Las Noticias de hoy 09 Julio 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 09 de julio de 2018       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Cómo prepararse para las sorpresas de Dios

Oración por la paz en Medio Oriente: El Papa Francisco “edificado” en Bari por los patriarcas

Domingo del Mar: Mensaje del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Integral

ENCONTRAR A CRISTO EN LA IGLESIA: Francisco Fernández-Carvajal

“No descuides la práctica de la corrección fraterna”: San Josemaria

«La santidad es el camino para ser feliz»

¿Qué leer? (I): Nuestro mapa del mundo: Luis Ramoneda - Carlos Ayxelà

Una muchacha en la flor de la edad: José Luis Martín Descalzo

San Pedro y San Pablo: Ernesto Juliá

Testimonios no cristianos de la existencia de Jesús de Nazareth: M. Arrizabalaga

EUTANASIA: ERROR O… CRIIMEN: Ing. José Joaquín Camacho                                                     

Dios y el cerebro.: Dr. Jose Luis Velayos

CERCA  DEL EPÍLOGO: René Mondragón

COMO HERENCIA SÓLO QUEDA UN NOMBRE: MAHAYA MOHD.YASSIN, Malasia.

¿Qué es lo que nos causa más estrés?: Lucía Legorreta

Los millennials y los horóscopos: P. Mario Arroyo.

La defensa de la vida: Pedro García

Los estados generales de la bioética en Francia: José Morales Martín

La labor ha sido encomiable: Jaume Catalán Díaz

Reconciliación y nostalgia de Dios: Ramiro Pellitero

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Ángelus: Cómo prepararse para las sorpresas de Dios

Una “escucha humilde” y una “espera dócil” (Traducción completa)

julio 08, 2018 16:08Raquel AnilloAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 8 julio 2018).- “El Señor nos invita hoy a adoptar una actitud de escucha humilde y de espera dócil”, afirma el Papa Francisco, quien comentó el Evangelio antes de la oración del Ángelus del mediodía, en la Plaza de San Pedro, este domingo 8 de julio de 2018.

Y esta docilidad permite estar atento y receptivo a las sorpresas de Dios: “Porque la gracia de Dios a menudo se nos presenta de una manera sorprendente, que no coincide con nuestras expectativas. Dios no se ajusta a los prejuicios. Debemos esforzarnos para abrir nuestros corazones y nuestras mentes, para acoger la realidad divina que viene a nuestro encuentro. Se trata de tener fe: la falta de fe es un obstáculo para la gracia de Dios”.

El Papa Francisco dio como ejemplo a la Madre Teresa de Calcuta.

Aquí está nuestra traducción, rápido de trabajo, de las palabras pronunciadas por el Papa en italiano.

AB

Palabras del Papa Francisco antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El pasaje del Evangelio de hoy (Marcos 6: 1-6) muestra a Jesús regresando a Nazaret, y en el día de reposo comienza a enseñar en la sinagoga. Desde que se fue y comenzó a predicar por las ciudades y pueblos cercanos, no había vuelto a poner un pie en su tierra natal. Por lo tanto, habrá ido toda la aldea para escuchar a este hijo del pueblo, cuya reputación de sabio maestro y poderoso sanador se extendió ahora a través de Galilea y más allá. Pero lo que podría ser un éxito, se convirtió en un rechazo rotundo, hasta el punto de que Jesús ya no podía realizar ningún milagro, sino solo algunas sanidades (ver v. 5). La dinámica de este día es reconstruida en detalle por el evangelista Marcos: la gente de Nazaret escucha primero y se queda asombrada; entonces se preguntan, perplejos: “¿De dónde vienen estas cosas”, esta sabiduría? y al final se escandaliza, reconociendo en él al carpintero, el hijo de María, a quien vieron crecer (vv 2-3). Por lo tanto, Jesús concluye con la expresión proverbial: “Nadie es profeta en su tierra” (v.4).

Nos preguntamos: ¿cómo los conciudadanos de Jesús pasan de la maravilla a la incredulidad? Ellos comparan el origen humilde de Jesús con sus habilidades actuales: él es carpintero, no estudió, pero predica mejor que los escribas y hace milagros. Y en lugar de abrirse a la realidad, se escandalizan. Según los habitantes de Nazaret, ¡Dios es demasiado grande para rebajarse a hablar a través de un hombre tan simple! Es el escándalo de la encarnación: el evento desconcertante de un dios hecho carne, que piensa con una mente humano, trabaja y actúa con las manos del hombre, ama con el corazón de un hombre, un Dios que lucha, come y duerme como uno de nosotros. El Hijo de Dios derroca cada esquema humano: no son los discípulos quienes lavaronn los pies del Señor, sino el Señor que lavó sus pies a los discípulos (Jn 13, 1-20).

Es un objeto de escándalo e incredulidad, no solo en ese momento, en ningún momento, incluso hoy en día.

La inversión de Jesús compromete a sus discípulos de ayer y de hoy a una verificación personal y comunitaria. De hecho, incluso hoy, podemos tener prejuicios que nos impiden captar la realidad. Pero el Señor nos invita hoy a adoptar una actitud de escucha humilde y de espera dócil, porque la gracia de Dios a menudo se nos presenta de una manera sorprendente, que no corresponde a nuestras expectativas.

Piense, por ejemplo, en la Madre Teresa de Calcuta, una mujercita por la que nadie habría dado ni 10 liras por ella (…). Iba por las calles para  coger a los moribundos y pudieran tener una muerte digna. Y esta pequeña hermanita con la oración y su obra ha hecho maravillas. La pequeñez de una mujer ha revolucionado la obra de la caridad en la Iglesia. Es un ejemplo de nuestros días

Dios no se ajusta a los prejuicios. Debemos esforzarnos para abrir nuestros corazones y nuestras mentes, para dar la bienvenida a la realidad divina que se nos presenta. Se trata de tener fe: la falta de fe es un obstáculo para la gracia de Dios. Muchos bautizados viven como si Cristo no existiera: repetimos gestos y señales de fe, pero sin corresponderles una verdadera adhesión a la persona de Jesús y su Evangelio. Por el contrario, cada cristiano, cada uno de nosotros, está llamado a profundizar en esta pertenencia fundamental, tratando de dar testimonio de ella mediante una actitud coherente de vida, cuyo hilo conductor siempre será la caridad.

Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen María, que ablande la dureza de los corazones y la estrechez de la mente, para que estemos abiertos a su gracia, a su verdad y a su misión de bondad y misericordia, que se da a todos, sin exclusión.

 

Oración por la paz en Medio Oriente: El Papa Francisco “edificado” en Bari por los patriarcas

“Realmente fui edificado por su actitud y sus testimonios”

julio 08, 2018 17:14RedacciónAngelus y Regina Caeli

(ZENIT – 8 julio 2018).- El Papa confió en cuánto fue “edificado” por el ejemplo de los patriarcas del Medio Oriente con quienes oró por la paz, el sábado 7 de julio de 2018 en Bari, en el santuario de San Nicolás.

El Papa habló de esta reunión después del Ángelus, este domingo 8 de julio, en la Plaza de San Pedro, diciendo: “¡Queridos hermanos y hermanas! Ayer, en Bari, con los Patriarcas de las Iglesias del Medio Oriente y sus representantes, tuvimos un día especial de oración y reflexión para la paz en esta región. Agradezco a Dios por esta reunión, que fue una señal elocuente de la unidad de los cristianos, y fui testigo de la participación entusiasta del pueblo de Dios”.

Dijo su admiración: “Agradezco nuevamente a los Hermanos Jefes de Iglesias y a quienes los representaron; Fui realmente edificado por su actitud y sus testimonios”.

“Agradezco al Arzobispo de Bari”, dijo el Papa, “hermano y servidor humilde, su personal y todos los fieles que nos han acompañado y apoyado con su oración y presencia gozosa, les deseamos a todos un buen domingo”.

El Papa acababa de comentar el Evangelio del día invitándo a esperar las sorpresas de Dios. Luego habló del “Domingo del Mar”, abogando por condiciones de vida dignas para los trabajadores del mar y por la limpieza.

Después de saludar a varios grupos, el Papa agregó, agitando su mano, “Por favor no os olvides orar por mí”. Buen almuerzo y adiós”.

 

 

Domingo del Mar: Mensaje del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Integral

No a la violencia, no a la contaminación

julio 08, 2018 16:37RedacciónVaticano

(ZENIT – 8 julio 2018).- Las condiciones de vida de la gente de mar y los pescadores, los peligros del mar y la piratería, y la contaminación marina son los principales centros del Departamento de Correos para el pleno desarrollo del servicio para este domingo, 8 de julio de, 2018, “Domingo del Mar “, Mencionado por el Papa Francisco después del Ángelus. Un mensaje firmado por el prefecto del dicasterio, el cardenal Peter A. Turkson.

“Apoyamos los esfuerzos de la Organización Marítima Internacional (OMI) para prevenir y reducir significativamente la contaminación marina en el mar y para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de los barcos, que aplica otras regulaciones que harán que el uso de combustibles más limpios sea obligatorio en el mar “, escribe el Cardenal Turkson.

Termina invocando a María: “Invoco a la Santísima Madre,  Estrella del Mar , para extender su protección maternal a la gente del mar y guiarlos lejos de los peligros del mar a un puerto seguro. ”

Aquí está la traducción oficial española de un texto también publicado en italiano e inglés por la Santa Sede.

AB

Mensaje para el domingo del mar 2018

(8 de julio de 2018)

Celebrando el Domingo del Mar, estamos obligados a recordar a los casi 1.200.000 marineros de cada nacionalidad, que profesan una fé diferente, obligados a vivir varios meses en el espacio restringido de un barco, separados de sus familias y de sus seres queridos, sin poder participar a los eventos familiares más importantes y significativos (cumpleaños, graduaciones, etc) ni estar presentes en los momentos difíciles que te ponen a prueba, como las enfermedades o la muerte.  Con su profesión, los marineros desarrollan un rol significativo en nuestra economía global transportando, de una parte a otra del globo, el 90% de los bienes que utilizamos en nuestra vida cotidiana. Por eso, hoy, mientras rezamos por estas personas, donde quiera que estén, queremos expresar nuestra gratitud por el duro trabajo lleno de sacrificios que llevan a cabo.

Algunos de los obstáculos que la gente del mar afronta cotidianamente son los siguientes: Negación del permiso de desembarcar y de visitar el barco

Con la mecanización y la automoción, el tiempo de atraque del barco en el puerto se ha reducido al mínimo, por eso la tripulación no tiene suficiente tiempo para descansar y relajarse.

Además, aunque la introducción del Código Internacional para la protección de los buques y de las instalaciones portuarias (ISPS) haya mejorado la seguridad del mar, al mismo tiempo se ha revelado particularmente difícil para los marineros. En numerosos puertos, para las tripulaciones es cada vez más complicado obtener el permiso para bajar a tierra firme, a causa de la política empresarial y de las normas restrictivas y discriminatorias impuestas por los Gobiernos. A esto se debe añadir el hecho de que a muchos de nuestros capellanes y voluntarios que visitan los buques, les viene negado el permiso de entrar en puerto o de subir a bordo de los buques para suministrar bienestar material y espiritual a los marineros que llegan a la costa tras semanas de navegación.

Condenamos estos hechos que contradicen el espíritu de la Regla 4.4 del Convenio sobre el trabajo marítimo (MLC) [1], que ha entrado en vigor el 20 de agosto del 2013, con la intención de mejorar el bienestar de los marineros. Las tripulaciones no se deberían ver negada la libertad de bajar a tierra firme, así como a los capellanes y a los voluntarios no se les debería negar el derecho de subir a bordo de los buques.

Aunque la situación haya mejorado respecto a los años precedentes, queremos invitar a cada persona a que esté atenta a la violencia en el mar, que generalmente está marcada por la piratería. La principal causa de piratería va siempre unida a la inestabilidad política y a menudo a la industria de la pesca. La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (IUU) ha privado a muchos Estados costeros de sus recursos marítimos naturales, creando una situación de extrema pobreza en el país, y facilitando a individuos sin escrúpulos a convertir pescadores desesperados y sin trabajo en piratas.   Pedimos a los Gobiernos y a los propietarios de los buques que pongan en práctica todos los mecanismos necesarios para proteger la vida de las personas en el mar y reducir al mínimo el coste económico.

Abandono de buques y tripulación  El abandono de buques y tripulación no es un problema nuevo para la industria marina. Según un artículo periodístico [2], entre el 2012 y el 2017 más de 1.300 marineros han sido abandonados por diversas razones en puertos extranjeros lejos de casa, a menudo sin sueldo y sin reservas de comida y carburante para el buque. Una vez abandonados, a los marineros se les deja solos, preocupándose por la comida, el sueldo, el estado de inmigración y de muchas cosas más, a no ser que sean ayudados por una organización humanitaria.  Queremos exprimir nuestro más sincero agradecimiento a todos los capellanes y voluntarios de las Stella Maris que, de Malta a Sudáfrica, del Reino Unido a los Estados Unidos, durante meses, han proporcionado ayuda material, espiritual, legal y psicológica a diferentes tripulaciones de buques abandonados, y continúan haciéndolo.  Pedimos que se dé una total implementación de los enmendamientos a la MLC 2006, y que se ponga en práctica un sistema de seguridad financiera dirigido a garantizar que los propietarios de los buques den una indemnización a los marineros y a sus familias en caso de abandono [3].

Impacto ambiental en los océanos  En la Laudato Si’  el Papa Francisco afirma: “Se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de dióxido de carbono y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente, por ejemplo, reemplazando la utilización de combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energía renovable” (n.26).  Como cualquier tipo de transporte que utiliza combustibles fósiles, los buques producen emisiones de dióxido de carbono que contribuyen de manera significativa al cambio climático global y a la acidificación de los océanos. Además del dióxido de carbono estos buques emiten una cierta cantidad de contaminantes que contribuyen al problema.  Respaldamos los esfuerzos llevados a cabo por la Organización Marítima Internacional (OMI) para prevenir y reducir de forma significativa la contaminación plástica marina del sector marítimo y disminuir las emisiones de los gases de efecto invernadero producidas por los buques e implementar otras normas que impongan el uso de carburantes más limpios en el mar.  Por último, invocamos a María, Estrella del Mar, para que extienda su protección maternal a la gente del mar y la guíe en los peligros hacia un puerto seguro.

Cardenal Peter A. Turkson Prefecto

______________________

[1] Los Miembros deberán velar por que las instalaciones de bienestar en tierra, si las hay, sean de fácil acceso. Los Miembros también deberán promover la construcción en determinados puertos de instalaciones de bienestar como las enumeradas en el Código, a fin de que la gente de mar a bordo de los buques que se encuentren en sus puertos tenga acceso a instalaciones y servicios de bienestar apropiados.  [2]https://worldmaritimenews.com/archives/227230/interview-over-1300-seafarers-abandoned-in-five-years/ [3] Enmiendas al Código del citado Convenio relativas a la Regla 2.5 – Repatriación de la MLC 2006 (y anexos)

 

 

ENCONTRAR A CRISTO EN LA IGLESIA

— No es posible amar, seguir o escuchar a Cristo, sin amar, seguir o escuchar a la Iglesia.

— En Ella, participamos de la Vida de Cristo.

— Fe, esperanza y amor a la Iglesia.

I. Todos buscan a Jesús. Todos lo necesitan, y Él siempre está dispuesto a compadecerse de cuantos se le acercan con fe. Su Humanidad Santísima era como el canal por el que discurrían todas las gracias, mientras permaneciera entre los hombres. Por eso, toda la multitud intentaba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

La mujer de la que habla el Evangelio de la Misa1 también se sintió movida a acercarse a Cristo. A sus sufrimientos físicos –ya doce años– se añadía la vergüenza de sentirse impura según la ley. En el pueblo judío se consideraba impura no solamente la mujer afectada de una enfermedad de este tipo, sino todo lo que ella tocaba. Por eso, para no ser notada por la gente, se acercó a Jesús por detrás y tocó tan solo su manto. «Tocó delicadamente el ruedo del manto, se acercó con fe, creyó y supo que había sido sanada...»2.

Estas curaciones, los milagros, las expulsiones de los demonios que Cristo realizó mientras vivía en la tierra, eran una prueba de que la Redención era ya una realidad, no una mera esperanza. Estas gentes que se acercan hasta el Maestro son como un anticipo de la devoción de los cristianos a la Santísima Humanidad de Cristo. Después, cuando estaba próximo a marcharse al Cielo, junto al Padre, sabiendo que siempre andaríamos necesitados de Él, dispuso los medios para que, en cualquier tiempo y lugar, pudiéramos recibir la infinita riqueza de la Redención: fundó la Iglesia, bien visible y localizable. Con ella ocurre algo parecido a lo que buscaban aquellas gentes en el Hijo de María. Estar en la Iglesia es estar con Jesús, unirse a este redil es unirse a Jesús, pertenecer a esa sociedad es ser miembro de su Cuerpo. Solo en ella encontramos a Cristo, al mismo Cristo, aquel que esperaba el pueblo elegido.

Quienes pretenden ir a Cristo dejando a un lado a su Iglesia, o incluso maltratándola, podrían un día llevarse la misma sorpresa de San Pablo en el camino de Damasco: Yo soy Jesús, a quien tú persigues3. Y «no dice –resalta San Beda–: ¿por qué persigues a mis miembros?, sino ¿por qué me persigues?, porque Él todavía padece afrentas en su Cuerpo, que es la Iglesia»4. Pablo no supo hasta ese momento que perseguir a la Iglesia era perseguir al mismo Jesús. Más tarde, cuando hable sobre Ella, lo hará describiéndola como el Cuerpo de Cristo5, o simplemente como Cristo6; y a los fieles como sus miembros7.

No es posible amar, seguir o escuchar a Cristo, sin amar, seguir o escuchar a la Iglesia, porque Ella es la presencia, sacramental y misteriosa a la vez, de Nuestro Señor, que prolonga su misión salvífica en el mundo hasta el final de los tiempos.

II. Nadie puede decir que ama a Dios si no escoge el camino –Jesús– establecido por el mismo Dios: Este es mi Hijo amado (...), escuchadle8. Y resulta ilógica la pretensión de ser amigos de Cristo despreciando su palabra y sus deseos.

Aquellas gentes que llegan de todas partes encuentran en Jesús a alguien que, con autoridad, les habla de Dios –Él mismo es la Palabra divina hecha carne–: encuentran a Jesús Maestro. Y ahora quedamos vinculados a Él cuando aceptamos la doctrina de la Iglesia: El que a vosotros oye, a Mí me oye, y el que a vosotros desecha, a Mí me desecha9.

Jesús es, además, nuestro Redentor. Es el Sacerdote, poseedor del único sacerdocio, que se ofreció a sí mismo como propiciación por los pecados. Cristo no se apropió la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que se lo otorgó el que le dijo: Tú eres mi hijo...10. A Jesús-Sacerdote y Víctima, que honra a Dios Padre y nos santifica a nosotros, nos unimos en cuanto participamos en la vida de la Iglesia; de sus sacramentos en particular, que son como canales divinos por los que fluye la gracia hasta llegar a las almas. Cada vez que los recibimos nos ponemos en contacto con Cristo mismo, fuente de toda gracia. A través de los sacramentos, los méritos infinitos que Cristo nos ganó alcanzan a los hombres de todas las épocas y son, para todos, firme esperanza de vida eterna. En la Sagrada Eucaristía, que Cristo mandó celebrar a la Iglesia, renovamos su oblación e inmolación: Este es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en conmemoración mía11; y solo la Sagrada Eucaristía nos garantiza esa Vida que Él nos ha ganado: si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que Yo le daré es mi carne, vida del mundo...12.

La condición para participar en este sacrificio y banquete radica en otro de los sacramentos, que Cristo confirió a su Iglesia, el Bautismo: Id, pues; enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo13. El que creyere y fuere bautizado se salvará...14. Y Si nuestros pecados nos han apartado de Dios, también la Iglesia es el medio para restituir nuestra condición de miembros vivos del Señor: a quien perdonareis los pecados -dice a sus Apóstoles- les serán perdonados; a quienes se los retuviereis les serán retenidos15. Nuestro Señor estableció que esta vinculación profundísima con Él se realizara a través de esos signos visibles de la vida sacramental de su Iglesia. En los sacramentos también encontramos a Cristo.

Y aunque alguna vez se dieran disensiones dentro de la Iglesia, no nos sería difícil encontrar a Cristo. Las mayorías o las minorías poco significan cuando se trata de encontrar a Jesús: en el Calvario solo estaba su Madre con unas pocas mujeres y un adolescente, ¡pero allí, a pocos metros, estaba Jesús! En la Iglesia también sabemos dónde está el Señor: Yo te daré -declaró a Pedro- las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos16. Y ni siquiera las negaciones de Simón fueron suficientes para revocar estos poderes. El Señor, una vez resucitado, los confirmó de modo solemne: Apacienta mis corderos (...). Apacienta mis ovejas17. La Iglesia está donde están Pedro y sus sucesores, los obispos en comunión con él.

III. En la Iglesia vemos a Jesús, al mismo Jesús a quien las multitudes querían tocar porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos. Y pertenece a la Iglesia quien a través de su doctrina, de sus sacramentos y de su régimen, se vincula a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey. Con la Iglesia, en cierto modo, mantenemos las mismas relaciones que con el Señor: fe, esperanza y caridad.

En primer lugar fe, que significa creer lo que en tantas ocasiones no es evidente. También los contemporáneos de Jesús veían a un hombre que trabajaba, se fatigaba, necesitaba de alimento, sentía dolor, frío, miedo..., pero aquel Hombre era Dios. En la Iglesia conocemos a gentes santas, que muchas veces pasan en la oscuridad de una vida corriente, pero vemos también a hombres débiles, como nosotros, mezquinos, perezosos, interesados... Pero si han sido bautizados y permanecen en gracia, a pesar de todos los defectos están en Cristo, participan de su misma vida. Y si son pecadores, también la Iglesia los acoge en su seno, como a miembros más necesitados.

Nuestra actitud ante la Iglesia ha de ser también de esperanza. Cristo mismo aseguró: Sobre esta piedra edificaré Yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella18. Será siempre la roca firme donde buscar seguridad ante los bandazos que va dando el mundo. Ella no falla, porque en Ella encontramos siempre a Cristo.

Y si a Dios le debemos caridad, amor, este debe ser nuestro mismo sentir ante nuestra Madre la Iglesia, pues «no puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre»19. Es la madre que nos comunica la vida: esa vida de Cristo por la que somos hijos del Padre. Y a una madre se la quiere. Solo los malos hijos permanecen indiferentes, a veces hostiles, hacia quien les dio el ser. Nosotros tenemos una buena madre: por eso nos duelen tanto las heridas que le producen los de fuera y los de dentro, y las enfermedades que pueden sufrir otros miembros. Por eso, como buenos hijos, procuramos no airear las miserias humanas –pasadas o presentes– de tales o cuales cristianos, constituidos o no en autoridad: no de la Iglesia, que es Santa, y tan misericordiosa que ni a los pecadores niega su solicitud maternal. ¿Cómo hablar de Ella con frialdad, con dureza o con desgarro? ¿Cómo se puede permanecer «imparcial» ante una madre? No lo somos, ni queremos serlo. Lo suyo es lo nuestro, y no se nos puede pedir una postura de neutralidad, propia de un juez frente a un reo, pero no de un hijo en relación a su madre.

Somos de Cristo cuando somos de la Iglesia: en Ella nos hacemos miembros de su Cuerpo, que concibió, gestó y alumbró Nuestra Señora. Por eso, María Santísima es «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores»20. La última joya que la piedad filial ha engarzado en las letanías de Nuestra Señora, el más reciente piropo a la Madre de Cristo, es apenas un sinónimo: Madre de la Iglesia.

1 Mt 9, 20-22. — 2 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, VI, 56. — 3 Hech 9, 5. — 4 San Beda, Comentario a los Hechos de los Apóstoles, in loc. — 5 1 Cor 12, 27. — 6 1 Cor 1, 13. — 7 Rom 12, 5. — 8 Mt 17 5. — 9 Lc 10, 16. — 10 Heb 5, 5. — 11 Lc 22, 19. — 12 Lc 6, 51. — 13 Mt 28, 19. — 14 Mc 16, 16. — 15 Jn 20, 23. — 16 Mt 16, 19. — 17 Jn 21, 15-17 — 18 Mt 16, 18. — 19 San Cipriano, Sobre la unidad, 6, 8.— 20 Pablo VI, Alocución 21-XI-1964.

 

 

“No descuides la práctica de la corrección fraterna”

No descuides la práctica de la corrección fraterna, muestra clara de la virtud sobrenatural de la caridad. Cuesta; más cómodo es inhibirse; ¡más cómodo!, pero no es sobrenatural. -Y de estas omisiones darás cuenta a Dios. (Forja, 146)

Cuando en nuestra vida personal o en la de los otros advirtamos algo que no va, algo que necesita del auxilio espiritual y humano que podemos y debemos prestar los hijos de Dios, una manifestación clara de prudencia consistirá en poner el remedio oportuno, a fondo, con caridad y con fortaleza, con sinceridad. No caben las inhibiciones. Es equivocado pensar que con omisiones o con retrasos se resuelven los problemas.
La prudencia exige que, siempre que la situación lo requiera, se emplee la medicina, totalmente y sin paliativos, después de dejar al descubierto la llaga. Al notar los menores síntomas del mal, sed sencillos, veraces, tanto si habéis de curar como si habéis de recibir esa asistencia. En esos casos se ha de permitir, al que se encuentra en condiciones de sanar en nombre de Dios, que apriete desde lejos, y a continuación más cerca, y más cerca, hasta que salga todo el pus, de modo que el foco de infección acabe bien limpio. En primer lugar hemos de proceder así con nosotros mismos, y con quienes, por motivos de justicia o de caridad, tenemos obligación de ayudar: encomiendo especialmente a los padres, y a los que se dedican a tareas de formación y de enseñanza. (Amigos de Dios, 157)

 

 

«La santidad es el camino para ser feliz»

El periodista Francesco Ognibene entrevistó recientemente al prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, en el diario italiano Avvenire. Reproducimos dos preguntas, sobre la exhortación apostólica «Gaudete et exsultate».

Entrevistas 08/07/2018

Opus Dei - «La santidad es el camino para ser feliz»Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei. Foto: Siciliani.

Avvenire Entrevista completa (en italiano). Ocàriz (Opus Dei): «Santità, la via per essere felici»

La recientísima Gaudete et exsultate sobre la «llamada a la santidad en el mundo contemporáneo» en muchos puntos recuerda de cerca las enseñanzas de Escrivá. ¿Qué le ha supuesto al leerla?

La llamada universal a la santidad es el quicio de la enseñanza del fundador del Opus Dei. Insistía siempre en que la santidad no es una cosa para privilegiados: «A todos llama el Señor, de todos espera Amor: de todos, estén donde estén; de todos, cualquiera que sea su estado, su profesión o su oficio». Dios llama a la santidad al profesor de enseñanza media, al artista, al empresario, al pinche de cocina, al agricultor, a quien se ocupa de las tareas domésticas, al periodista, al deportista, a quien sufre el drama del desempleo…

[El fundador del Opus Dei] insistía siempre en que la santidad no es una cosa para privilegiados

Ya, en vida, el fundador tuvo la gran alegría de ver cómo el Concilio Vaticano II confirmaba y proclamaba esta realidad: que la santidad es para todos. Por tanto, podrá comprender que cuando he leído Gaudete et exsultate haya pensado rápidamente en la alegría que habría experimentado san Josemaría, al ver esta nueva expresión del mensaje de la llamada universal a la santidad en palabras del Papa Francisco.

¿Qué le ha sorprendido más?

El Papa nos presenta las bienaventuranzas como el carnet de identidad de quien busca la santidad en la vida cotidiana. Es un camino que, a veces, requiere andar contracorriente, pero que, al final, precisamente, es bienaventuranza, o sea felicidad. Es muy importante hacer ver, con el ejemplo, que vivir cristianamente es también humanamente algo que compensa ya en esta tierra, a pesar de las dificultades que todos debemos soportar.

Me ha parecido muy hermosa la insistencia del Papa, a lo largo de toda la exhortación, en fundamentar la santidad a partir de pequeños gestos

El camino de las bienaventuranzas es también una vía de felicidad para nosotros y para los demás. Me ha parecido muy hermosa la insistencia del Papa, a lo largo de toda la exhortación, en fundamentar la santidad a partir de pequeños gestos, algo también muy característico de san Josemaría, que en su libro Camino escribe: ¿No has visto en qué "pequeñeces" está el amor humano? —Pues también en "pequeñeces" está el Amor divino.

 

 

¿Qué leer? (I): Nuestro mapa del mundo

Leer, como escuchar, es un valor esencial para ensanchar nuestro horizonte, de por sí limitado; para madurar nuestras perspectivas; para comprender la complejidad y, a la vez, la simplicidad de lo real. Leer para crecer, sin ahogarse en la marea de los libros: se aborda este reto en un editorial, en dos entregas.

Otros 07/10/2016

Opus Dei - ¿Qué leer? (I): Nuestro mapa del mundo

Cuando la humanidad comenzó a poner por escrito las máximas de sus sabios, los códigos que recogían las costumbres y las leyes, los relatos de los acontecimientos en los que se había forjado cada pueblo… nació la lectura. Hasta entonces la cultura –cultivo del alma– solo se escuchaba: únicamente lo que los hombres y las mujeres retenían en la memoria se transmitía a las siguientes generaciones, como un valioso mapa del mundo, como una antorcha en medio de la oscuridad.

Escuchar sigue siendo hoy fundamental en nuestra vida: encauza nuestro primer acceso al lenguaje, le da forma mientras vivimos, y, sobre todo, hace posible el diálogo, que es una de las fibras del tejido mismo de la vida. A la vez, para escuchar y dialogar de verdad, se hace necesario leer. La lectura ocupa por eso un lugar irreemplazable en la cultura: la memoria de la humanidad es hoy también, en una medida importante, palabra escrita, letra que espera el diálogo con un lector.

Prestar atención

Escuchar y leer son hábitos esenciales para ensanchar nuestro horizonte, de por sí limitado; para madurar nuestras perspectivas; para comprender la complejidad y, a la vez, la simplicidad de lo real… Suponen, uno y otro, capacidad de prestar atención. Los medios de comunicación, las redes sociales, los operadores telefónicos, se disputan precisamente nuestra atención, como su capital más preciado. Es fácil que la abundancia de reclamos la fragmenten, como sucede a alguien que está siendo constantemente interrumpido. Esa atención fragmentada no deja de ser útil para los beneficios del Big Data, para los gigantes de la comunicación; pero a nosotros nos empobrece quizá, porque tiende a volcarnos hacia afuera: nos puede dejar sin dentro. Frente a esa dinámica de dispersión, la capacidad de prestar atención a una cosa, a un libro, a una conversación, encierra un gran potencial.

Ser verdaderamente capaz de leer es más que saber poner voz a las letras: es ser capaz de recogerse, de habitar dentro de sí mismo, de leer en las situaciones y las personas.

La atención genuina es mucho más que un esfuerzo puntual para retener datos: permite que la realidad, las personas, los acontecimientos… nos golpeen, nos sorprendan, y que las relaciones que nacen con esos encuentros se mantengan vivas dentro de nosotros. La escucha y la lectura, como formas de atención, hacen posible la vida espiritual. Y, por eso, humanizan el mundo, y contribuyen a reconciliarlo con Dios. Quien lee y escucha profundiza en la experiencia de lo que vive, gracias a un proceso de interiorización, análogo al que se dio cuando Natán, a través de una parábola, llevó al rey David a hacer penitencia[1].

Legere significa, originariamente, recoger, reunir. Ser verdaderamente capaz de leer es más que saber poner voz a las letras: es ser capaz de recogerse, de habitar dentro de sí mismo, de leer en las situaciones y las personas. El gran diálogo que es la cultura humana se nutre de estas aptitudes. Y sin embargo, incluso para una persona con una mediana cultura, la aceleración de la vida entraña el riesgo de no leer; de que, arrastrados por la multiplicación contemporánea de los frentes de atención, se nos pasaran las semanas y los meses sin que encontráramos tiempo para sentarnos con un libro entre las manos. Nuestro mapa del mundo, entonces, pudiendo tener tres dimensiones, se limitaría a unas precarias curvas de nivel. Y nuestro diálogo con los demás, pudiendo percibir la gran escala de matices de la realidad personal y social, se quedaría en cuatro colores elementales, con los que sería difícil aportar, ayudar a mejorar el mundo.

San Josemaría siempre animó, a quienes se acercaron a su vera, a tener una mirada amplia, y a cultivarla; porque un cristiano es alguien capaz de asombrarse, dispuesto a pensar, a revisar las propias opiniones, para llevar el Evangelio a todas partes. La lectura bien elegida –non legere, sed eligere, dice un adagio clásico– es una de las llaves maestras de esta actitud apostólica. «Para ti, que deseas formarte una mentalidad católica, universal, transcribo algunas características: –amplitud de horizontes, y una profundización enérgica, en lo permanentemente vivo de la ortodoxia católica; –afán recto y sano –nunca frivolidad– de renovar las doctrinas típicas del pensamiento tradicional, en la filosofía y en la interpretación de la historia…; –una cuidadosa atención a las orientaciones de la ciencia y del pensamiento contemporáneos; –y una actitud positiva y abierta, ante la transformación actual de las estructuras sociales y de las formas de vida»[2].

https://odnmedia.s3.amazonaws.com/image/opus-dei-17d28f05065694fc4e805271ad6b1f73.jpgEl hábito de leer

Pedagogos y especialistas en educación de la gente joven señalan que es difícil alcanzar hábitos de lectura si no se han adquirido desde la infancia. También se constatan con frecuencia diferencias significativas entre los chicos que leen y los que no lo hacen casi nunca: quienes leen suelen tener mayor facilidad para expresarse, mayor capacidad comprensiva, un mejor conocimiento propio; quienes, en cambio, se focalizan en otras formas de entretenimiento, suelen tener más dificultades para madurar. Quizá no el uso, pero sí el abuso de los videojuegos, por ejemplo, hace que la gente joven sea a veces menos imaginativa: su mundo interior se desertifica, y se vuelve dependiente de los estímulos, excesivamente básicos, de esas formas de diversión. Con todo, es obvio que no se logra fomentar la lectura a base de demonizar la televisión o los videojuegos, o presentándola como un deber moral; más bien es necesario remover el fondo del alma, despertar la fascinación por las historias, la belleza, la chispa de la inteligencia y de la sensibilidad.

Para fomentar la lectura, más que demonizar la televisión o los videojuegos, es necesario remover el fondo del alma, despertar la fascinación por las historias, la belleza, la chispa de la inteligencia y de la sensibilidad.

Es bueno descubrir en cada familia quien puede ejercer ese papel: el padre, la madre, un hermano mayor, un abuelo… y apoyarse también en la labor de profesores, monitores del club juvenil, etc. Al atender a la sensibilidad del joven lector, él mismo descubre su itinerario, que incluye grandes hitos de la literatura universal –cada uno a su tiempo–, y otros títulos que corresponderán a su peculiar personalidad. Esta tarea, que no requiere mucho tiempo, pero sí un poco de cabeza y constancia, es decisiva. A veces, habrá que ayudarles –también con el ejemplo– a encontrar momentos para leer, de modo que experimenten el placer de la lectura, sin caer en el egoísmo de preferirla siempre a la conversación y la convivencia. Probablemente muchos recordamos los primeros libros que nos regalaron o que leímos, las historias que nos contaban en la infancia, las ediciones de obras clásicas o de textos de historia sagrada adaptados para los niños; quizá nos quedó grabada la personalidad de aquel profesor que nos descubrió la poesía, o nos contagió el entusiasmo por un determinado autor.

Cuando empieza la labor profesional y la vida se acelera, aun quien percibe los beneficios de la lectura se encuentra quizá con que el tiempo que puede dedicarle es demasiado breve. De ahí la importancia de saber defender un rato para leer: quizá no sea mucho lo que se consiga cada día, pero es cuestión de prioridades, de orden, de quitar minutos a actividades menos importantes. En parte «no es tiempo lo que nos falta, sino concentración»[3]. A la vez, uno disfruta cuando sabe aprovechar situaciones recurrentes: viajes en tren, en avión, en medios públicos; esperas, y, por supuesto, momentos de descanso. Quien tiene siempre consigo un libro –cosa que ahora resulta más fácil de lograr con los lectores digitales, tablets, etc.– puede aprovechar minutos preciosos, a veces imprevistos. Aunque la suma de pocos ratos a veces parecerá un riego gota a gota, pasan los días y los meses, y crece la vegetación.

Las tecnologías digitales también han facilitado la proliferación de audiolibros y audios de artículos de revistas, e incluso la lectura automática de casi cualquier texto: recursos muy útiles para quien tiene que pasar, por ejemplo, muchas horas al volante, o caminando, o realizando trabajos domésticos. Los audiolibros, sobre todo cuando se trata de buenas grabaciones, muestran que leer es otra forma de escuchar, y nos devuelven en cierto modo a aquella época en la que en torno a un lector se reunía un grupo de oyentes que gozaban de un don del que carecían: ¡poder leer!

Ante la marea de libros

Cada año se editan en el mundo miles de libros, sin contar la ingente literatura científica, cada vez más especializada. Además, internet da acceso, muchas veces gratuitamente, a infinidad de medios de comunicación y servicios de información y de opinión. Ante tantas posibilidades, y con la evidente limitación de tiempo de cada uno, resulta más actual que nunca esa consideración que hacía, retrospectivamente, san Juan Pablo II. «Siempre he tenido un dilema: ¿Qué leo? Intentaba escoger lo más esencial. ¡La producción editorial es tan amplia! No todo es valioso y útil. Hay que saber elegir y pedir consejo sobre lo que se ha de leer»[4].

La lectura puede ser un buen entretenimiento para momentos de descanso: hay abundancia de libros en ese sentido. Ciertamente, otra cosa es la lectura –quizá más serena y espaciada– de obras que ensanchan el espíritu. Existe una larga tradición de libros que educan y a la vez deleitan, pero aun así puede suceder que una persona dedique casi exclusivamente su tiempo de lectura a los libros de evasión. No se trata, por tanto, de la materialidad de «leer mucho», sino de leer –en consonancia con la capacidad y las circunstancias de cada uno– también obras de calidad filosófica, teológica, literaria, histórica, científica, artística, etc., para que se enriquezca nuestra visión del mundo. Son tantas las historias, los enfoques, los campos del saber que pueden hacernos crecer por dentro que, con un poco de paciencia, siempre se puede dar con libros de altura que vayan con uno.

A la hora de elegir, es importante tener en cuenta que no pocas empresas de comunicación controlan negocios editoriales y, lógicamente, al informar, dan prioridad a las publicaciones de su grupo, en detrimento de otros libros quizá más valiosos, pero editados por empresas quizá más pequeñas o con menos presencia en la prensa, la radio, la televisión. Por eso conviene evitar la valoración exagerada de lo último publicado, o de lo más vendido, como si eso fuera garantía de calidad. «Hay libros de los cuales los lomos y la cubierta son, con diferencia, lo mejor»[5], escribía, irónicamente, Charles Dickens. Querer estar siempre a la última podría hacer que se nos escaparan otros títulos más divertidos, inteligentes o creativos, olvidados en las estanterías de las bibliotecas o de nuestra casa. Si no se dispone de mucho tiempo y existen tantos buenos libros, vale la pena elegir cuidadosamente lo que se lee y no dejarse llevar por simples reclamos publicitarios.

Cuando uno ha visto una película mediocre puede lamentarse por haber perdido dos horas de su vida. Sin embargo, cuando llegamos al final de un libro quizá bueno, pero que nunca llegó a interesarnos realmente, podemos haber perdido mucho más tiempo. Si un libro no logra ganársenos, y no hay especiales motivos para leerlo, quizá no vale la pena proseguir con la lectura: nos esperan muchos otros libros que quizá aportarán más. El zapping con los libros puede encubrir impaciencia o falta de fijeza, pero no pocas veces permite dar con los títulos que hacen disfrutar y crecer a cada uno.

«Hay libros de los cuales los lomos y la cubierta son, con diferencia, lo mejor» (Charles Dickens).

El lector que se asoma a un libro no cierra ningún contrato con el autor, por el que se le impida leer en diagonal, o adquiera el compromiso de llegar hasta el final. Hay quien tiene la costumbre de abrir los libros por una página determinada: si esa página se los gana, leen el libro; si no, lo dejan. Es bueno, sin duda, dar al autor la oportunidad de ganarse nuestra atención; pero a la vez ¿para qué dedicar tiempo a uno con el que no nos entendemos? Por supuesto, como puede suceder con los grandes clásicos, la falta de sintonía a veces se debe a una carencia en la formación literaria. Quizá una obra deberá descansar un tiempo en la estantería; se la podrá retomar a la vuelta de los meses o de los años, o daremos por el camino con otro buen libro. Toda una vida no bastaría, en cualquier caso, para leer los libros que hoy se consideran como clásicos. También entre ellos, de Aristóteles a Shakespeare, de Cicerón a Molière, Dostoievski o Chesterton, se aprende a elegir, como entre las amistades: «Es cualquier libro discreto / que si cansa, de hablar deja / un amigo que aconseja / y reprehende en secreto»[6].

Texto: Luis Ramoneda - Carlos Ayxelà

Fotos: ITU pictures / Kat Northern Lights Man (cc)


[1] Cfr. 2 Sam 12, 1-19.

[2] San Josemaría, Surco, 428.

[3] A. Zagajewski, En la belleza ajena, Valencia, Pre-textos 2003, 165.

[4] San Juan Pablo II, ¡Levantaos! ¡Vamos! Plaza & Janés, Barcelona 2004, 89.

[5] C. Dickens, Oliver Twist, Alba, Barcelona 2004, 130.

[6] Lope de Vega, La viuda valenciana, Castalia, Barcelona 2001, 104.

 

 

Una muchacha en la flor de la edad

Por: José Luis Martín Descalzo
El suceso fue muy llamativo. Ocurrió en Cafarnaún, una ciudad grande, y con la hija de un personaje muy conocido, llamado Jairo y que era jefe de una de las sinagogas de la ciudad. Jesús acababa de regresar de la otra orilla del lago y la fama de la curación del endemoniado de Gerasa había corrido más que él. En Cafarnaún le esperaban impacientes, pero más que nadie Jairo, cuya hija de doce años estaba agonizante. Doce años eran la flor de la edad para una muchacha de aquel tiempo. Era entonces cuando se prometían, y muy poco después se casaban. Tal vez los padres tenían ya buscado partido a la pequeña. Y ahora llegaba a desposarla la muerte.

En cuanto la barca de Jesús atracó, el padre angustiado corrió a él. Y esta vez él no se resistió y se puso en camino. Fue entonces cuando ocurrió la escena de la hemorroísa. Para Jairo esta detención fue, al mismo tiempo, una angustia —¡la muchacha podía morirse de un momento a otro!— y una gran esperanza: si Jesús curaba a aquella mujer con sólo tocar la orla de su manto, mucho más podría detener la enfermedad de su hija.

Pero, apenas su corazón se había embarcado en esta esperanza, llegó la amarga noticia: «No molestes más al Maestro: tu hija ha muerto». Jesús oyó la noticia y miró a Jairo. ¿Cómo hablar? ¿Qué decir? Había pasado tan rápido del entusiasmo a la más cruel amargura, que ni las lágrimas llegaban a sus ojos. Fue Jesús quien habló: «No temas. Cree solamente y será salva».

Jairo no entendía nada. Sabía que la enfermedad podía curarse. Pero estimaba imposible que alguien pudiera regresar desde el otro lado de la muerte. ¿O quizá...? Recordó las lecturas de Elías y Elíseo, que más de una vez habían glosado en su sinagoga. Y se agarró a aquel clavo ardiendo.

Cuando llegaron a la casa, oyeron esa algarabía oriental que tanto contrasta con el silencio con que nosotros rodeamos hoy a los muertos. Las plañideras mercenarias —que estaban como cuervos esperando la muerte de la muchacha para ganar unos denarios— habían acudido y mesaban sus cabellos entre gritos, como si tuvieran el corazón realmente desgarrado. Entonaban letanías de elogios a la pequeña. Todos los textos bíblicos parecían haberse escrito para ella. Los tañedores de flauta hacían oír sus aires estridentes y lúgubres.

Apenas se hizo un momento de silencio al ver aparecer en la puerta al apenado padre. Jesús aprovechó este silencio para hablar. «¡Retiraos!», dijo a plañideras y flautistas, que vieron, por un momento, en peligro sus esperadas ganancias. «La niña, añadió, no está muerta, sino dormida». Ahora saltaron las carcajadas de burla. Aquella frase les pareció a todos una broma de mal gusto. El famoso taumaturgo debería tomarse, al menos, la molestia de ver a la muchacha antes de hablar. Lo sabrían ellos, que la habían amortajado con su blanco vestido de novia.

Pero Jesús no se inmutó ante las risas. Con sereno ademán de autoridad, hizo salir a todos de la casa y se quedó solo con los padres de la pequeña y con tres de los suyos. Se acercó entonces al lecho donde la niña «dormía». La tomó de la mano. Jairo pensó que tal vez se tendería, como Elíseo, sobre ella. Pero Jesús nada de eso hizo. No prorrumpió en largas oraciones y conjuros. Simplemente se dirigió a la muchacha en arameo, la lengua familiar de todos ellos, y le dijo: «¡Talitha qumi». Los evangelistas nos han conservado el sonido original de las palabras. Era una llamada en lenguaje cariñoso: Chiquilla, levántate (muñeca, levántate, traducen algunas versiones).

Todo fue así de sencillo. No hubo aspavientos ni gestos dramáticos. Fue como despertar a una persona dormida. La niña se incorporó, y se puso a andar. También esta vez los padres vacilaron un momento. Pero, luego, los abrazos parecían no concluir. Jesús debió de sonreír al ver la escena. Y, entre sonrisas, interrumpió los abrazos. ¡La muchacha estaba tan débil y pálida! «¡Dadle de comer!», dijo. Sólo ahora se dio cuenta de ello la madre. ¿Quién pensaba en eso cuando acababa de recobrarla de la muerte? Pero corrió a preparar algo. Y la muchacha miraba a todos, asombrada, mientras volvía a hacer esa cosa desacostumbrada que era el comer.

«¡Guardad silencio sobre esto!», pidió a los padres. Sabía que no le harían caso. Pero quería que, al menos, le dejaran salir tranquilo de la casa. Pero la multitud que, mientras tanto, se había acumulado a la puerta, entendió, sólo con ver su rostro al salir, que algo enorme había ocurrido allí dentro.

Aquella noche en Cafarnaún la gente tardó mucho tiempo en dormirse. No entendían. Desde hacía meses estaban ocurriendo en su alrededor tales cosas que empezaban a no saber qué era la vida y qué la muerte. Sabían, sí, que aquel extraño predicador era más que lo que parecía. Recordaban a Elías y Elíseo y comparaban. Éste hacía los prodigios con una naturalidad sorprendente. Y no explicaba nada. Les plantaba ante los hechos y se iba. Empezaban a sospechar que por sus calles caminaba alguien que era el Señor de la vida y de la muerte. Y esto les parecía tan hermoso que no se atrevían a creerlo.

Por José Luis Martín Descalzo

 

 

San Pedro y San Pablo

Ernesto Juliá

Delante de la escalinata que cierra la plaza de San Pedro en Roma, las dos figuras de san Pedro y de san Pablo muestran al visitante el camino de la Basílica, y le animan a entrar en ella.

Los dos apóstoles, además de sugerir mirar la mole del Vaticano, invitan a pensar en su labor de sostener viva y firme la Iglesia fundada por Cristo, que los contempla desde el pináculo de la fachada de la Basílica.

La Roca es Cristo, como recuerda san Agustín, y ha querido fundar su Iglesia sobre la roca de Pedro; y, a la vez, escoge a Pablo para que desde el principio acompañe a Pedro y a los Apóstoles en su tarea de anunciar a Cristo. Convierte la fragilidad de Simón en piedra firme, Pedro, por la fortaleza del Espíritu Santo. Y convierte la diligencia y el alma grande de Pablo, para que acompañe siempre a Pedro, y le ayude en su caminar y en su misión de fortificar en la Fe a todos los creyentes.

Pedro y Pablo siguen vivos en la Iglesia, y existirán siempre. Cada uno con una misión

San Pedro dijo: “A quién iremos, Señor, Tú tienes palabras de vida eterna, nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el Cristo Hijo de Dios”.

Los dos elegidos por el Señor para seguir Su obra en aquel momento de la historia de los hombres, y a lo largo de los siglos. Y ahí siguen, firmes a los pies de la escalinata que asciende hasta la Basílica desde la Plaza de san Pedro.

La misión de Pedro y la misión de Pablo siguen vivas en la Iglesia. La de Pedro por la ininterrumpida lista de Papas, eslabón tras eslabón, cuidando de la Fe de todos los creyentes.  “Para que el Episcopado mismo fuera uno solo e indiviso, puso al frente de los demás Apóstoles a san Pedro y él mismo estableció el principio y fundamento perpetuo y visible de la fe y comunión” (Lumen Gentium, n. 18).

 No es otra la tarea del Papa. El Señor se lo dijo con toda claridad: “Simón, Simón, mira que Satanás os busca para cribaros como el trigo, pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32). Palabras de Jesús que seguirán vivas hasta el final del tiempo.

Y la de san Pablo, en esa cadena de hombres y de mujeres, fundadores y  santos que han abierto siempre nuevas veredas del caminar cristiano, que han ido siempre a convertir los “gentiles” de cada época, con el mismo ímpetu, y caridad con que san Pablo se dirigió a los gentiles de su tiempo.

Atanasio, Basilio, Agustín, Benito, Bernardo, Tomás de Aquino, Domingo, Brígida, Cayetano, Ignacio, Teresa de Ávila, Ángela de Merici, Catalina de Siena, Juan Bosco, Francisco, Josemaría, Teresa de Calcuta, Teresa de Lisieux, Edith Stein, y un largo etc.,  hombres y mujeres que han dado gloria a Dios en su vivir terreno, siempre fieles a la Iglesia y a Pedro, y de los que el Señor se ha servido para iluminar con su palabra y con su ejemplo, la oscuridad de tantas almas y abrir nuevos caminos para el andar cristiano. Y con ellos, tantos padres y madres de familia que han educado en la Fe a hijos y nietos; y han llenado de luz de amor el corazón de tantos hogares cristianos.

En un momento de los comienzos de la expansión de la Iglesia, san Pedro escuchó con humildad y mucha gracia de Dios, las consideraciones de san Pablo y así comprendió mejor a no “judaizar” y a no dejarse llevar por “espíritu del tiempo”, y siguió más fielmente las indicaciones de Cristo; y san Pablo acudió a Jerusalén para recibir la confirmación de San Pedro para toda la labor que estaba desarrollando entre los gentiles, y “no correr en vano”.

El Señor, Él es la Cabeza de la Iglesia, aúna a todas las fuerzas vivas que el Espíritu Santo hace palpitar en la inteligencia y en el corazón de los creyentes para vivir esta misión. Y, lógicamente, también en la inteligencia y en el corazón de los Pedros y Pablos vivos cada momento en la Iglesia.

Todos los cristianos estamos llamados a “convertirnos” hasta el final de nuestros días en la tierra; y así “convertidos”, confirmar en la fe a nuestros hermanos. Los Pedros y los Pablos hacen lo posible por seguir también ese mismo camino, en la humildad de ser solo –y dando gracias a Dios de serlo- “Siervos de los siervos de Dios” el mejor título del que se precian los Papas.

ernesto.julia@gmail.com

 

Testimonios no cristianos de la existencia de Jesús de Nazareth

Testimonios no cristianos de la existencia de Jesús de Nazareth

No fue considerado significativo para los historiadores de su tiempo aunque Flavio Josefo y Tácito se refieren a Cristo en sus escritos

¿Padeció bajo el poder de Poncio Pilato? De la existencia de Jesús de Nazareth no duda ningún historiador serio. Para el historiador especializado en culturas antiguas Michael Grant, ya fallecido, hay más evidencia de que existió Jesús que la que tenemos de famosos personajes históricos paganos. También James H. Charlesworth escribió: «Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier palestino judío antes del 70 d.C.». E. P. Sanders en «Lafigura histórica de Jesús» afirma: «Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Teudas, Judas el Galileo y otra de las figuras cuyos nombre tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar». y F.F. Bruce, autor de «¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?», sostiene que «para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César».

«La muerte en cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús», señala a ABC Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Jesús no fue considerado como significativo por los historiadores de su tiempo. Si aparece en la literatura pagana y judía de la época fue por el empuje de los cristianos que le siguieron. «Ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande», explica Guijarro en «El relato pre-marcano de la Pasión y la historia del cristianismo».

El historiador norteamericano John P. Meier relata en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico» cómo «cuando en conversaciones con gente de la prensa y el libro (…) ésta fue casi invariablemente la primera pregunta: Pero ¿puede usted probar que existió? Si me es posible reformular una interrogación tan amplia en una más concreta como «¿Hay pruebas extrabíblicas en el siglo I d.C. de la existencia de Jesús? Entonces creo que, gracias a Josefa (Flavio Josefo), la respuesta es sí».

Flavio Josefo (93 d.C.)

El historiador judío romanizado (37 a 110 d.C.) recoge en el texto conocido como «Testimonium flavianum» de su libro «Antigüedades judías (91-94)» una referencia a Jesús que si bien se cree que fue retocada con las frases abajo entre paréntesis, se considera auténtico: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profestas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido».

En Ant. 20.9.1. también hace referencia a «Jesús, que es llamado Mesías» al dar cuenta de la condena a Santiago a ser apedreado.

Tácito (116 d.C.)

El historiador romano (56 a 118 d.C) menciona a «Cristo» en sus «Anales» escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo «para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo».

Los historiadores consideran a Flavio Josefo y Tácito como los testimonios primitivos independientes relativos al mismo Jesús más consistentes, aunque también hay otras fuentes que recogen datos sobre los primeros cristianos:

Plinio, el joven (112 d.C.)

Procónsul en Bitinia del 111 al 113 y sobrino de Plinio el Viejo. Se conservan 10 libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo «como a un dios»: «Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen».

Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos, pero que, cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.

Suetonio (120 d.C.)

El historiador romano (70-140 d.C.) hace una referencia en su libro «Sobre la vida de los Césares» donde narra las vidas de los doce primeros emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal «Chrestus» al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: «Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus».

La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre ningún Chrestus agitador desconocido.

En los Hechos de los Apóstoles se recoge este acontecimiento: «[Áquila y Priscila] acababan de llegar [a Corinto] desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma».

Luciano (165 d.C.)

El escritor griego Luciano de Samosata satiriza a los cristianos en su obra «La muerte de Peregrino»: «Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres (…) Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes».

Mara Bar Sarapión (Finales del siglo I)

Existe una carta de Mara Ben Sarapión en sirio a su hijo en la que se refiere así a Jesús, aunque no lo menciona por su nombre: «¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino? Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas».

Celso (175 d.C.)

En «Doctrina verdadera» ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí muchas de sus citas por la refutación que escribió Orígenes unos 70 años después.

«Colgado» en el Talmud

El gran erudito judío Joseph Klausner ya escribió a principios del s.XX que las poquísimas referencias del Talmud a Jesús son de escaso valor histórico. En el tratado Sanhedrin 43a se menciona a «Yeshú»: «Antes pregonó un heraldo. Por tanto, sólo (inmediatamente) antes, pero no más tiempo atrás. En efecto contra esto se enseña: “En la víspera de la pascua se colgó a Jesús”. Cuarenta días antes había pregonado el heraldo: “Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel, haciéndole apostatar. El que tenga que decir algo en su defensa, venga y dígalo”. Pero como no se alegó nada en su defensa, se le colgó en la víspera de la fiesta de la pascua».
«Muy probablemente el texto talmúdico se limita a reaccionar contra la tradición evangélica», considera John P. Meier en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico»

M. Arrizabalaga para ABC

 

EUTANASIA: ERROR O… CRIIMEN

Ing. José Joaquín Camacho                                                     

Siglo 21, sábado 7 julio 2018

           

            En los últimos tiempos han aparecido propuestas, en algunos medios de  la opinión, para incluir la eutanasia y el suicidio médicamente asistido como parte de los cuidados paliativos. Contra ese planteamiento ha tomado postura la International Association For Hospice & Palliative Care, la principal organización del sector, en una razonada y convincente declaración.

            Como punto introductorio aclara algunas nociones básicas sobre la atención paliativa, según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Cuidados paliativos es un enfoque que mejora la calidad de vida de los pacientes que enfrentan los problemas asociados con una enfermedad mortal y la de su familia, a través de la prevención y el alivio del sufrimiento por medio de la identificación temprana y una impecable evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas físicos, psicosociales”.

Lo que si queda claro es que la eutanasia es que “Matar, incluso invocando la compasión, no es en ningún caso cuidar. Urge salvaguardar la vocación de la medicina”

            Y es bueno recordar aquí la historia de un muchacho de 15 años que acaba de morir en Bélgica: había solicitado la eutanasia como vía de escape a una enfermedad incurable, y un médico, procedió a quitarle la vida (aceprensa sept 2916). La ley belga permite, desde 2014, que se aplique el suicidio asistido a menores, siempre que padezcan un gran sufrimiento físico y su pronóstico de vida restante sea de muy corto tiempo.

            Y se comentaba -y no sólo para el caso de los menores- que mal, pero que muy mal, parecen estar aplicando la realidad, harto comprobada de la mejoría de la calidad de vida del paciente terminal cuando se le sigue una apropiada estrategia médica; cuando se ve arropado por el trato afectivo de quienes le rodean y aliviado por una eficaz terapia de aminoración del dolor. Por desgracia, esta vez se ha elegido la salida más expedita del “problema”, una solución que no entraña sacrificio alguno… salvo para el enfermo, que lo matan.

            Cuando las leyes llegan a ese extremo, es señal de que está en crisis toda una sociedad; e invita a un examen de conciencia en la cultura occidental…

            Estamos ante algo más que “no matar” niños. Viene bien recordar que la primera orden directa de practicar la eutanasia vino del dictador alemán Hitler, en 1939, cuando los primeros 273,000 niños con enfermedades genéticas, ancianos, enfermos y retrasados mentales fueron "caritativamente" asesinados: ya la población alemana había sido preparada con argumentos que recuerdan los que ahora utilizan los defensores de poder matar enfermos. Utilizaron técnicas similares a las de las campañas actuales para introducir antivalores en la sociedad. Una de ellas es propagar imagen de una amplia demanda social, sobre datos inventados o incomprobables. Y sobre todo, los valores que fortalecen la sociedad no se comprueban por mayoría de votos: si se hubieran sometido a votación las matanzas de esclavos por leones en el circo romano, la mayoría a favor  no las hubiera hecho aceptables éticamente. Otra técnica es "la manipulación del lenguaje", como cuando se habla del derecho a disponer de la propia vida, de la ayuda a morir con dignidad, etc., frases que intentan ocultar el carácter homicida de la eutanasia.

            Hablando claro: entre la eutanasia y el crimen no hay fronteras.

 

 

Dios y el cerebro.

Que existe Dios es algo que puede ser demostrado filosóficamente; y la demostración de su no existencia, según los filósofos, es prácticamente imposible. Es dogma de fe, proclamado por el Concilio Vaticano I, que el hombre puede llegar al conocimiento de la existencia de Dios.

El ateo y el indiferente, así como el creyente, alguna vez dudan de la existencia de Dios. Pero Dios no se suele presentar al modo de Frossard (“Dios existe, yo me lo encontré”), o al de García Morente (como un hecho “sorprendente”). Aparentemente pasa inadvertido. Sin embargo, el hombre lo necesita, y si quiere, le busca y le encuentra.

 El Ser Supremo “se escapa” a la comprobación experimental, no es un objeto de las ciencias experimentales. A este respecto, Collins, Premio Príncipe de Asturias 2001, el mayor responsable de la secuenciación del genoma humano, afirmaba que la complejidad de la estructuración del genoma le habla de la existencia de un Creador.

Algunos científicos, materialistas, sin demostración a este respecto (es un prejuicio), declaran que Dios es un producto cerebral.

Así por ejemplo, Hamer ha buscado, sin resultados, en gemelos los genes que tienen que ver con la religión, el “gen de Dios” (gen VMAT2); según él, la espiritualidad sería una de nuestras herencias básicas.

Newberg afirma que las experiencias místicas son provocadas por el lóbulo temporal del cerebro. Y declara que nuestro cerebro puede modificar nuestra religiosidad, y que el cerebro nos convence de la firmeza de nuestras creencias.

Persinger dice haber conseguido la sensación de la presencia de Dios en individuos a los que les practicó una estimulación magnética transcraneal. A este respecto, Dawkins se sometió a estas experiencias y dice que no sintió nada especial. La estimulación del lóbulo cerebral temporal izquierdo da lugar a una sensación como de salida del yo y de estar en presencia de Dios. También los epilépticos y los esquizofrénicos pueden sentir tales experiencias.  Persinger habla también de la teoría de la tensión tectónica, como agente que influye en las experiencias religiosas, a todas luces, mera elucubración. La comunidad científica es escéptica en relación a todas estas afirmaciones (entre otros, por parte de Granqvist). Por otra parte, no son iguales los delirios místicos de los enfermos mentales que las experiencias religiosas de personas sanas.

Kapogiannis habla de un incremento en el volumen de la corteza temporal medial derecha en la relación íntima con Dios;  y de una disminución del precuneus y de la corteza orbitofrontal izquierda en el miedo a Dios; así como un aumento del precuneus derecho en la duda religiosa. (El precuneus se localiza en la zona interna de cada hemisferio cerebral;  la corteza orbitofrontal está en el lóbulo frontal de cada hemisferio).

Se han publicado trabajos “científicos” sobre el asiento cerebral de las experiencias religiosas. Algunos se encabezan con títulos como: “God part of the brain”, “God’s spot”, “God on the brain”, que manifiestan que sus autores piensan que las experiencias religiosas son un producto de la actividad cerebral.

En contraposición, hay que citar, entre otros, a Beauregard, que dice que la experiencia religiosa es racional, y habla de la activación de numerosas áreas cerebrales en experiencias realizadas con monjas carmelitas. Y dice que no se puede hablar de un lugar o área de Dios en el cerebro, ya que en las experiencias místicas se involucra todo el cerebro.

San Juan de la Cruz, en su libro “Subida al Monte Carmelo”, dice: “visiones, revelaciones, locuciones, son puramente espirituales, porque no se comunican al entendimiento por vía de los sentidos corporales sino que se le ofrecen por vía sobrenatural, pasivamente” (cp. 23, 1). Así pues, en la experiencia mística quien toma la iniciativa es Dios y no el cerebro.

El hombre es una unidad cuerpo – alma, y es lógico que en la meditación, la oración, el arrebato místico, participe todo el organismo, y por tanto, que pueda haber cambios en la presión arterial, en el pulso, etc., y que se activen varias estructuras cerebrales (unas más que otras), como ocurre también con ocasión de otras actividades humanas (experiencias amorosas, alegría, tristeza, etc).  Pero esto no quiere decir que Dios sea un producto del cerebro. Sería una frivolidad, una afirmación acientífica.

Vivimos actualmente  inmersos en un terremoto cultural en que las bases de la civilización parecen tambalearse. Se trata de repensar los problemas de siempre. Es cuestión de no atenerse al color del cristal de una concreta ciencia experimental. Eso sería miopía. Dios está fuera y por encima de una óptica a ras de tierra.

Se trata de plantear los problemas de siempre de acuerdo a la cambiante y evolutiva visión que del mundo ahora se tiene, sin complejos, sin miedos, pues la verdad no cambia. Verdad, belleza y  bondad son tres pilares trascendentales en la actividad humana. Alterar, sustituir estos fundamentos no va con lo natural.

 

CERCA  DEL EPÍLOGO

Por René Mondragón

 

LES HA IDO MUY BIEN

 

Dice Carlos  Elizondo Mayer Serra que a “Morena le ha ido muy bien; mejor de lo que ellos esperaban” -entrevista con Pepe Cárdenas en –Radio Fórmula- y habló de los retos para el siguiente gobierno.

 

Enrique Alfaro, candidato a gobernador por Jalisco, destaca que el escenario nacional era complejo y que, a pesar de todo, se han ganado todos los municipios y los distritos de mayoría, así como el Senado.

 

A primera lectura, el maestro José Antonio Crespo sostiene que no hay novedades importantes en el proceso electoral. Que en Puebla, hay un margen pequeño para Morena y Veracruz se agregan a la contabilidad del mismo partido. Se habla de un desplome fuerte del PRI en todo el país, pero eso no tiene nada sorprendente.

 

El PRI aspiraba a gobernar Yucatán, pero si el estado es ganado por el PAN, el ex partidazo empezará a diluirse. Sin embargo, profetizó el triunfo del tabasqueño con fundamento en las encuestas de todas las casas. De ser este el caso, de las nueve gubernaturas –aunque los priístas aspiraban a ganar solo una- ese partido habría quedado sin triunfo alguno, lo que indicaría una debacle anunciada.

 

YA CASI

 

Al momento de teclear, faltan unos cuantos minutos para que Lorenzo Córdova dé información preliminar. La expectativa crece y crece fuerte.

 

Hay datos encontrados. Yeidkol asegura que Barbosa ganó en Puebla. Damián Zepeda dirigente nacional del PAN, ante los medios, declaró que Erik Alonso ganó.

 

No son resultados oficiales, solamente es un ejercicio estadístico: Según la plataforma político.mx, aparecen las siguientes tendencias: Se dieron a conocer las primeras encuestas de salida con la tendencia de la elección para renovar la Presidencia de la República:  

El Financiero 

Ricardo Anaya 27%, José Antonio Meade 18%, AMLO 49%, Jaime Rodríguez Calderón, “el Bronco” 6%

El Heraldo

Ricardo Anaya 21-27%, José Antonio Meade 18-22%, AMLO 48-54%, Jaime Rodríguez Calderón, “el Bronco” 4-6%

Mitofsky

Ricardo Anaya 23-27%, José Antonio Meade 22-26%, AMLO 43-549%, Jaime Rodríguez Calderón, “el Bronco” 3-5%

LOS MENSAJES

 

Meade reconoció que no le favorecen las cifras  y Ricardo Anaya también.

 

QUÉ SIGUE

 

1.    Tendrá que cumplir con cada una de las promesas.

 

2.    Será necesario que el Plan de Gobierno deje de ser un catálogo de buenas intenciones y sea un documento rector, con objetivos medibles, políticas públicas claras; asertividad en la comunicación; gobernar para todos y evitar hacerlo facciosamente.

 

3.    Habrá que estar atentos al discurso que dentro de unos minutos pronunciará en el zócalo después del reconocimiento de su éxito que hicieran los competidores.

 

4.    Los nombres de los propuestos para el Gabinete: ¿Se modificarán o se ratifican?

 

5.    El PAN tendrá que realizar una cernida fuerte. De lo contrario, la auto-fagia podría dejarlo fuera de todos los escenarios políticos.

 

6.    AMLO será capaz de ejercer auto-crítica? ¿Abrirá espacios al disenso? El riesgo es gestar desde ahora, un monolito como los existentes en la izquierda latinoamericana.

 

Mañana será otro día.

 

Pintura de Germain Droogenbroodt

 

COMO HERENCIA SÓLO QUEDA UN NOMBRE

 

Este es un viaje de orilla a orilla
y de pies que van pasando
ayer y hace un instante
sin haber dejado huellas

Pregúntale a la espuma y a las rompientes olas
¿o está grabada en piedras redondeadas?
Pregúntale a los pájaros en vuelo
¿o está tallada en los pinos?

Qué queda

sino el nombre del viajero
registrado en ninguna parte.

 

MAHAYA MOHD.YASSIN, Malasia.

 

 

¿Qué es lo que nos causa más estrés?

 

Lucía Legorreta

“No hay estrés en el mundo, solo gente creando pensamientos estresantes y luego actuando sobre ellos”.


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Escuchamos hablar mucho del estrés, del daño que causa en nuestra vida. Sabemos que bloquea la zona del cerebro que se encarga de la resolución de problemas; que produce una distorsión entre lo que sucede y la interpretación que hacemos de la realidad.

Hace que seamos menos optimistas y que perdamos la empatía con quienes nos rodean. Causa ansiedad, nos hace pensar que en el futuro no nos irá bien y nos impide tomar buenas decisiones.

Y podríamos continuar con más y más, pero mejor vayamos a las causas principales y tratar en lo posible de disminuirlas.

Hoy, comparto contigo las cinco causas o elementos mencionadas por la psiquiatra española Marian Rojas, amiga mía, que están incrementando el estrés tanto en hombres como en mujeres en nuestra sociedad:

1. La obsesión por aprovechar el tiempo:

Hoy en día vivimos expuestos a un convencimiento que resulta muy perjudicial para la sociedad: la prisa y la aceleración producen mayores y mejores resultados. Si alguien comenta “no tengo tiempo…tengo prisa, lo asimilamos como normal y correcto. En cambio, cuando alguien señala que le sobra tiempo, uno se sorprende y lo juzga negativamente.

El ser humano únicamente posee una vida, y desaprovecharla genera sentimientos de angustia. Aparece la culpa cuando uno observa que el tiempo no es rentable o no ha sido bien exprimido. Existe una obsesión constante de llenar el tiempo de actividades productivas.

Nos olvidamos que si dejamos fuera todo aquello que nos gusta, con el tiempo uno deja de ser capaz de disfrutar de las cosas agradables que aportan felicidad.

2. Estar conectados: la tecnología

Hace unos años, se veía a las personas en el metro o en el autobús leyendo, escuchando música o simplemente mirando. La mente podía estar en blanco o soñando algo. Hoy en día, no solo en el metro o autobús, sino en un elevador, consultorio o hasta caminando vemos a hombres y mujeres de todas las edades enfrascados en su celular o computadora.

Investigaciones advierten que la “sobre estimulación” temprana puede, no sólo originar desórdenes en el ámbito del manejo del estrés, sino también influir en el proceso de atención y aprendizaje

Para reflexionar hacia donde vamos y como está nuestra vida hace falta tiempo, silencio, espacio, atención, tranquilidad, sosiego y paz. Todos estos ingredientes se diluyen su estamos inmersos en la tecnología por horas y horas.

3. Perder el control:

Tercera causa del estrés. Para el ser humano es más importante tener la razón que vivir. Cuesta aceptar que uno está equivocado. La mente manda, ordena y controla.

El deseo de controlarlo todo genera una gran angustia. Hay que fiarse de la vida, de las buenas intenciones y de los grandes corazones.

Cuando el estrés te invada o temas perder el control, cuando tu cabeza se agote o tu cuerpo no te responda, por el corazón y el resto sucederá. No puedes tener control absoluto de todo.

4. El ego:

El ser humano teme a dos muertes: la muerte al final de la vida y la muerte como desaparición de la propia identidad.

Esta última, es miedo a cambiar, es el origen de muchos problemas. Las personas no quieren transformarse. Tienen pánico a reinventarse debido a que si individualismo se ha convertido en su zona de confort y les aporta una relativa paz que no los llena.

La humildad es la base de todo cambio, y por ello se precisa dejar de lado al ego que nos bloquea, para llegar al interior, redescubrir nuestros talentos y volver a nacer sin miedo al cambio. Donde hay humildad, has sabiduría.

5. Ser perfectos:

El perfeccionista es el eterno insatisfecho. Nada está nunca a la altura de lo deseado. No puede vivir en paz. Vive en constante duda de todo, porque quiere llegar a un gran nivel, a veces irreal.

Ser perfeccionista es una labor agotadora, porque te comparas siempre con el resto y nunca será suficiente. Hay que aceptar que somos seres humanos y cometemos errores.

Como dice Wayne Dyer: “no hay estrés en el mundo, solo gente creando pensamientos estresantes y luego actuando sobre ellos”.

Piensa muy bien si estás cometiendo alguno de estos cinco errores: obsesivo por aprovechar el tiempo, inmerso en la tecnología, quieres siempre tener el control, eres muy egoísta o demasiado perfeccionista? Quizás por eso vives demasiado estresado: cámbialo hoy y vive más tranquilo y en paz.

 

 

Los millennials y los horóscopos

Escrito por P. Mario Arroyo.

Jóvenes horóscopo

Los millennials han crecido escuchando una y otra vez que la ciencia lo explica todo, o lo explicará en un futuro, o lo que no pueda explicar simplemente no tiene explicación.

Con gran sorpresa me he encontrado con que estudiantes universitarias consultan regularmente su horóscopo. Personalmente siempre me había parecido que hacía falta una fuerte dosis de ignorancia para creer en tales supersticiones, por lo que supuso un descubrimiento comprobar cómo buenas alumnas, de excelentes universidades, que manejan varios idiomas y han recorrido mundo, aceptan de forma acrítica los dictámenes, augurios y proyecciones de los horóscopos, llegando en ocasiones a la patología de tener que consultarlos, o la ansiedad por comprobar si efectivamente se han verificado las proyecciones de los mismos. 

Conversando con una de ellas sobre la irracionalidad de tal proceder, me comentaba con sencillez: ”funciona”, “las previsiones suelen ser acertadas”, “una amiga los maneja muy bien y si le das tu signo zodiacal puede describir con detalle tu personalidad.” Se quedó pensativa, sin embargo, al preguntarle si había hecho el experimento al revés, es decir, si antes de revelar su signo zodiacal, en atención a sus características personales, era capaz de adivinarlo. La respuesta, obviamente, era que no. Es importante meter el “gusanito de la duda”, para  fragmentar, poco a poco, esa forma de ingenua credibilidad. Con creciente sorpresa me fui dando cuenta de que se trataba de algo viral: muchas chicas lo consultaban, y algunas reconocían tener ya un vicio, otras en cambio decían que era mera curiosidad, un juego, pero recurrentemente volvían a ese juego, pues en realidad ya era parte de su vida. 

Desafía la curiosidad el hecho de que tan burda forma de superstición hiciera mella en personas con un excelente desempeño académico, acostumbradas a tener un agudo espíritu crítico en general con todo y particularmente con la religión institucionalizada. Personas que no se consideraban ingenuas ni permitirían que “les tomaran el pelo”, que saben moverse con soltura en la selva urbana, pero que detrás de esa fachada de progreso, tecnología y mundo, esconden las más primitivas creencias.

El espíritu crítico generalizado y el estar prevenidos contra los engaños de vividores y chantajistas, son compatibles con manifestaciones primitivas de religiosidad, con la creencia en la magia y en poderes ocultos. Personas que se mueven a sus anchas en el mundo informático y tecnológico, con el último iphone del mercado y todas las redes sociales posibles, con una formación cientificista que les lleva a dudar, en teoría, de cualquier discurso espiritual, terminan por usar su horóscopo para decidir cotidianamente o para buscar una explicación de lo que sucede en su vida, ¿no resulta paradójico?

La pregunta es, ¿cuál puede ser la causa? Supongo que tiene una raíz profunda, antropológica o psicológica. El hombre necesita creer en algo o en alguien. Busca una seguridad más allá de lo que puede controlar. A pesar de todos los esfuerzos que la ciencia y la tecnología han realizado, con bastante éxito hay que decirlo, para tener el control total y la explicación pormenorizada de lo que sucede, ello, a muchas personas les resulta insuficiente. Adivinan que hay algo más, que quedan cabos sueltos, que el horizonte existencial no puede estar cerrado a la malla determinista de lo material.

Los millennials han crecido escuchando una y otra vez que la ciencia lo explica todo, o lo explicará en un futuro, o lo que no pueda explicar simplemente no tiene explicación. Han crecido desconfiando de la religión institucionalizada, a la que examinan críticamente, y en la que, en un alarde de agudeza, creen encontrar ocultas estrategias de manipulación y poder. Sin embargo, sucumben al horóscopo, es decir, a lo más primitivo e irracional. La férrea racionalidad impuesta desde afuera encuentra una válvula de escape en los horóscopos. El horizonte clausurado por decreto a lo estrictamente material, como única opción realista acorde con los descubrimientos científicos, subrepticiamente abre un espacio al ocultismo y la superstición. Ello nos indica, por de pronto, varias realidades: que la perspectiva exclusivamente materialista y supuestamente científica no da respuesta a todas las preguntas; que la persona busca seguridad más allá de lo que puede controlar o medir; que no nos resignamos a ser solo materia y la dimensión espiritual intrínseca a la persona pugna por manifestarse de alguna forma. Pero, ¿por qué los horóscopos? Pues por ser una forma de espiritualidad más light, sin compromisos y a la carta, justo como el mundo en el cual los millennials han crecido

 

 

La defensa de la vida

La defensa de la vida de los concebidos no nacidos no es privativa de los católicos. Se trata de un derecho natural, de una cuestión transversal que exige un compromiso activo contra la pobreza, la exclusión y la violencia contra las mujeres. Los obispos no dan nada por perdido. Rechazan la confrontación ideológica, que siempre olvida a las personas concretas, y se desvinculan de respuestas violentas que no sirven a las víctimas.

Ahora la pelota está en el tejado del Senado ¿Podrá esta Cámara proteger el derecho a la objeción de conciencia y forzar la regulación de alternativas de protección que eviten el aborto y cuiden a la madre? Nada está perdido de antemano, no puede perderse la esperanza.

Pedro García

 

 

Los estados generales de la bioética en Francia

En enero fue noticia el arranque en Francia de los estados generales sobre bioética, lanzados por el comité consultivo nacional de ética para las ciencias de la vida y de la salud: la vigente ley prevé su revisión parlamentaria en 2018 (cada siete años). A lo largo de seis meses, se han ido celebrando en todo el país reuniones y debates, con participación de expertos y ciudadanos. Me parece una manera de abordar las grandes cuestiones sociales, tan distinto de un arbitrismo español rayano a veces en la irresponsabilidad. No se puede improvisar, menos aún en materias en que un mínimo sentido de la prudencia invita a no sortear el clásico principio de cautela.

Se han ido perfilando conclusiones y enfoques –certezas y dudas- que permitirán al comité nacional presentar sus propuestas al ejecutivo, para la elaboración de los posibles proyectos de ley: el comité nacional las ha reunido en un documento de casi doscientas páginas. Como el plan de trabajo ha sido bastante exhaustivo, me referiré sólo a algunos problemas más acuciantes.

José Morales Martín

 

 

La labor ha sido encomiable

El objetivo a corto plazo en Nicaragua es constituir una Mesa de Diálogo en la que se debatan las propuestas del Gobierno y la Oposición para iniciar un proceso de democratización consensuado. Este nuevo proceso se iniciaba 15 de junio, y lo convocaba la Iglesia católica. La represión no puede seguir marcando el día a día de la sociedad nicaragüense. Ortega quizás se haya dado cuenta de que las convocatorias de paro nacional, el saldo de víctimas mortales (pasan de 200), los desmanes de los paramilitares y las solicitudes administrativas para abandonar el país, no son sostenibles.

Me parece que durante esta crisis, la labor de la Iglesia en Nicaragua ha sido encomiable. Decir la verdad sin agresividad y con total transparencia, jugarse el tipo sin componendas de ninguna clase y estar al lado de los injustamente tratados, son las señas de identidad de una Iglesia al servicio de los nicaragüenses, sus derechos y libertades.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Reconciliación y nostalgia de Dios

Ramiro Pellitero

El diccionario define nostalgia como pena de verse ausente de la patria o de los parientes o amigos, o también como tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. El poeta inglés John Milton escribió “El paraíso perdido” en 1667, acerca del estado primitivo del hombre según el libro del Génesis –la amistad con Dios. Lo interpreta con perspectiva exclusivamente moralizadora, y por ello no propiamente cristiana. Modernamente, los expertos describen las religiones como un intento de retroceder en busca de ese paraíso perdido (quien ya no puede sentir ni siquiera nostalgia de un bien perdido, es que está anestesiado… o muerto).

De esa “nostalgia” de Dios, que existe en todo hombre, ha hablado Benedicto XVI en el balance de fin de año que suele realizar, y que tanto ayuda a comprender sus ideales e intenciones. Esta vez ese balance se ha situado en torno a sus principales viajes en 2009: su estancia en Camerún y Angola, que precedió al Sínodo de África; la peregrinación a Jordania y Tierra Santa; y el viaje a la república Checa.

El Sínodo de África, presidido por Benedicto XVI, que había viajado a Camerún y Angola, le ha llevado a reflexionar sobre la Iglesia como familia de Dios, la importancia de la reconciliación y la unidad entre la evangelización y la promoción humana.

“Todos juntos somos la familia de Dios, hermanos y hermanas en virtud de un único Padre: ésta fue la experiencia vivida [en África]. Y se experimentaba que la atención amorosa de Dios en Cristo para nosotros no es algo del pasado o teorías eruditas, sino una realidad muy concreta, aquí y ahora… En Cristo todos nos pertenecemos unos a otros”. Esto lo percibió el Papa sobre todo en las celebraciones litúrgicas, llenas de alegría y a la vez de piedad serena.

Seis meses después se celebró en Roma el Sínodo sobre “La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz”. Un tema teológico pero que, advierte el Papa, podía ser malinterpretado, haciendo de los pastores de la Iglesia unos líderes políticos. ¿Cómo –surgía entonces la pregunta, ante tantos conflictos y necesidades de África– podemos ser realistas y prácticos, sin arrogarnos una competencia política que no nos corresponde? La propuesta del Sínodo la compendia Benedicto XVI con la palabra “reconciliación”, condición necesaria de la justicia y de la paz. Lo propio de los pastores de la Iglesia es proponer la reconciliación verdadera, sin la cual no existe la paz, como se comprobó en Europa después de 1945, que ha visto a los ciudadanos alemanes trabajar y colaborar con los franceses e ingleses en tantos ámbitos.

¿Y en qué consiste la reconciliación? En recuperar la concordia y la amistad con Dios, con uno mismo, con los demás y con la creación. De esto forma parte, primero, “la capacidad de reconocer la culpa y de pedir perdón: a Dios y al otro” (sacudirse de encima el espejismo de ser inocentes); segundo, “la disponibilidad a la penitencia, la disponibilidad para sufrir hasta el fondo por una culpa y para dejarse transformar”; y tercero, la gratuidad, es decir, “la disponibilidad a ir más allá de lo necesario, a no pedir cuentas, sino a ir más allá de lo que exigen las simples condiciones jurídicas”. Gratuidad es la “disponibilidad para dar el primer paso. Salir en primer lugar al encuentro del otro, ofrecerle la reconciliación, asumir el sufrimiento que implica la renuncia a tener razón”. Todo esto lo hizo primero Jesús en la cruz.

Por aquí enlazó el Papa con la necesidad de redescubrir el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación (la Confesión), con una afirmación clave: “El hecho de que éste [sacramento] haya desaparecido en gran medida de los hábitos existenciales de los cristianos es un síntoma de una pérdida de la verdad sobre nosotros mismos y sobre Dios, una pérdida que pone en peligro a nuestra humanidad y disminuye nuestra capacidad para la paz”.

Su segundo viaje en mayo a Jordania y Tierra Santa, en contacto con los lugares donde Jesús vivió, murió y resucitó, le permitió –afirma– “tocar la historia de Dios con nosotros”. Con la convicción del que recoge el testimonio de los apóstoles, sostiene Benedicto XVI: “La fe no es un mito. Es historia real, cuyas huellas podemos tocar con la mano. Este realismo de la fe nos ayuda particularmente en las vicisitudes del presente. Dios se ha manifestado verdaderamente. En Jesucristo se ha hecho verdaderamente carne”.

Por último, el viaje a la República Checa, en septiembre, supuso para el Papa una ocasión para profundizar sobre la fe y la actitud de los cristianos también ante los no creyentes, agnósticos o ateos, que debemos llevar en el corazón. “Cuando hablamos de una nueva evangelización, quizá estas personas se asustan. No quieren verse convertidas en objeto de misión, ni renunciar a su libertad de pensamiento y de voluntad. Pero la cuestión sobre Dios sigue interpelándoles, aunque no puedan creer en el carácter concreto de su atención por nuestra parte”. En todo caso –señala Benedicto XVI y es aquí donde aparece la “nostalgia” de nuestro título– “como primer paso de la evangelización, tenemos que tratar de mantener viva esta búsqueda; tenemos que preocuparnos de que el hombre no arrincone la cuestión de Dios, cuestión esencial de su existencia. Tenemos que preocuparnos de que acepte la cuestión y la nostalgia que en ella se esconde”. Por tanto no sólo hay que atender al diálogo con las religiones –añade– sino también con aquellos que podrían interesarse por Dios, al menos como “el Desconocido”.

En suma, la reconciliación es condición para poder vivir en el realismo de la fe e invitar a otros a descubrir el porqué de su vida, liberándoles del miedo, del desinterés o de la aparente comodidad de no plantearse lo que es más importante para todos. La fe no es un mito que acabaría con la nostalgia de Dios. Al contrario, es la aceptación, hecha vida gozosa, de que ese “Dios desconocido” para muchos ha intervenido en la historia y, entregándose por amor, ha reconciliado todas las cosas, llenándolas de sentido y alegría.