Las Noticias de hoy 09 Enero 2018

                        Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 09 de enero de 2018      

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

 Cuerpo Diplomático: “La paz se consolida en un clima de igualdad”

La CEE presenta la Jornada Mundial del migrante y del refugiado 2018

 HIJOS DE DIOS: Francisco Fernández-Carvajal

“Bendita perseverancia la del borrico”: San Josemaria

 El santo de lo ordinario

Diez maneras de conocer mejor a San Josemaría

 Se acortan las fronteras de la libertad ante el error, el insulto y la mentira: Salvador Bernal

2018, año crucial para los migrantes: Luis-Fernando VALDÉS

 Complejo de Superioridad: Sheila Morataya-Fleishman

El valor de la convivencia: Francisco Fernández Carvajal

¡Queridos Reyes Magos: Unión Nacional de Padres de Familia 

ESCUELA PARA PADRES   :El trabajo como virtud y valor humano, explicado a los hijos: Francisco Gras

 Cómo tener una comunicación asertiva en la familia

 Aprendamos a priorizar: ¿urgente o importante?: José Iribas

El futuro de la humanidad, nuevos retos de la antropología: Justo Aznar

Echa gasolina al conflicto: Jesús Martínez Madrid

Están siempre en el corazón de la Iglesia: Enric Barrull Casals

Ideología, cultura y comercio : José Morales Martín

El mensaje del rey: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Lunes, 8 de enero de 2018

La primera Lectura de hoy, tomada del primer libro de Samuel (1,1-8), cuenta la historia de los padres del profeta, Elcaná y de Ana. Elcaná tenía dos mujeres: Ana era estéril, y la otra, Fenina, tenía hijos. Fenina, en vez de consolar a Ana no pierde ocasión de humillarla, y la maltrata con dureza recordándole su esterilidad.

También en otras páginas de la Biblia sucede lo mismo, como entre Agar y Sara, las mujeres de Abraham, de las que la segunda era estéril. Pero burlarse y despreciar al más débil es también una actitud de los hombres, como en el caso de Goliat ante David, o pensemos también en la mujer de Job, o en la de Tobías, que desprecian a sus maridos porque están sufriendo.

Y yo me pregunto: ¿qué hay dentro de esas personas? ¿Qué hay dentro de nosotros, que nos lleva a despreciar, a maltratar, a burlarnos de los más débiles? Se entiende que uno se meta con alguien más fuerte: puede ser por envidia… ¿Pero, con los más débiles? ¿Qué tenemos dentro que nos lleva a eso? Es algo habitual, como si necesitase despreciar al otro para sentirme seguro, como una necesidad…

Pero también pasa esto entre los niños. Recuerdo que cuando era pequeño, en mi barrio vivía una mujer, Angiolina, enferma mental, que estaba todo el día en la calle. Las mujeres le daban algo de comer, algún vestido, pero los niños se metían con ella. Decían: “vamos a buscar a Angiolina para divertirnos un poco”. ¡Cuánta maldad también en los niños, meterse con el más débil!

Y hoy lo vemos continuamente, en las escuelas, con el fenómeno del bullying, del acoso escolar, atacar al débil, porque eres gordo o porque eres así o eres extranjero o porque eres negro, por esto… agredir, arremeter… Los niños, los jóvenes… No solo Fenina, o Agar o las mujeres de Tobías y de Job: también los niños. Lo que significa que hay algo dentro de nosotros que nos lleva a la agresión del débil. Y creo que es una de las huellas del pecado original. Quizá los psicólogos den sus explicaciones de esa voluntad de aplastar al otro porque es débil, pero yo digo que esa es una de las huellas del pecado original. Eso es obra de Satanás, porque en Satanás no hay compasión.

Y así, como cuando tenemos el deseo de hacer una obra buena, una obra de caridad, decimos “es el Espíritu Santo quien me inspira a hacer esto”, pues cuando nos demos cuenta de que tenemos dentro ese deseo de agredir a aquel porque es débil, no lo dudemos: ahí está el diablo. Porque eso es obra del diablo: meterse con el débil.

Pidamos al Señor que nos dé la gracia de la compasión: esa es de Dios, que tiene compasión de nosotros y nos ayuda a caminar.

 

 

Cuerpo Diplomático: “La paz se consolida en un clima de igualdad”

Discurso del Papa a los miembros del Cuerpo Diplomático

8 enero 2018Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

El Papa Francisco habla a las autoridades diplomáticas © L´Osservatore Romano

(ZENIT – 8 enero 2018).- “La paz se consolida cuando las naciones se confrontan en un clima de igualdad: Lo que disuade de futuras agresiones no es la ley del temor, sino la fuerza de la serena sensatez que estimula el diálogo y la comprensión mutua para sanar las diferencias”, ha afirmado el Papa Francisco.

El Papa Francisco ha recibido en audiencia esta mañana, 8 de enero de 2018, a las 10:30 horas, a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditados en la Santa Sede con motivo de la felicitación del año nuevo.

Tras las palabras de introducción del Sr. Armindo Fernandes do Espírito Santo Vieira, Embajador de Angola, el Papa ha dirigido un discurso a los presentes en la sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano.

El Papa ha dirigido un pensamiento particular a israelíes y palestinos: La Santa Sede invita a un compromiso por parte de todos para que se respete, en conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, el status quo de Jerusalén, ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes”.

En este sentido, Francisco ha expresado su dolor por los que han perdido la vida en los recientes enfrentamientos, y renueva su llamamiento a “ponderar toda iniciativa para que se evite exacerbar las contradicciones.

En su discurso, el Papa ha hecho un llamamiento a que la Comunidad internacional no olvide tampoco el sufrimiento en tantas partes del Continente africano, especialmente en Sudán del Sur, en la República Democrática del Congo, en Somalia, en Nigeria y en la República Centroafricana, así como en Ucrania, en Siria, países para los ha pedido un esfuerzo por restaurar la paz.

Asimismo, Francisco ha comentado que es importante que puedan regresar a su patria (Siria) los numerosos refugiados que han encontrado acogida y protección en las naciones vecinas, especialmente en Jordania, Líbano y Turquía, y ha pedido diálogo y colaboración pacífica para Irak y el Yemen.

Del mismo modo, el Pontífice ha manifestado su preocupación por Venezuela, que está atravesando “una crisis política y humanitaria cada vez más dramática y sin precedentes”, ha señalado.

Hay 183 Estados que actualmente tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede. El 4 de mayo de 2017 se establecieron relaciones diplomáticas con la República de la Unión de Myanmar, a nivel de la Nunciatura Apostólica y la Embajada.

RD

A continuación, ofrecemos el texto completo del discurso del Santo Padre, pronunciado en italiano y traducido al español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Discurso del Papa Francisco

Excelencias, señoras y señores:

Es una hermosa costumbre este encuentro que, conservando la alegría que brota de la Navidad todavía viva en el corazón, me da la oportunidad de expresaros personalmente los mejores deseos para el año que acaba de comenzar y manifestar mi cercanía y mi afecto a los pueblos que representáis. Agradezco al Decano del Cuerpo Diplomático, el Excelentísimo señor Armindo Fernandes do Espírito Santo Vieira, Embajador de Angola, las cordiales palabras que me ha dirigido en nombre de todo el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Doy mi especial bienvenida a los Embajadores llegados de fuera de Roma para esta ocasión, cuyo número ha aumentado tras el establecimiento de las relaciones diplomáticas con la República de la Unión de Myanmar en mayo pasado. También saludo a los embajadores residentes en Roma, cada vez más numerosos, entre los cuales está también ahora el Embajador de la República de Sudáfrica. Deseo dedicar un pensamiento particular al difunto Embajador de Colombia, Guillermo León Escobar- Herrán, que falleció pocos días antes de Navidad. Os agradezco las relaciones fructíferas y constantes que mantenéis con la Secretaría de Estado y con los demás Dicasterios de la Curia Romana, como muestra del interés de la Comunidad Internacional por la misión de la Santa Sede y por el compromiso de la Iglesia Católica en vuestros respectivos países. En esta perspectiva se sitúan también los acuerdos que la Santa Sede firmó el año pasado: en el mes de febrero, el Acuerdo marco con la República del Congo; y en agosto, el acuerdo entre la Secretaría de Estado y el Gobierno de la Federación Rusa sobre los viajes sin visado para los titulares de pasaportes diplomáticos.

En relación con las Autoridades civiles, la Santa Sede no pretende otra cosa que favorecer el bienestar espiritual y material de la persona humana y la promoción del bien común. Son expresión de esta solicitud los viajes apostólicos que realicé el año pasado en Egipto, Portugal, Colombia, Myanmar y Bangladesh. A Portugal fui como peregrino, cuando se cumplía el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima, para celebrar la canonización de los pastorcitos Jacinta y Francisco Marto. Allí pude constatar la fe llena de entusiasmo y alegría que la Virgen María suscitó en muchos de los peregrinos venidos para dicha ocasión. También en Egipto, Myanmar y Bangladesh pude reunirme con las comunidades cristianas locales que, aunque numéricamente escasas, son dignas de aprecio por su contribución al desarrollo y a la convivencia civil de sus respectivos países. No faltaron los encuentros con los representantes de otras religiones, demostrando cómo las particularidades de cada una no son un obstáculo para el diálogo, sino la savia que lo alimenta con el deseo común de conocer la verdad y practicar la justicia. Por último, en Colombia deseé bendecir los esfuerzos y la valentía de ese amado pueblo, marcado por un vivo anhelo de paz tras más de medio siglo de conflicto interno.

Queridos Embajadores:

Durante este año se celebra el centenario del final de la Primera Guerra Mundial: un conflicto que redibujó el rostro de Europa y del mundo entero, con la aparición de nuevos Estados al puesto de los antiguos Imperios. De las cenizas de la Gran Guerra se pueden sacar dos advertencias, que lamentablemente la humanidad no supo comprender inmediatamente, llegando en el arco de veinte años a combatir un nuevo conflicto aún más devastador que el anterior. La primera advertencia es que ganar no significa nunca humillar al rival derrotado. La paz no se construye como la afirmación del poder del vencedor sobre el vencido. Lo que disuade de futuras agresiones no es la ley del temor, sino la fuerza de la serena sensatez que estimula el diálogo y la comprensión mutua para sanar las diferencias. [1] De aquí se deriva la segunda advertencia: la paz se consolida cuando las naciones se confrontan en un clima de igualdad. Lo intuyó hace un siglo —un día como hoy— el Presidente estadounidense Thomas Woodrow Wilson, cuando propuso la creación de una Asociación general de las naciones destinada a promover para todos los Estados indistintamente, grandes y pequeños, mutuas garantías de independencia e integridad territorial. Así se pusieron las bases de la diplomacia multilateral, que a lo largo de los años ha ido adquiriendo un papel y una influencia cada vez mayor en toda la comunidad internacional.

También las relaciones entre las naciones, como las relaciones humanas, «comprenden la esencia de la verdad, de la justicia, de la caridad, de la libertad». [2] Esto conlleva «como principio sagrado e inmutable que todas las comunidades políticas son iguales en dignidad natural», [3] así como el reconocimiento de los mutuos derechos, junto al cumplimiento de los respectivos deberes. [4] La premisa fundamental de esta actitud es la afirmación de la dignidad de cada persona humana, cuyo desprecio y desconocimiento conducen a actos de barbarie que ofenden la conciencia de la humanidad. [5] Por otro lado, «la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana», [6] como afirma la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Quisiera dedicar nuestro encuentro de hoy a este documento importante, cuando se cumplen setenta años desde su adopción por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que tuvo lugar el 10 de diciembre de 1948. Para la Santa Sede hablar de derechos humanos significa, ante todo, proponer la centralidad de la dignidad de la persona, en cuanto que ha sido querida y creada por Dios a su imagen y semejanza. El mismo Señor Jesús, curando al leproso, devolviendo la vista al ciego, deteniéndose con el publicano, perdonando la vida a la adúltera e invitando a preocuparse del caminante herido, nos ha hecho comprender que todo ser humano, independientemente de su condición física, espiritual o social, merece respeto y consideración. Desde una perspectiva cristiana hay una significativa relación entre el mensaje evangélico y el reconocimiento de los derechos humanos, según el espíritu de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Estos derechos tienen su fundamento en la naturaleza que aúna objetivamente al género humano. Ellos fueron enunciados para eliminar los muros de separación que dividen a la familia humana y para favorecer lo que la doctrina social de la Iglesia llama al desarrollo humano integral, puesto que se refiere a «promover a todos los hombres y a todo el hombre […] hasta la humanidad entera». [7] En cambio, una visión reduccionista de la persona humana abre el camino a la propagación de la injusticia, de la desigualdad social y de la corrupción.

Sin embargo, conviene constatar que, a lo largo de los años, sobre todo a raíz de las agitaciones sociales del «sesenta y ocho», la interpretación de algunos derechos ha ido progresivamente cambiando, incluyendo una multiplicidad de «nuevos derechos», no pocas veces en contraposición entre ellos. Esto no siempre ha contribuido a la promoción de las relaciones de amistad entre las naciones, [8] puesto que se han afirmado nociones controvertidas de los derechos humanos que contrastan con la cultura de muchos países, los cuales no se sienten por este motivo respetados en sus propias tradiciones socio-culturales, sino más bien desatendidos frente a las necesidades reales que deben afrontar. Está también el peligro —en cierto sentido paradójico— de que, en nombre de los mismos derechos humanos, se vengan a instaurar formas modernas de colonización ideológica de los más fuertes y los más ricos en detrimento de los más pobres y los más débiles. Al mismo tiempo, es bueno tener presente que las tradiciones de cada pueblo no pueden ser invocadas como un pretexto para dejar de respetar los derechos fundamentales enunciados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Después de setenta años, duele constatar cómo muchos derechos fundamentales están siendo todavía hoy pisoteados. El primero entre todos el derecho a la vida, a la libertad y a la inviolabilidad de toda persona humana. [9] No son menoscabados sólo por la guerra o la violencia. En nuestro tiempo, hay formas más sutiles: pienso sobre todo en los niños inocentes, descartados antes de nacer; no deseados, a veces sólo porque están enfermos o con malformaciones o por el egoísmo los adultos. Pienso en los ancianos, también ellos tantas veces descartados, sobre todo si están enfermos, porque se les considera un peso. Pienso en las mujeres, que a menudo sufren violencias y vejaciones también en el seno de las propias familias. Pienso también en los que son víctimas de la trata de personas, que viola la prohibición de cualquier forma de esclavitud. ¿Cuántas personas, que huyen especialmente de la pobreza y de la guerra, son objeto de este comercio perpetrado por sujetos sin escrúpulos?

Defender el derecho a la vida y a la integridad física significa además proteger el derecho a la salud de la persona y de sus familias. Hoy, este derecho ha asumido implicaciones que superan los propósitos originarios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que pretendía afirmar el derecho de cada uno a tener los cuidados médicos y los servicios sociales necesarios. [10] En esta perspectiva, deseo que, en los foros internacionales competentes, se trabaje también para favorecer en primer lugar un acceso fácil a todos los cuidados y tratamientos sanitarios. Es importante unir los esfuerzos para que se adopten políticas que garanticen, a precios accesibles, el suministro de medicamentos esenciales para la supervivencia de las personas más necesitadas, sin descuidar la investigación y el desarrollo de tratamientos que, aunque no sean económicamente relevantes para el mercado, son determinantes para salvar vidas humanas.

Defender el derecho a la vida implica también trabajar activamente por la paz, reconocida universalmente como uno de los valores más altos que hay que buscar y defender. Sin embargo, existen graves conflictos locales que siguen incendiando distintas regiones de la tierra. Los esfuerzos colectivos de la comunidad internacional, la acción humanitaria de las organizaciones internacionales y las incesantes peticiones de paz que provienen de las tierras ensangrentadas por los combates parecen ser cada vez menos eficaces ante la lógica aberrante de la guerra. Este escenario no puede lograr que disminuya nuestro deseo y nuestro compromiso por la paz, pues somos conscientes de que sin ella el desarrollo integral del hombre se convierte en algo inalcanzable.

El desarme completo y el desarrollo integral están estrechamente relacionados entre sí. Por otra parte, la búsqueda de la paz como condición previa para el desarrollo implica combatir la injusticia y erradicar, de manera no violenta, la causa de las discordias que conducen a las guerras.

La proliferación de armas agrava ciertamente las situaciones de conflicto y supone grandes costes en términos materiales y de vidas humanas que socavan el desarrollo y la búsqueda de una paz duradera. El deseo de paz está siempre presente y lo manifiesta el resultado histórico alcanzado el año pasado con la aprobación del Tratado sobre la prohibición de armas nucleares, al término de la Conferencia de las Naciones Unidas, cuya finalidad era negociar un instrumento jurídicamente vinculante para prohibir las armas nucleares. La promoción de la cultura de la paz para un desarrollo integral requiere esfuerzos perseverantes hacia el desarme y la reducción del uso de la fuerza armada en la gestión de los asuntos internacionales. Deseo invitar a todos a un debate sereno y lo más amplio posible sobre el tema, que evite la polarización de la comunidad internacional sobre una cuestión tan delicada. Cualquier esfuerzo en esta dirección, aun cuando sea modesto, representa un logro importante para la humanidad.

Por su parte la Santa Sede ha firmado y ratificado, también en nombre y por cuenta del Estado de la Ciudad del Vaticano, el Tratado sobre la prohibición de armas nucleares, en la idea expresada por san Juan XXIII en la Pacem in terris, según la cual «la justicia, la recta razón y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas». [11] De hecho, «si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico». [12] La Santa Sede reitera la profunda «convicción de que las diferencias que eventualmente surjan entre los pueblos deben resolverse no con las armas, sino por medio de negociaciones».[13]

Por otra parte, precisamente la continua producción de armas cada vez más sofisticadas y «perfeccionadas», y la persistencia de numerosos focos de conflicto —que en varias ocasiones he calificado como la «tercera guerra mundial a trozos»— nos lleva a repetir con fuerza las palabras de mi santo predecesor: «En nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado. […] Cabe esperar que los pueblos, por medio de relaciones y contactos institucionalizados, lleguen a conocer mejor los vínculos sociales con que la naturaleza humana los une entre sí y a comprender con claridad creciente que entre los principales deberes de la común naturaleza humana hay que colocar el de las relaciones individuales e internacionales que obedezcan al amor y no al temor, porque ante todo es propio del amor llevar a los hombres a una sincera y múltiple colaboración material y espiritual, de la que tantos bienes pueden derivarse para ellos».[14]

En esta perspectiva, es primordial que se pueda sostener todo esfuerzo de diálogo en la península coreana, con el fin de encontrar nuevas vías para que se superen las actuales confrontaciones, aumente la confianza mutua y se asegure un futuro de paz al pueblo coreano y al mundo entero.

También es importante que continúen las distintas iniciativas de paz a favor de Siria en un clima propositivo de creciente confianza entre las partes, para que se logre poner fin, de una vez para siempre, al largo conflicto que ha afectado a todo el país y que ha causado enormes sufrimientos. El deseo de todos es que, después de tanta destrucción, llegue el tiempo de la reconstrucción. Pero más que construir edificios es necesario reconstruir los corazones, volver a tejer la tela de la confianza mutua, premisa imprescindible para el crecimiento de cualquier sociedad. Es fundamental esforzarse en favorecer las condiciones jurídicas, políticas y de seguridad, para una recuperación de la vida social, donde cada ciudadano, independientemente de su condición étnica y religiosa, pueda participar en el desarrollo del país. En este sentido, es vital que se protejan a las minorías religiosas, entre las cuales se encuentran los cristianos, que desde hace siglos contribuyen activamente a realizar la historia de Siria.

Es igualmente importante que puedan regresar a su patria los numerosos refugiados que han encontrado acogida y protección en las naciones vecinas, especialmente en Jordania, Líbano y Turquía. El compromiso y el esfuerzo realizado por estos países en esta difícil circunstancia merece el reconocimiento y el apoyo de toda la comunidad internacional, la cual al mismo tiempo está llamada a trabajar para que se creen las condiciones que permitan el regreso de los refugiados procedentes de Siria. Es un compromiso que esta debe asumir concretamente, y empezando por el Líbano, para que ese amado país siga siendo un «mensaje» de respeto y convivencia, y un modelo a imitar para toda la región y para el mundo entero.

La voluntad de diálogo es necesaria también en el amado Irak, para que los distintos elementos étnicos y religiosos vuelvan a encontrar el camino de la reconciliación, la convivencia y la colaboración pacífica, así también en el Yemen y en otras partes de la región, igual que en Afganistán.

Un pensamiento particular dirijo a israelíes y palestinos, tras las tensiones de las últimas semanas. La Santa Sede expresa su dolor por los que han perdido la vida en los recientes enfrentamientos y renueva su llamamiento a ponderar toda iniciativa para que se evite exacerbar las contradicciones, e invita a un compromiso por parte de todos para que se respete, en conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, el status quo de Jerusalén, ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes. Setenta años de enfrentamientos obliga a que se encuentre una solución política que permita la presencia en la región de dos Estados independientes dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas. A pesar de las dificultades, la voluntad de dialogar y de reanudar las negociaciones sigue siendo la vía maestra para llegar finalmente a una coexistencia pacífica de los dos pueblos.

También dentro de contextos nacionales, la apertura y la disponibilidad del encuentro son esenciales. Pienso especialmente en la querida Venezuela, que está atravesando una crisis política y humanitaria cada vez más dramática y sin precedentes. La Santa Sede, mientras que exhorta a responder sin demora a las necesidades primarias de la población, desea que se creen las condiciones para que las elecciones previstas durante el año en curso logren dar inicio a la solución de los conflictos existentes, y se pueda mirar al futuro con renovada serenidad.

Que la Comunidad internacional no olvide tampoco el sufrimiento en tantas partes del Continente africano, especialmente en Sudán del Sur, en la República Democrática del Congo, en Somalia, en Nigeria y en la República Centroafricana, en las que el derecho a la vida está amenazado por el abuso indiscriminado de los recursos, por el terrorismo, la proliferación de grupos armados y por los conflictos que perduran. No basta con indignarse ante tanta violencia. Es necesario más bien que cada uno en su ámbito propio se esfuerce activamente por remover las causas de la miseria y construir puentes de fraternidad, premisa fundamental para un auténtico desarrollo humano.

También en Ucrania es urgente que haya un compromiso común para reconstruir puentes. El año apenas terminado ha cosechado nuevas víctimas en el conflicto que aflige al país, y sigue produciendo gran sufrimiento a la población, en particular a las familias que habitan en las zonas afectadas por la guerra y que han perdido a sus seres queridos, con frecuencia ancianos y niños.

Quisiera dedicar un recuerdo especial precisamente a las familias. El derecho a formar una familia, en cuanto «elemento natural y fundamental de la sociedad y [que] tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado»,[15] está reconocido efectivamente por la misma Declaración de 1948. Por desgracia, se sabe que la familia, especialmente en Occidente, está considerada como una institución superada. Frente a la estabilidad de un proyecto definitivo, hoy se prefieren vínculos fugaces. Pero una casa construida sobre la arena de los vínculos frágiles e inconstantes no se mantiene en pie. Se necesita más bien la roca, sobre la que se establecen cimientos sólidos. Y la roca es precisamente esa comunión de amor, fiel e indisoluble, que une al hombre y a la mujer, una comunión que tiene una belleza austera y sencilla, un carácter sagrado e inviolable y una función natural en el orden social.[16] Considero por eso urgente que se lleven a cabo políticas concretas que ayuden a las familias, de las que por otra parte depende el futuro y el desarrollo de los Estados. Sin ellas, de hecho, no se pueden construir sociedades que sean capaces de hacer frente a los desafíos del futuro. El desinterés por las familias trae además otra dramática consecuencia —especialmente actual en algunas regiones— como es la caída de la natalidad.

Estamos ante un verdadero invierno demográfico. Esto es un signo de sociedades que tienen dificultad para afrontar los desafíos del presente y que, volviéndose cada vez más temerosas con respecto al futuro, terminan por encerrarse en sí mismas.

Al mismo tiempo, no podemos olvidar la situación de las familias rotas a causa de la pobreza, de las guerras y las migraciones. Con demasiada frecuencia, tenemos ante nuestros ojos el drama de niños que cruzan solos los confines que separan al norte del sur del mundo, muchas veces víctimas del tráfico de seres humanos.

Hoy se habla mucho de migrantes y migraciones, en ocasiones sólo para suscitar miedos ancestrales. No hay que olvidar que las migraciones han existido siempre. En la tradición judeocristiana, la historia de la salvación es esencialmente una historia de migraciones. Tampoco hay que olvidar que la libertad de movimiento, como la de dejar el propio país y de volver a él, pertenece a los derechos humanos fundamentales.[17] Es necesario por tanto salir de una extendida retórica sobre el tema y partir de la consideración esencial de que ante nosotros se encuentran sobre todo personas.

Esto ha sido lo que he querido reafirmar con el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, celebrado el pasado 1 de enero, dedicado a: «Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz». Aun reconociendo que no todos están siempre animados por buenas intenciones, no se puede olvidar que la mayor parte de los emigrantes preferiría estar en su propia tierra, mientras que se encuentran obligados a dejarla «a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental. […] Acoger al otro exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados. El ejercicio de la virtud de la prudencia es necesaria para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, “respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu” (Pacem in terris, 57). Tienen una responsabilidad concreta con respecto a sus comunidades, a las que deben garantizar los derechos que les corresponden en justicia y un desarrollo armónico, para no ser como el constructor necio que hizo mal sus cálculos y no consiguió terminar la torre que había comenzado a construir (cf. Lc 14, 28- 0)». [18]

Deseo una vez más agradecer a las autoridades de aquellos Estados que se han prodigado en estos años en ofrecer ayuda a los numerosos emigrantes llegados a sus fronteras. Pienso sobre todo en el esfuerzo de no pocos países en Asia, África y en América, que acogen y ayudan a numerosas personas. Conservo todavía vivo en el corazón el recuerdo del encuentro que tuve en Dacca con algunos miembros del pueblo Rohingya y deseo renovar mis sentimientos de gratitud a las autoridades de Bangladesh por la ayuda que les dan en su propio territorio.

Deseo además dar las gracias de modo especial a Italia que en estos años ha mostrado un corazón abierto y generoso, y ha sabido ofrecer también ejemplos positivos de integración. Espero que las dificultades que el país ha atravesado en estos años, y cuyas consecuencias todavía perduran, no conduzcan a clausuras y preclusiones, sino más bien a descubrir de nuevo esas raíces y tradiciones que han alimentado la rica historia de la nación y que constituyen un tesoro inestimable para ofrecer a todo el mundo. Igualmente, expreso mi aprecio por los esfuerzos realizados por otros Estados europeos, especialmente Grecia y Alemania. No hay que olvidar que muchos refugiados y emigrantes buscan alcanzar Europa porque saben que allí pueden encontrar paz y seguridad, las cuales son por otra parte fruto de un largo camino alumbrado por los ideales de los Padres fundadores del proyecto europeo después de la Segunda Guerra Mundial. Europa debe sentirse orgullosa de este patrimonio, basado en principios firmes y en una visión del hombre que ahonda sus raíces en su historia milenaria, inspirada en la concepción cristiana de la persona humana. La llegada de los inmigrantes debe estimularla a redescubrir su propio patrimonio cultural y religioso, de tal manera que, adquiriendo nueva conciencia de los valores sobre los que está edificada, pueda mantener viva al mismo tiempo su propia tradición y seguir siendo un lugar de acogida, heraldo de paz y desarrollo.

Durante el año pasado, los gobiernos, las organizaciones internacionales y la sociedad civil se han planteado recíprocamente los principios básicos, las prioridades y el modo más conveniente de responder al movimiento migratorio y a las situaciones que todavía afectan a los refugiados. Las Naciones Unidas, después de la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes de 2016, ha puesto en marcha importantes procesos de preparación en vistas a la adopción de dos Pactos Mundiales (Global Compacts), sobre los refugiados y por una migración segura, ordenada y regulada, respectivamente.

La Santa Sede espera que estos esfuerzos, con las negociaciones que pronto comenzarán, darán unos resultados que sean dignos de una comunidad mundial cada vez más interdependiente, fundada en los principios de la solidaridad y la ayuda mutua. En el actual contexto internacional no faltan las posibilidades y los medios para que se aseguren unas condiciones de vida digna del ser humano a cada hombre y mujer que viven en la tierra.

En el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, sugerí cuatro «piedras angulares» para la acción: acoger, proteger, promover e integrar.[19] Me gustaría centrarme en particular en esta última, sobre la que existen posiciones contrapuestas en virtud de diferentes evaluaciones, experiencias, preocupaciones y convicciones. La integración es «un proceso bidireccional», con derechos y deberes recíprocos. De hecho, quien acoge está llamado a promover el desarrollo humano integral, mientras que al que es acogido se le pide la conformación indispensable a las normas del país que lo recibe, así como el respeto a los principios de identidad del mismo. Todo proceso de integración debe mantener siempre, como aspecto central de la regulación de los diversos aspectos de la vida política y social, la protección y la promoción de las personas, especialmente de aquellas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

La Santa Sede no tiene la intención de interferir en las decisiones que corresponden a los Estados, que a la luz de sus respectivas situaciones políticas, sociales y económicas, así como de sus propias capacidades y posibilidades de recepción e integración, tienen la responsabilidad principal de la acogida. Sin embargo, cree que debe desempeñar un papel de «llamada» del principio de humanidad y de fraternidad, que son fundamento de toda sociedad cohesionada y armónica. En esta perspectiva, es importante no olvidar la interacción con las comunidades religiosas, tanto a nivel institucional como asociativo, que pueden desempeñar un papel valioso reforzando la asistencia y la protección, la mediación social y cultural, la pacificación y la integración.

Uno de los derechos humanos sobre el que me gustaría hoy llamar la atención es el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, que incluye la libertad de cambiar de religión.[20] Se sabe por desgracia que el derecho a la libertad religiosa, a menudo, no se respeta y la religión con frecuencia se convierte en un motivo para justificar ideológicamente nuevas formas de extremismo o un pretexto para la exclusión social, e incluso para la persecución en diversas formas de los creyentes. La condición para construir sociedades inclusivas está en una comprensión integral de la persona humana, que se siente verdaderamente acogida cuando se le reconocen y aceptan todas las dimensiones que conforman su identidad, incluida la religiosa.

Por último, me gustaría recordar la importancia del derecho al trabajo. No hay paz ni desarrollo si el hombre se ve privado de la posibilidad de contribuir personalmente, a través de su trabajo, en la construcción del bien común. En cambio, es triste ver cómo el trabajo en muchas partes del mundo es un bien escaso. Hay pocas oportunidades para encontrar trabajo, especialmente para los jóvenes. Con frecuencia resulta fácil perderlo, no sólo por las consecuencias de la alternancia de los ciclos económicos, sino también por el recurso progresivo a tecnologías y maquinarias cada vez más perfectas y precisas que reemplazan al hombre. Y aunque, por un lado, hay una distribución desigual de las oportunidades de trabajo, por el otro, existe una tendencia a exigir a los trabajadores ritmos cada vez más estresantes. Las exigencias del beneficio, dictadas por la globalización, han llevado a una reducción progresiva de los tiempos y días de descanso, perdiéndose así una dimensión fundamental de la vida —el descanso—, que sirve para regenerar a la persona tanto física como espiritualmente. Dios mismo reposó el séptimo día: lo bendijo y lo consagró, «porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando creó» (Gn 2,3). En el sucederse de fatiga y sosiego, el hombre participa en la «santificación del tiempo» realizada por Dios y ennoblece su trabajo, liberándolo de la dinámica repetitiva de una vida cotidiana árida que no conoce descanso.

Los datos publicados recientemente por la Organización Mundial del Trabajo, sobre el aumento del número de niños empleados en actividades laborales y sobre las víctimas de nuevas formas de esclavitud, son también un motivo de especial preocupación. El flagelo del trabajo infantil pone en peligro seriamente el desarrollo psicofísico de los niños, privándolos de la alegría de la infancia, cosechando víctimas inocentes. No podemos pretender que se plantee un futuro mejor, ni esperar que se construyan sociedades más inclusivas, si seguimos manteniendo modelos económicos orientados a la mera ganancia y a la explotación de los más débiles, como son los niños. La eliminación de las causas estructurales de este flagelo debería ser una prioridad para los gobiernos y las organizaciones internacionales, que están llamados a intensificar sus esfuerzos para adoptar estrategias integradas y políticas coordinadas, destinadas a acabar con el trabajo infantil en todas sus formas.

Excelencias, señoras y señores:

Al recordar algunos de los derechos contenidos en la Declaración Universal de 1948, no pretendo ignorar un aspecto estrechamente relacionado con ella: todo individuo tiene también deberes hacia la comunidad, dirigidos a «satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática».[21] El reclamo a los derechos de todo ser humano debe tener en cuenta que cada uno es parte de un cuerpo más grande. Al igual que el cuerpo humano, también nuestras sociedades gozan de buena salud si cada miembro cumple su tarea, sabiendo que la misma está al servicio del bien común.

Entre los deberes particularmente urgentes en la actualidad se encuentra el cuidado de nuestra Tierra. Sabemos que la naturaleza puede ser cruenta, incluso cuando no es responsabilidad del hombre. Lo hemos visto el año pasado con los terremotos que han golpeado en distintos lugares de la tierra, especialmente en los últimos meses en México e Irán, provocando numerosas víctimas, así como con la fuerza de los huracanes que han afectado a varios países del Caribe alcanzando las costas estadounidenses, y que, aún más recientemente, han golpeado Filipinas. Sin embargo, no debemos olvidar que hay también una responsabilidad primaria del hombre en la interacción con la naturaleza. El cambio climático, con el aumento global de las temperaturas y los efectos devastadores que conllevan, son también una consecuencia de la acción del hombre. Por lo tanto, es necesario afrontar, con un esfuerzo colectivo, la responsabilidad de dejar a las generaciones siguientes una Tierra más bella y habitable, trabajando a la luz de los compromisos acordados en París en 2015, para reducir las emisiones a la atmósfera de gases nocivos y perjudiciales para la salud humana.

El espíritu que debe animar a cada persona y a las naciones en esta obra se asemeja al de los constructores de catedrales medievales repartidas por toda Europa. Estos edificios impresionantes muestran la importancia de la participación de todos en un trabajo capaz de ir más allá de los límites del tiempo. El constructor de catedrales sabía que no vería la terminación de su trabajo. Sin embargo, trabajó activamente, entendiendo que era parte de un proyecto que sus hijos disfrutarían y que ellos, a su vez, embellecerían y ampliarían para sus hijos. Todos los hombres y mujeres de este mundo, y en particular los que tienen responsabilidades de gobierno, están llamados a cultivar el mismo espíritu de servicio y solidaridad intergeneracional, y así ser un signo de esperanza para nuestro mundo atribulado.

Con estas consideraciones, les renuevo a cada uno de ustedes, a sus familias y a sus pueblos, mi deseo de un año lleno de alegría, esperanza y paz. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

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[1] Cf. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 126-129. [2] Ibíd., 45. [3] Ibíd., 86. [4] Cf. ibíd., 91. [5] Cf. Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 diciembre 1948). [6] Ibíd., Preámbulo. [7] Pablo VI, Carta enc. Populorum Progressio (26 marzo 1967), 14. [8] Cf. Declaración Universal de los Derechos Humanos, Preámbulo. [9] Cf. ibíd., art. 3. [10] Cf. ibíd., art. 25. [11] Cf. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 112. [12] Ibíd., 111. [13] Ibíd., 126. [14] Ibíd., 127, 129. [15] Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 16. [16] Cf. Pablo VI, Discurso con motivo de la visita a la Basílica de la Anunciación, Nazaret (5 enero 1964). [17] Cf. Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 13. [18] Mensaje para la LI Jornada Mundial de la Paz (13 noviembre 2017), 1.

 

 

La CEE presenta la Jornada Mundial del migrante y del refugiado 2018

La Jornada se celebra el domingo 14 de enero con el lema, “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”.

La mañana del 8 de enero, se presentó en la sede de la Conferencia Episcopal Española la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado que se celebra el domingo 14 de enero con el lema,  “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”.

Con este acontecimiento, la Iglesia busca reforzar el valor de la integración social en favor de todas las personas que se han visto forzadas a abandonar sus tierras en busca de un futuro mejor. Los elementos fundamentales que destacan en la organización de esta iniciativa son la promoción del verdadero encuentro personal con los hermanos migrantes y refugiados, fomentar el diálogo con ellos y el conocimiento de sus circunstancias para lograr así, una mayor sensibilización de la sociedad mundial sobre este drama que está viviendo la humanidad.

El presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones en España, Mons. Juan Antonio Menéndez Fernández, expuso más detalles concernientes a la actual situación migratoria en el mundo y la cultura del encuentro que promueve el Papa.

Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2018

En la presentación también intervino la secretaria general de Cáritas España,  Natalia Peiro, que habló sobre la campaña Compartiendo el Viaje, lanzada por Caritas Internationalis con la que se pretende conocer de cerca la realidad de los implicados, así como promover la cultura del encuentro entre los pueblos.

Tal y como se lee en el mensaje del Papa Francisco con motivo de esta Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2018,  “A cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor, el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia”, y para ello, el Pontífice recuerda que tal solicitud “ha de concretarse en cada etapa de la experiencia migratoria: desde la salida y a lo largo del viaje, desde la llegada hasta el regreso. “Es una gran responsabilidad que la Iglesia quiere compartir con todos los creyentes y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que están llamados a responder con generosidad, diligencia, sabiduría y amplitud de miras, cada uno según sus posibilidades, a los numerosos desafíos planteados por las migraciones contemporáneas”, concluye el Papa.

 

 

HIJOS DE DIOS

— El sentido de la filiación divina define nuestro día.

— Algunas consecuencias: fraternidad, actitud ante las dificultades, confianza en la oración...

— Coherederos con Cristo. La alegría, un anticipo de la gloria que no debemos perder a causa de las contrariedades.

I. «Yo he sido por Él constituido Rey sobre Sión, su monte santo, para predicar su Ley. A mí me ha dicho el Señor: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy (Sal 2, 6-7). La misericordia de Dios Padre nos ha dado como Rey a su Hijo (...). Tú eres mi hijo: se dirige a Cristo y se dirige a ti y a mí, si nos decidimos a ser alter Christus, ipse Christus»1; y eso es lo que pretendemos, a pesar de nuestras flaquezas: imitar a Cristo, identificarnos con Él, ser buenos hijos de Dios en medio de nuestro trabajo y de los quehaceres normales de todos los días.

El pasado domingo contemplábamos a Jesús que acude a Juan, como uno más, para ser bautizado en el Jordán. El Espíritu Santo se posó sobre Él y se dejó oír la voz del Padre: Tú eres mi Hijo muy amado2. Jesucristo es, desde la eternidad, el Hijo Único de Dios, el Amado: nacido del Padre antes de todos los siglos (...), engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho, confesamos en el Credo de la Misa. En Él y por Él –Dios y Hombre verdadero– hemos sido hechos hijos de Dios y herederos del Cielo.

A lo largo del Nuevo Testamento, la filiación divina ocupa un lugar central en la predicación de la buena nueva cristiana, como realidad bien expresiva del amor de Dios por los hombres: Ved qué amor nos ha mostrado el Padre: que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos3. El mismo Jesucristo mostró constantemente esta verdad a sus discípulos: de modo directo, enseñándoles a dirigirse a Dios como al Padre4; señalándoles la santidad como imitación filial5; y también a través de numerosas parábolas en las que Dios es representado por la figura del padre. Es particularmente entrañable la figura de nuestro Padre Dios en la parábola del hijo pródigo.

Por su infinita Bondad, Dios ha creado y elevado al orden sobrenatural al hombre para que, con la gracia santificante, pudiera penetrar en la intimidad de la Beatísima Trinidad, en la Vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, sin destruir, sin forzar su propia naturaleza de criaturas: mediante este don inefable de la filiación divina6. Nos constituye en hijos suyos: no es nuestra filiación un simple título, sino una elevación real, una transformación efectiva de nuestro ser más íntimo. Por eso, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer (...), a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y, puesto que sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama Abbá, Padre! De manera que ya no eres siervo sino hijo; y como eres hijo, también heredero por gracia de Dios7.

El Señor nos ha ganado el Don más precioso: el Espíritu Santo, que nos hace exclamar Abbá, Padre!, que nos identifica con Cristo y nos hace hijos de Dios. «Nos dice: tú eres mi hijo. No un extraño, no un siervo benévolamente tratado, no un amigo, que ya sería mucho. ¡Hijo! Nos concede vía libre para que vivamos con Él la piedad del hijo y, me atrevería a afirmar, también la desvergüenza del hijo de un Padre, que es incapaz de negarle nada»8.

A mí me ha dicho el Señor: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. Estas palabras del Salmo II, que se refieren principalmente a Cristo, se dirigen también a cada uno de nosotros y definen todo nuestro día y la vida entera, si estamos decididos –con debilidades, con flaquezas– a seguir a Jesús, a procurar imitarle, a identificarnos con Él, en nuestras peculiares circunstancias. Profundizar en las consecuencias de la filiación divina será, a temporadas, objeto de una especial atención en nuestra lucha ascética, e incluso del examen particular.

II. Cuando vivimos como buenos hijos de Dios, consideramos los acontecimientos –también los pequeños sucesos de un día corriente– a la luz de la fe, y nos habituamos a pensar y actuar según el querer de Cristo9. En primer lugar, trataremos de ver hermanos en las personas con quienes nos relacionamos, pues todos somos hijos de un mismo Padre. El aprecio y el respeto a los hombres generará en nosotros el mismo deseo que existe en el Corazón de Cristo: el de su santificación. El amor fraterno nos moverá ante todo a que esas personas estén cada vez más cerca de Cristo y sean cada vez más plenamente hijos de nuestro Padre Dios. Será el nuestro el mismo afán apostólico de Cristo por todos: el celo por la gloria del Padre y por la salvación de la humanidad10. Las manifestaciones de esta fraternidad enraizada en la filiación divina pueden ser innumerables a lo largo de una jornada nuestra: oración, pequeñas ayudas materiales, comprensión ante los defectos.

La filiación divina no es un aspecto más de nuestra vida: define nuestro propio ser sobrenatural y nos señala la manera de situarnos ante cada acontecimiento; no es una virtud particular, que tenga sus propios actos, sino la condición permanente de nuestro ser, y empapa todas las virtudes11. Somos, ante todo y sobre todo, hijos de Dios, en cada circunstancia y en todas las situaciones, y esta convicción firmísima llena nuestro vivir y nuestro actuar: «no podemos ser hijos de Dios solo a ratos, aunque haya algunos momentos especialmente dedicados a considerarlo, a penetrarnos de ese sentido de nuestra filiación divina, que es la médula de la piedad»12.

Si consideramos con frecuencia esta verdad –soy hijo de Dios–, si profundizamos en su significado, nuestro día se llenará de paz, de serenidad y de alegría. Nos apoyaremos resueltamente en nuestro Padre Dios, del que todo depende, en las dificultades y en las contradicciones, si alguna vez se hace todo cuesta arriba13. Volveremos con más facilidad a la Casa paterna, como el hijo pródigo, cuando nos hayamos alejado con nuestras faltas y pecados; no perderemos de vista que siempre nos espera nuestro Padre para darnos un abrazo, para devolvernos la dignidad de hijos si la hubiéramos perdido, y para llenarnos de bienes en una fiesta espléndida, aunque nos hayamos portado mal, una y mil veces. La oración –como en este rato que dedicamos exclusivamente a Dios– será de veras la conversación de un hijo con su padre, que sabe que le entiende bien, que le escucha, que está atento como nadie jamás lo ha estado nunca. Un hablar con Dios confiado, que nos mueve con frecuencia a la oración de petición porque somos hijos necesitados; una conversación con Dios que tiene por tema nuestra vida: «todo lo que palpita en nuestra cabeza y en nuestro corazón: alegrías, tristezas, esperanzas, sinsabores, éxitos, fracasos, y hasta los detalles más pequeños de nuestra jornada. Porque habremos comprobado que todo lo nuestro interesa a nuestro Padre Celestial»14.

III. El hijo es también heredero, tiene como un cierto «derecho» a los bienes del padre; somos herederos de Dios, coherederos con Cristo15. El Salmo II, con el que comenzamos este rato de oración, salmo de la realeza de Cristo y de la filiación divina, continúa con estas palabras: Pídeme y te daré las naciones en herencia y extenderé tus dominios hasta los confines de la tierra16.

El anticipo de la herencia prometida lo recibimos ya en esta vida: es el gaudium cum pace, la alegría profunda de sabernos hijos de Dios, que no se apoya en los propios méritos, ni en la salud o en el éxito, ni consiste tampoco en la ausencia de dificultades, sino que nace de la unión con Dios; se fundamenta en la consideración de que Él nos quiere, nos acoge y perdona siempre... y nos tiene preparado un Cielo junto a Él, por toda la eternidad. Perdemos esta alegría cuando dejamos a un lado el sentido de nuestra filiación divina, y no vemos la Voluntad de Dios, sabia y amorosa siempre, en las dificultades y contradicciones que cada jornada nos trae.

No quiere nuestro Padre que perdamos esa alegría de hondos cimientos: Él quiere vernos siempre contentos, como los padres de la tierra desean ver siempre a sus hijos.

Además, con esa actitud serena y gozosa ante la vida –el gaudium cum pace17–, en la que no faltarán contradicciones, el cristiano hace mucho bien a su alrededor. La alegría verdadera es un formidable medio de apostolado. «El cristiano es un sembrador de alegría; y por esto realiza grandes cosas. La alegría es uno de los más irresistibles poderes que hay en el mundo: calma, desarma, conquista, arrastra. El alma alegre es un apóstol: atrae a los hombres hacia Dios, manifestándoles lo que en ella produce la presencia de Dios. Por esto el Espíritu Santo nos da este consejo: nunca os aflijáis, porque la alegría en Dios es vuestra fuerza (Neh 8, 10)»18.

1 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 185. — 2 Cfr. Mc 1, 9-12. — 3 1 Jn 3, 1. 4 Cfr. Mt 6, 9. — 5 Cfr. Mt 5, 48. 6 Cfr. F. Ocáriz, El sentido de la filiación divina, EUNSA, 2ª ed., Pamplona 1985, pp. 173 ss. — 7 Gal 4, 5-7. — 8 San Josemaría Escrivá, o. c., 185. — 9 Cfr. M. Eguíbar, ¿Por qué se amotinan las gentes?, Rialp, 3ª ed., Madrid 1972, pp., 146 ss. — 10 Cfr. B. Perquin, Abba, Padre, Rialp, Madrid 1986, p. 331. — 11 Cfr. F. Ocáriz, o. c., p. 193. 12 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Rialp, 14ª ed., Madrid 1985, n. 102. 13 Cfr. J. Lucas, Nosotros, hijos de Dios, Rialp, 3ª ed., Madrid 1973, pp. 103 ss. — 14 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, Rialp, 2ª ed., Madrid 1977, 245. 15 Rom 8, 17. — 16 Sal 2, 8. — 17 Misal Romano, Preparación para la Misa: Formula intentionis. — 18 M. V. Bernadot, De la Eucaristía a la Trinidad, Palabra, Madrid 1983, p. 96.

 

“Bendita perseverancia la del borrico”

Si no es para construir una obra muy grande, muy de Dios –la santidad–, no vale la pena entregarse. Por eso, la Iglesia –al canonizar a los santos– proclama la heroicidad de su vida. (Surco, 611)

Si la vida no tuviera por fin dar gloria a Dios, sería despreciable, más aún: aborrecible. (Camino, 783)
Bendita perseverancia la del borrico de noria! -Siempre al mismo paso. Siempre las mismas vueltas. -Un día y otro: todos iguales.
Sin eso, no habría madurez en los frutos, ni lozanía en el huerto, ni tendría aromas el jardín.
Lleva este pensamiento a tu vida interior. (Camino, 998)
¿Que cuál es el secreto de la perseverancia?
El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás. (Camino, 999)
La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. –Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor. (Surco, 2)
¿Que cuál es el fundamento de nuestra fidelidad?
–Te diría, a grandes rasgos, que se basa en el amor de Dios, que hace vencer todos los obstáculos: el egoísmo, la soberbia, el cansancio, la impaciencia...
–Un hombre que ama se pisotea a sí mismo; le consta que, aun amando con toda su alma, todavía no sabe amar bastante. (Forja, 532)

 

 

El santo de lo ordinario

Vida de san Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), fundador del Opus Dei.

Biografía

 

Una familia cristiana (1902 – 1914)

Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José y Dolores. Tuvo cinco hermanos: Carmen (1899-1957), Santiago (1919-1994) y otras tres hermanas menores que él, que murieron cuando eran niñas. El matrimonio Escrivá dio a sus hijos una profunda educación cristiana. [+información]

Vocación de San Josemaría (1914 – 1918)

En 1915 quebró el negocio del padre, comerciante de tejidos, y la familia hubo de trasladarse a Logroño, donde el padre encontró otro trabajo. En esa ciudad, Josemaría, después de ver unas huellas en la nieve de los pies descalzos de un religioso, intuye que Dios desea algo de él, aunque no sabe exactamente qué es. Piensa que podrá descubrirlo más fácilmente si se hace sacerdote, y comienza a prepararse primero en Logroño y más tarde en el seminario de Zaragoza. [+información]

Ordenación sacerdotal (1918 - 1925)

Siguiendo un consejo de su padre, en la Universidad de Zaragoza estudia también la carrera civil de Derecho como alumno libre. D. José Escrivá muere en 1924, y Josemaría queda como cabeza de familia. Recibe la ordenación sacerdotal el 28 de marzo de 1925 y comienza a ejercer el ministerio primero en una parroquia rural y luego en Zaragoza. [+información]

Fundación del Opus Dei y dedicación a los pobres y enfermos (1928 - 1936)

En 1927 se traslada a Madrid, con permiso de su obispo, para obtener el doctorado en Derecho. En Madrid, el 2 de octubre de 1928, Dios le hace ver lo que espera de él, y funda el Opus Dei. Desde ese día trabaja con todas sus fuerzas en el desarrollo de la fundación que Dios le pide, al tiempo que continúa con el ministerio pastoral que tiene encomendado en aquellos años, que le pone diariamente en contacto con la enfermedad y la pobreza en hospitales y barriadas populares de Madrid. [+información]

Guerra Civil Española y Paso de los Pirineos (1936 - 1939)

Al estallar la guerra civil, en 1936, Josemaría Escrivá se encuentra en Madrid. La persecución religiosa le obliga a refugiarse en diferentes lugares. Ejerce su ministerio sacerdotal clandestinamente, hasta que logra salir de Madrid. Después de una travesía por los Pirineos hasta el sur de Francia, se traslada a Burgos. [+información]

Intenso trabajo pastoral (1939 - 1945)

Cuando acaba la guerra, en 1939, regresa a Madrid. En los años siguientes dirige numerosos ejercicios espirituales para laicos, para sacerdotes y para religiosos. En el mismo año 1939 termina sus estudios de doctorado en Derecho. [+información]

Roma y el Concilio Vaticano II (1946 - 1965)

En 1946 fija su residencia en Roma. Obtiene el doctorado en Teología por la Universidad Lateranense. Es nombrado consultor de dos Congregaciones vaticanas, miembro honorario de la Pontificia Academia de Teología y prelado de honor de Su Santidad. Sigue con atención los preparativos y las sesiones del Concilio Vaticano II (1962-1965), y mantiene un trato intenso con muchos de los padres conciliares. [+información]

Expansión del Opus Dei y viajes de catequesis (1970 - 1975)

Desde Roma viaja en numerosas ocasiones a distintos países de Europa, para impulsar el establecimiento y la consolidación del trabajo apostólico del Opus Dei. Con el mismo objeto, entre 1970 y 1975 hace largos viajes por México, la Península Ibérica, América del Sur y Guatemala, donde además tiene reuniones de catequesis con grupos numerosos de hombres y mujeres. [+información]

Fallecimiento y fama de santidad

Fallece en Roma el 26 de junio de 1975. Varios miles de personas, entre ellas numerosos obispos de distintos países —en conjunto, un tercio del episcopado mundial—, solicitan a la Santa Sede la apertura de su causa de canonización. [+información]

Canonización

El 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer. Lo proclama santo diez años después, el 6 de octubre de 2002, en la plaza de San Pedro, en Roma, ante una gran multitud. «Siguiendo sus huellas —dijo en esa ocasión el Papa en su homilía—, difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad». [+información]

Si quiere rezar ante los restos de san Josemaría, puede acudir a Santa María de la Paz (Roma). O bien descargue el folleto informativo en formato pdf.

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Más recursos sobre el fundador del Opus Dei

70 vídeos de san Josemaría, en YouTube.

Escuchar a san Josemaría.

Fotos de san Josemaría, en alta calidad (Flickr).

Libros sobre san Josemaría.

Otras páginas web sobre san Josemaría

Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer

Biografía de San Josemaría (Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer)

Bibliografía básica sobre san Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei

 

 

Diez maneras de conocer mejor a San Josemaría

Vídeos que inspiran a miles de personas, lugares relacionados con la vida de San Josemaría —nacido el 9 de enero de 1902 en Barbastro (España)—, que se pueden recorrer con el móvil, decenas de podcast con sus homilías, etc.

Recursos 6 de Enero de 2018

 

 

1. Una biografía y una sección nueva y enriquecida

Ahora la biografía del fundador del Opus Dei es más completa. Para facilitar la lectura la hemos dividido en diez apartados, con vídeos y enlaces para ampliar la información. En los últimos meses, el contenido del antiguo sitio web de josemariaescriva.info ha migrado a opusdei.org y ya se puede consultar en la sección de san Josemaría.

2. San Josemaría, en las redes sociales

Cuenta oficial de Twitter.

Página en Facebook San Josemaría Escrivá de Balaguer.

3. Infográfico 'San Josemaría, vida y mensaje' (formato flash, para ver en el ordenador). Al pasar el cursor por por las distintas fechas, se puede leer qué sucedió en ese momento, e incluso ver algún vídeo explicativo.

Infográfico 'San Josemaría, vida y mensaje'

 

Hemos destacado cuatro grandes temas que reflejan cómo Dios quiso que San Josemaría comprendiera el mensaje del Opus Dei, a través de diversos sucesos de su vida: la santificación del trabajo y la vida ordinaria; la amistad con Jesucristo; la misión de formación y apostolado; y, la labor social, con especial atención a los enfermos.

4. Mapa interactivo sobre los primeros años del Opus Dei

La aplicación Google maps ha servido para preparar un mapa sobre los primeros años del Opus Dei, y así ilustrar mejor la biografía de San Josemaría. Se ha dividido la actividad de San Josemaría y los comienzos del Opus Dei en cinco apartados: Primeros meses en Madrid, fundación del Opus Dei, atención de enfermos, primeros pasos de la Obra y refugios en la guerra civil. Si se accede a través de dispositivos móviles y se activa el GPS indica el camino que se puede recorrer entre los distintos lugares.

Mapa interactivo sobre los primeros años del Opus Dei

5. Vídeos breves de San Josemaría.

La sección "Vídeos breves del fundador" recoge 52 vídeos agrupados en varios temas: la familia, los sacramentos, el dolor y la enfermedad, la vida ordinaria, etc. Se trata de extractos breves de las tertulias que mantuvo San Josemaría con muchos grupos durante los viajes que hizo a la Península Ibérica y Sudamérica en 1972 y 1974.

6. Escuchar a San Josemaría

El Fundador del Opus Dei escribió numerosas homilías y realizó largos viajes de catequesis por diversos países del mundo. Hemos agrupado 50 archivos en audio: las homilías de Amigos de Dios, de Es Cristo que pasa, San Josemaría y el Evangelio, Vía Crucis de San Josemaría, Textos y audios de San Josemaría sobre los misterios del Rosario y San Josemaría en los viajes de catequesis.

También se pueden escuchar varios consejos breves de san Josemaría en nuestro canal de Soundcloud.

7. Libros sobre la vida del Fundador del Opus Dei

Ahora es posible consultar doce libros sobre San Josemaría, entre ellos la biografía escrita por Andrés Vázquez de Prada (3 volúmenes).

Por otra parte, Ediciones Rialp editó las obras de san Josemaría en un libro digital -San Josemaría. Sus libros-, que incluye un índice general por materias y un índice de búsqueda de comentarios a textos del Antiguo y Nuevo Testamento en todos sus libros. Puede adquirirse en versión Kindle, iTunes y en Google Play.

San Josemaría abraza a la madre de una chica del Opus Dei.

8. Galerías de imágenes

Galería fotográfica de San Josemaría en alta calidad (Flickr)

Galería de fotos cronológica de San Josemaría Escrivá.

Blog sobre la devoción a san Josemaría en todo el mundo.

9. 30 cuestiones históricas: Los primeros años del Opus Dei

Con el asesoramiento del Centro de Documentación y Estudios Josemaria Escrivá de Balaguer (CEDEJ), José M. Cejas responde a una serie de cuestiones históricas sobre la vida del Fundador del Opus Dei y de su familia, el origen del Opus Dei, el contexto político y social en el que comenzó a desarrollarse el Opus Dei, la actitud de Josemaría Escrivá ante la guerra civil de España, Franco y otras muchas preguntas.

San Josemaría con Isidoro Zorzano, uno de los primeros miembros del Opus Dei.

10. Historia del Opus Dei y de san Josemaría Escrivá de Balaguer

Gracias a Studia et Documenta, la revista del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer (ISJE), están disponibles treinta artículos sobre la historia del Opus Dei y de San Josemaría, descargables en formato PDF.

 

 

Se acortan las fronteras de la libertad ante el error, el insulto y la mentira

Salvador Bernal

Menos mal que Twitter rechaza suprimir los textos, incluso “controvertidos”, de los líderes políticos. Sus dirigentes consideran que medidas de ese estilo determinaría la vuelta a la vieja praxis de “disimular informaciones importantes a las que la gente debe tener acceso”.

La gran crisis de la veracidad –en la que el pragmatismo occidental se da la mano hoy con el viejo marxismo soviético- no se resolverá con leyes especiales. Así se va comprobando en otros aspectos decisivos de los comportamientos sociales de nuestro tiempo.

Los políticos –agentes y a la vez víctimas directas o, indirectas, por el juego de la opinión pública- se apresuran a prometer o dictar medidas, cuando crecen problemas que podrían resolverse con recursos jurídicos disponibles, algunos antiguos. Pero, a base de no aplicar la ley, se justifican con la pretensión de reformarla. Y las cosas siguen igual, cuando pasa la tormenta mediática.

Incluso, los laicistas más radicales se olvidan de tesis repetidas hasta la saciedad sobre el carácter privado de la moral –y de la religión-, con el rechazo de la imposición de criterios en la vida social. Ante la abundancia de mentiras, en vez de reconocer la quiebra de esa ética individualista, tratan de establecer reglas jurídicas coactivas..., que de poco servirán.

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Los propios creyentes católicos parecen no haber asimilado del todo la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa, que ampara la búsqueda de Dios y las prácticas de culto, como exigencias de la dignidad humana, de acuerdo con el designo creador. Ni la verdad ni el error tienen derechos. Los derechos son de las personas. De ahí la gran tarea de presentar el mensaje cristiano como es, en la indispensable tarea evangelizadora exigible a cada generación de creyentes. La verdad se propone, no se impone.

El caso límite en la vida pública occidental aparece en las leyes contra negacionismos y discriminaciones. Lleva a situaciones inesperadas. No olvido la protesta del famoso Abbé Pierre, en defensa de un viejo amigo –comunista- como Roger Garaudy, condenado penalmente por un escrito negativo sobre el Holocausto. Como tampoco, más cerca, las inverosímiles sanciones en Madrid contra la libertad de expresión en aplicación de la llamada “ley Cifuentes”. Tal vez me toque también, porque confieso que he sido incapaz de terminar la lectura de esa larguísima norma, debeladora antes que de la libertad, del buen estilo de la lengua castellana.

Hace años, el Tribunal Constitucional español dejó claro que la protección jurídica en materia de información, no incluye el derecho al insulto. No se debería poder injuriar impunemente. Pero se hace, por desgracia, no ya en campaña electoral, sino desde tribunas parlamentarias.

No obstante, se impone cierto consenso para proclamar la defensa de la sociedad contra la mentira, como si no existieran ya tipos penales ni criterios deontológicos en las grandes profesiones, incluidas las de la comunicación. Se lo han recordado en Francia a Emmanuel Macron, ante el anuncio de que promoverá una ley contra las mentiras, curiosamente sólo en periodo electoral... Consideran que basta con la ley electoral vigente y, sobre todo, con la de 1881, sobre libertad de prensa, con cita expresa de un precepto que sanciona “la publicación, difusión o la reproducción, porque cualquier medio, de faltas noticias, de material fabricado, falsificado o mendazmente atribuido a terceros cuando, hecho con mala fe, turbe la paz pública o sea susceptible de turbarla”. Las sanciones son pecuniarias, y han aumento con el tiempo, hasta llegar a un máximo de 45.000 euros. “Cualquier medio” es concepto omnicomprensivo: alcanza, obviamente, a las nuevas tecnologías de la comunicación, aunque éstas aumentan la posibilidad de la autoría: crear, compartir, aplaudir..., de mala o de buena fe.

Veremos cómo evoluciona el affaire de la vicepresidente de AfD, el partido de extrema derecha alemán. Porque no parece buen procedimiento imponer una verdad oficial para atajar los dogmatismos de esa por desgracia oposición creciente. No siempre es incitación al odio –sancionable penalmente- la expresión de opiniones que pueden herir sentimientos ajenos, un gran debate también en los campus de Estados Unidos, a raíz de la declaración de Chicago de hace unos años.

Es una gran cuestión: después de confinar la ética a las sacristías o a las conciencias individuales, el Estado se erige en maestro de moral: un maestro que usa la palmeta jurídica contra el alumno díscolo celoso de su libertad...

En todo caso, y a falta de confiar en la educación y en la responsabilidad ética de los ciudadanos, bastaría crear otros “observatorios” que valoren hechos y publiquen informes, aun a riesgo de caer en la propaganda oficial, a la que, por cierto, nadie renuncia: al menos, la pagan los gastos los ciudadanos a través de los presupuestos, no de multas desproporcionadas. Todo, menos seguir limitando la libertad de expresión con leyes especiales, tan discutibles.

 

 

2018, año crucial para los migrantes

Por Luis-Fernando VALDÉS

En este nuevo año, los países miembros de la ONU firmarán un Pacto Mundial para buscar una migración segura, ordenada y regular. Pero, ¿bastará ese acuerdo para que surja una visión positiva hacia los migrantes por parte de las personas y los gobiernos?

1. Antecedentes. En la Cumbre de la Naciones Unidas celebrada el 19 de septiembre de 2016, los estados miembros acogieron la Declaración de Nueva York (13 sept. 2016), que expresa el deseo tanto de “salvar vidas y proteger derechos” de los migrantes, como de “compartir la responsabilidad a escala mundial”.

Después, el 4 de diciembre de 2017, se celebró en Puerto Vallarta (México) la reunión preparatoria de la Conferencia Intergubernamental, para preparar el documento definitivo que se firmará a finales de este 2018.

2. Necesidad de un pacto mundial. En Puerto Vallarta, la Representante del Secretariado para la Migración Internacional, Louise Arbour, afirmó que ningún país puede enfrentar el fenómeno migratorio por sí mismo.

Arbour explicó que la única manera de abordar el reto del siglo XXI sobre la migración masiva es mediante una respuesta coherente por la comunidad internacional, porque “el movimiento de las personas a través de fronteras es, por definición, una realidad internacional”.

3. Hacia una nueva visión sobre los migrantes. La Representante destacó que el Pacto Mundial para la Migración es una oportunidad para “reorientar la narrativa – a menudo tóxica- contra las personas migrantes” hacia una “narrativa más precisa” que reconozca el apoyo que representan las personas que llegan a otros países.

De modo convergente, el Papa Francisco, en su mensaje para la 51ª Jornada Mundial de la Paz 2018, también pidió una nueva manera de considerar a las migraciones globales, para que ya no se consideren como una amenaza, sino que sean contempladas “con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz”.

4. Descubrir la grandeza de los migrantes. Esta nueva mirada hacia los migrantes y refugiados, según el Pontífice, “sabe descubrir que no llegan con las manos vacías” porque ellos traen consigo “la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen”.

Ese nuevo paradigma hacia los migrantes sabe también descubrir “la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio” de incontables personas, familias y comunidades que reciben a los migrantes y refugiados, “incluso cuando los recursos no son abundantes”, añadió el Papa.

Epílogo. Los fenómenos migratorios están muy lejos de detenerse, porque las diferencias económicas y la falta de paz que los producen seguirán presentes. Para resolver con eficacia los problemas que conlleva la migración, hace falta tanto la acción internacional como la ayuda de los particulares; pero ante todo lo primero es que cambiemos nuestra propia percepción sobre los migrantes y refugiados.

El presupuesto para que el Pacto Mundial sobre Migración pueda dar resultado es que encuentre apoyo en los ciudadanos, que –con una nueva mirada– aceptemos la llegada de los migrantes y los acojamos como una riqueza humana y cultural, sin reducirlos a la imagen de mera mano de obra.

 

 

Complejo de Superioridad

Sheila Morataya-Fleishman

La calidad humana da superioridad y prestigio, las cualidades femeninas para lograrlo: simpatía, comprensión, amabilidad, respeto y sencillez

La señorita Alto Mayor es la Gerente General de una empresa relativamente pequeña en los Estados Unidos, aunque por la forma en que ella se conduce cualquiera pensaría que es una mujer poderosa y con un rango muy importante. Generalmente cuando entra a un salón no mira a nadie, saluda a unos cuantos y por lo regular se le ve acompañada de un séquito que asume sus mismas actitudes. ¿Tendrá la señorita Alto Mayor un marcado complejo de superioridad?

Podemos encontrar a personas que padecen del complejo de superioridad en todos los niveles sociales y corporativos. Pero, ¿Qué es este complejo? ¿Cómo surge? ¿Cómo podemos distinguir si esta arraigado en nuestra persona?

Podemos decir que es la conducta propia de algunos que han alcanzado cierto nivel de éxito en sus vidas, y por lo mismo, se sienten superiores y con derecho a mirar con arrogancia a quienes, según su visión, no están en su mismo nivel.

Esta conducta tan común es la manifestación del sentimiento de inferioridad disfrazado de otra forma. ¿No es esto una contradicción? Si observamos cuidadosamente, estas personas se muestran altaneras, presuntuosas, arrogantes, inflexibles y vanidosas; aparentan indiferencia hacia las actitudes y opiniones, pero en realidad son muy susceptibles a las críticas y comentarios de los demás y su habilidad para establecer relaciones humanas armoniosas esta muy poco desarrollada.

Al llegar a este punto, es necesario reconocer que el éxito es consecuencia del trabajo realizado con empeño; posiblemente tu misma no estás totalmente consciente de ello y puede ser que utilices algunos de estos mecanismos de defensa para sentir que tienes valor.

Es muy importante dedicar un tiempo para evaluar tu personalidad y las actitudes que muestras a los demás. Las mujeres que acogen y aceptan a todos por igual, pueden hacer mucho más a nivel familiar, empresarial o político. Las verdaderas líderes, conscientes de su valor como personas no tiene necesidad de ser presuntuosas, al contrario, su trato es amable, su mirada es directa y de aceptación para cada persona con la que tienen relación.

Todas nuestras actitudes hacia los demás están relacionadas directamente con el nivel de autoestima que tenemos. Si tu autoestima es serena y equilibrada, estás en condiciones de ser más comprensiva, incluso cuando es necesario llamar la atención a un hijo o a un compañero de trabajo. Si por el contrario, tus actitudes denotan poca delicadeza, estás cada vez más distante de construir una relación llena de confianza y respeto.

El ser humano dentro de sus diversas necesidades, tiene especialmente dos que son muy importantes para él: la necesidad de poder y la necesidad de pertenencia. Cada mujer necesita mostrar que puede ejercer liderazgo sobre los demás de una o de otra manera; pero al mismo tiempo, también necesita sentir que pertenece a algo o a alguien. Para la mujer la necesidad de pertenencia va mucho más allá que la necesidad de poder.

Si quieres pertenecer e influir en un grupo determinado debes estar atenta a tus actitudes, mejorar tu trato, suavizar tu mirada y tener madurez para aceptar las críticas. Desde el momento que inicies ese cambio desde tu interior, serás mejor aceptada por los demás logrando influir positivamente en sus vidas.

En la familia: la primera sembradora de autoestima eres tu. Forjar la autoestima para sentirse capaz ante la vida es sembrar amor, lo que significa comenzar a levantar los cimientos espirituales que sostendrán la personalidad de cada miembro de tu familia.

Si bien es cierto que la autoestima tiene que ver directamente con la dimensión emocional de la persona, no olvides que tú como católica no te quedas ahí, pues tu fe y el libro más importante de todos los tiempos – la Biblia- te da las indicaciones precisas de como sembrar y decir con plena convicción: “Tú, Señor eres mi fuerza; ¡Yo te amo! (Salmo 18,1).

En la empresa: como trabajadora puedes hacer mucho por cada uno de tus compañeros o subalternos. Si entre ellos hay alguno en especial que muestra signos de complejo de superioridad, tu con ese talento tan especial, podrás ayudarles a sacar lo mejor de cada uno y desarrollarse.

Cuando los perfeccionas con las bondades de tu fe, podrán mejorar con la ayuda divina. En los Salmos existe todo un tratado de autoestima que es la fuerza de la vida: “ Dios es quien me da fuerzas, quien hace intachable mi conducta, quien me da pies ligeros, como de ciervo, quien me hace estar firme en las Alturas, quien me entrena para la batalla, quien me da fuerzas para tensar arcos de bronce”. (Salmo 18:32-34). Si tu también quieres encontrar respuestas o estrategias para triunfar en la vida sin complejos, lee el libro de los Salmos, Sabiduría y Proverbios te sorprenderá lo que puedes encontrar en ellos.

El mundo esta lleno de señoritas Alto Mayor y es algo que no podemos evitar. Pero podemos ayudar a cada una de ellas a encontrarse y a descubrir que el verdadero valor como persona, no se logra con altanería. Con la calidad de tu amor y personalidad podrás lograrlo. Si no sabe abrazar, enséñale abrazándola tú; si no sabe dar un cumplido, enséñale, dándoselo tú; si desconfía del todo el mundo, confía tu en ella; si es insolente contigo, enséñale lo contrario siendo humilde con ella. Y así tantas cosas que puedes hacer para ayudar a otra mujer a crecer.

Aunque muchas veces no entiendas el comportamiento de los demás, nunca te canses, recuerda que una mujer ejemplar no es fácil hallarla. (Prov. 31: 1) y tú, estoy segura, eres una de ellas.

 

 

El valor de la convivencia

Francisco Fernández Carvajal
Jesús es un ejemplo vivo para nosotros porque debemos aprender a convivir con todos, por encima de sus defectos, ideas y modos de ser.

I. Después de responder a la llamada del Señor, Mateo dio un banquete al que asistieron Jesús, sus discípulos y otras gentes. Entre éstos, había muchos publicanos y pecadores, todos amigos de Mateo. Los fariseos se sorprenden al ver a Jesús sentarse a comer con esta clase de personas, y por eso dicen a sus discípulos: ¿Por qué come con publicanos y pecadores? [1].

Pero Jesús se encuentra bien entre gentes tan diferentes. Se siente bien con todo el mundo, porque ha venido a salvar a todos. No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Y como todos somos pecadores y nos sentimos algo enfermos, Jesús no se separa de nosotros. En esta escena contemplamos cómo el Señor no rehuye el trato social; más bien lo busca. Se entiende Jesús con los tipos humanos y los caracteres más variados: con un ladrón convicto, con los niños llenos de inocencia y de sencillez, con hombres cultos y pudientes como Nicodemo y José de Arimatea, con mendigos, con leprosos, con familias… Este interés manifiesta el afán salvador de Jesús, que se extiende a todas las criaturas de cualquier clase y condición.

El Señor tuvo amigos, como los de Betania, donde es invitado o se invita en diversas ocasiones. Lázaro es nuestro amigo [2]. Tiene amigos en Jerusalén que le prestan una sala para celebrar la Pascua con sus discípulos, y conoce tan bien al que le prestará el pollino para su entrada solemne en Jerusalén que los discípulos pueden tomarlo directamente [3].

Jesús mostró un gran aprecio a la familia, donde se ha de ejercer en primer término la convivencia, con las virtudes que ésta requiere, y donde tiene lugar el primero y principal trato social. Así nos lo muestran aquellos años de vida oculta en Nazaret, de los que el Evangelista resalta, por delante de otros muchos pequeños sucesos que nos podría haber dejado, que Jesús Niño estaba sujeto a sus padres [4]. Debió de ser uno de los recuerdos imborrables de María en aquellos años. Para ilustrar el amor de Dios Padre con los hombres se sirve del amor de un padre para con su hijo (que no le da una piedra si pide pan, o una serpiente si le pide un pez) [5]. Resucita al hijo de una viuda en Naím [6], porque se compadece de su soledad (era hijo único) y de su pena. Y Él mismo, en medio de los sufrimientos de la cruz, vela por su Madre confiándola a Juan [7]. Así lo entendió el Apóstol: y el discípulo, desde aquel instante, la recibió en su casa [8].

Jesús es un ejemplo vivo para nosotros porque debemos aprender a convivir con todos, por encima de sus defectos, ideas y modos de ser. Debemos aprender de Él a ser personas abiertas, con capacidad de amistad, dispuestos siempre a comprender y a disculpar. Un cristiano, si de veras sigue a Cristo, no puede estar encerrado en sí mismo, despreocupado y ajeno a lo que pasa a su alrededor.

II. Una buena parte de nuestra vida se compone de pequeños encuentros con personas que vemos en el ascensor, en la cola de un autobús, en la sala de espera del médico, en medio del tráfico de la gran ciudad o en la única farmacia del pequeño pueblo donde vivimos… Y aunque son momentos esporádicos y a veces fugaces, son muchos en un día e incontables a lo largo de una vida. Para un cristiano son importantes, pues son ocasiones que Dios nos da para rezar por ellos y mostrarles nuestro aprecio, como corresponde a hijos de un mismo Padre. Y lo hacemos normalmente a través de esas muestras de educación y de cortesía, que se convierten fácilmente en vehículos de la virtud sobrenatural de la caridad. Son personas muy diferentes, pero todas esperan algo del cristiano: lo que Cristo hubiera hecho en nuestro lugar.

También tratamos a personas muy distintas en la propia familia, en el trabajo, en el vecindario…, con caracteres, formación cultural y humana y modos de ser muy diversos. Es necesario que nos ejercitemos en la convivencia con todos. Santo Tomás señala la importancia de esa virtud particular -que encierra en sí otras muchas-, que ordena «las relaciones de los hombres con sus semejantes, tanto en los hechos como en las palabras» [9]. Esta virtud particular es la afabilidad, que nos lleva a hacer la vida más grata a quienes vemos todos los días.

Esta virtud, que debe formar como el entramado de la convivencia, no causa quizá una gran admiración; sin embargo, cuando falta se echa mucho de menos, se vuelven tensas las relaciones entre los hombres y se falta frecuentemente a la caridad; a veces, este trato se torna difícil o quizá imposible. La afabilidad y las otras virtudes con las que se relaciona hacen amable la vida cotidiana: la familia, el trabajo, el tráfico, la vecindad… Son opuestas, por su misma naturaleza, al egoísmo, al gesto destemplado, al malhumor, a la falta de educación, al desorden, al vivir sin tener en cuenta los gustos, preocupaciones e intereses de los demás. «De estas virtudes -escribía San Francisco de Sales- es necesario tener una gran provisión y muy a mano, pues se han de estar usando casi de continuo» [10].

El cristiano sabrá convertir los múltiples detalles de la virtud humana de la afabilidad en otros actos de la virtud de la caridad, al hacerlos también por amor a Dios. La caridad hace entonces de la misma afabilidad una virtud más fuerte, más rica en contenido y con un horizonte mucho más elevado. Debe practicarse también cuando es necesario tomar una actitud firme y continua: «Tienes que aprender a disentir -cuando sea preciso- de los demás, con caridad, sin hacerte antipático» [11].

El cristiano, mediante la fe y la caridad, sabe ver hijos de Dios en sus hermanos los hombres, que siempre merecen el mayor respeto y las mejores muestras de atención y consideración [12]. Por eso, debemos estar atentos a las mil oportunidades que ofrece un día.

III. Todo el Evangelio es una continua muestra del respeto con que Jesús trataba a todos: sanos, enfermos, ricos, pobres, niños, mayores, mendigos, pecadores… Tiene el Señor un corazón grande, divino y humano; no se detiene en los defectos y deficiencias de estos hombres que se le acercan, o con los que Él se hace el encontradizo. Es esencial que nosotros, sus discípulos, queramos imitarle, aunque a veces se nos haga difícil.

Son muchas las virtudes que facilitan y hacen posible la convivencia: la benignidad y la indulgencia, que nos llevan a juzgar a las personas y sus actuaciones de forma favorable, sin detenernos mucho en sus defectos y errores; la gratitud, que es ese recuerdo afectuoso de un beneficio recibido, con el deseo de corresponder de alguna manera. En muchas ocasiones sólo podremos decir gracias, o algo parecido; cuesta muy poco ser agradecidos, y es mucho el bien que se hace. Si estamos pendientes de quienes están a nuestro alrededor, notaremos qué grande es el número de personas que nos prestan favores diversos.

Ayudan mucho en la convivencia diaria la cordialidad y la amistad. ¡Qué formidable sería que pudiéramos llamar amigos a las personas con quienes trabajamos o estudiamos, a los padres, a los hijos, a aquellas personas con las que convivimos o nos relacionamos!: amigos, y no sólo colegas o compañeros. Esto será señal de que nos hemos esforzado en muchas virtudes humanas que fomentan y hacen posible la amistad: el desinterés, la comprensión, el espíritu de colaboración, el optimismo, la lealtad. Amistad particularmente honda dentro de la propia familia: entre hermanos, con los hijos, con los padres. La amistad resiste bien las diferencias de edad, cuando está vivificada por el ejemplo de Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, que ejercitó las virtudes humanas acabadamente, en plenitud.

En la convivencia diaria, la alegría, manifestada en la sonrisa oportuna o en un pequeño gesto amable, abre la puerta de muchas almas que estaban a punto de cerrarse al diálogo o a la comprensión. La alegría anima y ayuda al trabajo y a superar las numerosas contradicciones que a veces trae la vida. Una persona que se dejara llevar habitualmente de la tristeza y del pesimismo, que no luchara por salir de ese estado enseguida, sería un lastre, un pequeño cáncer para los demás. La alegría enriquece a los otros, porque es expresión de una riqueza interior que no se improvisa, porque nace de la convicción profunda de ser y sentirnos hijos de Dios. Muchas personas han encontrado a Dios en la alegría y en la paz del cristiano.

Virtud de convivencia es el respeto mutuo, que nos mueve a mirar a los demás como imágenes irrepetibles de Dios. En la relación personal con el Señor, el cristiano aprende a «venerar (… ) la imagen de Dios que hay en cada hombre» [13]. También la de aquellos que por alguna razón nos parecen menos amables, simpáticos y divertidos. La convivencia nos enseña también a respetar las cosas porque son bienes de Dios y están al servicio del hombre. El respeto es condición para contribuir a la mejora de los demás, porque cuando se avasalla a otro se hace ineficaz el consejo, la corrección o la advertencia.

El ejemplo de Jesús nos inclina a vivir amablemente abiertos hacia los demás; a comprenderlos, a mirarlos con una simpatía inicial y siempre creciente, que nos lleva a aceptar con optimismo la trama de virtudes y defectos que existen en la vida de todo hombre. Es una mirada que alcanza las profundidades del corazón y sabe encontrar la parte de bondad que existe en todos. Una persona comprendida abre con facilidad su alma y se deja ayudar. Quien vive la virtud de la caridad comprende con facilidad a las personas, porque tiene como norma no juzgar nunca las intenciones íntimas, que sólo Dios conoce.

Muy cercana a la comprensión está la capacidad para disculpar con prontitud. Mal viviríamos nuestra vida cristiana si al menor roce se enfriase nuestra caridad y nos sintiéramos separados de las personas de la familia o con quienes trabajamos. El cristiano debe hacer examen para ver cómo son sus reacciones ante las molestias que toda convivencia diaria suele llevar consigo. Hoy podemos terminar la oración formulando el propósito de cuidar con esmero, en honor de Santa María, estos detalles de fina caridad con el prójimo.


[1] Mc 2, 13-17.

[2] Jn 11, 11

[3] Cfr. Mc 11, 3.

[4] Cfr. Lc 2, 51.

[5] Cfr. Mt 9, 7.

[6] Cfr. Lc 7, 11.

[7] Cfr. Jn 19, 26-27.

[8] Jn 19, 26-27.

[9] SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 114. a. 1.

[10] SAN FRANCISCO DE SALES, Introducción a la vida devota, III, 1.

[11] J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Surco, n. 429.

[12] Cfr. F. FERNÁNDEZ CARVAJAL, Antología de textos, Palabra, 9a. Ed., Madrid 1987, voz AFABILIDAD.

[13] J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 230.

 

 

¡Queridos Reyes Magos

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No cabe duda que las fiestas decembrinas están llenas de felicidad, gozo y paz para muchas personas en todo el mundo. Es una época para convivir con nuestra familia y amigos, y poder compartir con ellos la dicha de tenerlos con nosotros.

Pero las festividades no terminan con Navidad y Año Nuevo, apenas empieza el año y llega una de las fechas que mayor ilusión causa en los niños de gran parte del mundo.
El 6 de enero es para muchos pequeños un día muy especial, ya que por la madrugada unos seres mágicos visitan sus hogares y dejan los últimos presentes de esta temporada, pero, ¿conocemos la historia del Día de Reyes?

Para saber de dónde viene esta bonita tradición que alimenta la imaginación de los más pequeños, es necesario remitirnos al capítulo 2 del evangelio según San Mateo, donde se narra la visita de 3 Magos de Oriente.

La historia del Día de Reyes cuenta que estos tres personajes: Melchor, Gaspar y Baltazar, fueron guiados por una estrella en el desierto para llevarlos hasta el mesías recién nacido.

Tras una larga travesía, los Magos de Oriente llegaron a Belén, donde encontraron al Niño Jesús envuelto en pañales y acostado en el pesebre de un humilde establo. Al llegar, lo reconocieron como rey, le adoraron y presentaron sus regalos:

  • Oro
  • Incienso
  • Mirra

La historia de Día de Reyes: Tradición familiar

En México, la celebración del 6 de enero es una de las tradiciones más bonitas para pasar en familia, y toda una serie de elementos rodean a esta festividad.

Desde los primeros días del mes, los niños comienzan a escribir su carta dirigida a los Reyes Magos, solicitándoles los regalos que desean que les traigan en la madrugada del 6 de enero.

En la carta, los pequeños les cuentan a los reyes cómo se portaron durante el año, para después hablar del presente que les gustaría recibir. Los padres ayudan a los niños con sus textos para poder enviarlos a Melchor, Gaspar y Baltazar mediante un globo.

La historia de Día de Reyes hecha tradición va más allá de la carta. Durante el día 5 de enero, las familias suelen dar paseos por su ciudad y acudir a las plazas para ver a los magos de oriente en los distintos desfiles y tomarse fotos con ellos.

Por la noche, mientras los niños duermen, los Reyes Magos visitan los hogares y depositan los regalos, tal cual lo hicieron con el Niño Jesús.

Al amanecer, la historia del Día de Reyes se vuelve mágica: los niños despiertan a ver sus regalos y la familia se reúne para desayunar la tradicional Rosca de Reyes con chocolate caliente.

El delicioso pan en forma de anillo es decorado con frutas de colores y en su interior se suelen esconder pequeños niños de plástico. Según la tradición, a quien le ‘salga el muñeco’ dentro de su trozo de pan, será responsable de comprar los tamales o el atole para el 2 de febrero, Día de la Candelaria.

No cabe duda que la historia del Día de Reyes es una de las tradiciones que reúne a las familias, y nos recuerda lo hermoso que es la inocencia de los pequeños. Recuerda pasar tiempo de calidad con tus hijos este 6 de enero, ayúdales con sus cartas y disfruta del día en su compañía.

 

 

ESCUELA PARA PADRES   :El trabajo como virtud y valor humano, explicado a los hijos

El trabajo como virtud y valor humano, explicado a los hijos

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·         Segunda parte. 10 valores humanos que los padres deben enseñar a sus hijos, para que tengan éxito en la escuela y en la vida. Trabajo

 

El trabajo desde la educación familiar

Los padres tienen que ir enseñando a los hijos desde muy pequeños, a realizar y comprender las virtudes y valores humanos del trabajo, preparándoles para el futuro, cuando tengan que trabajar en los estudios, en la empresa o en la sociedad. Pueden empezar mandándoles pequeñas actividades y responsabilidades, dentro de la casa, para que se vayan acostumbrando a obedecer y a sentir la satisfacción del trabajo, bien hecho. Así cuando llegue la hora de realizar el trabajo profesionalmente, tendrán ya la costumbre convertida en hábito y posteriormente en virtud y sabrán organizar y administrar el tiempo, para poder hacer lo que sea necesario, sin poner pretextos para no hacer el trabajo que les corresponda.

El verdadero trabajo de los hijos dentro de la familia es estudiar, ayudar a los padres y a sus hermanos, también ayudar a los familiares y amigos. Deben esforzarse en prepararse muy bien para el futuro, aprovechando todos los medios a su alcance, procurando siempre recorrer una milla de más, en las obligaciones. El trabajo del estudiante es estudiar, hacer lo que les manden sin tratar de esquivarlo o buscando disculpas, incluyendo las tareas para después de la escuela.

El trabajo desde la sociedad

Es el resultado de la actividad humana y puede, no ser una ocupación retribuida por terceros. El trabajo es el eje en torno al cual, gira la organización y el progreso de la humanidad y ofrece a cada hombre, la oportunidad de crecer, desarrollar todas sus capacidades congénitas, realizarse como persona y ser cada día, plenamente adulto, ahondando en los principales campos de la formación integral, material, intelectual, humano y espiritual. No sólo expresa la dignidad del hombre, sino que la aumenta, hace la vida humana, más humana. El hombre que trabaja, asegura el futuro de aquellos que vendrán después.

Cuando no hay trabajo disponible o hay despidos, surge un problema muy grave, pues estas situaciones son el origen del descontento, hundimiento y frustración de muchas familias. Toda persona tiene derecho a tener un trabajo, en condiciones dignas, a poder ser libre para elegirlo y a la protección social del desempleo.

El trabajo desde la religión

El trabajo también es un medio para santificar la vida, es una de las principales actividades humanas, sociales y religiosas, además de uno de los factores de la producción. Lo contrario del trabajo es el ocio, ya que el descanso no es no hacer nada, es distraerse en actividades que exigen menos esfuerzo. No basta trabajar, hay que trabajar bien, a conciencia, con seriedad y compromiso, poniendo empeño en lo que se hace, aceptando los fracasos y aprendiendo a vivir las virtudes y valores humanos de la paciencia y la caridad, en su ocupación diaria. Trabajar bien, significa ante todo, la actividad de trabajar, no al resultado del trabajo. También existe la gozosa inactividad del descanso merecido y necesario.

Se puede y debe trabajar bien, aunque el resultado no sea bueno, ya sea por una equivocación involuntaria o por causas que no dependen de uno mismo. Hay que tratar de superar las contrariedades, en vez de rebelarse contra ellas. El trabajo debe estar bien realizado, a conciencia, con la mejor perfección humana posible, con sentido de responsabilidad, con amor y perseverancia, sin abandonos ni ligerezas, con empeño y constancia, con rigor, con calidad humana y poniendo todo el esfuerzo necesario. En el trabajo deben tenerse en cuenta, el buen cumplimiento de todas las obligaciones familiares, profesionales, religiosas y sociales, sacando provecho a los talentos que cada uno ha recibido.

El valor humano del trabajo, no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, sino hacerlas cada día mejor. Dios no acepta el trabajo mal hecho ni defectuoso, la sociedad tampoco. Para hacer bien el trabajo, hay que poner en práctica las virtudes y valores humanos, los cuales forman un entramado en el que los hilos, se refuerzan entre sí y se funden en uno solo. Los principales son: El optimismo, el orden, la alegría, la caridad, la constancia, la diligencia, la fortaleza, la humildad, la justicia, la laboriosidad, la lealtad, la magnanimidad, la mansedumbre, la perseverancia, la prudencia, la reciedumbre, la serenidad, la templanza y todas las demás virtudes relacionadas.

Sin la fe, la esperanza y la caridad, el esfuerzo humano no basta, para hacer bien el trabajo, porque su falta se manifiesta antes o después, en la quiebra de éstas: en injusticia, en odio, en ira, en envidia, pues el secreto para realizar cada día mejor el trabajo, es la atención a los detalles y a las cosas pequeñas, para poderles dar un remate de perfección.

Hay que luchar  con las  dificultades naturales de cada situación, sin dejarse vencer nunca por el agobio, la comodidad, el egoísmo y la pereza, que es el vicio capital contra el trabajo y madre de todos los vicios. Una de sus formas más corriente, es la tardanza y dejación del cumplimiento de las obligaciones, dejando al margen de la moral cristiana, con faltas de justicia, de veracidad, de honradez.

El trabajo no se debe afrontar, como cualquier cosa que hay que realizar. Hay que hacerlo cómo y cuándo se debe, apetezca o no. No consiste sólo en trabajar mucho, porque no hay que olvidar que, a fuerza de descuidar detalles, pueden hacerse compatible el trabajar sin descanso y vivir como un cómodo egoísta.

El que es buen trabajador es diligente y no precipitado. Aprovecha el tiempo, que no sólo es oro, sino que hace lo que debe y está en lo que hace, no por rutina, ni por ocupar las horas, sino como fruto de una reflexión atenta y ponderada. Nunca se debe aplazar lo que cuesta hacer, ni dar prioridad a las cosas que gusten más o exijan menos esfuerzo. No se debe dejar el trabajo para mañana, si se puede hacer hoy. No debe dejarse llevar por la falsa excusa de la comodidad, conformándose con lo que basta hacer, para salir del paso, dejándonos arrastrar por razonadas sinrazones, para estar mano sobre mano. Después no debe extrañarnos, si nos llaman vagos, informales, frívolos, desordenados, perezosos, inútiles, etc.

La virtud y valor humano del trabajo, puede perderse si se descuida la atención al detalle o a las cosas que no le gustan al que lo hace, como la puntualidad al comenzar y terminar el trabajo, la atención a la familia, el abandono de las obligaciones religiosas, sociales o económicas. No basta querer hacerlo bien, sino que hay que saber hacerlo bien, ya que siempre requiere preparación, competencia, no sólo técnica, sino moral, humana y religiosa. No basta la “buena voluntad” o la rectitud de intención, para ser un buen médico o una buena ama de casa, sino que se requiere, conocimientos mejorados continuamente y poseer y aprender a practicar, las virtudes y valores humanos, para desarrollarlos con sinceridad, veracidad, ecuanimidad, serenidad y paciencia, porque obras son amores y no buenas razones.

El perfeccionismo mal entendido en el trabajo, es una deformación de las virtudes y valores humanos. Es lo contrario a la perfección, pues revela un amor propio inapropiado, una ignorancia de las propias limitaciones, una auto complacencia vana y una falta de realismo y humildad. El sentido común indica, que casi siempre lo mejor es enemigo de lo bueno, porque el perfeccionismo puede llegar a descuidar otras exigencias del trabajo bien hecho, como acabarlo en el plazo, calidad y precio conveniente. Los trabajos continuos y repetitivos, no debemos considerarlos como monótonos. Tenemos que descubrir una nueva dimensión, en esas tareas relacionándolas con los deberes que hay que cumplir y los servicios que hay que prestar.

Un tutor de vida con experiencia, puede ser una parte muy importante, para hacer bien el trabajo, ya que puede ofrecer muchos consejos certeros. Pero para aceptarlos, se requiere mucha humildad y sencillez, incluso para admitir las propias limitaciones y para dejarse ayudar, evitando la suficiencia, la presunción y la vanidad. Pero hay que estar abiertos a recibir formación, dentro de la familia, por los amigos o por los expertos, sabiendo aprovechar las observaciones de quienes nos quieren y rodean. El trabajo bien hecho, no es un ídolo al que hay que adorar. No es un fin en la vida, que pone en el triunfo la propia complacencia. El trabajo tiene una dimensión y esencia religiosa, que tenemos que descubrirla trabajando con inteligencia, esfuerzo, orden y alegría. No se debe vivir para trabajar, sino trabajar para vivir. Hay que colocar en su sitio los deberes profesionales, pues son los medios para llegar a unos fines, nunca pueden tomarse como lo fundamental de esta vida.

 

17 Sentencias sobre el trabajo

 

  1. Cuando contratas gente más lista que tú, demuestras ser más listo que éllos.
  2. Cuando la meta es importante, los obstáculos se vuelven pequeños.
  3. Dichoso el que tiene una profesión, que coincide con su afición.
  4. El arte de dirigir consiste en saber, cuando se debe abandonar la batuta, para no molestar a la orquesta.
  5. El genio comienza las grandes obras, pero sólo el trabajo las acaba.
  6. El modo de dar una vez en el clavo, es dar cien veces en la herradura. 
  7. El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
  8. En ninguna parte está, el que en todas está.
  9. Hay personas que trabajan, como si fueran a vivir eternamente.
  10. La buena gestión consiste en mostrar a la gente normal, cómo se hace el trabajo de gente superior.
  11. La buena suerte no es casual; es producto del trabajo.
  12. La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.
  13. El tiempo es oro tanto en el trabajo, como en el ocio.
  14. Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas.
  15. No se llega a campeón sin sudar.
  16. Siempre que te pregunten si puedes hacer un trabajo, contesta que sí y ponte enseguida a aprender como se hace.
  17. No dejes para mañana el trabajo, que puedas hacer hoy.

 

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

 

Cómo tener una comunicación asertiva en la familia

La comunicación asertiva en la familia creará un sentimiento de unión, respeto y confianza entre tus seres queridos. Checa nuestros consejos.

Uno de los mayores retos a los que nos podemos enfrentar como padres es mantener una buena comunicación con nuestros hijos. Sin ella, difícilmente podrá haber un lazo de confianza en la familia.

De ahí la importancia de no perder de vista la forma en la que nos dirigimos a nuestros hijos. Los principios de la comunicación asertiva pueden ayudarte a crear un ambiente de seguridad y unión con tus seres queridos.

La comunicación asertiva es un concepto que parte de la idea de relacionarnos con los demás de forma clara y sin el uso de palabras u oraciones que puedan ofender a la otra persona.

Es decir, cuando hablemos con el otro debemos evitar ofensas, juicios de valor y otras expresiones que pudieran causar un sentimiento o actitud negativa a la persona con la que estamos hablando.

Algunas claves para propiciar una comunicación asertiva en la familia son:

1.  EVITA COMPARACIONES

En ocasiones, los padres solemos comparar demasiado a nuestros hijos con otras personas para señalar sus errores. Sin embargo, esto más allá de causar un bien, puede llegar a generar inseguridad y un sentimiento de inferioridad en los pequeños.

Si no creas autoconfianza en tus hijos, difícilmente lograrán tener una comunicación asertiva en otros ámbitos en los que se desempeñen.

Es importante recordar que cada persona es única; por lo tanto, no podemos exigir un comportamiento igual al de los demás. Lo que sí podemos pedir es que respeten las normas que la familia ha establecido y aprendan de sus errores.

2. SÉ EMPÁTICO

Una comunicación asertiva parte del respeto hacia la otra persona. Antes de dirigirnos a nuestros hijos, debemos pensar en lo que vamos a decir y cómo lo haremos para no herirlos.

También debemos inculcar en ellos la empatía hacia los demás. Si toda la familia intenta comprender lo que piensa y siente el otro, será más fácil entablar un diálogo y la convivencia familiar será mucho mejor.

3. PIDE OPINIÓN

Una educación autoritaria limita la comunicación asertiva, pues mientras los papás mandan, los hijos obedecen. No pedir opinión a los niños en las decisiones que involucran a la familia es una forma de decirles que su voz no cuenta.

Deja que tus hijos opinen en los temas que requieran su participación, así ellos se desenvolverán con más confianza y sabrán que su punto de vista es importante para ti.

4. EXPRÉSATE

No puedes esperar que tus hijos expresen sus sentimientos y pensamientos si tú no lo haces. Platícales tu día, tus inquietudes e intereses. De igual forma, escúchalos atentamente cuando tengan algo que contarte.

Cuando sepas que se equivocaron en algo, dales un consejo en lugar de juzgarlos y regañarlos, de esta forma tus hijos se sentirán con la confianza de contarte cualquier cosa.

Eso sí, ser comprensivo no significa pasar por alto sus equivocaciones. Busca la manera de darles una lección para que no comentan el mismo error dos veces.

Recuerda que muchas lecciones se aprenden del ejemplo. Tú, que eres el modelo a seguir de tus hijos, debes propiciar una comunicación asertiva a partir de tomar la iniciativa.

 

 

Aprendamos a priorizar: ¿urgente o importante?

José Iribas

 

La vida corre que vuela. Ya estamos llegando a fin de año… y al comienzo de otro.

Precisamente por eso, quiero regalarte un post práctico, sencillo. De cara a 2018. Útil para ti y para quienes te rodean; trabajen o estudien…

Solemos decir eso de “año nuevo, vida nueva”.

Un buen momento

Estos días nos ofrecen una buena ocasión para hacer balance anual.

También para que, a la vista del mismo, nos detengamos a reflexionar sobre nuestras prioridades vitales.

Siempre cabe intentar reparar errores, rectificar rumbos, mejorar…

2018 nos ofrece la posibilidad de hacer eso que llamamos “borrón y cuenta nueva”.

Nos llega como una especie de folio en blanco, inmaculado, en el que nos va a tocar redactar… y queremos hacerlo bien. Con la mejor caligrafía y sin faltas de ortografía.

Es habitual iniciar el año cargados de buenos propósitos. Sabemos que, de alguna manera, empezamos a escribir un nuevo capítulo -y no hay tantos- en el libro de nuestra vida.

Hoy quisiera proponerte que hagamos, que hagas, un parón especial para plantearnos cuáles son nuestras prioridades vitales. Las de cada cual.

Que mires, que miremos, si estamos logrando eso que ahora se repite mucho:

Lo más importante es que lo más importante sea lo más importante.

A veces nos enredamos en asuntos menores, menudos, banales, si no contraproducentes. Cuestiones que nos distraen y nos roban el siempre limitado tiempo. Cosas que no merecen demasiado la pena. Y, así, no llevamos a cabo aquello que… aunque a veces cuesta esfuerzo, merece la alegría. La alegría, la satisfacción, de saber que hemos hecho lo que debíamos.

No sé -ni me concierne- cuáles son tus prioridades vitales.

Pero te invito a que veas este vídeo que te puede ser de utilidad. No para concretar las que hayas de marcarte (el profesor ofrece las suyas) sino para hacerte pensar y que veas lo relevante de la tarea de priorizar:

Una vez que ya has establecido tus objetivos, toca gestionar el día a día.

Y para ello es esencial sacarle jugo a tu tiempo, que no es que sea oro: es vida.

Enfócate

Por eso, en el marco de tus prioridades, has de establecer cada jornada la diferencia entre lo urgente y lo importante.

Te facilito la denominada matriz de Eisenhower, que nos enseña a ser más productivos y eficientes. Y aprovecho para comentarte que, si has hecho clic en lo destacado en negrita, tienes un buen post para aprender. O para recordar; y disfrutar.

Te subrayo, con Eisenhower, que lo que es importante rara vez es urgente; y lo que es urgente rara vez es importante.

Las tareas importantes, en palabras de Brett McKay, son las que contribuyen a nuestra visión, valores y objetivos.

Te dejo aquí un cuadro que te va hacer muy visual el planteamiento:

  • Has de abordar de inmediato lo urgente e importante. Y actuar.
  • Lo importante pero no urgente requiere ser programado, planificado, para llevarlo a cabo una vez superado lo importante y urgente.
  • Las tareas urgentes pero no importantes puedes delegarlas en alguien (o acometerlas en tiempos residuales).
  • Piensa seriamente antes de gastar tu tiempo en llevar a cabo algo que no es ni importante ni urgente; valora si puedes darle un mejor uso a ese bien escaso que son las horas de tu día, las horas de tu vida.

Tus acciones (no lo olvides) son las que expresan tus prioridades: las reales (que, a veces, desmienten las teóricas). Recuerda que tus hechos hablan tan alto que pueden no dejar oír lo que dices.

Te aporto unas cuantas frases del interesante libro de Francisco Alcaide titulado Aprendiendo de los mejores”:

  • Lo primero de todo: decide lo que quieres ser, hacer y tener.
  • Vivir es elegir y elegir es descartar.
  • El secreto de avanzar es comenzar.
  • Productividad no es hacer muchas cosas, sino eliminar todo lo que no tiene que hacerse.
  • El único fracaso es no intentar aquello que deseas.
  • Lo que realmente tiene mérito es continuar cuando no puedes más.

Como escribe Brian Tracy, una persona cualquiera que desarrolla el hábito de establecer claras prioridades y completar rápidamente tareas importantes superará a un genio que habla mucho y hace planes maravillosos, pero consigue hacer muy poco.

Lo habrás leído más de una vez: si te organizas bien, y realmente quieres hacer algo, verás que no existe la falta de tiempo que algunos aducen: existe falta de interés; porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, el martes se vuelve sábado y un momento se vuelve una oportunidad.

La frase queda bien; pero… para mí, los martes siguen siendo martes, oye. Y nunca se me convierten en sábado. Más bien, todo lo contrario: a veces algún sábado se trueca en… día de labor. Para ‘júbilo’ propio y de los míos… Tengo que mejorar…

Has visto en el vídeo las prioridades del profe. Tú puedes tener otras diferentes. Y yo. Como decía uno: disculpa si no cumplo tus expectativas. Mi prioridad es cumplir las mías.

Cada cual, las suyas… Así que me decía un amigo, bastante goloso: – Lo único que necesitamos es un chocolate que no engorde. Pero no. La NASA se empeña en saber si hay agua en Marte… Así nos va.

 

 

El futuro de la humanidad, nuevos retos de la antropología

 

El pasado 20 de noviembre el Papa Francisco se dirigió a los participantes en la sesión plenaria del Consejo Pontificio de la Cultura que habría dedicado su trabajo al tema de: “El futuro de la humanidad, nuevos retos de la antropología”.

Por su interés reproducimos el texto completo de dicho discurso.

Queridos hermanos y hermanas:

Os doy la bienvenida y agradezco al cardenal Gianfranco Ravasi su saludo y presentación. Esta Asamblea Plenaria ha elegido como tema la cuestión antropológica proponiéndose entender las líneas futuras del desarrollo de la ciencia y la tecnología. Entre los muchos argumentos posibles de la discusión, vuestra atención se ha centrado en tres temas.

En primer lugar, la medicina y la genética que nos permiten observar la estructura íntima del ser humano e incluso intervenir para modificarla. Nos hacen capaces de erradicar enfermedades dadas por incurables hasta hace poco, pero también abren la posibilidad de determinar a los seres humanos “programando”, por así decirlo, algunas cualidades.

En segundo lugar, la neurociencia ofrece cada vez más información sobre el funcionamiento del cerebro humano. A través de ella, las realidades fundamentales de la antropología cristiana, como el alma, la conciencia de sí mismo y la libertad, aparecen ahora bajo una luz inédita, e incluso pueden ser seriamente cuestionadas por algunos.

Finalmente, el increíble progreso de las máquinas autónomas y pensantes, que ya se han convertido en parte de nuestra vida cotidiana, nos lleva a reflexionar sobre lo que es específicamente humano y nos diferencia de las máquinas.

Todos estos avances científicos y técnicos han llevado a algunos a pensar que estamos en un momento único en la historia de la humanidad, casi el alba de una nueva era y el nacimiento de un nuevo ser humano, superior al que hemos conocido hasta ahora.

Efectivamente, las cuestiones y los interrogantes que enfrentamos son graves y serios. En parte han sido anticipados por la literatura y las películas de ciencia ficción, que se han hecho eco de los miedos y las expectativas de los hombres. Por esta razón, la Iglesia, que sigue de cerca las alegrías y las esperanzas, las angustias y los temores de los hombres de nuestro tiempo, quiere poner a la persona humana y los problemas que la conciernen en el centro de sus reflexiones.

La pregunta sobre el ser humano: “¿Qué es el hombre para que te acuerdas de él?” (Sal 8,5) resuena en la Biblia desde sus primeras páginas y ha acompañado todo el camino de Israel y de la Iglesia. A esta pregunta, la Biblia misma ha dado una respuesta antropológica que ya está delineada en el Génesis y recorre toda la Revelación, desarrollándose en torno a los elementos fundamentales de la relación y la libertad. La relación se ramifica en una triple dimensión: hacia la materia, la tierra y los animales; hacia la trascendencia divina; hacia otros seres humanos. La libertad se expresa en la autonomía -naturalmente relativa- y en opciones morales. Esta estructura fundamental ha gobernado durante siglos la idea de gran parte de la humanidad y en la actualidad todavía mantiene su vigencia. Pero, al mismo tiempo, hoy nos damos cuenta de que los grandes principios y los conceptos fundamentales de la antropología se ponen a menudo en tela de juicio, incluso sobre la base de una mayor conciencia de la complejidad de la condición humana y requieren una profundización adicional.

La antropología es el horizonte de la auto-comprensión en el que todos nos movemos y determina nuestra concepción del mundo y las decisiones existenciales y éticas. En nuestros días, se ha convertido, con frecuencia, en un horizonte cambiante y fluido en virtud de los cambios socio-económicos, de los movimientos de las poblaciones y de las relativas confrontaciones culturales, pero también de la difusión de una cultura mundial y, sobre todo, de los increíbles descubrimientos de la ciencia y de la técnica.

¿Cómo reaccionar ante estos desafíos? En primer lugar, debemos expresar nuestra gratitud a los hombres y mujeres de ciencia por sus esfuerzos y su compromiso en favor de la humanidad. Este aprecio por la ciencia, que no siempre hemos sabido manifestar, encuentra su fundamento último en el plan de Dios que “nos ha elegido antes de la creación del mundo […] nos ha destinado a ser hijos suyos” (Ef 1,3-5) y que nos confió el cuidado de la creación: “cultivar y cuidar” la tierra (ver Gen 2.15). Precisamente porque el hombre es imagen y semejanza de un Dios que creó el mundo por amor, el cuidado de toda la creación debe seguir la lógica de la gratuidad y del amor, del servicio, y no la del dominio y la intimidación.

La ciencia y la tecnología nos han ayudado a profundizar los límites del conocimiento de la naturaleza y, en particular, del ser humano. Pero una y otra no bastan, por sí solas, para dar todas las respuestas. Hoy nos damos cuenta cada vez más de que es necesario recurrir a los tesoros de la sabiduría que se conservan en las tradiciones religiosas, en la sabiduría popular, en la literatura y las artes, que llegan profundamente al misterio de la existencia humana, sin olvidar, sino al contrario, redescubriendo, las contenidas en la filosofía y en la teología.

Como quise decir en la encíclica “Laudato si“, se vuelve actual la necesidad imperiosa del humanismo, que de por sí convoca a los distintos saberes, […] hacia una mirada más integral e integradora” (n. 141), a fin de superar la división trágica entre las “dos culturas”, la humanista-literaria-teológica y la científica, que conduce al empobrecimiento mutuo, y de fomentar un mayor diálogo entre la Iglesia, la comunidad de creyentes y la comunidad científica.

La Iglesia, por su parte, ofrece algunos grandes principios para sostener este diálogo. El primero es la centralidad de la persona humana que hay que considerar como un fin y no como un medio. Debe estar en relación armoniosa con la creación y, por lo tanto, no debe comportarse como un déspota con la herencia de Dios, sino como un custodio amoroso de la obra del Creador.

El segundo principio a recordar es el del destino universal de los bienes, que también atañe al conocimiento y a la tecnología. El progreso científico y tecnológico sirve al bien de toda la humanidad, y de sus beneficios no pueden disfrutar solamente unos pocos. De esta forma, se evitará que el futuro agregue nuevas desigualdades basadas en el conocimiento y aumente la brecha entre ricos y pobres. Las grandes decisiones sobre la orientación de la investigación científica y la inversión en ella deben tomarse por toda la sociedad y no estar dictadas únicamente por las reglas del mercado o el interés de unos pocos.

Finalmente, sigue siendo válido el principio de que no todo lo que es técnicamente posible o factible es, por lo tanto, éticamente aceptable. La ciencia, como cualquier otra actividad humana, sabe que tiene límites que se deben observar por el bien de la humanidad misma, y ​​requiere un sentido de responsabilidad ética. La verdadera medida del progreso, como recordaba el beato Pablo VI, es lo que está dirigido al bien de cada hombre y de todo el hombre.

Os doy las gracias a todos, miembros, consultores y colaboradores del Consejo Pontificio de la Cultura, porque lleváis a cabo un valioso servicio. Invoco sobre vosotros la abundancia de las bendiciones del Señor, y os pido, por favor, que recéis por mí. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

 

Nos parece que del referido discurso se pueden destacar algunas ideas fundamentales.

  1. La ciencia y tecnología están propiciando el mejor conocimiento de la naturaleza del hombre.
  2. Hay que profundizar en el conocimiento de las tradiciones religiosas y en especial redescubrir las verdades filosóficas y teológicas.
  3. Se hace énfasis en los planes creadores de Dios y en especial del lugar primordial que en ellos ocupa el hombre, ya que “nos ha elegido a cada uno de nosotros antes de la creación del mundo, destinándonos a ser hijos suyos”.
  4. También merece ser destacada su referencia al cuidado de la tierra por parte del hombre, apoyándose en Génesis 2.15 en donde se afirma el mandato de “cultivar y cuidar la tierra”.
  5. Finalmente, en su defensa de una ecología global, se resalta que lo primero es la persona humana, que hay que considerar como un fin dentro de la creación y nunca como un medio.

Justo Aznar

Observatorio Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

 

 

Echa gasolina al conflicto

La decisión del presidente norteamericano de reconocer Jerusalén como capital de Israel ha provocado una profunda conmoción en el conjunto del mundo árabe, además de suscitar el rechazo de Naciones Unidas. Tras la “guerra de los seis días”, en 1967, Israel ocupó Cisjordania, los altos del Golán y la parte árabe de Jerusalén. Desde entones, Israel ha venido construyendo numerosos asentamientos en todo el territorio asignado a los palestinos, incluida la parte habitada por los árabes donde se encuentran sus mezquitas más sagradas.

Sin embargo, su petición, la de Israel, a las grandes potencias para que trasladasen a Jerusalén sus embajadas, no fue seguida por ningún país, de acuerdo con las resoluciones de la ONU que se negó a admitir a decisión unilateral de trasladar, con carácter sagrado y eterno, la capital israelí a Jerusalén. Con su decisión, el Presidente de Estados Unidos ha echado gasolina al conflicto.

Jesús Martínez Madrid

 

 

 

Están siempre en el corazón de la Iglesia

Desde san Esteban, primer mártir de la Iglesia, hasta nuestros días, los cristianos de Oriente Próximo han vivido prácticamente siempre sometidos a continuas pruebas. Entre ellos están los cientos de miles de refugiados iraquíes que han celebrado el nacimiento de Jesús en míseras condiciones en algún campo de refugiados o en algún país lejano. Ayuda a la Iglesia Necesitada puso hace unos años en marcha una campaña para aliviar su dramática situación, y hacerles llegar, como pide el Papa, el mensaje de que no están solos, sino que toda la Iglesia reza con ellos y por ellos, y se moviliza para enviarles ayuda. Los cristianos de Irak, de Siria o Tierra Santa están siempre, pero particularmente en Navidad, en el corazón de la Iglesia. Su testimonio de fe es un poderoso recordatorio de lo que verdaderamente celebramos estos días.

Enric Barrull Casals

 

Ideología, cultura y comercio

Las ciudades iluminan sus calles principales cuando comienza diciembre. Suele coincidir casi con el arranque litúrgico del Adviento, tiempo de preparación, espera y esperanza. Las luces civiles sirven de recordatorio a los creyentes para vivir ese tiempo litúrgico, calificado como fuerte por los expertos.

Los adornos de los barrios tienen objetivos más bien comerciales: no preparar la venida del Señor que redime, pero sí tantos eventos familiares insertos en antiguas tradiciones: las compras contribuirán a la alegría de todos, especialmente de los más jóvenes.

No deja de ser, sobre todo para madres y abuelas, un tiempo de más trabajo. Sin grandes agobios, porque prevalece el sosiego. Ciertamente, caminamos hacia días de paz, aun sin recordar viejas épocas con sus treguas de Navidad.

No suelo hacer caso a los que intentan romper la tranquilidad con acciones o argumentos cansinos contra las costumbres cristianas. Casi todos proceden de fundamentalistas: obsesos del laicismo o de identidades nacionalistas insuficientemente pensadas. O, simplemente, de responsables del marketing de empresas conocidas, capaces de afirmar en carteles del metro que les gusta la Navidad con imágenes que nadie asociaría con esas fiestas: un perro bonito y amigable –no “pastor”-, con una especie de cuernos de alce...

José Morales Martín

 

 

El mensaje del rey

 

                                Muy “bonito y muy bien ajustado por un rey que no puede escribir sus discursos, sino que se los escriben y mandan los que en realidad mandan, puesto que el rey de España, “reina pero no gobierna” y por tanto es un altavoz de lo que nos quieren decir los que en realidad nos han llevado a la ruina y situado en un lugar de tantas y tantas incertidumbres que las respuestas a dar serían interminables, duras y como merecen los culpables de lo que es hoy la realidad de una España en quiebra”.

                                Por todo ello ese mensaje no tiene el interés que quiere representar puesto que nada en definitiva dice, salvo “consejos” los que como es natural aquí, se pasan todos por “las columnas de Hércules” y cada cual “a chupar de donde viene chupando y el que no chupa que se joda, que es lo que ocurren en España y ello desde tiempos remotos”.

                                El rey nos habla de que estemos contentos puesto que vivimos en democracia, cosa incierta, puesto que aquí “todo el que puede obra como dictador y el que puede incluso como tirano, y no pasa nada”; a la vista está como andan las cuentas estatales y municipales, donde la mayor parte de España, no es que esté arruinada, es que está en quiebra y sin posibilidades de nivelar cuentas en todo el siglo en que vivimos. Sí (nos dice) porque tenemos libertad plena para manifestarnos, lo que en realidad es algo que no sirve para nada, puesto que te puedes quejar de lo que te afecta, pero los que mandan (mejor mangonean) hacen lo que les sale “de los bemoles”; sólo han hecho, elevarnos los impuestos a grado ya confiscatorio y de asfixia individual, y la prueba de ello es el empobrecimiento general de la inmensa mayoría de individuos, que incluso muchedumbres andan en la indigencia; asaltando pisos ocupándolos para vivir como “ocupas” o viviendo de la caridad pública y privada, o huyendo a otros países a buscar un trabajo que aquí no encuentran, mientras se están gastando cantidades enormes en mantener parásitos o sostener a privilegiados, que en realidad son los culpables del desastre total que padecemos.

                                La delincuencia de todo tipo y no solo la nuestra, sino la de muchas partes del extranjero anida aquí “como piojo en costura y no hay insecticida que nos libre de tan brutal plaga”; se dice que somos el país que más drogas consume de todo Occidente y el tráfico de drogas, aquí se ha establecido incluso como distribuidor internacional; y además circula sin pagar impuestos, cosa que hay que estudiar e imponer, puesto que viso que no se puede controlar, al menos que pague impuestos.

                                Habla de que hay que, “regenerarse o complementarse en una unión imposible en la ya imposible Cataluña”; la que “ocupada por inútiles políticos” (como en general son los que dicen gobernar en el resto de España) es ya un territorio con tal tipo de “venenos”; que dudo mucho, se pueda “desenvenenar” en mucho tiempo venidero; cosa a mi entender clara, ya que… ¿cómo delincuentes ante las leyes que nos otorgamos legalmente, pueden y desde la cárcel muchos de ellos, volver a ocupar los lugares desde donde han delinquido y recuperar el poder de que se les privó precisamente por haber delinquido claramente?

                                Habla también el rey de la corrupción enorme que hubo y que en realidad sigue habiendo, puesto que no paran de surgir nuevos casos, y la que pretende  “aconsejar” sea eliminada… ¿Cómo, con procesos como los que hoy “andan o están estancados” en esa “selva” que es la maquinaria de la justicia española y que duran cuasi siglos en dictar sentencias, que hacen reír al más tonto de los españoles?

                                Termina deseándonos “lo mejor” para todos los españoles, cuando lo más correcto sería decir algo así… “Dios os ampare queridos hermanos”. Así es que vayamos al grano y menos palabras y muchos más hechos positivos y que nos hagan creer que de verdad somos españoles, de hecho y de derecho. Amén.

                               

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes