Las Noticias de hoy 01 Diciembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 01 de diciembre de 2018     

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

El Papa anima a niños con enfermedades tumorales: “Vencer es el horizonte para ir adelante”

Papa Francisco: El santuario es un lugar privilegiado para experimentar la misericordia

Francisco a Bartolomé I: La búsqueda de la comunión plena responde a la voluntad de Jesucristo

HACIA LA CASA DEL PADRE: Francisco Fernandez Carbajal

“No podemos enseñar lo que no practicamos”: San Josemaria

Textos sobre el Adviento (3): "No desdeña alojarse en nuestros pobres corazones"

Novena a la Inmaculada: 8 de diciembre

Domingo 1º de Adviento; ciclo C

Buscar a Cristo en el Decálogo de los Mandamientos: Ramiro Pellitero

Milagros : Daniel Tirapu

El Tiempo de Adviento es…

Los orígenes del Adviento: primeroscristianos

El proceso de la vida humana: Ana Teresa López de Llergo

“NACO” IGNACIO TAIBO: René Mondragón

Transhumanismo y libertad: Ángel Cabrero Ugarte

Educar a nuestros hijos en la amabilidad: Silvia del Valle Márquez

Causas de la sobreprotección a los hijos: Lucia Legorreta

La verdadera felicidad sólo nace de la Verdad: Acción Familia

Jóvenes que “arman lío”: Jesús Domingo Martínez

Deben tolerar y aceptar: Jesús Martínez Madrid

Hoy, lo social…: José Morales Martín

Los desfiles militares y el poder: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Viernes 30 de noviembre de 2018

Como los apóstoles Pedro, Andrés, Santiago y Juan, dejemos todo lo que nos impida avanzar en el anuncio del testimonio de Cristo. Y en esta fiesta de San Andrés estemos cercanos a la Iglesia de Constantinopla, la Iglesia de Andrés, rezando por la unidad de las Iglesias.

Dejemos aparte esa actitud, ese pecado, ese vicio que cada uno lleva dentro, para ser más coherentes y anunciar a Jesús, y la gente crea con nuestro buen ejemplo. En la Primera Lectura (Rm 10,9-18) San Pablo explica que “la fe nace del mensaje que se escucha, y viene a través de la palabra de Cristo”. Por eso es importante el anuncio del Evangelio: que Cristo nos salvó, murió y resucitó por nosotros. El anuncio de Jesucristo no es dar una simple noticia sino la única gran Buena Noticia. No es publicidad, ni hacer propaganda de una persona muy buena, que hizo el bien, curó a tanta gente, y nos enseñó cosas bonitas. No, no es publicidad. Tampoco es proselitismo. Si uno va a hablar de Jesucristo, a predicar para hacer proselitismo, eso no es anuncio de Cristo: es un oficio de predicador llevado por la lógica del márquetin. ¿Qué es, pues, el anuncio de Cristo, que no es ni proselitismo ni publicidad ni márquetin? Va más allá. ¿Cómo se puede entender esto?

Es ante todo ser enviado. Ser enviado a la misión, jugándose la vida. El apóstol, el enviado que lleva el anuncio de Jesucristo, lo hace a condición de poner en juego su vida, su tiempo, sus intereses, su carne. Hay un dicho castellano: “poner toda la carne en el asador”. El viaje del anuncio –arriesgando la vida, jugándose la vida, la carne– solo tiene billete de ida, no de vuelta. Volver es apostasía. Anuncio a Jesucristo con el ejemplo, y ejemplo quiere decir jugarse la vida. Lo que digo lo hago. La palabra, para ser anuncio, debe ser testimonio. Es un escándalo esos cristianos que dicen serlo y luego viven como paganos, como no creyentes, como si no tuviesen fe. Seamos coherentes con la palabra y la vida: eso se llama testimonio. El apóstol, el que lleva la Palabra de Dios, es un testigo, que se juega la vida hasta el final, y es también un mártir. Por otra parte, fue Dios Padre quien, para darse a conocer, envió a su Hijo hecho carne, dando su vida. Un hecho que escandalizaba tanto y sigue escandalizando, porque Dios se hizo uno de nosotros, en un viaje con billete solo de ida.

El diablo intentó convencerlo para que tomara otro camino, y Él no quiso, hizo la voluntad del Padre hasta el final. Y el anuncio de Él debe ir por el mismo camino: el testimonio, porque Él fue el testigo del Padre hecho carne. Nosotros debemos hacernos carne, es decir, hacernos testigos: hacer lo que decimos. Ese es el anuncio de Cristo. Los mártires demuestran que el anuncio fue de verdad. Hombres y mujeres que dieron la vida –los apóstoles dieron la vida– con su sangre; y también tantos hombres y mujeres escondidos en nuestra sociedad y en nuestras familias, que dan testimonio todos los días, en silencio, de Jesucristo, pero con su propia vida, con esa coherencia de hacer lo que dicen. Todos, con el Bautismo, asumimos la misión de anunciar a Cristo. Viviendo como Jesús nos enseñó a vivir, en armonía con lo que predicamos, el anuncio será fructuoso. Si, en cambio, vivimos sin coherencia, diciendo una cosa y haciendo lo contrario, el resultado será el escándalo. Y el de los cristianos hace mucho daño al pueblo de Dios.

 

 

 

El Papa anima a niños con enfermedades tumorales: “Vencer es el horizonte para ir adelante”

De la Clínica de Oncología en Wrocław (Polonia)

noviembre 30, 2018 19:21Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 30 nov. 2108).- El Santo Padre Francisco ha compartido parte de la mañana con un grupo de niños con enfermedades tumorales de la Clínica de Oncología en Wrocław (Polonia), en el Vaticano.

“La victoria es diferente para cada persona: cada uno vence a su manera, pero vencer siempre es el ideal, es el horizonte para ir adelante. No os desaniméis”, les ha dicho el Papa durante la audiencia, celebrada esta mañana, viernes, 30 de noviembre de 2018, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181130111324_0005-413x275.jpg

Francisco les ha agradecido su visita y ha compartido con ellos una reflexión: “Vuestro camino en la vida es un poco dificultoso, queridos niños, porque tenéis que curaros, vencer a la enfermedad o convivir con la enfermedad: esto no es fácil. Pero tenéis muchos amigos, muchos amigos que os ayudan tanto. Y también vuestros familiares os ayudan a seguir adelante. Pensad bien en esto: no hay dificultad en la vida que no se pueda vencer”.

Y luego, el Papa ha añadido: “A cada uno de nosotros, el Señor nos ha dado un ángel de la guarda, desde que somos pequeños hasta que somos ancianos. El Señor nos lo ha dado para que nos ayude en la vida”.

Cada uno de vosotros tiene el suyo, ha recordado el Papa. “Acostumbraos a hablar con vuestro ángel, para que os guarde, os inspire y os lleve a vencer siempre en la vida”.

Asimismo, el Santo Padre se ha dirigido a los acompañantes de los niños: “Gracias por cuidar de estos niños, ayudándoles a crecer”.

El encuentro ha concluido con un momento de oración, propuesto por el Papa Francisco, que ha invitado a rezar Nuestra Señora el Ave María en polaco, antes de impartir la bendición.

 

 

Papa Francisco: El santuario es un lugar privilegiado para experimentar la misericordia

Discurso del Papa a los Rectores y Operadores de Santuarios

noviembre 30, 2018 08:59Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 30 nov. 2018).- “¡Cuánto necesitamos los santuarios en el camino diario de la Iglesia!” ha dicho el Papa a los Rectores y Operadores de Santuarios. “Son el lugar donde se reúne con más agrado nuestro pueblo para expresar su fe con toda simplicidad y de acuerdo con las diversas tradiciones que ha aprendido desde la infancia”.

Del 27 al 29 de noviembre tiene lugar, en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, el I Congreso Internacional para Rectores y Operadores de Santuarios sobre el tema El santuario, puerta abierta a  la nueva evangelización.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181129121118_0077-413x275.jpgAl final de los trabajos, a las 11:45 horas, en la Sala Regia del Palacio Apostólico, el Papa ha recibido en audiencia a los participantes en el congreso y les ha dirigido el siguiente discurso.

El Papa ha subrayado varios aspectos del “necesario” papel del santuario en la Iglesia. En primer lugar, ha destacado la importancia de la acogida reservada a los peregrinos, y ha observado: “Es triste cuando sucede que, a su llegada, no haya nadie que les dé una palabra de bienvenida y los reciba como peregrinos que han realizado un viaje, a menudo largo, para llegar al santuario”.

“¡Y es peor todavía cuando encuentran la puerta cerrada! –ha insistido el Papa– No puede ser que se preste más atención a las necesidades materiales y financieras, olvidando que la realidad más importante son los peregrinos. Son ellos los que cuentan”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181129113918_0021-413x275.jpgEn segundo lugar, Francisco ha anotado que los santuarios “están llamados a alimentar la oración del peregrino individual en el silencio de su corazón”.

En la línea de la acogida, ha comentado que “nadie en nuestros santuarios tendría que sentirse como un extraño, especialmente cuando llega allí bajo el peso de su propio pecado”.

Por último, el Santo Padre ha señalado que el santuario es un “lugar privilegiado” para experimentar la misericordia que no conoce fronteras. Y ha añadido que esta es una de las razones que le empujaron a querer que también en los santuarios hubiera una “Puerta de la misericordia” durante el jubileo extraordinario.

En efecto, cuando la misericordia se vive, “se convierte en una forma de evangelización real, porque transforma a los que reciben la misericordia en testigos de misericordia”, ha asegurado el Pontífice.

RD

A continuación sigue el texto del Mensaje del Santo Padre a los Rectores y Operadores de Santuarios:

***

Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

Esperaba este momento que me permite conocer a muchos representantes de los innumerables santuarios esparcidos en todas las regiones del mundo. ¡Cuánto necesitamos los santuarios en el camino diario de la Iglesia! Son el lugar donde se reúne con más agrado nuestro pueblo  para expresar su fe con toda simplicidad y de acuerdo con las diversas tradiciones que ha aprendido desde la infancia. En muchos sentidos, nuestros santuarios son insustituibles porque mantienen viva la piedad popular, https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181129114350_0045-413x275.jpgenriqueciéndola con una formación catequética que sostiene y refuerza la fe alimentando al mismo tiempo el testimonio de caridad. Esto es muy importante: mantener viva la piedad popular y no olvidar esa joya que es el número 48 de la Evangelii nuntiandi, donde San Pablo VI cambió el nombre “religiosidad popular” en “piedad popular”. Es una joya. Esa es la inspiración de la piedad popular que, como dijo una vez un obispo italiano, “es el sistema inmunitario de la Iglesia”. Nos salva de muchas cosas.

Agradezco al arzobispo Rino Fisichella las palabras con las que ha introducido nuestro encuentro y que me ofrecen la oportunidad de algunas consideraciones.

Pienso, en primer lugar, en la importancia de la acogida reservada a los peregrinos. Sabemos que cada vez más a menudo nuestros santuarios son la meta no de grupos organizados, sino de peregrinos solos o de grupitos autónomos que se ponen en camino para llegar a estos lugares sagrados. Es triste cuando sucede que, a su llegada, no haya nadie que les dé una palabra de bienvenida y los reciba como https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181129113928_0010-413x275.jpgperegrinos que han realizado un viaje, a menudo largo, para llegar al santuario. ¡Y es peor todavía cuando encuentran la puerta cerrada! No puede ser que se preste más atención a las necesidades materiales y financieras, olvidando que la realidad más importante son los peregrinos. Son ellos los que cuentan. El pan viene después, pero antes ellos. Con cada uno debemos asegurarnos de que se sienta “como en casa”, como un familiar muy esperado que finalmente ha llegado.

También debemos considerar que muchas personas visitan el santuario porque pertenece a la tradición local; a veces porque sus obras de arte son una atracción; o porque se encuentra en un entorno natural de gran belleza y encanto. Estas personas, cuando son bienvenidas, son más disponibles  a abrir sus corazones y a dejar que los plasme la gracia. Un clima de amistad es una semilla fecunda que nuestros santuarios pueden arrojar al terreno de los peregrinos, haciéndoles redescubrir esa confianza en la Iglesia que a veces puede haberse visto decepcionada a causa de una indiferencia de la que han sido objeto.

El santuario es ante todo –segunda cosa-  un lugar de oración. La mayoría de nuestros santuarios están dedicados a la piedad mariana. Aquí, la Virgen María abre de par en par los brazos de su amor maternal para escuchar la súplica de cada uno y concederla. Los sentimientos que cada peregrino siente en lo más profundo del corazón son aquellos que encuentra también en la Madre de Dios. Aquí, ella sonríe dando consuelo. Aquí derramas lágrimas con los que lloran. Aquí  presenta a cada uno al Hijo de Dios sostenido firmemente en sus brazos como el bien más preciado que toda madre posee. Aquí María se hace compañera de camino de cada persona que levanta los ojos pidiendo una gracia, convencida de que se le concederá. La Virgen responde a todos con la intensidad de su mirada, que los artistas han sabido pintar, a menudo guiados a su vez desde lo alto en la contemplación.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181129120930_0277-413x275.jpgA propósito de  oración en los santuarios, quisiera subrayar dos requisitos. En primer lugar, alentar la oración de la Iglesia que con la celebración de los sacramentos hace la salvación presente y eficaz. Esto permite que cualquier persona presente en el Santuario  se sienta parte de una comunidad más grande que desde todas las partes de la tierra profesa la única fe, testimonia el mismo amor y vive la misma esperanza. Muchos santuarios han surgido precisamente por la  petición de oraciones de la Virgen María al vidente, para que la Iglesia no olvide nunca las palabras del Señor Jesús de rezar sin interrupción (cf. Lc 18, 1) y de permanecer siempre vigilantes a la espera de su regreso (cf. Mc 14, 28).

Además, los santuarios están llamados a alimentar la oración del peregrino individual en el silencio de su corazón. Con las palabras del corazón, con el silencio, con las  fórmulas aprendidas de memoria cuando era un niño, con sus gestos de piedad … cada uno debe  ser ayudado a expresar su oración personal. Muchos vienen al santuario porque necesitan recibir una gracia, y luego regresan para dar gracias por haberla obtenido, a menudo por haber recibido fuerza y ​​paz en la prueba. Esta oración hace que los santuarios sean lugares fecundos, porque la piedad del pueblo sea siempre alimentada  y crezca en el conocimiento del amor de Dios.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181129114426_0044-413x275.jpgNadie en nuestros santuarios tendría que sentirse como un extraño, especialmente cuando llega allí bajo el peso de su propio pecado. Y aquí me gustaría hacer la última consideración: el santuario es un lugar privilegiado para experimentar la misericordia que no conoce fronteras. Esta es una de las razones que me empujaron a querer que también en los santuarios hubiera una  “Puerta de la misericordia” durante el jubileo extraordinario. En efecto, cuando la misericordia se vive, se convierte en una forma de evangelización real, porque transforma a los que reciben la misericordia en testigos de misericordia. En primer lugar, el sacramento de la Reconciliación, que tan a menudo se celebra en los santuarios, necesita sacerdotes bien formados, misericordiosos, capaces de hacer que se saboree el verdadero encuentro con el Señor que perdona. Espero que, sobre todo en los santuarios, nunca falte la figura del “Misionero de la Misericordia”, – si no la hay en algún santuario que la pida al dicasterio- como un fiel testimonio del amor del Padre que tiende a todos sus brazos y sale al encuentro feliz de haber reencontrado a los que se habían ido (cf. Lc 15, 11-32). Las obras de misericordia, por último, piden ser vividas de una manera particular en nuestros santuarios, porque en ellos la generosidad y la caridad se realizan de manera natural y espontánea como actos de obediencia y de amor al Señor Jesús y a la Virgen María.

