Las Noticias de hoy 30 Junio 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 30 de junio de 2018    

Indice:

ROME REPORTS

Papa Francisco: “Jesús toca la miseria humana, invitándonos a estar con él”

Ángelus: La Iglesia peregrina “va a las raíces de su fe”

Visita a Benedicto XVI del Papa Francisco y los 14 nuevos cardenales

58. SANTOS PROTOMÁRTIRES DA IGREJA DE ROMA: Francisco Fernández-Carvajal

“Practica la caridad sin límites”: San Josemaria

Las Fiestas del Señor durante el tiempo ordinario: José Luis Gutiérrez

Tema 24. La unción de los enfermos: Ángel García Ibáñez

Domingo de la semana 13 de tiempo ordinario; ciclo B

De aspirante a “pastora presbiteriana” a fiel hija de la Iglesia católica – Kimberly Hahn: primeros cristianos

La virtud del orden en la formación de los hijos: Raúl Espinoza Aguilera

La felicidad en la infancia: Red Familia

Sobre la constituyente y la amenaza oculta: Miguel A. Espino Perigault

VIVIMOS EN VITRINA: Leo J. Mart.

  El peligro de quien se presenta como víctima.: José Manuel Belmonte.

¿Por qué estamos obligados a seguir las normas establecidas por Dios?: Acción Familia

Portugal dijo no a la eutanasia: Juan García.

Un Documento muy oportuno: Domingo Martínez Madrid

La “pospolítica”: Valentín Abelenda Carrillo

Partidos políticos: “Menos lobos”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Papa Francisco: “Jesús toca la miseria humana, invitándonos a estar con él”

Solemnidad San Pedro y San Pablo – Homilía completa

junio 29, 2018 12:45Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 29 junio 2018).-  “Jesús toca la miseria humana, invitándonos a estar con él y a tocar la carne sufriente de los demás”, ha expresado el Santo Padre en su homilía, pronunciada en la Misa de esta mañana, 29 de junio de 2018, después de haber bendecido los Palios.

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En la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a las 9:30 horas, en la plaza de San Pedro, el Santo Padre Francisco ha bendecido los Palios, tomados de la confesión del apóstol Pedro y destinados a los arzobispos metropolitanos nombrados durante el año.

“No son pocas las veces que sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor”, ha advertido el Papa Francisco a todos los fieles presentes en la Misa.

“Confesar la fe con nuestros labios y con nuestro corazón exige –como le exigió a Pedro– identificar los “secreteos” del maligno. Aprender a discernir y descubrir esos cobertizos personales o comunitarios que nos mantienen a distancia del nudo de la tormenta humana”, ha anunciado el Pontífice.

Patriarcado Ecuménico de Constantinopla 

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Como de costumbre con ocasión de la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, Patronos de la Ciudad de Roma, una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla fue enviada por Su Beatitud Bartolomé y dirigida por su Eminencia Job, Arzobispo de Telmessos, acompañado de su Gracia Theodoretos, obispo de Nazianzos, y del reverendo Alexander Koutsis, diácono patriarcal.

A continuación, ofrecemos la homilía del Santo Padre, pronunciada en la Eucaristía de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, patronos de Roma.

***

Homilía del Santo Padre

Las lecturas proclamadas nos permiten tomar contacto con la tradición apostólica más rica, esa que «no es una transmisión de cosas muertas o palabras sino el río vivo que se remonta a los orígenes, el río en el que los orígenes están siempre presentes» (Benedicto XVI, Catequesis, 26 abril 2006) y nos ofrecen las llaves del Reino de los cielos (cf. Mt 16,19). Tradición perenne y siempre nueva que reaviva y refresca la alegría del Evangelio, y nos permite así poder confesar con nuestros labios y con nuestro corazón: «Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp 2,11).

Todo el Evangelio busca responder a la pregunta que anidaba en el corazón del Pueblo de Israel y que tampoco hoy deja de estar en tantos rostros sedientos de vida: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» (Mt 11,3). Pregunta que Jesús retoma y hace a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16,15).

Pedro, tomando la palabra en Cesarea de Filipo, le otorga a Jesús el título más grande con el que podía llamarlo: «Tú eres el Mesías» (Mt 16,16), es decir, el Ungido de Dios. Me gusta saber que fue el Padre quien inspiró esta respuesta a Pedro, que veía cómo Jesús ungía a su Pueblo. Jesús, el Ungido, que de poblado en poblado, camina con el único deseo de salvar y levantar lo que se consideraba perdido: “unge” al muerto (cf. Mc 5,41-42; Lc 7,14-15), unge al enfermo (cf. Mc 6,13; St 5,14), unge las heridas (cf. Lc 10,34), unge al penitente (cf. Mt 6,17), unge la esperanza (cf. Lc 7,38; 7,46; 10,34; Jn 11,2; 12,3). En esa unción, cada pecador, perdedor, enfermo, pagano —allí donde se encontraba— pudo sentirse miembro amado de la familia de Dios. Con sus gestos, Jesús les decía de modo personal: tú me https://es.zenit.org/wp-content/uploads/2018/06/ofrendas-413x275.jpg

perteneces. Como Pedro, también nosotros podemos confesar con nuestros labios y con nuestro corazón no solo lo que hemos oído, sino también la realidad tangible de nuestras vidas: hemos sido resucitados, curados, reformados, esperanzados por la unción del Santo. Todo yugo de esclavitud es destruido a causa de su unción (cf. Is 10,27). No nos es lícito perder la alegría y la memoria de sabernos rescatados, esa alegría que nos lleva a confesar «tú eres el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16).

Y es interesante, luego, prestar atención a la secuencia de este pasaje del Evangelio en que Pedro confiesa la fe: «Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día» (Mt 16,21). El Ungido de Dios lleva el amor y la misericordia del Padre hasta sus últimas consecuencias. Tal amor misericordioso supone ir a todos los rincones de la vida para alcanzar a todos, aunque eso le costase el “buen nombre”, las comodidades, la posición… el martirio.

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Ante este anuncio tan inesperado, Pedro reacciona: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte» (Mt 16,22), y se transforma inmediatamente en piedra de tropiezo en el camino del Mesías; y creyendo defender los derechos de Dios, sin darse cuenta se transforma en su enemigo (lo llama “Satanás”). Contemplar la vida de Pedro y su confesión, es también aprender a conocer las tentaciones que acompañarán la vida del discípulo. Como Pedro, como Iglesia, estaremos siempre tentados por esos “secreteos” del maligno que serán piedra de tropiezo para la misión. Y digo “secreteos” porque el demonio seduce a escondidas, procurando que no se conozca su intención, «se comporta como vano enamorado en querer mantenerse en secreto y no ser descubierto» (S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, n. 326).

En cambio, participar de la unción de Cristo es participar de su gloria, que es su Cruz: Padre, glorifica a tu Hijo… «Padre, glorifica tu nombre» (Jn 12,28). Gloria y cruz en Jesucristo van de la mano y no pueden separarse; porque cuando se abandona la cruz, aunque nos introduzcamos en el esplendor deslumbrante de la gloria, nos engañaremos, ya que eso no será la gloria de Dios, sino la mofa del “adversario”.

No son pocas las veces que sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Jesús toca la miseria humana, invitándonos a estar con él y a tocar la carne sufriente de los demás. Confesar la fe con nuestros labios y con nuestro corazón exige —como le exigió a Pedro— identificar los “secreteos” del maligno. Aprender a discernir y descubrir esos cobertizos personales o comunitarios que nos mantienen a distancia del nudo de la tormenta humana; que nos impiden entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y nos privan, en definitiva, de conocer la fuerza revolucionaria de la ternura de Dios (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 270).

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Al no separar la gloria de la cruz, Jesús quiere rescatar a sus discípulos, a su Iglesia, de triunfalismos vacíos: vacíos de amor, vacíos de servicio, vacíos de compasión, vacíos de pueblo. La quiere rescatar de una imaginación sin límites que no sabe poner raíces en la vida del Pueblo fiel o, lo que sería peor, cree que el servicio a su Señor le pide desembarazarse de los caminos polvorientos de la historia. Contemplar y seguir a Cristo exige dejar que el corazón se abra al Padre y a todos aquellos con los que él mismo se quiso identificar (Cf. S. Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 49), y esto con la certeza de saber que no abandona a su pueblo.

Queridos hermanos, sigue latiendo en millones de rostros la pregunta: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» (Mt 11,3). Confesemos con nuestros labios y con nuestro corazón: «Jesucristo es Señor» (Flp 2,11). Este es nuestro cantus firmus que todos los días estamos invitados a entonar. Con la sencillez, la certeza y la alegría de saber que «la Iglesia resplandece no con luz propia, sino con la de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20)» (S. Ambosio, Hexaemeron, IV, 8,32).

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Ángelus: La Iglesia peregrina “va a las raíces de su fe”

Fiesta de San Pedro y San Pablo

junio 29, 2018 16:49Rosa Die AlcoleaAngelus

(ZENIT – 29 junio 2018).- En la fiesta de San Pedro y San Pablo, Patronos de Roma, la Iglesia peregrina  “va a las raíces de su fe”, ha señalado el Pontífice Francisco en su alocución previa a la oración mariana del Ángelus:

Como marca la tradición de la solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, tras haber celebrado la Santa Misa en la Plaza de San Pedro, con la bendición de los palios para los nuevos arzobispos Metropolitanos, el Santo Padre ha rezado el Ángelus este viernes, 29 de junio de 2018, desde el balcón del Palacio Apostólico, junto a los fieles llegados de todo el mundo a la plaza de San Pedro, indica ‘Vatican News’ en español.

“Sus restos mortales, custodiados en las dos Basílicas a ellos dedicadas, son tan queridos por los romanos y por los numerosos peregrinos que vienen de cada parte del mundo a venerarlos”, ha indicado el Papa.

“Abrirse a su misterio”

“¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre?”; “¿Quién dicen que soy Yo?”: el Papa explicó que con estas dos preguntas Jesús “parece decir” que “una cosa es seguir la opinión corriente, y otra es encontrarlo a Él y abrirse a su misterio”, en donde se descubre “la Verdad”, ha reflexionado el Santo Padre a partir del Evangelio, Mateo 16, versículos 13 al 19, que narra el diálogo en el que Jesús interroga a los discípulos acerca de su propia identidad.

“La opinión común –ha matizado el Papa– contiene una respuesta verdadera, pero parcial. Pedro, y con él la Iglesia de ayer, hoy y siempre, responde, por la gracia de Dios, la verdad: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (v. 16)”.

“Tú eres el Cristo”

Así, Francisco ha explicado que a lo largo de los siglos, el mundo ha definido a Jesús de diferentes maneras: “un gran profeta de la justicia y el amor; un sabio maestro de vida; un revolucionario; un soñador de los sueños de Dios”… Y afirmó que se destaca aun hoy, simple y neta, la confesión de Simón, llamado Pedro, un hombre humilde y lleno de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

“Jesús es el Hijo de Dios”, ha recordado Francisco: por ello “Él está perennemente vivo como eternamente vivo está su Padre. Esta es la novedad que la gracia enciende en el corazón de quien se abre al misterio de Jesús: la certeza no matemática, pero aún más fuerte, interior, de haber encontrado la Fuente de la Vida, la Vida misma hecha carne, visible y tangible en medio de nosotros”.

“Esta es la experiencia del cristiano –ha añadido el Papa–  y no es mérito suyo: nosotros cristianos, no es mérito nuestro, sino que proviene de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo ello está contenido en ‘germen’ en la respuesta de Pedro: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente’”.

 

 

Visita a Benedicto XVI del Papa Francisco y los 14 nuevos cardenales

Después del Consistorio Ordinario

junio 29, 2018 13:22Rosa Die AlcoleaBenedicto XVI, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 29 junio 2018).- Ayer, jueves 28 de junio de 2018, al final del Consistorio Ordinario de Creación de Cardenales, el Santo Padre Francisco y los nuevos cardenales fueron al Monasterio “Mater Ecclesiae” para encontrarse con el Papa Emérito, Benedicto XVI, a bordo de dos autobuses.

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En la capilla del Monasterio, rezaron todos juntos el Ave María. Después de un breve saludo y la bendición del Papa Benedicto, los 14 nuevos cardenales volvieron al Aula Pablo VI y al Palacio Apostólico para la Visita de cortesía.

Es una costumbre que Francisco ha adoptado con los años: visitar al Papa emérito tras la Creación de nuevos cardenales. Desde el año 2015, el papa alemán Benedicto XVI, por motivos de salud, no participa en la celebración del Consistorio Ordinario de Creación de cardenales.

El 22 de febrero de 2014, Benedicto XVI participó en la Creación de 19 nuevos cardenales, que presidió el Papa Francisco, el día que Iglesia celebra la Cátedra de San Pedro.

 

 

58. SANTOS PROTOMÁRTIRES DA IGREJA DE ROMA

Memória

– Vida exemplar no meio do mundo.

– Atitude perante as contradições.

– Apostolado em todas as circunstâncias.

Depois de Jerusalém e de Antioquia, Roma foi o núcleo primitivo cristão mais importante. Muitos cristãos provinham da colônia judaica existente em Roma; os outros vieram do paganismo.

Hoje comemoram-se os cristãos que sofreram a primeira perseguição sob o imperador Nero, depois do incêndio de Roma no ano 64.

I. A FÉ CRISTÃ chegou bem cedo a Roma, que era naqueles tempos o centro do mundo civilizado. Talvez os primeiros seguidores do cristianismo na capital do Império fossem judeus que se tinham convertido em Jerusalém ou em outras cidades da Ásia Menor evangelizadas por São Paulo. Por sua vez, a presença de São Pedro entre eles, por volta do ano 43, veio a significar o fortalecimento definitivo da pequena comunidade romana. O certo é que a fé cristã se difundiu a partir de Roma por muitos lugares do Império.

A paz de que se desfrutava nessa época e a excelente rede de comunicações, que facilitava as viagens e a rápida transmissão das idéias e notícias, foi outro fator que favoreceu a expansão do cristianismo: as vias romanas, que partindo da Urbe chegavam até os mais remotos confins do Império, bem como os navios comerciais que cruzavam regularmente as águas do Mediterrâneo, foram veículos de difusão da boa nova cristã por toda a extensão do mundo romano1.

É difícil descrever o modo como cada qual se convertia ao cristianismo naquela Roma do século I, como aliás é difícil dizê-lo hoje, pois cada conversão é sempre um milagre da graça e da correspondência pessoal. Um elemento decisivo foi sem dúvida a vida exemplar dos cristãos – o bonus odor Christi2 –, que se notava no modo como trabalhavam, na alegria, na caridade, na austeridade de vida e na simpatia humana com que se comportavam com todos. Eram homens e mulheres que procuravam viver plenamente a sua fé no meio dos seus afazeres diários em todos os estratos da sociedade: “Daniel era jovem; José, escravo; Áquila exercia uma profissão manual; a vendedora de púrpura encarregava-se de uma loja; outro era guarda de uma prisão; outro centurião, como Cornélio; outro estava doente, como Timóteo; outro era um escravo fugitivo, como Onésimo. E, no entanto, nada disso foi obstáculo para nenhum deles, e todos brilharam pela sua virtude: homens e mulheres, jovens e velhos, escravos e livres, soldados e civis”3.

Os Atos dos Apóstolos deixaram-nos um maravilhoso testemunho da caridade e da hospitalidade dos cristãos romanos, ao relatarem o modo como acolheram São Paulo quando este chegou preso a Roma. Tendo os irmãos sabido da nossa chegada – diz São Lucas –, saíram ao nosso encontro até o Foro de Ápio e até as Três Tabernas. Ao vê-los, Paulo deu graças a Deus e cobrou ânimo4. O Apóstolo das Gentes sentiu-se confortado por essas demonstrações de caridade fraterna.

Os primeiros cristãos não abandonaram as suas ocupações profissionais ou sociais (coisa que só alguns viriam a fazer, por uma chamada concreta de Deus, passados mais de dois séculos), e consideravam-se parte integrante dessa sociedade da qual se sentiam sal e luz, com as suas vidas e com as suas palavras: “O que a alma é para o corpo, isso são os cristãos para o mundo”5, resumia um escrito dos primeiros tempos.

Nós podemos examinar hoje se, como aqueles primeiros cristãos, damos também bom exemplo a cada instante, a ponto de arrastarmos os outros para Cristo: na temperança, nos gastos, na alegria, no trabalho bem feito, no cumprimento fiel da palavra dada, no modo de vivermos as exigências da justiça com a empresa em que trabalhamos, com os subordinados e com os colegas, na prática das obras de misericórdia, na firmeza com que nunca falamos mal de ninguém...

II. OS PRIMEIROS CRISTÃOS tiveram de enfrentar com muita freqüência graves obstáculos e incompreensões, e em não poucos casos a própria morte, para defenderem o direito de proclamarem a sua fé no Mestre. Hoje celebramos o testemunho dos primeiros mártires romanos, que caíram em conseqüência do incêndio de Roma no ano 646, pois esta catástrofe desencadeou a primeira grande perseguição contra os cristãos. Ao testemunho de São Pedro e São Paulo, cuja festa celebramos ontem, “acrescentou-se o de uma grande multidão de eleitos que, padecendo muitos suplícios e tormentos por inveja, foram o melhor modelo entre nós”, lemos num testemunho vivo recolhido num dos primeiros escritos cristãos, a Carta aos Coríntios do papa São Clemente7.

Os obstáculos e incompreensões que cercaram os que se convertiam à fé nem sempre os levaram ao martírio, mas fizeram-nos experimentar com freqüência a verdade daquelas palavras do Espírito Santo que a Escritura nos transmite: E todos os que aspiram a viver piedosamente em Cristo Jesus sofrerão perseguição8. Muitas vezes essas atitudes dos pagãos contra os seguidores de Cristo provinham daqueles que não podiam suportar a louçania e o resplendor da vida cristã. Noutros casos, os fiéis à nova doutrina eram perseguidos e caluniados simplesmente “por não serem como os outros”, pois tinham o dever de abster-se das manifestações religiosas tradicionais, estreitamente ligadas à vida pública e consideradas provas máximas da fidelidade cívica a Roma e ao Imperador.

É mais do que provável que o Senhor não nos venha a pedir que derramemos o sangue por professarmos e confessarmos a fé, embora devamos ter a certeza de que, se Deus alguma vez o permite, saberemos pedir-lhe e obter dEle a graça necessária para darmos a nossa vida em testemunho do nosso amor por Ele. Mas o que não deixamos de encontrar é a contrariedade sob formas as mais diversas, pois, “estar com Jesus é, certamente, topar com a sua Cruz. Quando nos abandonamos nas mãos de Deus, é freqüente que Ele nos permita saborear a dor, a solidão, as contradições, as calúnias, as difamações, os escárnios, por dentro e por fora: porque quer moldar-nos à sua imagem e semelhança, e tolera também que nos chamem loucos e que nos tomem por néscios [...]. Assim esculpe Jesus as almas dos seus, sem deixar de lhes dar interiormente serenidade e alegria”9.

As calúnias, o fato de vermos que talvez nos fechem as portas no terreno profissional, que os amigos e colegas nos viram as costas, que há no ar palavras displicentes e irônicas a nosso respeito..., são situações que, se o Senhor as permite, nos devem servir para viver a caridade de modo mais heróico, justamente com aqueles que não nos apreciam. Essa atitude é sempre compatível com a auto-defesa justa, sobretudo quando se trata de evitar escândalo ou danos a terceiros.

À parte esses casos, devemos, porém, ver nessas situações uma ocasião de purificarmos os pecados e faltas pessoais, de repararmos pelos pecados alheios e, em última análise, de crescermos nas virtudes e no amor a Deus. Deus quer, por vezes, purificar-nos como se purifica o ouro no cadinho. “O fogo limpa o ouro da sua escória, tornando-o mais autêntico e precioso. O mesmo faz Deus com o servo bom que espera e se mantém constante no meio das tribulações”10.

Se pelo fato de seguirmos Jesus de perto, chocamos com a contradição e com dificuldades, temos de estar especialmente alegres e dar graças ao Senhor, que nos considera dignos de padecer por Ele, como fizeram os Apóstolos: Eles retiraram-se da presença do Conselho, contentes por terem sido dignos de padecer ultrajes pelo nome de Jesus11. Nessa ocasião, os Apóstolos lembraram-se sem dúvida das palavras do Mestre, como nós as meditamos nesta festa dos santos mártires romanos da primeira geração: Bem-aventurados sereis quando vos insultarem e perseguirem, e mentindo disserem contra vós todo o gênero de mal por minha causa. Alegrai-vos e regozijai-vos, porque será grande a vossa recompensa, pois assim foram perseguidos os profetas que vos precederam12.

III. APESAR DAS CALÚNIAS GROSSEIRAS, das infâmias, das perseguições abertas, os nossos primeiros irmãos na fé não deixaram de levar a cabo um proselitismo eficaz, dando a conhecer Cristo, o tesouro que haviam tido a sorte de encontrar. Além disso, o seu comportamento sereno e alegre diante da contradição e da própria morte foi a causa de que muitos encontrassem o Senhor.

O sangue dos mártires foi semente de cristãos13. A própria comunidade romana, depois da morte de tantos homens, mulheres e crianças que deram a vida nesta grande perseguição, continuou adiante mais fortalecida. Anos mais tarde, Tertuliano escrevia: “Somos de ontem e já enchemos o orbe e todos os vossos lugares: as cidades, as ilhas, os povoados, as vilas, as aldeias, o exército, o palácio, o senado, o foro. Só vos deixamos os vossos templos...”14

No nosso próprio âmbito, nas atuais circunstâncias, se sofremos alguma contradição, talvez pequena, por permanecermos firmes na fé, temos de entender que disso só poderá advir um grande bem para todos. É então que mais devemos falar, serenamente, das maravilhas da fé, do imenso dom dos sacramentos, da beleza e dos frutos da castidade bem vivida. Temos de entender que escolhemos “a parte vencedora” neste combate da vida, e também na outra, que nos espera um pouco mais adiante. Nada se pode comparar a esse estar com Cristo. Ainda que nos tirem tudo, ainda que nos atormentem com as calúnias mais vis, se tivermos Jesus Cristo, teremos tudo. E isto deve notar-se até no porte externo, na consciência de sermos em todos os momentos – também nessas circunstâncias – o sal da terra e a luz do mundo, como nos disse o Mestre.

São Justino, referindo-se aos filósofos do seu tempo, afirmava que “tudo o que de bom disseram todos eles, pertence-nos a nós, cristãos, porque nós adoramos e amamos, depois de Deus, o Verbo que procede do próprio Deus, ingênito e inefável; pois Ele, por nosso amor, se fez homem para participar dos nossos sofrimentos e curar-nos”15.

Com a liturgia da Missa, pedimos hoje: Senhor, nosso Deus, que santificastes os começos da Igreja Romana com o sangue abundante dos mártires, concedei-nos que a sua valentia no combate nos infunda o espírito de fortaleza e a santa alegria da vitória16 neste nosso mundo que temos de levar para Ti.

(1) Cfr. J. Orlandis, Historia de la Iglesia, 3ª ed., Palabra, Madrid, 1977, vol. I, pág. 11 e segs.; (2) 2 Cor 2, 15; (3) São João Crisóstomo, Homilias sobre São Marcos, 43, 5; (4) At 28, 15; (5) Epístola a Diogneto, 6, 1; (6) cfr. Tácito, Annales 15, 44; (7) São Clemente Romano, Carta aos Coríntios, 5; (8) 2 Tim 3, 12; (9) Josemaría Escrivá, Amigos de Deus, n. 301; (10) São Jerônimo Emiliano, Homilia aos seus irmãos de religião, 21-VI-1535; (11) At 5, 41; (12) Mt 5, 11-12; (13) cfr. Tertuliano, Apologético, 50; (14) ib., 37; (15) São Justino, Apologia, 11, 13; (16) Oração coleta da Missa do dia 30 de junho.

 

 

“Practica la caridad sin límites”

Ama y practica la caridad, sin límites y sin discriminaciones, porque es la virtud que nos caracteriza a los discípulos del Maestro. –Sin embargo, esa caridad no puede llevarte –dejaría de ser virtud– a amortiguar la fe, a quitar las aristas que la definen, a dulcificarla hasta convertirla, como algunos pretenden, en algo amorfo que no tiene la fuerza y el poder de Dios. (Forja, 456)

El Señor tomó la iniciativa, viniendo a nuestro encuentro. Nos dio ese ejemplo, para que acudamos con El a servir a los demás, para que -me gusta repetirlo- pongamos generosamente nuestro corazón en el suelo, de modo que los otros pisen en blando, y les resulte más amable su lucha. Debemos comportarnos así, porque hemos sido hechos hijos del mismo Padre, de ese Padre que no dudó en entregarnos a su Hijo muy amado.
La caridad no la construimos nosotros; nos invade con la gracia de Dios: porque El nos amó primero. Conviene que nos empapemos bien de esta verdad hermosísima: si podemos amar a Dios, es porque hemos sido amados por Dios. Tú y yo estamos en condiciones de derrochar cariño con los que nos rodean, porque hemos nacido a la fe, por el amor del Padre. Pedid con osadía al Señor este tesoro, esta virtud sobrenatural de la caridad, para ejercitarla hasta en el último detalle.
Con frecuencia, los cristianos no hemos sabido corresponder a ese don; a veces lo hemos rebajado, como si se limitase a una limosna, sin alma, fría; o lo hemos reducido a una conducta de beneficencia más o menos formularia. Expresaba bien esta aberración la resignada queja de una enferma: aquí me tratan con caridad, pero mi madre me cuidaba con cariño. El amor que nace del Corazón de Cristo no puede dar lugar a esa clase de distinciones. (Amigos de Dios, nn. 228-229)

 

Las Fiestas del Señor durante el tiempo ordinario

El Sagrado Corazón de Jesús, la Transfiguración del Señor, la Exaltación de la Santa Cruz y Cristo Rey del Universo son las fiestas litúrgicas que se comentan en este texto.

Año Litúrgico 06/08/2017

Opus Dei - Las Fiestas del Señor durante el tiempo ordinario (II)

El Sagrado Corazón de Jesús La Transfiguración del SeñorLa Exaltación de la Santa CruzCristo Rey del Universo


A través de las diversas solemnidades del Señor que la liturgia nos propone a lo largo del año, podemos contemplar desde distintos perfiles el inagotable misterio de Dios, dejando que su luz bañe nuestra existencia cristiana en el mundo. En el centro del año litúrgico se encuentra la Pascua que, en cierto modo «se prolonga durante tres meses -primero los cuarenta días de la Cuaresma y luego los cincuenta días del Tiempo pascual-», seguida de «tres fiestas que tienen un carácter “sintético”: la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y, por último, el Sagrado Corazón de Jesús»[1]. Las dos primeras conmemoraciones las hemos tratado en el editorial anterior: ahora contemplaremos la solemnidad del Sagrado Corazón, para seguir con la Transfiguración, la Exaltación de la Santa Cruz y concluir con la festividad de Cristo Rey

 

 

El Sagrado Corazón de Jesús

El viernes siguiente al segundo domingo después de Pentecostés, la Iglesia dirige la mirada al costado abierto de Cristo en la Cruz, expresión del amor infinito de Dios por los hombres y manantial del que brotan sus sacramentos. La contemplación de esta escena ha alimentado la devoción de los cristianos desde los primeros siglos, pues ahí han encontrado una fuente continua de paz y seguridad en las dificultades. La mística cristiana nos invita a abrirnos al Corazón del Verbo Encarnado: «Que Cristo habite en vuestros corazones por la fe, para que, arraigados y fundamentados en la caridad, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad; y conocer también el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para que os llenéis por completo de toda la plenitud de Dios»[2].

La piedad popular del bajo medioevo desarrolló una veneración profunda y expresiva de la Humanidad Santísima de Cristo sufriente en la Cruz.

La piedad popular del bajo medioevo desarrolló una veneración profunda y expresiva de la Humanidad Santísima de Cristo sufriente en la Cruz. Se difundió así el culto a la corona de espinas, los clavos, las llagas... y al Corazón abierto, síntesis de todos los padecimientos del Salvador por amor a nosotros. Estas formas de piedad dejaron su impronta en la Iglesia, de modo que en el siglo XVII nació la celebración litúrgica de la solemnidad del Sagrado Corazón. El 20 de octubre de 1672 un sacerdote normando, san Juan Eudes, celebró por vez primera una misa propia del Sagrado Corazón y, a partir de 1673, se fueron difundiendo por Europa las visiones de santa Margarita María Alacoque sobre la expansión de este culto. Finalmente, Pío IX extendió oficialmente a la Iglesia latina esta fiesta.

La liturgia del día desarrolla los dos pilares teológicos de la devoción: las riquezas insondables del misterio de amor desplegado en Cristo, y la contemplación reparadora de su corazón traspasado. Los recogen las dos oraciones colecta que el Misal Romano ofrece: «al celebrar la solemnidad del Corazón de tu Hijo unigénito, recordamos los beneficios de su amor para con nosotros; concédenos recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracia»; «en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación».

La consideración del abismo de ternura del Señor por las almas es también una invitación a conformar el propio corazón al suyo, a unir al afán reparador el deseo eficaz de acercar más almas a Él: «Nos hemos asomado un poco al fuego del Amor de Dios; dejemos que su impulso mueva nuestras vidas, sintamos la ilusión de llevar el fuego divino de un extremo a otro del mundo, de darlo a conocer a quienes nos rodean: para que también ellos conozcan la paz de Cristo y, con ella, encuentren la felicidad»[3].

 

La Transfiguración del Señor

La solemnidad de la Transfiguración nace, probablemente, de la conmemoración anual de la dedicación de una basílica en honor a este misterio que se levantó en el Monte Tabor. En el siglo IX la fiesta se introdujo en Occidente y más tarde, durante los siglos XI y XII, comenzó a celebrarse también en Roma, en la basílica vaticana. Fue incorporada al Calendario romano por el Papa Calixto III (1457) en agradecimiento por la victoria de las tropas cristianas frente a los turcos en la batalla de Belgrado, el 6 de agosto de 1456.

En el Oriente cristiano la Transfiguración de nuestro Dios y Salvador Jesucristo es una de las solemnidades más grandes del año, junto con la Pascua, la Navidad y la Exaltación de la Santa Cruz. En ella se expresa toda la teología de la divinización mediante la gracia, de la naturaleza humana que, revistiéndose de Cristo, es iluminada por el esplendor de la gloria de Dios. Unidos a Jesús, señala el oficio de lecturas del rito romano, «brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen»[4]

Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos. Háblanos; estamos atentos a tu voz.

Con Pedro, Santiago y Juan, en esta fiesta se nos invita a poner a Jesús en el centro de nuestra atención: «Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle»[5]. Hemos de oírlo, y dejar que su vida y enseñanzas divinicen nuestra vida ordinaria. Así rezaba san Josemaría: «Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos. Háblanos; estamos atentos a tu voz. Que tu conversación, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte»[6].

Escuchar al Señor con la disposición sincera de identificarse con Él nos lleva a aceptar el sacrificio. Jesús se transfigura «para quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz»[7], para ayudarles a sobrellevar los momentos oscuros de su Pasión. Cruz y gloria están íntimamente unidas. De hecho, se fijó el 6 de agosto como fiesta de la Transfiguración en relación a la Exaltación de la Santa Cruz: entre ambas celebraciones transcurren cuarenta días que, en algunas tradiciones, conforman como una segunda cuaresma. Así, la Iglesia bizantina vive este periodo como un tiempo de ayuno y de contemplación de la Cruz.

La Exaltación de la Santa Cruz

La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz tiene su origen en la Iglesia de Jerusalén. Desde mediados del siglo IV celebraba el 13 de septiembre el aniversario de la dedicación de la basílica constantiniana levantada en el Gólgota. Según el recuerdo de una peregrina de la antigüedad llamada Egeria, unos años antes, en esa misma fecha, se había encontrado la reliquia de la Cruz del Señor El gesto de la exaltación se realizaba el segunda día de la octava de la dedicación: en esa jornada, testimonia un libro litúrgico de la época, «se muestra solemnemente a todo el pueblo cristiano la venerable Cruz». Actualmente, el rito más característico de esta fiesta en la liturgia bizantina consiste en la elevación que hace el sacerdote de la Cruz por encima de todas las cabezas, bendiciendo al pueblo y dirigiéndose a los cuatro puntos cardinales, mientras el coro canta cien veces la letanía Kyrie eleison en cada ostensión. Los fieles, después, pasan a venerar la Cruz y reciben una flor del conjunto que adorna el lugar donde reposa Es tal el realce de esta solemnidad en el Oriente cristiano, que es considerada como una pascua otoñal.

En Roma, desde inicios del siglo VI, se conmemoraba el 3 de mayo una fiesta paralela: la Invención de la Santa Cruz. A mediados del siglo VII, en la basílica vaticana se adopta el uso procedente de Jerusalén de venerar un fragmento de la reliquia de la Cruz (llamado lignum crucis) el día 14 de septiembre. El Papa Sergio (687-701) trasladó dicha costumbre a la basílica laterana y la revistió de especial solemnidad, de tal manera que ya en el siglo VIII la fiesta se extendió también por todo el Occidente.

Si el árbol del Paraíso fue el lugar de la caída del hombre, el Señor ha previsto que la Cruz sea el nuevo árbol salvador.

En la liturgia romana, el prefacio de la Misa recuerda que si el árbol del Paraíso fue el lugar de la caída del hombre, el Señor ha previsto que la Cruz sea el nuevo árbol salvador «ut unde mors oriebátur, inde vita resúrgeret… para que, de donde tuvo origen la muerte, de allí surgiera la vida»[8]. Las lecturas subrayan la elevación de Cristo en el madero como un anticipo de la elevación en la gloria, y polo que atrae a todas las criaturas: «cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todo hacia mí»[9] La Cruz es el lugar del triunfo de Jesús, desde donde extiende su reinado contando con nuestra colaboración: «Cristo, Señor Nuestro, fue crucificado y, desde la altura de la Cruz, redimió al mundo, restableciendo la paz entre Dios y los hombres. Jesucristo recuerda a todos: et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (Jn 12, 32), si vosotros me colocáis en la cumbre de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño, omnia traham ad meipsum, todo lo atraeré hacia mí. ¡Mi reino entre vosotros será una realidad!»[10].

San Josemaría llevaba siempre en el cuello un relicario en forma de cruz con un lignum crucis. Era una manifestación de su devoción a la Santa Cruz en el cumplimiento amoroso del deber de cada jornada. Existen innumerables gestos, incluso pequeños, que también sirven para expresar esta devoción en la vida diaria; por ejemplo, al bendecir la mesa y dar gracias hacemos la señal de la cruz: «Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud por los dones de la creación, reconoce a aquellos que con su trabajo proporcionan estos bienes y refuerza la solidaridad con los más necesitados»[11].

Cristo Rey del Universo

La señoría de Cristo sobre el universo se conmemora de diversos modos en fiestas del año litúrgico como la Epifanía, la Pascua, la Ascensión. Con la solemnidad de Cristo Rey, instituida en 1925 por el Papa Pío XI en el contexto del avance de la secularización en la sociedad, la Iglesia nos quiere presentar con mayor claridad aún la soberanía de Jesucristo sobre toda la Creación, incluida la historia humana.

El reino de Jesús es, como nos señala la liturgia de la Misa, un Regnum veritátis et vitae; regnum sanctitátis et grátiae; regnum iustítiae, amóris et pacis[12]: verdad, vida, santidad, gracia, justicia, amor, paz. Son los valores que anhela con más fuerza el corazón humano, y a cuya realización podemos contribuir los cristianos. De modo especial, con las obras de misericordia dirigidas a los más pequeños, como se proclama en el evangelio propio del ciclo A: «tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis»[13].

Sin embargo, Jesús mismo nos advierte: «Mi Reino no es de este mundo»[14]. Su señorío se manifestará en plenitud con su segunda venida, gloriosa, cuando se instauren los nuevos cielos y la nueva tierra, y «toda criatura, libre de la esclavitud del pecado, lo sirva y alabe sin fin»[15] Ahora es el tiempo de la esperanza, de trabajar por su reinado, confiados en que la victoria final es suya.

Jesús es el centro de la historia: no solo la de la humanidad en su totalidad, sino también la de cada persona individualmente. Incluso cuando parece que todo está perdido, siempre cabe dirigirse al Señor, como hizo el bueno ladrón, según nos lo presenta el evangelio en el ciclo C[16] Cuánta paz da el hecho de que, a pesar de nuestro pasado, con el arrepentimiento sincero podemos entrar siempre en el Reino de Dios: «Hoy todos podemos pensar en nuestra historia, nuestro camino. Cada uno de nosotros tiene su historia; cada uno tiene también sus equivocaciones, sus pecados, sus momentos felices y sus momentos tristes. En este día, nos vendrá bien pensar en nuestra historia, y mirar a Jesús, y desde el corazón repetirle a menudo, pero con el corazón, en silencio, cada uno de nosotros: “Acuérdate de mí, Señor, ahora que estás en tu Reino. Jesús, acuérdate de mí, porque yo quiero ser bueno, quiero ser buena, pero me falta la fuerza, no puedo: soy pecador, soy pecadora. Pero, acuérdate de mí, Jesús. Tú puedes acordarte de mí porque tú estás en el centro, tú estás precisamente en tu Reino”»[17] Esa petición de amor se plasma a lo largo del tiempo litúrgico cuando actualizamos en nuestra vida cotidiana lo que se celebra en la Misa. El Sagrado Corazón de Jesús, su Transfiguración, la Exaltación de la Santa Cruz y la solemnidad de Cristo Rey no solo jalonan el año, sino que llenan de contenido los días en que se celebran.

José Luis Gutiérrez


[1] Benedicto XVI, Homilía en la solemnidad del Corpus Domini, 22-V-2008.

[2] Ef 3, 17-19.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 170.

[4] Anastasio Sinaíta, Sermón en el día de la Transfiguración del Señor (Lectio altera del Oficio de lecturas de la Liturgia de las Horas del 6 de agosto).

[5] Mt 17, 5.

[6] San Josemaría, Santo Rosario, cuarto misterio de luz.

[7] Misal Romano, Prefacio de la Transfiguración del Señor.

[8] Misal Romano, Prefacio de la Santa Cruz.

[9] Jn 12, 32.

[10] Es Cristo que pasa, n. 183.

[11] Francisco, Enc. Laudato si’, 24-V-2015, n. 227.

[12] Misal Romano, Prefacio de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo.

[13] Mt 25, 35.

[14] Jn 18, 36.

[15] Misal Romano, Oración colecta de la Misa de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo.

[16] Cfr. Lc 23, 35-43.

[17] Francisco, Homilía, 24-XI-2013.

 

 

Tema 24. La unción de los enfermos

Para un cristiano la enfermedad y la muerte pueden y deben ser medios para santificarse y redimir con Cristo; a esto ayuda la Unción de los enfermos.

Resúmenes de fe cristiana 08/12/2016

Opus Dei - Tema 24. La unción de los enfermosLa Unción de los enfermos ayuda a vivir las realidades dolorosas de la vida humana con sentido cristiano.

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1. La Unción de los enfermos, sacramento de salvación y de curación

Naturaleza de este sacramento

La Unción de los enfermos es un sacramento instituido por Jesucristo, insinuado como tal en el Evangelio de san Marcos (cfr. Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por el Apóstol Santiago: «Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados» (St 5,14-15). La Tradición viva de la Iglesia, reflejada en los textos del Magisterio eclesiástico, ha reconocido en este rito, especialmente destinado a reconfortar a los enfermos y a purificarlos del pecado y de sus secuelas, uno de los siete sacramentos de la Nueva Ley [1].

Sentido cristiano del dolor, de la muerte y de la preparación al bien morir

En el Ritual de la Unción de los enfermos el sentido de la enfermedad del hombre, de sus sufrimientos y de la muerte, se explica a la luz del designio salvador de Dios, y más concretamente a la luz del valor salvífico del dolor asumido por Cristo, el Verbo encarnado, en el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección [2]. El Catecismo de la Iglesia Católica ofrece un planteamiento similar: «Por su Pasión y su Muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su Pasión redentora» (Catecismo, 1505). «Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su Cruz (cfr. Mt 10,38). Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los enfermos» (Catecismo, 1506).

La Sagrada Escritura indica una estrecha relación entre la enfermedad y la muerte, y el pecado [3]. Pero sería un error considerar la enfermedad misma como un castigo por los propios pecados (cfr. Jn 9,3). El sentido del dolor inocente sólo se alcanza a la luz de la fe, creyendo firmemente en la Bondad y Sabiduría de Dios, en su Providencia amorosa y contemplando el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, gracias al cual fue posible la Redención del mundo [4].

Al mismo tiempo que el Señor nos enseñó el sentido positivo del dolor para realizar la Redención, quiso curar a multitud de enfermos, manifestando su poder sobre el dolor y la enfermedad y, sobre todo, su potestad para perdonar los pecados (cfr. Mt 9,2-7). Después de la Resurrección envía a los Apóstoles: «En mi nombre… impondrán las manos sobre los enfermos y se curarán» (Mc 16,17-18) (cfr. Catecismo, 1507) [5].

Para un cristiano la enfermedad y la muerte pueden y deben ser medios para santificarse y redimir con Cristo. La Unción de los enfermos ayuda a vivir estas realidades dolorosas de la vida humana con sentido cristiano: «En la Unción de los enfermos, como ahora llaman a la Extrema Unción, asistimos a una amorosa preparación del viaje, que terminará en la casa del Padre» [6].

2. La estructura del signo sacramental y la celebración del sacramento

Según el Ritual de la Unción de los enfermos, la materia apta del sacramento es el aceite de oliva o, en caso de necesidad, otro aceite vegetal [7]. Este aceite debe estar bendecido por el obispo o por un presbítero que tenga esta facultad [8].

La Unción se confiere ungiendo al enfermo en la frente y en las manos [9]. La formula sacramental por la que en el rito latino se confiere la Unción de los enfermos es la siguiente: «Per istam sanctam Unctionem et suam piissimam misericordiam adiuvet te Dominus gratia Spiritus Sancti. Amen./ Ut a peccatis liberatum te salvet atque propitius allevet. Amen.» (Por esta santa Unción, y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén./ Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén)» [10].

Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, «es muy conveniente que [la Unción de los enfermos] se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración del sacramento puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía. En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, la Eucaristía debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el “Viático” para el “paso” a la vida eterna» ( Catecismo, 1517).

3. Ministro de la Unción de enfermos

Ministro de este sacramento es únicamente el sacerdote (obispo o presbítero) [11]. Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles (en particular, los familiares y amigos) deben alentar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir la Unción de los enfermos (cfr. Catecismo, 1516).

Conviene que los fieles tengan presente que en nuestro tiempo se tiende a “aislar” la enfermedad y la muerte. En las clínicas y hospitales modernos los enfermos graves frecuentemente mueren en la soledad, aunque se encuentren rodeados por otras personas en una “unidad de cuidados intensivos”. Todos —en particular los cristianos que trabajan en ambientes hospitalarios— deben hacer un esfuerzo para que no falten a los enfermos internados los medios que dan consuelo y alivian el cuerpo y el alma que sufre, y entre estos medios —además del sacramento de la Penitencia y del Viático— se encuentra el sacramento de la Unción de los enfermos.

4. Sujeto de la Unción de los enfermos

Sujeto de la Unción de los enfermos es toda persona bautizada, que haya alcanzado el uso de razón y se encuentre en peligro de muerte por una grave enfermedad, o por vejez acompañada de una avanzada debilidad senil [12]. A los difuntos no se les puede administrar la Unción de enfermos.

Para recibir los frutos de este sacramento se requiere en el sujeto la previa reconciliación con Dios y con la Iglesia, al menos con el deseo, inseparablemente unido al arrepentimiento de los propios pecados y a la intención de confesarlos, cuando sea posible, en el sacramento de la Penitencia. Por esto la Iglesia prevé que, antes de la Unción, se administre al enfermo el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación [13].

El sujeto debe tener la intención, al menos habitual e implícita, de recibir este sacramento [14]. Dicho con otras palabras: el enfermo debe tener la voluntad no retractada de morir como mueren los cristianos, y con los auxilios sobrenaturales que a éstos se destinan.

Aunque la Unción de enfermos puede administrarse a quien ha perdido ya los sentidos, hay que procurar que se reciba con conocimiento, para que el enfermo pueda disponerse mejor a recibir la gracia del sacramento. No debe administrarse a aquellos que permanecen obstinadamente impenitentes en pecado mortal manifiesto (cfr. CIC, can. 1007).

Si un enfermo que recibió la Unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir otra vez este sacramento; y, en el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava (cfr. CIC, can. 1004, 2).

Por último, conviene tener presente esta indicación de la Iglesia: «En la duda sobre si el enfermo ha alcanzado el uso de razón, sufre una enfermedad grave o ha fallecido ya, adminístrese este sacramento» (CIC, can. 1005).

5. Necesidad de este sacramento

La recepción de la Unción de enfermos no es necesaria con necesidad de medio para la salvación, pero no se debe prescindir voluntariamente de este sacramento, si es posible recibirlo, porque sería tanto como rechazar un auxilio de gran eficacia para la salvación. Privar a un enfermo de esta ayuda, podría constituir un pecado grave.

6. Efectos de la Unción de enfermos

En cuanto verdadero y propio sacramento de la Nueva Ley, la Unción de los enfermos ofrece al fiel cristiano la gracia santificante; además, la gracia sacramental específica de la Unción de enfermos tiene como efectos:

— la unión más íntima con Cristo en su Pasión redentora, para su bien y el de toda la Iglesia (cfr. Catecismo, 1521-1522; 1532);

— el consuelo, la paz y el ánimo para vencer las dificultades y sufrimientos propios de la enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez (cfr. Catecismo, 1520; 1532);

— la curación de las reliquias del pecado y el perdón de los pecados veniales, así como de los mortales en caso de que el enfermo estuviera arrepentido pero no hubiera podido recibir el sacramento de la Penitencia (cfr. Catecismo , 1520);

— el restablecimiento de la salud corporal, si tal es la voluntad de Dios (cfr. Concilio de Florencia: DS 1325; Catecismo, 1520);

— la preparación para el paso a la vida eterna. En este sentido afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: «Esta gracia [propia de la Unción de enfermos] es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente la tentación de desaliento y de angustia ante la muerte (cfr. Hb 2,15)» (Catecismo, 1520).

Ángel García Ibáñez

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


 

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica , 1499-1532.

Lecturas recomendadas

Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici doloris, 11-II-1984.

P. Adnès, L’Onction des malades. Histoire et theólogie, FAC-éditions, Paris 1994, pp. 86 (trad. it.: L’Unzione degli infermi, Storia e teologia, Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo (Milano) 1996, pp. 99.

F.M. Arocena, Unción de enfermos, en C. Izquierdo (dir.), Diccionario de Teología, Eunsa, Pamplona 2006, pp. 983-989.


[1] Cfr. DS 216; 1324-1325; 1695-1696; 1716-1717; Catecismo, 1511-1513.

[2] Cfr. Ritual de la Unción de enfermos, Praenotanda, 1-2.

[3] Cfr. Dt 28,15; Dt 28,21-22; Dt 28,27; Sal 37 (38),2-12; Sal 38 (39), 9-12; Sal 106 (107),17; Sb 2,24; Rm 5,12; Rm 5,14-15.

[4] «Cristo no sólo se deja tocar por los enfermos, sino que hace suyas sus miserias: “El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades” (Mt 8,17; cfr. Is 53,4). (…). En la Cruz, Cristo tomó sobre sí todo el peso del mal (cfr. Is 53,4-6) y quitó el “pecado del mundo” (Jn 1,29), del que la enfermedad no es sino una consecuencia» (Catecismo, 1505).

[5] El dolor, por sí mismo, no salva, no redime. Sólo la enfermedad vivida en la fe, en la esperanza y en el amor a Dios, sólo la enfermedad vivida en unión con Cristo, purifica y redime. Cristo entonces nos salva no del dolor, sino en el dolor, transformado en oración, en un “sacrificio espiritual” (cfr. Rm 12,1; 1 Pt 2,4-5), que podemos ofrecer a Dios uniéndonos al sacrificio Redentor de Cristo, actualizado en cada celebración de la Eucaristía para que nosotros podamos participar en él.

Además, conviene considerar que «entra dentro del plan providencial de Dios que el hombre luche ardientemente contra cualquier enfermedad y busque solícitamente la salud, para que pueda seguir desempeñando sus funciones en la sociedad y en la Iglesia, con tal de que esté siempre dispuesto a completar lo que falta a la Pasión de Cristo para la salvación del mundo, esperando la liberación en la gloria de los hijos de Dios (cfr. Col 1,24; Rm 8,19-21)» (Ritual de la Unción de los enfermos, Praenotanda, 3).

[6] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 80.

[7] Cfr. Ritual de la Unción de los enfermos, Praenotanda, n. 20; Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, 73; Pablo VI, Const. Apost. Sacram Unctionem Infirmorum, 30-XI-1972, AAS 65 (1973) 8.

[8] Cfr. Ritual de la Unción de los enfermos, Praenotanda, 21. En este prenotando se indica también, en conformidad con el CIC, can. 999, que cualquier sacerdote, en caso de necesidad, puede bendecir el óleo para la Unción de los enfermos, pero dentro de la celebración.

[9] Cfr. Idem, Praenotanda, 23. En caso de necesidad bastaría hacer una sola unción en la frente o en otra parte conveniente del cuerpo (cfr. ibidem).

[10] Ritual de la Unción de los enfermos, Praenotanda, 25; cfr. CIC, can. 847,1; Catecismo , 1513. Esta formula se distribuye de modo que la primera parte se dice mientras se unge la frente y la segunda mientras se ungen las manos. En caso de necesidad, cuando sólo se puede hacer una unción, el ministro pronuncia simultáneamente la formula entera (cfr. Ritual de la Unción de los enfermos, Praenotanda, 23).

[11] Cfr. CIC, can. 1003,1. Ni los diáconos ni los fieles laicos pueden administrar válidamente la Unción de enfermos (cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota sobre el ministro del sacramento de la Unción de los enfermos, «Notitiae» 41 (2005) 479).

[12] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium , 73; CIC, cann. 1004-1007; Catecismo, 1514. Por tanto, la Unción de enfermos no es un sacramento para aquellos fieles que simplemente han llegado a la llamada “tercera edad” (no es el sacramento de los jubilados), ni tampoco es un sacramento sólo para los moribundos. En el caso de una operación quirúrgica, la Unción de enfermos puede administrarse cuando la enfermedad, que es motivo de la operación, pone de por sí en peligro la vida del enfermo.

[13] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, 74.

[14] A este propósito se dice en el CIC: «Debe administrarse este sacramento a los enfermos que, cuando estaban en posesión de sus facultades, lo hayan pedido al menos de manera implícita» (can. 1006).

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Domingo de la semana 13 de tiempo ordinario; ciclo B

La muerte y la vida

«Y una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido por parte de muchos médicos, y gas­tado todos sus bienes sin aprovecharle nada, sino que iba de mal en peor; cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la muchedumbre y tocó su vestido; porque decía: Si pudiera to­car, aun que sólo fuera su manto, quedaré sana. En el mismo instante se secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que es­taba curada de la enfermedad. Y al momento Jesús, conocien­do en sí mismo la virtud salida de él, vuelto hacia la muchedumbre, decía: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Y le decían sus discípulos: Ves que la muchedumbre te oprime y dices ¿quién me ha tocado? Y miraba a su alrededor para ver a la que había hecho esto. La mujer; asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. Entonces le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu dolencia. Por el camino, te toca la mujer de los Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: -Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos, que eran unas mujeres que se contrataban para llorar por los que morían, entre los judíos: las plañideras. Entró y les dijo: -¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de Él. Pero Él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: -Talitha qumi (que significa: “contigo hablo, niña, levántate”, en arameo, dialecto del hebreo). La niña se puso en pie inmediatamente  y echó a andar -tenía doce años-. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña”» (Marcos 5, 25-34).

I. La Liturgia de este Domingo nos habla de la muerte y de la vida. La Primera lectura nos enseña que la muerte no entraba en el plan inicial del Creador: Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; es consecuencia del pecado. Jesucristo la aceptó «como necesidad de la naturaleza, como parte inevitable de la suerte del hombre sobre la tierra. Jesucristo la aceptó (...) para vencer al pecado». La muerte angustia el corazón humano, pero nos conforta saber que Jesús aniquiló la muerte. No es ya el acontecimiento que el hombre debe temer ante todo. Es más, para el creyente es el paso obligado de este mundo al Padre.

El Evangelio de la Misa nos presenta a Jesús que llega de nuevo a Cafarnaún, donde le espera una gran muchedumbre. Con especial necesidad y fe le aguardan el jefe de la sinagoga, Jairo, que tiene una hija a punto de morir, y una mujer con una larga enfermedad en la que había gastado toda su fortuna; ambos sienten una especial urgencia de Él. Por el camino hacia la casa de Jairo tiene lugar la curación de esta enferma, que ha depositado toda su esperanza en Cristo.

Jesús se ha detenido para confortar a esta mujer. En esto, le comunican al jefe de la sinagoga: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestar ya al Maestro? Pero Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan para que fueran testigos del milagro que realizará a continuación. Llegan a casa de Jairo, y ve el alboroto, y a los que lloran y a las plañideras. Y al entrar, les dice: ¿Por qué alborotáis y estáis llorando? La niña no ha muerto, sino que duerme. Y se reían de Él... No comprenden que para Dios la verdadera muerte es el pecado, que mata la vida divina en el alma. La muerte terrena es, para el creyente, como un sueño del que despierta en Dios. Así la consideraban los primeros cristianos. No quiero que estéis ignorantes -exhortaba San Pablo a los cristianos de Tesalónica- acerca de los que durmieron, para que no os entristezcáis como los que no tienen esperanza. No podemos afligirnos como quienes nada esperan después de esta vida, porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios a los que se durmieron con Él los llevará consigo. Hará con nosotros lo que hizo con Lázaro: Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo. Y cuando los discípulos piensan que se trataba del sueño natural, el Señor claramente afirma: Lázaro ha muerto. Cuando llegue la muerte cerraremos los ojos a esta vida y nos despertaremos en la Vida auténtica, la que dura por toda la eternidad: al atardecer nos visita el llanto, por la mañana, el júbilo, rezamos con el Salmo responsorial. El pecado es la auténtica muerte, pues es la tremenda separación -el hombre rompe con Dios-, junto a la cual la otra separación, la del cuerpo y el alma, es cosa más liviana y provisional. Quien crea en Mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en Mí no morirá jamás. La muerte, que era la suprema enemiga, es nuestra aliada, se ha convertido en el último paso tras el cual encontramos el abrazo definitivo con nuestro Padre, que nos espera desde siempre y que nos destinó para permanecer con Él. «Cuando pienses en la muerte, a pesar de tus pecados, no tengas miedo... Porque Él ya sabe que le amas..., y de qué pasta estás hecho.

»-Si tú le buscas, te acogerá como el padre al hijo pródigo: ¡pero has de buscarle!». Tú sabes, Señor, que te busco día y noche.

II. Dice Jesús a Jairo: No ha muerto, sino que duerme. «Estaba muerta para los hombres, que no podían despertarla; para Dios, dormía, porque su alma vivía sometida al poder divino, y la carne descansaba para la resurrección. De aquí se introdujo entre los cristianos la costumbre de llamar a los muertos, que sabemos que resucitarán, con el nombre de durmientes».

No es la muerte corporal un mal absoluto. «No olvides, hijo, que para ti en la tierra sólo hay un mal, que habrás de temer, y evitar con la gracia divina: el pecado», pues «muerte del alma es no tener a Dios». Cuando el hombre peca gravemente se pierde para sí mismo y para Dios: es la mayor tragedia que puede sucederle. Se aparta radicalmente de Dios, por la muerte de la vida divina en su alma; pierde los méritos adquiridos a lo largo de su vida y se incapacita para adquirir otros nuevos; queda sujeto de algún modo a la esclavitud del demonio, y disminuye en él la inclinación natural a la virtud. Tan grave es que «todos los pecados mortales, aun los de pensamiento, hacen a los hombres hijos de la ira (Ef 2, 3) y enemigos de Dios». Por la fe conocemos que un solo pecado -sobre todo el mortal, pero también los pecados veniales- constituye un desorden peor que el mayor cataclismo que asolara toda la tierra, porque «el bien de gracia de un solo hombre es mayor que el bien natural del universo entero».

El pecado no sólo perjudica a quien lo comete: también daña a la familia, a los amigos, a toda la Iglesia, y «se puede hablar de una comunión en el pecado, por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo entero. En otras palabras, no existe pecado alguno, aun el más íntimo y secreto, el más estrictamente individual, que afecte exclusivamente a aquel que lo comete. Todo pecado repercute, con mayor o menor intensidad, con mayor o menor daño, en todo el conjunto eclesial y en toda la familia humana».

Pidamos con frecuencia al Señor tener siempre presente el sentido del pecado y su gravedad, no poner jamás el alma en peligro, no acostumbrarnos a ver el pecado a nuestro alrededor como algo de poca importancia, y saber desagraviar por las faltas propias y por las de todos los hombres. Que el Señor pueda decir al final de nuestra vida: No ha muerto, sino que duerme. Él nos despertará entonces a la Vida.

III. Jesús no hace el menor caso a aquellos que se reían de Él; por el contrario, haciendo salir a todos, toma consigo al padre y a la madre y a los que le acompañaban, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: Talita qum, que significa: Niña, a ti te lo digo, levántate. Y enseguida la niña se levantó y se puso a andar, pues tenía doce años; y quedaron llenos de asombro.

Los Evangelistas nos han transmitido este detalle humano de Jesús: y dijo que dieran de comer a la niña. A Jesús -perfecto Dios y hombre perfecto- también le preocupan los asuntos relativos a la vida aquí en la tierra, pero muchísimo más todo aquello que hace relación a nuestro destino eterno. San Jerónimo, comentando estas palabras del Señor: no está muerta, sino dormida, señala que «ambas cosas son verdad, porque es como si dijera: está muerta para vosotros, y para mí dormida». Si amamos la vida corporal, ¡cuánto más hemos de apreciar la vida del alma! El cristiano que trata de seguir de cerca a Cristo, detesta el pecado mortal y habitualmente no incurre en faltas graves, aunque nadie está confirmado en la gracia. Y esa convicción de la propia debilidad nos llevará a evitar las ocasiones de pecado mortal, aun las más remotas. ¡Vale mucho la vida del alma! Y ese amor a la vida de la gracia nos moverá a la práctica asidua de la mortificación de los sentidos, a no fiarnos de nosotros mismos, ni de una larga experiencia, ni del tiempo que quizá llevamos siguiendo al Señor...; nos facilitará el amar la Confesión frecuente y la sinceridad plena en la dirección espiritual.

Para asegurar esa vida del alma debemos mantener la lucha lejos de las situaciones límite de lo grave y lo leve, de lo permitido o prohibido. Los pecados veniales deliberados producen un tremendo daño en las almas que no luchan decididamente para evitarlos. Sin impedir la vida de la gracia en el alma, la debilitan, porque hacen más difícil el ejercicio de las virtudes y menos eficaces los suaves impulsos del Espíritu Santo, y disponen -si no se reacciona con energía- para caídas más graves.

Pidamos a la Virgen nuestra Madre que nos otorgue el don de apreciar, por encima de todos los bienes humanos, incluso de la misma vida corporal, la vida del alma, y que nos haga reaccionar con contrición verdadera ante las flaquezas y errores; que podamos decir con el Salmista: ríos de lágrimas derramaron mis ojos, porque no observaron tu ley. No importa tanto la muerte corporal como mantener y aumentar la vida del alma.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

 

 

De aspirante a “pastora presbiteriana” a fiel hija de la Iglesia católica – Kimberly Hahn

La conversión de Kimberly Hahn, esposa de Scott Hanh

De aspirante a “pastora presbiteriana” a fiel hija de la Iglesia católica

Presentamos el testimonio de conversión de Kimberly Hahn, esposa del conocidísimo teólogo y escritor norteamericano Scott Hahn. 

Scott Hahn era un pastor presbiteriano. Tras su conversión al catolicismo, también su esposa Kimberly se convirtió. Juntos escribieron un libro, «Roma, dulce Hogar», en el que comparten la historia de conversión, libro que sido leído por millones de personas en todo el mundo, haciendo un bien enorme. Pero su camino hacia la Iglesia católica no fue nada fácil, de manera especial para Kimberly que, tras la conversión de su esposo, vivió momentos muy amargos.

Kimberly Hahn nació en un hogar presbiteriano en el que la fe formaba parte esencial de la vida de la familia. Su padre, Jerry Kirk, era un pastor protestante que, como ella dice: «Me alimentaron con la Palabra de Dios a la misma vez que me dieron de comer guisantes y patatas. Teníamos una vida común de oración y fe». Nunca en su vida puso en duda la fe de sus padres, pero hubo un momento en que su fe de niña sufrió una profunda transformación: «Estaba en séptimo grado cuando oí un sermón muy fuerte sobre la cruz. Decía que eran mis pecados los que habían clavado a Jesús en la cruz. Esto me tocó profundamente. Tuve una conversión profunda, una conversión del corazón». Kimberly ardía en deseos de hacer lo mismo que veía hacer a su padre: ser una «pastora» protestante: «Terminé el instituto con la intención de ir a la universidad y, después, ir al seminario para ser pastora».

En su tercer año en la universidad conoció a un chico que se llamaba Scott Hahn. Scott, con otros jóvenes protestantes, la desafiaban preguntándola: «¿Dónde dice la Biblia que la mujer puede ser ordenada?». Kimberly confiesa: «Mi padre era pastor en una denominación protestante liberal. Él estaba feliz de que yo quisiera ordenarme». Poco antes de terminar la universidad comenzó a salir con Scott. Kimberly pensaba: «Bueno, no creo que Dios me esté llamando a algo que él no permita, pero todavía puedo ser la esposa de un pastor». La joven pareja era bastante reacia con respecto de la Iglesia católica, de manera especial Scott que, formado en la fe calvinista, estaba convencido de que el Papa era el anticristo y todos los católicos unos idólatras.

Kimberly y Scott se casaron al final del verano y continuaron sus estudios en el Seminario Gordon Conway. Allí, Kimberly descubrió que la mayor parte de los métodos anticonceptivos, son abortivos. Pero, en su grupo de trabajo, un compañero afirmó que solo los católicos rechazaban los métodos preventivos, y que lo hacían por dos razones: «Primero: porque el Papa no estaba casado. Y segundo: porque su objetivo era aumentar lo más posible el número de los católicos en el mundo». A Kimberly le parecieron razones absurdas, pero su compañero respondió: «Si quieres saber lo que piensan los católicos y por qué, investígalo tú misma. A mí no me interesa para nada». Kimberly aceptó el reto: «Encontré la Humanae Vitae y un libro muy del doctor Kippley llamado “El control de la natalidad y la alianza matrimonial”. John Kippley, en su libro, daba un montón de argumentos en los que yo nunca había pensado, de porqué los anticonceptivos van en contra del matrimonio y en contra de la vida. En particular, su explicación de la ley natural —que nunca había escuchado antes— creo que es de los argumentos más fuertes que existen».

Kimberly cayó en la cuenta de que Scott y ella nunca le habían preguntado al Señor su opinión con el tema de los hijos que debían tener, y cuándo tenerlos. Consideraban un deber cristiano usar anticonceptivos. Kimberly y Scott daban al Señor todo su corazón, mente y alma. Daban el diezmo de lo que ganaban, no estudiaban los domingos para dedicarlos al servicio del Señor, querían honrar al Señor, pero «cuando se trató de nuestros cuerpos, hicimos esa cosa tan americana de: “Perdóname, Señor. Aquí mando yo”. Y pensé: “¿Dónde queda el señorío de Cristo en mi vida, cuando yo digo que mi fertilidad depende de mí? ¡Qué arrogancia no ceder a él!».

Kimberly confió a Scott su reflexión y su preocupación por no estar dándole al Señor todo, absolutamente todo. Su esposo no podía creerse donde había llegado el estudio de su esposa sobre los anticonceptivos. Kimberly descubrió que antes de 1930 ninguna denominación protestante permitía los anticonceptivos. La Conferencia Lambeth de los Anglicanos en Inglaterra fue la primera en aprobarlos en casos extremos, para salvar la vida de la madre. Pero, poco tiempo después, casi todas denominaciones protestantes pasaron a ser, no solo pro-anticonceptivos, sino pro-aborto. Y, sin embargo, Lutero, Calvino y Zwinglio habían estado absolutamente en contra de los anticonceptivos: «Caí en la cuenta de que la tradición de mi fe protestante, antiguamente, estaba abierta a la vida y en contra de los anticonceptivos».

Scott y Kimberly tomaron de decisión de dejar de usar anticonceptivos. Ella escribió en su diario: «No sé si estoy loca por Cristo o simplemente loca, pero: “Señor, te vamos a seguir”. Y cambió algo muy importante». Un día, Kimberly preguntó a su esposo: «Esta Iglesia, la Iglesia católica, que se atreve decir la verdad sobre el tema de los anticonceptivos… ¿No te hace pensar que hay algo más aquí que no estamos viendo?» Pero la respuesta de Scott fue: «Incluso un cerdo ciego puede encontrar una bellota. No hay que pensar más».

Aparentemente no pensaron más en ello, pero años más tarde, el mismo Scott reconoció: «El abrirnos a la vida y vivir en conformidad con la verdad, algo que solo la Iglesia católica enseñaba fielmente, tuvo en nosotros un impacto muy fuerte, y nos abrió el corazón». Kimberly y Scott todavía tenían un largo camino a recorrer antes de llegar a la conversión, pero ese gesto tuvo un impacto grande en ellos.

Scott fue profundizando sus estudios sobre liturgia, hasta el punto de plantearse el paso a la Iglesia episcopaliana. Kimberly lloraba. Su padre era un pastor presbiteriano, su tío era un pastor presbiteriano, su hermano estaba estudiando para llegar a ser un pastor presbiteriano, Scott mismo era un pastor presbiteriano, y ella quería seguir siendo presbiteriana. Pero fue aún peor cuando, un año después, Scott le dijo: «Tengo que decirte que, a lo mejor, nos estamos encaminando hacia la Iglesia católica». Kimberly reaccionó al momento: «Yo no estaba de broma cuando le dije: “Por favor, ¿podemos ser episcopalianos?” Porque pensé que no podría soportarlo: “¡Católicos no!” Fue tan traumático. Yo ya tenía mi master en teología, había tenido nuestro primer bebé y estaba embarazada del segundo, y él empezó a decirme que no son dos sacramentos, que son siete, y empezó a rezar el rosario, lo cual era impensable para mí». «Una noche, yo me fui a la cama temprano. Él entró y me dijo —estaba rebosando de todo lo que había descubierto en sus estudios— y me dijo: “¿Sabes que ahora mismo estamos rodeados por María y por los santos y por los ángeles?” Y lo único que pude decirle fue: “Eso no. ¡En mi habitación no!”»

Scott comenzó sus estudios de doctorado en la Universidad de Marquette. Prometió a Kimberly no hacer cambios rápidos y esperar al menos cuatro años para hacerse católico, si es que de verdad llegaba a entrar en la Iglesia católica. Pero, pocos meses después, Scott y Kimberly tuvieron una trascendental conversación: «En la siguiente Pascua, diez días antes de la Pascua, vino y me dijo: “No sé qué debo hacer, porque he empezado a asistir a la Misa, por las mañanas, en Marquette, y sé que Jesús está ahí. Sé que esa es la Eucaristía. Siento que estoy pecando contra la luz si no me hago católico”. Y me pidió: “Sé que te prometí esperar cuatro años, pero quiero que reces para ver si me puedes liberar de esa promesa”.

Entonces, entré en nuestra habitación y lloré muchísimo. Lloré delante del Señor, porque sabía que esto iba a ser un cambio gigante para nosotros. Y si él iba a ser católico —aunque yo no lo fuera— no sería nunca la esposa de un pastor. Para mí era como matar todos mis sueños, matarlos sin ninguna posibilidad de resurrección después. Pero, a la vez, creía en él, y creía que él estaba en una situación donde me necesitaba y yo tenía que dispensarle de la promesa. Entonces, salí y le dije, “Te permito hacerlo, pero quiero que sepas que me estás abandonando”. Él se fue al dormitorio y comencé a escuchar un sonido que ya era familiar: el tintineo de su rosario».

Kimberly no sabía a quién acudir. Empezaron cuatro años de mucha lucha. Quedó embarazada de su tercer hijo y comprendió que, si el cabeza de familia era católico, su hijo debía ser bautizado en la fe de su padre: «Tuvimos el bautizo. Yo no estaba preparada para una liturgia tan bonita. (…) Las oraciones eran exactamente lo que yo hubiera deseado rezar sobre mi hija… Era tan bonito que, cuando salimos de la iglesia, yo le dije al Señor en mi corazón: “Yo no sé lo que has hecho en él, pero hazlo conmigo”. Mi corazón se abrió de una manera distinta». 

Curiosamente, fue su padre, el pastor presbiteriano quien le propuso hacer una oración de abandono en Dios, de entrega a su voluntad: «Y cómo era mi padre —que no quería que yo fuese católica— y no era Scott inventando otra manera de entrar (…) decidí a asumir el reto de mi padre, y pedí la gracia de poder hacer esa oración». Apenas comenzó a rezar, Kimberly experimentó una profunda liberación en su corazón: «Me di cuenta de que había estado todo ese tiempo en una jaula hecha por mí misma. Había puesto todos estos límites a Dios: no estoy dispuesta a leer, no estoy dispuesta a estudiar, no estoy dispuesta a aceptar el reto. Pero ahora comencé a estar motivada a investigar, y tenía alegría. Y había obstáculos, pero la alegría iba aumentando. Pieza por pieza, doctrina por doctrina, muy exigente».

Kimberly entró en la Iglesia católica en la vigilia pascual de 1990: «El Miércoles de Ceniza dejé a mis niños con mi hermana y me fui a Steubenville para ver casas, porque Scott iba a trabajar en la Universidad Franciscana. Me gustaba la costumbre de los católicos de abstenerse de algo durante la Cuaresma. Entonces empecé a rezar así: “Señor, ¿qué sacrificio quieres de mí? ¿No tomar dulces, alguna bebida o algo más grande?” Y no escuché una voz, pero percibí que el Señor me estaba diciendo: “¿Por qué no te rindes? ¿Por qué no te niegas a ti misma?” Y cómo no era Scott diciéndomelo —de verdad experimentaba que era el Señor— empecé a considerarlo seriamente». Al llegar a casa esa noche, la decisión estaba tomada: «Scott me llamó desde una conferencia en California (…) Le conté lo que me había sucedido durante el viaje, y le dije: “Va a ser esta Pascua.” Él aguantó las lágrimas y me dijo: “Ya había perdido la esperanza de estar unidos como una familia católica”».

Esa Cuaresma fue un tiempo muy especial, pero Kimberly tenía que contarle a sus padres la decisión que había tomado. Sabía que su entrada en la Iglesia católica iba a suponer romper la comunión con esa parte de su familia. Ella confiesa: «Nunca cuestionan si somos cristianos o no, pero es tan agridulce, es tan doloroso no poder compartir las riquezas de la fe, no poder mostrarles lo que les pertenece como cristianos: el magisterio de la iglesia y la paz que esto nos da. (…) Y la autoridad moral de la iglesia y una única enseñanza de la Iglesia, una única liturgia. ¿Sabes? Mis hermanos y mi padre pueden todos predicar un domingo y nunca coincidir en el mismo evangelio. Y podemos estar en Irlanda, y mis hijos dispersos por los distintos estados, pero escuchamos todos el mismo Evangelio y rezamos las mismas oraciones. Y la Virgen María es un don del Señor. Y puedo seguir y seguir… Y todos estos tesoros vienen a mí por medio del bautismo, son mi herencia. Yo me sentía como si hubiera pasado de vivir en un piso, en medio de una ciudad peligrosa, a vivir en una mansión en las afueras, y no sabía que antes ya era mía».

Kimberly afirma: «Ser católica me trae tanta alegría. Es una vida tan hermosa la que compartimos. Todos nuestros hijos conocen y quieren al Señor y a la Iglesia. Los tres que están casados, se casaron con unos buenos católicos y están abiertos a la vida. De momento tenemos 15 nietos. Dos de nuestros hijos están estudiando para ser sacerdotes y el último hijo, que tiene 18 años, no sé cuál es su vocación, pero sé que su corazón está centrado en el Señor. Somos una familia católica, unida y creciendo, pero nuestros parientes son nuestros hermanos separados. Y me gustaría tener la oportunidad de compartir los tesoros de nuestra fe con ellos. Solo Dios sabe».

 

 

La virtud del orden en la formación de los hijos

Jun 29, 2018

La virtud del orden en la formación de los hijos

Por Raúl Espinoza Aguilera

Si se entiende el orden en la familia como algo necesario para conseguir la convivencia adecuada entre padres e hijos, es muy diferente que considerarlo como una especie de manía obsesiva y escrupulosa de los papás.

El desarrollo del orden nunca debe alcanzar unos límites en que no cabe la vida espontánea de amor; en que cada uno de los hijos se sienta en un clima de libertad y comprensión (Cfr. David Isaacs, “La Educación de las virtudes humanas y su evaluación”).

Si se pide a los miembros de una familia que cuiden una serie de detalles de orden, deben entender que, ante todo, se trata de una virtud que les ayudará a mejorar como seres humanos. Y que, con el tiempo, repercutirá en su rendimiento académico y, después, en su futuro desempeño profesional.

Esta virtud la considero como la base de las demás virtudes, ya que el orden de la persona repercute en:

  1. Su armonía; b) Su equilibrio interior; c) La moderación; d) El autodominio, es decir, el desarrollo de la fuerza de voluntad y en la forja de un carácter firme y determinado.

Además, existen otra serie de virtudes relacionadas con el orden:

  • La austeridad; 2) La serenidad; 3) La higiene y limpieza personal; 4) El sentido de economía y del ahorro (Cfr. Gerardo Castillo, “Los Adolescentes y sus problemas”).

Pienso que lo primero que hay que pedirles a los hijos es que tengan un horario definido, un plan de sus actividades diarias y semanales, que contemple:

  • Horas de clases; 2) Horas de estudio y de realizar trabajos manuales o de investigación; 3) Tiempo de convivencia familiar; 4) Tiempo de esparcimiento y deporte; 5) Encargo material en la casa.

Para los niños, o incluso los preadolescentes (de 10 a 13 años), es fácil inculcarles la idea de que ser ordenado puede convertirse en un juego divertido o entretenido.

Recuerdo que me conmovió la humildad de mi amigo Reynaldo, cuando me comentó que cierto día les dijo a sus hijos:

-“Los felicito porque todos están luchando con empeño por cuidar el orden en sus habitaciones y en las zonas comunes de la casa. Pero, habrán visto que la ropa de mi closet no está bien ordenada. Por favor, díganmelo con claridad, porque yo también quiero luchar en este importante tema”. Y les añadía: “¡Ustedes son mis mejores aliados para crecer en esta virtud!”

Claro está que cuando los hijos observan esta actitud sencilla y humilde de su padre o de su madre, se ganan el respeto y la admiración de ellos. Y lo consideran como un miembro más de la familia que está luchando, con naturalidad, por mejorar cada día como persona.

 

 

La felicidad en la infancia

Red Familia

La convivencia y el acercamiento familiar son fundamentales para la estabilidad emocional de los niños.


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Mucho hemos insistido en la urgencia de legislar políticas públicas que regulen y favorezcan la conciliación entre familia y trabajo. En una ciudad como la nuestra, son los niños los que sufren las consecuencias de esta falta de regulación.

Los horarios que los adultos deben cubrir para cumplir con sus jornadas laborales afectan considerablemente el desarrollo físico y emocional de los niños. Muchos padres de familia tienen que levantar a sus hijos entre las cinco y seis de la mañana para que les dé tiempo dejarlos en la guardería, en el colegio o en la casa de algún familiar antes de irse a trabajar y de igual manera al término del día, los pequeños tienen que ajustarse al horario de sus padres para poder regresar a su casa a descansar. Estamos hablando que si los padres cubren un horario de 8 horas y le agregamos dos horas en promedio de traslado, los niños pasan fuera de su hogar y lejos de sus padres, un promedio de 10 horas al día.

Un estudio sobre “La felicidad en la infancia” realizado por la juguetería Imaginarium en España, encontró que las tres principales causas de la infelicidad en los niños son: Que los padres no puedan pasar tiempo con ellos, no poder jugar con sus padres y que les castiguen porque se portan mal.

Por otro lado, el tener que cumplir con horarios tan extremos para salir y regresar a su casa no favorece en nada la salud física de los pequeños, ya que según los pediatras un niño debe dormir y descansar en promedio de 10 a 12 horas para tener un buen desarrollo y desempeño escolar.

Sabemos que el ingreso económico es muy importante para las familias ya que de él depende su estabilidad. Sin embargo, es necesario buscar estrategias que ayuden y favorezcan la convivencia familiar.

En Red Familia te damos algunos tips que pueden ayudarte a promover la convivencia con tus hijos:

1. Hazles saber lo importantes que son para ti, no solo con palabras sino con tu tiempo.

2. Busca tener contacto con ellos durante el día para saber que hacen y como les fue en el colegio.

3. Evita llevarte trabajo a casa para que puedas dedicarles toda tu atención.

Recuerda que la convivencia y el acercamiento familiar son fundamentales para la estabilidad emocional de los niños. Porque en la familia, está la solución.

 

 

Sobre la constituyente y la amenaza oculta

La insistencia de parte de algunos políticos para llevar adelante reformas a la Constitución Política debe recordarnos aquella sabia sentencia popular de que la fiebre no está en las sábanas sino en el enfermo, que es la ll clase política.

La idea de cambiar la Constitución es universal. Brota del progresismo y de la ideología de género (IDG). Promovida desde las Naciones Unidas (NNUU) y dirigidas a formar un Nuevo (des) Orden Mundial, con su banderita de arco iris, que ya ondea en varias agencias especializadas de la organización. Pero, de esto nadie habla, por ignorancia o cobardía; salvo los activistas de la IDG, que ahora niegan su existencia, prueba de su fracaso, como vemos en varios países.

Hay importantes razones relacionadas con el Bien Común para oponerse firmemente a las consignas políticas movidas por seguidores de esa ideología antidemocrática, anticristiana y anti natural, vestida de Caperucita Roja neo-marxista para cambiar legislaciones.

El candidato presidencial que no entiende el peligro que representa la IDG para nuestra democracia liberal y nuestra cultura, no merece el voto. Los candidatos que representan esa ideología, tienen derecho a promoverse, pero, no deben recibir el voto de quienes aspiramos curar el país de la fiebre de la corrupción de las costumbres, la destrucción de los valores éticos y morales y el Bien Común. 

La IDG niega la patria potestad y promueve la sexualidad antinatural libre entre los niños. La fiebre no está en las sábanas.
* El autor es periodista.

Miguel A. Espino Perigault
espinomiguel21@gmail.com

 

 

VIVIMOS EN VITRINA

Leo J. Mart.

Existen las virtudes personales y sociales; más no existen pecados personales, porque todo pecado es social. Todo pecado será expuesto ante la vista de los hombres algún día. Vivimos en vitrina.

Cuando era niño, en los baños de mi escuela había un letrero que decía: <Dios te ve> y en mi lógica de niño no entendía el por qué tenían que poner este letrero precisamente en el sitio más incómodo, más sucio y descuidado, y pensaba en mi inocencia: <qué pena con Dios que lo pongan a entrar a este sitio tan desarreglado>Jj. Luego comprendí el por qué de este letrero y concluí: < ¡vivimos en vitrina!>

Siendo muchacho viajé con mis amigos a otra ciudad, no teníamos dinero para pagar hotel. El tío de uno de los amigos nos ofreció hospedaje en su almacén de muebles. Me tocó dormir en una cama que estaba en exhibición. Por la mañana cuando me desperté miré por la ventana y la vi llena de gente curiosa que miraba la novedad del almacén, que ponía a la vista de la gente las camas a la venta con personas reales que dormían sobre ellas. Jj. me tapé la cara con las cobijas y me dije para mí: <¡vivimos en vitrina!> Jj.

Estando en la mesa del comedor, María, mi esposa, me deja en ocasiones el almuerzo servido, porque ella almuerza a las doce y yo a las tres por estar pegado de un computador. Bueno, me dije para mí: < ahora almuerzo solo> miré al lado y ahí estaba Roky, el perrito de Terranova mirándome muy atento, y comprobé una vez más que: aunque tú te creas solo siempre hay alguien que te observa, siempre hay que te mira: ¡vivimos en vitrina!

Te está mirando a toda hora el ojo de Dios y los ángeles del cielo te miran y te observan a cada instante. Vivimos en vitrina ante todos los espectadores del reino de los cielos y también de los infiernos, porque el diablo a toda hora está mirando como una fiera rugiente, para cogerte descuidado y poderte devorar.

En el Coliseo Romano, el cual siempre está visitado por turistas, baje las gradas y me metí en la cancha, en la plaza donde ponían a los mártires de Cristo ante las fieras y todo el pueblo gritaba: < ¡Ave Cesar, queremos sangre! > sentí las gradas, ya no llena de paganos, sino de los ángeles del cielo que admirados siguen presenciando el espectáculos de los hombres y mujeres valientes, que continúan dando la vida por amor a la justicia y la verdad, y nuevamente comprobé que: < ¡vivimos en vitrina!>

Aunque tú creas que nadie te conoce siempre hay alguien que te observa, siempre hay que te mira, te conoce y reconoce.

Cuando voy con María, mi esposa, a un supermercado, ella me dice con frecuencia: <esa parejita se quedó mirándonos> y le respondo: <es que  vivimos en vitrina.>

Esa conciencia permanente de saberte tú observado te debe llevar a toda hora a comportarte bien, porque aunque tú no te des cuenta, siempre hay alguien que te observa, siempre hay alguien que te mira.

Cuando voy con María en el carro, ella es correlona y acostumbra ir a cien por hora, porque como toda mujer, siempre sale ya raspada la hora para apenas llegar rayado al instante de una cita; entonces me dice en el camino cuando ya se ve alcanzada de tiempo: <no puedo correr mucho por que por aquí hay cámaras que miden la velocidad>, y yo le respondo: <vivimos en vitrina; por eso es bueno salir antes, para llegar antes al lugar de una cita y no tener que correr tanto>

Pero la cosa no se queda aquí. Mi esposa y yo vivimos los dos en una casa que tiene dos alcobas, cada una con su baño. María me dijo: <este baño es para ti, y este otro es para mí> yo pensé en mi interior que esa medida era maravillosa por que iba a ser en el único sitio donde yo iba a poder tener privacidad, para no estar en vitrina. ¡Pero que va! Cuando me estoy duchando muy tranquilo y cantando mis canciones encerrado, siento que María irrumpe en el baño, interrumpe mi canción y me dice: <es que es urgente, alguien quiere hacerte una consulta telefónica>, y yo me digo una vez más: <¡ni en el baño puedo tener privacidad porque vivimos en vitrina!>Jj.

Los ángeles del cielo son buenos camarógrafos y tienen la misión de grabar una película de cada hombre, no solamente lo que hacen, sino lo que dicen y hasta el mismo pensamiento. Es bueno tener presente que un solo ángel de Dios posee más conocimientos que todos los científicos del mundo, porque ellos conocen todas las leyes de las cosas creadas, tanto las de la materia como las de las realidades inmateriales. Los ángeles han diseñado unas cámaras ocultas que toman radiografías del pensamiento y las graban para el momento de la muerte. Aquí comprobarás que vivimos en vitrina, y que el descubrimiento que hice siendo niño se va volviendo más trascendental y complicado de la cuenta.

Esta película de la vitrina de la vida, se le presentará a cada hombre en el momento de su muerte, en el llamado juicio particular, privado, y luego la vitrina se volverá abrir ante todos los hombres de la tierra en el llamado juicio final. Con razón nos lo advirtió Jesús, que no hay pecado oculto que no se haya de hacer público, y que lo que hagas en la oscuridad sale a la luz. ¡Vivimos en vitrina!

Pero,  ¿tendrán tiempo todos los hombres que han pasado por la tierra de ponerse a mirar despacio la vida en vitrina de cada uno? Y la respuesta es esta: en el momento del juicio final ya no hay el tic tac de los relojes porque ya no existe el tiempo; todo es eternidad, luego nadie tiene afán, ni a nadie se le deja mover de la vitrina hasta no juzgar al último.

El Apóstol Pablo, un santo de los santos, al saber que su vida oculta se habría de revelar algún día delante de todos los hombres de la tierra, dijo: <quisiera en ese momento estar escondido en el fondo de la tierra, para que los hombres no vean mis pecados> si esto es Pablo, ¿qué diremos tú y yo?

La inquietud a resolver es esta: ¿habrá alguna forma de borrar esa película grabada en la vitrina por la cámara secreta de los ángeles? Pienso que sí. Si Dios lo que desea es que nadie oculte sus pecados y las cosas que le humillan, y el hombre las muestre a los demás y se descubra, y además pida perdón,  pienso que el hombre cuando confiesa sus pecados delante de otro hombre como él en la santa confesión y en la sabia asesoría, Dios va borrando de su lista los pecados.

Cuando tú confiesas tus pecados delante del sacerdote, él te dice: <tus pecados te son perdonados, vete en paz> y Dios cuando perdona olvida y borra tus pecados de su mente.

Se me viene a la memoria una reunión privada de intelectuales y pensadores de distintos países, con Juan Pablo II, en el año 1983, la cual se realizó en su casa privada, y en ese entonces tuve la oportunidad de estar presente. Algunos contaron sus experiencias. Una intelectual de la India, le contó al Papa que ella al no conocer la religión católica se confesaba directamente con Dios, pero que siempre le quedaba la duda si Dios la había escuchado, si Dios la había perdonado y si Dios había borrado sus pecados de su lista. Añadió que al enterarse que en la religión católica se confesaba ante un hombre de carne y hueso como ella (el sacerdote) y que este le decía en nombre de  Dios que le perdonaba sus pecados, ese mismo día se había convertido a la religión católica, se había confesado, y que ahora estaba feliz y segura que Dios había borrado de su lista sus pecados.

Con razón nosotros  le decimos a Dios todos los días: <Borra, Señor, mi pasado, cuida mi hoy prepara mi mañana> Con razón vivimos la sinceridad salvaje y perdemos el miedo a darnos a conocer tal como somos, y sacamos al aire en la asesoría personal nuestros trapitos al aire, teniendo presente que <Vergüenza sólo para pecar>; pero no para contar nuestros pecados, porque el demonio nos quita la vergüenza para pecar y luego nos la devuelve para no hablar al asesor ni al confesor de nuestras faltas cometidas de nuestra mala vida pasada.

¡Vivimos en vitrina! ¿Te das cuenta la importancia de un  infantil descubrimiento? Si tuvieses presente en medio de una tentación, que tus pecados están siendo grabados para algún día hacerlos públicos ante todos los hombres de la tierra, tal vez no pecarías.

leojmart@gmail.com

 

 

  El peligro de quien se presenta como víctima.

          Según la catedrática Marina Subirats, "Es necesaria una asignatura de Educación por la Igualdad". Quiere decir que la "coeducación" debe ser una apuesta por la libertad. Lo cual sería, en sí, más que una simple asignatura.

           Mujeres y hombres vivimos en una sociedad, en la que durante mucho tiempo ha existido un androcentrismo. Así que de cara a la igualdad de oportunidades, igualdad de derechos, igualdad de retribuciones, etc., la sociedad tiene que ir mejorando, en  el lenguaje, con leyes y, sobre todo, en la práctica. El cambio debe  iniciarse desde la familia, la escuela y  las instituciones. Se está dando, pero algunos   quisieran que fuera más rápido y se hiciera más visible.

            Pero algunos se empeñan en que lo que no es nombrado, no exista. Para otros, no es necesario repetir constantemente: "niños y niñas", "hombres y mujeres", "compañeros y compañeras, "ministros y ministras" para ayudar a las mujeres, sacándolas del plural. La "inclusión" en pedagogía y en la práctica, es una forma de aceptar y responder a la diversidad, sin discriminación. La RAE simplifica para ayudar, sin tener que decir "todos y todas", "jóvenes y jóvenas", en debate parlamentario, etc.

            Cierto que no se puede dar todo por supuesto en la cultura, los títulos, el trabajo, la política y los roles de hombres y mujeres. No se puede, porque hasta ahora, ni la igualdad es real, ni es igualmente visible en hombres y mujeres, en puestos directivos ni en retribuciones. ¡Hay que mejorar, sin duda!

             Por eso siempre debemos aprender juntos. El principio del aprendizaje es el respeto mutuo para la convivencia.  La convivencia y la paz, la igualdad y la libertad son claves para el crecimiento personal y social del ser humano. Pero en el trasfondo reivindicativo, hay mucho más que dinero y reconocimiento femenino.

            La historia nos ha traído hasta aquí.

            Una familia amiga, me regala un libro que ya no se edita, ni se encuentra fácilmente:"Yo escogí la esclavitud", de Valentín González, El Campesino.

             Quien nunca trabajó en el campo, llegó por su ferocidad a dirigir la 46 División en la guerra civil. Algunos compañeros suyos le acusaron de "no ser más que un bluff de la propaganda comunista. En el epílogo de la batalla de Guadalajara, tirotearon la moto con sidecar en la que Valentín pretendía hacer una entrada triunfal en la localidad de Brihuega, recién reconquistada por la 14 División a las tropas italofranquistas y punto estratégico para la progresión sobre la Alcarria". 

             En Guadalajara, desertaron por la brutalidad de sus mandos, 246 soldados solicitando acogerse a la 14 División de Cipriano Mera.

             Sabedor de lo que iba a suceder, antes de terminar la contienda, Valentín salió para Paris y desde allí un barco le trasladó a la URSS, donde conoció la dictadura del comunismo por dentro. ¡Ni se lo podía imaginar!

               Viene esta anécdota a cuento de que algunas personas, curiosamente, se presentan como víctimas, a tenor de lo que dicen.  Recuerdan al Campesino, que con toda su fiereza y peligrosidad, escribió: " Yo escogí la esclavitud". ¡Cuidado!

             El pasado día 16 de junio se leía en Ciudad Real y se enviaba a los medios de comunicación el Manifiesto Orgullo Regional LGTBI de Castilla La Mancha 2018. El Heraldo del Henares, lo publicó íntegramente en la sección Cartas al Director.

            En el inicio podía leerse: "Las asociaciones WADO LGBTI+ de Castilla-La Mancha, Abanico por la Diversidad Sexual, EACEC, Almansa Entiende, las Quijotas de Villarrobledo y PLURAL LGTB Mancha Centro os damos la bienvenida y las gracias por participar en esta jornada festiva y reivindicativa, que se completará en los siguientes fines de semana con la celebración de los diferentes Orgullos Provinciales, Locales y Comarcales. Nos hemos unido en la organización de este Orgullo Regional para hacer de Castilla-La Mancha una comunidad donde toda su ciudadanía pueda vivir de acuerdo a su realidad y singularidad, fuera del yugo de todas las normatividades que nos oprimen, examinan y cuestionan, día a día, creando y sustentando sistemas de clases opresores e inhumanos".

              Sin ignorar lo que sucedió en la guerra, porque la memoria objetiva, no tiene bando; quienes han nacido en la tierra de la luz y de la miel,  y quienes han venido de cualquier parte de España o del mundo, aquí, -a Guadalajara- no se consideran en absoluto ni "opresores ni inhumanos", ni racistas ni homófonos. Se puede discrepar en algunas cosas, pero -en general- se respetan las diferencias de todos, -sean políticas, de lengua, de raza o credo y también las sexuales.

                Miguel Hernández llegó a decir de El Campesino "es el terror de moros y alemanes", también lo fue de los españoles y los rusos. A pesar de todo, Valentín, se sintió esclavo entre los comunistas y sufrió durante muchos años, las formas más atroces de la tiranía. Siempre ¿por causa de los otros? Que lea su libro.

                  Pero, hoy, en el mundo estamos ya metidos en otra dictadura, tal vez más sutil, pero que como siempre, sufrirán, sobre todo, los más débiles. En ella, "lo que se busca realmente no es que la mujer tenga los mismos derechos que los hombres, sino que no existan ni hombres ni mujeres"(Alicia V. Rubio).  ¡Hay que abrir los ojos!

                   El respeto a los demás, se entiende también a quien no coincide en ideas o actitudes, sea cercano o lejano. Tener un hijo o una hija, es quererle como es, tenga el color, la tendencia sexual, las capacidades o discapacidades que pueda tener o contraer, y tenga la opinión que tenga, escoja vivir o elegir con quienquiera o le dé la gana.     

                Detesto cualquier forma de racismo, homofobia, machismo o desprecio hacia persona que sea o se declare LGTBI. Mi respeto es sincero y total. Ello me permite reclamar, el mismo respeto, por ser hombre y por decir la  verdad.

               La dictadura del género.

               Que así la llaman actualmente no empezó ayer. Entre julio y agosto de 1969, el terrible Charles  Manson y sus incondicionales seguidores, conocidos como La Familia, se sumergieron en una espiral de sangre, sexo, droga y rock que acabó en nueve asesinatos, entre ellos el de la actriz Sharon Tate, embarazada de ocho meses. Fueron crímenes colectivos, orgías satánicas, aberraciones apocalípticas que asestaron una cuchillada mortal al mundo hippy. 

      https://youtu.be/FD8Xek8DrbU       

              Por entonces, concretamente el 28 de junio del mismo año 1969, nació el MOVIMIENTO GAY. Casualmente, el día programado, como Advenimiento del Anticristo y el inicio de la semilla del diablo.

              Un estudio de Alfred Kinsey sobre un inexistente gen Gay, financiado por la Fundación Rockefeller e impulsado por los medios de comunicación, convirtió a Kinsey en padre del movimiento e inspirador del plan para acabar con la natalidad y la familia en el mundo occidental.

             Era una manipulación que luego, por presiones políticas terminó en imposición de la mentira, como si fuera una verdad. Nunca ha habido un estudio científico que pruebe que el gen GAY es algo natural.  Otra cosa es lo que cada uno decida hacer, sentir, personal y socialmente.

             En 1972, otra mentira de una violación, sirvió para que los jueces en Estados Unidos aprobaran  en 1973, el aborto. La demandante no había sido violada y había dado a luz antes de que los jueces dictaran sentencia. La sentencia  fue un abuso de jurisprudencia que cambió la ley y fue clave,  en legislaciones sobre el aborto en otras naciones.

              En España se acuñó un nuevo lenguaje. A la ley que autoriza el aborto, se la llamó Ley de: "salud sexual y reproductiva". Y ha funcionado como ariete para aprobar la despenalización del aborto  o el apoyo al mismo, en otros países.

                Otro salto se produjo hacia 1975, cuando comenzó a hacerse visible la homosexualidad. Dejó de ser considerada una enfermedad, por las presiones que recibió el colegio de Psicólogos de USA, que la consideraba una enfermedad mental. Los Psicólogos, por presiones políticas, no por datos científicos, firmaron con la condición de que se hicieran estudios posteriores. Esos estudios científicos jamás se han realizado. La firma arrancada por los homosexuales al Colegio de Psicólogos, fue clave para su expansión. Homosexuales apoyados por políticos y financiados en la sombra, por la Fundación de Rockefeller, Soros y otros, se erigieron en autoridad, en contra del  Colegio de Psicólogos  de Estados Unidos (APA).

                Con ese respaldo y el de los políticos, la ideología del GENERO, impone su exigencia: prohibición de hablar de enfermedad. Es más, cualquier intento terapéutico para que se pueda ayudar, médica o psicológicamente a las personas que están sufriendo un trauma en su identidad, queda excluido.

               Se han presentado víctimas, pero han tratado de imponer la dictadura biológica a la sociedad. El principal objetivo son los niños, allá donde se encuentren. Piden que se respete su o sus formas de unión,  pero tal como dice explícitamente el manifiesto revolucionario gay de 1987,que se acabe con la familia natural.

https://rafapal.com/2012/09/09/manifiesto-revolucionario-gay-michael-swi...

               ¿Cambiar la estructura biológica de los seres humanos?

             La ideología de género, pretende que los sexos, no derivan de la naturaleza, sino que provienen de un pacto social.  El mismo matrimonio, de un hombre con una mujer, es un pacto heteropatriarcal, llamado a desaparecer. Más que hablar de sexo femenino o masculino, prefieren hablar género, porque dicen: no tenemos sexo sino género;  y según ellos existen 165 géneros (o cuerpos hablantes).

              En tiempo de hablar,  en Digital TV Perú, que dirige Reynaldo Aragón,  Cesar Vidal es muy claro: ver Video:

https://youtu.be/mRTLaPo_D24

            Solicitan que sus uniones sexuales sean reconocidas como "matrimonio",  y utilizan los genes, masculino o femenino, para adopciones en vientres de alquiler, de la que son principales defensores. Piden el derecho a la adopción. 

             En la escuela, y desde la primera infancia, fomentan las "experiencias del descubrimiento de sexos" en textos y en la práctica, sin el consentimiento de los padres.

             Con lo que, o los padres despiertan y reclaman el derecho a la educación de sus hijos, o debido a los convenios firmados por la ideología del género, con las comunidades autónomas, en escuelas, en campamentos, en recreos etc., reclaman que sean los homosexuales quienes impartan la "educación afectivo-sexual y el descubrimiento del género".

            Y si los padres no ejercen su derecho a la educación, o están demasiado ocupados en sus trabajos... sus hijos se van a encontrar con un adoctrinamiento en estos términos o parecidos: "para normalizar la homosexualidad los profesores de la Pública, debemos sacar del armario a nuestros alumnos. En cada clase cerca del 50% del los niños son homo, bi o trannsexuales, pero no afloran por la represión heteropatriarcal".

https://www.facebook.com/Migunet/videos/2091145134431700/?t=52

           Pero, hay más, el adoctrinamiento no va a ser solo teórico, sino de experiencias que tal vez los niños nunca se atrevan a comentar con sus papás.    

           Europa y el Mundo han cambiado mucho en los 18 años del siglo XXI. En los pueblos y ciudades cada vez hay más gente nueva o desconocida. Somos coetáneos y ciudadanos, pero vamos siempre muy de prisa. Sabemos poco unos de otros. Además de respetarnos, sería bueno ayudarnos y aprender a convivir, para dejar de ser ya de ser islas. Hasta con el corazón roto, deben repartirse los pedazos. Hemos olvidado que es la única forma de ser uno mismo y descubrir que aún tenemos corazón, que es mucho más ideología.

 

https://www.facebook.com/fndezarelltania/videos/10156369429831877/?t=11

José Manuel Belmonte.

 

¿Por qué estamos obligados a seguir las normas establecidas por Dios?

https://www.accionfamilia.org/images/2018/cristo_juez.jpg

Cristo Juez, Fra Angélico, Catedral de Orvieto

Son numerosas las personas que  creen que cada uno puede seguir sus opiniones, y por lo tanto debe haber libertad para todos y para todo, siempre que no se viole la libertad de los demás.  A quien afirma una norma moral, responden “esa es tu verdad”; la mía es otra. Esta mentalidad, que presupone que no existe un orden que debe ser respetado, está llevando a la ruina  la familia,  la sociedad y el propio individuo.

Veamos que debemos pensar sobre este asunto.

En el acto de la creación, Dios estableció unas cuantas leyes y normas de conducta para todos los seres que creó. Dios no los abandonó a su propio destino. Al permitirles actuar de acuerdo con su libre albedrío, sin embargo, quiso darles esas normas, que constituyen la ley eterna. La ley eterna es la misma razón divina mientras gobierna las cosas creadas. Se llama eterna porque en Dios todo es necesariamente eterno.

En el decir de San Agustín, la ley eterna es aquella por la cual “es justo que todas las cosas sean ordenadísimas”. Es, pues, la ley del orden, de la sumisión del inferior al superior, de la obediencia del hombre a Dios.

Es de la ley eterna que derivan todas las otras leyes:

Contenidos

 

1) Ley natural, que es el efecto de la ley eterna sobre la naturaleza humana;

2) Ley positiva, que es establecida por el propio hombre;

3) Ley divina, dada por Dios al hombre por una revelación sobrenatural;

4) Todas las demás leyes que rigen los seres crudos, los vegetales, los animales, etc.

¿La ley eterna obliga a todos los hombres?

¿Por qué estamos obligados a seguir estas normas establecidas por Dios? Si queremos actuar de modo diverso, ¿no podemos usar de nuestra libertad? ¿Estos principios de conducta instituidos por Dios no son simples consejos?

Como nos enseña la Iglesia Católica, la ley eterna no es un conjunto de consejos, sino de obligaciones estrictas, a las que no nos es lícito huir en ningún caso, y bajo pretexto alguno.

Siendo Dios el Señor absoluto de todo y el ser necesario para el cual todo existe, a ninguna criatura se le da el derecho de desobedecer a sus determinaciones. Como dice San Ignacio en los Ejercicios Espirituales, “el hombre fue creado para alabar y reverenciar al Señor su Dios, y así salvar su alma”. Este es el único fin que podemos legítimamente proponer.

Fundamento de la moral

Este es el fundamento último de toda moralidad. Ella nos dice por qué un acto es bueno o malo. Podemos, así, evitar todo el sentimentalismo, para el cual “bueno” es aquello que favorece sentimientos tiernos, dulces o que conmueven. Hay pueblos que tienen una tendencia especial y muy profunda hacia ese sentimentalismo.

El liberalismo

Podemos refutar el liberalismo, en uno de sus fundamentos más profundos, probando que el hombre no es libre para actuar contra las determinaciones divinas. De acuerdo con los liberales, cada uno puede seguir sus opiniones, y por lo tanto debe haber libertad para todos y para todo, siempre que no se alcance la libertad de los demás. Ahora bien, como hemos visto, la ley eterna obliga en sentido estricto y absoluto; afirmar lo contrario sería abandonar la fe católica.

El laicismo

Los principios laicos, adoptados incluso por algunos católicos, quieren establecer un dualismo entre la Iglesia y el Estado, sosteniendo que deben vivir separados, como dos mundos estancos. Los laicistas afirman que el Estado debe abstraerse de la Religión y de la moral reveladas. Ahora bien, por el estudio de la ley eterna, verificamos que la fuente única de toda moralidad es Dios; no puede haber una moral laica y otra religiosa; no puede haber una ley suprema para el Estado y otra para la Iglesia; no puede haber una santidad laica que abstraía de Dios.

El socialismo

Los socialistas afirman que el criterio de moralidad es el progreso de la sociedad, la felicidad en este mundo. Para ellos, es bueno lo que hace al hombre feliz en esta vida; es bueno lo que contribuye al progreso científico; es bueno lo que planifica, organiza, simplifica y enriquece a la sociedad civil.

El estudio de la ley eterna nos permite refutarlos, probando que es bueno sólo lo que es ordenado, lo que es deseado por Dios

 

Portugal dijo no a la eutanasia

La negativa del parlamento portugués a despenalizar la eutanasia, que tuvo lugar hace dos semanas,  supone un dique a una legislación que se va imponiendo por toda Europa. El proyecto presentado por los socialistas y sus socios del bloque de gobierno, tenía la pretensión de introducir en la sociedad portuguesa un cambio respecto a su concepción de la vida desde el instante inicial hasta su muerte natural.

Pero la aritmética parlamentaria ha fallado desde el momento en que las principales formaciones políticas dieron a los diputados la oportunidad de votar en conciencia. Algo que ocurrió con la abstención de varios socialistas y el voto en contra de la mayoría de los socialdemócratas. También hay que destacar la negativa en bloque de los comunistas, que apostaron por que el Estado dedicara más recursos a los cuidados paliativos.

Juan García.

 

Un Documento muy oportuno

El Documento, “Dar lo mejor de uno mismo”,  traza las líneas principales del fenómeno deportivo y de su contexto en la sociedad contemporánea; profundiza en el significado del deporte para la persona y el valor del trabajo en equipo; se abordan los peligros que acechan a la actividad deportiva, como el dopaje y la corrupción; y aborda el papel de la Iglesia como protagonista en el camino de humanización que brinda el deporte.

Un Documento muy oportuno, ha aparecido a pocos días de que empezará, como cada cuatro años, el mundial de fútbol ahora en pleno desarrollo, pero que va mucho más allá de un acontecimiento concreto, recordándonos que cuando una persona da lo mejor de sí misma, experimenta la alegría del deber cumplido, y que todos quisiéramos poder decir un día, con san Pablo, que hemos peleado hasta el final el buen combate, que hemos concluido nuestra carrera y que hemos conservado la fe.

Domingo Martínez Madrid

 

La “pospolítica”

Hace un tiempo hablábamos de la “posmodernidad”, hace unos años que utilizamos otro neologismo, la “posverdad”. Ahora comienza a manejarse otro neologismo, la “pospolítica”, para intentar describir escenarios inéditos como el que se dibuja estos días en Italia, con el surgimiento de fórmulas populistas que cultivar las emociones de la sociedad para proponer fórmulas que serían desastrosas porque no afrontan la realidad de los problemas.

En ese contexto puede inscribirse la moción de censura presentada por el PSOE, que se orienta a explotar un clima emocional al hilo de los casos de corrupción (centrados solamente en el partido del Gobierno) pero no incluye una propuesta constructiva realista al servicio del bien común de los españoles. De hecho, la inestabilidad provocada ya está creando evidentes perjuicios en la economía y en las instituciones y nos hace más vulnerables frente al populismo y el secesionismo que sin duda han apoyado la moción y la formación de un Gobierno sin apoyo parlamentario. Es necesario volver a la gran política que renueve la esperanza de una sociedad perpleja y cansada.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Partidos políticos: “Menos lobos”

            ¿Cómo se atreven a decirnos que nos representan? Y es que en realidad, son “cuatro gatos”, los que en realidad permaneces adheridos a los partidos; y seguro que porque a través de ellos “cobran vete tú a saber cuánto”; el resto los ignoran, al menos en obligaciones; puede que muchos los votan por “otros intereses” y la mayoría aquí es que se vota siempre, “no a favor de, sino en contra de”; de lo que se deduce que, el gasto de mantenimiento de “los aparatos políticos”, los paga “el dinero público y por innumerables conductos que ni sabemos”. ¿Qué esto es sólo en el partido que se nombra hoy? Yo creo sinceramente que cubre a todos; por tanto “todo es mentira” y en esa mentira quieren que creamos; ninguno puede hablar “alto” sobre su mantenimiento, puesto que todos son “unos mantenidos”: Veamos datos concretos y si quieren más, entren en la dirección que abajo les dejo.

“Los inscritos a la votación para decidir el futuro del Partido Popular han cumplido con las apuestas. Se barajaba un dato de participación de en torno al 10%, pero este mismo martes, la formación ha dado a conocer como "datos provisionales" -ya que aseguran que en dos días se tendrán los definitivos-, que el proceso interno del partido solo contará con el respaldo del 7,42%. Se trata de una ínfima participación que cuenta en total con 64.523 afiliados de los 869.535 que aseguran tener. ¿Cómo se reparten estos militantes en las distintas comunidades autónomas? El primer dato que resalta entre los recogidos por la propia formación es el de Castilla-La Mancha. El feudo de una de las candidatas, María Dolores de Cospedal, que logró ganar las elecciones en este terreno complicado para los 'populares', solo cuenta con 4.803 inscritos de los más de 50.000 que aseguran tener. De estos afiliados con derecho a voto, Ciudad Real no llega al millar, con 965; en Cuenca se han inscrito 806; en Albacete 707; en Guadalajara 423; y la cifra más alta la tiene Toledo, con 1.902. De esta forma, y aunque es una de las comunidades que más inscritos tiene, la cifra es muy humilde. También llama la atención la escasa participación de comunidades como Andalucía y la Comunidad Valenciana. La primera es la que más afiliados tendría en España, casi 170.000, y continúa siendo la que más votantes albergará. Sin embargo, según ha informado el PP, los que podrán votar el próximo 5 de julio serán 12.119. De estos, el lugar donde más inscritos hay es Sevilla, con 3.506. En el caso de la Comunidad Valenciana, segunda con más miembros en el censo con alrededor de 150.000 militantes, se han inscrito para poder votar 7.113. Donde más respaldo ha recibido la consulta ha sido en Valencia capital. con 3.862”. https://www.vozpopuli.com/politica/reparte-comunidades-autonomas-participacion-afiliados-PP_11_1148695120.html

            Esta es la realidad que muestra un país de más de cuarenta y seis millones  de habitantes; lo que demuestra aplastantemente, que, en inmensa mayoría, nadie creemos en la política que se nos impone y que se demuestra que en general y salvo excepciones que sean demostrables con plena seguridad, “todos los que se apuntan en la política, lo hacen “en las cabezas”, donde normalmente ya tienen asegurado el buen sueldo más las prebendas que caigan y todo lo demás, les trae sin cuidado, como lo demuestra el estado real y general de una nación que se sigue denominando ESPAÑA.

            Por tanto para cambiarnos, antes han de demostrarnos situaciones que en nada se parecen a las que “venimos viendo”, prácticamente “desde que nacimos”; seguimos siendo mal gobernados y exprimidos como se exprime el limón para sacarle el máximo del jugo.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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