Las Noticias de hoy 07 Diciembre 2017

                             Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 07 de diciembre de 2017      

Indice:

ROME REPORTS

Catequesis del Papa: “El futuro de Asia: no será de quien construye armas, sino fraternidad”

«Preparen su corazón para recibir al Señor que ya viene». El Papa en la Audiencia General

 Catequesis del Papa en español. «Viaje a Myanmar y Bangladés»

Papa: apremiante llamamiento por Jerusalén, Oriente Medio y el mundo

 El Papa a la delegación palestina: diálogo y respeto recíproco

 VINO A CUMPLIR LA VOLUNTAD DEL PADRE: Francisco Fernández-Carvajal

“Una oración continua”: San Josemaria

 Octavo Día de la Novena a la Inmaculada Concepción

 Las oraciones del Papa Francisco ante la Inmaculada

Inmaculada: José María López Ferrera

 La Ruta Mariana se consolida: recorre cinco santuarios y recibe 12 millones de visitantes

“El ambiente político se caldea”: + Felipe Arizmendi Esquivel Administrador Apostólico de San Cristóbal de Las Casas

Santa María, el atajo que lleva a Dios: Javier Echevarría

 Valor antropológico de la vida cristiana: Pablo Cabellos Llorente

 La verdadera caridad: Plinio Corrêa de Oliveira

"Asesinato en el Orient Express": precioso cóctel de elegancia y misterio: Alfonso Mendiz

5 Valores que debes enseñar a tus hijos en esta Navidad: LaFamilia.info

 Vivir juntos antes de casarse: ¿qué tanto conviene este “periodo de prueba: LaFamilia.info

Un reportaje extraordinario: Miguel A Espino Perigault

Consumir carne de cordero y cabrito aporta ventajas nutricionales para el ser humano según la Universidad de Extremadura: Jesús Domingo Martínez

Compartir un destino de desarrollo y de paz: Jesús Martínez Madrid

El voluntarismo jurídico: Suso do Madrid

 El ocaso de la Edad Moderna: Romano Guardini

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

Catequesis del Papa: “El futuro de Asia: no será de quien construye armas, sino fraternidad”

Audiencia General del primer miércoles de diciembre de 2017. - REUTERS

06/12/2017 11:28

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“He querido expresar la cercanía de Cristo y de la Iglesia a un pueblo que ha sufrido a causa de conflictos y represiones, y que ahora está lentamente caminando hacia una nueva condición de libertad y de paz”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del primer miércoles de diciembre, al regresar de su Viaje Apostólico a Myanmar y Bangladés.

Ha sido un gran de Dios, y por eso le agradezco a Él por cada cosa, dijo el Santo Padre, especialmente por los encuentros que he podido tener. Renuevo la expresión de mi gratitud a las Autoridades de los dos Países y a los respectivos Obispos, por todo el trabajo de preparación y por la acogida reservada a mí y a mis colaboradores. Un “gracias” sincero, dirigió el Pontífice, a la gente birmana y aquella bangladesí, que ha demostrado tanta fe y tanto afecto. Por primera vez – afirmó el Papa – un sucesor de Pedro visitaba Myanmar, y esto ha sucedido poco después que se han establecido las relaciones diplomáticas entre este País y la Santa Sede.

Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera hablar del Viaje Apostólico que he realizado en los días pasados a Myanmar y Bangladés. Ha sido un gran don de Dios, y por eso le agradezco a Él por cada cosa, especialmente por los encuentros que he podido tener. Renuevo la expresión de mi gratitud a las Autoridades de los dos Países y a los respectivos Obispos, por todo el trabajo de preparación y por la acogida reservada a mí y a mis colaboradores. Un “gracias” sincero quiero dirigir a la gente birmana y aquella bangladesí, que me han demostrado tanta fe y tanto afecto: ¡gracias!

Por primera vez un sucesor de Pedro visitaba Myanmar, y esto ha sucedido poco después que se han establecido las relaciones diplomáticas entre este País y la Santa Sede.

He querido, también en este caso, expresar la cercanía de Cristo y de la Iglesia a un pueblo que ha sufrido a causa de conflictos y represiones, y que ahora está lentamente caminando hacia una nueva condición de libertad y de paz. Un pueblo en la cual la religión budista está fuertemente enraizada, con sus principios espirituales y éticos, y donde los cristianos están presentes como una pequeña grey y levadura del Reino de Dios. A esta Iglesia, viva y fervorosa, he tenido la alegría de confirmar en la fe y en la comunión, en el encuentro con los Obispos de los países y en las dos celebraciones eucarísticas. La primera ha sido en la gran área deportiva en el centro de Rangún, y el Evangelio de ese día ha recordado que las persecuciones a causa de la fe en Jesús son normales para sus discípulos, como ocasión de testimonio, pero “ni siquiera un cabello se les caerá” (Cfr. Lc 21,12-19). La segunda Misa, último acto de la visita a Myanmar, estuvo dedicada a los jóvenes: un signo de esperanza y un regalo especial de la Virgen María, en la catedral que lleva su nombre. En los rostros de esos jóvenes, llenos de alegría, he visto el futuro de Asia: un futuro que será no de quien construye armas, sino de quien siembra fraternidad. Y siempre en el signo de esperanza he bendecido las primeras piedras de dieciséis iglesias, del seminario y de la nunciatura, dieciocho.

Además de la Comunidad católica, he podido encontrar a las Autoridades de Myanmar, animando los esfuerzos de pacificación del País y deseando que todos los diversos componentes de la nación, ninguna excluida, puedan cooperar en este proceso en el respeto recíproco. En este espíritu, he querido encontrar a los representantes de las diversas comunidades religiosas presentes en el País. En particular, al Supremo Consejo de monjes budistas he manifestado la estima de la Iglesia por su antigua tradición espiritual, y la confianza que cristianos y budistas puedan juntos ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando toda violencia y oponiéndose al mal con el bien.

Dejando Myanmar, me he dirigido a Bangladés, donde en primer lugar he rendido homenaje a los mártires de la lucha por la independencia y al “Padre de la Nación”. La población de Bangladés es en grandísima parte de religión musulmana, y por ello mi visita – siguiendo las huellas del Beato Pablo VI y de San Juan Pablo II – ha marcado un paso más en favor del respeto y del diálogo entre cristianismo e islam.

A las Autoridades del País he recordado que la Santa Sede ha sostenido desde el inicio la voluntad del pueblo bangladesí de constituirse como nación independiente, como también la exigencia que en ella sea siempre tutelada la libertad religiosa. En particular, he querido expresar solidaridad a Bangladés en su empeño de socorrer a los prófugos Rohingya llegados en masa a su territorio, donde la densidad de población está ya entre las más altas del mundo.

La Misa celebrada en un histórico parque de Daca fue enriquecida por la Ordenación de dieciséis sacerdotes, y esto ha sido uno de los eventos más significativos y gozosos del viaje. De hecho, sea en Bangladés como en Myanmar y en los otros países del sureste asiático, gracias a Dios las vocaciones no faltan, signo de comunidades vivas, donde resuena la voz del Señor que llama a seguirlo. He compartido esta alegría con los Obispos de Bangladés, y los he animado en su generoso trabajo por las familias, por los pobres, por la educación, por el diálogo y la paz social. Y he compartido esta alegría con tantos sacerdotes, consagradas y consagrados del país, como también con los seminaristas, las novicias y novicios, en quienes he visto los brotes de la Iglesia en aquella tierra.

En Daca hemos vivido un momento fuerte de diálogo interreligioso y ecuménico, que me ha dado modo de subrayar la apertura del corazón como base de la cultura del encuentro, de la armonía y de la paz. Además he visitado la “Casa Madre Teresa”, donde la santa se hospedaba cuando se encontraba en esta ciudad, y que acoge a muchísimos huérfanos y personas con discapacidad. Allí, según su carisma, las religiosas viven cada día la oración de adoración y el servicio a Cristo pobre y sufriente. Y jamás – jamás – se pierde de sus labios la sonrisa: religiosas que oran tanto, que sirven a los que sufren continuamente con la sonrisa. Es un bonito testimonio. Agradezco mucho a estas religiosas.

El último evento ha sido con los jóvenes bangladesí, rico de testimonios, cantos y danzas. ¿Y qué bien danzaban, estos bangladesí? ¡Saben danzar bien! Una fiesta que ha manifestado la alegría del Evangelio acogido por esta cultura; una alegría fecundada por los sacrificios de tantos misioneros, de tantos catequistas y padres cristianos. En el encuentro estaban presentes también jóvenes musulmanes y de otras religiones: un signo de esperanza para Bangladés, para Asia y para el mundo entero. Gracias.

 

 

«Preparen su corazón para recibir al Señor que ya viene». El Papa en la Audiencia General

El Santo Padre bendice una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe durante la Audiencia General - AFP

06/12/2017 13:09

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De Griselda Mutual

En el miércoles 6 de diciembre el Santo Padre Francisco celebró su tradicional Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano, y dedicó su catequesis a su reciente viaje Apostólico a Asia. En primer lugar, se refirió al viaje como un “gran don de Dios”, y renovó su agradecimiento a las autoridades de ambos países y al pueblo birmano y bengalí, por el gran afecto demostrado.

Refiriéndose a la primera etapa realizada en Myanmar, primera visita de un pontífice a ese país y que fuera realizada poco después del restablecimiento de las relaciones con la Santa Sede, el Papa destacó la entereza del pueblo birmano que, a pesar de haber pasado por tantos sufrimientos, está encaminándose hacia la libertad y la paz:

“Mi visita a Myanmar ha sido la primera de un Papa a aquel país; una nación que a pesar de haber sufrido mucho, se encamina hacia una nueva realidad de paz y libertad. Allí la comunidad cristiana es un pequeño fermento del Reino de Dios, que ha sabido dar testimonio de la fe y que cuenta con una juventud llena de esperanza y de alegría. Al encontrarme con el Consejo Supremo de los monjes budistas, he querido manifestar mi deseo de que trabajemos unidos para ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando todo tipo de violencia”.

De su visita a Bangladés, el Papa destacó en relación a los prófugos Rohingya, a quienes naciones unidas llamó la minoría étnica y religiosa más perseguida del mundo, el empeño del pueblo bengalí en la acogida, repitiendo, en otras palabras, lo que afirmara en la rueda de prensa de regreso: “Lo que hace Bangladés por ellos – dijo entonces -  es una cosa muy grande, es un ejemplo de acogida. Un país pequeño, pobre, que ha recibido a 700 mil refugiados...”

Así se pronunció en nuestro idioma, durante la Audiencia General: “Después he realizado mi visita a Bangladesh, siguiendo las huellas del beato Pablo VI y de san Juan Pablo II”, dijo primeramente.  “Ha sido un paso más en favor del respeto y del diálogo entre el islam y el cristianismo. Allí he querido expresar también mi solidaridad con Bangladesh en su compromiso por socorrer a los prófugos Rohingya”.

El pontífice destacó asimismo la juventud bengalí, musulmanes y de otras religiones, definiendo su presencia en el encuentro “signo de esperanza para Bangladés, para Asia y para el mundo entero”:

“Dos momentos de particular alegría han sido: la ordenación de 16 sacerdotes y el encuentro con los jóvenes, quienes con sus cantos y danzas manifestaron la alegría del Evangelio. Fue muy significativo que estuvieran también presentes jóvenes musulmanes y de otras religiones, siendo un signo éste de esperanza para Bangladesh, para Asia y para el mundo entero”.

“En este tiempo de Adviento –concluyó - los animo a fortalecer su vida cristiana con la oración, la escucha de la Palabra de Dios y las obras de caridad, y, siguiendo el ejemplo de la Inmaculada Virgen María, cuya solemnidad celebraremos pasado mañana, preparen su corazón para recibir al Señor que ya viene. Muchas gracias”.

 

 

Catequesis del Papa en español. «Viaje a Myanmar y Bangladés»

El Santo Padre saluda a los fieles en el Aula Pablo VI - AFP

06/12/2017 10:02

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«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo». (Mt 5, 13-16)

En la Audiencia General del miércoles 2 de diciembre de 2017, tras oír junto a los fieles presentes en el Aula Pablo VI del Vaticano el pasaje bíblico del Evangelio según San Mateo, capítulo 5 versículos 13 al 16, el Santo Padre Francisco dedicó su catequesis a su reciente Viaje Apostólico a Myanmar y Bangladés.  

A continuación el resumen de la catequesis que el Obispo de Roma pronunció en nuestro idioma: 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quiero compartir con ustedes y dar gracias a Dios por el viaje apostólico que he realizado a Myanmar y Bangladesh.

Mi visita a Myanmar ha sido la primera de un Papa a aquel país; una nación que a pesar de haber sufrido mucho, se encamina hacia una nueva realidad de paz y libertad. Allí la comunidad cristiana es un pequeño fermento del Reino de Dios, que ha sabido dar testimonio de la fe y que cuenta con una juventud llena de esperanza y de alegría. Al encontrarme con el Consejo Supremo de los monjes budistas, he querido manifestar mi deseo de que trabajemos unidos para ayudar a las personas a amar a Dios y al prójimo, rechazando todo tipo de violencia.

Después he realizado mi visita a Bangladesh, siguiendo las huellas del beato Pablo VI y de san Juan Pablo II. Ha sido un paso más en favor del respeto y del diálogo entre el islam y el cristianismo. Allí he querido expresar también mi solidaridad con Bangladesh en su compromiso por socorrer a los prófugos Rohingya. Dos momentos de particular alegría han sido: la ordenación de 16 sacerdotes y el encuentro con los jóvenes, quienes con sus cantos y danzas manifestaron la alegría del Evangelio. Fue muy significativo que estuvieran también presentes jóvenes musulmanes y de otras religiones, siendo un signo éste de esperanza para Bangladesh, para Asia y para el mundo entero.

********************

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.

En este tiempo de Adviento los animo a fortalecer su vida cristiana con la oración, la escucha de la Palabra de Dios y las obras de caridad, y, siguiendo el ejemplo de la Inmaculada Virgen María, cuya solemnidad celebraremos pasado mañana, preparen su corazón para recibir al Señor que ya viene. Muchas gracias.

 

 

Papa: apremiante llamamiento por Jerusalén, Oriente Medio y el mundo

Audiencia general del Papa Francisco, 6 de diciembre de 2017 - AFP

06/12/2017 10:40

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«Mi pensamiento se dirige ahora a Jerusalén. Al respecto, no puedo callar mi profunda preocupación por la situación que se ha creado en los últimos días y, al mismo tiempo, dirigir un apremiante llamamiento para que sea empeño de todos respetar el status quo, en conformidad con las pertinentes Resoluciones de Naciones Unidas.

Jerusalén es una ciudad única, sagrada para los judíos, los cristianos y los musulmanes, que veneran en ella los Lugares Santos de sus religiones respectivas y tiene una vocación especial para la paz.

Ruego al Señor que dicha identidad sea preservada y fortalecida en beneficio de Tierra Santa, Oriente Medio y el mundo entero y que prevalezcan sabiduría y prudencia, para evitar añadir nuevos elementos de tensión a un panorama mundial ya convulsionado y marcado por tantos conflictos crueles».

El Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke, en la víspera de este llamamiento confirmó que el Papa Francisco y el líder palestino Ahammoud Abbas se hablaron por teléfono sobre el tema del traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén.

La conversación que tuvo lugar por iniciativa de Abbas, se enmarca en una serie de contactos del Presidente de la ANP después de su coloquio con el Presidente de Estados Unidos, en el que, según señaló el portavoz del mandatario palestino, Donald Trump ha comunicado su intención de trasladar la embajada estadounidense.

El Papa Francisco, en la primera audiencia general de Adviento y primera después de su peregrinación a Myanmar y Bangladés, a la que dedicó su catequesis, deseó a los peregrinos de tantas partes del mundo que el Señor ayude a todos, a abrir los corazones a amar y a optar por el prójimo, en especial por los más menesterosos:

«Queridos amigos, en este tiempo de comienzos de Adviento, estamos invitados a salir al encuentro de Jesús, que nos espera en todos los necesitados a los que podemos llevar la luz del Evangelio y el consuelo de la caridad.

El Señor nos invita, en este tiempo de Adviento a ir al encuentro con Él, que se deja reconocer en los más pequeños, en los enfermos, en los necesitados. Que el Espíritu Santo los guíe en su camino»

La audiencia coincidió con la memoria  de San Nicolás, como recordó el Papa en su cordial bienvenida a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«Hoy es la memoria de San Nicolás de Bari. Queridos jóvenes, pongan por encima de todo la búsqueda de Dios y de su amor; queridos enfermos, que el ejemplo de los santos sea ayuda y consolación en los momentos de mayor necesidad; y ustedes, recién casados, con la gracia de Dios, hagan cada vez más firme y profunda su unión».

 

El Papa a la delegación palestina: diálogo y respeto recíproco

Encuentro del Papa con los participantes en la reunión del Comité Permanente para el Diálogo con personalidades religiosas de Palestina. - ANSA

06/12/2017 14:05

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De María Fernanda Bernasconi, SpC

El Santo Padre comenzó sus actividades públicas esta mañana a las 9.00, recibiendo en la pequeña sala del Aula Pablo VI a los participantes en la reunión del Comité Permanente para el Diálogo con personalidades religiosas de Palestina, que ha organizado el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

Para la Iglesia católica es siempre una satisfacción construir puentes de diálogo

Al saludarlos con alegría el Pontífice destacó que han venido al Vaticano para explorar los caminos para la creación de un Grupo de trabajo permanente para el diálogo entre este Dicasterio y la Comisión Palestina para el Diálogo Interreligioso.

Tras afirmar que si para la Iglesia católica es siempre una satisfacción construir puentes de diálogo con comunidades, personas y organizaciones, ciertamente es una alegría especial – dijo el Papa – hacerlo con personalidades religiosas e intelectuales palestinas.

Tierra Santa es para los cristianos la tierra por excelencia del diálogo entre Dios y la humanidad

Al mismo tiempo, el Obispo de Roma afirmó que Tierra Santa es para los cristianos la tierra por excelencia del diálogo entre Dios y la humanidad. Un diálogo que culminó en Nazaret entre el Ángel Gabriel y la Virgen María, acontecimiento al que también hace referencia el Corán.

A la vez que – como dijo el Papa – el diálogo continúa después de manera singular entre Jesús y su pueblo en representación de la entera humanidad. Sí, porque Jesús es el Verbo de Dios y su hablar a los hombres y a las mujeres es – para retomar las palabras de un representante musulmán – “el diálogo de Dios con la humanidad”.

Diálogo con la condición primaria del respeto recíproco

Diálogo que – como dijo el Santo Padre – se instaura en todos los niveles, con la condición primaria del respeto recíproco y, al mismo tiempo, tendente a consolidar este respeto a fin de reconocer a todas las personas sus derechos, independientemente de donde se encuentren.

Asimismo Francisco destacó que del diálogo surge un conocimiento mayor, con una mayor estima y una colaboración que conduce a obtener el bien común y una acción sinérgica con respecto a las personas necesitadas, garantizándoles toda la asistencia necesaria.

Del diálogo surge un conocimiento mayor, con una mayor estima

Por último, y antes de invocar sobre todos los presentes abundantes bendiciones con su deseo de paz y prosperidad para el pueblo palestino, para Tierra Santa y para todo Oriente Medio, tan querido para él y para la Iglesia Católica; el Papa Bergoglio manifestó que conoce la atención que tienen las Autoridades de Palestina, y de modo especial el Presidente Mahmoud Abbas, por la comunidad cristiana, reconociendo el lugar y el papel que desempeña en la sociedad palestina.

Crear un espacio de diálogo sincero

Del mismo modo presentó su deseo de que estas reuniones conduzcan a crear un espacio de diálogo sincero en favor de todos los estamentos de la sociedad palestina, especialmente de la cristiana, teniendo en cuenta su exigua consistencia numérica y los desafíos a los cuales está llamada a responder, sobre todo por lo que respecta a la cuestión de la emigración.

 

VINO A CUMPLIR LA VOLUNTAD DEL PADRE

— Identificar nuestra voluntad con la del Señor. Cómo nos manifiesta Dios su voluntad. Voluntad de Dios y santidad.

— Otros modos de manifestarse la voluntad de Dios en nuestra vida: la obediencia. Imitar a Jesús en su ardiente deseo de cumplir la voluntad de su Padre Dios. Humildad.

— Cumplir la voluntad de Dios en momentos en que cuesta o resulta ingrata o difícil.

I. La vida de una persona se puede edificar sobre muy diferentes cimientos: sobre roca, sobre barro, sobre humo, sobre aire... El cristiano sólo tiene un fundamento firme en el que apoyarse con seguridad: el Señor es la Roca permanente1.

El Señor nos habla en el Evangelio de la Misa2 de dos casas. En una de ellas quizá se quiso ahorrar la cimentación, quizá hubo prisa por terminarla. No se puso el debido cuidado. Al que edificó de esta manera el Señor le llama hombre loco. Las dos casas quedaron terminadas y parecían iguales, pero tenían muy distinto fundamento: una de ellas estaba cimentada sobre piedra firme; la otra, no. Pasó algún tiempo y llegaron las dificultades que pondrían a prueba la solidez de la edificación. Un día hubo temporal: cayó la lluvia, y los ríos salieron de madre y soplaron los vientos contra aquella casa.

Fue el momento en el que probaron su consistencia. Una se mantuvo firme en lo esencial; la otra se derrumbó estrepitosamente y el desastre fue completo.

Nuestra vida solo puede estar edificada sobre Cristo mismo, nuestra única esperanza, nuestro único fundamento. Y esto quiere decir, en primer lugar, que procuramos identificar nuestra voluntad con la suya. No es la nuestra una adhesión más o menos superficial a una borrosa figura de Cristo, sino una adhesión firme a su querer y a su Persona. No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, leemos también en el Evangelio de la Misa.

La voluntad de Dios es la brújula que nos indica en todo momento el camino que nos lleva a Él; es, al mismo tiempo, el sendero de nuestra propia felicidad. El cumplimiento del querer divino nos da también una gran fortaleza para superar los obstáculos.

¡Qué alegría poder decir al final de nuestros días: he procurado siempre buscar y seguir la voluntad de Dios en todo! No nos alegrarán tanto los triunfos cosechados, ni nos importarán demasiado los fracasos y los sufrimientos padecidos. Lo que nos importará, y mucho, es si hemos amado el querer de Dios sobre nuestra vida, que se manifestó unas veces de modo más general y otras de forma muy concreta. Siempre con la suficiente claridad, si no cegamos la luz del alma, que es la conciencia.

El cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios es, a la vez, la cima de toda santidad: «Todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida, y a través de todo eso, se santificarán más cada día si lo aceptan todo con fe, como venido de la mano del Padre celestial, y colaboran con la divina voluntad...»3. Es aquí donde se demuestra nuestro amor a Dios, y también el grado de unión con Él. Y el Señor nos manifiesta su voluntad a través de los Mandamientos, de las indicaciones, consejos y preceptos de nuestra Madre la Iglesia, y de las obligaciones que conlleva la propia vocación y estado.

Reconocer y amar la divina voluntad en esos deberes nos dará la fuerza necesaria para hacerlos con perfección, y en ellos encontraremos el lugar donde ejercitar las virtudes humanas y las sobrenaturales. La voluntad de Dios está muy relacionada con la sonriente caridad de todos los días, con el cumplimiento del deber aunque resulte dificultoso, con la ayuda que prestamos, en lo sobrenatural y en lo humano, a quienes están a nuestro lado.

II. La voluntad de Dios se nos manifiesta de una forma expresa a través de aquellas personas a quienes debemos obediencia, y a través de los consejos recibidos en la dirección espiritual.

La obediencia no tiene su fundamento último en las cualidades –personalidad, inteligencia, experiencia, edad– del que manda. Jesús superaba infinitamente –era Dios– a María y a José, y les obedecía4. Es más, «Jesucristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio y realizó la redención con su obediencia»5.

Quienes piensan que la obediencia es un sometimiento indigno del hombre y propio de personas con escasa madurez han de considerar que el Señor se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz6. Cristo obedece por amor, por cumplir la voluntad de su Padre; ese es el sentido de la obediencia cristiana: la que se debe a Dios y a sus mandamientos, la que se debe a la Iglesia, a los padres, la que de un modo u otro rige en la vida profesional, social, etcétera, cada una en su orden.

Para obedecer como obedeció Jesús es necesario un ardiente deseo de cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida, y ser humildes. El espíritu de obediencia no cabe en un alma dominada por la soberbia. Solo el humilde acepta gustosamente otro criterio distinto del suyo –el de Dios–, al que debe conformar sus actos.

El que no es humilde rechazará abiertamente el mandato unas veces, y otras lo aceptará aparentemente, pero sin darle cabida, en realidad, en su corazón, porque lo someterá a discusión crítica y a limitaciones, y perderá el sentido sobrenatural que tiene la obediencia. «Estemos precavidos, entonces, porque nuestra tendencia al egoísmo no muere, y la tentación puede insinuarse de muchas maneras. Dios exige que, al obedecer, pongamos en ejercicio la fe, pues su voluntad no se manifiesta con bombo y platillo. A veces el Señor sugiere su querer como en voz baja, allá en el fondo de la conciencia: y es necesario escuchar atentos, para distinguir esa voz y serle fieles.

»En muchas ocasiones, nos habla a través de otros hombres, y puede ocurrir que la vista de los defectos de esas personas, o el pensamiento de si están bien informados, de si han entendido todos los datos del problema se nos presente como una invitación a no obedecer»7. Sin embargo, nuestro deseo de cumplir la voluntad de Dios superará ese y otros obstáculos que se puedan presentar a nuestra obediencia.

La humildad da paz y alegría para realizar lo mandado hasta en los menores detalles. El humilde se siente gozosamente libre al obedecer. «Mientras nos sometemos humildemente a la voz ajena nos superamos a nosotros mismos en el corazón»8, superamos el propio egoísmo y rompemos con sus lazos, que nos esclavizan.

En el apostolado, la obediencia se hace indispensable. De nada sirven el esfuerzo, los medios humanos, las mortificaciones..., sin obediencia todo sería inútil ante Dios. De nada serviría trabajar con tesón toda una vida en una obra humana si no contáramos con el Señor. Hasta lo más valioso de nuestras obras quedaría sin fruto si prescindiéramos del deseo de cumplir la voluntad de Jesús: «Dios no necesita de nuestros trabajos, sino de nuestra obediencia»9.

III. La voluntad de Dios también se nos manifiesta en aquellas cosas que Él permite y que no resultan como esperábamos, o son incluso totalmente contrarias a lo que deseábamos o habíamos pedido con insistencia en la oración.

Es el momento entonces de aumentar nuestra oración y de fijarnos mejor en Jesucristo. Especialmente cuando nos resulten muy duros y difíciles los acontecimientos: la enfermedad, la muerte de un ser querido, el dolor de los que más queremos...

El Señor hará que nos unamos a su oración: No se haga como yo quiero, Padre, sino como quieres Tú10. No se haga mi voluntad, sino la tuya11. Él quiso incluso compartir con nosotros todo lo que a veces tiene de injusto y de incomprensible el dolor. Pero también nos enseñó a obedecer hasta la muerte, y muerte de cruz12.

Si alguna vez nos toca sufrir mucho, al Señor no le ofenden nuestras lágrimas. Pero enseguida hemos de decir: Padre, hágase tu voluntad. En nuestra vida puede haber momentos de mayor dureza, quizá de oscuridad y de dolor profundo, en los que cueste más aceptar la voluntad de Dios, con tentaciones de desaliento. La imagen de Jesús en el huerto de Getsemaní nos señala cómo hemos de proceder en esos momentos: hemos de abrazar la voluntad de Dios sin poner límite alguno ni condiciones de ninguna clase, y en una oración perseverante.

No serán pocas las veces en que, a lo largo de nuestra vida, tendremos que hacer actos de identificación con lo que es voluntad de nuestro Padre Dios. Y diremos interiormente en nuestra oración personal: «¿Lo quieres, Señor?... ¡Yo también lo quiero!»13. Y vendrá la paz, la serenidad a nuestra alma y a nuestro alrededor.

La fe nos hará ver una sabiduría superior detrás de cada acontecimiento: «Dios sabe más. Los hombres entendemos poco de su modo paternal y delicado de conducirnos hacia Él»14. Jesucristo nos consolará de todos nuestros pesares, y quedarán santificados.

Hay una providencia detrás de cada acontecimiento, todo está ordenado y dispuesto para que sirva mejor a la salvación de cada uno; absolutamente todo, tanto lo que sucede en el ámbito más general como lo que ocurre cada día en el pequeño universo de nuestra profesión y familia. Todas las cosas pueden y deben ayudarnos a encontrar a Dios, y por tanto a encontrar la paz y la serenidad en nuestra alma: Todo contribuye al bien de los que aman a Dios15.

El cumplimiento de la voluntad de Dios es fuente de serenidad y de paz. Los santos nos han dejado el ejemplo de un cumplimiento sin condiciones de la divina voluntad. Así se expresaba San Juan Crisóstomo: «En toda ocasión yo digo: ¡Señor, hágase tu voluntad!: no lo que quiere este o aquel, sino lo que tú quieres que haga. Este es mi alcázar, y esta es mi roca inamovible, este es mi báculo seguro»16.

Terminamos nuestra oración pidiendo con la Iglesia: Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú, que la has transformado por obra del Espíritu Santo en templo de tu divinidad, concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón17.

1 Primera lectura de la Misa. Is 26, 5. — 2 Mt 7, 21; 24-27. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 41. — 4 Lc 2, 51. — 5 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 3. — 6 Flp 2, 8. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 17. — 8 San Gregorio Magno, Moralia, 35, 14. — 9 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 56, 5. — 10 Mc 14, 36. — 11 Lc 22, 42. — 12 Flp 2, 8. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 762. — 14 A. del Portillo, en la presentación de «Amigos de Dios»; el subrayado es nuestro. — 15 Rom 8, 28. — 16 San Juan Crisóstomo, Homilía antes del exilio, 1-3. — 17 Colecta de la Misa del día 20 de diciembre.

 

 

“Una oración continua”

Padre, me has comentado: yo tengo muchas equivocaciones, muchos errores. Ya lo sé, te he respondido. Pero Dios Nuestro Señor, que también lo sabe y cuenta con eso, sólo te pide la humildad de reconocerlo, y la lucha para rectificar, para servirle cada día mejor, con más vida interior, con una oración continua, con la piedad y con el empleo de los medios adecuados para santificar tu trabajo. (Forja, 379)

Vida interior, en primer lugar. ¡Qué pocos entienden todavía esto! Piensan, al oír hablar de vida interior, en la oscuridad del templo, cuando no en los ambientes enrarecidos de algunas sacristías. Llevo más de un cuarto de siglo diciendo que no es eso. Describo la vida interior de cristianos corrientes, que habitualmente se encuentran en plena calle, al aire libre; y que, en la calle, en el trabajo, en la familia y en los ratos de diversión están pendientes de Jesús todo el día. ¿Y qué es esto sino vida de oración continua? ¿No es verdad que tú has visto la necesidad de ser alma de oración, con un trato con Dios que te lleva a endiosarte? Esa es la fe cristiana y así lo han comprendido siempre las almas de oración: se hace Dios aquel hombre, escribe Clemente de Alejandría, porque quiere lo mismo que quiere Dios.
Al principio costará; hay que esforzarse en dirigirse al Señor, en agradecer su piedad paterna y concreta con nosotros. Poco a poco el amor de Dios se palpa ‑aunque no es cosa de sentimientos‑, como un zarpazo en el alma. Es Cristo, que nos persigue amorosamente: he aquí que estoy a tu puerta, y llamo. (Es Cristo que pasa, 8)

 

 

Octavo Día de la Novena a la Inmaculada Concepción

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.

Oración preparatoria

Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.

A ti, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.

No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.

Lectura bíblica (AP. 12,1-6.10.17)

Apareció una señal portentosa en el cielo: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal y coronada con doce estrellas. Estaba en cinta y gritaba porque iba a dar a luz.

Apareció otro portento en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo la tercera parte de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse al niño en cuanto naciera.

La mujer dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. El niño fue arrebatado y lo llevaron junto al trono de Dios. Mientras tanto, la mujer escapaba al desierto.

Se oyó una gran voz: Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios y el mando de su Mesías.

Despechado el dragón por causa de la mujer, se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. PALABRA DE DIOS.

Consideración

Consideremos cómo los cristianos guiados por el Espíritu Santo, honramos con filial afecto de piedad a la Virgen Inmaculada como a Madre. Ella nos dio a luz entre dolores al pie de la cruz. Esta maternidad de la Purísima sobre nosotros no termina nunca.

Ella nos cuida mientras peregrinamos por este mundo para animarnos en los momentos de peligro y de angustia y nos fortalece para luchar contra el mal y para lograr la fraternidad universal hasta que seamos llevados a la Patria feliz.

La Purísima es como la señal que anima siempre a la Iglesia para que sea fiel a Jesús.

Alegrémonos al pensar que en la Iglesia Católica tenemos una verdadera Madre que es la misma Madre de Cristo.

Procuremos tomar en serio nuestra pertenencia a la Iglesia. No faltemos a la Misa dominical y hagamos todo lo posible por participar en las actividades que se organicen en nuestra Parroquia.

Oración del octavo día

¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como diste a María la gracia de una ardentísima caridad y amor de Dios sobre todas las cosas, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas un amor sincero a ti, oh Dios y Señor nuestro, nuestro verdadero bien, nuestro bienhechor, nuestro Padre, y que antes queramos perder todas las cosas que ofenderte con un solo pecado.

(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario)

Letanías a la Virgen

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración:

Te rogamos nos concedas,
Señor Dios nuestro,
gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión
de la bienaventurada siempre Virgen María,
vernos libres de las tristezas de la vida presente
y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Oración final

Bendita sea tu pureza
Y eternamente lo sea,
Pues todo un Dios se recrea
En tan graciosa belleza.
A ti, celestial Princesa,
Virgen sagrada María,
Te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.
¡Mírame con compasión!
¡No me dejes, madre mía! Así sea.

 

 

Las oraciones del Papa Francisco ante la Inmaculada

Oh, María Inmaculada, necesitamos tu mirada, tu corazón, tus manos y tus pies inmaculados

Todos los años, los papas acuden, en torno a las cuatro de la tarde, a la Plaza de España de Roma para presentar una ofrenda floral al monumento allí erigido a la Inmaculada y para rezar una oración. Estas son las cuatro oraciones hasta ahora pronunciadas por el Papa Francisco en este lugar y en esta fiesta:

8 de diciembre de 2016

Oh María, nuestra Madre Inmaculada,
en el día de tu fiesta vengo a ti, y no vengo solo:
Traigo conmigo a todos aquellos que tu Hijo me ha confiado,
en esta ciudad de Roma y en el mundo entero,
para que tú los bendigas y los salves de los peligros.

Te traigo, Madre, a los niños,
especialmente aquellos solos, abandonados,
que por ese motivo son engañados y explotados.

Te traigo, Madre, a las familias,
que llevan adelante la vida y la sociedad
con su compromiso cotidiano y escondido;
en modo particular a las familias que tienen más dificultades
por tantos problemas internos y externos.

Te traigo, Madre, a todos los trabajadores, hombres y mujeres,
y te encomiendo especialmente a quien, por necesidad,
se esfuerza por desempeñar un trabajo indigno
y a quien el trabajo lo ha perdido o no puede encontrarlo.

Necesitamos tu mirada inmaculada,
para recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas
con respeto y reconocimiento
sin intereses egoístas o hipocresías.

Necesitamos de tu corazón inmaculado,
para amar en modo gratuito
sin segundos fines, sino buscando el bien del otro,
con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes.

Necesitamos tus manos inmaculadas,
para acariciar con ternura,
para tocar la carne de Jesús
en los hermanos pobres, enfermos, despreciados,
para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila.

Necesitamos de tus pies inmaculados,
para ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso,
para caminar por los senderos de quien se ha perdido,
para ir a encontrar a las personas solas.

Te agradecemos, oh Madre, porque al mostrarte a nosotros libre de toda mancha de pecado,
nos recuerdas que ante todo está la gracia de Dios,
está el amor de Jesucristo que dio su vida por nosotros,
está la fortaleza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.
Haz que no cedamos al desánimo,
sino que, confiando en tu ayuda constante,
trabajemos duro para renovarnos a nosotros mismos,
a esta ciudad y al mundo entero.

¡Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!

8 de diciembre de 2015

Virgen María,
en este día de fiesta por tu Inmaculada Concepción
vengo a presentarte el homenaje de fe y de amor del pueblo santo de Dios que vive en esta ciudad y diócesis.
Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y fatigas;
de los niños y de los jóvenes, abiertos a la vida;
de los ancianos, llenos de años y de experiencia;
de modo especial vengo ante ti de parte de los enfermos, de los encarcelados, de quienes sienten más difícil el camino.
Como Pastor vengo también en nombre de cuantos han llegado desde tierras lejanas en búsqueda de paz y de trabajo.

Bajo tu manto hay lugar para todos, porque tú eres la Madre de la Misericordia.
Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos:
la ternura de Dios, que en ti se ha encarnado y se ha hecho nuestro hermano, Jesús, Salvador de todo hombre y de toda mujer.
Mirándote, Madre nuestra Inmaculada, reconocemos la victoria de la divina Misericordia sobre el pecado y sobre todas sus consecuencias;
y se enciende de nuevo en nosotros la esperanza de una vida mejor, libre de la esclavitud, rencores y miedos.

Hoy, aquí, en el corazón de Roma, sentimos tu voz de madre
que llama a todos a ponerse en camino hacia esa Puerta, que representa a Cristo.
Tú dices a todos: «Venid, acercaos confiados; entrad y recibiréis el don de la Misericordia;
no tened miedo, no sintáis vergüenza: el Padre os espera con los brazos abiertos para daros su perdón y acogeros en su casa.
Venid todos a la fuente de la paz y de la alegría».

Te agradecemos, Madre Inmaculada, porque en este camino de reconciliación tú no nos dejas caminar solos, sino que nos acompañas, estás cerca de nosotros y nos sostienes en toda dificultad.
Que tú seas bendita, ahora y siempre, Madre. Amén.

8 de diciembre de 2014

Oh María, Madre nuestra,
hoy el pueblo de Dio en fiesta
te venera Inmaculada,
preservada desde siempre del contagio del pecado.

Acoge el homenaje que te ofrezco en nombre de la Iglesia que está en Roma y en todo el mundo.

Saber que Tú, que eres nuestra Madre, estás totalmente libre del pecado nos da gran consuelo.

Saber que sobre ti el mal no tiene poder, nos llena de esperanza y de fortaleza en la lucha cotidiana que nosotros debemos mantener contra las amenazas del maligno.

Pero en esta lucha no estamos solos, no somos huérfanos, porque Jesús, antes de morir en la cruz, te entregó a nosotros como Madre.

Nosotros, por lo tanto, incluso siendo pecadores, somos tus hijos, hijos de la Inmaculada, llamados a esa santidad que resplandece en Ti por gracia de Dios desde el inicio.

Animados por esta esperanza, hoy invocamos tu maternal protección para nosotros, para nuestras familias, para esta ciudad, para todo el mundo.

Que el poder del amor de Dios, que te preservó del pecado original, por tu intercesión libre a la humanidad de toda esclavitud espiritual y material, y haga vencer, en los corazones y en los acontecimientos, el designio de salvación de Dios.

Haz que también en nosotros, tus hijos, la gracia prevalezca sobre el orgullo y podamos llegar a ser misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre celestial.

En este tiempo que nos conduce a la fiesta del Nacimiento de Jesús, enséñanos a ir a contracorriente: a despojarnos, a abajarnos, a donarnos, a escuchar, a hacer silencio, a descentrarnos de nosotros mismos, para dejar espacio a la belleza de Dios, fuente de la verdadera alegría.

Oh Madre nuestra Inmaculada, ¡ruega por nosotros!

8 de diciembre de 2013

Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo
y el amparo maternal de nuestra ciudad,
nos acogemos con confianza y amor.

Eres toda belleza, María.
En Ti no hay mancha de pecado.

Renueva en nosotros el deseo de ser santos:
que en nuestras palabras resplandezca la verdad,
que nuestras obras sean un canto a la caridad,
que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad,
que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio.

Eres toda belleza, María.
En Ti se hizo carne la Palabra de Dios.

Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor:
que no seamos sordos al grito de los pobres,
que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos,
que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes,
que amemos y respetemos siempre la vida humana.

Eres toda belleza, María.
En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios.

Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo:
que la luz de la fe ilumine nuestra vida,
que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón,
que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría.

Eres toda belleza, María.
Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica:
que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca,
que la belleza divina nos salve, a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero.

Amén.

 

 

Inmaculada

I

Por no tener mancha alguna,

se te llama Inmaculada

y, por ser Madre de Dios,

eres por tres veces Santa,

pues, de Dios, Hija y Esposa

también atributo alcanzas.

 

II 

Sí, por tres veces a un tiempo,

eres criatura Santa

como Esposa, Madre e Hija

de la Trinidad más alta,

por eso es que, cada año,

en la novena te aclaman.

 

III

Venimos, cual peregrinos,

al cobijo de tus plantas

porque eres luz y guía,

amor y fe y esperanza,

las virtudes teologales

que tú enseñas a aplicarlas.

 

IV

Como en la Cruz, además,

Jesús por Madre nos daba

este santo privilegio,

a ti, Madre buena y guapa,

nos lleva a todos tus hijos

para estar bajo tu guarda.

 

José María López Ferrera 

 

 

La Ruta Mariana se consolida: recorre cinco santuarios y recibe 12 millones de visitantes

La basílica del Pilar es el más visitado, seguido del de Lourdes. Montserrat ha experimentado un crecimiento continuo

La Asociación para la Promoción de la Ruta Mariana la constituyeron en 2010 el Pilar, Torreciudad, Lourdes y Montserrat; Meritxell se incorporó en 2014. Es una experiencia positiva de promoción conjunta.

Nueva Web de la ruta mariana.

07/12/2017 01:00

ReligionConfidencial

“Es una experiencia positiva la promoción conjunta de los santuarios, y vamos a seguir dando pasos, como ahora lograr una web más moderna, mucho más visual y atractiva”, han expresado fuentes de la asociación a Religión Confidencial.

La nueva web, accesible bajo la misma dirección resulta más fácil de navegar, con accesos más simplificados a los contenidos, con pestañas más claras e intuitivas.

Desde la asociación señalan que “esta nueva herramienta supone un paso importante para la Ruta Mariana y su consolidación como gran ruta de fe y cultura, pues la comunicación es clave para dar a conocer los santuarios y sus entornos”.

“La actualización de contenidos y el acercamiento de una información clara y concreta es, también, un objetivo de la nueva web”, señalan a este digital.

El contenido está disponible en castellano, inglés, francés e italiano, ya que “la internacionalización del proyecto es fundamental para los santuarios

Una de las novedades es la creación de una nueva sección llamada “Etapas de la Ruta Mariana”, para particulares y agencias de viajes, que pueden planificar el recorrido con posibles etapas, a modo de una guía de viaje.

Más de 12 millones de visitantes al año

Más de 12 millones de peregrinos o turistas visitan  anualmente estos 5 santuarios. La basílica del Pilar es la más visitada, con entre 5 y 7 millones de visitantes, incluyendo los zaragozanos que acuden con frecuencia, y que, por ese motivo, es difícil cuantificar con mayor precisión. Es el monumento más visitado de España.

Lourdes es el segundo más visitado, con 5 millones. Durante la crisis económica, ha notado la disminución de peregrinos, sobre todo de España e Italia.

Montserrat ha experimentado un crecimiento continuo, y recibe 2,3 millones de visitantes. Más de 200.000 personas cada año visitas Torreciudad, en Huesca, y unas 40.000 el santuario andorrano de Meritxell.

Primera agencia de turismo religioso

Por otra parte, Halcón Peregrinaciones, la marca dentro de Halcón Viajes especializada en turismo religioso, acaba de abrir su primera agencia, la primera en España, dedicada a viajes a destinos de culto.

Tras más de 12 años de experiencia llevando a peregrinos de todo el mundo a lugares sagrados, Halcón Peregrinaciones emprende un nuevo camino abriendo su primera oficina.

La bendición de la agencia, sita en la calle López de Hoyos 344, Madrid, corrió a cargo de D. Celso Morga Iruzubieta, Arzobispo de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz.

El programa de Halcón Peregrinaciones 2018 incluye lugares nuevos de peregrinación como Líbano además de aquellos más demandados como Tierra Santa, Italia en su ruta Franciscana, Polonia: tras las huellas de San Juan Pablo II, Argentina o Santuarios Marianos de España (Torreciudad, Lourdes, Zaragoza, Montserrat, Guadalupe…), entre otros.

“La creciente demanda de este tipo de viajes y el hecho de haber conseguido triplicar las ventas con respecto al año anterior, - 10.000 peregrinos viajaron en 2016 con Halcón Peregrinaciones- , han sido algunos de los factores clave que han hecho que nos hayamos decidido a abrir nuestra primera oficina especializada” comenta Noelia Ávila, directora de la Halcón Peregrinaciones.

“El cliente contacta con nosotros con la intención de buscar el que, sin duda, será el viaje de su vida y nosotros, conscientes de ello, le ofrecemos el mejor viaje personalizado”, afirma.

América Latina

El nuevo reto de Halcón Peregrinaciones radica en su expansión por América Latina. Este proyecto comenzará a desarrollarse próximamente gracias a la red de destinos que Air Europa, aerolínea perteneciente también al Grupo Globalia, dispone en el continente americano y que ha ampliado tras la llegada del B787 Dreamliner.

Este plan de expansión cuenta también con la colaboración de la Orden Franciscana que pretende facilitar el traslado de peregrinos desde Sudamérica a Tierra Santa, Roma y otros lugares santos en España

 

“El ambiente político se caldea”

Bandera de México © Pinterest

+ Felipe Arizmendi Esquivel Administrador Apostólico de San Cristóbal de Las Casas

VER

En la medida en que avanzamos hacia las elecciones federales, estatales y municipales del 1 de julio de 2018, se van aclarando los panoramas, se van definiendo las candidaturas, se consolidan las alianzas, se presentan varias alternativas. Sin embargo, muchos ciudadanos se sienten desconcertados, porque no saben por quién inclinarse. Nos abruman y nos saturan con tal cantidad de anuncios partidistas, que llegan a causar repulsión, rechazo, fastidio, cansancio y desconfianza. Pareciera que la verdad y el bien dependen de la astucia para difundir propaganda a favor de determinada opción, y no tanto de las propuestas, o de la calidad de las personas. Y lo peor: es la fuerza del dinero la que se impone. Quien tiene más recursos económicos, puede pagar más espacios publicitarios en los medios comunes y en las redes sociales. Hay quienes fincan sus esperanzas de triunfo en regalar dinero a los pueblos pobres, que no fácilmente vencen la tentación de apoyar a quien les obsequia más cosas, o les promete lo que es difícil cumplir. Hasta la fecha, tenemos problemas en varias partes, porque los ciudadanos no han recibido lo que, en campañas pasadas, les prometieron. Y aún más lamentable es que hay quienes aspiran a un puesto público y se cuelgan del que parece que va a ganar. No lo hacen por opción de servicio, ni por convicción partidista, sino por asegurar un sueldo en el sexenio venidero. Esto es degradar la política a una inversión económica.

En un mensaje que recibí en un programa de radio, alguien me dijo: “Aquí en USA, nos dijeron que si votábamos por Hillary Clinton, la cual apoya el aborto y quería dar dinero de nuestros impuestos para tales asesinatos, seríamos cómplices del pecado. Usted puede hacer lo mismo: abrir los ojos con los candidatos que hay en estos momentos en México”. Le respondí que yo ni puedo ni quiero hacer campaña a favor o en contra de candidatos o partidos. Es la ciudadanía la que debe madurar y discernir, para saber qué persona es la más digna de crédito, tanto por sus propuestas, como sobre todo por su personalidad, su experiencia, su honradez y coherencia, sus criterios y comportamientos, su capacidad de integrar y crear puentes de colaboración. A nosotros, como pastores de la comunidad creyente, nos toca ofrecer algunos principios orientadores, pero nunca casarnos con una opción partidista, pues los partidos, como lo dice su nombre, parten, dividen, confrontan; y la Iglesia convoca a la unidad, que no es uniformidad; a la armonía, no al pleito y las divisiones; al respeto mutuo, no a las ofensas y descalificaciones; al amor a los pobres, no a usar el poder para oprimir y excluir. Son los principios del Evangelio. 

PENSAR

El Papa Francisco, hablando sobre algunos principios para el futuro de Europa, dijo algo que viene muy bien para los momentos que estamos viviendo en el país:

“Favorecer el diálogo -cualquier diálogo- es una responsabilidad fundamental de la política; pero, lamentablemente, se nota demasiado a menudo cómo ésta se transforma más bien en un lugar de choque entre fuerzas opuestas. Los gritos de las reivindicaciones sustituyen a la voz del diálogo. Desde varios lugares se tiene la sensación de que el bien común ya no es el objetivo primario a perseguir, y ese desinterés lo perciben muchos ciudadanos. Encuentran así terreno fértil en muchos países las formaciones extremistas y populistas, que hacen de la protesta el corazón de su mensaje político, sin ofrecer un proyecto político como alternativa constructiva. El diálogo viene sustituido por una contraposición estéril, que puede también poner en peligro la convivencia civil, o por una hegemonía del poder político que enjaula e impide una verdadera vida democrática. En un caso se destruyen puentes, y en el otro se construyen muros.

Los cristianos están llamados a favorecer el diálogo político, especialmente allí donde está amenazado y prevalece el enfrentamiento. Los cristianos están llamados a dar nueva dignidad a la política, entendida como máximo servicio al bien común y no como una ocupación de poder. Esto requiere también una adecuada formación, porque la política no es el arte de la improvisación, sino una alta expresión de abnegación y entrega personal en beneficio de la comunidad. Ser líder exige estudio, preparación y experiencia” (18-X-2017).

 ACTUAR

Analicemos opciones partidistas, pero que nadie se deje comprar por el dinero, por los regalos, por las promesas, por la publicidad. Sepamos discernir y decidir pensando en el bien del pueblo, sobre todo de los pobres y excluidos. Importa el país, no el interés egoísta.

 

 

Santa María, el atajo que lleva a Dios

Escrito por Javier Echevarría

Publicado: 05 Diciembre 2017

Un “retrato mariano” de san Josemaría, publicado por don Javier Echevarría en 1978

Este artículo, con el título “El amor a María Santísima en las enseñanzas de Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer”, fue publicado en Palabra, num. 156-157, (1978), pp. 341-345, y en la colección de “Folletos MC”, n. 19, Madrid 1978. Cuando el autor escribe “el Padre”, se refiere a san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, que había fallecido tres años antes. Por fidelidad al original, se han mantenido así esas referencias.

Necesariamente, por la brevedad del espacio, he de conformarme con esbozar el tema. Confío en que Nuestra Señora, a quien tan apasionadamente amó Mons. Escrivá de Balaguer, y en que este sacerdote de Dios, a quien con tanto desvelo cuidó Santa María, despierten en el alma de todos ansias más ardientes de llevar en lo sucesivo una vida más mariana.

La eficacia de un alma fiel

En estos días pasados, leía una vez más aquellas palabras del Apóstol a los de Corinto: conozco un hombre que cree en Jesucristo[1], y con rapidez inmediata mi pensamiento ha volado a la figura del Fundador del Opus Dei. Me ha parecido, además de lógica, una reacción natural, que no he querido atenuar y que he agradecido al Señor.

Me he acordado entonces de aquel consejo que, para adentrarnos en los caminos que conducen hasta el Señor, con tanta frecuencia nos repetía, porque deseaba que conociéramos siempre más íntimamente a nuestro Dios. Le gustaba que los cristianos, los hijos de Dios, aprendiéramos a participar muy directamente en las escenas evangélicas, fijándonos detenidamente en el Maestro, de una parte, para asimilar a fondo sus enseñanzas; y de otra, contemplando las reacciones de aquellos que eran amigos del Dios hecho Hombre o simples espectadores, para tratarle con aquel afecto que arrancaba los derroches de la misericordia divina.

Le gustaba que los cristianos, los hijos de Dios,
aprendiéramos a participar muy directamente
en las escenas evangélicas

Y me ha venido también a la cabeza, en una concatenación de ideas, aquel interés del Padre, tan intenso, por imaginarse cómo sería la mirada del Señor, cómo sonaría el tono de su voz, qué franca y contagiosa se abriría su sonrisa, qué amables se plasmarían los gestos de su rostro... Por eso, he considerado que, con la buena lógica de ese mismo consejo, un atajo claro, para llegar a Dios, se nos dibuja con la conducta de este sacerdote tan amigo del Creador, tan íntimo del Salvador. Y me atrevo a sugerir que meditar con profundidad su vida, que sólo sabe de Dios, nos acercará a pasos agigantados a la vida de la gracia.

No pretendo hacer afirmaciones generales, como si por mi condición filial hubiera de dejar escrito que el Padre supo coronar acabadamente bien su tarea. No le hacen falta panegíricos de ningún estilo, porque ya goza íntimamente de Dios y ese tesoro es lo que buscaba. Y tampoco los que somos sus hijos, apoyados en sonidos huecos, podríamos continuar en la tierra la Obra que nuestro Fundador comenzó: la Trinidad Beatísima y la humanidad entera esperan, como sucedió en el camino del Padre, afirmaciones hechas realidad, con fe, con esperanza, con caridad, con piedad, con doctrina; afirmaciones hechas realidad en las circunstancias cotidianas, en las propias del hombre corriente, de la mujer de hoy. Se equivocaría quien viera en estas consideraciones una postura presuntuosa, porque de todos esperan el Cielo y la tierra una conducta coherente a su misión personal.

De poco serviría también que me limitara a decir, en estos párrafos, que el Padre recorrió con paso divino su peregrinación terrena. Si aquí abajo no apeteció glorias humanas, más le sobran −y no es repetición− allá en el Cielo elogios que ya nada añaden a su cercanía, tan próxima, a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, en unión con la Virgen Santísima, con San José y con toda la corte celestial. Sí, el Padre gastó heroicamente sus jornadas, una a una, minuto a minuto, luchando, peleando tenazmente, también contra sí mismo, es decir, amando sin cansancio la amabilísima y justísima Voluntad de Dios para su existencia concreta, aunque en ocasiones el cuerpo se rindiera o se doblara por la fatiga.

He deseado creer como creía el Padre, esperar como
esperaba el Padre, amar como amaba el Padre

Durante los años en los que, por bondad del Señor, pude convivir con el Padre, al contemplar sus respuestas tan enterizamente cristianas ante las situaciones más dispares en las que el Señor le ponía, con frecuencia he deseado −para las almas todas y para mí− creer como creía el Padre, esperar como esperaba el Padre, amar como amaba el Padre. Y esta petición continúa siendo válida, ahora con nuevos acentos, porque su conducta se ha convertido en ejemplo seguro, y porque su celo sacerdotal −su sacerdocio eterno− se ha vuelto caudal abundantísimo de gracias. Continúa siendo válida, quizá con una pequeña modificación: que amemos como ama actualmente el Padre, para que sepamos creer y esperar en Dios, suceda lo que suceda, sin desalientos ni cobardías.

Realmente, este ruego no es más que un eco del clamor que, en los cinco Continentes, se alza al Cielo, entonado por personas de todos los ambientes, que se acogen a la intercesión de este sacerdote al que consideran santo.

Con fidelidad mariana

Muy alta fue la mira que el Padre se impuso: llegar aquí a una intimidad estrecha con el Señor, en medio de los quehaceres habituales, para gozarle después eternamente. Y, en su esfuerzo de santificación cotidiana, destaca con relieve un rasgo que viene a ser como la pauta, como la regla de oro de su caminar: su devoción a María Santísima.

Así discurrió siempre el modo de actuar del Padre: enseñar,
haciendo; y enseñar, cogido fuertemente
de la mano de Santa María

Tengo encuadrado el arco de vida del Padre que yo conocí, entre dos sucesos marcados por su contenido mariano. La misma tarde que le saludé como hijo suyo, pude acompañarle hasta un centro de retiros espirituales −Molinoviejo−, en fase de primera construcción; ocurría esto en noviembre de 1948. Aparte de otros muchos detalles, en los que se palpaba la dimensión sobrenatural con que siempre se movía, nos llamó poderosamente la atención que, al entrar en el oratorio −ocupado entonces por pintores, otros socios del Opus Dei−, se dirigió como más aprisa hacia el presbiterio, para mirar con un saludo a la imagen de Nuestra Madre, recién pintada en el retablo. A continuación, mientras hacía sugerencias a los artistas, alababa su trabajo, y nos animaba a soñar con los miles de almas que allí se encontrarían con Dios..., se acercó a la sillería y, con el tono de quien lanza el piropo más limpio y más sentido, fue leyendo las distintas alabanzas que a Nuestra Señora se le dedican, grabadas con adornos en los respaldos de los asientos corridos. Sin percatarnos cómo, pienso que cada uno de los presentes se iba uniendo interiormente a aquel diálogo encendido, entre el hijo agradecido y la Madre más generosa. Así discurrió siempre el modo de actuar del Padre: enseñar, haciendo; y enseñar, cogido fuertemente de la mano de Santa María.

La última vez que le vi en vida, pocos segundos antes de dejarnos en la mañana del 26 de junio de 1975, puso con ternura su mirada en la imagen de la Virgen de Guadalupe, ¡en Ella!, que ya le esperaba impaciente, para acompañarle en el paso que separa la tierra del Cielo: de la mano de Nuestra Señora entró el Padre en la morada eterna, para recibir de Dios ese abrazo interminable que con tanto ardor deseó desde su adolescencia. Santa María se ocupó de hacerle realidad, a partir de entonces con nuevas y definitivas características, la jaculatoria que, para descubrir la Voluntad divina, se compuso el Fundador del Opus Dei: Domina, ut videam! Desde ese mediodía romano, Nuestra Madre abrió la mirada, para siempre, a quien tan incansablemente esperó ver el rostro de Dios.

El atajo que lleva a Dios

Con la seguridad más absoluta de que el itinerario mariano del Padre encierra una intensidad de vida, extraordinariamente superior a lo que pueda imaginarme con la más ¡limitada fantasía, sólo con lo que he presenciado, y contando para mí como principio aquel viaje por Castilla, he comprobado que se cumplía a la letra aquella aseveración que escribió: «el principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima»[2].

En más de una ocasión, al hablarnos de la Providencia de Dios, hemos escuchado del Padre una consideración muy fascinante; le gustaba saborear que todo lo divino, cuando se refiere directamente a las criaturas, se hace muy humano. Y se fijaba en que, siendo enteramente sobrenatural el amor de Santa María para Nuestro Señor, no cabía imaginarse un amor más humano que el que Ella albergó en su corazón. María, al participar en el misterio de la Encarnación por aquel fiat!, que se prolongó a lo largo de su estancia en la tierra, dedica a Dios su cuerpo, sus sentidos y potencias, todo su ser. Y la segunda Persona de la Trinidad se encarna, valiéndose de la respuesta sobrenatural y humana de la Virgen, también para damos a entender que, cuanto más sobrenaturales seamos, más capacidad tendremos de acercarnos a todas las criaturas.

La Virgen, Madre del Señor y Madre nuestra,
comentaba de modo gráfico, es el atajo para llegar a Dios

Ante el panorama inmenso que nos ha abierto la fidelidad de Santa María, el Padre rechazó la posibilidad de una vida desamorada, árida, esclava del pobre egoísmo inútil. Tampoco la deseó para los demás, y se afanó continuamente con el fin de contagiarles su inagotable descubrimiento de felicidad y de amor, encaminándoles por la senda de la alegría de vivir, pero de un vivir en cristiano, en gracia de Dios. De esta ambición apostólica brotaba su empeño por enseñar a cuantos le rodeaban el sendero seguro, siempre practicable, para ir y volver al Señor: el trato con María. La Virgen, Madre del Señor y Madre nuestra, comentaba de modo gráfico, es el atajo para llegar a Dios.

En cada jornada

Con qué ilusión diaria recorría el Padre personalmente ese trayecto. Apenas comenzaba su mañana, después de un serviam! rendido a la Trinidad, le hemos visto coger cuidadosamente una imagen de la Virgen, que tenía junto a la cabecera de su cama, y en sus manos −con un beso de devoción− daba ya su primer paso, se podía decir que coincidía con su primer paso físico, porque luego se adelantaba para dejar en su sitio la imagen. A continuación, en cauce sereno, recordando oraciones aprendidas de sus padres, renovaba para aquel día el ofrecimiento de todo su ser y de todo su quehacer, aceptando lo que el Señor dispusiera.

¿Cómo era su devoción a la Virgen, expresada sin interrupción, contando con Ella para todo ya desde el punto de la mañana? Tierna y recia, honda y sincera, alegre y serena, entusiasmada y piadosa, cada vez con más renovado amor de enamorado apasionado. No era posible oírle hablar de la Madre de Dios sin quedarse removidos o, al menos, convencidos de que la amaba con locura. En sus palabras se unían una piedad filial, que desarmaba toda resistencia, y una sabiduría teológica, que atraía por la fuerza convincente de su luz.

La conducta del Padre fue siempre humana, entrañablemente humana, porque todas sus acciones brotaban de una superabundancia de unión con Dios, al amparo de Santa María. Había calado hasta su raíz más profunda que la Virgen Santísima, «la obra maestra de Dios»[3], es la criatura que más ha tratado a la Trinidad, con un trato que dispuso su corazón para ser Madre de toda la humanidad, y para ocuparse de cada uno como, si sólo cada uno de nosotros existiera para Ella. Muy grabado tuvo el Padre en su alma y en su inteligencia que, para reaccionar con el debido sentido cristiano, en esta tierra no cabe encontrar mejor Maestra que María, ni nadie más dispuesto a enseñarnos que Ella, y aprovechó al máximo las lecciones de tan segura escuela.

No era posible oírle hablar de la Madre de Dios
sin quedarse removidos o, al menos,
convencidos de que la amaba con locura

Transmitía luego este razonamiento a los demás con la fuerza de su propia conducta, es decir, aconsejaba este itinerario mariano a todos −a sus hijas, a sus hijos, a cuantos se le acercaban− con la convicción de quien lo tiene bien experimentado. Para llegar a formar en nosotros ese alter Christus, el ipse Christus, que cada uno ha de ser, solía el Padre, en su trabajo, en sus traslados de un lugar a otro, en sus oraciones vocales, en su conversación habitual..., siempre, buscar el recurso mariano −quizá con una mirada a una imagen−, y pensaba cómo se comportaría Ella en esa ocupación concreta: «hazlo», nos ha repetido con incansable machaconería, «y comprobarás que con la Virgen hasta lo difícil se vuelve fácil, y lo que parece monótono adquiere un relieve distinto y atractivo». Tenía en la mesa donde trabajaba una tabla pequeña con una Dolorosa. No se recataba en besarla piadosamente muchas veces, también cuando el peso de la fatiga se hacía sentir, y luego recogía de nuevo su atención sobre los papeles, que salían de sus manos con la seguridad de que Ella había presidido su estudio y de que el Señor había dirigido su decisión.

Predicaba con la palabra y con los hechos −más con los hechos que con la palabra, y eso que habló siempre y mucho de Dios−, lo que escribió tiempo atrás: «Me gusta volver con la imaginación a aquellos años en los que Jesús permaneció junto a su Madre, que abarcan casi toda la vida de Nuestro Señor en este mundo. (...). Con cuánta ternura y con cuánta delicadeza María y el Santo Patriarca se preocuparían de Jesús (...). Por eso la Madre −y, después de Ella, José− conoce como nadie los sentimientos del Corazón de Cristo, y los dos son el camino mejor, afirmaría que el único, para llegar al Salvador»[4]

María nos atiende y nos entiende

Muy difícil de describir resulta, para dar una idea exacta, la seguridad con que el Fundador del Opus Dei se abandonaba en Santa María. Aquella oración confiada, que le dejó enteramente inmóvil ante la Guadalupana, hincado de rodillas durante largo espacio de tiempo, no es más que una pincelada. Y cuando después le preguntaban sus impresiones sobre el Nuevo Continente, contestaba en seguida, sin vacilar un momento, que había cruzado el charco sólo por ver a Ella, y para aprender de las gentes que allí la veneraban.

Nada mueve tanto a las criaturas a amar −así
nos ha creado el Señor, con este orden−
como la certeza de saberse amadas

No me cabe la menor duda de que esa confianza, con que el Padre invocó perseverantemente a la Virgen, brotaba de la persuasión más absoluta de que su vida entera interesaba a María, y nada mueve tanto a las criaturas a amar −así nos ha creado el Señor, con este orden− como la certeza de saberse amadas.

María, que en su limitación humana ha abarcado con su amor a la Trinidad, es una Madre que vuelca su cariño en nosotros. Por eso el Padre gozaba repasando, meditando, cantando y predicando las características de ese amor maternal: que no tiene en cuenta nuestros desafectos, en cuanto acudimos a Ella; que perdona por adelantado; que no nos considera egoístas, aun cuando la busquemos sobre todo en las dificultades; que nos entrega a su Hijo, para que nos acerquemos de una vez a la verdadera felicidad.

Nunca se borrará de nuestra memoria la expresión tan encendida del rostro del Padre, cuando un amigo quiso conocer cómo se veneraba a la Virgen en el Opus Dei. Se volvió a los que le acompañábamos, y nos preguntó: «¿Cuántas imágenes de Nuestra Madre hemos puesto por el mundo?» No nos dio tiempo a responder, porque se contestó el mismo Padre. Pero más que el número −muy grande, desde luego−, era importante y representativo el júbilo de su alma que le subió a la faz, pensando que tantos hijos de María Santísima, en los más distintos países, la invocaban como Madre, con la persuasión y la prueba de ser escuchados.

Se fió de Ella con entera confianza, creyó
y se abandonó a su protección como creen y se
abandonan los niños en brazos de su madre

Que la Virgen Santísima nos oye, es una realidad que Mons. Escrivá de Balaguer exponía con todo el vigor de su fe operativa: porque desde que era muy pequeño −y luego, durante todos sus años−, se fió de Ella con entera confianza, creyó y se abandonó a su protección como creen y se abandonan los niños en brazos de su madre, y la Virgen siempre llenó su corazón saturándolo con creces, como sólo Ella sabe dar.

A lo largo de su ministerio sacerdotal, las enseñanzas del Padre sobre la Madre de Dios reflejaban una sabiduría, fruto de su contemplación rebosante de piedad y producto de un amor sin cortapisas. Es verdad que se necesita un conocimiento previo para poder amar, y que ese conocimiento despierta el amor; pero, después, la verdadera sabiduría, la que llega a profundidades insospechadas, nace del querer intenso y extenso de la voluntad, que busca más, que indaga más y en toda circunstancia, para amar decididamente siempre y a toda hora.

Viene ahora a mi memoria el día de la proclamación, del Dogma de la Asunción: ¡con qué fervor esperó el Padre ese reconocimiento solemne! En Roma, lejos materialmente del bullicio de la plaza de San Pedro, muy recogido en oración, oyó con suma piedad y atención, meditó y agradeció las palabras del Papa mientras promulgaba la nueva Verdad de fe. Con la alegría de saber que Ella está en Cuerpo y Alma en los Cielos, se hacía aún más honda en su mente la convicción de que María no es una criatura excelsa que ya pasó, ni tampoco una figura histórica que nos ha dejado una estela luminosa o un recuerdo magnífico: la Virgen vive, con su Cuerpo y con su Alma, y con todas aquellas delicadezas −auténticas virtudes− que cultivó para cuidar al Dios encarnado; con aquella participación total −siempre actual− en la Redención que nos salva; con el poder sobre Cielos y tierra que le fue concedido por Dios. Con todo este bagaje de riqueza infinita Ella se ocupa ahora de nosotros. Todos los privilegios de María enamoraban al Padre, y le colmó de más gozo esa definición pontificia de la Asunción a los Cielos, porque siempre consideró y trató a la Virgen como a una Madre llena de vida y de amor, de la Vida y del Amor de Dios que nunca perecen.

En la conducta del Padre, la certeza de que María nos atiende era una constante afirmación, que se manifestaba como algo connatural. Por la confianza y por la espontaneidad con que le hablaba, se veía −entraba por los ojos− que existía un diálogo permanente; y a los que estábamos a su alrededor acababa por parecernos lógico el recurso inmediato del Padre a la Virgen, y consecuente la paz inalterable que guardaba en su comportamiento. A diario le hemos escuchado el rezo de muchas Avemarías, que de sus labios sonaban muy distintas: el énfasis familiar y pausado con que pronunciaba cada frase, y concretamente el ahora, nos traía a la mente la demostración palpable de que aquellas palabras eran la prolongación, en voz alta, de una conversación que nunca cesaba.

Pienso también que, cuando nos invitó a recordar, en tierra mejicana, el primer encuentro consciente con nuestra Madre del Cielo, aclarándonos que tenía perfectamente claro en la cabeza aquel instante de su infancia, se produjo una doble reacción en quienes le oíamos: de sorpresa, y de completo entendimiento. De sorpresa, porque ampliábamos el conocimiento de esa intimidad envidiable, que tanto bien nos causaba en el alma; de ninguna extrañeza, porque estábamos acostumbrados a meditar que el comienzo de un verdadero amor no se puede olvidar. Muy confiada debió ser ya esa primera petición del Padre, y su invitación no buscaba más que provocar en nosotros una confianza mayor en Santa María.

La verdadera paz en esta tierra

El Fundador del Opus Dei gastó su vida entera en mover las almas al amor de Dios. Desde muy joven, conocía los ardientes incendios que el cariño y la devoción a Nuestra Señora habían provocado en su corazón y en el de otros muchos. Por eso, con machaconería siempre nueva y con completa seguridad, recomendaba una y otra vez aquel consejo que una mañana el Espíritu Santo le descubrió, cuando daba gracias después de haber recibido al Señor: para llegar a la locura del amor de Dios, lo mejor es comenzar por un confiado amor a Santa María.

Me imagino al Padre, en aquella acción de
gracias, urgido por sus ansias de amor, con
inquietud serena y alborozada

Me imagino al Padre, en aquella acción de gracias, urgido por sus ansias de amor, con inquietud serena y alborozada, porque las palabras, los gestos, todo lo de aquí abajo resulta insuficiente para mostrarse agradecidos al Dios que se nos entrega. Y, en medio de ese dolor de amor, a causa de la poquedad humana, percibiría la dulce ayuda de la Virgen Inmaculada, que se ocupaba de presentar a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, lo que las criaturas, aun queriendo, no somos capaces de expresar.

Seamos cuerdos −recobremos la cordura cristiana, si la hemos perdido−, y no nos cansemos vanamente, consumiendo nuestras fuerzas en una jadeante carrera para alcanzar tan sólo alegrías caducas, cuando se nos ofrece la intimidad con Dios, en medio de los quehaceres cotidianos, es decir, en medio de esas mismas ocupaciones que la Virgen santificó, porque era su hogar el propio de una familia corriente. Así, con esa decisión de imitarla, saborearemos con anticipación el Cielo en la tierra.

Si echamos una mirada al mundo, comprobaremos que la humanidad avanza en esta época, con cierta frecuencia, desasosegada, con un esfuerzo agotador, en pos de lo que vale poco y apenas dura, olvidando lo verdaderamente valioso. Nos conviene detenernos en un parón responsable, para remontarnos de las cosas de la tierra hasta el Amor que sacia sin saciar, como ha conseguido el Padre fijándose precisamente en Santa María.

No podemos olvidar que el Señor vino a la tierra para cumplir toda justicia[5]: para restaurar el orden que la criatura había despreciado y deshecho −y que se obstina aún en despreciar−; para llenar este mundo de un Amor que no tenía, y que se empeña en desconocer. Pero, sobre todo, no olvidemos que Él desea que sus hijos de todas las horas, los cristianos −nosotros−, continuemos alimentando en nuestro tiempo esa hoguera que cauterizó las heridas del universo.

María, escogida por gracia especialísima para traernos a ese Jesús instaurador del nuevo orden, aportó en su totalidad lo que estaba en sus manos: la humildad, virtud que facilita desde la raíz el cumplimiento eficaz de toda justicia. Fue tan grande el abajamiento de la Virgen que, además de secundar la Voluntad divina sin oponerse ni en un ápice tan siquiera, le ha valido la alabanza de las generaciones por los siglos de los siglos. Diariamente repasó el Padre esta lección soberana de María −que Ella vivió segundo a segundo−, y le causó un impacto imborrable, hasta escoger como norma el ocultarse y desaparecer, y así, a través de la vida del Padre, con el nuevo y viejo sabor del Evangelio, se prolongó a otra generación el fuego de inextinguible felicidad que Jesucristo, por María, comunicó a la tierra muerta y apagada.

Diariamente miraba el Padre a Santa María, y no
se cansó de insistir a sus hijas y a sus hijos, a todos
los que acudían a su consejo, en
que pusiésemos los ojos en Ella

Diariamente miraba el Padre a Santa María, y no se cansó de insistir a sus hijas y a sus hijos, a todos los que acudían a su consejo, en que pusiésemos los ojos en Ella, de modo que su presencia fuera constante y patente en nuestra jornada; porque con Ella, al poseer al Señor, infinita fuente de paz y de alegría, nos ocuparíamos de que sólo Dios se luciera y de que las almas −también la nuestra− se acercaran a esta paz, que el mundo no puede dar.

Con la audacia del amor

«Si en algo quiero que me imitéis, es en mi amor a la Señora». Fue ésta la única excepción en la que el Padre se ponía como ejemplo. Bastaba un poco de conversación con el Fundador del Opus Dei, para comprender que ese comentario nacía, como una consecuencia lógica, de su experiencia para meterse en Dios. Sin el amor divino, cuando no estamos con Dios, los hombres −todos, aunque tantos no quieran reconocerlo− nos encontramos desgarrados, inquietos, infelices y, solos, no sabemos salir del límite reducido de nuestra miseria: «Antes, solo, no podías... −Ahora, has acudido a la Señora, y, con Ella, ¡qué, fácil![6] Confía. −Vuelve. −Invoca a la Señora y serás fiel»[7].

Mons. Escrivá de Balaguer era muy agradecido, y nunca olvidó cuánto le debía a la Virgen. En el año 1970 (en México), mientras hacía una novena a Nuestra Madre de Guadalupe, pidiendo por la Iglesia Santa, por el Romano Pontífice, por la Jerarquía, por las almas todas, le ofreció dedicarle un mosaico de la imagen Guadalupana en el Santuario de Torreciudad, que se había de colocar en una capilla de los confesonarios. Tenía grandes sueños de amor, y estaba persuadido de que con la ayuda de la Virgen −«la Omnipotencia suplicante»− se alcanzaba todo. «Este es el propósito», le decía a Nuestra Madre: «un mosaico en Torreciudad, ¡un buen mosaico!, para que dure perenne a través de los siglos, con esa imagen tuya, ¡tan hermosa! Este mes de mayo, que vivimos ahora, resplandecerá siempre. Te ofrezco un futuro de amor, con muchas almas. Yo −que no soy nada, que solo no puedo nada− me atrevo a ofrecerte muchas almas, oleadas de almas, en todo el mundo y en todos los tiempos, decididas a entregarse a tu Hijo, y al servicio de los demás, para llevarlos a Él»[8]. El 28 de junio de 1977, Don Álvaro del Portillo, sucesor de Mons. Escrivá de Balaguer, acudía a Torreciudad para cumplir, con el mismo fervor mariano heredado del Padre, esta manda del Fundador del Opus Dei. Allí luce ya el mosaico de la Virgen de Guadalupe, en una de las capillas de confesonarios donde, a diario, la Señora multiplica los milagros invisibles que se operan en los penitentes.

Dios colma siempre estos sueños de amor agradecido,
que nuestra Madre presenta como realidad al Señor

Dios colma siempre estos sueños de amor agradecido, que nuestra Madre presenta como realidad al Señor. Como fruto del ejemplo y de las enseñanzas de Mons. Escrivá de Balaguer se elevan en el mundo −y aumentarán con progresión divina− millones de actos de amor a la Virgen, que sigue acercando a sus hijos a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo.

Yo me atrevo a sugerir al lector que pida a Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, que ponga en las almas de todos esos sueños de amor que llenaron el corazón de Mons. Escrivá de Balaguer; y añadiría aún: que esa petición sea más intensa cuando se refiera a los sacerdotes, para que sólo sepamos hablar de Dios, aleccionados constantemente por el ejemplo de María.

El próximo mes de octubre, dentro de poco, cumple el Opus Dei el 50º aniversario de su fundación. Han sido cincuenta años recorridos bajo la protección de la Santísima Virgen. Por eso, el modo con el que ha querido Don Álvaro del Portillo que se celebre este aniversario, ha consistido en pedir a todas sus hijas e hijos que lo vivan como un año mariano. Un año para agradecer a Nuestra Señora tanto amparo y tan continuo auxilio, que seguirá protegiendo la labor, porque a Ella se dirige −con la misma devoción de nuestro Fundador− la piedad de quien ahora gobierna la Obra.

Javier Echevarría fue Prelado del Opus Dei. Falleció el 12.XII.2016.

Fuente: opusdei.es.

 

[1] 2 Cor 12, 2.

[2] J. Escrivá de Balaguer, Santo Rosario, prólogo (Rialp, Madrid 1973), p. 12.

[3] J. Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios (Rialp, Madrid 1977), n. 292.

[4] Ibid., n. 281.

[5] Cfr. Mt 3, 15.

[6] J. Escrivá de Balaguer, Camino, n. 513.

[7] Ibid., n. 514.

[8] J. Escrivá de Balaguer, México, 1970.

 

 

Valor antropológico de la vida cristiana

Escrito por Pablo Cabellos Llorente

Publicado: 06 Diciembre 2017

Discrepar sin tratar de comprender no es cristiano, aunque después pueda sostenerse civilizadamente la divergencia

Voy a volver de nuevo al Conde Lucanor, obra bien conocida del Marqués de Santillana y muy preferida por Del Bosque, excelente preparador de la Selección Española de Fútbol. Se lee allí que la Verdad pactó con la Mentira para andar las dos a la par −con esa suerte de complejo arrastrado en ocasiones por la verdad− a condición de plantar un árbol nuevo y la Verdad se ocultara en las raíces mientras la mentira crecería en las ramitas. Se puede leer allí: Cuando las raíces desaparecieron (del árbol común pactado), estando la Mentira a la sombra de su árbol con todas las gentes que aprendían sus artimañas, se levantó viento y movió el árbol que, como no tenía raíces, muy fácilmente cayó derribado sobre la Mentira, a la que hirió y quebró muchos huesos, así como a sus acompañantes, que resultaron muertos o malheridos. Todos, pues, salieron muy mal librados.

La Verdad se metió bajo tierra para vivir, pues allí estaban las raíces, que ella había elegido, y la Mentira permaneció encima de la tierra, con los hombres y los demás seres vivos. Y como la Mentira es muy lisonjera, en poco tiempo se ganó la admiración de las gentes, pues su árbol comenzó a crecer y a echar grandes ramas y hojas que daban fresca sombra; también nacieron en el árbol flores muy hermosas, gratas y de muchos colores. Hasta que bamboleado el árbol por un recio vendaval, sólo quedaron raíces: La Verdad. Ni siquiera voy a aprovechar el relato para la alusión al valor antropológico de la vida cristiana como el único existente, pero advertiré desde el principio, para no sufrir la repulsa de Patronio, que sí me parece el más completo.

Inicialmente pienso en aquello que se suele conocer en obras de psicología, ética o moral cuando distinguen entre actos del hombre y actos humanos, siendo los primeros aquellos que efectivamente son ejecutados por el ser humano, pero sin el necesario conocimiento, deliberación y ejercicio de la voluntad y, por esta razón, actos no libres. Son verdaderos actos humanos aquellos que gozan de los citados ingredientes. Por lo mismo, y sin juzgar a nadie, no tengo en cuenta en lo que opino a continuación los que son puramente actos del hombre y no verdaderos actos humanos.

Lo primero que debo decir es que he parafraseado el título de estas líneas de algo escrito por Monseñor Ocáriz en una genial carta (sencilla, profunda, con lenguaje muy actual) fechada el pasado 14 de febrero. Allí se invita textualmente “a redescubrir con luces nuevas el valor antropológico y cristiano de los diferentes medios ascéticos” (los empleados para el lance cristiano, como el trabajo el cuidado de la familia, las prácticas de oraciones y vida sacramental…). Y es así porque la vida cristiana −si se me permite expresarlo de este modo− sería muy imperfecta si no tuviera en cuenta al hombre, tan necesario que las virtudes teologales que exige (fe, esperanza y caridad) serían una suerte de vestido elegante y transparente que deja ver los paños menores. El cristiano demanda antes al hombre.

Cristiano es sencillamente quien, habiendo recibido el Bautismo, se compromete en la identificación con Cristo. Y Jesús de Nazaret, además de ser el Hijo de Dios, se encarna, asume todo valor humano, es hombre verdadero y no un simulacro de ser humano. Seguir las huellas de Cristo en esta tierra postula mirarlo para aprender de su escondimiento humilde en la vida oculta, de su trabajo sencillo de artesano, de sus miradas y gestos, de la faena incesante −como la de carpintero− en su vida pública para curar almas y cuerpos, para fijarse en las necesidades de todos y cada uno, para buscar a los hombres como al pecador Zaqueo, a la samaritana, a la mujer adúltera o al ciego del camino de Jericó. Conmueve su llanto por el amigo muerto −Lázaro− o resucita embargado por la emoción al hijo de la viuda de Naím. No sobrevuela sobre ninguna cuestión humana. ¡Qué gran antropología la de Cristo!

Pero también deseo resaltar que todo hombre −a través de los actos humanos− o porque sigue un determinado pensamiento social, económico, cívico o político tiene una antropología respetable, que deberíamos estudiar, al menos en la causa por lo que conectamos con ella, o tal vez con lo no concordante, para estudiar la razón. Para dejarnos aconsejar o ayudar en una mejor compresión de unos modos de resolver aunque no sean los nuestros. Me atrevería a decir que discrepar sin tratar de comprender no es cristiano, aunque después pueda sostenerse civilizadamente la divergencia. No parecen útiles para nada las enmiendas a la totalidad, porque no hay totalidades intrínsecamente desechables.

Escribió la gran Teresa de Jesús: “Busquemos siempre mirar las virtudes y cosas buenas en los otros y cuando veamos sus defectos, mirarlos con la humildad de tener presente nuestros grandes pecados… y en la duda, es mejor tener a todos por mejores que nosotros…” ¡Gran pensamiento!, que cuesta esfuerzo vivir pero que sin duda, cuando menos, mejoraría nuestra convivencia, porque concertaría comprensión y respeto.

Pablo Cabellos Llorente, en lasprovincias.es.

 

La verdadera caridad

Existe una tendencia a mostrar la caridad casi exclusivamente como si fuera la virtud por la cual se busca sólo aliviar los sufrimientos del cuerpo. Parecen olvidar que Nuestro Señor enseñó que primero se debe a amar a Dios y, en segundo lugar, al prójimo como a uno mismo.¿Dónde está el equilibrio? 

San Francisco predicando a los pájaros

Así como el agua verdaderamente pura no nace en los valles sombríos sino que , saliendo de lo más profundo de las entrañas de la tierra, se eleva hasta las cumbres de los montes, de donde brota en arroyos cristalinos; así también la verdadera caridad no es el sentimiento que tiene su origen en las afecciones naturales, transitorias y caprichosas de los hombres entre sí, sino en el amor que, saliendo de lo más profundo del corazón humano, se eleva hasta Dios, y desde allá, como de una vertiente limpia y cristalina en lo alto de una montaña, desciende sobre todas las criaturas.

La primera caridad, por lo tanto, la caridad verdadera y exenta del lodo de los afectos humanos, es la que se eleva directamente a Dios.

Pero el amor de Dios bien entendido no se limita a una adoración inerte y exclusiva, sino que se refleja sobre los hombres, criaturas del propio Dios.

Son éstos los datos que nos proporciona la Fe. Y la observación directa de los hechos que nos cercan confirma claramente la Fe, ya que el verdadero amor al prójimo sólo se encuentra en las criaturas que tienen verdadero amor a Dios.

Nunca se ha visto a un ateo besar, en un delirio de amor, las llagas repelentes de un leproso, como hizo San Francisco de Asís.

Y nunca se consiguió mantener un hospital con enfermeras sin Fe, con el celo y la perfección continua con que lo hacen las Hermanas de la Caridad.

El Cristianismo muestra el inmenso deseo que tuvo Dios Nuestro Señor de salvar nuestras almas.

El verdadero amor al prójimo, por lo tanto, sólo puede ser entendido como un reflejo del amor de Dios.

Pero los hombres son animales racionales, dotados de un cuerpo material y mortal, y de un alma inmaterial e inmortal. La importancia del alma, evidentemente, es mucho mayor que la del cuerpo. El cuerpo sano nada es para un alma infeliz sino una prisión insoportable, cuyas cadenas son tantas veces quebrantadas por el suicidio.

Así, los males del alma, los pecados, las infelicidades de todo tipo, constituyen para el individuo un peso mucho más doloroso y mucho más terrible que todos los padecimientos físicos.

Efectivamente, cuando muere el cuerpo, desaparecen con él todas las enfermedades. El alma no muere y pagará sus pecados eternamente.

Por eso el Cristianismo muestra el inmenso deseo que tuvo Dios Nuestro Señor de salvar nuestras almas. No fue para salvar cuerpos que el Redentor vino al mundo y que un Dios se hizo inmolar en expiación de los pecados de sus criaturas. No fue para salvar los cuerpos que la Iglesia fue instituida, ni es para salvar cuerpos que los Sacramentos existen. Almas, almas y siempre almas, es lo que desea Jesús. Cuando curaba cuerpos, fue constantemente con el fin principal de salvar almas. Y, por el contrario, muchas veces envía grandes dolores físicos a algunas personas para atraerlas a la penitencia por medio del sufrimiento. Esto significa que El permite que los cuerpos se enfermen para que las almas se salven.

Por consiguiente, las verdaderas obras de caridad en la vida activa no son únicamente aquellas que se destinan al alivio de los sufrimientos físicos, sino, y de un modo especial, a curar las almas.

Si estas verdades hubiesen sido comprendidas, hace mucho tiempo que habríamos organizado una acción social católica en este sentido. Y nuestro País, en vez de debatirse en la más terrible crisis moral, daría al mundo un ejemplo de carácter, digno de nuestro pasado.

Pero los fondos destinados a las asociaciones piadosas han sido casi exclusivamente empleados por las almas caritativas en hospitales y en limosnas para los pobres: ciertamente una acción muy loable, pero menos noble y menos agradable a Dios que las que tienden a propagar el Reino de Cristo.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

"Asesinato en el Orient Express": precioso cóctel de elegancia y misterio

 

(JUAN JESÚS DE CÓZAR).- Debatir si un remake es o no necesario se ha convertido en un lugar común. La nueva versión de “Asesinato en el Orient Express” ha sido la última víctima de esta tendencia. Más que nada porque la película original dirigida por Sidney Lumet en 1974 fue un éxito de crítica y público, y recibió 6 nominaciones a los Oscar (finalmente solo ganaría una estatuilla: la de mejor actriz de reparto para Ingrid Bergman).

Pero si la historia es atractiva, el director solvente, el reparto estelar y se cuenta con un gran equipo técnico, las posibilidades de que la nueva adaptación sea un producto de calidad son muy altas. Quizá no se pueda afirmar que este “Asesinato en el Orient Express”, del norirlandés Kenneth Branagh, sea una gran película pero sí que contiene dosis de buen cine: brillante visualmente, perfectamente ambientada y con un cuidadísimo vestuario, es de esas cintas que –por decirlo así– educan el buen gusto. Y, frente a las voces agoreras de fracaso, resulta que el público ha respondido: más de 200 millones de dólares recaudados en todo mundo desde su reciente estreno.

Teniendo en mente el famoso secuestro del hijo de Charles Lindberg, Agatha Christi escribió “Asesinato en el Orient Express” en 1934, tiempo de entreguerras que aún conservaba ciertos lujos como el suntuoso tren que conectaba París con Estambul. En ese cerrado espacio en movimiento situó la novelista uno de sus míticos crímenes: un reto para ella misma y para su querido detective belga Hercule Poirot. Branagh, de la mano de su guionista Julian Green (Blade Runner 2049), también inicia su filme en 1934 con un ágil prólogo en Jerusalén concebido como presentación de Poirot: “Tengo la habilidad de ver la realidad como debería ser, no como es, así que cualquier imperfección destaca como una nariz prominente de perfil", dice de sí mismo.

Estamos ante uno de esos filmes que exigen contar poco del argumento, bien porque es de sobra conocido por quienes leyeron la novela o vieron la versión de Lumet, bien por evitar el peligro inminente de spoiler. Quizá basta con decir que Poirot, harto de resolver tropelías, decide tomarse un descanso y subir al Orient Express en Estambul camino de Europa “para ver arte”, explica. Pero el genial detective tendrá que lidiar con el asesinato de un pasajero; un caso tan difícil de resolver como de juzgar, y que hará tambalear su cristalizada racionalidad –tan alejada del dolor humano–, expresamente resumida al comienzo del film cuando declara que “existe el mal, existe el bien, no hay nada entre medias”.

Kenneth Brangh compone un Poirot que no elude la acción, irónico y mordaz, a veces shakesperiano y siempre ingenioso, que pasará a la historia del cine como ya lo hicieron Albert Finney o Peter Ustinov. Pero quizá uno de los principales reproches que se le pueden hacer a la película es precisamente la omnipresencia del actor-director, en detrimento de secundarios de la categoría de Judi Dench, Michelle Pfeiffer, Johnny Depp, Derek Jacobi, Penélope Cruz o Willen Dafoe, que no desmerecen pero cuyos personajes apenas están definidos. Branagh incluso ha compuesto la letra de una de las canciones de la cinta, con música de Patrick Doyle –autor de la banda sonora– y la voz de Michelle Pfeiffer.

Queda así un filme elegante, entretenido a pesar de ciertos momentos algo farragosos narrativamente, que intenta modernizar ligeramente el original y que deja en el aire un debate moral planteado con una intencionada ambigüedad. Pero Poirot no tiene tiempo para más disquisiciones porque otro caso le espera. ¿Quizá una “Muerte en el Nilo”?

 

 

 

 

5 Valores que debes enseñar a tus hijos en esta Navidad

Por LaFamilia.info - 04.12.2017

Foto: Freepik 

 

Hagamos que nuestros hijos vivan esta época como debe ser: una celebración de fe y de valores, de familia y de alegría. De esta manera les enseñamos el verdadero significado y evitamos que se convierta en una fecha “consumista” en la que sólo importan los regalos.

Por eso desde LaFamilia.info te proponemos estos cinco valores que les debes transmitir a tus hijos:

1. El valor de la Fe

Lo primero que debemos hacer es contextualizar a los hijos en la auténtica festividad. Debemos explicarles que celebramos con enorme alegría el nacimiento de Jesús, quien nació entre nosotros en un humilde establo acompañado de sus padres, la Santísima Virgen y San José, y junto a ellos, los pastores y animales que les brindaron compañía y calor. La elaboración del pesebre o Belén es una magnifica actividad para enseñarles a los hijos esta historia sagrada y el significado especial que cobra cada figura (ver aquí).

Hay que enfatizar que de este hecho es donde nace toda la felicidad característica de esta fiesta, es por ello que nos reunimos en familia para esperar la llegada del Niño Jesús y por eso es un gran acontecimiento que ansiamos durante todo el año.

2. El valor de la Generosidad

En Navidad damos regalos para expresar nuestro cariño y así como recibimos también debemos dar. Invitemos a nuestros hijos a buscar entre sus juguetes algunos que ya no usen para regalárselos a otros niños. También podemos compartir nuestro tiempo, nuestro cariño, nuestras sonrisas… Para ello podemos visitar un ancianato o algún hogar de niños y llevarles un poco de felicidad y compañía.

3. El valor de la Gratitud

Debido a que en Navidad se acostumbra regalar, también es importante agradecer. Es una estupenda ocasión para enseñar a los hijos a valorar los obsequios que reciben, no sólo de otras personas, sino también del Niño Jesús, por ejemplo: la familia, la salud, la educación, los alimentos, los amigos, etc.

4. El valor de la Austeridad

Hay veces que los niños reciben muchos regalos en Navidad y se hacen fiestas ostentosas, sin embargo, el Niño Jesús nació en la humildad de un pesebre, demostrándonos que la felicidad se hace posible en medio de la austeridad. Así que evitemos los excesos en estas fechas, no gastemos más de lo necesario en los aguinaldos, puesto que los mejores regalos que les podemos dar a los hijos no se compran en las tiendas! Nuestro amor, nuestro acompañamiento, nuestra entrega y nuestro tiempo valen más que cualquier juguete. (Leer también: Diez claves para educar en la austeridad).

5. El valor de la Familia

Navidad es una fiesta de familia; el Niño Jesús, San José y la Santísima Virgen son el mejor ejemplo de ello. De ahí que en este tiempo de Navidad nos preguntemos: ¿cómo está nuestro propio círculo familiar: vivimos en armonía, nos preocupamos por el otro, ayudamos a mantener el hogar en orden, toleramos a los demás en casa, nos dedicamos el tiempo necesario, nos escuchamos, nos apoyamos...?

Es la oportunidad para reflexionar sobre ese papel que cada quien tiene dentro del núcleo familiar y el lugar que le damos a nuestras realidades familiares, pues sin darnos cuenta, utilizamos mucho tiempo para otros asuntos y muy poco para aquellos con quienes compartimos nuestra vida y son los que le dan sentido a nuestra existencia.

La Navidad es un festín de valores, estos son sólo cinco de ellos pero puedes reforzar muchos más. Esperamos que estas ideas te sirvan y hagas de la Navidad un tiempo maravilloso que quedará en la memoria de tus hijos para siempre. 

 

 

 

Vivir juntos antes de casarse: ¿qué tanto conviene este “periodo de prueba

Por LaFamilia.info

La cohabitación antes del matrimonio se ha convertido en una opción aceptada entre los jóvenes, puesto que parten de la idea de que este tiempo les servirá para probar si la relación funciona o no. Pero las investigaciones muestran que en la mayoría de los casos, este “periodo de prueba” no da tan buenos resultados y pocas veces conduce al matrimonio.

 

Es un tema de disputa. Los que están a favor, afirman que la convivencia previa al matrimonio permite conocer a la otra persona y comprobar la compatibilidad de caracteres, sin embargo, las cifras revelan que son menos del 20% las parejas que llegan a casarse después de haber vivido juntos.

Los expertos destacan tres diferencias principales entre el matrimonio y la cohabitación, siendo el compromiso conyugal una elección más duradera y exitosa, superando con creces a la cohabitación:

1. El matrimonio es un compromiso; sólido y a largo plazo

La cohabitación es una forma de vivir el presente sin darle mayor importancia al futuro, lo que hace frágil a la relación debido a su poca proyección en el tiempo. Por lo mismo, ante las primeras dificultades, se tiende a concluir la relación pues no hay compromiso por el cual luchar. “Las parejas que viven juntos, toleran menos la insatisfacción y dejarán romper un matrimonio que podría haberse salvado”, dicen Popenoe y Whitehead autores de Should We Live Together? publicado por Aceprensa.

En el matrimonio en cambio, existe un motivo más fuerte y éste anima a los esposos a conservarlo a pesar de los momentos difíciles; es un vínculo con objetivos claros y ambiciosos.

2. Ella quiere “vivir juntos” para compartir el amor. Él quiere sexo sin compromiso

Se ha encontrado que la mayoría de las veces, son los varones los que proponen a sus parejas irse a vivir juntos y ellas terminan accediendo por dos motivos principales: el primero es por temor a perderlos, puesto que se impone como una decisión unilateral y ocurre cuando los hombres son reacios al matrimonio; y el segundo motivo por el cual las mujeres acceden a la convivencia, es porque piensan que de esta forma acercarán sutilmente a su novio al altar.

“Ella piensa que vivir juntos es un paso previo (intermedio) hacia el matrimonio, que es un paso más hacia el compromiso, la vida adulta. Él, en cambio, piensa que es `una manera conveniente y con poco riesgo´ de probar el producto. `Poco riesgo´ quiere decir `poco o nulo compromiso´, sensación de provisionalidad y salida fácil.” *ForumLibretas.

En estos casos, hay muy poca la probabilidad que la convivencia lleve a un matrimonio, pues cuando el varón definitivamente no quiere establecer un compromiso matrimonial, permanecerá en su posición y la mujer quedará esperando algo que nunca llegará.

Maria Marin, la reconocida coach, conferencista y autora, coincide con esta idea: “Un hombre que tiene inseguridades de compartir el resto de su vida con una mujer, no cambiará porque ahora comparten la misma dirección”.

3. En el matrimonio somos “nosotros”, no “tú y yo”

Linda Waite, de la Universidad de Chicago, descubrió que las parejas casadas no sólo han hecho un contrato a largo plazo que favorece la inversión emocional: “además, comparten recursos y son capaces de actuar como una pequeña compañía de seguros contra las incertidumbres de la vida.” *Aceprensa.

Aunque no es una regla general, en la cohabitación las parejas suelen ser independientes, incluso en los aprietos. Independencia que puede llamarse también individualismo y que presenta un interés especial por lo que atañe a sí mismo, excluyendo a la pareja. Este tipo de relación, es similar a dos barcas que navegan por un mismo mar, pero cuando una se hunde, la otra sigue su camino. Por consiguiente no hay un equipo y por ello no se comparte nada; “lo tuyo es tuyo, y lo mío es mío”.

Finalmente cabe aclarar que cada relación se desarrolla bajo condiciones particulares, pero lo que sí es irrefutable es que el matrimonio supone un verdadero compromiso, una promesa de amor y apoyo mutuo que provee el escenario óptimo para realizar una misión conjunta perdurable en el tiempo, la cual posee mayores probabilidades de afrontar las dificultades antes de romper la unión.

 

Un reportaje extraordinario

Miguel A Espino Perigault

espinomiguel21@gmail.com

En una época que se caracteriza por la frivolidad del periodismo y su  despreocupación por la verdad, la empresa informativa colombiana, de servicio internacional, NTN-24, ha dado un extraordinario ejemplo de buen periodismo, Se trata de un problema tan antiguo como la humanidad que, hoy día, se pretende calificar como un derecho humano, calificado como   “orientación sexual”,

En el programa  “Zoom a la noticia”, del   23 de noviembre, se denunció, con  nombres y  señas, una la serie de abusos sexuales contra niños escolares (pedofilia) de la ciudad de Guayaquil  y alrededores. El programa abrió los micrófonos a madres de familia que investigaron los abusos  que las autoridades educativas no atendieron  eficientemente.

El reportaje apunta a  conocer la verdad, en casos de la orientación sexual llamada   pedofilia, usualmente silenciada por la prensa, (a  menos que se trate de curas).

El  programa completo estuvo al servicio de  las madres de familia, quienes  reclamaban el derecho a expresarse; un derecho  que le negaban las autoridades educativas.  Los  pervertidos profesores  jugaban con los órganos sexuales de los niños y los hacían realizar aberrantes prácticas propias de  esa anormal orientación sexual sodomita. Así lo confesaron a sus madres los niños, una vez animados por las amorosas palabras de apoyo de ellas.  

Ninguno de los periódicos de la ciudad de  Quito registró el problema ese día. Y solamente uno de Guayaquil, lugar de los hechos,  presentó el escándalo,   Se trata del diario “Opinión”. Hacía honor a su lema: “Diario moderno y profesional”

 

 

Consumir carne de cordero y cabrito aporta ventajas nutricionales para el ser humano según la Universidad de Extremadura

 

Para un burgalés, concretando más de la Ribera del Duero, el cordero lechal de churro asado a la parrilla, utilizando como foco calorífico sarmientos de cepas tempranillo, y regado con un tinto joven, roble o crianza de Ribera es el mejor manjar que se le puede presentar una contratarde de primavera, verano y hasta de otoño. Por el contrario compruebas que, en los últimos años, la carne de cordero, ha sido identificada como poco saludable debido a su alto nivel de colesterol y su alta proporción de grasa saturada. Ante tales afirmaciones piensas que en esta sociedad alguna cosa no funciona de manera natural, pues al ser la carne asada en parrilla la grasa cae sobre las ascuas donde es consumida. Es por ello que la Organización interprofesional del ovino y caprino se ha propuesto cambiar dicha concepción y que el consumidor asocie este tipo de carne, la que, entre otros muchos, consumen los ribereños burlases, con el concepto salud.

Para ello ha contado con el trabajo del Servicio de Análisis e Innovación en Productos de Origen Animal (SIPA), perteneciente a la red de Servicios de Apoyo a la Investigación y Desarrollo Empresarial, SAIUEx, de la Universidad de Extremadura. En este sentido su director técnico Antonio Silva explica que “el estudio ha consistido en una evaluación nutricional de la carne de ovino y caprino, encargado por la Interprofesional del Ovino y Caprino (INTEROVIC), focalizada en las razas más representativas de la producción nacional de estos tipos de carnes”. Además, añade el investigador, esta necesidad de revalorización se fundamenta en la “mala prensa que clásicamente tiene la carne de estos animales y que estaba así manifestada en las tablas de composición de alimentos como BEDCA, (Base de Datos Española de Composición de Alimentos) en la cual se le atribuye una serie de características nutricionales negativas como un alto porcentaje de colesterol o un balance de ácidos grasos saturados y monoinsaturados decantado hacia el perfil de ácidos grasos saturados, y fundamentado en estudios muy antiguos, en la mayoría de los casos sin especificar el tipo de animal ni el corte comercial, por lo que era necesario un estudio de estas características, en el que se actualizase la información nutricional de estas carnes abarcando los cortes o piezas comerciales en las razas más representativas de la  producción nacional actual”.

Además, en este estudio no sólo participaba el SIPA mediante el estudio nutricional  de proteínas, grasas y perfil de ácidos grasos, colesterol, vitaminas hidrosolubles y liposolubles, sino que también ha estado involucrado el Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX), que a través del Dr. Fermín López se ha encargado de la toma de muestra y el trabajo de campo en los operadores reales de estos tipos carne, lo que permite que la información obtenida sea un fiel reflejo de la calidad nutricional de la producción nacional de la carne de ovino y caprino. En el diseño experimental planteado se abordaron cuatro piezas comerciales (paleta, costillar, costillar cocinado y pierna) en cabrito lechal, representado por la raza Murciana-Granadina; en cordero lechal, representado por las razas Castellana y Churra, y por último cordero recental o ligero, en el que se consideraron las razas Segureña, Manchega, Rasa Aragonesa y Merina, de tal forma que se cubrió la totalidad de representación de estos animales que hay en el mercado. Finalmente también participó la Universidad de Zaragoza, a la que Interovic encargó el estudio de los minerales.

Así, derivado del estudio se ha podido comprobar como el balance entre ácidos grasos saturados y monoinsaturados que presentan estas carnes está bastante equilibrado hoy en día, situación que tiene mucho que ver con las condiciones de alimentación actuales y el manejo de estos rumiantes, y que los niveles de colesterol obtenidos están entre un 4-15% más bajos que los indicados anteriormente en las tablas composicionales. Además gracias a ese trabajo se ha podido establecer, en el marco de las normativas vigentes, declaraciones nutricionales para estas carnes como Alto contenido de vitamina B6, vitamina B12, y Fuente de niacina, selenio, zinc y fósforo, niveles que como indica Antonio Silva, permiten en el marco normativo actual, generar las correspondientes declaraciones saludables.

El estudio por tanto presenta un doble objetivo: por un lado actualizar la base de datos (BEDCA) que tal y como explica el responsable del SIPA “el servicio formó parte activa del proceso de actualización interaccionando con los responsables de BEDCA para defender la calidad y solidez del estudio de cara a contar con entradas en la base de datos para las diferentes partes comerciales estudiadas del cabrito lechal y cordero lechal y recental, abarcando así todas la posibilidades que puede tener el gran público a la hora de consumir este tipo de producto” y, por otro, revalorizar la calidad nutricional de la carne de cordero y ovino.

El interés de Interovic en estos datos también reside, como comenta Antonio Silva “en presentarlos y ponerlos en conocimiento de la comunidad médica puesto que se pretende sentar las bases para pasar de la proscripción de la carne de cordero a la prescripción de la carne de cordero”.

Los ribereños esperamos que la proscripción pase pronto a la prescripción y que además de disfrutar comiendo unas buenas chuletas asadas no nos queden cargos de conciencia por atentar contra nuestra salud.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Compartir un destino de desarrollo y de paz

En estos momentos ya hay tres operaciones no armadas en África, activadas por el Estado Mayor europeo y se está preparando desde la Comisión la base legislativa para un futuro presupuesto militar europeo. Los desafíos que se presentan en un escenario internacional en constante cambio son muchos.

Las llamadas nuevas tecnologías requieren también de una formación y actualización permanentes en este ámbito y no sirve escudarse en viejos prejuicios ideológicos para no abordar una cuestión tan sensible. Existe la obligación moral de trabajar en pos de una mayor y mejor seguridad para todos. Trabajar de forma más coordinada para una mejor integración, que vaya más allá de la mera unión económica, es un sueño de los padres fundadores, un sueño valiente en cuyo horizonte siempre estuvo una Europa unida y concorde, una comunidad real de pueblos que desean compartir un destino de desarrollo y de paz.

Jesús Martínez Madrid

 

 

El voluntarismo jurídico

No sé si con los años la actual campaña de Hollywood parezca otra caza de brujas, como la anticomunista de los cincuenta, personificada en el senador Joseph McCarthy. Pero de momento es compatible con la "hipersexualización" de niñas, actrices muy jóvenes, heroínas de series al uso, vestidas y maquilladas como adultas en la promoción comercial de los productos. Frente a la justificación de los promotores de filmes y mercadotecnias, se yergue la reacción de una de las protagonistas: “No es agradable, cuando tienes trece años, ver a hombres desconocidos comentar sobre tu cuerpo, positiva o negativamente". Pero nunca falta un psicólogo que pontifica: “Todo depende de lo que la actriz decida por sí misma”.

Pero no todo vale en la cultura ni en la opinión pública, y menos aún en el derecho. No sé alemán, y no he podido leer la sentencia del Tribunal Constitucional de Karlsruhe. Pero la noticia difundida por la prensa causa perplejidad: habría instado al poder ejecutivo a permitir en el registro civil la inscripción de personas con un tercer género (ya sea como “intersexual” o “diverso”), además de “femenino” y “masculino”. Como corresponde a la cultura dominante, la decisión no se basa en razones de carácter natural, sino en la obligación de proteger los derechos de la personalidad. El voluntarismo jurídico de la modernidad hace cada día más difícil la convivencia pacífica.

Suso do Madrid

 

 

El ocaso de la Edad Moderna

Romano Guardini

Para Guardini la "deslealtad " característica de la Época Moderna está en considerar la religión cristiana como una simple "introducción" a los valores naturales

Por: Primo Siena

Silvano Panunzio, pensador metapolítico italiano, ha enseñado que existen Ciudades Tradicionales, como Roma y Jerusalén, y Ciudades Inspiradoras que propician un influjo positivo, directo y potente, sobre la circulación de las ideas. Entre las ciudades inspiradoras de Italia, Panunzio, ha indicado Florencia y Verona, ambas relacionadas con la odisea de Dante, y que se extienden "tra Feltro e Feltro" (entre fieltro y fieltro), según la profecía dantiana de la "gran restauración".

No fue sólo por azar, entonces, que Verona haya sido la ciudad que propició mi encuentro intelectual con Romano Guardini, nacido precisamente en la ciudad escalígera en el lejano 1885, pero luego abandonada a los cinco años de edad, cuando su padre – cónsul en Maguncia del recién proclamado Reino de Italia – se trasladó en Alemania, donde el joven Romano se educó y estudió alcanzando una merecida notoriedad intelectual como eminente pensador católico en la segunda mitad del siglo veinte.

En el año 1955, viviendo en Verona yo emprendía la publicación de la revista cultural Carattere que por más de un decenio fue la expresión de un pensamiento católico de orientación papiniana, en el ámbito intelectual de aquella singular derecha italiana que entonces abarcaba el espacio político del Partido Nacional Monárquico y del Movimiento Social Italiano.

Mi aproximación a la obra de Romano Guardini empezó entonces, cuando en aquel mismo año encontré casualmente en una librería veronese la traducción italiana de su ensayo Die Macht (El poder); libro en el que el autor –utilizando una muy personal aplicación del análisis fenomenológico en clave tradicional, enfrentaba el dramático problema del "poder a través de la historia", ofreciendo sugestivos elementos de reflexión sobre cual rostro nuevo – declinada para siempre la época moderna – debería asumir el hombre del mañana para conservar integra o recuperar su dignidad personal de hijo de Dios.

Empezó así mi afección cultural para con la obra de Romano Guardini, que sucesivamente influiría en mi formación intelectual y espiritual.

Romano Guardini, sacerdote católico

Desde el 1910, doctor en teología por la universidad de Friburgo, profesor titular en la universidad de Berlín desde 1923, separado de la cátedra por los nazis en 1939 - terminado el huracán bélico en 1945 - es integrado a la docencia universitaria con una cátedra de filosofía religiosa en Tubinga donde enseña hasta el 1948 cuando se traslada en la universidad de Munich, permaneciendo en ella hasta 1964, año de su jubilación. Es precisamente en el duro invierno postbélico de 1947 que Guardini inicia unas clases concluyéndolas el 1948 en Munich. El texto de aquel ciclo universitario es publicado en 1950 bajo el título "Das ende Der Neuzeit" (traducción española: "El ocaso de la Edad Moderna", ed. Guadarrama, Madrid 1958).

El libro, adelantando de treinta años la tesis del agotamiento de la modernidad, impacta a los círculos culturales de Occidente. En efecto aquel libro apareció, a muchos intelectuales, inactual desde el mismo título o, por lo menos, desconcertante en los años de un postguerra dominado por la ilusión de un "renacimiento" de la modernidad bajo el alero de una alianza entre la cultura ilustrada y el cristianismo que - superadas viejas rencillas - se habían asociado para anunciar el amanecer de un "mundo nuevo" liberado por completo de las perniciosas sugestiones del totalitarismo.

Despejando el optimismo ingenuo de aquellos que celebraban el asomarse de la razón, la cultura y la tolerancia entre los escombros morales y materiales dejados por la guerra, Romano Guardini amonestaba: "No se trata de un renacimiento, sino solo de una ilusoria reacción a los éxitos negativos de una modernidad que ha concluido sin remedio su ciclo. Por lo tanto es necesario analizar la época que termina para vislumbrar los tiempos postmodernos que la siguen y que todavía no tienen nombre".

Deslealtad de la época moderna

En la diagnosis que Guardini hace de la edad moderna, el totalitarismo pagano nazi, derrotado por la alianza entre las democracias occidentales y el comunismo estalinista, no aparece - como en la historiografía neoiluminista - una reacción a la modernidad, sino más bien como una consecuencia del proceso de secularización del mundo moderno que ha disuelto el vigor trascendente del cristianismo en un racionalismo radical, dejando en el hombre contemporáneo un deseo de espiritualidad que - después de la revolución francesa - el totalitarismo moderno vuelca en una ideología política elevada a secularización religiosa. El totalitarismo, que con el paganismo nazi incluye - según Guardini - también el ateísmo comunista, constituye pero solo un aspecto del proceso moderno de disolución de los valores del humanismo cristiano; disolución que crea las condiciones para encauzar las necesidades religiosas del hombre contemporáneo hacia las ideologías totalizantes. Este proceso se inició con el fin de la representación simbólica del mundo y del universo.

Hasta la Edad Media, el hombre - observa Guardini - ocupaba una posición central en la estructura limitada de un mundo en el cual la tierra era el planeta céntrico; pero los descubrimientos astronómicos posteriores han modificado la expresión cosmosmológica del Universo, donde la tierra ahora es uno de los tantos planetas del sistema solar. Por consiguiente, el desplazamiento de la tierra fuera de su anterior posición céntrica, ha provocado también el desplazamiento del hombre fuera de su centro constantemente iluminado por Dios.

Hoy en día, no siendo el hombre más considerado como el eje central de la creación, su mismo lugar existencial, junto al planeta Tierra, se ha desplazado en la inmensidad del cosmo infinito: lanzado hacia el umbral de una experiencia cósmica del infinito que tiene algo de extraordinario y de aterrador, al mismo tiempo.

En la Edad Media la naturaleza había sido considerada como "creación de Dios" y la Antigüedad como una forma de "revelación anticipada"; pero por la Época Moderna, la una y la otra se vuelcan en simples medios para separar la vida terrenal de la revelación divina, considerada ésta no real y aún más hostil a la vida misma.

¡Ahora bien!, aquí consiste -para Guardini- la "deslealtad " característica de la Época Moderna hacia el cristianismo: considerar la religión cristiana como una simple "introducción" a los valores naturales que cada hombre puede cultivar sin la necesidad de profesar su adhesión a la trascendencia divina, que es el elemento específico de la fe cristiana. Esa actitud moderna mutila al cristianismo de la revelación trascendente que alumbra toda la creación y el destino sobrenatural del ser humano.

Se cortan de este modo todas raíces cristianas a los proyectos humanistas de la sociedad moderna; por consiguiente esos mismos proyectos, vaciados de la fe cristiana, se esterilizan, pierden su vigor esencial y se reducen a simples utopías, proyectos sin contenidos.

El agotamiento irreversible de la modernidad

Adelantándose a la escuela de Francfort - que criticará a la modernidad por no haber sabido acabar con el proyecto sociocultural de los filósofos del iluminismo - Guardini describe a la modernidad no como un trastorno de la razón existencial y social, sino como un "desorden" de la imagen del mundo vaciado de la trascendencia cristiana; desorden que abarca la existencia del ser humano y causa el agotamiento irreversible de la modernidad misma.

Entre las causas del agotamiento de la Época Moderna, Guardini destaca que la cultura de la modernidad en sus variadas expresiones - ciencia, filosofía, pedagogía, sociología, literatura, etc. - ha considerado al hombre, en la totalidad de su ser, bajo perspectivas falaces, sean ellas las del positivismo o del materialismo, del idealismo o del existencialismo.

Los tiempos modernos han buscado de enmarcar a la persona humana en categorías, pedagógicas, sociológicas a las que ella no pertenece; tal persona humana no existe como ha sido concebida por la modernidad, porque - observa Guardini - el hombre en cuanto persona autentica es: dotado de una naturaleza no eliminable, de una responsabilidad no sustituible y de una dignidad de hijo de Dios inalienable. Por ende la historia misma no se desarrolla según los preceptos de la lógica del mundo (como preponderantemente se ha creído en la Edad Moderna), sino según las modalidades que el hombre mismo determina.

Aquí está el punto crucial de la modernidad: el haber aceptado el determinismo histórico como un producto de la lógica moderna y a la vez haber atribuido al hombre una razón calculadora finalizada hacia la búsqueda de un poder inmanente y omnímodo para dominar el mundo tanto en lo material como en lo espiritual.

En este doblez contradictoria reside la debilidad de la Edad Moderna y el motivo principal de su fracaso; porque si el hombre moderno ha logrado dominar en gran parte los efectos inmediatos de la naturaleza y ha gobernado las cosas, todavía no ha logrado dominar su propio poder, por tratarse de un poder amputado de toda obediencia divina, ajeno a toda sacralidad: un poder ingobernable.

Por consiguiente, sea por la manipulación de la técnica, sea por la instrumentación practica del poder omnímodo de la razón, el hombre moderno se ha hundido en la alienación, mientras que la búsqueda del poder se ha volcado en una carrera desenfrenada hacia la soberbia, el desprecio y la violencia.

¿El agotamiento de la Época Moderna desemboca entonces en un éxito pesimista sin remedio?

Romano Guardini aclara, al respeto, que el hombre contemporáneo puede evitar el pesimismo implícito en el agotamiento de la Edad Moderna retirándose en la fortaleza espiritual del "estoicismo cristiano" sin lugar y sin refugio, donde el creyente puede e debe experimentar la "tremenda soledad de la fe".

Un mensaje para la postmodernidad

El mensaje explícito de Romano Guardini sobre el ocaso de la Edad Moderna, en la segunda mitad del siglo veinte se quedó sellado por palabras cargadas de una fuerte tensión escatológica que aparecía francamente "inactual" para una época en la que extensos estratos de la sociedad occidental, supuestamente imbuidos de valores cristianos, miraban al "Humanismo Integral" de Jacques Maritain como a un posible proyecto viable para la civilización del futuro.

Solo quince años después (1965) en "El Campesino de la Garona", el mismo Maritain confesaba, desconsolado: "La esperanza de arraigo de una política cristiana (correspondiente en el orden práctico a una filosofía cristiana en el orden especulativo) ha sido completamente defraudada".

Aun más, el optimismo que fue el signo distintivo de la época moderna, se fue paulatinamente volcando en desencanto y desilusión para el presente, pesimismo para el progreso, miedo para el futuro, induciendo al escritor Milán Kundera a comentar al respeto:

"Hasta el presente, el progreso ha sido concebido como la promesa de lo mejor; hoy sabemos que es también portador del anuncio de un fin".

Pero detrás del fin de una época marcada por el dramático divorcio entre la realidad y su utópico disfraz ideológico, ha ido recobrando – de mano en mano - una impresionante actualidad la visión conclusiva de Guardini, donde el fin de una época conlleva consigo un implícito mensaje de esperanza.

El fin de la modernidad ha determinado, en los tiempos inciertos y sombríos de nuestra postmodernidad, el desplazamiento general de la problemática sociocultural desde el ámbito de la razón, de las instituciones racionales de la sociedad y de la política, hacia el ámbito de la existencia, de la experiencia, de la estética y de la expresión, en busca de una nueva vivencia del cristianismo.

Se trata, pues, de una búsqueda solicitada por la doble actitud de la postmodernidad actual: ecléctica, indecisa, sombría y, al mismo tiempo, faustica y aventurera, dispuesta - según una plástica expresión literaria de Ernst Jünger – "a fundir pasado y futuro en un presente ardiente".

Agotadas las falaces certezas del ciclo moderno del racionalismo y del optimismo ilustrado, entre las utópicas tentaciones del nihilismo se asoma la vigorosa elección de rescatar el fundamento genuinamente cristiano de nuestra cultura, cuidadosamente guardado – en tiempos de crisis – por "la tremenda soledad de la fe".

De este modo, adelantándose de treinta años a los filósofos y sociólogos de la postmodernidad, partidarios del "pensamiento débil" en las postrimerías del siglo XX°, Romano Guardini se ha perfilado como el confesor de principios firmes y valores fuertes, afirmando en ellos una esperanzada visión del mundo y de la vida.