Las Noticias de hoy 03 Diciembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 03 de diciembre de 2018     

Indice:

ROME REPORTS

Angelus: “Para vivir bien el tiempo de la espera del Señor”

ACN: 50.000 velas por la paz en Siria

SAN FRANCISCO JAVIER*: Francisco Fernandez Carbajal

“La lucha contra la soberbia ha de ser constante”: San Josemaria

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor: Juan José Silvestre

La familia y el mandato cristiano

La familia, Iglesia doméstica: GabrielGonzález Nares

La responsabilidad de los católicos en la crisis moral que vivimos: Blanca Mijares

Inmaculada Concepción: la Sin Pecado: Ernesto Juliá Díaz

Las redes sociales y la “enfermedad” de los selfies: si el verdadero problema es la vanidad: Cecilia Galatolo

Hacia una cultura del trabajo: Rafael María de Balbín

VALORES EN ALZA: PROGRESO DEL PAIS: Ing. José Joaquín Camacho                                       

La corona de Adviento: Javier López

SIGNO DE CONTRADICCIÓN: René Mondragón

Andalucía libre: Jorge Hernández Mollar

Crisis del hombre contemporáneo, occidental y cristiano: Acción Familia

La perversión, políticamente correcta, del lenguaje: Suso do Madrid

La superación de nuestra biología: Jesús Martínez Madrid

Ante libertad religiosa y blasfemia: Enric Barrull Casals

A CUALQUIER AYUNTAMIENTO: Yerbatos y… “yerbateros”; y más cosas: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Angelus: “Para vivir bien el tiempo de la espera del Señor”

Palabras del Papa Francisco antes del Ángelus. (Traducción completa)

diciembre 02, 2018 19:27Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 2 dic. 2018).- Durante el Adviento, no se trata de “mundanizar” o “paganizar” la expectativa de Cristo, sino de vivir con la esperanza de que la historia avance hacia un mundo nuevo y que “incluso los errores humanos” Se puede usar para “manifestar la misericordia” de Dios, explica el Papa Francisco.

Antes del Ángelus del domingo 2 de diciembre de 2018, en la plaza San Pedro, y en presencia de unas 20,000 personas, el Papa Francisco explicó el significado de este primer domingo de Adviento y cuatro semanas de preparación para la Navidad.

Nos invitó a dejar el “sopor” y la “pereza” de una vida que gira alrededor de nosotros mismos para abrir, en “oración” y “vigilancia”, a las necesidades de las personas, de nuestros hermanos y el deseo de un mundo nuevo”: ” Es el deseo de tantos pueblos martirizados por el hambre, la injusticia y la guerra; es el deseo de los pobres, los débiles, los abandonados”.

El Papa sugirió este examen de conciencia: “Es un momento oportuno para abrir nuestros corazones, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y para quién pasamos nuestras vidas”.

“El Adviento es el momento de acoger al Señor que viene a reunirse con nosotros, mirar hacia el futuro y prepararse para el regreso de Cristo”, agregó en un tweet publicado en su cuenta @Pontifex.

Después del Ángelus, con la AED, el Papa Francisco invitó a orar por la paz en la “querida Siria” , como parte de la campaña de Navidad de la AED: “50.000 velas por la paz en Siria”.

La paz fue precisamente la intención de oración del Papa a lo largo de noviembre, realizada por su Red Mundial de Oración (RMPP).

Aquí está nuestra traducción, rápida, de trabajo, de las palabras pronunciadas por el Papa en italiano.

AB

Palabras del Papa Francisco ante el Ángelus.

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

Hoy comienza el Adviento, el tiempo litúrgico que nos prepara para la Navidad, invitándonos a levantar los ojos y abrir nuestros corazones para recibir a Jesús. Durante el Adviento, no solo vivimos la espera navideña; también estamos invitados a despertar la expectativa del glorioso regreso de Cristo, cuando él regrese al final de los tiempos, y nos prepare para el encuentro final con él a través de elecciones coherentes y valientes. Recordamos la Navidad, esperamos el glorioso regreso de Cristo y también nuestro encuentro personal: el día que el Señor nos llamará. Durante estas cuatro semanas, estamos llamados a dejar atrás una forma de vida resignada y rutinaria, alimentando esperanzas y sueños para un futuro nuevo. El evangelio de este domingo (cf Lc21, 25-28, 34-36) va precisamente en esta dirección y nos advierte que no nos dejemos oprimir por un modo de vida egocéntrico y ritmos convulsivos de los días. Las palabras de Jesús resuenan de una manera particularmente incisiva: “Estén atentos, para que su corazón no esté cargado de disipaciones, embriaguez y preocupaciones de la vida, y ese día, no caiga de improviso sobre vosotros[…] Velad y orad en todo momento”(vv 34.36).

Mantente despierto y reza: así es como se vive esta época desde hoy hasta la navidad. Estar despierto y orar. El sueño interno viene siempre de girar siempre sobre nosotros mismos, encerrado en la propia vida con los problemas, las alegrías y los dolores, y siempre girar entorno a nosotros mismos. Y eso cansa, aburre, se cierra a la esperanza. Esta es la raíz del letargo y la ociosidad de que habla el Evangelio. El Adviento nos invita a un compromiso de vigilancia, a mirar más allá de nosotros mismos, a expandir nuestras mentes y corazones para abrirnos a las necesidades de las personas, de nuestros hermanos y al deseo de un mundo nuevo. Es el deseo de tantos pueblos martirizados por el hambre, la injusticia y la guerra; Es el deseo de los pobres, los débiles, los abandonados. Es un buen momento para abrir nuestros corazones para hacernos preguntas concretas sobre como y por quién empleamos nuestras vidas.

La segunda actitud para vivir bien el tiempo de la espera del Señor es el de la oración. “Levántate y alza la cabeza, porque tu liberación está cerca” (v. 28), advierte el Evangelio de Lucas. Se trata de levantarse y orar, de volver nuestros pensamientos y corazones a Jesús que viene. Nosotros, estamos esperando a Jesús, queremos esperarle en oración, lo cual está estrechamente relacionado con la vigilancia. Orar, esperar a Jesús, abrirnos a los demás, estar atentos, no encerrados en nosotros mismos. Pero si pensamos en la Navidad en un clima de consumo, para ver qué puedo comprar para hacer esto o aquello, de la fiesta mundana, Jesús pasará y no lo encontraremos. Estamos esperando a Jesús y queremos esperarle en oración, que está estrechamente relacionado con la vigilancia.

Pero ¿qué espera el horizonte de nuestra oración? En la Biblia es especialmente, las voces de los profetas. Quien nos diga. Hoy, es el de Jeremías, que habla a las personas endurecidas por el exilio y que corre el riesgo de perder su identidad. Incluso nosotros, los cristianos, que también somos pueblo de Dios, corremos el peligro de convertirnos en “mundanos” y perder nuestra identidad, e incluso “paganizar” el estilo cristiano. Para esto necesitamos la Palabra de Dios que, a través del profeta, nos anuncia: “He aquí, vendrán días en que cumpliré las promesas que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá […]. Haré crecer un germen justo para David, quien ejercerá juicio y justicia sobre la tierra “(33, 14-15) es Jesús que llega y nosotros esperamos. Que la Virgen María, que nos trae a Jesús, la mujer de la espera y la oración, nos ayude a fortalecer nuestra esperanza en las promesas de su Hijo Jesús, a hacernos experimentar solo a través de las pruebas de la historia, y se sirve de los errores humanos para manifestar que Dios permanece fiel y manifestar su misericordia.

 

 

ACN: 50.000 velas por la paz en Siria

Campaña de la ayuda a la Iglesia necesitada por navidad

diciembre 02, 2018 18:43RedacciónDerechos humanos y justicia

(ZENIT 2 dic. 2018).- Esta es la declaración del ACN sobre la campaña de Navidad por la paz en Siria: el propio Papa Francisco oró por esta intención con decenas de miles de personas en el Ángelus y encendió un gran cirio para que La luz “disipe la oscuridad de la guerra”.

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A lo largo del mes de noviembre, la paz fue la intención de oración del Papa, llevada por su Red Mundial de Oración (RMPP).Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) lanza una campaña navideña de oración, ayuda y solidaridad llamada “Velas por la Paz en Siria”. La campaña comienza hoy, el 2 de diciembre, en el primer Domingo de Adviento, con la iluminación simbólica de un cirio por el Santo Padre al final del Ángelus.

Esta iniciativa ha contado en los últimos días con la participación de más de 50.000 niños, pertenecientes a diferentes religiones y oriundos de numerosas ciudades sirias gravemente afectadas por la guerra, entre ellas, Alepo, Damasco, Homs, Marmarita, Hasaka, Tartús y Latakia. Los niños han rezado y han pintado dibujos de la paz sobre sus velas. Cruces, palomas y mensajes de esperanza a través de los cuales los pequeños sirios, que son las principales víctimas del conflicto que aún continúa, han dirigido su petición de paz al mundo.

La fundación pontificia ACN invita a personas de todo el mundo a responder al grito de paz de los niños de Siria encendiendo una vela como lo hace hoy el Santo Padre, con el fin de difundir el mensaje de los pequeños sirios e infundir esperanza durante el tiempo de Adviento.

El cirio que encenderá el Santo Padre (foto) ha sido elaborado por un artesano del barrio de Bab Touma, ubicado en el casco antiguo de Damasco. Este cirio lleva las fotos de unos cuarenta niños, la mayoría de ellos de Alepo, el logotipo de la campaña – una paloma cuyas alas tienen la forma de la mano de un niño con las palabras “Peace for the children – Siria 2018” (Paz para los niños – Siria 2018)- y el logotipo de ACN.

Ya en 2016 ACN prestó su voz a los jóvenes sirios al llevar sus dibujos por la paz al Parlamento Europeo. En respuesta a la dramática situación humanitaria en Siria y para prevenir la desaparición de la presencia cristiana en el país, ACN acompaña la iniciativa “Velas por la Paz en Siria” con una campaña internacional de obtención de fondos que la Fundación lanzará a través de sus 23 sedes nacionales. Con ello se trata de financiar un plan de ayuda de emergencia, reconstrucción y ayuda pastoral por un total de 15 millones de euros, que se añade a los más de 29.350.000 euros donados por ACN desde el inicio del conflicto en 2011.

El proyecto incluye la distribución de paquetes de alimentos, medicamentos y leche en polvo para los niños; ayudas para el pago del alquiler y del combustible para la calefacción; reconstrucción de los hogares de las familias cristianas refugiadas y de las estructuras eclesiásticas como iglesias y conventos; ayuda al sustento de sacerdotes y religiosas; programas de asistencia espiritual y psicológica; pago de las tasas escolares para los niños y estudiantes universitarios; y regalos de Navidad para más de 15.000 niños.

Para más información:  syria.acninternational.org acs-italia.org

María Lozano Berdié – Head of the International Press Department – ml@acn-intl.org Marta Petrosillo -Portavoce ACS-Italia – mp@acs-italia.org +393476413344

 

 

SAN FRANCISCO JAVIER*

Memoria

— El celo apostólico de San Francisco Javier.

— Ganar nuevos apóstoles para Cristo.

— La eficacia apostólica de nuestra vida.

I. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?1. Estas palabras de Jesús se metieron hondamente en el alma de San Francisco Javier y le llevaron a un cambio radical de vida.

¿De qué servirían todos los tesoros de esta vida, si dejáramos pasar lo esencial? ¿Para qué querríamos éxitos y aplausos, triunfos y premios, si al final no encontráramos a Dios? Todo habría sido engaño, pérdida de tiempo: el fracaso más completo. Comprendió Javier el valor de su alma y de las almas de los demás, y Cristo llegó a ser el centro verdadero de su vida. Desde entonces, el celo por las almas fue en él «una apasionada impaciencia»2. Sintió en su alma el apremio incontenible de la salvación del mundo entero y estuvo dispuesto a dar su vida por ganar almas para Cristo3.

La impaciencia santa que consumió el corazón de San Francisco le hizo escribir, cuando se encontraba ya en el lejano Oriente, estas palabras que expresan bien lo que fue su vida: «... y los cristianos nativos, privados de sacerdotes, lo único que saben es que son cristianos. No hay nadie que celebre para ellos la Misa, nadie que les enseñe el Credo, el Padrenuestro... Por eso, desde que he llegado aquí, no me he dado momento de reposo: me he dedicado a recorrer las aldeas, a bautizar a los niños que no habían recibido aún este sacramento. De este modo, purifiqué a un número ingente de niños que, como suele decirse, no sabían distinguir la mano derecha de la izquierda. Los niños no me dejaban recitar el Oficio divino ni comer ni descansar, hasta que les enseñaba alguna oración»4.

El Santo contemplaba como nosotros hoy- el panorama inmenso de tantas gentes que no tienen quien les hable de Dios. Siguen siendo una realidad en nuestros días las palabras del Señor: La mies es mucha y los operarios, pocos5. Esto le hacía escribir a Javier, con el corazón lleno de un santo celo: «Muchos, en estos lugares, no son cristianos, simplemente porque no hay quien los haga tales. Muchas veces me vienen ganas de recorrer las Universidades de Europa, principalmente la de París, y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más ciencia que caridad, con estas palabras: “¡Ay, cuántas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del Cielo y se precipitan en el infierno!”.

»¡Ojalá pusieran en este asunto el mismo interés que ponen en sus estudios! Con ello podrían dar cuenta a Dios de su ciencia y de los talentos que se les han confiado. Muchos de ellos, movidos por estas consideraciones y por la meditación de las cosas divinas, se ejercitarían en escuchar la voz divina que habla en ellos y, dejando a un lado sus ambiciones y negocios humanos, se dedicarían por entero a la voluntad y al querer de Dios, diciendo de corazón: Señor, aquí me tienes; ¿qué quieres que haga? Envíame donde Tú quieras, aunque sea hasta la India»6.

Este mismo celo debe arder en nuestro corazón. Pero de modo ordinario el Señor quiere que lo ejercitemos allí donde nos encontramos: en la familia, en medio del trabajo, con nuestros amigos y compañeros. «Misionero. -Sueñas con ser misionero. Tienes vibraciones a lo Xavier: y quieres conquistar para Cristo un imperio. ¿El Japón, China, la India, Rusia..., los pueblos fríos del norte de Europa, o América, o África, o Australia?

»Fomenta esos incendios en tu corazón, esas hambres de almas. Pero no me olvides que eres más misionero “obedeciendo”. Lejos geográficamente de esos campos de apostolado, trabajas “aquí” y “allí”: ¿no sientes ¡como Xavier! el brazo cansado después de administrar a tantos el bautismo?»7. ¡Cuántas gentes con el corazón y el alma pagana encontramos en nuestras calles y plazas, en la Universidad, en el comercio, en la política ...!

II. Y les dijo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura8. Todos los cristianos debemos sentirnos urgidos a dar cumplimiento a estas palabras dondequiera que nos encontremos, con valentía, con audacia, como nos lo recuerda Juan Pablo II: «los cristianos estamos llamados a la valentía apostólica, basada en la confianza en el Espíritu»9. Miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta de que son muchedumbre los que no conocen aún a Cristo. Incluso muchos que fueron bautizados viven como si Cristo no los hubiera redimido, como si Él no estuviera realmente presente en medio de nosotros. ¡Cuántos andan hoy como aquellos que atraían la misericordia de Jesús, porque andaban como ovejas sin pastor10, sin una dirección precisa en sus vidas, desorientados, perdiendo lo mejor de su tiempo porque no saben a dónde ir! También nosotros nos llenamos de compasión, como hacía el Señor, por esas personas que, aunque humanamente parecen triunfar en ocasiones, están en el mayor de los fracasos porque no sienten ni se comportan como hijos de Dios que se dirigen hacia la Casa del Padre. ¡Qué pena si alguno dejara de encontrar al Maestro por nuestra omisión, por la falta de ese espíritu apostólico!

Debemos comunicar nuestro celo por las almas a otros para que a su vez sean mensajeros de la Buena Nueva que Cristo ha dejado al mundo. De mil formas diferentes, con unas palabras u otras, con una conducta ejemplar siempre, hemos de hacer eco a aquellas palabras que el Papa Juan Pablo II pronunció en el lugar de nacimiento de San Francisco, en Javier: «Cristo necesita de vosotros y os llama para ayudar a millones de hermanos vuestros a ser plenamente hombres y salvarse. Vivid con esos nobles ideales en vuestra alma y no cedáis a la tentación de las ideologías de hedonismo, de odio y de violencia que degradan al hombre. Abrid vuestro corazón a Cristo, a su ley de amor; sin condicionar vuestra disponibilidad, sin miedo a respuestas definitivas, porque el amor y la amistad no tienen ocaso»11, duran para siempre. Y si alguna vez no sabemos qué decir a nuestros amigos y parientes para que se sientan comprometidos en esta tarea divina, la más alegre de todas, pensemos en cómo fue ganado Javier para la empresa grande que el Señor le preparaba, mientras realizaba sus estudios: «¿Razones?... ¿Qué razones daría el pobre Ignacio al sabio Xavier?»12. Pocas y pobres para operar el cambio profundo en el alma del amigo. Hemos de ser audaces y confiar siempre en la gracia, en la ayuda de la Virgen y de los Santos Ángeles Custodios.

Pidamos al Señor que despierte en nosotros el amor ardiente que inflamó a San Francisco Javier en el celo por la salvación de las almas...13. Pidamos a Santa María que sean muchos los que arrastremos con nosotros para que se conviertan a su vez en nuevos apóstoles.

III. San Francisco Javier, como han hecho todas las almas santas, pedía siempre a los destinatarios de sus cartas «la ayuda de sus oraciones»14, pues el apostolado ha de estar fundamentado en el sacrificio personal, en la oración propia y en la de los demás. En todo momento, pero de modo particular si alguna vez las circunstancias nos impidieran llevar a cabo un apostolado más directo, hemos de tener muy presente la eficacia de nuestro dolor, del trabajo bien hecho, de la oración.

Santa Teresa de Lisieux, intercesora de las misiones, junto a San Francisco Javier, a pesar de no haber salido del convento sentía con fuerza el celo por la salvación de todas las almas, también las más lejanas. Experimentaba en su corazón las palabras de Cristo en la Cruz, tengo sed, y encendía su corazón en deseos de llegar a los lugares más apartados. «Quisiera escribe recorrer la tierra predicando vuestro Nombre y plantando, Amado mío, en tierra infiel vuestra gloriosa Cruz. Mas no me bastaría una sola misión, pues desearía poder anunciar a un tiempo vuestro Evangelio en todas las partes del mundo, hasta en las más lejanas islas. Quisiera ser misionera, no solo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo, y continuar siéndolo hasta la consumación de los siglos»15. Y cuando, encontrándose ya muy enferma, daba un breve paseo, y una hermana, al ver su fatiga, le recomendó descansar, respondió la Santa: «¿Sabe lo que me da fuerzas? Pues bien, ando para un misionero. Pienso que allá muy lejos puede haber uno casi agotado de fuerzas en sus excursiones apostólicas, y para disminuir sus fatigas, ofrezco las mías a Dios»16. Y hasta esos lugares llegó su oración y su sacrificio.

El celo por las almas también se ha de manifestar en todas las ocasiones. No pueden ser disculpa la enfermedad, la vejez o el aparente aislamiento. A través de la Comunión de los Santos podemos llegar muy lejos. Tan lejos como grande sea nuestro amor a Cristo. Entonces, la vida entera, hasta el último aliento aquí en la tierra, habrá servido para llevar almas al Cielo, como sucedió a San Francisco, que moría frente a las costas de China, anhelando poder llevar a esas tierras la Buena Nueva de Cristo. Ninguna oración, ningún dolor ofrecido con amor, se pierde: todos, de un modo misterioso pero real, producen su fruto. Ese fruto que un día, por la misericordia de Dios, veremos en el Cielo y nos llenará de una dicha incontenible.

1 Mc 8, 36. — 2 Juan Pablo II, Discurso en Javier, 6-XI-1982. — 3 Cfr. F. Zubillaga, Cartas y escritos de San Francisco Javier, BAC, Madrid 1953, 54, 4. — 4 Liturgia de las Horas. De las Cartas de San Francisco Javier a San Ignacio. — 5 Mt 9, 37. — 6 Liturgia de las Horas, loc. cit. — 7 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 315. — 8 Mc 16, 15. — 9 Juan Pablo II, Enc. Redemptoris missio, 7-XII-1990, n. 30. — 10 Mt 9, 36. — 11 Juan Pablo II, Discurso en Javier, cit. — 12 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 798. — 13 Oración después de la comunión. — 14 Cfr. Juan Pablo II, Discurso en Javier, cit. — 15 Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma, ed. del P. Bruno de San José, El Monte Carmelo, 2ª. ed., Burgos 1974, XI, 13. — 16 Ibídem, XII, 9.

San Francisco nació en el castillo de Javier el 7 de agosto de 1506. Estudió en París, donde conoció a San Ignacio de Loyola. Fue uno de los miembros fundadores de la Compañía de Jesús. Ordenado sacerdote en Roma en 1537, se dedicó principalmente a llevar a cabo obras de caridad, En 1541 marchó a Oriente, y durante diez años evangelizó incansablemente la India y el Japón, convirtiendo a muchos. Murió el año 1552, en la isla de Shangchuan, en China.

 

 

“La lucha contra la soberbia ha de ser constante”

“Es muy grande cosa saberse nada delante de Dios, porque así es” (Surco, 260).

El otro enemigo, escribe San Juan, es la concupiscencia de los ojos, una avaricia de fondo, que lleva a no valorar sino lo que se puede tocar. Los ojos que se quedan como pegados a las cosas terrenas, pero también los ojos que, por eso mismo, no sabe descubrir las realidades sobrenaturales. Por tanto, podemos utilizar la expresión de la Sagrada Escritura, para referirnos a la avaricia de los bienes materiales, y además a esa deformación que lleva a observar lo que nos rodea –los demás, las circunstancias de nuestra vida y de nuestro tiempo– sólo con visión humana.
Los ojos del alma se embotan; la razón se cree autosuficiente para entender todo, prescindiendo de Dios. Es una tentación sutil, que se ampara en la dignidad de la inteligencia, que Nuestro Padre Dios ha dado al hombre para que lo conozca y lo ame libremente. Arrastrada por esa tentación, la inteligencia humana se considera el centro del universo, se entusiasma de nuevo con el seréis como dioses y, al llenarse de amor por sí misma, vuelve la espalda al amor de Dios.
(...) La lucha contra la soberbia ha de ser constante, que no en vano se ha dicho gráficamente que esa pasión muere un día después de que cada persona muera. Es la altivez del fariseo, a quien Dios se resiste a justificar, porque encuentra en él una barrera de autosuficiencia. Es la arrogancia, que conduce a despreciar a los demás hombres, a dominarlos, a maltratarlos: porque donde hay soberbia allí hay ofensa y deshonra. (Es Cristo que pasa, 6)

 

 

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor

El Señor no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. El Adviento es un tiempo en el que la Iglesia llama a sus hijos a vigilar, a estar despiertos para recibir a Cristo que pasa, a Cristo que viene. Editorial sobre este tiempo del año litúrgico.

Año Litúrgico26/11/2015

Opus Dei - Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor (Descarga en formato PDF)

«Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno». Estas palabras de la oración colecta del primer domingo de Adviento iluminan con gran eficacia el peculiar carácter de este tiempo, con el que se da inicio al Año litúrgico. Haciéndose eco de la actitud de las vírgenes prudentes de la parábola evangélica, que supieron tener a punto el aceite para las bodas del Esposo[1], la Iglesia llama a sus hijos a vigilar, a estar despiertos para recibir a Cristo que pasa, a Cristo que viene.

Tiempo de presencia

Al decir adventus, los cristianos afirmaban, sencillamente, que Dios está aquí: el Señor no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos.

El deseo de salir al encuentro, de preparar la venida del Señor[2], nos pone ante el término griego parusía, que el latín traduce como adventus, de donde surge la palabra Adviento. De hecho, adventus se puede traducir como “presencia”, “llegada”, “venida”. No se trata, por lo demás, de una palabra acuñada por los cristianos: en la Antigüedad se usaba en ámbito profano para designar la primera visita oficial de un personaje importante -el rey, el emperador o uno de sus funcionarios- con motivo de su toma de posesión. También podía indicar la venida de la divinidad, que sale de su ocultamiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra en el culto. Los cristianos adoptaron el término para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey que ha entrado en esta pobre “provincia”, nuestra tierra, para visitar a todos; un Rey que invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en Él, a todos los que están seguros de su presencia entre nosotros.

Al decir adventus, los cristianos afirmaban, sencillamente, que Dios está aquí: el Señor no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de muchos modos: en la lectura de la Sagrada Escritura; en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía; en el año litúrgico; en la vida de los santos; en tantos episodios, más o menos prosaicos, de la vida cotidiana; en la belleza de la creación... Dios nos ama, conoce nuestro nombre, todo lo nuestro le interesa y está siempre presente junto a nosotros. Esta seguridad de su presencia, que la liturgia del Adviento nos sugiere discretamente, pero con constancia a lo largo de estas semanas, ¿no esboza una imagen nueva del mundo ante nuestros ojos? "Esta certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios"[3]

Una memoria agradecida

El Adviento nos invita a detenernos, en silencio, para captar la presencia de Dios. Son días en los que volver a considerar, con palabras de san Josemaría, que "Dios está junto a nosotros de continuo. -Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo... y perdonando"[4].

Si nos empapamos de esta realidad, si la consideramos con frecuencia en el tiempo de Adviento, nos sentiremos animados a dirigirle la palabra con confianza en la oración, y muchas veces durante el día; le presentaremos los sufrimientos que nos entristecen, la impaciencia y las preguntas que brotan de nuestro corazón. Es este un momento oportuno para que crezca en nosotros la seguridad de que Él nos escucha siempre. «A ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en ti confío; no quede yo defraudado»[5].

Comprenderemos también cómo los giros a veces inesperados que toma cada día son gestos personalísimos que Dios nos dirige, signos de su mirada atenta sobre cada uno de nosotros. Sucede que solemos estar muy atentos a los problemas, a las dificultades, y a veces apenas nos quedan fuerzas para percibir tantas cosas hermosas y buenas que vienen del Señor. El Adviento es un tiempo para considerar, con más frecuencia, cómo Él nos ha protegido, guiado y ayudado en las vicisitudes de nuestra vida; para alabarlo por todo lo que ha hecho y sigue haciendo por nosotros.

Ese estar despiertos y vigilantes ante los detalles de nuestro Padre del cielo, cuaja en acciones de gracias. Se crea así en nosotros una memoria del bien que nos ayuda incluso en la hora oscura de las dificultades, de los problemas, de la enfermedad, del dolor. «La alegría evangelizadora -escribe el Papa- siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir»[6]. El Adviento nos invita a escribir, por decirlo así, un diario interior de este amor de Dios por nosotros. "Me figuro -decía san Josemaría- que vosotros como yo, al pensar en las circunstancias que han acompañado vuestra decisión de esforzaros para vivir enteramente la fe, daréis muchas gracias al Señor, tendréis el convencimiento sincero -sin falsas humildades- de que no hay mérito alguno por vuestra parte" [7]

Dios viene

La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir (Papa Francisco)

Dominus veniet![8] ¡Dios viene! Esta breve exclamación abre el tiempo de Adviento y resuena especialmente a lo largo de estas semanas, y después, durante todo el año litúrgico. ¡Dios viene! No se trata simplemente de que Dios haya venido, de algo del pasado; ni tampoco es un simple anuncio de que Dios vendrá, en un futuro que podría no tener excesiva trascendencia para nuestro hoy y ahora. Dios viene: se trata de una acción siempre en marcha; está ocurriendo, ocurre ahora y seguirá ocurriendo conforme trascurra el tiempo. En todo momento, “Dios viene”: en cada instante de la historia, sigue diciendo el Señor: «mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo»[9]

El Adviento nos invita a tomar conciencia de esta verdad y a actuar de acuerdo con ella. «Ya es hora de que despertéis del sueño»; «estad siempre despiertos»; «lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!»[10] Son llamadas de la Sagrada Escritura en las lecturas del primer domingo de Adviento que nos recuerdan estas constantes venidas, adventus, del Señor. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora. Dios no está solo en el cielo, desinteresado de nosotros y de nuestra historia; en realidad, Él es el Dios que viene. La meditación atenta de los textos de la liturgia del Adviento nos ayuda a prepararnos, para que su presencia no nos pase desapercibida.

Para los Padres de la Iglesia, la “venida” de Dios -continua y, por decirlo así, connatural con su mismo ser- se concentra en las dos principales venidas de Cristo: la de su encarnación y la de su vuelta gloriosa al fin de la historia[11] El tiempo de Adviento se desarrolla entre estos dos polos. En los primeros días se subraya la espera de la última venida del Señor al final de los tiempos. Y, a medida que se acerca la Navidad, va abriéndose camino la memoria del acontecimiento de Belén, en el que se reconoce la plenitud del tiempo. «Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre»[12].

El prefacio I de Adviento sintetiza este doble motivo: «al venir por vez primera en la humanidad de nuestra carne, [el Señor] realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar»[13].

Días de espera y esperanza

Dios no está solo en el cielo, desinteresado de nosotros y de nuestra historia; en realidad, Él es el Dios que viene.

Una nota fundamental del Adviento es, por tanto, la de la espera; pero una espera que el Señor viene a convertir en esperanza. La experiencia nos muestra que nos pasamos la vida esperando: cuando somos niños queremos crecer; en la juventud aspiramos a un amor grande, que nos llene; cuando somos adultos buscamos la realización en la profesión, el éxito determinante para el resto de nuestra vida; cuando llegamos a la edad avanzada aspiramos al merecido descanso. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, o también cuando naufragan, percibimos que esto, en realidad, no lo era todo. Necesitamos una esperanza que vaya más allá de lo que podemos imaginar, que nos sorprenda. Así, aunque existen esperanzas más o menos pequeñas que día a día nos mantienen en camino, en realidad, sin la gran esperanza -la que nace del Amor que el Espíritu Santo ha puesto en nuestro corazón[14] y aspira a ese Amor-, todas las demás no bastan.

El Adviento nos anima a preguntarnos ¿qué esperamos? ¿cuál es nuestra esperanza? O, más en profundidad, ¿qué sentido tiene mi presente, mi hoy y ahora? «Si el tiempo no está lleno de un presente cargado de sentido -decía Benedicto XVI- la espera puede resultar insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente está vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grande, porque el futuro es del todo incierto. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y positivo, entonces la alegría de la espera hace más valioso el presente»[15].

Un Belén para nuestro Dios

 

El tiempo de Adviento nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque el Señor no decepciona jamás (Papa Francisco)

Nuestro tiempo presente tiene un sentido porque el Mesías, esperado durante siglos, nace en Belén. Junto a María y José, con la asistencia de nuestros Ángeles Custodios, le esperamos con renovada ilusión. Al venir Cristo entre nosotros, nos ofrece el don de su amor y de su salvación. Para los cristianos la esperanza está animada por una certeza: el Señor está presente a lo largo de toda nuestra vida, en el trabajo y en los afanes cotidianos; nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no demasiado lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz. «El tiempo de Adviento nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios. Una esperanza que no decepciona, sencillamente porque el Señor no decepciona jamás»[16]

El Adviento es un tiempo de presencia y de espera de lo eterno; un tiempo de alegría, de una alegría íntima que nada puede eliminar: «os volveré a ver, promete Jesús a sus discípulos, y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría»[17] El gozo en el momento de la espera es una actitud profundamente cristiana, que vemos plasmada en la Santísima Virgen: Ella, desde el momento de la Anunciación, «esperó con inefable amor de madre»[18] la venida de su Hijo, Jesucristo Por eso, Ella también nos enseña a aguardar sin ansia la llegada el Señor, al mismo tiempo que nos preparamos interiormente para ese encuentro, con la ilusión de "construir con el corazón un Belén para nuestro Dios"[19].

Juan José Silvestre


[1] Cfr. Mt 25, 1ss.

[2] Cfr. Ts 5, 23.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 144.

[4] San Josemaría, Camino, n. 267.

[5] Misal Romano, I Domingo de Adviento, Antífona de entrada. Cf. Sal 24 (25) 1-2.

[6] Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, n. 13.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 1.

[8] Cfr. Misal Romano, Feria III de las semanas I-III de Adviento, Antífona de entrada. Cfr. Za 14, 5.

[9] Jn 5, 17.

[10] Rm 13, 11; Lc 21, 36; Mc 13, 37.

[11] Cfr. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 15, 1: PG 33, 870 (II Lectura del Oficio de Lecturas del I Domingo de Adviento).

[12] Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 39.

[13] Misal Romano, Prefacio I de Adviento.

[14] Cfr. Rm 5, 5

[15] Benedicto XVI, Homilía I Vísperas del I Domingo de Adviento, 28-XI-2009.

[16] Francisco, Angelus, 1-XII-2013.

[17] Jn 16, 22.

[18] Misal Romano, Prefacio II de Adviento.

[19] Notas de una meditación, 25-XII-1973 (AGP, biblioteca, P09, p. 199). Publicado en Álvaro del Portillo, Caminar con Jesús. Al compás del año litúrgico, Ed. Cristiandad, Madrid 2014, p. 21.

 

La familia y el mandato cristiano

A veces olvidamos vivir la caridad con quienes más la merecen. ¿Por qué nos cuesta querer a nuestra familia?

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Querer al enemigo es, en efecto, un mandamiento del cristianismo: poner la otra mejilla es vencerse y perdonar a quien nos ha hecho daño de algún modo. Querer al prójimo bajo cualquier circunstancia, perdonar y actuar, no cómo quisiéramos, sino como hijos de Dios.

Sin embargo, muchas veces pensamos que la caridad sólo vale cuando somos objeto de vejaciones o malos tratos. El gran reto que impone la caridad es con la gente que se mantiene cerca de nosotros, sea por un vínculo familiar o de amistad. El verdadero cariño tiene su prueba de fuego en los círculos más íntimos, en la casa, en el trabajo

Y en algunos casos tristemente, la caridad muere a manos de la confianza. La estrechez de los lazos y la cercanía hace que nos olvidemos del respeto que va aparejado al cariño. Un grito, una petición hecha con desdén o cualquier gesto hiriente para con quienes nos rodean suceden cuando el cariño se mal interpreta y la confianza se confunde con la tosquedad.

Es muy común que, por tratarse de un hermano, un padre o cualquier familiar, a esa persona no le tratemos cómo se merece. Arrebatamos las cosas, exigimos un servicio o no somos corteses con aquellos que llamamos “nuestros seres queridos” simplemente porque son “de confianza”.

La costumbre y la convivencia pueden prestarse a bajar el nivel en el trato, a que nos tomemos libertades con nuestros hijos, padres o hermanos. Se trata de personas que comparten un lazo muy íntimo con nosotros, cierto, pero que son individuos que merecen nuestro respeto y, con mayor razón, por ser sangre de nuestra sangre.

"Un mandamiento nuevo os doy, que os ameís los unos a los otros como yo os he amado". Este mandamiento nuevo que nos dio Cristo debe vivirse, primero, en la familia.

En esta iglesia doméstica, que es la familia, deben resonar con fuerza las palabras de san Pablo: “si no tengo caridad, no tengo nada”. Si en la familia no hay un verdadero amor, no tendremos nada.

Y es que el amor que debemos a nuestros seres queridos tiene que mostrarse en actos concretos. Obras son amores y no buenas razones, canta la sabiduría popular, y es una exigencia que debe reinar en la familia:

- Ser servicial y ayudar sin que nos lo pidan a las tareas cotidianas dentro del hogar (levantar la loza después de las comidas, hacer algún encargo, mostrarse diligente en los favores que se nos piden, acompañar a quien lo necesita, adelantarse a los favores, etc.)

- Convivir con la familia con una buena actitud, conversar e interesarnos por los asuntos de padres, hijos y hermanos para conocerlos mejor y poder tratarlos con verdadero cariño.

- Tratar a nuestra familia con el respeto que merece. Evitar las situaciones incómodas, no intrometernos en su intimidad (a menos que se nos permita), respetar el tono humano (cuidar el pudor, el lenguaje y el trato).

- Hay que recordar siempre que la familia es una pequeña comunidad donde conviven varones y mujeres: cuidar el trato permitirá que esa convivencia sea atractiva y plenamente familiar.

- Mostrarnos realmente a su disposición cuando lo necesitan. Que de verdad sepan que pueden contar con nuestra ayuda en cualquier momento.

- Evitar ser molestos o abusivos. En efecto, un hijo, hermano o padre, es incondicional, pero el vínculo familiar también exige de una buena dosis de prudencia y sentido común para pedir favores.

No hay que olvidar que la caridad primero ha de vivirse con las personas más cercanas: hijos, padres, hermanos… ellos son lo más importante y a veces lo que menos cuidamos. Si permitimos que la costumbre y el hecho de compartir un techo se vuelvan motivo de un trato corriente, estaremos faltando gravemente a la caridad.

Recordemos el amor que se vivía en la Sagrada Familia, reflejo del cariño que debe respirarse en cualquier hogar. Ese será siempre el mejor ejemplo para tratar a quienes forman nuestra familia.

 

 

La familia, Iglesia doméstica

GabrielGonzález Nares

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La familia, es una comunidad de fe, esperanza y caridad. Por eso le podemos llamar Iglesia doméstica.
La familia cristiana es una comunión de personas, que reflejan la comunión que existe en Dios entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Así como Dios es creador, la familia comparte con Él esa obra, al procrear y educar a los hijos. ¡Qué gran dignidad tiene la familia que se asemeja a Dios en su obra creadora!.

La familia cristiana, como Jesús, que cuando vino al mundo se dedicó a llevar la palabra de su Padre a todos los hombres, así, la familia tiene la misión de seguir sus pasos, de evangelizar; primero que nada, a sus propios hijos y a todos cuantos le rodean. La familia cristiana también es misionera, pues querrá que otras personas también conozcan a Dios, y serán testimonio del amor de Dios por todos.

También, la familia cristiana esta llamada a la oración. A orar juntos a Dios, quien ha creado a la familia. Así, una familia que reza unida, permanecerá unida, pues juntos, los miembros de la familia se ayudarán mutuamente a vivir como auténticos cristianos.

Con la oración diaria, es decir, platicando con Dios en todo momento, contándole todo lo que pasa entre la familia para así estar más cerca de Él, es como se va a fortalecer la unión y el amor que existe entre los miembros familiares. Y, si una familia está unida con Dios por medio de la oración común, el respeto a todas las personas (que somos imagen y semejanza de Dios) se vivirá continuamente, como Dios lo ha planeado.

Es muy bueno el que todos los días, en familia se lea la Palabra de Dios. Si Dios está presente en las conversaciones, el comportamiento de los miembros de la familia será reflejo del amor de Dios. Si únicamente se habla de fútbol, chismes, envidias,…, el comportamiento de la familia será de la misma manera.

La familia cristiana es privilegiada entre las que no son cristianas, ya que es llamada por Dios nuestro Padre a ser en donde se dé la educación en los valores cristianos como el amor, la ayuda mutua, el servicio a los demás y sobre todo, a seguir a Cristo como lo hicieron sus apóstoles.

¡Qué hermoso es encontrar familias que viven ese amor por los demás! ¡Qué felicidad se ve en los rostros de aquéllos que aman a Dios!

Cuando Dios habita en una familia, la felicidad abunda en todos sus miembros.

GRATUIDAD Y EDUCACIÓN EN LA FE

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu («vitae spiritualis ianua») y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión. La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el bautismo de niños. Por tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento. Los padres cristianos deben reconocer que esta práctica corresponde también a su misión de alimentar la vida que Dios les ha confiado.

Los padres a través de la educación cristiana ayudan a que los propios hijos se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación, se forman para vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad y contribuyen al crecimiento del Cuerpo místico. La misión de la educación exige que los padres cristianos propongan a los hijos todos los contenidos que son necesarios para la maduración gradual de su personalidad desde un punto de vista cristiano y eclesial. La misión educativa comporta que la familia transmita e irradie el Evangelio, hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. En la familia todos los miembros evangelizan y son evangelizados.

EVANGELIZACIÓN EN LA FAMILIA

En virtud del ministerio de la educación los padres, mediante el testimonio de su vida, son los primeros mensajeros del Evangelio ante los hijos. Es más, rezando con los hijos, dedicándose con ellos a la lectura de la Palabra de Dios e introduciéndolos en la intimidad del Cuerpo de Cristo mediante la iniciación cristiana, llegan a ser más plenamente padres. Por tanto uno de los campos en los que la familia es insustituible es ciertamente el de la educación religiosa, gracias a la cual la familia crece como “iglesia doméstica”. La educación religiosa y la catequesis de los hijos sitúan a la familia en el ámbito de la Iglesia como un verdadero sujeto de evangelización y de apostolado. Se trata de un derecho relacionado íntimamente con el principio de la libertad religiosa.

AYUDA DE OTRAS INSTITUCIONES

Las familias, y más concretamente los padres, tienen la libre facultad de escoger para sus hijos un determinado modelo de educación religiosa y moral, de acuerdo con las propias convicciones. Pero incluso cuando confían estos cometidos a instituciones eclesiásticas o a escuelas dirigidas por personal religioso, es necesario que su presencia educativa siga siendo constante y activa.

A fin de que los padres cristianos puedan cumplir dignamente su ministerio educativo, el Estado y la Iglesia tienen la obligación de dar a las familias todas las ayudas posibles, a fin de que puedan ejercer adecuadamente sus funciones educativas. Se subraya la exigencia de una particular solidaridad entre las familias, que puede expresarse mediante diversas formas organizativas como las asociaciones de familias para las familias. Es importante que las familias traten de construir entre ellas lazos de solidaridad. Esto, sobre todo, les permite prestarse mutuamente un servicio educativo común: los padres son educados por medio de otros padres, los hijos por medio de otros hijos. Se crea así una peculiar tradición educativa, que encuentra su fuerza en el carácter de la familia “iglesia doméstica”.

 

 

La responsabilidad de los católicos en la crisis moral que vivimos

Blanca Mijares

CrisisMoral.encuentra.com.int

Recientemente me invitaron a un Foro sobre familia en una Universidad Católica y aquello me dejó profundamente triste porque en aras de la universalidad de ideas aquello se convirtió en un monologo sobre cuestiones de género y tipos de familias que distaba mucho de la antropología cristiana, que además, nunca se mencionó. Por eso, me cuestioné sobre las causas de aquello que presencie y les ofrezco lo que encontré, esperando les ayude a reflexionar sobre el modo de pensar y de actuar que tenemos muchos católicos y de cómo nos hemos ido dejando influir por las ideologías. Pero, no se desanimen, también presento, con gran esperanza, las soluciones al problema.

Definitivamente estamos ante una crisis moral que todos los representantes de la vida pública, en general, acusan, y además, reclaman: el regreso a una vida individual, familiar, social y política en la que la convivencia esté regida por criterios éticos que garanticen la paz y la armonía en los distintos ámbitos de la vida. Se trata de una cuestión de “ecología humana”, puesto que es imposible vivir una existencia digna de la persona en una sociedad en la que al ciudadano se le empuja a envilecerse. Aristóteles afirmó: “Sin principios éticos, el hombre es el peor de los animales”. (política I, 1, 1253ª-b).

Ya en 1974, el Papa Pablo VI decía: “Nadie ignora que la moral cristiana ha sido puesta en discusión, incluso en lo que afecta a sus mismos principios. Sin embargo, la Revelación propone un estilo propio y concreto de vida, que el Magisterio de la Iglesia interpreta auténticamente y prolonga y aplica a los nuevos desarrollos de la vida. Pero, a veces, esto se olvida fácilmente. Hoy, además, se discuten los mismos principios del orden moral objetivo. De lo cual deriva que el hombre de hoy se siente desconcertado. No se sabe dónde está el bien y dónde está el mal, ni en qué criterios puede apoyarse para juzgar rectamente. Un cierto número de cristianos participa en esta duda, por haber perdido la confianza tanto en un concepto de moral natural como en las enseñanzas positivas de la Revelación y del Magisterio. Se ha abandonado a una filosofía pragmática para aceptar los argumentos del relativismo. Nos pensamos que una de las causas, y acaso la principal, de esta degeneración de la mentalidad del hombre moderno se debe a la separación radical, más bien que la distinción, de la doctrina y de la práctica moral, de la religión, negando a ésta toda razón de ser y privando a la primera de sus fundamentos ontológicos y de sus finalidades supremas” (Discurso a la Comisión Teológica Internacional 16.XII.1974, “AAS” 67-1975-40). Así diagnosticaría lo sucedido en el mencionado foro.

Ciertamente estamos ante un cambio de cultura que origina una sociedad nueva con profundas repercusiones en la interpretación moral de la existencia individual y colectiva. Es una crisis que procede ya del s. XVIII, cuando Kant se propuso buscar un fundamento sólido al actuar ético de la persona, sin encontrarlo. Sus seguidores no han sabido interpretar la “autonomía” y se han sublevado contra el “deber”. Desde entonces, se han sucedido intentos sin que se logre encontrar un fundamento sólido a la ciencia ética. Y la dificultad se agrando cuando los autores –como los expositores del foro- dejan de atender dos supuestos irrenunciables: la ley natural y la referencia a Dios.

Así se pueden resumir las causas de lo presenciado:

a. El influjo de las ideologías no cristianas: como el materialismo marxista, con su crítica a la religión, que en el foro fue continua. Como el liberalismo capitalista, que desvía el problema hacía lo económico, hacía lo material, desviando la atención de los valores espirituales, de la salvación de las almas que están bajo la responsabilidad de los educadores. Y ambas ideologías combinadas contribuyen a disminuir notablemente el sentido del mal moral.

b. La influencia del existencialismo filosófico y de la psicología del subconsciente: La filosofía existencialista, es un sistema de pensamiento y de vivir que despierta sospechas sobre Dios, descuida los valores morales y siembra pesimismo sobre la existencia humana, que resta interés por una vida éticamente honrada. Por otro lado, el psicologismo freudiano arremete contra el bien y el mal morales y trata de borrar los conceptos éticos con el intento de liberar al hombre de los principios morales, que condenó como tabúes, de los que hay que liberarse. Además, estos dos sistemas fueron precedidos por el pensamiento de Nietzsche, que fustiga sin piedad a la moral cristiana e incluso propone acabar con la moral. –Por eso, hay que tener mucho cuidado con los programas de algunas carreras, porque muchas veces los jóvenes no están suficientemente formados para hacerse cargo de algunos autores. Es necesario primero darles una idea clara de las cosas y desde ahí partir para hacer el análisis de los fenómenos históricos y de los autores que han participado de ellos y de este modo poder descubrir sus errores y carencias en las filosofías que ofrecen-.

c. El relativismo: (Que fue patente en el foro). Acepta sólo un único tipo de realidad, la física, lo que conduce a la crisis de la metafísica. La relatividad de la verdad y del error depende de la “opinión” de cada uno, lo que conduce a negar el conocimiento racional, alistándose un “pensamiento débil”, irreflexivo, fácil de manipular; que fomenta el desprecio a la verdad y al pensamiento racional que es la base de las ciencias. La relatividad del bien y del mal conduce al relativismo de la ética y por lo tanto, nada es bueno y malo en sí mismo, sino que depende de las circunstancias, de la finalidad o los efectos que se sigan. –Esta es una posición inadmisible, sobre todo para un católico que sabe que existe una verdad, que además, tiene la misión de predicar como apóstol que es-.

En la Exhortación apostólica “Ecclesia in Europa”, Juan Pablo II hacia una llamada a los sacerdotes para que dedicaran su atención a los temas relacionados con la enseñanza y la vida moral. –que yo extiendo a los sacerdotes de América, para que no lleguemos a la situación Europea, que nos está alcanzando a gran velocidad- Con el fin de alcanzar el objetivo de la nueva evangelización, el Papa pensaba que la doctrina y la eticidad de la conducta juegan un papel decisivo: “Me dirijo a los sacerdotes y les recomendamos que procuren estar al día en el campo de la teología moral, de modo que sepan afrontar con competencia los problemas planteados recientemente a la moral personal y social. Presten una especial atención, además a las condiciones concretas de vida en que se encuentran los fieles y les ayuden pacientemente a descubrir las exigencias de la ley moral cristiana, ayudándolos a vivir el Sacramento de la Penitencia como un gozoso encuentro con la misericordia del Padre celestial” (EE 77). –Desde este punto de vista, ciertamente, las estadísticas nos son muy útiles para poder descubrir el estado de la cuestión, pero nunca como una justificación para la aceptación irreflexiva de esas situaciones disfuncionales o patológicas, sería como aceptar que el ideal del organismo humano es la obesidad porque el 90% de la población Norteamericana es obesa. Existe un ideal del ser matrimonial y familiar que es el que mejor cumple con su finalidad procreadora y proyección perfectiva de sus miembros, dentro de un ambiente de acogida incondicional y amorosa- .

Según enseñaba Juan Pablo II, la crisis de la moral católica abarca todos los ámbitos, por eso: “Hoy se hace necesario reflexionar sobre el conjunto de la enseñanza moral de la Iglesia, con el fin preciso de recordar algunas verdades fundamentales de la doctrina católica, que en el contexto actual corren el riesgo de ser deformadas o negadas. En efecto, ha venido a crearse una nueva situación dentro de la misma comunidad cristiana, en la que se difunden muchas dudas y objeciones de orden humano y psicológico, social y cultural, religioso e incluso específicamente teológico, sobre las enseñanzas morales de la Iglesia. Ya no se trata de contestaciones parciales y ocasionales, sino que, partiendo de determinadas concepciones antropológicas y éticas, se pone en tela de juicio, de modo global y sistemático, el patrimonio moral. En la base se encuentra el influjo, más o menos velado, de corrientes de pensamiento que terminan por erradicar la libertad humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad. Y así, se rechaza la doctrina tradicional sobre la ley natural y sobre la universalidad y permanente validez de los preceptos; se consideran simplemente inaceptables algunas enseñanzas morales de la Iglesia; se opina que el mismo Magisterio no debe intervenir en cuestiones morales más que para exhortar a las conciencias y promover los valores en los que cada uno basará después autónomamente sus decisiones y opciones de vida”. (Veritatis Splendor” 4). Según Juan Pablo II están en crisis puntos fundamentales, tanto para la ciencia ética, como para la teología moral: se dan diversas concepciones del hombre y el constitutivo de la verdad; se niega la ley natural y la universalidad de ciertos preceptos morales; no se acepta la enseñanza del Magisterio y se niega que pueda enseñar con autoridad en cuestiones morales. –Como se pudo constatar en el mencionado foro-.

Exhorto a todos los que lean esto a re-conocer y a exponer de un modo comprensivo y estimulante las cuestiones morales de nuestra época, de forma que, al tiempo que presentan los problemas de la moral personal y social, orienten a los jóvenes cristianos a la práctica de los principios del mensaje moral cristiano, del que algunos se han alejado o están verdaderamente confundidos.

Lo que a continuación expongo es patrimonio de la Iglesia, pero me atrevo a recordárselos:

Los criterios para superar esta situación, son las siguientes medidas que es preciso tomar:

1. Recuperar y cuidar la ortodoxia de la doctrina. Si la crisis en buena medida ha sido provocada por los errores doctrinales, se hace imprescindible conquistar de nuevo la verdad en torno al mensaje moral predicado por Jesucristo. Una cosa son las posibles discusiones y posiciones Teológicas diversas y otra muy distinta, la responsabilidad de predicar el Magisterio de la Iglesia hasta ahora vigente y aprobado.

2. Es preciso exponer el mensaje moral más cercano al Evangelio. La primera página de la moral cristiana, es la misma vida histórica de Jesús de Nazaret. Es preciso acercarse a su vida y descubrir las grandes actitudes morales que Él mismo asumió: cuál fue su comportamiento frente a Dios y en relación al hombre; como actuó en relación al dinero, al trabajo, a la amistad humana, a la injusticia, al dolor, etc. Sin caer en una moral de actitudes, las disposiciones de Jesús frente a las circunstancias de la existencia humana encuentran en los ejemplos de su vida el canon de comportamiento cristiano. La segunda página de la Teología Moral es la comprensión y exposición de la doctrina moral contenida en el mensaje de Jesús y en la enseñanza de los demás libros del Nuevo Testamento, en los que los Apóstoles aplican a la vida de los primeros cristianos la doctrina vivida y enseñada por Jesucristo.

3. Explicar la moral cristiana en el ámbito de las creencias. La moral es siempre un segundo momento que sigue a la fe. Por ello, no cabe exponer la moral católica como algo “per se”, sino en íntima dependencia y relación con las verdades que se creen. Para evitar el riesgo de reducir el cristianismo a un programa moral o un programa político o social, y poder dar pleno sentido a las exigencias éticas del evangelio y evitar el riesgo, que denunciaba Juan Pablo II, de idear el cristianismo como mera fidelidad a las creencias, pero sin conceder valor a la conducta (VS 4).

4. Superar el relativismo. Es preciso tener a la vista y saber integrar en la doctrina moral las intuiciones que han provocado los diversos relativismos: conviene destacar la importancia de las “circunstancias” que concurren en el actuar moral, los “fines” que la persona se propone en la conducta y valorar las “consecuencias” que se siguen, pero de forma que se muestre su verdadero alcance, pero evitando los errores extremos del circunstancialismo ético y las corrientes consecuencialistas, tanto de signo finalista como proporcionalista.

5. Recuperar el valor de la ley natural. Es importante que la ley natural se entienda como la “ley del hombre” y no como una ley física o biológica. Dado que existe una íntima relación entre antropología y ética, si se descubre la originalidad del hombre, se dará un paso decisivo en el hallazgo de la doctrina que ha de orientar su conducta ética de acuerdo con su dignidad originaria. –Noto en ocasiones entre algunos católicos cierto pesimismo pero, como egresada de la Universidad de Navarra, puedo decirles que la coherencia se puede lograr y que sólo de ese modo lo jóvenes se entusiasman y desean participar de ese estilo de vida que ennoblece y llena de sentido la vida personal, familiar, laboral y social, como sucedió conmigo-.

6. La necesidad de un testimonio coherente y comunitario de la fe cristiana éticamente vivida. Dada la profundidad de la crisis y al grado de inmoralidad en que viven amplios sectores de la sociedad, como las estadísticas expuestas mostraron, se impone un testimonio de vida vivido espontáneamente y comunitariamente, de forma que testifique la grandeza de la moral cristiana y que atraiga por su coherencia y autenticidad. Ya no basta la doctrina a una generación desengañada de las ideologías, es preciso el ejemplo vivido gozosamente por grupos de creyentes que hagan vida lo que la Iglesia propone como doctrina. En esta área es muchísimo lo que la Universidad puede hacer como agente apostólico, al cuidar el contenido de sus materias para que una tras otra recalquen la misma antropología cristiana, se logre la coherencia entre lo que son y hacen las universidades católicas y se gradúen grupos de profesionistas católicos bien formados y que vivan y amen su Iglesia y su fe, con alegría y un profundo sentido de trascendencia a cada instante y que impregnen de amor cuanto toquen, como lo hizo Jesucristo.

 

 

Inmaculada Concepción: la Sin Pecado

Ernesto Juliá Díaz

Cuadro de la Inmaculada de Murillo en Sevilla.

Abundan las noticias que ponen a prueba nuestro optimismo y nuestra esperanza de cada día.  Informaciones de nuevos abusos de todo tipo, de manipulaciones y de mentiras: escándalos por doquier, acusaciones contra toda clase de personas, etc. etc.

¿Consiguen que nos convirtamos en pesimistas profundos, y que caigamos en una situación de desinterés y de apatía generalizada, o sólo remueven y enfangan más el caos letal, ético-moral y mental, que estamos viviendo en las sociedades del así llamado “mundo occidental civilizado”?

En ocasiones, es verdad, nos invitan a mirar la vida con horizontes estrechos para que nos acomodemos a la situación de que “todos lo hacen”; y no alcemos la mirada a horizontes más elevados y más dignos que están ahí para que los contemplemos.

¿Qué necesitamos para elevar la mirada? Algo tan sencillo como mirar a la Inmaculada, la Sin Pecado, y Ella llenará nuestro corazón y nuestra alma para que no “sigamos desorientados y perdidos en nuestros pecados” (Francisco, Ángelus 3-XII-17).

La Inmaculada nos habla de pecado. Ella que fue concebida “sin pecado original”, nos recuerda la realidad de nuestro pecado, de ese pecado que está en el origen de todas las malas noticias que recibimos. Pecados de orgullo y de soberbia que originan todas las violencias, guerras, abusos de poder, etc.; de lujuria que provoca el desbordamiento sexual de las diferentes ideologías de género; de envidias y de odios que están en la base de tantos maltratos humanos, y de la indiferencia ante las verdaderas necesidades de los demás; etc.

En estos días se prepara en Sevilla una gran exposición sobre la obra de Murillo. De sus cuadros, fijo hoy mi atención en las Inmaculadas.      

Ante el número de cuadros que se le atribuyen me pregunto: ¿Son muchas Inmaculadas, o es la misma Inmaculada plasmada en diferentes momentos del espíritu, de la visión, del artista?

En San Petersburgo, y en el Museo del Ermitage, luce la más famosa quizá de sus Inmaculadas, la llamada “Concepción de Walpole” (coleccionista inglés del siglo XVIII). Las manos abiertas de la Virgen Santísima acompañan su mirada elevada, perdida y encontrada en el Cielo, en el decreto de Dios Padre que la prepara para ser morada de su Hijo, y la llena ya de Espíritu Santo.

Contemplar una Inmaculada de Murillo hace realidad ese deseo de que la belleza lleve al hombre a Dios, después de pedirle perdón por sus pecados, y recibirlo.

Al contemplar a la Virgen Inmaculada, atenta al mensaje de Dios, y la respuesta a la invitación de ser la Madre de Dios, podemos pensar que Dios dijo después de crearla: “Y vio que era buena, que era bella; que es la Bondad, que es la Belleza”.

En Ella, porque es la Sin Pecado y la que ha aplastado la cabeza del demonio, el abismo insondable que separa a Dios de su criatura se hace camino transitable. Y consciente de estar preparada para transmitir a la tierra a Aquel, que es “Camino, Verdad y Vida”, eleva los ojos al cielo y abre las manos en ademán de acoger toda la Luz del Amor de Dios, y sembrarla en el corazón de todos los hombres, después de animarles maternalmente a abandonar el pecado, y rechazarlo con decisión.

Virgen Casta, Virgen Pura. Su Fiesta no aparecerá en los “medios”. Es lo mismo. En todos sus santuarios se elevará una mirada hasta el Cielo, en la esperanza de que muchos hombres y mujeres abandonen la impureza de una sexualidad vivida bajo el solo impulso del instinto y del placer, alimentada por la pornografía y por las prácticas sodomíticas y antinaturales, sobre cuya perversión ya llamó la atención el mismo Freud.

¿Quién puede medir la influencia de los grandes santuarios marianos en la historia de sus pueblos, y de todas las culturas en toda la tierra: Guadalupe, Lourdes, Fátima, La Sallette, Loreto, el Pilar, Czestochowa, Aparecida; y de las pequeñas ermitas dedicadas a la Santísima Virgen María en todos los rincones del mundo?

ernesto. julia@gmail.com

 

Las redes sociales y la “enfermedad” de los selfies: si el verdadero problema es la vanidad

Escrito por Cecilia Galatolo

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A veces, con nuestros perfiles, hacemos de todo menos compartir, usándolos como accesorios para alimentar vanidad y egocentrismo

Si somos personas muy activas en las redes sociales quizá hemos sentido alguna vez la inquietud que nuestra relación con el instrumento no sea del todo equilibrada.

Quizá nos ha sucedido pasar tiempo con algunos amigos cercanos y hacer fotos más con la idea de publicarlas y enseñarlas a los otros −para obtener aprobación, por envidia o simplemente para estar en el centro de la atención−, que no con el propósito de inmortalizar un bonito momento para conservar y desempolvar en su momento.

Facebook o Instagram −solo por citar algunas redes muy usadas− son instrumentos para compartir. ¿Y qué habría de equivocado en el hacer saber a los amigos cómo se está pasando el tiempo libre y con quién? ¿Por qué debería ser negativo mostrar algunas actividades o lugares que nos son queridos?

El problema está cuando la “inquietud de compartir” llega a niveles patológicos, cuando el estar en Facebook, por ejemplo, se convierte en más importante que estar con quien tenemos al lado o ser visto cuenta más que tener amistades auténticas.

En el artículo Si los instrumentos pensados para comunicar se convierten en obstáculo de la comunicación hemos hablado de un riesgo: que los instrumentos pensados para favorecer el compartir, la amistad, la solidaridad, nos lleven, en cambio, a alejarnos, a mirarnos con desconfianza o a ignorarnos.

Y hay que admitir que a veces, con nuestros perfiles hacemos de todo menos compartir, usándolos como accesorios para alimentar vanidad y egocentrismo.

La “enfermedad” del selfie

Un profesor de sociología dijo una vez: “En el pasado, cuando los turistas venían a Roma hacían fotos al Coliseo o a la Fontana di Trevi. Hoy, los monumentos están apenas en el fondo de la escena. Es decir, lo que cuenta es que esté yo en la foto, que podamos decir a nuestro círculo de conocidos, con un simple clic, he estado allí”.

¿Quizá porque queremos suscitar envidia, hacer creer a los otros que somos más afortunados, más guapos, más felices? ¿Quizá queremos satisfacer nuestro ego, nuestra soberbia o simplemente hacer callar la inseguridad o el miedo de ser inferiores a los otros?

Cualquiera que sea nuestra respuesta, si el espíritu de compartir disminuye, entran en juego mecanismos para nada positivos, de los que hemos hablado en el artículo Los 7 pecados capitales de las redes sociales.

Obviamente, el abuso de los selfies es solo la punta del iceberg, el problema, cuando se trata de vicios, se encuentra siempre en el corazón humano. Demonizar la moda del selfie, difundida en particular entre los jóvenes, no es la solución. Lo que debe cambiar es la actitud hacia el instrumento. Debemos por tanto prestar atención a no vivirlo como una “enfermedad”, a no usarlo para aparentar a toda costa.

Cuando nos damos cuenta de que estamos exagerando, cuando advertimos que la galería del teléfono o nuestro perfil están “repletos” de fotos que nos retratan solo a nosotros mismos, quizá es el momento de dejar de posar, para abrirnos a los otros y “volver a mirar al exterior”.

Redes sociales y el narcisismo

Los narcisistas necesitan exponerse y aparecer porque no están contentos con lo que son. Dar una imagen positiva de sí mismos les ayuda a compensar la frustración que sienten por el hecho de no gustarse. Este mecanismo es generado por un vacío afectivo, por la falta de amor y atenciones.

Si miramos alrededor y, sobre todo, dentro, no será difícil descubrir tendencias narcisistas en muchas personas que conocemos… y en nosotros mismos.

Un análisis exhaustivo del desorden narcisista (véase el narcisismo es un desorden psicológico y no tiene nada que ver con selfies), al margen de las “tendencias” más o menos pronunciadas, revela, sin embargo, que quienes padecen una verdadera patología (tratable, por lo tanto, con una terapia) no son la mayoría de las personas, sino un 6%.

Y las redes sociales, a menudo acusadas de nutrir el narcisismo, ¿qué papel tienen?

El artículo antes mencionado nos ofrece una respuesta inesperada: “La estructura de las redes sociales ahora influye en nuestra vida hasta el punto de alimentar tendencias narcisistas ya existentes −proporcionando lo que se llama ‘suministro narcisista’− pero el narcisismo real es mucho más inquietante que el hacerse algunos selfies”.

¿El problema más común? La vanidad

Según estos estudiosos, no habría un vínculo estrecho entre redes sociales y narcisismo. Y el narcisismo, entendido como una patología que no puede ser curada por uno mismo, concierne solo a una pequeña parte de la población.

Sin embargo, ¿con qué frecuencia aprovechamos una red social para presumir?

Bueno, las informaciones de este estudio nos hacen deducir que la mayoría de nosotros tenemos un defecto pero que podemos corregir: la vanidad. Con un poco −quizás mucho− empeño, podemos salir de nuestro egocentrismo. ¿Por dónde empezar? Por ejemplo, dejando de considerar las redes sociales escaparates y comenzar a verlas como ventanas hacia el mundo...

El otro no es un “distribuidor de me gusta”

Cuando nos acercamos a una red social, el verdadero obstáculo que debe eliminarse es nuestra vanidad. Debemos trabajar para “descentrarnos”, conscientes de que estamos en una plaza y no frente al espejo.

Tanto cuando estamos conectados como cuando estamos desconectados, debemos recordar que estar con los demás, escuchar a los demás, valorarlos, es mucho más hermoso que “usarlos” para autoafirmarnos.

Ver al amigo en Facebook solo como un “distribuidor de me gusta”, que me ayuda a sentirme superior, no tiene nada que ver con una auténtica relación de amistad. Sin embargo, la verdadera amistad puede hacernos mucho, mucho más felices que los pedestales.

Cecilia Galatolo

 

Hacia una cultura del trabajo

Escrito por Rafael María de Balbín

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El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; no es, por ello, ni un castigo ni una maldición

En una época como la actual, en que ha aumentado tanto el trabajo en cantidad y en intensidad, podría parecer a primera vista que nos encontramos ante una poderosa cultura del trabajo. Pero no nos engañemos: más bien predomina una cultura del entretenimiento y la dispersión. Ante la realidad del trabajo es frecuente la resignada aceptación o la huída hacia ocupaciones más placenteras.

Por otra parte la mentalidad clientelista o populista lleva a esperarlo todo del Estado, sin necesidad de un serio trabajo personal. La viveza o el oportunismo sustituyen al trabajo serio.

Una cultura del trabajo puede llevarnos a valorarlo como fuente de bienes para la persona y para la sociedad. Recuerdo con agrado aquella calcomanía, pegada en el vidrio trasero de un automóvil, en pleno tráfico caraqueño: −¿Amas a Venezuela? Trabaja.

Podría ser el lema de una auténtica cultura del trabajo.

La visión cristiana del trabajo reconoce su gran importancia para el bien del hombre, según los planes de Dios (Cfr. Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la doctrina social de la iglesia, nn. 255-258).

El Antiguo Testamento presenta a Dios como Creador omnipotente (cf. Gn 2,2; Jb 38-41; Sal 104; Sal 147), que plasma al hombre a su imagen y lo invita a trabajar la tierra (cf. Gn 2,5-6), y a custodiar el jardín del Edén en donde lo ha puesto (cf. Gn 2,15). La vida del hombre en este mundo implica la tarea y la responsabilidad de trabajar. Dios confía a la primera pareja humana la tarea de someter la tierra y de dominar todo ser viviente (cf. Gn 1,28).

En el designio del Creador, las realidades creadas, buenas en sí mismas, existen en función del hombre. El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; no es, por ello, ni un castigo ni una maldición. Como realidad humana corresponde a la tarea y a la perfección del hombre. El trabajo debe ser honrado porque es fuente de riqueza o, al menos, de condiciones para una vida decorosa, y, en general, instrumento eficaz contra la pobreza (cf. Pr 10,4).

Pero no se debe ceder a la tentación de idolatrarlo, porque en él no se puede encontrar el sentido último y definitivo de la vida. El trabajo es esencial, pero es Dios, no el trabajo, la fuente de la vida y el fin del hombre. La enseñanza bíblica sobre el trabajo se complementa con el mandamiento del descanso sabático. La memoria y la experiencia del sábado constituyen un baluarte contra el sometimiento humano al trabajo, una esclavitud voluntaria o impuesta.

En su predicación, Jesucristo enseña a apreciar el trabajo (Cfr. Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la doctrina social de la iglesia, nn. 259-263). Él mismo «se hizo semejante a nosotros en todo, dedicó la mayor parte de los años de su vida terrena al trabajo manual junto al banco del carpintero», en el taller de José (cf. Mt 13,55; Mc 6,3), al cual estaba sometido (cf. Lc 2,51). Jesús condena el comportamiento del siervo perezoso, que esconde bajo tierra el talento (cf. Mt 25,14-30) y alaba al siervo fiel y prudente a quien el patrón encuentra realizando las tareas que se le han confiado (cf. Mt 24,46).  

Jesús enseña a los hombres a no dejarse dominar por el trabajo. Deben, ante todo, preocuparse por su alma; ganar el mundo entero no es el objetivo de su vida (cf. Mc 8,36). Durante su ministerio terreno, Jesús trabaja incansablemente, realizando obras poderosas para liberar al hombre de la enfermedad, del sufrimiento y de la muerte.

La actividad humana de enriquecimiento y de transformación del universo puede y debe manifestar las perfecciones escondidas en él, que tienen en el Verbo increado su principio y su modelo. El trabajo representa una dimensión fundamental de la existencia humana no sólo como participación en la obra de la creación, sino también de la redención: en el perfeccionamiento de este mundo según los planes de Dios, y en el cumplimiento del amoroso designio divino de que el hombre alcance su plenitud junto a Él.

Rafael María de Balbín

 

 

VALORES EN ALZA: PROGRESO DEL PAIS


Ing. José Joaquín Camacho                                       

Siglo21, sábado 1 diciembre 2018

    Recientemente un artículo de Prensa señalaba que la mayoría de la población guatemalteca es buena, gente amable y positiva, pero sobre todo muy trabajadora y honrada. Gente creativa y luchadora que se las ingenia para poner un negocito y ganarse la vida sin robar, con principios y valores. Y esta última frase centró el tema como un tema básico que comento.
    Que estemos alertas para que no tengamos alteraciones de valores básicos y con ello problemas sociales. Por ejemplo a veces nos preguntamos por qué crecen los índices de criminalidad, corrupción y delincuencia, y nos olvidamos que la solución a estos problemas sociales está en promover la primera escuela de valores de toda persona humana: la familia. Así de claro.     
    Como clara es la consecuencia: que si lo vemos así, debemos promover la defensa y credibilidad de esta institución humana, pues una sociedad que no se edifica sobre familias sólidas, es una sociedad débil.
    Tema con muchos aspectos. Se narraba en prensa especializada europea una consecuencia de esta alteración de valores en un país desarrollado: es que la buena salud económica de Alemania tiene un talón de Aquiles: su demografía. Es que los censos revelaban que la población tenía 1,5 millones menos de lo estimado. La tasa de hijos por mujer está desde los años 90 en torno a 1,4, muy lejos del 2,1 necesario para renovar las generaciones… A pesar de gastar millones de euros al año en subsidios familiares, no ha habido una respuesta en la tasa de natalidad; y esto se debe en parte a que la solución depende de valores, costumbres y actitudes, en la conciliación de familia y trabajo que requerirían cambios profundos. Y no es problema, digamos, sólo técnico sino más de fondo: transposición, alteración o pérdida de valores.
    Otro ejemplo actual –grotesco- de consecuencia de esta transposición de valores podría ser lo sucedido en California, donde una ley permitió a los estudiantes que se consideran transexuales utilizaran los vestuarios, las instalaciones y participar en los equipos del género con el que se identifican, independientemente de cuál sea su sexo biológico. De entrada, la gran mayoría de los estudiantes de California -que no se identifican como transexuales- vió infringido su derecho a la intimidad…
El punto clave es cuando esa pérdida de valores origina que muchos no busquen vivir según unos valores,  sino sólo lograr él éxito de cualquier modo, tener un puesto en el trabajo o en la vida social aunque sea perjudicando a la familia, por poner un ejemplo. O cuando vemos cómo se esfuerza una madre por sus hijos y no buscamos el modo de que eso sea reconocido socialmente: es un  valor social. Hoy en día puede suceder lo contrario: una  mujer que dedica la mayor parte de su tiempo a la familia, podría ser considerada… improductiva, cuando realmente está enriqueciendo la sociedad, en beneficio de todos.
    El problema está claro. Y es desafío de cada uno, que no se pierdan los valores que dan vida a nuestra sociedad. Y que renazcan de nuevo en las familias, en la vida social y profesional, entre la gente. Ahí está nuestra identidad; hay que cultivarla, encauzarla. Lo otro - “silbar y mirar a otro lado”- es muy peligroso: lo dice la historia y se ve…

 

 

La corona de Adviento

Corona de Adviento

Se denomina corona de Adviento a un adorno hecho con ramas de abeto o pino, con cuatro velas, que es colocada sobre una mesa durante el tiempo de Adviento.

Las cuatro velas suelen ser de los colores que se describen a continuación:

Morado: Representa el espíritu de la vigilia.
Verde: Representa la esperanza.
Rosa: Representa la alegría por la cercanía del nacimiento de Jesús.
Blanco:  Es el color de la presencia luminosa de Dios.

El año litúrgico comienza con el Adviento. Se enciende una de las cuatro velas cada domingo de los cuatro que dura el Adviento, para indicar el camino que se recorre hasta la Navidad. El primer domingo de Adviento una, el segundo dos, y así sucesivamente. El orden de encendido es: morado, verde, rosa y blanco.

Además de ser un elemento decorativo, esta corona anuncia que la Navidad está cerca y debemos prepararnos.

Los cristianos, para prepararnos a la venida de nuestra LUZ y VIDA, la Natividad del Señor, aprovechamos esta "Corona de adviento" como medio para esperar a Cristo y rogarle infunda en nuestras almas su luz.

El círculo es una figura geométrica perfecta que no tiene ni principio ni fin. La corona de adviento tiene forma de círculo para recordarnos que Dios no tiene principio ni fin, reflejando su unidad y eternidad. Nos ayuda también a pensar en los miles de años de espera desde Adán hasta Cristo y en la segunda y definitiva venida; nos conciencia que de Dios venimos y a Él vamos a regresar.

Las ramas verdes de pino o abeto representan que Cristo está vivo entre nosotros, además su color verde nos recuerda la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza que debemos cultivar durante el Adviento.

Las manzanas rojas con las que algunas personas adornan la corona, representan los frutos del jardín del Edén, con Adán y Eva, que trajeron el pecado al mundo, pero recibieron también la promesa del Salvador universal.

El lazo rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

El día de Navidad, las velas  son sustituidas por otras de color rojo que simboliza el espíritu festivo de la reunión familiar. En el centro, se coloca una vela blanca o cirio simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.

La luz de las velas simboliza la luz de Cristo que desde pequeños buscamos y que nos permite ver, tanto el mundo como nuestro interior. Como hemos comentado antes, cuatro domingos antes de la Navidad se enciende la primera vela. Cada domingo se enciende una vela más. El hecho de irlas prendiendo poco a poco nos recuerda cómo, conforme se acerca la luz, las tinieblas se van disipando, de la misma forma que conforme se acerca la llegada de Jesucristo, que es luz para nuestra vida, se debe ir esfumando el reinado del pecado sobre la tierra. La luz de la vela blanca o del cirio que se enciende durante la Nochebuena nos recuerda que Cristo es la Luz del mundo. El brillo de la luz de esa vela blanca en Navidad, nos recuerda cómo en la plenitud de los tiempos se cumple el "Adviento del Señor".

    

SIGNO DE CONTRADICCIÓN

Por René Mondragón

DURO Y AL MENTÓN

La  ubérrima autora de los días de este escribano solía decir que cuando alguien “mete la pata”, se equivoca bien o mal intencionadamente, habría que puntualizar que, “En el pecado lleva la penitencia”.

Esta vez, cuando Paco Ignacio Taibo presumió que toda la bancada de MORENA cambiaría la Constitución para que él –como distinguido pensador y hermeneuta de Carlos Marx- y pudiera ser director del FCE logrando ingresos que lo acercan a la pléyade que rodea a Carlos Slim y de todos los perversos ricos y burgueses que tanto detesta, al señalar que “se las metió doblada, camarada”, de ese mismo pecado se desprendió la penitencia.

Le han dicho de todo, con buena puntería y con harta dosis de razón. Tatiana Clouthier, la más mesurada, le recomendó pedir disculpas y reconoció cuando lo hizo. Martha Lucía Micher se le fue a la yugular en entrevista con Gómez Leyva; y la más virulenta fue Xóchitl Gálvez, sin dejar de mencionar al público filarmónico mexicano, de quien Taibo recibió una Sinfonía en Silbatina Mayor y con más Andante que Ma non Tropo. Le dijero misógino, machista, grosero, majadero y varios epítetos que mi editor me impide destacar, pero que aluden a la generación femenina ascendente del escritor.

A este grupo de silbantes pertenecen los amigos y conocidos cercanos de Taibo; porque la panista Kenia López Rabadán, fue clarísima al asegurar que la bancada albiazul nos respaldará “iniciativa a modo”. A su vez, la propia Xóchitl Gálvez remató insistiendo en que el Congreso no es una sastrería y que Taibo es “un violador en potencia”

EL QUID: LA DISCULPA

La frase de disculpa publicada en el twitter del señor Taibo resulta genial: “Lamento profundamente haber utilizado una frase desafortunada y vulgar y odiaría que se interpretara como una agresión a las causas feministas o de la comunidad gay, a las que he apoyado decididamente durante toda mi vida y con las que estoy claramente comprometido” Eso fue a las 12:27 del 29 de noviembre de este año.

En efecto, el escritor lamenta “profundamente” haber metido la pata, empleando “una frase desafortunada y vulgar”. Este modelito de comunicación, no concuerda con el estilo de su jefe que no pasa de “las chachalacas” y la clasificación “fifí”

Sin embargo, Taibo vuelve a ratificar su esencia: Taibo odia y odiaría que alguien “interpretara como una agresión a las causas feminista o de la comunidad gay” todo eso que ya le costó la chamba.

Taibo odia que ese sector de sus fans le reproche lo que dijo o malinterprete lo que sí dijo. Los demás…los demás no le significamos nada en absoluto. Los demás, para Taibo, no estamos en su radar de mexicanos ofendidos. Ya congelaron la “ley Taibo” porque el escritor ya es para Andrés Manuel, un signo grave de contradicción. Ojalá que el presidente electo seleccione mejor a sus amigos.

 

 

Andalucía libre

Susana Diaz confunde estratégicamente Andalucía con el partido que la gobierna

Una vez más los andaluces estamos llamados  a las urnas el próximo domingo para pronunciarnos sobre quien o quienes deseamos que gestionen nuestros asuntos durante los próximos cuatro años.

En un ambiente de incertidumbre y de escaso interés electoral los candidatos de los cuatro principales partidos en liza han intentado, creo con muy poca fortuna, debatir en horas interminables y especialmente durante dos soporíferos  debates televisivos sus nada originales propuestas electorales entremezcladas con un fuego cruzado de acusaciones que  han conseguido desconcertar al paciente espectador que haya tenido el indudable mérito de seguirlos.

El preocupante panorama nacional arrastrado por un disparatado gobierno presidido por el personaje más intemporal, vanidoso y peligrosamente terco de nuestra democracia como es Pedro Sánchez, oscurece y oculta en la penumbra del olvido algunos de  los efectos perniciosos que ha tenido el gobierno socialista durante estos últimos cuarenta años que ha estado al frente de la Junta de Andalucía.

En este ambiente de crispación nacional, de un mareante vértigo de decisiones contradictorias del gobierno sanchista que remueven como un potente terremoto los cimientos de los poderes del Estado, de nuestras instituciones y de nuestras relaciones internacionales, Andalucía se va a jugar su futuro para los próximos años en las elecciones de este domingo.

Repetir las conocidas cifras del paro, del fracaso escolar, de las listas de espera de la sanidad pública o de la pestilente corrupción de un régimen que ha dilapidado el dinero público de los andaluces en llenar los bolsillos de altos cargos de la Junta, amén de  sus juergas y francachelas, no sirve de nada si el votante no reflexiona en que lo que verdaderamente se juega es su libertad y su capacidad de decidir sobre un poder que durante 40 años le ha tenido prisionero de su pobreza intelectual y moral.

Es irritante escuchar machaconamente como la candidata Susana Diaz confunde estratégicamente Andalucía con el partido que la gobierna y presume de un poder que no permite a los ciudadanos actuar libremente en la elección de la opción educativa, sanitaria,cultural o social que desee en función de su libertad y de sus convicciones personales.

Andalucía y Cataluña son dos comunidades que por su extensión, su fuerte componente demográfico (entre las dos suman cerca de 16 millones de habitantes, un 34% aproximadamente de la población nacional), aportan un número importante de parlamentarios a las Cortes Generales, sede de la soberanía nacional, y el número de escaños que obtienen tiene un peso específico en la composición del gobierno de la nación.

Un mal resultado del centro derecha en Andalucía o una continuidad de la mayoría  de esta izquierda que pretende seguir patrimonializando la vida y bienes de los andaluces, unido a la incertidumbre que proporciona el caos en el que está sumida Cataluña, sería letal para una España que en estos cuarenta años de democracia ha  alcanzado altas cotas de desarrrollo y prestigio internacional

Apelo al buen sentido de los ciudadanos para que los socialistas dejen de confundir el todo con la parte, ellos no “son” Andalucía, y apelo también al voto responsable de quienes estamos en la posición de desear una nueva Andalucía que se construya con pilares de libertad, moderación y respeto de nuestras costumbres y convicciones. Estos deben ser los postulados que reflexionemos en las horas que quedan para que el domingo se manifiesten con nuestro voto mayoritario en las urnas.

Decía George Clemanceau que llegó a ser primer ministro de la Tercera República Francesa que “el hombre absurdo es el que no cambia nunca”. Permitir que una vez más Susana Díaz prolongue cuatro años más el retraso cultural, social y económico de Andalucía además de absurdo y pertinaz es cooperar con la vertigionosa carrera que ha tomado Pedro Sánchez para conducir a España hacia el precipicio de su propio fracaso.

Jorge Hernández Mollar

 

 

Crisis del hombre contemporáneo, occidental y cristiano

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Existe una sola crisis fundamental, que tiene como campo de acción al propio hombre

Las muchas crisis que conmueven el mundo de hoy -del Estado, de la familia, de la economía, de la cultura, etc.- no constituyen sino múltiples aspectos de una sola crisis fundamental, que tiene como campo de acción al propio hombre. En otros términos, esas crisis tienen su raíz en los más profundos problemas de alma, de donde se extienden a todos los aspectos de la personalidad del hombre contemporáneo y a todas sus actividades.

Esa crisis es principalmente la del hombre occidental y cristiano, es decir, del europeo y de sus descendientes, el americano y el australiano. Y es en cuanto tal que la estudiaremos más particularmente. Ella también afecta a los otros pueblos, en la medida en que a éstos se extiende y en ellos echó raíces el mundo occidental. En esos pueblos tal crisis se complica con los problemas propios de las respectivas culturas y civilizaciones y con el choque entre éstas y los elementos positivos o negativos de la cultura y de la civilización occidentales.

Por más profundos que sean los factores de diversificación de esa crisis en los diferentes países de hoy, ella conserva, siempre, cinco caracteres capitales: es universal, una, total, dominante y procesiva.

 

 

La perversión, políticamente correcta, del lenguaje

Hay cosas de las que no se habla o palabras que no se pronuncian, sin la autorización de quienes ostentan el monopolio de lo políticamente correcto.

Es igual que sea una canción, la calificación de un político, una creencia religiosa, la definición de una ideología, el uso de una bandera o la iniciativa de un ayuntamiento. Hay una especie de censura previa que todos han admitido -asumido se dice ahora- y sin la aquiescencia de los que se han erigido en censores es muy difícil definir, calificar o hablar, de lo que siempre se ha hablado, siempre se ha calificado y siempre se ha definido.

Hay cosas de las que no se habla o palabras que no se pronuncian sin la autorización de quienes ostentan el monopolio de lo políticamente correcto.

Se ha llegado así a una perversión del lenguaje que, paradójicamente, de perversión ha pasado a ser lo correcto.

Hay presupuestos sociales, ultraderecha, fascismo, nazismo e incluso violencia machista, pero no hay -pura paradoja- violencia feminista, ultraizquierda, marxismo, comunismo o presupuestos liberales.

Suso do Madrid

 

 

La superación de nuestra biología

¿Qué relación tiene el transhumanismo con la religión, la ciencia y la tecnología? ¿Cuáles son las tesis fundamentales del transhumanismo y qué desafíos plantea? Estas preguntas serán abordadas durante el Congreso Internacional “Transhumanismo. Desafíos antropológicos, éticos, jurídicos y teológicos”, que se celebrará los próximos 29, 30 y 31 de mayo de 2019 en la Universidad Pontificia Comillas. El objetivo será analizar académicamente las tesis fundamentales del transhumanismo y los desafíos que plantea tanto desde el punto de vista científico, como antropológico, jurídico, ético y teológico, contando para ello con grandes referentes en estas materias a nivel internacional.

El interés por el transhumanismo se incrementa por el hecho de que la ciencia y la tecnología de los últimos siglos han modificado nuestras vidas en muchos sentidos. Han conseguido solucionar problemas que parecían irresolubles y también han generado nuevas formas de esperanza que, con frecuencia, están entre la realidad y la ficción. Esperemos lo que salga del mencionado Congreso

Jesús Martínez Madrid

 

 

Ante libertad religiosa y blasfemia

Me he referido en diversas ocasiones al drama de Asia Bibi, madre de familia pakistaní, encarcelada desde hace nueve años, en espera de la sentencia del Tribunal Supremo en la apelación contra su condena a muerte por delito de blasfemia. Hay tal presión en la calle por parte de los masivos grupos fundamentalistas que los jueces no se atrevían a hacer pública su decisión que, finalmente ha sido absolutoria. En cualquier caso, las autoridades siguen haciendo caso omiso a las peticiones de asociaciones pro derechos humanos nacionales e internacionales para revisar la llamada “ley de la blasfemia”, desarrollada en varios artículos del código penal y sancionada con la pena capital, coherente a su modo con una República confesional islámica. Asia Bibi, libre, está en lugar desconocido por los riesgo que continua teniendo el que ciertos elementos conozcan su paradero.

Lo he recordado al leer que Irlanda reforma en referéndum –coincidente con la elección presidencial- el antiguo precepto de 1937 que consideraba delictivos y condenaba con multa, los ultrajes a la religión. De todos modos, como se ha señalado estos días, nunca se había sancionado jurídicamente a nadie por ese motivo desde el siglo XVIII. Sin embargo, el debate ha sido agrio. Si las autoridades eclesiásticas católicas y anglicanas aceptan la libertad religiosa y la libertad de expresión, para Amnesty Internacional y el consejo irlandés pro derechos cívicos, según un manifiesto conjunto, la libertad de expresión incluye el “derecho a discursos que desafíen o incluso ridiculicen ideas o instituciones”.

Dinamarca había ido por delante hace casi dos años: eliminó de su código penal el delito de ultraje a la religión, que condenaba a cuatro meses de prisión a quien insultare o se burlare públicamente de la doctrina o el culto de una comunidad religiosa legalmente reconocida. Creo que ni una cosa ni otra lo cierto está en “el justo medio”

Enric Barrull Casals

 

 

A CUALQUIER AYUNTAMIENTO: Yerbatos y… “yerbateros”; y más cosas

            Pese a que en Jaén, nos cuesta el servicio de limpieza urbana (y lo de limpieza es un decir por cuanto lo que sigue predominando es la suciedad y el abandono por “hunos y por los hotros”) y reitero… “nos cuesta un ojo de la cara, casi el otro y uno de los dos güevos”; “los señores de la limpieza y su hábil monopolista que parece que agarró por “los cataplines” a todos los alcaldes desde que consiguió esta enorme breva que está explotando hasta no sabemos ya donde”; estos irresponsables no consideran basura y por ello los ignoran y los dejan, para que se reproduzcan como así lo hacen; los denominados “yerbatos”, que proliferan en aceras, bordillos, junto a las viviendas urbanas, jardines y en cualquier lugar, por donde “y cuando sea”, pasa la escoba del barrendero, el que como mucho (y casi nunca), se limita a “cortarlos con la pala” y así los deja con las raíces mucho más potentes para que sigan creciendo; incluso lo he visto en calle céntrica y sobre, palmeras que nacen en esas rendijas que hay abundantemente en los pavimentos próximos, o en la “plaza de las palmeras” (hoy de la constitución). Esperemos que la solución, no sea crear, “el cuerpo de yerbateros” y de paso, colocar en el mismo a otro ciento de enchufados o nepotes y subirnos con ello los impuestos.

            Como el ayuntamiento está “lleno de alcaldes” (27) y ni sabemos cuántos más irresponsables; pues “hunos por hotros” y que cobran puntualmente nóminas que no merecen; “la casa sin barrer”; y nunca mejor dicho la vieja frase; pues nadie vigila a nadie y pareciera que en el municipio, todos o casi todos, “hacen lo que les sale de los cojones”, cosa que nos indigna a los que al final pagamos impuestos ya confiscatorios a tan inútil ayuntamiento, “y sus servidores”, que de hecho, se sirven muy bien del chollo que tienen.

            PLAZA DE BELÉN: Por enésima vez denuncio, que faltan como mínimo ocho o diez bancos en la misma y donde hay huecos más que suficientes. También faltan contenedores para vidrio, envases y plásticos, papel y cartón, que no es que sean necesarios, es que son imprescindibles para ese tan cacareado reciclaje con el que nos están “bombardeando” continuamente.

            TRAGONAS-ALCANTARILLAS: Como ocurría en tiempos de Franco, este asunto no lo soluciona nadie; y además de mal niveladas “las corrientes” para recoger las aguas de lluvia, la mayoría siguen atrancadas y faltas de limpieza de las mismas; y pareciera que los empleados de tal obligación, fueron “cesados”, o están en “vacaciones perpetuas”, pues no se ven por ningún lado.

            MUNICIPALES: O policía municipal; a pesar de que hay más de doscientos, no se ven salvo algunos que cómodamente sentados en “sus coches”, pasan velozmente “haciendo turismo urbano”; y sin pararse en ningún lado útil; significando que “labor de policía, es orden y limpieza, entre otros”.

            RECICLAJE DE PILAS: Hubo un tiempo en que había varios contenedores de estas y seguro que su instalación “nos costó otro güevo”; pero desaparecieron y hoy las pilas van en la basura, a pesar de lo contaminantes que son. ¿Volverán a poner aquellos u otros contenedores?

            ¿Y cuántas cosas más? Simplemente fíjense “en el panorama” y escriban al periódico, puesto que escribir al alcalde, es perder el tiempo y lo digo por experiencia.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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