Queridos hermanos y hermanas, pido a la Madre de Dios que os sostenga y acompañe en esta gran responsabilidad pastoral que se os ha confiado. Os bendigo y rezo por vosotros. Y vosotros, también, por favor, no os olvidéis de rezar y de hacer que se rece por mí en vuestros santuarios.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181129121808_0310-413x275.jpgY, antes de terminar, me gustaría hablar de una experiencia, una experiencia de un hermano y también mía. El santuario es un lugar, por así decirlo, del encuentro no solo con el peregrino, con Dios, sino también el encuentro de nosotros pastores con nuestro pueblo. La liturgia del 2 de febrero nos dice que el Señor va al santuario para encontrarse con su pueblo, para salir al encuentro de su pueblo, entender al pueblo de Dios, sin prejuicios; el pueblo dotado de ese “olfato” de la fe, de esa infallibilitas in credendo de la que habla el  n. 12 de la Lumen gentium. Este encuentro es fundamental. Si el pastor que está en el santuario no logra encontrarse con el pueblo de Dios, es mejor que el obispo le dé otra misión, porque no es adecuado para eso; y él sufrirá tanto y hará sufrir al pueblo. Recuerdo – y ahora vengo a la anécdota – a un profesor de Literatura, un hombre genial. Toda su vida fue jesuita; toda su vida fue  profesor de Literatura de alto nivel. Después se jubiló y le pidió al Provincial: “Me jubilo, pero me gustaría hacer algo pastoral en un barrio pobre, tener contacto con el pueblo, con la gente …”. Y el Provincial le confía un barrio de gente muy devota, que iba a los santuarios, que tenía este espíritu, pero muy pobre, más o menos un barrio de chabolas. Y tenía que venir una vez a la semana a la comunidad de la Facultad de Teología, donde era rector. Pasaba todo el día con nosotros, en fraternidad, y luego volvía. Así mantenía la vida en comunidad. Y como era genial, un día me dijo: “Tienes que decirle al profesor de eclesiología que le faltan dos tesis” – “¿Por qué?” – “Sí, dos tesis que debe enseñar” – “¿Y cuáles son?” “La primera: el santo pueblo fiel de Dios es ontológicamente olímpico, es decir, hace lo que quiere; y la segunda: es metafísicamente tedioso, es decir, aburre “. Había entendido en los encuentros cómo y por qué cansa el pueblo de Dios. Si estás en contacto con el pueblo de Dios, te cansarás. ¡Un trabajador pastoral que no se cansa me deja muy perplejo! Y con respecto al hecho de que es “olímpico”, es decir, hace lo que quiere, recuerdo cuando era maestro de novicios: Iba todos los años, -como Provincial también con los novicios-, al Santuario de Salta, en el norte de Argentina, a las fiestas de Señor del Milagro. Al salir de la misa, – yo confesaba durante la misa-, había tanta gente, y una señora https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181129120832_0251-413x275.jpgdel pueblo se acercó a otro sacerdote con algunas estampitas: “¿Padre, me las bendice?”, Y ese sacerdote, un teólogo muy inteligente, le dice: “Pero, señora, ¿ha estado en misa?” – “Sí” – “¿Y Usted  sabe que en la misa hay el sacrificio del Calvario, está presente Jesucristo?” – “Sí, padrecito, sí” – “Y ¿sabe que todas estas cosas están más que bendecidas? “-” Sí, padrecito “-” ¿Y sabe que con la bendición final se bendice todo? “-” Sí, padrecito “. Y en ese momento, salió otro sacerdote y la señora dijo: “Padre, ¿me las bendice?” Y él  las tocó y las bendijo. Ella consiguió  lo que quería: Que las tocase. El sentido religioso del tacto. La gente toca las imágenes, “toca a Dios”.

¡Gracias por lo que hacéis! Y ahora os doy la bendición.

 

 

Francisco a Bartolomé I: La búsqueda de la comunión plena responde a la voluntad de Jesucristo

Mensaje en la fiesta de San Andrés Apóstol

noviembre 30, 2018 18:53Rosa Die AlcoleaEcumenismo, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 30 nov. 2018).- En la fiesta de San Andrés Apóstol, el Papa Francisco expresa a Su Santidad Bartolomé I sus sentimientos de profundo afecto, junto con la seguridad de sus oraciones por él, “querido hermano en Cristo”, y por la Iglesia confiada a su cuidado pastoral.

La delegación de la Santa Sede ha participado en la solemne Liturgia Divina presidida por Su Santidad Bartolomé en la iglesia patriarcal de San Jorge al Fanar, donde ha encontrado al Patriarca y  ha sostenido conversaciones con la Comisión sinodal encargada de las relaciones con la Iglesia Católica.

En el marco de esta solemnidad, se ha celebrado el intercambio tradicional de delegaciones para las respectivas fiestas de los santos patronos, así como el 29 de junio en Roma para la celebración de los santos Pedro y Pablo, hoy, 30 de noviembre ha tenido lugar el encuentro en Estambul para la celebración de San Andrés.

Delegación de la Santa Sede

En esta festividad, el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, encabeza la Delegación de la Santa Sede en la fiesta del Patriarcado Ecuménico.

El cardenal está acompañado por el obispo Brian Farrell, secretario del Dicasterio, y por monseñor Andrea Palmieri, subsecretario. En Estambul, se ha unido a la delegación el nuncio apostólico en Turquía, el arzobispo Paul F. Russell.

El cardenal Koch entregó al Patriarca Ecuménico un mensaje autógrafo del Santo Padre, al cual dio lectura pública al final de la liturgia divina y cuyo texto publicamos a continuación.

***

Mensaje del Santo Padre

A Su Santidad Bartolomé
Arzobispo de Constantinopla
Patriarca ecuménico

Con especial alegría, en la fiesta de San Andrés Apóstol, Patrono del Patriarcado Ecuménico, transmito mis sentimientos de profundo afecto, junto con la seguridad de mis oraciones por Su Santidad, querido hermano en Cristo y por la Iglesia confiad por nuestro Señor a vuestro cuidado pastoral. También extiendo cordiales saludos a los miembros del Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico, al clero, a los monjes y monjas, y a todos los fieles reunidos en la Iglesia Patriarcal de San Jorge para la solemne celebración en honor de San Andrés, el primer llamado y hermano de San Pedro.

El intercambio de delegaciones entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla, con motivo de sus respectivos días de fiesta, se ha convertido en una gozosa costumbre a lo largo de los años y expresa el vínculo profundo que une a nuestras dos sedes. Aunque los siglos de malentendidos mutuos, las diferencias y el silencio podrían haber comprometido esta relación, el Espíritu Santo, Espíritu de unidad, nos ha permitido recomenzar un diálogo fraternal. Un diálogo que fue reanudado definitivamente por nuestros venerables predecesores, el Patriarca Atenágoras y el Papa San Pablo VI, y nos ha permitido redescubrir los lazos de comunión que siempre han existido entre nosotros.

Nuestras Iglesias han salvaguardado la tradición apostólica con gran cuidado, junto con las enseñanzas de los primeros Concilios Ecuménicos y de los Padres de la Iglesia, a pesar de las diferencias desarrolladas  en las tradiciones locales y en las formulaciones teológicas, que deben ser comprendidas y aclaradas con mayor profundidad. Al mismo tiempo, ambas Iglesias, con un sentido de responsabilidad hacia el mundo, han sentido esa llamada urgente, que atañe a cada uno de nosotros que hemos sido bautizados, a proclamar el Evangelio a todos los hombres y mujeres. Por esta razón, hoy podemos trabajar juntos en la búsqueda de la paz entre los pueblos, por la abolición de todas las formas de esclavitud, por el respeto y la dignidad de todo ser humano y por el cuidado de la creación. Con la ayuda de Dios, a través del encuentro y el diálogo en nuestro camino  juntos durante los últimos cincuenta años, ya experimentamos estar en comunión, a pesar de que todavía no sea plena y completa.

La búsqueda del restablecimiento de la comunión plena es ante todo una respuesta a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, quien en la víspera de su Pasión oró para que sus discípulos “sean todos uno” (Jn. 17, 21). Unidos, damos una respuesta más efectiva a las necesidades de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente aquellos que sufren de pobreza, hambre, enfermedades y guerra. Aquí expresaría mi profunda gratitud a Su Santidad por su presencia en la Jornada de  Oración y  Reflexión por la paz en Oriente Medio, celebrada el pasado 7 de julio en Bari, a la que asistieron los Jefes de las Iglesias, o sus representantes, de esa zona tan problemática. Es una fuente de gran consuelo compartir con Su Santidad las mismas preocupaciones por la trágica situación de nuestros hermanos y hermanas en la región.

En un mundo herido por el conflicto, la unidad de los cristianos es un signo de esperanza que debe irradiar de manera más visible. Con esto en mente, también le aseguro a Su Santidad mi oración para que Dios, fuente de reconciliación y paz, nos conceda a los cristianos “tener todos unos mismos sentimientos, ser compasivos, amarnos como hermanos” (1P. 3: 8). Dios nos ha llamado para esto, para que podamos “heredar la bendición” (1P. 3: 9).

Confiando en la intercesión de nuestros patronos, San Pedro y San Andrés, le aseguro a Usted y a todos los fieles del Patriarcado Ecuménico mis renovados y mejores deseos, en nombre de toda la Iglesia Católica. Con sentimientos de profunda estima y afecto fraterno, confiando también en sus propias oraciones, intercambio con Su Santidad un abrazo de paz en Cristo nuestro Señor.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

 

HACIA LA CASA DEL PADRE

— Anhelo del Cielo.

— La «divinización» del alma, de sus potencias y del cuerpo glorioso.

— La gloria accidental. Estar vigilantes.

I. Me mostró el río del agua de la vida claro como un cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero. En medio de su plaza, y en una y otra orilla del río, está el árbol de la vida, que produce frutos doce veces (...). En ella estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos le darán culto, verán su rostro y llevarán su nombre grabado en sus frentes1. La Sagrada Escritura acaba donde comenzó: en el Paraíso. Y las lecturas de este último día del año litúrgico nos señalan el fin de nuestro caminar aquí en la tierra: la Casa del Padre, nuestra morada definitiva,

El Apocalipsis nos enseña, mediante símbolos, la realidad de la vida eterna, donde se verá cumplido el anhelo del hombre: la visión de Dios y la felicidad sin término y sin fin. San Juan nos presenta en esta lectura el encuentro de quienes fueron fieles en esta vida: el agua es el símbolo del Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, representado por el río que surge del trono de Dios y del Cordero. El nombre de Dios sobre las frentes de los elegidos expresa su pertenencia al Señor2. En el Cielo ya no habrá noche: no será necesaria luz ni lámparas ni el sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinará por los siglos de los Siglos3.

La muerte de los hijos de Dios será solo el paso previo, la condición indispensable, para reunirse con su Padre Dios y permanecer con Él por toda la eternidad. Junto a Él ya no habrá noche. En la medida en que vamos creciendo en el sentido de la filiación divina, perdemos el miedo a la muerte, porque sentimos con más fuerza el anhelo de encontrarnos con nuestro Padre, que nos espera. Esta vida es solo el camino hasta Él; «por eso es necesario vivir y trabajar en el tiempo llevando en el corazón la nostalgia del Cielo»4.

Muchos hombres, sin embargo, no tienen en su corazón esta «nostalgia del Cielo» porque se encuentran aquí satisfechos de su prosperidad y confort material y se sienten como si estuvieran en casa propia y definitiva, olvidando que no tenemos aquí morada permanente5 y que nuestro corazón está hecho para los bienes eternos. Han empequeñecido su corazón y lo han llenado de cosas que poco o nada valen, y que dejarán para siempre dentro de un tiempo no demasiado largo.

Los cristianos amamos la vida y todo lo que en ella encontramos de noble: amistad, trabajo, alegría, amor humano..., y no debe extrañarnos que a la hora de dejar este mundo experimentemos cierto temor y desazón, pues el cuerpo y el alma fueron creados por Dios para estar unidos y solo tenemos experiencia de este mundo. Sin embargo, la fe nos dará el consuelo inefable de saber que la vida se transforma, no se pierde; y al deshacerse la casa de nuestra habitación terrena, se nos prepara en el Cielo una eterna morada6. Después nos espera la Vida.

Los hijos de Dios quedarán maravillados en la gloria al ver todas las perfecciones de su Padre, de las que solo tuvieron un anticipo en la tierra. Y se sentirán plenamente en su casa, en su morada ya definitiva, en el seno de la Trinidad Beatísima7.

Por eso, podemos exclamar: «¡Si no nos morimos!: cambiamos de casa y nada más. Con la fe y el amor, los cristianos tenemos esta esperanza; una esperanza cierta. No es más que un hasta luego. Nos debíamos morir despidiéndonos así: ¡hasta luego!»8.

II. Los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán por los siglos de los siglos9.

En el Cielo todo nos parecerá enteramente joven y nuevo. Y esta novedad será tan impresionante que el viejo universo habrá desaparecido como un volumen enrollado10; y, sin embargo, el Cielo no será extraño a nuestros ojos. Será la morada que aun el corazón más depravado siempre anheló en el fondo de su ser. Será la nueva comunidad de los hijos de Dios, que habrán alcanzado allí la plenitud de su adopción. Estaremos con nuevos corazones y voluntades nuevas, con nuestros propios cuerpos transfigurados después de la resurrección. Y esta felicidad en Dios no excluirá las genuinas relaciones personales. «Ahí entran todos los amores humanos verdaderos, auténticamente personales: El amor de los esposos, aquel entre padre e hijos, la amistad, el parentesco, la limpia camaradería...

»Vamos todos caminando por la vida y, según pasan los años, son cada vez más numerosos los seres queridos que nos aguardan al otro lado de la barrera de la muerte. Esta se convierte en algo menos temeroso, incluso en algo alegre, cuando vamos siendo capaces de advertir que es la puerta de nuestro verdadero hogar en el que nos aguardan ya los que nos han precedido en el signo de la fe. Nuestro común hogar no es la tumba fría; es el seno de Dios»11.

Aquí nos encontramos con una pobreza desoladora para hacernos cargo de lo que será nuestra vida en el Cielo junto a nuestro Padre Dios. El Antiguo Testamento apunta la vida del Cielo evocando la tierra prometida, en la que ya no se sufrirán la sed y el cansancio, sino que, por el contrario, abundarán todos los bienes. No padecerán hambre ni sed, ni les afligirá el viento solano ni el sol, porque los guiará el que se ha compadecido de ellos, y los llevará a manantiales de agua12. Jesús, en el que tiene lugar la plenitud de la revelación, nos insiste una y otra vez en esta felicidad perfecta e inacabable. Su mensaje es de alegría y de esperanza en este mundo y en el que está por llegar.

El alma y sus potencias, y el cuerpo después de la resurrección, quedarán como divinizados, sin que esto suprima la diferencia infinita entre la creatura y su Creador. Además de contemplar a Dios tal como es en sí mismo, los bienaventurados conocen en Dios de modo perfectísimo a las criaturas especialmente relacionadas con ellos, y de este conocimiento obtienen también un inmenso gozo. Afirma Santo Tomás que los bienaventurados conocen en Cristo todo lo que pertenece a la belleza e integridad del mundo, en cuanto forman parte del universo. Y por ser miembros de la comunidad humana, conocen lo que fue objeto de su cariño o interés en la tierra; y en cuanto criaturas elevadas al orden de la gracia, tienen un conocimiento claro de las verdades de fe referentes a la salvación: la encarnación del Señor, la maternidad divina de María, la Iglesia, la gracia y los sacramentos13.

«Piensa qué grato es a Dios Nuestro Señor el incienso que en su honor se quema; piensa también en lo poco que valen las cosas de la tierra, que apenas empiezan ya se acaban...

«En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo: sin traiciones, sin engaños: ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia ... ! Y sin empalago: te saciará sin saciar»14.

III. En el Cielo veremos a Dios y gozaremos en Él con un gozo infinito, según la santidad y los méritos adquiridos aquí en la tierra. Pero la misericordia de Dios es tan grande, y tanta su largueza, que ha querido que sus elegidos encuentren también un nuevo motivo de felicidad en el Cielo a través de los bienes legítimos creados a los que el hombre aspira; es lo que llaman los teólogos gloria accidental. A esta bienaventuranza pertenecen la compañía de Jesucristo, a quien veremos glorioso, al que reconoceremos después de tantos ratos de conversación con Él, de tantas veces como le recibimos en la Sagrada Comunión..., la compañía de la Virgen, de San José, de los Ángeles, en particular del propio Ángel Custodio, y de todos los santos. Especial alegría nos producirá encontrarnos con los que más amamos en la tierra: padres, hermanos, parientes, amigos..., personas que influyeron de una manera decisiva en nuestra salvación...

Además, como cada hombre, cada mujer, conserva su propia individualidad y sus facultades intelectuales, también en el Cielo es capaz de adquirir otros conocimientos utilizando sus potencias15. Por eso será un motivo de gozo la llegada de nuevas almas al Cielo, el progreso espiritual de las personas queridas que quedaron en la tierra, el fruto de los propios trabajos apostólicos a lo largo del tiempo, la fecundidad sobrenatural de las contrariedades y dificultades padecidas por servir al Maestro... A esto se añadirá, después del juicio universal, la posesión del propio cuerpo, resucitado y glorioso, para el que fue creada el alma. Esta gloria accidental aumentará hasta el día del juicio universal16.

Es bueno y necesario fomentar la esperanza del Cielo; consuela en los momentos más duros y ayuda a mantener firme la virtud de la fidelidad. Es tanto lo que nos espera dentro de poco tiempo que se entienden bien las continuas advertencias del Señor para estar vigilantes y no dejarnos envolver por los asuntos de la tierra de tal manera que olvidemos los del Cielo. En el Evangelio de la Misa de hoy17, el último del año litúrgico, nos advierte Jesús: Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida, la preocupación del dinero y se os eche encima aquel día... Estad siempre despiertos... y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Pensemos con frecuencia en aquellas otras palabras de Jesús: Voy a prepararos un lugar18. Allí, en el Cielo, tenemos nuestra casa definitiva, muy cerca de Él y de su Madre Santísima. Aquí solo estamos de paso. «Y cuando llegue el momento de rendir nuestra alma a Dios, no tendremos miedo a la muerte. La muerte será para nosotros un cambio de casa. Vendrá cuando Dios quiera, pero será una liberación, el principio de la Vida con mayúscula. Vita mutatur, non tollitur (Prefacio I de Difuntos) (...). La vida se cambia, no nos la arrebatan. Empezaremos a vivir de un modo nuevo, muy unidos a la Santísima Virgen, para adorar eternamente a la Trinidad Beatísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es el premio que nos está reservado»19.

Mañana comienza el Adviento, el tiempo de la espera y de la esperanza; esperemos a Jesús muy cerca de María.

1 Primera lectura. Año II. Apoc 22, 1-6. — 2 Cfr. Sagrada Biblia, EUNSA, Pamplona 1989, vol. XII, Apocalipsis, in loc. — 3 Apoc 22, 5. — 4 Juan Pablo II, Alocución 22-X-1985. — 5 Heb 13, 14. — 6 Misal Romano, Prefacio de difuntos. — 7 Cfr. B. Perquin, Abba, Padre, p. 343. — 8 San Josemaría Escrivá, en Hoja informativa sobre el proceso de beatificación de este Siervo de Dios, n. 1, p. 5. — 9 Primera lectura. Año I. Dan 7, 18. — 10 Apoc 6, 14. — 11 C. López-Pardo, Sobre la vida y la muerte, Rialp, Madrid 1973, p. 358. — 12 Is 49, 10. — 13 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 1, q. 89, a. 8. — 14 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 995. — 15 Cfr. Santo Tomás, o. c., 1, q. 89, ad 1 ad 3, aa. 5 y 6; 3, q. 67, a. 2. — 16 Cfr. Catecismo Romano, 1, 13, n. 8. — 17 Lc 21, 34-36. — 18 Jn 14, 2. — 19 A. del Portillo, Homilía 15-VIII-1989, en Romana, n. 9, VII-XII-89, p. 243.

 

 

“No podemos enseñar lo que no practicamos”

“Coepit facere et docere” –comenzó Jesús a hacer y luego a enseñar: tú y yo hemos de dar el testimonio del ejemplo, porque no podemos llevar una doble vida: no podemos enseñar lo que no practicamos. En otras palabras, hemos de enseñar lo que, por lo menos, luchamos por practicar. (Forja, 694)

No se ha limitado el Señor a decirnos que nos amaba, sino que lo ha demostrado con las obras. (…) Vino a enseñar, pero haciendo; vino a enseñar, pero siendo modelo, siendo el Maestro y el ejemplo con su conducta.
Ahora, delante de Jesús Niño, podemos continuar nuestro examen personal: ¿estamos decididos a procurar que nuestra vida sirva de modelo y de enseñanza a nuestros hermanos, a nuestros iguales, los hombres? ¿Estamos decididos a ser otros Cristos? No basta decirlo con la boca. Tú ‑lo pregunto a cada uno de vosotros y me lo pregunto a mí mismo‑, tú, que por ser cristiano estás llamado a ser otro Cristo, ¿mereces que se repita de ti que has venido, facere et docere, a hacer las cosas como un hijo de Dios, atento a la voluntad de su Padre, para que de esta manera puedas empujar a todas las almas a participar de las cosas buenas, nobles, divinas y humanas de la redención? ¿Estás viviendo la vida de Cristo, en tu vida ordinaria en medio del mundo?
Hacer las obras de Dios no es un bonito juego de palabras, sino una invitación a gastarse por Amor. Hay que morir a uno mismo, para renacer a una vida nueva. Porque así obedeció Jesús, hasta la muerte de cruz, mortem autem crucis. Propter quod et Deus exaltavit illum. Y por esto Dios lo exaltó. (Es Cristo que pasa, 21)

 

Textos sobre el Adviento (3): "No desdeña alojarse en nuestros pobres corazones"

En la tercera semana de Adviento, proponemos esta carta del beato Álvaro en la que propone prepararse interiormente, purificándose, para la llegada de Cristo.

Noticias16/12/2014

Opus Dei - Textos sobre el Adviento (3): "No desdeña alojarse en nuestros pobres corazones"Adoración de los pastores, de Lorenzo Lotto (1534).

(Texto del 1 de diciembre de 1988, publicado en "Caminar con Jesús al compás del año litúrgico", Ed. Cristiandad, Madrid 2014, pp. 19-25).

Una vez más, la Iglesia Santa nos muestra en la liturgia el modo de recorrer con fruto estas semanas que preceden a la Natividad del Señor. Oh Dios omnipotente, concede a tus fieles la voluntad de ir con obras al encuentro de Cristo que viene, para que colocados a su derecha, merezcan poseer el reino de los cielos[1].

A lo largo de estos días volveremos a escuchar las voces de los Profetas que anunciaron hace siglos la venida del Redentor. Reviviremos con alegría la expectación y la esperanza de todos los justos de la antigua Ley, la fe de quienes asistieron más de cerca a tan gran acontecimiento —san José, Juan el Bautista, Isabel, Zacarías— y, de modo especialísimo y único, la humildad, la fe y el amor de María, que con su entrega hizo posible la Encarnación del Hijo de Dios.

Hijas e hijos míos, salgamos al encuentro del Redentor del mundo. Pongámonos en camino una vez más, con renovado amor en nuestros corazones, con luz nueva en los ojos, con más vigor en nuestras almas, fortalecidas por el alimento diario de la Sagrada Eucaristía. Arrojemos fuera los fardos —las pequeñas concesiones a la comodidad, al egoísmo, al amor propio— que quizá hacen menos airoso nuestro paso y retardan nuestra marcha hacia Dios. ¡Podemos, con la ayuda del Espíritu Santo! ¡Debemos llevarlo a cabo!, con la intercesión de nuestra dulce Madre María, que nos trae del Cielo, en este Adviento, una gracia nueva para renovar a fondo nuestra entrega.

La invitación a mirar a la Virgen, a ponderar en nuestra oración los sentimientos que llenaban su corazón, a procurar imitarla constantemente, es una recomendación del Magisterio de la Iglesia[2], que reviste particular actualidad en estas semanas. La actitud y las respuestas de María Santísima —ya antes del anuncio del Arcángel y, sobre todo, durante los meses que median entre la Encarnación y el Nacimiento del Salvador— constituyen la mejor escuela en la que los cristianos nos disponemos para el nacimiento espiritual de Cristo en nuestras almas, que Dios desea renovar en cada Navidad. Agradezcamos a la Trinidad Santísima este don infinito, y demos gracias también a nuestro Padre por su fiel y heroica correspondencia, con la que nos ha ayudado a descubrir la dicha incomparable —incluso desde el punto de vista humano— de dejar nacer a Cristo en nuestras vidas, de pertenecer tan íntimamente a la Familia de Nazaret.

Ojalá el Señor nos conceda en este Adviento —así se lo pido lleno de confianza— encarnar de tal modo el espíritu de su Madre Santísima, que se cumpla en nosotros aquella afirmación de un Padre de la Iglesia, que con tanta alegría consideró muchas veces nuestro Fundador[3]: «Que en cada uno de vosotros esté el alma de María, para alabar al Señor; que en cada uno esté el espíritu de María, para gozarse en Dios. Porque si bien una sola es la Madre del Señor según la carne, según la fe Cristo es fruto de todos nosotros»[4].

La solemnidad de la Inmaculada Concepción, que celebramos el 8 de diciembre, es otro espléndido pórtico del Adviento. Detengámonos a considerar la figura purísima de Nuestra Señora, concebida sin mancha de pecado original en atención a los méritos de Cristo, llena de todas las gracias y virtudes. Para ayudarnos a sacar propósitos operativos, nuestro Fundador nos invitaba a hacer examen. «Así ama Jesucristo a su Madre», decía muchos años atrás, después de enumerar las gracias y privilegios con que la Bondad divina enriqueció a María. Y continuaba: «Y tú, ¿cómo honras a la Señora? ¿Qué le ofreces? ¿Cuántas jaculatorias le diriges a lo largo del día? ¿Cómo sabes dominar tus pequeñas miserias, acordándote de que eres hijo de una Madre tota pulchra, purísima, inmaculada?»[5].

Entre las principales características del tiempo litúrgico en que nos encontramos, se cuenta la invitación imperiosa a purificarnos de nuestros pecados y preparar a Jesús una morada digna en nuestras almas. Como nos pedía nuestro Padre por estas fechas, hemos de caminar durante la etapa del Adviento «tratando de construir con el corazón un Belén para nuestro Dios»[6]. El Señor no desdeña alojarse en nuestros pobres corazones, aunque seamos tan poca cosa, si disponemos todo con cariño, lo mejor que podamos. ¿Qué comodidades encontró en Belén, cuando vino al mundo hace veinte siglos? Nació en una gruta paupérrima, porque no hubo lugar para ellos en la posada[7], pero rodeado del afecto grandísimo de María y de José, que limpiarían y arreglarían lo mejor posible aquel establo para recibir a Dios. Sobre todo, vivían ellos con una vigilancia de amor, que les llevaba a aborrecer toda imperfección, por pequeña que fuera, y a corresponder a la gracia con todo su ser, de modo que ni la más sutil separación les distanciase de ese Dios que se les entregaba hecho Niño.

Tampoco nos rechaza a nosotros, aunque estemos llenos de defectos y de miserias, si luchamos cada día y procuramos conservar bien limpias nuestras almas. Por eso, ¡qué lógico resulta que cuidemos de modo especial en estos días la Confesión sacramental: el examen, el dolor, los propósitos! Y, junto a la recepción fructuosa de la Penitencia, la satisfacción generosa por nuestros pecados y por los del mundo entero, ofrezcamos al Señor con alegría las contrariedades, las pequeñas mortificaciones que la vida cotidiana trae consigo, el lógico cansancio de un trabajo profesional exigente... Esforcémonos, hijas e hijos míos, con una lucha operativa, para que en cualquier instante, en toda circunstancia, cumplamos con amor lo que más agrada a Jesús.

Todo esto resulta posible —tenéis la misma experiencia que yo— gracias a las virtudes que Dios mismo ha infundido en nuestras almas con el Bautismo: la fe, la esperanza, la caridad; virtudes teologales que se acrecientan especialmente mediante la recepción de la Eucaristía. Cada venida de Jesús a nuestra alma y a nuestro cuerpo, en la Sagrada Comunión, supone una siembra nueva, abundante, de estas semillas divinas destinadas a dar un día frutos de vida eterna, en la contemplación y goce de la Santísima Trinidad. Nuestro Padre , en sus delirios de amor por Jesús Sacramentado, nos confió que le decía lleno de reverencia y de adoración: «¡Bienvenido»! Y se mantenía en vigilante actitud para crecer en delicadezas de amor con este «Dios nuestro, Margarita preciosísima, que se digna bajar a este muladar, que soy yo».

Déjame que te pregunte: hija mía, hijo mío, ¿cómo te preparas cada día para recibir la Sagrada Comunión? ¿Procuras poner, como aconsejaba nuestro Padre, «limpieza en tus sentidos, uno por uno; adorno en tus potencias, una por una; luz en toda tu alma»[8]? ¿Acudes a tu Madre —a nuestra Madre— para suplicarle ardientemente que te ayude a recibir al Señor con aquella pureza, humildad y devoción con que lo acogió Ella en su cuerpo y en su alma purísimos?

La última semana del Adviento, ya en la inminencia de la Navidad, nos invita a ahondar en los propósitos y deseos que embargaban el espíritu de Nuestra Señora. Las lecturas evangélicas nos impulsan a considerar la fe y la humildad de María, su pureza sin mancha, su entrega absoluta y sin dilaciones al Señor, su rendida obediencia, su espíritu de servicio...: virtudes que todos los cristianos hemos de esforzarnos por practicar, si de verdad queremos que nuestras almas, como la de Nuestra Señora, se conviertan en templo vivo de la divinidad, lleno de la luz del Espíritu Santo[9].

Podríamos pasar horas y horas, hijos míos, desentrañando las lecciones que descubrimos en la actitud constante de nuestra Madre. ¡Tan rica de contenido divino nos la muestra el Santo Evangelio! Pero sois vosotros, cada una y cada uno, en vuestros ratos de oración durante el tiempo litúrgico que hemos comenzado, quienes debéis —debemos— ir confrontando nuestra existencia cotidiana con la de la Virgen, para aprender de Ella y disponernos del mejor modo posible a la Navidad.

En este camino que tiene su meta en Belén, no os olvidéis de san José, nuestro Padre y Señor. Siguiendo a nuestro Fundador, que tanto cariño tuvo y tiene al Santo Patriarca, poneos muy cerca de su persona, pedidle que os enseñe a tratar a su Esposa Inmaculada con un amor rebosante de ternura y respeto, de delicadeza y confianza. Este hombre justo[10], en quien Dios se apoyó para llevar a cabo su designio redentor, nos enseñará a acercarnos con mayor intimidad a la Virgen; y, en compañía de María y de José, llegaremos a la Noche Santa con la impaciencia sobrenatural y humana de acoger al Niño Dios en nuestros corazones.

¿Y qué diremos a Jesús, cuando lo veamos reclinado sobre las pajas del pesebre? Procuraremos «cubrir el silencio indiferente de los que no le conocen o no le aman, entonando villancicos, esas canciones populares que cantan pequeños y grandes en todos los países de vieja tradición cristiana»[11]. Cada uno se lo confiará de modo personalísimo, con las palabras y los afectos que salgan de su corazón; pero todos pediremos por la Iglesia, por el mundo, por las almas, con el afán ardiente de que los frutos de la Redención —que Él trajo en plenitud a la tierra hace ya tanto tiempo— se extiendan más y más por todo el orbe.

En Navidad, nuestro Fundador sabía introducirse en el portal de Belén como un personaje más. A veces se imaginaba que era un pastorcillo que se acerca confiado a Jesús, ofreciéndole un pequeño regalo; en otras ocasiones escogía el puesto de aquel otro, que —de rodillas ante el Niño Dios— sólo sabe adorar; incluso se ponía en el lugar de la mula y del buey, que con su aliento contribuyen a dar calor al Recién Nacido, o en el de un perrillo fiel que está de guardia junto al pesebre... Eran las pequeñas locuras de un alma enamorada, que cada uno de nosotros bien puede seguir, recordando el consejo de nuestro Padre: «Al tratar a Jesús no tengáis vergüenza, no sujetéis el afecto. El corazón es loco, y estas locuras de amor a lo divino hacen mucho bien, porque acaban en propósitos concretos de mejora, de reforma, de purificación, en la vida personal. Si no fuese así, no servirían para nada»[12].

Hijas e hijos míos, que esta intimidad con nuestro Dios y nuestro Rey, apenas nacido, os ayude a intensificar vuestras plegarias por mis intenciones. Pedidle con confianza que nos escuche. A la intercesión de nuestro queridísimo Fundador, que tanto amó a la Sagrada Familia —la trinidad de la tierra—, encomiendo que sus hijas y sus hijos del Opus Dei, las personas que se benefician de la labor apostólica de la Prelatura, los cristianos y todos los hombres de buena voluntad, queramos dar cabida en nuestras almas a Cristo que viene a nuestro encuentro para acogernos muy dentro de su Corazón, y presentarnos a Dios Padre por la acción del Espíritu Santo.

 


[1] Misal Romano, Domingo I de Adviento (Oración Colecta).

[2] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, nn. 63 y 65.

[3] N. ed. Siempre que don Álvaro escribe "nuestro Fundador" o "nuestro Padre" se está refiriendo a san Josemaría Escrivá de Balaguer. Cuando escribió estas cartas, el Fundador del Opus Dei aún no había sido declarado santo por la Iglesia; la canonización tuvo lugar el 6 de octubre de 2002. Por fidelidad al texto, dejamos la expresión original.

[4] San Ambrosio, Exposición del Evangelio según Lucas II, 26; cfr. Amigos de Dios, n. 281.

[5] San Josemaría, Notas de una meditación, 7-XII-1953 (AGP, biblioteca, P01, II-1978, p. 8). La sigla AGP designa el Archivo General de la Prelatura.

[6] San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1973 (AGP, biblioteca, P09, p. 199).

[7] Lc 2, 7.

[8] San Josemaría, Forja, n. 834.

[9] Misal Romano, Misa del 20 de diciembre (Oración Colecta).

[10] Cfr. Misal Romano, Misa del 18 de diciembre (Evangelio: Mt 1, 18-24).

[11] San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1973 (AGP, biblioteca, P09, p. 200).

[12] Ibid.

 

 

Novena a la Inmaculada: 8 de diciembre

La Novena de la Inmaculada es una costumbre que comienza el 30 de noviembre y que ha cristalizado en la Iglesia para preparar la gran solemnidad del 8 de diciembre. Ofrecemos algunos textos de san Josemaría en formato pdf, epub y para kindle que pueden ayudar en el trato con la Virgen en los días previos a la Fiesta de la Inmaculada Concepción.

Del Opus Dei29/11/2018

Opus Dei - Novena a la Inmaculada: 8 de diciembre

Ofrecemos algunos textos de san Josemaría, seleccionados en nueve apartados distintos, uno para cada día de la novena. Los apartados acaban con una breve oración compuesta por san Josemaría, dirigida a Nuestra Madre del Cielo.

Descargar la novena a la Inmaculada con textos de san Josemaría en pdf, en epub y en formato para Kindle.

Costumbre

La Novena de la Inmaculada es una costumbre que ha cristalizado en la Iglesia para preparar la gran solemnidad del 8 de diciembre. San Josemaría aconsejaba a sus hijos del Opus Dei que cada uno la viviera personalmente, del modo que considere más oportuno; poniendo, desde luego, más empeño en la conversación asidua con la Virgen, con un delicado esmero en la oración, la mortificación, el trabajo profesional; y procurando que los parientes, amigos y conocidos —cuantos más, mejor— se acerquen a Jesucristo por medio de nuestra Madre. A Jesús siempre se va y se "vuelve" por María (San Josemaría, Camino, 495).

En 1954, cuando el Papa Pío XII proclamó un año mariano en la Iglesia universal, para celebrar el centenario de la definición dogmática de la Inmaculada. San Josemaría nos recordó entonces que el Opus Dei nació y se ha desarrollado bajo el manto de Nuestra Señora. Por eso son tantas las costumbres marianas, que empapan la vida diaria de los hijos de Dios en esta Obra de Dios.

Primer día: 30 de noviembre

En este video, San Josemaría enseña cómo podemos amar a la Virgen con la misma ternura que los niños. ¿Cómo podemos amar a la Virgen con la misma ternura que los niños?

 

Segundo día: 1 de diciembre

Texto para meditar sobre Maternidad divina de María: es la raíz de todas sus perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia.

Madre de Dios y Madre nuestra

Etiquetas: Sagrada Familia, Santidad, Virgen¡Qué humildad, la de mi Madre Santa María! –No la veréis entre las palmas de Jerusalén, ni –fuera de las primicias de Caná– a la hora de los grandes milagros. Pero no huye del desprecio del Gólgota: allí está, "juxta crucem Jesu" —junto a la cruz de Jesús, su Madre. ( Camino, 507)

Esa ha sido siempre la fe segura. Contra los que la negaron, el Concilio de Éfeso proclamó que si alguno no confiesa que el Emmanuel es verdaderamente Dios, y que por eso la Santísima Virgen es Madre de Dios, puesto que engendró según la carne al Verbo de Dios encarnado, sea anatema (...).

La Trinidad Santísima, al haber elegido a María como Madre de Cristo, Hombre como nosotros, nos ha puesto a cada uno bajo su manto maternal. Es Madre de Dios y Madre nuestra.

Más que Ella, sólo Dios

La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima.

Éramos pecadores y enemigos de Dios. La Redención no sólo nos libra del pecado y nos reconcilia con el Señor: nos convierte en hijos, nos entrega una Madre, la misma que engendró al Verbo, según la Humanidad. ¿Cabe más derroche, más exceso de amor?

( Amigos de Dios, nn. 275-276)

Tercer día: 2 de diciembre

San Josemaría explica en este audio un modo de "materializar" el amor a Santa María: rezar bien el Santo Rosario. es_orar_storosario20141202-011523.mp3 Audio de 5 minutos con la voz de san Josemaría. En distintas ocasiones sugería un modo de "materializar" el amor a Santa María: rezar bien el santo Rosario.

Escuchar también las meditaciones del libro "Santo Rosario", en mp3

Cuarto día: 3 de diciembre
La Virgen es Madre, explica san Josemaría en este video, y como tal nos enseña a caminar en la vida de fe.

¿Quién te ha enseñado a andar?

La Virgen es Madre, explica san Josemaría, y como tal nos enseña a caminar en la vida de fe. El vídeo está filmado en Valencia (España), el 16 de noviembre de 1972.
-Padre, yo he leído en Camino, que la Virgen es camino para llegar a Jesús, ¿nos lo podría explicar un poco?...

-Me lo podrías tú decir a mí, yo estoy seguro de que me lo dirías en seguida. Me darías muchas razones. Cuando tú comenzaste a andar, ¿quién iba detrás de ti, hija mía?, así...
-Mi madre...
-¿Y si te tambaleabas, ¿te dejaba caer al suelo?
-Sí...
-¡No! ¡Te cogía antes! Y alguna vez, óyeme, alguna vez, si quizá te dejó caer, para que vieras que necesitabas, que tu sóla no podías caminar, que necesitabas de mamá, ¿eh? Y también la Santísima Virgen, a veces, si no somos muy piadosos, nos deja un poco a ver..., no grandes ofensas a su Hijo, ¡no será así si la amamos!, y después nos acercaremos más a Ella, nos cogemos a su ropa, y vamos andando, andando tranquilos.
Por eso Ella es el camino. ¿Me preguntabas eso?

Quinto día: 4 de diciembre

Dos santos. Una canción. Tanto Juan Pablo II como San Josemaría entonaron en más de una ocasión la canción de 'La Morenita' pensando en la Virgen.

San Josemaría, al llegar a México, había comentado: «Cuando vaya a la Villa, tendréis que sacarme de allí con una grúa». El sábado 16 de mayo, el Padre inicia sus visitas a la Virgen Morena, que se prolongarán durante nueve días. Le acompañan don Álvaro del Portillo, don Javier Echevarría y tres personas más. Un pequeño grupo que se acerca, discretamente, a la Basílica. Acaban de dar las seis de la tarde. El Padre entra, deprisa, con la juventud y el ánimo de quien tiene, desde siempre, una cita gratísima e importante. Llega hasta el presbiterio y se arrodilla. Allí permanecerá largo tiempo rezando, con la mirada puesta en la Virgen.

Mientras hacía su oración, han ido llegando hijas e hijos suyos mexicanos. La Basílica se ha poblado de caras conocidas que rezan, todos a una, por aquello que el Padre está poniendo a los pies de la Virgen.

-«¿Has oído aquellas palabras del Señor cuando, para manifestar su cariño, dice: pero, es posible que una madre se olvide de sus hijos? Aunque eso sucediera, yo en cambio no me olvidaría del amor que os tengo. Pues tampoco los hijos nos podemos olvidar de la Madre».

El 22 de junio, víspera de su regreso a Roma, el Padre está reunido con un grupo de hijos suyos. Alguien pulsa una guitarra:
-«Padre, es una antigua canción popular. Dicen que es demasiado dulzona, pero a mí me gusta. El comienzo es un poco lento»:
«Quiero cantarte, mujer, mi más bonita canción, porque eres tú mi querer, reina de mi corazón...»

Y, de pronto, el Padre se pone de pie: -«¿Por qué no vamos a la Villa todos a cantarle eso a la Virgen, a darle nuestra serenata?». (...) Después entonan «La Morenita» y, así, una y otra letrilla. La emoción cunde, porque allí está un gran trozo del alma de México: se han reunido junto al Padre todos los que recorren este camino de fidelidad a Cristo que es el Opus Dei. Descarga las letras de las canciones en formato pdf.

Conocí a una linda Morenita... y la quise mucho

Juan Pablo II en su libro ¡Levantaos, vamos! cuenta que:

"Todos los polacos creyentes van en peregrinación a Czstochowa. Yo también iba allí desde pequeño para participar en una u otra peregrinación. En 1936 hubo una muy grande de la juventud universitaria de toda Polonia, que concluyo con el solemne juramento ante la Imagen. Luego se ha repetido cada año.

Durante la ocupación nazi hice aquella peregrinación cuando era ya estudiante de literatura polaca en la facultad de Filosofía de la Universidad Jagellónica. Lo recuerdo de manera especial, porque para mantener la tradición fuimos a Czstochowa, como delegados, Tadeusz Ulewicz, yo y una tercera persona. Jasna Góra estaba rodeada por el ejército hitleriano. Los Padres Eremitas de San Pablo nos ofrecieron hospitalidad. Sabían que éramos una delegación. Todo permaneció en secreto. Tuvimos así la satisfacción de haber conseguido mantener, a pesar de todo, aquella tradición. Después me dirigí más veces al santuario, participando en diversas peregrinaciones, en particular en la de Wadowice.

Cada año en Jasna Góra tenían lugar los ejercicios espirituales de los obispos, normalmente al comienzo de septiembre. Tomé parte por primera vez en ellos cuando todavía era simple obispo preconizado. Me llevó consigo el arzobispo Baziak. Recuerdo que el predicador era don Jan Zieja, sacerdote de eminente personalidad. El primer puesto lo ocupó, como es natural, el cardenal primado Stefan Wyszyñski, un hombre verdaderamente providencial para los tiempos que estábamos viviendo.

Quizá de aquellas peregrinaciones a Jasna Góra nació el deseo de que los primeros pasos de mi peregrinar como Papa se dirigiesen a un santuario mariano. Este deseo me llevó, en el primer viaje apostólico a México, a los pies de la Virgen de Guadalupe. En el amor que tienen los mexicanos y en general los habitantes de América Central y del Sur por la Virgen de Guadalupe -amor que se expresa de modo espontáneo y emotivo, pero muy intenso y profundo- hay numerosas analogías con la devoción mariana polaca, que fraguó también mi espiritualidad. Afectuosamente llaman a María la Virgen Morenita, nombre que puede ser traducido libremente como, Virgen Negra. Hay allí un canto popular muy conocido que habla del amor de un muchacho por una muchacha; los mexicanos refieren este canto a Nuestra Señora. En mis oídos resuenan siempre estas melodiosas palabras:

Conocí a una linda Morenita... y la quise mucho. Por las tardes iba yo enamorado y cariñoso a verla. Al contemplar sus ojos, mi pasión crecía. Ay Morena, Morenita mía, no te olvidaré. Hay un Amor muy grande que existe entre los dos, entre los dos...

Guadalupe, el santuario más grande de toda América, es para aquel continente lo que Czstochowa es para Polonia. Son dos mundos un poco distintos: en Guadalupe está el mundo latinoamericano, en Czstochowa está el eslavo, está Europa Oriental. Me pude dar cuenta durante la Jornada Mundial de los Jóvenes, en 1991, cuando por primera vez se presentaron en Czstochowa jóvenes provenientes de más allá de las fronteras orientales de Polonia: de Ucrania, de Letonia, de Bielorrusia, de Rusia... Todos los territorios de Europa Oriental estaban representados."

Sexto día: 5 de diciembre

Las jaculatorias son oraciones breves y afectuosas que se dirigen a Dios y a su Madre, madre de Dios y madre nuestra.

¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte

Las jaculatorias son oraciones breves y afectuosas que se dirigen a Dios y a su Madre, madre de Dios y madre nuestra.
San Josemaría las tomaba de la Sagrada Escritura o del tesoro de la tradición cristiana; otras veces surgían espontáneas: siempre estaban estrechamente relacionadas con la vida, con sus necesidades y las del mundo entero. Las decía poniendo todo el corazón y toda la intensidad de que era capaz.
"Di: Madre mía —tuya, porque eres suyo por muchos títulos—, que tu amor me ate a la Cruz de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la valentía, ni la audacia, para cumplir la voluntad de nuestro Jesús.
¡Oh Madre, Madre!: con esa palabra tuya —"fiat"— nos has hecho hermanos de Dios y herederos de su gloria. —¡Bendita seas!"

"¿Que por momentos te faltan las fuerzas? —¿Por qué no se lo dices a tu Madre: consolatrix afflictorum, auxilium christianorum..., Spes nostra, Regina apostolorum"? Consuelo de los afligidos, auxilio de los cristianos..., Esperanza nuestra, Reina de los apóstoles".
"¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha".
"Monstra te esse Matrem! ¡Muestra que eres Madre!
Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!: Corazón Dulcísimo de María, preparanos un camino seguro".
"Sancta Maria, Refugium nostrum et virtus!Santa María, ¡refugio y fortaleza nuestra!
Sancta Maria, filios tuos adiuva: filias tuas adiuva! Santa María, ¡ayuda a tus hijos, ayuda a tus hijas!
Sancta Maria, Spes nostra, Sedes Sapientiae, ora pro nobis. Santa María, esperanza nuestra, asiento de la Sabiduría, ¡ruega por nosotros!
Sancta Maria, Spes nostra, Ancilla Domini, ora pro nobis! Santa María, Esperanza Nuestra, Esclava del Señor, ¡ruega por nosotros!"
Dominus tecum! El Señor está contigo.
Ave María purísima, sin pecado concebida.
Bendita sea la Madre que te trajo al mundo.
Beata Mater et intacta Virgo, intercede pro nobis! Bienaventurada Madre y Virgen sin mancha, ¡intercede por nosotros!
Domina, ut videam! Domina, ut sit! Señora, ¡que vea! Señora, ¡que sea!
Regina Pacis, ora pro nobis! Reina de la Paz, ¡ruega por nosotros!

Séptimo día: 6 de diciembre

En este video, un sacerdote pregunta a San Josemaría cuál debe ser nuestra auténtica devoción filial para con la Santísima Virgen.

Santa María es una mujer maravillosa, la criatura más espléndida que ha podido el Señor crear, llena de perfecciones. Que le gusten los piropos no es una imperfección. De modo que ya sabes: tú y yo la piropearemos. A la Virgen: ¡Ámala!

Padre, ¿nos podría decir, más que nunca en estos tiempos, cuál debe ser nuestra auténtica devoción filial para con la Santísima Virgen, nuestra relación sacerdotal para con Ella, para mantener fidelidad a nuestro sacerdocio?

Octavo día: 7 de diciembre

Puntos de San Josemaría para meditar sobre la filiación a Santa María. Hijos de Santa María.

Te aconsejo que hagas, si no lo has hecho todavía, tu experiencia particular del amor materno de María. No basta saber que Ella es Madre, considerarla de este modo, hablar así de Ella. Es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces. Amigos de Dios, 293
Madre! -Llámala fuerte, fuerte. -Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha. Camino, 516
La lección más importante

Madre de la ciencia es María, porque con Ella se aprende la lección que más importa: que nada vale la pena, si no estamos junto al Señor; que de nada sirven todas las maravillas de la tierra, todas las ambiciones colmadas, si en nuestro pecho no arde la llama de amor vivo, la luz de la santa esperanza que es un anticipo del amor interminable en nuestra definitiva Patria. Amigos de Dios, 278
No me dejes, ¡Madre!: haz que busque a tu Hijo; haz que encuentre a tu Hijo; haz que ame a tu Hijo... ¡con todo mi ser! —Acuérdate, Señora, acuérdate. Forja, 157
Madre mía del Cielo: haz que yo vuelva al fervor, al entregamiento, a la abnegación: en una palabra, al Amor. Forja, 162
El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza. Camino, 492.
Antes, solo, no podías... —Ahora, has acudido a la Señora, y, con Ella, ¡qué fácil! Camino, 513.

Hijos "interesados"

Meditemos frecuentemente todo lo que hemos oído de Nuestra Madre, en una oración sosegada y tranquila. Y, como poso, se irá grabando en nuestra alma ese compendio, para acudir sin vacilar a Ella, especialmente cuando no tengamos otro asidero. ¿No es esto interés personal, por nuestra parte? Ciertamente lo es. Pero ¿acaso las madres ignoran que los hijos somos de ordinario un poco interesados, y que a menudo nos dirigimos a ellas como al último remedio? Están convencidas y no les importa: por eso son madres, y su amor desinteresado percibe —en nuestro aparente egoísmo— nuestro afecto filial y nuestra confianza segura.

No pretendo —ni para mí, ni para vosotros— que nuestra devoción a Santa María se limite a estas llamadas apremiantes. Pienso —sin embargo— que no debe humillarnos, si nos ocurre eso en algún momento. Las madres no contabilizan los detalles de cariño que sus hijos les demuestran; no pesan ni miden con criterios mezquinos. Una pequeña muestra de amor la saborean como miel, y se vuelcan concediendo mucho más de lo que reciben. Si así reaccionan las madres buenas de la tierra, imaginaos lo que podremos esperar de Nuestra Madre Santa María. Amigos de Dios, 280
No estás sólo

No estás solo. -Lleva con alegría la tribulación. -No sientes en tu mano, pobre niño, la mano de tu Madre: es verdad. -Pero... ¿has visto a las madres de la tierra, con los brazos extendidos, seguir a sus pequeños, cuando se aventuran, temblorosos, a dar sin ayuda de nadie los primeros pasos? -No estás solo: María está junto a ti. Camino, 900
Te daré un consejo, que no me cansaré de repetir a las almas: que ames con locura a la Madre de Dios, que es Madre nuestra. Forja, 77
Di: Madre mía -tuya, porque eres suyo por muchos títulos-, que tu amor me ate a la Cruz de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la valentía, ni la audacia, para cumplir la voluntad de nuestro Jesús. Camino, 497
Si estás orgulloso de ser hijo de Santa María, pregúntate: ¿cuántas manifestaciones de devoción a la Virgen tengo durante la jornada, de la mañana a la noche? Forja, 433
Serás el cristiano sueñas ser

¡Cuánto crecerían en nosotros las virtudes sobrenaturales, si lográsemos tratar de verdad a María, que es Madre Nuestra! Que no nos importe repetirle durante el día —con el corazón, sin necesidad de palabras— pequeñas oraciones, jaculatorias. La devoción cristiana ha reunido muchos de esos elogios encendidos en las Letanías que acompañan al Santo Rosario. Pero cada uno es libre de aumentarlas, dirigiéndole nuevas alabanzas, diciéndole lo que —por un santo pudor que Ella entiende y aprueba— no nos atreveríamos a pronunciar en voz alta.

Te aseguro que, si emprendes este camino, encontrarás enseguida todo el amor de Cristo: y te verás metido en esa vida inefable de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Amigos de Dios, 293

8 de diciembre: Inmaculada Concepción
El día de la Solemnidad, ofrecemos algunos textos para meditar sobre el dogma de la Inmaculada. La Inmaculada Concepción de la Virgen.

En 1854 el Papa Pío IX, declaró solemnemente la Inmaculada Concepción de la Virgen, que celebramos cada 8 de diciembre.

Esto significa que fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original desde el primer instante de su concepción -por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente- en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano.
El ángel Gabriel, entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor esta contigo". (Lc, 1,28)
Busca a Dios en el fondo de tu corazón limpio, puro; en el fondo de tu alma cuando le eres fiel, ¡y no pierdas nunca esa intimidad!

-Y, si alguna vez no sabes cómo hablarle, ni qué decir, o no te atreves a buscar a Jesús dentro de ti, acude a María, "tota pulchra" -toda pura, maravillosa-, para confiarle: Señora, Madre nuestra, el Señor ha querido que fueras tú, con tus manos, quien cuidara a Dios: ¡enséñame -enséñanos a todos- a tratar a tu Hijo! Forja, 84
Me conmovió la súplica encendida que salió de tus labios: "Dios mío: sólo deseo ser agradable a tus ojos: todo lo demás no me importa. -Madre Inmaculada, haz que me mueva exclusivamente el Amor". Forja, 1028
¡Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!... —Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole: Dios te salve, María, Hija de Dios Padre: Dios te salve María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo... ¡Más que tú, sólo Dios! Camino, 496
Cuando te veas con el corazón seco, sin saber qué decir, acude con confianza a la Virgen. Dile: Madre mía Inmaculada, interceded por mí. Si la invocas con fe, Ella te hará gustar —en medio de esa sequedad— de la cercanía de Dios. Surco, 695
Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! -Y aconséjalo a otros. Surco, 849
Seguramente también vosotros, al ver en estos días a tantos cristianos que expresan de mil formas diversas su cariño a la Virgen María, os sentís más dentro de la Iglesia, más hermanos de todos esos hermanos vuestros. Es como en una reunión de familia, cuando los hijos mayores, que la vida ha separado, vuelven a encontrarse junto a su madre, con ocasión de alguna fiesta. Y, si alguna vez han discutido entre sí y se han tratado mal, aquel día no; aquel día se sienten unidos, se reconocen todos en el afecto común. Es Cristo que pasa, 139
Virgen Inmaculada, ¡Madre!, no me abandones: mira cómo se llena de lágrimas mi pobre corazón. -¡No quiero ofender a mi Dios! -Ya sé, y pienso que no lo olvidaré nunca, que no valgo nada: ¡cuánto me pesa mi poquedad, mi soledad! Pero... no estoy solo: tú, Dulce Señora, y mi Padre Dios no me dejáis. Ante la rebelión de mi carne y ante las razones diabólicas contra mi Fe, amo a Jesús y creo: Amo y Creo. Forja, 215
Juan, el discípulo amado de Jesús, recibe a María, la introduce en su casa, en su vida. Los autores espirituales han visto en esas palabras, que relata el Santo Evangelio, una invitación dirigida a todos los cristianos para que pongamos también a María en nuestras vidas. Es Cristo que pasa, 140

 

Domingo 1º de Adviento; ciclo C

Adviento: En la espera del Señor

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre» (Lucas 21,25-28.34-36).

I. La Iglesia desea que todos sus hijos que en todos los momentos de nuestra vida tengamos la misma actitud de expectación que tuvieron los profetas del Antiguo Testamento, ante la venida del Mesías. Considera como una parte esencial de su misión hacer que sigamos mirando hacia el futuro, aun ahora que se cumplen dos mil años de aquella primera Navidad. Nos alienta a que caminemos con los pastores, en plena noche, vigilantes, dirigiendo nuestra mirada hacia aquella luz que sale de la gruta de Belén. Estad vigilantes, nos dice el Señor en el Evangelio de la Misa (Juan 1, 11). Despertad, nos repetirá San Pablo (Romanos 13, 11). Porque también nosotros podemos olvidar lo fundamental de nuestra existencia. “Ven, Señor, no tardes”. Preparemos el camino para el Señor que llegará pronto; es el momento de apartar los obstáculos si no vemos con claridad la luz que procede de Belén, de Jesús.

II. Los verdaderos enemigos que luchan sin tregua para mantenernos alejados del Señor, están en el fondo de nuestra alma: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y el orgullo de la vida. La concupiscencia de la carne es también, -además de la tendencia desordenada de los sentidos en general, el desorden de la sensualidad-, la comodidad, la falta de vibración, que empuja a buscar lo más fácil, lo más placentero, el camino más corto, aun a costa de ceder en la fidelidad a Dios. El otro enemigo, la concupiscencia de los ojos, es una avaricia de fondo, que nos lleva a valorar solamente lo que se puede tocar. La soberbia de la vida hace que la inteligencia humana se considere el centro del universo que se entusiasma de nuevo con el seréis como dioses (Génesis 3, 5) y, al llenarse de amor por sí misma, vuelve la espalda al amor de Dios. Puesto que el Señor viene a nosotros, hemos de prepararnos con una Confesión llena de amor y de contrición.

III. Estaremos alerta a la venida del Señor, si cuidamos con esmero la oración personal, si no descuidamos las mortificaciones pequeñas, si hacemos un delicado examen de conciencia. Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará, leemos en las antífonas de la liturgia. Nuestra Señora espera con gran recogimiento el nacimiento de su Hijo. Junto a Ella nos será fácil disponer nuestra alma para la llegada del Señor.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

 

 

 

Buscar a Cristo en el Decálogo de los Mandamientos

Posted: 29 Nov 2018 09:08 AM PST

https://1.bp.blogspot.com/-XDdCI3d4CKE/XAAJZXkEM7I/AAAAAAAACeI/zTJk4JZoI9kXzeNKT-uqBpDEZDyhqu84QCLcBGAs/s1600/Cristo_diez_mand.jpg

Al concluir sus catequesis sobre los Mandamientos (del 13 de junio al 28 de noviembre de 2018), el Papa Francisco ha explicado cómo el Decálogo supone una liberación de las idolatrías y, como fruto de la acción del Espíritu Santo con su gracia, un corazón nuevo. Eso comporta el “don de deseos nuevos” (cf. Rm 8, 6) y nos viene con Jesús, que lleva a la plenitud los Mandamientos. El Decálogo es como una “radiografía” de Cristo. En ella se trasluce la vida cristiana como una existencia agradecida y libre, auténtica y adulta, protectora y amante de la vida, fiel, generosa y sincera.

Es el Espíritu Santo el que fecunda nuestro corazón introduciendo en él, como un don, los deseos del Espíritu y, con ellos, el ritmo del Espíritu y la música del Espíritu. En el cristiano que secunda los deseos del Espíritu, brotan la fe, la esperanza y el amor.  Y esto le hace partícipe de la belleza, del bien y de la verdad que están plenamente en Cristo.

Jesús es la plenitud de la ley moral

“Así –señala Francisco– descubrimos mejor qué significa que el Señor Jesús no vino a abolir la ley sino a darle cumplimiento, a hacerla crecer, y mientras que la ley según la carne era una serie de prescripciones y prohibiciones, según el Espíritu esa misma ley se convierte en vida (cfr. Jn 6,63; Ef 2,15), porque ya no es una norma sino la misma carne de Cristo, que nos ama, nos busca, nos perdona, nos consuela y en su Cuerpo recompone la comunión con el Padre, perdida por la desobediencia del pecado”.

De este modo –observa el Papa argentino continuando con la analogía de la “radiografía” ­– la negatividad literaria en la expresión de los mandamientos –“no robar”, “no insultar”, “no matar”–, se transforma en una actitud positiva: amar, dejar sitio a los demás en mi corazón, deseos deseos que siembran positividad: “Esa es la plenitud de la ley que Jesús vino a traernos”.

Los Mandamientos y la cultura de la vida

Ya Benedicto XVI había expresado, en una línea similar, que los mandamientos no son un paquete de prohibiciones –un paquete de “noes”–, sino que presentan en realidad una “gran visión de vida”, una verdadera cultura de la vida:

“Son un "sí" a un Dios que da sentido al vivir (los tres primeros mandamientos); un "sí" a la familia (cuarto mandamiento); un "sí" a la vida (quinto mandamiento); un "sí" al amor responsable (sexto mandamiento); un "sí" a la solidaridad, a la responsabilidad social, a la justicia (séptimo mandamiento); un "sí" a la verdad (octavo mandamiento); un "sí" al respeto del otro y de lo que le pertenece (noveno y décimo mandamientos)” (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 8-I-2006)

El deseo de vivir según Cristo

Por eso, sugería Francisco en esa catequesis final sobre los Mandamientos, “buscar a Cristo en el Decálogo”, de modo que nuestro corazón sea fecundado por el amor y se abra al amor de Dios, que viene con el deseo de vivir según Cristo:

“En Cristo y solo en Él el Decálogo deja de ser condena (cfr. Rm 8,1) y se convierte en la auténtica verdad de la vida humana, es decir, deseo de amor –ahí nace un deseo del bien, de hacer el bien–, deseo de alegría, deseo de paz, de magnanimidad, de benevolencia, de bondad, de fidelidad, de mansedumbre, dominio de sí. De esos “noes” se pasa a este “sí”: la actitud positiva de un corazón que se abre con la fuerza del Espíritu Santo”.

Así cabe también entender la moral cristiana como una “educación de los deseos”, promovida y realizada por la plenitud del Decálogo, tal como se manifiesta claramente en las Bienaventuranzas.

Como colofón de su exposición sobre los Mandamientos, el Catecismo de la Iglesia Catolica afirma:

“Jesús dice: 'Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él, ése da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada' (Jn 15, 5). El fruto evocado en estas palabras es la santidad de una vida hecha fecunda por la unión con Cristo. Cuando creemos en Jesucristo, participamos en sus misterios y guardamos sus mandamientos, el Salvador mismo ama en nosotros a su Padre y a sus hermanos, nuestro Padre y nuestros hermanos. Su persona viene a ser, por obra del Espíritu, la norma viva e interior de nuestro obrar. 'Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado' (Jn 15, 12)” (n. 2074).
 

Milagros    

Daniel Tirapu

Daniel Tirapu

 Enfermos en el santuario de la Virgen de Lourdes.

En Donosti tenemos un sitio delicioso para rezar, llamado Lourdes Txiki. Camino de Igeldo.

En Lourdes se apareció la Virgen y se constatan verdaderos milagros. Van muchos enfermos; dolor, esperanza, ayuda. Uno me preguntaba para que sirve rezar cuando parece que nadie te responde. Sirve para aceptarte, para ser humilde, para darte cuenta de que eso tiene sentido.

 Una madre tenía un hijo con un problema físico, le ilusionó con el viaje que iban a hacer a Lourdes y el niño esperaba que la Virgen le iba a curar. La madre llegó a preocuparse si no había milagro; el niño estaba tan ilusionado, ¿qué pasaría?. El niño estaba con su madre frente a la gruta y le preguntó: ¿se lo has pedido a la Virgen?

 

El niño contestó, no mamá, he pedido por ese niño de la silla de ruedas que tiene la cabeza inclinada, lo necesita más. Eso es milagro. Y de esos hay muchos y todos los días

 

El Tiempo de Adviento es…

El Tiempo de Adviento es…

Así lo explicó Benedicto XVI: «El apóstol Pablo nos invita a preparar la ‘venida del Señor nuestro Jesucristo’ (I Tes 5,23) conservándonos irreprensibles, con la gracia de Dios. Pablo usa precisamente la palabra «venida», en latín adventus, de donde viene el término Adviento.

«Reflexionemos brevemente sobre el significado de esta palabra, que puede traducirse como ‘presencia’, ‘llegada’, ‘venida’. En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su ocultación para manifestarse con poder, o que es celebrada presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra «adviento» para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre «provincia» llamada Tierra para visitarnos a todos…

«Con la palabra adventus se pretendía sustancialmente decir: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no lo podemos ver y tocar como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras.

«El significado de la expresión ‘adviento’ comprende, por tanto, también el de visitatio, que quiere decir simple y propiamente ‘visita’; en este caso se trata de una visita de Dios: Él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí…

«El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte, nos invita a detenernos en silencio para captar una presencia. Es una invitación a comprender que cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros…

«Otro elemento fundamental del Adviento es la espera, espera que es al mismo tiempo esperanza. El Adviento nos empuja a entender el sentido del tiempo y de la historia como kairós, como ocasión favorable para nuestra salvación…

«El hombre, en su vida, está en constante espera… La esperanza marca el camino de la humanidad; pero para los cristianos está animada por una certeza: el Señor está presente en el transcurso de nuestra vida, nos acompaña y un día secará también nuestras lágrimas. Un día no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el Reino de Dios, Reino de justicia y de paz».

Redacción

EN ESPERA DE SU SEGUNDA VENIDA

El Adviento se refiere, desde luego, al tiempo de espera para conmemorar la venida histórica, hace dos mil años, de Dios mismo hecho hombre (la Natividad).

Pero la dimensión del Adviento está incompleta si se deja de lado la Segunda Venida o manifestación definitiva de Jesucristo hacia el Fin de los Tiempos. Ésa es la verdadera meta de la historia, y la actitud del cristiano debería de ser de constante espera.

Sin embargo, ya denunciaba el 25 de julio de 1996 el futuro Papa Benedicto XVI, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Joseph Ratzinger, en una carta dirigida al presbítero Alfredo Sáenz, que la cuestión del fin del mundo es «frecuentemente objeto de… programado olvido».

Un «programado olvido», es decir, un olvido consciente, porque la gente está cómoda en este mundo y, por tanto, prefiere no pensar en el fin del mundo y, por tanto, tampoco en ese Segundo Adviento de Jesucristo.

Ya convertido en sucesor de san Pedro, Benedicto XVI explicaba en la audiencia general del 12 de noviembre de 2008: « Ciertamente, no queremos que venga ahora el fin del mundo. Pero, por otra parte, queremos que acabe este mundo injusto. También nosotros queremos que el mundo cambie profundamente, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto. Pero ¿cómo podría suceder esto sin la presencia de Cristo?…

«Podemos y debemos decir también nosotros, con gran urgencia y en las circunstancias de nuestro tiempo: ‘¡Ven, Señor!…’. En este sentido oramos con san Pablo: ‘¡Maranà, thà! ¡Ven, Señor Jesús’!».

 

 

Los orígenes del Adviento

¿Cómo y cuándo empieza a vivirse?

Tiempo litúrgico que prepara la Navidad

La venida del Hijo de Dios a la Tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos (…). Al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida. (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 522 y 524)

Con el tiempo de Adviento, la Iglesia romana da comienzo al nuevo año litúrgico. El tiempo de Adviento gravita en torno a la celebración del misterio de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.

Expectación penitente, piadosa y alegre

A partir del siglo IV

El origen y significado del Adviento es un tanto oscuro; en cualquier caso, el término adventus era ya conocido en la literatura cristiana de los primeros siglos de la vida de la Iglesia, y probablemente se acuñó a partir de su uso en la lengua latina clásica.

La traducción latina Vulgata de la Sagrada Escritura (duranteel siglo IV) designó con el término adventus la venida del Hijo de Dios al mundo, en su doble dimensión de advenimiento en la carne –encarnación- y advenimiento glorioso –parusía-.

La tensión entre uno y otro significado se encuentra a lo largo de toda la historia del tiempo litúrgico del Adviento, si bien el sentido de “venida” cambió a “momento de preparación para la venida”.

Quizá la misma amplitud de las realidades contenidas en el término dificultaba la organización de un tiempo determinado en el que apareciera la riqueza de su mensaje. De hecho, el ciclo de adviento fue uno de los últimos elementos que entraron a formar parte del conjunto del año litúrgico (siglo V).

6964130a6e5a2ce8c5a7fab6251afd2e.jpg

Parece ser que desde fines del siglo IV y durante el siglo V, cuando las fiestas de Navidad y Epifanía iban cobrando una importancia cada vez mayor, en las iglesias de Hispania y de las Galias particularmente, se empezaba a sentir el deseo de consagrar unos días a la preparación de esas celebraciones.

Dejando de lado un texto ambiguo atribuido a San Hilario de Poitiers, la primera mención de la puesta en práctica de ese deseo la encontramos en el canon 4 del Concilio de Zaragoza del año 380: “Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente” (H. Bruns, Canones Apostolorum et Conciliorum II, Berlín, 1893, 13-14). La frecuencia al culto durante los días que corresponden, en parte, a nuestro tiempo de adviento actual, se prescribe, pues, de una forma imprecisa.

Un tiempo de penitencia

Más tarde, los concilios de Tours (año 563) y de Macon (año 581) nos hablarán, ya concretamente, de unas observancias existentes “desde antiguo” para antes de Navidad. En efecto, casi a un siglo de distancia, San Gregorio de Tours (fallecido en el año 490) nos da testimonio de las mismas con una simple referencia.  Leemos en el canon 17 del Concilio de Tours que los monjes “deben ayunar durante el mes de diciembre, hasta Navidad, todos los días”.

El canon 9 del Concilio de Macon ordena a los clérigos, y probablemente también a todos los fieles, que “ayunen tres días por semana: el lunes, el miércoles y el viernes, desde San Martín hasta Navidad, y que celebren en esos días el Oficio Divino como se hace en Cuaresma” (Mansi, IX, 796 y 933).  Aunque la interpretación histórica de estos textos es difícil, parece según ellos que en sus orígenes el tiempo de adviento se introdujo tomando un carácter penitencial, ascético, con una participación más asidua al culto.

Sin embargo, las primeras noticias  a cerca de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento, se encuentran a mediados del siglo VI, en la iglesia de Roma.

Según parece, este Adviento romano comprendía al principio seis semanas, aunque muy pronto -durante el pontificado de Gregorio Magno (590-604)-  se redujo a las cuatro actuales.

 

Una doble espera

El significado teológico original del Adviento se ha prestado a distintas interpretaciones. Algunos autores consideran que, bajo el influjo de la predicación de Pedro Crisólogo (siglo V), la liturgia de Adviento preparaba para la celebración litúrgica anual delnacimiento de Cristo y sólo más tarde –a partir de la consideración de consumación perfecta en su segunda venida- su significado se desdoblaría hasta incluir también la espera gozosa de la Parusía del Señor.

No faltan, sin embargo, partidarios de la tesis contraria: el Adviento habría comenzado como un tiempo dirigido hacia la Parusía, esto es, el día en que el Redentor coronará definitivamente su obra. En cualquier caso, la superposición ha llegado a ser tan íntima que resulta difícil atribuir uno u otro aspecto a las lecturas escriturísticas o a los textos eucológicos de este tiempo litúrgico.

El Calendario Romano actualmente en vigor conserva la doble dimensión teológica que constituye al Adviento en un tiempo de esperanza gozosa: “el tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, 39).

Fuente: www.primeroscristianos.com

 

 

El proceso de la vida humana

Ana Teresa López de Llergo

Nov 30, 2018

Dentro de nuestras vidas formamos parte de una familia y dentro de esta tenemos un papel por ejercer. 


Personajes dentro de una familia


La familia es una institución natural que arropa la dimensión social de las personas. La familia propicia el sentido de pertenencia y el sentido de colaboración. Dicho de otro modo: hay funciones que se deben cubrir, y para ello, se necesita distribuirlas porque cada uno tiene sus capacidades. Ejercitándolas se realiza y se evita el agravio terrible de la exclusión. De modo espontáneo se cubren todas las funciones para satisfacer lo propio de la vida y lograr el auténtico desarrollo individual y social.

De manera natural se fueron repartiendo las funciones dentro de la familia. No fue por decreto lo que se le encargó a la madre o al padre. La lógica natural inclinó a hacer lo que competía a cada quién. Las circunstancias de la maternidad y la paternidad hicieron que la mujer permaneciera más tiempo en la casa, y el hombre saliera a conseguir lo necesario para el sustento. También la fuerza física tuvo un papel primordial, era más probable el éxito de la defensa del hombre ante las bestias que la de la mujer.

Al engendrar un hijo, la mujer sufre cambios en su cuerpo que lógicamente la obligan a modificar su conducta, precisamente para alcanzar el buen desarrollo de la criatura, y por el bien de ella. La mujer es cíclica y ello repercute en evidentes cambios en su vigor, en su estado de ánimo, en su resistencia. El hombre es más lineal, salvo que sufra alguna enfermedad, sus condiciones físicas y psíquicas son más estables. De ese modo las exigencias del hogar se adecuaron al estilo femenino, y las demandas extra familiares, más sistemáticas, fueron resueltas de mejor modo por los varones.

Nuestra mentalidad y el desarrollo de la ciencia y la tecnología, actualmente nos dificultan la comprensión de las soluciones primitivas, nos es difícil entender cómo surgió entonces la distribución de tareas para la colaboración mutua intrafamiliar. La mala óptica interpreta esa distribución como consecuencia del “machismo” porque se considera al varón cuasi monstruo que sojuzga a la mujer y la esclaviza. Aunque tampoco se excluye el hecho de que algunos hombres sí esclavizan,. Pero también, hay mujeres que se aprovechan de su condición y fingen debilidad para obtener servicios que ellas no están dispuestas a realizar.

Ahora, con los avances de la tecnología, muchos de los trabajos que se realizaban únicamente con el esfuerzo humano se suplen con instrumentos, ese ahorro de energías facilita dedicarse a otras tareas fuera de la casa. Ello ha revolucionado la dinámica laboral de la mujer que ya puede asumir otras responsabilidades profesionales. Con lo cual, el rostro de la sociedad también ha cambiado.

La aceptación de la mujer como profesionista fuera del hogar requirió un cambio arduo, hubo que presionar, modificar costumbres. Fue una lucha legítima para hacer ver la igualdad de derechos. Desgraciadamente en ese camino hubo extrapolaciones que aún persisten, como lo es el feminismo radical que sueña con vengar agravios. Mientras tanto incitan al desprecio y al rechazo del varón.

Con la actitud de independencia de parte de la mujer, muchos de los aspectos comunes del hogar se han dividido, por ejemplo la economía o el compartir necesidades legítimas como el modo de descansar. Así se abre un resquicio al individualismo que dejará huella en la prole.

La mujer en la familia actual se encuentra más gratificada con su trabajo fuera de la casa, recibe un sueldo que le hace satisfacer sus necesidades sin depender del marido. Muchas veces su nivel de desempeño luce más que el de él y eso ocasiona cierto espíritu de competencia mal sana. Peor es si el varón queda desempleado.

Generalmente se retrasa la procreación, y cuando se deciden a procrear la mujer no es tan joven como para tener las energías adecuadas, por lo mismo y por los cuidados al recién nacido, se renuncia a tener más hijos. Todo ello obscurece el gozo de la maternidad y de la paternidad. Ni se disfruta ni se aconseja a otras familias. En realidad la figura de la madre se retrasa y se empobrece.

Con la mala aplicación de la igualdad de las mujeres y los hombres, la mujer muchas veces se divierte con “sus amistades” que ya no son las de él, tiene confidentes que muchas veces son ajenos al esposo, por tanto, ante cualquier desavenencia no se facilita la unidad, el perdón, la comprensión, la paciencia, sino la separación o el divorcio.

Los hijos por la ausencia de los padres retrasan su educación, ya no se impulsan los hábitos de los primeros años. Con el fácil acceso a los contenidos que ofrecen los medios de comunicación, se van perdiendo las tradiciones familiares, y el conocimiento entre padres e hijos es muy superficial. Los hijos buscan otros modelos. Esto provoca lesiones hondas e insatisfacción.

Por eso, es necesario un retorno al hogar, reconocer su riqueza, allí se forjan las personas en el ambiente más propicio a su dignidad. Los sacrificios que se dan dentro de la familia siempre producen una satisfacción infinitamente superior a otras.

La mujer tiene que experimentar el gozo de construir su hogar, descubrir que los sacrificios por los demás producen una paz interior incomparable. Su papel es central y debe defenderlo. Con la preparación recibida ha de conseguir la coordinación con otros trabajos y, si fuera el caso, dar el mejor esfuerzo para atender a los miembros de su familia.

La solución básica de los problemas de la sociedad se resuelve en la familia. Por eso, si vemos que algunas se tambalean hemos de ver el modo de colaborar. La meta es siempre en favor de la familia, allí se propicia la infancia feliz. Realmente el hogar es el lugar al que todos quieren retornar. Cuidemos este tesoro y quitemos las telarañas que han introducido los falsos planteamientos.

 

 

“NACO” IGNACIO TAIBO

Por René Mondragón

CITA CITABLE

El escribano acusa recibo de los amables comentarios de mis adoradas lectoras en el norte del país, con el natural asombro derivado de las declaraciones del “encargado de la cultura” en este kafkiano gabinete que se nos viene encima.

Se reitera, en expresión pirateada a Aristóteles Núñez, estamos en presencia de un nuevo gobierno “con mucho impulso y poca sensatez”. Todos los síntomas apuntan a demostrarlo.

No han sido en exclusiva, las hilarantes propuestas de Benjamín Robles Montoya y el terrible caso de las reservas internacionales; o las ocurrencias de Ricardo Monreal –no para regular el tema de las considerables comisiones que cobran los bancos- sino para eliminarlas. Y de aquí, hasta tomarle la palabra al presidente electo en el tema de la “encuestitis” que se avecina.

Por ello, el alcalde de mi bellísima Tijuana, don Juan Manuel Gastélum, propuso una “encuesta” para ver si sus gobernados aceptaban la permanencia en su tierra de los varios miles de centroamericanos o no.

Y, como se dice en México, “ya entrados en gastos”, el discurso cantinflesco de doña Olga Sánchez Cordero, intentando modificar el idioma de Cervantes para aclararnos a todos los que nos reconocemos como neófitos en el tema, que “policía” es sinónimo de “soldado”, aunque unos cobren en la Secretaría de la Defensa Nacional o en la Secretaría de Marina; y que, aunque nuestras fuerzas castrenses anden en la calle correteando malandrines, de todas formas vivirán en los cuarteles.

PERLAS

Este escribano considera que todas estas cosas tienen sus límites. No puede dejarse el devenir de este país a las loqueras y ocurrencias del señor que propuso que, aquellos empresarios que no estén dispuestos a alinearse al mandato de López Obrador,  serán expropiados al más puro estilo de Chávez o Maduro y asociados.

La declaración que se lleva la medalla de oro a la estulticia, se la merece Paco Ignacio Taibo Mahojo, más conocido como “Paco Ignacio Taibo 2”, el fundador de una asociación denominada “Para leer en Libertad”. Y en efecto, este amanuense pafrasea también y por ello el título de la colaboración, ya que se trata de “Para escribir en Libertad”

AHORA RESULTA

Quien será el responsable de los resultados de la cultura nacional, lanzó un aserto a manera de escopetazo. Tanto, que la misma legisladora Malú Micher, caracterizada por pertenecer igualmente, al ala radical de MORENA, el partido del presidente electo, lo exhortó a contenerse y a pedir una disculpa pública.

Veamos:

Algo le debe López Obrador a Paco Ignacio Taibo. La aseveración no es gratuita. Debe ser algo tan importante, como para obligar a la bancada de su partido a modificar la Constitución, para que Taibo pudiese ocupar el cargo de Director del Fondo de Cultura Económica (FCE), ya que el susodicho tiene nacionalidad española.

Bueno, pues ya se modificó la Carta Magna para cumplirle el caprichito al señor.

Desde luego, las redes sociales se incendiaron cuando Taibo –en un desplante al más puro estilo de Maduro- indicó al reportero que lo entrevistó, que si para los siguientes días la Cámara de Diputados no aprobaba la modificación constitucional para que el sujeto pueda ser Director del FCE lo que sucedería sería lo siguiente: “Ahora pasa a la Cámara de Diputados y en último caso, si todavía no pasa para el lunes, va a haber un edicto del presidente nombrándome encargado de despacho mientras sale la ley. Sea como sea se la metimos doblada camarada”

SIGNIFICADOS Y SIGNIFICANTES

Para los mexicanos, sostener que el presidente puede pasar encima del Congreso y decidir lo que quiera mediante un decreto, no es nada nuevo. Así es la costumbre del poder en México.

Sin embargo, para nuestros aguerridos lectores en Medio Oriente, Afganistán y El Chad, cuando alguien asegura –como destacó Taibo: “Sea como sea, se la metimos doblada camarada”, implica, de inicio, una práctica de violación sexual introduciendo un pene gigantesco que tendría que ser doblado para introducirse en el receptor, a fin de provocar un dolor extremo.

Todo parece indicar que tanto el presidente electo como el siguiente director del FCE, “se la metieron doblada” a todos los mexicanos, y s in encuesta previa.

¿Estaremos en presencia de un nuevo pseudónimo?... “Naco” Ignacio Taibo… porque el escribano define: La naquez, no respeta edad, sexo, preferencia sexual o ideología política. ¿Es el caso. O no?

 

 

Transhumanismo y libertad

Ángel Cabrero Ugarte

Transhumanismo

El transhumanismo es un concepto que preocupa, al menos a persona sensatas que tienen cierta idea de por dónde van los tiros. Es difícil, para un inexperto, hacerse cargo de lo que ocurre realmente, y hasta qué punto nos puede afectar. Se puede escribir desde un punto totalmente científico que será, normalmente, difícil para profanos. Se ha escrito sobre el transhumanismo desde la antropología, que interesa a aquellos con más conocimientos filosóficos. Pouliquen ha escrito un libro más divulgativo, para que cualquiera pueda internarse en ese mundo que produce, de entrada, un cierto vértigo. Al escribir en 115 apartados -que no capítulos-, encontramos, ya desde el índice, asuntos que pueden interesar a cualquiera.

El transhumanismo es entendido, de un modo general, como mejora-aumento de la persona humana. Esto, ya de por sí, produce una cierta extrañeza. ¿Cómo se aumenta a una persona? Desde un punto de vista moral tenemos claro lo que significa que una persona mejore. Es más, desde un punto de vista cristiano, sabemos que eso es lo importante, porque queremos prepararnos para la vida eterna.

Pero aquí viene otro de los retos de este planteamiento tecnológico: dicen que, a través de la tecnología, el hombre no morirá. Dicho así, sin más, nos suena a auténtica estupidez. Y lo es. Pero hay quien se lo cree. Esto es algo que puede resultar apetecible a un muchacho de veintitantos, pero seguro que le parece terrorífico a uno de sesenta y tantos ¡Inmortales! Pero si llevo toda la vida pensando en ganarme el cielo, diría un creyente y practicante.

La eternidad es un estado trascendente, es decir, que nada tiene que ver con la tecnología, ni con los modos de vivir, ni con la salud. Es vivir junto a Dios, gozando de Él para siempre -o sufriendo su ausencia para siempre-, en una felicidad que no se puede ni imaginar en el tiempo actual. Este tiempo que se termina, pues llegará, en un momento que desconocemos, el juicio final. A esto podemos llegar los creyentes sin demasiado problema.

Si la eternidad fuera algo de aquí, si el hombre, por un perfeccionamiento técnico, no muriera, esa mejoría del hombre máquina impediría la mejoría moral. Si no hay un final y un juicio y una eternidad con Dios, de nada sirve la lucha contra nuestro egoísmo, la generosidad, el amor, en definitiva.  Y sin amor y sin lucha se acabaría la libertad y la sociedad sería un desastre. Solo hay libertad en la medida en que el hombre se empeña en conseguir el fin último. La libertad de elección se queda en algo muy pobre si no se busca esa libertad ontológica, libertad de adhesión, que supone un fin último sobrenatural.

Veo, en el autor del libro, un cierto miedo a que la gente pierda la libertad si deja entrometerse a la tecnología en su vida sin orden. Es verdad que los diversos mecanismos que ya utilizamos muchas personas, y los que puedan venir en un futuro cercano, pueden llegar a esclavizarnos, pero es un problema que tendrán sobre todo quienes no saben bien para qué viven.

¿Sacará el transhumanismo de la pobreza al Tercer Mundo? ¿Es socialmente deseable? ¿Se puede llegar a crear un bebé sintético? Son preguntas que quedan en el aire, entre otras muchas cosas, ya que, por muy rápidos que vengan estos descubrimientos de la tecnología, realmente no sabemos hasta donde pueden llegar.

 

 

Educar a nuestros hijos en la amabilidad

Silvia del Valle Márquez

5 tips para que tus hijos puedan conocer y ejercer la amabilidad en su vida diaria.


http://www.yoinfluyo.com/images/stories/hoy/nov18/291118/amabilidad_hijos.jpg


La amabilidad es una virtud valiosa que debemos de inculcar en nuestros hijos para que vean el mundo de forma distinta ya y sean capaces de cambiar las circunstancias que les rodean, aquí están mis 5Tips sobre este tema.

Primero. Por favor, gracias.
Palabras que te abren puertas pero que algunos ya no están acostumbrados a decir.

Es muy fácil lograr que nuestros hijos sepan que deben decirlas ya que podemos inculcarles esto y si algún día no las dicen, hay que corregirles con amor y con firmeza para que ellos sepan que sin estas palabras no obtendrán nada.

Desde pequeñitos es necesario ayudarles a decirlas y poco a poco hacer que ellos lo vayan haciendo y el día que lo olviden, hay que recordarles para que se les haga el hábito.

Segundo. Respeto.
Es importante que enseñemos a nuestros hijos a respetar en todo momento.

Todos merecemos ese respeto, así que es necesario que comprendan que el respeto implica no agredir de ninguna forma a la persona que tengo al lado, no soltar la lengua sin mesura para criticar a los demás, no hacer groserías a las personas mayores o que tienen alguna discapacidad que le impida su desarrollo normal y sobre todo que sepan respetarse ellos mismos, así no permitirán que les falten al respeto.

Tercero. Amor.
El Amor todo lo cambia. Y sin el Amor nada puede ser igual.

Cuando tenemos amor en nuestra vida, las cosas caminan bien y somos alegres y dispuestos a ayudar, pero cuando el amor falta, nos volvemos amargados y lo único que compartimos con los demás es esa amargura que tenemos en el corazón.

Cuarto. Testimonio.
El ejemplo es la clave para que nuestros hijos sean amables ya que nuestros hijos nos imitan todo el tiempo y reaccionarán con la gente conforme lo hacemos así.

Los pequeños nos observan todo el tiempo y aprenden de nosotros. Así qué hay que tener cuidado en ser amables en todo momento y sobre todo cuando manejamos y tenemos prisa.

Y quinto. Fe.
También está involucrada la fe ya que el que sabe que Dios ya nos ganó la vida eterna y que El es el dueño de nuestras vidas, pues irá siempre tratando de que los demás sepan esta gran noticia, feliz de que la salvación es un hecho consumado y la consecuencia lógica es la amabilidad.

Una persona amable es aquella que se siente amada y que sabe que debe compartir ese amor con los que le rodean.

Ojalá que nuestros hijos aprendan a ser amables con todos y a regalar ese Amor que Dios les ha dado.

Dios te bendiga y mamita María te cubra con su manto.

 

Causas de la sobreprotección a los hijos

Lucia Legorreta

Creemos hacer bien de nuestros hijos al sobreprotegerlos, sin embargo, hacemos lo contrario


http://www.yoinfluyo.com/images/stories/hoy/nov18/291118/hijos_sobreprotegidos.jpg


Definamos primero que es la sobreprotección: significa hacer por el niño o el joven lo que él puede hacer por sí mismo. Recuerdo muy bien las palabras de un experto: “todo lo que hagas por tu hijo o hija que pueda hacerlo solo: lo estás limitando”.

Esto aplica a cualquier edad: si puede abrocharse las agujetas y tú lo haces; si puede hacer su tarea y tú la realizas; si puede manejar un coche y tú lo llevas a todas partes; si puede conseguir trabajo y tú lo haces: lo estás limitando y volviendo un joven o adulto inútil.

Veamos, algunas de las causas por las cuales los papás sobre protegemos a nuestros hijos:

- Confundir la sobreprotección con amor:
Queremos mostrarles nuestro cariño y amor a través de facilitarles la vida al máximo, para que no necesiten esforzarse. Muchos papás se convierten en sirvientes de sus hijos y consideran que su tarea también es evitarles cualquier molestia o decepción; y defenderlos de cualquier agravio o contratiempo.

- La sobreprotección da una razón de ser, hacer que se sientan importantes.
Podemos caer en el error de asfixiar a nuestros hijos, impidiendo su desarrollo natural, ya que esto nos hace tener una razón en nuestra vida y ante los demás somos muy importantes.

Es una necesidad enferma de los padres que obliga al hijo a depender de ellos, so pena de llenarse de culpa. Son padres que no tienen su propio proyecto de vida y solo lo llenan con sus hijos. La consecuencia es que éste nunca logra independizarse como ser humano.

- La sobreprotección permite controlar:
La persona controladora, y en este caso los papás, se resisten a aceptar los cambios que van surgiendo en su vida y a aceptar que sus hijos son prestados y que su obligación es que sean adultos independientes y seguros de sí mismos.

La mamá o papá controlador quiere decidir quiénes deben ser los amigos del hijo, como debe vestirse, como debe comportarse, qué debe estudiar y cuáles deben ser sus aficiones, y al hacerlo termina aniquilando su individualidad.
- Sobreprotección por miedo:
Tenemos todo tipo de miedos en relación con nuestros hijos: a que se lastimen, a que sufran, a que se enfermen, a que fracasen, a que sean infelices. Es natural como padres tener estos miedos, pero si dejamos que invadan nuestras vidas, estamos perjudicando a nuestros hijos.

Uno de los miedos más comunes es el miedo a que crezcan y nos abandonen. Debemos reconocer que a medida que pasa el tiempo irán haciendo su propia vida, y tener la seguridad de que siempre seremos importante para ellos.
- Sobreprotección por desconfianza:
A que no hagan las cosas como a ti te gusta, o que las hagan mal. Esto se llama arrogancia, y más que desconfiar de sus capacidades, necesitamos enseñarles a hacer las cosas, capacitarlo y lo más importante: dejar que se equivoque y que aprenda por sí mismo.
¿Cómo saber si tu hijo o hija está sobre protegido? Comparto contigo ciertas actitudes que nos enseña Rosa Barocio, buena amiga mía, en su libro “Disciplina con amor”:

- Niños que les cuesta trabajo adaptarse a nuevas situaciones y depende del adulto.
- Está acostumbrado a que le hagan las cosas y le sirvan.
- Nunca se ofrece a ayudar, no es servicial

- No hace la tarea sin ayuda
- Solo hace las cosas si se le recuerda o si se le ayuda
- Se pone de mal humor y se queja cuando tiene que esforzarse

- Es miedoso e inseguro
- Se queja constantemente de que lo molestan los demás niños.
- Pide las cosas lloriqueando

- No tiene iniciativa
- Tiene dificultad para relacionarse
- Es flojo y caprichoso
- Es egoísta e insensible a las necesidades de los demás
- Es demandante y exigente.
Las consecuencias son graves, la sobreprotección acaba con la voluntad del niño y lo vuelve inútil, dependiente y flojo. Lástima su autoconfianza y lo convierte en un ser inseguro, cobarde y miedoso. Incapacita al niño y al joven para la vida.

¿Quieres esto para tu hijo o hija? Hoy te invito a reflexionar y a ser sincero para aceptar si estas protegiendo de más a tus hijos.

Recuerda: todo lo que pueda hacer él o ella solo y tú se lo haces: lo estás limitando. Mejor piensa todos los días:

“Yo aliento a mi hijo para caminar por la vida y lo ayudo a crecer seguro e independiente. Comprendo que puede equivocarse, celebro su libertad para avanzar en la vida”

 

 

La verdadera felicidad sólo nace de la Verdad

https://www.accionfamilia.org/images/verdadera_felicidad_1.jpg

Las personas corren atrás de los placeres, de conseguir ciertas cosas que les gustan, haciendo no pocas veces de ellas un absoluto

Es sabido que el hombre ama naturalmente la felicidad. Ahora bien, la felicidad es la alegría nacida de la verdad.

El hombre tiende a la felicidad por instinto innato y no puede, sin grave violencia contra su naturaleza, apartarse de su fin último, que en verdad no es otro que el conocimiento, el amor y el servicio de Dios.

*   *   *

Esto suena como algo lejano a los oídos de un mundo como en el que vivimos, en que se supone que la felicidad estaría en la obtención de ciertas cosas materiales. Las personas corren atrás de una serie de placeres, de conseguir cosas que les gustan, haciendo no pocas veces de ellas un absoluto, una especie de ídolo al que todo se sacrifica.

A partir de esta concepción la óptica de la vida muda radicalmente y se transforma en una loca carrera atrás de lo que se considera ventajoso o agradable. Es curioso que surge paralelamente un pánico permanente de perderlo. Seguros de vida, de salud, contra incendios, catastróficos, contra accidentes, contra fraudes… La lista sería interminable.

*   *   *

Sin embargo, la verdadera felicidad del hombre no deja de ser la de cumplir su finalidad, que es dar gloria a Dios.

Si bien la verdadera y última felicidad de todo hombre se alcanza en el Cielo, ya en esta vida puede haber una cierta felicidad que, aunque imperfecta, tiene alguna semejanza con la celeste. En la vida terrena, la felicidad que más se parece con la del Cielo está dada por la contemplación desinteresada de la belleza de Dios reflejada en la creación. Conociéndola, la propia alma se torna bella. Y con ello, por una cierta connaturalidad, ésta tiende a desear la suprema belleza divina.

Esta es la verdad que el hombre de nuestros días no comprende… o no quiere comprender.

*   *   *

¿Cómo se produce este error?

https://www.accionfamilia.org/images/verdadera-felicidad_2.jpg

Ellos aman la luz cuando se muestra, pero la odian cuando ella les hace ver lo que ellos son

La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, quiere que este algo sea verdadero. De este modo, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en realidad es falso.

Por ello es muy verdadero aquello de que “no hay mucha diferencia entre el vicio de engañar y el de ser engañado”. O sea, el vicio de dejarse engañar o engañarse a sí mismo. Muchas veces la persona no quiere ver bien las cosas como son: pretextos, medias verdades, etc., todo menos reconocer como las cosan son.

Es necesario que alguien le abra los ojos. Pero, como el hombre no admite que se le corrija, no tolera que se le muestre el error en que se encuentra.

¡De este modo, ciertos hombres llegan a odiar la verdad por amor a aquello que tomaron como verdadero! Ellos aman la luz cuando se  muestra, pero la odian cuando ella les hace ver lo que ellos son.

Con cuanta razón se dice aquello de que “no hay peor ciego, que el que no quiere ver”

 

 

Jóvenes que “arman lío”

El Sínodo de los obispos, clausurado hace tres semanas, ha proclamado la necesidad de acompañar y dar espacio a los jóvenes para que sean protagonistas de la misión, especialmente en los ambientes juveniles, donde muchos ya ni siquiera piensan que la Iglesia tenga una palabra relevante para sus vidas.

Una de las realidades que realizan ya esta propuesta del Sínodo es “Hakuna”, un movimiento eclesial surgido a raíz de la Jornada Mundial de la Juventud que presidió el Papa Francisco en Río de Janeiro. En aquella ocasión el Papa pidió a los jóvenes, en unas históricas palabras, que “armaran lío” y que fuesen protagonistas de sus vidas, en una síntesis de lo que estos días ha sido ese Sínodo llamado a renovar la Iglesia desde el corazón de los jóvenes.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Deben tolerar y aceptar

El pasado día 25, se producía la sentencia de una de las salas del Tribunal europeo de derechos humanos, que confirma la sanción impuesta a una ciudadana de Austria por menospreciar doctrinas religiosas, en este caso, la valoración negativa de un hecho de la vida de Mahoma: El Tribunal admite que quienes manifiestan públicamente su religión, al amparo del artículo 9º de la Convención, no pueden esperar quedar exentos de críticas. Deben tolerar y aceptar la negación de sus creencias religiosas por parte de los demás. Pero si los ataques incitan a la intolerancia religiosa, un Estado puede considerarlos legítimamente incompatibles con el respeto de la libertad de pensamiento, conciencia y religión, y adoptar medidas restrictivas proporcionadas. Por su parte, los tribunales nacionales aplicarán esas normas teniendo en cuenta también la repercusión de los hechos en un momento histórico determinado.

Desde luego, a tenor de otras decisiones europeas que han legitimado el uso publicitario irreverente de imágenes de Jesús y María, se puede deducir que –frente al Islam- debe prevalecer la paz religiosa: se comprende a tenor de tantas reacciones violentas en los últimos años en diversos países de Europa. Pero todo debería ceder ante la profundización en una auténtica cultura democrática, que no excluye lógicamente la fuerza del derecho, aunque suele ser difícilmente aplicable en estos casos. Por supuesto, según una dilatada jurisprudencia del Tribunal Constitucional español, defensor siempre del derecho a la libertad de información y expresión, ésta no incluye el “derecho al insulto”. Y en el ordenamiento español, salvo error por mi parte, no existe el delito de blasfemia desde 1988, aunque diversos preceptos intentan tutelar penalmente diversas manifestaciones reales de la libertad religiosa. Nunca es fácil conciliar derechos y libertades aparentemente contradictorios, pero la convivencia ciudadana pacífica puede decaer ante la expansión efímera de un postmarxismo bananero sin el vigor intelectual del antiteísmo soviético.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Hoy, lo social…

Hoy, lo social es que nos digan lo que tenemos que comer, los hijos que podemos tener, lo que tenemos que estudiar, lo que hay que creer, la historia que hay que saber, los cigarrillos que debemos fumar, la velocidad a la que tenemos que ir, cuándo y dónde podemos usar el coche, las horas en las que hay que andar en bicicleta o los kilómetros que es saludable andar cada día.

No es difícil comprobar que la ultraizquierda existe; que el comunismo es un régimen tan reprobable como el nazismo; que los que no nos dejan comer, comen; que los que nos reprochan nuestras palabras también las usan; que los que critican a los partidos que denominan de ultraderecha gobiernan con partidos de ultraizquierda; que quienes hablan de honradez intelectual plagian y que los que predican transparencia, ocultan bienes y camuflan obligaciones fiscales.

Si no fuera porque hay dictaduras ideológicas mucho más nefastas, habría que zafarse de la dictadura del lenguaje, escapar de lo políticamente correcto y no pasar por el aro de las repeticiones, machaconas y topiqueras, de quienes quieren hacer de nuestra capa el sayo de sus intereses.

José Morales Martín

 

 

Los desfiles militares y el poder

 

                                Desde que “el primer conquistador o guerrero”, sometiera a la primera tribu o agrupación humana y tras los muertos y heridos que tras ello quedaran en el indudable combate; el vencedor, bien a pie, a caballo, camello, elefante o “carro de guerra”, entraría en el recinto, reducto, población conquistados, encabezando a sus tropas “o las más elegidas”, para así sentar su poder sobre los sojuzgados, que a partir de ese momento, serían sus esclavos, siervos, súbditos y al final, contribuyentes para que el vencedor disfrutara, del saqueo inmediato y posteriores tributos que les fueran impuestos a aquellos primeros “conquistados”.

                                Ese hecho y con las modificaciones que se quieran, no ha cambiado y “el vencedor”, sigue imponiendo sus intereses sobre el vencido y lo hace tributario de sus intereses, sean los que sean; todo lo demás son “fanfarrias” y espectáculos para “niños hombres u hombres niños”, los que embobados sólo ven el espectáculo circense y no lo que este representa en realidad.

                                Y lo que representa y ya lo he dicho, es en definitiva la fuerza dominante y que ejerce y ejercerá “el poder”, para sacarle los máximos tributos que imponga y de paso, mantenerse en la situación de privilegio o privilegios que por leyes del embudo, se haya impuesto todo el aparato “dominante”; ya que el poder individual, siempre ha necesitado, “satélites o aliados a los que tiene que pagar y bien pagados, los apoyos que indudablemente necesita para sostenerse en su palacio y residencias palaciegas, que disfrutará mientras sepa mantener esas alianzas, ya que sin ellas, su corona (“más o menos real o simbólica”) peligrará siempre y lo que no insta para que la misma no desaparezca, sino que por el contrario, pasará “a otra testa u otras manos”, que seguirán con el mismo procedimiento, ya que el poder es fuerza y no razón alguna de las que nos quieran señalar”; siempre ha dominado y domina… “la razón de la fuerza” y es por lo que siguen existiendo tantas y tantas diferencias, que los que ejercen el poder, no quieren (“quizá es que ni saben ni quieren saberlo”) saber, y el que llega al poder quiere disfrutarlo al máximo posible, por lo que yo y hace muchos años, califique a la política, simplemente “de panza y bolsillo”, puesto que esos son los apetitos que la nutrieron siempre; y que lo siguen nutriendo al día de hoy.

                                ¿Qué los ejércitos o como hoy los llaman “fuerzas armadas”, existen y los usas para “la defensa de la patria”; pues sí, “es una magnífica justificación si de verdad fuese sólo para ello”, pero también las usan para masacrar a sus propios pueblos o contribuyentes, y de ello hay pruebas más que claras, simplemente viendo y analizando el comportamiento de muchos gobernantes del momento; los que en base a considerar “rebeldes a quienes les disputan el poder y la buena vida”, masacran a cualquier bicho viviente que esté, cerca del poder oponente, aunque estos sean ya masas de hombres, mujeres y niños, que jamás pensaron en sublevarse contra nadie; pero es simplemente, “el cambio de poder o el más explícito de quítate tú que me ponga yo el que provocará esas muertes, hoy infinitamente más numerosas que las que visten esas fuerzas armadas y defendedoras de patrias que dicen serlo”.

                                ¿La justicia? ¡Ah sí! Esa es una ilusión de la que se viene hablando mucho antes de Cristo y seguro que antes incluso del “Maestro Pitágoras”; pero esa es una ilusión vieja como el tiempo, ya que lo que impera no es el consejo cristiano de, “ganar el pan con el sudor de tu frente”,  sino muy al contrario… “ganar ese pan especial y acompañado de todos los deleites del mundo, pero con el sudor del de enfrente; y eso tiene aún mucho tiempo por delante para llegar a unos niveles que agraden y conformen a todos; por tanto sigue habiendo un campo inmenso a conquistar y para ello tienen amplitud, los demagogos de siempre y que conquistan sin arriesgar nada; para ello siguen contando con “masas inmensas de carne de cañón y que son los que pagando los tributos que sean, justificarán, el poder que los seguirá dominando; y eso sí, con las vistosidad de los desfiles, que en realidad lo que contienen, son armas para matar y para eso seguirán sirviendo, nos digan lo que nos digan y lo hagan como quieran, puesto que nunca se someterán a debates sobre estos temas que son tabú, como siempre lo fueron”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes