Las Noticias de hoy 22 Mayo 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 22 de mayo de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Decreto sobre la celebración de la bienaventurada Virgen María,Madre de la Iglesia, en el Calendario Romano General

Congregación para las Causas de los Santos: El Papa autoriza 12 decretos

Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2018: “Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos”

EL SEÑOR, REY DE REYES: Francisco Fernández-Carvajal

“Participaremos en su maternidad espiritual”: San Josemaria

Trabajar la confianza (III): «Mamá, ¿me compras un móvil?»

Consejos (suecos) para rezar a la Virgen en familia

El corazón de la santidad: Ramiro Pellitero

La ética del sistema económico y financiero: Salvador Bernal

Contundente comunicado de la Subcomisión de Familia de la Conferencia Episcopal ante la legislación de la eutanasia

Gerente ejecutiva del hogar: Sheila Morataya-Fleishman

Ley natural: ¿un invento?: Oscar Fernández Espinosa de los Monteros

12 Temas para hablar con tu novia antes de dar el paso al matrimonio: LaFamilia.info 

ESPERANDO: H.S. SHIVA PRAKASH, INDIA

Dar al dinero el valor que le corresponde,: JD Mez Madrid

El silencio de la Resurrección: Xus D Madrid

Evangelización, parresia, audacia, persuasión: José Morales Martín

Lo de Cataluña ya no es regional: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Lunes, 21 de mayo de 2018

Celebramos por primera vez la memoria de la Virgen María, Madre de la Iglesia. En los Evangelios, cada vez que se habla de María se habla de la “madre de Jesús”, como acabamos de leer (Jn 19,25-34). Y aunque en la Anunciación no se dice la palabra “madre”, el contexto es de maternidad: la madre de Jesús. Y esa actitud de madre acompaña su obrar durante toda la vida de Jesús: ¡es madre! Tanto que, al final, Jesús la da como madre a los suyos, en la persona de Juan: “Yo me voy, pero esta es vuestra madre”. Esa es la maternidad de María.

Las palabras de la Virgen son palabras de madre. Y lo son todas: después de aquellas, al principio, de disponibilidad a la voluntad de Dios y de alabanza a Dios en el Magnificat, todas las palabras de la Virgen son palabras de madre. Siempre está con el Hijo, hasta en las actitudes: acompaña al Hijo, sigue al Hijo. Y ya antes, en Nazaret, lo hace crecer, lo cría, lo educa, y luego lo sigue: “Tu madre está aquí”, le dicen. María es madre desde el principio, desde el momento en que aparece en los Evangelios, desde el momento de la Anunciación hasta el final, es madre. De Ella no se dice “la señora” o “la viuda de José” —y en realidad lo podían decir—, sino siempre María es madre.

Los Padres de la Iglesia lo entendieron muy bien, igual que entendieron que la maternidad de María no acaba en Ella: va más allá. Siempre los Padre dicen que María es Madre, que la Iglesia es madre y que tu alma es madre. Pues en esa actitud que viene de María, Madre de la Iglesia, podemos comprender la dimensión femenina de la Iglesia que, cuando falta, pierde su verdadera identidad y acaba en una especie de asociación de beneficencia o en un equipo de fútbol o en lo que sea, pero ya no es la Iglesia. Existe lo femenino en la Iglesia, pues es maternal. La Iglesia es femenina, porque es ‘iglesia’, ‘esposa’ y es ‘madre’, da a luz. Esposa y madre. Pero los Padres van más allá y dicen: “También tu alma es esposa de Cristo y madre”.

La Iglesia es “mujer”, y cuando pensamos en el papel de la mujer en la Iglesia debemos remontarnos a esa fuente: María, madre. Y la Iglesia es “mujer” porque es madre, porque es capaz de “parir hijos”: su alma es femenina porque es madre, es capaz de dar a luz actitudes de fecundidad. La maternidad de María es una cosa grande. Dios quiso nacer de mujer para enseñarnos ese camino. Es más, Dios se enamoró de su pueblo como un esposo de su esposa: lo dice el Antiguo Testamento, y es un gran misterio. Podemos pensar que, si la Iglesia es madre, las mujeres deben tener funciones en la Iglesia: sí, es verdad, hay tantas funciones que ya hacen. Gracias a Dios, son muchas las tareas que las mujeres tienen en la Iglesia.

Pero eso no es lo más significativo: lo importante es que la Iglesia sea mujer, que tenga esa actitud de esposa y de madre, y cuando olvidamos eso, es una Iglesia masculina sin esa dimensión, y tristemente se vuelve una Iglesia de solterones, que viven en aislamiento, incapaces de amor, incapaces de fecundidad. Así que, sin la mujer, la Iglesia no sale adelante, porque es mujer, y esa actitud de mujer le viene de María, porque Jesús lo quiso así.

El rasgo que más distingue a la Iglesia como mujer, la virtud que más la distingue como mujer, se ve en el gesto de María en el nacimiento de Jesús: “dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre” (Lc 2,7). Una imagen donde se aprecia precisamente la ternura de toda madre con su hijo: cuidarlo con ternura, para que no se lastime, para que esté bien protegido. La ternura es también la actitud de la Iglesia que se siente mujer y se siente madre. San Pablo —lo escuchamos ayer, y también en el breviario lo hemos rezado— nos recuerda las virtudes del Espíritu y nos habla de la mansedumbre, de la humildad, de esas virtudes llamadas “pasivas”, pero que, por el contrario, son las virtudes fuertes, las virtudes de las madres. Por eso, una Iglesia que es madre va por la senda de la ternura; sabe el lenguaje de tanta sabiduría de las caricias, del silencio, de la mirada que sabe de compasión, que sabe de silencio. Y también un alma, una persona que vive esa pertenencia a la Iglesia, sabiendo que es madre y debe ir por la misma senda: una persona mansa, tierna, sonriente, llena de amor.

María, madre; la Iglesia, madre; nuestra alma, madre. Pensemos en esa riqueza grande de la Iglesia y nuestra; y dejemos que el Espíritu Santo nos fecunde, a nosotros y a la Iglesia, para ser también nosotros madres de los demás, con actitudes de ternura, de mansedumbre, de humildad. Seguros de que ese es el camino de María. Qué curioso es el lenguaje de María en los Evangelios: cuando habla al Hijo es para decirle cosas que necesitan los demás; y cuando les habla a los demás, es para decirles: “haced lo que Él os diga”.

 

 

Decreto sobre la celebración de la bienaventurada Virgen María,Madre de la Iglesia, en el Calendario Romano General

La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (cf. Gál 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia.

Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno. El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la hora de la cruz.

En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también «Madre de la Iglesia», como aparece en textos de algunos autores espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.

De todo esto resulta claro en qué se fundamentó el beato Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, para declarar  va la bienaventurada Virgen María «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa», y estableció que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título».

Por lo tanto, la Sede Apostólica, especialmente después de haber propuesto una misa votiva en honor de la bienaventurada María, Madre de la Iglesia, con ocasión del Año Santo de la Redención (1975), incluida posteriormente en el Misal Romano, concedió también la facultad de añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980) y publicó otros formularios en el compendio de las misas de la bienaventurada Virgen María (1986); y concedió añadir esta celebración en el calendario particular de algunas naciones, diócesis y familias religiosas que lo pedían.

El Sumo Pontífice Francisco, considerando atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana, ha establecido que la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y sea celebrada cada año.

Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Por tanto, tal memoria deberá aparecer en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas: los respectivos textos litúrgicos se adjuntan a este decreto y sus traducciones, aprobadas por las Conferencias Episcopales, serán publicadas después de ser confirmadas por este Dicasterio.

Donde la celebración de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, ya se celebra en un día diverso con un grado litúrgico más elevado, según el derecho particular aprobado, puede seguir celebrándose en el futuro del mismo modo.

Sin que obste nada en contrario.

En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 11 de febrero de 2018, memoria de la bienaventurada Virgen María de Lourdes.

Robert Card. Sarah
Prefecto

 

Congregación para las Causas de los Santos: El Papa autoriza 12 decretos

Audiencia con el cardenal Angelo Amato

mayo 21, 2018 18:34RedaccionTestimonios de la Fe

(ZENIT – 21 mayo 2018).- El 19 de mayo, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia a Su Eminencia Reverendísima el cardenal Angelo Amato, salesiano, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Durante la audiencia, el Sumo Pontífice autorizó a dicha Congregación a promulgar los Decretos relativos a:

– Las virtudes heroicas del Siervo de Dios August Józef Hlond, de la Sociedad  Salesiana de Don Bosco,  arzobispo de Gniezno y Varsovia, primado de Polonia, cardenal de la Santa Iglesia Romana, fundador de la Sociedad de Cristo para los Emigrantes. Nacido el 5 de julio de 1881 en Brzęczkowice (Polonia) y fallecido en Varsovia (Polonia) el 22 de octubre de 1948.

– Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Miguel Ángel Builes, obispo de Santa Rosa de Osos, Fundador de varias congregaciones religiosas. Nacido en Antioquia (Colombia) el 9 de septiembre de 1888 y fallecido el 29 de septiembre de 1971 en Medellín (Colombia).

– Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Enrico Mauri, sacerdote diocesano, fundador de los Oblatos de Cristo Rey; Nacido en Bosisio Parini (Italia) el 26 de octubre de 1883 y fallecido en Sestri Levante (Italia) el 10 de mayo de 1967.

– Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Jean-Baptiste Berthier, sacerdote profeso del Instituto de los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette, fundador de la Congregación de los Misioneros de la Sagrada Familia. Nacido  en Châtonnay (Francia) el 24 de febrero de 1840 y fallecido en Grave (Países Bajos) el 16 de octubre de 1908.

– Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Wilhem Eberschweiler, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús; Nacido  el 5 de diciembre de 1837 en Püttlingen (Alemania) y fallecido el 23 de diciembre de 1921 en Exaten (Holanda).

– Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Pietro Uccelli, sacerdote profeso de la Pía Sociedad de San Francisco Javier para las Misiones Extranjeras (Misioneros Javerianos). Nacido en Barco di Bibbiano (Italia) el 10 de marzo de 1874 y fallecido  en Vincenza (Italia) el 29 de octubre de 1954.

– Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Pio Dellepiane, sacerdote profeso de la Orden de los Mínimos. Nacido en Génova (Italia) el 4 de enero de 1904 y fallecido  en Roma el 12 de diciembre de 1976.

– Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Norbert McAuliffe (nacido: Johni), hermano profeso del Instituto de los Hermanos del Sagrado Corazón. Nacido en Nueva York (Estados Unidos de América) el 30 de septiembre de 1886 y fallecido  en Alokolum (Uganda) el 3 de julio de 1959.

– Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Francisca de las Llagas de Jesús (en el siglo Coloma Antonia Martí i Valls), religiosa profesa de la Segunda Orden de San Francisco del Monasterio de la Divina Providencia de Badalona. Nacida  en Badalona (España) el 26 de junio de 1860 y fallecida  allí el 4 de junio de 1899.

– Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Leonor di Santa María (nacida: Isora Maria Ocampo), religiosa profesa de la Orden de Santo Domingo. Nacida el 14 de agosto de 1841 en Cerro Famatina (Argentina) y fallecida en Córdoba (Argentina) el 28 de diciembre de 1900.

– Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Ángela María del Corazón de Jesús (en el siglo: Maria Cäcila Autsch), de la Congregación de las Hermanas de la Santísima Trinidad. Nacida el 26 de marzo de 1900 en Röllecken (Alemania) y fallecida en el campo de concentración de Birkenau en Auschwitz (Polonia) el 23 de diciembre de 1944.

– Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Maria Edvige Zivelonghi, hermana profesa a de la Congregación de las Hijas de Jesús. Nacida en Gorgusello di Breonio (Italia) el 26 de abril de 1919 y fallecida el 18 de marzo de 1949 en Sant’Ambrogio di Valpolicella (Italia).

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2018: “Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides)- En la solemnidad de Pentecostés, como es tradicional, fue publicado el mensaje del Papa para la próxima Jornada Mundial de las Misiones que se celebrará el próximo 21 de octubre con el lema “Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos”. Lo anunció el mismo Papa Francisco durante el Regina Coeli del domingo 20 de mayo recordando además los 175 años de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera.

“El evento de Pentecostés, ha dicho el Papa después de la oración mariana, marca el origen de la misión universal de la Iglesia. Por esto hoy se publica el mensaje para la próxima Jornada Mundial de las Misiones. Querría recordar también que ayer se cumplieron 175 años del nacimiento de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera que hace a los niños protagonistas de la misión con la oración y los pequeños gestos cotidianos de amor y de servicio. Doy las gracias y animo a todos los niños que participan a difundir el Evangelio en el mundo. ¡Gracias!”

Publicamos a continuación el texto completo del mensaje:

“Queridos jóvenes, deseo reflexionar con vosotros sobre la misión que Jesús nos ha confiado. Dirigiéndome a vosotros lo hago también a todos los cristianos que viven en la Iglesia la aventura de su existencia como hijos de Dios. Lo que me impulsa a hablar a todos, dialogando con vosotros, es la certeza de que la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía. «La misión refuerza la fe», escribía san Juan Pablo II (Carta enc. Redemptoris missio, 2), un Papa que tanto amaba a los jóvenes y que se dedicó mucho a ellos. El Sínodo que celebraremos en Roma el próximo mes de octubre, mes misionero, nos ofrece la oportunidad de comprender mejor, a la luz de la fe, lo que el Señor Jesús os quiere decir a los jóvenes y, a través de vosotros, a las comunidades cristianas.

La vida es una misión

Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Nadie mejor que los jóvenes percibe cómo la vida sorprende y atrae. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. Conozco bien las luces y sombras del ser joven, y, si pienso en mi juventud y en mi familia, recuerdo lo intensa que era la esperanza en un futuro mejor. El hecho de que estemos en este mundo sin una previa decisión nuestra, nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).

Os anunciamos a Jesucristo

La Iglesia, anunciando lo que ha recibido gratuitamente (cf. Mt 10,8; Hch 3,6), comparte con vosotros, jóvenes, el camino y la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, se ofrece a nuestra libertad y la mueve a buscar, descubrir y anunciar este sentido pleno y verdadero. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de Cristo y de su Iglesia. En ellos se encuentra el tesoro que llena de alegría la vida. Os lo digo por experiencia: gracias a la fe he encontrado el fundamento de mis anhelos y la fuerza para realizarlos. He visto mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurar el rostro de tantos hermanos y hermanas. Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más. Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos. De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos (cf. 1 Co 1,17-25), como anuncio del Evangelio para la vida del mundo (cf. Jn 3,16). Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama (cf. 2 Co 5,14). Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

Transmitir la fe hasta los confines de la tierra

También vosotros, jóvenes, por el Bautismo sois miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio. Vosotros estáis abriéndoos a la vida. Crecer en la gracia de la fe, que se nos transmite en los sacramentos de la Iglesia, nos sumerge en una corriente de multitud de generaciones de testigos, donde la sabiduría del que tiene experiencia se convierte en testimonio y aliento para quien se abre al futuro. Y la novedad de los jóvenes se convierte, a su vez, en apoyo y esperanza para quien está cerca de la meta de su camino. En la convivencia entre los hombres de distintas edades, la misión de la Iglesia construye puentes inter-generacionales, en los cuales la fe en Dios y el amor al prójimo constituyen factores de unión profunda.

Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios. Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt 28,20; Hch 1,8). En esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor. Los confines de la tierra, queridos jóvenes, son para vosotros hoy muy relativos y siempre fácilmente “navegables”. El mundo digital, las redes sociales que nos invaden y traspasan, difuminan fronteras, borran límites y distancias, reducen las diferencias. Parece todo al alcance de la mano, todo tan cercano e inmediato. Sin embargo, sin el don comprometido de nuestras vidas, podremos tener miles de contactos pero no estaremos nunca inmersos en una verdadera comunión de vida. La misión hasta los confines de la tierra exige el don de sí en la vocación que nos ha dado quien nos ha puesto en esta tierra (cf. Lc 9,23-25). Me atrevería a decir que, para un joven que quiere seguir a Cristo, lo esencial es la búsqueda y la adhesión a la propia vocación.

Testimoniar el amor

Agradezco a todas las realidades eclesiales que os permiten encontrar personalmente a Cristo vivo en su Iglesia: las parroquias, asociaciones, movimientos, las comunidades religiosas, las distintas expresiones de servicio misionero. Muchos jóvenes encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf. Mt 25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos. Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás. Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros.

Las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente» (Encuentro con los jóvenes, Santuario de Maipú, 17 de enero de 2018).

Queridos jóvenes: el próximo octubre misionero, en el que se desarrollará el Sínodo que está dedicado a vosotros, será una nueva oportunidad para hacernos discípulos misioneros, cada vez más apasionados por Jesús y su misión, hasta los confines de la tierra. A María, Reina de los Apóstoles, a los santos Francisco Javier y Teresa del Niño Jesús, al beato Pablo Manna, les pido que intercedan por todos nosotros y nos acompañen siempre.

FRANCISCUS

 

 

EL SEÑOR, REY DE REYES

— El salmo de la realeza y del triunfo de Cristo.

— El rechazo de Dios en el mundo.

— La filiación divina.

I. A lo largo de muchas generaciones fueron los salmos un cauce del alma para pedir ayuda a Dios, darle gracias, alabarle, pedirle perdón. El mismo Señor quiso utilizar un salmo para dirigirse a su Padre celestial en los momentos últimos de su vida aquí en la tierra1. Fueron las oraciones principales de las familias hebreas, y la Virgen y San José verterían en ellos su inmensa piedad. De sus padres los aprendió Jesús, y al hacerlos propios les dio la plenitud de su significado. La liturgia de la Iglesia los utiliza cada día en la Santa Misa, y constituyen la parte principal de la oración –la Liturgia de las Horas– que los sacerdotes dirigen cada día a Dios en nombre de toda la Iglesia.

Desde siempre el Salmo II fue contado entre los salmos mesiánicos, los Padres de la Iglesia y los escritores eclesiásticos lo han comentado repetidas veces2, y ha alimentado la piedad de muchos fieles. Los primeros cristianos acudían a él para encontrar fortaleza en medio de las adversidades. Los Hechos de los Apóstoles nos han dejado un testimonio de esta oración. Relatan cómo Pedro y Juan habían sido conducidos ante el Sanedrín por haber curado, en el nombre de Jesús, a un tullido que pedía limosna a la puerta del Templo3. Cuando fueron milagrosamente liberados volvieron a los suyos y les contaron cuanto les había sucedido, y todos juntos entonaron una plegaria al Señor que tiene como centro este salmo de la realeza de Cristo. Esta fue su oración: Señor, Tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto en ellos se contiene; el que hablando el Espíritu Santo por boca de David, nuestro padre y siervo tuyo, dijiste: «¿Por qué se amotinan las gentes y las naciones trazan planes vanos? Se han armado los reyes de la tierra, y los príncipes se han coaligado contra el Señor y contra su Cristo»4.

Las palabras que el Salmista dirige a Dios contemplando la situación de su tiempo fueron palabras proféticas que se cumplieron en tiempos de los Apóstoles, y luego a lo largo de la vida de la Iglesia y en nuestros días. También nosotros podemos repetir con entera realidad: ¿Por qué se amotinan las gentes y las naciones trazan planes vanos?... ¿Por qué tanto odio y tanto mal? ¿Por qué también –en ocasiones– esa rebeldía en nuestra vida? Desde el pecado original no ha cesado un momento esta lucha: los poderosos del mundo se alían contra Dios y contra lo que es de Dios. Basta ver cómo la dignidad de la criatura humana es conculcada en tantos lugares, las calumnias, las difamaciones, poderosos medios de comunicación al servicio del mal, el aborto de cientos de miles de criaturas que no tuvieron opción alguna a la vida humana y a la sobrenatural para la que Dios mismo los había destinado, tantos ataques contra la Iglesia, contra el Romano Pontífice y contra quienes quieren vivir y ser fieles a la fe...

Pero Dios es más fuerte. Él es la Roca5. A Él acudieron Pedro y Juan y quienes con ellos estaban reunidos aquel día en Jerusalén, y pudieron predicar con toda confianza la palabra del Señor. Cuando terminó aquella oración –nos dice San Lucas– todos se sintieron confortados y llenos del Espíritu Santo, y anunciaban con toda libertad la palabra de Dios6.

Nosotros podemos encontrar en la meditación de este salmo fortaleza ante los obstáculos que se pueden presentar en un ambiente alejado de Dios, el sentido de nuestra filiación divina y la alegría de proclamar por todas partes la realeza de Cristo.

II. Dirumpamus víncula eorum... Rompamos, dijeron, sus ataduras, y sacudamos lejos de nosotros su yugo7, parece repetir un clamor general. «Rompen el yugo suave, arrojan de sí su carga, maravillosa carga de santidad y de justicia, de gracia, de amor y de paz. Rabian ante el amor, se ríen de la bondad inerme de un Dios que renuncia al uso de sus legiones de ángeles para defenderse (cfr. Jn 18, 36)»8. Pero el que habita en los cielos se reirá de ellos, se burlará de ellos el Señor. Entonces les hablará en su indignación, y les llenará de terror con su ira9. El castigo divino no solo se realiza en la vida terrena. A pesar de los aparentes triunfos de muchos que se declaran o comportan como enemigos de Dios, su mayor fracaso, si no se arrepienten, consistirá en no comprender ni alcanzar jamás lo que es la verdadera felicidad. Sus satisfacciones humanas, o infrahumanas, pueden ser el triste premio al bien que hayan podido realizar en el mundo. Con todo, algunos santos han afirmado que «el camino del infierno es ya un infierno». A pesar de todo, el Señor está siempre dispuesto al perdón, a darles la paz y la alegría verdaderas.

San Agustín, al comentar estos versículos del salmo, hace notar que también se puede entender por ira de Dios la ceguera de mente que se apodera de quienes faltan de esta forma a la ley divina10. No hay desgracia comparable a desconocer a Dios, a vivir de espaldas a Él, a la afirmación de la propia vida en el error y en el mal.

No obstante, a pesar de tanta infamia, Dios es paciente y quiere que todos los hombres se salven11. La ira de Dios, de la que habla el salmo, «no es tanto el furor cuanto la corrección necesaria, como hace el padre con el hijo, el médico con el enfermo, el maestro con el discípulo»12. Con todo, el tiempo para disponer de la misericordia divina es limitado: luego viene la noche, en la que ya no se puede trabajar13. Con la muerte acaba la posibilidad de arrepentimiento.

El Papa Juan Pablo II ha señalado, como una característica de este tiempo nuestro, la cerrazón a la misericordia divina. Es una realidad tristísima que nos mueve constantemente a la conversión de nuestro corazón; a implorar y preguntar al Señor el porqué de tanta rebeldía. Ante todos aparece la imagen de muchos hombres que se cierran a la misericordia divina y a la remisión de sus pecados, que consideran «no esencial o sin importancia para su vida», y como una «impermeabilidad de la conciencia, un estado de ánimo que podría decirse consolidado en razón de una libre elección: es lo que la Sagrada Escritura suele llamar dureza de corazón. En nuestro tiempo, a esta actitud de mente y corazón corresponde quizá la pérdida del sentido del pecado»14.

Quienes queremos seguir a Cristo de cerca tenemos el deber de desagraviar por ese rechazo violento que sufre Dios en tantos hombres, y hemos de pedir abundancia de gracia y de misericordia. Pidamos que no se agote nunca esta clemencia divina, que es para muchos como el último cable que cuelga y al que puede agarrarse el náufrago que ya había desechado otros auxilios de salvación.

III. Ante los profundos interrogantes que plantean la libertad humana, el misterio del mal, la rebelión de la criatura, el Salmo II da la solución proclamando la realeza de Cristo, por encima del mal que existe o pueda existir: Mas yo te constituí mi rey sobre Sión, mi monte santo. Predicaré su decreto. A mí me ha dicho el Señor: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy»15. «La misericordia de Dios Padre nos ha dado como Rey a su Hijo. Cuando amenaza, se enternece; anuncia su ira y nos entrega su amor. Tú eres mi hijo: se dirige a Cristo y se dirige a ti y a mí, si nos decidimos a ser alter Christus, ipse Christus.

»Las palabras no pueden seguir al corazón, que se emociona ante la bondad de Dios. Nos dice: tú eres mi hijo. No un extraño, no un siervo benévolamente tratado, no un amigo, que ya sería mucho. ¡Hijo!»16. Este es nuestro refugio: la filiación divina. Aquí encontramos la fortaleza necesaria contra las adversidades: las de un ambiente a veces hostil a la vida cristiana, y las tentaciones que el Señor permite para que reafirmemos la fe y el amor.

A nuestro Padre Dios le encontramos siempre muy cerca, su presencia es «como un olor penetrante que no pierde nunca esa fuerza con la que se introduce en todas partes, lo mismo en el interior de los corazones que lo aceptan, como en el exterior, en la naturaleza, en las cosas, en medio de un gentío. Dios está allí, esperando que se le descubra, que se le llame, que se le tenga en cuenta (...)»17.

Pídeme, y te daré las naciones en herencia, y extenderé tus dominios hasta los confines de la tierra18. Cada día nos dice el Señor: ¡pídeme! De modo particular en esos momentos de la acción de gracias después de la comunión. ¡Pídeme!, nos dice Jesús. Sus deseos son dar y dársenos.

San Juan Crisóstomo comenta estas palabras del salmo y enseña que no se nos promete ya una tierra que mana leche y miel, ni una larga vida, ni muchedumbre de hijos, ni trigo, ni vino, ni rebaños, sino el Cielo y los bienes del Cielo: la filiación divina y la hermandad con el Unigénito, y tener parte en su herencia, y ser juntamente con Él glorificados y reinar con Él19.

Los regirás con vara de hierro, y como a vasos de alfarero los romperás. Ahora, pues, oh reyes, entendedlo bien: dejaos instruir, los que juzgáis la tierra. Servid al Señor con temor, y ensalzadle con temblor santo20. Cristo ha triunfado ya para siempre. Con su muerte en la Cruz nos ha ganado la vida. Según el testimonio de los Padres de la Iglesia, la vara de hierro es la Santa Cruz, «cuya materia es madera, pero cuya fuerza es de hierro»21. Es la señal del cristiano, con la que venceremos todas las batallas: los obstáculos se quebrarán como vasos de alfarero. La Cruz en nuestra inteligencia, en nuestros labios, en nuestro corazón, en todas nuestras obras: esta es el arma para vencer; una vida sobria, mortificada, sin huir del sacrificio amable que nos une a Cristo.

El salmo termina con un llamamiento para que nos mantengamos fieles en el camino y en la confianza en el Señor: Abrazad la buena doctrina, no sea que al fin se enoje, y perezcáis fuera del camino, cuando dentro de poco se inflame su ira. Bienaventurados serán los que hayan puesto en Él su confianza22. Nosotros hemos puesto en el Señor toda nuestra confianza. A los Santos Ángeles Custodios, fieles servidores de Dios, les pedimos que nos mantengan cada día con más fidelidad y amor en la propia vocación, sirviendo al reinado de su Hijo allí donde nos ha llamado.

1 Cfr. Mt 27, 46. — 2 Cfr. I. Domínguez, El Salmo 2. Señor, Rey de Reyes, Palabra, Madrid 1977. — 3 Cfr. Hech 4, 23-31. — 4 Hech 4, 23-26. 5 1 Cor 10, 4. — 6 Cfr. Hech 4, 29-31. — 7 Sal 2, 3. 8 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 185. — 9 Sal 2, 4-5. — 10 Cfr. San Agustín, Comentarios a los Salmos, 2, 4. — 11 1 Tim 2, 4. — 12 San Jerónimo, Breviarium in Psalmos II. — 13 Jn 9, 4. — 14 Juan Pablo II, Enc. Dominum el vivificantem, 18-V-1986, 46-47. — 15 Sal 2, 6-7. — 16 San Josemaría Escrivá, loc. cit. — 17 M. Eguibar, ¿Por qué se amotinan las gentes? (Salmo II), pp. 27-28. — 18 Sal 2, 8. — 19 Cfr. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 16, 5. — 20 Sal 2, 9-11. — 21 San Atanasio, Comentario a los Salmos, 2, 6. — 22 Sal 2, 12.

 

“Participaremos en su maternidad espiritual”

Recurre constantemente a la Virgen Santísima, Madre de Dios y Madre de la humanidad: y Ella atraerá, con suavidad de Madre, el amor de Dios a las almas que tratas, para que se decidan –en su trabajo ordinario, en su profesión– a ser testigos de Jesucristo. (Forja, 911)

Si nos identificamos con María, si imitamos sus virtudes, podremos lograr que Cristo nazca, por la gracia, en el alma de muchos que se identificarán con El por la acción del Espíritu Santo. Si imitamos a María, de alguna manera participaremos en su maternidad espiritual. En silencio, como Nuestra Señora; sin que se note, casi sin palabras, con el testimonio íntegro y coherente de una conducta cristiana, con la generosidad de repetir sin cesar un fiat que se renueva como algo íntimo entre nosotros y Dios. (Amigos de Dios, 283)

 

 

Trabajar la confianza (III): «Mamá, ¿me compras un móvil?»

¿A qué edad hay que comprar a los hijos un teléfono móvil? ¿Cómo podemos introducirles en las tecnologías? Tercera entrega de una serie de vídeos que pretende ayudar a los padres en la educación de sus hijos.

Series monográficas 21/05/2018

 

Guía para aprovechar el vídeo

Decía un afamado periodista americano que “sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, las raíces; otro, las alas”. Las alas representan la confianza, un valor imprescindible en la educación, ya que es la base de cualquier relación entre personas.

La confianza es una virtud delicada, que cuesta mucho construir y muy poco perder, por eso siempre ha de ser recíproca

La confianza es una virtud delicada, que cuesta mucho construir y muy poco perder, por eso siempre ha de ser recíproca.

Los niños y adolescentes tienen acceso a todo tipo de información a través de internet y eso hace que descubran realidades que los padres hubiesen preferido evitar o, al menos, postergar.

En este nuevo contexto, aumenta crecientemente la necesidad de formar en libertad, sin evitar los temas sino invitando a la reflexión.

Proponemos algunas preguntas que pueden ayudaros a sacar partido al vídeo, cuando lo veáis con amigos, en la escuela o en la parroquia:

Preguntas para el diálogo

  • ¿Cómo se puede crear un clima de confianza en la familia que conviva con unas normas necesarias, pero que no sean excesivas? ¿Tienes argumentos para explicar a tus hijos los por qué de cada cosa que les pides o desaconsejas?
  • ¿Cómo reaccionas ante las equivocaciones de tus hijos? ¿Saben que pueden confiar en ti, también cuando no han hecho algo bien? ¿Les ayudas a ver las consecuencias de sus actos y a recapacitar sobre el modo en que podrían haber evitado esa caída? ¿Transmites fortaleza y esperanza ante las dificultades?
  • ¿Estás presente en la vida de tus hijos, y sabes propiciar que te hablen de su vida espontáneamente? ¿Esperas a que tus hijos te cuenten sus cosas, o preguntas tú primero siempre, dando la sensación de que deseas controlar cada uno de sus pasos?

Propuestas para la acción

  • Dedica tiempo a escuchar a tus hijos y estate pendiente de los acontecimientos cotidianos que para ellos son importantes: un partido de fútbol, un examen, un enfado entre amigos… A veces en las cosas aparentemente menos importantes están las claves de las fundamentales.
  • Libertad es diferente de permisividad: para enseñar a tomar decisiones libres es importante mostrar las consecuencias negativas o positivas de las acciones que llevamos a cabo.
  • Da el primer paso: adaptándote a su nivel, habla a tus hijos de tus cosas, también de problemas o dificultades que ellos puedan comprender y sobre los que te puedan aconsejar. De esa forma, entenderán que hay una puerta abierta para que ellos hagan lo mismo.
  • Estar pendiente no significa vigilar a tu hijo. Comprobar siempre si lo que te cuenta es cierto o revisar sus cosas genera un clima de desconfianza. Aconseja sin censurar; a veces las personas necesitan equivocarse para descubrir lo que no quieren hacer.

Meditar con la Sagrada Escritura y con el Catecismo de la Iglesia Católica

  • “Instruye al muchacho acerca de su camino y ni de viejo se apartará de él” (Proverbios 22, 6)
  • “No perdáis, por tanto, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa: porque necesitáis paciencia para conseguir los bienes prometidos cumpliendo la voluntad de Dios” (Hebreos 10, 35-36)
  • “En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. Nosotros amamos, porque Él nos amó primero” (1 Juan 4, 18-19)
  • “La educación de la conciencia es una tarea de toda la vida. Desde los primeros años despierta al niño al conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral. Una educación prudente enseña la virtud; preserva o sana del miedo, del egoísmo y del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1784)
  • “Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. La familia es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Esta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2223)

Meditar con el Papa Francisco

  • “Hoy día, el hábito del discernimiento se ha vuelto particularmente necesario. Porque la vida actual ofrece enormes posibilidades de acción y de distracción, y el mundo las presenta como si fueran todas válidas y buenas. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento” (Gaudete et exsultate, 167)
  • “Somos libres, con la libertad de Jesucristo, pero él nos llama a examinar lo que hay dentro de nosotros ―deseos, angustias, temores, búsquedas― y lo que sucede fuera de nosotros —los «signos de los tiempos»— para reconocer los caminos de la libertad plena: «Examinadlo todo; quedaos con lo bueno» (1 Ts 5,21) (Gaudete et exsultate, 168)
  • “El amor necesita tiempo disponible y gratuito, que coloque otras cosas en un segundo lugar. Hace falta tiempo para dialogar, para abrazarse sin prisa, para compartir proyectos, para escucharse, para mirarse, para valorarse, para fortalecer la relación. A veces, el problema es el ritmo frenético de la sociedad, o los tiempos que imponen los compromisos laborales. Otras veces, el problema es que el tiempo que se pasa juntos no tiene calidad. Sólo compartimos un espacio físico, pero sin prestarnos atención el uno al otro” (Amoris laetitiae, 224)
  • “Tampoco es bueno que los padres se conviertan en seres omnipotentes para sus hijos, que sólo puedan confiar en ellos, porque así impiden un adecuado proceso de socialización y de maduración afectiva” (Amoris laetitiae, 279)

Meditar con San Josemaría

  • “Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural, y han de sentir la responsabilidad de esa misión, que exige de ellos comprensión, prudencia, saber enseñar y, sobre todo, saber querer y poner empeño en dar buen ejemplo. No es camino acertado para la educación la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable” (Es Cristo que pasa, n. 27)
  • “Los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos, después de los consejos y de las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir a Dios” (Conversaciones, 104)
  • “Que no tengan miedo, que sepan que también tú fuiste rebelde a su edad… Vamos a ser sinceros: el que no haya dado guerra a sus padres (…) que levante la mano; ¿quién se atreve a hacerlo? Es justo que tus hijos también te hagan sufrir un poco. Entonces, coges un día a aquel revoltoso, te lo llevas de paseo, le invitas a tomar algo y le dices: ¿sabes que yo, cuando tenía tu edad, hice sufrir a tus abuelos? ¡Fíjate!, les hice esta trastada y aquella otra, y me perdonaron enseguida. Ahora estoy tan dolido de haberlos hecho sufrir: ¡qué lástima! El entenderá, se dará cuenta de que tú eres capaz de comprenderle, de disculparle, y de amarle, con sus defectos. ¡También con sus defectos! Se irá corrigiendo, poco a poco. ¿Quién va a ser mejor educador que un padre o una madre? La pedagogía vuestra, si sois buenos cristianos, es colosal” (Enxomil, Oporto, 31.X.1972)

Textos y enlaces para seguir reflexionando

 

 

Consejos (suecos) para rezar a la Virgen en familia

No tenemos tiempo para Dios ni para los amigos. Sin embargo, algunas familias de Suecia han descubierto que el mes de mayo es una ocasión para devolver la prioridad a lo que es importante con la ayuda de la Virgen.

En primera persona 18/05/2018

Hace unas semanas el prelado del Opus Dei vino a Suecia y mi familia y yo viajamos a Estocolmo para saludarle. Sus palabras de consejo y ánimo nos ayudaron mucho; a mí, personalmente, me sorprendió que hablase tanto de amistad. Mons. Ocáriz nos explicó que la amistad es el camino para que la gente experimente el amor y la misericordia de Dios.

¡Pero la amistad exige tiempo! Y el tiempo es un bien escaso: no tenemos suficientes horas para nuestra familia, ni para nuestros amigos, ni para rezar (aunque sí lo tenemos para distraernos con el smartphone…).

¿Qué hacer para enderezar nuestras prioridades? Nosotros hemos aprovechado el mes de mayo, el mes de María.

Recientemente, por cuarto año consecutivo, mi mujer y yo hemos organizado con unos amigos un peregrinación para familias en Omberg, foco de la vida religiosa sueca en la edad media. Durante dos días, pudimos dar paseos y rezar el rosario a la Virgen, participar en la misa y comer en el campo.

Durante dos días, pudimos dar paseos y rezar el rosario a la Virgen, participar en la misa y comer en el campo

Este año comprobamos con alegría que había cinco nuevos bebés: aunque los católicos seamos pocos, vemos con esperanza el futuro. Mientras los niños jugaban, los padres aprovechamos para charlar: ¿cómo sacas tiempo para rezar con tantos hijos pequeños? ¿Tú que haces para charlar tranquilamente con tu mujer o tu marido? ¿Qué coche debería comprar ahora que somos familia numerosa? ¿Cómo logras que tus hijos estén quietos en Misa? ¿Durante cuánto tiempo les dejas el móvil a los tuyos? Estas y otras preguntas surgen mientras paseamos por los bosques de Omberg.

En un país secularizado y con pocos cristianos, es muy importante cultivar la amistad entre amigos que comparten la fe y el amor por la familia. Muchos de nuestros niños son los únicos católicos en su colegio o en su grupo de amigos, por lo que vivir un ambiente de fe es para ellos oxígeno puro. Juegan, corren y también rezan con naturalidad.

Si me preguntaran algunos consejos prácticos para organizar una peregrinación mariana, daría estos:

  • Reúne a tus amigos en un sitio bonito en el que se pueda organizar un pícnic.
  • Rezad el rosario, paseando hasta una ermita o iglesia que no esté muy lejos.
  • Pide a un sacerdote que celebre la Misa.
  • Si es posible, dormid una noche en un alberge u hotel cercano. De ese modo, aseguráis que tendréis tiempo suficiente para desconectar de la vida diaria y pasar tiempo juntos.
  • Evita cocinar. Una pizza o un bocadillo son, en ocasiones, la mejor solución.

Siempre me cuesta trabajo dejar el bosque de Omberg. Los niños están felices, mi mujer descansa, mis amigos creyentes y yo volvemos a ver con esperanza y fe el futuro de Suecia…

Comprendo lo que Pedro experimentaba cuando quiso quedarse en el monte de la transfiguración. Pero la Virgen nos anima a volver a casa y a nuestras ocupaciones ordinarias: hay mucha gente a la que ayudar y dar luz. Ahora que hemos vuelto a ordenar las prioridades, nos vemos capaces de hacerlo con la ayuda de Dios y de su Madre.

 

 

El corazón de la santidad

Posted: 21 May 2018 09:39 AM PDT

Ha escrito el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, que el corazón de la exhortación del Papa Francisco (Gaudete et exsultate) sobre la santidad es el discurso de las bienaventuranzas y la parábola del juicio final. Así es, no solo porque ocupan el capítulo central (tercero) del documento, sino porque muestran el rostro de Cristo y por tanto, el rostro de la santidad del cristiano.

Las bienaventuranzas constituyen, en efecto, con expresión del Papa, “el carnet de identidad del cristiano”.

En su libro “La felicidad donde no se espera”, sostiene Jacques Philippe que el texto de las bienaventuranzas “contiene toda la novedad del Evangelio, toda su sabiduría y su fuerza para transformar en profundidad el corazón del hombre y renovar el mundo” (J. Philippe, La felicidad donde no se espera: meditación sobre las Bienaventuranzas, Rialp, Madrid 2018).

El corazón nuevo

“En ellas –dice Francisco– se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas” (n. 63). Añade que las bienaventuranzas proponen un estilo de vida “ a contracorriente”, respecto a muchas tendencias del ambiente actual. Un ambiente propagador del consumismo hedonista y de la polémica, del éxito fácil y las alegrías efímeras, de la postverdad y sus subterfugios, de la primacía del yo y del relativismo. En cambio las bienaventuranzas –observa Philippe– proponen una “felicidad inesperada”, unida a una “sorpresa de Dios”, “un don gratuito del Espíritu consolador”…

Las bienaventuranzas, avisa el Papa, no son un propuesta fácil ni halagadora: “Solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comunidad, del orgullo” (n. 65).

También J. Philippe subraya este papel del Espíritu Santo para hacernos vivir las bienaventuranzas, en el marco que Dios uno y trino nos ofrece y nos da a participar. Al dibujar el rostro de Jesús, las bienaventuranzas nos muestran también el rostro de Dios Padre: su misericordia, su ternura, su generosidad que nos transforma interiormente y nos da un corazón nuevo. “Las bienaventuranzas no son otra cosa que la descripción de este corazón nuevo que el Espíritu Santo forma en nosotros, y que es el mismo corazón de Cristo”.

Por eso –recuerda este autor en su introducción– los teólogos medievales ponen en relación las bienaventuranzas con los siete dones del Espíritu. En ese sentido, las bienaventuranzas son una respuesta de Jesús a la pregunta ¿cómo acoger la obra del Espíritu Santo, la acción de la gracia divina?. Son a la vez frutos y condiciones de la acción del Espíritu. En su coherencia y unidad profunda, las bienaventuranzas son camino personal de madurez humana y cristiana, y a la vez marco necesario de la vida familiar, social y eclesial, camino y prenda del Reino de Dios.

Un programa siempre nuevo

Francisco subraya algún aspecto en cada bienaventuranza. Los Evangelios vinculan la “pobreza de espíritu” como virtud (que conduce a la libertad interior) a la pobreza “a secas”, que implica “una existencia austera y despojada” (n. 70) y compartir la vida de los más necesitados. Nos invitan a ser mansos, también como Jesús, a rechazar con humildad el engreimiento y a soportar los defectos de los demás, no escandalizarse de sus debilidades” (n. 72).

Nos invitan a “no disimular la realidad” (n. 75) dando la espalda al sufrimiento; por el contrario, nos proponen llorar y comprender el misterio profundo del dolor, mirar la Cruz, consolar y socorrer a los demás. Vivir la justicia en concreto, como se pedía ya en el Antiguo Testamento: con los oprimidos, los huérfanos y las viudas. Actuar con misericordia, dar y perdonar, sabiendo que en esa medida se nos juzgará a nosotros, pues todos somos “un ejército de perdonados” (n. 72).

Nos piden los Evangelios cuidar los deseos y las intenciones del corazón, rechazando “lo que no es sincero, sino solo cáscara y apariencia” (n. 84). Nos impulsan a buscar resolver los conflictos, ser artesanos de la paz, lo que requiere “serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza” (n. 89). Nos animan a sobrellevar algunos “problemas” que trae el camino de la santidad: las burlas, las calumnias, las persecuciones. 

El "protocolo" de la misericordia

Todo ello está expresado maravillosamente por el “gran protocolo” por el que vamos a ser juzgados. Se trata de una explicación pormenorizada de aquella bienaventuranza que las representa a todas: la misericordia: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 35-36). La parábola del juicio final, escribe san Juan Pablo II, “no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el Misterio de Cristo”. Apunta Francisco que “revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas” (n. 96). E insiste en que la misericordia es el corazón palpitante del Evangelio (n. 97).

Por eso destaca oportunamente Mons. Elizalde que es un error nocivo desvincular la acción caritativa de la relación personal con el Señor, ya que convierte la Iglesia en una ONG (cf. n. 100). Pero también que es un error ideológico sospechar sistemáticamente del compromiso social de los demás, “considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista” (n. 101).

Efectivamente. Como ya señalaron sus predecesores, san Juan Pablo II y Benedicto XVI, Francisco declara necesario mantener vivas a la vez la promoción y defensa de la vida junto con la sensibilidad social por los necesitados: “La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí esta en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, (…) y en toda forma de descarte” (n. 101). No es menos importante la migración que la bioética (cf. n. 102).

Coherencia en la vida cotidiana

Termina el capitulo tercero de la Gaudete et exsultate con una llamada a la coherencia cristiana. El culto a Dios y la oración han de llevarnos a la misericordia con los demás, lo que es, según recuerda santo Tomás de Aquino, “el sacrificio que más le agrada” (S. Th, II-II, q30, a4). En cambio, como decía santa Teresa de Calcuta, “si nos ocupamos demasiado de nosotros mismos, no nos quedará tiempo para los demás”.

Y así concluye el Papa con estas palabras certeras: “La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final. Son pocas palabras, sencillas, pero prácticas y válidas para todos, porque el cristianismo es principalmente para ser practicado, y si es también objeto de reflexión, eso solo es válido cuando nos ayuda a vivir el Evangelio en la vida cotidiana. Recomiendo vivamente releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, recordarlos, orar con ellos, intentar hacerlos carne. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices” (n. 109).http://feeds.feedburner.com/~r/IglesiaYNuevaEvangelizacin/~4/vcRkxc3ywIQ?utm_source=feedburner&utm_medium=email

 

 

La ética del sistema económico y financiero

Salvador Bernal

La Santa Sede acaba de publicar un elenco de criterios para discernir éticamente las cuestiones planteadas por la economía y las finanzas de nuestro tiempo. En unas veinte apretadas páginas, llama a las cosas por su nombre, y por eso usa profusamente términos ingleses, aunque el documento se titule en latín Oeconomicae et pecuniariae quaestiones. Es fruto de la colaboración entre la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Este último departamento vaticano, creado en 2016, refunde organismos precedentes, con el objetivo de contribuir al bien común y al bienestar de la humanidad. Sin perjuicio de su apertura a las diversas inspiraciones, también no católicas, actúa a la luz del Evangelio. Esta orientación se reafirma de modo especial en este documento, también por la intervención de Doctrina de la Fe. Enlaza, en definitiva, con el criterio de Juan Pablo II, que residenció la doctrina social de la Iglesia en el marco de la teología moral.

En el centro, como es sabido, la persona humana, con la dignidad radical derivada de su creación a imagen y semejanza de Dios, de acuerdo con el relato del Génesis. La libertad en el diseño y elección de soluciones prácticas refleja la legítima autonomía del orden temporal, consagrada por la constitución Gaudio et Spas del Concilio Vaticano II. Pero requiere el debido discernimiento ético. La gran aportación de la modernidad es quizá el énfasis en la libertad, con el riesgo de manifestaciones excesivamente teñidas de individualismo: se oscurece la búsqueda del bien común y se exalta el crecimiento económico en detrimento de un desarrollo auténtico, integral.

Desde su clásico origen familiar, la economía enseña a administrar los recursos disponibles, siempre escasos. Las decisiones, para ser humanas, no deben reducirse a lo técnico: han de incorporar criterios éticos básicos, para no deshumanizar el trabajo, el cultivo de la naturaleza en sus múltiples facetas. Y siempre con espíritu positivo, porque, como recuerda el documento –aunque no deja de señalar inmoralidades palmarias-, “el bienestar económico global ha aumentado en la segunda mitad del siglo XX, en medida y rapidez nunca antes experimentadas” (n. 5).

La conducta del católico, aun con la mirada última en el cielo, no se desentiende de las realidades humanas, también porque la vida ordinaria es uno de los cauces de la santidad, a la que el papa Francisco dedicó su última exhortación apostólica. Al cabo, santidad es plenitud de vida cristiana, imitación radical de Cristo, que vino a servir, no a ser servido. Los actos humanos, con mayor motivo en una sociedad cada vez más compleja, requieren discernimiento ético para alcanzar la máxima perfección posible. No hay doble verdad, ni tampoco doble vida.

De otra parte, si la lucha para curar las enfermedades contribuye al mejoramiento de la salud global, también las crisis económicas y financieras reflejan dolencias que, una vez superadas, invitan a buscar remedios que las eviten en el futuro (el documento lamenta que no se acabe de aprender la lección): la revisión de paradigmas financieros, la prudente regulación del mercado sin abandonarse a la mano invisible de los liberales clásicos, la aplicación de enfoques que eviten la destrucción del medio ambiente, el respeto a los más desfavorecidos frente a la cultura del descarte.

Los dicasterios romanos, más allá de teorías o escuelas, descienden a concreciones prácticas: así cuando apuestan por la responsabilidad social de la empresa (n. 23), o animan a “emprender una reflexión ética sobre ciertos aspectos de la intermediación financiera, cuyo funcionamiento, habiéndose desvinculado de fundamentos antropológicos y morales apropiados, no sólo ha producido abusos e injusticias evidentes, sino que se ha demostrado también capaz de crear crisis sistémicas en todo el mundo” (n. 6): en la tercera parte del documento figuran interesantes valoraciones éticas del extendido fenómeno de las operaciones offshore, o del incremento de la deuda pública.

“Debe buscarse siempre el beneficio, pero nunca a toda costa, ni como referencia única de la acción económica” (n. 11). Si todo se hace depender del “beneficio”, el más fuerte se impone y hace imposible el bien común, con aumento de conflictos y desigualdades. Con frecuencia, esta visión “consecuencialista” indica la necesidad del cambio, de una metanoia no sólo personal, sino colectiva. De modo particular, cuando se observan las disfuncionalidades y abusos de asimetrías en los mercados financieros. La condición humana no puede reducirse a lógicas economicistas o de consumo.

Como afirmó Mons. Luis Francisco Ladaria al presentar el trabajo, “una visión antropológica sólida, con sus implicaciones éticas, no sólo es necesaria para una vida digna del hombre, sino que también contribuye a la eficiencia de los mercados”. En síntesis, “la racionalidad humana busca constantemente en la verdad y en la justicia un fundamento sólido sobre el cual apoyar su propio obrar, bien sabiendo que sin él perdería su propia orientación” (n. 3 del documento).

La complejidad del mundo actual hace más “urgente una alianza renovada entre los agentes econó­micos y políticos en la promoción de todo aquello que es necesario para el completo desarrollo de cada persona humana y de toda la sociedad, conjugando al mismo tiempo las exigencias de la solidaridad y la subsidiariedad (n.12). Esos principios se reflejan especialmente en las puntualizaciones sobre el contexto actual que ofrece el documento, y que vale la pena leer y meditar.

Concluye con un elogio de la sociedad civil y de las asociaciones que fomentan la responsabilidad social, porque “hoy más que nunca, todos estamos llamados a vigilar como centinelas de la vida buena y a hacernos intérpretes de un nuevo protagonismo social, basando nuestra acción en la búsqueda del bien común” (n. 34).

 

Contundente comunicado de la Subcomisión de Familia de la Conferencia Episcopal ante la legislación de la eutanasia

"Es llamativo que se quiera proponer una ley cuando no se ha legislado a nivel estatal sobre la instauración de los cuidados paliativos”

La Subcomisión Episcopal para la familia y la defensa de la vida de la Conferencia Episcopal Española ha publicado un comunicado ante las iniciativas legislativas sobre la eutanasia y el suicidio asistido. Forman parte de esta Subcomisión cinco obispos.

 Mario Iceta, presidente de la Subcomisión de Familia y Vida. ReligionConfidencial

22/05/2018 01:00

RC

Reproducimos íntegro el comunicado que consta de ocho puntos.

1. El mandamiento “no matarás” se encuentra en el fundamento de toda ética verdaderamente humana y, de modo particular, en la tradición cristiana. “Explícitamente, el precepto «no matarás» tiene un fuerte contenido negativo: indica el límite que nunca puede ser transgredido. Implícitamente, sin embargo, conduce a una actitud positiva de respeto absoluto por la vida, ayudando a promoverla y a progresar por el camino del amor que se da, acoge y sirve.” (San Juan Pablo II, EV, 54).

2. La eutanasia y el suicidio asistido son presentados hoy por algunos como respuestas viables y aceptables al problema del dolor y del sufrimiento. Como afirma Benedicto XVI, “es cierto que debemos hacer todo lo posible para superar el sufrimiento, pero extirparlo del mundo por completo no está en nuestras manos, simplemente porque no podemos desprendernos de nuestra limitación, y porque ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal, de la culpa, que –lo vemos– es una fuente continua de sufrimiento” (Spe Salvi, 3).

3. Ante las diversas iniciativas legislativas presentadas en el Congreso de los Diputados sobre la eutanasia y el suicido asistido, debemos recordar que la eutanasia en sentido verdadero y propio se debe entender como una acción u omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. La Iglesia siempre ha considerado la eutanasia como un mal moral y un atentado a la dignidad de la persona. San Juan Pablo II afirmaba que “de acuerdo con el Magisterio de mis predecesores y en comunión con los obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Diosen cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana.” (EV, 65).

Sobre la proposición de ley

4. La proposición de ley defiende una absolutización del principio de autonomía y de la pura subjetividad como criterios fundamentales de la decisión. A este respecto, es necesario señalar que nadie es dueño absoluto de la vida. No existe un derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida. Las decisiones terapéuticas tienen su raíz en los conocimientos de la Medicina basada en la evidencia.

5. Por otro lado, no es posible entender la eutanasia y el suicidio asistido como algo que se refiera exclusivamente a la autonomía del individuo, ya que tales acciones implican la participación de otros, en este caso, del personal sanitario. Ya el juramento hipocrático afirma: “no daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso”. La eutanasia es ajena al ejercicio de la Medicina y a las profesiones sanitarias, que siempre se rigen por el axioma de “curar, al menos aliviar y siempre acompañar y consolar”. El artículo 36.3 del Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial española afirma que “el médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste”. A este respecto, el Papa Francisco afirma: “no siempre se puede garantizar la curación de la enfermedad, a la persona que vive debemos y podemos cuidarla siempre: sin acortar su vida nosotros mismos, pero también sin ensañarnos inútilmente contra su muerte. En esta línea se mueve la medicina paliativa que reviste también una gran importancia en ámbito cultural, esforzándose por combatir todo lo que hace la muerte más angustiosa y llena de sufrimiento, es decir, el dolor y la soledad.” (Mensaje del Papa Francisco al Presidente de la Academia Pontificia para la Vida con motivo del Encuentro Regional Europeo de la “World Medical Association”, Roma, noviembre 2017).

Conciernen a toda la sociedad  

6. También es necesario reconocer que la eutanasia y el suicidio asistido conciernen al conjunto de la sociedad y sus instituciones. En el pensamiento que subyace a la proposición de ley, el ser humano aparece como aislado de los demás, y la sociedad no es considerada como un tejido de interacciones humanas, sino como mero ámbito en el que existe una libertad absoluta de los individuos encerrados en sí mismos sin ninguna referencia a los otros. Ante esta concepción, es necesario resaltar que el ser humano es un ser con los otros y para los otros. Este es el fundamento último de la sociedad. Y en este contexto, el Estado tiene la obligación de proteger la vida de todos los ciudadanos.

7. Lo que realmente demandan los enfermos y sus familias es la ayuda para asumir los problemas y las dificultades personales y familiares que se suelen presentar en los últimos momentos de la vida. El tratamiento del dolor y el abordaje del sufrimiento, el control de efectos secundarios y colaterales, la mejora de la calidad de vida y de la autonomía del paciente, la ayuda a las familias en estas situaciones, el morir en compañía de los seres queridos, con la asistencia espiritual y sacramental, y otros muchos aspectos importantes, son los elementos reiteradamente demandados. Y estos elementos son precisamente los que configuran lo que conocemos como cuidados paliativos. Es llamativo que se quiera proponer una ley de eutanasia cuando no se ha legislado a nivel estatal sobre la instauración de los cuidados paliativos, así como la necesaria formación reglada de esta disciplina de altísimo valor científico y ético en el ámbito universitario y sanitario. Son precisamente estos cuidados los que son demandados ampliamente por la sociedad y por los profesionales sanitarios en particular.

8. Todo ser humano es un don que refleja el rostro de Dios y que merece acogida, protección, respeto y amor. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).  Es lo que el Papa Francisco ha denominado “el gran protocolo” (Gaudete et exultate, 95). En este mes de mayo nos acogemos al cuidado materno de la Virgen María, salud de los enfermos.

Madrid, 21 de mayo de 2018

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa, obispo de Bilbao y presidente

+ Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos

+ Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares

+ José Mazuelos Pérez , obispo de Asidonia-Jerez

+ Juan Antonio Aznárez Cobo, obispo auxiliar de Pamplona y Tudela

 

 

Gerente ejecutiva del hogar

Sheila Morataya-Fleishman
21 mayo 2018

“El trabajo doméstico exige una dedicación continua y total y por consiguiente, constituye una ascética cotidiana que requiere paciencia, dominio de sí misma, longanimidad, creatividad, espíritu de adaptación, valentía ante los imprevistos”. -Juan Pablo II, (24-IV-1979).

Parece haber una opinión generalizada de que una mujer se auto-realiza solamente si tiene una importante posición en una empresa, si ha terminado su cuarto doctorado y si maneja un BMW que ella misma se pagó. Quienes comparten esa visión de la auto-realización femenina con frecuencia ven el trabajo del hogar, el trabajo de ser madre o de ser esposa como una forma de esclavitud. Esta visión no es exacta. Por supuesto que es totalmente válido tener aspiraciones económicas y profesionales, pero ello no denigra en lo absoluto la importante tare de Ejecutiva del Hogar. Quiero contarte, amiga mía, otra perspectiva de lo que es quedarse en el hogar.

Hoy escribo esto para las mujeres valientes y exitosas (si, exitosas) que han decidido orientar su carrera profesional al cuidado de su familia y del hogar.

Y tú, ¿con cuánto amor eres ama de casa? ¿Con cuánta alegría has renunciado a tu carrera profesional para dedicarte a la profesión de limpiar, cocinar, planchar, administrar y ver crecer a tus hijos? ¿Qué promesa se esconde detrás de la elección de esta carrera? ¿Estás consciente de que eres una verdadera heroína de nuestro tiempo al aceptar la invitación que te hace a gritos la sociedad convulsionada y triste de nuestros días? Hoy más que nunca, es importante que reflexiones a profundidad este acto de ser una protagonista escondida en el mundo y pongas amor verdadero al reto de ser mujer de tu casa.

Hay que tener mucha personalidad para hacerlo.

“Quien es capaz de darse libremente a los demás refleja en sí la imagen de Dios y realiza, por tanto, la propia humanidad con singular plenitud”. -Jutta Burggraf.

Y es que ser una esposa que ha decidido quedarse en casa en estos días, en que hay tantas mujeres luchando por los propios derechos (correctos o no), títulos universitarios y puestos ejecutivos como ideal de muchas mujeres, es muy peligroso caer en ese pensamiento de que, las que se quedan en casa son mujeres débiles, con poca estima por ellas mismas y sin ninguna meta o ambición de desarrollo personal. Piensa un poco, ¿No es el trabajo doméstico la escuela del verdadero desarrollo de la personalidad, profesionalismo y encuentro con la propia feminidad?. Y ¿no has descubierto tu esencia femenina al encontrarte con capacidades o talentos que el hombre no tiene? Amiga, el trabajo humano y divino de luchar en el crecimiento amoroso de las virtudes como mujer para luego transmitirla a los tuyos y la intensidad con que lleves a cabo las tareas domésticas puede llegarte a dar ese prestigio profesional que muchas desean y que pocas llegan a lograr.

¿Te podrás auto-realizar en el hogar?

“El hogar es un ámbito particularmente propicio para el crecimiento de la personalidad. La atención prestada a su familia será siempre para la mujer su mayor dignidad… Puede alcanzar ahí su perfección personal”. San Josemaría Escrivá

Tu como mujer que vives en estos tiempos modernos es importante que seas “creadora de hogar”, más que una “esposa en el hogar”. Esta “creación de hogar” incluye hacer de tu casa un hogar luminoso y alegre (San Josemaría), un verdadero santuario de amor que es manifestado y desarrollado desde tu corazón femenino dando así un alimento humano-espiritual y alegre a todos tus miembros. . Al ser creadora-inteligente de esa manera, das a la sociedad hijos con una autoestima sana y recta, audazmente católicos, sin ningún tipo de miedos, comprometidos a preservar los valores en la sociedad. ¿No es esto amiga, la famosa auto-realización personal? ¿Qué más realización que la que se lleva a cabo entre los silenciosos muros del hogar pero con la certeza de que estás formando verdaderos líderes?, ¿Qué más realización quieres que la que saber que dejaste “herencia eterna” en el corazón de tus hijos?

Simone de Beauvoir, autora del libro “Segundo Sexo”, se decidió a escribir un verdadero laberinto de confusiones y malentendió lo que significa la libertad y la realización de la mujer. Muchas de las pobres mujeres que han sido desorientadas por ideas como las de esta autora ignoran que mujer murió completamente sola en un hospital de cirrosis hepática provocado por su alcoholismo. ¿Y ese es el tipo de personas que deberán decirte qué es la liberación y la realización de la mujer? Simone de Beauvoir era presa del alcohol, lo que nos indica cuánta libertad tenía, y su muerte tan patética como solitaria también nos hable de su importante nivel de realización como ser humano. ¿No valdría la pena pensar de forma diferente en torno a lo que es libertad y realización para la mujer?

Sin embargo hay mujeres que no han escrito nada que haya recorrido el mundo y mucho menos han llegado a ser famosas, pero son mujeres que aportan algo indescriptiblemente mayor a la sociedad!. Son mujeres en el mundo tal vez como tu y yo, que viven una vida como la de cualquier trabajador más, que están en diferentes posiciones sociales y que dan un sentido profundo y lleno de vida y alegría al trabajo propio femenino, a la ejecución de lo aparentemente más insignificante y escondido en nuestra sociedad: educar a los propios hijos, verlos crecer, decidirse a ser y estar para ellos. Ese encuentro con su propia vocación y dignidad femenina es tu verdadera realización como mujer. Se da siempre que te sientes feliz con lo que estás haciendo y porque estás haciendo tu deber en cada momento: puede ser cambiar un pañal, o cocinar, y en otro momento volver a la actividad profesional fuera del hogar.

Amiga, las primeras palabras de tu hijo, verlo dar sus primeros pasos, estar presente en el momento en que pierde su primer diente son momentos tan auto-realización tan grandes como el logro de ese Master universitario que tal vez tanto deseas o ese nombramiento a la Presidencia que tanto anhelaste.

Se comienza por los detalles

“Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? —Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. —Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. —Y trozos de hierro. —Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas… ¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?… —¡A fuerza de cosas pequeñas! San Josemaría Escrivá, Camino 819.

Cada vez que leo este texto del fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer no puedo evitar reflexionarlo profundamente y considero que es perfecto para aplicarlo a la vida del hogar. Los detalles son importantes, lo son todo. Revelan la grandeza y entrega del alma femenina al poner su energía y corazón en lo que para muchas mujeres de nuestros días es una tarea que carece de significado. En las tareas del hogar todo se puede consagrar, todo se puede ofrecer y devolver a Dios. Al tener detalles como una sonrisa y una bendición en las mañanas al despedir a tu esposo y tus hijos.

Al tener detalles con tus hijos al llegar de la escuela y recibirlos con una buena merienda. Detalles en tu recámara matrimonial por el cuidado y limpieza que en ella se respira. Detalles en el trato atento entre tu marido y tus hijos. Detalles que dicen gracias y por favor. Detalles en la forma en que preparas y presentas la comida. ¡Qué administradora del hogar tan profesional llegas a ser al tomar en consideración cada uno de ellos. Cuánto puedes crecer como mujer, esposa y madre al estar “atenta” a esas pequeñas acciones que hacen una enorme diferencia en la vida de todos.

Después de un intenso silencio, María va a pronunciar lo que sería su respuesta decisiva“he aquí la esclava del Señor…”(Lc 1,38)*. ¿Te animas a seguir su ejemplo?

* La Aventura divina de María, Antonio Fuentes Mendiola

 

 

Ley natural: ¿un invento?

La Ley moral natural es “el conjunto de leyes racionales que expresan el orden de las inclinaciones naturales a los fines propios del ser humano, aquel orden que es propio del hombre como persona”

Ante una valla erigida en medio de un camino pueden existir varias actitudes. Cierto tipo de reformador diría: No veo el uso que pueda tener esto; vamos a deshacernos de ello. Otro más inteligente puede responder diciendo: Si no ves su uso, vete y reflexiona. Luego, cuando vuelvas y me digas que ya has visto el uso que tiene, tal vez te permita que lo destruyas. Esta paradoja descansa sobre el sentido común más elemental. La valla no creció ahí sin más. No la levantaron unos sonánbulos que la construyeron estando dormidos. Es muy improbable que la pusieran ahí unos fugitivos que por alguna razón habían quedado sueltos en la calle. Alguien tuvo alguna razón para pensar que sería bueno tenerla. Y hasta que no sepamos cuál es esa razón, no podemos juzgar si la razón era razonable o no. Si algo construido por otros seres humanos como nosotros parece ser algo misterioso y sin sentido, en ese caso es muy probable que hayamos pasado por alto todo un aspecto de la cuestión. Hay reformadores que superan esta dificultad asumiendo que sus padres eran unos locos de remate; pero si así es, entonces sólo podemos decir que su locura parece ser una enfermedad hereditaria [1].

1 ¿Qué es la Ley natural?

 

La Ley moral natural es “el conjunto de leyes racionales que expresan el orden de las inclinaciones naturales a los fines propios del ser humano, aquel orden que es propio del hombre como persona” [2].

Se denomina “ley”, porque, al igual que todas las leyes, es un ordenamiento producto de la razón que se dirige a conseguir el bien común, dictado por quien tiene a su cargo la comunidad [3].

Se dice “moral” porque califica y distingue lo que debe hacerse de lo que ha de evitarse, esto es, lo bueno y aquello que se considera como malo.

El señalamiento de “natural” habla de que es propio del ser humano.

La Ley moral natural no es la tendencia o inclinación que toda persona tiene o pueda llegar a tener, sino la regulación de estas. Se trata pues de un “deber ser”.

Epicteto (siglo I) enuncia el primer principio de la Ley natural: “Hay que hacer el bien y evitar el mal” (Epicteto, IV, 3, 30), de donde se derivan los derechos y deberes para que efectivamente pueda hacerse el bien y evitarse el mal.

Es evidente que no todo lo que se dice derecho realmente lo es, y de igual forma lo que en algún momento determinado se califica como un deber. Sin embargo, todo ser humano comparte una misma Ley moral natural, un mismo principio interior, del que surge el anhelo de la humanidad de respetar y solicitar respeto, de unos derechos mínimos para todos, dando lugar a los llamados “Derechos Humanos”, cuyo contenido consiste fundamentalmente en lo que desde antiguo las más diversas culturas han reconocido como convenientes al ser humano, en cuanto que regulan lo que debe hacerse y evitarse por encima de lo que dicten las leyes elaboradas por las autoridades de cualquier época y lugar.

Algunos de esos derechos y deberes comunes son manejados ya en las culturas antiguas, como lo muestra la historia.

2 Un poco de historia: Derechos Humanos y Ley moral natural

 

El Presidente de Alemania, Roman Herzog, expresó con frecuencia su opinión sobre los Derechos Humanos. En un ensayo publicado en el diario semanal Die Zeit de Hamburgo, comenta que las culturas: hinduismo, confucionismo, budismo, islamismo, cristianismo, y sus sistemas filosóficos característicos, han establecido una ética de la humanidad. En todas ellas rige la regla siguiente: “No hagas nunca a otros lo que no quieres que te hagan a ti”. Los derechos fundamentales del hombre fluyen directamente de esta regla de oro, vigente [4]. Con lo que señala el deber de evitar el mal a los demás.

De manera semejante, el escritor C.S. Lewis en su libro “La abolición del hombre”, ilustra la coincidencia de distintas civilizaciones en aspectos éticos fundamentales, uno de los apartados se refiere a las que mandan no hacer mal a los otros:

· “No he matado” (tradición egipcia: De la Confesión del Alma justa, Libro de la Muerte V).

· “No matarás” (tradición judía: Libro del Exodo 20, 13). Segundo libro de la Biblia que relata la salida del pueblo judío de Egipto (escrito aproximadamente hacia el año 1,300 a. C.).

· “No atemorices a los hombres, o Dios te atemorizará a ti” (tradición egipcia: Preceptos de Ptahhetep).

· “Quien ejerce opresión, busca la ruina de su morada” (Babilonia: Himno a Samas).

· “No hagas con los demás lo que no quieras que hagan contigo” (tradición china: Anales de Confucio, XV, 23) [5]. Confucio del 551 al 479 a. C.

Los escritos de los filósofos de la cultura griega destacan la Ley natural con mayor claridad incluso. Sófocles (del 496 a 406 a. C.) reclama la existencia de unas leyes no escritas e inmortales que están por encima de las leyes dadas por los hombres (Antígona, vv 452-457). Aristóteles (384 a 322 a. C.) distingue entre leyes justas en virtud de la ley y leyes justas por naturaleza (Política, I, 6, 1255a; III, 11, 1282b) [6].

Las leyes divinas y naturales, de que habla Sófocles, son orientadoras de las acciones (…) En la tragedia Antígona, es en donde aparece más destacada una firme convicción del derecho natural, a través de su protagonista. Esta heroína prefiere la obediencia a la Ley natural que a la ley del tirano Creón, y da sepultura al cadáver de su hermano. Unos diálogos son las siguientes:

Creón: Tú, que inclinas hacia el suelo la cabeza, ¿confiesas o niegas haber sepultado a Polínice?

Antígona: Lo confieso; no lo niego.

Creón: ¿Conocías el decreto que prohibía hacer eso?

Antígona: Lo conocía, no podía dejar de conocerlo. Era público.

Creón: ¿Y osaste violar en efecto esa ley?

Antígona: Sí; pues no fue Zeus quien emitió ni publicó ese edicto, el cual no pertenece a las leyes que han sido establecidas para los hombres por la Justicia (…) Yo no pensé que tus decretos, decretos de un ser mortal, pudiesen abrogar las leyes no escritas e inmutables del cielo. Estas leyes perennes no son de hoy ni de ayer, sino que pertenecen a todos los tiempos, son eternas, y nadie sabe cuándo nacieron [7].

Otro tanto sucede entre los romanos. Cicerón (106 a 43 a. C.) decía: “Es absurdo pensar que es justo todo lo determinado por las costumbres y las leyes de los pueblos (…) ¿Acaso también si son leyes de tiranos? Hay un único derecho que mantiene unida la comunidad de todos los hombres, y está constituido por una sola ley, la cual es el criterio justo que impera o prohibe; (…) que si todos los derechos se fundaran en la voluntad de los pueblos, las decisiones de los príncipes y las sentencias de los jueces, sería justo el robo, justa la falsificación, justa la suplantación de testamentos, siempre que tuvieran a su favor los votos o los plácemes de una masa popular (…) Y es que para distinguir la ley buena de la mala, no tenemos más norma que la de la naturaleza (…) La naturaleza nos dio así un sentido común que esbozó en nuestro espíritu, para que identifiquemos lo honesto con la virtud y lo torpe con el vicio. Pensar que esto depende de la opinión de cada uno y no de la naturaleza, es como de locos”. En “La República” continúa diciendo este autor de hace veinte siglos: “(…) hay una ley verdadera, recta razón conforme con la naturaleza, presente en todos, constante, sempiterna, la cual llama al deber mandando y desvía del engaño prohibiendo (…) A esta ley (…) ni es lícito derogarla en algo, ni puede ser abrogada por completo, ni nos podemos desligar de esta ley por obra del Senado o del Pueblo (…) no será una en Roma, otra en Atenas, una ahora, otra después; todos los pueblos, en todos los tiempos serán regidos por esta única ley eterna e inmutable; y un único maestro común, por así decirlo, y soberano de todos será Dios; de esta ley, El sólo es autor, intérprete y legislador; y quien no lo obedezca renegará de él mismo, y rechazando su naturaleza de hombre, por eso mismo incurrirá en las máximas penas (Cicerón, De Legibus, XXI, 17 y De República III, 2). Los mejores juristas de la época clásica romana son de opiniones similares. Gayo (siglo II), en las Instituta, afirma: “La ley civil corrompe o altera los derechos civiles, pero no los derechos naturales”. Paulo (siglo III), en su obra Ad Sabinum, dejó constancia de su pensamiento al afirmar que “La palabra “derecho” se emplea en varias acepciones: una, cuando se llama derecho a lo que siempre es justo y bueno, como el Derecho natural; otra acepción, lo que en cada ciudad es útil para todos o para muchos, como es el Derecho civil” [8].

Ulpiano (170 a 228), decía que era necesario conocer, ante todo, las cosas divinas, porque sin este conocimiento, el panorama humano sobre el cual debe posarse la mente del jurista, quedaría privado de aquel fundamento que reposa en lo absoluto, en Dios (Lib. 10 D. 1,1) [9].

3 ¿De dónde procede la validez de los derechos que rigen a las personas?

Aún queda por responder ¿de dónde, entonces, procede su validez? ¿derivará de una Declaración? ¿procede de la autoridad que le otorguen las Conferencias Internacionales de la ONU? o ¿existen derechos verdaderamente naturales en todo ser humano? Respecto a estas interrogantes existen dos posturas encontradas:

1ª Los derechos que tiene el hombre le son reconocidos como naturales.

2ª Los derechos que tiene el hombre le son otorgados por las leyes.

En el primer supuesto se explica que el ser humano posee derechos y deberes que se desprenden de su naturaleza humana, son derechos naturales fruto de una Ley moral natural, siendo su primer principio el de “haz el bien y evita el mal”.

La otra postura señala que es tarea autónoma y exclusiva de la legislación del momento la que determina los derechos del ser humano. Se trata, pues, de algo convenido, esto es, los derechos son aquellos que el grupo de personas que tienen a su cargo la elaboración de las leyes considera conveniente, con independencia de lo justos o injustos que resulten, pero con la garantía de su legalidad. La escuela del Positivismo Jurídico difundió que sólo es derecho lo que establecen los legisladores, conduciendo a una incorrecta simplificación que fácilmente acaba en arbitrariedad. Bajo esa perspectiva, los Derechos humanos serían una concesión o una atribución que se otorga al ciudadano [10].

En base a las ventajas de este último, se critica a la Ley moral natural, por considerarla imprecisa y sometida a interpretaciones ideológicas, poniendo en peligro los principios democráticos. Ahora bien, la Ley moral natural no es una receta. En un primer nivel ofrece principios generales. En un segundo nivel, sin embargo, las consecuencias prácticas de esos principios fundamentales pueden ser oscurecidas por ignorancia, prejuicios, pasiones, prepotencias, deseos de autonomía. A lo largo de la historia, ha ayudado a colmar las lagunas de la legislación, ha permitido el diálogo entre pueblos y culturas, como una gramática común, ha tenido una función crítica empujando la historia de los pueblos hacia horizontes de mayor justicia, ha funcionado, como una prefiguración del orden jurídico futuro [11].

4 ¿Cuál es el contenido de la Ley Moral Natural?

Un primer nivel del contenido de la Ley moral natural es la que regula la tendencia a:

1° La conservación del ser: vida e integridad física y moral, frecuentemente llamada instinto de conservación

2° La unión conyugal de varón y mujer ordenada a la generación y educación de los hijos.

3° La relación con Dios.

4° El trabajo como expresión del dominio y transformación del mundo circundante, y, en conexión con él, la tendencia al descanso y la diversión.

5° Las variadas formas de asociación.

6° La comunicación y el conocimiento de la cultura y el arte [12].

Todos los ordenamientos reconocen un derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad, al trabajo, a la comunicación, a la asociación, a la buena fama. Son derechos que le corresponden a la persona humana. En cambio, si se consideraran otorgados, no cabría la crítica a leyes inhumanas, gobiernos opresores, impuestos injustos, etc., o ¿en base a qué daríamos esa calificación?

Sin embargo, la sola Ley moral natural no basta. Como el hombre es un ser inteligente y libre, pertenecen a su libre opción los medios que considere necesarios para alcanzar sus fines. La puntualización del derecho (el de cada país), concreta la indeterminación que existe entre la realidad y la Ley moral natural. Ésta apunta hacia unos fines, el Derecho de cada país debe implementar el sistema más justo para conseguirlos.

En cualquier caso, una característica que define la Ley moral natural, y por tanto, a lo que se ha denominado Derechos Humanos, es su universalidad: o son universales o no tienen sentido; esto es, son derechos válidos en todo tiempo y lugar, independientemente de las cambiantes situaciones culturales y sociales. En realidad son universales porque su fundamento es la persona humana, la común naturaleza.

Por otra parte, no todo bien debe considerarse un Derecho Humano. ¿El derecho a vacaciones pagadas es un Derecho humano? ¿lo es el derecho a la vacunación, o a disfrutar de los beneficios que trae el progreso científico? Por supuesto, es conveniente prestar más atención a las injusticias sociales y económicas, lo preocupante es la idea de que no se deba poner unos derechos por encima de otros, así, por ejemplo, el derecho a la vida no debe estar en el mismo plano que el derecho a vacaciones pagadas. Derechos verdaderamente importantes como la libertad de expresión, de religión, de asociación, derecho a la vida, a la libertad, y a la seguridad de las personas. En cuanto a derechos económicos y sociales, un gobierno siempre podrá proclamar sus buenas intenciones, pero dependerá de sus posibilidades para llevarlos a la práctica. Estos derechos no pueden ser universalmente respetados, ni tampoco podrán dar motivo para dejar de respetar otros. No sería válido declarar que se tiene sanidad, aunque se carezca de libertad, o que no se tiene derecho de reunión con fines pacíficos, pero tienen el empleo asegurado [13].

5 ¿Qué enseña la Iglesia sobre la Ley moral natural?

El Papa Juan Pablo II la define como la ley de la persona humana para dirigir su vida y sus actos [14].

“Tanto en Oriente como en Occidente es posible distinguir un camino que, a lo largo de los siglos, ha llevado a la humanidad a encontrarse progresivamente con la verdad y a confrontarse con ella (…) cada pueblo, posee una sabiduría originaria y autóctona que, como auténtica riqueza de las culturas, tiende a expresarse y a madurar incluso en formas puramente filosóficas (…) es verificable incluso en los postulados en los que se inspiran las diversas legislaciones nacionales e internacionales para regular la vida social (…) a pesar del cambio de los tiempos y de los progresos del saber (…); piénsese, además, en algunas normas morales fundamentales que son comúnmente aceptadas” [15].

El concepto de Ley moral natural de los griegos coincide con lo señalado en la Sagrada Escritura, así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento se puede leer: “Porque estos mandamientos que yo te prohibo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de ti (…) sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica (…) Mira: hoy te pongo delante de la vida y la muerte; el bien y el mal. Si obedeces los mandamientos del Señor, tu Dios, vivirás (…) si no morirás” (Deuteronomio 30, 11-15); y, por supuesto, el contenido de los Diez Mandamientos (Exodo 20, 2-17 y Deuteronomio 5, 6-21) se apega a la Ley moral natural. Asimismo San Pablo (Rom 2, 15) dejó lo siguiente: “Con esto muestran que tienen grabado en sus corazones lo que la Ley prescribe, como se lo atestigua su propia conciencia y según los acusan o los excusan los razonamientos que se hacen unos a otros”.

Sin embargo, es Jesucristo quien eleva el postulado de Confucio de manera extraordinaria al expresar lo siguiente: “tratad a los hombres de la manera en que vosotros queréis ser de ellos tratados” (Lc 6, 31). Ya no es el mínimo de “No hagas nunca a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, sino: haz con otros lo que desearías que hicieran contigo.

San Ireneo (130 a 202) sostiene que los paganos no conocieron la Ley de Moisés, pero, en cambio, todos tienen otra ley escrita en sus corazones que suple a la ley mosaica. San Agustín (354 a 430) sostiene que todos son pecadores, pues han desobedecido a esa ley escrita en sus corazones. San Gregorio Magno (540 a 604) en Moralia in Job enseña que el hombre no puede ignorar lo que hace, pues por la Ley natural está obligado a saber qué obras son buenas o malas [16]. Y es Santo Tomás de Aquino (1225 a 1274) quien toma lo escrito sobre la Ley moral natural de los siglos anteriores.

La Encíclica Pacem in Terris establece un catálogo amplio de los derechos y deberes que dimanan inmediatamente de su propia naturaleza y que en virtud de ello son universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto. Así, entre los derechos del hombre se postulan: derecho a la vida y a un decoroso nivel de vida; a la buena fama, a la verdad y a la cultura; al culto divino. Posteriormente se concretan los derechos familiares, entre los que destaca primeramente el derecho de la persona a elegir el estado de vida, contraer matrimonio, fundar una familia en cuya creación y desarrollo, hombre y mujer tengan iguales derechos y deberes. Junto a todo este cúmulo de derechos, se agrupan tres deberes básicos de la persona, que son: el de respetar los derechos ajenos, el de colaborar con los demás y el de actuar con sentido de responsabilidad en la consecución del bien común [17].

Con mucha claridad enseña Juan Pablo II: ¿Qué son los auténticos derechos humanos? ¿Concesiones de los gobiernos, de los Estados? ¿O algo distinto, más profundo? ¿En qué consiste la dignidad del hombre? ¿Qué son los derechos del hombre? Es evidente que estos derechos han sido inscritos por el Creador en el orden de la creación; que aquí no se puede hablar de concesiones de las instituciones humanas, de los Estados o de las organizaciones internacionales. Tales instituciones expresan sólo lo que Dios mismo ha inscrito en el orden creado por El, lo que El mismo ha inscrito en la conciencia moral, en el corazón del hombre, como explica san Pablo en la Carta a los Romanos (cfr. 2,15) [18].

Un buen resumen lo hace el Catecismo de la Iglesia Católica, y señala lo siguiente:

“En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal (…) El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón (…) La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” [19].

“El hombre participa de la sabiduría y la bondad del Creador que le confiere el dominio de sus actos y la capacidad de gobernarse con miras a la verdad y al bien. La ley natural expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira: La ley natural está inscrita y grabada en el alma de todos y cada uno de los hombres porque es la razón humana que ordena hacer el bien y prohíbe pecar (…) Pero esta prescripción de la razón humana no podría tener fuerza de ley si no fuese la voz y el intérprete de una razón más alta a la que nuestro espíritu y nuestra libertad deben estar sometidos” [20] .

“La ley es una regla de conducta proclamada por la autoridad competente para el bien común. La ley moral supone el orden racional establecido entre las criaturas, para su bien y con miras a su fin, por el poder, la sabiduría y la bondad del Creador. Toda ley tiene en la ley eterna su verdad primera y última. La ley es declarada y establecida por la razón como una participación en la providencia del Dios vivo, Creador y Redentor de todos. “Esta ordenación de la razón es lo que se llama la ley” [21].

“La ley natural contiene los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral. Tiene por raíz la aspiración y la sumisión a Dios, fuente y juez de todo bien, así como el sentido del prójimo como igual a sí mismo. Está expuesta, en sus principales preceptos, en el Decálogo. Esta ley se llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la razón que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana” [22].

“Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios. Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural” [23].

“Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del ser humano” [24].

“La ley natural, presente en el corazón de todo hombre y establecida por la razón, es universal en sus preceptos, y su autoridad se extiende a todos los hombres. Expresa la dignidad de la persona y determina la base de sus derechos y sus deberes fundamentales” [25].

“La aplicación de la ley natural varía mucho; puede exigir una reflexión adaptada a la multiplicidad de las condiciones de vida según los lugares, las épocas y las circunstancias. Sin embargo, en la diversidad de culturas, la ley natural permanece como una norma que une entre sí a los hombres y les impone, por encima de las diferencias inevitables, principios comunes” [26].

“La ley natural es inmutable y permanente a través de las variaciones de la historia; subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso. Las normas que la expresan permanecen substancialmente valederas. Incluso cuando se llega a renegar de sus principios, no se la puede destruir ni arrancar del corazón del hombre. Resurge siempre en la vida de individuos y sociedades” [27].

“La ley natural, obra maravillosa del Creador, proporciona los fundamentos sólidos sobre los que el hombre puede construir el edificio de las normas morales que guían sus decisiones. Establece también la base moral indispensable para la edificación de la comunidad de los hombres. Finalmente proporciona la base necesaria a la ley civil que se adhiere a ella, bien mediante una reflexión que extrae las conclusiones de sus principios, bien mediante adiciones de naturaleza positiva y jurídica” [28].

“Los preceptos de la ley natural no son percibidos por todos de una manera clara e inmediata. En la situación actual, la gracia y la revelación son necesarias al hombre pecador para que las verdades religiosas y morales puedan ser conocidas de todos y sin dificultad, con una firme certeza y sin mezcla de error” [29].

“Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación (…) Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la conciencia moral” [30].

“Nadie puede ordenar o establecer lo que es contrario a la dignidad de las personas y a la ley natural” [31].

Por tanto, si no se atiende a la Ley moral natural, rije entonces la ley del más fuerte, y entonces se dice que es Derecho Humano aquello que al poderoso le conviene que lo sea [32].

Aún cuando el ser humano posea la Ley moral natural, no resulta asequible acertar siempre ni en todo su contenido; sólo los primeros principios pueden ser descubiertos por cualquier persona, pues no está exento de error el juicio de la conciencia. Así las cosas ¿qué se puede hacer a este respecto? ¿a qué o a quién acudir?

Sabemos que la Ley moral natural no ha sido un invento del cristianismo, pero los católicos tienen la facilidad de acudir al Magisterio de la Iglesia para resolver las dudas sobre su contenido, pues ella misma ha declarado que le corresponde su interpretación: “La Iglesia no ha sido la autora (…), ni puede, por tanto, ser su árbitro, sino solamente su depositaria e intérprete, sin poder jamás declarar lícito lo que no lo es por su íntima e inmutable oposición al verdadero bien del hombre” [33].

6 Ley moral natural y conciencia moral ¿se identifican?

 

La conciencia moral pertenece al fenómeno que ordinariamente llamamos “conciencia”, y significa en su sentido propio “con ciencia” (cum scientia, esto es, con conocimiento; que Cicerón y Santo Tomás de Aquino le dan el sentido de “conciencia común con otros”, esto es, se trata de algo objetivo que todos poseemos, aunque, por otro lado sea subjetiva también por ser de cada uno; distinta de la conciencia psicológica, esto es, la noción de que existo). La conciencia moral es la aplicación de la conciencia en cuanto saber moral, a juicios concretos de acción o, a acciones ya verificadas. La conciencia, propiamente hablando, no es una potencia, sino un acto. Esa “cosa” es mi conciencia moral, la luz con la cual puedo discernir si lo que voy a hacer es bueno o malo. De otro modo, el criterio de verdad sería cuestión de consenso, lo que opina la mayoría [34].

La inteligencia humana posee dos dimensiones, una teórica y otra práctica. Sus juicios están basados en principios evidentes por sí mismos. El primer principio de la dimensión teórica del entendimiento es el de “no contradicción”, que establece: “nada puede ser y no ser a la vez, en el mismo sujeto y bajo el mismo aspecto”. El primer principio de la dimensión práctica del entendimiento es: “hay que hacer el bien y evitar el mal” [35].

Cualquier persona con uso de razón conoce este primer principio, que se expresa de diversas formas: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti, da a cada quien lo suyo, cumple tu deber, etc. y se pueden resumir en haz el bien y evita el mal. Existen además otros principios secundarios o conclusiones próximas que fluyen de los anteriores y pueden ser conocidos por cualquier persona casi sin esfuerzo, son los que pertenecen a los diez mandamientos. Por último están las conclusiones remotas que se deducen de todos los anteriores luego de un raciocinio más elaborado, por ejemplo la indisolubilidad del matrimonio, la ilicitud de la venganza, etc. [36].

La conciencia moral es un juicio del entendimiento práctico, es la misma inteligencia que juzga. Este juicio se realiza de acuerdo con unos criterios anteriores a ella, que no crea, sino descubre. A estos principios se le denomina Ley moral natural. En otras palabras, la conciencia moral no es autónoma, si por autonomía se entiende hacer su propia ley; si, en cambio, por autonomía se entiende libertad, la conciencia moral es autónoma, en el sentido de que no es lícito nunca coaccionarla [37].

La obligación de seguir la propia conciencia moral deriva del hecho de que el obrar humano es un obrar en base a la razón. Seguir la propia conciencia moral no significa simplemente hacer lo que nos parece bueno, sino aquello de lo cual se está seguro que es lo verdaderamente bueno. Quien se equivoca en este propósito, se encuentra ciertamente en el error de conciencia, pero él sigue su conciencia precisamente porque está convencido que ella le muestra la verdad. Y precisamente porque está convencido de la verdad de su juicio de conciencia, ésta lo vincula. En este caso, la conciencia lo compromete porque es considerada verdadera. Quien, en cambio, afirma que la conciencia no está de hecho vinculada a la verdad, sino que establece siempre un “bien para mi”, suprime la ineludible pretensión vinculante de la conciencia, corta a la conciencia moral la autoridad para poder vincular en general. Si se entiende por “libertad de conciencia” una “autonomía” no ligada a la verdad de la conciencia, se destruyen la autoridad y la autonomía de la conciencia, es decir, su carácter vinculante y, por tanto, también el fundamento del hecho de que la libertad de conciencia es un bien humano [38].

La conciencia moral no es la instancia del juicio moral, que decide sobre el bien y el mal. Es la matriz donde se gesta el bien y el mal, pero de acuerdo con esta metáfora, la matriz no engendra la vida, sino que la recibe de la Ley moral natural [39].

La conciencia moral es, por tanto, como una “regla regulada”, una “norma normatizada”, y por tanto, se puede encontrar en el error [40].

7 Ley moral natural, naturaleza humana, conciencia moral y voluntad

La naturaleza humana es la misma esencia del hombre, pero considerada como el principio de movimiento; por ella cada quien actúa según ese principio de operación, esto es, según su propia naturaleza, que en el ser humano se denomina naturaleza humana. La esencia es aquello por lo que una cosa es lo que es; en el caso de la persona, es aquello por cuya virtud el ser humano es precisamente ser humano, no importando si es alto o bajo, corpulento o delgado, blanco, negro o de tonalidades pardas, joven o viejo, sano o enfermo, continúa siendo un ser humano. Toda persona, por naturaleza, posee inteligencia (y con ella la conciencia que interpreta la Ley moral natural) y voluntad libre.

La Ley moral natural es aquel orden que es propio del ser humano como persona.

La conciencia moral es el entendimiento mismo, la inteligencia, que realiza un juicio práctico que ordena lo que el ser humano debe hacer o no hacer, o bien valora un acto ya realizado por él. Es un juicio que se aplica a una situación concreta. Formula la obligación moral de un acto señalado aquí y ahora, a la luz de la Ley moral natural [41]. Podría decirse que la lee.

La voz de la conciencia moral se puede equivocar en la valoración de un acto, pero no sucede así con la Ley de Dios, que está por encima de la conciencia y es infalible. Esta Ley resuena en la conciencia.

La naturaleza humana es de una determinada manera, la Ley moral natural está inscrita en ella y la ordena hacia su fin, la conciencia moral interpreta la Ley moral natural, esto es, el correcto uso de la naturaleza para alcanzar los fines, la voluntad libre decide qué hacer.

Citando la fuente y el nombre del autor, se autoriza la reproducción de este artículo que forma parte del libro “SIN MIEDO A LA VIDA”:

FUENTE

Oscar Fernández Espinosa de los Monteros

Abogado e investigador en materias de Bioética

AUTOR

Primera versión: 12-V-99

Versión anterior: 29-III-00

Última versión: 20-VII-00

MÉXICO

e-mail: oscarf@altavista.net


[1] Cfr. CHESTERTON, G. K., El amor o la fuerza del sino, Selección de textos realizada por Alvaro de Silva, Ediciones Rialp S.A., Madrid, España, 1994, pp. 95-96

[2] HERVADA, Javier, , Introducción Crítica al Derecho Natural, Editora de Revistas, México, 1985, pp. 144 -145

[3] AQUINO, Santo Tomás de, Suma Teológica, I-II, q. 91, a. 2

* Si deseas conocer más acerca de este tema, comunícate directamente con el autor del libro a la siguiente dirección de internet: oscarf@altavista.net

[4] Cfr. HERZOG, Roman, “Los derechos del hombre”,en revista Deutschland, nº 3, Alemania, junio de 1997, pp. 40-42

[5] Cfr. “Los mismos mandatos en distintas culturas” en ACEPRENSA, 138/97, Madrid, España, 15-X-97

[6] Cfr. FERNÁNDEZ, Aurelio, Compendio de Teología Moral, Ediciones Palabra, Madrid, España, 1995, pp.194-195

[7] Cfr. CAJIGAS ROSALBO, Gabriela María de los Ángeles, El Arte como expresión del Derecho, México, D.F., 1968, pp. 37-38

[8] Cfr. PACHECO ESCOBEDO, Alberto, “Conferencia en la Universidad Bonaterra de Aguascalientes”, en revista Universo Cultural del periódico EL HIDROCÁLIDO, Aguascalientes, México, 5-VIII-90, p. 7

[9] Cfr. GÓMEZ PÉREZ, Rafael, Deontología Jurídica, Ediciones Universidad de Navarra S.A., Pamplona, España, 1982, pp. 268-269

[10] Cfr. PACHECO ESCOBEDO, Alberto, “Conferencia en la Universidad Bonaterra de Aguascalientes”, en revista Universo Cultural del periódico EL HIDROCÁLIDO, Aguascalientes, México, 5-VIII-90, p. 6

[11] Cfr. “La ley natural, impulso para una política más justa” en ACEPRENSA, 163/98, Madrid, España, 25-XI-98

[12] Cfr. HERVADA, Javier, , Introducción Crítica al Derecho Natural, Editora de Revistas, México, 1985, pp. 145-146

[13] Cfr. “Derechos humanos: estirarlos es rebajarlos”, en ACEPRENSA, 180/98, Madrid, España, 23-XII-98 e International Herald Tribune, 26-XI-98

[14] JUAN PABLO II, Encíclica Veritatis splendor, 6-VIII-93, n° 50

[15] JUAN PABLO II, Encíclica Fides et ratio, 14-IX-98, n° 1-4

[16] Cfr. FERNÁNDEZ, Aurelio, Compendio de Teología Moral, Ediciones Palabra, Madrid, España, 1995, p. 196

[17] Cfr. DE LA BORBOLLA, Juan, A fuerza de ser hombres, Editora de Revistas, S.A., México, 1990, p. 76

[18] JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la Esperanza, Plaza & Janes Editores, S.A., México D.F., 1994, p. 195

[19] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1776

[20] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1954

[21] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1951

[22] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1955

[23] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2070

[24] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2072

[25] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1956

[26] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1957

[27] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1958

[28] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1959

[29] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1960

[30] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2071

[31] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2235

[32] Cfr. CARRASCO GARCÍA, Ignacio, Pbro., Conferencia dictada en San Pedro Garza García, México, 12-XI-99

[33] PAULO VI, Encíclica Humanae vitae, nº 4 y 18, 25-VII-68 y Constitución Pastoral Gaudium et spes n° 50 del Concilio Vaticano II, 7 de diciembre de 1965

[34] Cfr. CARRASCO GARCÍA, Ignacio, Pbro., La Conciencia Moral, San Pedro Garza García, México, 22-XI-99, p. 1

[35] Cfr. GÓMEZ PÉREZ, Rafael, Deontología Jurídica, Ediciones Universidad de Navarra S.A., Pamplona, España, 1982, p. 47

[36] SADA, Ricardo y Alfonso Monroy, Curso de Teología Moral, Editora de Revistas, Quinta edición, México 1989, p. 51

[37] Cfr. GÓMEZ PÉREZ, Rafael, Deontología Jurídica, Ediciones Universidad de Navarra S.A., Pamplona, España, 1982, p. 47

[38] Cfr. CARRASCO GARCÍA, Ignacio, Pbro., La Conciencia Moral, San Pedro Garza García, México, 22-XI-99, pp. 5-6

[39] Cfr. GÓMEZ PÉREZ, Rafael, Deontología Jurídica, Ediciones Universidad de Navarra S.A., Pamplona, España, 1982, p. 49

[40] Cfr. AQUINO, Santo Tomás, Summa Theologica, en De Veritate, q. 17, a. 2, ad 7

[41] Cfr. JUAN PABLO II, Encíclica Veritatis splendor, nº 59, 6-VIII-93

 

12 Temas para hablar con tu novia antes de dar el paso al matrimonio

LaFamilia.info - 21.05.2018

Foto: Freepik 

 

Algunas de las crisis matrimoniales, que en algunos casos llevan a la separación y al divorcio, tienen sus raíces en el noviazgo, especialmente en aquellos aspectos que la pareja prefirió “ignorar” o que nunca conversaron con franqueza. Esto llevó a dos profesoras del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana a investigar el tema y a publicar un libro con preguntas para que los novios se hagan, antes de decidirse por un proyecto de vida en común y para siempre.

El libro “Yo te amo, tú me amas, ¿nos casamos?”, escrito por Annabel Astuy Lossada y Patricia Ortiz Marín, es una guía sencilla, práctica y útil, que pretende ser para las parejas una asesoría amigable e incondicional para que su relación de noviazgo se fortalezca y se sume gratamente a su deseo de dar el paso hacia el matrimonio.

Las autoras realizaron una profunda investigación en la cual entrevistaron a personas casadas, separadas y divorciadas, así como a diferentes profesionales del tema; además diseñaron un modelo de asesoría a través de preguntas que desarrollaron en sesiones conversacionales con 10 parejas de novios, siete de las cuales decidieron terminar su relación afectiva durante el proceso. De las tres restantes, una ya se casó y continúa la asesoría, la otra se casará próximamente y la última terminó su relación meses después de haber concluido la asesoría.

“Las rupturas de estas parejas se hizo de manera reflexionada, dándose cuenta de los puntos no negociables, de lo que era vital para cada uno y qué no eran capaces de ofrecerle al otro. Esto brindó esperanza, por el conocimiento personal adquirido. Yo les digo a las parejas que asesoro: ‘un noviazgo que se termina son dos matrimonios que se salvan’. Y sí, el noviazgo está hecho para que se termine, sea porque dan el paso al matrimonio o porque rompen. Además, nunca el dolor de la ruptura de un noviazgo es mayor al de un matrimonio, más cuando hay hijos”, señala la autora.

Para hablar consigo mismo y con el otro

Una idea errónea es pensar que aquellos aspectos “sutiles” que incomodan del otro cuando son novios van a desaparecer o cambiar en el matrimonio, porque precisamente en el día a día de la convivencia y en un ambiente de seguridad y confianza la persona se muestra tal cual es, con sus virtudes y defectos. Lo interesante de realizar el ejercicio que propone el libro y de vivir el noviazgo como un camino de discernimiento es que cada uno se da cuenta de lo que puede y quiere cambiar por amor al otro, porque “nadie cambia a nadie”, sino la persona en sí misma.

“Somos seres perfectibles y la propuesta es que desde el noviazgo vayan construyendo juntos los caminos de mejora personal. En nuestra investigación observamos cómo el éxito marital estaba asociado a que las parejas tenían conversadas previamente las 12 áreas o atributos que proponemos, mientras que en los matrimonios en crisis no había coincidencias en estos asuntos y no lo hablaron en el noviazgo”, asegura Astuy Lossada.

A continuación un resumen de los 12 aspectos sobre los cuales las dos coautoras proponen que los novios hablen gradualmente antes de dar el paso al matrimonio, primero a modo de reflexión personal y luego en pareja, aunque las investigadoras advierten: “esto no es una receta, porque cada pareja le imprime un sello personal a su relación y proyecto matrimonial y familiar, así como estos procesos no implican que luego no haya problemas, sino que serán oportunidades para avanzar”.

1. Datos personales y estado de salud

Incluye aspectos como el tipo de sangre, adicciones propias o en la familia, enfermedades actuales o pasadas.

2. Conocimiento de sí mismo y de tu novi@

¿Qué tanto me conozco para saber qué tanto puedo conocer al otro?, ¿cualidades, virtudes, defectos, gustos, intereses, reacciones, sentimientos? Aborda aspectos tan diversos como los elogios que le gusta recibir a la persona y cuáles podría darle al otro, o cómo se siente cada uno con los estilos de comunicación que hay en la familia política y que tendría que compartir con ellos.

3. La familia de origen y la familia política

¿Cómo es mi relación con mis padres?, ¿me gusta y me siento satisfecho de cómo criaron a mi novi@?, ¿qué tan prioritario es para mí compartir tiempo en familia?

4. Las relaciones de amistad

¿Me gustan los amigos de mi novi@?, ¿cuánto tiempo le dedico a mis amigos?, ¿qué significan esas amistades, hay confianza y complicidad?, ¿qué gustos compartimos con ellos? Aquí se destaca, además, la importancia de compartir momentos juntos con los amigos como historias gratas para recordar y revivir en el matrimonio.

5. Los pasatiempos

¿Cuáles compartiría con mi novi@ en una vida ya de esposos?, ¿cuáles pasatiempos le restarían valor y calidad a la relación?

6. La comunicación

¿Cómo nos comunicamos?, ¿reconozco mis sentimientos?, ¿hablo de mis ideales con mi novi@?, ¿qué tanto puedo controlar mis emociones negativas?, ¿poseo confianza para expresarle al otro lo que siento o mejor me callo?, ¿me preocupo por entender el punto de vista del otro?

7. Resolución de conflictos

Permite reflexionar sobre si hay buenos modelos de comunicación como novios que les permita solucionar sus conflictos.

8. Amor conyugal

¿Cómo comprendo la fidelidad y el compromiso en un proyecto común con mi pareja?, ¿entiendo que yo te voy a ser feliz a ti y no tú a mí?, ¿cómo nos imaginamos lo que pasará con el amor en la vida matrimonial?, ¿se transformará la pasión?

“Acá hablamos del amor sexuado entre un hombre y una mujer, en su totalidad y unicidad. Además, el amor no es solamente un sentimiento, sino también una decisión por la cual este amor se operativiza. Se comprende la incondicionalidad, propia de los amores familiares, del ‘voy a amarte siempre y por siempre’”, precisa Astuy Lossada.

9. El manejo del dinero

¿Cómo vemos el asunto de la economía familiar?, ¿hay claridad o desconfianza en el manejo de las finanzas personales y de los bienes materiales que poseo?

10. Profesión y trabajo

¿Qué tan importante es el éxito profesional y la formación académica para mí y para el otro?, ¿equilibro el tiempo de trabajo con otras dimensiones de mi vida, como la familia?

11. El significado de los hijos

¿Cuántos hijos queremos tener o no?, ¿cómo los educaremos?, ¿en qué tipo de colegio o sistema educativo?, ¿qué tanto dejaría involucrar a mis suegros en la crianza de ellos?, ¿qué creencias religiosas queremos transmitirles?, si mi novi@ y yo somos de diferentes credos, ¿cómo será esto?

Frente a la posibilidad de que los novios estén pensando en no tener hijos, la también asesora personal y familiar explica que este modelo permite “hablar abiertamente sobre esto y comprender qué lleva a no desearlos”.

12. Sexualidad

¿Conozco las diferencias biológicas y psicológicas entre un hombre y una mujer y que, por ende, tenemos una visión distinta?, en la regulación de la planificación familiar, ¿conozco los efectos colaterales de los métodos artificiales y su relación con los cambios emocionales, por ejemplo, de la mujer?, ¿conozco los métodos naturales?, ¿he sido fiel con la otra persona?, ¿qué sentido tienen para nosotros las relaciones sexuales?

Fuente: razonmasfe.com

 

 

ESPERANDO

 

Como la sequía, a la lluvia;

como un muerto de hambre, para un bocado de alimento

como el náufrago a un salvador;
como un moribundo, para la resurrección

te espero.

H.S. SHIVA PRAKASH, INDIA

 

 

Dar al dinero el valor que le corresponde,

Llevamos un tiempo que en nuestra sociedad la idea del beneficio por el beneficio se ha instalado entre nosotros, no dejando espacio a otros ámbitos. Valoramos al adinerado aunque se trate de un genuino patán, y despreciamos al modesto doctorando que come en casa de sus padres porque su beca no le llega a fin de mes. Medimos al prójimo por lo que tiene, no por lo que es, en este mundo infectado de narcisismo y postureo.

Por si fuera poco, los acaudalados de ahora ninguna relación guardan con los mecenas de antaño, salvo contadas excepciones. A diferencia de los que desinteresadamente posibilitaron las grandes obras de arte o literatura durante siglos, que no perseguían más remuneración que la estética o intelectual, en la actualidad ha cobrado forma la detestable tendencia de emplear sus cuartos para saciar vanidades y complejos de inferioridad. No es infrecuente en este tiempo que por medio de una simple transferencia se provea una transfusión de cultura o prestigio académico a la vena del donante, para un escarnio general que cursa con discreción y disimulada ironía por temor a quedarse lejos de la corrección política que lo permite y aplaude.

Campanella sentenció ya en 1623 que “las riquezas hacen a los hombres insolentes, soberbios, ignorantes, traidores, faltos de amor y presuntuosos en su ignorancia”. Y no digamos nada cuando no proceden de sudores propios, sino ajenos.

Dar al dinero el valor que le corresponde, el gran reto pendiente de nuestros tiempos y que tanto urge.

JD Mez Madrid

 

 

El silencio de la Resurrección

Hoy, litúrgicamente día de la Ascensión, pasados cuarenta días de la Resurrección, me parece oportuno hablar del silencio de la Resurrección que es el silencio en el que vive toda nuestra Fe; porque Jesucristo quiere que descubramos en el silencio de nuestras almas, de nuestra mente, de nuestro corazón, el Amor con el que Él ha muerto y Resucitado.

El silencio de la Resurrección es el silencio que anuncia el amanecer eterno. El hombre que no cierra los oídos al ruido del pecado, a los “líos” que se engendran en la mente, con un acto hondo de arrepentimiento de sus pecados, no podrá gozar de ese maravilloso silencio de la Resurrección que abre la inteligencia a la Fe, y así colma la más honda hambre de sabiduría de la razón: aprender a amar en el corazón de Cristo Resucitado.

En la Resurrección de Jesús está encerrada, anunciada, la verdadera Revolución que pueda llenar de paz y de alegría el corazón del hombre. Ya lo vislumbró el mismo Renan, que en su empeño por desfigurar la realidad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, no tuvo empacho en reconocer que “arrancar tu nombre (el de Jesús) del mundo sería lo mismo que sacudirlo en sus cimientos”.

Xus D Madrid

 

 

Evangelización, parresia, audacia, persuasión

En el n. 129 de la exhortación Gaudete et exsultate –precedido del ladillo “audacia y fervor”-, afirma el Papa que “la santidad es parresía: es audacia, es empuje evangelizador que deja una marca en este mundo. Para que sea posible, el mismo Jesús viene a nuestro encuentro y nos repite con serenidad y firmeza: ‘No tengáis miedo’ (Mc 6,50). ‘Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos’ (Mt 28,20). Estas palabras nos permiten caminar y servir con esa actitud llena de coraje que suscitaba el Espíritu Santo en los Apóstoles y los llevaba a anunciar a Jesucristo. Audacia, entusiasmo, hablar con libertad, fervor apostólico, todo eso se incluye en el vocablo parresía, palabra con la que la Biblia expresa también la libertad de una existencia que está abierta, porque se encuentra disponible para Dios y para los demás (cf. Hch 4,29; 9,28; 28,31; 2Co 3,12; Ef 3,12; Hb 3,6; 10,19)”.

El miedo a difundir el mensaje cristiano no es teórico. Lo advierto en mí mismo y en personas próximas. No estamos a la altura de las circunstancias en un momento histórico decisivo, que necesita esa “nueva evangelización” presente desde tiempo inmemorial en el magisterio de los pontífices. Pero no ya para llegar a nuevas construcciones intelectuales, sino para atender a los más cercanos: porque se les quiere; al contrario, la pasividad refleja déficit de fe y de amor.

José Morales Martín

 

 

Lo de Cataluña ya no es regional

 

            A la vista de lo que hace y declara el nuevo y “electo presidente” de la autonomía catalana; “ni lo dejan instalarse en su despacho”, puesto que su rebeldía y sublevación va delante de él en todo momento y es claro que si se enfrenta “a lo bestia” a la ley constitucional, la destitución la lleva consigo y el asunto de la república, sigue latente y candente, por lo que todo lo hecho no sirve para nada. Por ello hay que ir preguntando muchos por qués, que indudablemente surgen por sí mismos ante tanto obstáculo como se sigue poniendo para una posible normalidad, hoy más que lejana es que es imposible.

            ¿Por qué ocurre lo que ocurre? ¿Por qué a nadie parece interesarle la normalidad de (o en) España? ¿Por qué de la mal llamada unión europea siguen poniendo pegas y obstáculos incomprensibles? ¿El interés final es hundir mucho más a España? ¡Aquí hay muchos gatos/tigres encerrados! ¿Quién habla claro en este país de mierdas? ¿Es que se pretende el que haya muertos en las calles o carreteras de Cataluña por motivos revolucionarios? ¿Qué en definitiva nos están “cociendo” a todos los españoles?

            Al propio tiempo los dos “viejos” partidos nacionales (PSOE PP) en las encuestas aparecen, disolviéndose como azucarillos en infusiones vegetales y apropiadas para curar retortijones en las sucias tripas de quienes padecen estas molestísimas enfermedades, ya crónicas en la política hispana.

            Es más, es que da la sensación que ni al actual jefe de gobierno o al del Estado, les interesa lo más mínimo el que todo esto se solucione; y nos lo dicen “los tiras y aflojas de Rajoy o el sepulcral silencio del propio rey, que no olvidemos se dice que encarna al propio Estado y éste está ya en grave estado que augura males mayores”.

            Por otra parte en “el orden interior de España”; ya ocurren casos tan graves como el apaleo a plena luz del día, de un grupo de guardias civiles, amén de los cotidianos enfrentamientos del, “ya ejército de las drogas, enfrentado abiertamente al ejército regular y al que hace recular abiertamente”; sí y en concreto… ¿Qué está pasando y va a pasar en España y a no tardar mucho tiempo? ¿Por qué no se empieza disolviendo la autonomía catalana y tras de ella todas las demás, pues es la enfermedad que nunca debimos padecer en España? Aquí radican todos los males que padecemos.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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