Las Noticias de hoy 19 Noviembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 19 de noviembre de 2018  

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco: “Jesús pide ir más lejos: dar a los que no tienen cómo devolver”

Almuerzo con los pobres: 1.500 indigentes comen con el Papa en el Vaticano

La historia de los individuos tiene un fin que alcanzar: “El encuentro definitivo con el Señor”

EL SEÑOR NUNCA NIEGA SU GRACIA: Francisco Fernandez Carbajal

"Calma, deja que corra el tiempo": San Josemaria

Nuevos Mediterráneos (III): «Desde la Llaga de la mano derecha…»: Lucas Buch

«En África no necesitamos garbanzos, necesitamos formación»

LAS SORPRESAS DEL CIELO: Alberto García-Mina Freire

Virgen de la Divina Providencia: Javier López

Los millennials.: Jose Luis Velayos

Flores en las tumbas del Cementerio: Ernesto Juliá

 De idiotikos y politikois: Jorge Hernández Mollar

Las profecías de san Pablo VI: Luis-Fernando Valdés

INFANTILIDAD CIUDADANA: René Mondragón

NO ME CUENTES ENTRE LOS ALMENDROS: GERMAIN DROOGENBROODT

INTRODUCCIÓN [1]: Justo Aznar

Agua del grifo: Jesús Domingo

Como era vista la muerte en los tiempos de fe y civilización cristiana: Acción Familia

Responde con firmeza a los casos de abusos: José Morales Martín

Las arcas de los tratantes: Enric Barrull Casals

Los saudíes cancelan: Jesús D Mez Madrid

Día mundial del ahorro y… El consumismo: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco: “Jesús pide ir más lejos: dar a los que no tienen cómo devolver”

6.000 pobres participan en la Misa

noviembre 18, 2018 11:35Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de los Pobres

(ZENIT – 18 nov. 2018).- Alrededor de 6.000 pobres han participado en la Eucaristía celebrada esta mañana por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, con motivo de la 2ª Jornada Mundial de los Pobres.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Papa-saludo-pobres-1-413x275.jpgJunto a los voluntarios, a los fieles y a los miembros de las diferentes realidades caritativas que los atienden cotidianamente, las personas sin hogar y necesitadas han asistido a la Misa, que ha tenido lugar a las 10 horas, en el marco de esta Jornada Mundial, organizada por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

La celebración del Día de los Pobres coincide con la Solemnidad de la dedicación de la Basílica Papal de San Pedro, este 18 de noviembre de 2018, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario.

En la liturgia de la Palabra, un laico ha leído en español la Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 28, 11-16. 30-31; un seminarista ha recitado el Salmo responsorial Sal 97, 1. 2-3ab. 3c-4. 5-6 (R.: 2b), y el diácono ha proclamado el santo evangelio según san Mateo 14, 22-33 “Jesús camina sobre el agua”.

Dejar

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Misa--413x275.jpgFrancisco ha destacado tres acciones que Jesús realiza en este pasaje del Evangelio: dejar, alentar y extender la mano.

En todo, Jesús va contracorriente, ha asegurado el Papa: Primero deja el éxito, luego la tranquilidad. Nos enseña el valor de dejar: dejar el éxito que hincha el corazón y la tranquilidad que adormece el alma.

Alentar

La segunda acción de Jesús que ha subrayado el Papa es alentar: “En plena noche Jesús alienta. Se dirige hacia los suyos, inmersos en la oscuridad, caminando ‘sobre el mar'”.

Y explica: “No es una manifestación en la que se celebra el poder, sino la revelación para nosotros de la certeza tranquilizadora de que Jesús, solo Jesús, vence a nuestros grandes enemigos: el diablo, el pecado, la muerte, el miedo”.

Extender la mano

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Misa-6-413x275.jpgEn tercer lugar, el Santo Padre ha ejemplificado como “Jesús, en medio de la tormenta, extiende su mano“.

Jesús escuchó el grito de Pedro. Pidamos la gracia de escuchar el grito de los que viven en aguas turbulentas –ha exhortado el Papa–. “El creyente extiende su mano, como lo hace Jesús con él. El grito de los pobres es escuchado por Dios, ¿pero, y nosotros? ¿Tenemos ojos para ver, oídos para escuchar, manos extendidas para ayudar?”.

Amar como tú amas

Así, el Pontífice ha exhortado a mirar lo que sucede en cada una de nuestras jornadas: “Entre tantas cosas, ¿hacemos algo gratuito, alguna cosa para los que no tienen cómo corresponder? Esa será nuestra mano extendida, nuestra verdadera riqueza en el cielo”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Misa-2-413x275.jpg“Extiende tu mano hacia nosotros, Señor, y agárranos”, ha orado el Santo Padre. “Ayúdanos a amar como tú amas. Enséñanos a dejar lo que pasa, a alentar al que tenemos a nuestro lado, a dar gratuitamente a quien está necesitado”.

RD

A continuación, ofrecemos la homilía completa del Papa Francisco en esta II Jornada Mundial de los Pobres.

***

Homilía del Santo Padre

Veamos tres acciones que Jesús realiza en el Evangelio.

La primera. En pleno día, deja: deja a la multitud en el momento del éxito, cuando lo aclamaban por haber multiplicado los panes. Mientras los discípulos querían disfrutar de la gloria, los obliga rápidamente a irse y despide a la multitud (cf. Mt 14,22-23). Buscado por la gente, se va solo; cuando todo iba “cuesta abajo”, sube a la montaña para rezar. Luego, en mitad de la noche, desciende de la montaña y se acerca a los suyos caminando sobre las aguas sacudidas por el viento. En todo, Jesús va contracorriente: primero deja el éxito, luego la tranquilidad. Nos enseña el valor de dejar: dejar el éxito que hincha el corazón y la tranquilidad que adormece el alma.

¿Para ir a dónde? Hacia Dios, rezando, y hacia los necesitados, amando. Son los auténticos tesoros de la vida: Dios y el prójimo. Subir hacia Dios y bajar hacia los hermanos, aquí está la ruta que Jesús nos señala. Él nos aparta del recrearnos sin complicaciones en las cómodas llanuras de la vida, del ir tirando ociosamente en medio de las pequeñas satisfacciones cotidianas. Los discípulos de Jesús no están hechos para la predecible tranquilidad de una vida normal. Al igual que su Señor, viven en camino, ligeros, prontos para dejar la gloria del momento, vigilantes para no apegarse a los bienes que pasan. El cristiano sabe que su patria está en otra parte, sabe que ya ahora es ―como nos recuerda el apóstol Pablo en la segunda lectura― «conciudadano de los santos, y miembro de la familia de Dios» (cf. Ef 2,19). Es un ágil viajero de la existencia. No vivimos para acumular, nuestra gloria está en dejar lo que https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Papa-saludo-pibres-2-413x275.jpgpasa para retener lo que queda. Pidamos a Dios que nos parezcamos a la Iglesia descrita en la primera lectura: siempre en movimiento, experta en el dejar y fiel en el servicio (cf. Hch 28,11-14). Despiértanos, Señor, de la calma ociosa, de la tranquila quietud de nuestros puertos seguros. Desátanos de los amarres de la autorreferencialidad que lastran la vida, libéranos de la búsqueda de nuestros éxitos. Enséñanos a saber dejar, para orientar nuestra vida en la misma dirección de la tuya: hacia Dios y hacia el prójimo.

La segunda acción: en plena noche Jesús alienta. Se dirige hacia los suyos, inmersos en la oscuridad, caminando «sobre el mar» (v. 25). En realidad se trataba de un lago, pero el mar, con la profundidad de su oscuridad subterránea, evocaba en aquel tiempo a las fuerzas del mal. Jesús, en otras palabras, va hacia los suyos pisoteando a los malignos enemigos del hombre. Aquí está el significado de este signo: no es una manifestación en la que se celebra el poder, sino la revelación para nosotros de la certeza tranquilizadora de que Jesús, solo Jesús, vence a nuestros grandes enemigos: el diablo, el pecado, la muerte, el miedo. También hoy nos dice a nosotros: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo» (v. 27).

La barca de nuestra vida a menudo se ve zarandeada por las olas y sacudida por el viento, y cuando las aguas están en calma, pronto vuelven a agitarse. Entonces la emprendemos con las tormentas del momento, que parecen ser nuestros únicos problemas. Pero el problema no es la tormenta del momento, sino cómo navegar en la vida. El secreto de navegar bien está en invitar a Jesús a bordo. Hay que darle a él el timón de la vida para que sea él quien lleve la ruta. Solo él da vida en la muerte y esperanza en el dolor; solo él sana el corazón con el perdón y libra del miedo con la confianza. Invitemos hoy a Jesús a la barca de la vida. Igual que los discípulos, experimentaremos que con él a bordo los vientos se calman (cf. v. 32) y nunca naufragaremos. Y solo con Jesús seremos capaces también nosotros de alentar. Hay una gran necesidad de personas que sepan consolar, pero no con palabras vacías, sino con palabras de vida. En el nombre de Jesús, se da un auténtico consuelo. Solo la presencia de Jesús devuelve las fuerzas, no las palabras de ánimo formales y obligadas. Aliéntanos, Señor: confortados por ti, confortaremos verdaderamente a los demás.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Misa-5-413x275.jpgTercera acción: Jesús, en medio de la tormenta, extiende su mano (cf. v. 31). Agarra a Pedro que, temeroso, dudaba y, hundiéndose, gritaba: «Señor, sálvame» (v. 30). Podemos ponernos en la piel de Pedro: somos gente de poca fe y estamos aquí mendigando la salvación. Somos pobres de vida auténtica y necesitamos la mano extendida del Señor, que nos saque del mal. Este es el comienzo de la fe: vaciarnos de la orgullosa convicción de creernos buenos, capaces, autónomos y reconocer que necesitamos la salvación. La fe crece en este clima, un clima al que nos adaptamos estando con quienes no se suben al pedestal, sino que tienen necesidad y piden ayuda. Por esta razón, vivir la fe en contacto con los necesitados es importante para todos nosotros. No es una opción sociológica, es una exigencia teológica. Es reconocerse como mendigos de la salvación, hermanos y hermanas de todos, pero especialmente de los pobres, predilectos del Señor. Así, tocamos el espíritu del Evangelio:

«El espíritu de pobreza y de caridad ―dice el Concilio― son gloria y testimonio de la Iglesia de Cristo» (Const. Gaudium et spes, 88).

Jesús escuchó el grito de Pedro. Pidamos la gracia de escuchar el grito de los que viven en aguas turbulentas. El grito de los pobres: es el grito ahogado de los niños que no pueden venir a la luz, de los pequeños que sufren hambre, de chicos acostumbrados al estruendo de las bombas en lugar del alegre alboroto de los juegos. Es el grito de los ancianos descartados y abandonados. Es el grito de quienes se enfrentan a las tormentas de la vida sin una presencia amiga. Es el grito de quienes deben huir, dejando la casa y la tierra sin la certeza de un lugar de llegada. Es el grito de poblaciones enteras, privadas también de los enormes recursos naturales de que disponen. Es el grito de tantos Lázaros que lloran, mientras que unos pocos epulones banquetean con lo que en justicia corresponde a todos. La injusticia es la raíz perversa de la pobreza. El grito de los pobres es cada día más fuerte pero también menos escuchado, sofocado por el estruendo de unos pocos ricos, que son cada vez menos pero más ricos.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Misa-3-413x275.jpgAnte la dignidad humana pisoteada, a menudo uno permanece con los brazos cruzados o con los brazos caídos, impotentes ante la fuerza oscura del mal. Pero el cristiano no puede estar con los brazos cruzados, indiferente, o con los brazos caídos, fatalista; no. El creyente extiende su mano, como lo hace Jesús con él. El grito de los pobres es escuchado por Dios, ¿pero, y nosotros? ¿Tenemos ojos para ver, oídos para escuchar, manos extendidas para ayudar? «Es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos» (ibíd.). Nos pide que lo reconozcamos en el que tiene hambre y sed, en el extranjero y despojado de su dignidad, en el enfermo y el encarcelado (cf. Mt 25,35-36).

El Señor extiende su mano: es un gesto gratuito, no obligado. Así es como se hace. No estamos llamados a hacer el bien solo a los que nos aman. Corresponder es normal, pero Jesús pide ir más lejos (cf. Mt 5,46): dar a los que no tienen cómo devolver, es decir, amar gratuitamente (cf. Lc 6,32- 36). Miremos lo que sucede en cada una de nuestras jornadas: entre tantas cosas, ¿hacemos algo gratuito, alguna cosa para los que no tienen cómo corresponder? Esa será nuestra mano extendida, nuestra verdadera riqueza en el cielo.

Extiende tu mano hacia nosotros, Señor, y agárranos. Ayúdanos a amar como tú amas. Enséñanos a dejar lo que pasa, a alentar al que tenemos a nuestro lado, a dar gratuitamente a quien está necesitado. Amén.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Almuerzo con los pobres: 1.500 indigentes comen con el Papa en el Vaticano

El menú fue lasaña, pollo y tiramisú

noviembre 18, 2018 21:16Rosa Die AlcoleaJornada Mundial de los Pobres

(ZENIT – 18 nov. 2018).- Por segundo año consecutivo, el Papa Francisco ha presidido la Santa Misa con personas necesitadas e indigentes –6.000 han participado este año– en la Basílica de San Pedro y ha almorzado con ellos, en el aula Pablo VI, convertido en un comedor para 1.500 personas, para celebrar la II Jornada Mundial de los Pobres.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Papa-niño-enfermo-488x275.jpgEl Santo Padre llegó alrededor de las 12:20 horas en coche a la entrada del aula Pablo VI, donde lo recibió Mons Rino Fisichella, Presidente del Consejo que organiza la iniciativa en el Vaticano con los pobres.

Los comensales y voluntarios recibieron al Santo Padre con un gran aplauso en el interior del aula, lleno de ilusión y entusiasmo. Así, el Papa se ha dirigido a la mesa principal, donde ha comido acompañado de un gran grupo de indigentes y personas sin recursos.

Bendición

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Pobres-2-413x275.jpgAntes de sentarse a la mesa, el Papa ha bendecido en voz alta: “Buenos días. Ahora vamos a almorzar todos juntos. Agradecemos a los que nos trajeron el almuerzo, a los que nos servirán el almuerzo. Agradecemos a todos y rogamos a Dios que nos bendiga a todos. Una bendición de Dios para todos, todos nosotros que estamos aquí. Que Dios nos bendiga a cada uno de nosotros, bendiga nuestros corazones, bendiga nuestras intenciones y nos ayude a seguir adelante. Amén. ¡Y buen almuerzo!”.

70 voluntarios de las parroquias de Roma han servido a los protagonistas de la II Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Santo Padre Francisco y organizada por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Menú

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Saludo-413x275.jpgEl almuerzo ha sido ofrecido por la institución Rome Cavalieri-Hilton de Italia, en  colaboración con el Ente Morale Tabor. El menú servido ha sido de primer lasaña, de segundo nuggets de pollo con puré de patatas y de postre tiramisú. 

Al final, la histórica fábrica italiana de pasta Rummo ha donado más de 1.500 bolsas a los participantes y asociaciones con un kilo de pasta.

Los jóvenes de la Banda del Santuario de Pompeya han acompañado la fiesta del Papa con los pobres.

“Gracias por la compañía”

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Niños-413x275.jpg“Muchas gracias a todos por la compañía” dijo el Pontífice al terminar de comer, antes de abandonar la sala. “Ahora me dicen que comienza la verdadera fiesta y que el Papa debe irse, para que la fiesta sea buena. ¡Muchísimas gracias!”

Asimismo, Francisco ha agradecido a los jóvenes músicos, a los que prepararon el almuerzo, a quienes lo sirvieron, y a los muchos chicos y chicas que ayudaron con el orden y la organización. “Gracias a todos. Y recen por mí. Que el Señor los bendiga. Gracias”, ha dicho.

Antes de abandonar el Salón Pablo VI, el Papa Francisco saludó a los niños, a los pobres ya las personas presentes y se tomó una foto con los cocineros.

 

 

La historia de los individuos tiene un fin que alcanzar: “El encuentro definitivo con el Señor”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

noviembre 18, 2018 16:36Rosa Die AlcoleaAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 18 nov. 2018).- Tras celebrar la Misa en el marco de la II Jornada Mundial de los Pobres este domingo, 18 de noviembre de 2018, el Santo Padre ha rezado esta mañana el Ángelus en la plaza de San Pedro ante 30.000 fieles y visitantes, según ha indicado la policía del Vaticano.

En el Evangelio de hoy –ha señalado el Papa– Jesús dice que la historia de los pueblos y la de los individuos tiene un fin y una meta que alcanzar: “El encuentro definitivo con el Señor”.

“No sabemos ni el tiempo, ni la manera en que sucederá –advierte el Santo Padre–. El Señor ha reiterado que nadie sabe, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo. Todo se guarda en el secreto del misterio del Padre”. “Sabemos, sin embargo, un principio fundamental con el que debemos confrontarnos: El cielo y la tierra pasarán, dice Jesús, pero mis palabras no pasarán”, ha aclarado.

“De la misma manera”, ha comentado Francisco, “el poder del dinero y los medios económicos con los que pretendemos comprar todo y a todos, ya no podrán ser utilizados. Tendremos con nosotros nada más que lo que hemos logrado en esta vida, creyendo en su Palabra”.

Responsabilidad

Así, ha matizado que “nadie de nosotros puede escapar a este momento. La astucia que a menudo ponemos en nuestro comportamiento para dar crédito a la imagen que queremos ofrecer, ya no servirá”.

Sin embargo, el Obispo de Roma ha finalizado sus palabras con un aliento de esperanza, pidiendo a la Virgen su intercesión “para que la constatación de nuestra temporalidad en la tierra y de nuestro límite no nos sumerja en angustia, sino que nos haga volver a nuestra responsabilidad hacia nosotros mismos, hacia nuestro prójimo, hacia el mundo entero”.

A continuación ofrecemos la transcripción de las palabras del Papa Francisco antes de rezar la oración del Ángelus.

***

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

En el pasaje del Evangelio de este domingo, el Señor quiere instruir a sus discípulos sobre los acontecimientos futuros. No se trata en primer lugar de un discurso sobre el fin del mundo, sino más bien es una invitación a vivir bien en el presente, a estar atentos, vigilantes y siempre listos para cuando se nos llame a rendir cuentas de nuestra vida.

Jesús dice: “En aquellos días, después de aquella tripulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará más su luz. Las estrellas caerán del cielo”.

Estas palabras nos hacen pensar en la primera página del Libro del Génesis. La historia de la Creación. El sol, la luna… las estrellas, que desde el principio de los tiempos brillan en su orden y traen luz, signo de vida, aquí se describen en su decadencia mientras se hunden en la oscuridad y en el caos, signo del fin.

En cambio, la luz que brillará en este último día será única y nueva. Será la luz del Señor Jesús, que vendrá en la gloria con todos los santos, en ese encuentro veremos finalmente su rostro en la plenitud de la luz de la Trinidad, un rostro radiante de amor ante el cual todo ser humano se manifestará también en total verdad. La historia de la humanidad, como la historia personal de cada uno de nosotros no puede entenderse como una simple sucesión de palabras y hechos que no tienen sentido.

Tampoco puede interpretarse a la luz de una visión fatalista, como si todo estuviera ya establecido según el destino que quita cualquier espacio de libertad, impidiéndonos tomar decisiones que son el resultado de una decisión real.

En el Evangelio de hoy, más bien, Jesús dice que la historia de los pueblos y la de los individuos tiene un fin y una meta que alcanzar: El encuentro definitivo con el Señor. No sabemos ni el tiempo, ni la manera en que sucederá. El Señor ha reiterado que nadie sabe, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo. Todo se guarda en el secreto del misterio del Padre. Sabemos, sin embargo, un principio fundamental con el que debemos confrontarnos: El cielo y la tierra pasarán, dice Jesús, pero mis palabras no pasarán.

El verdadero punto central es éste. En ese día, cada uno de nosotros tendrá que comprender si la Palabra del Hijo de Dios ha iluminado nuestra existencia personal o si le ha dado la espalda, y ha preferido confiar en sus propias palabras. Será más que nunca el momento de abandonarnos definitivamente al amor del Padre, y de confiarnos a su misericordia. Nadie puede escapar de este momento, nadie de nosotros puede escapar a este momento. La astucia que a menudo ponemos en nuestro comportamiento para dar crédito a la imagen que queremos ofrecer, ya no servirá.

De la misma manera, el poder del dinero y los medios económicos con los que pretendemos comprar todo y a todos, ya no podrán ser utilizados. Tendremos con nosotros nada más que lo que hemos logrado en esta vida, creyendo en su Palabra. Todo y nada de lo que hemos vivido o dejado de hacer. Con nosotros, solo llevaremos lo que hemos donado, lo que hemos dado.

Invocamos la intercesión de la Virgen María para que la constatación de nuestra temporalidad en la tierra y de nuestro límite no nos sumerja en angustia, sino que nos haga volver a nuestra responsabilidad hacia nosotros mismos, hacia nuestro prójimo, hacia el mundo entero.

 

 

EL SEÑOR NUNCA NIEGA SU GRACIA

— Aumentar el fervor de la oración en momentos de oscuridad.

— La dirección espiritual, camino normal por el que Dios actúa en el alma.

— Fe y sentido sobrenatural en este medio de crecimiento interior.

I. Ocurrió -leemos en el Evangelio de la Misa1- que al llegar a Jericó había un ciego sentado junto al camino mendigando.

Algunos Padres de la Iglesia señalan que este ciego a las puertas de Jericó es imagen «de quien desconoce la claridad de la luz eterna»2, pues en ocasiones el alma puede sufrir también momentos de ceguera y de oscuridad. El camino despejado que vislumbró un día se puede tornar desdibujado y menos claro, y lo que antes era luz y alegría ahora son tinieblas, y una cierta tristeza pesa sobre el corazón. Muchas veces esta situación está causada por pecados personales, cuyas consecuencias no han sido del todo zanjadas, o por la falta de correspondencia a la gracia: «quizá el polvo que levantamos al andar –nuestras miserias– forma una nube opaca, que impide el paso de la luz»3; en otras ocasiones, el Señor permite esa difícil situación para purificar el alma, para madurarla en la humildad y en la confianza en Él. En esa situación es lógico que todo cueste más, que se haga más difícil, y que el demonio intente hacer más honda la tristeza, o aprovecharse de ese momento de desconcierto interior.

Sea cual sea su origen, si alguna vez nos encontramos en ese estado, ¿qué haremos? El ciego de Jericó –Bartimeo, el hijo de Timeo4– nos lo enseña: dirigirnos al Señor, siempre cercano, hacer más intensa nuestra oración, para que tenga piedad y misericordia de nosotros. Él, aunque parece que sigue su camino y nosotros quedamos atrás, nos oye. No está lejos. Pero es posible que nos suceda lo que a Bartimeo: Y los que iban delante le reprendían para que se callara. El ciego encontraba cada vez más dificultades para dirigirse a Jesús, como nosotros «cuando queremos volver a Dios, esas mismas flaquezas en las que hemos incurrido, acuden al corazón, nublan el entendimiento, dejan confuso el ánimo y querrían apagar la voz de nuestras oraciones»5. Es el peso de la debilidad o del pecado, que se hace sentir.

Tomemos ejemplo del ciego: Pero él gritaba mucho más: Hijo de David, ten piedad de mí. «Ahí lo tenéis: aquel a quien la turba reprendía para que callase, levanta más y más la voz; así también nosotros (...), cuanto mayor sea el alboroto interior, cuanto mayores dificultades encontremos, con más fuerza ha de salir la oración de nuestro corazón»6.

Jesús se paró en el camino cuando daba la impresión de que seguía hacia Jerusalén y mandó que llamaran al ciego. Bartimeo se acercó y Jesús le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Ut videam, que vea, Señor. Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y al instante vio, y le seguía, glorificando a Dios.

A veces será difícil conocer las causas por las que el alma pasa esa situación difícil en que todo parece costar más. No sabremos quizá su origen, pero sí el remedio siempre eficaz: la oración. «Cuando se está a oscuras, cegada e inquieta el alma, hemos de acudir, como Bartimeo, a la Luz. Repite, grita, insiste con más fuerza, “Domine, ut videam!” —¡Señor, que vea!... Y se hará el día para tus ojos, y podrás gozar con la luminaria que Él te concederá»7.

II. Jesús, Señor de todas las cosas, podía curar a los enfermos –podía obrar cualquier milagro– del modo que estimara oportuno. A algunos los curó con una sola frase, con un simple gesto, a distancia... A otros por etapas, como al ciego del que nos habla San Juan8... Hoy es muy frecuente que dé la luz a las almas a través de otros. Cuando los Magos se quedaron en tinieblas al desaparecer la estrella que les había guiado desde un lugar tan lejano, hacen lo que el sentido común les dicta: interrogar a quien debía saber dónde había nacido el rey de los judíos. Le preguntan a Herodes. «Pero los cristianos no tenemos necesidad de preguntar a Herodes o a los sabios de la tierra. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar, para conducir, para traer a la memoria constantemente el camino (...). Por eso, si el Señor permite que nos quedemos a oscuras, incluso en cosas pequeñas; si sentimos que nuestra fe no es firme, acudamos al buen pastor (...), al que, dando su vida por los demás, quiere ser, en la palabra y en la conducta, un alma enamorada: un pecador quizá también, pero que confía siempre en el perdón y en la misericordia de Cristo»9.

Nadie, de ordinario, puede guiarse a sí mismo sin una ayuda extraordinaria de Dios. La falta de objetividad con que nos vemos a nosotros mismos, las pasiones... hacen difícil, quizá imposible, encontrar esos senderos, a veces pequeños, pero seguros, que nos llevan en la dirección justa. Por eso, desde muy antiguo, la Iglesia, siempre Madre, aconsejó ese gran medio de progreso interior que es la dirección espiritual. No esperemos gracias extraordinarias, en los días corrientes y en aquellos en que más necesitamos luz y claridad, si no quisiéramos utilizar aquellos medios que el Señor ha puesto a nuestro alcance. ¡Cuántas veces Jesús espera la sinceridad y la docilidad del alma para obrar el milagro! Nunca niega el Señor su gracia si acudimos a Él en la oración y en los medios por los cuales derrama sus gracias.

Santa Teresa, con la humildad de los santos, escribía: «Había de ser muy continua nuestra oración por estos que nos dan luz. ¿Qué seríamos sin ellos entre tan grandes tempestades como ahora tiene la Iglesia?»10. Y San Juan de la Cruz señalaba igualmente: «El que solo quiere estar, sin arrimo y guía, será como el árbol que está solo y sin dueño en el campo, que por más fruta que tenga, los viadores se la cogerán y no llegará a sazón.

»El árbol cultivado y guardado con los buenos cuidados de su dueño, da la fruta en el tiempo que de él se espera.

»El alma sola sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo; antes se irá enfriando que encendiendo»11.

No dejemos de acudir al Señor, con una oración más intensa cuanto mayores sean los obstáculos interiores o externos que tratan de impedir que nos dirijamos a Jesús que pasa a nuestro lado. No dejemos de acudir a esos medios normales, por los que Él obra milagros tan grandes.

III. Nuestra intención al acercarnos a la dirección espiritual es la de aprender a vivir según el querer divino. En el mismo San Pablo, a pesar del inicio extraordinario de su vocación, Dios quiso después seguir con él el camino normal, es decir, formarle y transmitirle su voluntad a través de otras personas. Ananías le impuso las manos y al instante cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista12.

En quien nos ayuda vemos al mismo Cristo, que enseña, ilumina, cura y da alimento a nuestra alma para que siga su camino. Sin este sentido sobrenatural, sin esta fe, la dirección espiritual quedaría desvirtuada. Se transformaría en algo completamente distinto: un intercambio de opiniones, quizá. Este medio es una gran ayuda y presta mucha fortaleza cuando lo que realmente deseamos es averiguar la voluntad de Dios sobre nosotros e identificarnos con ella. No busquemos en la dirección espiritual a quien pueda resolver nuestros asuntos temporales; nos ayudará a santificarlos, nunca a organizarlos ni a resolverlos. No es esa su misión.

La conciencia de que, a través de aquella persona que cuenta con una gracia particular de Dios, nos acercamos al mismo Cristo, determinará nuestra confianza, la delicadeza, la sencillez y la sinceridad en este medio. Bartimeo se acercó a Jesús como quien camina hacia la Luz, a la Vida, a la Verdad, al Camino. Así nosotros, porque esa persona es un instrumento del Señor, a través de quien nos comunica gracias semejantes a las que habríamos obtenido si nos hubiéramos encontrado con Él en los caminos de Palestina. En la continuidad de la dirección espiritual se va forjando el alma; y, poco a poco, con derrotas y con victorias, vamos construyendo el edificio sobrenatural de la santidad: «¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? —Un ladrillo, y otro. Miles, Pero, uno a uno. —Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. —Y trozos de hierro. —Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas...

»¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?... —¡A fuerza de cosas pequeñas!»13. Un cuadro se pinta pincelada a pincelada, un libro se escribe página a página, con amor paciente, y una maroma capaz de aguantar grandes pesos está tejida por un sinfín de hebras finas.

Si llevamos bien este medio de dirección espiritual, nos sentiremos como Bartimeo, que seguía en el camino a Jesús glorificando a Dios, lleno de alegría.

1 Lc 18, 35-43. 2 Cfr. San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 1, 2, 2. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 34. — 4 Mc 10, 46-52. — 5 San Gregorio Magno, o. c., 1, 2, 3. — 6 Cfr. Ibídem, 1, 2, 4. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 862. — 8 Cfr. Jn 9, 1 ss. — 9 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 34. — 10 Santa Teresa, Vida, 13, 10. — 11 San Juan de la Cruz, Dichos de luz y de amor, Apostolado de la Prensa, Madrid 1966, pp. 958-964. — 12 Cfr. Hech 9, 17-18. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 823.

 

 

"Calma, deja que corra el tiempo"

Estás intranquilo. -Mira: pase lo que pase en tu vida interior o en el mundo que te rodea nunca olvides que la importancia de los sucesos o de las personas es muy relativa. -Calma: deja que corra el tiempo; y, después, viendo de lejos y sin pasión los acontecimientos y las gentes adquirirás la perspectiva, pondrás cada cosa en su lugar y con su verdadero tamaño. Si obras de este modo serás más justo y te ahorrarás muchas preocupaciones. (Camino, 702)

No os asustéis, ni temáis ningún daño, aunque las circunstancias en que trabajéis sean tremendas, peores que las de Daniel en la fosa con aquellos animales voraces. Las manos de Dios son igualmente poderosas y, si fuera necesario, harían maravillas. ¡Fieles! Con una fidelidad amorosa, consciente, alegre, a la doctrina de Cristo, persuadidos de que los años de ahora no son peores que los de otros siglos, y de que el Señor es el de siempre.
Conocí a un anciano sacerdote, que afirmaba –sonriente– de sí mismo: yo estoy siempre tranquilo, tranquilo. Y así hemos de encontrarnos siempre nosotros, metidos en el mundo, rodeados de leones hambrientos, pero sin perder la paz: tranquilos. Con amor, con fe, con esperanza, sin olvidar jamás que, si conviene, el Señor multiplicará los milagros. (Amigos de Dios, 105)

 

Nuevos Mediterráneos (III): «Desde la Llaga de la mano derecha…»

Meternos en las llagas de Cristo: dejarnos tocar por el Amor de Dios, y tocar a Dios en quienes sufren. Un camino de contemplación y compasión.

Vida espiritual04/10/2017

Opus Dei - Nuevos Mediterráneos (III): «Desde la Llaga de la mano derecha…»

Cuenta san Juan que el día de la resurrección, al atardecer, los discípulos se habían reunido en casa con las «puertas cerradas por miedo a los judíos» (Jn 20,19). Estaban encerrados, llenos de temor. Entonces, «vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo: –La paz esté con vosotros. Y dicho esto les mostró las manos y el costado» (Jn 20,19-20). De golpe, la zozobra de aquellos hombres se transformó en una honda alegría. Recibieron la paz que el Señor les traía, y acogieron después el don del Espíritu Santo (Cfr. Jn 20,22).

Muchos detalles llaman la atención en esta escena del Evangelio. ¿Qué esperaban los apóstoles? Jesús se presenta inesperadamente ante ellos, y su presencia les llena de alegría y de paz. Conocemos algunas de sus palabras y sus gestos, pero ¿cómo sería la mirada que les dirigió? Le habían abandonado. Le dejaron solo. Huyeron cobardemente. Sin embargo, el Señor no se lo reprocha. Él mismo se lo había anunciado. Sabía que de aquella debilidad podía surgir una profunda conversión: «Yo he rogado por ti» –le decía a Pedro antes de la pasión– «para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos» (Lc 22,31-32). El corazón contrito de los apóstoles podía acoger ahora más plenamente el Amor que Dios les ofrecía. De otro modo, tal vez ellos –y Pedro a la cabeza– hubieran seguido contando quizá demasiado con sus propias fuerzas.

"En el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros" (Papa Francisco)

Por otra parte, ¿por qué Jesús les enseña las manos y el costado? Ha quedado en ellos un rastro evidente del tormento de la crucifixión. Y, sin embargo, la vista de las llagas no les llena de dolor, sino de paz; no les provoca rechazo, sino alegría. Bien pensado, esas marcas de los clavos y de la lanzada son un sello del Amor de Dios. Se trata de un detalle lleno de sentido: Jesús quiso que en su cuerpo permanecieran las heridas de la Pasión después de resucitar para que no quedara ningún resquicio a la desconfianza y nadie pudiera pensar que, a la vista de nuestra respuesta tantas veces mediocre e incluso fría, se iba a arrepentir de lo que había hecho. El Amor de Cristo es firme y plenamente consciente.

Además, para el incrédulo Tomás las llagas iban a ser la señal inequívoca de la Resurrección. Jesús es el Hijo de Dios, que verdaderamente ha muerto y ha resucitado por nuestros pecados. «Las llagas de Jesús –enseña el Papa– son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1P 2,24; cf. Is 53,5)»[1].

La tradición espiritual ha encontrado en las llagas del Señor un manantial de dulzura. San Bernardo, por ejemplo, escribía: «A través de estas hendiduras, puedo libar miel silvestre y aceite de rocas de pedernal (cfr. Dt 32,13), es decir, puedo gustar y ver qué bueno es el Señor»[2]. En esas heridas reconocemos el Amor sin medida de Dios. De su corazón traspasado brota el don del Espíritu Santo (cfr. Jn 7,36-39). Al mismo tiempo, las heridas del Señor son un refugio seguro. Descubrir la hondura de esas aberturas puede abrir un nuevo Mediterráneo en nuestra vida interior.

«La Llaga Santísima de la mano derecha de mi Señor»

«Meteos en las llagas de Cristo», sugería san Juan de Ávila: «allí dice Él que mora su paloma, que es el ánima que en simpleza le busca»[3]. «Dentro de tus llagas, escóndeme», reza una conocida oración. También san Josemaría hará suyo este modo de acercarse al Maestro, tan arraigado entre los cristianos. Así, en 1933, anota: «Meterme cada día en una llaga de mi Jesús»[4].

Esta es una de las devociones que mantendrá a lo largo de su vida entera, y que recomendará también a los jóvenes que se acerquen a él[5]. Con todo, cobra un relieve especial a raíz de una experiencia que le abrió un panorama nuevo, inmenso, y que tuvo lugar en plena guerra civil española, mientras vivía en Burgos. Era una época de sufrimiento para él: sus hijos en el Opus Dei se encontraban desperdigados por la península; unos en los frentes de batalla, otros escondidos en distintos puntos, algunos de ellos todavía en la zona en que había persecución religiosa. Lo mismo sucedía con su madre y sus hermanos. De sus hijas espirituales, en fin, apenas tenía noticias. Además, algunos de los que antes le siguieron habían perdido la vida durante la guerra.

En estas circunstancias, san Josemaría se veía llamado a redoblar sus esfuerzos, su oración y, en particular, sus penitencias. Sin embargo, a primeros de junio de 1938, mientras se dirigía al Monasterio de las Huelgas, donde estaba llevando a cabo una tarea de investigación, recibe una especial luz de Dios, que describe en una carta a Juan Jiménez Vargas, ese mismo día:

"Esta mañana (...) he descubierto un Mediterráneo: la Llaga Santísima de la mano derecha de mi Señor. Y allí me tienes: todo el día entre besos y adoraciones. ¡Verdaderamente que es amable la Santa Humanidad de nuestro Dios!" (San Josemaría)

«Querido Juanito: Esta mañana, camino de las Huelgas, a donde fui para hacer mi oración, he descubierto un Mediterráneo: la Llaga Santísima de la mano derecha de mi Señor. Y allí me tienes: todo el día entre besos y adoraciones. ¡Verdaderamente que es amable la Santa Humanidad de nuestro Dios! Pídele tú que Él me dé el verdadero Amor suyo: así quedarán bien purificadas todas mis otras afecciones. No vale decir: ¡corazón, en la Cruz!: porque, si una Herida de Cristo limpia, sana, aquieta, fortalece y enciende y enamora, ¿qué no harán las Cinco abiertas en el madero? ¡Corazón, en la Cruz!: Jesús mío, ¡qué más querría yo! Entiendo que, si continúo por este modo de contemplar (me metió S. José, mi Padre y Señor, a quien pedí que me soplara), voy a volverme más chalao que nunca lo estuve. ¡Prueba tú!»[6]

Llevaba tiempo recorriendo el camino de la Humanidad del Señor. También la devoción a las llagas de Cristo. Con todo, inopinadamente, se abrió ante él como «un Mediterráneo». Ahondó de golpe en el significado de Amor redentor que tenían aquellas heridas, y comprendió que el mejor modo de corresponder a tan gran Amor no consistía en lo que él pudiera hacer, sino justamente en sumergirse en Él: contemplándolo y dejándose abrazar enteramente por ese Amor.

Continúa la carta precisamente a propósito del esfuerzo que le supone su situación: «Siento una envidia enorme de los que están en los frentes, a pesar de todo». Y alude a la figura célebre de un sacerdote castrense, conocido por su vida penitente: «Se me ocurre pensar que, si no tuviera bien señalada mi senda, sería magnífico dejar corto al P. Doyle. Pero… eso me iría muy bien: nunca me costó gran cosa la penitencia. Sin duda, ésta es la razón de que me lleven por otro camino: el Amor». Su camino es el Amor: amar y dejarse querer. Al despedirse, se afianza en esta convicción: «Un abrazo. Desde la Llaga de la mano derecha, te bendice tu Padre»[7].

Aquel suceso, aquella luz inesperada, fue un signo de esperanza y constituyó sin duda un acicate para su trabajo sacerdotal. Gracias a esta iluminación divina, una realidad conocida y repetidas veces meditada –un camino transitado y recomendado por él mismo– se convirtió de repente en una novedad, una mina de riqueza inagotable, de la que no querría ya separarse.

Defendidos por el Amor

Las llagas de Jesús son un recordatorio perenne de su Amor, que llegó hasta el extremo en su sacrificio en la Cruz. Dios no se arrepiente de amarnos. Por eso, la contemplación de ese Amor suyo es una fuente de esperanza. A la vista del Resucitado, que conserva las marcas de su Pasión, nos damos cuenta de que «precisamente allí, en el punto extremo de su abajamiento –que es también el punto más alto del amor– ha germinado la esperanza. Si alguno de vosotros pregunta: “¿Cómo nace la esperanza?”. “De la cruz. Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de allí te llegará la esperanza que ya no desaparece, esa que dura hasta la vida eterna”»[8]. En la Cruz nació y renace siempre nuestra esperanza. Así, «con Jesús cada oscuridad nuestra puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza. Toda: sí, toda»[9]. Es esa seguridad la que hacía exclamar a san Pablo: «¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? (…) Pero en todas estas cosas vencemos con creces gracias a aquel que nos amó» (Rm 8,35.37).

Como a los apóstoles, Jesús no nos mira con resentimiento: no nos echa en cara nuestros pecados, nuestras debilidades, nuestras traiciones

Al constatar nuestra debilidad y nuestro pecado, a menudo puede colársenos en el alma, de modos diversos, la tentación de la desesperanza. Lo que en el momento habíamos aceptado tal vez con frivolidad o cierta condescendencia, se presenta de golpe como un absurdo «no», un manotazo al Dios que nos ama. También nuestra respuesta tibia y desganada puede ser un motivo de desesperación. Pero todo esto no es más que una serie de tentaciones del mismo que nos hizo caer. Contemplar las llagas del Señor puede ser el mejor modo de reaccionar: sus llagas nos recuerdan que su Amor es «fuerte como la muerte» (Cant 8, 16). Más aún, porque su Amor ha vencido la muerte. Un poeta contemporáneo lo expresa de un modo tan sintético como hermoso: «Lavado por el agua del costado / y dentro de la herida defendido / de tanto no que solo trae nada, / de tanto tibio sí, de tanta tregua»[10].

Volver a contemplar la Humanidad del Señor, herida por nuestros pecados, resucitada, puede ser para nosotros una fuente de esperanza. Como a los apóstoles, Jesús no nos mira con resentimiento. No nos echa en cara nuestros pecados, nuestras debilidades, nuestras traiciones. Al contrario, nos reafirma, porque su amor es verdaderamente incondicional. No nos dice: «Te amo, si te portas bien», sino «Te amo, para mí eres un tesoro, y seguirás siéndolo pase lo que pase». Esa conciencia, que puede nacer contemplando las heridas abiertas en el cuerpo del Señor, nos llenará de alegría y de paz. Pase lo que pase, podemos refugiarnos en ellas, acogiéndonos de nuevo al perdón de Dios: «En mi vida personal –contaba el Papa en una homilía–, he visto muchas veces el rostro misericordioso de Dios, su paciencia; he visto también en muchas personas la determinación de entrar en las llagas de Jesús, diciéndole: “Señor estoy aquí, acepta mi pobreza, esconde en tus llagas mi pecado, lávalo con tu sangre”. Y he visto siempre que Dios lo ha hecho, ha acogido, consolado, lavado, amado»[11].

Reconocer nuestra pequeñez no es una derrota, ni una humillación. Podría serlo, si Dios fuera alguien que quisiera dominarnos. Pero no lo es. Es el Amor lo que le mueve: el Amor incondicional que nos da, y que espera que sepamos acoger.

El camino de la compasión

Existen muchos modos de acercarse a las llagas del Señor: «Id como más os conmueva», aconsejaba san Josemaría[12]. Sabemos cómo le gustaba meterse con la imaginación en el Evangelio. En Santo Rosario, por ejemplo, al contemplar el primer misterio glorioso, comenta: «Y, antes de terminar la decena, has besado tú las llagas de sus pies..., y yo más atrevido –por más niño– he puesto mis labios sobre su costado abierto»[13].

Recordando el modo en que san Josemaría hacía la acción de gracias de la Misa, lugar privilegiado para renovar a diario su encuentro personal con el Amor de su Vida, don Javier Echevarría describía cómo «se arrodillaba los primeros minutos, en el suelo o en el reclinatorio: mirando el crucifijo de bolsillo cogido entre sus manos, recitaba la oración En ego [Miradme, oh mi amado y buen Jesús]. Mientras repetía las palabras que se referían a las llagas del Señor, besaba devotamente cada una»[14].

Tocar a Cristo en los que sufren es una manera de dejarnos interpelar por Él, de acercarnos a sus llagas y de responder con amor a su Amor

Las heridas del Señor, que con tanta hondura descubrió san Josemaría en aquella mañana de junio, no solo revelan el Amor que el Señor nos tiene: son a la vez una invitación a corredimir con Él, como lo hace Santa María; a ser su Cirineo, a consolarle por tantas ofensas que hieren su Corazón, sobre todo porque hieren el nuestro... Una llamada, en fin, a cuidarle precisamente en aquellos «hermanos más pequeños» con quienes se identifica, en quienes de algún modo ha querido quedarse (Cfr. Mt 25,40).

Por eso, dentro del itinerario que llevó a san Josemaría a descubrir aquel Mediterráneo –sin duda una luz de Dios–, no hay que olvidar la enorme cantidad de horas que dedicó a cuidar enfermos y gente sin recursos por los barrios más pobres de Madrid. Ese es desde luego un modo estupendo de descubrir el Amor de Dios: salir de nosotros mismos para tocar a Jesús en las personas que sufren. Se trata, sin duda, de un camino seguro.

Esa vía nos lleva a dejarnos interpelar por Él, a acercarnos a sus llagas y a responder con amor a su Amor. Aprendemos así a vivir con los demás la misma ternura que Dios vuelca sobre nuestra debilidad personal. Por este camino, nuestra propia vida adquiere un renovado sentido de misión que nos lanza más allá de nosotros mismos, contando no con nuestras fuerzas, sino con una llamada que viene de Dios, que nos transforma y cuenta con nosotros para sembrar en el mundo su paz y su alegría. El Papa insiste incansablemente en este punto: «A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. (…) Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo»[15].

Meternos en las llagas de Cristo, por el camino de la compasión y de la contemplación, puede abrirnos un auténtico Mediterráneo: aprenderemos así a refugiarnos en esas heridas de Amor, y a amar con todo el corazón a quienes nos rodean, comenzando por quienes más lo necesitan; personas que muchas veces están a la vera del camino, en nuestra misma casa.

Lucas Buch

Foto: Santi Villamarín (cc)


[1] Francisco, Homilía, 27-IV-2014.

[2] San Bernardo, Sermón 61 (Sobre el libro del Cantar de los cantares), 4. Abundantes testimonios sobre esta devoción, y un modo de vivirla, pueden encontrarse en P. Beteta, Mirarán al que traspasaron, Rialp, Madrid 2009.

[3] San Juan de Ávila, Epistolario, carta 47. Cfr. Cant 2,16.

[4] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1799b, de 1933, en Santo Rosario. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2010, comentario al primer misterio glorioso, p. 226, nota 5.

[5] «Me quedaré metido cada día, cumpliendo un propósito antiguo, en la Llaga del Costado de mi Señor»: San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1763, de 1934; en Camino. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2004, 3ª ed., comentario al n. 288.

[6] San Josemaría, Carta a Juan Jiménez Vargas, 6-VI-1938, en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 2, Rialp, Madrid 2002, 288-289.

[7] Ibídem.

[8] Francisco, Audiencia general, 12-IV-2017.

[9] Ibídem.

[10] Julio Martínez Mesanza, “Defendido”, en Gloria, Rialp, Madrid 2016.

[11] Francisco, Homilía, 7-IV-2013.

[12] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 303.

[13] San Josemaría, Santo Rosario, primer misterio glorioso.

[14] Javier Echevarría, Memoria del Beato Josemaría, Rialp, Madrid 2000, p. 235.

[15] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (24-IX-2013), n. 270.

 

 

«En África no necesitamos garbanzos, necesitamos formación»

Harouna Garba salió de Togo cuando solo tenía doce años. A tan corta edad ya era consciente de que allí no iba a poder labrarse un futuro. Catorce años después, este joven se siente plenamente integrado en Valencia, gracias a Xabec, un centro educativo que ha recibido el Premio por la Excelencia en la Formación Profesional que otorga la Comisión Europea.

Revista de prensa17/11/2018

 

20 Minutos Harouna Garba, inmigrante de Togo: «En África no necesitamos garbanzos, necesitamos formación»

«Seré un delincuente o moriré». La historia de Harouna Garba, musulmán y cooperador del Opus Dei.


Harouna Garba es exalumno y actual trabajador de Xabec, un centro de FP de Valencia que ha sido premiado por la CE, entre otros motivos, por su atención a los inmigrantes.

Harouna salió de Togo cuando solo tenía doce años. A tan corta edad ya era consciente de que allí no iba a poder labrarse un futuro. Con la idea de llegar a Europa, pero sin saber concretamente a dónde, en el año 2000 emprendió un viaje que terminó en Valencia en mayo de 2004.

La Comisión Europea ha premiado a Xabec por su alto grado de inserción laboral, su sistema pedagógico y su función inclusiva con colectivos vulnerables

Catorce años, una boda y tres hijos después, este joven se siente plenamente integrado en la ciudad. A ello ha contribuido Xabec, un centro educativo que acaba de recibir el Premio por la Excelencia en la Formación Profesional que otorga la Comisión Europea.

La institución comunitaria ha premiado a Xabec en la categoría de innovadores de la formación profesional principalmente por tres factores: su alto grado de inserción laboral, superior al 90%; su sistema pedagógico, con un aprendizaje muy práctico; y su función inclusiva con colectivos vulnerables.

“Harouna refleja nuestro espíritu. Tenemos un centro modélico, proveedor de trabajadores por todo el mundo, pero no queríamos dar solo esa imagen. Tenemos más de un 25% de estudiantes que son inmigrantes y queríamos mostrar esa realidad. Por eso, cuando nos propusieron venir a hablar del galardón, pensamos en que nos acompañase”, explica Antonio Mir, director de esta institución creada en 2006 y centrado exclusivamente en especialidades de mantenimiento industrial e instalaciones de edificios.

Así fue como los dos, junto a Elena Escuder, abogada experta en inmigración que colabora como asesora legal, pasaron este jueves el día en Madrid con el objetivo de dar a conocer su trayectoria.

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Este togolés de 31 años tuvo su primer contacto con la escuela a las dos semanas de llegar a Valencia, a donde fue trasladado por la Policía desde Fuerteventura tras cuarenta días detenido. Recaló en ella derivado por una institución de menores para que aprendiera español. Con él iban otros chicos africanos pero al día siguiente fue el único en regresar. En aquellas clases le enseñaron un idioma que desconocía completamente y que hoy habla con fluidez.

Garba relata su historia sabiéndose afortunado y con un gran agradecimiento a Toni, a quien dice querer como a un padre

Tragedia en el Atlántico Atrás quedaban todos los países que había cruzado desde que dejó Soutoubou, su localidad natal: Togo, Burkina, Mali, Senegal, Mauritania, Argelia, Marruecos... Hasta llegar a El Aaiún, donde embarcó camino de Canarias. Veinticuatro horas de trayecto en una patera para diez personas en la que viajaban diecisiete y de las que murieron cinco. En paralelo a ellos, otra embarcación en las mismas circunstancias corrió peor suerte: solo sobrevivieron dos.

“Estás viendo morir a gente a tu lado”, recuerda Harouna Garba, quien relata su historia sabiéndose afortunado y con un gran agradecimiento a Toni, a quien dice querer como a un padre. El biológico falleció cuando tenía ocho años, sin apenas oportunidad de jugar con él. “Toni me decía que estudiara pero después de aprender español y obtener los papeles me puse a trabajar. No podía estudiar, tenía que ganar dinero para enviarlo a Togo y ayudar a mi madre y a mi abuela. Él respetó mi decisión. El respeto es lo más importante”, manifiesta. Un respeto que asegura haber encontrado también entre la sociedad española.

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Después de trabajar en varias empresas regresó a Xabec, en esta ocasión como empleado. “Sabía que no tenía formación pero no hay ordenador que se le resista”, cuenta Antonio Mir. Ahora es técnico de mantenimiento informático en un centro por el que cada año pasan 350 alumnos de enseñanza reglada, 200 de formación para el empleo y unos 500 de reciclaje profesional. A ellos se suma un centenar de extranjeros que llegan para desarrollar un programa concreto durante algunas semanas.

Este joven sigue enviando dinero a casa pero ahora sí se ha puesto a estudiar un ciclo formativo de Instalaciones Informáticas. Es precisamente la formación educativa, pero en origen, lo que en su opinión contribuiría a frenar la inmigración: “Yo salí de mi país porque no tenía oportunidades. En la patera en la que vine a España nadie sabía escribir su nombre. Si hay formación educativa, y en mi país es muy urgente, nadie vendrá. Si no hay colegios, siempre va a haber inmigrantes aquí. ¿Cuántos universitarios vienen en patera? Es solo el 1%”, resalta. “Pueden cerrar la valla o poner un muro como el que quiere Trump pero van a entrar igual. La gente está desesperada. En África no necesitamos garbanzos, sino formación”, continúa.

Harouna espera regresar a su pueblo cuando pueda “trabajar para cambiar las cosas” y le encantaría que “un día Xabec abriese una sucursal en un país de origen”. Sus responsables, que ya colaboran con un centro de Nairobi, no lo descartan. Ayudar a los niños de su tierra a tener un futuro mejor y que no tengan que seguir sus pasos. Es el sueño de alguien que sabe bien lo duro que es tener que emigrar por necesidad.

 

 

LAS SORPRESAS DEL CIELO

(un avance informativo… para que no te lo pierdas)

Estamos en noviembre, y la liturgia de la Iglesia nos recuerda las verdades últimas de la vida de cualquier hombre. En síntesis: todos moriremos; seremos juzgados en el amor a Dios y a los demás; si hemos amado seremos premiados con el Cielo para amar eternamente; si hemos amado, pero no suficientemente, nos purificaremos en el Purgatorio para prepararnos para amar plenamente; si hemos elegido rechazar el amor incluso en el último instante, iremos al Infierno, donde reina el odio sin término, para ya nunca amar más. ¿Qué objetivo tiene poner el foco en estas verdades? El pensamiento de las realidades últimas nos ayuda a vivir bien las realidades penúltimas (san Juan Pablo II, 21.07.1999) mientras estamos en camino.

Por eso conviene que hablemos del Cielo. Ese es nuestro hogar, “la casa de mi Padre”, nos dice Jesús (Juan 14, 2). Pedro, Santiago y Juan vislumbraron un pedacito de Cielo en el Monte Tabor, cuando Jesús se transfiguró delante de ellos y pudieron contemplar la gloria de su Humanidad Santísima. “Pedro dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí!. Querían que aquello nunca se acabará: “vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” (Marcos 9, 4). “Debemos pensar en el Paraíso. La carta de nuestra vida la jugamos apuntando hacia el Paraíso. Esta certeza y esta esperanza no nos saca de nuestros empeños terrenos, sino los purifica y los intensifica, según se muestra en la vida de los santos” (san Juan Pablo II, 1979). El Cielo es faro de la existencia del hombre, su potente luz permite al navegante no perder el rumbo y dirigirse a puerto, en especial en un mar en tempestad en la obscuridad de la noche.

El cardenal Luciani (elegido papa el 26.08.1978 como Juan Pablo I) contaba una historia (recogida en el libro “Ilustrísimos señores”) de una madre que fue encarcelada en una prisión sin ventanas. Allí dio a luz a un niño que nunca vio el sol. Cuando el niño tenía seis años, la madre, para que él se formara una idea del sol, le mostró el candil encendido del carcelero, y le dijo: <Mira, hijo mío, el sol es como el candil encendido, como esa llama; ilumina y calienta. ¡Pero es mucho mayor! ¡Mucho mayor!>. A continuación, Luciani concluía: “Es verdad que esta explicación resultaba pobre, pero era más que no saber nada. Cuando hablamos del Cielo, nos sucede algo parecido. Decimos poca cosa, pero siempre es preferible a callar”. Lo que exponga a continuación adolecerá de lo señalado: será siempre poco; por eso, por mucho que diga, cuando lleguemos al Cielo, encontraremos grandes sorpresas.

El Paraíso: nuestra meta

¿Pensamos con frecuencia en el Cielo? Si no lo hacemos, si no lo deseamos con todas nuestras fuerzas, que fácil es perder el sentido de la vida, que difícil se hace jugarse todo por alcanzarlo. Pero, ¿existe? ¿Qué es lo que nos espera?

En un periódico ya extinguido dirigido a gente joven (“menos 20” se llamaba), había un apartado breve titulado “Píldoras”, que recogía explicaciones sui generis de profesores de enseñanza media. Recuerdo una (del 15.IX.1997) en la que un profesor de Historia del Arte de Alameda de Osuna daba la siguiente explicación al enseñar la portada gótica del Juicio Final de la Catedral de León: “A la izquierda vemos los justos “amuermados” tocando el arpa… Para eso nos vamos al infierno donde, como se ve, hay más juerga y caos, que es lo divertido”. Por desgracia, la Vida eterna, el Cielo, no goza de buena prensa entre muchos bautizados; cotiza a la baja dentro de la Bolsa de los bienes que dan la felicidad. Esta realidad es una paradoja, porque precisamente Dios creo al hombre para que gozara de la Vida eterna. Y cuando el hombre perdió esa vida por el pecado, Dios diseñó un plan amoroso para que pudiera recuperarla. Para eso Dios se encarnó, para eso entregó su vida, para eso resucitó abriendo el camino del Cielo… eso es lo que recibimos en el Bautismo. Lo recordaba Benedicto XVI a partir del diálogo entre el sacerdote oficiante y los padres del niño que recibía el sacramento: lo primero es el nombre que habían elegido, “continuaba después con la pregunta: <¿Qué pedís a la Iglesia?>. Se respondía: <La fe>. Y <¿Qué te da la fe?>. <La vida eterna>. Según este diálogo, los padres buscaban para el niño la entrada en la fe, la comunión con los creyentes, porque veían en la fe la llave para <la vida eterna>” (Encíclica Spe Salvi, n. 10).

La vida eterna es nuestra meta. Es la vida que Dios regala a sus hijos por el Bautismo. Es la vida que disfrutaremos plenamente en el Cielo, si sabemos vivirla en la tierra. Jesús nos lo prometió en el Discurso de despedida en la Última Cena: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros (Juan 14, 1-3). En definitiva, es una vida anclada en el amor fiel que Dios nos tiene, que procuramos corresponder con nuestros defectos y miserias gracias a su ayuda. Y que se certifica en el amor a los demás. Esta es nuestra esperanza, por la que merece vivir. Por eso “el cristiano es el hombre que dice: <Yo tendré un buen fin>” (J. Piper-H. Raskop, El Mensaje Cristiano). Ese fin dichoso es la vida eterna, la vida en Dios para siempre, el Paraíso.

Entonces ¿Por qué tantos no buscan la Vida eterna, incluso la rechazan?

Benedicto XVI (Homilía 7.11.2006) se hacía esta pregunta al constatar “el fracaso de Dios” en la vida de tantos cristianos de la vieja Europa. Comentaba la parábola de los invitados al banquete de las bodas del hijo del gran Rey; Jesús cuenta que los primeros invitados, los que eran conocidos y amigos del Rey, se excusaron uno detrás de otro. Los que estaban preparados dijeron: no. “En su parábola, el Señor cita dos motivos: la posesión y las relaciones humanas, que absorben a las personas hasta el punto de que creen que no tienen necesidad de nada más para llenar totalmente su tiempo y, por consiguiente, su existencia interior.

A continuación, el Papa emérito expone la glosa de san Gregorio Magno a este texto. "¿Cómo es posible que un hombre diga "no" a lo más grande que hay, que no tenga tiempo para lo más importante; que limite a sí mismo toda su existencia?". Y responde: en realidad, nunca han hecho la experiencia de Dios; nunca han llegado a "gustar" a Dios; nunca han experimentado cuán delicioso es ser "tocados" por Dios. Les falta este "contacto" y, por tanto, el "gusto de Dios". Y nosotros sólo vamos al banquete si, por decirlo así, lo gustamos”. Y lo completa con otra enseñanza de San Gregorio, de otra homilía: "¿Cómo es posible que el hombre no quiera ni tan sólo "probar" el gusto de Dios?". Y responde: cuando el hombre está completamente ocupado con su mundo, con las cosas materiales, con lo que puede hacer, con todo lo que es factible y le lleva al éxito, con todo lo que puede producir o comprender por sí mismo, entonces su capacidad de percibir a Dios se debilita, el órgano para ver a Dios se atrofia, resulta incapaz de percibir y se vuelve insensible. Ya no percibe lo divino, porque el órgano correspondiente se ha atrofiado en él, no se ha desarrollado”.

Estas palabras de San Gregorio describen la vida de los hombres de la segunda mitad del siglo VI (vivió del 540 al 604), y como vemos, se ajustan exactamente a nuestra vida de la primera mitad del siglo XXI. También el Papa actual nos previene una y otra vez de este peligro. Nos alerta de los falsos ídolos que ponemos en el lugar de Dios; que nos hacen necios (ref. Lucas 12, 20). Sus catequesis del 1 y 8 de agosto de este año son una buena muestra. “El apego a un objeto o a una idea hace ciegos al amor. Y así para ir detrás de los ídolos, de un ídolo, podemos incluso renegar al padre, la madre, los hijos, la mujer, el esposo, la familia… lo más querido. El apego a un objeto o a una idea hace ciegos al amor. Llevad esto en el corazón: los ídolos nos roban el amor, los ídolos nos hacen ciegos al amor y para amar realmente es necesario ser libres de todo ídolo”. Y concluía: “¿Cuál es mi ídolo? ¡Quítalo y tíralo por la ventana!” (Francisco 1.08.18). Estos son los grandes ídolos: éxito, poder y dinero. ¡Son las tentaciones de siempre! He aquí lo que es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de la libertad y sin embargo esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza. Existe la fascinación y tú vas” (Francisco 8.08.18).

Para desear el Cielo: gustar a Dios

En las palabras de san Gregorio encontramos la clave: gustar a Dios; ya que “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Juan 17, 3). La fe no es creer en la existencia de Dios, eso también lo hacen los demonios, sino es creer en que Dios nos ama. En Jesús nos ha revelado este designio de amor, y en la Cruz nos ha dado la prueba definitiva. Conocer y amar intensamente a Jesús, sentir la alegría de ser salvados y difundirlo, es el remedio. Nosotros cristianos volvemos la mirada a Cristo crucificado (cf. Jn 19, 37), que es débil, despreciado y despojado de toda posesión. Pero en Él se revela el rostro del Dios verdadero, la gloria del amor y no la del engaño resplandeciente. Isaías dice: «por sus llagas hemos sido curados» (Is 53, 5). Hemos sido curados precisamente por la debilidad de un hombre que era Dios, por sus llagas. Y desde nuestras debilidades podemos abrirnos a la salvación de Dios. Nuestra sanación viene de Aquel que se hizo pobre, que acogió el fracaso, que tomó hasta el fondo nuestra precariedad para llenarla de amor y de fuerza. Él viene a revelarnos la paternidad de Dios (Francisco 8.08.18). Esta es nuestra inmensa suerte, poder enchufarnos a la vida de Jesús, porque Jesús resucitó y vive en nosotros por la acción del Espíritu Santo en nuestra alma, y entre nosotros. Es hermoso esto: nosotros somos personas con un pedazo de cielo de más sobre la cabeza, acompañados de una presencia que alguno no es capaz ni siquiera de intuir” (Francisco 4.10.2017).

Sí, para esto Jesús vino al mundo. “Realmente Él vino para que conozcamos la verdad. Para que podamos tocar a Dios. Para que nos esté abierta la puerta. Para que encontremos la vida, la vida real, la que ya no está sometida a la muerte” (Benedicto XVI, Luz del mundo p. 191). Francisco ha usado con frecuencia la alegoría de Cristo como ancla que nos libra del naufragio espiritual, empleado por los primeros cristianos en la decoración de sarcófagos y catacumbas: Jesús es como un ancla fijada en la otra orilla, la del Cielo; nosotros agarrados a la cuerda del ancla caminamos hacia el Cielo”. Y preguntaba: "¿Dónde está anclado mi corazón? Si no estuviese bien anclado, anclémoslo allá, en esa orilla, sabiendo que la esperanza no defrauda porque el Señor Jesús no decepciona” (1.11.2013). Acoger el amor de Jesús por nosotros es el camino de la cordura, de desear el Cielo. Así miraremos la muerte con la confianza de que “no es algo que ocurre sino alguien que llega”; es la puerta del encuentro con la persona amada: Cristo. Esta vida es prólogo de la muerte, y la muerte el prólogo del Amor para siempre. “Pues si morimos con él, también viviremos con él” (2 Timoteo, 2, 11).

Pero ¿Qué esperamos encontrar al abrirse la puerta del Cielo?

“El Paraíso no es un lugar como en las fábulas, ni mucho menos un jardín encantado. El Paraíso es el abrazo con Dios, Amor infinito, y entramos gracias a Jesús, que murió en la cruz por nosotros. Donde está Jesús, hay misericordia y felicidad; sin Él existe el frío y las tinieblas” (Francisco 25.10.2017). “No es una abstracción, ni tampoco un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con la santísima Trinidad. Es el encuentro con el Padre, que se realiza en Cristo resucitado gracias a la comunión del Espíritu Santo” (san Juan Pablo II, 21.07.1999). Los santos “viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven "tal cual es" (1 Juan 3, 2), cara a cara (cf. 1 Corintios 13, 12; Apocalipsis 22, 4) (Catecismo de la Iglesia n. 1023). Lógicamente, nuestra imaginación se ve superadaya que “este misterio de comunión bienaventurada con Dios sobrepasa toda comprensión y toda representación (CIC n. 1027); pero si hemos gustado a Dios, nuestra fe, esperanza y caridad nos da certeza de que esa intimidad total con Cristo, y en Cristo con la Santísima Trinidad, es fuente de un gozo, de una alegría y una felicidad inimaginables… imposible de expresar con palabras adecuadas, como san Pablo ya nos avisó: "ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por el corazón del hombre, las cosas que preparó Dios para los que le aman" (1 Corintios 2, 9).

Y ese júbilo será sin fin, ya no habrá nada ni nadie que pueda robarnos esa paz ni oscurecer esa luz. “Lo poseeremos todo y nada buscaremos” (san Agustín). Hay gente que identifica la eternidad con aburrimiento, siempre lo mismo; otros les da miedo o fatiga enfrentarse a un tiempo interminable. No será así: podemos “augurar de algún modo que la eternidad no sea un continuo sucederse de días del calendario, sino como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad. Sería el momento del sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo -el antes y el después- ya no existe. Podemos únicamente tratar de pensar que este momento es la vida en sentido pleno, sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría” (Benedicto XVI, encíclica Spe Salvi, n. 12). Como estímulo para anhelar el Cielo, san Juan recogerá por mandato del Ángel el jolgorio de la corte celestial celebrando esa fiesta eterna de alabanza y acción de gracias a Dios y a Cristo, el Cordero inmolado, vencedor del mal, “decían: «Aleluya. Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo, alegrémonos y gocemos y démosle gracias” “Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero” (Apocalipsis 19, 6, 9).

Santo Tomás de Aquino tuvo la dicha de asomarse a esa belleza de Dios, que será el Cielo de los cielos. Ocurrió el 6 de diciembre de 1273. Ese día temprano, celebrando la Misa, experimentó un éxtasis; con gran estupor de todos, desde ese momento dejó de escribir (estaba trabajando en la Summa Theologica, su gran obra; había llegado hasta la pregunta 90 de la tercera parte “De partibus poenitentiae”). ¿Qué le fue revelado? Sólo podemos conjeturar lo ocurrido por su respuesta a fray Reginaldo de Piperno, su secretario. Fray Reginaldo le animaba a continuar sus escritos para terminar la Summa. Y Tomás le contestaba siempre lo mismo: "No puedo hacer más”. Era tanta la insistencia que un día Tomás le cuenta la causa: “Se me han revelado tales secretos que todo lo que he escrito hasta ahora parece que no vale para nada". La verdad, bondad y belleza que Tomás contempló le hicieron comprender que todo lo que había escrito (varios miles de páginas sobre Dios) y su ciencia eran insignificantes respecto a la realidad que había visto. En marzo de 1274 Tomás murió sin haber reanudado su obra.

Y en Dios, recibiremos mucho más…

A la felicidad completa de disfrutar de “esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, de esta comunión de vida y amor con ella” (CIC n. 1024), en su misericordia ha querido que sus santos encuentren nuevos motivos de gozo. Provendrán de la visión y compañía de la Virgen, de san José, de los Ángeles, en particular de nuestro Ángel de la guarda, de todos los santos; y volveremos a reunirnos con aquellos que más quisimos y nos aguardan: cónyuge, hijos, nietos, padres, hermanos, parientes, amigos, todos esos que nos ayudaron de alguna forma a estar allí… gozaremos de la alegría y el amor plenos de la mejor reunión familiar que podamos imaginar. Y encontraremos esos tesoros de los que habla Jesús (ref. Mateo 6, 20), que son nuestras buenas obras, nuestros arrepentimientos sinceros, los padecimientos sufridos, los detalles de caridad y servicio que hemos prodigado a los demás, en especial a los más necesitados… todo lo bueno que hayamos hecho por amor, porque a Dios no se les escapa nada que pueda premiar: nada se pierde.

Y no acaba con esto ya que “en la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera (CIC n. 1029). Están en familia, y por la Comunión de los Santos, siguen ocupándose de los que están en camino; y qué alegría cuando llegan nuevas almas al Cielo; y ven en Dios el progreso espiritual de las personas que quieren –a las que ayudan con su intercesión- y contemplan los frutos en el tiempo de sus trabajos en la tierra. Como les decía santa Teresita del Niño Jesús a las monjas que le acompañaban en el momento de su muerte: “mi cielo lo pasaré en la tierra, ayudándoos”.

Y a esto se añadirá, después del Juicio Final, la posesión del propio cuerpo, resucitado y glorioso, para el que fue creada el alma. Y reinar con Cristo para siempre en el universo renovado donde “no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó” (Apocalipsis 21, 4). "La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo" (Prefacio de difuntos). Hagamos el propósito de no perdérnoslo, vale la pena… deseemos el Cielo, estar con quien sabemos nos ama para siempre.

El Cielo ¿Es para mí?

Cristo ha resucitado, ha inaugurado el camino del Cielo, ha abierto la puerta que estaba cerrada, y nos ha preparado sitio. Es deseo suyo que estemos con Él. Así se lo pidió a su Padre Dios en presencia de los apóstoles en la Última cena: Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo” (Juan 17, 24). Jesús resucitado está sentado a la diestra de Dios Padre e intercede por nosotros. Sus llagas son las credenciales de su amor al Padre y a nosotros. Esa es la garantía de nuestra esperanza del Cielo, y Dios es fiel a sus promesas.

Por parte de Jesús no hay dudas; por la nuestra ¿Qué decimos? Apostemos por amar a Jesús; y, por su misericordia, en el momento de la muerte, permanecerá encendida en nuestro corazón la llama de la fe en su amor que salva. Como el “buen ladrón” en la Cruz, “a la hora de la muerte, el cristiano repite a Jesús: «Acuérdate de mí». Y aunque no existiese nadie que se acuerde de nosotros, Jesús está ahí, junto a nosotros. Quiere llevarnos al lugar más hermoso que existe. Quiere llevarnos allá con lo poco o mucho de bien que existe en nuestra vida, para que no se pierda nada de lo que ya Él había redimido” (Francisco, 25.10.17). A la hora de nuestra muerte, Jesús nos tomará de la mano, como a la hija de Jairo (ref Marcos 5, 41), y nos dirá: «Ven, ven conmigo, levántate». Allí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida” (Francisco, 18.10.17). Estaremos con Él en el Cielo, como es su deseo… si es el nuestro.

Una historia sobre el Cielo

Termino con una historia y sus derivadas. Había una vez un rabino que empezó a darle vueltas a lo que era el cielo y a lo que era el infierno. Y tanto y tanto lo pensó, que le entró una gran curiosidad por ver ambos lugares. Un día, a la salida de la sinagoga, pidió a Dios poder ver el cielo y el infierno. Dios vio la desazón que tenía y le concedió lo que pedía. Pero será tu guía el espíritu de quien en vida fuera el Profeta Elías. El espíritu del Profeta se presentó al rabino y le dijo: <Sígueme>. Primero lo condujo a un lugar grande que en el centro tenía un enorme fuego. Encima del fuego había una olla muy grande encima de brasas, con una comida exquisita. Alrededor del fuego había mucha gente sentada. Tenían en las manos unas cucharas largas, muy largas, con las que querían sacar la comida de la olla. La gente estaba pálida, flaca, con mal aspecto. Como el mango de la cuchara era tan largo, no podían llevarse a la boca una comida tan buena como la que estaba conquistándoles el olfato. Tras contemplar aquella triste situación, el profeta Ellas y el rabino salieron fuera de la estancia. <Qué lugar tan extraño es éste>, comentó el rabino. <Es el infierno>, contestó el profeta. Después, Elías condujo al rabino a una segunda estancia, en la que todo estaba exactamente igual que en la primera. En el centro de la habitación ardía el fuego y se cocinaba comida exquisita en una gran olla. Alrededor estaba sentada mucha gente con cucharas largas en las manos. Pero esa gente estaba nutrida, se les veía sanos y felices. No intentaban alimentarse a sí mismos, sino que utilizaban las largas cucharas para darse de comer unos a otros. <Esta habitación es el cielo>, dijo el profeta Elías. El rabino, despacio y con la voz llena de emoción, dijo: <Se dan de comer unos a otros>. Terminada su misión, el profeta Elías se despidió del rabino. Este, cuando llegó a su casa, abrió un armario, sacó un voluminoso cuaderno, buscó en él la primera página que no estaba escrita y anotó: "Cuando entendemos que solo somos felices si amamos y servimos a los demás, empezamos a tener el Cielo en nuestra vida".

Esta historia resalta otra idea muy sabida: "A la tarde te examinarán en el amor" (San Juan de la Cruz, dichos 64). Nuestra fe nos enseña que “está establecido que los hombres mueran una sola vez, y que después tenga lugar el juicio” (Hebreos 9, 27). Dios nos preguntará: “¿Cuánto amaste?” Y cada uno de nosotros tendrá que responder a esta pregunta. Si tenemos la pregunta del examen preparada no hay lugar al miedo. Y se prepara cada día: cada mañana es una página en blanco que el cristiano comienza a escribir con obras de bien” (Francisco 11.10.17).

Cuando un cristiano vive de amor y para amar. Cuando cultiva esa relación afectuosa con su Padre Dios en la oración. Cuando confía como hijo en su Providencia amorosa. Cuando hace experiencia del consuelo del perdón divino y lo practica con los demás. Cuando mira a Jesús y procura parecerse a él. Cuando se contagia de su alegría y de su amor operativo por todos y cada uno. Cuando comparte su visión esperanzada del mundo porque lo ha creado y lo ha salvado. Cuando se alimenta con el pan de vida en la Eucaristía, “prenda de la gloria futura”… Entonces desea que esa primicia de Bienaventuranza en la tierra se haga eterna en el Cielo. Su vida es un sí constante a la invitación al banquete de bodas de su Señor; también los noes, consecuencia de la debilidad, se convierten en síes con la contrición, avalada con volver a levantarse para amar de nuevo. Así, hasta el último día, en que el sí se hace definitivo y pleno con la muerte. Esa es la sabiduría de los santos: “cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra (san Josemaría Forja n. 1005). Y la vida se llena de esperanza, en la seguridad del Cielo y en que nunca nos faltará la ayuda de Dios para alcanzarlo, a pesar de nuestra fragilidad. Jesús, a quien ahora veo escondido, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén” (santo Tomás de Aquino, Adorote devote).

 

Virgen de la Divina Providencia

Patrona de Puerto Rico. Su fiesta se celebra el 19 de noviembre  Bandera de Puerto Rico

Virgen de la Divina ProvidenciaEl nombre y culto de Nuestra Señora de la Divina Providencia se originó en Italia en el siglo XIII. Era una devoción muy popular que luego pasó a España, en donde se le construyó un santuario en Tarragona. Cuando Monseñor Gil Esteve Tomás, nacido en Cataluña (España) fue nombrado obispo de Puerto Rico, trajo consigo esta devoción que adquirió durante sus años en el seminario. El obispo tuvo que poner a sus diócesis en manos de la Divina Providencia pues encontró la catedral casi en ruinas y las finanzas de la diócesis en números rojos. La confianza y esfuerzos del obispo dieron fruto rápidamente; en menos de cinco años la iglesia catedral fue restaurada e inmediatamente se estableció allí el culto de la Virgen de la Divina Providencia.

La imagen original, venerada por los Siervos de María y otras órdenes religiosas italianas, era una hermosa pintura al óleo en la que se observa a la Virgen María con el Divino Niño que duerme apaciblemente en sus brazos. El título "de la Divina Providencia" se ha atribuido a San Felipe Benicio, quinto superior de los Siervos de María pues un día, cuando sus frailes no tenían nada que comer, después de invocar la ayuda de la Virgen, encontró a la puerta del convento, dos cestos llenos de comida cuyo origen no pudo averiguarse. La imagen que Don Gil Esteve ordenó fue tallada en Barcelona según el gusto de la época. Es una bella figura sentada, hecha para ser vestida, pero al celebrar los 67 años de la Catedral, en 1920, se la reemplazó por una magnífica talla toda en madera y que es la imagen de Nuestra Señora de la Divina Providencia más familiar y mejor conocida para la mayoría de las comunidades de Puerto Rico. La Virgen María se inclina sobre el Niño quien, en una actitud de confianza absoluta, duerme apaciblemente en su regazo. Las manos de la Virgen se juntan en oración mientras toma suavemente la mano izquierda de su Hijo. La talla entera inspira ternura, confianza, devoción y paz.

El Papa Pablo VI, en un decreto firmado el 19 de noviembre de 1969, declaró a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, patrona principal de la isla de Puerto Rico. En este documento se decreta también que la solemnidad de la Virgen se transfiera del 2 de enero al 19 de noviembre, día en el que la isla fue descubierta. La intención es juntar los dos grandes amores de los puertorriqueños: el amor por su primorosa isla y el amor por la Madre de Dios.

La talla más antigua, fechada en 1853, fue la elegida para ser solemnemente coronada durante el Concilio de Obispos Latinoamericanos (CELAM) que tuvo lugar en San Juan de Puerto Rico el 5 de noviembre de 1976. La víspera de este evento, la imagen fue brutalmente quemada en la Parroquia de Santa Teresita en Santurce . Y, en ese estado, la imagen fue coronada en medio de la emoción y lágrimas de miles de sus hijos y en presencia de cardenales, arzobispos y obispos de toda la América Latina.

Oración a la Virgen de la Divina Providencia

Virgen María Inmaculada, Madre de la Divina Providencia, protege mi alma con la plenitud de tu gracia; gobierna mi vida y dirígela por el camino de la virtud al cumplimiento de la voluntad divina.

Alcánzame el perdón de mis culpas. Sé mi refugio, mi protección, mi defensa y mi guía en la peregrinación por este mundo. Consuélame en mis aflicciones, rígeme en los peligros, y en la tempestades de mi adversidad, ofréceme tu segura tutela.

Alcánzame, ¡Oh Maria!, la renovación interior de mi corazón para que se convierta en morada santa de tu divino Jesús. Aleja de mi que soy débil, toda suerte de pecado, de descuido, de pereza, de debilidad y de respeto humano.

¡Oh, dulcísima Madre de la Divina Providencia! Dirige hacia mí tu mirada maternal y si por fragilidad o por malicia he provocado las amenazas del eterno juez, y he amargado el corazón sacratísimo de mi amado Jesús, cúbreme con el manto de tu protección y seré salvo.

Tú eres madre misericordiosa; tú, la virgen del perdón; tú, mi esperanza en la tierra. Haz que pueda yo tenerte por madre en la gloria del cielo.

Amén.

Himno a la Virgen de la Divina Providencia

Virgen Santa de la Providencia
Madre de Clemencia,
Honor del Caribe.
Protectora, Borinquen te aclama.
Patrona te llama y a tu amparo vive.

Los Boricuas, tus hijos amados,
llegan confiados a buscar los bienes,
que les brinda con todo el cariño,
por tu mano, el niño,
que en tus brazos tienes.

Ese niño que reposa en calma,
despierto en el alma
en Borinquen sueña.
Y se alegra de que hayas querido
por trono escogido, tierra Borinqueña.

Puerto Rico, te tiende su brazo,
solo en tu regazo, descansar añora,
y te pide, que sigas constante,
siendo en cada instante
su fiel protectora.

 

 

Los millennials.

Dedicado a Inés Casado y a Mario Lagos.

Se trata de la llamada generación Y (sucesora de la generación X), que engloba a los nacidos en torno al año 2000, es decir, hacia el inicio del segundo milenio. Son jóvenes inmersos totalmente en las nuevas tecnologías, lo que, según algunos, probablemente haya influido en su comportamiento, incluso en el de tipo sexual. Se adaptan sin grandes problemas a los cambios, lo cual no es equivalente a indiferencia, despreocupación, sincretismo, falta de interés (cuestiones que alguien les achaca).

Son los “millennials”, de los que algunos dicen que son asexuados, bisexuales, sin preferencias, que buscan el placer “sin más”.

No se puede hablar de un estado “unisex”, pues los hechos neurológicos son tozudos: el varón siempre tiene en todas las células de su cuerpo una carga cromosómica distinta que la mujer; y el cerebro es diferente, y las consecuencias del abuso del cuerpo, independientemente del sexo, aunque con matices, son igualmente perversas. Es obvio que varón y mujer, sea la edad que sea, son diferentes, y no son asexuados.

Algunas estadísticas, sesgadas, de forma hipertrofiada, quieren mostrar que el 25 % de los jóvenes son indiferentes sexualmente.

Dejando aparte las ideologías, las encuestas, los cuestionarios, etc., hay que considerar que influenciados por el ambiente actual, egocéntrico, algunos (no todos los jóvenes) buscan el placer a toda costa, sin frenos, sin límite alguno. Como es bien sabido, hay jóvenes (y no tan jóvenes) que piensan (y así actúan) que cinco o seis días de la semana son para trabajar, incluso a todo ritmo, y el "finde" es para descansar, interpretando el descanso como una diversión  "a tope", en que se le exige al cuerpo (y a la mente) lo máximo que pueda dar, sin medida.

Sin embargo, el descanso no es no hacer nada, y no es hacer todo lo que  a uno le apetece (son frases muy elocuentes: hago o no hago esto porque “me apetece” o porque “no me apetece”). Cambiar de ocupación, darse a los demás, descansa.

Entre otras, una de las consecuencias del abuso incontrolado, continuado, de las energías, es la afectación de la memoria y de las capacidades cognitivas, resultando a la larga un rendimiento laboral y académico pobre. Es un efecto más dañino que el de la típica “resaca” esporádica. Y parece ser que el daño viene a ser mayor en la mujer joven que en el varón joven.

En este sentido, ¿cuáles son las implicaciones neurobiológicas?

La corteza cerebral (que viene a ser la porción envolvente, la “cáscara” del cerebro) es el instrumento que pone en marcha el control de lo jerárquicamente inferior, como es el sistema límbico (situado en la profundidad, en el “cogollo” del cerebro). Las neuronas de la corteza cerebral controlan a las neuronas del sistema límbico, sistema éste del que depende en gran medida el funcionamiento de las estructuras más relacionadas con lo instintivo.

Si no se le deja a la corteza cerebral actuar, el resultado es una "animalización biológica" y una adicción (provocada por la repetición de actos), cuyo remedio (aunque posible) es muy trabajoso. Como lo instintivo es ciego, el ansia de placer se hace adictiva y pasa por encima de lo que es fisiológico, normal.

Se activan así, zonas cerebrales que tienen que ver con el placer. Tal es el caso de la amígdala cerebral, estructura situada en la profundidad del polo del lóbulo temporal del cerebro. Es una zona funcionalmente compleja, que tiene que ver tanto con el miedo, el temor, la repugnancia y el asco, el horror, como con lo que es placentero, agradable, apetecible. La amígdala tiene importantes conexiones con la corteza cerebral y con una amplia red de estructuras neurales, tanto en sentido aferente (recibe impulsos) como eferente (envía impulsos); estructuras éstas relacionadas con lo visceral, hormonal, instintivo, y con una fuerte implicación con los procesos de memoria.  En los casos considerados se da una fuerte activación de la amígdala cerebral. Por eso, son individuos que se tornan insaciables.

Parece ser que en la antigua Roma, si no de modo igual, ocurría algo parecido a lo que se dice de los actuales “millennials”: no hay más que acudir a los relatos históricos, que nos hablan de ambientes de embriaguez, glotonería, orgías, sadismo, masoquismo, lujuria, perversiones de todo tipo. Pero con la llegada del Cristianismo la sociedad se humanizó.

Esta época en la que vivimos se parece mucho a la antigua. Por eso, se hace muy necesaria la recristianización de la sociedad en todos los sentidos. Los cristianos, que no son “como los demás”, sino que son igualmente “los demás”, son el fermento, la levadura que ha de hacer fermentar toda la masa.

Los cristianos siempre plantaron la semilla que cambia el mundo.

 

 

Flores en las tumbas del Cementerio

Ernesto Juliá

¿Se está perdiendo la Fe en la Vida Eterna?

En los primeros días del mes me acerqué al cementerio para rezar ante la tumba de seres queridos. El silencio del camposanto invita al espíritu a crecer en la memoria y el cariño de las personas que han compartido con nosotros tantos momentos de su vida, y con las que hemos vivido tantos acontecimientos de nuestra propia vida. Quizá aprovechamos esos instantes rezando ante sus tumbas para pedirles una vez más perdón por lo mal que nos hemos podido comportar con ellos. Y su recuerdo nos mueve a preparar nuestra alma para pedir perdón al Señor confesando nuestros pecados, y llegar con el “corazón contrito y humillado” a Su presencia

Durante mi visita me di cuenta, con pena, que este año faltaban flores sobre muchas tumbas. Y no sobre tumbas con lápidas que manifestaran claramente el pasar de los años. No; sobre tumbas que habían abierto sus lápidas ese mismo año, o apenas un par de años atrás. ¿Por qué?

Mi cabeza recordó la queja de Bécquer: “¡Dios mío, ¡que solos se quedan los muertos!”, y pensé: “Dios mío, ¡que solos se quedan los vivos  que no rezan con sus muertos!”; o que no los “saludan” porque no quieran rezar.

Las flores sobre las lápidas, en las paredes de los nichos, yo las veo como una escondida confesión de fe en la vida eterna, aunque el que las deposita en esos lugares no sea muy consciente de lo que está haciendo.

No se ofrecen flores a personas que ya no existen en absoluto. Hasta algún que otro ateo envía recuerdos a sus seres queridos que “pasean por un valle escondido y floreado”.

Ante la tumba de la niña recién enterrada, Bécquer expresa la oscuridad de su espíritu ante el misterio de la muerte: “¿Vuelve el polvo al polvo? // ¿Vuela el alma al cielo? // ¿Todo es sin espíritu// podredumbre y cieno? // No sé; pero hay algo que explicar no puedo, //algo que repugna, //aunque es fuerza hacerlo, //¡a dejar tan tristes, tan solos los muertos!”.

Yo sí creo y sé que no “vuelve el polvo al polvo”, que el alma anhela “volar a Dios”, que sólo el infierno es “podredumbre y cieno”.

Las flores depositadas en los cementerios las recogen los muertos que han dado su vida por los demás, que han vivido en la tierra cerca de Dios en sus batallas de cada día, que han sufrido y amado mucho, que han perdonado y han pedido perdón, que han rezado elevando los ojos al Cielo, a la Cruz de Cristo, que han abierto su mente, su corazón a Dios Creador y Padre, que han soñado con encontrarse con su madre María.

Y recogen las flores para hacernos compañía; y decirnos al oído del alma: “Dios mío ¡qué solos se quedan los vivos que no rezan con sus muertos!”.

Las flores de todos los colores que germinan en los cementerios dejan ante Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo el clamor por la Vida Eterna de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres del mundo.

ernesto.julia@gmail.com

 

 De idiotikos y politikois

 En la antigua Grecia los asuntos de Estado concernían a todos los habitantes de la “polis”

El 2 de Diciembre los andaluces volveremos a pronunciarnos sobre la mejor opción de gobierno que deseamos para gestionar los asuntos de nuestra comunidad. Abierta ya la campaña electoral es perfectamente constatable que el interés despertado en el electorado difiere mucho de aquellas donde la megafonía, la cartelería, la quincallería, el puerta  puerta o los mítines interrumpían nuestra vida diaria para atender a  candidatos y acompañantes, que con sonrisa electoral ad hoc y disculpas constantes intentábamos convencerles de las bondades de nuestras programáticas promesas.

Toda esta parafernalia  ha dado paso a los escuetos mensajes y debates que mueven las poderosas redes sociales o los digitalizados encuentros sectoriales que suelen celebrarse en un ambiente de más proximidad entre los intervinientes y el reducido público asistente. Del ruido callejero o las paredes tapizadas con las caras de los candidatos ya solo quedan los reportajes gráficos o televisivos de las visitas programadas a una explotación agraria o industrial y algunas entrevistas más o menos artificiosas en los periódicos, radios o televisiones, habitualmente poco ingeniosas y repetitivas

Nada que objetar a que las nuevas tecnologías, las exigencias medioambientales y las herramientas que  han impuesto los nuevos canales de comunicación más sofisticados, más directos y más “limpios” para la convivencia ciudadana, pero es un hecho cierto que hoy el elector tiene un menor grado de interés y que ha disminuido notablemente la emotividad y la atención que rodeaban las anteriores campañas y los grandes mítines.

A nadie se le oculta que la inmoral y despreciable conducta de quienes se han enriquecido injustamente en estos últimos años, manchando de esta manera la trayectoria honesta y desinteresada de miles de hombres y mujeres que se han entregado al servicio de España en el ejercicio de la política, ha contribuido al descrédito y la desconfianza en los partidos políticos. Todos, los de la vieja y nueva política, están estigmatizados por un alejamiento del ciudadano hacia las palabras o promesas de los políticos.

En la antigua Grecia, los asuntos del Estado concernían a todos los habitantes de la “polis”. Politikoi era todo lo que rodeaba al interés de los ciudadanos por los asuntos del Estado y a esto se contraponían los idiotikos o asuntos de interés privado o personal. En el panorama político actual, da la impresión que han ganado más peso los ”idiotikos o idiotes” que los “politikoi o políticos” porque la percepción del ciudadano es que los intereses privados o personales están muy por encima de los generales del Estado.

Lo cierto y verdad es que si el cambio no se produce después del 2 de Diciembre, los andaluces  seguiremos sufriendo a los “idiotikos” que se afanan más en defender sus intereses personales o de partido que los generales de la Comunidad, llegando al extremo de confundir Andalucía con el propio partido socialista. Una crítica al partido es una crítica a Andalucía, una critica a Susana Díaz es un “desprecio” a Andalucía cuando no una “canallada”. Frente a esto la “politikei” exige afrontar con realismo las carencias y deficiencias que hoy sufre Andalucía: las de nuestra sanidad pública después de más de treinta años años de gobierno socialista o los graves problemas de seguridad ocasionados por el alarmante aumento de la criminalidad organizada  por el narcotráfico o la trata de seres humanos.

 La “politikei” exige también ocuparse de la llegada masiva a nuestras costas y playas, de pateras repletas de inmigrantes ilegales,  con  final trágico para muchos de ellos ya que dejan sus esperanzas en un mediterráneo ensangrentado por quienes trafican con sus vidas, o  de un sistema educativo que pretende hacer de la escuela un centro de adoctrinamiento estatalizado impidiendo a los padres y familias elegir libremente los centros de educación de sus hijos o poniendo trabas a la concertación de  aquellos que optan por la educación diferenciada, cuya oportunidad y legalidad ha sentenciado el TC en repetidas ocasiones..

No es de recibo que, Canal Sur, nuestra televisión pública, haya renunciado a promocionar la cultura que se merece el pueblo andaluz repleto de prestigiosos profesionales del mundo del arte, las ciencias o las letras. Ni nuestros mayores ni nuestros jóvenes se merecen el tratamiento que se le ofrecen en algunos de sus programas, sin mencionar la falta de objetividad y manipulación de sus informativos según le convenga a la actual  regidora socialista. La “politikei” debe asumir y tratar de solucionar también las graves deficiencias que presentan hoy algunos de nuestros juzgados o tribunales o la importante presión fiscal, impuesto de sucesiones incluido, que son un relevante obstáculo para las inversiones y desarrollo de nuestro sistema productivo.

Es cierto que la Andalucía de hoy no es ni la sombra de la de hace cuarenta años. Los ingentes y millonarios fondos estructurales de la Unión Europea y la gestión y cooperación entre  Administraciones públicas, unido al impulso empresarial y al esfuerzo de millones de trabajadores han contribuido al desarrollo de sus infraestructuras, de su potencial turístico, del sector servicios o del desarrollo urbanístico, agrícola y rural. Los andaluces nos sentimos orgullosos de nuestra tierra y de los logros conseguidos. Pero necesitamos hombres y mujeres que desde la “politikei” sirvan con generosidad y entrega a una Andalucía, un poco ya cansada, fatigada y desconfiada de los “idiotikos” que la han venido gobernando.

Ha llegado la oportunidad de iluminar una nueva Andalucía, para no caer en la desesperanza que denunciaba con su especial finura poética Federico García Lorca:

Si la esperanza se apaga y la Babel se comienza, ¿qué antorcha iluminará los caminos en la Tierra?

Jorge Hernández Mollar

 

Las profecías de san Pablo VI

Las profecías de san Pablo VI

Por Luis-Fernando Valdés

El Papa recientemente canonizado, Pablo VI, fue heroico en la defensa de la vida, la familia y la mujer. Tuvo el valor de escribir la encíclica Humanae Vitae, que fue recibida con grandes polémicas, pero hoy la historia parece dar la razón a Pablo VI, pues se han cumplido sus advertencias sobre el peligro para la mujer y el control de la población. ¿Quién fue este Papa-profeta?

Una figura para descubrir

Giovanni Battista Montini (1897-1978) fue un importante hombre de Iglesia durante los pontificados de Pío XII y Juan XXIII, y luego fue el Papa que guió el desarrollo y la culminación del concilio Vaticano II.

Pero la publicación de la encíclica Humanae Vitae (25 de jul. de 1968), en la que afirmaba el rechazo de la Iglesia Católica a los anticonceptivos, lo envolvió en una impopularidad mediática. Después de su muerte, el gran carisma de Juan Pablo II terminó por eclipsar su figura.

El Papa Francisco ha retomado muchas enseñanzas de Pablo VI, a quien cita con frecuencia, y lo canonizó el próximo pasado 14 de octubre. A cincuenta años de aquella profética encíclica, la agudeza y el discernimiento del Papa Montini son un tesoro por redescubrir.

¿Por qué es «profética» la Humanae Vitae?

Esta encíclica abordó un tema que resultaba novedoso en su momento: la aparición de la píldora anticonceptiva, que planteaba el siguiente problema. Si la Iglesia aprueba que los esposos utilicen los periodos infértiles de la mujer, ¿qué pasa si una pastilla puede prolongar indefinidamente esa fase infértil?

Pablo VI supo ver más lejos de lo meramente práctico del planteamiento e hizo una serie de observaciones que apuntan a lo «no evidente» del asunto, como la dignidad de la mujer y la inseparabilidad de los aspectos unitivo y procreativo del acto sexual.

Además, este Pontífice supo visualizar las consecuencias que tendría el uso de anticonceptivos y que afectarían a los jóvenes y al control del crecimiento de la población mundial, y por eso ha sido llamado «profeta de nuestro tiempo».

Las predicciones de Pablo VI

En el n. 17 de esa encíclica, el Papa advertía de cuatro consecuencias que vendrían con la regulación artificial de la natalidad. Primera, «el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal». Segunda, la «degradación general de la moralidad», pues la debilidad humana y la curiosidad de los jóvenes tendrían un medio que facilita el no seguir la ley moral.

El tercer efecto mira hacia el respeto de la mujer, pues el varón, sin preocuparse más del equilibrio físico y psicológico de la mujer, la considerará «como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada».

Finalmente, con valentía, Pablo VI anunció que la aprobación de los anticonceptivos daría lugar a que los gobernantes intervengan en «lo más personal y más reservado de la intimidad conyugal».

Y, por eso, Pablo VI lanzó un cuestionamiento de gran actualidad: «¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideraran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz?»

Epílogo

Pablo VI es un gran personaje de nuestra época, precisamente porque supo distinguir entre el verdadero desarrollo y el falso progreso. El Papa Montini fue muy valiente, pues desafió un principio predominante de nuestra época: «si la técnica lo puede conseguir, entonces lo debemos aceptar como algo bueno».

Estamos ante un gran profeta de nuestros días que fue firme en defender la dignidad la mujer, el matrimonio y la familia, sin dejarse llevar por la presión de la opinión pública. La doctrina de la Humanae Vitae de Pablo VI sigue siendo válida hoy, para entender la dignidad de la mujer y la grandeza del amor humano que transmite la vida.

 

 

INFANTILIDAD CIUDADANA

Por René Mondragón

AUNQUE NO SE QUIERA

Una información cultural para todas mis adorables lectoras y maravillosos lectores en Europa, Oceanía e Ixtapalapa: En mi México lindo y querido, cuando alguien se expone o se arriesga a la burla, la crítica o peca de ingenuidad, se dice que “se puso de pechito”.

Así, los mexicanos hemos visto tres o cuatro “inocentadas” de funcionarios del próximo gobierno, que por supuesto, se pusieron “de pechito” ante la opinión pública y galaxias circunvecinas.

No se ha reducido a la polémica invitación que le han hecho a Nicolás Maduro, levantando una polvareda brutal por todo el país, porque, como dice uno de los comentócratas locales: “Invitar a Maduro a México, es como elegir a un pedófilo para chambelán de tu hija”

El otro tema bastante debatido, fueron las ocurrencias del H. pastor de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, cuando presentó la iniciativa de ley para eliminar las comisiones que cobran los bancos –que, dicho sea de paso, es muy importante revisar la normatividad y los procesos de autorregulación bancaria- y que al pobre legislador, le llovieron los jitomatazos de todos lados, incluida la Bolsa de Valores en España; para que más rápido que inmediatamente, la señora Polevsky, presidenta del mismo partido, lo desconociera y se deslindara; a lo que el mandatario electo, también fingió e hizo mutis.

Y en medio de todo esto, se sigue polemizando y debatiendo fuerte alrededor de varios frentes más que ha abierto el próximo presidente mexicano: La mal llamada “Constitución Moral”, la extrañísima “Guardia Nacional”, la propuesta sobre su Ley de Seguridad, que despide un tufo bárbaro a militarización del país; la cancelación del nuevo aeropuerto y su fantasmagórica encuesta-sondeo-consulta o coreografía política.

CURIOSIDADES DEL INTELECTO

1.- ¿Usted sabe por qué las casillas de votación para el simulacro ése ue cancela el NAIM en Texcoco, se pusieron, casi exclusivamente, en zonas de alta votación para Morena? El escribano tampoco.

2.- ¿Usted sabe a qué cosa se le denomina “Constitución Moral”? El escribano tampoco.

3.- ¿Usted sabe por qué, aquellos que fueron tachados de empresarios “Fifí” y parte de la corrupta “mafia del poder”, ahora son asesores presidenciales? El escribano tampoco.

4.- ¿Usted sabe o conoce, quiénes fueron los personajes, cómo fueron seleccionados y/o cuánto recibieron como pago por sus servicios en las casillas instaladas por Morena? El escribano tampoco.

5.- ¿Usted sabe qué personajes “contaron los votos”, cuáles fueron los resultados por casilla, o cuántas personas votaron contra la decisión del aeropuerto en la base militar de Santa Lucía? El escribano tampoco.

6.- ¿Usted tiene información sobre la devastación ecológica que producirá el trenecito y la nueva refinería de Tabasco? El escribano tampoco.

7.- En el nuevo simulador de consulta pública ¿Usted sabe, si alguien en su sano juicio, podría responder a alguna de las diez preguntas, con un “no”?

8.- Ergo, ¿Sabe usted quiénes redactaron “las preguntas” de la dichosa encuesta de diez puntos? El escribano tampoco.

9.- ¿Usted sabe cuánto van a costar y de dónde se sacará el dinero para “becar” –como se señala en la pregunta siete- a todos los estudiantes de media superior de escuelas públicas? El escribano tampoco.

10.- ¿Usted sabe que el Doctor Urzúa, próximo Secretario de Hacienda, está –como se dice en mi pueblo- “pariendo chayotes” para intentar hacer magia, malabares, prestidigitación, circo, marona y teatro,  a fin de plantear un prespuesto 2019 que, hasta hoy, no tiene pies ni cabeza? El escribano tampoco.

PONTIFICANDO

Por supuesto, como se maneja el populismo en la más rancia tradición socialista y de capitalismo de cuates –en expresión de Denisse Dresser- el ungido, todopoderoso, omnisciente, omnisapiente, omnipotente y profundo conocedor del arcano, jamás podrá equivocarse.

El “Nihil Obstat” lo acaba de dar Isaac Montoya, líder de las juventudes de Morena, declarando sobre los vínculos de chavistas con México: "La oposición no tiene autoridad moral para decirle a AMLO qué rumbo debe o no tomar el país" (https://www.lapoliticaonline.com.mx/nota/117747

Por ventura… ¿será que piensan todavía, que el pueblo al que dicen defender, debe seguir siendo tratado como infante? Es pregunta.

 

 

Foto de Germain Droogenbroodt

 

NO ME CUENTES ENTRE LOS ALMENDROS

Hazme amargo,
cuéntame entre los almendros

Paul Celan

No me cuentes entre ellos
no me cuentes
entre lo que fue amargo
o demasiado oscuro.

No me cuentes entre las almendras amargas.

Dame

cuando la noche sea demasiado oscura

la luz de las estrellas
y la esperanza del alba,
la amapola del sueño.

GERMAIN DROOGENBROODT

 

INTRODUCCIÓN [1]

El pasado 25 de julio se cumplieron 50 años de la publicación de la Humanae Vitae. Esta efeméride es la que nos ha animado a promover una relectura del documento, tanto desde un punto de vista histórico, como científico, sociológico, teológico o pastoral, para elaborar un informe sobre ello.

En 1955 se sintetizó el primer contraceptivo oral, el Enovid, y los ensayos clínicos para valorar su uso se llevaron a cabo en Puerto Rico en 1956, y en 1957 la FDA norteamericana autorizó su utilización. A nuestro juicio, la puesta a punto de la píldora contraceptiva constituyó una de las más importantes revoluciones sociales del pasado siglo XX. Si no la mayor. En efecto, algún autor ha señalado que las dos prácticas médicas más significativa de dicho siglo fueron el descubrimiento de la penicilina y la puesta a punto de la píldora contraceptiva.

Su definitivo uso en la década de los años 60 del pasado siglo, constituyó la base y fundamento de la revolución sexual de esos años, para muchos, bandera indiscutible de la máxima expresión de la libertad personal. El poder separar en el acto sexual el placer de la reproducción, modificó sustancialmente las prácticas sexuales, con la consecuencia innegable de que hoy día la sexualidad se plantea, en la mayoría de los casos, como una fuente de placer, quedando relegada la función unitiva de la pareja, que debe estar abierta a la procreación, a una práctica constreñida a reducidos grupos sociales, generalmente motivados por una visión trascendente de la vida.

Este planteamiento hizo que desde un principio el uso de la píldora contraceptiva suscitara una viva controversia social decantada en gran parte en contra de su utilización. Esta controversia propició que la Iglesia Católica tuviera que manifestarse con diligencia sobre la moralidad del uso de los métodos contraceptivos, mostrándose contraria a los mismos, pues ya en 1951 su santidad Pio XII manifestó “que la esterilización directa, como medio o como fin, para hacer imposible la procreación es una grave violación de la ley natural y por lo tanto es ilícita”. Pero ya con respecto a la píldora contraceptiva, tan pronto como en 1958, prácticamente un año después de su puesta a punto, Pío XII manifestaba que “provocar una esterilización directa es ilícita, cuando se impide la ovulación a fin de preservar el útero y el organismo de las consecuencias de un embarazo que no es capaz de soportar”. Afirmando también que, “es necesario rechazar la opinión de muchos médicos y moralistas que permiten su uso cuando una indicación médica hace indeseable una concepción muy próxima, o en otros casos semejantes que no es posible mencionar aquí”.

ASPECTOS HISTÓRICOS SOBRE EL ORIGEN DE LA HUMANAE VITAE

Como se ve, ya antes de la publicación de la Humanae Vitae, se había planteado una gran controversia sobre el uso de los métodos contraceptivos, y especialmente la píldora anticonceptiva, y sobre su valoración moral.

Esta realidad social animó al papa Juan XXIII a crear, el 27 de abril de 1963, una Comisión de seis miembros para reflexionar, y en su caso emitir, un documento, sobre Población, Familia y Control de la Natalidad, para iniciar estudios sobre los principios morales que deberían regular la fertilidad humana. Pero el Papa murió antes de que la Comisión pudiera celebrar su primera sesión.

Nada más iniciar su pontificado, Pablo VI, activó dicha Comisión, aumentándola a 72 miembros, e incluyendo en ella no solamente clérigos y teólogos, sino médicos, sociólogos, psicólogos y laicos.

El objeto fundamental de la Comisión fue elaborar un Informe para el Santo Padre que le sirviera como fundamento, siempre con carácter asesor, especialmente en lo que hacía referencia a los aspectos biomédicos que se daban alrededor de los métodos que se podían utilizar para la regulación de la fertilidad humana, para elaborar un juicio moral sobre su uso.

La Comisión se reunió cinco veces. En la primera convocatoria, posiblemente auspiciada por el Cardenal Suenens, que tuvo lugar el 12 y 13 de octubre de 1973, se establecieron las bases de trabajo de la misma. En las otras cuatro ocasiones la Comisión se reunió en Roma. La segunda del 13 al 15 de abril de 1964; la tercera del 13 al 14 de junio, también de 1964; la cuarta del 25 al 28 de marzo de 1965 y la quinta y última, del 18 de abril al 15 de junio de 1966.

En esta última sesión los expertos participantes se dividieron en dos grupos bien definidos, uno, que incluía la Mayoría de ellos, que opinaba que la doctrina tradicional del Magisterio de la Iglesia sobre la regulación de la fertilidad humana, podía ser reformable y cuyas conclusiones, con el título de “Schema Documenti di Risponsabili Paternitate”, se redactó el 26 de mayo de 1966 y fue valorada y aprobada, en Sesión Plenaria de la Comisión, que tuvo lugar del 4 al 9 de junio de 1967. El otro grupo, el de la Minoría, redactó otro informe bajo el título “Status Quaestionis: Doctrina Eclesiae eiusque Auctoritas”, que fue entregado al Secretario de la Comisión, el 23 de mayo de 1966. El contenido de este segundo informe era esencialmente teológico, no aludiendo prácticamente a los aspectos médicos de la píldora contraceptiva, y especialmente a su mecanismo de acción, no especificando si éste pudiera llevarse a cabo o no impidiendo la implantación del embrión en el útero materno, es decir, actuando por un efecto abortivo, lo que moralmente haría su uso inaceptable. Desde un punto de vista teológico se mostraron contrarios a modificar el Magisterio de la Iglesia, que especificaba que el uso de métodos artificiales para regular la fertilidad humana es moralmente ilícito y que intrínsecamente es un acto pecaminoso.

Los documentos finales de la comisión fueron fundamentalmente dos: la “Relatio Generalis”, destinada a la Comisión de Cardenal y Obispos y el “Final Report”, para el Santo Padre.

Tras la entrega a Pablo VI de este último documento, el Papa debería decidir si lo incluía o no en el texto de su Carta Encíclica, cosa que al parecer no ocurrió, pues Pablo VI, dando su apoyo total a lo manifestado en la encíclica Casta conubii, reafirmó el Magisterio tradicional de la Iglesia Católica con respecto a las normas morales que deben regir la regulación artificial de la fertilidad humana. No nos cabe ninguna duda que fue el Espíritu Santo el que movió al Santo Padre a tomar tal actitud, consciente de lo que podría suponer para la suerte espiritual de muchos millones de personas.

Esta controversia motivó que, en la alocución del miércoles siguiente a la publicación de la Encíclica, el mismo Pablo VI confiara a los fieles los sentimientos que lo habían guiado en el cumplimiento de su mandato apostólico, afirmando que: "El primer sentimiento ha sido el de una gravísima responsabilidad nuestra. Ese sentimiento nos ha introducido y sostenido en lo vivo del problema durante los cuatro años requeridos para el estudio y la elaboración de esta Encíclica. Os confesamos que este sentimiento nos ha hecho incluso sufrir no poco espiritualmente. Jamás habíamos sentido como en esta coyuntura el peso de nuestro cargo. Hemos estudiado, leído, discutido cuanto podíamos, y también hemos rezado mucho, invocando las luces del Espíritu Santo. Hemos puesto nuestra conciencia en la plena y libre disponibilidad a la voz de la verdad, tratando de interpretar la norma divina que vemos surgir de la intrínseca exigencia del auténtico amor humano, de las estructuras esenciales de la institución matrimonial, de la dignidad personal de los esposos, de su misión al servicio de la vida, así como de la santidad del matrimonio cristiano; hemos reflexionado sobre los elementos estables de la doctrina tradicional y vigente de la Iglesia, y especialmente sobre las enseñanzas del reciente Concilio; hemos ponderado las consecuencias de una y otra decisión, y no hemos tenido duda alguna sobre nuestro deber de pronunciar nuestra sentencia en los términos expresados por la presente Encíclica".

Haciendo referencia a ello, el padre Zalba, miembro de la Comisión de Expertos que asesoró al Papa, comentó que esta controversia había dado lugar a un grave problema eclesial acerca del cual «su Santidad Pablo VI manifestó que se daba perfecta cuenta de la gravedad y la trascendencia del problema y de sus implicaciones», incluso afirmando, en la intimidad de una conversación privada, «que la Iglesia no tuvo que afrontar en los siglos un problema semejante».

La falta de asunción por parte de numerosos católicos de las normas morales definidas por la Humanae Vitae ha continuado a lo largo de estos cincuenta años, e incluso se mantiene en la actualidad, volviendo a replantearse muy recientemente, al hilo de las declaraciones de dos moralistas de prestigio, Maurizio Chiodi y Gerhard Höver, que han manifestado en sendas conferencias que podría ser conveniente, repensar la Encíclica Humanae Vitae, a la luz de la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia”, del Papa Francisco.

En efecto, Chiodi, en una ponencia en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, bajo el título «Relectura de la Humanae Vitae (1968) a la luz de la “Amoris laetitia” (2010)», manifestó, el pasado 9 de enero de 2018, que es licito e incluso responsable recurrir a los contraceptivos artificiales, pues «hay circunstancias que precisamente por el bien de la responsabilidad requieren anticoncepción». «Cuando los métodos naturales son imposibles o inviables es necesario encontrar otras formas de responsabilidad». “En tales circunstancias «un método artificial para la regulación de los nacimientos podría ser reconocido como un acto de responsabilidad, que se lleva a cabo, no para rechazar el regalo de un niño, sino porque en esas circunstancias la responsabilidad llama a la pareja y a la familia a otras formas de bienvenida y hospitalidad». Al referirse explícitamente a la encíclica Humanae Vitae manifestó que «ésta se ha convertido en un tema simbólico, criticado o rechazado por aquellos que estaban decepcionados por sus conclusiones o considerado, por otros, como un verdadero pilar de la doctrina moral católica sobre la sexualidad».

Relacionando la Humanae Vitae con el capítulo 8 de “Amoris laetitia”, Chiodi se pregunta sobre «la relevancia objetiva de las circunstancias atenuantes y la realidad de la conciencia» y también «la relación constitutiva entre la norma y el discernimiento”, por lo que el moralista milanés afirma que “las normas morales no se pueden reducir a la objetividad racional, sino que pertenecen a la vida humana, entendida como salvación y gracia. Las normas conservan lo bueno y estudian el camino del bien, pero son históricas».

Por otro lado, el teólogo moral Gerhard Höver (21), se manifiesta contrario al pensamiento de que todo es blanco o negro, en relación con la regulación moral de la fertilidad humana, pues si así fuera implicaría que “se cierra el camino de la gracia y del crecimiento”.

Ante estas controvertidas declaraciones, el expresidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müller, manifiesta una opinión contraria. Así, Müller, el pasado 7 de marzo, en una Conferencia en la Universidad Lateranense de Roma, auspiciada por el Instituto Pontificio Juan Pablo II, subrayó la infalibilidad de la Humanae Vitae, lo cual fue también ratificado en la misma sesión por el profesor Livio Melina, presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II (23), desde 2006 a 2016, al manifestar que, aunque la doctrina de la Iglesia contraria a la contracepción no ha sido nunca definida como Ex-cátedra, sin embargo, sus enseñanzas «pertenecen al Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia», y como tal es infalible.

ASPECTOS BIOMÉDICOS

En 1950 los doctores Gregory Pincus y John Rock comenzaron a desarrollar experiencias con compuestos hormonales con una finalidad contraceptiva. En el año 1956, en Puerto Rico, Pincus anunció el descubrimiento de la píldora. Sus investigaciones fueron financiadas por la asociación Planned Parenthood Federation of America. En sus comienzos, colaboró con el investigador Min Chueh Chang, además de con el mencionado John Rock.

En 1955 sintetizaron el “Enovid”, una combinación de estrógenos y progestágenos, a base de 150 microgramos de mestranol y 10 miligramos de noretinodrel. La administración del fármaco provocaba un bloqueo en el proceso ovulatorio. Los ensayos clínicos se iniciaron en Puerto Rico en 1956, y en Haití y Ciudad de Méjico al año siguiente. La aparición de importantes efectos secundarios en las mujeres que participaros en los ensayos clínicos no fue suficiente para frenar la difusión de la noticia de la obtención de un anticonceptivo hormonal “eficaz y seguro”.

En 1957 La “Food and Drug Administration”, agencia estadounidense reguladora del uso de productos farmacéuticos, autorizó el preparado, pero no como anticonceptivo, sino como tratamiento para regular la menstruación.

No fue hasta tres años después, el 23 de junio de 1960, cuando se autorizó su comercialización como fármaco anticonceptivo. Este hecho marcó un antes y un después en la cultura de la anticoncepción y, por tanto, en la concepción de la sexualidad humana, que ahora se desligaba de la procreación de una forma eficaz.

La evolución de los preparados hormonales de administración oral ha sido imparable. Los combinados de estrógenos y progestágenos han dado paso a la aparición de progestágenos de segunda y tercera generación, evolución no exenta de polémica. En 2015 un artículo publicado en BMJ, concluye que “en los estudios de casos y controles basados en población utilizando dos grandes bases de datos de atención primaria, los riesgos de tromboembolismo venoso asociados con anticonceptivos orales combinados fueron, con la excepción del norgestimato, más altos para las preparaciones de fármacos más nuevas que para las drogas de segunda generación.” Estos nuevos progestágenos incluyen desogestrel, gestodene, drospirenone) y cyproterone.

Posteriormente han ido apareciendo contraceptivos hormonales, como los implantes subcutáneos liberadores de hormonas de larga duración, que fueron estudiados hacia 1967 por Sheldon Segal y Horacio Croxatto. El primer contraceptivo autorizado con este sistema fue el Norplant, desarrollado en 1983 en Finlandia, a base del progestágeno levonorgestrel.

Otra forma de implante son los anillos vaginales, aparecidos en 2002. También los contraceptivos de emergencia ofrecen nuevas formas de administración, menos rigurosas, que pueden resultar más atractivas para muchas usuarias, pero que entrañan otros inconvenientes relacionados con su mecanismo de acción y eficacia.

Un aspecto concreto, que hace referencia a lo que, a nuestro juicio, afecta más directamente a la valoración moral del uso de los contraceptivos es si actúan por un mecanismo antiimplantatorio (abortivo) o no, pues ello incide directamente en la valoración moral de su uso, ya que no es lo mismo impedir un embarazo dificultando la concepción de un nuevo ser humano, que impedirlo eliminándolo una vez que ya ha iniciado su andadura vital.

De forma resumida, podemos afirmar que, en la gran mayoría de los casos, algunas píldoras contraceptivas actúan por un mecanismo anticonceptivo, aunque también, de una forma complementaria, pueden tener una acción antiimplantatoria, es decir abortiva. Otros métodos contraceptivos, como el DIU o la contracepción de emergencia, actúan preferentemente por un mecanismo antiimplantatorio, o sea, abortivo. Los preparados hormonales inyectables, son los que con mayor seguridad desarrollan su acción de modo casi exclusivo por un mecanismo anovulatorio, es decir, no abortivo. Posiblemente la presentación en la que estos fármacos muestran una acción anticonceptiva más significativa son los inyectables subdérmicos, como el Depo-Provera. Por ello, si por razones médicas, distintas a la finalidad contraceptiva, hubiera que utilizar uno de estos fármacos, posiblemente los inyectables subdérmicos serían los más aconsejables.

LA REGULACIÓN NATURAL DE LA FERTILIDAD

A diferencia de los métodos contraceptivos cuya finalidad es convertir en infecundo un acto sexual con el fin de evitar un embarazo, la regulación de la fertilidad por métodos naturales no altera el acto sexual en sí mismo, que mantiene sus posibilidades naturales de fecundación, sino que estudia los periodos fértiles e infértiles del ciclo menstrual de la mujer con el fin de elegir unos u otros en función de que se pretenda concebir o no en una relación sexual. Su práctica fiable requiere, en primer lugar, del conocimiento del cuerpo y la fisiología rítmica del ciclo menstrual; en segundo lugar, se hace necesario para su puesta en práctica un ejercicio en el autodominio y respeto mutuos en la pareja, que deben adquirir mediante el autocontrol, la capacidad de dirigir su actividad sexual en función de su decisión de hacerla fecunda o infecunda y el sentido que deben otorgar a esta actitud. La ausencia de interferencias físicas o químicas sobre los cuerpos de la mujer y el varón los libera de efectos secundarios indeseables y estimula las virtudes del autodominio y la donación mutua basada en el amor y el respeto.

Entre los métodos utilizados para tal fin cabe destacar los que se basan en la duración de los ciclos sexuales de la mujer como base para los cálculos, teniendo en cuenta que la ovulación se produce unos 14 días, de manera bastante constante, antes de la menstruación. Especialmente fueron dos los métodos utilizados, el Ogino-Knaus o del ritmo y de los Días Fijos, ambos ya desechados.

En 1964 se introdujo el denominado método Billings, basado en los cambios observados en el moco cervical durante el ciclo menstrual. Esos cambios podrían usarse para determinar el momento de la ovulación y, por lo tanto, el período fértil de la mujer.

El otro método utilizado es el de la temperatura basal, medida de forma sistemática al despertarse tras un periodo de sueño mínimo de 5 horas. Consiste en el registro de los valores de temperatura basal, para detectar la ligera elevación, de hasta 0,5 grados centrígados, que se produce en el ciclo menstrual de la mujer a partir del momento de la ovulación y se mantiene hasta la menstruación, volviendo a los valores previos a la ovulación tras ésta.

Por último, también es posible identificar el momento de la ovulación mediante la detección de la elevación súbita de la concentración de hormona luteinizante (LH) en la orina de la mujer uno o dos días antes del momento de la ovulación. Esta cuantificación puede realizarse cómodamente introduciendo una tira reactiva en su orina, detectándose un incremento en sus niveles mediante un cambio de color en la zona reactiva.

La combinación de dos o más métodos de regulación de la fertilidad puede incrementar sensiblemente la fiabilidad en la detección del momento de la ovulación, de modo que la pareja conozca con más precisión sus días fértiles e infértiles. Así la combinación de la estimación de la duración del ciclo más corto conocido y el método de la temperatura basal constituye el método del ciclo-térmico.

La combinación de los métodos Billings y temperatura se denomina método “muco-térmico”. Si, además, se añade a este método el control de la posición y apertura del cuello uterino, que experimenta variaciones durante el ciclo menstrual, además del método del ritmo, se tiene el denominado “método sintotérmico”.  

El análisis de la concentración urinaria de determinadas hormonas, puede completar el método antes mencionado, de modo que a la determinación de la hormona luteinizante puede añadirse la de estrógenos, que, con un dispositivo que realiza un análisis estadístico de los resultados (Clearblue®), puede predecir la ovulación con mucha fiabilidad.

La combinación del método de la lactancia materna y la amenorrea (ausencia de ovulación y menstruación), se basa en el efecto anovulatorio de la hormona prolactina, cuyas concentraciones se elevan significativamente en la sangre de la madre lactante.

ASPECTOS DEMOGRÁFICOS Y SOCIALES

Ya desde la década de los años 60 y hasta nuestros días, algunas corrientes ideológicas habían logrado imponer sus ideas. Entre ellas, la inminencia de una «explosión demográfica» que pondría en peligro la supervivencia del planeta, con la consiguiente necesidad de impulsar programas antinatalistas para lograr un «desarrollo sostenible»; la reivindicación feminista, a propósito del derecho de las mujeres a decidir sobre su fecundidad, disociando el acto sexual de la función procreativa y finalmente la conveniencia de una procreación selectiva, en términos eugenésicos, para la mejora de la especie y el bienestar social.

Entre las fuentes empleadas destacan los propios informes del Fondo de Población de Naciones Unidas y los datos en materia sociodemográfica actualizados por el Banco Mundial; también se examinan los informes de Naciones Unidas sobre los objetivos del Milenio, por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático y por el Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Informes, todos ellos, que pretendiendo dar fundamento a las políticas antinatalistas, probablemente las invalidan.

De los datos analizados, se concluye que la Humanae Vitae no sólo situó el mensaje de la Iglesia Católica respecto de la transmisión de la vida humana en el discurso político internacional, sino que sentó las bases de una estrategia comunicativa de “aggiornamiento” que, sin menoscabo de la doctrina, emplea las herramientas del lenguaje científico y jurídico para hacer frente a la imposición de la tríada contracepción/esterilización/aborto/ como bandera de los derechos de las mujeres y del movimiento ecologista.

En efecto, desde la publicación de Humanae Vitae, la crítica a esta tríada ha ido adquiriendo peso en los documentos de la Santa Sede, como evidencian las encíclicas Evangelium Vitae de Juan Pablo II (1995) y Caritas In Veritate de Benedicto XVI (2009). También la Instrucción Donum Vitae (1987) y la Instrucción Dignitas Personae (2008), de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En todos ellos, junto al despliegue de razones teológicas, que instan al reconocimiento de la vida humana como un don recibido de Dios, se desgranan contundentes argumentos de orden bioético, médico y jurídico.

Además, la Humanae Vitae devolvió el discurso sobre la procreación a la lógica del don, apartándolo de la lógica del deseo, lógica, esta última, que en nuestros días se hace evidente con la maternidad subrogada y el empleo de las Técnicas de Reproducción Asistida.

En una línea similar, cabe destacar que la previsión de Pablo VI sobre la intención eugenésica que subyace en los argumentos antinatalistas, se vea hoy materializada con propuestas como el Principio de Beneficencia Procreativa, defendido por Julian Savulescu, y la selección de embriones producidos in vitro para su implantación.

Además, se muestra que la amenaza de superpoblación del planeta carece de fundamento. En realidad, no caminamos hacia la «explosión demográfica» vaticinada por los ideólogos neomalthusianos, sino hacia un invierno demográfico en el que la baja natalidad y el incremento de la esperanza de vida ponen en riesgo los sistemas públicos de salud y pensiones.

Igualmente, se muestra que la miseria que padece gran parte de la población mundial no obedece al tamaño de sus familias, sino a la inequidad en la distribución geopolítica de las riquezas, la corrupción y la inacción culpable de los países desarrollados; así como a los modos de vida, consumo y producción de una pequeña parte de la población mundial.

Tampoco el momento demográfico, que durante algunas décadas continuará siendo creciente como consecuencia del ciclo demográfico precedente, constituye la verdadera causa del deterioro medioambiental. Como evidencian los datos aportados por las Agencias Internacionales y la principales ONG’s, la huella ecológica de los pobladores de los países desarrollados es mucho mayor que la de los habitantes de las regiones más desfavorecidas del planeta. Tener hijos no es, en ningún caso, un ecocrimen.

En definitiva, las críticas contra la Humanae Vitae por cuestiones demográficas y sociales, esgrimidas desde el ámbito político, el feminismo y el ecologismo radical, se han mostrado inconsistentes.

ASPECTOS MORALES

Para interpretar adecuadamente la Encíclica Humanae Vitae, es preciso tener en cuenta la forma de plantear la cuestión moral del acto conyugal en la Iglesia católica hasta dicho momento. Durante veinte siglos se pretendió aplicar la teología dogmática sobre los fines del matrimonio -singularmente el fin procreador, sin olvidar el de la mutua ayuda-, a la teología moral. Sin embargo, ya el Concilio Vaticano II -contexto próximo de la Encíclica- comprobó las limitaciones de semejante planteamiento.  No obstante, ante las presiones neomalthusianas por el control demográfico, el Concilio confirmó que los hijos no constituyen ningún estorbo al amor conyugal. De ahí que confirmara, una vez más, que para la licitud moral del acto conyugal se requiere absoluto respeto a la apertura a la vida. Negar o disimular el carácter fecundo del amor conyugal sería desvirtuar la doctrina conciliar.

El Vaticano II constituyó el primer documento magisterial que abordó de forma global el principio de paternidad responsable, mediante la distinción de dos momentos diferentes: ética de la decisión y ética de la ejecución. Sin embargo, no pudo afrontar directamente que métodos eran lícitos o no para la regulación de la fertilidad humana, porque pesaba la reserva de una Comisión Pontificia que estaba estudiando un tipo nuevo de contracepción, la píldora contraceptiva. El Concilio, consciente de las limitaciones argumentativas sobre la moralidad del acto conyugal desde la doctrina de los fines, propuso un cambio decisivo. El cardenal Giovanni Colombo, en el Aula conciliar, afirmó que eran dos -no uno- los significados que se han de respetar para la licitud del acto conyugal. Durante dos mil años el Magisterio había exigido con todo acierto que, para la licitud de cada acto conyugal, se debía respetar el significado procreador; sin embargo esto no basta; para su licitud también se requiere que constituya un acto de donación plena de amor entre los esposos (GS 51 c).

Fue mérito de la Encíclica Humanae Vitae descubrir que no sólo son dos los significados del acto conyugal, el procreador y el unitivo, sino que son antropológica y moralmente inseparables. Cuando se dan los dos significados, los esposos no pueden promover uno a costa del otro, porque, sencillamente, no respetarían ninguno de los dos. Si se pretende fomentar el significado procreador a costa del unitivo, precisamente por esto, si se transmitiera la vida no se haría en condiciones mínimamente dignas. La conclusión es que sólo mediante un gesto, no basta el contexto, de amor conyugal es lícito transmitir la vida humana; criterio que ayudará proféticamente al discernimiento posterior de las técnicas reproductivas. Si, por el contrario, se pretendiera fomentar el significado unitivo en detrimento del procreador (por ejemplo, mediante la contracepción), por esto mismo, no fomentará el amor entre los esposos, por constituir una entrega a medias.

La Humanae Vitae enseña una única norma moral, en su formulación positiva, cada acto ha de quedar abierto a la posible transmisión de la vida, y negativa, la contracepción conlleva, en virtud de su objeto, una voluntad no sólo no procreadora, sino antiprocreativa. La aceptación de la norma moral, enseñada por la Encíclica, no depende de los argumentos, sino del grado con el cual el Magisterio ha querido comprometerse. Esta norma moral es infalible en la práctica.

La relectura de la Encíclica, por parte de Juan Pablo II, a través de sus Catequesis sobre el amor humano, hace hincapié en el Principio de inseparabilidad del doble significado, quizás el criterio más importante de los últimos 50 años en el campo de la moral sexual. Si hasta el momento había prevalecido la óptica de la transmisión del don de la vida en sus fuentes próximas, y desde ahí interpretar el significado unitivo, Juan Pablo II va a invertir la dirección en su reflexión, pues desde el significado unitivo va a considerar el significado procreador, a través del significado esponsal del cuerpo en el lenguaje de la entrega amorosa entre los esposos. La Humanae Vitae puso de manifiesto la importancia decisiva de la virtud de la castidad, antesala y custodia del amor matrimonial. Esta virtud cuesta, pero, lejos de perjudicar a la personalidad de los esposos, les hace maduros para el amor y su crecimiento (HV 21). Juan Pablo II afirmará que esta virtud comporta una doble tarea: autodominio que capacita a los esposos para la auto-donación de amor. 

Una última conclusión de esta relectura ha sido otro cambio de acento. Del sexo sin hijos, que pretendió la aparición de la contracepción en la revolución del 68, con la pretensión equivocada de querer fomentar el amor conyugal, hemos ido pasando poco a poco, a hijos sin sexualidad, mediante la creciente aparición de las técnicas de reproducción asistida. Basta enumerar los principales documentos magisteriales sobre el tema, Humana Vitae (1968); Donum Vitae (1987), Evangelium Vitae (1995), Dignitas Personae (2008), para comprobar que la preocupación principal de la Encíclica Humanae Vitae y de la Iglesia ha sido la vida humana, anticipada ya desde sus fuentes próximas. También en esto la encíclica fue profética, sin pretenderlo.

Valoración moral de los métodos contraceptivos

En cuanto a la licitud o no de utilizar la píldora u otros métodos contraceptivos para regular la fertilidad humana, la Encíclica propone una única norma moral en virtud de la definición de su objeto ético. Dicha norma tiene una doble formulación: una positiva, que indica que la Encíclica promueve la vida humana y otra negativa, que especifica en su punto 14 que “en conformidad con estos principios fundamentales de la visión humana y cristiana del matrimonio, debemos una vez más declarar que hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas”.

“Hay que excluir igualmente, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación”.

Continúa la Encíclica en el mismo punto 14 “tampoco se pueden invocar como razones válidas, para justificar los actos conyugales intencionalmente infecundos, el mal menor o el hecho de que tales actos constituirían un todo con los actos fecundos anteriores o que seguirán después y que por tanto compartirían la única e idéntica bondad moral. En verdad, si es lícito alguna vez tolerar un mal moral menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social. Es por tanto un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda”.

Valoración moral de los métodos naturales

En cuanto a la licitud moral sobre el uso de los métodos naturales de regulación de la fertilidad la Encíclica especifica en su punto 16 su licitud moral, siempre que exista una razón proporcionada para utilizarlos, siendo además un aspecto positivo de la misma incluir la abstinencia periódica como elemento integral de la virtud de la castidad, virtud que resulta absolutamente imprescindible para los casados. En ausencia pues, de tales razones proporcionadas, la utilización de los métodos naturales con la misma intención contraceptiva que los métodos artificiales, no variaría la calificación negativa de éstos. 

CONVICCIONES SOBRE LA HUMANAE VITAE

Este informe se finaliza con una serie de convicciones, que se han producido a lo largo de los cincuenta años que han transcurrido desde la publicación de la Encíclica.

La primera convicción es la necesidad de “desprivatizar” la doctrina de la Encíclica Humanae Vitae y situarla en el contexto de la Doctrina Social de la Iglesia. Transcurridos los cincuenta años, podemos constatar “los frutos amargos que se han seguido por no admitir las enseñanzas de Pablo VI”, aunque también, desde un punto de vista positivo, hay que admitir que la asunción de la doctrina de la Humane Vitae, es, el futuro de la sociedad y del hombre y la garantía del bien común.

La segunda es “resaltar la grandeza del amor conyugal, orientando la libertad humana hacia los fines de una fecundidad responsable”.

La tercera es valorar “la primacía de la gracia y el acompañamiento de la comunidad cristiana”, para poder vivir las enseñanzas de la Humanae Vitae en las relaciones de pareja.

La cuarta convicción, es la necesidad de favorecer la virtud de la castidad dentro del matrimonio, integrando los dinamismos de la persona para vivir de acuerdo con el lenguaje del cuerpo, propuesto por San Juan Pablo II en su catequesis sobre el amor humano.

La quinta, hace referencia al hecho de que el cuerpo tiene un significado y un lenguaje que nos remite al Creador, por lo que, si no se acepta a Dios en la relación matrimonial, el lenguaje del cuerpo queda sin fundamento. Este es el drama de la secularización de la sexualidad humana, pues con la aceptación de la mentalidad contraceptiva se niega un nuevo elemento esencial del lenguaje que abre dicha relación a Dios.

La última convicción es su carácter profético, pues ya anunció Pablo VI acerca de las consecuencias que se podrían derivar de no aceptar el Magisterio de la Iglesia en un tema como éste, afirmando que “los hombres rectos podrán convencerse todavía de la constancia de la doctrina de la Iglesia en este campo si reflexionan sobre las consecuencias de los métodos de la regulación artificial de la natalidad, lo que abriría un camino fácil y amplio a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las practicas contraceptivas acabase por perder el respeto a la mujer, llegando a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera respetada y amada. Parece que esta premonición del Papa no ha dejado de cumplirse.

Terminamos afirmando “que la canonización de Pablo VI es el mejor espaldarazo para reconocer la obra de la gracia que nos llegaba hace 50 años y que nos invita a reconocer la grandeza del amor humano”, a la vez que como recordaba el papa Juan Pablo II, el 5 de junio de 1987, “cuanto enseña la Iglesia acerca de la anticoncepción no puede ser materia de libre disputa entre los teólogos. Enseñar lo contrario equivale a inducir a error en la conciencia moral de los esposos”.

Justo Aznar

Julio Tudela

Enrique Burguete                       

Alfonso Fernández                     

Juan Antonio Reig                      

 

Observatorio de Bioética

Instituto de Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

 


[1] Todas las referencias bibliográficas que podrían incluirse en este artículo se pueden consultar en el libro https://www.sekotia.com/catalogo/opinion-y-ensayo/1637-la-regulacion-de-la-fertilidad-humana-a-a-luz-de-la-carta-enciclica-de-la-humane-Vitae-9788416921652.html

 

 

Agua del grifo

El PE quiere que agua del grifo se dé en los restaurantes

El Pleno del Parlamento Europeo (PE) respaldó el martes una serie de medidas para incrementar la confianza de los consumidores en el agua del grifo, más barata y respetuosa con el medio ambiente que la embotellada.

El proyecto de ley endurece los límites de presencia de ciertos contaminantes, como el plomo (que se reducirá a la mitad), y las bacterias como la legionella, e introduce nuevos umbrales para ciertos alteradores endocrinos. También coloca los niveles de microplásticos bajo vigilancia, ante la creciente preocupación que generan.

Acceso al agua

Los eurodiputados quieren que los Estados miembros tomen medidas para garantizar el acceso a agua potable en la UE y plantean, en concreto, la instalación de fuentes gratuitas en los espacios públicos, siempre que sea técnicamente viable.

También proponen fomentar que los restaurantes, cantinas y servicios de catering ofrezcan agua del grifo de manera gratuita o por una pequeña cantidad.

Right2Water

El Parlamento defiende la iniciativa ciudadana bautizada Right2Water (derecho al agua) y recuerda a los Estados miembros la importancia de cubrir las necesidades de los grupos más vulnerables. Las autoridades nacionales tendrán que identificar personas sin acceso, o con acceso limitado, al agua y poner en marcha medidas para mejorar su situación

Declaración del ponente

Michel Dantin (PPE, Francia), ponente, señaló: “Nuestra manera de utilizar el agua definirá el futuro de la humanidad. Estamos de acuerdo en que todo el mundo debe tener acceso a agua potable de calidad. Debemos hacer lo posible para que también sea asequible”.

Próximos pasos

La propuesta salió adelante con 300 votos a favor, 98 en contra y 274 abstenciones. Una vez que los ministros hayan acordado su posición negociadora, el Parlamento y el Consejo podrán comenzar las conversaciones sobre la formulación definitiva de la legislación.

Contexto

El incremento de la confianza de los ciudadanos en la calidad del agua del grifo debe contribuir a reducir el uso de envases de plástico, que a menudo terminan en la basura. Según la Comisión Europea, consumir menos agua embotellada permitiría a los hogares de la UE ahorrar hasta 600 millones de euros al año. Las botellas de plástico son uno de los productos de un solo uso más habituales y, frecuentemente, acaban en las playas o mares.

Jesús Domingo

 

Como era vista la muerte en los tiempos de fe y civilización cristiana

A través de unos breves trechos de cartas escritas por Mozart, podemos apreciar un ambiente social en el cual era posible que los católicos tuvieran una concepción de la muerte muy diferente a la de nuestros días. Su espíritu de fe y dulzura contrasta tanto con nuestro pobre siglo XXI, que no resistí la tentación de reproducirlo.

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Wolfgang Amadeus Mozart

Mozart tiene 22 años y hace un detallado relato a su padre de sus actividades, antes de felicitarle por su fiesta. Y he aquí que él añade, al final de su relato, esta profesión de fe, que se diría que fue sacada de algún salmo del Antiguo testamento:

“Tengo a Dios siempre delante de los ojos; reconozco su poder y temo su cólera, pero conozco también su amor, su compasión y su misericordia hacia sus criaturas. El no abandonará jamás a sus servidores”.

Esta fe muy segura, le vale su serenidad a respecto de la muerte. Algunos meses después de esta profesión de fe, su madre muere en París, a su lado. Escribe entonces:

“Mi querida mamá no está más. Dios la ha llamado a Sí: El quería verla, lo veo claramente, y es por eso que yo me he remitido a la voluntad de Dios. El me la había dado, El podía también tomármela. Dios lo ha querido así”.

Y anuncia la fatal noticia a su padre, que estaba en Salzburgo, invocando su sumisión completa y confiante en la voluntad de Dios, añadiendo:

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Viena

“Su muerte, tan bella y tan simple, me permitió imaginar como ella sería dichosa un instante después. Cuanto ella es ahora mucho más feliz que nosotros, de suerte que yo habría deseado en ese momento partir con ella”.

Y más tarde todavía, esta última carta dirigida a su padre, del cual acaba de conocer el estado de salud alarmante:

“Como la muerte es la última etapa de nuestra vida, yo me he familiarizado desde hace algunos años con esta verdadera mejor amiga del hombre, de suerte que su imagen no solamente no tiene ya nada de aterrador, sino que tiene más bien cualquier cosa de tranquilizante y de consolador”.

Un poco más adelante en la misma carta prosigue:

“No me acuesto jamás por la noche sin pensar que al día siguiente quizá, aunque yo sea tan joven, no estaré más aquí. Y sin embargo ninguno de los que me conoce puede decir que yo sea apesadumbrado o triste en mi convivencia. Yo agradezco cada día a mi Creador por esta felicidad y la deseo cordialmente a cada uno de mis semejantes”.

Este bello relato me trae a la memoria aquella frase del poeta Rilke:

“Hay que aprender a morir; en eso consiste la vida: en preparar con tiempo la obra maestra de una muerte noble y digna, una muerte en la que el azar no tome parte, una muerte consumada, feliz y entusiasta, como sólo los santos supieron concebir”.

 

 

Responde con firmeza a los casos de abusos

De acuerdo con la firme voluntad del Papa de afrontar los abusos sexuales cometidos por eclesiásticos, la Conferencia Episcopal Española ha puesto en marcha una revisión a fondo de los protocolos vigentes de prevención y actuación en estos casos. En la tercera semana de octubre entraba en funciones una Comisión especial encargada de elaborar el informe que presentará el cardenal Ricardo Blázquez en la reunión convocada por el Papa, el próximo mes de febrero, a la que acudirán los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo.

El entonces Secretario General de la Conferencia Episcopal, José María Gil, explicó que el objetivo es prevenir y luchar contra esta lacra, y para ello se va a actualizar todo el instrumental jurídico de la Iglesia española, de acuerdo con las directivas de la Santa Sede y con la legislación civil vigente. En esta actualización se subrayará especialmente la atención y el cuidado de las víctimas, y la colaboración con las autoridades civiles.

José Morales Martín

 

 

Las arcas de los tratantes

Tras la celebración del Día contra la Trata de Seres Humanos, Europa debe tomar conciencia de que sin demanda no hay trata. Comprar productos textiles baratos, comerciar con mujeres para que gesten hijos para parejas estériles pero con dinero, consumir pornografía y alimentar la prostitución puede estar directamente vinculado al delito de la trata. En manos de la ciudadanía está la posibilidad de negarse a engordar las arcas de los tratantes y de las mafias que hacen del comercio internacional de seres humanos un negocio tan lucrativo, o más, que el tráfico de armas o el narcotráfico.

Enric Barrull Casals

 

Los saudíes cancelan

Al apoyo saudí a grupos fundamentalistas y terroristas se suma la política exterior de Bin Salman, tan agresiva como a menudo imprudente. Pese a ello, rara vez se cuestiona la intervención saudí en Yemen o Siria. Cuando aparecen críticas en materia de derechos humanos, los saudíes cancelan multimillonarios contratos armamentísticos, exponiendo así la hipocresía de occidente. Lo experimentó el pasado verano Canadá, y a un paso estuvo la propia España, con la humillación a la ministra de Defensa, Margarita Robles. Pero ahora de repente existe una corriente de opinión mundial que considera este tipo de comportamientos saudíes intolerables. La paradoja es que el detonante haya sido el asesinato de Khashoggi, un crítico moderado del régimen que, hasta ahora, clamaba en el desierto.

Jesús D Mez Madrid

 

Día mundial del ahorro y… El consumismo

                               

“El Día Mundial del Ahorro se celebraba todos los años el 31 de octubre. Es un día en el que se pretende enseñar la importancia que tiene el ahorro en la economía de las familias y de manera personal en el individuo; e igualmente, EN EL ESTADO.

                                Origen: Este día surge en el año 1924 cuando se reunieron delegados de casi todos los países en el Congreso Internacional del Ahorro. Dicho Congreso se prolongó varias jornadas siendo finalizado el 31 de octubre de ese mismo año, fecha en que fue instituido el Día Mundial del Ahorro.

                                Concepto: Saber ahorrar es fundamental para el desarrollo de la persona desde niños. Los padres, los colegios, los centros de enseñanza deben enseñar a los niños desde muy pequeños la importancia que tiene para las personas tener un ahorro; y por supuesto saber ahorrar. Gracias al ahorro el día de mañana podremos conseguir nuestras metas, lograr una buena calidad de vida, mayor prevención, etc. El ahorro es una parte importante del presupuesto mensual. El aspecto principal antes de ahorrar es analizar la situación económica familiar. Para ello debemos de controlar que los gastos no sean mayores que los ingresos. Por ello se debe de realizar un ajuste y estabilización de nuestra economía y de la economía familiar”.

                                Pero es que el ahorro está “escrito en el libro de la vida en este planeta” y nos da fe de ello, el comportamiento de las abejas en sus colmenas, o el de las hormigas en sus hormigueros. Y si profundizamos mucho más; en todos los cuerpos donde se condensa la vida, todos (animal, insectos, plantas) ahorran cuanto pueden, para así, poder aguantar “las épocas duras” y que sus especies continúen y no desaparezcan.

                                Con la lógica aplastante que arriba he recopilado y que a mí particularmente me ha ido magníficamente, desde que con trece años me abrieron mi primera “libreta de ahorro infantil con hucha incorporada, en una de aquellas cajas de ahorro”… y quince años después yo las había abierto a mis tres hijos… ¿Cómo hoy no se celebra ese evento a todos los niveles? ¿Por qué se oculta este gran valor?

                                A la vista está; a los políticos empujados por los grandes intereses del mundo capitalista; se les obligó a “enterrar esta buena norma” e impusieron “EL CONSUMISMO”; gastar y gastar a más no poder e incluso,  “el compre hoy y pague mucho después; o sea el endeudarse incluso a lo loco; lo que ha acarreado la ruina de muchos que hoy lamentan ya tarde, las grandes deudas contraídas que incluso les ha ocasionado la pérdida de la imprescindible vivienda propia y que a muchos les ha llevado hasta el suicidio.

                                Los “templos del ahorro, fueron las denominadas “Cajas de Ahorro Benéficas”, que en gran cantidad de ellas fueron obra de La Iglesia Católica y que eran tuteladas por el Estado y con  un buen control sobre ellas y las que conllevaron después sus obras sociales y mantenimiento de muchas cosas más, entre las que destacaba el que  sus empleados fueran los mejor pagados de España. Un amigo me cuenta que llegaron a cobrar seis pagas extraordinarias cada año, o sea un mes la paga normal y al siguiente paga doble; y aunque hubiese “chanchullos” (en España eso es lo normal) pero nadaban en la abundancia y no sé qué quebrase ninguna. También el Estado español creó y fomentó la “Caja Postal”, cuyas libretas de ahorro eran operativas en cualquier estafeta de correos de toda la geografía nacional y que además todas ellas, sorteaban premios al ahorro, pagaban razonables intereses al ahorrador y prestaban de igual forma razonable a los que concedían créditos; cosa esta que ayudó a infinidad de españoles a prosperar y lograr la tan ansiada independencia económica. También en la etapa franquista (tan criticada y denostada por otros asuntos) los gobiernos de la dictadura, crearon y fomentaron varios bancos estatales, para controlar el dinero y evitar (por ejemplo) todos los abusos que la banca nos ha cargado hasta ahora y con la connivencia de la política establecida que es dominada por el gran capital y abusó y abusa de forma ya que “ni los usureros del medioevo”.

                                Todo esto “en un suma y sigue horrible y horrendo”; es lo que ha ocasionado la acumulación de capitales en pocos bolsillos y la miseria en una gran parte de la población que ha sido y sigue siendo exprimida por “hunos y por hotros”, sin que los que dicen gobernar intervengan en nada. Por si fuera poco todo lo esbozado en un boceto muy escueto y que se podría (los expertos debieran acometer) escribir en libros en lenguaje sencillo y comprensible para entendimiento de todos.

                                Hoy toda esa enorme obra de control y beneficiosa para el común del pueblo, ha sido liquidada de forma incluso delictiva (recordemos que se está juzgando esos delitos de papeles bancarios que no tenían dinero (preferentes) o esas tarjetas “negras” donde los que tenían que vigilar la buena marcha del dinero de otros, lo gastaban a manos llenas y como si tal cosa)… y “mientras los políticos en sus gallineros dicen que representan y defienden al pueblo”, mientras todo esto pasó y pasa y nos dicen que estamos en el progreso… ¿progreso de quién o quiénes?... “De los que administran impunemente y se aprovechan como queda demostrado hasta la saciedad”.

                                Así es que el que pueda que ahorre, puesto que está solo ante el Estado, el que nos quiere nada más que para ver lo que nos saca, puesto que si necesitas ayuda VERDADERA; te encontrarás sólo y desvalido, como ya hay demasiados millones en estado de pobreza, de ruina total o en la indigencia absoluta.

                                Entramos (dicen) en una nueva política, ya veremos lo que vamos a ver o padecer, puesto que no creo que todos los que van a seguir  peleándose en los gallineros políticos, tangan la menor idea… o ganas, de acometer las verdaderas reformas que necesita España y todos los demás países, pues yo dudo que haya uno que de verdad se gobierne basado en esas grandes palabras que significan, aparte la del AHORRO, las de EQUIDAD Y JUSTICIA; puesto que aplicando estos conceptos… Se acabarían las guerras y exterminios Y LA PLAGA DE LADRONES QUE ASOLAN TODO: “amén de los amenses”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)