Las Noticias de hoy 10 Noviembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 10 de noviembre de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

ENTREVISTA: La mirada interna de ‘Zenit’ a las raíces de la iglesia en Japón en espera del Papa Francisco en 2019

Discurso del Papa y Declaración Común con Catholicos-Patriarca Mar Gewargis III

SERVIR A UN SOLO SEÑOR: Francisco Fernandez Carbajal

“La caridad es la sal del apostolado”: San Josemaria

«Nos toca decidir cómo tiene que funcionar la sociedad»

«Dale gracias por todo, porque todo es bueno»: Carlos Ayxelà

El Cardenal Cañizares asegura que la Humanae vitae es una “encíclica social, también para no creyentes”

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: +Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

La devoción a los difuntos en el cristianismo primitivo: primeros cristianos

¿Qué es la verdad?: Daniel Tirapu

GRACIAS RICARDO: René Mondragón

¿Hacia dónde apunta la fe de los jóvenes?: Corina Fiore Mortola Rodríguez

La comunicación digital desafía al Sínodo de los Jóvenes: José Antonio Varela Vidal

Igualdad socialista… en la “desnudez, en la indigencia y en la miseria”.: Acción Familia

El igualitarismo explicado en toda su profundidad: Acción Familia

ENTREGA GENEROSA: César Orrego Calderón

El punto clave: Jesús Martínez Madrid

Nuevo inicio: Xus D Madrid

DEL ABORTO A LA EUTANASIA.: Amparo Tos Boix, Valencia.

El “padre mar” y la “madre tierra”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes 9 de noviembre de 2018

El Evangelio (Jn 2,13-22) de esta fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán, en el que Jesús irrumpe para echar a los mercaderes del Templo, nos hace ver que el Hijo de Dios está movido por el amor, por el celo de la casa del Señor, que los hombres han convertido en un mercado.

Al entrar en el templo, donde se vendían bueyes, ovejas y palomas, con la presencia de los cambistas, Jesús reconoce que aquel lugar estaba poblado de idólatras, hombres dispuestos a servir al dinero en vez de a Dios. Detrás del dinero siempre está el ídolo –los ídolos son siempre de oro–, y los ídolos esclavizan. Esto nos llama la atención y nos hace pensar en cómo tratamos nuestros templos, nuestras iglesias; si de verdad son casa de Dios, casa de oración, de encuentro con el Señor; si los sacerdotes favorecen eso. O si se parecen a un mercado. Lo sé… algunas veces he visto –no aquí en Roma, sino en otra parte– una lista de precios. ¿Es que los Sacramentos se pagan? “No, es una ofrenda”. Pues si quieren dar una ofrenda –que deben darla–, que la echen en la hucha de las ofrendas, a escondidas, sin que nadie vea cuánto das. También hoy existe ese peligro: “Pero es que debemos mantener la Iglesia”. Sí, sí, sí, es verdad, pero que la mantengan los fieles en la hucha, no con una lista de precios.

Pensemos en ciertas celebraciones de Sacramentos o conmemorativas, donde vas y ves: y no sabes si la casa de Dios es un lugar de culto o un salón social. Algunas celebraciones rozan la mundanidad. Es verdad que las celebraciones deben ser bonitas –hermosas– ,pero no mundanas, porque la mundanidad depende del dios dinero. Y es una idolatría. Esto nos hace pensar, y también a nosotros: ¿cómo es nuestro celo por nuestras iglesias, el respeto que tenemos allí, cuando entramos?

También lo vemos en la segunda lectura de hoy (1Cor 3,9c-11.16-17), donde dice que también el corazón de cada uno de nosotros representa un templo: el templo de Dios. Aun siendo conscientes de que todos somos pecadores, cada uno debería interrogar a su corazón para comprobar si es mundano e idólatra. Yo no pregunto cuál es tu pecado, mi pecado. Pregunto si hay dentro de ti un ídolo, si está el señor dinero. Porque cuando está el pecado está el Señor Dios misericordioso que perdona si vas a Él. Pero si está el otro señor –el dios dinero–, eres un idólatra, es decir, un corrupto: no ya un pecador, sino un corrupto. El meollo de la corrupción es precisamente una idolatría: es haber vendido el alma al dios dinero, al dios poder. Es un idólatra.

 

ENTREVISTA: La mirada interna de ‘Zenit’ a las raíces de la iglesia en Japón en espera del Papa Francisco en 2019

Entrevista a la hermana xaviana de María en Japón, Sor Maria De Giorgi

noviembre 09, 2018 16:14Deborah Castellano LubovEntrevistas

(ZENIT – 9 nov. 2018).- “Estas son las raíces de la Iglesia en Japón, raíces que han alimentado su incómoda existencia, que aún nutren su vida y dan esperanza para el futuro”.

En una entrevista con ZENIT, la Hermana Xaviana de María, Sor Maria De Giorgi, experta en diálogo interreligioso del Centro Shinmeizan para el Diálogo Interreligioso en Japón, dijo esto, mientras compartía su experiencia sobre el país asiático.

Con la visita del presidente de Corea del Sur al Papa el 19 de octubre, y la especulación de que una visita papal a la península coreana podría no ser tan descabellada, especialmente dado que el Papa Francisco ha dicho que desea visitar Japón en 2019, decidimos mirar de una manera más cercana hacia Japón.

Hablamos con la Hermana Maria en Bolonia, Italia, al margen de la 32ª reunión en el Espíritu de Asís, del 14 al 16 de octubre, iniciada por el Papa Juan Pablo II en 1986 y continuada por la Comunidad de Sant’ Egidio, donde representantes de diferentes culturas, religiones y religiones se unieron para construir Puentes de la paz. Ella fue una de las que intervino en el panel Japón: Religiones y valor de la vida.

Sor Maria es teóloga y académica del pensamiento espiritual japonés. También es consultora de la Comisión de la Conferencia Episcopal Japonesa para el diálogo interreligioso y profesora en la Universidad Pontificia Gregoriana en Roma.

En la entrevista, la religiosa reflexiona sobre la historia de la Iglesia en Japón, sus mártires, lo que el Papa encontrará allí si hace esta visita esperada para 2019, incluso su comunidad católica, así como el diálogo interreligioso e intercultural en el que ella estaba participando en la ciudad del norte de Italia. Aquí está nuestra entrevista:

***

ZENIT: El Papa San Juan Pablo II fue un gran constructor de puentes. Acabamos de celebrar el 40° aniversario de su elección como papa. ¿Cómo puede Juan Pablo II ser un ejemplo de construir puentes de paz y diálogo hoy, después de tanto tiempo y tantos acontecimientos históricos?

Maria De Giorgi: Creo que el ejemplo de San Juan Pablo, como el de todos los figuras grandes de la historia, es eterno y puede inspirar opciones valientes también hoy en día. Sus “tiempos” ciertamente no fueron más fáciles que los actuales, o carentes de desafíos: basta pensar en la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, la invasión de Polonia por los nazis y los soviéticos y todo lo que implicó para su país y por el mundo. Encontramos un eco de todo esto en su libro “Memoria e Identidad”, en el que propone una dramática reflexión sobre el misterio del mal que atraviesa la historia, “misterio que en el siglo XX, breve siglo y el más violento de la historia” (EJE Hobswam) se manifestó con una crueldad inaudita. Basta con pensar en el Holocausto, en los gulags, en los exterminios en masa, etc. Y, sin embargo, Juan Pablo II nunca perdió la confianza en la historia, que él sabía y creía guiada por Dios, y en el hombre, a quien reconoce como criatura de Dios, hecho a su imagen y semejanza. Y es por esto, su fe de granito, que nos enseñó, con palabras, gestos y sobre todo con su vida, que el mal nunca tiene la última palabra. ¡Las obras de San Juan Pablo II no se podían entender sin tener en cuenta su fe en Dios y en el hombre, lo que le permitió no solo construir puentes sino también derribar muros! Hoy también, si realmente queremos derribar paredes y construir puentes, no tenemos otra manera. El hombre es por naturaleza “persona”, “relación” llamada a una plenitud de amor, que solo Dios puede llevar a cabo. La humanidad solo podrá crecer en paz, y es un descubriendo que se trata de una comunidad, que tiene un origen y un fin último: Dios, como afirma Nostra Aetate. Y San Juan Pablo II enseñó esto con autoridad.

ZENIT: ¿Por qué es importante construir puentes con otras religiones? ¿Por qué es útil un encuentro como este de San Egidio?

Maria De Giorgi: En Nostra Aetate, el Vaticano II afirma que “los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, que hoy como ayer preocupan profundamente el corazón del hombre: la naturaleza del hombre, el significado y el fin de nuestra vida, El bien y el pecado, el origen y propósito del dolor, el camino para alcanzar la verdadera felicidad, la muerte, el juicio y la sanción después de la muerte, finalmente, el último e inefable misterio que rodea nuestra existencia, de donde derivamos nuestro origen y hacia el que tendemos”.

La dimensión religiosa es constitutiva e intrínseca al ser humano. La existencia de las diversas religiones es una prueba irrefutable. Todo hombre, ya sea que lo desee o no, está llamado a enfrentarse con “el misterio último e inefable que rodea nuestra existencia, de donde derivamos nuestro origen y hacia el cual tendemos”. En el camino hacia la plenitud del encuentro con el El misterio, las respuestas de las distintas religiones, como afirma el Consejo, no pueden ser trivializadas. De hecho, encierran “tesoros” que pueden compartirse y pueden ayudar a comprender el Gran Misterio que nos supera. Por eso el encuentro y el diálogo con otras religiones es fundamental. No fue casual que San Pablo VI, el gran Papa del diálogo, dijera: “el origen trascendente del diálogo se encuentra en la intención misma de Dios” (Ecclesiam Suam).

Me gusta recordar cómo un gran profeta y maestro de diálogo, Mons. Pietro Rossano, le gustaba repetir que el diálogo entre religiones no existe, sino entre personas de diferentes religiones. El diálogo es, ante todo, un encuentro, un mirarse a los ojos, reconocerse, hablarse, enfrentarse lealmente y compartir. El gran valor de las reuniones de Sant’Egidio es precisamente esto. En estos 30 años de viaje, no son las religiones las que “dialogan” de manera abstracta. Son hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas quienes se han conocido, conocido, confrontado, aprendido a estimarse y amarse a pesar de las diferencias; Han orado uno junto al otro experimentando una nueva y verdadera fraternidad. Solo a partir de estas premisas podemos construir verdaderamente un mundo más justo, una verdadera paz que no sea solo una pausa entre una guerra y otra. He estado participando en estas reuniones durante 30 años, y he vivido personalmente su riqueza y fructificación, y puedo ser testigo de esto. Gracias al compromiso de la Comunidad de Sant’Egidio, el “espíritu de Asís” ha echado raíces firmes y ciertamente dará sus frutos.

ZENIT: ¿Cuáles han sido tus mejores conclusiones de este encuentro? ¿Qué está aportando? Si tuviera que decir el mensaje principal de su intervención aquí (su mensaje principal)?

Maria De Giorgi: El mayor “tesoro” de estas reuniones interreligiosas es el encuentro personal entre personas de diferentes culturas y religiones; la familiaridad que se experimenta, la alegría de vernos diferentes pero siempre más cercanos, de descubrirnos amigos, hermanos, deseosos de intercambiar regalos y de ampliar el área del “diálogo”, comprometiéndonos, según nuestras respectivas responsabilidades, a tener “diálogo”- como San Pablo VI enseñó proféticamente – se convierte verdaderamente en una actitud del corazón y de la mente, una manera natural de relacionarnos, sea quien sea el otro, para enfrentar las diferencias y dificultades, para asumir la responsabilidad compartida en la búsqueda por el bien común. Ciertamente hay mucho trabajo por hacer en esta dirección, pero como ya escribió San Juan Pablo II, “el diálogo es un camino hacia el Reino y seguramente dará sus frutos, aunque los momentos y momentos están reservados al Padre” (RM 57).

ZENIT: Algunos esperan que el Papa visite Japón en 2019, ¿verdad? ¿Qué esperaría usted de esta visita?

Maria De Giorgi: Como misionera que lleva en Japón más de 30 años, estoy muy contenta de que el Santo Padre pueda visitar este país. La creatividad del Papa Francisco ciertamente supera todas nuestras expectativas. Sé que hay muchos que desean esta visita. Japón tampoco está viviendo una coyuntura fácil. El único país herido dos veces por la bomba atómica, muchos esperan del Papa palabras y gestos de paz, una denuncia clara y fuerte contra la amenaza atómica y toda forma de violencia. Y luego, la Iglesia católica japonesa, aunque siempre es una pequeña minoría en este gran país, ciertamente obtendrá consuelo e incitación de esta visita del Papa Francisco. La visita de San Juan Pablo II, el primer Papa que visitó la tierra del sol naciente, tuvo un gran impacto en la vida y la misión de la Iglesia en Japón. Creo que la visita del Papa Francisco no será menos.

ZENIT: ¿Qué encontrará el Papa en Japón? ¿Cómo se observa allí la fe católica? Cuéntenos algo sobre su comunidad católica.

Maria De Giorgi: El Papa encontrará un país que vive muchas de las contradicciones contemporáneas. Es difícil resumir en pocas palabras la situación de la Iglesia japonesa, heredera de una historia del martirio y de la minoría, pero también del heroísmo oculto.

La Iglesia católica es una pequeña minoría: alrededor de 450.000 católicos japoneses y la misma cantidad o incluso mayor de inmigrantes católicos, especialmente de las Islas Filipinas, Sudamérica y otros países, sembrados en una población de 127 millones de habitantes. Los desafíos que esta comunidad debe enfrentar hoy en día son numerosos: el creciente proceso de secularización, que afecta a todas las religiones y que trae consigo lo que se describe como shukyo banare, “alejamiento y desafecto” con la religión; Un fenómeno que toca, aunque de diferentes maneras, todas las tradiciones religiosas presentes en el país. A esto se agrega el problema de la baja tasa de natalidad y del envejecimiento de la población que afecta a toda la sociedad japonesa y, en consecuencia, también a la Iglesia.

ZENIT: ¿Cómo son en Japón las relaciones con los no católicos? Sabemos que los católicos constituyen una pequeña minoría…

Maria De Giorgi: En la actualidad, las relaciones entre la Iglesia Católica en Japón y los miembros de otras religiones son buenas, ya sea a nivel ecuménico, ya sea a nivel interreligioso. El complejo panorama religioso japonés es muy heterogéneo: además del sintoísmo, la religión nativa de Japón, tenemos las diferentes escuelas budistas y las llamadas nuevas religiones. Respecto al cristianismo, además de la presencia de la Iglesia católica, tenemos la de la Iglesia Ortodoxa, la de los anglicanos, y los protestantes.

Aunque en diferentes medidas, yo diría que la relación entre estas realidades es positiva. Se han dado pasos notables, ya sea a nivel ecuménico, ya sea en el <level> interreligioso. Existen numerosas iniciativas y organizaciones que buscan fomentar el diálogo entre estos componentes, ya sea a nivel de base, ya sea a nivel institucional. Dentro de la Conferencia Episcopal Japonesa hay una Subcomisión para el Diálogo Interreligioso y otra para el Ecumenismo, que ha trabajado activamente durante años para fomentar el diálogo y las buenas relaciones mutuas.

Entre los eventos a nivel nacional que más manifiestan esta atmósfera, se puede recordar la llamada “Cumbre de las Religiones”, organizada por Tendai Buddhism que todos los años en el monte Hiei (Kyoto) propone nuevamente el evento de Asís, de manera similar. Como lo hace la comunidad de Sant’Egidio en Europa.

ZENIT: La visita del Papa a Japón sacará a la luz, especialmente, la increíble historia de los mártires cristianos japoneses. Esta historia incluso ha inspirado una famosa película. ¿Por qué esta historia merece ser conocida también fuera de Japón? Para los que no la conocen, ¿puede compartir brevemente una síntesis sobre estos mártires?

Maria De Giorgi: Sí, Japón tiene una larga y gloriosa historia de martirio. Después de los rápidos éxitos de la primera evangelización, iniciada por San Francisco Saverio en 1549, y que duró más de 50 años sin serias dificultades, la persecución desgarró a la joven comunidad cristiana con una ferocidad inaudita. Los primeros mártires, jesuitas, franciscanos y terciarios franciscanos, entre los cuales había algunos muy jóvenes, fueron crucificados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597. Beatificados por el Papa Urbano VIII en 1627, fueron canonizados por Pío IX en 1862.

Con el empeoramiento de la persecución, entre 1617 y 1632 un buen 205 cristianos – nobles, ciudadanos simples, hombres, mujeres y niños; Padres y madres de familias, sacerdotes y religiosos, sufrieron un cruel martirio. Algunos fueron atados a estacas y quemados por fuego lento; otros fueron decapitados o descuartizados miembro por miembro, mientras que sus restos fueron dispersados para evitar la devoción a los mártires. Pío IX los beatificó el 7 de julio de 1867.

Luego tenemos el grupo asociado a la Orden de Santo Domingo (sacerdotes, hermanos religiosos, vírgenes consagradas y laicos de varias nacionalidades, entre los cuales había nueve japoneses) asesinados entre 1633-1637, después de haber sembrado la semilla del Evangelio en las Islas Filipinas, Formosa, y Japón. Beatificados en Manila por San Juan Pablo II en 1981, fueron canonizados por él en Roma en 1987. Otros 188 mártires fueron beatificados en Nagasaki en 2008. A ellos se suma el noble Dom Juston Takayama Ukon, beatificado en Osaka el 7 de febrero de 2017.

Además de estos mártires, cuya muerte en testimonio de la fe, fue documentada en un riguroso proceso canónico, hay miles y miles de aquellos que presenciaron con sangre su fe en Cristo. Es una historia gloriosa que merece ser mejor conocida, no solo en Japón. Debido a esta larga, sangrienta y sistemática persecución, los pocos cristianos sobrevivientes se refugiaron en lugares remotos, especialmente en las islas más pequeñas frente a la costa de Nagasaki (los llamados “cristianos kakure” o “cristianos ocultos”), donde sobrevivieron, entregando por la fe y el bautismo, sin la ayuda de sacerdotes u otros ministros, durante unas siete generaciones, hasta 1865, cuando algunos misioneros europeos pudieron regresar a Japón. Sin embargo, también cuando salieron al público misionero francés, el padre Bernard Petitjean de las Misiones Extranjeras de París, hubo una nueva ola de persecuciones. Solo en 1872, también por presiones internacionales, la pena de muerte para los cristianos en Japón fue abrogada definitivamente.

Estas son las raíces de la Iglesia en Japón, raíces que han alimentado su incómoda existencia, que aún nutren su vida y dan esperanza para el futuro.

 

 

Discurso del Papa y Declaración Común con Catholicos-Patriarca Mar Gewargis III

“Compartimos una razón particular para dar gracias a Dios”

noviembre 09, 2018 19:37RedacciónEcumenismo y diálogo interreligioso

(ZENIT – 9 nov. 2018).- Esta mañana, Su Santidad Mar Gewargis III, Catholicos-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente, ha visitado al Santo Padre Francisco. Después del encuentro privado el Papa Francisco y el Catholicos Patriarca Mar Gewargis III han rezado juntos en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico. Al final, han firmado una Declaración Común.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/2-3-413x275.jpgEl Catholicos Patriarca estaba acompañado por los miembros de la Comisión conjunta para el diálogo entre la Iglesia Católica y la Iglesia Asiria de Oriente.

A continuación publicamos el discurso que el Santo Padre ha dirigido al Catholicos-Patriarca en el curso del encuentro  y el texto de  la Declaración común.

***

Discurso del Santo Padre

Santidad,
queridos hermanos:

“Paz y caridad con fe de parte de  Dios Padre y del Señor Jesucristo” (Efesios 6:23). Con las palabras del apóstol Pablo, os saludo y, a través de vosotros, a los miembros del Santo Sínodo, a los obispos, al clero y a todos los fieles de la querida Iglesia Asiria de Oriente.

Han pasado dos años desde nuestro primer encuentro, pero mientras tanto, he tenido la alegría de encontrarme nuevamente con Su Santidad el pasado 7 de julio en Bari, con motivo de la Jornada de reflexión y oración por la paz en el Medio Oriente, también muy deseada por Usted. Compartimos, efectivamente,  el gran sufrimiento que se deriva de la trágica situación de muchos de nuestros https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/1-414x275.jpghermanos y hermanas en el Medio Oriente, víctimas de la violencia y, a menudo, obligados a abandonar las tierras donde siempre han vivido. Recorren la via crucis siguiendo las huellas de Cristo y, aunque pertenecen a diferentes comunidades, establecen relaciones fraternas entre sí, convirtiéndose para nosotros en testigos de  unidad. Por el final de tanto sufrimiento rezaremos juntos esta tarde, invocando del Señor el don de la paz para el Medio Oriente, especialmente para Irak y Siria.

Un motivo particular para dar gracias a Dios que tenemos en común es la Comisión para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Asiria de Oriente. Hace apenas un año tuve la alegría de dar la bienvenida a sus miembros con motivo de la firma de la Declaración Común sobre la “vida sacramental”. Esta comisión, fruto del diálogo, muestra que las diferencias prácticas y disciplinarias no https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/3-3-413x275.jpgsiempre son un obstáculo para la unidad, y que algunas diferencias en las expresiones teológicas pueden considerarse complementarias en lugar de conflictivas. Rezo para que los trabajos que está llevando a cabo, y  que en estos días entren en una tercera fase de estudio sobre eclesiología, nos ayuden a recorrer otro trozo de camino más, hacia la meta tan esperada cuando podamos celebrar el Sacrificio del Señor en el mismo altar.

Este camino nos empuja hacia adelante, pero también exige mantener siempre viva nuestra memoria, para dejarnos inspirar por los testigos del pasado. Este año, tanto la Iglesia Asiria de Oriente como la Iglesia Caldea celebran el séptimo centenario de la muerte de Abdisho bar Berika, Metropolitano de Nisibis, uno de los escritores más famosos de la tradición sirio oriental. Sus obras, especialmente en el campo del Derecho Canónico, https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/4-2-414x275.jpgsiguen siendo textos fundamentales de vuestra Iglesia. Me alegro de la participación de Su Santidad, así como de los distinguidos miembros de su delegación, en la conferencia internacional organizada en esta ocasión por el Pontificio Instituto Oriental. ¡Qué el estudio de este gran teólogo contribuya a dar a conocer mejor las riquezas de la tradición siria y a recibirlas como un don para toda la Iglesia!.

Su Santidad, queridísimo hermano, con afecto, deseo expresar mi gratitud por vuestra visita y por el don de orar juntos hoy, haciendo nuestra la oración del Señor: “Que todos sean uno […] para que el mundo crea” (Jn. 17, 21).

Declaración común del Papa Francisco y del  Catholicos Patriarca Mar Gewargis III

1. Alabando a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nosotros, el Papa Francisco y el Catholicos Patriarca Mar Gewargis III, elevamos nuestras mentes y corazones en acción de gracias al Todopoderoso por la creciente cercanía en la fe y el amor entre la Iglesia Asiria de Oriente y la iglesia católica. Nuestro encuentro de hoy como hermanos se hace eco de las palabras del bendito apóstol Pablo: “Paz a  los hermanos, y caridad con fe, de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo” (Efesios 6:23).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/5-1-413x275.jpg2. En las últimas décadas, nuestras Iglesias se han acercado más que nunca antes en el curso de los siglos. Desde su primer encuentro en Roma en 1984, nuestros predecesores de bendita memoria, el Papa San Juan Pablo II y el Catholicos Patriarca Mar Dinkha IV, se embarcaron en un itinerario de diálogo. Estamos muy agradecidos por los frutos de este diálogo de amor y verdad, que confirman que una diversidad de costumbres y disciplinas no es en absoluto un obstáculo para la unidad, y que ciertas diferencias en las expresiones teológicas a menudo son complementarias en lugar de conflictivas. Esperamos que nuestro diálogo teológico nos ayude a allanar el camino hacia el día tan esperado en el que podamos celebrar juntos el sacrificio del Señor en el mismo altar. Mientras tanto, tenemos la intención de avanzar en el reconocimiento mutuo y el testimonio compartido del Evangelio. Nuestro Bautismo común es el fundamento sólido de la comunión real que ya existe entre nosotros: “en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados para no formar más que un cuerpo” (1 Corintios 12:13). Caminando juntos en confianza, buscamos la caridad que “une todo en perfecta armonía” (Col. 3:14).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/6-3-413x275.jpg3. En nuestro peregrinaje hacia la unidad visible, experimentamos un sufrimiento común, derivado de la dramática situación de nuestros hermanos y hermanas cristianos en el Medio Oriente, especialmente en Irak y Siria. El significado de la presencia y misión cristiana en el Medio Oriente se puso una vez más en evidencia durante la Jornada de Oración y Reflexión celebrada en Bari el 7 de julio de 2018, cuando los Jefes de Iglesias y comunidades cristianas de Medio Oriente se reunieron para orar y hablar unos con otros. La Buena Nueva de Jesús, crucificado y resucitado por amor, vino del Medio Oriente y conquistó  los corazones humanos a través de los siglos, no debido al poder mundano sino al poder desarmado de la Cruz. Sin embargo, durante décadas, el Medio Oriente ha sido un epicentro de violencia en el que poblaciones enteras soportan duras pruebas día tras día. Cientos de miles de hombres, mujeres y niños inocentes sufren inmensamente a causa de conflictos violentos que nada puede justificar. Las guerras y las persecuciones han aumentado el éxodo de los cristianos de las tierras donde han convivido con otras comunidades religiosas desde la época de los apóstoles. Sin distinción de rito o confesión, sufren por profesar el nombre de Cristo. En ellos, vemos el Cuerpo de Cristo que, hoy también, está afligido, golpeado y vilipendiado. Estamos profundamente unidos en nuestra oración de intercesión y en nuestro acercamiento caritativo a estos miembros sufrientes del cuerpo de Cristo.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/7-1-413x275.jpg4. En medio de tal sufrimiento, cuyo final inmediato imploramos, continuamos viendo hermanos y hermanas que recorren el camino de la cruz, siguiendo dócilmente los pasos de Cristo, en unión con el que nos reconcilió con su cruz “derribando el muro que los separaba, la enemistad”(cf. Ef 2, 14-16). Estamos agradecidos a estos hermanos y hermanas nuestros, que nos inspiran a seguir el camino de Jesús para vencer la enemistad. Les agradecemos el testimonio que dan al Reino de Dios por las relaciones fraternales que existen entre sus diversas comunidades. Así como la sangre de Cristo, derramada por amor, trajo la reconciliación y la unidad, e hizo florecer a la Iglesia, la sangre de estos mártires de nuestro tiempo, miembros de varias Iglesias pero unidas por su sufrimiento compartido, es la semilla de la unidad cristiana.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/8-413x275.jpg5. Ante esta situación, nos unimos a nuestros hermanos y hermanas perseguidos, para hacernos voz de los que no la tienen. Juntos haremos todo lo posible para aliviar su sufrimiento y ayudarlos a encontrar maneras de comenzar una nueva vida. Deseamos afirmar una vez más que no es posible imaginar el Medio Oriente sin los cristianos. Esta convicción se basa no solo en motivos religiosos, sino también en realidades sociales y culturales, ya que los cristianos, junto con otros creyentes, contribuyen en gran medida a la identidad específica de la región: un lugar de tolerancia, respeto mutuo y aceptación. El Medio Oriente sin cristianos ya no sería el Medio Oriente.

6. Convencidos de que los cristianos permanecerán en la región solo si se restablece la paz, elevamos nuestras sinceras oraciones a Cristo, el Príncipe de la Paz, pidiendo el regreso de ese “fruto de la justicia” esencial (cf. Is 32:17) . Una tregua mantenida por muros y demostraciones de poder no conducirá a la paz, ya que la paz auténtica solo puede lograrse y defenderse a través de la escucha y el diálogo mutuos. Por lo tanto, pedimos una vez más a la comunidad internacional que implemente una solución política que reconozca los derechos y deberes de todas las partes involucradas. Estamos convencidos de la necesidad de garantizar los derechos de cada persona. La primacía de la ley, incluido https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/9-413x275.jpgel respeto por la libertad religiosa y la igualdad ante la ley, basada en el principio de “ciudadanía”, independientemente del origen étnico o de la religión, es un principio fundamental para el establecimiento y la defensa de una coexistencia estable y productiva entre los pueblos y comunidades del Medio Oriente. Los cristianos no quieren ser considerados una “minoría protegida” o un grupo tolerado, sino ciudadanos de pleno título cuyos derechos están garantizados y defendidos, junto con los de todos los demás ciudadanos.

