Las Noticias de hoy 11 Abril 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 11 de abril de 2018 

Indice:

ROME REPORTS

La Iglesia y el mundo tienen hoy una “necesidad particular de Misericordia” (Homilía completa)

Misioneros de la Misericordia: “El Señor siempre te espera” (Discurso del Papa)

Mayo: El Papa abrirá el mes mariano rezando el Rosario en el Santuario del Divino Amor

AMOR CON OBRAS: Francisco Fernández-Carvajal

“El peligro es la rutina”: San Josemaria

¿Cuáles son los Diez Mandamientos?

Los santos de «la puerta de al lado»

Santidad para todos: Ramiro Pellitero

La alegría pascual: Joseph Ratzinger

San Pablo en el cine: el Apóstol de Cristo: Jesús Ortiz

FAMILIA: ANTÍDOTO CONTRA LA VIOLENCIA: René Mondragón

¿Qué piensa la Iglesia de Martin Luther King?: Luis-Fernando Valdés

DESPUÉS DE TODO, LE PUEDE OCURRIR OTRA VEZ: GORAN SIMIC

Dinamarca planea construir una valla en la frontera con Alemania: Jesús Domingo

VENTAJAS DE LA EDUCACIÓN DIFERENCIADA: María Calvo Charro

¿De qué sirve creer?: Alfonso Aguiló

La Trata, una nueva forma de esclavitud: Juan García.

La lección de los mártires de Argelia: Jesús D Mez Madrid

La corrupción corroe la democracia: José Morales Martín

Las pensiones como carga estatal: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

 

 

 La Iglesia y el mundo tienen hoy una “necesidad particular de Misericordia” (Homilía completa)

Misa del Papa Francisco con 550 misioneros de la Misericordia

10 abril 2018Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

 

(ZENIT – 10 abril 2018).- Tanto la Iglesia como el mundo de hoy tienen una necesidad particular de Misericordia para que la unidad deseada por Dios en Cristo prevalezca sobre la acción negativa del maligno”.

Homilía del Papa Francisco en la Eucaristía celebrada con 550 misioneros de la Misericordia, este martes, 10 de abril de 2018, a las 12 horas en el Altar de la Cátedra de la basílica vaticana, tras recibirlos en audiencia en la Sala Regia.

El Pontífice ha explicado que el demonio aprovecha muchos medios actuales, en sí mismos buenos, pero que, mal utilizados, en lugar de unir, dividen y ha llamado a permanecer unidos: Estamos convencidos de que “la unidad es superior al conflicto”, ha dicho.

Francisco ha recordado a los misioneros que viven un “ministerio que se mueve en ambas direcciones”: al servicio de las personas, para que “renazcan desde lo alto” y al servicio de la comunidad, para que puedan vivir el mandamiento del amor con alegría y coherencia.

Fuerza de atracción 

“Sacerdotes ordinarios, simples, humildes, equilibrados, pero capaces de dejarse regenerar constantemente por el Espíritu, dóciles a su fuerza, interiormente libres,- sobre todo de sí mismos- porque les mueve el `viento´ del Espíritu que sopla donde quiere” así ha exhortado el Papa a los misioneros de la Misericordia.

Con respecto al ministerio de los misioneros al “servicio de la comunidad”, Francisco ha comunicado que la presencia viva del Señor resucitado “produce una fuerza de atracción que, a través del testimonio de la Iglesia y de las diversas formas de proclamación de la Buena Nueva, tiende a alcanzar a todos, ninguno excluido”.

RD

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Homilía del Papa Francisco 

Hemos escuchado en el Libro de los Hechos: “Los apóstoles con gran poder, daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús” (Hechos 4:33).

Todo comienza desde la Resurrección de Jesús: de allí viene el testimonio de los apóstoles y, a través de él, se generan la fe y la vida nueva de los miembros de la comunidad, con su franco estilo evangélico.

Las lecturas de la misa de hoy ponen de manifiesto estos dos aspectos inseparables: el renacimiento personal y la vida de la comunidad. Y ahora, dirigiéndome a vosotros, queridos hermanos, pienso en vuestro ministerio que lleváis cabo desde el Jubileo de la Misericordia. Un ministerio que se mueve en ambas direcciones: al servicio de las personas, para que “renazcan desde lo alto” y al servicio de la comunidad, para que puedan vivir el mandamiento del amor con alegría y coherencia.

Hoy la Palabra de Dios ofrece dos indicaciones que me gustaría brindaros, pensando precisamente en vuestra misión.

El Evangelio recuerda que aquel que está llamado a dar testimonio de la Resurrección de Cristo debe, en primera persona, “nacer de lo alto” (Jn 3, 7). De lo contrario, se termina como Nicodemo que, a pesar de ser un maestro en Israel, no entendía las palabras de Jesús cuando decía  que para “ver el reino de Dios”  hay que  “nacer de lo alto”, nacer “del agua y del Espíritu” (cf. 3-5). Nicodemo no entendía la lógica de Dios, que es la lógica de la gracia, de la misericordia, por la cual  el que se hace pequeño se vuelve grande, el que se hace último pasa a ser el primero, el que  se reconoce enfermo se cura. Esto significa dejar realmente la primacía al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo en nuestra vida. Atención: no se trata de convertirse en sacerdotes “poseídos”, casi como si se fuera depositario de un carisma extraordinario. No. Sacerdotes ordinarios, simples, humildes, equilibrados, pero capaces de dejarse regenerar constantemente por el Espíritu, dóciles a su fuerza, interiormente libres,- sobre todo de sí mismos- porque les mueve el “viento” del Espíritu que sopla donde quiere (Jn 3, 8).

La segunda indicación se refiere al servicio a la comunidad: ser sacerdotes capaces de “levantar” en el “desierto del mundo el signo de la salvación, es decir, la Cruz de Cristo, como fuente de conversión y renovación para toda la comunidad y para el mundo mismo ( ver Jn 3: 14-15). En particular, me gustaría hacer hincapié en que el Señor muerto y resucitado es la fuerza que crea la comunión en la Iglesia y, a través de la Iglesia, en toda la humanidad. Jesús lo dijo antes de la Pasión: “Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32). Esta fuerza de comunión se manifestó desde el principio en la comunidad de Jerusalén donde, -como atestigua el Libro de los Hechos,-  “La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma” (4,32). Era una comunión que compartía los bienes de forma concreta, de modo que “todo era en común entre ellos” (v. Ibíd.) Y “no había entre ellos ningún necesitado” (v. 34). Pero este estilo de vida de la comunidad también era “contagioso” para el exterior: la presencia viva del Señor resucitado produce una fuerza de atracción que, a través del testimonio de la Iglesia y de las diversas formas de proclamación de la Buena Nueva, tiende a alcanzar a todos, ninguno excluido. Vosotros, queridos hermanos, poned al servicio de este dinamismo vuestro ministerio específico de Misioneros de la Misericordia. En efecto, tanto la Iglesia como el mundo de hoy tienen una necesidad particular de Misericordia para que la unidad deseada por Dios en Cristo prevalezca sobre la acción negativa del maligno que aprovecha muchos medios actuales, en sí mismos buenos, pero que, mal utilizados, en lugar de unir, dividen. Estamos convencidos de que “la unidad es superior al conflicto” (Evangelii gaudium, 228), pero también sabemos que sin la Misericordia este principio no tiene fuerza para actuarse en lo concreto de la vida y de la historia.

Queridos hermanos, salid de este encuentro con la alegría de ser confirmados en el ministerio de la Misericordia. Antes que nada confirmados en la grata confianza de ser vosotros los primeros llamados a renacer siempre de nuevo “desde lo alto”, desde el amor de Dios. Y al mismo tiempo confirmados en la misión de ofrecer a todos el signo de Jesús “levantado” de la tierra, para que  la comunidad sea signo e instrumento de unidad en medio del mundo.

© Librería Editorial Vaticano

    

 

Misioneros de la Misericordia: “El Señor siempre te espera” (Discurso del Papa)

Segundo encuentro del Papa con los misioneros de la Misericordia

10 abril 2018RedaccionPapa y Santa Sede

 

(ZENIT – 10 abril 2018).- El Santo Padre Francisco se ha encontrado esta mañana, 10 de abril de 2018, con más de 550 Misioneros de la Misericordia, procedentes de los 5 continentes.

La audiencia ha tenido lugar a las 10:30 horas, en la Sala Regia del Palacio Apostólico.

Los Misioneros de la Misericordia han celebrado su segundo encuentro con el Papa, organizado del 8 al 11 de abril por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, dos años después de la institución de este ministerio especial durante el Jubileo de la Misericordia.

Publicamos a continuación el discurso completo que el Papa dirige a los presentes en la Audiencia:

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Discurso del Papa Francisco

Queridos misioneros,

Bienvenidos, gracias, y espero que los que hayan sido nombrados obispos no hayan perdido la capacidad de “misericordiar”. Es importante.

Para mí es una alegría encontraros después de la hermosa experiencia del Jubileo de la Misericordia. Como sabéis, al final de ese Jubileo extraordinario vuestro ministerio debería haber terminado. Y, sin embargo, reflexionando sobre el gran servicio que habéis prestado a la Iglesia, y sobre cuánto bien habéis hecho  a muchos creyentes a través de vuestra predicación y especialmente con la celebración del sacramento de la Reconciliación, he pensado que era apropiado que vuestro mandato pudiera ser prolongado durante algún un tiempo. He recibido muchos testimonios de conversiones surgidas a través de vuestro servicio. Y sois testigos de ello. Debemos reconocer verdaderamente que la misericordia de Dios no conoce fronteras y con vuestro ministerio sois un signo concreto de que la Iglesia no puede, no debe y no quiere crear ninguna barrera o dificultad que impida el acceso al perdón del Padre. El “hijo pródigo” no tuvo que pasar por la aduana: fue acogido por el Padre, sin obstáculos.

Doy las gracias a Monseñor Fisichella por sus palabras introductorias y a los colaboradores del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización por organizar estos días de oración y reflexión. Pienso también en aquellos que no pudieron venir, para que se sientan, de todas formas, partícipes y, aunque sea distancia, también les llegue mi aprecio y mi agradecimiento.

Me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones para sostener mejor la responsabilidad que he puesto en vuestras manos, y para que el ministerio de misericordia que estáis llamados a vivir de una manera especial se exprese de la mejor manera, de acuerdo con la voluntad del Padre que Jesús nos reveló, y que en la luz de Pascua adquiere su significado más pleno. Y con estas palabras – el discurso quizás será algo largo- quisiera subrayar la doctrina de vuestro ministerio, que no es una idea –“hagamos esta experiencia pastoral y luego veremos cómo sale”-, no. Es una experiencia pastoral que tiene detrás una doctrina verdadera y propia.

Una primera reflexión la sugiere el texto del profeta Isaías, donde leemos: “En el momento de la benevolencia, te respondí, el día de la salvación te ayudé”. […] el Señor consuela a su pueblo y tiene misericordia de sus pobres. Sion dijo: “El Señor me ha abandonado, el Señor me ha olvidado”. ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido”(Is 49.8.13-15). Es un texto impregnado del tema de la misericordia. La benevolencia, el consuelo, la cercanía, la promesa del amor eterno …: todas son expresiones que pretenden expresar la riqueza de la misericordia divina, sin agotarla solamente en un aspecto.

San Pablo, en su segunda carta a los Corintios, tomando este texto de Isaías, lo actualiza y parece querer aplicarlo precisamente a  nosotros. Escribe así: “Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracias de Dios. Pues dice él:” En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable, mirad ahora el día de salvación! »(6: 1-2). La primera indicación que nos brinda el Apóstol es que somos colaboradores de Dios. Cuanto sea intenso este llamado, es fácil de verificar. Algunos versículos antes, Pablo había expresado el mismo concepto diciendo: “Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos:  -parece como si estuviera de rodillas- ¡reconciliaos con Dios!(5,20). El mensaje que nosotros  llevamos como embajadores en nombre de Cristo es hacer las paces con Dios. Nuestro apostolado es un llamado a buscar y recibir el perdón del Padre. Como podemos ver, Dios necesita hombres que lleven al mundo su perdón y su misericordia. Es la misma misión que el Señor resucitado dio a los discípulos después de su Pascua: “Jesús les dijo otra vez:” ¡La paz sea con vosotros! Como el Padre me envío, también yo os envío “. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”(Jn 20: 21-23). Esta responsabilidad puesta en nuestras manos –nosotros somos responsables- requiere un estilo de vida coherente con la misión que hemos recibido. Siempre es el Apóstol quien lo recuerda: “A nadie damos ocasión alguna de tropiezo, para que no se haga mofa del ministerio” (2 Cor 6: 3). Ser colaboradores de la misericordia, por lo tanto, presupone vivir el amor misericordioso que nosotros hemos experimentado primero. No podría ser de otra manera.

En este contexto, recuerdo las palabras que Pablo, al final de su vida, ya anciano, escribió a Timoteo, su fiel colaborador que dejará como sucesor suyo en la comunidad de Éfeso. El Apóstol agradece al Señor Jesús por haberlo llamado al ministerio (ver 1 Timoteo 1:12); confiesa que fue un “blasfemo, un perseguidor y un insolente”; y  sin embargo, dice, “encontré  misericordia” (1:13). Os confieso que tantas, tantas veces, me detengo en este versículo: “He encontrado misericordia”. Y a mí me hace bien, me da valor. Por decirlo así, siento come el abrazo del Padre, las caricias del Padre. Repetir esto, a mí, personalmente, da mucha fuerza, porque es verdad: yo también puedo decir “encontré misericordia”. La gracia del Señor fue  superabundante en él; actuó de tal manera que le hizo comprender lo pecador que era  y, a partir de  aquí, le permitió descubrir el núcleo del Evangelio. Por eso: “Es cierta y digna de ser aceptada por todos esta afirmación: Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, y el primero de ellos soy yo. Y si encontré  misericordia, fue para que en mí primeramente manifestase Jesucristo toda su paciencia” (1: 15-16). Al final de la vida, el Apóstol no renuncia a reconocer quién era, no oculta su pasado. Podría hacer una lista de sus muchos éxitos, nombrar las tantas comunidades que había fundado …; en cambio, prefiere subrayar la experiencia que más le afectó y marcó en la vida. A Timoteo le indica el camino a seguir: reconocer la misericordia de Dios sobre todo en la existencia personal. Ciertamente, no se trata de acomodarse al hecho de ser pecadores, como si quisiéramos justificarnos cada vez, anulando así el poder de la conversión. Pero siempre debemos recomenzar desde este punto fijo: Dios me ha tratado con misericordia. Esta es la clave para convertirse en cooperadores de Dios.

Experimentamos  la misericordia y nos convertimos en ministros de misericordia. En resumen, los ministros no se colocan por encima de los demás como si fueran jueces de los hermanos pecadores. Un verdadero misionero de misericordia se refleja en la experiencia del Apóstol: Dios me ha elegido; Dios confía en mí; Dios ha puesto su confianza en mí llamándome, a pesar de ser un pecador, para que sea su cooperador para que haga real, eficaz y concreta su misericordia.

Este es el comienzo, por decirlo así. Prosigamos.

Sin embargo, San Pablo agrega a las palabras del profeta Isaías algo extremadamente importante. Cuántos son cooperadores de Dios  y administradores de misericordia deben prestar atención para no hacer vana la gracia de Dios. Él escribe: “Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios ” (2 Cor 6: 1). Esta es la primera advertencia que recibimos: reconocer la acción de la gracia y su primacía en nuestras vidas y personas.

Sabéis que me gusta mucho el neologismo: primerear. Como la flor del almendro, así se define el Señor. “Yo soy como la flor del almendro”. Primerear.  La primavera, primerear. Y amo este neologismo para expresar precisamente la dinámica del primer acto con el que Dios viene a nuestro encuentro. El primerear de Dios nunca puede ser olvidado o dado como obvio, de lo contrario no se entiende plenamente el misterio de la salvación realizada mediante el acto de reconciliación que Dios obra a través del misterio pascual de Jesucristo. La reconciliación no es, como a menudo pensamos, una iniciativa privada nuestra o el fruto de nuestro esfuerzo. Si este fuera el caso, caeríamos en esa forma de neo-pelagianismo que tiende a sobreestimar al hombre y sus proyectos, olvidando que el Salvador es Dios y no nosotros. Siempre debemos reiterar, pero especialmente con respecto al sacramento de la Reconciliación, que la primera iniciativa es del Señor; es Él quien nos precede en el amor, pero no de forma universal: caso por caso. En cada caso El precede, con cada persona. Por esta razón, la Iglesia ” sabe adelantarse, -tiene que hacerlo- sabe tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. El Evangelio nos dice que la fiesta fue con ellos (cfr. Lc 14,21).Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva.” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24) .

Cuando se acerca a nosotros un penitente, es importante y consolador reconocer que estamos ante el primer fruto del encuentro ya acaecido con el amor de Dios, que con su gracia ha abierto su corazón haciéndolo disponible a la conversión . Nuestro corazón sacerdotal debe percibir el milagro de una persona que se ha encontrado con Dios y que ya ha experimentado la eficacia de su gracia. No podría haber una verdadera reconciliación, si ésta no comenzase con la gracia de un encuentro con Dios que precede al encuentro con nosotros los confesores. Esta mirada de fe permite situar la experiencia de reconciliación como un evento que tiene su origen en Dios, el Pastor que apenas se da cuenta de haber perdido una oveja sale a buscarla hasta que no la encuentra (cf. Lc. 15,4 -6).

Nuestra tarea, y este es un segundo paso, consiste en no hacer vana la acción de la gracia de Dios, sino sostenerla y permitir que se realice. A veces, desafortunadamente, puede suceder que un sacerdote, con su comportamiento, en lugar de acercar al penitente, lo aleje. Por ejemplo, para defender la integridad del ideal evangélico, se descuidan los pasos que una persona da día tras día. No se alimenta así la gracia de Dios. Reconocer el arrepentimiento del pecador equivale a darle la bienvenida con los brazos abiertos, para imitar al padre de la parábola que da la bienvenida a su hijo cuando vuelve a casa (Lc 15:20); significa no dejarle que termine  ni siquiera las palabras. A mí, esto me ha llamado siempre la atención: el papá ni siquiera le ha dejado que terminase las palabras, lo ha abrazado. Él tenía el discurso preparado pero (el padre) lo abraza. Significa no dejarle ni siquiera terminar las palabras que había preparado para disculparse (cfr. v 22), porque el confesor ya ha entendido todo, fuerte de la experiencia de ser un pecador también. No hay necesidad de hacer que se avergüence aquel que ya ha reconocido su pecado y sabe que se  ha equivocado; no es necesario inquirir  – esos confesores que preguntan, preguntan, diez, veinte, treinta, cuarenta minutos… ¿Y cómo se hizo? ¿Y cómo…? No es necesario inquirir allí donde la gracia del Padre ya ha intervenido; no está permitido violar el espacio sagrado de una persona en su relación con Dios. Un ejemplo de la Curia romana: hablamos tan mal  de la Curia romana, pero aquí dentro hay santos. Un cardenal, Prefecto de una Congregación, tiene la costumbre de ir a confesar a Santo Spritio in Sassia, dos o tres veces por semana – tiene su horario fijo- y un día, explicando, me dijo: “ Cuando  me doy cuenta de que una persona empieza a tener dificultades en decir algo y yo ya he entendido de qué se trata, le digo: “He entendido. Sigue”. Y esa persona “respira”. Es un buen consejo: cuando se sabe de qué se trata “he entendido, sigue”.

Aquí, la bella expresión del profeta Isaías adquiere todo su significado: “En tiempo favorable te escuché, el día de la salvación te ayudé” (49.8). De hecho, el Señor siempre responde a la voz de los que claman a Él con un corazón sincero. Aquellos que se sienten abandonados y solo pueden experimentar que Dios sale a su encuentro. La parábola del hijo pródigo relata que «cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio, tuvo compasión, corrió a su encuentro». (Lc 15,20). Y se arrojó a sus brazos.  Dios no está ocioso esperando al pecador: corre hacia él, porque la alegría de verlo regresar es demasiado grande, y  Dios tiene esta pasión de alegrarse, de alegrarse cuando ve que llega el pecador.  Casi parece que Dios mismo tenga un “corazón inquieto” hasta que encuentra al hijo que se había perdido. Cuando aceptamos al penitente, tenemos que mirarlo a los ojos y escucharlo para permitir que sienta el amor de Dios que perdona a pesar de todo,  que lo viste con el traje de fiesta y le da el anillo, signo de pertenencia a su familia (cf. v. 22) .

El texto del profeta Isaías nos ayuda a dar un paso más en el misterio de la reconciliación, donde dice: “El que tiene piedad de ellos los conducirá y a manantiales de agua los guiará” (49.10). La misericordia, que requiere escuchar, permite guiar los pasos del pecador reconciliado. Dios libera del miedo, de la angustia, de la vergüenza, de la violencia. El perdón es realmente una forma de liberación para restaurar la alegría y el significado de la vida. El grito de los pobres que pide ayuda corresponde al grito del Señor que promete la liberación a los prisioneros y a los que están en la oscuridad les dice: “Salid” (49: 9). Una invitación a salir de la condición de pecado para retomar la vestimenta de los hijos de Dios. En resumen, la misericordia liberando restaura la dignidad. El penitente no se complace en compadecerse por el pecado cometido; y el sacerdote no lo culpa por el mal del que se arrepintió; más bien, lo alienta a mirar hacia el futuro con nuevos ojos, llevándolo “a los manantiales de agua” (véase 49,10). Esto significa que el perdón y la misericordia nos permiten mirar de nuevo a la vida con confianza y compromiso. Es como decir que la misericordia abre a la esperanza, crea esperanza y se nutre de esperanza. La esperanza también es realista, es concreta. El confesor es misericordioso también cuando dice: “Sigue, adelante, sigue, ve”. Le da esperanza. “¿Y si pasa algo?”- Vuelves, no hay problemas. El Señor siempre te espera. No te avergüences de volver, porque el camino está lleno de piedras y de cáscaras de plátano que te hacen resbalar.

San Ignacio de Loyola  -permitidme algo de publicidad de la familia- tiene una enseñanza significativa sobre el tema, porque habla de la capacidad de hacer sentir el consuelo de Dios. No hay solamente perdón, paz, sino también consuelo. Escribe así: “El consuelo interno […] aleja todo disturbio y atrae a todos al amor del Señor. Este consuelo ilumina a algunos, otros descubren muchos secretos. Finalmente, con eso, todas las penas son placer, todas las fatigas descanso. Para el que camina con este fervor, con este ardor y este consuelo interior, no hay carga tan grande que no parezca ligera, ni penitencia ni otra pena tan grande que no sea muy dulce. Este consuelo nos revela el camino que debemos seguir y del que debemos escapar. –repito: este consuelo nos revela el camino que tenemos que seguir y del que debemos escapar. Hay que aprender a vivir con consuelo. Este- continúa Ignacio- no siempre está en nuestro poder; viene en ciertos momentos determinados según el plan de Dios. Y todo esto para nuestro beneficio “(Carta a Sor Teresa Rejadell, 18 de junio de 1536: Epistolario 99-107). Es bueno pensar que precisamente el sacramento de la Reconciliación puede convertirse en un momento favorable para percibir y crecer el consuelo interior que anima el camino del cristiano. Y quiero decir esto: nosotros, con la “espiritualidad de las quejas”, corremos el peligro de perder el sentido del consuelo. También de perder ese oxígeno que es vivir con consuelo. A veces es fuerte, pero siempre es un consuelo mínimo, que es dado a todos: la paz. La paz es el primer grado del consuelo. No hay que perderlo. Porque es precisamente el oxígeno puro, sin smog, de nuestra relación con Dios. El consuelo. Del más alto al más bajo, que es la paz.

Vuelvo a las palabras de Isaías, encontramos después  los sentimientos de Jerusalén que se siente abandonada y olvidada por Dios: “Dice Sion: `El Señor me ha abandonado, el Señor me ha olvidado´¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido” (49.13-15). Por un lado, resulta extraño este reproche al Señor por  haber abandonado a Jerusalén y a su pueblo. Con mucha más frecuencia, leemos en los profetas que es el pueblo el que abandona al Señor. Jeremías es muy claro al respecto cuando dice: “Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas que el agua no retienen” (2, 13). El pecado es abandonar a Dios, darle la espalda para mirarse solo a sí mismo. Una dramática confianza en sí mismo que causa grietas por todos los lados y no es capaz de dar estabilidad y consistencia a la vida. Sabemos que esta es la experiencia diaria que vivimos en primera persona. Y, sin embargo, hay momentos en los que realmente se siente el silencio y el abandono de Dios. Pienso ahora en la Siria de hoy, por ejemplo. No solo en las grandes horas oscuras de la humanidad en todas las épocas, que hacen surgir en muchos el interrogante del abandono de Dios. También sucede que en las vivencias personales, incluso en las de los santos, podamos experimentar el abandono.

¡Qué triste experiencia la del abandono! Tiene diferentes grados, hasta la separación definitiva por la llegada de la muerte. Sentirse abandonado lleva a la desilusión, a la tristeza, a veces a la desesperación, y a las diversas formas de depresión que muchos sufren hoy en día. Y, sin embargo, cada forma de abandono, por paradójico que parezca, se inserta dentro de la experiencia del amor.

Cuando se ama y se experimenta el abandono, entonces la prueba se vuelve dramática y el sufrimiento adquiere rasgos de violencia inhumana. Si no se inserta en el amor, el abandono se vuelve sin sentido y trágico, porque no encuentra esperanza. Por lo tanto, es necesario que esas expresiones del profeta sobre el abandono de Jerusalén de Dios se coloquen a la luz del Gólgota. El grito de Jesús en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15:34), da voz al abismo del abandono. Pero el Padre no le responde. Las palabras del Crucificado parecen resonar en el vacío, porque este silencio del Padre por el Hijo es el precio a pagar para que nadie se sienta abandonado por Dios. El Dios que amó al mundo hasta el punto de dar a su Hijo (Jn 3, 16), hasta el punto de abandonarlo en la cruz, nunca abandonará a nadie: su amor siempre estará allí, más cerca, más grande y más fiel que cualquier abandono.

Isaías, después de reiterar que Dios no olvidará a su pueblo, concluye diciendo: “Míralo, en las palmas de mi mano te tengo tatuada” (49.16). Increíble: Dios ha “tatuado” mi nombre en su mano. Es como un sello que me da certeza, con el que promete que nunca se alejará de mí. Estoy siempre delante de él; cada vez que Dios mira su mano, me recuerda porque ¡ha grabado mi nombre! Y no olvidemos que mientras el profeta escribe, Jerusalén está realmente destruida; el templo ya no existe; la gente es esclava en el exilio Sin embargo, el Señor dice: “Tus muros están ante mí perpetuamente” (ibid.). En la palma de la mano de Dios, los muros de Jerusalén son sólidos como una fortaleza inexpugnable. La imagen también se aplica a nosotros: mientras la vida se destruye bajo la ilusión del pecado, Dios mantiene viva su salvación y sale al encuentro con su ayuda. En su mano paternal encuentro mi vida renovada y proyectada hacia el futuro, llena del amor que solo Él puede dar. También vuelve a la mente el libro del amor, el Cantar de los Cantares, donde encontramos una expresión similar a la recordada por el profeta: “Ponme como un sello en tu corazón, como un sello en tu brazo” (8,6). Como sabemos, la función del sello era evitar que se violara algo íntimo; en la cultura antigua se tomaba como una imagen para indicar que el amor entre dos personas era tan sólido y estable que continuaba más allá de la muerte. La continuidad y la perennidad son la base de la imagen del sello que Dios ha puesto sobre sí para evitar que alguien pueda pensar que lo ha abandonado: ” Yo no te olvido” (Is 49,15). Sello. Tatuaje.

Y termino. Es esta certeza típica del amor al que estamos llamados a sostener en aquellos que se acercan al confesionario, para darles la fuerza para creer y esperar. La capacidad de poder comenzar de nuevo, a pesar de todo, porque Dios toma cada vez de la mano y empuja a mirar hacia adelante. La misericordia toma de la mano e infunde la certeza de que el amor con el que Dios ama derrota toda forma de soledad y abandono. Los Misioneros de la Misericordia están llamados a ser intérpretes y testigos de esta experiencia, que se inserta en una comunidad que acoge a todos y siempre sin distinción, que sostiene a todos en las necesidades y las dificultades, que vive la comunión como fuente de vida.

En las últimas semanas, me ha conmovido especialmente una colecta del tiempo de Cuaresma (miércoles de la cuarta semana), que de alguna manera parece hacer una síntesis de estas reflexiones. La comparto con vosotros, para que podemos convertirlo en nuestra oración y estilo de vida:

“Oh Padre,  que das la recompensa a los justos
y no rechazas el perdón a los pecadores arrepentidos,
escucha nuestra súplica:
la humilde confesión de nuestras culpas
nos obtenga tu misericordia”.

Y me gustaría terminar con dos anécdotas de dos grandes confesores, ambos en Buenos Aires. Uno, un sacramentino , que había tenido un trabajo importante en su congregación, era Provincial, pero siempre encontraba tiempo para ir al confesionario. No sé cuántos, pero la mayoría del clero de Buenos Aires iba a confesarse con él. Incluso cuando San Juan Pablo II fue a Buenos Aires y pidió un confesor, lo llamaron de la Nunciatura. Era un hombre que te daba el valor para seguir adelante. He tenido esa experiencia porque me confesaba con él cuando yo era Provincial, para no hacerlo con mi director jesuita … Cuando empezaba “bueno, bueno, está bien”, y te animaba, ”Adelante, Adelante”. ¡Qué bueno era! Murió a los 94 años y confesó hasta un año antes, y cuando no estaba en el confesionario, llamabas y bajaba.

Y una vez, yo era vicario general y salí de mi habitación, donde había un fax; -lo hacía temprano todas las mañanas para ver las noticias urgentes-; era el domingo de Pascua y había un fax: “Ayer, media hora antes de la vigilia de Pascua, murió el Padre Aristi”, que era su nombre… Fui a almorzar a la residencia de los sacerdotes ancianos para pasar Pascua con ellos y al regreso fui a la iglesia que estaba en el centro de la ciudad, donde estaba la capilla ardiente.. Había un ataúd y dos viejecitas rezando el rosario. Me acerqué, y no había flores, nada. Pensé, ¡pero este es el confesor de todos nosotros! Esto me llamó la atención. Sentí lo mala que es la muerte. Salí y recorrí 200 metros, donde había un puesto de flores, de los que están en las calles, compré algunas flores y volví. Y mientras estaba poniendo flores allí en el ataúd, vi que tenía el rosario en las manos… El séptimo mandamiento dice: “No robarás”. El rosario estaba allí, pero mientras fingía arreglar las flores, hice así y tomé la cruz. Y las viejecitas miraban, esas viejecitas. Esa cruz la llevo aquí conmigo desde ese momento y le pido la gracia de ser misericordioso, siempre la llevo conmigo. Esto habrá sido en el año 96, más o menos. Le pido esta gracia. El testimonio de estos hombres es grandioso.

Después, el otro caso. Este está vivo, 92 años. Es un capuchino que tiene una cola de  penitentes, de todos los colores, pobres, ricos, laicos, sacerdotes, algún obispo, monjas… todos, nunca termina. Es un gran perdonador, pero no una “manga ancha”, un gran perdonador, un gran misericordioso. Y lo sabía, lo conocí, fui dos veces al santuario de Pompeya, donde confesaba en Buenos Aires, y lo saludé. Ahora tiene 92 años. En ese momento, cuando acudió a mí, tendría unos 85. Y  me dijo: “Quiero hablar contigo porque tengo un problema. Tengo un gran escrúpulo: a veces siento deseos de perdonar demasiado”. Y me explicó: “No puedo perdonar a una persona que viene a pedir perdón y dice que le gustaría cambiar, que hará de todo, pero no sabe si lo logrará… ¡Y sin embargo, la perdono! Y a veces me viene una angustia, un escrúpulo…”. Y le dije: “¿Qué haces cuando tienes este escrúpulo?”. Y me respondió así: “Voy a la capilla, la capilla del convento, delante del sagrario, y sinceramente pido disculpas al Señor: “Señor, perdóname, hoy he perdonado demasiado. Perdóname… ¡Pero fíjate bien, fuiste tú quien me dio un mal ejemplo! Así rezaba ese hombre.

© Librería Editorial Vaticano

 

Mayo: El Papa abrirá el mes mariano rezando el Rosario en el Santuario del Divino Amor

Presidirá el encuentro con el Camino Neocatecumenal el 5 de mayo

10 abril 2018Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

Capilla de las apariciones, Fátima © L'Osservatore Romano

(ZENIT – 10 abril 2018).- El Papa Francisco rezará el Santo Rosario el próximo 1 de mayo de 2108, en el Santuario del Divino Amore, en Roma, para abrir el mes mariano.

Greg Burke, Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha informado de ello en un comunicado, hecho público esta mañana, 10 de abril de 2018.

“Al inicio de este mes de mayo —dijo Francisco en mayo de 2107— invoquemos la intercesión celeste de María, la Madre de Jesús”.

Así, animó a los jóvenes a aprender a rezar con la “oración simple y eficaz” del Santo Rosario, y deseó a los enfermos: “Que la Virgen Santísima sea vuestro apoyo durante la prueba y el sufrimiento”.

Camino Neocatecumenal

Asimismo, el sábado 5 de mayo, a las 11 horas, el Papa presidirá en la zona romana de Tor Vergata el encuentro con el Camino Neocatecumenal, con motivo del 50º aniversario del inicio del Camino en Roma.

ZENIT publicó en exclusiva el pasado 8 de marzo de 2018 un artículo (en dos partes) escrito por Alfonso V. Carrascosa, en el que se narran los orígenes del Movimiento fundado por Kiko Argüello en Roma.

El autor del artículo pertenece a la 2ª Comunidad Neocatecumenal de la parroquia Nuestra Señora del Tránsito, donde Kiko y Carmen comenzaron esta iniciación cristiana precisamente en 1968, también hace ahora 50 años.

 

AMOR CON OBRAS

— El Señor nos amó primero. Amor con amor se paga. Santidad en los quehaceres de cada día.

— Amor efectivo. La voluntad de Dios.

— Amor y sentimiento. Abandono en Dios. Cumplimiento de nuestros deberes.

I. Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga la vida eterna1.

Con estas palabras del Evangelio de la Misa se nos muestra cómo la Pasión y Muerte de Jesucristo es la manifestación suprema del amor de Dios por los hombres. Él tomó la iniciativa en el amor entregándonos a quien más quiere, al que es objeto de sus complacencias2: su propio Hijo. Nuestra fe «es una revelación de la bondad, de la misericordia, del amor de Dios por nosotros. Dios es amor (Cfr. 1 Jn 4, 16), es decir, amor que se difunde y se prodiga; y todo se resume en esta gran verdad que todo lo explica y todo lo ilumina. Es necesario ver la historia de Jesús bajo esta luz. Él me ha amado, escribe San Pablo, y cada uno de nosotros puede y debe repetírselo a sí mismo: Él me ha amado y sacrificado por mí (Gal 2, 20)»3.

El amor de Dios por nosotros culmina en el Sacrificio del Calvario. Dios detuvo el brazo de Abraham cuando estaba a punto de sacrificar a su hijo único, pero no detuvo el brazo de quienes clavaron a su Hijo Unigénito en la Cruz. Por eso exclama San Pablo, lleno de esperanza: El que no perdonó a su propio Hijo (...), ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?4.

La entrega de Cristo constituye una llamada apremiante para corresponder a ese amor: amor con amor se paga. El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios5, y Dios es Amor6. Por eso el corazón del hombre está hecho para amar, y cuanto más ama, más se identifica con Dios; solo cuando ama puede ser feliz. Y Dios nos quiere felices, también aquí en la tierra. El hombre no puede vivir sin amor.

La santificación personal no está centrada en la lucha contra el pecado sino en el amor a Cristo, que se nos muestra profundamente humano, conocedor de todo lo nuestro. El amor de Dios a los hombres y de los hombres a Dios es un amor de mutua amistad. Y una de las características propias de la amistad es el trato. Para amar al Señor es necesario conocerlo, hablarle... Le conocemos meditando su vida en los Santos Evangelios. En ellos se nos muestra entrañablemente humano y muy cercano a la vida nuestra. Le tratamos en la oración y en los sacramentos, especialmente en la Sagrada Eucaristía.

La consideración de la Santísima Humanidad del Señor -especialmente cuando leemos el Evangelio y cuando consideramos los misterios del Rosario- alimenta continuamente nuestro amor a Dios y es enseñanza viva de cómo hemos de santificar nuestros días. En su vida oculta, Jesucristo quiso descender a lo más común de la existencia humana, a la vida cotidiana de un trabajador manual que sustenta a una familia. Y así le vemos durante casi toda su vida trabajando día a día, cuidando los instrumentos del pequeño taller, atendiendo con sencillez y cordialidad a los vecinos que llegaban para encargarle una mesa o una viga para la nueva casa, cuidando con gran cariño de su Madre... Así cumplió la Voluntad de su Padre Dios en esos años de su existencia. Mirando su vida, aprendemos a santificar la nuestra: el trabajo, la familia, la amistad... Todo lo verdaderamente humano puede ser santo, puede ser cauce de nuestro amor a Dios, porque el Señor, al asumirlo, lo santificó.

II. Saber que Dios nos ama, con amor infinito, es la buena nueva que alegra y da sentido a nuestra vida, y es la extraordinaria noticia que Cristo resucitado nos envía a anunciar a todos los hombres. Nosotros también podemos afirmar que hemos conocido y creído el amor que Dios nos tiene7. Y ante este amor nos sentimos incapaces de expresar lo que nuestro corazón tampoco acierta a sentir: «¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y... no me he vuelto loco?»8.

Cuanto el Señor ha hecho y hace por nosotros es un derroche de atenciones y de gracias; su Encarnación, su Pasión y Muerte en la Cruz que hemos contemplado en estos días pasados, el perdón constante de nuestras faltas, su presencia continua en el sagrario, los auxilios que a diario nos envía... Considerando lo que ha hecho y hace por los hombres, nunca nos debe parecer suficiente nuestra correspondencia a tanto amor.

La prueba más grande de esta correspondencia es la fidelidad, la lealtad, la adhesión incondicional a la Voluntad de Dios. En este sentido Jesús nos enseña mostrando sus deseos infinitos de hacer la Voluntad del Padre, y nos dice que su alimento es hacer el querer del que le envió9. Yo he guardado los mandamientos de mi Padre -dice el Señor- y permanezco en su amor10.

La Voluntad de Dios se nos muestra principalmente en el cumplimiento fiel de los Mandamientos y de las demás enseñanzas que nos propone la Iglesia. Ahí encontramos lo que Dios quiere para nosotros. Y en su cumplimiento, realizado con honradez humana y presencia de Dios, encontramos el amor a Dios, la santidad.

El amor a Dios no consiste en sentimientos sensibles, aunque el Señor los pueda dar para ayudarnos a ser más generosos. Consiste esencialmente en la plena identificación de nuestro querer con el de Dios. Por eso debemos preguntarnos con frecuencia: ¿hago en este momento lo que debo hacer?11. ¿Ofrezco mi quehacer a Dios al comenzarlo y durante su realización? ¿Rectifico la intención cuando se intenta introducir la vanidad, «el qué dirán»...? ¿Procuro trabajar con perfección humana? ¿Soy fuente habitual de alegría para quienes viven o trabajan junto a mí? ¿Les acerca a Dios mi presencia diaria en medio de ellos?

«Amor con amor se paga», pero amor efectivo, que se manifiesta en realizaciones concretas, en cumpIir nuestros deberes para con Dios y para con los demás, aunque esté ausente el sentimiento, y hayamos de ir «cuesta arriba». «En lo que está la suma perfección claro está que no es en regalos interiores ni en grandes arrobamientos (...) -escribía Santa Teresa-, sino en estar nuestra voluntad tan conforme a la Voluntad de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiera, que no la queramos con toda nuestra voluntad»12.

El amor debe subsistir incluso con una aridez total si el Señor permitiera esa situación. Es en estas ocasiones donde, habitualmente, el trato con el Señor se purifica y se hace más firme.

III. En el servicio a Dios, el cristiano debe dejarse llevar por la fe, superando así los estados de ánimo. «Guiarme por el sentimiento sería dar la dirección de la casa al criado y hacer abdicar al dueño. Lo malo no es el sentimiento sino la importancia que se le concede (...). Las emociones constituyen en ciertas almas toda la piedad, hasta tal punto que están persuadidas de haberla perdido cuando en ellas desaparece el sentimiento (...). ¡Si esas almas supieran comprender que ese es precisamente el momento de comenzar a tenerla!...»13.

El verdadero amor, sensible o no, incluye todos los aspectos de nuestra existencia, en una verdadera unidad de vida; lleva a «meter a Dios en todas las cosas, que, sin Él, resultan insípidas. Una persona piadosa, con piedad sin beatería, procura cumplir su deber: la devoción sincera lleva al trabajo, al cumplimiento gustoso -aunque cueste- del deber de cada día... hay una íntima unión entre esa realidad sobrenatural interior y las manifestaciones externas del quehacer humano. El trabajo profesional, las relaciones humanas de amistad y de convivencia, los afanes por lograr -codo a codo con nuestros conciudadanos- el bien y el progreso de la sociedad son frutos naturales, consecuencia lógica, de esa savia de Cristo que es la vida de nuestra alma»14. La falsa piedad carece de consecuencias en la vida ordinaria del cristiano. No se traduce en un mejoramiento de la conducta, en una ayuda a los demás.

El cumplimiento de la voluntad de Dios en los deberes -las más de las veces pequeños- de cada jornada es la más segura guía para el cristiano que ha de santificarse en medio de las realidades terrenas. Estos deberes pueden realizarse de modos muy diferentes: con resignación, como quien no tiene más remedio que hacerlos; aceptándolos, lo que supone una adhesión más profunda y meditada; con conformidad, queriendo lo que Dios quiere porque, aunque no se vea en ese momento, el cristiano sabe que Él es nuestro Padre y quiere lo mejor para sus hijos; o bien con pleno abandono, abrazando siempre la Voluntad del Señor, sin poner límite alguno. Esto último es lo que nos pide el Señor: amarle sin condiciones, sin esperar situaciones más favorables, en lo ordinario de cada día y, si Él lo permite, en circunstancias más difíciles y extraordinarias. «Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas -a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos- no salen a tu gusto... Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan»15.

Con palabras de una oración que la Iglesia nos propone para después de la Misa, digámosle al Señor: Volo quidquid vis, volo quia vis, volo quómodo vis, volo quámdiu vis16: quiero lo que quieres, quiero porque lo quieres, quiero como lo quieres, quiero hasta que quieras.

La Santísima Virgen, que pronunció y llevó a la práctica aquel hágase en mí según tu palabra17, nos ayudará a cumplir en todo la Voluntad de Dios.

1 Jn 3, 15. — 2 Cfr. Mt 3, 17. — 3 Pablo VI, Homilía en la fiesta del Corpus Christi, 13-VI-1975. — 4 Rom 8, 32. — 5 Cfr. Gen 1, 27. — 6 1 Jn 4, 8. — 7 1 Jn 4, 16. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 425. — 9 Cfr. Jn 15, 10. — 10 Jn 15, 10. — 11 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 772. — 12 Santa Teresa, Fundaciones, 5, 10. — 13 J. Tissot, La vida interior, Herder, Barcelona 1963, p. 100. — 14 San Josemaría Escrivá, In memoriam, EUNSA, Pamplona 1976, pp. 51-52. — 15 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 860. — 16 Misal Romano, Oración del Papa Clemente XI. — 17 Lc 1, 38.

 

 

“El peligro es la rutina”

“Nonne cor nostrum ardens erat in nobis, dum loqueretur in via?” –¿Acaso nuestro corazón no ardía en nosotros cuando nos hablaba en el camino? Estas palabras de los discípulos de Emaús debían salir espontáneas, si eres apóstol, de labios de tus compañeros de profesión, después de encontrarte a ti en el camino de su vida. (Camino, 917)

Me gusta hablar de camino, porque somos viadores, nos dirigimos a la casa del Cielo, a nuestra Patria. Pero mirad que un camino, aunque puede presentar trechos de especiales dificultades, aunque nos haga vadear alguna vez un río o cruzar un pequeño bosque casi impenetrable, habitualmente es algo corriente, sin sorpresas. El peligro es la rutina: imaginar que en esto, en lo de cada instante, no está Dios, porque ¡es tan sencillo, tan ordinario!
Iban aquellos dos discípulos hacia Emaús. Su paso era normal, como el de tantos otros que transitaban por aquel paraje. Y allí, con naturalidad, se les aparece Jesús, y anda con ellos, con una conversación que disminuye la fatiga. Me imagino la escena, ya bien entrada la tarde. Sopla una brisa suave. Alrededor, campos sembrados de trigo ya crecido, y los olivos viejos, con las ramas plateadas por la luz tibia.
Jesús, en el camino. ¡Señor, qué grande eres siempre! Pero me conmueves cuando te allanas a seguirnos, a buscarnos, en nuestro ajetreo diario. Señor, concédenos la ingenuidad de espíritu, la mirada limpia, la cabeza clara, que permiten entenderte cuando vienes sin ningún signo exterior de tu gloria.
Se termina el trayecto al encontrar la aldea, y aquellos dos que —sin darse cuenta— han sido heridos en lo hondo del corazón por la palabra y el amor del Dios hecho Hombre, sienten que se vaya. Porque Jesús les saluda con ademán de continuar adelante. No se impone nunca, este Señor Nuestro. Quiere que le llamemos libremente, desde que hemos entrevisto la pureza del Amor, que nos ha metido en el alma. (Amigos de Dios, nn. 313-314)

 

 

¿Cuáles son los Diez Mandamientos?

Los Diez Mandamientos o Decálogo son las «diez palabras» que recogen la Ley dada por Dios al pueblo de Israel durante la Alianza hecha por medio de Moisés (Ex 34, 28). El Decálogo, al presentar los mandamientos del amor a Dios (los tres primeros) y al prójimo (los otros siete), traza, para el pueblo elegido y para cada uno en particular, el camino de una vida liberada de la esclavitud del pecado.

Preguntas sobre la fe cristiana 19 de marzo de 2018

 Preguntas y respuestas sobre los Diez Mandamientos. Foto: Alberto Barrera.

Fórmula catequética de los Diez Mandamientos

1. ¿En el Evangelio dónde habla Jesús de los Mandamientos?

2. ¿A qué mandamientos se refiere Jesús? ¿Dónde están recogidos?

3. ¿Cuáles son Los Diez Mandamientos?

4. ¿Qué importancia tienen los Mandamientos en la vida cristiana?

5. ¿Deben los cristianos vivir los Diez Mandamientos?

6. ¿Cuál es el Mandamiento más importante?

7. ¿Qué relación tienen los mandamientos de la ley de Dios y la Ley Natural?


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Fórmula catequética de los Diez Mandamientos

«Yo soy el Señor tu Dios:
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No darás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos

1. ¿En el Evangelio dónde habla Jesús de los Mandamientos?

Jesucristo se refiere a los Diez Mandamientos cuando un joven le pregunta cómo conseguir la vida eterna: “Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?”. Jesús responde: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre”. Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 19, 16-19). (Catecismo de la Iglesia Católica, 2052)

2. ¿A qué mandamientos se refiere Jesús? ¿Dónde están recogidos?

Los 10 mandamientos o “Decálogo” que significa literalmente “diez palabras” son las que Dios reveló a su pueblo, Israel, cuando habló con Moisés en la montaña santa y están recogidas en los libros del Exodo y del Deuteronomio del Antiguo Testamento (cfr. Ex 20, 1-17 y 34, 28 ; Dt 5, 6-22, y 4,13; 10, 4). Constituyen palabras de Dios en un sentido eminente. Pero su pleno sentido ha sido revelado por Jesucristo. (Leer Catecismo de la Iglesia Católica, 2056)

Textos de san Josemaría para meditar

Vias tuas, Domine, demonstra mihi, et semitas tuas edoce me: Señor, indícame tus caminos, enséñame tus sendas. Pedimos al Señor que nos guíe, que nos muestre sus pisadas, para que podamos dirigirnos a la plenitud de sus mandamientos, que es la caridad. (Es Cristo que pasa, 1)

José era un hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes. Supo vivir, tal y como el Señor quería, todos y cada uno de los acontecimientos que compusieron su vida. Por eso, la Escritura Santa alaba a José, afirmando que era justo. Y, en el lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso, servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la voluntad divina; otras veces significa bueno y caritativo con el prójimo. En una palabra, el justo es el que ama a Dios y demuestra ese amor, cumpliendo sus mandamientos y orientando toda su vida en servicio de sus hermanos, los demás hombres. (Es Cristo que pasa, 40)

3. ¿Cuáles son Los Diez Mandamientos?

La división y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de la historia. El actual catecismo de la Iglesia sigue la división de los mandamientos establecida por san Agustín y que ha llegado a ser tradicional en la Iglesia católica. Es también la de las confesiones luteranas. Los Padres griegos hicieron una división algo distinta que se usa en las Iglesias ortodoxas y las comunidades reformadas. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2066)

Vea la tabla los mandamientos dados por Dios a Moisés, según recoge el libro del Exodo y del Deuteronomio y la formulación más sencilla de la catequesis de la Iglesia.

Textos de san Josemaría para meditar

La vida de Cristo es vida nuestra, según lo que prometiera Jesús a sus Apóstoles, el día de la Ultima Cena: Cualquiera que me ama, observará mis mandamientos, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él. El cristiano debe —por tanto— vivir según la vida de Cristo, haciendo suyos los sentimientos de Cristo, de manera que pueda exclamar con San Pablo, non vivo ego, vivit vero in me Christus , no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí. (Es Cristo que pasa, 103)

Con agradecimiento, porque percibimos la felicidad a que estamos llamados, hemos aprendido que las criaturas todas han sido sacadas de la nada por Dios y para Dios: las racionales, los hombres, aunque con tanta frecuencia perdamos la razón; y las irracionales, las que corretean por la superficie de la tierra, o habitan en las entrañas del mundo, o cruzan el azul del cielo, algunas hasta mirar de hito en hito al sol. Pero, en medio de esta maravillosa variedad, sólo nosotros, los hombres —no hablo aquí de los ángeles— nos unimos al Creador por el ejercicio de nuestra libertad: podemos rendir o negar al Señor la gloria que le corresponde como Autor de todo lo que existe. Esa posibilidad compone el claroscuro de la libertad humana. El Señor nos invita, nos impulsa —¡porque nos ama entrañablemente!— a escoger el bien. Fíjate, hoy pongo ante ti la vida con el bien, la muerte con el mal. Si oyes el precepto de Yavé, tu Dios, que hoy te mando, de amar a Yavé, tu Dios, de seguir sus caminos y de guardar sus mandamientos, decretos y preceptos, vivirás... Escoge la vida, para que vivas.

¿Quieres tú pensar —yo también hago mi examen— si mantienes inmutable y firme tu elección de Vida? ¿Si al oír esa voz de Dios, amabilísima, que te estimula a la santidad, respondes libremente que sí? (Amigos de Dios, 24)

4. ¿Qué importancia tienen los Mandamientos en la vida cristiana?

Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Tradición de la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y una significación primordiales.

Desde san Agustín, los “Diez Mandamientos” ocupan un lugar preponderante en la catequesis de los futuros bautizados y de los fieles. En el siglo XV se tomó la costumbre de expresar los preceptos del Decálogo en fórmulas rimadas, fáciles de memorizar, y positivas. Estas fórmulas están todavía en uso hoy. Los catecismos de la Iglesia han expuesto con frecuencia la moral cristiana siguiendo el orden de los “diez mandamientos”. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2065)

Textos de san Josemaría para meditar

Si sabemos contemplar el misterio de Cristo, si nos esforzamos en verlo con los ojos limpios, nos daremos cuenta de que es posible también ahora acercarnos íntimamente a Jesús, en cuerpo y alma. Cristo nos ha marcado claramente el camino: por el Pan y por la Palabra, alimentándonos con la Eucaristía y conociendo y cumpliendo lo que vino a enseñarnos, a la vez que conversamos con El en la oración. Quien come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece y yo en él. Quien conoce mis mandamientos y los cumple, ése es quien me ama. Y el que me ame será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él.

No son sólo promesas. Son la entraña, la realidad de una vida auténtica: la vida de la gracia, que nos empuja a tratar personal y directamente a Dios. Si cumplís mis preceptos, permaneceréis en mi amor, como yo he cumplido los mandatos de mi Padre y permanezco en su amor. (Es Cristo que pasa, 118)

5. ¿Deben los cristianos vivir los Diez Mandamientos?

Los diez mandamientos, en su contenido fundamental, enuncian obligaciones para todos los hombres, ya que manifiestan la conducta digna del hombre. Los cristianos al conocerlos sin error, por el magisterio de la Iglesia, deben obedecerlos y vivirlos. La obediencia a estos preceptos es grave pero implica también obligaciones cuya materia es, en sí misma, leve. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2081)

Aunque a veces pueda parecer difícil vivirlos, hay que tener en cuenta que Dios hace posible por su gracia lo que manda. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2082)

Textos de san Josemaría para meditar

¿Qué importa tropezar, si en el dolor de la caída hallamos la energía que nos endereza de nuevo y nos impulsa a proseguir con renovado aliento? No me olvidéis que santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta, con humildad y con santa tozudez. Si en el libro de los Proverbios se comenta que el justo cae siete veces al día, tú y yo —pobres criaturas— no debemos extrañarnos ni desalentarnos ante las propias miserias personales, ante nuestros tropiezos, porque continuaremos hacia adelante, si buscamos la fortaleza en Aquel que nos ha prometido: venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré. Gracias, Señor, quia tu es, Deus, fortitudo mea, porque has sido siempre Tú, y sólo Tú, Dios mío, mi fortaleza, mi refugio, mi apoyo. (Amigos de Dios, 131)

En tu alma parece que materialmente oyes: "¡ese prejuicio religioso!"... —Y después la defensa elocuente de todas las miserias de nuestra pobre carne caída: "¡sus derechos!". Cuando esto te suceda di al enemigo que hay ley natural y ley de Dios, ¡y Dios! —Y también infierno. (Camino, 141)

6. ¿Cuál es el Mandamiento más importante?

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”.
San Mateo en el versículo 22, 36 de su Evangelio recoge cuando un escriba le hace esta pregunta a Jesús: “¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?” y la respuesta de Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas” (Mt 22, 37-40; cf Dt 6, 5; Lv 19, 18). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2055)

Dios nos amó primero. El amor del Dios Único es recordado en la primera de las “diez palabras”. Los mandamientos explicitan a continuación la respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a su Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2083)

Textos de san Josemaría para meditar

La caridad no la construimos nosotros; nos invade con la gracia de Dios: porque El nos amó primero. Conviene que nos empapemos bien de esta verdad hermosísima: si podemos amar a Dios, es porque hemos sido amados por Dios. Tú y yo estamos en condiciones de derrochar cariño con los que nos rodean, porque hemos nacido a la fe, por el amor del Padre. Pedid con osadía al Señor este tesoro, esta virtud sobrenatural de la caridad, para ejercitarla hasta en el último detalle.

Con frecuencia, los cristianos no hemos sabido corresponder a ese don; a veces lo hemos rebajado, como si se limitase a una limosna, sin alma, fría; o lo hemos reducido a una conducta de beneficencia más o menos formularia. Expresaba bien esta aberración la resignada queja de una enferma: aquí me tratan con caridad, pero mi madre me cuidaba con cariño. El amor que nace del Corazón de Cristo no puede dar lugar a esa clase de distinciones.

Para que se os metiera bien en la cabeza esta verdad, de una forma gráfica, he predicado en millares de ocasiones que nosotros no poseemos un corazón para amar a Dios, y otro para querer a las criaturas: este pobre corazón nuestro, de carne, quiere con un cariño humano que, si está unido al amor de Cristo, es también sobrenatural. Esa, y no otra, es la caridad que hemos de cultivar en el alma, la que nos llevará a descubrir en los demás la imagen de Nuestro Señor. (Amigos de Dios 229)

Pero fijaos en que Dios no nos declara: en lugar del corazón, os daré una voluntad de puro espíritu. No: nos da un corazón, y un corazón de carne, como el de Cristo. Yo no cuento con un corazón para amar a Dios, y con otro para amar a las personas de la tierra. Con el mismo corazón con el que he querido a mis padres y quiero a mis amigos, con ese mismo corazón amo yo a Cristo, y al Padre, y al Espíritu Santo y a Santa María. No me cansaré de repetirlo: tenemos que ser muy humanos; porque, de otro modo, tampoco podremos ser divinos.

El amor humano, el amor de aquí abajo en la tierra cuando es verdadero, nos ayuda a saborear el amor divino. Así entrevemos el amor con que gozaremos de Dios y el que mediará entre nosotros, allá en el cielo, cuando el Señor sea todo en todas las cosas . Ese comenzar a entender lo que es el amor divino nos empujará a manifestarnos habitualmente más compasivos, más generosos, más entregados. (Es Cristo que pasa, 166)

No se ha limitado el Señor a decirnos que nos ama: sino que nos lo ha demostrado con las obras, con la vida entera. —¿Y tú? (Forja 62)

Pásmate ante la magnanimidad de Dios: se ha hecho Hombre para redimirnos, para que tú y yo —¡que no valemos nada, reconócelo!— le tratemos con confianza. (Forja, 30)

7. ¿Qué relación tienen los mandamientos de la ley de Dios y la Ley Natural?

Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios y nos enseñan la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la “ley natural”: «Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los hombres los preceptos de la ley natural. Primeramente se contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo, el cual, si alguien no lo guarda, no tendrá la salvación, y no les exigió nada más» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 15, 1). (Catecismo de la Iglesia Católica, 2070)

Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad herida por el pecado, con dificultad para alcanzar la verdad y el bien, necesitaba esta revelación: «En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad» (San Buenaventura, In quattuor libros Sententiarum, 3, 37, 1, 3).

Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la con ciencia moral. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2071)

Textos de san Josemaría para meditar

Si el mundo y todo lo que en él hay —menos el pecado— es bueno, porque es obra de Dios Nuestro Señor, el cristiano, luchando continuamente por evitar las ofensas a Dios —una lucha positiva de amor—, ha de dedicarse a todo lo terreno, codo a codo con los demás ciudadanos; debe defender todos los bienes derivados de la dignidad de la persona.

Y existe un bien que deberá siempre buscar especialmente: el de la libertad personal. Sólo si defiende la libertad individual de los demás con la correspondiente personal responsabilidad, podrá, con honradez humana y cristiana, defender de la misma manera la suya. Repito y repetiré sin cesar que el Señor nos ha dado gratuitamente un gran regalo sobrenatural, la gracia divina; y otra maravillosa dádiva humana, la libertad personal, que exige de nosotros —para que no se corrompa, convirtiéndose en libertinaje— integridad, empeño eficaz en desenvolver nuestra conducta dentro de la ley divina, porque donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad.

El Reino de Cristo es de libertad: aquí no existen más siervos que los que libremente se encadenan, por Amor a Dios. ¡Bendita esclavitud de amor, que nos hace libres! Sin libertad, no podemos corresponder a la gracia; sin libertad, no podemos entregarnos libremente al Señor, con la razón más sobrenatural: porque nos da la gana. (Es Cristo que pasa, 184)

 

 

Los santos de «la puerta de al lado»

En 2004, a Carlos Eduardo le dispararon en la espalda. Perdió el trabajo y perdió las ganas de vivir. Pero la fe entró en su casa gracias a uno de sus hijos. Una historia de esperanza.

En primera persona 10 de abril de 2018

 

En la exhortación apostólica "Gaudete et Exsultate", el Papa habla de "los santos de la puerta de al lado", de aquellos que luchan con "constancia para seguir adelante día a día". La historia de Carlos es un ejemplo.

* * *

Me llamo Carlos Eduardo Casas González, y vivo en Bogotá. El 20 de abril del 2004 cambió mi vida laboral y social.

En aquel entonces, trabajaba como conductor de bus, y esa mañana al salir del almacén donde compré un repuesto para el vehículo, fui asaltado y recibí un disparo en la espalda. Caí boca abajo y, mientras en mi pensamiento trataba de entender lo ocurrido, recé y pedí a la Virgen de la Salud de Bojacá.

Después del accidente sentí ganas de desaparecer, suicidarme, ya que me sentía un estorbo

Después del accidente, sentí ganas de desaparecer y suicidarme, ya que me sentía un estorbo para mi familia. Mis hijos estaban terminando el bachillerato y mi esposa se encargaba del hogar… Inicialmente, obtuve ayuda de mis hermanos, pero tras unos meses, tuve que buscar cómo sostener a mi familia.

Con algunos ahorros, préstamos y ayudas, probamos varias alternativas: abrí un negocio, trabajé en unos almacenes... Pero las lesiones no me daban muchas opciones. Que los hijos terminaran el colegio era nuestra prioridad y por eso, con mucho esfuerzo, los mantuvimos estudiando.

Oí hablar de san Josemaría

Un día, mi hijo mayor me dijo que quería asistir a clases extraescolares de sistemas, matemáticas y deporte en el Centro Cultural y deportivo Monteverde, una iniciativa dirigida a chicos sin muchos recursos e impulsada por personas del Opus Dei.

Le pregunté: “¿Cuánto vale?”; “Diez mil pesos mensuales”, me dijo. Sólo pensé: “¿Por qué tan barato? ¡Es una ganga!”. Y acepté. Luego asistí muchas veces a Monteverde para conocer a quiénes ayudaban a mi hijo.

El domingo, por ejemplo, volví a asistir a misa y decidí que ese día no trabajaría

Enseguida, sentimos el trato familiar de esas personas, que no tenían más recompensa que ver felices y ocupados en tareas nobles a nuestros hijos. En las charlas y debates en los que participaban profesionales como médicos, abogados, administradores de empresas, ingenieros, etcétera, los niños eran integrados y respetados como personas; eso me hacía sentir tranquilo.

Y así, por contagio, yo también aprendí a ver el futuro con fe y esperanza. El domingo, por ejemplo, volví a asistir a misa y decidí que ese día no trabajaría. Aunque ganase menos dinero, necesitaba descansar, estar con mi familia y dedicar más tiempo a Dios.

En Monteverde conocí a san Josemaría Escrivá gracias a unos vídeos que muestran su predicación. Ahí entendí que la vida normal se puede santificar, y también la enfermedad.

Una clase de formación cristiana en el Centro Monteverde (Bogotá, Colombia).

Todos en la familia, cada uno a su modo, comenzamos a frecuentar la formación cristiana que ofrece el Opus Dei. Una de mis hijas descubrió su vocación y hoy pertenece a la Obra. Ahora, procuramos rezar el rosario en familia, y es algo que nos une mucho.

Dios nos ha ayudado a salir adelante. La fe ha sido una ayuda en momentos de dificultad. Veo mucha gente en silla de ruedas, que no tiene ni la fuerza ni la voluntad ni la ayuda familiar para salir adelante. Rezo por ellos y procuro ayudarles en la medida de mis posibilidades. Y agradezco a Dios porque ha sido bueno conmigo.

Desde aquel asalto criminal, Dios es uno más en la familia

Desde aquel asalto criminal y el contacto de mi hijo con Monteverde, Dios es uno más en la familia. Poco a poco, hemos salido adelante. De nuestros cuatro muchachos tres ya son profesionales y otro está en la universidad: es una bendición.

Ahora, trato de llevar la vida con calma y atender a mi familia cocinando y velando por las labores cotidianas. Ayudo a quien me solicita en lo que puedo, porque aunque puedo caminar, lo hago con una notoria limitación. Cada momento de mi existencia siento la presencia de san Josemaría que me dice: "¡Vale la pena!"

 

Santidad para todos

Posted: 10 Apr 2018 03:23 AM PDT


En la exhortación apostólica Gaudete et exultate (“Alegraos y regocijaos”), sobre la llamada a la santidad en el mundo actual (19-III-2018), el Papa Francisco explica el camino cristiano de la santidad. Un camino que se propone para todos y del que los cristianos hemos de ser especialmente conscientes.  (Ver video de Vatican Media).

Después de exponer el significado de la santidad, advierte de algunas malas interpretaciones. Luego muestra las enseñanzas de Jesús en los Evangelios. A continuación, presenta algunas manifestaciones o características de la santidad. Concluye subrayando algunos medios que tiene el cristiano para colaborar en su propia santidad. En una lectura primera y rápida cabe señalar algunos acentos.

La santidad: camino cristiano

El capítulo primero (“la llamada a la santidad”) presenta la protección y la cercanía de los santos. Los santos son gente del pueblo, del santo pueblo fiel de Dios, con expresión grata a Francisco. Muchos han vivido y viven cerca de nosotros (es la santidad “de la puerta de al lado”). La llamada a la santidad se dirige a cada creyente. “Todos –escribe el Papa, haciendo eco al Concilio Vaticano II– estamos llamados a ser santos, viviendo con amor y ofreciendo al propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”. “Cada santo es una misión” que se vive reproduciendo en la propia vida los misterios de la vida de Cristo. Y esa misión hace la vida más plena, más alegre, más santa.

Destaca Francisco “dos sutiles enemigos de la santidad (capítulo segundo), apoyándose en las declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la fe (Carta Placuit Deo, 22-II-2018): el gnosticismo y el pelagianismo actuales. Son –afirma– dos formas de antropocentrismo, disfrazado de verdad católica. No se puede buscar la salvación solamente por la razón o por la voluntad, porque solo Dios salva al hombre. En cambio, esos caminos desembocan en un complejo de superioridad que olvida la primacía de la gracia de Dios y la importancia de la misericordia con el prójimo, el reconocimiento de los propios pecados y la atención a las necesidades materiales y espirituales de los demás.

Santidad para todos, hoy 

“A la luz del Maestro” (capítulo tercero) comprobamos que los cristianos estamos llamados a ser felices buscando el amor de Dios y el servicio a quienes nos rodean. Esto aparece claro en las Bienaventuranzasy en la parábola del juicio final (cf. Mt 25, 31-46). Santa Teresa de Calcuta decía: “si nos ocupamos demasiado de nosotros mismos, no nos quedará tiempo para los demás”.

Como “notas de la santidad en el mundo actual” (capítulo cuarto) apunta Francisco: el aguante, la paciencia y la mansedumbre; la alegría y el sentido del humor; la audacia y el fervor; la dimensión comunitaria de la santidad; la necesidad de la oración constante (junto con la lectura de la Sagrada Escritura y el encuentro con Jesús en la Eucaristía).

Salida de nosotros mismos

Finalmente (capítulo quinto), para avanzar hacia la santidad propone tres medios: el combate espiritual (entre otras cosas porque el demonio existe); el examen de conciencia (para evitar la corrupción y la tibieza); y el discernimiento (para saber caminar por donde Dios nos lleva con libertad de espíritu, generosidad y amor, y teniendo en cuenta la “lógica de la cruz”).

“El discernimiento –escribe Francisco– no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos”.

Su lenguaje claro y directo hace de esta exhortación una propuesta incisiva, que podrá suscitar muchos frutos de vida cristiana y de evangelización. El camino de la santidad es buscar la unión con Jesucristo. La santidad, en efecto, no requiere capacidades especiales, ni está reservada a los más inteligentes o instruidos. Solamente requiere dejarse hacer por el Espíritu Santo: “Permítele –aconseja el Papa– que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy”. http://feeds.feedburner.com/~r/IglesiaYNuevaEvangelizacin/~4/70TFGG89g8I?utm_source=feedburner&utm_medium=email

 

 

La alegría pascual

Joseph Ratzinger

El contenido profundo de este día es para nosotros más difícil de comprender que el de la Navidad. Cristo ha abierto un paso hacia un nuevo espacio más allá de la muerte

La claridad y la alegría, que para gran parte de nosotros están unidas al pensamiento de la Pascua, no pueden cambiar nada respecto al hecho de que el contenido profundo de este día sea para nosotros más difícil de comprender que el de la Navidad. El nacimiento, la infancia, la familia, todo eso es parte de nuestro mundo de experiencias. Que Dios haya sido un niño y haya hecho así grande a lo pequeño, y humano, cercano y comprensible a lo grande, es un pensamiento que nos toca de un modo muy directo. Según nuestra fe, en el nacimiento en Belén, Dios ha entrado en el mundo y esto lleva una huella de luz hasta los hombres, los cuales no están en grado de acoger la noticia tal y como es.

Con la Pascua es distinto: aquí Dios no ha entrado en nuestra vida habitual, sino que, entre sus confines, ha abierto un paso hacia un nuevo espacio más allá de la muerte. Él no nos sigue ya, sino que nos precede y sostiene la antorcha en el interior de una extensión inexplorada para animarnos a seguirle. Pero, desde el momento en el que nosotros ahora sólo conocemos aquello que está a este lado de la muerte, no podemos relacionar ninguna de nuestras experiencias con esta noticia.

Ningún concepto puede venir en auxilio de la palabra; permanece una salida en lo desconocido; y en esto percibimos dolorosamente la miopía y limitación de nuestros pasos. Y, con todo, es estimulante pensar que ahora, por lo menos a través de la palabra de uno que sabe, experimentamos aquello frente a lo que nadie puede quedar indiferente. Con enorme curiosidad, en los últimos años, se han recogido las narraciones de personas que, habiendo pasado por una muerte clínica, afirman haber percibido lo imperceptible y pueden aparentemente decir qué hay después de la oscura puerta de la muerte. Esta curiosidad muestra cómo se abre camino en nosotros de un modo apremiante la cuestión de la muerte. Pero todas estas narraciones son inadecuadas, puesto que todos estos testigos no habían muerto realmente, sino que han debido sólo probar la particular experiencia de una condición extrema de la vida y de la conciencia humana.

Ninguno puede decir si su experiencia se habría confirmado en el caso de que hubiesen muerto realmente. Pero Aquel del que habla la Pascua, Jesucristo, realmente «descendió al reino de los muertos». Él ha respondido a la petición del rico Epulón: «¡Envía arriba a alguno del mundo de los muertos, para que así creamos!» Él, el verdadero Lázaro, ha venido de allá a fin de que nosotros creamos. ¿Lo hacemos ahora? No llega trayendo noticias y emocionantes descripciones del más allá. En cambio, nos ha dicho que prepara las moradas.

¿No es ésta la más emocionante novedad de la Historia, aunque sea dicha sin despertar sensaciones? La Pascua tiene que ver con lo inconcebible; su evento nos sale al encuentro en un primer momento sólo a través de la Palabra, no a través de los sentidos. Tanto más importante es entonces dejarse aferrar un día por la grandeza de esta Palabra. Pero, puesto que ahora pensamos con los sentidos, la fe de la Iglesia ha traducido desde siempre la Palabra pascual también en símbolos que hacen presagiar lo no dicho de la Palabra. El símbolo de la luz (y con él el del fuego) juega un papel importante; el saludo al cirio pascual, que en la iglesia oscura pasa a ser el signo de la vida, es para el vencedor sobre la muerte. El acontecimiento de entonces viene así traducido en nuestro presente: donde la luz vence la oscuridad, acontece algo de la resurrección. La bendición del agua pone de relieve otro elemento de la creación como símbolo de la resurrección: el agua puede tener en sí algo de amenazador, ser un arma de la muerte. Pero el agua viva de la fuente representa la fecundidad que, en medio del desierto, edifica oasis de vida.

Un tercer símbolo es de otro tipo distinto: el canto del Aleluya, el canto solemne de la liturgia pascual, muestra que la voz humana no sabe solamente gritar, gemir, llorar, hablar, sino justamente cantar. El hecho de que, además, el hombre sea capaz de evocar las voces de la creación y transformarlas en armonía, ¿no nos permite presagiar, de modo maravilloso, de qué transformaciones somos capaces nosotros mismos y la creación? ¿No es éste un signo admirable de esperanza, en virtud de la cual podemos presagiar el futuro y, a un tiempo, acogerlo como posibilidad y presencia?

En las grandes solemnidades de la Iglesia, la creación participa en la fiesta; o viceversa: en estas solemnidades entramos en el ritmo de la tierra y de las estrellas, y hacemos nuestro su conocimiento. Por esto, la nueva mañana de la naturaleza que señala la primera luna llena de la primavera forma parte tan real del mensaje pascual: la creación habla de nosotros y a nosotros; nos comprendemos correctamente a nosotros mismos y a Cristo sólo si aprendemos a escuchar también las voces de la creación.

La aflicción se convertirá en alegría

Todo aquello que podemos ver es –como por Isaías– el Cordero, del cual el apóstol Pedro dice que fue predestinado «ya antes de la fundación del mundo». Pero la mirada sobre el Cordero –sobre Cristo crucificado– coincide ahora precisamente con nuestra mirada al cielo, con nuestra mirada sobre la eterna providencia de Dios. En este Cordero, sin embargo, entrevemos lejana, en los cielos, una apertura; vemos la benignidad de Dios, que no es ni indiferencia ni debilidad, sino suprema fuerza. De este modo, y únicamente en esto, vemos los santuarios de la creación y percibimos en ellos algo similar al canto de los ángeles, podemos incluso intentar acompañar un poco a aquel canto en el Aleluya del día de Pascua. Desde el momento en que vemos el Cordero, podemos reír y podemos dar gracias; gracias a él también nosotros comprendemos qué significa adoración.

Todas las palabras del Resucitado llevan en sí la alegría –la sonrisa de la liberación: ¡Si vierais aquello que yo he visto y veo!–, si un día alcanzáis a ver el todo, entonces reiréis. Hubo un tiempo en el que el risus paschalis, la risa pascual, era parte integrante de la liturgia barroca. La homilía pascual debía contener una historia que suscitase la risa, de tal modo que la iglesia retumbase en carcajadas. Ésta podía ser una forma un poco superficial y exterior de alegría cristiana. Pero, ¿no es en realidad algo muy bello y justo el hecho de que la risa se hubiese convertido en un símbolo litúrgico? Y ¿no nos gusta quizá que en las iglesias barrocas escuchemos todavía, por el juego de los amorcillos y de los ornamentos, la risa en la cual se anunciaba la libertad de los redimidos? Y ¿no es un signo de fe pascual el hecho de que Haydn dijera, respecto a sus composiciones, que al pensar en Dios sentía una alegría cierta y añadiese: «Yo, apenas quería expresar palabras de súplica, no podía contener mi alegría, y hacía lugar a mi ánimo alegre y escribía allegro sobre el Miserere»?

La visión de los cielos del Apocalipsis dice lo que nosotros vemos en Pascua a través de la fe: el Cordero muerto vive. Puesto que vive, nuestro llanto termina y se convierte en sonrisa. La visión del cordero es nuestra mirada a los cielos abiertos de par en par. Dios nos ve y actúa, si bien de forma diversa a como pensamos y a como nosotros quisiéramos imponerlo. Sólo a partir de la Pascua podemos en realidad pronunciar de un modo completo el primer artículo de fe; sólo a partir de la Pascua éste se ve cumplido y consuela: yo creo en Dios, Padre omnipotente.

De hecho, sólo a partir del Cordero sabemos que Dios es realmente el Padre y es realmente omnipotente. Quien lo ha entendido no puede estar ya verdaderamente triste y desesperado. Quien lo ha entendido opondrá resistencia a la tentación de ponerse del lado de los verdugos. Quien lo ha comprendido no experimentará la angustia extrema cuando él mismo esté en la condición del Cordero. Puesto que se encuentra en el lugar más seguro. La Pascua nos invita, en resumen, no sólo a escuchar a Jesús, sino, en el instante en el que se le escucha, a aprender a ver desde el interior. La máxima solemnidad del calendario litúrgico nos anima, mirándole a Él, a Aquel que ha muerto y ha resucitado, a descubrir la apertura en los cielos. Si comprendemos el anuncio de la resurrección, entonces reconocemos que el cielo no está totalmente cerrado más arriba de la tierra. Entonces algo de la luz de Dios –si bien de un modo tímido pero potente– penetra en nuestra vida. Entonces surgirá en nosotros la alegría, que de otro modo esperaríamos inútilmente, y cada persona en la que ha penetrado algo de esta alegría puede ser, a su modo, una apertura a través de la cual el cielo mira a la tierra y nos alcanza. Entonces puede suceder lo que prevé la revelación de Juan: todas las criaturas del cielo y de la tierra, bajo la tierra y en el mar, todas las cosas en el mundo están colmadas de la alegría de los salvados. En la medida en la que lo reconocemos, se cumple la palabra que Jesús dirige en la despedida, en la que anuncia una nueva venida: «Vuestra aflicción se convertirá en alegría». Y, como Sara, los hombres que creen en virtud de la Pascua afirman: «¡Motivo de alegre sonrisa me ha dado Dios: quienquiera que lo sepa, sonreirá conmigo!»

nota:

En uno de los capítulos del libro Imágenes de esperanza (ed. San Paolo), del entonces cardenal Joseph Ratzinger, reflexiona sobre la celebración más importante del calendario litúrgico: la Resurrección de Nuestro Señor Jesús. Por su interés y en plena alegría pascual, ofrecemos a nuestros lectores los párrafos más significativos.

 

 

San Pablo en el cine: el Apóstol de Cristo

Jesús Ortiz

Se ha estrenado la película «Pablo. El Apóstol de Cristo». El actor James Faulker caracteriza muy bien e interpreta a san Pablo y con éxito, pues la vida de Pablo de Tarso es la gran aventura de un líder carismático, como se dice ahora. Jesucristo ya resucitado le fichó para ser el Apóstol de los gentiles, es decir, de quienes no pertenecen al Pueblo hebreo a diferencia de él, fariseo, hijo de fariseos y educado en la Toráh a los pies del rabino Gamaliel. Su fe cambio un imperio.

La película se centra en los últimos tiempos de Pablo encarcelado en Roma en el año 67, en la prisión Mamertina en espera de ser ejecutado por orden de Nerón. Allí vuelve a recordar los padecimientos en la difusión del Evangelio de Jesús por Asia menor, Macedonia y Acaya; después en Roma prisionero en dos ocasiones, y es posible que llegara a Hispania, según el deseo expresado en la Carta a los romanos. El director de esta película, Andrew Hyatt, sabe incluir algunas enseñanzas del apóstol en esos diálogos que mantiene con Lucas, con palabras de enorme fuerza, tomadas en su mayoría de las epístolas paulinas.

En la segunda Carta a los corintios hace un breve relato de esas aventuras difíciles: «De los judíos he recibido cinco veces los cuarenta azotes menos uno; tres veces he sido azotado con varas, una vez he sido lapidado, tres veces he naufragado y pasé una noche y un día en alta mar. Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, peligros de bandoleros, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos,

trabajo y agobio, sin dormir muchas veces, con hambre y sed, a menudo sin comer, con frío y sin ropa. Y aparte todo lo demás, la carga de cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma sin que yo enferme? ¿Quién tropieza sin que yo no me encienda?»

Algunos han dicho que Pablo y la primera Iglesia apenas contaba con las mujeres, pues tenían una pobre visión de ellas, aunque esto no coincide con la realidad. A veces se han apoyado en algunos textos de sus cartas, acerca del uso del velo y otras afirmaciones situadas en el contexto histórico y las costumbres sociales de la época.  Sin embargo, quien se toma el trabajo de leer a Pablo completo no puede por menos de apreciar se respeto por las mujeres, buenas colaboradoras en las tareas de evangelización, como Lidia, la primera persona que pide ser bautizada por Pablo en Filipos a las puertas de Europa, con toda su familia; y del marido ni se menciona el nombre.  Febe es otra mujer importante que está al servicio de la iglesia de Céncreas y se le confía la Carta a los romanos para su difusión; Prisca es la mujer de Áquila, un matrimonio que colabora estrechamente con Pablo; Junia y Andrónico son parientes suyos; Trifena y Trifosa trabajan en el Señor; todos estos y otros son mencionados al final de la Carta a los romanos.

Además, a los cristianos de Colosas les escribe exhortaciones específicas para cada grupo de persona: «Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo. Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos humanos, no por servilismo o respetos humanos, sino con sencillez y temor del Señor. Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor, y no a los hombres: sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor. Al injusto le pagarán sus injusticias, pues no hay acepción de personas» (Col 3,18-25).

Otro personaje fundamental en este film es la figura del evangelista Lucas, interpretado por Jim Caviezel (La Pasión de Cristo), que acompañó a Pablo en algunos viajes, como se lee en los Hechos de los apóstoles. Según la crítica DeCine21, los diversos elementos del film funcionan bien, «como el apoyo mutuo que se dan Pablo y Lucas, bien mostrado también en sus diferencias de opinión, o las desavenencias entre los cristianos, algunos de los cuales son partidarios de tomar las armas contra el tirano. Es estupenda por otra parte la solución que se da al famoso “aguijón en la carne” de San Pablo, que vendría a ser el dolor provocado por la vivísima conciencia de sus crímenes». Y añade que «de todas formas, el film atrapa especialmente por la potente figura del apóstol, mostrado aquí como una persona que vivía en el cielo y que tenía a su vez los pies bien asentados en la tierra, con un carácter fuerte y una fe inconmovible, pero profundamente humano y necesitado del cariño de los suyos».

 

 

FAMILIA: ANTÍDOTO CONTRA LA VIOLENCIA

Por René Mondragón

TODOS LOS CANDIDATOS

Efectivamente, todos han hablado, con mayor o menor intensidad, sobre los niveles bestiales de violencia que vivimos en México. Todos también desgranan sus recetas para disminuirla primero, y acabarla después.

Las propuestas van desde lo exótico y voluntarista –sólo con desearlo con muchas ganas se acabará el clima de violencia-  pasando por las proposiciones de aquellos que consideran que inventando fiscalías especializadas contra todo lo que se mueva, y creando leyes para “castigar” con mayor fuerza a los violentos –organizados o no- la criminalidad disminuirá.

Pocos suspirantes a cargos de elección, se han referido a la enorme importancia que reviste la familia en este aspecto fundamental para la sociedad.

POLÍTICAS PÚBLICAS CON PERSPECTIVA DE FAMILIA

Sin dudarlo,  ¡hacen falta políticas públicas con un claro enfoque que favorezca a la familia! ¿Razones?, abundan: Las familias dan testimonio de los valores superiores que dan forma a la vida comunitaria. Dan testimonio de la belleza de Dios, de la naturaleza, del desarrollo humano.

En la familia se despiertan y ejercitan las vocaciones para servir a los demás, para aprender a amar la naturaleza y a la Patria. En ella se aprende la praxis de la bondad y el aprecio a la verdad y a conducirse con honestidad.

Si empujamos a los candidatos y funcionarios a promover políticas públicas que impulsen a las familias para que crezcan fuertes, para ser buenas, para crecer hermosa y constructoras de bien, al mismo tiempo se está edificando la sociedad. Con frecuencia se olvida que, la familia es tan hermosa, que hasta Dios quiso tener una en Nazareth.

La legislación tiene que contribuir para que cada familia –que lo sea verdaderamente- sea capaz de abrir los brazos para dar y recibir amor, solidaridad, respeto, generosa entrega de todos para edificar bien común.  No hacerlo, arrastra consigo el caldo de cultivo necesario para que los individuos asuman una cultura de muerte, de destrucción, de violencia y guerra, como lo señaló SS Francisco en Filadelfia.

Las políticas públicas, para ser eficaces, aportan el andamiaje necesario –jurídico, social y económico- para que la familia construya la propia felicidad y, mediante ello, facilitar que todos sus miembros alcancen sus sueños. Las políticas públicas y las acciones de gobierno deben, para ser eficaces, caminar al lado de la humanidad, al lado de las familias.

CUANDO LA NORMATIVIDAD FUNCIONA

En efecto. Cuando la norma y estado de derecho funcionan, se acude al encuentro de las familias que quieren crecer, que educan, que fomentan valores de respeto, unidad y amor. Se tocan las puertas de las familias generosas, de esas que llenan de bondad cada rincón y las repisas de la casa, porque se ama de verdad, y este clima va dando forma a la belleza de todas las mañanas.

El escribano parafrasea a Francisco: En el seno de las familias adquieren carta de ciudadanía la verdad, el amor y la belleza. Es evidente que, cuando la autoridad política favorece estas políticas, la sociedad es campo fértil para la convivencia en paz y las relaciones vecinales respetuosas y llenas de armonía.

FRENTE A LOS PROBLEMAS

Hoy, consideran mis hermosas lectoras y amables lectores, ya no hay quien se atreva a creer que la vida en casa es “miel sobre hojuelas”. Por lo mismo, las políticas públicas y las acciones de gobierno, deben impulsar la virtud de la esperanza activa entre los ciudadanos. De esa Esperanza que empieza a germinar en la familia, a pesar de los Trump, del perdón para los narcos y corruptos, y por encima de todo aquellos que nos desune como mexicanos.

Un detonador fundamental que es necesario tener en cuenta: El odio no supera ninguna dificultad. Aquellos que siembran odio, tampoco ayudan a superar las dificultades. Es fundamental comprehender que en las familias no puede ponerse el sol, sin hacer la paz, sin pedir perdón, sin decir de nuevo: Te amo.

Una sociedad que no sabe cuidar a las familias, es, sin duda, una sociedad que ha castrado su futuro, porque en esa pedagogía familiar, se encuentra el mejor antídoto contra la violencia. Al tiempo.

 

 

¿Qué piensa la Iglesia de Martin Luther King?

Por Luis-Fernando Valdés

Se cumplieron 50 años del asesinato del gran promotor de la igualdad racial, Martín Luther King Jr. Con motivo de este aniversario, diversos medios han destacado la gran sintonía entre él y la Iglesia católica.

  1. La figura de Martin Luther King. Nacido en 1929, fue hijo del pastor bautista Martin Luther King, Sr. y también él fue ministro religioso. Se casó en 1953 con Coretta Scott y tuvieron 4 hijos; obtuvo el doctorado en Teología en 1955.

El reverendo King fue un protagonista fundamental en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, promovió la igualdad racial a través de la no violencia y recibió el Premio Nobel de la Paz en 1964. El 4 de abril de 1968 fue asesinado en Memphis (Tennessee).

La Conferencia de obispos católicos de EUA, emitió un comunicado con motivo de este 50º aniversario, en el que se resalta que Martin Luther King “sintió que Dios lo había llamado a solidarizarse con sus hermanos y hermanas necesitados”, aun a riesgo de su vida, porque para él “lo más importante era su deseo de cumplir la voluntad de Dios”.

  1. Un profeta cristiano. En 1964, Martin Luther King fue recibido en el Vaticano por Pablo VI, quien también tenía como gran meta promover la paz, y por eso instituyó, en 1968, la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra cada 1º de enero.

Este mismo Papa lo definió como un “profeta de la integración racial”. Y, a tan sólo tres días del asesinato, durante la homilía del Domingo de Ramos, Pablo VI condenó este delito y pidió que su muerte tomara un “valor de sacrificio”, para que de ella saliera “una superación efectiva de las luchas raciales” y se establecieran “leyes y métodos de convivencia más conformes con la civilización moderna y con la fraternidad cristiana” (7 abr. 1968).

  1. Francisco y el “sueño” de MLK. Durante el viaje apostólico a Estados Unidos en septiembre de 2015, el Papa pronunció un histórico discurso en el Congreso, en que hizo referencia al famoso mensaje del reverendo sobre la igualdad, en 1963: “tuve un sueño”, el “sueño” de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos.

El Pontífice explicó que este sueño de Martin Luther King “sigue resonando en nuestros corazones”, porque se trata de “sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos”. (Discurso, 24 sep. 2018)

  1. La sintonía en el mensaje social. Además, aunque por vía diferentes, el mensaje del reverendo estadounidense y el del Papa latinoamericano tienen muchos puntos de contacto, porque ambos reflejan el Evangelio que proclama la igualdad entre esclavo y libre, entre hombre y mujer.

Según Mons, Ivan Jurkovic, Observador de la Santa Sede ante la Oficina de la ONU en Ginebra, hay una gran sintonía entre ambos personajes, porque Francisco cree que el único futuro digno de la persona humana es el que incluye a todos, lo cual coincide con la visión de Martin Luther King: todos podemos ser felices, pero esto sólo se produce si todos son incluidos, desde el último hasta el más privilegiado y viceversa. (Vatican News, 3 abr. 2018)

Epílogo. El mensaje de Jesucristo que nos transmite el Evangelio contiene un gran mensaje de paz y de igualdad, pero con frecuencia queda en el olvido. Por eso, siempre son necesarios grandes personajes que se empeñen en recuperar esa buena nueva, mediante sus luchas sociales y sus mensajes. Así como la Madre Teresa de Calcuta fue la gran defensora de los pobres, así también Martin Luther King fue el gran promotor de la igualdad racial.

 lfvaldes@gmail.com

 

Bombardeo de Ghuta, Siria

 

DESPUÉS DE TODO, LE PUEDE OCURRIR OTRA VEZ

 

Después de enterrar a mi madre

y salir corriendo del cementerio bajo una lluvia de proyectiles
después de dar el rifle de mi hermano a los soldados
cuando lo trajeron retorcido entre unas sábanas
después de ver las llamas en los ojos de mis hijos
cuando huían al sótano entre ratas espantosas

después de haber limpiado con un trapo la cara de una anciana

temerosa de que llegase a reconocerla
después de ver a un perro hambriento
lamiendo sus heridas sangrientas en una esquina

después de todo esto

quisiera escribir poemas como quien emite noticias
tan vacías y tan poco interesantes para poder olvidarlas
y que alguien me preguntara por la calle:

¿por qué escribes poemas como un reportero indiferente?

 

GORAN SIMIC, Bosnia-Sarajevo (1952)

 

 

Dinamarca planea construir una valla en la frontera con Alemania

“El miedo guarda la viña y no el viñador” me decía mi abuelo cuando yo era un chaval con muy poca experiencia y mucho interés por la agricultura.

Algo parecido está pasando con la PPA y los cerdos en Dinamarca, hace unos días leía “El sector porcino danés está muy preocupado por la entrada del virus de la Peste Porcina Africana (PPA) en su país a través de los jabalíes que atraviesan libremente la frontera entre Alemania y Dinamarca”. Eso a pesar de que en Alemania no se ha confirmado ningún foco de PPA ni en jabalíes ni en explotaciones de cerdos, pero se sospecha que el virus puede estar circulando entre los jabalíes.

La detección de un foco de PPA en Dinamarca supondría el cierre inmediato de sus fronteras a la exportación de porcino, lo que supondría unas pérdidas millonarias para un sector que es inminentemente exportador y motor de la economía de aquel país.

Para evitar el contagio por la vía de los jabalíes, el gobierno danés ha llegado a un acuerdo con el Partido del Pueblo Danés, para aplicar una serie de medidas de protección. La medida más impactante es la construcción de una valla a lo largo de toda la frontera que separa Dinamarca con Alemania. La valla mediría 70 km de largo, 1,5 metros de altura y 50 cm de profundidad en el suelo para evitar que los jabalíes atraviesen la valla escarbando. En la valla se practicarían puertas en los puntos de cruce y se mantendría  el tránsito por la frontera de conformidad con las normas de Schengen.

Otros países europeos también están considerando la posibilidad de establecer vallas para prevenir la propagación de la PPA. El Gobierno de Polonia espera decidir la próxima semana la construcción de una valla a lo largo de la frontera oriental del país, mientras que en la República Checa ya han establecido una cerca que aísla los cerdos  salvajes con PPA en un área en particular, con el objetivo de erradicar la enfermedad.

Cabe recordar que estos focos de PPA vienen de los países orientales (Rusia, Ucrania, etc.) que no habían conseguido erradicar la PPA. La multiplicación incontrolada y favorecida por movimientos ecologistas de los jabalíes, se está convirtiendo en una peste, la peste de los jabalíes y en el riesgo de transmisión de la devastadora Peste Porcina Africana.

Jesús Domingo

 

VENTAJAS DE LA EDUCACIÓN DIFERENCIADA

Entrevista con María Calvo Charro.
María Calvo Charro es doctora en Derecho y profesora titular de la Universidad Carlos III de Madrid. Desde hace años defiende las ventajas de la educación diferenciada, no mixta, amparándose en estudios científicos, psicológicos y jurídicos. La invitan a numerosos congresos y ha escrito libros y artículos sobre este modelo educativo, guiada por una “preocupación” que no puede ocultar: “no se respeta el derecho de los padres a elegir en libertad e igualdad de oportunidades el colegio que desean para sus hijos”, afirma. La nueva ley educativa no tranquiliza el panorama porque “es un ataque frontal y directo contra los colegios diferenciados”. Con cuatro hijos en edad escolar (dos y dos), María Calvo es ante todo una madre que ha decidido defender públicamente la educación que considera mejor para sus hijos.
En nuestro país, la educación diferenciada es minoritaria y recibe poco respaldo institucional. Desde un punto de vista pedagógico, ¿nos encontramos ante un anacronismo educativo o ante una opción razonable?
Nos encontramos ante una opción no sólo razonable, sino más que deseable. Se trata de un sistema pedagógico moderno y progresista que atiende a la educación personalizada de los alumnos, sacando lo mejor de sí mismos, en cuanto hombres y mujeres con sus peculiares características. No obstante, a pesar de las ventajas demostradas, la educación diferenciada en España está en crisis por dos motivos: ignorancia y miedo. Ignorancia, pues aún hay quien piensa que educamos a nuestras hijas para ser débiles y dependientes, para dedicarse a las tareas del hogar, dejando únicamente a los chicos la actividad pública o profesional. ¡Qué gran error!. La educación diferenciada es precisamente una de las herramientas más importantes para la emancipación de la mujer. Y miedo, porque en nuestra sociedad existe un temor generalizado a ser ‘políticamente incorrecto’, a cuestionarse el ‘dogma’ de la coeducación como si fuera un sistema infalible y el único que pudiera garantizar la igualdad de oportunidades.
Precisamente, algunos reprochan a la educación diferenciada que atenta contra el principio de igualdad de oportunidades. ¿Está fundamentada esta crítica?
En absoluto. En contra de lo que muchos piensan, la educación diferenciada garantiza en mayor medida la igualdad de oportunidades ya que atiende a las problemáticas propias y específicas de cada sexo. La meta es la misma para ambos sexos: alcanzar el mayor desarrollo personal y el mejor rendimiento académico posible. Pero el camino para llegar a ella es diferente, ya que niños y niñas son diferentes. Por ejemplo, existen estadísticas que demuestran cómo las chicas acceden en mayor medida a carreras de ciencias (o tradicionalmente masculinas) cuando están solas. En los colegios sólo de chicos éstos elevan su nivel académico, entre otras cosas, porque se les respeta su ritmo cognitivo y de maduración, más lento que el de las niñas. Ignorar estas diferencias es injusto y supone un perjuicio evidente para los chicos. Por tanto, lo que dificulta la igualdad de oportunidades es precisamente la falta de respeto por las diferencias.

Usted sostiene además que la educación mixta refuerza los estereotipos sexistas. ¿Puede explicarse?
Efectivamente; en los colegios mixtos, los estereotipos se refuerzan. El varón, más inmaduro que las niñas de su misma edad, vive como dominado por ellas, ya que le aventajan en destrezas verbales, maduración y responsabilidad. Esta diferencia es real y persistente en el tiempo. Ante esto, muchos niños reaccionan a la contra, con excesos de violencia y posicionan su rol a través de actitudes machistas. Los comportamientos estereotipados y discriminatorios están a la orden del día en las escuelas mixtas, dificultando la convivencia en el aula que se llena de tensiones y conflictos.

Muchos países europeos y Estados Unidos vuelven a este modelo educativo. ¿A qué se debe el cambio?
En esta materia, España camina en dirección diametralmente opuesta a la de países como Estados Unidos, Nueva Zelanda, Reino Unido, Francia, Alemania, Australia, Escocia o Suecia. Tras casi 30 años de educación mixta, se han dado cuenta de que las cifras de fracaso escolar (sobre todo masculino), absentismo y violencia (incluyendo el acoso sexual) han crecido mucho. Además, reconocen que la coeducación no ha traído la tan pretendida igualdad de sexos ni de oportunidades. Buscando soluciones a esta situación, sobre la base de estudios, estadísticas e investigaciones, han concluido que es necesario atender a la diferente forma de aprender de niños y niñas. Sin complejos, aceptando que son iguales (en derechos, deberes, humanidad y dignidad) pero diferentes en su forma de aprender.

¿Qué problemas educativos puede generar no respetar las diferencias sexuales en la escuela?
El problema más llamativo y preocupante es la pérdida de identidad de los varones. Son los niños los que salen perdiendo porque en las aulas mixtas se impone el “ideal femenino”. Es decir, el profesor exige a los niños que sean igual de ordenados, puntuales, quietos, delicados y obedientes que las niñas. Y esto no sirve para los chicos porque tienen otra forma de aprender. Su mayor activismo resulta fatigoso para el profesor que, al compararlos con las niñas, tiende a castigarlos en mayor medida por comportarse “como chicos”. Esta situación ha llevado en algunos casos a un fenómeno curioso pero altamente preocupante: diagnosticar a muchos niños el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, cuando en realidad su único problema es el de ser varones, activos, enérgicos, competitivos y muy movidos, en clases compartidas con niñas más pausadas, tranquilas y disciplinadas.

En Suecia, la Presidenta de la Comisión para el Estudio de la Educación, Christ Heister, ha publicado un informe en el que afirma que la causa del fracaso escolar radica en la obstinación por negar las diferencias entre niños y niñas. ¿Qué relación hay entre educación mixta y fracaso escolar?
La educación mixta en sí misma no es la culpable del fracaso escolar. Sí lo es, sin embargo, el empeño por despreciar las diferencias entre sexos en las aulas mixtas. Cuando en los centros coeducativos los docentes dejen de imponer la igualdad radical a martillazos y sean conscientes de las diferencias de los niños y las niñas, no sólo en la forma de aprender, sino sencillamente de ver y vivir la vida, estaremos comenzando a solucionar una de las causas del fracaso escolar. Pero no la única. Es decir, no podemos estigmatizar a la educación mixta como si fuese la única causante del 30% del fracaso escolar que padecemos en España, porque hay otros factores que sin duda están contribuyendo a esta situación.
¿A qué factores se refiere?
Me refiero a factores como la crisis de la familia; el desprestigio del esfuerzo personal; la falta de autoridad de los padres y profesores; la regla hoy tan extendida del “todo vale” que convierte al alumno en un ser indiferente y sin ilusión. Estas son otras de las problemáticas que deberíamos tener en cuenta a la hora de replantearnos la educación en España.
Frente a estos problemas ¿qué ofrece la educación diferenciada?
En primer lugar, un mayor rendimiento académico. Tenemos estadísticas, informes y estudios, que así lo reflejan. Por ejemplo, el informe PISA 2003, realizado para los países de la OCDE, demuestra que calificaciones se elevan de forma considerable al separar a niños y niñas. Al elegir este tipo de colegios, los padres hacen una clara apuesta por lo académico. Es decir, asumen que estos centros no son lugares de socialización donde sus hijos van a encontrarse con el sexo opuesto para hacer amistades o tener romances. Por el contrario, son centros de alto rendimiento y exigencia, donde se da primacía a lo académico.
Aparte de las frías estadísticas, tenemos la experiencia de muchos colegios en España, casi todos religiosos, que antes eran diferenciados y gozaban de prestigio por su elevado nivel académico, y que al convertirse en mixtos (unos para “modernizarse”, otros para poder acceder a los conciertos educativos o subvenciones de la Administración) sufrieron un espectacular “bajón” en el rendimiento académico de los alumnos.
Pero lo más importante es la felicidad de nuestros hijos. Que nuestros hijos y nuestras hijas vayan tranquilos al colegio, sin distracciones innecesarias, sin tensiones, con naturalidad.
¿La felicidad de los hijos? ¿Qué tiene que ver la felicidad con la educación diferenciada?
Muchísimo. Un niño será feliz en la medida en que se sienta a gusto, relajado y tranquilo en su colegio. En los centros mixtos muchas niñas, por desgracia, no saben lo que es ir tranquilas al colegio. Cuando son pequeñas, el mayor activismo y movimiento de los niños las perturba. Luego, en la época de la pubertad, el sentirse observadas de continuo por el sexo opuesto las distrae y hace que estén más pendientes de los demás que del desarrollo de su propia personalidad. En este sentido, cabe destacar un dato: las cifras de anorexia en los colegios mixtos son mucho más elevadas que en los diferenciados. A estas edades, las chicas trabajando codo con codo con un varón pueden sentirse muy vulnerables. Y esto, dejando de lado casos extremos de violencia de género o acoso sexual que convierten para ellas el colegio en una auténtica pesadilla. En cuanto a los chicos, muchos se sienten frustrados cuando tienen que ir a la zaga, detrás del ritmo más precoz de las niñas. Además en colegios masculinos se liberan de los estereotipos y son más “ellos mismos”, sin que necesariamente se les tache de malos o hiperactivos por jugar y actuar como lo que son, varones.

A diferencia de otros países, en España no se abre paso la educación diferenciada. ¿Por qué sigue habiendo tantas trabas para que los padres elijan este modelo educativos?
En España los padres no somos libres para elegir el colegio que deseamos para nuestros hijos: mixto o diferenciado. Se ha impuesto un modelo único: el coeducativo, como si se tratase de un dogma intocable, la solución única a todos los problemas de la educación. De este modo, se está vulnerando el artículo 27 de la Constitución, que reconoce el derecho a la educación y la libertad de enseñanza que, como ha señalado el Tribunal Constitucional, forman parte de su contenido esencial el derecho a elegir. Pero ¿cómo vamos a ejercer el derecho a elegir si no tenemos dónde elegir? Actualmente, apenas el 1 por ciento de los centros escolares son de educación separada y ninguno es público. Los colegios mixtos públicos son el modelo único y obligatorio, encumbrados sin, al parecer, demasiadas reflexiones o estudios que lo justifiquen. Mientras los países más desarrollados de nuestro entorno siguen la línea del reconocimiento fundado de la necesidad de aceptar las escuelas diferenciadas como un modelo beneficioso y una buena alternativa a los colegios mixtos, en España este es un asunto que no se puede ni plantear. De hecho, la tendencia del Gobierno central y de muchos autonómicos es la de eliminar cualquier posibilidad de concierto con los colegios diferenciados a los que califican injustificadamente de antisociales y discriminatorios. La realidad es que no sólo se rechaza este modelo pedagógico sino que además no se estudia ni se analizan sus posibles beneficios. Sencillamente se intenta que la sociedad desconozca su existencia.

Si la enseñanza diferenciada presenta ventajas ¿por qué reservarla únicamente a los hijos de padres que pueden pagar un centro privado?
Efectivamente. Deberían abrirse al máximo las opciones para que los padres decidan en libertad lo que deseen para sus hijos. Sólo desde la libertad se puede enseñar para la libertad. Se trata de debatir sobre qué es lo mejor para nuestros hijos, dar información a los padres y concederles el derecho, ahora negado, de elegir libremente una de las opciones. Está en cuestión la propia libertad de educación. Lo que en un Estado democrático resulta cuando menos llamativo.
Es necesario superar las barreras ideológicas y reconocer la realidad de las distorsiones que presenta el sistema y que se agravan seriamente en los centros escolares ubicados en zonas socialmente desfavorecidas. La clave del éxito radicará en el equilibrio entre el reconocimiento de la diferenciada y la garantía de la igualdad de oportunidades entre sexos.
“Las diferencias entre sexos son innatas, no culturales”
¿Cuáles son las diferencias entre un chico y una chica que justifican una educación diferenciada?

Las diferencias son muchas y muy significativas. Pero, lo más importante y sorprendente, desde el punto de vista científico, es que son diferencias innatas. Es decir, no se deben a unos hábitos adquiridos a lo largo de nuestra vida o a unos roles histórico-culturales que nos hayan sido impuestos. Por el contrario, su origen se encuentra en las diferencias estructurales y funcionales entre el cerebro femenino y el masculino, existentes incluso antes de nacer.
Afirmar algo así habría sido considerado una aberración hace diez años, pero los avances de la neurociencia y de la técnica han permitido a los más prestigiosos científicos afirmar que se trata de una realidad empírica demostrada. Un ejemplo: el Instituto Nacional de Salud de Washington demostró recientemente que el cerebro femenino madura años antes que el masculino y que la región del cerebro que coordina la función lingüística es un 30% más pequeña en los hombres que en las mujeres, aunque tengan idéntico coeficiente intelectual. Ni más ni menos inteligentes, sencillamente somos diferentes.
¿Qué consecuencias tienen estas diferencias neurológicas?
Estas diferencias cerebrales provocan no sólo que el ritmo de maduración de niños y niñas sea diferente, sino que además sean distintos en intereses; aficiones; gustos; juegos; forma de socializarse; de exteriorizar los sentimientos; reacciones ante idénticos estímulos…tantas cosas. Todo ello hace que no se les pueda exigir o imponer la misma forma de enseñanza, ya que aprenden de forma diferente.
Además, debemos sumar otra diferencia: el desarrollo muscular de los chicos provocado por la influencia de la testosterona. Esto les hace mucho más proclives al movimiento. Son por lo tanto más inquietos, brutos y activos. Ni mejores, ni peores, tan sólo maravillosamente diferentes

 

 

¿De qué sirve creer?

 

Alfonso Aguiló

Hay muchas personas que no tienen fe, pero que son, desde el punto de vista moral, iguales o mejores que los creyentes: en bondad, en abnegación, en honradez o en el ejercicio de las virtudes sociales y familiares.

        Esas razones sobre el comportamiento ejemplar de algunos no creyentes, son en el fondo un argumento a favor de la religión. No hay que olvidar que esos hombres, pese a no ser creyentes, en la mayoría de los casos son ejemplares precisamente porque se guían por unos valores que están inspirados en el cristianismo. Intentaré explicarme.

        Por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de la ONU de 1948 -un documento que en el mundo occidental nadie discute- ha sido cuestionada desde amplios sectores orientales e islámicos por considerarla "de excesiva inspiración cristiana". Ese contraste indica que el Evangelio está presente de manera muy profunda en los valores que fundamentan nuestra civilización occidental, desde sus comienzos hasta ahora. Los mismos conceptos de "libertad, igualdad, fraternidad" de la Revolución Francesa, también son en su origen valores cristianos. El concepto de libertad universal, en el sentido de núcleo originario de la dignidad de todo hombre, era desconocido en el mundo oriental, que reservaba la libertad al déspota, y permaneció también ajeno al mundo greco-romano, el cual -aun teniendo en cuenta la libertad civil- sostenía que solo algunos hombres eran libres (como ciudadanos atenienses, espartanos, romanos…), y no el hombre en cuanto tal.

        Y si seguimos analizando la historia, enseguida puede verse también que los regímenes fundamentados en el ateísmo sistemático han producido resultados catastróficos. Basta pensar en los totalitarismos ateos de Lenin o Stalin en el mundo soviético, el de Hitler en la Alemania nazi, el de Mao en la China, o el de Pol Pot en Camboya, por fijarnos solo en el último siglo.
Nietzsche, Engels y Marx, por ejemplo, consideraban la piedad, la misericordia y el perdón como la escapatoria de los débiles. Fueron sistemas filosóficos y políticos fundamentados en la negación de Dios y de sus mandatos, que fueron sustituidos por la tiranía de ídolos diversos, expresada en la glorificación de una raza, una clase, un estado, una nación o un partido.

        A la luz de esas desventuras, se comprende que si se pisotean los derechos de Dios se acaban violentando también los derechos humanos, y viceversa. Los derechos de Dios y del hombre se afirman o caen juntos. Y como asegura Frossard, si Occidente ha logrado escapar, y no sin dificultades, de los horrores de esas ideologías, ha sido gracias a sus hondas raíces cristianas, que han obligado al ateísmo a tomar la forma de un laicismo más tolerante.

        Quiero decir con todo esto que a pesar de la pérdida de religiosidad, muchas personas conservan los contenidos de vigencias que tienen un origen religioso. Es verdad que hay efectivamente personas que llevan una vida honesta y recta, sin el Evangelio. Pero si una vida es verdaderamente recta, es porque el Evangelio, no conocido o no rechazado a nivel consciente, en realidad desarrolla ya su acción en lo profundo de la persona que busca con honesto esfuerzo la verdad y está dispuesta a aceptarla apenas la conozca.

        —Pero, ante el valor moral de algunos no creyentes, ¿no tienes la impresión de que los cristianos dan -o damos-, en general, poco ejemplo? ¿No tendríamos que pensar un poco más en este mundo y un poco menos en el más allá?

        Es cierto que hay cristianos que no dan -o quizá no damos- suficiente buen ejemplo. O que parecen haber olvidado su obligación de santificar esta vida como camino para alcanzar la del más allá. Pero todos debemos esforzarnos por mejorar el mundo en que vivimos, en medio de nuestras ocupaciones habituales, como recomienda por ejemplo el Concilio Vaticano II. El hecho de que no todos los cristianos sean ejemplares no tiene por qué restar valor a la fe. Indica, simplemente, que los hombres tienen debilidades, cometen errores y no cumplen todos sus buenos propósitos.

        Pienso, además, que debemos ser muy prudentes a la hora de juzgar a los demás, sean o no creyentes. Las miserias y los errores de los hombres se deben en buena parte a que han recibido una formación deficiente, y por eso sus fallos han de ser para nosotros un estímulo para procurar ayudarles, respetando su libertad. El verdadero espíritu cristiano impulsa a acercarse con afecto a todos los hombres, y eso aunque sean personas que lleven una vida muy equivocada, o incluso criminal, porque en esos casos -escribe Josemaría Escrivá-, "aunque sus errores sean culpables y su perseverancia en el mal sea consciente, hay en el fondo de esas almas desgraciadas una ignorancia profunda, que solo Dios podrá medir". "Solo Dios sabe lo que sucede en el corazón del hombre, y Él no trata a las almas en masa, sino una a una. A nadie corresponde juzgar en esta tierra sobre la salvación o condenación eternas en un caso concreto".

        —Pero al ver tantas cosas que se hacen mal, uno piensa que Dios tendría que haber hecho algo para que su mensaje fuera más eficaz entre los hombres, o al menos entre los cristianos.

        Dios ha irrumpido en la historia de una forma mucho más suave y respetuosa con la libertad del hombre de lo que a muchos les hubiera gustado. Pero así es su respuesta a la libertad. Dios se ha ofrecido a guiarnos, pero sin obligarnos. A los ojos de muchos parece que ha fracasado, y se preguntan por qué se muestra tan débil. Pero Él no quiere imponerse sino que solicita nuestra libertad, porque -como dice Henri J. M. Nouwen- su amor es demasiado grande para hacer nada de eso. Dios no quiere forzar, obligar o empujar. Da libertad, sin la cual el amor no puede surgir.

 

 

La Trata, una nueva forma de esclavitud

“Si hay tantas jóvenes víctimas de la trata que terminan en las calles de nuestras ciudades es porque muchos hombres (jóvenes, de mediana edad, mayores, ancianos) que reclaman estos servicios y están dispuestos a pagar por su placer”. Con estas palabras se ha referido el Papa al negocio de la Trata con fines de explotación sexual.

Se calcula que alrededor del 79% de las víctimas de Trata son mujeres, menores y adultas, compradas como mercancía para nutrir la industria del sexo. La prostitución y la pornografía son hoy actividades muy lucrativas dada la creciente demanda que se registra en todo el mundo.

Juan García.

 

 

La lección de los mártires de Argelia

La noticia aparecida el pasado 31 de enero, entre nosotros, ha pasado casi inadvertida, pero en Francia y muchos países africanos tuvo una amplia repercusión. Se trataba de la decisión del Santo Padre de autorizar el decreto que declara mártires a diecinueve religiosos y religiosas que fueron asesinados en Argelia a lo largo de los trágicos años noventa. Entre ellos está el obispo de Orán, dos agustinas españolas y los siete monjes trapenses que fueron secuestrados en su convento de Tibherin y luego asesinados por el Grupo Islámico Armado.

En aquélla época, Argelia estaba sumida en una atroz guerra civil, iniciada en 1991 tras la suspensión por el Ejército de las primeras elecciones democráticas, en las que estuvo a punto de tomar el poder el Frente Islámico de Salvación. Creo que es importante recordarlo.

Jesús D Mez Madrid

 

 

La corrupción corroe la democracia

Durante el pasado mes de febrero el Papa pedía a todos los cristianos que nos uniéramos a su intención de rezar para que aquellos que tienen algún tipo de poder no se dejen dominar por la corrupción. La iniciativa responde a la convicción del Papa de que la corrupción es una lacra que contamina todo tipo de poder humano, y corroe la democracia.

Francisco se refería al clima de corrupción que fue objeto de un debate internacional el pasado año en la Pontificia Academia de las Ciencias. En esta ocasión ha grabado un video en el que señala la corrupción como un proceso que nutre la cultura de la muerte y que tiene su reflejo en la esclavitud, el desempleo y el abandono de la naturaleza.

José Morales Martín

 

 

Las pensiones como carga estatal

 

            Los pensionistas “nos hemos sublevado” y con el máximo de razones, puesto que se nos quiere hacer depender de “una parte” y nos consideramos herederos de un todo, y todo lo demás es eludir ese derecho que vengo exponiéndolo hace tiempo, puesto que en la época más dura de la vida, no se nos puede condenar al exterminio como si fuésemos una plaga. No, por el contrario se nos debe reconocer como lo que han sido la realidad del que ha trabajado largo y tendido (no entro en la más o menos gran cantidad que han logrado una pensión sin dar palo al agua, siendo parásitos, pero a los que se les ha asegurado una paga vitalicia discutible por demás y a esos sí que habría que revisarles ello por lógica meridiana) y que con ello hemos mantenido la marcha de esta siempre mal gobernada nación que se sigue llamando, España.

            Veamos las razones que se exponen y que se deben estudiar.

            Como quiera que al hombre se lo ha cargado la tecnología, es absurdo pensar que las pensiones van a nutrirse de las cotizaciones "humanas" y como ha sido hasta ahora mismo, con las cantidades que se le detraen en las nóminas que liquidan el trabajo realizado; por tanto las pensiones son UNA CARGA NACIONAL y es la riqueza nacional en su conjunto la que ha de pagarlas... ¿cómo se distribuye eso? Supongo que habrá formas equitativas de hacerlo; lo que hay es que buscarlas y asumirlas CONSTITUCIONALMENTE para que en un largo futuro no se tenga que hablar de ello.

            O sea que una vez encontrada la solución, hay que incluirla en la Constitución, para que no se puedan manipular en detrimento de la misma, ya que ello lo considero como de vital importancia.

            Más claro, que el PIB (Producto nacional bruto) que lo realizan hombres y máquinas, es lo que en verdad es la riqueza natural a que me refiero; y que es de ella de la que han de nutrirse todas las necesidades nacionales y lógicas. ¿Y no es una necesidad primordial el mantenimiento y vida de los habitantes de esta nación, de la cual una parte más que importante son las pensiones de quienes han trabajado para la obtención de la riqueza nacional? Considero que ello es indiscutible.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes