Las Noticias de hoy 16 Abril 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 16 de abril de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Papa, Regina Coeli: "El pecado no es causado por el cuerpo sino por nuestra debilidad moral"

El Papa: “Universidades, laboratorios de diálogo y encuentro”

Apelo del Papa: "Necesaria acción común para la paz en Siria"

NATURALIDAD CRISTIANA: Francisco Fernández Carvajal

“Anda, ¡vuela!”: San Josemaria

Nuevos Mediterráneos (I): «Aquella primera oración de hijo de Dios»: Lucas Buch

El mundo está en guerra y Dios está triste: Sheila Morataya

Vivir dos veces, vivir por dos, vivir…: Marta Páramo

Más sobre Amanda Figueras: desconoce la grandeza de la vida cotidiana de Jesús: Pilar Gonzalez Casado

MUJER Y HOMBRE EN LA HISTORIA: José Joaquín Camacho                         

LA VIRTUD DE LA PUREZA: Leo J. Mart.

FRANCISCO: UN PAPA POLICÍA: René Mondragón

Peligros de la religión: Alfonso Aguiló

Sector agrario: se amplía brecha de productividad: ALFREDO PALACIOS DONGO

 Tres síntomas: necesita desconectarse: John Horvat II

El gesto parece de una humildad heroica.: José Morales Martín

“Corrupción y pecado”: Suso do Madrid

La posverdad y Podemos: Enric Barrull Casals

Corrupción en España y más que lenta justicia: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

Papa, Regina Coeli: "El pecado no es causado por el cuerpo sino por nuestra debilidad moral"

En el tercer domingo de Pascua, el Papa Francisco habló acerca del cuerpo como un "regalo maravilloso de Dios, destinado, en unión con el alma, a expresar plenamente la imagen y semejanza de Él"

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

En el tercer domingo de Pascua y antes de rezar el Regina Coeli a la madre del cielo, el Papa Francisco hablando de “la experiencia de Cristo Resucitado hecha por sus discípulos" aseguró que “debemos tener una idea positiva de nuestro cuerpo” ya que “puede convertirse en una ocasión o en un instrumento de pecado, pero el pecado no es causado por el cuerpo, sino por nuestra debilidad moral”.

Narrando el Evangelio según San Lucas, donde Jesús se manifiesta a los Apóstoles diciéndoles: "La paz esté con vosotros", el Papa Francisco explica que se trata tanto "de la paz interior, como de la paz que se establece en las relaciones entre las personas”. El episodio contado por el evangelista Lucas insiste mucho en el realismo de la Resurrección, de hecho – asegura Francisco - no es una aparición del alma de Jesús, “sino de su presencia real con el cuerpo resucitado”.

“Jesús se da cuenta de que los Apóstoles están desconcertados al verlo porque la realidad de la Resurrección es inconcebible para ellos” continúa el Papa. Creen que ven un fantasma, “pero Jesús resucitado no es un fantasma, es un hombre con cuerpo y alma” y es por ello que les dice: "Miren mis manos y mis pies: ¡soy realmente yo! Tocadme y mirad; un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que tengo”. Y como esto no parece suficiente para vencer la incredulidad de los discípulos, Jesús les pregunta: "¿Tienen aquí algo para comer? Los discípulos le ofrecen un poco de pescado asado y Jesús lo toma y se lo come delante de ellos.

El cuerpo no es un obstáculo o una prisión del alma

Tras narrar el Evangelio según San Lucas, el Papa afirmó que “la insistencia de Jesús en la realidad de su Resurrección ilumina la perspectiva cristiana sobre el cuerpo”, pues el cuerpo “es creado por Dios” y el hombre no está completo “si no es una unión de cuerpo y alma”.

Jesús, que ha vencido la muerte y ha resucitado en cuerpo y alma, nos hace comprender que debemos tener una idea positiva de nuestro cuerpo: “El cuerpo es un regalo maravilloso de Dios, destinado, en unión con el alma, a expresar plenamente la imagen y semejanza de Él”, dijo el Papa - por lo tanto, continuó -  “estamos llamados a tener un gran respeto y cuidado de nuestro cuerpo y el de los demás” ya que toda ofensa, herida o violencia al cuerpo de nuestro prójimo "es un ultraje para Dios el creador”. 

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Además, Francisco envió un particular pensamiento a todos los niños, las mujeres y los ancianos maltratados en el cuerpo: “En la carne de estas personas encontramos el cuerpo de Cristo; Cristo herido, burlado, calumniado, humillado, azotado y crucificado” pero Jesús lo que nos enseñó fue “el amor”, un amor que, en su Resurrección – puntualizó el Santo Padre – “ha demostrado ser más poderoso que el pecado y la muerte, y quiere salvar a todos aquellos que experimentan en su propio cuerpo las esclavitudes de nuestros tiempos”.

“Vivimos en un mundo donde prevalece la prepotencia contra los más débiles y el materialismo que sofoca el espíritu”, señaló el Pontífice, y es por eso que el Evangelio de hoy “nos llama a ser personas capaces de mirar profundamente, llenas de asombro y gran alegría por haber encontrado al Señor resucitado” y concluyó pidiendo, por la intercesión materna de la Virgen María para que “nos sostenga en este camino”.

 

 

El Papa: “Universidades, laboratorios de diálogo y encuentro”

Audiencia del Papa Francisco a los miembros de la Delegación de “Villanova University” de Filadelfia, Estados Unidos, a quienes recibió este sábado 14 de abril, en la Sala Clementina del Vaticano.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Un aspecto urgente de la tarea educativa es el desarrollo de una visión universal, católica de la unidad de la familia humana y de un compromiso en la eficacia de la solidaridad necesaria para combatir las graves desigualdades e injusticias que marcan el mundo actual”, con estas palabras el Papa Francisco alentó a los miembros de la Delegación de “Villanova University” de Filadelfia, Estados Unidos, a quienes recibió en audiencia este sábado 14 de abril, en la Sala Clementina del Vaticano.

Preservar y transmitir la riqueza de la tradición católica

En su discurso, el Santo Padre saludó y animó a los miembros de esta Universidad Nord Americana con ocasión de su encuentro en la ciudad eterna, que es fuente de renovación espiritual. “Como herederos de gran escuela agustina, inspirada en la búsqueda de la sabiduría – señaló el Pontífice – vuestra Universidad fue fundada para preservar y transmitir la riqueza de la tradición católica a las nuevas generaciones de estudiantes, que, como el joven Agustín, están en búsqueda del verdadero significado y del valor de la vida”.

Preparar a los jóvenes con sabiduría y responsabilidad

La Universidad, dijo el Obispo de Roma, en fidelidad a esta visión, y como comunidad de investigación y de estudio, debe además confrontarse con los complejos desafíos éticos y culturales que surgen de los cambios de época que involucran hoy nuestro mundo. “Tengo la esperanza – afirmó el Papa – que, en cada aspecto de su vida y misión, la Villanova University perseverará en su compromiso de comunicar los valores intelectuales, espirituales y morales que puedan preparar a los jóvenes para participar con sabiduría y responsabilidad en los grandes debates que construyen el futuro de la sociedad”.

Laboratorios de diálogo y encuentro al servicio de la verdad

En este sentido, el Papa Francisco puntualizó que, un aspecto urgente de la tarea educativa es el desarrollo de una visión universal, católica de la unidad de la familia humana y de un compromiso en la eficacia de la solidaridad necesaria para combatir las graves desigualdades e injusticias que marcan el mundo actual. “Las Universidades, por su naturaleza – afirmó el Pontífice – están llamadas a ser laboratorios de diálogo y de encuentro al servicio de la verdad, de la justicia y de la defensa de la dignidad humana a todo nivel. Esto es particularmente válido para una institución católica como la vuestra, que contribuye en la misión de la Iglesia de promover el crecimiento auténtico e integral de la familia humana hacia su definitiva plenitud en Dios”.

Al servicio de la verdad que nos hace libres

Antes de concluir su discurso, el Santo Padre alentó a los miembros de esta Universidad a seguir el ejemplo de San Agustín, quien conoció la inquietud del corazón humano que busca a Dios y que en Jesucristo nos revela la más profunda verdad sobre nuestra vida y nuestro destino último. “Puedan estos días de reflexión, discusión y encuentro – alentó el Papa – confirmarlos en su compromiso para la misión de la Universidad al servicio de la verdad que nos hace libres”.

 

 

Apelo del Papa: "Necesaria acción común para la paz en Siria"

Llamamiento del Papa Francisco a todos los líderes políticos para que prevalezca la justicia y la paz a favor de Siria.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Estoy profundamente preocupado por la situación mundial actual, en la cual, a pesar de los instrumentos disponibles para la comunidad internacional, es difícil acordar una acción común a favor de la paz en Siria y en otras regiones del mundo” afirmaba el Pontífice tras rezar el Regina Coeli del tercer domingo de Pascua desde el Balcón Pontificio en la Plaza de San Pedro. Así, Francisco lanzaba un nuevo y apremiante llamamiento a todos los líderes políticos para que prevalezca la justicia y la paz y aseguró su “incesantemente oración” por la paz, invitando a todas las personas de buena voluntad “a continuar haciéndolo”.

Día en el que también expresó su dolor tras recibir la noticia del asesinato de los tres hombres secuestrados a finales del pasado mes de marzo en la frontera entre Ecuador y Colombia, asegurando su oración tanto para ellos como para sus respectivas familias y mostrándose cercano al querido pueblo ecuatoriano,  alentándolo a ir hacia delante unido y pacífico, con la ayuda del Señor y de la Santísima Madre.

El Santo Padre quiso recordar que en Madagascar se está celebrando la beatificación del mártir Luciano Botovasoa, padre de familia y un testimonio constante de Cristo para el don heroico de la vida. Arrestado y asesinado por haber manifestado su voluntad de permanecer fiel al Señor y a la Iglesia, quien representa para todos nosotros un ejemplo de caridad y de fortaleza en la fe.

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Por último, encomendó sus oraciones a Vincent Lambert, en Francia, así como al pequeño Alfie Evans, en Inglaterra, y a tantos otros en diferentes países que viven, a veces durante mucho tiempo, en un estado de enfermedad grave, con asistencia médica para necesidades primarias. “Son situaciones delicadas, muy dolorosas y complejas” dijo el Papa Francisco, por tanto, “oramos para que cada paciente sea respetado en su dignidad y tratado de manera adecuada a su condición, con el acuerdo de los familiares, médicos y los trabajadores de la salud con gran respeto por la vida” concluyó.    

 

 

NATURALIDAD CRISTIANA

— Ser cristianos coherentes en todas las situaciones de nuestra vida.

— Apostolado en ambientes difíciles.

— Rectitud de intención.

I. El proceso contra Esteban desencadena una grave persecución contra la Iglesia. En la lectura de la Misa de hoy se narra su actividad apostólica y su martirio1: En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Contra él se utilizarán los mismos medios, y casi las mismas palabras, que se emplearon contra Jesús: Le hemos oído decir –aseguran los falsos testigos– que ese Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés.

Esteban proclamó con valentía su fe en Jesús resucitado. Y es ejemplo para nosotros –aunque el Señor no nos pida el martirio– de vida cristiana coherente: con naturalidad y claridad, sin detenernos ante los falsos escándalos, ni ante el qué dirán. Debemos contar con ambientes en los que alguna vez nos mirarán torcidamente, porque no entienden un comportamiento cristiano, ni muchas de las amables exigencias de la doctrina de Cristo. Debemos imitar entonces al Señor y a quienes le fueron fieles, incluso hasta dar la vida por Él, si fuera necesario, actuando con serenidad, llevando una vida cristiana con todas sus consecuencias. Sin duda, sería más cómodo el adaptarse a esas situaciones y estilos de vida paganizados, pero ya no podríamos decir que queremos ser discípulos fieles de Jesús. Estas situaciones, en las que tendremos que echar mano de la firmeza de carácter y de la fortaleza en la fe, pueden darse en la Universidad, en el trabajo, en el lugar donde pasamos unos días de descanso con la familia, etcétera.

«En sus actuaciones públicas, los cristianos deben inspirarse en los criterios y objetivos evangélicos vividos e interpretados por la Iglesia. La legítima diversidad de opiniones en los asuntos temporales no debe impedir la necesaria coincidencia de los cristianos en defender y promover los valores y proyectos de vida derivados de la moral evangélica»2. El cristiano debe rechazar el miedo de parecer chocante si, por vivir como discípulo fiel del Señor, su conducta es mal interpretada o claramente rechazada. Quien ocultara su personalidad cristiana en medio de un ambiente de costumbres paganas, se doblegaría por respetos humanos, y sería merecedor de aquellas palabras de Jesús: Quien me niegue ante los hombres, Yo también le negaré ante mi Padre que está en los cielos3.

«¿Sabéis cuál es la primera tentación que el demonio presenta a una persona que ha comenzado a servir mejor a Dios? –pregunta el Santo Cura de Ars–. Es el respeto humano»4. ¿Cómo es nuestro comportamiento con los amigos, en el trabajo, en una reunión social? ¿Mostramos con valentía y sencillez nuestra condición de hijos de Dios?

II. En ocasiones, parece de «buen tono» hablar con frialdad de las grandes verdades de la vida, o bien no hablar de ellas en absoluto. Y llaman fanático al que habla con entusiasmo de una causa noble –defensa de la vida desde la concepción, libertad de enseñanza...– o tratan de descalificar con diversos adjetivos al que tiene convicciones profundas sobre la vida y su destino final y trata de vivirlas.

Sin intemperancias, que son ajenas al ejemplo amable que nos dejó Jesucristo, trataremos de vivir, con la ayuda de la gracia, una vida llena de convicciones cristianas profundas y firmes. Sabemos bien, por ejemplo, que la indiferencia ante las maravillas de Dios es un gran mal, consecuencia de la tibieza o de una fe muerta o dormida, por mucho que se la quiera disfrazar de «objetividad».

El cristiano, por el Bautismo, ha recibido la gracia que salva y da sentido a su caminar terreno. Ante un bien tan excelente es lógico que esté alegre y que procure comunicar su felicidad a quienes están a su lado por medio de un apostolado incesante.

Jesús siempre hizo el bien. Yo os pregunto –les decía Jesús en cierta ocasión a unos escribas y fariseos que le espiaban– ¿es lícito hacer el bien o hacer el mal? Y a continuación curó al enfermo de la mano seca. En todos los ambientes debemos hacer el bien, comunicar la alegría de haber conocido a Cristo; sentimos la necesidad de ganar almas para la Verdad, para el amor, para Cristo. «Y esto se llama, en correcto castellano, proselitismo. Aquí interviene también la manipulación de las palabras. El término proselitismo ha sido cargado por algunos con la albarda de intereses egoístas, de utilización de medios poco honrados para fascinar, coaccionar o enrolar engañosamente a los que se dirige. Tal actitud merece seria condena; pero lo condenable es el proselitismo sectario, engañador, mercenario, el que se aprovecha de la ignorancia ajena, de su miseria material, de su soledad afectiva.

»Pero ¿vamos, por eso, a renunciar los cristianos a la fecundidad apostólica, a la fraternidad comunicativa del genuino proselitismo?»5.

La certeza de las verdades de nuestra fe –solo el que está convencido convence– y el amor a Cristo nos llevará a una comunicación fecunda de lo que nosotros hemos encontrado, nos llevará a un leal proselitismo. Y esto en todos los ambientes.

III. El lugar donde buscamos la santidad es el trabajo, las relaciones con quienes comparten las mismas tareas que nosotros, el trato social, la familia.

Si encontramos obstáculos, incomprensiones o críticas injustas le pediremos al Señor su gracia para mantenernos serenos, tener paciencia y, ordinariamente, no dejar de hacer apostolado. El Señor no siempre se encontró con personas de buena fe al anunciar la Buena Nueva, y no por eso dejó de mostrar las maravillas del Reino de Dios. Los Apóstoles, en los comienzos de la Iglesia, y los primeros cristianos también, se encontraron con situaciones y ambientes que, al menos al principio, rechazaban de plano la doctrina salvadora que llevaban en su corazón y, sin embargo, convirtieron el mundo antiguo. «—No entiendo tu abulia. Si tropiezas con un grupo de compañeros un poco difícil –que quizá ha llegado a ser difícil por tu abandono–, te desentiendes de ellos, escurres el bulto, y piensas que son un peso muerto, un lastre que se opone a tus ilusiones apostólicas, que no te entenderán...

»¿Cómo quieres que te oigan si, aparte de quererles y servirles con tu oración y mortificación, no les hablas?...»6.

Por otra parte, ninguna situación es inamovible ni definitiva. El paso del tiempo acaba por dar la razón al que trabaja y trata a los demás con honradez, con rectitud de intención, sin buscar ventajas personales.

El dejarse llevar por los respetos humanos es propio de personas con una formación superficial, sin criterios claros, con un carácter poco firme. Con frecuencia esta actitud, tan poco atrayente también en lo humano, viene respaldada por la comodidad de no llevarse un pequeño mal rato, el miedo a poner en peligro un cargo, por ejemplo, o el deseo de no distinguirse de los demás.

Aunque los nobles se sientan a murmurar de mí –se lee en el Salmo responsorial7–, tu siervo medita tus leyes; tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros.

Para vencer los respetos humanos necesitamos rectitud de intención, atendiendo más al parecer de Dios que al parecer de los demás; fortaleza para pasar con elegancia las pequeñas críticas, frecuentemente superficiales, cuando las haya; alegría para comunicar el tesoro que cada discípulo del Señor ha encontrado, y el buen ejemplo, del que nunca nos arrepentiremos, que es simple coherencia con la gracia, que el Señor ha puesto en nuestro corazón. Aun en los ambientes más difíciles podremos ganar almas para Cristo si deseamos de verdad hacer felices a esos amigos, compañeros o conocidos. «Antes de querer hacer santos a todos aquellos a quienes amamos es necesario que les hagamos felices y alegres, pues nada prepara mejor el alma para la gracia como la leticia y la alegría.

»Tú sabes ya (...) que cuando tienes entre las manos los corazones de aquellos a quienes quieres hacer mejores, si los has sabido atraer con la mansedumbre de Cristo, has recorrido ya la mitad de tu camino apostólico. Cuando te quieren y tienen confianza en ti, cuando están contentos, el campo está dispuesto para la siembra. Pues sus corazones están abiertos como una tierra fértil, para recibir el blanco trigo de tu palabra de apóstol o de educador.

»Si sabes hablar sin herir, sin ofender, aunque debas corregir o reprender, los corazones no se te cerrarán. La semilla caerá, sin duda, en tierra fértil y la cosecha será abundante. De otro modo tus palabras encontrarán, en vez de un corazón abierto, un muro macizo; tu simiente no caerá en tierra fértil, sino al margen del camino (...) de la indiferencia o de la falta de confianza; o en la piedra (...) de un ánimo mal dispuesto, o entre las espinas (...) de un corazón herido, resentido, lleno de rencor.

»No perdamos nunca de vista que el Señor ha prometido su eficacia a los rostros amables, a los modales afables y cordiales, a la palabra clara y persuasiva que dirige y forma sin herir (...). No debemos olvidar nunca que somos hombres que tratamos con otros hombres, aun cuando queramos hacer bien a las almas. No somos ángeles. Y, por tanto, nuestro aspecto, nuestra sonrisa, nuestros modales, son elementos que condicionan la eficacia de nuestro apostolado»8.

En la Santísima Virgen encontramos, como los Apóstoles, la fortaleza necesaria para hablar de Dios sin respetos humanos: «—Después de que el Maestro, mientras asciende a la diestra de Dios Padre, les ha dicho: “id y predicad a todas las gentes”, se han quedado los discípulos con paz. Pero aún tienen dudas: no saben qué hacer, y se reúnen con María, Reina de los Apóstoles, para convertirse en celosos pregoneros de la Verdad que salvará al mundo»9.

1 Cfr. Hch 6, 8-15. — 2 Conferencia Episcopal Española, Testigos de Dios vivo, 28-VI-1985, n. 64, d. — 3 Mt 10, 32. — 4 Santo Cura de Ars, Sermón sobre las tentaciones. — 5 C. López Pardo, en Rev. Palabra, n. 245. — 6 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 954. — 7 Sal 118. — 8 S. Canals, Ascética meditada, pp. 74-76. — 9 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 232.

 

 

“Anda, ¡vuela!”

Me veo como un pobre pajarillo que, acostumbrado a volar solamente de árbol a árbol o, a lo más, hasta el balcón de un tercer piso..., un día, en su vida, tuvo bríos para llegar hasta el tejado de cierta casa modesta, que no era precisamente un rascacielos... Mas he aquí que a nuestro pájaro lo arrebata un águila –lo tomó equivocadamente por una cría de su raza– y, entre sus garras poderosas, el pajarillo sube, sube muy alto, por encima de las montañas de la tierra y de los picos de nieve, por encima de ...

...las nubes blancas y azules y rosas, más arriba aun, hasta mirar de frente al sol... Y entonces el águila, soltando al pajarillo, le dice: anda, ¡vuela!... ¡Señor, que no vuelva a volar pegado a la tierra!, ¡que esté siempre iluminado por los rayos del divino Sol –Cristo– en la Eucaristía!, ¡que mi vuelo no se interrumpa hasta hallar el descanso de tu Corazón! (Forja, 39)
 
El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!
Hemos corrido como el ciervo, que ansía las fuentes de las aguas; con sed, rota la boca, con sequedad. Queremos beber en ese manantial de agua viva. Sin rarezas, a lo largo del día nos movemos en ese abundante y claro venero de frescas linfas que saltan hasta la vida eterna. Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas.
No me refiero a situaciones extraordinarias. Son, pueden muy bien ser, fenómenos ordinarios de nuestra alma: una locura de amor que, sin espectáculo, sin extravagancias, nos enseña a sufrir y a vivir, porque Dios nos concede la Sabiduría. ¡Qué serenidad, qué paz entonces, metidos en la senda estrecha que conduce a la vida! (Amigos de Dios, nn. 306-307)

 

 

Nuevos Mediterráneos (I): «Aquella primera oración de hijo de Dios»

El sentido de la filiación divina lo cambia todo, como cambió la vida de san Josemaría cuando descubrió inesperadamente ese Mediterráneo.

Vida espiritual 30 de julio de 2017

«Son momentos, hijas e hijos míos, para adentrarnos más y más por «caminos de contemplación» en medio del mundo»[1]. Con estas palabras señala el prelado del Opus Dei una de las prioridades del momento actual. El apostolado de los cristianos es, hoy como siempre, «una superabundancia de nuestra vida interior»[2]. Por una parte, porque consiste en comunicar precisamente esa Vida; por otra, porque para proponer la fe al mundo es necesario comprenderla y vivirla en profundidad. Se trata, en definitiva, como nos indicó san Josemaría, de «ahondar en la hondura del Amor de Dios, para poder así, con la palabra y con las obras, mostrarlo a los hombres»[3].

No basta ser hijos de Dios, sino que hemos de sabernos hijos de Dios, de modo tal que nuestra vida adquiera ese sentido

Este camino hacia adentro tiene una peculiaridad. No transita de un lugar conocido a otro desconocido: consiste más bien en ahondar en lo que ya se conoce, en lo que parece obvio, de tan oído. Se descubre entonces algo que, en realidad, se sabía, pero que ahora se percibe con una fuerza y una profundidad nueva. San Josemaría se refiere a esa experiencia hablando de distintos «Mediterráneos» que se fueron abriendo ante sus ojos de manera inesperada. Así lo expone, por ejemplo, en Forja:

«En la vida interior, como en el amor humano, es preciso ser perseverante. Sí, has de meditar muchas veces los mismos argumentos, insistiendo hasta descubrir un nuevo Mediterráneo.

»–¿Y cómo no habré visto antes esto así de claro?, te preguntarás sorprendido. –Sencillamente, porque a veces somos como las piedras, que dejan resbalar el agua, sin absorber ni una gota.

»–Por eso, es necesario volver a discurrir sobre lo mismo, ¡que no es lo mismo!, para empaparnos de las bendiciones de Dios»[4].

«Discurrir sobre lo mismo» para intentar abrirnos a toda su riqueza y descubrir así «¡que no es lo mismo!» Ese es el camino de contemplación al que estamos llamados. Se trata de surcar un mar que, a primera vista, no tiene nada de nuevo, porque ya forma parte de nuestro paisaje cotidiano. Los romanos llamaban al Mediterráneo Mare nostrum: se trataba del mar conocido, del mar con el que convivían. San Josemaría habla de descubrir Mediterráneos porque, en cuanto nos adentramos en los mares que creemos conocer bien, se abren ante nuestros ojos horizontes amplios, insospechados. Podemos decir entonces al Señor, con palabras de santa Catalina de Siena: «eres como un mar profundo, en el que cuanto más busco más encuentro, y cuanto más encuentro más te busco»[5].

Estos descubrimientos responden a luces que Dios da cuando y como quiere. Con todo, nuestra consideración pausada nos pone en disposición de recibir esas luces del Señor. «Y como aquél que primero estaba en las tinieblas y después ve de pronto el sol que le ilumina la cara, y distingue claramente lo que hasta entonces no veía, del mismo modo el que recibe el Espíritu Santo queda con el alma iluminada»[6]. En los siguientes editoriales repasaremos algunos de estos Mediterráneos que san Josemaría descubrió en su vida interior, para ahondar con él «en la hondura del Amor de Dios».

Abba Pater!

Una de las convicciones más arraigadas en los primeros cristianos era que podían dirigirse a Dios como hijos amados. Jesús mismo les había enseñado: «Vosotros orad así: Padre nuestro que estás en el cielo…» (Mt 6,9). Él se había presentado ante los judíos como el Hijo amado del Padre, y había enseñado a sus discípulos a comportarse de igual modo. Los apóstoles le habían oído dirigirse a Dios con el término que usaban los niños hebreos para dirigirse a sus padres. Y, al recibir el Espíritu Santo, ellos mismos habían comenzado a usar esa fórmula. Se trataba de algo radicalmente nuevo, respecto a la piedad de Israel, pero San Pablo lo referiría como algo común y conocido por todos: «recibisteis un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: “¡Abbá, Padre!”. Pues el Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Rm 8,15-16). Era una convicción que les llenaba de confianza y les daba una audacia insospechada: «si somos hijos, también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo» (Rm 8,17). Jesús no es solo el Unigénito del Padre, sino también el Primogénito de muchos hermanos (cfr. Rm 8,29; Col 1,15). La Vida nueva, traída por Cristo, se presentaba ante los ojos de aquellos primeros creyentes como una vida de hijos amados de Dios. No era esta una verdad teórica o abstracta, sino algo real que les llenaba de una desbordante alegría. Buena muestra de ello es el grito que se le escapa al apóstol san Juan en su primera carta: «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3,1).

La paternidad de Dios, su amor singularísimo y tierno por cada uno, es algo que los cristianos aprendemos desde pequeños. Y, sin embargo, estamos llamados a descubrirlo de un modo personal y vivo, que llegue a transformar nuestra relación con Dios. Al hacerlo, se abre ante nuestros ojos un Mediterráneo de paz y confianza, un horizonte inmenso en el que podremos ahondar a lo largo de toda la vida. Para san Josemaría, fue un hallazgo inesperado, la repentina apertura de un panorama que se encontraba en realidad como escondido en algo que conocía bien. Era el otoño de 1931; lo recordaba muchos años después: «Os podría decir hasta cuándo, hasta el momento, hasta dónde fue aquella primera oración de hijo de Dios. Aprendí a llamar Padre, en el Padrenuestro, desde niño; pero sentir, ver, admirar ese querer de Dios de que seamos hijos suyos…, en la calle y en un tranvía –una hora, hora y media, no lo sé–; Abba, Pater!, tenía que gritar»[7].

San Josemaría habla de descubrir «Mediterráneos» porque, en cuanto nos adentramos en los mares que creemos conocer bien, se abren ante nuestros ojos horizontes amplios, insospechados

En los meses siguientes, san Josemaría volvió repetidamente sobre este punto. En el retiro que hizo un año más tarde, por ejemplo, apuntaba: «Día primero. Dios es mi Padre. –Y no salgo de esta consideración»[8]. ¡El día entero considerando la Paternidad de Dios! Aunque de entrada una contemplación tan dilatada en el tiempo pueda sorprendernos, de hecho señala la profundidad con la que caló en él la experiencia de la filiación divina. También nuestra primera actitud, en la oración y, en general, al dirigirnos a Dios, debe cifrarse en un confiado abandono y agradecimiento. Pero, para que nuestro trato con Dios adquiera esta forma, conviene descubrir personalmente, una vez más, que Él ha querido ser Padre nuestro.

¿Quién es Dios para mí?

Como san Josemaría, tal vez aprendimos siendo muy pequeños que Dios es Padre, pero quizá nos queda un buen trecho de camino para vivir nuestra condición de hijos en toda su radicalidad. ¿Cómo podemos facilitar ese descubrimiento?

En primer lugar, para descubrir la paternidad de Dios, es necesario muchas veces restaurar su auténtica imagen. ¿Quién es Él para mí? De modo consciente o inconsciente, hay quien piensa en Dios como Alguien que impone leyes y anuncia castigos para quienes no las cumplan; Alguien que espera que se acate su voluntad y se enfurece ante la desobediencia; en una palabra, un Amo del que nosotros no seríamos más que involuntarios súbditos. En otros casos –sucede también a algunos cristianos–, Dios es percibido fundamentalmente como el motivo por el que hay que portarse bien. Se piensa en Él como la razón por la que cada uno se mueve hacia donde realmente no quiere, pero debe ir. Sin embargo, Dios «no es un Dominador tiránico, ni un Juez rígido e implacable: es nuestro Padre. Nos habla de nuestros pecados, de nuestros errores, de nuestra falta de generosidad: pero es para librarnos de ellos, para prometernos su Amistad y su Amor»[9].

La dificultad para percibir que «Dios es Amor» (1 Jn 4,8) se debe a veces también a la crisis que atraviesa la paternidad en diversos países. Tal vez lo hemos comprobado al hablar con amigos o compañeros: su padre no les genera buenos recuerdos, y un Dios que es Padre no les parece particularmente atractivo. Al proponerles la fe, es bueno ayudarles a ver cómo su dolor por esa carencia muestra hasta qué punto llevan la paternidad inscrita en el corazón: una paternidad que les precede y que les llama. Por otra parte, un amigo, un sacerdote, pueden ayudarles con su cercanía a descubrir el amor del «Padre de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra» (Ef 3,14), y a experimentar esa ternura también en la «vocación de custodiar»[10] que palpita dentro de cada uno, y que se abre camino en el padre o la madre que ellos mismos ya son, o que quisieran ser un día. Así pueden ir descubriendo en el fondo de su alma el auténtico rostro de Dios y la manera en que sus hijos estamos llamados a vivir, sabiéndonos mirados por Él con infinito cariño. En efecto, un padre no quiere a su hijo por lo que hace, por sus resultados, sino sencillamente porque es su hijo. Al mismo tiempo, le lanza al mundo y procura sacar lo mejor de él, pero siempre partiendo de lo mucho que vale a sus ojos.

Un padre no quiere a su hijo por lo que hace, por sus resultados, sino sencillamente porque es su hijo

Puede servirnos considerarlo, en particular, en los momentos de fracaso, o cuando la distancia entre nuestra vida y los modelos que nos presenta el mundo en que vivimos nos lleven a tener una baja consideración de nosotros mismos. Quizá deberíamos recordar más a menudo que «esta es nuestra “estatura”, esta es nuestra identidad espiritual: somos los hijos amados de Dios, siempre (…). No aceptarse, vivir descontentos y pensar en negativo significa no reconocer nuestra identidad más auténtica: es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en mí; significa querer impedir que se cumpla su sueño en mí. Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea»[11].

Darnos cuenta de que Dios es Padre va de la mano con dejarnos mirar por Él como hijos muy amados. De este modo, comprendemos que nuestra valía no depende de lo que tengamos –nuestros talentos– o de lo que hagamos –nuestros éxitos–, sino del Amor que nos ha creado, que ha soñado con nosotros y nos ha afirmado «antes de la fundación del mundo» (Ef 1,4). Ante la fría idea de Dios que se hace a veces el mundo contemporáneo, Benedicto XVI quiso recordar desde el inicio de su pontificado que «no somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario»[12]. ¿De verdad incide esta idea en nuestra vida diaria?

La confiada esperanza de los hijos de Dios

San Josemaría recordaba con frecuencia a los fieles del Opus Dei que «el fundamento de nuestra vida espiritual es el sentido de nuestra filiación divina»[13]. Lo comparaba al «hilo que une las perlas de un gran collar maravilloso. La filiación divina es el hilo, y ahí se van engarzando todas las virtudes, porque son virtudes de hijo de Dios»[14]. Por eso es crucial pedir a Dios que nos abra este Mediterráneo, que sostiene y da forma a toda nuestra vida espiritual.

El hilo de la filiación divina se traduce en «una actitud cotidiana de abandono esperanzado»[15], una actitud que es propia de los hijos, especialmente cuando son pequeños. Por eso en la vida y en los escritos de san Josemaría, la filiación divina iba a menudo unida a la infancia espiritual. Ciertamente, ¿qué le importan las sucesivas caídas al niño que está aprendiendo a ir en bicicleta? No valen nada, mientras vea a su padre cerca, animándole a volver a intentarlo. En eso consiste su abandono esperanzado: «Papá dice que puedo… ¡vamos!».

Sabernos hijos de Dios es también la seguridad sobre la que apoyarnos para llevar a cabo la misión que el Señor nos ha confiado. Nos sentiremos como aquel hijo a quien su padre dice: «Hijo mío, vete hoy a trabajar en la viña» (Mt 21,28). Tal vez nos asaltará primero la inseguridad, o mil ocurrencias de diverso tipo. Pero enseguida consideraremos que es nuestro Padre quien nos lo pide, demostrándonos una confianza inmensa. Como Cristo, aprenderemos a abandonarnos en las manos del Padre y a decirle desde el fondo de nuestra alma: «Que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» (Mc 14,36). San Josemaría nos enseñó con su vida a comportarnos de este modo, a imagen de Cristo: «A lo largo de los años, he procurado apoyarme sin desmayos en esta gozosa realidad. Mi oración, ante cualquier circunstancia, ha sido la misma, con tonos diferentes. Le he dicho: Señor, Tú me has puesto aquí; Tú me has confiado eso o aquello, y yo confío en Ti. Sé que eres mi Padre, y he visto siempre que los pequeños están absolutamente seguros de sus padres»[16].

Desde luego, no podemos negar que habrá dificultades. Pero las encararemos desde la conciencia de que, pase lo que pase, ese Padre todopoderoso nos acompaña, está a nuestro lado y vela por nosotros. Él hará lo que nos proponemos, porque a fin de cuentas es obra suya; lo hará quizá de un modo distinto, pero más fecundo. «Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas –a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos– no salen a tu gusto... Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan»[17].

Cultivar el «sentido de la filiación divina»

San Josemaría, es preciso conviene notarlo, no señalaba como fundamento del espíritu del Opus Dei la filiación divina, sino el sentido de la filiación divina. No basta ser hijos de Dios, sino que hemos de sabernos hijos de Dios, de modo tal que nuestra vida adquiera ese sentido. Tener esa seguridad en el corazón es el fundamento más sólido; la verdad de nuestra filiación divina se convierte entonces en algo operativo, con repercusiones concretas en nuestra vida.

Para cultivar tal sentido, es bueno ahondar en esa realidad con la cabeza y con el corazón. Con la cabeza, primero, meditando en la oración los pasajes de la Escritura que hablan de la paternidad de Dios, de nuestra filiación, de la vida de los hijos de Dios. Esta meditación puede recibir luz de los muchos textos de san Josemaría sobre nuestra condición de hijos de Dios[18], o de las reflexiones de otros santos y escritores cristianos[19].

No hay derrota para quien desea acoger cada día el Amor de Dios. Incluso el pecado puede convertirse en ocasión de recordar nuestra identidad de hijos

Con el corazón podemos ahondar en nuestra condición de hijos de Dios acudiendo al Padre confiadamente, abandonándonos en su Amor, actualizando con o sin palabras nuestra actitud filial, y procurando tener siempre presente el Amor que Él nos tiene. Un modo de hacerlo es acudir a Él con breves invocaciones o jaculatorias. San Josemaría sugería: «Llámale Padre muchas veces al día, y dile –a solas, en tu corazón– que le quieres, que le adoras: que sientes el orgullo y la fuerza de ser hijo suyo»[20]. También podemos acudir a alguna breve oración que nos ayude a afrontar la jornada desde la seguridad de sentirnos hijos de Dios, o a terminarla, con agradecimiento, contrición y esperanza. El papa Francisco proponía esta a los jóvenes: «“Señor, te doy gracias porque me amas; estoy seguro de que me amas; haz que me enamore de mi vida”. No de mis defectos, que hay que corregir, sino de la vida, que es un gran regalo: es el tiempo para amar y ser amado»[21].

Volver a la casa del Padre

Se ha descrito la familia como «el lugar al que se vuelve», donde hallamos reparo y descanso. Lo es de modo particular en cuanto «santuario del amor y de la vida»[22], como le gustaba decir a san Juan Pablo II. Allí reencontramos el Amor que da sentido y valía a nuestra vida, porque está en su mismo origen.

De igual modo, sentirnos hijos de Dios nos permite volver a Él confiadamente cuando estamos cansados, cuando nos han tratado mal o nos sentimos heridos… o también cuando le hemos ofendido. Volver al Padre es otro modo de vivir en esa actitud de «abandono esperanzado». Conviene meditar a menudo la parábola del padre que tenía dos hijos, recogida por san Lucas (Cfr. Lc 15,11-32): «Dios nos espera, como el padre de la parábola, extendidos los brazos, aunque no lo merezcamos. No importa nuestra deuda. Como en el caso del hijo pródigo, hace falta sólo que abramos el corazón, que tengamos añoranza del hogar de nuestro Padre, que nos maravillemos y nos alegremos ante el don que Dios nos hace de podernos llamar y de ser, a pesar de tanta falta de correspondencia por nuestra parte, verdaderamente hijos suyos»[23].

Aquel hijo quizá apenas pensó en el dolor que había causado a su Padre: sobre todo añoraba el buen trato que recibía en la casa paterna (cfr. Lc 15,17-19). Se dirige hacia allá con la idea de no ser más que un siervo entre otros. Sin embargo, su padre le recibe –¡sale a buscarle, se le echa al cuello y le llena de besos!– recordándole su identidad más profunda: es su hijo. Enseguida dispone que le devuelvan los vestidos, las sandalias, el anillo… las señales de esa filiación que ni siquiera su mal comportamiento podía borrar. «A fin de cuentas se trataba del propio hijo y tal relación no podía ser alienada, ni destruida por ningún comportamiento»[24].

Aunque a veces podamos ver a Dios como un Amo del que somos siervos, o como un frío Juez, Él se mantiene fiel a su Amor de Padre. La posibilidad de acercarnos a Él después de haber caído es siempre una ocasión magnífica para descubrirlo. Al mismo tiempo, eso nos revela nuestra propia identidad. No se trata solamente de que Él haya decidido amarnos, porque sí, sino de que verdaderamente somos –por gracia– hijos de Dios. Somos hijos de Dios y nada, ni nadie, podrá robarnos jamás esa dignidad. Ni siquiera nosotros mismos. Por eso, ante la realidad de nuestra debilidad y del pecado –consciente y voluntario– no dejemos que nos invada la desesperanza. Como señalaba san Josemaría, «esta conclusión no es la última palabra. La última palabra la dice Dios, y es la palabra de su amor salvador y misericordioso y, por tanto, la palabra de nuestra filiación divina»[25].

Ocupados en amar

El sentido de la filiación divina lo cambia todo, como cambió la vida de san Josemaría cuando descubrió inesperadamente ese Mediterráneo. ¡Qué distinta es la vida interior cuando, en lugar de basarla en nuestros avances o en nuestros propósitos de mejora, la centramos en el Amor que nos precede y nos espera! Si uno da prioridad a lo que él mismo hace, su vida espiritual gira casi exclusivamente en torno a la mejora personal. A la larga, este modo de vivir no solo corre el riesgo de dejarse el amor de Dios olvidado en una esquina del alma, sino también de caer en el desánimo, porque se trata de una lucha en la que uno está solo ante el fracaso.

Cuando, en cambio, nos centramos en lo que Dios hace, en dejarnos amar cada día por Él, acogiendo diariamente su Salvación, la lucha adquiere otro temple. Si salimos vencedores, se abrirán paso con gran naturalidad el agradecimiento y la alabanza; si caemos derrotados, nuestro trato con Dios consistirá en volver confiadamente al Padre, pidiendo perdón y dejándonos abrazar por Él. Se entiende así que «la filiación divina no es una virtud particular, que tenga sus propios actos, sino la condición permanente del sujeto de las virtudes. Por eso no se obra como hijo de Dios con unas acciones determinadas: toda nuestra actividad, el ejercicio de nuestras virtudes, puede y debe ser ejercicio de la filiación divina»[26].

No hay derrota para quien desea acoger cada día el Amor de Dios. Incluso el pecado puede convertirse en ocasión de recordar nuestra identidad de hijos y de volver al Padre, que insiste en salir a nuestro encuentro clamando: «¡Hijo, hijo mío!». De esa misma conciencia nacerá –como nacía en san Josemaría– la fuerza que necesitamos para volver a caminar en pos del Señor: «Sé que vosotros y yo, decididamente, con el resplandor y la ayuda de la gracia, veremos qué cosas hay que quemar, y las quemaremos; qué cosas hay que arrancar, y las arrancaremos; qué cosas hay que entregar, y las entregaremos»[27]. Pero lo haremos sin agobio, y sin desánimo, procurando no confundir el ideal de la vida cristiana con el perfeccionismo[28]. Viviremos, así, pendientes del Amor que Dios nos tiene, ocupados en amar. Seremos como hijos pequeños que han descubierto un poco el amor de su Padre, y quieren agradecérselo de mil modos y corresponder con todo el amor –poco o mucho– que son capaces de expresar.

Lucas Buch


[1] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 30.

[2] Ibidem. Cfr. San Josemaría, Camino, n. 961; Amigos de Dios, n. 239.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 97.

[4] San Josemaría, Forja, n. 540.

[5] Santa Catalina de Siena, Diálogo, c. 167.

[6] San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 16, 16.

[7] San Josemaría, Meditación del 24-XII-1969 (en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 1, Rialp, Madrid 1997, p. 390).

[8] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1637 (en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 1, p. 465).

[9] Es Cristo que pasa, n. 64.

[10] Francisco, Homilía en la Misa de inicio del pontificado, 19-III-2013.

[11] Francisco, Homilía, 31-VII-2016.

[12] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de inicio del pontificado, 24-IV-2005.

[13] San Josemaría, Carta 25-I-1961, n. 54 (en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol. 2, Rialp, Madrid 2013, p. 20, nota 3).

[14] San Josemaría, Apuntes de la predicación, 6-VII-1974, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol. 2, p. 108.

[15] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[16] Amigos de Dios, n. 143.

[17] San Josemaría, Surco, n. 860.

[18] Cfr. p.ej. F. Ocáriz, “Filiación divina” en Diccionario de san Josemaría Escrivá de Balaguer, Monte Carmelo, Burgos 2013, pp. 519-526.

[19] El año jubilar de la Misericordia ha permitido redescubrir a algunos de ellos. Cfr. Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Misericordiosos como el Padre. Subsidios para el Jubileo de la Misericordia 2015-2016.

[20] Amigos de Dios, n. 150.

[21] Francisco, Homilía, 31-VII-2016.

[22] San Juan Pablo II, Homilía, 4-V-2003.

[23] Es Cristo que pasa, n. 64.

[24] San Juan Pablo II, Enc. Dives in Misericordia (30-XI-1980), n. 5.

[25] Es Cristo que pasa, n. 66.

[26] F. Ocáriz – I. de Celaya, Vivir como hijos de Dios, Eunsa, Pamplona 1993, p. 54.

[27] Es Cristo que pasa, n. 66.

[28] Cfr. F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

 

El mundo está en guerra y Dios está triste

Sheila Morataya

Ningún cristiano puede cerrar los ojos a lo que está ocurriendo en Siria, en donde cientos y miles de familias están siendo asesinados, masacrados, despojados de lo más sagrado: la vida.

La frase con la que comienzo este post del Papa Francisco quien constantemente nos está haciendo exhortaciones de rezar, de acercarnos a Dios, de preocuparnos por nuestros hermanos. Todos, creación de Dios somos hermanos y aunque de religiones diferentes poseemos la misma constitución de cuerpo y espíritu.

45 mártires en Egipto en Alejandría, donde un terrorista suicida de Daesh se hizo explotar frente a la entrada de la catedral copta de San Marcos, supuestamente construida por el propio evangelista e histórica sede del patriarcado de la Iglesia Ortodoxa Copta, una de las más antiguas del mundo y la más numerosa en Oriente Medio.” Eran cristianos como tú y como yo que quieren vivir su fe y que dejan su vida en la Iglesia por el mensaje de la salvación.

Podría escribir más sobre la masacre que ocurrió en ese mismo país hace seis meses y sobre la historia de este hombre que perdió a su esposa, hijos, hermanos, sobrinos, cuñadas sobreviviendo únicamente él el día de ayer, pero estoy segura que ya lo sabes pues nos lo pasan las noticias frecuentemente.

Como especialista en salud mental, siempre recomiendo limitar la cantidad de noticias que vemos en la televisión pues estas tienden a desanimarnos, sin embargo esta vez no quiero que lo hagas, quiero que te conectes a la televisión, las redes sociales y YouTube y con valentía leas noticia por noticia. Imagina que eres tú, seguidor de Jesús quien vive en ese país perseguido. Imagina que eres tú quien está lleno de nervios y teme por sus hijos y por su vida todos los días y que todos los días rezas a Dios para que llegue la paz.

¿Qué es del hombre cuando no hay paz? Te aseguro que no se sabe lo que es la vida pues se vive lleno de temor, te lo dice una sobreviviente de la guerra salvadoreña que dejo más de 1,000,000 muertos.

Un testigo de la tragedia de Egipto dice que “ se puede ser cristiano sin problemas, mientras no hagas alarde público de fe no musulmana».

Estamos en la semana en la que Nuestro Señor se enfrenta a su Pasión. Ya fue condenado a muerte y ahora le esperan largas horas de golpes, hambre, cansancio, castigo inmerecido, cizaña que brota del corazón cuando este no ha sido cultivado, cuando vive metido en el pecado.

Vivimos en un mundo abierto, las fronteras cibernéticas no existen, las noticias buenas y malas nos llegan de un segundo al otro, ya no pongas en tu muro de Facebook que te fuiste a la playa siendo cristiano, eso es dar mal ejemplo o si vas a la playa asegúrate que en la región en la que estés haya servicios religiosos miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.

Te propongo hacer lo siguiente en estos días de martirio:

  • Lee a forma de meditación y reflexión las noticias de los hermanos perseguidos.
  • Piensa en la Pasión de Jesús y lo que El hacía en estas angustiosas horas. Él rezaba por los que le hacían daño. Ora hondamente por los malos, por estos que nos están matando. “Señor cambiales el corazón” tal y como lo dice el Papa Francisco.
  • El día jueves puedes hacer lecturas por los inmigrantes perseguidos y volver a pensar en la Pasión del Señor al tiempo que repites después de cada lectura “Señor cambiales el corazón” pensando en todos los que tienen el poder de hacer el mal.
  • El viernes en que muere el Señor transpórtate con tu mente hasta Siria, Egipto, inclusive los Estados Unidos, trata de meterte en su angustia, en cómo te sentirías tú si fueras una de esas personas.

En lo personal me ha tocado mucho el hecho de tener personas que vienen a mi consulta, indocumentados y verlos llorar porque tienen miedo de que un día la migración los agarre y separe a sus familias. Muchas de estas personas no quieren salir de casa, ordenan sus víveres por teléfono en el súper, han sacado el dinero de su banco y tienen planes de que van hacer si a alguno, esposa u esposo, los agarra migración. Y ¿tú? ¿Vas a dejar pasar esta semana tan importante pajareando, sin caer de rodillas para rogar por nuestros hermanos?

El evangelio de la misa de ayer, la misa de Domingo de Ramos nos habla de cómo hubo un momento en que todos los apóstoles dejaron solo a Nuestro Señor. Somos tan miserables, soy tan miserable. Y pienso en estos días en cuanto acompañe al Señor estos 40 días y debo confesar que ha sido uno de mis peores años siendo esta seguidora de Cristo. Siempre ocupada, con miles de proyectos, pensando que estoy transformando el mundo y dejando a un lado la oración. ¿No será que por esto los apóstoles lo abandonaron?

Lo seguían porque era una estrella, porque la gente podía hablar de que acompañaban al famosísimo Jesús, el que se decía Hijo de Dios, deslumbrados habían dejado de orar.

Si no hay oración no hay profundidad y claridad en el alma.

Te pido que nos unamos como cristianos, que pensemos en la tragedia que viven nuestros hermanos. Que vivamos una pasión muy cerca del Señor, no vaya ser que nos pase lo mismo que a Pedro.

Sheila Morataya

 

 

Vivir dos veces, vivir por dos, vivir…

“Hay algo que creía aprendido y aún sigo aprendiendo cada día: nunca será demasiado el empeño con el que se defienda una vida humana…”

Hace poco me preguntaron, casi con gesto compasivo, por todas esas cosas a las que he renunciado desde que nació mi hija cuando yo tenía 17 años. Lo extraño es que no sabía responder… porque, si me paro a pensar, no creo que haya perdido nada. Esas ensoñaciones, planes, proyectos… no existían, ella en cambio sí. Ella era y es mi presente, el más precioso que podía tener.

Pero una lógica aplastante nos echa en cara todas las cargas que supone un hijo. Una demanda constante. No es todo arcoiris y mariposas. Un hijo viene a tu vida y cambia todos los planes. Dicen que va minando tus fuerzas y exigiendo tu tiempo. Miro a mi Lucía colorear enfrascada en sus dibujos y solo puedo dejar de pensar que ella no me ha quitado nada. Ella me ha dado vida nueva.

Y sí, lo sostengo convencida desde mi experiencia más radical: Un hijo enriquece, embellece, aumenta y da profundidad a la vida. Un hijo hace todo nuevo. Con ella estoy viviendo otra vez. Son nuevos el sonido de los pájaros y las cosquillas, el olor de las flores, los colores del cieloCumplo años dos veces y soplo las velas por dos, entro en una juguetería y salto de emoción al encontrar el juguete de reyes. Descubro por segunda vez cada letra del abecedario. Son nuevos los abrazos, y los besos, los cuentos de toda la vida… Con Lucía son nuevas todas las maravillas de este mundo.

Tampoco sería justo callarse que desde el principio hay un nuevo cansancio físico, nuevas angustias, nuevos miedos, nueva impaciencia, nuevos nervios, nuevo trabajo… todas las madres sabemos eso. Sabemos que nos hemos gastado una parte de nuestras vidas, de nuestro tiempo, de nuestras fuerzas, de nuestro propio cuerpo en este hijo. Pero no nos engañemos, se nos da una sola vida y no existe la opción de conservarla. Estamos obligados a gastarla y somos libres para elegir en qué.

Desde que Lucía llegó, yo la elijo cada día. Su vida vino a mis manos de improvisto, como un regalo inesperado. ¿Quién se queja de que un regalo llegó en el momento inoportuno? Aprendí a ser madre siéndolo, porque el amor se aprende amando. Por eso ella me ayuda cada día a aprender mi verdad, la verdad más importante y más bonita que tengo: Que solo el amor me hace feliz. Ella es mi escuela de vida. Ahora cuando acabo el día derrotada y creo que ya no puedo más, me quedo embobada mirándola dormir. Ahí es donde están mis fuerzas, donde está una parte de mi vida y donde está mi felicidad.

Quizá no son estos los patrones de una vida de “exitosa”. Quizá nos han metido en la cabeza que si careces de ciertas cosas tu vida no tiene sentido. Nos han convencido de que si no tienes todas las posibilidades abiertas y nada que te limite, no eres libre. Nos han hecho creer que si yo no veo el sentido a una vida, esta carece de sentido. Que hay vidas que no valen la pena ser vividas, que el sufrimiento y la felicidad están enemistados…

Aprendí a ser madre siéndolo

Quizá estamos un poco confundidos en este mundo de locos si pensamos poder medir el valor de una vida. Creo que fue por estas, o parecidas razones, que hace unos meses me llamaron para preguntarme si quería ser portavoz de la Marcha del ¡Sí a la vida! Al principio me asusté un poco. Qué tontería, ¿verdad? Pero sí, lo cierto es que los medios, los grandes eventos, las responsabilidades sociales… me asustan. Lo siguiente que pensé fue “¿Quién soy yo para ser portavoz de todo esto?”

En los meses que han seguido mi perspectiva ha cambiado mucho, especialmente en las últimas semanas. Es para mí un auténtico e inmerecido honor poner voz al trabajo de cientos de personas por esta gran causa. Al tiempo y las fuerzas dedicados a una batalla que parece olvidada y que algunos dan por perdida. Ha sido precioso observar cómo tantos jóvenes se han implicado, dejando a un lado muchas otras cosas, para poder sacar adelante la marcha del ¡Sí a la vida! Pero no solo ellos, en el backstage de todo esto el trabajo incansable de los encargados de comunicación, de logística, las distintas asociaciones…

Puede ser que el domingo no salgan al escenario y quizá nunca reciban el aplauso que merecen esas miles de personas que han dado su vida por defender muchas otras vidas indefensas. Quizá se quede oculto todo ese trabajo de cada día por sacar adelante a aquellos que otros han olvidado y cómo han gastado cada minuto de su tiempo en algo tan grande, sin perder la esperanza de que dé fruto… ¡Y vaya si da fruto! En estas semanas también he podido escuchar historias que levantan el corazón. Historias de madres luchadoras que subirán al escenario el domingo para contar a todos que se puede salir adelante, que el amor de una madre supera todos los obstáculos, que la vida se abre paso y que merece la pena. Historias de hijos que han cuidado hasta el último minuto la preciosa vida de sus padres, que han sufrido junto a ellos y han crecido en el camino.

No soy quién para ponerle voz a estas historias, ellos lo harán mejor. Pero hay algo que creía aprendido y aún sigo aprendiendo cada día: nunca será demasiado el empeño con el que se defienda una vida humana.

El domingo marcharemos por la calle, con música, con globos, con bailes… celebrando este regalo que se nos da a cada instante: vida nueva. Una fiesta para niños, para jóvenes, para adultos, para ancianos… Pero también para que nos escuchen, que toda la sociedad despierte y se de cuenta de que no llegaremos a un mundo con verdadera paz, verdadera justicia y verdadera libertad hasta que no haya nada, nada, por encima de la vida de cada ser humano.

Marta Páramo
Portavoz Marcha Sí a la Vida 2018

 

 

Más sobre Amanda Figueras: desconoce la grandeza de la vida cotidiana de Jesús

Pilar Gonzalez Casado

Profesora Agregada a la Cátedra de Literatura árabe cristiana de la Universidad San Dámaso.

Amanda Figueras cuenta en su libro que uno de los motivos que le hizo decidirse a abrazar el islam fue el impacto que le produjo leer la vida de Mahoma. Le pareció fascinante contar con una información tan exhaustiva en torno a Mahoma, sobre todo si se compara con los pocos detalles que tenemos sobre la vida cotidiana de Jesús.

Las fuentes árabes de los siglos VIII y IX, que nutren una de las obras que leyó la periodista para conocer al Profeta del islam, el libro de M. Lings, Muhammad, Su vida basada en las fuentes más antiguas, nos cuentan absolutamente todo sobre el fundador del islam, desde cómo recibió la revelación del Corán hasta qué y de qué manera solía comer, sobre qué lado se recostaba a dormir o cómo se lavaba los dientes. Algunos estudiosos, debido a esta profusión de datos y al carácter inconexo de las anécdotas que recogen estas fuentes, les otorgan un valor hagiográfico más que histórico.

Afirman que la nueva comunidad musulmana las recopiló dos siglos después de Mahoma con la intención de promover su propia singularidad frente a las otras comunidades religiosas, como la judía y la cristiana. Para el islamólogo H. Motzki escribir una biografía sobre Mahoma supone un auténtico dilema, porque no es posible escribir una biografía histórica del Profeta sin ser acusado de hacer un uso no crítico de las fuentes; pero si se hace ese uso crítico, simplemente es imposible escribirla. La misma Amanda alude a esta posibilidad del tono hagiográfico que resuelve cediendo al posible lector de la biografía mahometana la libertad de juzgar sobre qué tiene ante sus ojos.

Es verdad que los evangelios nos cuentan muy poco o nada de la vida cotidiana de Jesús, de sus gustos y de su aspecto físico. Y también es cierto que han recibido una acusación parecida a la de la vida de Mahoma, la de ser una invención de la comunidad primitiva para dibujar la dimensión sobrenatural de Jesús, ya que aportan escasos datos sobre el Jesús histórico. Conocer, o más precisamente, acercarse a los detalles corrientes de la vida diaria de Jesús sólo se puede hacer indagando en el marco histórico, cultural y social en el que vivía un judío corriente del siglo I. Su plato favorito o el color de sus ojos no está recogido en los evangelios, porque lo que estos nos transmiten es lo que dijo y lo que hizo, y el que le gustara el pescado o prefiriera los dátiles a las manzanas no tiene ninguna transcendencia en la acción salvífica de Dios con la humanidad. Lo relevante es saber que sentía hambre y que comía, como siente hambre y como come un hombre cualquiera.

Pero, teniendo solo en cuenta las fuentes de ambas religiones, podemos saber cómo afrontaron Jesús y Mahoma un momento tan transcendental de la vida de cualquier hombre como el de la muerte. Según recoge M. Lings, Mahoma intuye que su muerte está próxima porque Gabriel le ordena recitar el Corán dos veces en lugar de una como le ordenaba otros meses de ramadán. Hace una peregrinación en la que es aclamado por sus seguidores y tiene una serie de visiones del paraíso en las que elige el encuentro con su Señor frente a los tesoros de este mundo. Tenía 63 años, conservaba la gracia y la talla de un hombre mucho más joven, sus ojos aún eran brillantes y en su negra cabellera apenas había unas pocas canas. Enferma gravemente, pero supera el malestar para dirigir la oración hasta que ya no puede más. El 8 de junio del 632 murió sobre el pecho de su favorita Aysha pronunciando estas palabras: «Con la comunión suprema del Paraíso» y prometiendo a sus seguidores que iría delante de ellos como testigo hacia el Estanque, el lago en el que los creyentes sacian su sed antes de entrar en el paraíso.

La muerte de Jesús que relata el Nuevo Testamento es de sobra conocida. Pero no se nos dice ni la fecha en que sucedió ni la edad que tenía. Por el contrario, nos narra sus sentimientos: su angustia y su soledad ante la proximidad del sufrimiento y de la muerte. Situación que le costó súplicas, lágrimas y gritos antes de aceptarla. Sentía repulsa ante la muerte y el sufrimiento como cualquier hombre. Sus últimas palabras fueron un salmo con el que expresó cómo Dios le había abandonado y después se entregó a Él. Al buen ladrón le dijo que se encontraría con él en el paraíso, pero antes descendió al infierno. Se puso también al lado del pecador.

Jesús y Mahoma, conscientes de que su hora estaba próxima, uno por enfermedad y otro a causa de su sacrificio, la afrontan de modo diferente. Uno no experimenta ni la más mínima agonía ni la menor queja durante su enfermedad. Su actitud es prodigiosa. El otro lucha por someter su voluntad a la de Dios en su agonía. Se comporta como un hombre cualquiera. Yo, como la autora de Por qué el islam, cedo al lector la posibilidad de juzgar cuál de las dos muertes tiene más visos de realidad, quién es el superhombre y quién el verdadero hombre.

 

 

 

MUJER Y HOMBRE EN LA HISTORIA
José Joaquín Camacho                         

  Siglo 21, 14 de abril 2018
    Con ocasión del pasado Día de la Mujer, se recordaba que la palabra féminisme fue utilizado por primera vez en 1837. Según ONU Mujeres, se tiene constancia de que fue el francés Charles Fourier quien lo utilizó para describir la liberación de la mujer en un futuro utópico. Pocos años después, en 1848, tuvo lugar la primera convención por los derechos de las mujeres en Nueva York; y en 1893, Nueva Zelanda se convierte en el primer país que reconoce el voto a la mujer. Estos dos eventos pusieron de manifiesto que el lugar que se le había otorgado a la mujer freuentemente en la sociedad no era inamovible. Las impulsoras fueron ejemplo y estímulo para que miles de mujeres comenzaran a cobrar conciencia de la necesidad de hecer valer  sus derechos.        
    En nuestros días parece que volvemos a vivir un nuevo despertar de la conciencia femenina que nos acerca a un futuro, ya no utópico, sino realista, en el que los hombres y las mujeres gocen de los mismos derechos y reciban el mismo trato sin ningún tipo de discriminación.; y esto interesa a todos, hombres y mujeres, Y necesitamos una reflexión y actuación conjunta sobre la situación y el papel de la mujer en nuestra sociedad, por el bien de la sociedad de todos.
    Y se recordaba aquella leyenda donde se cuenta que, durante siglos no se tomó demasiado en serio a las mujeres en su papel en la sociedad, porque un filósofo griego erigió  la tesis de que la naturaleza había creado algunos individuos para que éstos mandasen sobre los demás, y a otros para que les obedeciesen. Entre los primeros estarían, por supuesto, los varones, entre los segundos las mujeres. Y que algunos  se lo creyeron…
    Afortunadamente hay un feminismo correcto que se ha ido dando -aunque aún falta qué hacer-  la conciencia clara de que la posición de la mujer está al mismo nivel que la del varón; no es inferior ni tampoco superior a él por ser mujer. Y no hace falta ninguna revolución  para convencernos del valor idéntico de ambos. Basta recordar que desee la creación del mundo fueron creados varón y mujer,  a imagen y semejanza de Dios y la dignidad de ambos está fundamentada desde la creación humana.
    Un punto clave es el planteamiento positivo de que la mujer no es un ser definido en relación al varón;  ella tiene valor y dignidad por ser persona humana; persona, ser autónomo, independiente como tal. Ni más ni menos que el hombre, con todas sus consecuencias. Este feminismo correcto va imponiéndose, aunque aún subsistan errores que considera que, para recuperar sus derechos, la  mujer debe ser antagonista del hombre. Y tiene una visión muy negativa de los hombres, incluso exagerando la opresión que dicen sufren las mujeres.
    Cada vez está más clara la idea de un correcto feminismo, basado en la realidad de que hombre y mujer deben advertir las diferencias de su distinta personalidad, y contribuir en armonía y colaboración al bien de la sociedad aportando los valores que la naturaleza ha dotado a cada uno.
    Y es bueno recordar que un correcto concepto de feminismo afecta a la familia -basada en el matrimonio de siempre, uno con una para siempre, abiertos a la vida- que es el corazón de la sociedad.    

 

LA VIRTUD DE LA PUREZA

Leo J. Mart.

Reproduzco con palabras propias, lo que tengo en la memoria de un tema que se trató en el retiro de Semana santa del Papa, sobre la virtud de la santa Pureza, dictado por el predicador Raniero Cantalamessa.

< Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios > -Dijo Jesús. Esta pureza se refiere a la carne y a espíritu, al corazón, a todo el ser. Pureza en el hablar para hablar con la verdad; pureza en el actuar para actuar con justicia y con bondad, con caridad.

Argumentos para vivir la virtud de la santa pureza:

Argumento de razón. Los antiguos, entre ellos los epicúreos y los gnósticos, decían que el hombre no es un animal dominado por los bajos instintos, y que el hombre con la razón podría dominar sus instintos animales. El hombre que se deja llevar por los instintos es un animal. El que no se domina a sí mismo, no puede dominar el miedo, se vuelve cobarde y temeroso, no puede dominar la pereza, no puede dominar el genio, se vuelve neurótico, no puede dominar la mente, se vuelve olvidadizo y desatento. Se esconde, se vuelve tímido, insincero y mentiroso.

Los pecados contra la santa pureza dejan huellas en el rostro. Brotan los ojos, esconden la naturalidad y la sonrisa y dejan su rastro de tristeza.

Argumento Cristológico. Cristo nos compró con el precio de su Sangre. < Hemos sido comprados a gran precio> -dice Pablo. Somos parte del Cuerpo de Cristo, y al prostituir nuestro cuerpo prostituimos el Cuerpo de Cristo. El pecado contra la santa pureza no es un pecado individual que perjudica no solamente al individuo sino a toda la Iglesia, al Cuerpo místico de Cristo. El que no tiene a Cristo en su alma no puede hacer nada bueno ni emprender nada con éxito: < Sin mí no podéis hacer nada> -dijo Cristo.

Argumento neumatológico (argumento del Espíritu Santo) En nuestro cuerpo habita el Espíritu Santo. Somos templo del Espíritu Santo. El pecado contra la santa pureza profana el templo de Dios, expulsa de nosotros al Espíritu de Dios. Consecuencias: El Espíritu Santo es la fuerza que le da la vida al alma, el hombre al expulsar a Dios de su vida no tiene alientos, fuerza para hacer el bien y todo lo hace mal. < Hago el mal que no quiero y dejo de hacer el bien que quiero> -dice el Apóstol Pablo.  

Argumento de justicia. Nuestro cuerpo no nos pertenece, le pertenece al que lo hizo, Dios. El Creador le puso leyes al uso del sexo para utilizarlo rectamente en las santas relaciones matrimoniales, con el objeto de reproducir la especie humana <Creced y multiplicaos> -dijo el Señor. Nuestro cuerpo le pertenece al que lo compró con su Sangre, Cristo. El que vende su cuerpo para entregarlo al placer sexual es un ladrón que profana algo ajeno.

Argumento de perjuicio. Todos los pecados atentan contra el otro; pero el pecado contra la santa pureza atenta contra uno y la otra. El que mata, mata a otro y no a sí mismo, el que roba, roba a otro y no a sí mismo; pero el que peca contra la santa pureza peca doble, triplemente y cuádruplemente: contra sí mismo, contra la otra, contra el Cuerpo de Cristo, y contra el templo del Espíritu Santo que habita en su alma en gracia.

Para vivir la santa virtud de la pureza pegarte de la Santísima Virgen, la Purísima, Ella te ayudará a conseguir esta virtud. Cuida la vista, la revista y la entrevista. < No tengas la cobardía de ser valiente, huye> -dice Camino. < Vaca ladrona no olvida portillo> y <el que tenga rabo de paja no se arrime a la candela> -dice la sabiduría popular.

El amor no te da licencia para pecar. El amor te da licencia para comprometer tu vida en el santo sacramento del matrimonio y usar las santas relaciones matrimoniales abiertas a la vida.

Unos novios que no vivan la virtud de la pureza no se conocen, y cuando se casan se dan cuenta que no son capaces de soportarse el uno al otro, y fabrican un matrimonio desechable.

 

FRANCISCO: UN PAPA POLICÍA

Por René Mondragón

LA GENIAL OCURRENCIA

Al igual que nuestros hermanos en Venezuela, Bolivia o Nicaragua, los mexicanos fácilmente identificamos las loqueras de los políticos de esa izquierda quimérica, descafeinada y de solaz esparcimiento, que piensa como Carlos Marx, aunque le gustaría vivir como Donald Trump.

La nota es elocuente (http://www.elpopular.mx/2018/04/13) en dos vertientes: es de dominio público el nivel de incapacidad de las autoridades para resolver o cuando menos paliar, los graves problemas de inseguridad que existen en México; y por otra parte, el catálogo de ofertas de los candidatos que intentarán resolver estos asuntos.

Temas que van desde los robos a plena luz del día, secuestros express, asaltos a mano armada, el llamado  huachicol (nombre dado al robo y compra-venta de combustibles), además de los elevados índices de penetración del crimen organizado y desorganizado en altas esferas de autoridad; agregando al narcomenudeo, desvío cínico o soterrado de recursos públicos y algunos detalles más que padece el mexicano nuestro de cada día.

Delante de estos escenarios, el tabasqueño suspirante a la presidencia de la república ha lanzado al mundo otra de sus genialidades: Aseguró, que de llegar a ocupar el cargo de presidente, traerá al Papa Francisco para que ayude a resolver los problemas de seguridad en México…

En otros términos, el eterno suspirante presidencial dialogará con SS Francisco y lo invitará a “que ayude” en el catálogo de problemas listado por este escribano párrafos ut supra. 

De esta manera, insistió el candidato de la izquierda, se podrá lograr la tan ansiada paz.

El asunto no es de poca monta, pues el mismo sujeto ha prometido por enésima ocasión –ahora lo hizo ante la Conferencia del Episcopado Mexicano- que bastará su indomable voluntad para acabar con la corrupción, aumentar la inversión productiva, terminar con la pobreza y hacer que los mexicanos vivan como en Finlandia o Suecia.

DESLINDANDO

La primera consideración que plantean mis preciosísimas lectoras y espléndidos lectores es la siguiente: López Obrador ya fue Jefe de gobierno en nuestra ciudad capital… ¿Logró acabar con la corrupción?.. ¡No!... En los Estados y Alcaldías gobernados por gente de MORENA, ¿se terminó con la pobreza, la miseria, las desigualdades, la falta de educación?... ¡Tampoco!

Las poblaciones que padecen autoridades del partido del cual es propietario el tabasqueño, también se ha exterminado el narcomenudeo, el secuestro, los asaltos en vía pública, los homicidios dolosos y el robo de vehículos y autopartes?... Todo parece indicar que ¡Tampoco!

UN PAPA POLICÍA

De entrada surgen varias consideraciones ad latere (como si el escribano hubiese comido “sopa de letras”, los latinajos surgen generosos) y ad cautelam: No se requiere ser un Andrés Oppenheimer para deducir que con esta ocurrencia se reconoce la incapacidad de las autoridades para resolver los problemas de inseguridad que existen en México.

Segundo: Uno de mis sesudos lectores sostiene que, no se imagina al Papa Francisco de visita en México –durante unos 6 o 7 meses- para estar presente en las “juntas” del equipo de seguridad que propone el ocurrente e ingenuo candidato presidencial.

Es, punto menos que fantasioso, imaginar a mi General Cienfuegos –de la Defensa Nacional- o al Secretario Navarrete Prida, responsable de la política interior, tomando nota de las directrices dictadas por Jorge Bergoglio.

SÍNTESIS

Por dejar abierta la computadora, el agudo efebo que Dios me regaló exclamó: “¡Pá!... Eso jamás podrá lograrlo Andrés Manuel”

-¿Por qué hijo de mis entretelas?

-Fácil… Porque López Obrador, y todos los miembros del gabinete, tendrían que, primero, participar en la Santa Misa oficiada por el Papa, en Palacio Nacional… Y, ¡francamente!, no me imagino a Claudia Sheimbaum y a Martha Lamas, haciendo las lecturas de la Misa; o a Martí Batres haciéndola de monaguillo…. Eso sería tanto, como pensar que Pablo Iglesias fuera el acólito del Cardenal Cañizares…

-Lo que es física y epistemológicamente imposible, es que a Napoleón Gómez Urrutia –ese que dicen, se llevó muchos millones del Sindicato de Mineros y que ahora va como candidato al Senado por MORENA- lo pongan a recoger la limosna.

-¿Por qué, hijo mío?

-Es que no vaya a ser que, también se “evaporen”… como sucedió con las cuotas de los mineros…

 

Peligros de la religión

 

Alfonso Aguiló

        —El marxismo decía que la religión era el opio del pueblo, y que las prácticas religiosas, y en especial el cristianismo, eran algo alienante. ¿Qué dirías sobre eso?

        El balance histórico de las sociedades inspiradas por el marxismo -y más aún después de la caída del bloque soviético-, ha demostrado dónde estaba la verdadera alienación. "En cambio -ha escrito Ángeles Caso- hay algo sorprendente en la doctrina cristiana: su capacidad para sobrevivir durante siglos, para afectar, emocionar e imponerse en una forma de vida y de cultura social en medio mundo. La ideología marxista aplicada a la realidad apenas ha durado medio siglo y ha sido un desastre. La doctrina cristiana, en cambio, lleva ya veinte de existencia, y no parece ir a menos. No es un dato que convenga desdeñar."

        Es cierto que puede a veces haber religiones y prácticas religiosas que alienan al hombre. Un ejemplo son las prácticas supersticiosas de algunas religiones animistas en África, que suponen un serio impedimento para la estructuración de la sociedad, al difundir un miedo irracional a los espíritus. Y ha habido, a lo largo de la historia, muchas religiones inhumanas con ritos plagados de sacrificios humanos. Basta recordar el culto de los incas o los aztecas, por ejemplo. También algunas divinidades griegas eran completamente negativas, como sucede aún ahora, por ejemplo, con algunos dioses del cosmos religioso indio. Y algo parecido puede decirse de la actividad de muchas sectas en nuestros días.

        —No puede decirse entonces que toda religión ayude al hombre a ser bueno.

        Algunos modos de entender la religión pueden hacérselo bastante difícil, como acabamos de decir. Es indudable que hay formas religiosas degeneradas y enfermas, que no elevan al hombre, sino que lo alienan. Y también las religiones a las que hay que reconocer una grandeza moral y están en el camino hacia la verdad, pueden enfermar en algún trecho del camino.

        —¿También el cristianismo?

        También puede suceder, cuando se deforma o se hacen reducciones sectarias. Aunque en ese caso ya no sería propiamente cristianismo, sino otra cosa.

        En la religión cristiana se han dado a veces desviaciones patológicas, y la historia recoge abundantes ejemplos de errores teológicos más o menos extendidos entre los cristianos, que la autoridad de la Iglesia ha tenido que corregir. Ha habido ocasiones en las que la verdadera fe cristiana se ha mezclado con prácticas supersticiosas, o con el uso de la violencia, o con la dialéctica marxista de la lucha de clases. O se ha visto afectada por relajaciones morales de muy diverso tipo.

        No todos los cristianos han vivido siempre bien el cristianismo. Pero la fe cristiana ofrece las pautas y medios precisos para la necesaria purificación de esos errores.

        —¿Y en qué se distingue un buen católico de los demás hombres?

        Los católicos somos como los demás hombres: unos mejores y otros peores, como sucede en cualquier religión, donde puede haber personas de gran calidad humana y otras de las que no puede decirse lo mismo. Pienso que no se trata de hacer estadísticas para ver qué proporciones hay de unos u otros. La fe católica afirma que quien viva fielmente esa fe, se purificará de sus errores y flaquezas, mejorará como hombre y alcanzará la vida eterna.

 

 

Sector agrario: se amplía brecha de productividad

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

Los gremios de la Convención Nacional de Agro Peruano (Conveagro) advierten que el sector agrario requiere una prioritaria reactivación debido a que equivocadas políticas económicas y sectoriales privilegian el agro de la costa dejando de lado la inmensa mayoría de pequeños agricultores principalmente de la sierra y selva. Recientemente una sobreproducción de papa en distintas regiones (Cusco, Ayacucho, Arequipa, Huánuco, Ica y La Libertad) ocasionó que la oferta superara a la demanda y sus precios caigan al mínimo (15 a 20 céntimos por kilo en chacra) originando intensas movilizaciones de agricultores en dichas zonas, lo que obligó al Gobierno a comprar todos los excedentes de producción a un sol por kilo, además de la elaboración de una agenda para el tratamiento de la cadena productiva. Similares demandas presentan los productores maiceros y arroceros.

Esta situación fue causada, entre otros factores, por falta de orientación del Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri) a los 700 mil productores de papa (agricultores familiares representan gran mayoría) para que puedan tomar adecuadas decisiones de cultivos y económicas, además, tenemos mucha cosecha pero muy baja productividad y competitividad, la superficie por hectárea de papa cosechada no se relaciona con la productividad por hectárea (26% inferior al promedio mundial).

El último estudio de marzo 2018 del Banco Mundial sobre oportunidades para aumentar la productividad y mejorar la competitividad de la agricultura peruana, advierte que a pesar que el sector agrícola ha sido y seguirá siendo un motor que impulse la economía, la brecha de productividad en la última década se ha ampliado (creció 7.2% en la costa, pero en la sierra retrocedió 0.2% y en la selva es de solo 0.2%), siendo necesario incidir en productividad con estrategias diferenciadas. El reflejo de nuestra baja productividad agrícola es resultado de que solo 7.3% de los productores agropecuarios recibió capacitación, asistencia técnica y asesoría empresarial, además, 3 de cada 10 agricultores no tienen primaria completa (datos del INEI).

Bajo este panorama se requiere que el Estado asuma una perspectiva de desarrollo sustentable, integral y territorial; fortalezca los servicios de asesoramiento, incentive programas de capacitación, formación y asistencia técnica a los productores; mejore el acceso a mercados; promueva la innovación; emplee conectividad e incremente la tecnificación agraria; amplíe la infraestructura para riego tecnificado; apoye la adquisición de insumos de semillas y equipamiento agrícola; fortalezca las soluciones de cosecha, almacenamiento, conservación y reutilización del agua, entre otros.

 


 Tres síntomas: necesita desconectarse

“El deseo constante de conectar rápidamente se convierte en una obsesión”

Los dispositivos electrónicos se han convertido en una parte muy importante de la vida de todos. Cada día, la gente en todo el mundo realiza el ritual mecánico de revisar los correos electrónicos, mensajes de texto, cuentas de Twitter y otras plataformas de medios sociales. El deseo constante de conectarse  rápidamente se convierte en una obsesión, hasta el punto de que algunas personas no saben cuándo parar y desconectar sus dispositivos electrónicos. Incluso se sienten perdidos sin ellos.

Detenerse a reflexionar sobre el uso correcto de los dispositivos es importante, ya que la dependencia de ellos puede tener un efecto deshumanizador. Cuando las personas pierden el control de su uso, ya no desarrollan plenamente su carácter, los talentos personales o incluso la capacidad de disfrutar de placeres legítimos como la conversación, el silencio o la reflexión. Pierden contacto con la realidad y con las relaciones humanas.

Por supuesto, no todo el mundo lleva esta dependencia al extremo. Sin embargo, hay ciertas señales por las que se puede saber cuándo se ha ido demasiado lejos, y es necesario parar y tomar medidas.

Estos tres signos son:

1. Cuando se siente ocupado y vacío.

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Usted sabrá que ha ido demasiado lejos cuando estos aparatos contribuyen a aumentar los ritmos de su vida hasta hacerle sentir lleno y vacío al mismo tiempo. Dentro de un ritmo acelerado de vida en línea, el tiempo mismo pierde su significado. Las personas experimentan la doble sensación de no tener tiempo para hacer nada y de no hacer nada con su tiempo.

El sociólogo Richard Stivers llama a esta experiencia de “esterilización del tiempo”. Explica que: “Cuando el tiempo pierde su significado ‒la memoria de los acontecimientos y de las transformaciones significativas dentro de un marco‒ se convierte en un espacio en el cual producimos y consumimos tanto cuanto sea posible”.

Sin tiempo para reflexionar e interpretar las experiencias, la vida se vuelve confusa. Entonces se comienza a experimentar el aburrimiento, el cansancio y el estrés psicológico, que es un componente tan importante de la vida moderna.

Cuando esta paradoja de no tener tiempo pero de perder tanto tiempo nos impresiona, es hora de parar, desconectar y pensar acerca de cómo utilizar los dispositivos de manera más o menos constructiva.

2. Cuándo se vuelve adictivo.

La tecnología se ha convertido en un caballo salvaje que arrastra al jinete con el pie atascado en el estribo.

De acuerdo con una encuesta realizada por un grupo de defensa de los niños Common Sense Media, casi el 59 por ciento de los padres creen que sus hijos adolescentes son adictos a sus dispositivos. Alrededor del 27 por ciento de los padres se consideran adictos.

Los dispositivos que supuestamente dan poder a las personas, ahora la dominan. La dependencia está causando cada vez más fricción entre padres e hijos, llegando a provocar discusiones diarias. Así, se está cambiando la naturaleza de las relaciones familiares.

Se estima que los adolescentes pasan un promedio de nueve horas al día en línea. La mayoría de los padres y de los adolescentes revisan sus dispositivos a cada hora y se sienten obligados a responder a los mensajes de texto inmediatamente. Cuando se le preguntó a un muchacho de 11 años de edad, en la encuesta de Common Sense Media, cuánto tiempo le gustaría jugar a videojuegos en línea, él respondió “dos o tres mil horas al día.”

Cuando la adicción a Internet comienza a afectar sus relaciones y a tomar grandes cantidades de su tiempo, es hora de parar, desconectar y tomar medidas.

3. Cuando usted cree que no puede parar y desconectar.

Usted se dará cuenta que tiene que cambiar cuando siente que no puede tomar un descanso. Mucha gente es consciente y se arrepiente de su adicción a sus dispositivos y del tiempo perdido. Sin embargo, están cegados por el mito de que simplemente no pueden controlar su uso. Ellos creen que son los únicos que tienen el problema o que nadie consigue desconectarse. Se dan por vencidos sin hacer ningún esfuerzo.

Es entonces que se debe parar y desconectarse. Irónicamente, es precisamente en el momento en que la gente se da cuenta del peligro de esta sobrecarga de la tecnología, que está en la mejor posición para desconectar. Cuando las personas son agredidas por la realidad de su uso excesivo, entonces ven el problema con claridad. La gente debe aprovechar este conocimiento para motivarse a cambiar sus vidas.

Las personas deben animarse con el hecho de que no están solas. Millones de estadounidenses se enfrentan al mismo problema. Ellos están  tomando medidas efectivas para limitar el uso de la tecnología. Todo el mundo puede hacer lo mismo.

Los adictos al uso de los  smartphone, por ejemplo, están volviendo a los teléfonos más simples. Uno de cada siete estadounidenses está usando los llamados teléfonos mudos que sólo hacen llamadas y envían mensajes de texto. Alrededor de 24,2 millones de este tipo de teléfonos se vendieron en 2015, muchos de ellos comprados por aquellos que deseaban desenchufarse. Otras personas simplemente están disciplinando su tiempo en línea que para que refleje las necesidades reales.

Lo importante que hay que entender acerca de la tecnología, es que ella está ahí para servir a la humanidad, y no para ser servida. La tecnología debe ser utilizada como una persona que monta un caballo y lo dirige hacia una meta en la vida. Hoy en día, la tecnología se ha convertido en un caballo salvaje que arrastra al jinete con el pie atascado en el estribo.

Cuando se empieza a perder el control, es el momento de parar, desconectarse y reevaluar el uso y abuso de sus dispositivos. Es hora de volver a montar sobre el caballo.

Publicado por John Horvat II

   

El gesto parece de una humildad heroica.

Han pasado cinco años, ¿recuerdan? conmovió al mundo –no sólo a los católicos- la decisión del papa Benedicto XVI de renunciar al pontificado. Lo comunicó públicamente ante el consistorio en el lenguaje a la vez solemne y preciso que aporta el latín. Con toda la humilde sencillez propia de Joseph Ratzinger.

Fue una decisión sorprendente, que no se había producido nunca en la historia: la renuncia de un papa en perfectas condiciones mentales; justamente por eso, con la clarividencia, también espiritual, de sentir que carecía de las fuerzas físicas indispensables para cumplir las exigencias del pontificado romano. Nada que ver con la renuncia histórica de Celestino V, un anacoreta al que los cardenales eligieron como papa, pero no tenía condiciones, ni conocía la realidad de la curia romana ni las exigencias del gobierno de la Iglesia.

Como afirmó por aquellos días el cardenal Julián Herranz, presente en el consistorio, la decisión de Benedicto XVI “ha puesto de manifiesto dos grandes virtudes que he admirado siempre en él: la humildad y el amor a la Iglesia. Benedicto XVI es un Papa humilde, sencillo, profundamente inteligente que ha dado a conocer el Evangelio con gran profundidad teológica pero también con gran sensibilidad. El gesto del Papa me parece de una humildad heroica". Añadía que reconocer sus límites humanos ante la opinión mundial “es un gesto de amor a la verdad, a la verdad sobre sí mismo, algo que no es fácil. Sólo hay que ver el apego a los cargos y la alta estima de sí mismos que tienen muchas personas”.

José Morales Martín

 

 

“Corrupción y pecado”

En su ensayo sobre “Corrupción y pecado”, escrito cuando era arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio afirmaba que el corazón corrompido se siente cómodo y feliz por los atajos del ventajismo, e incluso persigue a todos aquellos que le contradicen. Precisamente por eso, porque no está dispuesto a bajarse de su falso pedestal, resulta tan difícil al corrupto reconocer su culpa para aspirar al perdón.

Como salida a este laberinto el Papa reclama fomentar una cultura de la legalidad, y sobre todo, una educación en las virtudes de la sobriedad, la solidaridad y el sentido del bien común. Sin olvidar su invitación a rezar por el cambio del corazón de quienes han caído en esta lacra que padecen tanto las modernas democracias como los países en vías de desarrollo. El último escrito sobre la santidad debe facilitar una reacción positiva para librarnos de esta lacra, la de la corrupción, quiero decir.

Suso do Madrid

 

 

La posverdad y Podemos

Podemos registraba el lunes 19 de marzo en el Congreso de los Diputados una proposición de ley para cambiar el Código Penal y despenalizar la venta ambulante de productos falsificados. La propuesta es una astracanada más de la formación morada, que trata de sacar partido del río revuelto, agitado a raíz de la muerte la semana anterior de un mantero senegalés en el barrio madrileño de Lavapiés.

A pesar de que gobierna en el Ayuntamiento de Madrid, del que depende directamente la Policía Municipal, varios concejales de Podemos dieron pábulo a los bulos que corrieron por las redes sobre la responsabilidad de los agentes en la muerte del joven senegalés, que padecía una cardiopatía congénita. De hecho, varios sindicatos policiales interpondrán una querella por los tuits de varios políticos de Ahora Madrid que han criminalizado a la policía por lo ocurrido en Lavapiés. Es un caso más en el que se presenta su verdad como única realidad, un caso más de la posverdad que tanto les gusta a los afiliados de Podemos.

Enric Barrull Casals

 

Corrupción en España y más que lenta justicia

 

                                ¿Alguien que piense un poco puede considerarse satisfecho (no dig amos orgulloso)

 de ser español? Nos están entreteniendo con “mil líos o asuntos irrelevantes” mientras “los ya mares de corrupción”, van pudriéndose en el tiempo en un alargamiento, ya imperdonable que seguro, es preludio de infinidad de “bizcochos”, para que infinitos de los que ya debieran haber sido juzgados y metidos en la cárcel con largas condenas, al final se salgan “por las grietas judiciales”, que en la incomprensible legislación hispana, ya existen o se improvisan, para los que hasta “niños” si se les explicara lo que hicieron, los condenarían a penas ejemplares y sin perdones incomprensibles.

                                REPÚBLICA/EFE | 04/04/2018: El fiscal Javier Zaragoza ha pedido este miércoles al Tribunal Supremo que rechace los recursos de los once condenados en la pieza de Fitur del caso Gürtel y eleve las penas a cuatro, entre ellos tres ex altos cargos de la Consellería de Turismo de Valencia, por integrar una "trama que se dedicó a saquear las arcas públicas".

                                Reproduzco la noticia que acabo de leer mientras escribo lo que hoy reflejo, ya sin ilusión alguna de que España se regenere, puesto que si hacemos memoria ¿cuántos casos duermen en los cajones judiciales esperando el sueño de los justos? Haga memoria a ver cuántos recuerda usted que lee estas reflexiones.

                                Empecemos por los “Eres de Andalucía”, donde se pierden casi mil millones de euros y ahora de los más de veinte que lograron sentar en el banquillo, ninguno sabe “nada de nada”; por lo visto esa enorme cantidad de dinero, estaba en un “cuartillo de la autonosuya” y allí entraba y disponía cualquier “propio o extraño” y se llevaba lo que le daba la gana; y nadie reparaba “en lo que se supone son simples y descarados robos de dinero público”. Lo del yerno del anterior rey (Urdangarín) su hija y asociados, que limpiamente y “por ser vos quien sois”, se llevan dinero en cantidades industriales, facilitados por irresponsables depositarios del dinero público, que unidos a los otros, andan por la calle, como si se hubiesen llevado “sólo los caramelos de la bombonería del barrio y se los hubiesen comido tan tranquilamente”. Lo abultado del botín que se han llevado a lo largo de los años, el que podemos denominar como “el clan del viejo Pujol y familia, inmersos en bloque en procesos de cuantiosas sumas apropiadas y que no pueden justificar. Las cantidades muy importantes que se llevó Bárcenas y otros del PP, unidos a los otros líos de las cajas “A-B-C y las que puedan aparecer anexas a esos racimos que como se dice en la cesta de cerezas, tiras de una y se viene media cesta con las primeras”; y así se  puede ir tirando de las infinitas “cestas de cerezas podridas y que se formaron en la delictiva cuenta de lo público en España, y que como dijo aquella infame ministra socialista (que dicho sea de paso, sigue viviendo de la política) “el dinero público no es de nadie” y ni la cesaron entonces.

                                Continuemos contando todos los desastres de Cataluña y resto de España; y llegará un momento de tal indignación que dudo pueda darse caso igual, en país o nación, incluso en “tribu de hotentotes”, donde el hedor a tanto podrido, pueda tener similar situación. Puesto que como ha ocurrido en Murcia, ya “los bandidos” entran en la propiedad, roban apalean e incluso violan, a la hembra que les apetece.

                                Y ante todo ello, ahora quieren presentar “moción de no sé qué certificado de estudios de la presidenta de la autonosuya de Madrid; también que los rebeldes catalanes, quieren imponer uno de los suyos, como “baranda” y por la lógica de que no controlan el dinero “autonómico” y lo quieren mangonear cuanto antes, puesto que deduzco es lo que “les trae sin sueño”. Y suma y sigue, aunque para qué. ¿Todo esto es progreso… de qué y para qué?

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes