Las Noticias de hoy 13 Noviembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 13 de noviembre de 2018     

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Mensaje del Santo Padre Francisco al Arzobispo de Poznan

Barcelona: Misa de beatificación de Teodoro Illera del Olmo y 15 compañeros mártires

SIERVOS INÚTILES: Francisco Fernandez Carbajal

"Un solo corazón y una sola alma": San Josemaria

Nuevos Mediterráneos (I): «Aquella primera oración de hijo de Dios»: Lucas Buch

SENTIDO DE LA FILIACIÓN DIVINA EN LA VIDA DIARIA

EL TRABAJO, UN TEMA RECUPERADO POR LA TEOLOGIA ESPIRITUAL

Actitud ante los pobres: Enrique Cases

Avanza el proceso para la reforma de la ley bioética francesa: Salvador Bernal

ASIA BIBI, LA PUNTA DEL ICEBERG:

DE STAN LEE A MORENA: LA DISONANCIA: René Mondragón

Nueva estrategia “Vraem 2021”: más de lo mismo: ALFREDO PALACIOS DONGO

El mundo en tus manos: Javier López

Seminarios y seminaristas: ¿Cuántos se preparan al sacerdocio? ¿Dónde están?

La adoración: Ángel Cabrero Ugarte

 ¿Qué está pasando?:   José Manuel Belmonte

La Inteligencia Emocional en el matrimonio: Prince Martínez

Más mascotas, menos hijos: Juan García.

Sacan el perrito a pasear: Jesús D Mez Madrid

Un sano orgullo: Domingo Martínez Madrid

Estamos “comiendo” plástico: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Lunes 12 de noviembre de 2018

La Epístola de san Pablo a Tito (1,1-9) que acabamos de leer delinea hasta sus mínimos detalles la figura del obispo, y también define los criterios para poner orden en la Iglesia.

Y es que fervor y desorden son dos palabras que señalan cómo nació la Iglesia, y también con la realización de cosas admirables. Siempre ha habido confusión, y la fuerza del Espíritu, desorden…, pero no debemos asustarnos, porque eso es una buena señal. La Iglesia no nació completamente ordenada, todo en su sitio, sin problemas, sin confusión, no. Siempre nació en desorden. Y esa confusión, ese desorden, hay que arreglarlo. Es verdad, porque las cosas deben ponerse en orden; pensemos, por ejemplo, en el primer Concilio de Jerusalén: había una lucha entre judaizantes y no judaizantes… Pensémoslo bien: hacen el Concilio y arreglan las cosas.

Por eso, Pablo deja a Tito en Creta, para poner orden, recordándole que lo primero es la fe. Le dice: “Mi intención al dejarte en Creta era que acabaras de organizar lo que aún faltaba por hacer y constituyeses presbíteros en cada ciudad, siguiendo las instrucciones que te di”. Al mismo tiempo da criterios e instrucciones sobre la figura del obispo, “que es preciso que el obispo sea intachable, como administrador que es de la casa de Dios”. La definición que da del obispo es un administrador de Dios, no de los bienes, del poder, de las “camarillas”, no: de Dios. Siempre debe corregirse a sí mismo y preguntarse: ¿Soy administrador de Dios o soy un negociante? El obispo es administrador de Dios. Debe ser irreprensible: esta palabra es la misma que Dios le dijo a Abraham: “Camina en mi presencia y sé irreprensible”. Es palabra fundante, de un jefe.

¿Y cómo no debe ser un obispo? “Que no sea presuntuoso, ni colérico, ni dado al vino, ni pendenciero, ni ávido de ganancias poco limpias”. Ni arrogante ni soberbio, ni colérico ni dado al vino –uno de los vicios más comunes en tiempos de Pablo–, ni negociante ni apegado al dinero. ¡Sería una calamidad para la Iglesia un obispo así, aunque solo tuviese uno de estos defectos! “Al contrario, ha de ser hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, piadoso, dueño de sí”, fiel a la Palabra digna de fe que se le ha enseñado: estas son las peculiaridades del servidor de Dios.

Así es el obispo. Este es el perfil del obispo. Y cuando se hacen las pesquisas para la elección de obispos, sería bueno hacer estas preguntas al inicio, para saber si se puede seguir adelante. Pero, sobre todo, se ve que el obispo debe ser humilde, manso, servidor, no príncipe. Esa es la Palabra de Dios. “Ah, sí, padre, eso es cierto, después del Vaticano II hay que hacer eso…”. ¡No, después de Pablo!”. No es una novedad postconciliar. Esto está desde el principio, cuando la Iglesia se dio cuenta de que tenía que poner orden con obispos de ese tipo.

En la Iglesia no se puede poner orden sin esa actitud de los obispos. Lo que cuenta delante de Dios no es ser simpáticos o predicar bien, sino la humildad y el servicio. Recordando la memoria de san Josafat, obispo y mártir, que hoy celebramos, pidamos por los obispos para que sean así, seamos así, como Pablo nos pide que seamos.

 

 

Mensaje del Santo Padre Francisco al Arzobispo de Poznan

Con motivo del centenario de la independencia de Polonia

noviembre 12, 2018 13:15RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 12 nov. 2018).-  Este es el mensaje que el Santo Padre envió a Su Excelencia Monseñor Stanisław Gądecki, Arzobispo de Poznań, Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, con motivo del 100 aniversario de la independencia de Polonia, que tuvo lugar este 11 de noviembre, al fin de la I Guerra Mundial

Mensaje del Santo Padre

Al venerable hermano
Mons. Stanisław Gądecki
Arzobispo de Poznan
Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca

Hace cien años, el 11 de noviembre, Polonia recobró la independencia. Con el final de la Primera Guerra Mundial, terminó el período de dominación rusa, prusiana y austriaca en la nación que, antes de la partición, había contribuido al desarrollo de la historia de la Europa cristiana con toda la riqueza de su propia noble cultura y espiritualidad. La reconquista de la soberanía se pagó con el sacrificio de muchos hijos de Polonia, que estaban dispuestos a ofrecer su libertad personal, sus bienes e incluso sus vidas por la patria perdida. La búsqueda de la libertad “estaba basada en la esperanza derivada de una profunda fe en la ayuda de Dios, que es Señor de la historia de las personas y las naciones. Esta fe también fue un apoyo cuando, una vez recuperada la independencia, había que buscar la unidad a pesar de las diferencias, con el fin de reconstruir el país y defender sus fronteras “(S. Juan Pablo II, 11 de noviembre de 1998).

Junto con la Iglesia en Polonia y todos los polacos, agradezco a Dios que haya sostenido a las generaciones sucesivas con su gracia y su poder, y haya permitido que hace cien años se cumpliese su esperanza de libertad y que no la perdieran, no obstante las posteriores y dolorosas experiencias históricas vinculadas con la Segunda Guerra Mundial, la ocupación nazi y el régimen comunista.

Retomando la oración de San Juan Pablo II, testigo excepcional de este siglo, pido a Dios la gracia de la fe, de  la esperanza y del amor para todos los polacos, para que, en unidad y paz, hagan un buen uso de este precioso don de la libertad. La protección de María, Reina de Polonia de Jasna Góra,  acompañe siempre a vuestro país y a todos los polacos. La Divina Providencia otorgue paz y prosperidad a la nación polaca ahora y en el futuro. La bendición de Dios sea siempre con vosotros.

Vaticano, 4 de noviembre de 2018

FRANCISCO

 

 

Barcelona: Misa de beatificación de Teodoro Illera del Olmo y 15 compañeros mártires

Homilía del Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos (10 de noviembre de 2018)

noviembre 12, 2018 13:32RedacciónTestimonios de la Fe

(ZENIT – 12 nov. 2018).- Esta es la homilía dada por el Excelentísimo cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, pronunciado este [10 de noviembre de 2018] en Barcelona, ​​en la Basílica de la Sagrada Familia, durante la Misa de Beatificación por Teodoro Illera Del Olmo, sacerdote profeso de la Congregación de San Pedro ad Vincula y 15 compañeros mártires, asesinados durante la persecución religiosa en España en los años 1936-1937

Homilía del Card. Giovanni Angelo Becciu

¿Quién nos separará del amor de Cristo? (Rom 8,35)

Queridos hermanos y hermanas,

Ésta es la pregunta que se hace el Apóstol en su carta a los cristianos de Roma. Tenía entonces delante de sus ojos los sufrimientos y las persecuciones de la primera generación de discípulos, testigos de Cristo. Palabras como tribulación, angustia, hambre, desnudez, peligro, persecución, suplicio, sacrificio «como a ovejas de matanza» (v. 36) describían una realidad de sufrimiento y de martirio, que se convertiría más tarde en la experiencia de aquellos que se habían unido a Cristo y que habían acogido su amor con fe. Y hoy la Iglesia en Barcelona, contemplando a los beatos Teodoro Illera del Olmo y a los quince compañeros mártires, se pregunta también «¿quién nos separará del amor de Cristo?».

San Pablo se apresura a dar una respuesta cierta a esta pregunta: nada «podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» (v. 39), nada, ni siquiera la muerte, ni las fuerzas misteriosas del mundo, ni el porvenir, ni ninguna criatura (cfr. vv. 38-39). Puesto que Dios ha enviado al mundo a su Hijo único y este Hijo ha dado su vida por nosotros, un amor así no puede extinguirse. Es más fuerte que cualquier cosa y guarda para la vida eterna a aquellos que han amado a Dios hasta el punto de dar su vida por él. La gloria de los mártires permanece mientras que los regímenes de persecución pasan. Estos Beatos, hombres y mujeres, consagrados y laicos, a los que quitaron la vida en diversos lugares, fechas y circunstancias, estos ¡son hermanos nuestros!

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/Martires-2-413x275.jpegLos trece religiosos pertenecen a tres diversos Institutos: la Congregación de San Pedro ad Vincula, la Congregación de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor y la Congregación de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones. Dentro de lo específico de los respectivos carismas y de sus distintas perspectivas apostólicas, estos testigos de la fe han vivido con generosidad y coraje los valores de la vida religiosa, lo que provocó el ensañamiento de sus perseguidores, decididos a destruir la Iglesia en España.

Los tres fieles laicos, a los que mataron en La Rabassada, vivieron coherentemente su vocación cristiana a la caridad, convirtiéndose en apóstoles de la ayuda fraterna y hospitalidad diligente con los religiosos de la Congregación de San Pedro ad Vincula, y fueron por eso asociados a ellos en la misma condena a muerte. Estas hermanas y hermanos nuestros, nos dicen hoy: «Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado» (Rom 8, 37).

Esta es la victoria, que ellos obtuvieron en aquel tiempo, un tiempo caracterizado por un clima de persecución de aquellos que se declaraban miembros de la Iglesia católica, fueran consagrados o fieles laicos. Los nuevos beatos eran fieles a la Iglesia y por eso sembraban el bien tanto en las parroquias, como en los colegios donde enseñaban o en tantas otras actividades que ejercían según su condición. En el momento supremo de su existencia, cuando debían confesar la propia fe, no tuvieron miedo: aceptaron la muerte, ya que no negaron su identidad como religiosos, religiosas o laicos comprometidos. El motivo por el que los mataron fue únicamente religioso, determinado por el odio de los opresores hacia la fe y la Iglesia católica, puesta en el punto de mira en aquel contexto histórico de las persecuciones religiosas de la primera mitad del siglo XX (veinte) en España. El odio hacia la Iglesia prevaleció y oprimió la dignidad humana y los principios de libertad y de democracia.

A pesar de este clima de intolerancia y de persecución a los cristianos, el beato Teodoro Illera del Olmo y los 15 compañeros mártires estaban decididos a permanecer fieles – con riesgo de su vida – a todo lo que la fe les exigía. Siendo conscientes del peligro que les amenazaba, no se echaron atrás y vivieron la detención y la muerte con una gran confianza en Dios y en la vida eterna. Imitaron así a los siete hermanos macabeos mártires y a su madre, como hemos escuchado en la primera lectura, que soportaba «con entereza, esperando en el Señor» (2Mac 7,20).

En lo Beatos que celebramos hoy, cuya vida fue sellada con el martirio in odium fidei, la Iglesia reconoce un modelo a imitar, para que los creyentes de todos los tiempos caminen más derechamente hacia aquella Jerusalén celeste donde ellos ya habitan.

La comparación de Jesús, que hemos escuchado en el  Evangelio, sintetiza bien sus vidas: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn. 12,24). Para producir fruto, el grano de trigo debe morir.  Estos hermanos y hermanas nuestras, que hoy han sido proclamados Beatos, en todas sus decisiones fueron ese “grano”, porque aceptaron morir un poco cada vez, en el gastarse cotidiano al servicio del Evangelio, hasta el heroico gesto final.

La fecundidad de cada anuncio y de cada servicio en la Iglesia se mide por la disponibilidad para ser grano de trigo caído en la tierra, como Jesús, que produjo mucho fruto al morir. Como la caída en la tierra es la condición de la fecundidad del grano de trigo, así Jesús muriendo, levantado sobre la tierra, atrae toda la humanidad al Padre.

También hoy, en esta sociedad fragmentada, marcada por las divisiones y la cerrazón, el que quiere crecer y ser útil al prójimo está llamado a dar testimonio de la lógica del grano de trigo. Los que quieran hacer fecunda la propia vida, deben tomar decisiones en la lógica de un compromiso que requiere sacrificio, sin excluir el sacrificio de su propia vida. El sentido  de la fecundidad del sacrificio de nosotros mismos, por el bien de la colectividad, nos lo explica Jesús, que advierte: «el que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna» (v. 25).

El camino recorrido por el divino Maestro es el mismo que debe recorrer cada discípulo. Jesús no nos pide perder la vida material para tener la vida espiritual; más bien vivir nuestra existencia, no para la conservación y apego a nosotros mismos, sino en el don y en el amor hacia los otros. Sólo el que se da totalmente por amor lleva fruto y se abre a la verdadera vida. «El que quiera servirme, que me siga» (v. 26) nos recuerda Jesús. El servicio es el verdadero camino para seguirle. Sólo quien es capaz de servir puede afirmar que se encuentra en el camino que Jesús está recorriendo y que es su discípulo.

La beatificación de hoy es una nueva etapa para la Iglesia en Barcelona, para las familias religiosas y para las parroquias a las que pertenecían los nuevos Beatos. Es para todos vosotros un motivo de profunda alegría saber que están junto a Dios aquellos que formaban parte de vuestras comunidades, poder admirar la fe y la valentía de estos hermanos y hermanas. Pero estos mártires nos invitan además a pensar en la multitud de creyentes que en el mundo también hoy sufren persecución, a escondidas, de modo lacerante, porque lleva consigo la falta de libertad religiosa, la imposibilidad de defenderse, la reclusión, la muerte civil: la prueba que soportan tiene puntos en común con la que pasaron nuestros nuevos Beatos.

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Por último, debemos pedir para nosotros mismos la valentía de la fe, de la completa fidelidad a Jesucristo, a su Iglesia, tanto en el momento de la prueba como en la vida cotidiana. Nuestro mundo, con demasiada frecuencia indiferente o inconsciente, espera de los discípulos de Cristo un testimonio inequívoco, como el de los mártires que hoy celebramos. ¡Jesucristo está vivo!: la oración y la Eucaristía son esenciales para que vivamos de su propia vida; nuestro cariño a la Iglesia es una sola cosa con nuestra fe; la unidad fraterna es la señal por excelencia del cristiano; la verdadera justicia, la pureza, el amor, el perdón y la paz son frutos del Espíritu de Jesús; al ardor misionero forma parte de este testimonio; no podemos tener escondida la lámpara encendida de nuestra fe.

Estos nuevos Beatos, en cuanto mártires, anunciaron el Evangelio entregando la vida por amor: con la fuerza de sus sufrimientos, ellos son el signo de aquel amor más grande que reúne en sí todo lo valioso. Constituyen también una denuncia silenciosa, pero más elocuente que ninguna otra, de la discriminación, del racismo y de los abusos contra la libertad religiosa, que como ha comentado recientemente el Santo Padre Francisco “es un bien supremo que se debe tutelar, un derecho fundamental, baluarte contra las pretensiones totalitarias” (Discurso a la delegación de Rabinos del Caúcaso, 5 de noviembre de 2018). Con la fidelidad con la que supieron ser heroicos, nos enseñan a buscar incesantemente la voluntad de Dios en el cumplimiento de nuestros deberes cotidianos.

Ellos son un testimonio vivo de cómo, en medio de las tribulaciones y de la hostilidad, el discípulo de Cristo está llamado a conservar la paciencia y la mansedumbre, unidas a la capacidad de perdonar, como Cristo en la cruz.

¡Que esta beatificación reavive así nuestra fe, nuestro testimonio cristiano, nuestra vida! Para nosotros se escriben hoy, con la sangre de nuestros mártires, las palabras inspiradas del salmista: «Bendigo al Señor en todo momento… Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias» (Sal 34). Que sea así para nosotros. Por esto invoquemos la intercesión de los nuevos Beatos y repitamos juntos:

¡Beato Teodoro Illera del Olmo y los quince compañeros mártires, rogad por nosotros!

 

 

SIERVOS INÚTILES

— Sin la gracia santificante para nada serviríamos.

— El Señor nunca niega su ayuda.

— Colaboradores de Dios.

I. En el Evangelio de la Misa1 nos sitúa hoy el Señor en la realidad de nuestra vida. Si uno de vosotros –dice Jesús– tuviera un siervo que anda guardando el ganado o en la labranza, no le dirá cuando llegue a casa: entra enseguida y siéntate a la mesa. Por el contrario, primero el siervo servirá a su señor, y él cenará más tarde. Tampoco el siervo, en las condiciones de aquella época, esperaba agradecimiento por su trabajo: ha hecho lo que debía. De la misma manera –prosigue el Señor–, vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer.

Jesús no aprueba la conducta del señor, quizá abusiva y arbitraria, sino que se sirve de una realidad de su tiempo conocida por todos para ilustrar cuál debe ser la actitud de la criatura en relación al Creador. Desde nuestra llegada a este mundo hasta la vida eterna a la que hemos sido destinados, todo procede del Señor como un inmenso regalo. Por tanto, comenta San Ambrosio, «no te creas más de lo que eres porque eres llamado hijo de Dios –debes reconocer, sí, la gracia, pero no debes echar en olvido tu naturaleza–, ni te envanezcas de haber servido con fidelidad, ya que ese era tu deber. El sol realiza su labor, obedece la luna, los ángeles también le sirven»2. ¿No le vamos a servir igualmente nosotros con la inteligencia y la voluntad, con todo nuestro ser?

No debemos olvidar que hemos sido elevados, gratuitamente, sin mérito alguno por nuestra parte, a la dignidad de hijos de Dios, pero por nosotros mismos no solo somos siervos, sino siervos inútiles, incapaces de llevar a cabo lo que nuestro Padre nos ha encargado, si Él no nos da su ayuda. La gracia divina es lo único que puede potenciar nuestros talentos humanos para trabajar por Cristo, para ser sus colaboradores, y para hacer obras meritorias. Nuestra capacidad no guarda relación con los frutos sobrenaturales que buscamos. Sin la gracia santificante para nada serviríamos. Somos lo que «el pincel en manos del artista»3. Las obras grandes que Dios quiere realizar con nuestra vida han de atribuirse al Artista, no al pincel. La gloria del cuadro pertenece al pintor; el pincel, si tuviera vida propia, tendría la dicha inmensa de haber colaborado con un maestro tan grande, pero no tendría sentido que se apropiara el mérito.

Si somos humildes –«andar en verdad» es ser conscientes de que somos siervos inútiles– nos sentiremos impulsados a pedir la gracia necesaria para cada obra que realicemos. Otra consecuencia práctica que podemos sacar de esta enseñanza que nos da Jesús es la de rechazar siempre cualquier alabanza que nos hagan –al menos en nuestro corazón– y dirigirla al Señor, pues cualquier cosa buena que haya salido de nuestras manos hemos de atribuirla en primer lugar a Dios, que «puede servirse de una vara para hacer brotar el agua de una roca, o de un poco de barro para devolver la vista a los ciegos»4. Somos el barro que da la vista a los ciegos, la vara que hace brotar una fuente en medio del desierto..., pero es Cristo el verdadero autor de estas maravillas. ¿Qué haría el barro por sí mismo...? Solo manchar.

II. El Señor pone de relieve en la parábola de la vid y los sarmientos5 esta necesidad del influjo divino para producir frutos. Puesto que Cristo «es el origen y la fuente de todo apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado de los laicos depende de la unión vital que tengan con Cristo»6. El que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada7, afirmó rotundamente el Señor.

San Pablo enseñó que Dios es quien obra en nosotros el querer y el obrar según su beneplácito8. Esta acción divina es necesaria para querer y realizar obras buenas; pero ese «querer» y ese «obrar» son del hombre: la gracia no sustituye la tarea de la criatura, sino que la hace posible en el orden sobrenatural. San Agustín compara la necesidad del socorro divino a la de la luz para ver9. Es el ojo el que ve, pero no podría hacerlo si no hubiese luz: la gracia no suprime la libertad, pues somos nosotros quienes queremos y actuamos. Esta incapacidad humana para realizar, por sí misma, obras meritorias no nos debe llevar al desaliento; por el contrario, es una razón más para estar en una continua acción de gracias al Señor, pues Él siempre está pendiente de enviarnos el auxilio necesario.

La liturgia de la Iglesia nos hace pedir constantemente esta ayuda divina, de la que andamos tan radicalmente necesitados. El Señor no la niega nunca, cuando la pedimos con humildad y confianza. San Francisco de Sales ilustra esta maravilla divina con un ejemplo: «Cuando la tierna madre enseña a andar a su hijito, le ayuda y sostiene cuanto es necesario, dejándole dar algunos pasos por los sitios menos peligrosos y más llanos, asiéndole de la mano y sujetándole o tomándole en brazos y llevándole en ellos. De la misma manera Nuestro Señor tiene cuidado continuo de los pasos de sus hijos»10.

Esta solicitud divina, lejos de conducirnos a una actitud pasiva, nos llevará a poner empeño en la lucha ascética, en el apostolado, en lo que tenemos entre manos, como si todo dependiera exclusivamente de nosotros. A la vez, recurriremos al Señor como si todo dependiera de Él. Así hicieron los santos. Nunca quedaron defraudados.

III. San Pablo se vale de la imagen de las tareas agrícolas para ilustrar nuestra condición de instrumentos en la labor apostólica. Yo planté, Apolo regó, pero es Dios quien dio el incremento; de tal modo que ni el que planta es nada, ni el que riega, sino el que da el incremento, Dios... Porque nosotros somos colaboradores de Dios11. ¡Qué maravilla sentirnos cooperadores de Dios en esta gran obra de la redención! El Señor, en cierto modo, necesita de nosotros. Aunque hemos de tener en cuenta que es Dios, mediante su gracia, el único que puede conseguir que la semilla de la fe arraigue y dé fruto en las almas: el instrumento «podrá ir echando las semillas entre lágrimas, podrá cuidar el campo sin rehuir la fatiga: pero que la semilla germine y llegue a dar los frutos deseados depende solo de Dios y de su auxilio todopoderoso. Hay que insistir en que los hombres no son más que instrumentos, de los que Dios se sirve para la salvación de las almas, y hay que procurar que estos instrumentos se encuentren en buen estado para que Dios pueda utilizarlos»12. El hombre se capacita para grandes obras cuando es humilde; entonces cuida también su unión con Cristo mediante la oración.

Para que el pincel sea un instrumento útil en manos del pintor ha de recoger bien los colores y permitir trazar rasgos gruesos o finos, tonos enérgicos y menos fuertes. Ha de subordinar su propia cualidad al uso que de él quiera hacer el artista, que es quien compone el cuadro, marca las sombras y las luces, los tonos vivos con los más tenues, el que da profundidad y armonía al lienzo hasta formar un conjunto coherente, con fuerza. Además, el pincel ha de tener buena empuñadura y estar unido a la mano del maestro: si no hay unión, si no secunda fielmente el impulso que recibe, no hay arte. Esa es la condición de todo buen instrumento. Nosotros, que queremos serlo en manos del Señor, pero que nos damos cuenta de tantas cosas que no van, le decimos a Jesús en la intimidad de nuestra oración: «“Considero mis miserias, que parecen aumentar, a pesar de tus gracias, sin duda por mi falta de correspondencia. Conozco la ausencia en mí de toda preparación, para la empresa que pides. Y, cuando leo en los periódicos que tantos y tantos hombres de prestigio, de talento y de dinero hablan y escriben y organizan para defender tu reinado..., me miro a mí mismo y me encuentro tan nadie, tan ignorante y tan pobre, en una palabra, tan pequeño..., que me llenaría de confusión y de vergüenza si no supiera que Tú me quieres así. ¡Oh, Jesús! Por otra parte, sabes bien cómo he puesto, de buenísima gana, a tus pies, mi ambición... Fe y Amor: Amar, Creer, Sufrir. En esto sí que quiero ser rico y sabio, pero no más sabio ni más rico que lo que Tú, en tu Misericordia sin límites, hayas dispuesto: porque todo mi prestigio y honor he de ponerlo en cumplir fielmente tu justísima y amabilísima Voluntad”»13.

Nuestra Madre Santa María, fidelísima colaboradora del Espíritu Santo en la tarea de la redención, nos enseñará a ser eficaces instrumentos del Señor. Nuestro Ángel Custodio enderezará nuestra intención y nos recordará que somos siervos inútiles en manos del Señor.

1 Lc 17, 7-10. — 2 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de san Lucas, in loc. — 3 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 612. — 4 J. Pecci-León XIII-, Práctica de la humildad, 45. — 5 Cfr. Jn 15, 1 ss. — 6 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 4. — 7 Jn 15, 5. — 8 Cfr. Flp 2, 13. — 9 San Agustín, Tratado sobre la naturaleza y la gracia, 26, 29. — 10 San Francisco de Sales, Tratado del amor de Dios, 3, 4. — 11 1 Cor 3, 6-9. — 12 San Pío X, Enc. Haerent animo, 4-VIII-1908, 9. — 13 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 822.

 

 

"Un solo corazón y una sola alma"

Has de ser, como hijo de Dios y con su gracia, varón o mujer fuerte, de deseos y de realidades. –No somos plantas de invernadero. Vivimos en medio del mundo, y hemos de estar a todos los vientos, al calor y al frío, a la lluvia y a los ciclones..., pero fieles a Dios y a su Iglesia. (Forja, 792)

La labor de la Iglesia, cada día, es como un gran tejido, que ofrecemos al Señor, porque todos los bautizados somos Iglesia.
–Si cumplimos –fieles y entregados–, este gran tejido será hermoso y sin falla. –Pero, si uno suelta un hilo acá, otro allá, y otro por el otro lado..., en lugar de un hermoso tejido, tendremos un harapo hecho jirones. (Forja, 640)

Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: «multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una» –la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma.
–Te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡Llévalo a tu oración! (Forja, 632)

Ofrece la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: «ut sint unum!» –para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!» –que todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María. (Forja, 647)

 

Nuevos Mediterráneos (I): «Aquella primera oración de hijo de Dios»

El sentido de la filiación divina lo cambia todo, como cambió la vida de san Josemaría cuando descubrió inesperadamente ese Mediterráneo.

Vida espiritual31/07/2017

Opus Dei - Nuevos Mediterráneos (I): «Aquella primera oración de hijo de Dios»

«Son momentos, hijas e hijos míos, para adentrarnos más y más por «caminos de contemplación» en medio del mundo»[1]. Con estas palabras señala el prelado del Opus Dei una de las prioridades del momento actual. El apostolado de los cristianos es, hoy como siempre, «una superabundancia de nuestra vida interior»[2]. Por una parte, porque consiste en comunicar precisamente esa Vida; por otra, porque para proponer la fe al mundo es necesario comprenderla y vivirla en profundidad. Se trata, en definitiva, como nos indicó san Josemaría, de «ahondar en la hondura del Amor de Dios, para poder así, con la palabra y con las obras, mostrarlo a los hombres»[3].

No basta ser hijos de Dios, sino que hemos de sabernos hijos de Dios, de modo tal que nuestra vida adquiera ese sentido

Este camino hacia adentro tiene una peculiaridad. No transita de un lugar conocido a otro desconocido: consiste más bien en ahondar en lo que ya se conoce, en lo que parece obvio, de tan oído. Se descubre entonces algo que, en realidad, se sabía, pero que ahora se percibe con una fuerza y una profundidad nueva. San Josemaría se refiere a esa experiencia hablando de distintos «Mediterráneos» que se fueron abriendo ante sus ojos de manera inesperada. Así lo expone, por ejemplo, en Forja:

«En la vida interior, como en el amor humano, es preciso ser perseverante. Sí, has de meditar muchas veces los mismos argumentos, insistiendo hasta descubrir un nuevo Mediterráneo.

»–¿Y cómo no habré visto antes esto así de claro?, te preguntarás sorprendido. –Sencillamente, porque a veces somos como las piedras, que dejan resbalar el agua, sin absorber ni una gota.

»–Por eso, es necesario volver a discurrir sobre lo mismo, ¡que no es lo mismo!, para empaparnos de las bendiciones de Dios»[4].

«Discurrir sobre lo mismo» para intentar abrirnos a toda su riqueza y descubrir así «¡que no es lo mismo!» Ese es el camino de contemplación al que estamos llamados. Se trata de surcar un mar que, a primera vista, no tiene nada de nuevo, porque ya forma parte de nuestro paisaje cotidiano. Los romanos llamaban al Mediterráneo Mare nostrum: se trataba del mar conocido, del mar con el que convivían. San Josemaría habla de descubrir Mediterráneos porque, en cuanto nos adentramos en los mares que creemos conocer bien, se abren ante nuestros ojos horizontes amplios, insospechados. Podemos decir entonces al Señor, con palabras de santa Catalina de Siena: «eres como un mar profundo, en el que cuanto más busco más encuentro, y cuanto más encuentro más te busco»[5].

Estos descubrimientos responden a luces que Dios da cuando y como quiere. Con todo, nuestra consideración pausada nos pone en disposición de recibir esas luces del Señor. «Y como aquél que primero estaba en las tinieblas y después ve de pronto el sol que le ilumina la cara, y distingue claramente lo que hasta entonces no veía, del mismo modo el que recibe el Espíritu Santo queda con el alma iluminada»[6]. En los siguientes editoriales repasaremos algunos de estos Mediterráneos que san Josemaría descubrió en su vida interior, para ahondar con él «en la hondura del Amor de Dios».

Abba Pater!

Una de las convicciones más arraigadas en los primeros cristianos era que podían dirigirse a Dios como hijos amados. Jesús mismo les había enseñado: «Vosotros orad así: Padre nuestro que estás en el cielo…» (Mt 6,9). Él se había presentado ante los judíos como el Hijo amado del Padre, y había enseñado a sus discípulos a comportarse de igual modo. Los apóstoles le habían oído dirigirse a Dios con el término que usaban los niños hebreos para dirigirse a sus padres. Y, al recibir el Espíritu Santo, ellos mismos habían comenzado a usar esa fórmula. Se trataba de algo radicalmente nuevo, respecto a la piedad de Israel, pero San Pablo lo referiría como algo común y conocido por todos: «recibisteis un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: “¡Abbá, Padre!”. Pues el Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Rm 8,15-16). Era una convicción que les llenaba de confianza y les daba una audacia insospechada: «si somos hijos, también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo» (Rm 8,17). Jesús no es solo el Unigénito del Padre, sino también el Primogénito de muchos hermanos (cfr. Rm 8,29; Col 1,15). La Vida nueva, traída por Cristo, se presentaba ante los ojos de aquellos primeros creyentes como una vida de hijos amados de Dios. No era esta una verdad teórica o abstracta, sino algo real que les llenaba de una desbordante alegría. Buena muestra de ello es el grito que se le escapa al apóstol san Juan en su primera carta: «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3,1).

La paternidad de Dios, su amor singularísimo y tierno por cada uno, es algo que los cristianos aprendemos desde pequeños. Y, sin embargo, estamos llamados a descubrirlo de un modo personal y vivo, que llegue a transformar nuestra relación con Dios. Al hacerlo, se abre ante nuestros ojos un Mediterráneo de paz y confianza, un horizonte inmenso en el que podremos ahondar a lo largo de toda la vida. Para san Josemaría, fue un hallazgo inesperado, la repentina apertura de un panorama que se encontraba en realidad como escondido en algo que conocía bien. Era el otoño de 1931; lo recordaba muchos años después: «Os podría decir hasta cuándo, hasta el momento, hasta dónde fue aquella primera oración de hijo de Dios. Aprendí a llamar Padre, en el Padrenuestro, desde niño; pero sentir, ver, admirar ese querer de Dios de que seamos hijos suyos…, en la calle y en un tranvía –una hora, hora y media, no lo sé–; Abba, Pater!, tenía que gritar»[7].

San Josemaría habla de descubrir «Mediterráneos» porque, en cuanto nos adentramos en los mares que creemos conocer bien, se abren ante nuestros ojos horizontes amplios, insospechados

En los meses siguientes, san Josemaría volvió repetidamente sobre este punto. En el retiro que hizo un año más tarde, por ejemplo, apuntaba: «Día primero. Dios es mi Padre. –Y no salgo de esta consideración»[8]. ¡El día entero considerando la Paternidad de Dios! Aunque de entrada una contemplación tan dilatada en el tiempo pueda sorprendernos, de hecho señala la profundidad con la que caló en él la experiencia de la filiación divina. También nuestra primera actitud, en la oración y, en general, al dirigirnos a Dios, debe cifrarse en un confiado abandono y agradecimiento. Pero, para que nuestro trato con Dios adquiera esta forma, conviene descubrir personalmente, una vez más, que Él ha querido ser Padre nuestro.

¿Quién es Dios para mí?

Como san Josemaría, tal vez aprendimos siendo muy pequeños que Dios es Padre, pero quizá nos queda un buen trecho de camino para vivir nuestra condición de hijos en toda su radicalidad. ¿Cómo podemos facilitar ese descubrimiento?

En primer lugar, para descubrir la paternidad de Dios, es necesario muchas veces restaurar su auténtica imagen. ¿Quién es Él para mí? De modo consciente o inconsciente, hay quien piensa en Dios como Alguien que impone leyes y anuncia castigos para quienes no las cumplan; Alguien que espera que se acate su voluntad y se enfurece ante la desobediencia; en una palabra, un Amo del que nosotros no seríamos más que involuntarios súbditos. En otros casos –sucede también a algunos cristianos–, Dios es percibido fundamentalmente como el motivo por el que hay que portarse bien. Se piensa en Él como la razón por la que cada uno se mueve hacia donde realmente no quiere, pero debe ir. Sin embargo, Dios «no es un Dominador tiránico, ni un Juez rígido e implacable: es nuestro Padre. Nos habla de nuestros pecados, de nuestros errores, de nuestra falta de generosidad: pero es para librarnos de ellos, para prometernos su Amistad y su Amor»[9].

La dificultad para percibir que «Dios es Amor» (1 Jn 4,8) se debe a veces también a la crisis que atraviesa la paternidad en diversos países. Tal vez lo hemos comprobado al hablar con amigos o compañeros: su padre no les genera buenos recuerdos, y un Dios que es Padre no les parece particularmente atractivo. Al proponerles la fe, es bueno ayudarles a ver cómo su dolor por esa carencia muestra hasta qué punto llevan la paternidad inscrita en el corazón: una paternidad que les precede y que les llama. Por otra parte, un amigo, un sacerdote, pueden ayudarles con su cercanía a descubrir el amor del «Padre de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra» (Ef 3,14), y a experimentar esa ternura también en la «vocación de custodiar»[10] que palpita dentro de cada uno, y que se abre camino en el padre o la madre que ellos mismos ya son, o que quisieran ser un día. Así pueden ir descubriendo en el fondo de su alma el auténtico rostro de Dios y la manera en que sus hijos estamos llamados a vivir, sabiéndonos mirados por Él con infinito cariño. En efecto, un padre no quiere a su hijo por lo que hace, por sus resultados, sino sencillamente porque es su hijo. Al mismo tiempo, le lanza al mundo y procura sacar lo mejor de él, pero siempre partiendo de lo mucho que vale a sus ojos.

Un padre no quiere a su hijo por lo que hace, por sus resultados, sino sencillamente porque es su hijo

Puede servirnos considerarlo, en particular, en los momentos de fracaso, o cuando la distancia entre nuestra vida y los modelos que nos presenta el mundo en que vivimos nos lleven a tener una baja consideración de nosotros mismos. Quizá deberíamos recordar más a menudo que «esta es nuestra “estatura”, esta es nuestra identidad espiritual: somos los hijos amados de Dios, siempre (…). No aceptarse, vivir descontentos y pensar en negativo significa no reconocer nuestra identidad más auténtica: es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en mí; significa querer impedir que se cumpla su sueño en mí. Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea»[11].

Darnos cuenta de que Dios es Padre va de la mano con dejarnos mirar por Él como hijos muy amados. De este modo, comprendemos que nuestra valía no depende de lo que tengamos –nuestros talentos– o de lo que hagamos –nuestros éxitos–, sino del Amor que nos ha creado, que ha soñado con nosotros y nos ha afirmado «antes de la fundación del mundo» (Ef 1,4). Ante la fría idea de Dios que se hace a veces el mundo contemporáneo, Benedicto XVI quiso recordar desde el inicio de su pontificado que «no somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario»[12]. ¿De verdad incide esta idea en nuestra vida diaria?

La confiada esperanza de los hijos de Dios

San Josemaría recordaba con frecuencia a los fieles del Opus Dei que «el fundamento de nuestra vida espiritual es el sentido de nuestra filiación divina»[13]. Lo comparaba al «hilo que une las perlas de un gran collar maravilloso. La filiación divina es el hilo, y ahí se van engarzando todas las virtudes, porque son virtudes de hijo de Dios»[14]. Por eso es crucial pedir a Dios que nos abra este Mediterráneo, que sostiene y da forma a toda nuestra vida espiritual.

El hilo de la filiación divina se traduce en «una actitud cotidiana de abandono esperanzado»[15], una actitud que es propia de los hijos, especialmente cuando son pequeños. Por eso en la vida y en los escritos de san Josemaría, la filiación divina iba a menudo unida a la infancia espiritual. Ciertamente, ¿qué le importan las sucesivas caídas al niño que está aprendiendo a ir en bicicleta? No valen nada, mientras vea a su padre cerca, animándole a volver a intentarlo. En eso consiste su abandono esperanzado: «Papá dice que puedo… ¡vamos!».

Sabernos hijos de Dios es también la seguridad sobre la que apoyarnos para llevar a cabo la misión que el Señor nos ha confiado. Nos sentiremos como aquel hijo a quien su padre dice: «Hijo mío, vete hoy a trabajar en la viña» (Mt 21,28). Tal vez nos asaltará primero la inseguridad, o mil ocurrencias de diverso tipo. Pero enseguida consideraremos que es nuestro Padre quien nos lo pide, demostrándonos una confianza inmensa. Como Cristo, aprenderemos a abandonarnos en las manos del Padre y a decirle desde el fondo de nuestra alma: «Que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» (Mc 14,36). San Josemaría nos enseñó con su vida a comportarnos de este modo, a imagen de Cristo: «A lo largo de los años, he procurado apoyarme sin desmayos en esta gozosa realidad. Mi oración, ante cualquier circunstancia, ha sido la misma, con tonos diferentes. Le he dicho: Señor, Tú me has puesto aquí; Tú me has confiado eso o aquello, y yo confío en Ti. Sé que eres mi Padre, y he visto siempre que los pequeños están absolutamente seguros de sus padres»[16].

Desde luego, no podemos negar que habrá dificultades. Pero las encararemos desde la conciencia de que, pase lo que pase, ese Padre todopoderoso nos acompaña, está a nuestro lado y vela por nosotros. Él hará lo que nos proponemos, porque a fin de cuentas es obra suya; lo hará quizá de un modo distinto, pero más fecundo. «Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas –a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos– no salen a tu gusto... Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan»[17].

Cultivar el «sentido de la filiación divina»

San Josemaría, es preciso conviene notarlo, no señalaba como fundamento del espíritu del Opus Dei la filiación divina, sino el sentido de la filiación divina. No basta ser hijos de Dios, sino que hemos de sabernos hijos de Dios, de modo tal que nuestra vida adquiera ese sentido. Tener esa seguridad en el corazón es el fundamento más sólido; la verdad de nuestra filiación divina se convierte entonces en algo operativo, con repercusiones concretas en nuestra vida.

Para cultivar tal sentido, es bueno ahondar en esa realidad con la cabeza y con el corazón. Con la cabeza, primero, meditando en la oración los pasajes de la Escritura que hablan de la paternidad de Dios, de nuestra filiación, de la vida de los hijos de Dios. Esta meditación puede recibir luz de los muchos textos de san Josemaría sobre nuestra condición de hijos de Dios[18], o de las reflexiones de otros santos y escritores cristianos[19].

No hay derrota para quien desea acoger cada día el Amor de Dios. Incluso el pecado puede convertirse en ocasión de recordar nuestra identidad de hijos

Con el corazón podemos ahondar en nuestra condición de hijos de Dios acudiendo al Padre confiadamente, abandonándonos en su Amor, actualizando con o sin palabras nuestra actitud filial, y procurando tener siempre presente el Amor que Él nos tiene. Un modo de hacerlo es acudir a Él con breves invocaciones o jaculatorias. San Josemaría sugería: «Llámale Padre muchas veces al día, y dile –a solas, en tu corazón– que le quieres, que le adoras: que sientes el orgullo y la fuerza de ser hijo suyo»[20]. También podemos acudir a alguna breve oración que nos ayude a afrontar la jornada desde la seguridad de sentirnos hijos de Dios, o a terminarla, con agradecimiento, contrición y esperanza. El papa Francisco proponía esta a los jóvenes: «“Señor, te doy gracias porque me amas; estoy seguro de que me amas; haz que me enamore de mi vida”. No de mis defectos, que hay que corregir, sino de la vida, que es un gran regalo: es el tiempo para amar y ser amado»[21].

Volver a la casa del Padre

Se ha descrito la familia como «el lugar al que se vuelve», donde hallamos reparo y descanso. Lo es de modo particular en cuanto «santuario del amor y de la vida»[22], como le gustaba decir a san Juan Pablo II. Allí reencontramos el Amor que da sentido y valía a nuestra vida, porque está en su mismo origen.

De igual modo, sentirnos hijos de Dios nos permite volver a Él confiadamente cuando estamos cansados, cuando nos han tratado mal o nos sentimos heridos… o también cuando le hemos ofendido. Volver al Padre es otro modo de vivir en esa actitud de «abandono esperanzado». Conviene meditar a menudo la parábola del padre que tenía dos hijos, recogida por san Lucas (Cfr. Lc 15,11-32): «Dios nos espera, como el padre de la parábola, extendidos los brazos, aunque no lo merezcamos. No importa nuestra deuda. Como en el caso del hijo pródigo, hace falta sólo que abramos el corazón, que tengamos añoranza del hogar de nuestro Padre, que nos maravillemos y nos alegremos ante el don que Dios nos hace de podernos llamar y de ser, a pesar de tanta falta de correspondencia por nuestra parte, verdaderamente hijos suyos»[23].

Aquel hijo quizá apenas pensó en el dolor que había causado a su Padre: sobre todo añoraba el buen trato que recibía en la casa paterna (cfr. Lc 15,17-19). Se dirige hacia allá con la idea de no ser más que un siervo entre otros. Sin embargo, su padre le recibe –¡sale a buscarle, se le echa al cuello y le llena de besos!– recordándole su identidad más profunda: es su hijo. Enseguida dispone que le devuelvan los vestidos, las sandalias, el anillo… las señales de esa filiación que ni siquiera su mal comportamiento podía borrar. «A fin de cuentas se trataba del propio hijo y tal relación no podía ser alienada, ni destruida por ningún comportamiento»[24].

Aunque a veces podamos ver a Dios como un Amo del que somos siervos, o como un frío Juez, Él se mantiene fiel a su Amor de Padre. La posibilidad de acercarnos a Él después de haber caído es siempre una ocasión magnífica para descubrirlo. Al mismo tiempo, eso nos revela nuestra propia identidad. No se trata solamente de que Él haya decidido amarnos, porque sí, sino de que verdaderamente somos –por gracia– hijos de Dios. Somos hijos de Dios y nada, ni nadie, podrá robarnos jamás esa dignidad. Ni siquiera nosotros mismos. Por eso, ante la realidad de nuestra debilidad y del pecado –consciente y voluntario– no dejemos que nos invada la desesperanza. Como señalaba san Josemaría, «esta conclusión no es la última palabra. La última palabra la dice Dios, y es la palabra de su amor salvador y misericordioso y, por tanto, la palabra de nuestra filiación divina»[25].

Ocupados en amar

El sentido de la filiación divina lo cambia todo, como cambió la vida de san Josemaría cuando descubrió inesperadamente ese Mediterráneo. ¡Qué distinta es la vida interior cuando, en lugar de basarla en nuestros avances o en nuestros propósitos de mejora, la centramos en el Amor que nos precede y nos espera! Si uno da prioridad a lo que él mismo hace, su vida espiritual gira casi exclusivamente en torno a la mejora personal. A la larga, este modo de vivir no solo corre el riesgo de dejarse el amor de Dios olvidado en una esquina del alma, sino también de caer en el desánimo, porque se trata de una lucha en la que uno está solo ante el fracaso.

Cuando, en cambio, nos centramos en lo que Dios hace, en dejarnos amar cada día por Él, acogiendo diariamente su Salvación, la lucha adquiere otro temple. Si salimos vencedores, se abrirán paso con gran naturalidad el agradecimiento y la alabanza; si caemos derrotados, nuestro trato con Dios consistirá en volver confiadamente al Padre, pidiendo perdón y dejándonos abrazar por Él. Se entiende así que «la filiación divina no es una virtud particular, que tenga sus propios actos, sino la condición permanente del sujeto de las virtudes. Por eso no se obra como hijo de Dios con unas acciones determinadas: toda nuestra actividad, el ejercicio de nuestras virtudes, puede y debe ser ejercicio de la filiación divina»[26].

No hay derrota para quien desea acoger cada día el Amor de Dios. Incluso el pecado puede convertirse en ocasión de recordar nuestra identidad de hijos y de volver al Padre, que insiste en salir a nuestro encuentro clamando: «¡Hijo, hijo mío!». De esa misma conciencia nacerá –como nacía en san Josemaría– la fuerza que necesitamos para volver a caminar en pos del Señor: «Sé que vosotros y yo, decididamente, con el resplandor y la ayuda de la gracia, veremos qué cosas hay que quemar, y las quemaremos; qué cosas hay que arrancar, y las arrancaremos; qué cosas hay que entregar, y las entregaremos»[27]. Pero lo haremos sin agobio, y sin desánimo, procurando no confundir el ideal de la vida cristiana con el perfeccionismo[28]. Viviremos, así, pendientes del Amor que Dios nos tiene, ocupados en amar. Seremos como hijos pequeños que han descubierto un poco el amor de su Padre, y quieren agradecérselo de mil modos y corresponder con todo el amor –poco o mucho– que son capaces de expresar.

Lucas Buch


[1] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 30.

[2] Ibidem. Cfr. San Josemaría, Camino, n. 961; Amigos de Dios, n. 239.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 97.

[4] San Josemaría, Forja, n. 540.

[5] Santa Catalina de Siena, Diálogo, c. 167.

[6] San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 16, 16.

[7] San Josemaría, Meditación del 24-XII-1969 (en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 1, Rialp, Madrid 1997, p. 390).

[8] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1637 (en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 1, p. 465).

[9] Es Cristo que pasa, n. 64.

[10] Francisco, Homilía en la Misa de inicio del pontificado, 19-III-2013.

[11] Francisco, Homilía, 31-VII-2016.

[12] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de inicio del pontificado, 24-IV-2005.

[13] San Josemaría, Carta 25-I-1961, n. 54 (en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol. 2, Rialp, Madrid 2013, p. 20, nota 3).

[14] San Josemaría, Apuntes de la predicación, 6-VII-1974, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol. 2, p. 108.

[15] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[16] Amigos de Dios, n. 143.

[17] San Josemaría, Surco, n. 860.

[18] Cfr. p.ej. F. Ocáriz, “Filiación divina” en Diccionario de san Josemaría Escrivá de Balaguer, Monte Carmelo, Burgos 2013, pp. 519-526.

[19] El año jubilar de la Misericordia ha permitido redescubrir a algunos de ellos. Cfr. Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Misericordiosos como el Padre. Subsidios para el Jubileo de la Misericordia 2015-2016.

[20] Amigos de Dios, n. 150.

[21] Francisco, Homilía, 31-VII-2016.

[22] San Juan Pablo II, Homilía, 4-V-2003.

[23] Es Cristo que pasa, n. 64.

[24] San Juan Pablo II, Enc. Dives in Misericordia (30-XI-1980), n. 5.

[25] Es Cristo que pasa, n. 66.

[26] F. Ocáriz – I. de Celaya, Vivir como hijos de Dios, Eunsa, Pamplona 1993, p. 54.

[27] Es Cristo que pasa, n. 66.

[28] Cfr. F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

 

 

SENTIDO DE LA FILIACIÓN DIVINA EN LA VIDA DIARIA

“La santificación del trabajo. El trabajo en la historia de la espiritualidad”. Libro escrito por el teólogo José Luis Illanes. Décima Edición revisada y actualizada.

Últimas noticias08/12/2011

„Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. -Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo... y perdonando (...). Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos de que Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos“ (119). Este punto de Consideraciones espirituales y de Camino prolonga las consideraciones anteriores al par que nos sitúa ante una realidad a la que es imprescindible hacer referencia si se aspira a comprender el talante espiritual del cristiano tal y como lo vivió y predicó el Fundador del Opus Dei. En ese punto, en efecto, aparece formulado con toda claridad, lo que podemos calificar de „nervio central“ (120), de piedra angular, de auténtica chiave di volta sobre la que reposa toda la espiritualidad del Opus Dei: el sentido de la filiación divina.

En la Instrucción de 19 de marzo de 1934, el Beato Josemaría afirmaba: „Formamos parte (del Opus Dei) por elección divina - ego elegi vos (Jn 16,16)- con el fin de que seamos en el mundo imitadores de Jesucristo Señor Nuestro, sicut filii carissimi , como hijos queridísimos (Ef 6,1)“ (121). Y años después, en una de sus Cartas : „El fundamento de su vida espiritual (la de los fieles del Opus Dei) es el sentido de su filiación divina: Dios es mi Padre, y es el Autor de todo bien y es toda la Bondad“ (122). „El Dios de nuestra fe -comenta en una homilía pronunciada en una festividad del Jueves Santo- no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de los hombres: sus afanes, sus luchas, sus angustias. Es un Padre que ama a sus hijos hasta el extremo de enviar al Verbo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, para que, encarnándose, muera por nosotros y nos redima. El mismo Padre amoroso que ahora nos atrae suavemente hacia Él, mediante la acción del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones“ (123). „El Creador -añade- se ha desbordado en cariño por sus criaturas“, de modo que la historia entera está regida por una „corriente trinitaria de amor por los hombres“ (124).

El sentido de la filiación divina, la honda penetración en lo que la fe nos dice acerca del amor paternal de Dios hacia los hombres tiene, en la oración y en la enseñanza del Fundador del Opus Dei, muchas consecuencias: la filiación divina da un tono íntimo, filial, confiado, a la oración (125); crea en el alma una actitud alegre, optimista, audaz, capaz de enfrentarse con empresas y tareas sin dejarse amilanar ante eventuales sinsabores y dificultades, ni aherrojar por afanes y preocupaciones (126); fundamenta la fraternidad y el espíritu de servicio (127)... Y provoca -punto que interesa ahora subrayar- ese reconocimiento del valor cristiano del mundo que, como veíamos, permite amarlo y recorrerlo con la alegría y la naturalidad de quien se sabe en casa propia: „La filiación divina es una verdad gozosa, un misterio consolador. La filiación divina llena toda nuestra vida espiritual (...). Más aún: precisamente porque somos hijos de Dios, esa realidad nos lleva también a contemplar con amor y con admiración todas las cosas que han salido de las manos de Dios Padre Creador. Y de este modo somos contemplativos en medio del mundo, amando al mundo“ (128).

Cuando el cristiano habla de filiación divina presupone una realidad de orden ontológico: el hecho fundamental de que Dios, amando a los hombres, los eleva hacia Él hasta hacerlos, por la gracia, partícipes, consortes de la naturaleza divina, según la densa expresión de la segunda carta de San Pedro (129). El Beato Josemaría recoge esa realidad profunda, situándola en un contexto de oración. De ahí que, de ordinario, habla no solo de filiación divina, sino de „sentido de la filiación divina“. Y por „sentido“ entiende una conciencia viva y profunda de la cercanía de Aquel que sabemos que nos ama (130). O también -y quizá mejor- esa capacidad para advertir como instintivamente la presencia de la persona amada y reaccionar de acuerdo con cuanto le agrada, que brota en el alma cuando el corazón está connaturalizado con esa persona, hecho una sola cosa con ella.

En otras palabras, la filiación divina, en la predicación del Fundador del Opus Dei, es considerada como una realidad de la que el hombre debe tomar conciencia cada vez más clara y neta, hasta que acabe „por informar la existencia entera“, por estar „presente en todos los pensamientos, en todos los deseos, en todos los afectos“ (131). Es entonces, en efecto, y solo entonces, cuando produce todos sus frutos espirituales (132). Sentido de la filiación divina y vida contemplativa forman así, en cierto modo, una sola cosa, de modo que -y este modo de expresar tal vez sea el más exacto- el sentido de la filiación divina da su matiz definitivo y último a la vida contemplativa, ya que, si esta -la vida contemplativa- implica vivir en presencia de Dios, el sentido de la filiación divina lleva a recordar que ese Dios presente en el mundo y en nuestro propio corazón nos ama con corazón de padre y quiere que se le trate como tal (133).

Quien nos haya seguido hasta este punto habrá advertido que aquí confluyen varias de las líneas de pensamiento que hemos esbozado en páginas anteriores, ya que el Beato Josemaría, al hablar de filiación divina, no hace sino invitar a procurar que la luz de la fe penetre hasta lo más hondo de la realidad, de toda la realidad, también de la vida ordinaria, también del trabajo, también del existir normal en medio del mundo. „Todos los hombres -escribe- son hijos de Dios. Pero un hijo puede reaccionar, frente a su padre, de muchas maneras. Hay que esforzarse por ser hijos que procuran darse cuenta de que el Señor, al querernos como hijos, ha hecho que vivamos en su casa, en medio de este mundo, que seamos de su familia, que lo suyo sea nuestro y lo nuestro suyo“ (134). „Cuando la fe flojea, el hombre tiende a figurarse a Dios como si estuviera lejano, sin que apenas se preocupe de sus hijos. Piensa en la religión como en algo yuxtapuesto, para cuando no queda otro remedio; espera, no se explica con qué fundamento, manifestaciones aparatosas, sucesos insólitos. Cuando la fe vibra en el alma, se descubre, en cambio, que los pasos del cristiano no se separan de la misma vida humana corriente y habitual. Y que esta santidad grande, que Dios nos reclama, se encierra aquí y ahora, en las cosas pequeñas de cada jornada“ (135).

Para quien vive de fe, las cosas que le rodean, los sucesos que acaecen a su alrededor no son acontecimientos sin sentido, mostrencos, opacos, velos que impiden mirar más allá, sino, al contrario, llamadas, invitaciones de Dios, porque -como leemos en una de sus Cartas - „el Señor nos está hablando constantemente en mil pequeños detalles de cada día“ (136), ya que -como añade en una homilía- „hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir“ (137). „Asentado en tu alma en gracia, el Espíritu Santo -Dios contigo- va dando tono sobrenatural a todos tus pensamientos, deseos y obras“ (138) y así „aunque vivimos en el mundo y participamos de todos los afanes y trabajos de la sociedad, nuestra vocación es necesariamente contemplativa : estamos en continua, sencilla y filial unión con Dios, nuestro Padre“ (139).

La vida contemplativa, la conciencia de la paternidad de Dios amplían el horizonte del existir y crean en el alma la conciencia de que la vida y la historia están dotadas de un sentido en el que cabe confiar, lanzándose audaz y esforzadamente en el cumplimiento de los designios divinos. „Ser pequeño: las grandes audacias son siempre de los niños. -¿Quién pide... la luna? -¿Quién no repara en peligros para conseguir su deseo? ‘Poned’ en un niño ‘así’, mucha gracia de Dios, el deseo de hacer su Voluntad (de Dios), mucho amor a Jesús , toda la ciencia humana que su capacidad le permita adquirir... y tendréis retratado el carácter de los apóstoles de ahora, tal como indudablemente Dios los quiere“ (140).

Esa confianza, esa audacia, nacida de la conciencia de la cercanía paternal de Dios de que nos habla el punto de Camino recién citado constituirá, en ocasiones, cuando así lo requieran o aconsejen las circunstancias, impulso para acciones grandiosas, singulares, extraordinarias, incluso excepcionales (141). Pero no se limita ahí su efectividad. Más aún, si alguien llegara solo hasta ese punto, no habría captado todavía algunas de las implicaciones capitales de la fe cristiana, ya que esa fe invita a ver, buscar y encontrar a Dios también en la vida de cada día: en las incidencias, incluso menudas, del trabajo profesional, en la convivencia sencilla y natural con la familia, los colegas y los amigos; en suma, en las pequeñas cosas de la vida corriente.

Conviene leer todo el capítulo que Camino dedica a este tema -“cosas pequeñas“- para percibir la extraordinaria importancia que el Fundador del Opus Dei les atribuye como elemento clave de la actitud espiritual del cristiano y específicamente de la espiritualidad secular (142). Son, en efecto, sendero ofrecido al cristiano para llegar a Dios: „Has errado el camino si desprecias las cosas pequeñas“, „¿Quieres de verdad ser santo? -Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces“, afirma en Camino ( 143). „Alguno -comentaba en una Carta - puede tal vez imaginar que en la vida ordinaria hay poco que ofrecer a Dios: pequeñeces, naderías. Un niño pequeño, queriendo agradar a su padre, le ofrece lo que tiene: un soldadito de plomo descabezado, un carrete sin hilo, unas piedrecitas, dos botones: todo lo que tiene de valor en sus bolsillos, sus tesoros . Y el padre no considera la puerilidad del regalo. Lo agradece y estrecha al hijo contra su corazón, con inmensa ternura. Obremos así con Dios, que esas niñerías -esas pequeñeces- se hacen cosas grandes , porque es grande el amor: eso es lo nuestro, hacer heroicos por Amor los pequeños detalles de cada día, de cada instante“ (144).

Si analizamos los textos en los que el Fundador de la Obra emplea la expresión „cosas pequeñas“ advertiremos que, a veces, lo hace para poner de manifiesto que el cristiano corriente está llamado a santificarse en la vida ordinaria o para combatir la tendencia a evadirse de la realidad refugiándose en ensueños ilusorios, es decir, para expresar ideas que ya hemos encontrado, formuladas en otros términos, en apartados anteriores. Pero percibirá también que, en otras ocasiones, el sentido de la expresión, presuponiendo ese trasfondo, es distinto: con ella, en esos momentos, se aspira a recordar que al amor incesante de Dios hacia nosotros, debemos corresponder con un amor también incesante que no se conforme con manifestarse de tanto en tanto, en momentos especiales, sino que aspire a informar todos los momentos del día.

La doctrina del Beato Josemaría Escrivá sobre las cosas pequeñas connota, en efecto, ante todo, una fe viva que lleva a descubrir a Dios en todas las personas y en todos los sucesos. Pero también, y sobre la base de lo anterior, una caridad, un amor, igualmente vivo, que aspire a impregnar todas y cada una de las acciones, aun las más pequeñas, aun las más menudas, aun aquellas que vistas con ojos humanos podrían parecer insignificantes y hasta despreciables, pero que, contempladas con los ojos de la fe, se revelan, al igual que todas las demás, llenas de sentido, susceptibles de encarnar el amor de Dios. „Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande“ (145).

La vida, toda vida, cualquier vida, se presenta, en consecuencia, como itinerario a través del cual el ideal cristiano puede y debe alcanzar su máxima expansión. Quien, siendo fiel a la gracia, procure vivir con esa actitud de espíritu, llegará a pregustar de algún modo la realidad que anunció el Apóstol, es decir, que Dios comienza a ser todo en todas las cosas (146). Desde esta perspectiva, trascendiendo distinciones más o menos válidas a otros niveles, se hace patente que todas las actividades humanas, excepto aquellas marcadas por el pecado, son valiosas, más aun, importantes, decisivas, cruciales, en cuanto lugar de encuentro con Dios y momento para manifestar el amor en la entrega a Él y en el servicio a los hombres. „Es hora de que los cristianos digamos muy alto -afirmaba el Fundador del Opus Dei en una homilía en la festividad de San José- que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación“ (147).

„Cristo -proclamaba en otra meditación, esta vez en la fiesta de la Asunción de la Virgen- quiere encarnarse en nuestro quehacer, animar desde dentro hasta las acciones más humildes“, y, como saliendo al paso de una objeción inexpresada, añadía enseguida: „Este pensamiento es una realidad sobrenatural, neta, inequívoca; no es una consideracion para consuelo, que conforte a los que no lograremos inscribir nuestros nombres en el libro de oro de la historia. A Cristo le interesa ese trabajo que debemos realizar -una y mil veces- en la oficina, en la fábrica, en el taller, en la escuela, en el campo, en el ejercicio de la profesión manual o intelectual“ (148). Porque la historia que con nuestras vidas se construye no es solo la historia de los pueblos, de las civilizaciones y de las culturas, sino también, y más profundamente, la historia de la salvacion, una historia cuyo desenlace no es meramente intraterreno, puesto que, más allá de todo el acontecer temporal, está llamada a desembocar en la plenitud del Reino de los cielos.

Resulta claro, por lo demás, que hablar de sentido de filiación divina y de valor de las cosas pequeñas es ciertamente hablar de alegría, de confianza, de serenidad y paz interiores, pero, a la vez, de exigencia y de entrega. El panorama ante el que se encuentra situado el cristiano, también el cristiano corriente, llamado a santificarse en medio del mundo y en las actividades seculares, no es un panorama hecho de superficialidad y de facilonería, sino de compromiso y de hondura. El Fundador del Opus Dei, al referirse a las cosas pequeñas, pide una actitud de espíritu no de mediocridad, sino de plenitud; no de dejadez, sino de vitalidad, ya que „la perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo“ (149). Un amor que llegue a los detalles, a todos los detalles, solo puede ser vivido, en efecto, mediante una decisión constantemente renovada, mediante un deseo que se actualiza en cada instante. „En la vida interior -pregunta Camino -, ¿has considerado despacio la hermosura de ‘servir’ con voluntariedad actual?“ (150). Porque, como recuerda en otro momento, „Jesús no se satisface ‘compartiendo’: lo quiere todo“ (151).

Estas consideraciones nos remiten, de nuevo, al amor, ya que solo el amor puede fomentar y sostener una actitud de atención y de entrega vivida hasta los más pequeños detalles. De ahí que en uno de los puntos de Camino exclame: „Jesús, que sea yo el último en todo... y el primero en el Amor“ (152). Y que el libro concluya, precisamente, con las siguientes palabras: „¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. -Enamórate, y no Le dejarás“ (153). Fe viva, voluntariedad actual, amor son los pilares de la actitud interior que permite al cristiano, también al que vive en medio del mundo, encontrar a Dios en esos sucesos y deberes diarios que entretejen su vida y su trabajo y dotar así a lo ordinario de valor pleno, más aún, divino y, en consecuencia, infinito (154).

Notas

119 Camino , n. 267 ( Consideraciones espirituales , pp. 28-29).

120 A. DEL PORTILLO, prólogo a Es Cristo que pasa (puede consultarse sea en ese volumen de homilías, sea en A. DEL PORTILLO, Una vida para Dios: reflexiones en torno a la figura de Josemaría Escrivá de Balaguer , Madrid 1992, donde la expresión mencionada se encuentra en p. 114).

121 Instrucción 19-III-1934, n. 1.

122 Carta 19-III-1954, n. 19; una declaración análoga en Estatutos , n. 80, & 1.

123 Es Cristo que pasa , n. 84.

124 Ibíd., nn. 84 y 85.

125 „Qué buena cosa es ser niño! -Cuando un hombre solicita un favor, es menester que a la solicitud acompañe la hoja de sus méritos. Cuando el que pide es un chiquitín -como los niños no tienen méritos-, basta con que diga: soy hijo de Fulano. ¡Ah, Señor! -díselo ¡con toda tu alma!- Yo soy... ¡hijo de Dios!“ ( Camino , n. 892; Consideraciones espirituales , p. 90). „Somos hijos de Dios, y podemos entretenernos confiadamente con Él, como un hijo charla con su padre“ ( Amigos de Dios , n. 145). „¿Cómo se explica esa oración confiada, ese saber que no pereceremos en la batalla? Es un convencimiento que arranca de una realidad que nunca me cansaré de admirar: nuestra filiación divina“ ( Es Cristo que pasa , n. 64).

126. „Si viviéramos más confiados en la Providencia divina, seguros -¡con fe recia!- de esta protección diaria que nunca nos falta, cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos (...). Querría, en confidencia de amigo, de sacerdote, de padre, traeros a la memoria en cada circunstancia que nosotros, por la misericordia de Dios, somos hijos de ese Padre Nuestro, todopoderoso, que está en los cielos y a la vez en la intimidad del corazón“ ( Amigos de Dios , n. 116). „El Espíritu Santo, con el don de piedad, nos ayuda a considerarnos con certeza hijos de Dios. Y los hijos de Dios, ¿por qué vamos a estar tristes? La tristeza es la escoria del egoísmo; si queremos vivir para el Señor, no nos faltará la alegría“ ( Amigos de Dios , n, 92). „¿Hay mayor alegría que la del que, sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios? (...). Que estén tristes los que se empenan en no reconocerse hijos de Dios, vengo repitiendo desde siempre“ ( Amigos de Dios , n. 108). „Padre -me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?), buen estudiante de la Central-, pensaba en lo que usted me dijo... ¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, „engallado“ el cuerpo y soberbio por dentro... ¡hijo de Dios! Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la ‘soberbia’“ ( Camino , n. 274).

127 „No hay mas que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios. Todos hemos de hablar la misma lengua, la que nos enseña nuestro Padre que está en los cielos: la lengua del diálogo de Jesús con su Padre, la lengua que se habla con el corazón y con la cabeza, la que empleáis ahora vosotros en vuestra oración. La lengua de las almas contemplativas, la de los hombres que son espirituales, porque se han dado cuenta de su filiación divina. Una lengua que se manifiesta en mil mociones de la voluntad, en luces claras del entendimiento, en afectos del corazón, en decisiones de vida recta, de bien, de contento, de paz“ ( Es Cristo que pasa , n. 13). Ver también Es Cristo que pasa , n. 106, y Amigos de Dios , n. 233).

128 Es Cristo que pasa , n. 65.

129 2 P 1,4.

130 Cfr. P. RODRÍGUEZ, Vocación, trabajo, contemplación , cit., pp. 157-159.

131 Amigos de Dios , n. 146; en ese mismo sentido, J. ECHEVARRIA, Itinerarios de vida cristiana , cit., pp. 14-21.

132 No es nuestra intención, en este ensayo, exponer todas las enseñanzas del Beato Josemaría Escrivá en torno a la vida de oración, sino solo tocar aquellos puntos que nos permiten comprender el alcance de sus afirmaciones sobre la santificación del trabajo y en el trabajo. De todas formas, tal vez no esté de más insistir, completando cosas ya dichas, que ese sentido hondo, cálido, familiar podríamos decir, de la filiación divina es predicado y presentado por el Fundador del Opus Dei como fruto y meta de una vida de oración muy centrada en el trato con Cristo, Dios y Hombre, y, más concretamente, en la consideración de su humanidad, captada a través de la contemplación de toda una vida terrena, no solo en los momentos cumbres -Muerte y Resurrección-, sino también en las situaciones ordinarias y comunes de su existencia sencilla en Nazaret, signo privilegiado del acercamiento de Dios a nuestro vivir ordinario. Por eso ocupó un lugar importantísimo en su vida interior el trato con María y José, que tan cerca estuvieron de Jesús y que pueden, por tanto, conducir hacia El, contribuir a sentirle cercano y a descubrir en su humanidad la divinidad, yendo así desde la „trinidad de la tierra“ (José, María, Jesús) hasta la „Trinidad del cielo“. Uno de los testimonios más vivos de ese estilo de oración lo constituye una de las obras más antiguas del Fundador del Opus Dei: Santo Rosario , cuya primera edición data de 1934. Remitamos también a la ya citada homilía „ Hacia la santidad “, en Amigos de Dios , nn. 294-316. Sobre el tránsito de la „trinidad de la tierra“ a la „Trinidad del cielo“, puede encontrarse un breve comentario en A. ARANDA, La Trinidad y la vida espiritual , en Gran Enciclopedia Rialp , t. 22, Madrid 1975, pp. 784-786.

133 Para una ulterior consideración de esta temática, ver F. OCÁRIZ, La filiación divina, realidad central en la vida y en la ensenanza de Mons. Escrivá de Balaguer , en Naturaleza, gracia y gloria , cit., pp. 175-221, y J. BURGGRAF, El sentido de la filiación divina , en AA.VV., Santidad y mundo , cit., pp. 109-127.

134 Es Cristo que pasa , n. 64.

135 Amigos de Dios , n. 312.

136 Carta 24-III-1930, n. 13.

137 Conversaciones , n. 114.

138 Camino , n. 273.

139 Carta 2-X-1958, n. 4.

140 Camino , n. 857 ( Consideraciones espirituales , p. 82).

141 Sobre la virtud de la magnanimidad, íntimamente relacionada con esta cuestión, ver Amigos de Dios , nn. 80 y 106.

142 Camino , nn. 813-830 (en parte, en Consideraciones espirituales , pp. 44 y 88-89). Ver también Conversaciones , n. 116; Es Cristo que pasa , nn. 44, 77,148; Amigos de Dios , nn. 7-8, 41, 62, 221.

143 Camino , nn. 8 16 y 8 15; en el mismo sentido Estatutos , n. 92.

144 Carta 24-III-1930, n. 19. Cuanto venimos diciendo se relaciona, como se advierte fácilmente por los textos citados, con otro aspecto importante de la doctrina espiritual del Beato Josemaría: su enseñanza sobre la vida de infancia, punto en el que recoge tradiciones espirituales que le preceden, pero reviviéndolas y dándoles una interpretación propia. Remitamos al respecto a los dos capítulos que Camino (nn. 852 a 901) y, antes, Consideraciones espirituales (pp. 81 a 93) dedican a la infancia espiritual y a la vida de infancia; exposiciones amplias de esa actitud de espíritu se encuentran también en Es Cristo que pasa , nn. 64-66, y Amigos de Dios , n. 142-148.

145 Camino , n. 813 ( Consideraciones espirituales , p. 44); ver también Camino , nn. 418 y 429 ( Consideraciones espirítuales , pp. 43 y 44).

146 Cfr. 1 Co 1-5, 28.

147 Es Cristo que pasa , n. 47.

148 Ibíd., n. 174; ver también Conversaciones , n. 18. A las declaraciones en este sentido en homilías y en entrevistas de prensa, pueden añadirse muchas otras hechas con ocasión de las visitas que el Fundador del Opus Dei recibió en Roma o de los viajes que realizó a diversos países de Europa y América, ya que esos encuentros le pusieron en contacto con personas de las profesiones y oficios más variados, dándole oportunidad de manifestar la profunda valoración que todos ellos le merecían. Entre otros muchos ejemplos, citemos dos tomados de un mismo viaje: el que realizó, en 1964, a la Universidad de Navarra. „Tenéis que estar -dijo en un encuentro con un grupo de mujeres encargadas de la limpieza de los edificios universitarios- orgullosas de vuestro trabajo: no sabría deciros qué es más importante en la Universidad, si vuestra labor o la de la Junta de Gobierno“. Y en otro momento, recibiendo a un grupo de mineros que habían acudido a Pamplona para saludarle: „Todos los trabajos son iguales ante el Señor; no hay oficios de más o menos categoría: la categoría depende del amor de Dios que ponen quienes los realizan. Decidles -de mi parte- a vuestros compañeros que, cuando están trabajando en las entrañas de la tierra, no están allá abajo, están muy altos, porque el trabajo los dignifica y los acerca a Dios“. De esa estancia en Pamplona, y de las reuniones que allí tuvo, se hicieron eco, con noticias y reportajes, diversos diarios y revistas de la época, en algunos de los cuales -por ejemplo , la revista madrileña „ Telva “ del 15-XII-1964- se reprodujeron las frases recién citadas; una amplia selección de esas noticias y reportajes fue recogida en el libro Asamblea general de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra , Pamplona 1964. Sobre esta implicación del ideal cristiano, nos permitimos remitir a nuestro ensayo Ante, Dios y en el mundo. Apuntes para una teología del trabajo , cit., pp. 206-210.

149 Camino , n. 813 ( Consideraciones espírituales , p. 44).

150 Camino , n. 293.

151 Ibíd., n. 155; ver también n. 145.

152 Ibíd., n. 430 ( Consideraciones espirituales , p. 45).

153 Camino , n. 999.

154 Aunque, como hemos advertido en el prólogo, no ha sido nuestra intención al preparar una nueva edición de este libro, proceder a una reelaboración que tuviera en cuenta, en la medida en que ello es posible, los diversos desarrollos científicos y especulativos posteriores, no nos resistimos, al llegar a este punto, a dejar constancia de nuestra divergencia de parecer con Charles Taylor cuando, en su ensayo sobre las fuentes (o raíces) del yo contemporaneo, considera que la valoración de la vida ordinaria es fruto de un distanciamiento, e incluso de un abandono, del ideal clásico de la heroicidad de vida ( Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna , Madrid 1996, toda la tercera parte, pp. 227 ss.). Sin entrar a discutir si ello es o no cierto en referencia a las fuentes históricas que tiene presentes de forma inmediata -los predicadores puritanos de la Nueva Inglaterra norteamericana-, no lo es en modo alguno ni respecto de la tradición cristiana en su conjunto ni del Beato Josemaría Escrivá, del que ahora nos ocupamos, que dedicó su vida, de forma consciente, a poner de manifiesto que la prosa de la vida ordinaria puede, vivida con actitud de amor, transformarse en poesía, más aún, en endecasílabos, es decir, en ese verso al que la poética clásica presentó como verso heroico. „Al reanudar tu tarea ordinaria, se te escapó como un grito de protesta: ¡siempre la misma cosa! y yo te dije: -sí, siempre la misma cosa. Pero esa tarea vulgar -igual que la que realizan tus compañeros de oficio- ha de ser para ti una continua oración, con las mismas palabras entrañables, pero cada día con música distinta. Es misión muy nuestra transformar la prosa de esta vida en endecasílabos, en poesía heroica“ ( Surco , n. 500); ver también Es Cristo que pasa , n. 50, y Conversaciones , n. 116.

 

 

 

EL TRABAJO, UN TEMA RECUPERADO POR LA TEOLOGIA ESPIRITUAL

“La santificación del trabajo. El trabajo en la historia de la espiritualidad”. Libro escrito por el teólogo José Luis Illanes. Décima Edición revisada y actualizada.

Últimas noticias25/11/2011

El carácter secular es propio y peculiar de los laicos... A los fieles corrientes pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando según el querer de Dios los asuntos temporales. Viven en el mundo, es decir, en todas y cada una de las actividades de la vida familiar y social con las que su existencia forma un único tejido“(1). Con estas palabras, la Constitución Lumen gentium perfila, en su capítulo cuarto, las notas distintivas del laicado como elemento integrante del pueblo de Dios.

Superaba así el Concilio Vaticano II una descripción puramente negativa de la condición propia de los laicos (los que no son ni clérigos ni religiosos), para dar paso a una descripción positiva en la que se subrayan, de una parte, la pertenencia al pueblo de Dios y la incorporación a Cristo, y, de otra, la realización de una misión en el mundo, en el núcleo mismo de las estructuras temporales (2).

El esfuerzo de penetración teológica en la comprensión y descripción del laicado, que supuso la elaboración de la Constitución Lumen gentium y que se refleja a lo largo de todo el capítulo cuarto de esa Constitución, encuentra su lógica prolongación en el capítulo quinto: la llamada universal a la santidad. „Todos los fieles -proclama el Concilio-, cualquiera que sea el estado o régimen de su vida, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad... Todos los fieles, en cualquier condición de vida, de oficio o de circunstancia, y precisamente por medio de todo eso, se pueden santificar cada día más, siempre que todo sea recibido con fe de la mano del Padre celestial; siempre que se coopere con la voluntad divina al manifestar a todos, incluso en un servicio temporal, la caridad con que Cristo amó al mundo“(3).

Una frase resulta especialmente significativa dentro del párrafo que se acaba de citar: el inciso donde se aclara que no solo se puede aspirar a la santidad desde cualquier estado de vida, sino que debe aspirarse „precisamente por medio de ese estado de vida“. Poco antes, y aludiendo a quienes se dedican al trabajo manual, los Padres conciliares habían escrito: „los que viven entregados al trabajo, con frecuencia duro, conviene que a través de esa misma tarea humana busquen su perfección“(4). La conexión entre esas afirmaciones de la Constitución Lumen gentium es clara: si los seglares, por vocación divina, deben estar en las estructuras temporales, ha de ser ahí donde encuentren los medios para su santificación. El trabajo, la tarea humana, se presenta así como algo que se injerta hondamente en el terreno de lo sobrenatural(5).

Esta formulación de la Lumen gentium encuentra su aplicación y complemento en otros documentos conciliares, en los que se nos ofrecen los elementos centrales para una reflexión sobre el valor santificador del trabajo:

a) De una parte, en efecto, esos documentos recogen y glosan aquellos aspectos del dogma cristiano que fundamentan la dignidad del trabajo humano. Quizá ninguna frase más gráfica en este sentido que el siguiente párrafo de la Constitución Gaudium et spes : „Una cosa es cierta para los creyentes: que el trabajo humano, individual o colectivo, es decir el conjunto ingente de los esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios... Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para si y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia“(6). En suma, la actividad humana, el trabajo, forma parte del orden querido por Dios, que no es un orden estático, sino dinámico; un orden, pues, que refleja la perfección de Dios no solo por el mero hecho de ser, es decir, por su simple estar hecho, sino por su obrar (7).

b) De otra, esos mismos documentos prolongan esas perspectivas dogmáticas y cósmicas, que se acaban de señalar, para, ya a un nivel más inmediatamente antropológico, poner de manifiesto la importancia del trabajo para la perfección del hombre, también para su perfección sobrenatural. El documento del Vaticano II donde este aspecto se encuentra más desarrollado es el Decreto Apostolicam actuositatem , en los párrafos destinados a perfilar algunos de los rasgos generales de la vida espiritual de los seglares: „Los laicos deben servirse de estos auxilios (las diversas prácticas espirituales y la liturgia), de tal modo que, al cumplir como es debido las funciones propias del mundo en las circunstancias ordinarias de la vida, no separen la unión con Dios de su vida personal, sino que crezcan en esa unión realizando su trabajo según la voluntad de Dios... La vida espiritual de los laicos debe tomar su nota peculiar a partir del estado de matrimonio y familia, de celibato o viudedad, de la situación de enfermedad, de la actividad profesional y social. No dejen, pues, de cultivar con asiduidad las cualidades y dotes que, adecuadas a esas situaciones, les han sido dadas, y hagan uso de los dones recibidos en propiedad del Espíritu Santo“(8).

El magisterio pontificio de los años transcurridos desde la celebración del Concilio Vaticano II ha reiterado y prolongado esas enseñanzas (9). No es necesario proceder ahora a documentar ese hecho; nos limitaremos, pues, simplemente a algunas citas significativas de los dos pontífices que, junto con el breve pontificado de Juan Pablo I, cubren el lapso de tiempo que va desde la década de los sesenta hasta nuestros días, Pablo VI y Juan Pablo II.

En palabras breves e incisivas, Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio -publicada, como se recordara, poco mas de un año después de la terminación del Vaticano II- ponía en relación trabajo y obra creadora: „Dios, habiendo adornado al hombre con el intelecto, el pensamiento y los sentidos, le ha dado los instrumentos necesarios para que, la obra que Él había incoado, en cierto modo la completara y perfeccionara“ (10). Y, en otro momento, desde una perspectiva no ya dogmática sino espiritual, comentaba: „no solo hay que convertir la profesión en algo bueno, no solo se la debe santificar, sino que la misma profesión ha de ser considerada como santificante, como algo que perfecciona. No es necesario salirse del propio camino para mejorar, para ser digno del Evangelio y de Cristo. Basta quedarse allí, permanecer allí. Es decir: basta dedicar a los propios deberes esa atencion y fidelidad que convierten al hombre en una persona buena, honesta, justa, ejemplar“(11).

Juan Pablo II ha desarrollado esas perspectivas, tanto las dogmáticas como las espirituales, en diversos momentos, y especialmente en uno de los documentos más emblemáticos de su pontificado, la Encíclica Laborem exercens . La densidad del documento -el más amplio de los dedicados al trabajo por el magisterio eclesiástico- nos exime de un comentario detenido. Limitémonos a recordar que toda la Encíclica quiere ser como una glosa del „evangelio“, es decir, de la buena nueva sobre el trabajo que implica la fe cristiana, en referencia a dos ejes fundamentales: la narración del Génesis sobre la creación del hombre como ser llamado a dominar la tierra y el testimonio de Jesucristo y la realidad concreta de su trabajo en Nazaret. De ahí la intensidad de muchas de sus frases sintéticas, de entre las que reproducimos una: „Si la Iglesia considera como deber suyo pronunciarse sobre el trabajo desde el punto de vista de su valor humano y del orden moral en el cual se encuadra (...), contemporáneamente ve como un deber suyo particular la formación de una espiritualidad del trabajo, que ayude a todos los hombres a acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor“ (12).

El alcance doctrinal y la trascendencia histórica de afirmaciones como las que acabamos de citar se advertirá más claramente si recordamos que, apenas unos años antes, un lenguaje semejante hubiera resultado inconcebible: la teología espiritual ignoraba, en efecto, el tema del trabajo o, si lo mencionaba, era solo marginal o tangencialmente. Baste remitir a tres de los más conocidos manuales de teología espiritual de la época a la que aludimos. Tanquerey, en su Compendio de Teología Ascética y Mística (primera edición, 1923), apenas dedica tres páginas al tema de la santificación del trabajo, y eso dentro del capítulo titulado „Santificación de la vida de relación“. En Las tres edades de la vida interior , de Garrigou-Lagrange (primera edición, 1938), o en la Theologia spiritualis del profesor de la Gregoriana J. de Guibert (primera edición, 1937), del trabajo ni siquiera se habla; la misma suerte corre el tema de los deberes de estado. Los ejemplos podrían multiplicarse.

¿Cómo puede haberse producido ese olvido?, ¿qué factores lo explican? Aunque volveremos sobre algunos aspectos de este problema en páginas posteriores, podemos ya ahora apuntar un esbozo de respuesta, aludiendo a tres factores, entre otros que podrían mencionarse.

Ese olvido parece vinculado, en primer lugar, al influjo ejercido sobre la teología espiritual por planteamientos surgidos a partir de la experiencia monástico-religiosa. Expliquémonos bien. Todas las espiritualidades que a lo largo de los siglos han ido floreciendo en la Iglesia, se justifican por si mismas en la medida de su fidelidad al Evangelio, de la que es garantía la aprobación de la Jerarquía eclesiástica. Los fallos o carencias son imputables, más bien, a la reflexión teológica posterior, que, en más de una ocasión, puede haber pecado de unilateralidad, al no abordar el problema en su conjunto, por encerrarse en perspectivas parciales. Fue eso lo que, en nuestro caso concreto, condujo, durante bastante tiempo, a considerar la espiritualidad cristiana solo -o al menos preponderantemente- desde el prisma del apartamiento del mundo y no también desde la óptica propia de quien está inserto en él, olvidando o dejando de lado, en la práctica, los valores propios de la experiencia laical y, por tanto, el trabajo en cuanto actividad u ocupación secular (13).

La experiencia monástica -sea en general, sea especialmente en la tradición benedictina- implicaba, ciertamente, una valoración de la actividad manual. Y en los siglos medievales, el desarrollo de las corporaciones y de la sociedad en general apuntó en más de un momento a una valoración del trabajo profesional, que, en la época del Renacimiento y del humanismo, se amplió, incluso desde una perspectiva más formalmente especulativa. La ruptura del universo cristiano que se produjo a raíz de la reforma protestante, y la crispación de posturas en que esa ruptura desembocó, trajo consigo -y este es el segundo de los factores a los que deseábamos aludir- una paralización de esos gérmenes. La teología postridentina y barroca, que supo advertir y valorar otras realidades temporales, ignoró en cambio el trabajo e incluso, en más de un momento, se dejó condicionar por un aristocratismo que lo excluía o lo minusvaloraba.

Todo ello se vio agravado -tercer factor- por la fractura que, como consecuencia de un complejo proceso histórico, se produjo, a partir del siglo XVIII, entre mundo civil y mundo eclesiástico, entre filosofía y teología, entre vivir humano y espiritualidad cristiana. En la génesis y desarrollo de ese proceso influyeron realidades y planteamientos muy diversos, tanto positivos, como neutros o ambivalentes e incluso negativos. Sin entrar ahora en mayores precisiones (14), digamos solo, y de forma muy esquemática, que ese proceso desembocó en fractura como consecuencia de la presencia y la acción de ideologías, de cuño deísta o ateo, que conciben la vida humana como una realidad cerrada en sí misma, relegando, por tanto, la religión, y todo lo relacionado con ella, al orden de lo insignificante o, incluso, de lo perjudicial.

La realidad fue que, de hecho, se llegó no solo -lo que resulta de por sí suficientemente grave- a actitudes que se limitaban a yuxtaponer entre vida de trabajo y vida cristiana, sino, peor aún, a planteamientos que presuponian que entre ambas dimensiones reina una verdadera oposición, como lo denunciaba Pablo VI, en un artículo publicado en 1960, cuando era todavía el Cardenal Montini: „Religión y trabajo. Existe hoy algo que no solo distingue, sino que separa estas dos expresiones de la vida humana: a veces se ignoran, en ocasiones se miran con suspicacia, otras se oponen mutuamente. Con frecuencia conviven sin ayudarse, sin fundirse en una espiritualidad homogénea, sin entrecruzarse en una equilibrada armonía. Cuando son impulsadas a un acercamiento, lo hacen con temor. Si se les obliga a estar juntas, una obstaculiza la segunda; y la segunda profana a la primera. Se diría que no están hechas para ir de acuerdo. Se diría, incluso, que la oposición surgida en la mentalidad trabajadora contra la religión supone algo profundo, irreductible“ (15).

Ningún desarrollo, ninguna realización le son dados al hombre de una vez para todas, puesto que la historia implica el actualizarse incesante de nuestra libertad, pero el reconocimiento de la posibilidad de una síntesis armónica entre trabajo y espiritualidad es ya una adquisición a nivel de la conciencia cristiana, como testimonian los textos del Concilio Vaticano II antes citados, encuadrados como están en ese esfuerzo de la Iglesia por „dar una más plena definición de sí misma“(16). Podemos hablar así de una nueva situación teológica, de una recuperación por parte de la teología y, concretamente, por parte de la teología espiritual del valor específicamente cristiano y teologal del trabajo.

Si antes nos interrogábamos acerca de las causas que pueden explicar el olvido del tema del trabajo por parte de la teología espiritual que nos ha precedido, podemos ahora preguntarnos: ¿qué hechos concretos han provocado esa recuperación?, ¿qué factores han motivado esa mayor profundización en el mensaje de Cristo que ha llevado a reconocer el valor santificador del trabajo?

Todo intento de explicación o reconstrucción histórica es empresa arriesgada ya que los elementos en juego son múltiples y variados y resulta difícil reducirlos de algún modo a unidad. Esa dificultad aumenta si se trata de explicar procesos de vida cristiana en los que -así lo reconoce todo pensador creyente- está presente, aunque sea de modo imperceptible, la acción de Dios. „El Espíritu Santo es quien da su espiritualidad al nuevo pueblo de Dios“, escribe Schmaus en su tratado sobre la Iglesia (17). El Espíritu Santo es quien anima y hace crecer el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia; los grandes cambios, los grandes movimientos no se producen en la Iglesia por el mero juego de fuerzas naturales, ni tan siquiera por el simple esfuerzo humano en meditar sobre la palabra de Dios, sino que es la acción soberana del Espíritu la que mueve los hilos de una trama que va encaminando a la Iglesia hacia esa medida de la plenitud de Cristo en la que tiene su meta.

La toma de conciencia a la que nos hemos referido presupone esa realidad, constituye uno de esos pasos por los que la Iglesia, asumiendo todos y cada uno de los momentos de su pasado, los integra en un deseo de mayor fidelidad a Cristo y a la palabra que Él nos ha transmitido, manifestando así, con su propio vivir, la presencia viva del Espíritu. Porque -digámoslo con palabras del Beato Josemaría Escrivá- „la Iglesia, que es un organismo vivo, demuestra su vitalidad con el movimiento inmanente que la anima. Este movimiento es, muchas veces, algo más que una mera adaptación al ambiente: es una intromisión en él, con ánimo positivo y señorial. La Iglesia, conducida por el Espíritu Santo, no transita por este mundo como a través de una carrera de obstáculos, para ver cómo puede esquivarlos o para seguir los meandros abiertos según la línea de menor resistencia, sino que, por el contrario, camina sobre la tierra con paso firme y seguro, abriendo Ella camino“ (18).

No es, pues, mediante una investigación puramente erudita, y menos aún, con una consideración meramente conceptual como conseguiremos explicarnos la historia de la Iglesia. Es necesario saber mirar con ojos penetrantes, con ojos de fe, esa historia, estando atentos tanto a los grandes acontecimientos como al desenvolverse concreto del existir. Newman ha mostrado ya suficientemente la importancia de la práctica, de la experiencia, de la vida, en el desarrollo de la doctrina católica (19). Y si esto es verdad en todos los terrenos, lo es de modo muy especial en el terreno de la doctrina espiritual. Toda pretensión de ofrecer una explicación acabada pecaría, por eso, inevitablemente, de unilateral.

Pero una vez dicho todo eso, y teniéndolo presente, nada impide que, sin pretensiones de exhaustividad, apuntemos algunos de los acontecimientos y realidades que han estado en juego en el proceso de toma de conciencia sobre el valor cristiano y, más concretamente, santificador del trabajo. Recordemos, por ejemplo, los movimientos culturales y sociales de inspiración cristiana surgidos como respuesta ante los problemas planteados por la revolución industrial y por la descristianización de amplias masas de población, ya que condujeron, aunque en ocasiones por vía indirecta, a interrogarse sobre la vida espiritual como fundamento de la acción. Evoquemos también a los estudios teológicos, bíblicos y patrísticos, nacidos, en más de una ocasión, como apoyo o contribución a experiencias apostólicas o pastorales. Mencionemos además, aunque su perspectiva sea diversa, diversos intentos de reflexión filosófica, de inspiración cristiana, en diálogo crítico con las filosofías del trabajo surgidas a partir de los inicios de la revolución industrial.

Y finalmente, aunque en más de un caso entrecruzándose con todo lo anterior, las realidades e iniciativas espirituales, fruto de esa acción por la que el Espíritu Santo, que sopla donde quiere y como quiere (20), continúa haciendo resonar a lo largo de la historia, con acentos a la vez perennes y nuevos, la palabra de Cristo.

En esta última línea se sitúan el acontecimiento y la realidad en la que vamos a centrar la atención en este libro: el nacimiento del Opus Dei en 1928 y su posterior desarrollo y difusión, y, más concretamente, su espíritu. El mensaje proclamado y la labor realizada por su Fundador, el Beato Josemaría Escrivá, han sido, en efecto, uno de los caminos elegidos por el Espíritu Santo para promover la renovación de la vida cristiana en y a través de las tareas seculares e impulsar el reconocimiento tanto intelectual como vital del valor santificador del trabajar humano.

Juan Pablo II quiso dejar constancia de ello en la homilía que pronunció el 17 de mayo de 1992, con ocasión de la Beatificación del Fundador del Opus Dei. „Con sobrenatural intuición -fueron sus palabras-, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación“. En una sociedad en la que la fuerza técnica y la riqueza material corren el riesgo de convertirse en un ídolo, „el nuevo Beato -continuó diciendo- nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. „Todas las cosas de la tierra -enseñaba-, también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios“(21).

Toda beatificación constituye un reconocimiento de la santidad de vida de la persona a la que se refiere. Las palabras pronunciadas por Juan Pablo II indican que, en el caso de Josemaría Escrivá, ese acto eclesial y litúrgico implicaba, a la vez, el reconocimiento de la trascendencia histórica y pastoral de un mensaje. Mejor dicho, la confirmación de esa trascendencia, puesto que, en realidad, había sido ya amplia y reiteradamente reconocida en años anteriores, en especial desde que, en las décadas de 1940 y 1950, el Opus Dei recibiera las oportunas aprobaciones pontificias. Las declaraciones públicas en ese sentido fueron particularmente numerosas en la segunda parte de la década de 1970, a raíz del fallecimiento de Beato Josemaría, acaecido en junio de 1975. De entre los diversos testimonios de ese período, resultará útil citar dos, especialmente significativos desde una perspectiva espiritual.

El primero proviene de un artículo que el Cardenal Albino Luciani, poco después Juan Pablo I, publicó el 25 de junio de 1978 y en el que, bajo el título „Buscando a Dios en el trabajo cotidiano“, glosaba algunos rasgos de la espiritualidad del Opus Dei, acudiendo, para mostrar su relevancia histórica, a la comparación con uno de los grandes santos de la época moderna: San Francisco de Sales, bien conocido por su preocupación por promover la vida espiritual de los cristianos corrientes, entregados a las tareas seculares. „Escrivá de Balaguer -escribía el entonces Patriarca de Venecia- supera en muchos aspectos a Francisco de Sales. Este también propugna la santidad para todos, pero parece enseñar solamente una espiritualidad de los laicos, mientras Escrivá quiere una espiritualidad laical. Es decir, Francisco sugiere casi siempre a los laicos los mismos medios practicados por los religiosos con las adaptaciones oportunas. Escrivá es más radical: habla de materializar -en buen sentido- la santificación. Para él, es el mismo trabajo material lo que debe transformarse en oración y santidad“ (22).

El segundo está tomado de un texto, aparecido un mes después del fallecimiento del Beato Josemaría, que tiene por autor al Cardenal Sebastiano Baggio, en aquel momento Prefecto de la Congregación para los Obispos, y conocedor del Fundador del Opus Dei desde el año mismo en que este fijó su residencia en Roma, es decir, desde 1946. „Es evidente -escribe- que la vida, la obra y el mensaje del Fundador del Opus Dei constituyen en la historia de la espiritualidad cristiana un viraje, o, más exactamente, un capítulo nuevo y original, si consideramos esa historia -y así debe ser- como un camino rectilíneo bajo la guía del Espíritu Santo“. A lo largo de la historia de la Iglesia -comenta-, no han faltado predicadores o directores de almas que han invitado a todos los hombres, cualquiera que fuera su situación en la vida, a seguir a fondo el camino de Cristo, pero -añade- „lo que continúa siendo revolucionario en el mensaje espiritual de Mons. Escrivá de Balaguer es la manera práctica de orientar hacia la santidad cristiana a hombres y mujeres de toda condición, en una palabra: al hombre de la calle (...)“. Ese modo de concretar, en la práctica, el mensaje al que acabamos de referirnos se basa -continúa- „en tres novedades características de la espiritualidad del Opus Dei: 1) los seglares no deben abandonar ni despreciar el mundo, sino quedarse dentro, amando y compartiendo la vida de sus conciudadanos; 2) quedándose en el mundo, deben saber descubrir el valor sobrenatural de todas las normales circunstancias de su vida, incluidas las más prosaicas y materiales; 3) en consecuencia, el trabajo cotidiano -es decir, el que ocupa la mayor parte del tiempo y caracteriza la personalidad de la mayoría de las personas- es lo primero que han de santificar y el primer instrumento de su apostolado“ (23).

Con relativa frecuencia en testimonios como los mencionados, o en otros de la misma época, al glosar la figura del Beato Josemaría y de su mensaje, se hace alusión a la importancia de su contribución al proceso de renovación eclesial que había terminado por confluir en el Concilio Vaticano II y, especialmente, en su proclamación de la llamada a la santidad y al apostolado en y a través de las ocupaciones seculares (24). En el momento del fallecimiento del Beato Josemaría Escrivá habían transcurrido solo diez años desde la conclusión del Concilio, y era lógico que acudiera espontáneamente a la memoria el recuerdo del gran acontecimiento conciliar para situar con relación a él hechos, acontecimientos y doctrinas. Ahora, casi treinta años después y en el momento del tránsito del segundo al tercer milenio de la era cristiana, el horizonte se ha hecho más complejo, aunque el Concilio sigue siendo un punto decisivo de referencia (25).

En todo caso, nuestra intención no es tanto buscar antecedentes de acontecimientos concretos, cuanto situarnos ante un gran ideal, la santificación del trabajo humano, considerando la luz y el impulso que, a ese efecto, implica el mensaje proclamado por el Fundador del Opus Dei. Vamos, pues, a lo largo de este ensayo, a exponer algunos de los rasgos fundamentales de ese espíritu, considerándolo, primero, en términos generales -lo que implicará aportar algunos datos que ayuden a situarlo en el contexto de la historia de la espiritualidad cristiana (26)- y analizándolo, después, de forma más detallada.

Notas

1 CONC. VATICANO II, Const. Lumen gentium, n. 31.

2 Sobre la comprensión del laico o cristiano corriente que implican los textos del Concilio Vaticano lI, los desarrollos espirituales y los estudios que confluyeron en las declaraciones conciliares, así como los debates posteriores y la reafirmación y profundización en la doctrina del Vaticano II realizadas por la Asamblea del Sínodo de Obispos celebrado en 1987 y la sucesiva Exhortación apostólica Christifideles laici, puede encontrarse información ybibliografía en nuestro estudio La discusión teológica sobre la noción delaico, en „Scripta Theologica” 22 (1990) 771-789 (recogido después en J. L.ILLANES, Laicado y sacerdocio, Pamplona 2000).

3 CONC. VATICANO II, Const. Lumen gentium, nn. 40 y 41.

4 Ibid., n. 41.

5 Para un desarrollo de esa idea, ver nuestro estudio La llamada universal a la santidad, en„Nuestro Tiempo“ 162 (1967) 611-630, donde el tema es analizado teniendo a la vista precisamente textos tanto del Concilio Vaticano II como del Fundador del Opus Dei (recogido luego en J. L. ILLANES, Mundo y santidad, Madrid 1984, pp. 65-96).

6 CONC. VATICANO II, Const. Gaudium et spes, n.34.

7 Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUlNO, Summa Theologiae, 1, q. 103, a.6.

8 CONC. VATICANO II, Decr. Apostolicam actuositatem, n. 4.

9 Para un análisis más detenido de la enseñanza del Vaticano II, ver R. M. NUBIOLA, Trabajo y redención en la „Gaudium et spes“, Terrassa (Barcelona) 1993, y H. FITTE, Lavoro umano e redenzione. Riflessione teologica dalla „Gaudium et spes“ a la „Laborem exercens“, Roma 1996, en ambos casos con buena bibliografía

10 PABLO VI, Enc. Populorum progressio, n. 27; ver también el n. 28 donde recuerda a la vez el carácter ambivalente que, como toda realidad temporal, intrahistórica, tiene el trabajo. La Populorum progressio fue promulgada el 26-III-1967.

11 ÍDEM, Discurso a la Asociación de Juristas Católicos, 15-XII-1963 (en Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Políglota Vaticana, I, 1963, p. 609). Como puede advertirse, el pasaje que citamos no es posterior sino contemporáneo del Vaticano II; textos posteriores del mismo pontífice, en H. FITTE, Lavoro umano e redenzione, cit., pp. 244-249.

12 JUAN PABLO II, Enc. Laborem exercens, n. 24. Sobre esta Encíclica, junto a nuestro ensayo Trabajo, historia y persona. Elementos para una teología del trabajo en la„Laborem exercens“, en „Scripta Theologica“ 15 (1983) 205-231 (recogido en J.L. ILLANES, Ante Dios y en el mundo. Apuntes para una teología del trabajo, Pamplona 1997, pp. 143-178), pueden consultarse, entre otros estudios, AA. VV., Estudios sobre la „Laborem exercens“, Madrid 1987; E. COLOM Y F. WURMSER, El trabajo en JUAN PABLO II, Madrid 1995; H. FITTE, Lavoro humano e redenzione, cit., pp. 251-273, con amplia bibliografía.

13 Durante largo tiempo, afirmaba Henri Sanson, „el aspecto ascético del trabajo ha ocultado su significación humana“ (Spiritualité de la vie active, Le Puy 1957, p. 212; ver también páginas 9-11). Jacques Maritain (Le paysan de la Garonne, París 1966,pp. 73-79; versión castellana: El campesino del Garona, Bilbao 1967, pp. 80-85 )expresaba un juicio análogo afirmando que, por una errada interpretación del dicho de algunos grandes místicos -alude a la expresión „desprecio del mundo”- la teología espiritual ha estado afectada, en ocasiones de forma patente, otras larvada, por un maniqueísmo práctico que hacía imposible una apreciación positiva de las realidades seculares, y, por tanto, del trabajo profesional que el cristiano realiza en medio del mundo y sabiéndose parte del mundo.

14 De ese proceso, y más concretamente de la distinción entre secularización, secularidad y secularismo -por acudir a términos emblemáticos y usuales-, nos hemos ocupado ya con detalle en otros momentos, especialmente en Cristianismo, historia, mundo, Pamplona 1973, e Historia y sentido. Estudios de teología de lahistoria, Madrid 1997.

15 Un grande problema del giorno: Religione e lavoro, en „L’Osservatore Romano”, 1-IV-1960,p. 3. Cinco años más tarde, ya Pontífice y en plena celebración del Concilio Vaticano II,pronunciaba unas palabras, dirigidas a los participantes en un congreso de jóvenes obreros, en las que cabe detectar un eco de ese diagnóstico de la situación, unido a la invitación a superarla: „Toca a vosotros llevar, volver a llevar a Cristo al mundo del trabajo y, especialmente, a las nuevas promociones de trabajadores. No se trata de hacer una propaganda fanática, ni de adoptar posturas de beatos, ni mucho menos de encerrarse en círculos cerrados, o de sentirse ajeno a la participación de la vida obrera. Se trata de no privar, a esa vida del trabajo, de su dignidad espiritual, de sus derechos religiosos y morales; se trata de infundir en el trabajo el sentido cristiano yhumano, que lo ennoblece, lo fortifica, lo purifica, lo conforta y lo llena de buenos sentimientos de solidaridad y amistad, y ayuda a defender los propios intereses económicos y profesionales con espíritu de justicia y de comprensión para el bien común. ¿No es vuestra fe, vuestra conciencia cristiana, vuestra certeza religiosa, la que os da el sentido más alto, más seguro, más alegre dela vida? He aquí para qué sirve la fe: ¡sirve para la vida!“ (Discurso al IX congreso nacional de la juventud de la Associazione Católica dei Lavoratori Italiani, ACLI, pronunciado el 5 de enero de 1965; en lnsegnamenti di Paolo VI, vol. III, 1965, pp. 16-17).

16 PABLO VI,Discurso de apertura a la Segunda Sesión del Concilio Vaticano II, AAS, 54 (1963), p. 847.

17 Katholische Dogmatik, párr. 170 (edición castellana, tomo IV, Madrid 1960, p. 315).

18 BEATO JOSEMARÍA ESCRIVÁ, La Constitución apostólica „Provida Mater Ecclesia“ y el Opus Dei, Madrid 1949, p. 7 (se trata de una conferencia pronunciada en 1948 en la sede

madrileña de la Asociación Católica de Propagandistas, y luego publicada en edición aparte).

19 Véase su Essay on the Development of Christian Doctrine, a lo largo de toda la obra y quizá

especialmente las páginas que, al principio de la obra, dedica a poner de manifiesto la conexión entre desarrollo dogmático y fe auténticamente vivida.

20 Cfr. Jn 3,8.

21 JUAN PABLO II, Homilia en la Misa de Beatificación del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, 17-V-1992; expresiones parecidas en el Breve pontificio de Beatificación. Ambos textos pueden consultarse en „Romana. Bollettino della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei“ 8 (1992) 18-20 y 11-15.

22 A. LUCIANI, Cercando Dio nel lavoro quotidiano, en „II Gazzettino“, Venecia, 25-VII-1978.

23 S. BAGGIO, Opus Dei: una svolta nella spiritualitá, en „Avvenire“, Milán, 26-VII-1975.Declaraciones análogas se encuentran en escritos publicados por otras muchas personalidades eclesiásticas; remitamos, a modo de ejemplo, a los testimonios, dados en esas mismas fechas, de diversos cardenales: SERGIO PIGNEDOLI, Mons. Escrivá de Balaguer: un esemplaritá spirituale, en „Il Veltro“, Roma 19 (1975) 275-282; MARCELO GONZÁLEZ MARTÍN, ¿Cuál sería su secreto?, en „ABC” suplemento dominical, Madrid, 24-VIII-1975; JULlUS ROSALES, Msgr. Escrivá: Profile of a saint, en „Philippines Evening Express“, Manila, 26-VI-1976; AGNELO ROSSI, Mensagem universal de Mons. Escrivá, en „O Estado de S. Paulo“, Sao Paulo, 27-VI y 4-VII-1976; FRANZ KÖNIG, Il significato dell’Opus Dei, en „Corriere

della Sera“, Milán, 9-XI-1975; JOHN CARBERRY, The Work of God, en „The Priest“,

Huntington (Indiana), VI-1979; LUIS APONTE, La santidad del pueblo de Dios, una pasión de Mons. Escrivá de Balaguer, en „El Visitante de Puerto Rico“, San Juan de Puerto Rico, 11-II-1979; PIETRO PARENTE, Le radici della spiritualitá del fondatore dell’Opus Dei, en „L’Osservatore Rornano“, 24-VI-1979.

24 Así lo hizo, entre otros, el propio JUAN PABLO II, por ejemplo, en una homilía pronunciada

durante una Misa celebrada el 19 de agosto de 1979, en la que participaba un numeroso grupo de fieles del Opus Dei: „Vuestra institución -afirmó- tiene como finalidad la santificación de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio puesto de trabajo y de profesión: vivir el Evangelio en el mundo, viviendo ciertamente inmersos en el mundo, pero para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo . Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los

comienzos se ha anticipado a esa teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio” (el original italiano de esa homilía se encuentra en „L’Osservatore Romano“, 20/21-VIII-1979; su traducción castellana, en „L’Osservatore Romano“, edición en español, 26-VIII-1979). Unos años antes, siendo todavía el Cardenal Karol Wojtvla, había tenido ocasión de aludir al Opus Dei en relación precisamente al tema que nos ocupa: el trabajo. Fue en una conferencia pronunciada en 1974, sobre el tema La evangelización y

el hombre interior, y en la que, después de haber puesto de manifiesto que el crecimiento del hombre pasa a través del crecimiento interior, se preguntaba cómo se entrelaza el desarrollo humano con el progreso de la técnica y de la praxis que de ella deriva: „¿De qué manera, en definitiva, dominando la faz de la Tierra, podrá el hombre plasmar en ella su rostro espiritual?“. Acto seguido continuó: „Podremos responder a esta pregunta con la expresión -tan feliz y ya

tan familiar a gentes de todo el mundo- que Mons. Escrivá de Balaguer ha difundido desde hace tantos años: „santificando cada uno el propio trabajo, santificándose en el trabajo y santificando a los otros con el trabajo“.“ Una versión castellana de esta conferencia está recogida en el libro La fe de la Iglesia. Textos del Card. Karol WojiyIa, Pamplona 1979; las frases citadas están en pp. 94-95.

25 A él remite expresamente JUAN PABLO II en los documentos que destinó a enmarcar el Gran Jubileo del año 2000: el destinado a orientar su preparacion y celebración yel encaminado a glosar su clausura, es decir, la Carta apost. Tertio millennio adveniente y la Carta. apost. Novo millennio ineunte. En ambos documentos (cfr., especialmente, nn. 18-20 del primero y n. 3 y 57 del segundo), lo presenta, en efecto, como acontecimiento decisivo en la historia de la Iglesia del siglo XX y como impulso y orientación para la actividad apostólica futura.

26 A lo largo de las páginas que siguen emplearemos varias veces las expresiones "espíritu“,„espiritualidad“ y „espiritualidades“. No es nuestra intención entrar en discusiones sobre la significación estricta de tales vocablos, baste aclarar que el punto de partida de toda reflexión sobre estos temas es la unidad esencial de la espiritualidad cristiana: no hay cristianismo fuera de la identificación con Cristo. Por lo demás, el significado con que en cada lugar empleamos esas voces se deduce claramente del contexto. Sobre este punto, ver lo que hemos escrito en Mundo y santidad, cit., pp. 194-208.

 

Actitud ante los pobres

Se debe vivir misericordia con el que padece necesidad. El orden social se hace abierto y misericordioso.

 Enrique Cases

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"Decía también al que le había invitado: Cuando des una comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea que también ellos te devuelvan la invitación y te sirva de recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, llama a pobres, a tullidos, a cojos, y a ciegos; y serás bienaventurado porque no tienen para corresponderte; se te recompensará en la resurrección de los justos" (Lc). Muchas pobrezas son fruto de las mil desgracias de la vida, y aún en el caso de que sean culpables, se debe vivir misericordia con el que padece necesidad. El orden social se hace abierto y misericordioso, sin afectaciones.

"Cuando oyó esto uno de los comensales, le dijo: Bienaventurado el que coma el pan en el Reino de Dios". Pero Jesús le dijo: "Un hombre daba una gran cena, e invitó a muchos. Y envió a su criado a la hora de la cena para decir a los invitados: Venid, pues ya está todo preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado un campo y tengo necesidad de ir a verlo; te ruego que me des por excusado. Y otro dijo: Compré cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas; te ruego que me des por excusado. Otro dijo: Acabo de casarme, y por eso no puedo ir. Regresó el criado y contó esto a su señor. Entonces, irritado el dueño de la casa, dijo a su criado: Sal ahora mismo a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres, a los tullidos, a los ciegos y a los cojos. Y el criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio. Entonces dijo el señor a su criado: Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar, para que se llene mi casa. Os aseguro, pues, que ninguno de aquellos hombres invitados gustará de mi cena"(Lc). Este "oblígalos a entrar" muestra el deseo ardiente de Jesús para que todos puedan gozar de la dicha de la salvación, las bodas eternas con Dios en el cielo y en la tierra. La invitación a todos es clara una vez más, no caben excusas, por muy justificadas que parezcan.

 

 

 

Avanza el proceso para la reforma de la ley bioética francesa

Perdonará el lector mi insistencia, pero sigo pensando que el derecho francés resulta ejemplar en este campo, aunque no necesariamente todos estén de acuerdo con todo. A mi entender, muestra un gran equilibrio entre el principio de cautela y la asunción de progresos científicos, con la correspondiente valoración de los criterios éticos ante las nuevas técnicas: no siempre las soluciones que permite el desarrollo de las investigaciones, se pueden ni se deben aceptar en el ordenamiento. La complejidad de los problemas justificó que, desde la primera ley, de 1994, el legislador estableciera la necesidad de una revisión periódica, como se hizo en 2004 y 2011.

Cuando llegue el momento de analizar la próxima ley, desde luego, si de algo no se podrá acusar al legislador es de improvisación ni precipitaciones, muy al contrario de lo que sucede por estos pagos. El Comité nacional de ética organizó durante el primer semestre del año los "estados generales" de la bioética en Francia, con todo tipo de actos e intervenciones. Se publicó a comienzo del verano una síntesis amplia de unas doscientas páginas, para general conocimiento. Ya en septiembre, el comité hizo sus propuestas al ejecutivo, muy ceñidas a las grandes tendencias reflejadas en los estados generales, con discrepancias y consensos.

Antes de perfilar el proyecto de ley, el gobierno puso en marcha una misión informativa parlamentaria de diputados, que comenzó su trabajo a comienzos de julio. Aunque con visión de conjunto, es conocido que los macronianos querían plantear, sobre todo, la extensión de la procreación médica asistida (PMA), aunque tampoco hay unanimidad en el partido del gobierno.

Esta misión de investigación parlamentaria acaba de finalizar, tras unas sesenta audiciones, más de 150 oradores, muchas horas de debate y un solo incidente notable. Han pasado por la Asamblea científicos, médicos, representantes de asociaciones y grupos de presión, para explicar a la veintena de miembros de la misión el estado de la investigación o las opiniones sobre temas tan complejos como la inteligencia artificial, la genética, la investigación con células madre o la neurociencia: “en un ambiente de extrema cortesía”, a juicio del presidente, Jean-Louis Touraine, diputado por el Rhône (de La République en marche, el partido de Macron). Se espera su informe para finales de noviembre, con el resumen del trabajo realizado y las recomendaciones para el proyecto de ley, que se va retrasando lógicamente.

El gran tema que sigue suscitando una gran división es la PMA: mi impresión es que se ampliará en el proyecto, a pesar de las dificultades no sólo éticas sino de técnica jurídica que plantea; pero la presión es muy fuerte, también con estereotipos y descalificaciones de los contrarios, acusados de homofobia... Desde luego, Emmanuel Macron no tiene inconveniente en que se alarguen las discusiones, para evitar la fuerza de una oposición tipo Manif pour tous, que tanto horadó los planteamientos de François Hollande, en el anterior quinquenio presidencial. Por esto, el ejecutivo ha creado un nuevo grupo de trabajo, compuesto por diputados y senadores, que comenzará su trabajo a partir del informe de la misión parlamentaria, en intento de elaborar un proyecto definitivo que procure el consenso en los temas aún conflictivos. No se cumplirá así el calendario previsto: presentar el texto en otoño al Consejo de Estado, para ser examinado por la Asamblea Nacional a principios de 2019.

Sí parece haberse llegado a un acuerdo en materia del fin de la vida, a pesar de que no cesan las presiones de los partidarios de la eutanasia, que están provocando también una seria reacción social. Una muestra para mí significativa es la de cerca de doscientas asociaciones de voluntarios de cuidados paliativos. Representan a miles de personas que participan diariamente en el apoyo a los pacientes y a sus familias, en la etapa final de la vida. Desarrollan en silencio su importante actividad –más allá de las exigencias legales o administrativas-, pero han visto necesario hacer oír su voz, en un manifiesto que expone, con claridad y altura, “12 razones para decir no a la eutanasia (y sí a los cuidados paliativos)". El documento, como su propia actividad, aporta un profundo testimonio de solidaridad humana. Tuve noticia a través del diario La Croix, y se puede consultar, así como la relación de firmantes, en http://laviepaslamort.fr/. Se podrá conocer en castellano en www.aceprensa.com.

El punto de partida es nítido: todos deben vivir con dignidad hasta el final de su vida: la dignidad de la persona no depende de su salud. Incluso en las situaciones más difíciles y menos deseables, los equipos de cuidados paliativos entregan su corazón y experiencia para salvaguardar la dignidad de los pacientes. Al contrario, optar por la muerte no garantiza esa dignidad y supone una renuncia a la condición humana.

 

 

ASIA BIBI, LA PUNTA DEL ICEBERG

 

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En el mundo hay 200 millones de cristianos que sufren persecución cruenta y 50 millones que sufren otros tipos de persecución. Existe una voluntad generalizada de no hablar de este tema. Voluntad que se traduce en una profunda ignorancia social.

 

A veces ocurren milagros. Que la historia de Asia Bibi haya dado la vuelta al mundo, para mi es uno clarísimo. Sobre todo después de ver que la mayoría de los que son perseguidos por su fe como ella no corren la misma suerte, el mundo les da la espalda.

 

Observo una actitud general de silencio ante este tipo de persecuciones. Y lo observo por distintos motivos. En el mundo hay 200 millones de cristianos que sufren persecución cruenta y 50 millones que sufren otros tipos de persecución. No se me ocurre otro colectivo con estos niveles de persecución del que no se diga nada en los medios. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de los cristianos perseguidos?

 

Y esa persecución no es algo exclusivo del Pakistán. Se da también en nuestros días en muchos otros países: Egipto, Irak, Siria, Afganistán, Corea del Norte, Somalia, Sudán, Libia, India, Irán, Arabia Saudí, Nigeria, Uzbekistán y una larguísima lista de países.

 

Y tampoco es algo exclusivo de nuestro tiempo. Se ha dado desde que la Iglesia es Iglesia, es decir, hace más de 2000 años. Romanos, musulmanes, tiranos, emperadores, todos sin excepción la han perseguido.

 

La radicalidad de un testimonio de amor, paz y perdón que a los occidentales súper avanzados y modernos nos deja en evidencia y por ende se nos cae la cara de vergüenza

 

Existe una voluntad generalizada de no hablar de este tema. Voluntad que se traduce en una profunda ignorancia social. Prácticamente nadie conoce la realidad de más de 200 millones de personas perseguidas a diario en muchos países.

 

Y lo siento por el lector, pero no encontrará aquí el porqué de este silencio, lo desconozco, y sigo pensando en sus posibles causas mientras lucho por combatirlo.

 

Se me ocurren posibles motivos, eso sí, y tienen que ver con la radicalidad de esos cristianos perseguidos. Una radicalidad que Occidente no comprende y quizá por eso no explica. La radicalidad que supone estar dispuesto a perderlo todo por Cristo, sin reservas. Absolutamente todo. Y hacerlo con una sonrisa. Sufriendo mucho, pero con una sonrisa. Perdonando, incluso a aquellos que te han arrebatado lo que más quieres, a tu familia. La radicalidad de estar dispuesto a entregar tu vida por aquello en lo que crees, sin matices ni medias tintas.

 

La radicalidad de un testimonio de amor, paz y perdón que a los occidentales súper avanzados y modernos nos deja en evidencia y por ende se nos cae la cara de vergüenza. La radicalidad de ser creyente, y no solo decirlo a los 4 vientos, sino, sobre todo vivirlo, hasta las últimas consecuencias.

 

Quizá por eso Occidente no habla de este genocidio contemporáneo. Porque habiendo dado la espalda a todo lo que no entra en nuestra cabecita, resulta complicado explicar algo tan grande, tan increíble, tan real, que interpela con tanta fuerza a nuestra conciencia.

 

Y es genial que historias como la de Asia Bibi, madre de 5 hijos, después de 8 años de cautiverio, haya saltado a la palestra. Ha sido absuelta, pero aún corre peligro su vida y la de los que la han ayudado, a la espera de que pueda salir de Pakistán. El mundo ha visto la punta del iceberg, ahora toca sacar agua del océano o sumergirse en él para que vea el iceberg entero.

 

 

 

DE STAN LEE A MORENA: LA DISONANCIA

Por René Mondragón

CASI LO MISMO, ¡NO!

Este escribano tiene claro que con solo leer la cabeza de esta colaboración, se dejará venir encima de este pobre cerebelo reptiliano, una verdadera lluvia de herbáceas en su variedad multidireccional de Solanum lycopersicum, vulgo, jitomatazos. Es comprensible, pero injustificable, como si fuera iniciativa del Senador Monreal versus las comisiones que cobran los bancos.

También es claro –según indica la última consulta popular con mis adoradas lectoras y gentiles lectores- que Marvel jamás podrá competir contra “El Libro Vaquero” o “El especial de traileros”. Para eso, jamás, le hubiera alcanzado la creatividad a mi admirado Stan Lee. Por ello tampoco puede aplicarse la premisa de marketing que señala que “es lo mismo, pero más barato”

DISONANCIAS

De acuerdo con Forbes - https://www.forbes.com.mx- el extraordinariamente célebre creador de los superhéroes como Spider Man o Iron Man, fue atendido en el Centro Médico Cedarse-Sinaí de Los Ángeles. Igual que en su momento, el presidente electo no se atendió en el IMSS, sino en un hospital privado.

Otro de los “buenos” de Marvel es Black Panther, quien es parte importante de Los Vengadores, igual que Fernández Noroña, que ahora “charolea” con su credencial de diputado para que nadie le esculque su maleta en el avión. Así, logra vengarse del stablishment.

Es fantástico y genial, porque de acuerdo con su perfil –ubicado por Alberto Quintanilla en https://es.ign.com/pantera-negra), el personaje, aunque a veces no parezca demasiado profundo o con tormentos interiores, incluye traumas del pasado, igual que le pasó al maestro Paco Ignacio Taibo 2, que se quedó sin la dirección del Fondo de Cultura Económica.

 T'Challa es un hombre interesante, serio, con fuerte arraigo a su tierra, Wakanda, de la que debe heredar el trono. Igual que Martí Batres, con fuerte arraigo a su tierra y con “…una historia ligada íntimamente a la ciudad y a su complejo proceso de democratización. Por eso, hacer una semblanza del dirigente político, del compañero de lucha, es también contar una parte de la historia de nuestra ciudad…”, según se destaca en la página http://martibatres.mx. Y ese tema lo coloca en posición muy probable de primer heredero al trono, aunque Marcelo se enoje.

Daredevil tiene una semejanza extraordinaria con Ricardo Monreal, porque como todo mundo sabe, el abogado es ciego, pero es capaz de visualizar mediante el sonido, todo lo que pasa a su alrededor. Ciertamente, al legislador Monreal no se le da mucho eso de “ver el entorno”, por eso de repente, se le ocurre cada iniciativa que pone  temblar a los banqueros y junto con ellos, a todo el país y a los mercados en España.

En https://aminoapps.com se señala que Domino (Wolverine and X-Men como miembro de la Hermandad), la mutante creada por “…creada por Fabián Niceza y Rob Gifler (…) Una de las mutantes con capacidad de alterar la posibilidad a su favor; experta en armas y desde luego pelea mano a mano”, tiene un gran parecido a Olga Sánchez Cordero. Ministra, magistrada, adoptó a una figura rarísima –al igual que Velasco, sustituto de sí mismo, aunque reviente las leyes…de la Física- capaz de peleas callejeras profesionales a favor de todas las causas que dividen a los mexicanos: aborto, eutanasia, derechos sexuales de quien sea y muerte asistida; causas que ni de lejos, sostiene la agenda de López Obrador.

Reed Richards, -el Hombre Elástico de los 4 Fantásticos- es un genio científico y el líder del equipo, quien puede estirar su cuerpo en longitudes y formas increíbles. El escribano le encuentra un parecido enorme con Marcelo Ebrard.  De inicio, porque el primer experimento como jefe de gobierno led falló (igual que a Richards), y el gran acierto también, cuando la Línea 12 del Metro resultó un verdadero fiasco, al grado de que Ebrard se tuvo “que estirar” hasta Francia por mucho tiempo.

Finalmente, Claudia Sheimbaum es la analogía en persona de Sue Storm, “La mujer Invisible”, porque en cuanto surge una desgracia en la ciudad de México o en alcaldía de donde fue titular…Nadie la encuentra y de todo, culpa a la escuela Rébsamen.

De aquí surgió esta colaboración. En efecto, hay un cierto paralelismo entre Morena y Marvel. Lo que pasa es que Stan Lee, hizo que el bien siempre triunfara sobre el mal… cosa, que ahora, simplemente no está pasando.

 

 

Nueva estrategia “Vraem 2021”: más de lo mismo

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

Hace más de 11 años una estratégica integral “Una opción de Paz y Desarrollo en Seguridad” fue declarada de necesidad pública y preferente interés nacional (DS-003-2007-DE) para promover en el Valle de los ríos Apurímac. Ene y Mantaro (Vraem)  su desarrollo, elevar su situación socioeconómica y mejorar la calidad de vida poblacional con presencia e intervención del Estado, constituyéndose un grupo de trabajo multisectorial conformado por 10 ministerios y la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), pero 5 años después, sin resultado alguno, esta estrategia fue derogada siendo reemplazada por otra que con los mismos considerandos declara nuevamente prioridad nacional el desarrollo social, económico y pacificación del Vraem creándose otra comisión multisectorial permanente para su pacificación (DS-074-2012-PCM), además, en junio 2013 se aprobó un programa 2013-2016 de intervención multisectorial del gobierno en el Vraem (DS-077-2013-PCM) para mejorar la calidad de vida e inclusión social y en junio 2017 se aprobó la Estrategia Nacional 2017-2021 para atención integral de drogas, con especial atención al Vraem (DS-061-2017-PCM).

Además de tantas estrategias, el pasado 12 octubre se aprobó otro nuevo plan multisectorial de desarrollo “Estrategia Vraem 2021” (DS-102-2018-PCM) con similares considerandos a las anteriores estrategias que enfatizan en el marco teórico el desarrollo social y económico sostenibles de los pobladores del Vraem y sus comunidades. Según Rubén Vargas, presidente de Devida, el actual plan tiene hoja de ruta y Devida ya se encuentra en el Vraem porque va a instalar una oficina en Pichari, sin embargo, al igual que las anteriores estrategias, no contempla erradicación o reducción de cultivos, bajo este concepto esta estrategia representa más de lo mismo.  

Bajo este panorama, mientras en el Vraem no se elabore una estrategia que en forma simultanea vaya realizando por zonas un balance de desarrollo social y reducción de cultivos, continuará nuestro principal problema del permanente incremento de plantaciones de coca (más de 20,000 hectáreas) con un rendimiento de 100 mil plantas por hectárea (promedio otras zonas 30,000), las que se convierten en 73,000 toneladas de hoja seca (70% del total nacional), principal insumo para elaboración de cocaína que es derivada íntegramente al narcotráfico, el que extraoficialmente produce en el Vraem 300 toneladas anuales de 400 a nivel nacional (desde hace 10 años no tenemos cifras oficiales). En los últimos años se han gastado más de S/.8 millones sin lograrse el desarrollo social ni reducir el espacio cocalero.

 

 

El mundo en tus manos

el mundo en tus manos

Centenario del final de la Primera Guerra mundial

El 11 de noviembre de 2018 se cumple el centenario del final de la Primera Guerra Mundial, que se desarrolló entre 1914 y 1918. Empezó cuando un joven terrorista ejecutó a los futuros emperadores austrohúngaros Francisco Fernando y Sofía Chotek. El Imperio Austrohúngaro atacó a Serbia por el atentado y la política de alianzas entre las potencias terminó desencadenando una guerra a nivel continental que se extendió rápidamente por el mundo.

A consecuencia del conflicto murieron cerca de 20 millones de personas, entre combatientes y civiles. Esta gran tragedia asoló con especial crueldad al continente europeo.

La celebración de este tipo de aniversarios debe servir para enseñar a las naciones y a los pueblos en general a no caer en conflictos bélicos y valorar enormemente la paz y la libertad. La solución a los problemas internacionales nunca es la guerra.

La paz no es solo cuestión de los gobiernos, sino que también depende de cada uno de nosotros.

Si la nota dijera: “Una sola nota no hace música...” no habría sinfonía.
Si la gota dijera: “Una sola gota no puede formar el mar...” no habría océano.
Si la piedra dijera: “Una sola piedra no puede formar una pared...” no habría casa
Si la palabra dijera: Una sola palabra no puede hacer una página...” no habría libros.
Si el ser humano dijera: “Un solo gesto de amor no puede salvar a la humanidad...” no habría justicia ni paz, ni dignidad, ni felicidad en el mundo.

Como la sinfonía necesita cada nota, como el libro necesita cada palabra, como la casa necesita cada piedra, como el océano necesita cada gota de agua... la humanidad te necesita, pues donde estés eres único e insustituible y formas parte del plan de Dios.

PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO

Es interesante recordar las palabras que pronunció el Papa Francisco con motivo del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Al término del rezo del Ángelus del 27 de julio de 2014, quiso evocar el centenario, que se cumplía al día siguiente, del estallido de la Primera Guerra Mundial. “Millones de víctimas e inmensas destrucciones – recordó – en un conflicto, que el papa Benedicto XV definió como una ‘masacre inútil’, y que terminó, después de cuatro largos años, en una paz que resultó muy frágil”. “Mañana es un día de luto”, añadió el Papa.

“¡Deteneos por favor, os lo pido de corazón, es la hora de deteneros, deteneos por favor!”. El Papa Francisco se emocionó al lanzar desde su balcón del Vaticano un nuevo llamamiento por la paz a Ucrania, Oriente Medio e Irak. “¡Todo se pierde con la guerra, nada se pierde con la paz!”.

“Hermanos y hermanas, nunca la guerra, nunca la guerra, pienso sobre todo en los niños, a los cuales se les quita la esperanza de una vida digna, de un futuro, niños muertos, niños heridos, niños mutilados, niños huérfanos, niños que tienen como juguetes residuos bélicos, niños que no saben sonreír”.

“Mientras recordamos este trágico evento, auguro que no se repitan los errores del pasado, sino que se tengan presentes las lecciones de la historia, haciendo siempre prevalecer las razones de la paz mediante un dialogo paciente y valiente”.

Autor del texto: Javier López

 

 

Seminarios y seminaristas: ¿Cuántos se preparan al sacerdocio? ¿Dónde están?

Seminarios y seminaristas: ¿Cuántos se preparan al sacerdocio? ¿Dónde están?

Antes del concilio ecuménico de Trento —llevado a cabo por etapas entre 1545 y 1563— la formación sacerdotal en lo que concierne al clero secular no existía como tal pues no había seminarios; y, por desgracia, muchas veces la ordenación de nuevos sacerdotes estaba supeditada a intereses políticos. Sólo quedaban excluidas de este cuadro las órdenes religiosas, que desde los inicios del cristianismo tenían un reglamento interno y un noviciado como requisito indispensable.

El concilio de Trento alertó que gran parte del clero tenía una pobre formación intelectual y moral, así que decretó la creación y la obligatoriedad de los seminarios sacerdotales en las diócesis, lo cual fue confirmado por el Papa Pío IV. También se determinó la edad mínima de los jóvenes candidatos, las materias de estudio y la tutoría del obispo.

El Anuario Pontificio 2018 reporta los siguientes datos respecto del número de seminaristas:

SEMINARISTAS MAYORES

El número de seminaristas mayores, diocesanos y religiosos, ha disminuido globalmente en 683 unidades en el transcurso de un año, quedando en:

116 mil 160 seminaristas mayores

  • Se registraron aumentos en África (+ 1, 455) y, en menor medida, en Asia (+9).
  • Disminuyeron en América (-1, 123), en Europa ( -964) y en Oceanía (-60).
  • Los seminaristas pueden ser diocesanos o religiosos. Los seminaristas mayores diocesanos suman 71 mil 117 (999 más respecto al año anterior), y los seminaristas mayores religiosos son 45 mil 43 (mil 682 menos que un año antes).
  • Para los seminaristas mayores diocesanos los aumentos se produjeron en África (+1.059), América (+16) y Asia (+310). Las disminuciones han sido en Europa (-381) y Oceanía (-5).
  • Los seminaristas mayores religiosos aumentan sólo en África (+396), mientras que disminuyen en América (-1,139), Asia (-301), Europa (-583) y Oceanía (-55).

SEMINARISTAS MENORES

El número total de seminaristas menores, diocesanos y religiosos, este año al contrario del precedente, ha disminuido en 2 mil 735 unidades; así que actualmente hay:

101 mil 616 seminaristas menores

  • Han disminuido en todos los continentes, según se deduce del balance final entre seminaristas menores de las dos categorías: África (-69), América (-1, 299), Asia (-871), Europa (-581) y Oceanía (-5).
  • Los seminaristas menores diocesanos son 78 mil 369 (lo que implica una disminución de mil 729 respecto del año anterior) y los seminaristas menores religiosos son 23 mil 247 (o sea mil 6 menos que hace un año).
  • Para los seminaristas menores diocesanos ha habido algún aumento en África (+236) y en Oceanía (+7), mientras que hay disminución en América (-684), Asia (-988) y Europa (-300).
  • Los seminaristas menores religiosos aumentan sólo en Asia (+207), y disminuyeron en África (-305), en América (-615), en Europa (-281) y en Oceanía (-12).

 

 

La adoración

Ángel Cabrero Ugarte

Cristianos en oración en Siria

Estuve en Polonia hace dos años. Entré en dos o tres ocasiones en alguna iglesia, realmente por turismo. La impresión fue llamativa. Aquella gente está en un lugar de culto de un modo muy distinto a como estamos en España. La actitud de adoración es de los gestos más auténticos de vida de fe. Estuve en Colombia este verano y los detalles de piedad eran patentes. Jóvenes arrodillados, recogidos, muy metidos en Dios.

Sí, también lo hay en España. Concretamente en Madrid hay lugares donde se palpa la devoción. Son esas parroquias que habitualmente están llenas de gente, de gente joven. No serán ni la mitad ni la cuarta parte del total de las que existen en esta ciudad, pero están ahí, y cada vez hay más gente, porque la oración auténtica arrastra, quizá sobre todo a los menores, que aprecian más el amor auténtico.

La escasez de adoración es algo palpable y preocupante. Decía el papa Francisco: “Quiero concluir con tres consideraciones. Primera, la adoración. “-¿Rezas?” – “Sí, rezo. Pido, doy gracias, alabo al Señor” –“Pero ¿adoras al Señor?”. Hemos perdido el sentido de la adoración a Dios, es preciso recuperarlo”. Y lo decía en una reunión de sacerdotes en la capital de Nápoles. Hemos perdido el sentido de la adoración. En Occidente, donde no tenemos demasiada dificultad para adorar a un jugador de futbol -todos lo hemos visto-, donde adoramos las estatuas de oro de la riqueza, del placer y del capricho.

Lo decía el prelado del Opus Dei, Javier Echevarría: “Es una tragedia que se presenta con contornos netos en la sociedad actual, al menos gran parte del mundo. (…) el sentido de la adoración se ha perdido en grandes estratos de los países…

Si las gentes no adoran a Dios, se adorarán a sí mismas en las diversas formas que registra la historia: el poder, el placer, la riqueza, la ciencia, la belleza…”.

Por eso me ha parecido especialmente oportuno un libro escrito muy recientemente por Manuel Ordeig que se titula simplemente así: La adoración. En esas páginas podemos leer que “adoración es la reverencia y el acatamiento; pero hay que aprender a comprenderla desde el punto de vista del Amor”. Una de las acepciones del término en el Diccionario, nos recuerda, es precisamente “amar en extremo”.

Y el autor afirma que para llegar a la adoración hace falta una práctica de oración de años. Y él mismo, en otras páginas no muy lejanas, afirma que uno se puede encontrar de repente con Dios en un momento de adoración. Uno podría pensar que es una contradicción, pero no lo es. El Espíritu Santo puede darnos un empujón notorio en un momento en que nos hemos encontrado con el Santísimo expuesto en la custodia en la iglesia del barrio, y nos encontramos con Dios casi de repente.

Pero también hay que saber que la devoción habitual, la piedad continua, se va adquiriendo con la lucha habitual, y entonces adorar nos parece lo más cotidiano y la actitud más importante en la vida de cualquier hombre. Y una vez más me parece muy oportuno un párrafo de Flannery O’Connor en su Diario de oración: “Entiendo que las oraciones deberían estar compuestas de adoración, contrición, acción de gracias y súplica, y me gustaría ver qué puedo escribir de cada una sin llegar a una exégesis. Es la adoración a Ti, querido Dios, la que más me desalienta. No puedo comprender la alabanza que se te debe. Intelectualmente, lo afirmo: adoremos a Dios. Pero ¿podemos hacerlo sin sentimiento? Para sentir, necesitamos saber” (pág 27).

Manuel Ordeig, La adoración, Palabra 2018

 

 

 ¿Qué está pasando?        

         En el mundo suceden otras cosas, algunas muy positivas, pero no se publican. Las imágenes de desastres con que vienen bombardeando a la población, son reales y alarmantes. Pese a las advertencias, demuestran que NO hay una estrategia concertada global en la que Naciones Unidas, los dirigentes políticos y las personas actúen juntas. Es decir: no hemos tomado conciencia.

          He publicado, en este medio, los AVISOS de los científicos A LA HUMANIDAD: en  noviembre y diciembre de 2017. http://belmontajo.blogspot.com/2017/12/tercer-aviso-la-humanidad-la-onu-...

            Las imágenes que nos sirven demuestran la fuerza y la destrucción de la naturaleza. Pero parece como si las catástrofes fueran provocadas por los elementos naturales, fuego, aire, agua y tierra, fuera de control. ¿El ser humano es mero espectador y víctima de esa destrucción? ¿Por qué no escuchar a los científicos ni a la naturaleza? ¿No es la tierra un ser vivo que se rebela ante el maltrato? ¿Qué nos dicen estos signos? En definitiva ¿Qué está pasando? Dejemos a un lado la palabrería y la ideología. Lo esencial.

https://youtu.be/db4TAxR9LKA     

          Según la ONU "la pérdida de biodiversidad que puede llevar a la extinción de la especie humana...es una muerte silenciosa", advierte  la rumana Pasca Palmer,  Secretaria Ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica.

          El cambio climático con inundaciones, sequías, hambruna y migraciones sigue amenazante. A muchos  les parece el final de los tiempos.

           "La destrucción de la naturaleza es tan peligrosa como el cambio climático", advierte Bob Watson. "Los ecosistemas son vitales para la especie humana, son su soporte de vida. Sin ellos, la producción de alimentos, la generación de energía o el suministro de agua serían imposibles. La naturaleza regula también el clima, mitiga la contaminación y propicia la polinización". Sin abejas y sin flores, a la humanidad le quedaría poco tiempo.

         A nivel mundial las imágenes que nos sirven, de fuegos devastadores y otros desastres causantes de la deforestación, son impactamtes. Las previsiones a medio plazo, son pesimistas y preocupantes porque pueden acabar autodestruyéndonos. "En 2050 África habrá perdido el 50% de sus mamíferos y sus pájaros, y las pesquerías de Asia pueden haber colapsado... Espero que no seamos la primera especie en documentar su propia extinción", según Cristiana Pasca Palmer. Las víctimas de estos desastres son cada vez más numerosas, también en vidas humanas.

          Durante la Semana del Clima de América Latina y el Caribe, el 22 de agosto de 2018, tuvo lugar en Montevideo, un nuevo acuerdo suscrito por EUROCLIMA y ONU pretendía Generando conciencia en el público de habla hispana...”.

            A un mes de que se celebre la cumbre anual de Naciones Unidas sobre el cambio climático, en Polonia, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) publica el resultado de una encuesta sobre la percepción de los ciudadanos de la UE, Estados Unidos y China sobre el calentamiento global. El 78% de los encuestados en Europa está preocupado o alarmado por la situación, 65% de los chinos y el 63% de los estadounidenses. En España llega al 87%.

          "La intranquilidad que reflejan los resultados del sur de Europa y España, según Rasmus Lauridsen, especialista en cambio climático, es lógica. Solo hay que ver las noticias para comprobar la cantidad de incendios, inundaciones o sequías que se sufren allí”.

            La pérdida de la biodiversidad o muerte es silenciosa, es real e implacable. De hecho la organización WWF ha dado la voz de alerta por la extinción del 60% de la población de animales vertebrados desde 1970. "Las especies más afectadas hasta el momento son las vertebradas de agua dulce, para ellas la tasa de extinción supera el 80%. Estos datos requieren un cambio en el comportamiento humano. La contaminación, y el cambio climático son dos realidades que requieren de políticas estrictas y políticos concienciados, sobre todo en Centroamérica y Sudamérica, las zonas más afectadas. Allí la población animal ha disminuido un 89% desde 1970... el planeta está pidiendo a voces que le cuidemos".

https://www.abc.es/8369e377-bd30-433b-b690-bfc7f57b4450     

                        Los expertos avisan de borrascas y tormentas o en su caso "gotas frías", con lluvias torrenciales en poco tiempo, que la tierra no puede absorber y desbordan arroyos, torrentes, ríos, y que se llevan por delante todo lo que encuentran, y terminan siendo declaradas "zonas catastróficas". Son cada vez más frecuentes. Con mayor poder destructor, ciclones, huracanes o tifones, aunque avisen de su llegada, y se conozca su trayectoria, su nombre y la categoría que pueden alcanzar. Los daños a su paso, son trágicos.

https://www.facebook.com/nicoletta.gasparini.1/videos/10217489565060988/...

          Lo mismo sucede con los terremotos y en su caso los tsunamis, devastadores y menos previsibles. Los movimientos geológicos no tienen fronteras.

          Las erupciones volcánicas  también son cada vez más numerosas. Son un espectáculo y hay personas que desde lo alto, o desde barcos pueden contemplar la caída de la lava incandescente al mar. El espectáculo  de belleza no es el peligro.

         Por contraste, cuando el frío polar se acerca y llega la nieve, aunque estemos avisados, la fuerza de la naturaleza es tan inmensa que la ventisca deja carreteras cortadas, pueblos incomunicados, ganados y personas sepultados o congelados.

         A lo apuntado hasta aquí, habría que añadir la contaminación en los ríos y mares. Hasta ahora ni los gobiernos ni los particulares lo han tenido demasiado en cuenta, pues han arrojado las montañas de residuos, como si fuera "el gran vertedero del planeta".

        La contaminación de los mares no procede solo de los vertidos de plástico, pero son tantos millones de toneladas de plástico, que hasta ahora no se ha podido limpiar eficazmente. Se han dañado los arrecifes, las playas, y la cadena alimentaria de los seres que dependen del agua. Circulan por Internet Vídeos que muestran cadáveres de animales llenos de plástico en su interior, pero posiblemente el daño que ya ha  llegado a los humanos. 

         No se ha podido establecer aún de dónde procede la contaminación en los humanos,- si del pescado consumido o de los alimentos envueltos en plástico- pero lo innegable es que por primera vez, han hallado micro plásticos en heces humanas.

          Podía terminar mencionando la contaminación atmosférica, los humos, el robo de las nubes y el rastro que dejan algunos aviones en el cielo, (chemtrails, contrails).  Pero las energías renovables, solar, eólica y coches eléctricos ya están ahí. Es una esperanza.

         Quiero decir una palabra sobre lo que está pasando. Lo que está pasando, ahora, son las CARAVANAS suramericanas hacia el norte o hacia el sur; o las europeas del Medio Oriente o de África hacia Europa, son millones. Ni los ríos ni el mar las ha detenido.

https://youtu.be/sFGar0PDhNI

        Más que pueblos en marcha, son dolor humano que camina en busca de esperanza. Que venezolanos tengan que exiliarse hacia el sur o que nicaragüenses y salvadoreños se dirijan a Estados Unidos, tiene que analizarse urgentemente y tomar medidas, sobre los países o continentes de origen. No es un capricho colectivo. Urge dar respuesta al éxodo  y al hambre.

https://youtu.be/OxAtyFmWAXc

        La historia no se para.  Todo tiene un por qué. El ser elegido busca su destino. Su destino es vivir en paz y felicidad.

          En caravana o en camino, somos caminatas todos. Un visionario cubano, Silvio Rodríguez, le puso poesía y música, en El Elegido; cuenta "la historia  de un ser/ de otro mundo/ de un animal de galaxia.../ que fue de planeta en planeta/ buscando agua potable/ quizás buscando la vida.../ y al fin bajó hacia la guerra.../perdón quise decir a la tierra/...y comprendió que la guerra/ era la paz del futuro/ o que lo más terrible se aprende enseguida/ y lo hermoso nos cuesta la vida".

           Algunas conclusiones.

          1) Nada de lo que sucede en nuestro entorno es ajeno.

           Acostumbrados a dominarlo todo, no solemos tomar en cuenta las amenazas y peligros que provocamos, directa o indirectamente. No podemos desentendernos de los desastres ecológicos y humanitarios. Naciones Unidas, los gobiernos nacionales, las empresas y los particulares, tenemos que tomar medidas urgentes. No todo es cuestión de "poderes ocultos" y causas naturales ajenas a la voluntad humana. Los negocios para hacerse ricos rápidamente, armas, drogas, medicamentos, muertes de bebés, explotación y mil formas de corrupción.

         La venganza de la naturaleza, que no queremos ver, cada vez nos golpea con más fuerza.  Estamos autodestruyéndonos al destruir el Planeta:  "La naturaleza terminará por vengarse y no porque sea vengativa, sino porque es inexorable", ha dicho Gabriel Cañas (26-10-2018).

         2) Los desastres y las innumerables víctimas, son un toque de atención.

           Los humanos vivimos tan rápido, que esos desastres y tantos muertos al mismo tiempo, además de estremecer, deben ayudar a parar nuestro vértigo y... hacer pensar. Hay que dejarse de medias verdades o postverdades tranquilizadoras a lo Groucho Marx. Tener el valor de quitarse la venda de los ojos y afrontar la realidad. Si "lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida", ¿por dónde empezamos?

         Algunos solo ven dos opciones:

         a) prepararnos para emigrar de este planeta.

           Con la tecnología más avanzada, "en un plazo de entre 200 y 500 años, según Hawking, es posible que se realicen los primeros viajes interestelares –que serán viajes sin retorno– y que un grupo de pioneros aterrice en un planeta de otro sistema solar".  Ese desafío, requerirá aunar investigación y recursos: "salir de la Tierra requiere una estrategia concertada global (en la que) naciones y personas actúen juntas".   

          Se ha puesto el ego, el dinero y el poder como objetivo. ¿Se ha olvidado lo esencial?

          Para este viaje dependemos de los demás y no es fácil aunar voluntades. En todo caso, allá donde vayamos encontraremos lo que llevemos en el corazón. 

            b) cambiar el rumbo.

             Pero sin cambiar a nadie. Desde uno mismo. "Recordando lo que somos": "esencias espirituales y divinas encarnadas en el plano humano". Es cierto que todo gira y cambia a una gran velocidad. Está surgiendo un nuevo mundo, un hombre nuevo, con una consciencia personal, y una relación con los demás seres humanos y con los demás seres vivos, incluido el Planeta, en otra onda evolutiva.

       Cuando uno recuerda lo que es y se atreve a vivir como tal, día a día, aunque el mundo está ahí y es igual, todo cambia. No se trata de obtener, dominar, someter. La fuente es interior, esa que se había olvidado, la del ser y no la del tener. No medrar, sino de disfrutar siendo y respetando a todos y a todo. No es que todo me pertenezca, sino que todos somos uno, y nadie es más que nadie, siendo cada uno  lo que esencialmente es.

        Cada uno contagia engería, vida, belleza, paz, amor. La convivencia es claridad y no mentira. Eso no contamina. La muerte no solo no se impone, sino que no existe. Las armas y la guerra, los señores del mundo, estén donde estén, solo someterán a quien voluntariamente se someta a su imperio. "Seres de otro mundo, o de otra dimensión, como animales de la galaxia, como polvo de estrella, que van buscando agua potable". La encontraremos dentro y nos saciaremos.

            No importa que lo viejo y lo nuevo sean simultáneos durante un tiempo de evolución. El viejo mundo, de temores, amenazas y catástrofes, está cayendo porque está surgiendo el nuevo. Y surge desde mi. Desde lo más profundo del ser de cada uno, su esencia espiritual y su energía infinita, vive y actúa como lo que es: infinito y eterno.

          ¿Qué importa que se haya adelantado el invierno, si el tiempo no existe? Todas las estaciones están en cada estación. Cada uno desde su ser descubre y crea el mundo y la belleza. El sol sale cada día. Deberíamos ayudar a que nadie pase frío o esté a oscuras.

 José Manuel Belmonte

 

 

La Inteligencia Emocional en el matrimonio

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 01.10.2018

http://www.lafamilia.info/images/20180110m.jpg

Foto: Freepik/senivpetro

Hace poco en una tertulia de amigas, una de ellas nos documentó sobre la importancia de la Inteligencia Emocional en el matrimonio. Ella se basó sobre el estudio de Daniel Goleman, psicólogo de renombre internacional, reconocido por su trabajo sobre este tema en particular. En una de sus más recientes publicaciones titulada “Como ser líder", puntualiza los hallazgos respecto a la capacidades personales que producen un rendimiento sobresaliente dentro de las organizaciones.

Las destrezas relacionadas con la Inteligencia Emocional, mostraron ser el doble de relevantes que las capacidades técnicas y cognitivas. Cuanto más alta era la posición de una persona considerada como de magnífico rendimiento, más se percibía que sus capacidades relacionadas con la inteligencia emocional eran la razón de su efectividad. Cerca del 90% de las competencias que distinguen los lideres eran también atribuibles a esta capacidad, adicionalmente se encontró que las divisiones que dichos líderes dirigían sobrepasaban en un 20% los beneficios económicos.

¿Qué es la inteligencia emocional?

Es la capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos. La persona, por lo tanto, es inteligente (hábil) para el manejo de los sentimientos. Gran parte de nuestras decisiones son influenciadas en mayor o menor grado por la Inteligencia emocional.

Los componentes de la inteligencia emocional son: autoconocimiento, autocontrol, automotivación, empatía y las habilidades sociales.

El matrimonio como empresa

El matrimonio es una empresa por lo tanto abordaremos la unidad matrimonial desde el entendimiento de la inteligencia emocional recurriendo a dos de sus componentes claves, el conocimiento de uno mismo y en como nos relacionamos con los demás.

Es humano ver siempre los problemas desde fuera de nuestro alcance. Es más sencillo “pasar el balón” que  considerar seriamente ser los responsables, creemos que nuestra felicidad depende de lo que el resto del mundo alrededor brinde.

Conocimiento de uno mismo

Es el primer elemento sugerido por Goleman. No existe una manera más eficiente de mejorar lo que nos afecta, que haciéndonos responsables de nuestro propio conocimiento y crecimiento personal. Conocernos plenamente, sacar el tiempo para ello, es entonces la mejor inversión que podamos hacer. Es crecer interiormente, en palabras de Goleman: “una insistente conversación interior que nos libra de ser prisioneros de nuestros sentimientos y por tanto nos permite crear un ambiente de confianza, justicia, donde la productividad se eleva, las luchas se minimizan”. 

Para concluir este primer componente, preguntémonos: ¿Me conozco bien? ¿Tengo claros mis puntos de lucha para mejorar? ¿Son el reflejo de lo que mis cercanos me han manifestado?

Cómo nos relacionamos con los demás

Es este el segundo elemento que propone Goleman. De lo que guardas en tu corazón brotan tus acciones. Goleman profundiza la empatía y la habilidad social, como competencias que fortalecen la forma en que nos relacionamos con los demás, tener profunda consideración de los sentimientos de los demás para tomar decisiones inteligentes y la habilidad social como la capacidad para construir relaciones.

En consonancia con el tema de la unidad matrimonial, podríamos decir que es la forma como nos relacionamos con nuestro cónyuge. Aquí alguna pautas que pueden ser útiles para fortalecer aún mas ese estrecho vínculo del que somos participes:

1. Paz y tranquilidad en el hogar son requisitos indispensables.

2. Aceptar los  defectos del otro y respetar su libertad.  Ámense como son, ambos se complementan,  díganse las cosas con cariño.

3. Perdón, Perdón, Perdón. Es el secreto más grande, perdonarse mutuamente.

princeblogPrince Martínez
Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación

 

 

 

Más mascotas, menos hijos

Como no dejo de tropezarme con personas paseando perros por la calle, me ha dado por consultar los datos oficiales. La última estadística disponible en Europa registra nueve millones de canes y gatos en los hogares españoles, con crecimiento progresivo de un año a otro. Los veterinarios suben a veinte millones el número total de mascotas, incluyendo a pájaros, peces, roedores, reptiles, tortugas y hasta hurones, que al parecer están al alza. No deben existir ya casas que no huelan a estas criaturas.

Estas cifras contrastan con la caída en picado de la natalidad, de la que se lleva alertando desde hace décadas. El pasado año arrojó el peor resultado de la serie histórica, con ocho y medio nacimientos por cada mil habitantes, lo que se traduce en un saldo vegetativo negativo de unas treinta y pico mil personas. Nunca como hasta ahora habían nacido menos bebés. Y nunca los muertos habían sido más que los que vienen a este mundo.

Ahora bien, mientras en España las familias parecen preferir tener mascotas a hijos, en otros lugares sucede justo al revés. Por ejemplo, en Irlanda. Esta nación lidera la tasa de fecundidad europea, contando con la población más joven. Tampoco es tan frecuente toparse allí con gentes caminando por las aceras con animales de compañía, que suelen circunscribir con toda justificación a las verdes casas de campo diseminadas por la isla, que es donde estas especies están mejor, y no hacinadas en apartamentos de cincuenta metros cuadrados.

Es posible que esta comparación que aquí planteo sea una simple coincidencia de la que resulte apresurado sacar conclusiones, pero para mí que algo hay ahí que debe observarse con detenimiento por los especialistas.

Juan García.

 

 

Sacan el perrito a pasear

Cada día veo en mi barrio de Girona más parejas jóvenes, a primera hora de la mañana y especialmente al atardecer que sacan el perrito a pasear, por eso me parece que, y simplemente apunto, no pocas parejas jóvenes que conozco retrasan o renuncian a tener hijos y en su lugar adquieren un perrito, a quien miman como a un crío y se lo llevan a los bares que permiten su entrada a tomarse unas ginebras. Se funden, además, un dineral en su alimentación, salud e incluso peluquería, lo que confirma que esta elección no parece ser un asunto de cuartos.

Tratando de conjeturar sobre la causa real de esta curiosa tendencia, quizá debamos situarla, en cierta medida, en la huida de responsabilidad o de compromisos serios en estos tiempos blandos presididos por esas zonas de confort de las que tanto habla el célebre coaching, que persiguen ante todo no meterse en líos. Y tener descendencia garantiza precisamente eso, aunque también procure enormes satisfacciones personales y cumpla una insustituible función social de recambio generacional.

Las mascotas, en este contexto, se presentan hoy como el término medio y light entre los problemas que te puede generar un hijo y la ausencia absoluta se complicaciones por no tener a nadie que atender, algo que para muchos conduce al aburrimiento. De hecho, numerosos estudios demuestran que estos animales ayudan a superar algunas enfermedades mentales, lo que no sucedería si provocasen notables preocupaciones.

Lo que parece meridianamente claro es que los jardines de infancia de nuestras ciudades deben cada vez más compartir espacio con los parques para perros. Y quien sabe si llegará el día en que superen a la población humana, como los cerdos, que lo acaban de conseguir. El suicidio demográfico, por lo que se ve, nos llegará entre ladridos y gruñidos.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Un sano orgullo

No son pocos los que hoy ponen en duda la vigencia de España como un proyecto histórico y vital que se ha desarrollado a lo largo de los siglos atravesando numerosas dificultades. Y sin embargo hay que retorcer mucho la historia para ignorar el papel de España en la configuración de Europa, su aportación sustancial a la cultura de occidente o sus gestas que cambiaron la faz del mundo, como el descubrimiento y la evangelización de América, un continente que hoy forma parte del acervo común de la Hispanidad.

La celebración del Doce de Octubre, fiesta nacional de España y solemnidad de la Virgen del Pilar, es una oportunidad para festejar lo mejor de nuestra historia, también de la reciente. Y dentro de ella, podemos sentir un sano orgullo por el gran diálogo nacional que hizo posible la Transición y la Constitución de 1978. El consenso que está en la base del texto constitucional es un patrimonio de todos los españoles que debemos apropiarnos de nuevo con plena conciencia para afrontar un presente lleno de incertidumbres.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Estamos “comiendo” plástico

 

                                Hace ya bastante tiempo que leí, “el que en nuestro cuerpo, ya teníamos unos cientos (creo recordar que más de trescientos) de productos químicos”, más de los que tuvieron nuestros antepasados. Deducí y deduzco que ese aumento de componentes extraños, nos ha llegado procedente de no solo la medicina, sino que la mayoría nos han venido, por vía alimentaria y puede que incluso a través del agua que bebemos y bebimos; pero reconozcamos que a pesar de ello, hoy “vivimos dos vidas”, debido a la longevidad a que hemos llegado, puesto que recuerdo que yo cuando niño, el ser humano en general no llegaba ni a los cincuenta años; y a los sesenta, ya casi todos estaban muertos; encontrar “un setentón” era bastante escaso y “los ochentones” es que casi ni había. De acuerdo que algunos y “algunas” vivían más, pero ello era como dice el dicho… “es más difícil que encontrar un cuervo con las plumas blancas”.

                                Pero como en el “avanzadísimo mundo material en que nos han metido”, hay ya tanto producto sintético, que ha llegado el momento en que “ni sabemos lo que comemos o nos hacen comer”; puesto que ya hace tiempo el que incluso en ciertos peces antes muy apreciados, dicen que hoy “los que puede cazar o pescar”, ya contienen dosis muy importantes de plomo; lo que nos dice el grado de contaminación que tienen ya los mares y océanos.

                                Y como padecemos “la invasión del plástico” y los desechos del mismo no se reciclan; y gran cantidad terminan en esos mares y océanos; al final esos plásticos, “los va disolviendo el mar y convirtiéndolos en lo que se denominan nano partículas”, las que precisamente por su pequeñez, ingieren todo tipo de peces, crustáceos y moluscos; por lo que a través de ellos, están entrando en nuestros cuerpos y desde que esos plásticos permanecen en el mar. Por ello, por todo ello HAY QUE RECICLAR Y NO  TIRAR NI UN SOLO PLÁSTICO FUERA DEL CONTENEDOR QUE PARA ELLO EXISTEN YA (igualmente debemos hacer con el resto de basuras: “cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa”); y procuremos imitar a los japoneses, que en ese tema son “los señores del mundo”; no sólo en ello, sino también en la educación de sus hijos, que son modelo a imitar; y tras estudiar los fallos que pueda tener su sistema, ya que la perfección no existe; y lo demuestra el grado de suicidios que también existen en el Japón y principalmente en su juventud; y en lo que se dice, es “la flor de la vida”.

                                EL CÁNCER Y SU INVASIÓN: Deducí hace tiempo y mantengo ese criterio, que la plaga de cáncer que padecemos, es debida a toda esa química que nos han metido en el cuerpo o que “nos metemos nosotros”, puesto que ya no podemos asegurar, ni que bebamos el agua pura que bebían nuestros abuelos; cosa “que se paga” con la larga vida a que hoy podemos aspirar, gracias igualmente a esa química, que tanto microbio patógeno ha eliminado y que antes, mataba a la gente en masa.

                                De cualquier forma y volviendo a “la invasión del plástico y a la irresponsabilidad de una inmensa mayoría de irresponsables y en los que entran de lleno todos los políticos que gobiernan en cualquier grado de la por otra parte, asquerosa política que padecemos en este pobre mundo”… hay que concienciarse de que tenemos que reeducarnos y educar a quienes no ven este problema que ya es una enfermedad no grave, sino gravísima; en especial hay que educar desde muy niños, a nuestros descendientes y en ello tienen su gran responsabilidad, no sólo sus padres sino igualmente, los que se dicen “maestros” o profesores; y por descontado los políticos, que tienen que tener campañas permanentes de “reeducación” de ese ser humano, que ya lo tienen tan dislocado y drogado, que… “el pobre necesita educarse o reeducarse, tanto o más que el comer cada día que amanece”.

                                Y no creamos que “la cosa” de la polución, viene de ahora; no en absoluto; y curiosamente, la vaticinó con pleno acierto y en 1855 nada más y nada menos, que “un jefe indio piel roja”, en carta al presidente de los Estados Unidos; y que yo difundí hace muchos años “en mi círculo de lectores u oyentes de mis programas de radio”, bajo el título de: “EL PRIMER ECOLOGISTA”; texto que pueden leer y copiar gratuitamente, en mi página Web, en “Trabajos Literarios” dentro de ella; la que debe ser difundida todo cuanto se pueda, puesto que en la vida, siempre… “el destino, la providencia, Dios, o lo que queramos denominar con el nombre que sea… siempre envía sabios y profetas, que tienen esa visión de futuro, que en general, el pobre ser humano, carece en proporciones enormes y por ello llegan las catástrofes que de escuchar a esos enviados “divinos”, se hubieran podido evitar.

                                Finalmente, sugiero igualmente, buscar en la red, el magnífico trabajo, que con todo lujo de detalles y fotografías en color, publica la revista “XLSEMANAL” Nº 1605, del 29 de Julio de 2018 y titulado: “INDONESIA UN ARCHIPIÉLAGO SOBRE PLÁSTICO”; es terriblemente desolador, pero al propio tiempo es un aviso máximo, de lo que ya tenemos encima, todos “los terrícolas”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes