Las Noticias de hoy 13 Marzo 2018

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 13 de marzo de 2018     

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Benedicto XVI alaba la “continuidad interior entre los dos pontificados”

San Egidio: “Oración, pobres y paz es el talento de la Comunidad madurado en 50 años”

LUCHA PACIENTE CONTRA LOS DEFECTOS: Francisco Fernández-Carvajal

“Penitencia es atender a los que sufren”: San Josemaria

Confesión y Santa Misa

En la confesión se manifiesta el Amor inagotable de Dios

Recuerdos ante la próxima canonización del beato Pablo VI: Salvador Bernal

Castidad y fidelidad en el noviazgo: José Luis Soria

Feminismo y feminismo católico: Blanca Mijares

TV… INTERNET: NIÑOS Y NO TAN NIÑOS: Ing., José Joaquín Camacho                      

La belleza de las desigualdades armónicas: Plinio Corrêa de Oliveira

Nuestro Señor Jesucristo: el tipo humano perfecto: Acción Familia

El respeto de los embriones: Fernando Pascual, L.C.

Por la presión social: Jesús Domingo

Estragos políticos, valores éticos y educación: ALFREDO PALACIOS DONGO

Los que están en los márgenes de ese camino: Suso do Madrid

El español es: Valentín Abelenda Carrillo

Responsabilidad, coherencia y trasparencia: Enric Barrull Casals

PENSAMIENTOS Y REFLEXIONES 183: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Lunes, 12 de marzo de 2018

Los galileos recibieron a Jesús porque habían oído tantos milagros que había hecho en otras partes y pensaban: “hará aquí otros tantos, nos hará bien: que venga, nos vendrá bien a todos”.

“Si no veis signos y prodigios, no creéis”. Es un reproche el que, en el Evangelio de hoy (Jn 4,43-54), Jesús dirige al funcionario del rey que sale a su encuentro en Galilea para pedirle que cure a su hijo enfermo. La gente sabía que Jesús ya había hecho muchos milagros. Y parece como si Jesús perdiera la paciencia porque el prodigio parece ser lo único que cuenta para ellos.

¿Dónde está vuestra fe? Ver un milagro, un prodigio y decir: Tú tienes el poder, Tú eres Dios, sí, es un acto de fe, pero así de pequeño. Porque es evidente que este hombre tiene un poder fuerte; ahí comienza la fe, pero luego debe seguir adelante. ¿Dónde está tu deseo de Dios? Porque la fe es eso: tener el deseo de hallar a Dios, de encontrarlo, de estar con Él, de ser felices con Él.

Pero, ¿cuál es, en cambio, el gran milagro que hace el Señor? La primera lectura del libro del profeta Isaías (65,17-21), lo explica: “Mirad: voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra. Regocijaos, alegraos siempre por lo que voy a crear”. El Señor atrae nuestro deseo a la alegría de estar con Él. Cuando el Señor pasa por nuestra vida y hace un milagro en cada uno de nosotros, y cada uno sabe qué ha hecho el Señor en su vida, ahí no acaba todo: esta es la invitación para seguir adelante, para continuar caminando, “buscar el rostro de Dios”, dice el Salmo; buscar esa alegría.

Así pues, el milagro es solo el inicio. Me pregunto qué pensará Jesús de tantos cristianos que se quedan ahí, en la primera gracia recibida, pero que no caminan y se comportan como aquel que, en el restaurante, se harta con el aperitivo y vuelve a casa sin saber que lo mejor viene después. Porque hay muchos cristianos quietos, que no caminan; cristianos enterrados en las cosas de cada día –¡buenos, buenos!–, pero que no crecen, se quedan pequeños. Cristianos aparcados: se estacionan. Cristianos enjaulados que no saben volar con el sueño a eso tan bonito a donde el Señor nos llama.

Es una pregunta que cada uno puede hacerse. ¿Cómo es mi deseo? ¿Busco al Señor así? ¿O tengo miedo, soy mediocre? ¿Cuál es la medida de mi deseo? ¿El aperitivo o todo el banquete?

Conservar el propio deseo, no asentarse demasiado, ir un poco adelante, arriesgar. El verdadero cristiano se arriesga, sale de la seguridad. Meditemos en esta verdad. Y pidamos al Señor la gracia de la magnanimidad, de arriesgar, seguir adelante: que el Señor nos dé esa gracia.

 

 

Benedicto XVI alaba la “continuidad interior entre los dos pontificados”

Carta del Papa emérito en la presentación de «La Teología del Papa Francisco»

12 marzo 2018Rosa Die AlcoleaBenedicto XVI, Papa y Santa Sede

Francisco y Benedicto XVI rezan juntos © Vatican Media

(ZENIT – 12 marzo 2018).- “Los pequeños volúmenes –ha expresado Benedicto XVI– muestran con razón que el Papa Francisco es un hombre de profunda formación filosófica y ayudan, por lo tanto, a ver la continuidad interior entre los dos pontificados, si bien con todas las diferencias de estilo y temperamento”.

Así lo ha indicado el Papa emérito en una carta enviada a Mons. Dario Edoardo Viganò con motivo de la presentación de la colección «La Teología del Papa Francisco», editada por la Librería Editora Vaticana – Lev, celebrada esta mañana, en Roma, informa ‘Vatican News’ en castellano.

“Celebro esta iniciativa”

“Celebro esta iniciativa –ha señalado Benedicto XVI– que quiere oponerse y reaccionar al necio prejuicio, según el cual el Papa Francisco sería sólo un hombre práctico, que carece de particular formación teológica o filosófica, al tiempo, que yo habría sido únicamente un teórico de la teología, que hubiera comprendido poco sobre la vida concreta de un cristiano de hoy”.

El papa alemán se ha mostrado agradecido por haber recibido, como presente, los once libros, escritos por otros tantos teólogos de fama internacional, que componen la colección, a cargo de Don Roberto Repole, Presidente de la Asociación Teológica Italiana.

Según indica ‘Vatican News’, hasta ahora, se han firmado acuerdos para la distribución de la colección en inglés, español, francés, portugués, polaco y rumano.

 

 

San Egidio: “Oración, pobres y paz es el talento de la Comunidad madurado en 50 años”

El Papa celebra con la Comunidad su 50º aniversario

12 marzo 2018RedaccionPapa y Santa Sede

El Papa celebró el 50º aniversario de la Comunidad de San Egidio © Vatican Media

(ZENIT – 12 marzo 2018).- “Sean siempre de Cristo en la oración, en el cuidado de sus hermanos más pequeños, en la búsqueda de la paz, porque Él es nuestra paz”, indicó el Papa Francisco a los miembros de la Comunidad de San Egidio.

El Santo Padre celebró junto a ellos el 50º aniversario de la fundación de la Comunidad  este domingo 11 de marzo de 2018, bajo el cielo plomizo en la Plaza Santa María de Trastevere.

“¡El cristiano por vocación es hermano de cada uno, especialmente si es pobre”, indicó el Papa. “Tengan siempre el corazón abierto –les pidió– abierto a todos!”, y deseó a todos lo mejor: “a sus familias y también a sus sueños”.

Francisco quiso estar presente en esta celebración a partir de Andrea Riccardi, que 50 años atrás inició el camino de la Comunidad en Roma, junto a representantes llegados de diversas ciudades de Italia y del mundo, jóvenes y pobres amigos de la Comunidad, entre los cuales los prófugos llegados a través de los corredores humanitarios, ancianos, niños de las “Escuelas de la Paz”, personas diversamente hábiles de los laboratorios de arte y  personas sin hogar acogidas en estos días de frío, señala el portal ‘Vatican News’ en español.

Antes de entrar a la Basílica de Santa María en Trastevere, el Pontífice saludó a todos los presentes, agradeciendo su asistencia a pesar de la lluvia.

Ya en el interior del templo –apunta la web de noticias del Vaticano– tuvo lugar la Liturgia de la Palabra seguida por la meditación del párroco, don Marco Gnavi, el testimonio algunos integrantes de la Comunidad y de un jóven prófugo sirio. Finalmente, el saludo del fundador Andrea Riccardi, al término del cual Francisco dirigió unas palabras.

Mundo habitado por el miedo

Esta fiesta es “una alegre manifestación de responsabilidad hacia el futuro” –indicó Francisco–. “Un talento que reciben también hoy”, y recuerda que el mundo de actual  “está a menudo habitado por el miedo”, como el del hombre de la parábola que no supo investir el talento en el futuro, porque ‘aconsejado’ por el temor.

“Nuestro tiempo conoce grandes miedos de frente a las vastas dimensiones de la globalización. Y los miedos se concentran a menudo en quien es extranjero, diverso de nosotros, pobre, como si fuera un enemigo. Y entonces, nos defendemos de estas personas, agrega el Papa, creyendo que preservamos lo que tenemos y lo que somos”, observó el Papa.

Juntos con la Iglesia

“Su camino –agregó el Obispo de Roma– los orienta a mirar juntos el futuro: no solos, no para sí. Juntos con la Iglesia”. Y en este sentido recuerda que la Comunidad nacida a finales de los años sesenta “es hija del Concilio”, de su mensaje y de su espíritu.

“¿Cómo es posible que después de las tragedias del siglo veinte se pueda volver a caer en la misma lógica absurda?” –reflexionó el Santo Padre–. “Sé que rezan y obran por la paz”, les dijo, y que dirigen su pensamiento al “dolor del pueblo sirio”, a los refugiados acogidos a través de los corredores humanitarios.

El Papa indicó que “cada uno está llamado a cambiar el propio corazón asumiendo una mirada misericordiosa hacia el otro, para volverse artesano de paz y profeta de misericordia”.

¡Los pobres son su tesoro!

El Santo Padre expresa su deseo de que éste sea un aniversario cristiano: tiempo en el cual la fe está llamada a volverse “nueva audacia para el Evangelio”. “No el coraje de un día sino la paciencia de una misión cotidiana en la ciudad y en el mundo”.

“Hoy, aún más,  –exhortó– continúen audazmente en este camino”: estando cerca de los niños de las periferias con las Escuelas de la Paz; junto a los ancianos descartados, que para ustedes son amigos; abriendo nuevos corredores humanitarios para los prófugos de la guerra y del hambre. “¡Los pobres son su tesoro!”.

 

 

LUCHA PACIENTE CONTRA LOS DEFECTOS

— El paralítico de Betzatá. Constancia en la lucha y en los deseos de mejorar.

— Ser pacientes en la lucha interior. Volver al Señor cuantas veces sea necesario.

— Pacientes también con los demás. Contar con sus defectos. Pacientes y constantes en el apostolado.

I. El Evangelio de la Misa de hoy nos presenta a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, y que espera su curación milagrosa de las aguas de la piscina de Betzatá1. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que llevaba mucho tiempo, le dice: ¿Quieres quedar sano? El enfermo le habló con toda sencillez: Señor –le dice–, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado. Jesús le dice: levántate, toma tu camilla y echa a andar. El paralítico obedeció: Y al momento el hombre quedó sanado, tomó su camilla y echó a andar.

El Señor está siempre dispuesto a escucharnos y a darnos en cada situación aquello que necesitamos. Su bondad supera siempre nuestros cálculos; pero quiere nuestra correspondencia personal, nuestro deseo de salir de aquella situación, que no pactemos con los defectos o los errores, y que pongamos esfuerzo para superarlos. No podemos «conformarnos» nunca con deficiencias y flaquezas que nos separan de Dios y de los demás, excusándonos en que forman parte de nuestra manera de ser, en que ya hemos intentado combatirlos otras veces sin resultados positivos.

La Cuaresma nos mueve precisamente a mejorar en nuestras disposiciones interiores mediante la conversión del corazón a Dios y las obras de penitencia, que preparan nuestra alma para recibir las gracias que el Señor quiere darnos.

Jesús nos pide perseverancia para luchar y recomenzar cuantas veces sea necesario, sabiendo que en la lucha está el amor. «No le pregunta el Señor al paralítico para saber –era superfluo–, sino para poner de manifiesto la paciencia de aquel hombre que, durante treinta y ocho años, sin cejar, insistió, esperando verse libre de su enfermedad»2.

Nuestro amor a Cristo se manifestará en la decisión y en el esfuerzo por arrancar lo antes posible el defecto dominante o por alcanzar aquella virtud que se presenta difícil de conseguir. Pero también se manifiesta en la paciencia que hemos de tener en la lucha interior: es posible que nos pida el Señor un período largo de lucha, quizá treinta y ocho años, para crecer en determinada virtud o para superar aquel aspecto negativo de nuestra vida anterior.

Un conocido autor espiritual señalaba la importancia de saber tener paciencia con los propios defectos: tener el arte de aprovechar nuestras faltas3. No debemos sorprendernos –ni desconcertarnos– cuando, habiendo puesto todos los medios que razonablemente están a nuestro alcance, no terminamos de superar esa meta espiritual que nos habíamos propuesto. No debemos «acostumbrarnos», pero podemos aprovechar las faltas para crecer en humildad verdadera, en experiencia, en madurez de juicio...

Este hombre que nos presenta el Evangelio de la Misa fue constante durante treinta y ocho años, y podemos suponer que lo hubiera sido hasta el final de sus días. El premio a su constancia fue, ante todo, el encuentro con Jesús.

II. Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta que llegue el Señor. Ved cómo el labrador, con la esperanza de los preciosos frutos de la tierra, aguarda con paciencia las lluvias tempranas y las tardías4.

Es necesario saber esperar y luchar con paciente perseverancia, convencidos de que con nuestro interés agradamos a Dios. «Hay que sufrir con paciencia –decía San Francisco de Sales– los retrasos en nuestra perfección, haciendo siempre lo que podamos por adelantar y con buen ánimo. Esperemos con paciencia, y en vez de inquietarnos por haber hecho tan poco en el pasado, procuremos con diligencia hacer más en lo porvenir»5.

Además, la adquisición de una virtud no se logra, de ordinario, con violentos esfuerzos esporádicos, sino con la continuidad de la lucha, la constancia de intentarlo cada día, cada semana, ayudados por la gracia. «En las batallas del alma, la estrategia muchas veces es cuestión de tiempo, de aplicar el remedio conveniente, con paciencia, con tozudez. Aumentad los actos de esperanza. Os recuerdo que sufriréis derrotas, o que pasaréis por altibajos –Dios permita que sean imperceptibles– en vuestra vida interior, porque nadie anda libre de esos percances. Pero el Señor, que es omnipotente y misericordioso, nos ha concedido los medios idóneos para vencer. Basta que los empleemos (...) con la resolución de comenzar y recomenzar en cada momento, si fuera preciso»6.

El alma de la constancia es el amor; solo por amor se puede ser paciente7 y luchar, sin aceptar los defectos y los fallos como algo inevitable y sin remedio. No podemos ser como aquellos cristianos que, después de muchas batallas y peleas, «acabóseles el esfuerzo, faltóles el ánimo» cuando estaban ya «a dos pasos de la fuente del agua viva»8.

Ser paciente con uno mismo al desarraigar las malas tendencias y los defectos del carácter, significa a la vez huir del conformismo y aceptar el presentarse muchas veces delante del Señor como aquel siervo que no tenía con qué pagar9, con humildad, pidiendo nuevas gracias. En nuestro caminar hacia el Señor, sufriremos abundantes derrotas; muchas de ellas no tendrán importancia; otras sí, pero el desagravio y la contrición nos acercarán todavía más a Dios. Este dolor y arrepentimiento por nuestros pecados y deficiencias no son tristes, porque son dolor y lágrimas de amor. Es el pesar de no estar devolviendo tanto amor como el Señor se merece, el dolor de estar devolviendo mal por bien a quien tanto nos quiere.

III. Además de ser pacientes con nosotros mismos hemos de ejercitar esta virtud con quienes tratamos con mayor frecuencia, sobre todo si tenemos más obligación de ayudarles en su formación, en una enfermedad, etcétera. Hemos de contar con los defectos de quienes nos rodean. La comprensión y la fortaleza nos ayudarán a tener calma, sin dejar de corregir cuando sea oportuno y en el momento más indicado. El esperar un poco de tiempo para corregir, dar una buena contestación, sonreír..., puede hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas, que de otra forma permanecería cerrado, y les podremos ayudar mucho más, con mayor eficacia.

La impaciencia hace difícil la convivencia y también vuelve ineficaz la posible ayuda y la corrección. «Sigue sacando las mismas exhortaciones –nos recomienda San Juan Crisóstomo–, y nunca con pereza; actúa siempre con amabilidad y gracia. ¿No ves con qué cuidado los pintores unas veces borran sus trazos, otras los retocan, cuando tratan de reproducir un bello rostro? No te dejes ganar por los pintores. Porque si tanto cuidado ponen ellos en la pintura de una imagen corporal, con mayor razón nosotros, que tratamos de formar la imagen de un alma, no dejaremos piedra por mover a fin de sacarla perfecta»10.

Debemos ser particularmente constantes y pacientes en el apostolado. Las personas necesitan tiempo y Dios tiene paciencia: en todo momento da su gracia, perdona y anima a seguir adelante. Con nosotros tuvo y tiene esta paciencia sin límites, y nosotros debemos tenerla con los amigos que queremos llevar hasta el Señor, aunque en ocasiones parezca que no escuchan, que no se interesan por las cosas de Dios. No les abandonemos por eso. En estas ocasiones será necesario intensificar la oración y la mortificación, y también nuestra caridad y nuestra amistad sincera.

Ninguno de nuestros amigos, en ningún momento de su vida, debería dar al Señor la contestación de este hombre paralítico: «no tengo a nadie que me ayude». Porque «esto podrían asegurar, ¡desdichadamente!, muchos enfermos y paralíticos del espíritu, que pueden servir... y deben servir.

»Señor: que nunca me quede indiferente ante las almas»11, le pedimos nosotros.

Examinemos hoy en nuestra oración si nos preocupan las personas que nos acompañan en el camino de la vida; si nos preocupa su formación, o si, por el contrario, nos hemos ido acostumbrando a sus defectos como si fueran algo irremediable, y al mismo tiempo si somos pacientes.

Además, en esta Cuaresma nos viene bien recordar que con la mortificación podemos expiar también por los pecados de los demás y merecer de algún modo, para ellos, la gracia de la fe, de la conversión, de una mayor entrega a Dios.

En Jesucristo está el remedio de todos los males que aquejan a la humanidad. En Él todos pueden encontrar la salud y la vida. Es la fuente de las aguas que todo lo vivifican. Así nos lo dice el profeta Ezequiel en la lectura de la Misa: Estas aguas corren a la comarca de Levante, bajarán hasta el Arabá y desembocarán en el mar, el de las aguas pútridas, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida, y habrá peces en abundancia; al desembocar allí estas aguas quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente12. Cristo convierte en vida lo que antes era muerte, y en virtud, la deficiencia y el error.

1 Jn 5, 1-6. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Juan, 36. — 3 J. Tissot, El arte de aprovechar nuestras faltas, Palabra, Madrid 1976, 6ª ed. 4 Sant 5-7. — 5 J. Tissot, loc. cit., p. 32. — 6 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 219. — 7 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 136, a. 3. — 8 Cfr. Santa Teresa, Camino de perfección, 19, 2. — 9 Cfr. Mt 18, 23 ss. — 10 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 30. — 11 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 212. — 12 Ez 47, 8-9.

 

“Penitencia es atender a los que sufren”

Esta es la receta para tu camino de cristiano: oración, penitencia, trabajo sin descanso, con un cumplimiento amoroso del deber. (Forja, 65)

Y por si no se te ocurre ahora cómo responder concretamente a los requerimientos divinos que golpean en tu corazón, óyeme bien.
Penitencia es el cumplimiento exacto del horario que te has fijado, aunque el cuerpo se resista o la mente pretenda evadirse con ensueños quiméricos. Penitencia es levantarse a la hora. Y también, no dejar para más tarde, sin un motivo justificado, esa tarea que te resulta más difícil o costosa.
La penitencia está en saber compaginar tus obligaciones con Dios, con los demás y contigo mismo, exigiéndote de modo que logres encontrar al tiempo que cada cosa necesita. Eres penitente cuando te sujetas amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío. (Amigos de Dios, 138)

 

 

Confesión y Santa Misa

Incluimos tres nuevos audios de San Josemaría sobre la Confesión y la Santa Misa

Homilías en audio 5 de febrero de 2007

Colegio de Escribanos. Buenos Aires (Argentina). 18-VI-74

Piensa siempre, porque es verdad, que en el altar se eterniza Jesucristo. Nosotros los sacerdotes no somos aquel, el otro, o yo. Siempre es Jesucristo en el altar, que va a renovar el Sacrificio del Calvario incruentamente. Y tú lo presencias, y tú te pones junto a Santa María, y junto a las otras santas mujeres, y le dices al Señor lo que te parezca, lo que te salga del corazón, y sobre todo le pides que seamos los sacerdotes... —yo tengo esta cantinela siempre, lo diré en italiano, este ritornello— que pidáis que seamos santos los sacerdotes. Por mí, que soy un pecador, y por mis hermanos, que son tan buenos, todos los sacerdotes del mundo. (…)

De modo que para oír muy bien la Santa Misa, tú le dices: Jesús, yo sé que eres Tú el que estás en el altar; yo sé que veré tu rostro en el Cielo; pero con la fe, sé que verdaderamente, ese sacerdote, en este momento, eres Tú; yo quiero asistir a este misterio profundo, inmenso, removida, mejorándome, amándote. Y verás que te vienen remordimientos por cualquier pequeña cosa, que hay que mejorar, y en cambio, verás que te portas bien en otras y le das las gracias. ¿De acuerdo?

(Sí, Padre.)

Y tu Santa Misa será muy buena para ti y para todas las almas, y especialmente para las almas de los que te rodean, de tu familia, porque has de procurar que en tu familia haya mucha paz, mucha serenidad, mucha tranquilidad, mucha alegría, ¿de acuerdo?

 

La Arboleda (Perú) 29-VII-74

Jesús Señor Nuestro ha querido, en su bondad infinita, dejar muy bien señaladas sus pisadas en la tierra por medio de los siete Sacramentos, con el fin de que los hombres podamos caminar seguros —cuando digo los hombres, digo las mujeres, ¿verdad?—. Y entre esos Sacramentos uno, que ahora es más atacado que los demás, es el sacramento de la Penitencia: la Confesión. Y yo os digo que me sentiré muy dichoso si nada más logro que, por lo menos uno de los que me escuchan, que se haya abandonado un poquito estos años pasados, se decida a hacer una Confesión bien hecha, una Confesión sincera, una Confesión detenida, una Confesión contrita.

Teatro general San Martín. Buenos Aires (Argentina) 15-VI-74

Hija mía: Jesucristo Señor Nuestro, Nuestro Dios, instituyó los sacramentos, que son como huellas de sus pisadas, para que nosotros pisemos allí y podamos llegar al Cielo. Y uno de los sacramentos más hermosos, más consoladores, es el de la Confesión.

 

En la confesión se manifiesta el Amor inagotable de Dios

El Papa recibió este mediodía a los participantes en el curso sobre el foro interno, que promueve anualmente la Penitenciaría Apostólica

Últimas noticias 21 de marzo de 2007

En su discurso, Benedicto XVI ofreció unas reflexiones sobre la importancia del sacramento de la Penitencia y la necesidad de que los sacerdotes se preparen para administrarlo con devoción y fidelidad a Dios y para la santificación del pueblo cristiano.

"Todos -aseguró el Santo Padre- tenemos necesidad de beber de la fuente inagotable del amor divino, que se manifiesta totalmente en el misterio de la Cruz, para hallar la auténtica paz con Dios, con nosotros mismos y con el prójimo. Sólo es posible obtener de esta fuente espiritual aquella energía interior indispensable para vencer el mal y el pecado en la lucha sin pausa, que marca nuestro peregrinaje terreno hacia la patria celestial".

El Papa puso de relieve que en el mundo actual "vemos una humanidad que desearía ser autosuficiente, donde muchos consideran casi poder prescindir de Dios para vivir bien; sin embargo, ¡cuántos parecen estar tristemente condenados a afrontar dramáticamente situaciones de vacío existencial, cuánta violencia existe todavía en la tierra, cuánta soledad pesa sobre el ánimo del ser humano de la era de la comunicación! En una palabra, parece que se haya perdido el "sentido del pecado", pero para compensar, han aumentado los "complejos de culpa"".

"Que el sacerdote, ministro del sacramento de la Reconciliación -continuó-, sienta siempre como tarea suya la de transmitir con las palabras y en el modo de acercarse al penitente, el amor misericordioso de Dios. Que como el padre de la parábola del hijo pródigo, acoja al pecador arrepentido, le ayude a liberarse del pecado, le anime a enmendarse sin pactar con el mal, sino retomando siempre el camino hacia la perfección evangélica".

Tras subrayar que el sacerdote debe tender a la santidad, Benedicto XVI afirmó que para llevar a cabo su "importante misión" como confesor, "siempre unido interiormente al Señor, debe mantenerse fiel al Magisterio de la Iglesia en lo que concierne a la doctrina moral, consciente de que la ley del bien y del mal no está determinada por las situaciones, sino por Dios".

El Santo Padre concluyó pidiendo a la Virgen, Madre de Misericordia, que "sostenga el ministerio de los sacerdotes confesores y que ayude a cada comunidad cristiana a comprender cada vez más el valor y la importancia del sacramento de la Penitencia para el crecimiento espiritual de todos los fieles".

 

Recuerdos ante la próxima canonización del beato Pablo VI

Salvador Bernal

Prescindiré de entrada de la campaña mediática desatada en España, cuando todavía el Estado tenía medios para hablar y para hacer callar, ante la petición del entonces arzobispo de Milán a Franco de que conmutase una pena de muerte. Fue el origen de las reticencias de cierta España oficial al saber la elección para la Sede romana tras san Juan XXIII. Cesaron poco a poco, en cuanto fue más conocido, de modo particular, entre quienes leyeron y estudiaron su primera encíclica, uno de los grandes documentos pontificios del siglo XX, a mi entender.

La carta Ecclesiam suam lleva fecha del 6 de agosto de 1964, cuando faltaba poco más de un año para la clausura del Concilio Vaticano II. Y, en la estela de su predecesor, quiso recordar el mandato divino a la Iglesia, para ser “al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvación”. No deseaba proponer un texto solemne, en plena asamblea ecuménica, sino sólo dirigir un mensaje fraterno y familiar, con la recomendación de meditar sobre el fin de la Iglesia, para aquilatar su fidelidad al designio fundacional de Cristo y amejorar el servicio a los creyentes y a la humanidad, tanto en los pueblos cristianizados como en las tierras de misión.

En un panorama inmenso, que no intento resumir, la encíclica es un modelo de estilo dialogante. No los abordará con detalle, pero Pablo VI tenía a la vista esos “temas urgentes y graves que interesan no sólo a la Iglesia, sino a la humanidad, como la paz entre los pueblos y clases sociales, la miseria y el hambre que todavía afligen a pueblos enteros, el acceso de las naciones jóvenes a la independencia y al progreso civil, las corrientes del pensamiento moderno y la cultura cristiana, las condiciones desgraciadas de tanta gente y de tantas porciones de la Iglesia a quienes se niegan los derechos propios de ciudadanos libres y de personas humanas, los problemas morales sobre la natalidad y muchos otros más”.

El papa iría desgranando su magisterio a lo largo de unos quince años de pontificado, con textos de obligada referencia en tantas cuestiones, porque orientaba grandes cuestiones que siguen en el primer plano de la cultura contemporánea. Basta pensar en el cómo de la evangelización (cfr. la exhortación postsinodal Evangelii nuntiandi, de finales de 1975, recordada por Francisco); en la internacionalización de la cuestión social, incoada por Juan XXIII y desarrollada en Populorum Progressio de 1967; o en la gran reforma de la curia vaticana aprobada en 1967, actualizada por Juan Pablo II en 1988, que están a punto de revisarse después de años de servicio a la Iglesia.

Pablo VI vivió lo que escribía en el n. 27 de Ecclesiam suam, que sigue siendo tema central de para la vida de todo creyente: “La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio”. Ante todo, la religión es diálogo entre Dios y el hombre. Pero “el diálogo de la salvación fue abierto espontáneamente por iniciativa divina”. Y corresponde a los fieles continuar ese coloquio, modo de ejercitar la misión apostólica, “arte de comunicación espiritual”, con características que describe sintéticamente: claridad, mansedumbre, confianza, prudencia.

He escrito estas líneas el día del cumpleaños del hoy beato Álvaro del Portillo. Me enseñó a apreciar a Pablo VI, especialmente al ver de cerca cómo le quería, cuando le llegó la dolorosa noticia de su muerte, avanzada la tarde del domingo 6 de agosto de 1978, en un rincón de Asturias en que pasaba días de oración, trabajo y descanso. Lo relaté con cierto detalle en mi libro de recuerdos publicado después del fallecimiento del primer prelado del Opus Dei.

Y he escrito con un propósito: animar a la lectura de aquella primera encíclica de Pablo VI. Por dos razones: la primera, por el valor biográfico que suele tener el arranque de un pontificado; la segunda, para tener perspectivas de fondo en un momento histórico en que atisbo demasiados conflictos doctrinales –no precisamente dialogantes-, cuando van a cumplirse los cincuenta años de otro gran documento de Pablo VI, la encíclica Humanae Vitae, del 25 de julio de 1968.

 

Castidad y fidelidad en el noviazgo

12 marzo 2018

También en el noviazgo va desarrollándose la necesidad de vivir la fidelidad y muy especialmente la castidad como una preparación al matrimonio.

“El matrimonio no es efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes” (Humanae vitae, numero 8), ni en el plano que pudiéramos llamar filogenético ni en el plano ontogenético es decir, ni en cuanto al matrimonio como institución y al hombre como especie, ni en lo que atañe a este o a aquel matrimonio en concreto y a sus protagonistas. El amor conyugal “es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte. Así lo conciben el esposo y la esposa el día en que asumen libremente y con plena conciencia el empeño del vinculo matrimonial” (Ibidem, n. 9), pero para llegar a esa madurez, se ha de aprender antes la lección en la escuela del noviazgo. Si en esos años previos se cultiva egoístamente una alergia a todo lo que signifique estabilidad, fidelidad a un compromiso, lazo noble, cierre de otras posibilidades porque se va abriendo lo gran puerto del amor humano limpio, entonces no será fácil secundar la gracia sacramental para vivir hasta la muerte la fidelidad conyugal.

Aunque pueda resultar paradójico, tratándose de líneas que abren unas consideraciones sobre el noviazgo, hemos de comenzar reconociendo que no es posible hacer siquiera un resumen orgánico y medianamente completo del tema.

La riqueza de la actividad humana—las innumerables posibilidades de la libertad—y la variedad de circunstancias de edad, ambiente, formación, etc., son inabarcables y resulta vanidosamente estéril cualquier pretensión de encuadrar la acción dentro de un esquema. Cuando se olvida este hecho, se trazan unas líneas teóricas de acción, que tienen poco que ver con la verdadera realidad; o se da lugar a un planteamiento simplista y genérico y, por tanto, fácilmente ineficaz; o se crea un monstruo artificial, de miembros hipertrofiados, según los aspectos que han resultado mas interesantes al autor o están más de moda: solo autonomía, solo lirismo, solo sexo, solo sociología, solo liturgia, solo política, etc., etc.

El NOVIAZGO Y LA FIDELIDAD

Probablemente sorprenda un poco este titulo, siendo así que una característica del noviazgo es la posibilidad de cambio, la opción a rectificar una elección no acertada, por el procedimiento de romper las relaciones, aunque a veces ese sistema no sea sencillo ni llevadero. Tampoco se me escapa que el simple hecho de enunciar la palabra noviazgo, implica actualmente una toma de posición bien concreta, precisamente porque hay quien se resiste incluso a dar status propio al noviazgo mismo. Pero esta es precisamente otra razón para aclarar este punto bien a fondo.

Si lo que se rechaza del noviazgo es un conjunto de convencionalismos sociales pasados de moda, no habría nada que objetar, aunque seria oportuno examinar con cierta detención lo que se entiende por convencionalismos. Me explico perfectamente la resistencia intima que algunos chicos pueden sentir a reconocerse en la palabra novios, por la carga formalista con que a sus ojos aparece ese nombre. Pero no es sensato pretender abolir lo que constituye la esencia del noviazgo, se le llame como se quiera la situación, la actitud interior, la conducta mutua—y en relacion a terceros—de un hombre y una mujer, en el tiempo que precede a su posible matrimonio y con vistas precisamente a ese matrimonio. En este sentido, es evidente que no puede designarse con la palabra noviazgo cualquier enamoramiento adolescente o adulto, aunque revista ciertas características de estabilidad y exclusividad. Y por los mismos motivos, lo que se dirá a continuación no esta dirigido al simple trato entre un chico y una chica, si bien pueda también aplicársele en algunos aspectos. Fundamentalmente, el noviazgo implica una intencionalidad hacia el futuro, que—por el sentido de responsabilidad que debe llevar implícito, por el compromiso mas o menos expreso que encierra, y, por sus otros caracteres específicos—supera y trasciende la simple relación entre el boy-friend y la girl-friend.

Compromiso

Estamos hablando de intencionalidad hacia el futuro, y no en vano interesa resaltar precisamente el aspecto de fidelidad a un compromiso—sujeción libre a unos deberes—que se encierra en esa voluntaria atadura. Quizás por este hecho, tenga hoy tan pocas simpatías el noviazgo serio: pero advirtamos que quien vea el deber como una falta de libertad, quien no sepa renunciar a determinadas posibilidades por amor, quien -no quiera que nada ni nadie le coarte, quien no se decida a aceptar ese necesario condicionamiento, se descalifica automáticamente incluso para el matrimonio, que implica la definitividad del compromiso provisional y primerizo del noviazgo.

Entiendase que no hablo necesariamente de un compromiso jurídico o formal, como es el de los antiguos esponsales o el de a llamada petición de mano. Me estoy refiriendo a un compromiso intimo, quizás sin ninguna manifestación explicita, pero no por eso carente de fuerza. Es un compromiso-tendencia o, si se prefiere, una disponibilidad al compromiso comprometiéndose. Es una actitud compleja, porque ha de conciliar la definitividad con la prueba; la exclusividad en acto, con la apertura hacia otras posibilidades; la isla con la península; la provisionalidad, con la voluntariedad de una estabilidad probable, deseada y futura. Se trata, en fin, de conseguir un equilibrio que difícilmente puede existir, o aun concebirse, si falta amor y sentido de responsabilidad. Por eso es tan importante, aunque sea balbuciente. Limitarse a pasar el tiempo, no terminar nunca de decidirse, entender el noviazgo como un modo de entretenerse los domingos por la tarde, o echarse a ciegas y sin reflexión en el río de la primera posibilidad de matrimonio que se presenta, son otros tantos modos de equivocar el camino hacia la vida conyugal, con riesgo de arruinar toda la vida futura, también la eterna.

Por eso en este punto pueden hacerse residir bastantes catástrofes matrimoniales, a pesar de que hayan logrado posponerse algún tiempo, escondidas detrás de la festiva apariencia de las bodas o de la brillante facilidad de los primeros momentos: fallan, porque se han casado dos inmaduros, aunque a veces basta que sea inmaduro uno solo. No han crecido por dentro. No se han conocido. No se han entregado verdaderamente el uno al otro, aunque incluso puedan haber ofendido al Señor con intimidades ilícitas no es esa la entrega verdadera.

Estabilidad

“EI matrimonio no es efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes” (Humanae vitae, numero 8), ni en el plano que pudiéramos llamar filogenético ni en el plano ontogenetico es decir, ni en cuanto al matrimonio como institución y al hombre como especie, ni en lo que atañe a este o a aquel matrimonio en concreto y a sus protagonistas. El amor conyugal “es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte. Así lo conciben el esposo y la esposa el día en que asumen libremente y con plena conciencia el empeño del vinculo matrimonial” (Ibidem, n. 9), pero para llegar a esa madurez, se ha de aprender antes la lección en la escuela del noviazgo. Si en esos años previos se cultiva egoístamente una alergia a todo lo que signifique estabilidad, fidelidad a un compromiso, lazo noble, cierre de otras posibilidades porque se va abriendo lo gran puerto del amor humano limpio, entonces no será fácil secundar la gracia sacramental para vivir hasta la muerte lo fidelidad conyugal.

Concedamos que el noviazgo reúne un determinado número de características que lo definen e identifican. Tengo derecho o pensar que un chico y una chica son novios si veo que encarnan todas, o la mayoría, o bastantes de esos caracteres distintivos. Lo mismo que tengo derecho a no admitir que sean novios, si carecen de alguna señal que sea fundamental, por ejemplo, la edad: nadie toma en serio los noviazgos entre crios de ocho años. Con parecido hilo de razonamiento, estimo que no se puede considerar noviazgo autentico y bueno, el de quien se reserva el derecho de simultanear cariños—por llamarlos de alguna manera—, o de hacer pareja con quien guste y cuando le guste. Son aberraciones, en mayor o menor grado desde el trasnochado argumento del libertino—todavía no estamos casados— hasta los coqueteos vanidosos, por celos, por venganza o por sencilla y simple estupidez.

Si hay quien rechaza el noviazgo—hasta el mismo nombre, decíamos—, por lo que tiene de estabilidad o de institución exigente de nuevas responsabilidades (arcaísmos decimonónicos y tópicos aparte), rechaza una joya. Dan tanta pena esas parejas de jóvenes vagabundos, a veces desarrapados y sucios, que salpican aeropuertos y carreteras de medio mundo. No son novios ni probablemente quieren serlo son amantes en el sentido mas pobre de la palabra, compañeros de quita y pon, enamorados mientras dura, pobrecillos que dan y toman todo lo que pueden, sin la luz de una norma moral. Pero son también el paradigma de muchos otros chicos, que sin su aparatosidad de trashumantes, tampoco quieren o saben que la felicidad del amor humano exige fidelidad, sentido de responsabilidad, aceptación gustosa de las limitaciones que impone el hecho de ser hombres y no animales criaturas de Dios; mas todavía hijos de Dios.

El NOVIAZGO Y LA CASTIDAD

Es evidente que el noviazgo no es solo un tiempo que precede al matrimonio, sin que es sobre todo su preparación, su escuela, su premisa. En el noviazgo está la clave de tantas cosas, positivas y negativas, que condicionarán más tarde la vida matrimonial, en un sentido o en otro. Por lo que se refiere a la castidad también. Si un matrimonio limpio es en buena parte fruto de un limpio noviazgo, podríamos igualmente decir que a un noviazgo turbio suele suceder un matrimonio sucio.

Doctrina cristiana

Vivir castamente el noviazgo tiene una gran importancia, no sólo por la razón suprema de mantenerse en amistad con Dios, sino porque—aun humanamente las faltas o los pecados en esta materia tienen una proyección que va más allá de la inmediata. Hay que considerar esas cosas también en lo que tienen de síntoma, de actitud de fondo ante Dios primero, pero al mismo tiempo ante uno mismo, ante la persona del otro, ante el mundo. Las faltas de delicadeza, los atentados más o menos velados al pudor, las familiaridades animalescas o los pecados de lujuria que tengan lugar en el noviazgo, si no se corrigen y adquieren carta de naturaleza, se proyectan y multiplican en el matrimonio, de un modo absolutizador y desbordante

El noviazgo bien vivido constituye, en cambio, una garantía insospechadamente eficaz para el futuro. Es “una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo. Y como toda escuela de amor, ha de estar inspirado no por el afán de posesión, sino por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza” (J. Escrivá de Balaguer, Conversaciones, Madrid, 1969, 3.. ed., n. 105).

Entender esa etapa frívolamente, a la ligera, como algo impuesto mostrencamente por la imposibilidad de contraer matrimonio en seguida, o verla como un medio oficioso de satisfacer la sensualidad mientras tanto, es equivocado y lleva a gravísimos errores, no solo morales.

No es este el lugar para exponer la teología moral en lo referente a la castidad, ni sus fundamentos. Entre tantas enseñanzas, rotundas y repetidas, de la Sagrada Escritura (cfr., p. e., Tob. 4,12 y 6,16 ss.; Eccli. 41, 17 y 20; 1 Thes. 4, 3-5; 1 Cor. 5, 9 y 6, 9-10), recordemos simplemente estas dos: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. {Mt. 5, 8);” la fornicación y cualquier especie de impureza (…) ni se nombre entre vosotros, como corresponde a santos. Porque—tened esto bien entendido—ningún fornicador o impúdico o avaro, que viene a ser una idolatría, será heredero del reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con palabras vanas, pues por tales cosas descargó la ira de Dios sobre los incrédulos (tEph. 5, 3-6).

Pero ante las afirmaciones de la Revelación—y ante todo lo que la Iglesia enseña en consecuencia—caben dos opuestas actitudes:

a) O se admite lo que la doctrina cristiana propone como norma moral, aunque se sea consciente de que no es fácil de vivir—por ejemplo, durante el noviazgo—, o no se sepa como llevarlo a la práctica en determinados casos.

b) O se rechaza en bloque esa doctrina, incluso cuando parece que solo se esta en desacuerdo con puntos concretos, tratando de reemplazarla—algunos dicen, mejorarla, ponerla al día—con otras reglas de comportamiento van desde las opiniones personales sobre aspectos aparentemente circunscritos, hasta los dogmatismos totalitarios y anárquicos de la revolución sexual.

Si se sostiene una opinión que en mayor o menor medida se reconozca en esta segunda actitud, lógicamente se discrepara de todo lo que diremos en adelante, pero con pena hemos de anticipar que en este ensayo no es posible tratar de entendernos no hay espacio ni siquiera para el prologo, para ponernos de acuerdo sobre el significado de algunos conceptos esenciales (amor, matrimonio, pecado, conciencia…), o para llegar a una plataforma de entendimiento sobre el sentido de la vida o sobre los postulados filosóficos mas elementales.

Premisas fundamentales

Las consideraciones que siguen pueden ayudar, en cambio, a quien se reconozca en la primera actitud a que nos referíamos, por muchas y variadas que puedan ser sus dificultades, si hay la disposición de fondo que exige la fe y la buena voluntad de acatar el Magisterio de la Iglesia. Aun entonces es preciso fijar unas cuantas premisas:

1. ° La doctrina católica es la que—en nombre de Cristo y con la asistencia del Espíritu Santo—enseñan el Papa, y los Obispos en comunicación con la Santa Sede, y forma un cuerpo unitario y sin contradicción a lo largo de los veinte siglos de cristianismo.

2. ° Las opiniones de un autor o de cien autores—se llamen o no se llamen teólogos—, lo mismo que los modos de conducta que se observen en la vida corriente aunque estén muy difundidos, no equivalen necesariamente a la doctrina católica ni tienen por que ser rectos y validos.

3. ° Mas aun son criterios equivocados, carecen de razón y enseñan un comportamiento objetivamente pecaminoso, si están en contradicción con la enseñanza de la iglesia. De hecho, uno de los mayores problemas con que debe enfrentarse la pastoral en estos temas es que los chicos aprenden a comportarse como novios según lo que ven hacer a otros novios, o según lo que les propone el cine o leen en las novelas. Y, por lo general, esos modelos de comportamiento no son cristianos, sino paganos; no reflejan el verdadero amor humano sino el afán de satisfacción sensual.

Con estas premisas—aunque con las reservas ya mencionadas antes—resultan automáticamente descalificados argumentos como “lo hacen todos”; “se ve siempre así en las películas”; “no estamos ya en el siglo XIX”; “lo he leído en un libro de un teólogo muy famoso”; “después del Concilio hay autores que lo admiten”; “me han dicho que si”, etc. En una palabra, se trata de los argumentos que apelan a motivos extrínsecos, de autoridad, modernidad, aggiornamento, para justificar actitudes contrarias a lo que es la norma moral cristiana.

Dificultades

Quedan no obstante en pie las dificultades que podríamos llamar intrínsecas, o sea, las que origina la misma vida de novios, a pesar de que los dos tengan buena voluntad para acomodar la propia conducta al amor de Dios. Sin pretensiones de ninguna sistematización, podríamos agrupar así estos obstáculos

I) La espontaneidad del cariño.

II) Los peligros de la ocasión.

III) Las concesiones ante la compasión o el chantaje.

1) La espontaneidad del cariño. Suele oírse que el corazón no admite convencionalismos y que—si el amor es sincero— todo lo demás cuenta poco. En ese contexto, se sigue afirmando que—siendo lo primero el cariño—las relaciones sexuales entre novios no tienen que esperar a ser legitimadas por lo que seria un mero compromiso social, jurídico, económico, etc.: el matrimonio contraído. Con esas premisas, serian lógicas y aun obligadas todas las manifestaciones de afecto entre novios, fueran cuales fueran sus modalidades.

Resulta patente que un planteamiento de ese estilo, que prescinde de toda referencia a Dios, a la ley moral o a la enseñanza de la Iglesia, esta viciado de raíz y no puede ser aceptado por nadie que quiera seguir llamándose cristiano. La Revelación, a la que ya hemos hecho referencia, no puede ser ignorada o dejada de lado. Puntualicemos además dos ideas que atañen al tema:

a) No es lo mismo el amor que sus manifestaciones. Aun sin dejar de ser autentico—más aun: acrisolándose en su genuidad humana—, el cariño ha de acomodar sus modos de expresión a lo que exija la ley moral No se trata de ir contra la espontaneidad—entendiendo esta palabra en su sentido más valioso, como opuesto a artificiosidad o a hipocresía—, sino de atribuirle el valor que le corresponde. En todos los campos y no solo en el del amor, lo espontáneo debe elevarse hasta transformarse en lo humano, para poder transfigurarse en lo divino, mediante la gracia de Dios. De hecho, la espontaneidad no solamente no es una regla de vida, sino que con frecuencia es una tendencia hacia un modo de conducta pecaminoso. Reacuérdense, por ejemplo, los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza; en todos hay de ordinario un gran componente de espontaneidad, mayor o menor según el temperamento. Son cosas que fácilmente, tan fácilmente que aparecen también cuando no las quisiéramos, porque son las tendencias al mal, que el pecado original ha dejado en nuestra naturaleza.

Por eso la actividad humana no ha de guiarse por la espontaneidad sino por la ley moral, que enriquece y facilita el verdadero libre obrar. Lo que debe caracterizar nuestra vida no es el instinto—que es lo mas espontáneo que mueve a la acción, por las raíces deterministas que posee (pura bioquímica) —, sino el amor y el deber, el sentido de responsabilidad, la obediencia libre a una norma ética.

De ahí que en el noviazgo no sea lícito identificar amor humano e intimidad sexual, aunque sean cosas relacionadas. Lo mismo que, para los ya esposos, puede y debe seguir existiendo el amor, aun cuando las relaciones conyugales—por los motivos que sean—estén impedidas. El amor, más allá de la atracción, de la satisfacción o de la instintividad, es una decisión moral.

En el fondo, si parece a veces plantearse un conflicto entre amor y castidad, es porque no se reflexiona sobre el significado del amor humano. Tiene valor, pero no es el suyo un valor absoluto: en su nombre no se justifican acciones que vayan contra el Amor, con mayúscula. Ni podría realmente llamarse amor lo que fuera causa de un grave daño espiritual: la muerte del alma, por el pecado grave, es la más terrible manifestación de desamor.

b) Fuera del legítimo matrimonio, es pecado mortal la búsqueda directa del placer sexual o la realización—total o parcial—de acciones que estén destinadas por su naturaleza, independientemente de la intención del hombre, a la transmisión de la vida. Y esto, aunque—por las razones que sean—se sepa que no llegara la concepción, y aunque la intención no sea ofender a Dios sino manifestar cariño. Hay una “inseparable conexión, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal el significado unitivo y el significado procreador” (Humanae vitae, n. 12).

No se puede querer un elemento impidiendo el otro, porque esta en juego algo muy profundo: la esencia de un acto, que trasciende todas las técnicas, todos los resultados y todas las intenciones. Un hombre es un hombre, aunque este dormido o loco o paralítico; el acto conyugal es algo que tiene sentido y licitud únicamente donde sus dos significados pueden desarrollarse plenamente: en el matrimonio. “Usar de este don divino destruyendo su significado y finalidad aunque solo sea parcialmente es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer, y sus más intimas relaciones, y por lo mismo es contradecir también el plan de Dios y su voluntad” (ibid.) aunque no se le quisiera ofender.

“Queremos reiterar lo que siempre afirmo la Iglesia acerca de las relaciones sexuales prematrimoniales, sentidas hoy por muchos jóvenes como un preámbulo natural o aun conveniente del matrimonio que lo verdadera preparación matrimonial es la pureza, el respeto mutuo, el dominio esforzado sobre la natural impaciencia de la pasión, el afán nobilísimo de situar el centro de gravedad de la relación por encima de los sentidos. Solo puede entregarse el cuerpo cuando con el se entrega la vida entera en el compromiso indisoluble, social, sacramental del matrimonio. Solo entonces, dentro de esta comunidad definitiva de amor en la sociedad y en la Iglesia, es santa la entrega de los cuerpos antes, no puede ser sino una ambigua anticipación, abierta a los engaños, las amarguras y frustraciones que la experiencia muestra donde quiera que se ha resquebrajado el orden verdadero del amor cristiano” (Matrimonio y Divorcio, Declaración del comisión permanente del Episcopado de Chile, 6-11-71, n. 51).

De todos modos, aclarado ese punto, puede seguir flotando una duda: ¿hasta donde se puede llegar en las manifestaciones de afecto?

A grandes trazas, y sin entrar en casuísticas antipáticas, podríamos fijar unos criterios 1. No deben ser cosas que, en el fondo de la conciencia, tengan un timbre de lujuria, de bajeza, de egoísmo o de clandestinidad se puede llegar—suele decir Monseñor Escrivá de Balaguer cuando se refiere a este tema, en conversaciones con gente joven—hasta donde se llegaría en presencia de la propia madre. 2. Nunca deben suscitar directamente ninguna de las manifestaciones corporales que son propias de la intimidad conyugal 3. A la hora de la responsabilidad moral, no puede prescindirse de lo que pase en la conciencia del otro, porque los novios son dos. Una intencion afectuosa, si es imprudente, puede ser la causa de un pecado. 4. Siempre debe quedar tal limpia transparencia, que no se enfrié la vida de piedad sentida ni parezca haberse levantado un muro entre el alma y Dios.

II) Los peligros de la ocasión. Puestos a extremar las cosas, alguna podría pensar que en esta materia el mismo noviazgo es ya un peligro. Bajo cierto aspecto es verdad, pero no se puede cerrar ahí la discusión, porque en el fondo no se ha hecho más que recordar una verdad de Perogrullo que los novios son criaturas humanas.

Es cierto que el noviazgo lleva consigo una serie de circunstancias que podrian ser consideradas ocasión de pecado, en sentido moral: el cariño y la necesidad de manifestarlo; la oportunidad de estar juntos con frecuencia; la familiaridad, etc. Pero no es posible tratar de evitar esas cosas equivaldría a suprimir el noviazgo, con todas sus características.

Aun a riesgo de que el planteamiento parezca simplista, el problema práctico puede reducirse a pocos puntos bien concretos. Cuando hay un fondo de rectitud y de buena voluntad, muchas victorias y muchas derrotas espirituales dependen de que se hayan sabido evitar o no tres ocasiones peligrosas: la soledad, la oscuridad y el coche. Asi de sencillo.

Claro que el noviazgo requiere momentos de intimidad, para cambiar impresiones y confidencias nobles, y para empezar a entrenarse en el nosotros y el mundo, pero intimidad no quiere decir soledad, absoluta o con cómplices alrededor. No se trata de entrar en detalles. Doy por sentado que los novios son lo suficientemente crecidos como para detectar por si mismos, con la ayuda de Dios y de su Ángel Custodio, cuando se presentan esas situaciones que ponen el alma en peligro inmediato. Si ellos no saben huir y así guardarse, no habrá nadie en la tierra que los guarde, porque la famosa carabina ya pasó a la historia, aunque siga figurando en el Diccionario de la Lengua.

III) Las concesiones ante la compasión o el chantaje. Sin necesidad de afrontar el fondo del problema, basta recordar que hay diferencias en el modo de ser masculino y femenino. Entre hombre y mujer se abre con frecuencia la laguna de la ignorancia o de la duda sobre la interioridad del otro, en su sentido más amplio. Cada uno sabe lo suyo, aunque sea con bastantes aproximaciones; y cada uno se ve obligado a fiarse, para saber lo que el otro vive, por lo que el otro dice. Luego, andando el tiempo y creciendo la experiencia, no hará falta hablar, y no será fácil disimular la realidad. Pero en el noviazgo todavía no se ha llegado a ese punto, y no han perdido eficacia las palabras mentirosas.

No necesariamente, pero en este aspecto la chica suele ser la engañada, si es ingenua y no esta atenta. Un clima de opinión bastante extendido puede contribuir a hacerle creer que el mandamiento de la pureza tiene distinta vigencia para el hombre y para la mujer; y si, además, ha tenido que bajar aprisa y corriendo de las nubes rosas del romanticismo, lo que no conseguiría una tentación descarada lo consigue la compasión, o el respeto humano, o el miedo de parecer anticuada. Digamos solo que ha de reaccionar con prontitud, para no dar ocasión a la pasión, y con fortaleza.

Hay momentos, incluso, en los que se impone el romper, si no hacerlo llevarla necesariamente a ofender a Dios o si se exigen pruebas de la autenticidad del cariño —pecados graves—, como condición para continuar las relaciones. “Quien ama al padre o a la madre mas que a mi, no es digno de mi, y quien ama al hijo o a la hija mas que a mi, no es digno de mi. (Mt. 10, 37-38).

A MODO DE RESUMEN

Advertíamos al principio que no era posible abarcar todo el tema del noviazgo en el ámbito de este artículo. Diremos ahora que si existe la manera de hacer un resumen de toda la actitud de los interesados: el noviazgo no se puede vivir cristianamente, si no se vive cristianamente fuera y al margen del noviazgo. Es ilusorio pensar en unas recetas espirituales delimitadas y especificas.

La receta esta en lo de siempre: la vida de oración, la frecuencia de sacramentos, la mortificación habitual, el afán por cumplir siempre y en todo la voluntad de Dios—aunque haya fallos y caídas—, la devoción filial a la Virgen, y tantas otras cosas, indispensables en la vida cristiana. No son un lujo ni asuntos para uso libre de quien les tenga afición. Quizás a veces pueden pasar meses y aun años sin que se note el estado de desnutrición espiritual del alma que prescinde de esos medios sobrenaturales, pero hay momentos en los que la debilidad de la vida del espíritu aparece con toda su trágica agudeza de ordinario, cuando se ha de hacer frente a nuevas dificultades o a situaciones más complejas que las habituales. Es el caso del noviazgo, como será luego el caso del matrimonio o—todavía mas adelante—la paternidad y la educación de los hijos.

Tratemos sinceramente de amar a Dios sobre todas las cosas, de mantenernos en su presencia, como los enamorados dirigen continuamente su pensamiento a la persona que aman, y todas nuestras acciones—aun las más pequeñas—se llenaran de eficacia espiritual. Por eso, cuando un cristiano se mete por este camino del trato ininterrumpido con el Señor—y es un camino para todos, no una senda para privilegiados—, la vida interior crece, segura y firme; y se afianza en el hombre esa lucha, amable y exigente a la vez, por realizar hasta el fondo la voluntad de Dios” (J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, Madrid 1973, n. 119).
José Luis Soria

 

 

Feminismo y feminismo católico

Blanca Mijares
12 marzo 2018

El feminismo que todos conocemos tiene su valor y sentido en el momento de su aparición. Gracias a sus móviles políticos, las mujeres obtuvimos el derecho de participar en la vida nacional y el derecho al voto tras una ardua lucha que hay que reconocerles y agradecerles. Gracias al movimiento feminista se reconoció la rica personalidad femenina y su valiosa aportación a la convivencia en el ámbito cultural, social y político.

Pero, mi duda era si dentro del catolicismos se da una verdadera subyugación de la mujer como se dice o si se le reconoce en su igual dignidad con el hombre y si es así, desde cuando, así que me puse a investigar y descubrí que la primera y más antigua narración conocida hasta ahora sobre la dignidad y la igualdad entre los sexos y su complementariedad, se encuentra precisamente en la Biblia, en el Génesis, que es donde se describe la aparición del ser humano sobre la tierra. El hombre y la mujer irrumpen juntos en la historia en plena igualdad, tanto que se designan con el mismo nombre, en masculino y en femenino (is-issah). Y no sólo eso sino que Dios los creó a imagen y semejanza de Él y los bendijo con el don de la fertilidad y de la administración de la creación, “por igual”.

Aún en el segundo relato sobre la creación del ser humano, que podría confundir, al narrar como la mujer es creada de una costilla del hombre, si se entiende el estilo semita, se comprende que ambos están llamados a ser una misma carne y que al seguir siendo asignados con el mismo nombre (is-issah), se les sigue reconociendo iguales y tan sólo complementarios en lo que tienen de femenino y masculino, por sus diferencias sexuales, que embonan perfectamente en todos los sentidos. Un sexo tiene sentido en la medida que es para el otro y viceversa. .

Por lo tanto, se puede afirmar que no hay páginas más feministas en la literatura universal que estas. En cualquier lengua varón y mujer se designan de diferente forma, la Biblia es el único lugar en donde se consideran iguales, por eso se mencionan con el mismo vocablo, con la única diferencia de género.

He descubierto que la visión sobre el matrimonio de algunas personas es pobre porque lo reducen a una “lucha de poder”, premisa de la ideología marxista, que ha probado su ineficacia ampliamente y ha llevado a muchos matrimonios al fracaso, por eso, debería ser asunto del pasado histórico.

El matrimonio y la familia se deben de fundar en el amor entre el varón y la mujer y su naturaleza complementaria -desde el ámbito biológico, emotivo y espiritual-. Es un sometimiento mutuo de los cónyuges, consentido libremente, por el deseo de ser un bien para el otro, al que se le considera valioso y al que se le elige para formar una familia y compartir un proyecto biográfico compartido, basado en la mutua ayuda.

Por otro lado, he notado que se hace mucho uso de las estadísticas, en ciencias como la sociología y la demografía, para explicar la realidad. Pero, es un método muy riesgoso porque, los números sólo muestran una parte de la realidad que por sí sola no explica nada. Esa realidad siempre tendrá unas causas que la motivaron y que es lo que vale la pena estudiar. No se pude partir de las historias de fracaso o de enfermedad para hacer generalizaciones, caeríamos en el error de Freud, que partiendo de los casos patológicos generalizo sus hallazgos a las personas sanas, que son la mayoría. El procedimiento es exactamente a la inversa, como lo realizan los médicos: se parte de la salud, que se estudia a profundidad. Se describe la mejor forma de ser y estar, y entonces, se avalúan las diversas formas en las que se manifiesta esa realidad dentro de la naturaleza y la cultura y se evalúan según su cercanía a ese ideal del ser, qué será el que mejor cumpla con sus funciones y más plenamente realice y acerque a la persona a su perfección y a su fin trascendente.

Para afirmar la postura cristiana sólo hay que leer a San Pablo: “Los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama y nadie aborrece jamás su propio cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne”. Existen muchos matrimonios cristianos profundamente felices, siguiendo lo que el magisterio enseña sobre el matrimonio y la familia. No es un camino fácil, pero si muy gratificante, que además, da sentido al vivir y nos perfecciona y enriquece a través del ser compartido.

Como afirmó Pablo VI: “En el cristianismo, más que en cualquier otra religión, la mujer tiene desde los orígenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio (…) la mujer está llamada a formar parte de la estructura viva y operante del Cristianismo de un modo tan prominente que acaso no se hayan todavía puesto en evidencia todas sus virtualidades”.

En la Carta Apostólica de Juan Pablo II “Mulieris dignitatem”, el Papa reasume el pensamiento de la Iglesia sobre la dignidad de la mujer y su relevante puesto que ha de ocupar en la vida social, al tiempo que reclama su paridad y distinción de papeles en relación al hombre, tanto dentro del matrimonio, como fuera del ámbito familiar. Les recomiendo la lean detenidamente.

Pero, también descubrí con mucho dolor que la lucha que han tenido que emprender las feministas ha dejado en ellas dos heridas que es preciso sanar: 1. Una susceptibilidad exagerada en la defensa de sus derechos que en muchas ocasiones llega a lastimar y/o olvidar los derechos de otros. Y 2. El acercamiento y mimetismo al ser masculino, que la empobrece.

Estas dos deficiencias deben de ser superadas para que varón y mujer se descubran como ámbitos de interacción amorosa y enriquecedora. Por eso, es importante la diferencia entre el varón y la mujer porque es la que enriquece y les complementa. De la competencia por el poder que no lleva a nada, hay que pasar a la convergencia, a la creación de sinergias para el logro de una vida en común-unidad amorosa. En el matrimonio y en la familia varón y mujer aportan lo que le es más propio, se enriquecen mutuamente, colaboran en igualdad y realizan funciones complementarias, según la naturaleza y sensibilidad de cada uno, sin competencia y sin mimetismo alguno. Siendo cada uno lo que es.

La mujer por su propia naturaleza lleva consigo la maternidad como potencia inscrita en su ser y por lo tanto, posee un lugar privilegiado para la formación de una familia y de una sociedad. Características que no se oponen a su presencia en los diversos campos de la vida social, sino que le ofrece gran cantidad de posibilidades riquísimas que ofrecer.

Subordinar la maternidad y la vida familiar a la vida social y laboral, es un terrible error que han cometidos muchas mujeres en aras de su “liberación”, que más bien ha sido una liberación para los hombres, y en aras de su masculinización; privándolas del amor y la riqueza que les permite su ser femenino: de un esposo y una familia. Es necesario encontrar un equilibrio entre ambos ámbitos y para eso es, necesario el trabajo conjunto y ordenado entre los cónyuges para que ambos logren el balance entre trabajo y hogar. No es una labor fácil pero, si es una labor que las madres podemos trabajar con nuestros hijos e hijas para que se revalore al matrimonio y a la familia desde todos los ámbitos.

Es muy diferente el caso de la mujer que renuncia a la vida matrimonial y familiar por razones nobles y/o de vocación. Sin que esto la exima de llevar una vida casta y ejemplar, según su dignidad de hija de Dios, de ser Templo del Espíritu Santo.

No perdamos nuestro ser femenino que hace más humano y vivible cualquier ambiente: nuestra delicadeza para los detalles, la ternura ante el pequeño ser, nuestra generosidad que nos hacer más amables, la realización de lo concreto, nuestro sexto sentido para descubrir los sentimientos más íntimos del otro, nuestra fe profunda, nuestra tenacidad ante la adversidad, el amor por los nuestros, la atención de los más necesitados, nuestro cariño por las tradiciones, nuestra fortaleza, nuestra coquetería natural, etc. No tengamos miedo a vernos y ser bonitas por dentro y por fuera.

La mujer para cumplir su misión ha de desarrollar su propia personalidad. Una mujer bien formada, con autonomía personal, con autenticidad, realizará eficazmente su labor, la misión a la que se siente llamada. Su vida y su trabajo serán constructivos y fecundos, llenos de sentido, ya sea en el matrimonio y la familia, o renunciando a ellos por razones nobles; la mujer que es fiel a su vocación humana y divina se realiza plenamente. (San Josemaría Escrivá de Balaguer)

SOBRE LA FAMILIA DESCUBRÍ EN CONTRA DE LO QUE SE DICE QUE:

La familia “si” es una institución natural –la más natural de las instituciones-, porque su fundación, originada en la atracción, conocimiento y voluntad de los cónyuges, en la que se comprometen su amor generoso de por vida, para constituir una misma carne, por su misma naturaleza, engendra a los hijos. Por lo tanto, la consanguinidad permite gritar de verdad las voces: “madre”, “padre”, “hijo”, “hija”, “hermano” y “hermana”. Ser familia es pertenecer a una misma estirpe, compartir una misma sangre.

La familia es el único ámbito humano en el que cada uno de sus miembros es querido y valorado por sí mismo y por lo que representa: la familia se rige por la ley de la gratuidad, del amor. No de la justicia o del beneficio y mucho menos la lucha de poder, que es la causa de no pocos fracasos matrimoniales. A la familia va asociado el término hogar, pero no lo suple como algunos quieren hacerlo. “Hogar” es el sitio donde “se prende el fuego”. Y en torno al fuego, se enciende la unión de las personas que forman la familia y se inflama el calor del amor entre sus miembros. La familia y el matrimonio participan del mismo hogar, de la misma mesa, del mismo fuego, del mismo techo. La casa es el espacio donde la unidad familiar vive y con-vive bajo el mismo techo, es el lugar donde se reúnen y por lo tanto, ha de ser un lugar digno y apropiado a las necesidades de intimidad y convivencia familiares, que favorezca un clima humano, un clima familiar, un clima de hogar.

Sobre la historia de la familia: Ya Aristóteles, en la ética a Nicodemo, destaca el aspecto visceral en el origen de la familia: “La afección entre personas de una misma familia, aun revistiendo muchas formas, deriva toda entera de la relación que existe entre padre e hijos. Los padres quieren a sus hijos como una parte de sí mismos, en cuanto de ellos han recibido lo que son (…). Los padres aman, pues, a sus hijos como a sí mismos; por haber sido los hijos arrancados de ellos, son como encarnaciones de la persona de los padres (…). Los sentimientos recíprocos de los hermanos se explican por esta comunidad de origen. Este origen común es precisamente lo que inspira entre ellos estos sentimientos idénticos (…). Los miembros de la familia son compañeros de mesa y fogón”, es decir de una atmósfera agradable de convivencia amorosa alrededor del fuego del hogar es lo normal dentro de una familia funcional, desde antes de Cristo.

También el pensamiento romano ensalzaba el valor de la familia, a pesar de su deterioro social, Cicerón afirmaba que la familia era “el principio de la ciudad y el seminario de la república”, puesto que de la familia salían los mejores ciudadanos, aún con la corrupción que aquejaba a la familia de su tiempo.

Esta realidad es lo que hace que la familia sea valorada por todas las instancias sociales de mayor rango, así: La Declaración Universal de los Derechos Humanos, afirma: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene el derecho a la protección de la sociedad y del Estado” (a. 16, 3)

Descubrí que este lugar privilegiado que ocupa la familia no se debe sólo a la influencia cristiana, sino a una interpretación espontánea y común a todas las culturas, de forma que cuanto más primitivas –tal como se revela en los pueblos africanos y orientales-, más reflejan estos rasgos viscerales del concepto de familia. La familia pertenece al patrimonio más original y sagrado de la humanidad.

A este aprecio cultural de la familia, la concepción cristiana la engrandece a partir de dos nuevos elementos: la idea bíblica de haber sido creados varón y mujer a imagen y semejanza de Dios, y la grandeza del Sacramento del matrimonio, del cual se origina la familia. Para la iglesia católica la familia es: una comunidad de vida y amor. Es la llamada al hombre y a la mujer a vivir en comunión de amor, cuya misión es custodiar, revelar y comunicar el amor. La familia es una comunidad de personas llamadas a vivir y a existir en comunión. Es una imagen y una representación histórica del misterio de la Iglesia, es la Iglesia Doméstica. Es el lugar privilegiado donde se realiza esa unión del despertar religioso. La familia es la verdadera ecología humana. Es el espacio primero de la humanización del hombre. Es un verdadero sujeto social. Es un lugar de libertad. No entiendo porque atacan esta concepción del hombre, del matrimonio y de la familia que lo único que hace es engrandecerlos y otorgarles una dignidad sobrenatural.

“La familia es la primera sociedad natural, la célula primera y fundamental de la sociedad. Desempeña en la sociedad una función análoga a la que la célula realiza en un organismo viviente. A la familia está ligado el desarrollo y la calidad ética de la sociedad.

La familia es, en verdad, el fundamento de la sociedad”. Dado que la familia ocupa un lugar destacado en la vida personal y social debe ser reconocida y protegida por los Estados; derecho reconocido por la Declaración de las Naciones Unidas; por lo que Juan Pablo II editó La Carta Magna de los Derechos de la Familia (1983). En ella se contienen los derechos fundamentales inherentes a esta sociedad natural y universal que es la familia. Los derechos enunciados en la Carta están impresos en la conciencia del ser humano y en los valores comunes a toda la humanidad y la sociedad está llamada a defenderlos contra toda violación, a respetarlos y a promoverlos en la integridad de su contenido que se abrevia enseguida: 1. Derecho a contraer matrimonio y formar una familia. 2. Las “libertades” en el matrimonio, como elegirse mutuamente con libertad. 3. La paternidad responsable corresponde exclusivamente a los esposos. 4. El respeto a la vida, que ha de ser protegida desde la concepción. 5. El derecho originario, primero e inalienable de los padres a la educación de sus hijos. 6. Derecho a existir y progresar como familia. 7. Derecho a la libertad religiosa. 8. Derecho a ejercer una función social y política en la construcción de la sociedad. 9. Derecho a que exista una política familiar. –No una política con perspectiva de género disfrazada de perspectiva de familia-. 10. Derecho a que la vida laboral favorezca una convivencia familiar digna. 11. Derecho a una vivienda digna. 12. Derechos de la familia de los emigrantes. Ojala también la lean y estudien con detenimiento, sobre todo lo que respecta a las políticas familiares.

SOBRE EL MATRIMONIO DESCUBRÍ QUE:

“El matrimonio es la alianza matrimonial en la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole y se considera sacramento entre los bautizados”. Es una definición bien clara, que acota perfectamente la realidad del matrimonio por eso, no es adecuado querer usar ese término en realidades diversas. Sería comparable a una persona que va al Notario para realizar un contrato de compra-venta pero, cuya intención es, de antemano, la de no traspasar la propiedad al comprador… ¡sería un fraude! Lo mismo pasa con las otras realidades a las que se les quiere asignar el término de matrimonio, acaban siendo un fraude por que no cumplen con las características esenciales del contrato de matrimonio y con el tiempo, invariablemente, acaban fracasando.

El matrimonio lo produce el consentimiento de las partes legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles, consentimiento que ningún poder humano puede suplir. Consentimiento que es un acto de voluntad, por el cual varón y mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable, para formar una familia. Quien quiera otra cosa, que le llame como quiera, pero que no le llame matrimonio porque no lo es. Por ejemplo, aunque todos nos pongamos de acuerdo para llamar delfines a las ballenas, ninguna de las dos realidades transformaría su naturaleza para adecuarse al cambio de nombre, que sólo crearía confusiones entre los que quisieran estudiarlos o simplemente referirse a ellos.

El matrimonio es una institución natural porque se fundamenta en la misma naturaleza, sexualmente diferente del ser humano: la realidad de hombre y de mujer llevan en su propia estructura somática y psíquica la categoría de mutua relación y de complementariedad. El matrimonio es la institución más natural dado a que goza al menos de estas tres prerrogativas originarias, grabadas en su propio ser: a) brota de los mismos genes, en los que se configura el carácter masculino o femenino del nuevo ser desde la concepción; b) se configura más tarde con las diferencias genitales que se acoplan perfectamente y permiten más adelante manifestar la unidad que son los cónyuges; c) se da una atracción fortísima entre los dos sexos que abarca no sólo la genitalidad, sino lo más específico del ser humano, lo que le es propio por su espiritualidad, el amor, es decir, un movimiento unitivo que abarca todo su ser que le permite abrir su intimidad al otro y entrar a la intimidad del otro, es conocerse, valorarse, respetarse y con todo el ser y la afectividad darse y acogerse mutuamente, desde lo más íntimo, hasta lo más periférico de la corporalidad, aquí y ahora y para siempre. Por eso, los enamorados acaban casándose, comprometiendo su amor, es la consecuencia natural de todo proceso amoroso aquí y en China.

Todo intento de superar la categoría de “matrimonio” por el de “pareja” tiene en contra la realidad e indica un deslizamiento hacia el zoologismo. Los hombres no se aparejan, se descubren en su valor, en su unicidad, en su irrepetibilidad, en su evolución constante, se eligen, se unen personalmente, para realizar un proyecto biográfico compartido y continuado motivado por el amor y para el amor a Dios, a los hombres, a la familia y al cónyuge.

La radicalidad antropológica del matrimonio explica que no es un simple hecho social, ni cultural, sino una realidad común a todos los seres humanos y asimismo un fenómeno universal, por cuanto traspasa el tiempo y se encuentra en las más diversas culturas. Lo único que es cambiable son los modos de iniciarse (ritos, ceremonias, etc.) e incluso la forma concreta de vivirse, pero la sustantividad del matrimonio, como unión estable de un hombre y una mujer, es común y universal en todas las culturas y épocas.

El matrimonio demanda estabilidad, el seguir la misma suerte, porque en el matrimonio verdadero hombre y mujer se entregan en totalidad, se dan en su propia persona, con todo su haber y posibilidades de futuro. La mujer entrega su feminidad y el varón su masculinidad, entregan lo que son, no lo que tienen o lo que quieren, por eso, el estado matrimonial se expresa en términos de “ser” y no de “estar”, pues el matrimonio configura el ser y el vivir de la persona.

El amante no desea que su esposo/a comparta con otro/a lo que tienen entre sí, ese mundo único creado por ellos y sólo para ellos, eso se llama unidad, el amor exige la fidelidad, el hecho de ser uno para una y viceversa y por siempre, sin excepciones, sin condiciones. Por eso, la poligamia y la poliandria son injustas para el que tiene que compartir al que ama. Y la infidelidad genera sentimientos tan fuertes de dolor, porque quien debería de amar incondicionalmente ha traicionado a quien forma parte de su propio ser.

Unidad e indisolubilidad se incluyen mutuamente y constituyen propiedades esenciales del matrimonio.

El matrimonio es uno, porque los cónyuges sólo pueden entregarse en su ser una sola vez, incluso hay países en los que hay concordatos entre Iglesia y Estado como era el caso de España –que se acabó con la introducción de la posibilidad de divorcio por el Estado-, donde la Iglesia reconocía los matrimonios realizados con la forma civil y el Estado reconocía los realizados con forma canónica. Pero, actualmente, algunas personas prefieren casarse sólo por lo civil porque reconocen en él la posibilidad de un divorcio futuro, por cualquier razón, y por lo tanto, no es verdadero matrimonio, en cambio, quienes se casan por la Iglesia tienen la intención de amarse y respetarse toda la vida, con todo lo que eso implique.

El divorcio devuelve ficticiamente su estado de soltería a los cónyuges, como si ese trenzado biográfico, que ya no se puede deshacer, nunca hubiera existido y sobre él, les da la posibilidad de volverse a casar, de formar una nueva trenza sobre la anterior. Es una forma de legalizar el adulterio, es una injusticia para los cónyuges y para sus hijos, que tienen derecho a gozar de un ambiente de amor y acogida dentro de su hogar, que les ayude y permita crecer como personas a lo largo de su biografía.

La separación matrimonial es cuando de hecho o por sentencia, dos esposos se separan de cohabitación y lecho, por razones graves, con la posibilidad de una reconciliación futura, si la causa de la separación se logra superar.

La declaración de nulidad, que puede ser civil o canónica, consiste en declarar que nunca existió matrimonio porque en el momento de la fundación del mismo faltaron elementos esenciales para su formación. Por ejemplo, la falta de libertad del muchacho que se casa porque tiene junto al suegro que le amenaza con una escopeta o el que tras una noche de copas amanece casado, o el que no está bien de sus facultades mentales para asumir las responsabilidades derivadas del compromiso matrimonial.

El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes. A pesar de que la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad, existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza y sacralidad de la unión matrimonial.

PERO LO MÁS IMPORTANTE QUE DESCUBRÍ AL COMPARAR EL FEMINISMO COMÚN Y EL CATÓLICO ES LA VISIÓN QUE TIENE LA IGLESIA DE LA PERSONA HUMANA:

Descubrí que para un manejo adecuado de cualquier tema que incumba a la vida humana, es necesaria una visión cristiana del ser humano, ya que el resultado de este saber es el asombro ante la grandeza y dignidad de la persona humana y por lo tanto, es garantía de respeto y de promoción de la misma.

Ya desde la antigüedad la filosofía antigua destaca la diferencia del hombre frente a los demás seres: los griegos le definen por el “logos”: el hombre es un animal racional, por lo que la diferencia frente al animal es tal, que Séneca lo califica de “res sacra” (cosa sagrada).

Por parte, la Revelación, que se abre con la creación del hombre a “imagen y semejanza de Dios” (Gen 1, 26) y culmina con la venida de Jesucristo redentor y nuestra incorporación por el Bautismo al mismo Cristo, que nos muestra como hemos sido elevados a un grado sobrenatural de “hijos de Dios” y de nuestra participación de la misma naturaleza Divina (2 Petr 1,4). En la teología paulina, el bautizado se sitúa en un orden de naturaleza y de existencia nuevas: es otro Cristo, dado que está “injertado” en la persona de Jesús (Rom 6,5).

Descubrí que existe una íntima relación entre la concepción del hombre y la doctrina ética, de forma que el contenido moral que se ofrezca depende del concepto que se tenga del hombre. Una sana filosófica, de la que se derive una ética filosófica, debe fundamentarse en una antropología que profese al menos las siguientes realidades:

1. El hombre es un ser que tiene alma. La existencia del espíritu marca una censura ontológica entre el hombre y los demás seres. No hay punto de comparación. El espíritu permite al ser humano el uso de la inteligencia, la decisión de la voluntad libre y desarrollar la riqueza de la vida afectivo-sentimental. Razón, voluntad y sentimientos son factores que desempeñan un papel decisivo en el comportamiento moral. Del espíritu brota la libertad y la conciencia, sin las cuales resulta fácil explicar al acto moral. Hombre y mujer son iguales en dignidad y la diferencia sexual en masculino y femenino sólo nos muestra que uno es para el otro y viceversa.

2. Existe una unidad radical de la persona humana. La dualidad cuerpo-alma constituye la unidad más profunda de la persona humana, de forma que no cabe hablar de alma más que por referencia al cuerpo y de éste en relación al alma. Esta unidad es tal, que, no debe hablarse de compuesto de cuerpo y alma, sino de unidad del ser mismo de la persona, pues el alma, si no es animadora de un cuerpo, se llamaría espíritu y de modo semejante el cuerpo sin alma se denominaría cadáver. Es una tesis de la filosofía Tomista que explicó tal unidad con la categoría de “materia y forma”. Por eso, es falso cuando alguien afirma que al tener relaciones sexuales pone su cuerpo, pero no se pone él, no hay forma que eso suceda. Al ser espiritual y corpóreo se le atribuye el bien y el mal morales.

3. El hombre es un ser inclinado al mal. Esta nota antropológica tiene una explicación más coherente en el cristianismo que profesa la verdad acerca del pecado original. La herida de origen, como subraya santo Tomás, condiciona la actividad moral (Sum Teolog. I-II, q. 109, a. 3). Pero también ha de ser tenida en cuenta en cualquier otra concepción del hombre. Es preciso eliminar el concepto rousseauniano de la persona, pero, también el pesimismo antropológico, como si el hombre fuese una perversidad constitutiva inevitable. La fe en el pecado original supone que la persona es capaz de alcanzar metas muy altas de heroísmo, pero también advierte que puede cometer las mayores villanías. Olvidar este dato antropológico equivale a negar los conceptos del bien y del mal que están en la base de cualquier concepción ética.

4. Igualdad y diferencia entre hombre y mujer. Es un dato reconquistado por la antropología moderna, porque es lo que afirma el capítulo primero del Génesis: las dos narraciones bíblicas proponen la igualdad entre varón y mujer. Esa igualdad es total, incluso filosóficamente. Pero, dentro de esa igualdad radical, existe la posibilidad de una complementación mutua.

5. El hombre es un ser social. Ya Aristóteles argumentaba que mientras que el animal vive en rebaño o en manada, sólo el hombre vive en sociedad. Por ello, enseña que la socialidad brota de la propia estructura del ser humano y no se origina sólo por motivos útiles para subsistir. El hombre vive y con-vive, de forma que ser hombre equivale a saber que no es un accidente puntual en la naturaleza, sino que es co-hombre, un co-ser. De la socialidad del hombre derivan en buena medida las exigencias sociales y políticas de la fe.

6. El hombre es un ser histórico. El hombre vive en el tiempo, tiene historia y él mismo es historia. Por eso, la antropología ha de saber introducir el tiempo y la historia en la biografía ontológica del ser humano, para poder hacer una recta interpretación de la historicidad y poder juzgar las sensibilidades y las valoraciones éticas de cada época.

7. El hombre es un ser ético. El mismo Aristóteles sitúa una diferencia radical entre el hombre y el animal, precisamente en el comportamiento ético: el hombre es y practica una moral; el animal no, que solo se guía por el instinto. Por eso añade: “El hombre es el mejor de los animales cuando se conduce éticamente y el peor de todos cuando prescinde de la ética” (Política I, 1 1253 a-b). Por otra parte, en la primera narración del estado original se habla del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gen 2,9; 3,1-19). De ahí la grandeza de la persona cuando empeña su existencia por la ruta del bien.

8. El hombre es un ser abierto a la trascendencia. Esas cualidades específicas del hombre hacen que su existencia no se entienda plegada sobre sí mismo, sino que es un ser abierto a la realidad. Su yo hace referencia a la alteridad con otros seres y se comunica con los demás iguales a él. Pero sobre todo, está abierto a otro ser superior a él, por el cual se siente íntimamente llamado. La apertura a Dios, a la trascendencia, ha de considerarse como una nota fundamental en la concepción de la persona humana, que deberían de tener investigadores e investigadoras de las realidades humanas. Ya que, esta nota es imprescindible y es la que da el verdadero sentido a todas las demás características aquí enunciadas. Tomas de Aquino afirma que esa dependencia natural de Dios hace que, por inclinación natural, el hombre goza de una disposición natural para amar a Dios antes que amarse a sí mismo (Sum. Teológ. I, q. 60, a. 5). Si bien esa inclinación quedo atenuada por el pecado original (I-II, q. 109, a. 3).

9. La antropología sobrenatural. La gracia sobrenatural es la participación en la vida divina que se alcanza mediante la acción salvadora de Jesucristo: por el Bautismo, los cristianos “están incorporados a Él” (Rom 6,5). Ello conlleva a “participar de la vida divina”; supone un nuevo nacimiento, por el cual se llega a ser hijos de Dios, pues el bautizado ha nacido en Dios. Por este nuevo nacimiento, el creyente participa de la misma vida de Cristo; se configura en Él, está revestido de Cristo e injertado en Cristo, por eso vive en El, es una nueva criatura, es un hombre nuevo y en consecuencia, los cristianos tenemos que ser imitadores de Dios, como hijos queridos y vivir en el amor, por amor y para el amor. Estamos obligados a llevar una vida nueva y una existencia digna del Evangelio. Al final de esta transformación en Cristo como señala San Pablo: “Ya no soy yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20). Expresión que señala la grandeza de la antropología cristiana y la altura de la moral exigida a los Cristianos.

 

TV… INTERNET: NIÑOS Y NO TAN NIÑOS


Ing., José Joaquín Camacho                      

 Siglo 21, 10 marzo 2018

    Estuve en unas conversaciones sobre el influjo de la TV e internet  en niños y  otros.  Parten de que, la poca oferta de programas para niños en la television, provoca que éstos vean programas no aptos para su edad. Y no hay que olvidar que según un reciente estudio, los niños pasan diariamente 4 horas y media viendo programas en la televisión.
    De hecho, la población infantil ve abundante TV en todo el mundo, Y esto
implica que el tiempo que destinan a otras actividades recreativas disminuye, lo que repercute en ellos de manera negativa. Además, la mayoría de niños entre 4 y 12 años ven programas que no son apropiados para su edad.  Es importante para los padres dedicar tiempo para saber qué están consumiendo los hijos.
    Y  no sólo es tema de la televisión, sino de Internet; porque según el informe Kids TV Report, cuando un niño  cumple doce años ha estado más de un año viendo la televisión y dispositivos de internet.
En otra línea conexa, una encuesta en Estados Unidos (ZENIT.org) mostraba que los padres están muy preocupados por lo que sus hijos ven en televisión. Más del 80% de los encuestados quieren que los medios de comunicación, controlen su contenido en violencia, sexo, consumo de drogas, palabras groseras. El 90% de los padres tienen reglas caseras para la televisión; pero  hacían un llamamiento  a los medios de comunicación para que ayuden a proteger a sus hijos, Y opinan que esos medios pueden y deben hacer más.
Sin duda los modernos medios de comunicación, televisión incluida, han contribuido  a un mayor desarrollo de jóvenes y menos jóvenes: sabemos mucho más. Aunque también basta ver con ojos críticos algunos programas, mirando los valores que transmiten, para matizar lo anterior.
Porque esos medios no pueden olvidan el peso que la televisión tiene en la formación de los jóvenes –de todos en realidad-, y consiguientemente influyen en la familia y en la sociedad. A esto contribuye el transmitir publicidad que explota y reclama los bajos instintos y exalta una visión falseada de la vida; lo que obstaculiza el mutuo respeto, la justicia y la paz; o al presentar como normales situaciones familiares escabrosas, exaltando modelos de vida ajenos a los valores éticos sobre los que debe basarse la sociedad.
    Podemos concluir con unas valiosas opiniones del jefe de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón, que opina que ver la televisión no es dañino para los muchachos,  «siempre y cuando vean programas adecuados a su edad» «Lo que no se puede hacer nunca es abandonar al niño frente a la televisión para que no moleste».     
    Por otra parte, los psicólogos y pedagogos, se manifiestan más partidarios de «limitar» que «prohibir» “No hay que tenerle miedo a las nuevas tecnologías”. La contrariedad viene cuando el muchacho extravía el contacto con la realidad. Y esto es responsabilidad de todos…
    Ciertamente los padres deben tener conciencia clara de su obligación de foar los hábitos de los hijos. Cuando hacen uso prolongado de la televisión, como una especie de niñera electrónica, renuncian a su papel de educadores de sus hijos. Y no podrán  quejarse después de como les ha educado esa niñera...

 

La belleza de las desigualdades armónicas

Collar de perlas Gradue o chute

Hace muchos años leí una noticia de periódico que me dejó un poco sorprendido. Porque hace muchos, muchos años atrás, naturalmente, tenía una cierta inexperiencia de algunas cosas, y no atinaba con otras. Leí la historia de una princesa rusa que con ocasión de la revolución bolchevique logró escapar (de Rusia) llevando escondido sólo un collar enorme con magníficas perlas. Eran perlas que se llaman “chute”, – quiere decir, “en caída” – en que las menores atrás eran pequeñitas y luego iban creciendo, creciendo, iguales de los dos lados hasta llegar a un perla central enorme.

La belleza de este tipo de collar es que es muy difícil hacer una colección con perlas iguales de ambos lados y todas ellas teniendo ‒cada una en relación a la anterior y la posterior‒ la misma diferencia. Con perlas falsas, de fábrica, se hace con facilidad, incluso con las perlas cultivadas japonesas no es difícil. Pero la perla verdadera de Oriente; coger miles de perlas para escoger en medio de ellas las que constituyen una “chute” evidentemente es una cosa muy difícil. Sobre todo si todas las perlas son de la misma blancura, de la misma claridad, etc., etc. ¡Eso tiene un valor extraordinario!

Entonces contaba allí que la princesa ‒ella necesitaba vivir‒ fue a Suiza y tenía la esperanza de que el régimen comunista cayera pronto. Era una princesa aburguesada naturalmente, y esperaba que el comunismo cayera pronto.

Entonces ella buscó un joyero judío de la ciudad donde ella vivía y ella hacía así: iba cortando las perlas de dos en dos. Y cada vez, por ejemplo, 15 días, ella gastaba una perla. En un mes había gastado el producto de dos perlas. Ella vendía dos perlas y siempre al mismo joyero. Y el joyero pagaba perla por perla y pagaba el precio corriente, perla por perla.

Pero el joyero era muy sagaz, mucho mejor político que la princesa. Basta decir que era judío y la princesa no era. El resultado, él sabía que el comunismo no iba a caer y comprendió que el collar entero iba a parar en su mano.

Cuando la princesa vendió la última perla, la perla grande, él reconstituyó el collar, fue a un centro de joyeros grande de Suiza y vendió por una fábula, más caro de lo que había comprado. Entonces le acusaron de chantaje, de robo.

‒ “Usted explotó la inocencia, la falta de expediente comercial de esa señora”.

‒ “No, no exploté, fue un negocio que hicimos con base en la política. Ella tenía una opinión política y organizó la venta de su collar de acuerdo a su opinión. Yo tenía otra opinión política y organicé la compra en base a mi opinión. Si el comunismo hubiera caído, ella habría hecho un buen negocio, porque durante mucho tiempo salvó parte importante de su collar. Como el comunismo no caía quien hizo el buen negocio fui yo”.

La majestuosa rosa

Quedé medio intrigado. ¿Cómo el conjunto de las perlas puede valer tanto más que la suma de las perlas? Porque ese era el caso: sumadas todas las perlas no valía lo mismo que las perlas vendidas como colección.

Es precisamente por la extraordinaria rareza de encontrar las perlas que hicieran esa armonía. Aquí estaba lo principal, lo mejor, lo más artístico, y lo que valía más dinero y era donde el beneficio del joyero estaba. Él había pagado perla por perla por su verdadero valor, el conjunto valía mucho más que perla por perla. Esta es la belleza.

Una pequeña perla en el collar, ¿qué belleza hay en que esa perla sea pequeña? ¿No sería más bonito que ella fuera grande también? Los entendidos creen que esos collares así como el “chute”, “en caída”, son mucho más poéticos que de los collares en que todas las piedras son iguales y forman aquellas bolas iguales. Es intuitivo que es así

De manera que llegamos hasta esa paradoja: – un collar con 50 perlas armónicamente desiguales es un collar más bonito que un collar con 50 perlas iguales; incluso con 50 perlas iguales pero más grandes. Puede ser que valga más uno de 50 perlas iguales a las más grandes, pero como belleza artística el collar con perlas desiguales tiene una belleza artística mayor.

Entonces cuál es la belleza de la pequeña perla? La belleza de la pequeña perla en ese collar consiste exactamente en la desigualdad. Ella forma parte de un todo desigual armónico. En ese todo desigual armónico la belleza de ella es de ella ser exactamente tan pequeña que ella vaya bien después de una y tan grande que ella vaya bien después de la otra. Y en esa armonía, en ese trazo de unión que forma entre dos perlas de tamaño más violentamente desigual que está el pulchrum de ella. Es un pulchrum todo hecho de correlaciones.

Si lo aplicamos al universo que Dios creó, Santo Tomás de Aquino enseña exactamente eso. Y lo que los joyeros y los artistas piensan acerca de esos collares de perlas desiguales, es precisamente lo que Santo Tomás de Aquino enseña acerca del mundo.

Él enseña que Dios no podría haber creado todas las criaturas iguales, porque ninguna criatura tiene la posibilidad de reflejar adecuadamente la belleza de Dios, porque la criatura es limitada y Dios es infinito. Y para dar una idea de la belleza de Dios sería preciso que hubiera criaturas desiguales, cada una reflejando a Dios a su manera. Pero siendo desiguales, para reflejarlo tendría que formar una jerarquía, porque toda diferencia da en desigualdad. Donde el pulchrum de la jerarquía consiste en que la desigualdad armónica, sin saltos, sin desproporciones, sino una desigualdad proporcionada, por esa desigualdad armónica se afirma la belleza de Dios en la Tierra.

La pequeña miosotis

Entonces, por ejemplo, en el reino de las flores. La belleza de Dios no podría expresarse igualmente en una enorme rosa y en un pequeño miosótis porque el miosótis tiene un cierto encanto por el que la gente mira aquello y sonríe. Una rosa majestuosa no provoca la misma sonrisa. Ahora bien, algo de la belleza de Dios, por donde Dios es infinitamente gracioso no se puede expresar en la rosa, se puede expresar en el miosótis. Era necesario que existiera la rosa y el miosótis en el mundo vegetal para tener una idea de conjunto de los predicados de Dios.

Así podemos hablar sobre todas las otras flores que hay. Y esto se aplica también a los hombres. Los hombres deben ser desiguales porque es así como expresan mejor a Dios. Si ustedes desean tomar la mentalidad del hombre más inteligente de nuestro siglo, Winston Churchilll, ustedes lo comparan con el hombre más tonto de nuestro siglo, uno que sea sin culpa propia casi un débil mental, la razón está en un estado de crepúsculo. Pero cada uno refleja a Dios a su modo, incluso el que es tonto, en lo que no es tonto, refleja a Dios de alguna manera que Churchilll no expresaba. Él es un miosótis del reino humano, que expresa a Dios de un modo que Churchilll no expresaba.

¿Cuál es la belleza del menor? Es que junto con otro da la belleza de Dios.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Nuestro Señor Jesucristo: el tipo humano perfecto

El tipo humano ideal para todas las clases es la persona de Nuestro Señor Jesucristo

En su camino hacia la perfección, las diferentes clases desarrollan de forma natural tipos humanos adecuados a cada una, que se aproximan gradualmente a un tipo ideal.

Este modelo, el tipo humano ideal para todas las clases, esta personificación de la perfección, no es un modelo teórico, sino una realidad histórica. El tipo humano por excelencia es la persona de Nuestro Señor Jesucristo, el Dios-Hombre. La marcha ascendente de la humanidad es una marcha hacia Nuestro Señor Jesucristo, que realizó el tipo humano perfecto en Su humanidad.

En Nuestro Señor Jesucristo, la perfección de la naturaleza humana es elevada a un grado superior a ella misma a través de la Unión Hipostática con la naturaleza Divina. En Nuestro Señor Jesucristo todas las virtudes humanas están presentes armónicamente y de modo supremo. Ellas construyen unas sobre otras la perfección, dejando al descubierto, como la pantalla de la lámpara revela la luz, la Perfección Divina en sí, el Dios-Hombre.

Una sociedad comprometida con la asimilación de lo que podría llamarse el tipo humano de Nuestro Señor Jesucristo crecerá de forma continua hacia la perfección. En esto radica todo progreso genuino.

Nuestro Señor es el Alfa y Omega, nuestro Modelo, nuestra causa ejemplar perfecta.

Una sociedad comprometida con la asimilación del tipo humano de Nuestro Señor crecerá de forma continua hacia la perfección

El Salvador unió los dos extremos del espectro social: los muy pobres y el trabajador manual por un lado, y el príncipe real, el hijo de David, por el otro. Pero si la distancia entre un hombre pobre y un rey es grande, no es nada en comparación con la que existe entre la criatura y el Creador, entre el hombre y Dios. Nuestro Señor salvó esta distancia. Él era el Dios-Hombre, el Verbo Encarnado. Cada perfección que existe es un reflejo de Su Divina Perfección.

Cuanto más nos esforzamos por obedecer e imitar a Nuestro Señor, cuanto más tratamos de que el mundo y todos los aspectos de nuestras vidas sean un reflejo de Su sublimidad, tanto más avanzamos en el camino de la perfección y virtud que lleva a Él.

Y como la admiración y el amor es todo lo que se necesita para que hagamos esto, entonces, con la ayuda de Su gracia y las oraciones de su Madre Santísima podemos hacerlo. Y podemos hacerlo, cualquiera sea nuestra clase social, cualquiera sea nuestra posición en la vida.

    

 

El respeto de los embriones

 

Fernando Pascual, L.C.

A una persona que quiera cazar jabalís se le puede recordar que el insecticida no es un buen instrumento para lograr eficazmente sus objetivos: el jabalí es un animal de proporciones y movimientos muy diferentes a los que caracterizan a los mosquitos y hormigas de nuestras casas... Esta verdad es conocida por cualquier persona que tenga dos dedos de frente, y más si se ha dedicado por muchos años a cazar jabalís...

        Igualmente ocurre en el mundo de los laboratorios: cada experto en un campo de la experimentación es consciente de las diferencias que existen entre un nivel de trabajo (como puede ser el trasplante de órganos de un muerto a un vivo) y otro (la operación para sanar una deficiencia cardíaca). Para todo científico competente es clara la diferencia que hay entre congelar una célula humana (como puede ser el óvulo o el esperma) y congelar un ser vivo completo (como es el caso del zigoto-embrión en sus primeros momentos de vida).

        Hablar de estos temas es hablar de todo aquello que se refiere a la fecundación "in vitro" y a las distintas técnicas de reproducción asistida. Por lo visto, en este campo se dan extrañas confusiones que, gracias a Dios, no ocurren cuando se trata de encontrar la mejor escopeta a la hora de cazar un jabalí.

        Así, uno se encuentra en entrevistas científicas que se habla de "congelación de embriones" (mal llamados “pre-embriones”) y "congelación de óvulos" sin que se note claramente la enorme diferencia ética que existe entre estos dos tipos de congelaciones. Además, algunos hablan con gran naturalidad del "derecho de los padres a establecer por escrito qué se va a hacer con los embriones congelados", como si se tratase de decidir si queremos desguazar el carro viejo o venderlo a un establecimiento de carros usados... Desde luego, cada familia puede hacer lo que quiera con el helado de fresas que ha preparado la abuelita, pero cuando hablamos de embriones estamos ante un asunto mucho más serio.

        Queda en pie, nadie lo niega, el derecho de los científicos a trabajar con células con gran libertad de investigación. Gracias a ello han ayudado al progreso de la medicina y a la curación de muchas enfermedades que antes llevaban a la tumba a millones de personas. Pero ni el científico, ni el padre o la madre, tienen derecho alguno para someter a sus juicios la vida de los hombres que dependen de ellos.

        Si en los laboratorios de algunos Centros de Ginecología y Obstetricia tenemos ya embriones humanos congelados, cuya vida (o muerte) dependerá del arbitrio de los padres o de otras personas, aunque sean técnicos venidos de los mejores laboratorios del mundo, nos encontraremos con una situación que no puede dejar indiferente a ningún país civilizado: el hombre, aunque tenga un día de vida y se mueva con dificultad en un "terreno de cultivo" para embriones, siempre debe ser defendido por todos los miembros de la sociedad.

        Si puede ser lícito congelar óvulos o espermas en vistas a la ayuda del buen éxito del acto sexual, no es igualmente lícito congelar varios embriones concebidos en laboratorio para luego decidir, en un pequeño "consejo de guerra", quiénes y cuándo van a nacer y quiénes serán destinados a una congelación sin fin, si es que no acaban en un cubo de la basura...

        La tecnología no es ajena a los logros y esperanzas que todos los ciudadanos ponen continuamente en el futuro. Pero urge tener claro el sentido auténtico del progreso y el valor de toda vida humana desde el primer instante de su concepción. De lo contrario, corremos el riesgo de regresar a situaciones de crueldad que son signo de egoísmo y vacío moral.

        La vida de cada nuevo ciudadano no puede quedar abandonada al arbitrio de los padres, ni de los científicos, ni de las autoridades públicas. Son los padres los primeros que deben respetar al hijo que han concebido y defender su existencia frente a cualquier manipulación, congelación o intervención dañina. Pero si llegasen a despreciar el fruto de su amor, la sociedad está llamada a ser solidaria con los nuevos individuos humanos, para defenderlos, acogerlos y darles el amor que se merecen. El científico, por su parte, puede "asistir a la reproducción", pero nunca suplirla con el poder de unas técnicas que a veces quieren sustituir el amor de los padres y de la familia como el único lugar donde venimos al mundo. Es el Estado civilizado, moderno, justo, el que garantiza a cada uno de sus ciudadanos el nacer dentro del marco del amor familiar y del respeto que todo hombre merece desde el primer instante de su vida.

        Por lo mismo, hay que tener presente que no todo sistema de ayuda para superar la esterilidad debe recibir un mismo juicio ético. Hay sistemas, como el de la fecundación "in vitro" (FIVET), que reúne una serie de inconvenientes y desviaciones morales tan grandes, que ha sido condenado incluso por numerosos expertos (científicos, moralistas y personas de distintas confesiones religiosas) de Europa y de América. Basta con recordar que, en esta técnica, se preparan de modo "rutinario" varios zigotos (se fecundan varios óvulos) y ello implica que "sobran" algunos. ¿Puede ser considerado un pueblo en el cual hay hombres considerados como "sobrantes" o desecho residual de una sofisticada técnica?

        Otros sistemas, cuya explicación puede ser más o menos sencilla según las distintas técnicas que se usen, están adquiriendo cierta difusión en algunos de los países más avanzados, y por ahora presentan menos riesgos para la vida del futuro miembro de la familia humana, aunque todavía conviene seguir perfeccionando las técnicas para evitar un cierto porcentaje de abortos naturales.

        El mundo entero ha iniciado un tercer milenio lleno de expectativas y esperanzas. Cada nación camina con la mirada puesta en el futuro, y necesita descubrir el correcto sentido moral para valorar las distintas posibilidades que la medicina moderna nos ofrece. El principio fundamental no puede ser distinto que el del respeto al hombre, desde el inicio de su concepción hasta el último suspiro en su agonía.

        Cada embrión que empiece a existir en nuestro suelo patrio debe sentirse protegido y amado por todos. La mejor bienvenida que le podemos ofrecer es la del amor fiel y enriquecedor de los padres, y la del respeto y cuidado del personal sanitario. Él se lo merece, y un día, cuando lea en los libros de historia las discusiones y las dudas de los hombres de finales del siglo XX e inicio de un nuevo siglo acerca de la bioética, nos dará las gracias por haberle respetado y amado. Su sonrisa valdrá más que todo el oro del mundo y será la mejor garantía de que lo que con él hicimos sabrá hacerlo también él con sus hijos y nietos: respetar y amar.

 

 

Por la presión social

El consumidor cada vez compra menos carne por la presión social y el cambio en el estilo de vida

Ayer se celebró un acto en Lleida, patrocinado por FECIC y organizado en colaboración con AECOC, al que han asistido las grandes empresas del sector cárnico español y las compañías más significativas de la distribución, y que tiene como objetivo presentar en exclusiva un avance del estudio que FECIC ha encargado AECOC sobre la situación actual del consumidor de productos cárnicos.

El avance de este trabajo, que proporciona información clave para el sector cárnico, pone de manifiesto cuál es la percepción que tiene el consumidor de los productos cárnicos, de los hábitos de consumo, de compra y su  preferencia por canales.

El estudio evidencia que existe un escenario donde se percibe una constante disminución del consumo de carnes, favorecido fundamentalmente por la presión social y los cambios en el estilo de vida de los consumidores. Estos afirman que les gusta la carne, pero que la consumen con culpa y preocupación, por toda la información negativa que se publica en los diferentes medios de comunicación. Además, se muestran a favor de que los productores vuelvan a normalizar los procesos y manejos de la carne para que se pueda consumir con tranquilidad, eliminando la presencia de aditivos y químicos que les inquietan.

Otra de las conclusiones del estudio es que los consumidores demandan más control de la calidad de la carne y precios más accesibles en los puntos de venta, y de los sellos de las carnes locales y ecológicas. Ellos consideran que estas indicaciones también deberían estar presentes en la hostelería. Además, demandan nuevos formatos de envases, que sean más cómodos y prácticos. La totalidad del estudio se presentará  en breve.

Este acto se ha organizado aprovechando la inauguración ayer del Congreso de AECOC de Productos Cárnicos y Elaborados 2018 y ha contado con la presencia del director general de Sanidad de la Producción Agraria del MAPAMA, Valentín Almansa, y de la subdirectora general de la Inspección y Control Agroalimentario, Glòria Cugat.

Jesús Domingo

 

 

Estragos políticos, valores éticos y educación

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

Son profundos los estragos políticos en nuestro país causados por las últimas declaraciones, en Sao Paulo, Brasil, de Jorge Barata (ex superintendente de Odebrecht en Perú) a fiscales peruanos sobre aportes de campaña de más de US$ 8 millones a la mayoría de candidatos presidenciales (y todavía faltan sus declaraciones sobre casos de corrupción y soborno), lo cual ha indignado a la ciudadanía porque existen justificadas razones de desconfianza y sospechas sobre actuaciones, conductas y prácticas de muchos políticos que han transgredido los principios fundamentales de ética política, integridad, transparencia y probidad.

Los últimos gobiernos y el actual, desde el ejercicio del poder, han tomado un camino muy divergente a la construcción del bien común y fortalecimiento de la ética política, predomina la ausencia de principios y valores éticos y transparencia, que alientan el incremento de vicios o actitudes antiéticas que se contraponen a la resolución de conflictos y satisfacción de la pluralidad de intereses comunes, y además, frivolizan la función pública, disminuyen la calidad de la política, y no permiten alcanzar el bien común, lo cual está conduciendo a la población a un punto muy elevado de insatisfacción. La política es la ciencia social y práctica cuyo objetivo es la búsqueda del bien común de la sociedad, la cual se emprende con valores y principios éticos que son los que movilizan la acción humana, siendo los principales instrumentos de un gobierno para  alcanzarlo: la educación, justicia y rectitud moral, justa distribución de riquezas, las leyes y paz social.

En esta actual crisis de valores que enfrentamos la educación juega un rol fundamental como herramienta en el proceso de transformación de nuestra sociedad para la adquisición de virtudes y valores en el crecimiento personal. Mientras no contemos con un proyecto país que defina una política estratégica a largo plazo para mejorar el rol de la educación en su gestión y calidad respecto a la formación ciudadana, promoción de valores democráticos, costumbres políticas y calidad moral, será muy difícil que nuestras generaciones alcancen una mejor ciudadanía que aporten al desarrollo. Para lograr cambiar y progresar, los maestros deben formar y educar en las escuelas sobre los problemas actuales de nuestra sociedad y del país, a valorar lo positivo de la vida humana y criticar lo que realmente atenta contra la ética en la función pública y el desarrollo integral de las personas y de la sociedad.

 

Los que están en los márgenes de ese camino

Precisamente, como ha recordado el Papa en la Eucaristía del domingo, 21 de enero, con palabras de Benedicto XVI, la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento, por cómo es capaz de llegar a esas otras orillas, rebelándose contra la globalización de la indiferencia, contra el grave pecado de la corrupción, y contra todo aquello que lastra al ser humano.

Es en la vida cotidiana, en nuestras ciudades, en medio de los caminos polvorientos de la historia, donde a menudo el Señor nos sale al encuentro y nos invita a fijar la mirada en los que están en los márgenes de ese camino, aquellos que en muchas ocasiones no son considerados ni siquiera “ciudadanos” y que, sin embargo, nos muestran de forma nítida las nuevas urgencias y los rostros del verdadero futuro.

Suso do Madrid

 

El español es

El español es, sin duda, de los idiomas universales el tercero más hablado del mundo, el peor tratado incluso dentro de su ámbito natural. Salvo en Hispanoamérica -con todas las excepciones que se quiera- los ataques a nuestro idioma no solamente vienen de comunidades que tienen otras lenguas cooficiales, sino también de su propio entorno habitual.

Ahora que el español está entredicho en algunas comunidades autónomas, sería bueno que, sus supuestos defensores se pararan a pensar qué está pasando con un idioma colonizado por palabras y expresiones extranjeras.

La Academia, que está contribuyendo a esa colonización, no solamente no limpia, no fija y no da esplendor, sino que en aras de un mal entendido afán por ‘recoger el lenguaje de la calle’ -como si Quevedo, Lope, Galdós o Cela, no hubieran escrito lo que habla el común- se lava las manos con demasiada frecuencia.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Responsabilidad, coherencia y trasparencia

Si algo hay que exigir a quienes trabajan en las causas humanitarias con fondos privados y públicos, cuyo origen está en la solidaridad y el altruismo de otros, es responsabilidad, coherencia y trasparencia. Esto no impide completamente la posibilidad del mal, pero reduce su margen y permite que sea eficazmente combatido. Los hechos deplorables ahora conocidos no solo empañan el buen nombre de Oxfam sino que oscurecen la meritoria labor de tantos que trabajan de forma íntegra por los más vulnerables.

Pienso que sería injusto a todas luces que este caso sembrara una sospecha sistemática sobre el trabajo de las ONG’s, sobre sus motivaciones y procedimientos. Es una labor que atrae cada vez a más jóvenes que entregan su vida al servicio de los demás.

El trabajo de las organizaciones no gubernamentales es clave tanto para la ayuda directa a los más necesitados, su promoción y desarrollo, como para la cohesión y progreso moral de una sociedad. Por eso los responsables de estas organizaciones deben garantizar que su cultura institucional responde a la elevada exigencia ideal que se les presume.

Enric Barrull Casals

 

 

PENSAMIENTOS Y REFLEXIONES 183

 

La “mejor” profesión hoy es ser político:    Lo que debiera ser vocación inconmovible y entrega máxima para organizar cada vez mejor a la sociedad; ha degenerado tanto que aquí y como ocurriera ya en los Estados Unidos (USA) en el pasado siglo, la palabra político es ya una palabra tan despreciable que roza la de insulto. Desde luego, se necesita tener “garganta de tragasables, cara de cemento armado, y oídos adaptados a no oír nada que no interese al político”, para entrar y luego permanecer en ese “mar de corrupciones y basuras”, que sin embargo se mantiene, sencillamente porque allí está el poder, que es la fuerza y no la razón. Para entender ello, no hay que ser ni inteligente en grado notable, puesto que las realidades que nos hacen vivir lo demuestran al más tonto o lerdo que sepa leer o simplemente oír bien lo que dicen esos ejércitos de corruptos.

                                POLÍTICA Y SU DESPRESTIGIO EEUU AÑOS TREINTA SIGLO VEINTE: ... “En Estados Unidos (EE.UU.) el desprestigio alcanzado en los años treinta del pasado siglo, fue tal, que el Presidente, F.D. Roosevelt se  vio obligado a salir al paso con esta recomendación[i]...“Tenemos que luchar  para que la palabra político deje de ser un insulto”. No se puede decir y reconocer más en menos palabras, por cuanto huelgan comentarios... ¿qué nos espera en el presente y el futuro?... me temo que más de lo mismo, tal y como vamos viendo desarrollarse la política nacional o incluso internacional en mayoría de  países. De ahí el que la gente vote cada vez menos.

                                Tras aquellas declaraciones y en un mundo cada vez más corrompido, dio lugar a la peor y más destructivas de las guerras en este mundo (la denominada II GUERRA MUNDIAL) y la que como todas las anteriores no ha arreglado nada notable para la raza “dicen que humana”; puesto que se ha llegado hasta grados en que ya lo que se está destruyendo es el propio planeta y aquí… “tenemos que vivir todos mientras podamos hacerlo”.

                                En España que es donde vivo; tenemos ahora entre otros muchos problemas, “la rebelión de Cataluña”; que para mí no es otra cosa, que un levantamiento de mercenarios que quieren conquistarla para explotar mucho más y más impunemente al conjunto de los catalanes. (De mi artículo de igual titular)

                                La decadencia sigue la humanidad retrocede: Recientemente publiqué tres artículos que en realidad es uno solo pero por lo extenso lo dividí en tres partes y relativo a “Las grandes ciudades de este pobre planeta y sus infiernos”. El tema lo vengo arrastrando desde hace más de cuarenta años y antes aún, cuando vi la realidad de una humanidad que se iba convirtiendo en “mortíferos termiteros humanos”, dominados siempre por unos tipos de delincuencia mucho mejor organizada que los gobiernos, los que corrompidos en demasía, en realidad pasaban al servicio de “los fuera de la ley”, que al final son las fuerzas que dominan toda la política, imponiendo al resto las “leyes del embudo” que solo benefician a los indeseables, todo lo cual ha llevado a los desastres actuales y a los que no prestan ninguna atención los que debieran ser los responsables de unos buenos gobiernos de los que cada vez estamos más lejanos y además, sin visos de que el cambio que necesita imprescindiblemente la humanidad, llegue en el futuro; por tanto lo que nos espera es cada vez unas situaciones peores y que ni imaginar quiero.

                                El ser humano lo entendemos como “un ser social” y por tanto para su pleno desarrollo necesitamos vivir en sociedad; sencillamente nos necesitamos los unos a los otros; pero en una armonía que nunca se ha llegado a realizar; y ahora en el tan pomposo “tercer milenio de la era de Cristo”, mucho menos, puesto que todo se deshace a ojos vista y nadie lo quiere ver y menos afrontar.  Menos aún la política o los políticos, convertida simplemente en enormes bandas de bandidos y ladrones, que entran en ella, como… “zorra en gallinero indefenso”; es por lo que el mundo decae cada vez a mayor velocidad y sin remisión de frenos verdaderamente eficaces. (De mi artículo de igual titular)

En política todo es inútil siempre acaba mal: Es lo que nos ha dicho la historia del hombre desde que se escribe la misma; todo ha sido un intento de construir para luego destruirlo, no hubo continuidad digna de mención, salvo en el largo período del Imperio Romano, tras el cual lo que dominó el mismo, “cayó en una sima que duró un milenio”. Después y aún sustentado por las bases políticas del mismo, el mundo ha seguido “creando y destruyendo” al ritmo que cada época ha marcado y así seguimos; habiendo llegado al momento actual donde ya el planeta es “una inmensa olla de grillos locos”, que incluso armados como para destruirlo por múltiples veces, siguen enfrentándose sin preocuparse por los verdaderos problemas de este desgraciado “globo estelar”, poblado por abundantísimas bandas de ladrones y bandidos, falsos religiosos y “otras muchas chusmas”, cuyos únicos intereses los fijan en las necesidades y apetencias  de “la panza y el bolsillo”; o en inmensas chuminadas, como son en realidad esa plaga mundial cual es el denominado “deporte”, que destruye más que crea pero donde se sumergen los atractivos de las masas, ya locas y totalmente desorientadas por un porvenir obscuro y en el que ni piensan, ni quieren pensar… ¿para qué?

                                Por mi parte desorientado hasta el hastío, se me van yendo las ganas de pensar y de escribir, por la inutilidad de dichos afanes, que es claro que ni sé por qué los sentí y sigo sintiendo; por ello a continuación les escribo las reflexiones de otros que también pensaron en su tiempo y que como digo, no sirvió para nada. Veamos. (de mi artículo de igual titular).

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

 


[i] Manuel Jiménez de Parga (prestigioso jurista español) en diario ABC el 04-02-1998 en su 3ª página (la principal del periódico madrileño).