Las Noticias de hoy 05 Octubre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    viernes, 05 de octubre de 2018       

Indice:

ROME REPORTS

¿Qué es el Sínodo de los Obispos y para qué sirve?

Sínodo de los Obispos: “Los jóvenes se preguntan: ¿cuál es tu pasión?”

Testimonio de una joven en el Sínodo: “Pedimos a la Iglesia testigos vivos”

Cariñoso saludo del Papa a un grupo de peregrinos chinos y vietnamitas

DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS Y DE PETICIÓN*: Francisco Fernández-Carvajal

“Santificar el propio trabajo no es una quimera”: San Josemaria

El Papa Francisco inaugura el Sínodo de los jóvenes

«Dale gracias por todo, porque todo es bueno»: Carlos Ayxelà

Octubre mes del Rosario – Historia del Rosario: J. FERRER SERRATE , M. GARCIA MIRALLES (GER)

50º Aniversario de Romano Guardini: Ramiro Pellitero

TRABAJAR A CONCIENCIA: Javier López

Más sobre el celibato sacerdotal: Jesús Ortiz López

INICIATIVAS DE LA VIDA LOCA: René Mondragón

Enemigos del amor en la pareja: Lucía Legorreta

El hombre que no perdonaba: José Martínez Colín.

Octubre y el rezo del Rosario: Josefa  Romo

El igualitarismo explicado en toda su profundidad: Acción Familia

¿Está cediendo la Iglesia?: Pedro García

La demagogia también está presente: Jaume Catalán Díaz

Atención mundial de las familias cristianas: Valentín Abelenda Carrillo

La soledad y mi perro: Antonio García Fuentes

 

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Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

¿Qué es el Sínodo de los Obispos y para qué sirve?

Método de trabajo y fases

octubre 04, 2018 12:55RedacciónEl Sínodo de los Obispos

(ZENIT – 4 oct. 2018).- El Sínodo de los Obispos es una institución permanente, creada por el Papa Pablo VI (15 de septiembre de 1965), en respuesta a los deseos de los Padres del Concilio Vaticano II para mantener vivo el espíritu de colegialidad nacido de la experiencia conciliar.

Aunque el Sínodo es una institución de carácter permanente, sus funciones y su concreta colaboración no tienen tal carácter. El Sínodo de los Obispos se reúne y actúa solo cuando el Santo Padre considera necesario y oportuno consultar al episcopado, el cual durante un encuentro sinodal expresa su opinión “sobre argumentos de gran importancia y gravedad” (Pablo VI, Discurso a los Cardenales, 24 de junio de 1967).

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La finalidad de cada asamblea sinodal es vivir una experiencia de colegialidad entre el episcopado y el Santo Padre. A través de la aceptación del Santo Padre de las sugerencias o conclusiones de una determinada asamblea, el episcopado ejerce una actividad colegial que se aproxima pero que no coincide con aquella manifestada en un concilio ecuménico. Esto es un resultado directo de varios factores: de una presencia de Padres provenientes del entero episcopado, de la convocación de parte del Santo Padre y de “la unidad del episcopado, el cual, para ser uno, necesita una Cabeza del Colegio” (Juan Pablo II, Pastores gregis, 56), que es primero en el orden episcopal.

Trabajo del Sínodo

El trabajo del Sínodo se lleva a cabo en sesiones a las que asisten todos los Padres sinodales en el Aula del Sínodo, llamadas Congregaciones generales, que dan comienzo con una relación ante disceptationem preparada por el Relator General del Sínodo. En resumen, el Sínodo de los Obispos se divide en tres fases.

Presentación

Durante la primera fase cada miembro presenta a los demás la situación de su Iglesia particular. Este rico intercambio de experiencias de fe y cultura sobre el tema del sínodo contribuye a ofrecer una primera imagen de la situación de la Iglesia que, no obstante, debe ser profundizada y perfeccionada.

Círculos Menores

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A la luz de estas presentaciones, el Relator General del Sínodo elabora una serie de preguntas (recogidas en la relación “post disceptationem“) que deberán debatirse durante la segunda fase, cuando todos los miembros del Sínodo se dividen en grupos según las diversas lenguas, llamados Círculos Menores (Circuli Minores).

Los informes de cada grupo se leen en Asamblea Plenaria. En esta ocasión, los Padres sinodales pueden pedir aclaraciones sobre los temas presentados y hacer sus comentarios.

Votación

En una tercera fase, los Círculos se dedican a hacer sugerencias y observaciones en forma precisa y definida de tal manera que en los últimos días la asamblea pueda proceder al voto de proposiciones concretas. El trabajo inicial de los Padres sinodales, reunidos en los círculos, se encamina hacia la formulación de diferentes proposiciones sobre la base de la discusión en el aula del Sínodo y en la Relaciones de los Círculos Menores. En los Círculos Menores, los Padres sinodales pueden votar una proposición con el “Placet” (apruebo) o “non-placet” (no apruebo).

Enmiendas

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Las propuestas de los Círculos Menores se envían luego al Relator general y el Secretario especial quienes las reúnen en una lista unificada de proposiciones, que es presentado por el Relator General en sesión plenaria. Entonces los Círculos Menores se encuentran de nuevo para discutir las proposiciones. Y es en este momento, cuando los Padres sinodales pueden presentar sus enmiendas individuales a la atención del círculo, cuyo propósito será unir todos los votos provenientes de cada círculo y los relativos a las enmiendas a las proposiciones.

El Relator General y el Secretario Especial dan su opinión sobre estas enmiendas colectivas y deciden si deben ser incorporadas o no en la lista final de proposiciones y, en caso de rechazo, deben explicar la motivación en un documento llamado: Examen de las enmiendas.

La lista final de las proposiciones se presenta después en sesión plenaria y se somete al voto de cada padre sinodal, que puede decidir a favor o en contra de la proposición.

Al final de una Asamblea General del Sínodo, el Secretario General archiva todo el material en la Secretaría General y elabore el informe final del trabajo para presentarlo al Santo Padre.

 

 

Sínodo de los Obispos: “Los jóvenes se preguntan: ¿cuál es tu pasión?”

Briefing informativo de la 2ª Congregación General

octubre 04, 2018 21:01Rosa Die AlcoleaEl Sínodo de los Obispos

(ZENIT – 4 oct. 2018).- El vietnamita Joseph Cao Huu Minh Tri, el participante más joven en el Sínodo de los Obispos, de 21 años, ha expresado que la gran búsqueda de muchos jóvenes es descubrir cual es su pasión y ha debatido sobre qué significa esto.

Joseph ha compartido sus impresiones sobre la 2ª Congregación General del Sínodo de los Obispos, celebrada hoy, jueves, 4 de octubre de 2018, al participar en el briefing informativo ofrecido en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, en el que también han intervenido la profesora Chiara Giaccardi, colaboradora del Secretario Especial, y Docente de Sociología en la Universidad Católica de Milán (Italia); Mons. Carlos José Tissera, Padre sinodal elegido por la Conferencia Episcopal de Argentina, Obispo de Quilmes; y Paolo Ruffini, prefecto el Dicasterio vaticano para la Comunicación.

En este contexto, el oyente vietnamita Huu Minh Tri expresó su felicidad por estar aquí en Roma, cómo se siente honrado de participar y “agradecido a Dios” por participar.

La búsqueda de la pasión por parte de los jóvenes, y cómo se les canaliza a través de Internet, YouTube, revistas, etc, “es una tendencia ahora fuerte, especialmente en Vietnam”. A pesar de esto –se lamentó– hay muchas personas que luchan hoy en día para encontrar su pasión y vivir una vida feliz; la gente a menudo ahora se encuentra entre dos extremos: no encontrar la pasión de uno y encontrar la pasión equivocada, observó.

Paolo Ruffini, por su parte, hizo una breve radiografía sobre la segunda jornada del Sínodo de los Obispos sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

Lo primero que ha expresado es que esta experiencia está siendo diferente a la vivida en anteriores Sínodos en cuanto a “como el espíritu del Sínodo nos está forjando, de una manera diferente de los Sínodos anteriores”, ha dicho.

Ha indicado que la una chica estadounidense ha compartido su testimonio con todos los presentes,  que se está planteando un camino vocacional (está terminando su camino de discernimiento para ser monja). “Los jóvenes desean el bien, y ser escuchados donde residen”, ha asegurado Rufini.

3 minutos de silencio

El Prefecto para la Comunicación ha destacado la novedad propuesta por el Santo Padre Francisco para esta XV Asamblea Ordinaria del Sínodo de tener 3 minutos de silencio cada 5 intervenciones. Esta iniciativa ha sido muy bien acogida por todos, y necesaria para “reposar las palabras en el corazón”, ha expresado también el Padre Sinodal Mons. Carlos José Tissera.

Ruffini también ha enumerado otros temas que los Padres Sinodales han debatido hoy, 4 de octubre de 2018: El tema de la afectividad y de la sexualidad como algo “muy grande” del amor humano; se ha hablado de la vocación “no simplemente como una vocación al sacerdocio o a la vida religiosa, si no en un sentido más grande”.

“A veces el canal de comunicación parece interrumpido entre los jóvenes y la Iglesia. Hay que recuperar el tema de la maternidad de la Iglesia”, ha señalado.

Y la “familia”, como lugar de la transmisión de la fe, ha sido otro de los grandes temas tratados hoy por la Asamblea. “Las familias deberían colaborar con la Iglesia para transmitir la fe”, ha explicado.

“Se ha hablado mucho de la profecía de los jóvenes al futuro. La Iglesia debería saber escuchar”. Asimismo, “se ha hablado del perdón, que la Iglesia ya ha solicitado, sobre todo cuando no ha estado a la altura de sus tareas o de otras cuestiones (en concreto sobre los abusos sexuales). Ahí a lo mejor muchos religiosos no lograron estar a la altura…”, ha explicado el Prefecto del Vaticano.

Ha sido un “clima de gran participación, gran atención por parte de los participantes, de los jóvenes, han logrado compartir en todas las intervenciones, intentado comprender las relaciones entre las distintas generaciones”, ha matizado Paolo Ruffini.

 

 

Testimonio de una joven en el Sínodo: “Pedimos a la Iglesia testigos vivos”

Briana Santiago, 27 años, de Texas

octubre 04, 2018 19:56Rosa Die AlcoleaEl Sínodo de los Obispos

(ZENIT – 4 oct. 2018).- Heridos por la soledad, la fragilidad familiar y la ansiedad existencial –ha expresado Briana Santiago, participante en el Sínodo– “pedimos a la Iglesia que sea acompañada por testigos vivos, capaces de evangelizar a través de sus vidas”.

El testimonio de esta joven estadounidense de 27 años, postulante en la comunidad de consagradas ‘Apóstoles de la Vida Interior’, ha sido uno de las principales intervenciones de la 2ª Congregación General de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, celebrada este jueves, 4 de octubre de 2018.

La americana forma parte del grupo de 34 jóvenes que participan en el Sínodo de los Obispos, es natural de San Antonio, Texas, y ha narrado su camino vocacional en esta congregación. Briana acaba de comenzar el quinto año de formación con la comunidad de consagradas ‘Apóstoles de la Vida Interior’, y el cuarto año de estudio filosófico y teológico en la Universidad Pontificia Lateranense de Roma.

La joven estadounidense se ha dirigido al Papa y a todos los presentes: Los jóvenes de hoy estamos en búsqueda; búsqueda del significado de la vida, búsqueda de trabajo, búsqueda de nuestro camino o vocación, búsqueda de nuestra identidad. “Los jóvenes sueñan con la seguridad, la estabilidad y la realización personal, de encontrar un lugar al que puedan sentir que pertenecen”.

Realidad paralela

Reconocemos la utilidad del “intercambio de información, ideales, valores e intereses comunes” que es posible a través de Internet, pero también cómo la tecnología utilizada de manera inhumana puede crear “una realidad paralela engañosa que ignora la dignidad humana”.

La mayor parte de lo que acabo de enumerar es el resultado de la reflexión realizada durante la reunión pre-sinodal de marzo pasado.

La americana asistió a la reunión preparatoria del Sínodo dando la bienvenida a jóvenes que hablaban inglés, que estaban conectados a través de las redes sociales, y estuvo presente físicamente entre los trescientos delegados mientras se realizaba la reflexión.

Briana ha compartido con los presentes la sorpresa que la causó descubrió la cantidad de cosas en común que tenemos los jóvenes, a pesar de los orígenes y culturas.

“Había tanta alegría en esa sala: la alegría de conocer y de ser conocido, que se sentía en la risa, las canciones y la charla durante los descansos”, ha recordado Briana.

Adultos ansiosos por saber

Los jóvenes “queremos el diálogo, la autenticidad, la participación y allí fuimos recibidos por adultos que estaban disponibles y ansiosos por saber qué llevamos en nuestros corazones”, destaca la americana.

La joven oyente del Sínodo lo califica como una experiencia “de fraternidad entre personas muy diferentes”, algunas de ellas también pertenecientes a otras religiones o no creyentes, que vivieron siete días de comunión y de intercambio mutuo.

Briana ha reconocido que hay “tantas necesidades en el mundo, tantos temas sobre los cuales debemos reflexionar y dialogar”, y además “estamos aún más agradecidos de que en este momento de la historia la Iglesia se centre en nosotros y en todo lo que nos concierne”, ha reconocido la chica de Texas.

Honor y responsabilidad

Esto es un “honor” –ha expresado la joven de Estados Unidos ante los Padres Sinodales– para nosotros también una “gran responsabilidad”, ser “transparentes y conscientes de nuestra fragilidad” para poder ayudarnos no solo a nosotros mismos, sino también a las generaciones que vendrán después de nosotros, ha explicado.

“En un nivel más personal, comparto con ustedes que el Señor me trajo a Roma para discernir seriamente la vida consagrada, no solo porque mi familia es católica practicante, sino también gracias a cada persona que se hizo Providencia en mi camino”.

La joven ha relatado su experiencia personal: “Mi párroco en San Antonio (Texas) se convirtió en uno de nosotros, y en su vecindario vi una Iglesia acogedora que cuidaba hasta al miembro más pequeño, y me derretí frente a ese amor”.

Los catequesis de Briana –ha contado en el Aula del Sínodo– no hablaron de reglas, sino de su relación personal con Cristo, algo que cambió su “imagen de Dios de juez a Padre”. En la universidad, la joven americana conoció a una mujer consagrada que se tomó en serio todo lo que vivió y le acompañó, ayudándole a orar y desarrollar su vida interior.

“Como lo fue para mí –ha manifestado– creo que todos nosotros, los jóvenes, necesitamos ser escuchados primero, y luego guiados para entrar más profundamente en nosotros mismos”.

En resumen, “queremos encontrarnos allí donde estamos”: intelectualmente, emocionalmente, espiritualmente, socialmente y físicamente, ha matizado Briana Santiago.

“Me uno a todos ustedes con la esperanza de que el Espíritu pueda descender sobre cada uno de nosotros e iluminar lo que nos acercará más a la felicidad, al encuentro con Cristo en la plenitud de la vida y el amor” ha concluido.

 

 

Cariñoso saludo del Papa a un grupo de peregrinos chinos y vietnamitas

En la Basílica de San Pedro

octubre 04, 2018 10:47Rosa Die AlcoleaChina, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 4 oct. 2018).- Francisco saludó ayer en la Basílica de San Pedro a un grupo de peregrinos de origen chino y vietnamita, presentes en Roma para participar en la peregrinación promovida por la Congregación de San Juan Bautista, con ocasión de los 90 años de misión al servicio del pueblo chino.

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El encuentro tuvo lugar el pasado miércoles, 3 de octubre de 2018, antes del inicio de la Santa Misa de apertura de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, frente a la Capilla de la Piedad.

El Papa saludó a los fieles chinos y vietnamitas e intercambió con ellos unas palabras de afecto y cercanía. Además, los peregrinos entregaron al Santo Padre un regalo.

Obispos chinos en el Sínodo

Asimismo, el Santo Padre se ha mostrado muy contento por la participación –por primera vez en la historia– de dos obispos de China Continental en el Sínodo de los Obispos, que se celebra del 3 al 28 de octubre en el Vaticano.

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Ellos son Mons. Giuseppe Guo Jincai (1968) Obispo de Chengde (provincia de Hebei) y Mons. Giovanni Battista Yang Xiaoting (1964), Obispo de Yan’an (provincia de Shaanxi).

La presencia de estos prelados en la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo se debe al Acuerdo Provisional que firmaron la Santa Sede y la el gobierno de la República Popular de China sobre el nombramiento de los obispos, el pasado 22 de septiembre, una cuestión de gran importancia para la vida de la Iglesia, y crea las condiciones para una colaboración más amplia a nivel bilateral.

 

DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS Y DE PETICIÓN*

— Ser agradecidos. Imitar al Señor.

— Innumerables motivos para dar gracias continuamente.

— Pedir con confianza. Acudir a la Virgen en nuestras peticiones.

I. Coronarás el año con tus bienes, Señor, y serás la esperanza del confín de la tierra1.

Las Témporas son días de acción de gracias y de petición que la Iglesia ofrece a Dios, terminados la recolección de las cosechas y el período anual que muchos tienen de descanso. Es también un día propicio de petición de ayuda al Señor para recomenzar de nuevo en las actividades del trabajo normal y también en la vida interior de cada uno2.

Agradecer y pedir son dos modos de relacionarnos diariamente con nuestro Padre Dios. Es mucho lo que necesitamos; es mucho lo que debemos agradecer. En primer lugar hemos de ser conscientes de los dones del Señor, «porque si no conocemos qué recibimos, no despertamos al amor»3. No sabremos amar si no somos agradecidos. Ten cuidado, no te olvides del Señor leemos en la Primera lectura de la Misa... No sea que cuando comas hasta hartarte, cuando te edifiques casas hermosas y las habites, cuando críes tus reses y ovejas, aumentes tu plata y tu oro, y abundes de todo, te vuelvas engreído y te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que te sacó agua de una roca de pedernal4.

La vida de Jesús, nuestro Modelo, es una continua acción de gracias al Padre. Con la resurrección de Lázaro, exclamará Jesús: Padre, te doy gracias porque me has escuchado5. En la multiplicación de los panes, Jesús tomó los panes y, dando gracias, dio a los que estaban recostados, e igualmente los peces...6. En la institución de la Eucaristía, antes de pronunciar las palabras sobre el pan y el vino, el Señor dio gracias7. Y así, en incontables ocasiones. Por eso, «podemos decir afirma el Papa Juan Pablo II que su oración, y toda su existencia terrena, se convirtió en revelación de esta verdad fundamental enunciada por la Carta de Santiago: Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de arriba, desciende del Padre de las luces... (Sant 1, 17)». La acción de gracias «es como una restitución, porque todo tiene en Él su principio y su fuente. Gratias agamus Domino Deo nostro: es la invitación que la Iglesia pone en el centro de la liturgia eucarística»8. Nada hay más justo y necesario que dar gracias al Señor todos los días de nuestra vida, sin olvidar que «la mayor muestra de agradecimiento a Dios es amar apasionadamente nuestra condición de hijos suyos»9. Hoy, la Iglesia nos lo recuerda especialmente.

II. El principal reproche que San Pablo dirige a los paganos es que, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias10. No seamos nosotros ingratos. Este año por el que damos gracias ha estado lleno de dones del Señor: unos claros y visibles; otros, a veces más valiosos, han pasado ocultos: peligros del alma y del cuerpo de los que nos ha librado nuestro Padre Dios; personas a las que hemos conocido y que tendrán una importancia decisiva en nuestra salvación; gracias y ayudas que nos han pasado inadvertidas; incluso acontecimientos que quizá hemos interpretado como algo negativo (una enfermedad, un fracaso profesional...) veremos más tarde que han sido un regalo de Dios. Nuestra vida entera es un bien inmerecido. Por eso las acciones de gracias han de ser continuas: deben ser actos de piedad y de amor para ser practicados siempre. Comprendemos que en el Prefacio de la Santa Misa, la Iglesia nos recuerde todos los días que es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo. También cuando nos llega el dolor o la enfermedad: ¡Dios mío, gracias! Y el alma se llena de paz, porque entiende que de aquello que parece poco grato o no deseable, Dios sacará mucho fruto. «Este gracias es como el leño que Dios mostró a Moisés, que arrojado en las aguas amargas, las trocó en dulces (cfr. Ex 15, 25)»11.

El Fundador del Opus Dei acostumbraba a recomendar a sus hijos que dieran gracias al Señor pro universis beneficiis... etiam ignotis, por todos sus beneficios, también por los que nos pasan inadvertidos12. Posiblemente «uno de nuestros mayores sonrojos al llegar al juicio procederá de ahí: de la cantidad enorme de regalos divinos que no supimos apreciar, y agradecer, como tales dones; de los disgustos innecesarios que nos llevamos por lo que calificamos de indiferencia divina para nuestras oraciones. Al menos entonces sí que le daremos gracias, avergonzados, porque tuvo la bondad de no escuchar tantas peticiones necias como le formulamos. Es muy posible que, de hacernos caso y prestar satisfacción literal a nuestros ruegos, hubiéramos de escuchar el último día las mismas palabras que aquel atormentado Epulón, triunfador aquí abajo: Hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes en la vida (Lc 16, 25)»13.

¡Qué sorpresa cuando descubramos que los hombres, con más fe y visión sobrenatural, habrían podido ver un gran bien en muchos de los acontecimientos que consideraron como un mal! Nuestra gratitud está muy relacionada con el Cielo, del que es ya un adelanto, pero también con el Purgatorio. «¡Cómo agradeceremos al Señor los sinsabores que permitió en nuestra vida! Son delicadezas de un Padre que desea ver a sus hijos limpios, purificados, prontos para acudir junto a Él, inmediatamente, al concluir nuestro viaje por este mundo. Como nos ama, no quiere para nosotros la dilación de un imprescindible Purgatorio, y nos hace la merced de facilitarlo en esta vida. Al final le daremos gracias, sobre todo, porque haya accedido en particular a una de nuestras oraciones: esa en la que, tal vez sin darnos cuenta, le pedimos con la Iglesia spatium verae penitentiae, oportunidad para una verdadera y fructuosa penitencia»14.

Demos gracias al Señor en todo tiempo y lugar, en cualquier circunstancia, pero de modo muy particular en la Santa Misa, la Acción de gracias por excelencia. Y con la Liturgia de la Misa, le decimos: Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza en acción de gracias por los dones que nos has concedido; ayúdanos a reconocer que es dádiva tuya lo que hemos recibido sin merecerlo15.

III. Junto a la acción de gracias continua, la petición reiterada, porque son muchas las ayudas que necesitamos, sin las cuales no podremos salir adelante. Aunque el Señor nos concede de hecho muchos dones sin que se los pidamos, ha dispuesto otorgarnos otros teniendo en cuenta la fuerza de la oración de sus hijos. Y como no sabemos cuál es la medida de oración que su insondable Providencia espera para otorgarnos esas gracias, es necesario que pidamos incansablemente: es preciso orar siempre y no desfallecer16. Y el Señor, en el Evangelio de la Misa17, nos da la seguridad más plena de que serán siempre atendidas nuestras oraciones. Él mismo sale fiador con su palabra: todo lo que pidamos y sea para nuestro bien se nos concederá siempre. Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Hay además una razón para ser perseverantes en la oración: cuanto más pedimos, más nos acercamos a Dios, más crece nuestra amistad con Él. En la tierra, cuando hay que pedir un favor a un poderoso se busca un lazo que nos una a él, el momento oportuno, en que se encuentre de buen ánimo... A nuestro Padre Dios siempre le encontramos dispuesto a escucharnos. ¿Hay acaso alguno entre vosotros que, pidiéndole pan un hijo suyo, le dé una piedra? ¿O si le pide un pez, le dé una culebra? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que se las pidan? Disponemos de todos los motivos para acudir con confianza a nuestro Dios. Nada puede quebrantar esa fe, nada puede legítimamente atenuarla.

¿Y qué tenemos que pedir? «¿Quién no tiene cosas que pedir? Señor, esa enfermedad... Señor, esta tristeza... Señor, aquella humillación que no sé soportar por tu amor... Queremos el bien, la felicidad y la alegría de las personas de nuestra casa; nos oprime el corazón la suerte de los que padecen hambre y sed de pan y de justicia; de los que experimentan la amargura de la soledad; de los que, al término de sus días, no reciben una mirada de cariño ni un gesto de ayuda.

»Pero la gran miseria que nos hace sufrir, la gran necesidad a la que queremos poner remedio es el pecado, el alejamiento de Dios, el riesgo de que las almas se pierdan para toda la eternidad»18.

Y tenemos además un camino que la Iglesia nos ha señalado desde siempre, para que nuestras oraciones lleguen con más prontitud ante la presencia de Dios. Este camino es la mediación de María, Madre de Dios, y Madre nuestra. Y entre las oraciones que la piedad cristiana ha dirigido a Santa María a lo largo de los siglos, el Santo Rosario, que la Iglesia nos propone como devoción particular de este mes de octubre, ha sido camino eficaz para toda petición, para toda necesidad. «No dejéis de inculcar con todo cuidado la práctica del Rosario aconsejaba Pío XI, la oración tan querida de la Virgen y tan recomendada por los Sumos Pontífices, por medio de la cual los fieles pueden cumplir de la manera más suave y eficaz el mandato del Divino Maestro: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá»19. No desechemos el consejo.

1 Antífona de comunión. Cfr. Sal 64, 126. — 2 Cfr. J. A. Abad-M. Garrido Boñano, Iniciación a la Litúrgica de la Iglesia, Palabra, Madrid 1988, p. 666. — 3 Santa Teresa, Vida, 10, 3. — 4 Primera lectura, Dt 8, 11-15. — 5 Jn 11, 41. — 6 Jn 6, 11. — 7 Lc 22,17. — 8 Juan Pablo II, Audiencia general 29-VII-1987. — 9 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 333. — 10 Rom 1, 21. — 11 J. Tissot, La vida interior, Herder, Barcelona 1971, p. 321. — 12 Cfr. S. Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, p. 151. — 13 J. M. Pero-Sanz, La hora sexta, Rialp, Madrid 1978, p. 274. — 14 Ibídem, p. 275. — 15 Oración sobre las ofrendas. — 16 Lc 18, 1. — 17 Mt 7, 7-11. — 18 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, pp. 77-78 — 19 Pío XI, Enc. Ingravescentibus malis, 29-IX-1937.

En este día, la Iglesia nos invita a que hagamos balance de los muchos beneficios que hemos recibido de Dios, para darle gracias, y recuento de lo mucho que necesitamos en el orden espiritual y en el material, para pedirlo a nuestro Padre Dios, siempre dispuesto a concedernos lo que necesitamos..

 

 

“Santificar el propio trabajo no es una quimera”

Santificar el propio trabajo no es una quimera, sino misión de todo cristiano...: tuya y mía. –Así lo descubrió aquel ajustador, que comentaba: "me vuelve loco de contento esa certeza de que yo, manejando el torno y cantando, cantando mucho –por dentro y por fuera–, puedo hacerme santo...: ¡qué bondad la de nuestro Dios!" (Surco, 517)

En esta hora de Dios, la de tu paso por este mundo, decídete de verdad a realizar algo que merece la pena: el tiempo urge, y ¡es tan noble, tan heroica, tan gloriosa la misión del hombre –de la mujer– sobre la tierra, cuando enciende en el fuego de Cristo los corazones mustios y podridos!
–Vale la pena llevar a los demás la paz y la felicidad de una recia y jubilosa cruzada. (Surco, 613)
Unas veces dejas que salte tu mal carácter, que aflora, en más de una ocasión, con una dureza disparatada. Otras, no te ocupas en aderezar tu corazón y tu cabeza, con el fin de que sean aposento regalado para la Santísima Trinidad... Y siempre, acabas por quedarte un tanto lejos de Jesús, a quien conoces poco...
–Así, jamás tendrás vida interior. (Surco, 651)
Remedio para todo: ¡santidad personal! –Por eso, los santos han estado llenos de paz, de fortaleza, de alegría, de seguridad... (Surco, 653)

 

El Papa Francisco inaugura el Sínodo de los jóvenes

Esta mañana, el Santo Padre ha presidido la Misa de Apertura de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes. “Sabemos que nuestros jóvenes —dijo durante la homilía— serán capaces de profecía y de visión en la medida que nosotros, ya mayores o ancianos, seamos capaces de soñar”.

De la Iglesia y del Papa03/10/2018

 

«El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho» (Jn 14,26).

De esta forma tan sencilla, Jesús les ofrece a sus discípulos la garantía que acompañará toda la obra misionera que les será encomendada: el Espíritu Santo será el primero en custodiar y mantener siempre viva y actuante la memoria del Maestro en el corazón de los discípulos. Él es quien hace que la riqueza y hermosura del Evangelio sea fuente de constante alegría y novedad.

Pedimos con insistencia al Paráclito que nos ayude a hacer memoria y a reavivar esas palabras del Señor que hacían arder nuestro corazón

Al iniciar este momento de gracia para toda la Iglesia, en sintonía con la Palabra de Dios, pedimos con insistencia al Paráclito que nos ayude a hacer memoria y a reavivar esas palabras del Señor que hacían arder nuestro corazón (cf. Lc 24,32). Ardor y pasión evangélica que engendra el ardor y la pasión por Jesús. Memoria que despierte y renueve en nosotros la capacidad de soñar y esperar. Porque sabemos que nuestros jóvenes serán capaces de profecía y de visión en la medida que nosotros, ya mayores o ancianos, seamos capaces de soñar y así contagiar y compartir esos sueños y esperanzas que anidan en el corazón (cf. Jl 3,1).

Que el Espíritu nos dé la gracia de ser Padres sinodales ungidos con el don de los sueños y de la esperanza para que podamos, a su vez, ungir a nuestros jóvenes con el don de la profecía y la visión; que nos dé la gracia de ser memoria operante, viva, eficaz, que de generación en generación no se deja asfixiar ni aplastar por los profetas de calamidades y desventuras ni por nuestros propios límites, errores y pecados, sino que es capaz de encontrar espacios para encender el corazón y discernir los caminos del Espíritu. Con esta actitud de dócil escucha de la voz del Espíritu, hemos venido de todas partes del mundo. Hoy, por primera vez, están también aquí con nosotros dos hermanos obispos de China Continental. Démosles nuestra afectuosa bienvenida: gracias a su presencia, la comunión de todo el Episcopado con el Sucesor de Pedro es aún más visible.

Que el Espíritu nos dé la gracia de ser Padres sinodales ungidos con el don de los sueños y de la esperanza

Ungidos en la esperanza comenzamos un nuevo encuentro eclesial capaz de ensanchar horizontes, dilatar el corazón y transformar aquellas estructuras que hoy nos paralizan, nos apartan y alejan de nuestros jóvenes, dejándolos a la intemperie y huérfanos de una comunidad de fe que los sostenga, de un horizonte de sentido y de vida (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 49).

La esperanza nos interpela, moviliza y rompe el conformismo del «siempre se hizo así» y nos pide levantarnos para mirar de frente el rostro de nuestros jóvenes y las situaciones en las que se encuentran. La misma esperanza nos pide trabajar para revertir las situaciones de precariedad, exclusión y violencia a las que están expuestos nuestros muchachos.

Nuestros jóvenes, fruto de muchas de las decisiones que se han tomado en el pasado, nos invitan a asumir junto a ellos el presente con mayor compromiso y luchar contra todas las formas que obstaculizan sus vidas para que se desarrollen con dignidad. Ellos nos piden y reclaman una entrega creativa, una dinámica inteligente, entusiasta y esperanzadora, y que no los dejemos solos en manos de tantos mercaderes de muerte que oprimen sus vidas y oscurecen su visión.

Con este espíritu intentaremos ponernos a la escucha los unos de los otros para discernir juntos lo que el Señor le está pidiendo a su Iglesia

Esta capacidad de soñar juntos que el Señor hoy nos regala como Iglesia, reclama, como nos decía san Pablo en la primera lectura, desarrollar entre nosotros una actitud definida: «No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás» (Flp 2,4). E inclusive apunta más alto al pedir que con humildad consideremos estimar a los demás superiores a nosotros mismos (cf. v. 3). Con este espíritu intentaremos ponernos a la escucha los unos de los otros para discernir juntos lo que el Señor le está pidiendo a su Iglesia. Y esto nos exige estar alertas y velar para que no domine la lógica de autopreservación y autorreferencialidad que termina convirtiendo en importante lo superfluo y haciendo superfluo lo importante. El amor por el Evangelio y por el pueblo que nos fue confiado nos pide ampliar la mirada y no perder de vista la misión a la que nos convoca para apuntar a un bien mayor que nos beneficiará a todos. Sin esta actitud, vanos serán todos nuestros esfuerzos.

El don de la escucha sincera, orante y con el menor número de prejuicios y presupuestos nos permitirá entrar en comunión con las diferentes situaciones que vive el Pueblo de Dios. Escuchar a Dios, hasta escuchar con él el clamor del pueblo; escuchar al pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama (cf. Discurso durante el encuentro para la familia, 4 octubre 2014).

Pongamos este tiempo bajo la materna protección de la Virgen María

Esta actitud nos defiende de la tentación de caer en posturas «eticistas» o elitistas, así como de la fascinación por ideologías abstractas que nunca coinciden con la realidad de nuestros pueblos (cf. J. M. Bergoglio, Meditaciones para religiosos, 45-46).

Hermanos, hermanas: Pongamos este tiempo bajo la materna protección de la Virgen María. Que ella, mujer de la escucha y la memoria, nos acompañe a reconocer las huellas del Espíritu para que, «sin demora» (cf. Lc 1,39), entre sueños y esperanzas, acompañemos y estimulemos a nuestros jóvenes para que no dejen de profetizar.

Padres sinodales:

Muchos de nosotros éramos jóvenes o comenzábamos los primeros pasos en la vida religiosa al finalizar el Concilio Vaticano II. A los jóvenes de aquellos años les fue dirigido el último mensaje de los padres conciliares. Lo que escuchamos de jóvenes nos hará bien volverlo repasar en el corazón recordando las palabras del poeta: «Que el hombre mantenga lo que de niño prometió» (F. Hölderlin).

Así nos hablaron los Padres conciliares: «La Iglesia, durante cuatro años, ha trabajado para rejuvenecer su rostro, para responder mejor a los designios de su fundador, el gran viviente, Cristo, eternamente joven. Al final de esa impresionante “reforma de vida” se vuelve a vosotros. Es para vosotros los jóvenes, sobre todo para vosotros, porque la Iglesia acaba de alumbrar en su Concilio una luz, luz que alumbrará el porvenir. La Iglesia está preocupada porque esa sociedad que vais a constituir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las personas, y esas personas son las vuestras […]

En el nombre de este Dios y de su hijo, Jesús, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo. Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores» (Pablo VI, Mensaje a los jóvenes, con ocasión de la clausura del Concilio Vaticano II, 8 diciembre 1965).

Padres sinodales: la Iglesia los mira con confianza y amor.

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«Dale gracias por todo, porque todo es bueno»

Agradecer, ante lo bueno y ante lo malo, es saberse siempre querido por Dios: gracias por estar aquí a mi lado; gracias porque esto te importa.

Vida espiritual01/04/2018

Opus Dei - «Dale gracias por todo, porque todo es bueno»

Acertar con la propia vida: dar con lo esencial, apreciar lo que vale, ver venir lo malo, dejar pasar lo irrelevante. «Si la riqueza es un bien deseable en la vida, ¿hay mayor riqueza que la sabiduría, que lo realiza todo?» (Sb 8,5). La sabiduría no tiene precio: todos la querrían para sí. Es un saber que no tiene que ver con las letras, sino con el sabor, con la capacidad de percibir cómo sabe el bien. Lo expresa de modo certero el término sapientia, traducción del griego sophia en los libros sapienciales. En su significado originario, sapientia denota buen gusto, buen olfato. El sabio tiene un paladar para saborear lo bueno. Da nobis recta sapere, le pedimos a Dios, con una antigua oración[1]: haz que saboreemos lo bueno.

«Cuando pasen treinta años, echaréis la mirada atrás y os pasmaréis. Y no tendréis más que acabar la vida agradeciendo, agradeciendo…» (San Josemaría)

La Escritura presenta esta sabiduría como un conocimiento natural, que brota con facilidad: «la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran. Se adelanta en manifestarse a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta» (Sb 6,12-14).Sin embargo, para adquirir esta connaturalidad es necesario buscarla, desearla, madrugar por ella. Con paciencia, con la insistencia del salmo: «Oh, Dios, Tú eres mi Dios, al alba te busco, / mi alma tiene sed de Ti; / por Ti mi carne desfallece, / en tierra desierta y seca, sin agua»(Sal 63,2). Y esta búsqueda es la tarea de una vida. Por eso, la sabiduría va llegando también con los años. La sabiduría, lo ha dicho el Papa tantas veces, haciéndose eco del Sirácide (cfr. Si 8,9), es lo más propio de los ancianos: ellos son «la reserva de sabiduría de nuestro pueblo»[2]. Es cierto que la edad también puede traer consigo inconvenientes como el arraigo de algunos defectos del carácter, cierta resistencia a aceptar las propias limitaciones, o dificultades para comprender a los jóvenes. Pero, por encima de todo eso, suele brillar la capacidad de apreciar, de saborear, lo verdaderamente importante. Y eso es, a fin de cuentas, la verdadera sabiduría.

A este saber se refería san Josemaría en una ocasión, hablando a un grupo de fieles de la Obra: «Cuando pasen treinta años, echaréis la mirada atrás y os pasmaréis. Y no tendréis más que acabar la vida agradeciendo, agradeciendo…»[3] A la vuelta de los años quedan, sobre todo, motivos de agradecimiento. Se desdibujan los contornos afilados de problemas y dificultades que quizá en su momento nos agitaron fuertemente, y se pasa a verlos con otros ojos, incluso con cierto humor. Se adquiere la perspectiva para ver cómo Dios le ha ido llevando a uno, cómo ha ido dando la vuelta a sus errores, cómo se ha servido de sus esfuerzos… Quienes convivían con el beato Álvaro recuerdan la frecuencia y la sencillez con que decía: «gracias a Dios». Esa convicción de que uno no tiene más que agradecer recoge, pues, un elemento esencial de la verdadera sabiduría. La que Dios va haciendo crecer en el alma de quienes le buscan, y que pueden decir, incluso antes de llegar a la vejez: «Tengo más discernimiento que los ancianos, porque guardo tus mandatos»(Sal 119,100).

 

Todo es bueno

Desde las estrecheces y angustias de su escondrijo en la Legación de Honduras, san Josemaría escribía en 1937 a los fieles de la Obra que estaban desperdigados por Madrid: «Mucho ánimo, ¿eh? Procurad que todos estén contentos: todo es para bien: todo es bueno»[4]. La misma tónica tiene otra carta, escrita al cabo de un mes, a los que estaban en Valencia: «Que os animéis. Que os alegréis, si, naturalmente, os habéis entristecido. Todo es para bien»[5].

«Las misericordias de Dios nos acompañan día a día. Basta tener el corazón vigilante para poderlas percibir» (Benedicto XVI)

Todo es bueno, todo es para bien. En estas palabras se transparentan dos textos de la Escritura. De un lado, el crescendo de alegría de Dios durante la creación, que desemboca en la conclusión de que «todo lo que había hecho (…) era muy bueno» (Gn 1,31). Del otro, aquella máxima de san Pablo ―«todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28)― que san Josemaría condensaba en una exclamación: «omnia in bonum!» Años antes, en la Navidad de 1931, esas dos fibras de la Escritura se entretejían en una anotación que daría lugar más tarde a un punto de Camino.Todo es bueno, todo es para bien. El reconocimiento por las cosas buenas y la esperanza de que Dios sabrá sacar un bien de lo que parece malo:

Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. ―Porque te da esto y lo otro. ―Porque te han despreciado. ―Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.

Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. ―Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. ―Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso...

Dale gracias por todo, porque todo es bueno[6].

Como se puede observar a simple vista, la secuencia de los motivos de agradecimiento no sigue un orden particular: si todo es bueno, lo es la primera cosa que se nos presenta, y la siguiente, y la otra… todas son motivos de agradecimiento. «Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta». Mira adonde quieras, parece decirnos san Josemaría: no encontrarás más que motivos de agradecimiento. Se refleja en estas líneas, en fin, una admiración que se desborda ante la bondad de Dios; un asombro que recuerda el cántico de las criaturas de san Francisco, en el que también todo es motivo de agradecimiento: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas (...). Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire, y la nube y el cielo sereno, y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento (...). Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor»[7].

«Porque te da esto y lo otro». Cuántas cosas nos da Dios, y qué fácilmente nos acostumbramos a ellas. La salud, a la que se ha llamado «el silencio de los órganos», es quizá un ejemplo paradigmático: suele suceder que la damos por descontado hasta que el cuerpo empieza a hacerse notar; y quizá solo entonces valoramos, por su ausencia, lo que teníamos. El agradecimiento consiste aquí, en parte, en adelantarse; en afinar el oído para percibir el silencio, la discreción con la que Dios nos da tantas cosas. «Las misericordias de Dios nos acompañan día a día. Basta tener el corazón vigilante para poderlas percibir. Somos muy propensos a notar solo la fatiga diaria (…). Pero si abrimos nuestro corazón, entonces, aunque estemos sumergidos en ella, podemos constatar continuamente qué bueno es Dios con nosotros; cómo piensa en nosotros precisamente en las pequeñas cosas, ayudándonos así a alcanzar las grandes»[8].

Agradecer a Dios es disfrutar con Él de las cosas buenas que nos da, porque en compañía de las personas queridas siempre se disfruta más

Sería empequeñecer este agradecimiento pensar que se trata simplemente de la respuesta a una deuda de gratitud. Es mucho más: precisamente porque consiste en saborear lo bueno, agradecer a Dios es disfrutar con Él de las cosas buenas que nos da, porque en compañía de las personas queridas siempre se disfruta más. Hasta lo más prosaico puede ser entonces motivo para pasarlo bien; para no tomarse demasiado en serio; para descubrir la alegría de vivir «en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien (…) No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!»[9]

 

Todo es para bien

Acordarse de agradecer las cosas buenas que Dios nos da es ya en sí mismo un reto. ¿Qué decir de las cosas menos agradables? «Porque te han despreciado»: porque te han tratado con frialdad, con indiferencia; porque te han humillado; porque no han valorado tus esfuerzos... «Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes». Es cuando menos sorprendente la tranquilidad con la que tener y no tener aparecen aquí bajo el mismo signo. ¿Realmente es posible agradecer a Dios la falta de salud, trabajo, tranquilidad? Dar gracias porque te falta tiempo ―cuántas veces eso nos hace sufrir―; porque te faltan los ánimos, las fuerzas, las ideas; porque esto o aquello te ha salido mal… Pues sí: también entonces, nos dice san Josemaría, dale gracias a Dios.

Esta actitud nos devuelve a las contradicciones que san Josemaría atravesaba cuando escribía esas cartas desde la legación de Honduras, y al contexto de sufrimiento del que surgió la anotación que está en el origen de este punto de Camino[10]. La invitación a agradecer lo malo, que aparece de un modo más explícito páginas adelante, tiene su origen en una anotación de cinco días antes: «Paradojas de un alma pequeña. ―Cuando Jesús te envíe sucesos que el mundo llama buenos, llora en tu corazón, considerando la bondad de Él y la malicia tuya: cuando Jesús te envíe sucesos que la gente califica de malos, alégrate en tu corazón, porque Él te da siempre lo que conviene y entonces es la hermosa hora de querer la Cruz»[11].

A pesar de su cercanía en el tiempo, esta consideración se sitúa en el marco de otro capítulo de Camino, uno de los dos que versan sobre la infancia espiritual. Sale así a la luz una clave desde la que se puede comprender el clima espiritual de esa disposición a dar gracias a Dios «por todo, porque todo es bueno». Si el agradecimiento es un signo de la sabiduría que acompaña a la edad y a la cercanía con Dios, solo surge donde hay una actitud de «abandono esperanzado»[12] en las manos de Dios; una actitud que san Josemaría descubrió por la vía de la infancia espiritual: «¿Has presenciado el agradecimiento de los niños? —Imítalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso: «¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!...»[13]

Agradecer lo malo no es, desde luego, algo que surja espontáneamente. De hecho, al principio puede parecer incluso algo teatral o incluso ingenuo: como si negáramos la realidad, como si buscáramos consolación en… un cuento para niños. Sin embargo, agradecer en esas situaciones no es dejar de ver, sino ver más allá. Nos resistimos a agradecer porque percibimos la pérdida, la contrariedad, el desgarro. Nuestra mirada está todavía muy pegada a la tierra, como sucede al niño a quien le parece que se hunde el mundo porque se le ha roto un juguete, porque se ha tropezado, o porque querría seguir jugando. En el momento es un pequeño drama, pero al rato seguramente se le pasa. «En la vida interior, nos conviene a todos ser (…) como esos pequeñines, que parecen de goma, que disfrutan hasta con sus trastazos porque enseguida se ponen de pie y continúan sus correteos; y porque tampoco les falta ―cuando resulta preciso― el consuelo de sus padres»[14].

Agradecer lo malo no es dejar de ver, sino ver más allá

El agradecimiento del que nos habla san Josemaría no es una especie de manto que cubre lo desagradable, como por arte de magia, sino un gesto por el que levantamos la mirada a nuestro Padre Dios, que nos sonríe. Se abre paso así a la confianza, un abandono que pone en un segundo plano la contrariedad, aunque nos siga pesando. Agradecer cuando algo nos duele significa aceptar: «La mejor manera de expresar gratitud a Dios y a las personas es aceptarlo todo con alegría»[15]. Seguramente lo primero que sale no es un grito de alegría; quizá todo lo contrario. Aun así, aunque el alma se rebele, agradecer: «Señor, no es posible… no puede ser… pero gracias»; aceptar: «yo querría tener más tiempo, más fuerzas… yo querría que esta persona me tratara mejor… yo querría no tener esta dificultad, este defecto. Pero Tú sabes más». Pediremos a Dios que arregle las cosas como nos parece que deberían ser, pero desde la serenidad de que Él sabe lo que hace, y de que saca bienes de donde quizá solo vemos males.

Agradecer lo malo, siempre con palabras de la misma temporada del «gracias por todo», supone «creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños»[16]. Más allá de la forma particular que tome ese abandono en la vida interior de cada uno, esta actitud delinea la convicción de que ante Dios somos muy pequeños, y que así son nuestras cosas. Y, a pesar de eso, a Dios le importan, y más que a nadie en el mundo. De ahí surge en realidad el agradecimiento de saberse querido: gracias por estar aquí a mi lado; gracias porque esto te importa. En medio de la aparente lejanía de Dios, percibimos entonces su cercanía: le contemplamos en medio de la vida ordinaria, porque los problemas forman parte de la vida ordinaria. Bajo las cuerdas de la adversidad, surge así el motivo más profundo por el que agradecemos lo bueno y lo malo: gracias, porque encuentro el Amor por todas partes. El verdadero motivo de acción de gracias, la raíz misma de la acción de gracias, es que Dios me quiere, y que todo en mi vida son ocasiones de amar y de saberme amado.

En el sufrimiento por lo que nos falta, por la frialdad, las carencias, las consecuencias de nuestros errores… se esconden, pues, oportunidades para recordar, para despertarnos al Amor de Dios. Caemos en la cuenta de que, aunque nos cueste renunciar a algo, aunque nos cueste aceptar el dolor o la limitación, ¿qué es lo que nos quita eso, después de todo, si tenemos el Amor de Dios? «¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?» (Rm 8,35).

«La mejor manera de expresar gratitud a Dios y a las personas es aceptarlo todo con alegría» (Santa Teresa de Calcuta)

Resulta posible, así, dar «gracias por todo, porque todo es bueno». La locura cristiana de agradecerlo todo tiene su origen en la filiación divina. Quien se ha dado cuenta de que tiene un Padre que le quiere no necesita, en realidad, nada más. A un Padre bueno, sobre todo, se le agradece. Así es el amor de Jesús por su Padre: Jesús es todo Él agradecimiento, porque lo ha recibido todo de su Padre. Y ser cristiano es entrar en ese amor, en ese agradecimiento: Te doy gracias, Padre, porque siempre me escuchas (cfr. Jn 11,41-42).

 

No te olvides de agradecer

«Bendice, alma mía, al Señor, no olvides ninguno de sus beneficios» (Sal 103,2). En la Escritura, Dios nos invita con frecuencia a recordar, porque sabe que vivimos habitualmente en el olvido, como los niños que andan con sus juegos y no se acuerdan de su padre. Dios lo sabe, y lo comprende. Pero nos atrae suavemente a sus brazos, y nos susurra de mil modos: recuerda. Agradecer es también, pues, una cuestión de memoria. Por eso el Papa habla con frecuencia de «memoria agradecida»[17].

La disposición a agradecer lo que nos contraría, asombrosa como pueda ser, facilita de hecho acordarse de dar gracias a Dios ante las cosas agradables. Por lo demás, la vida de cada día nos brinda muchas ocasiones para hacer memoria: detenerse un instante a bendecir la mesa, a agradecer que Dios nos da algo que llevarnos a la boca; dedicar un tiempo de la acción de gracias de la Misa o de nuestra oración personal a darle gracias por las cosas ordinarias de la vida, para descubrir lo que tienen de extraordinario: un trabajo, un techo, personas que nos quieren; agradecer las alegrías de los demás; ver un don de Dios, y otro, y otro, en las personas que nos prestan un servicio... También hay momentos en que la vida nos sale al encuentro con una chispa de belleza: la luz de un atardecer, una atención inesperada hacia nosotros, una sorpresa agradable… Son ocasiones para ver, entre las fibras a veces un poco grises de la vida diaria, el color del Amor de Dios.

Desde muy antiguo, las culturas del mundo han visto en el avance del día hacia la noche una imagen de la vida. La vida es como un día, y un día es como la vida. Por eso, si el agradecimiento es propio de la sabiduría de quien ha vivido mucho, qué bueno es acabar el día agradeciendo. Al detenerse en la presencia de Dios a sopesar la jornada, Dios agradecerá que le agradezcamos tantas cosas, «etiam ignotis»[18]: también las que desconocemos; e incluso que le pidamos perdón, con confianza de hijos, por no haber agradecido suficiente.

Carlos Ayxelà


[1] Oración «Veni Sancte Spiritus», recogida en Misal Romano, Misa votiva del Espíritu Santo (A), oración colecta.

[2] Francisco, Audiencia, 4-III-2015.

[3] San Josemaría, notas de una reunión familiar, 21-I-1955, citado en Crónica, VII-55, p. 28 (AGP, biblioteca, P01).

[4] San Josemaría, Carta, 17-V-1937, citada en Camino, ed. crítico-histórica, comentario al n. 268.

[5] San Josemaría, Carta, 15-VI-1937; citada en Ibid.

[6] San Josemaría, Camino, n. 268. La anotación original corresponde al 28 de diciembre de 1931.

[7] San Francisco de Asís, Cántico de las criaturas, en Fonti Francescane, n. 263.

[8] Benedicto XVI, Homilía, 15-IV-2007.

[9] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24-XI-2013, n. 4.

[10] Cf. Camino, edición crítico-histórica, comentario a los nn. 267 y 268.

[11]Camino, n. 873. La anotación original es del 23 de diciembre de 1931.

[12] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[13]Camino, n. 894. El texto parte también de una anotación del 23 de diciembre de 1931.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 146.

[15] Santa Teresa de Calcuta, El amor más grande, Urano, Barcelona 1997, p. 51.

[16] Santo Rosario, Al lector. Este texto pertenece al manuscrito original que san Josemaría redactó «de un tirón» durante la novena a la Inmaculada de 1931; cfr. edición crítico-histórica, facsímiles y fotografías, n. 4.

[17] Cfr. p. ej. Francisco, Evangelii gaudium, n. 13; Homilía, 18-VI-2017; Homilía, 12-XII-2017.

[18] San Josemaría, “En las manos de Dios” (2-X-1971), En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica, Rialp, 2017, p. 307.

 

 

Octubre mes del Rosario – Historia del Rosario

 

Historia del Rosario

El pueblo cristiano siempre ha sentido la necesidad de la mediación de María, Omnipotencia suplicante, canal de la gracia: se multiplican así a lo largo de los siglos las devociones marianas, tanto litúrgicas coma populares.

Sin embargo, entre las devociones a María, con el paso de los años, una se destaca claramente: el Santo Rosario, el ejercicio piadoso por excelencia en honor de la Santísima Virgen María, Madre de Dios.

Entre las devociones a María, con el paso de los años, una se destaca claramente: el Santo Rosario


ANTECEDENTES HISTÓRICOS

En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra rosario significa “corona de rosas”.

http://www.fluvium.org/imagenes/HistoriadelRosario1.JPGSiguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios.

Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires.


ORIGEN Y DESARROLLO

En la Edad Media, se saluda a la Virgen María con el título de rosa, símbolo de la alegría. El bienaventurado Hermann le dirá: «Alégrate, Tú, la misma belleza. / Yo te digo: Rosa, Rosa», y en un manuscrito francés medieval se lee: «cuando la bella rosa María comienza a florecer, el invierno de nuestras tribulaciones se desvanece y el verano de la eterna alegría comienza a brillar». Se adornan las imágenes de la Virgen con una «corona de rosas» y se canta a María como «jardín de rosas» (en latín medieval rosarium); así se explica la etimología del nombre que ha llegado a nuestros días.

        En esa época, los que no sabían recitar los 150 salmos del Oficio divino los sustituían por 150 Avemarías, acompañadas de genuflexiones, sirviéndose para contarlas de granos enhebrados por decenas o de nudos hechos en una cuerda. A la vez se meditaba y se predicaba la vida de la Virgen. En el s. XIII, en Inglaterra, el abad cisterciense Étienne de Sallai escribe unas meditaciones en donde aparecen 15 gozos de Nuestra Señora, terminando cada una de ellas con un Avemaría.

http://www.fluvium.org/imagenes/HistoriadelRosario2.JPG        Sin entrar en una discusión crítico-histórica pormenorizada sobre los detalles del origen último del Rosario en su estructura actual, podemos afirmar que es, sin duda, Santo Domingo de Guzmán el hombre que en su época más contribuyó a la formación del Rosario y a su propagación, no sin inspiración de Santa María Virgen.

Motivo fue el extenderse la herejía albigense, a la que combatió, «no con la fuerza de las armas, sino con la más acendrada fe en la devoción del Santo Rosario, que fue el primero en propagar, y que personalmente y por sus hijos llevó a los cuatro ángulos del mundo…» (León XIII, Enc.Supremi apostolatus, 1 sept. 1883).

        A finales del s. XV los dominicos Alain de la Rochelle en Flandes, Santiago de Sprenger y Félix Fabre en Colonia, dan al Rosario una estructura similar a la de hoy: se rezan cinco o quince misterios, cada uno compuesto por diez Avemarías. Se estructura la contemplación de los misterios, que se dividen en gozosos, dolorosos y gloriosos, repasando así en el ciclo semanal los hechos centrales de la vida de Jesús y de María, como en un compendio del año litúrgico y de todo el Evangelio. Por último se fija el rezo de las letanías, cuyo origen en la Iglesia es muy antiguo.

        La devoción al Rosario adquirió un notable impulso en tiempos de León XIII añadiéndose a las letanías lauretanas la invocación «Reina del Santísimo Rosario».

         En los últimos tiempos ha contribuido de manera especial a la fundamentación y propagación de esta devoción mariana los hechos milagrosos de Lourdes y Fátima: «la misma Santísima Virgen, en nuestros tiempos, quiso recomendar con insistencia esta práctica cuando se apareció en la gruta de Lourdes y enseñó a aquella joven la manera de rezar el Rosario.

 

ESTRUCTURA

        La forma típica y plenaria del rezo del Rosario, con 150 Avemarías, se ha distribuido en tres ciclos de misterios, gozosos, dolorosos y gloriosos a lo largo de la semana, dando lugar a la forma habitual del rezo de cinco decenas de Avemarías, contemplando cinco misterios -diarios (la costumbre suele asignar al domingo, miércoles y sábado los gloriosos; los gozosos al lunes y jueves y los dolorosos al martes y viernes), rezándose al final de los cinco misterios las letanías lauretanas. Juan Pablo II añadió el ciclo de misterios luminosos los jueves.

http://www.fluvium.org/imagenes/HistoriadelRosario3.JPGLos tres grupos de misterios nos recuerdan los tres grandes misterios de la salvación. El misterio de la Encarnación nos lo evocan los gozos de la Anunciación, de la Visitación, de la Natividad del Señor, su Presentación en el templo y la Purificación de su Madre y, por último, su encuentro entre los doctores en el Templo.

El misterio de la Redención está representado por los diversos momentos de la Pasión: la oración y agonía en el huerto de Getsemaní, la flagelación, la coronación de espinas, el camino del Calvario con la Cruz a cuestas y la crucifixión. El misterio de la vida eterna nos lo evoca la Resurrección del Señor, su Ascensión, Pentecostés, la Asunción de María y su Coronación como Reina.

«Todo el Credo pasa, pues, ante nuestros ojos, no de una manera abstracta, con fórmulas dogmáticas, sino de una manera concreta en la vida de Cristo, que desciende a nosotros y sube a su Padre para conducirnos a Él. Es todo el dogma cristiano, en toda su profundidad y esplendor, para que podamos de esta manera y todos los días, comprenderlo, saborearlo y alimentar nuestra alma con él» (R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador y nuestra vida interior, 3 ed. Buenos Aires 1954, 261).

Juan Pablo II  incluyó en el rezo del Rosario los Misterios de Luz, que incluye varias escenas de la vida de Jesús que faltaban por considerar: el Bautismo, las Bodas de Caná, el Anuncio del Reino, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía.

 

INSTITUCIÓN DE LA FIESTA DEL SANTO ROSARIO

        El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota.

        Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.

        Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.

 

J. FERRER SERRATE , M. GARCIA MIRALLES (GER)

 

50º Aniversario de Romano Guardini

Posted: 02 Oct 2018 02:18 AM PDT

https://1.bp.blogspot.com/-4Ng9x-ebiu8/W7M0nB9AwqI/AAAAAAAACa4/1OGGVfexDLUeZBwmuUObCYWqyg6z2j06gCLcBGAs/s1600/Romano_Guardini_um_1920.JPG

Se han cumplido 50 años de la muerte de Romano Guardini, insigne sacerdote y predicador, profesor universitario, filósofo, teólogo y educador. Nació en 1895 en Verona y murió el 1 de octubre de 1968 en Múnich. El 16 de Diciembre de 2017 comenzó su proceso de beatificación.

Guardini escribió libros memorables como "La esencia del cristianismo" o "El espíritu de la liturgia".

El sueño de Guardini

En 1964 -cuatro años antes de su muerte- tuvo un sueño, que relata de esta manera:

«En el sueño se decía que cuando el hombre nace, se le entrega una palabra,
y era importante lo que esto significaba: no era sólo un talento, sino una
palabra. Esta es pronunciada en el interior de la esencia del hombre y es
como la palabra clave para todo lo que posteriormente sucede […]. Todo lo
que acontece en el decurso de los años es consecuencia de esta palabra, es
su explicación y realización»

(R. Guardini, Apuntes para una autobiografía, ed. Encuentro, Madrid 1992, pp. 12-13, original alemán de 1985, publicado de modo póstumo. Guardini comenzó a escribir esta autobiografía en los años cuarenta, a punto de cumplir 60 años)

Su conversión (espiritual e intelectual)

Durante su etapa de estudiante de Economía Política tuvo una crisis de fe, de la que salió en 1905, y así lo cuenta:

«Ya no soy capaz de recordar qué reflexiones contribuyeron a esto [el acercamiento
a la fe cristiana], pero entonces se me reveló un conocimiento que
justificó y dio forma a mi completo desarrollo interior, y que desde entonces
fue para mí como la verdadera llave de acceso a la fe. Recuerdo como si fuera
ayer el momento en que este conocimiento se convirtió en decisión. Fue en
la pequeña buhardilla de la casa de mis padres, en la Gossenheimerstrasse.
Karl Neundörfer y yo habíamos discutido sobre la cuestión que nos
preocupaba y mis últimas palabras habían sido: “Hay que llegar a la frase:
Quien quiera conservar su alma, la perderá; quien la dé, la salvará”. […]
Poco a poco me había ido quedando claro que existe una ley según la cual
el hombre, cuando “conserva su alma”, es decir, cuando permanece en sí
mismo y acepta como válido únicamente lo que le parece evidente a primera
vista, pierde lo esencial. Si por el contrario quiere alcanzar la verdad y en ella
su auténtico yo, debe darse […]. Yo me senté en mi mesa y seguí dando
vueltas a la frase: “Dar mi alma, pero ¿a quién? ¿Quién puede pedírmela?
¿Pedírmela de tal modo que ya no sea yo quien puede disponer de ella?” No
‘Dios’ simplemente, ya que cuando el hombre pretende arreglárselas solo
con Dios, dice ‘Dios’ y está pensando en sí mismo. Por eso tiene que existir
una instancia objetiva que pueda sacar mi respuesta de los recovecos de mi
autoafirmación. Pero sólo existe una instancia así: la Iglesia católica con su
autoridad y precisión. La cuestión de conservar o entregar el alma se decide,
en último término, no ante Dios sino ante la Iglesia. Entonces sentí como
si todo – realmente ‘todo’ mi ser – estuviese en mis manos, como en una
balanza en equilibrio: “Puedo hacerla inclinarse hacia la derecha o hacia la
izquierda. Puedo dar mi alma o conservarla”… Y la hice inclinarse hacia la
derecha. El momento fue completamente silencioso; no consistió ni en una
sacudida ni en una iluminación, ni en ningún tipo de experiencia extraordinaria.
Fue simplemente que llegué a una convicción: “Es así”, y después el
movimiento imperceptiblemente dócil: “Así debe ser”»

(Ibid., pp. 798-100).

Oración por la beatificación de Romano Guardini

Señor Jesucristo,
Has llamado a tu siervo Romano Guardini a ser insigne profesor y educador
de las jóvenes generaciones, ganándolas así para la Iglesia.
Le has dotado de una mente clara y de un lenguaje brillante para esclarecer
tu Verdad a muchos.
Le has mantenido en el camino recto en medio de tiempos muy difíciles,
llegando a ser modelo para innumerables personas, también para la resistencia
cristiana en un Estado totalitario.
Le has reforzado en su lucha contra la depresión y otros sufrimientos.
Le has concedido el don de la fidelidad a los amigos.
Le has acompañado con tu bendición en su tarea de sacerdote y predicador,
también con los no creyentes.
Te pedimos que nos concedas el poder venerarle,
para que los hombres de hoy reconozcan la santidad de tu Iglesia,
para que los jóvenes también se puedan entusiasmar contigo,
para que los que sufren en el alma y en el cuerpo se puedan confortar con
su ejemplo,
para que se reconozca nuevamente la santidad de Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre. Amén.http://feeds.feedburner.com/~r/IglesiaYNuevaEvangelizacin/~4/wVueJ_JH4gg?utm_source=feedburner&utm_medium=email

 

 

 

TRABAJAR A CONCIENCIA


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Un hombre tenía una pequeña barca que siempre estaba atracada en el muelle del lago.

Ya no se veía atractiva por lo que decidió contratar a un hombre del pueblo para que la pintara.

El hombre accedió y ambos convinieron el precio del trabajo incluyendo materiales, por lo que el hombre trajo consigo brochas, pintura, y todos los materiales necesarios y comenzó a pintar la barca de un precioso y llamativo amarillo brillante.

Mientras pintaba, se dio cuenta de que la pintura se filtraba por el fondo de la barca, así que la revisó cuidadosamente y descubrió que había un pequeño orificio que hacía que la pintura se filtrara, por lo que decidió repararlo.

Cuando el hombre terminó su trabajo, recogió sus cosas, cobró su dinero y regresó al pueblo.

Al día siguiente, el propietario del barco se acercó a la casa del pintor para entregarle un nuevo cheque de una atractiva suma.

El pintor quedó sorprendido y le dijo:
- Pero si usted ya me pagó ayer en efectivo por el trabajo que le hice, ¿no lo recuerda?
- Efectivamente, le pagué por la pintura de la barca, que por cierto quedó muy bien. Sin embargo hay algo más… Cuando le pedí que pintara la barca, olvidé mencionarle el orificio que tenía desde hacía tiempo. Así que el dinero que le traigo no es por el trabajo de pintura, sino por arreglar la fuga.

- Bueno, sí, la reparé, pero era algo tan pequeño que no quise ni cobrarle ¿está usted seguro que me está pagando esta enorme cantidad por algo tan pequeño?

- Mi querido amigo, permítame explicarle... Cuando el barco se secó, mis hijos lo vieron tan flamante que decidieron salir de pesca. Yo no estaba en casa en aquel momento. Cuando regresé a casa, me di cuenta que habían salido en la barca, y me angustié muchísimo, pues recordé la fuga y que había olvidado darle a usted instrucciones de que la reparara, pero ellos no lo sabían...!
Usted no puede imaginar el alivio y la alegría que sentí cuando los vi regresar sanos y salvos.
Los abracé emocionado y fui rápidamente a revisar la barca. Fue entonces cuando me di cuenta de que usted lo había reparado. ¿Se da cuenta de lo que hizo, sin proponérselo? ¡Usted salvó la vida de mis hijos! No tendría dinero suficiente para pagarle su iniciativa de haber reparado ese pequeño orificio. Y esa buena acción por algo aparentemente tan insignificante por lo que no quiso cobrarme, evitó una tragedia, por lo que le ruego que acepte esto como una muestra de mi gratitud.

 

 

Más sobre el celibato sacerdotal

Jesús Ortiz López

 

Con motivo de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, en Estados Unidos, Australia, Irlanda, Alemania y otros países, algunos sacan a relucir el celibato sacerdotal como una condición que predispone porque «hay una naturaleza humana, los sacerdotes son humanos y que la castidad es superior a las fuerzas de la mayoría de ellos» (Guy Sorman). Curiosa suposición.

Hace años que Philip Jenkins, profesor de Historia y Estudios Religiosos en la Universidad Estatal de Pensilvania, publicó el libro «Pedophiles and Priest». Concluía que en torno al 1,8% del total eran probablemente culpables de mala conducta con menores. Esto supone que más del 90% del clero parroquial no ha tenido ningún problema. Añadía que no es algo específico de la Iglesia católica, aunque ésta ha acaparado toda la atención de los medios. También se han dado en Iglesias protestantes, en los voluntarios, y entre los mismos menores que abusan de otros. Jenkis explicaba que las investigaciones durante veinte años indican que no hay ninguna prueba de que los sacerdotes católicos u otros clérigos célibes estén más inclinados a incurrir en mala conducta o abusos. Y añadía: «Aunque determinados medios de prensa vean este asunto como una crisis del celibato, no hay nada que pruebe tal cosa».

Se trata sólo de un estudio entre otros muchos que concluyen lo mismo. También se conoce que la mayoría de los abusos, el 95% se cometen en el ámbito familiar, y el 5% restante en otros ámbitos, como educadores, deportistas, voluntarios, y también sacerdotes. Sin embargo, la continua dosificación de noticias sobre sacerdotes católicos puede dar la impresión de que sólo ellos son culpables. Y que el celibato puede influir en el desorden sexual[1].

El sacerdocio es una vocación a seguir a Jesucristo con toda el alma y vivir como Él ha vivido en la tierra. Los Evangelios muestran ese «tú sígueme» de Jesús a Leví, a Juan, o Natanael, entre otros. Ese don sigue dándose desde el principio hasta hoy día. Desde un punto de vista teológico, el celibato es un compromiso desde la raíz de la vida sacerdotal, que potencia la capacidad para el ejercicio de ministerio, y un signo de la dimensión esponsal del sacerdocio.

La respuesta al don sobrenatural del celibato es el compromiso sacerdotal para vivir con madurez la castidad que libremente asume durante su larga formación y especialmente en su Ordenación sacerdotal. La inmensa mayoría de los sacerdotes, asume ese compromiso de seguimiento pleno de Jesucristo célibe, y de servicio de caridad dedicando sus energías y corazón al servicio de todos.  El celibato ha sido valorado y vivido desde el principio, porque es posible con la gracia de Dios, y poniendo los medios para no confundirse con un asistente social o un psicólogo[2].  Y finalmente, el mismo escritor Guy Sorman reconocía que «yo no estoy en condiciones de juzgar lo que es bueno para la Iglesia: el Papa es él y no los analistas, los sociólogos o los sexólogos». 

 


[1] Cfr. James Cobble, director ejecutivo de Christian Ministry Resource (CMR). John Jay College of Criminal Justice (City University of New York). Cfr. George Jonas en el diario canadiense National Post (24-IV-2002).

[2] Cfr. A. Stickler. Orígenes históricos del celibato sacerdotal, Aceprensa, 25.SEP.1996.

 

 

INICIATIVAS DE LA VIDA LOCA

Por René Mondragón

3 DIMENSIONES

Tres aspectos fundamentales que escapan frecuentemente  a los hombres de Estado, se encuentra en el hecho de olvidar –parafraseando al pensador contemporáneo- que quien quiera vivir con dignidad y plenitud, no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien.

Se abandona la estrategia de Estado que tiende a generar políticas públicas que acrecientan en calidad y trascendencia la vida de los ciudadanos, porque facilita e impulsa darla en donación, evitando el aislamiento y el individualismo. Que la vida de los ciudadanos madura en estos términos, porque se vuelve capaz de darse a los otros, en especial a quienes menos tienen, pueden o saben.

Se descuida la premisa de que la autoridad pública requiere y debe, estar en contacto abierto, frecuente, sincero y eficaz, con los hogares, con la vida del pueblo al que se gobierna; que la autoridad política no es una estructura separada o propiedad de grupos de notables y favoritos del nuevo ungido, porque se miran a sí mismos.

La nueva gobernanza es así. Cada vez más honesta, más orientada al desarrollo temporal y trascendente de cada individuo de la sociedad, por ello, el enorme ruido que provocan varias inconsistencias del próximo mandatario de México.

NO SE ENTIENDE

  1. De verdad, de pronto es complicado adivinar –ni siquiera entender- las líneas de trabajo, no necesariamente estratégicas- del electo. Como fue el caso de Margo Glatz propuesta por AMLO para dirigir el Fondo de Cultura Económica, mismo al que renunció después de que los diversos medios dieron a conocer que el tabasqueño ofreció el mismo cargo al también escritor Paco Ignacio Taibo II. Obvio, la señora Glatz, por elemental dignidad rechazó la oferta inicial. Sin duda, es una grave descortesía política, por olvido, dolo, equivocación o malos susurros en el oído.
  2. Las dispersiones no cesan y lo que se configura ya, es una falta de unidad de pensamiento y estrategia en el ejercicio de gobierno. En tanto que Miguel Alonso Riggs propone la fundación del Instituto nacional de los Pueblos indígenas, la perredista Verónica Juárez impulsa la eliminación de todas las prohibiciones para la marihuana por todo el territorio nacional, incluidas el cultivo doméstico de tres plantas sin necesidad de registrar nada, de acuerdo con Frentes Políticos de Excelsior.
  3. Por su parte, mi estimado Guillermo Valdés en su columna en Milenio, hace trizas –y el escribano coincide a plenitud- la propuesta de mandar al Ejército y a la Marina, “a segunda división”, al crear un molusco-invertebrado-gaseoso titulado “Guardia Civil Nacional”.
  4. De entrada, desvirtúa, desestima y diluye todos los esfuerzos de quien será el próximo Súper-Secretario de Seguridad, amén de que evidencia que los foros, eventos de discusión, consultas con especialistas conocedores del tema, han servido para absolutamente nada.
  5. Las bellísimas lectoras y amables lectores concuerdan con el escribano: el pleito va en serio contra el Ejército y La Armada porque como el electo estará al frente de la dichosa Guardia, él será el custodio de los derechos humanos, la paz y la tranquilidad ciudadana que no necesitará el uso de la fuerza para resolver los temas de violencia, crimen organizado y narcotráfico. O sea, los señores pueden dormir tranquilos.
  6. Y la última, la reiterada “Comisión de la Verdad” para los asuntos del ’68 en Tlatelolco, tiene varios vértices: De entrada, como todos los países que se precien de civilizados, tales Comisiones solo tienen un carácter de constatación, no son órganos judiciales ni metaconstitucionales. No hay que desestimar que la SEDENA y La Marina Armada, se han opuesto ya en varias ocasiones, porque los deja en estado de indefensión. Y tercero, el electo ya tiene demasiados frentes, como para seguir abriendo heridas y darle cauce a las cosas que dividen a nuestro pueblo. ¿O no?

 

 

 

Enemigos del amor en la pareja

Lucía Legorreta

Debemos evitar una serie de errores que pueden afectar gravemente el matrimonio.


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Al comentar en una reunión que llevo treinta y cuatro años de casada, alguien muy sorprendida me preguntó: ¿Y casada con el mismo? Sí, le respondí, con el mismo.

Mantener una relación de pareja amorosa no es fácil, no es seguir un cuento de hadas. La realidad es que hay muchos factores que afectan al matrimonio.

Hoy, me gustaría compartir con ustedes ocho errores de convivencia más comunes que llevan a la monotonía del amor.


1. Falta de intimidad.

¿Están mucho tiempo juntos, pero casi nunca están solos? Éste es un peligro que a menudo es difícil de reconocer hasta que el distanciamiento se ha instalado en la vida de la pareja.

Es cuando pierdes la pasión que hizo surgir la esencia del amor. En toda relación de pareja hay etapas en las que disminuye la libido y ambos deben comprenderlo y solucionarlo.

Es necesario que disfruten juntos la vida social, compartan las obligaciones de su proyecto de vida; pero es necesario también fomentar el acercamiento en la intimidad, facilitando los encuentros, la vida sexual y la complicidad.

2. Falta de respeto.

Es el abono perfecto para los equívocos y las malas interpretaciones que terminan en rencores y resentimientos por la falta de comunicación.

Es necesario entonces, un esfuerzo continuo para escuchar sin juicios y expresar con confianza. Cuando la pareja logra abrirse y apoyarse, se encuentra con que su vida en común es un firme sustento para el desarrollo personal, lo que a su vez aporta más valor a su relación.

3. Falta de tiempo.

¿Cuánto tiempo estás con tu pareja? Se refiere al gusto de compartir todo tipo de actividades: familiares, con amigos, compromisos sociales, pero en especial, la vida en pareja: una cena romántica, un fin de semana, un viaje, vacaciones.

Mira hacia atrás, hasta el comienzo de la relación y observa si ha disminuido hasta ahora el tiempo que antes se dedicaban el uno al otro.

4. No aceptarse.

Es indispensable aceptar a la pareja tal cual es sin juzgar, criticar ni humillar. Es necesario comprender y analizar por qué se comporta de determinada forma.

No te preocupes si tu pareja no tiene los mismos gustos e inquietudes que tú. No hace falta que sean iguales para mantenerse unidos. Es indispensable que acepten sus diferencias y se acepten desde el principio tal como son.

5. Huir ante los conflictos.

¿Quedan muchas discusiones sin haber descubierto el detonante que las hizo explotar? ¿Están empezando a evitar situaciones o a tapar comportamientos que les están perjudicando a nivel personal o de pareja?

Todas las parejas se enfrentan con dificultades de convivencia, pero las que se atreven a afrontar los conflictos, teniendo confianza en su amor y en su voluntad de construir una feliz relación, salen más fortalecidos de sus crisis.

6. Inestabilidad emocional.

Todos estamos sometidos a variaciones anímicas, pero hay personas indecisas, con altibajos emocionales, ansiosas, descontroladas y con una profunda insatisfacción. Toda persona aprecia el equilibrio, la armonía y el buen humor.

Para alcanzar una madurez afectiva, hay que aprender no sólo a ser alentado, apoyado y consolado, sino especialmente a alentar, a apoyar y, sobre todo, a consolar.

7. Mal carácter.

Son los estados y comportamientos que tienen que ver con el mal humor, la irritabilidad, rabia, los gestos, la dominancia, el resentimiento, apatía, reproches, el silencio y el desprecio.

Detrás de todas estas actitudes hay resentimiento, frustraciones sin digerir y, en suma, una mala valoración de uno mismo y de los demás.

Toda relación amorosa sana debe establecerse sobre la amabilidad, la cordialidad, el afecto manifestado y la alegría.

8. Desequilibrio afectivo.

Se presenta cuando aparecen en la relación tanto inquietudes como heridas psíquicas. Para que éstas no degraden la relación de pareja, es necesario conocerlas, aceptarlas y si es necesario expresarlas.

Analiza si tu relación está viviendo alguna de estas situaciones. Recuerda, que una pareja sana deja espacio para que cada uno se realice en todos los sentidos. Viven en armonía, se aceptan, comprenden, respetan y se aprecian uno al otro.

 

 

El hombre que no perdonaba

Escrito por José Martínez Colín.

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Cuando dañamos a alguien más en realidad es a nosotros mismos a quien dañamos

El perdón es muy importante y el perdonar nos asemeja a Dios Padre, señala el Papa Francisco

1) Para saber

Con motivo del centenario de la declaración de independencia de las naciones bálticas, el Papa visitó estos países, así que sobre los Mandamientos hablará después.

En una homilía, el Papa Francisco señala que para ser un buen cristiano, además de haber sido bautizado, es preciso vivir como cristiano y apunta cuatro elementos para construir un “estilo cristiano” de vida: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a aquellos que os odian, bendecid a aquellos que os maldicen, rezad por aquellos que os tratan mal”. En una palabra, la caridad. Pero con todos, haciéndose más patente con los que nos hacen un mal.

2) Para pensar

Una escritora, María del Mar, tiene unos relatos edificantes. A continuación resumo uno llamado “El caballero que no sabía pedir perdón”.

Érase una vez un despiadado caballero que durante su vida había sembrado la discordia y causado dolor a muchas personas.

Un día, al levantarse, observó que tenía unas llagas purulentas y malolientes en la piel de su cuerpo. Y cada día, sus úlceras iban creciendo. Asustado, decidió acudir al lago azul, donde habitaba una ninfa que curaba las enfermedades.

Al llegar se sentó en la orilla del lago. De pronto, emergió de las aguas una hermosísima ninfa que le preguntó: “Caballero ¿qué has venido a buscar aquí?”

El hombre respondió: “Sufro de terribles heridas”. El hada le dijo: “Tus llagas son el fruto del odio que llevas en tu corazón. Tan sólo el bálsamo del perdón puede curarte”. El aristócrata enfurecido se alejó de allí.

Pasó el tiempo y, una tarde, el caballero regresó al lago. La ninfa apenas lo reconoció, pues habían crecido las llagas. El hombre angustiado le pidió ayuda y exclamó: “¡Ayúdame! Me he convertido en un monstruo repugnante, y sufro de terribles dolores”. La ninfa le respondió: “Las úlceras son el fruto de tu odio y sólo el bálsamo del perdón puede sanarte”. El hidalgo, cabizbajo, se alejó del lugar.

Pasó el tiempo y, un amanecer, llegó al lago un apuesto joven. La mágica dama emergió de las aguas y le preguntó: “¿Qué has venido a buscar aquí?” El joven respondió sonriente: “¿No me reconoces? Soy aquel caballero lleno de úlceras que vino a pedirte ayuda”. El hada, sorprendida, exclamó: “De no ser por tu voz, jamás te hubiese reconocido. Ahora eres un joven apuesto y sano”.

El gentilhombre prosiguió: “Vengo a darte las gracias, hermosa dama. Puse en práctica tu sabio consejo, y fui a pedir perdón a todos y cada uno de los seres humanos a los que hice daño. Por cada persona que me perdonaba, desaparecía una de mis llagas. Así, hasta curarme del todo”. La ninfa sonrió satisfecha: “No me lo agradezcas. Yo soy la voz de tu conciencia. A partir de ahora, ama a tus semejantes y, si quieres hablar conmigo, tan sólo escucha la voz de tu corazón.

En verdad, como el cuento lo relata, el mal que hacemos, realmente nos lo hacemos a nosotros y sólo amando, sanamos en el alma.

3) Para vivir

El amor de Dios se manifiesta en su misericordia, por ello, al perdonar, nos asemejamos a Dios Padre, aseguró el Papa. Ese es el camino que va en contra el espíritu del mundo. Con la ayuda de Dios, es posible perdonar a todos. 

Pidámosle para no cargar con esas llagas, sino que seamos curados.

 

Octubre y el rezo del Rosario

El Rosario es la oración por excelencia a la Virgen María, "la  más sencilla, pero la más llena de contenidos bíblicos"  ( S. Juan Pasblo II).  Singularmente en octubre, mes del Rosario, deben rezarlo, todos los días, los  cristiano que se precian de especial devoción a la Madre de Dios.

 Los antiguos griegos y romanos solían poner una corona de rosas a las imágenes  de sus dioses- de ahí, el nombre de rosario-.  Los cristianos coronan a la Virgen con 50  avemarías en cada parte del rosario, que, completo,  consta de  150 y recuerda el Salterio, del que deriva. Durante el rezo se medita en los misterios de la vida de Cristo, por lo que el Papa San Juan Pablo II decía que, mientras se reza el Rosario, se mira a Jesús con los ojos de la Virgen y que Ella acompaña en esta oración. El rezo del Rosario lo propagaron los frailes dominicos.

Cuenta la tradición que la Virgen se apareció a Santo Domingo ( siglo XIII) y le  recomendó el rezo del Salterio para convertir a los albigenses. A continuación, el santo  se dirigió a la catedral de Toulouse y rezó, allí, el Santo Rosario acompañado de multitud de fieles. Una gran tormenta de vientos y rayos los tenía atemorizados; pero  se calmó y todos vieron a la Virgen con los brazos alzados al Cielo.  Más tarde, al Beato Alano de la Roche, fraile dominico, se le apareció la Virgen mientras Europa estaba asolada por la “peste negra”, y le pidió avivar el  rezo del Rosario. Fue Alano,  junto con otros dominicos, quienes  dieron, al Rosario, la forma actual.

Cuando se desarrollaba la batalla de Lepanto ( siglo XVI), el Papa San  Pío V, dominico,  pidió, a todos los cristianos,  que rezaran el Rosario, y él  tuvo una visón  de  la victoria de la flota de los cristianos, que se confirmó al llegar la noticia días más tarde. En acción de gracias, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre, que cambió el Papa Gregorio  XIII por la “fiesta  de Nuestra Señora del Rosario”. El Papa León XIII (1878-1903) fue llamado el Papa del Rosario, y sobre esta oración tan popular y poderosa, muy querida por los papas desde el siglo XVI, escribió 12 encíclicas.  Lo calificó de “remedio para acostumbrarse a pensar en lo eterno que nos espera".  En 1978, al ser elegido Papa San Juan Pablo II, dijo, del Rosario, que era su “oración predilecta”.  Este mes, el Papa Francisco ha pedido, a todos los católicos, rezar el Rosario cada día de octubre con espíritu de comunión y penitencia por la Iglesia, coronándolo con la oración de León XIII al Arcángel  San Miguel y la de “Sub tuum praesidium” (Bajo tu amparo nos acogemos…), una de las más antiguas dirigidas a la Virgen.

 Josefa  Romo

 

 

El igualitarismo explicado en toda su profundidad

Panteísmo; igualitarismo político, social y económico absolutos; amor libre: este es el triple fin a que nos conduce un movimiento que dura ya más de cuatro siglos.

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(del libro: Revolución y Contra-Revolución. El libro completo puede bajarse gratuitamente pulsando aquí)

3. La Revolución, el orgullo y la sensualidad “ Los valores metafísicos de la Revolución

Contenidos

 

Dos nociones concebidas como valores metafísicos expresan bien el espíritu de la Revolución: igualdad absoluta, libertad completa. Y dos son las pasiones que más la sirven: el orgullo y la sensualidad.

Al referirnos a las pasiones, conviene esclarecer el sentido en que tomamos el vocablo en este trabajo. Para mayor brevedad, conformándonos con el uso de varios autores espirituales, siempre que hablamos de las pasiones como fautoras de la Revolución, nos referimos a las pasiones desordenadas. Y, de acuerdo con el lenguaje corriente, incluimos en las pasiones desordenadas todos los impulsos al pecado existentes en el hombre como consecuencia de la triple concupiscencia: la de la carne, la de los ojos y la soberbia de la vida (cfr. I Jo. 2, 16).

  A. Orgullo e igualitarismo

La persona orgullosa, sujeta a la autoridad de otra, odia en primer lugar el yugo que en concreto pesa sobre ella.

En un segundo grado, el orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos, y más aún el propio principio de autoridad, considerado en abstracto.

Y porque odia toda autoridad, odia también toda superioridad, de cualquier orden que sea.

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El orgulloso odia genéricamente todas las autoridades y todos los yugos

En todo esto hay un verdadero odio a Dios (cfr. ítem. m, infra).

Este odio a cualquier desigualdad ha ido tan lejos que, movidas por él, personas colocadas en una alta situación la han puesto en grave riesgo y hasta perdido, sólo por no aceptar la superioridad de quien está más alto.

Más aún. En un auge de virulencia el orgullo podría llevar a alguien a luchar por la anarquía y a rehusar el poder supremo que le fuese ofrecido. Esto porque la simple existencia de ese poder trae implícita la afirmación del principio de autoridad, a que todo hombre en cuanto tal -y el orgulloso también- puede ser sujeto.

El orgullo puede conducir, así, al igualitarismo más radical y completo.

Son varios los aspectos de ese igualitarismo radical y metafísico:

a. Igualdad entre los hombres y Dios:

de ahí el panteísmo, el inmanentismo y todas las formas esotéricas de religión, que pretenden establecer un trato de igual a igual entre Dios y los hombres, y que tienen por objetivo saturar a estos últimos de propiedades divinas. El ateo es un igualitario que, queriendo evitar el absurdo que hay en afirmar que el hombre es Dios, cae en otro absurdo, afirmando que Dios no existe. El laicismo es una forma de ateísmo, y por tanto de igualitarismo. Afirma la imposibilidad de que se tenga certeza de la existencia de Dios. De donde, en la esfera temporal, el hombre debe actuar como si Dios no existiese. O sea, como persona que destronó a Dios.

b. Igualdad en la esfera eclesiástica:

supresión del sacerdocio dotado de los poderes del orden, magisterio y gobierno, o por lo menos de un sacerdocio con grados jerárquicos.

c. Igualdad entre las diversas religiones:

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Que una religión se pretenda verdadera con exclusión de las otras es afirmar una superioridad, es contrario a la mansedumbre evangélica e impolítico, pues le cierra el acceso a los corazones.

todas las discriminaciones religiosas son antipáticas porque ofenden la fundamental igualdad entre los hombres. Por esto, las diversas religiones deben tener un tratamiento rigurosamente igual. El que una religión se pretenda verdadera con exclusión de las otras es afirmar una superioridad, es contrario a la mansedumbre evangélica e impolítico, pues le cierra el acceso a los corazones.

d. Igualdad en la esfera política:

supresión, o por lo menos atenuación, de la desigualdad entre gobernantes y gobernados. El poder no viene de Dios, sino de la masa que manda, a la cual el gobierno debe obedecer. Proscripción de la monarquía y de la aristocracia como regímenes intrínsecamente malos por ser anti-igualitarios. Sólo la democracia es legítima, justa y evangélica (cfr. San Pío X, Carta Apostólica “Notre Charge Apostolique”, 25.VIII.1910, A.A.S. vol. II, pp. 615-619).

e. Igualdad en la estructura de la sociedad:

supresión de las clases, especialmente de las que se perpetúan por la vía hereditaria. Abolición de toda influencia aristocrática en la dirección de la sociedad y en el tonus general de la cultura y de las costumbres. La jerarquía natural constituída por la superioridad del trabajo intelectual sobre el trabajo manual desaparecerá por la superación de la distinción entre uno y otro.

f. Abolición de los cuerpos intermedios

entre los individuos y el Estado, así como de los privilegios que son elementos inherentes a cada cuerpo social. Por más que la Revolución odie el absolutismo regio, odia más aún los cuerpos intermedios y la monarquía orgánica medieval. Es que el absolutismo monárquico tiende a poner a los súbditos, aun a los de más categoría, en un nivel de recíproca igualdad, en una situación disminuída que ya preanuncia la aniquilación del individuo y el anonimato, los cuales llegan al auge en las grandes concentraciones urbanas de la sociedad socialista. Entre los grupos intermedios que serán abolidos, ocupa el primer lugar la familia. Mientras no consigue extinguirla, la Revolución procura reducirla, mutilarla y vilipendiarla de todos los modos.

g. Igualdad económica:

nada pertenece a nadie, todo pertenece a la colectividad. Supresión de la propiedad privada, del derecho de cada cual al fruto integral de su propio trabajo y a la elección de su profesión.

h. Igualdad en los aspectos exteriores de la existencia:

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Disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc.

la variedad redunda fácilmente en la desigualdad de nivel. Por eso, disminución en cuanto sea posible de la variedad en los trajes, en las residencias, en los muebles, en los hábitos, etc.

i. Igualdad de almas:

la propaganda modela todas las almas según un mismo padrón, quitándoles las peculiaridades y casi la vida propia. Hasta las diferencias de psicología y de actitud entre los sexos tienden a menguar lo más posible. Por todo esto, desaparece el pueblo, que es esencialmente una gran familia de almas diversas pero armónicas, reunidas alrededor de lo que les es común. Y surge la masa, con su gran alma vacía, colectiva, esclava (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).

j. Igualdad en todo el trato social:

como entre mayores y menores, patrones y empleados, profesores y alumnos, esposo y esposa, padres e hijos, etc.

k. Igualdad en el orden internacional:

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La Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados

el Estado es constituido por un pueblo independiente que ejerce pleno dominio sobre un territorio. La soberanía es, así, en el Derecho Público, la imagen de la propiedad. Admitida la idea de pueblo, con características que lo diferencian de los otros, y la de soberanía, estamos forzosamente en presencia de desigualdades: de capacidad, de virtud, de número, etc. Admitida la idea de territorio, tenemos la desigualdad cuantitativa y cualitativa de los diversos espacios territoriales. Se comprende, pues, que la Revolución, fundamentalmente igualitaria, sueñe con fundir todas las razas, todos los pueblos y todos los Estados en una sola raza, un solo pueblo y un solo Estado (cfr. Parte I, cap. XI, 3).

l. Igualdad entre las diversas partes del país:

por las mismas razones y por un mecanismo análogo, la Revolución tiende a abolir en el interior de las patrias ahora existentes todo sano regionalismo político, cultural, etc.

m. Igualitarismo y odio a Dios:

Santo Tomás enseña (cfr. “Summa Contra Gentiles”, II, 45; “Summa Teologica”, I, q. 47, a. 2) que la diversidad de las criaturas y su escalonamiento jerárquico son un bien en sí, pues así resplandecen mejor en la creación las perfecciones del Creador. Y dice que tanto entre los Angeles (cfr. “Summa Teologica”, I, q. 50, a. 4) como entre los hombres, en el Paraíso Terrenal como en esta tierra de exilio (cfr. op. cit., I, q. 96, a. 3-4), la Providencia instituyó la desigualdad. Por eso, un universo de criaturas iguales sería un mundo en que se habría eliminado, en toda la medida de lo posible, la semejanza entre criaturas y Creador. Odiar, en principio, toda y cualquier desigualdad es, pues, colocarse metafísicamente contra los mejores elementos de semejanza entre el Creador y la creación, es odiar a Dios.

n. Los límites de la desigualdad:

claro está que de toda esta explanación doctrinaria no se puede concluir que la desigualdad es siempre y necesariamente un bien.

Todos los hombres son iguales por naturaleza, y diferentes sólo en sus accidentes. Los derechos que les vienen del simple hecho de ser hombres son iguales para todos: derecho a la vida, a la honra, a condiciones de existencia suficientes, al trabajo y, pues, a la propiedad, a la constitución de una familia, y sobre todo al conocimiento y práctica de la verdadera Religión. Y las desigualdades que atenten contra esos derechos son contrarias al orden de la Providencia. Sin embargo, dentro de estos límites, las desigualdades provenientes de accidentes como la virtud, el talento, la belleza, la fuerza, la familia, la tradición, etc., son justas y conformes al orden del universo (cfr. Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1944 – Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, p. 239).

 

 

¿Está cediendo la Iglesia?

En el texto de un artículo en una revista que incluye el adjetivo de “cristiana” en su presentación, encontré este párrafo que, en líneas generales, quiere seguir una cierta tendencia  “cultural” (?), que pretende animar a la “Iglesia” para que acoja la ”presión de la sociedad”, y  cambie muchas cosas de la práctica de la vida cristiana.

Quizá el autor de esas líneas no ha tenido en cuenta que la Iglesia a lo largo de sus ya 2.000 años de existencia de peregrinación en la tierra, no ha cedido nunca a ninguna “presión” en ninguna de las verdades que componen el tesoro que el mismo Cristo le ha dejado en heredad; un tesoro de verdades que son la Luz del mundo; y mucho menos, se ha dejado influir en estas cuestiones por ninguna “presión de la sociedad” que nadie sabe exactamente qué es, y que cualquier grupito puede manejar, manipular, etc. a su antojo. El ejemplo de la prohibición de la “fornicación” -en el significado más real de la palabra, ya en el primer concilio de Jerusalén, es notorio. Y la presión era tan fuerte, y mucho mayor, de la que puede ser ahora.

 “En otras cuestiones -dice el párrafo citado- que ya no están tan severamente vistas como el divorcio, la eutanasia, los métodos anticonceptivos o la homosexualidad la Iglesia ha ido cediendo”.

Pedro García

 

 

La demagogia también está presente

La demagogia también está presente en el caso de inmigracón. Que desde el Gobierno se acuse de racistas a Casado y Rivera porque proponen una solución legal y controlable no parece ajustado a la realidad, y califican al PP y Ciudadanos como xenófobos, arma ya pre-electoral que no deberían esgrimir. Hay modos diversos de ser solidarios con la inmigración, e invocar el Derecho, la previsión y las posibilidades reales es razonable.

Si asaltan las vallas de Ceuta es porque otros países les empujan hasta allí, para quitarse un problema de encima. Pero desde luego no se puede dejar a la Guardia Civil como voluntarios caritativos ante esa realidad. Defender las fronteras es parte del Derecho, un derecho y un deber, y han de tener los medios adecuados.

No hacer de la inmigración un espectáculo electoral. Calibrar lo que se concede a los extranjeros y lo que aportan, pues un Estado no es una ONG. Destinar a los inmigrantes irregulares o refugiados a pueblos que se están quedando vacíos y necesitan población, y no donde ellos quieran, aunque esto requiere previsión y reflexión. Ya sé que no vamos sobrados de reflexión, se nos da mucho mejor la queja, vendarnos los ojos y comentar estos problemas en piscinas, playas y bares.

Si se piensa en personas concretas, la inmigración se ve con otros ojos. Si nos quedamos en simplificaciones partidistas políticas, sufren las personas y nos “refugiamos” cerca de un ventilador o aparato de aire acondicionado mientras suceden tantas tragedias.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Atención mundial de las familias cristianas

Encuentros mundiales de la familia como el que se ha tenido lugar, hace dos semanas en Dublín, no quita sino que ofrece un relieve aún mayor a esta magna asamblea de familias procedentes de todo el mundo, a las que Francisco envió un videomensaje para subrayar los desafíos a las que se enfrentan para encarnar el amor fiel y educar a los hijos con valores sanos, en un tiempo que tantos y profundos cambios sociales experimenta desde hace décadas.

En su exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, publicada hace dos años, considerada como la Carta Magna de la Familia, el Papa ya insistía en que el bien de la familia es decisivo para el bien del mundo, además de ser el núcleo fundamental para el progreso de cualquier sistema social y uno de los pilares esenciales de la Iglesia. Ya decía Juan Pablo II al emprender esta serie de Encuentros mundiales, que en la familia se fragua el futuro de la Humanidad y que difícilmente podría progresar el mundo sin la familia, primera escuela de la vida. En Dublín se trataba, en definitiva, de analizar y profundizar las formas de protección de la estructura familiar, frente a la difusión de una mentalidad que manipula todo y trata de destruir la esencia misma de la familia.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

La soledad y mi perro

 

                                No sé si hoy sabré expresar lo que he sentido y siento por “la simple” ausencia de Aníbal (un Yorkshire: mi tercer perro) que como ya viejo o anciano perro (su edad equivale a los ochenta y cinco años de un ser humano) ha estado enfermo e incluso “hospitalizado”. Afortunadamente han sido “sólo días” y hoy acabo de darle el primer paseo tras su hospitalización y feliz regreso a casa; y del mismo regresamos felices y contentos, puesto que incluso ha tomado alimento medicinal y recetado por el veterinario. Ha estado varios días en que sólo bebía agua y lo veía triste “como apagándose”; menos mal que mi hija mayor (María) toma la decisión de llevarlo “a su médico” (nuestros perros han estado siempre al corriente de lo que necesitan según el veterinario) ; puesto que yo no la tomé y posiblemente de su estado, yo sea “algo culpable”, por cuanto por ese exceso de cariño que algunos amos, otorgamos a nuestro perro, le di a comer algo aunque muy poco, de lo que yo comía y que de verdad, nunca pensé, que le ocasionaría padecimientos a Aníbal (Que razón tienen los veterinarios al recomendar que no se le dé a comer al perro nada más que lo que ellos recomienden) pero y por lo que sea y que yo intuyo que también influye ya su avanzada edad (casi trece años), Aníbal hoy tiene una “pancreatitis y algo también de cansancio en su pequeño corazón”. Simplemente es un enfermo ya crónico como yo mismo lo soy.

                                Han sido solo tres días de idas y venidas a su médico, de estancias hospitalarias parte de ellos, de inquietudes inimaginables para alguien que no tenga o haya tenido perro;  pero para mí han sido inenarrables por la triste soledad en que me ha dejado en esas larguísimas horas. Por todo ello y viéndolo hoy casi recuperado dentro de sus limitaciones de “viejecito”; prometo ante “el máximo altar que La Creación tenga dedicado a los perros” (que indudablemente debe existir) que a mi perro no le va a faltar nada de lo que necesite veterinialmente; y que yo no le daré ni un gramo de nada de lo que yo coma, “aunque me lo pida hablándome en mi idioma”; ya que como débil que soy ante mi perro; aguantar sus miradas cuando estás comiendo y esas súplicas que en silencio te envían; hay que ser muy fuerte para no darle nada.

                                Las soledades que he sufrido estos días, son experiencias que no había vivido nunca y procuraré no sufrirlas más… “y si estas llegan que sean por causas que yo no puedo controlar”, puesto que esa es la verdad; los perros tienen una vida muy limitada y mueren, mucho antes que sus amos; y ello hemos de saberlo, amén de todos los cuidos que necesita un perro, ya que el perro es (no se olvide ello) un miembro de la familia; “el último de ella pero en definitiva uno más” y al que hay que cuidar como tal; por ello asegúrese, medite y valore antes de adquirir la obligación que contrae al llevar un perro a su casa; y piense siempre, que “nunca el perro le ha pedido que lo lleve”; e igualmente que “el perro no es un juguete” y menos “una prenda desechable” y que se puede incluso tirar a la basura.

                                No sé si este perro “me enterrará a mí” o tendré que pasar el dolor de ser yo “su enterrador”; puesto que ya enterré a dos; un primero al que le puse el nombre de Ciro (en recuerdo de aquel poderoso emperador persa) y al que ya muerto le dediqué un relato, que pueden leer e mi Web (“Adiós a Ciro”) y en el que demuestro mis sentires por aquel animal y lo que con el viví. Después y notando el vacío que nos dejó, mi esposa se empeñó en que teníamos que tener otro perro y compró una perra (Foxterrier) blanca (preciosa) y que parecía “una borreguita”; la que también murió  de vieja y tuvimos que pasar el dolor de vivir su muerte; ambos fueron enterrados en nuestro campo y al pie de viejos olivos, donde debidamente “abrigados” quedaron para alimentar a esos viejos seres vegetales, que seguro se han nutrido de sus despojos. La perra se llamó “Dido”, nombre de una princesa cartaginesa, según mi hija María, que fue quien se lo impuso; también esta perra nos dio muchos momentos de compañía y nunca nos produjo ningún sobresalto, salvo a mí, que un día arranqué el automóvil sin comprobar que el portón trasero, que era donde ella viajaba, estaba cerrado y por ello debió salir despedida; fue ya en plena carretera pero en los aledaños de Jaén y comprobado su ausencia, di la vuelta sofocado, pero aquel animal permaneció quieta en el lugar donde cayó y allí esperaba a su amo, que felizmente la abrazó y subió de nuevo a su lugar en el automóvil, pero dejándome un recuerdo amargo, por lo que pudo pasar y no pasó, afortunadamente; pero “enseñándome algo más en la vida y que no olvidaré jamás”. Son “las vivencias” entre perros y sus amos y de la que estos podrían contar infinitas anécdotas cuya lectura “nos enseñaría muchas cosas”.

                                                                                              

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes