Las Noticias de hoy 11 Septiembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 11 de septiembre de 2018       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

“¿Quién es el obispo?”: Hombre de oración, de anuncio y de comunión

Abuso sexual de menores: “Importancia primordial” de escuchar a las víctimas

Ángelus: Jesús vino a liberar el corazón, “núcleo profundo” de la persona

LA ORACIÓN DE CRISTO. NUESTRA ORACIÓN: Francisco Fernández-Carvajal

"La paz de Cristo en el reino de Cristo": San Josemaria

Nuevos Mediterráneos (II): «Jesús es mi amigo entrañable»: Lucas Buch

Jesús se dirige al Padre en la oración: San Juan Pablo II

Testimonio de conversión: "Sentía que mi marido había tocado fondo y mi familia se estaba destrozando"

Queremos más hermanos; y vendrán: Ernesto Juliá Díaz

5 Consejos para brindarle tiempo de calidad a tu familia: LaFamilia.info 

DESENCANTO: René Mondragón

Vuelta al cole con leche, frutas y hortalizas: Jesús Domingo

Paz, paz… pero ¿qué paz?: Plinio Corrêa de Oliveira

Esplendor de la concepción jerárquica y cristiana de la vida: Acción Familia

El sentido de la vida que se acaba: Ignacio Sánchez Cámara

El tiempo de exposición, según la edad: Xus D Madrid

El fideísmo: la gran herejía cultural de España: José Morales Martín

En caminos de diálogo y paz: Enric Barrull Casals

V I A J E   A   M A R R U E C O S: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Lunes 10 de septiembre de 2018

“Hermanos, se oye hablar y mucho de inmoralidad entre vosotros, y de una inmoralidad que no se encuentra ni entre los paganos. ¿Vosotros sois cristianos y vivís así?”. Son las duras palabras de reproche de la primera Carta de san Pablo a los Corintios (5,1-8), que el apóstol les dirige, constatando que muchos llevan una doble vida. El apóstol está muy enfadado con ellos, que se glorían de ser “cristianos abiertos” y donde la confesión de Jesucristo va de la mano de una inmoralidad tolerada. Pablo recuerda que la levadura hace fermentar toda la masa y que hace falta una nueva levadura para una masa nueva.

Jesús había recomendado a sus discípulos: “A vinos nuevos, odres nuevos”. La novedad del Evangelio, la novedad de Cristo no es solo transformar nuestra alma; es transformarnos por completo: alma, espíritu y cuerpo, todo, es decir, transformar el vino –la levadura– en odres nuevos. La novedad del Evangelio es absoluta, total; nos toma de lleno, porque nos transforma de dentro a fuera: el espíritu, el cuerpo y la vida ordinaria.

Los cristianos de Corinto no habían entendido la novedad totalizadora del Evangelio, que no es una ideología o un modo de vivir social que convive con las costumbres paganas. La novedad del Evangelio es la Resurrección de Cristo, es el Espíritu que nos envió para que nos acompañe en la vida. Los cristianos somos hombres y mujeres “de novedad”, no “de novedades”.

Y mucha gente intenta vivir su cristianismo “de novedades”. “Sí, hoy ya se puede vivir así…”. Y la gente que vive de las novedades que vienen propuestas por el mundo es mundana, no acepta toda la novedad. Hay un enfrentamiento entre “la novedad” de Jesucristo y “las novedades” que el mundo nos propone para vivir.

La gente que Pablo condena es gente tibia, es gente inmoral, es gente que simula, es gente hipócrita. La llamada de Jesús es una llamada a la novedad. Alguno podría decir: “Pero, padre, somos débiles, somos pecadores…”. – “Ah, eso es otra cosa”. Si aceptas ser pecador y débil, Él te perdona, porque parte de la novedad del Evangelio es confesar que Jesucristo vino para perdonar los pecados. Pero si tú, que dices ser cristiano, convives con esas novedades mundanas, ¡eso es hipocresía! Esa es la diferencia. Y Jesús nos dijo en el Evangelio: “Estad atentos cuando os digan: el Cristo está allí, está allá…”. Eso son las novedades: “no, la salvación es con esto, y con esto…”. Cristo es uno solo. Y Cristo es claro en su mensaje.

¿Cómo es la senda de los que viven “la novedad” y no quieren vivir “las novedades”? Recordemos cómo acaba el pasaje del Evangelio de hoy, con la decisión de escribas y doctores de la ley de matar a Jesús, de eliminarlo. La senda de los que asumen la novedad de Jesucristo es la misma de Jesús: la senda del martirio. Martirio no siempre cruento, pero sí el de todos los días. Estamos en camino y estamos vigilados por el gran acusador que suscita a los acusadores de hoy para pillarnos en contradicción. La invitación de la Iglesia hoy es tomar “la gran novedad”, toda, y no negociar con “las novedades”. En definitiva, no aguar el anuncio del Evangelio.

 

 

“¿Quién es el obispo?”: Hombre de oración, de anuncio y de comunión

Discurso del Papa Francisco

septiembre 10, 2018 21:10RedacciónPapa y Santa Sede

(ZENIT – 10 sept. 2018).- “¿Quién es el obispo?”, preguntó el Papa, apuntando 3 rasgos esenciales: un hombre de oración, un hombre de anuncio y un hombre de comunión.

El Santo Padre recibió el pasado sábado, 8 de septiembre de 2018, en audiencia al cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos, y a los Obispos de los territorios de misión participantes en el seminario promovido por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

El ministerio del obispo da escalofrío –advirtió el Sucesor de Pedro–, tan grande es el misterio que lleva dentro de sí. “Gracias a la efusión del Espíritu Santo, el obispo está configurado a Cristo, Pastor y Sacerdote. Es decir, está llamado a tener las características del Buen Pastor y a hacer suyo el corazón del sacerdocio, o sea, la ofrenda de la vida”.

Por lo tanto, el obispo –continuó Francisco– no vive para sí mismo, sino que tiende a dar su vida a las ovejas, en particular a las más débiles y en peligro.

Seminarios guiados por hombres de Dios

https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/09/SFO4674-413x275.jpgAsimismo, el Papa encomendó a los obispos la misión de cuidar la formación en los seminarios: “Verificad cuidadosamente que estén guiados por hombres de Dios, por educadores capaces y maduros que, con la ayuda de las mejores ciencias humanas, garanticen la formación de perfiles humanos sanos, abiertos, auténticos y sinceros”.

Así, el Pontífice les exhortó a dar prioridad al discernimiento vocacional “para ayudar a los jóvenes a reconocer la voz de Dios entre las muchas que retumban en los oídos y en el corazón”.

Los obispos participaron en el Seminario organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que se desarrolla en el Pontificio Colegio Misionero Internacional San Pablo Apóstol de Roma, del 3 al 15 de septiembre de 2018.

Participan en el Seminario de Estudio, los recién nombrados en las circunscripciones eclesiásticas dependientes del Dicasterio misionero: 74 obispos de 34 naciones de cuatro continentes: 17 naciones de África, 8 de Asia, 6 de Oceanía, 3 de América Latina.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa  ha dirigido a los presentes durante la audiencia:

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Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos buenos días,

Me alegra encontraros con motivo de vuestro seminario de formación. Junto con vosotros saludo a las comunidades que os han sido confiadas: los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los catequistas y los fieles laicos. Agradezco al cardenal Filoni las palabras que me ha dirigido y también doy las gracias al arzobispo Rugambwa y a Mons. Dal Toso.

¿Quién es el obispo? Interroguémonos sobre nuestra identidad de pastores para ser más conscientes de ella incluso si sabemos que no existe un modelo-estándar, idéntico en todos los lugares. El ministerio del obispo da escalofrío, tan grande es el misterio que lleva dentro de sí. Gracias a la efusión del Espíritu Santo, el obispo está configurado a Cristo, Pastor y Sacerdote. Es decir, está llamado a tener las características del Buen Pastor y a hacer suyo el corazón del sacerdocio, o sea, la ofrenda de la vida. Por lo tanto, no vive para sí mismo, sino que tiende a dar vida a las ovejas, en particular a las más débiles y en peligro. Por eso el obispo nutre una compasión genuina por la multitud de hermanos que son como ovejas sin pastor (cf. Mc 6,34) y por los que, de diversas maneras, son descartados. Os  pido que tengáis gestos y palabras de especial consuelo para aquellos que experimentan marginalidad y degrado; más que otros, necesitan percibir la predilección del Señor, de quien sois las manos bondadosas.

¿Quién es el obispo? Me gustaría bosquejar con vosotros tres rasgos esenciales: un hombre de oración, un hombre de anuncio y un hombre de comunión.

Hombre de oración. El obispo es el sucesor de los apóstoles y como los apóstoles está llamado por Jesús a estar con Él (véase Mc 3, 14). Allí encuentra su fortaleza y su confianza. Delante del tabernáculo aprende a confiarse y a confiar al Señor. Así madura en él la certeza de que incluso por la noche, mientras duerme, o de día, entre el trabajo y el sudor en el campo que cultiva, madura la semilla (cf. Mc 4,26-29). Para el obispo la oración no es una devoción, sino una necesidad; no es un compromiso entre muchos, sino un ministerio indispensable de intercesión: debe poner todos los días ante Dios personas y situaciones. Al igual que Moisés, levanta sus manos al cielo en favor de su pueblo (cf. Ex el 17,8 a 13) y es capaz de insistir con el Señor (véase Éxodo 33.11 a 14), de negociar con el Señor, como Abraham. La parresia de la oración. Una oración sin parresia no es oración.: ¡Este es el Pastor que reza! Uno que tiene el valor de discutir con Dios por su rebaño. Activo en la oración, comparte la pasión y la cruz de su Señor. Nunca satisfecho, trata constantemente de asimilarse a Él, en camino para convertirse, como https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/09/SFO4746-413x275.jpg

Jesús, en víctima y altar para la salvación de su pueblo. Y esto no proviene de saber muchas cosas, sino de saber una cosa todos los días en la oración: “Jesucristo, y Cristo crucificado” (1 Cor 2: 2). Porque es fácil llevar una cruz sobre en el pecho, pero el Señor nos pide que llevemos una mucho más pesada sobre los hombros y en el corazón: Nos pide que compartamos su cruz. Pedro, cuando  explica a los fieles que tenían que hacer los diáconos recientemente creados añade – y vale también para nosotros, obispos: “La oración y el anuncio de la palabra”. En primer lugar la oración. Me gusta preguntarle a cada obispo: “¿Cuántas horas rezas cada día?”.

Hombre del anuncio. Sucesor de los Apóstoles, el obispo siente suyo el mandato que Jesús les dio: “Id y proclamad el Evangelio” (Mc 16:15). “Id”: el Evangelio no se anuncia mientras se está sentado, sino por el camino. El obispo no vive en la oficina, como un director de empresa, sino entre la gente, por los caminos del mundo, como Jesús. Lleva a su Señor, donde no es conocido, donde está desfigurado y perseguido. Y saliendo de sí mismo, se encuentra. No se complace de la comodidad,  no se siente un príncipe, no le gusta la vida tranquila y no ahorra energías, sino que se entrega a los demás, abandonándose a la fidelidad de Dios. Si buscase apoyos y seguridades mundanas, no sería un verdadero apóstol del Evangelio.

¿ Y cuál es el estilo del anuncio? Testimoniar con humildad el amor de Dios, tal como lo hizo Jesús, que por amor se humilló. La proclamación del Evangelio sufre las tentaciones del poder, de la satisfacción, de la propaganda, de la mundanidad. La mundanidad. Guardaos de la mundanidad. Siempre existe el riesgo de preocuparse más de la forma que de la sustancia, de convertirse en actores en lugar de testigos, de diluir la Palabra de salvación proponiendo un Evangelio sin Jesús crucificado y resucitado. Pero vosotros estáis llamado a ser memorias vivas del Señor, para recordarle a la Iglesia que anunciar significa dar la vida, sin medias tintas, dispuestos también  a aceptar el sacrificio total de sí mismos.

Y tercero, hombre de comunión. El obispo no puede tener todas las dotes, el conjunto de los carismas, -algunos creen que los tienen, ¡pobrecitos!-pero está llamado a tener el carisma del conjunto, es decir, a mantener unida, a cimentar la comunión. La Iglesia necesita unión, no solistas fuera del coro o líderes de batallas personales. El Pastor reúne: obispo para sus fieles, es cristiano con sus fieles. No sale en los periódicos, no busca el consenso del mundo, no está interesado en proteger su buena reputación, pero le gusta tejer la comunión  involucrándose en primera persona y actuando con humildad. No sufre por la falta de protagonismo, sino que vive arraigado en el territorio, rechazando la tentación de alejarse con frecuencia de la diócesis  -la tentación de los obispos de aeropuerto- y huyendo de la búsqueda de su propia  gloria.

No se cansa de escuchar.  No se basa en proyectos  prefabricados, sino que se deja interpelar  por la voz del Espíritu, que ama hablar a través de la fe de los simples. Se hace uno con su gente y sobre todo con su presbiterio, siempre disponible para recibir y alentar a sus sacerdotes. Promueve con el ejemplo, más que con palabras, una genuina fraternidad sacerdotal, mostrando a los sacerdotes que  uno es pastor para el rebaño, no por razones de prestigio o carrera. No seáis trepas ni ambiciosos: apacentad el rebaño de Dios “no como amos de las personas que os han sido confiadas, sino haciéndoos modelos del rebaño” (1 Pedro 5,3).

Huid del clericalismo, ” una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia”. Corroe la comunión, ya que” genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo. (Carta al Pueblo de Dios, 20 de agosto de 2018). Por lo tanto, no os sintáis  señores del rebaño, aunque otros  lo hagan o determinadas costumbres locales lo favorezcan. El pueblo de Dios, para el cual  y al cual habéis sido ordenados, sienta que sois padres bondadosos: nadie debe mostrar actitudes de sujeción hacia vosotros. En esta coyuntura histórica, parecen acentuarse en varias partes  determinadas tendencias deliderazgo. Mostrarse  como hombres fuertes que mantienen las distancias y dominan a los demás puede parecer cómodo y atractivo, pero no evangélico. Comporta, a menudo,  daños irreparables  al rebaño, por el que Cristo dio su vida con amor, abajándose y  aniquilándose. Sed, por lo tanto, hombres pobres de bienes y ricos de relaciones, nunca duros y antipáticos, sino afables, pacientes, simples y abiertos.

También me gustaría pediros que os preocupaseis, en particular, de algunas realidades:

Las familias. Aunque penalizadas por una cultura que transmite la lógica de lo provisional y favorece los derechos individuales, siguen siendo las primeras células de todas las sociedades y las primeras Iglesias, porque son iglesias domésticas. Promoved cursos de preparación para el matrimonio y el acompañamiento para las familias: serán siembras que darán frutos a su tiempo. Defended  la vida de los concebidos como la de los ancianos, apoyad a los padres y abuelos en su misión.

Los seminarios. Son los viveros del mañana. Allí, sed como uno de casa. Verificad cuidadosamente que estén guiados por hombres de Dios, por educadores capaces y maduros que, con la ayuda de las mejores ciencias humanas, garanticen la formación de perfiles humanos sanos, abiertos, auténticos y sinceros. Dad prioridad al discernimiento vocacional para ayudar a los jóvenes a reconocer la voz de Dios entre las muchas que retumban en los oídos y en el corazón.

Los jóvenes, a quienes se dedicará el  Sínodo inminente. Escuchémoslos, dejemos que nos interpelen,  acojamos sus  deseos, dudas, críticas y crisis. Son el futuro de la Iglesia y de la sociedad: un mundo mejor depende de ellos. Incluso cuando parezcan estar infectados por los virus del consumismo y el hedonismo, no  los dejemos nunca en cuarentena; busquémoslos, sintamos su corazón que suplica vida e implora  libertad. Ofrezcámosles el Evangelio con valor.

Los pobres. Amarlos significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales. Dedicad tiempo y energía a los últimos, sin temor a ensuciaros las manos. Como apóstoles de la caridad,  llegad a las periferias humanas y existenciales de vuestras diócesis.

Finalmente, queridos hermanos, desconfiad, os lo ruego, de la tibieza que conduce a la mediocridad y a la pereza; de la tranquilidad que esquiva el sacrificio; de la prisa pastoral que conduce a la intolerancia; de la abundancia de bienes que desfigura el Evangelio. Os deseo en cambio la santa inquietud por el Evangelio, la única inquietud que da paz. Os agradezco por la escucha y os bendigo, en la alegría de teneros como los más queridos entre los hermanos. Y os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar y de hacer que recen por mí. Gracias.

 

 

Abuso sexual de menores: “Importancia primordial” de escuchar a las víctimas

Comunicado de la Comisión Pontificia

septiembre 10, 2018 18:29Rosa Die AlcoleaProtección de Menores

(ZENIT – 10 sept. 2018).- La Comisión Pontificia para la Protección de los Menores reunió en Roma del 7 al 9 de septiembre de 2018, para celebrar la 9ª Asamblea Plenaria.

En el comunicado emitido por la Comisión al término de las jornadas, señalan que la el Papa Francisco ha enfatizado la “importancia primordial” de escuchar a las víctimas/supervivientes y de tener sus historias de vida como guías de la respuesta de la Iglesia para proteger a los menores del abuso sexual.

En esta línea, los miembros de la Comisión contaron con el testimonio de dos personas que sufrieron abuso sexual por parte del clero: una víctima/superviviente y la madre de dos adultos supervivientes que fueron abusados cuando eran niños.

El grupo de expertos dedicados a Trabajando con Supervivientes presentó una serie de proyectos piloto –el primero de los cuales será en Brasil–, que serán un mecanismo para crear “ambientes seguros y procesos transparentes” a través de los cuales las personas que han sido abusadas puedan dar un paso adelante.

En esta asamblea, el grupo que supervisa Educación y Formación ha expuesto una serie de futuras iniciativas en seminarios de formación y conferencias que son una parte esencial para promover la concienciación y la responsabilidad de las políticas de protección a nivel local.

A continuación, ofrecemos el comunicado publicado por la Comisión Pontificia tras la celebración de la Asamblea.

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La Comisión Pontificia para la Protección de los Menores concluye su Asamblea Plenaria

La 9ª Asamblea Plenaria ordinaria de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores se reunió en Roma del 7 al 9 de septiembre de 2018.

El Santo Padre ha enfatizado la importancia primordial de escuchar a las víctimas/supervivientes y de tener sus historias de vida como guías de la respuesta de la Iglesia para proteger a los menores del abuso sexual. Los miembros de la Comisión iniciaron su encuentro dos testimonios de personas que han sufrido el abuso sexual por parte del clero: una víctima/superviviente y la madre de dos adultos supervivientes que fueron abusados cuando eran niños. La Comisión les agradece que hayan compartido sus historias con nosotros, el coraje de su testimonio y su contribución al proceso de aprendizaje.

Los miembros reflexionaron también sobre los recientes acontecimientos en la Iglesia a nivel mundial que han afectado negativamente a muchas personas, incluidas víctimas/supervivientes, familias y comunidad de creyentes. Las cuestiones que han surgido en los meses recientes no solo centran la atención pública en la gravedad de los abusos, sino que son una oportunidad para llamar a la gente a la misión de la prevención, de forma que el futuro sea diferente a nuestra historia. El punto de partida de la Comisión no es investigar abusos; nuestro punto de partida es la prevención de los abusos.

Trabajando con Supervivientes

Durante la Asamblea Plenaria, el grupo de expertos dedicados a Trabajando con Supervivientes anunciaron la puesta en marcha de una serie de proyectos piloto, el primero de los cuales será en Brasil. Continuando con el trabajo de los miembros fundadores, estos proyectos son un mecanismo para crear ambientes seguros y procesos transparentes a través de los cuales las personas que han sido abusadas puedan dar un paso adelante. Gracias a estos survivor advisory panels se espera que las autoridades de la Iglesia local también se beneficien del input directo de las víctimas/supervivientes sobre cómo mejorar las políticas de protección de menores y prevención de abusos.

Responsabilidad Local

Desde el encuentro del pasado mes de abril, los miembros de la Comisión han participado en más de 100 workshops sobre protección de menores.

El grupo que supervisa Educación y Formación ha expuesto una serie de futuras iniciativas en seminarios de formación y conferencias que son una parte esencial para promover la concienciación y la responsabilidad de las políticas de protección a nivel local.

En abril de 2019, la Comisión patrocinará una Conferencia sobre Protección para los Responsables de la Iglesia en Europa Central y Europa del Este. También en abril de 2019, junto con la Conferencia Episcopal Brasileña, la Comisión ofrecerá una semana de formación en protección destinada a obispos y formadores en Aparecida, Brasil. En noviembre de 2019, los miembros han sido invitados a intervenir en un encuentro del CELAM en México. En 2020, la Comisión co-patrocinará un Congreso sobre Protección de Menores destinado a los que trabajan en el ámbito eclesial y la sociedad civil de las Américas, en Bogotá, Colombia.

El grupo de trabajo Líneas Básicas y Normas de Protección compartió sus progresos el desarrollo de instrumentos de auditoría para ofrecer a las Conferencias Episcopales locales y contribuir así a la supervisión de sus políticas y mecanismos de protección.

Trabajando con la Santa Sede

La colaboración con las entidades de la Santa Sede y la Curia Romana es también una parte integral del mandato de la Comisión en su ayuda al Santo Padre. Durante la Plenaria, algunos miembros tuvieron la oportunidad de hablar en los dos cursos para obispos ordenados en el último año: uno organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y otro organizado por la Congregación para los Obispos.

La presentación de la Comisión contó con numerosos participantes y fue bien acogida. Los miembros agradecen a los Prefectos de estas Congregaciones, el Cardenal Filoni y el Cardinal Ouellet, y a sus colaboradores estos encuentros y la sólida atención que prestan a este aspecto fundamental en la misión de proteger a los menores.

Durante las próximas semanas la Comisión también mantendrá encuentros con la Congregación para la Doctrina de la Fe y con la Conferencia Episcopal Italiana para continuar fortaleciendo la colaboración en la protección de los menores.

El 30º aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño

El 20 de noviembre de 2019 se celebrará el 30º aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, el cual ha sido ratificado por 196 estados parte, incluida la Santa Sede. La Comisión trabajará activamente con varias entidades para dar forma a esta oportunidad de crear conciencia sobre la protección de los niños.

La Comisión Pontificia para la Protección de los Menores fue creada por el Papa Francisco en marzo de 2014 para proponer las iniciativas más oportunas para la protección de todos los menores y adultos vulnerables, y para promover la responsabilidad local en las Iglesias particulares.

 

 

Ángelus: Jesús vino a liberar el corazón, “núcleo profundo” de la persona

Palabras del Papa antes del Ángelus

septiembre 10, 2018 14:12Rosa Die AlcoleaAngelus

(ZENIT – 10 sept. 2018).- Es precisamente el corazón, es decir, el “núcleo profundo de la persona” –aclara el Santo Padre–, lo que Jesús vino a “abrir”, a liberar, para permitirnos vivir plenamente la relación con Dios y con los demás.

El Papa rezó el Ángelus ayer, domingo, 9 de septiembre de 2018, desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano ante miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro para la habitual cita dominical.

Francisco anunció que Jesús nos revela el secreto de un milagro que nosotros también podemos repetir, “convirtiéndonos en protagonistas del Effatà, de esa palabra “Ábrete” con la que devolvió la palabra y el oído al sordomudo”: Se trata de abrirnos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren y atraviesan por dificultades, evitando el egoísmo y el cierre del corazón.

El Hijo de Dios es “un hombre insertado en la realidad humana”, explicó el Papa. “Se hizo hombre, por lo tanto, puede comprender la condición dolorosa de otro hombre e interviene con un gesto en el que está involucrada su propia humanidad”.

Estas fueron las palabras del Santo Padre al presentar la oración mariana:

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Antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (véase Mc 7, 31-37) refiere el episodio de la curación milagrosa de un sordomudo, cumplida por Jesús. Le llevaron un sordomudo, rogándole que le impusiera la mano. Pero en cambio, Jesús hace varios gestos: antes que nada, lo aleja de la multitud. En esta ocasión, como en otras, Jesús siempre actúa discretamente. No quiere impresionar a la gente, no busca popularidad ni éxito, solo quiere hacer el bien a las personas. Con esta actitud, nos enseña que el bien debe hacerse sin clamores, sin ostentación, sin “hacer sonar la trompeta”. Debe hacerse en silencio.

Cuando estaban solos, Jesús puso sus dedos en las orejas del sordomudo y con su saliva tocó su lengua. Este gesto recuerda la Encarnación. El Hijo de Dios es un hombre insertado en la realidad humana: se hizo hombre, por lo tanto, puede comprender la condición dolorosa de otro hombre e interviene con un gesto en el que está involucrada su propia humanidad. Al mismo tiempo, Jesús quiere dejar claro que el milagro ocurre a causa de su unión con el Padre: para esto, levantó la mirada al cielo. Luego suspiró y pronunció la palabra decisiva: Effatà, que significa “Ábrete”. E inmediatamente el hombre fue sanado: sus orejas se abrieron, su lengua se soltó. La curación fue para él una “apertura” a los demás y al mundo.

Este relato del Evangelio subraya la necesidad de una doble curación. En primer lugar, la curación de la enfermedad y del sufrimiento físico, para devolver la salud del cuerpo; aunque esta finalidad no es completamente alcanzable en el horizonte terrenal, a pesar de tantos esfuerzos de la ciencia y la medicina. Pero hay una segunda curación, tal vez más difícil, y es la curación del miedo. La curación del miedo que nos empuja a marginar a los enfermos, a marginar a los que sufren, a los discapacitados. Y hay muchas maneras de marginar, incluso con una pseudo- piedad o con la remoción del problema; nos quedamos sordos y mudos  frente a los dolores de las personas marcadas por la enfermedad, la angustia y la dificultad. Demasiadas veces, los enfermos y los que sufren se convierten en un problema, mientras deberían ser una ocasión para expresar la solicitud y la solidaridad de una sociedad hacia los más débiles.

Jesús nos ha revelado el secreto de un milagro que nosotros también podemos repetir, convirtiéndonos en protagonistas del Effatà, de esa palabra “Ábrete” con la que devolvió la palabra y el oído al sordomudo. Se trata de abrirnos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren y atraviesan por dificultades,  evitando el egoísmo y el cierre del corazón. Es precisamente el corazón, es decir, el núcleo profundo de la persona, lo que Jesús vino a “abrir”, a liberar, para permitirnos vivir plenamente la relación con Dios y con los demás. Se hizo hombre para que el hombre, que se había vuelto en su interior sordo y mudo  por el pecado, pudiera escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y así aprender a hablar a su vez el lenguaje del amor, traduciéndolo en gestos de generosidad y entrega.

¡Qué María, aquella que se “abrió” totalmente al amor del Señor, obtenga que podamos  experimentar todos los días, en la fe, el milagro del Effatà, para vivir en comunión con Dios y con nuestros hermanos y hermanas!

 

 

 

LA ORACIÓN DE CRISTO. NUESTRA ORACIÓN

— El Señor, desde el Cielo, sigue intercediendo por nosotros. Su oración es siempre eficaz.

— Frutos de la oración.

— Las oraciones vocales.

I. Se lee en el Santo Evangelio1 que Cristo salió al monte a orar, y pasó toda la noche en oración. Al día siguiente, eligió a los Doce Apóstoles. Es la oración de Cristo por la Iglesia incipiente.

En muchos lugares evangélicos se nos muestra Cristo unido a su Padre Celestial en una íntima y confiada plegaria. Convenía también que Jesús, perfecto Dios y Hombre perfecto, orase para darnos ejemplo de oración humilde, confiada, perseverante, ya que Él nos mandó orar siempre, sin desfallecer2, sin dejarse vencer por el cansancio, de la misma manera que se respira incesantemente.

Jesús hizo peticiones al Padre, y su oración siempre fue escuchada3. Sus discípulos conocían bien este poder de la oración del Señor. Después de la muerte de Lázaro, la hermana de este, Marta, le dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano; pero sé que cuanto pidas a Dios, te lo otorgará4. En el momento de la resurrección de Lázaro, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas5. Por Pedro rogará antes de la Pasión: Simón, Simón, le advierte, Satanás os busca para zarandearos como el trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos6. Y Pedro se convirtió después de su caída. Igualmente, había rogado por los Apóstoles y por todos los fieles cristianos en la Última Cena: No pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal... Santifícalos en la verdad...7. Jesús conoce el abatimiento en el que van a caer sus discípulos pocas horas más tarde, pero su oración los sostendrá; les obtendrá fuerzas para ser fieles hasta dar la vida por el Maestro.

En esta oración sacerdotal de la Última Cena suplica el Señor a su Padre por todos los que han de creer en Él a través de los siglos. Pidió el Señor por nosotros, y su gracia no nos falta. «Cristo vivo nos sigue amando todavía ahora, hoy, y nos presenta su corazón como la fuente de nuestra redención: Semper vivens ad interpellandum pro nobis (Heb 7, 25), En todo momento nos envuelve, a nosotros y al mundo entero, el amor de este corazón que tanto ha amado a los hombres y que es tan poco correspondido por ellos»8. Procuremos nosotros corresponder mejor.

Desde el Cielo, Jesucristo, «sentado a la derecha del Padre»9, intercede por quienes somos miembros de su Iglesia, y «permanece siempre siendo nuestro abogado y nuestro mediador»10. San Ambrosio nos recuerda que Jesús defiende siempre nuestra causa delante del Padre y su ruego no puede ser desechado11; pide al Padre que los méritos que adquirió durante su vida terrena nos sean aplicados continuamente.

¡Qué alegría pensar que Cristo, siempre vivo, no cesa de interceder por nosotros!12. Que podemos unir nuestras oraciones y nuestro trabajo a su oración, y que junto a ella alcanzan un valor infinito. En ocasiones, a nuestra oración le faltan la humildad, la confianza, la perseverancia que le serían necesarias; apoyémosla en la de Cristo; pidámosle que nos inspire orar como conviene, según las intenciones divinas, que haga brotar la oración de nuestros corazones y la presente a su Padre, para que seamos uno con Él por toda la eternidad13. Más aún: hagamos de nuestra vida entera una ofrenda íntimamente unida a la de Jesús, a través de Santa María: ¡Padre Santo! Por el Corazón Inmaculado de María, os ofrezco a Jesús, vuestro muy amado Hijo, y me ofrezco a mí mismo en Él, con Él y por Él, a todas sus intenciones y en nombre de todas las criaturas14. Así nuestra oración y todos nuestros actos, unidos íntimamente a los de Jesús, adquieren un valor infinito.

II. El Maestro nos enseñó con su ejemplo la necesidad de hacer oración. Repitió una y otra vez que es necesario orar y no desfallecer. Cuando también nosotros nos recogemos para orar nos acercamos sedientos a la fuente de las aguas vivas15. Allí encontramos la paz y las fuerzas necesarias para seguir con alegría y optimismo en este caminar de la vida.

¡Cuánto bien hacemos a la Iglesia y al mundo con nuestra oración! ¡Con estos ratos, como el de ahora, en los que permanecemos junto al Señor! Se ha dicho que quienes hacen oración verdadera son como «las columnas del mundo», sin los cuales todo se vendría abajo. San Juan de la Cruz enseñaba bellamente que «es más precioso delante de Dios y del alma un poquito de este amor puro, y más provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas otras obras juntas»16, que poco o nada valdrían fuera de Cristo. Precisamente porque la oración nos hace fuertes ante las dificultades, nos ayuda a santificar el trabajo, a ser ejemplares en nuestros quehaceres, a tratar con cordialidad y aprecio a quienes conviven o trabajan con nosotros. En la oración descubrimos la urgencia de llevar a Cristo a los ambientes en que nos desenvolvemos, urgencia tanto más apremiante cuanto más lejos de Dios se encuentren quienes nos rodean.

Santa Teresa se hace eco de las palabras de un «gran letrado», para quien «las almas que no tienen oración son como un cuerpo con “perlesía” o tullido, que aunque tiene pies y manos, no los puede mandar»17. La oración es necesaria para querer más y más al Señor, para no separarnos jamás de Él; sin ella el alma cae en la tibieza, pierde la alegría y las fuerzas para hacer el bien.

El diálogo íntimo de Jesús con Dios Padre fue continuo: para pedir, para alabar, para dar gracias; en toda circunstancia, el Señor se dirige al Padre. A eso debemos aspirar nosotros, a tratar a Dios siempre, y especialmente en los momentos que dedicamos de lleno a hablar con Él, como en la Santa Misa y ahora, en este rato en el que nos encontramos con Él. También a lo largo del día, en las situaciones que tejen nuestra jornada: al comenzar o al terminar el trabajo o el estudio, mientras esperamos el ascensor, al encontrar por la calle a una persona conocida. Aquella invocación llena de ternura –¡Abbá, Padre!– estaba constantemente en los labios del Señor; con ella empezaba muchas veces sus acciones de gracias, su petición o su alabanza. ¡Cuánto bien traerá a nuestra alma el acostumbrarnos a llamar a Dios así: ¡Padre!, con ternura y confianza, con amor!

Todos los momentos solemnes de la vida del Señor están precedidos por la oración. «El Evangelista señala que fue precisamente durante la oración de Jesús cuando manifestó el misterio del amor del Padre y se reveló la comunión de las Tres Divinas Personas. Es en la oración donde aprendemos el misterio de Cristo y la sabiduría de la Cruz. En la oración percibimos, en todas sus dimensiones, las necesidades reales de nuestros hermanos y de nuestras hermanas de todo el mundo; en la oración nos fortalecemos de cara a las posibilidades que tenemos delante; en la oración tomamos fuerzas para la misión que Cristo comparte con nosotros»18.

Solía decir el Santo Cura de Ars que todos los males que muchas veces nos agobian en la tierra vienen precisamente de que no oramos o lo hacemos mal19. Formulemos nosotros el propósito de dirigirnos con amor y confianza a Dios a través de la oración mental, de las oraciones vocales y de esas breves fórmulas, las jaculatorias, y tendremos la alegría de vivir la vida junto a nuestro Padre Dios, que es el único lugar en el que merece la pena ser vivida.

III. El Espíritu Santo nos enseña a tratar a Jesús en la oración mental y mediante la oración vocal, quizá también ton esas oraciones que de pequeños aprendimos de nuestras madres. Aun siendo omnisciente como Dios, el Señor, en cuanto hombre, debió de aprender de labios de su Madre la fórmula de muchas plegarias que se habían transmitido de generación en generación en el pueblo hebreo, y nos dio ejemplo de aprecio por la oración vocal. En su última plegaria al Padre utilizará las palabras de un Salmo. Y nos enseñó la oración por excelencia, el Padrenuestro, donde se contiene todo lo que debemos pedir. La oración vocal es una manifestación de la piedad del corazón y nos ayuda para mantener viva la presencia de Dios durante el día, y en esos momentos de la oración mental en los que estamos secos y nada se nos ocurre.

El texto de las oraciones vocales, muchas de raigambre bíblica, tanto de la liturgia como otras que fueron compuestas por santos, han servido a innumerables cristianos para alabar, dar gracias y pedir ayuda, desagraviar. Cuando acudimos a estas oraciones estamos viviendo de modo íntimo la Comunión de los Santos, y apoyamos nuestra fe en la fe de la Iglesia20.

Para rezar mejor y evitar la rutina, nos puede ayudar este consejo: «procura recitarlas con el mismo amor con que habla por primera vez el enamorado..., y como si fuera la última ocasión en que pudieras dirigirte al Señor»21.

1 Lc 6, 12-19. — 2 Cfr. Lc 16, 1. — 3 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 21, a. 4. — 4 Jn 11, 21 — 5 Jn 11, 42 — 6 Lc 22, 32 — 7 Cfr. Jn 17, 15 ss. — 8 Juan Pablo II, Homilía en la Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre, París 1-VI-1980. — 9 Misal Romano, Símbolo niceno-constantinopolitano. — 10 San Gregorio Magno, Comentario al Salmo 5. — 11 Cfr. San Ambrosio, Comentario a la Epístola a los Romanos, 8, 34. — 12 Heb 7, 25. — 13 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, El Salvador, p. 351. — 14 P. M. Sulamitis, Ofrenda al Amor misericordioso. — 15 Cfr. Sal 41, 2. — 16 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, Canción 29, 2 b. — 17 Santa Teresa de Jesús, Castillo interior, Moradas primeras, 1, 6. — 18 Juan Pablo II, Homilía 13-I-1981. — 19 Santo Cura de Ars, Sermón sobre la oración. — 20 Cfr. G. Chevrot, En lo secreto, Rialp, Madrid 1960, pp. 100-101. — 21 Cfr. San Josemaría Escrivá, Forja, n. 432.

 

 

"La paz de Cristo en el reino de Cristo"

Un secreto. -Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. -Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. -Después... "pax Christi in regno Christi" -la paz de Cristo en el reino de Cristo. (Camino, 301)

Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante, ya que, por grande que sea el perjuicio o la ofensa que te hagan, más te ha perdonado Dios a ti. (Camino, 452)
Característica evidente de un hombre de Dios, de una mujer de Dios, es la paz en su alma: tiene "la paz" y da "la paz" a las personas que trata. (Forja, 649)
Acostúmbrate a apedrear a esos pobres "odiadores", como respuesta a sus pedradas, con Avemarías. (Forja, 650)
Santa María es –así la invoca la Iglesia– la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: «Regina pacis, ora pro nobis!» –Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... –Te sorprenderás de su inmediata eficacia. (Surco, 8749

 

Nuevos Mediterráneos (II): «Jesús es mi amigo entrañable»

San Josemaría se supo siempre acompañado por Jesús, el «Gran Amigo» que comprende nuestras preocupaciones y zozobras, porque Él «es hombre también».

Vida espiritual06/09/2017

Opus Dei - Nuevos Mediterráneos (II): «Jesús es mi amigo entrañable»

Los Evangelios muestran a Jesús en constante relación con personas muy distintas: enfermos que buscan curación, pecadores que ansían el perdón, curiosos, incluso espías… Pero en torno al Maestro se mueven, sobre todo, sus amigos. Así llama Jesús a sus discípulos: «amigos míos» (Lc 12,4). Es emocionante contemplar al Señor ante la tumba de Lázaro; su llanto conmovido hace comentar a los judíos: «Mirad cuánto le amaba» (Jn 11,36). Más adelante, durante la Última Cena, explicará a los apóstoles el sentido de su muerte en la Cruz: «Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Y, quizá ante su sorpresa, insiste: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he hecho conocer» (Jn 15,15).

"Jesús es mi Amigo entrañable, (otro mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón. Jesús..., mi Dios, ... que es hombre también" (San Josemaría)

Por el Amor que nos tiene, Jesús nos hace amigos suyos. El don del Espíritu Santo nos sitúa en una relación nueva con Dios. Recibimos el mismo Espíritu de Cristo, que nos hace hijos del Padre y nos introduce también en una especial intimidad con Jesús: en realidad, nos identifica con Él. Sin embargo, al hacerlo no disuelve nuestra individualidad, ni elimina nuestra personalidad. Por eso, la identificación con Cristo se vive de la mano de la amistad con Él. La vida de la gracia inaugura una relación de tú a Tú con Dios: le conocemos en su misterio, y podemos actuar como Él. Esa unidad profunda de conocimiento y de intenciones hace posible que, siendo unas pobres criaturas, experimentemos a Dios, como decía san Agustín, en lo más íntimo de nosotros mismos; y que podamos querer y procurar lo mismo que Él. En eso –idem velle, idem nolle, amar y rechazar lo mismo– consiste precisamente la amistad.

«Otro mediterráneo»

Desde muy joven, san Josemaría aprendió que Jesús era amigo, y un amigo muy especial. Volcó esa antigua experiencia en un punto de Camino: «Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo..., aunque los amigos a veces traicionan. ‒No me parece mal. Pero... ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?»[1]

Era algo que había aprendido tiempo atrás, y que sus biógrafos ponen en relación con un consejo que recibió en la dirección espiritual durante el Seminario[2]. Con los años, iría profundizando en ese descubrimiento de la amistad de Cristo. Posiblemente un momento importante de ese desarrollo tuviera lugar en la temporada en que se abrió ante sus ojos el panorama inmenso de su filiación divina. Mientras se encontraba en Segovia, haciendo un retiro espiritual, escribía: «Día primero. Dios es mi Padre. ‒Y no salgo de esta consideración. ‒Jesús es mi Amigo entrañable, (otro mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón. Jesús..., mi Dios, ... que es hombre también»[3].

Lo describe como «otro mediterráneo» ‒el primero era la paternidad de Dios‒, esto es, como algo que ya conocía y que, sin embargo, se abría ante su mirada de modo nuevo. Este descubrimiento fue para san Josemaría, en primer lugar, una fuente de consuelo. En aquellos primeros años treinta tenía por delante la tarea inmensa de realizar la voluntad que Dios le había manifestado el 2 de octubre de 1928. Tenía un mensaje que transmitir a todos los hombres, y que realizar en la Iglesia. Pero debía hacerlo «con una carencia absoluta de medios materiales: veintiséis años, la gracia de Dios y buen humor. Y basta»[4]. El panorama abierto por este nuevo horizonte le confirmaba que en aquella misión no estaba solo. Le acompañaba Jesús, su Amigo, que comprendía perfectamente todas sus preocupaciones y zozobras, porque Él «es hombre también».

El Corazón de Jesús fue para san Josemaría una doble revelación: de «la caridad inmensa del Señor», por una parte, puesto que «el Corazón de Jesús es el Corazón de Dios encarnado»[5]; y, por otra parte, de la comprensión y la ternura de Jesús ante las propias limitaciones, dificultades y caídas. En sus momentos de oración experimentó tal vez lo que volcaría en un punto de Camino: «Jesús es tu amigo. ‒El Amigo. ‒Con corazón de carne, como el tuyo. ‒Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro... Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti»[6]. Ese Amor, divino y humano al mismo tiempo, infinito y cercano, era un apoyo firme que le permitiría ir adelante en toda circunstancia. Además, daba un realismo y una urgencia nueva a toda su vida interior[7].

Un camino abierto para todos

San Josemaría animaba a las personas que se acercaban a él a transitar el camino de la amistad con Cristo. Les explicaba que el trato con el Maestro no necesita de excesivas formalidades ni de complejos métodos. Basta acercarse a él con sencillez, como a cualquier otro amigo. A fin de cuentas, ese es el modo en que le trataron quienes más le querían, mientras vivió entre ellos: «¿Has visto con qué cariño, con qué confianza trataban sus amigos a Cristo? Con toda naturalidad le echan en cara las hermanas de Lázaro su ausencia: ¡te hemos avisado! ¡Si Tú hubieras estado aquí!... ‒Confíale despacio: enséñame a tratarte con aquel amor de amistad de Marta, de María y de Lázaro; como te trataban también los primeros Doce, aunque al principio te seguían quizá por motivos no muy sobrenaturales»[8].

Se trata de acercarse al Evangelio sin prisa, detenidamente. Comenzando por un pasaje, podemos detenernos y pensar: «¿Cómo sería aquello?»

Los jóvenes que se acercaban a san Josemaría quedaban maravillados ante la naturalidad con que se dirigía al Señor y animaba a los demás a tratarle. A lo largo de toda su vida propuso sin cansancio este camino. Uno de los primeros que glosaría sus enseñanzas lo expresaba así: «Para llegar a esta amistad hace falta que tú y yo nos acerquemos a Él, lo conozcamos y lo amemos»[9]. La amistad requiere trato, y eso es lo primero a lo que nos invita el descubrimiento de Jesús como amigo. «Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” ‒¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias... ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”»[10].

Resuena en estas palabras aquel noverim Te, noverim me del que hablaba san Agustín: Señor, que te conozca y que me conozca[11]; y aquel «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama»[12], de santa Teresa. En definitiva, el trato personal con Jesucristo es el nervio de la vida interior. Y eso, para quienes buscan la santidad en medio del mundo, consiste en aprender a encontrarle en todas las circunstancias del día a día, para entablar con él un diálogo continuo.

No se trata de un ideal irrealizable, sino de algo que muchas personas han sabido poner por obra en su propia vida. En el trabajo cotidiano, en la vida familiar, en las calles de la ciudad y en los campos, en los senderos de montaña y en el mar… en todas partes podemos reconocer a Cristo que nos espera y nos acompaña como un amigo. Innumerables veces repitió san Josemaría que «los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura»[13]. Toda nuestra vida cabe en nuestra oración, como sucede en las conversaciones entre amigos, en las que se habla de todo. «Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que, después de la Resurrección, el Señor reunía a sus discípulos y se entretenían in multis argumentis. Hablaban de muchas cosas, de todo lo que le preguntaban: tenían una tertulia»[14].

Junto a este trato continuo, que hace de la propia vida tema de conversación con Dios, podemos también procurar conocerle cada vez más, buscándole en algunos lugares en que ha querido permanecer de modo más explícito. Vamos a repasar ahora tres de ellos.

Los relatos de los amigos del Señor

Los evangelistas recogieron, inspirados por el Espíritu Santo, los principales recuerdos del Maestro. San Josemaría era un enamorado de Jesús, y por eso «la Sagrada Biblia, especialmente los Evangelios, no fue sólo en sus manos un buen libro de lectura donde encontrar abundante instrucción provechosa, sino un lugar de encuentro con Cristo»[15].

Desde el principio, quienes se acercaban a la labor de la Obra comprendían enseguida que aquel joven sacerdote era un alma que vivía en íntima unión con Dios. Esa intimidad se evidenciaba en su predicación: «“se dirigía al Sagrario, para hablar con Dios, con el mismo realismo con que nos hablaba a nosotros”, “y se sentía luego uno metido entre los apóstoles y discípulos del Señor, como uno de ellos”»[16]. Ese modo de acercarse a la Escritura es el mismo que recomendaba después. Muchas veces lo habremos considerado: «Te aconsejo que, en tu oración, intervengas en los pasajes del Evangelio, como un personaje más. Primero te imaginas la escena o el misterio, que te servirá para recogerte y meditar. Después aplicas el entendimiento, para considerar aquel rasgo de la vida del Maestro: su Corazón enternecido, su humildad, su pureza, su cumplimiento de la Voluntad del Padre. Luego cuéntale lo que a ti en estas cosas te suele suceder, lo que te pasa, lo que te está ocurriendo. Permanece atento, porque quizá El querrá indicarte algo: y surgirán esas mociones interiores, ese caer en la cuenta, esas reconvenciones»[17].

Con este consejo, nos estaba abriendo un secreto de su alma. Comentando este modo de acercarse a la Escritura, señalaba el beato Álvaro del Portillo: «La familiaridad con Nuestro Señor, con su Madre, Santa María, con San José, con los primeros doce Apóstoles, con Marta, María y Lázaro, con José de Arimatea y Nicodemo, con los discípulos de Emaús, con las Santas Mujeres, es algo vivo, consecuencia y resultado de un ininterrumpido conversar, de ese meterse en las escenas del Santo Evangelio para ser un personaje más»[18].

La validez de este modo de orar queda refrendada por la vida y la enseñanza de muchos santos. Es el mismo que han recomendado los últimos pontífices al señalar la importancia de acercarnos al Evangelio con una actitud de oración, sugiriendo la práctica de la lectio divina. Se trata de acercarse al Evangelio sin prisa, detenidamente. Comenzando por un pasaje, podemos detenernos y pensar: «¿Cómo sería aquello?», e introducirnos en la escena «como un personaje más», imaginando la cara de la gente, el rostro de Jesús. Procuraremos entonces comprender el sentido de sus palabras, sabiendo que en muchos casos pueden requerir una cierta explicación, pues se trata de un texto antiguo, que pertenece a una cultura en parte distinta a la nuestra. De ahí la importancia de contar con una versión del texto que tenga suficientes anotaciones, y de apoyarse también en buenos libros sobre el Evangelio y sobre la Escritura.

“Hijos míos, ¿sabéis por qué os quiero tanto?” Se hacía el silencio y añadía el Padre: “porque veo bullir en vosotros la Sangre de Cristo”

Después, leemos de nuevo el texto y nos preguntamos: «“Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? ¿Qué me molesta en este texto? ¿Por qué esto no me interesa?”, o bien: “¿Qué me agrada? ¿Qué me estimula de esta Palabra? ¿Qué me atrae? ¿Por qué me atrae?”»[19]. Quizá nos venga a la cabeza alguna persona necesitada que tenemos cerca, tal vez nos acordemos de que hemos de pedir perdón a alguien… Finalmente, consideramos: ¿Cómo puedo responder, con mi vida, a lo que me propone Jesús en este texto? «Permanece atento, porque quizá El querrá indicarte algo: y surgirán esas mociones interiores, ese caer en la cuenta, esas reconvenciones»[20]. Tal vez nos arrancará un poco de amor, un deseo de entrega, y, siempre, la seguridad de que Él nos acompaña. Esta contemplación de la vida del Señor es fundamental para el cristiano, pues «tiende a crear en nosotros una visión sapiencial, según Dios, de la realidad y a formar en nosotros "la mente de Cristo" (1 Co 2,16)»[21].

Sin duda, existen muchas vías para tratar a Jesús a través de la Escritura. Por eso, san Josemaría no pretendía ofrecer un método, sino solo dar algunos consejos prácticos que pudieran servir para la meditación y contemplación, hasta llegar a «prorrumpir en afectos: actos de amor o de dolor, acciones de gracias, peticiones, propósitos..., que constituyen el fruto en sazón de la oración verdadera»[22].

El Señor nos espera en el Sagrario

«Cuando te acercas al Sagrario piensa que ¡Él!... te espera desde hace veinte siglos»[23]. La Eucaristía es sin duda un lugar privilegiado para encontrar a Jesucristo y entablar amistad con Él. Ese es también el camino que siguió san Josemaría. Su fe en la presencia viva de Cristo se manifestaba en todos sus gestos ante el Santísimo. Encarnita Ortega, que le conoció en los años cuarenta, recordaba así la primera meditación que le oyó predicar, a la que asistió con cierta curiosidad: «Su recogimiento, lleno de naturalidad, su genuflexión ante el Sagrario y el modo de desentrañarnos la oración preparatoria de la meditación, animándonos a ser conscientes de que el Señor estaba allí, y nos miraba y nos escuchaba, me hizo olvidar inmediatamente mi deseo de escuchar a un gran orador»; se abrió paso en su interior, en cambio, una viva percepción de «la necesidad de escuchar a Dios y de ser generosa con Él»[24].

Lo mismo recuerdan quienes le vieron celebrar la Santa Misa: «El modo de celebrar el Padre la Santa Misa, el tono sincero y lleno de atención con que rezaba las distintas oraciones, sin la menor afectación, sus genuflexiones y demás rúbricas litúrgicas, me impresionaron muy vivamente: Dios estaba allí, realmente presente»[25]. No se trataba de cosas especiales, sino del modo de estar y de moverse, la intensidad de las oraciones, el recogimiento. También nosotros podemos tratar así a Dios, si vivimos con la seguridad de que Cristo, el «Amigo entrañable», está verdaderamente presente en la Eucaristía. A los que vivían en la primera Residencia de la Obra, cuando fue posible por fin reservar al Señor en el Sagrario, el Padre les recordaba que Dios «era un residente más ‒el primero‒, por lo que animaba a cada uno a que estuviese un rato haciéndole compañía, a que le “saludara” con una genuflexión al entrar y al salir de DYA, o a que acudiera al sagrario con el pensamiento, desde su dormitorio»[26].

Son esos detalles pequeños, cuando ponemos el corazón en ellos, los que expresan y al mismo tiempo alimentan nuestra fe: dirigir nuestro pensamiento a Dios cuando veamos una iglesia, hacerle alguna breve visita durante el día, procurar vivir la Misa con intensidad y recogimiento, trasladarnos con la imaginación frente al Sagrario para saludar al Señor o para ofrecerle nuestro trabajo… Pequeños detalles, los mismos que vivimos con nuestros amigos, cuando nos acercamos a verles o les enviamos un mensaje durante el día.

Cristo presente en quienes nos rodean

El Mandamiento del Amor es el signo distintivo de los que siguen a Cristo. Y no es solo un modo de vida, sino algo que nace de la fe en que el mismo Jesucristo está presente en las personas que nos rodean. Se trata de algo profundamente radicado en la enseñanza del Señor: en distintas ocasiones nos recuerda que, al cuidar a quienes lo necesitan ‒y todos, cada uno a su modo, tienen necesidad de nosotros‒, en realidad es a Él mismo a quien cuidamos[27]. Por eso es tan importante «reconocer a Cristo, que nos sale al encuentro, en nuestros hermanos los hombres»[28].

San Josemaría procuró encontrar a Cristo, en primer lugar, entre la gente más necesitada. En los primeros años treinta, dedicó muchas horas a visitar familias necesitadas en los arrabales de Madrid, a cuidar enfermos en los hospitales de la capital, y a dar catequesis entre niños pobres. Más tarde, supo transmitir la urgencia de ese cuidado a los jóvenes que se acercaban a la Obra. Además, esos mismos jóvenes experimentaban el cariño ‒humano y divino‒ que el Padre les tenía. Francisco Botella, por ejemplo, recordaba que, al conocerle, le acogió «como si me conociera de siempre; aún tengo en mi memoria su mirada profunda que se metió en el alma y su alegría que me removió llenándome de gozo y de paz. Me pareció que me conocía por dentro y al mismo tiempo, todo con una naturalidad y sencillez que me hacían estar como con mi familia»[29]. Otro de aquellos jóvenes, no especialmente sentimental, reconocía: «tiene un cuidado de nosotros, como no tendrían nuestras madres»[30].

En aquellos jóvenes, como en los pobres y enfermos, san Josemaría había encontrado a su Amigo. Años más tarde, «pensativo, con sus hijos en derredor, les preguntaba: “hijos míos, ¿sabéis por qué os quiero tanto?” Se hacía el silencio y añadía el Padre: “porque veo bullir en vosotros la Sangre de Cristo”»[31]. Jesús, su Amigo, le había llevado a encontrarle en la gente que le rodeaba, y particularmente en los más necesitados. También nosotros, junto al Evangelio y la Eucaristía, «estamos llamados a servir a Jesús crucificado en toda persona marginada, a tocar su carne bendita en quien está excluido, tiene hambre o sed, está desnudo, preso, enfermo, desempleado, perseguido, refugiado, emigrante. Allí encontramos a nuestro Dios, allí tocamos al Señor»[32].

Lucas Buch


[1]San Josemaría, Camino, n. 88.

[2] Camino, edición crítico-histórica de P. Rodríguez, 3ª ed., Rialp, Madrid 2004, comentario al n. 88. Cfr. R. Herrando, Los años de seminario de Josemaría Escrivá en Zaragoza (1920-1925), Rialp, Madrid 2002, 197-201.

[3]San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1637 (citado en Camino, edición crítico-histórica, comentario al n. 422). El día primero del retiro fue el 4 de octubre del 32. El texto sirvió de base para Forja, n. 2.

[4] Carta 29-XII-1947/14-II-1966, n. 11, citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 1, Rialp, Madrid 1997, 308.

[5]San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 169.

[6] Camino, n. 422.

[7] Cfr. ibíd., nn. 244, 436.

[8]San Josemaría, Forja, n. 495.

[9] S. Canals, Ascética meditada, Rialp, Madrid 2011, cap. ­“Jesús, como amigo”.

[10] Camino, n. 91.

[11] San Agustín, Soliloquios II, 1.1.

[12] Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida, c. 8, n. 5.

[13]Forja, n. 738.

[14] San Josemaría, citado en Dos meses de catequesis, vol. II, 651 (AGP, Biblioteca P04).

[15] S. Hahn, “San Josemaría Escrivá, lector de la Sagrada Escritura”, en Romana, 40 (2005), disponible aquí.

[16] Recuerdo de F. Botella, en J.L. González Gullón, DYA. La Academia y Residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939), Madrid, Rialp 2016, 3ª ed., 429.

[17] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 253.

[18] Beato Álvaro del Portillo, “Presentación” de Es Cristo que Pasa.

[19] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 153.

[20]Amigos de Dios, n. 253.

[21] Benedicto XVI, Ex. Ap. Verbum Domini, (30-X-2010), n. 87.

[22] Javier Echevarría, “San Josemaría Escrivá, maestro de oración en la vida ordinaria”, Magnificat 2006, disponible aquí.

[23]Camino, n. 537.

[24] Recuerdo citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. II, Rialp, Madrid 2002, 555.

[25] Recuerdo de Francisco Ponz, en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. II, 407.

[26] DYA. La Academia y Residencia..., 342.

[27] Cfr. Mt 10,40; 25,40; Lc 10,16.

[28] Es Cristo que pasa, n. 111.

[29] Recuerdo de F. Botella, en DYA. La Academia y Residencia..., 433.

[30] Recuerdo de J. Jiménez Vargas, en DYA. La Academia y Residencia..., 443.

[31] Citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. III, Rialp, Madrid 2003, 405.

[32] Francisco, Via Crucis con los jóvenes durante la Jornada Mundial de la Juventud, 29-VII-2016.

 

Jesús se dirige al Padre en la oración


Por: San Juan Pablo II | Fuente: Catequesis de SS Juan Pablo II.

1. Jesucristo es el Hijo íntimamente unido al Padre; el Hijo que “vive totalmente para el Padre” (cf. Jn 6, 57); el Hijo, cuya existencia terrena total se da al Padre sin reservas. A estos temas desarrollados en las últimas catequesis, se une estrechamente el de la oración de Jesús: tema de la catequesis de hoy. Es, pues, en la oración donde encuentra su particular expresión el hecho de que el Hijo esté íntimamente unido al Padre, esté dedicado a Él, se dirija a Él con toda su existencia humana. Esto significa que el tema de la oración de Jesús ya está contenido implícitamente en los temas precedentes, de modo que podemos decir perfectamente que Jesús de Nazaret “oraba en todo tiempo sin desfallecer” (cf. Lc 18, 1 ). La oración era la vida de su alma, y toda su vida era oración. La historia de la humanidad no conoce ningún otro personaje que con esa plenitud -de ese modo- se relacionara con Dios en la oración como Jesús de Nazaret, Hijo del hombre, y al mismo tiempo Hijo de Dios, “de la misma naturaleza que el Padre”.

2. Sin embargo, hay pasajes en los Evangelios que ponen de relieve la oración de Jesús, declarando explícitamente que “Jesús rezaba”. Esto sucede en diversos momentos del día y de la noche y en varias circunstancias. He aquí algunas: “A la mañana, mucho antes de amanecer, se levantó, salió y se fue aun lugar desierto, y allí oraba” (Mc 1, 35). No sólo lo hacía al comenzar el día (la “oración de la mañana”), sino también durante el día y por la tarde, y especialmente de noche. En efecto, leemos: “Concurrían numerosas muchedumbres para oírle y ser curados de sus enfermedades, pero Él se retiraba a lugares solitarios y se daba a la oración” (Lc 5, 15-16). Y en otra ocasión: “Una vez que despidió a la muchedumbre, subió a un monte apartado para orar, y llegada la noche, estaba allí solo” (Mt 14, 23).

3. Los evangelistas subrayan el hecho de que la oración acompañe los acontecimientos de particular importancia en la vida de Cristo: “Aconteció, pues, que, bautizado Jesús y orando, se abrió el cielo...” (Lc 3, 21), y continúa la descripción de la teofanía que tuvo lugar durante el bautismo de Jesús en el Jordán. De forma análoga, la oración hizo de introducción en la teofanía del monte de la transfiguración: “...tomando a Pedro, a Juan y a Santiago, subió a un monte para orar. Mientras oraba, el aspecto de su rostro se transformó...” (Lc 9, 28-29).

4. La oración también constituía la preparación para decisiones importantes y para momentos de gran relevancia de cara a la misión mesiánica de Cristo. Así, en el momento de comenzar su ministerio público, se retira al desierto a ayunar y rezar (cf. Mt 4, 1-11 y paral.); y también, antes de la elección de los Apóstoles, “Jesús salió hacia la montaña para orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sí a los discípulos y escogió a doce de ellos, a quienes dio el nombre de apóstoles” (Lc 6, 12)13). Así también, antes de la confesión de Pedro, cerca de Cesarea de Filipo: “...aconteció que orando Jesús a solas, estaban con Él los discípulos, a los cuales preguntó: ¿Quién dicen las muchedumbres que soy yo? Respondiendo ellos, le dijeron: ´Juan Bautista; otros Elías; otros, que uno de los antiguos Profetas ha resucitado´. Díjoles Él: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Respondiendo Pedro, dijo: “El Ungido de Dios” (Lc 9, 18-20).

5. Profundamente conmovedora es la oración de antes de la resurrección de Lázaro: “Y Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: !Padre: te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas, pero por la muchedumbre que me rodea lo digo, para que crean que tú me has enviados!” (Jn 11, 41-42).

6. La oración en la última Cena (la llamada oración sacerdotal), habría que citarla toda entera. Intentaremos al menos tomar en consideración los pasajes que no hemos citado en las anteriores catequesis. Son éstos: “...Levantando sus ojos al cielo, añadió (Jesús): ´Padre, llegó la hora; glorifica a tu Hijo para que tu hijo te glorifique, según el poder que le diste sobre toda carne, para que a todos los que tú le diste les dé Él la vida eterna´" (Jn 17, 1-2). Jesús reza por la finalidad esencial de su misión: la gloria de Dios y la salvación de los hombres. Y añade: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios Verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, tú, Padre glorifícame cerca de ti mismo con la gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo existiese” (Jn 17, 3-5).

7. Continuando la oración, el Hijo casi rinde cuentas al Padre por su misión en la tierra: “He manifestado tu nombre a los hombres que de este mundo me has dado. Tuyos eran, y tú me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora saben que todo cuanto me diste viene de ti” (Jn 17, 6-7) Después añade: “Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo, sino por los que tú me diste, porque son tuyos...” (Jn 17, 9). Ellos son los que “acogieron” la palabra de Cristo, los que “creyeron” que el Padre lo envió. Jesús ruega sobre todo por ellos, porque “ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti” (Jn 17, 11). Ruega para que “sean uno”, para que “no perezca ninguno de ellos” (y aquí el Maestro recuerda “al hijo de la perdición”), para que “tengan mi gozo cumplido en sí mismos” (Jn 17, 13): En la perspectiva de su partida, mientras los discípulos han de permanecer en el mundo y estarán expuestos al odio porque “ellos no son del mundo”, igual que su Maestro, Jesús ruega: “No pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal” (Jn 17, 15).

8. También en la oración del cenáculo. Jesús pide por sus discípulos: “Santifícalos en la verdad, pues tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envié al mundo, y yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad” (Jn 17, 17-19). A continuación Jesús abraza con la misma oración a las futuras generaciones de sus discípulos. Sobre todo ruega por la unidad, para que “conozca el mundo que tú me enviaste y amaste a éstos como tú me amaste a mí” (Jn 17, 25). Al final de su invocación, Jesús vuelve a los pensamientos principales dichos antes, poniendo todavía más de relieve su importancia. En ese contexto pide por todos los que el Padre le “ha dado” para que “estén ellos también conmigo, para que vean mi gloria, que tú me has dado; porque me amaste antes de la creación del mundo” (Jn 17, 24).

9. Verdaderamente la “oración sacerdotal” de Jesús es la síntesis de esa autorrevelación de Dios en el Hijo, que se encuentra en el centro de los Evangelios. El Hijo haba al Padre en el nombre de esa unidad que forma con Él (“Tú, Padre, estás en mí y yo en ti” Jn 17, 21). Y al mismo tiempo ruega para que se propaguen entre los hombres los frutos de la misión salvífica por la que vino al mundo. De este modo revela el mysterium Ecclesiae, que nace de su misión salvífica, y reza por su futuro desarrollo en medio del “mundo”. Abre la perspectiva de la gloria, a la que están llamados con Él todos los que “acogen” su palabra.

10. Si en la oración de la última Cena se oye a Jesús hablar al Padre como Hijo suyo “consubstancial”, en la oración del Huerto, que viene a continuación, resalta sobre todo su verdad de Hijo del Hombre. “Triste está mi alma hasta la muerte. Permaneced aquí y velad” (Mc 14, 34), dice a sus amigos al llegar al huerto de los olivos. Una vez solo, se postra en tierra y las palabras de su oración manifiestan la profundidad del sufrimiento. Pues dice: “Abbá, Padre, todo te es posible; aleja de mí este cáliz, mas no se haga lo que yo quiero sino lo que tú quieres” (Mt 14, 36).

11. Parece que se refieren a esta oración de Getsemaní las palabras de la Carta a los Hebreos. “Él ofreció en los días de su vida mortal oraciones y súplicas con poderosos clamores y lágrimas al que era poderoso para salvarle de la muerte”. Y aquí el Autor de la Carta añade que “fue escuchado por su reverencial temor” (Heb 5, 7). Sí. También la oración de Getsemaní fue escuchada, porque también en ella -con toda la verdad de su actitud humana de cara al sufrimiento- se hace sentir sobre todo la unión de Jesús con el Padre en la voluntad de redimir al mundo, que constituye el origen de su misión salvífica.

12. Ciertamente Jesús oraba en las distintas circunstancias que surgían de la tradición y de la ley religiosa y de Israel, como cuando, al tener doce años, subió con los padres al templo de Jerusalén (cf. Lc 2, 41 ss.), o cuando, como refieren los evangelistas, entraba “los sábados en la sinagoga, según la costumbre” (cf. Lc 4, 16). Sin embargo, merece una atención especial lo que dicen los Evangelios de la oración personal de Cristo. La Iglesia nunca lo ha olvidado y vuelve a encontrar en el diálogo personal de Cristo con Dios la fuente, la inspiración, la fuerza de su misma oración. En Jesús orante, pues, se expresa del modo más personal el misterio del Hijo, que “vive totalmente para el Padre”, en íntima unión con Él.

 

 

 

Testimonio de conversión: "Sentía que mi marido había tocado fondo y mi familia se estaba destrozando"

Conversión del matrimonio en Torreciudad.

Fecha

11/09/18

“La Virgen salvó nuestra familia y nuestro matrimonio”. Quien así habla es Josué, padre de familia, cuya conversión comenzó en septiembre de 2017 en la Jornada Mariana de la Familia que se celebró en el santuario de Torreciudad (Huesca). En los siguientes meses recibió el Bautismo, la Confirmación, la Primera Comunión y celebró sacramentalmente su matrimonio. Este es el vídeo de su testimonio.

 

 

 

Queremos más hermanos; y vendrán

Ernesto Juliá Díaz

En medio de noticias que nos llegan estos días desde algunos sectores de la Iglesia, y que nos llevan a desagraviar al Señor por tanta ofensa y mal ejemplo de personas que, con sus vidas, están llamados a manifestar la presencia del Amor de Dios en este mundo; recibimos también muchas luces.

Acontecimientos casi sin relieve, como el que voy a narrar, que llenan el alma de paz, de serenidad, de esperanza: la Iglesia sigue viva en su Cabeza, Cristo, y en la Fe de sus fieles, y sembrando amor y aroma de Dios en todos los rincones del mundo.

Este es el “acontecimiento”.

Adelaida, una mujer madre de tres hijos y ya entrada en sus cincuenta, directora del departamento financiero de una gran empresa de transportes se decidió a dar un paso bajo su completa responsabilidad.  ¿Qué paso? Llamarle la atención en el tono más claro y severo que pudiera a una amiga suya, Pilar, madre de 5 hijos que días atrás le había anunciado que su sexta criatura estaba en camino en sus cuatro meses de vida. Y que en la casa reinaba una serena alegría.

-¡Estás loca!; con los tiempos que corren. ¡Cómo se te ocurre una barbaridad semejante¡ Fue su primer saludo, dicho con los aires con que solía llamar la atención a los subordinados en su trabajo. ¡Que no eres ninguna “coneja”, mujer! ¡O quieres arreglar tu sola el déficit  de la natalidad: no lo conseguirás!

Pilar venció el primer impulso de responderle con una bofetada; y  sonrió mientras acariciaba serenamente la “mansión” de la criatura de apenas cuatro meses de vida.

-Tú reza a Jesús por él, para que venga bien. Es niño y hasta ahora todo es normal. Y de paso reza también para que yo tenga un buen parto; ya sabes que en alguno de los cinco anteriores lo he pasado un poco mal.

-¡Cómo voy a rezar!. Esto es una locura. ¿Cómo vas a llevar adelante tu despacho  -Pilar dirigía un despacho fiscal con bastantes clientes- con todas estas criaturas? ¿Y las clases que dabas en la Universidad? Te vas a convertir en una “maruja”.

-Cálmate, Laida, ya me manejaré como he hecho con los otros cinco. Javier ayuda mucho. Y además, tú sabes que los hijos, la familia han sido siempre lo primero para mí. Las clases de la Universidad y el trabajo en el despacho lo pueden hacer cualquiera. Madre de mis hijos solo puedo ser yo.

-¡Pero no de tantos! Por lo memos asegúrame que este será el último, por favor.

-No lo sé, contestó Pilar. Si te digo que ya estoy rezando para que éste sea sacerdote

Marisol, la segunda hija de Pilar, nueve años y preparándose para recibir al Señor en la Primera Comunión, asistió a toda la conversación en un rincón de la sala sin atreverse a decir una palabra, pero con muchas ganas de acercarse a Laida y darle una patadita. Al oír su último improperio, y a respuesta de su madre, no pudo contenerse más: se levantó, y en un arranque de genio se dirigió a Laida y le dijo.

-¡No! ¡Queremos más hermanos, y vendrán!

A Pilar se le saltaron las lágrimas al oír la voz fuerte y enfadada de su hija. Sonrió. Acarició de nuevo la “mansión” de su sexta criatura, a la vez que dejaba a todos sus hijos en las manos de sus Ángeles de la Guarda.

ernesto.julia@gmail.com

 

5 Consejos para brindarle tiempo de calidad a tu familia

Por LaFamilia.info 

 

http://www.lafamilia.info/images/20180910edh.jpgFoto: Freepik 

 

Un estilo de vida agitado, múltiples ocupaciones, largas jornadas de trabajo, escaso tiempo libre y pocos espacios para compartir en familia, es el panorama de muchos padres actuales; surge entonces la pregunta del millón: ¿Cómo darles a los hijos tiempo de calidad? En LaFamilia.info te proponemos las siguientes ideas.

La importancia del tiempo con los hijos

El acompañamiento de los padres en el proceso de desarrollo de los hijos -desde la infancia hasta la juventud- es determinante para formar seres humanos sanos emocional y físicamente. Incluso las investigaciones demuestran que los niños a quienes sus padres no les prestan la suficiente atención son más propensos a padecer de agresividad, aburrimiento, sentimiento de soledad, baja autoestima, inseguridad, carencia afectiva, bajo rendimiento escolar, dificultad para dar o recibir afecto.

En cambio, varios expertos coinciden en afirmar que cuando los niños que crecen en un hogar donde los padres les dedican tiempo, gozan de muchos beneficios como mayor grado de confianza, buen nivel autoestima y seguridad, mejores capacidades de interacción social, fortalecimiento de los vínculos afectivos, asimilación de las normas, valores y principios para la vida. Se apunta además que estos niños tienden a repetir su modelo de crianza, es decir, a formar familias estables y armoniosas.

Es clave entonces, hacerle saber a los hijos que son amados y demostrárselo con hechos, las siguientes recomendaciones lograrán que el tiempo que pases con tus hijos sea realmente de calidad:

1. Desconectarse para conectarse

Los hijos necesitan de la presencia de los padres, pero no basta con su cuerpo, necesitan también su alma, su disposición para escucharlos, amarlos, disfrutarlos. Por lo tanto apaga tu teléfono móvil y deja la tableta a un lado, este espacio es exclusivo para tu hijo, no dejes que otras cosas lo ocupen. Es poco el tiempo que hay disponible y debe ser aprovechado de la mejor manera.

2. Organizar el tiempo

El acompañamiento a los hijos no tiene por qué abolir los proyectos personales y profesionales de los padres, es cuestión de manejar adecuadamente el tiempo y lograr un equilibrio entre los diferentes espacios, aunque no debe olvidarse que la familia debe ocupar el primer lugar en la lista de prioridades; el tiempo para la familia no debe ser negociable.

3. Disfrutar el momento

Los hijos necesitan padres tranquilos, pacientes, dispuestos a pasar un rato divertido, a compartir en familia, a hacer de la convivencia una experiencia amorosa y agradable. “Si el tiempo que dedicas a tus hijos sólo alcanza para darles órdenes, suplicarles, corregirlos y apurarlos o sólo prestas atención cuando gritan, lloran o hacen alguna travesura, ese tiempo, aunque sea mucho, no es de calidad”, explica Ángela Marulanda, reconocida autora y educadora familiar.

Es fundamental entonces propiciar espacios para construir una relación cercana y amorosa con los hijos, por ejemplo con los más pequeños, es muy importante compartir juntos un rato de juego, pues beneficia su desarrollo cognitivo y afectivo; mientras que con los adolescentes y jóvenes, se pueden compartir otras actividades acordes a sus gustos.

4. Tiempo para cada hijo

Cuando hay más de un hijo, se debe establecer un momento exclusivo para cada uno, puesto que tienen necesidades diferentes y requieren un proceso educativo individual.

5. Salirse de la rutina familiar

Algunas veces conviene salirse de un poco de la rutina para darle un respiro de aire fresco a la familia, una actividad diferente a las que usualmente se realizan. Estos ratos son tan placenteros tanto para los hijos como para los padres.

 

DESENCANTO

Por René Mondragón

CANINUS HAMBRIENTUS

Es espeluznante lo que el mexicano de a pie, observa cada mañana. El terror ya invade a los ninis, a los hombres y mujeres de la “tercera edad y tres cuartos”. El pánico invade a los empleados federales que van a tener que cambiar su residencia a fortiori, porque en caso contrario, e irán a la calle, “con una mano adelante y otra atrás”, en expresión agudísima de mi santa agüelita.

Y es que, al escribano le da la impresión de que emerge una fuerte corriente de voracidad para ver quién acumula más poder económico y político. Por eso unos dicen y otros se desdicen. Como señala curiosamente el destacado politólogo y filósofo contemporáneo, Cuauhtémoc Blanco, una cosa es la campaña, que ya se acabó y otra cosa es “que ahora, ya somos gobierno”, con cualquier significado epistemológico que la frase llegase a tener.

El tema no se ha limitado a la difícil relación –que debiera ser amorosa y plena en corazoncitos- entre el futbolista retirado de muchas cosas, y la presidenta de MORENA. Se extendió al ríspido y amoroso intercambio de mentadas de madre y eufemísticos reproches entre Muñoz Ledo y Fernández Noroña que, como diestros mentores y mentadores en esas lides ( JESUSA CERVANTES , 4 SEPTIEMBRE, 2018 - https://www.proceso.com.mx/549602)  “dialogaron” a voz en cuello, “a grito pelón” frente a las cámaras y a los reporteros.

Claro, el anarquista Fernández no empezó, hizo “segunda” al legislador Santiago González Soto, quien increpó acremente a Muñoz Ledo sobre su presencia en el informe de Peña Nieto.

LA OTRA CONFRONTACIÓN

El clima de inconformidades, efervescencia, malestar y golpes mediáticos se extendió ya al maridaje  raro que hicieron los evangélicos del Partido Encuentro Social y MORENA.

El pleito obedeció al reparto de diputaciones federales. Ese escenario provocó que el Partido del Trabajo –otra agencia de alquiler de siglas para elecciones- esté solicitando la invalidación parcial de la coalición que presentó también con MORENA, por postular varios candidatos bajo las siglas del PT, sin que los susodichos estuvieran afiliados a ese partido….Como si esas minucias les importaran en serio. El escribano estima que la discusión implica las cuotas que los legisladores aportan al instituto político, que no son cualquier bagatela.

LA RISA ES LA QUE CALA

“No le voy a tolerar”, sostenía a gritos Fernández Noroña. “Tome su asiento, señor diputado…no acepto su provocación”, contestaba Muñoz Ledo.

“No le voy a tolerar su insolencia”, insistía el anarquista diputado. “no soy insolente” respondió Muñoz Ledo. “Es insolente” contra-atacó el primero. “Usted es un golpeador” aludió un par de ocasiones más Muñoz Ledo.

La agudeza y el colmillo de Porfirio Muño Ledo salió a relucir después de un poco más de 15 minutos (Ver la re-transmisión en el Canal del Congreso, está de colección): “Para que no se hable de autoritarismo, pido a la asamblea en votación económica si se le concede al diputado Fernández Noroña el uso de la palabra. Pido el voto a mano”. De manera abrumadora, el pleno le negó la palabra”

APUNTES: CUARTA TRANSFORMACIÓN

En sus “Juegos de poder”, Leo Zuckermann ubica varios sitios de interés (Así comienza la Cuarta Transformación. https://www.excelsior.com.mx- 05 de Septiembre de 2018)

 que abonan al desencanto ciudadano.

Para empezar, el ridículo –así lo llama mi estimado Leo- de los senadores de Morena que cambiaron sus votos para asegurar la truculenta concertacesión con los seis senadores del partido Verde. En la otra esquina, el impresentable Manuel Velasco, cacique y desgobernador de Chiapas, adherido de facto a López Obrador, con tal de asegurar la senaduría y cobrar el “bono de marcha” como gobernador de aquella entidad. Para lograrlo, sus diputados locales (los maneja como propiedad personal) cambiaron la Constitución del Estado en un modelo Fast Track, (se votó en un solo día) para lograr un movimiento insólito: Manuel Velasco es en estos momentos, un gobernador con licencia, además de senador de la República, y a un tiempo, el mismo Velasco, es gobernador sustituto de sí mismo. ¡Genialidades veredes!

Como dice Zuckermann, son los reyes del oportunismo político que saben siempre ponerse del lado “correcto” de la historia. Por eso bastaron menos de 24 horas para que en un ataque de congruencia los legisladores de MORENA votaran en contra de Velasco. No obstante la aplanadora de la Regeneración Nacional subió  de nuevo al Pleno el tema de Velaso, y esta vez, los diputados de Morena le hicieron el favor a Velasco.

Y como dice Zuckerman: “Y Chiapas? Que se joda”. Y luego los expertisses se preguntan: ¿Por qué el desencanto de los ciudadanos con la democracia?

 

 

Vuelta al cole con leche, frutas y hortalizas

Destinado a fomentar hábitos alimentarios saludables entre los niños, ha comenzado el programa de la UE que consistirá en la distribución de fruta, hortalizas y productos lácteos, así como en programas educativos específicos para concienciar a los escolares de la importancia de una buena nutrición y explicarles cómo se producen los alimentos.

 La iniciativa para fomentar una alimentación saludable, en la que participa un creciente número de escuelas, llegó a más de treinta millones de niños en la Unión Europea (UE) durante el curso escolar 2017-2018.

En el marco del programa, cada curso escolar se reservan 150 millones EUR para la distribución de frutas y hortalizas, y 100 millones EUR, para la de leche y otros productos lácteos. Aunque la participación es voluntaria, todos los Estados miembros de la UE han decidido participar, bien en todo el programa, bien en una parte de él. Las asignaciones nacionales de los 28 Estados miembros que participan en el régimen en el curso escolar 2018-2019 fueron aprobadas y adoptadas por la Comisión Europea en marzo de 2018. Los Estados miembros también pueden complementar la ayuda de la UE con ayudas nacionales para financiar el programa.

La elección de los productos distribuidos se basa en consideraciones relacionadas con la salud y el medio ambiente, la estacionalidad, la variedad o la disponibilidad. Los Estados miembros pueden fomentar la compra de productos locales o regionales, los productos ecológicos, las cadenas de suministro cortas, los beneficios medioambientales y los regímenes de calidad agraria.

La distribución de frutas, hortalizas y leche que acaba de iniciarse va acompañada de una variedad de actividades educativas para los escolares. Casi todos los países han creado comisiones en las que participan autoridades y partes interesadas de los sectores de la agricultura, la sanidad y la educación, varias de las cuales se reunieron durante el curso escolar para supervisar las actividades programadas.

Jesús Domingo

 

Paz, paz… pero ¿qué paz?

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El más grave de los males de la guerra no está en la mutilación o destrucción de cuerpos, sino en la ofensa que Dios recibe con ella.

“Opus Justitiae pax”: la paz es el fruto de la justicia.

Con respecto a la paz, hay dos actitudes doctrinales completamente diferentes, que, por desgracia, el público confunde a menudo:

  1. la posición de la Iglesia Católica, que considera la paz como un bien inestimable, pero admite la guerra en algunos casos como un derecho y en ciertos casos incluso como un deber sagrado;
  2. la posición de los pacifistas extremados que consideran la guerra como un mal intolerable y, por ello, la paz como un bien que a toda costa debe ser preservado. (…)

[Sobre] la cuestión de la legitimidad de la guerra, demos dos ejemplos clásicos. Uno de ellos es la legítima defensa. El otro es la guerra santa. En el caso de la legítima defensa, la guerra es un derecho indiscutible. En el caso de la guerra santa, no existe sólo un derecho, sino un deber.

Estos son los principios de la doctrina católica. Se sintetizan todos en un pensamiento de San Agustín. Dice el gran Doctor que ‒lo que ya en su tiempo era una impresión general‒ el más grave de los males de la guerra no está en la mutilación o destrucción de cuerpos perecederos que, más temprano o más tarde, han de corromperse en las entrañas la Tierra, en la humilde sombra de una tumba. El gran mal de la guerra, pero mayor que todos los males, es la ofensa que Dios recibe con ella. Porque no podemos concebir un conflicto en el que ambas partes sean totalmente inocentes. Al menos una de ellas tiene que ser culpable. Y la ofensa que Dios recibe con la injusticia del agresor es, en el fondo, el mayor mal que una guerra puede causar.

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La paz obtenida a costa permitir la consumación de la injusticia, cuando ésta podría evitarse sería una suma injusticia a los ojos de Dios

Ahora bien, si la ofensa que Dios recibe con una agresión injusta es grande, ¿qué decir de la ofensa por El recibida con la victoria del agresor y con la transformación de la injusticia en un orden de cosas estable y duradero, que se convierta en una injuria permanente a la Divina Majestad? La paz que tenga como resultado evitar la guerra y permitir la consumación pacífica e incruenta de la injusticia, cuando ésta podría evitarse mediante la reacción de las armas, esa paz sería una suma injusticia a los ojos de Dios, y los restos del pueblo avasallado, pero inconformado con la desgracia, clamarán por venganza, con la misma vehemencia patética con que clamó por venganza la sangre inocente de Abel.

Así pues, imaginar cómo algunos imaginan à outrance que debemos a toda costa evitar la guerra, aunque la paz así obtenida signifique la desaparición de pueblos enteros, y la injusticia campeando como el principio supremo del orden internacional, no es sino oponer a la doctrina católica el desmentido más formal que pueda oponerse. (…)

Nadie tiene dificultad para entender que la Iglesia haya predicado varias cruzadas contra el Islam, cuando éste amenazó el Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo y la libertad religiosa de las poblaciones cristianas allí residentes.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Esplendor de la concepción jerárquica y cristiana de la vida

Ambientes, Costumbres, Civilizaciones

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En una cartuja española un monje besa arrodillado el escapulario de su superior. Es la expresión de la más entera sujeción.

La ola satánica del igualitarismo, que desde la revolución protestante del siglo XVI hasta la revolución comunista de nuestros días viene atacando, calumniando, solapando y haciendo marchitar todo cuanto es o simboliza jerarquía, presenta toda desigualdad como una injusticia. Es propio de la naturaleza humana —dicen los igualitarios—que el hombre se sienta disminuido y vejado al curvarse ante un superior. Si lo hace es porque ciertos preconceptos, o el imperio de las circunstancias económicas, le obligan a ello. Pero esta violencia contra el orden natural de las cosas no queda impune. El superior deforma su alma por la prepotencia y por la vanidad que lo llevan a exigir que alguien se curve ante él. El inferior pierde con su gesto alienante algo de la elevación de personalidad propia al hombre libre e independiente. En otros términos, siempre que una persona se curva ante otra hay un vencedor y un vencido, un déspota y un esclavo.

La doctrina católica nos dice exactamente lo contrario. Dios creó el Universo según un orden jerárquico. Y dispuso que la jerarquía fuese la esencia de todo orden verdaderamente humano y católico.

En contacto con el superior, el inferior puede y debe tributarle todo el respeto, sin el menor recelo de rebajarse o degradarse. El superior, a su vez, no debe ser vanidoso ni prepotente. Su superioridad no proviene de la fuerza, sino de un orden de cosas muy santo y deseado por el Creador.

En la Iglesia Católica, las costumbres expresan con admirable fidelidad esta doctrina. En ningún ambiente los ritos y las fórmulas de cortesía consagran tan acentuadamente el principio de jerarquía. Y tampoco en ningún otro se ve tan claramente cuánta nobleza puede haber en la obediencia, cuánta elevación de alma y cuánta bondad puede haber en el ejercicio de la autoridad y de la preeminencia.

*   *   *

En una cartuja española un monje besa arrodillado el escapulario de su superior. Es la expresión de la más entera sujeción.

Sin embargo, considérese atentamente la escena y se verá cuánta varonilidad, cuánta fuerza de personalidad, cuánta sinceridad de convicción, cuánta elevación de motivos el humilde monje arrodillado pone en su gesto. Contiene éste cualquier cosa de santo y caballeresco, de grandioso y sencillo, que hace pensar al mismo tiempo en la “Legende Dorée”, en la “Chanson de Roland” y en las “Fioretti” de San Francisco de Asís.

Arrodillado y desconocido, es este religioso humilde mayor que el hombre moderno, molécula vanidosa, impersonal, anónima e inexpresiva de la gran masa amorfa en que se ha transformado la sociedad contemporánea.

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Tras la humildad del monje consideremos la del gentilhombre.

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El Conde Wladimir d’Ormesson fue hasta mediados de 1956 embajador de Francia ante la Santa Sede.

El Conde Wladimir d’Ormesson fue hasta mediados de 1956 embajador de Francia ante la Santa Sede. En nuestra fotografía lo vemos revestido con uniforme solemne de diplomático, arrodillado ante el Santo Padre Pío XII con ocasión de una audiencia. Es difícil imaginar una actitud que exprese, tan completamente y al mismo tiempo, una alta conciencia de su propia dignidad y un vivo respeto ante la autoridad excelsa y suprema, ante la cual el embajador tiene la honra de encontrarse. La rodilla en tierra, pero el tronco y el cuello erectos, la nobleza y reverencia del saludo, todo, en fin, muestra cuánto respeto y cuánta dignidad contienen los tradicionales estilos diplomáticos, de los cuales el Conde se muestra aquí intérprete fiel, y que fueron elaborados en los siglos áureos de la civilización cristiana.

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Por otro lado, considérese al prior. Hay una especie de contraste entre su gran figura blanca, erecta, robusta, estable, que expresa autoridad, seguridad y paterna protección y la expresión fisonómica que parece neutra, impasible, serena, un poco distante. La figura expresa la actitud oficial del prior. La fisonomía traduce el desapego, la simplicidad del hombre. Pues no es al hombre en cuanto tal, sino al cargo, a quien el homenaje se dirige.

Y, con el debido respeto, consideremos la posición del Pontífice. Sentado en un pequeño trono, no se levanta para recibir el homenaje del embajador. Sin embargo, inclina ligeramente el busto para aproximarse más al Conde. Conserva su mano en la de él. Da a toda la acogida una nota de amenidad muy marcada. Y manteniéndose, no obstante, enteramente como Papa, da todas las muestras de la más entrañable benevolencia y del mayor aprecio hacia el embajador.

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Cuatro actitudes inspiradas en una visión muy jerárquica de las cosas, todas ellas nobles, dignas, honrosas, aunque cada una a su modo. En una palabra, esplendor de la humildad cristiana y belleza de una vida jerárquica…

 

El sentido de la vida que se acaba

 Ignacio Sánchez Cámara

«Cuando luchan la verdad y la mentira, el bien y el mal, la belleza y la fealdad, lo justo no se encuentra en el término medio…

No deberíamos olvidar nunca, y menos en estos tiempos extraviados, pero no desesperanzados, la vieja enseñanza de Antístenes: las ciudades sucumben cuando dejan de distinguir entre el bien y el mal».

La vida humana terrena empieza en la concepción y termina con la muerte. Por lo tanto, la dignidad de la persona comienza en la concepción y concluye con la muerte, con independencia de la continuidad de la vida personal y su dignidad más allá de la muerte. Y no hay vidas más o menos dignas de ser vividas. No hay ninguna vida indigna ni carente de sentido.

Es curioso cómo la aceptación social del aborto, uno de los dos peores errores morales del siglo XX, según Julián Marías, ha sido muy superior a la de la eutanasia, acaso por la mayor visibilidad de la persona a la que se suprime la vida, y a pesar de que en el caso del aborto no existe el consentimiento de la víctima. Todo lo que precisa del eufemismo, declara por ello su indigencia moral. Así, se prefiere hablar de «muerte digna» o de «interrupción voluntaria del embarazo». La eutanasia goza de algunos argumentos aparentes y prejuicios a su favor. Se cobija bajo la protección de la libertad. Si un hombre no desea continuar viviendo, habría que respetar su voluntad. Seríamos absolutamente libres para hacer todo aquello que no entrañe ningún daño a otro. Además, no se impone nada a nadie. Todos permanecemos libres. Quien la quiera, la tendrá a su disposición, y quien no, a nada estará obligado. Perfecta libertad. Y acaso el más extendido argumento sea la piedad, el cese del sufrimiento, el supremo mal.

Pero la realidad no favorece a sus defensores. La aceptación de la eutanasia niega la condición personal del hombre, y entiende que la vida no vale en sí misma, sino que se acepta a beneficio de inventario. Cuando el balance es negativo, se repudia. El dolor es un mal, pero no todo en el dolor es un mal. Ni tampoco es el único ni el peor mal. Cuando todos los valores superiores se niegan, sólo quedan el placer y la supresión del dolor. Muchos contemporáneos pretenden que la vida sea una permanente noche de juerga o un eterno jardín de infancia.

No hay ninguna vida humana indigna, ni la del joven sano y fuerte, ni la que se extingue por la edad y la enfermedad. Si no de otras fuentes, al menos deberíamos aprender de los horrores del nazismo. Frente a la eutanasia, se levanta el precepto «no matarás», nunca, ni siquiera por compasión. La idea de un médico o enfermero homicidas constituye, en sí misma, una aberración. El fin de las profesiones sanitarias es la curación y la supresión, hasta donde es posible, del dolor. Y esto último es, cada vez, más real. Lo que necesita la vida que se acaba es amor, compañía y cuidados paliativos, no la inyección letal.

Estamos ante otro episodio de la equivocada relación entre medios y fines. La legalización de la eutanasia pretende que el fin de suprimir el dolor justifica el medio de acabar con la vida. Pero sabemos que esto no es así. Gregorio Marañón afirmó que ser liberal consiste en negar que el fin justifique los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. Y aquí, el medio es matar. Algo parecido podría decirse sobre la pena de muerte o la tortura. No es posible que el bien surja del mal.

En la valoración de la vida, no caben medias tintas. Nietzsche dijo: «¿Era esto la vida? Bien, que venga otra vez». Sí a la vida, a toda vida, también a la vida terminal.

Las posiciones divergentes sobre la eutanasia derivan de actitudes antagónicas sobre el hombre y la vida. No pueden coincidir quienes, por ejemplo, conciben la vida como un don de Dios, indisponible, por tanto, para el hombre, que quienes la consideran una mera propiedad inherente a ciertos seres. Si hay un derecho a la vida, no puede haber un deber de matar. Entre una concepción religiosa o metafísica y otra materialista o hedonista, es muy difícil encontrar un acuerdo. ¿Existe una vía media conciliadora? No parece que lo sea dejar la solución en manos de médicos, familiares y pacientes. En cualquier caso, los médicos no son meros servidores de la arbitrariedad del cliente o de un familiar en quien, eventualmente, haya podido delegar. Los médicos tienen obligaciones derivadas de la moral general y de la deontología profesional, incompatibles con la idea mercantil de que el cliente, es decir, el paciente, siempre tiene razón.

Otra cosa es que el Derecho deba tener en cuenta la moral social y atenerse a las convicciones dominantes. Pero la solución no es fácil cuando la opinión pública se encuentra radicalmente escindida. La clave se halla, como siempre, en la educación, y en la ejemplaridad de quienes poseen la autoridad espiritual, si es que hoy queda algún residuo de tal cosa. Pero nada tiene que ver la oposición a la eutanasia con la defensa del llamado encarnizamiento terapéutico, ni con la adopción de medidas excepcionales para mantener a toda costa la vida que se apaga. El declive actual de la protección jurídica de la vida tiene mucho que ver con la propagación de una actitud antihumanista y, por tanto, antipersonalista. Lo que está en crisis no es ya la dignidad de la persona, sino la condición personal del hombre. Caminamos, como mínimo, hacia una eutanasia sibilina y vergonzante. Y puede que este diagnóstico sea optimista. La crisis intelectual y moral, en suma, espiritual, de nuestro tiempo parece evidente. Pero no solo de éste. Un personaje de Pérez Galdós, en La corte de Carlos IV, afirma: «La elevación de los tontos, ruines y ordinarios no es, como algunos creen, desdicha peculiar de los modernos tiempos». Cuando luchan la verdad y la mentira, el bien y el mal, la belleza y la fealdad, lo justo no se encuentra en el término medio. No deberíamos olvidar nunca, y menos en estos tiempos extraviados, pero no desesperanzados, la vieja enseñanza de Antístenes: las ciudades sucumben cuando dejan de distinguir entre el bien y el mal.

Ignacio Sánchez Cámara, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

 

 

 

El tiempo de exposición, según la edad

Aumentan las polémicas y crece la división de enfoques entre los cultivadores de las profesiones relacionadas con la atención a la primera infancia. Hay ya colectivos contra la sobreexposición, para alertar a la opinión pública contra los posibles riesgos, aunque otros grupos les reprochan falta de fundamento científico.

Pediatras, psicólogos, responsables de guarderías, se inquietan ante el crecimiento de comportamientos negativos en materia de comunicación o lenguaje, relación con otros niños, agresividad, inestabilidad de la atención, falta de interés hacia los juegos tradicionales... La multiplicación de las pantallas -consolas, smartphones, tabletas, la propia televisión- accesibles a los más pequeños en todas partes –también en las calles, en medios de transporte, salas de espera, tiendas- determinan quizá la tendencia a echarles la culpa de todo el mal más o menos nuevos…

Suele acentuarse la influencia de la índole propia de imágenes y mensajes audiovisuales, que provocan cierta fascinación ante lo que se mueve en la pantalla: limitaría la capacidad de reacción y asimilación, en detrimento de la clásica exploración manual y sensorial propia de esa etapa de la vida humana, así como de la interacción con los demás miembros del hogar. Se olvida así con frecuencia la responsabilidad de las familias, especialmente de las más vulnerables, para usar un término ambiguamente correcto. Cómo no recordar a padres tranquilos con el hijo que no da guerra cuando está atento a la pantalla…

Faltan investigaciones, que separen mejor los efectos negativos de los también positivos respecto del desarrollo intelectual y emocional de los pequeños. En espera, se imponen principios de cautela, que recomiendan no dejar solo al niño ante cualquier tipo de pantalla antes de 3-4 años, y limitar el tiempo de exposición, según la edad. No es paternalismo afirmar que la clave de todo estará siempre en la proximidad o lejanía de los mayores.

Xus D Madrid

 

 

El fideísmo: la gran herejía cultural de España

Hace poco se publicaba un informe sobre el proceso de secularización en España, con una aceleración más fuerte que en países vecinos, tal vez porque empezó más tarde. Quizá también porque aquí la fe era más sentimental, menos racional, que en Italia o Francia. Basta recordar el mito paradójicamente elogiado de la “fe del carbonero”.

Por estos pagos, hasta la vida pública laica está impregnada de fideísmo: puede explicar la crisis de los partidos políticos clásicos, a la derecha como a la izquierda. Y algo semejante sucede en frenazos y aceleraciones de las formaciones emergentes: netos en la indiferencia o en la pasión por la unidad de España, pero débiles ante las grandes cuestiones de la cultura occidental.

A mi entender, los silencios de unos, como los excesos digitales de otros, reflejan déficit de pensamiento filosófico, social y político. Prevalece demasiado un pragmatismo, con objetivos a corto plazo, que traen a la mente la vieja imprecación a “la traición de los intelectuales”. Aunque cada vez más el tanto de culpa se trasfiere al predominio de lenguajes audiovisuales y mediáticos.

Está en juego la comunicación humana en el sentido más amplio de su apertura a los trascendentales. No excluye en modo alguno la novedad, según la feliz expresión de Séneca a su madre Helvia: "Al hombre se le ha dado un alma (mens) móvil e intranquila. Nunca se detiene, va de acá para allá y proyecta sus pensamientos a todas las cosas conocidas y desconocidas. Vagabunda, no soporta la quietud y se goza en las novedades (nouitate rerum laetissima)”.

De la gran lección de Benedicto XVI en Ratisbona, en septiembre de 2006, muchos se quedaron con la anécdota del Islam. Pero el centro fue el diálogo de fe y razón, que mutuamente pueden fecundarse, y es gran camino para evitar violencias irracionales, a las que también suele conducir el fideísmo.

José Morales Martín

 

 

En caminos de diálogo y paz

Ciertamente que muchos son los días para expresar la discrepancia política, pero pocos para demostrar que la respuesta al terrorismo debe ser unánime en quienes han apostado por construir una sociedad desde el respeto a la dignidad de las personas, me quedan dudas de si el 17 y 18 lo han sido. Una unidad que en la España de hoy está representada de forma ejemplar por el Rey Felipe VI, que encarna los valores contra los que han querido atentar, los terroristas. Cualquier uso partidista de la memoria de las víctimas repugna a una conciencia éticamente responsable.

Como pedía en una nota a sus fieles el arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, roguemos al Señor para que quienes causan el terror con atentados y guerras conviertan sus pensamientos y acciones en caminos de diálogo y paz.

Enric Barrull Casals

 

 

V I A J E   A   M A R R U E C O S

(ABRIL 1993)

(XI)

 

            Día siete de abril ("miércoles santo, en La Cristiandad")... son las ocho de la mañana y ya estamos acomodados en nuestros asientos del autocar y rodamos en dirección a Erfoud y  Merzouga... "nos esperan unos 400 km. de recorrido, puesto que la segunda de nuestras "metas", se encuentra ya en pleno desierto y casi en la frontera con Argelia. La ruta que seguiremos, es por tanto hacia el Este y bordeando las estribaciones del "Alto Atlas", o sea por lo que se denomina "pre desierto y hacia el total... o mar de dunas de arena", en cuyo borde dormiremos esta noche y nada menos que en "jaimas auténticas".

            A unos diez kilómetros (aproximados) de Ouarzazate (ciudad desde donde hemos partido) divisamos desde la carretera, un enorme embalse de agua (pantano) y cuyo nombre es el de... "Ahmed Dahbi el Mansur" ("El Dorado", en nuestro idioma) y el que fuera rey de "estos reinos" hace ya unos cuantos siglos y cuya memoria se reafirma con esta construcción gigantesca que lleva su nombre.

            Este embalse surte de agua potable, la ciudad de donde venimos, por tanto "he bebido de sus aguas" y confieso que las he encontrado muy buenas. También surte (este embalse) muchas otras localidades menores, amén de las extensas zonas que ha puesto y está poniendo, en riego, debido a su gran capacidad y como iremos observando a simple vista en nuestro viaje. Muy cerca nos vamos a encontrar con "alguno de los milagros" que produce este embalse, se trata ("nada más y nada menos, que") de un campo de golf, lo que indudablemente es sorprendente verlo en este desierto y lo que demuestra... "lo que puede realizar el hombre cuando trabaja con inteligencia y constancia". Es claro que junto a este campo, existen abundantes instalaciones hoteleras y turísticas, pues para el turismo internacional se ha previsto esta zona. Seguiremos viendo a través de nuestro largo trayecto, grandes extensiones de regadíos y en los que se nota una buena canalización para el máximo aprovechamiento de "este oro del desierto", cual es el agua potable. Observo al borde de la carretera, hasta un "vivero" de plantas para repoblaciones, de "no se que tipo de plantas o arbustos". Vivero que se encuentra instalado entre árboles mayores, los que plantados con esa idea, producen (supongo) ese "micro clima", que hace posible el que en este desierto y sin instalaciones costosísimas, se produzcan cantidad de esas plantas referidas, todo lo cual denota una planificación y un estudio concienzudo y paciente... "puesto que los árboles adultos y que sustentan el vivero, no han crecido aquí de la noche a la mañana", por tanto imagino que ello ha costado unos cuantos años de preparación, para que hoy exista aquí, nada menos que un vivero "industrial", el que para mi significa "otro milagro en el desierto". Más adelante observo alguna instalación de "paneles solares", los que producen energía y que captan del enorme potencial que aquí genera el Sol. Se aprecian tendidos eléctricos, "que se pierden en las lejanías de estas tierras estériles" y los que deben surtir de energía amplias y lejanas áreas de todo este territorio, la que indudablemente procede del pantano antes mentado y de algunos otros que yo desconozco.

              Sigo notando, ya que se aprecia "casi palpablemente", la cantidad de obras públicas, que aquí se han hecho o se están realizando y en relación o encaminadas, hacia el máximo aprovechamiento del ya mentado "tesoro del agua". Se nota "el progreso", si bien "éste"... también está llenando el desierto de bolsas de plástico, envases y otros desechos de la "sociedad de consumo", los que por cuanto se observa, no saben eliminar "estas gentes" de las zonas por las que pasamos y ello es lamentable... "muy lamentable", ya que esa limpieza debiera ser más cuidada y "no ensuciar con basuras", estas bellezas naturales, las que al ser azotadas por grandes vendavales, que producen "las tormentas del desierto", esparcen esos detritus, los que resultan "asquerosos" y que repelen a la vista de cualquiera medianamente observador y mínimamente sensible, ante estas "bellas desolaciones" invadidas por estas "cosas" que también produce el hombre.

            Alcazabas o kasbash, se suceden con gran profusión, ya que existen en cualquier pueblo o aldea, lo que nos dice bien a las claras, las continuas guerras de "unos contra otros"; fueren éstas entre jeques o reyezuelos más o menos poderosos, o simplemente entre "tribus vecinas" y que -quizá- "pudieran estarse odiando a muerte, desde vete tu a saber que siglo o que generación de gloriosos antepasados"...  y lo que les obligaba a construirse "estos castillos", para mejor defensa... "del señor feudal", pues "la plebe... como en todo el mundo... simplemente cambiaría de dueño".

               Por lo dicho, es fácilmente imaginable, que estas construcciones las hay de todos los tamaños y categorías que imaginemos... más pequeñas, más grandes, más fuertes, más débiles, mejor cuidadas, en ruinas, e incluso devastadas y reducidas casi al solar... "pues como alguien de la expedición apuntó con bastante inteligencia... son construcciones ecológicas y de la tierra nacen y a ella vuelven" (dijo) y ello es cierto, ya que en general fueron construidas de adobe y el adobe es... "tierra, paja, agua y sol".

            No tenemos necesidad de detenernos o bajar del autocar, para apreciar ello, puesto que esta carretera (que sigue siendo asfaltada) discurre por lo que en tiempos debió ser, la ruta natural de...  "uña de caballo o pata de camello" y es claro que a lo largo de la misma, se fueron construyendo toda esta enorme cantidad de fortalezas, las que también servirían para... "saquear al caminante, bien de grado, o a la fuerza"... "pues aquí como en tantos lugares del mundo, existiría de todo... como en la viña del Señor" (Alá, Jehová, Brahma, Manitú, etc. etc.... Dios, "en una genérica palabra").

            Como ya he dicho, la carretera sigue siendo de asfalto, si bien en largos tramos es muy estrecha, lo que obliga al conductor  a ir muy pendiente de la circulación y por lo que más adelante diré.

            A "media mañana" llegamos a "Keláa des Mgouna", ciudad que aquí en Marruecos está considerada como... "la capital del Valle de las Rosas"... y donde nos detenemos para tomar un refrigerio. Este valle (u oasis de gran extensión) es fertilizado por un gran río (al menos me lo parece, por las aguas que trae) que como todos los de esta parte de Marruecos, procede del "Alto Atlas" y de sus deshielos y las que fertilizan todo este extenso territorio, situado entre montañas y colinas desérticas. En él existe la mayor producción del mundo de "agua de rosas" (así nos lo afirma Nordín) la que también desde aquí, es exportada a muchas partes de ese mundo; pero hay que hacer una aclaración curiosa e interesante por demás y que confirma, lo que antes he dicho de que "aquí se aprovecha todo" y que el agricultor musulmán, ha estudiado "todo", por pura necesidad de supervivencia.

            El "rosal" no se cultiva aquí, ese agua de rosas, no se extrae del tipo de "rosal" que nosotros conocemos y que podemos ver en muchos de nuestros jardines (incluso públicos) no... ese agua, es extraída o destilada de un tipo de "rosal silvestre", el que aquí "cultivan" (si así se puede denominar este tipo de cultivo) de forma en que con el obtienen, "unas defensas necesarias"... Este tipo de rosal, me da la sensación, que es igual o muy parecido, al que en España conocemos (al menos en mi tierra se denomina así) como "escaramujo" y el que también en nuestra tierra andaluza, "se da en estado silvestre" y sirve incluso como soporte (mediante el oportuno injerto) para fortalecer al "rosal de jardín". Pues bien, este tipo de "escaramujo", lo emplean estos inteligentes agricultores, como un seto para delimitar y proteger sus cultivos, los que así protegidos (supongo) se defienden mucho mejor de los vientos abrasadores de estos desiertos, ya que este "escaramujo" crece muy denso y debe ser "durísimo" y precisamente por ello, existen enorme cantidad de estos setos de rosales silvestres y de cuyas flores, es extraída ese agua antes mencionada, la que por su valor, aporta un gran "monto" a la economía de toda esta zona y mientras al propio tiempo, con estos setos compuestos de rosales silvestres... protegen las tierras fértiles (como antes indiqué) y de las que obtienen el sustento, que -seguro- es... "anterior y mucho más preciso que, todo el agua de rosas, del mundo".

             Destaco igualmente, que en todo el viaje he "encontrado" (y seguiré encontrando) gran cantidad de olivos, los que proliferan bien entre las palmeras de estos oasis ("curiosamente he visto y comprobado, que donde existen palmeras, pueden existir (y quizá protegidos por ellas) los olivos"). Son olivos grandes, muchas veces mal cuidados (así me lo parecen) y "destartalados" por una carencia de la poda necesaria y que en muchas de las tierras del Sur de España, se les aplica cada año; esto último lo afirman y confirman personas entendidas que vienen en el autocar y que son propietarios de grandes plantaciones de olivos en tierras de Jaén ("miles de árboles") y destaco lo referente al olivo, ya que procedo y soy nativo de una tierra que está considerada como "la de mayor producción de aceite de oliva del mundo" (la provincia de Jaén, cuenta entre 45/50 millones de olivos adultos y en plena producción aceitera, siendo la principal y "vital" riqueza de esta provincia, que cuenta con casi 14.000 km2 y casi 700.000 h.) y "destaco lo de los olivos", por cuanto estas "estampas de ellos en el desierto africano", me confirman la gran dureza del "árbol de Minerva", pues aquí... "aguantan y producen junto al ardiente desierto y en mi tierra lo hacen, incluso rozando las nieves de las montañas"...?. Y además "viven cientos de años".

            Llegados a un punto del camino... "suena el himno a Jaén", el que sorprendidos oímos a través de los altavoces del autocar y lo que nos causa cierta emoción por lo inesperado del hecho, máxime al encontrarnos en estos lugares.-Se trata de "un detalle" de Carlos, el que con ello nos recuerda a la capital de nuestra provincia y a algunos... "el lugar donde vimos la luz por primera vez", es claro que nos agrada ello y así se lo decimos y confirmamos. El nos dice sonriendo que... "lo ha hecho sonar en el punto más lejano de este "Sur" donde hemos llegado... puesto que desde aquí, ya será camino de regreso hacia nuestros hogares".

            Cruzamos por uno de tantos lugares habitados, por los que estamos pasando y donde al borde de la misma carretera y en lugares "totalmente estériles"... existen los pequeños cementerios de estas poblaciones beréberes y los que me parecen "sobrecogedores", precisamente por su simpleza y sencillez, lo que denota, al menos para mí... "una enorme grandeza humana" y la que trataré de explicar o describir.

            Se trata de recintos (generalmente cuadrados o rectangulares) protegidos por unas tapias de baja altura (1,50 m. aproximados) y construidos de "tapial" (son de tierra apisonada). En estos lugares entierran a sus muertos estas gentes y de la siguiente forma... "es lavado el cadáver, para que regrese limpio a la tierra, puesto que así vino cuando nació"; desnudo y envuelto en un lienzo o sábana blanca, es depositado en esta tierra y cubierto con esta aridísima tierra desértica, en posición en que su cabeza quede señalando la dirección de La Meca... le rezan las oraciones que prescribe su religión y que son de muy corta duración y después, simplemente colocan en un determinado lugar de esta humilde sepultura... "solo una piedra"... una piedra de pequeño tamaño y "un poco más grande" de las que allí proliferan y nada más... "no escriben nada, ni tampoco gravan nada en dicha piedra"...?.  Ello me ha sorprendido y emocionado al saberlo, pues -repito- allí no existirá ninguna otra señal o marca, pues "has de fijarte mucho, para ver esas piedras encima de esas pequeñas protuberancias térreas, que cubren a los cadáveres"... por tanto deduzcamos que... "aquellos cuerpos volverán a la madre tierra y de la que en su día partieron... tan anónimos como cuando se produjo aquel hecho". "Veo en este proceder, algo hermoso, ya que es una lección a los que practican cualquier tipo de ostentosos entierros y dejan para la posteridad las ostentosas e inútiles tumbas o túmulos suntuarios, que sorprenden por su mayor o menor magnificencia". En el Norte de Marruecos, las tumbas suelen ser de yeso en el perímetro de las mismas (son parecidas a esas tumbas "humildes", que en tierra, se ven en "ciertos" cementerios de poblaciones pequeñas, en nuestra España) son también de ladrillo, pero sencillas y simplemente pintadas con cal; también suelen tener un "azulejo", el que sujeto a esta modesta obra, lleva inscrito el nombre del difunto, la fecha de su muerte y quizá "algo más"; pero -repito- todo ello escrito en un azulejo de unos 20/25 centímetro cuadrados; en resumen, sencillez muy destacable, que se aprecia, simplemente al pasar por estos "campos santos", como por ejemplo en la ciudad de Fez, donde casi, "forzosamente has de ver uno de ellos, puesto que está a caballo en el itinerario turístico" y como es de gran extensión... "has de verlo".

            Pero volvamos al Sur y al desierto donde nos encontramos.

            Estas gentes, también suelen edificar sus casas y dependencias para ganados, graneros, etc., en terrenos también estériles y al borde de las tierras cultivables de sus oasis; estimo que ello es precisamente para aprovechar esas tierras al máximo y obtener a las mismas el mayor rendimiento en alimentos... y al escribir esto, recuerdo de "algo" que dice el denominado... "Libro de la Sabiduría" y el que fuera escrito hace miles de años, por aquellos enigmáticos egipcios y el que orientando al que no sepa, dice..."no construyas tu casa en tierra cultivable y que mañana puedas necesitar"... más o menos así reza en dicho libro ("que no poseo en mi biblioteca") y desde luego pienso que es muy acertada esa recomendación, a la que también parece ser aplicaban a las tumbas, pues sabido es que aquellos egipcios enterraban a sus muertos en el desierto... "claro que en lo de los entierros, si que fueron bastante ostentosos, pues rindieron un excesivo culto a la muerte"... lo que demuestra unas contradicciones notables y que no son entendibles, si analizamos los dos extremos... "aunque quizá, también se explique, si ellos daban mucha mayor importancia y valor a la tierra que producía el alimento, que a los tesoros "estériles" que sepultaban junto a sus muertos"...? (quien sabe).

 

Antonio García Fuentes

www.jaen-ciudad.es (aquí muchos más temas)

 

Jaén: 24 de Agosto del 2018