Las Noticias de hoy 06 Octubre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 06 de octubre de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

4ª sesión del Sínodo de la “alegría”, el “realismo” y la “escucha”

LA RAZÓN DE LA ALEGRÍA:Fernandez Carbajal

“¿Quieres de verdad ser santo?”: San Josemaria

Recuerdos de la canonización de San Josemaría

Caminos de contemplación: Juan Francisco Pozo - Rodolfo Valdés

¿Una Iglesia sin jóvenes?: Luis FernandoValdés

XXVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO: +Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres  

Las gracias siempre a Dios: Orlando Carmona

¿Qué entendemos por sedación paliativa?: Mª Dolores Espejo

La puerta estrecha: Daniel Tirapu

¡Ayúdalas a salir del Purgatorio!: Teresa García

Para qué son los Mandamientos: Mons. Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro

La esperanza del Cielo: Pedro Beteta López

Las Cruzadas fueron un acto de defensa, no de ataque

Cómo fomentar la fortaleza y la templanza en la familia: LaFamilia.info

Lo obvio que las feministas no quieren ver: Acción Familia

Situaciones sumamente vulnerables y frágiles.: Jesús D Mez Madrid

Perdón por los abusos de Pensilvania: Xus D Madrid

Las grietas de nuestras iglesias: Suso do Madrid

Ayuntamientos y otros dilapidadores: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Viernes 5 de octubre de 2018

El Evangelio de hoy (Lc 10,13-16) recoge el reproche de Jesús a la gente de Betsaida, Corozaín y Cafarnaúm, que no creyeron en Él a pesar de los milagros. Jesús está dolido por ser rechazado, mientras que ciudades paganas como Tiro y Sidón, si hubieran visto sus milagros, seguro que habrían creído. Y llora, porque esa gente no fue capaz de amar, mientras que Él quería llegar a todos los corazones, con un mensaje que no era un mensaje dictatorial, sino un mensaje de amor.

En el lugar de los habitantes de las tres ciudades, pongámonos nosotros, me pongo yo. Yo que he recibido tanto del Señor, he nacido en una sociedad cristiana, he conocido a Jesucristo, he conocido la salvación, he sido educado en la fe. Y con mucha facilidad me olvido de Jesús. En cambio, oímos noticias de otra gente que, en cuanto escucha el anuncio de Jesús, se convierte y lo sigue. Pero nosotros nos hemos acostumbrado. Y esa costumbre nos hace daño, porque reducimos el Evangelio a un hecho social, sociológico, y no a un trato personal con Jesús. Jesús me habla a mí, te habla a ti, habla a cada uno de nosotros. La predicación de Jesús es para cada uno de nosotros. ¿Cómo es posible que aquellos paganos que, apenas oyen la predicación de Jesús, se van con Él, y yo que he nacido aquí, en una sociedad cristiana, me acostumbro, y el cristianismo se vuelve en una costumbre social, una ropa que me pongo y luego me quito? Jesús llora por cada uno cuando vivimos el cristianismo formalmente, no realmente.

Si hacemos eso, somos un poco hipócritas, con la hipocresía de los justos. Está la hipocresía de los pecadores, pero la hipocresía de los justos es el miedo al amor de Jesús, el miedo a dejarse amar. Y en realidad, cuando hacemos eso, queremos gestionar nosotros el trato con Jesús: “Sí, yo voy a Misa, pero tú quédate en la Iglesia que yo voy a casa”.  Y Jesús se queda allí, en la Iglesia. O se queda en el crucifijo o en la estampita. Hoy puede ser para nosotros una jornada de examen de conciencia, con este estribillo: “Ay de ti, ay de ti, porque te he dado tanto, me he dado a mí mismo, te he escogido para ser cristiano, y tú prefieres una vida a medias, una vida superficial: un poco de cristianismo y de agua bendita, pero nada más”. En realidad, cuando se vive esa hipocresía cristiana, lo que hacemos es echar a Jesús de nuestro corazón. Fingimos tenerlo, pero lo hemos echado. Somos cristianos, orgullosos de ser cristianos, pero vivimos como paganos.

Que cada uno piense: “¿Soy Corozaín? ¿Soy Betsaida? ¿Soy Cafarnaúm?”. Y si Jesús llora, pedir la gracia de llorar nosotros también, con esta oración: “Señor, tú me has dado tanto. Mi corazón es tan duro que no te deja entrar. He pecado de ingratitud, soy un ingrato”. Y pidamos al Espíritu Santo que nos abra las puertas del corazón, para que Jesús pueda entrar, para que no solo oigamos a Jesús, sino que escuchemos su mensaje de salvación y demos gracias por tantas cosas buenas que ha hecho por cada uno de nosotros.

 

 

4ª sesión del Sínodo de la “alegría”, el “realismo” y la “escucha”

Briefing en la Oficina de Prensa de la Santa Sede

octubre 05, 2018 18:45Rosa Die AlcoleaEl Sínodo de los Obispos

(ZENIT – 5 oct. 2018).- Tras la 4ª Congregación General del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, se ha destacado a nivel general el aspecto de “escucha” y “empatía” que los Padres sinodales y el Papa, en representación de la Iglesia, muestran a los jóvenes, así como el tono “realista”, franco y directo de las intervenciones.

Este viernes, 5 de octubre de 2018, se ha celebrado en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el briefing informativo sobre la 4ª sesión de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo, en el que han participado Mons. Manuel Ochogavía Barahona, Padre Sinodal elegido por la Conferencia Episcopal de Panamá, Obispo de Colón-Kuna Yala; Mons. Anthony Colin Fisher, Padre sinodal elegido por Conferencia Episcopal de Australia, Arzobispo de Sydney; y la joven oyente Tahiry Malala Marion Sophie Rakotoroalahy, Presidenta Nacional de los Estudiantes Católicos en Madagascar.

Falta de pertenencia

Paolo Ruffini, Prefecto del Dicasterio de Comunicación de la Santa Sede, ha destacado en primer lugar, que esta cuarta sesión del Sínodo se ha hablado en distintas intervenciones del problema de la falta de pertenencia que sienten los jóvenes. “Es un problema que caracteriza a las sociedades de hoy. Estos jóvenes han tenido situaciones de guerra, droga, pobreza… La Iglesia se dirige a estos jóvenes como una Madre, como una casa”, y ha añadido que este aspecto “no puede considerarse como un problema, estos jóvenes no son problemas, son protagonistas”.

“Para la Iglesia la escucha no es un tema teológico, los jóvenes deben ser escuchados con el corazón del pastor. No se puede abordar esto con espíritu clerical o paternalista”, ha subrayado Ruffini.

El Prefecto de Comunicación ha indicado que “se ha hablado de lo atractivo que resulta el lujo, que nos priva de vivir en lo sencillo, en lo importante” y ha puesto un ejemplo que se ha dado en las intervenciones: “Hay jóvenes de Oriente que han ido a Occidente a estudiar o buscando un trabajo mejor y al final se han encontrado con que no podían vivir allí su verdadera vocación”.

Asimismo, se ha abordado la “importancia de la liturgia”, que debe tener un “papel más importante” hoy en la Iglesia para los jóvenes, ha enumerado el Prefecto.

Música y deporte

Algo muy importante para los jóvenes –ha señalado Ruffini– es “la música y el deporte”. Los jóvenes han dicho que se ven muy involucrados en estos dos ámbitos y la Iglesia “tiene que aprender a hablar en estos 2 lenguajes”.

También se han debatido en el Aula del Sínodo temas nuevos como la ecología o la era digital, y se ha afirmado que la Iglesia “debe acompañar a los jóvenes” en estos temas con un enfoque misericordioso.

Los “temas administrativos” son vistos por los jóvenes que participan en el Sínodo como una amenaza que “les aleja” de la vida ordinaria, de sus hijos, de sus hermanos… El trabajo excesivo… el ritmo de vida les alejan de sus familias. Esto puede ser un peligro para caer en las drogas o en el alcohol.

“Los jóvenes necesitan la oración, necesitan recdescrubir la oración mística, silenciosa. La Iglesia debe rezar por los jóvenes, ponerse a la escucha de los jóvenes” ha informado Paolo Ruffini.

Castidad prematrimonial

Un punto importante de debate hoy ha sido la “sexualidad y castidad prematrimonial y abstinencia prematrimonial: Tema que tiene relación con el tema de la madurez, esto puede ser motivo de fracaso en lo sucesivo para una pareja”, ha explicado Ruffini. “”Se ha hablado de las relaciones entre los jóvenes y se dijo que este tema merece una reflexión profunda

La figura del padre es una figura que “está desapareciendo” y la figura de la madre “también peligra”, ha observado Ruffini. “Se habló del rol de la figura del padre. Se ha dicho que ahora es la figura del padre el que transmite la fe, más que la de la madre”.

Tradición oral

La necesidad de las homilías, como referencia para los jóvenes, también se ha tratado esta mañana en el Sínodo de los Obispos. En lo q se refiere a la escucha, los padres de África subrayaron la cultura de la tradición oral, dijeron que “se está perdiendo, la importancia de la conversación, hablar con los jóvenes, escuchar a los jóvenes y que los jóvenes escuchen también a las personas mayores, para que no se pierda esa memoria”.

Padre sinodal de Panamá

Mons. Manuel Ochogavía está participando por primera vez en el Sínodo de los Obispos, y valora muy positivamente el Instrumentum laboris del Sínodo, con el que –dice– “hemos comenzado con muy buen pie” la Asamblea, puen el documento “vemos reflejada la vida y la historia de estos jóvenes, un maravilloso punto de partida”, ha indicado agradeciendo al Papa y a los organizadores su dedicación para la preparación del “instrumento”.

Sínodo de la alegría

Este es el “Sínodo de la alegría” ha destacado el padre sinodal de Panamá. Se percibe un “ambiente de apertura, de diálogo, de alegría”, ha descrito. Una alegría “que nos abre a la esperanza, al diálogo y sobre todo, a la escucha”, ha señalado.

“Para mí fue importante aportar algo desde Panamá y Latinoamérica”, ha revelado el obispo. “Desde hace muchas décadas, hacemos un itinerario formativo de la Pastoral juvenil, en red, que trabaja en equipo, que se comunica, y ha dado buenos resultados de trabajo”.

Preparación para la JMJ

“Para nosotros es importante este Sínodo, ya que estamos preparándonos para la JMJ –ha reconocido Mons. Ochogavía– que va a determinar mucho como será después con los jóvenes en Panamá”.

El obispo de Colón ha declarado que espera recoger muchos frutos de encuentros como este, que enseñará “muchas tareas de cómo podemos acompañar y ayudar a los jóvenes”.

El obispo de Panamá cree que hay “generar nuevos diálogos y nuevas formas de encuentro” con los jóvenes. Es un “opción preferencial para los jóvenes”: para que se de esa ocasión de conversión, y de empatía, de compasión, hay que sentir con los jóvenes, comprenderlos, ha dicho.

Es un proceso de acompañamiento que permita “reconocer la realidad con los jóvenes”. Y ha concluido advirtiendo que no podemos dejar a los jóvenes en manos de cualquiera, “no podemos permitir que se les siga manipulando, hay que buscar que ellos crezcan libres”. 

Mons. Anthony Colin Fisher

Al Arzobispo de Sidney le dijeron una vez que para tratar a los jóvenes, una buena fórmula puede empezar diciendo: “Hola, ¿qué tal?”. Meses después, Mons. Anthony Colin Fisher fue elegido como responsable para organizar la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney, eso fue una “oportunidad muy grande” para nuestra Iglesia, ha asegurado.

El Arzobispo se ha presentado así para describir su aportación a este Sínodo: “Yo traigo a este Sínodo mi experiencia en la JMJ, también hay que tener en cuenta la grave crisis que tuvimos en la Iglesia de Australia, de abusos sexuales. “Hemos vivido ese periodo de sufrimiento y ahora de purificación”, ha expresado.

En la Iglesia australiana, ha relatado Mons. Anthony Colin, siguen tratando de descubrir una “identidad” para integrar a todos en la Iglesia: “es un tema muy delicado, los jóvenes han sido privados de su juventud, también ahora vemos como crecen estos jóvenes en familias donde el padre o la madre están ausentes, etc”.

“Yo creo que la gran riqueza de la Iglesia que está en el mundo entero, es que todos los jóvenes, sean quienes sean, pueden encontrar su casa en la Iglesia”, ha afirmado.

Realismo en las intervenciones

Otros dos puntos que el Arzobispo de Sydney ha valorado: El realismo y el cariño que se respiran en el Sínodo de los Obispos.

“Todos pueden hablar de una manera muy franca, muy clara. Todos los jóvenes pueden estar orgullosos, yo quiero que todos los jóvenes vean todo esto. Les hemos escuchado, y debemos de ser realistas, reconocer nuestros fracasos (tema de la sexualidad, por ejemplo), los motivos por los que los jóvenes se sintieron apartados”.

Pero también tenemos muchas fortalezas, ha añadido: Nosotros comunicamos, transmitimos el Evangelio y es “una aventura para estos jóvenes descubrir el Evangelio, por eso los problemas no deben quitarnos entusiasmo”.

Cariño de los participantes

En cuanto al “cariño”, Mons. Colin ha explicado que se nota el “cariño de los jóvenes con nosotros”. Lo ha contado con un ejemplo: “Cada vez que un joven toma la palabra y se dirige a nosotros, se nota el cariño, aunque lo que digan sea difícil, pero lo dicen con sinceridad, se nota el cariño”.

“Esperanza de los jóvenes y para los jóvenes, no solo se habla de los desafíos y de los retos, también se habla de caminos enriquecedores, de la música, del deporte…. Por ejemplo, los medios, herramientas, que nos permitan acercarnos a ellos. Nos tenemos que acostumbrar a sus lenguajes y a sus herramientas”, ha asegurado el Padre sinodal de Australia.

El ejemplo del Papa

“Dios se hizo joven y así nos renueva, nos acerca a ese mundo” ha recordado el Arzobispo de Australia.

El Arzobispo de Sydney ha terminado valorando la actitud del Papa Francisco: “He observado a nuestro Santo Padre, tiene una cierta edad. Al principio vino a darnos la bienvendia, permanece con nosotros, no puede dormirse, está muy atento a todo y apunta muchas cosas, y esto es para mí un ejemplo porque ya tiene una edad”.

Joven de Madagascar

La joven Sophie Rakotoroalahy, de Madagascar, ha destacado la “importancia del diálogo”. “Ahora estamos un poco desanimados… desalentados, los jóvenes a veces se dirigen a las sectas. Y las sectas en Madagascar son cada vez más comunes, es un problema”, ha expresado.

Necesitamos jóvenes involucreados en esta vida pastoral, esperamos que los jóvenes puedan ser escuchados por los mayores, y los mayores también por los jóvenes.

Asimismo, ha observado la necesidad de un contexto para que los jóvenes puedan ser amados: “nosotros necesitamos ser acompañados para construir un futuro mejor, y para construir juntos una nueva generación, y esto es lo que esperamos de este Sínodo, el Sínodo es el punto de partida, no el final, ni mucho menos”

La oyente de Madagascar ha agradecido al Papa por escucharles y por dedicarles este “precioso tiempo”.

Papel de las mujer 

El Padre sinodal de Panamá, Manuel Ochogavía, ha respondido a una pregunta de los periodistas en la rueda de prensa, sobre el papel de la mujer en la Iglesia, en los espacios públicos y ámbitos internacionales.

El Obispo de Colón-Kuna Yala ha señalado que el Sínodo nos está abriendo caminos, no todo se va a solucionar en el Sínodo. El Sínodo nos está marcando una hoja de rutas. Es un tema que no lo podemos dejar de lado”.

Este es un punto que está en el Instrumentum Laboris marcado como un punto para hablar, ha confesado. “Creo que ahí hay mucho que hacer… en cuanto a la paridad, a la igualdad de salarios… Hay sociedades donde la mujer no tiene acceso a la educación ni al trabajo. Es verdad que depende del país o zona geográfrica, hay diferentes maneras de entenderlo, porque depende mucho del contexto cultural. En la Iglesia esto pasa igual”, ha asegurado.

 

LA RAZÓN DE LA ALEGRÍA

— Abiertos a la alegría.

— La esencia de la alegría. Dónde encontrarla.

— Santa María, Causa de nuestra alegría.

I. El Evangelio de la Misa1 resalta la alegría de los setenta y dos discípulos, cuando vuelven de predicar por todas partes la llegada del Reino de Dios. Con toda sencillez le dicen a Jesús: hasta los demonios se nos someten en tu nombre. El Maestro participa también de este gozo: Veía a Satanás caer como un rayo. Pero a continuación les advierte: Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño. Sin embargo -les previene-, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad contentos porque vuestras nombres están escritos en el Cielo.

Jesús pronunciaría estas palabras lleno de un gozo radiante, comunicativo, externo. Enseguida estalló en un canto de júbilo y de agradecimiento: En aquel mismo momento se llenó de gozo del Espíritu Santo y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, pues así fue tu beneplácito.

Los discípulos recordarían siempre aquel momento con todas las circunstancias que lo rodearon: sus confidencias al Maestro, relatándole sus primeras experiencias apostólicas; su dicha al sentirse instrumentos del Salvador; el rostro resplandeciente de Jesús; su canto de júbilo y de agradecimiento a su Padre celestial... y aquellas palabras inolvidables: alegraos porque vuestros nombres están escritos en el Cielo. La esperanza de la bienaventuranza, el permanecer siempre junto a Dios, es la fuente inagotable de la alegría. Al entrar en la gloria eterna, si somos fieles, escucharemos de boca de Jesús estas inefables palabras: entra en el gozo de tu Señor2.

Aquí en la tierra, cada paso que damos hacia Cristo nos acerca a la felicidad verdadera. No hay felicidad estable fuera de Dios. Y, a la vez, el gozo del cristiano presupone el esfuerzo paciente para reconocer las alegrías naturales, sencillas, que el Señor pone en nuestro camino: «la alegría de la existencia y de la vida; la alegría del amor honesto y santificado; la alegría tranquilizadora de la naturaleza y del silencio; la alegría a veces austera del trabajo esmerado; la alegría y satisfacción del deber cumplido; la alegría transparente de la pureza, del servicio, del saber compartir; la alegría exigente del sacrificio. El cristiano podrá purificarlas, completarlas, sublimarlas: no puede despreciarlas. La alegría cristiana supone un hombre capaz de alegrías naturales»3. Muchas veces, el Señor se sirvió de estos gozos de la vida corriente para anunciar las maravillas del Reino: la alegría del sembrador y del segador; la del hombre que halla el tesoro escondido; la del pastor que encuentra una oveja perdida; el gozo de los invitados a un banquete; el júbilo de las bodas; el profundo gozo del padre que recibe a su hijo; el de una mujer que acaba de dar a luz a un niño...

El discípulo de Cristo no es un hombre «desencarnado», distanciado de lo humano, como no lo fue el Maestro. Nuestros amigos, quienes conviven con nosotros, nos han de notar cada vez más abiertos, con más capacidad para hacernos cargo de esas pequeñas alegrías nobles y limpias que Dios pone en nuestro camino para hacerlo más suave. Esta disposición estable supondrá en muchos momentos sacrificio y mortificación para vencer otros estados de ánimo o el cansancio.

II. La alegría es el amor disfrutado; es su primer fruto4. Cuanto más grande es el amor, mayor es la alegría. Dios es amor5, enseña San Juan; un Amor sin medida, un Amor eterno que se nos entrega. Y la santidad es amar, corresponder a esa entrega de Dios al alma. Por eso, el discípulo de Cristo es un hombre, una mujer, alegre, aun en medio de las mayores contrariedades. En él se cumplen a la perfección las palabras del Maestro: Y Yo os daré una alegría que nadie os podrá quitar6. En muchas ocasiones se ha escrito con verdad que «un santo triste es un triste santo», Quizá sea la alegría lo que distingue las virtudes verdaderas de las falsas, que solo tienen el aspecto o la apariencia de virtud.

Cuando en el primer Mandamiento nos exige el Señor que le amemos con todo el corazón, con toda el alma y con todo nuestro ser... nos está llamando al gozo y a la felicidad. Él mismo se nos entrega: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada7. A la vez, sin la alegría que este Mandamiento provoca, todos los demás son a la larga difíciles o imposibles de cumplir8.

En el campo de las realidades humanas, el Señor nos pide ese pequeño esfuerzo para desechar un gesto adusto o evitar una palabra destemplada cuando quizá estamos cansados o con menos fuerzas para sonreír, pero «la alegría humana no puede mandarse. La alegría es fruto del amor, y no a todo el mundo se le otorga un amor humano capaz de mantener una alegría permanente. Y no solamente esto, sino que, por su naturaleza, el amor humano es con mayor frecuencia fuente de tristeza que de alegría (...). Pero en el campo cristiano no sucede así. Un cristiano que no ame a Dios es inexcusable, y un cristiano al que no brinde alegría el amor de Dios es que no ha comprendido lo que el amor le da. Para un cristiano la alegría es algo natural porque es propiedad esencial de la más importante virtud del cristianismo, es decir, del amor. Entre la vida cristiana y la alegría hay una necesaria relación de esencia»9. También suele existir idéntica relación entre tristeza y tibieza, entre tristeza y egoísmo, entre tristeza y soledad.

La alegría se aumenta, o se recupera si se hubiera perdido, con la oración verdadera, cara a cara con Jesús, «sin anonimato»; con la sinceridad; con la entrega a los demás, sin esperar recompensa; y mediante la Confesión frecuente, que «sigue siendo una fuente privilegiada de santidad y de paz»10. En resumen, «la condición del gozo auténtico es siempre la misma: que queramos vivir para Dios y, por Dios, para los demás. Digámosle al Señor que sí, que queremos, que no deseamos más que servir con alegría. Si procuráis comportaros así, vuestra paz interior y vuestra sonrisa, vuestro garbo y buen humor, serán luz poderosa de la que Dios se servirá para atraer a muchas almas hacia Él. Dad testimonio de la alegría cristiana, descubrid a cuantos os rodean cuál es vuestro secreto: estáis alegres porque sois hijos de Dios, porque le tratáis, porque lucháis por ser mejores y por ayudar a los demás y porque cuando se quiebra el gozo de vuestra alma acudís con prontitud al Sacramento de la alegría, en el que recuperáis el sentido de vuestra fraternidad con todos los hombres»11.

III. Desde hace veinte siglos la fuente de la alegría no ha cesado de manar en la Iglesia. Llegó con Jesús y la dejó a su Cuerpo Místico, En este tiempo, las criaturas más alegres han sido las que han estado más cerca de Jesús. Por eso no habrá nunca nadie más alegre que María, la Madre de Jesús, y Madre nuestra. Si Ella es la llena de gracia12 –llena de Dios–, es también la que posee la plenitud de la alegría. Estar cerca de la Virgen es vivir dichoso. Lo mismo que desborda su gracia, lleva su alegría a todas partes. «¿Qué tendrán la voz y las palabras de María que generan una felicidad siempre nueva? Son como una música divina que penetra hasta lo más hondo del alma llenándola de paz y de amor. Cuantas veces rezamos el Santo Rosario la llamamos Causa de nuestra alegría. Y lo es porque es portadora de Dios. Hija de Dios Padre, es portadora de la ternura infinita de Dios Padre. Madre de Dios Hijo, es portadora del Amor hasta la muerte de Dios Hijo. Esposa de Dios Espíritu Santo, es portadora del fuego y del gozo del Espíritu Santo. A su paso el ambiente se transforma: la tristeza se disipa; las tinieblas ceden el paso a la luz; la esperanza y el amor se encienden... ¡No es lo mismo estar con la Virgen que sin Ella! No es lo mismo, no, rezar el Rosario que no rezarlo...»13. Procuremos esmerarnos en rezarlo bien en este mes de octubre en que la Iglesia nos mueve a ir especialmente a Nuestra Madre del Cielo a través de esta devoción mariana. Procuremos poner santas intenciones al rezarlo en este sábado en el que, como tantos cristianos, procuramos tenerla más presente y ofrecer en su honor alguna pequeña mortificación. Pidámosle hoy que con nuestra alegría sepamos llevar a Dios a nuestros amigos, a los parientes. Ella, Causa de nuestra alegría, nos recordará siempre que dar alegría y paz –el gaudium cum pace, que jamás debemos perder– es una de las mayores muestras de caridad, el tesoro más valioso que tenemos, y muchas veces nuestra primera obligación en un mundo frecuentemente triste porque busca la felicidad donde no está.

1 Lc 10, 17-24. — 2 Mt 25, 21. — 3 Pablo VI, Exhort. Apost. Gaudete in Domino, 9-V-1975. — 4 Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 24, a. 5. 5 1 Jn 4, 8. — 6 Jn 16, 22. — 7 Jn 14, 23. — 8 Cfr. P. A. Reggio, Espíritu sobrenatural y buen humor, Rialp, 2ª ed., Madrid 1966, p. 34. — 9 Ibídem, pp. 35-36. — 10 Pablo VI, loc. cit.11 A. del Portillo, Homilía a los participantes en el jubileo de la juventud, 12-IV-1984. — 12 Lc 1, 28. — 13 A. Orozco, Mirar a María, pp. 239-240.

 

“¿Quieres de verdad ser santo?”

¿Quieres de verdad ser santo? -Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces. (Camino, 815)

Tienes obligación de santificarte. -Tú también. -¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: "Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto". (Camino, 291)
Rectificar. -Cada día un poco. -Esta es tu labor constante si de veras quieres hacerte santo. (Camino, 290)
Ser fiel a Dios exige lucha. Y lucha cuerpo a cuerpo, hombre a hombre –hombre viejo y hombre de Dios–, detalle a detalle, sin claudicar. (Surco, 126)
Hoy no bastan mujeres u hombres buenos. –Además, no es suficientemente bueno el que sólo se contenta con ser casi... bueno: es preciso ser "revolucionario". Ante el hedonismo, ante la carga pagana y materialista que nos ofrecen, Cristo quiere ¡anticonformistas!, ¡rebeldes de Amor! (Surco, 128)
Si no es para construir una obra muy grande, muy de Dios –la santidad–, no vale la pena entregarse.
Por eso, la Iglesia –al canonizar a los santos– proclama la heroicidad de su vida. (Surco, 611)

 

Recuerdos de la canonización de San Josemaría

El 6 de octubre de 2002, Juan Pablo II canonizó al fundador del Opus Dei, a quien definió como «el santo de la vida ordinaria».

Noticias05/10/2018

Opus Dei - Recuerdos de la canonización de San JosemaríaLa Plaza de San Pedro en la ceremonia de canonización de san Josemaría.

6 de octubre: Ceremonia de canonización de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

Homilía del Papa Juan Pablo II en la canonización de Josemaría Escrivá.

• Mons. Javier Echevarría: «Le pido a san Josemaría que experimentemos la alegría de seguir a Jesucristo».

Bula de la canonización del Beato Josemaría.

Respuesta de Mons. Echevarría a un periodista sobre la canonización del fundador del Opus Dei.

Galerías fotográficas

Un 6 de octubre en Roma (Galería de fotos).

Vídeos

• Resumen de las jornadas de la canonización: El santo de lo ordinario (22 min).

• San Josemaría, canonizado el 6 de octubre de 2002, predicó desde 1928 que todos —hombres y mujeres, solteros y casados, intelectuales y campesinos— estamos llamados a la santidad. Su imagen en el Vaticano sigue recordando a millares de cristianos ese mensaje.

• La Iglesia prelaticia: Santa María de la Paz.

• Documental: San Josemaría, un regalo de Dios.

Audios Juan Pablo II habla de San Josemaría.

Artículos en L´Osservatore Romano

• Card. Ratzinger: Dejar obrar a Dios.

• Margaret Ogola: Las enseñanzas de Josemaría Escrivá en un contexto africano.

7 de octubre. Misa de Acción de gracias

Homilía de Mons. Echevarría.

Saludo de mons. Echevarría al Papa en la audiencia posterior a la Santa Misa.

• Audiencia de Juan Pablo II: San Josemaría: el santo de lo ordinario.

Misas de acción de gracias y final de las jornadas de la canonización

Homilía de Mons. Javier Echevarría del 10 de octubre.

Las reliquias de san Josemaría vuelven a Santa María de la Paz.

San Josemaría, en el Vaticano: El Papa bendice una imagen de san Josemaría (2005).

Dossier informativo sobre la canonización de San Josemaría Escrivá de Balaguer

1) Josemaría Escrivá.

2) Cronología de la causa de canonización.

3) El sentido de una canonización.

4) El Consistorio Ordinario Público de Cardenales y el proceso de canonización.

5) Datos sobre la causa de canonización de Josemaría Escrivá.

6) Una canonización esperada con alegría por los obispos españoles.

7) Testimonio de personalidades.

8) La Iglesia se alegra en el centenario de Josemaría Escrivá.


Oración estampa para rezar a Dios por intercesión de San Josemaría

 

Caminos de contemplación

Adentrarse por caminos de contemplación significa dejar obrar al Espíritu Santo para que Él refleje en nosotros la faz de Cristo en todas las situaciones de nuestra vida.

Vida espiritual29/04/2018

Opus Dei - Caminos de contemplación

Una de las actitudes que los Evangelios resaltan más de Jesús mientras cumple su misión es la frecuencia con la que acude a la oración. El ritmo de su ministerio está, en cierto sentido, marcado por los momentos en que se dirige al Padre. Jesús se recoge en oración antes de su Bautismo (cfr. Lc 3,21), la noche previa a la elección de los Doce (cfr. Lc 6,12), en el monte antes de la Transfiguración (cfr. Lc 9,28), en el Huerto de los Olivos mientras se prepara para enfrentar la Pasión (cfr. Lc 22,41-44). El Señor dedicaba mucho tiempo a la oración: al anochecer, o la noche entera, o muy de madrugada, o en medio de jornadas de intensa predicación; en realidad oraba constantemente, y recomendó repetidamente a los discípulos «la necesidad de orar siempre y no desfallecer» (Lc 18,1).

¿Por qué ese ejemplo y esa insistencia del Señor? ¿Por qué es necesaria la oración? En realidad, esta responde a los deseos más íntimos del hombre, que ha sido creado para entrar en diálogo con Dios y contemplarle. Pero la oración es, sobre todo, un don de Dios, un regalo que Él nos ofrece: «el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, el caminar del hombre es siempre una respuesta»[1].

Para imitar a Cristo y participar de su Vida, es imprescindible ser almas de oración. A través de la contemplación del Misterio de Dios, revelado en Jesucristo, nuestra vida se va transformando en la suya. Se hace realidad aquello que san Pablo comentaba a los corintios: «Todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, vamos siendo transformados en su misma imagen, cada vez más gloriosos, conforme obra en nosotros el Espíritu del Señor» (1 Cor 3,18). Al igual que san Pablo, todos los cristianos estamos llamados también a reflejar en el rostro la faz de Cristo: en esto consiste ser apóstoles, en ser mensajeros del amor de Dios, que se experimenta en primera persona durante los ratos de oración. Se entiende, por tanto, la actualidad de la invitación a «adentrarse más en la oración contemplativa en medio del mundo, y ayudar a los demás a ir por caminos de contemplación[2]»[3].

Acoger el don de Dios

El apóstol crece al ritmo de la oración, la renovación personal en el impulso evangelizador parte de la contemplación. El Papa recuerda que: «La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es con­templarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cau­tivarnos una y otra vez»[4]. Por eso, es fundamental desarrollar «un espíritu contemplativo, que nos permita redescu­brir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás»[5].

Ser mensajero del amor de Dios implica un encuentro previo con Él, que se extiende en los ratos de oración personal

Los Evangelios nos presentan a distintos personajes a los que, el encuentro con Cristo, cambia su vida y les convierte en portadores del mensaje salvador del Señor. Uno de ellos es la mujer samaritana que, como relata san Juan, va simplemente a buscar agua al pozo junto al que Jesús está sentado, descansando. Y es Él quien comienza el diálogo: «Dame de beber» (Jn 4,10). A primera vista, la samaritana no se muestra muy dispuesta a continuar la conversación: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Jn 4,9). Pero el Señor le hace ver que, en realidad, Él es ese agua que ella busca: «Si conocieras el don de Dios… (Jn 4,10), el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna…» (Jn 4,14). Después, una vez traspasado el corazón de la samaritana, le revela con claridad y sencillez que conoce su pasado (cfr. Jn 4,17-18), pero con tal amor que ella no se siente desanimada ni rechazada. Todo lo contrario: Jesús le hace participar de un universo nuevo, le hace entrar en un mundo que vive con esperanza, pues ha llegado el momento de la reconciliación, el momento en que se abren las puertas de la oración para todos los hombres: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. (...) Llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad» (Jn 4,21.23).

En el diálogo con Jesús, la samaritana descubre la verdad de Dios y la de su propia vida. Acoge el don de Dios y se convierte radicalmente. Por eso, la Iglesia ha visto en este pasaje evangélico una de las imágenes más sugerentes sobre la oración: «Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él»[6]. La oración es una manifestación de la iniciativa de Dios, que sale en búsqueda del hombre, y espera su respuesta para transformarlo en su amigo. En ocasiones, parece que es uno quien toma la iniciativa de dedicar a Dios un tiempo de oración, pero, en realidad, esto es ya una respuesta a su llamada. La oración se vive como un llamamiento recíproco: Dios me busca y me espera, y yo necesito de Dios y le busco.

Tiempo para Dios

El hombre tiene sed de Dios, aunque con frecuencia no lo sepa reconocer, e incluso rechace acudir a las fuentes de agua viva, que son los momentos dedicados a la oración. La historia de la samaritana, en este sentido, se repite en muchas almas: Jesús que pide un poco de atención, que intenta suscitar un diálogo dentro del corazón, en un momento que quizá parece inoportuno. ¡Da la impresión de que esos minutos diarios son demasiados, que no hay espacio en una agenda tan apretada! Pero, cuando uno se deja meter por el Señor en ese diálogo contemplativo, entonces se descubre que la oración no es algo que yo hago por Dios sino, sobre todo, un don que Dios me concede y que yo simplemente acojo.

Al abordar el Evangelio con amor, su belleza nos asombra y nos vuelve a cautivar una y otra vez (Papa Francisco)

Dedicar tiempo al Señor no es simplemente una tarea entre otras, una carga más en un horario muchas veces exigente. Es acoger un regalo infinitamente valioso, una perla preciosa o un tesoro escondido en la normalidad de la vida ordinaria, que necesitamos cuidar con delicadeza.

La elección del momento de la oración depende de una voluntad que quiere dejarse conquistar por el Amor: no se hace oración cuando se tiene tiempo, sino que se toma el tiempo para hacer la oración. Cuando uno supedita la oración a los huecos que aparezcan en su horario, posiblemente no conseguirá hacerla con regularidad. La elección del momento es reveladora de los secretos del corazón: manifiesta el lugar que ocupa el amor a Dios en la jerarquía de nuestros intereses diarios[7].

Orar es siempre posible: el tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado, que está con nosotros todos los días (cfr. Mt 28,20). La tentación más frecuente para apartarnos de la oración es una cierta falta de fe, que se manifiesta en unas preferencias de hecho: «Se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se consideran más urgentes; una vez más, es el momento de la verdad del corazón y de clarificar preferencias»[8]. El Señor es lo primero. Por este motivo, es muy conveniente determinar el horario adecuado para la oración, quizá aconsejándose en la dirección espiritual, para adaptar ese plan a las circunstancias personales.

San Josemaría hizo muchos ratos de oración en el coche, durante los viajes que realizaba por motivos apostólicos; en el tranvía, o caminando por las calles de Madrid, cuando no tenía otra posibilidad. Quienes tienen que santificarse en medio de la vida ordinaria pueden encontrarse en situaciones parecidas: un padre o una madre de familia, algunas veces quizás no tendrán otra opción que orar al Señor mientras atienden a los hijos pequeños: será muy grato a Dios. En todo caso, recordar que el Señor nos espera, y tiene preparadas las gracias que necesitamos para ofrecérnoslas en la oración, puede ayudar en la elección del tiempo y lugar más propicios.

El combate de la oración

Considerar que la oración es un arte, implica reconocer que siempre se puede crecer en ella, dejando actuar cada vez más a la gracia de Dios en nuestras almas. En este sentido, la oración también es combate[9]. Es lucha, en primer lugar, contra nosotros mismos. Las distracciones invaden la mente cuando intentamos crear el silencio interior. Estas nos descubren aquello a lo que el corazón está apegado y pueden convertirse en una luz para pedirle ayuda a Dios[10].

La oración no es más que el encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre

Nuestro tiempo está marcado por la multiplicación de las posibilidades tecnológicas que facilitan la comunicación en muchos sentidos, pero que también aumentan las ocasiones de distracción. Se puede decir que nos encontramos ante un nuevo reto para el crecimiento de la vida contemplativa: aprender a vivir el silencio interior rodeado de mucho ruido exterior. En tantos ámbitos se percibe la primacía de la gestión sobre la reflexión o el estudio; nos hemos habituado a trabajar en multi-tasking, prestando atención simultánea a muchas tareas, lo que fácilmente puede llevar a vivir en el inmediatismo de la acción-reacción. Sin embargo, ante este panorama, se han revalorizado algunas actitudes como la atención o la concentración, que se presentan como un modo de proteger la capacidad de detenerse y profundizar en lo que realmente vale la pena.

El silencio interior se presenta como una condición necesaria para la vida contemplativa. Nos libera del apegamiento a lo inmediato, a lo fácil, a lo que distrae pero no llena, de modo que nos podamos centrar en nuestro verdadero bien: Jesucristo, que nos sale al encuentro en la oración.

El recogimiento interior implica un movimiento que va de la dispersión en muchas actividades, hacia la interioridad. Ahí es más sencillo encontrar a Dios, y reconocer su presencia en lo que Él hace cotidianamente en nuestras vidas –detalles del día a día, luces recibidas, actitudes de otras personas–,y así poder manifestarle nuestra adoración, arrepentimiento, petición, etc. Por eso, el recogimiento interior es fundamental para un alma contemplativa en medio del mundo: «La verdadera oración, la que absorbe a todo el individuo, no la favorece tanto la soledad del desierto, como el recogimiento interior»[11].

A la búsqueda de luces nuevas

La oración, al ser también búsqueda del hombre, implica el deseo de no conformarse con un modo rutinario de dirigirse al Señor. Si todas las relaciones duraderas implican el afán continuo de renovar el amor, la relación con Dios que se fragua especialmente en los momentos dedicados exclusivamente a Él, también debería caracterizarse por este deseo.

«En tu vida, si te lo propones, todo puede ser objeto de ofrecimiento al Señor, ocasión de coloquio con tu Padre del Cielo, que siempre guarda y concede luces nuevas»[12]. Ciertamente, esas luces el Señor las concede contando con la búsqueda apasionada de sus hijos, con la disposición de escuchar con sencillez la palabra que nos dirige, dejando de lado la idea de que ya no hay nada nuevo por descubrir. En esto, es un ejemplo la actitud de la samaritana junto al pozo: aunque su vida de fe estaba enfriada, guardaba dentro de su corazón el deseo de la llegada del Mesías.

Esta aspiración se traducirá en volver a llevar los sucesos diarios al diálogo con el Señor, pero sin pretender conseguir una solución inmediata y a nuestra medida. Es más importante pensar qué quiere el Señor: tantas veces, lo único que espera es que nos pongamos con sencillez enfrente de Él, y que hagamos una memoria agradecida de todo aquello que el Espíritu Santo está obrando silenciosamente en nosotros. O, quizá, implicará también volver a tomar los Evangelios y contemplar con calma la escena y participar en ella «como un personaje más»[13], para dejarse interpelar por Cristo. Alimentar la oración es también partir en nuestro diálogo con el Señor de los textos que la Iglesia pone en nuestros labios en la liturgia que hemos celebrado ese día. Las fuentes de la oración son inagotables: si sabemos acudir a ellas con ilusión nueva, el Espíritu Santo hará el resto.

Cuando no se encuentran las palabras

Con todo, en algunas ocasiones, ocurrirá que, a pesar del esfuerzo, uno no consigue entablar un diálogo con Dios. Cómo consuela, entonces, recordar aquella indicación del Señor: «al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que piensan que por su locuacidad van a ser escuchados» (Mt 6,7). Es el momento de volver a confiar en la acción del Espíritu Santo en el alma, que «acude en ayuda de nuestra flaqueza: porque no sabemos lo que debemos pedir como conviene; pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8,26).

La oración es significativa: incide e ilumina nuestra vida, abriendo nuestro entorno a una perspectiva sobrenatural

Al hilo de las palabras de san Pablo a los Romanos, Benedicto XVI describía cuál es la actitud de abandono que impregna a la oración: «Queremos orar, pero Dios está lejos, no tenemos las palabras, el lenguaje, para hablar con Dios, ni siquiera el pensamiento. Solo podemos abrirnos, poner nuestro tiempo a disposición de Dios, esperar que él nos ayude a entrar en el verdadero diálogo. El Apóstol dice: precisamente esta falta de palabras, esta ausencia de palabras, incluso este deseo de entrar en contacto con Dios, es oración que el Espíritu Santo no sólo comprende, sino que lleva, interpreta ante Dios. Precisamente esta debilidad nuestra se transforma, a través del Espíritu Santo, en verdadera oración, en verdadero contacto con Dios»[14] .

No hay motivos, por tanto, para desanimarse si se siente la dificultad de mantener un diálogo con el Señor. Cuando el corazón parece que está a disgusto con las realidades espirituales, el tiempo de meditación se hace largo, el pensamiento divaga en otras cosas, o la voluntad se resiste y el corazón está seco, quizá nos sirvan las siguientes consideraciones:

«La oración –recuérdalo– no consiste en hacer discursos bonitos, frases grandilocuentes o que consuelen...

Oración es a veces una mirada a una imagen del Señor o de su Madre; otras, una petición, con palabras; otras, el ofrecimiento de las buenas obras, de los resultados de la fidelidad...

Como el soldado que está de guardia, así hemos de estar nosotros a la puerta de Dios Nuestro Señor: y eso es oración. O como se echa el perrillo, a los pies de su amo.

—No te importe decírselo: Señor, aquí me tienes como un perro fiel; o mejor, como un borriquillo, que no dará coces a quien le quiere»[15].

La fuente que cambia el mundo

La vida de oración nos abre las puertas al trato con Dios, relativiza los problemas a los que a veces damos una importancia desmesurada, nos recuerda que estamos siempre en manos de nuestro Padre del Cielo. Sin embargo, esta no nos aísla del mundo, ni es una escapatoria para los problemas diarios. La verdadera oración es significativa: incide en nuestra vida, la ilumina, y nos abre a nuestro entorno con una perspectiva sobrenatural: «Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios»[16].

En la oración, el Señor no quiere apagar únicamente nuestra sed, sino que esa experiencia nos lleve a compartir la alegría del trato con Él. Es lo que sucedió en el corazón de la samaritana: después del encuentro con Jesús, se apresura a darlo a conocer a la gente de su entorno: «Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho» (Jn 4,39). Señal de la oración auténtica es el deseo de compartir la experiencia de Cristo con los demás, porque «¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer?»[17].

Santa María es Maestra de oración. Ella, que supo guardar las cosas de su Hijo, meditándolas en su corazón (cfr. Lc 2,51), acompaña a los discípulos de Jesús en la oración (cfr. Hch 1,14), mostrándoles el camino para recibir con plenitud el don del Espíritu Santo, que los hará lanzarse a la aventura divina de la evangelización.

Juan Francisco Pozo - Rodolfo Valdés


[1]Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2567.

[2] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 67.

[3] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[4] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 264.

[5]Ibidem.

[6] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2560. Cfr. San Agustín, De diversis quaestionibus octoginta tribus, 64, 4: CCL 44 A140 (PL 40, 56).

[7] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2710.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2732.

[9] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2725 y ss.

[10] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2729.

[11] San Josemaría, Surco, 460.

[12] San Josemaría, Forja, 743.

[13]Amigos de Dios, n. 222.

[14] Benedicto XVI, Audiencia general, 16 de mayo de 2012.

[15] Forja, n. 73.

[16] San Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, n. 33.

[17] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 264.

 

¿Una Iglesia sin jóvenes?

Luis FernandoValdés

Inicia el sínodo de los obispos para hablar de la vinculación de los jóvenes con la Iglesia, en un momento en que los escándalos están ahuyentando de la fe a las nuevas generaciones. ¿Cómo podrá el Papa volver a acercar a los jóvenes a la Iglesia?

  1. Un contexto complejo. En medio de una crisis mundial por las denuncias de abuso sexual, inicia el Sínodo de Obispos de la Iglesia católica cuyos temas centrales son los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

Durante la reciente visita apostólica a Estonia, Francisco reconoció que la “Iglesia debe renovar su vínculo con los jóvenes y escuchar mejor”. El Pontífice lamentaba que los recientes escándalos de abusos por parte del clero hayan alejado de la fe a los llamados “millennials”.

El cardenal brasileño Sergio Da Rocha, relator de este evento, afirmó durante la presentación del Sínodo que “se escuchan voces que culpan a los jóvenes de haberse alejado de la Iglesia, pero muchos han vivido situaciones que les han llevado a afirmar que es la Iglesia la que se aleja de ellos”.

  1. Un sínodo dirigido a los jóvenes. Estas circunstancias hacen más compleja la reunión de obispos cuya temática sobre los jóvenes ya estaba programada desde el año pasado. En este sínodo, están presentes 266 obispos de todo el mundo, junto con 23 expertos y 36 jóvenes.

Se debatirán los temas que preocupan a las nuevas generaciones. El documento preparatorio (Instrumentum laboris), acepta que “muchos jóvenes católicos no siguen las indicaciones de la moral sexual de la Iglesia”, y recomienda que “la cuestión de la sexualidad debe discutirse más abiertamente y sin prejuicios”.

No faltarán tampoco preocupaciones constantes en el discurso de Francisco: la inmigración, el trabajo y la llamada “cultura del descarte”, junto con el problema de la migración de los jóvenes. (La razón, 3 oct. 2018)

  1. La estrategia del Papa. Para poder ayudar a los jóvenes en su camino hacia la fe, Francisco ha marcado el método a seguir durante esta reunión eclesial: escucharlos. “Una Iglesia que no escucha –afirmó en la inauguración del sínodo– se muestra cerrada a la novedad, cerrada a las sorpresas de Dios, y no podrá resultar creíble, en especial, para los jóvenes que, inevitablemente, se alejarán en lugar de acercarse”.

El Pontífice comentó que las fases previas a este sínodo pusieron en evidencia una Iglesia “en deuda de escucha” a los jóvenes. Y reconoció que por eso, muchas veces, las nuevas generaciones “no se sienten comprendidos en su originalidad y, por tanto, no escuchados como son en realidad y, en ocasiones, incluso rechazados”.

Epílogo. Los jóvenes de hoy están abiertos a Dios, a lo sobrenatural, a algo más allá, pero muchas veces no conectan con el modo de transmisión que utilizan los pastores de la Iglesia, los catequistas y los propios padres de familia.

Por eso, el gran reto de hoy para atraer a las nuevas generaciones consiste en escucharlos. Y al mismo tiempo, para ser escuchada, la Iglesia tiene otro desafío: la autenticidad, el testimonio de coherencia entre lo que se profesa y lo que se vive. Sólo así se superará el grave problema de los escándalos.

 lfvaldes@gmail.com

 

XXVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Mc 10, 2-16

COMO NIÑOS

La versión de Marcos de este conocido pasaje es como si la doctrina cristiana respirase con dos pulmones: el de la exigencia de los mandamientos y la gracia que se da principalmente a los que se hacen como niños, a los que se fían totalmente del Amor de Dios.

Jesús ratifica la doctrina sobre el divorcio. Por la dureza del corazón el Señor permite tantas cosas pero Él siempre vuelve al proyecto original del Amor de Dios. Proyecto de felicidad que sólo cumpliéndolo seremos libres.

Jesús sabe, como sabe también la Iglesia hoy que en todos los temas claves que afectan a la felicidad de la persona siempre hay enemigos y detractores al acecho, muchos que no se acercan al Señor con tan buena voluntad y que, como repite San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales, no están dispuestos  a “salvar al sujeto”, es decir siempre piensan mal y van a tratar de ponernos contra las cuerdas a Cristo y a su doctrina.

Jesús sale de esta situación tan embarazosa siempre volviendo a las raíces, a beber de la fuente primera. Al principio no fue así por nuestra cabezonería. El Señor coloca las cosas en su sitio y nos da su gracia para que vivamos las exigencias del Amor que no hace ninguna concesión al egoísmo.

Por otra parte una vez más pone en el centro del Evangelio a los niños “de ellos es el Reino de los cielos”. No se queda el Señor en lo anecdótico, ni se va por las ramas. Pone a un niño en el centro de la vida evangélica cuando acaba de volver la doctrina a su origen, tal como salió del proyecto de Amor de su Padre Dios que no tiene más que “una manía” y es que si le dejamos nos hará inmensamente felices.  Los niños confían siempre en sus padres, se abandonan en sus brazos. Por otra parte viven el momento presente y no se angustian por el pasado  que no tienen ni por el futuro que no existe.  Viven en  el gozo  y en la alegría de saber que el Amor de Dios es más fuerte que el dolor, el pecado  y la muerte.

Una vez más el Evangelio nos hace volver a la doctrina original vivida con la sencilla humildad de los que tienen el corazón  de niño.

+Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres  

 

Las gracias siempre a Dios

Acordémonos en cada momento de dar gracias a nuestro Padre, siempre hay cosas por las cuales debemos agradecer

Por: Orlando Carmona | Fuente: Catholic.net

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Analizando la carta Apostólica de Juan Pablo II “Mane Domiscum Domine” en el año de la Eucaristía expresa algo muy trascendental en el mundo de hoy día, dice “En nuestra cultura secularizada se respira el olvido de Dios y se cultiva la vana autosuficiencia del hombre”. Que palabras tan llenas de profundidad y realidad, y es así mayormente , hoy día  el hombre o se olvida de Dios o se acuerda de Él solamente en los momentos de angustia. Las  gracias se las damos casi siempre  a otras personas, incluso a nosotros mismos. ¡Que mal agradecido somos! Debemos estar agradecido por todo, Dios nos ama tanto que desde la Creación del mundo nos adorno el Cielo de estrellas y aves, de mares y peces y le dio al hombre todo lo que se mueve y tiene vida (Gen 9,3). Por eso acordémonos en cada momento de darle las gracias a nuestro Padre, porque tenemos los brazos abiertos cuando hay muchos que los tienen mutilados, cuando nuestros ojos pueden ver y hay quienes no pueden ver luz, cuando nuestra vos canta cuando hay tantos que enmudecen, cuando nuestras manos trabajan cuando hay quienes mendigan, cuando sonreímos cuando hay quienes odian, cuando vivimos cuando hay quienes agonizan, es decir hay infinidad de cosas por la cual debemos dar las gracias.

Les quiero contar una parábola del encuentro de Pedro el Apóstol de Jesús y un alma que recién llegaba al cielo. “Un alma  recién llegada al cielo se encontró con  San Pedro, el Santo lo llevo en un recorrido por cielo, ambos caminaron paso a paso hasta llegar a talleres grandes, llenos con  ángeles, San Pedro se detuvo en una sección y le dijo al alma “Este es la sección de recibo, aquí todas las peticiones hechas a Dios mediante la oración son recibidas”. Él alma miró  la sección y vio que estaba terriblemente ocupada con muchos ángeles clasificando peticiones escritas que llegan de todo el mundo. Siguieron caminando hasta que llegaron a la siguiente sección  y San Pedro le dijo que  era la sección de empaque y entrega  en donde las gracias y bendiciones que la gente pide son empacadas y enviadas a las personas que las solicitaron. El alma vio cuan ocupado estaban los ángeles en esta sección. Finalmente en la esquina mas lejana se detuvieron en la ultima sección, para sorpresa del alma, solo un ángel permanecía en ella, ocioso haciendo poca cosa, era la sección de agradecimiento, sin embargo el alma le Pregunto a San Pedro  ¿como es que hay tan poco trabajo aquí? San Pedro le respondió “Después que las personas reciben las bendiciones que pidieron, muy pocas envían su agradecimiento”.

¿Cómo uno le agradece las bendiciones a Dios? Pregunto el alma y San Pedro le dijo “Es simple solo tienes que decir, gracias Señor”.

 

¿Qué entendemos por sedación paliativa?

Observatorio de Bioética – Universidad Católica de Valencia

octubre 05, 2018 13:18

(ZENIT – 5 oct. 2018).- A nivel médico y de enfermería, la sedación paliativa y la eutanasia no son comparables en ninguno de sus aspectos. Habitualmente es el médico quien prescribe el tipo de medicación utilizada para la sedación, la dosis y el ritmo de la perfusión, y la enfermera quien la va a preparar y administrar al paciente. Son tres los actores que intervienen: el médico, la enfermera y el paciente. Y casi de modo habitual el familiar.

Se realiza una eutanasia cuando algo se hace o se deja de hacer con la intención directa de producir o acelerar la muerte del enfermo, se encuentre en fase terminal o no. En la eutanasia, la muerte del paciente ha de ser el objetivo buscado. Esta puede producirse por acción (administración de sustancias, etc.) o por omisión (no asistir médicamente o retirar los medios necesarios que mantienen con vida al enfermo). En cambio, la sedación paliativa no tiene como intención la muerte del paciente, sino el alivio de un síntoma refractario, que es aquel síntoma que no puede ser adecuadamente controlado a pesar de los intensos esfuerzos para hallar un tratamiento tolerable en un plazo de tiempo razonable, sin que comprometa la conciencia del paciente. La intención es terapéutica. Por consiguiente, ante una situación clínica objetivamente conflictiva, no es lo mismo acelerar y provocar directamente la muerte del enfermo con la finalidad de terminar con sus sufrimientos y posibles dolores físicos, que llevar a cabo un tratamiento cuyo objetivo es el alivio de los síntomas que le provocan sufrimientos sin intención de provocar la muerte (sedación paliativa), aunque pudiera ocurrir que se acelerase la muerte natural, debido al tipo de fármacos administrados. Esta acción no es una eutanasia directa, ni indirecta, pues no hay intención de provocar la muerte, sino que la muerte no buscada del paciente acontece en el curso de la aplicación de un correcto tratamiento.

Algunas personas equiparan la sedación paliativa con la eutanasia. Parece ser que esta confusión obedece a la relación errónea que se establece de causa-efecto. El enfermo fallecerá por la evolución de su enfermedad. no a causa de la sedación. La sedación paliativa es una práctica clínica que, realizada correctamente, no sólo es lícita, sino acorde con la dignidad humana. Si no se explica bien, es normal que algún familiar pueda pensar que, al aplicar al enfermo una sedación paliativa, se le ha practicado una eutanasia. El equipo sanitario y especialmente el médico y la enfermera tienen la obligación de aclarar conceptos tanto al paciente (si está consciente) como a la familia, lo cual previene posibles remordimientos posteriores de los familiares, si han sido éstos los que han tenido que dar su consentimiento y podría ayudar a prevenir además la idea de que hay una eutanasia “light”, encubierta o “razonable”, o que se está cometiendo un acto ilegal por parte del médico. Antes de sedar, se le debe informar al paciente para que otorgue su consentimiento, y en caso de que no pueda hacerlo, se le comunicará al familiar. De cualquier modo, hay que dejar constancia de que se ha informado mediante un registro de consentimiento informado o por escrito en la Historia Clínica del paciente de manera clara y explícita.

 

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Mª Dolores Espejo

Enfermera de UCP

Profesora de Bioética

 

La puerta estrecha

Daniel Tirapu

El Papa Francisco, besando una imagen del Niño Jesús.

Señor, ¿serán pocos los que se salvan? La pregunta sobre temas de religión, muchas veces suele ser así: no compromete, intenta conocer, es genérica, satisface una curiosidad: existe el infierno ?, hay muchos en él?, y cómo será la vida hasta la resurrección de los cuerpos? si el Papa se equivoca sobre la meteorología es que no es infalible?

Jesús, el Señor, rápidamente convierte las cuestiones en algo personal: esforzaos en entrar por la puerta estrecha; muchos lo intentarán y no podrán. Nadie está justificado por sus obras, por sentirse justo cumpliendo preceptos. Jesús es la puerta. Hay que esforzarse para entrar en el Reino de los cielos, no es cómodo, hay que luchar contra nuestras pasiones malas, la carne, la riqueza, las envidias, la soberbia, la avaricia, la pereza siempre; luchar para vencer los engaños del corazón que prefieren otras puertas.

Ayer comentaba esto con una de mis hermanas, y me dijo: es verdad, da miedo, además Dios nos ha dado todo, nunca nos faltó nada. Pero con una gran sencillez, me dijo también que el Señor sabrá cómo nos salva.

No parece un evangelio cómodo, es exigente pero al tiempo confío, confiamos en tu misericordia y amor, Jesús.

 

¡Ayúdalas a salir del Purgatorio!

Oct 5, 2018

¡Ayúdalas a salir del Purgatorio!

Por Teresa García

El Purgatorio es un acto de misericordia de Nuestro Señor, es un tiempo de purificación y sin él, pocos serían los que irían al cielo. ¡Ayudemos a las almas del purgatorio! Entre ellas podrían estar nuestros seres queridos. Dios nos permite aliviarlas y aún liberarlas a través de oraciones, obras de misericordia, la Sagrada Eucaristía y limosnas.

Cuando esas almas son liberadas, no cesan de proteger y orar por quienes los ayudaron. La oración de estas almas no tiene eficacia para ellas pero sí para los vivos. Todos los santos han creído en el Purgatorio y muchos tuvieron sueños, visiones o revelaciones. Algunos hasta hablaron con las almas del Purgatorio, como san Josemaría Escribá, la beata Ana Catalina Emmerick, santa Margarita María de Alacoque, san Juan Bosco o santa Gertrudis.

San Nicolás de Tolentino tuvo la visión de un fraile sufriendo grandes penas en el Purgatorio. Después de ofrecer por él varios días la Santa Misa, lo volvió a ver glorioso y resplandeciente agradeciéndole sus oraciones.

Santa Catalina de Génova escribió que en el Purgatorio el alma todavía está atada a los deseos y a la pena que derivan del pecado, y de lo cual es consciente al darse cuenta de la infinita bondad de Dios. No es un lugar envuelto en llamas, no hay un fuego exterior, sino que el amor de Dios es como un fuego abrazador que va purificando al alma.

«No hay criatura viva que pueda conocer lo atroces que son estas penas». Santa Verónica Giuliani.

Un día, al celebrar la Misa, san Gregorio Magno elevó la Hostia y se quedó con ella en alto por mucho tiempo.Al preguntarle por qué, respondió: «Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del Purgatorio».

«Amigos, familiares y conocidos de un difunto pueden ayudarle reparando en su nombre el daño que el difunto causó en vida. Por la intercesión de la Santísima Virgen, las almas del Purgatorio sufren menos de lo que merecerían». Santa Brígida.

No desperdiciemos esta oportunidad. Por ejemplo, en Querétaro tenemos un año jubilar en el templo de la Merced: ya que se cumplen 800 años de fundación de la orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, del 17 de enero de 2018 al 17 de enero de 2019 se puede ganar la indulgencia plenaria.

La indulgencia plenaria puede aplicarse por vivos y difuntos. Si la aplicas por un difunto, cancelas para él las penas que le mantienen en el Purgatorio. Si la aplicas por ti mismo, debes tener el firme propósito de conversión y cancelas ante Dios las penas que por tus pecados pasados te han hecho merecer el Purgatorio.

REQUISITOS PARA GANAR LA INDULGENCIA PLENARIA

▶ Confesión sacramental, de no más de 20 días.

▶ Participar en Misa completa. Es recomendable anotar la intención, pues así toda la asamblea se une a ella. Si vas a Misa entre semana agregas el rezo del Credo.

▶ Comunión Eucarística.

▶ Oración por las intenciones del Papa.

▶ Caridad hacia los pobres, oración y ayuno.

 

Para qué son los Mandamientos

Oct 5, 2018

Para qué son los Mandamientos

Por Mons. Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro

A nadie gusta que lo manden. Queremos usar la libertad a nuestro arbitrio; si es sin límites, mejor. Así pensamos ser felices, pues la felicidad es nuestro derecho y nuestro destino. Dios nos creó para la felicidad. Pero aquí se entrometió el pecado y nos alucinó con el espejismo de que cada uno puede ser feliz a su manera, olvidándose de Dios y sin preocuparse de los demás. Con el corazón y la mente perturbados se nos vino como avalancha la infelicidad. Y ahora vivimos como infelices pensando así conseguir la felicidad.

En la Biblia tenemos un espejo de la historia humana y la consoladora presencia de Dios que va acompañando al hombre en sus venturas y desventuras. Dios lo va educando pacientemente por el camino hacia la felicidad. En la Biblia, cuando Dios habla y manda algo, es porque tiene el oído atento, el corazón vigilante y el brazo levantado para remediar los males. Proclamó los Diez Mandamientos después de que vio la humillación de su pueblo en Egipto y escuchó sus gritos cuando los maltrataban sus opresores. Conoció sus sufrimientos y bajó para librar a su pueblo de la opresión de los egipcios y para llevarlo a un país fértil, a una tierra que mana leche y miel, según nos cuenta el libro del Éxodo. Una vez liberado el pueblo por medio de Moisés, junto al Monte Sinaí les entregó los requisitos para llegar a la Tierra Prometida. Lejos ya del dominio del Faraón, de los ídolos de Egipto, en plena libertad del desierto, se les presentó como el Dios de sus padres, con su nombre propio: Yahvé. Un Dios cercano, familiar y libertador.

Una vez liberado Israel de la esclavitud, Dios les propone un pacto, una alianza que llegará a concretarse en un intercambio del nombre y de la vida: Yahvé será el Dios de Israel e Israel será el pueblo de Dios: «Yo seré tu Dios, tú serás mi pueblo». Se establecen lazos familiares entre Israel y Dios-Yahvé. Este pacto o alianza se concierta voluntariamente entre las dos partes, siendo Israel la parte beneficiada y Yahvé reconocido como el Dios verdadero, es decir, el liberador. En adelante se presentará así: «Yo soy Yahvé, tu Dios, el que te sacó de Egipto, del país de la esclavitud» (Ex 20,2). Dios libera siempre, no esclaviza.

Los extremos se unen: Dios libertador e Israel esclavo. Ahora Israel es libre y Dios les ofrece «la hoja de ruta» para llegar a la Tierra Prometida, a la plena libertad. Para esto son los Mandamientos. Comienzan con la presentación de Dios como libertador, ofreciendo la felicidad y trazando el camino para no perderse ni volver a ser esclavos. Por eso, el primer mandamientos es: «No tendrás otro Dios fuera de mi». Este es el mandamiento capital, porque si Israel acepta otros dioses, volverá a ser esclavo. Su experiencia lo prueba claramente. Egipto estaba plagado de dioses, pero el que mandaba era el Faraón, que se creía heredero de dios. Su voluntad era tenida como la de un dios y así esclavizaba al pueblo. Los Mandamientos son señales del camino y advertencias para no volver a ser esclavos, para llegar a la tierra de la libertad y conseguir la felicidad.

Cuesta mucho vivir sin ídolos, pero es más doloroso ser esclavo e infeliz. Dios quiere adoradores en espíritu y en verdad. El Dios verdadero es el Dios libertador, el Dios de Israel, que lo será de Jesucristo. Jesucristo transformó los Mandamientos en «Bienaventuranzas» en el Sermón de la Montaña. Es el gozo del Evangelio.

 

La esperanza del Cielo

¿Cómo ven hoy muchos la muerte? Hay gente, también en la élite intelectual, que enseñan doctrinas que rezuman la duda. Son quizás eslabones de esa larga cadena que lo niega todo por sistema para justificar su falta de respuestas. En una gran parte del pensamiento moderno, ateo, agnóstico, secularizado, se afirma con insistencia que la interrogación suprema de la vida tras la muerte es sólo una enfermedad del hombre, algo así como  una patología psicológica y sentimental, de la que hay que curarse, afrontando audazmente el absurdo, la muerte, la nada. La esperanza del Cielo, del reino de Dios ha sido reemplazada por la esperanza del reino del hombre, “por la esperanza de un mundo mejor que sería el verdadero” [1]

¿Está de moda preguntar por la verdad? La moda pasa y la verdad no. Por tanto la pregunta es incorrecta al cien por cien. No obstante, el clima de pasotismo, así se llama vulgarmente hoy al escepticismo de otras épocas decadentes, es descomunal. Es muy relativo… hasta ni existe. ¡Es tremendo tener a estas alturas teniendo que demostrar lo obvio! Si la verdad es verdad que no existe es su no existencia ya es verdad y si existe… ¿a qué seguir? En el repaso filosófico de la modernidad que hace el Papa en su reciente Encíclica, deja patente como el desprecio para alcanzar la verdad mediante la razón, y el vano afán –tan antiguo como Adán y Eva– de ser dioses y creadores de la verdad, da al traste con la realidad de su humana y limitada naturaleza. Si no hablo de esperanza ésta no existe porque la esperanza la creo yo; si no nombro el más allá sólo hay más acá; yo doy el ser a la realidad nombrándola, pensándola, etc. La gran mentira inmanentista.

¿Hasta qué punto no es moderno preguntar por la verdad, lo ha representado magníficamente   el escritor y filósofo C. S. Lewis en su libro “Cartas del diablo a su sobrino”.  Se trata de una serie de cartas ficticias que el demonio, Escrutopo, escribe a un principiante para enseñarle “el oficio” de seducir al hombre. Ante la preocupación del aprendiz de que los hombres inteligentes leyesen los libros de los sabios antiguos y pudiesen de este modo descubrir las huellas de la verdad, Escrutopo le tranquiliza.  Los espíritus infernales han conseguido, desde el punto de vista histórico afortunadamente, persuadir a los eruditos del mundo occidental esto: “que la única cuestión que con seguridad nunca se planteará es la relativa a la verdad de lo leído; en su lugar se pregunta acerca de las repercusiones y dependencias, del desarrollo del respectivo escritor, de la historia de su influjos, y otras cuestiones análogas” [2]. La verdad no se escribe ni es en sí misma sino que es muy opinable; depende de quien lo escribe, de su vida, de la influencia mediática que se le dé, etc.

 El hombre aleja de su horizonte la inexorable verdad de la muerte, la angustiosa certeza de que hemos de morir tarde o temprano. Nos aferramos tanto a la vida que siempre nos parecerá “temprana”. ¿Acaso queremos vivir eternamente? Si y no. Unos temen tanto la muerte como la vida. Los primeros porque asocian dolor a muerte y los segundos porque lo unen con cansancio o aburrimiento. ¿Estamos en condiciones de conocer el sentido de la muerte del hombre, del porqué de su vida, de su para qué en la historia? ¿Puede alguien certeramente responder a los interrogantes sobre el dolor, la muerte o al más allá? ¿Se trata de una osadía sin fundamento? No es fácil responder a estas preguntas que se hace el filósofo y el hombre corriente. Encontrar algo que sea último y fundamento de todo lo demás, que dé explicación definitiva, un valor supremo, más allá del cual no haya que hacerse nuevas preguntas es para, quizá muchos, una quimera. “Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar. En este sentido, la época moderna ha desarrollado la esperanza de la instauración de un mundo perfecto que parecía poder lograrse gracias a los conocimientos de la ciencia y a una política fundada científicamente”[3].

“A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita de ninguna otra. En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio; la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo”[4]. ¿Es lícito pretender salir de la duda, del interrogante que todo hombre se hace sobre el sentido de la vida? ¿Qué sentido tiene la vida? y, por consiguiente, ¿qué sentido tiene la historia humana? Estas son preguntas humanas, ciertamente dramáticas, pero bien nobles y que caracterizan al hombre en su dignidad de persona. Desde luego el hombre no puede encerrarse en los límites del tiempo, como en una especie de jaula de la materia, caer en la trampa de una existencia inmanente y autosuficiente. Pero puede intentar hacerlo, puede también afirmar, con palabras y con gestos, que su patria es el tiempo, y que su hogar sólo es el cuerpo[5]. Dicho de manera muy sencilla: “el hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza”[6].

No queremos morir pero tampoco vivir sin calidad de vida y tanto la ancianidad como la enfermedad incluyen con el deterioro esa carencia. No olvidemos que la vejez es la enfermedad crónica más incurable que existe. Es una paradoja. “Por un lado, no queremos morir; los que nos aman, sobre todo, no quieren que muramos. Por otro lado, sin embargo, tampoco deseamos seguir existiendo ilimitadamente, y tampoco la tierra ha sido creada con esta perspectiva”[7]. El Papa se pregunta en la Encíclica dos cuestiones; por una parte ¿qué es realmente la vida? Y de otra ¿qué significa verdaderamente eternidad? Sabemos que la vida es un don que dura cierto período de tiempo en el que cada uno de nosotros afronta el desafío que ésta implica: el de tener un objetivo, un destino, y el de luchar por él. Necesitamos tener esperanzas que día a día nos mantengan en camino. “Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar”[8].

Para unos la vida “de esta tierra” lo es todo y para otros esta vida “no vale la pena” vivirla. Frente a este hecho desconcertante Benedicto XVI se pregunta: “¿De verdad queremos esto: vivir eternamente? Tal vez muchas personas rechazan hoy la fe simplemente porque la vida eterna no les parece algo deseable. En modo alguno quieren la vida eterna, sino la presente y, para esto, la fe en la vida eterna les parece más bien un obstáculo. Seguir viviendo para siempre –sin fin– parece más una condena que un don. Ciertamente, se querría aplazar la muerte lo más posible. Pero vivir siempre, sin un término, sólo sería a fin de cuentas aburrido y al final insoportable”[9].

De fondo lo que ansiamos, en realidad, es la felicidad más que la vida. Si a la felicidad que no empalaga, ni aburre, se le llama vida eterna, entonces sí. Entonces eso es lo anhelamos. Deseamos, por tanto, algo que no sabemos qué es y en cuyo “no-saber” tiene su existir. El Obispo de Hipona lo llama “sabia ignorancia” de una manera muy elocuente. “No sabemos lo que queremos realmente; no conocemos esta verdadera vida y, sin embargo, sabemos que debe existir un algo que no conocemos y hacia el cual nos sentimos impulsados”[10].

Lo que desea el hombre es “la vida misma, la verdadera, la que no se vea afectada ni siquiera por la muerte”, esa que desconocemos pero a la que “nos sentimos impulsados”. “La expresión vida eterna trata de dar un nombre a esta desconocida realidad conocida. Es por necesidad una expresión insuficiente que crea confusión. En efecto, eterno suscita en nosotros la idea de lo interminable, y eso nos da miedo; vida nos hace pensar en la vida que conocemos, que amamos y que no queremos perder, pero que a la vez es con frecuencia más fatiga que satisfacción, de modo que, mientras por un lado la deseamos, por otro no la queremos”[11]. Jesucristo da la respuesta a todos los interrogantes, también dice qué es la vida eterna: “Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría”[12]. San Agustín dice que en el Paraíso “descansaremos y veremos; veremos y amaremos; amaremos y alabaremos. He aquí lo que habrá al fin sin fin”[13].

 

Pedro Beteta López

Teólogo y escritor


[1] Spe Salvi, 30

[2] Cfr. J. RATZINGER Fe, verdad y cultura. Reflexiones a propósito de la encíclica “Fides et ratio”

[3] Spe Salvi, 30

[4] Spe Salvi, 30

[5] Cfr. JUAN PABLO II; Audiencia a una representación militar italiana, 1-III-1979

[6] Spe Salvi, 22

[7] Spe Salvi, 11

[8] Spe Salvi, 31

[9] Spe Salvi, 10

[10] Spe Salvi, 11

[11] Spe Salvi, 12

[12] Jn 16, 22

[13] SAN AGUSTÍN; De civitate Dei, 22, 30, 5

 

Las Cruzadas fueron un acto de defensa, no de ataque

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San Luis, Rey de Francia, se embarca para la Cruzada.

Según un experto mundial en el tema, el profesor Jonathan Riley-Smith

Las Cruzadas no fueron un «ejemplo de imperialismo» sino un intento de los occidentales de defender los Santos Lugares y Jerusalén, afirma Jonathan Riley-Smith, profesor de la Universidad de Cambridge. Así lo sostuvo Smith, uno de los mayores historiadores en el mundo sobre el argumento, en una mesa redonda, organizada por la Universidad Europea de Roma (UER) sobre el tema «Las Cruzadas, entre mito y realidad».

En el encuentro participaron veintidós expertos de varias universidades europeas, que previamente se reunieron en el Centro Nacional de Investigaciones de Roma (CNR), para debatir sobre las nuevas perspectivas de investigación en este tema, respecto a las órdenes militares (templarios, hospitalarios, teutones, etc.).

Padre de su pueblo, y sembrador de paz y de justicia, el reinado de San Luis se tiene como uno de los más ejemplares y completos de la Historia.

El profesor Riley-Smith explicó que la interpretación que ha desprestigiado y despreciado las Cruzadas es fruto de las obras de sir Walter Scott (1771-1832) y de Joseph Francois Michaud (1767-1839).

El escritor escocés Scott representó a los cruzados como «intemperantes, dedicados a asaltar rudamente a musulmanes más avanzados y civilizados», mientras que el escritor e historiador francés Michaud alimentó la opinión de que «las Cruzadas eran expresión del imperialismo europeo».

Según Riley-Smith, la idea de que la Cruzada era una empresa colonial tomó más fuerza hace cincuenta años y explicó que en la época en que tuvieron «la teoría de guerra se justificaba teológicamente en una sociedad que se sentía amenazada».

Por este motivo, afirmó, no debe escandalizar «ni que el Papado reconociera a las órdenes militares ni que al menos cinco concilios se pronunciaran en favor de las Cruzadas y que dos, el IV Concilio de Letrán (1215) y el Concilio de Lyón (1274), publicaran las constituciones “Ad Liberandam” y “Pro Zelo Fidei”, dos documentos que definieron el movimiento cruzado».

«Es difícil ahora imaginar –precisó Riley-Smith– la intensidad del amor que se sentía entonces por los Santos Lugares y Jerusalén: la preocupación suscitada por la herejía y los asaltos físicos contra la Iglesia; el miedo de los occidentales a los invasores musulmanes, capaces de llegar al centro de Francia en el siglo VIII, y a Viena en los siglos XVI y XVII».

«Esto permite explicar –concluyó– por qué, durante cientos de años, papas, obispos y una mayoría de fieles consideraron que combatir en las Cruzadas era el mejor arma defensiva que tenían y una forma popular de devoción; y esto puede haber oscurecido a sus ojos el hecho de que en realidad se podía confiar poco en ello».

 

Cómo fomentar la fortaleza y la templanza en la familia

Por LaFamilia.info

 

http://www.lafamilia.info/images/20182108fyv.jpgFoto: Freepik

Cuando se evita que los hijos realicen esfuerzos que supongan sacrificio, los chicos no aprenden más que a recibir e ignoran el valor de luchar por algo que se desea. De esta forma se están criando niños carentes de fortaleza y a quienes les costará aceptar las contrariedades que se les presente en su vida de jóvenes y adultos.

Para educar en la fortaleza y la templanza, habrá que exigirle a los hijos esfuerzos desde muy pequeños: desde el bebé que llora por capricho, hasta el adolescente que se pone de mal humor por algo sin trascendencia.

Quejarse y permitir que los hijos se quejen es una costumbre acentuada de nuestra época. La fortaleza supone aceptar lo que nos ocurre, no pasivamente, sino con deseos de sacar algo bueno de las situaciones dolorosas.

¿Cuándo sabemos si una persona practica las virtudes de la templanza y la fortaleza? En primer lugar cuando resiste las influencias perjudiciales así parezcan atractivas y soporta las molestias que encuentra en el camino.

Sin embargo la fortaleza no se da gratuitamente. Hay que irla formando, día a día. Es un trabajo en el que se dominan pequeñas cosas que exigen un esfuerzo, tales como levantarse a la hora determinada sin hacer pereza, privarse de algún capricho, ser paciente con los hijos, sacrificarse para dar gusto a una persona, no dejar las cosas fuera de lugar…

He aquí algunas ideas que ayudarán a fomentar la fortaleza y la templanza en los hijos:

Cuando aparezca un dolor o pequeñas enfermedades, no obsesionarse con que desaparezcan inmediatamente y enseñarles a ser fuertes y no quejarse más de la cuenta.

Animarles desde pequeños a que ofrezcan sacrificios, aprovechando las oportunidades que se presentan normalmente.

Enseñarles a vivir con alegría las contrariedades.

Exigir constancia y calidad en el trabajo y en las horas de estudio. No fomentes la “ley del menor esfuerzo”.

Impulsarles a que realicen actividades deportivas que les exijan disciplina y constancia.

Hacer excursiones en familia que les ayuden a ser más fuertes, como por ejemplo acampar, ir de pesca, caminatas a las montañas, etc.

Dar mucha importancia a la lucha para vencer los defectos de carácter. Que sepan aguantarse el mal genio, aunque tengan razón; luchar contra el despiste que les hace llegar tarde, etc.

Como padre no te quejes, ni ante sus amigos más íntimos, de los trabajos, molestias y demás inconvenientes que acarrean los hijos, pequeños, medianos y mayores.

Programar menús en los que entren cosas que gustan menos o no gustan, para ir acostumbrándoles a que no siempre se come lo preferido.

Enseñar a que no desprecien la comida. Insistir racionalmente.

Que aprendan a no dar importancia a una situación de escasez, incomodidad, etc.

Explicar siempre el porqué de la reciedumbre y cómo hay que hacer cosas concretas para adquirirla.

No ceder ante todo lo que los chicos piden. Limitar regalos para ocasiones especiales.

Si hay varios hermanos, que se acostumbren a "heredar".

Evitar que la moda les esclavice. A veces, cuando son pequeños y no tienen capacidad de elegir, son los padres los que se "proyectan" en los hijos para ir a la "última".

Que se ocupen del cuidado material de su ropa. Doblarla, guardarla, prepararla para el día siguiente, etc.

Que se enteren del precio que tiene la ropa que se les compra. Que se den cuenta de que, aunque nos gusta más una cosa que otra, es necesario a veces elegir la más barata.

 

Lo obvio que las feministas no quieren ver

La quimérica igualdad de derechos entre hombres y mujeres, reclamada por los movimientos feministas, es contraria a los propios intereses de la mujer.

Reproducimos un resumen del interesante artículo publicado por la revista Catolicismo

«Recibimos una carta de la lectora Raquel, de la cual destacamos el siguiente tópico por juzgarlo de interés general:

…Realmente la vida, como está organizada actualmente empuja: a la mujer hacia fuera [del hogar], para trabajar. Incluso porque hay casos en que los maridos están desempleados. Entretanto, la mujer no debería tener el mismo horario que los hombres ni el mismo tipo de trabajo. Pero lo que no puedo aceptar es la opinión que oí de una Familiaconocida:

– Deberíamos tener acceso a los mismos trabajos que los hombres pues, ¿no somos todos iguales?

Rematando bruscamente la conversación ella dijo:

– No tengo hijos porque no tengo tiempo para cuidarlos.

Pero yo sabía que ella tenía mucho tiempo para dedicarse a sí misma, para viajes e incluso para cuidar y pasear a su perrito”

* * *

Estimada Sra. Raquel,

Concordamos con Usted en género, número y grado, en la apreciación que hace sobre la actitud de su conocida. No aprobamos la lamentable opinión de ella, y podríamos preguntar: ¿puede haber ocupación más noble y placentera para una madre que dedicarse a proteger y a educar a sus hijos, a preservar su inocencia y formarlos en la virtud? ¿Habrá tiempo mejor empleado?

Rudeza o delicadeza
«Pide el orden natural de las cosas que todos los valores particularmente ricos en gracia y delicadeza estén al servicio de la mujer, pues ellos constituyen lo propio de su fragilidad, el medio adecuado para que en alma femenina se expandan las más nobles cualidades de esposa, de madre y de hija.

«Y por esto mismo nada nos es más desagradable que ver una mujer dedicada a trabajos cuya rudeza es incompatible con su delicada naturaleza: cargadora de fardos, mecánico, soldado”…https://www.accionfamilia.org/images/mujer_trabajando.jpg

«…Si la mujer debe ser igual al hombre, este debe ser igual a la mujer. Y el hombre afeminado es fruto genuino de las mismas tendencias e ideas igualitarias, más o menos subconscientes, que dieron origen a la masculinización de la mujer.

«Mujer masculinizada, hombre afeminado, índices seguros de decadencia y corrupción de la familia, y por tanto de la Civilización».

Plinio Corrêa de Oliveira

Desgraciadamente, la sociedad moderna no está organizada en función de los altos valores morales católicos, pero sí de conceptos hedonistas (concebir como finalidad de la vida la búsqueda del placer). Nace así la ambición desenfrenada de ganar dinero y, con ella, el deseo de «aprovechar» la vida. Para esto trabajar mucho. Así, los hijos son considerados un obstáculo que «roba» el tiempo dedicado a sí mismo, al gozo de la vida, etc.

Sociedad «anti-hijos»

Otro factor, originado principalmente en el siglo XX, es la urbanización y la industrialización, que produjeron profundas transformaciones en la institución familiar, forzando e incentivando la constitución de la llamada «familia nuclear» (compuesta sólo por los esposos, uno o dos hijos y -según la Sra. Raquel- «un perrito»…). Un estilo de vida bien diferente del de la «familia patriarcal» (prole numerosa, con muchos parientes que conviven intensamente, con visitas recíprocas etc.). En esta última, la formación de los niños se daba en una atmósfera de mucha convivencia social. Desde los abuelos o incluso de los bisabuelos, hasta los primos de diversas edades. La mujer permanecía en casa, con la noble y elevada misión de madre de familia, velando por los niños, inculcándoles las primeras nociones de la fe católica, la admiración por los actos destacados de los antepasados, y cuidando de las tareas domésticas.

De paso, estamos conscientes que la vida como está organizada hoy -o desorganizada-, muchas veces, debido a exigencias económicas, obliga a la mujer a trabajar fuera del hogar. Frecuentemente ella es más una víctima que autora de una situación que a ella no le gusta. Pero en este caso el trabajo debería ser delicado, que condiga con la naturaleza femenina. La mujer no tiene vocación para hacer trabajos pesados como, por ejemplo, los de cargadora de fardos o camionera.

Es necesario añadir que debería ser una labor suave, que diese a la mujer las condiciones de ejercerla sin extenuarse; que le proporcionase tiempo también para cuidar del hogar y desvelarse por la prole; que no le exigiese ausentarse todo el día; que no la obligue a llegar a su casa agotada de tal modo que no pueda dar la debida atención a sus hijos.

Armonización entre trabajo y familia

Ya que tanto se habla de derechos de las mujeres, ¿porqué no emprender una acción que les facilitase el ejercicio de su elevada misión de madres de familia, incentivando trabajos, con horarios más flexibles y más apropiados a las de madres de familia? ¿Por qué no elaborar, por ejemplo, una política de gobierno que las auxilie a conciliar familia y trabajo, no creando dificultades a la permanencia de la madre con sus hijos, favoreciéndolas particularmente -lo que es indispensable- durante sus primeros años de vida?

No vemos, sin embargo, movimientos feministas defendiendo esos auténticos derechos, pero sí reivindicando la equiparación de la mujer al hombre, la liberación de la mujer y el derecho al trabajo, como si ella pudiese contribuir más a la sociedad como trabajadora que como madre. Tales reivindicaciones serían más apropiadas a un movimiento de masculinización de la mujer que a un movimiento feminista.

Esta «lucha» de las feministas por la igualdad entre hombres y mujeres, las perjudica gravemente.

En ese feminismo vemos incrustada, además de una reivindicación antinatural, una revolución igualitaria contra las desigualdades naturales y complementarias establecidas por Dios entre los sexos.

 

Situaciones sumamente vulnerables y frágiles.

En una reciente homilía, el presidente de la Conferencia Episcopal argentina, monseñor Oscar Ojea, se refería con realismo a la necesidad de encontrar soluciones nuevas y creativas para que ninguna mujer busque en el aborto una salida a situaciones sumamente vulnerables y frágiles. Y recordaba lo que el Papa afirmaba en su reciente carta sobre la santidad: que la defensa del inocente no nacido debe ser clara, firme y apasionada porque está en juego la dignidad del ser humano.

El debate que se desarrolla en Argentina puede parecer algo ya visto y oído en otros países, especialmente los europeos. Pero en la mayoría de los países iberoamericanos el respeto a la vida humana forma parte integrante de unas certezas que los movimientos abortistas tratan de torpedear, con importantes ayudas financieras y constantes presiones políticas. Lo que todavía no ha comprendido la cultura moderna, tan volcada en el progresismo material y que no deja de inventarse supuestos derechos humanos, es que negar el derecho a la vida es negar el progreso de la Humanidad.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Perdón por los abusos de Pensilvania

Quizá para prevenir la tentación de no sentirse interpelados, Francisco advierte contra el mal clericalismo, que define como la actitud que «no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente», y cuya consecuencia es que «genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos». Sería clericalismo no sentirse interpelados, pensar que estos problemas, aun reconociendo su gravedad, suceden muy lejos de nuestros hogares y no afectan al discurrir de nuestra vida cristiana. Todos estamos llamados a construir la Iglesia.

¿Cómo colaboramos en esta tarea? El Papa nos da una respuesta: «invito a todo el santo Pueblo fiel de Dios al ejercicio penitencial de la oración y el ayuno siguiendo el mandato del Señor (esta clase de demonios solo se expulsa con la oración y el ayuno, Mt 17,21)». Será con santidad personal como contribuiremos a la edificación del pueblo de Dios y como prevendremos estos hechos. Dios no abandona a su Iglesia, y es Él quien hace surgir santos en los momentos más delicados de la historia de la Iglesia. Cada uno de nosotros debe dar un paso adelante ahora. Como dijo San Josemaría, “estas crisis mundiales son crisis de santos” (Camino, 301).

Xus D Madrid

 

 

Las grietas de nuestras iglesias

Mientras en la Iglesia se habla de las llagas del cuerpo de Cristo; mientras los titulares de estos días se vuelcan en el problema de la pederastia en el clero norteamericano, aquí, en España, lo que ha centrado la atención son las grietas.

Las grietas de las iglesias físicas, de los templos. Hasta el punto que el arzobispado de Burgos ha lanzado una original campaña que dice “Grietas, heridas de nuestros pueblos”.

Sí, es cierto, las grietas de tantas iglesias son heridas de muerte a nuestros pueblos.

Es habitual que en el verano los pueblos se llenen de los hijos que un día abandonaron el solar familiar. Por más que se empeñen las autoridades pertinentes, la identidad viva de los pueblos pasa por la vitalidad de la comunidad de fe que es la parroquia, que tiene como edificio el templo, o los templos. El principio del fin de muchos pueblos llegó el día en el que el sacerdote dejó de ir a celebrar misa el domingo.

Uno de los problemas más importantes a los que se enfrenta la Iglesia en España no es sólo la falta de vocaciones, sino el efecto de esa pérdida de presencia sacramental en la vida de los pueblos.

Suso do Madrid

 

 

Ayuntamientos y otros dilapidadores

 

                                No necesito nada más que profundizar en la actual quiebra o ruina total del de mi propia y nativa ciudad (Jaén, Andalucía: España). Si los habitantes de aquí, hubiésemos seguido “el deplorable ejemplo”, que nos han dado los alcaldes y concejales de este ayuntamiento; durante los últimos cuarenta años; seguro que ya la ciudad ni existiría, puesto que todos hubiéramos caído en la ruina municipal, actual y los sobrevivientes, hubiéramos tenido que abandonar “el solar resultante”.

                                Un ayuntamiento no es otra cosa que “una empresa más” (la primera y principal empresa del municipio) y como tal debe ser siempre llevada.  En una empresa, no sólo hay que equilibrar gastos e ingresos, sino que al final del ejercicio anual, tienen que quedar reservas (superávit) para imprevistos y estos; irlos acumulando, para posibles extras o catástrofes inesperadas; o sea, lo mismo que hace cualquier tendero, fabricante, o industrial de cualquier tipo de industria, puesto que de ello vendrá no sólo la continuidad de la misma, sino el progreso verdadero para ampliar dicho negocio y con ello crear más riqueza y por ende, más puestos de trabajo.

                                ¿Qué ha ocurrido aquí? No lo sabemos con detalle, puesto que no han tenido valor de “confesarse”; pero lo dice la realidad, ya que la ciudad y municipio de Jaén, son los más endeudados de España y de paso, la capital ha sido considerada como “la más sucia” de todas ellas. A pesar de ello, aquí nadie dimitió: y el alcalde sigue cobrando un sueldo cuasi o equivalente, al que cobra el primer ministro nacional; y los concejales igualmente, cobran sueldos que no merecen; incluso muchos de los empleados les han llegado a asignar salarios “fuera de lugar”; todo ello “y todo lo demás”, han sido los causantes del desastre que hoy, “nos han echado encima a los ya exhaustos vecinos de este lugar”; puesto que aquí no ha habido catástrofes “naturales” de ningún tipo, salvo “la plaga de inútiles políticos que nos han mangoneado y así siguen”. Se han descubierto algunos delitos, que “andan en los juzgados”, pero de momento nadie ha entrado en la cárcel, ni por descontado han devuelto las cantidades que “vete a saber cuánto y cuándo, volaron de las arcas públicas hacia destinos ignorados”; o sea toda una odisea que podrá ser igualada por otros sitios, pero me imagino que no superada.

                                El diario local “VivaJaén”, que ha sido el único que se ha preocupado de “airear tantas suciedades”; ya ha publicado lo suficiente como para hacer varios libros voluminosos. Hoy en concreto me refiero a lo que publicaba el 26-06-2018 y que en titulares afirma cuanto sigue: “La nueva “RPT” (Relación de Puestos de trabajo, que en total suma 1490 empleados, para una población de algo más de ciento diez mil habitantes)”. Se detallan algunos departamentos y otros no, pero por ejemplo; nos hacen mantener 54 empleados en un conglomerado de radio y televisión, que alguno de los alcaldes, fundó, simplemente para tener una propaganda propia, puesto que en Jaén, hay más que suficientes emisoras para cumplir ello y además, yo mismo y como habitual colaborador en la emisora de “Radio Jaén SER”, que era “la mejor de aquel tiempo”; los empleados fijos no pasarían de diez o doce.

                                De la denominada Guardia municipal, nos mantienen una plantilla de 213 individuos, cuando yo leí hace algún tiempo, el que el número óptimo debiera ser “un individuo por millar de habitantes”. De uno de los tinglados “modernos” (Asuntos Sociales) tenemos una plantilla de nada menos que 165 nóminas; “25 ordenanzas y 56 vigilantes”, Universidad Popular 116; Patronato de Deportes 107; 87 bomberos y así se van detallando los enormes departamentos que mantenemos en una población, más “pueblo agrícola” que otra cosa. Hay que sumar a todo ello, nada menos que 27 concejales, que igualmente cobran altos salarios, sencillamente por cuanto en estos asuntos, aquí son ellos mismos los que se ponen los sueldos que quieren y en su día, asignaron los que cobran los subalternos, por cuanto no tienen responsabilidad alguna para hacer lo que les vino en gana; y el resultado es el que hoy padecemos y que solución, si la tiene, será a un largo plazo pero siempre a pagar por lo ya exhaustos vecinos de este desastre municipal denominado JAÉN.

                                Pero lo que en conjunto es inexplicable; es la cantidad total de empleados que nos hacen mantener y por lo que queda dicho. ¿Regularán todo ello los próximos “mandamases”? Lo creeré cuando lo vea.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes