Las Noticias de hoy 05 Diciembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 05 de diciembre de 2018     

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

El Adviento es “construir la paz en el alma, en la familia y en el mundo”

Mes Misionero Extraordinario: Presentación del tema, logo, página web y guía

San Francisco Javier: El Papa celebra con los jesuitas el 50 aniversario del Colegio del Gesù

UN MESÍAS MISERICORDIOSO: Francisco Fernandez Carbajal

“El Señor nos socorre y nos levanta”: San Josemaria

Una novena ‘last minute’ en la sala preoperatoria

Una placa de san Josemaría en el lugar donde “vivió, se formó y se ordenó”

Tiempo ordinario: el domingo, día del Señor y alegría de los cristianos: Carlos Ayxelà

Recuerdo de Juan Pablo II cuando llega el Adviento: Salvador Bernal

Juventud de espíritu: Alfonso Aguiló Pastrana

Nazismo y nacionalismo: Ángel Cabrero Ugarte

Spot navideño de IKEA: ¿Conoces a los tuyos?: Alfonso Mendiz

Por qué no a la IDG en mayo: Miguel A. Espino Perigault

Ante la agonía: Walter Turnbull (EN MEMORIA)

Palabras: PETAR TCHOUHOV

Entrevista: «Dios no me ha quitado nada, Dios me ha dado todo»

La carne de cerdo se encuentra entre la comida sana: Jesús Domingo M

Revolución Gramsciana: nuevo concepto de familia: Héctor Buchaul

¿Por qué?: Jesús D Mez Madri

El desdén por la cultura: Pedro García

La verdad del amor humano: Juan García.

¿Un infierno vacío?: Jaume Catalán Díaz

La invasión migratoria en Europa y otras: Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes 4 de diciembre de 2018

Las lecturas de hoy (Is 11,1-10 y Lc 10,21-24) nos animan a preparar la Navidad procurando construir la paz en la propia alma, en la familia y en el mundo. En las palabras de Isaías hay una promesa de cómo serán los tiempos cuando venga el Señor: el Señor hará la paz y todo estará en paz. Isaías lo describe con imágenes un poco bucólicas pero bonitas: “Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor”. Esto significa que Jesús trae una paz capaz de transformar la vida y la historia y por eso es llamado Príncipe de la paz, porque viene a ofrecernos esa paz. El tiempo de Adviento es, pues, un tiempo para prepararnos a esa venida del Príncipe de la paz.

Un tiempo para pacificarse. Se trata de una pacificación ante todo con nosotros mismos, pacificar el alma. Muchas veces no estamos en paz sino con ansiedad, con angustia, sin esperanza. Y la pregunta que nos dirige el Señor es: “¿Cómo está tu alma hoy? ¿Está en paz?”. Si no lo está, pide al Príncipe de la paz que la pacifique para prepararte al encuentro con Él. Estamos acostumbrados a mirar el alma ajena, pero ¡mira la tuya!

Luego, hay que pacificar la casa, la familia. Hay tantas tristezas en las familias, tantas luchas, tantas pequeñas guerras, tanta desunión, y hay que preguntarse si la familia está en paz o en guerra, si uno está contra el otro, si hay puentes o muros que nos separan.

El tercer ámbito es pacificar el mundo donde hay más guerra que paz, hay tanta guerra, tanta desunión, tanto odio, tanto abuso. ¡No hay paz! ¿Qué hago yo para ayudar a la paz en el mundo? “Pero el mundo está demasiado alejado, padre”. Ya, pero ¿qué hago yo para ayudar a la paz en el barrio, en el colegio, en el puesto de trabajo? ¿Busco siempre una excusa  para entrar en guerra, para odiar, para criticar a los demás? ¡Eso es hacer la guerra! ¿Soy manso? ¿Procuro hacer puentes? ¿No condeno? Preguntemos a los niños: “¿Qué haces en la escuela? Cuando hay un compañero que no te gusta, porque es un poco odioso o un poco débil, ¿tú le acosas o haces las paces? ¿Intentas hacer las paces? ¿Perdonas todo?”. Artesanos de paz. Hace falta este tiempo de Adviento, de preparación a la venida del Señor que es el Príncipe de la paz.

La paz siempre avanza, nunca está quieta, es fecunda, comienza por el alma y luego vuelve al alma después de haber hecho todo ese camino de pacificación. Y hacer la paz es como imitar a Dios, cuando quiso hacer las paces con nosotros y nos perdonó, nos envió a su hijo para hacer las paces, para ser el Príncipe de la paz. Alguno puede decir: “Pero, padre, yo no he estudiado cómo se hace la paz, no soy una persona culta, no sé, soy joven, no sé…”. Jesús en el Evangelio nos dice cuál debe ser la actitud: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños”. Tú no has estudiado, no eres sabio… ¡Hazte pequeño, hazte humilde, hazte siervo de los demás! Hazte pequeño y el Señor te dará la capacidad de comprender cómo se hace la paz y la fuerza para hacerla.

La oración de este tiempo de Adviento debe ser la de pacificar, vivir en paz en nuestra alma, en la familia, en el barrio. Y cada vez que veamos que hay posibilidad de una pequeña guerra en casa o en mi corazón o en la escuela o en el trabajo, pararse, y procurar hacer las paces. Nunca herir al otro. Jamás. “Y padre, ¿cómo puedo comenzar para no herir al otro?” –“No hables mal de los demás, no tires el primer cañonazo”. Si todos hiciésemos solo eso –no criticar a los demás–, la paz iría más adelante. Que el Señor nos prepare el corazón para la Navidad del Príncipe de la paz. Pero que nos prepare haciendo de nuestra parte todo lo que podamos para pacificar: pacificar mi corazón, mi alma, pacificar mi familia, la escuela, el barrio, el puesto de trabajo. Hombres y mujeres de paz.

 

El Adviento es “construir la paz en el alma, en la familia y en el mundo”

“Sin herir a los demás” dice el Papa

diciembre 04, 2018 19:10Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 4 dic. 2018).- El Adviento es prepararse a la Navidad –ha aclarado el Papa Francisco–tratando de “construir la paz en la propia alma, en la familia y en el mundo”, sin herir a los demás.

El Pontífice ha lanzado esta pregunta en la homilía pronunciada esta mañana: “¿Cómo está tu alma hoy? ¿Está en paz?”. Si no lo está, pide al Príncipe de la paz que la pacifique para prepararse al encuentro con Él. “Nosotros estamos acostumbrados a mirar el alma de los demás” pero “mira tu alma”, ha exhortado.

Así, el Santo Padre ha reflexionado a partir de la Primera Lectura (Isaías 11,1-10) y del Evangelio (Lucas 10,21-24) de la Liturgia del día, en la Misa celebrada en la mañana del martes, 4 de diciembre de 2018, en la Capilla de la Casa Santa Marta.

Tiempo para “pacificarse”

Este es “un tiempo para prepararnos a esta venida del Príncipe de la paz”, ha reiterado. Es un tiempo para “pacificarse”, exhortó el Papa. Se trata de una pacificación ante todo “con nosotros mismos, pacificar el alma”, ha matizado. “Muchas veces nosotros no estamos en paz” sino “con ansiedad, con angustia y sin esperanza”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/SFO1365-412x275.jpgPor ello, el Pontífice ha recordado las palabras de Isaías, en las que hay una promesa de cómo serán los tiempos cuando vendrá el Señor: “El Señor hará la paz” y “todo estará en paz”. Isaías lo describe con “imágenes un poco bucólicas” pero bellas: “El lobo vivirá junto al cordero”, “el leopardo se echará junto al cabrito” “y un niño pequeño los guiará”. Esto significa –ha aclarado el Papa– que Jesús trae una paz “capaz de transformar la vida y la historia”.

También es necesario “pacificar la casa”, la familia. “Hay tantas tristezas en las familias, tantas luchas, tantas pequeñas guerras, tanta desunión a veces”, afirmó Francisco e invitó a preguntarse si la propia familia está en paz o en guerra, si uno está contra el otro, si hay desunión, si hay puentes o “murallas que nos separan”.

La paz es “fecunda”

La paz siempre va adelante, jamás está detenida, “es fecunda”, ha compartido el Papa, “comienza desde el alma y después vuelve al alma tras haber hecho todo este camino de pacificación”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/SFO1370-412x275.jpgAsí, el Santo Padre ha asegurado que “hacer la paz es un poco imitar a Dios, cuando ha querido hacer la paz con nosotros y nos ha perdonado, nos ha enviado a Su Hijo para hacer la paz, para ser el Príncipe de la paz”.

Por lo tanto, la oración de este tiempo de Adviento debe ser aquella que “pacifica”, vivir con la paz en nuestra alma, en la familia y en el barrio.

“Y padre, ¿cómo puedo hacer para no herir al otro?”, ha reflexionado el Papa. “No hablar mal de los demás, no tirar el primer cañonazo”. Si todos nosotros hiciéramos sólo esto – no hablar de los demás – la paz avanzaría más.

 

Mes Misionero Extraordinario: Presentación del tema, logo, página web y guía

Presentación en el Vaticano

diciembre 04, 2018 21:54Marina DroujininaMisión, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 4 dic. 2018).- El tema, el logotipo, el sitio web y la guía del Mes Extraordinario de la Misión, anunciado para octubre de 2019, se presentaron durante una conferencia de prensa, el viernes 30 de noviembre de 2018, en el Vaticano.

Instituido oficialmente por el Papa Francisco, en una carta dirigida al Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (publicada el 22 de octubre de 2017), el Mes Extraordinario se organiza con motivo del centenario de la promulgación de la Convención Apostólica de Benedicto XV, la Carta Maximum illud sobre actividad misionera, hecha pública por la Santa Sede el 30 de noviembre de 1919.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/cq5dam.web_.1280.1280-600x237.jpgEn la presentación del evento participaron el Cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; Monseñor Giampietro Dal Toso, presidente de las Obras Misionales Pontificias y Subsecretario del Dicasterio; el Padre Fabrizio Meroni, del Instituto Pontificio para Misiones Extranjeras, el Secretario General de la Unión Misionera Pontificia, el Director del Centro Internacional de Animación Misionera y el Director de la agencia misionera del Vaticano Fides.

Se hizo un video sobre el Mes de la Misión, un extracto de dos minutos, que se proyectó durante la conferencia de prensa.

El tema

El tema del Mes Extraordinario de la Misión es Bautizado y enviado: la Iglesia de Cristo en la Misión en el mundo, señalan los organizadores en un comunicado de prensa, destacando que “la misión se entiende como una propuesta de fe que Dios hace al hombre”.

El Cardenal Filoni reafirmó la implicación de toda la Iglesia en el impulso misionero, tal como lo deseaba el Concilio Ecuménico del Vaticano II: “Todo lo que se hace por amor crea una relación fundamental. La misión, si nace de una fe que amas, es una relación “, explicó el Cardenal.

La actividad misionera es el paradigma de cada obra de la Iglesia, continuó el prelado. En este sentido, las Conferencias Episcopales, las parroquias, las diócesis del mundo y también los Movimientos deben constituirse en un estado misionero permanente. “No hay ningún aspecto de nuestra actividad que no haga referencia a la misión”, subrayó el prelado.

El sitio web

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/3-600x237.jpgEl sitio web oficial october2019.va también fue presentado durante la conferencia de prensa. “La página fue creada para promover y animar el Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019, a fin de contribuir, a través de los contenidos multimedia que se insertarán allí, para inspirar los momentos de oración y reflexión sobre la Missio ad Gentes de todos los cristianos”, explicó el Padre Fabrizio Meroni.

Esta página web tiene secciones dedicadas a temas particulares donde se encuentran textos importantes del Magisterio Social y de las Obras Misionales Pontificias. Hay rúbricas dedicadas a los Testigos, con historias de beatos, santos y mártires de ayer y hoy; una Formación, con textos que pueden inspirar la animación misionera; la sección Voz del mundo, dedicada a la misión de hoy con testimonios y escritos de misioneros y directores de las Obras Misionales Pontificias de diferentes países, así como la Guía del Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019.

La guía

El texto escrito por iniciativa de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y las Obras Misionales Pontificias tiene como objetivo “servir a las diferentes diócesis en las necesidades de formación y animación misioneras”, así como “inspirar la creatividad de las iglesias locales” y “sus fieles”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/5-367x275.jpgLas partes que componen la guía, explica la nota, “corresponden a las dimensiones espirituales que el Santo Padre nos indicó al iniciar el Mes Misionero Extraordinario: el encuentro personal con Jesucristo que vive en la Iglesia, el testimonio de los Santos y Mártires de la misión y la formación catequética para la misión y la caridad misionera”.

El texto será publicado en inglés, italiano, francés, español y portugués. A partir del 30 de noviembre, la versión en inglés de la Guía estará disponible para descargar en formato PDF a principios de 2019.

El logotipo

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/logo-410x275.pngUn logotipo especialmente concebido para el Mes Misionero Extraordinario representa “una cruz misionera cuyos colores tradicionales recuerdan a los cinco Continentes”. Los organizadores explicaron que “La Cruz es el instrumento y el signo efectivo de comunión entre Dios y los hombres para la universalidad de la misión: Es luminoso, de color, un signo de victoria y resurrección”.

Las palabras “Bautizados y enviados”, que acompañan a la imagen, señalan los “dos elementos característicos de cada cristiano: el bautismo y la proclamación”.

Los colores de la cruz tienen un significado particular. “El rojo – se lee en el comunicado de prensa – recuerda la sangre de los mártires del continente americano, semillas de una nueva vida en la fe cristiana. El verde es el color de la vida y simboliza el crecimiento, la fertilidad, la juventud y la vitalidad. El verde es también el color de la esperanza, una de las tres virtudes teológicas. El blanco es un símbolo de alegría, el comienzo de una nueva vida en Cristo; el amarillo es el color de la luz; el azul es el color del agua de la vida que nos apaga y nos restaura en el camino de Dios; es el color de nuestro cielo, un signo de la morada de Dios con nosotros los hombres”.

 

 

San Francisco Javier: El Papa celebra con los jesuitas el 50 aniversario del Colegio del Gesù

Palabras del Papa Francisco en el encuentro

diciembre 04, 2018 18:39Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 4 dic. 2018).- En el 50 aniversario del Colegio Internacional del Gesù de Roma, celebrado el 3 de diciembre de 2018, en la fiesta de San Francisco Javier, el Papa Francisco recibió en audiencia a la Comunidad de dicho Colegio, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, según informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede

“Hacer memoria significa fundarse nuevamente en Jesús, en su vida”, les dijo el Pontífice jesuita; “significa reafirmar un claro ‘no’ a la tentación de vivir para uno mismo, para reafirmar que, como Jesús, existimos para el Padre”.

Así, les exhortó: “Dios os ha fundado como Jesuitas: este jubileo es un tiempo de gracia para hacer memoria y sentiros con la Iglesia, en una Compañía y en una pertenencia que tiene un nombre: Jesús”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/Gesu-1-413x275.jpg“Fundarse” y “crecer” son los 2 verbos que el Papa les ha indicado a la comunidad de jesuitas. Francisco recordó la frase de San Francisco Javier: “Os pido que en todas vuestras cosas, os fundéis totalmente en Dios”. De este modo, agregaba, “no habrá adversidad a la cual no se pueda estar preparado”, repitió el Papa. Y aconsejó a los jesuitas: “El corazón si no se expande, se atrofia. Si no crece, se marchita”.

En este contexto, el Santo Pade citó dos signos positivos del crecimiento, la libertad y la obediencia: “dos virtudes que avanzan si caminan juntas”, describió Francisco. La libertad es esencial –señaló– porque donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad”.

Asimismo, instó a los jesuitas del Colegio Internacional del Gesù a “rendir cuentas de la conciencia como método, como camino”. La libertad va con la obediencia, les enseñó el Papa: “como para Jesús, para nosotros también el alimento de la vida es hacer la voluntad del Padre”.

Por último, el Papa les habló de un tercer verbo: madurar. Les explicó: No se madura en las raíces y en el tronco, sino dando frutos, que “fecundan la tierra con nuevas semillas”. Aquí es donde entra en juego la misión –indicó el Pontífice– el ponerse cara a cara con las situaciones de hoy, el cuidar del mundo que Dios ama.

RD

A continuación publicamos el discurso que el Papa dirigió a los presentes en el encuentro:

***

Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos, buenos días

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/Gesu-2-413x275.jpgGracias por vuestra visita; me alegra. Vosotros recordáis el 50° Aniversario del Colegio del Gesù, abierto por iniciativa del Padre Arrupe en 1968. En el año cincuenta, el del jubileo, la Escritura dice que “cada uno regresará a sus tierras y sus familias” (Lev 25,10). ¡Pero ninguno tiene que hacer las maletas!. Todos, sin embargo, estáis llamados a regresar al lugar que os es propio, a desear” lo que es esencial y original” (San Pedro Favre, Memorial, 63), a revisitar  aquella familia en la cual Dios os ha regenerado, donde habéis profesado la pertenencia a Él. Dios os ha fundado como Jesuitas: este jubileo es un tiempo de gracia para hacer memoria y sentiros con la Iglesia, en una Compañía y en una pertenencia que tiene un nombre: Jesús. Hacer memoria significa fundarse nuevamente en Jesús, en su vida; significa reafirmar un claro “no” a la tentación de vivir para uno mismo; para reafirmar que, como Jesús, existimos para el Padre (cf. Jn 6, 57); que, como Jesús, debemos vivir para servir, no para ser servidos (cf. Mc 10, 45). Recordar es repetir con la inteligencia y la voluntad que la Pascua del Señor es suficiente para la vida del jesuita. No hace falta nada más. Será bueno retomarla segunda semana de los Ejercicios, para refundarse en la vida de Jesús, en camino hacia la Pascua. Porque formarse, es, ante todo, fundarse. Sobre esto me permito aconsejaros que volváis al Coloquio del servicio para ser como Jesús, para imitar a Jesús, que se vació a sí mismo, se aniquiló u obedeció hasta la muerte; el Coloquio que te lleva al momento de pedir persistentemente calumnias, persecuciones, humillaciones. ¡Este es el criterio, hermanos! Si alguien falla en esto,  que hable con su padre espiritual. Imitar a Jesús. Como Él, en ese camino que Pablo nos dice en Filipenses 2,7, y no tener miedo de pedir porque es una bienaventuranza: “Bienaventurados seréis cuando digan cosas malas de vosotros, os calumnien, os persigan…”.Este es vuestro camino. Si no conseguís a hacer ese Coloquio con el corazón y dar toda la vida, convencidos y a pedir esto, no estaréis bien enraizados.

Fundarse, es el primer verbo que quisiera dejaros. Lo escribía San Francisco Javier, a quien hoy festejamos: “Os pido que en todas vuestras cosas, os fundéis totalmente en Dios” (Carta 90 de Kagoshima). De este modo, agregaba, no habrá adversidad a la cual no se pueda estar preparado. Vosotros vivís en la casa donde San Ignacio vivió, escribió las Constituciones y envió a los primeros compañeros en misión por el mundo. Os fundáis en los orígenes. Es la gracia de estos años romanos: la gracia del fundamento, la gracia de los orígenes. Y vosotros sois un vivero que trae el mundo a Roma y lleva Roma al mundo, la Compañía en el corazón de la Iglesia y la Iglesia en el corazón de la Compañía.

El segundo verbo es crecer. En estos años estáis llamados a crecer, hundiendo las raíces. La planta crece desde las raíces, que no se ven pero que sostienen todo. Y deja de dar fruto no cuando tiene pocas ramas, sino cuando se secan sus raíces. Tener raíces es tener un corazón bien insertado, que en Dios es capaz de dilatarse. A Dios, semper maior, se responde con el magis de la vida, con entusiasmo claro y ardiente, con el fuego que arde por dentro, con esa tensión positiva, siempre creciente, que dice ‘no’ a todo acomodamiento. Es el ‘ay de mí si no anuncio el Evangelio’ del Apóstol Pablo, es el ‘no me detuve ni un momento’ de San Francisco Javier, es lo que impulsó a San Alberto Hurtado a ser una flecha puntiaguda en los miembros dormidos de la Iglesia. El corazón si no se expande, se atrofia. Si no crece, se marchita.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/Gesu-5-413x275.jpgNo hay crecimiento sin crisis, -no tengáis miedo de las crisis- así como no hay fruto sin poda ni victoria sin lucha. Crecer, echar raíces significa luchar sin tregua contra toda mundanidad espiritual, que es el peor mal que nos puede pasar, como decía el Padre de Lubac. Si la mundanidad afecta a las raíces, adiós frutos y adiós plantas. Y para mí, este es el peligro más fuerte en este tiempo: la mundanidad espiritual, que te lleva al clericalismo y de ahí a más. Si, en cambio, el crecimiento es un constante actuar contra el propio ego  habrá mucho fruto. Y mientras el espíritu enemigo no se rendirá en el tentaros a buscar vuestras ‘consolaciones’, insinuando que se vive mejor si se tiene lo que se quiere, el Espíritu amigo os animará suavemente en el bien,  a crecer en una docilidad humilde, yendo adelante, sin rasgones y sin insatisfacción, con esa serenidad que sólo viene de Dios. Alguno que tenga malos pensamientos podría decir: “¡Pero esto es pelagianismo!”. No, esto es confrontación con el Cristo Crucificado, con el que tú harás el coloquio, ese citado más arriba, porque solamente con la gracia del Señor se puede recorrer este camino.

Quisiera citar dos signos positivos del crecimiento, la libertad y la obediencia: dos virtudes que avanzan si caminan juntas. La libertad es esencial, porque donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” (2 Cor. 3,17). El Espíritu de Dios habla libremente a cada uno a través de sentimientos y pensamientos; no puede ser encerrado en esquemas, sino que debe ser acogido con el corazón, en el camino, como hijos libres, no como siervos. Os deseo que seáis hijos libres que, unidos en su diversidad, luchan cada día por conquistar la libertad más grande: la de sí mismos. La oración os será de gran ayuda, la oración que nunca debe ser descuidada: es la herencia que el Padre Arrupe nos dejó al final. El “canto del cisne” del Padre Arrupe. Leed ese llamado, esa conferencia que dio a los jesuitas en el campo de refugiados de Tailandia. Luego tomó el avión y aterrizó en Roma, donde tuvo el derrame cerebral. Y la libertad va con la obediencia: como para Jesús, para nosotros también el alimento de la vida es hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4, 34) y de los padres que la Iglesia da. Libres y obedientes, siguiendo el ejemplo de San Ignacio, cuando esperaba tanto tiempo en Villa d’Este y, humilde y decidido al mismo tiempo, en completa libertad presentaba al Papa la obediencia total de la Compañía, en una Iglesia que ciertamente no brillaba por las costumbres evangélicas. Allí está instantánea del jesuita adulto, crecido. La libertad y la obediencia dan vida a esa manera creativa de actuar con el Superior. Una vez le dije a un grupo de jesuitas que se estaban preparando, creo, para convertirse en superiores, que el General de la Compañía era un pastor de “un rebaño de sapos”, porque la libertad del jesuita, con la iniciativa, lleva a muchas iniciativas y el pobre Superior debe ir de un lado a otro… ¡Hacer la unidad no con ovejas mansas, sino con sapos! Y esto es cierto, es importante. ¿Pero dónde está la garantía de este vínculo con el Superior, de esta unidad? En el rendir cuentas de la conciencia. Por favor, nunca lo dejéis porque es lo que garantiza la posibilidad del Superior de apoyar al “rebaño de sapos”, de llevarlo a una armonía diferente, porque te conoce y mañana será tú el que reciba las cuentas de conciencia de él porque todos somos hermanos que se conocen bien. Libertad, obediencia, rendir cuentas de la conciencia como método, como camino.

Fundarse, crecer y, en fin, madurar. Es el tercer verbo, no se madura en las raíces y en el tronco, sino dando  frutos, que fecundan la tierra con nuevas semillas. Aquí es donde entra en juego la misión, el ponerse cara a cara con las situaciones de hoy, el cuidar del mundo que Dios ama. San Pablo VI decía: ‘Dondequiera que en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles y de punta, en la encrucijada de las ideologías, en las trincheras sociales, haya habido y haya una confrontación entre las necesidades ardientes del hombre y el mensaje perenne del Evangelio, ahí ha habido y hay jesuitas’. (Discurso https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/12/Gesu-4-413x275.jpg

durante la  XXXII Congregación general de la Compañía de Jesús 3 diciembre 1974). Estas palabras están en el mensaje que yo creo haya sido, quizás, el más profundo de un Papa a la Compañía. En los cruces más intrincados, en las tierras fronterizas, en los desiertos de la humanidad: aquí está llamado a estar el jesuita. Se puede encontrar como un cordero en medio de los lobos, pero no debe luchar contra los lobos, sólo debe permanecer como cordero. Así el Pastor lo alcanzará allí, donde está su cordero”. (Cfr. S. Juan Crisóstomo, Homilía XXXIII sobre el evangelio de Mateo).

Contribuyen a esta misión la pasión y la disciplina en los estudios Y siempre os hará bien aunar el ministerio de la Palabra con el  ministerio de la consolación. Allí, tocáis la carne que la Palabra ha asumido: acariciando a los miembros sufrientes de Cristo, aumentáis  la familiaridad con la Palabra encarnada. El sufrimiento que veis no os espante. Llevadlo ante al Crucificado. Se llevan allí y a la Eucaristía, donde se obtiene el amor paciente, que sabe abrazar a los crucificados de todos los tiempos. Así madura también la paciencia, como la esperanza, porque son gemelas: crecen juntas. No tengáis miedo de llorar en contacto con situaciones difíciles: son gotas que irrigan la vida, la hacen dócil. Las lágrimas de compasión purifican el corazón y los afectos.

Mirándoos, veo una comunidad internacional, llamada a crecer y madurar junta. El Colegio del Gesù es y debe ser un campo de entrenamiento activo en el arte de vivir, incluyendo al otro. No se trata sólo de comprenderse y quererse, tal vez a veces de soportarse, sino de llevar los unos los pesos de los otros (cfr. Gal 6,2). Y no sólo los pesos de las debilidades mutuas, sino también los de las diferentes historias, culturas y recuerdos de los pueblos. Os hará mucho bien compartir y descubrir las alegrías y los problemas reales del mundo a través de la presencia del hermano que está a vuestro lado; abrazad en él no solo lo que interesa o fascina, sino también la angustia y las esperanzas de una Iglesia y de un pueblo: ampliar los confines, cambiando el horizonte cada vez, siempre un poco más lejos. La bendición que os doy pueda también llegar a vuestros países y ayudaros a fundaros, crecer y madurar para la mayor gloria de Dios. Os doy las gracias y os pido que recéis por mí. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

UN MESÍAS MISERICORDIOSO

— Acudir siempre a la misericordia del Señor. Meditar su vida para aprender a ser misericordiosos con los demás.

— El Señor es especialmente compasivo y misericordioso con los pecadores que se arrepienten. Acudir al sacramento de la misericordia. Nuestro comportamiento con los demás.

— Las obras de misericordia.

I. Acudió a él mucha gente, llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros, leemos en el Evangelio de la Misa de hoy; los echaban a sus pies y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos...

Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Me da lástima de la gente1. Esta es la razón que tantas veces mueve el corazón del Señor. Llevado por su misericordia hará a continuación el espléndido milagro de la multiplicación de los panes.

La liturgia nos hace considerar este pasaje del Evangelio durante el tiempo de Adviento porque la abundancia de bienes y la misericordia sin límites serían señales de la llegada del Mesías.

Me da lástima de la gente. Este es el gran motivo para darse a los demás: ser compasivos y tener misericordia.

Y para aprender a ser misericordiosos debemos fijarnos en Jesús, que viene a salvar lo que estaba perdido; no viene a terminar de romper la caña cascada ni a apagar del todo la mecha que aún humea2, sino a cargar con nuestras miserias para salvarnos de ellas, a compadecerse de los que sufren y de los necesitados. Cada página del Evangelio es una muestra de la misericordia divina.

Debemos meditar la vida de Jesús porque «Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la misericordia divina (...). Nos han quedado muy grabadas también, entre muchas otras escenas del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del hijo de la viuda de Naím. ¡Cuántas razones de justicia para explicar este gran prodigio! Ha muerto el hijo único de aquella pobre viuda, el que daba sentido a su vida, el que podía ayudarla en su vejez. Pero Cristo no obra el milagro por justicia; lo hace por compasión, porque interiormente se conmueve ante el dolor humano»3. ¡Jesús que se conmueve ante nuestro dolor!

La misericordia de Dios es la esencia de toda la historia de la salvación, el porqué de todos los hechos salvíficos.

Dios es misericordioso, y ese divino atributo es como el motor que guía y mueve la historia de cada hombre. Cuando los Apóstoles quieren resumir la Revelación, aparece siempre la misericordia como la esencia de un plan eterno y gratuito, generosamente preparado por Dios. Con razón puede el Salmista asegurar que de la misericordia del Señor está llena la tierra4. La misericordia es la actitud constante de Dios hacia el hombre. Y el recurso a ella es el remedio universal para todos nuestros males, también para aquellos que creíamos que ya no tenían remedio.

Meditar en la misericordia del Señor nos ha de dar una gran confianza ahora y en la hora de nuestra muerte, como rezamos en el Avemaría. Qué alegría poderle decir al Señor, con San Agustín: «¡Toda mi esperanza estriba solo en tu gran misericordia!»5. Solo en eso, Señor. En tu misericordia se apoya toda mi esperanza. No en mis méritos, sino en tu misericordia.

II. De forma especial, el Señor muestra su misericordia con los pecadores: les perdona sus pecados. Con frecuencia, los fariseos le criticaban por esto, pero Él los rechaza diciendo que no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos6.

Nosotros, que estamos enfermos, que somos pecadores, necesitamos recurrir muchas veces a la misericordia divina: Muéstranos, Señor, tu misericordia. Y danos tu salvación7, repite continuamente la Iglesia en este tiempo litúrgico.

En tantas ocasiones, cada día, tendremos que acudir al Corazón misericordioso de Jesús y decirle: Señor, si quieres, puedes limpiarme8. Especialmente en estas circunstancias, «el conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo ven así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a Él»9. Verdaderamente, podemos exclamar también nosotros: ¡Qué grande es la misericordia del Señor y su piedad para los que se vuelven a Él!10. ¡Qué grande es la misericordia divina para cada uno de nosotros!

Esto nos impulsa a volver muchas veces al Señor, mediante el arrepentimiento de nuestras faltas y pecados, especialmente en el sacramento de la misericordia divina, que es la Confesión.

Pero el Señor ha puesto una condición para obtener de Él compasión y misericordia por nuestros males y flaquezas: que también nosotros tengamos un corazón grande para quienes nos rodean. En la parábola del buen samaritano11 nos enseña el Señor cuál debe ser nuestra actitud ante el prójimo que sufre. No nos está permitido «pasar de largo» con indiferencia, sino que debemos «pararnos» junto a él. «Buen samaritano es todo hombre que se para junto al sufrimiento de otro hombre, de cualquier género que ese sea. Esta parada no significa curiosidad, sino más bien disponibilidad. Es una determinada disposición interior del corazón, que tiene también su expresión emotiva. Buen samaritano es todo hombre sensible al sufrimiento ajeno, el hombre que se conmueve ante la desgracia del prójimo.

»Si Cristo, conocedor del interior del hombre, subraya esta conmoción, quiere decir que es importante para toda nuestra actitud frente al sufrimiento ajeno. Por lo tanto, es necesario cultivar en uno mismo esta sensibilidad del corazón hacia el que sufre. A veces esta compasión es la única o la principal manifestación de nuestro amor y de nuestra solidaridad hacia el hombre que sufre»12.

¿No tendremos en el propio hogar, en la oficina o en la fábrica, a esa persona herida, física o moralmente, que requiere, con urgencia quizá, nuestra disponibilidad, nuestro afecto y nuestros cuidados?

III. Existe en toda la Sagrada Escritura una urgencia por parte de Dios para que el hombre tenga también sentimientos de misericordia, esa «compasión de la miseria ajena, que nos mueve a remediarla, si es posible»13. Nos promete el Señor que seremos dichosos si tenemos un corazón misericordioso para con los demás, y que alcanzaremos misericordia de parte de Dios.

El campo de la misericordia es tan grande como el de la miseria humana que se trata de remediar. Y el hombre puede padecer miseria y calamidades en el orden físico, intelectual y moral... Por eso, las obras de misericordia son innumerables –tantas como necesidades tiene el hombre–, aunque tradicionalmente, por vía de ejemplo, se han señalado catorce obras de misericordia, en las que esta virtud se manifiesta de modo especial.

Nuestra actitud compasiva y misericordiosa ha de ser, en primer lugar, con quienes habitualmente tenemos un mayor trato –la familia, los amigos–, con quienes Dios ha puesto a nuestro lado y con aquellos que se encuentran más necesitados.

Muchas veces la misericordia consistirá en preocuparnos por la salud, por el descanso, por el alimento de los que Dios nos encomienda. Los enfermos merecen una atención especial: compañía, interés verdadero por su enfermedad, enseñarles y ayudarles a que ofrezcan a Dios su dolor... En una sociedad deshumanizada por los frecuentes ataques a la familia, es cada vez mayor el número de enfermos y ancianos abandonados, sin consuelo y sin cariño. Visitar a estas personas en su soledad es una obra de misericordia cada vez más necesaria. Dios premia de una manera especial estos ratos de compañía: lo que por uno de estos hicisteis, por Mí lo hicisteis14, nos dice el Señor.

También debemos practicar, junto a las llamadas obras materiales de misericordia, las espirituales. En primer lugar corregir al que yerra, con la advertencia oportuna, con caridad, sin que se ofenda; enseñar al que no sabe, especialmente en lo que se refiere a la ignorancia religiosa, el gran enemigo de Dios, que aumenta de día en día en proporciones alarmantes: la catequesis ha pasado en la actualidad a ser una obra de misericordia de primerísima importancia y urgencia; aconsejar al que duda, con honradez y rectitud de intención, ayudándole en su camino hacia Dios; consolar al afligido, compartiendo su dolor, animándole para que recupere la alegría y entienda el sentido sobrenatural de esa pena que sufre; perdonar al que nos ofende, con prontitud, sin darle demasiada importancia a la ofensa, y cuantas veces sea necesario; socorrer al que necesita ayuda, prestando ese servicio con generosidad y alegría; finalmente, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos, sintiéndonos especialmente ligados por la Comunión de los Santos a esas personas con las que estamos más obligados por razones de parentesco, amistad, etcétera.

Nuestra actitud de misericordia hacia los demás se ha de extender a otras muchas manifestaciones de la vida, pues «nada puede hacerte tan imitador de Cristo –dice San Juan Crisóstomo– como la preocupación por los demás. Aunque ayunes, aunque duermas en el suelo, aunque, por así decir, te mates, si no te preocupas del prójimo, poca cosa hiciste, aún distas mucho de Su imagen»15.

Así obtendremos de Dios misericordia para nuestra vida, y quizá la merezcamos también para los demás, ese abismo de misericordia que se extiende de generación en generación16, según profetizó nuestra Señora a su prima Santa Isabel.

Pidamos la misericordia divina para nosotros mismos, ¡que tanto la necesitamos!, y para nuestra generación, a través de Santa María, Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Ante la próxima fiesta de la Inmaculada nuestro confiado recurso a la Virgen se hace, si cabe, más continuo y enamorado.

1 Mt 5, 7. 2 Lc 19, 10; Is 41, 9. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 7. 4 Sal 33, 5.— 5 San Agustín, Confesiones, 10. — 6 Mt 9, 12. 7 Sal 84, 8. — 8 Mt 8, 2. — 9 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 13. — 10 Eccl 17, 28. 11 Lc 10, 30 ss. — 12 Juan Pablo II, Carta Apost. Salvifici doloris, 28. 13 San Agustín, La ciudad de Dios, 9, 5. — 14 Mt 25, 40. — 15 San Juan Crisóstomo, Coment. a la 1ª epístola a los Corintios. — 16 Lc 1, 50.

 

 

“El Señor nos socorre y nos levanta”

Tú no puedes tratar con falta de misericordia a nadie: y, si te parece que una persona no es digna de esa misericordia, has de pensar que tú tampoco mereces nada. No mereces haber sido creado, ni ser cristiano, ni ser hijo de Dios, ni pertenecer a tu familia... (Forja, 145)

Nos han quedado muy grabadas también, entre otras muchas escenas del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del hijo de la viuda de Naím. ¡Cuántas razones de justicia para explicar este gran prodigio! Ha muerto el hijo único de aquella pobre viuda, el que daba sentido a su vida, el que podía ayudarle en su vejez. Pero Cristo no obra el milagro por justicia; lo hace por compasión, porque interiormente se conmueve ante el dolor humano.
¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor! Clamará a mí y yo le oiré, porque soy misericordioso. Es una invitación, una promesa que no dejará de cumplir. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos la misericordia y el auxilio de la gracia en el tiempo oportuno. Los enemigos de nuestra santificación nada podrán, porque esa misericordia de Dios nos previene; y si ‑por nuestra culpa y nuestra debilidad‑ caemos, el Señor nos socorre y nos levanta. Habías aprendido a evitar la negligencia, a alejar de ti la arrogancia, a adquirir la piedad, a no ser prisionero de las cuestiones mundanas, a no preferir lo caduco a lo eterno. Pero, como la debilidad humana no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el buen médico te ha indicado también remedios contra la desorientación, y el juez misericordioso no te ha negado la esperanza del perdón. (Es Cristo que pasa, 7)

 

Una novena ‘last minute’ en la sala preoperatoria

Rey Plata vive en Marikina City, en Filipinas. Cuando a su mujer le diagnosticaron un cáncer en el riñón, las visitas al hospital se hicieron frecuentes. Él acudió a la intercesión de Tomás y Paquita Alvira.

Relatos y favores03/12/2018

Opus Dei - Una novena ‘last minute’ en la sala preoperatoriaSosie y su marido Rey acudieron al matrimonio Alvira antes de la operación.

En marzo de 2018, mi esposa, Sosie, visitó a su gastroenterólogo, quejándose de reflujo ácido recurrente. Una tomografía computarizada de su abdomen no mostró nada notable, pero reveló una anomalía en el riñón derecho que necesitaba atención inmediata.

Anteriormente, en 2017, Sosie se había sometido a tres procedimientos de litotricia extracorpórea por ondas de choque (ESWL, por sus siglas en inglés) para eliminar un cálculo de calcio que tenía en el riñón derecho. Sin embargo, el bloqueo se mantuvo. En octubre de ese año, el urólogo realizó una cistoscopia para extraer algunas partículas sólidas.

El riñón funcionaba al 11%

El miércoles 2 de mayo a primera hora de la mañana, Sosie estaba de nuevo en la sala de operaciones para otra cistoscopia. Me dijeron que estaría de vuelta en su habitación al mediodía. A las 7:30 el doctor me llamó para decirme que tenía que abortar el procedimiento. La obstrucción ureteral era tan sólida que el instrumento de cistoscopia no podía romperla.

ALGO QUE NO IBA BIEN EN EL RIÑÓN DERECHO DE SOSIE

El urólogo estaba seguro de que no quedaba ningún rastro del cálculo de calcio. Pero en marzo el escáner mostró una obstrucción. Sospechaba que había algo que no iba bien en el riñón derecho de Sosie. Las pruebas mostraron que su función había bajado al 11%, sólo un uno por ciento por encima de lo que se considera insuficiencia renal.

Rey y Sosie.Rey y Sosie.

Para extirpar esa sección bloqueada del uréter haría que hacer una cirujía, explicó el médico. Primero, se enviaría una muestra para realizar una biopsia a fin de detectar un posible cáncer. Si se encontrase un cáncer maligno, procedería a extirpar esa parte del uréter y, posiblemente, el riñón derecho de Sosie.

La prueba de función renal realizada al día siguiente mostró un resultado por debajo del 10,4%. Se reveló así otro escenario, el de extirpar el riñón derecho debilitado de Sosie, hubiera o no cáncer, ya que hacerlo más tarde en la vida sería complicado.

Por la intercesión del matrimonio Alvira

Después de una evaluación seria, mucha reflexión y oraciones, Sosie y yo dimos nuestro consentimiento. Me pidieron que firmara una serie de exenciones, incluyendo una para una posible transfusión de sangre en caso de que hubiera una pérdida masiva de sangre por la extirpación quirúrgica del riñón derecho. Sosie estaba muy preocupada por la transfusión de sangre y se dio cuenta de la gravedad de la situación.

Sosie da una sesión sobre la vida de familia, un mes y medio antes de su ingreso en el hospital.Sosie da una sesión sobre la vida de familia, un mes y medio antes de su ingreso en el hospital.

Por todo ello, recé y dejé todo en manos de Dios, por intercesión de la Virgen, de san José, del beato Álvaro del Portillo y de san Josemaría Escrivá. De la misma manera, Sosie rezó y pidió a otras personas que lo hicieran. Me insinuó que una de sus peticiones era que tuviera la fuerza para aceptar el resultado, fuera cual fuera.

La operación estaba programada para el sábado 5 de mayo a las 10:00. El sábado por la mañana hubo un retraso.

Sentado junto a Sosie antes de entrar a quirófano, la observé rezando una novena last minute, recitando nueve veces la estampa con la oración de Tomás y Paquita Alvira. Debo admitir que sólo había rezado al matrimonio Alvira una o dos veces antes, ya que no sabía mucho sobre ellos.

Antes de su hospitalización, Sosie decidió confiar específicamente al matrimonio Alvira su curación

Sosie me dijo que unos días antes de su hospitalización, decidió confiar específicamente al matrimonio Alvira su curación. Había estado rezando dos o tres novenas al día, pidiéndoles que intercedieran por sus intenciones. Aprovechó el retraso de ese sábado por la mañana para rezar otra vez. Su hermana Angie le aseguró que ella también rezaría a los Alvira, y que ella había pedido a sus amigos que hicieran lo mismo.

Eran las 11 de la mañana cuando Sosie fue llevada a la sala de operaciones. El doctor dijo que la operación sería larga y que todo terminaría al final de la tarde.

Una oración del médico

Estaba solo esperando en la habitación del hospital cuando sonó el teléfono. Mi corazón dio un salto. Eran las 12:20, menos de una hora y media después de que comenzara la operación. Era el doctor, pidiendo verme.

Calmando mis nervios lo mejor que pude, me apresuré a bajar a la sección de operaciones para encontrarme con él. El médico, que aún llevaba su sombrero y su máscara quirúrgica, dio la noticia: “Sr. Plata, anoche recé y pedí a toda la familia que rezara por mí, porque estaba en un dilema. Tuve dudas sobre la extirpación del riñón. Decidí no intervenir”.

Esperé con la respiración contenida que terminara. ¿Qué podría significar esto? ¿Otro aplazamiento? ¿Cuál era la condición de Sosie? ¿Qué gasto adicional supondría?

“Señor Plata”, continuó el médico, “anoche decidí que repetiría el procedimiento de cistoscopia que había fallado (tres días antes) el 2 de mayo. Eso es lo que hice esta mañana. ¿Y sabe qué? ¡Lo logré! ¡No tuve que intervenir! El estent pasó limpiamente por el uréter y llegó hasta el riñón; no encontré ningún bloqueo, ninguna piedra, ningún tumor, ninguna masa”.

En familia, agradeciendo el favor aún en el hospital.En familia, agradeciendo el favor aún en el hospital.

Durante varios segundos, todo lo que pude hacer fue mirarlo fijamente. No podía creerlo. Entonces le repetí lo que me pareció oírle decir, y él lo confirmó: “¡Opo! (¡Sí, señor!) ¡Vale, gracias por venir aquí! ¡Es sólo que estaba tan contento que quería informarle inmediatamente! Puede volver a su habitación y descansar. Sosie estará allí cuando se recupere de la anestesia general”.

El médico agregó que era optimista en cuanto a que la función del riñón derecho de Sosie mejoraría con el tiempo, ahora que ya no había más obstrucciones que causaran una acumulación de presión. Tomó una muestra de tejido y la envió para una biopsia.

Una traducción como agradecimiento por el favor

A la mañana siguiente, el médico visitó a Sosie en su habitación. Dijo que la cadena de eventos era inexplicable. Por eso, estaba dispuesto a presentar pruebas documentales para apoyar la canonización del matrimonio Alvira.

Sosie, a través de los Alvira, había pedido sólo dos cosas: 1) Que no fuera cáncer; y 2) Que no fuera necesaria una transfusión de sangre. Una semana después, después de continuar con las novenas al matrimonio Alvira, llegó el resultado de la biopsia: Tejido fibromuscular benigno. Las dos peticiones de Sosie habían sido aceptadas, ¡y mucho más!

Sosie y yo consideramos nuestro deber compartir con el mundo este favor especial que nos ha sido concedido por la intercesión de Tomás y Paquita. Como agradecimiento, hice una traducción de la estampa de la oración del matrimonio Alvira en tagalo para que más gente pueda aprender sobre ellos. Ahora lo publico aquí.


Clic aquí para enviar el relato de un favor recibido.

También puede comunicar la gracia que se le ha concedido mediante correo postal a la Oficina de las causas de los santos de la prelatura del Opus Dei (Calle Diego de León, 14, 28006 Madrid, España) o a través del correo electrónico ocs.es@opusdei.org.

Clic aquí para hacer un donativo.

En alternativa puede enviar una aportación por transferencia a la cuenta bancaria de la Asociación de Cooperadores del Opus Dei con IBAN número ES53 2100 1547 7502 0024 4065 y BIC, CAIXESBBXXX en La Caixa (agencia urbana de la calle Cartagena, 4, 28028 Madrid, España).

 

 

Una placa de san Josemaría en el lugar donde “vivió, se formó y se ordenó”

Ayer tuvo lugar, en lo que fue el seminario de san Francisco de Paula (Zaragoza), la bendición de una placa conmemorativa que recuerda que allí el fundador del Opus Dei “vivió, se formó y se ordenó”.

Noticias02/12/2018

Opus Dei - Una placa de san Josemaría en el lugar donde “vivió, se formó y se ordenó”

En el actual inmueble de la casa sacerdotal de san Carlos, en Zaragoza, tuvo su sede el antiguo seminario de san Francisco de Paula, desde su fundación en 1886 hasta su extinción en 1951. Allí, el 28 de septiembre de 1920, ingresaría el joven seminarista Josemaría Escrivá de Balaguer, proveniente del Seminario de Logroño, y allí permanecería hasta su ordenación sacerdotal.

Para recordar su estancia en ese seminario, la dirección de la actual casa sacerdotal ha querido colocar una placa conmemorativa que recuerda que el fundador del Opus Dei “vivió, se formó y se ordenó” en ese lugar.

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/image/opus-dei-8b786a166c8bbc2f390b61e2efc06374.jpg

La ceremonia de bendición ha tenido lugar este sábado día 1 de diciembre, poco después de las 11 de la mañana. Tras la bendición de la placa se ha celebrado la santa Misa en la iglesia de san Carlos, presidida por don Carlos Palomero, director de la residencia sacerdotal, y en la que ha concelebrado el actual vicario de la Delegación en Zaragoza, don Pablo Lacorte.

San Josemaría y el Seminario de san Carlos Borromeo

En los casi cinco años de su permanencia en el Seminario de san Francisco de Paula[1], Josemaría Escrivá recibió todas las Ordenes Sagradas: el Ostiariado y Lectorado primero; el Exorcistado y el Acolitado; el Subdiaconado (concluido el quinto curso de Teología) y el diaconado, estos últimos en la propia iglesia del Real Seminario. Consta que ejerció el diaconado, por lo menos, ayudando al preste en una Bendición solemne con el Santísimo Sacramento, y dando la Santa Comunión a su madre en la iglesia de San Carlos: éstas fueron las primeras ocasiones en que to­có con sus manos el Santísimo Sacramento. Finalmente, el 28 de marzo de 1925, recibió en ese mismo lugar el Presbiterado de manos de Mons. Miguel de los Santos Díaz Gómara, Presidente entonces de ese Real Seminario Sacerdotal.

Además de los cuatro cursos de Teología en la Universidad Pontificia de Zaragoza, durante esos años, y con autorización de sus superiores eclesiásticos, Josemaría Escrivá inició la carrera de Derecho en la Universidad civil de Zaragoza –se dedicó intensamente a estos estudios, durante las épocas de verano, cuando terminaban los cursos escolares del Seminario–. Pero más allá del curso normal de esos acontecimientos –que el joven seminarista vivió en general como tantos de sus compañeros–, los años que pasó san Josemaría viviendo en san Carlos fueron muy importantes tanto para la firmeza de su vocación sacerdotal como para adquirir una fe inquebrantable. De esa actitud interior y de su honda maduración espiritual durante aquellos años se valdría el Señor para poder contar con él como instrumento adecuado para la fundación del Opus Dei.

Forjador de futuros sacerdotes

Al entonces Rector del Seminario, don José López Sierra, le impresionaron desde el principio la sencillez y la sonrisa amable de aquel joven seminarista. Josemaría tenía una piedad intensa y recia, alegre y atractiva. Poseía además un fino sentido del humor y una serenidad y visión positiva de los sucesos, que ponían de manifiesto su intenso trato con Dios. No fue tan extraño, por ello, que los tres últimos años de su estancia en el Seminario –tras la Tonsura conferida por el cardenal Soldevila– fuera nombrado Inspector Primero del Seminario, labor que desempeñó con gran solicitud y caridad hacia los seminaristas que le habían confiado.

En efecto, don José lo consideraba –según afirmaba por escrito– un forjador de futuros sacerdotes: «su mera presencia, siempre atrayente y simpática, contenía a los más indisciplinados; una sencilla sonrisa, acogedora, asomaba por sus labios cuando observaba en sus seminaristas algún acto edificante; una mirada discreta, penetrante, triste a veces, y muy compasiva, reprimía a los más díscolos»[2]. De este modo, Dios depositó por entonces algo que ya quedaría en el corazón de san Josemaría para siempre: una fuerte inquietud de velar por la formación humana y espiritual de los seminaristas y de los sacerdotes, con el único deseo de que se parecieran más a Cristo.

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/image/opus-dei-bbcf4f360e0203959cf077e4f3c44ddd.jpg

Al mismo tiempo, Josemaría notaba cómo esa carga gozosa suponía un enorme desafío para un seminarista tan joven como él. Eso, lejos de ser un problema, le llevó precisamente a acudir con más asiduidad al Sagrario y a cuidar vida de oración y de piedad. Un día halló un trozo de cartón, polvoriento y abandonado, en el que, con letras doradas sobre fondo rojo, se leían aquellas tres palabras del cántico de San Pablo a la caridad: “Caritas omnia suffert”. Ese era también el emblema que los seminaristas llevaban en la beca: un sol con rasgos y en el centro la palabra Caritas. El cartoncillo, que tenía visible en su despacho de Inspector, le servía para recordarle que sólo Dios podría darle –y le daría sin duda– esa caridad que tanto añoraba.

Caritas omnia suffert…

Josemaría Escrivá pasaba muchas horas ante el Señor Sacramentado haciendo oración, resguardado por la celosía, en la tribuna de la derecha en la parte superior del presbiterio de la igle­sia de San Carlos. En aquellas vigilias pedía fuerza en la lucha ascética, luces en su tarea de gobierno y prontitud en su correspondencia a la gracia. Hasta los pormenores de las anotaciones que hacía sobre los progresos de los seminaristas le servían de diálogo con el Señor. Otros condiscípulos admiraban su oración intensa, el recogimiento, la concentración durante la meditación diaria, en el Seminario y fuera del Seminario. Comulgaba con muchísima devoción, pero sin hacer nada raro.

Fue tiempo de intensa petición para descubrir la Vo­luntad divina, para entender exactamente lo que el Señor le pedía; supli­caba a Dios, por intercesión de la Virgen Santísima, que le diera las luces y la fuerza necesarias para responder con generosidad, sirviéndole en lo que Él quisiera, como Él quisiera y cuando Él quisiera. “Domine, ut videam!”, le gustaba paladear frecuentemente sirviéndose de las palabras y la actitud humilde del ciego Bartimeo.

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/image/opus-dei-63b69c7b06eccec96dcd37f74599ebb1.jpg

Tal fue la intensidad de su petición por entonces, que Zaragoza le evocaría siempre aquellas largas horas de oración, aquellas visitas diarias a la Virgen del Pilar y aquellas noches en vela junto al Sagrario, enraizando su alma en la Eucaristía y disponiéndose para ser instrumento fiel en las manos de Dios para todo lo que Dios le iba a pedir y que aún no conocía. Su súplica podría resumirse en aquella otra jaculatoria –esta vez inventada por él mismo– que tanto le repitió en esos años dirigiéndola a la Virgen del Pilar: Domina, ut sit!; Señora, que sea!

… omnia sustinet

La caridad todo lo soporta” (1 Cor. 13,7), termina el himno paulino. Pues bien, si todo el himno a la caridad podría aplicarse al futuro santo, Josemaría recibió como gracia especial durante esos años una enorme capacidad de soportar, sostener y cuidar –entonces y ya para el futuro– a las personas que convivieron con él durante esos años y las que poco a poco se irían formando en torno a él durante toda su vida, como hijos suyos espirituales.

<br>

Las lógicas dificultades de un muchacho tan joven que en cuestión de pocos años pasó de vivir dependiente y cuidado por el abrigo de una familia tan cristiana como fue la suya, a tener que valerse por sí sólo, sacando adelante una vocación y una llamada cubierta con las brumas de las incertidumbres humanas, no le arredraron. Más bien al contrario, aquellos años de san Carlos le hicieron comprender que las cargas que el Señor iba poniendo sobre sus hombros, Él mismo las sacaría adelante. En ese sentido llama la atención cómo, ante el fallecimiento de su padre ocurrido durante su estancia en el seminario –el 27 de noviembre de 1924–, Josemaría aceptó con enorme fortaleza y serenidad la responsabilidad de atender y cuidar de su madre y sus dos hermanos. Para él, antes que nada, suponía de nuevo una nueva oportunidad para fiarse de Dios y comprender que Dios se fiaba de él: Dios –la caridad– soportará.

Esos son los motivos que hacen tan oportuna esa placa que es mucho más que un simple recordatorio de un hecho histórico. Antes que nada, para todos los sacerdotes que viven y se forman en san Carlos, será un motivo para acudir más y más al Corazón de Cristo, encendido de amor de predilección por el sacerdocio. Durante su estancia en el seminario de san Carlos, el corazón de san Josemaría se dejó inundar de ese mismo divino amor, y sigue sufriendo y sosteniendo (omnia suffert, omnia sustinet) de sus hermanos sacerdotes.


[1] La información sobre la estancia de san Josemaría Escrivá de Balaguer en el Seminario de san Carlos Borromeo puede consultarse especialmente HERRANDO PRAT DE LA RIBA, R., Los años de seminario de Josemaría Escrivá en Zaragoza (1920-1925), Rialp, Madrid 2002.

[2] Carta del Rev. D. José López Sierra, Rector del Seminario de San Francisco (26.I.1948)

 

Tiempo ordinario: el domingo, día del Señor y alegría de los cristianos

"¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo!". Este consejo de san Juan Pablo II se refiere principalmente al domingo, día de descanso en familia y día de adoración a Dios. Nuevo editorial de la serie sobre el año litúrgico.

Año Litúrgico16/01/2016

Opus Dei - Tiempo ordinario: el domingo, día del Señor y alegría de los cristianos

El domingo es un día especial de la semana. Nos saca de la rutina de las jornadas, que a veces nos pueden resultar tan parecidas. Durante el domingo podemos realizar actividades muy diversas. Sin embargo, hay algo decisivo en este día, que es un don del Señor, para poder tratarle, para celebrar con Él su resurrección, el acontecimiento que nos ha introducido en una vida nueva. San Juan Pablo II nos invitó a redescubrir el domingo como un tiempo especial para Dios: «¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo! Sí, abramos nuestro tiempo a Cristo para que él lo pueda iluminar y dirigir. Él es quien conoce el secreto del tiempo y el secreto de la eternidad, y nos entrega “su día” como un don siempre nuevo de su amor»[1].

Todos los domingos vamos a Misa, porque es precisamente el día de la resurrección del Señor.

Con razón se puede llamar a esta jornada la «pascua de la semana»[2]: su celebración da relieve a los seis días restantes. El domingo es «el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico»[3]; de ahí la insistencia de los Romanos Pontífices en cuidar su celebración: «todos los domingos vamos a Misa, porque es precisamente el día de la resurrección del Señor. Por ello el domingo es tan importante para nosotros»[4].

Santificado por la Eucaristía

Desde el inicio del cristianismo, el domingo reviste un significado especial: «La Iglesia, por una tradición apostólica, que tiene su origen en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón “día del Señor” o domingo»[5]. Es un día en el que el Señor habla especialmente a su Pueblo: «Caí en éxtasis un domingo y oí detrás de mí una gran voz»[6], dice el vidente del Apocalipsis. Es una jornada en la que los cristianos se reúnen «para la fracción del pan»[7], según recoge el libro de los Hechos, refiriéndose a la comunidad de Tróade. Celebrando juntos la Eucaristía, los creyentes se unían a la Pasión salvadora de Cristo, y cumplían aquel mandato de conservar este memorial, que entregarían a las generaciones sucesivas de cristianos como un tesoro: «Ego enim accepi a Domino, quod et tradidi vobis…Yo recibí del Señor lo que también os transmití», decía san Pablo a los de Corinto: «cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga»[8].

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/image/opus-dei-f0936a243fa320281dace7d7d1597c2e.jpg

La carta apologética de San Justino mártir al emperador romano, a mediados del siglo II, nos muestra la perspectiva amplia que el domingo fue adquiriendo en la conciencia de la Iglesia: «Nos reunimos todos el día del sol porque es el primer día, en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó el mundo; ese mismo día, Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos»[9]. Estas dos grandes obras divinas forman como un único retablo en el que Cristo resucitado ocupa el lugar central, pues Él es el principio de la renovación de todas las cosas. Por eso, la Iglesia pide a Dios en la Vigilia pascual que «todo el mundo experimente y vea cómo lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y vuelve a su integridad primera, por medio de nuestro Señor Jesucristo, de quien todo procede»[10].

La celebración del domingo tiene un tono festivo, porque Jesucristo ha vencido al pecado, y quiere vencer en nosotros al pecado, romper las cadenas que nos alejan de Él, que nos encierran en el egoísmo y la soledad. Así, nos unimos a la exclamación jubilosa que la Iglesia propone para este día en la Liturgia de las horas: «Hæc est dies, quam fecit Dominus: exsultemus et lætemur in ea»[11]: ¡Este es el día que hizo el Señor, exultemos y gocémonos en él! Experimentamos el gozo de sabernos, por el bautismo, miembros de Cristo, que nos une en su glorificación al Padre, presentándole nuestras peticiones, nuestra contricción, nuestro agradecimiento.

¡Qué hermoso cuadro tenemos cada domingo, cuando en las parroquias y distintos lugares de culto se reúnen las familias cristianas!

Esta alegría del encuentro con el Señor que nos salva no es individualista: la celebramos siempre unidos a toda la Iglesia. Durante la Misa del domingo reforzamos la unidad con los demás miembros de nuestra comunidad cristiana, llegando a ser «un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo»[12]. Por eso, «la asamblea dominical es un lugar privilegiado de unidad»[13], de modo especial para las familias, que «viven una de las manifestaciones más cualificadas de su identidad y de su “ministerio” de “iglesias domésticas”, cuando los padres participan con sus hijos en la única mesa de la Palabra y del Pan de vida»[14]. ¡Qué hermoso cuadro tenemos cada domingo, cuando en las parroquias y distintos lugares de culto se reúnen las familias cristianas –padre, madre, hijos, incluso los abuelos– para adorar juntos al Señor y crecer en la fe acompañados!

 

Ser más ricos de las palabras de Dios

El carácter festivo de la celebración dominical se refleja en algunos elementos litúrgicos, como la segunda lectura antes del Evangelio, la homilía, la profesión de fe, y –excepto los domingos de Adviento y Cuaresma– el Gloria. Por supuesto, en esta Misa se aconseja de modo particular el canto, que refleja el gozo de la Iglesia ante la realidad de la resurrección del Señor.

La Liturgia de la Palabra dominical posee una gran riqueza, en la que la proclamación del Evangelio es central. Así, durante el tiempo ordinario y a lo largo de tres ciclos anuales, la Iglesia nos propone una selección ordenada de pasajes evangélicos, en la que recorremos la vida del Señor. Antes, hemos recordado la historia de nuestros hermanos mayores en la fe con la primera lectura del Antiguo Testamento durante el tiempo ordinario, que está relacionada con el Evangelio, «para poner de manifiesto la unidad de ambos Testamentos»[15]. La segunda lectura, también a lo largo de tres años, recorre las cartas de San Pablo y de Santiago y nos hace comprender cómo los primeros cristianos vivían según la novedad que Jesús nos ha venido a traer.

En conjunto, la Iglesia nos ofrece como buena Madre un abundante alimento espiritual de la Palabra de Dios, que solicita de cada uno la respuesta orante durante la Misa y luego la acogida serena en la vida. «Pienso que todos podemos mejorar un poco en este aspecto –dice el Papa–: convertirnos todos en mejores oyentes de la Palabra de Dios, para ser menos ricos de nuestras palabras y más ricos de sus Palabras»[16]. Para ayudarnos a asimilar este alimento, cada domingo el sacerdote pronuncia una homilía en la que explica, a la luz del misterio pascual, el significado de las lecturas del día, especialmente del Evangelio: una escena de la vida de Jesús, su diálogo con los hombres, sus enseñanzas salvadoras. De este modo, la homilía nos conduce a participar con intensidad en la Liturgia Eucarística, y a comprender que lo que celebramos se proyecta más allá del final de la Misa, para transformar nuestra vida diaria: el trabajo, el estudio, la familia…

Más que un precepto, una necesidad cristiana

La santa Misa es una necesidad para el cristiano. ¿Cómo podríamos prescindir de ella, si, como enseña el Concilio Vaticano II, «cuantas veces se renueva sobre el altar el sacrificio de la cruz, en que “nuestra Pascua, Cristo, ha sido inmolado” (1 Cor 5, 7), se efectúa la obra de nuestra redención»[17]? «Quoties sacrificium crucis, quo “Pascha nostrum immolatus est Christus” in altari celebratur, opus nostrae redemptionis exercetur»: la eficacia santificadora de la Misa no se limita al tiempo que dura su celebración, sino que se extiende a todos nuestros pensamientos, palabras u obras, de manera que es «el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano»[18]. Comenta también san Josemaría: «Quizá, a veces, nos hemos preguntado cómo podemos corresponder a tanto amor de Dios; quizá hemos deseado ver expuesto claramente un programa de vida cristiana. La solución es fácil, y está al alcance de todos los fieles: participar amorosamente en la Santa Misa, aprender en la Misa a tratar a Dios, porque en este Sacrificio se encierra todo lo que el Señor quiere de nosotros»[19].

«Sine Dominico non possumus: nosotros no podemos vivir sin la cena del Señor», decían los antiguos mártires.

«Sine Dominico non possumus: nosotros no podemos vivir sin la cena del Señor», decían los antiguos mártires de Abitinia[20]. La Iglesia ha concretado esta necesidad en el precepto de participar en la Misa los domingos y las demás fiestas de precepto[21]. De este modo, vivimos el mandamiento incluido en el Decálogo: «Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios»[22]. Los cristianos llevamos a plenitud este precepto al celebrar el domingo, día de la resurrección de Jesús.

El reposo del domingo

El domingo es un día para vivir más cerca del Señor. Dirigimos la mirada a nuestro Creador, reposando del trabajo habitual, como nos enseña la Biblia: «en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo»[23]. Aunque tener un día a la semana para descansar puede justificarse por razones meramente humanas, como un bien para la persona, la familia y toda la sociedad, no hemos de olvidar que el mandamiento divino va más allá: «El descanso divino del séptimo día no se refiere a un Dios inactivo, sino que subraya la plenitud de la realización llevada a término y expresa el descanso de Dios frente a un trabajo “bien hecho” (Gen 1, 31), salido de sus manos para dirigir al mismo una mirada llena de gozosa complacencia»[24].

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/image/opus-dei-3d54e53aaef8c299ac596ee189f9fee2.jpg

La misma revelación en el Antiguo Testamento añade otro motivo de la santificación del séptimo día: «Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor te hizo salir de allí con el poder de su mano y la fuerza de su brazo. Por eso el Señor, tu Dios, te manda celebrar el día sábado»[25]. Justo por eso, porque la resurrección gloriosa de Cristo es el cumplimiento perfecto de las promesas del Antiguo Testamento y con ella ha llegado a su punto culminante la historia de la salvación, iniciada con los comienzos de género humano, los primeros cristianos empezaron a celebrar el día de la semana en que resucitó Jesucristo como el día de fiesta semanal santificado en honor del Señor.

La liberación prodigiosa de los israelitas es una figura de lo que Jesucristo hace con su Iglesia a través del misterio pascual: nos libra del pecado, nos ayuda a vencer nuestras malas inclinaciones. Por eso, podemos decir que el domingo es un día especial para vivir la libertad de los hijos de Dios: una libertad que nos lleva a adorar al Padre y a vivir la fraternidad cristiana empezando por los que tenemos más próximos a nosotros.

Por medio del descanso dominical, las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión.

«Por medio del descanso dominical, las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro»[26]. No se trata de no hacer nada o solo actividades de ninguna utilidad; al contrario: «la institución del Día del Señor contribuye a que todos disfruten del tiempo de descanso (...) suficiente que les permita cultivar su vida familiar, cultural, social y religiosa»[27]. Especialmente es un día para dedicar a la familia el tiempo y la atención que quizá no logramos prestarles suficientemente los otros días de la semana.

En definitiva, el domingo no es el día reservado a uno mismo, para centrarse en los propios gustos e intereses. «Desde la Misa dominical surge una ola de caridad destinada a extenderse a toda la vida de los fieles, comenzando por animar el modo mismo de vivir el resto del domingo. Si éste es día de alegría, es preciso que el cristiano manifieste con sus actitudes concretas que no se puede ser feliz “solo”. Él mira a su alrededor para identificar a las personas que necesitan su solidaridad»[28]. La Misa de los domingos es una fuerza que nos mueve a salir de nosotros mismos, porque la Eucaristía es el sacramento de la caridad, del amor de Dios y del prójimo por Dios. «El domingo –decía san Josemaría– va bien alabar a la Trinidad: gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Yo suelo añadir: y gloria a Santa María. Y... es una cosa pueril, pero no me importa nada: también a San José»[29].

Carlos Ayxelà


[1] San Juan Pablo II, Carta Apostólica Dies Domini, 31-V-1998, n. 7.

[2] San Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millenio ineunte, 6-I-2001, n. 35.

[3] Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 106.

[4] Francisco, Audiencia, 5 de febrero de 2014.

[5] Sacrosanctum Concilium, n. 106.

[6] Ap 1, 10.

[7] Hch 20, 7.

[8] 1 Cor 11,23.27

[9] Apología I, 67, 7.

[10] Misal Romano, Vigilia Pascual, oración después de la 7ª lectura.

[11] Sal 117 (118), 24.

[12] Ef 4, 4-6.

[13] Dies Domini, n. 36.

[14] Ibidem.

[15] Introducción al Leccionario de la Misa, n. 106.

[16] Francisco, Discurso, 4-X-2013.

[17] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 3.

[18] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 87.

[19] Es Cristo que pasa, n. 88.

[20] Cfr. Dies Domini n. 46.

[21] Cfr. Código de Derecho Canónico, can. 1247.

[22] Ex 20, 8-10.

[23] Ex 20, 11.

[24] Dies Domini, n. 11.

[25] Dt 5, 15.

[26] Dies Domini, n. 67.

[27] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2184.

[28] Dies Domini, n. 72.

[29] San Josemaría, Apuntes tomados en una reunión familiar, 29-V-1974.

 

Recuerdo de Juan Pablo II cuando llega el Adviento

Salvador Bernal

Juan Pablo II

Juan Pablo II

Probablemente lo he escrito en alguna otra ocasión, pero no me importa repetir la insistencia de san Juan Pablo II en unir a la Iglesia y al ser humano en el camino hacia la venida de Cristo. Desde su primera encíclica, Redemptor hominis, de 4 de marzo de 1979, presentó al Redentor como centro del cosmos y de la historia. Unido a la preparación del tercer milenio, ocupará ya un papel central en su magisterio, y en el de los sucesores, acentuado hoy con el papa Francisco.

En el número primero de la encíclica afirmaba que "también nosotros estamos, en cierto modo, en el tiempo de un nuevo Adviento, que es tiempo de espera: «Muchas veces y en muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas; últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo...», por medio del Hijo-Verbo, que se hizo hombre y nació de la Virgen María. En este acto redentor, la historia del hombre ha alcanzado su cumbre en el designio de amor de Dios. Dios ha entrado en la historia de la humanidad y en cuanto hombre se ha convertido en sujeto suyo, uno de los millones y millones, y al mismo tiempo Único".

Desde esa perspectiva, interrogaba a la Iglesia y a sí mismo, con preguntas que quizá muchos se repiten, de la mano de los textos litúrgicos, cuando comienza un nuevo año con el Adviento: ante las vías por las que el Concilio Vaticano II encaminó a la Iglesia, a todos los creyentes, "podemos justamente preguntarnos: ¿Cómo? ¿De qué modo hay que proseguir? ¿Qué hay que hacer a fin de que este nuevo adviento de la Iglesia, próximo ya al final del segundo milenio, nos acerque a Aquel que la Sagrada Escritura llama: «Padre sempiterno», Pater futuri saeculi? Esta es la pregunta fundamental que el nuevo Pontífice debe plantearse, cuando, en espíritu de obediencia de fe, acepta la llamada según el mandato de Cristo dirigido más de una vez a Pedro: «Apacienta mis corderos», que quiere decir: Sé pastor de mi rebaño; y después: «... una vez convertido, confirma a tus hermanos» (n. 7).

Lógicamente, se abandonaba en santa María, Madre de la Iglesia, ante el nuevo Adviento de la humanidad: “Espero que, gracias a esta oración, podamos recibir el Espíritu Santo que desciende sobre nosotros y convertirnos de este modo en testigos de Cristo «hasta los últimos confines de la tierra», como aquellos que salieron del Cenáculo de Jerusalén el día de Pentecostés (n. 22).

Fue un gran objetivo apostólico de Juan Pablo II, en el contexto del gran Jubileo del año 2000: muy pronto, invitó a los fieles a vivir el período de espera como un nuevo adviento. Lo repitió muchas veces, en el contexto de la acción del Espíritu Santo sobre la Iglesia (por ejemplo, en Enc. Dominum et vivificantem, de 18 de mayo de 1986), así como en su continua referencia a la nueva evangelización. De hecho, la preparación del Año 2000 es una de las claves hermenéuticas del pontificado, consolidada con la firma de la carta Novo Millennio ineunte, de 6 de enero 2001, sobre el nuevo camino abierto para la Iglesia al cerrarse la puerta sacra de la basílica de san Pedro.

A lo largo de esos años de cambio, se manifestó a fondo la antropología positiva propia del cristianismo. El optimismo apostólico parece como renovarse también en Adviento, con la reiteración en la liturgia de pasajes que describen montes derretidos como cera, valles aplanados, o armas de guerra transformadas en arados, en herramientas de cultivo.

La liturgia actualiza la Encarnación del Señor y renueva el deseo de su segunda Venida al final de los tiempos.         A partir del 17 de diciembre, dispone para la venida inmediata de Jesucristo en la Navidad, con los bellísimos títulos mesiánicos incluidos en las antífonas mayores, recitadas también antes del Evangelio de cada día.

En el Adviento de 2016, el papa Francisco se refirió a una tercera venida, entre la primera y la última: “el Señor nos visita continuamente, cada día, camina a nuestro lado y es una presencia de consolación”. Me recuerda un texto clásico de san Josemaría Escrivá, en Forja 548: "Ha llegado el Adviento. ¡Qué buen tiempo para remozar el deseo, la añoranza, las ansias sinceras por la venida de Cristo!, ¡por su venida cotidiana a tu alma en la Eucaristía! ‑«Ecce veniet!»‑¡que está al llegar!, nos anima la Iglesia".

Se unen sentido cristológico, mariano y eucarístico de esta época del año, que aporta siempre nuevas luces: no sólo las de las calles de las grandes ciudades y las de los árboles de navidad, con su profundo sentido religioso tan querido de Benedicto XVI: esplendor que envolvió a los pastores; estrella de los Magos; luces en el camino hacia Belén, Egipto y Nazaret de la Sagrada Familia, gran modelo de los hogares cristianos.

 

 

Juventud de espíritu


Por: Alfonso Aguiló Pastrana | Fuente: Conoze.com

http://imagenes.catholic.net/imagenes_db/e989d4_juventud-espiritu.jpg

Un día un niño vio como un elefante del circo, después de la función, era amarrado con una cadena a una pequeña estaca clavada en el suelo. Se asombró el niño de que un animal tan corpulento no fuera capaz de liberarse de aquella pequeña estaca. Lo estuvo contemplando durante un buen rato. Le sorprendió sobre todo que el elefante no hiciera el mas mínimo esfuerzo por soltarse.

Decidió preguntar al hombre que lo cuidaba. Este le respondió: "Es muy sencillo, desde pequeño ha estado amarrado a una estaca como esa, y como entonces no era capaz de liberarse, ahora no sabe que esa estaca es muy poca cosa para él. Lo único que recuerda es que durante mucho tiempo no podía escaparse, y por eso ya ni siquiera lo intenta".

Algo parecido nos sucede quizá a todos, en algún aspecto de nuestra vida. Hay barreras que nos tienen sujetos, porque durante mucho tiempo las hemos visto como infranqueables, y aunque quizá ahora tengamos fuerzas suficientes para superarlas, no lo hacemos porque seguimos viendo esos obstáculos como algo fuera de nuestras posibilidades.

Tenemos que cultivar una sana capacidad de descubrir nuestros falsos convencimientos, las servidumbres que nos encadenan, las ideas simples que no nos queremos cuestionar porque ponen en peligro viejas concesiones a las pocas ganas de luchar. Hemos de desechar esa soberbia sutil que envuelve nuestra mente y la enmaraña en reacciones tontas de envidia, celos o resentimientos, que también nos encadenan. O poner más esfuerzo para salir de las redes de la murmuración, la ira o el malhumor. O reconocer adicciones quizá menos honrosas, al alcohol, el sexo o los videojuegos.

Se podrían poner muchos ejemplos de pequeñas ataduras que inmovilizan grandes voluntades, de hombres que no se deciden a liberarse de ellas porque desconocen la magnitud de lo que les frena y no se dan cuenta de que esas ataduras son pequeñeces de las que podrían perfectamente prescindir.

La ignorancia sobre lo que nos ata es la atadura más grave, pues si no advertimos algo no luchamos contra ello y por tanto nunca nos liberamos. Por eso hemos de agradecer que nos lo hagan ver, aunque nos duela un poco oírlo. Es más, si nos escuece un poco quizá es síntoma de que hay un particular acierto.

Otro gran enemigo es la falta de esperanza en que podamos liberarnos, aunque a lo mejor nos suceda como a aquella águila encadenada que llevaba tiempo intentando elevar el vuelo y romper así su atadura, y ya lo había conseguido en su último intento, pero se cansó y se resignó a su encerramiento sin darse cuenta de que ya estaba libre.

Olvidamos demasiadas veces que los grandes logros se alcanzan casi siempre después de muchos intentos fallidos. Tendemos a conformarnos, a acomodarnos a nuestras cadenas porque nos cuesta romperlas y entonces nos autoconvencemos de que no existen o de que no nos importa que existan.

Hay un tipo de esperanza —ha escrito Josef Pieper— que surge de la energía juvenil pero se agota con los años, al ir declinando la vida: el recuerdo se vuelve hacia el «ya no» en lugar de dirigirse hacia el «aún no». Sin embargo, la verdadera esperanza otorga al hombre un «aún no» que triunfa sobre el declinar de las energías naturales. Da al hombre tanto futuro que el pasado aparece como «poco pasado», por larga y rica que haya sido la vida. La esperanza es la fuerza del anhelo hacia un «aún no» que se dilata tanto más cuanto más cerca estamos de él.

Por eso, la verdadera esperanza produce una eterna juventud. Comunica al hombre elasticidad y ligereza, suelta y tirante al mismo tiempo, que es frescura propia de un corazón fuerte. Es una despreocupada y confiada valentía, que caracteriza y distingue al hombre de espíritu joven y lo hace un modelo tan atractivo. La esperanza da una juventud que es inaccesible a la vejez y a la desilusión. Así, aunque día a día perdemos un poco la juventud natural, podemos día a día renovar nuestra juventud de espíritu. En vez de dar culto a la juventud del cuerpo, de modo exterior y forzado, y que además produce desesperanza al ver cómo se va marchando, se ponen a la vista las cimas más altas a las que se puede remontar la esperanza del hombre que rejuvenece día a día su espíritu.

 

 

Nazismo y nacionalismo

Ángel Cabrero Ugarte

Entrada el campo de concentración nazi de Auschwitz.

Entrada el campo de concentración nazi de Auschwitz.

Somos superiores. Es tremendo comprobar que haya personas que consideran que su sangre, su familia, su raza, es superior a la de los demás. Sabemos bien que es algo opuesto totalmente a cualquier planteamiento ético, especialmente cristiano, que recuerda la igualdad esencial de los hombres llamados, todos, a ser hijos de Dios.

Se ha publicado una novela que manifiesta de un modo crudo, psicológico, lleno de introspección, el sentimiento de raza. “Regreso a Berlín” es toda una revisión de las emociones de aquellos alemanes que estuvieron con Hitler. Un personaje, el protagonista, Eric, de una familia relevante en la Berlín de principios del siglo XX, medio alemán y medio judío, tiene que huir, o quizá habría que decir, decide huir, por miedo.

Después de veinte años se plantea volver a su ciudad, en principio sin saber muy bien a qué, pero en el fondo con la necesidad de redimir su espantada que le llevó a hacerse pasar por inglés en Londres -dominaba el idioma- y casarse con una inglesa. Tiene un vacío emocional que le aprisiona. Vuelve con su mujer y una amiga común -la narradora de la historia- y, casi sin darse cuenta, se da de bruces con sus familiares y amigos que de un modo heroico permanecieron en Alemania, consiguiendo ayudar a muchas personas perseguidas por el régimen.

 

No le queda otra que dar la cara, que reconocer a veces, sus errores, y considerar en diversos momentos los hechos ocurridos, las barbaridades sufridas, de las que tuvo conocimiento, como todos, por referencias. Pero lo que más le removió en su interior fue el descubrimiento de un sentimiento de superioridad presente todavía en personajes, de su familia o amigos, que consideraban que con el régimen de Hitler se sentían más alemanes. El hecho de notar ese ambiente y de oírlo literalmente de una persona cercana, le produce un auténtico vértigo.

Somos superiores y podemos maltratar a los demás. Eric, en sus visitas al país va reconociendo la barbarie vergonzosa a la que se llegó. Y el lector, al leerlo, -al menos yo-, piensa con estremecimiento en Cataluña. La altivez, el desprecio, los propósitos violentos que llevan a relacionar esa pobreza mental en personas de cierto nivel intelectual que se vio en la Alemania nazi, se descubren, de pronto, en nuestra tierra. También en otros lugares de Europa donde el nacionalismo se manifiesta de modo virulento.

Hasta imágenes que estamos viendo desde hace meses, de violencia, de engreimiento, de falta de respeto públicamente manifestado, nos llevan a comparar. La trágica noche de los cristales rotos ya se ha comparado con la presión de los violentos, atacando la casa del juez, haciendo pintadas y manifestaciones contra las fuerzas públicas. Los lazos amarillos que no pueden dejar de recordar las estrellas amarillas, como el signo más cínicamente indigno con el que se maltrataba psicológicamente a los judíos. Si no llevas lazo amarillo en Cataluña eres un proscrito.

Recomiendo la lectura de este libro de Verna B. Carleton. Creo que es positivo que se nos pongan las entrañas un tanto revueltas al adentrarnos con bastantes detalles en lo que fue la ruptura de la sociedad alemana. Creo que es bueno que sintamos un cierto mareo al comprobar las semejanzas notorias entre ambas situaciones. Pienso que leer de vez en cuando este tipo de obras, más psicológicas, más introspectivas, ayudan a hacer un juicio de valor que nos ayude a no quedarnos indiferentes.

 

 

 

Spot navideño de IKEA: ¿Conoces a los tuyos?

 

https://3.bp.blogspot.com/-8O_suyrLWfU/XAAazGI7QsI/AAAAAAAAKcw/6_F06tm8suI3eQoUBf6LXMIXzBKAz4q4QCLcBGAs/s320/Ikea%2B1.JPG

Como si estuviéramos en un quiz show (concurso de preguntas y respuestas), suena una música inquietante y se abre la luz sobre un gigantesco plató. Varias mesas con decoración navideña anticipan una simultánea cena de Navidad que van a protagonizar diversas familias (reales, no actores). Se sientan entre risas y carcajadas, dispuestos a pasar una gran noche. Pero se les propone un reto: cada uno de ellos debe responder correctamente a la pregunta que les lance un anónimo presentador que guía todo el juego. Si aciertan, se quedan; pero si fallan deberán abandonar la mesa.

https://4.bp.blogspot.com/-ovKPnTkuoc8/XAAa7gRjl8I/AAAAAAAAKc0/yaGZfioYahgUDdEE-yjk-3n8QaYZply8gCLcBGAs/s200/Ikea%2B2.JPGTanto jóvenes como mayores aciertan de lleno si les preguntan sobre la vida de famosos, los nuevos filtros de Instagram o el nuevo baile que chispea en las redes sociales. De repente, las preguntas cambian: cómo se conocieron tus padres, cuál es el puesto de trabajo exacto de tu padre, cuál es el grupo musical preferido de tu hijo, cuál es el sueño incumplido de tu mujer… Uno a uno, esos “sabelotodos” del mundo virtual y de la farándula se retiran avergonzados por no saber lo más importante en la vida de sus seres queridos. Así de triste. Así de real.

https://3.bp.blogspot.com/-PWmSs4YYSss/XAAbBT-U8qI/AAAAAAAAKc4/qXOaTggyK7AEDfod5v9ccCsJCFjUYcv4gCLcBGAs/s320/Ikea%2B3.JPG

Este es el nuevo experimento que acaba de lanzar Ikea (recordemos su otro gran experimento: “La otra carta de Reyes”) como propuesta y como anuncio para esta Navidad. Con #DesconectaParaConectar Ikea quiere hacernos reflexionar sobre el tiempo que empleamos delante de una pantalla y los pocos momentos que pasamos con nuestra familia; al menos, lo poco que sabemos de ella. A la vez, se ha propuesto facilitar que esta situación cambie con el juego de mesa FAMILIARIZADOS, donde se pondrá a prueba el conocimiento acerca de la vida de nuestros seres queridos a través de preguntas. El juego tendrá dos versiones: la versión tradicional se regalará a los embajadores de la marca y a todos los empleados de IKEA en España; la versión digital estará disponible de forma gratuita para todo el que lo desee a partir del 18 de diciembre.

No dejéis de recomendar este anuncio a todos vuestros familiares. ¡Ah! Y empezad por haceros esas preguntas a vosotros mismos. Es un gran experimento.

 

 

 

 

Por qué no a la IDG en mayo

IDG significa “Ideología de género”. Y siempre hay que decirle NO. Sobre todo en temas políticos. Ningún político que se respete puede ignorar su poder destructivo del Bien Común. Aunque, en una democracia auténtica, sus seguidores tienen el derecho a creer en ella y a luchar por sus objetivos. Pero, no más.
Los partidos políticos que promueven la IDG utilizan diferentes nombres; pero todos son calificados como la “Nueva Izquierda”. Movimientos socialistas que, tras la fracasada “lucha de clases“, promueven la “lucha cultural”.
Como en todos los países del mundo, nuestro próximo gobierno debe enfrentar, con valor y patriotismo, el problema causado por esta lucha cultural que, en el terreno de los valores, trata de imponer “La perspectiva de género” en los problemas relacionados con la vida, los derechos humanos, la libertad y la familia.
De allí la lucha por imponer, en los programas gubernamentales de educación y salud, el aborto libre, la destrucción de la familia tradicional, imponiendo el “Matrimonio Igualitario” y eliminando la Patria Potestad.

Y se restringe la libertad, sometiendo el ciudadano al estado (Comunismo). Para imponer la agenda de la IDG se pretenden cambios en las constituciones políticas y en las Cortes Supremas, con magistrados “progresistas”.

Estas luchas a nivel internacional, están incidiendo en las políticas nacionales En ese campo se lleva a cabo una silenciosa lucha a muerte entre gobiernos manejados por el poder IDG contra los gobiernos “conservadores”, como el del Estados Unidos (Donald Trump) y el de Putin (Rusia). Se ignoran a Brasil, Colombia, Polonia, Hungría y otros anti IDG, silenciados por la llamada “gran prensa”.

¿Qué saben de esto nuestros candidatos?

Miguel A. Espino Perigault
espinomiguel21@gmail.com

 

Ante la agonía

Ante la agonía

Por Walter Turnbull (EN MEMORIA)

Aunque la muerte es el más inevitable fenómeno de la vida humana, su llegada siempre desconcierta, altera, incomoda.

Diría yo que existen básicamente cuatro formas de morir: en pecado y de golpe, en pecado y lentamente, en gracia y de golpe, y en gracia y lentamente.

Para un auténtico ateo —si es que existen— lo ideal sería morir de golpe después de una vida de placer y diversión. Para un creyente sería la peor. Que Dios nos libre de una muerte repentina, rezan viejas oraciones de la Iglesia. Grave, gravísima cosa sería estar en pecado y ser sorprendido por la muerte sin tener tiempo para arrepentirse. Ya he comentado yo alguna vez que en algunos casos un sida, o cualquier otra molestia antes de morir, puede ser una bendición.

En términos prácticos, lo mejor que nos podía ocurrir —salvo la tremenda sorpresa que se llevan los allegados— sería estar en gracia de Dios y morir en un instante. Sin avisar, sin esperarla, sin sentirla… y si es cuando ya no soy necesario para nadie, mejor. Qué bonito sería. Ir por la vida sereno y de pronto oír a Jesús decir: «Ven, bendito de mi Padre, a tomar posesión del reino preparado para ti desde el principio del mundo…».

Y sin embargo, Dios parece tener otra opinión. Ahí está la agonía, más corta o más larga (a veces larguísima), más leve o más dolorosa (a veces dolorosísima); inexorable, casi omnipresente, inexplicable. ¿Por qué esta persona que fue tan buena tiene que sufrir tanto para morirse? Cualquiera en el fondo se rebela contra ese sufrimiento aparentemente inútil. Hay que acabar con esa vida, dice el materialista, partidario de la cultura de la muerte. Es que tiene que pagar su karma, tiene que pagar por los pecados cometidos en otra vida, dice el orientalista, un poco más resignado y completamente equivocado. Es que Dios sabrá, dice el creyente; es que Dios quiere aprovechar al máximo el tiempo que nos ha concedido en este mundo para acumular un tesoro en el otro.

¿Qué sabemos nosotros? ¿Dónde estabas tú cuando yo formaba el universo? —pregunta Dios al abrumado Job—. ¿Qué puede Dios sacar de una agonía?

Los expertos hablan de menos purgatorio para el involucrado, de menos purgatorio para otros elegidos, de gracias especiales para los necesitados que todavía han de peregrinar por este mundo, de perdón para pecadores que no piden perdón… La oración de los que sufren unidos a Cristo —han dicho muchos predicadores y ha reiterado en varias ocasiones Juan Pablo II— es invaluable a los ojos de Dios. Ese momento de postración «inútil» puede ser el más valioso de nuestra existencia.

Aunque a veces (casi todas) nos cuesta trabajo creerlo, San Pablo asegura que nadie es probado más allá de sus fuerzas y, a cambio, cuántas gracias se pueden derramar por el sufrimiento de un justo.

Dicen que decía Santa Teresa de Ávila —esta frase tenemos que mencionarla cada vez que hablamos del sufrimiento, y tendríamos que meditarla muy seguido— que si tuviera que sufrir cien años en este mundo a cambio de un grado más de gloria en el cielo, los sufriría con gusto. Y algo parecido dicen que afirmaba el Padre Pío. Hay que recordar que estos dos santos recibieron de Dios el don de asomarse al cielo.

¿Qué sabemos nosotros? Muchos han dicho también —aunque en el momento a todos nos sabe como un mal analgésico— que Dios manda el sufrimiento a sus elegidos, a sus amigos.

Evitar el sufrimiento, por supuesto que sí; con todos nuestros recursos, hasta donde sea posible. Y cuando no sea posible, ponernos con confianza en las manos de Dios y aceptarlo y ofrecerlo.

Sí, claro, cuando me llegue el momento voy a ser el primero en dudar y en reclamar y en rebelarme. Por eso quiero atesorar y compartir estas ideas desde ahorita. «Guarden, pues, estas palabras y reconfórtense unos a otros» (2Ts. 4, 18). Tal vez, en el momento de la prueba, podamos decir de todo corazón aquellas palabras que dieron cumplimiento a la historia: «Hágase en mí según tu voluntad».

Tal vez, también, podamos aceptar que una vida en gracia y una muerte lenta no sean tan mala opción, después de todo.

 

 

Palabras

Como tantos
antes de mí
escribí te quiero
sobre la arena húmeda
y también dibujé ahí
un corazón


Como tantos
antes de mí
vi cómo las olas
borraban las palabras
y poco a poco
eliminaban el corazón


Las palabras eran mías
pero de quién era
¿el corazón?

PETAR TCHOUHOV

 

 

Entrevista: «Dios no me ha quitado nada, Dios me ha dado todo»

Entrevista: «Dios no me ha quitado nada, Dios me ha dado todo»

José Villela Vizcaya es médico psiquiatra y nadador paralímpico. Originario de Ciudad de México, tiene 32 años de edad y es un ejemplo de cómo de la mano de Dios se puede encarar la adversidad, pues a sus 24 años un camión de basura cayó sobre él y lo dejó paralítico

Por Chucho Picón

José, ¿qué ha significado para ti el reto de representar a México en los juegos paralímpicos, y cómo has ido descubriendo lo que Dios te ha pedido?

▶ Ha sido todo un camino el ir descubriendo día a día más bendiciones en mi vida, contrario a lo que muchas veces pensamos cuando estamos jóvenes: que el camino va a ser ganar, ganar y ganar. Ha sido más bien un camino de altibajos, donde ha habido grandes pérdidas, pero también ha habido, gracias a Dios, grandes conquistas.

Me ido poco a poco empapando de lo que es la vida, entendiéndola desde una óptica distinta a la que, como joven, me había imaginado. Sobre todo por los alcances que puede tener el meterle amor a todas las actividades. Intento meterle el corazón a mi actividad profesional, y a mi identidad como deportista también, y eso me ha llevado a disfrutarlo enormemente, porque no es una imposición sino que acaba siendo algo que surge del corazón.

Ha sido, pues, un proceso, aunque no del todo grato; pero al final, cuando veo la película completa de mi vida, creo que he puesto el mayor empeño para lograr hacer de esta vida, con sus dificultades, una vida con sentido.

¿Cuál ha sido la «noche más oscura», el momento más difícil de tu vida?

▶ Definitivamente cuando desperté a esta nueva realidad, después del accidente que tuve: cayó un camión de basura sobre mi coche y quedé paralizado. Trascurrieron varios días en los que estuve en estado de coma, y en el momento de despertar fue sin duda la «noche más oscura» de mi vida, de mi alma; en un momento me sentí perdido, sin rumbo, sin saber qué me quedaba en la vida, si había un sentido después de todo lo que estaba viviendo.

Fue un momento de mucho sufrimiento, como en cualquier «noche oscura»; pero me permitió ver, desde otra óptica, algunas de las cosas importantes de la vida. Es verdad que en la noche muchas cosas no se ven, pero hay otras que sólo se ven de noche, como las estrellas. Y así ha sido para mí: que en esos momentos de vulnerabilidad he podido ver con más realismo mi propia vida y mis propias capacidades, y eso me ha llevado a entender que no soy Superman, que tengo límites, y que eso Dios lo tiene más que contemplado, que Él se vale de instrumentos que tenemos límites —que tenemos caídas, o enfermedades, o deficiencias, o discapacidades— para llevar su mensaje de amor a los demás. Y ésa se ha vuelto como otra vocación no pedida. ¡Y una honra al mismo tiempo!, que la gente esté dispuesta a escuchar el testimonio de otra persona, y, sobre todo, que les pueda ser de utilidad no como una motivación pasajera, sino que realmente te lleve a reflexionar.

¿Cómo era tu vida antes del accidente?

▶ En ese momento era un estudiante de medicina; estaba acabando el año del internado, que es el quinto año de la carrera; y mi vida tenía altas y bajas, con épocas mejores y otras peores. Siempre había tratado de ser una persona congruente, un chavo sano; la verdad que no andaba en malos pasos ni mucho menos; pero realmente me faltaba mucho por descubrir lo que es realmente la vida. Yo pensaba que ya con lo que había vivido, con mis padres enfermos y con algunas dificultades que habíamos atravesado en la etapa de mi infancia, ya tenía yo una visión completa. Pensando así no pude estar más lejos de la realidad.

¿Qué le pedías a Dios cuando despertaste? ¿Tu fe cómo influyó para sobreponerte a ese momento tan difícil?

▶ Realmente lo que yo buscaba era encontrar una manifestación de Su Amor en medio de todo aquel dolor. Pero, como seres humanos, estamos acostumbrados a pensar en manifestaciones de amor como apapachos, como cosas dulces, como una caricia; y descubrí que no, que realmente la manifestación del amor de Dios era indiscutible el estar vivo, el poder ir dando poco a poco pequeños pasos en mi recuperación, y el ver Su Amor reflejado en el amor de todos los que me rodeaban en ese momento.

¿Cuál es tu lesión, y cuáles son los talentos que Dios te ha concedido?

▶ Tengo una lesión en la médula espinal, que es una lesión de escasos centímetros pero que implica muchos déficits neurológicos en mi cuerpo: no tengo movilidad ni sensibilidad en gran parte de mi cuerpo; también la función de mis órganos internos, como el intestino, la vejiga y demás, están comprometidos.

Pero he descubierto un sinnúmero de otras cosas que sí puedo hacer, y eso depende más de encontrar razones para salir adelante, ¿y hasta dónde es el límite?, hasta donde nuestro empeño o nuestra garra nos lo permitan.

He descubierto también que la silla de ruedas se ha vuelto una oportunidad para la empatía; eso es lo que trabajo todos los días con mis pacientes, que tienen trastornos emocionales y trastornos mentales. ¡Y es lo más difícil de lograr: la empatía! Y que la silla se vuelva, en lugar de un obstáculo, una herramienta, creo que es como darle la vuelta al camión de basura, y, en lugar de ponerte debajo de él, ponerte encima.

¿Dios qué te quitó?

▶ Dios no me ha quitado nada. Dios me ha dado todo; y el hecho de que hoy pueda estar aquí es un reflejo más de ese amor que me tiene.

¿Qué le dices a quiEn esté pasando por un momento difícil?

▶ Que no luche directamente contra la emoción; no se trata de decir «No quiero estar triste» o «No debo estar triste», sino más bien primero permitirte sentir lo que estás sintiendo.

Segundo, buscar ayuda, pues no estamos solos. Puedes ser ayudado por un sinnúmero de personas, no necesariamente profesionales: familia, amigos, gente de buena voluntad.

Y tercero, que hablen, que dejen salir esas emociones. Nadie dijo que sería fácil el camino de la vida; eso es una mentira que nos han querido vender los medios de comunicación, Hollywood y demás: que la vida puede ser pura sonrisa y pura pachanga. ¡No es verdad! La vida tiene su ingrediente de dolor y de sufrimiento desde que el hombre ha sido hombre, y es precisamente por ese ingrediente de sufrimiento que la vida adquiere también un sabor; ¡es como la sal de la vida!, ¡lo que le da el toque del que nuestra vida muchas veces requiere!

 

 

La carne de cerdo se encuentra entre la comida sana

El pasado día 27 de noviembre leía “Casi el 50% de la grasa del lomo de cerdo de capa blanca es monoinsaturada, igual que la grasa del aceite de oliva”

He de reconocer que como profesor de ganadería que he sido durante cuarenta años la noticias me lleno de satisfacción, pensé, ves como teníamos razón los que durante años hemos aguantado fuertes críticas por promover la producción y el consumo de cerdos.  “Casi el 50% de la grasa del lomo de cerdo de capa blanca es monoinsaturada, igual que la grasa del aceite de oliva”, según algunas de las conclusiones expuestas en el “Taller de alimentación y el papel de la carne de cerdo de capa blanca”. Taller organizado por la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC) e impartido por la dietista – nutricionista Carlota Martínez para los alumnos de 5º y 6º  de Educación Primaria del Centro de Enseñanza Tres Olivos de Madrid.

 Durante el taller Martínez ha destacado que la carne de cerdo de capa blanca es una importante fuente de vitaminas y minerales como el selenio, el zinc, el hierro y el fósforo que ayudan al normal funcionamiento de las tiroides, el transporte de oxígeno y el buen mantenimiento de los huesos entre otros.

Además, explicó a todos los alumnos el papel de la carne de cerdo como alimento dentro de la dieta mediterránea, al tiempo que recalcaba la importancia de llevar una alimentación equilibrada y variada, en la que se incluyan todos los grupos de alimentos en las cantidades recomendadas para cada uno de ellos.

La experta dietista-nutricionista ha subrayado que la carne de cerdo de capa blanca es un alimento que ayuda a reducir el cansancio, la fatiga y al buen funcionamiento del metabolismo.

En este sentido, ha dicho que, junto a un estilo de vida saludable en el que se haga ejercicio, se duerma bien y se beba mucha agua, es importante hacer al menos 5 comidas al día en las que se incluyan frutas, verduras, alimentos con proteínas, cereales integrales y tubérculos.

Tras la explicación, los alumnos de 5º y 6º han pasado a la práctica y han elaborado ellos mismos unas tapas saludables con motivo navideño para incluir como entrante en las próximas fechas festivas.

Con este taller INTERPORC ha querido transmitir a los alumnos la importancia de llevar unos hábitos de vida saludable y que comer sano también es divertido, fácil y rico. Recordamos que la carne de cerdo se encuentra entre la comida sana.

Jesús Domingo M

 

 

Revolución Gramsciana: nuevo concepto de familia

https://www.accionfamilia.org/images/Antonio-Gramsci.jpg

Antonio Gramsci

Educación y familia campo de batalla para el cambio de mentalidades

El teórico comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) desarrolló el concepto de que la toma del poder debe ser precedida por un cambio de la mentalidad de las personas.

Con esta nueva visión, los intelectuales se convirtieron en combatientes; la enseñanza se convierte en el arma más importante, y la escuela se torna el campo de batalla.

Para Gramsci, las masas deben deshacerse de los “prejuicios y tabúes”, que son parte de la visión del mundo de la clase dominante.

Educación sexual y género

Contenidos

No hace falta ser un gran intelectual o un sociólogo para llegar a la conclusión de que, a partir de un análisis de la situación actual, la educación se va tornando cada vez más gramsciana.

Ejemplos de ello son los folletos de educación sexual difundidos en varios países, así como la cuestión del género, según la cual los niños de ambos sexos deben tener entre sí un trato igualitario e indefinido sexualmente, libre de todo paradigma, y que puedan elegir libremente su propia sexualidad y la manera de vivirla.

Es interesante analizar en este contexto, la crítica que hizo la Ministro  de los derechos de las mujeres y portavoz del gobierno francés, Vallaud-Najat Belkacem, de origen marroquí, sobre los libros de texto:

“Hoy en día, estos manuales ignoran obstinadamente la orientación LGBT (lesbianas, gay, bisexual y trans) de personajes históricos o autores, aun cuando esta orientación explica gran parte de su obra, como en el caso de Rimbaud […] sería de gran ayuda para las familias homoparentales que sean incorporadas a las campañas de comunicación del Gobierno con el fin volver banal este hecho, tornándolo más popular”.

https://www.accionfamilia.org/images/najat-vallaud-belkacem.jpg

Najat Vallaud Belkacem.

La Ministro sabe bien que defender esto en su país de origen o en otros países islámicos es simplemente impensable. Y que éste es uno de los puntos por los que los musulmanes se burlan de Occidente y amenazan conquistarlo, ya que aquí todas las aberraciones no sólo son permitidas, sino que se castiga a aquellos que se atreven a actuar en la dirección opuesta…

Condena a las terapias psicológicas

La Ministro prometió apelar a la Misión Interministerial de Vigilancia y Lucha contra las Sectas (Miviludes) “para poner fin a estos verdaderos abusos que son las ‘terapias de transición’”. Estas terapias son para ayudar a las personas con tendencia homosexual para que no caigan en el abismo moral.

Por último, añade:

“Francia sostendrá el discurso político por la despenalización universal de la homosexualidad y pondremos nuestro aparato diplomático en movimiento para exigir una resolución de la ONU en ese sentido. Voy a trabajar en el ámbito europeo para la Unión Europea adopte medidas y directrices contra la homofobia”.

Este discurso de la Ministro refleja el pensamiento de los supuestos defensores de la democracia y de la libertad, para los cuales una persona no tiene derecho a tratar de revertir su tendencia desordenada; pero el Estado, sí, tiene el deber de utilizar su maquina para cambiar la forma de pensar de los ciudadanos, forzándolos a aceptar el nuevo tipo de “familia” que se quiere implantar.

Son palabras dignas de los revolucionarios que para derrocar el trono y el altar, gritaban: “igualdad, libertad, fraternidad o muerte”, pero adaptadas al siglo XXI, donde el objetivo es erradicar la institución de la familia a través de un incentivo constante de las relaciones estériles y antinaturales.

La enseñanza en el centro de la batalla

Todo esto hace parte de la teoría gramsciana, que propone modificar las concepciones y mentalidades tradicionales mediante la enseñanza, creando nuevas generaciones completamente vulnerables a los errores revolucionarios y prontas para realizar el viejo sueño de los enemigos de Dios, es decir, la destrucción de la humanidad misma.

Héctor Buchaul

 

 

¿Por qué?

¿Por qué? Unas palabras del entonces cardenal Ratzinger publicadas en 1985 siguen plenamente en vigor:

“El tema del pecado se ha convertido en uno de los temas silenciados de nuestro tiempo. La predicación religiosa intenta, a ser posible, eludirlo. El cine y el teatro utilizan la palabra irónicamente o como forma de entretenimiento. La sociología y la psicología intentan desenmascararlo como ilusión o complejo. El derecho mismo intenta cada vez más arreglarse sin el concepto de culpa. Prefieren servirse de la figura sociológica que excluye en la estadística los conceptos de bien y mal y distingue, en lugar de ellos, entre el comportamiento desviado y el normal. De donde se deduce que las proporciones estadísticas también pueden invertirse: pues si lo que ahora es considerado desviado puede alguna vez llegar a convertirse en norma, entonces quizá merezca la pena esforzarse por hacer normal lo desviado. Con esta vuelta a lo cuantitativo se ha perdido, por lo tanto, toda noción de moralidad.  Es lo lógico si no existe ninguna medida para los hombres, ninguna medida que nos preceda, que no haya sido inventada por nosotros sino que se siga de la bondad interna de la Creación”.

Por desgracia, la mayoría de los jóvenes que anda entre la universidad, institutos, diversos centros de enseñanza y primeros trabajos, si no tienen muy diluida la conciencia de pecado, no la tienen en absoluto. Ayudarles a volver a vivir con esa conciencia es la mejor ayuda que podemos darles para que puedan apreciar el amor que les tiene Dios.

Jesús D Mez Madri

 

 

El desdén por la cultura

Desdén es indiferencia o desprecio hacia una persona o cosa. ¿Se puede dar con respecto a la cultura?

“En España hay desdén por la cultura. Ese desdén está en el epicentro de todos los escombros, de todas las ruinas, de todos los fracasos colectivos. El que desdeña aparenta distancia, pero el suyo es un maltrato pegajoso. El desdén produce un vacío que se llena de desdén. Hay una forma pasiva del desdén que es el ignorar. Pero la ignorancia también puede ser hiperactiva y adquirir la forma agresiva de la hostilidad”. (En artículo periodístico de Manuel Rivas Barrós)

Un síntoma del desdén por la cultura es el empleo de esa palabra como comodín para todo tipo de significaciones. Por ejemplo, “cultura de la diversión”, “cultura del trabajo”, “cultura de consumo”, etc. De ese modo, cultura acaba por no significar nada, por ser un concepto vacío.

Otro síntoma es la devaluación progresiva de los concursos de “conocimientos” en televisión. Hoy ganan grandes sumas de dinero personas que no saben hacer la o con un canuto; nada que ver con los exigentes concursos para personas cultas (algunas sin estudios académicos) de tiempos pasados. Un buen ejemplo es el de Secundino Gallego, bedel de la Universidad de Barcelona, que se hizo famoso cuando concursó en 1970 en el programa "Las diez de últimas”. El concursante podía proponer el tema de las preguntas. Secundino demostró que lo sabía todo sobre los pájaros, incluido distinguir a todos por su canto.

Pedro García

 

 

La verdad del amor humano

Se dan variaciones importantes asociadas con las especificidades de cada país sobre cómo el tipo de relación condiciona la estabilidad, pero, en la mayoría de las naciones, el matrimonio se considera una ventaja, independientemente del nivel educativo. Tan solo en Bulgaria los hijos de madres con un nivel educativo moderado experimentaron menos cambios de relación cuando nacen en entornos de cohabitación que en matrimonios. El aumento de la cohabitación se correlaciona estadísticamente con un aumento de la inestabilidad familiar. La excepción que confirma la regla es el norte de Europa, donde no da lugar a una mayor inestabilidad.

El gran reto informativo, tras este leve repaso estadístico, sigue siendo la capacidad de presentar con rasgos atractivos la belleza del amor humano expresado de modo incomparable en la relación familiar. El riesgo del World Family Map es el énfasis que aporta de hecho a las patologías respecto de la normalidad (si se puede seguir usando este término en la cultura postmoderna). En cambio, cuesta más medir y enfocar los aspectos positivos, que son los dominantes.

Pero el individualismo sigue haciendo estragos, también en la ideología socialdemócrata, sin que sus dirigentes adviertan que está muy probablemente en el origen de la crisis de tantos partidos de izquierda. Manifiesto mi nostalgia de Tony Blair, Gerhard Schröder y Lionel Jospin, grandes defensores de la familia convencidos de que era opción de progreso, no de conservadurismo. Como también, en otro orden de cosas, de dos documentos de la Conferencia episcopal española, que merecen una relectura: La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (2001) y La verdad del amor humano (2012). Porque –no se olvide- somos los laicos los principales actores de la doctrina social de la Iglesia.

Juan García.

 

 

¿Un infierno vacío?

No sé qué sentido tiene que alguien con una fe bajo mínimos, sin apenas formación cristiana y sin intención tan ni siquiera de ir a misa los domingos, hable, sin embargo, del infierno con una seguridad apabullante. Lo más típico en estos casos es que se diga, “es posible que exista, pero allí no hay nadie”. No aman a Dios ni tienen interés por las cosas de la religión, pero seguramente en el fondo del alma hay una aprensión, un miedo. ¿Y si hubiera algo de eso? Entonces, en su simpleza, se inclinan por “si hubiera Dios, tiene que ser misericordioso”, y a seguir con sus desvaríos.

Jesús dijo, según nos cuentan los evangelistas, que a Judas “más le valdría no haber nacido”. Parece que es una prueba de que “alguien” hay. Pero además la Sagrada Escritura, Antiguo y Nuevo Testamento, abunda en citas en donde se habla de la realidad de los condenados. En Mt 25, 46, se dice: Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna. Palabras semejantes hay en Lucas 16, en Marcos 9, en Apocalipsis 21, en Mateo 8, etc., y varios textos del Antiguo Testamento: Sabiduría 6, Isaías 66, Deuteronomio 31, etc. Por tanto, parece seguro que algo hay.

Jaume Catalán Díaz

 

 

La invasión migratoria en Europa y otras

                                Las migraciones del hombre no son nada nuevo, en todos los tiempos las hubo y las seguirá habiendo; lo que no debiera ser es la forma actual en que se vienen “tolerando”, puesto que “el desorden no trae nada más que desorden, conflictos de todo tipo y al final enfrentamientos donde la sangre correrá”; por ello y si de verdad, tuviésemos gobernantes (“y no los inútiles que mantenemos”) ello se estudiaría con inteligencia y aprovechamiento mutuo, puesto que hay una verdad insoslayable y que rige en este planeta, cual es la siguiente… “nicho que queda vacante por ausencia de una especie, otra lo ocupa para habitarlo”; y para saber ello, no tengo nada más que apreciar “las tórtolas que desde siglos venían al mar de olivos de mi provincia y que cada año nos venían de África… hoy esas tórtolas han desaparecido y el hueco lo ocupan otras tórtolas asiáticas y que nos vienen desde Turquía y las que ya pasan aquí todo el año”. En la costa del Sol, hay una invasión de “cacatúas o loros argentinos” y que poco a poco van ocupando todo el litoral mediterráneo por su propio empuje reproductivo y con ello expulsan a las aves que ocuparan aquel nicho antes de ellas”.

                                En Europa y más en España, ya que aquí “las hembras en edad de parir, no paren, o no lo hacen con la frecuencia necesaria”… por ello, aquí, los ancianos llegaremos a ser plaga y una vez muertos o mucho antes, “otros hombres y mujeres de fuera, habrán ocupado lo que la decadente población actual no supo o quiso ocupar”. Este será un hecho natural e imparable, por tanto lo inteligente es programarlo con inteligencia y en paz y concordia, para que “los trasplantes no sean dolorosos o mortales para los invadidos y antes del tiempo natural de los procesos de mestizaje que habrá”.

                                En España (seguro que en otras muchos países) ya hay muchas zonas rurales abandonadas y donde desaparecen poblaciones enteras (municipios antes) y campos que quedan en la ruina… ¿No se puede estudiar e imponer una política europea que canalice las poblaciones que vienen hacia esos lugares en los que obligatoriamente tendrían que vivir explotando los recursos de esas tierras, por tiempos obligados y de paso que de ellos, surgiera la renovación poblacional más o menos general y sin muchos contratiempos? Lo que no se puede ni debe admitirse, es inmigrantes PARÁSITOS; que vienen aquí no a producir riqueza y bienestar, sino por el contrario a disfrutar el que ya producimos, los que hoy estamos a pie “del ataúd”.

                                En nuestra historia hispana y a lo largo de los siglos, hubo traslado de poblaciones para precisamente repoblar grandes territorios; la más notable de ellas fue la que hizo Carlos III, trayendo de otras zonas europeas, a gran contingente de gentes para repoblar y fundar nuevos municipios, revitalizar tierras abandonadas o inexplotadas y de paso, eliminar bandidos y ladrones; y aquello fue un éxito; aquellos extranjeros terminaron por integrarse totalmente en España y aquí quedaron y siguen sus sucesores. Franco (el tan criticado Franco) también tuvo una feliz idea, e hizo expropiar a grandes latifundistas; y en aquellas tierras, fueron creadas, lo que se denominó “colonización de nuevas poblaciones” y hoy hay gran cantidad de nuevos pueblos que más o menos prósperos, pero que mantienen su existir; y si no prosperaron más, fue por cuanto lo sucesivos gobiernos, no dotaron “aquellos entornos” con los avances que la vida fue distribuyendo en otras tierras españolas igualmente, las que a su vez prosperaron tanto, que mucha de aquella población debió emigrar a ellas.

                                Si todo esto no se estudia y adecua a “los nuevos tiempos”, será una vez más, no por falta de medios, sino por la casi siempre inutilidad de políticos mercenarios, que lo que van es a vivir ellos, atesorar cuanto más mejor; y a los demás “que les den por la retafumba”; así es que reitero, a legislar como es debido y a abrir caminos, a los que de verdad puedan integrarse en las sociedades europeas, ¿el resto? Que hagan lo que muchos pueblos hicieron, “liberarse de sus tiranos y quedarse en sus tierras, puesto que seguro en ellas hay riqueza más que suficiente para que cada pueblo progrese sobre la bases lógicas de siempre… INTELIGENCIA, TRABAJO, AUSTERIDAD, BUENA ADMINISTRACIÓN Y AFÁN DE PROGRESO VERDADERO. Amén.

                                Como complemento del “gran problema que nos han creado nuestros pésimos gobernantes”… lean lo que sigue: En la últimas semanas, a raíz del desplazamiento hacia nuestras costas de la rutas migratorias, provocado por el irresponsable efecto llamada de Sánchez—que ofreció primero sanidad y ventajas sociales gratis a sin papeles, aceptando barcos de Soros & Cía que nadie quería, y ofendiendo gratuitamente al rey de Marruecos—, han salido en tromba mercenarios del globalismo, del Gobierno y de la izquierda, tratando de engañar a los españoles con la inaudita patraña de que los inmigrantes "aportan más que lo que cuestan". El costo neto supera los 10.000 millones al año, y lo que es infinitamente más grave, oculta la destrucción de nuestra cultura, de nuestra identidad, de nuestros valores y de la seguridad de nuestras calles y de nuestros hijos.

La inmigración es hoy la principal preocupación en las sociedades europeas y hasta Merkel afirma ahora que "si el problema de inmigración no se resuelve, puede suponer la destrucción de la UE", algo que los burócratas de Bruselas son incapaces de frenar con una política común, obligando a más de la mitad de los países a implantar un rígido control de fronteras mientras España hace lo contrario. Tan es así que el primer ministro italiano acusa a Sánchez, con toda razón, de “favorecer la inmigración fuera de control”. Hace unas semanas, apareció en Alemania un vídeo titulado 'La mentalidad de los inmigrantes', que se ha hecho viral y ha impactado tan profundamente en el pueblo alemán (13-8-2018 Roberto Centeno) El Confidencial: https://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2018-08-13/efecto-llamada-caotica-gestion-migratoria_1603625/

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí más)