Las Noticias de hoy 13 Septiembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 13 de septiembre de 2018  

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general: “La verdadera esclavitud es la de no saber amar”

Audiencia general, 12 septiembre 2018 – Catequesis completa

Protección de menores: Francisco se reunirá con los Presidentes de las Conferencias Episcopales

“Pederastia y celibato” por Mons. Felipe Arizmendi

EL MÉRITO DE LAS BUENAS OBRAS: Francisco Fernández-Carvajal

“El Gran Amigo que nunca traiciona”: San Josemaria

«La verdadera esclavitud es no saber amar»

Orad sin interrupción: M. Belda.

Nuevos Mediterráneos (III): «Desde la Llaga de la mano derecha…»: Lucas Buch

La exaltación de la Santa Cruz: Javier López

Carta a un católico avergonzado: Jaime Septién

No escuches tu corazón: Mónica Olvera

Día Mundial para la Prevención del Suicidio: Unión Nacional de Padres de Familia

Las finanzas en la pareja: Lucía Legorreta

Crisis oceánica global: ALFREDO PALACIOS DONGO

TSUNAMI: HAI AN (海岸), China

“El Papa está de su parte”: Pedro García

La gran esperanza: Juan García.

Es el fin último del hombre: Jesús D Mez Madrid

V I A J E   A   M A R R U E C O S: Antonio García Fuentes

 

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Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

Audiencia general: “La verdadera esclavitud es la de no saber amar”

Resumen de la catequesis en español

septiembre 12, 2018 11:18Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 12 sept. 2017).- “La verdadera esclavitud es no saber amar”: En la audiencia general, celebrada esta mañana, fiesta del Dulce Nombre de María, el Papa Francisco ha continuado su reflexión sobre el tercer mandamiento, en el que se pide observar el día de reposo.

Siguiendo así el ciclo de catequesis sobre los mandamientos de la Iglesia, Francisco ha explicado que a diferencia del Éxodo, el libro del Deuteronomio establece este mandamiento para que el esclavo pueda también descansar y celebrar así el recuerdo de la Pascua de liberación; es decir, conmemora el final de la esclavitud ya que los esclavos por definición no pueden descansar.

La esclavitud más fuerte

En este sentido, el Pontífice ha revelado que hay muchos tipos de esclavitud: “fruto de opresiones, violencias e injusticias; y también prisiones interiores, como los tormentos, los complejos o los obstáculos psicológicos” pero ha advertido de que “hay una esclavitud que es más fuerte que cualquier otra: la del propio yo”.

Francisco abraza a las personas en la audiencia general © Vatican Media

El “ego” puede convertirse en un verdugo que tortura constantemente al hombre –ha aclarado el Santo Padre–, procurándole la más profunda de las opresiones que es el “pecado”. Y ha puntualizado que “la verdadera esclavitud es la de no saber amar”.

En Cristo, el hombre encuentra el “descanso de la misericordia y de la verdad” que lo hace libre.  El tercer mandamiento es “una profecía de Nuestro Señor Jesucristo”, que “rompe las cadenas interiores” del pecado y hace al hombre “capaz de amar”, ha señalado Francisco.

“No hay descanso para quien vive de la gula y de la lujuria; el ansia de poseer destruye al avaro, el fuego de la ira y la carcoma de la envidia corroen las relaciones; y el egocentrismo del soberbio lo aísla y aleja de los demás” ha apuntado el Papa. 

 

 

Audiencia general, 12 septiembre 2018 – Catequesis completa

“El día del descanso, profecía de liberación”

septiembre 12, 2018 17:13RedacciónAudiencia General

(ZENIT – 12 sept. 2018).- “El amor te hace libre incluso en la cárcel, aunque seamos débiles y limitados”. El Papa ha hecho una invitación a renunciar a todo tipo de esclavitud, especialmente a la más fuerte de todas: “el propio yo”, porque “el amor verdadero es la verdadera libertad”, ha señalado.

La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar a las 9:25 horas en la Plaza de San Pedro, donde el Santo Padre ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

Francisco ha continuado el ciclo de catequesis sobre los Mandamientos, y en concreto, ha centrado su atención sobre el tema: “El día del descanso, profecía de liberación” (pasaje bíblico: Libro del Deuteronomio 5,12-15).

Liberación en el descanso

El tercer mandamiento, que nos invita a celebrar la “liberación en el descanso” –ha anunciado el Pontífice– para nosotros, los cristianos, es profecía del Señor Jesús, que “rompe la esclavitud interior del pecado para hacer que el hombre sea capaz de amar”.

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/09/OR20180912110228_00079-413x275.jpgEn esta línea, el Papa ha señalado esta mañana que “El amor verdadero es la verdadera libertad”: aleja de la posesión, reconstruye las relaciones, sabe acoger y valorar al prójimo, transforma todo esfuerzo en don alegre, hace capaces de comunión.

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo. La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

RD

A continuación, ofrecemos la catequesis completa del Papa Francisco:

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la catequesis de hoy volvemos al tercer mandamiento, el del día del descanso. El Decálogo, promulgado en el libro de Éxodo, se repite en el libro del Deuteronomio de una manera casi idéntica, con la excepción de esta Tercera Palabra, donde aparece una diferencia apreciable: Mientras en el Éxodo el motivo del descanso es la bendición de la creación, en el Deuteronomio en cambio, se conmemora el final de la esclavitud. En este día el esclavo debe descansar como el patrón, para celebrar la memoria de la Pascua de liberación.

De hecho, los esclavos, por definición no pueden descansar. Pero hay muchos tipos de esclavitud, tanto exterior como interior. Hay constricciones exteriores, como la opresión, las vidas secuestradas por la violencia y otros tipos de injusticia. Luego están las prisiones interiores, que son, por ejemplo, los bloqueos psicológicos,  los complejos, los límites del carácter y demás. ¿Hay descanso en estas condiciones? ¿Un hombre encarcelado u oprimido puede permanecer, de todas formas, libre? ¿Y puede una persona atormentada por dificultades interiores ser libre?

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/09/OR20180912105954_00069-413x275.jpgEfectivamente, hay personas que, incluso en prisión, viven una gran libertad de ánimo. Pensemos, por ejemplo, en San Maximiliano Kolbe, o en el cardenal Van Thuan, que transformaron oscuras opresiones en lugares de luz. Así como hay personas marcadas por una gran fragilidad interior, que conocen, sin embargo, el descanso de la misericordia y saben transmitirlo. La misericordia de Dios nos libera. Y cuando te encuentras con la misericordia de Dios, tienes una gran libertad interior y también puedes transmitirla. Por eso es tan importante abrirnos a la misericordia de Dios para no ser esclavos de nosotros mismos.

¿Cuál es, pues, la verdadera libertad? ¿Consiste quizás en la libertad de elección? Ciertamente se trata de una parte de la libertad, y nos esforzamos, para que sea garantizada a cada hombre y mujer (Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano II. Const. Past. Gaudium et spes, 73.) Pero sabemos que poder  hacer lo que se desea no es suficiente para ser verdaderamente libre, y tampoco feliz. La verdadera libertad es mucho más.

De hecho, hay una esclavitud que encadena más que una prisión, más que una crisis de pánico, más que una imposición de cualquier tipo: es la esclavitud del propio ego. Esa gente  que todo el día se mira al espejo para ver su ego. Y el ego es más alto que su cuerpo. Son esclavos del ego. El ego puede llegar a ser un esbirro que tortura al hombre en cualquier lugar y le causa la opresión más profunda, la que se llama “pecado”, que no es la violación trivial de un código, sino fracaso de la existencia y condición de esclavos. (cf. Jn 8,34). El pecado es, al final, decir y hacer ego. “Yo quiero hacer esto y no me importa si hay un límite, si hay un mandamiento, ni siquiera me importa si hay amor”.

El ego, por ejemplo, pensemos en las pasiones humanas: el goloso, el lujurioso, el avaro, el iracundo, el envidioso, el perezoso, el soberbio – y así sucesivamente- son esclavos de sus vicios, que los tiranizan y atormentan. No hay tregua para el goloso, porque la garganta es la hipocresía del estómago, que está lleno pero nos hace creer que está vacío. El estómago hipócrita nos vuelve golosos. Somos esclavos de un estómago hipócrita. No hay tregua ni para el goloso ni para el lujurioso que deben vivir del placer; la

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ansiedad de la posesión destruye al avaro, siempre acumulan dinero, perjudicando a los demás; el fuego de la ira y la polilla de la envidia arruinan las relaciones. Los escritores dicen que la envidia hace que el cuerpo y el alma se vuelvan amarillos, como cuando una persona tiene hepatitis: se vuelve amarilla. Los envidiosos tienen el alma amarilla, porque nunca pueden tener la frescura de la salud del alma. La envidia destruye. La pereza que evita cualquier esfuerzo  hace incapaces de vivir; El egocentrismo, -ese ego del que hablaba- soberbio cava una fosa entre uno mismo y los demás.

Queridos hermanos y hermanas, ¿quién es el verdadero esclavo? ¿Quién es él que no conoce descanso? ¡El que no es capaz de amar! Y todos estos vicios, estos pecados, este egoísmo nos alejan del amor y nos hacen incapaces de amar. Somos esclavos de nosotros mismos y no podemos amar, porque el amor es siempre hacia los demás.

El tercer mandamiento, que nos invita a celebrar la liberación en el descanso, para nosotros, los cristianos, es profecía del Señor Jesús, que rompe la esclavitud interior del pecado para hacer que el hombre sea capaz de amar. El amor verdadero es la verdadera libertad: aleja de la posesión, reconstruye las relaciones, sabe acoger y valorar al prójimo, transforma todo esfuerzo en don alegre, hace capaces de comunión. El amor te hace libre incluso en la cárcel, aunque seamos débiles y limitados.

Esta es la libertad que recibimos de nuestro Redentor, el Señor nuestro Jesucristo.

 

 

Protección de menores: Francisco se reunirá con los Presidentes de las Conferencias Episcopales

Del 21 al 24 de febrero de 2019

septiembre 12, 2018 15:05RedacciónIglesia católica, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 12 sept. 2018).- El Santo Padre Francisco, después de escuchar al Consejo de Cardenales, ha decidido convocar una reunión con los Presidentes de las Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica sobre el tema de la “protección de los menores”, ha informado esta mañana la Santa Sede.

La reunión con el Papa tendrá lugar en el Vaticano del 21 al 24 de febrero de 2019.

Durante la XXVI reunión, celebrada del 10 al 12 de este mes, el Consejo ha reflexionado ampliamente junto con el Santo Padre sobre los temas del abuso, emitiendo el comunicado que difundió la Oficina de Prensa de la Santa Sede el pasado 10 de septiembre.

Continuando con los trabajos para la reforma de la Curia Romana, ha concluido la relectura de los textos ya preparados y ha hecho también motivo de atención el cuidado pastoral del personal que trabaja en ellos.

 

 

“Pederastia y celibato” por Mons. Felipe Arizmendi

“La inmensa mayoría de los sacerdotes viven fielmente su celibato”

septiembre 12, 2018 12:22Felipe Arizmendi EsquivelEspiritualidad y oración

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas

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No ha faltado quien afirme que los casos de pederastia clerical se deben al celibato que decidimos asumir los sacerdotes y obispos. Con esto dan a entender que ser célibes nos hace inclinarnos a abusar de menores. Nada más ajeno a la verdad. La pederastia sucede mucho más en la familia, por parte de papás hacia sus hijos e hijas. Son muchísimos más los profesores, casi todos casados, que caen en estos crímenes abominables. Hay también algunos casos de pastores protestantes casados que fallan en esto, y no por ser casados están exentos de estos errores graves. Lo que pasa es que ellos casi no son noticia, y los medios de comunicación no los resaltan. Mucha gente ni se entera y se queda con la impresión de que esto sucede sólo en nuestra Iglesia, que es la que más está luchando por desterrar estas conductas criminales.

Doy testimonio de que la inmensa mayoría de los sacerdotes viven fielmente su celibato y no abusan de menores. El hecho de que algunos hayan cometido estas aberraciones, no autoriza a generalizar culpando a todos y al mismo celibato.

Yo soy muy feliz de ser y permanecer célibe, por una opción libre y personal, consciente y sostenida. Nadie me obligó a renunciar al matrimonio; lo hice porque he querido mantenerme libre para servir, donde me llamen y requieran mis servicios pastorales. No es por desprecio al matrimonio ni a la mujer, sino por una opción de totalidad por Cristo y por el pueblo. Acabo de cumplir 55 años como sacerdote y me siento feliz y muy fecundo en esta vocación. El celibato no me inclina a abusar de menores, sino que me da plenitud en mi opción de ser servidor de Dios y de la comunidad. Muchos no entienden esta consagración, como ya el mismo Jesús lo había advertido. Se imaginan que no se puede vivir sin prácticas genitales, hetero u homosexuales. El hecho de que ellos no lo vivan, no significa que no sea posible. Es posible y hermoso ser célibe, por amor al Reino de Dios, es decir, a Jesucristo y a la vida plena del pueblo, sobre todo de los pobres y de los que sufren.

PENSAR

El Papa San Juan Pablo II, en su exhortación postsinodal Pastores dabo vobis, dice al respecto:

“Entre los consejos evangélicos, estaca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el Padre (cf. Mt 19, 11; 1 Cor 7, 7), para que se consagren sólo a Dios con un corazón que en la virginidad y el celibato se mantiene más fácilmente indiviso (cf. 1 Cor 7, 32-34). Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en la más alta estima por la Iglesia, como señal y estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo.

Es particularmente importante que el sacerdote comprenda la motivación teológica de la ley eclesiástica sobre el celibato. En cuanto ley, ella expresa la voluntad de la Iglesia, antes aún que la voluntad que el sujeto manifiesta con su disponibilidad. Pero esta voluntad de la Iglesia encuentra su motivación última en la relación que el celibato tiene con la ordenación sagrada, que configura al sacerdote con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia. La Iglesia, como Esposa de Jesucristo, desea ser amada por el sacerdote de modo total y exclusivo como Jesucristo, Cabeza y Esposo, la ha amado. Por eso el celibato sacerdotal es un don de sí mismo eny conCristo asu Iglesia y expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Señor.

Para una adecuada vida espiritual del sacerdote es preciso que el celibato sea considerado y vivido no como un elemento aislado o puramente negativo, sino como un aspecto de una orientación positiva, específica y característica del sacerdote: él, dejando padre y madre, sigue a Jesús, buen Pastor, en una comunión apostólica, al servicio del Pueblo de Dios. Por tanto, el celibato ha de ser acogido con libre y amorosa decisión, que debe ser continuamente renovada, como don inestimable de Dios, como estímulo de la caridad pastoral, como participación singular en la paternidad de Dios y en la fecundidad de la Iglesia, como testimonio ante el mundo del Reino escatológico” (No. 29).

ACTUAR

Expresemos cariño, gratitud y confianza hacia los sacerdotes que se mantienen fieles a su carisma celibatario. Son padres y hermanos que han consagrado toda su existencia al servicio de Dios y del pueblo. No desconfiemos sistemáticamente de todos, aunque tampoco hay que ser ingenuos. Si en alguno de ellos se advierten tendencias negativas, hay que ayudarle a superarlas; y si no se corrige, hay que denunciarlo ante las respectivas autoridades, no sin mediar antes la corrección fraterna que Jesús siempre ordena.

 

 

EL MÉRITO DE LAS BUENAS OBRAS

— La recompensa sobrenatural de las buenas obras.

— Los méritos de Cristo y de María.

— Ofrecer a Dios nuestra vida corriente. Merecer por los demás.

I. El Señor nos habla muchas veces del mérito que tiene hasta la más pequeña de nuestras obras, si las realizamos por Él: ni siquiera un vaso de agua ofrecido por Él quedará sin su recompensa1. Si somos fieles a Cristo encontraremos un tesoro amontonado en el Cielo por una vida ofrecida día a día al Señor. La vida es en realidad el tiempo para merecer, pues en el Cielo ya no se merece, sino que se goza de la recompensa; tampoco se adquieren méritos en el Purgatorio, donde las almas se purifican de la huella que dejaron sus pecados. Este es el único tiempo para merecer: los días que nos queden aquí en la tierra; quizá, pocos.

En el Evangelio de la Misa de hoy2 nos enseña el Señor que las obras del cristiano han de ser superiores a las de los paganos para obtener esa recompensa sobrenatural. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis bien a quienes os hacen bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto... La caridad debe abarcar a todos los hombres, sin limitación alguna, y no debe extenderse solo a quienes nos hacen bien, a los que nos ayudan o se portan correctamente con nosotros, porque para esto no sería necesaria la ayuda de la gracia: también los paganos aman a quienes los aman a ellos. Lo mismo ocurre con las obras de un buen cristiano: no solo han de ser «humanamente» buenas y ejemplares, sino que el amor de Dios hará que sean generosas en su planteamiento, y sean así sobrenaturalmente meritorias.

El Señor ya había asegurado por el Profeta Isaías: Electi mei non laborabunt frustra3, mis elegidos no trabajarán nunca en vano, pues ni la más pequeña obra hecha por Dios quedará sin su fruto. Muchas de estas ganancias las veremos ya aquí en la tierra; otras, quizá la mayor parte, cuando nos encontremos en la presencia de Dios en el Cielo. San Pablo recordó a los primeros cristianos que cada uno recibirá su propia recompensa, según su trabajo4. Y, al final, cada uno recibirá el pago debido a las buenas o a las malas acciones que haya hecho mientras estaba revestido de su cuerpo5. Ahora es el tiempo de merecer. «Vuestras buenas obras deben ser vuestras inversiones, de las que un día recibiréis considerables intereses»6, enseña San Ignacio de Antioquía. Ya en esta vida el Señor nos paga con creces.

II. Electi mei non laborabunt frustra... Las obras de cada día –el trabajo, los pequeños servicios que prestamos a los demás, las alegrías, el descanso, el dolor y la fatiga llevados con garbo y ofrecidos al Señor– pueden ser meritorias por los infinitos merecimientos que Cristo nos alcanzó en su vida aquí en la tierra, pues de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia7. A unos dones se añaden otros, en la medida en que correspondemos; y todos brotan de la fuente única que es Cristo, cuya plenitud de gracia no se agota nunca. «Él no tiene el don recibido por participación, sino que es la misma fuente, la misma raíz de todos los bienes: la Vida misma, la Luz misma, la Verdad misma. Y no retiene en sí mismo las riquezas de sus bienes, sino que los entrega a todos los demás; y habiéndolos dispensado, permanece lleno; no disminuye en nada por haberlos distribuido a otros, sino que llenando y haciendo participar a todos de estos bienes permanece en la misma perfección»8.

Una sola gota de su Sangre, enseña la Iglesia, habría bastado para la Redención de todo el género humano. Santo Tomás lo expresó en el himno Adoro te devote, que muchos cristianos meditan frecuentemente para crecer en amor y devoción a la Sagrada Eucaristía: Pie pellicane, Iesu Domine, me immundum munda tuo sanguine... Misericordioso pelícano, Señor Jesús, // purifica mis manchas con tu Sangre, // de la cual una sola gota es suficiente // para borrar todos los pecados del mundo entero.

El menor acto de amor de Jesús, en su niñez, en su vida de trabajo en Nazaret..., tenía un valor infinito para obtener la gracia santificante, la vida eterna y las ayudas necesarias para llegar a ella, a todos los hombres pasados, presentes y a los que han de venir9.

Nadie como la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, participó con tanta plenitud de los méritos de su Hijo. Por su impecabilidad, sus méritos fueron mayores, incluso más estrictamente «meritorios», que los de todas las demás criaturas, porque, al estar inmune de las concupiscencias y de otros estorbos, su libertad era mayor, y la libertad es el principio radical del mérito. Fueron meritorios todos los sacrificios y pesares que le llevó el ser Madre de Dios: desde la pobreza de Belén, la zozobra de la huida a Egipto..., hasta la espada que atravesó su corazón al contemplar los sufrimientos de Jesús en la Cruz. Y fueron meritorias todas las alegrías y todos los gozos que le produjeron su inmensa fe y su amor que todo lo penetraba, pues no es lo oneroso de una acción lo que la hace meritoria, sino el amor con que se hace. «No es la dificultad que hay en amar al enemigo lo que cuenta para lo meritorio, si no es en la medida en que se manifiesta en ella la perfección del amor, que triunfa de dicha dificultad. Así, pues, si la caridad fuera tan completa que suprimiese en absoluto la dificultad, sería entonces más meritoria»10, enseña Santo Tomás de Aquino. Así fue la caridad de María.

Debe darnos una gran alegría considerar con frecuencia los méritos infinitos de Cristo, la fuente de nuestra vida espiritual. Contemplar también las gracias que Santa María nos ha ganado fortalecerá la esperanza y nos reanimará de modo eficaz en momentos de desánimo o de cansancio, o cuando las personas que queremos llevar a Cristo parece que no responden y nos damos cuenta de la necesidad de merecer por ellas. «Me decías: “me veo, no solo incapaz de ir adelante en el camino, sino incapaz de salvarme –¡pobre alma mía!–, sin un milagro de la gracia. Estoy frío y –peor– como indiferente: igual que si fuera un espectador de ‘mi caso’, a quien nada importara lo que contempla. ¿Serán estériles estos días?

»Y, sin embargo, mi Madre es mi Madre, y Jesús es –¿me atrevo?– ¡mi Jesús! Y hay almas santas, ahora mismo, pidiendo por mí”.

»—Sigue andando de la mano de tu Madre, te repliqué, y “atrévete” a decirle a Jesús que es tuyo. Por su bondad, Él pondrá luces claras en tu alma»11.

III. Electi mei non laborabunt frustra. El mérito es el derecho a la recompensa por las obras que se realizan, y todas nuestras obras pueden ser meritorias, de tal manera que convirtamos la vida en un tiempo de merecimiento. Enseña la teología12 que el mérito propiamente dicho (de condigno) es aquel por el que se debe una retribución, en justicia o, al menos, en virtud de una promesa; así, en el orden natural, el trabajador merece su salario. Existe también otro mérito, que se suele llamar de conveniencia (de congruo), por el que se debe una recompensa, no en estricta justicia ni como consecuencia de una promesa, sino por razones de amistad, de estima, de liberalidad...; así, en el orden natural, el soldado que se ha distinguido en la batalla por su valor merece (de congruo) ser condecorado: su condición militar le pide esa valentía, pero si pudo ceder y no cedió, si pudo limitarse a cumplir y se esmeró en su cometido, el general magnánimo se ve movido a recompensar sobreabundantemente –por encima de lo estipulado– aquella acción.

En el orden sobrenatural, nuestros actos merecen, en virtud del querer de Dios, una recompensa que supera todos los honores y toda la gloria que el mundo puede ofrecernos. El cristiano en estado de gracia logra con su vida corriente, cumpliendo sus deberes, un aumento de gracia en su alma y la vida eterna: por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de incalculable gloria13.

Cada jornada, las obras son meritorias si las realizamos bien y con rectitud de intención: si las ofrecemos a Dios al comenzar el día, en la Santa Misa, o al iniciar una tarea o al terminarla. Especialmente serán meritorias si las unimos a los méritos de Cristo... y a los de la Virgen. Nos apropiamos así las gracias de valor infinito que el Señor nos alcanzó, principalmente en la Cruz, y los de su Madre Santísima, que tan singularmente corredimió con Él. Nuestro Padre Dios ve entonces estos quehaceres revestidos de un carácter infinito, del todo nuevo. Nos hacemos solidarios con los méritos de Cristo.

Conscientes de esta realidad sobrenatural, ¿procuramos ofrecer todo al Señor?, ¿lo ordinario de cada jornada y, si se presentan, las circunstancias más extraordinarias y difíciles: una grave enfermedad, la persecución, la calumnia? Especialmente entonces debemos recordar lo que ayer leíamos en el Evangelio de la Misa14: alegraos y regocijaos en aquel día, porque es muy grande vuestra recompensa. Son ocasiones para amar más al Señor, para unirnos más a Él.

También nos ayudará a realizar con perfección nuestros quehaceres el saber que, con un mérito de conveniencia, fundado en la amistad con el Señor, con estas obras –hechas en gracia de Dios, por amor, con perfección, buscando solo la gloria de Dios–, podemos merecer la conversión de un hijo, de un hermano, de un amigo: así han actuado los santos. Aprovechemos tantas oportunidades para ayudar a los demás en su camino hacia el Cielo. Con más interés y tesón a los que Dios ha puesto más cerca de nuestra vida y a quienes andan más necesitados de estas ayudas espirituales.

1 Cfr. Mt 10, 42. — 2 Lc 6, 27-38. — 3 Is 65, 23. — 4 1 Cor 3, 8. — 5 1 Cor 5, 10; Cfr. Rom 2, 5-6. — 6 San Ignacio de Antioquía, Epístola a San Policarpo. — 7 Jn 1, 16. — 8 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Juan, 14, 1. — 9 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, El Salvador, p. 365. — 10 Santo Tomás, Cuestiones disputadas sobre la caridad, q. 8, ad 17. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 251. — 12 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, o. c., p. 366. — 13 2 Cor 4, 17. — 14 Cfr. Lc 6, 20-26.

 

 

“El Gran Amigo que nunca traiciona”

Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo..., aunque los amigos a veces traicionan. -No me parece mal. Pero... ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona? (Camino, 88)

Nuestra vida es de Dios y hemos de gastarla en su servicio, preocupándonos generosamente de las almas, demostrando, con la palabra y con el ejemplo, la hondura de las exigencias cristianas.
Jesús espera que alimentemos el deseo de adquirir esa ciencia, para repetirnos: el que tenga sed, venga a mí y beba. Y contestamos: enséñanos a olvidarnos de nosotros mismos, para pensar en Ti y en todas las almas. De este modo el Señor nos llevará adelante con su gracia, como cuando comenzábamos a escribir ‑(recordáis aquellos palotes de la infancia, guiados por la mano del maestro?‑, y así empezaremos a saborear la dicha de manifestar nuestra fe, que es ya otra dádiva de Dios, también con trazos inequívocos de conducta cristiana, donde todos puedan leer las maravillas divinas.
Es Amigo, el Amigo: vos autem dixi amicos, dice. Nos llama amigos y El fue quien dio el primer paso; nos amó primero. Sin embargo, no impone su cariño: lo ofrece. Lo muestra con el signo más claro de la amistad: nadie tiene amor más grande que el que entrega su vida por sus amigos. Era amigo de Lázaro y lloró por él, cuando lo vio muerto: y lo resucitó. Si nos ve fríos, desganados, quizá con la rigidez de una vida interior que se extingue, su llanto será para nosotros vida: Yo te lo mando, amigo mío, levántate y anda, sal fuera de esa vida estrecha, que no es vida. (Es Cristo que pasa, 93)

 

«La verdadera esclavitud es no saber amar»

“El tercer mandamiento del Decálogo implica rompe las cadenas interiores del pecado —explicó el Papa Francisco en la audiencia de hoy— y hace al hombre capaz de amar”, porque “en Cristo, el hombre encuentra el descanso de la misericordia y de la verdad que lo hace libre”.

De la Iglesia y del Papa12/09/2018

 

Queridos hermanos y hermanas:

En el tercer mandamiento del Decálogo se pide observar el día de reposo. A diferencia del Éxodo, el libro del Deuteronomio establece este mandamiento para que el esclavo también pueda descansar y celebrar así el recuerdo de la Pascua de liberación; es decir, conmemora el final de la esclavitud ya que los esclavos por definición no podían descansar.

El “ego”, el yo, puede convertirse en un verdugo que tortura constantemente al hombre

Hay muchos tipos de esclavitud, fruto de opresiones, violencias e injusticias; y también prisiones interiores, como los tormentos, los complejos o los obstáculos psicológicos.

Pero hay una esclavitud que es más fuerte que cualquier otra: la esclavitud del propio yo. El “ego”, el yo, puede convertirse en un verdugo que tortura constantemente al hombre, procurándole la más profunda de las opresiones que es el “pecado”. No hay descanso para quien vive en la gula y en la lujuria; el ansia de poseer destruye al avaro, el fuego de la ira y la carcoma de la envidia corroen las relaciones; y el egocentrismo del soberbio lo aísla y aleja de los demás. La verdadera esclavitud es no saber amar.

La verdadera esclavitud es no saber amar

El tercer mandamiento es una profecía de Nuestro Señor Jesucristo, que rompe las cadenas interiores del pecado y hace al hombre capaz de amar. En Cristo, el hombre encuentra el descanso de la misericordia y de la verdad que lo hace libre.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española provenientes de España y América Latina, y en particular al grupo de sacerdotes venezolanos, acompañados por el Cardenal Baltazar Porras. Y aprovecho para agradecer a quienes, en Venezuela, sean sacerdotes, religiosos o laicos, se dedican al trabajo de la educación, a los educadores venezolanos. Hoy celebramos la fiesta del Santísimo Nombre de María. Pidámosle a nuestra Madre del Cielo que nos ayude a vivir el descanso dominical como un tiempo privilegiado de encuentro con el Señor y con los demás, dejando que el amor de Jesús nos libere de todas nuestras esclavitudes. Que el Señor los bendiga a todos. Muchas gracias.

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1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No darás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos

 

 

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Opus Dei - Orad sin interrupción

San Lucas es el evangelista que más subraya el sentido de la oración en el ministerio de Cristo (1). Solo él nos ha transmitido tres parábolas de Jesús sobre la oración.

La segunda de ellas es ésta: había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: “Hazme justicia ante mi adversario”. Y durante mucho tiempo no quiso.

Sin embargo, al final se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme”.

Concluyó el Señor: prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? (2).

Al presentar la parábola, San Lucas escribe: les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer (3). Y, poco después, refiere otras palabras de Jesús sobre la necesidad de la vigilancia: vigilad orando en todo tiempo, a fin de que podáis evitar todos estos males que van a suceder, y estar en pie delante del Hijo del Hombre (4).

Como se puede observar, el tercer evangelista se ha fijado en que Jesús otorga mucha importancia a la constancia en la oración, pues manda a sus discípulos que permanezcan continuamente en ella: “día y noche”, “en todo tiempo”. Resulta claro además, por el tono que el Señor usa en sus palabras, que la oración continua es algo preceptuado por Jesús: se trata de un mandato y no sólo de un consejo.

Es necesario rezar sin interrupción para seguir de cerca al Señor, porque Él mismo nos da ejemplo y ora continuamente a su Padre Dios

Es necesario rezar sin interrupción para seguir de cerca al Señor, porque Él mismo nos da ejemplo y ora continuamente a su Padre Dios. Así nos lo muestra San Lucas: Él se retiraba a lugares apartados y hacía oración (5), y también: estaba haciendo oración en cierto lugar. Y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos (6).

En el tercer Evangelio se recogen numerosas escenas donde vemos que Jesús ora antes de los momentos decisivos de su misión, entre otros: su Bautismo; su Transfiguración; antes de elegir y llamar a los Doce; antes de dar cumplimiento con su Pasión al designio de amor del Padre (7).

Sobre el ejemplo oración del Señor, comenta san Josemaría: ¡Cómo enamoró a los primeros discípulos la figura de Cristo orante! Después de contemplar esa constante actitud del Maestro, le preguntaron: Domine, doce nos orare, Señor enséñanos a orar así (8).

En los Hechos de los Apóstoles, San Lucas retrata, con tres pinceladas, la manera de rezar de los primeros fieles: todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús (9), y poco después: perseveraban asiduamente en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones (10). Y cuando Pedro es apresado por predicar audazmente la verdad, la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios (11).

Después de San Lucas, es San Pablo quien más se hace eco del precepto de Jesús sobre la oración continua, pues exhorta a menudo a los fieles a ponerlo en práctica; por ejemplo, a los de Tesalónica: orad sin interrupción (12), y a los de Éfeso: orando en todo tiempo movidos por el Espíritu (13). El mismo San Pablo nos da ejemplo, cuando dice que reza constantemente por los suyos noche y día, sin cesar (14).

Siguiendo las enseñanzas bíblicas, algunos Padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos antiguos también exhortan a los cristianos a llevar una vida de oración incesante. Uno de ellos, por ejemplo, escribe: «Si bien algunos asignan a la oración determinadas horas, por ejemplo, la tercera, la sexta y la nona, el cristiano perfecto reza durante su vida entera esforzándose en vivir con Dios por medio de la oración» (15).

Vida de oración constante

Como cristianos corrientes, que quieren seguir de cerca a Jesús en las encrucijadas del mundo, hemos de vivir continuamente unidos a Dios, por medio de una oración constante: siempre que sentimos en nuestro corazón deseos demejorar, de responder más generosamente al Señor, y buscamos una guía, un norte claro para nuestra existencia cristiana, el Espíritu Santo trae a nuestra memoria las palabras del Evangelio: conviene orar perseverantemente y no desfallecer (…).

Quisiera que hoy, en nuestra meditación, nos persuadiésemos definitivamente de la necesidad de disponernos a ser almas contemplativas, en medio de la calle, del trabajo, con una conversación continua con nuestro Dios, que no debe decaer a lo largo del día. Si pretendemos seguir lealmente los pasos del Maestro, ése es el único camino (16).

El amor es ingenioso: (...) todos debemos prever en nuestra jornada algunas normas de siempre, prácticas de piedad que no se circunscriben a un momento concreto

El cristiano que quiere ser coherente con su fe tiene ganas de esforzarse por convertir la jornada en una constante e íntima conversación con Dios, de tal modo que la oración no sea un acto aislado que se cumple y luego se abandona: por la mañana pienso en ti; y, por la tarde, se dirige hacia ti mi oración como el incienso. Toda la jornada puede ser tiempo de oración: de la noche a la mañana y de la mañana a la noche. Más aún: como nos recuerda la Escritura Santa, también el sueño debe ser oración (17).

Esto último había sido afirmado por algunos Padres de la Iglesia, por ejemplo, San Jerónimo: «el apóstol nos manda orar siempre, y para los santos también el sueño mismo es oración» (18).

La oración continua es ciertamente un don divino, que Dios no niega a quien corresponde con generosidad a su gracia. Algunas prácticas de piedad cristiana manifiestan de modo especial ese diálogo ininterrumpido con el Señor que llena el alma.

Tales prácticas son, al mismo tiempo, consecuencia del amor y medio para crecer en él. Y ese carácter de medio hace que, si el cristiano quiere alcanzar una vida de oración continua, no pueda adoptar una actitud pasiva respecto a la lucha interior: debe buscar y poner en práctica industrias humanas, recordatorios, que pueden avivar en cualquier momento el diálogo divino y la presencia de Dios.

Estos despertadores de la vida interior son personalísimos, porque el amor es ingenioso: serán diversos según las distintas circunstancias de cada uno, pero todos hemos de ver qué medios ponemos para rezar constantemente: todos debemos prever en nuestra jornada algunas normas de siempre, prácticas de piedad que no se circunscriben a un momento concreto.

Lo central en el trato del cristiano con el Señor es «que la relación con Dios permanezca en el fondo de nuestra alma», y para ello «hay que avivar continuamente esta relación y referir siempre a ella los asuntos de la vida cotidiana» (19). Y esto lo logramos proponiéndonos, por ejemplo, buscar la presencia de Dios habitualmente, o considerando que somos hijos de Dios antes de empezar un trabajo, o dando gracias al Señor por un favor que nos han hecho, aprovechando que se lo agradecemos también a la persona a quien se lo debemos.

Estas normas de siempre están profundamente entrelazadas entre sí, porque en el fondo no son más que la «orientación que impregna toda nuestra conciencia, a la presencia de Dios en el fondo de nuestro pensar, meditar y ser» (20). De ese de modo, por ejemplo, la presencia de Dios ayuda a percibir las cosas buenas que Él nos da y mostrarle nuestra gratitud.

Quien se propone agradecer al Señor los bienes que recibe –también la misma existencia, la fe, la vocación cristiana– aprovechando algunas circunstancias del día, acaba descubriendo otras ocasiones para alabarle durante la jornada. Y esto es la “oración continua” (21).

San Pablo nos dio ejemplo de llevar una vida de acción de gracias constante: doy continuamente gracias a mi Dios por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido concedida en Cristo Jesús (22).

En esta misma línea, san Josemaría exhorta a convertir la vida entera del cristiano en una continua acción de gracias: ¿cómo es posible darnos cuenta de eso, advertir que Dios nos ama, y no volvernos también nosotros locos de amor? (…). Nuestra vida se convierte así en una continua oración, en un buen humor y en una paz que nunca se acaban, en un acto de acción de gracias desgranado a través de las horas (23).

La Virgen Santísima permaneció siempre en oración continua, porque alcanzó la cima más alta de la contemplación. ¡Cómo la miraría Jesús y cómo correspondería Ella a la mirada de su Hijo! No debe extrañarnos que una realidad tan inefable haya quedado en silencio, apenas insinuada: eran las cosas que María conservaba en su corazón (24).

M. Belda.

Editorial publicado originalmente en mayo de 2012. Incluido el audio en septiembre de 2018.


1. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2600.

2. Lc 18, 2-7.

3. Lc 18, 1.

4. Lc 21, 36.

5. Lc 5, 16.

6. Lc 11, 1.

7. Cfr. Lc 3, 21; 9, 28; 6, 12; 22, 41-44.

8. Es Cristo que pasa, n. 119.

9. Hch 1, 14.

10. Hch 2, 42.

11. Hch 12, 5.

12. 1 Ts 5, 17.

13. Ef 6, 18.

14. 1 Ts 3, 10; cfr. 2 Ts 1, 11; Rm 1, 10; 1 Co 1, 4; Flp 1, 4; 1 Ts 1, 3; Flm 4.

15. Clemente deAlejandría, Stromata, 7, 7, 40, 3.

16. Amigos de Dios, n. 238.

17. Es Cristo que pasa, 119.

18. San Jerónimo, Epistola 22, 37.

19. J. Ratzinger - BenedictoXVI, Jesús de Nazaret, p. 163.

20. Ibid.

21. Cfr. Ibid.

22. 1 Co 1, 4; cfr. Ef 1, 16.

23. Es Cristo que pasa, n. 144.

24. Cfr. Lc 2, 51.

 

 

Nuevos Mediterráneos (III): «Desde la Llaga de la mano derecha…»

Meternos en las llagas de Cristo: dejarnos tocar por el Amor de Dios, y tocar a Dios en quienes sufren. Un camino de contemplación y compasión.

Vida espiritual04/10/2017

Opus Dei - Nuevos Mediterráneos (III): «Desde la Llaga de la mano derecha…»

Cuenta san Juan que el día de la resurrección, al atardecer, los discípulos se habían reunido en casa con las «puertas cerradas por miedo a los judíos» (Jn 20,19). Estaban encerrados, llenos de temor. Entonces, «vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo: –La paz esté con vosotros. Y dicho esto les mostró las manos y el costado» (Jn 20,19-20). De golpe, la zozobra de aquellos hombres se transformó en una honda alegría. Recibieron la paz que el Señor les traía, y acogieron después el don del Espíritu Santo (Cfr. Jn 20,22).

Muchos detalles llaman la atención en esta escena del Evangelio. ¿Qué esperaban los apóstoles? Jesús se presenta inesperadamente ante ellos, y su presencia les llena de alegría y de paz. Conocemos algunas de sus palabras y sus gestos, pero ¿cómo sería la mirada que les dirigió? Le habían abandonado. Le dejaron solo. Huyeron cobardemente. Sin embargo, el Señor no se lo reprocha. Él mismo se lo había anunciado. Sabía que de aquella debilidad podía surgir una profunda conversión: «Yo he rogado por ti» –le decía a Pedro antes de la pasión– «para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos» (Lc 22,31-32). El corazón contrito de los apóstoles podía acoger ahora más plenamente el Amor que Dios les ofrecía. De otro modo, tal vez ellos –y Pedro a la cabeza– hubieran seguido contando quizá demasiado con sus propias fuerzas.

"En el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros" (Papa Francisco)

Por otra parte, ¿por qué Jesús les enseña las manos y el costado? Ha quedado en ellos un rastro evidente del tormento de la crucifixión. Y, sin embargo, la vista de las llagas no les llena de dolor, sino de paz; no les provoca rechazo, sino alegría. Bien pensado, esas marcas de los clavos y de la lanzada son un sello del Amor de Dios. Se trata de un detalle lleno de sentido: Jesús quiso que en su cuerpo permanecieran las heridas de la Pasión después de resucitar para que no quedara ningún resquicio a la desconfianza y nadie pudiera pensar que, a la vista de nuestra respuesta tantas veces mediocre e incluso fría, se iba a arrepentir de lo que había hecho. El Amor de Cristo es firme y plenamente consciente.

Además, para el incrédulo Tomás las llagas iban a ser la señal inequívoca de la Resurrección. Jesús es el Hijo de Dios, que verdaderamente ha muerto y ha resucitado por nuestros pecados. «Las llagas de Jesús –enseña el Papa– son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1P 2,24; cf. Is 53,5)»[1].

La tradición espiritual ha encontrado en las llagas del Señor un manantial de dulzura. San Bernardo, por ejemplo, escribía: «A través de estas hendiduras, puedo libar miel silvestre y aceite de rocas de pedernal (cfr. Dt 32,13), es decir, puedo gustar y ver qué bueno es el Señor»[2]. En esas heridas reconocemos el Amor sin medida de Dios. De su corazón traspasado brota el don del Espíritu Santo (cfr. Jn 7,36-39). Al mismo tiempo, las heridas del Señor son un refugio seguro. Descubrir la hondura de esas aberturas puede abrir un nuevo Mediterráneoen nuestra vida interior.

«La Llaga Santísima de la mano derecha de mi Señor»

«Meteos en las llagas de Cristo», sugería san Juan de Ávila: «allí dice Él que mora su paloma, que es el ánima que en simpleza le busca»[3]. «Dentro de tus llagas, escóndeme», reza una conocida oración. También san Josemaría hará suyo este modo de acercarse al Maestro, tan arraigado entre los cristianos. Así, en 1933, anota: «Meterme cada día en una llaga de mi Jesús»[4].

Esta es una de las devociones que mantendrá a lo largo de su vida entera, y que recomendará también a los jóvenes que se acerquen a él[5]. Con todo, cobra un relieve especial a raíz de una experiencia que le abrió un panorama nuevo, inmenso, y que tuvo lugar en plena guerra civil española, mientras vivía en Burgos. Era una época de sufrimiento para él: sus hijos en el Opus Dei se encontraban desperdigados por la península; unos en los frentes de batalla, otros escondidos en distintos puntos, algunos de ellos todavía en la zona en que había persecución religiosa. Lo mismo sucedía con su madre y sus hermanos. De sus hijas espirituales, en fin, apenas tenía noticias. Además, algunos de los que antes le siguieron habían perdido la vida durante la guerra.

En estas circunstancias, san Josemaría se veía llamado a redoblar sus esfuerzos, su oración y, en particular, sus penitencias. Sin embargo, a primeros de junio de 1938, mientras se dirigía al Monasterio de las Huelgas, donde estaba llevando a cabo una tarea de investigación, recibe una especial luz de Dios, que describe en una carta a Juan Jiménez Vargas, ese mismo día:

"Esta mañana (...) he descubierto un Mediterráneo: la Llaga Santísima de la mano derecha de mi Señor. Y allí me tienes: todo el día entre besos y adoraciones. ¡Verdaderamente que es amable la Santa Humanidad de nuestro Dios!" (San Josemaría)

«Querido Juanito: Esta mañana, camino de las Huelgas, a donde fui para hacer mi oración, he descubierto un Mediterráneo: la Llaga Santísima de la mano derecha de mi Señor. Y allí me tienes: todo el día entre besos y adoraciones. ¡Verdaderamente que es amable la Santa Humanidad de nuestro Dios! Pídele tú que Él me dé el verdadero Amor suyo: así quedarán bien purificadas todas mis otras afecciones. No vale decir: ¡corazón, en la Cruz!: porque, si una Herida de Cristo limpia, sana, aquieta, fortalece y enciende y enamora, ¿qué no harán las Cinco abiertas en el madero? ¡Corazón, en la Cruz!: Jesús mío, ¡qué más querría yo! Entiendo que, si continúo por este modo de contemplar (me metió S. José, mi Padre y Señor, a quien pedí que me soplara), voy a volverme más chalao que nunca lo estuve. ¡Prueba tú!»[6]

Llevaba tiempo recorriendo el camino de la Humanidad del Señor. También la devoción a las llagas de Cristo. Con todo, inopinadamente, se abrió ante él como «un Mediterráneo». Ahondó de golpe en el significado de Amor redentor que tenían aquellas heridas, y comprendió que el mejor modo de corresponder a tan gran Amor no consistía en lo que él pudiera hacer, sino justamente en sumergirse en Él: contemplándolo y dejándose abrazar enteramente por ese Amor.

Continúa la carta precisamente a propósito del esfuerzo que le supone su situación: «Siento una envidia enorme de los que están en los frentes, a pesar de todo». Y alude a la figura célebre de un sacerdote castrense, conocido por su vida penitente: «Se me ocurre pensar que, si no tuviera bien señalada mi senda, sería magnífico dejar corto al P. Doyle. Pero… eso me iría muy bien: nunca me costó gran cosa la penitencia. Sin duda, ésta es la razón de que me lleven por otro camino: el Amor». Su camino es el Amor: amar y dejarse querer. Al despedirse, se afianza en esta convicción: «Un abrazo. Desde la Llaga de la mano derecha, te bendice tu Padre»[7].

Aquel suceso, aquella luz inesperada, fue un signo de esperanza y constituyó sin duda un acicate para su trabajo sacerdotal. Gracias a esta iluminación divina, una realidad conocida y repetidas veces meditada –un camino transitado y recomendado por él mismo– se convirtió de repente en una novedad, una mina de riqueza inagotable, de la que no querría ya separarse.

Defendidos por el Amor

Las llagas de Jesús son un recordatorio perenne de su Amor, que llegó hasta el extremo en su sacrificio en la Cruz. Dios no se arrepiente de amarnos. Por eso, la contemplación de ese Amor suyo es una fuente de esperanza. A la vista del Resucitado, que conserva las marcas de su Pasión, nos damos cuenta de que «precisamente allí, en el punto extremo de su abajamiento –que es también el punto más alto del amor– ha germinado la esperanza. Si alguno de vosotros pregunta: “¿Cómo nace la esperanza?”. “De la cruz. Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de allí te llegará la esperanza que ya no desaparece, esa que dura hasta la vida eterna”»[8]. En la Cruz nació y renace siempre nuestra esperanza. Así, «con Jesús cada oscuridad nuestra puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza. Toda: sí, toda»[9]. Es esa seguridad la que hacía exclamar a san Pablo: «¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? (…) Pero en todas estas cosas vencemos con creces gracias a aquel que nos amó»(Rm 8,35.37).

Como a los apóstoles, Jesús no nos mira con resentimiento: no nos echa en cara nuestros pecados, nuestras debilidades, nuestras traiciones

Al constatar nuestra debilidad y nuestro pecado, a menudo puede colársenos en el alma, de modos diversos, la tentación de la desesperanza. Lo que en el momento habíamos aceptado tal vez con frivolidad o cierta condescendencia, se presenta de golpe como un absurdo «no», un manotazo al Dios que nos ama. También nuestra respuesta tibia y desganada puede ser un motivo de desesperación. Pero todo esto no es más que una serie de tentaciones del mismo que nos hizo caer. Contemplar las llagas del Señor puede ser el mejor modo de reaccionar: sus llagas nos recuerdan que su Amor es «fuerte como la muerte» (Cant 8, 16). Más aún, porque su Amor ha vencido la muerte. Un poeta contemporáneo lo expresa de un modo tan sintético como hermoso: «Lavado por el agua del costado / y dentro de la herida defendido / de tanto no que solo trae nada, / de tanto tibio sí, de tanta tregua»[10].

Volver a contemplar la Humanidad del Señor, herida por nuestros pecados, resucitada, puede ser para nosotros una fuente de esperanza. Como a los apóstoles, Jesús no nos mira con resentimiento. No nos echa en cara nuestros pecados, nuestras debilidades, nuestras traiciones. Al contrario, nos reafirma, porque su amor es verdaderamente incondicional. No nos dice: «Te amo, si te portas bien», sino «Te amo, para mí eres un tesoro, y seguirás siéndolo pase lo que pase». Esa conciencia, que puede nacer contemplando las heridas abiertas en el cuerpo del Señor, nos llenará de alegría y de paz. Pase lo que pase, podemos refugiarnos en ellas, acogiéndonos de nuevo al perdón de Dios: «En mi vida personal –contaba el Papa en una homilía–, he visto muchas veces el rostro misericordioso de Dios, su paciencia; he visto también en muchas personas la determinación de entrar en las llagas de Jesús, diciéndole: “Señor estoy aquí, acepta mi pobreza, esconde en tus llagas mi pecado, lávalo con tu sangre”. Y he visto siempre que Dios lo ha hecho, ha acogido, consolado, lavado, amado»[11].

Reconocer nuestra pequeñez no es una derrota, ni una humillación. Podría serlo, si Dios fuera alguien que quisiera dominarnos. Pero no lo es. Es el Amor lo que le mueve: el Amor incondicional que nos da, y que espera que sepamos acoger.

El camino de la compasión

Existen muchos modos de acercarse a las llagas del Señor: «Id como más os conmueva», aconsejaba san Josemaría[12]. Sabemos cómo le gustaba meterse con la imaginación en el Evangelio. En Santo Rosario, por ejemplo, al contemplar el primer misterio glorioso, comenta: «Y, antes de terminar la decena, has besado tú las llagas de sus pies..., y yo más atrevido –por más niño– he puesto mis labios sobre su costado abierto»[13].

Recordando el modo en que san Josemaría hacía la acción de gracias de la Misa, lugar privilegiado para renovar a diario su encuentro personal con el Amor de su Vida, don Javier Echevarría describía cómo «se arrodillaba los primeros minutos, en el suelo o en el reclinatorio: mirando el crucifijo de bolsillo cogido entre sus manos, recitaba la oración En ego [Miradme, oh mi amado y buen Jesús]. Mientras repetía las palabras que se referían a las llagas del Señor, besaba devotamente cada una»[14].

Tocar a Cristo en los que sufren es una manera de dejarnos interpelar por Él, de acercarnos a sus llagas y de responder con amor a su Amor

Las heridas del Señor, que con tanta hondura descubrió san Josemaría en aquella mañana de junio, no solo revelan el Amor que el Señor nos tiene: son a la vez una invitación a corredimir con Él, como lo hace Santa María; a ser su Cirineo, a consolarle por tantas ofensas que hieren su Corazón, sobre todo porque hieren el nuestro... Una llamada, en fin, a cuidarle precisamente en aquellos «hermanos más pequeños» con quienes se identifica, en quienes de algún modo ha querido quedarse (Cfr. Mt 25,40).

Por eso, dentro del itinerario que llevó a san Josemaría a descubrir aquel Mediterráneo –sin duda una luz de Dios–, no hay que olvidar la enorme cantidad de horas que dedicó a cuidar enfermos y gente sin recursos por los barrios más pobres de Madrid. Ese es desde luego un modo estupendo de descubrir el Amor de Dios: salir de nosotros mismos para tocar a Jesús en las personas que sufren. Se trata, sin duda, de un camino seguro.

Esa vía nos lleva a dejarnos interpelar por Él, a acercarnos a sus llagas y a responder con amor a su Amor. Aprendemos así a vivir con los demás la misma ternura que Dios vuelca sobre nuestra debilidad personal. Por este camino, nuestra propia vida adquiere un renovado sentido de misión que nos lanza más allá de nosotros mismos, contando no con nuestras fuerzas, sino con una llamada que viene de Dios, que nos transforma y cuenta con nosotros para sembrar en el mundo su paz y su alegría. El Papa insiste incansablemente en este punto: «A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. (…) Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo»[15].

Meternos en las llagas de Cristo, por el camino de la compasión y de la contemplación, puede abrirnos un auténtico Mediterráneo: aprenderemos así a refugiarnos en esas heridas de Amor, y a amar con todo el corazón a quienes nos rodean, comenzando por quienes más lo necesitan; personas que muchas veces están a la vera del camino, en nuestra misma casa.

Lucas Buch

Foto: Santi Villamarín (cc)


[1] Francisco, Homilía,27-IV-2014.

[2] San Bernardo, Sermón 61 (Sobre el libro del Cantar de los cantares), 4. Abundantes testimonios sobre esta devoción, y un modo de vivirla, pueden encontrarse en P. Beteta, Mirarán al que traspasaron, Rialp, Madrid 2009.

[3] San Juan de Ávila, Epistolario, carta 47. Cfr. Cant 2,16.

[4] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1799b, de 1933, en Santo Rosario. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2010, comentario al primer misterio glorioso, p. 226, nota 5.

[5] «Me quedaré metido cada día, cumpliendo un propósito antiguo, en la Llaga del Costado de mi Señor»: San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1763, de 1934; en Camino. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2004, 3ª ed., comentario al n. 288.

[6] San Josemaría, Carta a Juan Jiménez Vargas, 6-VI-1938, en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 2, Rialp, Madrid 2002, 288-289.

[7]Ibídem.

[8] Francisco, Audiencia general, 12-IV-2017.

[9]Ibídem.

[10] Julio Martínez Mesanza, “Defendido”, en Gloria, Rialp, Madrid 2016.

[11] Francisco, Homilía, 7-IV-2013.

[12] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 303.

[13] San Josemaría, Santo Rosario, primer misterio glorioso.

[14] Javier Echevarría, Memoria del Beato Josemaría, Rialp, Madrid 2000, p. 235.

[15] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (24-IX-2013), n. 270.

 

 

La exaltación de la Santa Cruz

Se celebra el 14 de Septiembre.

Exaltación de la Santa Cruz

La Iglesia, en el día de la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, celebra la veneración a las reliquias de la Cruz de Cristo en Jerusalén, tras ser recuperada de manos de los persas por el emperador Heráclito.

Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar una cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la cruz en el sitio donde antes era venerada.

Los fragmentos de la santa Cruz se encontraban en el cofre de plata dentro del cual se los habían llevado los persas, y cuando el patriarca y los clérigos abrieron el cofre, todos los fieles veneraron las reliquias con mucho fervor, incluso, su produjeron muchos milagros.

El fragmento de la Cruz de Cristo de mayor tamaño se encuentra en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria, España), donde es venerado por decenas de miles de fieles cada año.

Nosotros recordamos con mucho cariño y veneración la Santa Cruz porque en ella murió nuestro Redentor Jesucristo, y con las cinco heridas que allí padeció pagó Cristo nuestras inmensas deudas con Dios y nos consiguió la salvación.

A San Antonio Abad (año 300, fiesta el 17 de enero) le sucedió que el demonio lo atacaba con terribles tentaciones y cuentan que un día, angustiado por tantos ataques, se le ocurrió hacerse la señal de la Cruz, y el demonio se alejó. En adelante, cada vez que le llegaban los ataques diabólicos, el santo hacía la señal de la cruz y el enemigo huía. Y dicen que entonces empezó la costumbre de hacer la señal de la cruz para librarse de males.

De una gran santa se narra que empezaron a llegarle espantosas tentaciones de tristeza. Por todo se disgustaba. Consultó con su director espiritual y este le dijo: "Si Usted no está enferma del cuerpo, ésta tristeza es una tentación del demonio". Le recomendó la frase del libro del Eclesiástico en la S. Biblia: "La tristeza no produce ningún fruto bueno". Y le aconsejó: "Cada vez que le llegue la tristeza, haga muy devotamente la señal de la cruz". La santa empezó a notar que con la señal de la cruz se le alejaba el espíritu de tristeza.

Cuando Nuestra Señora se le apareció por primera vez a Santa Bernardita en Lourdes (Año 1859), la niña al ver a la Virgen quiso hacerse la señal de la cruz. Pero cuando llegó con los dedos frente a la cara, se le quedó paralizada la mano. La Virgen entonces hizo Ella la señal de la cruz muy despacio desde la frente hasta el pecho, y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Y tan pronto como la Madre de Dios terminó de hacerse la señal de la cruz, a la niña se le soltó la mano y ya pudo hacerla ella también. Y con esto entendió que Nuestra Señora le había querido dar una lección: que es necesario santiguarnos más despacio y con más devoción.

Fíjese en la gente cuando hace la señal de la Cruz. Observe, por ejemplo, a los pocos jugadores de fútbol que se santiguan en el campo. ¿Cómo le parece esa cruz que se hacen? ¿No es cierto que más parece un garabato que una señal de la Cruz? ¿Cómo haremos nosotros la señal de la Cruz de hoy en adelante?

Como recuerdo de esta fecha de la exaltación de la Santa Cruz, acuérdese de realizar con más devoción y más despacio su señal de la Cruz.

 

A continuación se ofrece un texto de Rafael López-Melús, OCD, sobre la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz.

El cristianismo es un mensaje de amor. ¿Por qué entonces exaltar la Cruz? Además,   la Resurrección da sentido a nuestra vida, más que la Cruz.

Pero ahí está la Cruz, el escándalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubiéramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes. Los apóstoles la rechazaban. Y nosotros también. Cuando Clovodeo leía la Pasion exclamaba: ¡Ah, si hubiera estado allí yo, con mis francos!

La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. No era necesaria. Jesús la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor.

Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros. Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia.

En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.

Jesús, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el paraíso con la fuerza de su bondad: "En plenitud de vida y de sendero dió el paso hacia la muerte porque Él quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero" (Himno de Laudes).

En toda su vida Jesús no hizo mas que bajar: en la Encarnación, en Belén, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Solo sube para ir a la Cruz. Y en ella está elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jesús no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas. Jesús no está en la Cruz para adoctrinarnos olímpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente.

Pero el discípulo no es de mejor condición que el maestro, dice Jesús. Y añade: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de si mismo, que cargue con su cruz y me siga". Es fácil seguir a Jesús en Belén, en el Tabor. ¡Qué bien estamos aquí!, decía Pedro. En Getsemaní se duerme, y luego le niega.

''No se va al cielo hoy ni de aquí a veinte años. Se va cuando se es pobre y se está crucificado" (Leon Bloy). "Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía" (El Señor a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo más, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido-la madurez adquirida en el dolor-no pasa jamás. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos. Si besamos la Cruz de Jesús, besemos la nuestra, astilla de la suya.

La Cruz aceptada-no la buscada-tiene un gran valor... Dijo una ostra a otra ostra: "Siento un gran dolor dentro de mí. Es pesado y redondo y me lastima". Y la otra ostra replicó con arrogancia: "Alabados sean los cielos y el mar. Yo no siento dolor dentro de mí. Me siento bien e intacta". Un cangrejo que pasaba por alli las escuchó y dijo a la que estaba bien e intacta: "Sí, te sientes bien, pero el dolor de la otra es una hermosa perla".

Es la ambiguedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.

Cuán pocos son los que aman la Cruz de Cristo.

Por Tomás de Kempis, del libro Imitación de Cristo

Libro segundo: De la conversión interior

Del Amor a la Santa Cruz de Cristo.

1. Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy pocos que lleven su cruz.

Tiene muchos que desean la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación.

Muchos compañeros halla para la mesa, y pocos para la abstinencia.

Todos quieren gozar con Él, mas pocos quieren sufrir algo por Él.

Muchos siguen a Jesús hasta el partir del pan, mas pocos hasta beber el cáliz de la pasión.

Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz.

Muchos aman a Jesús, cuando no hay adversidades.

Muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de Él algunas consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego de quejarían o desesperarían mucho.

2. Mas los que aman a Jesús, por el mismo Jesús, y no por alguna propia consolación suya, bendícenle en toda la tribulación y angustia del corazón, tan bien como en consolación.

Y aunque nunca más les quisiese dar consolación, siempre le alabarían, y le querrían dar gracias.

3. ¡Oh! ¡Cuánto puede el amor puro de Jesús sin mezcla del propio provecho o amor!

¿No se pueden llamar propiamente mercenarios los que siempre buscan consolaciones?

¿No se aman a sí mismos más que a Cristo, los que de continuo piensan en sus provechos y ganancias?

¿Dónde se hallará alguno tal, que quiera servir a Dios de balde?

4. Pocas veces se halla ninguno tan espiritual, que esté desnudo de todas las cosas.

Pues ¿quién hallará el verdadero pobre de espíritu y desnudo de toda criatura?

Es tesoro inestimable y de lejanas tierras.

Si el hombre diere su hacienda toda, aún no es nada.

Si hiciere gran penitencia, aún es poco.

Aunque tenga toda la ciencia, aún está lejos: y si tuviere gran virtud y muy ferviente devoción, aún le falta mucho; le falta cosa que le es más necesaria.

Y esta ¿cuál es? Que dejadas todas las cosas, deje a sí mismo y salga de sí del todo, y que no le quede nada de amor propio.

Y cuando ha hecho todo lo que conociere que debe hacer, aún piense no haber hecho nada.

5. No tenga en mucho que le puedan estimar por grande, mas llámese en la verdad siervo sin provecho, como dice Jesucristo.

Cuando hubiereis hecho todo lo que os está mandado, aún decid: Siervos somos sin provecho.

Y así podrás ser pobre y desnudo de espíritu, y decir con el profeta: Porque uno solo y pobre soy.

Ninguno todavía hay más rico, ninguno más poderoso, ninguno más libre, que aquel que sabe dejarse a sí y a toda cosa, y ponerse en el más bajo lugar.

 

Carta a un católico avergonzado

Carta a un católico avergonzado

Por Jaime Septién

Estimado amigo: como tú, yo también he quedado estupefacto con el informe de Pensilvania, con la conducta del ex cardenal McCarrick, con la protección de obispos a pederastas, con el abuso a jóvenes seminaristas y, si mucho me apuras, me he quedado atónito con la carta del arzobispo Viganò, en la que pide, ni más ni menos, la renuncia del Papa por no hacer nada para parar la crisis de homosexualidad que, según Viganò, recorre la Iglesia, sobre todo en Estados Unidos.

Mira, no te voy a decir que estoy tranquilo. La Iglesia universal está sufriendo el peor de los embates que puede sufrir: el de sus propios miembros. Ya no son los enemigos de fuera los que la están saboteando; son los enemigos de dentro. Hoy ya no tenemos el recurso de hablar de batallas en contra. Los generales que dirigen las tropas contra el mal son aquellos que deberían defenderla contra el pecado y la mundanidad.

¿Es el fin? No, no lo es. Es el principio de una nueva forma de vivir la fe; una nueva manera de encontrar en nosotros, en cada uno, en ti y en mí, el camino que lleva al corazón de Jesús, siendo más fieles, más puntuales en nuestras obligaciones, más caritativos y más buenos.

El dedo acusador, del que hemos exagerado su uso, se ha vuelto contra nosotros. Somos los testigos y los que estamos en el banquillo. Ante la catarata de horrores que nos dispara la prensa, sé que te puedes sentir avergonzado de pertenecer a la Iglesia. No saques conclusiones rápidas. Piensa lo que le respondió un Papa a Napoleón cuando afirmaba que iba a destruir a la Iglesia: si en dos mil años no hemos podido nosotros, cuanto menos lo podrás hacer tú en dos semanas…

Ah, pero sí podemos construirla. Dejando de ver la paja en el ojo ajeno. Empezando a madurar. Ya podemos asumir la responsabilidad de ser católicos de tiempo completo. Y dejar de criticar al prójimo como justificación y salida fácil de la ira. Te lo digo con sinceridad y aprecio.

 

 

No escuches tu corazón

No escuches tu corazón

Por Mónica Olvera

A través de múltiples películas, imágenes, canciones, publicidad, se nos ha repetido una y otra vez el eslogan: “escucha tu corazón”, que quiere decirnos: “si sigues tu corazón, no te equivocarás”. Tanto se nos ha dicho que se ha vuelto una creencia universal que pocos cuestionan. ¿Realmente es lo más sabio y prudente seguir este mandato?

Veamos la experiencia. ¿Qué nos pueden decir aquellos que se han dejado llevar siempre por lo que su corazón les decía?, ¿en todos los casos y circunstancias, esto es infalible? Vemos personas que su corazón les dictaba: “deja a tu esposo, vete con tu amante y serás feliz”, y después se han dado de topes al haber roto el corazón de su pareja. Otros, por fracasos anteriores en el amor, han sentido su corazón atemorizado y no dan pie a una relación estable.

Unos y otros, dejan que la guía de su barca sea la veleta del corazón, con sus sentimientos y pasiones que van y vienen en direcciones muchas veces contrarias. Esto es más típico en la mujer, un día sentimos mariposas por alguien y al día siguiente no. Sin embargo, no es lo más inteligente tomar como base de nuestras elecciones lo que sentimos minuto a minuto, pues un día daremos la vida por él y al otro querremos borrarlo de nuestra vista.

Esto de seguir siempre tu corazón es bastante arriesgado, como puedes atinarle y tomar una opción adecuada, puedes regarla y muy feo. Escuchar tu corazón se presenta como una solución rápida y fácil al problema de decidir en el instante. Hoy en día queremos todo rápido y sin demora, somos poco pacientes y es fácil irse tras lo que en el momento se ve cómodo y atractivo. El problema es que el corazón es como un miope que no ve las consecuencias más allá. Puede ser que en el momento obtengamos una satisfacción o nos libremos de algo, pero no olvidemos que todo cobra factura.

Al tratarse de nuestra vida, la cual es sólo una, vale la pena tomarse el tiempo para ponderar las alternativas que nos lleven a resolver lo mejor posible un asunto, aceptando que la felicidad no excluye algunas notas de dolor o sacrificio. Por tanto, no se trata de hacer a un lado al corazón, sino de que éste termine escuchando y abrazando lo que el cerebro iluminado por Dios en la oración, le marca como el sendero que conduce a la verdadera felicidad y paz.

Mónica Olvera es licenciada en Educación y Desarrollo con un diplomado de Teología del Amor, especialista en el Creighton Model System, da pláticas prematrimoniales.

 

 

Día Mundial para la Prevención del Suicidio

 

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El suicidio es uno de los fenómenos que más se ha presentado en los últimos años, siendo este un tema tan complejo, en el que se involucra la integridad de la persona al tomar la decisión de quitarse la vida por diversos factores que van ligados con sufrimiento, violencia, estrés, angustia o por otros problemas mentales.

En este sentido, el suicidio, se ha convertido un problema de salud mundial que se coloca ya en las primeras causas de muerte.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en México, en 2017 se registraron 2.599 suicidios entre personas de 15 a 29 años por lo que se apuntó como la segunda causa de muerte entre adolescentes de 15 a 19 años.

A nivel mundial, la prevención del suicidio carece de estrategias que ayuden a reducir el número de decesos por año, el tema no ha sido abordado de manera adecuada, pues muchas veces resulta complicado abordar este tipo de temas en el hogar. Por ello, cada 10 de septiembre se ha promovido el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el cual tiene como objetivo concienciar a nivel mundial que el suicidio puede prevenirse desde los padres de familia, amigos, compañeros, familia, pareja, etc.

Los padres desde el hogar pueden contribuir a evitar que sus hijos atenten contra su vida de la siguiente manera.

Identifica problemas en tu hijo

Como padres de familia, siempre notarán cualquier cambio de comportamiento o actitud en su hijo esto, será determinante para identificar si presentan problemas de salud mental como ansiedad, depresión, bipolaridad, insomnio, por lo que corren un alto riesgo de pensar en el suicidio.
Además, los adolescentes que pasan por cambios inesperados en su vida como el divorcio de sus padres o muerte de un ser querido, son más vulnerables a terminar con su vida.

Presta más atención

Muchos adolescentes quienes logran o intentan suicidarse dan algún tipo de advertencia a sus familiares. Por lo tanto, es importante que los padres no tomen esas señales como un simple juego para llamar la atención, pues la situación podría agravarse llegando hasta el suicidio.
Lo correcto ante estas señales, será brindar más tiempo y dedicación a tus hijos, probablemente carezcan de afecto, amor y atención.

Dialoga y mejora la comunicación

Muchas veces lo padres se niegan a aceptar la realidad en la que se encuentran sus hijos. Es importante tratar de mantener abierta la comunicación y expresar su preocupación, su apoyo y su cariño.

Si su hijo no se siente cómodo hablando con usted, sugiérale encontrar otra persona en la que pueda confiar, esto por lo general suele ser de mucha ayuda para las adolescentes.

Busca ayuda

Siempre es bueno buscar ayuda, si tu hijo se encuentra en una situación de crisis, o dejo indicios en los que habla de terminar con su vida, busca inmediatamente el apoyo de un experto, ya sea un psicólogo o psiquiatra.

Recuerda que el suicidio puede prevenirse con la atención oportuna.

 

 

Las finanzas en la pareja

Lucía Legorreta

El dinero es un medio necesario para sobrevivir, pero no lo más importante.


Finazas en pareja


Una de las causas más comunes por la que las parejas se separan, divorcian o discuten es el tema del dinero: ¿qué debe pagar él?, ¿qué debes pagar tú?, ¿en que gastamos nuestro dinero?, ¿cuánto debemos ahorrar? Y muchas preguntas más.

Te invito a que te reúnas con tu esposo(a), novio o prometido a reflexionar sobre algunos consejos que los especialistas recomiendan para tener éxito financiero en la pareja:

1. Identifiquen cuánto debe cada uno, cuánto ingresa o gana y qué vida es la que quieren llevar. Cuando la pareja se conoce o, ya en el matrimonio, el tema del dinero se toca poco. No saben realmente cuánto percibe cada uno, si tienen deudas y principalmente qué nivel de vida quieren llevar juntos y qué nivel pueden y deben llevar.

2. Que sus sueños sean proactivos, es decir, si por el momento no pueden aspirar a ciertos gastos, ser conscientes de que el tiempo, el esfuerzo y el trabajo pueden hacerlos realidad. Pero antes se debe pensar muy bien si estos gastos realmente son necesarios para nuestra vida, o si son superfluos e innecesarios.

3. Asuman que cada uno es responsable de sí mismo. La relación debe estar fundamentada en el amor, y no en el hecho de que nos mantiene o la mantenemos.

4. Reconozcan sus talentos: debe haber consciencia de quién de los dos es el bueno para el control de gastos e ingresos. Si ambos lo son, la tarea puede compartirse; pero si alguno no lo es, no importa si es el hombre o la mujer quien lleve las finanzas del hogar. Lo importante es asimilarse como individuos que buscan un fin común y, por lo tanto, que reconocen y respetan esos dones y talentos particulares que les permiten caminar juntos.

5. Mantengan su independencia económica: después de definir los gastos del hogar y su costo, determinen a partir de sus ingresos cuánto le tocaría aportar a cada quien, pero siempre quedándose con un porcentaje de su dinero. Deben mantener sus cuentas, inversiones, independencia, de forma que ninguno sienta que el otro es una carga. Que ambos estén enterados del total de ingresos y gastos, de deudas, inversiones y cuentas. Esto habla mucho de la confianza que existe en una pareja.

6. Tengan un plan financiero para su futuro. Es indispensable contar con un plan mediante el cual definan dónde estarán en diez, veinte o treinta años, o incluso que sucederá cuando alguno fallezca. Aquí entra el tema del testamento y el de tener los documentos personales en orden, con más razón cuando ya se tiene hijos.

7. Inviertan en educación financiera. Acérquense con especialistas, lean sobre el tema para que ambos estén enterados de mundo financiero. Aprender sobre la bolsa, el mercado de bienes raíces, cómo iniciar un negocio, la venta de oro y plata, entre otras muchas acciones hace que nuestra mente se abra a nuevas oportunidades financieras en beneficio de la pareja y de la familia.

8. No tomen decisiones financieras cuando los dominen las emociones. Esto es sumamente importante ya que el gastar mal el dinero puede estar influenciado por emociones positivas como la alegría, el entusiasmo y después arrepentirnos de haberlo gastado, o bien por emociones negativas como un enojo o un pleito en la pareja que tiene consecuencias graves, en que uno o ambos gastan de más únicamente por venganza o agravio hacia su pareja.

9. ¡Platiquen de sus finanzas! Tengan las llamadas citas de dinero, que, aunque no son muy agradables, son indispensables para la vida en pareja. No hay que tenerle miedo al tema del dinero, se piensa que se van a herir las emociones del otro o bien que piense que lo que nos importa es el dinero.

Este es un grave error. Se deben llegar a acuerdos tales como: bajo qué régimen se casarán, en dónde van a vivir, en qué tipo de escuela se educarán los hijos, cuáles serán las vacaciones familiares y las diversiones de fin de semana. Es mejor lograr estos acuerdos anticipados y tranquilos que con prisas y enojados.

Y si están recién casados y ambos trabajan, te recomendaría que la economía básica del hogar, gastos fijos como la comida, renta y servicios básicos no estén basados en el ingreso de ambos, ya que cuando vienen los hijos se ve gravemente afectada. Es mejor depender del sueldo del hombre y que el de ella sirva para gastos secundarios, de forma que cuando la familia crezca no surjan conflictos financieros.

Recuerda, el dinero es un medio necesario para sobrevivir, pero no lo más importante. De aquí la necesidad de toda pareja planee adecuadamente sus finanzas, esto les permitirá vivir en armonía y gozarse uno al otro en lugar de enfrentarse uno con el otro.

 

 

Crisis oceánica global

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

El 23 y 24 de agosto pasado se llevó a cabo en Nueva York, EE UU, una reunión de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre el Estado del Medio Ambiente Marino, en la cual, según el Instituto Español de Oceanografía (IEO) se puso en manifiesto que más del 90% del calor de la concentración de gases de efecto invernadero se ha almacenado en los océanos, habiéndose designado una comisión de expertos que elaborará un informe sobre el estado oceánico global.

En 1880, durante la Revolución Industrial (iniciada en 1780), se registraron concentraciones de bióxido de carbono atmosférico (CO2) de 280 partes por millón (ppm), habiendo aumentado progresiva y peligrosamente hasta la actualidad a más de 400 ppm enorme cantidad liberada a la atmósfera y responsable del efecto invernadero originándose el recalentamiento planetario por uso industrial y doméstico (petróleo, carbón, gas natural y leña), deforestación (descomposición de materia orgánica) y quema de biomasa vegetal, esta situación especialmente se agrava sobre los océanos por la alta capacidad del agua para conservar calor. 

El calentamiento global ocasiona en los océanos cambios en el patrón de vientos, en velocidades y dirección de corrientes superficiales, desplazamientos de centros de alta y baja presión, incremento del nivel del mar (dilatación térmica, deshielo de glaciares y casquetes polares y pérdida de hielo en Groenlandia y la Antártida), lo cual genera devastadores fenómenos climatológicos, huracanes, sequías, intensificándose fenómenos como El Niño y La Niña, además, aumenta la acidificación oceánica poniendo en riesgo a especies y ecosistemas marinos alterando cadenas alimenticias y perturbando la productividad oceánica.

Bajo este panorama, estamos ad portas de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático 2018 (COP-24) a realizarse en la ciudad de Katowice, Polonia (3 al 14 diciembre) con asistencia de 197 países, evento en que se debatirá la situación de esta crisis global oceánica y asimismo se asegurará el compromiso de los países, planteado en el Acuerdo de París (diciembre 2015), de reducir sus emisiones para evitar que la temperatura media global del planeta supere los 2°C respecto a niveles preindustriales. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE UU (NOAA) la temperatura mundial promedio en abril 2018 fue 14.55°C, mayor en 0.83°C que la media del siglo pasado, y cruzándose el umbral de 2°C se presentarían cambios abruptos en los océanos, el hielo marino, la cobertura de nieve y la biósfera terrestre.

 

 

 TSUNAMI

El mar se alzó, rompió la puerta
Y vino directo a ti


Arrastrado bajo el agua, te rindes
La lucha cesa inmediatamente
Y vas a la deriva con los restos
Muerto, sin hundirte aún en el mar
La gente habla de tu dignidad y tus derechos

 

Las Dalias en Sumatra
Esas dalias notorias
Están en plena floración en el mar
Pero el océano no tiene límites
Y surge del sufrimiento el amor


Como el mar se alzó en unos instantes
Para recuperar su territorio perdido.


HAI AN (海岸), China

 

 

“El Papa está de su parte”

“Las víctimas deben saber que el Papa está de su parte”, con referencia a los abusos sexuales a menores en la Iglesia en los últimos 70 años en Pensilvania, enfatizaba el comunicado de la Santa Sede. Esta es, por otra parte, la única respuesta que hace justicia a la gran labor de infinidad de sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos. Los abusos y su encubrimiento oscurecen “la luz del Evangelio como no lo habían logrado siquiera siglos de persecución”, en palabras de Benedicto XVI dirigidas a los católicos de Irlanda. Por eso es tan urgente contar con los mecanismos adecuados de prevención y atención a las víctimas. Con su modo de afrontar las crisis en Chile y, ahora, en EE.UU, el Papa Francisco está indicando claramente el camino a toda la Iglesia

Pedro García

 

 

La gran esperanza

Con motivo de la fiesta de la Asunción el Papa Francisco recordaba que el motivo más profundo de la grandeza de María y de su dicha es la fe. Y Ella misma, desde el Cielo, nos dice, que Dios no deja solos nunca a sus hijos a los que socorre con su misericordia, derribando a los poderosos de sus tronos. En definitiva, la fiesta de la Asunción hay que entenderla como el triunfo definitivo de María por la fe, esperanzador anticipo de lo que espera a cuantos aman a Dios y siguen a Jesucristo, su Hijo.

En nuestro país, que con tantos motivos es conocido como la “Tierra de María”, la Asunción es la patrona de numerosas ciudades y pueblos, celebrada bajo las más diversas advocaciones, desde la Virgen de los Reyes en Sevilla a La Paloma a Madrid, pasando por la de Begoña en Bilbao, del Sagrario en Toledo o el “Misteri” en Elche. Es, sin duda, el día más mariano del calendario litúrgico, el que más devoción suscita entre las gentes sencillas que no han olvidado que María es nuestra gran Mediadora ante su Hijo Jesucristo, nuestra esperanza, nuestra vida, nuestra dulzura, como rezamos en la Salve… Después de una semana de su fiesta nos queda empezar a prepara la de próximo año.

Juan García.

 

 

Es el fin último del hombre

Ante el Sínodo especial para tratar sobre el asunto de las vocaciones dentro de la Iglesia, el libro de Fidalgo se adentra en una consideración teórica de gran interés, aun siendo un libro no extenso, poco más del centenar de páginas. Puntualiza con bastante acierto sobre lo que deberíamos entender por vocación en la Iglesia. El peligro presente en muchos ambientes desde hace tiempo es ver en el tema de la vocación una especie maleficio que le puede caer a cualquiera, en la medida que la voluntad de Dios se cierne sobre un pobre chaval que no ve otra salida que contestar positivamente. La consideración un tanto negativa del tema tiene lugar sobre todo cuando hay personas que no perseveran en su decisión inicial, o cuando hay muchachos que se han visto presionados de alguna manera.

Fidalgo, en este breve y claro libro, profundiza, advierte, que, porque somos libres, todos tenemos un camino para encontrarnos con Cristo, un sentido en la vida que vamos descubriendo. Insiste en la importancia de la libertad del hombre y en la idea de que Dios nos va preparando un camino, acorde con nuestras posibilidades y nuestros deseos de amor de Dios. Y eso dentro de una llamada general a la santidad, es decir, una llamada universal a encontrarse con Dios, porque ese es el fin último del hombre.

Jesús D Mez Madrid

 

 

V I A J E   A   M A R R U E C O S

(ABRIL 1993)

(XII)

 

             Seguimos "la ruta", el Sol se hace notar y reverbera en el desierto, transmitiendo al paisaje, nuevos encantos.   

            Como el camino es largo y tedioso, surgen la preguntas de nuevo y un viajero pregunta al guía marroquí (Nordín) sobre "el problema del Sáhara español, el denominado Frente Polisario y la ocupación por Marruecos, de tan extenso territorio en aquella que se llamó, La Marcha Verde", la que tuviera lugar a primeros de noviembre de 1975 y en la que el actual y "astuto Rey Hassan", se escudó para apropiarse, recuperar, "o lo que sea" (y sin pegar un solo tiro) tan extenso y rico territorio, mientras el ya anciano "dictador español" (General Franco) agonizaba en una clínica de Madrid y moría "de muerte natural" (hecho muy bien aprovechado por este monarca ya citado) sólo unos días después de aquella marcha, que fue histórica para Marruecos y por ello está en su calendario de "fiestas nacionales" (esta se celebra, cada seis de noviembre).- Nordín responde muy seguro y dice... "Ese territorio del Sur, perteneció a Marruecos y lógico que vuelva a esta nación, la que desde que recuperó esta parte de su territorio, ha invertido en él, muchísimos recursos nacionales, en forma de obras públicas de todo tipo" y lo que unido a "los gastos militares", ha provocado que Marruecos, tenga hoy "menor nivel de renta", que antes de aquella ocupación"...

            En cuanto al denominado "Frente Polisario" dice... y ello llama a reflexión: "Antes, cuando ese territorio lo ocupaba España, no hubo rebeliones de los saharauis... ¿Ahora y con el Rey Hassan... por qué?... ¿No eran también extranjeros, los españoles?... Intereses internacionales...?.

            Se va extendiendo la charla sobre el tema y hay réplicas, pero podría ser cierto, ya que esos... "intereses internacionales", son tan misteriosos y quien sabe los hilos de los mismos, donde están, o... "quien los mueve y por que".

            Curiosamente viene con nosotros un viejo funcionario español (el Sr. Prieto) y el que estuvo destacado, como brigada del ejército en el entonces "Sáhara Español" ("Río de Oro") y en las denominadas "tropas nómadas" y nos dice que aquellos nativos... "no aceptaban la soberanía del Sultán de Marruecos"... Si acaso le reconocían, "la autoridad religiosa" ("el, nos habla, de cuarenta años atrás")... yo me limito a recoger lo que he oído y no entro en el tema, pero me parece que en El Islam... "autoridad religiosa y política, son una misma cosa"... pero de "esto"... que hablen... "los ulemas"...?.

            Cambia el tema de la conversación y se entra en el del denominado "integrismo islámico", y que como sabemos es un movimiento ("o varios") musulmán, que afecta a gran parte del Norte de África y antes ha afectado a otros lugares del Islam.

            Nordín no elude el tema y dice... "Las noticias que facilitan las agencias internacionales", son siempre tendenciosas y defienden siempre los intereses "internacionales"... (Continúa)... "que donde apenas existe nada, se agigantan los casos"... (se refiera a lo que está ocurriendo en la "vecina" Argelia)... "que los argelinos, lo que ocurre en su país es... "que ya no tienen ni para comer" ("parecido a lo que ha ocurrido en la extinta "URSS") y que lo que quieren es un cambio "a mejor", simple y llanamente eso"... (Continúa)... "pero que él no cree que todo cuanto se ha montado en torno al denominado integrismo musulmán o islámico, sea cierto".

              Yo desconozco el tema y solo se "lo que dice la prensa", la que indudablemente está dirigida por las agencias internacionales y estas obran movidas por "intereses soterrados" (de esto no me cabe la menor duda) pero en cuanto a "economía" (que es la base de estabilidad del individuo, la familia, o cualquier país, por rico y extenso que sea)... digo que en relación a economía, conozco el caso concreto de un fabricante de maquinaria agrícola, que antes "ha vendido mucho a Argelia" y ahora "no les vende ni una peseta"... ¿Será cierto que estas relaciones se han interrumpido por falta de recursos?... Puede ser, ya que este fabricante que cito, desea "y necesita" vender y curiosamente "los argelinos, necesitan comprar"... Sigue la charla y "no se agota el tema", el que sería largo y tedioso de relatar en una crónica de viaje, por ello nada más digo.

            Hemos llegado a "Tinerhir" y desde donde tomamos una carretera, que nos aleja de la "general" que traemos y la que nos va a llevar a las cercanas... "Gargantas del río Toldrá"; desfiladero de unos veintisiete kilómetros de largo, en el que nace y por el que discurre el río de este nombre (podremos ver el lugar exacto de su nacimiento y como brota del suelo de estas majestuosas paredes rocosas) el que transcurre "encajado" por estas enormes paredes de roca, las que "cortadas a pico", llegan a medir hasta trescientos metros de "altura vertical". En estas paredes, encontramos "algunos escaladores", los que se están jugando "el pellejo", en este denominado "deporte", que la verdad, yo no entiendo... "ni se para que utilidad servirá", salvo para eso -para mí- tan absurdo de... "yo subí por aquí... o fui el primero"... en hacerlo...?.

            Nos adentramos por ellas y llegamos hasta donde nace el río, para lo cual, hay que vadearlo aguas abajo y lo que hacemos por un vado, o paso que permite el que por el mismo pase el autocar y con todos sus pasajeros sobre el vehículo (algunos han preferido hacer los últimos cientos de metros, a pie).

            Llegados al lugar y tras apreciar esas bellezas naturales, muy dignas de ser visitadas, recorrer un tramo de esa garganta angosta (en la que encontramos algunos nativos, sorprendiéndonos ver un grupo de tres mujeres, que vienen "de vete a saber donde" y con unas enormes cargas de algo que parece esparto y que traen sobre las espaldas y las que marchan en dirección al aún lejano pueblo de Tinerhir); nos hacernos las fotos de rigor y que "certifiquen, el que quien aparece en la foto, estuvo en cierto lugar"... llega la hora de comer y lo hacemos en uno de los dos modestos restaurantes que allí existen instalados, donde nos sirven el ya (para nosotros) "clásico tajín", similar al que comimos ayer y el que ha sido precedido por una ensalada de verduras y ultimado con un postre de fruta natural;  y si bien este "menú" no nos agrada mucho, precisamente por "tanta repetición", pero "es lo que hay en este apartadísimo lugar y es lo que se come"... "esto son lentejas... como dice el dicho español ".

              Reposamos un buen espacio de tiempo esta comida del medio día, lo que nos reconforta bastante, puesto que en estas gargantas, existe "un verdadero aire acondicionado" y su frescor y humedad, guardan un equilibrio magnífico, lo que se agradece por cuanto de calor e incomodidad tenemos en todo este viaje y en relación con todo ello, este lugar es una especie de paraíso donde estamos "divinamente" las dos horas que aquí hemos permanecido, ya que el tiempo que nos queda del viaje de hoy, nos impide el disfrutar más de este encantador lugar, en el que... "obviamente, me fumo un puro... y perdonen la insistencia" ("por lo de los cigarros puros") pero... "los hombres -las mujeres también- somos muchas veces, como niños... y ello... muy afortunadamente... pues si no... ¿Qué sería de nosotros... los pobres mortales?...?... "por ello que cada cual se fume "su puro" cuando le toque o pueda y que nadie se meta "en el puro" de nadie"... "allá cada cual con su puro, sea éste de lo que sea".

            Volvemos a desandar el camino que nos ha llevado a estas grandiosas gargantas de sorprendente formación geológica y regresamos a la carretera general; hace un calor de "puro verano" a estas primeras horas de la tarde (son aproximadamente las 15,30) y nos disponemos ha realizar el último tramo (eso creemos) de la larga etapa de hoy.

            Soñolientos y cansados y aproximadamente a las cinco de la tarde, llegamos a "Erfoud", pequeña ciudad y que supongo es algo así como...  "la capital de esta zona de las puertas del desierto sahariano". Nos detenemos en la entrada del "Hotel Tafilalet" y donde en principio, teníamos el alojamiento y el que luego se nos ha "trocado" por el otro que más adelante describiré... en el citado hotel se nos ofrece un vasito de te con menta "en señal de bienvenida" y el que tomamos en pie y junto a la recepción de este establecimiento, allí empleamos una hora de "descanso y aseos" y mientras -se nos dice- nos preparan los vehículos todo terreno, que nos van a llevar al desierto.

                Este traslado debiera haberse realizado y según lo previsto, a las cuatro de la madrugada de "mañana" y el mismo sólo sería para las personas que "hemos pagado" (3.000 ptas.)... "por ver amanecer en el desierto", pues en la expedición vienen otros turistas, que no les atrae "tan romántica experiencia", pero sorpresivamente, "nos suben a todos" en siete vehículos "Land Rover" y a las seis de la tarde y por "un infernal camino", que incluso lo es para simples peatones o incluso acémilas... nos trasladan (desviándose de la ruta) a la cercana localidad de, "Rissani", la que curiosamente es... "la cuna de la dinastía Alauita", que es la actual y reinante... y no, no se nos lleva allí, por cuanto sea un obsequio y ver (si es que existen) los vestigios de "aquel solar real"... se nos lleva -por contra- a "visitar una fábrica de alfombras", la que prometen es interesante... es claro que lo que pretenden es que compremos, ya que "habrá comisión" (lamentable ello)... Nos han "trocado" de nuevo "otra cosa" y nos han fastidiado otra hora de reposo (como mínimo)... Allí y ya un poco enfadado, me niego a bajar del automóvil y más aún a visitar esa fábrica (que no me interesa en absoluto) mi esposa tampoco baja... o mejor dicho, si que hemos bajado, pero debido a "la nube" de chiquillería que "se nos cae encima y pidiéndonos cualquier cosa" (cigarrillos, dinero, bolígrafos y "yo que se") y lo que llega a exasperarme, por la impotencia en que me llego a encontrar... volvemos (yo irritadísimo) a encerrarnos en el "todo terreno" y al que incluso hemos de cerrar los cristales de las ventanillas (pues incluso por estas, nos siguen molestando) y teniendo que aguantar allí el insoportable calor que hace, ya que a través de ellas, nos siguen acosando, estos insistentes "pedigüeños" y que repito, son principalmente chiquillos y jóvenes, los que no dudo el que obran de buena fe y por que ello forma parte de su "idiosincrasia", pero que llegan a ser insoportables para cualquier europeo, máxime el que como yo, desconocemos totalmente este idioma o dialecto y de ahí... "mi impotencia".

                 En mi auxilio viene Nordín, el que trata de "facilitarme la transición", se lo agradezco y comprendo su situación, le indico "que no pasa nada" y que espero, "ya que la mayoría si que ha optado por ir a las alfombras y a nosotros no nos queda otra solución, que someternos a esa elección mayoritaria"... A través de un empleado o mozo (supongo que de la citada fábrica) Nordín, nos envía dos vasitos de té con menta, el que aceptamos por cuanto comprendemos con la buena fe y voluntad con que se nos ha enviado y seguimos esperando, a que vengan "los compradores"... que al final son casi ninguno, puesto que apenas alguien ha comprado algo, por tanto... "fallida venta y fallidas comisiones"...?.

            Y por fin, salimos de Rissani; cuando lo hacemos ya es de noche y estos vehículos, que son conducidos por conductores avezados... "o medio locos", nos llevan por unos caminos "infernales" y que la obscuridad de la noche acentúa, los que transcurren por el aún pre desierto, en lo que resulta "una carrera emocionante" (no se si prevista en el atractivo turístico o es casual, por alguna apuesta entre estos, "siete locos o avezados conductores", que nos llevan en otros tantos vehículos) y que se desarrolla a lo largo de unos cuarenta y cinco kilómetros, que son la distancia que se nos dice, dista "Merzouga" y que es hacia donde nos dirigimos y a la que llegamos felizmente, en un tiempo récord, con gran satisfacción de nuestro conductor, el que se muestra "satisfechísimo" por su "hazaña" (lo que demuestra que "hubo carrera") y al que -una vez llegados- perdonamos "los sustos que nos ha hecho sufrir en este recorrido", en el que sin embargo, se nos asegura, no existe peligro notable, pese a que hemos venido por diferentes "sendas" y muchas veces a campo a través y "dando saltos", pues curiosamente... "cada vehículo hizo un camino diferente y si bien algunos se entrecruzaban, no llegaron a obstaculizarse, ni molestarse en la enorme polvareda que levantan y la que es molestísima como más adelante diré".

            Bueno, pues... por fin... hemos llegado a nuestro destino final de hoy y que repito es un lugar o aldea, cuyo nombre es el de "Merzouga", en la que -al parecer- existen algunas instalaciones militares o puesto de vigilancia (el que dejamos atrás) y la que está situada al borde mismo de las dunas de arena de este desierto.-

            Donde hemos llegado es un lugar que se encuentra en las afueras de esta pequeña población. En el mismo encontramos una modesta edificación, que se parece a una casa "rural" (construidas de adobe) ó del árido desierto y de las que hemos venido viendo a lo largo del camino y "sin nada de vegetación"... tiene varias dependencias, que son modestísimas y carecen (casi) de mobiliario; se encuentra muy pobremente iluminada, por una mortecina luz eléctrica, la que (luego sabremos) procede de un generador pequeño y que funciona con gasolina, el que trepida muy cercano a lo que será "nuestro alojamiento" (que no es en este humilde edificio, el que como único "sanitario", solo tiene... "una placa turca" y la que debe servir para mujeres y hombres y "sin nada de agua corriente... horrible, en los tiempos que corren y "con tanta agua como hemos visto embalsada"... La cocina... podemos imaginarnos como será... y hemos de cenar aquí, irremisiblemente).

            Hemos pasado por las citadas dependencias y desembocamos en un lugar abierto y en la "mismísima línea de las dunas del desierto" y en donde se encuentra nuestro albergue para esta noche... se trata de un recinto que forma un pequeño y suave declive, que se inicia por donde hemos entrado y el que está circuncindado (forma un cuadrado o rectángulo) por una "media docena" de "jaimas", de las que deben usar los modestos nómadas o habitantes de estos desiertos, pues desde luego... "en nada se parecen a las que disfrutamos en la cena, ya descrita y que tuvo lugar en Marrakech". Están alfombradas (eso si) muy modestamente, con apenas unas bombillas "desnudas" y que poca luz aportan a "lo que serán nuestros dormitorios", los que son "comunes", pues han extendido colchonetas bajo "las obscuras" lonas (o telas) de éstas jaimas y las mismas, se encuentran "unas pegadas a las otras", e incluso ni aún siquiera tienen almohada o cabezal alguno y allí, se nos dice que... "elijamos", o sea, que habremos de dormir "revueltos"... hombres y mujeres...?.

            Es lógico que quedemos sorprendidos o estupefactos al ver "donde nos han metido"... Pues aún cuando "el ladino Carlos", nos ha hecho muy bien "la propaganda que le conviene" (a él como vendedor de los servicios o a "la mayorista" de que depende, vete tu a saber) y venimos preparados para encontrarnos con "ciertas sorpresas" y encontrarnos "cualquier cosa", pero... "esta cosa", es bastante menos de lo que esperábamos, ya que ni existe -repito- agua corriente, ni aseos... ("hay otra letrina -"portátil"- en el exterior y "un carro cuba" con agua y un enorme grifo, que será "nuestro aseo") ni tampoco existen unas mínimas comodidades y aún que estas sean "de campaña", dignas de denominarse así, pues lo que existe, es todo... "viejo y en desuso".

             Me inclino a creer que estas son... "unas instalaciones furtivas y que nada tienen que ver con el turismo marroquí, oficial"; puesto que a la entrada y aunque es de noche ("y pensando, puede ser que hayan buscado esta hora, para que nada veamos, o veamos menos") he visto "unas instalaciones" cercanas, en las que se apreciaban una (o varias) "carpas" y más iluminación y cierta apariencia de lujo o confort... "quizá sean esas, las verdaderas instalaciones, para el turismo, que viene aquí a dormir y ver nacer el Sol" y a nosotros, nos han instalado... "en un verdadero campamento tuareg y sobre la marcha de una necesidad que desconocemos"..."o que está destinado a otro tipo de actividades, pseudoturísticas o vete tu a saber"...?.

            Entre las jaimas ya descritas, existe una, que está preparada como comedor y la que se encuentra "un poco mejor iluminada" con varias de las descritas bombillas, si bien en las mesas (redondas) preparadas para la cena, han colocado alguna "vela de sebo", no sabemos si para que haya más luz, o para transmitir cierto "encanto" de la realidad del desierto. Las sillas donde nos sentaremos son del tipo plegable ("de playa") y por tanto muy débiles e incómodas. El mobiliario (mesas y sillas) son bastante "viejos".

           Resignados o ya “atontados”. Nos sentamos a la mesa y cenamos... "una sopa y otro tajín acompañado". Tomamos todo esto con buen humor ("resignado") y después se nos sirve el clásico "te moruno"; y efectuado ello y "como la noche la esperamos larga y en bastante vela"... se nos ha preparado un improvisado entretenimiento.

 

Antonio García Fuentes

www.jaen-ciudad.es (aquí muchos más temas)

 

Jaén: 25 de Agosto del 2018