Las Noticias de hoy 25 Octubre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 25 de octubre de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general, 24 octubre 2018 – Catequesis completa

Audiencia general: “El amor se manifiesta cuando se da todo sin reservas”

Sínodo: El Papa leerá la carta a los jóvenes el domingo, en la Misa de clausura

¡FUEGO HE VENIDO A TRAER A LA TIERRA!: Francisco fernandez Carbajal

“Él nos escucha y nos responde”: San Josemaria

Escuchar a los jóvenes: «La Iglesia es nuestra»

 El sexto mandamiento del Decálogo: Pablo Requena

La secularidad cristiana: mirar el mundo desde Dios: José Ramón Villar

Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes: un obispo africano que no tiene miedo a lo políticamente incorrecto  : Zenón de Elea.

El tema migratorio más allá del sentimentalismo: Angélica Benítez

Las riquezas que nos muestra la tradición: Ana Teresa López de Llergo

Los niños gorditos… pasaron de moda: Lucía Legorreta de Cervantes

Recemos el Rosario en familia: Silvia del Valle

¿Una Iglesia sin jóvenes?: Luis-Fernando Valdés

La arrogancia de la ignorancia: Javier López

Riesgo y ventura del cristianismo ante la construcción de las culturas: Salvador Bernal

¿Por qué tantos niños cambian de sexo?: Jesús Martínez Madrid

Un acuerdo para la Historia: José Morales Martín

Qué nos dejaron y qué dejaremos nosotros: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Audiencia general, 24 octubre 2018 – Catequesis completa

Dimensión emocional y sexual del amor

octubre 24, 2018 13:14RedacciónAudiencia General

(ZENIT – 24 oct. 2018).- La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar a las 9:30 horas en la Plaza de San Pedro donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Cat-4-413x275.jpgEl Santo Padre, continuando el ciclo de catequesis sobre los mandamientos ha hablado hoy del sexto mandamiento: “No cometerás adulterio” (Pasaje bíblico, Evangelio según San Marcos, 10, 2-9)

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo.

La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario de catequesis sobre los Mandamientos, llegamos hoy a la Sexta Palabra, que concierne a la dimensión emocional y sexual, y dice: “No cometerás adulterio”. La llamada inmediata es a la fidelidad, y de hecho, ninguna relación humana es auténtica sin fidelidad y lealtad.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Cat-2-413x275.jpgUno no puede amar solo mientras “conviene”. El amor se manifiesta más allá del umbral del propio interés, cuando se da todo sin reservas. Como dice el Catecismo: “El amor quiere ser definitivo. No puede ser “hasta nuevo aviso” (No. 1646). La fidelidad es la característica de una relación humana libre, madura y responsable. También un amigo demuestra que es auténtico cuando sigue siéndolo en todas las circunstancias; de lo contrario no es un amigo. Cristo revela el amor verdadero, Él, que vive del amor ilimitado del Padre, y en virtud de esto, es el Amigo fiel que nos acoge incluso cuando cometemos errores y siempre quiere nuestro bien, incluso cuando no lo merecemos.

El ser humano necesita ser amado sin condiciones, y quien no recibe esta acogida a menudo se siente incompleto, incluso sin saberlo. El corazón humano trata de llenar este vacío con sucedáneos, aceptando componendas y mediocridades  que del amor tienen solo un vago sabor. El riesgo es llamar “amor” a las relaciones acerbas e inmaduras, con la ilusión de encontrar luz de vida en algo que, en el mejor de los casos, es solo un reflejo de ello.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Cat-3-413x275.jpgSucede entonces que se sobrestima, por ejemplo,  la atracción física, que en sí misma es un don de Dios, pero que está orientada a allanar el camino para una relación auténtica y fiel con la persona. Como decía San Juan Pablo II, el ser humano “está llamado a la plena y madura espontaneidad de las relaciones”, que “es el fruto gradual del discernimiento de los impulsos del corazón”. Es algo que se conquista, ya que todo ser humano “debe aprender con perseverancia y coherencia cual es el significado del cuerpo” (cf. Catequesis, 12 de noviembre de 1980).

La llamada a la vida conyugal requiere, por lo tanto, un discernimiento cuidadoso sobre la calidad de la relación y un tiempo de noviazgo para verificarla. Para acceder al sacramento del matrimonio, los novios deben madurar la certeza de que en su vínculo está la mano de Dios, que los precede y los acompaña, y les permitirá decir: “Con la gracia de Cristo, prometo serte fiel siempre ” . No pueden prometerse fidelidad  “en la alegría y en las penas, en la salud y en la enfermedad”, y amarse y honrarse todos los días de sus vidas, solo sobre la base de la buena voluntad o la esperanza de que “la cosa funcione”. Necesitan construir sobre el terreno sólido del amor fiel de Dios. Y por eso, antes de recibir el sacramento del matrimonio, hace falta una preparación cuidadosa, diría un catecumenado, porque se https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Cat-5-413x275.jpgjuega toda la vida en el amor, y con el amor no se bromea. No se puede definir como “preparación al matrimonio”, tres o cuatro conferencias dadas en la parroquia; no, eso no es preparación: esa es falsa preparación. Y la responsabilidad de quien lo hace recae sobre él: sobre el párroco, sobre el obispo que tolera estas cosas. La preparación debe ser madura y hace falta tiempo. No es un acto formal; es un Sacramento. Pero hay que prepararlo como un auténtico catecumenado.

La fidelidad es, en efecto, una forma de ser, una forma de vida. Se  trabaja con lealtad, se habla con sinceridad, se permanece fiel a la verdad en los propios pensamientos y acciones. Una vida tejida de fidelidad se expresa en todas las dimensiones y conduce a ser hombres y mujeres fieles y confiables en todas las circunstancias.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Cat-1-413x275.jpgPero para llegar a una vida tan hermosa, nuestra naturaleza humana no es suficiente, es necesario que la fidelidad de Dios entre en nuestra existencia, que nos contagie.  Esta Sexta Palabra nos llama a dirigir nuestra mirada a Cristo, quien con su fidelidad puede quitarnos un corazón adúltero y darnos un corazón fiel. En él, y solo en él, hay amor sin reservas ni replanteamientos, entrega completa sin paréntesis y tenacidad de la aceptación hasta el final.

De su muerte y resurrección se deriva nuestra fidelidad, de su amor incondicional se deriva la constancia en las relaciones. De la comunión con Él, con el Padre y con el Espíritu Santo se deriva la comunión entre nosotros y la capacidad de vivir con fidelidad nuestros lazos.

 

 

Audiencia general: “El amor se manifiesta cuando se da todo sin reservas”

Catequesis sobre el 6º mandamiento

octubre 24, 2018 11:58Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 24 oct. 2018).- Hoy, el Santo Padre Francisco ha dedicado la catequesis al sexto mandamiento, que dice: “No cometerás adulterio”, en la audiencia general, celebrada en la Plaza de San Pedro, este miércoles, 24 de octubre de 2018.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Audiencia-413x275.jpg“El amor se manifiesta cuando se da todo sin reservas”, ha revelado el Papa, al resumir la catequesis en español. “El ser humano necesita ser amado sin condiciones”, y cuando no encuentra este amor el corazón busca llenar ese vacío con sucedáneos, componendas y mediocridades, “entregándose a relaciones estériles e inmaduras, con la falsa ilusión de encontrar allí un poco de luz y de vida”, ha explicado.

No se puede amar solo cuando “conviene”

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/campanas-413x275.jpgEsta palabra del Decálogo supone una llamada a la fidelidad, pues no hay auténtica relación humana sin lealtad y fidelidad. Francisco ha aclarado que no se puede amar solo cuando “conviene”.

Por ello –ha explicado el Pontífice– se sobrevalora la atracción física, que en sí misma es un don de Dios, pero que “está orientada a preparar el camino a una relación personal auténtica y fiel”.

Noviazgo y matrimonio

La vida conyugal requiere un tiempo de noviazgo para “discernir y verificar la cualidad de la relación”, ha señalado el Obispo de Roma.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/San-Pedro-1-413x275.jpgLos novios, para acceder al sacramento del matrimonio, tienen que madurar la certeza de que no basta solo con la buena voluntad, sino que “se han de apoyar en el amor fiel de Dios”.

Este mandamiento nos llama pues a “dirigir nuestra mirada a Cristo”, para que sepamos encontrar en Él la fuente de “nuestra fidelidad, de nuestra constancia” en las relaciones con los demás y de nuestra comunión mutua, ha exhortado Francisco en la audiencia general.

 

 

Sínodo: El Papa leerá la carta a los jóvenes el domingo, en la Misa de clausura

21 miembros formarán el Consejo del Sínodo

octubre 24, 2018 19:55Rosa Die AlcoleaEl Sínodo de los Obispos

(ZENIT – 24 oct. 2018).- El próximo domingo, 28 de octubre de 2018, está previsto que el Papa Francisco lea en la Misa de clausura del Sínodo la carta a los jóvenes, redactada por 8 participantes en la XV Asamblea General Ordinaria.

Esta mañana, en el briefing informativo del Sínodo para los periodistas, Paolo Ruffini ha indicado que se ha leído en la jornada de hoy el borrador de la carta, escrito 4 padres sinodales (procedentes de distintos continentes), 2 jóvenes auditoras, un invitado especial y un experto.

Tanto el borrador del documento final como el texto de la carta a los jóvenes han sido debatidos por 44 padres sinodales en las sesiones de mañana y tarde de este miércoles, 24 de octubre de 2018, ha informado el Prefecto del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, en el briefing informativo del Sínodo, ofrecido en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Consejo del Sínodo

Asimismo, Ruffini ha señalado que el documento final del Sínodo será más corto que el Instrumentum Laboris. Se dieron propuestas de integración, sugerencias, los temas son los abordados en el Instrumentum Laboris.

Esta mañana, antes del debate se ha presentado el procedimiento para la elección de los 21 miembros del próximo consejo del Sínodo. Se repartirán por área geográfica y continente: 3 de África, 3 de América Latina, 2 de América del Norte, 3 de Europa, 1 de Oceanía (digamos divididos por todo el planeta) y 4 por nombramiento pontificio.

Tweet del Papa

Como conclusión, Paolo Ruffini ha comunicado el mensaje del Papa en Twitter: “Este Sínodo quiere ser signo de la Iglesia que se pone verdaderamente a la escucha y que no tiene siempre una respuesta prefabricada ya lista”.

En la reunión informativa sobre los trabajos sinodales han participado el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de München und Freising, Presidente de la Conferencia Episcopal (Alemania); Mons. Andrew Nkea Fuanya, obispo de Mamfe (Camerún); Mons. Grzegorz Ryś, arzobispo de Łódź, Presidente del Consejo de la Conferencia Episcopal para la nueva evangelización (Polonia); y Mons. Toufic Bou Hadir, responsable YOUCAT de la Arabic Foundation (Iglesia Maronita) y coordinador del Bureau Patriarcal pour la pastorale des Jeunes(Líbano).

Cardenal Reinhard Marx

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Marx-506x275.pngPor su parte, el cardenal Marx ha expresado que este Sínodo “tiene un significado muy especial”. Esta es “una parte del camino global”, ha apuntado. Ha participado en dos Sínodos: uno para la familia y este para los jóvenes. Este es un “proceso de aprendizaje”, como ha apreciado el Santo Padre, ha señalado Marx.

Esto es una nueva página para los jóvenes, el foco de este Sínodo es observar a los jóvenes de 15 a 28 años. “Es un periodo muy crítico, muy sensible, es una edad muy especial”, y tenemos que acompañar a los jóvenes en este periodo. De no ser así, la Iglesia habría perdido su rol principal.

“Los abusos sexuales son un tema crítico que hay que debatir”. A lo largo de los últimos meses, este tema ha sido en la Iglesia de Alemania, ha comentado el padre sinodal.

La Iglesia “tiene que dar un giro”

“El aspecto importante no reside en buscar nuevos métodos para diseminar la pastoral  juvenil”, sino “la Iglesia misma tiene que cambiar, la Iglesia tiene que dar un giro, los jóvenes tienes expectativas”, ha asegurado el cardenal Marx.

Los jóvenes quieren “una Iglesia más auténtica, disponible al diálogo, que esté dispuesta a escuchar”, declaraciones que encontramos en todos los documentos, pero no tienen que quedarse en el papel, “tienen que producir cambios reales”. Este es un mensaje “para toda la Iglesia unida”, no solamente para los obispos o padres sinodales, ha observado.

Mons. Andrew Nkea Fuanya

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Camerun-507x275.pngEl obispo de Mamfe (Camerún) ha explicado que en este Sínodo, “es muy importante dejar a los demás que hablen de los diferentes problemas, con un prisma distinto, pero luego subrayando la universalidad de la Iglesia. Y pese a nuestros entornos, compartimos los mismos problemas, simplemente con prisas distintos”.

El padre sinodal de África ha comentado que se habla en el Sínodo de que muchas iglesias están vacías, de que muchos jóvenes se han alejado de la Iglesia. Sin embargo –ha testimoniado– “yo no tengo espacio suficiente para toda la gente en las iglesias, y hay muchos jóvenes”. En África “no solo decimos la Misa, celebramos la Misa, a veces con una duración de 2 horas y media (en ocasión de las grandes celebraciones)”, ha explicado.

Valores tradicionales en África

Asimismo, ha destacado el tema de la familia como algo importante en África. “La tradición se transmite de una generación a otra, y nuestros valores tradicionales siguen correspondiendo a los valores de la Iglesia. Nosotros trasladamos esta tradición a los jóvenes”.

“Tenemos que escuchar a los jóvenes pero también los jóvenes tienen que escuchar a los más ancianos. Es bidireccional. Esperemos que sea el fruto del Sínodo”, ha declarado el obispo de Camerún.

Mons. Grzegorz Ryś

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/polaco-503x275.pngEl arzobispo de Łódź, y Presidente del Consejo de la Conferencia Episcopal para la nueva evangelización en Polonia ha destacado que “el método del Sínodo se basa en la escucha”, y ha añadido que le gustaría implementar este método en su diócesis.

Está muy agradecido al Papa Francisco por esta participación e interactuación, y especialmente agradece el momento de silencio que propuso el Papa para esta Asamblea Sinodal por primera vez, de 3 minutos después de cada 5 intervenciones para “escuchar a Dios”.

Jóvenes diferentes

“El elemento eje de este Sínodo es la diversidad”, ha apuntado el obispo polaco. “Es imposible describir la juventud en Polonia. Son muy diferentes. En Polonia hay muchos jóvenes, es positivo escucharnos mutuamente”.

La familia es el valor más importante para los jóvenes de Polonia, ha aportado. La fe no es tan importante para ellos, no tanto como la familia, con muchísima diferencia.

Mons. Toufic Bou Hadir

Es el responsable de YOUCAT de la Arabic Foundation (Iglesia Maronita) y coordinador del “Bureau Patriarcal pour la pastorale des Jeunes” (Líbano).

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/10/Maronita-510x275.pngComo representante de los jóvenes maronitas del mundo entero, Mons Toufic ha mostrado un documento que “resume el contexto de Medio Oriente para el Sínodo y el Papa, así podemos dar a conocer la realidad de los jóvenes en esta parte del mundo y ver sus esperanza y sus sufrimientos”, ha declarado.

En este contexto, los jóvenes se presentan “como agentes de diálogo entre las diversas religiones, constructores de puentes y de paz entre sus ciudadanos. Estos jóvenes tienen la esperanza de que un día termine le círculo de la violencia y para ello elevan sus oraciones para que esto termine”, ha indicado el representante de la Iglesia Maronita.

Los jóvenes también hacen un llamamiento para acoger a los migrantes, y favorecer el regreso a sus países. Los jóvenes también aspiran a tener una participación en la vida de la Iglesia, un lugar de diálogo y trasparencia, quieren una Iglesia que esté lista a salir al encuentro de toda persona como lo invita el Papa Francisco. Este Sínodo ha sido la ocasión para recordar a los jóvenes que ellos son los agentes de la nueva evangelización.

Iniciativas en Oriente Medio

En este sentido, Mons. Toufic Bou Hadirha anunciado dos iniciativas: en primer lugar, herramienta para la nueva evangelización, las herramientas de la misión, el catecismo en lengua árabe youcat, y también la doctrina social para jóvenes.

Y la segunda iniciativa es el primer Encuentro Ecuménico Internacional de los jóvenes que se celebrará en Beirut, del 22 al 29 de marzo de 2019, organizado por el Consejo de la Iglesia de Oriente Medio y la comunidad de Taizé. A los jóvenes del mundo, quisiera decirles, Jesús es la piedra angular sobre la cual se construirá un mundo de esperanza”.

 

 

¡FUEGO HE VENIDO A TRAER A LA TIERRA!

— El afán divino de Jesús por todas las almas.

— El apostolado en medio del mundo se ha de propagar como un incendio de paz.

— La Santa Misa y el apostolado.

I. El Señor manifiesta a sus discípulos, como Amigo verdadero, sus sentimientos más íntimos. Así, les habla del celo apostólico que le consume, de su amor por todas las almas: Fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué quiero sino que ya arda? Y les muestra su impaciencia divina por que se consuma en el Calvario su entrega al Padre por los hombres: Tengo que ser bautizado con un bautismo ¡y cómo me siento urgido hasta que se lleve a cabo!1. En la Cruz tuvo lugar la plenitud del amor de Dios por todos, pues nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos2. De esta predilección participamos quienes le seguimos.

San Agustín, comentando este pasaje del Evangelio de la Misa, enseña: «los hombres que creyeron en Él comenzaron a arder, recibieron la llama de la caridad. Es la razón por la que el Espíritu Santo se apareció en esa forma cuando fue enviado sobre los Apóstoles: Se les aparecieron lenguas como de fuego, que se posaron, repartidas, sobre cada uno de ellos (Hech 2, 3). Inflamados con este fuego, comenzaron a ir por el mundo y a inflamar a su vez y a prender fuego a los enemigos de su entorno. ¿A qué enemigos? A los que abandonaron a Dios que los había creado y adoraban las imágenes que ellos habían hecho (...). La fe que hay en ellos se encuentra como ahogada por la paja. Les conviene arder en ese fuego santo, para que, una vez consumida la paja, resplandezca esa realidad preciosa redimida por Cristo»3. Somos nosotros quienes hemos de ir ahora por el mundo con ese fuego de amor y de paz que encienda a otros en el amor a Dios y purifique sus corazones.

Iremos a la Universidad, a las fábricas, a las tareas públicas, al propio hogar... «Si en una ciudad se prendiese fuego en distintos lugares, aunque fuese un fuego modesto y pequeño, pero que resistiese todos los embates, en poco tiempo la ciudad quedaría incendiada.

»Si en una ciudad, en los puntos más dispares, se encendiese el fuego que Jesús ha traído a la tierra y este fuego resistiese al hielo del mundo, por la buena voluntad de los habitantes, en poco tiempo tendríamos la ciudad incendiada de amor de Dios.

»El fuego que Jesús ha traído a la tierra es Él mismo, es la Caridad: ese amor que no solo une el alma a Dios, sino a las almas entre sí (...). Y en cada ciudad estas almas pueden surgir en las familias: padre y madre, hijo y padre, madre y suegra; pueden encontrarse también en las parroquias, en las asociaciones, en las sociedades humanas, en las escuelas, en las oficinas, en cualquier parte (...). Cada pequeña célula encendida por Dios en cualquier punto de la tierra se propagará necesariamente. Luego, la Providencia distribuirá estas llamas, estas almas-llamas, donde crea oportuno, a fin de que en muchos lugares el mundo sea restaurado al calor del amor de Dios y vuelva a tener esperanza»4.

II. El apostolado en medio del mundo se propaga como un incendio. Cada cristiano que viva su fe se convierte en un punto de ignición en medio de los suyos, en el lugar de trabajo, entre sus amigos y conocidos... Pero esa capacidad solo es posible cuando se cumple en nosotros el consejo de San Pablo a los cristianos de Filipos: Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús5. Esta recomendación del Apóstol «exige a todos los cristianos que reproduzcan en sí, en cuanto al hombre es posible, aquel sentimiento que tenía el Divino Redentor cuando se ofrecía en Sacrificio, es decir, imiten su humildad y eleven a la suma Majestad de Dios, la adoración, el honor, la alabanza y la acción de gracias»6. Esta oblación se realiza principalmente en la Santa Misa, renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz, donde el cristiano ofrece sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida familiar, el trabajo de cada jornada, el descanso; incluso las mismas pruebas de la vida, que, si son sobrellevadas pacientemente, se convierten en medio de santificación7. Al terminar el Sacrificio eucarístico, el cristiano va al encuentro de la vida, como lo hizo. Cristo en su existencia terrena: olvidado de sí mismo y dispuesto a darse a los demás para llevarlos a Dios.

La vida cristiana debe ser una imitación de la vida de Cristo, una participación en el modo de ser del Hijo de Dios. Esto nos lleva a pensar, mirar, sentir, obrar y reaccionar como Él ante las gentes. Jesús veía a las muchedumbres y se compadecía de ellas, porque andaban como ovejas sin pastor8, en una vida sin rumbo y sin sentido. Jesús se compadecía de ellas; su amor era tan grande que no se dio por satisfecho hasta entregar su vida en la Cruz. Este amor ha de llenar nuestros corazones: entonces nos compadeceremos de todos aquellos que andan alejados del Señor y procuraremos ponernos a su lado para que, con la ayuda de la gracia, conozcan al Maestro.

En la Santa Misa se establece una corriente de amor divino desde el Hijo que se ofrece al Padre en el Espíritu Santo. El cristiano, incorporado a Cristo, participa de este amor, y a través de él desciende sobre las más nimias realidades terrenas, que quedan así santificadas y purificadas y más aptas para ser ofrecidas al Padre por el Hijo, en un nuevo Sacrificio eucarístico. Especialmente el apostolado queda enraizado en la Misa, de donde recibe toda su eficacia, pues no es más que la realización de la Redención en el tiempo a través de los cristianos: Jesucristo «ha venido a la tierra para redimir a todo el mundo, porque quiere que los hombres se salven (1 Tim 2, 4). No hay alma que no interese a Cristo. Cada una de ellas le ha costado el precio de su Sangre (cfr. 1 Pdr 1, 18-19)»9. Imitando al Señor, ningún alma nos debe ser indiferente.

III. Cuando el cristiano participa en la Santa Misa, pensará en primer lugar en sus hermanos en la fe, con quienes se sentirá cada vez más unido, al compartir con ellos el pan de vida y el cáliz de eterna salvación. Es un momento señalado para pedir por todos y especialmente por quien ande más necesitado; nos llenaremos así de sentimientos de caridad y de fraternidad, «porque si la Eucaristía nos hace uno entre nosotros, es lógico que cada uno trate a los demás como hermanos. La Eucaristía forma la familia de los hijos de Dios, hermanos de Jesús y entre sí»10.

Y después de ese encuentro único con el Señor, nos ocurrirá como a aquellos hombres y mujeres que fueron curados de sus enfermedades en alguna ciudad o camino de Palestina: tan alegres estaban que no cesaban de pregonar por todas partes lo que habían visto y oído, lo que el Maestro había obrado en sus almas o en sus cuerpos. Cuando el cristiano sale de la Misa habiendo recibido la Comunión, sabe que ya no puede ser feliz solo, que debe comunicar a los demás esa maravilla que es Cristo. Cada encuentro con el Señor lleva a esa alegría y a la necesidad de comunicar a los demás ese tesoro. Así, como resultado de una fe grande, se propagó el cristianismo en los primeros siglos: como un incendio de paz y de amor que nadie pudo detener.

Si logramos que nuestra vida gire alrededor de la Santa Misa, encontraremos la serenidad y la paz en cada circunstancia del día, con un afán grande de darle a conocer, pues «si vivimos bien la Misa, ¿cómo no continuar luego el resto de la jornada con el pensamiento en el Señor, con la comezón de no apartarnos de su presencia, para trabajar como Él trabajaba y amar como Él amaba? Aprendemos entonces a agradecer al Señor esa otra delicadeza suya: que no haya querido limitar su presencia al momento del Sacrificio del Altar, sino que haya decidido permanecer en la Hostia Santa que se reserva en el Tabernáculo, en el Sagrario»11.

También para nosotros el Sagrario es siempre Betania, «el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro»12. En el Sagrario encontraremos, cuando devolvamos la visita al Señor, las fuerzas necesarias para vivir como discípulos suyos en medio del mundo. También nosotros, como algunas almas que estuvieron muy cerca de Dios13, podremos repetir, con el corazón lleno de gozo: Ignem veni mittere in terram... He venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? Es el fuego del amor divino, que trae la paz y la felicidad a las almas, a la familia, a la sociedad entera.

1 Lc 12, 49. — 2 Jn 15, 13. — 3 San Agustín, Comentario al Salmo 96, 6. — 4 Ch. Lubich, Meditaciones, pp. 59-60. — 5 Flp 2, 5. — 6 Pío XII, Enc. Mediator Dei, 20-XI-1947, 22. — 7 Cfr. Conc. Vat. II; Const. Lumen gentium, 34. — 8 Mt 9, 36. — 9 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 256. — 10 Ch. Lubich, La Eucaristía, Ciudad Nueva, Madrid 1977, p. 78. — 11 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 154. — 12 Ibídem. — 13 Cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pp. 17, 110, 115, 470.

 

 

“Él nos escucha y nos responde”

“Et in meditatione mea exardescit ignis” –Y, en mi meditación, se enciende el fuego. –A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera, lumbre viva, que dé calor y luz. Por eso cuando no sepas ir adelante, cuando sientas que te apagas, si no puedes echar en el fuego troncos olorosos, echa las ramas y la hojarasca de pequeñas oraciones vocales, de jaculatorias, que sigan alimentando la hoguera. –Y habrás aprovechado el tiempo. (Camino, 92)

Cuando se quiere de verdad desahogar el corazón, si somos francos y sencillos, buscaremos el consejo de las personas que nos aman, que nos entienden: se charla con el padre, con la madre, con la mujer, con el marido, con el hermano, con el amigo. Esto es ya diálogo, aunque con frecuencia no se desee tanto oír como explayarse, contar lo que nos ocurre. Empecemos a conducirnos así con Dios, seguros de que El nos escucha y nos responde; y le atenderemos y abriremos nuestra conciencia a una conversación humilde, para referirle confiadamente todo lo que palpita en nuestra cabeza y en nuestro corazón: alegrías, tristezas, esperanzas, sinsabores, éxitos, fracasos, y hasta los detalles más pequeños de nuestra jornada. Porque habremos comprobado que todo lo nuestro interesa a nuestro Padre Celestial.
Así, casi sin enterarnos, avanzaremos con pisadas divinas, recias y vigorosas, en las que se saborea el íntimo convencimiento de que junto al Señor también son gustosos el dolor, la abnegación, los sufrimientos. ¡Qué fortaleza, para un hijo de Dios, saberse tan cerca de su Padre! Por eso, suceda lo que suceda, estoy firme, seguro contigo, Señor y Padre mío, que eres la roca y la fortaleza. (Amigos de Dios, nn. 245-246)

 

Escuchar a los jóvenes: «La Iglesia es nuestra»

Clemente, un joven chileno, reflexiona sobre cómo puede un joven ayudar a la Iglesia y al Papa. "Primero que nada -señala- formándose; luego, rezando".

En primera persona24/10/2018

 

El Santo Padre, como ha expresado en muchas ocasiones, quiere “escuchar a los jóvenes: jóvenes católicos y no católicos, jóvenes cristianos y de otras religiones; y jóvenes que no saben si creen o no creen, todos; porque es importante que ustedes hablen, que no se dejen callar” (Discurso a los jóvenes en Chile, 17 de enero de 2018). Con este motivo ha convocado para el próximo mes de octubre una reunión sinodal con el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Siguiendo este deseo del Papa, jóvenes de diferentes países del mundo, comparten sus inquietudes y responden a algunas preguntas que el Papa les hace.

jóvenes de diferentes países del mundo comparten sus inquietudes

El quinto vídeo tiene como protagonista a Clemente, un joven chileno. Clemente reflexiona sobre cómo puede un joven ayudar a la Iglesia y al Papa. "Primero que nada -señala- formándose; luego, rezando".

La serie “Youth Speaking Out” toma como punto de partida algunas frases que Francisco pronunció en la reunión pre-sinodal que tuvo lugar en Roma en el mes de marzo, con jóvenes procedentes de los cinco continentes. Allí los animó a “hablar con coraje. Sin vergüenza. Vosotros sabéis hablar así”.

 

 El sexto mandamiento del Decálogo

Dios es amor, y su amor es fecundo. De esta fecundidad ha querido que participe la persona humana, asociando la generación a un específico acto de amor entre un hombre y una mujer.

Resúmenes de fe cristiana26/11/2016

Opus Dei - Tema 35. El sexto mandamiento del DecálogoLa grandeza del acto por el que el hombre y la mujer cooperan libremente con la acción creadora de Dios exige unas estrictas condiciones morales.

PDF► El sexto mandamiento del Decálogo

RTF► El sexto mandamiento del Decálogo

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Libro electrónico: "Amor humano y vida cristiana"

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1. Hombre y mujer los creó

La llamada de Dios al hombre y a la mujer a «crecer y multiplicarse», ha de leerse siempre desde la perspectiva de la creación «a imagen y semejanza» de la Trinidad (cfr. Gn 1). Esto hace que la generación humana, dentro del contexto más amplio de la sexualidad, no sea algo «puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal» (Catecismo, 2361); y por tanto, es esencialmente distinta a la propia de la vida animal.

«Dios es amor» (1Jn 4, 8), y su amor es fecundo. De esta fecundidad ha querido que participe la criatura humana, asociando la generación de cada nueva persona a un específico acto de amor entre un hombre y una mujer [1]. Por esto, «el sexo no es una realidad vergonzosa, sino una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad» [2].

Siendo el hombre un individuo compuesto de cuerpo y alma, el acto amoroso generativo exige la participación de todas las dimensiones de la persona: la corporeidad, los afectos, el espíritu [3].

El pecado original rompió la armonía del hombre consigo mismo y con los demás. Esta fractura ha tenido una repercusión particular en la capacidad de la persona de vivir racionalmente la sexualidad. De una parte, oscureciendo en la inteligencia el nexo inseparable que existe entre las dimensiones afectivas y generativas de la unión conyugal; de otra, dificultando el dominio que la voluntad ejerce sobre los dinamismos afectivos y corporales de la sexualidad.

La necesidad de purificación y maduración que exige la sexualidad en estas condiciones no supone en modo alguno su rechazo, o una consideración negativa de este don que el hombre y la mujer han recibido de Dios. Supone más bien la necesidad de “sanearlo para que alcance su verdadera grandeza” [4]. En esta tarea juega un papel fundamental la virtud de la castidad.

2. La vocación a la castidad

El Catecismo habla de vocación a la castidad porque esta virtud es condición y parte esencial de la vocación al amor, al don de sí, con el que Dios llama a cada persona. La castidad hace posible el amor en la corporeidad y a través de ella [5]. De algún modo, se puede decir que la castidad es la virtud que habilita la persona humana y la conduce en el arte de vivir bien, en la benevolencia y paz interior con los demás hombres y mujeres y consigo misma; pues la sexualidad humana atraviesa todas las potencias, desde lo más físico y material, a lo más espiritual, coloreando las distintas facultades según lo masculino y lo femenino.

La virtud de la castidad no es, por tanto, simplemente un remedio contra el desorden que el pecado origina en la espera sexual, sino una afirmación gozosa, pues permite amar a Dios, y a través de Él a los demás hombres, con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (cfr. Mc 12, 30) [6].

«La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza» (Catecismo, 2341) y «significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual» (Catecismo, 2337).

Es importante en la formación de las personas, sobre todo de los jóvenes, al hablar de la castidad, explicar la profunda y estrecha relación entre la capacidad de amar, la sexualidad y la procreación. De otro modo, podría parecer que se trata de una virtud negativa, pues ciertamente una buena parte de la lucha por vivir la castidad está caracterizada por el intento de dominar las pasiones, que en algunas circunstancias se dirigen a bienes particulares que no son ordenables racionalmente al bien de la persona considerada como un todo [7].

En el estado actual, el hombre no puede vivir la ley moral natural, y por tanto la castidad, sin la ayuda de la gracia. Esto no implica la imposibilidad de una virtud humana que sea capaz de conseguir un cierto control de las pasiones en este campo, sino la constatación de la magnitud de la herida producida por el pecado, que exige el auxilio divino para una perfecta reintegración de la persona [8].

3. La educación a la castidad

La castidad otorga el dominio de la concupiscencia, que es parte importante del dominio de sí. Este dominio es una tarea que dura toda la vida y supone un esfuerzo reiterado que puede ser especialmente intenso en algunas épocas. La castidad debe crecer siempre, con la gracia de Dios y la lucha ascética (cfr. Catecismo, 2342) [9].

«La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo» (Catecismo, 2346).

La educación a la castidad es mucho más que lo que algunos reductivamente denominan educación sexual, y que se ocupa fundamentalmente de proporcionar información sobre los aspectos fisiológicos de la reproducción humana y los métodos anticonceptivos. La verdadera educación a la castidad no se conforma con informar sobre los aspectos biológicos, sino que ayuda a reflexionar sobre los valores personales y morales que entran en juego en lo relacionado con el nacimiento de la vida humana, y la maduración personal. A la vez, fomenta ideales grandes de amor a Dios y a los demás, a través del ejercicio de las virtudes de la generosidad, el don de sí, el pudor que protege la intimidad, etc., que ayudan a la persona a superar el egoísmo y la tentación de encerrarse en uno mismo.

En este empeño, los padres tienen una responsabilidad muy grande, pues son los primeros y principales maestros en la formación a la castidad de sus hijos [10].

En la lucha por vivir esta virtud son medios importantes:

a) la oración: pedir a Dios la virtud de la santa pureza [11]; la frecuencia de sacramentos: son las medicinas de nuestra debilidad;

b) el trabajo intenso; evitar el ocio;

c) la moderación en la comida y bebida;

d) el cuidado de los detalles de pudor y de modestia, en el vestir, etc.;

e) desechar las lecturas de libros, revistas o diarios inconvenientes; y evitar espectáculos inmorales;

f) ser muy sinceros en la dirección espiritual;

g) olvidarse de sí mismo;

h) tener una gran devoción a María Santísima, Mater pulchrae dilectionis.

La castidad es una virtud eminentemente personal. A la vez, «implica un esfuerzo cultural » (Catecismo, 2344), pues «el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la sociedad están mutuamente condicionados» [12]. El respeto de los derechos de la persona, reclama el respeto de la castidad; en particular, el derecho a «recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana» (Catecismo, 2344) [13].

Las manifestaciones concretas con las que se configura y crece esta virtud serán distintas dependiendo de la vocación recibida. «Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia» ( Catecismo , 2349).

4. La castidad en el matrimonio

La unión sexual «está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer» (Catecismo, 2360): es decir, «se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte» [14].

La grandeza del acto por el que el hombre y la mujer cooperan libremente con la acción creadora de Dios exige unas estrictas condiciones morales, justamente por la importancia antropológica que tiene: la capacidad de generar una nueva vida humana llamada a la eternidad. Esta es la razón por la cual el hombre no debe separar voluntariamente las dimensiones unitiva y procreativa de dicho acto, como es el caso de la contracepción [15].

Los esposos castos sabrán descubrir los momentos más adecuados para vivir esta unión corporal, de modo que refleje siempre, en cada acto, el don de sí que significa [16].

A diferencia de la dimensión procreativa, que puede actualizarse de modo verdaderamente humano solamente a través del acto conyugal, la dimensión unitiva y afectiva propia de ese acto puede y debe manifestarse de muchos otros modos. Esto explica que si, por determinadas condiciones de salud o de otro tipo, los esposos no pueden realizar la unión conyugal; o deciden que es preferible abstenerse temporalmente (o definitivamente, en situaciones especialmente graves) del acto propio del matrimonio, pueden y deben continuar actualizando ese don de sí, que hace crecer el amor verdaderamente personal, del que la unión de los cuerpos es manifestación.

5. La castidad en el celibato

Dios llama a algunos a que vivan su vocación al amor de un modo particular, en el celibato apostólico [17]. El modo de vivir la vocación cristiana en el celibato apostólico supone la continencia [18]. Esta exclusión del uso de la capacidad generativa no significa en ningún modo la exclusión del amor o de la afectividad [19]. Al contrario, la donación que se hace libremente a Dios de una posible vida conyugal, capacita la persona para amar y donarse a muchos otros hombres y mujeres, ayudándoles a su vez a encontrar a Dios, que es la razón de dicho celibato [20].

Este modo de vida ha de ser considerado y vivido siempre como un don, pues nadie puede arrogarse la capacidad de ser fiel al Señor en este camino sin el auxilio de la gracia.

6. Pecados contra la castidad

A la castidad se opone la lujuria, que es «un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión» (Catecismo, 2351).

Dado que la sexualidad ocupa una dimensión central en la vida humana, los pecados contra la castidad son siempre graves por su materia, y por tanto, hacen perder la herencia del Reino de Dios (cfr. Ef 5, 5). Pueden ser leves, sin embargo, cuando falta advertencia plena o perfecto consentimiento.

El vicio de la lujuria tiene muchas y graves consecuencias: la ceguera de la mente, por la que se oscurece nuestro fin y nuestro bien; la debilitación de la voluntad, que se hace casi incapaz de cualquier esfuerzo, llegando a la pasividad, a la desgana en el trabajo, en el servicio, etc.; el apego a los bienes terrenos que hace olvidar los eternos; y finalmente se puede llegar al odio a Dios, que aparece al lujurioso como el mayor obstáculo para satisfacer su sensualidad.

