Las Noticias de hoy 16 Junio 2018

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 16 de junio de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Obispos argentinos: Desean transformar el dolor en “fuerza y esperanza”

EL VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA: Francisco Fernández-Carvajal

“Trabaja con alegría”: San Josemaria

«Sin Jerusalén, nuestra fe sería un cuento»

Tema 17. La liturgia y los sacramentos en general: Juan José Silvestre

XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO: + Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres 

Una vida, un amor: Monseñor JoséH. Gomez

Junio en es el mes en que celebramos al más puro de todos los corazones: Sheila Morataya

La voluntad de Jesús sobre la Iglesia y la elección de los Doce (Audiencia, 15 de marzo de 2006)

PARA COMPARTIR LA SANTIDAD DE DIOS: GANAR EN EMPATÍA CON JESÚS EN LA EUCARISTÍA: Alberto García-Mina Freire

CNTE-MORENA: CONTRA LOS NIÑOS: René Mondragón

Construyendo vínculos familiares: Unión Nacional de Padres de Familia

Las dificultades de cooperar al bien: Roberto Grao Gracia

Venezuela ante el fin de la democracia: Jaume Catalán Díaz

Israel compromete su futuro: Xus D Madrid

Barbarie contra los cristianos: José Morales Martín

Situación crítica en Nicaragua: Enric Barrull Casals

PENSAMIENTOS Y REFLEXIONES 195: Antonio García Fuentes

 

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Viernes, 15 de junio de 2018

Acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy (Mt 5,27-32) estas palabras de Cristo: “El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior” y “el que se divorcie de su mujer, la induce al adulterio”. Esto nos debería llevar a rezar por las mujeres descartadas, por las mujeres usadas, por las chicas que deben vender su dignidad para conseguir un puesto de trabajo.

La mujer es lo que les falta a todos los hombres para llegar a ser imagen y semejanza de Dios. Jesús pronuncia palabras fuertes, radicales, que cambian la historia, porque hasta aquel momento la mujer era de segunda clase, por decirlo con un eufemismo, ¡era esclava!, no gozaba ni siquiera de plena libertad. Y la doctrina de Jesús sobre la mujer cambia la historia: una cosa es la mujer antes de Cristo, y otra la mujer después de Cristo. Jesús dignifica la mujer y la pone al mismo nivel que el hombre, porque retoma las primeras palabras del Creador: los dos son imagen y semejanza de Dios, los dos; no primero el hombre y luego, un poco más abajo la mujer. ¡No, los dos! El hombre sin la mujer al lado –ya sea como madre, como hermana, como esposa, como compañera de trabajo, como amiga–, ¡ese hombre solo no es imagen de Dios!

En los programas de televisión, en las revistas y periódicos se muestra a las mujeres como objeto de deseo, de consumo, como en un supermercado. La mujer, quizá por vender “cierto tipo de tomates”, se convierte en un objeto, humillada, sin vestir, tirando por tierra la enseñanza de Jesús, que la dignificó. Y no hay que ir muy lejos: sucede aquí donde vivimos: en las oficinas, en las empresas, las mujeres son objeto de esa filosofía de usar y tirar, como material de descarte… ¡Parece que no sean ni personas! Eso es un pecado contra Dios Creador –rechazar a la mujer–, porque sin ella los varones no podemos ser imagen y semejanza de Dios. Hay un ataque contra la mujer, un ataque furibundo, aunque no se diga… ¿Cuántas veces las chicas, para obtener un puesto de trabajo, deben venderse como objeto de usar y tirar? ¿Cuántas veces? “Sí, padre he oído que en tal país…”. ¡Aquí en Roma! ¡No vayas tan lejos! ¿Qué veríamos si diésemos una vuelta de noche por ciertos sitios de la ciudad, donde tantas mujeres, inmigrantes y no inmigrantes, son explotadas como en un mercado? A esas mujeres, los hombres no se les acercan para decirles “¡Buenas noches!”, sino “¿Cuánto cuestas?”. Y a quien se lava la conciencia llamándolas prostitutas, les digo: “Tú la has hecho prostituta”, como dice Jesús: “Quien la repudia la expone al adulterio”, porque si no tratas bien a la mujer, acaba así: explotada, esclava, tantas veces.

Será bueno, pues, mirar a esas mujeres y pensar que, ante nuestra libertad, ellas son esclavas de ese pensamiento del descarte. Todo esto pasa aquí, en Roma, y en cualquier ciudad: las mujeres anónimas, esas mujeres –podemos decir– “sin mirada”, porque la vergüenza les tapa la mirada; mujeres que no saben reír y muchas no conocen la alegría de criar y oírse llamar “mamá”. También en la vida ordinaria, sin ir a esos sitios, ese pésimo pensamiento de rechazar a la mujer, la convierte en objeto de segunda clase. Deberíamos pensarlo mejor. Porque, cayendo en ese pensamiento, despreciamos la imagen de Dios, que hizo juntos al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Que este pasaje del Evangelio nos ayude a pensar en el mercado de mujeres, mercado, sí, la trata, la explotación que se ve; y también en el que no se ve, el que se hace y no se ve. ¡Se pisotea a la mujer por ser mujer! Pero Jesús tuvo una madre, y tuvo tantas amigas que le seguían para ayudarle en su ministerio y apoyarle. Y encontró a muchas mujeres despreciadas, marginadas, descartadas, a las que levantó con tanta ternura, devolviéndoles su dignidad.

 

 

Obispos argentinos: Desean transformar el dolor en “fuerza y esperanza”

Tras la despenalización del aborto en el país

junio 15, 2018 19:32Rosa Die AlcoleaConferencias Episcopales

(ZENIT – 15 junio 2018).- Con motivo de la aprobación del proyecto de despenalización del aborto por parte de la Cámara de Diputados de Argentina, los obispos de la Conferencia Episcopal han expresado que “les dueles esta decisión” como argentinos.

“Seguimos sosteniendo la necesidad que en el debate legislativo que continúa, pueda haber diálogo. La situación de las mujeres frente a un embarazo no esperado, la exposición a la pobreza, a la marginalidad social y la violencia de género, siguen sin tener respuesta. Simplemente se ha sumado otro trauma, el aborto. Seguimos llegando tarde”, indican los prelados argentinos.

Fuerza y esperanza

A través de la Comisión Ejecutiva y de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia (CELAF) de la Conferencia Episcopal Argentina, los obispos han publicado un comunicado, el 14 de junio de 2018, manifestando “su dolor por el olvido y la exclusión de los inocentes”, con el deseo de transformarlo en “fuerza y esperanza, para seguir luchando por la dignidad de  toda vida humana”.

El debate legislativo que ha llevado a la aprobación de la ley en la Cámara de los Diputados ha durado más de 20 horas, con 131 votos a favor y 123 en contra, para despenalizar el aborto hasta el cumplimiento de la semana 14 de gestación, pasada ahora al Senado para eventual sanción definitiva, informa ‘Vatican News’.

Soluciones nuevas

Los obispos reivindican que la Cámara de Senadores puede ser el lugar donde se elaboren “proyectos alternativos que puedan responder a las situaciones conflictivas, reconociendo el valor de toda vida y el valor de la conciencia” y han declarado que existe la “oportunidad de buscar soluciones nuevas y creativas para que ninguna mujer tenga que acudir a un aborto”.

Es necesario un diálogo sereno y reflexivo para responder a estas situaciones. Vivir el debate como una batalla ideológica nos aleja de la vida de las personas concretas. Si sólo buscamos imponer la propia idea o interés y acallar otras voces, seguimos reproduciendo violencia en el tejido de nuestra sociedad.

Asimismo, los obispos agradecen a todas las personas que, con “auténtico respeto hacia el otro”, han expresado sus ideas y convicciones aunque hayan sido distintas a las de ellos y valoran la honestidad y valentía de todos aquellos que en distintos ambientes de la sociedad han sostenido que vale toda vida y, de un modo particular, a los legisladores que han expresado esta mirada.

 

 

EL VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA

— El Señor realza el valor de la palabra dada. Si no existe la necesidad de un juramento, nuestra palabra debe bastar.

— Amor a la verdad en toda ocasión y circunstancia.

— Fidelidad y lealtad a nuestros compromisos.

I. En tiempos de Jesús, la práctica del juramento había caído en el abuso por su frecuencia, por la ligereza con que se hacía, y por la casuística que se había originado para legitimizar su incumplimiento. Jesús sale al paso de esta costumbre, y con la fórmula pero yo os digo, que emplea con frecuencia para señalar la autoridad divina de sus palabras, prohíbe poner a Dios por testigo, no solo de cosas falsas, sino también de aquellos asuntos en los que la palabra del hombre debe bastar. Así lo recoge San Mateo en el Evangelio de la Misa1: A vosotros os debe bastar decir sí o no. El Señor quiere realzar y devolver su valor y fuerza a la palabra del hombre de bien que se siente comprometido por lo que dice.

Jurar, es decir, poner a Dios por testigo de algo que se asegura o se promete, es lícito, y en ocasiones necesario, cuando se hace con las debidas condiciones y circunstancias. Es entonces un acto de la virtud de la religión y redunda en honor del nombre de Dios. El Profeta Jeremías ya había señalado que el juramento grato a Dios debía ser realizado en verdad, en juicio y en justicia2; es decir, la afirmación ha de ser verdadera, formulada con prudencia –ni ligera ni temerariamente– y referida a una cosa o necesidad justa y buena.

Si no lo exige la necesidad, nuestra palabra de cristianos y de hombres honrados debe bastar, porque nos han de conocer como personas que buscan en todo la verdad y que dan un gran valor a la palabra empeñada, en lo que se fundamenta toda lealtad y toda fidelidad: a Cristo, a nuestros compromisos libremente adquiridos, a la familia, a los amigos, a la empresa en la que trabajamos.

En las situaciones normales de la vida corriente, bastará nuestra palabra para dar toda la consistencia necesaria a lo que afirmamos o prometemos; pero la fuerza de la palabra empeñada ha de ganarse día a día, siendo veraces en lo pequeño, rectificando con valentía cuando nos hemos equivocado, cumpliendo nuestros compromisos. ¿Nos conocen así en el lugar donde trabajamos, en la familia, aquellos que nos tratan? ¿Saben que procuramos no mentir jamás, ni siquiera por diversión, o por conseguir un bien, o por evitar un mal mayor?

II. En las enseñanzas de Cristo, la hipocresía y la falsedad son vicios muy combatidos3, mientras que la veracidad es una de las virtudes más gratas a Nuestro Señor: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay doblez4, dirá de Natanael cuando se le acerca acompañado de Felipe. Jesucristo mismo es la Verdad5; por el contrario, el demonio es el padre de la mentira6. Quienes sigan al Maestro han de ser hombres honrados y sinceros que huyen siempre del engaño y basan sus relaciones –humanas y divinas– en la veracidad.

La verdad se transmite a través del testimonio del ejemplo y de la palabra: Cristo es el testigo del Padre7; los Apóstoles8, los primeros cristianos, nosotros ahora, somos testigos de Cristo delante de un mundo que necesita testimonios vivos. Y ¿cómo creerían nuestros amigos y colegas en la doctrina que queremos transmitirles, si nuestra propia vida no estuviera basada en un gran amor a la verdad? Los cristianos debemos poder decir, como Jesucristo, que hemos venido al mundo para atestiguar sobre la verdad9, en un momento en que muchos utilizan la mentira y el engaño como una herramienta más para escalar puestos, para alcanzar un mayor bienestar material o evitarse compromisos y sacrificios; o simplemente por cobardía, por falta de virtudes humanas. El mismo Jesús señaló el amor a la verdad como una cualidad necesaria en sus discípulos, que lleva consigo la paz del alma, porque la verdad os hará libres10.

Hemos de ser ejemplares, estando dispuestos a construir nuestra vida, nuestra hacienda, nuestra profesión, sobre un gran amor a la verdad. No nos sentimos tranquilos cuando hay por medio una mentira. Debemos amar la verdad y poner empeño en encontrarla, pues en ocasiones está tan oscurecida por el pecado, las pasiones, la soberbia, el materialismo..., que de no amarla no sería posible reconocerla. ¡Es tan fácil aceptar la mentira cuando llega –disimulada o con claridad– en ayuda del falso prestigio, de mayores ganancias en la profesión...!; pero ante la tentación, tantas veces disfrazada con variados argumentos, hemos de recordar, clara, diáfana, la doctrina de Jesús: sea vuestra palabra: «Sí, sí»; «No, no»11.

Ser veraces es un deber de justicia, una obligación de caridad y de respeto al prójimo. Y esta misma consideración por quienes nos escuchan nos llevará en ocasiones a no manifestar, indiscretamente, nuestros conocimientos y opiniones, sino de acuerdo con la formación, edad, etc., de los oyentes. El amor a la verdad que nos han confiado nos llevará a mantener firmes otras exigencias morales, como la reserva o el secreto profesional, el derecho a la intimidad, etc., pidiendo, si es preciso, consejo sobre el modo de actuar en casos difíciles para defender una determinada verdad ante quien quiere acceder a ella injustamente.

III. Al dar nuestra palabra, en cierto modo nos damos nosotros mismos, nos comprometemos en lo más íntimo de nuestro ser. Un cristiano, un verdadero discípulo de Jesucristo, a pesar de sus errores y defectos, ha de ser leal, honesto, un hombre de palabra; alguien que es fiel a su palabra. En la Iglesia los cristianos nos llamamos fieles, para expresar la condición de miembros del Pueblo de Dios adquirida por el Bautismo12. Pero también fiel es la persona que inspira confianza, de la que nos podemos fiar, aquella cuyo comportamiento corresponde a la confianza puesta en ella o a lo que exigen de ella el amor, la amistad, el deber, y que es fiel a una promesa, a la palabra dada...13. En la Sagrada Escritura el calificativo fiel es atribuido a Dios mismo, porque nadie como Él, de modo eminente, es digno de confianza: es siempre fiel a sus promesas, no nos falla jamás. Fiel es Dios –dice San Pablo a los Corintios–, que no permitirá que seáis tentados más allá de vuestras fuerzas...14.

Es fiel quien es leal a su palabra. Es leal el que cumple sus compromisos: con Dios y con los hombres. Pero la sociedad muestra con frecuencia duda y relativismo, ambiente de infidelidad; muchas gentes, de todas las edades, parecen ignorar la cabal obligación de ser fieles a la palabra dada, de llevar adelante los compromisos que se adquirieron con total libertad, de mantener una conducta coherente con las decisiones que han tomado ante Dios o ante los hombres: en la vida religiosa y en la vida civil. Podrán presentarse dificultades, pero en cualquier caso la fe y la doctrina de la Iglesia, el ejemplo de los santos, nos enseñan que es posible vivir las virtudes: a quien hace lo que está de su parte, Dios no le niega su gracia.

Hemos de estar firmemente persuadidos, y ayudar a los demás a estarlo, de que se pueden vivir las virtudes con todas sus exigencias, pues se ha extendido ampliamente una idea –a veces un sentimiento difuso– de que las virtudes, los compromisos, son una especie de «ideales», unas metas a las que hay que tender, pero que son inalcanzables. Pidamos fervientemente al Señor que no nos inficcionemos nunca de ese error.

El cristiano, ejercitándose en la lealtad, no cederá cuando las exigencias morales sean o parezcan más fuertes. Hemos de pedir a Dios esa rectitud de conciencia: quien cede, teóricamente «desearía» vivir las virtudes, «desearía» no pecar, pero considera que si la tentación es fuerte o las dificultades grandes, está poco menos que justificado ceder. Esto puede ocurrir ante los compromisos en el trabajo, frente a la necesidad de rechazar con energía un clima de sensualidad, al ser necesarios unos medios costosos para sacar adelante la educación de los hijos, o el propio matrimonio, o el camino vocacional. Recordemos hoy en nuestra oración aquella advertencia de Jesús: cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca15. La roca es Cristo, que nos brinda siempre su fortaleza.

Fieles a Cristo: esta es la mayor alabanza que nos pueden hacer; que Jesucristo pueda contar con nosotros sin limitaciones de circunstancias o de futuro, y que nuestros amigos sepan que no les fallaremos, que la sociedad a la que pertenecemos se pueda apoyar, como en cimiento firme, en los pactos que hemos suscrito, en la palabra empeñada de modo libre y responsable. «Cuando viajáis de noche en ferrocarril, ¿no habéis pensado nunca de pronto que la vida de varios centenares de personas está en manos de un maquinista, de un guardagujas que, sin cuidarse del frío y del cansancio, están en su puesto? La vida de todo un país, la vida del mundo, dependen de la fidelidad de los hombres en el cumplimiento de su deber profesional, de su función social, de que cumplan fielmente sus contratos, que sostengan la palabra dada»16, sin necesidad de poner a Dios por testigo, como hombres cabales.

A vosotros os debe bastar decir sí o no. Hombres de palabra, leales en el cumplimiento de los pequeños deberes diarios, sin mentiras ni engaños en el ejercicio de nuestra profesión, sencillos y prudentes, huyendo de lo que no es claro: honradez sin fisuras, diáfana. Si vivimos esta lealtad en lo humano, con la ayuda de la gracia seremos leales con Cristo, que en definitiva es lo que importa, pues quien es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho17; no podríamos construir la integridad de nuestra fidelidad a Cristo sobre una lealtad que se cuarteara cada día en las relaciones humanas.

Qué alegría recibimos cuando en medio de una dificultad llega un amigo y nos dice: «¡Puedes contar conmigo!». También agradará al Señor que le digamos hoy en nuestra oración, con la sencillez de quien conoce su debilidad: Señor, ¡puedes contar conmigo! Nos puede servir también como una jaculatoria que repitamos a lo largo del día.

Pidamos a María Santísima, Virgo fidelis, Virgen fiel, que nos ayude a ser leales y fieles en nuestra conducta diaria, en el cumplimiento de nuestros deberes y compromisos.

1 Mt 5, 33-37. — 2 Jer 4, 2. — 3 Cfr. Mt 23, 13-32. — 4 Jn 1, 47. — 5 Jn 14, 6. 6 Jn 8, 44. — 7 Jn 3, 11. — 8 Cfr. Hech 1, 8. — 9 Jn 14, 6. — 10 Jn 8, 32. — 11 Mt 5, 37. — 12 Cfr. A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, EUNSA, Pamplona 1969, p. 28 ss. — 13 M. Moliner, Diccionario de uso del español, Gredos, Madrid 1970, voz Fiel. — 14 1 Cor 10, 13. — 15 Mt 7, 25. — 16 G. Chevrot, Pero Yo os digo..., Rialp, Madrid 1981, p. 180. — 17 Lc 16, 20.

 

 

“Trabaja con alegría”

Si afirmas que quieres imitar a Cristo..., y te sobra tiempo, andas por caminos de tibieza. (Forja, 701)

Las tareas profesionales –también el trabajo del hogar es una profesión de primer orden– son testimonio de la dignidad de la criatura humana; ocasión de desarrollo de la propia personalidad; vínculo de unión con los demás; fuente de recursos; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que vivimos, y de fomentar el progreso de la humanidad entera...
–Para un cristiano, estas perspectivas se alargan y se amplían aún más, porque el trabajo –asumido por Cristo como realidad redimida y redentora– se convierte en medio y en camino de santidad, en concreta tarea santificable y santificadora. (Forja, 702)
Trabaja con alegría, con paz, con presencia de Dios.
–De esta manera realizarás tu tarea, además, con sentido común: llegarás hasta el final aunque te rinda el cansancio, la acabarás bien..., y tus obras agradarán a Dios. (Forja, 744)
Debes mantener –a lo largo de la jornada– una constante conversación con el Señor, que se alimente también de las mismas incidencias de tu tarea profesional.
–Vete con el pensamiento al Sagrario..., y ofrécele al Señor la labor que tengas entre manos. (Forja, 745)

 

 

«Sin Jerusalén, nuestra fe sería un cuento»

Mons. Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, habló en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz sobre “La vida en la Tierra Santa”, en un evento organizado por Saxum.

Iniciativas 15/06/2018

“El secreto está en Jerusalén. Los demás problemas se resolverán cuando se haya solucionado la cuestión de Jerusalén”. Es la opinión del arzobispo Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, quien pronunció una conferencia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz el pasado 8 de junio, bajo el título “La vida en la Tierra Santa”, en colaboración con Saxum. El prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, presidió e introdujo el encuentro.

Durante la reunión se presentó el ‘Proyecto Saxum’. Con ese nombre –Saxum–, llamaba san Josemaría al beato Álvaro del Portillo, su más estrecho colaborador, subrayando así su personalidad sólida y su fe inquebrantable. El ‘Proyecto Saxum’ surge en Tierra Santa para difundir una cultura de paz, diálogo e integración en los lugares más antiguos del cristianismo. No lejos de Jerusalén, se ha puesto en marcha un centro residencial y un área multimedia de avanzada especialización tecnológica para acoger a los peregrinos y para ofrecer formación a los guías que se encargan de las peregrinaciones a Tierra Santa.

El ‘Proyecto Saxum’ surge en Tierra Santa para difundir una cultura de paz, diálogo e integración

“Nuestro objetivo –señaló Aldo Bressi, presidente de ‘Amigos de Saxum’– es difundir el amor por la Tierra Santa, ayudando a más personas a vivir una peregrinación a esos lugares, haciendo de su estancia una oportunidad para una renovación interior”.

Mons. Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén.

Al vivir desde hace treinta años en Tierra Santa, primero como estudiante y luego administrador apostólico del Patriarcado Latino, el arzobispo Pizzaballa conoce bien los desafíos del lugar. “Las experiencias de los últimos años, indican que la política no basta para resolver los problemas complejos. Necesitamos generar un clima de paz y de acogida, yendo más allá de la idea de que la historia del otro amenaza mi propia historia personal. Necesitamos una visión más integral de Tierra Santa, no podemos desvincular a Israel de la región, se necesita un esfuerzo general de todos”.

Jerusalén, corazón de los creyentes

El arzobispo Pizzaballa subrayó que “la identidad de Jerusalén no puede ser cuestionada, porque el cristianismo es la encarnación y no hay encarnación sin lugar: sin Jerusalén, nuestra fe sería solo un cuento”.

“Una vez que el problema de Jerusalén se haya resuelto”, subraya el arzobispo Pizzaballa, “todos los demás problemas se resolverán. La Iglesia no entra en los méritos de las discusiones entre israelíes y palestinos sobre dónde deben estar los límites: las cuestiones políticas deben ser resueltas por las autoridades políticas. Pero Jerusalén no es solo soberanía. Es el corazón de millones de creyentes, un símbolo religioso indispensable”.

Jerusalén no es solo soberanía. Es el corazón de millones de creyentes, un símbolo religioso indispensable

Pero, ¿cuál es la situación de Medio Oriente y, en general, cuántos católicos hay? El arzobispo Pizzaballa lo traza en cifras: en Jordania hay 7 millones de jordanos y 3 millones de refugiados, de los cuales los cristianos son solo 17.000; en Israel hay 7 millones de judíos y 1.5 millones de árabes musulmanes, y entre ellos solo 140.000 árabes cristianos; en Palestina hay un poco más de 4 millones de musulmanes y 45.000 cristianos.

Al mismo tiempo, los cristianos “no estamos desapareciendo, la Iglesia de Tierra Santa no es una Iglesia moribunda, y los cristianos no son un pueblo aparte de los demás”. Viven en las mismas situaciones económicas y políticas que otros. “Tenemos números pequeños, pero somos una realidad viva. Baste decir que el Patriarcado Latino maneja 45 escuelas más centros para discapacitados y hospitales, resultado de una realidad religiosa muy animada con 40 congregaciones religiosas masculinas y 70 congregaciones religiosas femeninas”.

“Las relaciones que tengo con judíos y musulmanes han cambiado mi vida”, dijo el arzobispo Pierbattista Pizzaballa

Además, Tierra Santa es cada vez más un lugar de peregrinación, atrae al 50% de los peregrinos cristianos, y de partes cada vez más diferentes: anteriormente, el 90% provenía de Europa y EEUU; ahora, de estos países viene el 50% y el resto de América Latina.

El arzobispo Pizzaballa no es pesimista: “Las relaciones que tengo con judíos y musulmanes han cambiado mi vida”. Con el diálogo constante, “el otro ya no es uno que está detrás de la cortina, sino que se convierte en parte de tu vida”. Actualmente, “hay una nueva conciencia, y continúa a paso lento, pero muy claramente orientada hacia la participación, la colaboración, la armonía”.

 

Tema 17. La liturgia y los sacramentos en general

La liturgia cristiana es esencialmente actio Dei que nos une a Jesús a través del Espíritu (cfr. Ex. Ap. Sacramentum caritatis, n. 37).

Resúmenes de fe cristiana 15/12/2016

 Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina.

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1. El Misterio pascual: Misterio vivo y vivificante

Las palabras y las acciones de Jesús durante su vida oculta en Nazaret y en su ministerio público eran salvíficas y anticipaban la fuerza de su misterio pascual. «Cuando llegó su hora (cfr. Jn 13, 1; 17, 1), vivió el único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado, resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre una vez por todas ( Rm 6, 10; Hb 7, 27; 9, 12). Es un acontecimiento real, sucedido en nuestra historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó a la muerte. Todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida» (Catecismo, 1085).

Como sabemos, «se comienza a ser cristiano por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» [1]. De ahí que «la fuente de nuestra fe y de la liturgia eucarística es el mismo acontecimiento: el don que Cristo ha hecho de sí mismo en el Misterio pascual» [2].

2. El Misterio pascual en el tiempo de la Iglesia: liturgia y sacramentos

«Cristo el Señor realizó esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios (...) principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, de su resurrección de entre los muertos y de su gloriosa ascensión» [3]. «Lo que la Iglesia anuncia y celebra en su liturgia es el Misterio de Cristo» (Catecismo, 1068).

«Con razón se considera la liturgia como el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo en la que, mediante signos sensibles, se significa y se realiza, según el modo propio de cada uno, la santificación del hombre y, así, el Cuerpo místico de Cristo, esto es, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público» [4]. «Toda la vida litúrgica de la Iglesia gravita en torno al sacrificio eucarístico y los sacramentos» (Catecismo, 1113).

«Sentado a la derecha del Padre y derramando el Espíritu Santo sobre su Cuerpo que es la Iglesia, Cristo actúa ahora por medio de los sacramentos, instituidos por Él para comunicar su gracia» (Catecismo, 1084).

2.1. Los sacramentos: naturaleza, origen y número

«Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan la gracias propias de cada sacramento» (Catecismo, 1131). «Los sacramentos son signos sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra humanidad actual» (Catecismo, 1084).

«Adheridos a la doctrina de las Santas Escrituras, a las tradiciones apostólicas y al sentimiento unánime de los Padres», profesamos que «los sacramentos de la nueva Ley fueron todos instituidos por nuestro Señor Jesucristo» [5].

«Hay en la Iglesia siete sacramentos: Bautismo, Confirmación o Crismación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio» (Catecismo, 1113). «Los siete sacramentos corresponden a todas la etapas y todos los momentos importantes de la vida del cristiano: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos. Hay aquí una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual» (Catecismo, 1210). Forman un conjunto ordenado, en el que la Eucaristía ocupa el centro, pues contiene al Autor mismo de los sacramentos (cfr. Catecismo, 1211).

Los sacramentos significan tres cosas: la causa santificante, que es la Muerte y Resurrección de Cristo; el efecto santificante o gracia; y el fin de la santificación, que es la gloria eterna. «El sacramento es un signo que rememora lo que sucedió, es decir, la Pasión de Cristo; es un signo que demuestra el efecto de la pasión de Cristo en nosotros, es decir, la gracia; y es un signo que anticipa, es decir, que preanuncia la gloria venidera» [6].

El signo sacramental, propio de cada sacramento, está constituido por cosas (elementos materiales —agua, aceite, pan, vino— y gestos humanos —ablución, unción, imposición de las manos, etc.), que se llaman materia; y también por palabras que pronuncia el ministro del sacramento, que son la forma. En realidad, «toda celebración sacramental es un encuentro de los hijos de Dios con su Padre, en Cristo y en el Espíritu Santo, y este encuentro se expresa como un diálogo a través de acciones y de palabras» (Catecismo , 1153).

En la liturgia de los sacramentos existe una parte inmutable (lo que Cristo mismo estableció acerca del signo sacramental), y partes que la Iglesia puede cambiar, para bien de los fieles y mayor veneración de los sacramentos, adaptándolas a las circunstancias de lugar y tiempo [7]. «Ningún rito sacramental puede ser modificado o manipulado a voluntad del ministro o de la comunidad» (Catecismo, 1125).

2.2. Efectos y necesidad de los sacramentos

Todos los sacramentos confieren la gracia santificante a quienes no ponen obstáculo [8]. Esta gracia es «el don del Espíritu que nos justifica y nos santifica» (Catecismo, 2003). Además, los sacramentos confieren la gracia sacramental, que es la gracia «propia de cada sacramento» (Catecismo, 1128): un cierto auxilio divino para conseguir el fin de ese sacramento.

No sólo recibimos la gracia santificante, sino al mismo Espíritu Santo. «Por medio de los sacramentos de la Iglesia, Cristo comunica su Espíritu, Santo y Santificador, a los miembros de su Cuerpo» (Catecismo, 739) [9]. El fruto de la vida sacramental consiste en que el Espíritu Santo deifica a los fieles uniéndolos vitalmente a Cristo (cfr. Catecismo, 1129).

Los tres sacramentos del Bautismo, Confirmación y Orden sacerdotal confieren, además de la gracia, el llamado carácter sacramental, que es un sello espiritual indeleble impreso en el alma [10], por el cual el cristiano participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversos. El carácter sacramental permanece para siempre en el cristiano como disposición positiva para la gracia, como promesa y garantía de la protección divina y como vocación al culto divino y al servicio de la Iglesia. Por tanto, estos tres sacramentos no pueden ser reiterados (cfr. Catecismo, 1121).

Los sacramentos que Cristo ha confiado a su Iglesia son necesarios —al menos su deseo— para la salvación, para alcanzar la gracia santificante, y ninguno es superfluo, aunque no todos sean necesarios para cada persona [11].

2.3. Eficacia de los sacramentos

Los sacramentos «son eficaces porque en ellos actúa Cristo mismo; Él es quien bautiza, Él quien actúa en sus sacramentos con el fin de comunicar la gracia que el sacramento significa» (Catecismo, 1127). El efecto sacramental se produce ex opere operato (por el hecho mismo de que el signo sacramental es realizado) [12]. «El sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios» [13]. «En consecuencia, siempre que un sacramento es celebrado conforme a la intención de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu actúa en él y por él, independientemente de la santidad personal del ministro» (Catecismo, 1128).

El hombre que realiza el sacramento se pone al servicio de Cristo y de la Iglesia, por eso se llama ministro del sacramento; y no puede ser indistintamente cualquier fiel cristiano, sino que necesita ordinariamente la especial configuración con Cristo Sacerdote que da el sacramento del Orden [14].

La eficacia de los sacramentos deriva de Cristo mismo, que actúa en ellos, «sin embargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe» ( Catecismo, 1129): cuanto mejores disposiciones tenga de fe, conversión de corazón y adhesión a la voluntad de Dios, más abundantes son los efectos de gracia que recibe (cfr. Catecismo, 1098).

«La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida» [15]. «No confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella» (Catecismo, 1670). «Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares)» (Catecismo, 1671).

3. La Liturgia

La liturgia cristiana «es esencialmente actio Dei que nos une a Jesús a través del Espíritu» [16], y posee una doble dimensión: ascendente y descendente [17]. «La Liturgia es acción del Cristo total (Cristus totus)» (Catecismo, 1136) por eso «es toda la comunidad, el Cuerpo de Cristo unido a su cabeza quien celebra» (Catecismo, 1140). En el centro de la asamblea se encuentra por tanto el mismo Jesucristo (cfr. Mt 18,20), ahora resucitado y glorioso. Cristo precede a la asamblea que celebra. Él –que actúa inseparablemente unido al Espíritu Santo- la convoca, la reúne y la enseña. Él, Sumo y Eterno Sacerdote es el protagonista principal de la acción ritual que hace presente el evento fundador, si bien se sirve de sus ministros para re-presentar (para hacer presente, real y verdaderamente, en el aquí y ahora de la celebración litúrgica) su sacrificio redentor y hacernos partícipes de los dones conviviales de su Eucaristía.

Sin olvidar que formando con Cristo-Cabeza «como una única persona mística» [18], la Iglesia actúa en los sacramentos como “comunidad sacerdotal”, “orgánicamente estructurada”: gracias al Bautismo y la Confirmación, el pueblo sacerdotal se hace apto para celebrar la liturgia. Por eso, «las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia..., pertenecen a todo el Cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan, pero afectan a cada miembro de este Cuerpo de manera diferente, según la diversidad de órdenes, funciones y participación actual» [19].

En cada celebración litúrgica coparticipa toda la Iglesia, cielos y tierra, Dios y los hombres (cfr. Ap 5). La liturgia cristiana, aunque se celebre solamente aquí y ahora, en un lugar concreto y exprese el sí de una comunidad determinada, es por naturaleza católica, proviene del todo y conduce al todo, en unidad con el Papa, con los obispos en comunión con el Romano Pontífice, con los creyentes de todas las épocas y lugares «para que Dios sea todo en todas las cosas» (1 Co 15, 28). Desde esta perspectiva es fundamental el principio de que el verdadero sujeto de la liturgia es la Iglesia, concretamente la communio sanctorum de todos los lugares y de todos los tiempos [20]. Por eso cuanto más una celebración está animada de esta conciencia, tanto más concretamente en ella se realiza el sentido de la liturgia. Expresión de esta conciencia de unidad y universalidad de la Iglesia es el uso del latín y del canto gregoriano en algunas partes de la celebración litúrgica [21].

A partir de estas consideraciones podemos decir que la asamblea que celebra es la comunidad de los bautizados que, «por el nuevo nacimiento y por la unción del Espíritu Santo, quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo para que ofrezcan, a través de las obras propias del cristiano, sacrificios espirituales» [22]. Este “sacerdocio común” es el de Cristo único Sacerdote, participado por todos sus miembros [23]. «Así, en la celebración de los sacramentos, toda la asamblea es “liturgo”, cada cual según su función, pero en la “unidad del Espíritu” que actúa en todos» (Catecismo, 1144). Por esto la participación en las celebraciones litúrgicas, aunque no abarca toda la vida sobrenatural de los fieles, constituye para ellos, como lo es para toda la iglesia, la cumbre a la cual tiende toda su actividad y la fuente de donde mana su fuerza [24]. En realidad, «la Iglesia se recibe y al mismo tiempo se expresa en los siete sacramentos, mediante los cuales la gracia de Dios influye concretamente en los fieles para que toda su vida, redimida por Cristo, se convierta en culto agradable a Dios» [25].

Cuando nos referimos a la asamblea como sujeto de la celebración se significa que cada uno, como actor obra como miembro de la asamblea, hace todo y solo lo que le corresponde. «Todos los miembros no tienen la misma función» (Rm 12, 4). Algunos son llamados por Dios en y por la Iglesia a un servicio especial de la comunidad. Estos servidores son escogidos por el sacramento del Orden, por el cual el Espíritu Santo los hace aptos para actuar en representación de Cristo-Cabeza para el servicio de todos los miembros de la Iglesia [26]. Como ha aclarado en diversas ocasiones Juan Pablo II, « in persona Christi quiere decir más que en nombre, o también, en vez de Cristo. In persona : es decir, en la identificación específica, sacramental con el sumo y eterno sacerdote, que es el autor y el sujeto principal de su propio sacrificio, en el que, en verdad, no puede ser sustituido por nadie» [27]. Podemos decir gráficamente como señala el Catecismo que «el ministro ordenado es como el icono de Cristo Sacerdote» (Catecismo, 1142).

«El Misterio celebrado en la liturgia es uno, pero las formas de su celebración son diversas. La riqueza insondable del Misterio de Cristo es tal que ninguna tradición litúrgica puede agotar su expresión» (Catecismo, 1200-1201). «La tradiciones litúrgicas, o ritos, actualmente en uso en la Iglesia son el rito latino (principalmente el rito romano, pero también los ritos de algunas Iglesias locales como el rito ambrosiano, el rito hispánico visigótico o los de diversas órdenes religiosas) y los ritos bizantino, alejandrino o copto, siríaco, armenio, maronita y caldeo» (Catecismo, 1203). «La Iglesia concede igual derecho y honor a todos los ritos legítimamente reconocidos y quiere que en el futuro se conserven y fomenten» [28].

Juan José Silvestre

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012

Bibliografía básica

 

Catecismo de la Iglesia Católica, 1066-1098; 1113-1143; 1200-1211 y 1667-1671.

Lecturas recomendadas

San Josemaría, Homilía La Eucaristía misterio de fe y de amor, en Es Cristo que pasa , 83-94; también nn.70 y 80; Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 115.

J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, Cristiandad, Madrid 2002.

J.L. Gutiérrez-Martín, Belleza y misterio. La liturgia, vida de la Iglesia, EUNSA (Astrolabio), Pamplona 2006, pp. 53-84, 113-126.

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[1] Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 25-XII-2005, 1.

[2] Benedicto XVI, Exh. apost. Sacramentum caritatis, 22-II-2007, 34.

[3] Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, 5; cfr. Catecismo , 1067.

[4] Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, 7; cfr. Catecismo , 1070.

[5] Concilio de Trento: DS 1600-1601; cfr. Catecismo, 1114.

[6] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae , III, q. 60, a.3; cfr. Catecismo, 1130.

[7] Cfr. Catecismo, 1205; Concilio de Trento: DS 1728; Pío XII: DS 3857.

[8] Cfr. Concilio de Trento: DS 1606.

[9] La obra del Espíritu Santo en nosotros «es que vivamos la vida de Cristo resucitado» ( Catecismo, 1091); «une la Iglesia a la vida y a la misión de Cristo» (Catecismo, 1092); «cura y transforma a los que lo reciben conformándolos con el Hijo de Dios» (Catecismo , 1129).

[10] Cfr. Concilio de Trento: DS 1609.

[11] Cfr. Concilio de Trento: DS 1604.

[12] Cfr. Concilio de Trento: DS 1608.

[13] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, q. 68, art. 8.

[14] El sacerdocio ministerial «garantiza que, en los sacramentos, sea Cristo quien actúa por el Espíritu Santo en favor de la Iglesia. La misión de salvación confiada por el Padre a su Hijo encarnado es confiada a los Apóstoles y por ellos a sus sucesores: reciben el Espíritu de Jesús para actuar en su nombre y en su persona (cfr. Jn 20, 21-23; Lc 24, 47; Mt 28, 18-20). Así, el ministro ordenado es el vínculo sacramental que une la acción litúrgica a lo que dijeron y realizaron los Apóstoles, y por ellos a lo que dijo y realizó Cristo, fuente y fundamento de los sacramentos» (Catecismo, 1120). Aunque la eficacia del sacramento no proviene de las cualidades morales del ministro, sin embargo su fe y devoción, además de contribuir a su santificación personal, favorece mucho las buenas disposiciones del sujeto que recibe el sacramento y, por consiguiente, el fruto que de él obtiene.

[15] Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, 60; cfr. Catecismo , 1667.

[16] Benedicto XVI, Exh. apost. Sacramentum Caritatis, 37

[17] «Por una parte, la Iglesia, unida a su Señor y “bajo la acción del Espíritu Santo” ( Lc 10,21), bendice al Padre “por su don inefable” (2 Co 9, 15) mediante la adoración, la alabanza y la acción de gracias. Por otra parte, y hasta la consumación del designio de Dios, la Iglesia no cesa de presentar al Padre “la ofrenda de sus propios dones” y de implorar que el Espíritu Santo venga sobre esta ofrenda, sobre ella misma, sobre los fieles y sobre el mundo entero, a fin de que por la comunión en la muerte y en la resurrección de Cristo-Sacerdote y por el poder del Espíritu estas bendiciones divinas den frutos de vida “para alabanza de la gloria de su gracia” ( Ef 1, 6)» (Catecismo, 1083).

[18] Pío XII, Enc. Mystici Corporis cit. en Catecismo, 1119.

[19] Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium , 26; cfr. Catecismo, 1140.

[20] «Que la oblación redunde en salvación de todos -Orate, fratres, reza el sacerdote-, porque este sacrificio es mío y vuestro, de toda la Iglesia Santa. Orad, hermanos, aunque seáis pocos los que os encontráis reunidos; aunque sólo se halle materialmente presente nada más un cristiano, y aunque estuviese solo el celebrante: porque cualquier Misa es el holocausto universal, rescate de todas las tribus y lenguas y pueblos y naciones (cfr. Ap 5, 9).

Todos los cristianos, por la Comunión de los Santos, reciben las gracias de cada Misa, tanto si se celebra ante miles de personas o si ayuda al sacerdote como único asistente un niño, quizá distraído. En cualquier caso, la tierra y el cielo se unen para entonar con los Angeles del Señor: Sanctus, Sanctus, Sanctus ...» (San Josemaría, Es Cristo que pasa, 89).

[21] Cfr. Benedicto XVI, Exh. Apost. Sacramentum caritatis , 62; Concilio Vaticano II, Const . Sacrosanctum Concilium, 54.

[22] Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, 10.

[23] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, 10 y 34; Decr. Presbyterorum Ordinis, 2.

[24] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Sacrosantum Concilium, 20.

[25] Benedicto XVI, Exh. Apost. Sacramentum caritatis, 29.

[26] Cf. Concilio Vaticano II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 2 y 15.

[27] Juan Pablo II, Enc. Ecclesia de Eucharistia, 29. En nota 59 y 60 se reproducen las intervenciones magisteriales del siglo XX sobre este punto: «El ministro del altar actúa en la persona de Cristo en cuanto cabeza, que ofrece en nombre de todos los miembros».

[28] Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, 4.

© Fundación Studium, 2016 y © Oficina de Información del Opus Dei, 2016.

 

XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Mc. 4, 26-34

SEMILLA PEQUEÑA

Cuando leemos de una manera continuada el Evangelio de Marcos y lo pasamos por el Corazón de Cristo y el nuestro, descubrimos por el Espíritu Santo maravillas de maravillas.

En este domingo Marcos nos presenta parábolas de la verdad de Jesús y el Reino. Si el domingo  pasado se nos hablaba del diablo el que divide la obra de Dios y  su Reino, ahora el evangelista recurre a ejemplos humildes y sencillos, parábolas que nos enternecen y nos lanzan a una confianza ilimitada en el Amor de Dios.

Se habla de semilla enterrada y que no se ve, y que cuando crece de hace espiga y hortaliza, y hasta las aves hacen sus nidos

¿Qué nos sugiere a nosotros, hombres y mujeres que en este tiempo que nos toca vivir nos invade un pesimismo de muerte?

Primero la fe confiada que me lleva a vivir sabiendo que el Señor sigue actuando y sembrando semillas de esperanza en todos los corazones, aunque no se vean y parezcan insignificantes y signos pobres.

Por otra parte esas semillas nos indican que debemos “saber esperar” como repetía el lema del Hermano Rafael “toda la ciencia consiste en saber esperar”. Dicen por Castilla, que nunca coincide la siembra, con la cosecha. Gran sabiduría que podemos olvidar con facilidad. La paciencia forma parte esencial del que quiera ser de Dios y dar frutos abundantes.

Es también claro que esa semilla crecerá aunque se tenga que regar con el sudor de nuestra esperanza. A veces impaciente y como siempre muy influenciada por el deseo de éxito y de ver enseguida los frutos podemos pensar que no hay nada que hacer.

El Señor nos lanza a confiar en que los planes de Dios se cumplen, aunque se hagan esperar. No tirar la toalla pensando cuando llega el invierno y los campos parecen callar y que sólo hay muerte debajo de una tierra dura, agostada y sin agua, sin embargo pronto estallará la vida y como sin darnos cuenta la vida se ha hecho realidad, pues la primavera acaba llegando siempre a nuestras vidas.

Jesús nos sugiere con el Evangelio de Marcos que lo pequeño, lo sencillo tiene vocación de crecer, de hacerse grande, de albergar vida, como los pájaros con sus nidos. Son parábolas que los autores dicen que son la respuesta de Jesús a través del Evangelio de Marcos de los momentos difíciles en la vida de Cristo que comenzaron en su vida pública donde después del éxito inicial se va enfriando poco a poco el entusiasmo de la mayoría de sus seguidores que se cansan pronto de seguirle por los caminos de la vida. Estas parábolas hablan de lo pequeño, del saber esperar y de que al final vuelve la vida y que los momentos difíciles se superan confiando en que la semilla crecerá.

+ Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres 

 

 

Una vida, un amor

Monseñor JoséH. Gomez
15 junio 2018

La enseñanza social católica y el misterio de la persona humana

(El arzobispo José H. Gomez pronunció este discurso magistral el 4 de junio, en una cumbre patrocinada por la Iniciativa sobre el Pensamiento Católico Social, en la Universidad de Georgetown. La reunión de tres días reunió a 75 diversos líderes católicos durante tres días de diálogo, oración y reflexión sobre el tema: “Aunque muchos, somos uno: superar la polarización a través del pensamiento católico social”).

Me siento honrado de estar aquí para hablar sobre estos importantes temas de la enseñanza católica social.

Y quiero empezar nuestra conversación ofreciéndoles un breve panorama de nuestra experiencia en Los Ángeles.

Como ustedes saben, nosotros somos la comunidad católica más grande del país. Abarcamos un territorio del tamaño de Nueva Jersey: contamos con cerca de 5 millones de católicos dentro de una población total de 11 millones.

Nuestras iglesias están llenas de personas que provienen de otras naciones. Todos los días llevamos a cabo nuestros ministerios en más de 40 idiomas.

Nuestra Iglesia es joven y crece día con día. Sólo para que se den una idea: en Los Ángeles, bautizamos a unos 60,000 bebés cada año. Eso es más que el número total de bautismos infantiles que tienen lugar en Chicago y Nueva York juntos.

Yo le digo a la gente: si quieren ver cómo será la Iglesia en el futuro, deberían venir a Los Ángeles.

Sin embargo, amigos míos, existe otra faceta de Los Ángeles, un conjunto de estadísticas que nos hablan de una realidad más cruda.

Cada noche, en el área de Los Ángeles, tenemos a 55,000 personas que carecen de un lugar al que le puedan llamar hogar.

Ellos duermen en las aceras y debajo de los puentes; en los estacionamientos, dentro de sus automóviles. Ahora hay “ciudades de tiendas de campaña” en muchos de nuestros vecindarios, incluso en los suburbios. La categoría de personas sin hogar con mayor crecimiento es la de los niños.

A la sombra de nuestra catedral, en el centro de la ciudad, tenemos una de las prisiones más grandes del mundo. En total, tenemos cerca de 20,000 hombres y mujeres tras las rejas; la gran mayoría de los cuales son negros y latinos.

Y justo en el otro extremo de la calle en que está la catedral, en un vecindario en el que se habla casi exclusivamente el español, hay nueve clínicas de aborto dentro de un radio de una milla. Y lamentablemente, trabajan activamente. Se realizan más abortos en Los Ángeles que en cualquier otra ciudad, a excepción de Nueva York, y la mayoría de las mujeres afectadas son pobres y pertenecen a minorías.

En todas partes vemos signos de la ruptura de los matrimonios y de las familias. Tenemos 30,000 niños en el sistema de crianza y adopción de Loa Ángeles.

Casi el 20 por ciento de las personas de Los Ángeles viven por debajo del umbral de la pobreza. Y cada día parece que va creciendo la distancia entre aquellos que tienen lo que necesitan para llevar una vida digna y aquellos que no lo tienen.

Vemos esto de maneras obvias y no tan obvias, como en las altas tasas de contaminación ambiental y de contaminación del agua subterránea en nuestras comunidades más pobres.

Finalmente, hay más de 1 millón de inmigrantes indocumentados en Los Ángeles. Y todos los días enfrentamos la realidad de las deportaciones. Eso significa que las madres y los padres son separados de sus hogares, de sus hijos y de sus seres queridos.

Entonces, ése es un panorama general de Los Ángeles, “basado en los números”. Y, por supuesto, para aquellos de nosotros que pertenecemos a la Iglesia, cada uno de estos “números” representa un alma que ha sido creada a imagen de nuestro Creador y que ha sido redimida por el sacrificio del Hijo único de Dios.

Lo que quiero destacar es lo siguiente: los problemas que enfrentamos en Los Ángeles son únicos sólo en cuanto a su escala. Todos los días, en todas las ciudades del país, las comunidades católicas se enfrentan a estos mismos tipos de injusticias y afrentas a la dignidad humana.

La pregunta a la que todos nos enfrentamos es ésta: ¿por dónde empezamos ante tanta miseria humana? ¿Cómo establecemos cuáles son las prioridades? ¿Qué criterios vamos a usar? ¿Cómo cambiamos nuestra sociedad para que haya menos sufrimiento, menos injusticia?

En Los Ángeles, hemos intentado unir todo nuestro trabajo por la vida, la justicia y la paz bajo una sola bandera. Lo llamamos “UnaVida LA”.

Para nosotros, “UnaVida LA” tiene como fin el promover y proteger la santidad y la dignidad de cada persona humana, que es amada por Dios con un amor personal.

Y por la gracia de Dios, estamos haciendo algunas cosas hermosas en Los Ángeles.

Personas humanas olvidadas

En nuestro trabajo en Los Ángeles, hemos llegado a percibir cuál es el gran desafío de nuestros tiempos. Y éste es la desaparición de la persona humana.

Estamos viviendo en una sociedad en la que Dios ya no importa y en la que la persona humana está a punto de ser olvidada también. El sentido de nuestra gran dignidad como hijos de Dios, el sentido del amoroso designio de Dios para la creación y el significado divino de nuestras vidas; todo esto se está desvaneciendo de los corazones y de las mentes de esta generación.

Nos damos cuenta de que este proceso ha sido gradual y de que es algo que ha estado ocurriendo durante mucho tiempo.

Hace cincuenta años, cuando el Papa Juan Pablo II era todavía cardenal, describió nuestro desafío de esta manera.

Dijo: “El mal de nuestro tiempo consiste… en una aniquilación de la fundamental singularidad de la persona humana. A esta desintegración… debemos oponer… una especie de ‘recapitulación’ del misterio de la persona”.

El Papa Francisco ha estado diciendo lo mismo en nuestros tiempos. Él dijo: “Estamos pasando por un momento de la aniquilación del hombre como imagen de Dios”.

Y en todas partes de nuestra sociedad, podemos ver de lo que están hablando. Podemos verlo en la manera en la que, en nuestra economía, las personas son tratadas cada vez más como objetos que pueden ser reemplazados o como herramientas a ser utilizadas para favorecer las ambiciones de los demás.

Y, tristemente, podemos verlo también en la destrucción humana que nos rodea, en las vidas perdidas por las adicciones y en las decisiones equivocadas que conducen a la desesperación y a la degradación. Lo vemos en la crueldad y en la violencia aleatorias, que hemos llegado a aceptar como la realidad cotidiana de nuestra sociedad.

Amigos, en este momento —como Iglesia y como cristianos— necesitamos permanecer unidos en la urgente misión de proclamar y defender el misterio de la persona humana en nuestros tiempos.

Esta es la tarea central de la enseñanza católica social de nuestros días. Es más, es un desafío para todo nuestro proyecto de la nueva evangelización.

Es un tiempo para santos

Ahora más que nunca, hemos de propiciar una nueva generación de discípulos, una nueva generación de santos.

Éste es un llamado para ustedes y para mí, para todos los que formamos parte de la Iglesia. Necesitamos pensar de nuevas maneras acerca nuestra identidad y misión como cristianos, como seguidores de Cristo.

La iglesia existe para evangelizar. Punto. La Iglesia no tiene otra razón de ser. No estamos llamados a ser trabajadores sociales o defensores de causas. Estamos llamados a ser apóstoles y santos.

Nuestra misión es compartir la buena nueva que Jesús nos ha revelado acerca de quién es Dios y de cuánto nos ama; de quiénes somos y de la manera en que Él nos ha enseñado a vivir.

En nuestro trabajo de evangelización, hemos de tener cuidado de que nuestro mensaje no se mezcle con la política o con las ideas de moda sobre la felicidad o el “bienestar”.

No estamos aquí para ofrecer soluciones a los problemas de la sociedad. Lo que proclamamos es la verdadera liberación, el camino que conduce a la vida eterna.

Podemos cambiar el mundo cambiando los corazones de las personas, haciendo presente el amor de Dios y guiando a los hombres y mujeres a encontrarlo y descubrir su verdadera dignidad como hijos de Él.

Y ustedes y yo, estamos llamados a llevar a cabo nuestra misión cristiana en el mundo, de persona a persona, de corazón a corazón.

La gran apóstol francesa, la Venerable Madeleine Delbrel, solía decir: “La misión significa hacer la obra misma de Cristo donde quiera que estemos. No seremos la Iglesia, y la salvación no llegará a los confines de la tierra, a menos que ayudemos a salvar a la gente en las situaciones mismas en las que vivimos”.

Estas palabras están dirigidas a nosotros, amigos míos.

Tenemos una misión en la vida y esa misión es vivir como hijos de Dios y tratar de volvernos como Jesús: viendo lo que Él ve, sintiendo y pensando como Él lo hace; siendo santos como Él es santo. Y Dios nos está llamando a todos a buscar la santidad, a ser santos, cada quien, a su manera, en las circunstancias de nuestra vida ordinaria. En nuestros hogares, en el trabajo, en la escuela y en nuestras comunidades.

Nos volvemos misioneros al ser buenos vecinos. Cuando buscamos la santidad, ésta abre nuestros corazones para construir el reino de Dios que es de amor, de justicia y de paz. Cuando buscamos la santidad, ésta nos lleva a profundizar cada vez más en la vida de nuestros hermanos y hermanas, en sus alegrías y esperanzas, en sus miserias y desgracias.

No hay santos que se limiten a un solo asunto

El amor al que Jesucristo nos está llamando es un amor concreto y personal, que se expresa a través del contacto humano de las obras de misericordia y del compartir nuestra vida con la de los demás.

Tenemos una vocación a amar. La gran apóstol estadounidense Dorothy Day dijo una vez: “Nuestras vidas deben ser un acto de amor puro, repetido muchas veces”.

Esta es una hermosa verdad; es la manera en la que estamos llamados a vivir. Estamos llamados a amar como hemos sido amados y, a través de nuestro amor, a revelar a los demás el gran amor que Dios tiene por cada persona.

La salvación que proclamamos a nuestros vecinos es la salvación de la persona entera: cuerpo y alma.

Por eso no hay “polarización” en la comunión de los santos, y no hay santos “que se limiten a un solo asunto”.

Los santos nos enseñan a ver con los ojos de Cristo. Ellos nos enseñan a ver cada vida humana como algo sagrado y especial, sin importar en qué etapa del desarrollo esté o en qué condiciones transcurra su vida. Y los santos nos enseñan que siempre que la vida humana se ve amenazada, que cada vez que la imagen de Dios es obscurecida o violada, estamos llamados a ponernos en acción y a salir en su defensa.

Cuando pensamos en la Santa Madre Teresa, solemos pensar en su caridad hacia los pobres y los moribundos y en su defensa de los no nacidos. Pero la Madre Teresa no se detuvo allí. Ella también levantó una voz profética contra la guerra y la carrera armamentista, contra la pena de muerte y la codicia, y contra la desigualdad que ella veía en la economía global.

El Beato Oscar Romero fue martirizado por su defensa de los derechos humanos y de la justicia social. Pero cuando uno lee sus homilías, es notoria la frecuencia con la que habla en contra del aborto, en contra de la anticoncepción artificial y del divorcio.

De hecho, el otro día estaba yo leyendo una de sus homilías, y quiero compartir este pensamiento con ustedes. El Beato Oscar Romero dijo: “La fidelidad matrimonial y la moralidad de preservar la vida que comienza en el seno de una mujer son temas antiguos, no nuevos. Y la Iglesia debe defenderlos incluso si eso significa perder el aplauso y ser atacado por el público”.

Amigos, en nuestra defensa de la persona humana, tenemos que recordar lo que el Beato Romero y todos los santos saben. Si queremos promover la santidad y la dignidad de la persona humana en nuestros tiempos, tenemos entonces que proteger también la santidad y la permanencia del amor conyugal y hemos de promover la belleza de la vida familiar.

Tenemos que tener también un cuidado especial de defender a los más vulnerables.

En la lógica del amor de Dios, los más débiles y vulnerables de la sociedad siempre deben ser nuestra prioridad en la Iglesia. Por eso el aborto siempre será la injusticia social fundamental y la prioridad en la Iglesia, porque implica el asesinato directo de los miembros más indefensos de la familia humana.

Pero al igual que los santos, no podemos detenernos allí. Tenemos que luchar por la persona humana. Hemos de defender la santidad y la dignidad de la persona en todas partes y tenemos que trabajar por su salvación.

Una vida, un amor

Amigos míos, permítanme ofrecerles algunas reflexiones finales.

Estamos viviendo en un tiempo de confusión en nuestra sociedad, en el que la realidad de Dios se está desvaneciendo, y en el cual la realidad de la persona humana está desapareciendo también.

Nos estamos convirtiendo en extraños para nosotros mismos. Ya no sabemos quiénes somos o qué es lo que hay dentro de nosotros. Y muchos de nuestros hermanos y hermanas se están quedando en el camino, descartados y perdidos.

Pero Dios no nos deja huérfanos ni nos deja solos. Jesucristo sigue trayendo la libertad a cada corazón humano y su Iglesia sigue siendo la esperanza para un mundo caído.

Eso es para ustedes y para mí.

En este momento, Dios nos está enviando a ser sus testigos. Estamos llamados a dar testimonio de que este mundo todavía habla de Dios, de que la creación es obra suya, y de que Él todavía está desarrollando sus intenciones para la historia, de que todavía está realizando su hermoso plan de amor.

La vida es única y el amor de Dios es único. Una vida, un amor. Estamos rodeados por la bondad de Dios, y Él nos ama con un amor que es más grande que cualquier poder de la tierra.

¡Y estamos hechos para mucho más, estamos hechos para ser divinos! ¡El Dios de toda la Creación quiere compartir su vida de beatitud con nosotros! El Hijo de Dios se hizo Hijo del Hombre, para que ustedes y yo podamos ser hijos e hijas de Dios. Ésta es nuestra dignidad y nuestro destino. Esto es lo que Dios sueña para nuestras vidas.

Hemos de mirarnos al espejo todos los días y hemos de creer realmente que es verdad. Y tenemos que compartir esta verdad con la gente de nuestro tiempo.

Gracias por escuchar. Y espero con gusto nuestra conversación. VN

15 de junio de 2018

Los escritos, homilías y discursos del arzobispo se pueden encontrar en ArchbishopGomez.com

 

 

Junio en es el mes en que celebramos al más puro de todos los corazones

Sheila Morataya

El corazón de Jesús no tiene comparación con ninguno otro. Él es la pureza absoluta del amor. Y pide nuestro amor y consuelo

“Mira este corazón – le dijo a santa Margarita de Alacoque – que tanto ha amado a los hombres, y la mayor parte de ellos no le paga más que con frialdad, indiferencia e ingratitud”.

Recuerdo un sueño que tuve siendo muy pequeña. Yo tenía quizá unos ocho años. En mi sueño vi una luz muy potente me levantaba. Al abrir mis ojos vi ante mí a un hombre más alto que la casa donde vivíamos, tenía puesta una túnica blanca y un cabello color caramelo con una barba a tono. Era lo más hermoso que han visto mis ojos.

En su pecho se veía un corazón luminoso, rodeado de luz y Él mismo estaba rodeado de toda luz. Vi que este hombre, que con certera era Dios. Jesús me sostenía en la palma de su mano y me contemplaba. Me miraba con profundo amor. Un amor que cuando llegan tiempos de prueba me calma, me fortalece y me recuerda que Dios quiere que seamos santos y por ello se hizo hombre.

Este corazón de Jesús, su humanidad, su dulzura, su grandeza y sus virtudes y valores son lo que nos vino a enseñar para el camino de la vida, para vivirla bien y así comprender lo que significa ser persona.

Jesús fue burlado, maltratado, calumniado y asesinado. Humanamente otras personas lo destruyeron, le hicieron mucho mal y aun así al final de su vida pedía perdón para todos los que le habían causado dolor y hecho daño.

Este mes tratemos de leer alguna lectura que nos hable de la humanidad de su corazón. Acerquémonos en la eucaristía a Él y aspiremos a ser santos como santo es Él.

Te recomendamos leer la vida de los santos, que tanto amaron a Jesús.

Podemos aprender mucho de ellos.

De esta forma, cuando alguien nos haga mal podremos amar, perdonar y decir:

“Señor perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Y al final del día, habiendo cumplido la santa voluntad de Dios podamos exclamar:

“¡Sagrado Corazón de Jesús en ti confío!”.

Sheila Morataya

 

 

La voluntad de Jesús sobre la Iglesia y la elección de los Doce (Audiencia, 15 de marzo de 2006)

Posted: 15 Jun 2018 05:10 AM PDT

Primera catequesis del ciclo La Iglesia, los Apóstoles y los primeros discípulos (2006-2007)


"Después de las catequesis sobre los salmos y los cánticos de Laudes y Vísperas, quisiera dedicar los próximos encuentros del miércoles al misterio de la relación entre Cristo y la Iglesia, considerándolo a partir de la experiencia de los Apóstoles, a la luz de la misión que se les encomendó. La Iglesia se constituyó sobre el fundamento de los Apóstoles como comunidad de fe, esperanza y caridad. A través de los Apóstoles, nos remontamos a Jesús mismo


Miércoles 15 de marzo de 2006

 

La voluntad de Jesús sobre la Iglesia y la elección de los Doce

 

Queridos hermanos y hermanas: 

 

Después de las catequesis sobre los salmos y los cánticos de Laudes y Vísperas, quisiera dedicar los próximos encuentros del miércoles al misterio de la relación entre Cristo y la Iglesia, considerándolo a partir de la experiencia de los Apóstoles, a la luz de la misión que se les encomendó. La Iglesia se constituyó sobre el fundamento de los Apóstoles como comunidad de fe, esperanza y caridad. A través de los Apóstoles, nos remontamos a Jesús mismo

 

La Iglesia comenzó a constituirse cuando algunos pescadores de Galilea encontraron a Jesús y se dejaron conquistar por su mirada, su voz y su invitación cordial y fuerte: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres" (Mc 1, 17; Mt 4, 19). Al inicio del tercer milenio, mi amado predecesor Juan Pablo II propuso a la Iglesia la contemplación del rostro de Cristo (cf. Novo millennio ineunte, 16 ss). 

 

Siguiendo en la misma dirección, en las catequesis que comienzo hoy quisiera mostrar precisamente cómo la luz de ese Rostro se refleja en el rostro de la Iglesia (cf. Lumen gentium, 1), a pesar de los límites y las sombras de nuestra humanidad frágil y pecadora. Después de María, reflejo puro de la luz de Cristo, son los Apóstoles, con su palabra y su testimonio, quienes nos transmiten la verdad de Cristo. Sin embargo, su misión no está aislada, sino que se sitúa dentro de un misterio de comunión, que implica a todo el pueblo de Dios y se realiza por etapas, desde la antigua hasta la nueva Alianza. 

 

A este propósito, hay que decir que se tergiversa del todo el mensaje de Jesús si se lo separa del contexto de la fe y de la esperanza del pueblo elegido: como el Bautista, su precursor inmediato, Jesús se dirige ante todo a Israel (cf. Mt 15, 24), para "reunirlo" en el tiempo escatológico que llega con él. Al igual que la predicación de Juan, también la de Jesús es al mismo tiempo llamada de gracia y signo de contradicción y de juicio para todo el pueblo de Dios. Por tanto, desde el primer momento de su actividad salvífica, Jesús de Nazaret tiende a congregar al pueblo de Dios

 

Aunque su predicación es siempre una exhortación a la conversión personal, en realidad él tiende continuamente a la constitución del pueblo de Dios, que ha venido a reunir, purificar y salvar. Por eso, resulta unilateral y carente de fundamento la interpretación individualista, propuesta por la teología liberal, del anuncio que Cristo hace del Reino. En el año 1900, el gran teólogo liberal Adolf von Harnack la resume así en sus lecciones sobre La esencia del cristianismo: "El reino de Dios viene, porque viene a cada uno de los hombres, tiene acceso a su alma, y ellos lo acogen. Ciertamente, el reino de Dios es el señorío de Dios, pero es el señorío del Dios santo en cada corazón" (Tercera lección, p. 100 s). En realidad, este individualismo de la teología liberal es una acentuación típicamente moderna: desde la perspectiva de la tradición bíblica y en el horizonte del judaísmo, en el que se sitúa la obra de Jesús aunque con toda su novedad, resulta evidente que toda la misión del Hijo encarnado tiene una finalidad comunitaria: él ha venido precisamente para unir a la humanidad dispersa, ha venido para congregar, para unir al pueblo de Dios. 

 

Un signo evidente de la intención del Nazareno de reunir a la comunidad de la Alianza, para manifestar en ella el cumplimiento de las promesas hechas a los Padres, que hablan siempre de convocación, unificación, unidad, es la institución de los Doce. Hemos escuchado el Evangelio sobre esta institución de los Doce. Leo una vez más su parte central: "Subió al monte y llamó a los que él quiso, y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce..." (Mc 3, 13-16; cf. Mt 10, 1-4; Lc 6, 12-16). En el lugar de la revelación, "el monte", Jesús, con una iniciativa que manifiesta absoluta conciencia y determinación, constituye a los Doce para que sean con él testigos y anunciadores del acontecimiento del reino de Dios. 

 

Sobre la historicidad de esta llamada no existen dudas, no sólo en virtud de la antigüedad y de la multiplicidad de los testimonios, sino también por el simple motivo de que allí aparece el nombre de Judas, el apóstol traidor, a pesar de las dificultades que esta presencia podía crear a la comunidad naciente. El número Doce, que remite evidentemente a las doce tribus de Israel, ya revela el significado de acción profético-simbólica implícito en la nueva iniciativa de refundar el pueblo santo.

 

Superado desde hacía tiempo el sistema de las doce tribus, la esperanza de Israel anhelaba su reconstitución como signo de la llegada del tiempo escatológico (pensemos en la conclusión del libro de Ezequiel: 37, 15-19; 39, 23-29; 40-48). Al elegir a los Doce, para introducirlos en una comunión de vida consigo y hacerles partícipes de su misión de anunciar el Reino con palabras y obras (cf. Mc 6, 7-13; Mt 10, 5-8; Lc 9, 1-6; 6, 13), Jesús quiere manifestar que ha llegado el tiempo definitivo en el que se constituye de nuevo el pueblo de Dios, el pueblo de las doce tribus, que se transforma ahora en un pueblo universal, su Iglesia

 

Con su misma existencia los Doce —procedentes de diferentes orígenes— son un llamamiento a todo Israel para que se convierta y se deje reunir en la nueva Alianza, cumplimiento pleno y perfecto de la antigua. El hecho de haberles encomendado en la última Cena, antes de su Pasión, la misión de celebrar su memorial, muestra cómo Jesús quería transmitir a toda la comunidad en la persona de sus jefes el mandato de ser, en la historia, signo e instrumento de la reunión escatológica iniciada en él. En cierto sentido podemos decir que precisamente la última Cena es el acto de la fundación de la Iglesia, porque él se da a sí mismo y crea así una nueva comunidad, una comunidad unida en la comunión con él mismo. 

 

Desde esta perspectiva, se comprende que el Resucitado les confiera —con la efusión del Espíritu— el poder de perdonar los pecados (cf. Jn 20, 23). Los doce Apóstoles son así el signo más evidente de la voluntad de Jesús respecto a la existencia y la misión de su Iglesia, la garantía de que entre Cristo y la Iglesia no existe ninguna contraposición: son inseparables, a pesar de los pecados de los hombres que componen la Iglesia. Por tanto, es del todo incompatible con la intención de Cristo un eslogan que estuvo de moda hace algunos años: "Jesús sí, Iglesia no". Este Jesús individualista elegido es un Jesús de fantasía. No podemos tener a Jesús prescindiendo de la realidad que él ha creado y en la cual se comunica. 

 

Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo está presente hoy en su pueblo. Es siempre contemporáneo nuestro, es siempre contemporáneo en la Iglesia construida sobre el fundamento de los Apóstoles, está vivo en la sucesión de los Apóstoles. Y esta presencia suya en la comunidad, en la que él mismo se da siempre a nosotros, es motivo de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene.

 

 

PARA COMPARTIR LA SANTIDAD DE DIOS: GANAR EN EMPATÍA CON JESÚS EN LA EUCARISTÍA

El mes pasado presenté la Exhortación Gaudete et exultate del Papa sobre la llamada a la santidad que Dios hace a todos los bautizados. Supongo que estaremos dando vueltas a esa meta: ser santos, verdaderamente cristianos, buenos hijos de Dios. Y también, a cómo lograrlo. Jesús sale a nuestro encuentro y nos señala el camino: soy Yo. Es Cristo mismo el camino.

Alguno puede preguntarse: Jesús, ¿no está en el Cielo en cuerpo y alma, sentado a la derecha de Dios Padre? ¿No dijo a los apóstoles: “salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre” (Juan 16, 28)? Sí, es verdad, pero…; hay varios “peros”, algunos los desgloso en el siguiente punto, que nos afirman la fe en la presencia de Jesús aquí y ahora. Como a los apóstoles, nos dice: “y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mateo 28, 19). Y a continuación me centraré en uno, en su presencia real y misteriosa en la Eucaristía. Gracias a la Eucaristía Jesús es contemporáneo nuestro.

Comenzamos el mes de junio con la fiesta del Corpus Christi (la celebramos el domingo 3 de junio). Además, Francisco desarrolló una catequesis en las audiencias de los miércoles sobre la Santa Misa de noviembre de 2017 a abril de 2018 (puedes bajarte gratuitamente el libro electrónico con las 15 audiencias en http://opusdei.org/es-es/article/catequesis-papa-francisco-santa-misa-libro-electronico/). Y junio es el mes del Sagrado Corazón de Jesús (su fiesta la celebramos el viernes 8 de junio). Objetivo de esta charla es despertar nuestra fe en la Eucaristía, que esta sea cada día más viva y operativa. En ello nos va nuestra vida. Solo así alcanzaremos esos infinitos tesoros de amor que encierra el Sagrado Corazón de Cristo, que se desborda en la Eucaristía. Sólo ganando empatía con Jesús en la Eucaristía podremos compartir la santidad de Dios.

Lo que Jesús hizo antes de irse al Padre

Antes de irse, Jesús cumplió la misión que le fue confiada: el hombre y el mundo han dejado de estar bajo el poder del Maligno. Gracias a su sacrificio en la Cruz, a su cuerpo entregado y su sangre derramada, ofrenda agradable a Dios, hemos sido salvados y llamados a ser santos. Por eso, Dios le glorificó. Jesús es el vencedor de la muerte, del pecado y del demonio, y nosotros con Él. Ha elevado nuestra naturaleza humana, que asumió en su Encarnación, a la derecha de Dios. Hemos entrado en el Cielo con y en Jesús; nos ha preparado sitio y nos está esperando. Jesús está a la derecha del Padre permanentemente intercediendo por nosotros “para que nos guarde del Maligno” (Juan 17, 15). Es nuestro testigo ante Dios. Alcanza de su Padre todas las gracias que necesitamos para ser santos y llegar al cielo, nuestro hogar, la patria de los santos.

Antes de irse, Jesús prometió enviarnos al Espíritu Santo. “Subió al Cielo para hacernos participantes de su divinidad” (Prefacio de la Ascensión). En lugar de hijos de Adán, pecadores, el Espíritu Santo derramado en nuestros corazones nos recrea elevándonos a la condición de hijos adoptivos de Dios, santos como nuestro Padre Celestial es santo. Nos une a Cristo, nos habla de Cristo, nos hace testigos de Cristo, nos hace “cristoactivos”. El Espíritu Maestro nos dice con san Pablo: despojaos del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras; renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas (Efesios 4, 22-24). Desead ser santos, ser como Jesús.

Antes de irse, Jesús constituyó el nuevo pueblo de Dios, fundó la Iglesia. Cristo vive de forma misteriosa pero real en su Iglesia. La Iglesia nos hace presente a Cristo; es en ella donde lo encontramos. La grandeza de la Iglesia está precisamente en esa íntima relación con Jesús: es el Cuerpo Místico de Cristo, del que Cristo es la cabeza y nosotros sus miembros, como explica san Pablo (1 Corintios 12, 12-17). Es la asamblea de los santos, de los renacidos por el Espíritu de Dios, llamada a transformar el mundo. A ella Jesús le confió los Sacramentos, en especial, perpetuar la Eucaristía a través del ministerio de los sacerdotes, anunciar la Palabra divina, de la que Él es la plenitud de la revelación…

Antes de irse, Jesús nos confió al cuidado de su madre. La reciente fiesta de la Virgen María, Madre de la Iglesia (se celebrará el lunes después de Pentecostés, este año cayó el 21 de mayo), instituida por el Papa el pasado 11 de febrero es una muestra más de esa mediación maternal de María. La Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Juan 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina (Decreto de la Congregación para el Culto Divino sobre la fiesta anteriormente citada).

Y antes de irse, Jesús instituyó la Eucaristía

Nuestro Señor Jesucristo, como si aún no fueran suficientes todas las otras pruebas de su misericordia, instituye la Eucaristía para que podamos tenerle siempre cerca y –en lo que nos es posible entender– porque, movido por su Amor, quien no necesita nada, no quiere prescindir de nosotros (san Josemaría Es Cristo que pasa n. 84). La razón de la Eucaristía es su amor por nosotros.

Ese amor es misericordioso y benigno, y quiere para nosotros el mayor bien posible, nuestra felicidad; por eso, conociendo nuestra indigencia, Jesús instituye la Eucaristía el Jueves Santo en la Última Cena. “La Eucaristía es nuestro tesoro más bello, decía Benedicto XVI, pues es “es el sacramento por excelencia; nos introduce por adelantado en la vida eterna; contiene todo el misterio de nuestra salvación; es la fuente y la cumbre de la acción y de la vida de la Iglesia (mensaje al Congreso Eucarístico Internacional de Québec del 2008).

Gracias a la Eucaristía podemos unirnos al Sacrificio de Cristo en la Cruz, participando en la Santa Misa; alimentarnos con su Cuerpo, comulgando; y estar siempre acompañados de Él en el Sagrario, adorándole. Es decir, ser salvados y santificados por Dios. Por eso, afirmaba san Juan Pablo II: la Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación. Ésta no queda relegada al pasado, pues <todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos...> (Catecismo de la Iglesia n. 1085)” (La Iglesia vive de la Eucaristía n. 11).

Una utopía: vida cristiana sin Eucaristía

¿Qué nos dice Cristo, nuestro maestro? En el discurso sobre la Eucaristía, que pronunció en la sinagoga de Cafarnaún, recogido por San Juan en el capítulo VI de su Evangelio, nos dice: Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del Cielo, para que si alguien come de él no muera. Yo soy el pan vivo que he bajado del Cielo. Si alguno come de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo (Juan 6, 48-51). Y cómo no le creían, insiste y zanja la cuestión: “En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros (Juan 6, 53).

Son palabras claras: sin Eucaristía no hay vida cristiana. Tanto es así que Jesús, al concluir el discurso y observar como “desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él” (Juan 6, 66), se dirigió a los doce, sus íntimos, y les pregunta: “¿También vosotros queréis marcharos?” (Juan 6, 67).

Aún consciente del rechazo que provoca en sus oyentes escuchar que han de comer su carne (el verbo empleado significaba masticar) y beber su sangre (para un judío era impensable, ya que los animales debían ser desangrados antes de cocinarlos), Jesús no suaviza el mensaje despreocupándoles: <me explicado mal, perdonad; os daré de comer y de beber algo, pan y vino, que me recuerde, un símbolo de mi presencia entre vosotros; una figura capaz de significar y de estimular vuestro corazón a pensar en mí; un signo, a través del cual os ofreceré la virtud salvadora, la gracia, que proviene de mí>. No. “Jesús en esto ha sido clarísimo” (Francisco catequesis 7.III.18). Sus palabras a los apóstoles son determinantes: si queréis seguir siendo mis discípulos es condición sine que non creer en la Eucaristía, comulgar mi carne y mi sangre.

Una historia entre muchas de la eficacia santificadora de la Eucaristía

El protagonista de nuestra historia es un franciscano alemán, Gereon Goldmann (1916-2003). Cuenta su vida, que es “de película”, en el libro “Un seminarista en las SS”. El comienzo de la II Guerra Mundial le cogió en el noviciado franciscano de Gorgheim-Sigmaringen; tenía 22 años y fue obligado a incorporarse al ejército alemán. En los cuarteles de Fulda recibió la instrucción; eran cerca de 200 estudiantes de teología entre los miles de jóvenes que se juntaron. Los militares encargados de la instrucción se ensañaron con los seminaristas, querían demostrarles que eran inferiores. No lo consiguieron. Cuenta que los doscientos permanecieron firmes en su fe y ninguno fue expulsado del ejército. Cuando podían salir del campamento, acudían a un convento cercano para recibir la Sagrada Comunión, “de ahí sacaban las fuerzas necesarias para los días y las semanas siguientes”.

Él y otros 10 seminaristas se presentaron voluntarios para ir al frente, y así salir de ese ambiente de cuartel, tan funesto. Llegaron al frente oriental, en Polonia. En ese destino, solo uno de los once seminaristas abandonó la fe: “el único que no nos acompañaba a la iglesia por las noches para la meditación y la oración”. Por cosas de la vida, siguieron su instrucción en las SS, en la sección de información, como operadores de radio. En su nueva situación pudieron asistir a la Misa dominical en el pueblo cercano. En ese destino sucedieron variadas anécdotas. Por ejemplo, una charla privada de Gereon y otros tres con Himmler, que se fijó en ellos...

En enero de 1940 su batallón se trasladó a la región de Baden, a un pequeño pueblo. A los seminaristas les asignaron para vivir las familias con hijas casaderas, las más guapas… Por las mañanas, antes de ir a cumplir sus obligaciones, a las seis de la mañana, oían la santa Misa, y por la noche, rezaban juntos. Quería acabar este relato con la siguiente anécdota: una conversación entre el oficial del Estado Mayor de las SS y el sargento que les mandaba. La escuchó nuestro protagonista por casualidad, estaba ordenando la oficina y la ventana estaba abierta, era primavera… El oficial preguntó si “los eclesiásticos” habían “caído” según el plan urdido; el sargento contestó que no. ¿Cómo es posible? ¿Y el alto (se refiere a Gereon), no le habíamos puesto en la de una muchacha que persigue a todos los suboficiales? El sargento le explicó lo qué sucedía, la razón del fracaso del plan. Había seguido a los seminaristas a la iglesia, “mientras el cura les dé algo de comer -se refería a la Sagrada Comunión- no hay nada que hacer”. Y así fue. Llegó un momento en que dejaron las SS… para ser oficiales hubieran tenido que adjurar de su fe.

Como decía, es una de las muchísimas que encontramos en la vida de cristianos que han ido en serio, y en los santos. Porque la santidad vive de la Eucaristía. Se entiende que en una de sus catequesis, el Papa dijera: “¿Pero cómo podemos practicar el Evangelio sin sacar la energía necesaria para hacerlo, un domingo después de otro, en la fuente inagotable de la eucaristía? No vamos a misa para dar algo a Dios, sino para recibir de Él aquello de lo que realmente tenemos necesidad (Francisco 13.XII.2017)

Un misterio en el que hay que creer para vivir de él

A lo largo del tiempo se han producido milagros eucarísticos en muchos sitios del mundo para afirmar la fe de los cristianos en la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento, encender la devoción eucarística, y fomentar la reparación por los maltratos y ofensas que sufre al querer quedarse en la Sagrada Eucaristía, por amor a nosotros. Os cuento dos…

La fiesta del Corpus Christi debe mucho a la fe defectuosa de un sacerdote en la Eucaristía, que provocó el milagro eucarístico que tuvo lugar en Bolsena (Italia) en 1263. Pedro de Praga no creía exactamente que “bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad” (Catecismo de la Iglesia n. 1413). Por esa razón, no estaba de acuerdo con el mandato papal de restringir la comunión de los fieles al pan consagrado, y no al vino. Pensaba que actuando así, los fieles no recibirían a Cristo entero, por no comulgar la sangre. Peregrinaba a Roma para ver al Papa. Mientras celebraba Misa sobre la tumba de santa Cristina (mártir del siglo III) en Bolsena, al momento de partir la hostia consagrada, vio fluir sangre de ella y a gotear en sus manos y sobre el corporal en el altar. Dios le mostró que estaba todo Él en la hostia, también su sangre. Interrumpió la Misa y pidió que lo llevaran a Orvieto (ciudad cercana al norte de Roma). En aquel momento, el papa Urbano IV residía allí. El Papa escuchó al sacerdote y pidió que se investigará lo ocurrido. Una vez comprobados los hechos, mandó que trajeran las reliquias (la hostia consagrada y el corporal manchado de sangre) en procesión a Orvieto; las recibió con gran solemnidad el 19 junio de 1264 y las colocó en la Catedral para la veneración (el santo corporal manchado de sangre sigue allí; se han podido contar hasta 83 gotitas de sangre). Urbano IV (elegido Papa en 1261) era Jacques Pantaleón, archidiácono de Lieja (Bélgica), primera diócesis en que se celebró una fiesta en honor al Corpus Christi en 1246. Fue promovida por Juliana de Cornillon, que tuvo una revelación particular en 1208, en la que Cristo se lamentaba por la falta de una fiesta para adorar su presencia real en la Eucaristía. Vemos que Dios fue preparando todo. Urbano IV movido por el prodigio, hace que se extienda esa fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia (por medio de la bula "Transiturus" del 8 septiembre de 1264).

Francisco también tiene experiencia (en 1996 se produjo el llamado Milagro Eucarístico de Buenos Aires). A las siete de la tarde del 18 de agosto de 1996, el P. Alejandro Pezet decía la santa Misa en la iglesia Santa María del Barrio de Almagro, de Buenos Aires. Cuando estaba terminando la distribución de la Sagrada Comunión, una mujer se acercó para decirle que había encontrado una hostia tirada en la parte posterior de la iglesia. El P. Alejandro colocó la hostia profanada en un recipiente con agua y lo guardó en el sagrario de la capilla del Santísimo Sacramento. El lunes, 26 de agosto, al abrirse el sagrario, vieron con asombro que la hostia se había convertido en una sustancia sanguinolenta. El párroco informó al cardenal Jorge Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, quien dio instrucciones para que la hostia fuera fotografiada de manera profesional (las fotos fueron tomadas el 6 de septiembre). Muestran claramente que la hostia se había convertido en un trozo de carne ensangrentada, y había aumentado considerablemente de tamaño. Por tres años la Hostia se mantuvo en el tabernáculo, y todo el asunto en un secreto estricto. Dado que la hostia no sufrió descomposición visible, entonces el cardenal Bergoglio decidió hacerla analizar científicamente. Una muestra del tejido fue enviada a un laboratorio en Buenos Aires. El laboratorio reportó el hallazgo de células humanas rojas y blancas, de sangre y de tejido de un corazón humano. Informó además de que la muestra de tejido parecía estar aún con vida, ya que las células se movían o latían como lo harían en un corazón humano vivo. Estos datos fueron confirmados posteriormente por un laboratorio americano. Y en 2004 fue enviada una muestra a un famoso cardiólogo y patólogo forense americano. Determinó que la sustancia analizada era carne y sangre que contiene el ADN humano. El material analizado es un fragmento del músculo del corazón que se encuentra en la pared del ventrículo izquierdo, cerca de las válvulas. El músculo cardíaco está en una condición inflamatoria y contiene un gran número de células blancas de la sangre. Esto indica que el corazón estaba vivo en el momento en que se tomó la muestra y que había estado bajo estrés severo, como si el propietario hubiera sido severamente golpeado en el pecho. Cuando informaron al doctor de la procedencia de la muestra se quedó estupefacto, y sin explicación científica para esa misteriosa conversión del pan en músculo cardiaco.

¿Creemos que “cuando entramos en la iglesia para celebrar la misa, entro en el calvario, donde Jesús da su vida por mí” (Francisco 22.XI.17)? ¿Creemos que “la acción del Espíritu Santo y la eficacia de las mismas palabras de Cristo pronunciadas por el sacerdote, hacen realmente presente, bajo las especies del pan y del vino, su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para todas (cf. Catecismo de la Iglesia n. 1375) (Francisco 7.III.18)? ¿Creemos que “cada vez que nosotros hacemos la comunión, nos parecemos más a Jesús, nos transformamos más en Jesús. Como el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre del Señor, así cuantos le reciben con fe son transformados en eucaristía viviente. Este es el prodigio de la comunión: ¡nos convertimos en lo que recibimos! (Francisco 21.III.18)? Pidamos a Jesús que aumente nuestra fe en la Sagrada Eucaristía. Y que esa fe se traduzca en obras de amor.

Empatizar con Jesús Eucaristía

La empatía es la capacidad de entender los pensamientos y emociones ajenas, de ponerse en el lugar de los demás y compartir sus sentimientos. Es una capacidad que se puede desarrollar y potenciar. Preguntemos a Jesús en la oración, ¿Por qué te has querido quedar en el sagrario? ¿Qué esperas de mí? ¿Te cuido suficientemente? ¿Estás contento de cómo me preparo para comulgar; de cómo te agradezco que hayas venido a mi alma? ¿Te agrada la importancia que doy a la santa Misa en mi vida? Nos puede ayudar esta consideración de San Josemaría: “Si, para liberarte, hubieran encarcelado a un íntimo amigo tuyo, ¿no procurarías ir a visitarle, a charlar un rato con él, a llevarle obsequios, calor de amistad, consuelo?... Y, ¿si esa charla con el encarcelado fuese para salvarte a ti de un mal y procurarte un bien..., la abandonarías? Y, ¿si, en vez de un amigo, se tratase de tu mismo padre o de tu hermano? –¡Entonces!” (Surco n. 685).

Se me ocurrían siete detalles para ganar en empatía con Jesús en la Eucaristía:

1º) Repasemos nuestra fe en la Eucaristía. Lo que tenemos que saber para fortalecer nuestra fe eucarística está recogido en el Catecismo de la Iglesia, del n. 1322 al n. 1419 (lo encuentras en la página web del Vaticano: vatican.va; aunque no vendría mal tener un ejemplar en casa disponible para toda la familia). Podemos estudiarlo y charlarlo con el Señor en la oración. El Espíritu Santo nos soplará qué más podemos hacer.

2º) Recuperemos la adoración a Dios, en especial ante el Santísimo Sacramento. “La adoración es oración que prolonga la celebración y la comunión eucarística, en la que el alma sigue alimentándose: se alimenta de amor, de verdad, de paz; se alimenta de esperanza, pues Aquél ante el que nos postramos no nos juzga, no nos aplasta, sino que nos libera y nos transforma (Benedicto XVI Homilía de Corpus 2008). El único ser espiritual que no puede adorar es el demonio. El simple hecho de estar delante del Señor en el sagrario, no sustraernos de la luz de su mirada, es darle la posibilidad de que en nuestra alma se realice algo semejante a lo que sucede en las plantas sometidas a la luz del sol. Gracias a esa luz se origina la función clorofílica: la planta tiene vida; pero también permite la vida, ya que se regenera el oxígeno de la atmósfera. Nos conviene, y conviene al mundo que queremos hacerlo mejor, más amable.

3º) Hagamos pausadamente la genuflexión ante el Sagrario. Es una concreción del anterior punto. Cuando entremos en la iglesia, que lo primero sea buscar el Sagrario y adorar. Es lo básico en educación: cuando uno llega a una casa, busca al dueño para saludarle…. Es un gesto que refleja esa realidad: Dios está ahí delante de mí que soy nada. Reconozco su grandeza, le adoro, por eso me arrodillo; acompañando el gesto exterior con un movimiento del corazón: decirle algo… Además, “cuando te acercas al Sagrario piensa que ¡El!... te espera desde hace veinte siglos (san Josemaría, Camino n. 537).

4º) Vivamos la santa Misa, en especial el domingo. Como he señalado, el Papa ha dedicado 15 catequesis a que “comprendamos bien el valor y el significado de la Santa Misa, para vivir cada vez más plenamente nuestra relación con Dios” (8.XI.17). Y una de ellas, por entero a “¿Por qué ir a misa el domingo?” (13.XII.17). También ahora, Jesús nos mira y nos dice como a los apóstoles en la Última Cena: <si me quieres, si quieres ser mi discípulo, “haz esto en memoria mía”; participa en mi Sacrificio que te salvó viviendo conmigo mi Misa, al menos el domingo, día en que he resucitado>. Sigamos las enseñanzas del Papa y empeñémonos en vivir mejor la santa Misa, paso a paso. Dios estará contento con nuestro esfuerzo. Dejará de ser una obligación del domingo y pasará a ser una necesidad diaria que buscaremos atender a pesar de nuestras limitaciones.

5º) Esforcémonos en visitarle cada día. Si pensamos cómo encajar visitarle (cuándo es el mejor momento del día, dónde podría: en misas.org hay horarios de iglesias) no es una misión imposible. Qué nos mueva el deseo de que no esté solo, de que se sienta bien tratado, muy acompañado… y no se dejará ganar en generosidad. “¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva! (Francisco La Alegría del Evangelio n. 264). Experimentaremos esas palabras: ¡Gustad y ved qué bueno es el Señor! (salmo 33, 9).

6º) “Asaltemos” sagrarios en los recorridos por la calle. Una experiencia común es que cuando uno pasa cerca de la casa de un familiar, de un amigo, nos acordemos de él. Y si es más extraordinario, porque pasamos por una ciudad donde vive un gran amigo, aunque no podamos verle, recurrimos a una llamada, para saludarle… Lo mismo con Jesús. En la calle, y en los viajes… podemos “asaltar” sagrarios (término que emplea san Josemaría en Camino n. 876) con un acto de fe y de amor.

7º) Cuidemos los jueves. La Iglesia dedica ese día de la semana a la devoción eucarística, en recuerdo al Jueves Santo. Qué mejor manera de agradecer al Señor la institución de este invento divino. En muchas iglesias, ese día se expone el Santísimo Sacramento en horarios asequibles. Supondrá a veces vencer la pereza, pero la ilusión de adorar y agradecer a Jesús que haya instituido la Eucaristía merece ese esfuerzo; y así reparamos los olvidos, las ofensas, la indiferencia de tantos al Santísimo Sacramento.

Concluyo con unas palabras del Papa de la homilía del Corpus de este año: Queridos hermanos y hermanas, escojamos este alimento de vida: pongamos en primer lugar la Misa, descubramos la adoración en nuestras comunidades. Pidamos la gracia de estar hambrientos de Dios, nunca saciados de recibir lo que él prepara para nosotros (…) Él se ha hecho pan partido para nosotros; nos pide que nos demos a los demás, que no vivamos más para nosotros mismos, sino el uno para el otro. Así se vive eucarísticamente: derramando en el mundo el amor que brota de la carne del Señor. La Eucaristía en la vida se traduce pasando del yo al tú.

 

 

CNTE-MORENA: CONTRA LOS NIÑOS

Por René Mondragón

PUEDEN IRSE POR LA ALCANTARILLA

De acuerdo con la nota de Edgar Hernández, difundida por la plataforma de Mexicanos Primero en el diario Reforma, “el paro magisterial que cumple este jueves 11 días en Chiapas afecta a 204 mil 983 estudiantes de nivel básico, según estimaciones de la Secretaria de Educación Estatal. Unos 3 mil 561 docentes de 2 mil 55 escuelas están en paro, afirmó la dependencia”

El número de niñas y niños afectados es alarmante, y los casi cuatro mil “profes” en pleno descanso ideológico-sindical, resulta tan grosero como estúpido, frente a la postura cada vez más tímida, frágil, huidiza y torpe de las autoridades de educación en México.

El mensaje enviado por la autoridad federal es diáfano: el derecho de los niños a una educación de calidad, como concepto y promesa de campaña de Meade y del tabasqueño, se oye bien, aunque en el terreno de la realidad, el interés superior de los chicos puede irse por la alcantarilla.

El tema se agrava, en particular por dos agregados igualmente en “alerta roja”: En un primer sentido, el propietario de Morena ratificó su dicho, va directo a eliminar la Reforma Educativa. Y, en paralelo, esta aseveración del redentor tropical cumple a cabalidad, la oferta hecha a la impresentable y nefasta Coordinadora Nacional d Trabajadores de la Educación –CNTE por sus siglas- de acabar con la referida reforma, a cambio de su total respaldo a la candidatura presidencial del señor que usa tenis Louis Vuitton.

PA’PENSARSE

El giro hacia una izquierda radical y violenta –al estilo Ortega y Maduro- está más que pintado; y eso, no hay duda, dejar muchos vértices para reflexionar.

De inicio, porque Vidulfo Rosales y las familias de los desaparecidos en Ayotzinapa van a entrar hasta la cocina en instalaciones militares, con todo lo que este tema implica; y por otra parte, la presión del plantón de la CNTE adquiere dos posibles interpretaciones: Puedes tratarse de un obús dirigido al macuspano para que vea con quien se asocia, y a cambio de qué se asocian estos profes; o dos, ejercer una presión mayor en los días electorales y de preparación de maletas de viaje del presidente Peña.

Como quiera que pueda entenderse, la nota de El Universal (http://www.eluniversal.com.mx/nacion/sociedad) refuerza el concepto de lucha radical de la CNTE.

ESPOLONES

Ahora resulta que la CNTE “exige” a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que eche para atrás la Resolución de 2015, donde se reconoce que el derecho de los niños a recibir educación, SE SOBREPONE AL DERECHO LABORAL DE LOS PROFESORES.

Los mentores de la guerrilla urbana y rural no se miden, enturbian los conceptos y, como sucede en este tipo de “negociaciones”, se trata de exigir, exigir y exigir cosas, a sabiendas de que piden lo imposible. Mis hermosísimas lectoras y enfadados lectores se asombran con las peticiones de los mal llamados maestros. Veamos por qué: “No aceptamos lo que ellos quieren hacer de poner por encima el derecho de los niños sobre los derechos laborales de los maestros cuando deben de ser dos cosas que se deben tomar en cuenta de manera igualitaria”

Disculpando la pobreza del lenguaje y la escasa idea de una elemental sintaxis, estas fueron las declaraciones del dirigente dela sección 18 de la CNTE, el profe Víctor Manuel Zavala Hurtado.

PARA RIPLEY

Solo faltó que  exigieran a Trump la eliminación del muro fronterizo, la ratificación del TLCAN y una indemnización a los dreamers por los efectos intestinales provocados por los anuncios del DACA.

Los profes exigieron a los magistrados que liberen a los otros profes encarcelados por los asaltos, atropellos, vandalismo y bandidaje a lo bestia. O sea, que se resuelva un “borrón y cuenta nueva”. Y, por si fueran escasas sus ocurrencias, también pidieron que se reinstale a todos los despedidos por incumplidos, faltistas, alborotadoresY7o agitadores profesionales, obviamente, que también se les regrese el descuento salarial. Gracias al cielo que no piden intereses sobre la suerte principal retenida.

HERMENEUTAS RADICALES

Lo que ninguna de mis hermosas lectoras y gentiles lectores sabía, era que en la CNTE se han forjado los más destacados Hermeneutas Anarcosindicalistas, que ahora agregarán sus interpretaciones a los estudios e investigaciones de Porte Petit, Burgoa Orihuela, Preciado Hernández, Aristóteles, Séneca, el Libro Vaquero, El Especial de Traileros, y algunos más: Ahora resulta que para tales hermeneutas –¿O serán “vagonautas”?- la explicación es clara:

“El estado de Derecho (sic) para nosotros es la abrogación completa del  decreto de 2015 cuando ellos reconocen el derecho de maestros y maestras  pero ponderan por encima de ello el derecho supremo a los niños a la educación (más SIC) Es totalmente incongruente y falso…”

El escribano no puede menos que concluir la entrega, parafraseando la Sagrada Escritura: “Señor…perdónalos porque no saben lo que dicen, cómo lo dicen y cómo lo escriben” Porque lo que está más claro que el agua de Xochimilco es un tema: La CNTE y MORENA van, con todo, contra los niños. Al tiempo.

 

 

Construyendo vínculos familiares

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La familia es el núcleo social más importante donde cada integrante asume con responsabilidad y compromiso pertenecer a dicha entidad.

Cuando se oye la palabra familia se piensa de manera directa en un grupo de personas felices que comparten aspectos en común, sin embargo, la familia es mucho más que eso, porque es el espacio perfecto para formar en valores y principios a cada miembro, con la finalidad de conseguir un modo de vida más humano, que posteriormente, contribuirá a tener una mejor sociedad.

Formar y llevar a la familia en un camino donde existan pocos cambios no resulta ser nada sencillo, ya que las exigencias del entorno social pueden dificultar la colaboración y relación, debido a que en ocasiones ambos padres trabajan o bien los hijos tienen que cumplir con otras tareas. Para mejorar, debemos olvidar que cada miembro cumple con una tarea en específico, porque lo único que provoca es la falta de compromiso de cada uno, en donde solo se preocupan por sus propias responsabilidades, negándose la capacidad de ser colaborativos con el medio que les rodea.

 

 

Las dificultades de cooperar al bien

   Cuando Edmund Burke, el gran político irlandés y primer crítico de la Revolución francesa, que vivió en el siglo XVIII escribió que “lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada”, sin duda dijo una gran verdad. No parece que se requiera una inteligencia especialmente despierta para hacerse cargo de que si el mal no encuentra oposición ni resistencia acaba por imponerse. Tomemos el clásico ejemplo del cesto de manzanas. Si en un cesto de manzanas sanas y apetitosas ponemos una en mal estado, sometida a un principio de putrefacción, ésta contaminará su corrupción ineludiblemente a todas las demás. Esta es una ley física que en lo material se cumple siempre inexorablemente y ello porque las manzanas en buen estado no tienen, a diferencia de la putrefacta,  ningún principio de vida activo, carecen de anticuerpos o bacterias positivas para neutralizar la acción de las bacterias corruptoras de la manzana en mal estado. Pero también se cumple en el mundo espiritual, si los buenos no hacen nada, o hacen muy poco o hacen el mal creyendo que hacen el bien.   Los buenos son pocos, comodones o equivocados    Nos encontramos en una época postmodernismo la llaman algunos dominada por una parte por el capitalismo materialista del poseer bienes, riquezas y todo lo que éstas llevan consigo como el poder y el placer, como finalidad principal y casi única de la vida humana, que es actitud contraria a la fe en Dios; por otra parte, por el subjetivismo religioso del protestantismo que consiste en adaptar la doctrina de Jesucristo, la palabra de Dios a nuestros gustos, a nuestros criterios o a nuestras conveniencias humanas. Y por otra, por un liberalismo absoluto, oculto algunas veces bajo una capa de justicia social o de apariencia de bien común. Con estas premisas, extendidas y dominantes en el mundo civilizado occidental de Europa y América, que producen el oscurecimiento de la razón en la mente de tantos hombres, no es difícil aceptar que en el mundo el mal domina al bien y los medios de comunicación social: radio, cine, televisión, etc. son testigos imparciales y evidentes de ese dominio. Por supuesto que hay que evitar que el mal triunfe, y en esto hay conformidad general; pero ¿qué es el mal, qué es lo malo?. Objetivamente está muy clara su definición: “es malo todo aquello que nos produce daño, ofensa, sufrimiento o injusticia”. Pero subjetivamente, desde el punto de vista de cada persona, la consideración del mal ya no está tan clara, porque depende del sentido y finalidad que dé cada uno a su vida, según que piense que todo termina en ésta al morir, o cree y espera ser juzgado al final de esta vida y tiene la esperanza puesta en la vida eterna después de la muerte, anunciada por Jesucristo, si se ha sido fiel a sus enseñanzas. Hoy por ejemplo, no se acepta universalmente que el divorcio, la homosexualidad, el aborto, la fornicación y la eutanasia, sean un mal desde todos los puntos de vista; tan no se acepta, que hay gobiernos que han legislado en el sentido de hacer que la práctica del divorcio, de la homosexualidad, el aborto o la eutanasia sean tan legales, y por lo tanto ajustados a derecho, como la práctica de la fidelidad conyugal al vínculo matrimonial hasta que la muerte los separe, el uso natural del sexo en el matrimonio o el respeto total a la vida del no nacido o del moribundo.   Claro está que esto es un hecho que ya de por sí tiene un alto valor demostrativo de lo actual que resulta la afirmación de Burke. Si ha sido posible el triunfo del mal hasta el punto de ser elevado al mismo nivel que el bien de modo tan extensivo en tantos países a la vez, es sin duda porque los “buenos” no han sabido, no han querido o no han podido hacer por evitarlo gran cosa de su parte o quizás nada o incluso les ha parecido aceptable el mal hábilmente presentado como bien, o porque no se han enterado.   ¿Es posible el triunfo del bien en este mundo?

   Si viviera hoy, en estos tiempos, el gran estadista español Juan Donoso Cortés, Marqués de Valdegamas, consejero de la Reina María Cristina, viuda de Fernando VII mientras ésta fue regente de España durante la minoría de edad de Isabel II (1833-1840) y pudiera contemplar el panorama que ofrece el mundo: la corrupción de los políticos y altos cargos de los Estados, la exaltación de la violencia en los espectáculos y juegos, el divorcio generalizado, la alabanza de la desfachatez, lo provocativo, soez y grosero, el orgullo de la homosexualidad “gay”, el fomento del consumismo de bienes innecesarios, el tráfico de drogas, la publicidad estimulante del placer del sexo libre sin responsabilidades ni ataduras, el desprecio de los valores morales y un largo etcétera, si contemplara este descorazonador espectáculo, es muy probable que no se asombrara demasiado, si bien me temo que se afligiría mucho. El había afirmado hace más de un siglo, que “en el mundo el mal vence naturalmente al bien, pues el triunfo del bien sobre el mal en este mundo, no es natural, sino sobrenatural”.

   Y aunque su afirmación cause hoy, probablemente, tanto escándalo como el que causó en su tiempo a hombres que apenas creían en nada, excepción hecha del progreso indefinido basado en la ciencia, sin embargo, él podría defenderla con un cierto fundamento no desprovisto de importancia. Pues si la naturaleza real del hombre está herida por el pecado original, de modo que los efectos de ésta herida persisten en el hombre aun después de que aquel pecado haya desaparecido por la recepción del bautismo, y estos efectos siguen actuando como un peso en el alma de cada hombre, de manera análoga a como lo hace la ley de la gravedad respecto a los cuerpos físicos, entonces el hombre abandonado a su naturaleza caída propende al pecado por su inclinación al mal, y es la gracia, la sobrenaturaleza,  la que corrige el defecto innato de la naturaleza.

   No es que sea imposible, absolutamente hablando, al hombre sin vida sobrenatural obrar el bien, algún bien. ¡Claro que es posible! El peor malvado es capaz de compadecerse de un niño, y nadie, ni el más vicioso y mendaz de los hombres puede pasar mucho tiempo sin hacer algo naturalmente bueno como decir una verdad. Pero no se trata de eso, sino de lo contrario. Es decir, sin un especial auxilio de la gracia divina ningún hombre puede permanecer mucho tiempo sin caer en alguna especie de pecado, siquiera sea venial. Sólo la Virgen María, enseña la Iglesia, fue, por especial y singular privilegio de Dios, la única criatura que jamás cometió pecado alguno. Así que, después de todo, no dejaba Donoso Cortés de apuntar en dirección correcta cuando atribuía el triunfo del mal en el mundo a la ausencia de gracia sobrenatural en los hombres.

   En última instancia, esa indudable ausencia de gracia sobrenatural, es consecuencia de la falta de fe en Dios y en su Providencia. En la vida actual hay por desgracia numerosos ejemplos que apoyan esta afirmación, como lo manifiestan constantemente los medios de comunicación de ocio como el cine y la televisión, los cuales presentan espectáculos marcadamente eróticos, pornográficos y violentos, que incitan al espectador a ejercitar el sexo y la violencia, sin ninguna clase de fundamento, responsabilidad o limitación moral que advierta acerca de la inmoralidad de tales acciones. Además, en general, todos los medios de comunicación humana como el teatro, la novela, las revistas, etc. tienen a gala presentar personajes, ideas o actuaciones manifiestamente inmorales incluso como algo muy humano, natural y positivo procurando adelantarse a la consideración de que quien los pueda rechazar por considerarlos inmorales se debe a su estrechez de miras, su anquilosamiento en épocas pasadas o su propia mentalidad retrógrada, y no aceptan ninguna condena de esas imágenes o expresiones presuntamente artísticas, movidos por el egoísmo que intentan ocultar o justificar, puesto que la moralidad es cosa de todas las épocas y de todos los seres humanos. Ese egoísmo hace que, en lugar de enfrentarnos con nuestros defectos, nuestros fallos o nuestras debilidades, tratemos de justificarlos, usando nuestra inteligencia con mayor o menor habilidad para conseguirlo, con variados argumentos.

   La oposición de los buenos suele ser débil y timorata

   Sin duda Donoso Cortés era menos optimista que Edmund Burke. Este al menos hacía depender el triunfo del mal de la pasividad de los buenos, con lo que parece indicar que si éstos se opusieran al mal decididamente, éste no triunfaría. Bien es verdad que tampoco afirmó el triunfo del bien, ni siquiera el triunfo de los buenos. Donoso en cambio, no dejaba ninguna puerta abierta en el ámbito de lo natural al triunfo del bien, ni aun mediante la acción o la actividad de los buenos. Posiblemente ambos Burke y Donoso, tienen su parte de razón. Partiendo de la base (poco discutible por cierto) de que es más fácil destruir que edificar, ceder ante la tentación que combatirla, dejarse llevar por la corriente que nadar contra ella, o lo que es lo mismo, hacer el mal que el bien, no resulta gran dificultad comprender y aceptar que Burke tenía razón: el mal siempre triunfa si los buenos no hacen nada… o hacen muy poco o hacen cosas equivocadas.

   Evidentemente, para que los buenos hagan algo lo primero que es imprescindible es que, sean verdaderamente buenos. No convencionalmente buenos, con esa clase de bondad bienpensante que poseen los que presumen de no hacer mal a nadie, porque no roban, no matan, no violan, no engañan, etc. No “buenos” según un patrón superficial que la sociedad en la que se desenvuelven reconoce como tales, ni bondadosos como los que están siempre dispuestos a contentar a todos y a no llevar la contraria nunca a nadie, sino buenos de verdad. Pero, ¿Qué es ser bueno de verdad?. Veamos primero el lado negativo de lo que no es ser bueno de verdad. Para no ser bueno no es preciso estar dominado por todos lo vicios de los que es capaz el ser humano: basta con estar dominado por uno solo y que éste sea lo suficientemente importante. Por ejemplo, un hombre intachable en su actuación pública y adúltero en su vida privada, no es un hombre bueno. Un hombre leal con sus amigos y mendaz en los negocios, no es un hombre bueno. Un hombre difamador, o avaro o codicioso, o injusto o desleal o perjuro, no es un hombre bueno; y tampoco un hipócrita que aparenta ser lo contrario de lo que en realidad es, o un envidioso o un borracho, o un jugador, o un drogadicto o un lujurioso. Ninguno de éstos es un hombre bueno, ni está en camino de serlo mientras no se decida a cambiar de modo de ser y de vivir.

   Entonces, ¿Quién es el hombre del que puede afirmarse que es verdaderamente bueno? Verdadera-mente bueno solamente es Jesucristo el Hijo de Dios; los demás hombres corrientes, mortales, a lo más que podemos aspirar es a hallarnos en camino de serlo. ¿Y qué hemos de hacer para lograr estar en camino de ser hombres verdaderamente buenos? Varias cosas, que se resumen en las siguientes:
   1º. Tener fe en Dios, y comprometerse con él, llevando a la práctica de nuestra vida diaria los consejos, enseñanzas y recomendaciones que nos hace Jesucristo en los Evangelios.
   2º. Orar, tratar a Dios que es el único verdaderamente bueno, tomárselo en serio.
   3º. Rechazar todos los vicios y luchar por conseguir todas las virtudes humanas y cristianas

   Este programa supone una verdadera revolución personal e interior y es el que han seguido los hombres que más se han acercado al ideal de tratar de ser lo más verdaderamente buenos que han podido, y con sus obras han conseguido que el bien triunfe sobre el mal aunque sea parcialmente (no se puede intentar matar o asesinar al demonio como cuentan que intentó San José de Calasanz). Han conseguido con ello influir y cambiar una parte del mundo, porque al buscar, escuchar y comprometerse con Dios, y rechazar los vicios y vivir las virtudes, han atraído sobre sí la gracia de Dios, han ayudado a cambiar la mentalidad y el modo de ser (la conversión) a millares y millares de otros hombres y no por la fuerza natural de convicción que poseyeron, ni por sus cualidades personales o dotes intelectuales, sino por la eficacia de esa cualidad sobrenatural que se llama gracia y que muestra el poder de Dios. Son aquellos que la Iglesia denomina y venera como santos.

   La cooperación al bien: lo principal es comprometerse con Dios.

   Aquí es Donoso Cortés quien acierta. Pues si el mal, todo aquello que perjudica a los hombres y les hace sufrir, es una consecuencia del pecado, de la desobediencia y la ofensa humana a Dios que cometemos constantemente los hombres a lo largo de los siglos hasta el fin del mundo sólo comprometiéndonos de verdad con Dios, siendo radicalmente rebeldes ante el mal y combatiendo sin tregua al pecado, sólo oponiéndose a él en todo momento y circunstancia y a toda conducta que contribuya o favorezca el pecado, es el único modo adecuado y eficaz de impedir el triunfo del mal o que el mal, en lugar de crecer, disminuya en el mundo; y si no se puede llamar verdaderamente buenos a los hombres que hayan decidido obrar así, al menos será posible afirmar en justicia, que procuran estar en camino de serlo con todas sus fuerzas. Y no se puede olvidar que al pecado que continuamente introduce el mal en el mundo, no se le vence o rechaza sólo con medios naturales, sino con la ayuda de la gracia de Dios, que es el medio sobrenatural por excelencia.

   También acertó Burke al señalar la pasividad, la dejadez, la nula combatividad, y el desinterés de los “buenos”, los que todavía no han perdido del todo la percepción de la distinción entre el bien y el mal y desean que aquél triunfe sobre éste,  como una de las causas y no de las menos importantes de que el mal vaya inundando, como la marea negra y viscosa que produce el derramamiento de petróleo en el mar, zonas cada vez más amplias de la mentalidad de las personas y del ambiente de la sociedad. Pienso que el pesimismo natural de Donoso no es injustificado, ni la acusación de Burke se limita tan sólo a una aguda ingeniosidad. Desde la aparición del primer hombre sobre la tierra, hay un promotor incansable del mal, que con gran lucidez está empeñado en desbaratar la acción y la ayuda de Dios en las almas de los hombres que es el demonio y hay hombres que, impulsados por su egoísmo no desean dejar de ofender a Dios con el pecado, porque lo pasan bien de momento (como la confesión del viejo marinero en la novela de Chesterton: “El mundo, la carne y el Padre Brown”, en la que, sintiendo cercana la muerte al final de su vida, afirma que se arrepiente de todo el mal que ha hecho, menos de haber tenido una “novia” en cada puerto, porque lo ha pasado muy bien) o se contentan con lo poco que hacen, o se dejan llevar por la corriente sin hacer nada por evitar el triunfo del mal, porque no están dispuestos a comprometerse con Dios, porque éste les exige abandonar su poltronería y complicarse la vida, y no se deciden a pedirle que les ayude para llegar a estar en camino de ser verdaderamente buenos, y estar bien preparados cuando éste les llame a dar el salto definitivo hacia la otra vida.

   No debemos reducir nuestra vida a desarrollar con competencia nuestro trabajo profesional, y a sacar adelante una familia con la innumerable serie de dificultades y problemas que estos ideales de nuestra vida conllevan. Esto es lo básico, lo importante en la vida del hombre, pero no es todo lo que debe hacer. El hombre cristiano debe tomarse cada vez más en serio su fe, orar y tratar a Dios, formarse una conciencia recta, luchar contra el pecado que es el origen de todos los males y, consecuentemente, actuar honestamente en la vida familiar, social y política aportando todo lo que uno puede y sabe, para cooperar con el bien y evitar todo el mal que pueda… confiando en la gracia de Dios.
Roberto Grao Gracia

 

 

Venezuela ante el fin de la democracia

El pasado 20 de mayo, los venezolanos estaban llamados a actuar de comparsas en un remedo electoral que, llanamente, significa el final de la democracia en Venezuela. Ni siquiera desde el más acendrado voluntarismo político pueden darse por legítimas unas elecciones presidenciales a las que no pueden presentarse los líderes de los principales partidos de la oposición y que vienen tocadas por el gran fraude de las anteriores, cuando la Asamblea Constituyente fue refrendada con un millón de votos fraudulentos, según denunciaron los propios encargados de efectuar el escrutinio electrónico.

A todo eso hay que sumar el espectáculo de una campaña electoral marcada por las privaciones de la población, que en amplios sectores se traducen directamente en hambre, en la que el régimen ha llegado a los utilizar repartos de comida y de dinero como reclamo para el voto. Venezuela se desangra bajo una ideología política, cien veces ensayada y otras tantas fracasada, como es el marxismo, en este caso convertido en chavismo.

Sólo una posición internacional firme, intransigente ante los ataques a los derechos humanos y a la libertad de todos, podrá apoyar a un pueblo sojuzgado, que ve en la marcha al exilio su única opción de vida.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Israel compromete su futuro

La protesta palestina del mediados del mes de mayo se producía en el momento en que la Administración Trump abría la sede de su embajada en Jerusalén, un gesto a todas luces provocador, que no contribuye lo más mínimo a la paz en la región. El derecho internacional no reconoce a Israel el suelo sobre el que se levanta esa misión diplomática.

La política de Netanyahu desde hace años compromete el futuro de Israel y la paz en la zona. Su apoyo decidido a los colonos que se apropian de suelo palestino y humillan al pueblo árabe es el mejor modo de perpetuar el conflicto. Netanyahu es apoyado ahora por un Trump que, por razones internas, ha puesto en marcha en Oriente Próximo la política menos equilibra y más beligerante de los últimos tiempos

En estas circunstancias no es de extrañar que las protestas hayan vuelta a la calle provocando nuevos conflictos en la zona, manteniendo una situación de inestabilidad y casi de guerra.

Xus D Madrid

 

 

Barbarie contra los cristianos

En los últimos años, y como consecuencia del auge del Estado Islámico, Indonesia ha vivido un importante resurgimiento del terrorismo islamista, con la aparición de grupos insurgente locales vinculados al ISIS. El domingo, 13 de mayo, el terror volvía a hacer acto de presencia y al menos una docena de personas han muerto y otras 40 resultaron heridas de diversa gravedad en tres atentados con explosivos perpetrados en iglesias cristianas.

Los ataques han tenían lugar en Surabaya, la segunda mayor ciudad del país, en el noroeste de la isla de Java, y se producían de forma sucesiva, durante la misa del domingo, en una iglesia protestante, otra pentecostal y otra católica. Indonesia es un país donde cerca del 90% de la población es musulmana, pero donde viven también importantes comunidades de hindúes, budistas y cristianas. La persecución de la minoría cristiana, tampoco en Indonesia es nueva.

José Morales Martín

 

 

Situación crítica en Nicaragua

Desde que hace unos dos meses, miles de nicaragüenses se echaran a las calles para protestar contra la reforma del sistema de pensiones, la situación en el pequeño país centroamericano no ha hecho más que empeorar. En estos últimos días se han reavivado los enfrentamientos, que dejan ya la una escalofriante cifra personas muertas desde que comenzaran los disturbios.

Mientras el Ejecutivo de Ortega pone buenas palabras encima de la mesa, sigue dando órdenes para recrudecer la represión en la calle. Las protestas ciudadanas, más que contra una determinada política social del Gobierno, son en realidad una manifestación de hartazgo contra el régimen sandinista, que, con la eterna excusa de liberar a los oprimidos, ha acabado por atropellar los derechos fundamentales y las libertades a su antojo. El propio Ejército ha declarado que no piensa apoyar la represión desatada por Ortega, que se queda cada día más solo.

Enric Barrull Casals

 

 

PENSAMIENTOS Y REFLEXIONES 195

 

FRANCO EL INTERMINABLE TEMA EN ESPAÑA: Franco y sólo por su profesión (fue el general más joven de los de la Europa de su tiempo) ya es una figura histórica y europea; y no digamos de la de España, puesto que ocupa más de cincuenta años de ella, ya que militarmente destaca en las guerras de África, así es que digan lo que digan, en ella estará mientras se escriba la historia; como están Hitler en la de Alemania, Mussolini en la de Italia, Tito en la de Yugoslavia, junto a las primeras figuras no sólo de Europa sino de todo el mundo. De su actuación en España, posiblemente sea del que más libros se han escrito sobre ello, es claro que “para unos fue casi un dios y para otros el diablo"; lo que demuestra que fue un personaje excepcional... y como todo ello es IMBORRABLE, es absurdo sacarlo de su tumba en el monumento que erigiera en “Cuelgamuros”, que fue erigido para memoria de todos los caídos por la terrible guerra civil de 1936-1939; sepultura QUE ÉL NUNCA ELIGIÓ (Para él y su esposa él tenía elegido un lugar en “El Pardo”). MEJOR DEJARLO ALLÍ Y POR SIMPLE NEGOCIO TURÍSTICO (DEL QUE SIGUE VIVIENDO ESPAÑA) PUESTO QUE ES UNO DE LOS MONUMENTOS MÁS VISITADOS de los de toda España Y POR TANTO DEJA MUCHOS MILLONES AL AÑO,  a la economía española; APARTE DE LOS CIENTOS DE EMPLEADOS QUE ALLÍ VIVEN DE ELLO Y QUE CERRADO EL MONUMENTO IRÍAN A LA CALLE; por otra parte Franco no va a resucitar ni echado de allí su cadáver, tampoco España no va a cambiar en nada; por todo ello y muchas cosas más que se pueden añadir, ES UNA IDIOTEZ DE LAS MUCHAS QUE AQUÍ SE EMPLEAN COMO DEMAGOGIA. LA HISTORIA SIMPLEMENTE SIRVE COMO MAESTRA PARA LA ENSEÑANZA DE LA POSTERIDAD, PERO NADA MÁS. Tristemente aquella terrible guerra no sirvió para lo que debiera, puesto que los enfrentamientos siguen y hay incluso el que si pudiera reescribiría una falsa historia, para presentar a la otra parte derrotada, como si hubiesen sido los vencedores; absurdo por demás. (Respondiendo en un foro 22-01-2015). El político español “sigue siendo un mal bicho y por ello así nos va”.

 

ESPAÑA: MUJERES AL PODER:   Hace tiempo escribí (en mi Web están los testimonios) en este sentido, puesto que a la mujer le supongo sus innatos sentidos de la maternidad, la buena administración del hogar y el equilibrio que en todo momento, necesitamos los hombres para un mejor convivir en este perro mundo; pero han pasado muchos años desde “aquel artículo” y los asuntos del “bicho humano” en este planeta, siguen lo mismo o peores; y desde entonces, “han entrado bastantes mujeres al poder”, bien como primeros ministros o ministros sectoriales, por lo que “el poder” es muy difícil sino imposible de dominar en el sentido que la sociedad que domina, esté conforme con los recursos que dice administrar, siguen abundando los ladrones sin escrúpulos.

                                Quizá por ello, ahora me acuerdo de “las amazonas”, cuyo gobierno descubrieron los españoles que navegando “río abajo desde el hoy Perú”, terminaron desembocando en el océano Atlántico, pero dejando “bautizada tan inmensa cuenca y río con el nombre de Amazonas, en recuerdo de las experiencias vividas a su paso con aquella tribu o estado político dónde sólo imperaba “la fiereza” de aquellas mujeres salvajes y que no admitían a los hombres en su sistema, salvo para dejarlas preñadas y que pudieran parir más mujeres, puesto que si daban a luz “machos”, los irían eliminando sin piedad alguna.

                                El mito de “las amazonas” como casi todo en nuestra cultura, nos viene de tiempos más remotos y de “nuestros padres culturales, los griegos, que también nos cuentan de amazonas con “un par de bemoles” y luchando contra los hombres y los dioses, de igual a igual. Quizá por todo ello y desde hace muchos años yo definí que era mentira aquello del “sexo fuerte propiedad de los hombres”… no, el sexo fuerte en todos los sentidos es el de la mujer que sabe ejercerlo en toda su intensidad; usted mismo que me lee recuerde ejemplos, que seguro conoce más de uno.

                                Pues bien, en España, “nuestro audaz primer ministro, que se ha conquistado por sí solo, un principesco vivir de por vida a costa de España y los españoles”; ha tenido a bien, nombrar su primer gobierno, y en el mismo; nombra para sorpresa nacional e internacional, a nada menos que once mujeres y sólo seis hombres; y entre ellas, a “una ya vieja profesional en la política”, nada menos que como vice presidenta del mismo; ministra que siéndolo en otro ya antiguo gobierno socialista, dijo en público “y no la echaron al instante”, el que… “el dinero público no era de nadie y que por tanto estaba a disposición de quién llegaba a controlarlo”; sus palabras exactas fueron las que siguen: "Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie." (29 de mayo, 2004) lo dijo “tal como suena”, nada menos que una ministra socialista, cuyo nombre es Carmen Calvo Poyato.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes