Las Noticias de hoy 27 Noviembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 27 de noviembre de 2018     

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Libro-entrevista con el Papa Francisco: ‘La fuerza de la vocación’

Música: Instrumento de unidad para hacer eficaz el Evangelio hoy

CON LOS PIES DE BARRO: Francisco Fernandez Carbajal

“Hemos de gastarnos diariamente con Él”: San Josemaria

Carta de Mons. del Portillo sobre la erección del Opus Dei como Prelatura

Prelatura personal

«Dale gracias por todo, porque todo es bueno»: Carlos Ayxelà

El nacionalismo religioso destruye la unidad de los cristianos: Salvador Bernal

Caravana migrante, ¿enemigos?: Luis-Fernando Valdés

¿Cómo fue que lo malo se volvió bueno?: Rebeca Reynaud

El consumismo enemigo de la generosidad: Pedro Martinez Pirez

Los pobres y las ayudas:  José Manuel Belmonte.

La mejor forma de comenzar el Adviento: LaFamilia.info

Reformemos al Hombre: Acción Familia

Teología de la belleza: Juan Luis Lorda

‘El mundo actual tiene necesidad de perdón, de vivir que Dios es misericordia’: Mariano Fazio

Dios y el cerebro.: Jose Luis Velayos

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata: Libros y amistad: Alfonso Mendiz

Francia quiere alargar la baja maternal de las agricultoras: Domingo Martínez Madrid

¿Una ley de eutanasia?: Juan García.

Acuerdos, no demagogia: Pedro García

Pensamientos y reflexiones 203: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Lunes 26 de noviembre de 2018

Muchas veces en el Evangelio Jesús hace el contraste entre ricos y pobres, basta pensar en el rico Epulón y en Lázaro o en el joven rico. Un contraste que hace decir al Señor: “Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos”. Alguno puede etiquetar a Cristo como “comunista”, pero el Señor, cuando decía esas cosas, sabía que detrás de las riquezas está siempre el mal espíritu: el señor del mundo”. Por eso dijo una vez: “No se puede servir a dos señor: servir a Dios y servir a las riquezas”. También en el texto del Evangelio de hoy (Lc 21,1-4) hay un contraste entre los ricos que echaban sus ofrendas en el tesoro y una viuda pobre que echaba dos moneditas. Esos ricos son diferentes al rico Epulón: no son malos. Parece ser gente buena que va al Templo y hace la ofrenda. Se trata, pues, de un contraste diferente. El Señor quiere decirnos otra cosa cuando afirma que la viuda ha echado más que todos porque ha dado todo lo que tenía para vivir. La viuda, el huérfano y el inmigrante, el extranjero, eran los más pobres en la vida de Israel, tanto que cuando se quería hablar de los más pobres se hacía referencia a ellos. Esta mujer ha dado lo poco que tenía para vivir porque tenía confianza en Dios, era una mujer de las Bienaventuranzas, era muy generosa: da todo porque el Señor es más que todo. El mensaje de este Evangelio es una invitación a la generosidad.

Ante las estadísticas de la pobreza en el mundo, los niños que mueren de hambre, porque no tienen qué comer, ni tienen medicinas…, tanta pobreza –que se ve todos los días en los telediarios y en los periódicos– es una buena actitud preguntarse: “¿Y cómo puedo resolver esto?”, que nace de la preocupación de hacer el bien. Y cuando una persona que tiene un poco de dinero, se pregunta si lo poco que hace sirve, sí sirve, como las dos moneditas de la viuda. Es una llamada a la generosidad. Y la generosidad es algo de todos los días, es algo que debemos pensar: ¿cómo puedo ser más generoso con los pobres, con los necesitados…, cómo puedo ayudar más? “Pero usted sabe, Padre, que apenas llegamos a fin de mes”. “¿Pero no te sobran algunas moneditas? Piensa: se puede ser generoso con esas”. Piensa. Las cosas pequeñas: hagamos, por ejemplo, un viaje a nuestra habitación, un viaje a nuestro armario. ¿Cuántos pares de zapatos tengo? Uno, dos, tres, cuatro, quince, veinte…, cada uno lo sabe. Quizá demasiados… ¡Conocí a un monseñor que tenía 40! Pues, si tienes tantos zapatos, da la mitad. ¿Cuántos vestidos que no uso o uso una vez al año? Es un modo de ser generoso, de dar lo que tenemos, de compartir.

También conocí a una señora que cuando hacía la compra en el supermercado, siempre compraba para los pobres el diez por ciento de lo que gastaba: daba “el diezmo” a los pobres. Podemos hacer milagros con la generosidad. La generosidad de las cosas pequeñas, pocas cosas. Quizá no lo hacemos porque no se nos ocurre. El mensaje del Evangelio nos hace pensar: ¿cómo puedo ser yo más generoso? Un poco más, no mucho… “Es verdad, Padre, es así pero… no sé porqué pero siempre me da miedo”.

Y hay otra enfermedad hoy contra la generosidad: el consumismo, que consiste en comprar siempre cosas. Cuando vivía en Buenos Aires, cada fin de semana había un programa de turismo de compras: se llenaba un avión el viernes por la tarde e iba a un país a casi diez horas de vuelo, y todo el sábado y parte del domingo lo pasaban comprando en los supermercados, y luego regresaban. Es una enfermedad grave. Yo no digo que todos los hagamos, no. Pero el consumismo, ese gastar más de lo que necesitamos, es una falta de austeridad: es un enemigo de la generosidad. Y la generosidad material –pensar en los pobres: “a este le puedo dar para que pueda comer, para que se vista”– esas cosas, tiene otra consecuencia: agranda el corazón y te lleva a la magnanimidad.

Se trata, pues, de tener un corazón magnánimo donde todos caben. Esos ricos que daban dinero eran buenos; aquella viejecita era santa. En definitiva, debemos recorrer el camino de la generosidad, iniciando con una inspección en casa, o sea, pensando en qué no me sirve, y qué servirá a otro, por un poco de austeridad. Hay que rezar al Señor para que nos libere de ese mal tan peligroso que es el consumismo, que vuelve esclavos, una dependencia de gastar: es una enfermedad psiquiátrica. Pidamos esta gracia al Señor: la generosidad que nos ensanche el corazón y nos lleve a la magnanimidad.

 

 

Libro-entrevista con el Papa Francisco: ‘La fuerza de la vocación’

Lanzamiento internacional simultáneo el 3 de diciembre

noviembre 26, 2018 17:36RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 26 nov. 2018).-El libro-entrevista con el Papa Francisco titulado La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy. Una conversación con Fernando Prado, editado en español por Publicaciones Claretianas verá la luz, en lanzamiento internacional simultáneo, el día 3 del próximo mes de diciembre.

El libro, que consta de 120 páginas, es el fruto de un largo y vivo encuentro mantenido entre el director de la editorial claretiana de Madrid, padre Fernando Prado y el Papa Francisco. Un encuentro que, según confesaba el entrevistador en la cadena COPE hace unas semanas, tuvo lugar en las estancias papales de la casa Santa Marta la tarde del pasado día 9 de agosto y “se prolongó por más de cuatro horas”, tiempo suficiente para abordar con el Papa las más de sesenta preguntas y cuestiones que aparecen plasmadas en el libro.

La entrevista, aunque centrada fundamentalmente en cuestiones sobre la vida consagrada, aborda temas candentes que van más allá de ella y afectan, sin duda, a la actualidad de la vida de toda la Iglesia. La conversación, afirma el claretiano, “transcurrió en un clima de libertad, confianza y cordialidad”. El entrevistador cree que esto se debe, sin duda, “al buen carácter de Francisco”. El Santo Padre “es un hombre con un sano sentido del humor, que gana más todavía en las distancias cortas”. En el transcurso de la conversación, no obstante, “Francisco no rehusó abordar algunas cuestiones candentes y quizá algo incómodas que le fui planteando”.

Según Fernando Prado, la conversación tiene un estilo muy vivo y cree que suscitará interés en el lector. En el transcurso de la conversación, “el Santo Padre habla muchas veces desde sus recuerdos, compartiendo historias concretas reales que él ha vivido y que sirven para ilustrar las cuestiones y los temas que ahí se abordan. Sin duda, el Papa es un gran comunicador que responde incluso a las cuestiones más espinosas con una sabiduría, mesura y claridad admirables”.

Cuestiones como la selección de candidatos al ministerio ordenado y a la vida consagrada, la formación en los seminarios y en las casas de formación de los religiosos y religiosas; el clericalismo, la homosexualidad del clero y de las personas consagradas, así como muchas otras cuestiones de viva actualidad, son abordadas con claridad y valentía por el papa Francisco.

El clericalismo, ha declarado Francisco, es “una de las cuestiones que, junto con la autorreferencialidad, más me preocupan de la Iglesia”. Igualmente, en la conversación aparece una vez más la preocupación del Papa por el diálogo entre los jóvenes y los ancianos y la importancia de las raíces para que las jóvenes generaciones construyan un nuevo futuro. Una entrevista que, a juicio del entrevistador, “no dejará indiferente a quien la lea”.

Impacto internacional

El libro-entrevista fue presentado a diferentes editores internacionales a comienzos del mes de octubre, con motivo de la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. La editorial está sorprendida por el interés que ha adquirido la obra, que será traducida incluso al Chino. A fecha de hoy, comunica la editorial, “son al menos catorce sellos editoriales de diferentes países los que han adquirido los derechos de traducción y publicación”.

El libro saldrá a la luz, al menos, en diez lenguas diferentes, algunas de ellas en distintas versiones, según áreas geográficas, como son los casos del español, el inglés y el portugués. “Las diferentes editoriales están haciendo un gran esfuerzo -señala la editorial claretiana- por tener preparadas sus traducciones y poder realizar de forma simultánea el lanzamiento internacional el próximo día 3 de diciembre. Esperamos que, de esta forma, el impacto de la entrevista tenga un carácter global”.

 

 

Música: Instrumento de unidad para hacer eficaz el Evangelio hoy

Discurso del Papa en el III Encuentro Internacional de las Corales

noviembre 26, 2018 21:38RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 26 nov. 2018).- Del 23 al 25 de noviembre, tuvo lugar en el Aula Pablo VI el III Encuentro Internacional de las Corales, organizado por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización en colaboración con los Nova Opera Onlus, en el que participan cantantes y músicos de todo el mundo,

A las 12:20 horas el Santo Padre Francisco ha ido al Aula Pablo VI para encontrar a los participantes en el encuentro y les ha dirigido el siguiente discurso:

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Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, buenos días

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181124125248_0178-413x275.jpgCon vuestra presencia en este Aula han  resonado música y cantos que de alguna manera han traspasado las paredes: ¡habéis despertado al Vaticano! Es hermoso escuchar vuestras melodías y sentir la alegría y la seriedad con que todos juntos dais voz a la belleza de nuestra oración. Agradezco a Mons. Rino Fisichella por su creatividad y por sus palabras y la iniciativa que nos hace ver de cerca los tantos caminos  de la evangelización.

Hace pocos días, como sabéis tuvo lugar el Sínodo de los Obispos, dedicado a los jóvenes, y un tema que se trató con interés fue precisamente el de la música: “Es muy peculiar la importancia de la música, que representa un verdadero y propio entorno en el que los jóvenes están constantemente inmersos, así como una cultura y un lenguaje capaces de despertar emociones y moldear la identidad. El lenguaje musical también representa un recurso pastoral, que interpela en particular la liturgia y su renovación » (Documento final, 47).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/SFO3626-413x275.jpgVuestra música y vuestros cantos son un verdadero instrumento de evangelización en la medida en que os hacéis testimonio de la profundidad de la Palabra de Dios que toca los corazones de las personas, y permite una celebración de los sacramentos, especialmente de la Sagrada Eucaristía, que deja entrever la belleza del Paraíso. No cedáis nunca en este compromiso tan importante para la vida de nuestras comunidades; de esta manera, con el canto dais voz a las emociones que están en lo profundo del corazón de todos. En los momentos de alegría y de tristeza, la Iglesia está llamada a estar siempre cerca de las personas, para ofrecerles la compañía de la fe. ¡Cuántas veces la música y el canto hacen que esos momentos sean únicos en la vida de las personas, porque los conservan como un recuerdo precioso que ha marcado su existencia!

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/SFO3002-413x275.jpgEl Concilio Vaticano II, al realizar la renovación de la liturgia, reiteró que “la tradición musical de la Iglesia constituye un patrimonio de valor inestimable” (Const. Sacrosanctum Concilium, 112). Y así es.  Pienso, en particular, en las muchas tradiciones de nuestras comunidades dispersas por todo el mundo, que muestran las formas más arraigadas en la cultura popular, y que se convierten en una oración verdadera y propia. Esa piedad popular que sabe rezar con creatividad, que sabe cantar con creatividad: esa piedad popular que, como ha dicho un obispo italiano, es “el sistema inmunitario” de la Iglesia. Y el canto lleva adelante esta oración. A través de estas músicas y cantos, se da también voz a la oración y de este modo se forma un verdadero coro internacional, donde al unísono se eleva al Padre de todos la alabanza y la gloria de su pueblo.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/20181124122644_1386-413x275.jpgVuestra presencia, al tiempo que resalta la internacionalidad de vuestros respectivos países, nos hace comprender la universalidad de la Iglesia y sus diferentes tradiciones. Vuestro canto y vuestra música, especialmente en la celebración de la Eucaristía, evidencian que somos un solo Cuerpo y cantamos con una sola voz  nuestra única  fe. Incluso si hablamos diferentes idiomas, todos pueden entender la música con la que cantamos, la fe que profesamos y la esperanza que nos aguarda.

Vosotros estudiáis y os preparáis para hacer de vuestro canto una melodía que favorezca la oración y la celebración litúrgica. Sin embargo, no caigáis en la tentación de un protagonismo que eclipsa vuestro compromiso y humilla la participación activa del pueblo en la oración. Por favor, no hagáis de “prima donna”. Sed animadores del canto de toda la asamblea y no lo reemplacéis, privando al pueblo de Dios de cantar con vosotros y de dar testimonio de una oración eclesial y comunitaria. A veces me da pena https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/DPF264852411-413x275.jpgcuando, en algunas ceremonias, se canta muy bien, pero la gente no puede cantar esas cosas…Vosotros que habéis comprendido más profundamente la importancia del canto y de la música, no menoscabéis  las otras expresiones de la espiritualidad popular: las fiestas patronales, las procesiones, las danzas y los cantos  religiosos de nuestro pueblo también son un verdadero patrimonio de la religiosidad que merece ser valorado y sostenido porque  es siempre  una acción del Espíritu Santo en el corazón de la Iglesia. El Espíritu en el canto nos ayuda a salir adelante.

La música, pues, sea un instrumento de unidad para hacer eficaz el Evangelio en el mundo de hoy, a través de la belleza que aún fascina y hace posible creer confiándose al amor del Padre.

Os acompaño con mi bendición y os encomiendo a Santa Cecilia, vuestra Patrona, pero sobre todo os pido que no os olvidéis de rezar por mí, ¡rezad por mí también con vuestros cantos! Gracias

© Librería Editorial Vaticano

 

 

CON LOS PIES DE BARRO

— La estatua de los pies de barro.

— La experiencia de la personal debilidad.

— Nuestra flaqueza, ocasión para que Dios muestre su poder y su misericordia.

I. Una de las lecturas que la liturgia propone para la Misa de hoy es un pasaje del Libro de Daniel. El rey había tenido un sueño que le había producido una extremada inquietud, sin que luego recordara su contenido. Daniel, con la ayuda divina, conoce el sueño, lo relata al rey y lo interpreta: Tú mirabas -le dice el Profeta a Nabucodonosor- y, estabas viendo una gran estatua. Era muy grande y de un brillo extraordinario... La cabeza de la estatua era de oro puro; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus caderas, de bronce; sus piernas, de hierro, y sus pies, parte de barro y parte de bronce. Entonces, una piedra, no lanzada por mano de hombre, se desprendió y dio sobre los pies de la estatua, y quedó destrozada. Todo se vino abajo: el oro, la plata, el bronce, el hierro y el barro se desmenuzaron juntamente y fueron como tamo de las eras en verano; se los llevó el viento... Nada quedó de la estatua1.

La interpretación del sueño se refiere a la destrucción de sucesivos reinos, comenzando por el del propio Nabucodonosor, y la llegada de un reino, suscitado por el Dios del cielo... que permanecerá para siempre2, y que derribará a los demás. Es una profecía de la llegada del Mesías y de su reinado universal. Pero también la estatua puede ser imagen de cada cristiano: con una inteligencia de oro, que nos permite conocer a Dios; un corazón de plata, con una inmensa capacidad de amar; y la fortaleza que dan las virtudes... Pero los pies los tendremos siempre de barro3, con la posibilidad de caer al suelo si olvidamos esta debilidad del fundamento humano, de la que, por otra parte, tenemos sobrada experiencia. Este conocimiento del frágil material que nos sostiene nos debe volver prudentes y humildes. Solo quien es consciente de esta debilidad no se fiará de sí mismo y buscará la fortaleza en el Señor, en la oración diaria, en el espíritu de mortificación, en la firmeza de la dirección espiritual. De esta forma, las propias fragilidades servirán para afianzar nuestra perseverancia, pues nos volverán más humildes y aumentarán nuestra confianza en la misericordia divina. Conocemos bien la realidad de las palabras de San Agustín: «No hay pecado ni crimen cometido por otro hombre que yo no sea capaz de cometer por razón de mi fragilidad; y si aún no lo he cometido es porque Dios, en su misericordia, no lo ha permitido y me ha preservado del mal»4.

La experiencia de los propios errores hace presente lo inestable de nuestras disposiciones personales y la realidad de la fragilidad humana: «Muchas tentaciones, muchos tropiezos salen al paso de los que quieren actuar conforme a Dios»5. La gracia, los buenos deseos no extirpan completamente las reliquias del pecado, que nos empujan al mal. Este propio conocimiento tendrá muchas consecuencias en nuestra vida. En primer lugar, nos llevará a buscar la fortaleza fuera de nosotros mismos, en el Señor. «Cuando tú deseabas poder por tus solas fuerzas, Dios te ha hecho débil, para darte su propio poder, porque tú no eres más que debilidad»6. Esa es la realidad. Por eso, «resulta necesario invocar sin descanso, con una fe recia y humilde: ¡Señor!, no te fíes de mí. Yo sí que me fío de Ti. Y al barruntar en nuestra alma el amor, la compasión, la ternura con que Cristo Jesús nos mira, porque Él no nos abandona, comprenderemos en toda su hondura las palabras del Apóstol: virtus in infirmitate perficitur (2 Cor 12, 9); con fe en el Señor, a pesar de nuestras miserias –mejor, con nuestras miserias– , seremos fieles a nuestro Padre Dios; brillará el poder divino, sosteniéndonos en medio de nuestra flaqueza»7.

II. Nos enseña la Iglesia que, a pesar de haber recibido el Bautismo, permanece en el alma la concupiscencia, el fomes peccati, «que procede del pecado y al pecado inclina»8. «Lo que la revelación nos dice –afirma el Concilio Vaticano II– coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su corazón, comprueba su tendencia hacia el mal, se ve anegado por muchos males, que no pueden tener su origen en el Santo Creador (...). Toda la vida humana, individual y colectiva, se presenta como lucha –lucha dramática– entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Es más: el hombre se siente incapaz de combatir con eficacia por sí solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse aherrojado entre cadenas»9.

Tenemos los pies de barro, como esa estatua de la que habla el Profeta Daniel, y, además, la experiencia del pecado, de la debilidad, de las propias flaquezas, está patente en la historia del mundo y en la vida personal de todos los hombres. «Nadie se ve enteramente libre de su debilidad y de su servidumbre, sino que todos tienen necesidad de Cristo, modelo, maestro, salvador y vivificador»10. Cada cristiano es como una vasija de barro11, que contiene tesoros de valor inapreciable, pero por su misma naturaleza puede romperse con facilidad. La experiencia nos enseña que debemos quitar toda ocasión de pecado. Es esta una muestra de sabiduría, porque «puestos en ellas, no hay que fiar donde tantos enemigos nos combaten y tantas flaquezas hay en nosotros para defendernos»12.

El Señor, en su misericordia infinita, ha querido que esta fragilidad propia sea para nuestro bien. «Dios quiere que tu miseria sea el trono de su misericordia, y tu impotencia la sede de todo su poder»13. En nuestra debilidad resplandece el poder divino, y es un medio, quizá insustituible, para unirnos más al Señor, que nunca nos deja solos. Enseña a mirar con comprensión a nuestros hermanos que quizá estén pasando una mala época, pues –como enseña San Agustín– no hay falta o pecado que nosotros no podamos cometer. Y si aún no lo hemos cometido se debe a la misericordia divina, que nos ha preservado de ese mal14.

Acudamos a Jesús, llenos de confianza: «Señor, que no nos inquieten nuestras pasadas miserias ya perdonadas, ni tampoco la posibilidad de miserias futuras; que nos abandonemos en tus manos misericordiosas; que te hagamos presentes nuestros deseos de santidad y apostolado, que laten como rescoldos bajo las cenizas de una aparente frialdad...

»—Señor, sé que nos escuchas. Díselo tú también»15.

III. Juan Pablo I, alentando a quien se desanima por haber llevado una vida en el mal, contaba que le preguntó una vez a una señora, llena de pesimismo por su vida pasada, los años que tenía. Respondió que treinta y cinco. «¡Treinta y cinco! –exclamó el Pontífice–, ¡pero si usted puede vivir todavía otros cuarenta o cincuenta años y hacer un montón de cosas buenas!». Le aconsejó que pensara en el porvenir, y que renovara su confianza en la ayuda de Dios. Y añadió el Papa: «Cité en aquella ocasión a San Francisco de Sales, que habla de “nuestras queridas imperfecciones”. Y expliqué: Dios detesta las faltas, porque son faltas. Pero, por otra parte, ama, en cierto sentido, las faltas en cuanto que le dan ocasión a Él de mostrar su misericordia y a nosotros de permanecer humildes y de comprender también y compadecer las faltas del prójimo»16.

Si alguna vez fuera más agudo el conocimiento de nuestra debilidad, si las tentaciones arreciaran, oiremos cómo el Señor nos dice también a nosotros: Te basta mi gracia, porque la fuerza resplandece en la flaqueza. Y con San Pablo podremos decir: Por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por lo cual me complazco en las flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y angustias, por Cristo; pues cuando soy débil, entonces soy fuerte17, con la fortaleza de Dios.

Aunque sintamos que tenemos los pies de barro, nos dará gran confianza considerar los abundantes medios sobrenaturales que el Señor nos ha dejado para vencer. Se ha quedado en el Sagrario, como especial fortaleza para la lucha; nos dio la Confesión, para recuperar la gracia perdida y aumentar la resistencia al mal y la capacidad para el bien; ha dispuesto que un Ángel nos guarde en todos nuestros caminos; contamos con la ayuda extraordinaria de la Comunión de los Santos, del ejemplo de tantas gentes que se comportan como hijos de Dios, con la ayuda de la corrección fraterna... Tenemos, sobre todo, la protección de María, Madre de Dios y Madre nuestra, Refugio de los pecadores, nuestro refugio, a la que ahora acudimos pidiéndole que no nos deje de su mano.

1 Dan 2, 31-35. — 2 Dan 2, 44. — 3 Cfr. San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 5; 181. — 4 San Agustín, Confesiones, 2, 7. — 5 Orígenes, Homilías sobre el Éxodo, 5, 3. — 6 San Agustín, Confesiones, 19, 5. — 7 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 194. — 8 Conc. de Trento, Sesión 5, cap. 5. — 9 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 13. — 10 ídem, Decr. Ad gentes, 8. — 11 2 Cor 4, 7. — 12 Santa Teresa, Vida, 8, 4. — 13 San Francisco de Sales, Epistolario, fragm. 10, en Obras selectas de..., p. 644. — 14 Cfr. San Agustín, Confesiones, 2, 7. — 15 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 426. — 16 Juan Pablo I, Audiencia general, 20-IX-1978. — 17 2 Cor 12, 9-10.

 

 

“Hemos de gastarnos diariamente con Él”

¡Qué contento se debe morir, cuando se han vivido heroicamente todos los minutos de la vida! –Te lo puedo asegurar porque he presenciado la alegría de quienes, con serena impaciencia, durante muchos años, se han preparado para ese encuentro. (Surco, 893)

El Señor nos ha regalado la vida, los sentidos, las potencias, gracias sin cuento: y no tenemos derecho a olvidar que somos un obrero, entre tantos, en esta hacienda, en la que El nos ha colocado, para colaborar en la tarea de llevar el alimento a los demás. Este es nuestro sitio: dentro de estos límites; aquí hemos de gastarnos diariamente con El, ayudándole en su labor redentora.
Dejadme que insista: ¿tu tiempo para ti? ¡Tu tiempo para Dios! Puede ser que, por la misericordia del Señor, ese egoísmo no haya entrado en tu alma de momento. Te hablo, por si alguna vez sientes que tu corazón vacila en la fe de Cristo. Entonces te pido -te pide Dios- fidelidad en tu empeño, dominar la soberbia, sujetar la imaginación, no permitirte la ligereza de irte lejos, no desertar. (Amigos de Dios, 49)

 

Carta de Mons. del Portillo sobre la erección del Opus Dei como Prelatura

Carta de Álvaro del Portillo a los miembros del Opus Dei. 28. XI.1982.

Prelatura Personal23/11/2006

Opus Dei - Carta de Mons. del Portillo sobre la erección del Opus Dei como Prelatura

El Beato Álvaro del Portillo.

(…) En septiembre de 1975, durante mi elección como sucesor de nuestro amadísimo Padre, el Congreso General Electivo acordó unánimemente que fueran continuados los trabajos necesarios para conseguir el definitivo estatuto jurídico de la Obra, siguiendo fielmente las directrices fijadas para siempre por nuestro Fundador y sus enseñanzas concretas en esa materia (…)

No me pareció pertinente dar ningún paso en los primerísimos años de mi mandato para evitar y prevenir posible interpretaciones erróneas por parte de quien no conociera cuánto había sufrido nuestro Padre a causa de este problema, y cuáles habían sido siempre su espíritu sus deseos y sus oraciones. Sin embargo, en la primera audiencia que me concedió el Papa Pablo VI, el 5 de marzo de 1976 -y lo mismo en la sucesiva, el 19 de junio de 1978-, sin pedir nada -en espera de presentar formalmente la solicitud al competente Dicasterio romano-, mencioné las deliberaciones del Congreso General Especial de la Obra sobre este tema. Añadí también -en la primera de esas dos audiencias- mi intención de dejar pasar algún tiempo, a no ser que el Santo Padre me mandase lo contrario. Pablo VI se mostró de acuerdo con mi decisión, y me confirmó que la “cuestión continuaba abierta”. Lo mismo me repitió en la segunda audiencia, y me animó ya a presentar la oportuna solicitud, siguiendo con fidelidad absoluta el espíritu de nuestro Fundador y a la luz de los enriquecimientos aportados al derecho general de la Iglesia por los Decretos conciliares. Con esa indicación del Santo Padre, comenzaba la etapa decisiva de este iter jurídico, pero Pablo VI murió dos meses más tarde, en agosto, antes de que me fuese posible presentar la deseada solicitud.

En septiembre de ese mismo año de 1978, cerca ya del cincuenta aniversario de la fundación de la Obra, al comunicar al nuevo sucesor de Pedro esa fecha de nuestra historia, tuve que informar al Papa Juan Pablo I, recién elegido, de nuestro problema institucional. El Santo Padre me respondió que era su deseo que se procediera expeditamente a conseguir la ansiada solución jurídica. Pero la repentina, y por eso más dolorosa desaparición de Juan Pablo I pareció como un nuevo dilata a nuestros deseos. ¡Dios sabe más!, repetí muchas veces, siguiendo el ejemplo de nuestro Padre.

Dos meses más tarde, el Papa actualmente reinante, Juan Pablo II, me escribió el 15 de noviembre una carta autógrafa, para manifestarnos su cordial participación en nuestra alegría y agradecimiento a Dios, por las Bodas de Oro de la fundación de la Obra. Al transmitirme la carta, el entonces Cardenal Secretario de Estado me comunicaba que el Santo Padre consideraba “una improrrogable necesidad que se resolviese el problema del status jurídico del Opus Dei”.

Y continué inmediatamente las gestiones ya iniciadas. Hicimos nuestra petición formal al Santo Padre que, el 3 de marzo de 1979, encargó a la Sagrada Congregación para los Obispos el estudio necesario, con el fin de examinar la posibilidad y las modalidades para erigir la Obra como Prelatura personal con Estatutos propios.

Se han necesitado más de tres años y medio de trabajo denso e ininterrumpido, de la Santa Sede y nuestro, para hacer este estudio porque, entre otras cosas, era la primera vez que se erigía una Prelatura personal según las condiciones del Concilio Vaticano II.

La cuestión fue estudiada por la Asamblea plenaria de la Sagrada Congregación para los Obispos el 28 de junio de 1979. Después, intervino una Comisión técnica que, en 25 sesiones de trabajo -del 27 de febrero de 1980 al 19 de febrero de 1981-, estudió todos los aspectos jurídicos, pastorales, históricos, institucionales y de procedimiento de la cuestión. El fruto de esta tarea -recogido en dos volúmenes con un total de 600 páginas- fue examinado por una Comisión especial de Cardenales, designada por el Santo Padre, que emitió su parecer el 26 de septiembre de 1981.

A continuación, la Santa Sede envió a los Obispos de todas las naciones donde tenemos Centros erigidos una nota sobre las características esenciales de la Prelatura, con el fin de informarles y permitirles hacer eventuales observaciones, que fueron estudiadas atentamente, y contestadas, por la Sagrada Congregación para los Obispos.

Posteriormente, el 23 de agosto de este año, el Santo Padre hizo el anuncio oficial de su decisión de erigir el Opus Dei como Prelatura personal, después de haber aprobado -el 5 de agosto de 1982, fiesta de la Virgen de las Nieves- una Declaración de la Sagrada Congregación para los Obispos en la que se explican los rasgos fundamentales de la nueva Prelatura. Finalmente, el Santo Padre mandó que se erigiera la Prelatura con fecha 28 de noviembre de 1982, primer Domingo de Adviento, y que se publicara este acto pontificio en las vísperas de ese Domingo, es decir, en la tarde del sábado 27 de noviembre, que coincide con una fecha tan querida por nuestro Padre: la fiesta de la Virgen de la Medalla Milagrosa, aniversario de la muerte del Abuelo.

Así hemos llegado a la conclusión de este largo camino, tal y como había deseado nuestro Fundador. Gratias Deo super inenarrabili dono eius! (2 Cor 9, 15). ¡Sean dadas gracias a Dios por su don inefable! (…)

Estoy seguro de que vosotros me preguntaréis: pero Padre, ¿cómo dar la importancia debida a este cambio de forma jurídica? ¿cambiará nuestra vida ahora, si el espíritu es idéntico? (…) Os confirmaré que no cambia nada del espíritu, de los fines, de los modos apostólicos que hemos venido viviendo, por la sencilla razón de que, como afirmaba nuestro Padre, primero viene la vida; luego, la norma (…)

Hijos, es la norma la que ahora, por Voluntad divina, se acomoda a nuestra vida como el guante a la mano. Esta norma, por la que nuestro Padre, desde hace tantísimos años, ha rezado, ha sufrido y trabajado sin descanso (…)

En síntesis, nuestro nuevo status jurídico se puede resumir de la siguiente manera:

1º la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei es una Prelatura personal, del tipo de las Prelaturas “para el desempeño de especiales tareas pastorales” que, dotadas de sus propios Estatutos, se prevén en los Documentos emanados por el Concilio Vaticano II y en los sucesivos actos pontificios de aplicación. Por tanto, no se ha concedido ningún privilegio a la Obra -no lo quería nuestro Padre, ni lo queremos nosotros-, ni tampoco se ha creado ahora una nueva forma jurídica exclusivamente para nosotros -aunque el Opus Dei sea la primera institución a la que la Santa Sede ha erigido en Prelatura personal-; se nos encuadra, por tanto, dentro de un derecho común que no existía en 1962 pero que ahora ya vige;

2º nuestra situación no es la de una Prelatura nullius dioecesis, de carácter territorial; ni tampoco de una institución igual a las diócesis rituales de las Iglesia orientales o a cualquier otro tipo de diócesis personal. Todas esas formas jurídicas se basan en el principio de la completa independencia o exención respecto a los obispos diocesanos, mientras que esto no sucede en nuestro caso: tanto porque nunca lo buscó nuestro Padre, como porque jamás lo hemos solicitado, aunque algunos -quizá por ignorancia- han propalado esa calumnia, y a los que perdonamos de todo corazón (…)

El cambio fundamental que recogen los actuales Estatutos consiste en que, desde ahora, los fieles de la Prelatura -es decir, las hijas y los hijos míos Numerarios, Agregados y Supernumerarios- continuarán dedicándose al fin apostólico del Opus Dei, mediante un vínculo de carácter contractual. De esta manera, no sólo queda asegurado perfectamente desde el punto de vista jurídico el rasgo de la secularidad; sino que, además, resulta muy claro que los laicos de la Obra están bajo la jurisdicción del Padre -del Prelado- y de los Directores, en todo lo que se refiere al cumplimiento de los peculiares compromisos ascéticos, apostólicos y formativos, que han asumido por medio de ese vínculo, expresión de una vocación exigente, que informa enteramente nuestra existencia. En lo demás, se encuentran en la misma situación -eclesiástica y civil- que cualquier otro fiel cristiano.

Los sacerdotes del Opus Dei -que son los únicos que forman el clero o presbiterio de la Prelatura- están incardinados en la misma Prelatura: por eso son plenamente -no sólo de espíritu, sino también por su condición jurídica- sacerdotes seculares en todas las diócesis donde estén. Los sacerdotes Agregados y Supernumerarios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz no forman parte del presbiterio de la Prelatura: se asocian a la Obra -igual que lo están ahora: nada cambia-, movidos por nuestro mismo espíritu y vocación divina, para recibir la específica ayuda de carácter espiritual que les lleva a buscar la santidad personal en el ejercicio de su ministerio, y manteniendo al mismo tiempo su dependencia canónica de los respectivos obispos diocesanos.

La potestad del Padre -del Prelado y Ordinario propio de la Prelatura del Opus Dei- es una potestad ordinaria de régimen o jurisdicción, que no difiere substancialmente en su contenido de la que venía gozando hasta ahora, aunque desde el punto de vista jurídico es conceptualmente distinta, ya que la Prelatura es una entidad eclesiástica, diferente de los Institutos Seculares y Religiosos, como lo es también de los simples Movimientos y Asociaciones de fieles (…)

Álvaro del Portillo, Rendere amabile la verità. Librería Editrice Vaticana. Roma, 1995, pp. 48-90

 

 

Prelatura personal

Desde el punto de vista jurídico, el Opus Dei es una Prelatura personal de la Iglesia católica. Estructuradas jerárquicamente, las prelaturas tienen encomendada la realización de peculiares actividades pastorales.

Prelatura Personal15/10/2016

Opus Dei - Prelatura personalLas prelaturas personales son uno de los modos de autoorganización de la Iglesia.

En el derecho de la Iglesia Católica, la figura jurídica denominada prelatura personal fue prevista por el Concilio Vaticano II. El decreto conciliar Presbyterorum ordinis (7-XII-1965), n. 10, estableció que, para la realización de «obras pastorales peculiares a los diversos grupos sociales que hay que llevar a cabo en alguna región o nación, o en cualquier parte de la tierra», se podrían constituir en el futuro, entre otras instituciones, «peculiares diócesis o prelaturas personales».

Las prelaturas personales

El Concilio se proponía perfilar una nueva figura jurídica que, caracterizada por su flexibilidad, pudiera contribuir a la efectiva difusión del mensaje y del vivir cristianos: la organización de la Iglesia respondía así a las exigencias de su misión, que se inserta en la historia de los hombres.

La mayoría de las circunscripciones eclesiásticas existentes son territoriales porque se organizan sobre la base de la vinculación de los fieles con un determinado territorio por el domicilio. Es el caso típico de las diócesis.

Otras veces, sin embargo, la determinación de los fieles de una circunscripción eclesiástica no se establece sobre la base del domicilio sino en virtud de otros criterios, como pueden ser la profesión, el rito, la condición de emigrantes, una convención establecida con la entidad jurisdiccional, etc. Es el caso, por ejemplo, de los ordinariatos militares y de las prelaturas personales.

Las prelaturas personales —auspiciadas por el Concilio Vaticano II, como se ha dicho— son entidades al frente de las cuales hay un Pastor (un prelado, que puede ser obispo, que es nombrado por el Papa y que gobierna la prelatura con potestad de régimen o jurisdicción); junto al prelado hay un presbiterio, compuesto de sacerdotes seculares, y los fieles laicos, hombres y mujeres.

Las prelaturas personales son, por tanto, instituciones pertenecientes a la estructura jerárquica de la Iglesia, es decir, son uno de los modos de auto-organización que la Iglesia se da en orden a la consecución de los fines que Cristo le asignó, con la característica de que sus fieles continúan perteneciendo también a las iglesias locales o diócesis donde tienen su domicilio.

El Opus Dei fue erigido por Juan Pablo II en prelatura personal de ámbito internacional, mediante la Constitución apostólica Ut sit del 28 de noviembre de 1982.

Por los rasgos señalados, entre otros, las prelaturas personales se diferencian de los institutos religiosos y de vida consagrada en general; y de los movimientos y asociaciones de fieles. El Derecho Canónico prevé que cada una de las prelaturas personales se regule por el derecho general de la Iglesia y por sus propios estatutos.

La prelatura del Opus Dei

Antes de ser erigido en Prelatura, el Opus Dei era ya una unidad orgánica compuesta por laicos y sacerdotes que cooperan en una tarea pastoral y apostólica de ámbito internacional. Esa concreta tarea cristiana consiste en difundir el ideal de santidad en medio del mundo, en el trabajo profesional y en las circunstancias ordinarias de cada uno.

Pablo VI y los sucesivos Romanos Pontífices determinaron que se estudiara la posibilidad de dar al Opus Dei una configuración jurídica adecuada a su naturaleza, configuración que, a la luz de los documentos conciliares, había de ser la de prelatura personal.

En 1969 comenzaron los trabajos para realizar esa adecuación, con intervención tanto de la Santa Sede como del Opus Dei. Estos trabajos concluyeron en 1981. A continuación, la Santa Sede remitió un informe a los más de dos mil obispos de las diócesis donde estaba presente el Opus Dei, para que hiciesen llegar sus observaciones.

Cumplido este paso, el Opus Dei fue erigido por Juan Pablo II en prelatura personal de ámbito internacional, mediante la Constitución apostólica Ut sit del 28 de noviembre de 1982, que fue ejecutada el 19 de marzo de 1983. Con este documento el Romano Pontífice promulgó los Estatutos, que son la ley particular pontificia de la Prelatura del Opus Dei. Estos Estatutos son los preparados por el fundador años atrás, con los cambios imprescindibles para adaptarlos a la nueva legislación.

Relación con las diócesis

La Prelatura del Opus Dei es una estructura jurisdiccional perteneciente a la organización pastoral y jerárquica de la Iglesia. Tiene, al igual que las diócesis, las prelaturas territoriales, los vicariatos, los ordinariatos militares, etc., su propia autonomía y jurisdicción ordinaria para la realización de su misión al servicio de toda la Iglesia.

Por eso depende inmediata y directamente del Romano Pontífice, a través de la Congregación para los Obispos. La potestad del prelado se extiende a cuanto se refiere a la peculiar misión de la prelatura:

a) Los fieles laicos de la prelatura están sometidos a la potestad del prelado en todo lo relativo al cumplimiento de los peculiares compromisos —ascéticos, formativos y apostólicos— asumidos en la declaración formal de incorporación a la prelatura.

Los fieles laicos del Opus Dei siguen siendo fieles de las diócesis en que residen y siguen sometidos a la potestad del obispo diocesano del mismo modo y en las mismas cuestiones que los demás bautizados.

Estos compromisos, por su materia, no interfieren con la potestad del obispo diocesano. A la vez, los fieles laicos del Opus Dei siguen siendo fieles de las diócesis en que residen y, por tanto, siguen sometidos a la potestad del obispo diocesano del mismo modo y en las mismas cuestiones que los demás bautizados, sus iguales.

b) Según las disposiciones de la ley general de la Iglesia y del derecho particular del Opus Dei, los diáconos y presbíteros incardinados en la prelatura pertenecen al clero secular y están plenamente bajo la potestad del prelado.

Deben fomentar relaciones de fraternidad con los miembros del presbiterio diocesano y observar cuidadosamente la disciplina general del clero, y gozan de voz activa y pasiva para la constitución del consejo presbiteral de la diócesis.

Asimismo los obispos diocesanos, con la previa venia del prelado o, en su caso, de su vicario, pueden encomendar a los sacerdotes del presbiterio de la prelatura encargos u oficios eclesiásticos (párrocos, jueces, etc.) de los que sólo darán cuenta al obispo diocesano y que desempeñarán siguiendo sus directrices.

Los Estatutos del Opus Dei (título IV, capítulo V) establecen los criterios para las relaciones de armónica coordinación entre la prelatura y las diócesis en cuyo ámbito territorial la prelatura lleva a cabo su misión específica. Algunas características de esta relación son las siguientes:

a) No se inicia la labor del Opus Dei ni se procede a la erección canónica de un centro de la prelatura sin el consentimiento previo del obispo diocesano.

b) Para erigir iglesias de la prelatura, o cuando se encomiendan a ésta iglesias ya existentes en las diócesis —y, en su caso, parroquias— se estipula un convenio entre el obispo diocesano y el prelado o el vicario regional correspondiente; en estas iglesias se observan las disposiciones generales de la diócesis respecto a las iglesias llevadas por el clero secular.

c) Las autoridades regionales de la prelatura informan regularmente y mantienen relaciones habituales con los obispos de las diócesis donde la prelatura realiza su tarea pastoral y apostólica; y también con los obispos que ejercen cargos directivos en las Conferencias Episcopales y con sus respectivos organismos.

Normas jurídicas por las que se rige el Opus Dei

a) Normas del derecho general

1. El Opus Dei, como prelatura personal, se rige por las normas del derecho universal de la Iglesia para las circunscripciones eclesiásticas. Además, el Código del Derecho Canónico de 1983 contiene las normas básicas que regulan las prelaturas personales en sus cánones 294-297. En la Santa Sede, la Prelatura, como las demás estructuras jerárquicas seculares -diócesis, prelaturas, ordinariatos, etc.- depende de la Congregación para los Obispos.

b) Normas del derecho particular emanadas por el Romano Pontífice

1. El Opus Dei fue erigido por Juan Pablo II en prelatura personal de ámbito internacional mediante la Constitución Apostólica Ut sit del 28 de noviembre de 1982 (más información).

2. Según la Constitución Apostólica Ut sit, el Opus Dei se rige también por unos Estatutos propios, llamados Código de derecho particular del Opus Dei, que fueron otorgados por Juan Pablo II con esa Constitución apostólica.

3. La prelatura del Opus Dei está constituida por un prelado, un presbiterio propio, y fieles laicos (mujeres y hombres). Los fieles de la Obra, de acuerdo con el derecho particular, dependen del prelado en lo que se refiere a las tareas específicas de la prelatura. Como todos los laicos católicos, secundan las indicaciones del obispo de la diócesis a la que pertenecen.

4. Los sacerdotes que forman parte del presbiterio de la prelatura dependen plenamente del prelado, quien les señala sus cometidos pastorales, que desempeñan en cada lugar en comunión con el Obispo y con la pastoral diocesana. La prelatura se responsabiliza de sostenerles económicamente.

c) Normas jurídicas particulares del prelado y ejercicio de la potestad de gobierno

1. La potestad del prelado hace referencia a los tres ámbitos de la potestad de gobierno mencionadas por el canon 135, esto es: a la potestad legislativa -el poder de emanar leyes o decretos generales en las materias de propia competencia-, a la potestad ejecutiva, y a la potestad judicial.

2. El prelado tiene potestad para promulgar normas que desarrollen el derecho particular de la prelatura. También ejerce la potestad ejecutiva o administrativa: el Boletín Romana publica semestralmente decretos del prelado, así como un resumen de su actividad ordinaria. La potestad judicial se ejercita a través del tribunal erigido de acuerdo con las normas eclesiásticas.

 

 

«Dale gracias por todo, porque todo es bueno»: Carlos Ayxelà

Agradecer, ante lo bueno y ante lo malo, es saberse siempre querido por Dios: gracias por estar aquí a mi lado; gracias porque esto te importa.

Vida espiritual01/04/2018

Opus Dei - «Dale gracias por todo, porque todo es bueno»

Acertar con la propia vida: dar con lo esencial, apreciar lo que vale, ver venir lo malo, dejar pasar lo irrelevante. «Si la riqueza es un bien deseable en la vida, ¿hay mayor riqueza que la sabiduría, que lo realiza todo?» (Sb 8,5). La sabiduría no tiene precio: todos la querrían para sí. Es un saber que no tiene que ver con las letras, sino con el sabor, con la capacidad de percibir cómo sabe el bien. Lo expresa de modo certero el término sapientia, traducción del griego sophia en los libros sapienciales. En su significado originario, sapientia denota buen gusto, buen olfato. El sabio tiene un paladar para saborear lo bueno. Da nobis recta sapere, le pedimos a Dios, con una antigua oración[1]: haz que saboreemos lo bueno.

«Cuando pasen treinta años, echaréis la mirada atrás y os pasmaréis. Y no tendréis más que acabar la vida agradeciendo, agradeciendo…» (San Josemaría)

La Escritura presenta esta sabiduría como un conocimiento natural, que brota con facilidad: «la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran. Se adelanta en manifestarse a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta» (Sb 6,12-14).Sin embargo, para adquirir esta connaturalidad es necesario buscarla, desearla, madrugar por ella. Con paciencia, con la insistencia del salmo: «Oh, Dios, Tú eres mi Dios, al alba te busco, / mi alma tiene sed de Ti; / por Ti mi carne desfallece, / en tierra desierta y seca, sin agua» (Sal 63,2). Y esta búsqueda es la tarea de una vida. Por eso, la sabiduría va llegando también con los años. La sabiduría, lo ha dicho el Papa tantas veces, haciéndose eco del Sirácide (cfr. Si 8,9), es lo más propio de los ancianos: ellos son «la reserva de sabiduría de nuestro pueblo»[2]. Es cierto que la edad también puede traer consigo inconvenientes como el arraigo de algunos defectos del carácter, cierta resistencia a aceptar las propias limitaciones, o dificultades para comprender a los jóvenes. Pero, por encima de todo eso, suele brillar la capacidad de apreciar, de saborear, lo verdaderamente importante. Y eso es, a fin de cuentas, la verdadera sabiduría.

A este saber se refería san Josemaría en una ocasión, hablando a un grupo de fieles de la Obra: «Cuando pasen treinta años, echaréis la mirada atrás y os pasmaréis. Y no tendréis más que acabar la vida agradeciendo, agradeciendo…»[3] A la vuelta de los años quedan, sobre todo, motivos de agradecimiento. Se desdibujan los contornos afilados de problemas y dificultades que quizá en su momento nos agitaron fuertemente, y se pasa a verlos con otros ojos, incluso con cierto humor. Se adquiere la perspectiva para ver cómo Dios le ha ido llevando a uno, cómo ha ido dando la vuelta a sus errores, cómo se ha servido de sus esfuerzos… Quienes convivían con el beato Álvaro recuerdan la frecuencia y la sencillez con que decía: «gracias a Dios». Esa convicción de que uno no tiene más que agradecer recoge, pues, un elemento esencial de la verdadera sabiduría. La que Dios va haciendo crecer en el alma de quienes le buscan, y que pueden decir, incluso antes de llegar a la vejez: «Tengo más discernimiento que los ancianos, porque guardo tus mandatos» (Sal 119,100).

 

Todo es bueno

Desde las estrecheces y angustias de su escondrijo en la Legación de Honduras, san Josemaría escribía en 1937 a los fieles de la Obra que estaban desperdigados por Madrid: «Mucho ánimo, ¿eh? Procurad que todos estén contentos: todo es para bien: todo es bueno»[4]. La misma tónica tiene otra carta, escrita al cabo de un mes, a los que estaban en Valencia: «Que os animéis. Que os alegréis, si, naturalmente, os habéis entristecido. Todo es para bien»[5].

«Las misericordias de Dios nos acompañan día a día. Basta tener el corazón vigilante para poderlas percibir» (Benedicto XVI)

Todo es bueno, todo es para bien. En estas palabras se transparentan dos textos de la Escritura. De un lado, el crescendo de alegría de Dios durante la creación, que desemboca en la conclusión de que «todo lo que había hecho (…) era muy bueno» (Gn 1,31). Del otro, aquella máxima de san Pablo ―«todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28)― que san Josemaría condensaba en una exclamación: «omnia in bonum!» Años antes, en la Navidad de 1931, esas dos fibras de la Escritura se entretejían en una anotación que daría lugar más tarde a un punto de Camino. Todo es bueno, todo es para bien. El reconocimiento por las cosas buenas y la esperanza de que Dios sabrá sacar un bien de lo que parece malo:

Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. ―Porque te da esto y lo otro. ―Porque te han despreciado. ―Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.

Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. ―Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. ―Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso...

Dale gracias por todo, porque todo es bueno[6].

Como se puede observar a simple vista, la secuencia de los motivos de agradecimiento no sigue un orden particular: si todo es bueno, lo es la primera cosa que se nos presenta, y la siguiente, y la otra… todas son motivos de agradecimiento. «Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta». Mira adonde quieras, parece decirnos san Josemaría: no encontrarás más que motivos de agradecimiento. Se refleja en estas líneas, en fin, una admiración que se desborda ante la bondad de Dios; un asombro que recuerda el cántico de las criaturas de san Francisco, en el que también todo es motivo de agradecimiento: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas (...). Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire, y la nube y el cielo sereno, y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento (...). Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor»[7].

«Porque te da esto y lo otro». Cuántas cosas nos da Dios, y qué fácilmente nos acostumbramos a ellas. La salud, a la que se ha llamado «el silencio de los órganos», es quizá un ejemplo paradigmático: suele suceder que la damos por descontado hasta que el cuerpo empieza a hacerse notar; y quizá solo entonces valoramos, por su ausencia, lo que teníamos. El agradecimiento consiste aquí, en parte, en adelantarse; en afinar el oído para percibir el silencio, la discreción con la que Dios nos da tantas cosas. «Las misericordias de Dios nos acompañan día a día. Basta tener el corazón vigilante para poderlas percibir. Somos muy propensos a notar solo la fatiga diaria (…). Pero si abrimos nuestro corazón, entonces, aunque estemos sumergidos en ella, podemos constatar continuamente qué bueno es Dios con nosotros; cómo piensa en nosotros precisamente en las pequeñas cosas, ayudándonos así a alcanzar las grandes»[8].

Agradecer a Dios es disfrutar con Él de las cosas buenas que nos da, porque en compañía de las personas queridas siempre se disfruta más

Sería empequeñecer este agradecimiento pensar que se trata simplemente de la respuesta a una deuda de gratitud. Es mucho más: precisamente porque consiste en saborear lo bueno, agradecer a Dios es disfrutar con Él de las cosas buenas que nos da, porque en compañía de las personas queridas siempre se disfruta más. Hasta lo más prosaico puede ser entonces motivo para pasarlo bien; para no tomarse demasiado en serio; para descubrir la alegría de vivir «en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien (…) No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!»[9]

 

Todo es para bien

Acordarse de agradecer las cosas buenas que Dios nos da es ya en sí mismo un reto. ¿Qué decir de las cosas menos agradables? «Porque te han despreciado»: porque te han tratado con frialdad, con indiferencia; porque te han humillado; porque no han valorado tus esfuerzos... «Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes». Es cuando menos sorprendente la tranquilidad con la que tener y no tener aparecen aquí bajo el mismo signo. ¿Realmente es posible agradecer a Dios la falta de salud, trabajo, tranquilidad? Dar gracias porque te falta tiempo ―cuántas veces eso nos hace sufrir―; porque te faltan los ánimos, las fuerzas, las ideas; porque esto o aquello te ha salido mal… Pues sí: también entonces, nos dice san Josemaría, dale gracias a Dios.

Esta actitud nos devuelve a las contradicciones que san Josemaría atravesaba cuando escribía esas cartas desde la legación de Honduras, y al contexto de sufrimiento del que surgió la anotación que está en el origen de este punto de Camino[10]. La invitación a agradecer lo malo, que aparece de un modo más explícito páginas adelante, tiene su origen en una anotación de cinco días antes: «Paradojas de un alma pequeña. ―Cuando Jesús te envíe sucesos que el mundo llama buenos, llora en tu corazón, considerando la bondad de Él y la malicia tuya: cuando Jesús te envíe sucesos que la gente califica de malos, alégrate en tu corazón, porque Él te da siempre lo que conviene y entonces es la hermosa hora de querer la Cruz»[11].

A pesar de su cercanía en el tiempo, esta consideración se sitúa en el marco de otro capítulo de Camino, uno de los dos que versan sobre la infancia espiritual. Sale así a la luz una clave desde la que se puede comprender el clima espiritual de esa disposición a dar gracias a Dios «por todo, porque todo es bueno». Si el agradecimiento es un signo de la sabiduría que acompaña a la edad y a la cercanía con Dios, solo surge donde hay una actitud de «abandono esperanzado»[12] en las manos de Dios; una actitud que san Josemaría descubrió por la vía de la infancia espiritual: «¿Has presenciado el agradecimiento de los niños? —Imítalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso: «¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!...»[13]

Agradecer lo malo no es, desde luego, algo que surja espontáneamente. De hecho, al principio puede parecer incluso algo teatral o incluso ingenuo: como si negáramos la realidad, como si buscáramos consolación en… un cuento para niños. Sin embargo, agradecer en esas situaciones no es dejar de ver, sino ver más allá. Nos resistimos a agradecer porque percibimos la pérdida, la contrariedad, el desgarro. Nuestra mirada está todavía muy pegada a la tierra, como sucede al niño a quien le parece que se hunde el mundo porque se le ha roto un juguete, porque se ha tropezado, o porque querría seguir jugando. En el momento es un pequeño drama, pero al rato seguramente se le pasa. «En la vida interior, nos conviene a todos ser (…) como esos pequeñines, que parecen de goma, que disfrutan hasta con sus trastazos porque enseguida se ponen de pie y continúan sus correteos; y porque tampoco les falta ―cuando resulta preciso― el consuelo de sus padres»[14].

Agradecer lo malo no es dejar de ver, sino ver más allá

El agradecimiento del que nos habla san Josemaría no es una especie de manto que cubre lo desagradable, como por arte de magia, sino un gesto por el que levantamos la mirada a nuestro Padre Dios, que nos sonríe. Se abre paso así a la confianza, un abandono que pone en un segundo plano la contrariedad, aunque nos siga pesando. Agradecer cuando algo nos duele significa aceptar: «La mejor manera de expresar gratitud a Dios y a las personas es aceptarlo todo con alegría»[15]. Seguramente lo primero que sale no es un grito de alegría; quizá todo lo contrario. Aun así, aunque el alma se rebele, agradecer: «Señor, no es posible… no puede ser… pero gracias»; aceptar: «yo querría tener más tiempo, más fuerzas… yo querría que esta persona me tratara mejor… yo querría no tener esta dificultad, este defecto. Pero Tú sabes más». Pediremos a Dios que arregle las cosas como nos parece que deberían ser, pero desde la serenidad de que Él sabe lo que hace, y de que saca bienes de donde quizá solo vemos males.

Agradecer lo malo, siempre con palabras de la misma temporada del «gracias por todo», supone «creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños»[16]. Más allá de la forma particular que tome ese abandono en la vida interior de cada uno, esta actitud delinea la convicción de que ante Dios somos muy pequeños, y que así son nuestras cosas. Y, a pesar de eso, a Dios le importan, y más que a nadie en el mundo. De ahí surge en realidad el agradecimiento de saberse querido: gracias por estar aquí a mi lado; gracias porque esto te importa. En medio de la aparente lejanía de Dios, percibimos entonces su cercanía: le contemplamos en medio de la vida ordinaria, porque los problemas forman parte de la vida ordinaria. Bajo las cuerdas de la adversidad, surge así el motivo más profundo por el que agradecemos lo bueno y lo malo: gracias, porque encuentro el Amor por todas partes. El verdadero motivo de acción de gracias, la raíz misma de la acción de gracias, es que Dios me quiere, y que todo en mi vida son ocasiones de amar y de saberme amado.

En el sufrimiento por lo que nos falta, por la frialdad, las carencias, las consecuencias de nuestros errores… se esconden, pues, oportunidades para recordar, para despertarnos al Amor de Dios. Caemos en la cuenta de que, aunque nos cueste renunciar a algo, aunque nos cueste aceptar el dolor o la limitación, ¿qué es lo que nos quita eso, después de todo, si tenemos el Amor de Dios? «¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?» (Rm 8,35).

«La mejor manera de expresar gratitud a Dios y a las personas es aceptarlo todo con alegría» (Santa Teresa de Calcuta)

Resulta posible, así, dar «gracias por todo, porque todo es bueno». La locura cristiana de agradecerlo todo tiene su origen en la filiación divina. Quien se ha dado cuenta de que tiene un Padre que le quiere no necesita, en realidad, nada más. A un Padre bueno, sobre todo, se le agradece. Así es el amor de Jesús por su Padre: Jesús es todo Él agradecimiento, porque lo ha recibido todo de su Padre. Y ser cristiano es entrar en ese amor, en ese agradecimiento: Te doy gracias, Padre, porque siempre me escuchas (cfr. Jn 11,41-42).

 

No te olvides de agradecer

«Bendice, alma mía, al Señor, no olvides ninguno de sus beneficios» (Sal 103,2). En la Escritura, Dios nos invita con frecuencia a recordar, porque sabe que vivimos habitualmente en el olvido, como los niños que andan con sus juegos y no se acuerdan de su padre. Dios lo sabe, y lo comprende. Pero nos atrae suavemente a sus brazos, y nos susurra de mil modos: recuerda. Agradecer es también, pues, una cuestión de memoria. Por eso el Papa habla con frecuencia de «memoria agradecida»[17].

La disposición a agradecer lo que nos contraría, asombrosa como pueda ser, facilita de hecho acordarse de dar gracias a Dios ante las cosas agradables. Por lo demás, la vida de cada día nos brinda muchas ocasiones para hacer memoria: detenerse un instante a bendecir la mesa, a agradecer que Dios nos da algo que llevarnos a la boca; dedicar un tiempo de la acción de gracias de la Misa o de nuestra oración personal a darle gracias por las cosas ordinarias de la vida, para descubrir lo que tienen de extraordinario: un trabajo, un techo, personas que nos quieren; agradecer las alegrías de los demás; ver un don de Dios, y otro, y otro, en las personas que nos prestan un servicio... También hay momentos en que la vida nos sale al encuentro con una chispa de belleza: la luz de un atardecer, una atención inesperada hacia nosotros, una sorpresa agradable… Son ocasiones para ver, entre las fibras a veces un poco grises de la vida diaria, el color del Amor de Dios.

Desde muy antiguo, las culturas del mundo han visto en el avance del día hacia la noche una imagen de la vida. La vida es como un día, y un día es como la vida. Por eso, si el agradecimiento es propio de la sabiduría de quien ha vivido mucho, qué bueno es acabar el día agradeciendo. Al detenerse en la presencia de Dios a sopesar la jornada, Dios agradecerá que le agradezcamos tantas cosas, «etiam ignotis»[18]: también las que desconocemos; e incluso que le pidamos perdón, con confianza de hijos, por no haber agradecido suficiente.

Carlos Ayxelà


[1] Oración «Veni Sancte Spiritus», recogida en Misal Romano, Misa votiva del Espíritu Santo (A), oración colecta.

[2] Francisco, Audiencia, 4-III-2015.

[3] San Josemaría, notas de una reunión familiar, 21-I-1955, citado en Crónica, VII-55, p. 28 (AGP, biblioteca, P01).

[4] San Josemaría, Carta, 17-V-1937, citada en Camino, ed. crítico-histórica, comentario al n. 268.

[5] San Josemaría, Carta, 15-VI-1937; citada en Ibid.

[6] San Josemaría, Camino, n. 268. La anotación original corresponde al 28 de diciembre de 1931.

[7] San Francisco de Asís, Cántico de las criaturas, en Fonti Francescane, n. 263.

[8] Benedicto XVI, Homilía, 15-IV-2007.

[9] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24-XI-2013, n. 4.

[10] Cf. Camino, edición crítico-histórica, comentario a los nn. 267 y 268.

[11] Camino, n. 873. La anotación original es del 23 de diciembre de 1931.

[12] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[13] Camino, n. 894. El texto parte también de una anotación del 23 de diciembre de 1931.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 146.

[15] Santa Teresa de Calcuta, El amor más grande, Urano, Barcelona 1997, p. 51.

[16] Santo Rosario, Al lector. Este texto pertenece al manuscrito original que san Josemaría redactó «de un tirón» durante la novena a la Inmaculada de 1931; cfr. edición crítico-histórica, facsímiles y fotografías, n. 4.

[17] Cfr. p. ej. Francisco, Evangelii gaudium, n. 13; Homilía, 18-VI-2017; Homilía, 12-XII-2017.

[18] San Josemaría, “En las manos de Dios” (2-X-1971), En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica, Rialp, 2017, p. 307.

 

El nacionalismo religioso destruye la unidad de los cristianos

Salvador Bernal

Ha tenido mucho eco el discurso del presidente francés en el centenario del armisticio que puso fin a la primera guerra mundial. Lo pronunció ante cerca de ochenta jefes de Estado y de gobierno en un lugar tan emblemático como el Arco del Triunfo en París. Destaca su rotunda frase de que “el patriotismo es exactamente lo contrario del nacionalismo”, con el corolario que califica a esta ideología como “traición al patriotismo”: búsqueda del interés propio sin importar nada el de los demás. Se supone que Emmanuel Macron tenía en su mente no sólo el crecimiento de posiciones identitarias en Francia, sino el America first de Donald Trump, sentado a pocos metros, en la primera fila de la tribuna de los líderes mundiales.

La neta distinción entre la virtud del patriotismo, parte de la clásica pietas, y el nacionalismo en sentido estricto, es un capítulo esencial, bien conocido, de la doctrina social de la Iglesia católica. Constituye una exigencia de la universalidad de la enseñanza de Cristo, aunque no hayan faltado manifestaciones nacionalistas en tantos lugares y momentos de la historia, también reciente.

El nacionalismo es dañino para el orden mundial, aunque la humanidad parece no aprender la amarga lección. Quienes provocan la mayor parte de los conflictos regionales de las últimas décadas, olvidan las dramáticas consecuencias de las dos guerras mundiales del siglo XX.

Más grave aún es el nacionalismo dentro de la Iglesia, que rompe la túnica inconsútil de Jesucristo. Aunque los católicos no estamos inmunizados ante esa tentación, afecta más a otros cristianos, como se comprueba en el origen de los grandes cismas. Y se sigue proyectando en la actualidad, con las tensiones dentro del anglicanismo y, sobre todo, en las iglesias orientales ortodoxas, que sufren la ruptura de Moscú y Constantinopla, a partir de la emancipación de Kiev.

A mediados de octubre, el sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa, reunido en Minsk, consideró roto "el vínculo eucarístico" con el patriarcado de Constantinopla, por considerar "ilegítimo" el reconocimiento de la autocefalia de la Iglesia ortodoxa en Ucrania, hasta ahora integrada en el de Moscú. Para algunos, se trata de la crisis más grave del cristianismo en oriente desde el gran cisma de 1054, al menos desde la perspectiva católica, que tiende a valorar la ortodoxia como una sola iglesia.

En cierto modo, se considera al patriarca ecuménico de Constantinopla como el papa de oriente, aunque Roma no aceptó en 451 el canon 28 del Concilio de Calcedonia, que establecía cierta equiparación entre las dos sedes apostólicas. De hecho, Bartolomé, en la estela de Atenágoras, protagoniza una gran actividad ecuménica, muy unido a la Iglesia católica y al obispo de Roma. Pero las divergencias con otras iglesias orientales resultan patentes. Así, en la jornada de oración por la paz en oriente, convocada en Bari el pasado mes de julio, el metropolitano Hilarión, que lleva las relaciones exteriores del patriarca de Moscú, no participó en la oración común, para subrayar la diversidad.

Los principios están relativamente claros. Pero no es pacífica su aplicación. En las iglesias orientales ortodoxas las relaciones con el Estado ofrecen mayor confusión, porque la autocefalia tiene un componente nacionalista que reaparece periódicamente. Lo ha aprovechado a su favor Vladimir Putin, como es bien sabido, tras el duro periodo soviético (prolongado aún, aunque con formas distintas, por el partido comunista chino).

Cuando la Unión Soviética se deshizo en 1991, los obispos ucranianos, que llevaban tres siglos dentro del patriarcado de Moscú, se definieron autónomos, pero el metropolitano de Kiev no fue reconocido por ninguna de las catorce iglesias ortodoxas del mundo, por influencia de Moscú. De hecho, siguieron existiendo parroquias en Ucrania dependientes de Moscú. Según cifras de fuentes ucranianas, el patriarcado de Moscú tiene más parroquias (12.000) en Ucrania que el de Kiev (5.000), pero menos seguidores (16%, contra un 40%). Todo cambió sustancialmente en 2014, con la intervención rusa en Ucrania oriental y la anexión unilateral de Crimea. Y el patriarca Bartolomé reconoció en 2018 la autocefalia de Kiev, que había apoyado también con ayudas materiales a los contendientes bélicos contra Rusia.

A lo largo de la historia se han producido abundantes tensiones entre el poder político y el eclesiástico, que no se cerraron ni mucho menos tras la guerra de las investiduras. Hay muchos matices desde la antigua hierocracia a los modernos regalismos. Basta pensar que Suecia dejó de ser un Estado confesional con el cambio de milenio, pero la reina de Inglaterra sigue siendo Cabeza de la iglesia anglicana. Y en España, a pesar de la clara afirmación del Concilio Vaticano II en Gaudium et Spes, que superó la vieja teoría del poder indirecto, sólo con el rey Juan Carlos desapareció la figura de la presentación de obispos.

La piedra de toque debería ser el misterio del reinado universal de Jesucristo, que acabamos de contemplar en el último domingo del año litúrgico: reino de verdad y vida; santidad y gracia; justicia, amor y paz; reino no de dominación, sino de servicio y libertad donde, en expresión de san Josemaría Escrivá, “no existen más siervos que los que libremente se encadenan, por Amor a Dios. ¡Bendita esclavitud de amor, que nos hace libres!”

 

 

Caravana migrante, ¿enemigos?

Caravana migrante, ¿enemigos?

Por Luis-Fernando Valdés

La numerosa caravana de migrantes hondureños rumbo a Estados Unidos, que llegó a México, reavivó una inquietud: que los inmigrantes son un peligro para el país que los reciba. ¿Dejar su nación los convierte en criminales? ¿Se puede quitar este prejuicio?

Trump y las caravanas

Desde hace tiempo, para huir de la violencia y la pobreza de sus regiones, cada año migrantes hondureños y otros centroamericanos organizan caravanas para protegerse un poco de los peligros del camino hacia Estados Unidos, como extorsiones, asaltos, secuestros y violaciones.

Estas expediciones casi siempre pasan desapercibidas, pero en marzo de este año Trump puso ante la opinión pública mundial a una de ellas, a la que acusó por Twitter de representar un peligro para la seguridad estadounidense. (NYT, 3 abr. 2018)

Nuevamente, con la reciente caravana hondureña que acaba de llegar a México, el presidente estadounidense volvió a referirse a estos migrantes como si fueran criminales y desplegó en su frontera sur a unos 5 mil soldados para rechazar a las caravanas que, según él, «también están formadas por algunos matones y pandilleros muy malos». (BBC, 5 nov. 2018)

Un temor generalizado

La ayuda de las autoridades mexicanas, así como de la Iglesia católica y otras Iglesias cristianas, a los miembros de esta caravana ha sido muy generosa: se les ha dado refugio, alimentos y orientación jurídica.

Sin embargo, un artículo del sociólogo Pedro L. Arana pone de manifesto el fenómeno de temor y rechazo que esta última caravana ha suscitado entre un sector de los mexicanos, ante el anuncio del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, de otorgar visas de trabajo a los migrantes centroamericanos.

El temor de ese segmento de la población mexicana –que es compartido también por personas de otros países– contiene bastantes prejuicios contra estos migrantes, y queda reflejado en frases como: «van a quitarle trabajos a los mexicanos», «son delincuentes», «van a acabar con la cultura nacional», etc.

Riqueza cultural

Cuando se pone la etiqueta de «criminal» o de «peligroso» a un migrante por el mero hecho de cruzar sin visado una frontera, se comete una gran injusticia. No es verdad que cada migrante sea un delincuente o que lo vaya a ser; al contrario, la gran mayoría de ellos busca convertirse en un trabajador, incluso de las labores más humildes.

Además, los migrantes siempre aportan las riquezas de las culturas en las que se criaron. Por eso, el Papa Francisco invita a los países «a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales». (Evangelii Gaudium, n. 210)

Por eso, el Pontífice alaba a «las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo»; y también exalta a las localidades que «conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro». (Ibidem)

Epílogo

Cada ser humano es una persona dotada de dignidad y esto es previo a su condición de residente o de migrante, de rico o de pobre. Por eso es una gran injusticia tildar de criminales a las personas que se desplazan de un país a otro para buscar paz y mejores oportunidades laborales.

Esta caravana migrante pone sobre la mesa varias tareas fundamentales, como la ayuda a los países de origen por parte de las naciones más desarrolladas para que sus pobladores no tengan que abandonar su patria y como el acercamiento de los medios de comunicación a la realidad de los migrantes para mostrar su verdadero rostro de personas sufrientes, no de criminales.

 

 

¿Cómo fue que lo malo se volvió bueno?

Rebeca Reynaud

Las ideologías en las personas sufren un gran cambio.


ideologias cambios


Una periodista colombiana, Ángela Marulanda, pregunta: ¿Cómo fue que lo malo se volvió bueno? Y explica: Hemos ido adoptando una postura de apertura a todo, incluido lo malo y lo peligroso, aun cuando vaya en contra de lo sano y de los principios. Por ejemplo: Los adultos quieren seguir pareciendo jóvenes, mientras que los adolescentes quieren los privilegios de los adultos. La juventud ha sido glorificada a tal punto, que los ancianos ya no son venerados por su sabiduría, sino menospreciados por sus arrugas.

Varios padres y madres divorciados conviven con sus “marinovios” y algunos de sus hijos e hijas pasan las noches con sus “amigovios”.

Los malvados son justificados, los bondadosos son ridiculizados y los íntegros son repudiados. Lo que más se admira hoy es la fortuna que se amasa, no la honestidad con la que la haya logrado ni la generosidad con que la comparta. La mejor credencial es tener mucho dinero, como quiera que se haya ganado y, lo peor es tener poco por ser honrado.

El maltrato y el acoso se volvió un entretenimiento de los jóvenes, la infidelidad se justifica, la impunidad se glorifica, el vocabulario soez e considera gracioso y la vulgaridad se celebra como divertida.
Los jóvenes bondadosos son llamados “nerdos”, mientras que los aguerridos son temidos y los ostentosos con reverenciados como héroes.

La gente que defiende los principios éticos y morales a menudo es tachada de puritana o anticuada, mientras que la libertina es admirada y elogiada.

¿Qué nos pasó? ¿A qué hora lo positivo se volvió negativo y lo malo se volvió bueno en tan poco tiempo?
La gente busca divertirse u ofuscarse con el alcohol. Hay placer pero no hay felicidad sino vacío interior. San Pablo dice: Los frutos del espíritu son: amor, gracia, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad, dominio de sí (Gal 5, 22-23).

Si el humano rescatara su naturaleza espiritual, seguramente veríamos con más frecuencia esos frutos en la conducta de las personas. La ciencia informa y enriquece pero se vuelve estéril cuando debe hablar de sentido y de significado, de vida y camino.

Caminamos junto a personas que esconden su vida en diminutos auriculares que callan las voces cercanas, personas con tatuajes y perforaciones cutáneas, pantalones intencionalmente envejecidos o rotos, vemos una vida interior que se alimenta de remiendos y tintas vistosas. Se inventan enigmas y los siguen, sin saber por qué ni para qué. Van creciendo así grupos de individuos pero no comunidades (personas que buscan conjuntamente el bien común).

Deberíamos detenernos un momento para meditar, mirar al cielo y a nuestra interioridad para rescatar la magnificencia de nuestra vida espiritual, porque en ella está la Verdad y el sentido de nuestra existencia. No pocas veces corremos, y corremos sin saber adónde. Los mejores pasos son lentos y seguros, porque de la precipitación no salen más que desatinos.

Muchos no perciben la desnudez de su alma porque amortiguan su desconcierto con dinero, placer o alcohol. Para dar sentido a la vida se requiere mucho más que eso. Rompamos las cadenas que nos sujetan para no oír la voz de Dios. Nosotros mismos reducimos nuestro horizonte a la soledad. El proyecto divino para cada humano es glorioso, pero da la impresión de que no lo hemos comprendido suficientemente. Dios nos quiere como grandes cedros de Líbano o grandes palmeras, pero plantadas en su Casa.

 

El consumismo enemigo de la generosidad

 El Papa Francisco ha exhortado en su homilía de la Misa matutina a preguntarnos cómo podemos ser más generosos con los pobres, incluso con “las pequeñas cosas” y ha asegurado que “el enemigo de la generosidad es el consumismo, gastando más de lo que necesitamos”.

El Pontífice ha observado que muchas veces en el Evangelio Jesús hace el contraste entre ricos y pobres: Basta pensar en el rico Epulón y Lázaro o en el joven rico, ha propuesto, un contraste que hace que el Señor diga: “Es muy difícil para un rico entrar en el reino de los cielos”.

La reflexión de hoy, lunes, 26 de noviembre de 2018, en la Residencia de Santa Marta, ha sido en torno al Evangelio de San Lucas (21,1-4), sobre el que Francisco ha comentado que hay un contraste entre los ricos “que entregaban sus ofrendas al tesoro” y una viuda pobre que entregaba dos monedas. Estos ricos son diferentes del rico Epulón: “no son malos”, ha indicado el Papa.

“Parece ser gente buena que va al templo y da la oferta”, ha explicado. “Es, por lo tanto, un contraste diferente”. El Señor quiere decirnos algo más cuando dice que la viuda tiró más que nadie porque dio “todo lo que tenía para vivir”.

Ella actuó así “porque confiaba en Dios, era una mujer de las bienaventuranzas, era muy generosa”. En esta línea, el Pontífice ha llamado a “dar todo porque el Señor es más que todo. El mensaje de este pasaje del Evangelio es una invitación a la generosidad”.

Generosidad como algo cotidiano 

Hay quien puede etiquetar a Cristo como “comunista” –ha dicho el Papa–, “pero el Señor, cuando dijo estas cosas, sabía que detrás de las riquezas siempre estaba el mal espíritu: el señor del mundo”. Por eso dijo una vez: “No se puede servir a dos señores: servir a Dios y servir a las riquezas”.

El Papa, así, hace una llamada a la generosidad: “La generosidad ensancha el corazón y conduce a la magnanimidad”. La generosidad es algo cotidiano –asegura– es algo en lo que debemos pensar: “¿cómo puedo ser más generoso, con los pobres, con los necesitados…. cómo puedo ayudar más?”.

Francisco ha exhortado a pensar en las pequeñas cosas: “Hagamos un viaje a nuestras habitaciones, por ejemplo, un viaje a nuestro guardarropa. ¿Cuántos pares de zapatos tengo? Uno, dos, tres, cuatro, quince, veinte… cada uno lo puede decir. (…) ¿Cuántas prendas que no uso o uso una vez al año? Es una manera de ser generosos, de dar lo que tenemos, de compartir”.

Enfermedad del consumismo

En este contexto, el Santo Padre ha advertido contra la enfermedad del consumismo: “Siempre comprar cosas, tener…”. Es una gran enfermedad hoy, ha comentado. “No digo que todos hagamos esto, no. Pero el consumismo, gastar más de lo necesario, la falta de austeridad en la vida: es enemigo de la generosidad”.

Y la generosidad material – pensar en los pobres, “Yo puedo dar esto para que coman, para que se vistan” –, estas cosas tienen otra consecuencia: ensancha el corazón y te lleva a la magnanimidad”.

Debemos rezar al Señor “para que nos libere” de ese mal tan peligroso que es el consumismo, que nos hace esclavos, una dependencia del gasto: “es una enfermedad psiquiátrica”. “Pidamos –exhortó– por esta gracia del Señor: la generosidad, que ensancha nuestros corazones y nos lleva a la magnanimidad”.

 

 

Los pobres y las ayudas

"La mejor ayuda que puede prestarle a alguien es llevarle más allá de la necesidad de ayuda" (Nisargadatta). Estoy de acuerdo, pero primero interesa descubrir a ese "alguien" esté donde esté y  en las condiciones que se encuentre.

           Los pobres están ahí. Se pueden ver o volver la cara y pasar de largo.  Lo segundo no les hace invisibles. Al contrario, pone de manifiesto "otro tipo de pobreza", "la de quien no quiere ver o se niega a mirar". Posiblemente, los impulsos del nervio óptico no van de la retina al cerebro, sino de otro órgano y terminan cegando el ojo.

            La palabra "pobre" puede describir realidades diversas:  A) La primera,  la objetiva, (indigente, necesitado). Son aquellos seres humanos para quienes sobrevivir en los más elementales niveles de alimentación, salud, vivienda, etc., es difícil, (penuria, miseria) por la incertidumbre, inseguridad social o económica.

           Esa pobreza, que está ahí, algunas veces, suele verse matizada y agravada por la corta edad, la debilidad física y la discriminación sexual, étnica, o religiosa. Suele ser el caso de los niños, las mujeres, o la pertenencia a ciertas etnias o minorías religiosas. Por unas razones u otras, se encuentran así millones de seres humanos.

        No toda carencia es pobreza. Se puede tener poco y ser feliz. De igual modo se puede tener abundancia de todo y no serlo. Porque es verdad que "no es más rico quien más tiene si no quien menos necesita, si con ello se conforma".

        B) La segunda, la subjetiva, de las  personas o entidades que "no quieren ver" por circunstancias que no les interesa y -por activa o por pasiva-se pueden convertir en quienes se aprovechan de "la situación de necesidad del pobre o indigente" para "explotarle"; ¿opresores?  o simplemente no se le escucha cuando grita. "Cuando los pobres hacen sentir su voz, la reacción no es coherente, no es capaz de sintonizar con su condición. Estamos tan atrapados por una cultura que obliga a mirarse al espejo y a preocuparse excesivamente de sí mismo, que pensamos que basta con un gesto de altruismo para quedarnos satisfechos, sin tener que comprometernos directamente", dijo el Papa Francisco.

         Se puede haber tenido o tener poco, e incluso estar en el umbral de la pobreza (por causas naturales, o por decisiones personales equivocadas). Pero lo lamentable es haber llegado a esa situación por haber sido empobrecido por la ignominia inducida (chantaje, engaño, explotación, avaricia o guerra de otro (sea persona, mafia, empresa o institución). De ese golpe es más difícil reponerse  y escapar para sobrevivir. Mientras la pobreza inducida, causada por los opresores deja sin energía vital, destruye anímicamente. Es la negación de humanidad y de fraternidad. No se ve en el pobre a una persona o un ser humano. Se les considera objetos, números, o mercancía. Y eso, a veces, aunque sean los propios compatriotas, o los propios hijos, a quien se vende o cambia por una suma de dinero o animales.

          Algunas veces cuando los poderosos o los ricos  hacen los negocios o las guerras, no suelen ver más que su interés. Las personas no cuentan. Los pobres o huyen o mueren.         

           A veces esa pobreza segunda, "la ceguera, se contagia" a quienes tienen poder para detener la explotación o la guerra, y se convierte en silencio, cobardía, pasividad, palabrería y reuniones interminables de quien no se implica. Lo cual no es más que una forma política de actuar los bien colocados, de desprecio a los pobres e hipocresía con los vulnerables.

           Escribí al Secretario General de Naciones Unidas, a propósito de lo que está pasando en Venezuela, Nicaragua etc., de la gente que no puede aguantar más y se pone en marcha, en las CARAVANAS hacia Norteamérica o de las africanas y de Oriente Medio, hacia Europa.

           Me respondieron el 2 de noviembre de 2018, agradeciéndomelo en nombre del Secretario General. No prometieron mover un dedo. La estructura  injusta de  la ONU, es "un mastodonte" que o no tiene competencias o no quiere entrometerse, y con su silencio, ampara la violencia institucionalizada, la muerte de los pobres en sus propios países, y la huida hacia ninguna parte, sin esperanza. CARAVANAS de dolor y de la ceguera ajena. Las instituciones más dotadas económicamente y con capacidad de influencia, a veces, con su personal ideologizado, están difundiendo la cultura de la muerte, la reducción de la población mundial.      

             De hecho, la portavoz de Estados Unidos, denuncia la farsa y se retira del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Para la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, se trata de una organización "hipócrita".

https://youtu.be/SFARiYWipXg

           ¿Despertará la Humanidad?

           Todo tiene un por qué y un para qué, aunque no se pueda comprender de inmediato

            Si se toma conciencia de lo que está pasando, la Humanidad tiene que cambiar. ¡Hasta la Naturaleza se rebela! No se puede seguir humillando e ignorando al pobre. El desarrollo es posible. Se puede salir de la pobreza. Llegará la Primavera, es decir la esperanza que entre ellos va brotando. Pero hay que cambiar: el fondo y la forma.

             Cierto que el pobre es un ser humano, al margen de toda política y de cualquier creencia religiosa. Ni están solos, ni abandonados de Dios. La dimensión del ser humano es esperanza y lucha por mejorar.

             También es verdad que, para el pobre, la supervivencia  es un problema de vida o muerte. Mejor, es una realidad, pero no  un problema. El pobre, que lucha por su vida, no es un problema: es un ser humano,  al que hay que ayudar.

         Yo les he visto ir al comedor social. He visto hombres y mujeres. He visto jóvenes que llevan también a su perro y lo dejan atado a la puerta, y le sacan algo de comer.

              "Llevarle más allá de la necesidad de ayuda".

         Los gestos sí cuentan. Mirar para otro lado, no. Las palabras y la demagogia no curan. Los políticos y los medios de comunicación hablan mucho de clases sociales. El pobre que no tiene techo, no tiene qué comer, no es una clase social, es un ser humano que necesita ayuda al que hay que ver, no ignorar, "llevarle más allá de la necesidad de ayuda".     

           Dentro de los gestos, el domingo 18 de noviembre, en Roma, el Papa Francisco celebró la Jornada Mundial de los Pobres, compartiendo mesa y mantel con 3000 de ellos. Además, fue instalado un hospital de campaña en el centro de Roma donde fueron atendidos miles de personas sin tarjeta sanitaria y sin dinero.

https://www.abc.es/7cce5880-2ac0-489e-9085-ab9a15246879

          Ahora bien, esos dos ejemplos, realizados por el Papa, ayudaron a algunos pobres y hacen pensar a  quien desde lejos se entera o ve lo sucedido.  

          Al parecer, en la homilía, el Papa, dio a entender que cada vez hay más pobres porque también hay menos ricos, pero más opulentos. Como si la causa de la pobreza fuera  la riqueza.

          Pero según "los informes periódicos de Naciones Unidas , el Banco Mundial y otras organizaciones internacionales igualmente solventes, el número de personas que en el planeta se encuentran en situación de extrema pobreza -viven, o mejor dicho malviven, con menos de dos dólares diarios- ha disminuido a la mitad en los últimos veinte años y esta tendencia se mantiene de manera acelerada, por lo que en otras dos décadas es previsible que esta franja de población no llegue al diez por ciento del total global. Por consiguiente...no hay cada vez más pobres, sino menos, lo que implica que el número de ricos no se reduce, sino que aumenta, a medida que más y más países se incorporan al crecimiento y al progreso".

        Es hora de decir la verdad."En cuanto a la causa fundamental de la pobreza...y de que una sexta parte de la humanidad no tenga acceso a alimentos, agua potable, medicamentos y cobijo a un nivel mínimo deriva...(de que no existe) un sistema de instituciones y un orden jurídico que asegura el imperio de la ley, la libertad de empresa, la propiedad privada, la separación de poderes, la honradez de los gobernantes, la democracia representativa y la innovación tecnológica; (y entonces.)..los ciudadanos quedan condenados a la miseria, a la explotación, al atropello de su dignidad y a la vulneración de sus libertades. Francisco ha de sentar con claridad la idea de que la pobreza se erradica si el entramado institucional, político y jurídico de un pueblo... (lo garantiza)".  (A.Vidal-Quadras, El grito de los pobres, en su columna: Prohibido Pisar las Flores, en La Gaceta, 21 de nov.2018).

           Es de la misma opinión, Yaren Brook, porque  1000 millones han salido de la pobreza. El capitalismo si puede ayudar a salir de la pobreza

https://youtu.be/ybzlsZwB1Cw

              El proverbio chino: gran acierto

             "Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida" (Proverbio Chino).

            Tal vez sea exigente, pero  es eficaz para  "llevar a alguien más allá de la necesidad de ayuda".

             La experiencia, en general, como país y la mayoría de instituciones es, la generosidad total; el buenismo político con el dinero de todos: "que no le falte de nada al pobre, ni al indigente  o inmigrante que llegue".

             Cierto que si no hay ingresos se cae fácilmente en la indigencia o en la delincuencia. Pero más que "enseñar a pescar", se enseña que hay ayudas y subvenciones para casi todo y para casi todos. La gente que acaba de llegar, ya sabe o se lo dicen "sus compatriotas", las ONG etc., que las hay urgentes, vitales, familiares, por hijos, para ser atendidos por los médicos, para adquirir medicamentos, para adquirir una vivienda, para libros, para trasporte público, etc.etc.

            Así que también saben que  unas ayudas son estatales, otras autonómicas, otras locales y de entidades sociales. Que esas ayudas permiten cubrir las necesidades básicas a personas o familias.  Y en casos de emergencia social, con carácter extraordinario,  también de forma puntual, sirven para atender el alquiler y evitar desahucio, pagar la luz, la calefacción etc.

         No importa que los inmigrantes, o que los niños de quienes solicitan las ayudas tengan los mejores móviles, o la mejor Tablet. Reciben las ayudas. Saben que les es suficiente entrar en Internet para saber si pueden acceder a una prestación contributiva y cómo, porque hay guías para subsidios de desempleo, para subsidios por insuficiente cotización, ayuda familiar, subsidios para mayores de 45, ayudas para inmigrantes, para sacar el carnet de conducir, o para abortar, etc. etc. En algunas comunidades, algunas ayudas se convertirán en votos en las elecciones, y... entonces, además de la generosidad, hay un recíproco interés.

            Total que en muchos casos se olvida realmente el sentido de la ayuda al necesitado:  "Llevarle más allá de la necesidad de ayuda". Y que las mismas ayudas debería tener el español nativo. ¿No hay agravio comparativo?       

            Sin pretenderlo, se está corrompiendo al receptor, con unas ayudas y con otras. ¿Quién desea realmente  aprender a pescar? De hecho, al ofrece trabajo, o se desentienden o se niega. ¡Está sucediendo ya hace tiempo!

 José Manuel Belmonte.

 

 

La mejor forma de comenzar el Adviento

LaFamilia.info - 21.11.2016

2016211nFoto: Freepik 

 

El próximo domingo iniciamos el tiempo de Adviento, que son las cuatro semanas que antecede a la Navidad. Tiempo en el que nos preparamos espiritualmente para rememorar y celebrar la llegada del niño Jesús. Y nada mejor que darle la bienvenida a esta época con un excelente video (ver abajo) que nos ayudará a reflexionar en una actitud fundamental para este tiempo: la espera activa.

“Esperar es prepararse, despertar, ¡esperar es buscar! ponerse a la altura, dejar que Aquel a quien se espera vaya entrando en nuestra vida hasta volverla suya…” explica Mauricio Artieda en Catholic-link. Algo similar ocurre cuando esperamos una visita especial a nuestra casa, nos esmeramos por tener todo limpio y en orden para este momento. Por eso, el tiempo de espera a la Navidad no puede ser pasivo, en un momento para cultivar, cuidar y alimentar nuestra fe, y renovar nuestra vida.

Las siguientes son algunas ideas para hacer del Adviento una verdadera vivencia personal:

1. Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo.

2. Me quejaré menos y reiré más.

3. Ayudaré a familiares, compañeros de trabajo y amigos, en algo que necesiten sin esperar nada a cambio.

4. Daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.

5. Haré una obra de caridad con niños y/o ancianos.

6. Haré algún sacrificio (algo que me cueste) y lo ofreceré por un necesitado.

7. Perdonaré a alguien que me haya ofendido, no guardaré más rencor.

8. Tendré un gesto amable con esa persona que tanto me cuesta.

9. No difundiré chismes ni crearé un mal ambiente.  

10. Abriré mi corazón a Jesús para que nazca en él.

 

 

 

Reformemos al Hombre

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La estructuración del mundo debe realizarse de manera que no destruya ni comprima la personalidad de cada uno de los pueblos

Los intereses más fundamentales de la cultura humana exigen imperiosamente que la estructuración del mundo sea realizada de manera que no destruya ni comprima la personalidad de cada uno de los pueblos que, por disposición de la Divina Providencia, existen en este planeta.

Toda verdadera política debe ser delineada en función de la realidad, y siempre que las concepciones artificiales de los estadistas de gabinete abstraen de la realidad, ésta se venga destruyendo irremediablemente su obra.

Esto tal vez sea lo que está ocurriendo con la Unión Europea y lo que podrá ocurrir con proyectos similares en América latina.

Los problemas sociales son como las heridas: mientras más son comprimidos, tanto más se inflaman.

Es una realidad evidente, que cada pueblo tiene una personalidad colectiva. No existen tratados que destruyan esta realidad; ligas ni federaciones que se puedan olvidar impunemente de ella.

¿Se niega, se olvida, se suprime arbitrariamente la personalidad colectiva de un pueblo entero o de todos los pueblos de la tierra? La cultura es obra de esta personalidad. Cuando se perturba o se destruye la fuente, es indiscutible que las aguas brotarán escasas, turbias, dañinas.

¿Qué cultura nacerá, que civilización brotará, qué mundo se construirá sobre estas ruinas psicológicas?

La construcción de la Unión Europea se hizo en gran parte a espaldas de los pueblos que la constituyen. En los pocos países en que se consultó a la gente, el proyecto fue rechazado o consiguió ser aprobado por una minoría ínfima.

En otros países, como en España, los socialistas, entonces en el poder, se opusieron a cualquier plebiscito, con argumentos tan absurdos como “que ya habían pasado bastante susto” con el plebiscito que habían hecho sobre la OTAN. Otra herramienta utilizada para su aprobación fue de la presión internacional, como ocurrió en Irlanda.

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La construcción de la Unión Europea se hizo en gran parte a espaldas de los pueblos que la constituyen.

* * *

San Agustín dice que el corazón humano fue hecho para el amor de Dios, y se agita inquieto hasta que no reposa en Él. Se podría decir que el mundo fue hecho para vivir en un orden determinado por Dios, y delira inquieto mientras no se estructura de acuerdo a este orden.

Dios, autor de la naturaleza, al organizarla como lo hizo, impuso al hombre implícitamente que no pudiese estructurar su vida de otro modo. Cualquier alteración de la inmutable naturaleza de las cosas es indirectamente una rebelión contra Dios. Es una violación del orden. Y, por lo tanto, un desorden.

Así como un desorden en el cuerpo humano se llama enfermedad, produce dolores y perturbaciones y causa finalmente la muerte; así también un desorden en el cuerpo social tiene que producir malestar, luchas y, finalmente, los grandes colapsos que son las guerras. Porque, donde no hay orden en los espíritus no puede haber paz, y la posible abundancia de los bienes materiales, lejos de ser un factor de concordia, puede aumentar al máximo los apetitos, las ambiciones, las discordias, generando un nuevo colapso. Más aún, en una situación de crisis como la que ocurre en Europa, puede suceder lo que dice el proverbio, “cuando falta el pan, todos pelean y nadie tiene razón”.

La Unión Europea nació bajo el pretexto de que se evitarían las guerras uniendo a todos los países del viejo continente. Sin embargo, la utopía no parece estar dando resultado. Y la crisis económica y financiera que padece está exacerbando los ánimos, al punto de que se habla de una posible guerra.

Lo que es necesario es una reforma del mundo. Pero la reforma del mundo supone la reforma del hombre. Mientras el hombre contemporáneo sea lo que es, cuanto mayores fueren sus obras, mayores serán las ruinas que acumulará en torno de sí. Su poder será el agente de su propia destrucción: enfermizo, incrédulo, egoísta, sin moral ni principios de ninguna especie, nada duradero podrá organizar.

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La distinción y la mentalidad de un pueblo se manifiestan también en sus trajes típicos

El contagia con su enfermedad todas sus obras. La argamasa con que unimos las piedras de nuestros edificios contiene dinamita. Las vigas que sostienen nuestras casas tienen termitas. Mañana vendrá la justicia de Dios sobre nosotros y entonces veremos que todo será ruina.

¿Cuál es la solución?

Se trata de reconducir al hombre a las vías gloriosas de la civilización cristiana católica que abandonó y de conservar ‒no fijo y estable en el mismo punto, sino en marcha ascensional en ese camino, a la búsqueda de alturas siempre mayores‒ un orden cada vez más profundamente identificado con la naturaleza y rectificado por lo sobrenatural, sin los miasmas del desorden, de la avaricia, de la sensualidad, de la incredulidad que, tornando al hombre rebelde contra el orden de la naturaleza y los beneficios inestimables de la gracia, hacen de él un hijo de las tinieblas, un sombrío partidario del reino de la anarquía y de la ruina.

Las obras de este hombre serán necesariamente obras de ruina y de tinieblas. No se espere de él otra cosa. Su grandeza se medirá por la grandeza de sus crímenes y de sus devastaciones. Su gloria se medirá por el número de oprimidos que giman a sus pies. Esta siniestra parodia de la grandeza y de la gloria será la única que sus semejantes sabrán ver y aplaudir. Con hombres de este tipo las obras no pueden durar, y las que duren causarán horror.

Plinio Corrêa de Oliveira escribió el artículo original “Reformemos o homem” en el periódico O Legionario, el 9 de mayo de 1943, en medio de la Segunda Guerra Mundial. Nos ha parecido que una adaptación parcial del mismo puede traer luz a la confusa situación en que vivimos.

 

Teología de la belleza

Escrito por Juan Luis Lorda

En el último tercio del siglo XX irrumpió con fuerza en la teología el tema de la belleza. Camino privilegiado para encontrar la verdad y el bien, porque apela directamente al corazón por encima de las confusiones especulativas y las perplejidades morales

En ningún sitio ha recibido tanta atención como en Italia, en el contexto de su inmenso patrimonio artístico cristiano, de altísima calidad. Se puede decir que la presencia explícita de una teología de la belleza ha recorrido cinco etapas:

−la intuición profética de Dostoievsky, en el umbral del siglo XX, de que “la belleza salvará el mundo”;

−el proyecto teológico de Von Balthasar presentado en Solo el amor es digno de fe (1963), desarrollado en Gloria y en el conjunto de su Trilogía, y recogido especialmente por CL (Comunione e Liberazione);

−la recepción creciente en Occidente de la sensibilidad cristiana oriental, y en particular de los iconos, con una justificación teológica que el gran teólogo ruso afincado en París Paul Evdokimov plasmó maravillosamente en su libro Teología de la belleza. El arte del icono (1970);

−la adopción de la “via pulchritudinis” en la pastoral de la Conferencia Episcopal Italiana y, más tarde, por el Consejo Pontificio de la Cultura, junto con la Carta a los artistas, de san Juan Pablo II (1999);

−a final del siglo, el trabajo teórico y plástico de Rupnik, acompañado por el cardenal Tomáš Špidlík, y el interés de otros teólogos en el ámbito italiano: John Navone, Bruno Forte, Pierangelo Sequeri, Rino Fisichella…

Los géneros de la belleza

De entrada, es oportuno trazar un breve panorama sobre el fenómeno de la belleza. Se define en relación a nuestra sensibilidad. Se suele decir que es el “resplandor de lo bueno”, y también el resplandor de lo verdadero o de lo auténtico.

Con eso se subraya que es una captación intuitiva y no reflexiva de lo valioso. Es característico de la experiencia de belleza el ser cautivado directamente por el brillo o resplandor de lo que es bueno o verdadero. Por eso cabe distinguir:

−la belleza ontológica y trascendente de la realidad, que a veces se nos manifiesta con mucha fuerza: en los grandes espectáculos de la naturaleza (los cielos, el mar, los bosques), pero también en los pequeños: la maravilla de las flores, de los seres vivos o de la impresionante estructura y génesis de la materia. ¿Cómo es posible que las cosas sean tan fascinantes? Hay en ellas un componente de misterio y trascendencia que refleja la bondad de Dios (“vio Dios que era bueno”);

−la belleza de las artes plásticas (artística o hecha con “arte”), de los objetos pero también de las acciones (ceremonias, danzas, etc.) ideadas y creadas por los seres humanos con valores de armonía, brillantez, sugerencia y nostalgia...;

−la belleza de la verdad, sentida especialmente cuando captamos grandes panoramas de sabiduría o de las ciencias, también de las matemáticas;

−la belleza moral de los comportamientos nobles y heroicos, plasmados en la vida misma y en las artes (literatura, teatro, cine) y especialmente en la santidad;

−la Liturgia ofrece un género combinado de belleza, al reunir muchos elementos de belleza plástica, con la profundidad de la palabra, la oración, la celebración del misterio con un sentido de trascendencia y santidad.

Hay una belleza ontológica de la realidad (que también se refleja en la belleza de la verdad), una belleza estética o “artística” de la creación humana, y una belleza moral de lo noble y digno del ser humano. Cuando la belleza artística de la creación humana no conecta con la belleza ontológica y trascendente de la realidad o con la belleza moral que la dignidad del ser humano reclama, se reduce a esteticismo. En su famoso libro Presencias reales, George Steiner llamó la atención sobre este componente de trascendencia necesario en las artes humanas.

¿La belleza salvará el mundo?

La famosa frase de Dostoievsky ha tenido un fuerte eco en todo el siglo XX. Verdaderamente se trataba de una iluminación, como declaró Alexander Solzhenitsyn en su discurso de recepción del Premio Nobel en 1970.

Dostoievsky, profundamente marcado por la experiencia del mal pero también del bien que anida en las profundidades del alma humana, e hiperconsciente sobre el peligro del nihilismo, puso esta frase en El Idiota (parte III, cap. 5). Es una pregunta dirigida al príncipe Myschkin, encarnación del idiota o ingenuo que vive con sus estándares de bondad en un mundo pervertido, y choca con su entorno, sacando lo mejor o lo peor de cada uno. Dostoievsky experimenta con esta figura el efecto de Cristo, “signo de contradicción… puesto… para que se manifiesten las intenciones de muchos corazones” (Lc 2, 34-35).

“¿Es cierto, Príncipe, que dijiste alguna vez que la belleza salvará el mundo?”. Myschkin no responde, pero su vida refleja la belleza moral del amor compasivo, que convierte a los que se dejan conmover. La belleza redentora del amor está presente eminentemente en la figura de Sonia, de Crimen y Castigo, y en otros muchos momentos de la obra de Dostoievsky. Testimonio intuitivo de verdad frente a la oleada nihilista que quiere nivelar el universo moral. Definitivamente, no brillan igual el amor que el odio, la entrega que el pecado. La belleza moral conmueve y señala dónde está la salvación.

Sólo el amor es digno de fe

En 1963, Hans Urs von Balthasar escribió un breve libro, que se ha hecho justamente famoso, y que da las claves de su pensamiento y de su obra principal, la Trilogía. El libro se llama en alemán Glaubhaft ist nur Liebe (Creíble es solo el amor) y, en castellano, Solo el amor es digno de fe.

Es una reflexión de conjunto sobre la presentación de la fe cristiana para que sea creíble; en ese sentido es una reflexión apologética. En los primeros capítulos, advierte que la vía cosmológica para llegar a Dios está cegada por las complicaciones del pensamiento moderno. Y también lo está la vía moral o antropológica, donde Dios se presenta como garante del orden moral y horizonte de las aspiraciones humanas. Si no se puede llegar por la vía de la verdad y del bien, queda la de la belleza. Tiene la ventaja de ser intuitiva: lo bello se presenta bajo una forma en la que se capta directamente su valor y verdad.

Pero ¿bajo qué forma se presenta y se capta la belleza lo cristiano? Hay que ir al núcleo, que es la muerte y resurrección de Cristo, misterio de amor divino que llega al abajamiento total (kénosis, Flp 2, 7). Solo Dios es capaz de tanto: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo” (Jn 3, 16). De ninguna otra manera se manifiesta tan a fondo lo que es Dios. Von Balthasar desarrolla esta intuición en Gloria 1, parte I, Una estética teológica. La percepción de la forma; y en 3, parte II, Formas de estilo. Estilos laicales. Pero suele ser más brillante cuando dice lo que va a hacer que cuando lo hace.

El arte del icono

Este tercer paso viene también de Rusia. El fascinante y último ensayo de Evdokimov, Teología de la belleza. El arte del icono (1970) ha sido una vía principal para entender en Occidente lo que es un icono en la sensibilidad cristiana oriental. Se necesitaba un teólogo de raza para no quedarse en superficialidades.

Paul Evdokimov (1901-1970), teólogo laico, forma parte de los intelectuales rusos que, huyendo de la Revolución bolchevique, se juntan en el Instituto de Teología Ortodoxa Saint Serge, de París. Profundo conocedor de Dostoievsky (Dostoievsky y el problema del mal, 1942), y al final de una vida marcada por el exilio y la desgracia de Rusia, se acoge explícitamente a la frase de Dostoievsky para reflejar su propia experiencia.

La explicación final del icono como pobre materia trascendida por la hermosura de lo que representa, viene precedida por un largo itinerario por la teología de la creación, y la presencia santa y al mismo tiempo velada de Dios, eminentemente en Cristo. No se trata de la belleza “física”. No es esa la que intentan reflejar los iconos, a diferencia de algunos renacentistas italianos, donde los motivos religiosos sirven de excusa para una belleza paganizante. La belleza de los iconos es la belleza de la santidad de Dios presente, velada y radiante en la “pobre materia”. Cristo es “el más bello entre los hombres” (Sal 44, 3), pero, en su momento cumbre, en su “hora”, “no hay en él parecer y hermosura” (Is 53, 2).

La ‘via pulchritudinis’

El proyecto de Von Balthasar ha tenido una influencia muy grande en Italia, en parte a través de CL. Y ha dado lugar a un importante conjunto de tesis doctorales y artículos, incluyendo las de varios que serían después obispos. De modo que su argumentación ha estado muy viva y llega a un terreno bien preparado, como es el italiano.

Sin rehuir del planteamiento cristológico de fondo, el episcopado italiano ha tendido un puente hacia el inmenso patrimonio cultural artístico cristiano que hay en Italia. Y ha creado un proyecto nacional, en unión con otras instituciones, que se llama “Vie della bellezza” (con abundante material online).

Al final del siglo

El cierre del siglo fue extraordinariamente rico de eventos en este sentido. Uno de los más interesantes es que se traslada a Roma el sacerdote jesuita Marko Rupnik, para dar clase en el Pontificio Instituto Oriental. Ha hecho la tesis sobre el impacto evangelizador del arte, con Tomáš Špidlík, especialista en teología oriental (con un libro breve y precioso sobre los iconos). En 1995, Juan Pablo II encarga a Rupnik dirigir el Centro Aletti, que reúne artistas cristianos. Se puede hablar del impacto casi universal de los mosaicos que realiza el equipo en la capilla Redemptoris Mater del Vaticano (1999). Pero hay que notar también sus conferencias e iniciativas sobre la vía pulchritudinis. Y el libro que edita junto con el cardenal Špidlík, Teología de la evangelización desde la belleza.

En 1998, John Navone (1930-2016), jesuita americano que enseña en la Gregoriana y está interesado en la teología narrativa, publica un hermoso y breve libro, Verso una teología della Bellezza, pronto traducido al inglés. En 1999, el Papa Juan Pablo II, publicó su importante Carta a los artistas, que daría lugar a comentarios y reuniones por todo el mundo. También en 1999, el teólogo y obispo de Chietti-Vanta, Mons. Bruno Forte, presentó En el umbral de la belleza. Por una estética teológica, donde recorre la teología de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, y las contribuciones de Kierkegaard, Dostoievsky, Von Balthasar y Evdokimov, para terminar en las diversas artes. Además, Mons. Forte ha dado otras conferencias sobre la Via pulchritudinis (online).

Atravesando el 2000

En el mismo 2000, Pierangelo Sequeri publica un artículo sobre La via pulchritudinis: limiti e stimuli di una spiritualità estetica (online), donde muestra algunas ambigüedades de lo estético (en el sentido de esteticista). Después seguirá su ensayo sobre Il sensibilee l’inatesso. Lezioni di estetica teologica (2016). En todos estos años se puede comprobar una auténtica floración de estudios italianos, hasta llegar a las intervenciones del obispo y teólogo Rino Fisichella en Radio Vaticana sobre la belleza en la liturgia y el arte sacro, con motivo de una magna exposición al inicio de 2018, que llevó el cívico título de La bellezza una strada per l’evangelizzazione e un aiuto alla città a vivere meglio e abbassare la violenza.

Y no se debe olvidar la hermosa conferencia que el entonces cardenal Ratzinger mandó al meeting de Rimini, en 2002 (La contemplación de la belleza), y el encuentro con los artistas ya siendo Papa (21-XI-2009). Ratzinger reúne y combina las dos líneas de reflexión que aquí han salido: la más trascendente de la belleza de Dios manifestada en Cristo y en todo el misterio de la salvación, y la artística, sobre el trasfondo del arte religioso. A lo largo de toda su trayectoria. Joseph Ratzinger ha sido un gran cantor de la belleza de la santidad y del arte religioso como los dos principales testimonios cristianos.

Por su parte, el Pontificio Consejo para la Cultura organizó en el año 2006 una asamblea plenaria sobre la Via pulchritudinis, que se puede consultar online. Allí se explica la oportunidad de esta vía para llegar al bien y la verdad. Y se profundiza en la belleza de la creación, la belleza presente en las artes, y la belleza de la santidad de Cristo, que se prolonga en la liturgia cristiana. El texto conclusivo está en las páginas del Pontificio Consejo; y las ponencias en Via pulchritudinis. Caminos de evangelización y diálogo (BAC 2008).

Juan Luis Lorda

Fuente: Revista Palabra.

 

 

‘El mundo actual tiene necesidad de perdón, de vivir que Dios es misericordia’

Escrito por Mariano Fazio

Publicado: 23 Noviembre 2018

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Entrevista al vicario general del Opus Dei, con motivo del Simposio sobre el pensamiento y la figura de San Josemaría celebrado en Jaén

María José Aguilar, del Secretariado de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Granada, entrevista a Mariano Fazio (Buenos Aires, 1960), vicario general del Opus Dei, quien ha participado recientemente en el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes y el discernimiento vocacional celebrado en Roma.

Amigo personal del Papa Francisco, ha visitado nuestra diócesis de Granada este pasado fin de semana con motivo de participar en un Simposio sobre el pensamiento y la figura de San Josemaría celebrado en Jaén.

Su ponencia en el Simposio sobre el pensamiento y la figura de San Josemaría se ha titulado: “Transformar el mundo desde dentro”. ¿Cómo se produce esta transformación en el mundo secularizado actual?

Todo cristiano tiene que tener una visión positiva del mundo, de la realidad, de la sociedad, porque detrás de todas las circunstancias está Dios. Para transformar algo es necesario amarlo, por eso primero hay que tener una mirada llena de amor, de comprensión, y de misericordia. Transformamos el mundo con las cosas de cada día, primero transformándonos a nosotros mismos, dándonos cuenta que tenemos que pedir perdón por nuestras miserias, limitaciones y pecados.

Mejoramos el mundo sonriendo cuando uno no tiene ganas en el ámbito familiar o en el trabajo, cuando uno pone espíritu de servicio en las actividades que tiene que realizar, cuando vive la amistad con todas sus consecuencias, cuando tiene un corazón grande y se preocupa de los pobres, de los más necesitados, como nos recuerdo continuamente el Papa Francisco, subrayando que a veces los más necesitados están al lado nuestro, en nuestra misma casa.

¿Qué valoración hace del Sínodo y de lo que se ha vivido en Roma en torno a los jóvenes y el discernimiento vocacional?

Doy gracias a Dios por haber participado en el Sínodo, ha sido una experiencia muy enriquecedora porque uno tiende normalmente a ver el mundo desde la propia perspectiva. Haber convivido un mes con obispos y jóvenes de los cinco continentes uno se da cuenta de las realidades tan distintas que hay y en particular lugares donde hay persecución contra la Iglesia, donde hay mártires, o donde hay situaciones materiales tremendas por guerras civiles, y me dio la impresión de que los que vivimos en el mundo occidental no solo nos removimos sino que hicimos examen de conciencia de nuestras preocupaciones.

Fue un Sínodo universal, una gran oportunidad de manifestar la unidad en torno al Papa. Los elementos principales fueron, por una parte, la afirmación de que todo el mundo tiene vocación. Dios llama a todos, no se olvida de nadie, y llama a una vida de santidad. Cada uno tiene que descubrir qué es lo que Dios le pide y para eso es necesario el acompañamiento, este sería un segundo elemento, el acompañamiento espiritual. Se subrayó que todos podemos acompañar no solo los sacerdotes sino también los laicos en la medida en que la gente esté bien formada para ser instrumentos del Espíritu Santo y ayudar a la gente a que descubra su vocación. El tercer elemento fue la misión, la misión apostólica de los jóvenes, los primeros evangelizadores de la gente joven tienen que ser los propios jóvenes.

¿Cómo afronta el Opus Dei los nuevos retos con los jóvenes?

Todo lo tratado en el Sínodo encaja perfectamente con el Espíritu del Opus Dei cuyo mensaje principal es difundir la llamada universal a la santidad en medio del mundo. Tenemos en la Obra una tradición de acompañamiento personal muy fuerte. San Josemaría hablaba del “apostolado de la amistad y confidencia”, en esa amistad ambas partes abren el corazón para ayudarse en el camino del Señor. A mí me confirmó muchos elementos del espíritu del Opus Dei.

También el tema de la misión apostólica de los jóvenes, si nos tomamos en serio el compromiso bautismal de donde surge la llamada a la santidad, eso lleva necesariamente al apostolado al tratar de comunicar el don de la fe y el amor del Señor a los demás. Para nosotros es un desafío saber poner todavía más ímpetu y esfuerzo en este empeño misionero.

En el Sínodo habrá podido compartir más tiempo con el Papa, su amigo desde hace años, ¿cómo describiría al Santo Padre como pontífice y como amigo?

Un elemento central del pontificado actual es la cultura del descarte, aquellos que están descartados en la sociedad. Yo diría que Francisco es la versión pastoral de la dictadura del relativismo con respecto a los dos pontificados anteriores. Como pontífice utiliza un lenguaje muy accesible a todos, tenemos un gran pastor, una persona muy culta que sabe usar un lenguaje cercano y eso es un don para la Iglesia.

En cuanto al Santo Padre como amigo, la gran palabra que lo describe es cercanía. A mí siempre me ha conmovido que desde que fue nombrado Papa, éramos amigos de antes, yo pensaba que no podría dedicarme el mismo tiempo y sin embargo siempre me felicita por mi cumpleaños, veo que me trata como una persona única. El Papa está preocupado por la humanidad entera pero esa humanidad son personas concretas, entonces siempre que puede tiene detalles con esas personas concretas.

¿Qué valoración realiza de este tiempo como vicario general del Opus Dei a nivel pastoral y personal?

Doy gracias a Dios porque pude trabajar con Mons. Echevarría, un hombre de Dios del cual aprendí mucho, sobre todo su cercanía con todas las almas, tenía una gran empatía y generosidad. Esto me ha servido en mi labor pastoral. También con el actual Prelado, Mons. Ocáriz, me ayuda su humildad, su inteligencia y su sencillez. Me ha ayudado mucho el ejemplo de ambos que considero complementarios.

El ser vicario implica viajar mucho, me sorprende cómo el mismo mensaje está encarnado en personas totalmente distintas, culturas diferentes, hombres y mujeres, ricos y pobres, agradezco al Señor por ver cómo un carisma ha podido florecer en circunstancias muy distintas. Tengo, y lo digo de todo corazón, una predilección por África, donde hay una gran fe, una apertura a la trascendencia, a la gente se la ve sonriente y confiada en la providencia y eso me ha ayudado en mi labor sacerdotal y puedo dar testimonio de cómo hay personas que lo pasan mal pero en la práctica son felices porque confían en Dios.

¿Qué mensaje daría al mundo actual San Josemaría?

En el mundo de hoy hay necesidad de perdón, que nos perdonemos, que vivamos lo que el Papa dice tantas veces, que Dios es misericordia. Hay una frase de San Josemaría que compartí con el Papa y le gustó: “Yo no he tenido que aprender a perdonar porque el Señor me ha enseñado a querer”. Creo que San Josemaría hoy diría también al mundo que sepamos perdonar y pedir perdón.

Entrevista de María José Aguilar, Secretariado de Medios de Comunicación Social. Arzobispado de Granada.

Fuente: archidiocesisgranada.es

 

 

Dios y el cerebro.

Que existe Dios es algo que puede ser demostrado filosóficamente; y la demostración de su no existencia, según los filósofos, es prácticamente imposible. Es dogma de fe, proclamado por el Concilio Vaticano I, que el hombre puede llegar al conocimiento de la existencia de Dios.

El ateo y el indiferente, así como el creyente, alguna vez dudan de la existencia de Dios. Pero Dios no se suele presentar al modo de Frossard (“Dios existe, yo me lo encontré”), o al de García Morente (como un hecho “sorprendente”). Aparentemente pasa inadvertido. Sin embargo, el hombre lo necesita, y si quiere, le busca y le encuentra.

 El Ser Supremo “se escapa” a la comprobación experimental, no es un objeto de las ciencias experimentales. A este respecto, Collins, Premio Príncipe de Asturias 2001, el mayor responsable de la secuenciación del genoma humano, afirmaba que la complejidad de la estructuración del genoma le habla de la existencia de un Creador.

Algunos científicos, materialistas, sin demostración a este respecto (es un prejuicio), declaran que Dios es un producto cerebral.

Así por ejemplo, Hamer ha buscado, sin resultados, en gemelos los genes que tienen que ver con la religión, el “gen de Dios” (gen VMAT2); según él, la espiritualidad sería una de nuestras herencias básicas.

Newberg afirma que las experiencias místicas son provocadas por el lóbulo temporal del cerebro. Y declara que nuestro cerebro puede modificar nuestra religiosidad, y que el cerebro nos convence de la firmeza de nuestras creencias.

Persinger dice haber conseguido la sensación de la presencia de Dios en individuos a los que les practicó una estimulación magnética transcraneal. A este respecto, Dawkins se sometió a estas experiencias y dice que no sintió nada especial. La estimulación del lóbulo cerebral temporal izquierdo da lugar a una sensación como de salida del yo y de estar en presencia de Dios. También los epilépticos y los esquizofrénicos pueden sentir tales experiencias.  Persinger habla también de la teoría de la tensión tectónica, como agente que influye en las experiencias religiosas, a todas luces, mera elucubración. La comunidad científica es escéptica en relación a todas estas afirmaciones (entre otros, por parte de Granqvist). Por otra parte, no son iguales los delirios místicos de los enfermos mentales que las experiencias religiosas de personas sanas.

Kapogiannis habla de un incremento en el volumen de la corteza temporal medial derecha en la relación íntima con Dios;  y de una disminución del precuneus y de la corteza orbitofrontal izquierda en el miedo a Dios; así como un aumento del precuneus derecho en la duda religiosa. (El precuneus se localiza en la zona interna de cada hemisferio cerebral;  la corteza orbitofrontal está en el lóbulo frontal de cada hemisferio).

Se han publicado trabajos “científicos” sobre el asiento cerebral de las experiencias religiosas. Algunos se encabezan con títulos como: “God part of the brain”, “God’s spot”, “God on the brain”, que manifiestan que sus autores piensan que las experiencias religiosas son un producto de la actividad cerebral.

En contraposición, hay que citar, entre otros, a Beauregard, que dice que la experiencia religiosa es racional, y habla de la activación de numerosas áreas cerebrales en experiencias realizadas con monjas carmelitas. Y dice que no se puede hablar de un lugar o área de Dios en el cerebro, ya que en las experiencias místicas se involucra todo el cerebro.

San Juan de la Cruz, en su libro “Subida al Monte Carmelo”, dice: “visiones, revelaciones, locuciones, son puramente espirituales, porque no se comunican al entendimiento por vía de los sentidos corporales sino que se le ofrecen por vía sobrenatural, pasivamente” (cp. 23, 1). Así pues, en la experiencia mística quien toma la iniciativa es Dios y no el cerebro.

El hombre es una unidad cuerpo – alma, y es lógico que en la meditación, la oración, el arrebato místico, participe todo el organismo, y por tanto, que pueda haber cambios en la presión arterial, en el pulso, etc., y que se activen varias estructuras cerebrales (unas más que otras), como ocurre también con ocasión de otras actividades humanas (experiencias amorosas, alegría, tristeza, etc).  Pero esto no quiere decir que Dios sea un producto del cerebro. Sería una frivolidad, una afirmación acientífica.

Vivimos actualmente  inmersos en un terremoto cultural en que las bases de la civilización parecen tambalearse. Se trata de repensar los problemas de siempre. Es cuestión de no atenerse al color del cristal de una concreta ciencia experimental. Eso sería miopía. Dios está fuera y por encima de una óptica a ras de tierra.

Se trata de plantear los problemas de siempre de acuerdo a la cambiante y evolutiva visión que del mundo ahora se tiene, sin complejos, sin miedos, pues la verdad no cambia. Verdad, belleza y  bondad son tres pilares trascendentales en la actividad humana. Alterar, sustituir estos fundamentos no va con lo natural.

 

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata: Libros y amistad

 

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(JUAN JESÚS DE CÓZAR) La isla británica de Guernsey vivió su particular odisea durante la invasión nazi. Su estratégica situación en el Canal de la Mancha, cerca de las costas de Normandía, la convirtió en un importante objetivo para el ejército alemán, que la ocupó en junio de 1940. Pocos días antes se había conseguido evacuar a parte de la población y a casi todos los niños en edad escolar. Se calcula que se marcharon 21.000 habitantes de Guernsey, incluyendo 5.000 niños y los maestros de las escuelas.

Este contexto histórico funciona como paisaje de fondo de “La sociedad literaria y el pastel de piel de patata”, la última película del veterano director inglés Mike Newell, una agradabilísima cinta que está triunfando en la cartelera española. El guión adapta una novela póstuma de Mary Ann Shaffer, inacabada al fallecer la escritora y completada por su sobrina, Annie Barrow.

https://2.bp.blogspot.com/-_PXC-KlKX9g/W-xZYiB75OI/AAAAAAAAKbs/M3wNZTYwVGEI-KKLwdCch7KRTC_JvEDnwCEwYBhgL/s320/Patata%2B3.jpgLa acción de sitúa en 1946, en un Londres en plena reconstrucción tras la guerra. Juliet Ashton (Lily James) es una joven novelista de éxito que perdió a su familia durante la contienda bélica. Prometida con Mark (Glen Powell), un militar norteamericano, y representada por Sidney (Matthew Goode), su eficaz editor, la vida de Juliet parece orientada hacia un futuro estable y seguro, con un horizonte lleno de libros por escribir, de conferencias, entrevistas, homenajes y fiestas. Pero un día recibe una carta desde la isla de Guernsey que firma un tal Dawsey Adams (Michiel Huisman); unas letras que van a conectar el pasado con el presente y que tendrán una influencia decisiva en las aspiraciones de Juliet.

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La verdad es que este filme de largo título es un disfrute. Y lo es en parte porque concede al espectador lo que este desea que ocurra. Pero se trata de una previsibilidad inteligente, tan elegante y simpática que resulta muy fácil engancharse a la historia y empatizar con los personajes. Aunque no es una obra maestra ni lo pretende, Newell entrega una película que logra entretener y emocionar, gracias a una Lily James encantadora, a una exquisita ambientación muy british, y a un tratamiento muy atractivo de la amistad y de la literatura como antídotos ante el sufrimiento.

Sí. Los amigos y los libros son como las chimeneas en los días de crudo invierno: nos reúnen, nos unen y nos caldean.

 

 

Francia quiere alargar la baja maternal de las agricultoras

La Asamblea Nacional de Francia ha adoptado en primera lectura el proyecto de ley de financiación de la seguridad social (PLFSS) para el año 2019, por 335 votos contra 190. El proyecto de ley aprobado incluye medidas relativas a las agricultoras embarazadas, concretamente sobre la duración de la baja por maternidad y la financiación del reemplazo:

 –Se alargaría el  período mínimo de baja por maternidad a 8 semanas como mínimo y un máximo de 16 semanas (dos de las cuales antes del nacimiento). De esta forma, se iguala la baja de maternidad de las agricultoras con las del resto de trabajadoras asalariadas.

Actualmente, la Seguridad Social francesa compensa a las trabajadoras autónomas (entre las que están las agricultoras) 44 días de baja maternal (poco más de seis semanas), con 30 días adicionales opcionales, es decir, un poco más de 10 semanas en total.

–Se financiaría al 100% la contratación de un reemplazo. El problema de los servicios de reemplazo es que a veces no tienen suficiente personal en algunas regiones y además, su nivel de capacitación no siempre satisface las necesidades de las fincas, cualquier mujer no sirve para hacer unos trabajos de agricultura y especialmente de ganadería especializados.

Domingo Martínez Madrid

 

¿Una ley de eutanasia?

Sea por cuestiones ideológicas o por puro interés económico, el Gobierno insiste en priorizar la tramitación de la ley de eutanasia. A favor cuenta con una opinión pública muchas veces desinformada, que o bien ignora los medios que existen para evitar sufrimiento al paciente, o desconoce las presiones que la eutanasia ejerce sobre la persona anciana o enferma que siente que se ha convertido en una carga para los suyos.

Por eso es de gran importancia que se apruebe urgentemente el proyecto de ley de cuidados paliativos que sí responde a necesidades reales. Eso privaría de argumentos a la defensa de la eutanasia y mostraría descarnadamente su carácter nihilista.

Juan García.

 

Acuerdos, no demagogia

La caravana que anhela cruzar la frontera sur de Estados Unidos está en México. Se trata de 7.000 centroamericanos que se suman a los 2.000 que también partieron de Honduras el pasado mes de marzo. Se han convertido en noticia porque están organizados y buscan tener una voz común. Ya no se trata de personas anónimas que desde hace decenios están siendo expulsados por la violencia, sino de un movimiento que ha captado la atención internacional.

La verdad es que la inmensa mayoría de quienes viajaron en marzo se ha quedado en México y lo mismo va a suceder ahora. La diferencia, y esto también es nuevo, es que en esta ocasión la sociedad mexicana y la Iglesia católica han hablado pidiendo acogida, un trato justo y una intervención decidida a favor de quienes emigran para conservar su existencia.

Pedro García

 

 

Pensamientos y reflexiones 203

 

España y “sus bizcochos reales”: Las leyes en España no son ni por asomo lo que eran en “la madre de ellas” (Roma) y donde eran escritas y grabadas en bronce (yo he visto alguna plancha de ellas) para mejor y más clara interpretación de las mismas; aquí pareciera que las hicieron y hacen de “una plastilina especial” y que por tanto son factibles de remodelación e interpretación según convenga a quienes tienen el poder; por ello aquí hay condenados por causas mínimas, a largos períodos de cárcel y pago de daños y a penas de risa y que es lo que producen al personal dichas sentencias.

                                A Urdangarín y esposa y como “hijos” del anterior rey y hermanos del actual, nos podemos imaginar que en los delitos que cometieran en unión de otros estafadores de dinero público, les acarrearían penas ejemplares, puesto que hasta el propio Juan Carlos I, dijo en público que, “la justicia en España era igual para todos los españoles”; lo que es claro que no se lo debió creer ni el mismo; puesto que han pasado muchos años y tras los juicios celebrados, “nadie de la trama” ha entrado aún en la cárcel y por cuanto se silencia o se publica, no esperemos otra cosa, puesto que lean lo que se ha publicado y que copio a continuación:

                                “La Sala Segunda del Tribunal Supremo decidirá a partir de este martes si hace caso a la defensa de Iñaki Urdangarin y rebaja o anula la pena de 6 años y tres meses por la que fue condenado en febrero de 2017 por la Audiencia Provincial de Islas Baleares, o por el contrario la mantiene o incluso la eleva hasta los 10 años, tal y como reclamó la fiscal del Alto Tribunal encargada del 'caso Nóos', Ángeles Garrido Lorenzo. (De mi artículo de igual titular 12-6-2018)

 

Cajas Rurales, Cajas de Ahorros, control del dinero:

                                Entre “las buenas cosas que hizo el anterior régimen de Franco”, destacó que el dinero en España, no lo controlaban “los buitres de la banca”; la creación de bancos estatales y la magnífica red de cajas de ahorros con que se llegó a contar la nación; equilibró bastante bien el dinero nacional, de lo que resultó un verdadero progreso para infinidad de españoles, los que gracias a ello y desde poder conseguir una buena vivienda propia, hasta la creación de infinidad de industrias y comercios, generalmente pequeños y medianos, “fue el gran motor para la creación de una numerosísima clase media y con ella la riqueza que esta generó”; y la que aún hoy, sigue manteniendo una prosperidad notable, que es por lo que aún se mantiene la economía en esta ruina en que la han dejado, “los nuevos”, que en economía, no han aprendido aún ni a llevar un quiosco de pipas y caramelos; puesto que se han dedicado a crear un ya monstruoso poder bancario, controlado por un limitado sector de avarientos sin escrúpulos, que en conjunto son los que han creado la ruina actual. No contentos con ello ahora quieren controlar las cajas rurales, que igualmente fue una creación de la anterior época citada y pensando en que “el dinero del campo fuese invertido en el campo”. Con ello se pretendió que el ancestral subdesarrollo del agro, fuese desapareciendo por su propio impulso.

                                Con todos los abusos que hubiese en esos sectores (“que los hubo”) pero el beneficio que obtuvo España y los españoles, fue inmenso y ello es demostrable fácilmente, si se investiga con honradez y se muestran los efectos, hoy inexistentes con los nuevos controladores del dinero español, que solo laboran para ellos.

                                Relativo a lo publicado hoy cuando escribo (16-12-2016)

 

Inmigración: ¿Responsabilidad europea?: Estoy escribiendo el trece de junio, cuando un barco cargado de inmigrantes y náufragos, vienen desde Italia y Malta donde se han negado a dejarlos desembarcar. Ese barco viene al puerto español de Valencia, donde el “magnánimo” (con dinero ajeno puesto que a él no le costará nada) y flamante primer ministro español, ha ordenado se le de acogida. Igualmente diferentes alcaldes han ofrecido, asilos más o menos “generosos” para esos pobres diablos huidos de las miserias de sus propios lares y donde nacieron. Políticos que igual que el anterior, no arriesgan nada de su patrimonio, y colocan a los que vienen, simplemente a cargo de los contribuyentes que exprimen, destacando entre ellos la ya anciana alcaldesa de Madrid, que ofrece una cantidad grande de “viviendas vacías y útiles”, para estos expulsados náufragos del mundo; por lo visto ninguno de estos gobernantes tienen problemas de desahuciados o carentes de techo, como los que quieren remediar; siendo público y notorio que en gran parte de España, ya hay estados tan miserables como el que traen y representan estos náufragos a que me refiero; y todo ello me llama a la reflexión recordando aquella máxima que aconseja… “arreglar la casa propia y dejar de preocuparse de la del vecino”. Pero vivimos en tiempos de grandes mentiras y demagogias, que nos quieren hacer ver que “lo blanco es negro”.

                                ¿Pero qué responsabilidad tenemos los que se nos dice que vivimos en un mundo rico (cosa bastante incierta al día de hoy) en relación a  esa ya enorme masa de desplazados, que por múltiples causas vienen aquí no a otra cosa que a incrustarse en esos bienes y aprovecharlos más que si fuesen propios?

                                La invasión que se ha venido produciendo y que sigue, no nos traerá otra cosa que problemas y más problemas que se sumarán a los muchos que ya padecemos. La inmigración controlada es beneficiosa para ambas partes, pero de la forma que se desarrolla no en absoluto. (De mi artículo de igual titular)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes