Las Noticias de hoy 11 Enero 2018

                        Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 11 de enero de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general, 10 enero 2018 – Texto completo

Audiencia general: Tomar conciencia de “estar en la presencia de Dios”

 El Papa Francisco invita a personas pobres al circo

Francisco el Papa de todos, Conferencia Episcopal Argentina

 LA COMUNIÓN SACRAMENTAL: Francisco Fernández-Carvajal

“Te ha de urgir la caridad de Cristo”: San Josemaria

 Mons. Ocáriz: “Señor, deseamos ser personas que saben querer”

Tema 1. La existencia de Dios: Giuseppe Tanzella-Nitti

Catecismo de la Iglesia Catolica

 No tengan miedo al matrimonio: Renato Martinez

 La voz de la Iglesia frente a los anticonceptivos:

Sacramentos: en el núcleo del cristianismo: Fernando PASCUAL

“Es necesario que los hombres se enmienden y que pidan perdón de sus pecados”: Acción Familia

¡Promovamos el deporte en familia!: Unión Nacional de Padres de Familia 

Las emisiones de GEI de la agricultura en la UE se reducirán en 2030: Jesús Domingo

Aborto y Derechos Humanos: Josefa Romo

En cuanto a la fe, se trata de la fe vivida: Jesús Martínez Madrid

¡Convertíos!  : Suso do Madrid

Como siempre… cornudos y apaleados: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

Audiencia general, 10 enero 2018 – Texto completo

6ª catequesis del Papa Francisco dedicada a la Misa

10 enero 2018RedaccionAudiencia General

El Papa saluda a los peregrinos en la audiencia general © L´Osservatore Romano

(ZENIT – 9 enero 2018).- “¡Ojalá la liturgia se convierta para todos nosotros en una verdadera escuela de oración!”, es el deseo que ha expresado el Papa Francisco en la audiencia general, dedicada a la Eucaristía y en concreto al “Gloria a Dios” y a la oración de la colecta.

El Santo Padre Francisco ha celebrado la audiencia general esta mañana, 10 de enero de 2018, en el aula Pablo VI, como es habitual en invierno, ante miles de peregrinos provenientes de Italia y de otros países del mundo.

La catequesis de hoy ha sido la 6ª catequesis que Francisco dedica a la Santa Misa. La última de este ciclo, dedicado a la Eucaristía, tuvo lugar el pasado miércoles, 3 de enero de 2018, dedicada al acto penitencial, al que ha hecho referencia también al comienzo de la reflexión de hoy.

A continuación, les ofrecemos el texto completo de la catequesis del Santo Padre:

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el recorrido de las catequesis sobre la celebración eucarística hemos visto que el Acto penitencial nos ayuda a despojarnos de nuestras presunciones y a presentarnos ante Dios como realmente somos, conscientes de ser pecadores, con la esperanza de ser perdonados.

Precisamente del encuentro entre la miseria humana y la misericordia divina brota la gratitud expresada en el “Gloria”, “un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero.” (Instrucción General del Misal Romano, 53).

El inicio de este himno –“Gloria a Dios en el alto del cielo”- retoma el canto de los ángeles en el nacimiento de Jesús en Belén, el anuncio gozoso del abrazo entre el cielo y la tierra. Este canto también nos involucra reunidos en oración: “Gloria a Dios en el alto del cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Después del “Gloria”, o cuando no lo hay, inmediatamente después del Acto penitencial, la oración asume una forma particular en la llamada “colecta” que expresa el carácter propio de la celebración, variable según los días y tiempos del año (ver ibid., 54). Con la invitación “oremos”, el sacerdote exhorta al pueblo  a recogerse con él en un momento de silencio, para hacerse conscientes de que están en la presencia de Dios y para que emerjan, del corazón de cada uno, las intenciones personales con las que participa en la misa (cf. ibid., 54). El sacerdote dice “oremos”; y después hay unos instantes de silencio y cada uno piensa en lo que necesita, en lo que quiere pedir, en la oración.

El silencio no se limita a la ausencia de palabras; es estar dispuesto a escuchar otras voces: la de nuestro corazón y, sobre todo, la voz del Espíritu Santo. En la liturgia, la naturaleza del silencio sagrado depende del momento en que se observa: “En el acto penitencial y después de la invitación a orar, cada uno se recoge en sí mismo; pero terminada la lectura o la homilía, todos meditan brevemente lo que escucharon; y después de la Comunión, alaban a Dios en su corazón y oran” (ibid., 45). Por lo tanto, antes de la oración inicial, el silencio nos ayuda a recogernos en nosotros mismos y a pensar en por qué estamos allí. De ahí la importancia de escuchar nuestro ánimo para abrirlo luego al Señor. Tal vez venimos de días fatigosos, o de alegría, de dolor, y queremos decírselo al Señor, invocar su ayuda, pedirle que esté cerca de nosotros; tenemos familiares y amigos que están enfermos o que atraviesan pruebas difíciles; deseamos confiarle a Dios las suertes de la Iglesia y del mundo. Para esto sirve el breve silencio antes de que el sacerdote, recogiendo las intenciones de cada uno, exprese en voz alta a Dios, en nombre de todos, la oración común que concluye los ritos de introducción, haciendo la “colecta” de las intenciones individuales. Recomiendo encarecidamente a los sacerdotes que observen este momento de silencio y no vayan deprisa: “oremos”, y que se haga silencio. Se lo recomiendo a los sacerdotes. Sin ese silencio corremos el peligro de descuidar el recogimiento del alma.

El sacerdote reza esta súplica, esta oración de colecta, con los brazos abiertos y la actitud del orante, asumido por los cristianos desde los primeros siglos – como demuestran los frescos de las catacumbas romanas- para imitar a Cristo con los brazos abiertos en el madero de la cruz. Está allí. ¡Cristo es el Orante y al mismo tiempo la oración!. En el Crucificado reconocemos al Sacerdote que ofrece a Dios el culto que le agrada, es decir la obediencia filial.

En el Rito romano las oraciones son concisas, pero repletas de significado: se pueden hacer tantas meditaciones hermosas sobre estas oraciones ¡Tan bellas! Volver a meditar sobre los textos, incluso fuera de la misa, puede ayudarnos a aprender cómo acudir a Dios, qué pedir, qué palabras usar. ¡Ojalá la liturgia se convierta para todos nosotros en una verdadera escuela de oración!

© Librería Editorial Vaticano

 

Audiencia general: Tomar conciencia de “estar en la presencia de Dios”

Resumen en español de la catequesis del Papa

10 enero 2018Rosa Die AlcoleaAudiencia General

Audiencia general 10/01/2018 © L´Osservatore Romano

(ZENIT – 10 enero 2018).- El Papa Francisco ha dedicado la catequesis de hoy, en la audiencia general, al canto del gloria y a la oración colecta que forman parte de los ritos introductorios de la Santa Misa.

Así, el Santo Padre ha retomado el ciclo de catequesis dedicadas a la Santa Misa, tras el tiempo litúrgico de Navidad. Hoy, 10 de enero de 2018, el Papa ha ofrecido la 6ª catequesis sobre la Eucaristía (Leer la catequesis completa).

El Obispo de Roma ha indicado que el canto del gloria comienza con las palabras de los ángeles en el nacimiento de Jesús en Belén y continúa con aclamaciones de alabanza y agradecimiento a Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y representa, en cierto modo, “un abrirse de la tierra al cielo en respuesta al inclinarse del cielo sobre la tierra”, ha señalado.

La oración llamada colecta viene después del Gloria. Con la expresión “oremos” –ha explicado el Papa– el sacerdote invita al pueblo a recogerse un momento en silencio, para que cada uno tome conciencia de estar en la presencia de Dios y formular en su espíritu sus deseos.

“Hacer silencio significa disponerse para escuchar la voz de nuestro corazón y sobre todo la del Espíritu Santo”, ha aclarado Francisco.

La oración colecta está compuesta, primero, de una invocación del nombre de Dios, y en la que se hace memoria de lo que él ha hecho por nosotros, y en segundo lugar, de una súplica para que intervenga.

El sacerdote recita esta oración con los brazos abiertos imitando a Cristo sobre el madero de la cruz: “En Cristo crucificado reconocemos al sacerdote que ofrece a Dios el culto agradable, es decir, el de la obediencia filial”, ha descrito el Pontífice en la audiencia.

El Papa, como cada miércoles en la audiencia general, ha enviado un saludo a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Les ha exhortado: “Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que la Santa Misa sea de verdad una auténtica escuela de oración, en la que aprendamos a dirigirnos a Dios en cualquier momento de nuestra vida”, y les ha deseado “que el Señor los bendiga”.

 

 

El Papa Francisco invita a personas pobres al circo

A los pobres, ‘sin hogar’, refugiados, prisioneros, familias necesitadas

10 enero 2018RedaccionPapa y Santa Sede

© Vatican News

(ZENIT – 10 enero 2018).- Más de 2.000 personas viviendo en las “periferias” disfrutarán de un especial “Circo de Solidaridad” el próximo 11 de enero de 2108, gracias al Papa Francisco, anunció el Vaticano el 10 de enero de 2018.

“El Santo Padre está ofreciendo un ticket una tarde llena de diversión a más de 2.000 personas pobres o sin hogar de Roma, varios refugiados, un grupo de prisioneros, y muchas familias en plena necesidad”, señala ‘Vatican News’.

El evento tendrá lugar en el Circo Medrano en el distrito del norte de Roma ‘Saxa Rubra’. Además del espectáculo en el circo, se les ofrecerá una bolsa con cena y atención médica disponible.

El Papa Francisco ha indicado que él es algo “fan” del circo, él recibió –en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano– a los miembros de la Asociación Nacional de Propietarios del Espectáculo Itinerante ( (ANESV), en el 70º aniversario del comienzo de la Asociación.

El Santo Padre agradeció a estos representantes del mundo del espectáculo itinerante por el trabajo que hacen con su talento artístico y alegría en tantos lugares y países.

El Papa les aseguró que tienen una misión: “Ofrecer a la gente, niños pero también adultos y mayores, la oportunidad de disfrutar de un entretenimiento sano y limpio. Es un entretenimiento saludable y limpio, sin la necesidad de “bajar” para encontrar material para entretener a la gente.

Y, “¿cómo no va poder estar la mano de Dios” en esta vocación, en esta misión? “Dios nos ama y quiere que seamos felices”, porque su huella está donde hay alegría simple y limpia. Por lo tanto, si ellos preservan estos valores, esta autenticidad y sencillez, ellos son mensajeros de Alegría que agrada a Dios, y eso viene de Él.

 

 

Francisco el Papa de todos, Conferencia Episcopal Argentina

La inmensa mayoría del pueblo argentino ama al Papa Francisco, no se deja confundir por quienes pretenden utilizarlo

Declaración de la Conferencia Episcopal Argentina

Francisco, el Papa de todos, se llama la declaración emitida hoy 10 de enero  por la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal argentina y dice así:

Los argentinos tenemos un enorme privilegio, hace ya casi cinco años un hermano nuestro ha sido elegido Papa, es decir, la máxima autoridad de la Iglesia en el mundo; para los cristianos, vicario de Cristo en la tierra. Desde aquel momento nuestro querido Papa Francisco adquirió en todos los países un prestigio y un apoyo crecientes, y hoy es en un referente global incuestionable para la inmensa mayoría de los cristianos y personas de buena voluntad.

En nuestro país, gran parte de los medios de comunicación han puesto más la atención en hechos menores e incluso han identificado al Papa con determinadas figuras políticas o sociales. Algunos de ellos han sido claros afirmando que no representan ni pretenden representar al Papa ni a la Iglesia. Sin embargo, esta constante asociación ha generado muchas confusiones y justificado lamentables tergiversaciones de su figura y sus palabras que llegan incluso a la injuria y la difamación. 

La inmensa mayoría del pueblo argentino ama al Papa Francisco, no se deja confundir por quienes pretenden utilizarlo, sea pretendiendo representarlo, sea atribuyéndole posiciones imaginarias en función de sus propios intereses sectoriales. El pueblo sencillo quiere escuchar las enseñanzas del Santo Padre, y lo reconoce por su lenguaje claro y llano.

Acompañar a los movimientos populares en su lucha por la tierra, techo y trabajo es una tarea que la Iglesia ha realizado siempre y que el propio Papa promueve abiertamente, invitándonos a prestar nuestras voces a las causas de los más débiles y excluidos. Esto no implica de ninguna manera que se le atribuyan a él sus posiciones o acciones, sean estas correctas o erróneas. 

Por ello, en vísperas a su próxima visita a los pueblos hermanos de Chile y Perú, queremos reiterar que el Papa Francisco se expresa en sus gestos y palabras de padre y pastor, y a través de los voceros formalmente designados por él. Nadie ha hablado ni puede hablar en nombre del Papa. Su aporte a la realidad de nuestro país hay que encontrarlo en su abundante magisterio y en sus actitudes como pastor, no en interpretaciones tendenciosas y parciales que sólo agrandan la división entre los argentinos.  

Deseamos ardientemente que el Papa Francisco sea valorado y escuchado como él se merece y como nos lo merecemos todos los argentinos.

Que la Virgen de Luján nos ayude a construir como hermanos nuestra Patria


Buenos Aires, 10 de enero de 2018
Comisión Ejecutiva
Conferencia Episcopal Argentina

 

 

LA COMUNIÓN SACRAMENTAL

— Jesucristo nos espera cada día.

— Presencia real de Cristo en el Sagrario. Ser consecuentes.

— El Señor nos sana y purifica en la Sagrada Comunión, y nos da las gracias que necesitamos.

I. Llegó un leproso a donde estaba Jesús1, se postró de rodillas, y le dijo: Si quieres puedes limpiarme. Y el Señor, que siempre desea el bien nuestro, se compadeció de él, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. «Aquel hombre se arrodilla postrándose en tierra –lo que es señal de humildad–, para que cada uno se avergüence de las manchas de su vida. Pero la vergüenza no ha de impedir la confesión: el leproso mostró la llaga y pidió el remedio. Su oración está además llena de piedad: esto es, reconoció que el poder curarse estaba en manos del Señor»2. En sus manos sigue estando el remedio que necesitamos.

El mismo Cristo nos espera cada día en la Sagrada Eucaristía. Allí está verdadera, real y sustancialmente presente, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Allí se encuentra con el esplendor de su gloria, pues Cristo resucitado no muere ya3. El Cuerpo y el Alma permanecen inseparables y unidos para siempre a la Persona del Verbo. Todo el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios está contenido en la Hostia Santa, con la riqueza profunda de su Santísima Humanidad y la infinita grandeza de su Divinidad, una y otra veladas y ocultas. En la Sagrada Eucaristía encontramos al mismo Señor que dijo al leproso: Quiero, queda limpio. El mismo que contemplan y alaban los ángeles y los santos por toda la eternidad.

Cuando nos acercamos a un Sagrario, allí le encontramos. Quizá hemos repetido muchas veces en su presencia el himno con el que Santo Tomás expresó la fe y la piedad de la Iglesia, y que tantos cristianos han convertido en oración personal:

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.

En la Cruz se escondía solo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios; haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere, que te ame4.

Esta maravillosa presencia de Jesús en medio de nosotros debería renovar cada día nuestra vida. Cuando le recibimos, cuando le visitamos, podemos decir en sentido estricto: hoy he estado con Dios. Nos hacemos semejantes a los Apóstoles y a los discípulos, a las santas mujeres que acompañaban al Señor por los caminos de Judea y de Galilea. «Non alius sed aliter», no es otro, sino que está de otro modo, suelen decir los teólogos5. Se encuentra aquí, con nosotros: en cada ciudad, en cada pueblo. ¿Con qué fe le visitamos?, ¿con qué amor le recibimos?, ¿cómo disponemos nuestra alma y nuestro cuerpo cuando nos acercamos a la Comunión?

II. El cuerpo del leproso quedó limpio al sentir la mano de Cristo. Y nosotros podemos quedar divinizados al contacto con Jesús en la Comunión. Hasta los ángeles se asombran de tan gran Misterio. El Alma de Cristo está en la Hostia Santa, y todas sus facultades humanas conservan en ella las mismas propiedades que en el Cielo. Nada escapa a la mirada amable y amorosa de Cristo: ni la creación material, ni la gloria de los bienaventurados, ni la actividad de los ángeles. Él conoce el pasado, el presente, el porvenir. «Su vida eucarística es una vida de amor. Del Corazón de Cristo sube sin cesar el fervor de una caridad infinita. Toda la vida íntima del alma sacerdotal del Verbo encarnado –adoración, peticiones, acción de gracias, expiación– es inspirada por este amor sin límites»6. La Santísima Trinidad encuentra en Jesucristo presente en el Sagrario una gloria sin medida y sin fin.

Enseña Santo Tomás de Aquino7 que el Cuerpo de Cristo está presente en la Sagrada Eucaristía tal como es en sí mismo, y el Alma de Cristo con su inteligencia y voluntad; se excluyen solo aquellas relaciones que hacen referencia a la cantidad, pues no está Cristo presente en la Hostia Santa a la manera de una cantidad localizada en el espacio8. De un modo misterioso e inefable está con su Cuerpo glorioso.

La Segunda Persona de la Trinidad Beatísima está allí, en el Sagrario que visitamos cada día, quizá muy cercano a la casa donde vivimos o muy próximo a la oficina donde trabajamos, en la Capilla de la Universidad, de un hospital o del aeropuerto; y está con el poder soberano de su Divinidad increada. Él, el Hijo Unigénito de Dios, ante quien tiemblan los Tronos y las Dominaciones, por Quien todo fue hecho, igual en poder, en sabiduría, en misericordia a las otras Personas de la Trinidad Beatísima, permanece perpetuamente con nosotros, como uno de los nuestros, sin dejar jamás de ser Dios. En verdad, en medio de vosotros está uno a quien no conocéis9. Absortos por nuestros negocios, por el trabajo, por las preocupaciones diarias, ¿pensamos con frecuencia que allí, muy cerca, al lado de nuestro hogar, habita realmente Dios misericordioso y omnipotente? Nuestro gran fracaso, el mayor error de nuestra vida, sería que se nos pudiesen aplicar en algún momento aquellas palabras que el Espíritu Santo puso en la pluma de San Juan: Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron10, porque estaban –podemos añadir– ocupados en sus cosas y en sus trabajos, asuntos todos que sin Él no tienen la menor importancia. Pero nosotros hacemos hoy el propósito firme de permanecer con un amor vigilante: alegrándonos mucho cuando divisamos los muros de una iglesia, realizando durante el día muchas comuniones espirituales, y actos de fe y de amor; y le expresaremos nuestros deseos de desagravio por quienes pasan a su lado sin dirigirse a Él.

III. Señor Jesús, bondadoso pelícano, límpiame, a mí inmundo, con tu Sangre, de la que una gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero11.

El Señor nos da en la Sagrada Eucaristía, a cada hombre en particular, la misma vida de la gracia que trajo al mundo por su Encarnación12. Si tuviéramos más fe se realizarían en nosotros los mismos milagros al contacto con su Santísima Humanidad: en cada Comunión nos limpiaría hasta lo más profundo del alma de nuestras flaquezas e imperfecciones. ¡Haz que yo crea más y más en Ti!, nos invita a clamar, a suplicar interiormente, el himno eucarístico. Si acudimos con fe, oiremos las mismas palabras que dirigió al leproso: Quiero, sé limpio. Otras veces veremos cómo se levanta ante las olas, como en Tiberíades, para apaciguar la tempestad. Y en el alma se hará también una gran calma, se llenará de paz.

Señor Jesús, bondadoso pelícano... En la Comunión el Señor no solo ofrece un alimento espiritual, sino que Él mismo se nos da como Alimento. Antiguamente se pensaba que cuando morían los polluelos del pelícano, este se abría el costado y alimentaba con su sangre a sus hijos muertos y así los volvía a la vida... Cristo nos da la vida eterna. La Comunión, recibida con las debidas disposiciones, suscita en el alma fervientes actos de amor, y nos transforma e identifica con Cristo. El Maestro viene a cada uno de sus discípulos con su amor personal, eficaz, creador y redentor. Se nos presenta como el Salvador de nuestras vidas, ofreciéndonos su amistad. Este sacramento es alimento insustituible de toda intimidad con Jesús.

En contacto con Cristo, el alma se purifica y allí encontramos el vigor necesario para ejercitar la caridad en los mil pequeños incidentes de cada jornada, para vivir ejemplarmente los propios deberes, para vivir la santa pureza, para realizar con valentía y espíritu de sacrificio el apostolado que Él mismo nos ha encomendado... En la Sagrada Eucaristía hallamos remedio para las faltas diarias, para salir adelante en esas pequeñas dejaciones y faltas de correspondencia, que no matan el alma pero que la debilitan y la conducen a la tibieza. La Comunión fervorosa nos impulsa eficazmente hacia Dios, por encima de las propias flaquezas y cobardías. Allí encontramos diariamente las fuerzas que necesitamos, el alimento imprescindible para el alma. La vida humana tiene en Cristo su realización, su prenda de vida eterna... «Cristo es el pan de vida. Y así como el pan ordinario está en proporción al hambre terrena, así Cristo es el pan extraordinario proporcionado al hambre extraordinaria, desmedida, del hombre, capaz, más aún, inquieto por abrirse a aspiraciones infinitas... Cristo es el pan de vida. Cristo es necesario a todos los hombres, a todas las comunidades»13. Sin Él, no podríamos vivir.

En la Sagrada Eucaristía nos espera Jesús para restaurar nuestras fuerzas: Venid a Mí todos los que andáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré14. Y fundamentalmente agobian y fatigan esas enfermedades que fuera de Cristo no tienen remedio. Venid todos: a nadie excluye Jesús: si alguien quiere acercarse a Mí, yo no lo echaré fuera15. Mientras dure el tiempo de la Iglesia militante, Jesús permanecerá con nosotros como la fuente de todas las gracias que nos son necesarias.

Con Santo Tomás de Aquino, podemos decirle a Jesús, presente en la Sagrada Eucaristía, cuando nos acerquemos a recibirle: «me acerco como un enfermo al médico de la vida, como un inmundo a la fuente de la misericordia, como un ciego a la luz de la claridad eterna, como un pobre y necesitado al Señor de cielos y tierra. Imploro la abundancia de tu infinita generosidad para que te dignes curar mi enfermedad, lavar mi impureza, iluminar mi ceguera, remediar mi pobreza y vestir mi desnudez, para que me acerque a recibir el Pan de los Ángeles, al Rey de reyes y Señor de señores con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y piedad, con tanta pureza y fe, y con tal propósito e intención como conviene a la salud de mi alma»16.

Nuestra Madre la Virgen nos impulsa siempre al trato con Jesús sacramentado: «Acércate más al Señor..., ¡más! —Hasta que se convierta en tu Amigo, en tu Confidente, en tu Guía»17.

1 Mc 1, 40-45. — 2 San Beda, Comentario al Evangelio de San Marcos. in loc. — 3 Rom 6, 9. — 4 Himno Adoro te devote. — 5 Cfr. M. M. Philipon, Nuestra transformación en Cristo, p. 116. — 6 Ibídem, p. 117. — 7 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, III, q. 76, a. 5, ad 3. 8 Cfr. Ibídem, III, q. 81, a. 4. — 9 Jn 1, 26. — 10 Jn 1, 11. — 11 Himno Adoro te devote. — 12 Cfr. Santo Tomás, o. c., I, q. 3, a. 79. 13 Pablo VI, Homilía 8-VIII-1976. 14 Mt 11, 28. — 15 Cfr. Jn 6, 37. 16 Misal Romano, Praeparatio ad Missam. — 17 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 680.

 

 

“Te ha de urgir la caridad de Cristo”

Necesitas vida interior y formación doctrinal. ¡Exígete! –Tú –caballero cristiano, mujer cristiana– has de ser sal de la tierra y luz del mundo, porque estás obligado a dar ejemplo con una santa desvergüenza. –Te ha de urgir la caridad de Cristo y, al sentirte y saberte otro Cristo desde el momento en que le has dicho que le sigues, no te separarás de tus iguales –tus parientes, tus amigos, tus colegas–, lo mismo que no se separa la sal del alimento que condimenta. Tu vida interior y tu formación compren...

...den la piedad y el criterio que ha de tener un hijo de Dios, para sazonarlo todo con su presencia activa. Pide al Señor que siempre seas ese buen condimento en la vida de los demás. (Forja, 450)
Un cristiano no puede detenerse sólo en problemas personales, ya que ha de vivir de cara a la Iglesia universal, pensando en al salvación de todas las almas.
De este modo, hasta esas facetas que podrían considerarse más privadas e íntimas –la preocupación por el propio mejoramiento interior– no son en realidad personales: puesto que la santificación forma una sola cosa con el apostolado. Nos hemos de esforzar, por tanto, en nuestra vida interior y en el desarrollo de las virtudes cristianas, pensando en el bien de toda la Iglesia, ya que no podríamos hacer el bien y dar a conocer a Cristo, si en nosotros no hubiera un empeño sincero por hacer realidad práctica las enseñanzas del Evangelio.
Impregnados de este espíritu, nuestros rezos, aun cuando comiencen por temas y propósitos en apariencia personales, acaban siempre discurriendo por los cauces del servicio a los demás. Y si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios del que Ella es Hija, Esposa y Madre.
Los problemas de nuestros prójimos han de ser nuestros problemas. La fraternidad cristiana debe encontrarse muy metida en lo hondo del alma, de manera que ninguna persona nos sea indiferente. María, Madre de Jesús, que lo crió, lo educó y lo acompañó durante su vida terrena y que ahora está junto a El en los cielos, nos ayudará a reconocer a Jesús que pasa a nuestro lado, que se nos hace presente en las necesidades de nuestros hermanos los hombres. (Es Cristo que pasa, 145)

 

 

Mons. Ocáriz: “Señor, deseamos ser personas que saben querer”

Con ocasión del aniversario del nacimiento de san Josemaría, el prelado del Opus Dei celebró la santa Misa en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz. Recogemos unas ideas de su predicación.

Homilías 9 de Enero de 2018

Mons. Fernando Ocáriz comenzó agradeciendo a Dios la vida y la fidelidad del fundador del Opus Dei e invitó a considerar que “todo aniversario, todo cumpleaños, nos habla de que hay que aprovechar el tiempo, no basta con que solo pase”. Recordó: “Precisamente en esta misma iglesia, el 9 de enero de 1968, san Josemaría celebró la santa Misa y, en la homilía, afirmó que los años por sí solos no dan la sabiduría ni la santidad. Y se preguntaba: '¿Cuál es el modo de aprovechar el tiempo? ¿De qué tenemos, Señor, que llenar nuestros días para que sean realmente aprovechados, y vayan dando sabiduría y santidad? Lo sabemos bien –añadió–: hemos de llenar nuestros días de amor a Dios'”.

Lo sabemos bien: hemos de llenar nuestros días de amor a Dios

A raíz de estas consideraciones, Mons. Ocáriz alentó a imitar a san Josemaría, quien quería que se le pudiera definir como un hombre que sabía querer. “En primer lugar, ¡cómo quería al Señor! Tenía muchos detalles sencillos, pero constantes, con el Señor presente en la Eucaristía. Con qué devoción se preparaba para asistir y celebrar la santa Misa. Así querríamos quererte, Señor, a ti; que, como a san Josemaría, se nos vaya el alma al sagrario muchas veces al día, si no físicamente, por lo menos con el corazón”.

San Josemaría celebra la misa en santa María de la Paz (Roma) el 9 de enero de 1968.

“Cómo quería a la Iglesia y al Papa. Quería tanto a la Iglesia, porque quería mucho a Jesucristo, y veía en el Papa al vicario de Cristo”. Y continuó: “Cómo quería a sus hijas y a sus hijos”. Y añadió: “Era un cariño humano y sobrenatural a la vez. Que nosotros, Señor, por intercesión de san Josemaría, seamos personas que saben querer; se trata de una decisión firme de buscar el bien de los demás, de gastarse por los demás, de servir a los demás, acompañe o no el sentimiento”.

La filiación divina nos lleva a una oración confiada

Este cariño es consecuencia de ver a Cristo en los demás. Por eso, Mons. Ocáriz hizo referencia a la primera lectura de la Misa, el pasaje de la epístola de san Pablo a los Romanos, que dice: “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre!”. Invitó a considerar “cómo el Señor quiso imprimir en el corazón de san Josemaría el sentido de la filiación divina, que es saberse y sentirse vivamente hijo de Dios. Nosotros no queremos tener miedo a nada ni a nadie, porque somos hijas e hijos de Dios. La filiación divina nos lleva a una oración confiada, en la que la experiencia misma de nuestros límites, de nuestros defectos, –e incluso de nuestros pecados–, no nos quita la paz, porque nos mueve a volver a la Casa del Padre con alegría, como el hijo pródigo. Nos lleva a descansar en el Señor, cuando nos sentimos preocupados”.

Mons. Fernando Ocáriz terminó invocando a la Santísima Virgen, causa de nuestra alegría, “para que seamos personas alegres, sembradores de paz y de alegría”.

 

 

Tema 1. La existencia de Dios

¿Existe Dios? Es la gran cuestión que cada persona se hace. Porque si Dios existe, todo cambia: la vida, el amor, la amistad, el dolor... Este texto doctrinal afronta la pregunta más importante.

Resúmenes de fe cristiana 31 de Diciembre de 2016

 La libertad religiosa representa el primero de los derechos, y la búsqueda de Dios, el primero de los deberes.

PDF► La existencia de Dios

RTF► La existencia de Dios

Serie completa► “Resúmenes de fe cristiana”, libro electrónico gratuito en formato PDF, Mobi y ePub

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La dimensión religiosa caracteriza al ser humano. Purificadas de la superstición, las expresiones de la religiosidad humana manifiestan que existe un Dios creador.

1. La dimensión religiosa del ser humano

La dimensión religiosa caracteriza al ser humano desde sus orígenes. Purificados de la superstición, debida en definitiva a la ignorancia y el pecado, las expresiones de la religiosidad humana manifiestan la convicción de que existe un Dios creador, del cual dependen el mundo y nuestra existencia personal. Si es verdad que el politeísmo ha acompañado muchas fases de la historia humana, también es verdad que la dimensión más profunda de la religiosidad humana y de la sabiduría filosófica han buscado la justificación radical del mundo y de la vida humana en un único Dios, fundamento de la realidad y cumplimiento de nuestra aspiración a la felicidad (cfr. Catecismo, 28) [1].

A pesar de su diversidad, las expresiones artísticas, filosóficas, literarias, etc. presentes en la cultura de los pueblos, a todas les acomuna la reflexión sobre Dios y sobre los temas centrales de la existencia humana: la vida y la muerte, el bien y el mal, el destino último y el sentido de todas las cosas [2]. Como estas manifestaciones del espíritu humano testimonian a lo largo de la historia, se puede decir que la referencia a Dios pertenece a la cultura humana y constituye una dimensión esencial de la sociedad y de los hombres. La libertad religiosa representa, por tanto, el primero de los derechos, y la búsqueda de Dios, el primero de los deberes: todos los hombres «por su misma naturaleza y por obligación moral están obligados a adherirse a la verdad, una vez conocida» [3]. La negación de Dios y el intento de excluirlo de la cultura y de la vida social y civil son fenómenos relativamente recientes, limitados a algunas áreas del mundo occidental. El hecho de que los grandes interrogantes religiosos y existenciales permanezcan invariables en el tiempo [4] desmiente la idea de que la religión esté circunscrita a una fase “infantil” de la historia humana, destinada a desaparecer con el progreso del conocimiento.

El cristianismo asume cuanto hay de bueno en la investigación y en la adoración de Dios manifestadas históricamente por la religiosidad humana, desvelando, sin embargo, su verdadero significado, el de un camino hacia el único y verdadero Dios que se ha revelado en la historia de la salvación entregada al pueblo de Israel y que ha venido a nuestro encuentro haciéndose hombre en Jesucristo, Verbo Encarnado [5].

2. De las criaturas materiales a Dios

El intelecto humano puede conocer la existencia de Dios acercándose a Él a través de un camino que tiene como punto de partida el mundo creado y que posee dos itinerarios, las criaturas materiales y la persona humana. Aunque este camino haya sido desarrollado especialmente por autores cristianos, los itinerarios que partiendo de la naturaleza y de las actividades del espíritu humano llevan hasta Dios, han sido expuestos y recorridos por muchos filósofos y pensadores de diversas épocas y culturas.

Las vías hacia la existencia de Dios también se llaman “pruebas”, no en el sentido que la ciencia matemática o natural da a este término, sino en cuanto argumentos filosóficos convergentes y convincentes, que el sujeto comprende con mayor o menor profundidad dependiendo de su formación específica (cfr. Catecismo, 31). Que las pruebas de la existencia de Dios no puedan entenderse en el mismo sentido de las pruebas utilizadas por las ciencias experimentales se deduce con claridad del hecho que Dios no es objeto de nuestro conocimiento empírico.

Cada vía hacia la existencia de Dios alcanza solamente un aspecto concreto o dimensión de la realidad absoluta de Dios, el del específico contexto filosófico en el cual la vía se desarrolla: «partiendo del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede llegar a conocer a Dios como origen y fin del universo» ( Catecismo, 32). La riqueza y la inconmensurabilidad de Dios son tales que ninguna de estas vías por sí misma puede llegar a una imagen completa y personal de Dios, sino solamente a alguna faceta de ella: existencia, inteligencia, providencia, etc.

Entre las llamadas vías cosmológicas, unas de las más conocidas son las célebres “cinco vías” elaboradas por Santo Tomás de Aquino, que recogen en buena medida las reflexiones de filósofos anteriores a él; para su comprensión se precisa conocer algunos elementos de metafísica [6]. Las primeras dos vías proponen la idea de que las cadenas causales (paso de la potencia al acto, paso de la causa eficiente al efecto) que observamos en la naturaleza no pueden proseguir en el pasado hasta el infinito, sino que deben apoyarse en un primer motor y sobre una primera causa; la tercera, partiendo de la observación de la contingencia y limitación de los entes naturales, deduce que su causa debe ser un Ente incondicionado y necesario; la cuarta, considerando los grados de perfección participada que se encuentran en las cosas, deduce la existencia de una fuente para todas estas perfecciones; la quinta vía, observando el orden y el finalismo presentes en el mundo, consecuencia de la especificidad y estabilidad de sus leyes, deduce la existencia de una inteligencia ordenadora que sea también causa final de todo.

Estos y otros itinerarios análogos han sido propuestos por diversos autores con diversos lenguajes y distintas formas, hasta nuestros días. Por tanto, mantienen su actualidad, aunque para comprenderlos es necesario partir de un conocimiento de las cosas basado en el realismo (en contraposición a formas de pensamiento ideológico), y que no reduzcan el conocimiento de la realidad solamente al plano empírico experimental (evitando el reduccionismo ontológico), así que el pensamiento humano pueda, en definitiva, ascender de los efectos visibles a las causas invisibles (afirmación del pensamiento metafísico).

El conocimiento de Dios es también accesible al sentido común, es decir, al pensamiento filosófico espontáneo que ejercita todo ser humano, como resultado de la experiencia existencial de cada uno: la maravilla ante la belleza y el orden de la naturaleza, la gratitud por el don gratuito de la vida, el fundamento y la razón del bien y del amor. Este tipo de conocimiento también es importante para captar a qué sujeto se refieren las pruebas filosóficas de la existencia de Dios: Santo Tomás, por ejemplo, termina sus cinco vías uniéndolas con la afirmación: “y esto es a lo que todos llaman Dios”.

El testimonio de la Sagrada Escritura (cfr. Sb 13,1-9; Rm 1,18-20; Hch 17,22-27) y las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia confirman que el intelecto humano puede llegar, hasta el conocimiento de la existencia del Dios creador, partiendo de las criaturas [7] (cfr. Catecismo, 36-38). Al mismo tiempo, ya sea la Escritura, ya sea el Magisterio, advierten que el pecado y las malas disposiciones morales pueden hacer más difícil este reconocimiento.

3. El espíritu humano manifiesta a Dios

El ser humano percibe su singularidad y preeminencia sobre el resto de la naturaleza. Aunque comparte muchos aspectos de su vida biológica con otras especies animales, se reconoce único en su fenomenología: reflexiona sobre sí mismo, es capaz de progreso cultural y técnico, percibe la moralidad de las propias acciones, trasciende con su conocimiento y su voluntad, pero sobre todo con su libertad, el resto del cosmos material [8]. En definitiva, el ser humano es sujeto de una vida espiritual que trasciende la materia de la cual, sin embargo depende [9]. Desde los orígenes, la cultura y la religiosidad de los pueblos han explicado esta trascendencia del ser humano afirmando su dependencia de Dios, del cual la vida humana contiene un reflejo. En sintonía con este común sentir de la razón, la Revelación judeo-cristiana enseña que el ser del hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gn 1,26-28).

La persona humana está ella misma en camino hacia Dios. Existen itinerarios que conducen a Dios partiendo de la propia experiencia existencial: «Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual» (Catecismo, 33).

La presencia de una conciencia moral que aprueba el bien que hacemos y censura el mal que realizamos o querríamos realizar, lleva a reconocer un Sumo bien al cual estamos llamados a conformarnos, del cual nuestra conciencia es como su mensajero. Partiendo de la experiencia de la conciencia humana y sin conocer la Revelación bíblica, varios pensadores desarrollaron desde la antigüedad una reflexión sobre la dimensión ética del obrar humano, reflexión de la que es capaz todo hombre en cuanto creado a imagen de Dios.

Junto a la propia conciencia, el ser humano reconoce su personal libertad, como condición del propio actuar moral. En ese reconocerse libre, la persona humana lee en sí la correspondiente responsabilidad de las propias acciones y la existencia de Alguien ante el cual ser responsable; este Alguien debe ser mayor que la naturaleza material, y no inferior sino mayor que nuestros semejantes, también llamados a ser responsables como nosotros. La existencia de la libertad y de la responsabilidad humanas conducen a la existencia de un Dios garante del bien y del mal, Creador, legislador y remunerador.

En el contexto cultural actual se niega frecuentemente la verdad de la libertad humana, reduciendo la persona a un animal un poco más desarrollado, pero cuyo actuar estaría regulado fundamentalmente por pulsiones necesarias; o identifican la sede de la vida espiritual (mente, conciencia, alma) con la corporeidad de los órganos cerebral y de los procesos neurofisiológicos, negando así la existencia de la moralidad del hombre. A esta visión se puede responder con argumentos que demuestran, en el plano de la razón y de la fenomenología humana, la auto-trascendencia de la persona, el libre arbitrio que obra también en las elecciones condicionadas por la naturaleza, y la imposibilidad de reducir la mente al cerebro.

También en la presencia del mal y de la injusticia en el mundo, muchos ven hoy en día una prueba de la no-existencia de Dios, porque si existiera, no lo permitiría. En realidad, esta desazón y este interrogante son también “vías” hacia Dios. La persona, en efecto, percibe el mal y la injusticia como privaciones, como situaciones dolorosas no debidas, que reclaman un bien y una justicia a la que se aspira. Pues si la estructura más íntima de nuestro ser no aspirase al bien, no veríamos en el mal un daño y una privación.

En el ser humano existe un deseo natural de verdad, de bien y de felicidad, que son manifestaciones de nuestra aspiración natural de ver a Dios. Si tal pretensión quedase frustrada, la criatura humana quedaría convertida en un ser existencialmente contradictorio, ya que estas aspiraciones constituyen el núcleo más profundo de la vida espiritual y de la dignidad de la persona. Su presencia en lo más profundo del corazón muestran la existencia de un Creador que nos llama hacia sí a través de la esperanza en Él. Si las vías “cosmológicas” no aseguran la posibilidad de llegar a Dios en cuanto ser personal, las vías “antropológicas”, que parten del hombre y de sus deseos naturales, dejan entrever que el Dios del cual reconocemos nuestra dependencia, debe ser una persona capaz de amar, un ser personal ante criaturas personales.

La sagrada Escritura contiene enseñanzas explícitas sobre la existencia de una ley moral inscrita por Dios en el corazón del hombre (cfr. Sir 15,11-20; Sal 19; Rm 2,12-16). La filosofía de inspiración cristiana la ha denominado “ley moral natural”, accesible a los hombres de toda época y cultura, aunque su reconocimiento, como en el caso de la existencia de Dios, puede quedar en oscuridad por el pecado. El Magisterio de la Iglesia ha subrayado repetidamente la existencia de la conciencia humana y de la libertad como vías hacia Dios [10].

4. La negación de Dios: las causas del ateísmo

Las diversas argumentaciones filosóficas empleadas para “probar” la existencia de Dios no causan necesariamente la fe en Dios, sino que solamente aseguran que tal fe es razonable. Y esto por varios motivos: a) conducen al hombre a reconocer algunos caracteres filosóficos de la imagen de Dios (bondad, inteligencia, etc.), entre los cuales su misma existencia, pero no indican nada sobre Quién sea el ser personal hacia el cual se dirige el acto de fe; b) la fe es la respuesta libre del hombre a Dios que se revela, no una deducción filosófica necesaria; c) Dios mismo es causa de la fe: es Él quien se revela gratuitamente y mueve con su gracia el corazón del hombre para que se adhiera a Él; d) ha de considerarse la oscuridad y la incertidumbre con la que el pecado hiere a la razón del hombre obstaculizando tanto el reconocimiento de la existencia de Dios como la respuesta de fe a su Palabra (cfr. Catecismo , 37). Por estos motivos, particularmente el último, siempre es posible una negación de Dios por parte del hombre [11].

El ateísmo posee una manifestación teórica (intento de negar positivamente a Dios, por vía racional) y una práctica (negar a Dios con el propio comportamiento, viviendo como si no existiese). Una profesión de ateísmo positivo como consecuencia de un análisis racional de tipo científico, empírico, es contradictoria, porque –como se ha dicho– Dios no es objeto del saber científico-experimental. Una negación positiva de Dios a partir de la racionalidad filosófica es posible por parte de específicas visiones apriorísticas de la realidad, de carácter casi siempre ideológico, ante todo, el materialismo. La incongruencia de estas visiones puede ponerse de manifiesto con la ayuda de la metafísica y de una gnoseología realista.

Una causa difundida de ateísmo positivo es considerar que la afirmación de Dios supone una penalización para el hombre: si Dios existe, entonces no seríamos libres, ni gozaríamos de plena autonomía en la existencia terrena. Este enfoque ignora que la dependencia de la criatura de Dios fundamenta la libertad y la autonomía de la criatura [12]. Es verdadero más bien, lo contrario: como enseña la historia de los pueblos y nuestra reciente época cultural, cuando se niega a Dios se termina negando también al hombre y su dignidad trascendente.

Otros llegan a la negación de Dios considerando que la religión, específicamente el cristianismo, representa un obstáculo al progreso humano porque es fruto de la ignorancia y la superstición. A esta objeción puede responderse a partir de bases históricas: es posible mostrar la influencia positiva de la Revelación cristiana sobre la concepción de la persona humana y sus derechos, o hasta sobre el origen y progreso de las ciencias. Por parte de la Iglesia Católica la ignorancia ha sido siempre considerada, y con razón, un obstáculo hacia la verdadera fe. En general, aquellos que niegan a Dios para afirmar el perfeccionamiento y el avance del hombre lo hacen para defender una visión inmanente del progreso histórico, que tiene como fin la utopía política o un bienestar puramente material, que son incapaces de satisfacer plenamente las expectativas del corazón humano.

Entre las causas del ateísmo, especialmente del ateísmo práctico, debe incluirse también el mal ejemplo de los creyentes, «en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión» [13]. De modo positivo, a partir del Concilio Vaticano II la Iglesia ha señalado siempre el testimonio de los cristianos como el principal factor para realizar una necesaria “nueva evangelización” [14].

5. El agnosticismo y la indiferencia religiosa

El agnosticismo, difundido especialmente en los ambientes intelectuales, sostiene que la razón humana no puede concluir nada sobre Dios y su existencia. Con frecuencia sus defensores se proponen un empeño de vida personal y social, pero sin referencia alguna a un fin último, buscando así vivir un humanismo sin Dios. La posición agnóstica termina con frecuencia identificándose con el ateísmo práctico. Por lo demás, quien pretendiese orientar los fines parciales del propio vivir cotidiano sin ningún tipo de compromiso hacia el que tiende naturalmente el fin último de los propios actos, en realidad habría que decir que en el fondo ya ha elegido un fin, de carácter inmanente, para la propia vida. La posición agnóstica merece, de todos modos, respeto, si bien sus defensores deben ser ayudados a demostrar la rectitud de su no-negación de Dios, manteniendo una apertura a la posibilidad de reconocer su existencia y revelación en la historia.

La indiferencia religiosa –también llamada “irreligiosidad”– representa hoy la principal manifestación de incredulidad, y como tal, ha recibido una creciente atención por parte del Magisterio de la Iglesia [15]. El tema de Dios no se toma en serio, o no se toma en absoluta consideración porque es sofocado en la práctica por una vida orientada a los bienes materiales. La indiferencia religiosa coexiste con una cierta simpatía por lo sacro, y tal vez por lo pseudo-religioso, disfrutados de un modo moralmente descuidado, como si fuesen bienes de consumo. Para mantener por largo tiempo una posición de indiferencia religiosa, el ser humano necesita de continuas distracciones y así no detenerse en los problemas existenciales más importantes, apartándolos tanto de la propia vida cotidiana como de la propia conciencia: el sentido de la vida y de la muerte, el valor moral de las propias acciones, etc. Pero, como en la vida de una persona hay siempre acontecimientos que “marcan la diferencia” (enamoramiento, paternidad y maternidad, muertes prematuras, dolores y alegrías, etc.), la posición de “indiferentismo” religioso no resulta sostenible a lo largo de toda la vida, porque sobre Dios no se puede evitar el interrogarse, al menos alguna vez. Partiendo de tales eventos existencialmente significativos, es necesario ayudar al indiferente a abrirse con seriedad a la búsqueda y afirmación de Dios.

6. El pluralismo religioso: hay un único y verdadero Dios, que se ha revelado en Jesucristo

La religiosidad humana –que cuando es auténtica, es camino hacia el reconocimiento del único Dios– se ha expresado y se manifiesta en la historia y en la cultura de los pueblos, en formas diversas y a veces también en el culto de distintas imágenes o ideas de la divinidad. Las religiones de la tierra que manifiestan la búsqueda sincera de Dios y respetan la dignidad trascendente del hombre deben ser respetadas: la Iglesia Católica considera que en ellas está presente una chispa, casi una participación de la Verdad divina [16]. Al acercarse a las diversas religiones de la tierra, la razón humana sugiere un oportuno discernimiento: reconocer la presencia de superstición y de ignorancia, de formas de irracionalidad, de prácticas que no están de acuerdo con la dignidad y libertad de la persona humana.

El diálogo inter-religioso no se opone a la misión y a la evangelización. Es más, respetando la libertad de cada uno, la finalidad del diálogo ha de ser siempre el anuncio de Cristo. Las semillas de verdad que las religiones no cristianas pueden contener son, de hecho, semillas de la Única Verdad que es Cristo. Por tanto, esas religiones tienen el derecho de recibir la revelación y ser conducidas a la madurez mediante el anuncio de Cristo, camino, verdad y vida. Sin embargo, Dios no niega la salvación a aquellos que ignorando sin culpa el anuncio del Evangelio, viven según la ley moral natural, reconociendo su fundamento en el único y verdadero Dios [17].

En el diálogo inter-religioso el cristianismo puede proceder mostrando que las religiones de la tierra, en cuanto expresiones auténticas del vínculo con el verdadero y único Dios, alcanzan en el cristianismo su cumplimiento. Solamente en Cristo Dios revela el hombre al propio hombre, ofrece la solución a sus enigmas y le desvela el sentido profundo de sus aspiraciones. Él es el único mediador entre Dios y los hombres [18].

El cristiano puede afrontar el diálogo inter-religioso con optimismo y esperanza, en cuanto sabe que todo ser humano ha sido creado a imagen del único y verdadero Dios y que cada uno, si sabe reflexionar en el silencio de su corazón, puede escuchar el testimonio de la propia conciencia, que también conduce al único Dios, revelado en Jesucristo. «Para esto he nacido y para esto he venido al mundo –afirma Jesús ante Pilatos–; para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad escucha mi voz» (Jn 18,37). En este sentido, el cristiano puede hablar de Dios sin riesgo de intolerancia, porque el Dios que él exhorta a reconocer en la naturaleza y en la conciencia de cada uno, el Dios que ha creado el cielo y la tierra, es el mismo Dios de la historia de la salvación, que se ha revelado al pueblo de Israel y se ha hecho hombre en Cristo. Este fue el itinerario seguido por los primeros cristianos: rechazaron que se adorara a Cristo como uno más entre los dioses del Pantheon romano, porque estaban convencidos de la existencia de un único y verdadero Dios; y se empeñaron al mismo tiempo en mostrar que el Dios entrevisto por los filósofos como causa, razón y fundamento del mundo, era y es el mismo Dios de Jesucristo [19].

Giuseppe Tanzella-Nitti

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

 

Catecismo de la Iglesia Católica, 27-49

Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes , 4-22

Juan Pablo II, Enc. Fides et ratio , 14-IX-1998, 16-35.

Benedicto XVI, Enc. Spe salvi , 30-XI-2007, 4-12.


[1] Cfr. Juan Pablo II, Enc. Fides et ratio, 14-IX-1998, 1.

[2] «Más allá de todas las diferencias que caracterizan a los individuos y los pueblos, hay una fundamental dimensión común, ya que las varias culturas no son en realidad sino modos diversos de afrontar la cuestión del significado de la existencia personal. Precisamente aquí podemos identificar una fuente del respeto que es debido a cada cultura y a cada nación: toda cultura es un esfuerzo de reflexión sobre el misterio del mundo y, en particular, del hombre: es un modo de expresar la dimensión trascendente de la vida humana. El corazón de cada cultura está constituido por su acercamiento al más grande de los misterios: el misterio de Dios », Juan Pablo II, Discurso a la O.N.U. , New York, 5-10-1995, «Magisterio», XVIII,2 (1995) 730-744, n. 9.

[3] Concilio Vaticano II, Decl. Dignitatis humanae, 2.

[4] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 10.

[5] Cfr. Juan Pablo II, Carta Ap. Tertio millennio adveniente, 10-XI-1994, 6; Enc. Fides et ratio, 2.

[6] Cfr. S. Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, I, q. 2, a. 3; Contra gentiles, I, c. 13. Para una exposición detallada se remite al lector a estas dos referencias de Santo Tomás y a algún manual de Metafísica o Teología Natural.

[7] Cfr. Concilio Vaticano I, Const. Dei Filius, 24-IV-1870, DH 3004; Motu Proprio Sacrorum Antistitum, 1-IX-1910, DH 3538; Congregación para la Doctrina de la Fe, Inst. Donum veritatis, 24-V-1990, 10; Enc. Fides et ratio, 67.

[8] «Con agradecimiento, porque percibimos la felicidad a que estamos llamados, hemos aprendido que las criaturas todas han sido sacadas de la nada por Dios y para Dios: las racionales, los hombres, aunque con tanta frecuencia perdamos la razón; y las irracionales, las que corretean por la superficie de la tierra, o habitan en las entrañas del mundo, o cruzan el azul del cielo, algunas hasta mirar de hito en hito al sol. Pero, en medio de esta maravillosa variedad, sólo nosotros, los hombres —no hablo aquí de los ángeles— nos unimos al Creador por el ejercicio de nuestra libertad: podemos rendir o negar al Señor la gloria que le corresponde como Autor de todo lo que existe», San Josemaría, Amigos de Dios, 24.

[9] Cfr. Concilio Vaticano II , Const. Gaudium et spes, 18.

[10] Cfr. Ibidem, 17-18. En particular, la doctrina sobre la conciencia moral y la responsabilidad ligada a la libertad humana, en el cuadro de la explicación de la persona humana como imagen de Dios, ha sido extensamente desarrollada por Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor, 6-VIII-1993, 54-64.

[11] Cfr. Concilio Vaticano II , Const. Gaudium et spes, 19-21.

[12] Cfr. Ibidem, 36.

[13] Ibidem, 19.

[14] Cfr. Ibidem, 21; Pablo VI, Enc. Evangelii nuntiandi, 8-XII-1975, 21; Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor, 93; Juan Pablo II, Carta Ap. Novo millennio ineunte, 6-I-2001, cap. III y IV.

[15] Cfr. Juan Pablo II, Ex. Ap. Christifideles laici, 30-XII-1988, 34; Enc. Fides et ratio, 5.

[16] Cfr. Concilio Vaticano II, Decl. Nostra Aetate, 2.

[17] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Lumen gentium, 16.

[18] Cfr. Juan Pablo II, Enc. Redemptoris missio, 7-XII-1990, 5; Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Dominus Iesus, 6-VIII-2000, 5;13-15.

[19] Cfr. Juan Pablo II, Enc. Fides et ratio, 34; Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-XI-2007, 5.

 

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Catecismo de la Iglesia Catolica

PRÓLOGO

"PADRE, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo" (Jn 17,3). "Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2,3-4). "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4,12), sino el nombre de Jesús.

I. La vida del hombre: conocer y amar a Dios

1  Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, se hace cercano del hombre: le llama y le ayuda a buscarle, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Para lograrlo, llegada la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo como Redentor y Salvador. En Él y por Él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada.

2  Para que esta llamada resonara en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20). Fortalecidos con esta misión, los apóstoles "salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Mc 16,20).

3  Quienes con la ayuda de Dios, han acogido el llamamiento de Cristo y han respondido libremente a ella, se sienten por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena Nueva. Este tesoro recibido de los Apóstoles ha sido guardado fielmente por sus sucesores. Todos los fieles de Cristo son llamados a transmitirlo de generación en generación, anunciando la fe, viviéndola en la comunión fraterna y celebrándola en la liturgia y en la oración (cf. Hch 2,42).

II. Transmitir la fe: la catequesis 

4  Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que,creyendo ésto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, Catechesi tradendae [CT] 1).

5  "La catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana" (CT 18).

6  Sin confundirse con ellos, la catequesis se articula dentro de un cierto número de elementos de la misión pastoral de la Iglesia, que tienen un aspecto catequético, que preparan para la catequesis o que derivan de ella, como son: primer anuncio del Evangelio o predicación misionera para suscitar la fe; búsqueda de razones para creer; experiencia de vida cristiana: celebración de los sacramentos; integración en la comunidad eclesial; testimonio apostólico y misionero (cf. CT 18).

7  "La catequesis está unida íntimamente a toda la vida de la Iglesia. No sólo la extensión geográfica y el aumento numérico de la Iglesia, sino también y, más aún, su crecimiento interior, su correspondencia con el designio de Dios dependen esencialmente de ella" (CT 13).

8  Los períodos de renovación de la Iglesia son también tiempos en los que a la catequesis le corresponde un mayor empeño. Así, en la gran época de los Padres de la Iglesia, vemos a santos obispos consagrar una parte importante de su ministerio a la catequesis. Es la época de san Cirilo de Jerusalén y de san Juan Crisóstomo, de san Ambrosio y de san Agustín, y de muchos otros Padres cuyas obras catequéticas siguen siendo modelos.

9  El ministerio de la catequesis saca energías siempre nuevas de los concilios. El Concilio de Trento constituye a este respecto un ejemplo digno de ser destacado: dio a la catequesis una prioridad en sus constituciones y sus decretos; de él nació el Catecismo Romano que lleva también su nombre y que constituye una obra de primer orden como resumen de la doctrina cristiana; este Concilio suscitó en la Iglesia una organización notable de la catequesis; promovió, gracias a santos obispos y teólogos como san Pedro Canisio, san Carlos Borromeo, san Toribio de Mogrovejo, san Roberto Belarmino, la publicación de numerosos catecismos.

10  No es extraño, por ello, que, en el dinamismo del Concilio Vaticano II (que el Papa Pablo VI consideraba como el gran catecismo de los tiempos modernos), la catequesis de la Iglesia haya atraído de nuevo la atención. El Directorio general de la catequesis de 1971, las sesiones del Sínodo de los Obispos consagradas a la evangelización (1974) y a la catequesis (1977), las exhortaciones apostólicas correspondientes, Evangelii nuntiandi (1975) y Catechesi tradendae (1979), dan testimonio de ello. La sesión extraordinaria del Sínodo de los Obispos de 1985 pidió "que sea redactado un catecismo o compendio de toda la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral" (Relación final II, B, a, 4). El Santo Padre, Juan Pablo II, hizo suyo este deseo emitido por el Sínodo de los Obispos reconociendo que "responde totalmente a una verdadera necesidad de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares" (Discurso de clausura del Sínodo, asamblea extraordinaria, 7 de diciembre de 1985). El Papa dispuso todo lo necesario para que se realizara la petición de los padres sinodales.

III. Fin y destinatarios de este Catecismo

11 Este catecismo tiene por fin presentar una exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del Concilio Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia. Sus fuentes principales son la sagrada Escritura, los santos Padres, la Liturgia y el Magisterio de la Iglesia. Está destinado a servir "como un punto de referencia para los catecismos o compendios que sean compuestos en los diversos países" (Sínodo de los Obispos 1985, Relación final II, B, a, 4).

12 El presente catecismo está destinado principalmente a los responsables de la catequesis: en primer lugar a los Obispos, en cuanto doctores de la fe y pastores de la Iglesia. Les es ofrecido como instrumento para la realización de su tarea de enseñar al Pueblo de Dios. A través de los Obispos, se dirige a los redactores de catecismos, a los sacerdotes y a los catequistas. Será también de útil lectura para todos los demás fieles cristianos.

IV. La estructura del "Catecismo de la Iglesia Católica"

13 El plan de este catecismo se inspira en la gran tradición de los catecismos, los cuales articulan la catequesis en torno a cuatro "pilares": la profesión de la fe bautismal (el Símbolo), los sacramentos de la fe, la vida de fe (los Mandamientos), la oración del creyente (el Padre Nuestro).

Primera parte: la profesión de la fe

14 Los que por la fe y el Bautismo pertenecen a Cristo deben confesar su fe bautismal delante de los hombres (cf. Mt 10,32; Rom 10,9). Para esto, el catecismo expone en primer lugar en qué consiste la Revelación por la que Dios se dirige y se da al hombre, y la fe, por la cual el hombre responde a Dios (primera sección). El Símbolo de la fe resume los dones que Dios hace al hombre como Autor de todo bien, como Redentor, como Santificador y los articula en torno a los "tres capítulos" de nuestro Bautismo —la fe en un solo Dios: el Padre Todopoderoso, el Creador; y Jesucristo, su Hijo, nuestro Señor y Salvador; y el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia (segunda sección).

Segunda parte: Los sacramentos de la fe

15 La segunda parte del catecismo expone cómo la salvación de Dios, realizada una vez por todas por Cristo Jesús y por el Espíritu Santo, se hace presente en las acciones sagradas de la liturgia de la Iglesia (primera sección), particularmente en los siete sacramentos (segunda sección).

Tercera parte: La vida de fe

16 La tercera parte del catecismo presenta el fin último del hombre, creado a imagen de Dios: la bienaventuranza, y los caminos para llegar a ella: mediante un obrar recto y libre, con la ayuda de la ley y de la gracia de Dios (primera sección); mediante un obrar que realiza el doble mandamiento de la caridad, desarrollado en los diez mandamientos de Dios (segunda sección).

Cuarta parte: La oración en la vida de la fe

17 La última parte del catecismo trata del sentido y la importancia de la oración en la vida de los creyentes (primera sección). Se cierra con un breve comentario de las siete peticiones de la oración del Señor (segunda sección). En ellas, en efecto, encontramos la suma de los bienes que debemos esperar y que nuestro Padre celestial quiere concedernos.

V. Indicaciones prácticas para el uso de este Catecismo

18 Este catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica. Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Por ello, en los márgenes del texto se remite al lector frecuentemente a otros lugares (señalados por números más pequeños y que se refieren a su vez a otros párrafos que tratan del mismo tema) y, con ayuda del índice analítico al final del volumen, se permite ver cada tema en su vinculación con el conjunto de la fe.

19 Con frecuencia, los textos de la sagrada Escritura no son citados literalmente, sino indicando sólo la referencia (mediante cf.). Para una inteligencia más profunda de esos pasajes, es preciso recurrir a los textos mismos. Estas referencias bíblicas son un instrumento de trabajo para la catequesis.

20 Cuando, en ciertos pasajes, se emplea letra pequeña, con ello se indica que se trata de puntualizaciones de tipo histórico, apologético o de exposiciones doctrinales complementarias.

21 Las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal. Con frecuencia estos textos han sido escogidos con miras a un uso directamente catequético.

22 Al final de cada unidad temática, una serie de textos breves resumen en fórmulas condensadas lo esencial de la enseñanza. Estos "resúmenes" tienen como finalidad ofrecer sugerencias para fórmulas sintéticas y memorizables en la catequesis de cada lugar.

VI. Las necesarias adaptaciones

23 El acento de este catecismo se pone en la exposición doctrinal. Quiere, en efecto, ayudar a profundizar el conocimiento de la fe. Por lo mismo está orientado a la maduración de esta fe, su enraizamiento en la vida y su irradiación en el testimonio (cf. CT 20-22; 25).

24 Por su misma finalidad, este catecismo no se propone da una respuesta adaptada, tanto en el contenido cuanto en el método a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su cargo instruir a los fieles:

"El que enseña debe hacerse todo a todos, para ganarlos a todos para Jesucristo [...]¡Sobre todo que no se imagine que le ha sido confiada una sola clase de almas, y que, por consiguiente, le es lícito enseñar y formar igualmente a todos los fieles en la verdadera piedad, con un único método y siempre el mismo! Que sepa bien que unos son, en Jesucristo, como niños recién nacidos, otros como adolescentes, otros finalmente como poseedores ya de todas sus fuerzas [...] es necesario tener en cuenta cuidadosamente quiénes pueden necesitar leche y quiénes otro alimento más sólido [...]. El Apóstol [...] señaló que había que considerar que los que son llamados al ministerio de la predicación deben, al transmitir la enseñanza del misterio de la fe y de las reglas de las costumbres, acomodar sus palabras al espíritu y a la inteligencia de sus oyentes" (Catecismo Romano, Prefacio, 11).

Por encima de todo, la Caridad.

25 Para concluir esta presentación es oportuno recordar el principio pastoral que enuncia el Catecismo Romano:

"El camino mejor es que el Apóstol [...] mostró: Toda la finalidad de la doctrina y de la enseñanza debe ser puesta en el amor que no acaba. Porque se puede muy bien exponer lo que es preciso creer, esperar o hacer; pero sobre todo debe resaltarse que el amor de Nuestro Señor siempre prevalece, a fin de que cada uno comprenda que todo acto de virtud perfectamente cristiano no tiene otro origen que el amor, ni otro término que el amor (Catecismo Romano, Prefacio, 10).

 

 

No tengan miedo al matrimonio

“No tengan miedo al matrimonio, Cristo los acompaña con su gracia”. Mons. Paglia comenta el Tweet del Papa

“Queridos jóvenes, no tengan miedo del matrimonio: Cristo acompaña con su gracia a los esposos que permanecen unidos a él”. Escribe esta mañana el Papa Francisco en su cuenta oficial de Twitter @Pontifex, seguido por más de 22 millones de usuarios en todo el mundo. Sobre la exhortación del Santo Padre a los jóvenes de hoy y a menos de tres meses del inicio del Sínodo sobre la Familia, el Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, el Arzobispo Vincenzo Paglia, explica las palabras del Pontífice ante los micrófonos de Radio Vaticano, el servicio es de nuestro compañero Alessandro Gisotti.

R.- Como muchas veces sucede, el Papa Francisco ha acertado. Todos nosotros, en proximidad del Sínodo, sabemos cuántos problemas giran alrededor de este tema del matrimonio, de la familia. Pero el núcleo de fondo es exactamente este: lamentablemente muchos jóvenes tienen miedo de casarse, no porque ellos sean – como decir – peores de ayer, ¡absolutamente no! Existe una cultura que induce a tener miedo, que provoca este desconcierto sobre las decisiones definitivas por lo cual es fácil retroceder. El Papa Francisco repite a los jóvenes hoy: “!NO tengan miedo!”. Es interesante ver que esta afirmación se repite en la Biblia 365 veces, una al día. Entonces, diría que esta insistencia cotidiana debe ser el coro que debe resonar en el corazón y en la mente de los jóvenes porque – de verdad – si se está unido a Jesús, el matrimonio, la unión para siempre, logra dar esta estabilidad que en cambio una sociedad demasiado liquida lo impide.

P.- Es muy bello que el Papa Francisco utilice el tweet, para animar a los jóvenes, es decir una “modalidad joven” que viene justamente usada por la juventud, entonces es una modalidad para conectarse con quienes escuchan.

R.- Si justamente, en este sentido todavía una vez más se percibe a un Papa que sale de los esquemas ordinarios, un poco pomposos y solemnes para hacerse cercano a todos. En definitiva, el Papa Francisco cuando nos pide “salir” no lo dice solo en palabras, lo dice también con los hechos y también con este pequeño y extraordinario medio que es el tweet, que de todos modos logra tocar un poco la mente y el corazón. ¡Esperamos de verdad que llegue al corazón con este tweet!

P.- ¿Qué cosa puede hacer la Iglesia para evidenciar la belleza del matrimonio en un periodo en el cual, tal vez la cultura muestra más los peligros y las dificultades de formar una familia?

R.- Sí, creo yo que la Iglesia tiene un tesoro en este campo: un tesoro espiritual, humanístico, de una increíble riqueza. Pienso que sea poco conocido y tal vez también olvidado. Hoy se tiene necesidad de sacarlo fuera, y representar el matrimonio y la familia no como una opción simplemente por sí misma, sino como el modo para cambiar el mundo. El matrimonio y la familia no es una opción cerrada en el círculo de los propios afectos: es una opción para la sociedad, para el mundo.

Por Renato Martinez

 

 

La voz de la Iglesia frente a los anticonceptivos

Carmen Elena VILLA

Este año se conmemoran 50 años de la publicación de la encíclica Humanae Vitae, en la que el papa Pablo VI habló del amor conyugal ante los nuevos desafíos que se presentaron en aquella época. Por ello ofrecemos una breve síntesis de este importante documento que aún tiene hoy una gran vigencia.

¿Cuál es el tema de la Humanae Vitae?

Es la regulación de la natalidad. El mensaje central de este texto es que el uso de los métodos anticonceptivos es un acto moralmente malo por tratarse de la separación en el acto conyugal el aspecto unitivo y procreativo.

¿Quién la escribió?

Pablo VI, quien fue el papa de la Iglesia Católica entre 1963 y 1978. Para ello se asesoró de una comisión de estudio que había creado su antecesor, el papa San Juan XXIII, compuesta por 58 sacerdotes (entre ellos Karol Wojtyla, quien se convirtió luego en Juan Pablo II) también algunas parejas de casados y mujeres laicas.

¿Cuándo se escribió y qué situación vivía el mundo en aquel entonces?

Esta encíclica fue publicada el 25 de julio de 1968. El mundo atravesaba la llamada revolución sexual, con la aparición de la píldora anticonceptiva en 1960 y la creciente preocupación por la sobrepoblación con una visión alarmista y basada muchas veces en proyecciones numéricas exageradas. Comenzó a darse una creciente desconexión entre las relaciones sexuales, el amor y la responsabilidad. Muchos sacerdotes y agentes pastorales estaban confundidos y no sabían cómo orientar a los fieles sobre temas de sexualidad. Por ello era necesario un pronunciamiento de parte de la Iglesia.

¿Ofrece la Humanae Vitae alguna propuesta para la regulación de la natalidad?

Si. Tras un discernimiento basado en razones justas, si se determina que no es voluntad de Dios tener un hijo por el momento, el Papa propone usar los ritmos naturales creados por Dios. Propone abstenerse de tener relaciones sexuales durante los períodos de fertilidad de la mujer, lo cual permite una mayor comunicación entre los esposos y un recto ordenamiento de los impulsos sexuales. Al contrario que los anticonceptivos, esta práctica de la continencia periódica promueve la virtud de la castidad en el matrimonio.

¿Cómo reaccionó el mundo frente a esta nueva encíclica?

Desde muchos sectores llegaron fuertes críticas a Pablo VI por su postura, según ellos, legalista, ultra-conservadora y cerrada al progreso. También dentro de la misma Iglesia hubo reacciones en contra o un tanto ambiguas. Pero Pablo VI fue muy valiente en ir contracorriente ante un mundo que imponía de manera muy agresiva nuevos estereotipos para la vivencia de la vida sexual en la que se desliga del compromiso y del amor.

¿Tenía razón el Papa al criticar tan duramente los métodos artificiales de control de la natalidad?

El Papa señaló en esta encíclica algunas consecuencias del uso de los anticonceptivos como son una mayor propagación de la infidelidad conyugal, la degradación general de la moralidad, un inicio de la vida sexual más precoz, la pérdida del respeto y la utilización de la mujer con fines egoístas y la intervención excesiva de las autoridades gubernamentales en la vida conyugal, algo que compete solo a la intimidad de cada pareja. Cincuenta años después vemos cómo estas consecuencias se han hecho reales y han convertido en banal algo tan sagrado como es el acto sexual.

 

 

Sacramentos: en el núcleo del cristianismo

Por Fernando PASCUAL

Ser cristianos significa acoger una Salvación maravillosa, realizada gracias a la Encarnación, Nacimiento, Vida oculta, Vida pública, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

La experiencia de ser salvados se realiza en cada sacramento. Como pórtico, el bautismo nos unió para siempre al Amor del Padre en Cristo gracias al Espíritu Santo.

Luego, la Confirmación nos confirió la plenitud del Espíritu Santo y la fortaleza necesaria para vivir la aventura de la fe en cualquier situación de la vida.

Como somos débiles, la confesión permite recuperar la gracia (la presencia íntima de Dios en mi alma), porque actualiza la salvación en la historia personal.

Sobre todo, la Eucaristía nos lleva al mismo momento del Calvario, donde Cristo vence el pecado, destruye la muerte, nos da su Cuerpo y su Sangre para que tengamos vida.

En la enfermedad grave, que nos recuerda la propia fragilidad y el hecho inevitable de la muerte, la Unción de los enfermos suaviza los dolores y reaviva la esperanza.

El matrimonio bendice con la salvación de Dios esa maravillosa experiencia del amor humano, pues lo limpia de egoísmos y pecados, al dar ese impulso para que los esposos se amen como Cristo amó a su Iglesia (cf. Ef 5).

El sacramento del orden sacerdotal se entiende desde la voluntad de Cristo de continuar su presencia entre los hombres, pues gracias a los obispos y los sacerdotes la Eucaristía se celebra en tantos rincones del planeta.

Todos y cada uno de los sacramentos nos permiten entrar en el núcleo del cristianismo: “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).

 

 

“Es necesario que los hombres se enmienden y que pidan perdón de sus pecados”

Verdades Olvidadas

“Es preciso que los hombres se enmienden y que pidan perdón de sus pecados”.

La Santísima Virgen María, en su aparición a los pastorcitos en Fátima, les confió cuatro peticiones y cuatro promesas, necesarias para la paz y la salvación de los hombres.

Pues, “la salvación del mundo en esta hora extraordinaria la ha puesto Dios en el Inmaculado Corazón de María”. (Palabras del Cardenal Cerejeira, Patriarca de Lisboa, el 7 de septiembre de 1946).

Peticiones de Nuestra Señora:

“Hay que rezar el Santo. Rosario todos los días”.

“Es preciso que los hombres se enmienden y que pidan perdón de sus pecados”.

“Que el mundo entero se consagre a mi Inmaculado Corazón”.

“La Comunión Reparadora de los Primeros Sábados de mes en honra del Inmaculado Corazón de María”.

Promesas de Nuestra Señora:

“Si se hace lo que yo Os digo, obtendréis la paz”.

“Si se atienden a mis ruegos, Rusia se convertirá”.

“Si se hace lo que os digo, se salvarán muchas almas”.

“Anuncia de mi parte que prometo asistir en el momento de la muerte y con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en el Primer Sábado de cinco meses consecutivos, se confiesen, comulguen, recen el Santo Rosario y me hagan compañía durante un cuarto de hora meditando en sus Misterios, con la intención de hacerme reparación”.

 

 

 

¡Promovamos el deporte en familia!

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Como padres de familia debemos fomentar hábitos que ayuden a nuestros hijos a ser no sólo personas exitosas y humanas, sino también individuos llenos de salud.

El hábito de hacer deporte o alguna actividad física que contribuya a mantener nuestra salud en buen estado es algo que ha quedado de poco a poco en el olvido, y es que esta situación sumada a la mala cultura alimenticia ha llevado a nuestro país a ser el 1er lugar en obesidad en el mundo… ¿Esto es para enorgullecernos?

Como padres de familia tenemos la obligación de fomentar en nuestros hijos el hábito de hacer deporte, pues más allá ser una actividad necesaria, comprende acciones que les ayudarán a ser personas saludables, llenas de vitalidad, además de disciplinadas y capaces de afrontar retos más complicados.

¿Cómo empezar?

No necesariamente debes enviarlos a extracurriculares para que practiquen deportes: hacer actividad física, practicar algún deporte o juego en familia es la mejor opción.

1. Date tiempo

Empieza por asignar periodos cortos en la tarde, en donde puedan salir a caminar, correr, andar en bicicleta, jugar a los “congelados”, fútbol, o cualquier otra actividad que se te ocurra y que les pueda gustar.

2. Conviértelo siempre en un juego

Haz que pase inadvertido el hecho de que salen a propósito y que es con el fin de que sus vidas no sean tan sedentarias… Ellos son tan observadores y astutos que podrían intentar frustrar tus intentos sin que te des cuenta…  Podrías terminar en la sala viendo televisión.

Trasforma este tiempo en un juego, rétalos y haz que contemplen al deporte como una actividad espontánea y divertida… ¿Cómo? ¡Sé espontáneo! Expresiones como “a ver quién gana”, “te reto a”, o “a que no me ganas” pueden ser incentivos que los estimulen a competir contra ti.

Recuerda siempre aplaudir sus victorias cuando ganen, pero también ayúdales a abordar el fracaso, y estimúlalo a superar la dificultad.

3. Pon reglas

No está demás aportar al juego normas que les permitan direccionar sus habilidades y comportamientos de manera correcta, pues en ello viene implícito el esfuerzo, la disciplina y la superación. Sé relajado al imponer y haz que ellos también aporten reglas.

4.  Usa los fines de semana para hacer campeonatos o competencias

Ya que practican en la semana, puedes hacer “competencias finales”, en donde pueden participar más miembros de la familia.

Esto ayudará a tus hijos a forjar el hábito del deporte, pero también les enseñará sobre el tiempo de calidad, la diversión, y sin dudad, marcará sus vidas con hermosos recuerdos en familia.

¿Qué esperas? Comienza hoy, y cambia su futuro para siempre.

 

 

Las emisiones de GEI de la agricultura en la UE se reducirán en 2030

Las emisiones europeas de gases de efecto invernadero (GEI) y amoníaco vinculadas a la agricultura se reducirán en 2030 gracias a las modernas técnicas agrícolas que reducen el uso y mejoran la eficiencia de insumos como los fertilizantes.de acuerdo con el informe de perspectivas agrícolas de la Unión Europea (UE) 2017-2030, que acaba de publicar la Comisión Europea (CE).

Según el informe, se espera que las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI) no CO² disminuyan en un 1.5% para 2030, en comparación con 2008. La mayoría de las emisiones de GEI no CO² (es decir, metano y óxido nitroso) en la agricultura provienen directa o indirectamente de la producción animal, este sector será directamente responsable del 72% de esas emisiones en 2030, suponiendo que las emisiones del estiércol en el campo se asignen al sector ganadero.

Se espera que las emisiones de amoniaco relacionadas con la agricultura en Europa disminuyan aproximadamente un 10% entre 2008 y 2030. La producción de animales y cultivos libera amoniaco a la atmósfera, con más del 90% de estas emisiones asociadas a la agricultura. La mayoría de las emisiones de amoniaco están relacionadas con el manejo del estiércol, aproximadamente el 80%, y el uso de fertilizantes minerales, aproximadamente el 20%. Estas reducciones ocurrirán a pesar del aumento en la producción de carne, leche y lácteos, debido a la mayor eficiencia en las producciones.

En 2030, se espera que el superávit de nitrógeno medio previsto en la UE sea cercano a los 63 kg de N2/ha, un 2,6% más bajo que en 2008.La reducción esperada del superávit de nitrógeno para 2030 se debe a un aumento general proyectado en la eficiencia del uso del nitrógeno, aunque los niveles difieren considerablemente entre las regiones de Europa.

Jesús Domingo

 

 

Aborto y Derechos Humanos

Se cumplen 70  años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos ( 10-1- 1948). El Papa Francisco se ha dirigido al Cuerpo Diplomático  y les ha dicho que dicha Declaración buscaba la “afirmación de la dignidad de cada persona humana, cuyo desprecio y desconocimiento conducen a actos de barbarie que ofenden la conciencia de la humanidad (…). Lamentó que “a lo largo de los años, sobre todo a raíz de las agitaciones sociales del ‘sesenta y ocho’ –las revueltas estudiantiles de París en mayo de  1968–, la interpretación de algunos derechos ha ido progresivamente cambiando, incluyendo una multiplicidad de ‘nuevos derechos’, no pocas veces en contraposición entre ellos”.  Evoco el artículo 3 de dicha Declaración: Todo individuo tiene derecho a la vida (…)”. Pues bien, al aborto, crimen de tremenda malignidad, “un acto de barbarie que ofende la conciencia de la humanidad”, se ha instalado en Occidente.  ¿Hay derecho a matar?  “Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae,  intr. 5). El 5º Mandamiento de la Ley de Dios dice taxativamente: “No matarás”. “El aborto es gravemente inmoral” (San Juan Pablo II). Resulta, también, muy negativo desde el punto de vista demográfico y económico: es necesario que nazcan niños, la población envejece, no hay relevo generacional, son más los que mueren que los que nacen, las pensiones se tambalean.  Yo no creo que ese crimen horrendo, en el que casi todos estamos involucrados por votar a partidos políticos que lo promocionan, nos salga gratis, ni en esta vida ni en la otra. Dios nos juzgará por tamaña injusticia. En Estados Unidos, en la Marcha multitudinaria por la vida, asisten sacerdotes, obispos y cardenales. Este año, en Washington y en Alabama será el 19 de enero; tendrá réplica en  Columbia, Denver, Carolina del Sur,  Los Ángeles; San Francisco, etc. El cardenal Donald Wuerl, de Washington, y el obispo de Arlington, Michael Burbidge, anuncian indulgencia plenaria a los católicos que asistan a la Gran Marcha  y a las "celebraciones sagradas", se confiesen y comulguen.

Josefa Romo

 

 

En cuanto a la fe, se trata de la fe vivida

En cuanto a la fe, se trata de la fe vivida. No de una fe teórica o iluminada, como han propugnado los gnósticos de todos los tiempos. Tampoco hay que caer en la salvación por las meras obras humanas, como han sostenido los pelagianos. Una buena educación cristiana tiene presente la doctrina –que comprende los principios fundamentales de la fe,  de la liturgia y de la moral cristianas– a la vez que se sitúa con las personas y sus circunstancias concretas. Se ocupa de reforzar la identidad cristiana en la inteligencia y en la voluntad. Y al mismo tiempo atiende a las otras dimensiones de la persona: los sentimientos, el diálogo con los demás, y, siempre, su apertura a Dios. Es así como se configura la “mente” de Cristo. De nuevo destaca con fuerza la solidez de esa identidad cristiana requerida en el educador o maestro para mostrar esas dimensiones a los que han elegido adquirirlas.

Pasemos a la dimensión social, verdadera solidaridad en Cristo, que incluye los aspectos familiares y eclesiales. A nivel antropológico y ético se precisa educar para comprender y para servir: cabeza, corazón y manos. Crecer como persona significa buscar la belleza, la verdad y el bien.  Necesita educar en los deseos y los valores auténticamente bellos, en las verdaderas normas y en las virtudes que nos hacen mejores y más capaces de trabajar por los demás. Es la dimensión de la comunicación y del lenguaje, de la sensibilidad social y del interés por el bien común. Si es un error diluir la responsabilidad personal y esquivar el esfuerzo, lo es, y no menor, vivir encerrado en uno mismo.

Jesús Martínez Madrid

 

 

¡Convertíos! 

En su libro “Creación y pecado”, que recoge conferencias a universitarios en los  años de la década de los años 70 del siglo pasado, el entonces sacerdote Josep Ratzinger, ha dejado escritas una palabras que tienen plena actualidad y vigencia en los momentos actuales. Haciendo referencia a reuniones de sacerdotes en las que se hablaba de temas presentes en la Iglesia, señaló:

“Hablamos mucho, y a gusto, de evangelización, de la buena nueva, para hacer atrayente a los hombres el cristianismo. Pero casi nadie –opinaba el obispo- se atreve ya a expresar el mensaje profético: ¡Convertíos!  Casi nadie se atreve en nuestro tiempo a hacer esta elemental llamada al evangelio con la que el Señor quiere llevarnos a cada uno a reconocernos personalmente como pecadores, como culpables y a hacer penitencia. Nuestro colega añadía además que la predicación cristiana actual le parecía semejante a la banda sonora de una sinfonía de la que se hubiera omitido al comienza el tema principal, dejándola incompleta e incomprensible en su desarrollo. Y con ello tocamos un punto extraordinario de nuestra actual situación histórico-espiritual. El tema del pecado se ha convertido en uno de los temas silenciados de nuestro tiempo.

Suso do Madrid

 

Como siempre… cornudos y apaleados

 

                                Cornudos y apaleados, son palabras que he empleado en titular diferentes artículos (están en mi Web para comprobación) para significar, la situación de los casi siempre, súbditos o cuasi siervos españoles; puesto que así nos han tratado los que dicen gobernarnos, desde antes de “Recaredo, Wamba o Don Rodrigo”; los que tras saquearnos hasta cuasi el exterminio, la mayoría escaparon al extranjero a vivir como reyes y ese es el motivo del hundimiento continuo de una nación muy rica y que pese a todo y a todos, se sigue conociendo como España.

                                Aquí se ha gobernado siempre sobre una base terrible cual es “LA MENTIRA” y así seguimos, en la España actual y sus diecinueve virreinatos, autonomías o como dijo aquel iluminado intelectual valenciano (Vizcaíno Casas), “autonosuyas”. Aquí nadie o muy pocos fueron capaces de responder de nada que justificara los grandes desastres, los que fueron asumidos o miserablemente tapados por inútiles historiadores nativos; y si sabemos mucho de lo que la mayoría ignoran es por cuanto los extranjeros escribieron “a tumba abierta” de lo que en realidad ha sido la historia de España.

                                En economía y salvo los dos periodos prósperos de las dos dictaduras militares del pasado siglo (Primo de Rivera y Franco) después, todo ha sido vivir de lo que las mismas produjeron o del ahorro de los verdaderamente austeros nativos, que supimos ahorrar y crear riqueza, o de la brutal y ya “suicida” deuda que en la nueva época nos han echado sobre las espaldas, principalmente en los desastrosos gobiernos de Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy; ambos aun presumiendo de no se sabe qué; pues todo lo que no sea “la economía real y que aconsejaba mi abuela” (“si ganas cinco pesetas jamás te gastes más de tres, porque el resto te hará falta en el porvenir”), es ir cavando la propia sepultura en que serás enterrado tú mismo por tu imprudencia.

                                El cuento de “la lechera”, nos lo dice de forma más suave, puesto que los “sueños, sueños son” y la realidad “o poner los pies en el suelo” es la verdad que siempre alcanza al hombre, “salvo a los bandidos que controlan a masas de hombres y los explotan y explotaron simplemente como se explotan los cerdos o los borregos”.

                                La ruina que tenemos en España y que hábilmente tienen tapada todos los políticos españoles (no se salva ni uno) es de tal envergadura, que los que tengan que enfrentarse a ella, por causas ya inaguantables, se van a acordar de todos los culpables y de “todos sus muertos”; pero entonces aparte de ya no tener remedio, estos habrán desaparecido y sólo quedará una más de las muchas páginas negras, de este país, siempre condenado a protagonizarlas negras o más negras, salvo algunas que sin llegar a ser brillantes nunca, pero al menos paliaron los siempre hambrientas panzas de la mayoría de nativos de “la Hispania de siempre”; también de “hambrientos cerebros”.

                                Y por mi parte hoy no digo más; mejor lean con atención lo que ha publicado uno de los mejores escritores e intelectuales de la actualidad, y luego opinen lo que quieran, si es que son capaces de hacerse cargo de la realidad que tenemos y no hacen caso de las enormes mentiras que nos cuentan, los políticos de todos los partidos; puesto que reitero son culpables todos, unos por acción y otros por omisión; puesto que callando otorgan.

                                Les dejo la dirección que les indico:

http://www.vozpopuli.com/opinion/dispuestos-pagar-pensiones-acumulando-deuda-jubilados-seguridad-social-ocde_0_1087692905.html (Jesús Cacho en “Vozpópuli”)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)