Las Noticias de hoy 09 Junio 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 09 de junio de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Sínodo Panamazónico: Es “prioritaria” la atención a los pueblos nativos

Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA*: Francisco Fernández-Carvajal

“Preocupación de apostolado”: San Josemaria

Tema 11. Resurrección, Ascensión y Segunda venida de Jesucristo: Antonio Ducay

Carta del Prelado (8 junio 2018)

Guardar en el corazón: Máximo Alvarez

X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: +Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

Mujer, una historia real: María Elena Melgarejo

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: Mario Ealde

¿Creían realmente en la eucaristía los primeros cristianos?: Primeros Cristianos|

Cerebro de varón, cerebro de mujer.: José Luis Velayos - Catedrático Emérito - Medicina

El aborto médico constituye un tercio de los abortos realizados en Estados Unidos: Justo Aznar

FIN DE SEXENIO O PRINCIPIO DEL FIN: René Mondragón

La ignorancia de los padres, más peligrosa que internet: Chucho Picón|

ODA AL BOSQUE: PIETRO BERRA

El problema demográfico: José Morales Martín

Llamados a la colaboración: Jaume Catalán Díaz

Día Internacional de la Familia: Suso do Madrid

La corrupción y su antítesis: Norma Mendoza Alexandry

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Viernes, 8 de junio de 2018

La Iglesia celebra hoy la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y se podría decir que hoy es la fiesta del Amor de Dios. No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino Él quien nos ha amado primero, Él es el primero en amar. Una verdad que los profetas explican con el símbolo de la flor del almendro, la primera en florecer en primavera. Dios es así: siempre el primero: nos espera el primero, nos ama el primero, nos ayuda al primero.

Pero no es fácil entender el amor de Dios. En el pasaje de la Epístola recién leída (Ef 3,8-12.14-19), el apóstol Pablo habla de hecho de “la riqueza insondable que es Cristo”, de un “misterio escondido”. Es un amor que no se puede entender. Un amor de Cristo que supera todo conocimiento. Supera todo. Tan grande es el amor de Dios. Y un poeta decía que era como “el mar, sin orillas, sin fondo…”: un mar sin límites. Y ese es el amor que debemos entender, el amor que recibimos.

El Señor a lo largo de la historia de la salvación nos ha revelado su amor, ha sido un gran pedagogo, y dice el profeta Oseas (11,1b.3-4.8c-9) que no lo ha revelado a través de su poder. No. Escuchémoslo: “Yo enseñé a andar a mi pueblo, llevándolo de la mano, cuidando de él”. De la mano, cercano, como un padre. Dios, ¿cómo manifiesta el amor? ¿Con cosas grandes? No: se empequeñece, se hace pequeño, con esos gestos de ternura, de bondad. Se hace pequeño. Se acerca. Y con esa cercanía, con ese hacerse pequeño, nos hace entender la grandeza del amor. Lo grande se entiende por medio de lo pequeño.

Finalmente, Dios envía a su Hijo, pero lo envía en carne, y el Hijo se anonadó a sí mismo hasta la muerte. Ese es el misterio del amor de Dios: la grandeza más grande expresada en la pequeñez más pequeña. Así se puede entender también el camino cristiano. Cuando Jesús quiere enseñarnos cómo debe ser la actitud cristiana, nos dice pocas cosas, nos hace ver el famoso protocolo sobre el que todos seremos juzgados. ¿Y qué dice? No dice: “Pienso que Dios es así. He entendido el amor de Dios”. No, no… He hecho “en pequeño” el amor de Dios. He dado de comer al hambriento, he dado de beber al sediento, he visitado al enfermo, al encarcelado. Las obras de misericordia son precisamente el camino de amor que Jesús nos enseña en continuidad con ese amor de Dios, grande. 

No hacen falta, pues, grandes discursos sobre el amor, sino hombres y mujeres que sepan hacer esas cosas pequeñas por Jesús, por el Padre. Las obras de misericordia son la continuidad de ese amor, que se empequeñece, llega a nosotros, y nosotros lo llevamos adelante.

 

 

Sínodo Panamazónico: Es “prioritaria” la atención a los pueblos nativos

Presentación del Documentario preparatorio

junio 08, 2018 16:39Rosa Die AlcoleaEl Sínodo de los Obispos

(ZENIT – 8 junio 2018).- Con motivo de la próxima celebración de la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos sobre “Amazonía, nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, se ha presentado este viernes, 8 de junio de 2018, el Documento Preparatorio en la Santa Sede.

El Papa Francisco anunció el pasado 15 de octubre de 2017 la celebración de la Asamblea especial del Sínodo, que se llevará a cabo en octubre del próximo año 2019.

Han presentado el Documento el cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, Mons. Fabio Fabene, Subsecretario, y el Rev. P. Pablo Mora, Oficial de la Secretaría General.

Los nuevos caminos de evangelización “están pensados para y con el Pueblo de Dios que vive en esa región”. Por esta razón –señala Mons. Baldisseri– la Secretaría del Sínodo de los Obispos trabaja en estrecho contacto con la red eclesial Panamazónica (REPAM), organismo que lleva a cabo las actividades eclesiales en esa región.

“Sínodo Panamazónico”

Las reflexiones que atañen el “Sínodo Panamazónico” superan el ámbito regional, porque alcanzan  a toda la Iglesia y también al futuro del planeta, ha indicado Baldisseri. Estas reflexiones se proponen “crear un puente hacia otras áreas geográficas similares”, tales como: la cuenca del Congo, el corredor biológico  Centroamericano, los bosques tropicales de Asia en el Pacífico, el sistema acuífero Guaraní.

 

Se trata de un gran “proyecto eclesial, cívico y ecológico” que permite extender nuestra mirada más allá de las respectivas fronteras y redefinir las líneas pastorales, adecuándolas a los tiempos de hoy, ha explicado el cardenal Baldisseri.

En la región panamazónica, es “prioritaria” la atención a los pueblos nativos que la habitan, ha señalado. Estos pueblos, como dijo el Papa Francisco en Puerto Maldonado (19 de enero de 2018), nunca han estado tan amenazados como ahora. En segundo lugar –ha enumerado el cardenal– se prestará atención al tema del medio ambiente, de la ecología y del cuidado de la creación, la Casa Común, a la luz de la enseñanza y de la vida de la Iglesia, que opera en la Región.

Ver, discernir y actuar

El Documento Preparatorio está estructurado en tres partes: “Ver”, “Discernir” y “Actuar”, método ya utilizado previamente (Sínodo sobre la familia) con buenos resultados, ha informado Baldisseri. Además, al final del Documento se incluye un cuestionario dirigido a los pastores para que ellos lo respondan consultando al Pueblo de Dios, a través de los medios más adecuados según las propias realidades locales.

La primera parte del Documento, dedicada a “ver”, describe la “identidad del Panamazonas y la urgencia de la escucha”. Los temas que se abordan son: el territorio; la variedad sociocultural; la identidad de los pueblos indígenas; la memoria eclesial histórica; la justicia y los derechos de los pueblos, así como la espiritualidad y la sabiduría de los pueblos amazónicos.

34 millones de habitantes

Algunos datos que se ofrecen en esta parte son que la región panamazónica abarca más de siete millones y medio de kilómetros cuadrados, con nueve países que comparten este gran Bioma (Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Surinam, Guyana y la Guayana francesa) y la participación de siete conferencias episcopales, o que la población en este vasto territorio es de aproximadamente 34 millones de habitantes, de los cuales más de 3 millones son indígenas pertenecientes a más de 390 grupos étnicos.

Asimismo, Mons. Lorenzo Baldisseri ha anunciado que la riqueza de la selva y los ríos se ve amenazada por los grandes intereses económicos en diferentes partes del territorio, que causan la “deforestación indiscriminada”, la “contaminación de los ríos y lagos”, debido al uso de agro-tóxicos, de los derrames de petróleo, de la  minería y de la producción de drogas. A todo esto se suma un “aumento dramático del tráfico de personas”, especialmente mujeres y niños, con el propósito de todo tipo de explotación inhumana.

Anuncio del Evangelio

La segunda parte del Documento se refiere a “discernir” nuevos caminos a partir de nuestra fe en Jesucristo, iluminada por el Magisterio y la Tradición de la Iglesia. El contenido de esta parte está marcado por el “anuncio del Evangelio en la Amazonía”, en sus diferentes dimensiones: bíblico-teológica, social, ecológica, sacramental y eclesial-misional.

El Secretario General del Sínodo de los Obispos ha indicado que el proceso de evangelización de la Iglesia en Amazonía “no puede prescindir de la promoción y del cuidado del territorio (naturaleza) y de sus pueblos (culturas)”. Para lograr este objetivo, “será necesario articular los saberes ancestrales con el conocimiento contemporáneo” (ver LS 143-146), con particular referencia al uso sostenible del territorio y al desarrollo coherente con los valores y culturas de las poblaciones.

Práctica sacramental 

Del mismo, ha señalado que una “visión eclesial contemplativa de la creación” y la “práctica sacramental” son necesarios para que se sostengan los “deseados nuevos caminos de evangelización” de la Iglesia en Amazonía.

Al final de la segunda parte, el Documento habla de la dimensión eclesial y misional. En este sentido, se afirma que en una Iglesia “en salida” (cf., EG 46), “por su propia naturaleza, misionera” (AG 2, Doc. Aparecida 347), todos los bautizados tienen la responsabilidad de ser discípulos misioneros, participando en la vida de la iglesia de diferentes maneras y dentro de diferentes ámbitos.

La tercera parte del documento se refiere a “actuar”. Es decir, se trata de encontrar nuevos caminos pastorales para una Iglesia con rostro amazónico, con una dimensión profética en la búsqueda de ministerios y líneas de acción más adecuadas en un contexto de ecología verdaderamente integral.

Por su parte, el P. Pablo Mora, S.J., Oficial de la Secretaria General, declaró al medio vaticano ‘Vatican News’ señaló que, “el Documento Preparatorio es un instrumento de consulta que se ha hecho de acuerdo a esa metodología tan conocida también en la Iglesia Latinoamericana del ver, juzgar y actuar. El Documento busca ayudar a la Iglesia en la Amazonía – agregó el P. Mora – a reflexionar sobre este proceso del ver la realidad, el poder discernir a la luz del Evangelio y poder tomar decisiones para tomar estos nuevos caminos que quiere el Papa Francisco para una mejor evangelización en la Región Panamazónica”.

 

 

Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral

Documento Preparatorio de la Asamblea Especial del Sínodo

junio 08, 2018 13:42RedacciónEl Sínodo de los Obispos

(ZENIT – 8 junio 2018).- Esta mañana ha tenido lugar la presentación del Documento Preparatorio de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica, prevista para octubre del próximo año, 2019 y cuyo tema es: “Amazonía, nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.

El acto se ha celebrado en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, y han participado el cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, Mons. Fabio Fabene, Subsecretario, y el Rev. P. Pablo Mora, Oficial de la Secretaría General.

A continuación, sigue el texto del Documento Preparatorio de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica.

***

AMAZONÍA:
NUEVOS CAMINOS PARA LA IGLESIA
Y PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL

Documento preparatorio

Preámbulo

De acuerdo con el anuncio del Papa Francisco, del día 15 de octubre de 2017, la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para reflexionar sobre el tema: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral, se llevará a cabo en octubre de 2019. Esos caminos de evangelización deben ser pensados para y con el Pueblo de Dios que habita en esa región: habitantes de comunidades y zonas rurales, de ciudades y grandes metrópolis, poblaciones que habitan en las riberas de los ríos, migrantes y desplazados, y especialmente para y con los pueblos indígenas.1

En la selva amazónica, de vital importancia para el planeta, se desencadenó una profunda crisis por causa de una prolongada intervención humana donde predomina una «cultura del descarte» (LS 16) y una mentalidad extractivista. La Amazonía es una región con una rica biodiversidad, es multi-étnica, pluri-cultural y pluri-religiosa, un espejo de toda la humanidad que, en defensa de la vida, exige cambios estructurales y personales de todos los seres humanos, de los estados, y de la Iglesia.

Las reflexiones del Sínodo Especial superan el ámbito estrictamente eclesial amazónico, porque se enfocan a la Iglesia universal y también al futuro de todo el planeta. Partimos de un territorio específico, desde donde se quiere hacer un puente hacia otros biomas esenciales de nuestro mundo: cuenca del Congo, corredor biológico Mesoamericano, bosques tropicales de Asia Pacífico, acuífero Guaraní, entre otros.

Escuchar a los pueblos indígenas y a todas las comunidades que viven en la Amazonía, como los primeros interlocutores de este Sínodo, es de vital importancia también para la Iglesia universal. Para ello necesitamos una mayor cercanía. Queremos saber ¿Cómo imaginan su “futuro sereno” y el “buen vivir” de las futuras generaciones? ¿Cómo podemos colaborar en la construcción de un mundo que debe romper con las estructuras que quitan vida y con las mentalidades de colonización para construir redes de solidaridad e interculturalidad? y, sobre todo, ¿Cuál es la misión particular de la Iglesia hoy ante esta realidad?

Este Documento Preparatorio está dividido en tres partes correspondientes al método “ver, juzgar (discernir) y actuar”. Al final del texto se presentan preguntas que permitan un diálogo y una progresiva aproximación a la realidad y expectativa regional de una «cultura del encuentro» (EG 220). Los nuevos caminos para la evangelización y el plasmar una Iglesia con rostro amazónico pasan por las veredas de esa «cultura del encuentro» en la vida cotidiana, «en una armonía pluriforme» (EG 220) y «feliz sobriedad» (LS 224-225), como contribuciones para la construcción del Reino.

I. VER.
IDENTIDAD Y CLAMORES DE LA PANAMAZONÍA
2

1. El territorio

La cuenca amazónica supone para nuestro planeta una de las mayores reservas de biodiversidad (30 a 50% de la flora y fauna del mundo), de agua dulce (20% de agua dulce no congelada de todo el planeta), posee más de un tercio de los bosques primarios del planeta y, aunque los océanos son los mayores captadores de carbono, no por ello la labor de captura de carbono de la Amazonía deja de ser significativa. Son más de siete millones y medio de kilómetros cuadrados, con nueve países que comparten este gran bioma (Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Venezuela, incluyendo la Guyana Francesa como territorio ultramar).

La denominada “Isla de la Guayana” delimitada por los ríos Orinoco y Negro, el Amazonas y las costas Atlánticas de América del Sur entre las desembocaduras del Orinoco y el Amazonas, forma también parte de este territorio. Otros espacios forman parte del territorio porque se encuentran bajo la influencia del régimen climático y geográfico dada su cercanía a la Amazonía.

Sin embargo, estos datos no suponen una región homogénea. Constatamos cómo la Amazonía tiene muchos tipos de “Amazonías” al interior de ella. En este contexto, es el agua, a través de sus quebradas, ríos y lagos, la que se convierte en el elemento articulador e integrador, teniendo como eje principal al Amazonas, el río madre y padre de todos. En un territorio amazónico tan diverso es de suponer que los diferentes grupos humanos que lo habitan han debido adaptarse a las distintas realidades geográficas, ecosistémicas y políticas.

El trabajo de la Iglesia Católica en la Amazonía, durante muchos siglos, se ha orientado a dar respuesta a dichos variados contextos humanos y ambientales.

2. Diversidad socio-cultural

Dadas las proporciones geográficas, la Amazonía es una región donde viven y conviven pueblos y culturas diversas, y con modos de vida distintos.

La ocupación demográfica de la Amazonía antecede al proceso colonizador en muchos, tal vez miles de años. Hasta la colonización, el predominio demográfico en la Amazonía se concentraba en los márgenes de los grandes ríos y lagos por una cuestión de supervivencia que incluía las actividades de caza, pesca, y el cultivo en las tierras inundables. Con la colonización, y con la práctica extendida de la esclavitud indígena, muchos pueblos abandonaron estos sitios, y se refugiaron en el interior de la selva. Además, durante la primera fase de la colonización, se produjo un proceso de sustitución poblacional, con una fuerte concentración demográfica en los márgenes de los ríos y lagos.

Más allá de las circunstancias históricas, los pueblos de las aguas, en este caso de la Amazonía, siempre han tenido en común la relación de interdependencia con los recursos hídricos. Por eso, los campesinos y sus familias de la Amazonía utilizan los recursos de las tierras inundables, teniendo como telón de fondo el movimiento cíclico de sus ríos – inundación, reflujo y periodo de seca – en una relación de respeto por saber que “la vida dirige al río”, y el “río dirige a la vida”. Además los pueblos de la selva, recolectores y cazadores por excelencia, sobreviven con lo que la tierra y el bosque les ofrecen. Estos pueblos vigilan los ríos y cuidan la tierra, de la misma manera que la tierra cuida de ellos. Son los custodios de la selva y de sus recursos.

Sin embargo, la riqueza de la selva y de los ríos de la Amazonía está amenazada hoy por los grandes intereses económicos que se asientan en diversos puntos del territorio. Tales intereses provocan, entre otras cosas, la intensificación de la tala indiscriminada en la selva, la contaminación de ríos, lagos y afluentes (por el uso indiscriminado de agro-tóxicos, derrames petroleros, minería legal e ilegal, y los derivados de la producción de drogas). A ello se suma el narcotráfico, que junto con lo anterior pone en riesgo la supervivencia de los pueblos que dependen de recursos animales y vegetales en estos territorios.

Por otro lado, las ciudades de la Amazonía han crecido muy rápidamente, y han integrado a muchos migrantes desplazados de sus tierras de manera forzada, empujados hacia las periferias de los grandes centros urbanos que avanzan hacia dentro de la selva. En su mayoría son pueblos indígenas, ribereños, y afrodescendientes expulsados por la minería ilegal y legal, la industria de extracción petrolera, acorralados por la expansión de la extracción de madera, y siendo los más golpeados por los conflictos agrarios y socio-ambientales. Las ciudades también se caracterizan por las desigualdades sociales. La pobreza que ha sido producida a lo largo de la historia generó relaciones de subordinación, de violencia política e institucional, incremento en el consumo de alcohol y drogas – tanto en las ciudades como en las comunidades – y representa una herida profunda en los cuerpos de los diversos pueblos Amazónicos.

Los movimientos migratorios más recientes correspondientes a la región amazónica están caracterizados, sobre todo, por la movilización de indígenas de sus territorios originarios a las ciudades. Actualmente entre 70% y 80% de la población de la Panamazonía reside en las ciudades. Muchos de esos indígenas son indocumentados o irregulares, refugiados, ribereños, o pertenecen a otras categorías de personas vulnerables. En consecuencia, crece en toda la Amazonía una actitud de xenofobia y de criminalización de los migrantes y desplazados. Esto, asimismo, da lugar a la explotación de las poblaciones de la Amazonía, víctimas del cambio de valores de la economía mundial, para la cual el valor lucrativo es mayor que la dignidad humana. Ejemplo de ello es el crecimiento dramático del tráfico de personas, especialmente el de mujeres, para fines de explotación sexual y comercial. Ellas pierden así su protagonismo en los procesos de transformación social, económica, cultural, ecológica, religiosa y política de sus comunidades.

En suma, el crecimiento desmedido de las actividades agropecuarias, extractivas, y madereras de la Amazonía, no sólo ha dañado la riqueza ecológica de la región, de su selva y de sus aguas, sino que además ha empobrecido su riqueza social y cultural. Ha forzado un desarrollo urbano no “integral” ni “inclusivo” de la cuenca amazónica. Como respuesta a esta situación, se nota un crecimiento de las capacidades de organización y un avance de la sociedad civil, con atención particular a las problemáticas ambientales. En el campo de las relaciones sociales, a pesar de los límites, la Iglesia Católica ha desarrollado en general un trabajo significativo, fortaleciendo sus propios caminos a partir de su presencia encarnada y de su creatividad pastoral y social.

3. Identidad de los pueblos indígenas

En los nueve países que componen la Panamazonía se registra una presencia de alrededor de tres millones de indígenas, representando alrededor de 390 pueblos y nacionalidades distintos. Asimismo, en el territorio existen, según datos de instituciones especializadas de la Iglesia (eg. Consejo Indigenista Misionero de Brasil) y otras, entre 110 y 130 distintos Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario (PIAV) o “pueblos libres”. Además, en los últimos tiempos, aparece una nueva categoría constituida por los indígenas que viven en el tejido urbano, algunos reconocibles como tales y otros que desaparecen en ese contexto y por ello son llamados “invisibles”. Cada uno de estos pueblos representa una identidad cultural particular, una riqueza histórica específica, y un modo particular de ver el mundo y el entorno, y de relacionarse con éste desde una propia cosmovisión y territorialidad específicas.

Más allá de las amenazas que emergen desde dentro de sus propias culturas, los pueblos indígenas han vivido desde los primeros contactos con los colonizadores fuertes amenazas externas (cf. LS 143, DAp 90). Contra estas amenazas, los pueblos indígenas y comunidades amazónicas se organizan, luchan por la defensa de sus vidas y culturas, territorios y derechos, y de la vida del universo y de la creación entera. Los más vulnerables, sin embargo, son los PIAV, quienes no poseen instrumentos de diálogo y negociación con los actores externos que invaden sus territorios.

Algunos “no indígenas” tienen dificultad de comprender la alteridad indígena y, muchas veces, no respetan la diferencia del otro. Dice el documento de Aparecida sobre el respeto de los indígenas y afro-americanos: «La sociedad tiende a menospreciarlos, desconociendo su diferencia. Su situación social está marcada por la exclusión y la pobreza» (DAp 89). Sin embargo, como remarcó el Papa Francisco en Puerto Maldonado: «Su cosmovisión, su sabiduría, tienen mucho para enseñarnos a quienes no pertenecemos a su cultura. Todos los esfuerzos que hagamos para mejorar la vida de los pueblos amazónicos serán siempre pocos» (Fr.PM).

En los últimos años, los pueblos indígenas han comenzado a escribir su propia historia y a describir de manera más formal sus propias culturas, costumbres, tradiciones y saberes. Han escrito sobre las enseñanzas recibidas de parte de sus mayores, padres y abuelos, que son memorias personales y colectivas. Hoy, el ser indígena no se deriva solamente de la pertenencia étnica. También se refiere a la capacidad de mantener esa identidad sin aislarse de las sociedades que les rodean, y con las cuales interactúan.

Ante este proceso de integración, surgen organizaciones indígenas que buscan el fortalecimiento de la historia de sus pueblos, para orientar la lucha por la autonomía y autodeterminación: «es justo reconocer que existen iniciativas esperanzadoras que surgen de sus propias bases y organizaciones, y propician que sean los propios pueblos originarios y sus comunidades los guardianes de los bosques y que los recursos que genera la conservación de los mismos revierta en beneficios de sus familias, en la mejora de sus condiciones de vida, en la salud, y educación de sus comunidades» (Fr. PM). Sin embargo, ninguna iniciativa puede ignorar que la relación de pertenencia y participación que establece el habitante amazónico con la creación forma parte de su identidad y contrasta con una visión mercantilista de los bienes de la creación (cf. LS 38).

En muchos de estos contextos la Iglesia Católica está presente a través de misioneros y misioneras comprometidos con las causas de los pueblos indígenas y Amazónicos.

4. Memoria histórica eclesial

El inicio de la memoria histórica de la presencia de la Iglesia en la Amazonía se sitúa en el escenario de la ocupación colonial de España y Portugal. La incorporación del inmenso territorio amazónico en la sociedad colonial y su posterior apropiación por parte de los Estados nacionales, es un largo proceso de más de cuatro siglos. Hasta el inicio del siglo XX, las voces en defensa de los pueblos indígenas eran frágiles – aunque no ausentes – (cf. Pio X, Carta Encíclica Lacrimabili Statu, 7.6.1912). Con el Concilio Vaticano II, dichas voces se fortalecen. Para alentar “el proceso de cambio con los valores evangélicos”, la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizada en Medellín (1968), en su Mensaje a los Pueblos de América Latina, recordó que «a pesar de sus limitaciones», la Iglesia «ha vivido con nuestros pueblos el proceso de colonización, liberación y organización». Y la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizada en Puebla (1979), nos recordó que la ocupación y colonización del territorio de Amerindia fue «un enorme proceso de dominaciones», lleno de «contradicciones y laceraciones» (DP 6). Y más tarde, la IV Conferencia de Santo Domingo (1992) nos advertía sobre «uno de los episodios más tristes de la historia latinoamericana y caribeña», que «fue el traslado forzado, como esclavos, de un enorme número de africanos». San Juan Pablo II llamó a este desplazamiento un «holocausto desconocido» en el que «han tomado parte personas bautizadas que non han vivido su fe» (DSD 20; cf. Juan Pablo II, Discurso a la comunidad católica de la Isla de Gorea, Senegal, 22.02.1992, n. 3; Mensaje a los Afroamericanos, Santo Domingo, 12.10.1992, n. 2). Por esa «ofensa escandalosa para la historia de la humanidad» (DSD 20), el Papa y los delegados en Santo Domingo pidieron perdón.

Hoy, lamentablemente, existen todavía resquicios del proyecto colonizador que creó representaciones de inferiorización y demonización de las culturas indígenas. Tales resquicios debilitan las estructuras sociales indígenas y permiten el despojo de sus saberes intelectuales y de sus medios de expresión. Lo que nos asusta es que hasta hoy, 500 años después de la conquista, más o menos 400 años de misión y evangelización organizada, y 200 años después de la independencia de los países que configuran la Panamazonía, procesos semejantes se siguen extendiendo sobre el territorio y sus habitantes, víctimas hoy de un neocolonialismo feroz, “enmascarado de progreso”. Probablemente, tal como lo afirmó el Papa Francisco en Puerto Maldonado, los pueblos originarios Amazónicos nunca han estado tan amenazados como lo están ahora. Hoy, debido a la ofensa escandalosa de los «nuevos colonialismos», «la Amazonía es una tierra disputada desde varios frentes» (Fr. PM).

En su historia misionera, la Amazonía ha sido lugar de testimonio concreto de estar en la cruz, incluso muchas veces lugar de martirio. La Iglesia también ha aprendido que en este territorio, habitado hace aproximadamente diez mil años por una gran diversidad de pueblos, sus culturas se construyen en armonía con el medio ambiente. Las culturas precolombinas ofrecieron al cristianismo ibérico que acompañaba a los conquistadores, múltiples puentes y conexiones posibles «como la apertura a la acción de Dios, en el sentido de gratitud por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humana y la valorización de la familia, el sentido de la solidaridad y corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia del culto, y la creencia de una vida más allá de la terrenal, y tantos otros valores» (DSD 17).

5. Justicia y derechos de los pueblos

El Papa Francisco, en su visita a Puerto Maldonado, llamó a cambiar el paradigma histórico en que los Estados ven la Amazonía como despensa de los recursos naturales, por encima de la vida de los pueblos originarios y sin importar la destrucción de la naturaleza. La relación armoniosa entre el Dios Creador, los seres humanos y la naturaleza está quebrada debido a los efectos nocivos del neo-extractivismo y por la presión de los grandes intereses económicos que explotan el petróleo, el gas, la madera, el oro, y por la construcción de obras de infraestructura (por ejemplo: megaproyectos hidroeléctricos, ejes viales, como carreteras interoceánicas) y por los monocultivos industriales (cf. Fr.PM).

La cultura dominante del consumo y del descarte convierte al planeta en un gran basural. El Papa denuncia este modelo de desarrollo como anónimo, asfixiante, sin madre; sólo obsesionado por el consumo y los ídolos del dinero y del poder. Se imponen nuevos colonialismos ideológicos disfrazados por el mito del progreso que destruyen las identidades culturales propias. Francisco apela por la defensa de las culturas y por la reapropiación de la herencia que viene con la sabiduría ancestral, la cual propone una manera de relación armoniosa entre la naturaleza y el Creador, y expresa con claridad que «la defensa de la tierra no tiene otra finalidad que no sea la defensa de la vida» (Fr. PM). Esta debe considerarse tierra santa: «¡Esta no es una tierra huérfana! ¡Tiene Madre!» (Fr. EP).

Por otra parte, la amenaza contra los territorios amazónicos «también viene por la perversión de ciertas políticas que promueven “la conservación” de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano y, en concreto [a los] hermanos [y hermanas] amazónicos que habitan en ellas» (Fr. PM). La orientación del Papa Francisco es clara: «Creo que el problema principal está en cómo conciliar el derecho al desarrollo incluyendo también el derecho de tipo social y cultural, con la protección de las características propias de los indígenas y de sus territorios. […] En este sentido, siempre debe prevalecer el derecho al consentimiento previo e informado» (Fr. FPI).

Paralelamente, las poblaciones indígenas, campesinas y otros sectores populares en la Amazonia y a nivel nacional en cada país, han venido construyendo procesos políticos organizativos en torno de agendas fundadas en una perspectiva basada en sus derechos humanos. La situación del derecho al territorio de los pueblos indígenas en la Panamazonía gira en torno a una problemática constante sobre la falta de regularización de tierras y del reconocimiento de su propiedad ancestral y colectiva. Así también, el territorio ha sido despojado de una interpretación integral relacionada al aspecto cultural y cosmovisión de cada pueblo o comunidad indígena.

Proteger a los pueblos indígenas y sus territorios es una exigencia ética fundamental y un compromiso básico con los derechos humanos; y para la Iglesia se torna en un imperativo moral coherente con el enfoque de ecología integral de Laudato si’ (cf. LS, cap. IV).

6. Espiritualidad y sabiduría

Para los pueblos indígenas de la Amazonía, el “buen vivir” existe cuando están en comunión con las otras personas, con el mundo, con los seres de su entorno, y con el Creador. Los pueblos indígenas, en efecto, viven dentro de la casa que Dios mismo creó y les dio como regalo: la Tierra. Sus diversas espiritualidades y creencias, los motivan a vivir una comunión con la tierra, el agua, los árboles, los animales, con el día y la noche. Los ancianos sabios, llamados indistintamente payés, mestres, wayanga o chamanes – entre otros – promueven la armonía de las personas entre sí y con el cosmos. Todos ellos «son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común» (Fr. PM).

Los indígenas Amazónicos cristianos entienden la propuesta del “buen vivir” como vida plena en el horizonte de la co-creación del Reino de Dios. Dicho buen vivir sólo será alcanzado cuando se haga verdad el proyecto comunitario en defensa de la vida, del mundo, y de todos los seres vivos.

«Estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo, y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud» (LS 53). Este sueño comienza a ser construido dentro de la familia que es la primera comunidad de nuestra existencia: «La familia es y ha sido siempre, la institución social que más ha contribuido a mantener vivas nuestras culturas. En momentos de crisis pasadas, ante a los diferentes imperialismos, la familia de los pueblos originarios ha sido la mejor defensa de la vida» (Fr. PM).

Sin embargo, es necesario reconocer que en la región amazónica hay una gran diversidad cultural y religiosa. Si bien en su mayoría promueven el “buen vivir” como un proyecto de armonía entre Dios, los pueblos y la naturaleza, hay también algunas sectas que, motivadas por intereses ajenos al territorio, no siempre favorecen una ecología integral.

II. DISCERNIR.
HACIA UNA CONVERSIÓN PASTORAL Y ECOLÓGICA

7. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión bíblico – teológica

La realidad específica de la Amazonía y su destino, hoy interpelan a cada persona de buena voluntad sobre la identidad del cosmos, sobre su armonía vital y sobre su futuro. Los Obispos de América Latina reconocen la naturaleza como herencia gratuita y como profetas de la vida asumen su compromiso para proteger esta Casa Común (cf. DAp 471).

Los relatos bíblicos contienen algunas instancias teológicas portadoras de valores universales. Sobre todo, cada realidad creada existe para la vida y todo aquello que conlleva la muerte se opone a la voluntad divina. En segundo lugar, Dios establece una relación de comunión con el ser humano «creado a su imagen y semejanza» (Gen 1,26), a quien confía la custodia de la creación (cf. Gen 1,28; 2,15). «Dar gracias por el don de la creación, reflejo de la sabiduría y belleza del Creador que encomendó al ser humano su obra creadora para que la cultivara y la guardara» (DAp 470). Finalmente, a la armonía de la relación entre Dios, el ser humano y el cosmos, se contraponen la desarmonía de la desobediencia y del pecado (cf. Gen 3,1-7), que determina el miedo (cf. Gen 3,8-10), el rechazo del otro (cf. Gen 3,12), la maldición del suelo (cf. Gen3,17), la exclusión del jardín (cf. Gen 3,23-24) hasta llegar a la experiencia del fratricidio (cf. Gen 4,1-16).

Al mismo tiempo, los relatos bíblicos testimonian que en la creación herida está plantado el germen de la promesa y la semilla de la esperanza, porque Dios no abandona la obra de sus manos. En la historia de la salvación Él renueva el propósito de “hacer una alianza” entre el ser humano y la tierra, rehabilitando mediante el don de la Torah la belleza de la creación. Todo esto culmina en la persona y en la misión de Jesús. Mientras muestra compasión por la humanidad y su fragilidad (cf. Mt9,35-36), Él confirma la bondad de todas las cosas creadas (cf. Mc 7,14-15). Los prodigios realizados sobre los enfermos y sobre la naturaleza revelan contemporáneamente la providencia del Padre y la bondad de la creación (cf. Mt 6,9-15.25-34).

El mundo creado nos invita a alabar la belleza y armonía de las creaturas y del Creador (cf. LS 12). Como lo señala el Catecismo de la Iglesia Católica, «toda criatura posee su bondad y su perfección propias», y en su ser propio reflejan «un rayo de la sabiduría y de la bondad infinitas de Dios», de su amor (CCC 339). «El suelo, el agua […] todo es caricia de Dios» (LS 84), canto divino, cuyas letras están conformadas por «la multitud de las criaturas presentes en el universo», como lo señaló San Juan Pablo II (Catequesis, 30/1/2002). Cuando cualquiera de esas creaturas es extinguida por causas humanas, ya no puede cantar más la alabanza al Creador (cf. LS 33).

La providencia del Padre y la bondad de la creación alcanzan su punto culminante en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, que se acerca y abraza todos los contextos humanos, pero sobre todo el de los más pobres. El Concilio Vaticano II menciona ésta cercanía contextual con términos como adaptación y diálogo (cf. GS 4, 11; CD 11; UR 4; SC 37ss), y encarnación y solidaridad (cf. GS 32). Más tarde, sobre todo en América Latina, esas palabras fueron traducidas como opción por los pobres y liberación (Medellín 1968), participación y comunidades de base (Puebla 1979), inserción e inculturación (cf. Santo Domingo 1992), misión y servicio de una Iglesia samaritana y abogada de los pobres (cf. DAp 2007).

Con la muerte y resurrección de Jesús se ilumina el destino de la creación entera, impregnado de la potencia del Espíritu Santo, ya evocada en la tradición sapiencial (cf. Sab 1,7). La Pascua lleva a cumplimiento el proyecto de una “creación nueva” (cf. Ef 2,15; 4,24), revelando que Cristo es la Palabra creadora de Dios (cf. Jn 1,1-18) y que «todas las cosas han sido creadas por medio de él y para él» (Co 1,16). «Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas» (LS 99).

La tensión entre el “ya” y el “todavía no” involucra la familia humana y el mundo entero: «Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto» (Rm 8,19-22). En el misterio pascual de Cristo, la creación entera se extiende hacia un cumplimiento final, cuando «las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa» (LS 100).

8. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión social

La misión evangelizadora tiene siempre un «contenido ineludiblemente social» (EG 177). Creer en un Dios Trino nos invita a tener siempre presente «que fuimos hechos a imagen de esa comunión divina, por lo cual no podemos realizarnos ni salvarnos solos» (EG 178). En efecto, «desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana» (EG 178), entre la aceptación y la transmisión del amor divino. Así, si aceptamos el amor de Dios Padre Creador que nos confirió una dignidad infinita, el amor del Dios Hijo que nos ennobleció con su redención, y el amor del Espíritu Santo que penetra y libera todos los vínculos humanos, no podemos sino comunicar tal amor trinitario respetando y promoviendo la dignidad, nobleza y libertad de cada ser humano en cada acción evangelizadora (cf. EG178). En otras palabras, la tarea evangelizadora de recibir y trasmitir el amor de Dios comienza con el deseo, búsqueda y cuidado de los demás (cf. EG 178).

Por lo tanto, evangelizar implica comprometerse con nuestros hermanos y hermanas, mejorar la vida comunitaria, y así «hacer presente en el mundo el Reino de Dios» (EG 176), promoviendo por y para todo el mundo (cf. Mc 16, 15) no «una caridad a la carta» (EG 180), sino un verdadero desarrollo humano integral, es decir, para todas las personas y para toda la persona (cf. PP 14 y EG 181). Esto es lo que se conoce como el «criterio de universalidad» de la tarea evangelizadora, «ya que el Padre desea que todos los hombres se salven, y su plan de salvación consiste en “recapitular todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo” (Ef 1,10) […] Toda la creación quiere decir también todos los aspectos de la vida humana» (EG 181), todas sus relaciones.

Ya en las historias bíblicas de la creación emerge que la existencia humana se caracteriza por «tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra […] las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado» (LS 66). La redención de Cristo, que ha vencido el pecado, ofrece la posibilidad de armonizar tales relaciones. La «misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo», por lo tanto, promueve esperanza no sólo en el fin de la historia, sino en el curso mismo de la historia de los pueblos, en una historia de valorización y recomposición de todas la relaciones de nuestra existencia (cf. EG 181). De allí que la tarea evangelizadora nos invite a trabajar en contra de las desigualdades sociales y la falta de solidaridad mediante la promoción de la caridad y la justicia, de la compasión y del cuidado, entre nosotros sí, pero también con los otros seres, animales y plantas, y con toda la creación. La Iglesia está llamada a acompañar y a compartir el dolor del pueblo amazónico, y a colaborar con la sanación de sus heridas, poniendo en práctica su identidad de Iglesia samaritana, según la expresión de los Obispos Latinoamericanos (cf. DAp 26).

Esta dimensión social – y hasta cósmica – de la misión evangelizadora, es particularmente relevante en el territorio amazónico, en donde la interconexión entre vida humana, ecosistemas, y vida espiritual, fue y sigue siendo clara para la gran mayoría de sus habitantes. La destrucción es «una estela de dilapidación e incluso de muerte, por toda la región […] pone en peligro la vida de millones de personas, y en especial el hábitat de los campesinos e indígenas» (DAp 473). No cuidar la Casa Común «es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad, y en definitiva, contra la vida» (DAp 125).

Por ello, como bien nos recorda el Papa Francisco, la tarea evangelizadora no puede «mutilar la integralidad del mensaje del Evangelio» (EG 39). Su integralidad armoniosa, precisamente, «exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial» (EG 165), y, por sobre todo, asumir y asimilar que «todo está conectado» (LS 91, 117, 138, 240). Esto implica que el evangelizador debe promover proyectos de vida personal, social y cultural mediante los cuales podamos nutrir la integralidad de nuestras relaciones vitales con los demás, con la creación y con el Creador. Tal llamado necesita de una escucha atenta del clamor de los pobres y de la tierra en forma conjunta (cf. LS 49).

Hoy el grito de la Amazonía al Creador, es semejante al grito del Pueblo de Dios en Egipto (cf. Ex 3,7). Es un grito de esclavitud y abandono, que clama por la libertad y el cuidado de Dios. Es un grito que anhela la presencia de Dios, especialmente cuando, los pueblos amazónicos, por defender sus tierras, tropiezan con la criminalización de la protesta – tanto por parte de las autoridades como de la opinión pública –; o cuando son testigos de la destrucción del bosque tropical, que constituye su hábitat milenario; o cuando las aguas de sus ríos se llenan de especies de muerte en lugar de vida.

9. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión ecológica

«El Reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo» (EG 181) y nos recuerda que «en el mundo todo está conectado» (LS 16), y que por lo tanto el «principio de discernimiento» de evangelización está vinculado a un proceso integral de desarrollo humano (cf. EG 181). Dicho proceso está caracterizado, como lo señala Laudato si’ (cf. nn. 137-142), por un paradigma relacional denominado ecología integral, que articula los vínculos fundamentales que hacen posible un verdadero desarrollo.

El primer grado de articulación para un auténtico progreso es el vínculo intrínseco entre lo social y lo ambiental. Dado que los seres humanos somos parte de los ecosistemas que facilitan las relaciones que dan vida a nuestro planeta, el cuidado de los mismos – en donde todo está interconectado – es fundamental para promover tanto la dignidad de cada individuo, como el bien común de la sociedad, tanto el progreso social como el cuidado ambiental.

En la Amazonía, la noción de ecología integral es clave para responder al desafío de cuidar la inmensa riqueza de su biodiversidad ambiental y cultural. Desde el punto de vista ambiental, la Amazonía, además de ser «fuente de vida en el corazón de la Iglesia» (REPAM), es un pulmón del planeta y uno de los sitios de mayor biodiversidad del mundo (cf. LS 38). En efecto la cuenca amazónica posee el último gran bosque tropical que, a pesar de las intervenciones que ha sufrido y sufre, es la mayor superficie forestal existente en los trópicos de nuestra tierra. Reconocer el territorio amazónico como cuenca, más allá de las fronteras de los países, facilita la mirada integral de la región, esencial para la promoción de un desarrollo y una ecología integral.

Desde el punto de vista cultural, tal como ha sido señalado extensamente en la sección anterior la Amazonía es particularmente rica por las diversas y ancestrales cosmovisiones de sus poblaciones. Tal patrimonio cultural, que forma «parte de la identidad común» de la región, se encuentra tan amenazado como su patrimonio ambiental (LS 143). Las amenazas provienen – principalmente – de una «visión consumista del ser humano, alentada por los engranajes de la actual economía globalizada, [que] tiende a homogeneizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural, que es un tesoro de la humanidad» (LS 144).

Por lo tanto, el proceso de evangelización de la Iglesia en la Amazonía no puede ser ajeno a la promoción del cuidado del territorio (naturaleza) y de sus pueblos (culturas). Para ello, necesita establecer puentes que puedan articular los saberes ancestrales con los conocimientos contemporáneos (cf. LS 143-146), particularmente aquellos referidos al manejo sustentable del territorio y a un desarrollo acorde a los propios sistemas de valores y culturas de las poblaciones que habitan este espacio, quienes deben ser reconocidos como sus genuinos custodios, y hasta propietarios.

Pero la ecología integral es más que la mera conexión entre lo social y lo ambiental. Comprende la necesidad de promover una armonía personal, social y ecológica, para la cual necesitamos de una conversión personal, social y ecológica (cf. LS 210). La ecología integral, entonces, nos invita a una conversión integral. «Esto implica […] reconocer los propios errores, pecados, vicios […] negligencias» y omisiones con los que «ofendemos a la creación de Dios», y «arrepentirse de corazón» (LS 218). Sólo cuando somos conscientes de cómo nuestro estilo de vida y nuestra manera de producir, comerciar, consumir y desechar afectan la vida de nuestro ambiente y nuestras sociedades, entonces podremos iniciar un cambio de rumbo integral.

Cambiar de rumbo, o convertirse integralmente, no se agota en una conversión de corte individual. Un cambio profundo de corazón, expresado en hábitos personales, es tan necesario como un cambio estructural, expresado en hábitos sociales, en leyes y en programas económicos acordes. A la hora de promover dicho cambio radical que la Amazonía y el planeta necesitan, los procesos de evangelización tienen mucho que aportar, sobre todo por la profundidad con que el Espíritu de Dios cala la naturaleza y los corazones de las personas y los pueblos.

10. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión sacramental

Mientras la Iglesia reconoce la fuerte hipoteca y el poder del pecado, sobre todo en la destrucción social y ambiental, no se desalienta en su caminar junto con el pueblo Amazónico, y se compromete a superar la fuente del pecado, apoyada en la gracia de Cristo. Una mirada eclesial contemplativa y una práctica sacramental acorde son clave para la evangelización en la Amazonía.

«El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre» (LS 233). Quien sabe contemplar «lo bueno que hay en las cosas y experiencias del mundo», descubre la íntima conexión de todas esas cosas y experiencias con Dios (LS 234). Por ello, la comunidad cristiana, especialmente en la Amazonía, está invitada a ver la realidad con una mirada contemplativa mediante la cual pueda captar la presencia y la acción de Dios en toda la creación y en toda la historia.

Además, ya que «los Sacramentos son un modo privilegiado de cómo la naturaleza es asumida por Dios y se convierte en mediación de la vida sobrenatural», sus celebraciones son una permanente invitación a «abrazar el mundo en un nivel distinto» (LS 235). Por ejemplo, la celebración del Bautismo nos invita a considerar la importancia del “agua” como fuente de vida, no sólo como instrumento o recurso material, y responsabiliza a la comunidad creyente a custodiar este elemento como don de Dios para todo el planeta. Además, dado que el agua del Bautismo purifica al bautizado de todos los pecados, su celebración permite a la comunidad cristiana asumir el valor del agua y “del río” como fuente de purificación, facilitando la inculturación de los ritos relacionados al agua de la sabiduría ancestral de los pueblos amazónicos.

La celebración de la Eucaristía nos invita a redescubrir como el «Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia» (LS 236). La Eucaristía, por lo tanto, nos remite al «centro vital del universo», al foco desbordante de amor y de vida inagotable del Hijo encarnado, presente en las especies de pan y vino, fruto de la tierra-vid y el trabajo de los hombres (cf. LS 236). En la Eucaristía, la comunidad celebra un amor cósmico, en donde los seres humanos, junto al Hijo de Dios encarnado y a toda la creación, dan gracias a Dios por la vida nueva de Cristo resucitado (cf. LS 236). De esta forma, la Eucaristía constituye comunidad, una comunidad peregrina festiva que deviene en «fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado» (LS 236). Al mismo tiempo, la sangre de tantos hombres y mujeres que ha sido derramada, bañando las tierras amazónicas por el bien de sus habitantes y del territorio, se une a la Sangre de Cristo, derramada por todos y para toda la creación.

11. Anunciar el Evangelio de Jesús en la Amazonía: dimensión eclesial-misionera

En la Iglesia en salida (cf. EG 46), «misionera por naturaleza» (AG 2, DAp 347), todos los bautizados tienen la responsabilidad de ser discípulos misioneros, participando de modo diverso y en ámbitos distintos.

En efecto, una de las riquezas de la conciencia magisterial de la Iglesia, es la de «anunciar siempre y por todas partes los principios morales, incluso los referentes al orden social, y pronunciarse respecto de cualquier cuestión humana, en cuanto lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas» (CCC 2032; CIC can. 747).

La alabanza a Dios necesita estar acompañada por la práctica de la justicia a favor de los pobres. Como proclama el Salmo 146 (145): «Alaba al Señor con toda mi alma, alabaré al Señor mientras viva […] al Dios que libera a los cautivos, que da pan a los hambrientos, que sostiene a la viuda y al huérfano». Esta misión necesita de la participación de todos, y de una reflexión amplia que permita contemplar las condiciones históricas concretas tanto sociales, ambientales y eclesiales. En este sentido, un enfoque misionero en la Amazonía requiere más que nunca un magisterio eclesial ejercido en la escucha del Espíritu santo que garantiza unidad y diversidad. Esta unidad en la diversidad, siguiendo la tradición de la Iglesia, está estructuralmente atravesada por lo que se conoce como sensus fidei del Pueblo de Dios.

El Papa Francisco retomó este aspecto enfatizado por el Concilio Vaticano II (cf. LG 12; DV 10), recordando que: «En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar. El Pueblo de Dios es santo por esta unción que lo hace infalible “in credendo”. Esto significa que cuando cree no se equivoca… Dios dota a la totalidad de los fieles de un instinto de la fe – el sensus fidei – que los ayuda a discernir lo que viene realmente de Dios» (EG 119).

Tal discernimiento debe estar acompañado por los pastores, especialmente por los Obispos. En efecto, el mantenimiento de la Tradición eclesial, realizada por todo el Pueblo de Dios, exige la unidad de este Pueblo con sus pastores (cf. DV 10) para la lectura y el discernimiento de las nuevas realidades . Son los Obispos, como principio de unidad del Pueblo de Dios (cf. LG23), quienes tienen la responsabilidad de mantener la unidad de la Tradición originada y basada en las Sagradas Escrituras (cf. DV 9).

Así, el sentido religioso de la Amazonía, como ejemplo de expresión del sensus fidei, necesita del acompañamiento y la presencia de los pastores (cf. EN 48). Cuando el Papa Francisco se encontró con los pueblos de la Amazonía en Puerto Maldonado, expresó: «he querido venir a visitarlos y escucharlos, para estar juntos en el corazón de la Iglesia, unirnos a sus desafíos y con ustedes reafirmar una opción sincera por la defensa de la vida, defensa de la tierra y defensa de las culturas». Los representantes de los pueblos ahí presentes, por su parte, le respondieron: «Nosotros venimos a escuchar a Su Santidad, a estar junto con el Papa en el corazón de la Iglesia y a participar en la edificación de esta Iglesia para que tenga cada vez más un rostro Amazónico». En esa escucha recíproca entre el Papa (y autoridades eclesiales) y los habitantes del pueblo amazónico, se alimenta y fortalece el sensus fidei del Pueblo y crece su ser eclesial: «Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír» (EG 171).

La Asamblea Especial para la Región Panamazónica precisa de un gran ejercicio de escucha recíproca, especialmente de una escucha entre el Pueblo fiel y las autoridades magisteriales de la Iglesia. Y uno de los puntos principales a escuchar es el lamento «de miles de (sus) comunidades privadas de la Eucaristía dominical por largos periodos» (DAp 100, e). Confiamos en que la Iglesia, enraizada en sus dimensiones sinodal y misionera (cf. Francisco, Discurso per la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 17.10.2015), pueda generar procesos de escucha (ver-escuchar), procesos de discernimiento (juzgar), para poder responder (actuar) a las realidades concretas de los pueblos amazónicos.

III. ACTUAR.
NUEVOS CAMINOS PARA UNA IGLESIA
CON ROSTRO AMAZÓNICO3

12. Iglesia con rostro amazónico

«Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios», encarnado «en los pueblos de la tierra» y en su culturas (EG 115). La universalidad o catolicidad de la Iglesia, por lo tanto, se ve enriquecida con «la belleza de este rostro pluriforme» (NMI 40) de las diferentes manifestaciones de las Iglesias particulares y sus culturas. Como lo señaló el Papa Francisco en su encuentro con comunidades amazónicas en Puerto Maldonado: «quienes no habitamos estas tierras necesitamos de vuestra sabiduría y conocimiento para poder adentrarnos, sin destruir, el tesoro que encierra esta región, y se hacen eco las palabras del Señor a Moisés: “Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa” (Ex 3,5)» (Fr. PM).

La Iglesia está llamada a profundizar su identidad en correspondencia con las realidades de su propio territorio y a crecer en su espiritualidad escuchando la sabiduría de sus pueblos. Por ello la Asamblea Especial para la Región Panamazónica está llamada a encontrar nuevos caminos para hacer crecer el rostro amazónico de la Iglesia y también responder a las situaciones de injusticia de la región, como el neocolonialismo de las industrias extractivistas, los proyectos de infraestructuras que dañan su biodiversidad, y la imposición de modelos culturales y económicos ajenos a la vida de los pueblos.

Así, con la atención puesta en lo local y en la diversidad de las microestructuras vivenciales de la región, la Iglesia se fortalece como contrapunto frente a la globalización de la indiferencia y frente a la lógica uniformadora promovida por muchos medios de comunicación y por un modelo económico que no suele respetar los pueblos amazónicos ni sus territorios.

Por su parte, las Iglesias locales, que son también Iglesias misioneras, en salida, encuentran en sus propias periferias lugares privilegiados de experiencia evangelizadora, pues allí es «donde hace más falta la luz y la vida del Resucitado» (EG 30). En las periferias los misioneros se encuentran con los marginados, los fugitivos y los refugiados, con los desesperados, los excluidos, ergo con Jesucristo crucificado y exaltado, «que ha querido identificarse con ternura especial con los más débiles y pobres» (DP 196).

Durante la preparación para el Sínodo, se buscará identificar experiencias pastorales locales, tanto positivas como negativas, que puedan iluminar el discernimiento para las nuevas líneas de acción.

13. Dimensión profética

Frente a la crisis socio-ambiental actual, urgen luces de orientación y acción para poder implementar la transformación de prácticas y actitudes.

Es necesario superar la miopía, el inmediatismo y las soluciones cortoplacistas. Se necesita tener una perspectiva global, superar los intereses propios o particulares, para poder compartir y ser responsables de un proyecto común y global.

«Todo está conectado» es la gran insistencia del Papa Francisco, para dialogar con las raíces espirituales de las grandes tradiciones religiosas y culturales. Se plantea la necesidad de un consenso alrededor de una agenda mínima: desarrollo integral y sostenible, tal cual descripto en puntos anteriores, que incluye ganadería y agricultura sustentable, energía sin contaminación, respeto de las identidades y derechos de los pueblos tradicionales, agua potable para todos, entre otros. Estos derechos son temas fundamentales a menudo ausentes en la Panamazonía.

Debe haber un equilibrio, y la economía debe dar prioridad a una vocación por una vida humana digna. Esta relación equilibrada debe cuidar el ambiente y la vida de los más vulnerables. «En la actualidad hay una sola crisis que es social y ambiental a la vez» (LS 139).

La Encíclica Laudato si’ (cf. nn. 216ss) nos invita a una conversión ecológica que implica un estilo de vida nuevo. El horizonte está puesto en el otro. Es preciso practicar la solidaridad global y superar el individualismo, abrir caminos nuevos de libertad, verdad y belleza. La conversión significa liberarnos de la obsesión del consumo. Comprar es un acto moral, no sólo económico. La conversión ecológica es asumir la mística de la interconexión y la interdependencia de todo lo creado. La gratuidad se impone en nuestras actitudes cuando entendemos la vida como don de Dios. Abrazar la vida en solidaridad comunitaria supone un cambio de corazón.

Este nuevo paradigma abre perspectivas de transformación personal y en la sociedad. El gozo y la paz son posibles cuando no estamos obsesionados por el consumo. El Papa Francisco plantea que una relación armoniosa con la naturaleza nos permite una feliz sobriedad, paz interior con uno mismo, en relación con el bien común, y una serena armonía que implica contentarse con lo realmente necesario. Esto es algo que las culturas occidentales pueden, y quizás deben, aprender de las culturas tradicionales Amazónicas, y de otros territorios y comunidades en el planeta. Ellos, los pueblos, «tienen mucho que enseñarnos» (EG 198). Ellos, en su amor por su tierra y su relación con los ecosistemas, conocen al Dios Creador, fuente de vida. Ellos, «en sus propios dolores, conocen al Cristo sufriente» (EG 198). Ellos, en su noción de vida social en diálogo, están movidos por el Espíritu Santo. De allí que el Papa Francisco haya señalado que «es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos» y por sus culturas, y que la tarea de la nueva evangelización implica «prestarles nuestra voz en sus causas, pero también [estamos llamados] a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (EG 198). Sus enseñanzas, en consecuencia, podrían marcar el rumbo de las prioridades para los nuevos caminos de la Iglesia en la Amazonia.

14. Ministerios con rostros amazónicos

A través de muchos encuentros regionales en la Amazonía, la Iglesia católica ha profundizado la conciencia que su universalidad se encarna en la historia y las culturas locales. De este modo, se manifiesta y actúa la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica (cf. CD 11). Gracias a esta conciencia, hoy la Iglesia tiene los ojos puestos en la Amazonía con una visión de conjunto, en donde descubre los grandes desafíos socio-políticos, económicos y eclesiales que amenazan a esta región, pero sin perder la esperanza en la presencia de Dios, alimentada por la creatividad y la perseverancia tenaz de sus habitantes.

En las últimas décadas, y con un gran impulso del Documento de Aparecida, la Iglesia de la Amazonía supo reconocer que, por causa de las inmensas extensiones territoriales, la gran diversidad de sus pueblos y los rápidos cambios en los escenarios socio-económicos, su pastoral tenía una presencia precaria. Era (y sigue siendo) necesario una mayor presencia, es decir, intentar responder a todo aquello que es específico en esta región desde los valores del Evangelio, reconociendo, entre otros elementos, la inmensa extensión geográfica, muchas veces de difícil acceso, la gran diversidad cultural, y la fuerte influencia de intereses nacionales e internacionales en busca de un enriquecimiento económico fácil por los recursos que tiene esta región. Una misión encarnada implica un repensar la presencia escasa de la Iglesia con relación a la inmensidad del territorio y su diversidad cultural.

La Iglesia con rostro amazónico debe «buscar un modelo de desarrollo alternativo, integral y solidario, basado en una ética que incluya la responsabilidad por una auténtica ecología natural y humana, que se fundamenta en el evangelio de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes, y que supere la lógica utilitarista e individualista, que no somete a criterios éticos los poderes económicos y tecnológicos» (DAp 474, c). Por tanto, es preciso alentar a que todo el Pueblo de Dios, partícipe de la misión de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey (cf. LG 9), a que no permanezca indiferente a las injusticias de la región para poder descubrir, en la escucha del Espíritu, los deseados nuevos caminos.

Estos nuevos caminos para la pastoral de la Amazonía exigen «relanzar la obra de la Iglesia» (DAp 11) en el territorio y profundizar el «proceso de inculturación» (EG 126) que exige que la Iglesia en la Amazonía haga propuestas «valientes», que supone tener «osadía» y «no tener miedo», como nos pide el Papa Francisco. El perfil profético de la Iglesia, hoy, se muestra a través de su perfil ministerial participativo, capaz de hacer de los pueblos indígenas y comunidades amazónicas los «principales interlocutores» (LS 146) en todos los asuntos pastorales y socio-ambientales en el territorio.

Para modificar la presencia precaria y transformarla en una presencia más amplia y encarnada, se necesita establecer una jerarquía de las urgencias de la Amazonía. El documento de Aparecida menciona la necesidad de una «coherencia eucarística» (DAp 436) para la región amazónica, es decir, que exista no sólo la posibilidad de que todos los bautizados puedan participar de la Misa dominical, sino también que vayan creciendo cielos nuevos y tierra nueva como anticipación del Reino de Dios en la Amazonía.

En este sentido el Vaticano II nos recuerda que todo el Pueblo de Dios participa del sacerdocio de Cristo, aunque distinguiendo sacerdocio común y sacerdocio ministerial (cf. LG 10). De allí que urge evaluar y repensar los ministerios que hoy son necesarios para responder a los objetivos de «una Iglesia con rostro Amazónico y una Iglesia con rostro indígena» (Fr. PM). Una prioridad es precisar los contenidos, métodos y actitudes para una pastoral inculturada, capaz de responder a los grandes desafíos en el territorio. Otra es proponer nuevos ministerios y servicios para los diferentes agentes de pastoral que respondan a las tareas y responsabilidades de la comunidad. En ésta línea, es preciso identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer, tomando en cuenta el papel central que hoy desempeñan las mujeres en la Iglesia amazónica. También es necesario promover el clero indígena y nacido en el territorio, afirmando su propia identidad cultural y sus valores. Finalmente, es necesario repensar nuevos caminos para que el Pueblo de Dios tenga mejor y frecuente acceso a la Eucaristía, centro de la vida cristiana (cf. DAp 251).

15. Nuevos caminos

En el proceso de pensar una Iglesia con rostro amazónico soñamos con los pies puestos en la tierra de nuestros orígenes, y con los ojos abiertos pensamos cómo será esa Iglesia a partir de la vivencia de la diversidad cultural de los pueblos. Los nuevos caminos tendrán una incidencia en los ministerios, la liturgia y la teología (teología india).[4]

La Iglesia llegó a los pueblos, movida por el mandato de Jesús y por la fidelidad a su Evangelio. Hoy, necesita descubrir «con gozo y respeto las semillas de la Palabra» (AG 11) en la región.

Todo el Pueblo de Dios, con sus Obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas, misioneros y misioneras religiosos y laicos, está llamado a entrar con un corazón abierto en este nuevo camino eclesial. Todos están llamados a convivir con las comunidades, y comprometerse con la defensa de sus vidas, amarlos y amar sus culturas. Los misioneros autóctonos y los que vienen de fuera, deben cultivar la espiritualidad de contemplación y de gratuidad, sentir con el corazón y ver con los ojos de Dios a los pueblos amazónicos e indígenas.

La espiritualidad práctica, con los pies en la tierra, ofrece la posibilidad de encontrar la alegría y el gusto de convivir con los pueblos amazónicos, y así poder valorar sus riquezas culturales en las que Dios sembró la semilla de la Buena Nueva. Debemos ser capaces también de percibir las cosas que están presentes en las culturas, y que por ser históricas, necesitan de purificación, trabajar por la conversión individual y comunitaria, cultivando el diálogo en los distintos niveles. La espiritualidad profética y del martirio nos hace más comprometidos con la vida de los pueblos y sus historias pasadas, con el presente, y mirando hacia adelante para construir una nueva historia.

Estamos llamados como Iglesia a fortalecer el protagonismo de los propios pueblos: precisamos una espiritualidad intercultural que nos ayude a interactuar con la diversidad de los pueblos y sus tradiciones. Debemos sumar fuerzas para cuidar juntos de nuestra Casa Común.

Se requiere una espiritualidad de comunión entre los misioneros autóctonos y los que vienen de fuera, para aprender juntos a acompañar a las personas, escuchando sus historias, participando de sus proyectos de vida, compartiendo su espiritualidad y asumiendo sus luchas. Una espiritualidad con el estilo de Jesús: simple, humano, dialogante, samaritano, que permita celebrar la vida, la liturgia, la Eucaristía, las fiestas, siempre respetando los ritmos propios de cada pueblo.

Animar una Iglesia con rostro amazónico implica, para los misioneros, la capacidad de descubrir las semillas y frutos del Verbo ya presentes en la cosmovisión de sus pueblos. Para esto, es necesario una presencia estable, de conocimiento de la lengua autóctona, de su cultura y de su experiencia espiritual. Solo así la Iglesia hará presente la vida de Cristo en estos pueblos.

Para finalizar, y recordando las palabras del Papa Francisco, quisiéramos «pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: [que] seamos “custodios” de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro» (Homilía en la Misa del inicio del ministerio petrino, 19.03.2013).

Además, también quisiéramos pedir a los pueblos de la Amazonía, que «ayuden a sus Obispos, ayuden a sus misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esa manera dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena. Con este espíritu convoqué el Sínodo para la Amazonia en el año 2019» (Fr. PM).

CUESTIONARIO

La finalidad del cuestionario es escuchar a la Iglesia de Dios sobre los «nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral» en la Amazonía. El Espíritu habla a través de todo el Pueblo de Dios. Escuchándolo se pueden conocer los desafíos, las esperanzas, las propuestas y reconocer los nuevos caminos que Dios pide a la Iglesia en este territorio. Este cuestionario está destinado a los pastores para que ellos lo respondan consultando al Pueblo de Dios. Para ello son animados a buscar los medios más adecuados según las propias realidades locales. El cuestionario está estructurado en tres partes que corresponden a las diferentes secciones del Documento Preparatorio: ver, discernir-juzgar, actuar.

I PARTE

1. ¿Cuáles son los problemas más importantes en su comunidad: las amenazas y dificultades a la vida, al territorio y a la cultura?
2. A la luz de la Laudato si’, ¿cómo se configura la bio-diversidad y la socio-diversidad en su territorio?
3. ¿Cómo inciden o no inciden estas diversidades en su trabajo pastoral?
4. A la luz de los valores del Evangelio, ¿qué tipo de sociedad debemos promover e de qué medios podemos disponer para ello, teniendo en cuenta lo rural y lo urbano y sus diferencias socio culturales?
5. Dada la enorme riqueza de su identidad cultural, ¿cuáles son los aportes, aspiraciones e desafíos de los pueblos amazónicos en relación a la Iglesia y al mundo?
6. ¿De qué manera estos aportes pueden ser incorporados en una Iglesia con rostro amazónico?
7. ¿Cómo debe acompañar la Iglesia los procesos de organización de los propios pueblos con respecto a su identidad, defensa de sus territorios y derechos en una pastoral integral?
8. ¿Cuáles serían las respuestas de la Iglesia a los desafíos de la pastoral urbana en territorio amazónico?
9. Si existen en su territorio PIAV ¿cuál debería ser el actuar de la Iglesia para defender la vida y los derechos de los mismos?

II PARTE

1. ¿Qué esperanzas ofrece la presencia de la Iglesia a las comunidades amazónicas para la vida, el territorio y la cultura?
2. ¿Cómo promover una ecología integral, es decir, ambiental, económica, social, cultural y de la vida cuotidiana (cf. LS 137-162) en la Amazonía?
3. En el contexto de su Iglesia local, ¿de qué manera es Jesús Buena Noticia en la vida en la familia, la comunidad y la sociedad amazónicas?
4. ¿Cómo puede la comunidad cristiana responder ante las situaciones de injusticia, pobreza, desigualdad, violencias (droga, trata de personas, violencia hacia la mujer, explotación sexual, discriminación de los pueblos indígenas y migrantes entre otras) y de exclusión en Amazonía?
5. ¿Cuáles son los elementos propios de las identidades culturales que pueden facilitar el anuncio del Evangelio en la novedad del misterio de Jesús?
6. ¿Qué caminos se pueden seguir para inculturar nuestra practica sacramental en la experiencia vivencial de los pueblos indígenas?
7. ¿Cómo participa la comunidad de creyentes, que es «misionera por su propia naturaleza», y a su modo específico, en el magisterio concreto y cotidiano de la Iglesia en la Amazonía?

III PARTE

1. ¿Qué Iglesia soñamos para la Amazonía?
2. ¿Cómo imagina una Iglesia en salida y con rostro amazónico e que características debería tener?
3. ¿Hay espacios de expresión autóctona y de participación activa en la práctica litúrgica de sus comunidades?
4. Uno de los grandes desafíos en la Amazonía es la imposibilidad de celebrar la Eucaristía con frecuencia y en todos los lugares ¿Cómo responder a ello?
5. ¿Cómo reconocer y valorar el papel de los laicos en los distintos ámbitos pastorales (catequesis, liturgia y caridad)?
6. ¿Qué papel deben tener los laicos en los distintos ámbitos socio ambientales en el territorio?
7. ¿Qué debe caracterizar el anuncio y la denuncia proféticos en la Amazonía?
8. ¿Qué características deben tener las personas que lleven el anuncio de la Buena Noticia en la Amazonía?
9. ¿Cuáles son los servicios y los ministerios con rostro amazónico en su jurisdicción eclesiástica, y qué características tienen?
10. ¿Cuáles son los servicios y los ministerios con rostro amazónico que usted considera se deberían crear y promover?
11. ¿De qué manera la vida consagrada puede contribuir con sus carismas en la construcción de una Iglesia con rostro amazónico?
12. El papel de las mujeres en nuestras comunidades es de suma importancia, ¿cómo reconocerlo y valorizarlo en el horizonte de los nuevos caminos?
13. ¿Cómo se integra y cómo puede contribuir la religiosidad popular, y en particular la devoción mariana, para los nuevos caminos de la Iglesia en la Amazonía?
14. ¿Cuál podría ser la contribución de los medios de comunicación para ayudar a la edificación de una Iglesia con rostro amazónico?

* * *

SIGLAS Y ABREVIACIONES

AG: Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Ad Gentes, sobre la Actividad Misionera de la Iglesia (7.12.1965).
CCC: Catecismo de la Iglesia Católica (11.10.1992).
CIC: Código de Derecho Canónico (25.01.1983).
CD: Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Christus Dominus sobre el ministerio pastoral de los Obispos (28.10.1965).
DAp: Documento de Aparecida. Texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latino-Americano y del Caribe (2007).
DP: Documento de Puebla. III Conferencia General del Episcopado Latino-Americano (1979).
DSD: Documento de Santo Domingo. IV Conferencia General del Episcopado Latino-Americano (1992).
DV: Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Revelación Divina (18.11.1965).
EG: Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, (24.11.2013).
EN: Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, (8.12.1975).
Fr. PM: Francisco, Discurso en Puerto Maldonado (Perú), Encuentro con los pueblos de la Amazonía (19.01.2018).
Fr. EP: Francisco, Saludo en el Encuentro con la Población de Puerto Maldonado (19.01.2018).
Fr. FPI: Francisco, Discurso a los participantes en el III Foro de los Pueblos Indígenas (15.02.2017).
GS: Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo Gaudium et Spes(07.12.1965).
LG: Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia (21.11.1964).
LS: Francisco, Carta Encíclica sobre el cuidado de la Casa Común, Laudato si’, (24.05.2015).
NMI: Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte (06.01.2001).
PIAV: Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario.
PO: Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el Ministerio y la Vida de los Presbíteros (7.12.1965).
PP: Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos (26.03.1967).
REPAM: Informe ejecutivo del Encuentro Fundacional de la Red Eclesial Panamazónica (12.09.2014, Brasilia CNBB).
SC: Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium (04.12.1963).
UR: Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo (21.11.1964).

 

 

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA*

Memoria

— El Corazón de María.

— Un Corazón materno.

Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum.

I. En mí está toda gracia del camino y de verdad, en mí toda esperanza de vida y de fuerza1, leemos en la Antífona de entrada de la Misa.

Como considerábamos en la fiesta de ayer, el corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: María -escribe San Lucas- guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón2.

El Prefacio de la Misa proclama que el Corazón de María es sabio, porque entendió como ninguna otra criatura el sentido de las Escrituras, y conservó el recuerdo de las palabras y de las cosas relacionadas con el misterio de la salvación; inmaculado, es decir, inmune de toda mancha de pecado; dócil, porque se sometió fidelísimamente al querer de Dios en todos sus deseos; nuevo, según la antigua profecía de Ezequiel –os daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo3–, revestido de la novedad de la gracia merecida por Cristo; humilde, imitando el de Cristo, que dijo: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón4; sencillo, libre de toda duplicidad y lleno del Espíritu de verdad; limpio, capaz de ver a Dios según la Bienaventuranza del Señor5; firme en la aceptación de la voluntad de Dios, cuando Simeón le anunció que una espada de dolor atravesaría su corazón6, cuando se desató la persecución contra su Hijo7 o llegó el momento de su Muerte; dispuesto, ya que, mientras Cristo dormía en el sepulcro, a imitación de la esposa del Cantar de los Cantares8, estuvo en vela esperando la resurrección de Cristo.

El Corazón Inmaculado de María es llamado, sobre todo, santuario del Espíritu Santo9, en razón de su Maternidad divina y por la inhabitación continua y plena del Espíritu divino en su alma. Esta maternidad excelsa, que coloca a María por encima de todas las criaturas, se realizó en su Corazón Inmaculado antes que en sus purísimas entrañas. Al Verbo que dio a luz según la carne lo concibió primeramente según la fe en su corazón, afirman los Santos Padres10. Por su Corazón Inmaculado, lleno de fe, de amor, humilde y entregado a la voluntad de Dios, María mereció llevar en su seno virginal al Hijo de Dios.

Ella nos protege siempre, como la madre al hijo pequeño que está rodeado de peligros y dificultades por todas partes, y nos hace crecer continuamente. ¿Cómo no vamos a acudir diariamente a Ella? «“Sancta Maria, Stella maris” -Santa María, Estrella del mar, ¡condúcenos Tú!

»-Clama así con reciedumbre, porque no hay tempestad que pueda hacer naufragar el Corazón Dulcísimo de la Virgen. Cuando veas venir la tempestad, si te metes en ese Refugio firme, que es María, no hay peligro de zozobra o de hundimiento»11. En él encontramos un puerto seguro donde es imposible naufragar.

II. María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón12.

El Corazón de María conservaba como un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siempre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén y lo que refirieron los pastores ante el pesebre, y la presencia, días o meses más tarde, de los Magos con sus dones, y la profecía del anciano Simeón, y las zozobras de su viaje a Egipto... Más tarde, le impresionó profundamente la pérdida de su Hijo en Jerusalén, a la edad de doce años, y las palabras que Este les dijo a Ella y a José cuando por fin, angustiados, le encontraron. Luego descendió con ellos a Nazareth y les estaba sometido. Pero María conservaba todas estas cosas en su corazón13. Jamás olvidó María, en los años que vivió aquí en la tierra, los acontecimientos que rodearon la muerte de su Hijo en la Cruz y las palabras que allí oyó a Jesús: Mujer, he ahí a tu hijo14. Y al señalar a Juan, Ella nos vio a todos nosotros y a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó en su Corazón con amor de madre, con el mismo con que amó a Jesús. En nosotros reconoció a su Hijo, según lo que Este mismo había dicho: Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis15.

Pero Nuestra Señora ejerció su maternidad antes de que se consumase la redención en el Calvario, pues Ella es madre nuestra desde el momento en que prestó, mediante su fiat, su colaboración a la salvación de todos los hombres. En el relato de las bodas de Caná, San Juan nos revela un rasgo verdaderamente maternal del Corazón de María: su atenta solicitud por los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante: nada de cuanto atañe al hijo pasa inadvertido a la madre. En Caná, el Corazón maternal de María despliega su vigilante cuidado en favor de unos parientes o amigos, para remediar una situación embarazosa, pero sin consecuencias graves. Ha querido mostrarnos el Evangelista, por inspiración divina, que a Ella nada humano le es extraño ni nadie queda excluido de su celosa ternura. Nuestros pequeños fallos y errores, lo mismo que las culpas grandes, son objeto de sus desvelos. Le interesan los olvidos y preocupaciones, y las angustias grandes que a veces pueden anegar el alma. No tienen vino16, dice a su Hijo. Todos están distraídos, nadie se da cuenta. Y aunque parece que no ha llegado aún la hora de los milagros, Ella sabe adelantarla.

María conoce bien el Corazón de su Hijo y sabe cómo llegar hasta Él; ahora, en el Cielo, su actitud no ha variado. Por su intercesión nuestras súplicas llegan «antes, más y mejor» a la presencia del Señor. Por eso, hoy podemos dirigirle la antigua oración de la Iglesia: Recordare, Virgo Mater Dei, dum steteris in conspectu Domini, ut loquaris pro nobis bona17, Virgen Madre de Dios, Tú que estás continuamente en su presencia, habla a tu Hijo cosas buenas de nosotros. ¡Bien que lo necesitamos!

Al meditar sobre esta advocación de Nuestra Señora, no se trata quizá de que nos propongamos una devoción más, sino de aprender a tratarla con más confianza, con la sencillez de los niños pequeños que acuden a sus madres en todo momento: no solo se dirigen a ella cuando están en gravísimas necesidades, sino también en los pequeños apuros que les salen al paso. Las madres les ayudan con alegría a resolver los problemas más menudos. Ellas –las madres– lo han aprendido de nuestra Madre del Cielo.

III. Al considerar el esplendor y la santidad del Corazón Inmaculado de María, podemos examinar hoy nuestra propia intimidad: si estamos abiertos y somos dóciles a las gracias y a las inspiraciones del Espíritu Santo, si guardamos celosamente el corazón de todo aquello que le pueda separar de Dios, si arrancamos de raíz los pequeños rencores, las envidias... que tienden a anidar en él. Sabemos que de su riqueza o pobreza hablarán las palabras y las obras, pues el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas18.

De nuestra Señora salen a torrentes las gracias de perdón, de misericordia, de ayuda en la necesidad... Por eso, le pedimos hoy que nos dé un corazón puro, humano, comprensivo con los defectos de quienes están junto a nosotros, amable con todos, capaz de hacerse cargo del dolor en cualquier circunstancia en que lo encontremos, dispuesto siempre a ayudar a quien lo necesite. «¡Mater Pulchrae dilectionis, Madre del Amor Hermoso, ruega por nosotros! Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos como tú los has amado: haz que nuestro amor hacia los demás sea siempre paciente, benigno, respetuoso (...), haz que nuestra alegría sea siempre auténtica y plena, para poder comunicarla a todos»19, y especialmente a quienes el Señor ha querido que estemos unidos con vínculos más fuertes.

Recordamos hoy cómo, cuando las necesidades han apremiado, la Iglesia y sus hijos han acudido al Corazón Dulcísimo de María para consagrar el mundo, las naciones o las familias20. Siempre hemos tenido la intuición de que solo en su Dulce Corazón estamos seguros. Hoy le hacemos entrega, una vez más, de lo que somos y tenemos. Dejamos en su regazo los días buenos y los que parecen malos, las enfermedades, las flaquezas, el trabajo, el cansancio y el reposo, los ideales nobles que el Señor ha puesto en nuestra alma; ponemos especialmente en sus manos nuestro caminar hacia Cristo para que Ella lo preserve de todos los peligros y lo guarde con ternura y fortaleza, como hacen las madres. Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum, Corazón dulcísimo de María, prepárame..., prepárales un camino seguro21.

Terminamos nuestra oración pidiendo al Señor, con la liturgia de la Misa: Señor, Dios nuestro, que hiciste del Inmaculado Corazón de María una mansión para tu Hijo y un santuario del Espíritu Santo, danos un corazón limpio y dócil, para que, sumisos siempre a tus mandatos, te amemos sobre todas las cosas y ayudemos a los hermanos en sus necesidades22.

1 Antífona de entrada. Misas de la Virgen María, I. Misa del Inmaculado Corazón de la Virgen María, n. 28. — 2 Lc 2, 19. — 3 Cfr. Ez 36, 26. — 4 Mt 11, 29. 5 Cfr. Mt 5, 8. — 6 Cfr. Lc 2, 35. — 7 Cfr. Mt 2, 13. — 8 Cfr. Cant 5, 2. — 9 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 53. — 10 Cfr. San Agustín, Tratado sobre la virginidad, 3. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 1055. — 12 Antífona de comunión, Lc 2, 19. — 13 Lc 2, 51. — 14 Jn 19, 26. — 15 Mt 25, 40. — 16 Cfr. Jn 2, 3. — 17 Misal de San Pío V, Oración sobre las ofrendas de la Misa de Santa María Medianera de todas las gracias; cfr. Jer 18, 20. — 18 Mt 12, 35. — 19 Juan Pablo II, Homilía 31-V-1979. — 20 Cfr. Pío XII, Alocución Benedicite Deum, 31-X-1942; Juan Pablo II, Homilía en Fátima, 13-V-1982. — 21 Cfr. Himno Ave Maris Stella. — 22 Oración colecta de la Misa.

Después de la consagración del mundo al dulcísimo y maternal Corazón de la Virgen María en 1942, llegaron numerosas peticiones al Romano Pontífice para que extendiera el culto al Inmaculado Corazón de María, que ya existía en algunos lugares, a toda la Iglesia. Pío XII accedió en 1945, «seguros de encontrar en su amantísimo Corazón... el puerto seguro en medio de las tempestades que por todas partes nos apremian». A través del símbolo del corazón, veneramos en María su amor purísimo y perfecto a Dios y su amor maternal hacia cada hombre. En él encontramos refugio en medio de todas las dificultades y tentaciones de la vida y el camino seguro -iter para tutum- para llegar prontamente a su Hijo.

 

 

“Preocupación de apostolado”

Si no muestras –con tu oración, con tu sacrificio, con tu acción– una constante preocupación de apostolado, es señal evidente de que te falta felicidad y de que ha de aumentar tu fidelidad. –El que tiene la felicidad, el bien, procura darlo a los demás. (Forja, 914)

Cuando pisotees de veras tu propio yo y vivas para los demás, entonces serás instrumento apto en las manos de Dios.
El ha llamado –llama– a sus discípulos, y les manda: «ut eatis!» –id a buscar a todos. (Forja, 915) «In modico fidelis!» –fiel en lo poco... –Tu labor, hijo mío, no es sólo salvar almas, sino santificarlas, día a día, dando a cada instante –aun a los aparentemente vulgares– vibración de eternidad. (Forja, 917)
Así como la inmensa maquinaria de docenas de fábricas se para, se queda sin fuerza, cuando la corriente eléctrica se interrumpe, también el apostolado deja de ser fecundo sin la oración y la mortificación, que mueven el Corazón Sacratísimo de Cristo. (Forja, 919)

 

 

Tema 11. Resurrección, Ascensión y Segunda venida de Jesucristo

La Resurrección de Cristo es verdad fundamental de nuestra fe como dice San Pablo (cfr. 1 Co 15, 13-14). Con este hecho, Dios inauguró la vida del mundo futuro y la puso a disposición de los hombres.

Resúmenes de fe cristiana 21/12/2016

Los beneficios de la salvación no derivan sólo de la Cruz sino también de la Resurrección de Cristo.

PDF► Resurrección, Ascensión y Segunda venida de Jesucristo.

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1. Cristo fue sepultado y descendió a los infiernos

Tras padecer y morir, el cuerpo de Cristo fue sepultado en un sepulcro nuevo, no lejos del lugar donde le habían crucificado. Su alma, en cambio, descendió a los infiernos. La sepultura de Cristo manifiesta que verdaderamente murió. Dios dispuso que Cristo sufriera el estado de muerte, es decir, de separación entre el alma y el cuerpo (cfr. Catecismo, 624). Durante el tiempo que Cristo permaneció en el sepulcro tanto su alma como su cuerpo, separados entre sí por causa de la muerte, continuaron unidos a su Persona di­vina (cfr. Catecismo, 626).

Porque continuaba perteneciendo a la Persona divina, el cuerpo muerto de Cristo no sufrió la corrupción del sepulcro (cfr. Catecismo, 627; Hch 13, 37). El alma de Cristo bajó a los infiernos. «Los ‘infiernos’ –distintos del ‘infierno’ de la condenación– constituían el estado de todos aquellos, justos e injustos, que habían muerto antes de Cristo» ( Compendio, 125). Los justos se encontraban en un estado de felicidad (se dice que reposaban en el “seno de Abraham”) aunque no tenían aún la visión de Dios. Diciendo que Jesús bajó a los infiernos, entendemos su presencia en el “seno de Abraham” para abrir las puertas del cielo a los justos que le habían precedido. «Con el alma unida a su Persona divina, Jesús tomó en los infiernos a los justos que aguardaban a su Redentor para poder acceder finalmente a la visión de Dios» (Compendio, 125).

Cristo, con el descenso a los infiernos, mostró su dominio sobre el demonio y la muerte, liberando a las almas santas que estaban retenidas para llevarlas a la gloria eter­na. De este modo, la Redención –que debía alcanzar a los hombres de todas las épocas– se aplicó a los que habían precedido a Cristo (cfr. Catecismo, 634).

2. Sentido general de la glorificación de Cristo

La glorificación de Cristo consiste en su Resurrección y su Exaltación a los cielos, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre. El sentido general de la glorificación de Cristo está en relación con su muerte en la Cruz. Como por la pasión y muerte de Cristo, Dios eliminó el pecado y reconcilió consigo el mundo, de modo semejante, por la resurrección de Cristo, Dios inauguró la vida del mundo futuro y la puso a disposición de los hombres.

Los beneficios de la salvación no derivan sólo de la Cruz sino también de la Resurrección de Cristo. Esos frutos se aplican a los hombres por la mediación de la Iglesia y por los sacramentos. Concretamente, por el Bautismo recibimos el perdón de los pecados (del pecado original y de los personales) y el hombre se reviste por la gracia con la nueva vida del Resucitado.

3. La Resurrección de Jesucristo

“Al tercer día” (de su muerte), Jesús resucitó a una vida nueva. Su alma y su cuerpo, plenamente transfigurados con la gloria de su Persona divina, volvieron a unirse. El alma asumió de nuevo el cuerpo y la gloria del alma se comunicó en totalidad al cuerpo. Por este motivo, «la Resurrección de Cristo no es un retorno a la vida terrena. Su cuerpo resucitado es el mismo que fue crucificado, y lleva las huellas de su Pasión, pero ahora participa ya de la vida divina, con las propiedades de un cuerpo glorioso» (Compendio, 129).

La Resurrección del Señor es fundamento de nuestra fe, puesto que atesta en modo incontestable que Dios ha intervenido en la historia humana para salvar a los hombres. Y garantiza la verdad de lo que predica la Iglesia sobre Dios, sobre la divinidad de Cristo y la salvación de los hombres. Por el contrario, como dice S. Pablo, «si Cristo no resucitó, es vana nuestra fe» (1Co 15, 17).

Los Apóstoles no pudieron engañarse o inventar la resurrección. En primer lugar si el sepulcro de Cristo no hubiera estado vacío no habrían podido hablar de la resurrección de Jesús; además si el Señor no se les hubiera aparecido en varias ocasiones y a numerosos grupos de personas, hombres y mujeres, muchos discípulos de Cristo no habrían podido aceptarla, como ocurrió inicialmente con el apóstol Tomás. Mucho menos habrían podido ellos dar su vida por una mentira. Come dice San Pablo: «Y si no resucitó Cristo (...) somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó» (1Co 15, 14.15). Y, cuando las autoridades judías querían silenciar la predicación del evangelio, San Pedro respondió: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros disteis muerte colgándole de un madero. (...) Nosotros somos testigos de estas cosas» (Hch 5, 29-30.32).

Además de ser un evento histórico, verificado y atestiguado mediante signos y testimonios, la Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente porque «sobrepasa la historia como misterio de la fe, en cuanto implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios» (Compendio, 128). Por este motivo Jesús Resucitado, aun poseyendo una verdadera identidad físico-corpórea, no está sometido a las leyes físicas terrenas, y se sujeta a ellas sólo en cuanto lo desea: «Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer a sus discípulos donde quiere y bajo diversas apariencias» (Compendio, 129).

La Resurrección de Cristo es un misterio de salvación. Muestra la bondad y el amor de Dios que recompensa la humillación de su Hijo, y que emplea su omnipotencia para llenar de vida a los hombres. Jesús Resucitado posee en su humanidad la plenitud de vida divina para comunicarla a los hombres. «El Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, es el principio de nuestra justificación y de nuestra resurrección: ya desde ahora nos procura la gracia de la adopción filial, que es real participación de su vida de Hijo unigénito; más tarde, al final de los tiempos, Él resucitará nuestro cuerpo» ( Compendio , 131). Cristo es el primogénito entre los muertos y todos resucitaremos por Él y en Él.

De la Resurrección de Nuestro Señor, debemos sacar para nosotros:

a) Fe viva: «Enciende tu fe. -No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia ¡Vive!: “Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!” -dice San Pablo- ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!» [1];

b) Esperanza: «Nunca te desesperes. Muerto y corrompido estaba Lázaro: “iam foetet, quatriduanus est enim”: hiede, porque hace cuatro días que está enterrado, dice Marta a Jesús. Si oyes la inspiración de Dios y la sigues -“Lazare, veni foras!”: ¡Lázaro, sal afuera!-, volverás a la Vida» [2];

c) Deseo de que la gracia y la caridad nos transformen, llevándonos a vivir vida sobrenatural, que es la vida de Cristo: buscando ser realmente santos (cfr. Col 3, 1 y ss). Deseo de limpiar nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia, que nos hace resucitar a la vida sobrenatural -si la habíamos perdido por el pecado mortal- y recomenzar de nuevo: nunc coepi (Sal 76, 11).

4. La exaltación gloriosa de Cristo: "Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso".

La Exaltación gloriosa de Cristo comprende su Ascensión a los cielos, acaecida cuarenta días después de su Resurrección (cfr. Hch1, 9-10), y su entronización gloriosa en ellos, para compartir, también como hombre, la gloria y el poder del Padre y para ser Señor y Rey de la creación.

Cuando confesamos en este artículo del Credo que Cristo «está sentado a la derecha del Padre», nos referimos con esta expresión a «la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada» [3].

Con la Ascensión termina la misión de Cristo, su envío entre nosotros en carne humana para obrar la salvación. Era necesario que, tras su Resurrección, Cristo continuase su presencia entre nosotros, para manifestar su vida nueva y completar la formación de los discípulos. Pero esta presencia terminará el día de la Ascensión. Sin embargo, aunque Jesús vuelve al cielo con el Padre, se queda entre nosotros de varios modos, y principalmente en modo sacramental, por la Sagrada Eucaristía.

La Ascensión es signo de la nueva situación de Jesús. Sube al trono del Padre para compartirlo, no sólo como Hijo eterno de Dios, sino también en cuanto verdadero hombre, vencedor del pecado y de la muerte. La gloria que había recibido físicamente con la Resurrección se completa ahora con su pública entronización en los cielos como Soberano de la creación, junto al Padre. Jesús recibe el homenaje y la alabanza de los habitantes del cielo.

Puesto que Cristo vino al mundo para redimirnos del pecado y conducirnos a la perfecta comunión con Dios, la Ascensión de Jesús inaugura la entrada en el cielo de la humanidad. Jesús es la Cabeza sobrenatural de los hombres, como Adán lo fue en el orden de la naturaleza. Puesto que la Cabeza está en el cielo, también nosotros, sus miembros, tenemos la posibilidad real de alcanzarlo. Más aún, Él ha ido para prepararnos un lugar en la casa del Padre (cfr. Jn 14, 3).

Sentado a la derecha del Padre, Jesús continúa su ministerio de Mediador universal de la salvación. «El Señor reina con su humanidad en la gloria eterna de Hijo de Dios, intercede incesantemente ante el Padre en favor nuestro, nos envía su Espíritu y nos da la esperanza de llegar un día junto a Él, al lugar que nos tiene preparado» (Compendio, 132).

En efecto, diez días después de su Ascensión al cielo, Jesús envió el Espíritu Santo a los discípulos conforme a su promesa. Desde entonces Jesús manda incesantemente a los hombres el Espíritu Santo, para comunicarles la potencia vivificadora que Él posee, y reunirles por medio de su Iglesia para formar el único pueblo de Dios.

Después de la Ascensión del Señor y de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, la Santísima Virgen María fue llevada en cuerpo y alma a los cielos, pues convenía que la Ma­dre de Dios, que había llevado a Dios en su seno, no sufriera la corrupción del sepulcro, a imitación de su Hijo [4].

La Iglesia celebra la fiesta de la Asunción de la Virgen el día 15 de agosto. «La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos» (Catecismo, 966).

La Exaltación gloriosa de Cristo:

a) Nos alienta a vivir con la mirada puesta en la gloria del Cielo: quae sursum sunt, quaerite (Col 3, 1); recordando que no tenemos aquí ciudad permanente (Hb 13, 14), y con el deseo de san­tificar las realidades humanas;

b) Nos impulsa a vivir de fe, pues nos sabemos acompañados por Jesucristo, que nos conoce y ama desde el cielo, y que nos da sin cesar la gracia de su Espíritu. Con la fuerza de Dios podemos realizar la labor apostólica que nos ha encomendado: llevarle a todas las almas (cfr. Mt28, 19) y ponerle en la cumbre de todas las actividades humanas (cfr. Jn12, 32), para que su Reino sea una realidad (cfr. 1Co15, 25). Además Él nos acompaña siempre desde el Sagrario.

5. La segunda venida del Señor: "Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos".

Cristo Señor es Rey del universo, pero todavía no le están sometidas todas las cosas de este mundo (cfr. Hb2, 7; 1Co15, 28). Concede tiempo a los hombres para probar su amor y su fidelidad. Sin embargo, al final de los tiempos tendrá lugar su triunfo definitivo, cuando el Señor aparecerá con “gran poder y majestad” (cfr. Lc21, 27).

Cristo no ha revelado el tiempo de su segunda venida (cfr. Hch1, 7), pero nos anima a estar siempre vigilantes y nos advierte que antes de esta segunda venida o parusía, habrá un último asalto del diablo con grandes calamidades y otras señales (cfr. Mt 24, 20-30; Catecismo, 674-675).

El Señor vendrá entonces como Supremo Juez Misericordioso para juzgar a vivos y muertos: es el juicio universal, en el que los secretos de los corazones serán desvelados, así como la conducta de cada uno con Dios y con respecto al prójimo. Este juicio sancionará la sentencia que cada uno recibió después de su muerte. Todo hombre será colmado de vida o condenado para la eternidad, según sus obras. Así se consumará el Reino de Dios, pues «Dios será todo en todos» (1Co 15, 28).

En el juicio final los santos recibirán, públicamente, el premio merecido por el bien que hicieron. De este modo se restablecerá la justicia ya que en esta vida, muchas ve­ces los que obran mal son alabados y los que obran bien son despreciados u olvidados.

El Juicio final nos empuja a la conversión: «Dios da a los hombres to­davía “el tiempo favorable, el tiempo de salvación” (2Co 6, 2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete con la justicia del Reino de Dios. Anuncia la “bienaventurada es­peranza” (Tt 2,13) de la vuelta del Señor que “vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído” (2Ts 1, 10)» (Catecismo, 1041).

Antonio Ducay

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 638-679; 1038-1041.

Lecturas recomendadas

Juan Pablo II , La Resurrección de Jesucristo, Catequesis: 25-I-1989, 1-II-1989, 22-II-1989, 1-III-1989, 8-III-1989, 15-III-1989.

Juan Pablo II, La Ascensión de Jesucristo, Catequesis: 5-IV-1989, 12-IV-1989, 19-IV-89.

San Josemaría, Homilía La Ascensión del Señor a los Cielos, en Es Cristo que pasa, 117-126.

[1] San Josemaría, Camino, 584.

[2] Ibidem, 719.

[3] San Juan Damasceno, De fide ortodoxa, 4, 2: PG 94, 1104; cfr. Catecismo, 663.

[4] Cfr. Pío XII, Const. Munificentissimus Deus, 15-VIII-50: DS 3903.

 

 

Carta del Prelado (8 junio 2018)

La formación que se ofrece en el Opus Dei está también dirigida a los jóvenes, para “que sean –ahora y después a lo largo de su vida– fermento cristiano en las familias, en las profesiones, en todo el campo inmenso de la vida humana”.

Cartas pastorales y mensajes 08/06/2018

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

La proximidad del Sínodo de Obispos, sobre la juventud y el discernimiento vocacional, me mueve a dirigiros estas líneas para invitaros a una renovada dedicación a la obra de san Rafael, que ha de ser, para todos, –en expresión de san Josemaría– como «la niña de nuestros ojos», pues la formación cristiana de la juventud es y será siempre una prioridad apostólica en la Iglesia y por tanto en la Obra.

«Ite et vos in vineam meam. Id también vosotros a mi viña». Nuestro Padre escribió estas palabras de Jesús –de la parábola de los trabajadores en la viña (cfr. Mt 20,4)–, como encabezamiento de la Instrucción para la obra de san Rafael. Las reconocemos dirigidas también a nosotros, sabiéndonos enviados a trabajar en la viña que el Señor encomendó a nuestro Padre y que ahora está en las manos de cada una de sus hijas y de cada uno de sus hijos.

Como finalidad inmediata de esta labor deseamos formar al mayor número posible de gente joven, para que con libertad y responsabilidad personales, participando del espíritu de la Obra, sean –ahora y después a lo largo de su vida– fermento cristiano en las familias, en las profesiones, en todo el campo inmenso de la vida humana en medio del mundo. Y como otra consecuencia de esta labor, el Señor no dejará de llamar a quienes Él quiera (cfr. Mc 3,13) a incorporarse al Opus Dei.

También por la acción apostólica de esos mismos chicos y chicas de san Rafael, deseamos ser, en unión con toda la Iglesia, sembradores de la alegría del Evangelio, que «llena el corazón y la vida entera de los que encuentran a Jesús»[1].

Que estas muchachas y estos muchachos sean de hecho una selección, no significa desentenderse de los demás. De cien almas nos interesan las cien; por eso, como también nos enseña nuestro Padre: «Vuestra labor y la mía debe ir dirigida, repito, a todas las criaturas: a los parientes, a los amigos, a los convecinos, a los colegas, a los de nuestro país, a los que son ciudadanos de otros países; a los católicos, a los cristianos disidentes, a los no cristianos: siempre conviviendo con amistad leal y veritatem facientes in caritate, siguiendo y propagando la verdad del Evangelio con caridad (Ephes. IV, 15)»[2].

Aunque los chicos y las chicas de san Rafael no tengan un vínculo formal con la Obra –no son fieles de la Prelatura–, participan de su espíritu y de su dinamismo apostólico. No son, por tanto, personas que simplemente reciben unos medios de formación espiritual, sino que sienten la Obra como suya y procuran cooperar activamente en su misión apostólica.

Procuremos dedicar cabeza y tiempo a preparar las actividades que son medios tradicionales de esta labor (círculos, retiros, catequesis, etc.), y ponerlos en práctica con el tono humano y sobrenatural, con el sentido positivo y el amor a Dios y a las almas con que nacieron en el corazón de san Josemaría. Sin olvidar que el fruto apostólico depende ante todo de la gracia de Dios.

Sabéis bien que estas actividades no son independientes de las relaciones interpersonales de amistad: «Nuestro Padre nos enseñó que estas labores han de ir siempre precedidas, acompañadas y seguidas por la oración, la mortificación y el trato personal de amistad y confidencia»[3].

La amistad es un valor humano muy rico, que Jesús mismo ha elevado al nivel divino: «A vosotros os he llamado amigos» (Jn 15,15); «Nadie tiene un amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). El Señor se da completamente: procuremos seguir sus pasos y entregar la vida por los demás. El apostolado es máxima expresión de amistad. No se instrumentaliza la amistad, sino que se lleva a su plenitud.

Vivir una verdadera amistad, leal y sincera[4], implica salir de nosotros mismos. Supone dedicar generosamente el tiempo para un trato personal, en el que se comparten alegrías, dolores, esperanzas, por verdadero interés y afecto mutuo. En este ámbito del apostolado personal de amistad, se abren siempre grandes posibilidades a la espontaneidad e iniciativa de cada una y de cada uno.

También hay un gran panorama para organizar actividades auxiliares, según las necesidades de lugar y tiempo, que ayuden a mejorar la formación humana, cultural, etc. de un gran número de gente joven, respetando y defendiendo la libertad de todos, y les facilite acercarse a la fe o incrementar su formación y vida cristiana.

Cuando las dificultades nos parezcan grandes –y, en ocasiones, lo sean–, volvamos la mirada a los primeros tiempos de la Obra, en los que los obstáculos eran muy fuertes, y que años más tarde nuestro Padre recordaba con estas palabras: «Frente a todo eso, teníamos bien poco -ningún medio humano y mucha juventud, mucha inexperiencia y mucha ingenuidad-, pero lo teníamos también todo: la oración, la gracia de Dios, el buen humor y el trabajo, que siempre han sido y serán las armas del Opus Dei»[5].

Pidamos luz al Señor, para ver cada una y cada uno qué más podemos hacer y qué podemos hacer mejor en esta labor, comenzado por los medios sobrenaturales: oración, sacrificio, trabajo convertido en oración. Cada uno podrá considerar también cómo mejorar su participación, según su edad y circunstancias personales, en los diversos medios de este apostolado con la juventud.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

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Roma, 8 de junio de 2018

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús


[1] Francisco, Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 24-XI-2013, n. 1.

[2] San Josemaría, Instrucción, 8-XII-1941, n. 3.

[3] Don Javier, Carta del 28-XI-2002, n. 13.

[4] Cfr. San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 149.

[5] San Josemaría, Carta 7-X-1950, n. 12.

 

 

Guardar en el corazón

María nos invita a guardar lo que Dios nos dice, conservándolo en el corazón.

Por: Máximo Alvarez | Fuente: Catholic.net

Pocas cosas hay tan hermosas como el entendimiento y la comunicación entre las personas, cuando comprobamos que comprenden lo que queremos decir y cuando nosotros mismos sabemos entender a los demás, llegando a adivinar lo que están pensando casi antes de que las palabras salgan de su boca. Algo totalmente distinto de aquellas conversaciones que parecen un diálogo entre sordos, como si se hablaran distintos lenguajes. Experiencias tan opuestas como Babel, donde se confundieron las lenguas y Pentecostés, donde todos se entendían a pesar de hablar lenguas distintas.

Adentrándonos en el terreno religioso resulta gratificante sentirnos escuchados y comprendidos por Dios y conocer con nitidez lo que quiere de nosotros, sus planes. Pero también puede ocurrir lo contrario: que nos dé la impresión de que Dios no nos escucha ni atiende o que seamos incapaces de conocer su voluntad.

El ser humano necesita comunicarse, expresar sus sentimientos, sus ideas; necesita de la acogida y comprensión de los demás. Pero a veces esto no es posible y no queda más remedio que guardar silencio, que callar lo que gustaría gritar o decir y rumiar las cosas en el interior. No es fácil, pero a la larga es mejor que hablar inútilmente.

Todo esto me trae a la memoria una frase del Evangelio referida a María, cuando se encontró con su hijo en el templo de Jerusalén después de tres días de angustiosa búsqueda, de ausencia e incertidumbre. Ella no entendía por qué Jesús les había hecho esto e incluso después de hablar con Él parece que no consiguió aclarar muchas dudas. Por lo que el evangelista comenta: ¡Y María conservaba todas estas cosas guardándolas en su corazón!.

Lo cual equivaldría a decir más o menos: no entiendo nada, pero no quiero discutir, me resigno a no encontrar una respuesta clara, esperar a que algún día, con el tiempo, pueda comprender el por qué de todo esto. Más o menos equivale a decir: Señor, hágase tu voluntad, aunque no la entienda.

Con frecuencia nuestra impaciencia nos lleva a querer respuestas y soluciones inmediatas para todo, a reaccionar bruscamente, a incomodarnos, a querer que los demás nos entiendan a la perfección o que Dios nos conceda al instante todo lo que le pedimos.

Puesto que no somos budistas tampoco es cuestión de cerrar los ojos como que no pasa nada, tratando de limpiar la mente y dejándola vacía. Por eso nos reconforta la actitud de María que nos invita a guardar las cosas conservándolas en el corazón.

 

 

X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mc. 3, 20-25

¿SATANÁS REINA”

La promesa que nos releja el libro de los orígenes, el Génesis, de que sería aplastada la cabeza de la serpiente, de Satanás, continuamente está reflejado en el Evangelio de Marcos.

Dios es Todopoderoso, pero el diablo no es todopoderoso, es “mentiroso y padre de la mentira” y toda su misión consiste en hacer la guerra a la obra del Reino de Dios. El diablo no puede reinar, pero sí hace la vida imposible a los que siguen a Cristo implantando su Reino de justicia, de paz y de amor. Se expulsa al diablo cuando amamos, reflejamos el Evangelio y  cumplimos la voluntad de Dios, que nos aleja del pecado que mata la vida y el corazón.

Como nos recuerda el Papa Francisco en “Gaude et exultate”, el diablo que siempre trata de separarnos a través de la mentira y la calumnia, también trata de separarnos de Dios calumniándole.  Dios no te quiere. No eres nadie, por eso te trata tan mal. Trata de separarnos de los hermanos calumniándolos y poniendo siempre la sospecha, es especialista en sospechas, no son de fiar tus hermanos. También en sus obras de la tinieblas calumniándonos a nosotros mismos creando pesimismo, tristeza, que nos retiremos, que esto no es para nosotros. Nos aparta con mentiras y divide la obra de Dios, la obra del Reino y nos separa de los demás y de nosotros mismos.

La clave es creer, confiar plenamente como un niño en brazos de su madre. La confianza absoluta en el triunfo de Jesús arroja una vez más al vacío al diablo y sus secuaces. La victoria está en Jesús y en los que le seguimos siempre que nos abramos a una fe, a una confianza ilimitada en su Corazón. Si alguna vez creyéramos que estamos condenados, que estamos en el infierno, si hemos confiado y creído en el Amor de Dios, no dudes que  estamos soñando, sería sólo un sueño, porque cuando nos arrojamos confiadamente en su Corazón Misericordioso el diablo no tiene nada que hacer, no puede reinar donde hay una fe que se hace confianza en “que sabemos que nos ama” y donde hay confianza en Dios, Satanás no puede reinar.

Jesús nos vuelve a situar en la clave de una fe que “mueve montañas”. El Evangelio de Marcos, del catecúmeno, es donde se refleja la vida de Jesús y donde se prepara para vivir en la vida a la renuncia a Satanás y a todas sus seducciones, nos lanza a vivir en una confianza sin límites en el Amor del Señor que es Todopoderoso no como el diablo que disimula, que se trata de hacer pasar por lo que no es, y es vencido por la Verdad de Cristo.

+Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

 

 

Mujer, una historia real

María Elena Melgarejo

Ser mujer, esposa, madre y ama de casa era visto de otra manera a la que hoy impera.

Una hermana mía y varias amigas pusimos en acto –sin aspiraciones sociológicas de relumbrón, pero con una activa preocupación por las mujeres que no habían tenido la oportunidad de una mejor instrucción— una escuela para empleadas domésticas en una casa alquilada, cercana a la nuestra, en una zona de clase media alta de una ciudad provinciana en donde las amas de casa podían permitirse tener mujeres jóvenes que les ayudaran en los trabajos del hogar.

Esto tuvo sus inicios al comienzo de los años sesenta cuando aún no prendía el feminismo desaforado. Ser mujer, esposa, madre y ama de casa era visto de otra manera a la que hoy impera. Era nuestra muy anhelada ilusión desde que siendo niñas jugábamos a las muñecas y teníamos la pequeña batería de cocina que nos había traído el Niño Dios en Navidad y aprendíamos a tejer para hacer chambritas a nuestros muñecos, viviendo historias imaginarias que se realizarían a su tiempo.

Desde luego entre la juventud femenina de entonces había universitarias, estudiantes de artes o idiomas, dueñas de boutiques de postín, secretarias, decoradoras e incluso una poeta que publicaba en un diario local. Si no seguían ejerciendo al casarse, era algo que se elegía voluntariamente sin victimismos, sin complejos o como una desventaja forzosa. Bastantes seguían compaginando su profesión con sus tareas en casa al cuidado de sus hijos, que no era sólo la parejita tan común en la actualidad.

Los Tabachines tan abundantes en la ciudad adornando en verano las calles con sus flores de carmín, fue el nombre de la escuela y pronto hubo respuesta del vecindario y otras colonias cercanas, con amigas y parientes, de modo que aquella antigua casa cobró vida y reunió el mundo de las señoras y de sus empleadas en un ambiente solidario y cordial.

Entre las patronas había jóvenes que apenas comenzaban a ejercer el arduo trabajo de dirigir su casa y otras que nos pasaban sin proponérselo, su larga experiencia en los papeles que desempeñaban desde su matrimonio.

Por algo se dice que una mujer es capaz de llevar las riendas de un país, pues las han llevado con profesionalidad desde tiempos inmemoriales con independencia de su condición socioeconómica. Desde un pobre jacal, hasta una hacienda o un palacio, con las diferentes circunstancias que ello implica, poniendo en juego ingenio, sacrificio, garbo, alegría y capacidad de intuición, que podemos condensar en amor a lo suyo y a los suyos.

Recuerdo muy bien a una de las que despuntaban por su sentido del humor y su peculiar modo de ver la realidad. Porque realista era. Su hablar estaba lleno de sentido común sin alardes, que sabía transmitir y diríamos: contagiar. Refiriéndose a las campesinas que llegaban a la ciudad para buscar trabajo y contribuir al mantenimiento de sus padres y hermanos, Minerva nos hacía comprender que procedían de otro ambiente y carecían de costumbres que suponían educación y aprendizaje. Tenía una frase redonda: no son tontas, son campesinas. Había que enseñarlas con paciencia y cariño, poniendo en práctica aquello que san Josemaría Escrivá solía decir para formar a los jóvenes, universitarios o no, que lo frecuentaban: “hacer hacer, dejar hacer y dar quehacer”. Era confiar y con realismo aceptar que era necesario el ejemplo, sin querer hacerlo todo uno mismo para que saliera bien. Pedagogía pura.

A la labor de Los Tabachines no sólo le incumbía la formación de aquellas jóvenes de rancho con clases de trabajo doméstico, alfabetización, reforzar su formación religiosa que traían bien arraigada, sino educar su parte humana en virtudes, buen tono y urbanidad, viendo no sólo lo inmediato, sino abriendo horizontes por si lo suyo era el matrimonio y la educación de sus hijos.

Aunque Minerva gozaba de una posición acomodada, era original su modo de hablar con un pequeño toque de antaño, como la canción de Chabuca Granda que tanto gusta en la voz de quien ahora guardamos en un rincón del alma: Fina Estampa. Al hablar de su esposo, decía “mi señor”. Ni Pedro, ni Juan, ni como fuera su nombre. Al casarse él se convirtió en su señor, pero ella también era “su señora”. Ni más, ni menos. Y en efecto, Minerva era una Señora con mayúscula, que sabía estar, que sabía ser y hacer felices a los demás. Ganando en calidad, en personalidad y en elegancia. Eso que ahora la tendencia al feísmo, al descuido, a la comodidad exagerada, hace a la mujer un desecho que ni conquista, ni manda, ni forma en el lugar más suyo.

 

 

 

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

(Diálogo)

Señor mío y Dios mío, mi Redentor, mi Salvador, mi Hermano, mi Amigo, creo firmemente que estás aquí, conmigo; que me ves, que me oyes, que te dueles conmigo, que me quieres.

Tu Padre te acompañaba en el dolor cuando estabas en la Cruz.

Tu dolor era inmenso; pero la gloria que nos conseguías era para toda la vida. No era cantidad de sufrimiento por cantidad de gloria. Era conseguir  la gloria y la Divinidad para tus hermanos los hombres y era para siempre, para la eternidad.

Desde entonces, el Hombre tiene abierta la puerta del Cielo, sólo con quererla.

Aun así, habrá muchos que renuncien, que no quieran vivir de cara a Jesucristo, porque no le conocen.

A todos se les da la Fe, para que la cultiven; pero hay quien no quiere ser jardinero y entonces esa planta no se logra, se mengua, queda un algo difuso: es la voz de Dios atenuada por la falta deliberada de considerarla.

Y entonces el corazón de Jesucristo sufre y da nuevas oportunidades: amigo, déjate querer, toma mi carne, abandónate en mí, toma mi yugo y sígueme.

Mario Ealde

8 junio 2018

 

 

¿Creían realmente en la eucaristía los primeros cristianos?

Los primeros Padres de la Iglesia defienden la presencia real del Cuerpo y la Sangre Cristo en la Eucaristía

Desde el principio, la Eucaristía ha tenido un papel central en la vida de los cristianos. Maravilla ver la fe y el cariño con el que tratan a Jesús en el Pan eucarístico.

Tienen una fe inquebrantable en que el pan y el vino se convierten, por las palabras de la consagración, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo

En varios textos de los siglos I y II, vemos cómo va evolucionando y construyéndose la liturgia de la Iglesia. Emociona comprobar cómo seguimos celebrando la misma Misa que se celebraba en el siglo I: lo podemos ver en la descripción del Santo Sacrificio que San Justino, en el año 155, hace al emperador Antonino Pío; o en la “Traditio Apostólica” de San Hipólito de comienzos del siglo III.

Los textos que exponemos a continuación son una prueba de que ya desde los primeros tiempos del cristianismo (siglo I), en la Iglesia primitiva existía una fe muy clara en la presencia de Jesucristo en el Pan y en el Vino “eucaristizados”.

El testimonio de los Padres de la Iglesia

1. San Ignacio de Antioquía (110 d.C.)

En lo referente a la Eucaristía San Ignacio se presenta siempre muy claro y tajante. Llama a la Eucaristía “medicina de inmortalidad” y categóricamente expresa: “La Eucaristía es la carne e nuestro Salvador Jesucristo”.

Condena vigorosamente a los docetas que afirmaban que Jesús no había tenido cuerpo verdadero sino solo aparente, y por este error, comenta San Ignacio, no querían tomar parte de la eucaristía y morían espiritualmente por apartarse del don de Dios.

“Esforzaos, por lo tanto, por usar de una sola Eucaristía; pues una sola es la carne de Nuestro Señor Jesucristo y uno sólo es el cáliz para unirnos con su sangre, un solo altar, como un solo obispo junto con el presbítero y con los diáconos consiervos míos; a fin de que cuanto hagáis, todo hagáis según Dios”

2. La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden participar en la Eucaristía, ya que no se puede “dar lo santo a los perros”. Antes de participar exigue confesar los pecados para que el sacrificio sea puro.

Es un testimonio claro también de que la Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1,11: “Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot”.

3. San Justino (165 d.C)

Mártir de la fe cristiana hacia el año 165 (decapitado), es considerado el mayor apologeta del Siglo II. San Justino mantiene el testimonio unánime de la Iglesia al confesar que la Eucaristía no es un alimento como tantos, sino que es “carne y sangre de aquel Jesús hecho carne”.

San Justino con toda claridad excluye la permanencia del pan junto con la carne del Señor rechazando la consubstanciación mantenida por los luteranos.

Lo confirma el empleo que inventa San Justino para la palabra “dar gracias”: hasta él había tenido sentido intransitivo; él la usa en pasiva: “alimento eucaristizado”, que al pie de la letra traduciríamos: “alimento hecho acción de gracias”.

Esta pasiva tan dura inventada por San Justino, unida al cambio de construcc ión que acabamos de señalar, acentúa la nota de un cambio obrado en el alimento ordinario en virtud del cual el pan es ahora carne de Cristo.

4. San Ireneo (130d.C – 202 d.C)

En la teología presentada por San Ireneo la certeza de que el pan y vino consagrados son cuerpo y sangre de Cristo es diáfana, y explícitamente afirma que “el cáliz es su propia Sangre” (la de Cristo) y “el pan ya no es pan ordinario sino Eucaristía constituida por dos elementos terreno y celestial”.

5. San Hipólito (mártir en el 235 d.C.)

Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento, aunque se sabe fue discípulo de San Ireneo de Lyon. San Hipólito es tajante en afirmar que se evite con diligencia que el infiel coma de la Eucaristía, ya que “es el cuerpo de Cristo del cual todos los fieles se alimentan y no debe ser despreciado”.

6. Orígenes (185d.C – 254 d.C)

Con respecto a la Eucaristía los escritos de Orígenes van en la misma línea que el resto de los padres. Afirma que “así como el maná era alimento en enigma, ahora claramente la carne del Verbo de Dios es verdadero alimento, como Él mismo dice:Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”.

En todos estos casos, Orígenes se refiere al “verdadero alimento” no como pan, sino como “la carne del Verbo de Dios”.

Afirma también que recibir el cuerpo indignamente ocasiona ruina para sí mismos y se refiere a la celebración eucarística como “la mesa del cuerpo de Cristo y del cáliz mismo de su sangre”.

7. Firmiliano, Obispo de Cesarea (268 d.C)

Por lo demás, cuán gran delito es el de quienes son admitidos o el de quienes admiten a tocar el cuerpo y sangre del Señor, no habiendo lavado sus manchas por el bautismo de la Iglesia ni habiendo depuesto sus pecados, habiendo usurpado temerariamente la comunión, siendo así que está escrito: Quien quiera que comiera el pan o bebiera el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor.

8. San Atanasio, Obispo de Alejandría (295-373 d.C)

“Verás a los ministros que llevan pan y una copa de vino, y lo ponen sobre la mesa; y mientras no se han hecho las invocaciones y súplicas, no hay más que puro pan y bebida. Pero cuando se han acabado aquellas extraordinarias y maravillosas oraciones, entonces el pan se convierte en el Cuerpo y el cáliz en la Sangre de nuestro Señor Jesucristo… Consideremos el momento culminante de estos misterios: este pan y este cáliz, mientras no se han hecho las oraciones y súplicas, son puro pan y bebida; pero así que se han proferido aquellas extraordinarias plegarias y aquellas santas súplicas, el mismo Verbo baja hasta el pan y el cáliz, que se convierten en su cuerpo”. (SAN ATANASIO, Sermón a los bautizados, 25)

9. San Cirilo de Jerusalén (313-387 d.C)

“Sabiendo que Jesucristo asegura, hablando del pan, que aquello es su cuerpo, ¿quién se atreverá a poner en duda esta verdad? E igualmente dijo después, esta es mi sangre, ¿quién puede dudar o decir que nolo es? En otro tiempo había convertido el agua en vino en Caná de Galilea con sola su voluntad, ¿y no le tendremos por digno de ser creído sobre su palabra, cuando convirtió el vino en su sangre? Si convidado a las bodas humanas y terrenas hizo en ellas un milagro tan pasmoso, ¿no debemos reconocer que aquí dio a los hijos del Esposo a comer su cuerpo y beber su sangre?” (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis Mistagógica, 4, 7).

Son especialmente expresivas las palabras de San Cirilo, obispo de Jerusalén a partir del 348, que para manifestar nuestra unión tan plena con Cristo en la Eucaristía dice que nos hacemos una misma cosa con Él…

“Para que cuando tomes el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas “concorpóreo” y “consanguíneo” suyo (un mismo cuerpo y sangre con Él); y así, al distribuirse en nuestros miembros su Cuerpo y su Sangre, nos convertimos en portadores de Cristo (Cristóforos). De está manera -según la expresión de San Pedro- también nos hacemos partícipes de la naturaleza divina”. (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis Mistagógica, 4, 3).

“Adoctrinados y llenos de esta fe certísima, debemos creer que aquello que parece pan no es pan, aunque su sabor sea de pan, sino el cuerpo de Cristo; y que lo que parece vino no es vino, aunque así le parezca a nuestro paladar, sino la sangre de Cristo”. (SAN CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis sobre los misterios>, 22, 1).

Este es un pequeño resumen de lo que la Iglesia enseñó durante los primeros cuatro siglos,en el que se ve cómo los primeros cristianos -desde el principio- tenían una fe firme en la presencia de Cristo en la Eucarístía.

Bibliografía

Gabriel Larrauri (Orar con los Primeros Cristianos, Planeta Testimonio 2011)
José Miguel Arráiz (apologeticacatolica.org)
Textos Eucaristicos Primitivos, Tomos I por Jesús Solano, B.A.C.
Padres apostólicos, por Daniel Ruiz Bueno, B.A.C. Padres apologetas griegos, Daniel Ruiz Bueno, B.A.C.

 

 

Cerebro de varón, cerebro de mujer.

Hay dos tipos de persona: masculina y femenina, con expresión biológica.  .

Hacia los 2,5 años el niño se siente sexuado, y con preferencias diferentes.

Los genes de los cromosomas sexuales (XX o XY, para mujer o varón) provocan la formación de hormonas, que inducen la diferenciación genital interna y externa y al mismo tiempo moldean el encéfalo, en sentido masculino o femenino. (El gen SRY es responsable de la fomación del testículo y la inhibición del ovario en el embrión).

El sistema límbico del cerebro contiene estructuras relacionadas con la emoción y la sexualidad. Está en situación jerárquica inferior a la corteza cerebral, lo que explicaría el dominio de ésta sobre los estratos inferiores en ambos sexos.

El hipotálamo regula las funciones sexuales:

Los núcleos supraóptico y paraventricular, secretores de vasopresina y oxitocina, vinculados con la hipófisis, difieren a nivel microscópico en un sexo y otro.

El área preóptica, es el llamado núcleo sexualmente dimórfico (SDN). Dos veces mayor en el varón. Tras el nacimiento crece, y después decrece en las niñas.

El núcleo supraquiasmático es el reloj biológico que interviene en los ritmos biológicos, en consonancia con el sexo en concreto..

El núcleo intersticial del hipotálamo anterior NIHA1 es igual en ambos sexos. NIHA2 es mayor en el varón hasta los 50 años, en que también disminuye en la mujer. NIHA3 y 4 son mayores en el varón.

No hay conclusiones significativas en cuanto a las diferencias en NIHA3 entre heterosexuales y homosexuales.

La amígdala cerebral, en el lóbulo temporal, que interviene en las manifestaciones agresivas, es un 10% mayor en los primates machos. En el varón contribuye a las respuestas emocionales rápidas. Cuando se observan imágenes eróticas, se activa más la amígdala derecha, y especielmente en el varón.

El hipocampo, esencial para la memoria declarativa, es mayor en la mujer. Degenera  en la enfermedad de Alzheimer, a la que es más propensa la mujer.

La corteza cerebral es parcialmente distinta en un sexo y otro, desplazándose el centro de gravedad a uno de los hemisferios a lo largo de la vida; así, la realidad es vista de forma diferente en un sexo o en el otro.

Dentro de la corteza, la ínsula, con funciones viscerales relevantes,  es más extensa en la mujer.

El  hemisferio cerebral derecho, relacionado con la expresión facial y el tono de voz, es más activo en la mujer. La mujer detecta mejor que el hombre las caras tristes.

La mentalidad del varón es más analítica, y está dotado para habilidades visuoespaciales.  Es más relevante el hemisferio izquierdo.

El espesor del lóbulo frontal aumenta aceleradamente en los niños y  niñas más inteligentes, sobre todo el izquierdo. La corteza prefontal (esencial en procesos de decisión y comportamentales) se desarrolla uno o dos años antes en las niñas.

El lóbulo temporal es mayor en el varón. Sus conexiones son más abundantes en la mujer. Las mujeres sufren menos afasias que los hombres después de un daño cerebral, indicativo de que el área del lenguaje ocupa más extensión en ellas.

La corteza parietal izquierda, implicada en aspectos visuespaciales, es mayor en el varón. Por otra parte, en el embarazo, por acción de la oxitocina de la hipófisis, se agudiza la sensibilidad.

La mujer realiza mejor los movimientos manuales finos,  secuenciales, debido a un desarrollo más importante del  área motora suplementaria. El hombre controla mejor la musculatura axial.

La corteza cingular anterior (o “área de las preocupaciones menores”) es mayor en la mujer.

Hacia los 3 años termina de desarrollarse la conectividad entre ambos hemisferios, mayor en la mujer que en el varón.

Para la inteligencia global, la mujer pone en marcha distintas áreas cerebrales, llegando por distintos caminos al mismo resultado. Son inteligencias diferentes.

Para el humor, el procesamiento cerebral es distinto (el humor femenino es más emocional que el masculino).

Respecto al sueño:

En la mujer adulta disminuyen las horas de sueño y del sueño REM previamente a la menstruación.

En el primer trimestre del embarazo hay somnolencia-cansancio, y más despertares nocturnos.

En la menopausia, el tiempo de sueño disminuye, siendo más frecuentes las patologías del sueño.

La arquitectura del sueño se preserva mejor en la anciana que en el anciano.

En el hombre se segregan testosterona y hormona del crecimiento al inicio de la noche; en la mujer, esta se segrega antes de dormir y durante el día.

Son más frecuentes las apneas del sueño en los hombres; con la edad, aparecen en las mujeres.

Son dos formas de ser, con similitudes, diferencias, expresadas corporalmente (y neuralmente).  Ambas con libertad, con voluntad para controlar estratos inferiores, comunes con los animales, que, en cambio, siguen obligadamente lo que  le indican las necesidades instintivas.

Eliminar una sociedad de sexos, deconstruir el lenguaje, considerar igual a lo que no puede ser igual no es biológico.

 

 

El aborto médico constituye un tercio de los abortos realizados en Estados Unidos

Instituto Ciencias de la Vida – Observatorio de Bioética 

junio 08, 2018 19:38Justo AznarBioética y defensa de la familia

El aborto médico (utilizando fármacos) constituyó un tercio (31%) de todos los abortos llevados a cabo en Estados Unidos en 2014.

Al margen de las consideraciones éticas que el aborto suscita, tanto el quirúrgico como el médico, conocer la situación actual de algunos aspectos biomédicos del aborto químico, es sin duda, de interés.

Los primeros intentos de aborto médico, según se recoge en un artículo publicado en la Revista Americana de Obstetricia y Ginecología, se propusieron en 1950 utilizando aminopterina oral, un antagonista del ácido fólico, para inducir abortos en gestantes de menos de 3 meses. Sin embargo, fue el descubrimiento de las propiedades abortivas de algunas prostaglandinas naturales, como la EZ2 y F2, en 1970, lo que impulso la puesta a punto del aborto médico. Pero son algunos análogos de las prostaglandinas, como el gemeprost, sulprostene y misoprostol, los que tienen una acción más selectiva sobre el miometro y consecuentemente más acción abortiva. El más frecuentemente utilizado es el misoprostol, que se une a los receptores PGE2 en las células del miometro, produciendo contracciones, que inducen la expulsión del feto. Sin embargo, su uso ha sido limitado por los efectos secundarios gastrointestinales, que pueden llegar a ser intolerables. En Estados Unidos su uso como abortifaciente no ha sido aprobado por la FDA (Food and Drug Administration) y solamente lo ha sido para la prevención de la úlcera gástrica.

En 1980, investigadores de la firma farmacéutica francesa, Roussel-Uclaf, desarrollaron la mifepristona (RU-486), un potente antagonistade los receptores de la progesterona, que induce una degeneración de la decidua endometrial, ablandando y dilatación del cuello cervical y promoviendo una mayor sensibilidad a la acción de las prostaglandinas. Mientras la mifepristona, utilizada aisladamente se muestra efectiva favoreciendo un aborto completo en el 60% al 80% de los casos, la combinación de la mifepristona y dosis bajas de análogos de las prostaglandinas pueden aumentar la eficacia hasta el 100%.

RU-486

Tras su descubrimiento en 1980, la RU-486, fue aprobada en Francia como fármaco abortivo en 1988. Sin embargo, la FDA norteamericana en 1989 prohibió la importación del fármaco francés. Con anterioridad al año 2.000 se llevó a cabo en Estados Unidos un amplio ensayo clínico, que se publicó ese mismo año, que incluyó a 16.369 mujeres y a 300 centros médicos, que demostró una eficacia abortiva del 95.3% de la mifepristona asociada a un análogo de las prostaglandinas. En el mismo año 2.000 la FDA aprobó el uso de la RU-486 como fármaco abortivo utilizando una pauta terapéutica que incluía 600 mg de mifepristona oral, seguida 48 horas más tarde por 400 mg de misoprostol, así mismo oral, en embarazos de hasta 49 días.

Desde ese momento diversos estudios clínicos han evaluado pautas de tratamiento de la RU-486 combinada con misoprostol, valorando su eficacia y efectos secundarios adversos, determinando que la eficacia abortiva oscila entre el 95 y el 99% y que los efectos adversos son mínimos.

En 2016, la FDA norteamericana aprobó un nuevo régimen de uso de la RU-486, de acuerdo con un protocolo promovido por diversas asociaciones  ginecológicas  de ese país que esencialmente  consiste en administrar  200 mg de mifepristona oralmente, seguido por la administración también oral, a las 24-48 horas , de 800 mg de misoprostol en la propia casa de la mujer, en gestaciones de hasta 70 días, aunque también el misoprostol puede ser administrado vaginalmente de 6 a 8 horas después de administrar la mifepristona.

La RU-486 debe administrarse en hospitales o clínicas y bajo supervisión médica.

En conclusión, y según los autores del artículo que se comenta, existe evidencia médica que avala la seguridad, efectividad y aceptabilidad del aborto médico. Sin embargo, no se pueden obviar todas las dificultades éticas que acompaña al aborto, sea médico o quirúrgico, pues con él siempre se termina con una vida humana, algo bioéticamente no aceptable.

 

 

FIN DE SEXENIO O PRINCIPIO DEL FIN

Por René Mondragón

DIME ABUELITA POR QUÉ

La expresión de Gabilondo Soler –Cri-Cri- da pauta para que el escribano, en honor a las hermosísimas lectoras y gallardos lectores, comente algunos aconteceres que harían palidecer al mismo Ray Bradbury o a Bram Stoker, dejando sin aliento a Stephen King y a mi admirada Agatha Cristhie.

Coinciden nuestros carta-enviantes-comentócratas: En este país, hay cosas verdaderamente inexplicables, incomprensibles e insólitas que nos permitirían mutar el refrán de los antiguos: “árbol que nace torcido, jamás su rama endereza”, para ser sustituido por “árbol que nace torcido, se somete a votación y se endereza”. Así de fantástico.

DEL QUIJOTE

Como dice la escritora Paola Vázquez -https://culturacolectiva.com- al referirse al Quijote son cosas que evidencian “…la imposibilidad de sensatez y la prudencia…”

De pronto, para no “quedar mal con nadie”, un candidato que acumula varios miles de apoyos apócrifos, que en cualquier país lo dejarían fuera de la contienda presidencial y muy probablemente en conflictos con la justicia, se agrega a la boleta.

Dos candidatos más presencian y certifican la forma en que se tuerce la legalidad para “ajustar las cosas” y que puedan llegar al Senado de la República, al lado de una señora que, de acuerdo con el candidato priísta, tiene serios problemas con sus antecedentes penales. En efecto, es imposible la sensatez y la prudencia, en expresión de don Alonso de Quijano.

PARA NO DEJAR RASTROS

En su editorial Eduardo R. Huchim, “¿Desmantelando la ASF?” (https://busquedas.gruporeforma.com) plantea un elemento adicional, tan alarmante como oportuno en estos momentos electorales. Mis bellísimas lectoras y amables lectores recordarán a Juan Manuel Portal, mismo que estuvo al frente de la ASF cuando se destaparon algunas depredaciones al presupuesto.

Por supuesto, el funcionario ya está desempleado, sus principales áreas en la dependencia, también se encuentran descabezadas. Obviamente, sostiene Huchim en su nota, la funcionaria que documentó el escandalazo de la “Estafa Maestra”, también fue “renunciada”.

El tema adquiere un significante vigoroso: se castiga a quienes detectan, documentan y hacen pública la información sobre diversas corruptelas.

Tampoco extraña que tres, de las principales áreas de la ASF, hoy, están acéfalas. Sobresale el despido de Muna Buchahin que detectó desviaciones por más de 7,700 millones de pesos, documentados en la Estafa Maestra, involucrando a funcionarios de Sedesol y Sedatu, junto con varias universidades. Lo más extraño es que las denuncias están detenidas, congeladas y con un trámite en suspenso.

HUELLAS DEL DESTINO

Para mis maravillosas lectoras y espléndidos lectores en Tanzania, África Subsahariana y Siberia, el ritual político mexicano ha acuñado una vergonzosa frase llena de cinismo, en particular, cuando el período de gobierno está por concluir. Se trata de “El Año de Hidalgo… donde algo muy feo le sucede a la señora madre de quien no se lleve algo”

Pareciera que la liturgia de fin de sexenio se cumpliera. Ahora, además, buscando borrar cualquier indicio.

Es insensato, pero ese es el mensaje que envía a la sociedad, el posible desmantelamiento de la Auditoría Superior de la Federación. Si se consuma seguirán en el aire dos preguntas: Una, ¿Será que el pacto entre el gobierno federal y el redentor tropical, es ya un hecho irreversible?... Y, dos, ¿Por eso también la virulencia de los ataques contra el panista Ricardo Anaya?

La pregunta está en el aire.

 

 

La ignorancia de los padres, más peligrosa que internet

Jun 8, 2018

Por Chucho Picón|

Robin Mata Flores, originario de Córdoba, Veracruz, y actualmente radicado en Puebla junto a su esposa Estela Santillana y sus seis hijos, opera la plataforma GuardiaNet encaminada a proteger y orientar a padres e hijos sobre el buen uso de internet .

¿Cómo surge GuardiaNet?

Surge cuando yo estaba buscando un tema para mi tesis doctoral. Fui a un congreso de seguridad en la UNAM y ahí una de las expositoras, Parry Aftad, que es la fundadora y directora ejecutiva de la red mundial de protección infantil Wiredsafety.org, dio un testimonio en donde platicó cómo, ante el encuentro de una imagen de pornografía infantil, decidió dejar su exitosa carrera de abogada e iniciar este movimiento para ayudar a los niños y a los padres a educarnos sobre los riesgos de internet.

Y cuando ella acabó la conferencia, yo estaba conmovido y le dije: «Felicidades, personas como usted cambian al mundo». Y ella me dijo: «te invitó a cambiarlo conmigo». Y a partir de entonces entró en mí la semilla de hacer algo al respecto.

Pensé entonces qué podía hacer y me di cuenta que lo que yo sabía hacer, combinado con el trabajo de mi esposa, que es pedagoga, era una buena combinación para hacer algo en favor de las familias.

¿Cuál es la misión de GuardaNet?

Ayudar a los padres a generar un ambiente propicio en casa para que sus hijos se desarrollen armónicamente como adultos de bien. Salvaguardar a quienes amas de los peligros de internet, para que sus hijos puedan discernir el bien del mal; lo que los hace crecer o lo que les puede destruir y darles opciones para que puedan contrastar lo que ven en algún contenido pornográfico, con la realidad, con la belleza que tiene la sexualidad humana en el plan divino, que eso es lo que gran falta nos hace a los padres para poder encauzar a nuestros hijos en el plan de Dios.

¿Qué actividades realizan?

Son dos actividades. La primera es dar conferencias a padres de familia, movimientos de apostolado, escuelas. Y la segunda es asesoría en cuanto a filtrado de contenidos y uso de redes sociales, principalmente a papás interesados.

¿A qué aspiran?

Aspiramos a que todo papá, interesado en aprender a proteger a su familia en internet, tenga acceso, con un clic, a un conferencista certificado para ir a su escuela o parroquia, y también que tenga acceso a un agente GuardiaNet, que es un joven entre 15 y 20 años certificado en las tecnologías necesarias, como filtrados de contenidos, para proteger el internet de una casa del contenido nocivo.

¿Cuál es el mayor riesgo?

Hay muchos y es difícil decir cuál es el mayor o el menor, pero uno de los riesgos que tenemos los papás es ignorar los hechos y seguir creyendo que nuestra adolescencia fue tan difícil como la de nuestros hijos, y en realidad muchos no tenemos idea del mundo que enfrentan nuestros hijos en el ciberespacio, de las presiones a los que son sometidos y del riesgo que conlleva. Yo diría que un gran riesgo es la ignorancia y la falta de involucramiento de los padres.

¿Qué mensaje final les das a los padres?

El mensaje que les compartimos es el mismo de Su Santidad Juan Pablo II a los jóvenes: no tengan miedo. No tengan miedo a la nueva tecnología, no tengan miedo a aprender habilidades, no tengan miedo a preguntarle a su hijo: ¿Qué viste hoy en internet? ¿Qué te gustó? Y no tengan miedo de aplicar los mismos criterios de paternidad con los que nosotros crecimos. Nuestros papás nos hacían siempre las mismas preguntas: ¿A dónde vas? ¿Con quién vas? ¿A qué hora llegas? Si aplican esas mismas tres preguntas para internet se traduce en: ¿Qué sitios vas a navegar? ¿Quiénes son tus amigos? ¿Los conoces en la vida real? ¿Cuánto tiempo vas a navegar y para qué vas a navegar?

El perfil de Robin

Estudió la licenciatura en informática en el Instituto Tecnológico de Orizaba. Posteriormente estudió tres años de filosofía como seminarista en la congregación de Los Cruzados de Cristo Rey. Descubrió que su vocación era el matrimonio y se tituló de informático para después ir a los Estados Unidos a aprender inglés. Ahí realizó una maestría en Administración de Empresas en la Universidad de Minnesota y posteriormente regresó a Puebla y estudió el doctorado en Dirección de Tecnologías de la Información en Dirección Estratégica en la UPAEP.

Contacto

La página guardianetweb.wixsite.com  ofrece orientación a través de videos y los datos necesarios para conocer el trabajo de la empresa y los servicios con los que busca proteger a niños y jóvenes.

 

 

Gustave Klimt

 

ODA AL BOSQUE

Gracias, bosque que me devuelves los ojos

también cuando los cierro
recostado en tu prado.

Que le das un sentido al tener las manos
para agarrarme a las raíces
si el pie cede con la tierra.
Que me has enseñado a vencer
el miedo a caminar de noche
entre los sonidos que no conozco,
de seres que no veo
sino por los ojos,

que como pequeñas lunas aparecen
detrás de un cielo de corteza negra
y me observan el alma
que no recordaba tener.


PIETRO BERRA, Como, Italia (1975)

 

 

El problema demográfico

En el Informe Anual del Banco de España, seguramente el último de Linde,  sobre el desarrollo de la economía hay que resaltar el aviso respecto a las pensiones. El Banco de España manifiesta su preocupación por la viabilidad futura del sistema y solicita un mecanismo regulador de las prestaciones más allá de los ajustes bruscos

No olvida cuál es uno de los factores principales de riesgo: el problema demográfico en España, ligado al envejecimiento de la población.

Otro de los aspectos relevantes en el estudio es la necesidad de reformar la financiación autonómica, que representa el cuarenta por ciento del gasto público. Los retos de la economía son muchos y hay que afrontarlos sin demora.

José Morales Martín

 

 

Llamados a la colaboración

Sin esconder las diferencias entre ambos, musulmanes y cristianos, el Vaticano propone evitar que la religión sea instrumentalizada al servicio de intereses ideológicos en un mundo que se caracteriza por la globalización de la indiferencia y que tan necesitado está de los valores morales y religiosos que comparten las dos religiones. De acuerdo con este espíritu, la Santa Sede se muestra convencida de que, dentro del respeto a las diferencias, puede establecerse una base sólida para construir unas relaciones pacíficas

De esta forma se ofrecería a la humanidad un testimonio creíble del amor del Todopoderoso y se demostraría que las religiones, vividas con autenticidad, no son fuente de tensiones y violencia sino todo lo contrario: fuentes de paz y concordia.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Día Internacional de la Familia

El pasado día 15 de mayo, festividad de San Isidro por cierto, se celebró en todo el mundo el Día Internacional de la Familia, declarado por la ONU en 1993. Es una muestra de la importancia que la comunidad internacional confiere a la familia, como unidad básica de la sociedad, y de la preocupación que existe por la mejora de la condición de muchas familias en el mundo. Sin embargo, corre el riesgo de quedarse en una mera declaración formal que pase inadvertida entre tantas conmemoraciones.

El factor más importante es descubrir la raíz que hace que la familia sea el lugar ideal para forjar valores y virtudes que nos hagan crear una manera de vivir más humana, lo que sin duda influirá en beneficio de toda la sociedad.

Suso do Madrid

 

 

La corrupción y su antítesis

Norma Mendoza Alexandry

Jun 08, 2018

No es un cambio de políticos ni de políticas, sino algo más difícil: un cambio en la interioridad de cada persona.

Hemos escuchado alguna vez de un personaje académico norteamericano llamado Daniel Goleman, quien se dio a conocer principalmente por su libro “Inteligencia Emocional” que ha vendido más de cinco millones de ejemplares, y después por otro titulado “Inteligencia Ecológica”, y varios más.

En su primera visita a México declaró que “México requiere de líderes, tanto políticos como hombres de negocios con determinación, coraje y credibilidad para entender y atacar el problema de la corrupción en todos los ámbitos”, sin embargo, en el índice temático de otro de sus famosos libros “La Inteligencia Emocional en la Empresa” no aparece la palabra “corrupción”. Entonces ¿qué lo hace un experto en este tema?

Ante el asunto de la corrupción, él propone algunas antítesis que pueden evitarla, tales como la honestidad e integridad y algo más que él llama coraje.

Haciendo una reflexión acerca de sus palabras, lo que él propone en realidad no es un cambio de empresas o de empresarios, no un cambio de políticos ni de políticas, no un cambio de sistemas ni de visión, sino algo más difícil: un cambio en la interioridad de cada persona, pues al regirse ésta por valores y no por prácticas ilícitas corruptas, cambiará todo el sistema empresarial, político, etc.

Para que la persona aplique los valores, primer deberá haberlos conocido. Todos sabemos que la principal fuente de conocimiento es la familia, ya que allí es donde se aprenden los valores como por ejemplo, los valores del ser: la honestidad, el coraje o valentía que propone Goleman, la serenidad, la confianza, la moderación, la autodisciplina, la fidelidad, la castidad y otros valores del servicio como la lealtad, el respeto, el amor, la generosidad, la amabilidad y amistad, la justicia…y así podríamos continuar mencionando muchos más.

Estos valores son recomendables para adquirir características de liderazgo, como menciona Covey en su primer famoso libro, en donde afirma que “la sabiduría de los valores es lo que se necesita hoy”.

México es uno de los países líderes en corrupción, quizá porque quienes la practican nunca conocieron los valores y además perdieron el deseo de vivir bien, de renovarse, de progreso, de honorabilidad, perdieron la vergüenza, y se hacen cotidianamente acciones tales como: evadir el pago de una infracción a cambio de una ‘mordida’; burlar a la compañía de seguros para no pagar el deducible; tomar ‘prestado’ algo sin el consentimiento del dueño; mentir al profesor para justificar que no se llevó la tarea; elegir como funcionario del gobierno a alguien con pocos estudios o estudios no comprobados; deseos de ser una figura pública y pocas intenciones de realmente servir; promesas de políticos sin base en la realidad, etc.

Hace unos años, el Instituto Ciudadano de Estudios sobre Inseguridad publicó que “desarrollar una cultura de la legalidad es una tarea que debe iniciar en la niñez, en la escuela, impartiendo clases de civismo y ética, pero en familia hay que fomentar los valores”. Es precisamente esta “cultura de la legalidad” otra antítesis de la corrupción.

Volviendo a Goleman, toma como ejemplo a un personaje llamado R. Abdoo, quien era director ejecutivo de “Wisconsin Energy”, empresa norteamericana de servicios con utilidades de 2,000 millones de dólares al año. Este empresario, católico devoto, reserva cuando menos ocho horas a la semana para lo que él llama “reflexión solitaria”, o dicho de otra manera: vivir guiado por el timón interior.

“El conocimiento de uno mismo sirve como barómetro interior, que evalúa si lo que estamos haciendo (o por hacer) realmente vale la pena. Los sentimientos nos brindan el dato esencial: si hay discrepancia entre la acción y el valor, el resultado será desasosiego bajo la forma de culpa o vergüenza, dudas intensas e insistentes, inquietud, remordimientos, etc. Por el contrario, las decisiones tomadas de acuerdo con el timón interior son energizantes, no sólo las sentimos correctas, sino que maximizan la atención y la energía disponibles para llevarlas a cabo.”
(D. Goleman).

¿Será el deseo de obtener dinero lo que lleva a la corrupción? Aunque nadie puede negar que el dinero ilícitamente obtenido, no trae consigo la felicidad.

Después de considerar las opiniones de Goleman y otros, volteamos y vemos con más claridad que la corrupción sería tan fácil de desterrar si de manera sencilla tomáramos en cuenta el consejo de un hombre santo:

“Ha llegado la hora, en medio de tus ocupaciones ordinarias, de ejercitar la fe, de despertar la esperanza, de avivar el amor…que nos impulsan a desterrar enseguida, sin disimulos, sin tapujos, sin rodeos, los equívocos en nuestra conducta profesional y en nuestra conducta interior”.
(San Josemaría. “Amigos de Dios”)

Nótese que en este consejo están incluidas la determinación, el coraje y la credibilidad, necesarias para el combate a la corrupción, según Goleman.

Además de las ‘promesas’ de los candidatos a presidente, algunas de las cuales son bastante dudosas,

Usted ¿qué ha hecho para evitar la corrupción?