Las Noticias de hoy 10 Marzo 2018

 Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 10 de marzo de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Francisco: “Pidamos al Señor la grandeza de su amor, que borra todos nuestros pecados”

“El confesor no es la fuente de la Misericordia ni de la Gracia, es el instrumento”

EL FARISEO Y EL PUBLICANO: Francisco Fernández-Carvajal

"Llenarás el mundo de caridad": San Josemaria

La penitencia: Antonio Miralles

Pancartas con trastienda: + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA 2018: +Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Cuando la muerte está cerca: Oscar Fidencio Ibáñez

LA SUPERIORIDAD DE LA MUJER: Leo J. Mart.

Más de 4.000 mujeres y niños reciben alfabetización en Nigeria gracias a un proyecto de una farmacéutica local

A propósito del “Día de la Mujer”: Mónica MUÑOZ

Los indígenas requieren más espacio y más protagonismo en el culto divino: Mons.Felipe ARIZMENDI ESQUIVEL, Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

"Todo el dinero del mundo" (Reseña): Riqueza y Codicia: Alfonso Mendiz

5 Retos que tienen los padres de niñas: LaFamilia.info

Aprender a equivocarse: José Luis Martín Descalzo

Un mundo de ficción y engaño.: Enric Barrull Casals

Un insulto a la inteligencia: Suso do Madrid

El cristianismo en el Magreb: Juan García.

EL NEGOCIO QUE PRODUCE LA DELINCUENCIA: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

Francisco: “Pidamos al Señor la grandeza de su amor, que borra todos nuestros pecados”

 

Homilía del Papa en la celebración penitencial

9 marzo 2018Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

El Papa ha presidido la celebración penitencial de "24 horas para el Señor" © Vatican Media

(ZENIT – 9 marzo 2018).- “Pidamos al Señor la gracia de conocer la grandeza de su amor, que borra todos nuestros pecados”, ha exhortado el Papa Francisco. “Dejémonos purificar por el amor para reconocer el amor verdadero”.

El Papa Francisco ha presidido esta tarde, 9 de marzo de 2018, a las 17 horas, en la Basílica del Vaticano, la celebración penitencial con la que se ha iniciado la jornada “24 horas para el Señor”.

“El pecado es una de las maneras con que nosotros nos alejamos de Él. Pero esto no significa que él se aleje de nosotros”, ha aclarado el Santo Padre.

Por ello, la condición de debilidad y confusión en la que el pecado nos sitúa, “constituye una razón más para que Dios permanezca cerca de nosotros”, ha matizado.

“Su gracia continúa trabajando en nosotros –ha indicado Francisco– para fortalecer cada vez más la esperanza de que nunca seremos privados de su amor, a pesar de cualquier pecado que hayamos cometido, rechazando su presencia en nuestras vidas”

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Publicamos a continuación la homilía que el Papa Francisco ha pronunciado:

Homilía del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Cuánta alegría y consuelo nos dan las palabras de san Juan que hemos escuchado: es tal el amor que Dios nos tiene, que nos hizo sus hijos, y, cuando podamos verlo cara a cara, descubriremos aún más la grandeza de su amor (cf. 1 Jn 3,1-10.19-22). No sólo eso. El amor de Dios es siempre más grande de lo que podemos imaginar, y se extiende incluso más allá de cualquier pecado que nuestra conciencia pueda reprocharnos. Es un amor que no conoce límites ni fronteras; no tiene esos obstáculos que nosotros, por el contrario, solemos poner a una persona, por temor a que nos quite nuestra libertad.

Sabemos que la condición de pecado tiene como consecuencia el alejamiento de Dios. De hecho, el pecado es una de las maneras con que nosotros nos alejamos de Él. Pero esto no significa que él se aleje de nosotros. La condición de debilidad y confusión en la que el pecado nos sitúa, constituye una razón más para que Dios permanezca cerca de nosotros. Esta certeza debe acompañarnos siempre en la vida. Las palabras del Apóstol son un motivo que impulsa a nuestro corazón a tener una fe inquebrantable en el amor del Padre: «En caso de que nos condene nuestro corazón, [pues] Dios es mayor que nuestro corazón» (v. 20).

Su gracia continúa trabajando en nosotros para fortalecer cada vez más la esperanza de que nunca seremos privados de su amor, a pesar de cualquier pecado que hayamos cometido, rechazando su presencia en nuestras vidas.

Esta esperanza es la que nos empuja a tomar conciencia de la desorientación que a menudo se apodera de nuestra vida, como le sucedió a Pedro, en el pasaje del Evangelio que hemos escuchado: «Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: “Antes de que cante el gallo me negarás tres veces”. Y saliendo afuera, lloró amargamente» (Mt 26,74-75). El evangelista es extremadamente sobrio. El canto del gallo sorprende a un hombre que todavía está confundido, después recuerda las palabras de Jesús y por último se rompe el velo, y Pedro comienza a vislumbrar, a través de las lágrimas, que Dios se revela en ese Cristo abofeteado, insultado, renegado por él, pero que va a morir por él. Pedro, que habría querido morir por Jesús, comprende ahora que debe dejar que muera por él. Pedro quería enseñar a su Maestro, quería adelantársele, en cambio, es Jesús quien va a morir por Pedro; y esto Pedro no lo había entendido, no lo había querido entender.

Pedro se encuentra ahora con la caridad del Señor y entiende por fin que él lo ama y le pide que se deje amar. Pedro se da cuenta de que siempre se había negado a dejarse amar, se había negado a dejarse salvar plenamente por Jesús y, por lo tanto, no quería que Jesús lo amara por totalmente.

¡Qué difícil es dejarse amar verdaderamente! Siempre nos gustaría que algo de nosotros no esté obligado a la gratitud, cuando en realidad estamos en deuda por todo, porque Dios es el primero y nos salva completamente, con amor.

Pidamos ahora al Señor la gracia de conocer la grandeza de su amor, que borra todos nuestros pecados.

Dejémonos purificar por el amor para reconocer el amor verdadero.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

“El confesor no es la fuente de la Misericordia ni de la Gracia, es el instrumento”

Discurso a los articipantes en el XXIX curso sobre el Fuero Interno

9 marzo 2018RedaccionPapa y Santa Sede

© Vatican Media

(ZENIT – 9 marzo 2018).- “¿Qué atención prestar durante la escucha de las confesiones sacramentales, especialmente de los jóvenes, también de cara a un posible discernimiento vocacional?”

A las 11:15 horas, en el Aula Pablo VI, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los participantes en el XXIX curso sobre el Fuero Interno, que tiene lugar en Roma, en el Palacio de la Cancillería, del 5 al 9 de marzo de 2018.

“Antes que nada –ha señalado Francisco– diría que siempre es necesario redescubrir la dimensión instrumental de nuestro ministerio”: El sacerdote confesor no es la fuente de la Misericordia ni de la Gracia: ciertamente es el instrumento indispensable, ¡pero siempre es solo un instrumento! Y cuando el sacerdote se apropia de esto, impide que Dios actué en los corazones, ha explicado el Santo Padre.

En segundo lugar –ha indicado el Papa– es necesario saber escuchar las preguntas antes de ofrecer las respuestas.

Cuando se dan estos dos elementos, el diálogo sacramental puede abrirse realmente a ese camino prudente y de oración que es el discernimiento vocacional, ha dicho a los confesores.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes durante el encuentro:

Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos, ¡buenos días!

Os saludo cordialmente, comenzando por el cardenal Mauro Piacenza, a quien agradezco sus palabras. Saludo a toda la familia de la Penitenciaría Apostólica y a los participantes en el curso sobre el Fuero Interno, que este año, teniendo en cuenta el próximo Sínodo sobre los jóvenes, se ha centrado en la relación entre la confesión sacramental y el discernimiento vocacional. Se trata de un tema muy apropiado que merece algunas reflexiones que deseo compartir con vosotros.

Vosotros, los confesores, especialmente vosotros, los futuros confesores, tenéis la ventaja – por así decirlo – de ser jóvenes, y por lo tanto de poder vivir el sacramento de la Reconciliación como “jóvenes entre los jóvenes”; y, no pocas veces, la proximidad en la edad favorece incluso el diálogo sacramental, por una afinidad natural del lenguaje. Esto puede facilitar las cosas y es una circunstancia que hay que vivir adecuadamente para construir la auténtica personalidades cristianas. Sin embargo, es una condición que no está exenta de limitaciones e incluso de riesgos, porque estáis empezando vuestro  ministerio y, por lo tanto, todavía tenéis que adquirir todo ese bagaje de experiencia que un “confesor consumado” tiene después de décadas de escucha de los penitentes.

¿Cómo vivir, entonces, esta circunstancia? ¿Qué atención prestar durante la escucha de las confesiones sacramentales, especialmente de los jóvenes, también de cara a un posible discernimiento vocacional?

Antes que nada, diría que siempre es necesario redescubrir, como afirma Santo Tomás de Aquino, la dimensión instrumental de nuestro ministerio. El sacerdote confesor no es la fuente de la Misericordia ni de la Gracia: ciertamente es el instrumento indispensable, ¡pero siempre es solo un instrumento! Y cuando el sacerdote se apropia de esto, impide que Dios actué en los corazones. Esta toma de conciencia debe hacer que se vigile atentamente sobre el riesgo de convertirse en “los amos de las conciencias”, sobre todo en la relación con los jóvenes, cuya personalidad todavía está en formación y, por lo tanto, es influenciable con mucha más facilidad. Recordar ser y deber ser solo los instrumentos de la Reconciliación, es el primer requisito para asumir una actitud de escucha humilde del Espíritu Santo, que garantiza un esfuerzo genuino de discernimiento. Ser instrumentos no es una disminución del  ministerio, sino, por el contrario, es su realización plena, porque en la medida en que el sacerdote desaparece y aparece más claramente Cristo sumo y eterno Sacerdote, se cumple nuestra vocación de “siervos inútiles”.

En segundo lugar, es necesario saber escuchar las preguntas antes de ofrecer las respuestas. Dar respuestas, sin preocuparse por escuchar las preguntas de los jóvenes y, allí donde sea necesario, sin haber intentado  suscitar preguntas auténticas, sería una actitud equivocada. El confesor está llamado a ser un hombre de escucha: escucha humana del  penitente y escucha divina del Espíritu Santo. Escuchando realmente al hermano en el coloquio sacramental, escuchamos a Jesús mismo, pobre y humilde; escuchando al Espíritu Santo estamos en obediencia atenta, nos hacemos oyentes de la Palabra y, por lo tanto, ofrecemos el servicio más grande a nuestros jóvenes penitentes: los ponemos en contacto con Jesús mismo.

Cuando se dan estos dos elementos, el diálogo sacramental puede abrirse realmente a ese camino prudente y de oración que es el discernimiento vocacional. Toda persona joven debería poder oir la voz de Dios tanto en su propia conciencia como escuchando la Palabra. Y en ese camino es importante que esté sostenido por el acompañamiento sabio del confesor, que a veces también puede llegar a ser – a petición de los propios jóvenes y nunca proponiéndose él mismo – padre espiritual. El discernimiento vocacional es, ante todo, una lectura de lo signos que Dios mismo ha puesto en la vida del joven, a través de sus cualidades e inclinaciones personales, a través de los encuentros y a través de la oración: una oración prolongada, en la que repetir, con sencillez, las palabras de Samuel: “Habla Señor, porque tu siervo está escuchando” (1 Sam 3,9).

El coloquio de la confesión sacramental se convierte así en una oportunidad privilegiada de encuentro, para ponerse ambos -penitente y confesor-, a la escucha de la voluntad de Dios, descubriendo cual  podría ser su proyecto, independientemente de la forma de la vocación. De hecho, la vocación no coincide, ni puede coincidir nunca, con una forma. ¡Esto llevaría al formalismo! La vocación es la relación misma con Jesús: relación vital e imprescindible.

Las categorías que definen al confesor corresponden a la realidad: “médico y juez”, “pastor y padre”, “maestro y educador”. Pero especialmente para los más jóvenes, el confesor está llamado a ser, ante todo, un testigo. Testigo en el sentido de “mártir”, llamado a com-padecer por los pecados de los hermanos, como el Señor Jesús; y luego testigo de la misericordia, de ese corazón del Evangelio, que es el abrazo del Padre al hijo pródigo que vuelve a casa. El confesor-testigo hace que la experiencia de la misericordia sea más efectiva, abriendo a los fieles un horizonte nuevo y grande que solo Dios puede dar al hombre.

Queridos jóvenes sacerdotes, futuros sacerdotes y queridos Penitenciarios, sed testigos de la misericordia, sed oyentes humildes de los jóvenes y de la voluntad de Dios para ellos, sed siempre respetuosos de la conciencia y de  la libertad de los que se acercan al confesionario, porque Dios mismo ama su libertad . Y encomendad a los penitentes a aquella, que es el Refugio de los pecadores y la Madre de la misericordia.

© Librería Editorial Vaticano

 

EL FARISEO Y EL PUBLICANO

— Necesidad de la humildad. La soberbia lo pervierte todo.

— La hipocresía de los fariseos. Manifestaciones de la soberbia.

— Aprender del publicano de la parábola. Pedir la humildad.

I. Misericordia, Dios mío... Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias1. El Señor se conmueve y derrocha sus gracias ante un corazón humilde.

Nos presenta San Lucas en el Evangelio de la Misa de hoy2 a dos hombres que subieron al Templo a orar: uno fariseo y publicano el otro. Los fariseos se consideraban a sí mismos como puros y perfectos cumplidores de la ley; los publicanos se encargaban de recaudar las contribuciones, y eran tenidos por hombres más amantes de sus negocios que de cumplir con la ley. Antes de narrar la parábola, el Evangelista se preocupa de señalar que Jesús se dirigía a ciertos hombres que presumían de ser justos y despreciaban a los demás.

En seguida se pone de manifiesto en la parábola que el fariseo ha entrado al Templo sin humildad y sin amor. Él es el centro de sus propios pensamientos y el objeto de su aprecio: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. En vez de alabar a Dios, ha comenzado, quizá de modo sutil, a alabarse a sí mismo. Todo lo que hacía eran cosas buenas: ayunar, pagar el diezmo...; la bondad de estas obras quedó destruida, sin embargo, por la soberbia: se atribuye a sí mismo el mérito, y desprecia a los demás. Faltan la humildad y la caridad, y sin ellas no hay ninguna virtud ni obra buena.

El fariseo está de pie. Ora, da gracias por lo que hace. Pero hay mucha autocomplacencia, está «satisfecho». Se compara con los demás y se considera superior, más justo, mejor cumplidor de la ley. La soberbia es el mayor obstáculo que el hombre pone a la gracia divina. Y es el vicio capital más peligroso: se insinúa y tiende a infiltrarse hasta en las buenas obras, haciéndoles perder su condición y su mérito sobrenatural; su raíz está en lo más profundo del hombre (en el amor propio desordenado), y nada hay tan difícil de desarraigar e incluso de llegar a reconocer con claridad.

«“A mí mismo, con la admiración que me debo”. —Esto escribió en la primera página de un libro. Y lo mismo podrían estampar muchos otros pobrecitos, en la última hoja de su vida.

»¡Qué pena, si tú y yo vivimos o terminamos así! —Vamos a hacer un examen serio»3. Pedimos al Señor que tenga siempre compasión de nosotros y no nos deje caer en ese estado. Imploremos cada día la virtud de la humildad y hagamos hoy el propósito de estar atentos a las diversas y variadas expresiones en que se pone de manifiesto el pecado capital de la soberbia, y a rectificar la intención en nuestras obras cuantas veces sea necesario.

II. Algunos fariseos se convirtieron, y fueron amigos y fieles discípulos del Señor, pero muchos otros no supieron reconocer al Mesías, que pasaba por sus calles y plazas. La soberbia hizo que perdieran el norte de su existencia y que su vida religiosa, de la que tanto alardeaban, quedara hueca y vacía. Sus prácticas de piedad se consumían en formalismos y meras apariencias, realizadas de cara a la galería. Cuando ayunan, demudan su rostro para que los demás lo sepan4; cuando oran, gustan de hacerlo de pie y con ostentación en las sinagogas o en medio de las plazas5; cuando dan limosna, lo pregonan con trompetas6.

El Señor recomendará a sus discípulos: No hagáis como los fariseos. Y les explica por qué no deben seguir su ejemplo: Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres7. Con palabra fuerte, para que reaccionen, les llama hipócritas, semejantes a sepulcros blanqueados: vistosos por fuera, repletos de podredumbre por dentro8.

La vanagloria «fue la que los apartó de Dios; ella les hizo buscar otro teatro para sus luchas y los perdió. Porque, como se procura agradar a los espectadores que cada uno tiene, según son los espectadores, tales son los combates que se realizan»9. Para ser humildes no podemos olvidar jamás que quien presencia nuestra vida y nuestras obras es el Señor, a quien hemos de procurar agradar en todo momento.

Los fariseos, por la soberbia, se volvieron duros, inflexibles y exigentes con sus semejantes, y débiles y comprensivos consigo mismos: Atan pesadas cargas a los demás y ellos ni siquiera ponen un dedo para moverlas10. A nosotros el Señor nos dice: El mayor entre vosotros ha de ser vuestro servidor11. Y el Espíritu Santo, por medio de San Pablo: llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo12. Una de las manifestaciones más claras de la humildad es el servir y ayudar a los demás, no ya en acciones aisladas sino de modo constante.

Quizá uno de los reproches más duros que les hace el Señor es este: Vosotros no habéis entrado y a los que iban a entrar se lo habéis impedido13. Han cerrado el camino a aquellos a quienes tenían que guiar. ¡Guías ciegos!14 les llamará en otro lugar. La soberbia hace perder la luz sobrenatural para uno mismo y para los demás.

La soberbia tiene manifestaciones en todos los aspectos de la vida. «En las relaciones con el prójimo, el amor propio nos hace susceptibles, inflexibles, soberbios, impacientes, exagerados en la afirmación del propio yo y de los propios derechos, fríos, indiferentes, injustos en nuestros juicios y en nuestras palabras. Se deleita en hablar de las propias acciones, de las luces y experiencias interiores, de las dificultades, de los sufrimientos, aun sin necesidad de hacerlo. En las prácticas de piedad se complace en mirar a los demás, observarlos y juzgarlos; se inclina a compararse y a creerse mejor que ellos, a verles defectos solamente y negarles las buenas cualidades, a atribuirles deseos e intenciones poco nobles, llegando incluso a desearles el mal. El amor propio (...) hace que nos sintamos ofendidos cuando somos humillados, insultados o postergados, o no nos vemos considerados, estimados y obsequiados como esperábamos»15.

Nosotros hemos de alejarnos del ejemplo y de la oración del fariseo y aprender del publicano: Dios mío, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Es una jaculatoria para repetirla mucha veces, que fomenta en el alma el amor a la humildad, también a la hora de rezar.

III. El Señor está cerca de aquellos que tienen el corazón contrito, y a los humillados de espíritu los salvará16. El publicano dirige a Dios una oración humilde, y confía, no en sus méritos, sino en la misericordia divina: quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten compasión de mí que soy un pecador.

El Señor, que resiste a los soberbios pero a los humildes da su gracia17, lo perdona y justifica. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no.

El publicano «se quedó lejos, y por eso Dios se acercó más fácilmente... Que esté lejos o que no lo esté, depende de ti. Ama y se acercará; ama y morará en ti»18.

También podemos aprender de este publicano cómo ha de ser nuestra oración: humilde, atenta, confiada. Procurando que no sea un monólogo en el que nos damos vueltas a nosotros mismos, a las virtudes que creemos poseer.

En el fondo de toda la parábola late una idea que el Señor quiere inculcarnos: la necesidad de la humildad como fundamento de toda nuestra relación con Dios y con los demás. Es la primera piedra de este edificio en construcción que es nuestra vida interior. «No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra.

»—Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa»19.

Cuando una persona se siente postergada, herida en detalles pequeñísimos, debe pensar que todavía no es humilde de verdad: es la ocasión de aceptar la propia pequeñez y ser menos soberbios: «no eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo»20.

La ayuda de la Virgen Santísima es nuestra mejor garantía para ir adelante en esta virtud. «María es, al mismo tiempo, una Madre de misericordia y de ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; abandónate lleno de confianza en el seno materno, pídele que te alcance esta virtud (de la humildad) que Ella tanto apreció; no tengas miedo de no ser atendido, María la pedirá para ti de ese Dios que ensalza a los humildes y reduce a la nada a los soberbios; y como María es omnipotente cerca de su Hijo, será con toda seguridad oída»21. Después de considerar las enseñanzas del Señor, y de contemplar el ejemplo humilde de Santa María, podemos acabar nuestra oración con esta petición: «Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo»22.

1 Salmo responsorial. — 2 Lc 18, 9-14. — 3 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 719. — 4 Cfr. Mt 6, 16. — 5 Cfr. Mt 6, 5. — 6 Cfr. Mt 6, 2. — 7 Mt 23, 5. — 8 Cfr. Mt 23, 27. — 9 San Juan Crisóstomo, Hom. sobre San Mateo, 72, 1. — 10 Lc 11, 46. — 11 Mt 23, 11. — 12 Gal 6, 2. — 13 Lc 11, 53. — 14 Mt 15, 14. — 15 B. Baur, En la intimidad con Dios, p. 89. — 16 Sal 33. — 17 Sant 4, 6. — 18 San Agustín, Sermón 9, 21. — 19 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 590. — 20 Ibídem, n. 594. — 21 J. Pecci -León XIII-, Práctica de la humildad, 56. — 22 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 31.

 

"Llenarás el mundo de caridad"

No puedes destrozar, con tu desidia o con tu mal ejemplo, las almas de tus hermanos los hombres. –Tienes –¡a pesar de tus pasiones!– la responsabilidad de la vida cristiana de tus prójimos, de la eficacia espiritual de todos, ¡de su santidad! (Forja, 955)

Lejos físicamente y, sin embargo, muy cerca de todos: ¡muy cerca de todos!..., repetías feliz.
Estabas contento, gracias a esa comunión de caridad, de que te hablé, que has de avivar sin cansancio. (Forja, 956)
Me preguntas qué podrías hacer por ese amigo tuyo, para que no se encuentre solo.
–Te diré lo de siempre, porque tenemos a nuestra disposición un arma maravillosa, que lo resuelve todo: rezar. Primero, rezar. Y, luego, hacer por él lo que querrías que hicieran por ti, en circunstancias semejantes.
Sin humillarle, hay que ayudarle de tal manera que le sea fácil lo que le resulta dificultoso. (Forja, 957)
Ponte siempre en las circunstancias del prójimo: así verás los problemas o las cuestiones serenamente, no te disgustarás, comprenderás, disculparás, corregirás cuando y como sea necesario, y llenarás el mundo de caridad. (Forja, 958)

 

 

La penitencia

Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia ofreciéndonos una nueva posibilidad de convertirnos y de recuperar, después del Bautismo, la gracia de la justificación.

Resúmenes de fe cristiana 10 de diciembre de 2016

 Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama 'contrición perfecta'.

PDF► El sacramento de la penitencia

RTF► El sacramento de la penitencia

Serie completa►“Resúmenes de fe cristiana”, libro electrónico gratuito en formato PDF, Mobi y ePub

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1. La lucha contra el pecado después del Bautismo

1.1. Necesidad de la conversión

A pesar de que el Bautismo borra todo pecado, nos hace hijos de Dios y dispone a la persona para recibir el regalo divino de la gloria del Cielo, sin embargo en esta vida quedamos aún expuestos a caer en el pecado; nadie está eximido de tener que luchar contra él, y las caídas son frecuentes. Jesús nos ha enseñado a rezar en el Padrenuestro: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», y esto no de vez en cuando, sino todos los días, muy a menudo. El apóstol San Juan dice también: «Si decimos: ‘no tenemos pecado’, nos engañamos y la verdad no está en nosotros» (1 Jn 1,8). Y a los cristianos de primera hora en Corinto, san Pablo exhortaba: «En nombre de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios» (2 Co 5, 20).

Así pues, la llamada de Jesús a la conversión: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1,15), no se dirige sólo a los que aún no le conocen, sino a todos los fieles cristianos que también deben convertirse y avivar su fe. «Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia» (Catecismo, 1428).

1.2. La penitencia interior

La conversión comienza en nuestro interior: la que se limita a apariencias externas no es verdadera conversión. Uno no se puede oponer al pecado, en cuanto ofensa a Dios, sino con un acto verdaderamente bueno, acto de virtud, con el que se arrepiente de aquello con lo que ha contrariado la voluntad de Dios y busca activamente eliminar ese desarreglo con todas sus consecuencias. En eso consiste la virtud de la penitencia.

«La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia» (Catecismo, 1431).

La penitencia no es una obra exclusivamente humana, un reajuste interior fruto de un fuerte dominio de sí mismo, que pone en juego todos los resortes del conocimiento propio y una serie de decisiones enérgicas. «La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: “Conviértenos, Señor, y nos convertiremos” (Lam 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo» ( Catecismo, 1432).

1.3. Diversas formas de penitencia en la vida cristiana

La conversión nace del corazón, pero no se queda encerrada en el interior del hombre, sino que fructifica en obras externas, poniendo en juego a la persona entera, cuerpo y alma. Entre ellas destacan, en primer lugar, las que están incluidas en la celebración de la Eucaristía y las del sacramento de la Penitencia, que Jesucristo instituyó para que saliéramos victoriosos en la lucha contra el pecado.

Además, el cristiano tiene otras muchas formas de poner en práctica su deseo de conversión. «La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna (cfr. Tb 12,8; Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás» (Catecismo, 1434). A esas tres formas se reconducen, de un modo u otro, todas las obras que nos permiten rectificar el desorden del pecado.

Con el ayuno se entiende no sólo la renuncia moderada al gusto en los alimentos, sino también todo lo que supone exigir al cuerpo y no darle gusto con el fin de dedicarnos a lo que Dios nos pide para el bien de los demás y el propio. Como oración podemos entender toda aplicación de nuestras facultades espirituales –inteligencia, voluntad, memoria– a unirnos a Dios Padre nuestro en conversación familiar e íntima. Con relación a los demás, la limosna no es sólo dar dinero u otros bienes materiales a los necesitados, sino también otros tipos de donación: compartir el propio tiempo, cuidar a los enfermos, perdonar a los que nos han ofendido, corregir al que lo necesita para rectificar, dar consuelo a quien sufre, y otras muchas manifestaciones de entrega a los demás.

La Iglesia nos impulsa a las obras de penitencia especialmente en algunos momentos, que nos sirven además para ser más solidarios con los hermanos en la fe. «Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia» (Catecismo, 1438).

2. El sacramento de la Penitencia y Reconciliación

2.1. Cristo instituyó este sacramento

«Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación» (Catecismo, 1446).

Jesús, durante su vida pública, no sólo exhortó a los hombres a penitencia, sino que acogiendo a los pecadores los reconciliaba con el Padre [1]. «Al dar el Espíritu Santo a sus apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23)» ( Catecismo, 976). Es un poder que se transmite a los obispos, sucesores de los apóstoles como pastores de la Iglesia, y a los presbíteros, que son también sacerdotes del Nuevo Testamento, colaboradores de los obispos, en virtud del sacramento del Orden. «Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico» ( Catecismo, 1442).

2.2. Nombres de este sacramento

Recibe diversos nombres según se ponga de relieve un aspecto u otro. «Se denomina sacramento de la Penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador» ( Catecismo, 1423); «de reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia» (Catecismo, 1424); «de la confesión porque […] la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento» (ibidem); «del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente el perdón y la paz» (ibidem); «de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión» (Catecismo, 1423).

2.3. Sacramento de la Reconciliación con Dios y con la Iglesia

«Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de la ofensa hecha a Él y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversión con la caridad, con el ejemplo y las oraciones» (Lumen gentium, 11).

«Porque el pecado es una ofensa hecha o Dios, que rompe nuestra amistad con él, la penitencia “tiene como término el amor y el abandono en el Señor”. El pecador, por tanto, movido por la gracia del Dios misericordioso, se pone en camino de conversión, retorna al Padre, que: «nos amó primero», y a Cristo, que se entregó por nosotros, y al Espíritu Santo, que ha sido derramado copiosamente en nosotros» [2].

«“Por arcanos y misteriosos designios de Dios, los hombres están vinculados entre sí por lazos sobrenaturales, de suerte que el pecado de uno daña a los demás, de la misma forma que la santidad de uno beneficia a los otros”, por ello la penitencia lleva consigo siempre una reconciliación a los demás, de la misma forma que la santidad de uno beneficia a quienes el propio pecado perjudica» [3].

2.4. La estructura fundamental de la Penitencia

«Los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación son dos: los actos que lleva a cabo el hombre, que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, y la absolución del sacerdote, que concede el perdón en nombre de Cristo y establece el modo de la satisfacción» (Compendio, 302).

3. Los actos del penitente

Son «los actos del hombre que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, a saber, la contrición, la confesión de los pecados y la satisfacción» (Catecismo, 1448).

3.1. La contrición

«Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar”» ( Catecismo , 1451 [4]).

«Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama “contrición perfecta”(contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental» (Catecismo, 1452).

«La contrición llamada “imperfecta” (o “atrición”) es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia» (Catecismo, 1453).

«Conviene preparar la recepción de este sacramento mediante un examen de conciencia hecho a la luz de la Palabra de Dios. Para esto, los textos más aptos a este respecto se encuentran en el Decálogo y en la catequesis moral de los evangelios y de las cartas de los apóstoles: Sermón de la montaña y enseñanzas apostólicas» (Catecismo, 1454).

3.2. La confesión de los pecados

«La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del sacramento de la penitencia: “En la confesión, los penitentes deben enumerar todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo (cfr. Ex 20,17; Mt 5,28), pues, a veces, estos pecados hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos”» (Catecismo, 1456 [5]).

«La confesión individual e íntegra y la absolución continúan siendo el único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y la Iglesia, a no ser que una imposibilidad física o moral excuse de este modo de confesión» [6]. La confesión de las culpas nace del verdadero conocimiento de sí mismo ante Dios, fruto del examen de conciencia, y de la contrición de los propios pecados. Es mucho más que un desahogo humano: «La confesión sacramental no es un diálogo humano, sino un coloquio divino» [7].

Al confesar los pecados el cristiano penitente se somete al juicio de Jesucristo, que lo ejercita por medio del sacerdote, el cual prescribe al penitente las obras de penitencia y lo absuelve de los pecados. El penitente combate el pecado con las armas de la humildad y la obediencia.

3.3. La satisfacción

«La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó. Liberado del pecado, el pecador debe todavía recobrar la plena salud espiritual. Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados: debe satisfacer de manera apropiada o expiar sus pecados. Esta satisfacción se llama también penitencia » ( Catecismo, 1459).

El confesor, antes de dar la absolución, impone la penitencia, que el penitente debe aceptar y cumplir luego. Esa penitencia le sirve como satisfacción por los pecados y su valor proviene sobre todo del sacramento: el penitente ha obedecido a Cristo cumpliendo lo que Él ha establecido sobre este sacramento, y Cristo ofrece al Padre esa satisfacción de un miembro suyo.

Antonio Miralles

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


 

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 1422-1484.

Lecturas recomendadas

Ordo Paenitentiae , Praenotanda, 1-30.

Juan Pablo II, Exhortación apostólica Reconciliatio et Pænitentia, 2-XII-1984, 28-34.

Pablo VI, Const. Ap. Indulgentiarum doctrina, 1-I-1967.


[1] «Al ver Jesús la fe de ellos, dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados”» ( Lc 5, 20); «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a la penitencia» (Lc 5, 31-32); «Entonces le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados» (Lc 7, 48).

[2] Ordo Paenitentiae, Praenotanda, 5 (las citas textuales en castellano están tomadas de la traducción de la Conferencia Episcopal Española). La última frase de la cita está tomada de la constitución Pænitemini, 17-II-1966, de Pablo VI.

[3] Ibidem. La cita dentro de este texto es de Pablo VI, const. Indulgentiarum doctrina, 1-I-1967, 4.

[4] La cita que recoge el Catecismo es del Concilio de Trento (DS 1676).

[5] La cita que recoge el Catecismo es del Concilio de Trento (DS 1680).

[6] Ordo Paenitentiae , Praenotanda, 31.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 78.

 

Pancartas con trastienda

Publicado el 08/03/2018

Hay una estadística que se nos recuerda con profusión, captando la atención por su doloroso protagonismo: la mujer víctima del varón. Ella, junto a los niños que también sufren de tantos modos la violencia de los adultos, representa el deshonroso capítulo de una sociedad prepotente y machista que abusa de modo cobarde de quienes resultan vulnerables ante la nefanda agresividad. Ya sabemos que también la mujer puede agredir y usa de sus violencias, pero el escenario es abrumador al señalar el exceso que tiene en el varón a su principal y triste mentor.

Virginia Woolf, célebre feminista que terminará suicidándose, hablaba ya de los roles estereotipados que podrían haber determinado la lucha de sexos. Un reparto de funciones así, daría como resultado la injusta discriminación que durante tanto tiempo han podido sufrir las mujeres y que tan lenta, pero definitivamente, se ha ido superando, al menos en los países cristianos, aunque no así en el mundo musulmán.

La psicología diferencial ilumina la profunda armonía que existe en la persona humana, como una relación complementaria de varón y mujer. El haber ignorado esta mutua complementariedad, ha dado lugar a que la mujer sufriese tantas reducciones. Simone de Beauvoir, defenderá la desvinculación de la mujer de la maternidad y del hogar-familia, reivindicando una igualdad sin diferencias con el varón, liberando a la mujer de esas tres “kas” de las que hablaba Ch. Möller al comentar la obra de Simone de Beauvoir: la cocina (Küche), la iglesia (Kirche) y los hijos (Kinder).

No es la mujer contra el hombre, ni viceversa, lo que puede aportar claridad en la comprensión armoniosa de la pareja humana; no es la revancha feminista lo que supera los innegables abusos machistas. Julián Marías abogaba por mantener la desigualdad entre el varón y la mujer: no ontológica y discriminatoria, sino una desigualdad complementaria en su reciprocidad armoniosa. Esta es la perspectiva antropológica de Juan Pablo II, al exponer la “unidad de los dos” como imagen de Dios.

Hay una consigna internacional, que sale de los laboratorios de Naciones Unidas y su pretensión globalizadora, que tiene en la estrategia de la ideología de género la hoja de ruta de una revolución cultural de amplio alcance. El ataque a la familia, la censura de la maternidad, la batalla que representan los conocidos lobbies con la sopa de siglas en las que esconden sus nombres, que quieren reescribir la naturaleza humana y la identidad personal, está a la base de esta orquestación en torno a la objetiva discriminación de la mujer o la violencia que ella puede sufrir por parte del varón. Pero ha habido mujeres que también se han dado cuenta de la manipulación de su causa, y han reaccionado con inteligente audacia en un manifiesto pidiendo que no las utilicen, que no están por la labor de secundar el toque a rebato que determinadas corrientes culturales y movimientos políticos se empeñan en imponer con sus escraches mediáticos. No han faltado quienes dejándose llevar por tal convocatoria populista con toda la carga ideológica de género, han quedado abducidos acríticamente con los “síndromes de Estocolmo” al uso, que sorprenden por su fatuidad argumental y el desconocimiento de todo lo que hay detrás de algunas pancartas con trastienda.

Es demasiado seria la batalla por la verdadera igualdad para andarnos en demagogias mediocres o bailando los sones de los grupos que jalean sus consignas. Es demasiado real el dolor de tantas mujeres como para que se las utilice para causas que no traen libertad e igualdad, sino nuevas imposturas dictatoriales contra la vida y la familia. Hay una igualdad respetable en la reciprocidad entre varón y mujer, que supera la violencia de las prepotencias machistas y feministas, y que secunda sin trampa populista la verdad de la persona humana en su complementariedad. Lo decía el comentarista hebreo del Talmud: «Tened mucho cuidado de no hacer llorar a una mujer, porque Dios cuenta sus lágrimas. La mujer ha salido de la costilla del hombre, no del pie para que luego pueda ser pisada, ni de la cabeza para que se crea superior, sino del costado para ser igual entre ambos, un poco más abajo del brazo para ser protegida, y del lado del corazón para ser amada».

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

 

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA 2018

Jn. 3, 14-21

“TANTO AMÓ…”

El cuarto Domingo de Cuaresma, domingo llamado de gozo, de alegría, nos presenta, como no podía ser de otra manera, la alegría de la salvación que nos trae Jesús.

¿Cuáles serían las fuentes de la alegría que el Evangelio de San Juan nos invita a beber?

1.    Como Moisés elevó la serpiente, así será elevado el Hijo del Hombre como nuestro Redentor. Este texto nos recuerda a los israelitas en el desierto, que cuando les mordía la serpiente se curaban mirando al estandarte que Moisés hizo en el desierto. Nosotros, también mordidos y heridos por “la serpiente”, por el pecado, nos curamos mirando a Cristo Crucificado que tiene abierto y herido de Amor el Corazón ¡Sabemos, Señor, que tus heridas nos han curado!

2.    Creer es ser felices y dichosos. “Felices los que han creído” porque “quien cree tiene vida eterna”. La fe vivida nos lleva siempre a tener vida abundante que comienza con la vida de gracia, como una fuente “que salta hasta la vida eterna”. Sin una vida de fe no hay plenitud de vida y, por ello, tampoco hay felicidad plena.

3.    Por último, la clave de nuestra vida cristiana, lo sustantivo, lo esencial, es que “TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE LE ENTREGÓ A SU HIJO ÚNICO”. La expresión más acertada es: ASÍ AMÓ DIOS AL MUNDO y, por otra parte, sabemos el sentido sacrificial que habla de entrega, que siempre nos recuerdan las palabras de la Consagración en la misa: “ESTE ES MI CUERPO QUE SE ENTREGA POR VOSOTROS.

Este domingo, poco a poco, nos va acercando al Misterio central de nuestra fe celebrado místicamente  y que es el Triduo Pascual.

¿Cómo acercarnos con asombro? Mirando al Señor que nos llama a ser sanados de místicas heridas por la fe que nos lanza a “amar hasta el extremo”.

 

+Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

 

 

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.

También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.

Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

Antífona (para todos los días):
¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Rogad por nosotros bienaventurado San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.

SEXTO DOMINGO
Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que
pudisteis admirar al Rey de los Cielos, sometido a
vuestros más mínimos mandatos; aunque la alegría
al traerle de Egipto se turbó por temor de Arquelao,
sin embargo, tranquilizado luego por el ángel vivisteis
dichoso en Nazaret con Jesús y María.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos la
gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor
nocivo; de poseer la paz de la conciencia, de vivir
seguros con Jesús y María, y de morir también asistidos
de ellos.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

FINAL (para todos los días): Acordaos: Oh
purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío
San José, que jamás se oyó decir que haya dejado
de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a
vuestra protección e implorado vuestro auxilio. Con esta
confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo
a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor.
No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas
piadosamente. Amén.

Oración: Oh Dios, que por providencia inefable
os dignasteis escoger al bienaventurado José para
esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos
concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra
como a nuestro protector, merezcamos tenerle por
intercesor en los cielos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.

Es conveniente hacerlo confesando y comulgando.

 

 

Cuando la muerte está cerca

Oscar Fidencio Ibáñez
6 marzo 2018

La muerte es siempre una tragedia, sin embargo, la cercanía de quién muere hace una diferencia en nuestro ser y en la manera en que reaccionamos frente al hecho. Esa cercanía puede ser afectiva, familiar, pero también física, cuando estuvimos cerca del evento.

Recuerdo el dolor, la impotencia y el estado de shock del médico de guardia que estaba en el hospital cuando murió mi padre; le llamé porque me parecía que mi papá había dejado de respirar, nos pidió salir de la habitación, confirmó su muerte y se retiró a su oficina sin decir palabra, después de un rato lo fui a buscar y lo encontré perturbado y desconsolado, me dijo que era el primer paciente que moría bajo su resguardo.

Cuando la violencia crece, existe la posibilidad de que nuestra conciencia y reacción frente a la muerte se modifique, se “cauterice” y nos haga insensibles, o nos lleve a la negación o no aceptación como mecanismos de defensa, sobre todo cuando las muertes no son en nuestro entorno cercano, esto alimenta la espiral de violencia, crimen e impunidad.

Así los miles de muertos y desaparecidos de los últimos años en el país parecen convertirse en cifras de una insoportable levedad, como si la conciencia colectiva de nuestro país nos llevara a asumir que la tragedia es evidencia de la banalidad de la muerte, por lo que no exigimos respuesta.

Este fin de semana fue asesinado un estimado ser humano, alegre y trabajador, empresario y miembro de nuestra familia ampliada, el dolor, la frustración e incertidumbre es mayor respecto a otras muertes, y más por la forma, ya que no es lo mismo experimentar la cercanía de la muerte en un contexto de una muerte natural, que a partir de un accidente o de un crimen.

Está la primera reacción de dolor y solidaridad con la familia, el acompañamiento en el silencio, en la oración o en la cercanía y en las palabras de condolencia; después la memoria de la persona que ya no está y de los momentos compartidos, hasta llegar a las preguntas, a la impotencia y al dolor: ¿Por qué él? ¿Cómo sucedió? ¿Cómo fue posible?

Y nadie vive igual estas experiencias, ya que mientras más cercana es la persona, más te afecta su muerte, y además cada quién reacciona de diversas maneras y en diferentes momentos, desde las lágrimas, el dolor, la incertidumbre, la impotencia, la rabia, hasta los deseos de venganza, o de justicia, pero también la aceptación y el perdón.

Experimentar la muerte de cerca, también nos lleva a reflexionar sobre nuestra vida, sobre nuestra propia muerte o la de otros cercanos, y nos mueve la consciencia y las entrañas respecto a la experiencia de miles que como nosotros han perdido a alguien cercano. Es un momento para mirar en solidaridad y explorar la posibilidad de movernos y no esperar a que nos toque, sino de buscar opciones frente el dolor evitable, porque una vida arrebatada por un crimen reclama que no haya impunidad para que no les pase a otros.

El aumento de la violencia y la falta de justicia son un reclamo explícito a nuestra forma de organizarnos. Es un tema complejo y por lo mismo no es sólo responsabilidad de los gobernantes sino de toda la sociedad, pero en diferentes roles, en las campañas políticas se abre la posibilidad a la sociedad de exigir y proponer a los candidatos compromisos concretos para construir la paz y el bien común, y también la oportunidad de exigir a las diferentes instancias de gobierno, eficacia en su obligación de brindar seguridad y combatir la impunidad.

Estimado Rubén, nos quedamos con el recuerdo de tu sonrisa y alegría, de tu tesón y servicio; las abundantes y preciosas flores en tu funeral son un gesto silencioso del amor que engendraste en tu familia y en cientos de personas, que el Señor le de fortaleza y consuelo a tus familiares, y que a ti te tenga en Su gloria. ¡Descansa en paz!

 

 

LA SUPERIORIDAD DE LA MUJER

Leo J. Mart.

Hablo de la superioridad de la mujer, no para ganarme simpatías, soy poco simpático; ni mucho menos forzado por la gran admiración y amor que tengo por mi esposa; hablo de la superioridad de la mujer como ejercicio intelectual y reconocimiento de justicia para todas las mujeres.

Prueba de la Biblia. La creación de Dios fue progresiva, primero lo imperfecto y al final lo más perfecto. Primero creó Dios los seres irracionales y dejó para el final lo más perfecto: la creación del hombre, hecho a su imagen y semejanza (cfr. Gn 1,26) y luego remató la creación con algo más perfecto aún, la mujer (cfr. 2,18) y así culminó Dios su proceso creativo.

Prueba del servicio. Tan superior es la mujer al varón que tiene la capacidad de servirle. Es superior el que sirve que el que es servido. Dios hizo al varón demasiado torpe para los oficios domésticos y el cuidado de los hijos, y por eso necesita de la ayuda de la mujer.

Prueba del conocimiento. El varón conoce por raciocinio. La mujer conoce por raciocinio e intuición (su sexto sentido)  El varón con el raciocinio se puede equivocar; la mujer con su intuición nunca se equivoca.

Prueba del dolor. La mujer tiene más capacidad que el varón de resistir el dolor.

Prueba del trabajo. La mujer tiene mucha más capacidad de trabajo que el varón.

Prueba de la pasión. La mujer es apasionada y obsesiva, y lo que se le mete en la cabeza lo saca adelante por encima del varón.

Prueba del dominio. La mujer dirige al hombre con su ternura y su sonrisa y lo castiga con sus lágrimas.

Prueba del detalle. La visión del hombre es panorámica, y no cae en cuenta de los detalles; a la mujer no se le escapa ningún detalle por pequeño que sea, y este es esencial en la toma de toda prudente decisión.

Prueba de independencia. El varón sin la ayuda de la mujer es incompleto. La mujer sin la ayuda del varón se puede bandear y defender perfectamente.

Prueba de supervivencia. Se muere el marido y la mujer sigue tan campante y llena de vida. Se muera la esposa y el varón se muere al poco tiempo.

Prueba del sexo. La mujer (por lo general) no necesita del sexo, el hombre sí. Luego es el varón el que necesita a la mujer y no la mujer al varón. La mujer solamente necesita del varón para su proceso de gestación y nada más.

Prueba de la concentración. El varón solamente tiene capacidad de concentrarse en una cosa; la mujer tiene capacidad de concentrarse y realizar varias cosas a la vez.

Prueba del amor. Podríamos alargarnos mucho más, la mujer tiene mucha más capacidad de amar que el varón. El varón es la cabeza; la mujer el corazón.

Y por último, Dios para cerrar con broche de oro la creación, puso en el mundo la ternura, y creó a la mujer.

¿Te gustó, mujer?

leojmart@gmail.com

 

 

Más de 4.000 mujeres y niños reciben alfabetización en Nigeria gracias a un proyecto de una farmacéutica local

Ebele Okoye afirma que estimulan a las pequeñas a que vayan a la escuela y no se dejen llevar "por el miedo” de Boko Haram

La ONG Harambee ha entregado el Premio a la Igualdad y Promoción de la Mujer Africana 2018 a la farmacéutica nigeriana Ebele Okoye como promotora de un proyecto social en Nigeria que ha beneficiado a más de 4.000 mujeres y niños.

 La farmacéutica nigeriana Ebele Okoye. ReligionConfidencial

09/03/2018 01:00

RC

Okoye promueve, a través del denominado Programa AMAD, la alfabetización de niñas sin recursos, la capacitación de jóvenes y la formación de universitarias para que ellas formen a otras mujeres.

Se trata de una iniciativa que nace “de un esfuerzo personal y de una convicción cristiana, con raíces católicas, aunque también colaboran otras confesiones” con la finalidad de “despertar la responsabilidad social de facilitar el acceso a la educación a otras personas que no han tenido la misma suerte que yo”, ha explicado Ebele Okoye en Valencia, cuyos padres sí promovieron su formación, informa la archidiócesis valenciana.

Junto con otras mujeres universitarias “acudimos a los poblados para ayudar a las mujeres y estimulamos a las niñas para que vayan a la escuela y no se dejen llevar por el miedo”, ha destacado, en referencia al grupo terrorista Boko Haram y a otros problemas de inseguridad para la mujer en amplias zonas de Nigeria. Además, el proyecto promovido por Okoye “facilita la concesión de microcréditos por parte de los bancos a las mujeres para que puedan establecer su propio negocio”.

Programas de liderazgo

Desde 2008, gracias al programa desarrollado en distintos lugares de Nigeria por Ebele Okoye han cursado Formación Profesional 230 chicas, han realizado el programa de liderazgo 270 universitarias que, a su vez, han capacitado en habilidades empresariales y técnicas a más de mil mujeres. El impacto de estas mujeres en sus comunidades “es muy positivo, creando un efecto multiplicador que beneficia a miles de mujeres”.

Harambee -que en swahili significa “todos juntos”- es una ONG internacional de solidaridad con el África subsahariana, promovida por el Opus Dei, que lleva a cabo proyectos educativos, sanitarios y asistenciales. El equipo valenciano de voluntarios de Harambee ha organizado un encuentro solidario como homenaje a Okoye, en la víspera del Día Internacional de la Mujer.

Desde su puesta en marcha en 2002 Harambee ha desarrollado más de sesenta proyectos, con proyección de futuro, desde dos vertientes: la comunicación y difusión de la cultura africana, y el apoyo a iniciativas puestas en marcha por los propios africanos en 18 países del área subsahariana, dando prioridad a los dirigidos a mejorar las condiciones de vida de la mujer.

Entre los proyectos que Harambee realiza actualmente, voluntarios valencianos de la ONG destacan “uno en Ruanda de ayuda a madres solteras víctimas de violación que por su cultura se quedan marginadas y no pueden sacar a sus hijos adelante”. Por este motivo, “se les da formación para que puedan tener sus propios ingresos y recuperar los derechos y la dignidad que han perdido injustamente”.

Además, la ONG impulsó en Camerún el proyecto “Diseños que cambian vidas”, nacido en Valencia, a través del cual diseñadoras valencianas cedieron diseños que confeccionaron con telas africanas, que fueron sorteados y los beneficios se destinaron a financiar 20 becas de formación para mujeres.

 

 

A propósito del “Día de la Mujer”

 

 

Por Mónica MUÑOZ

No soy feminista, en el sentido actual y distorsionado de la palabra. Por supuesto, abogo por el derecho de las mujeres a trabajar y ser remuneradas de la misma manera que los hombres, a desarrollar sus talentos y destacar en el mundo de la ciencia, la tecnología, la medicina, la política y los negocios, campos invadidos por los varones, desde siempre.

Claro que me siento feliz cuando una mujer es reconocida por su esfuerzo a favor de los desprotegidos o por su empeño en pro de causas justas y nobles. Las mujeres tienen la misma inteligencia para dirigir una empresa o un hogar, sólo cambia el estilo.

Si no, pregunto, ¿quién puede negar la admiración, justamente expresada, ante la grandeza que representa tener madres trabajadoras en casa y en el campo laboral, donde se desgastan por sus familias, donde se acaban procurando que sus hijos tengan un mejor porvenir? Todos conocemos alguna mujer que enfrenta la vida con valor y entrega, desdeñando el miedo y la discriminación, aunque le cause conflictos interiores la competencia con el sexo opuesto.

Sin embargo, creo que no es necesario dedicar sólo un día para ellas.  No del modo como lo han manejado el mundo y los intereses de los poderosos.  No, porque tener un día especial se trata de distinguirla de su contraparte, el hombre, que fue creado por Dios para ser su compañero, no su rival, aquél que representa la fuerza, la estabilidad, la seguridad, el complemento a la ternura, la delicadeza y la intuición que son sello inconfundible de la feminidad.  Porque Dios no se equivoca.  El mundo, sí.

Entonces, ¿por qué celebrar un día especial para la mujer?, ¿acaso nos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, es decir, iguales, con la misma dignidad? ¿Por qué, entonces, nos empeñamos en diferenciarnos unos de los otros?

Si la propuesta divide, entonces hay que desecharla.  Hombre y mujer siempre han sido valiosos para Dios, el mismo Señor Jesucristo se encargó de aclararlo al mundo con su dulce trato para las mujeres. Sabía que enfrentaban el desprecio por ser el “sexo débil”.  San Pablo lo entendió también, por eso remarca en la carta a los Gálatas: “Pues todos son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. En efecto, todos los bautizados en Cristo se han revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos ustedes son uno en Cristo Jesús.”  (Gal 3, 26-28)

Si dedicar un día a la mujer indica que hay que hacerla superior al hombre, prefiero no celebrarlo. Creo que es mejor que juntos celebremos la vida y nos esforcemos para que verdaderamente se obtenga la igualdad de oportunidades en todas las áreas del conocimiento, desarrollo y desempeño laboral, que hombres y mujeres se respeten mutuamente y se esmeren para que se acaben las enemistades por causa de su sexo.

Mejor agradezcamos la infinita sabiduría de Dios que nos hizo semejantes en dignidad y colaboradores de la perfecta creación que está destinada desde siempre a perpetuar al género humano. Agradezcamos a Dios porque por el bautismo somos sus hijos y herederos de su gloria. Y festejemos con inmensa alegría al Salvador del mundo que se entregó en la cruz para acabar con la muerte y darnos la eternidad con su resurrección. Celebremos nuestro bautismo y sus promesas, las cuales renovaremos el día de la Pascua.

Si hay que celebrar un día, que sea el de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, porque, citando nuevamente a San Pablo: Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. (1ª Cor 15,17).

Así, sin distinción ni exaltaciones inútiles, deseo que todos los días festejemos la vida y la oportunidad de crecer y trascender. Que Dios y la Virgen nos ayuden a vivir en el amor auténtico y la unidad de los hijos de Dios.

 

 

Los indígenas requieren más espacio y más protagonismo en el culto divino

Mons.Felipe ARIZMENDI ESQUIVEL, Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas |

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La semana pasada, estuve con 35 nahuablantes en una comunidad de las montañas de Oaxaca, Teopoxco, de la Prelatura de Huautla, acompañando su arduo trabajo de traducir al náhuatl tanto la Misa como los sacramentos. Yo no hablo este idioma, pero la Conferencia Episcopal nos confió a las Dimensiones de Animación Bíblica de la Pastoral, Liturgia, Doctrina de la Fe, Cultura e Indígenas, que participáramos en este proceso de traducción, para cuidar tanto la fidelidad bíblica, como la litúrgica, teológica y cultural.

Es muy alentador compartir la alegría y la esperanza que provoca en estos pueblos originarios comprobar que son importantes, que valen, que no están a punto de extinción, que la Iglesia los toma en cuenta, y que en su idioma se puede no sólo leer la Biblia, sino celebrar los sacramentos y expresar su fe. Ojalá otras diócesis con población indígena se animaran a formar equipos traductores para sus pueblos. Es un derecho que les asiste, y que no siempre hemos respetado.

Valoro mucho la nueva actitud del Papa Francisco, porque en su país de origen no se resalta mucho lo referente a la pastoral aborigen, como allá le llaman. Pasando los años como Sumo Pontífice, su actitud hacia los pueblos originarios se ha incrementado notablemente. Ya son varias sus intervenciones en que los reconoce, los valora, los alienta y les pide que ayuden, sobre todo a los obispos, a darle a la Iglesia un rostro más indígena. Muchos no le hacen caso, ni lo toman en cuenta, pero él hace lo que le corresponde.

PENSAR

En su reciente viaje a Perú, quiso empezar visitando la zona amazónica, donde viven miles de pueblos originarios. Resalto algo de lo que les dijo, para que no lo olvidemos.

“He querido venir a visitarlos y escucharlos, para estar juntos en el corazón de la Iglesia, unirnos a sus desafíos y con ustedes reafirmar una opción sincera por la defensa de la vida, defensa de la tierra y defensa de las culturas.

Considero imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos; asumiendo y rescatando la cultura, lengua, tradiciones, derechos y espiritualidad que les son propias. Un diálogo intercultural en el cual ustedes sean los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. El reconocimiento y el diálogo será el mejor camino para transformar las históricas relaciones marcadas por la exclusión y la discriminación.

Permítanme decirles que si, para algunos, ustedes son considerados un obstáculo o un «estorbo», en verdad, ustedes con su vida son un grito a la conciencia de un estilo de vida que no logra dimensionar los costes del mismo. Ustedes son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común.

El reconocimiento de estos pueblos —que nunca pueden ser considerados una minoría, sino auténticos interlocutores— así como de todos los pueblos originarios, nos recuerda que no somos los poseedores absolutos de la creación. Urge asumir el aporte esencial que le brindan a la sociedad toda, no hacer de sus culturas una idealización de un estado natural ni tampoco una especie de museo de un estilo de vida de antaño. Su cosmovisión, su sabiduría, tienen mucho que enseñarnos a quienes no pertenecemos a su cultura. Todos los esfuerzos que hagamos por mejorar la vida de los pueblos amazónicos serán siempre pocos.

Cada cultura y cada cosmovisión que recibe el Evangelio enriquecen a la Iglesia con la visión de una nueva faceta del rostro de Cristo. La Iglesia no es ajena a vuestra problemática y a vuestras vidas, no quiere ser extraña a vuestra forma de vida y organización. Necesitamos que los pueblos originarios moldeen culturalmente las Iglesias locales amazónicas. Ayuden a sus obispos, ayuden a sus misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esa manera dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena”(19-I-2018). 

ACTUAR

Nuestra Iglesia no será verdaderamente católica sino hasta que acepte en su seno, con todos sus derechos, a los diferentes pueblos que la integran. Los indígenas requieren más espacio y más protagonismo en el culto divino, en las catequesis, en las programaciones pastorales. Que el Espíritu Santo nos abra la mente y el corazón a esta pluralidad de pueblos y culturas. Así es la Iglesia que Jesús quiere, no sólo romana, griega, italiana, española, sino también náhuatl, maya, tseltal, tsotsil, ñañú,quechua, aymara, amazónica, etc.

 

 

"Todo el dinero del mundo" (Reseña): Riqueza y Codicia

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Ridley Scott ha dividido a la crítica con su reciente película, tristemente célebre por contar inicialmente con el actor Kevin Spacey, involucrado en un escándalo sexual. Cuando saltó la noticia, el octogenario director británico decidió prescindir de las escenas ya rodadas por Spacey y volver a filmarlas con Christopher Plummer. Una medida que debió costar su dinero a los productores, y a Scott algunos dolores de cabeza a la hora de recomponer el montaje.

A pesar de esas incidencias, pienso que “Todo el dinero del mundo” es un sólido thriller biográfico, con una esmerada puesta en escena, dos interpretaciones magníficas y una comprensible intención moralizante. Eso sí, un cierto recorte de los 132 minutos de metraje hubiese beneficiado la agilidad de la narración.

El guion de David Scarpa adapta un libro que John Pearson publicó en 1995 sobre el multimillonario John Paul Getty y sus herederos. El desencadenante del argumento es el sonado secuestro ocurrido en Roma en 1973 de uno de los nietos del magnate, Paolo (John Paul Getty III), de 16 años. Unos cuantos flashbacks ponen en antecedentes al espectador y funcionan también como presentación de los verdaderos antagonistas de la historia. Porque, por encima del relato del secuestro y del comportamiento de los secuestradores, la película está planteada como un duelo entre un hombre patológicamente codicioso, John Paul Getty (Christopher Plummer), y Gail (Michelle Williams), su nuera y madre de Paolo: un enfrentamiento entre el amor de una madre que busca desesperadamente la liberación de su hijo y la frialdad de un personaje al que la obsesión por el dinero le ha convertido en un monstruo.

Como en todas las películas de Scott, la música tiene una presencia relevante que no es meramente enfática; y las voces operísticas que introduce el compositor Daniel Pemberton –estamos en la tierra de Verdi– refuerzan la resonancia visual de unas escenas muy bien fotografías por Dariusz Wolski. Christopher Plummer está nominado al Oscar por su excepcional interpretación y Michelle Williams, también soberbia, fue candidata al Globo de Oro. En cambio, Mark Walberg queda algo malparado en su desdibujado papel como ex agente de la CIA y hombre de confianza de Getty.

Hablaba más arriba de un cierto propósito moralizador de la película, que podría actuar como un recordatorio del poder corruptor de la codicia, capaz no solo de enturbiar las relaciones familiares sino también de sepultar nuestra propia humanidad. Ya lo advirtió hace muchos siglos Basilio el Grande: “El dinero es el estiércol del diablo”.

 

 

 

5 Retos que tienen los padres de niñas

 

Por LaFamilia.info

Foto: Pixabay.com 

Educar hijos varones no es lo mismo que educar chicas. Hombres y mujeres tienen diferentes necesidades educativas, cada uno en su naturaleza lleva marcadas unas características propias. Así que esta vez en LaFamilia.info hablaremos de los retos que tienen los padres en la educación de las mujeres, aprovechando la celebración de su día, el 8 de marzo.

En cuanto a la educación afectiva de las hijas, debes tener especial atención en los siguientes aspectos:

1. Refuérzale su autoestima y seguridad desde pequeña

La naturaleza femenina lleva marcada la necesidad de vigorizar el autoconcepto y la seguridad en sí misma, de ahí que la mujer solicite la aceptación de los otros y algunas veces reclame más atención de lo que conviene. Hay que trabajar por lo tanto en el amor propio para que ellas se acepten tal como son, y así evitar que caigan en situaciones desfavorables como desórdenes alimenticios, adicciones, entre otros; y de esta manera le hagan frente al bombardeo publicitario al que son sometidas desde muy pequeñas, lo que fomenta aún más sus inseguridades. (Leer también: La autoestima de tu hija: claves para fomentarla)

No olvidemos que un proceso educativo exitoso es aquel que comienza a aplicarse de manera preventiva, por eso la autoestima debe ser prioridad desde la niñez en la formación de las niñas. Un buen trabajo en la infancia, hará que la adolescencia sea llevada dentro de los parámetros normales.

2. Transmítele un adecuado concepto de vanidad y belleza

Si hay algo que determina la identidad femenina, es la belleza y la sensibilidad hacia lo estético. La mujer es bella en sí misma, por eso, estos dos aspectos no han ser catalogados como “buenos” o “malos”, lo importante es encontrar el punto medio entre el cultivo de la belleza física y la espiritual.

Asimismo, los padres deben transmitir a sus hijas -desde niñas-, la idea que la belleza interior prima sobre toda estética externa. Quien no es feliz, no irradia belleza. Por eso se debe reforzar la enseñanza de valores y virtudes como contra respuesta a las falsas fuentes de felicidad.

3. Enséñale que el manejo de su cuerpo comunica muchas cosas...

La coquetería es un arma estupenda exclusiva de la mujer, pero cuando pasa a ser insinuación ya hablamos a otras instancias… Insinuarse con las miradas, con los gestos, con el vestido, con las palabras, no son adecuadas ni propias de su feminidad. “Hay que enseñarle a la hija a prevenir una coquetería excesiva, que le lleve a pretender llamar la atención todo el día... Pero no debemos quedarnos sólo en eso: hay que llegar al fondo y demostrarle que ser mujer es un don, un privilegio, y que ella puede y debe desarrollar su talento y genio femenino, pues los tiene en abundancia.” *Del artículo “Femineidad: Mujercitas” publicado en Encuentra.

4. Dale las herramientas para controlar sus emociones

La sensibilidad y los sentimientos que caracterizan a la mujer, son puntos que pueden aprovecharse a su favor o convertirse en su "talón de Aquiles", en especial en las relaciones interpersonales. Es clave enseñarles por tanto, a construir buenas amistades, a superar las situaciones, a evitar ser el centro de atención, a dramatizar las emociones, a no cultivar sentimientos negativos, y en cambio reforzar el perdón, la empatía, la comprensión. En pocas palabras: ¡enséñale inteligencia emocional!

5. Muéstrale lo maravilloso de la maternidad

Es una tarea que pertenece a la madre. Incentivar en su hija el amor por la maternidad, tan esquiva en este momento donde priman otros intereses -formación académica, competitividad laboral, prestigio, independencia económica, culto al cuerpo, etc.- ayudan a que ella tome conciencia del regalo tan grande que implica el hecho de poder engendrar vida.

 

 

Aprender a equivocarse

Por: José Luis Martín Descalzo

Una de las virtudes-defecto más cuestionables: el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.

Así es como, según decía Maxwel Brand. "todo niño debería crecer con convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error". Por eso en las persona siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen.

Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.

Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.

Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto que un niño roto".

Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo casa amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.

 

 

Un mundo de ficción y engaño.

Como a yo, seguro que muchos otros podrían poner ejemplos de noticias falsas, de reproducciones manipuladas de palabras de líderes políticos o sociales, de rumores con años de antigüedad que se reiteran con fines inconfesables. Todo ello abona la tesis de quienes consideran que internet es un “océano de basura”, o de que el mundo virtual es un mundo de ficción y engaño.

No soy tan radical como quienes defienden estas posturas anti-internet. Sin embargo, Facebook, por ejemplo, no puede quedarse en lo que acaba de reconocer: ha de establecer – y hacerlo saber a los usuarios – qué piensa hacer para no seguir contribuyendo a la difusión de noticias falsas, qué garantías puede fijar para que evitar que cualquiera mienta en la red social, haga montajes de textos y fotografías o vídeos para intoxicar. Y no sólo Facebook, claro.

Es una tarea ingente la que le corresponde a las redes sociales. Habrá que definir lo que se les puede exigir y reclamar –jurídica y económicamente, si es el caso-, y lo que se escapa al control profesional, respetuoso y cauce de la libertad de expresión. Delimitar insultos, amenazas y engaños no sólo es tarea de la Policía o Guardia Civil, sino que las plataformas digitales deben evitarlos y, si es preciso, borrarlos, para que el daño no se propague con casi total impunidad.

También se exige una educación para que los usuarios detectemos más esas mentiras, y no contribuyamos a la calumnia, difamación o intromisión en la intimidad de las personas. Y que el mundo virtual no sustituya al mundo real, del trato personal, de la información contrastada por parte, sobre todo, de los periodistas.

Enric Barrull Casals

 

 

Un insulto a la inteligencia

Las declaraciones del alcalde Martiño Noriega, en las que justificaba el contenido del pregón del Carnaval en Santiago de Compostela por estar enmarcado dentro de la sátira y el humor, no pasan de ser un insulto a la inteligencia y una muestra de irresponsabilidad y de falta de sintonía con la ciudad a la que debería representar y servir.

Los arzobispados de Santiago de Compostela y Zaragoza denunciaron, con razón, este acto que daña la convivencia y desprecia el patrimonio espiritual y moral de nuestro pueblo, al tiempo que invitaban a los fieles a realizar actos de desagravio. Sin duda, fue una ocasión para mostrar la Fe como factor de convivencia y construcción social.

Suso do Madrid

 

 

El cristianismo en el Magreb

Si giramos la vista desde el Occidente, el Magreb, hacia el Oriente Medio, la trayectoria de los cristianos árabes orientales no ha sido muy diferente de la de sus hermanos magrebíes. Cristianismo dividido por cismas, arabización e islamización. Sin embargo, hay una diferencia notable: la presencia cristiana en Oriente nunca se ha interrumpido, sólo ha ido en declive hasta quedar reducida a una minoría. Es difícil dar con el por qué de esta diferencia.

Tal vez la respuesta sea que Oriente contó siempre con un monacato autóctono entre cuyas labores destacó la traducción del patrimonio literario cristiano, incluida la Sagrada Escritura, al árabe, a la nueva lengua vernácula. Por el contrario, en el Magreb, el monacato no prendió con la misma fuerza y acabó muriendo, y la Biblia nunca fue traducida a ninguna lengua beréber. Esta diferencia es un ejemplo de cómo valorar, cuidar y estudiar el patrimonio cultural cristiano es cuidar la misma fe cristiana y es también evangelizar incluso aunque los evangelizadores sean una minoría. Es alentador recordar que Jesús, María y José sólo eran tres en un mundo que no conocía a Cristo. Y es alentador pensar cómo hoy nadie recordaría el nombre de Hipona si su obispo no hubiera estudiado y si no hubiera compuesto unas cuantas obras que dieciséis siglos después seguimos leyendo con fruición para evangelizarnos y evangelizar.

Juan García.

 

 

EL NEGOCIO QUE PRODUCE LA DELINCUENCIA

 

DELINCUENCIA: NEGOCIO Y TRABAJO

 

            Hubo un tiempo en que en mi muy activa vida, presidí una organización de empresarios a nivel provincial (hostelería) y entre las habituales y normales preocupaciones gremiales, destacaba entonces, los atracos y robos que soportaban principalmente bares, cafeterías y similares los que eran asaltados con tanta frecuencia que el clamor del gremio (junto con el de otros muchos sectores) llegó a propiciar unas reuniones en la comisaría y bajo la tutela de la máxima autoridad provincial, donde se debatieron aquellos temas, insolubles; y que continuaron a todos los niveles de este tipo de delincuencia, la que a la vista está, se generalizó y sigue siendo una plaga, la que no merma sensiblemente por cuanto se dice y publica cada año, cuando las autoridades dan una cuenta repetitiva de hechos, que ya nos dejan indiferentes... ¿A quién no le han asaltado, el piso, tienda, bar, chalé, apartamento, etc.?... ¿Cuántos de éstos han recuperado lo robado en su momento?... ¿Cuántas veces han cogido a los culpables y que se ha hecho con ellos ó para que sirvió su condena si es que les fue impuesta?... ¿Cuántos de los delincuentes cogidos y juzgados han vuelto a la sociedad como elementos útiles a la misma?... preguntas que tendrían miles de respuestas, pero la realidad nos demuestra el fracaso de una sociedad que se dice civilizada.

            No comento el asunto “criminal”; pero el mismo, igualmente ha aumentado en grado muy notable y ya tenemos, hasta “niños asesinos” y un “etcétera” grande y abundante, del que nos informa cada día los noticiarios de todo tipo.

            Pero a fuer de “darle vueltas al coco”, llego a pensar si en verdad y si existiera la posibilidad de erradicación, “interesaría a esa brutal sociedad creada entre todos”, el que la delincuencia que por un lado la asola, desapareciera o quedara en grados mínimos.

            En algún momento de aquellas reuniones (que no sirvieron para nada) se lo llegué a decir a uno de nuestros muchos conferenciantes y que nos recomendaban, medidas a tomar... ¿Es que al propio Estado le interesa la delincuencia en los niveles en que ya se encuentra?... Aquel hombre, me miró entre sorprendido e incrédulo por tan inesperada, inconcebible o temeraria pregunta, incluso me pareció que “me miraba con malos ojos” sin reaccionar, hasta que de una forma tensa me invitó a que me expresara, puesto que al fin y al cabo, yo representaba a más de un millar de contribuyentes, que ya estaban “bastante cabreados en una proporción muy notable”.

            No me arredré por ello y aunque sin extenderme mucho, le dije más o menos, cuanto sigue: “Llevamos ya años con éste tema, hemos tenido muchas reuniones, muchas promesas y se nos han prometido soluciones que no llegan... al contrario, pese a cuanto ustedes afirman, la realidad es otra muy distinta y los “porcentajes que ustedes esgrimen”, no sirven para convencernos y menos aún, al que reiteradamente le han asaltado su propiedad. Entonces, si desde que iniciamos estos cambios de impresiones, ustedes insisten, en que pongamos alarmas, rejas, puertas de seguridad y en definitiva, que “blindemos” más o menos, nuestras propiedades, las que en definitiva, siempre tienen puntos débiles y en gran medida, cuando hay forzamiento de puertas, rejas, paredes, techos, “o lo que sea”, los daños que ocasionan los ladrones, suelen ser muchas veces, superiores a lo que en realidad se han llevado. Todo ello conlleva, un enorme costo de obras de todo tipo y de no poco costo, hasta lograr de nuevo que la propiedad vuelva a estar en condiciones de servicio o de habitabilidad, puesto que igualmente meto en ello a la propiedad privada... de acuerdo, que usted me puede decir, que aseguremos la misma, cosa que ya hacemos en gran proporción, pero todo ello es forzado y por un momento, imagine el costo de todo y los incalculables millones de jornales, que se emplean, el material que se consume y en general, el trabajo que proporciona la delincuencia, simplemente con ese enorme “destruir para volver a construir o reparar”; de ahí lo que le he preguntado, sin ánimo de otra cosa que el de reflexionar hasta grados, donde no se suele llegar”.

            Aquel hombre, velozmente “cambió de tema” y volvimos a las rutinarias “idas y venidas”, que continuaron un tiempo hasta que languidecieron y desaparecieron, puesto que terminamos por... ni acudir a aquellas citas que no servían para nada.

            Han pasado varios lustros desde que ocurriera éste hecho que hoy recuerdo y que escribo para someterlo a la opinión pública... ¿Y a qué nivel nos encontramos?.

            El tema del robo y el asalto, sigue en pleno “orden del día” y lo mismo ocurre en los lugares apartados, que en el centro de la propia ciudad y en mayoría de casos, la impunidad es la que “sella” el asunto. Por lo que el delincuente campa a sus anchas, por cuanto sabe que en mayoría de casos “ni lo molestarán”.

            Así pues, insisto... “la delincuencia a todos los niveles”, crea cientos de miles de puestos de trabajo de todo tipo y que van desde el de Juez (recuerde los juzgados que había hace 15/20 años y los que ahora hay, los que además se dice, tienen que aumentar en grado muy importante); bueno, pues desde ese Juez o Magistrado, hasta el de peón de albañil o de pintor de “brocha gorda”, herrero, carpintero, electricista, etc., pues todos intervienen en el tema, amén de las innumerables compañías de seguros, peritos, celadores de prisión, policía y... “cuanto usted quiera imaginar y que vive y se mantiene en base a esa lacra social”, lo que es tan cierto, como que yo estoy escribiendo ahora mismo... vuelvo a preguntar... ¿Interesa a un Estado el acabar con la delincuencia o tristemente sería peor... “el remedio que la enfermedad”?... Me temo, que vamos a seguir “de por vida”, tal y como estamos, puesto que no se ven ni indicios de que interese cambiar una sociedad ya “anquilosada” y en la que no hay  apenas “nada nuevo y que encaminen a nuevos horizontes”.

            ¡Habiendo tanto trabajo útil por realizar, pero que no se acomete, por lo que sea!

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor)

www.jaen-ciudad.es  (Aquí más)

 

Jaén: 6 de Abril de 2001