7. Finalmente, reafirmamos que cuanto más difícil es la situación, más necesario es el diálogo interreligioso basado en una actitud de apertura, verdad y amor. Este diálogo es también el mejor antídoto contra el extremismo, que es una amenaza para los seguidores de todas las religiones.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/10-413x275.jpg8. Reunidos aquí en Roma, oramos juntos a los apóstoles Pedro y Pablo para que a través de su intercesión, Dios otorgue sus abundantes bendiciones a los cristianos de Oriente Medio. Pedimos a la Santísima Trinidad, modelo de verdadera unidad en la diversidad, que fortalezcamos nuestros corazones para que podamos responder al llamado del Señor de que sus discípulos sean uno en Cristo (cf. Jn 17, 21). Que el Todopoderoso que ha comenzado esta buena obra en nosotros la complete en Cristo Jesús (cf. Fil 1: 6).

Desde el Vaticano, 9 de noviembre de 2018

 

 

SERVIR A UN SOLO SEÑOR

— Pertenecemos a Dios por entero.

— Unidad de vida.

— Rectificar la intención.

I. En la Antigüedad, el siervo se debía íntegramente a su señor. Su actividad llevaba consigo una dedicación tan total y absorbente que no cabía compartirla con otro trabajo u otro amo. Así se entienden mejor las palabras de Jesús, que leemos en el Evangelio de la Misa1: Ningún criado puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o preferirá a uno y despreciará al otro. Y concluye el Señor: No podéis servir a Dios y al dinero.

Seguir a Cristo significa encaminar a Él todos nuestros actos. No tenemos un tiempo para Dios y otro para el estudio, para el trabajo, para los negocios: todo es de Dios y a Él debe ser orientado. Pertenecemos por entero al Señor y a Él dirigimos nuestra actividad, el descanso, los amores limpios... Tenemos una sola vida, que se ordena a Dios con todos los actos que la componen. «La espiritualidad no puede ser nunca entendida como un conjunto de prácticas piadosas y ascéticas yuxtapuestas de cualquier modo al conjunto de derechos y deberes determinados por la propia condición; por el contrario, las propias circunstancias, en cuanto respondan al querer de Dios, han de ser asumidas y vitalizadas sobrenaturalmente por un determinado modo de desarrollar la vida espiritual, desarrollo que ha de alcanzarse precisamente en y a través de aquellas circunstancias»2.

Como el hilo sujeta las cuentas de un collar, así el deseo de amar a Dios, la rectitud de intención, dan unidad a todo cuanto hacemos. Por el ofrecimiento de obras pertenecen al Señor todas nuestras actividades de la jornada, las alegrías y las penas. Nada queda fuera del amor. «En nuestra conducta ordinaria, necesitamos una virtud muy superior a la del legendario rey Midas: él convertía en oro cuanto tocaba.

»—Nosotros hemos de convertir –por amor– el trabajo humano de nuestra jornada habitual, en obra de Dios, con alcance eterno»3.

El quehacer de todos los días, el cuidado de los instrumentos que empleamos en el trabajo, el orden, la serenidad ante las contradicciones que se presentan, la puntualidad, el esfuerzo que supone el cumplimiento del deber... es la materia que debemos transformar en el oro del amor a Dios. Todo está dirigido al Señor, que es quien da un valor eterno a nuestras obras más pequeñas.

II. El empeño por vivir como hijos de Dios se realiza principalmente en el trabajo, que hemos de dirigir a Dios; en el hogar, llenándolo de paz y de espíritu de servicio; y en la amistad, camino para que los demás se acerquen más y más al Señor. Con todo, en cualquier momento del día o de la noche debemos mantener ese empeño por ser, con la ayuda de la gracia, hombres y mujeres de una pieza, que no se comportan según el viento que corre o que dejan el trato con el Señor para cuando están en la iglesia o recogidos en oración. En la calle, en el trabajo, en el deporte, en una reunión social, somos siempre los mismos: hijos de Dios, que reflejan con amabilidad su seguimiento a Cristo en situaciones bien diversas: ya comáis, ya bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios4, aconsejaba San Pablo a los primeros cristianos. «Cuando te sientes a la mesa –comenta San Basilio a propósito de este versículo–, ora. Cuando comas pan, hazlo dando gracias al que es generoso. Si bebes vino, acuérdate del que te lo ha concedido para alegría y alivio de enfermedades. Cuando te pongas la ropa, da gracias al que benignamente te la ha dado. Cuando contemples el cielo y la belleza de las estrellas, échate a los pies de Dios y adora al que con su Sabiduría dispuso todas estas cosas. Del mismo modo, cuando sale el sol y cuando se pone, mientras duermas y despierto, da gracias a Dios que creó y ordenó todas estas cosas para provecho tuyo, para que conozcas, ames y alabes al Creador»5. Todas las realidades nobles nos deben llevar a Él.

De la misma manera que cuando se ama a una criatura de la tierra se la quiere las veinticuatro horas del día, el amor a Cristo constituye la esencia más íntima de nuestro ser y lo que configura nuestro actuar. Él es nuestro único Señor, al que procuramos servir en medio de los hombres, siendo ejemplares en el trabajo, en los negocios, a la hora de vivir la doctrina social de la Iglesia en los diversos ámbitos de nuestra actividad, en el cuidado de la naturaleza, que es parte de la Creación divina... No tendría sentido que una persona que tratara al Señor con intimidad no se esforzara a la vez, y como una consecuencia lógica, por ser cordial y optimista, por ser puntual en su trabajo, por aprovechar el tiempo, por no hacer chapuzas en su tarea...

El amor a Dios, si es auténtico, se refleja en todos los aspectos de la vida. De aquí que, aunque las cuestiones temporales tengan su propia autonomía y no exista una «solución católica» a los problemas sociales, políticos, etc., tampoco existan ámbitos de «neutralidad», donde el cristiano deje de serlo y de actuar como tal6. Por eso, el apostolado fluye espontáneo allí donde se encuentra un discípulo de Cristo, porque es consecuencia inmediata de su amor a Dios y a los hombres.

III. Los fariseos que escuchaban al Señor eran amantes del dinero y trataban de compaginar su amor a las riquezas y a Dios, al que pretendían servir. Por eso, se burlaban de Jesús. También hoy los hombres tratan, en ocasiones, de ridiculizar el servicio total a Dios y el desprendimiento de los bienes materiales, porque –como los fariseos– no solo no están dispuestos a ponerlo en práctica, sino que ni siquiera conciben que otros puedan tener esa generosidad: piensan, quizá, que pueden existir ocultos intereses en quienes de verdad han escogido, en medio del mundo o fuera de él, a Cristo como único Señor7.

Jesús pone al descubierto la falsedad de aquella aparente bondad de los fariseos: Vosotros -les dice- os hacéis pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que parece excelso ante los hombres, es abominable delante de Dios. El Señor señala con una palabra fortísima –abominable– la conducta de aquellos hombres faltos de unidad de vida que, con la apariencia de ser fieles servidores de Dios, estaban muy lejos de Él, como se reflejaba en sus obras: gustan pasear vestidos con largas túnicas y anhelan los saludos en las plazas, los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y devoran las casas de las viudas con el pretexto de largas oraciones...8. En realidad, poco o nada amaban a Dios; se amaban a sí mismos.

Dios conoce vuestros corazones. Estas palabras del Señor nos deben llenar de consuelo, a la vez que nos llevarán a rectificar muchas veces la intención para rechazar los movimientos de vanidad y de vanagloria, de tal modo que nuestra vida entera esté orientada a la gloria de Dios. Agradar al Señor ha de ser el gran objetivo de todas nuestras acciones. El Papa Juan Pablo I, cuando aún era Patriarca de Venecia, escribía este pequeño cuento, lleno de enseñanzas. A la entrada de la cocina estaban echados los perros. Juan, el cocinero, mató un ternero y echó las vísceras al patio. Los perros las comieron, y dijeron: «Es un buen cocinero, guisa muy bien».

Poco tiempo después, Juan pelaba los guisantes y las cebollas, y arrojó las mondaduras al patio. Los perros se arrojaron sobre ellas, pero torciendo el hocico hacia el otro lado dijeron: «El cocinero se ha echado a perder, ya no vale nada».

Sin embargo, Juan no se conmovió lo más mínimo por este juicio, y dijo: «Es el amo quien tiene que comer y apreciar mis comidas, no los perros. Me basta con ser apreciado por mi amo»9. Si actuamos de cara a Dios, poco o nada nos debe importar que los hombres no lo entiendan o que lo critiquen. Es a Dios a quien queremos servir en primer lugar y sobre todas las cosas. Luego resulta que este amor con obras a Dios es, a la vez, la mayor tarea que podemos llevar a cabo en favor de nuestros hermanos los hombres.

Nuestra Madre Santa María nos enseñará a enderezar nuestros días y nuestras horas para que nuestra vida sea un verdadero servicio a Dios. «No me pierdas nunca de vista el punto de mira sobrenatural. -Rectifica la intención, como se rectifica el rumbo del barco en alta mar: mirando a la estrella, mirando a María. Y tendrás la seguridad de llegar siempre a puerto»10.

1 Lc 16, 13-14. — 2 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Palabra, 4ª ed., Madrid 1976, p. 113. — 3 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 742. — 4 1 Cor 10, 31. — 5 San Basilio, Homilía in Julittam martirem. — 6 Cfr. I. Celaya, Unidad de vida y plenitud cristiana, Pamplona 1985, p. 335. — 7 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Lc 16, 13-14. — 8 Cfr. Lc 20, 45-47. — 9 Cfr. A. Luciani, Ilustrísimos señores, pp. 12 ss. — 10 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 749.

 

 

“La caridad es la sal del apostolado”

Ama y practica la caridad, sin límites y sin discriminaciones, porque es la virtud que nos caracteriza a los discípulos del Maestro. –Sin embargo, esa caridad no puede llevarte –dejaría de ser virtud– a amortiguar la fe, a quitar las aristas que la definen, a dulcificarla hasta convertirla, como algunos pretenden, en algo amorfo que no tiene la fuerza y el poder de Dios. (Forja, 456)

Pecaría de ingenuo el que se imaginase que las exigencias de la caridad cristiana se cumplen fácilmente. Muy distinto se demuestra lo que experimentamos en el quehacer habitual de la humanidad y, por desgracia, en el ámbito de la Iglesia. Si el amor no obligara a callar, cada uno contaría largamente de divisiones, de ataques, de injusticias, de murmuraciones, de insidias. Hemos de admitirlo con sencillez, para tratar de poner por nuestra parte el oportuno remedio, que ha de traducirse en un esfuerzo personal por no herir, por no maltratar, por corregir sin dejar hundido a nadie.
(…) Yo me siento movido ahora a pedir al Señor -uníos, si queréis, a esta oración mía- que no permita que en su Iglesia la falta de amor encizañe a las almas. La caridad es la sal del apostolado de los cristianos; si pierde el sabor, ¿cómo podremos presentarnos ante el mundo y explicar, con la cabeza alta, aquí está Cristo? (Amigos de Dios, 234)

 

«Nos toca decidir cómo tiene que funcionar la sociedad»

Los jóvenes tendrán un papel importante en la mesa 'Millenials de la fe', en el IX Simposio San Josemaría (Jaén, 16 y 17 de noviembre), donde demostrarán que pueden darle un sentido distinto a la sociedad.

Revista de prensa08/11/2018

Opus Dei - «Nos toca decidir cómo tiene que funcionar la sociedad»

Ideal de Jaén Jaén se convertirá en ocho días en epicentro de la fe con el XI Simposio San Josemaría (Descargar artículo en PDF)

San Josemaría, el «santo de lo ordinario» -en palabras de Juan Pablo II-, visitó Jaén mientras vivía y siempre guardó un gran afecto hacia las gentes de esta provincia. Esto, unido a la acogida de su mensaje, provocó que en 2002 la Fundación Catalina Mir comenzara a organizar en la capital los simposios San Josemaría cada dos años. El noveno llega en ocho días: con el título 'Fe y sociedad', el 16 y 17 de noviembre la Institución Ferial de Jaén (Ifeja) acogerá a más de 500 personas de distintos países para hablar sobre la vida de los cristianos en la sociedad.

Así lo puso de manifiesto ayer durante la presentación Antonio Sánchez Font, en representación de la Fundación Catalina Mir, que estuvo acompañado de Ana León y Alejandro López, los dos jóvenes que coordinarán la mesa redonda 'Millenials de la fe'.

Font explicó que San Josemaría comprendió con claridad que los cristianos tenían que vivir como ciudadanos ejemplares en la sociedad civil, contribuyendo al bien común con su trabajo profesional, con sus virtudes cívicas, respetando la libertad de los demás, participando de manera constructiva y leal en todas las iniciativas e instituciones sociales, ejercitando sus derechos y cumpliendo sus deberes.

Los jóvenes y la fe

Por su parte, Alejandro López, estudiante de tercer curso de Derecho, sugirió que alguien se puede preguntar «qué papel juega un joven en un simposio internacional, alguien que normalmente quiere pasar desapercibido», a lo que respondió que son ellos «los que tienen que decidir cómo tiene que funcionar la sociedad». «Nos toca dar la cara y luchar contra asuntos peliagudos, un joven le puede dar un sentido diferente», indicó el estudiante, que agregó que «merece la pena luchar por la fe» y que «fe y sociedad están íntimamente unidos».

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El Simposio comenzará el sábado, día 16, por la tarde con un saludo del alcalde de Jaén, Javier Márquez, continuando con la conferencia inaugural 'El compromiso del cristiano con la sociedad en el mensaje de san Josemaría Escrivá', a cargo de José Ramón Pin Arboledas, profesor emérito del Departamento de Dirección de Personas de las Organizaciones y ética Empresarial (IESE, Universidad de Navarra).

Conferencias y paneles del Simposio de san Josemaría

Entre los ponentes que participarán el sábado en el Simposio, se encuentran el periodista y escritor Lluis Foix, los escritores y conferenciantes Ulf Elman y Birgitta Ekman. También habrá tres paneles: 'Dos temas relevantes en el mensaje de san Josemaría', 'Millennials de la fe' y 'La familia, motor del bien común'. En ellos se tratarán temas como la 'Fe y el rol cultural de la mujer'; la 'Medicina, ciencia e investigación al servicio de la sociedad'; 'Familias en salida'; 'Simpáticos, empáticos y antipáticos'; y 'Familias, pandillas y escuelas'.

Mariano Fazio, vicario general de la Prelatura del Opus Dei, impartirá la conferencia final 'Transformar el mundo desde dentro'

En estos paneles participarán: Isabel Berges, consultora de moda; Daniel de la Fuente Feliú, torero; María Vera Imago Christi, religiosa; Marius Lekker, instagramer; Emilia Tarifa Valentín-Gamazo, presidenta de la Asociación de Familias Numerosas de Cataluña (FANOC); Adrián Cano Prous, psiquiatra de la Clínica Universitaria de Navarra; y Begoña Ladrón de Guevara Pascual, presidenta de la Confederación de Padres de Alumnos (COFAPA).

Además, se proyectará el documental 'La unidad de vida en san Josemaría', antes de la conferencia final 'Transformar el mundo desde dentro', a cargo de Mariano Fazio, vicario general de la Prelatura del Opus Dei.

Desde el centenario del fundador del Opus Dei

Este es el noveno simposio que se celebra desde 2002, de forma bienal, con una media de 400 personas cada uno, procedentes de distintos países como mexicanos, franceses, argentinos, chilenos, holandeses, italianos, ingleses, finlandeses, bielorrusos, kenianos y nigerianos. En el último simposio se registró una asistencia de 500 participantes y en la presente edición las previsiones superan esa cifra.

Las ediciones anteriores se dedicaron, la primera, a profundizar en los puntos centrales de su mensaje, y las siguientes, a la familia, a los medios de comunicación, a la solidaridad, a los jóvenes, al trabajo, a los escenarios de la libertad en el s. XXI, y el último al Diálogo y la convivencia.

 

 

«Dale gracias por todo, porque todo es bueno»

Agradecer, ante lo bueno y ante lo malo, es saberse siempre querido por Dios: gracias por estar aquí a mi lado; gracias porque esto te importa.

Vida espiritual01/04/2018

Opus Dei - «Dale gracias por todo, porque todo es bueno»

Acertar con la propia vida: dar con lo esencial, apreciar lo que vale, ver venir lo malo, dejar pasar lo irrelevante. «Si la riqueza es un bien deseable en la vida, ¿hay mayor riqueza que la sabiduría, que lo realiza todo?» (Sb 8,5). La sabiduría no tiene precio: todos la querrían para sí. Es un saber que no tiene que ver con las letras, sino con el sabor, con la capacidad de percibir cómo sabe el bien. Lo expresa de modo certero el término sapientia, traducción del griego sophia en los libros sapienciales. En su significado originario, sapientia denota buen gusto, buen olfato. El sabio tiene un paladar para saborear lo bueno. Da nobis recta sapere, le pedimos a Dios, con una antigua oración[1]: haz que saboreemos lo bueno.

«Cuando pasen treinta años, echaréis la mirada atrás y os pasmaréis. Y no tendréis más que acabar la vida agradeciendo, agradeciendo…» (San Josemaría)

La Escritura presenta esta sabiduría como un conocimiento natural, que brota con facilidad: «la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran. Se adelanta en manifestarse a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta» (Sb 6,12-14).Sin embargo, para adquirir esta connaturalidad es necesario buscarla, desearla, madrugar por ella. Con paciencia, con la insistencia del salmo: «Oh, Dios, Tú eres mi Dios, al alba te busco, / mi alma tiene sed de Ti; / por Ti mi carne desfallece, / en tierra desierta y seca, sin agua» (Sal 63,2). Y esta búsqueda es la tarea de una vida. Por eso, la sabiduría va llegando también con los años. La sabiduría, lo ha dicho el Papa tantas veces, haciéndose eco del Sirácide (cfr. Si 8,9), es lo más propio de los ancianos: ellos son «la reserva de sabiduría de nuestro pueblo»[2]. Es cierto que la edad también puede traer consigo inconvenientes como el arraigo de algunos defectos del carácter, cierta resistencia a aceptar las propias limitaciones, o dificultades para comprender a los jóvenes. Pero, por encima de todo eso, suele brillar la capacidad de apreciar, de saborear, lo verdaderamente importante. Y eso es, a fin de cuentas, la verdadera sabiduría.

A este saber se refería san Josemaría en una ocasión, hablando a un grupo de fieles de la Obra: «Cuando pasen treinta años, echaréis la mirada atrás y os pasmaréis. Y no tendréis más que acabar la vida agradeciendo, agradeciendo…»[3] A la vuelta de los años quedan, sobre todo, motivos de agradecimiento. Se desdibujan los contornos afilados de problemas y dificultades que quizá en su momento nos agitaron fuertemente, y se pasa a verlos con otros ojos, incluso con cierto humor. Se adquiere la perspectiva para ver cómo Dios le ha ido llevando a uno, cómo ha ido dando la vuelta a sus errores, cómo se ha servido de sus esfuerzos… Quienes convivían con el beato Álvaro recuerdan la frecuencia y la sencillez con que decía: «gracias a Dios». Esa convicción de que uno no tiene más que agradecer recoge, pues, un elemento esencial de la verdadera sabiduría. La que Dios va haciendo crecer en el alma de quienes le buscan, y que pueden decir, incluso antes de llegar a la vejez: «Tengo más discernimiento que los ancianos, porque guardo tus mandatos» (Sal 119,100).

 

Todo es bueno

Desde las estrecheces y angustias de su escondrijo en la Legación de Honduras, san Josemaría escribía en 1937 a los fieles de la Obra que estaban desperdigados por Madrid: «Mucho ánimo, ¿eh? Procurad que todos estén contentos: todo es para bien: todo es bueno»[4]. La misma tónica tiene otra carta, escrita al cabo de un mes, a los que estaban en Valencia: «Que os animéis. Que os alegréis, si, naturalmente, os habéis entristecido. Todo es para bien»[5].

«Las misericordias de Dios nos acompañan día a día. Basta tener el corazón vigilante para poderlas percibir» (Benedicto XVI)

Todo es bueno, todo es para bien. En estas palabras se transparentan dos textos de la Escritura. De un lado, el crescendo de alegría de Dios durante la creación, que desemboca en la conclusión de que «todo lo que había hecho (…) era muy bueno» (Gn 1,31). Del otro, aquella máxima de san Pablo ―«todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28)― que san Josemaría condensaba en una exclamación: «omnia in bonum!» Años antes, en la Navidad de 1931, esas dos fibras de la Escritura se entretejían en una anotación que daría lugar más tarde a un punto de Camino. Todo es bueno, todo es para bien. El reconocimiento por las cosas buenas y la esperanza de que Dios sabrá sacar un bien de lo que parece malo:

Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. ―Porque te da esto y lo otro. ―Porque te han despreciado. ―Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.

Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. ―Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. ―Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso...

Dale gracias por todo, porque todo es bueno[6].

Como se puede observar a simple vista, la secuencia de los motivos de agradecimiento no sigue un orden particular: si todo es bueno, lo es la primera cosa que se nos presenta, y la siguiente, y la otra… todas son motivos de agradecimiento. «Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta». Mira adonde quieras, parece decirnos san Josemaría: no encontrarás más que motivos de agradecimiento. Se refleja en estas líneas, en fin, una admiración que se desborda ante la bondad de Dios; un asombro que recuerda el cántico de las criaturas de san Francisco, en el que también todo es motivo de agradecimiento: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas (...). Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire, y la nube y el cielo sereno, y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento (...). Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor»[7].

«Porque te da esto y lo otro». Cuántas cosas nos da Dios, y qué fácilmente nos acostumbramos a ellas. La salud, a la que se ha llamado «el silencio de los órganos», es quizá un ejemplo paradigmático: suele suceder que la damos por descontado hasta que el cuerpo empieza a hacerse notar; y quizá solo entonces valoramos, por su ausencia, lo que teníamos. El agradecimiento consiste aquí, en parte, en adelantarse; en afinar el oído para percibir el silencio, la discreción con la que Dios nos da tantas cosas. «Las misericordias de Dios nos acompañan día a día. Basta tener el corazón vigilante para poderlas percibir. Somos muy propensos a notar solo la fatiga diaria (…). Pero si abrimos nuestro corazón, entonces, aunque estemos sumergidos en ella, podemos constatar continuamente qué bueno es Dios con nosotros; cómo piensa en nosotros precisamente en las pequeñas cosas, ayudándonos así a alcanzar las grandes»[8].

Agradecer a Dios es disfrutar con Él de las cosas buenas que nos da, porque en compañía de las personas queridas siempre se disfruta más

Sería empequeñecer este agradecimiento pensar que se trata simplemente de la respuesta a una deuda de gratitud. Es mucho más: precisamente porque consiste en saborear lo bueno, agradecer a Dios es disfrutar con Él de las cosas buenas que nos da, porque en compañía de las personas queridas siempre se disfruta más. Hasta lo más prosaico puede ser entonces motivo para pasarlo bien; para no tomarse demasiado en serio; para descubrir la alegría de vivir «en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien (…) No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!»[9]

 

Todo es para bien

Acordarse de agradecer las cosas buenas que Dios nos da es ya en sí mismo un reto. ¿Qué decir de las cosas menos agradables? «Porque te han despreciado»: porque te han tratado con frialdad, con indiferencia; porque te han humillado; porque no han valorado tus esfuerzos... «Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes». Es cuando menos sorprendente la tranquilidad con la que tener y no tener aparecen aquí bajo el mismo signo. ¿Realmente es posible agradecer a Dios la falta de salud, trabajo, tranquilidad? Dar gracias porque te falta tiempo ―cuántas veces eso nos hace sufrir―; porque te faltan los ánimos, las fuerzas, las ideas; porque esto o aquello te ha salido mal… Pues sí: también entonces, nos dice san Josemaría, dale gracias a Dios.

Esta actitud nos devuelve a las contradicciones que san Josemaría atravesaba cuando escribía esas cartas desde la legación de Honduras, y al contexto de sufrimiento del que surgió la anotación que está en el origen de este punto de Camino[10]. La invitación a agradecer lo malo, que aparece de un modo más explícito páginas adelante, tiene su origen en una anotación de cinco días antes: «Paradojas de un alma pequeña. ―Cuando Jesús te envíe sucesos que el mundo llama buenos, llora en tu corazón, considerando la bondad de Él y la malicia tuya: cuando Jesús te envíe sucesos que la gente califica de malos, alégrate en tu corazón, porque Él te da siempre lo que conviene y entonces es la hermosa hora de querer la Cruz»[11].

A pesar de su cercanía en el tiempo, esta consideración se sitúa en el marco de otro capítulo de Camino, uno de los dos que versan sobre la infancia espiritual. Sale así a la luz una clave desde la que se puede comprender el clima espiritual de esa disposición a dar gracias a Dios «por todo, porque todo es bueno». Si el agradecimiento es un signo de la sabiduría que acompaña a la edad y a la cercanía con Dios, solo surge donde hay una actitud de «abandono esperanzado»[12] en las manos de Dios; una actitud que san Josemaría descubrió por la vía de la infancia espiritual: «¿Has presenciado el agradecimiento de los niños? —Imítalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso: «¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!...»[13]

Agradecer lo malo no es, desde luego, algo que surja espontáneamente. De hecho, al principio puede parecer incluso algo teatral o incluso ingenuo: como si negáramos la realidad, como si buscáramos consolación en… un cuento para niños. Sin embargo, agradecer en esas situaciones no es dejar de ver, sino ver más allá. Nos resistimos a agradecer porque percibimos la pérdida, la contrariedad, el desgarro. Nuestra mirada está todavía muy pegada a la tierra, como sucede al niño a quien le parece que se hunde el mundo porque se le ha roto un juguete, porque se ha tropezado, o porque querría seguir jugando. En el momento es un pequeño drama, pero al rato seguramente se le pasa. «En la vida interior, nos conviene a todos ser (…) como esos pequeñines, que parecen de goma, que disfrutan hasta con sus trastazos porque enseguida se ponen de pie y continúan sus correteos; y porque tampoco les falta ―cuando resulta preciso― el consuelo de sus padres»[14].

Agradecer lo malo no es dejar de ver, sino ver más allá

El agradecimiento del que nos habla san Josemaría no es una especie de manto que cubre lo desagradable, como por arte de magia, sino un gesto por el que levantamos la mirada a nuestro Padre Dios, que nos sonríe. Se abre paso así a la confianza, un abandono que pone en un segundo plano la contrariedad, aunque nos siga pesando. Agradecer cuando algo nos duele significa aceptar: «La mejor manera de expresar gratitud a Dios y a las personas es aceptarlo todo con alegría»[15]. Seguramente lo primero que sale no es un grito de alegría; quizá todo lo contrario. Aun así, aunque el alma se rebele, agradecer: «Señor, no es posible… no puede ser… pero gracias»; aceptar: «yo querría tener más tiempo, más fuerzas… yo querría que esta persona me tratara mejor… yo querría no tener esta dificultad, este defecto. Pero Tú sabes más». Pediremos a Dios que arregle las cosas como nos parece que deberían ser, pero desde la serenidad de que Él sabe lo que hace, y de que saca bienes de donde quizá solo vemos males.

Agradecer lo malo, siempre con palabras de la misma temporada del «gracias por todo», supone «creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños»[16]. Más allá de la forma particular que tome ese abandono en la vida interior de cada uno, esta actitud delinea la convicción de que ante Dios somos muy pequeños, y que así son nuestras cosas. Y, a pesar de eso, a Dios le importan, y más que a nadie en el mundo. De ahí surge en realidad el agradecimiento de saberse querido: gracias por estar aquí a mi lado; gracias porque esto te importa. En medio de la aparente lejanía de Dios, percibimos entonces su cercanía: le contemplamos en medio de la vida ordinaria, porque los problemas forman parte de la vida ordinaria. Bajo las cuerdas de la adversidad, surge así el motivo más profundo por el que agradecemos lo bueno y lo malo: gracias, porque encuentro el Amor por todas partes. El verdadero motivo de acción de gracias, la raíz misma de la acción de gracias, es que Dios me quiere, y que todo en mi vida son ocasiones de amar y de saberme amado.

En el sufrimiento por lo que nos falta, por la frialdad, las carencias, las consecuencias de nuestros errores… se esconden, pues, oportunidades para recordar, para despertarnos al Amor de Dios. Caemos en la cuenta de que, aunque nos cueste renunciar a algo, aunque nos cueste aceptar el dolor o la limitación, ¿qué es lo que nos quita eso, después de todo, si tenemos el Amor de Dios? «¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?» (Rm 8,35).

«La mejor manera de expresar gratitud a Dios y a las personas es aceptarlo todo con alegría» (Santa Teresa de Calcuta)

Resulta posible, así, dar «gracias por todo, porque todo es bueno». La locura cristiana de agradecerlo todo tiene su origen en la filiación divina. Quien se ha dado cuenta de que tiene un Padre que le quiere no necesita, en realidad, nada más. A un Padre bueno, sobre todo, se le agradece. Así es el amor de Jesús por su Padre: Jesús es todo Él agradecimiento, porque lo ha recibido todo de su Padre. Y ser cristiano es entrar en ese amor, en ese agradecimiento: Te doy gracias, Padre, porque siempre me escuchas (cfr. Jn 11,41-42).

 

No te olvides de agradecer

«Bendice, alma mía, al Señor, no olvides ninguno de sus beneficios» (Sal 103,2). En la Escritura, Dios nos invita con frecuencia a recordar, porque sabe que vivimos habitualmente en el olvido, como los niños que andan con sus juegos y no se acuerdan de su padre. Dios lo sabe, y lo comprende. Pero nos atrae suavemente a sus brazos, y nos susurra de mil modos: recuerda. Agradecer es también, pues, una cuestión de memoria. Por eso el Papa habla con frecuencia de «memoria agradecida»[17].

La disposición a agradecer lo que nos contraría, asombrosa como pueda ser, facilita de hecho acordarse de dar gracias a Dios ante las cosas agradables. Por lo demás, la vida de cada día nos brinda muchas ocasiones para hacer memoria: detenerse un instante a bendecir la mesa, a agradecer que Dios nos da algo que llevarnos a la boca; dedicar un tiempo de la acción de gracias de la Misa o de nuestra oración personal a darle gracias por las cosas ordinarias de la vida, para descubrir lo que tienen de extraordinario: un trabajo, un techo, personas que nos quieren; agradecer las alegrías de los demás; ver un don de Dios, y otro, y otro, en las personas que nos prestan un servicio... También hay momentos en que la vida nos sale al encuentro con una chispa de belleza: la luz de un atardecer, una atención inesperada hacia nosotros, una sorpresa agradable… Son ocasiones para ver, entre las fibras a veces un poco grises de la vida diaria, el color del Amor de Dios.

Desde muy antiguo, las culturas del mundo han visto en el avance del día hacia la noche una imagen de la vida. La vida es como un día, y un día es como la vida. Por eso, si el agradecimiento es propio de la sabiduría de quien ha vivido mucho, qué bueno es acabar el día agradeciendo. Al detenerse en la presencia de Dios a sopesar la jornada, Dios agradecerá que le agradezcamos tantas cosas, «etiam ignotis»[18]: también las que desconocemos; e incluso que le pidamos perdón, con confianza de hijos, por no haber agradecido suficiente.

Carlos Ayxelà


[1] Oración «Veni Sancte Spiritus», recogida en Misal Romano, Misa votiva del Espíritu Santo (A), oración colecta.

[2] Francisco, Audiencia, 4-III-2015.

[3] San Josemaría, notas de una reunión familiar, 21-I-1955, citado en Crónica, VII-55, p. 28 (AGP, biblioteca, P01).

[4] San Josemaría, Carta, 17-V-1937, citada en Camino, ed. crítico-histórica, comentario al n. 268.

[5] San Josemaría, Carta, 15-VI-1937; citada en Ibid.

[6] San Josemaría, Camino, n. 268. La anotación original corresponde al 28 de diciembre de 1931.

[7] San Francisco de Asís, Cántico de las criaturas, en Fonti Francescane, n. 263.

[8] Benedicto XVI, Homilía, 15-IV-2007.

[9] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24-XI-2013, n. 4.

[10] Cf. Camino, edición crítico-histórica, comentario a los nn. 267 y 268.

[11] Camino, n. 873. La anotación original es del 23 de diciembre de 1931.

[12] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[13] Camino, n. 894. El texto parte también de una anotación del 23 de diciembre de 1931.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 146.

[15] Santa Teresa de Calcuta, El amor más grande, Urano, Barcelona 1997, p. 51.

[16] Santo Rosario, Al lector. Este texto pertenece al manuscrito original que san Josemaría redactó «de un tirón» durante la novena a la Inmaculada de 1931; cfr. edición crítico-histórica, facsímiles y fotografías, n. 4.

[17] Cfr. p. ej. Francisco, Evangelii gaudium, n. 13; Homilía, 18-VI-2017; Homilía, 12-XII-2017.

[18] San Josemaría, “En las manos de Dios” (2-X-1971), En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica, Rialp, 2017, p. 307.

 

 

El Cardenal Cañizares asegura que la Humanae vitae es una “encíclica social, también para no creyentes”

Presentación del libro ‘Regulación de la fertilidad humana a la luz de la Carta Encíclica Humanae vitae’

noviembre 09, 2018 20:34RedacciónBioética y defensa de la familia

(ZENIT – 9 nov. 2018).- El cardenal arzobispo Antonio Cañizares, gran canciller de la Universidad Católica de Valencia (UCV), ha presidido la presentación del libro Regulación de la fertilidad humana a la luz de la Carta Encíclica Humanae vitae (Sekotia Editorial, 2018), donde ha remarcado que el documento eclesial de san Pablo VI “no es simplemente personalista o moralista, sino que es una encíclica social: afecta a la sociedad y denuncia con fundamento lo que algunos quieren denunciar sin fundamento: la persona y el bien común, la verdad, está por encima de cualquier otra concepción de la persona”.

Igualmente, el cardenal Cañizares ha asegurado que “en el fondo de la Laudato Si de Francisco está la Humanae vitae, que es la ecología integral”, así como ha reiterado la “defensa y elogio de la mujer” que encierra el documento. Por ello, ha invitado a releerla “más aún con todo lo que está en juego en esta sociedad, sobre todo en la europea”.

“Cuánto bien ha hecho esta encíclica, cuántos bienes ha aportado a la Iglesia, al conjunto de los creyentes, al mundo entero en estos 50 años de su existencia: el mundo hubiese sido otro si no hubiese sido por la ella”, ha subrayado.

Así, el gran canciller de UCV ha asegurado que la Humanae vitae fue un texto “verdaderamente profético” y “como todo lo profético, se atrevió a ir contracorriente. Eso ni se lo perdonaron ni se lo perdonan muchos aún a san Pablo V. Lo ‘apedrearon’, como a los profetas”.

De igual modo, el gran canciller de la UCV ha señalado que las bodas de oro de esta encíclica se cumplen “en pleno desarrollo e invasión de una secularización rampante, el olvido de Dios, y de la concepción de hombre y sus obras al margen de Dios, como si no existiese: es la época de la proclamación ‘nietzscheana’ de la muerte de Dios”.

JUSTO AZNAR: “LA UTILIZACIÓN O NO DE MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS PASA DIRECTAMENTE POR LA PLAZA MAYOR DE LAS CONCIENCIAS”

En el acto de presentación del libro -publicado con motivo de los 50 años de la encíclica Humanae vitae-, celebrado en la sede de San Juan y San Vicente, ha intervenido también Justo Aznar, director del Observatorio de Bioética de la UCV y coordinador de la obra, quien ha expuesto algunas claves del libro.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/2-4-428x275.jpgAsí, ha señalado que la píldora contraceptiva “constituyó una de las más importantes revoluciones sociales del pasado siglo”. “Hay muchos problemas que pueden afectar a la moral del individuo y especialmente de la pareja, como el aborto, la eutanasia, la procreación asistida o la ideología de género; pero la mayoría de ellas, de forma indirecta. Sin embargo, todo lo relativo a la regulación de la fertilidad humana, afecta muy directamente a la gran mayoría de las personas que viven en pareja. Parece inevitable que la utilización o no de medios contraceptivos sea un problema que pasa directamente por la plaza mayor de sus conciencias, y que por tanto, de alguna forma, incida en las decisiones más trascendentes a tomar en relación con sus convicciones morales”, ha añadido.

Del mismo modo, Aznar ha apelado a conocer si los métodos anticonceptivos “actúan por un mecanismo abortivo o no, pues ello incide directamente en la valoración moral de su uso, ya que no es lo mismo impedir un embarazo dificultando la concepción de un nuevo ser, que impedirlo eliminando un ser humano que ya ha iniciado su andadura vital”.

Igualmente, el director del Observatorio de Bioética se ha referido a las consecuencias sociales que acompañan al uso de la contracepción y ha apelado frente a “la inconsistencia e intencionalidad” de argumentos sobre la posible superpoblación del planeta. “La intención eugenésica que subyace en las posiciones antinatalistas de aquella época, se ve hoy materializada con propuestas como el Principio de Beneficencia Procreativa y la selección de embriones producidos in vitro para su implantación”, ha indicado.

Por otro lado, “del sexo sin hijos, que pretendió la aparición de la contracepción en la revolución del 68, con la pretensión equivocada de querer fomentar el amor conyugal, hemos ido pasando poco a poco, a hijos sin sexualidad, mediante la creciente aparición de las técnicas de reproducción asistida”, ha advertido Aznar.

Desde un punto de vista moral, la Humanae vitae enseña una única norma en su formulación positiva, cada acto sexual ha de quedar abierto a la posible transmisión de la vida, (HV 11), y  en su formulación negativa afirma que la contracepción conlleva, en virtud de su objeto, una voluntad no sólo no procreadora, sino antiprocreativa. La aceptación de la norma moral, enseñada por la Encíclica, no depende de los argumentos, sino del grado con el cual el Magisterio ha querido comprometerse. Esta norma moral es infalible en la práctica.

Una última conclusión es la afirmación de que del sexo sin hijos, que se formuló con la aparición de la contracepción en la revolución del 68, hemos ido pasando poco a poco, a hijos sin sexualidad, mediante la creciente aparición de las técnicas de reproducción asistida.

RECTOR PAGÁN: “EL RECHAZO A LA VERDAD QUE ES LA HUMANAE VITAE SUPONE LA QUIEBRA DE EUROPA”

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/11/4-3-428x275.jpgPor su parte, José Manuel Pagán, rector de la UCV, ha puesto en valor la “valentía y discernimiento de Pablo VI en un momento en que el mayo francés asestaba un golpe mortal a las raíces cristianas de Europa” pues “se empujaba al ser humano a un individualismo, materialismo y hedonismo que cosifica a la persona y que se cierra a la vida”. En este escenario, “un valiente papa salió en defensa de la persona y proclamó que la sexualidad tiene sentido como servicio al amor y a la transmisión de la vida”.

“El rechazo a esta verdad que es la Humanae vitae supuso y supone la quiebra de Europa y una crisis de la verdad que lleva consigo una crisis de la libertad que genera un desenfreno pasional y un vacío existencial que llega hasta hoy amparado en un relativismo que está matando a nuestra sociedad y en especial a nuestros jóvenes. Y la solución a esta sangría está en volver a encontranos, como gritó Juan Pablo II en Santiago de Compostela en 1982: ‘vieja Europa, vuelve a encontrarte’”.

En la obra, en la que se analizan, además del documento de san Pablo VI, los aspectos biomédicos de la contracepción artificial y los datos demográficos y sociales de la regulación de la natalidad, participan el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig; Alfonso Fernández, director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Santa María de Toledo; y los profesores de la UCV Julio Tudela y Enrique Burguete

 

 

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mc 12, 38-44

    VIUDA POBRE

Marcos nos sigue hablando de las condiciones interiores del seguimiento de Jesús. No nos podemos quedar en la religión de la exterioridad, de los ropajes vistosos, de hacer las cosas para que nos vean, de la pura y dura vanidad, de los que viven sólo en la epidermis de la religión con Dios y con los hermanos, sin llegar a lo profundo del corazón; sin embargo aquella pobre viuda observada, no le importa ponerse a la cola y quizás dar una pobre moneda que casi hace el ridículo de los que compiten por ser importantes y por ser más que los demás en todo. Ella no se compara, entrega lo que tiene. No busca brillar  sino entregar la vida. No sabe de vanidad sino de necesidad. Sabe que Dios sólo nos pide que entreguemos lo que somos y lo que tenemos. No nos pide milagros. La eficacia de una vida está en dar y darse desde la pobreza y la profunda humildad  del corazón, que es lo único que conquista  maravillosamente el Corazón de Cristo. No existe otra verdad más humana que son los pobres los que nos enseñan la verdadera relación con Dios y a entregar la vida desde “signos pobres” que siempre conmueven el Corazón de Dios.

La viuda lo dio todo, no se ahorró nada para sí. Sabe que la generosidad no es dar, sino darse. Puede haber gente que dé mucho, pero siempre de lo que le sobra de dinero, de tiempo, de dedicación… Hay otras personas, como decía la Madre Teresa de Calcuta, que dan hasta que les duele. Es un amor generoso y sacrificado. Es un amor que observan los ojos limpios de Jesús que sabe apreciar los sentimientos y las motivaciones del corazón humano.

+Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

  

La devoción a los difuntos en el cristianismo primitivo

Mes de noviembre

“Estos que visten estolas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido…? Éstos son los que vienen de la gran tribulación y han lavado sus estolas y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, y le adoran día y noche en su templo.
(Apocalipsis 7,13-15)

Honor y respeto a los difuntos

La Iglesia Católica, ya desde la época de los primeros cristianos, siempre ha rodeado a los muertos de una atmósfera de respeto sagrado. Esto y las honras fúnebres que siempre les ha tributado permiten hablar de un cierto culto a los difuntos: culto no en el sentido teológico estricto, sino entendido como un amplio honor y respeto sagrados hacia los difuntos por parte de quienes tienen fe en la resurrección de la carne y en la vida futura.

El cristianismo en sus primeros siglos no rechazó el culto para con los difuntos de las antiguas civilizaciones, sino que lo consolidó, previa purificación, dándole su verdadero sentido trascendente, a la luz del conocimiento de la inmortalidad del alma y del dogma de la resurrección; puesto que el cuerpo —que durante la vida es “templo del Espíritu Santo” y “miembro de Cristo” (1 Cor 6,15-9) y cuyo destino definitivo es la transformación espiritual en la resurrección— siempre ha sido, a los ojos de los cristianos, tan digno de respeto y veneración como las cosas más santas.

Este respeto  se ha manifestado, en primer lugar, en el modo mismo de enterrar los cadáveres.

 

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Vemos, en efecto, que a imitación de lo que hicieron con el Señor José de Arimatea, Nicodemo y las piadosas mujeres, los cadáveres eran con frecuencia lavados, ungidos, envueltos en vendas impregnadas en aromas, y así colocados cuidadosamente en el sepulcro.

En las actas del martirio de San Pancracio se dice que el santo mártir fue enterrado “después de ser ungido con perfumes y envuelto en riquísimos lienzos”; y el cuerpo de Santa Cecilia apareció en 1599, al ser abierta el arca de ciprés que lo encerraba, vestido con riquísimas ropas.

Pero no sólo esta esmerada preparación del cadáver es un signo de la piedad y culto profesados por los cristianos a los difuntos, también la sepultura material es una expresión elocuente de estos mismos sentimientos. Esto se ve claro especialmente en la veneración que desde la época de los primeros cristianos se profesó hacia los sepulcros: se esparcían flores sobre ellos y se hacían libaciones de perfumes sobre las tumbas de los seres queridos.

 

Las catacumbas

En la primera mitad del siglo segundo, después de tener algunas concesiones y donaciones,los cristianos empezaron a enterrar a sus muertos bajo tierra. Y así comenzaron las catacumbas. Muchas de ellas se excavaron y se ampliaron alrededor de los sepulcros de familias cuyos propietarios, recién convertidos, no los reservaron sólo para los suyos, sino que los abrieron a sus hermanos en la fe.

Andando el tiempo, las áreas funerarias se ensancharon, a veces por iniciativa de la misma Iglesia. Es típico el caso de las catacumbas de San Calixto: la Iglesia asumió directamente su administración y organización, con carácter comunitario.

 

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Con el edicto de Milán, promulgado por los emperadores Constantino y Licinio en febrero del año 313, los cristianos dejaron de sufrir persecución.

Podían profesar su fe libremente, construir lugares de culto e iglesias dentro y fuera de las murallas de la ciudad y comprar lotes de tierra sin peligro de que se les confiscasen.

Sin embargo, las catacumbas siguieron funcionando como cementerios regulares hasta el principio del siglo V, cuando la Iglesia volvió a enterrar exclusivamente en la superficie y en las basílicas dedicadas a mártires importantes.

Pero la veneración de los fieles se centró de modo particular en las tumbas de los mártires; en realidad fue en torno a ellas donde nació el culto a los santos. Sin embargo, este culto especialísimo a los mártires no suprimió la veneración profesada a los muertos en general. Más bien podría decirse que, de alguna manera, quedó realzada.

En efecto: en la mente de los primeros cristianos, el mártir, víctima de su fidelidad inquebrantable a Cristo, formaba parte de las filas de los amigos de Dios, de cuya visión beatifica gozaba desde el momento mismo de su muerte: ¿qué mejores protectores que estos amigos de Dios?

Los fieles así lo entendieron y tuvieron siempre como un altísimo honor el reposar después de su muerte cerca del cuerpo de algunos de estos mártires, hecho que recibió el nombre de sepultura ad sanctos.Por su parte, los vivos estaban también convencidos de que ningún homenaje hacia sus difuntos podía equipararse al de enterrarlos al abrigo de la protección de los mártires.

Consideraban que con ello quedaba asegurada no sólo la inviolabilidad del sepulcro y la garantía del reposo del difunto, sino también una mayor y más eficaz intercesión y ayuda del santo.Así fue como las basílicas e iglesias, en general, llegaron a constituirse en verdaderos cementerios, lo que pronto obligó a las autoridades eclesiásticas a poner un límite a las sepulturas en las mismas.

Funerales y sepultura

Pero esto en nada afectó al sentimiento de profundo respeto y veneración que la Iglesia profesaba y siguió profesando a sus hijos difuntos. De ahí que a pesar de las prohibiciones a que se vio obligada para evitar abusos, permaneció firme en su voluntad de honrarlos.

 

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Y así se estableció que, antes de ser enterrado, el cadáver fuese llevado a la Iglesia y, colocado delante del altar, fuese celebrada la Santa Misa en sufragio suyo. Esta práctica, ya casi común hacia finales del s. IV y de la que San Agustín nos da un testimonio claro al relatar los funerales de su madre Santa Mónica en sus Confesiones, se ha mantenido hasta nuestros días.

San Agustín también explicaba a los cristianos de sus días cómo los honores externos no reportarían ningún beneficio ni honra a los muertos si no iban acompañados de los honores espirituales de la oración: “Sin estas oraciones, inspiradas en la fe y la piedad hacia los difuntos, creo que de nada serviría a sus almas el que sus cuerpos privados de vida fuesen depositados en un lugar santo. Siendo así, convenzámonos de que sólo podemos favorecer a los difuntos si ofrecemos por ellos el sacrificio del altar, de la plegaria o de la limosna” (De cura pro mortuis gerenda, 3 y 4).

Comprendiéndolo así, la Iglesia, que siempre tuvo la preocupación de dar digna sepultura a los cadáveres de sus hijos, brindó para honrarlos lo mejor de sus depósitos espirituales. Depositaria de los méritos redentores de Cristo, quiso aplicárselos a sus difuntos, tomando por práctica ofrecer en determinados días sobre sus tumbas lo que tan hermosamente llamó San Agustín sacrificium pretii nostri, el sacrifico de nuestro rescate.

Ya en tiempos de San Ignacio de Antioquia y de San Policarpo se habla de esto como de algo fundado en la tradición. Pero también aquí el uso degeneró en abuso, y la autoridad eclesiástica hubo de intervenir para atajarlo y reducirlo. Así se determinó que la Misa sólo se celebrase sobre los sepulcros de los mártires.

Los difuntos en la liturgia

Por otra parte, ya desde el s. III es cosa común a todas las liturgias la memoria de los difuntos. Es decir, que además de algunas Misas especiales que se ofrecían por ellos junto a las tumbas, en todas las demás sinaxis eucarísticas se hacía, como se sigue haciendo todavía, memoria —mementode los difuntos.

 

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Este mismo espíritu de afecto y ternura alienta a todas las oraciones y ceremonias del maravilloso rito de las exequias. La Iglesia hoyen día recuerda de manera especial a sus hijos difuntos durante el mes de noviembre, en el que destacan la “Conmemoración de todos los Fieles Difuntos”, el día 2 de noviembre, especialmente dedicada a su recuerdo y el sufragio por sus almas; y la “Festividad de todos los Santos”, el día 1 de ese mes, en que se celebra la llegada al cielo de todos aquellos santos que, sin haber adquirido fama por su santidad en esta vida, alcanzaron el premio eterno, entre los que se encuentran la inmensa mayoría de los primeros cristianos.

 

¿Qué es la verdad?

Fecha

09/11/18

Daniel Tirapu

photo_camera Poncio Pilatos en la película "La Pasión"

Con estas palabras se retiró Pilatos de un diálogo con Jesús. A lo largo de la historia sigue resonando esa pregunta, ¿qué es la verdad? y la tentación sería decir, a cada cual la suya. Aquí no importa el acuerdo del sujeto con el objeto, sino el acuerdo del sujeto consigo mismo. Se sustituyen los criterios de verdad por los de sinceridad, que nos produce comodidad. Por qué los jueces van a condenar a un terrorista si lo ha hecho sinceramente, pensando que es un bien para sí o su causa. Sólo lo pueden hacer desde un concepto de verdad.

Un embrión jurídicamente no es persona (podría mejorar el código civil con tanto avance técnico), pero es sagrado porque es vida humana, esa es la verdad y el resto demagogia, mentira sucia, por muy sincero que sea el problema que genera un embarazo. Si hay una sociedad ligada a la verdad es la de los creyentes, es lo que podemos compartir, sin imponer.

Pero ojo, el que dice que todo es relativo, debería poner en duda su propia afirmación; que raro es que el que niega la posibilidad de verdad, dude de su premisa, de su inmoralidad o de su irreligión. Este es el centro inconfesado de muchos problemas. El parlamente aprueba la eutanasia, niega los derechos al feto; está legislando mentiras.

Es una falsa caridad la que cambia la verdad. Por eso escuece y por mucho que se drogue la conciencia, ésta suele rebelarse.

 

 

GRACIAS RICARDO

Por René Mondragón

ACLARACIONES

Este escribano manifiesta, bajo protesta de decir verdad, que no es socio de ningún banco, ni en el país ni el extranjero; que tampoco tiene acciones en la comunidad empresarial de Dubai; que, asimismo, no tiene nombramiento de “Chairman” en la Asociación Mexicana de Bancos o en el Consejo Nacional de Negocios; que coincide con millones de mexicanos en que los cobros de comisiones  que efectúan los bancos en México, resultan verdaderamente leoninos.

DEL VERBO DESLINDAR

A raíz del tsunami que provocaron las declaraciones de Ricardo Monreal, el morenista que odia a los ricos pateando a los más pobres, la primera acción que tomó fue, justamente, darle una “chicuelina” al señor Carlos Urzúa próximo Secretario de Hacienda y deslindar –sacando del escenario y los golpes mediáticos- a su patrón López Obrador, alegando –no podía ser de otra manera- que encabeza un poder autónomo; que el electo no fue consultado; que se trata de la libertad del Legislativo para presentar cualquier iniciativa; y que, aunque van a consultar a los banqueros, la iniciativa contra el cobro de comisiones, sigue y seguirá en firme.

Es cierto el tema de la autonomía del Senado como poder republicano, es válido y constitucionalmente responsable; pero surgen dos percepciones: Una, que sea una bien planeada estrategia para golpear a los bancos –que tampoco son blancas palomitas- o que refleja un separatismo y divorcio entre las estrategias de López Obrador y sus monaguillos en el Legislativo.

Se trata de un caso similar: Olga Sánchez Cordero trae su propia agenda abortista, de impulso a la eutanasia y temas que dividen a los mexicanos, y esos impulsos no representan –eso es claro- la agenda del presidente electo. La pregunta obliga: ¿Cada miembro del gabinete trae una agenda particular lejana a la del próximo presidente? Eso parece.

IMPACTOS Y SACUDIMIENTOS

Con la iniciativa impulsada por Ricardo Monreal, la Bolsa Mexicna de Valores, como destaca Reuters, se desplomó 5.8 por ciento, el peso se cayó 1.5 puntos porcentuales frente al dólar.

Diversos especialistas destacaron que “… definitivamente, se trata de cambios radicales que espantan a los inversionistas” Así lo dijo Gerardo Copca, analista de la consultoría MetAnálisis.

Enorme dosis de razón le asiste al analista, en especial, porque a raíz de la discutible cancelación del aeropuerto en Texcoco, es previsible una fuga masiva de capitales, reducción del empleo y un fuerte clima de inestabilidad social, lo que favorecería un nuevo golpe a los más pobres, a los no bancarizables. El asunto es claro: los ricos –los verdaderamente dueños del dinero- pueden recoger sus inversiones y emigrar a donde visualicen mejores condiciones…al país, se lo puede “cargar el payaso”, como decimos en México.

NO OBSTANTE

Mario Delgado (politicomx, 09 noviembre 2018) el H. pastor de los morenos en la cámara de diputados, llamó a la prudencia “para cuidar la reacción de los mercados. Y adicionó que, ir con una prohibición no es lo más correcto, sino ir al diálogo con los banqueros.

Más aún, la iniciativa de Monreal, dijo Delgado, no es una prioridad.

La nota la dio el equipo de transición encargado del tema hacendario. Habló de una urgente coordinación –cosa que para Ricardo Monreal carece de importancia-  para revisar la viabilidad operativa, técnica y financiera, porque el impacto macro sería durísimo. De aquí las tres premisas irreductibles de Urzúa: Respeto total a la autonomía del Banco Central –alejándose de las ocurrencias de algunos diputados-  impulsar la estabilidad macroeconómica y financiera; y, finalmente, efectuar un manejo responsable de las finanzas públicas.  

La sensata preocupación se encuentra en un punto: Que los intereses ideológicos disolventes, se pongan por encima de lo razonable, de lo democrático y de la libertad que se requiere en nuestro país. Hoy, gracias a Ricardo Monreal, hay “fuego en los mercados”, como dice un diario.

 

 

¿Hacia dónde apunta la fe de los jóvenes?

Nov 8, 2018

¿Hacia dónde apunta la fe de los jóvenes?

En este cambio de época, ¿hacia dónde apunta la fe de los jóvenes? A esto responde Corina Fiore Mortola Rodríguez, la única mujer mexicana presente en la asamblea del sínodo.

La joven Corina, que es maestra de canto para teatro musical en Guadalajara, Jalisco, ha visto que no todos los jóvenes —comenzando por los que han participado en el sínodo— tienen visiones idénticas. «No podemos decir que todos son de una manera o de otra», dice.

De hecho, en su intervención ante los obispos del sínodo, Corina les pidió: «Dejemos de etiquetar: ‘La Iglesia católica es…’, ‘El joven católico es…’. No, existe gran diversidad. Demasiados colores, demasiadas personalidades».

Así, por dar un ejemplo, ante el asunto de los escándalos sexuales ocurridos entre el clero eclesial, Corina reconoce que entre los jóvenes sinodales «algunos claro que sí han reprochado»; pero «la mayoría hemos reaccionado constatando el problema y pidiendo que se resuelva, que le demos cara a las cosas». El hecho es que, a pesar de la diversidad de opiniones, «todos los jóvenes queremos hacer algo, pedimos que nos digan qué podemos hacer».

Otro punto de coincidencia entre los jóvenes involucrados en el sínodo en cualquiera de sus etapas — Cuestionario online, pre-sínodo, etc.— es que todos quieren «un cambio».Sobre ello habla la jalisciense Corina: «Quizás algunas personas se sienten indefensas ante el cambio, y es normal. Es difícil hacer un cambio; sin embargo, poco a poco se está viendo».

¿Pero cuál es ese cambio que se supone quieren los jóvenes? En ello tampoco hay coincidencia.

Francisco dijo el 17 de enero de 2018: «Quiero escuchar a los jóvenes (…), jóvenes de todo el mundo, jóvenes católicos y jóvenes no católicos, jóvenes cristianos y de otras religiones, y jóvenes que no saben si creen o no creen, todos».

Por eso los cambios que han pedido son extremadamente variados, e incluso en direcciones opuestas. Por ejemplo, en el Cuestionario online con el que se consultó a los jóvenes, según comentó uno de los escritores del «Instrumentum laboris», había una gran comunidad que pedía un mayor acceso a la Misa tradicional, conocida como Forma Extraordinaria; «me entristeció ver que muchos en este grupo se sintieron desanimados o no escuchados» dijo.

Y otros, en cambio, quieren que el cambio se dé incluso en lo que concierne a la modificación de la doctrina cristiana. Así, en la rueda de prensa que el sínodo de los obispos ofreció el 15 de octubre, la joven auditora sinodal chilena Silvia Teresa Retamales Morales dijo que «muchos no católicos» el cambio que están pidiendo es hacia «una Iglesia multicultural abierta a todos, que no juzgue ni discrimine contra la minorías, o la gente con orientaciones sexuales diferentes».

En el grupo de discusiones en que participó Silvia, y que fue dirigido por el cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga, igualmente se propusieron estos cambios:

«Existe el tema de qué hacer y cómo actuar con los homosexuales, que no puede quedar fuera de nuestra actividad pastoral y otras realidades como los matrimonios entre homosexuales, los úteros de alquiler, la adopción por parte de las parejas del mismo sexo, todos los cuales son temas de actualidad y están favorecidos y patrocinados por instituciones gubernamentales internacionales ».

Fue el único grupo en todo el sínodo que propuso tales cosas, salvo por una, ya que una semana antes otro grupo de discusión sinodal, moderado por el cardenal Blase Cupich, de Chicago, pidió el reconocimiento de «otras formas de familia».

 

 

La comunicación digital desafía al Sínodo de los Jóvenes

Nov 9, 2018

La comunicación digital desafía al Sínodo de los Jóvenes

Aporte discreto de los especialistas sugiere mayor atención al fenómeno

Por José Antonio Varela Vidal (Ciudad del Vaticano)

Es un hecho que la comunicación digital reta a la Iglesia. Las antiguas «autopistas de la información», se han convertido ahora en verdaderas «constelaciones de contenidos». Y cada una preparada según los gustos, necesidades y perfiles de los usuarios.

Si nos sentimos cómodos por lo que nos sugieren las redes y sitios web, es probable que nos estemos acostumbrando a un estilo de comunicación direccionada, que nos instala de lo más bien en nuestra zona de confort.

Es por ello que resulta práctico que nos llegue publicidad acerca del tipo de lugar que nos gusta visitar, o de la ropa de nuestra preferencia y ni qué decir de nuestro entretenimiento favorito. Ante esta realidad, cabe preguntarnos… ¿no estamos siendo manipulados? ¿Acaso somos ya dependientes de las tendencias o de los influencers?

El rostro discreto del Sínodo

Conversamos a este respecto con Filipe Domingues, periodista brasilero, especialista invitado en la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes. Con 31 años, Domingues es uno de los 23 expertos convocados por el Papa Francisco para que asistan a los padres sinodales, según su amplio entender.

Llegados de varios países, los expertos aportan desde temas diversos como Biblia, teología, pastoral juvenil, nuevas tecnologías, por citar algunos… Su trabajo es discreto. Escuchan y toman notas, que luego serán resúmenes escritos según la especialidad de cada uno. Sus intervenciones son de manera puntual, y solo en los grupos o círculos menores lingüísticos.

También identifican y sintetizan aspectos que se hablan en la asamblea, según su especialidad. Advierten sobre terminología o conceptos que deben «aterrizar», o acerca de aquellos que no estén vigentes de un modo técnico. La idea es explicar mejor, ver que las expresiones estén bien usadas para el texto final.

Las redes jóvenes

Un tema que aparece de modo recurrente durante los días del Sínodo, y que ya es parte de las conclusiones de los círculos menores, es lo referido a lo que allí se denomina «ciudadanía digital», o que también se le identifica como «mundo de la virtualización».

Estamos, por ello, ante un fenómeno a tener muy en cuenta, porque la relación de la juventud con la tecnología tiene un alto impacto. Sobre todo en relación al tiempo que le dedican a ésta, así como el tipo de vínculo «virtual-real» que establecen con otros y el contenido que reciben sin filtros.

En este sentido, Domingues recomienda que el uso de las redes venga precedido de un diálogo –que puede ser al interior de la familia y en la escuela-, pues una de las características de las redes sociales es la polarización, que inclina al usuario hacia aquellos contenidos que estén en línea similar de lo que has marcado como «Me gusta» o has revisado en alguna búsqueda.

Un caso evidente es Facebook, que te dejará siempre ver más de lo que te interesa, mientras te acerca a quienes piensan como tú; esto podría evitar que conozcas otras ideas, diferentes caminos o alternativas ante un punto específico.

Lo riesgoso de todo esto es que las redes de comunicación empiecen a conducirnos hacia contenidos afines a nuestro parecer; o que nos ayuden a conseguir «amigos» que piensen muy parecido a nosotros, ocultándonos así de la vista el disenso, las contradicciones, o peor aún, desgracias ajenas que puedan exigir nuestra atención.

Acuerdos digitales

Conscientes de ello, los padres sinodales vienen trayendo a reflexión este aspecto, cuyo diagnóstico permitirá analizar los desafíos y la urgencia de dar una respuesta para los jóvenes al interior de la Iglesia y en la sociedad.

En diálogo con los periodistas el último viernes, monseñor Emmanuel Kofi Fianu, obispo de Ho, en Ghana, ha propuesto a la asamblea sinodal «unir lo digital y el apostolado». Relató que, desde su experiencia personal, ha podido responder a los jóvenes que piden un mayor uso de las plataformas digitales.

Por su parte, el superior general de la Sociedad de San Pablo (Paulinos), padre Valdir José de Castro, alentó a la Iglesia a tener más presencia en el ambiente digital, y a discernir sobre el tipo de asistencia en las redes sociales, desde donde se puede hablar a los jóvenes sin miedo.

Recordó también que el mundo digital es «un espacio de personas y no de cables», un razonamiento muy en sintonía con el tema elegido por el Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2019, que lleva el título «Somos miembros los unos de los otros» (Ef. 4,25). De las communities a las comunidades.

De este modo, el Sínodo entró casi a su fase final, donde los círculos menores lingüísticos vienen elaborando los mensajes principales, que serán parte de un documento base a ser presentado al Papa Francisco.

Es un hecho que el Santo Padre lo difundirá por su cuenta de Twitter, consciente de que es uno de los líderes con más seguidores en las redes sociales a nivel mundial. Vale seguir su ejemplo también en eso…

 

 

Igualdad socialista… en la “desnudez, en la indigencia y en la miseria”.

Verdades olvidadas

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Cuba: la igualdad en la miseria

Desde todos los ámbitos de la vida nacional aflora, como solución para todos los problemas, una sola palabra: “igualdad”. Ella es presentada como justificación para una serie de reformas.

¿Qué nos dice la sabiduría secular del Magisterio de la Iglesia al respecto?

El Papa León XIII ya denunciaba la igualdad socialista impuesta por el Estado como causa de la disolución y miseria de la sociedad. Dice el Papa:

“Así, sustituyendo la providencia paterna por la providencia del Estado, los socialistas van contra la justicia natural y quiebran los lazos de la familia. Pero, además de la injusticia de su sistema, se ven bien todas sus funestas consecuencias: la perturbación en todas las clases de la sociedad, una odiosa e insoportable servidumbre para todos los ciudadanos, puerta abierta para todas las envidias, para todos los descontentos, para todas las discordias: el talento y la habilidad privados de sus estímulos, y, como consecuencia necesaria, las riquezas estancadas en su fuente; en fin, en lugar de esa igualdad tan soñada, la igualdad en la desnudez, en la indigencia y en la miseria” (León XIII, Encíclica “Rerum Novarum”, 15 de mayo de 1891).

Se diría que el celebrado Pontífice previó la miseria y la violencia a que darían origen los estados comunistas y la actual crisis de la Unión Europea. Esta, si bien es cierto que está compuesta de Estados de gobiernos de diversas tendencias, han venido implantando un “estado de bienestar” demagógico y socialista, que es la causa más determinante de la actual crisis.

Esperamos que estas enseñanzas del Pontífice y la experiencia ajena sirvan de lección a nuestro País para no entrar por esa nefasta senda.

 

El igualitarismo explicado en toda su profundidad

Panteísmo; igualitarismo político, social y económico absolutos; amor libre: este es el triple fin a que nos conduce un movimiento que dura ya más de cuatro siglos.

(del libro: Revolución y Contra-Revolución. El libro completo puede bajarse gratuitamente pulsando aquí)

3. La Revolución, el orgullo y la sensualidad “ Los valores metafísicos de la Revolución

Contenidos

Dos nociones concebidas como valores metafísicos expresan bien el espíritu de la Revolución: igualdad absoluta, libertad completa. Y dos son las pasiones que más la sirven: el orgullo y la sensualidad.

Al referirnos a las pasiones, conviene esclarecer el sentido en que tomamos el vocablo en este trabajo. Para mayor brevedad, conformándonos con el uso de varios autores espirituales, siempre que hablamos de las pasiones como fautoras de la Revolución, nos referimos a las pasiones desordenadas. Y, de acuerdo con el lenguaje corriente, incluimos en las pasiones desordenadas todos los impulsos al pecado existentes en el hombre como consecuencia de la triple concupiscencia: la de la carne, la de los ojos y la soberbia de la vida (cfr. I Jo. 2, 16).

  A. Orgullo e igualitarismo

La persona orgullosa, sujeta a la autoridad de otra, odia en primer lugar el yugo que en concreto pesa sobre ella.

En un segundo grado, el orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos, y más aún el propio principio de autoridad, considerado en abstracto.

Y porque odia toda autoridad, odia también toda superioridad, de cualquier orden que sea.

El orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos

En todo esto hay un verdadero odio a Dios (cfr. ítem. m, infra).

Este odio a cualquier desigualdad ha ido tan lejos que, movidas por él, personas colocadas en una alta situación la han puesto en grave riesgo y hasta perdido, sólo por no aceptar la superioridad de quien está más alto.

Más aún. En un auge de virulencia el orgullo podría llevar a alguien a luchar por la anarquía y a rehusar el poder supremo que le fuese ofrecido. Esto porque la simple existencia de ese poder trae implícita la afirmación del principio de autoridad, a que todo hombre en cuanto tal -y el orgulloso también- puede ser sujeto.

El orgullo puede conducir, así, al igualitarismo más radical y completo.

Son varios los aspectos de ese igualitarismo radical y metafísico:

a. Igualdad entre los hombres y Dios:

de ahí el panteísmo, el inmanentismo y todas las formas esotéricas de religión, que pretenden establecer un trato de igual a igual entre Dios y los hombres, y que tienen por objetivo saturar a estos últimos de propiedades divinas. El ateo es un igualitario que, queriendo evitar el absurdo que hay en afirmar que el hombre es Dios, cae en otro absurdo, afirmando que Dios no existe. El laicismo es una forma de ateísmo, y por tanto de igualitarismo. Afirma la imposibilidad de que se tenga certeza de la existencia de Dios. De donde, en la esfera temporal, el hombre debe actuar como si Dios no existiese. O sea, como persona que destronó a Dios.

b. Igualdad en la esfera eclesiástica:

supresión del sacerdocio dotado de los poderes del orden, magisterio y gobierno, o por lo menos de un sacerdocio con grados jerárquicos.

c. Igualdad entre las diversas religiones:

Que una religión se pretenda verdadera con exclusión de las otras es afirmar una superioridad, es contrario a la mansedumbre evangélica e impolítico, pues le cierra el acceso a los corazones.

todas las discriminaciones religiosas son antipáticas porque ofenden la fundamental igualdad entre los hombres. Por esto, las diversas religiones deben tener un tratamiento rigurosamente igual. El que una religión se pretenda verdadera con exclusión de las otras es afirmar una superioridad, es contrario a la mansedumbre evangélica e impolítico, pues le cierra el acceso a los corazones.

d. Igualdad en la esfera política:

supresión, o por lo menos atenuación, de la desigualdad entre gobernantes y gobernados. El poder no viene de Dios, sino de la masa que manda, a la cual el gobierno debe obedecer. Proscripción de la monarquía y de la aristocracia como regímenes intrínsecamente malos por ser anti-igualitarios. Sólo la democracia es legítima, justa y evangélica (cfr. San Pío X, Carta Apostólica “Notre Charge Apostolique”, 25.VIII.1910, A.A.S. vol. II, pp. 615-619).

e. Igualdad en la estructura de la sociedad:

supresión de las clases, especialmente de las que se perpetúan por la vía hereditaria. Abolición de toda influencia aristocrática en la dirección de la sociedad y en el tonus general de la cultura y de las costumbres. La jerarquía natural constituída por la superioridad del trabajo intelectual sobre el trabajo manual desaparecerá por la superación de la distinción entre uno y otro.

f. Abolición de los cuerpos intermedios

entre los individuos y el Estado, así como de los privilegios que son elementos inherentes a cada cuerpo social. Por más que la Revolución odie el absolutismo regio, odia más aún los cuerpos intermedios y la monarquía orgánica medieval. Es que el absolutismo monárquico tiende a poner a los súbditos, aun a los de más categoría, en un nivel de recíproca igualdad, en una situación disminuída que ya preanuncia la aniquilación del individuo y el anonimato, los cuales llegan al auge en las grandes concentraciones urbanas de la sociedad socialista. Entre los grupos intermedios que serán abolidos, ocupa el primer lugar la familia. Mientras no consigue extinguirla, la Revolución procura reducirla, mutilarla y vilipendiarla de todos los modos.

g. Igualdad económica:

nada pertenece a nadie, todo pertenece a la colectividad. Supresión de la propiedad privada, del derecho de cada cual al fruto integral de su propio trabajo y a la elección de su profesión.

h. Igualdad en los aspectos exteriores de la existencia:

Disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc.

la variedad redunda fácilmente en la desigualdad de nivel. Por eso, disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc.

i. Igualdad de almas:

la propaganda modela todas las almas según un mismo padrón, quitándoles las peculiaridades y casi la vida propia. Hasta las diferencias de psicología y de actitud entre los sexos tienden a menguar lo más posible. Por todo esto, desaparece el pueblo, que es esencialmente una gran familia de almas diversas pero armónicas, reunidas alrededor de lo que les es común. Y surge la masa, con su gran alma vacía, colectiva, esclava (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).

j. Igualdad en todo el trato social:

como entre mayores y menores, patrones y empleados, profesores y alumnos, esposo y esposa, padres e hijos, etc.

k. Igualdad en el orden internacional:

La Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados

el Estado es constituido por un pueblo independiente que ejerce pleno dominio sobre un territorio. La soberanía es, así, en el Derecho Público, la imagen de la propiedad. Admitida la idea de pueblo, con características que lo diferencian de los otros, y la de soberanía, estamos forzosamente en presencia de desigualdades: de capacidad, de virtud, de número, etc. Admitida la idea de territorio, tenemos la desigualdad cuantitativa y cualitativa de los diversos espacios territoriales. Se comprende, pues, que la Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados en una sola raza, un solo pueblo y un solo Estado (cfr. Parte I, cap. XI, 3).

l. Igualdad entre las diversas partes del país:

por las mismas razones y por un mecanismo análogo, la Revolución tiende a abolir en el interior de las patrias ahora existentes todo sano regionalismo político, cultural, etc.

m. Igualitarismo y odio a Dios:

Santo Tomás enseña (cfr. “Summa Contra Gentiles”, II, 45; “Summa Teologica”, I, q. 47, a. 2) que la diversidad de las criaturas y su escalonamiento jerárquico son un bien en sí, pues así resplandecen mejor en la creación las perfecciones del Creador. Y dice que tanto entre los Angeles (cfr. “Summa Teologica”, I, q. 50, a. 4) como entre los hombres, en el Paraíso Terrenal como en esta tierra de exilio (cfr. op. cit., I, q. 96, a. 3-4), la Providencia instituyó la desigualdad. Por eso, un universo de criaturas iguales sería un mundo en que se habría eliminado, en toda la medida de lo posible, la semejanza entre criaturas y Creador. Odiar, en principio, toda y cualquier desigualdad es, pues, colocarse metafísicamente contra los mejores elementos de semejanza entre el Creador y la creación, es odiar a Dios.

n. Los límites de la desigualdad:

claro está que de toda esta explanación doctrinaria no se puede concluir que la desigualdad es siempre y necesariamente un bien.

Todos los hombres son iguales por naturaleza, y diferentes sólo en sus accidentes. Los derechos que les vienen del simple hecho de ser hombres son iguales para todos: derecho a la vida, a la honra, a condiciones de existencia suficientes, al trabajo y, pues, a la propiedad, a la constitución de una familia, y sobre todo al conocimiento y práctica de la verdadera Religión. Y las desigualdades que atenten contra esos derechos son contrarias al orden de la Providencia. Sin embargo, dentro de estos límites, las desigualdades provenientes de accidentes como la virtud, el talento, la belleza, la fuerza, la familia, la tradición, etc., son justas y conformes al orden del universo (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).

 

ENTREGA GENEROSA

“Una vez un joven fue al desierto a vivir con los monjes. Se presentó a San Antonio y le pidió un consejo de salvación, añadiendo que había vendido todos sus bienes y distribuido el dinero a los pobres. Sólo se había reservado pocas cosas para subsistir. El abad Antonio lo mandó a la ciudad a vender lo que tenía y con el dinero comprar carne, que debía traer atada a su cuerpo en el viaje de regreso. Al volver se presentó al santo con la ropa hecha jirones y el cuerpo mordido y lastimado. “Padre, mire el costo de su orden: ¡los perros y gavilanes casi acaban conmigo!”. Recuerda esta lección: -dijo el santo- para seguir a Jesús debes dejarlo todo. Si te reservas algo, eso arruinará tu vida”.

No queremos ver a los jóvenes de hoy, como el ejemplo del joven que fue al desierto a vivir con los monjes, pero sí queremos ver a los jóvenes luchar y pensar en otros jóvenes como ellos a que sean felices. Claro ejemplo de juventud son los jóvenes del Voluntariado Lambayecano y a Nivel Nacional que, conjuntamente con los niños y jóvenes del Grupo Scout Chiclayo 38 “Juan Tomis Stack” se han unido para iniciar y emprender una gran empresa solidaria, como es la Colecta Pública a Nivel Nacional, para que hagan sonreír a cinco mil niños lambayecanos que esperan con mucho entusiasmo su juguete que es la felicidad plena de todo niño, en especial, de esos niños marginados que caminan por el mundo sin esperanzas, sin amor y consuelo.

Para hacer sonreír a cinco mil niños del departamento de Lambayeque en estas próximas fechas navideñas, no es nada gracioso ni fácil. Sin duda alguna que demandará mucho esfuerzo, tiempo, privarse de muchas cosas personales y de una invalorable entrega generosa por parte de todo éste ejercito de jóvenes y niños voluntarios que, desde el jueves primero del presente mes, día en que se inició la colecta pública, vienen caminando por calles y avenidas de los diferentes pueblos, ciudades y barrios del país, en busca de la generosidad de todas las personas que se vienen uniendo a ésta causa justa y hacer realidad sus sueños, sus anhelos, sus esperanzas, y dejar un mundo mejor de cómo lo habían encontrado. Acaso ¿no vale la pena hacer realidad el sueño de nuestros jóvenes de hacer sonreír a cinco mil niños lambayecanos?

En nuestras manos está apoyarlos a éstos jóvenes emprendedores en sus diferentes proyectos. Si en cada pueblo, ciudad o país existieran jóvenes con esos ideales de un verdadero servicio voluntario, estamos seguros que nuestros pueblos y naciones sería otra cosa, y el mundo sería diferente a como estamos viviendo hoy en día. Los jóvenes y niños que vienen trabajando con éste proyecto de hacer sonreír a cinco mil niños lambayecanos, es un claro ejemplo que sí pueden hacer grandes cosas nuestros jóvenes de hoy, y es una dura bofetada que vienen dando a nuestras autoridades que, por suerte nuestra, les quedan poco tiempo, esperemos que las nuevas autoridades elegidas democráticamente y que pronto tomarán las nuevas riendas de sus gobiernos, se preocupen por las necesidades de todos los pueblos del país, en especial, de su niñez y juventud.

Son ocho días por los cuales va avanzando la colecta pública nacional pro navidad del niño lambayecano. Ocho hermosos días que nuestros niños y jóvenes scouts del Grupo Chiclayo 38 “Juan Tomis Stack” y los jóvenes voluntarios lambayecanos, caminan y caminan por calles y avenidas sin cansancio, sin tregua alguna, porque saben que su trabajo es bello y lo hacen con la alegría de llevar una sonrisa, una esperanza a los niños en ésta Navidad que llega en un ambiente de incertidumbre en el campo político y social, con nuestros gobernantes y líderes políticos que van dejando un triste ejemplo para nuestra niñez y juventud peruana.

 

El punto clave

El punto clave en el acuerdo entre la Santa Sede y China es el nombramiento de obispos, que trata de poner fin a la escisión entre una “Iglesia oficial”, controlada por el régimen, y otra “clandestina”, que se ha mantenido fiel al Papa.

Es lógico que en las comunidades perseguidas cunda un momento de desconcierto ante el acuerdo. La Santa Sede, sin embargo, no les abandona en brazos del Gobierno. Tampoco les consigue un estatus a salvo de conflictos en el futuro próximo. Pero la Iglesia ha vivido en contextos mucho peores. Y ahora es tiempo para la misión en China. Una misión en diálogo con una gran cultura con mucho que aportar al resto del mundo.

Es la línea que hace ya varios siglos impulsaron los misioneros de la Compañía de Jesús, una obra que la Providencia ha querido que continúe un Papa jesuita.

Jesús Martínez Madrid

 

Nuevo inicio

El acuerdo entre la Santa Sede y China pone fin a una situación anómala. O casi. No habrá, por el momento, relaciones diplomáticas con el Vaticano, pero sí una presencia normalizada para una Iglesia local que cuenta con algo más de 10 millones de fieles. Lejos quedan las sangrientas persecuciones de la revolución cultural, y aunque la situación dista mucho de ser ideal, hacía tiempo que se daban las condiciones para este paso, razón por lo cual Juan Pablo II y, sobre todo, Benedicto XVI, pusieron en marcha un proceso que ahora culmina Francisco. Aunque, más que el final de un camino, lo correcto es hablar del comienzo de uno nuevo.

Xus D Madrid

 

 

DEL ABORTO A LA EUTANASIA.

 El daño para nuestra sociedad, para la humanidad entera, que causan los desastres naturales, incluso las guerras, no son comparables al que, a medio y largo plazo, provocarán el aborto y la eutanasia.

Un conjunto de politicastros, manejados por el todopoderoso dinero, se han erigido en dueños de la vida y de la muerte, con unas leyes antinaturales que ponen el stop a una nueva vida humana y firman la defunción de alguien que está esperando cuidados paliativos.

Los desastres y las guerras causan mucho daño pero, con el tiempo, todo o casi todo se borra. Las leyes del aborto y la eutanasia causarán, con el tiempo, un daño irreparable a la conciencia y al mismo cerebro de la humanidad, que exacerbará el egoísmo personal y colectivo como reflejan frases que ya están en la calle: “No más de los que estamos”  o “eliminar a los inservibles”...

Amparo Tos Boix, Valencia.

 

El “padre mar” y la “madre tierra”

 

                                Y si nos queremos remontar un poco más; añadiríamos el que ambos son hijos del “Sol” y éste a su vez, lo es, de, “eso que denominamos Creación”, puesto que profundizar más, es cosa de sabios y yo indudablemente no lo soy.

                                Pero es verdad; se habla, de que incluso algunos pueblos aún adoran, a “la Madre Tierra”; pero nadie (que yo sepa) calificó o adoró al padre “de las criaturas y vida que nace en la corteza terrestre”; y ese no es otro que… “El Padre Mar”; ¿el porqué de ello? Para mí muy sencillo; porque sin el mar no podría existir vida en la tierra; ya que precisamente por ello; se dice que, “tres cuartas partes del planeta lo ocupan las aguas del mar o mares con que fue dotado”; y lo que curiosamente coincide con la proporción de agua que contienen los cuerpos de los seres humanos.

                                Y no podría existir vida en “la tierra”, por cuanto ésta sería estéril sin el riego con que la alimenta el mar (todos los mares); los que como “un semen animal preñan la tierra para que “ésta” para los infinitos seres vegetales, para que de ellos nos alimentemos todos los animales, incluido el denominado sapiens-sapiens”; ya que por ese milagro, cuál es la evaporación oceánica, hay agua en la tierra para todo lo demás; y de ahí la enorme importancia y responsabilidad, para que nosotros cuidemos “el mar y la tierra; y no sigamos convirtiéndolos en los basureros en que ya se encuentran y que temerariamente siguen creciendo”.

                                Por todo ello mis múltiples artículos sobre éste ineludible tema; incluso en una de mis novelas publicadas (“Diálogos con mi amigo el loco” -1998 y edic. agotada), en uno de sus textos se dice lo que sigue:

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                                “Sí, es curioso ver como, “la madre tierra produce vida y engendra muerte”, ya que existe una lucha titánica entre todas las especies y es digno de admiración todo el drama que ocurre a ras o en el interior de la capa mínima de tierra fértil; también se reciben unas positivas y extrañas fuerzas vitales, cuando consigues llevar a buen término un cultivo y logras recoger tu cosecha, máxime cuando comes los alimentos que tú mismo has producido; ello es de un gran placer, si bien es sencillo y simple, pero al propio tiempo inexplicable en profundidad, simplemente, “se siente y basta”.

                                Sí, es posiblemente la mejor medicina para el hombre “que llegó lejos” y luego vuelve al origen de todo lo material y comprueba por sí mismo, que no es una maldición “el ganar el pan con el sudor de la frente”, se sufre mucho más ganándolo con “el sudor de la mente” (dijo y continuó). Es una enorme lección ver la tenacidad de la tierra por producir, la tenacidad de las plantas parásitas por invadir los cultivos, la lucha de las plantas cultivadas por fructificar y producir sus frutos ante las parásitas y los parásitos (insectos) que por ser “salvajes o silvestres”, están mucho mejor dotados para atacar y destruir, “lo domesticado por el hombre”; de ahí la lucha constante que mantiene el hombre ante la tierra, los elementos atmosféricos y las plagas y a pesar de todo… “sobran alimentos”. Es maravilloso enfrentarse  a la ardua vida del hombre agricultor “padre de todas las civilizaciones”; ya que ese hombre fue “el primer intelectual humano”, puesto que fue el que pudo atesorar alimentos para que las mentes despertasen, ya que un hombre hambriento solo piensa en comer… “el drama del hombre empieza precisamente cuando llena su estómago y empieza a pensar en el cómo, el cuándo y el porqué de todo cuanto le rodea”, así es que hasta Cristo se equivocó en alguna de las “bienaventuranzas”, sobre todo en aquella en que dice que serán bienaventurados los que tengan hambre, ya que serán hartos. Y lo malo, “lo terriblemente malo, es cuando “las hambres físicas se han saciado”, ya que entonces      –solo entonces- empiezan “las hambres del intelecto” y esas son insaciables; así es que, “bendito sea muchas veces el sudor de la frente”, ya que con él se cansa el organismo, se duerme bien y se piensa menos, cosa ésta bastante necesaria en bastantes períodos de tiempo de muchos seres inquietos y que como dije antes, padecen, “el arduo trabajo que produce el sudor de la mente”…?

                                Aquel extraño “enfermo residente” acabó su disertación en este punto”.  (Después y antes, hubieron y siguieron otros muchos diálogos entre locos de aquel singular “manicomio”, donde un loco y su amigo (que también esta “majareta”, disertan y hablan de muchas cosas de “este mundo loco”).

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes