Las Noticias de hoy 12 Abril 2018

 Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 12 de abril de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia General, 11 de abril de 2018 – Texto completo

Nuevo ciclo de catequesis del Papa sobre el Bautismo

¿Por qué bautizar a un niño que no entiende?

HACER EL BIEN Y RESISTIR AL MAL: Francisco Fernández-Carvajal

“Él es bueno... y Él te ama”: San Josemaria

El Papa llama a redescubrir el valor de nuestro Bautismo

El bautismo y la confirmación: Philip Goyret

La historia de Leire en vídeo: “Fuimos a abortar como el que va a la peluquería. Nunca volví a hablar de ello”

Un Lugar en Silencio: A Quiet Place

Lo más alto en la vida es la aceptación del sufrimiento:  Plinio Corrêa de Oliveira

Nuestros hijos necesitan padres presentes y no madres omnipresentes: Carmen Castiella

La SCJN debe abordar cualquier tema que tenga que ver con drogas, desde una perspectiva de salud: Unión Nacional de Padres de Familia

PARA PERDER CREDIBILIDAD: René Mondragón

EL RATÓN Y LA RATONERA: Javier López

Si crees en Dios, vota con buen juicio: Norma Mendoza Alexandry

La conmovedora historia de Abby: Cecilia Galatolo

No existen dos Iglesias en China: Suso do Madrid

Alterar el hábitat animal: Domingo Martínez Madrid

En Venezuela no hay tiempo que perder: Enric Barrull Casals

Pensamientos y reflexiones 187: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

 

 

 

Audiencia General, 11 de abril de 2018 – Texto completo

El Papa ha dedicado la catequesis al sacramento del Bautismo

11 abril 2018RedaccionAudiencia General

Francisco saluda a un grupo de jóvenes © Vatican Media

(ZENIT – 11 abril 2018).- La audiencia general ha tenido lugar esta mañana a las 9:30  horas en la Plaza de San Pedro donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

El Santo Padre, terminado el ciclo de catequesis sobre la santa misa, ha dedicado su atención al sacramento del bautismo.

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo. La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Los cincuenta días del tiempo litúrgico pascual son propicios para reflexionar sobre la vida cristiana que, por su naturaleza, es la vida que proviene de Cristo mismo. De hecho, somos cristianos en la medida en que permitimos que Jesucristo viva en nosotros. Entonces, ¿desde dónde podemos comenzar a reavivar  esta conciencia si no desde el principio, desde el Sacramento que ha encendido la vida cristiana en nosotros?. Este es el Bautismo. La Pascua de Cristo, con su carga de novedad, nos alcanza a través del Bautismo para transformarnos a su imagen: los bautizados son de Jesucristo, Él es el Señor de su existencia. El bautismo es el “fundamento de toda la vida cristiana” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1213). Es el primero de los sacramentos, ya que es la puerta que permite  a Cristo el Señor  tomar morada en nuestra persona y a nosotros sumergirnos en su Misterio.

El verbo griego “bautizar” significa “sumergir” (véase CIC, 1214). El baño con agua es un ritual común a varias creencias para expresar la transición de una condición a otra, un signo de purificación para un nuevo comienzo. Pero para nosotros, los cristianos, no debe pasar por alto que si es el cuerpo el que se sumerge en el agua, es el alma la que se sumerge en Cristopara recibir el perdón del pecado y resplandecer con la luz divina (cf. Tertuliano, Sobre la resurrección de los muertos, VIII, 3: CCL 2, 931, PL 2, 806). En virtud del Espíritu Santo, el bautismo nos sumerge en la muerte y resurrección del Señor, ahogando  en la pila bautismal al hombre viejo, dominado por el pecado que separa de Dios y dando vida  al hombre nuevo, recreado en Jesús. En él, todos los hijos de Adán son llamados a una nueva vida. El Bautismo es, pues, un renacimiento. Estoy seguro, segurísimo de que todos nosotros recordamos la fecha de nuestro nacimiento: seguro. Pero yo me pregunto, con algo de duda, y os pregunto a vosotros : ¿Cada uno de nosotros recuerda la fecha de su bautismo? Algunos dicen que sí –está bien-. Pero es un sí algo débil porque quizás muchos no la recuerdan. Pero si celebramos el día en que nacimos ¿por qué no celebrar, o por lo menos recordar, el día del renacimiento? Yo os pongo unos deberes para casa. Los que no se acuerden de la fecha del bautismo, que pregunten a su madre, a los tíos, a los sobrinos, que pregunten: “¿Tú sabes cuál es la fecha de mi bautismo?” . Y no la olvidéis nunca. Y ese día dad gracias al Señor porque es precisamente el día en que Jesús entró en mí, en que el Espíritu Santo entró en mí. ¿Habéis entendido bien los deberes? Todos tenemos que saber la fecha de nuestro bautismo. Es otro cumpleaños: el cumpleaños del renacimiento. No os olvidéis de hacerlo, por favor.

Recordemos las últimas palabras del Señor Resucitado a los Apóstoles; son un mandato preciso: “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19). A través del lavacro bautismal, el  que cree en Cristo se sumerge en la misma vida de la Trinidad.

De hecho, no es un agua cualquiera la del Bautismo, sino el  agua sobre la que se invoca el Espíritu que “da vida” (Credo). Pensamos en lo que Jesús dijo a Nicodemo, para explicarle el nacimiento en la vida divina: “El que no nazca de agua y de espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu es espíritu “(Jn 3: 5-6). Por lo tanto, el bautismo también se llama “regeneración”: creemos que Dios nos ha salvado “según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación  del Espíritu.” (Tito 3: 5).

El bautismo es, por lo tanto, un signo eficaz de renacimiento, para caminar en una nueva vida. San Pablo lo recuerda a los cristianos de Roma: “¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva”(Rom 6: 3-4).

Al sumergirnos en Cristo, el Bautismo también nos hace miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia, y partícipes de su misión en el mundo (Cfr. CCC 1213).Nosotros, los bautizados, no estamos aislados: somos miembros del Cuerpo de Cristo.  La vitalidad que fluye de la fuente bautismal se ilustra con estas palabras de Jesús: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto”(Jn 15, 5). Una misma vida, la del Espíritu Santo, fluye de Cristo a los bautizados, uniéndolos en un solo Cuerpo (cf. 1 Cor 12:13), con el crisma de la santa unción y alimentado  en  la mesa eucarística.

El bautismo permite a Cristo vivir en nosotros y a nosotros  vivir unidos a él, para colaborar en la Iglesia, cada uno según su condición, en la transformación del mundo. Recibido solo una vez, el lavacro bautismal ilumina toda nuestra vida, guiando nuestros pasos hacia la Jerusalén del Cielo. Hay un antes y un después del bautismo. El Sacramento supone un camino de fe, que llamamos catecumenado, evidente cuando es un adulto quien  pide el bautismo. Pero incluso los niños, desde la antigüedad, son bautizados en la fe de sus padres (véase Rito del Bautismo de los Niños, Introducción, 2).  Y  sobre esto quisiera deciros algo. Algunos piensan : pero ¿por qué bautizar a un niño que no entiende? Esperemos a que crezca, a que entienda y sea él mismo el que pida el bautismo . Pero esto significa no tener confianza en el Espíritu Santo, porque cuando bautizamos a un niño, en ese niño entra el Espíritu Santo y el Espíritu Santo hace que crezcan en ese niño, desde pequeño, virtudes cristianas que florecerán después. Siempre hay que dar a todos esta  oportunidad , a todos los niños, la de tener dentro al Espíritu Santo que los guíe durante la vida. ¡No os olvidéis de bautizar a los niños! Nadie merece el Bautismo, que es siempre un don gratuito para todos, adultos y recién nacidos. Pero como sucede con una semilla llena de vida, este regalo arraiga y da fruto en una tierra alimentada por la fe. Las promesas bautismales que renovamos cada año en la Vigilia Pascual deben ser reavivadas todos los días para que el Bautismo “cristifique”: no hay que tener miedo de esta palabra: el bautismo nos “cristifica”, quien ha recibido el bautismo y es “cristificado”  se asemeja a Cristo , se transforma en Cristo y se hace de verdad otro Cristo.

© Librería Editorial Vaticano

 

Nuevo ciclo de catequesis del Papa sobre el Bautismo

“Fundamento de toda vida cristiana”

11 abril 2018Rosa Die AlcoleaAudiencia General

El Papa bendice a un bebé en la Audiencia General 11/4/18 © Vatican Media

(ZENIT – 11 abril 2018).- El Papa Francisco ha comenzado hoy una nueva serie de catequesis sobre el Bautismo, el 11 de abril de 2018, en la Audiencia General celebrada en la plaza de San Pedro, en presencia de unas 20.000 personas.

El sacramento del Bautismo es el “fundamento de toda vida cristiana”, ha recordado el Santo Padre, el primero de los sacramentos y la “puerta” que permite al Señor introducirnos en su Misterio.

En el contexto del tiempo pascual, el Pontífice ha animado a “avivar la conciencia” de que “somos cristianos en la medida que dejamos que Él viva en nosotros”.

Para ello –propone el Papa– debemos “volver al origen, al sacramento del bautismo”, que es el fundamento de toda la vida cristiana, es el primero de los sacramentos y es la puerta que permite al Señor hacer su morada en nosotros e introducirnos en su Misterio.

Hombre nuevo

El verbo griego «bautizar» significa sumergir –ha explicado el Santo Padre–El baño con el agua simboliza en varias creencias el paso de una condición a otra, es signo de purificación para un nuevo inicio.

“Para nosotros, los cristianos, el bautismo nos sumerge en la muerte y resurrección del Señor, haciendo morir en nosotros al hombre viejo, dominado por el pecado, para que nazca el hombre nuevo, que participa de la vida de la Santísima Trinidad”.

Renovación del Espíritu Santo

En la Audiencia General, celebrada esta mañana, el Obispo de Roma ha expresado que el Bautismo es el baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, “porque Dios nos ha salvado por su misericordia con el agua que nos hace criaturas nuevas”.

Esto quiere decir que Dios “nos inserta como miembros de su cuerpo”, que es la Iglesia, y nos hace misioneros en el mundo, cada uno según su propia vocación, para que el mundo crea y sea transformado, ha aclarado el Papa.

Recordar el día del Bautismo

El Papa Francisco ha saludado, al término de su reflexión en español, como de costumbre, a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica.

Así, los ha animado, en este tiempo pascual, a recordar el día de su bautismo, “que es el mayor regalo que hemos recibido, para que haciendo memoria de nuestra condición de cristianos tomemos conciencia de que pertenecemos a Dios y estamos llamados a ser testigos, en el ámbito donde vivimos, de la alegría de la salvación”.

 

¿Por qué bautizar a un niño que no entiende?

El Papa lo ha explicado en la Audiencia General

11 abril 2018Rosa Die AlcoleaAudiencia General

Francisco sube a los niños al papa móvil © Vatican Media

(ZENIT – 11 abril 2018).- “Cuando bautizamos a un niño, en ese niño entra el Espíritu Santo y el Espíritu Santo hace que crezcan en ese niño, desde pequeño, virtudes cristianas que florecerán después”, explica Francisco.

El Papa ha respondido así a la propuestas que se plantean muchos padres: “¿Por qué bautizar a un niño que no entiende? Esperemos a que crezca, a que entienda y sea él mismo el que pida el bautismo”.

“Hay un antes y un después del bautismo”, ha señalado el Santo Padre en la Audiencia General de hoy, miércoles 11 de abril de 2018, dedicada al sacramento del Bautismo.

“Siempre hay que dar a todos esta oportunidad, a todos los niños, la de tener dentro al Espíritu Santo que los guíe durante la vida. ¡No os olvidéis de bautizar a los niños!”, ha animado el Papa a todos los padres.

Don gratuito 

Francisco ha indicado que el sacramento del Bautismo es un don gratuito para todos, adultos y recién nacidos.

El Pontífice ha explicado que “como sucede con una semilla llena de vida”, este regalo arraiga y da fruto en una tierra alimentada por la fe. Las promesas bautismales que renovamos cada año en la Vigilia Pascual –ha aclarado el Papa– deben ser reavivadas todos los días para que el Bautismo “cristifique”: no hay que tener miedo de esta palabra: el bautismo nos “cristifica”, quien ha recibido el bautismo y es “cristificado”  se asemeja a Cristo, se transforma en Cristo y se hace de verdad otro Cristo.

Cristo vive en nosotros

En su reflexión sobre el sacramento, el Obispo de Roma ha anunciado que el bautismo permite a Cristo vivir en nosotros y a nosotros vivir unidos a él, para colaborar en la Iglesia, cada uno según su condición, en la transformación del mundo.

“Recibido solo una vez, el lavacro bautismal ilumina toda nuestra vida, guiando nuestros pasos hacia la Jerusalén del Cielo”, ha indicado el Santo Padre.

 

 

HACER EL BIEN Y RESISTIR AL MAL

— Resistencia de los Apóstoles a obedecer mandatos injustos. Firmeza en la fe.

— Todas las realidades, cada una en su orden, deben estar dirigidas a Dios. Unidad de vida. Ejemplaridad.

— No se puede prescindir de la fe a la hora de valorar las realidades terrenas. Resistencia al mal.

I. A pesar de la severa prohibición del sumo sacerdote del Sanedrín de que no volvieran a predicar y a enseñar de ningún modo en el nombre de Jesús1, los Apóstoles predicaban cada día con más libertad y entereza la doctrina de la fe. Y eran muchos los que se convertían y bautizaban. Entonces –nos lo narra la Primera lectura de la Misa–, fueron llevados de nuevo al Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó: ¿No os habíamos mandado expresamente que no enseñaseis en ese nombre? Pero vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina... Pedro y los Apóstoles respondieron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres2. Y siguieron anunciando la Buena Nueva.

La resistencia de los Apóstoles a obedecer los mandatos del Sanedrín no era orgullo ni desconocimiento de sus deberes sociales con la autoridad legítima. Se oponen porque se les quiere imponer un mandato injusto, que atenta a la ley de Dios. Recuerdan a sus jueces, con valentía y sencillez, que la obediencia a Dios es lo primero. Están convencidos de que «no hay peligro para quienes temen a Dios sino para quienes no lo temen»3, y de que es peor cometer injusticia que padecerla.

Los Apóstoles demuestran con su conducta la firmeza en la fe, lo hondo que han calado las enseñanzas del Señor después de haber recibido el Espíritu Santo, y también lo que pesa en sus vidas el honor de Dios4.

Hoy también pide el Señor a los suyos la fortaleza y la convicción de aquellos primeros, cuando, en algunos ambientes, se respira un clima de indiferencia, o de ataque frontal, más o menos velado, a los verdaderos valores humanos y cristianos. La conciencia bien formada impulsará al cristiano a cumplir las leyes como el mejor de los ciudadanos, y le urgirá también a tomar posición respecto a las normas contrarias a la ley natural que pudieran alguna vez promulgarse. El Estado no es jurídicamente omnipotente; no es la fuente del bien y del mal.

«Es obligación de los católicos presentes en las instituciones políticas –enseñan los obispos españoles– ejercer una acción crítica dentro de sus propias instituciones para que sus programas y actuaciones respondan cada vez mejor a las aspiraciones y criterios de la moral cristiana. En algunos casos puede resultar incluso obligatoria la objeción de conciencia frente a actuaciones o decisiones que sean directamente contradictorias con algún precepto de la moral cristiana»5.

La protección efectiva de los bienes fundamentales de la persona, el derecho a la vida desde la misma concepción, la protección del matrimonio y de la familia, la igualdad de oportunidades en la educación y en el trabajo, la libertad de enseñanza y de expresión, la libertad religiosa, la seguridad ciudadana, la contribución a la paz internacional, etcétera, forman parte del bien común, por el que deben luchar los cristianos6.

La pasividad ante asuntos tan importantes sería en realidad una lamentable claudicación y una omisión, en ocasiones grave, del deber de contribuir al bien común. Entrarían dentro de esos pecados de omisión de los que –además de los de pensamiento, palabra y obra– pedimos perdón cada día al Señor al comienzo de la Santa Misa. «Muchas realidades materiales, técnicas, económicas, sociales, políticas, culturales..., abandonadas a sí mismas, o en manos de quienes carecen de la luz de nuestra fe, se convierten en obstáculos formidables para la vida sobrenatural: forman como un coto cerrado y hostil a la Iglesia.

»Tú, por cristiano –investigador, literato, científico, político, trabajador...–, tienes el deber de santificar esas realidades. Recuerda que el universo entero –escribe el Apóstol– está gimiendo como en dolores de parto, esperando la liberación de los hijos de Dios»7.

II. Se mueve a nuestro alrededor un continuo flujo y reflujo de corrientes de opinión, de doctrinas, de ideologías, de interpretaciones muy diferentes del hombre y de la vida. Y esto, no ya a través de libros para especialistas, sino a través de novelas de moda, revistas gráficas, periódicos, programas televisivos al alcance de grandes y pequeños... Y en medio de esta confusión doctrinal, es necesaria una norma de discernimiento, un criterio claro, firme y profundo, que nos permita ver todo con la unidad y coherencia de una visión cristiana de la vida, que sabe que todo procede de Dios y a Dios se ordena.

La fe nos da un criterio estable que orienta, y la firmeza de los Apóstoles para llevarlo a la práctica. Nos da una visión clara del mundo, del valor de las cosas y de las personas, de los verdaderos y falsos bienes... Sin Dios y sin el conocimiento del fin último del hombre, el mundo deja de entenderse o se verá desde un ángulo parcial y deformado. Precisamente, «el aspecto más siniestramente típico de la época moderna consiste en la absurda tentación de querer construir un orden temporal sólido y fecundo sin Dios, único fundamento en el que puede sostenerse»8.

El cristiano no debe prescindir de su fe en ninguna circunstancia. «Aconfesionalismo. Neutralidad. —Viejos mitos que intentan siempre remozarse.

»¿Te has molestado en meditar lo absurdo que es dejar de ser católicos, al entrar en la Universidad o en la Asociación profesional o en la Asamblea sabia o en el Parlamento, como quien deja el sombrero en la puerta?»9. Esa actitud equivale a decir –en la política, en los negocios, en el modo de descansar o divertirme, cuando estoy con mis amigos, cuando elijo el colegio para mis hijos...–: aquí, en esta situación concreta, nada tiene que ver Dios; en estos asuntos no influye mi fe cristiana, todo esto ni viene de Dios ni a Dios se ordena.

Sin embargo, la fe ilumina toda la existencia. Todo se ordena a Dios. Pero esa ordenación ha de respetar la naturaleza propia de cada cosa. No se trata de convertir el mundo en una gran sacristía, ni los hogares en conventos, ni la economía en beneficencia... Pero, sin simplificaciones ingenuas, la fe debe informar el pensamiento y la acción del cristiano porque jamás, en ninguna circunstancia, en ningún momento del día se debe dejar de ser cristiano, y de conducirse y de pensar como tal.

Por eso, «los cristianos ejercerán sus respectivas profesiones movidos por el espíritu evangélico. No es buen cristiano quien somete su forma de actuar profesionalmente al deseo de ganar dinero o alcanzar poder como valor supremo o definitivo. Los profesionales cristianos, en cualquier área de la vida, deben ser ejemplo de laboriosidad, competencia, honradez, responsabilidad y generosidad»10.

III. Un cristiano no debe prescindir de la luz de la fe a la hora de valorar un programa político o social, o una obra de arte o cultural. No se detendrá en la consideración de un solo aspecto –económico, político, técnico, artístico...– para dar por buena una realidad. Si en ese acontecimiento político o social o en esa obra no se guarda la debida ordenación a Dios –manifestada en las exigencias de la Ley divina–, su valoración definitiva no puede ser más que una, negativa, cualquiera que sea el valor parcial de otros aspectos de esa realidad.

No se puede alabar esa política, esa ordenación social, una determinada obra cultural, cuando se transforma en instrumento del mal. Es una cuestión de estricta moralidad y, por tanto, de buen sentido. ¿Quién alabaría un insulto a su propia madre, porque estuviese compuesto en un verso con gran perfección rítmica? ¿Quién lo difundiría, alabando sus perfecciones, aun advirtiendo que eran solo «formales»? Es manifiesto que la perfección técnica de los medios no hace más que agravar la maldad de la cosa en sí desordenada, que de otra manera quizá pasaría inadvertida o tendría menos virulencia.

Ante crímenes abominables, como calificaba el Concilio Vaticano II a los abortos, la conciencia cristiana rectamente formada exige no participar en su realización, desaconsejarlos vivamente, impedirlos si es posible y, además, participar activamente por evitar o subsanar esa aberración moral en el ordenamiento jurídico. Ante esos hechos gravísimos, y otros semejantes que también se oponen frontalmente a la moral, nadie puede pensar que no puede hacer nada. Lo poco que cada uno puede hacer, debe hacerlo: especialmente participar con sentido de responsabilidad en la vida pública. «Mediante el ejercicio del voto encomendamos a unas instituciones determinadas y a personas concretas la gestión de asuntos públicos. De esta decisión colectiva dependen aspectos muy importantes de la vida social, familiar y personal, no solamente en el orden económico y material, sino también en el moral»11. En las manos de todos, de cada uno, si actúa con sentido sobrenatural y sentido común, está la tarea de hacer de este mundo, que Dios nos ha dado para habitar, un lugar más humano y medio de santificación personal. Si nos esforzamos en cumplir los deberes sociales, vivamos en una gran ciudad o en un pueblecito perdido, con un cargo importante o humilde en la sociedad, aunque pensemos que nuestra aportación es minúscula, seremos fieles al Señor, también si un día el Señor nos pide una actuación más heroica: Quien es fiel en lo poco, lo es también en lo mucho12.

1 Cfr. Hech 4, 18. — 2 Hech 5, 27-29. — 3 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 13. — 4 Cfr. Sagrada Biblia, Hechos de los Apóstoles, EUNSA, Pamplona 1984, p. 108 ss. — 5 Conferencia Episcopal Española, Testigos de Dios vivo, 28-VI-1985, n. 64, e). — 6 ídem, Los católicos en la vida pública, 22-IV-1986, nn. 119-121. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 311. — 8 Juan XXIII, Enc. Mater et Magistra, 15-V-1961, 72. — 9 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 353. — 10 Conferencia Episcopal Española, Testigos de Dios vivo, n. 63. — 11 ídem, Los católicos en la vida pública, n. 118. — 12 Lc 16, 10.

 

 

“Él es bueno... y Él te ama”

¿Penas?, ¿contradicciones por aquel suceso o el otro?... ¿No ves que lo quiere tu Padre-Dios..., y El es bueno..., y El te ama –¡a ti solo!– más que todas las madres juntas del mundo pueden amar a sus hijos? (Forja, 929)

Pero no olvidéis que estar con Jesús es, seguramente, toparse con su Cruz. Cuando nos abandonamos en las manos de Dios, es frecuente que El permita que saboreemos el dolor, la soledad, las contradicciones, las calumnias, las difamaciones, las burlas, por dentro y por fuera: porque quiere conformarnos a su imagen y semejanza, y tolera también que nos llamen locos y que nos tomen por necios.
Es la hora de amar la mortificación pasiva, que viene -oculta o descarada e insolente- cuando no la esperamos. Llegan a herir a las ovejas, con las piedras que debieran tirarse contra los lobos: el seguidor de Cristo experimenta en su carne que, quienes habrían de amarle, se comportan con él de una manera que va de la desconfianza a la hostilidad, de la sospecha al odio. Le miran con recelo, como a mentiroso, porque no creen que pueda haber relación personal con Dios, vida interior; en cambio, con el ateo y con el indiferente, díscolos y desvergonzados de ordinario, se llenan de amabilidad y de comprensión.
Y quizá el Señor permite que su discípulo se vea atacado con el arma, que nunca es honrosa para el que la empuña, de las injurias personales; con el uso de lugares comunes, fruto tendencioso y delictuoso de una propaganda masiva y mentirosa: porque, estar dotados de buen gusto y de mesura, no es cosa de todos.
Así esculpe Jesús las almas de los suyos, sin dejar de darles interiormente serenidad y gozo, porque entienden muy bien que -con cien mentiras juntas- los demonios no son capaces de hacer una verdad: y graba en sus vidas el convencimiento de que sólo se encontrarán cómodos, cuando se decidan a no serlo. (Amigos de Dios, 301)

 

 

El Papa llama a redescubrir el valor de nuestro Bautismo

Tras haber bautizado a un grupo de niños en Capilla Sixtina, el Papa Benedicto XVI dirigió el rezo del Ángelus dominical desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico y pidió a todos los cristianos a redescubrir la belleza del propio Bautismo.

Últimas noticias 9 de enero de 2006

En el día en que la Iglesia celebra la fiesta del Bautismo del Señor, concluyendo así el tiempo litúrgico de la Navidad, el Papa exhortó a los creyentes a que “la hodierna solemnidad sea ocasión propicia para que todos los cristianos redescubran con alegría la belleza de su Bautismo, que, si es vivido con fe, es una realidad siempre actual: nos renueva continuamente a imagen del hombre nuevo, en la santidad de los pensamientos y de las acciones”.

El Santo Padre también dijo que “hoy fijamos la mirada a Jesús que, a la edad de cerca 30 años, se hizo bautizar por Juan en el rió del Jordán. Se trataba de un bautismo de penitencia, que utilizaba el símbolo del agua para expresar la purificación del corazón y de la vida”.

A continuación Su Santidad recordó que Juan “llamado el ‘Bautista’, es decir el ‘Bautizador’, predicaba este bautismo a Israel para prepara la inminente venida del Mesías; y a todos decía que después de él habría venido otro, más grande que él, que habría bautizado no con agua, sino con el Espíritu Santo”.

Tras mencionar que “cuando Jesús fue bautizado en el Jordán, el Espíritu Santo descendió, y Juan el Bautista reconoció que Él era el Cristo, el ‘Cordero de Dios’ venido para quitar el pecado del mundo”, el Papa Benedicto XVI afirmó que “el Bautismo en el Jordán es también una ‘epifanía’, una manifestación de la identidad mesiánica del Señor y de su obra redentora, que culminará en otro ‘bautismo’, aquello de su muerte y resurrección, por la cual el mundo entero será purificado en el fuego de la divina misericordia”.

Recordando al Siervo de Dios Juan Pablo II quien “acostumbraba administrar el sacramento del Bautismo a algunos niños”, el Santo Padre manifestó su gran alegría en esta primera vez que realiza tal ceremonia.

“El Bautismo de los niños- dijo- expresa y realiza el misterio del nuevo nacimiento a la vida divina en Cristo: los padres creyentes traen a sus hijos a la fuente bautismal, que representa el ‘vientre’ de la Iglesia, de cuyas aguas benditas son engendrados los hijos de Dios”.

El Santo Padre hizo también una relación entre el bautismo y el sacramento de la confirmación, recordando que “el don recibido por los recién nacidos exige ser acogido por ellos, una vez siendo adultos, en modo libre y responsable: este proceso de maduración los llevará a recibir el sacramento de la Confirmación, que confirmará el Bautismo y dará a cada uno el ‘sello’ del Espíritu Santo”.

Crítica a la cultura de la muerte

Durante la ceremonia en la que bautizó a diez niños, el Papa Benedicto XVI se apartó del texto originalmente preparado para lanzar una de las más duras críticas a la “cultura de muerte”.

En la ceremonia realizada con ocasión de la fiesta del Bautismo del Señor, que concluye el tiempo de Navidad, el Pontífice bautizó a cinco niños y cinco niñas en la misma capilla donde meses atrás fue elegido Pontífice, con el fondo del “Juicio Final” de Miguel Ángel.

Durante la improvisada homilía, el Santo Padre denunció que “en nuestro tiempo es necesario pronunciar un 'no' a la cultura ampliamente dominante de la muerte”.

Se trata, dijo “de una anticultura que se muestra por ejemplo en la huida, en la droga, en la huida de lo real, en lo ilusorio, en la felicidad falsa que se muestra en la mentira, en el engaño, en la injusticia, en el desprecio del otro, de la solidaridad, de la responsabilidad hacia los pobres y los que sufren, que se muestra en una sexualidad que se convierte en pura diversión sin responsabilidad, que se convierte en una 'cosificación' del hombre, que no es ya persona, sino mercancía, pura cosa”.

Benedicto XVI llegó incluso a poner como ejemplo de la cultura de muerte con las prácticas más decadentes del Imperio Romano: “pensemos en lo que se hacía en el Coliseo o aquí, en los jardines de Nerón, donde los hombres eran encendidos como lámparas vivientes. La crueldad y la violencia eran la diversión, una verdadera perversión de la alegría, del verdadero sentido de la vida”, explicó.

La cultura de Vida

El Santo Padre señaló además que “el contenido de esta cultura de la vida se expresa en los diez mandamientos, que no son prohibiciones sino una visión de vida: son un sí a un Dios que da sentido: primer mandamiento; sí a la vida, quinto mandamiento; sí a la solidaridad y a la responsabilidad social y a la justicia, séptimo mandamiento; sí a la verdad”.

Finalmente, el Pontífice destacó que “frente a esa vida de apariencia… se debe decir no para cultivar la cultura de la vida, el sí a Cristo, el sí al vencedor de la muerte”.

 

El bautismo y la confirmación

El bautismo otorga al cristiano la justificación. Con la confirmación se completa el patrimonio bautismal con los dones sobrenaturales de la madurez cristiana.

Resúmenes de fe cristiana 14 de diciembre de 2016

Jesús es bautizado en las aguas del Jordán al inicio de su ministerio público, no por necesidad, sino por solidaridad redentora.

PDF► El bautismo y la confirmación.

 

RTF► El bautismo y la confirmación.

Serie completa► “Resúmenes de fe cristiana”, libro electrónico gratuito en formato PDF, Mobi y ePub


A. Bautismo

1. Fundamentos bíblicos e institución

De entre las numerosas prefiguraciones veterotestamentarias del bautismo, se destacan el diluvio universal, la travesía del mar Rojo, y la circuncisión, por encontrarse explícitamente mencionadas en el Nuevo Testamento aludiendo a este sacramento (cfr. 1 P 3,20-21; 1 Co 10,1; Col 2,11-12). Con el Bautista el rito del agua, aun sin eficacia salvadora, se une a la preparación doctrinal, a la conversión y al deseo de la gracia, pilares del futuro catecumenado.

Jesús es bautizado en las aguas del Jordán al inicio de su ministerio público (cfr. Mt 3,13-17), no por necesidad, sino por solidaridad redentora. En esa ocasión, queda definitivamente indicada el agua como elemento material del signo sacramental. Se abren además los cielos, desciende el Espíritu en forma de paloma y la voz de Dios Padre confirma la filiación divina de Cristo: acontecimientos que revelan en la Cabeza de la futura Iglesia lo que se realizará luego sacramentalmente en sus miembros.

Más adelante tiene lugar el encuentro con Nicodemo, durante el cual Jesús afirma el vínculo pneumatológico que existe entre el agua bautismal y la salvación, de donde sigue su necesidad: «el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3,5).

El misterio pascual confiere al bautismo su valor salvífico; Jesús, en efecto, «había hablado ya de su pasión que iba a sufrir en Jerusalén como de un "Bautismo" con que debía ser bautizado (Mc 10,38; cfr. Lc 12,50). La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Jesús crucificado (cfr. Jn 19,34) son figuras del Bautismo y de la Eucaristía, sacramentos de la vida nueva» (Catecismo, 1225).

Antes de subir a los cielos, el Señor dice a los apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20). Este mandato es fielmente seguido a partir de Pentecostés y señala el objetivo primario de la evangelización, que sigue siendo actual.

Comentando estos textos, dice Santo Tomás de Aquino que la institución del bautismo fue múltiple: respecto a la materia, en el bautismo de Cristo; su necesidad fue afirmada en Jn 3,5; su uso comenzó cuando Jesús envió a sus discípulos a predicar y bautizar; su eficacia proviene de la pasión; su difusión fue impuesta en Mt 28, 19 [1].

2. La justificación y los efectos del bautismo

Leemos en Rm 6,3-4: «¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva». El bautismo, que reproduce en el fiel el paso de Jesucristo por la tierra y su acción salvadora, otorga al cristiano la justificación. Esto mismo apunta Col 2,12: «Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos». Se añade ahora la incidencia de la fe, con la cual, junto al rito del agua, nos «revestimos de Cristo», como confirma Ga 3,26-27: «Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo».

Esta realidad de justificación por el bautismo se traduce en efectos concretos en el alma del cristiano, que la teología presenta como efectos sanantes y elevantes. Los primeros se refieren al perdón de los pecados, como pone en relieve la predicación petrina: «Pedro les contestó: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch 2,38). Esto incluye el pecado original y, en los adultos, todos los pecados personales. Se remite también la totalidad de la pena temporal y eterna. Permanecen sin embargo en el bautizado «ciertas consecuencias temporales del pecado, como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes a la vida como las debilidades de carácter, etc., así como una inclinación al pecado que la Tradición llama concupiscencia , o "fomes peccati"» (Catecismo, 1264).

El aspecto elevante consiste en la efusión del Espíritu Santo; en efecto, «en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados» (1 Co 12,13). Porque se trata del mismo «Espíritu de Cristo» (Rm 8,9), recibimos «un espíritu de hijos adoptivos» (Rm 8,15), como hijos en el Hijo. Dios confiere al bautizado la gracia santificante, las virtudes teologales y morales y los dones del Espíritu Santo.

Junto a esta realidad de gracia «el bautismo imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble (character) de su pertenencia a Cristo. Este sello no es borrado por ningún pecado, aunque el pecado impida al bautismo dar frutos de salvación» (Catecismo, 1272).

Como fuimos bautizados en un solo Espíritu «para no formar más que un cuerpo» (1 Co 12,13), la incorporación a Cristo es contemporáneamente incorporación a la Iglesia, y en ella quedamos vinculados con todos los cristianos, también con aquellos que no están en comunión plena con la Iglesia Católica.

Recordemos, finalmente, que los bautizados son «linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz» (1 P 2,9): participan, pues, del sacerdocio común de los fieles, quedando «”obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia” (LG 11) y a participar en la actividad apostólica y misionera del Pueblo de Dios» (Catecismo, 1270).

3. Necesidad

La catequesis neotestamentaria afirma categóricamente de Cristo que «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos». Y puesto que ser «bautizados en Cristo» equivale a ser «revestido de Cristo» (Gal 3,27), deben entenderse en toda su fuerza aquellas palabras de Jesús según las cuales «El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará» (Mc 16,16). De aquí deriva la fe da la Iglesia sobre la necesidad del bautismo para la salvación.

Corresponde entender esto último según la cuidadosa formulación del magisterio: «El Bautismo es necesario para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento (cfr. Mc 16,16). La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del Señor de hacer "renacer del agua y del espíritu" a todos los que pueden ser bautizados. Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, pero su intervención salvífica no queda reducida a los sacramentos» (Catecismo, 1257).

Existen, en efecto, situaciones especiales en las cuales los frutos principales del bautismo pueden adquirirse sin la mediación sacramental. Mas justamente porque no hay signo sacramental, no existe certeza de la gracia conferida. Lo que la tradición eclesial ha llamado bautismo de sangre y bautismo de deseo no son «actos recibidos», sino un conjunto de circunstancias que concurren en un sujeto, determinando las condiciones para que pueda hablarse de salvación. Se entiende así «la firme convicción de que quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo» (Catecismo, 1258). En modo análogo, la Iglesia afirma que «todo hombre que, ignorando el evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado. Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado explícitamente el Bautismo si hubiesen conocido su necesidad» (Catecismo, 1260).

Las situaciones de bautismo de sangre y de deseo no incluyen la de los niños muertos sin bautismo. A ellos «la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos»; pero es justamente la fe en la misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cfr. 1 Tm 2,4), lo que nos permite confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo (cfr. Catecismo, 1261).

4. Celebración litúrgica

Los «ritos de acogida» intentan discernir debidamente la voluntad de los candidatos, o de sus padres, de recibir el sacramento y de asumir sus consecuencias. Siguen las lecturas bíblicas, que ilustran el misterio bautismal, y son comentadas en la homilía. Se invoca luego la intercesión de los santos, en cuya comunión el candidato será integrado; con la oración de exorcismo y la unción con el óleo de catecúmenos se significa la protección divina contra las insidias del maligno. A continuación se bendice el agua con fórmulas de alto contenido catequético, que dan forma litúrgica al nexo agua-Espíritu. La fe y la conversión se hacen presentes mediante la profesión trinitaria y la renuncia a Satanás y al pecado.

Se entra ahora en la fase sacramental del rito, «mediante el baño del agua en virtud de la palabra» (Ef 5,26). La ablución, sea por infusión que por emersión, se debe realizar en modo tal que el agua corra por la cabeza, significando así el verdadero lavado del alma. La materia válida del Sacramento es el agua tenida como tal según el común juicio de los hombres. Mientras el ministro derrama tres veces el agua sobre la cabeza del candidato, o la sumerge, pronuncia las palabras: «NN, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».

Los ritos posbautismales (o explicativos) ilustran el misterio realizado. Se unge la cabeza del candidato (si no sigue inmediatamente la confirmación), para significar su participación en el sacerdocio común y evocar la futura crismación. Se entrega una vestidura blanca como exhortación a conservar la inocencia bautismal y como símbolo de la nueva vida conferida. La candela encendida en el cirio pascual simboliza la luz de Cristo, entregada para vivir como hijos de la luz. El rito del effeta, realizado en las orejas y en la boca del candidato, quiere significar la actitud de escucha y de proclamación de la palabra de Dios. Finalmente, la recitación del Padrenuestro ante el altar –en los adultos, dentro de la liturgia eucarística– pone de manifiesto la nueva condición de hijo de Dios.

5. Ministro y sujeto

Ministro ordinario es el obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, puede bautizar cualquier hombre o mujer, incluso no cristiano, con tal de que tenga la intención de realizar lo que la Iglesia cree cuando así actúa.

El bautismo está destinado a todos los hombres y mujeres que aun no lo hayan recibido. Las cualidades necesarias del candidato dependen de su condición de niño o adulto. Los primeros, que no han llegado aun al uso de razón, han de recibir el sacramento durante los primeros días de vida, apenas lo permita su salud y la de la madre: proceder de otro modo es, con expresión fuerte de San Josemaría, «un grave atentado contra la justicia y contra la caridad» [2]. En efecto, como puerta a la vida de la gracia , el bautismo es un evento absolutamente gratuito, para cuya validez basta que no sea rechazado; por otra parte, la fe del candidato, que es necesariamente fe eclesial, se hace presente en la fe de la Iglesia. Existen, sin embargo, determinados límites a la praxis del bautismo de los niños: es ilícita si falta el consenso de los padres, o no existe garantía suficiente de la futura educación en la fe católica. En vista de esto último se designan los padrinos, elegidos entre personas de vida ejemplar.

Los candidatos adultos se preparan a través del catecumenado, estructurado según las diversas praxis locales, con vista a recibir en la misma ceremonia también la confirmación y la primera Comunión. Durante este período se busca excitar el deseo de la gracia, lo que incluye la intención de recibir el sacramento, que es condición de validez. Ello va unido a la instrucción doctrinal, que progresivamente impartida busca suscitar en el candidato la virtud sobrenatural de la fe, y a la verdadera conversión del corazón, lo que puede pedir cambios radicales en la vida del candidato.

*****

B. Confirmación

1. Fundamentos bíblicos e históricos

Las profecías sobre el Mesías habían anunciado que «reposará sobre él el espíritu de Yahvéh» (Is 11,2), y esto estaría unido a su elección como enviado: «He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones» (Is 42,1). El texto profético es aún más explícito cuando es puesto en labios del Mesías: «El espíritu del Señor Yahvéh está sobre mí, por cuanto me ha ungido Yahvéh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado» ( Is 61,1).

Algo similar se anuncia también para el entero pueblo de Dios; a sus miembros Dios dice: «infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos» (Ez 36,27); y en Jl 3,2 se acentúa la universalidad de esta difusión: «hasta en los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días».

En el misterio de la Encarnación se realiza la profecía mesiánica (cfr. Lc 1,35), confirmada, completada y públicamente manifestada en la unción del Jordán (cfr. Lc 3,21-22), cuando desciende sobre Cristo el Espíritu en forma de paloma y la voz del Padre actualiza la profecía de elección. El mismo Señor se presenta al comienzo de su ministerio como el ungido de Yahvéh en quien se cumplen las profecías (cfr. Lc 4,18-19), y se deja guiar por el Espíritu (cfr. Lc 4,1; 4,14; 10,21) hasta el mismo momento de su muerte (cfr. Hb 9,14).

Antes de ofrecer su vida por nosotros, Jesús promete el envío del Espíritu (cfr. Jn 14,16; 15,26; 16,13), como efectivamente sucede en Pentecostés (cfr. Hch 2,1-4), en referencia explícita a la profecía de Joel (cfr. Hch 2,17-18), dando así inicio a la misión universal de la Iglesia.

El mismo Espíritu derramado en Jerusalén sobre los apóstoles es por ellos comunicado a los bautizados mediante la imposición de las manos y la oración (cfr. Hch 8,14-17; 19,6); esta praxis llega a ser tan conocida en la Iglesia primitiva, que es atestiguada en la Carta a los Hebreos como parte de la «enseñanza elemental» y de «los temas fundamentales» (Hb 6,1-2). Este cuadro bíblico se completa con la tradición paulina y joánica que vincula los conceptos de «unción» y «sello» con el Espíritu infundido sobre los cristianos (cfr. 2 Co 1,21-22; Ef 1,13; 1 Jn 2,20.27). Esto último encontró expresión litúrgica ya en los más antiguos documentos, con la unción del candidato con óleo perfumado.

Estos mismos documentos atestiguan la unidad ritual primitiva de los tres sacramentos de iniciación, conferidos durante la celebración pascual presidida por el obispo en la catedral. Cuando el cristianismo se difunde fuera de las ciudades y el bautismo de los niños pasa a ser masivo, ya no es posible seguir la praxis primitiva. Mientras en occidente se reserva la confirmación al obispo, separándola del bautismo, en oriente se conserva la unidad de los sacramentos di iniciación, conferidos contemporáneamente al recién nacido por el presbítero. A ello se une en oriente una importancia creciente de la unción con el myron, que se extiende a diversas partes del cuerpo; en occidente la imposición de las manos pasa a ser una imposición general sobre todos los confirmandos, mientras que cada uno recibe la unción en la frente.

2. Significación litúrgica y efectos sacramentales

El crisma, compuesto de aceite de oliva y bálsamo, es consagrado por el obispo o patriarca, y sólo por él, durante la misa crismal. La unción del confirmando con el santo crisma es signo de su consagración. «Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda "el buen olor de Cristo" (cfr. 2 Co 2,15). Por medio de esta unción, el confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo» (Catecismo, 1294-1295).

Esta unción es litúrgicamente precedida, cuando se realiza separadamente del bautismo, con la renovación de las promesas del bautismo y la profesión de fe de los confirmandos. «Así aparece claramente que la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo» (Catecismo, 1298). Sigue a continuación, en la liturgia romana, la extensio manuum para todos los confirmandos del obispo, mientras pronuncia una oración de alto contenido epiclético (es decir, de invocación y súplica). Se llega así al rito específicamente sacramental, que se realiza «por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: "Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo"». En las Iglesias orientales, la unción se hace sobre las partes más significativas del cuerpo, acompañando cada una por la fórmula: «Sello del don que es el Espíritu Santo» (Catecismo, 1300). El rito se concluye con el beso de paz, como manifestación de comunión eclesial con el obispo (cfr. Catecismo, 1301).

Así pues, la confirmación posee una unidad intrínseca con el bautismo, aunque no se exprese necesariamente en el mismo rito. Con ella el patrimonio bautismal del candidato se completa con los dones sobrenaturales característicos de la madurez cristiana. La Confirmación se confiere una única vez, pues «imprime en el alma una marca espiritual indeleble , el "carácter", que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo» ( Catecismo, 1304). Por ella, los cristianos reciben con particular abundancia los dones del Espíritu Santo, quedan más estrechamente vínculados a la Iglesia, «y de esta forma se obligan con mayor compromiso a difundir y defender la fe, con su palabra y sus obras» [3].

3. Ministro y sujeto

En cuanto sucesores de los apóstoles, solo los obispos son «los ministros originarios de la confirmación» [4]. En el rito latino, el ministro ordinario es esclusivamente el obispo; un presbítero puede confirmar válidamente sólo en los casos previstos por la legislación general (bautismo de adultos, acogida en la comunión católica, equiparación episcopal, peligro de muerte), o cuando recibe la facultad específica, o cuando es asociado momentáneamente a estos efectos por el obispo. En las Iglesias orientales es ministro ordinario también el presbítero, el cual debe usar siempre el crisma consagrado por el patriarca u obispo.

Como sacramento de iniciación, la confirmación está destinada a todos los cristianos, no solo a algunos escogidos. En el rito latino es conferida una vez que el candidato ha llegado al uso de razón: la edad concreta depende de las praxis locales, las cuales deben respetar su carácter de iniciación. Se requiere la previa instrucción, una verdadera intención y el estado de gracia.

Philip Goyret

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 1212-1321.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 251-270.


[1] Cfr. Santo Tomás, In IV Sent., d.3, q.1, a.5, sol.2.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 78.

[3] Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, 11.

[4] Ibidem, 26.

 

© Fundación Studium, 2016 y © Oficina de Información del Opus Dei, 2016.

 

 

La historia de Leire en vídeo: “Fuimos a abortar como el que va a la peluquería. Nunca volví a hablar de ello”

La Fundación Redmadre presenta este testimonio para romper con las mentiras y falta de información sobre las consecuencias del aborto

Fundación REDMADRE presenta el video testimonial de Leire Navaridas. Narra su experiencia y aporta reflexiones personales tras tomar la decisión de abortar a los 26 añosAhora tiene 35.  “Fuimos a abortar casi como el que va a la peluquería. Salimos de la intervención, nos fuimos a casa y de eso nunca más se volvió a hablar”, afirma.

 Leire Navaridas. RC

12/04/2018 01:00

RC

Esta donostiarra relata cómo y cuándo fue consciente del dolor que el aborto estaba provocando en ella. Fue al asistir a terapia, coincidiendo con su segundo embarazo, para tratar unos vértigos que se agravaban en situaciones de especial estrés.

Asimismo, explica cómo, muchos años después, ha conseguido convivir con las secuelas de aquella decisión dramática a la que se vio abocada. Leire habla de perdón, de feminismo, de la industria del aborto, de amor, y de Lander, su tercer hijo, ya que poco después de abortar tuvo otro aborto natural.

Su pareja y ella sufrían una fuerte crisis cuando se quedó embarazada. El aborto se convirtió en un tabú, que nunca hablaron de ello, aunque más tarde volvería a su conciencia.

“Un chorro enorme de dolor”

“Con el aborto te quitas una cosa que en ese momento no te venía bien, pero por dentro, estás rota. Ha sido el mayor error que he cometido en mi vida. Cuando fui a terapia salió todo el dolor infinito que sufría. Un chorro enorme de dolor y no puedes parar de llorar, pero lo errores están para aprender de ellos y se pueden superar”, expone Leire los vídeos.

Su proceso de curación y perdón pudo conseguirlo gracias a la ayuda de personas que le apoyaron y que consideran que la vida es sagrada.

“A mi hijo le llamaron residuo"   

Sobre la industria del aborto se pregunta: “¿Qué se hace con eso que lo llaman residuo? He querido seguir el rastro de ese supuesto residuo que no es otra cosa que lo que iba a ser mi hijo o mi hija y no he sido capaz. Hay un absoluto secreto respecto a eso, lo cual me hace pensar primero en lo oscuro de ese mercado y por otro lado, estoy segura que hay un negocio detrás porque son materias primas, células madre con un valor incalculable”.

Por esta razón, cuando Leire oye hablar del derecho al aborto opina que “detrás de ese feminismo hay algo más turbio, y es un negocio lucrativo dirigido por hombres que no se ponen en lugar de la mujer, un feminismo equivocado”.

Romper con las mentiras  

Fundación REDMADRE difunde el testimonio independiente de Leire Navaridas, quien ha querido dar a conocer su historia para romper con las mentiras y falta de información sobre las consecuencias del aborto y para poder ayudar así a otras mujeres que hayan pasado por lo mismo que ella y a las que, por estar en circunstancias difíciles, se están planteando tomar una decisión dramática ante un embarazo imprevisto.

La experiencia de Leire se presenta en un video completo de 19 minutos, que también se puede ver en una serie de trece videos, de menos de dos minutos cada uno, titulados ‘Conoce la historia de Leire’.

 

 

 

Un Lugar en Silencio

La película con contenido teológico

Fui a ver A Quiet Place, (Un lugar en silencio, su título en español) el nuevo thriller de John Krasinski, sin ninguna anticipación de encontrar temas teológicos o espirituales. Sólo quería divertirme un poco en el cine esa noche. ¡Qué maravilla cuando una película te sorprende! No sé si puedo encontrar el hilo dorado que une todos estos temas en un mensaje coherente, pero creo que uno tendría que estar ciego para no ver una serie de motivos religiosos en esta película absorbente.

La estructura básica de la narración se presenta con trazos simples y hábiles. Aprendemos que una terrible plaga de criaturas feroces y devoradoras ha descendido sobre la tierra. ¿De dónde son los monstruos? ¿Del espacio exterior, tal vez? Nunca se nos dice, lo que hace que la historia sea más convincente. Las pocas personas que han sobrevivido al holocausto han aprendido que las criaturas, aunque ciegas, son extraordinariamente agudas de oído. Por lo tanto, la clave para sobrevivir es el silencio. Nuestra atención se centra en la familia Abbot, dos padres jóvenes y tres niños pequeños, haciendo su camino tranquilo a través de un hermoso pero peligroso campo abierto. Cuando el más joven de los niños enciende un interruptor en su cohete de juguete, causando que el zumbido perfore el silencio, una de las bestias lo devora justo antes de que su aterrorizado padre pueda salvarlo.

Nos adelantamos varios meses más tarde, y observamos a los Abbot (¿el nombre es accidental?, pues Abbot en inglés es Abad) llevando a cabo sus vidas en lo que sólo podría ser caracterizado como si fuera una vida semejante a la monástica: sin conversaciones más allá de un susurro, lenguaje de señas, trabajo silencioso en los libros y en los campos, oración silenciosa pero obviamente ferviente antes de la cena, etc. Confieso que este último gesto, tan ausente hoy en día del cine y la televisión, me sorprendió. Dadas las terribles exigencias del momento, cualquier aparato, máquina, entretenimiento electrónico o implementos ruidosos están fuera de discusión. Su agricultura es manual; su pesca se realiza con equipo pre-moderno; incluso sus paseos los realizan descalzos. Y lo que es más maravilloso de contemplar es que, en esta atmósfera orante, tranquila y premoderna, incluso con la amenaza de una muerte inminente que se avecina constantemente, florece una familia generosa y mutuamente abnegada. Los padres cuidan y protegen a sus hijos, y el hermano y la hermana restantes son solícitos el uno con el otro y con sus padres. La joven arriesga regularmente su vida para rendir tributo silencioso a su hermano caído en el lugar donde fue asesinado.

Los monstruos y las bestias de las películas de terror más reflexivas evocan aquellas cosas que más nos asustan: la enfermedad, el fracaso, nuestra propia maldad, la muerte misma. Qué maravilloso que una película de Hollywood sugiera que lo que se necesita para mantener a raya la oscuridad en nuestro tiempo es el silencio, la simplicidad, el regreso a la tierra, la oración y el cuidado mutuo.

El drama central de A Quiet Place es que la Sra. Abbott está esperando un hijo. Toda la familia se da cuenta, por supuesto, que un niño llorando, dadas las circunstancias, significaría la muerte casi segura para todos ellos. Y sin embargo, deciden no matar al niño antes de su nacimiento, sino esconderlo y silenciar sus gritos de varias maneras. Cuando tantos en nuestra cultura están dispuestos a asesinar a sus hijos por las razones más endebles, cuando la ley da protección total incluso al aborto por nacimiento parcial, cuando la gente dice alegremente que nunca traerían un bebé a un mundo tan terrible, la familia monástica en esta película da la bienvenida a la vida, incluso en el peor de los mundos, e incluso cuando tal acto es de supremo peligro para ellos. Cuando el bebé está saliendo a la luz, la madre se encuentra sola (mira la película para ver los detalles) y en la situación más vulnerable, porque una de las bestias ha entrado en su casa. Mientras trabaja para dar a luz, el animal devorador acecha. Inmediatamente me acordé de la escena del libro del Apocalipsis, donde María está a punto de dar a luz mientras el dragón espera pacientemente para consumir al niño.

Mientras la señora Abbot lucha por dar a luz, el señor Abbot tiene que ir en busca de sus hijos en peligro de extinción. Los encuentra, para su horror, atrapados en un coche abandonado, una de las bestias arañándolos por el techo, como el T-Rex en Jurassic Park. Después de decir a su hija: “Te amo, siempre te he amado”, que lo mira a través de la ventanilla del coche, el padre grita, atrayendo al monstruo hacia sí. Este acto de amor despojado, que sirve para liberar a sus hijos del peligro, evoca bellamente las especulaciones de los Padres de la Iglesia sobre la muerte de Jesús. En su acto de sacrificio en la cruz, argumentaron los padres, Jesús sacó los poderes oscuros a la luz y los alejó de los seres humanos que habían estado en su esclavitud. En la misma línea, en una extraña trama o providencia que puede compararse a la eficacia del sacrificio de Cristo, se hace evidente, tras la muerte del padre, que ha dejado atrás para su familia los medios por los que los monstruos pueden ser derrotados.

No tengo ni idea de si algo o todo esto estaba en la mente del cineasta, pero sí sé, por la página de Wikipedia de John Krasinski, que es hijo de un padre polaco-católico y de una madre irlandés-católica y que fue criado como un practicante devoto de su fe. Así que hasta que no se demuestre definitivamente lo contrario, voy a mantener que A Quiet Place como la película más inesperadamente religiosa de 2018.

Título original: A Quiet Place

 

 

Lo más alto en la vida es la aceptación del sufrimiento

Para saborear bien los acontecimientos que el Evangelio narra, en un lenguaje tan simple, deberíamos imaginar el estado de espíritu de Nuestro Señor Jesucristo, y las disposiciones del Sagrado Corazón de Jesús en aquellas situaciones.

La Última Cena, por ejemplo, fue triste para El a dos títulos. En primer lugar, porque veía la Pasión que se acercaba y de la cual tenía perfecto conocimiento. También era triste por la situación lamentable de los Apóstoles. En muchos momentos de la narración de la Ultima Cena vemos que aparecen manifestaciones de la mediocridad de los Apóstoles, de su insuficiencia. La infidelidad de los apóstoles, el fracaso de la obra que Nuestro Señor que había comenzado con ellos, debería herir al Sagrado Corazón de Jesús más que la lanza de Longinos.

Es decir, llegado el fin, Nuestro Señor les da la mayor manifestación de su amor hasta aquel momento, que era instituir la Eucaristía y darse a Sí mismo en, y siente que aquellas almas reciben ese don incomparable con aquella frialdad que nosotros vemos.

Un poco del porqué, y ese porqué es de una sublimidad extraordinaria, se sabe qué significado tiene. El quiso que los hombres viesen todo Su sufrimiento, para que cada hombre tuviese todo el coraje para cargar su propio sufrimiento.

Si Dios hubiese pasado por la tierra y sólo hubiese sufrido un poco y derramado una sola gota de sangre, estaríamos igualmente redimidos. Pero la lección de la conformidad con el dolor, la lección de la aceptación del sufrimiento como siendo lo más alto de la vida – no un desastre en la vida, no un estorbo en la vida, no algo que no debería haber sucedido, que uno no comprende – el camino necesario para que el hombre llegue hasta donde debe llegar, el camino por el cual el hombre se dirige hacia la realización de su propio destino.

Es decir, cada uno de nosotros nació para cargar una cruz; nació para pasar por un Huerto de los Olivos; nació para beber un cáliz; nació para tener sus horas de agonía, en las que dice a Dios Nuestro Señor: “Padre mío, si es posible apartad de mí este cáliz, pero hágase Vuestra voluntad y no la mía”. La idea, el ejemplo de que el dolor representa esto en la vida del hombre y que el hombre nació para dar gloria Dios, antes que nada sufriendo. Esta idea rectrix, fundamental en la formación del verdadero católico, no la tendríamos si no fuese presentada por un ejemplo, por el más sublime, por el más arrebatador de los ejemplos, que es Nuestro Señor Jesucristo muriendo en la Cruz.

Y aquí tenemos un contraste con el espíritu moderno y sobre todo con el espíritu del mundo. Según éste, el hombre vino a esta tierra para tener éxito, y la finalidad del hombre en la Tierra es tener salud, enriquecerse, gozar de la vida y morir bien tarde, cuando no haya más remedio, teniendo durante toda la vida la mayor cuota posible de seguridad, de manera tal que incluso, no digo ya el sufrimiento, sino el miedo del sufrimiento, no lo asalte. Bien esta mentalidad es pagana por esencia. Calcular la vida así, es entenderla como un pagano.

La formación católica que no prepare para el sufrimiento y para el dolor es una formación que se burla de Nuestro Señor Jesucristo, cuya vida fue centrada en esta hora suprema de sufrimiento y de dolor. Y esto nos obliga a volvernos hacia nosotros mismos y preguntarnos cómo es que nosotros enfrentamos los sufrimientos de nuestra vida, de los cuales el mayor ‒no se tenga ninguna duda‒ es nuestra propia santificación, porque no hay santificación que no venga acompañada de dolor.

Bien, entonces la pregunta es esta: ¿cómo miramos el sufrimiento de nuestra vida? ¿Cómo miramos el dolor que nuestra santificación causa? Es decir, ¿combatimos nuestros malos impulsos que, como consecuencia del pecado original y de nuestras malas acciones, vienen de la profundidad de nuestro ser? ¿Qué hacemos, no sólo para reprimir los malos impulsos, sino para practicar las virtudes opuestas a esos impulsos? ¿Cómo hacemos para aceptar nuestras limitaciones? Ya sean limitaciones de inteligencia, limitaciones físicas de todo tipo, ya sean limitaciones sociales: falta de posición, de fortuna, de simpatía personal, etc.

¿Cómo la persona acepta tener poca gracia? Todo esto hace parte de la cruz del hombre, cada uno tiene la suya. Y es aquí que nos fue enseñado por el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo el papel fundamental del sufrimiento. No fue posible al Padre Eterno atender Su oración, y una de las razones es porque El quiso que los hombres tuviesen su ejemplo.

¡Esto es cuanto costó a Nuestro Señor ese ejemplo! Por lo tanto nosotros debemos amar nuestra cruz y debemos meditar sobre este punto.

Por último, nos deja un consejo extremamente útil para nosotros: “vigilad y orad para no caer en tentación, porque el espíritu está presto, pero la carne es débil”. Bellas ideas, bellos proyectos, es fácil concebirlos… viene después la carne, es decir, nuestras malas tendencias que necesitan ser vencidas; y entonces, ¿cómo actuamos?

 Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Nuestros hijos necesitan padres presentes y no madres omnipresentes: Carmen Castiella

Por Carmen Castiella/ReL – 09.04.2018

Foto: Freepik 

 

“Nuestros hijos necesitan padres presentes y no madres omnipresentes e hipercontroladoras. Y nosotras, al menos yo, necesito a mi marido” así lo afirma Carmen Castiella Sánchez-Ostiz, columnista, madre de familia numerosa y letrado de la Administración Pública del Gobierno Foral.

Carmen hace un llamado a rescatar la masculinidad y la paternidad, ella ratifica que "aunque la familia monoparental esté de moda y se nos venda que una mujer sola puede con todo, exaltando exclusivamente la maternidad y la sensibilidad femenina, necesitamos a nuestros maridos y padres. Reivindicamos la figura paterna por supervivencia”. A continuación, compartimos algunos apartes de su artículo “Masculinidad y paternidad, en crisis”.

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“Hemos pasado de intentar convertir a las mujeres en hombres a intentar convertir a los hombres en mujeres. Y eso no conviene a ninguno de los dos sexos. Tampoco a las mujeres. Las mujeres tienen tanto interés como los hombres en acabar con la crisis de la masculinidad. Una mujer sensata no quiere un párvulo como pareja. Quiere un hombre”, dice Jordan Peterson.

Es cada vez más evidente que los hombres jóvenes, y no tan jóvenes, están algo confusos respecto al modo de relacionarse con las mujeres, respecto a lo que se espera de ellos, a lo que deberían asumir o abandonar, respecto al modo de ejercer su paternidad, etc.

Algunos construyen su identidad como hombres en salas de musculación, trabajando hasta la extenuación, corriendo heroicos maratones o tomando cañas mientras se quejan y culpan de casi todo lo que no funciona a su mujer (nada nuevo desde Adán), con la continua y confusa sensación de no estar a la altura (nadie lo estamos) y de que no se valoran sus esfuerzos por adaptarse a sus presuntas súper mujeres y súper madres, que aportan además la mitad de los ingresos al hogar.

Nuevo escenario para la reconstrucción de la identidad masculina y la paternidad

La incorporación de la mujer al mercado laboral es una realidad que no tiene marcha atrás y exige hacer cambios. El escenario es nuevo. Ya no basta con que el padre sea el proveedor económico y material, porque la madre también lo es.

Por tanto, al replantear en términos actuales la masculinidad no podemos limitarnos a recuperarla reproduciendo el pasado.

El trabajo que da el sostenimiento de un hogar y el cuidado de unos hijos es inmenso y el hombre debe asumir su parte. No imagino un reto que suponga más heroicidad y autosuperación. Shackleton se queda corto.

El reparto de las tareas del hogar… ese tema tan manido y cansino, como cansina es a veces la vida misma. No niego que la mujer sea en esencia una gran cuidadora (no veo en ello un rol de género asumido casi por fatalidad, sino riqueza y capacidad), creadora de hogar y madre; biológicamente es ella la principal protagonista en los primeros años de crianza, pero urge recuperar la función del padre.

Por más que la familia monoparental esté de moda y se nos venda que una mujer sola puede con todo, exaltando exclusivamente la maternidad y la sensibilidad femenina, necesitamos a nuestros maridos y padres. Reivindicamos la figura paterna por supervivencia. La cantidad de niños tiranos que hay hoy en día tiene mucho que ver con el descrédito de la masculinidad y la paternidad.

“La figura del padre es clave no sólo para el niño sino también para la mujer/madre. Parece que el padre pone límite a la tiranía del hijo sobre la madre. La figura paterna podría ser la clave de la verdadera emancipación de la mujer respecto a la tendencia cada vez mayor a la tiranía de los hijos”, explica María Calvo en Padres destronados.

Nuestros hijos necesitan padres presentes y no madres omnipresentes e hipercontroladoras. Y nosotras, al menos yo, necesito a mi marido. Frente a la idea cada vez más extendida de que una mujer sola puede con todo, pienso en la sabiduría del plan de Dios: “Hombre y mujer los creó”, “No es bueno que el hombre esté solo”, etc.

Creo que es clave dejar a los hombres ejercer su paternidad sin pretender que “hagan todo como nosotras”. Ellos probablemente asumirán más riesgos con los hijos y les alimentarán peor, quizás se olviden el abrigo y salgan de casa sin peinar, pero les pondrán frente a sí mismos y sus límites, les ayudarán a superarse, les marcarán con mayor eficacia el límite a su Yo frente a la tendencia de la madre a darlo todo y a estar en todo. Esta realidad, como todas, tiene mil matices y excepciones pero creo que tiene también bastante verdad.

Sobreabundan las madres que, por la culpabilidad generada al pasar tantas horas trabajando fuera de casa, cuando están presentes son demasiado solícitas e intensas en el ejercicio de la maternidad porque la condensan en unas pocas horas y no dejan espacio al hombre para ejercer su paternidad, tan legítima como la maternidad.

Si dejamos a nuestros hijos con nuestro marido y desaparecemos un rato, no es necesario que les organicemos la vida ni corrijamos cada iniciativa del hombre por más disparatada y mal organizada que nos parezca. La tarde podrá resultar un bodrio a nuestros ojos y, a nuestra vuelta, quizás ninguno se haya bañado y hayan cenado palomitas. Pero debemos dejarles ese espacio porque es suyo, no es una cesión, les pertenece.

Conclusión: urge recuperar la masculinidad y la paternidad sin limitarnos a reproducir el pasado.

 

 

La SCJN debe abordar cualquier tema que tenga que ver con drogas, desde una perspectiva de salud

En la UNPF hacemos un llamado a la Suprema Corte de justicia de la Nación (SCJN) a abordar cualquier tema que tenga que ver con drogas, desde una perspectiva de salud, pues tienen en sus manos la enorme responsabilidad de garantizar, a través de sus interpretaciones, un bien social protegido por las leyes.

El tema del uso de la mariguana toma fuerza, debido a que el ministro Jorge Pardo presentó un proyecto en la Suprema Corte para reiterar la inconstitucionalidad de cinco artículos de la Ley General de Salud que prohíben el consumo de esta sustancia; este será discutido en la Primera Sala el próximo 11 de abril, el asunto toma gran relevancia pues ya cuenta con precedentes de un amparo similar otorgado en 2015.

El argumento para la discusión es que “la prohibición absoluta es excesiva y viola el derecho humano al libre desarrollo de la personalidad”. El proyecto sugiere que la prohibición al consumo debería ser sólo para menores de edad.

El peligro de la decisión de la Suprema Corte radica en que, bajo este mismo argumento, se podría hacer uso del resto de las drogas, para no violar “el derecho humano al libre desarrollo de la personalidad”.

Recordemos que al acumular cinco amparos otorgados en las mismas condiciones, la Suprema Corte tendría que activar el proceso de declaratoria general de inconstitucionalidad, por lo que se volvería legal el consumo y el cultivo de la mariguana.

Cualquier iniciativa que tenga que ver con el uso de drogas debe analizarse desde una perspectiva de salud, garantizando a la ciudadanía, no solo el acceso a los servicios, sino brindando condiciones para que cada persona pueda rechazar cualquier sustancia que ponga en riesgo su salud física y mental.

Desafortunadamente vemos a los ministros de la SCJN radicalizando temas sociales muy delicados y dejando de un lado la labor del poder legislativo, que está para crear leyes.

Está demás enumerar los daños comprobados que causan drogas como lo mariguana, que han sido debidamente documentados y difundidos por la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) o por el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.

Aunque el proyecto sugiere que la prohibición al consumo debería ser solo para menores de edad, recordemos que lo mismo sucede con el alcohol o el tabaco, pero el consumo entre menores alcanza niveles alarmantes, como lo indica un estudio realizado por el Centro de Ayuda al Alcohólico y sus Familiares (CAAF), del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, donde el 63 por ciento de la población identificada como consumidora de alcohol, son adolescentes y jóvenes de entre 12 y 24 años de edad.

Las familias mexicanas deseamos legisladores y ministros que velen por la salud, que brinden mejores condiciones a la población, como el arte, la cultura, la educación y el deporte; no queremos ni leyes ni amparos que promuevan drogas que dañen la salud de la sociedad.

Para lograr una sociedad sana es necesario que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, junto con gobierno y sociedad se comprometan a brindar mejores condiciones de desarrollo y a ofrecer alternativas saludables la ciudadanía.

 

 

PARA PERDER CREDIBILIDAD

Por René Mondragón

DILMA HABLANDO DE OREJAS

No cabe ninguna duda: en donde quiera –decían los antiguos- se cuecen habas, como mexicanísima expresión de que en cualquier parte de la galaxia suceden cosas similares a las que vemos en el país. No es materia de tranquilidad, porque como también decían las consejas populares, “mal de muchos, consuelo de tontos”. (Bueno, decían más feo, pero “las buenas conciencias” no me dejan reproducir la expresión coloquial)

Viene a cuento, porque cuando Dilma Rousseff –defenestrada por corrupción y echada fuera de la presidencia en Brasil- se coloca en el papel de defensora de Lula Da Silva, encarcelado ahora por “los mismos defectos”, el favor de los argumentos de la ex mandataria se vuelven dramáticamente frágiles, aunque ella insista en sostener la candidatura de Lula desde prisión.

Y AHORA, CON USTEDES…

Javier Lafuente, en una entrega publicada por el periódico  El País (“La trampa se premia” - https://elpais.com/internacional/2018/04/10/mexico) apunta a un mismo tipo de hechos como el que mis adorables lectoras y maravillosos lectores, comentan sobre los sucesos en Brasil, el tema de la pérdida de credibilidad, tanto en aquellas tierras como mexicanas, el tema salta para compartirlo, no solo porque se trata de candidatos presidenciales, sino también, por la cercanía del proceso electoral federal y las condiciones mediáticas que prevalecen.

VALIDANDO LAS TRAMPAS

Como si los mexicanos no tuviésemos suficiente con las declaraciones del señor que, asegura, perdonará a los políticos corruptos, a los funcionarios ladrones y a los narcotraficantes, ahora, han caído en la misma trampa cuatro de los siete magistrados que convalidaron la presencia de  Jaime rodríguez Calderón, más conocido como “El Bronco”.

En la boleta electoral, el ex gobernador de Nuevo León y ex priísta también, aparecerá como candidato “independiente” a la presidencia de México.

El tema no es de menor calado, porque se trata de una decisión con fuerza jurídica del Tribunal Federal Electoral, para que un personaje a quien se le “descubrieron” más de un millón de firmas falsas” para respaldar su candidatura independiente. El planteamiento del reportero es válido: 2La trampa se premia” en México.

Las razones esgrimidas por el juzgador pueden ser cualesquiera. Van desde lo banal y peregrino, hasta las hilarantes. Desde “errores” en el derecho de audiencia hasta las “dudas razonables”. Es materia de “la Litis” el hecho de encontrarse más de un millón de firmas “de apoyo” invalidadas. Otro de los magistrados justificó la ilegalidad.

Se presentaron, efectivamente, más de dos millones de firmas…Pero, solo fueron reconocidas 835 mil. Se detectaron más de 150 mil “simulaciones de firmas”; 205 mil fotocopias de firmas; 23 mil documentos no válidos….pero, en este país... ésas son minucias carentes de importancia; incluidas las investigaciones de varios funcionarios del gobierno de Nuevo León, investigados por dedicarse a reunir firmas de apoyo al Bronco, en horarios de trabajo.

Dicho de otra forma: Hay que acatar la resolución del Tribunal, aunque ésta permita las trampas y las engañifas.

BENEFICIARIOS

Los beneficiarios de este engaño y simulación, en expresión de Margarita Zavala, candidata independiente, convienen por supuesto a López Obrador, porque entre más se divida el voto, mejores serán las condiciones para el fortalecimiento de “voto duro”.

Otro beneficiario es, sin duda, el candidato oficialista José Antonio Meade, quien habló y destacó “el profesionalismo” de la decisión del Tribunal Electoral, lo que vuelve más enrarecido el ambiente político.

¿Puede afirmarse un fracaso el experimento de las “firmas de apoyo”. Así parece. El problema mayor es que, en la vox populi, cualquiera que haga trampa puede llegar a donde quiera…Sin problema.

Y luego, las autoridades se quejan, reclaman aplausos y ven feo a los ciudadanos que cada día que pasa, con sucesos como este, pierden la credibilidad y la confianza en sus dirigentes. Es grave. ¿No?

 

 

EL RATÓN Y LA RATONERA

Un raton vagabundo llegó a una casa mirando por un agujero de la pared y vio a un hombre entregando un paquete a una mujer.

Rápidamente pensó: "¿qué tipo de comida podra haber allí?
Y se imaginó un sabroso queso. Se le hacía agua la boca de pensar que sería de sus preferidos. Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera. Entonces, se fue al patio de la casa a advertir a todos:

"¡ Hay una ratonera en la casa, una ratonera! "
La gallina que estaba buscando sus lombrices en la tierra, cacareó y le dijo:
"¡ Discúlpeme, Sr. ratón: entiendo que sea un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me molesta! "
Y el ratón se entristeció.

El ratón siguió corriendo buscando ayuda, y llegó hasta el cordero y le dijo. "¡ hay una ratonera en la casa!"
"¡ Discúlpeme, Sr. ratón, pero no veo nada que pueda hacer, pues yo como pasto. ¡Quédese tranquilo! !Usted está en mis oraciones!"

El ratón se fue hasta donde estaban las vacas y le dijeron: ¿ Qué nos dice, Sr. ratón? ¿Una ratonera? ¿estamos en peligro por casualidad nosotras ? ¡ Creo que no !

Entonces el ratón se volvió a la casa, cabizbajo y abatido, para encarar solo la ratonera .....

Aquella misma noche se escuchó un ruido como el de una ratonera agarrando su víctima. La mujer del estanciero corrió a ver qué había en la ratonera. Pero, en la obscuridad, no vio que la trampa había agarrado la cola de una víbora venenosa. La víbora la mordió.

El hombre la llevó corriendo al hospital. La mujer fue atendida, pero después volvió a casa con fiebre. Nada mejor que un buen caldo de gallina. El hombre entonces tomó el cuchillo y fue a buscar al principal ingrediente: la gallina.

Como la enfermedad de la mujer continuaba, amigos y vecinos vinieron a verla. Para alimentarlos, hubo que matar al cordero.

Pero la mujer no resistió, y acabó falleciendo. Muchas personas vinieron al funeral. El pobre hombre, muy triste y agradecido por la solidaridad, resolvió matar a las vacas para darle de comer a todos.

La próxima vez que oigas decir que alguien está enfrentando un problema, y creas que a ti no te afecta, piénsalo dos veces. En todas las casas pueden necesitar una ratonera ¡y todos los integrantes corren peligro! "Ayuda a tu prójimo"

¿Se dieron cuenta quien se salvó?

Moraleja: En una comunidad, como en un grupo de amigos y en la propia familia, cuando un integrante tiene un problema, este problema  es de todos y juntos deben resolverlo o ver en qué pueden ayudar para aligerar la carga del problema.

Web católico de Javier

 

 

Si crees en Dios, vota con buen juicio

Norma Mendoza Alexandry

Última actualización: 11 Abril 2018

Los mexicanos sabemos muy bien que, desde la Constitución de 1857, México se proclamó como un Estado laico y de igual manera, la Constitución de 1917 en el artículo 130 establece que tanto la Iglesia como el Estado deberán permanecer separados en varios aspectos.

Pero preguntémonos, ¿quiere esto decir que los católicos que somos la mayoría, no podemos participar, opinar, contradecir, votar o influir en nuestro proceso político? Esto no lo estipula nuestra Constitución, de tal manera que deberíamos reflexionar un poco en dónde quedan nuestros principios, valores y forma de vida a la hora de tomar una decisión que influirá en nuestras familias, en la sociedad y en el país.

A la hora de votar por un candidato en particular y si profesas la religión católica, deberás considerar en primer lugar los “principios no-negociables” mencionados por el Papa Benedicto XVI que conforman las pautas que nunca se podrán derogar ni dejar a merced de consensos partidistas en la configuración cristiana de la sociedad y que son:

La paz, la justicia, la solidaridad, el bien de la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, la tutela de la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural, y el derecho y obligación de los padres a educar a sus hijos.

San Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica Christifideles Laici (1988) nos decía que “es necesario mirar cara a cara este mundo, con sus valores y problemas, sus inquietudes y esperanzas, sus conquistas y derrotas; un mundo cuyas situaciones económicas, sociales, políticas y culturales presentan problemas y dificultades, “…Jesús les quiere como a todos sus discípulos sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5, 13-14).” Pero ¿cuál es el rostro actual de la “tierra” y del “mundo” en el que los cristianos han de ser “sal” y “luz”?

La actual contienda política habla de problemas sociales que llaman primordiales como son “la corrupción, la pobreza, la violencia, la inseguridad”, pero de esto se habla sin profundizar en el verdadero origen de todas estas problemáticas.

Considero que la naturaleza de los asuntos a debatir es también relevante como son: el aborto, la educación sexual de menores, el acceso al manejo de los cuidados a la salud sobre todo de las madres en gestación, las formas del combate a la drogodependencia, el uso y prohibición de la mariguana, ética o corrupción laboral, ética y cuidado del medio ambiente y otros. Estos grandes temas involucran algunos de los valores sociales-éticos-colectivos más importantes. Incluso, muchos de ellos están ligados al respeto por la vida y también ligados con el nacimiento y la muerte que son dos de los eventos en los cuales formamos nuestros valores de mayor relevancia. Estos valores, junto con nuestros principios, actitudes, creencias, tradiciones y demás, conforman el paradigma sociocultural en el que se basa la sociedad en que vivimos.

México, en sus tradiciones como las conocemos en fechas como el 12 de diciembre o las enormes y populosas representaciones de Semana Santa, ¿somos una sociedad secular?

Un laico puede decir que la religión no posee un papel válido en la formación de nuestros valores compartidos y por tanto, no tiene cabida en el espacio público. Francamente creo que esta deducción es equivocada porque si la mayoría nos consideramos como parte de una creencia religiosa, entonces ¿podemos realmente pensar de manera laicista y reemplazar la función de la religión que profesamos en la vida pública?

Hay un error básico al aceptar que el secularismo es neutral porque se antepone la disyuntiva: o secularismo o religión, pero la verdad es que las situaciones sociales exigen la unidad de ambas. Necesitamos que todas las voces sean escuchadas en el espacio democrático público, ya que todos tenemos derecho a hacerlo.

Recordemos que los principios básicos en los que se funda la democracia son la libertad y la igualdad. Así pues, dar preferencia a la laicidad es contravenir los principios de libertad e igualdad en los que se basa la democracia e impedir que ésta funcione como tal.

Juan Pablo II nos decía con claridad que “Es verdaderamente grave el fenómeno actual del secularismo, y no sólo afecta a los individuos, sino a comunidades enteras…crecientes multitudes se alejan prácticamente de la religión.”

¿Cuál es la condición secular de los fieles laicos?

Los fieles laicos vivimos en el mundo, esto es, “implicados en todas y cada una de las ocupaciones y trabajos del mundo y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, …somos personas que estudian, trabajan, entablan relaciones de amistad, sociales, etc.….ya que el mismo Verbo Encarnado quiso participar en la convivencia humana, quiso llevar la vida de un trabajador de su tiempo….” (Gaudium et Spes, 32)

Así, todos los miembros de la Iglesia son partícipes de su dimensión secular y así, el mundo se convierte en el ámbito y el medio de la vocación cristiana de los fieles laicos, no han sido llamados a abandonar el lugar que ocupan en el mundo, por el contrario, “son llamados para contribuir desde dentro a modo de fermento, a la santificación del mundo…” (Lumen Gentium, 31)

La religión nos trae importantes consideraciones que no las hay en el secularismo y viceversa. Necesitamos estar atentos a ambos lados y darles su propia medida si es que hemos de hacer decisiones inteligentes sobre los valores que deben tener prioridad.

Una de las tareas más importantes de las voces con contenido religioso en el espacio público, es ayudar a colocar los valores sociales y éticos en un contexto moral. La religión debe ser tomada en cuenta como titular de nuestra memoria moral colectiva.

Necesitamos revaluar la religión, aunque no seamos gente de fe, esto para tomarla en cuenta como depósito del conocimiento y sabiduría tradicional. Los conflictos de valores, las múltiples propuestas políticas que muchas veces excluyen lo que nos hace humanos, no pueden excluir a las voces creyentes del espacio público, pues al hacerlo, exacerban la confusión y los conflictos.

Una conciencia religiosamente informada no debe recibir privilegios, pero tampoco debe considerarse en desventaja. En este aspecto, el estricto significado de “secular” es plural o inclusivo en su sentido más amplio.

 

 

La conmovedora historia de Abby

Por Cecilia Galatolo

Directora de una clínica de abortos se convierte en activista pro-life

Cuando era muy joven, Abby Johnson abrazó la causa de Planned Parenthood (institución “sanitaria” estadounidense que practica abortos, recientemente implicada en escándalos de venta de tejidos embrionarios de fetos abortados en sus clínicas); trabajó al principio como voluntaria, y más tarde llegó a directora de una clínica. Ocho años después de entrar en Planned Parenthood, decidió cambiar completamente de rumbo y se adhirió al campo de la defensa de la vida.

Su historia, contada en el libro Sin Planificar, escrito por la propia Abby Johnson con la ayuda de Cindy Lambert (“Unplanned”, Tyndale Momentum, 2010; traducido al castellano y publicado por la editorial Palabra en 2011), invita a reflexionar a los partidarios del aborto, a los que luchan por los derechos de los niños no nacidos, y a las mujeres que llevan dentro de sí una herida.

La violencia nunca es camino para el bien

Cuando Abby entró en Planned Parenthood, no consideraba el aborto como un bien, pero creía que, en algunos casos, era un “remedio inevitable”.

Convencida de estar de la parte de la razón, afirmaba que “interrumpir un embarazo no deseado es un derecho”. Las actitudes negativas de algunos exponentes del movimiento pro-vida le reafirmaban cada vez más en esa idea: frente a las amenazas, las ofensas, las pancartas cruentas contra las chicas en crisis que entraban en la clínica, Abby sentía rabia contra los agresores y compasión por las jóvenes víctimas.

Lo tenía muy claro: frente a los “matarifes” que asaltaban a las chicas fuera, los trabajadores de la clínica se hacían cargo de los sufrimientos y necesidades de esas mujeres solas, frágiles y asustadas.

Además, el objetivo declarado de la institución era reducir el número de abortos, gracias a la planificación familiar: Abby se aferraba a ese fin, para justificar su permanencia en un “lugar de muerte” (como más tarde lo definirá ella misma), aunque no estaba del todo en paz con su conciencia.

Un drama personal

La compasión por las chicas en crisis era fruto de una experiencia personal previa. Cuando tenía veinte años, Abby descubrió que está embarazada. El padre era un chico mayor que ella, que tenía ya un hijo y no quería otros. Abby vio que su vida se arruinaría por ese niño que llegaría “en el momento equivocado”, y no sabía qué hacer. “Es muy fácil…", le dijo entonces Mark, su chico, quien, con la misma tranquilidad con que le daría un vaso de agua, le propuso que abortase. Fue el inicio del tormento interior de Abby.

Abortó, sin darse cuenta realmente de lo que estaba haciendo, y sin decirlo a nadie. Ese drama interior fue uno de los motivos por los que se hizo voluntaria de Planned Parenthood, un lugar donde nunca nadie la juzgaría por su pasado.

La oración silenciosa y la amistad gratuita

Unos años más tarde, Abby se encontró de nuevo encinta. Casi sin pensarlo puso fin también al embarazo, diciéndose: "No estoy matando a nadie, todavía no hay un niño formado dentro de mí. Y además, no tengo elección. Solo estoy yendo adelante con mi vida”. Su relación con Mark estaba acabando, y no quería tener que seguir unida para siempre a él a causa de un hijo.

El segundo aborto, sin embargo, produjo en Abby heridas aún más profundas que el primero.

El aborto era un mal… En el fondo lo sabía, pero no acababa de admitirlo.

Mientras tanto, se encontró con unos defensores de la vida pacíficos y acogedores: personas que ayudaban a chicas en dificultades, en vez de gritarles su desprecio; que rezaban silenciosamente para que triunfe la vida; y que, amablemente, ofrecían una alternativa al aborto. Estas personas movieron a Abby a replantearse su actitud.

Le influyó sobre todo una iniciativa: "40 días y 40 noches en favor de la vida"; una campaña consistente en una oración incesante por las mujeres, por los niños, por los promotores del aborto.

“¿Y si tuviesen razón? ¿Y si el verdadero bien es defender la vida, siempre y en cualquier caso? ¿Y si Dios estuviera de su parte, y no de la mía? ¿Y si yo me estuviera equivocando?" Estos gritos reprimidos comenzaron a girar en la cabeza de Abby...

Las mentiras y los eufemismos no pueden borrar la realidad

Años después del final de su historia con Mark, Abby se casó con Doug, hombre bueno y paciente, con quien tuvo una hija. Él era contrario al aborto, y los dos vivieron profundos contrastes. Sin embargo, la respetó, y sin ofenderla, le ayudó a reflexionar.

Entretanto, Planned Parenthood tuvo problemas financieros y, aunque públicamente la institución siguió declarando que su objetivo era reducir el número de abortos, internamente se insistía a los empleados en que, para aumentar los ingresos, debían encontrar el modo de hacer crecer el número de abortos (las clínicas tenían beneficios con los abortos, no con la planificación familiar). Esta mercantilización de la vida humana agudizó la crisis interna de Abby.

Pero lo que le llevó a pronunciar su “basta” definitivo, fue cuando, por falta de personal, y a pesar de que ella era asistente social y no médico, tuvo que colaborar personalmente en un aborto.

Citemos las palabras con las que Abby describe el momento cuando, por fin, ve la realidad sin filtros, el momento en el que comprende que, con el aborto, no se “acaba con una situación de sufrimiento", sino que se elimina una vida humana, una persona:

Es igual a Grace cuando tenía 12 semanas, pensé con sorpresa, recordando la primera vez que vi a mi hija, tres años antes, acurrucada y segura en mi vientre. La imagen que estaba viendo ahora me parecía la misma; de hecho era más clara y nítida. Me asombraron los detalles: se veían claramente el perfil de la cabeza, los dos brazos, los pies, los dedos. Estaba todo perfectamente formado. Inmediatamente la ansiedad sustituyó el recuerdo de Grace: ¿Qué voy a hacer? Sentí una tremenda punzada en el estómago. […] Estaba quitando a esa mujer el bien más preciado de su vida, y ella ni siquiera lo sabía.

Este fue el inicio del viaje de Abby hacia la defensa de la vida...

El poder de una acogida sin condiciones

Abby ve en Dios el autor de su conversión. Cree que su corazón y sus ojos se abrieron gracias a las oraciones sinceras y continuas de sus amigos de Coalición para la vida, que la acogieron de la misma manera antes de su cambio que después.

A raíz de su cambio radical, Abby tuvo que comparecer en un tribunal para defenderse de falsas acusaciones; personas que consideraba amigas la traicionaron; sufrió graves problemas económicos. Pero experimentó una alegría, una paz y un sentido de libertad que nunca había sentido antes.

Pocas semanas después de su conversión, ella misma estuvo rezando ante la clínica donde había trabajado durante ocho años, convencida entonces de que abortar era un derecho.

Un libro que habla de curación

Este libro habla de curación: curación del cinismo, de una mentalidad de muerte, curación de las mentiras que nos cuentan para acallar la conciencia, curación de la esclavitud del dinero, curación de los eufemismos que esconden la verdad, curación de los errores cometidos en el pasado.

El libro hace reflexionar sobre la paciencia de Dios y el valor del respeto hacia los que, según nosotros, viven en el error.

Cuando Abby trabajaba todavía en la clínica de Planned Parenthood, comenzó a asistir a algunas reuniones de una comunidad cristiana protestante, de la que fue expulsada por su profesión. “Si únicamente hubieran intentado hacerme comprender que estaba equivocada, en vez de expulsarme…”, dice Abby con pesar, después de su conversión.

Pensemos en la historia de Abby cuando seamos intolerantes y agresivos; pensemos en Abby para considerar que el verdadero secreto para ayudar a alguien a reconocer sus errores son el amor y la cercanía.

Pensemos en Abby, incluso cuando perdamos la esperanza, cuando no veamos cambios en torno a nosotros, cuando nos parezca que el mal se ha apoderado del mundo.

Este testimonio nos enseña que lo que no sucede en ocho años, puede ocurrir en tres semanas.

Cecilia Galatolo

 

 

No existen dos Iglesias en China

El cardenal Pietro Parolin ha insistido en que no existen dos Iglesias en China, sino dos comunidades de fieles que están llamadas a emprender un camino de reconciliación y unidad. El diálogo con el gobierno de Pekín persigue salvaguardar la comunión y la libertad de la Iglesia, mostrando que los católicos chinos pretenden ser plenamente católicos y plenamente chinos, en un clima alejado de permanentes conflictos con las autoridades. El mensaje que ha transmitido el Secretario de Estado al gobierno chino es el mismo que lanzó Benedicto XVI en su carta a los católicos de ese país: no es misión de la Iglesia cambiar las estructuras políticas ni sustituir al Estado.

El cardenal reconoce que es legítimo tener opiniones diferentes sobre la forma de encontrar una solución a los problemas en China, pero pide no caer en polémicas estériles que dañen la comunión. En cualquier caso la Santa Sede nunca olvidará las pruebas y los sufrimientos pasados y presentes de los católicos chinos, que son un gran tesoro para la Iglesia universal.

Suso do Madrid

 

 

Alterar el hábitat animal

Alterar el hábitat de cualquier animal lleva aparejado reproche, incluso penal. Y acabar cruelmente con ellos, o sus crías, lo propio. Los sufrimientos que les son provocados se persiguen igualmente, porque lo que gravita en torno a esta protección trasciende ya a la indemnidad de estos seres vivos para penetrar de lleno en su ámbito de dignidad, una noción genuinamente predicable del hombre hasta hoy.

Detrás de todas estas razonables nociones éticas, no obstante, se constata cada vez más en nuestras sociedades una versión un tanto extremada, rayana en lo extravagante. Piénsese en esas mascotas ataviadas con gorros o abrigos de punto o en las personas que conversan con ellas con entera naturalidad como si se tratara de un pariente o vecino de escalera. También, en la desmedida contención de las autoridades al arbitrar medidas de control a las poblaciones de fauna salvaje en las inmediaciones de núcleos urbanos, consintiendo que campen a sus anchas provocando accidentes y riesgos innecesarios.

A esta sobreactuación protectora se une el eco que la pérdida de determinados animales, domésticos o no, produce en buena parte de la ciudadanía. Sin necesidad de que mueran por causas ilícitas, el foco se proyecta sobre ellos como si se tratara de celebridades o personalidades relevantes. Algunos en realidad lo fueron, como la perra Laika o la oveja Dolly, pero de lo que hablo aquí es de ejemplares que se han limitado a pacer, a producir o a acompañar a sus dueños, pero a los que se les brinda una despedida digna de la más egregia figura sin haber protagonizado nada extraordinario.

Domingo Martínez Madrid

 

En Venezuela no hay tiempo que perder

La Conferencia Episcopal de Venezuela hacía público un comunicado el día de San José en el que hace repaso de la dramática situación que atraviesa el país. Un país rico y con enormes potencialidades energéticas, que vive postrado por la voluntad política de un régimen cuya consigna es la de mantenerse en el poder.

La migración forzosa -hoy veía una foto en la que se apreciaban centenares de venezolanos huyendo a través de la frontera con Colombia-, el narcotráfico, la corrupción y la escasez marcan el día a día de un país cuyos ciudadanos no pueden tomar parte en la construcción del bien común. No hay posibilidad real de implicarse en el desarrollo social cuando se pasa hambre. El oficialismo, piden los obispos, debiera escuchar a los venezolanos, reconocer sus derechos de participación política y aceptar el resultado de la manifestación libre de la voluntad popular.

Enric Barrull Casals

 

 

Pensamientos y reflexiones 187

El por qué en España abundan los ladrones y bandidos:        España tiene problemas ancestrales y profundos, que nadie quiere tocar y nos presentan otros, que si bien lo son, pero mientras aquí no exista un saneamiento general e integral, esto será lo que hace ya muchos siglos es; o sea un país ingobernable porque siempre predominan unas injusticias que no convencen a la mayoría de sus habitantes y de ahí todo lo demás.

                                El problema separatista catalán, en vez de solucionarse, lo que ha dado lugar es a un recrudecimiento, de nada menos que “las fuerzas del orden”, que quieren ganar lo que les pagan (“ojo no digo que ganan”) a las similares de las autonomías o de los ayuntamientos, donde “gobernantuchos” de chichinabo, les pusieron salarios a sus “municipales”, de sueldos inadecuados a la economía general y mucho más altos que el gobierno tiene fijados a los policías y guardias civiles nacionales; los que como es lógico, se quieren equiparar a ellos, “no que ellos los equiparen a estos”, que en épocas de crisis y penurias (a los jubilados nos suben el despreciable 0,25 %) sería lo más justo y dejar las subidas para tiempos de mejor administración que los de la ruina actual; y que tiene en quiebra a la propia nación y a infinidad de ayuntamientos y gobiernos autonómicos.

“Estas son, señores diputados, las razones que me mueven á devolver á la nación; y en su nombre á vosotros, la corona que me ofrecía el voto nacional, haciendo de ella renuncia por mí, por mis hijos y sucesores”. (Del bochornoso discurso de despedida de Amadeo I de España cuando abandona el trono, asqueado de los españoles)

                        Tras de este bochornoso e insólito hecho, vinieron muchos otros desastres más, culminados con la terrible guerra civil de 1936-1939 y la que “los canallas de siempre”, quieren no olvidar en sus más crudos hechos (de los que yo mismo soy una de sus grandes víctimas, así como mi padre, mi madre y otros miembros de mi familia) y reverdecerlos cuanto más mejor, para simplemente obtener rentabilidad política; hasta hoy mismo, en una España arruinada y sin horizontes para la parte más vital de la misma, pese a lo cual se sigue en el terrible “y tú más”; manteniéndose una situación de verdadero asco y donde nadie responsable grita el ya imprescindible… ¡Basta ya y hagamos una verdadera España para todos los que aquí nacimos o la habitamos hoy! Por el contrario sigue la crónica mala leche española que no muere jamás: Y los juzgados llenos a rebosar de ladrones y bandidos… Amén. (De mi artículo de igual titular)

 

PENSIONES: TIENEN SOLUCIÓN SI SE REPARTE CON JUSTICIA: Si por un lado el gobierno nos habla de que España está en progreso y que cada vez se produce más, se exporta más, la riqueza nacional por tanto y globalmente crece y por el contrario ponen pegas para que las pensiones crezcan, como mínimo al nivel que lo hace el IPC; es que el gobierno miente y nos engaña miserablemente; puesto que esa riqueza no llega proporcionalmente a todo el que trabaja y trabajó en el pasado. ¿Qué es lo que ocurre pues, pues aquí se deduce que unos roban a los otros lo que por lógica y proporcionalmente les corresponde? Veamos.

                                Tenemos ya hace muchos años una enorme burrocracia (con b de burro) que “se come” enormes cantidades de recursos y sin producir nada a cambio, puesto que estamos sobrecargados de organismos inútiles, parásitos, enchufados, cargos nombrados a dedo o creados en “enormes nichos, covachas o covachuelas que todo lo consumen”. Y no me voy a fijar en “los ejércitos de individuos colocados a dedo que ya son una plaga”; es que me fijo en nombres y apellidos significativos por cuanto de abuso de poder supuso sus cargas por el simple hecho de ocupar un puesto transitorio en una política, que nunca debe servir para “amartillar” un sueldo vitalicio, por tanto nombro en primer lugar a Felipe González Márquez, que ejerciendo de presidente del gobierno se impuso una paga vitalicia enorme y una serie de privilegios y prebendas que debieran avergonzarle, puesto que un político bien que cobre mientras lo es, pero no tanto como se asignan; pero cumplido su mandato, debe pasar a su profesión inicial y vivir de su oficio, si lo tiene y si no, que se busque la vida como cualquier otro español hicimos a lo largo de la nuestra.

                                 Tenemos un rey, al que se le pasa una paga suficiente como debe ser al rango que representa, pero  tenemos “otro rey dimitido” y al que suponemos, se le están pagando pagas o gastos que ya no corresponden, puesto que nadie le obligó a irse y si él decidió marchar del cargo, pasa a ser “uno más y punto”; en concreto y sin pelos en la lengua, ¿De qué vive el ex rey Juan Carlos y su familia y qué perciben del dinero público español? De ahí para abajo, pienso que en esta España de tantos líos y chanchullos debe haber “la tira” de dinero público que se derrama indebidamente, mientras millones de jubilados que trabajamos (muchos desde niños) percibimos pensiones de limosna y se nos dice que no hay formas de subirnos esas pagas, que muy al contrario parece que quieren hasta suprimirlas y obligar a los nuevos pensionistas a que ahorren para sus futuras pensiones de las que el Estado piensa en sacudírselas a largo o menos largo plazo.

                                No hablemos de dietas y mamandurrias, que la clase política y otros se asignaron y cobran religiosamente, hasta por estar parados o de vacaciones, cuando esos no debiera existir ni por asomo.

            Así es que menos cuentos y lleguemos a un examen de conciencia lógico y veraz, puesto que no hay derecho a tantos privilegios y privilegiados, como suele haber siempre en esta siempre “españilla de las injusticias. (De mi artículo de igual titular)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes