sombras al cuadro

Más sombras al cuadro añade la estadística de nulidades, separaciones y divorcios de ese año 2017: se produjeron 102.341 casos (una tasa de 2,2 por cada 1.000 habitantes), un aumento del 1,0% respecto al año anterior. Los divorcios representaron el 95,7% del total, mientras las nulidades apenas llegaron a un centenar. En conjunto, la duración media de los matrimonios hasta su resolución fue de 16,6 años, cifra ligeramente superior a la de 2016. El 43,3% de los matrimonios no tenía hijos (menores o mayores dependientes económicamente).

Un informe americano ofrece una información exhaustiva sobre otra tendencia familiar, relativa a las tasas de maternidad extramatrimonial, con la correspondiente influencia en la formación de los hijos. Apenas existe en Asia y en Oriente Próximo, porque la mayor parte de los adultos están casados y pocos mantienen relaciones de cohabitación. En cambio, alcanza entre el 23% y el 47% en Europa, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos.

El estudio señala que los nacimientos en parejas que cohabitan contribuyen a la inestabilidad de la vida familiar de los niños. Los hijos experimentan más cambios en la relación de los padres antes de los doce años que los hijos de parejas casadas, independientemente del nivel educativo de la madre. El grado de inestabilidad varía mucho de un país a otro, pero hay excepciones que confirman la regla: los hijos de parejas casadas tienen más posibilidades de vivir en un entorno estable en distintos sistemas jurídicos, regímenes de bienestar y culturas.

La mayor brecha de estabilidad entre los nacidos de parejas que cohabitan y de parejas casadas cuando, en ambos casos, la madre presenta un nivel educativo alto, se da en Estados Unidos: el 49% de los hijos de parejas que cohabitan sufre la separación de sus padres, frente al 18% de las casadas. En otros niveles educativos, existe una mayor similitud entre Estados Unidos y Europa en ese aspecto.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Corrupción en el “Premio Nóbel” de literatura

 

                                Es lo que se entiende o afirman, en la revista XLSEMANAL Nº 1613 del 23 al 29 de septiembre 2018; trabajo con profusión de fotografías y datos, que sorprenden en una entidad, que hasta este momento en que lo he leído, me parecía algo de lo poco serio que queda en este pobre mundo; pero como en este negocio, se manejan cantidades grandes de dinero y sin responsabilidades dignas de mención; pues al final “la panza y el bolsillo”, es lo que ha funcionado, sino en todos los que manejan el cotarro pero sí en cantidad suficiente, como para que el escándalo haya llegado hasta el punto bochornoso, en que este año NO HABRÁ EL TAN POMPOSO PREMIO  y por tanto la literatura mundial, queda huérfana del mecenas “inventor de la dinamita”, el que desde su tumba “o donde se encuentre”, verá con impotencia el que su mecenazgo “lo vuelan sin necesidad de su dinamita”, es peor aún la ambición y la vanidad de los que administran su legado. El escándalo es de tal envergadura que se dice que habrá de intervenir hasta el propio rey de Suecia para ver de recuperar todo lo perdido.

                                Puesto que sabido es que la inmensa fortuna que amasó “Alfredo Nóbel”, fue sobre la base de haber inventado la dinamita, que si bien (no lo sé) la inventara para “ayudar al hombre y eliminar de sus trabajos a millones, de esclavos del pico y la pala”; pero al mismo tiempo, “facilitaba a los guerreros de siempre”, un muy potente explosivo, capaz de matar seres humanos de todo tipo y condición, también en masas… es quizá por ello, por lo que aquel hombre y “sus remordimientos”, dejara un legado inmenso para reparar en algo, los desastres que ocasionara y sigue ocasionando, “tan maravilloso invento”.

                                Busquen en la red, este trabajo periodístico y lean con sus propios ojos el mismo, puesto que es digno de ser leído, analizado y comentado como merece, puesto que, este hecho y sus orígenes, son una más de las grandes paradojas de la vida y afortunadamente lo suecos, “no han hecho el sueco”, como suele decirse (Hacerse el sueco es sinónimo de hacerse el loco, es decir, hacer como que no te enteras de algo, desentenderte de una obligación o hacer como que la cosa no va contigo.)…  y es allí mismo donde se destapa la corrupción y se difunde a todo el mundo, cosa a tener en cuenta; ya que lo que se suele hacer es lo que significa la perversa frase que afirma que… “los trapos sucios se lavan en casa”; cosa de la que aquí en España sabemos “la tira y se practica casi o más que la sopa de ajo”.

                                Y no es sólo este premio abalado por tan prestigioso nombre; puesto que si hablamos, del que tan pomposamente se otorga dedicado “A LA PAZ”; supongo que en “el infierno”, deben estar contentísimos, por los diferentes “pájaros” políticos a los que les han sido entregados en varias ocasiones; “puesto que los mismos, seguro que el propio “Lucifer”, les haría un muy buen recibimiento si los recibiera en sus dominios cargados con tan pomposos laureles, otorgados en este absurdo planeta”.

LA DINAMITA Y EL ORIGEN DE LOS PREMIOS: “La dinamita es un explosivo muy potente compuesto por nitroglicerina, una sustancia explosiva líquida a temperatura ambiente y muy inestable que, al ser absorbida en un medio sólido (inicialmente, diatomita, roca formada por caparazones silíceos de diatomeas), se convierte en un explosivo más estable. La dinamita fue inventada por Alfred Nobel en 1866, sustituyendo rápidamente a la nitroglicerina para aplicaciones industriales, minería, y armamento. Desempeña un papel muy importante en trabajos como la excavación de montañas, la construcción de carreteras, demoliciones y en general cualquier obra pública que requiera el movimiento de masas rocosas. Se utilizó para el desarrollo y fabricación de ingenios bélicos provocando numerosas muertes y gran destrucción en las zonas de conflicto. Nobel, para contrarrestar sus efectos negativos aunque de modo simbólico, instituyó el premio que lleva su nombre expresamente referido a la paz”.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes