Las Noticias de hoy 10 Septiembre 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 10 de septiembre de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus del Papa: «Jesús enseña a hacer el bien sin clamores ni ostentación»

Francisco recuerda la Beatificación de Madre Alfons María: mujer valiente y sabia

EXTIENDE TU MANO: Francisco Fernández-Carvajal

“La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón!”: San Josemaria

Un corazón caldeado por la Palabra: respirar con la Sagrada Escritura (II): Guillaume Derville

Hacer el bien es siempre algo grande: Alfonso Aguiló

Segundo Mandamiento: JoséMartínez Colín

Mentir, un abismo contra la verdad: Mary Velázquez Dorantes

Titulo. Boletín de IX: Real Oratorio Del Caballero de Gracia

¿Qué siente el niño cuando sus padres se separan: Paulino Castells

No deseo morir pero me estoy muriendo.: Leo J. Mart.

Sexualidad (Algunas reflexiones): Jose Luis Velayos

La justicia está en la desigualdad cristiana: Plinio Corrêa de Oliveira

¿Cómo podemos amar a Dios si no lo vemos?: Acción Familia

Perú: situación de las micro y pequeñas empresas: ALFREDO PALACIOS DONGO

La existencia de grupos: Domingo Martínez Madrid

Las fake news,: JD Mez Madrid

El ‘parlanchinismo’ no es bueno: Xus D Madrid

V I A J E   A   M A R R U E C O S:     Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Ángelus del Papa: «Jesús enseña a hacer el bien sin clamores ni ostentación»

El Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio Dominical (cf. Mc 7,31-37) que relata la milagrosa curación de Jesús a un sordomudo, y explicó que el modo de actuar del Maestro, "siempre discreto", es el estilo que todos los cristianos estamos llamados a imitar.

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

En la soleada mañana del 9 de septiembre, XXIII Domingo del tiempo ordinario, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus junto a miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Actuar como Jesús: hacer el bien con discreción

Reflexionando sobre el Evangelio Dominical (cf. Mc 7,31-37), que relata la milagrosa curación de Jesús a un sordomudo entre la multitud que lo seguía en las proximidades del mar de Galilea, el Santo Padre destaca la forma de actuar que caracteriza al Señor:

"Siempre con discreción. No quiere impresionar a la gente, no está en la búsqueda de popularidad o éxito, sino que sólo quiere hacer el bien a las personas. Con esta actitud, Él nos enseña que el bien debe hacerse sin clamores y sin ostentación, sin hacer sonar la trompeta, va realizado en silencio".

El Hijo de Dios comprende el dolor humano e interviene

En cuanto al gesto sanador perpetrado por el Maestro, quien "pone sus dedos en los oídos del sordomudo y con su saliva le toca la lengua"; el Pontífice explica que hace referencia a la Encarnación:

Lea también

 

Ángelus del Papa del 9 de septiembre de 2018

09/09/2018

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Ángelus del Papa del 9 de septiembre de 2018

"El Hijo de Dios es un hombre plenamente integrado en la realidad humana, por lo tanto, puede comprender la condición dolorosa de otro hombre e interviene con un gesto en el que está implicada toda su propia humanidad", asegura Francisco haciendo hincapié en que, al mismo tiempo, Jesús quiere hacer entender que el milagro se produce por su unión con el Padre:

«Por esta razón, levantó su mirada al cielo. Luego suspiró y pronunció la palabra resolutiva: "Effatá", que significa "Ábrete". Y al instante el hombre fue sanado: sus oídos se abieron, su lengua se soltó. La sanación era para él una "apertura" a los demás y al mundo».

El ser humano necesita una doble curación: del cuerpo y del alma

Por otra parte, el Obispo de Roma señala que esta historia refleja además, la necesidad que tenemos de una doble curación.

"En primer lugar, la curación de la enfermedad y el sufrimiento físico, para restaurar la salud del cuerpo, si bien este objetivo no es plenamente alcanzable en el horizonte terrenal, a pesar de los esfuerzos de la ciencia y la medicina".

"Pero hay una segunda sanación, quizás más difícil, - dice el Papa- y es la sanación del miedo que nos empuja a marginar a los enfermos, a los que sufren, a los discapacitados".

Al respecto, el Santo Padre advierte que hay muchas maneras de marginar, incluso a través de una "pseudo lástima" que experimentamos por el otro, o con la tendencia directa a eliminar el problema:

"Nos quedamos sordos y mudos ante los dolores de las personas marcadas por enfermedades, angustias y dificultades. Demasiadas veces el enfermo y el sufriente se convierten en un problema, mientras que deberían ser una oportunidad para mostrar la preocupación y la solidaridad de una sociedad hacia los más débiles", añadió.

El milagro de"Effatá": vivir en comunión con Dios y los hermanos

De esta manera, «Jesús nos reveló el secreto de un milagro que también nosotros podemos repetir, convirtiéndonos en protagonistas de "Effatá", de esa palabra "Ábrete" con la que Él devolvió la voz y el oído al sordomundo», afirma el Sucesor de Pedro, asegurando que se trata de abrirnos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas que sufren y necesitan ayuda, evitando el egoísmo y el cierre del corazón.

«Es precisamente el corazón, es decir, el núcleo profundo de la persona, lo que Jesús vino a "abrir", a liberar, a hacernos capaces de vivir plenamente nuestra relación con Dios y con los demás. Él se hizo hombre para que el hombre, sordomudo interiormente por el pecado, pueda escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y así aprenda a hablar, a su vez, el lenguaje del amor, traduciéndolo en gestos de generosidad y entrega», concluye el Pontífice alentando a todos a encomendarse a la Virgen María «que estuvo totalmente "abierta" al amor del Señor»; para que ella «nos ayude a experimentar cada día en la fe, el milagro de "Effatá", y vivir así en comunión con Dios y con nuestros hermanos».

 

 

Francisco recuerda la Beatificación de Madre Alfons María: mujer valiente y sabia

Tras rezar el Ángelus en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco dedicó un saludo especial con motivo de la beatificación de Madre Alfons María, en el siglo Elizabeth Eppinger; fundadora de la Congregación de las Hermanas del Divino Redentor, en Francia.

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

Después de rezar a la Madre de Dios, el Santo Padre dirigió unas palabras especiales con motivo de la beatificación de la Beata Madre Alfons María, fundadora de la Congregación de las Hermanas del Divino Redentor, que se celebró el 9 de septiembre en Estrasburgo, Francia.

"Damos gracias a Dios por esta mujer valiente y sabia, que sufriendo, callando y orando, dio testimonio del amor de Dios, sobre todo a cuantos estaban enfermos del cuerpo y del espíritu. ¡Todos juntos demos un aplauso a la nueva Beata!", pidió el Papa.

Una misionera al servicio de los más pobres

Tras fundar la congregación, Madre Alfons María, transmitió durante 18 años a mujeres y jóvenes de diversas nacionalidades su deseo ardiente de dar a conocer el amor de Jesucristo Redentor a todos los hombres, a través de gestos, actitudes y servicios sociales que aliviaran sus sufrimientos y despertaran en sus corazones la esperanza.

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04/09/2018

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La misión de las Hermanas del Divino Redentor fue confirmada por la Iglesia en el año 1866.

"La Casa de María es Casa de cada familia"

El Obispo de Roma, también recordó la Fiesta de la Natividad de María, celebrada el 8 de septiembre con gran alegría y de modo particular en el Santuario Pontificio de la Santa Casa en Loreto, en Italia; la cual comenzó con una propuesta concreta de espiritualidad para las familias: "La Casa de María es Casa de cada familia".

"Encomendamos a la Virgen Santa la iniciativa de este Santuario y a todos aquellos que en diversos modos forman parte de ella", añadió el Pontífice.

Saludo a los peregrinos

Por último el Papa saludó con afecto a todos los peregrinos de Roma y del mundo, presentes en la Plaza de San Pedro a la hora del rezo del Ángelus; así como a las familias y grupos parroquiales.

En especial, "saludo a los fieles de la diócesis de Como, a los jóvenes participantes en el encuentro promovido por La Obra de la Iglesia, los confirmandos de Prevalle".

"Deseo a todos un buen domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!", concluyó.

 

 

EXTIENDE TU MANO

— El Señor no pide cosas imposibles: nos da la gracia para ser santos.

— Luchar en lo pequeño, en aquello que está a nuestro alcance, en lo que nos aconsejan en la dirección espiritual.

— Docilidad a lo que cada día nos pide el Señor.

I. Entró Jesús un sábado en la sinagoga, donde había un hombre que tenía una mano seca. San Lucas precisa que era la derecha1. Y le observaban los escribas y los fariseos para ver si curaba en sábado. La interpretación farisea de la Ley solo permitía aplicar remedios médicos en este día dedicado al Señor si había peligro inminente de muerte; y este no era el caso de aquel hombre, que ha acudido a la sinagoga con la esperanza puesta en Jesús.

El Señor, que conocía bien los pensamientos y las intrigas de aquellos que amaban más la letra de la Ley que al Señor de la Ley, le dijo al hombre de la mano enferma: Levántate y ponte en medio. Y levantándose se puso en medio. Y Jesús, mirando a su alrededor, fijando su vista en todos ellos, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y este hombre, a pesar de sus experiencias anteriores, se esforzó en lo que decía el Señor, y su mano quedó curada. Aquel enfermo sanó ante todo gracias a la fuerza divina de las palabras de Cristo, pero también por su docilidad en llevar a cabo el esfuerzo que se le pedía. Así son los milagros de la gracia: ante defectos que nos parecen insuperables, frente a metas apostólicas que se ven excesivamente altas o difíciles, el Señor pide esta misma actitud: confianza en Él, manifestada en el recurso a los medios sobrenaturales, y en poner por obra aquello que está a nuestro alcance y que el Maestro nos insinúa en la intimidad de la oración o a través de la dirección espiritual.

Algunos Padres de la Iglesia han visto en estas palabras del Señor, «extiende tu mano», la necesidad de ejercitar las virtudes. «Extiéndela muchas veces –comenta San Ambrosio–, favoreciendo a tu prójimo; defiende de cualquier injuria a quien veas sufrir bajo el peso de la calumnia, extiende también tu mano al pobre que te pide; extiéndela al Señor, pidiéndole el perdón de tus pecados: así es como se debe extender la mano, y así es como se cura»2, realizando pequeños actos de aquellas virtudes que deseamos adquirir, dando pequeños pasos hacia las metas a las que queremos llegar. Si nos empeñamos, la gracia realiza maravillas con estos esfuerzos que parecen poca cosa. Si aquel hombre, fiado más de su experiencia de otras veces que de las palabras del Señor, no hubiera puesto en práctica lo poco que se le pedía, quizá hubiera seguido el resto de su vida con una mano inútil. Las virtudes se forjan día a día, la santidad se labra siendo fieles en lo menudo, en lo corriente, en acciones que podrían parecer irrelevantes, si no estuvieran vivificadas por la gracia.

«Cada día un poco más –igual que al tallar una piedra o una madera–, hay que ir limando asperezas, quitando defectos de nuestra vida personal, con espíritu de penitencia, con pequeñas mortificaciones (...). Luego, Jesucristo va poniendo lo que falta»3. Él es el que realmente realiza la obra de la santidad y el que mueve las almas, pero quiere contar con nuestra colaboración, obedeciendo en aquello que nos indica, aunque parezca insignificante, como extender la mano. Esto nos lleva a una lucha ascética alegre y a no desanimarnos jamás. En lo pequeño está nuestro poder.

II. Extiende tu mano..., esfuérzate en esa trama de cosas menudas que componen un día. Muchas metas se quedan sin alcanzar porque no estamos firmemente convencidos de la ayuda de la gracia divina, que hace sobrenaturalmente eficaces los pequeños esfuerzos.

La tibieza paraliza el ejercicio de las virtudes, mientras que estas con el amor cobran alas. El amor ha sido el gran motor de la vida de los santos. La tibieza hace que parezcan irrealizables los más pequeños esfuerzos (una carta que hemos de escribir, una llamada, una visita, una conversación, la puntualidad en el plan de vida diario...); forma una montaña de un grano de arena, La persona tibia piensa que, aunque el Señor le pide que extienda su mano, ella no puede. Y, como consecuencia, no la extiende... y no se cura. Por el contrario, el amor hace que los pequeños actos de virtud que realizamos desde la mañana hasta la noche tengan una eficacia sobrenatural enorme: forjan las virtudes, liman los defectos y encienden en deseos de santidad. Como una gota de agua ablanda poco a poco la piedra y la perfora, como las gotas de agua fecundan la tierra sedienta, así las buenas obras repetidas crean el buen hábito, la virtud sólida, y la conservan y aumentan4. La caridad se afianza en actos que parecen de poco relieve: poner buena cara, sonreír, crear un clima amable a nuestro alrededor aunque estemos cansados, evitar esa palabra que puede molestar, no impacientarnos en medio del tráfico de la gran ciudad, ayudar a un compañero que aquel día va un poco más retrasado en su trabajo, prestar unos apuntes a quien estuvo enfermo...

Los defectos arraigados (pereza, egoísmo, envidia...) se vencen, tratando de vivir la escena evangélica y recordando el mandato de Cristo: Extiende tu mano. Se mejora si, con la ayuda del Señor, se lucha en lo poco: en levantarse a la hora prevista y no más tarde; en el cuidado del orden en la ropa, en los libros; si se busca servir, sin que apenas se note, a quienes conviven con nosotros; si procuramos pensar menos en la propia salud, en las preocupaciones personales; si sabernos elegir bien un programa de televisión o apagarla si resulta inconveniente... Él continuamente nos dice: extiende tu mano, haz esos pequeños esfuerzos que te sugiere el Espíritu Santo en tu alma y los que te aconsejan en la dirección espiritual para superar esa incapacidad, a pesar de haber fracasado en otras ocasiones.

Porque contamos con la gracia del Señor, la santidad depende en buena parte de nosotros, de nuestro empeño dócil y continuado. Se cuenta de Santo Tomás de Aquino, que tenía fama de ser hombre de pocas palabras. Un día le preguntó su hermana qué hacía falta para ser santos. Y casi sin detenerse, según iba andando, contestó el Santo: QUERER. Nosotros pedimos al Señor que de verdad queramos ir cada día a Él, obedeciendo en las metas que nos han indicado en la dirección espiritual.

III. Aquel hombre de la mano paralizada fue dócil a las palabras de Jesús: se puso en medio de todos, como le había pedido el Señor, y luego atendió a sus palabras cuando le dijo que extendiera aquella mano enferma. La dirección espiritual personal se engarza con la íntima acción del Espíritu Santo en el alma, que sugiere de continuo esos pequeños vencimientos que nos ayudan eficazmente a disponernos para nuevas gracias. Cuando un cristiano pone de su parte todo lo posible para que las virtudes se desarrollen en su alma –quitando los obstáculos, alejándose de las ocasiones de pecar, luchando decididamente en el comienzo de la tentación–, Dios se vuelca con nuevas ayudas para fortalecer esas virtudes incipientes y regala los dones del Espíritu Santo, que perfeccionan esos hábitos formados por la gracia.

El Señor nos quiere con deseos eficaces, concretos, de ser santos; en la vida interior no bastan las ideas generales. «¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? —Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. —Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. —Y trozos de hierro. —Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas...

»¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?... —¡A fuerza de cosas pequeñas!»5.

Es frecuente que al hablar de santidad se hagan notar algunos aspectos llamativos: las grandes pruebas, las circunstancias extraordinarias, el martirio; como si la vida cristiana vivida con todas sus consecuencias consistiera forzosamente en esos hechos y fuera empresa de unos pocos, de gente excepcional; y como si el Señor se conformara, en la mayoría de las gentes, con una vida cristiana de segunda categoría. Por el contrario, hemos de meditar hondamente que el Señor nos llama a todos a la santidad: a la madre de familia atareada porque apenas tiene tiempo para sacar adelante la casa, al empresario, al estudiante, a la dependienta de unos grandes almacenes y a la que está al frente de un puesto de verduras. El Espíritu Santo nos dice a todos: esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación6. Y se trata de una voluntad eficaz, porque Dios cuenta con todas las circunstancias por las que va a pasar la vida y da las gracias necesarias para actuar santamente.

Para crecer en las virtudes, hemos de prestar atención a lo que nos dice el Señor, muchas veces por intermediarios, y llevarlo a la práctica. «Ejemplo sublime de esta docilidad es para todos nosotros la Virgen Santísima, María de Nazaret, que pronunció el “fiat” de su disponibilidad total a los designios de Dios, de modo que el Espíritu pudo comenzar en Ella la realización concreta del plan de salvación»7. A nuestra Madre Santa María le pedimos hoy que nos ayude a ser cada vez más dóciles al Espíritu Santo, a crecer en las virtudes, luchando en las pequeñas metas de este día.

1 Lc 6, 6-11. — 2 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, in loc. — 3 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 403. — 4 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, vol. I, p. 532. — 5 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 823. — 6 1 Tes 4, 3. — 7 Juan Pablo II, Alocución 30-V-1981.

 

 

“La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón!”

Si alguna vez caes, hijo, acude prontamente a la Confesión y a la dirección espiritual: ¡enseña la herida!, para que te curen a fondo, para que te quiten todas las posibilidades de infección, aunque te duela como en una operación quirúrgica. (Forja, 192)

La sinceridad es indispensable para adelantar en la unión con Dios.
–Si dentro de ti, hijo mío, hay un "sapo", ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el "sapo" en la Confesión, ¡qué bien se está! (Forja, 193)
¡Dios sea bendito!, te decías después de acabar tu Confesión sacramental. Y pensabas: es como si volviera a nacer.
Luego, proseguiste con serenidad: «Domine, quid me vis facere?» –Señor, ¿qué quieres que haga?
–Y tú mismo te diste la respuesta: con tu gracia, por encima de todo y de todos, cumpliré tu Santísima Voluntad: «serviam!» –¡te serviré sin condiciones! (Forja, 238)
La humildad lleva, a cada alma, a no desanimarse ante los propios yerros.
–La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón! (Forja, 189)

Si yo fuera leproso, mi madre me abrazaría. Sin miedo ni reparo alguno, me besaría las llagas.
–Pues, ¿y la Virgen Santísima? Al sentir que tenemos lepra, que estamos llagados, hemos de gritar: ¡Madre! Y la protección de nuestra Madre es como un beso en las heridas, que nos alcanza la curación. (Forja, 190)

 

Un corazón caldeado por la Palabra: respirar con la Sagrada Escritura (II)

La oración de Jesús estaba profundamente radicada en la Palabra de Dios. Así está llamado también a ser nuestro diálogo con Dios, en plena calle.

Vida espiritual04/07/2017

Opus Dei - Un corazón caldeado por la Palabra: respirar con la Sagrada Escritura (II)

Los Evangelios dejan entrever la frecuencia con que el Señor se refería a la Sagrada Escritura en su predicación. En una ocasión está hablando claramente acerca de su divinidad, de su ser uno con el Padre (cfr. Jn 5,19ss). Sus interlocutores le escuchan perplejos, e incluso escandalizados, y les dice: «Examinad las Escrituras, ya que vosotros pensáis tener en ellas la vida eterna: ellas son las que dan testimonio de mí» (Jn 5,39). La doctrina que oían de los labios de Jesús les parecía un desafío a su celo por proteger la fe de sus padres, porque debían todavía elevarse a una inteligencia mayor; debían prepararse para recibir, del mismo Dios, «toda la verdad» (Jn 16,13): la verdad viva, la verdad en Persona, que es Jesucristo. La Iglesia anima por eso a todos los cristianos a profundizar cada vez más en «el sublime conocimiento de Jesucristo (Flp 3,8) con la lectura frecuente de las divinas Escrituras»[1].

Qué sucedería si usáramos la Biblia como tratamos nuestro móvil? (...) Si leyéramos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono, ¿qué sucedería? (Papa Francisco)

El Prelado del Opus Dei nos invita a centrar una vez más la mirada en «la Persona de Jesucristo, a quien deseamos conocer, tratar y amar»[2]. Y como, a decir de san Jerónimo, «el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo»[3], la Sagrada Escritura solo puede tomar más importancia conforme avanzamos en nuestro camino cristiano, hasta el punto de que «respiremos con el Evangelio, con la Palabra de Dios»[4]. Si la Sagrada Escritura es «el alma de toda la teología»[5], también está llamada a estar en el centro de nuestro pensamiento y de nuestra vida. De un modo gráfico, el santo Padre planteaba en este sentido unas preguntas que dan que pensar: «¿qué sucedería si usáramos la Biblia como tratamos nuestro móvil? Si la llevásemos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo, ¿qué sucedería?; si volviésemos atrás cuando la olvidamos: tú te olvidas el móvil –¡oh!–, no lo tengo, vuelvo atrás a buscarlo; si la abriéramos varias veces al día; si leyéramos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono, ¿qué sucedería?»[6].

De la Escritura a la vida

Escribiendo a Timoteo, que estaba al frente de la Iglesia de Éfeso, san Pablo le recuerda: «desde niño conoces la Sagrada Escritura, que puede darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argumentar, para corregir y para educar en la justicia, con el fin de que el hombre de Dios esté bien dispuesto, preparado para toda obra buena» (2 Tim 3,15-17). El Apóstol dice literalmente, si atendemos al texto griego, que el hombre de Dios –quien vive de su Palabra– está “equipado” para actuar: tiene ya lo verdaderamente necesario para su vida de apóstol. Más rotundamente lo dice el salmista, en la extensa meditación sobre la Palabra de Dios que es el salmo 119: «Mejor es para mí la Ley de tu boca que montones de oro y plata» (Sal 119 [118], 72).

Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia (San Josemaría)

Jesús nos llama a identificarnos con Él, a vivir en Él. Y nos espera, como decía con frecuencia san Josemaría, en «el Pan y la Palabra»[7]: en su presencia silenciosa y eficaz en la Eucaristía, y en el diálogo, siempre abierto por parte de Dios, de la oración. Este diálogo, aun cuando discurre sobre mil cosas de nuestra vida cotidiana, encuentra su núcleo más íntimo en la Escritura. Así sería la oración de Jesús: profundamente radicada en la Palabra de Dios. Y así también está llamada a ser la nuestra. «Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra –obras y dichos de Cristo– no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia. –El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida. Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?...” –¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante. Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. –Así han procedido los santos»[8].

«Viva lectio est vita bonorum»[9], decía san Gregorio Magno: la vida de los santos es una lectura viva de la Escritura; una lectura encarnada, transformada en gestos, palabras, obras. Si los Padres de la Iglesia decían que, con la Encarnación, el Verbo de Dios se había abreviado[10], también en las vidas de los santos se abrevia Jesús: se hace pequeña la Palabra de Dios, para extenderse después por el mundo a través de sus obras y palabras. A medida que se suceden en la historia las generaciones de cristianos, «un día le anuncia el mensaje al otro día y una noche le da la noticia a la otra noche (…), se esparce su rumor por toda la tierra, y su pregón hasta los confines del orbe» (Sal 19 [18],3.5).

No es una casualidad, consideraba Benedicto XVI, «que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura»[11]: el vigor de esas ramas del gran árbol de la Iglesia se deriva de «la fuerza del Espíritu de Dios» (Rm 15,19), que «todo lo escudriña, incluso las profundidades de Dios» (1 Cor 2,10). También sucede así con las conversiones personales, y tantas vidas de profunda y ordinaria santidad que pasan ocultas a la historia, pero que actúan poderosamente sobre ella, de modos que solo Dios conoce: «¡La Iglesia está llena de santos escondidos!»[12]. Se alimentan, todos ellos, de la Escritura: porque aún más que de pan, el hombre vive «de toda palabra que procede de la boca de Dios» (Mt 4,4).

Más ricos de sus palabras

Para que la Palabra de Dios se convierta en alimento de nuestras almas, necesitamos desarrollar una actitud de escucha, incluso cuando aún no comprendamos bien lo que Dios nos quiere decir. Posiblemente al principio los apóstoles entendieron poco del discurso eucarístico del Señor en Cafarnaúm; pero san Pedro le dijo, de parte de todos –también de parte nuestra–: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Tampoco la Virgen entendía siempre todo lo que Jesús hacía y decía, pero escuchaba y meditaba con calma: «guardaba todas estas cosas en su corazón» (Lc 2,52).

«Todos podemos –comenta el Papa Francisco– mejorar un poco en este aspecto: convertirnos todos en mejores oyentes de la Palabra de Dios, para ser menos ricos de nuestras palabras y más ricos de sus Palabras. Pienso en el sacerdote, que tiene la tarea de predicar. ¿Cómo puede predicar si antes no ha abierto su corazón, no ha escuchado, en el silencio, la Palabra de Dios? (...). Pienso en el papá y en la mamá, que son los primeros educadores: ¿cómo pueden educar si su conciencia no está iluminada por la Palabra de Dios, si su modo de pensar y de obrar no está guiado por la Palabra? (...) Y pienso en los catequistas, en todos los educadores: si su corazón no está caldeado por la Palabra, ¿cómo pueden caldear el corazón de los demás, de los niños, los jóvenes, los adultos? No es suficiente leer la Sagrada Escritura, es necesario escuchar a Jesús que habla en ella»[13]. Si procuramos crecer siempre en esta actitud de escucha, que se nutre también del estudio y de la lectura espiritual, podremos decir cada vez más con el profeta Jeremías: «Cuando me encontraba tus palabras, las devoraba. Tus palabras eran un gozo para mí, las delicias de mi corazón»(Jr 15,16).

Lo que Jesús decía, su palabra, proviene del silencio y solo podía madurar allí. Por eso su palabra solo puede entenderse si también nosotros entramos en su silencio: si aprendemos a oírle desde su silencio (Benedicto XVI)

La lectura y meditación de la Escritura requiere tiempo y calma. «En la presencia de Dios, en una lectura reposada del texto, es bueno preguntar, por ejemplo: “Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? ¿Qué me molesta en este texto? ¿Por qué esto no me interesa?”, o bien: “¿Qué me agrada? ¿Qué me estimula de esta Palabra? ¿Qué me atrae? ¿Por qué me atrae?”»[14]. Al escuchar una charla, una clase, una homilía, las personas agradecen que se cite la Escritura, si se procura que estas referencias no sean algo ornamental, o un mero pretexto para hablar de un tema: se trata de que la Palabra de Dios fundamente e ilumine lo que se dice, y de que el texto sagrado esté arropado por el calor de quien lo ha estudiado y lo ha meditado, con la cabeza y el corazón.

También es necesario escuchar los silencios de Jesús. «Sabemos por los Evangelios –ha escrito recientemente el Papa emérito Benedicto XVI– que Jesús frecuentemente pasaba noches solo “en la montaña” en oración, en conversación con su Padre. Sabemos que lo que Jesús decía, su palabra, proviene del silencio y solo podía madurar allí. Por eso es lógico que su palabra solo pueda entenderse correctamente si también nosotros entramos en su silencio: si aprendemos a oírle desde su silencio. Ciertamente, para interpretar las palabras de Jesús, es necesario el conocimiento histórico, que nos enseña a entender el tiempo y el lenguaje de ese momento. Pero eso por sí solo no es suficiente si queremos entender en profundidad el mensaje del Señor. Quien hoy lee los comentarios sobre los Evangelios, cada vez más extensos, queda al final decepcionado. Aprende mucho acerca de esa época, así como muchas hipótesis que a fin de cuentas no contribuyen en absoluto a la comprensión del texto. Al final uno siente que en todo el exceso de palabras falta algo esencial: entrar en el silencio de Jesús, de donde nace su palabra. Si no podemos entrar en este silencio, siempre oiremos la palabra solamente en su superficie y no la comprenderemos realmente»[15].

De la mano de san Josemaría

«Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios»[16]. Y en la Obra, el Evangelio recibe una luz especial de las enseñanzas y de la experiencia vital de san Josemaría. Como él, entramos en la vida de Jesús «como un personaje más»: somos José, Simeón, Natanael, Simón de Cirene, Maria Magdalena… y sobre todo el mismo Cristo, hijos en el Hijo. Se ha dicho que, aunque puedes remediar el hambre de una persona dándole pescado, vale mucho más enseñarle a pescar. Del mismo modo, san Josemaría no solo nos dio sus glosas del texto sagrado, sino que también nos enseñó a leerlo: como un niño, contemplando. Sus enseñanzas nos ayudan a ahondar en el Evangelio, y el Evangelio mismo nos hace comprender mejor el espíritu que Dios le confió, que es «viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo»[17]. De ahí, por ejemplo, que algunas clases de formación cristiana empiecen con la lectura comentada del Evangelio; y que, en los Centros de la Obra, acabe la jornada con un sencillo y breve comentario del Evangelio del día.

Ya en el año 1933, San Josemaría tenía su elenco de 112 textos del Nuevo Testamento con algunas glosas ocasionales muy breves. Se trataba de un documento de ocho cuartillas manuscritas que había encabezado con la inscripción: «Palabras del Nuevo Testamento, repetidas veces meditadas»[18]. Cada uno tendrá quizá, de un modo u otro, su propio elenco, escrito en papel, o en el fondo del alma: palabras o gestos de Jesús, episodios o diálogos que nos hablan de un modo elocuente, que un día hemos leído u oído con una luz particular, sin que fuera necesario hablar de acontecimiento extraordinario: por el momento concreto, por el ambiente de nuestra alma, o alguna circunstancia... Quizá fueron como una respuesta a algo que buscábamos, o bien nos sorprendieron, o nos dieron seguridad. Nos confirmaron en la fe, en el camino, en el Amor. Nos hace mucho bien nutrir esa lectura personalísima del Evangelio, también al compás de la liturgia: a veces, un versículo del Nuevo Testamento nos servirá de meditación durante la jornada y será un medio de conservar la presencia de Dios.

La Virgen María nos acompaña en este camino para conocer a Cristo y seguirle de cerca, como los primeros doce[19]: «María, mujer de la escucha, haz que se abran nuestros oídos; que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las miles de palabras de este mundo (…). María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús sin vacilaciones (…). María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan “deprisa” hacia los demás, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, la luz del Evangelio al mundo»[20].

Guillaume Derville

* * *

Lecturas para profundizar

En www.collationes.org se puede consultar una lista de títulos de divulgación para profundizar en distintos aspectos y libros de la Sagrada Escritura.


[1] Concilio Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum (18-XI-1965), 25.

[2] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, 8.

[3] San Jerónimo, Comentariorum in Isaiam, Prólogo (PL 24, 17).

[4] F. Ocáriz, Carta pastoral, 5-IV-2017.

[5] Concilio Vaticano II, Decreto Optatam Totius (28-X-1965), 16.

[6] Francisco, Angelus, 5-III-2017.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 122.

[8] San Josemaría, Forja, n. 754.

[9] San Gregorio Magno, Moralia in Job 24,8,16: PL 76, 295.

[10] Cfr. Benedicto XVI, Ex. Ap. Verbum Domini (30-IX-2010), 12.

[11] Benedicto XVI, Verbum Domini, 48.

[12] Francisco, Homilía en Santa Marta, 11-V-2017.

[13] Francisco, Discurso, 4-X-2013.

[14] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (24-XI-2013), 153.

[15] Benedicto XVI, epílogo a la segunda edición inglesa de R. Sarah, La force du silence (Fayard, 2016; Ignatius, 2017).

[16] Benedicto XVI, Verbum Domini, 48.

[17] San Josemaría, Carta 9-I-1932, 91 (citado en E. Burkhart – J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, Rialp, Madrid 2010, vol. I, p. 17).

[18] Cfr. Francisco Varo, San Josemaría Escrivá de Balaguer, “Palabras del Nuevo Testamento, repetidas veces meditadas. Junio – 1933”, en Studia et Documenta 1 (2007) 259-286.

[19] Cfr. San Josemaría, Amigos de Dios, 299.

[20] Francisco, Oración a María, 31-V-2013.

 

Hacer el bien es siempre algo grande

Por: Alfonso Aguiló

Un hombre pasea tranquilamente por la playa a primera hora de la mañana y, a lo lejos, ve caminar a un niño.

Según se acerca a él, ve que de vez en cuando el niño se agacha, recoge algo entre la arena y lo lanza con fuerza al mar. Cuando ya está más cerca, ve que lo que recoge son estrellas de mar, atrapadas en la orilla al bajar la marea y condenadas a ahogarse al sol, y el chico las devuelve al agua para que puedan seguir con vida.

Cuando el hombre llega a la altura del niño, le pregunta: “¿Pero…, para qué haces eso? ¿No ves lo inmensamente grande que es el mar, con todas las playas que tiene, y los millones de estrellas que morirán a diario al bajar la marea? ¿No te das cuenta que lo que haces no cambia nada?”.

El niño le mira fijamente, con asombro, con perplejidad, duda un momento pero luego se agacha de nuevo, recoge otra estrella y la lanza al mar. Se gira hacia el hombre y le dice, mientras señala hacia el agua: “¿Usted cree? Por lo menos, para esta estrella sí que ha cambiado algo.”

Hay muchas ocasiones en que los grandes razonamientos pueden hacernos perder el sentido y la grandeza de lo que es hacer el bien, por pequeño que sea. Toda buena acción tiene sus buenas consecuencias, aunque quizá sean minúsculas, o se vean muy poco, o parezca que no cambian casi nada. Entre otras cosas porque hacer el bien es siempre algo grande.

Es verdad que la mayoría de las cosas que hacemos no cambiarán el mundo. Y es cierto que apenas aportan nada si se contemplan en términos de grandes estrategias globales. Pero también es cierto que cada pequeña acción buena es un bien para alguien, y quizá para esa persona, en su caso particular, ese bien no sea tan pequeño. No va a resolverle su vida, ni va a aliviar apenas su sufrimiento, ni evitará quizá que vuelva a pasar por esa misma necesidad al poco tiempo, pero es indudable que cada pequeño detalle de preocupación y cercanía con otra persona hace el mundo un poco mejor, más llevadero, menos difícil, más humano. Muchas veces, esos pequeños detalles que supuestamente no resuelven nada, son precisamente los que dan sentido a nuevos esfuerzos, los que nos hacen mejores a nosotros mismos, los que proporcionan a otros la energía y las ganas de vivir, los que invitan a no abandonar esa dinámica de preocuparnos unos por otros sin ampararnos en razonamientos que enfrían el corazón y narcotizan nuestros mejores sentimientos.

Si cada uno devuelve al mar cada día unas cuantas estrellas que encuentra en su camino, si cada día, cuando vemos algo que queremos cambiar dejamos de pensar en que esa tarea es inútil, en que somos pocos los que nos planteamos hacerlo, o que es una tarea que nos queda grande, que nos excede, si la gente tiene el pragmatismo de no ser tan pragmáticos, entonces haremos entre todos un mundo cada día un poco mejor. Y si los demás no lo hacen, lo hacemos nosotros y al menos así a nuestro alrededor lo lograremos un poco. Aunque sea cierto que lo que hacemos es como una gota en el océano, también es cierto que la realización de una buena acción genera en quien la realiza y su entorno una satisfacción y una inercia que nadie puede suplir, la alegría de hacer el bien, que siempre genera una cadena de buenas acciones, porque quien se sorprende ante los pequeños buenos detalles de los demás se siente impulsado, casi obligado, a hacer lo mismo con los demás.

 

 

Segundo Mandamiento

Padre JoséMartínez Colín
7 septiembre 2018

¿Sabemos santiguarnos?

  • Para saber

Cuando nos referimos a una persona lo hacemos por su nombre: “Pedro es un buen futbolista”. Si lo honramos, será por su nombre: “Pedro es muy trabajador y honrado”. Decir el nombre es referirse a toda la persona. Por ello, al nombre de Dios le debemos todo el respeto.

El Segundo Mandamiento nos lo indica: «No tomarás en falso el nombre de Yahveh, tu Dios» (Éxodo 20, 7). El Papa Francisco, siguiendo su catequesis sobre los Mandamientos, comenta que es una “invitación a no ofender el nombre de Dios y evitar usarlo inapropiadamente… de no usar el nombre de Dios en vano, de forma inoportuna”.

La expresión «en falso» quiere decir: «en vacío, vanamente». Es la característica de la hipocresía, del formalismo y de la mentira, de usar el nombre de Dios, pero vacío, sin verdad.

  • Para pensar

Cuando una persona vive una relación falsa con Dios, no está tomando en serio su nombre, y sus palabras se hacen poco creíbles. En cambio, quien lucha por llevar una relación sincera con Dios, gana en credibilidad y Dios puede obrar en él. Ese cristianismo toca los corazones. El Papa Francisco señala que los santos son capaces de tocar y mover los corazones porque en ellos vemos lo que nuestro corazón desea profundamente: autenticidad, relaciones verdaderas, radicalidad.

Se cuenta que hace años había en Inglaterra vivía Peter, un señor protestante, a quien visitaba semanalmente John, su amigo católico. En un ambiente amistoso charlaban y discutían las verdades de fe. Sin embargo, John se impacientaba al ver que a Peter no le convencían sus razones.

Sucedió que anunciaron que la Madre Teresa de Calcuta visitaría la ciudad y daría una conferencia. John animó a Peter para que asistiera, y finalmente fue.

Cuando se volvieron a ver, Peter lo recibió con mucha alegría y le dijo que estaba decidido para ingresar a la Iglesia Católica, pues las palabras de la Madre Teresa lo habían convencido. John, feliz también, le pidió le dijera cuáles palabras le convencieron. Peter le contó lo que había escuchado y al terminar, John, sorprendido, le dijo: “Pero Peter, todo eso yo ya te lo había dicho…” A lo que Peter le contestó: “Sí, es cierto, ¡pero ahora lo dijo la Madre Teresa!”

Como dice el Papa Francisco, los santos mueven los corazones. Pero también hay «santos de la puerta de al lado» como, por ejemplo, los muchos padres que dan a los hijos el ejemplo de una vida coherente, sencilla, honesta y generosa. Pensemos si nuestras palabras van acompañadas con la fuerza de nuestra vida.

  • Para vivir

Este segundo mandamiento nos recuerda que estamos bautizados «en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo», como afirmamos cuando hacemos la señal de la cruz, para vivir nuestras acciones cotidianas en comunión con Dios, es decir, en su amor. El Papa Francisco invitó a los padres para que enseñen a los niños a hacer la señal de la cruz en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque luego sucede que no saben o la hacen mal.

Al tomar el nombre de Dios con amor y respeto, se practica la primera petición del Padre Nuestro, «santificado sea tu nombre». Y Dios no dirá nunca «no» a un corazón que lo invoca sinceramente.

articulosdog@gmail.com

 

 

Mentir, un abismo contra la verdad

Mentir, un abismo contra la verdad.

Pareciera que es un recurso moderno, efectivo y sin defectos dentro de la vida del hombre. La mentira se ha convertido en una novedad disfrazada de «sobrevivencia» para muchos hombres y mujeres que dependen de ella. Algunos dicen no tolerarla, otros buscan disimularla; lo cierto es que mentir se ha convertido en una forma de disfrazar la verdad

Por: Mary Velázquez Dorantes

El que miente se escuda en el disimulo, oculta parte de la realidad y provoca graves consecuencias en una vida saludable física y espiritual. Sin embargo, ¿qué existe detrás de una persona que miente?, ¿cuáles son las consecuencias que se viven luego de un círculo mentiroso? Los efectos colaterales de la mentira traspasan la realidad, provocan dolor y enojo, generan un abismo contra la verdad, produciendo fantasías y separando a las personas como producto de la lejanía y el quiebre por mentir.

Las personas mentirosas buscan cómplices para vivir en una comodidad y no saberse descubiertos. Lo grave de una mentira comienza con el daño propio e individual de quien lo hace, seguido de consecuencias negativas en un juego de engaños y traición.

DOLOR AMARGO

Una de las principales consecuencias de la mentira es la puerta hacia la desconfianza, un daño que produce un terrible dolor. La mentira produce en las personas una sensación de pensamientos amargos, ruptura de los límites, ira y enojo. Al principio pareciera muy fácil mentir, dado que las mentiras son impulsos, disfraces; algunos han llamado a la mentira la forma pervertida de la humildad.

En medio de una vida de apariencias y competitividad, la mentira se ha convertido en una forma de actuar, produciendo situaciones que les parecen insignificantes a quienes lo hacen. Algunos mentirosos desconocen que la verdad tiene el efecto de unificar y crear lazos de comunidad. Es muy común que a través de las mentiras se viva en el individualismo, por lo que la exclusión y la separación es un factor en el que es fácil caer.

El mentiroso deja entrar la soledad, el desamor y la culpa, sentimientos que a largo plazo producen dolores amargos, sensaciones de rechazo, aislamiento social y una falta de respeto por sí mismo. Algunos mentirosos consideran que las fantasías o los sueños requieren de pequeñas dosis de mentiras, sin saber que la verdad es la única forma de vivir una vida plena, tranquila y equilibrada. Las mentiras producen altos índices de estrés, daño al cerebro y al cuerpo en general.

«MENTIRAS PIADOSAS»

Una persona promedio miente tres veces durante el primer minuto que está frente a un extraño; con personas de confianza suelen decir entre 10 y 200 mentiras al día. El 70% de la población en el mundo considera que se requiere de pequeñas mentiras, mientras que el Museo de la Ciencia de Londres ha revelado que los hombres mienten más que las mujeres.

Algunos expertos en comportamiento señalan que la mentira es una de las formas en las que se consiguen ciertas cosas en la vida, tales como sexo, dinero o poder. Otros estudios afirman que las mentiras pueden estar en el código genético; no obstante, la mayoría coincide en que mentir es un juego perturbador a largo plazo, provocando una lejanía entre la paz y la felicidad de quienes acuden asiduamente a la mentira, dado que la mentira es una forma de violencia hacia nuestro ser, enmascara la realidad, altera los hechos  y provoca confusiones que alteran la vida espiritual.

Las llamadas mentiras piadosas carecen de sentido, desencadenan manipulación y malentendidos.

Cuando se les pregunta a las personas sobre si es bueno mentir,  el 71% afirman que sí, mientras que un 57% cree que las mentiras piadosas son pequeñas. La psicología evolutiva coloca la verdad en el peldaño más alto sobre el saber vivir, además de señalar que las personas introvertidas tienen una mayor tendencia hacia la mentira.

ANTES DE MENTIR…

La mentira se puede volver una costumbre práctica, provocando una seducción por hacerlo y generar graves conflictos personales y sociales. Es por ello que te presentamos consejos útiles antes de mentir. Evitar ser un mentiroso te ayudará a ser una persona libre, tranquila y coherente:

Pregúntate hacia dónde te puede llevar esa mentira.

Considera si es necesario disfrazar el tema.

Evita controlar las situaciones o a las personas.

Busca la honestidad como virtud.

La verdad es más fácil y se recuerda más claro.

Crea un hábito de no mentiras.

Sé asertivo.

Evita fabricar historias falsas.

Acepta los errores propios y discúlpate.

 

 

Titulo. Boletín de IX

 

El texto. Queridos amigos, adjunto el boletín de septiembre, que podéis ver aquí. Perdonad el retraso del envío de este mes (estoy fuera de Madrid).
En octubre tendremos la alegría de poder venerar en el Oratorio los restos de la Venerable Guadalupe Ortíz de Landázuri, que será beatificada muy probablemente el 2019. El 5 de octubre habrá una Misa a las 20,15 de la tarde, oficiada por el Obispos Mons. Martinez Camino. 

Un cordial saludo, Juan M.

 

 

¿Qué siente el niño cuando sus padres se separan


   En la separación, ¡padres ante todo!
   Obviamente, los padres, como personas adultas y responsables (se supone que lo son) tienen todo el derecho a separarse cuando surja tal necesidad, pero si cabe, más derecho tiene el hijo a tener a sus padres.

   Aquí está el meollo del asunto: una cosa es separarse como pareja (nivel conyugal: relación de pareja) y otra, muy distinta, es separarse como padres (nivel parental: ejercicio de padres). Lo que pasa, muy a menudo, es que ambos niveles, conyugal y parental, aunque están en planos distintos en el contexto de la relación familiar, en la práctica se confunden entre ellos y se imbrican el uno al otro. Y durante la vorágine de la etapa de separación (en especial si es muy conflictiva), el ejercicio de la parentalidad decae, aunque sea temporalmente, porque predominan los problemas personales entre los cónyuges.

   Los padres no tendrían que perder nunca de vista la sentencia que preconizan dos autores franceses, Gérard Poussin y Anne Lamy, en su libro Custodia compartida: “El fracaso de la pareja conyugal no tiene por qué obstaculizar el triunfo de la pareja parental”.

   Pasemos a ver que experimenta el hijo cuando sus padres se separan.

   ¿Cuáles pueden
ser los sentimientos de tu hijo en el proceso de separación?

   Sensación de vulnerabilidad. Se rompe en mil pedazos el armazón de seguridad que el niño se había ido forjando en el día a día, percibiendo las muestras cotidianas -pequeñas o grandes, no importa- de que sus progenitores, sus cuidadores habituales, están pendientes de él y de su protección. Se rompe la continuidad de la familia como institución protectora. Todo se vuelve menos fiable y menos predecible (“¿cuándo volveré a casa de los abuelos?”, “¿qué haremos por Navidad?”, “¿en dónde pasaré el verano?”). Aparecen los miedos intensos y la ansiedad continua.

   Temor intenso a ser abandonados por sus progenitores. La mayoría de los niños están preocupados porque creen que sus necesidades no serán atendidas. Temen que, como la relación de pareja de sus padres se ha disuelto, suceda lo mismo con la relación padre e hijo: “Si papá se ha ido, ¿quién me asegura que ahora no se irá mamá? Si tú no quieres a papá, ¿cómo puedo estar seguro de lo que pasará más adelante? Quizás yo seré el próximo en no ser querido”.

   Un tercio de los hijos teme que su madre también les abandone. Pero, al progenitor que más temen perder es el que se ha ido de casa. Temen que pierda el amor que antes sentía por ellos. Este sentimiento explica ciertos comportamientos de los niños, en especial si son pequeños, como reticentes miedos nocturnos, ansiedad de separación de los padres, crisis de pánico, fobia escolar, etc.

   Sentimiento de tristeza y lástima. La reacción depresiva, en mayor o menor grado, casi siempre está presente. El psiquiatra neoyorquino Luis Rojas Marcos, expone en su pionero libro de referencia La pareja rota que, “con excepción de la muerte de la pareja amada, la separación y el divorcio son para la mayoría de las personas las experiencias más traumáticas y penosas de su vida”. Y estos amargos sentimientos están presentes tanto en los adultos como en los niños.

   Fantasías de reconciliación de los padres, en la que todo volvería a ser como antes. Estas fantasías perduran bastante tiempo en la mente del niño (y hasta del joven adulto). Recuerdo una niña de diez años que me afirmaba con total convencimiento: “Cuando sean viejecitos volverán a estar juntos” (y sus padres ya habían constituido nuevas parejas y tenían descendencia con ellas).

   Sentimientos de culpa. El niño cree que su vida “pesa” sobre sus dos progenitores como si fueran complicadas cargas y responsabilidades. Los niños oyen quejarse a los padres con comentarios desafortunados que se les escapan -que en sí son intrascendentes, pero que en un clima familiar tenso cobran otro significado-, del tipo:”¡Este niño está acabando conmigo!” o “¡Ya no lo aguanto más!”. Una tercera parte de los niños que asumen esta responsabilidad culpabilizadora suelen tener menos de ocho años.

   Podría seguir citando otros sentimientos que emergen en los hijos de padres separados, pero alargaría demasiado este apartado. Un único consejo para mitigar estas experiencias infantiles: que el niño sepa que, por encima de las desavenencias entre los padres, a él se le sigue queriendo igual.

   Cómo contárselo

   Aunque siempre es difícil sacar provecho de las malas noticias, los progenitores deben esforzarse en comunicar a sus hijos, de la manera más desapasionada posible, su decisión irrevocable de separarse. Brindo a continuación una explicación de la separación que acostumbra a funcionar bien cuando los niños son pequeños.

   Ambos padres, juntos y nunca por separado, le dicen a su hijo: “Mira, cariño, los papás a partir de ahora ya no vivirán juntos. Es la mejor manera de que papá y mamá sigan siendo amigos y no los veas discutir ni pelear. Y así nosotros te podremos seguir queriendo como siempre”.

   “No somos bichos raros” Los padres pueden empezar haciendo referencia a la cantidad de parejas que se separan, y señalar concretamente a familiares y amigos conocidos de los hijos. Asimismo, es muy importante que el niño entienda que no es un bicho raro si esto ocurre en su familia. Sus padres no son unos monstruos, sino personas normales y corrientes, e incluso encantadoras, que en su día vivieron muy enamorados, y de este amor nació él, el querido hijo. Pero, ahora sus padres han dejado de amarse, y así como es difícil vivir separado de alguien a quien se quiere, también es muy complicado hacerlo con quien no se congenia.

   “Seguimos siendo tus padres” Hay que hacerle entender al hijo que sus padres no han dejado de quererlo por el hecho de haberse separado. Que tampoco piense que es por culpa suya la separación de sus padres. Y que no eche la culpa a uno solo de sus padres, porque cuando dos personas se separan siempre es asunto de dos.

   Cómo resaltarle los aspectos positivos

   No vayáis a creer que en este apartado enumeraré las “virtudes” que conlleva la separación matrimonial. Dejemos las cosas claras: la separación implica un fracaso en la relación de pareja. Otra cosa bien distinta es que luego las cosas resulten beneficiosas para uno, varios o todos los miembros de la familia.

   Dile a tu hijo que:

   Con el tiempo, descubrirá que vivir con un padre o una madre feliz es mejor que vivir con dos padres desgraciados.

   Intimará por separado con cada uno de sus progenitores. Ahora vivirá con cada uno de ellos, en dos casas distintas, y tendrá la oportunidad de disfrutar de dos estilos de vida, dos maneras distintas de vivir.

   Podrá beneficiarse de las distintas aficiones de sus padres y participar de ellas (ir al fútbol, acampar en la montaña, jugar juntos los videojuegos, coleccionar sellos, ir de excursión en bici, etc.), que quizá no pudieron manifestar sus padres durante el tiempo que estuvieron juntos, porque ambos no compartían los mismos gustos.

   Será de gran ayuda para sus padres. Y no sólo por la compañía y el apoyo moral que les da en sus momentos de desánimo o tristeza, sino porque a partir de ahora cada uno de ellos tendrá que hacer solo las tareas que antes solían repartirse en casa. Cuentan con él para reconstruir el hogar.

   Decálogo para padres separados

   Extraídos del libro My Parents Still Love Me Even Though They’re Getting Divorced, de Lois Nightingale.

   Sinceridad. No dejes que tu hijo crea que “papá está de viaje por trabajo” o “todo va a ir bien”. Nuestros hijos son muy perspicaces. Saben si un padre está tratando de ocultar algo, aunque el propósito sea para protegerles. Los hijos necesitan respuestas sencillas que puedan entender fácilmente, sin tener que echar la culpa a nadie.

   No es su culpa. Deja que tus hijos sepan que no es por su culpa. Todos los hijos piensan que pueden ser responsables de la ruptura de sus padres. Durante los dos primeros años los niños necesitarán que les recordemos, de forma cariñosa, que el divorcio es una decisión tomada por sus padres en la que ni ellos ni su comportamiento tienen nada que ver.

   Escuchar. Los niños tienen muchas preguntas, sentimientos, suposiciones y preocupaciones sobre el divorcio. Muchos padres encuentran difícil algo tan simple como sentarse y escuchar en silencio lo que sus hijos dicen, sin interrumpirles con nuestras ideas preconcebidas. Necesitan sentirse tranquilos y relajados sabiéndose escuchados de forma atenta y paciente.

   Sentimientos. Déjales saber que es bueno que expresen sus sentimientos, cualesquiera que sean. Muchos niños ocultan sus sentimientos de tristeza, ira o dolor porque tienen miedo de que eso moleste a sus padres. Necesitan saber que todos sus sentimientos son aceptables.

   Volver. Tus hijos deben saber que es normal que quieran que sus padres vuelvan a estar juntos. Puedes explicar a tus hijos que, una vez divorciados, es improbable que los padres vuelvan a vivir juntos de nuevo, pero que su deseo de reconciliación es lo más normal del mundo. No deben sentirse avergonzados de sentir ese deseo, por otra parte, tan lógico.

   Seguridad. Transmite a tus hijos toda la seguridad de que seas capaz. A muchos niños les preocupa que, a causa del divorcio de sus padres, tengan problemas de comida, ropa o incluso alojamiento. Los niños que viven solo con su madre pueden necesitar saber que ella tiene un plan para protegerlos en caso de incendio, “ladrones o fantasmas”.

   Amigos. Habla con tus hijos acerca de amigos suyos con padres separados o divorciados. Esta es una buena manera de conocer los temores de tu hijo y sus ideas sobre los padres divorciados, y dan la oportunidad de aclarar conceptos erróneos y recordarles que muchos otros niños han pasado antes por lo que ellos están pasando.

   En medio. No trates que tu hijo tome partido por uno de los dos. No hables mal de tu expareja delante de tus hijos y tampoco utilices a tu hijo de mensajero. Los niños deben ser capaces de querer a ambos padres. No permitas que tus hijos se enganchen a un solo progenitor.

   Salir. Pasa tiempo con amigos. Tener una red de amigos que te apoyen evitará que tu hijo se convierta en tu confidente y en el responsable de tu bienestar emocional. Estar mucho tiempo a solas con ellos puede limitar tu capacidad para tolerar el día a día con tus hijos.

   Leer. Lee con tu hijo un libro (adecuado a su edad) que trate sobre el divorcio. Esto te ayudará a hablar con él de temas importantes y le permitirá formular preguntas que, de otra manera, no se le habrían ocurrido o no se atrevería a hacer.

   Por Paulino Castells

 

 

No deseo morir pero me estoy muriendo.

Leo J. Mart.

He tenido muy presente este soneto atribuido a Teresa de Jesús, y otros a Cervantes: 

< Ven muerte tan escondida que no te sienta venir, porque el placer de venir no me vuelva a dar la vida.> Cuando lo leí en mi juventud me escandalizó. Me preguntaba a la edad de 16 años: < ¿Cómo es posible que alguien pueda desear la muerte y al sentirla llegar volver a cobrar vida? >

Ahora que me estoy muriendo de una muerte anunciada, tres cánceres del colon y un tumor pulmonar, no deseo morir pero me estoy muriendo. Cada día es un paso más hacia la misma eternidad. No le temo a la muerte ni a la vida. Pero me estoy preparando por espacio de 52 años para la venida del ladrón, que vendrá sin avisar,  como lo anunció Jesús, y aún no acabo de estar listo, me falta mucho por reparar.

Claro que todo en la vida es rosca (tener amigos de influencias) en la escuela primaria saqué la medalla de honor porque le caí bien al profesor; en bachillerato me ofrecieron poner un aplaca con mi nombre como el mejor bachiller (sin mérito alguno de mi parte) porque le caí bien al profesor. Ahora espero que la Virgen, que es mi Madre, me preste los vestidos de su Hijo Jesús, y me presente con el traje de Bodas ante nuestro Padre celestial.

Recuerdo ahora algo gracioso, pero muy profundo, tengo dos hermanas. Una muy estudiosa que ganaba en el colegio todas las medallas y todos los diplomas y otra que perdía cada año. Mi abuelo les prometió a mis hermanas que si ganaban el año las llevaba de paseo a Cartagena. Mi madre cogió los diplomas y medallas de la hija estudiosa y se los puso a la hija que perdió el año y así la presentó ante su padre, mi abuelo. Las dos hermanas se fueron a pasear a Cartagena muy dichosas. Eso le pido yo a la Virgen, que me ponga los galardones y medallas de su Hijo y me presente así a su Padre para irme a gozar de Él eternamente.

Recuerdo ahora a mi abuela paterna, en su lecho de muerte a sus 92 años de edad, la visité y le dije: < abuela, su muerte está cercana, alístese para gozar de Dios eternamente> No esperaba yo su reacción. Se incorporó de su lecho y con energía me dijo: < ¡No puedo morirme hasta ver al último de mis hijos que ha dejado de tomar licor! > El Señor le concedió 4 años más de vida, pero no le concedió lo que pedía por sus hijos. Le concedió algo mayor. Mi padre tomó trago hasta 10 días antes de su muerte. Se confesó. Y me probó con hechos que había salvado su alma. Le doy gracias a Dios. Ahora tengo un tío que dejó el licor tiene más de 90 años, y dice que no tiene de qué confesarse porque no tiene ningún pecado. Este sí me preocupa, porque el que dice no tener pecado es un ladrón que va derecho al infierno eterno. Rezo por él.

Ahora digo yo: < No puedo morirme hasta ver a mis hijos firmes en la fe y que no les falte nada> Esto le pido al Señor con todas las fuerzas de mi alma.

Ayer recibí la Unción de los enfermos. El último sacramento, la Extremaunción. El sacerdote me aplicó en las dos manos y en la frente el óleo bendecido por el obispo. Y rezó con las oraciones de la Iglesia cosas lindas. Leyó el Evangelio donde el centurión le pide que cure a su siervo. Jesús le dice: < iré y le curaré> pero el centurión le advierte:          < Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarlo>  San Mateo 8,5-11 Eso le digo yo al Señor: < si quieres puedes curarme>

El sacerdote leyó la carta del apóstol Santiago 5, 13 donde consta la usanza de la unción de los enfermos desde la época de los apóstoles:

< ¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y que recen sobre él, después de ungirlo con óleo, en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo curará, y, si ha cometido pecado, lo perdonará. Así, pues, confesaos los pe­cados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente pa­ra que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Luego volvió a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produ­jo sus frutos. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados. >

También invocó el sacerdote a san Rafael, el arcángel que curó a Tobías.

Quererme morir no; pero temerle a la muerte no. La muerte viene sino se le espera y si se le espera no viene.

No siento ningún dolor, salvo chuzones de las agujas que cada que me las introducen pienso en la Pasión de Cristo y le digo: < ¿qué son, Señor, el chuzón de las agujas comparados con los azotes tuyos? >

Reza por Civitas, su Director, sus intenciones y la Junta de Gobierno. Mis intenciones son: santidad, fidelidad, almas y medios económicos para sacar adelante las obras que me pide Dios.

Dios te bendiga, 

leojamart@gmail.com

 

 

Sexualidad (Algunas reflexiones)

Desde hace tiempo se ha propugnado la separación de los aspectos unitivo (personalista, amoroso) y reproductor del acto sexual, aspectos que van, según su propia naturaleza, a la par, haya o no haya procreación como consecuencia del acto sexual. Desde antiguo se ha dado esta situación. Esta división es la que explica en gran medida las desviaciones que hoy día se observan en la sociedad.

Se considera que el diablo es el agente de la división, de la desunión. Por eso, se puede decir que la separación de los dos aspectos señalados es diabólica.

Uno de los hechos que hablan de división es la puesta en marcha de la llamada “píldora” anticonceptiva en los años sesenta del siglo XX. Se hicieron experimentos humanos en Puerto Rico, sin la debida correlación en animales de experimentación.  Fue  el 25 de julio de 1968, cuando el Beato Pablo VI publica la encíclica Humanae Vitae, en que establece claramente la inmoralidad de los actos que rompan la inseparable unión entre los procesos unitivo y procreativo, rechazando así el uso de la “píldora” y de todo lo que suponga tal ruptura.

A raíz de estos acontecimientos, se ha extendido la idea de que no es anómala la separación entre los procesos unitivo y procreador en la unión matrimonial. Como consecuencia, se ha dado una banalización del acto sexual, desconectado de su significado fundamental.

Manifestación de tal desvinculación es, entre otras, la fecundacion in vitro, tan extendida actualmente. En la técnica no hay proceso unitivo de los sexos, aunque puede haber fecundación, después de varios intentos, en los que se pierden embriones. En la Instrucción Donum Vitae, de 11 de marzo de 1987, se afirma que no todo lo técnicamente posible es lícito, refiriéndose, entre otros asuntos, a la fecundación in vitro.

Otro tema es el de la homosexualidad, (en que hay una clara separación de los dos aspectos) visto en algunos ambientes como algo fisiológico, incluso genéticamente determinado. Pero en este sentido, no se ha localizado el supuesto gen de la gaycidad, ni se ha visto que el cerebro del homosexual sea diferente. Probablemente haya diferencias neurales, aún no comprobadas.

El hipotálamo anterior es considerado sexualmente dimórfico, especialmente sus núcleos intersticiales (NIHA1, 2, 3 y 4). El núcleo NIHA1 es igual en ambos sexos. NIHA2 es mayor en el varón hasta los 50 años, edad en que también disminuye en la mujer. NIHA3 y 4 son mayores en el varón.

Se han buscado diferencias en NIHA3 entre heterosexuales y homosexuals; no se ha llegado a conclusiones certeras.

También se separan los dos significados, unitivo y procreador, en el onanismo (al que se hace referencia en la Biblia), en la masturbación (o vicio solitario); en la prostitución, sea femenina o masculina, considerada jocosamente como la profesión más antigua del mundo; en la llamada maternidad subrogada. También en el aborto provocado se agrede al sentido unitario de lo sexual, pues se elimina el fruto de tal unión, con lo cual se produce en consecuencia una grave ruptura.

 Y el argumento vale también para la pedofilia, la violación, y un largo etcétera. La imaginación, desbocada, puede traer al pensamiento innumerables desviaciones sexuales.

Con la ideología de género el hombre moderno se considera autónomo, se construye a sí mismo; pura voluntad autocreadora, que se convierte en un dios para sí mismo. Cada cual podría elegir su género, desligándose(separádose) de su ser natural. La tentación del “seréis como dioses” del Paraíso sigue vigente.

Hoy día, en algunos ambientes, hablar de sexo es equivalente a hablar de placer. Pero lo natural, biológico, como ya se ha dicho, es la conjunción de los dos aspectos (unitivo o amoroso y procreador o reproductor). En este sentido, algunos distinguen entre   erotismo y pornografía. En el consumidor de pornografía se activan las mismas zonas cerebrales que en el acohólico y el drogadicto (por ejemplo, la amígdala cerebral, el cuerpo estriado, la corteza cingular). Además, igualmente, tal consumo produce adicción.

Realmente, es difícil establecer distingos entre erotismo y pornografìa.  La temática es más pegajosa que la pez. El ser humano es animal, pero racional, con libertad; Sin embargo, en base a su libertad, tiene la posibilidad de comportarse irracionalmente.

Se hace necesario conocer la realidad biológica, científica, de lo que es la perpetuación de la vida, así como conocer y dar a conocer el Magisterio de la Iglesia en este sentido (la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, la Evangelium Vitae de Juan Pablo II, la Donum Vitae, la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, del Papa Francisco, el Catecismo de la Iglesia Católica, etc.), enseñanzas que no contradicen a la labor científica honrada, valiente, no ideologizada. Son documentos que dan valor, que enaltecen el don de la vida.

En todos los casos, por encima de todo, ha de respetarse a cada persona en cuestión. Todo ser humano tiene de  por sí una gran dignidad.

 

 

La justicia está en la desigualdad cristiana

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Es corriente el uso de los vocablos “derecha” e “izquierda” para calificar posiciones tomadas en los más variados temas: básicamente en cuestiones políticas, sociales o económicas, pero también en modos de sentir o de ser, como en literatura, en artes, etc.

Un examen de los diversos significados de estos términos hace ver, luego a primera vista, un tal caos que, según muchos observadores, aquellos vocablos perdieron cualquier valor como etiquetas calificativas de actitudes ideológicas, culturales o morales.

A pesar del talento, de la cultura y de la proyección publicitaria de muchos de los que desde hace tiempo así piensan, “derecha” e “izquierda” continúan entretanto palabras de uso corriente y, se diría, indispensable para quien proceda habitualmente a análisis ideológicos.

Este hecho parece demostrar que, en el centro de ellas, hay algo sustancioso y auténticamente expresivo. Hasta de insubstituible ‒al menos mientras el uso común no consagre otros vocablos que los sustituyan.

Tengo el propósito de analizar aquí ese “algo de sustancioso”, para ver con los lectores si mi modo de sentirlo corresponde al de ellos, al del público en general. Lo haré muy brevemente, dadas las limitaciones naturales de este trabajo periodístico.

* * * *

Comienzo haciendo notar que, en el significado de esas dos palabras correlacionadas, no todo es imprecisión. En él hay una zona clara. Definida esta, será posible detectar, “de proche en proche”, el camino que conduce, a través de los significados menos claros, hasta una elucidación final de lo que “derecha” e “izquerda” quieren decir.

La zona clara está en la palabra “izquierda”. En vista de la trilogía de la Revolución Francesa, aún en nuestros días el consenso general no duda en calificar de izquierdista perfecto y acabado a quien se afirme a favor, no de una Libertad, de una Igualdad y de una Fraternidad cualquiera, sino de la libertad total, igualdad total y de la fraternidad también total. De alguien que sea, en suma, un anarquista, en el sentido etimológico y radical de la palabra (del griego “an”, privativo, y “archê”, gobierno), con o sin la connotación de violencia o terrorismo.

Los izquierdistas moderados califican de utópico (“desgraciadamente utópico”, suelen decir) el sueño de su correligionario integral. Ninguno de ellos negará, sin embargo, la plena autenticidad izquierdista de esa utopía.

En función de ese marco de izquierdismo absoluto, es fácil discernir cómo ‒dentro de la escala izquierdista‒ un programa, o un método, puede ser calificado de más izquierdista, o menos. Es decir, será tanto más izquierdista, o menos, cuanto más se acerque o se aleje del “an‒arquismo” total.

Así, por ejemplo, el socialista es tanto más izquierdista cuanto más efectiva y general es la igualdad que reivindica. Y será integralmente izquierdista el que reivindique la igualdad total.

Análoga afirmación debe hacerse en relación a otro “valor” de la trilogía de 1789. Me refiero en especial al liberalismo político. Él será tanto más izquierdista cuanto más reclame la libertad total.

Bien entendido, hay ciertas contradicciones entre socialismo y liberalismo. Y esto conduce a fáciles objeciones contra lo que acabo de afirmar. Así, el totalitarismo económico fácilmente destruye la libertad política. Y recíprocamente. Pero esta contradicción existe sólo en las etapas intermedias que aún no son el anarquismo total, si bien predisponen para él. Porque tanto se puede llegar a este último por una libertad absoluta, cuanto ‒y principalmente‒ por una igualdad absoluta. La libertad absoluta propicia la ofensiva general de los que son o que tienen menos, contra los que son o tienen más. Y, a su vez, la igualdad completa importa en la negación de toda autoridad, y por tanto de toda ley. Estas dos vías tan diferentes no son paralelas que se encuentran en el infinito. Por más contradictorias que en la práctica del moderado cotidiano de hoy, convergen hacia el punto final “anárquico”, en el cual una y otra se encuentran y se completan.

Así, es cierto que, según el consenso general, el izquierdismo tiene su punto omega y su escala de “valores” bien definida.

* * * *

La cuestión consiste ahora en saber si lo tiene, de modo simétrico, la “derecha”.

Aquí, la confusión es innegable. Sin que ella llegue, sin embargo, a cortar el hilo conductor, el cual, análogo a lo que ocurre con la izquierda, conduce “de proche en proche” a una clasificación de los sutiles matices del derechismo.

Las palabras “derecha” e “izquierda” surgieron en el vocabulario político social y económico de la Europa del siglo XIX. El izquierdismo era una participación ideológica en el pensamiento y en la obra de algo todavía reciente y bastante definido en sus líneas generales, es decir, la Revolución Francesa. La izquierda no era sólo una negación volcánica de una tradición que parecía muerta, sino también y cada vez más la afirmación de un futuro que se diría fatal. A la vista de la revolución abrumadora, la derecha sólo se definió poco a poco, de modo tanteante y contradictorio (cfr. Michel Denis, “Les Royalistes de la Mayenne y le Monde Moderne”, Publications de l’Université de Haute‒Bretagne, 1977).

Definiéndose como un anti‒izquierdismo, y “a fortiori” como un anti‒anarquismo, ¿qué tendría que ser en todo rigor de lógica la derecha?

Como ya dije, está en la esencia del anarquismo total la afirmación de que toda desigualdad es injusta. Así, cuanto menor es la desigualdad, menor es la injusticia. La libertad es perseguida por el anarquismo, precisamente porque la autoridad es en sí misma una negación de la igualdad.

El derechismo afirma, pues, que, en sí misma, la desigualdad no es injusta. Que en un universo en el cual Dios creó desiguales a todos los seres, incluso y principalmente a los hombres, la injusticia es la imposición de un orden de cosas contraria a la que Dios, por altísimas razones, hizo desigual. (cfr Mt. 25, 14‒ 30, 1 Cor. 12, 28 a 31, Santo Tomás, “Suma contra gentiles”, Libro III, Cap. LXXVII).

Así, la justicia está en la desigualdad.

De esa verdad básica ‒conviene recordar de paso‒ no se deduce que cuanto mayor sea la desigualdad, más perfecta es la justicia. En materia de izquierdismo, es lógica la afirmación antitética (cuanto menor es la desigualdad, menor la injusticia). Es flagrante la asimetría entre la perspectiva izquierdista y derechista.

En efecto, Dios creó las desigualdades, no aterradoras y monstruosas, pero proporcionadas a la naturaleza, al bienestar y al progreso de cada ser, y adecuadas a la ordenación general del universo. Y tal es la desigualdad cristiana.

Análogas consideraciones se podrían hacer acerca de la libertad en el universo y en la sociedad.

Pero ese patrón de derechas no es la desigualdad absoluta, simétrica y opuesta a la igualdad absoluta. Es la desigualdad armónica, conviene insistir. Cuanto más una doctrina sea contraria a la trilogía de 1789 y se aproxime a ese patrón de desigualdades armónicas y proporcionadas, tanto más será derechista.

No siempre lo entendieron así los pensadores u hombres de acción que, erigiéndose en el siglo XIX como en el siglo XX, contra la Revolución, fueron calificados sólo por esto de derecha.

Ellos, o los que los estudiaron, imaginaron a veces que el rótulo de derechismo podía justificar desigualdades abismáticas (políticas y sociales, pero, la mayor parte de las veces, económicas). Como si en esto consistiese la ápice extremo de la coherencia derechista.

Otros “derechistas” hicieron a su vez concesiones al espíritu igualitario, porque ellos estaban infiltrados por los principios revolucionarios que combatían. O por táctica política, es decir, para la conquista y la conservación del poder. Véase el cuño socialista oficial del fascismo, y no sólo oficial, sino hasta marcadísimo, del nazismo.

Por todo esto, el vocablo “derecha” no alcanzó en el lenguaje corriente un sentido tan claro como “izquierda”, y ha servido para designar no sólo el verdadero derechismo de inspiración cristiana, sacral, jerárquico y armónico (cfr. Plinio Corrêa de Oliveira, (“Revolución y Contra‒Revolución“, ), sino también a los “derechistas” modelados en parte por tradiciones cristianas, y en parte por principios ideológicos (como también por experiencias) peculiares.

Sin embargo, me parece que, por más importantes que hayan sido las notas socialistas de ciertas corrientes dichas de derecha, el lenguaje corriente sólo las califica como derechas, imaginando ver en ellas una afinidad (mayor o menor) con el derechismo cristiano ideal que arriba he descrito. El cual, por una tradición multisecular, permanece en el conocimiento consciente o subconsciente de todos.

En síntesis, a la derecha y a la izquierda, al final del horizonte hay un marco definido, a partir del cual sigue, “en degradé”, la gama de los matices intermedios.

* * * *

Dije “sacral”. Sé que el término entró inopinadamente en el artículo. Es que el límite de este no me permite mostrar cuál es, a mi ver, el papel central de la Religión, en la concepción derechista auténtica, que acabo de anunciar. Y que, obviamente, es mi concepción, como la de la TFP.

Digo sólo, casi a título de “post‒scriptum”, que el derechismo laico o ateo es absurdo, porque el universo y el hombre son impensables sin Dios. Lo que no importa en que yo, que me considero adepto, en tesis, de la unión de la Iglesia con el Estado, la desee para nuestros días “in concreto”: con lo que me explico ante los que no interpretan bien el pensamiento de la TFP.

Recomiendo la lectura de mi citado ensayo, para quien desee conocer el pensamiento de la mayor organización civil anticomunista del Brasil actual.(“Bajarlo gratuitamente aquí“)

Plinio Corrêa de Oliveira

 

¿Cómo podemos amar a Dios si no lo vemos?

San Pablo pregunta en una de sus epístolas: “Si no amáis al próximo que veis, ¿cómo amaréis a Dios que no veis?” Es decir, si no amamos al próximo, del cual tenemos un conocimiento directo, intuitivo, a través de los sentidos y de la inteligencia, ¿cómo amaremos a Dios, del cual en la tierra sólo tenemos un conocimiento especulativo?

Dios dispuso, pues, los medios para que el primer mandamiento – el de amar a Dios sobre todas las cosas – sea comprendido y para eso debemos servirnos de todos los modos para conocerlo, teniendo como único criterio válido de juicio el Magisterio infalible de la Iglesia.

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San Buenaventura, discípulos de San Francisco de Asís, dice que el hombre es imagen de Dios y que las demás criaturas son “vestigios” de Dios: una pisada en la arena nos permite saber si pasó por ahí un hombre o un caballo.

Si analizamos el panorama marítimo que presentamos, encontramos tres elementos:

1 – El panorama

Contenidos

El panorama se acompaña de dos elementos “puros”: el mar y los montes; y uno que, a falta de mejor expresión, podríamos llamar “mixto, el punto donde la tierra toca en el mar.

2 – El mar

Es una masa líquida enorme, de color azul verdoso, que viene de lejos. Está en un movimiento continuo colosal, pujante, que avanza, que tiene algo de avasallador.

Sin embargo, es un avance fascinante, que no sólo no provoca deseos de huir, sino que da ganas de entrar. La persona tiene la ilusión de que estando sumergida en ese azul verde tendrá una delicia al sentir la frescura, lo salado de las aguas, el olor que de esa agua se desprende; en dejarse llevar, o en contrariar al mar, entrando en una especie de lucha con él.

3 – Los montes y la oposición entre ambos elementos

Son montes cercenados por la intemperie, por la brisa del mar. Pero la montaña, cortada, mutilada, se siente medio afrentada, y trata de mirar con superioridad, como diciéndole al mar: “Yo te detengo. Tú me hieres, pero tú mueres. Mi poder es fijo, estable. Yo soy la realidad palpable, tú eres la fantasía. Es mi orgullo de masa bruta”.

Y el mar responde: “Sustancia ciega, estúpida y parada. Yo continuará injuriándote, corroyéndote, lamiéndote y despreciándote. Si tu pones mala cara, yo te responde resplandeciendo y pasando.”

4 – El elemento intermediario.

Es la playa. No tiene los orgullos ni las pretensiones de la montaña, es casi tan graciosa como el mar. Se diría que es un poco de fondo de mar que duerme al pie de la montaña. Con ella, el mar es afable, le sonríe con su espuma blanca, la visita pero no la ocupa, y al retirarse, la deja regalos.

Tendríamos entonces dos perfecciones opuestas (el mar y la montaña) cuya armonía es afirmada en esa faja central, que hace la síntesis entre ambas cosas.

B ‒Análisis de las impresiones

El mar, en su modo de ser colma a quien lo considera. Produce una sensación de plenitud, es un mar en cuya majestad, grandeza y poder nada falta, ni siquiera los encantos graciosos y diminutos. Todo está en él presente.

Pero después de haber estado mucho tiempo dentro del mar, al ver la montaña, no se puede dejar de exclamar: “Oh estabilidad, Oh fuerza, Oh continuidad, Oh algo sobre lo que me apoyo y me conforto, en vez de ese mar continuamente encantador pero en el fondo traicionero y que me extenúa de tanto exigirme admiración.”

Es un poco el sentimiento de quien vuelve de una fiesta y se saca la ropa de gala para ponerse el pijama.

Son pues dos plenitudes opuestas, cuya armonía está físicamente demarcada por la playa; casi se diría que las pequeñas olas blancas que la bañan son hilos que cosen la belleza del mar a la de la tierra.

Entonces, podríamos definir el panorama como plenitud por encima de las plenitudes. Nuestra exclamación sería: ¡Oh plenitud!

C – Trascendencia

Dios no es pleno; Dios es la plenitud. Y Dios puede ser comparado a un océano infinito de perfecciones, y a una montaña, a una roca estable que nadie conmueve.

Está hecho un ejercicio en el que las criaturas nos elevan a Dios: al dejarme impresionar por esa plenitud, la belleza que estoy sintiendo (y el gozo por lo tanto), tengo un degustación anticipada del Cielo en la tierra.

 

Perú: situación de las micro y pequeñas empresas

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

Las micro y pequeñas empresas (Mypes) son unidades económicas que pueden desarrollar actividades de producción, comercialización de bienes, prestación de servicios, transformación y extracción, existen casi 6 millones a nivel nacional, 93.9% microempresas (1 a 10 trabajadores) y solo 0.2% pequeñas (de 1 a 100 trabajadores), el resto, 5.9% son medianas y grandes empresas. Las Mypes mayormente surgen por necesidades insatisfechas de sectores pobres, por desempleo, bajos recursos económicos, trabas burocráticas, dificultades para obtener créditos, entre otros.

Según la Sociedad de Comercio Exterior (ComexPerú) de las 5.9 millones de Pymes existentes en 2017 únicamente 7,400 (0.12%) son exportadoras que representan solo 1.8% del total de las exportaciones, esta situación es advertida también por la Asociación de Exportadores (Adex), en el primer semestre 2018 han dejado de exportar 1,480 Mypes (1,337 microempresas y 143 pequeñas) demostrándose la debilidad de este sector, además, a pesar que brindan trabajo a 8.2 millones de personas (principalmente en comercio, servicios, producción y extracción), es grave su extrema informalidad (83.5% en 2017).

En junio 2017 se aprobó un Fondo para Fortalecimiento Productivo Mypes (Forpro) para permitirles financiar capital de trabajo, sin embargo, fracasó por la exigencia de formalización y de pertenecer al régimen tributario o general del Impuesto a la Renta. Otro fondo denominado Crecer ha sido incluido en el pedido de facultades legislativas que financiaría las Mypes sin previo requisito de formalidad, cuyo procesamiento sería muy complicado, y todavía no se ha implementado. Un reciente proyecto del Ministerio de Trabajo ofreciendo una ley laboral juvenil para Mypes promoviendo contrataciones formales indefinidas, no muestra indicios de concretarse.

Las Mypes cumplen un rol fundamental, su aporte produciendo u ofertando bienes y servicios, adquiriendo y vendiendo productos o añadiéndoles valor agregado constituye un elemento determinante en la actividad económica y generación de empleo, pero, carecen de capacitación, poca gestión de negocios, falta de capitales de trabajo por elevado financiamiento de crédito, poca asistencia técnica, y demasiada informalidad.

Bajo este panorama, es indispensable que el gobierno, ministerios e instituciones involucrados accionen una agresiva política para promocionar las Mypes efectuándose coordinaciones con el sector privado para introducirlas en la actividad exportadora y buscar cómo aprovechar las oportunidades que generan los TLC (tenemos 20 acuerdos con 50 países), además, brindándoles financiamientos de crédito competitivos y accesibles, implementando comités locales y regionales orientadores para su formalización, constitución, organización y gestión que coadyuven a mejorar su calidad, productividad y competitividad.

 

 

La existencia de grupos

Una de las realidades más palpables de la sociedad española es la existencia de grupos que se forman para lograr determinados objetivos. Llámense partidos políticos, grupos de presión, lobbies o cualquier otra denominación y que actúan al unísono para lograr objetivos políticos, económicos, sociales etc.

Lo vimos con total claridad en la moción de censura que arrojaba a Mariano Rajoy de la Presidencia del Gobierno y llevaba a Pedro Sánchez al palacio de La Moncloa. Una especie de coalición de fuerzas políticas con ideologías distintas y hasta contrapuestas, acuerdan un cambio de Gobierno sin recatarse de decir que su único objetivo es echar a Rajoy.

La operación, como todas las de este tipo se estuvo fraguando en el tiempo de una forma declarada o solapada, según las circunstancias lo demanden. Y son declaraciones, encuestas, algaradas callejeras, protestas, huelgas y todo tipo de acciones que puedan contribuir al objetivo que finalmente se logra o no. En el caso de Pedro Sánchez se logró pero ahora estamos viviendo el costo político, social y tal vez afecte seriamente a la economía.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Las fake news,

En todo caso, me seguiré oponiendo a leyes, fiscalías y jurisdicciones especiales, que –aparte de su posible injusticia de raíz- denotan una para mí evidente ineficiencia. Veremos qué pasa con la norma aprobada en Francia para intentar poner coto a las llamadas fake news, no con carácter general, sino en periodos de campañas y elecciones. Mi hipótesis es que resultará una de tantas leyes inútiles: sólo auténticos cambios en los paradigmas culturales de una sociedad en crisis contribuirán a la valoración de la veracidad.

Me admira que un gran periódico español –actualmente empeñado en recuperar su condición de referencia- afirme que es preciso formar a los jueces en materia de violencia de género. No sé qué habrá pasado en las aulas de las Facultades de Derecho desde que las dejé hace tantos años, pero en la parte especial de Penal estudiábamos más que suficiente para entender lo que entonces se llamaban crímenes pasionales. La realidad social ha cambiado, sí; pero menos que las sucesivas reformas legales, de nuevo necesitadas de perfiles, aun sin caer en el “populismo penal” que denosta y enaltece a la vez el diario mencionado: ¿acaso sabrán más de eso los abogados del Estado que se personarían en el futuro en los casos judiciales de violencia de género? El problema social es demasiado grave para intentar resolverlo desde este tipo de arbitrismo tan hispánico.

JD Mez Madrid

 

El ‘parlanchinismo’ no es bueno

Tenemos un Gobierno parlanchín y con prisas que vende humo en los medios dónde habla de más y monta salidas de pata de banco.

Y es que la urgencia no se ve por ningún lado. No hay que confundir la urgencia que pueda revestir un asunto, con la prisa de alguien por poner ese asunto en marcha. Lo que no era urgente hace un mes, no tiene por qué serlo ahora y por ende, habrá que especificar algo más los casos de urgencia y porque requieren una cirugía rápida.

No es viable, primero porque el horno político no está para bollos de tanta envergadura y segundo porque las cifras necesarias, los tres quintos de la Cámara, si hacen algo en relación a la reforma es hacerla, precisamente, inviable.

Y suponiendo que la ‘deseabilidad’ responda a algo más que a los deseos de Meritxell Batet, tampoco se trata de un deseo perentorio y compulsivo por parte de la sociedad.

El ‘parlanchinismo’ no es bueno en política y las prisas hay que refrenarlas, a no ser que el de las prisas sea Joaquín Torra.

Xus D Madrid

 

V I A J E   A   M A R R U E C O S

(ABRIL 1993)

(X)

 

            Continúa diciéndonos Nordín... "Marruecos es muy rico en agricultura y ganadería y aquí, nadie se muere de hambre o pasa necesidades de alimentos...­ "; así terminan "estas valoraciones" de cosas y causas que por lo intangibles de las mismas, son difíciles de calibrar en una justa medida... "sencillamente por que el hombre es siempre desgraciado y casi siempre desea lo que no tiene"... "para -muchas veces- cuando ha obtenido aquel deseo, hastiarse del mismo y desear otro nuevo...?"

            Seguimos subiendo por esta -muchas veces- empinada carretera y vamos ascendiendo a cotas de nivel, donde ya las vertientes son "peladas extensiones de tierras y pedregales estériles", los que llegan hasta las cumbres que desde el autocar divisamos.- Nos cruzamos con algunos camiones y que son de gran tonelaje, lo que nos sorprende, pues imponen bastante estos vehículos pesados, cuando "aparecen" por una de estas muy cerradas curvas, siendo sorteados hábilmente por Paco, nuestro conductor, al que en todo el viaje "no le boy a notar ni un solo fallo", lo que confirma que se trata de un muy buen profesional "del volante". La carretera se va convirtiendo en, "una larga serpiente de asfalto, la que sinuosa se va elevando en sus casi cerrados anillos, hacia las alturas del puerto ya mentado". Imponen (a algunos da miedo) estas alturas, cuyos precipicios "son bellísimos", precisamente por "su dureza"; apenas algunas matas vegetales viven aquí, tampoco se aprecia fauna alguna "ni de pelo ni de pluma"... "supongo que de escamas, si que habrá algún representante de ese variado reino de los reptiles"... curiosamente ni he visto siquiera buitres, ni otro tipo de carroñeros (cuervos, urracas) que suelen ser habitantes de las montañas. Después veré (al otro lado de la cordillera) y cercana a la carretera, a... "una bestia muerta" (asno, mulo, caballo) el que se apreciaba "entero", pero seco, apergaminado, "casi momificado"... Aquel cadáver debió ser consumido por el calor del Sol y la acción del propio aire o viento, "elementos" que han debido suplir a "los enterradores de la Naturaleza" (los carroñeros antes mentados) los que -al parecer- por aquí no existen.

            A lo largo del trayecto recorrido hoy, vamos a notar que en cualquier lugar, por apartado o pequeño que sea (o nos parezca a nosotros) aparecen las escuelas estatales, generalmente son dos módulos, en los que se atienden a niños y niñas y en ambos (la escuela es aquí "mixta") en la enseñanza obligatoria, que impone "y mantiene", el gobierno del estado. Veremos -incluso- a los escolares en pequeños grupos que se irán "diluyendo", al andar por los campos, en dirección a las escuelas o de regreso a sus hogares y la verdad... "se aprecian chavales sanos y ágiles" y se supone que "están controlados, para que cumplan esa obligación". Se supone que igualmente "estarán controlados", sanitariamente y por aquello que dijeran los griegos de... "cuerpo sano en mente sana..." y no: "no me he equivocado al decirlo adrede y al revés"... Pues... "si somos creyentes (yo lo soy) y creemos en el alma (que es lo imperecedero) lógico que sea esta... "la que contenga al cuerpo"... porque este sí que evidentemente perecerá y desaparecerá... "tragado por la tierra Madre". Así es que lo que se ha dicho de... "mente sana en cuerpo sano", creo es un error... "aquellos sabios -griegos o no- debieron decirlo "correctamente" (supongo)...?.

            Hemos pasado a la otra vertiente de esta cordillera y en estas cimas y tras "el desierto dejado atrás", encontramos rebaños de ovejas que pastan en unos pastos que allí existen y los que prácticamente se encuentran "pegados a aquellas cortezas rocosas" y deduzco ello por su pequeñez; sin embargo son compactos y deben contener un buen alimento, ya que a simple vista se observa que aquel ganado "prospera bien en estas altitudes" y ello lo denotan las largas y espesas "guedejas" de lana, que cuelgan de los costados de estos animales, a cuyo cuido se ven pastores, auxiliados por perros. Observo un poco después, unos "extraños árboles"... son coníferas de alta montaña (Pedro: un compañero de viaje, cirujano de profesión, me asegura que son "sabinas"...?)(luego lo consulto en mis archivos y parece ser cierto, existen incluso en las sierras de mi provincia y otras partes de España... "alguna variedad diferente, estimo por lo que al parecer existe una variada gama en esta familia de "las sabinas", que efectivamente y como deduje, son coníferas de alta montaña)... Pero en el momento que escribo el relato, a mi no me importa el nombre o denominación de aquellos árboles... lo que me seduce y atrae, es su forma "atormentada" (rugosos y muy gruesos troncos y raíces, algunas fuera de las rocas en cuyo suelo están "agarrados", tienen muy poco ramaje y muy espeso) asemejan y me parecen... "grandes monstruos, que han luchado en mil batallas, sin moverse de estas soledades"... se encuentran "salpicados" por las pedregosas y muy empinadas laderas y con parte de sus raíces al aire, enormes (digo)... ¿Cómo nacieron, como se reproducen y mueren, cuantos años (o siglos) aquí en su terrible lucha por la vida?... algunos ya están muertos (secos) y para mí son (o representan) todo un mensaje para quien... "se atreve a pensar en la vida" en estas cumbres, donde sus "compañeros" son... todas las inclemencias de estas altas cimas... castigadas por el viento, la ventisca, la nieve, el hielo, el Sol y como soporte, pedregales impresionantes... "maravillosa estampa para un poeta, o... para un pintor (pienso)".

            Seguimos viajando y un poco después, hacemos una nueva parada en un poblado y donde existe establecimiento de comidas y bebidas a pie de carretera, para el que lo desee, tomar allí "un refrigerio" (antes hemos efectuado algunas paradas, en lugares inhabitados, para tomar algunas fotografías o comprar algunas "piedras", ya que los vendedores de éstas -ya lo dije- se encuentran instalados -muchas veces apostados- en cualquier lugar de "la ruta turística").

            Seguimos viaje y boy observando que en este lado de la cordillera, los poblados parecen más prósperos... "sus mezquitas, son mas grandes y destacan en el entorno, por su más sólida construcción"... ¡Oh la religión y "sus" templos al Dios todopoderoso!  

            Seguimos "bajando" hasta llegar al desierto (o pre desierto) y donde "veo morir un río"... el que se pierde en una de aquellas minúsculas zonas cultivadas, similares a las ya descritas y que existen en la otra vertiente... aquí es al contrario ("allí aprovechan el agua desde donde esta encuentra la primera tierra y aquí hasta que puede regar la última") pero intrínsecamente es lo mismo... "el río muere bebido por la tierra de este terreno, que está situado al final del recorrido de este río ("o arroyo") sin nombre y donde recogen hasta "la última gota de agua", que baja de vete tu a saber que alturas del imponente Atlas... "que es el verdadero padre de la vida en gran parte de este extenso país"

            Ya estamos en el desierto (hace mucho calor) y el paisaje que nos rodea así lo confirma; nos encontramos en un poblado anexo a la Alcazaba de "Ben Haddou"... nos    hemos detenido en un altozano próximo para admirar esta bella edificación (declarada patrimonio "mundial" (de la humanidad) y por ello en reconstrucción).

            Nordín nos informa y dice que... "fue famosa y estratégicamente situada, para el comercio de las caravanas del desierto, controlado en gran parte por los judíos de entonces, que aquí vivían"... hoy son venerables y bellas ruinas.

            Comemos aquí y en un modesto restaurante que lleva precisamente el nombre del lugar ("Ben Haddou") nos sirven un "tagín" como plato fuerte, antes nos han servido una ensalada de verduras, de bebida solo hay agua, café y te (el chófer del autocar nos facilita unas latas de cerveza)... yo como bien ("suelo adaptarme a lo que hay") a algunos no agrada "el cordero del desierto" (que es parecido al de anoche) visitamos las mencionadas ruinas de esta fortaleza (hemos tenido que atravesar a pie un riachuelo "que da vida a este oasis") al paso encontramos modestas tiendas de artículos propios de aquí y las "consabidas piedras del Atlas"; uno de estos comerciantes, pretende "cambiarle a mi esposa una bonita blusa floreada que lleva y los zapatos que calza, por cosas de su tienda"... sorprendida por ello no acepta y sonreímos por este hecho, chocante para nosotros, pero al parecer aquí, la compra, la venta, o el trueque... "suelen ser normales".

             Sufrimos incomodidades y más calor en este recorrido, regresamos al autocar, se da tiempo "para compras", yo declino "la oferta" y me refugio en la sombra que proporciona el vehículo... "acuden a mí algunos niños pequeños y me piden "un caramelo" (¿como habrán aprendido el nombre?... quedo sorprendido, pero como llevo algunos, se los reparto... acuden más... se pelean y disputan la golosina... no puedo darles más y si se lo que va a ocurrir, no les doy ninguno, pues, "los caramelos han costado lágrimas a alguno, más débil".

             Llega Paco el chófer y abre el autocar... de inmediato aparece un nativo adulto y le dice que le venda "una cerveza", Paco le dice que no, el otro le insiste y por fin, se la vende... "marchándose, tan contento este musulmán del desierto, al que sin embargo, debe gustarle la fresca bebida, pese a lo que dijera el Profeta".

            El calor arrecia y quizá yo lo sienta más por "el tagín", pero de cualquier forma, pienso... ¿qué calor hará aquí en los meses de julio, agosto y septiembre, si hace este de hoy y nos encontramos a primeros de abril?

           Reanudamos viaje y marchamos por la ruta prevista, sigue el desierto, en algún lugar "estratégico", encontramos a unos "rapazuelos" que nos hacen señales y que nos quieren vender algo... "nos muestran un lagarto vivo y de un tamaño no pequeño"... sonrío... ¿quién comprará lagartos vivos y para qué?... "pues de lo que no me cabe la menor duda, es de que si estos niños, ofrecen el lagarto, es por que alguien compra lagartos...?".

            Y por fin y a la "caída de la tarde", llegamos a nuestro destino de hoy, la ciudad de "Ouarzazate" y dentro de ella, al "Hotel Bélère". Esta ciudad está en gran expansión, tiene y mantiene un gran auge de prosperidad (se nos dice) debido al turismo y a la industria cinematográfica de la que es poseedora; igualmente tiene aeropuerto, por lo que está bien comunicada y pese "a lo apartada que está". El hotel donde arribamos es de nueva construcción, está muy bien dotado, incluso con piscina y oficina de cambio de divisas ("que funciona") la ciudad tiene otros varios hoteles de igual (o parecida) categoría, se observa desde la terraza de mi habitación, el que existe gran profusión de arbolado y zonas verdes (mi hotel está instalado en una colina) y se ve que esta ciudad "está creciendo" ("Marruecos, parece que también camina por el desierto, haciéndolo mucho más habitable y productivo" y esto lo vamos a ir comprobando a partir de aquí y a lo largo de toda la ruta"). Reposamos del cansancio un par de horas, después de haber disfrutado de un confortable baño, con agua abundante y "apetecible" y de la que incluso bebo sin reparos... posteriormente bajamos a los agradables jardines centrales del hotel, donde tomamos una fresca cerveza ("que nos cobran a precio de buen brandy español") esperamos la hora de la cena, cenamos "regular", ya que se nos presenta un bufé "bastante pobre" y donde incluso se abusa de los aliños marroquíes en las verduras hervidas, cosa esta que muchos no toleran en sus aparatos digestivos; por ello, convendría "separar cocina europea y cocina marroquí" y que el turista elija, dentro de lo que se le pueda ofrecer, en cada uno de estos ("ya genéricos") bufés (en esto no podemos felicitar a "quien corresponda").

                Después de la cena, pasamos a seguir descansando en uno de los muy confortables salones del establecimiento, pues si bien, algunos viajeros salen a visitar la ciudad y verla de noche, nosotros estamos bastante cansados y no nos seduce la idea, máxime que mañana nos espera "un buen trecho de camino" (larga etapa) y hay que descansar... "yo, por otra parte, tengo que tomar, ampliar y repasar notas, para este relato", aparte de que yo... "ya me he dado una vuelta por los alrededores de mi hotel y ello unido a lo que he visto desde mi terraza, en la tarde, la noche y la mañana... me es suficiente", por tanto dedico el poco tiempo que me va a quedar libre, a lo que "ya se puede imaginar el lector"... "el lector que le guste fumar, tranquilamente un cigarro puro... (claro está)".

 

 

            Antonio García Fuentes

www.jaen-ciudad.es (aquí muchos más temas)

 

Jaén: 23 de Agosto del 2018