Las Noticias de hoy 10 Enero 2018

                         Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 10 de enero de 2018    

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

 Papa peregrino de la paz y esperanza de Cristo. Video mensaje a Chile y Perú

 ORACIÓN Y APOSTOLADO: Francisco Fernández-Carvajal

“Nos anima, nos enseña, nos guía”: San Josemaria

 Por las minorías religiosas en Asia

Nuevos Mediterráneos (V): «A Jesús, por María»: Lucas Buch

Eucaristía y vida cristiana

 El Congreso acoge un seminario internacional sobre la eutanasia, organizado por entidades católicas

Esta es la receta para evitar “niños blanditos”

 Qué hacer y no hacer en el matrimonio: LaFamilia.info

 La Familia, primero, aunque sea imperfecta.: José Manuel Belmonte 

"La Epifanía, segunda Navidad" : + Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta

 RESOLVER LA INDIFERENCIA: René Mondragón

Presidente obligado a cambios y orientación clara: ALFREDO PALACIOS DONGO

 El servicio a la política: DOCTRINA SOCIAL Y COMPROMISO DE LOS FIELES LAICOS

La modestia es un deber: Acción Familia 

Ecos del Día de Reyes: Josefa Romo

Sale cara la burbuja ideológica: Valentín Abelenda Carrillo

Los vuelos de la muerte,: Domingo Martínez Madrid

La sabiduría religiosa: Jesús Domingo Martínez

 LAS CUATRO ESTACIONES DE LA VIDA: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Martes, 9 de enero de 2018

El Evangelio de San Marcos (1,21-28) nos muestra a Jesús que enseña “como quien tiene autoridad”. Se trata de una enseñanza nueva, y la novedad de Cristo es precisamente el don de la autoridad recibido del Padre. Ante las enseñanzas de los escribas y doctores de la ley, que también decían la verdad, la gente pensaba en otra cosa, porque lo que decían no llegaba al corazón: enseñaban desde la cátedra, pero no se interesaban por la gente. En cambio, la enseñanza de Jesús provoca asombro, movimiento del corazón, porque lo que da autoridad es precisamente la cercanía, y Jesús se acercaba a la gente, y por eso comprendía sus problemas, dolores y pecados. Porque era cercano, comprendía; y acogía, curaba y enseñaba con cercanía. Lo que a un pastor le da autoridad o despierta la autoridad que le dio el Padre, es la cercanía: cercanía a Dios en la oración –un pastor que no reza, un pastor que no busca a Dios está perdido– y la cercanía a la gente. El pastor separado de la gente no llega a la gente. Cercanía, esa doble cercanía. Esa es la unción del pastor que se conmueve ante el don de Dios en la oración, y se puede conmover ante los pecados, problemas y enfermedades de la gente: ¡deja que el pastor se conmueva!

Los escribas habían perdido la capacidad de conmoverse porque no eran cercanos ni a la gente ni a Dios. Y cuando se pierde la cercanía, el pastor acaba en la incoherencia de vida. Jesús es claro en esto: “Haced lo que dicen” –dicen la verdad– “pero no lo que hacen”. La doble vida. Qué feo ver pastores de doble vida: es una herida en la Iglesia. Los pastores enfermos, que han perdido la autoridad y llevan esa doble vida. Hay muchos modos de llevar una doble vida: pero es doble… Y Jesús es muy fuerte con ellos. No solo dice a la gente que les escuchen, sino que no hagan lo que hacen. Y a ellos, ¿qué les dice? “Sois como sepulcros blanqueados”: hermosísimos en la doctrina, por fuera, pero dentro, podredumbre. Ese es el final del pastor que no tiene cercanía con Dios en la oración ni con la gente en la compasión.

En la Primera Lectura están las figuras de Ana, que reza al Señor para tener un hijo varón, y del sacerdote, el viejo Elí, que era débil, había perdido la cercanía, a Dios y a la gente, y pensó que Ana estaba borracha. Ella, en cambio, rezaba en su corazón, moviendo solo los labios. Fue ella la que explicó a Elí que estaba amargada y que “si he estado hablando hasta ahora, ha sido de pura congoja y aflicción”. Y mientras ella hablaba, Elí fue capaz de acercarse a aquel corazón, hasta decirle que se fuera en paz: “Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido”. Se dio cuenta que se había equivocado, e hizo salir de su corazón la bendición y la profecía, porque luego Ana dio a luz a Samuel.

Yo diría a los pastores que han llevado una vida separados de Dios y del pueblo, de la gente: “No perdáis la esperanza. Siempre hay una posibilidad. A este le fue suficiente mirar, acercarse a una mujer, escucharla y despertó su autoridad para bendecir y profetizar; esa profecía se cumplió y el hijo le nació a la mujer”. La autoridad, don de Dios: solo viene de Él, y Jesús la da a los suyos. Autoridad al hablar, que viene de la cercanía con Dios y con la gente, siempre las dos juntas. Autoridad que es coherencia, no doble vida. Autoridad, y si un pastor la pierde, al menos que no pierda la esperanza, como Elí: siempre hay tiempo para acercarse y despertar la autoridad y la profecía.

 

Papa peregrino de la paz y esperanza de Cristo. Video mensaje a Chile y Perú

 

El Papa Francisco saluda al pueblo chileno y al peruano, pocos días antes de emprender su Viaje Apostólico «como peregrino de la alegría del Evangelio»

Cecilia de Malak – Ciudad del Vaticano

Saludando afectuosamente a los hermanos y hermanas de Chile y Perú, con el anhelo de compartir «la paz del Señor» y de «confirmarlos en una misma esperanza», el Obispo de Roma expresa su deseo de encontrarlos.

No están solos, el Papa está con ustedes y la Iglesia los acoge

Tras recordar que conoce la historia de sus países, «fraguada con tesón, entrega»  el Sucesor de Pedro alienta la acción de gracias por la fe y el amor a Dios y a los hermanos más necesitados, en especial a los descartados:

«Quiero hacerme partícipe de las alegrías de ustedes, las tristezas, de sus dificultades y esperanzas, y decirles que no están solos, que el Papa está con ustedes, que la Iglesia entera los acoge, que la Iglesia los mira».

La paz de Dios, que Cristo nos regala y el amparo de la Virgen

El video mensaje pontificio alienta al encuentro con Cristo resucitado para misionar su paz y esperanza y su deseo de confirmar en la fe compartida, celebrada y entregada, afianzada en la misericordia.

Antes de su «¡Hasta pronto!», el Papa encomienda el Viaje Apostólico y las «intenciones que llevamos en el corazón» a la Virgen, Madre de América. 

Texto del video mensaje del Papa

«Hermanos y hermanas de Chile y Perú:

Ante la proximidad de mi Viaje a esas tierras los saludo afectuosamente. Voy hacia ustedes como peregrino de la alegría del Evangelio, para compartir con todos «la paz del Señor» y «confirmarlos en una misma esperanza». Paz y esperanza, compartidas entre todos.

Deseo encontrarme con ustedes, mirarlos a los ojos, ver sus rostros y poder entre todos experimentar la cercanía de Dios, su ternura y misericordia que nos abraza y consuela.

Conozco la historia de sus países, fraguada con tesón, entrega; deseo, con ustedes, dar gracias a Dios por la fe y el amor a Dios y a los hermanos más necesitados, especialmente por el amor que ustedes tienen hacia aquellos que están descartados de la sociedad. La cultura del descarte cada vez nos ha invadido más. Quiero hacerme partícipe de las alegrías de ustedes, las tristezas, de sus dificultades y esperanzas, y decirles que no están solos, que el Papa está con ustedes, que la Iglesia entera los acoge, que la Iglesia los mira.

Con ustedes deseo experimentar la paz que viene de Dios, tan necesaria; solo Él nos la puede dar. Es el regalo que Cristo nos hace a todos, el fundamento de nuestra convivencia y de la sociedad; la paz se sostiene en la justicia y nos permite encontrar instancias de comunión y armonía. Hay que pedirla constantemente al Señor y el Señor la da. Es la paz del Resucitado que trae la alegría y nos impulsa para ser misioneros, reavivando el don de la fe que nos lleva al encuentro, a la comunión compartida de una misma fe celebrada y entregada.

Ese encuentro con Cristo resucitado nos confirma en la esperanza. No queremos estar anclados a las cosas de este mundo, nuestra mirada va mucho más allá, nuestros ojos están puestos en Su misericordia que cura nuestras miserias. Solo Él nos da el empuje para levantarnos y seguir. Palpar esta cercanía de Dios nos hace comunidad viva que es capaz de conmoverse con los que están a nuestro lado y dar pasos firmes de amistad y de fraternidad. Somos hermanos que salimos al encuentro de los demás para confirmarnos en una misma fe y esperanza.

Pongo en las manos de la Virgen Santa, Madre de América, este Viaje Apostólico y todas las intenciones que llevamos en nuestro corazón, para que sea ella, como buena Madre, quien las acoja y nos enseñe el camino hacia su Hijo.

¡Hasta muy pronto! Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Hasta pronto!»

 

 

ORACIÓN Y APOSTOLADO

— El corazón del hombre está hecho para amar a Dios. Y el Señor desea y busca el encuentro personal con cada uno.

— No desaprovechar las ocasiones de apostolado. Mantener firme la esperanza apostólica.

— Oración y apostolado.

I. Cierto día, después de haber pasado la tarde anterior curando enfermos, predicando y atendiendo a las gentes que acudían a Él, Jesús se levantó de madrugada, cuando era todavía muy oscuro, salió de la casa de Simón y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Fueron a buscarle Simón y los que estaban con él; y cuando le encontraron, le dijeron: Todos te buscan. Lo relata San Marcos en el Evangelio de la Misa1.

Todos te buscan. También ahora las muchedumbres tienen «hambre» de Dios. Continúan siendo actuales aquellas palabras de San Agustín al comienzo de sus Confesiones: «Nos has creado, Señor, para ti y nuestro corazón no halla sosiego hasta que descansa en ti»2. El corazón de la persona humana está hecho para buscar y amar a Dios. Y el Señor facilita ese encuentro, pues Él busca también a cada persona, a través de gracias sin cuento, de cuidados llenos de delicadeza y de amor. Cuando vemos a alguien a nuestro lado, o nos llega una noticia de alguna persona por medio de la prensa, de la radio o de la televisión, podemos pensar, sin temor a equivocarnos: a esta persona la llama Cristo, tiene para ella gracias eficaces. «Fíjate bien: hay muchos hombres y mujeres en el mundo, y ni a uno solo de ellos deja de llamar el Maestro.

»Les llama a una vida cristiana, a una vida de santidad, a una vida de elección, a una vida eterna»3. En esto reside nuestra esperanza apostólica: a todos, de una manera u otra, anda buscando Cristo. Nuestra misión –por encargo de Dios– es facilitar estos encuentros de la gracia.

San Agustín, comentando este pasaje del Evangelio, escribe: «El género humano yace enfermo; no de enfermedad corporal, sino por sus pecados. Yace como un gran enfermo en todo el orbe de la tierra, de Oriente a Occidente. Para sanar a este moribundo descendió el médico omnipotente. Se humilló hasta tomar carne mortal, es decir, hasta acercarse al lecho del enfermo»4. Han pasado pocas semanas desde que hemos contemplado a Jesús en la gruta de Belén, pobre e indefenso, habiendo tomado nuestra naturaleza humana para estar muy cerca de los hombres y salvarnos. Hemos meditado después su vida oculta en Nazaret, trabajando como uno más, para enseñarnos a buscarle en la vida corriente, para hacerse asequible a todos y, mediante su Santa Humanidad, poder llegar a la Trinidad Beatísima. Nosotros, como Pedro, también vamos a su encuentro en la oración –en nuestro diálogo personal con Él–, y le decimos: Todo el mundo te busca, ayúdanos, Señor, a facilitar el encuentro contigo de nuestros parientes, de nuestros amigos, de los colegas y de toda alma que se cruce en nuestro camino. Tú, Señor, eres lo que necesitan; enséñanos a darte a conocer con el ejemplo de una vida alegre, a través del trabajo bien realizado, con una palabra que mueva los corazones.

II. Un pueblecito alemán, que quedó prácticamente destruido durante la Segunda Guerra Mundial, tenía en una iglesia un crucifijo, muy antiguo, del que las gentes del lugar eran muy devotas. Cuando iniciaron la reconstrucción de la iglesia, los campesinos encontraron esa magnífica talla, sin brazos, entre los escombros. No sabían muy bien qué hacer: unos eran partidarios de colocar el mismo crucifijo –era muy antiguo y de gran valor– restaurado, con unos brazos nuevos; a otros les parecía mejor encargar una réplica del antiguo. Por fin, después de muchas deliberaciones, decidieron colocar la talla que siempre había presidido el retablo, tal como había sido hallada, pero con la siguiente inscripción: Mis brazos sois vosotros... Así se puede contemplar hoy sobre el altar5. Somos los brazos de Dios en el mundo, pues Él ha querido tener necesidad de los hombres. El Señor nos envía para acercarse a este mundo enfermo que no sabe muchas veces encontrar al Médico que le podría sanar. Hablamos de Dios a las gentes con la esperanza cierta de que Cristo conoce a todos, y que solo en Él encuentran la salvación y palabras de vida eterna. Por eso, no debemos dejar pasar –por pereza, comodidad, cansancio, respetos humanos– ni una sola ocasión: acontecimientos normales de todos los días, el comentario sobre una noticia aparecida en el periódico, un pequeño servicio que prestamos o que nos prestan..., y también los sucesos extraordinarios: una enfermedad, la muerte de un familiar... «Quienes viajan por motivo de obras internacionales, de negocios o de descanso, no olviden que son en todas partes heraldos itinerantes de Cristo y que deben portarse como tales con sinceridad»6. El Papa Juan Pablo I, en su primer mensaje a los fieles, exhortaba a que se estudiaran todos los caminos, todas las posibilidades, y se procurasen todos los medios para anunciar, oportuna e inoportunamente7, la salvación a todas las gentes. «Si todos los hijos de la Iglesia –decía el Romano Pontífice– fueran misioneros incansables del Evangelio, brotaría una nueva floración de santidad y de renovación en este mundo sediento de amor y de verdad»8.

Mantengamos con firmeza la esperanza en el apostolado, aunque el ambiente se presente difícil. Los caminos de la gracia son, efectivamente, inescrutables. Pero Dios ha querido contar con nosotros para salvar a las almas. ¡Qué pena si, por omisión de los cristianos, muchos hombres quedan sin acercarse al Señor! Por eso debemos sentir la responsabilidad personal de que ningún amigo, compañero o vecino, con quienes tuvimos algún trato, pueda decir al Señor: hominem non habeo9: no encontré quien me hablara de Ti, nadie me enseñó el camino. En ocasiones, nuestro trato solo será el comienzo de ese camino que lleva a Cristo: un comentario oportuno, un libro para reafirmar la fe, un consejo certero, una palabra de aliento... y siempre el aprecio y el ejemplo de una vida recta.

«El cristianismo posee el gran don de enjugar y curar la única herida profunda de la naturaleza humana, y esto vale más para su éxito que toda una enciclopedia de conocimientos científicos y toda una biblioteca de controversias; por eso el cristianismo ha de durar mientras dure la naturaleza humana»10. Preguntémonos hoy: ¿a cuántas personas he ayudado a vivir cristianamente el tiempo de Navidad que acabamos de celebrar? Encomendemos a los amigos a quienes estamos ayudando para que se acerquen a la Confesión o a algún medio que facilite su formación y su conocimiento de la doctrina del Señor.

III. El Señor nos quiere como instrumentos suyos para hacer presente su obra redentora en medio de las tareas seculares, en la vida corriente. Pero, ¿cómo podríamos ser buenos instrumentos de Dios sin cuidar con esmero la vida de piedad, sin un trato verdaderamente personal con Cristo en la oración? ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?, ¿no caerán los dos en el precipicio?11. El apostolado es fruto del amor a Cristo. Él es la Luz con la que iluminamos, la Verdad que debemos enseñar, la Vida que comunicamos. Y esto solo será posible si somos hombres y mujeres unidos a Dios por la oración. Conmueve contemplar cómo el Señor, entre tanta actividad apostólica, se levanta muy de madrugada, cuando aún era oscuro, para dialogar con su Padre Dios y confiarle la nueva jornada que comienza, llena también de atención a las almas.

Nosotros debemos imitarle: es en la oración, en el trato con Jesús, donde aprendemos a comprender, a mantener la alegría, a atender y apreciar a las personas que el Señor pone en nuestra senda. Sin oración, el cristiano sería como una planta sin raíces: acaba seca, sin posibilidad de dar frutos, en poco tiempo. En nuestro día podemos y debemos dirigirnos al Señor muchas veces. Él no está lejos: está cerca, a nuestro lado, y nos oye siempre, pero particularmente en los ratos –como ahora– que dedicamos expresamente a hablar, sin anonimatos, de tú a tú, con Dios. En la medida en que nos abrimos a los requerimientos divinos, la jornada será divinamente eficaz y tendremos más facilidad para no interrumpir el diálogo con Jesús. En verdad, nuestra vida de apóstoles vale lo que valga nuestra oración12.

La oración siempre da sus frutos, es capaz de sostener toda una vida. De ella sacaremos la fortaleza para afrontar las dificultades con el garbo de los hijos de Dios. Y para la perseverancia –la constancia en el trato con nuestros amigos– que requiere todo apostolado. Por eso nuestra amistad con Cristo ha de ser día a día más honda y sincera. Para esto debemos empeñarnos seriamente en evitar todo pecado deliberado, guardar el corazón para Dios, procurar rechazar los pensamientos inútiles, que frecuentemente dan lugar a faltas y pecados, rectificar muchas veces la intención, dirigiendo al Señor nuestro ser y nuestras obras... Hemos de luchar contra el desaliento –si llegara alguna vez– que puede producirse al pensar que no mejoramos en la oración personal, pues entonces es fácil que el demonio insinúe la tentación de abandonarla. No debemos dejarla jamás, aunque estemos cansados y no podamos centrar del todo la atención, aunque no tengamos ningún afecto, aunque –sin desearlo– lleguen muchas distracciones. La oración es el soporte de nuestra vida y la condición de todo apostolado.

Acudimos, al terminar este rato de oración, a la intercesión poderosa de San José, maestro de la vida interior. A él, que durante tantos años vivió junto a Jesús, le pedimos que nos enseñe a amarle y a dirigirnos a Él con confianza todos los días de nuestra vida; también aquellos que parecen más apretados de trabajos y en los que nos sentimos con más dificultades para dedicarle ese rato de oración que acostumbramos. Nuestra Madre Santa María intercederá, junto al Santo Patriarca, por nosotros.

1 Mc 1, 29-39. — 2 San Agustín, Confesiones, 1, 1, 1. 3 San Josemaría Escrivá, Forja, Rialp, 1ª ed., Madrid 1987, n. 13. 4 San Agustín, Sermón 87, 13. 5 Cfr. F. Fernández-Carvajal, La tibieza, Palabra, 6ª ed., Madrid 1986, p. 149. 6 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 14. — 7 2 Tim 4, 2. — 8 Juan Pablo I, Alocución 27-VIII-1978. — 9 Jn 5, 7. — 10 Card. J. H. Newman, El sentido religioso, p. 417. — 11 Lc 6, 39. — 12 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, Rialp, 30ª ed., Madrid 1976, n. 108.

 

 

“Nos anima, nos enseña, nos guía”

“Iesus Christus, perfectus Deus, perfectus Homo” –Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre. Muchos son los cristianos que siguen a Cristo, pasmados ante su divinidad, pero le olvidan como Hombre..., y fracasan en el ejercicio de las virtudes sobrenaturales –a pesar de todo el armatoste externo de piedad–, porque no hacen nada por adquirir las virtudes humanas. (Surco, 652)

Enamórate de la Santísima Humanidad de Jesucristo.
–¿No te da alegría que haya querido ser como nosotros? ¡Agradece a Jesús este colmo de bondad! (Forja, 547)

¡Gracias, Jesús mío!, porque has querido hacerte perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se sujeta heroicamente al deber, y se conduce por la misericordia; que vela por los pobres y por los ricos; que cuida de los pecadores y de los justos... ¡Gracias, Jesús mío, y danos un corazón a la medida del Tuyo! (Surco, 813)
En esto se concreta la verdadera devoción al Corazón de Jesús: en conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, y en mirar a Jesús y acudir a El, que nos anima, nos enseña, nos guía. No cabe en esta devoción más superficialidad que la del hombre que, no siendo íntegramente humano, no acierta a percibir la realidad de Dios encarnado.
Jesús en la Cruz, con el corazón traspasado de Amor por los hombres, es una respuesta elocuente ‑sobran las palabras‑ a la pregunta por el valor de las cosas y de las personas. (Es Cristo que pasa, nn. 164-165)

 

Por las minorías religiosas en Asia

En la primera intención mensual del año, el Papa Francisco insta a respetar y proteger a los cristianos y a todas las minorías religiosas de Asia.

 

De la Iglesia y del Papa 5 de Enero de 2018

«En el variado mundo cultural de Asia la Iglesia afronta muchos riesgos y su tarea resulta aún más difícil por el hecho de que constituye una minoría. Estos riesgos, estos retos son compartidos con otras tradiciones religiosas minoritarias a las que nos une un deseo de sabiduría, verdad y santidad. Cuando pensamos en los que son perseguidos por su religión, vamos más allá de las distinciones de rito o de confesión : nos ponemos del lado de los hombres y mujeres que luchan por no renunciar a su identidad religiosa. Pidamos por todos ellos para que, en los países asiáticos, los cristianos, como también las otras minorías religiosas, puedan vivir su fe con toda libertad».

 

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Intenciones mensuales anteriores.

Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa con el objetivo de difundir y concienciar sobre la imperiosa necesidad de orar y actuar por ellas.

 

 

Nuevos Mediterráneos (V): «A Jesús, por María»

San Josemaría rezaba a la Virgen desde pequeño; de mayor descubrió más: se encontró en los brazos de una Madre, tan cercana como lo es el Cielo.

Vida espiritual 7 de Diciembre de 2017

Al pie de la Cruz acompañaban al Señor su Madre, santa María, algunas otras mujeres y Juan, el discípulo más joven. Solo esas pocas personas estaban a su lado en aquellas horas dramáticas. Esas… y una multitud de curiosos y oportunistas, el puñado de soldados que le había llevado al Calvario, y los acusadores que seguían burlándose de él, quizá saboreando su «victoria». ¿Y los demás discípulos? Habían huido.

El mismo Juan nos cuenta que «Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, le dijo a su madre: - Mujer, aquí tienes a tu hijo. Después le dice al discípulo: - Aquí tienes a tu madre» (Jn 19,25). Y, concluye el evangelista, «desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,27).

Acoger a Santa María en nuestra vida: un camino personal, que cada uno recorre a su manera… y a su tiempo

En el joven apóstol, la Madre de Cristo «es entregada al hombre -a cada uno y a todos- como madre»[1]. Desde ese momento, María es Madre de los cristianos. Los primeros discípulos lo comprendieron en seguida. En torno a Ella se reunieron al sentir la ausencia del Señor, después de su Ascensión al Cielo: «todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos» (Hch 1,12.14).

También nosotros estamos llamados a experimentar personalmente la maternidad de María, y a responder como Juan, que «“acoge entre sus cosas propias” a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su “yo” humano y cristiano»[2]. Se trata de un camino personal, que cada uno recorre a su manera… y a su tiempo.

«También soy hijo de mi Madre María»

San Josemaría había tenido devoción a la Virgen desde niño. No lo había olvidado con el paso de los años; en mayo de 1970, durante su novena a los pies de la Virgen de Guadalupe, decía: «Yo os aconsejo, en estos momentos especialmente, que volváis a vuestra edad infantil, recordando, con esfuerzo si es preciso -yo lo recuerdo claramente-, el primer acto vuestro en el que os dirigisteis a la Virgen, con conciencia y voluntad de hacerlo»[3]. Sabemos que siendo muy pequeño su madre lo ofreció a la Virgen de Torreciudad en agradecimiento por haberle curado de una enfermedad mortal. De sus padres aprendió también a rezar a santa María. A la vuelta de los años, recordaba: «todavía, por las mañanas y por las tardes, no un día, habitualmente, renuevo aquel ofrecimiento que me enseñaron mis padres: ¡oh Señora mía, oh Madre mía!, yo me ofrezco enteramente a Vos. Y, en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón...»[4]

Mientras vivió en Zaragoza, san Josemaría visitaba diariamente a la Virgen del Pilar. A Ella acudía con sus barruntos, con la intuición de que el Señor tenía una voluntad especial para él. Aún se conserva una imagen pequeña de esa advocación, hecha en yeso, muy pobre, en cuya base grabó con un clavo: Domina, ut sit!, con la fecha 24-5-924. «Aquella imagen -comentaba años más tarde- era la materialización de mi oración de años, de lo que os había contado tantas veces»[5].

Ya en Madrid, tenía una imagen de la Virgen a la que denominaba «Virgen de los besos», porque nunca dejaba de saludarla con un beso al entrar o salir de casa. «No solo aquélla, todas las imágenes de Nuestra Señora le conmovían. De modo especial las que encontraba tiradas por la calle, en grabados o estampas sucias y polvorientas. O las que le salían al paso en sus correrías por Madrid, como la imagen en azulejos con que se topaban a diario sus ojos cuando dejaba Santa Isabel»[6].

«Ayer descubrí un Mediterráneo (...): que, si soy hijo de mi Padre Dios, lo soy también de mi Madre María» (San Josemaría)

Además, al contemplar el Evangelio había aprendido a tratar a María y a acudir a Ella como hacían los primeros discípulos. En su libro Santo Rosario, fruto de esa contemplación amorosa de la vida de Cristo, al comentar el segundo misterio glorioso, apunta: «Pedro y los demás vuelven a Jerusalén -cum gaudio magno- con gran alegría (Lc 24,52). (…) Pero, tú y yo sentimos la orfandad: estamos tristes, y vamos a consolarnos con María»[7].

Con todo, la maternidad de María iba a ser otro de los «descubrimientos» que haría siendo todavía un sacerdote joven. Lo recoge en uno de sus Apuntes, que data de septiembre de 1932: «Ayer (...) descubrí un Mediterráneo -otro-, a saber: que, si soy hijo de mi Padre Dios, lo soy también de mi Madre María»[8]. No era algo nuevo -era una verdad conocida, meditada, vivida-, y sin embargo adquiría de golpe un significado inédito. Recordando una vez más su itinerario espiritual, añade: «Me explicaré: por María fui a Jesús, y siempre la he tenido por mi Madre, aunque yo haya sido un mal hijo. (Desde ahora seré bueno)». María le había llevado ya a Jesús: había sido su principal intercesora en su insistente petición para ver lo que le pedía el Señor… ¿En qué consistía entonces la novedad? Lo explica a continuación: «Pero ese concepto de mi filiación materna lo vi con una luz más clara, y con un sabor distinto lo sentí ayer. Por eso, durante la Sda. Comunión de mi Misa, le dije a la Señora mi Madre: ponme un traje nuevo. Era muy justa mi petición, porque celebraba una fiesta suya»[9].

La idea del traje nuevo tiene claras resonancias paulinas: «Despojaos del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras; renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas» (Ef 4,22-24). Este nuevo descubrimiento de la maternidad de María, pues, tiene un sabor íntimo de conversión personal. Algo que ve con mayor claridad, que siente de modo nuevo, y que florece en un propósito sencillo pero profundo: «Desde ahora seré bueno».

Hay quienes no dicen el Padre Nuestro, pero dicen sin embargo el Ave María. Y así, por María, «vuelven» a Jesús

Quienes han estudiado a fondo los textos de san Josemaría han puesto de relieve la línea en que se mueve este descubrimiento. Ocho días después de la anotación en que recoge el nuevo Mediterráneo que se le ha abierto, escribe un apunte que pasará a Camino: «A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María»[10]. Era algo que llevaba un tiempo fraguándose en su alma, pero que de golpe comprendió con nueva hondura y le reafirmó en la importancia de Santa María en su vida de relación con Dios. Cuatro días después del apunte, anotó: «- ¡A cuántos jóvenes les gritaría yo al oído: Sé de María... y serás nuestro!»[11] Años más tarde le preguntarían qué quería decir con eso, y él contestaba: «Quiero decir lo que tú entiendes perfectamente. (...) De una parte, que si no hay devoción a María no se puede hacer nada: las almas están como si no tuvieran fundamento para la vida espiritual; de otra, que cuando hay una devoción filial a la Santísima Virgen se encuentran las almas en buena disposición para servir a Nuestro Señor en el estado que sea: solteras, casadas, viudas y los sacerdotes como sacerdotes»[12]. Es María, en fin, quien lleva a Jesús; y Jesús nos lleva al Padre. Ella es, sencillamente, quien facilita el acceso a Dios.

«Volver» a Jesús por María

En aquel septiembre de 1932, san Josemaría meditó repetidas veces sobre el papel que la Virgen juega en nuestro camino a Jesús. En este caso, no se trata ya de encontrar a Cristo, de descubrir cuál es su voluntad para nosotros, sino, como hemos visto, de «volver» a Él. Su lenguaje resultaba novedoso para quienes se le acercaban. El beato Álvaro del Portillo, por ejemplo, recuerda que él mismo se sorprendió: «Entonces pregunté yo al Padre: Padre, ¿por qué ha puesto esto? Que se va por María, ya lo entiendo, pero que se vuelve... Y me dijo: «hijo mío, si alguno tiene la desgracia de separarse de Dios por el pecado, o está a punto de separarse porque le va entrando la tibieza y la desgana, entonces acude a la Santísima Virgen y encuentra otra vez la fuerza; la fuerza para ir al confesonario, si hace falta, para ir a la Confidencia y abrir bien la conciencia con gran sinceridad -sin que haya recovecos en el alma, sin que haya secretos a medias con el diablo- y por María, se va a Jesús»[13].

Levantarse después de una caída cuesta, y cuesta más a medida que pasan los años. En lo físico, resulta evidente: basta ver el revuelo que se forma cuando una persona mayor se cae por la calle. Pero esa afirmación es igualmente cierta en lo espiritual. A medida que crecemos en edad, se nos puede hacer más y más costoso pedir perdón. Nos humilla seguir cayendo en los mismos pecados, nos avergüenza cometerlos -«¡a estas alturas!»-, se nos hace insoportable seguir constatando nuestra propia debilidad… y, a veces, cedemos a una desesperanza que nos roba la alegría.

«Es María, en fin, quien lleva a Jesús; y Jesús nos lleva al Padre. Ella es, sencillamente, quien facilita el acceso a Dios» (San Josemaría)

La desesperanza es un enemigo sutil que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos. Pensamos que hemos defraudado a Dios, como quien se compra un aparato electrónico y de golpe descubre que no era tan bueno como lo pintaban... Sin embargo, al vernos en ese estado, Él quiere recordarnos que ¡nos conoce perfectamente! A cada uno de nosotros podría decirnos, como a Jeremías: «antes de plasmarte en el seno materno, te conocí» (Jr 1,5). Por eso, su Amor por nosotros constituye una seguridad firme: sabiendo cómo somos, Dios nos ha amado hasta dar la vida por nosotros… y no se ha equivocado. Cuando incluso esta verdad, tan consoladora, nos resulte lejana, acordarnos de nuestra Madre puede ser como el atajo que nos facilite el camino de vuelta[14]. Ella nos acerca de modo particular a la Misericordia de ese Dios que está esperándonos con los brazos abiertos. En su última Audiencia general, Benedicto XVI nos confiaba: «Desearía invitaros a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, seguros de que esos brazos nos sostienen siempre y son los que nos permiten caminar cada día, también en la dificultad. Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites. Quisiera que cada uno de vosotros sintiera la alegría de ser cristiano»[15]. Y precisamente para que lo sintamos, Dios ha querido manifestarnos su amor paterno… y materno.

El amor «materno» de Dios aparece expresado en diversos momentos a lo largo de la Escritura; quizá el pasaje más conocido sea el de Isaías: «¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho, no compadecerse del hijo de sus entrañas? ¡Pues aunque ellas se olvidaran, Yo no te olvidaré!» (Is 49,15); o, de un modo aún más explícito: «como alguien a quien su madre consuela, así Yo os consolaré» (Is 66,13). Sin embargo, Dios quiso ir más allá, y darnos a su misma Madre, aquella mujer de quien se encarnó su Hijo amado. Los cristianos de todos los tiempos han descubierto por eso en María una vía privilegiada y particularmente accesible hacia el Amor infinito del Dios que perdona.

A veces podemos encontrarnos con personas a quienes aún les resulta demasiado abstracto dirigirse a Dios, o que no se atreven a mirar a Cristo directamente: un poco como aquellos niños que prefieren acudir a su madre antes que a su padre cuando han hecho algo mal o han roto un objeto valioso... De modo parecido, «muchos pecadores no pueden decir el “Padre Nuestro”, pero dicen sin embargo el “Ave María”»[16]. Y así, por María, «vuelven» a Jesús.

A María, con la ternura de los niños

El descubrimiento de la importancia de María va de la mano, en la vida de san Josemaría, de la vivencia de la infancia espiritual. En un punto de Camino, que nació en unas circunstancias difíciles, escribió: «¡Madre! - Llámala fuerte, fuerte. - Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha»[17]. Quienes le rodeaban no sabían quizá hasta qué punto les estaba transmitiendo su propia experiencia con estas líneas. Por aquellos años, san Josemaría estaba aprendiendo también a acercarse a Dios como un niño pequeño.

Fruto de ese modo de orar es su obra Santo Rosario, y también algunos capítulos de Camino. Los descubrimientos que hemos repasado se inscriben en ese trato confiado con Dios y con María. De hecho, san Josemaría recorrió ese camino a lo largo de toda su vida. Poco antes de transcurrir su última Navidad en esta tierra, confiaba a un grupo de hijos suyos: «De ordinario me abandono, procuro hacerme pequeño y ponerme en los brazos de la Virgen. Le digo al Señor: ¡Jesús, hazme un poco de sitio! ¡A ver cómo cabemos los dos en los brazos de tu Madre! Y basta. Pero vosotros seguid vuestro camino: el mío no tiene por qué ser el vuestro (…) ¡viva la libertad!»[18]

También nosotros podemos pedir a Dios que nos adentre en esos Mediterráneos de la vida interior, paisajes tan conocidos… pero a la vez inmensos

Sin ser el único modo de lograrlo, hacerse niños facilita actitudes como la humildad o el abandono esperanzado en las distintas circunstancias de la vida. También es una manera de ganar en sencillez y naturalidad al dirigirnos a Dios. Además, al ser un camino marcado por el reconocimiento de la propia fragilidad y dependencia, permite abrir a Dios con menos esfuerzo las puertas del propio corazón, es decir, de la propia intimidad.

Los niños son vulnerables, y precisamente por eso son tan sensibles al amor: comprenden en profundidad los gestos y las actitudes de los mayores. Por eso es necesario que nos dejemos tocar por Dios, y le abramos las puertas de nuestra propia alma. El Papa lo proponía también a los jóvenes: «Él nos pregunta si queremos una vida plena. Y yo en su nombre les pregunto: Ustedes, ¿ustedes quieren una vida plena? Empieza desde este momento por dejarte conmover»[19]. Tener corazón no significa prestarse a la afectación o la sensiblería, que son una simple caricatura de la auténtica ternura. Al contrario, redescubrir el corazón, dejarse conmover, puede ser un camino para alcanzar a Dios. «Mi pobre corazón está ansioso de ternura -anotaba san Josemaría en 1932-. Si oculus tuus scandalizat te... No, no es preciso tirarlo lejos: que no se puede vivir sin corazón. (…) Y esa ternura, que has puesto en el hombre, ¡cómo queda saciada, anegada, cuando el hombre te busca, por la ternura (que te llevó a la muerte) de tu divino Corazón!»[20] A María -y por Ella a Jesús- se puede ir por el camino de la ternura, que es el modo en que los niños aprenden a conocer a sus madres y a confiar en ellas su vida entera. Por este y por otros caminos que Dios nos puede sugerir, nos adentramos en un inmenso Mediterráneo: el de tener en el Cielo una Madre toda hermosa, santa María.

***

El descubrimiento de los distintos Mediterráneos que hemos ido repasando en estos artículos ensanchó el corazón de san Josemaría de modo indecible. Como dando pequeños pasos de la mano del Señor, percibió el sentido de la Cruz, que le hizo sentirse hijo de un Padre lleno de Amor; descubrió el Amor entrañable y cercano de Jesús; aprendió a dejarse querer por Dios, nuestro Consolador, confiando en Él más que en las fuerzas propias; y, poco a poco, supo dar protagonismo al Espíritu Santo en su vida espiritual y en su acción en la tierra. Comprendió, en definitiva, que la plenitud de la vida cristiana no consiste en cumplir una serie de tareas, llegar a un cierto estándar o «realizar empresas extraordinarias, sino en unirse a Cristo, en vivir sus misterios, en hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado en que, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya»[21]. Siguiendo los pasos de san Josemaría, también nosotros podemos pedir a Dios que nos adentre en esos Mediterráneos de la vida interior, paisajes tan conocidos… pero a la vez inmensos, que nos permitirán «ahondar en la hondura del Amor de Dios, para poder así, con la palabra y con las obras, mostrarlo a los hombres»[22]. No hay camino más urgente… ni más hermoso.

Lucas Buch

Foto: Tomas (cc)


[1] San Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, n. 23.

[2] Ibídem. n. 45.

[3] San Josemaría, Apuntes de su oración en voz alta en la antigua basílica de Nuestra Señora de Guadalupe (México), 20-V-1970, en P. Casciaro, Soñad y os quedaréis cortos, 11ª ed., Rialp, Madrid 1999, p. 223.

[4] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 296.

[5] Apuntes de una reunión familiar, 26-VII-1974 (Crónica 1975, p. 223, en AGP, biblioteca, P01). La imagen se conserva en una galería con recuerdos de su vida, en la sede central del Opus Dei, en Roma.

[6] A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 1, pp. 410-411.

[7] San Josemaría, Santo Rosario, 2º misterio glorioso.

[8] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 820, 5-IX-1932, en Santo Rosario. Edición crítico-histórica, introducción al 2º misterio glorioso, p. 234.

[9] Ibídem.

[10] San Josemaría, Camino, n. 495.

[11] San Josemaría, Texto del Cuaderno VI, nº 825, fechado en 17-IX-1932, en Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 494.

[12] San Josemaría, Notas de una tertulia, Madrid 23-X-1972, en Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 494.

[13] Notas de un coloquio con Álvaro del Portillo, Madrid 4-IX-1977, citadas por P. Rodríguez, Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 495.

[14] «La Virgen, Madre del Señor y Madre nuestra (…) es el atajo para llegar a Dios» (J. Echevarría, “El amor a María Santísima en las enseñanzas de Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer”, Palabra, 156-157, (1978), pp. 341-345 (disponible aquí).

[15] Benedicto XVI, Audiencia General, 27-II-2013.

[16] J. Daniélou, El misterio del Adviento, Cristiandad, Madrid 2006, p. 120.

[17] Camino, n. 516.

[18] San Josemaría, Apuntes de la predicación, 20-XII-1974, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol. 2, p. 68.

[19] Francisco, Discurso, 28-VII-2016.

[20] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1658, 9-X-1932, en Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 118. Cfr. Mc 9,47.

[21] Benedicto XVI, Audiencia General, 13-IV-2011.

[22] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 97.

 

 

Eucaristía y vida cristiana

El libro de Mons. Javier Echevarría 'Eucaristía y vida cristiana' nos invita a "adentrarnos con mayor hondura en la actualidad de la Encarnación, en ese pasar de Jesús por la tierra para conversar con los hombres".

Libros 4 de Octubre de 2005

Eucaristía y vida cristiana

Después de "Itinerarios de vida cristiana" y "Getsemaní", Mons. Javier Echevarría acaba de publicar un libro sobre la Eucaristía. Tiene por título "Eucaristía y vida cristiana", y su objeto, en palabras del autor, es: "...intentar adentrarnos con mayor hondura en la actualidad de la Encarnación, en ese pasar de Jesús por la tierra para conversar con los hombres. También es una invitación a profundizar con agradecimiento en la maravillosa realidad de nuestro ser hijos de Dios”.

Ofrecemos a continuación algunos fragmentos de este libro.

"Ahí tenéis a nuestro Dios"

El cristianismo es cercanía de Dios al hombre; entraña amistad, trato, intimidad del hombre con Dios; expresa la familiaridad de un hijo amadísimo, acogido con indecible alegría, con músicas, fiestas, y un gran banquete (cfr. Lc 15, 22-24). Esta realidad de contenido, sobre todo espiritual, tiene también una dimensión sensible, que encuentra su fulcro en la carne de Cristo.

«El Verbo se ha hecho carne», escribe san Juan (Jn 1, 14) resumiendo todo el designio de salvación que el Padre ha fijado por medio de su Palabra. La cercanía de Dios no significa sólo que mueva y gobierne todo; la Alianza no se limita sólo a un pacto jurídico, del que se conservan algunos papeles como testimonios. Lleva consigo cercanía personal que se ha hecho sensible, tangible. El Hijo de Dios ha asumido nuestra naturaleza y desde entonces «la carne es quicio de la salvación», con palabras de Tertuliano .

Aprender a amar

Es preciso que miremos con sinceridad nuestro propio interior, ir al fondo de las situaciones o reacciones, y reconocer que el problema se reduce en definitiva a un problema de correspondencia.

El amor constituye la sustancia de la felicidad: amar y saberse amados componen la única respuesta verdadera a las ansias últimas del corazón humano. Y, en definitiva, buscamos esta finalidad en todo cuanto nos ocupa: un "querer" que no muera, que no pase, que no traicione, que sacie el alma.

Agustín de Hipona lo dejó escrito con frase brevísima: «Pondus meus, amor meus» . Mi amor es mi peso, lo que me confiere solidez, lo que me atrae y me exalta, me transmite altura y profundidad, el origen de mi paz. También lo propuso con la consideración de que nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Dios: porque sólo en Él se encuentra la verdadera caridad que proporciona densidad y sentido a todo, que libra de la superficialidad y de lo provisorio .

Nazaret y Belén: con Cristo en el propio hogar

La comunión de vida que instaura el matrimonio encuentra su centro fundamental en el Misterio eucarístico. Jesús continúa entregándose a su Esposa en el Sacrificio de la Misa; y, a través de la Eucaristía, continúa dando a los esposos la luz y la fuerza para que se amen como Él ha amado a su Iglesia, para que den a su Padre nuevos hijos por medio de su amor fiel y fecundo. Para los esposos cristianos, el Sagrario se yergue siempre como la referencia emblemática de su amor.

Cristo une, no separa. Al mismo tiempo, la caridad y el cariño añaden categoría al respeto por el otro y valoran sabiamente sus necesidades, de modo que el propio comportamiento espiritual no suponga un peso; evita, por ejemplo, apartarse para rezar cuando lo que urge es reparar una puerta que no cierra, atender una visita, o preparar la cena, puesto que estas mismas actividades se transforman en ocasión de encuentro con Dios, es decir, pueden convertirse en oración.

Lo que separa a los hombres entre sí, lo que lleva un matrimonio al naufragio, suele proceder de la soberbia que pretende enrocarse en “su” razón, y de este modo resiste al don de Dios y aísla al interesado de los demás. He aquí un consejo de san Josemaría a los esposos: «Evitad la soberbia, que es el mayor enemigo de vuestro trato conyugal: en vuestras pequeñas reyertas, ninguno de los dos tiene razón. El que está más sereno ha de decir una palabra, que contenga el mal humor hasta más tarde. Y más tarde —a solas— reñid, que ya haréis en seguida las paces» .

Descanso y filiación divina: la enseñanza de Jesús

Al hablar del descanso auténtico, Jesús nos está enseñando a conducirnos como hijos de Dios. Los mismo que un padre de la tierra se preocupa de la alimentación, del vestido, del desarrollo armónico de sus hijos, así Dios obra con nosotros; o, para expresarlo de modo más exacto, la paternidad en la tierra es un reflejo de la paternidad divina.

Nos encontramos ante un aspecto de capital importancia para entender quién es nuestro Padre Dios y cómo nos trata. En grave error se caería al imaginarlo como un ser tremendo y lejano, que habita en el cielo infinito, desentendido de las criaturas que Él mismo ha puesto en la existencia.

A pesar de que deseamos sinceramente comportarnos como cristianos, ese peligro nos ronda. «Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. —Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado.

"El que a vosotros oye, a mí me oye": la razón de la eficacia apostólica

El secreto del afán apostólico de un discípulo de Cristo radica en su amor al Maestro: eso es lo que le impulsa a dar la vida por los demás, a gastarla en ayudarles a conocer la Palabra divina y a vivir según los imperativos del Amor de Dios. Su celo por las almas nace de un amor a Cristo que persigue, como todo amor verdadero, la identificación con el amado.

En esto se centra la razón de su eficacia, porque entonces se cumplen las palabras de Jesús: «El que a vosotros oye, a mí me oye» (Lc 10, 16).

¿Cómo se alcanza esa identificación? Es el Espíritu Santo quien obra la incorporación del discípulo al Maestro; por eso, también al Paráclito preside y mueve toda la actividad de los Apóstoles, y la llena de eficacia.

Sin la asistencia del Espíritu Santo, la criatura no puede acoger la Palabra de Dios, no puede creer; así lo ha enseñado siempre la Iglesia, contra las diversas formas de autosuficiencia humana ante las metas divinas.

Tampoco puede vivir según esa Palabra si el Paráclito no lo sostiene constantemente con su gracia: no puede esperar en Dios, no puede amar como Cristo. Sin el auxilio de este Consolador, las lecciones del Maestro y el ejemplo del Modelo no nos aprovecharían: querríamos conducirnos según sus enseñanzas y no podríamos, intentaríamos imitar sus ejemplos y no lo conseguiríamos.

San Ireneo lo explicaba así: «El Señor prometió que enviaría al Paráclito para que nos conformara con Dios. De la misma manera que sin agua no se puede lograr con trigo seco una masa compacta ni un único pan, nosotros, que somos muchos, no podríamos hacernos uno en Cristo Jesús sin esta Agua que viene del Cielo. Y así como la tierra árida no fructifica si no recibe agua, nosotros, que anteriormente éramos leña seca (cfr. Lc 23, 31), no hubiéramos producido fruto a no ser por esta lluvia que libremente nos baja de lo alto».

 

 

El Congreso acoge un seminario internacional sobre la eutanasia, organizado por entidades católicas

Las fundaciones Jérôme Lejeune y Valores y Sociedad han invitado a expertos europeos y americanos

Las fundaciones de inspiración católica Jérôme Lejeune y Valores y Sociedad, además de la Federación One of Us, Political Network for Values y la Asociación Familia y Dignidad Humana, han organizado el seminario internacional: “Cuidados paliativos y sociales versus eutanasia” en el Congreso de los Diputados con la presencia de destacados expertos, políticos, legisladores europeos y americanos.

Cartel del seminario.

10/01/2018 01:00

ReligionConfidencial

La eutanasia y el suicidio asistido se encuentran legalizadas en Holanda, Luxemburgo, Canadá, Bélgica, Colombia, Suiza, Alemania, y algunos estados de EE.UU como  California, Oregón, Washington, Colorado, Vermont y Montana, y el Distrito de Columbia.  

En México y en Uruguay se han adoptado leyes que permiten que a un enfermo en fase terminal se le retire el tratamiento médico que podría prolongarle la vida. En Finlandia, España y Portugal e Italia, la cuestión avanza dentro de los parlamentos de cada país.

Para debatir esta cuestión, estas entidades de inspiración cristiana han organizado este seminario internacional que se celebrará el próximo 26 de enero en el Congreso de los Diputados.

Hasta el momento, se desconoce que diputados del arco parlamentario van a acudir a este evento, además de los dos que intervendrán en el encuentro: Carlos Salvador, diputado por Navarra (UPN) y José Ramón García, diputado por Ávila del PP.

Estas leyes nunca vienen solas

Para los organizadores, estas legalizaciones han abierto la puerta a que pacientes, en supuestos no contemplados por la ley, pidan y se les administre una “muerte digna”.

Expertos de los países afectados, explican que estas leyes nunca viene solas: crean su propia dinámica y piden una mayor liberalización de la práctica y que, lejos de limitar la demanda, la generan y la opción de morir “eutanasiado”, viene a ser la forma de morir por defecto.

“El problema verdadero es que la ley no ofrece los suficientes mecanismos de apoyo a la vida”, expone el profesor Theo Boer.

Jaime Mayor Oreja

La apertura del Congreso será a cargo de Jaime Mayor Oreja, presidente de la Fundación Valores y Sociedad y del diputado navarro, Carlos Salvador.

Se celebrarán distintas mesas redondas para debatir sobre el diagnóstico internacional, las experiencias directas tras la legalización de la eutanasia, la cultura del descarte en Francia, Italia, Portugal, España y Reino Unido y los buenos cuidados paliativos que deben contemplar la ley.

Algunos expertos que intervendrán en este seminario son: Gayle Atteberry, ex-Directora Ejecutiva, Oregon Right to Life (EE.UU); Carine Brochier, Miembro del Consejo de Administración, Institut Européen de Bioéthique (Bélgica), Garnett Genuis,  Miembro del Parlamento de Canadá, Partido Conservador (Canadá); María Del Rosario Guerra, Senadora (Colombia); Henk Reitsema, Administrador L’Abri International, Euthanasia Prevention Coalition (Holanda).

 

 

Esta es la receta para evitar “niños blanditos”

El Mundo - 09.01.2018

“Padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos”.

Así comienza un artículo del diario El Mundo en el cual expertos en educación proponen la educación del carácter como la receta que se necesita para hacerle frente a la generación de “niños blanditos”, término que usan para referirse a “niños mimados” que se convierten en adultos débiles. Estas son sus propuestas:

Cuenta Eva Millet, la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos. En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.

Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Welington: “La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton”. En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía solo.

En España, se habla de “educación en valores”, pero puede que no sea lo mismo. El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse. Como dice Luri, “ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito”. En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción. Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.

Los ejemplos de una profesora de instituto

El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos. Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños. “Yo he tenido a un chico de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen”, cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. “Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él”.

Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter. “Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso”, decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby. Suena familiar. Suena a Si, el poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon.

Sociedad más cómoda, blanda y menos esforzada

Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: “Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades”. ¿Cómo se educa el carácter? No desde la teoría, desde luego. “La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona”, explica.

Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: “Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países”. Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: “He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho”.

 

Qué hacer y no hacer en el matrimonio

 

LaFamilia.info

Foto: Freepik 

 

Hay algunas actuaciones que pueden ayudar a fortalecer o a debilitar la relación conyugal, y precisamente por lo simples que son, pueden pasar desapercibidas y menospreciar su importancia.

Las siguientes son algunas sugerencias para hacer para que el matrimonio permanezca unido y en armonía.

Qué hacer

Mostrarse afecto. Tomarse de las manos, besarse, abrazarse, decirse cuánto se quieren... El afecto rompe las murallas que puedan haberse construido entre ambos.

Jugar y reír. Los momentos de alegría hacen que la pareja que sienta cómoda y feliz de estar junto a la persona escogida. Además de compartir las "cargas" de la vida común, no hay que olvidarse de disfrutar con el otro y hacerlo sentirse bien.

Alentarse mutuamente. El cónyuge es la única persona con la que se pueden compartir ciertas cosas. Escuchar al otro, alentarle y expresarle cuán importante es, hace que renazca la conexión en la pareja.

Invertir tiempo en su relación. El más duro obstáculo para los que son padres, es encontrar tiempo a solas con el otro. Asegúrese de conseguirlo. Sea una hora tranquilos en la habitación antes de dormir, o una cita afuera, hay que encontrar lo que mejor funcione y ponerlo en práctica.

Qué no hacer

También existen actitudes que no benefician en nada la armonía matrimonial, y antes, la lesionan. Son las siguientes.

Negarse a perdonar. Enseñamos a nuestros hijos a perdonar, y nosotros ¡también debemos hacerlo! Algunas heridas toman más tiempo en cerrarse que otras, pero los rencores y resentimientos sólo alejan el amor, y dificultan mucho más el reencauzamiento de la pareja que ya ha sufrido un quiebre.

Burlarse del otro. El sarcasmo es la enfermedad más grande en nuestros hogares, y puede ser muy doloroso. La burla y los comentarios sarcásticos nunca construyen un hogar o un matrimonio. Hay que evitar este hábito dañino e intentar afrontar las discusiones de forma más considerada. El otro no es un enemigo, sino alguien a quien amamos y con quien estamos en desacuerdo en algún punto. No se debe perder este punto de vista.

Comparar al cónyuge. Las comparaciones sólo aumentan las debilidades en lugar de fomentar las fortalezas, porque vuelven inseguro a quien es comparado. Y por lo demás, jamás es justo para nadie. Debemos dejar de hacer aquellas cosas que perjudiquen la autoestima y la confianza de los que amamos.

Criticar. Todos cometemos errores. La paciencia con los errores ajenos, y la indulgencia, facilitarán mucho la relación, y puede lograr mucho más que la crítica. Las relaciones en que la crítica es frecuente también desvalorizan mucho al "errado" y quebrantan la confianza entre ambos.

Culpabilizar. Nunca resuelve nada y sólo divide a la pareja. Se aplica a esto lo mismo que a la crítica y la burla. Son todos medios malsanos de avanzar sobre el otro, como si fuese un enemigo o un contendor a quien debemos aplastar. Está claro que estos "métodos" no ayudan en nada a mejorar una relación.

Gritar y/o pelear muy fuerte. No estar de acuerdo o discutir es parte de cualquier relación matrimonial. Pero cuando comienza la tendencia de gritar, dar portazos, etc., puede convertirse en un hábito que termina destruyendo la comunicación. Aprenda a ser constructivo y práctico cuando no estén de acuerdo, o dese un tiempo hasta que sus emociones se calmen un poco.

 

 

 La Familia, primero, aunque sea imperfecta.

       Las personas importantes para nuestra vida, las hemos escogido y llegan cuando tienen que llegar. No son casualidad, ni es necesario que nos las presenten. Están ahí. Son la familia.

       Cuando todo se tambalea a nuestro alrededor por el viento de la crisis de valores, hay que  volver a lo esencial. Volver a la FAMILIA, ponerla en valor.

        Se ha dado demasiada importancia a la política y a los políticos. No la merecen. Se ha dado demasiada importancia a la crisis económica y al dinero. Sin negar la importancia del empleo y la recuperación, de la creación de empleo y el trabajo, tampoco, social y personalmente es el debate esencial.  Es necesario tener claro lo que es básico: la familia. Sin la recuperación ética de los principios esenciales y los pilares de la sociedad, será poco menos que imposible superar el actual bache de la humanidad. Hay que volver a potenciar la FAMILIA y sus valores.

         Como se puede ver cada día en las noticias de los telediarios, y como descubren el teatro o el cine con películas como "Suburbicón", de George Clooney, nos estamos convirtiendo en una sociedad que pretende alejarse de la contaminación pero está podrida de prejuicios, en la que las peores pasiones afloran continuamente. Dicho de otra manera, hemos vendido la vida y hemos dejado el bienestar en manos ajenas  y en el fondo somos "Perfectos desconocidos" (https://youtu.be/UnJ07JwqvII).

           La familia: una unidad de amor; un libro para aprender, sin  instrucciones.

         En la familia hay lazos íntimos de misterio y sangre, pero sobre todo de cariño de todos a cada uno, en libertad y sin posesión. Es la célula básica de la sociedad que permite proyectos de vida múltiples y personales. Hemos sido escogido para poder experimentar, aquí y ahora, con unas características físicas, mentales y emocionales determinadas. Por eso, la familia es "una realidad concreta que se ha de vivir, un espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado"(Claudio M. Celli).

          Los hijos, los padres, la vida, son un don y un aprendizaje. "Los hijos son concebidos por medio de vosotros, pero no de vosotros. Aun cuando estén con vosotros, no os pertenecen. Podéis otorgarles vuestro amor, más no vuestros pensamientos, porque ellos poseen los propios. Podéis dar cobijo a su cuerpo, más no a su alma, porque ella  habita en la morada del futuro...Podéis esforzaros en ser como ellos, más no intentéis que ellos sean como vosotros, porque la vida no anda para atrás..."(El profeta, de Gibran Jalil Gibran).

         La familia es lo primero que hay que recuperar, aunque sea imperfecta, o precisamente por serlo, como diría el filósofo y pedagogo Gregorio Luri en su libro  Elogio de las familias sensatamente imperfectas.

         Cuenta el autor, que un día, de forma casual cayó en la cuenta. Mientras sus hijos -casados y con hijos-  reían en el salón recodando los momentos menos memorables de su padre, él estaba preparando una paella para todos en la cocina. "De repente descubrí en sus risas algo de la mayor importancia: que todas aquellas cosas de las que no me sentía demasiado orgulloso, en lugar de haber dejado heridas en mis hijos les estaba proporcionando motivos para la ironía. Me pareció que esta era una magnífica prueba de lo que es un buen padre, es decir, un padre normal e imperfecto. A partir de aquel día comencé a reconciliarme con mis imperfecciones pasadas".

           Primer peldaño social que se sube familia: quererse antes que comprenderse.

 

quererse es siempre más importante que comprenderse.

“El niño que crece sabiendo que puede ser querido a pesar de sus imperfecciones (no por ellas) aprende a ir limándolas para merecer el amor que recibe. Que quede claro que siempre le acompañará una imperfección u otra, pero es una muestra de amor hacia la persona que te ama mostrarle que estás dispuesto a mejorar para merecer su cariño”, explica.

Y, según Luri, es dentro de una familia normal donde visualizamos las diferentes versiones de nosotros mismos (las buenas y las malas); donde descubrimos que es más reconfortante seguir nuestras mejores versiones; y donde nacen los hábitos de autocontrol y libertad responsable.

 

MARTA SECO

A veces solo necesitamos saber lo importante que somos en la vida de alguien , el saber que van a estar ahí sin peros o simplemente que haya alguien capaz de dar su vida por el simple hecho de que tú estés en la suya...

Porque todo de mí (todas las partes de mí)
ama todo de ti (todas las partes de ti).
Ama todas tus perfectas imperfecciones,
dame todo de ti, ("todo tú")
y yo te daré todo de mí ("todo yo").... Ver más

 —  me siento Enelfindelmundo.

Nos recuerda a su vez que nuestra “familia normal” es la principal institución de acogida y solidaridad natural que conoceremos en nuestra vida. “Su solidaridad es innegociable. Está preservada de la negociación y la táctica. Se mantiene firme como un elemento de inestabilidad cuando todo cambia y se altera”, añade.

Enumera Gregorio Luri en su libro una serie de derechos que tiene todo hijo que forma parte de “una familia normal y perfecta”. Entre ellos están:

 

solicita al Gobierno regional que plantee el grave problema de la violencia contra la mujer en términos objetivos y con medidas verdaderamente eficaces para prevenir la misma y asistir a las víctimas, en lugar de optar por el adoctrinamiento en la escuela. 

emily estfan:

Hay amor en cada esquina aquí. El amor que te mueve, que te asusta, que te ilumina, que te cura, que te despierta. Eres la luz, eres la belleza, eres mi casa y todo lo que deseo ser. Te amo.

SUBURBICON

Maravilloso retrato de esa América de urbanizaciones limpias y ajardinadas, donde anida el odio y el racismo.

Sepulcros blanqueados.

Una sociedad pulcra, pero podrida de prejuicios.

¿Tienes una “familia sensatamente imperfecta”? Entonces, estás de suerte

Solemos hacer balance de nuestro papel como padres al final de la vida. Cuando afrontamos el paso definitivo solemos ser benevolentes y pensar que no lo hicimos del todo mal. Pero… ¿por qué somos indulgentes con nosotros mismo únicamente en ese momento

 

Distraerse sí, pero no siempre de manera pasiva. Un niño que sólo se divierte consumiendo los productos que le ofrece una pantalla, ignora que está – al menos potencialmente – en condiciones de proponerse a sí mismo la realización de actividades divertidas. De moverse, curiosear, huronear, hacer ejercicio, imponerse metas, esforzarse por alcanzarlas, disfrutar del triunfo, etc.

  • Pensar. Si queremos ayudar a nuestros hijos a pensar, pongámonos a dialogar con ellos, porque nada estimula más el cerebro que una buena conversación. El diálogo que enseña a pensar es el que “atiende a razones”Al dialogar atendemos a las razones ajenas; al pensar, atendemos a las propias. Las razones se sostienen en argumentos, mientras que las opiniones sólo se soportan en nuestro parecer.
  • Disfrutar del silencio. Si no sabemos convivir con el silencio, ¿cómo vamos a aprender a escucharnos a nosotros mismos? No es nada fácil aprender a quedarse solo con los propios pensamientos sin aburrirse del trato con uno mismo. Concentrarse exige cierto esfuerzo, pero el premio es un mayor conocimiento y dominio de nosotros mismo. El silencio, la capacidad para disfrutar del silencio es una actividad, no un quedarse quieto. Es la actividad que nos permite intimar con nosotros mismos.
  • Conocer los valores de su familia. Nuestros hijos saben muy bien cuándo estamos moralizando y cuándo estamos actuando de acuerdo con nuestras convicciones. Ven que, en el primer caso, nos subimos sobre nuestra propia estatura moral y les pontificamos lo que tienen y no tienen que hacer. En el segundo, comprueban que mostramos nuestra estatura moral exacta y les enseñamos lo que hacemos y lo que somos. Es ahora cuando somos creíbles. Educamos a nuestros hijos con el orden de nuestra casa, con el estado del fregadero o el cubo de la basura, con el cuidado que ponemos en hacer las camas cada día, con los rituales de la comida, etc. Umberto Eco decía que “somos los que nuestros padres nos enseñaron cuando no intentaban enseñarnos nada”. Educamos por impregnación.
  • Aceptar que no puede obtener siempre lo que desea. La vida también es imperfecta, como los padres.
  • Utilizar las palabras mágicas: “por favor”, “gracias”, “perdón” y “confío”. Son “la estructura básica de la cordialidad”. Son, además, palabras mágicas porque nos facilitan enormemente las relaciones sociales, por lo que es bastante estúpido dejarlas en desuso.
  • Navegar en alta mar. Los hijos son como los barcos y el lugar más seguro para ellos es el puerto, pero debemos insistir en que no están hechos para ello, sino para enfrentarse con garantías de éxito a los peligros del mar.

Debemos confiar en nuestros hijos a pesar de que somos mucho más conscientes que ellos de sus fragilidades y de los peligros potenciales a los que pueden enfrentarse, porque sin nuestra confianza no aprenderán a acabarse.

Concluye Gregorio Luri explicando que “las dificultades son muchas y nuestra sabiduría escasa, pero les confieso que cuando tienes a tu nieto en tus rodillas y miras hacia atrás, descubres satisfecho que toda tu vida familiar tiene sentido. Aceptaste un día que ser buen padre era enseñarles a tus hijos a prescindir de ti, y ahora descubres que han sido capaces de retornar el amor que han recibido y la satisfacción íntima que le produce a un padre imperfecto constatar esto, créanme, no tiene precio”.

 

 

Papa Francisco: «No existe la familia perfecta; no hay que tener miedo a la imperfección, fragilidad y conflictos»

«El seno materno es la primera escuela de comunicación, hecha de escucha y contacto corpóreo», asegura el Pontífice

Recordando que «cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura (Juan el Bautista) saltó en su vientre», el Papa Francisco ha dado una línea muy original -antropológica y familiar- a su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Según el Papa, ese encuentro evangélico entre dos mujeres embarazadas «nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo», que tanto valoraba san Juan Pablo II.

Francisco añade que «el seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo», pues allí «comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá».

Tomando un pasaje de «La Alegría del Evangelio», el documento programático de su pontificado, Francisco recuerda que «la familia es el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia», donde se descubre que hay distintos sexos, generaciones, tareas y gustos que hay que armonizar.

Muchas veces es difícil, y hay que saberlo de antemano. Según el Papa, «no existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos». Al contrario, «hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón».

Después de invitar a aprender mucho de las familias con discapacitados, y a enseñar a los hijos a no sembrar cizaña hablando mal de otras personas, el Papa aborda el creciente papel que juegan en el hogar «los medios más modernos de comunicación, irrenunciables para los más jóvenes», en alusión a los teléfonos móviles, tabletas, ordenadores, videojuegos, etc.

Francisco advierte que, paradójicamente, disminuyen la comunicación si se usan «para sustraerse de la escucha, aislarse de los demás y saturar cualquier momento de silencio». En cambio, la favorecen «si ayudan a contar y compartir, a permanecer en contacto con quienes están alejados, a agradecer y a pedir perdón».

En la presentación del mensaje a la prensa, el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Pontificio Consejo de Comunicaciones Sociales, alertó frente al «gran riesgo de que el niño o el adolescente se encierren o se aíslen en el ‘mundo virtual’, reduciendo su necesaria inserción en la vida real de todos los días».

Refiriéndose al diluvio de información sin análisis ni contexto que vuelcan los medios, el Papa señala que «el desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información».

Francisco advierte que «los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera un modelo abstracto que hay que defender o atacar, o una ideología de unos contra la de otros». Es, en cambio, «una realidad concreta que se ha de vivir, un espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado».

El Papa se despide afirmando que «la familia más hermosa - protagonista y no problema-, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos». Ese es el modelo, y «no luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos -con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente-, para construir el futuro».

http://www.abc.es/sociedad/20150123/abci-papa-francisco-familia-imperfec...

El portavoz de los obispos, Gil Tamayo: "A veces es heroico formar una familia por los sueldos precarios"

José María Gil Tamayo, secretario general de la Conferencia Episcopal Española.

 

El portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), José María Gil Tamayo, ha calificado de "heroico" formar una familia en la actualidad en España por los "sueldos precarios" de los jóvenes y la falta de "estabilidad" en el trabajo, además de por el ambiente "secularista".

"A veces es tan difícil, tan heroico formar una familia en unas condiciones que realmente puedan hacer sacar adelante un hogar porque los sueldos son precarios, porque la estabilidad en el trabajo se torna imposible, porque hay una dependencia permanente de los propios padres", ha señalado Gil Tamayo en una entrevista concedida a Europa Press.

En este sentido, ha indicado que la Iglesia "no está en las nubes" y es consciente "de las dificultades de los jóvenes que quieren formar un hogar pero se ven impedidos no solo por un ambiente secularista que desvalorice valores de la familia" que, por otro lado, es "la institución más valorada en las encuestas por la sociedad española", sino también por la inestabilidad laboral.

"La natalidad es otra cuestión que en nuestro país es preocupante de cara al futuro, pero se tienen que dar las condiciones económicas, sociales y de valores que posibiliten esa esperanza que lleva consigo esa apertura a la vida", ha agregado.

Por ello, ha pedido políticas sociales de apoyo a la familia y a la maternidad, y que se fomente la conciliación entre la vida laboral y familiar, sobre todo en la primera etapa, tras el nacimiento.

Asimismo, ha indicado que debe ser una preocupación constante la atención a los mayores, para que puedan estar en el entorno familiar y las pensiones cubran realmente sus necesidades.

Por otro lado, en este nuevo año, Gil Tamayo ha indicado que no ve a los obispos saliendo a manifestarse a la calle por todo aquello que es contrario a sus valores. Así lo ha explicado al ser preguntado por la posibilidad de que los prelados se manifiesten en la calle en 2018 frente a leyes como la iniciativa LGTBI de Podemos o las peticiones de varios grupos para sacar la Religión de la escuela.

"No tienen que salir los obispos a todo, sino que la Iglesia está en el entramado social, dando responsabilidad a quienes realmente son los depositarios de sus derechos: los padres y los ciudadanos católicos", ha argumentado Gil Tamayo.

Según ha precisado, los obispos van a "defenderse" como "ciudadanos" y como "una institución con peso en la sociedad española" y harán "oír" su "voz", sus "discrepancias" y su "exigencia de respeto a los derechos fundamentales". Si bien, ha matizado que lo que "nunca" van a hacer es "suplantar a otros colectivos".

"No es una cuestión clerical ni clericalizada sino una invitación a tomar responsabilidades por parte de los implicados, que es toda la sociedad civil, los creyentes, los padres y madres de familia, las instituciones del ámbito educativo", ha insistido.

Así, Gil Tamayo considera que no se trata de que esté bien visto o no que los obispos salgan a manifestarse sino de que España necesita "una fuerte promoción de la sociedad civil" frente a un ámbito "a veces muy copado por los partidos políticos" que dejan en "la sombra" a esa "sociedad intermedia" que, a su juicio, debe tener "un mayor protagonismo a la hora de tomar decisiones".

En concreto, sobre el Pacto Educativo y la clase de Religión católica, el portavoz de los obispos ha defendido que la escuela no es "terreno franco" y que el hecho religioso debe estar presente en el currículo escolar si este quiere ser "integral y completo".

"La escuela no es un terreno franco donde el hecho religioso tenga que estar ausente, sino ya por el mero hecho de su importancia en la conformación de la sociedad, del ser humano, de nuestra historia y de nuestra cultura, forma parte del currículum si quiere ser un currículum integral y completo en la formación de personas", ha agregado.

Por el contrario, ha advertido de que, "si la opción es por la exclusión, por parcializar la educación", entonces, "lógicamente es una concepción sectaria".

"El cuestionamiento de la presencia de la enseñanza religiosa en la escuela es ideológico, no social, porque está en la sociedad con toda naturalidad, se manifiesta en nuestras fiestas, en la vida y no es un hecho privado", ha concretado. Esto lo piden no solo para la Iglesia católica sino también para los creyentes de otras confesiones y respeto para los no creyentes.

Además, ha señalado que los obispos piden que los padres puedan educar a sus hijos conforme a sus convicciones, de acuerdo con el artículo 27 de la Constitución Española. "Libertad de enseñanza e igualdad como derecho de todos a una educación digna, está consagrado por nuestra Constitución, eso es irrenunciable", ha subrayado, al tiempo que ha añadido que el Estado, desde su aconfesionalidad, debe respetar el hecho religioso.

Por otro lado, Gil Tamayo ha calificado la ley LGTBI impulsada por Unidos Podemos de "absolutamente autoritaria y anticonstitucional" porque "está cargada de una ideología que afecta a la concepción (cristiana) de la persona y a cuestiones fundamentales".

"Es una ley que coarta la libertad de expresión, revierte la prueba de cargo, establece una agencia que penaliza y señala quién incumple o va contra esa ideología, que afecta al ámbito educativo subordinando las ayudas a la adopción o aceptación de un credo, de una ideología, como una especie de confesionalismo de la ideología de género", ha matizado.

Así, aunque ha defendido que hay que respetar a "todas las minorías", ha precisado que no están de acuerdo con "el modo" de "imposición". Además, para el portavoz de los obispos, las minorías ya tienen en el ámbito legal "suficientes elementos para su protección". "No es una cuestión de la Iglesia católica que siempre esté a la contra de todo", ha remarcado para recordar la misma oposición por parte de los evangélicos.

Por otro lado, se ha mostrado contrario a la recomendación que una comisión australiana ha dado de eliminar el secreto de confesión en los casos de abusos en el seno de la Iglesia, porque, según ha indicado, "el secreto de confesión es irrenunciable y es un derecho del penitente". "Facilitar un ámbito de confidencialidad absoluta hasta la propia entrega de la vida es una garantía de una opción por el perdón", ha remarcado.

Además, Gil Tamaño ha asegurado que el Ejecutivo no les ha pedido ninguna colaboración para la elaboración de un listado de los bienes inarticulados por la Iglesia, ha criticado que se quiere hacer "una desamortización encubierta" y ha defendido que la Iglesia ha actuado dentro de la legalidad.

En relación al papel de las mujeres en la Iglesia, ha recordado que los estatutos no impiden que sea una mujer la que le suceda como secretario general de la CE en 2018, una renovación del cargo que asegura afrontar "con gran tranquilidad" porque está "a disposición de lo que los obispos pidan". En esta línea, ha recordado la reciente elección de Natalia Peiro como secretaria general de Cáritas, primera mujer que ocupa el cargo en 70 años de historia de la institución.

En cualquier caso, ha precisado que el nuevo secretario general será el que los obispos decidan porque los prelados "eligen a la persona más idónea y no van por cuotas".

Finalmente, respecto a los casos de bebés robados, Gil Tamayo, que se ha reunido recientemente con una de las asociaciones que defienden el esclarecimiento de los hechos, ha reiterado que es "realmente lamentable y condenable" y ha expresado su cercanía a las familias afectadas. "Vamos a tener las puertas abiertas para esa escucha", ha asegurado.

 

http://www.elmundo.es/espana/2018/01/01/5a4a67ac468aeb59228b45e1.html

 

 

 

"La Epifanía, segunda Navidad" 

 

 


¡Feliz Epifanía y feliz año!

Llevamos pocos días de este nuevo año y continuamos saboreando la Navidad y el gustoso a encanto de sus Misterios. La Epifanía, como una segunda Navidad (pues lo es), nos devuelve a la inagotable sorpresa y al agradecimiento por el amor que nos tiene Dios.

Ya se que los encuentros y los regalos nos tienen ocupados, pero no renuncio a enviarte una pequeña reflexión. Tómatelo como un regalillo de Melchor.

¡Que te traigan muchas cosas los reyes! Un abrazo

+ Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS

 


1. El seguimiento de Cristo significa dejar algo y buscar algo

Como todo movimiento el seguimiento de Cristo implica un punto de partida y un punto de llegada. Para hacerlo hay que dejar algo y tender hacia algo. Es responder en la fe a la llamada de Dios. El episodio de los Magos ha sido el paradigma de la fe. La fe nos lleva a dejar algo atrás para buscar el ideal. Es como el barco que debe dejar el puerto para poder atravesar el mar y llegar a su destino.

Los Magos eran sabios de oriente, tal vez de Arabia. Allí había muchos estudiosos de diferentes materias: la medicina, la agricultura, la astronomía... Se ve, por el relato evangélico, que estos Magos estudiaban las estrellas. Seguramente fueron estimados por los otros estudiosos y vivían una vida acomodada y holgada. Todo esto resalta el mérito de estos hombres, pues, dejaron todo para seguir una estrella incierta, una señal vaga, un signo borroso. En el firmamento que cubría la tierra árabe, había muchas estrellas. Sin embargo, los Magos se fijaron en una solamente. Así es la dinámica de la fe: es una preferencia por la Palabra de Dios entre muchas otras palabras que uno podría aceptar.

No hay duda de que la noche de cada uno de nosotros está poblada de muchas estrellas. Tenemos muchas posibilidades, muchos ideales que nos totalizan. Dios, con su Revelación, nos interpela como un día lo hizo con Abrahám, como lo hizo con los profetas, como lo hizo con María y San José...

La fe siempre es una opción y ésta a veces cuesta, pues hay que dejar a un lado nuestro racionalismo y nuestra sed de seguridades humanas. No nos gusta nadar en las aguas profundas porque preferimos tener unas agarraderas. En la vida espiritual la única agarradera es la veracidad y fidelidad de Dios.

Para mí creer es lanzarme en la oscuridad de la noche, siguiendo una estrella que un día vi, aunque no sepa a dónde me va a llevar. Para mí creer es sobrellevar con alegría las confusiones, las sorpresas, las fatigas y los sobresaltos de mi fidelidad. Para mí creer es fiarme de Dios y confiar en Él.

2. La fe se templa con las dificultades

Para templar una espada hay que meterla en el fuego. La fe también se forja en la tribulación. Hay gente que quiere tener una fe gigante, pero sin chamuscarse. Es como el atleta que quiere ganar la carrera, pero sin entrenarse, sin sufrir, sin sudar la camiseta, sin lastimarse nunca.

La fe es un camino hermoso tapizado de rosas que están llenas de espinas. Los Magos tuvieron una experiencia profunda de la fe. Podemos imaginarlos llegando a un oasis para cargar provisiones y agua. Seguramente les vino a la mente la posibilidad de desistir. Tal vez en sus noches fueron visitados por sueños que les acosaban como fantasmas. El recuerdo de las burlas de sus compatriotas, el escepticismo de sus compañeros de estudios les perseguía. Hubo momentos de titubeos, de incertidumbre, de duda...

Sin embargo, siempre venció su fe. De hecho, su brújula no era tanto el astro luminoso en la bóveda de la noche, sino la luz de su fe encendida en sus almas.

En nuestros momentos de dificultad, también tiene que prevalecer la luz de la fe. Creer cuando todo va viento en popa es fácil; creer cuando el temporal de la adversidad choca cruelmente contra nuestra pequeña embarcación es más difícil. Pero, esto es lo que nos hace gigantes en la fe. Nunca ha existido un santo sin una fe probada, como nunca ha existido un atleta que haya tenido éxito sin esforzarse en los momentos de desánimo.

Este mundo es como un gran gimnasio en el cual, el cristiano tiene que ejercitarse en la fe: un día puede ser la penuria económica, otro día el sufrir el látigo cruel de la maledicencia propagada por nuestro mejor amigo, otro día el desamor de un ser querido...

3. La fe nos exige ver a Dios en las cosas sencillas

Después de viajar muchos kilómetros, los Magos encontraron al Rey de los Judíos, el Salvador del mundo, el Rey de reyes, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, en una cueva de una aldea de mala muerte, fuera de la ciudad de Jerusalén.

Era suficiente para obligar al corazón bajar a los pies. Sin embargo, lo aceptaron plenamente: se arrodillaron delante de Él. Vieron a Dios en un bebé que lloraba.

El Catecismo nos habla del sentido de la Epifanía (manifestación de Cristo) en el n.528:

La epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná, la epifanía celebra la adoración de Jesús por unos “magos” venidos de Oriente. En estos “magos”, representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la encarnación, la Buena Nueva de la salvación.

Un día alguien dijo a un amigo que había encontrado el teléfono de Dios. El amigo se sorprendió y muy irónicamente le preguntó cual era. Recibió una respuesta sublime: el teléfono de Dios es la fe.

Con la fe puede uno “conectarse” con Dios en cualquier momento. Al contemplar la belleza de la naturaleza, el estruendo del mar, la brisa entre los árboles... se puede ver a Dios si uno tiene fe.

También se le puede ver en el sacerdote que se sienta en el confesionario para escuchar nuestra miseria moral y darnos con seguridad el perdón de Dios. Con la fe se ve a Cristo presente en el Pan sagrado, en las manos del ministro en la Misa.


La fe abre horizontes y nos hace ver más lejos de lo que podríamos con la sola luz de la razón. Nuestra pobre razón es como el ojo desnudo que sólo ve un poco del universo al contemplar las estrellas que desfilan delante de él en la noche clara. Pero con un telescopio potente se puede penetrar en los espacios siderales y descubrir mundos nuevos. Así es la fe para un creyente: es un nuevo ojo para ver. En lo que parece sólo un trozo de pan le permite ver el Cuerpo de Cristo; en el vagabundo que toca a la puerta pidiendo una ayuda le revela la presencia deCristo; en el jefe complicado que da un mandato, la manifestación de la voluntad de Dios.

4. El mejor don de los Magos fue su fe

Impresiona el regalo costoso del oro, incienso y mirra. Pero más impresionante todavía fue la fe de estos hombres. Aquel día cuando los Magos se acercaron a la cueva de Belén y pidieron permiso para traspasar el dintel más pobre que habían visto en su vida, los papás del Niño accedieron a la petición de personas tan ilustres. Se maravillaron al verlos caer al suelo, manchar su ropa, e inclinar la cabeza delante del Bebé.

Cuando nosotros lleguemos al Cielo, ciertamente no vamos a entrar con unos lingotes de oro, una caja de incienso y un bote de mirra. Lo que vamos a llevar va a ser, como dijo San Pablo, nuestra fe, esperanza y caridad.

No juzguemos el valor de nuestra vida por las cosas que tenemos o las obras que hacemos. Lo que es la fe y el amor con que obramos eso es lo que vale delante de Dios. Mejor ir pobre al cielo que rico al Infierno; mejor ir analfabeta al cielo que con un doctorado al Infierno. Desde un punto de vista espiritual, el valor de los Magos no era el tamaño de sus dones materiales, sino la medida de su fe.

Unas preguntas

1. ¿Cómo es tu fe? ¿lánguida? ¿depende de como te sientes? ¿una fe fuerte?

2. ¿Si la fe exige dejar algo para seguir más de cerca a Cristo, ¿qué te está pidiendo Cristo que dejes?  ¿qué te sobra y, sobre todo, qué te falta?

3. ¿Como es tu oración? ¿saber adorar a Dios, por ejemplo, en la eucaristía?

4. ¿Está tu fe basada en la Palabra de Dios o en sentimientos movedizos?

 

 

RESOLVER LA INDIFERENCIA

Por René Mondragón

DE LA POSVERDAD AL “ME IMPORTA UN PEPINO”

Una de mis hermosísimas lectoras deslizó hasta la mesa de trabajo de este escribano, la cobertura de una charla de Jim Caviezel –el mismo actor que llevó el rol central en “La Pasión”, filme dirigido por Mel Gibson- certeramente cubierta por Julio Llorente (LA GACETA  -  9 enero, 2018 -  https://infovaticana.com/2018/01/09)

El tema es interesante porque en los eventos Awards, como los Golden Globs se pueden escuchar discursos desde lo más superficial y banal, hasta los mensajes cargados de dosis ideológicas altamente adictivas.

Y, justamente, en una época en los valores de orden superior se confinan a lo recóndito de la vida individual y las creencias personales se mandan al cajón de lo “políticamente incorrecto”, un actor que se atreve –porque se requiere valentía para hacerlo- a dar testimonio público de todo aquello trascendente en lo que cree, al escribano le resulta asombroso.

LA PROPUESTA DE CAVIEZEL

Es interesante el tema, porque aparece una paradoja: mientras a un grupo gay o musulmán se le aplaude el hecho de hablar bien y fuerte de su causa, todo indica que a los cristianos se les reprime por el hecho de asegurar que dar testimonio de su Fe, es propiciar discursos homofóbicos y de odio.  Nada más peregrino y fatuo.

De aquí que el espléndido actor formule las siguientes propuestas:

  1. Que los cristianos lleven sus convicciones religiosas hasta sus últimas consecuencias.
  2. Que adecuen su comportamiento público a sus creencias más profundas.
  3. El objetivo es actuar contra la cultura de la indiferencia, y la consideración como “normal” el hacer el mal.  Por ello no se puede calificar como “su verdad” y “el respeto a su pensar o a su posición ideológica”, cuando vemos que Kim Jong-un insiste en los “ensayos nucleares” que acercan al mundo a un riesgo de conflagración mundial. Ese tipo de indiferencia es destructivo y disolvente.
  4. Actuando “políticamente incorrecto”, el actor propuso al grupo de estudiantes que le escuchaban: ‘Necesitamos guerreros dispuestos a arriesgar su reputación, su nombre, incluso su vida, por defender la verdad. Llorente, el reportero califica esta actitud como “inactual”
  5. Y todo indica que, ya “encarrerado”, Caviezel lnó un desafío formidable para separarse de “la generación corrupta”: ‘Sed santos. No estáis hechos para encajar. Habéis nacido para sobresalir’. Totalmente inusual.
  6. Evidentemente se requiere una buena dosis de coraje para “salir de este mundo pagano” y expresar en público la fe que se profesa.
  7. El actor insistió en un punto neurálgico: Esforzarse y luchar por la Libertad por la que vale la pena morir.

El desafío fue puesto sobre la mesa y en la mano de cada hombre y mujer de buena voluntad. Al final del día, usted amiga y amigo lector, tienen la oportunidad de dar testimonio. Es tiempo de resolver la indiferencia. ¿O no?

 

 

Presidente obligado a cambios y orientación clara

 

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

El presidente Kuczynski estuvo a punto de ser destituido por el Congreso al haber cumplido un año y medio de infructuoso gobierno (su aprobación cayó de 61% hasta 18%), ahora, de cara al Bicentenario, le corresponde reiniciar su gestión en otra dirección, con orientación clara, con cambios necesarios y enfocarse en el cumplimiento de sus promesas y compromisos. 

En el principal compromiso del presidente “llevar agua y desagüe a todos los peruanos”, se ha logrado muy poco en cobertura, especialmente en el área rural solo llega al 62% y en saneamiento a 29%; además, para tratarse las aguas residuales al 100% se requieren US$ 3,000 millones. El segundo compromiso “prestar un servicio de educación de calidad”, nos ubicamos en últimos puestos educativos del mundo (prueba Pisa), para mejorar esta situación el esfuerzo se centra en incrementar el presupuesto pero sin prestar atención a la débil gestión; en año y medio pasaron tres ministros y se activó una grave huelga magisterial de educación pública que duró 3 meses y afectó 1.5 millones de estudiantes. Su promesa sobre salud “prestar un servicio público sensible al enfermo, oportuno y eficaz”, está muy lejos de lograrse, el sistema de salud debe reorganizarse para alcanzarse un acceso universal y equitativo.   

Otra promesa “formalizar el país” está estancada, 70% de peruanos no tiene empleo formal, se requiere una reforma laboral que capacite y promueva a empresas informales con potencial formal. Sobre “construir infraestructura para el desarrollo”, promesa con gran brecha de U$ 165,000 millones, es urgente construir carreteras y la reconstrucción de infraestructura dañada por El Niño costero. Su última promesa de “liberar a nuestra patria de corrupción, discriminación, inseguridad y delito” no muestra avance, la corrupción, convertida en el problema central socava nuestra democracia, la impunidad debe ser erradicada; la inseguridad y el delito se incrementa, faltan propuestas para prevenir la delincuencia (reducir causas socioeconómicas como falta de empleo y situación de cárceles), según el BID el costo de la delincuencia en Perú asciende a US$ 10,325 millones (2.77% del PBI).

Bajo este panorama, el presidente, que se encuentra en una situación vulnerable por el indulto a Alberto Fujimori, debe revertir su falta de gestión y liderazgo para cumplir sus promesas y compromisos, avanzar en reformas del Estado, modernizar la administración pública, desarrollar la institucionalidad, lograr la capacidad de asegurar la gobernabilidad y garantizar el desarrollo económico y social del país.

 

 

El servicio a la política

565 Para los fieles laicos, el compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás.1183 La búsqueda del bien común con espíritu de servicio; el desarrollo de la justicia con atención particular a las situaciones de pobreza y sufrimiento; el respeto de la autonomía de las realidades terrenas; el principio de subsidiaridad; la promoción del diálogo y de la paz en el horizonte de la solidaridad: éstas son las orientaciones que deben inspirar la acción política de los cristianos laicos. Todos los creyentes, en cuanto titulares de derechos y deberes cívicos, están obligados a respetar estas orientaciones; quienes desempeñan tareas directas e institucionales en la gestión de las complejas problemáticas de los asuntos públicos, ya sea en las administraciones locales o en las instituciones nacionales e internacionales, deberán tenerlas especialmente en cuenta.

566 Los cargos de responsabilidad en las instituciones sociales y políticas exigen un compromiso riguroso y articulado, que sepa evidenciar, con las aportaciones de la reflexión en el debate político, con la elaboración de proyectos y con las decisiones operativas, la absoluta necesidad de la componente moral en la vida social y política. Una atención inadecuada a la dimensión moral conduce a la deshumanización de la vida asociada y de las instituciones sociales y políticas, consolidando las « estructuras de pecado »: 1184 « Vivir y actuar políticamente en conformidad con la propia conciencia no es un acomodarse en posiciones extrañas al compromiso político o en una forma de confesionalidad, sino expresión de la aportación de los cristianos para que, a través de la política, se instaure un ordenamiento social más justo y coherente con la dignidad de la persona humana ».1185

567 En el contexto del compromiso político del fiel laico, requiere un cuidado particular, la preparación para el ejercicio del poder, que los creyentes deben asumir, especialmente cuando sus conciudadanos les confían este encargo, según las reglas democráticas. Los cristianos aprecian el sistema democrático, « en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica »,1186 y rechazan los grupos ocultos de poder que buscan condicionar o subvertir el funcionamiento de las instituciones legítimas. El ejercicio de la autoridad debe asumir el carácter de servicio, se ha de desarrollar siempre en el ámbito de la ley moral para lograr el bien común: 1187 quien ejerce la autoridad política debe hacer converger las energías de todos los ciudadanos hacia este objetivo, no de forma autoritaria, sino valiéndose de la fuerza moral alimentada por la libertad.

568 El fiel laico está llamado a identificar, en las situaciones políticas concretas, las acciones realmente posibles para poner en práctica los principios y los valores morales propios de la vida social. Ello exige un método de discernimiento,1188 personal y comunitario, articulado en torno a algunos puntos claves: el conocimiento de las situaciones, analizadas con la ayuda de las ciencias sociales y de instrumentos adecuados; la reflexión sistemática sobre la realidad, a la luz del mensaje inmutable del Evangelio y de la enseñanza social de la Iglesia; la individuación de las opciones orientadas a hacer evolucionar en sentido positivo la situación presente. De la profundidad de la escucha y de la interpretación de la realidad derivan las opciones operativas concretas y eficaces; a las que, sin embargo, no se les debe atribuir nunca un valor absoluto, porque ningún problema puede ser resuelto de modo definitivo: « La fe nunca ha pretendido encerrar los contenidos socio-políticos en un esquema rígido, consciente de que la dimensión histórica en la que el hombre vive, impone verificar la presencia de situaciones imperfectas y a menudo rápidamente mutables ».1189

569 Una situación emblemática para el ejercicio del discernimiento se presenta en el funcionamiento del sistema democrático, que hoy muchos consideran en una perspectiva agnóstica y relativista, que lleva a ver la verdad como un producto determinado por la mayoría y condicionado por los equilibrios políticos.1190 En un contexto semejante, el discernimiento es especialmente grave y delicado cuando se ejercita en ámbitos como la objetividad y rectitud de la información, la investigación científica o las opciones económicas que repercuten en la vida de los más pobres o en realidades que remiten a las exigencias morales fundamentales e irrenunciables, como el carácter sagrado de la vida, la indisolubilidad del matrimonio, la promoción de la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer.

En esta situación resultan útiles algunos criterios fundamentales: la distinción y a la vez la conexión entre el orden legal y el orden moral; la fidelidad a la propia identidad y, al mismo tiempo, la disponibilidad al diálogo con todos; la necesidad de que el juicio y el compromiso social del cristiano hagan referencia a la triple e inseparable fidelidad a los valores naturales, respetando la legítima autonomía de las realidades temporales, a los valores morales, promoviendo la conciencia de la intrínseca dimensión ética de los problemas sociales y políticos, y a los valores sobrenaturales, realizando su misión con el espíritu del Evangelio de Jesucristo.

570 Cuando en ámbitos y realidades que remiten a exigencias éticas fundamentales se proponen o se toman decisiones legislativas y políticas contrarias a los principios y valores cristianos, el Magisterio enseña que « la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral ».1191

En el caso que no haya sido posible evitar la puesta en práctica de tales programas políticos, o impedir o abrogar tales leyes, el Magisterio enseña que un parlamentario, cuya oposición personal a las mismas sea absoluta, clara, y de todos conocida, podría lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de dichas leyes y programas, y a disminuir sus efectos negativos en el campo de la cultura y de la moralidad pública. Es emblemático al respecto, el caso de una ley abortista.1192 Su voto, en todo caso, no puede ser interpretado como adhesión a una ley inicua, sino sólo como una contribución para reducir las consecuencias negativas de una resolución legislativa, cuya total responsabilidad recae sobre quien la ha procurado.

Téngase presente que, en las múltiples situaciones en las que están en juego exigencias morales fundamentales e irrenunciables, el testimonio cristiano debe ser considerado como un deber fundamental que puede llegar incluso al sacrificio de la vida, al martirio, en nombre de la caridad y de la dignidad humana.1193 La historia de veinte siglos, incluida la del último, está valiosamente poblada de mártires de la verdad cristiana, testigos de fe, de esperanza y de caridad evangélicas. El martirio es el testimonio de la propia conformación personal con Cristo Crucificado, cuya expresión llega hasta la forma suprema del derramamiento de la propia sangre, según la enseñanza evangélica: « Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto » (Jn 12,24).

571 El compromiso político de los católicos con frecuencia se pone en relación con la « laicidad », es decir, la distinción entre la esfera política y la esfera religiosa.1194 Esta distinción « es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia, y pertenece al patrimonio de civilización alcanzado ».1195 La doctrina moral católica, sin embargo, excluye netamente la perspectiva de una laicidad entendida como autonomía respecto a la ley moral: « En efecto, la “laicidad” indica en primer lugar la actitud de quien respeta las verdades que emanan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad, aunque tales verdades sean enseñadas al mismo tiempo por una religión específica, pues la verdad es una ».1196 Buscar sinceramente la verdad, promover y defender con medios lícitos las verdades morales que se refieren a la vida social —la justicia, la libertad, el respeto de la vida y de los demás derechos de la persona— es un derecho y un deber de todos los miembros de una comunidad social y política.

Cuando el Magisterio de la Iglesia interviene en cuestiones inherentes a la vida social y política, no atenta contra las exigencias de una correcta interpretación de la laicidad, porque « no quiere ejercer un poder político ni eliminar la libertad de opinión de los católicos sobre cuestiones contingentes. Busca, en cambio —en cumplimiento de su deber— instruir e iluminar la conciencia de los fieles, sobre todo de los que están comprometidos en la vida política, para que su acción esté siempre al servicio de la promoción integral de la persona y del bien común. La enseñanza social de la Iglesia no es una intromisión en el gobierno de los diferentes países. Plantea ciertamente, en la conciencia única y unitaria de los fieles laicos, un deber moral de coherencia ».1197

572 El principio de laicidad conlleva el respeto de cualquier confesión religiosa por parte del Estado, « que asegura el libre ejercicio de las actividades del culto, espirituales, culturales y caritativas de las comunidades de creyentes. En una sociedad pluralista, la laicidad es un lugar de comunicación entre las diversas tradiciones espirituales y la Nación ».1198 Por desgracia todavía permanecen, también en las sociedades democráticas, expresiones de un laicismo intolerante, que obstaculizan todo tipo de relevancia política y cultural de la fe, buscando descalificar el compromiso social y político de los cristianos sólo porque estos se reconocen en las verdades que la Iglesia enseña y obedecen al deber moral de ser coherentes con la propia conciencia; se llega incluso a la negación más radical de la misma ética natural. Esta negación, que deja prever una condición de anarquía moral, cuya consecuencia obvia es la opresión del más fuerte sobre el débil, no puede ser acogida por ninguna forma de pluralismo legítimo, porque mina las bases mismas de la convivencia humana. A la luz de este estado de cosas, « la marginalización del Cristianismo... no favorecería ciertamente el futuro de proyecto alguno de sociedad ni la concordia entre los pueblos, sino que pondría más bien en peligro los mismos fundamentos espirituales y culturales de la civilización ».1199

573 Un ámbito especial de discernimiento para los fieles laicos concierne a la elección de los instrumentos políticos, o la adhesión a un partido y a las demás expresiones de la participación política. Es necesario efectuar una opción coherente con los valores, teniendo en cuenta las circunstancias reales. En cualquier caso, toda elección debe siempre enraizarse en la caridad y tender a la búsqueda del bien común.1200 Las instancias de la fe cristiana difícilmente se pueden encontrar en una única posición política: pretender que un partido o una formación política correspondan completamente a las exigencias de la fe y de la vida cristiana genera equívocos peligrosos. El cristiano no puede encontrar un partido político que responda plenamente a las exigencias éticas que nacen de la fe y de la pertenencia a la Iglesia: su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, a fin de que el partido y su proyecto político resulten estimulados a realizar formas cada vez más atentas a lograr el bien común, incluido el fin espiritual del hombre.1201

574 La distinción, por un lado, entre instancias de la fe y opciones socio- políticas y, por el otro, entre las opciones particulares de los cristianos y las realizadas por la comunidad cristiana en cuanto tal, comporta que la adhesión a un partido o formación política sea considerada una decisión a título personal, legítima al menos en los límites de partidos y posiciones no incompatibles con la fe y los valores cristianos.1202 La elección del partido, de la formación política, de las personas a las cuales confiar la vida pública, aun cuando compromete la conciencia de cada uno, no podrá ser una elección exclusivamente individual: « Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia ».1203 En cualquier caso, « a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia »: 1204 los creyentes deben procurar más bien « hacerse luz mutuamente con un diálogo sincero, guardando la mutua caridad y la solicitud primordial por el bien común ».1205

 

 

 

La modestia es un deber

“Me encanta la vulgaridad. El buen gusto es la muerte, la vulgaridad es la vida. ” [1] Estas palabras de la diseñadora inglesa de moda Mary Quant, que se hizo famosa por la invención de la minifalda y los shorts, ponen de manifiesto uno de los más importantes aspectos, aunque rara vez señalado, de la “revolución de la moda” que comenzó en los años sesenta: la vulgaridad.

Desde entonces, las modas han tendido cada vez más hacia la vulgaridad. Es una vulgaridad que pisotea el buen gusto y el decoro, pero que refleja una mentalidad contraria a todo orden y disciplina así como a toda prohibición, ya sea moral, estética o social, y que en última instancia, sugiere una completa “liberación” de las normas de comportamiento.

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1. ¿La comodidad y lo práctico son criterios supremos?

La excusa para la introducción de las faldas cada vez más cortas era “ser práctico y liberador, permitiendo a las mujeres subir con facilidad a un autobús”. [2] La noción de que la comodidad, lo práctico y la libertad de movimiento deben ser los criterios únicos para escoger el vestido ha conducido a una ruptura del nivel general de sobriedad y elegancia, por no hablar de las normas de la modestia.

Así, la vestimenta informal, por ser más cómoda y práctica, se convierte cada vez más en la norma, independientemente del sexo de las personas, la edad y circunstancias. Blue Jeans y camiseta (una antigua pieza de ropa interior) se convirtieron en parte de la vestimenta común.

Aunque se pueda usar ropa menos formal en los momentos de ocio, esta ropa no debe dar la impresión de que uno abandonó su dignidad y gravedad. No se debe dar la idea de que uno está de vacaciones de los propios principios.

En el pasado, en los momentos de descanso se vestía de modo más cómodo, pero manteniendo la dignidad, que nunca se debe abandonar.

Es curioso observar que muchas empresas exigen a sus empleados que usen trajes de negocios para transmitir una imagen de seriedad y responsabilidad. Esta es la prueba de que la ropa transmite un mensaje. Puede expresar seriedad y responsabilidad, o por el contrario, inmadurez y descuido

2. Vestimenta unisex

La premisa de que el confort y lo práctico deben presidir la elección de la ropa tiene también otra consecuencia: la ropa ya no refleja la propia identidad. En otras palabras, ya no indica la posición social de una persona, la profesión, o las características más fundamentales, tales como el sexo y la edad.

Así, la indumentaria unisex, se ha generalizado: blue jeans y shorts son usados por personas de ambos sexos y de todas las generaciones. Los hombres y las mujeres, los jóvenes y los ancianos, los profesores, los solteros y casados, los estudiantes, los niños y adultos, todos se confunden al usar una misma ropa, que ya no expresa lo que son, piensan o desean.

3. El hábito no hace al monje, pero lo identifica

Se podría objetar que “el hábito no hace al monje”. El hecho de que una persona se vista con distinción y elegancia no significa necesariamente que tiene buenos principios o buen comportamiento. Del mismo modo, el hecho una persona que siempre lleva ropa informal, no necesariamente indica que tenga malos principios o una conducta reprochable. A primera vista, el argumento parece lógico y hasta obvio. Sin embargo, analizado en profundidad, no se sustenta.

Es verdad que el hábito no hace al monje. Sin embargo, es un elemento que lo identifica. Nadie negará que la pérdida de la identidad de muchas monjas y monjes, que tuvo lugar durante los últimos cincuenta años fue en gran parte debida a que abandonaron sus hábitos tradicionales, que expresaban adecuadamente el espíritu de pobreza, castidad y obediencia, así como un estilo de vida ascética adecuada para la vida consagrada. [3]

4. La necesidad de coherencia entre el vestido y las convicciones.

Habida cuenta de la unidad que existe entre nuestras tendencias, principios, convicciones y el comportamiento, la forma de vestir no puede dejar de influir en nuestra mentalidad.

El uso de un determinado tipo de ropa es una forma de comportamiento, y cuando la ropa ya no refleja adecuadamente nuestras tendencias, principios y convicciones, la propia mentalidad empieza a sufrir un cambio imperceptible para permanecer “en sintonía” con la forma con la que uno se presenta a sí mismo. Esto se debe a que la razón humana, por la fuerza de la lógica inherente a ella, naturalmente, tiende a establecer la coherencia entre el pensamiento y la conducta.

Esta norma está magníficamente resumida en la famosa frase del escritor francés Paul Bourget: “Hay que vivir como se piensa, so pena de tarde o temprano terminar pensando como se ha vivido”.

El proceso de transformación o de erosión de los principios puede ser tornado más lento o impedido, por el fervor religioso de una persona, por tendencias o ideas profundamente arraigadas, y otros factores. Sin embargo, en caso de contradicción entre la conducta ‒reflejada en la forma de vestir‒ y los principios, aunque las convicciones no sean eliminadas, el proceso de erosión, por lento que sea, se convierte en inexorable.

5. Una fe viva, una vestimenta inadecuada

Esta erosión sutil se manifiesta a menudo por una pérdida de sensibilidad con respecto a los puntos fundamentales de nuestra mentalidad. Un ejemplo sería el respeto que se debe tener por lo sagrado.

De alguna manera, las concesiones al principio de que la comodidad debe ser la única regla de vestir han terminado por dar una nota informal a las actividades más serias y sagradas. ¿Cómo se puede explicar, por ejemplo, que personas que tienen verdadera fe en la presencia real de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, y que hacen sacrificios admirables para frecuentar la adoración perpetua, sin embargo, no ven ninguna contradicción en presentarse ante el Santísimo Sacramento con pantalones cortos, como si estuvieran en un picnic?

La misma persona que aparece vestida así a la adoración perpetua nunca usaría esa ropa en público, por ejemplo, visitando a la Reina Elizabeth II. Esta contradicción muestra cómo, a pesar de que la persona ha mantenido su fe, en cierta medida la idea de la majestad del Sacramento del Altar ‒la presencia real‒ ha desaparecido de su alma.

6. Igualitarismo…

Hay una tendencia general en nuestro tiempo para establecer un igualitarismo radical en todos los niveles de la cultura y de las relaciones sociales entre los sexos, e incluso, en la tendencia igualitaria, entre hombres y animales. [4]

En el vestir, este igualitarismo se manifiesta por la proletarización creciente, el establecimiento de una moda unisex y la supresión de las diferencias entre las generaciones. El mismo traje puede ser usado por cualquier persona sin importar su posición, edad o circunstancias (por ejemplo, en un viaje, una ceremonia religiosa o civil).

El caos reina en los ámbitos de la moda de hoy. A menudo es difícil distinguir, por sus ropas los hombres de las mujeres, los padres de los niños, una ceremonia religiosa de un picnic. Cortes de cabello y peinados siguen la misma tendencia a confundir la edad y el sexo, y de romper las normas de elegancia y buen gusto.

7. …Que lleva a la infantilización

Uno de los aspectos que se destacan más en los dictados de la moda es el deseo de crear una ilusión de eterna juventud, incluso los adolescentes la perpetúan sin responsabilidad, un fenómeno que se ha llamado el “Síndrome de Peter Pan”. [5]

La moda actual muestra una tendencia a infantilizar a la gente. Un crítico de la moda brasileña se expresaba así: “Por mucho tiempo, hemos visto en las pasarelas, tanto internacionales como nacionales, el nivel de infantilización que las modas sugieren. Estilistas con más de 25 años de edad están diseñando (y usando) ropa que podría ser usada por los niños en una guardería.”

8. La modestia es esencial para la castidad

Además de la tendencia extravagante, igualitaria y la infantilización de la moda actual, es necesario considerar el atentado contra la virtud y la total falta de modestia.

El cuerpo humano tiene su belleza, y esta belleza nos atrae. Debido al desorden que el pecado original introdujo en el hombre, por el trastorno de la concupiscencia, el deleite en la contemplación de la belleza corporal, y en particular del cuerpo femenino, puede llevar a la tentación y el pecado.

Eso no quiere decir que algunas partes del cuerpo sean buenas y que se puedan mostrar, y otras son malas y que deban ser cubiertas. Tal afirmación es absurda y nunca fue parte de la doctrina de la Iglesia. Todas las partes del cuerpo son buenas, pues el cuerpo es bueno en su conjunto, ha sido creado por Dios. Sin embargo, no todas las partes del cuerpo son iguales, y algunas excitan el apetito sexual más que otras. Así, la exposición de esas partes, a través de semi-desnudos o vestidos escotados subidos de tono, o que acentúan la anatomía, representa un grave riesgo de causar excitación, especialmente en los hombres en relación con las mujeres.

Por lo tanto, la ropa debe cubrir lo que deben estar cubierto y hacer resaltar lo que se puede destacar. Cubrir el rostro de una mujer, como lo hacen los musulmanes, muestra la falta de equilibrio de una religión que no entiende la verdadera dignidad humana. La cara, que es la parte más noble del cuerpo, ya que refleja más perfectamente el alma espiritual, es precisamente la parte que sobresale más en los hábitos tradicionales de las monjas.

Así como la ropa masculina debe hacer hincapié en el aspecto viril propio del hombre, la moda femenina debe manifestar su gracia y delicadeza. Y en este sentido, el pelo más largo es un adorno natural para enmarcar la cara de una mujer.

9. Inmoralidad en la moda y la destrucción de la familia

El atuendo que no muestra el auto-respeto de una persona, como un ser inteligente y libre (y, por el bautismo, como hijo o hija de Dios y templo del Espíritu Santo), contribuye en gran medida a la actual destrucción de la familia. Esto favorece las tentaciones contra la pureza. También lo hace por su vulgaridad y por el infantilismo, que corroe la idea de la seriedad de la vida y la necesidad de la ascesis (autodisciplina), todos estos son elementos fundamentales que mantienen la cohesión familiar y su estabilidad.

La lucha por la restauración de la familia, el oponerse al aborto, a la anticoncepción y a la homosexualidad, será mucho más eficaz si se hace junto a esfuerzos para restaurar la sobriedad, la modestia y la elegancia en el vestir.

10. Vestido y Amor de Dios

El papel de la ropa no es sólo proteger el cuerpo contra los elementos, sino también para servir como adorno y símbolo de las funciones de una persona, sus características y su mentalidad. No sólo el vestido debe ser digno y decente, sino tan hermoso y elegante cuanto sea posible (lo que requiere más gusto que dinero).

Si el “camino de la belleza” nos lleva a Dios, viéndolo como la causa ejemplar de la Creación, el “camino de la fealdad” nos aleja del Creador y nos sitúa en la pendiente resbaladiza del pecado. Esa es la razón por la cual la fealdad es el símbolo del pecado y está tan bien expresada por el enunciado “feo como el pecado”.

Fuente: America Needs Fatima

 

 

Ecos del Día de Reyes

Con la Fiesta del Bautismo de Jesús ( día 7), terminaron las Navidades. Quedan el eco de los regalos y de las cabalgatas de Reyes. Maravilloso el relato que hace el evangelista San Mateo sobre la visita de los “magos” ( quizá,  astrónomos de Babilonia) que se presentaron en Belén en busca del recién nacido “ Rey de los judíos”, expresión pagana sobre Jesucristo. Se trata de la segunda Epifanía o manifestación pública del Señor: la primera,  a pastores de Belén; después, a gentiles, porque  Jesús nació para todos, para los israelitas y  para los gentiles;  la tercera, en el Jordán, presentado por el Padre y el Espíritu Santo. Mateo hace un relato histórico:  señala el cuándo y el dónde; en tiempos del Rey Herodes ( el Grande) y vienen a Jerusalén desde el Oriente. La tradición de reyes y camellos en el Portal de Belén, se debe al  Salmo 72, 10 y a  las palabras del profeta Isaías (nº 60). Los magos vieron salir una estrella fulgurante cual ninguna. Al verla, recordarían la profecía de  Balaán,  vidente pagano, extendida fuera de Israel: “ Lo veo, pero no es ahora; lo contemplo, pero no será pronto: Avanza una estrella de Jacob, y surge un cetro de Israel…” (Núm 24, 17).  Inspirados por el Espíritu de Dios, se sintieron movidos a ir a adorarle. Dios maneja el Cosmos, y se valdría, quizá, de la explosión de luz de una supernova que estallaría simultánea a la conjunción de los planetas Júpiter y Saturno, ocurrida   seis o siete  años antes del cómputo actual del nacimiento de Cristo, que fue por entonces.

Se piensa que serían tres porque tres fueron los regalos simbólicos que le llevaron al Niño: incienso, como a Dios; oro, como a  Rey; mirra, porque era, también, hombre, y esta sustancia presagia la muerte. Divinidad, Realeza y Sufrimiento. Jesús es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Es  Rey que no domina por la fuerza: se le rinden los corazones durante siglos ante lo sobrecogedor de su amor tan generoso que siempre ama,  tan misericordioso que  siempre está dispuesto a perdonar. En su sepultura, no necesitó  mirra, porque resucitó al tercer día y está vivo.

Dos de los grandes estudiosos del tema de los Magos de Oriente, son el sacerdote católico Dwight Longenecker, procedente del anglicanismo, y el Papa sabio Benedicto XVI ( libro: “La Infancia de Jesús”) .

Por favor, respeten, los políticos de cualquier signo, nuestras tradiciones culturales y religiosas. No quieran  convertir lo sagrado, con cabalgatas extravagantes, en un carnaval. Es abuso imperdonable de autoridad.

Josefa Romo

 

 

Sale cara la burbuja ideológica

Como consecuencia de lo que está sucediendo en Cataluña, el Banco de España ha rebajado la previsión de crecimiento de la economía española para los dos próximos años en dos décimas. Gracias al buen comportamiento del sector exterior la rebaja no es mayor. Las estimaciones del Banco de España están dentro de la horquilla más conservadora sobre los efectos del Procès que había hecho la propia entidad.

El Colegio General de Economistas estima, por su parte, que si la tensión volviera a un pico como el que se vivió el pasado 1 de octubre, el PIB, la economía podría caer el año que viene hasta un 0,5 por ciento. Se dejarían de crear entre 50.000 y 60.000 puestos de trabajo. Me parece que como muestra se debe tener en cuenta que el crecimiento de la economía catalana se ha reducido a la mitad en el último trimestre.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Los vuelos de la muerte,

La Guerra Fría y los cordones militares frente al avance del comunismo se convirtieron durante los ochenta del siglo pasado en la excusa perfecta para vulnerar de manera sistemática los derechos humanos más elementales en Chile, Argentina o Uruguay, así como en otros tantos países de América Latina. Las Dictaduras de Seguridad Nacional fueron despiadadas y los vuelos de la muerte, las violaciones sistemáticas y la creación de centros de tortura fueron su modo de aterrorizar a la población. Las víctimas merecen justicia y reparación. Y Argentina ha intentado que ambas cosas vayan de la mano

Hoy, la Escuela Mecánica de la Armada es un centro de memoria en el que se honra la memoria de las víctimas y se recuerda que hubo un día en el que unos argentinos decretaron, desde el poder, el exterminio sistemático de otros argentinos. El problema en Perú, puede tener solución parecida, al menos con la cobcesiçón de perdón a quien lo pide.

Domingo Martínez Madrid

 

La sabiduría religiosa

La sabiduría religiosa, y por tanto plenamente humana, permite “curar las heridas de los conflictos que a lo largo de los años han dividido a personas de distintas culturas, etnias y convicciones religiosas”, ha recalcado Francisco en el marco de la visita apostólica del Papa a la antigua Birmania. En esta tarea, los líderes religiosos tienen la responsabilidad de ser ejemplo “por su espíritu de imparcialidad y de recíproca solidaridad ante los desafíos y las necesidades del momento presente”.

Jesús Domingo Martínez

 

 

LAS CUATRO ESTACIONES DE LA VIDA

          

            Se inicia un año igual (no hay nuevos años) puesto que “la rueda de la vida es eso”, termina una rodada y se inicia la siguiente, que será prácticamente lo mismo que la anterior, “sólo cambia la superficie donde la rueda dará la siguiente vuelta”.

Al entrar la primavera, “todo el mundo sensible, suele cantar a esta estación” y suele hacerlo por considerarla la más importante del ciclo anual, que repetido desde que el mundo es mundo, sólo es un hito más en LA VIDA, cuyos ciclos vitales los dividieron en cuatro y de ahí lo de “las cuatro estaciones”.

          PRIMAVERA: Efectivamente, es la más pujante de las estaciones o ciclos, es la más rebelde y activa; es la eclosión de una vida latente –siempre- la que en esta época, se manifiesta con todo el esplendor y toda la belleza que la Madre Naturaleza otorga a todos sus hijos; sean estos del reino animal, vegetal y “otros menos conocidos”. Figurativamente se la dedica, al amor y la pureza de sentimientos y es el “aguijón” para que muchos poetas canten a la Creación; si bien la mayoría suelen quedarse más abajo y dedican sus cantos a otros amores menos platónicos y por tanto más excitantes para la sangre humana y fogosa. De cualquier forma es –para mí- el símbolo del crecimiento continuo en la constante renovación del progreso Universal; donde nada muere, todo se transforma y progresa en una evolución positiva, aunque imperceptible, la mayoría de veces no la notemos.

          VERANO: Menos cantado –mucho menos- que “su madre”, la primavera; ya que el verano es la estación madura, la estación del máximo calor y energía; la estación... “donde todos los frutos se entregan”, donde todas las cosechas se recogen y reparten; donde el crecimiento llega al cenit de cada ciclo anual –o de vida-. Donde la plenitud de la vida se manifiesta al máximo de su potencia y donde “el Padre Sol”, sonríe con su máxima generosidad, llenando de vital calor espacial a esta parte de la esfera terrestre, donde se vuelca con todo su poder generador de energías para reservas del futuro “enfriamiento”, que a continuación, e inexorablemente... llegará con las otras estaciones.

          OTOÑO: Suele ser cantado con tristeza, con pena, con sentimiento de impotencia; muy pocos son los que saben encontrar en esta estación los valores simbólicos y reales de lo que representan en la vida... “TODA LA VIDA”. Pues el otoño, es la época de “las canas”, es la época en que las hojas cogen sus más vistosos “dorados... y brillantes tonalidades”... antes de morir. Es la época... “de la paz y algún sosiego”; es la época de la reflexión sobre la sabiduría; la época del merecido descanso, donde el vegetal y el animal comienzan a aletargarse, en una menor actividad, e igualmente se preparan para la época más dura a que han de pasar seguidamente. Pero esa preparación se hace –al menos así debiera hacerse- sin miedos, sin temores, sin pánico a lo inevitable; debe ser asimilada y asumida, con la sonrisa de la experiencia; con el “curtido” de haber soportado ya... “todos los soles y todos los aires”, con la más plena y segura esperanza de un futuro que aunque con apariencia sombría, no es –ni mucho menos- lo que inconscientemente la ignorancia humana le ha asignado.

          INVIERNO: Es la muerte aparente, puesto que digo –y mantengo- que nada muere, que todo se transforma en una vida eterna, esperanzadora y de progreso continuo; por tanto, el frío invierno es el reposo transitorio del cuerpo y del alma; del vegetal y el animal; de –incluso- la actividad de LA MADRE TIERRA,  de la caricia suficiente del PADRE SOL. Es la época de las cabezas plateadas, en el más bello color de los cabellos; es la época de las más dulces arrugas de la piel del Sabio, de la máxima madurez de las neuronas cerebrales, la época en que ya mueren o duermen –al fin- las terribles pasiones, los inútiles y efímeros afanes que no tienen casi valor alguno. Es donde el “frío manto de las nieves eternas y periódicas”... otorgan la paz al que está preparado para recibir ese máximo fruto, obtenido en el largo –larguísimo- camino de, “sus cuatro estaciones”; es el final de una etapa vivida en una esfera del espacio. Es la estancia tranquila en él, “andén del tiempo”, esperando con toda la tranquilidad del mundo, el tren que lleva a la eternidad.

     Por ello los sabios, nunca han temido a la muerte, más bien la han amado y añorado su natural llegada, puesto que han sabido comprender que esa transición, no es más que una etapa y que inicia otras etapas venideras y superiores; donde nuevas primaveras vendrán a lanzar sus espíritus y almas, sus "yos" y esperanzas, sus fuerzas vitales y creadoras... “hacia ese infinito final”, del que nadie sabe, del que nadie dice... del que muchos no creen, pero del que otros muchos también... firmemente creemos y pensamos que es la realidad de una Justicia Universal, que es la que impera en todo el Universo y la que nadie, “NADIE”, puede interferir... y menos aún, cambiar.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y Filósofo)

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