La masturbación es la «excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo» (Catecismo, 2352). «Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado» [21]. Por su misma naturaleza, la masturbación contradice el sentido cristiano de la sexualidad que está al servicio del amor. Al ser un ejercicio solitario y egoísta de la sexualidad, privado de la verdad del amor, deja insatisfecho y conduce al vacío y al disgusto.

«La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos» (Catecismo, 2353) [22].

El adulterio «designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio» (Catecismo 2380) [23].

Asimismo son contrarias a la castidad las conversaciones, miradas, manifestaciones de afecto hacia otra persona, también entre novios, que se realizan con deseo libidinoso, o constituyen una ocasión próxima de pecado que se busca o no se rechaza [24].

La pornografía —exhibición del cuerpo humano como simple objeto de concupiscencia— y la prostitución —transformación del propio cuerpo en objeto de transacción financiera y de disfrute carnal— son faltas graves de desorden sexual, que, además de atentar a la dignidad de las personas que las ejercitan, constituyen una lacra social (cfr. Catecismo , 2355).

«La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres (incesto) o de educadores con los niños que les están confiados» ( Catecismo , 2356).

«Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados», como ha declarado siempre la Tradición de la Iglesia [25]. Esta neta valoración moral de las acciones no debe mínimamente prejuzgar a las personas que presentan tendencias homosexuales [26], ya que no pocas veces su condición supone una difícil prueba [27]. También estas personas «están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana» (Catecismo, 2359).

Pablo Requena

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

 

Catecismo de la Iglesia Católica, 2331-2400.

Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 25-XII-2005, 1-18.

Juan Pablo II, Ex. Ap. Familiaris consortio, 22-XI-1981.

Lecturas recomendadas

San Josemaría, Homilía Porque verán a Dios , en Amigos de Dios, 175-189; El matrimonio, vocación cristiana, en Es Cristo que pasa, 22-30.

Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 29-XII-1975.

Congregación para la Educación Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano, 1-XI-1983.

Pontificio Consejo para la Familia, Sexualidad humana: verdad y significado, 8-XII-1995.

Pontificio Consejo para la Familia, Lexicon de términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas (2003) (de especial interés para los padres y educadores la voz Educación sexual de Aquilino Polaino-Lorente).


[1] «Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: “El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas (cfr. Gn 4, 1-2.25-26; 5, 1)» (Catecismo , 2335).

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa , 24.

[3] «Si el hombre pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad. Si, por el contrario, repudia el espíritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza» (Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est , 25-XII-2005, 5).

[4] «Ciertamente, el eros quiere remontarnos “en éxtasis” hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación» (Idem).

[5] «Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen... Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión» (Juan Pablo II, Ex. Ap. Familiaris consortio, 22-XI-1981, 11).

[6] «La castidad es la afirmación gozosa de quien sabe vivir el don de sí, libre de toda esclavitud egoísta» (Pontificio Consejo Para La Familia, Sexualidad humana: verdad y significado, 8-XII-1995, 17). «La pureza es consecuencia del amor con el que hemos entregado al Señor el alma y el cuerpo, las potencias y los sentidos. No es negación, es afirmación gozosa» (San Josemaría, Es Cristo que pasa, 5).

[7] «La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cfr. Si 1, 22). “La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados” ( Gaudium et spes, 17)» ( Catecismo, 2339).

[8] «La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual (cfr. Ga 5, 22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo (cfr. 1 Jn 3, 3)» (Catecismo, 2345).

[9]La maduración de la persona incluye el dominio de sí, que suponen el pudor, la templanza, el respeto y la apertura a los demás(cfr. Congregación Para La Educación Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano, 1-XI-1983, 35).

[10] Este aspecto de la educación tiene hoy una importancia mayor que en el pasado, ya que son muchos los modelos negativos que presenta la sociedad actual (cfr. Pontificio Consejo Para La Familia, Sexualidad humana: verdad y significado, 8-XII-1995, 47). «Ante una cultura que «banaliza» en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuerpo y el placer egoísta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal» (Juan Pablo II, Ex. Ap. Familiaris consortio , 37).

[11] «La santa pureza la da Dios cuando se pide con humildad» (San Josemaría, Camino, 118).

[12] Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes , 25.

[13] En diversas ocasiones, el Papa Juan Pablo II se ha referido a la necesidad de promover una auténtica «ecología humana» en el sentido de lograr un ambiente moral sano que facilite el desarrollo humano de la persona (cfr. por ejemplo, Enc. Centesimus annus , 1-V-1991, 38). Parece claro que parte del «esfuerzo cultural» a que se ha hecho referencia consiste en mostrar que existe el deber de respetar unas normas morales en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, como exigencia de la dignidad de las personas. «En estos momentos de violencia, de sexualidad brutal, salvaje, hemos de ser rebeldes. Tú y yo somos rebeldes: no nos da la gana dejarnos llevar por la corriente, y ser unas bestias. Queremos portarnos como hijos de Dios, como hombres o mujeres que tratan a su Padre, que está en los Cielos y quiere estar muy cerca –¡dentro!– de cada uno de nosotros» (San Josemaría, Forja, 15).

[14] Juan Pablo II, Familiaris consortio, 11.

[15] También en la fecundación artificial se produce una ruptura entre estas dimensiones propias de la sexualidad humana, como enseña claramente la Instrucción Donum vitae (1987).

[16] Como enseña el Catecismo, el placer que se deriva de la unión conyugal es algo bueno y querido por Dios (cfr. Catecismo, 2362).

[17] Aunque la santidad se mide por el amor a Dios y no por el estado de vida –celibe o casado–, la Iglesia enseña que el celibato por el Reino de los Cielos es un don superior al matrimonio (cfr. Concilio de Trento : DS 1810; 1 Co 7, 38).

[18] No se tratará aquí del celibato sacerdotal, ni de la virginidad o celibato consagrado. En todo caso, desde el punto de vista moral en todas estas situaciones se requiere la continencia total.

[19] No tendría ningún sentido sostener que el celibato es «antinatural». El hecho de que el hombre y la mujer se pueden complementar, no significa que se completen, porque ambos son completos como personas humanas.

[20] Hablando del celibato sacerdotal, pero se puede extender a todo celibato por el Reino de los Cielos, Benedicto XVI explica que no se puede comprender en términos meramente funcionales, pues en realidad «representa una especial configuración con el estilo de vida del propio Cristo» (Benedicto XVI, Ex. Ap. Sacramentum caritatis, 24).

[21] Congregación Para La Doctrina De La Fe, Decl. Persona humana, 29-XII-1975, 9.

[22] La unión libre o cohabitación sin intención de matrimonio, la unión a prueba cuando existe intención de casarse, y las relaciones prematrimoniales , ofenden la dignidad de la sexualidad humana y del matrimonio. «Son contrarias a la ley moral: el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental» (Catecismo, 2390). La persona no se puede «prestar» sino solamente donar libremente, una vez y para siempre.

[23] Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cfr. Mt 5, 27-28). En el Nuevo Testamento se prohíbe absolutamente el adulterio (cfr. Mt 5, 32; 19, 6; Mc 10, 11; 1 Co 6, 9-10). El Catecismo, hablando de las ofensas contra el matrimonio, enumera también el divorcio, la poligamia y la anticoncepción.

[24] «Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad» (Catecismo , 2350).

[25] Congregación Para La Doctrina De La Fe, Decl. Persona humana, 8. «Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso» ( Catecismo, 2357).

[26] La homosexualidad se refiere a la condición que presentan aquellos hombres y mujeres que sienten una atracción sexual exclusiva o predominante hacia las personas del mismo sexo. Las posibles situaciones que se pueden presentar son muy diferentes, y por tanto se debe extremar la prudencia a la hora de tratar de estos casos.

[27] «Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición» (Catecismo 2358).

 

© Fundación Studium, 2016 y © Oficina de Información del Opus Dei, 2016.

 

La secularidad cristiana: mirar el mundo desde Dios

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San Josemaría Escrivá, fundador de la Universidad de Navarra, pronunció su homilía «Amar al mundo apasionadamente» durante la misa celebrada en Pamplona el 8 de octubre de 1967, con ocasión de la II Asamblea de Amigos de la Universidad. La secularidad cristiana y la misión de los laicos configuran dos de los temas de la conocida, con familiaridad, como la «homilía del campus»

A la vuelta del tiempo transcurrido desde 1967, año en el que san Josemaría pronunció la homilía «Amar al mundo apasionadamente» −como apareció luego titulada en España en el libro Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer−, sería pretencioso añadir nuevos comentarios realmente originales sobre la homilía. Basta asomarse a la no pequeña bibliografía histórico-teológica y espiritual que ha analizado con detalle el contexto y significado de las palabras pronunciadas por san Josemaría en aquella inolvidable ocasión. Entre ella, también se encuentra Nuestro Tiempo, con dos artículos publicados por los profesores Pedro Rodríguez y Domingo Ramos-Lissón en 2003.

Para no volver a exponer lo ya sabido por un lector conocedor de la homilía e interesado en ella, quizá sea más útil prolongar alguna cuestión tratada en aquellos textos publicados en la revista. Quien leyera entonces el análisis pormenorizado de la «homilía del campus» llevado a cabo por el profesor Pedro Rodríguez con el objeto de desentrañar «el sentido de un mensaje», ese lector, digo, encontró en la segunda parte de su escrito unas tesis sobre la secularidad. Además de otros temas, el autor abordaba el planteamiento que ofrecía san Josemaría acerca de la relación cristiana con el mundo, y su distancia con otras ideas sobre la secularidad que estuvieron en boga a finales de los sesenta del siglo pasado en ciertos ámbitos eclesiales del momento. Se podrá ilustrar esa diferencia acudiendo a un acontecimiento −entre muchos otros que cabría evocar− de aquellos años de agitación social, cultural y eclesiástica.

Un proyecto de secularización

Me refiero al llamado «concilio pastoral holandés», celebrado en varias sesiones entre 1966 y 1970, que aspiraba a ser una deliberación de la provincia eclesiástica de Holanda para la aplicación del Concilio Vaticano II. Al lector que viviera de cerca esa época le vendrá a la memoria que el estado ambiental de aquella asamblea venía dominado por un determinado proyecto de secularidad, o más bien de secularización. 

Vaya por delante que el término secularización posee sentidos muy diferentes. Puede designar el proceso histórico de separación entre los ámbitos eclesiásticos y civiles, como sucedió en el Occidente cristiano a partir del siglo XVIII; o bien, por el contrario, puede referirse a una posición ideológica sobre la relación entre religión y vida, entre sagrado y profano, entre fe y razón, entre Iglesia y mundo. En esta segunda acepción se situaba la llamada «teología de la secularización» que mencionaba el profesor Rodríguez, y que podemos ilustrar brevemente a partir de los documentos provisionales de trabajo de aquella asamblea −por fortuna, no todos ellos encontraron aceptación−. 

En esos textos el mundo se presentaba «como lo profano frente a lo segregado, a lo sagrado. El término mundo remitía a una realidad proyectada por el hombre, referida al hombre, a la naturaleza como hecha por el hombre. […] Además del hombre (y de la naturaleza a su disposición) ninguna causa extra-empírica influye en la historia»[1]. El mundo, lo profano, se entendía como la entera realidad dotada de dinámica propia y de finalidad inmanente a sí misma ajena a Dios. La mentalidad del hombre moderno, configurada por los avances científicos y por el análisis marxista de la historia, no dejaría espacio para la dimensión religiosa y vertical del ser humano. En esta concepción secular de la realidad no habría presencia, intervención y salvación de Dios, puesto que no habría «ninguna causa extra-empírica» que afectara a este mundo. El mundo ya no habla de Dios, porque nada habría en él superior al contenido deducido por la experiencia humana directa, ni ofrecería espacio alguno para una salvación trascendente que fuera más allá de la que es posible alcanzar en este mundo con los medios humanos. 

Las consecuencias de esta visión secular para la comprensión de la fe cristiana eran necesariamente radicales. La experiencia secular del mundo ya no permitía un espiritualismo ingenuo. Para hacer significativa la fe cristiana en este nuevo contexto, el lenguaje de la fe debería sustituir sus contenidos trascendentes por otros inmanentes al mundo y así aceptables para la mentalidad secular. Por ejemplo, se proponía a la asamblea holandesa que «el reino de Dios no se puede buscar en el cielo, sino que hay que construirlo aquí en este mundo. No hay posibilidad de evasión a otra realidad». Era esta una percepción extendida en ciertos círculos eclesiásticos del momento. Como confesaba inocentemente una religiosa al teólogo francés Luis Bouyer en el agitado año de 1968: «Para mí, mi religión solo conoce la dimensión horizontal»[2]. Así las cosas, el culto y reconocimiento de Dios, su alabanza y glorificación quedaban sin fundamento. La secularidad −según el llamado «ateísmo cristiano»− sugería que había llegado el momento en que la lectura matinal del periódico debía sustituir la oración de la Iglesia[3]; y en línea similar se proponía en la asamblea holandesa «convertir en auténtica oración el plan esmerado del programa del día, la lectura seria del periódico, la reflexión común sobre nuestra tarea en el acontecer mundano»[4]. El lenguaje cristiano cambiaba enteramente de significado cuando, por ejemplo, el teólogo holandés W. J. Veldhuis sostenía en aquellos años la necesidad de «no mirar hacia arriba» para «encontrar a Dios en el mundo»[5].

En esta comprensión del mundo, Dios sería a lo más una pura expectativa que se encuentra al final de la historia, y que los creyentes acreditan cuando se comprometen en la transformación de la realidad terrena. Un compromiso que podía calificarse como cristiano, se decía, «si tiene su norma y modelo de actuación en Jesús de Nazareth», a saber, en «su actitud revolucionaria frente al orden reinante»[6]. Jesús sería un símbolo de los cambios epocales que se anunciaban inminentes, y donde la fe sería «una inspiración para el servicio de la vida», «una música vital», «una posibilidad de encontrarse en la vida con más libertad y confianza» y así transformar la realidad del mundo en «historia de salvación»[7]

Naturalmente, tal identificación de la existencia con el mundo y sus tareas volatilizaba lo específico de la fe cristiana. ¿Qué Dios podría encontrarse en un mundo clausurado en sus propios límites, que no debería «mirar hacia arriba»? Ese mundo resultaría incapaz de ofrecerse como lugar del encuentro con el Dios Creador y Salvador, a quien reconocer y adorar, de la fe cristiana.

Santidad cristiana y realidad secular

En la «homilía del campus» la aproximación de san Josemaría a la relación cristiana con el mundo tiene un contexto radicalmente diferente del que proponía aquel proyecto de secularización. Esto es así porque san Josemaría, obviamente, habla a partir de la nueva criatura regenerada en Cristo mediante la fe y el bautismo, es decir, desde el don que procede de Dios, y no del mundo. Recordemos algunos datos básicos de la fe cristiana al respecto.

La fe es acogida de la palabra de Dios en la revelación y sus testimonios, que se transmite en la comunidad convocada por Dios en Cristo, que es la Iglesia. La fe es un conocimiento sobre Dios, y el cristiano tiene algo que decir en la medida en que comunica algo sobre Dios. Si solo dijese algo sobre el hombre y el mundo, sin hablar de Dios, nada aportaría a la humanidad. Por lo mismo, el creyente no puede configurar desde la fe el mundo si antes Dios mismo no lo dota de ese conocimiento −la fe− y de esa capacidad −la gracia−. No es posible amar según Dios al prójimo y al mundo si antes el hombre no sabe cómo Dios ama al mundo y al hombre mismo. El mundo no es portador de sentido al margen de Dios, pues son justamente el mundo y la existencia humana los que están indigentes de sentido. Por eso, no pueden identificarse −como proponía el proyecto de secularización antes evocado− la relación con Dios y la relación con el mundo: el hombre no llega a Dios ocupándose solo del mundo. El mundo adquiere sentido desde el encuentro con Dios en la fe de la Iglesia. Cuando se piensa que ya no se puede pedir al hombre moderno este encuentro con Dios y con su palabra, y en su lugar se remite solo a la tarea en el mundo, precisamente entonces no se descubre el significado salvador de la presencia de Dios en el mundo.

El fenómeno originario de la fe es, pues, la relación personal con el Dios de la creación y de la gracia. San Josemaría no siente necesidad de explicitar en su «homilía del campus» este contenido elemental de la fe, dándolo por conocido cuando se dirige a un auditorio sabedor de que la salvación procede de Cristo y de que no es posible «encontrar a Dios en el mundo» sin a la vez «mirar hacia arriba», por decirlo con la citada tesis de Veldhuis. San Josemaría, porque presupone todo ello, puede ofrecer entonces con tranquila confianza formulaciones incisivas con un significado radicalmente diferente de una mentalidad secularizadora. Sin riesgo de equívocos afirma la vida ordinaria como «verdadero lugar» de la existencia cristiana[8], o propone nítidamente: «No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca»; o bien asegura que hay «un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir»[9]

Esta afirmación de la vida ordinaria como espacio de encuentro con el Señor nada tiene que ver con postergar el templo o la vida eclesial. San Josemaría quiere subrayar más bien el valor del mundo a la luz de la fe, y lo hace con toda intencionalidad teniendo en cuenta la escasa relevancia que durante siglos la praxis eclesiástica atribuyó a la vida ordinaria en la santificación cristiana. Justamente por eso quiere afirmar en un lenguaje comprensible el valor del mundo para la santidad cristiana. «En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria...»[10]. Aquí se encuentra, como señalaba el profesor Rodríguez, el «eje doctrinal» de la homilía, a saber, exponer el modo de llevar a cabo «una vida santa en medio de la realidad secular»[11]. Bien sabe san Josemaría, además, que no se está dirigiendo a un grupo de religiosas de clausura o de monjes, sino a un auditorio constituido masivamente −como sucede en la Iglesia misma− por cristianos laicos, a los que expone el modo de vivir santamente su relación constitutiva con el mundo. San Josemaría, en efecto, habla de la «realidad secular», que es el ámbito propio de los laicos, y lo hace en continuidad implícita con el Concilio Vaticano II, que caracteriza a los laicos en virtud de lo que llamó «índole secular» de su condición laical[12]. Esta perspectiva de las palabras de san Josemaría nos invita a indagar en el significado de la secularidad cristiana en general, y en el modo propio de vivirla de la mayoría de los cristianos, es decir, la «índole secular» de los fieles laicos. 

La secularidad cristiana

Secularidad designa la pertenencia del ser humano al saeculum (mundo en latín), esto es, al mundo creado por Dios. La secularidad es una nota antropológica común a toda persona en virtud de su condición creatural. En este sentido, todo ser humano es secular. La fe y el bautismo no anulan esta condición sino que transforman a la persona en «nueva criatura» llamada a «caminar en novedad de vida» (cf. Rom 6, 4). Esta novedad −ya lo hemos apuntado− no procede del mundo, sino del don de Dios mediante la fe y los sacramentos. San Josemaría presupone en sus oyentes este conocimiento básico de la condición cristiana: la vida nueva de hijos de Dios en Cristo, sostenida y acrecentada por los sacramentos y la oración, que comporta una nueva forma de vivir en el mundo. 

Esta vida nueva no anula, decíamos, la secularidad o relación del hombre con el mundo −la misma que el cristiano comparte con los no cristianos−, que sigue siendo elemento de su condición cristiana. Con el bautismo, el mundo y su dinámica no se tornan en un simple escenario donde el bautizado desarrolla su existencia, sino que permanecen como dimensión intrínseca de su vida humana, ahora cristiana. No desaparece la secularidad. Ahora bien, la regeneración bautismal reconfigura decisivamente la relación connatural al mundo −«sana y eleva» la naturaleza, dirá la teología clásica− desde la redención de Cristo y a la espera de la consumación final. En virtud de esta nueva secularidad cristiana, todo bautizado ha de contribuir, dice el Concilio Vaticano II, «a la restauración de todo el orden temporal»[13], a «restablecer rectamente el orden de los bienes temporales y de ordenarlos hacia Dios por Cristo»[14]. Con ello no hay que temer que se confundan entre sí Dios y mundo, sagrado y profano, Iglesia y mundo; pero tampoco están en simple yuxtaposición, sino que constituyen una unidad que implica a la vez relación y diferencia, pues el orden de la gracia y el orden de la creación «aunque se distinguen, se compenetran de tal forma en el único designio de Dios, que el mismo Dios busca, en Cristo, reasumir al universo mundo en la nueva criatura, incoativamente aquí en la tierra, plenamente en el último día»[15]

El magisterio pontificio ha designado esta nueva relación cristiana con el mundo con la expresión «dimensión secular» de la Iglesia. «La Iglesia −decía san Pablo VI− tiene una auténtica dimensión secular, inherente a su íntima naturaleza y a su misión». «Todos los miembros de la Iglesia −reiteraba san Juan Pablo II son partícipes de su dimensión secular». Así pues, la secularidad es cualidad común a todos los bautizados. Precisamente porque es una nota común a todos, se ha discutido en la teología reciente qué es la «índole secular» que el Concilio atribuye como propia de los laicos. Clarificar esta cuestión es asunto capital para comprender el alcance teológico de la homilía de san Josemaría.

La «índole secular» de los laicos

Si la secularidad es común a todos los bautizados, no se ve entonces cómo pueda ser una cualidad que identifique y diferencie en la Iglesia a los laicos en cuanto tales. En realidad, laico designaría la condición cristiana sin más, al cristiano sin otra cualificación. Según esto, no existen en rigor cristianos laicos, sino cristianos. El término laico podría tener un uso práctico, pero no añadiría una cualidad propia a la condición bautismal. En cambio, quienes se caracterizan en la Iglesia por algo serían los ministros ordenados −el sacramento del orden− y los religiosos −un carisma especial−.

Nótese que la raíz de esta objeción es la identificación de la secularidad común a todos, que deriva del bautismo, con la «índole secular» de los laicos. Se olvida que la secularidad o «dimensión secular de la Iglesia» no se realiza de modo unívoco. Pablo VI y Juan Pablo II, tras afirmar que la relación con el mundo es una cualidad común a todo bautizado, precisan que «se realiza de formas diversas en todos sus miembros» (Pablo VI); si todos son partícipes de ella, no obstante «lo son de formas diversas» (Juan Pablo II). Existen modos diferentes de realizar la secularidad cristiana, según la diferente condición de los bautizados, como ministros, o religiosos o laicos. Si todos los laicos son cristianos, no todos los cristianos son laicos. Esto significa que existe algo propio en la condición laical que puede cambiar en otra. Esa cualidad caracterizadora de su vocación cristiana es la «índole secular», que el Concilio atribuye a los laicos, que constituye su forma propia de vivir la secularidad, diferente de otras −la de los religiosos, por ejemplo−, y que se caracteriza porque se lleva a cabo «desde dentro» del mundo mismo. En esa línea se mueve la segunda precisión que debemos anotar.

En efecto, cuando el Concilio Vaticano II dice que «a los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales», se remite a las circunstancias que configuran la existencia de los laicos: «Viven en el siglo, es decir, en todas y cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está como entretejida»[16]. Esta «realidad secular» que describe el Concilio, y que san Josemaría presenta en su homilía como lugar de santidad, no es una simple circunstancia sociológica irrelevante. Si ese fuera el caso, el mundo sería simple escenario pastoral y ocasión externa para la vida y el testimonio cristiano, pero el mundo y sus tareas quedarían intocadas por la gracia y ajenas a la fe cristiana. Por el contrario, según el Concilio, esa realidad secular se transforma para los laicos en verdadera vocación divina: «Allí están llamados por Dios a cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo»[17]. Dios asigna a ese cristiano como vocación y misión, para buscar el Reino de Dios, el lugar que ya tenía en el orden de la creación −y que comparte con los no cristianos−. Por eso, san Juan Pablo II, al tratar de la identidad eclesial de los laicos, hacía notar que «la “índole secular” del fiel laico no debe ser definida solamente en sentido sociológico, sino sobre todo en sentido teológico», y concluía: «La condición eclesial de los fieles laicos se encuentra radicalmente definida por su novedad cristiana y caracterizada por su índole secular»[18]. La condición bautismal es, pues, lo sustantivo que define al laico; laico es el adjetivo que cualifica su existencia. Para los laicos, su posición humana en el interior de la dinámica secular cualifica su vocación cristiana y eclesial como laicos.

Si retornamos a la «homilía del campus», las consideraciones anteriores ofrecen el marco teológico adecuado para captar el alcance del eje de la homilía de san Josemaría: la «vida santa en medio de la realidad secular» como el «verdadero lugar» de la existencia cristiana para los fieles laicos donde «encontrar al Señor». 

Para concluir, conviene notar que la santificación o restauración del mundo según el designio de Dios no es tarea que ataña de modo exclusivo a los laicos. La misión de toda la Iglesia «no es solo entregar −dice el Concilio Vaticano II− el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres, sino también el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico» porque «la obra de la redención de Cristo, mientras tiende de por sí a salvar a los hombres, se propone la restauración incluso del orden temporal»[19]. Este doble momento de la misión, la salvación de los hombres y la restauración del orden terreno según el designio de Dios, es tarea de todos en la Iglesia, cualquiera que sea su posición en ella. Lo exclusivo y propio de los laicos no es, pues, santificar el mundo −también lo hace el monje de otra forma desde su retiro orante−, sino el modo propio de llevarlo a cabo, es decir, desde su situación humana asumida como vocación cristiana. De esta forma los laicos hacen presente a la Iglesia en el mundo en virtud de su existencia cristiana vivida con autenticidad y, por eso, realizadora del Reino de Dios en la medida en que la Iglesia peregrina puede anticipar.

José Ramón Villar, profesor Ordinario de Teología Sistemática, Facultad de Teología (Universidad de Navarra).

Fuente: Nuestro Tiempo.

[A lo largo del curso 2017-18 distintas actividades sirvieron para señalar el aniversario del que se hace eco este ensayo. Desde este link puede acceder al reportaje especial sobre la «homilía del campus» en la web de la Universidad].

 

[1] Pastoral Concilie van de Nederlandse Kerkprovince (PC), Amersfoort: Katholiek Archief, 1966-1970, 5, 84.

[2] L. Bouyer, La descomposición del catolicismo, Barcelona: Herder, 1969, 51.

[3] Cf. D. Sölle, Ateistisch an Gott glauben, 1968.

[4] PC 5, 24.

[5] Zerbrochene Gottesbilder, Freiburg: Herder, 109-149.

[6] PC 5, 23.

[7] Ídem 6, 80ss.

[8] Conversaciones, n. 113e.

[9] Ídem n. 114e.

[10] Ídem n. 116b.

[11] Ídem 123a.

[12] Cf. Const. dogm. Lumen gentium n. 31.

[13] Decr. Apostolicam actuositatem, n. 5.

[14] Ídem n. 7.

[15] Ídem n. 5.

[16] Const. dogm. Lumen Gentium n. 31.

[17] Ídem n. 31.

[18] Exh. apost. Christifideles laici, n. 15.

[19] Decr. Apostolicam actuositatem, n. 5.

 

Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes: un obispo africano que no tiene miedo a lo políticamente incorrecto  

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Fecha

25/10/18

El pasado 23 de octubre se presentó el borrador del documento final, de momento reservado para los 252 padres sinodales presentes. El sábado 27 de octubre, se dedicará a las últimas intervenciones, la lectura del documento y su votación punto por punto.

 

La sala de prensa del Vaticano ha emitido diariamente un resumen del Sínodo.  Me han llamado poderosamente la atención los mensajes que ha lanzado monseñor Andrew Nkea Fuanya, obispo de Mamfe (Camerún). Al hablar, emplea un tono cálido, como buen africano, pero muy claro, sin medias tintas, alejado de lo políticamente correcto.

En mi opinión es lo que la Iglesia necesita y lo que el mundo está demandando: hablar con total claridad y transparencia, siempre con amor y con respeto a los que no piensan igual, escuchando pero “sin diluir la verdad” como ha dicho este obispo africano en una entrevista concedida a Catholic Regisiter: “Diluir la verdad no funciona bien en África. Si hablamos con un lenguaje ambiguo, los jóvenes se confunden y se desvían”.

En esta entrevista señala que no votará ningún punto del documento final que contengan las siglas cargadas del lobby homosexual. “LGBT”. Y es lo que mucha gente está esperando, la misma gente que respeta la dignidad del ser humano, que respeta a los homosexuales, pero que no quiere ser colonizada por esta ideología.

Asimismo, el obispo Fuanya ha manifestado su temor de que algunos obispos, especialmente los de Occidente, “sean tan sensibles a la opinión pública que quizás se posicionen de manera más fluida para ser aplaudidos por los medios de comunicación”.  

No tienen desperdicios sus palabras. En la rueda de prensa en el Vaticano ha lanzado otros mensajes, como digo, políticamente incorrectos, pero muy claritos.

Tomen nota de algunos de ellos: “En África, la Iglesia es la única voz capaz de oponerse a ciertas ideologías. Por esta razón, debemos tener cuidado con el lenguaje que usamos. Por ejemplo, hay programas que requieren políticas pro-aborto para recibir ayuda. No podemos aceptarlo”.

“Para nosotros los africanos, es importante vivir la dimensión de la comunidad en la Iglesia, para combatir el individualismo. En África la comunidad sigue siendo muy valorada, y lo vemos en la gran participación en la Misa”.

“Para mí es importante no diluir la verdad, volver siempre a Cristo, y hablar claramente a los jóvenes especialmente sobre temas delicados. Esto es algo muy importante para mí”.

“Es importante experimentar la universalidad de la Iglesia. En el Sínodo de los jóvenes, a pesar de confrontar diferentes puntos de vista, buscamos las mismas soluciones. De mi experiencia en Camerún puedo decir que nuestra fuerza reside en la familia y en nuestros valores cristianos”.

Quizás el próximo Papa sea un africano. 

 

 

El tema migratorio más allá del sentimentalismo

Angélica Benítez

En ocasiones al hablar del tema de los migrantes es fácil tomar una postura extremista, cuando el problema migratorio encierra más aristas de las que quizá pensamos.


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Los últimos días ha predominado en redes sociales la noticia de los miles de migrantes hondureños que ingresaron a México el viernes pasado. Como casi siempre, los medios digitales reflejan posturas extremistas y molestia más que de colaboración y acuerdos.

Surgieron, por un lado, los más apocalípticos: quienes predicen que esta gente nos va a quitar nuestros empleos y la delincuencia va a subir alarmantemente. Y, por otro lado, están los que toman decisiones exclusivamente con las emociones y el estómago, diciendo que todos aquellos que no acepten a los migrantes hondureños son unos xenófobos al estilo de Trump, además de unos hipócritas y unos cuantos insultos más.

La situación sociopolítica de Honduras es lo suficientemente dura como para mover a más de cinco mil personas a arriesgarlo todo y salir de allí. Como han respondido en varias entrevistas a diversos medios, no hay trabajo, la pobreza crece y la ola de violencia y corrupción que azota a su país es prácticamente imposible de sobrellevar. Evidentemente, no están “emigrando por gusto”, sino por necesidad.

Ante esta realidad, llegaron a la frontera Guatemala-México en una extensa caravana que pretende cruzar a Estados Unidos con la esperanza de un futuro mejor. La Presidencia de la República ya estaba enterada de lo que se avecinaba por lo que solicitó apoyo de Naciones Unidas y ofreció recibir a los migrantes como refugiados, siempre y cuando ingresaran al país en forma ordenada, en grupos de 50 personas.

La caravana de migrantes no aceptó esta dinámica y decidió derrumbar la valla que divide la mencionada frontera sur, ingresando a Chiapas sin que la policía mexicana pudiera detener el caos. Sin embargo, tras haber cruzado, el gobierno mexicano les ha brindado asesoría legal para permanecer en el país como refugiados, y numerosos ciudadanos les han ofrecido donativos como alimentos, ropa y hasta transporte.

Cada país cuenta con leyes que mantienen su soberanía y estabilidad social, política y económica. Las leyes migratorias son parte de esta estructura para conservar la funcionalidad y procesos. Al romperlas, el visitante está enviando un mensaje muy claro de irrespeto por las reglas del país al que está ingresando.

Cuando Donald Trump se encontraba en campaña manejó un mensaje de proteger a su país de las inmigraciones ilegales mediante la construcción de un muro fronterizo. Este mensaje –que muchos calificaron de “xenófobo”– lo llevó a ganar la Presidencia de los Estados Unidos. Porque, si bien mucha de su comunicación fue inadecuada, entre líneas tenía un tema importante: defender los intereses de su país, protegerlo y cuidarlo. Si alguien intenta meterse a una casa-habitación ajena, ¿el dueño de la casa es un xenófobo porque decida colocar un muro que impida que entren intrusos? Esta duda se mantuvo en mi cabeza mientras muchos protestaban contra el muro de Trump que, hasta la fecha, sólo existe en su imaginación.

Desde luego que es indefendible llamar a los mexicanos (o a cualquier otro inmigrante de manera generalizada) “ladrones, delincuentes, violadores” y demás adjetivos injustos que el republicano utilizó. Vayamos a lo esencial de su mensaje: la protección del propio país de aquellos extranjeros que no respeten las leyes. Eso fue lo que lo llevó al triunfo (y, siendo honestos, también le ayudó el hecho de que Hillary Clinton era una pésima contrincante).

Sin embargo, en México una buena parte de la población piensa con el estómago y el corazón: no importa que hayan derrumbado nuestra valla en la frontera sur a pesar de que ya se les había autorizado la entrada en forma ordenada, hay que considerarlos héroes por poner sus intereses por encima de los de nuestro país.

Hace unos meses, previo a las elecciones presidenciales en México, muchos por ahí afirmaban que nuestro país “ya no podía estar peor”. Este difícil momento es sin duda la revelación de que vivimos en una burbuja: claro que se puede estar peor. Hasta el momento, por ejemplo, no hemos visto una caravana de más de cinco mil mexicanos solicitando refugio en otros países. En México hay mucha pobreza, violencia y corrupción, y con todo sigue siendo un paraíso para miles de centroamericanos que sueñan con mejores condiciones de vida.

Hay que enfrentar la realidad: estas personas vienen huyendo de situaciones muy difíciles, necesitan refugio y ser inmigrantes no los convierte en delincuentes; sin embargo, al llegar a un lugar lo menos que puede hacerse es respetar la ley y la soberanía del país que estamos pisando.

 

 

Las riquezas que nos muestra la tradición

Ana Teresa López de Llergo

Oct 24, 2018

En el marco del 50 aniversario de la Universidad Panamericana se otorgó el Doctorado Honoris Causa a cinco grandes personalidades.


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Quedé moralmente obligada a compartir detalles de la vida de las cinco personalidades a quienes se les otorgó el nombramiento de Doctores Honoris Causa, en el marco de la celebración de los 50 años de labores en la Universidad Panamericana.

Este tipo de investidura es parte de las riquezas que conservan las tradiciones universitarias. Concedida a personas doctas con un alto nivel de desempeño humano y profesional. A cada uno de los candidatos los apadrinó un docente de la universidad quien hizo una exposición de méritos. Después de la entrega del respectivo birrete, anillo, medalla y pergamino, cada nuevo Doctor Honoris Causa sintetizó su actividad y sus propósitos.

Don Nitin Nohria: Profesor y decano de la Harvard Business School. Se caracteriza por su pericia y empatía como líder. Dejó muy clara su convicción de la importancia de formar líderes que sean capaces de servir a la sociedad en tantos aspectos cruciales. “”En un momento en que personas de todas partes del mundo parecen estar divididas, es posible que especialmente necesitemos líderes que asuman una perspectiva más amplia y más rica, que haga que todos se sientan mejor comprendidos y más incluidos”.

Poco antes de terminar su disertación afirmó: “Al formar líderes, debemos ayudarles a cultivar esa perspectiva [la histórica]. Los líderes deben evitar dejarse llevar por la urgencia del corto plazo y pensar desde una perspectiva de largo plazo: crear el espacio que les permita reflexionar y tratar de imaginar cómo mirar hacia atrás desde una perspectiva a futuro”.

Es innegable que en el mundo se percibe la necesidad de líderes bien formados, Don Nitin ofrece una solución para esta urgente demanda.

Don Rafael Alvira Domínguez: Docente en la Universidad Complutense, en la Universidad de La Laguna y en la Universidad de Navarra. Y profesor visitante en varias universidades de América, entre ellas la Panamericana. Se detiene en la importancia del conocimiento que da la fe, y explica. “es imposible, para un ser social, construir en una sociedad sin confianza. Eso quiere decir que la fe es clave en nuestra vida.”

Luego concreta: “Eso lo puede encontrar en los tres lugares básicos de toda sociedad responsable: la familia, los centros de educación y la Iglesia. Si estos actúan como deben, generan en los niños y jóvenes una seguridad que, aunque ellos no se den cuenta, es una honda fe recibida.”

Estas afirmaciones completan la formación, evitan el racionalismo y dan una fuerza especial a la autoridad.

Doña Natalia López Moratalla: Docente e investigadora, en el año 2003, en la UNESCO, se encargó de preparar la declaración internacional sobre los datos genéticos humanos. Ella manifiesta: “Es posible que si no hubiera tenido pasión por los porqués, quizá no me hubiera encontrado nunca con el mundo de las ciencias de la vida”.

Con lucidez y claridad expone: “Es una realidad que cuando se impone la racionalidad técnica –lo que se puede hacer se debe hacer– a la racionalidad ética –lo que no se debe hacer aunque se pueda hacer–, las aplicaciones técnicas se transforman en ideologías que se visten y adornan con el prestigio de la ciencia, verdades ciertas, aunque siempre amplificables por no ser verdades últimas, y al mismo tiempo, inventar verdades sobre la base de fraudes científicos.”

En definitiva es una defensora de la dignidad humana basada en el realismo antropológico.

Don Jesús Ballesteros Llompart: En la Universidad de Valencia, durante 40 años, imparte la Cátedra de Filosofía del Derecho, ahora es Profesor Emérito. Fue Director del Departamento de Filosofía del Derecho, Moral y Política, de la misma Universidad. Ha aportado un pensamiento filosófico-jurídico propio apoyado en dos rasgos: la no violencia y la no discriminación.

Ante el doctorado que acaba de recibir, manifiesta: “El deber de agradecer tan alta distinción me ayuda a comprender como uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo, si no el mayor, es el rechazo del agradecimiento ante lo real, que debe manifestarse como defensa de la pluralidad y diversidad de lo real, tanto biológica como cultural.”

Al terminar vuelve a estas ideas: “De ahí la urgencia de unir agradecimiento ante lo dado natural y luchar contra la injusticia construida. El agradecimiento sin lucha por la justicia es actitud complaciente e inmovilista. La lucha contra la injusticia sin agradecimiento puede degenerar en resentimiento y en odio.”

Don Jesús muestra una dimensión jurídico social muy alentadora y necesaria.

Don Carlos Cavallé Pinós: Empresario, director y profesor. Fundador del IESE y por 17 años fue su director general. Creador e impulsor del centro de investigación Social Trends Institute en Nueva York. Un humanista en el mundo de la empresa.

Convencido de que dos grandes pilares para el impulso de la sociedad son la universidad y la empresa dice: “La universidad genera y disemina conceptos y técnicas y, con ellos, la empresa añade valor a través de sus servicios”. Advierte de dos grandes peligros: “la secularización acelerada del mundo, que Wojtyla, en el caso de Europa, equipara a una apostasía silenciosa, y el relativismo moral que Ratzinger califica como uno de los grandes retos con manifestaciones en el mundo intelectual y científico, así como en la concepción de la ética”.

Y nos deja una tarea: “Mi mensaje debe ser el de no bajar nunca la guardia y saber reaccionar con racionalidad, fortaleza y prontitud para contribuir a preservar los valores de las dos instituciones que tienen el papel más importante para el progreso y prosperidad de toda sociedad”.

Estos cinco ejemplos de vida nos alientan porque muestran que la dedicación y el cariño con que se realizan los trabajos, realmente dejan una huella en las mentes y en los corazones.

 

 

Los niños gorditos… pasaron de moda

Lucía Legorreta de Cervantes

Oct 24, 2018

Una correcta alimentación de nuestros hijos les generará un buen desarrollo tanto físico como emocional.


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Cuando mis hijos eran pequeños, recuerdo que mi máximo orgullo al salir de la cita con el pediatra, era que había subido ¡casi un kilo de peso en un mes!

Hoy, las nuevas generaciones de padres se enfrentan con la amenaza de la obesidad infantil como un problema serio que puede afectar el desarrollo físico y emocional de su hijo.

La vida que llevamos es más sedentaria que la de nuestros antepasados, los alimentos más procesados, con colorantes y todo tipo de químicos y el hecho de que comamos la llamada rápida hace que los niños sean las primeras víctimas de este fenómeno.

¿Cómo sé que mi niño está obeso?

El pediatra es quien debe determinar esto; pero las mamás podemos darnos cuenta su hay desproporción entre lo que se come nuestro hijo y la actividad que realiza, lo que le permite consumir ese alimento en energía.

También notamos la diferencia entre su peso y su estatura, es decir, un niño de tres años puede pesar hasta 16 kilos; pero se considera obeso si no alcanza a medir, por lo menos, un metro de altura; y uno de doce años necesitaría medir más de 150 cm para poder pesar 50 kilogramos y no ser considerado obeso.

Observa cuándo y cómo come; identifica si lo hace por aburrimiento, ansiedad o hambre. Si conoces la causa, será más fácil poner el remedio.

Me gustaría compartir siete principios básicos que toda mamá moderna debe recordar, mencionados por la Psicóloga Infantil Julia Borbolla:

1. “Si no hay, no come”
Cuando un niño busca alimento y sólo encuentra frutas o verduras, no le queda más remedio que comer lo que se tiene. No compres galletas sino quieres que tus hijos las coman, porque, por más que las escondas en la despensa, las encontrarán.

2. “Si se prohíbe, se desea más”
Los alimentos que prohíbes son los que tus hijos querrán comer. No hay nada más tentador que lo que no es permitido. Es mejor no ponerlo cerca que prohibirlo, aunque sepamos que eventualmente lo comerán en otra casa o en la escuela.
Las mamás conocen mil trucos para lograr su cometido.

3. “No premies ni castigues con alimentos”
La comida no debe asociarse con las emociones porque entonces comerán para consolarse, o para premiarse, y dejarán de comer para “autocastigarse” o para hacernos rabiar.
Sabemos que los niños manipular a través del alimento, y que estos mensajes de afecto o rechazo en la infancia se quedan fijos en el inconsciente.
Premia con tu presencia en un juego sencillo, con una caricia, con el simple reconocimiento, o con algo material que no se coma.

4. “Tan necesaria es la comida como la actividad”
Los niños necesitan hacer ejercicio, no importa si es de manera informal, corriendo para alcanzar una pelota o jugando.
Así como les exigimos en los estudios, debemos fomentar la actividad física, y para ellos hay que reglamentar el uso de videojuegos o computadoras por tiempo reducido.

5. “Hay que comer de todos los colores”
Los diferentes colores naturales de los alimentos nos hablan de sus componentes vitamínicos. Es importante comer algo verde como las verduras, algo rojo o amarillo como las frutas, algo blanco como el arroz.
A los niños les divierte coleccionar colores al alimentarse, descubrir esa variedad y hasta hacer concursos entre ellos.

6. “En la variedad está el gusto y la salud”
Tus pequeños deben comer de todo. No satanices un chocolate ni santifiques las espinacas. Todos los alimentos aportan algo importante; pero debemos balancear la dieta para beneficiarnos de todos ellos.
Los niños se cansan si siempre obtienen los mismos sabores y su paladar no logra madurar si no van probando texturas y matices de intensidad.

7. “Empieza hoy”
No esperes a que pasen las vacacione o su cumpleaños. En cuestión de peso cada día es importante y significa acumular o procesar el alimento.

Si notas que tu hijo está subiendo de peso y puede llegar a ser obeso, no esperes más.

Recuerda que es cuestión de hábitos y éstos necesitan, por lo menos, tres o cuatro semanas para instalarse. De ti depende que tu hijo o hija sea un adulto saludable, no únicamente por su peso, sino por su salud emocional al sentirse seguro de sí mismo.

 

 

Recemos el Rosario en familia

Oct 24, 2018

Recemos el Rosario en familia

Por Silvia del Valle

Como estamos en el mes de octubre, Mes del Rosario, me vino a la mente el compartirles mis 5tips para lograr rezar el Rosario en familia. No importa que tengamos niños pequeños.

PRIMERO: Prepara unas tarjetas con los misterios en dibujos para niños

Puede ser que las dibujes y luego las ilumines, o que busques en internet imágenes de cada misterio para que nuestros hijos ubiquen los misterios y los puedan aprender.

También es bueno ponerlos en la pared en orden para que sea más fácil para ellos saber en qué misterio están.

Es importante ponerles nombre y a todos los de un grupo ponerles el mismo color y a cada grupo un color diferente. Esto les ayudará a ubicarse.

SEGUNDO: Prepara hojas más grandes con los misterios para que las iluminen

Si después hacemos hojas tamaño carta para que nuestros hijos pequeños las iluminen, entonces les estamos ayudando a concentrarse y a estar en sintonía con los demás.

Además les dará la paciencia que necesitan para rezar el Rosario, pero también el conocimiento desde pequeñitos.

TERCERO: Explícales en qué consiste el Rosario y su importancia

Si nuestros hijos no entienden la importancia del Rosario, no pondrán de su parte para participar en esta devoción; pero, si les explicamos, seguro que les encantará entregarle un ramo de rosas a Mamita María.

También podemos ayudar a que entiendan esto con signos visibles, como el poner una rosa en un florero por cada Avemaría.

Para los más pequeñitos debemos tener material didáctico para que se entretengan y a la vez participen de la práctica del rezo del Rosario; y, si hacen ruido, debemos armarnos de paciencia y aún así tenerlos con nosotros, porque de esta forma van haciendo el rezo del Rosario como algo cotidiano.

CUARTO: Busca la mejor hora del día para rezar en familia

Si rezamos el Rosario al final del día, cuando nuestros hijos ya están cansados, seguro que no lo harán con gusto y estarán muy intranquilos e inquietos porque el sueño los pone irritables.

Pero si buscamos una hora adecuada —puede ser después de comer, o a media tarde, o antes de cenar—, donde esté toda la familia junta, es más fácil que se haga con gusto y devoción.

Y QUINTO: Que sea una experienca única

Si logramos que sea una experiencia de unión familiar y de testimonio de nosotros, los papás, seguro que nuestros hijos aprenderán a amar el Rosario; pero si ven que nosotros lo rezamos con pereza y sin ganas, ellos también lo harán así, y cuando los invitemos a hacerlo seguro que nos repelarán y lo harán de mala gana.

Si cuando rezamos tenemos una imagen de la Virgen, teniendo una buena iluminación y ventilación adecuada, y si ponemos música católica de fondo o si entre un misterio y otro ponemos algo de música, estamos haciendo que sea algo muy agradable y una experiencia única.

No debemos olvidar que nuestros hijos nos observan en todo momento, y si no ven en nosotros el gusto por rezar el Rosario, difícilmente ellos lo sentirán. Así que ayudemos a nuestros hijos a vivir esta devoción con nuestro testimonio.

 

¿Una Iglesia sin jóvenes?

Oct 24, 2018

Por Luis-Fernando Valdés

Inicia el sínodo de los obispos para hablar de la vinculación de los jóvenes con la Iglesia, en un momento en que los escándalos están ahuyentando de la fe a las nuevas generaciones. ¿Cómo podrá el Papa volver a acercar a los jóvenes a la Iglesia?

Un contexto complejo

En medio de una crisis mundial por las denuncias de abuso sexual, inicia el Sínodo de Obispos de la Iglesia católica cuyos temas centrales son los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

Durante la reciente visita apostólica a Estonia, Francisco reconoció que la «Iglesia debe renovar su vínculo con los jóvenes y escuchar mejor». El Pontífice lamentaba que los recientes escándalos de abusos por parte del clero hayan alejado de la fe a los llamados «millennials».

El cardenal brasileño Sergio Da Rocha, relator de este evento, afirmó durante la presentación del sínodo que «se escuchan voces que culpan a los jóvenes de haberse alejado de la Iglesia, pero muchos han vivido situaciones que les han llevado a afirmar que es la Iglesia la que se aleja de ellos».

Un sínodo dirigido a los jóvenes

Estas circunstancias hacen más compleja la reunión de obispos cuya temática sobre los jóvenes ya estaba programada desde el año pasado. En este sínodo están presentes 266 obispos de todo el mundo, junto con 23 expertos y 36 jóvenes.

Se debatirán los temas que preocupan a las nuevas generaciones. El documento preparatorio (Instrumentum laboris), acepta que «muchos jóvenes católicos no siguen las indicaciones de la moral sexual de la Iglesia», y recomienda que «la cuestión de la sexualidad debe discutirse más abiertamente y sin prejuicios».

No faltarán tampoco preocupaciones constantes en el discurso de Francisco: la inmigración, el trabajo y la llamada «cultura del descarte», junto con el problema de la migración de los jóvenes. (La razón, 3 oct. 2018)

La estrategia del Papa

Para poder ayudar a los jóvenes en su camino hacia la fe, Francisco ha marcado el método a seguir durante esta reunión eclesial: escucharlos. «Una Iglesia que no escucha –afirmó en la inauguración del sínodo– se muestra cerrada a la novedad, cerrada a las sorpresas de Dios, y no podrá resultar creíble, en especial, para los jóvenes que, inevitablemente, se alejarán en lugar de acercarse».

El Pontífice comentó que las fases previas a este sínodo pusieron en evidencia una Iglesia «en deuda de escucha» a los jóvenes. Y reconoció que por eso, muchas veces, las nuevas generaciones «no se sienten comprendidas en su originalidad y, por tanto, no escuchadas como son en realidad y, en ocasiones, incluso rechazadas».

Epílogo

Los jóvenes de hoy están abiertos a Dios, a lo sobrenatural, a algo más allá,  pero muchas veces no conectan con el modo de transmisión que utilizan los pastores de la Iglesia, los catequistas y los propios padres de familia.

Por eso el gran reto de hoy para atraer a las nuevas generaciones consiste en escucharlos. Y al mismo tiempo, para ser escuchada, la Iglesia tiene otro desafío: la autenticidad, el testimonio de coherencia entre lo que se profesa y lo que se vive. Sólo así se superará el grave problema de los escándalos.

 

 

La arrogancia de la ignorancia

Louis Pasteur

Un joven universitario se sentó en el tren frente a un señor de edad, que devotamente pasaba las cuentas del rosario. El muchacho, con la arrogancia de los pocos años y la pedantería de la ignorancia, le dijo: "Parece mentira que todavía crea usted en esas antiguallas...".

"Así es. ¿Tú no?", le respondió el anciano. "¡Yo!, dijo el estudiante lanzando una estrepitosa carcajada. Créame: tire ese rosario por la ventanilla y aprenda lo que dice la ciencia".

"¿La ciencia?, preguntó el anciano con sorpresa. No lo entiendo así. ¿Tal vez tú podrías explicármelo?"

"Deme su dirección, replicó el muchacho, haciéndose el importante y en tono protector, le puedo mandar algunos libros que le podrán ilustrar".

El anciano sacó de su cartera una tarjeta de visita y se la alargó al estudiante, que leyó asombrado: "Louis Pasteur. Instituto de Investigaciones Científicas de París".

El pobre estudiante se sonrojó y no sabía dónde meterse. Se había ofrecido a instruir en la ciencia al que, descubriendo la vacuna antirrábica, había prestado, precisamente con su ciencia, uno de los mayores servicios a la humanidad.

Pasteur, el gran sabio que tanto bien hizo a los hombres, no ocultó nunca su convicción religiosa.

 

 

Riesgo y ventura del cristianismo ante la construcción de las culturas

23/10/18

Salvador Bernal

Me pregunta un público juvenil cómo vivir la fe católica en la cultura actual. Mi respuesta va en esta línea: ante todo, no hay "una cultura", aunque no todas valgan lo mismo, como sugería el ambiguo "multiculturalismo" cada vez menos invocado. Luego, que la fe no transita o pervive dentro de la cultura –menos aún se defiende-, sino que influye para dotar de sentido trascendente a las construcciones humanas.

En cada época, como muestra la historia, los cristianos –iguales a sus conciudadanos- contribuyen a elaborar soluciones culturales, que no son necesariamente ni mucho menos confesionales, a pesar de aquella tajante frase de Juan Pablo II: "Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida". La escuché por vez primera en el aula magna de mi vieja Facultad de Derecho de Madrid, en el acto dirigido a intelectuales y académicos durante su viaje por España en 1982. Supe luego que procedía del documento pontificio de creación, poco tiempo atrás, de un consejo vaticano dedicado expresamente a la cultura.

Apenas faltaban siete años para la caída del Muro y el desmoronamiento de la URSS. El comunismo moría de pie, como dicen que les sucede a los elefantes. Era cuestión de tiempo la desaparición, porque el Kremlin era la síntesis de una gran estructura burocrática de poder, que había perdido el alma, si es que alguna vez la tuvo.

La vida intelectual caminaba ya por otros derroteros. Con el avance de la postmodernidad y su pensamiento débil, se celebraba la muerte de lo absoluto, que excluía en primer plano la existencia de una Verdad por encima de la razón y, por tanto, reducía definitivamente la religión al ámbito del sentimiento y de lo privado.

Curiosamente, cuando el marxismo daba sus últimos coletazos en los países comunistas, se difundió dentro del cristianismo una teología política de inspiración también germánica, que conoció máxima difusión en América, en la forma de teología de la liberación. La Congregación de la Fe, presidida entonces por el cardenal Ratzinger, elaboró dos importantes instrucciones, con la crítica radical de la aplicación del marxismo a la tarea teológica (Libertatis nuntius, 1984), y le profundización del concepto de la libertad cristiana con sus ineludibles exigencias sociales liberadoras (Libertatis conscientia, 1986).

Algunos intérpretes consideraron por aquella época que una de las revoluciones del Concilio Vaticano II, era el redescubrimiento de la libertad, también respecto de la unidad de los cristianos o el diálogo interreligioso. Parecía apreciarse más la búsqueda de la Verdad que la posesión de un sistema de creencias firmemente asentadas, así como el modo de difundir las verdades tradicionales en una cultura descompuesta. De hecho, al convocar la asamblea conciliar, san Juan XXIII subrayó desde el primer momento ese objetivo fundamentalmente pastoral.

Por paradoja, a esto se sigue acogiendo hoy el tradicionalismo encarnado en la Hermandad sacerdotal san Pío X, fundada por Mons. Marcel Lefebvre. Reitera la necesidad de integrar las enseñanzas conciliares en la tradición, sin rupturas, con un enfoque distinto al del “preámbulo doctrinal” redactado por la Santa Sede, que les exige la aceptación global del Concilio, antes de seguir perfilando el futuro de la fraternidad dentro de la Iglesia. Repiten una y otra vez su pregunta sobre la autoridad dogmática de un concilio que fue pastoral...

No es justo ese reproche. Aunque sí es cierto –lefebvrianos al margen- que entre los eclesiásticos aparecen hoy demasiadas manifestaciones postmodernas, como hubo antes cierta utilización acrítica de principios marxistas.

Entretanto, sigue pendiente la respuesta al gran absoluto demoledor, sustituto del comunismo y del capitalismo salvaje: el absoluto islamista. Carece hoy –aunque la tuvo en otros tiempos- de una concepción cultural coherente. Pero se muestra inasequible, con la imposición de sus principios dogmáticos, como se comprobó en reacciones violentas contra las caricaturas de Mahoma o –menos justificable aún- contra el ejemplo que puso Benedicto XVI en su lección de Ratisbona, justamente sobre las relaciones de fe y razón, de religión y cultura.

Por ahí van serios riesgos de la fe –hasta la persecución más violenta, psicológica o física- en la tarea civilizadora de sus fieles. La eternidad se hizo tiempo en la Encarnación. Y sigue fecundando las almas al hacerse cultura hoy, con máxima libertad, dentro de las diversas características de las personas y las sociedades: sin uniformidades artificiosas

 

 

¿Por qué tantos niños cambian de sexo?

El gobierno británico se pregunta por qué en su país tantos niños cambian de sexo. Una investigación oficial examinará la influencia de las redes sociales y los programas escolares.

Hace tan solo unos días, leía: “El número de menores que los médicos británicos remiten a especialistas para que se sometan a cambio de sexo ha registrado una fuerte subida en los últimos años. La ministra de Mujer e Igualdad, Penny Mordaunt, ha encargado una investigación”.

El aumento de casos se ha dado en ambos sexos, pero en el femenino es desproporcionado. Las chicas que comienzan un tratamiento de transexualidad en Gran Bretaña se han multiplicado por 45 en 8 años.

En ese país, entre los políticos, los médicos y los pedagogos hay quienes temen que se facilite el cambio de sexo a los niños con demasiada ligereza, sin entender realmente a qué responden tales deseos ni saber qué consecuencias tendrá.

El estudio oficial examinará si las redes sociales y la enseñanza sobre la transexualidad en las escuelas pueden estar influyendo en los niños para que se planteen cambiar de sexo. También considerará si es adecuado dar tratamiento hormonal a preadolescentes.

En los últimos tiempos, en nuestro país, se está planteando, ya está en orden de batalla en comunidades del PP, la implantación de la ideología de género en las escuelas. ¿No les parece que, a la vista de los resultados en otros países, deberíamos ser más precavidos?

Jesús Martínez Madrid

 

 

Un acuerdo para la Historia

El Vaticano ha dado a conocer un acuerdo provisional entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de obispos, que permitirá a los fieles tener obispos en comunión con Roma y, al mismo tiempo, que sean reconocidos por las autoridades chinas. Por muy gastado que nos pueda parecer el calificativo, estamos, sin duda, ante un acuerdo histórico, entre dos Estados sin relaciones diplomáticas oficiales desde 1951.

Ha sido un acuerdo gestado en tiempos discretos y pacientes, de recíproco y progresivo acercamiento. De hecho, sería imposible entender este hito en el camino recorrido, sin atender por ejemplo a la “Carta a los católicos chinos”, que el papa Benedicto XVI publicó en 2007. El empeño del Papa Francisco en esta ingente tarea ha sido de igual modo decisivo. Se trata ahora, como ha afirmado el Cardenal Parolín, Secretario de Estado de la Santa Sede, de un acuerdo para ayudar a las iglesias locales a tener mayor libertad.

José Morales Martín

 

 

Qué nos dejaron y qué dejaremos nosotros

 

                                En una de las muchas conferencias que he asistido (y que hoy han desaparecido quizá debido a tan altas “tecnologías”) y en las que luego había coloquio; aquel disertador afirmó: “Nuestra civilización no dejará restos notables, como las antiguas y por ejemplo la egipcia, griega o romana; la nuestra desaparecerá tragada por la tierra y el olvido, y a lo sumo dejará “cascotes” y restos sin sentido alguno; y si arqueólogos posteriores excavaran de nuevo, posiblemente al analizarlos, llegarían a la conclusión, de que esta tan avanzada (para nosotros) civilización, fue mucho más atrasada que la que presentaban los restos de las ya mentadas, egipcia, griega, romana, mesopotámica y otras similares, cuyos testigos principales fueron “piedras” muy trabajadas y elegidas en las que siendo de mayor dureza, perdurarían por muchos siglos, como así ha sido. Todo lo cual asombró a los arqueólogos cuando llegaron a entender de verdad todo cuanto hicieron en su tiempo”.

                                Creo que aquel conferenciante tenía bastante razón, puesto que vivimos en un sistema de “fabricar para destruir”; y lo que vamos dejando tras nuestro paso, simplemente son montañas de basuras, que aunque tarden en destruirse, al final las absorberá el planeta y desaparecerán; la mayoría de grandes edificaciones sólo dejarán, restos de bloques de cemento y algunos hierros retorcidos, que poco orientarían a aquellos hipotéticos arqueólogos de un lejano futuro, en que posiblemente otra raza de hombres serán quienes habiten este planeta; puesto que hay teorías de que no somos la primera raza de seres humanos que aquí surgió por el motivo que sea y por lógica, tampoco seremos la última. Recordemos la película “El planeta de los simios”, como una alegoría o premonición que puede pasar.

                                Por otra parte seguimos sostenidos en nuestra “pomposa civilización”, por la griega y la romana; la primera por cuanto ya fue dicho que “los griegos ya lo dijeron todo”; habiendo aún misterios sobre sus inventos y creaciones que no han podido averiguar los modernos; incluso en la egipcia también los hay y son anteriores.

                                Y en cuanto a la Latina o romana; en política seguimos con sus mismas organizaciones (provincia, municipio, senado, etc.); sus leyes aún han de estudiarlas los juristas y abogados de hoy; y de sus obras, aún los arquitectos e ingenieros, tienen que seguir copiando, sin lograr lo que lograron aquellos romanos con infinitos menos medios; no digamos en vías de comunicación e idiomas, cuando la mayoría de los imperantes hoy en el mundo, vienen de raíces tanto griegas como romanas.

                                Así es que seamos mucho menos orgullosos, por cuanto la realidad destruye ese orgullo, ya que nuestra civilización sigue siendo de esclavos, mendigos, desarraigados y de abusos de todo tipo, muchas veces incluso peores que los que hubieron en aquellas épocas, donde al menos, al individuo (el individuo verdadero) era motivo de admiración, emulación, reconocimiento y respeto que hoy no lo hay; se cultiva mucho más, lo sin valor (el ídolo de barro), lo efímero, lo que en realidad suelen ser “luces de bengala”, que si bien iluminan grandemente el momento de su eclosión, pero en realidad es el paso del deslumbramiento a las tinieblas más profundas.

                                De ahí la gran necesidad de Maestros; de verdaderos Maestros y no de tanto farsante e inepto, como en realidad son hoy todos los que presumen de dirigir los grandes países y en general este desorientado planeta, que nunca estuvo sumido en “tantos miedos” como hoy nos quieren inyectar; la vida es otra cosa, mucho más sencilla y por tanto generosa, de lo que hoy es. No se necesita tanto y tan brutal consumo, para al final; estar tan vacíos o desnudos, como lo estaban los hotentotes.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes