Las Noticias de hoy 04 Diciembre 2017

                                Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 04 de diciembre de 2017     

Indice:

ROME REPORTS

Primer domingo de Adviento. El Papa: Espera atenta y vigilante para recibir al Señor

Francisco a los periodistas del avión: "He llorado con los Rohingya"

 Bangladesh: “Santo Padre, los jóvenes te amamos”

PREPARARNOS PARA RECIBIR A JESÚS: Francisco Fernández-Carvajal

“Implora la misericordia divina”: San Josemaria

 Quinto Día de la Novena a la Inmaculada Concepción

¿Qué sabemos realmente de Jesús?:

 El secreto de la felicidad: Juan Pablo II

Ayuda a tu hermano: Juan Pablo II

 Libertad Ciudadana y laicismo: Miguel A Espino Perigault

Padres católicos denuncian la última imposición de la ideología de género: “Pretende expropiar la patria potestad”

 El cielo nuestro de la Navidad: Ángel Cabrero

Porqué me convertí al catolicismo: G. K. Chesterton

“La enfermedad de nuestro tiempo: Joseph Ratzinger

Migros: "Que nadie esté solo por Navidad": Alfonso Mendiz

Niños autónomos, adultos responsables: LaFamilia.info

 Peligros que amenazan a los adolescentes en las redes sociales... algunos no tan evidentes: BJ Foster

En las habitaciones de tantos hospitales: Juan García.

 Lamentable espectáculo : Jorge Hernández Mollar

 Pase lo que pase en las urnas: Suso do Madrid

En política todo es inútil siempre acaba mal: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

Primer domingo de Adviento. El Papa: Espera atenta y vigilante para recibir al Señor

El Papa: Espera atenta y vigilante para recibir al Señor - REUTERS

03/12/2017 12:12

SHARE:

De Griselda Mutual

La espera vigilante y atenta fue el tema de la reflexión del Papa Francisco en el Primer domingo de Adviento, en que iniciamos a preparamos para el nacimiento de Cristo.

En este primer período del año litúrgico, tras regresar en la noche anterior de su Viaje Apostólico a Myanmar y Bangladés, el Romano Pontífice no faltó a la cita dominical para iniciar con todos los fieles el camino del Adviento en espera de nuestro Salvador.

Meditando sobre el Evangelio del día en el que Jesús advierte y exhorta a estar prevenidos para su llegada, «No sea - dice el Señor - que llegue de improviso y los encuentre dormidos», el Papa Francisco definió los requisitos que deben existir para que Dios irrumpa en nuestras vidas, y le restituya significado y valor con su presencia, a saber, ser personas “atentas y vigilantes”, tal como lo pide el mismo Salvador.

“La persona que está atenta – dijo - es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o la superficialidad”; mientras que la persona vigilante “es aquella que acoge la invitación a velar, es decir, a no dejarse abrumar por el desánimo, la falta de esperanza, la decepción”.

 

A continuación, la alocución del Papa antes del rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy comenzamos el camino de Adviento, que culminará en la Navidad. El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, también para verificar nuestro deseo de Dios, para mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo. Él regresará a nosotros en la fiesta de Navidad, cuando conmemoraremos su venida histórica en la humildad de la condición humana; pero Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos «para juzgar a los vivos y los muertos». Por eso debemos estar siempre prevenidos y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo. La liturgia de hoy nos introduce precisamente en el sugestivo tema de la vigilia y de la espera.

En el Evangelio (Mc 13,33-37) Jesús exhorta a estar atentos y a velar, para estar listos para recibirlo en el momento del regreso. Nos dice: «Mirad, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo [...] para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo». (vv. 33-36).

La persona que está atenta es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o la superficialidad, sino vive en modo pleno y consciente, con una preocupación dirigida en primer lugar a los demás. Con esta actitud somos conscientes de las lágrimas y las necesidades del prójimo, y podemos captar también las capacidades y cualidades humanas y espirituales. La persona atenta se dirige luego también al mundo, tratando de contrarrestar la indiferencia y la crueldad en él, y alegrándose de los tesoros de belleza que también existen y que deben ser custodiados. Se trata de tener una mirada de comprensión para reconocer tanto las miserias y las pobrezas de los individuos y de la sociedad, como para reconocer la riqueza escondida en las pequeñas cosas de cada día, precisamente allí donde el Señor nos ha colocado.

La persona vigilante es aquella que acoge la invitación a velar, es decir, a no dejarse abrumar por el sueño del desánimo, la falta de esperanza, la decepción; y al mismo tiempo rechaza la solicitud de las tantas vanidades de las que desborda el mundo y detrás de las cuales, a veces, se sacrifican tiempo y serenidad personal y familiar. Es la experiencia dolorosa del pueblo de Israel, narrada por el profeta Isaías: Dios parecía haber dejado vagar su pueblo, lejos de sus caminos (cf. 63.17), pero esto era el resultado de la infidelidad del mismo pueblo (cf. 64,4b). También nosotros nos encontramos a menudo en esta situación de infidelidad a la llamada del Señor: Él nos muestra el camino bueno, el camino de la fe, el camino del amor, pero nosotros buscamos la felicidad en otra parte.

Ser atentos y vigilantes son los presupuestos para no seguir "vagando alejados de los caminos del Señor", perdidos en nuestros pecados y nuestras infidelidades; estar atentos y ser vigilantes, son las condiciones para permitir a Dios irrumpir en nuestras vidas, para restituirle significado y valor con su presencia llena de bondad y de ternura. María Santísima, modelo de espera de Dios e ícono de vigilancia, nos guíe hacia su Hijo Jesús, reavivando nuestro amor por él.

Tras el rezo mariano, el Papa Francisco recordó en primer lugar su viaje apostólico a Myanmar y Bangladés, expresó su gratitud a quienes lo han acompañado con la oración, e invitó a todos a unirnos a él en acción de gracias al Señor:

 

Queridos hermanos y hermanas:

Esta noche he regresado del viaje apostólico a Myanmar y Bangladesh. Agradezco a todos los que me han acompañado con la oración, y los invito a unirse a mi acción de gracias al Señor, que me ha permitido encontrar a esas poblaciones, en particular las comunidades católicas, y a ser edificado por su testimonio. Está grabado en mí el recuerdo de tantos rostros extenuados por la vida, pero nobles y sonrientes. Los tengo a todos en mi corazón y en oración. Muchas gracias al pueblo de Myanmar y al pueblo de Bangladesh.

Asimismo el pontífice recordó en modo particular el pueblo de Honduras, que desde hace una semana está viviendo un momento de perplejidad política y de violencia, debido a las protestas tras los comicios presidenciales:

En mi oración que recuerdo en modo particular al pueblo de Honduras, para que pueda superar en modo pacífico el difícil momento de dificultad.

Finalmente, el saludo del Papa a los fieles y peregrinos, y grupos parroquiales, a los confirmandos, y como siempre, su pedido de oración:

Dirijo mi saludo a ustedes, romanos y peregrinos, aquí presentes. En particular, saludo a los fieles de Bratislava (Eslovaquia) y Ludwigshafen, en Alemania.

Saludo al grupo de Pregaziol (Treviso) y a los confirmandos de Mestrino (Padua); así como a la comunidad rumana que vive en Italia y que hoy celebra la fiesta nacional de Rumania.

Les deseo a todos un buen domingo y un buen camino de Adviento. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 

 

Francisco a los periodistas del avión: "He llorado con los Rohingya"

Papa Francisco durante la Conferencia de Prensa desarrollada en el vuelo de regreso de Bangladés. - REUTERS

03/12/2017 14:48

SHARE:

De Alessandro De Carolis (tradución Mireia Bonilla)

“Un viaje es exitoso cuando logro encontrar al pueblo” . Es la certeza, y además bien sabida, con la que el Papa Francisco concluye la Conferencia de Prensa del vuelo de regreso de Bangladés, iniciada media hora después del despegue del aeropuerto de Daca. Una intimidad que Francesco eligió personalmente para sellar los 58 minutos pasados con los periodistas, durante los cuales afrontó entre otros temas, el drama humanitario de la etnia Rohingya, el tema del desarme nuclear, así como la posibilidad – por el momento remota pero deseada – de un viaje a China.

“A mí un viaje me hace bien cuando logro encontrarme con el pueblo de los países, el pueblo de Dios. Cuando puedo hablar, encontrarlos o saludarlos, los encuentros con la gente… hemos hablado de los encuentros políticos […] pero la gente, el pueblo… El pueblo es precisamente lo profundo de un país. Cuando logro encontrar esto, soy feliz”.

Que Francisco estuviera particularmente interesado en compartir los pensamientos sobre su 21 Viaje Apostólico Internacional, se entendió cuando tras pocos minutos solicita expresamente “preguntas sobre el viaje”, haciendo referencia, de un modo sereno, a esa costumbre de algunos medios de involucrar al lider de la Iglesia en temas espinosos de la actualidad casi “olvidando”  a las Iglesias apenas visitadas.

Y de hecho, la primera pregunta toca de inmediato el nervio de un tema - altamente esperado por los medios mundiales-, concerniente al pueblo Rohingya “la etnia más perseguida del mundo”. Los periodistas querían escuchar de la voz del Santo Padre que ha significado para él, ese momento inesperado e intenso del viernes pasado cuando, conmovido, abrazó a un grupo de prófugos bajo los ojos del mundo entero. Un gesto de humanidad, y un golpe de escena mediático, después de semanas en las que se debatía sobre el por qué el Papa había decidido de no pronunciar el nombre de esta etnia en ninguno de sus discursos oficiales pronunciados durante su viaje a Myanmar y Bangladés. 

“A mí me interesaba que este mensaje llegase. Por eso me di cuenta que si en un discurso oficial hubiera dicho esa palabra (Rohingya), me hubiera dado “de frente contra la puerta”. Pero he descrito las situaciones – derechos, ningún excluido, ciudadanía – para consentirme en los coloquios privados de ir más allá. Yo me siento muy muy satisfecho de los coloquios que he podido tener porque, digamoslo así, no he tenido el placer de “darde frente contra la puerta” con una denuncia, sino que he tenido la satisfacción de dialogar, de hacer hablar a los otros, y de esta manera el mensaje ha llegado”.

Francisco describe los momentos vividos sobre el palco, al final del encuentro interreligioso de Daca. Dice de haber llorado con los Rohingya, en lágrimas delante de él, e incluso de haberse “enojado” y haber pedido por ellos “respeto” a quienes intentaban echarles del palco con demasiada prisa.

Narra sobre como la idea de la oración final que reunió a todos formando un semicírculo en el palco – una de las imágenes más potentes de este viaje – surgió en el momento, sugerida por tener cerca a los líderes de otras religiones, y poco después, confiesa que solicitó si también se podían unir  los Rohingya pero “no pudo ser posible por problemas de organización”.

Una pregunta estimula al Papa Francisco sobre la figura de Aung San Suu Kyi, quien fue Premio Nobel por la lucha a favor de la Democracia en la antigua Birmania y actualmente se encuentra en el centro de juicios polémicos en calidad de Consejera de Estado y Ministra de Asuntos Externos.

“En Myanmar es difícil evaluar una crítica sin preguntarse: ¿Ha sido posible hacer esto? O ¿cómo sería posible hacer esto? […] la situación política de Myanmar es la de una nación en crecimiento, políticamente en crecimiento. Es una nación en transición, tiene muchos valores culturales, históricos, pero políticamente está en transición. Por ello las posibilidades vienen valoradas inclusive en esta óptica”.

Sobre la visita del general birmano, anticipada respecto al programa, Francisco confirma que lo ha recibido por petición suya y, una vez más, resurgiendo el problema de usar o no en esa ocasión el nombre “Rohingya”, enfatiza con intención: durante ese coloquio “no he negociado la verdad” y “he usado todas las palabras que quería decir”.

Después se pasó a hablar de Bangladés y un periodista evidencia como el Papa ha estado más cercano a los Rohingya de muchas otras formaciones, algunas de tipo terroristico, que sin embargo – y el Papa estigmatiza – han buscado “ aprovecharse de la situación”. En lo que me respecta, responde claro y conciso “yo no busco hablar con esta gente, yo busco hablar con las víctimas”.

Un periodista inglés pregunta qué ha cambiado hoy respecto a Juan Pablo II que en el 1982 definió la opción nuclear “moralmente inaceptable”, mientras que Francisco la ha recientemente condenado, en el marco de la crisis entre Corea del Norte y EE.UU. En la época en la que nos encontramos – aclara – ha cambiado la irracionalidad:

“Hoy estamos al límite – de esto se puede discutir, pero es una opinión mía […] – estamos en el límite de la legalidad de tener y usar las armas nucleares, ¿por qué? Porque hoy con los arsenales nucleares tan sofisticados se arriesga con la destrucción de la humanidad o al menos de gran parte de la humanidad […] ¿Qué ha cambiado? Ésto: el crecimiento de los armamentos nucleares […] son sofisticados, también crueles […] estamos al límite”.

Tras una pregunta planteada al Papa de manera crítica sobre el tema de la evangelización, que en algunos contextos puede crear “tensiones”, Francisco, citando a Benedicto XVI, explica que la Iglesia “no crece por proselitismo, sino por atracción”.

La Rueda de Prensa toca el tema de los Viajes Apostólicos, esos que estaban en previsiones pero que luego fueron postergados como el viaje a India. El Papa admite que la enormidad del continente requiere un viaje específico y por el momento es sólo una idea, o quizás algo más: “El viaje a China no está en preparativos […] Me gustaría tanto visitar China, me gustaría, no es un secreto. Las negociaciones con China son de alto nivel cultural […] Después está el diálogo político, sobre todo para la Iglesia china sobre la cuestión de la Iglesia patriótica, clandestina, sobre la cual se debe ir paso a paso con delicadeza […] con paciencia. Pero las puertas del corazón están abiertas…”

 

 

Bangladesh: “Santo Padre, los jóvenes te amamos”

Testimonio de Upasana Ruth Gomes

3 diciembre 2017Anne KurianViajes pontificios

Encuentro con los jóvenes de Bangladesh, Dhaka (C) L´Osservatore Romano

(ZENIT – 3 dic. 2017).- “¡Eres el embajador de la armonía y la paz! … Santo Padre, los jóvenes te amamos … Tú nos inspiras y eres nuestro modelo de vida. Este es el entusiasta testimonio de la joven Upasana Ruth Gomes, durante el encuentro del Papa Francisco con 7000 jóvenes de Bangladesh, el 2 de diciembre de 2017, en Dhaka.

El último día de su visita al país, el Papa fue al  Colegio Notre Dame, donde fue recibido por danzas tradicionales y jóvenes desbordantes de entusiasmo, bajo una gran carpa. Hablando en nombre de todos, Upasana Ruth Gomes elogió sus “iniciativas valientes”, sus “palabras audaces”, su “defensa de la justicia, de los pobres y los marginados”.

También se refirió al desánimo de los jóvenes de cara a las “injusticias del mundo, (al) no respeto a la creación, (a) la división en las familias, al maltrato y a los peligros a los cuales son expuestas las mujeres y los niños” y suplicó por la causa de las mujeres.

Aquí está nuestra traducción de este testimonio.

Testimonio de Upasana Ruth Gomes

Buenas tardes a todos

Hoy mi corazón está lleno, o más bien rebosa de alegría por la presencia de nuestro amado Papa Francisco. Santo Padre, ¡una cordial bienvenida! ¡Eres el embajador de la armonía y la paz! Ha hecho un espacio en su corazón para todas las personas de diferentes tiempos y culturas que viven en este país, especialmente nosotros, los jóvenes. Santo Padre, los jóvenes te amamos. Estamos profundamente conmovidos por tu presencia. Usted nos inspira y usted es nuestro modelo de vida. Tú eres el rostro vivo de Jesucristo en el mundo de hoy. Sus iniciativas valientes, sus palabras atrevidas, su posición por la justicia, por los pobres y los marginados nos han provocado una profunda reflexión. Su llamado por la paz y la solidaridad, su estilo de vida simple, vuestra preocupación por los inmigrantes, vuestro amor privilegiado y vuestra comprensión de las jóvenes generaciones son verdaderamente muy apreciadas.

Y comprendemos profundamente, vuestra llamada a asumir riesgos, a amar la vida y a enfrentar los desafíos para encontrar las posibles soluciones. Siempre nos recuerdas nuestra identidad cristiana: somos los hijos favoritos de Dios y Jesús nunca se cansa de amarnos.

Santo Padre, ¡entiendes nuestra fatiga! Nos emocionamos fácilmente, pero al mismo tiempo nos encontramos confusos, deprimidos, frustrados, no sabemos qué dirección tomar y, a veces, nos perdemos. A menudo somos tan frágiles y emocionalmente vulnerables que nuestra vida no parece tener sentido. Al ver las injusticias del mundo, la falta de respeto de la creación, la división en las familias, el maltrato y los peligros a los cuales son expuestas las mujeres y los niños, nos sentimos muy desanimados e impotentes. Como mujeres jóvenes, queremos la protección de los derechos humanos; que a cada mujer le sea reconocida su dignidad y avance en la sociedad, así como una mayor participación en la vida de la Iglesia. Sin embargo, tenemos la certeza, en lo profundo de nuestro corazón, que un día sobrepasaremos estos desafíos.

Santo Padre, gracias por tu visita. ¡Todos rezamos por ti! Que Dios Padre, fuente de Amor, te bendiga y te conceda salud y larga vida.

Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

 

 

PREPARARNOS PARA RECIBIR A JESÚS

— Alegría del Adviento. Alegría al recibir al Señor en la Sagrada Comunión.

Señor, yo no soy digno... Prepararnos para recibir al Señor. Imitar en sus disposiciones al Centurión de Cafarnaúm.

— Otros detalles referentes a la preparación del alma y del cuerpo para recibir con fruto este sacramento. La Confesión frecuente.

I. El Salmo 121, que leemos en la Misa de hoy, era un canto de los peregrinos que se acercaban a Jerusalén: Qué alegría –recitaban los peregrinos al aproximarse a la ciudad– cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor». Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén1.

Esta alegría es imagen también del Adviento, en el que cada día que transcurre es un paso más hacia la celebración del nacimiento del Redentor. Es además imagen de la alegría que experimenta nuestro corazón cuando nos acercamos bien dispuestos a la Sagrada Comunión.

Es inevitable que, junto a esta alegría, nos sintamos cada vez más indignos, a medida que se aproxima el momento de recibir al Señor, y si decidimos hacerlo, es porque Él quiso quedarse bajo las apariencias de pan y de vino precisamente para servir de alimento y, por tanto, de fortaleza para los débiles y enfermos. No se quedó para ser premio de los fuertes, sino remedio de los débiles. Y todos somos débiles y nos encontramos algo enfermos.

Toda preparación debe parecernos poca, y toda delicadeza insuficiente para recibir a Jesús. Así exhortaba San Juan Crisóstomo a sus fieles para que se dispusieran dignamente a recibir la Sagrada Comunión: «¿Acaso no es un absurdo tener tanto cuidado de las cosas del cuerpo que, al acercarse la fiesta, desde muchos días antes prepares un hermosísimo vestido..., y te adornes y embellezcas de todas las maneras posibles, y, en cambio, no tengas ningún cuidado de tu alma, abandonada, sucia, escuálida, consumida de hambre...?»2.

Si alguna vez nos sentimos fríos o físicamente desganados no por eso vamos a dejar de comulgar. Procuraremos salir de este estado ejercitando más la fe, la esperanza y el amor. Y si se tratara de tibieza o de rutina, está en nuestras manos el remover esa situación, pues contamos con la ayuda de la gracia. Pero no debemos confundir otros estados, por ejemplo de cansancio, con la situación de una mediocridad espiritual aceptada o de una rutina que crece por días. Cae en la tibieza el que no se prepara, el que no pone lo que está en su mano para evitar las distracciones cuando Jesús viene a su corazón. Es tibieza acercarse a comulgar manteniendo nuestra imaginación con otras cosas y pensamientos. Tibieza es no dar importancia al sacramento que se recibe.

La digna recepción del Cuerpo del Señor será siempre una oportunidad para encendernos en el amor. «Habrá quien diga: por eso, precisamente, no comulgo más a menudo, porque me veo frío en el amor (...). Y ¿porque te ves frío quieres alejarte del fuego? Precisamente porque sientes helado tu corazón debes acercarte más a menudo a este Sacramento, siempre que alimentes sincero deseo de amor a Jesucristo. Acércate a la Comunión –dice San Buenaventura– aun cuando te sientas tibio, fiándolo todo de la misericordia divina, porque cuanto más enfermo se halla uno, tanta mayor necesidad tiene del médico»3.

Nosotros, al pensar en el Señor que nos espera, podemos cantar llenos de gozo en lo más íntimo de nuestra alma: ¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor...!

El Señor se alegra también cuando ve nuestro esfuerzo por estar bien dispuestos para recibirle. Meditemos sobre los medios y el interés que ponemos en preparar la Santa Misa, en evitar las distracciones y desechar la rutina, en que nuestra acción de gracias sea intensa y enamorada, de forma que nos haga estar unidos a Cristo todo el día.

II. El Evangelio de la Misa4 nos trae las palabras de un hombre gentil, un centurión del ejército romano.

Estas palabras están recogidas en la liturgia de la Misa desde muy antiguo, y han servido para la preparación inmediata de la Comunión a los cristianos de todos los tiempos: Domine, non sum dignus —Señor, yo no soy digno.

Los jefes judíos de la ciudad pidieron a Jesús que aliviara la pena de este gentil, curando a un siervo suyo al que estimaba mucho, que estaba a punto de morir5. La razón por la que deseaban favorecerle era que les había construido una sinagoga.

Cuando Jesús estuvo cerca de la casa, el centurión pronunció las palabras que se repiten en todas las Misas (diciendo «alma» en lugar de «siervo»): Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra y mi siervo quedará sano. Una sola palabra de Cristo sana, purifica, alienta y llena de esperanza.

El centurión es un hombre con profunda humildad, generoso, compasivo y con un altísimo concepto de Jesús. Como es gentil, no se atreve a dirigirse personalmente al Señor, sino que envía a otros, que considera más dignos, para que intercedan por él. Fue la humildad, comenta San Agustín, «la puerta por donde el Señor entró a posesionarse del que ya poseía»6.

La fe, la humildad y la delicadeza se unen en el alma de este hombre. Por esto, la Iglesia nos propone su ejemplo y sus mismas palabras como preparación para recibir a Jesús cuando viene a nosotros en la Sagrada Comunión: Señor, yo no soy digno...

La Iglesia nos invita no solo a repetir sus palabras, sino a imitar sus disposiciones de fe, de humildad y de delicadeza. «Queremos decir a Jesús que aceptamos su inmerecida y singular visita, multiplicada sobre la tierra, hasta llegar a nosotros, hasta cada uno de nosotros, y decirle también que nos sentimos atónitos e indignos de tanta bondad, pero felices; felices de que se nos haya concedido a nosotros y al mundo; también queremos decirle que un prodigio tan grande no nos deja indiferentes e incrédulos, sino que pone en nuestros corazones un entusiasmo gozoso, que no debería nunca faltar en los verdaderos creyentes»7.

Es admirable observar cómo aquel centurión de Cafarnaúm quedó doblemente unido al sacramento de la Eucaristía: por las palabras que el sacerdote y los fieles dicen antes de comulgar en la Misa, y porque fue en la sinagoga de Cafarnaúm, que él había construido, donde Jesús dijo por primera vez que debíamos alimentarnos de su Cuerpo para tener vida en nosotros: Este es el pan bajado del cielo –dijo Jesús–; no como el pan que comieron los padres y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. Y precisa San Juan: Esto lo dijo enseñando en Cafarnaúm, en la sinagoga8.

III. Prepararnos para recibir al Señor en la Comunión significa en primer lugar recibirle en gracia. Cometería una gravísima ofensa, un sacrilegio, quien fuera a comulgar en pecado mortal. Nunca debemos acercarnos a recibir al Señor si hay una duda fundada de haber cometido un pecado grave de pensamiento, de palabra o de obra. Quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Por ello, continúa San Pablo: Examínese el hombre a sí mismo y entonces coma el pan y beba el cáliz, pues el que sin discernir come y bebe el Cuerpo del Señor, se come y se bebe su propia condenación9.

«Hay que recordar al que libremente comulga el mandato: Que se examine cada uno a sí mismo (1 Cor 11, 28). Y la práctica de la Iglesia declara que es necesario este examen para que nadie, consciente de pecado mortal, por contrito que se crea, se acerque a la Sagrada Eucaristía sin que haya precedido la Confesión sacramental»10.

«La participación en los beneficios de la Eucaristía depende además de la calidad de las disposiciones interiores, pues los Sacramentos de la nueva ley, al mismo tiempo que actúan ex opere operato, producen un efecto tanto mayor cuanto más perfectas son las condiciones en las que se reciben»11.

De ahí la conveniencia de una esmerada preparación del alma y del cuerpo: deseos de purificación, de tratar con delicadeza este santo sacramento, de recibirlo con la mayor piedad posible. Es una excelente preparación la lucha por vivir en presencia de Dios durante el día, y el hecho mismo de procurar cumplir lo mejor posible nuestros deberes cotidianos, sintiendo, cuando cometemos un error, la necesidad de desagraviar al Señor llenando la jornada de acciones de gracias y de comuniones espirituales Así se hará habitual, poco a poco, que en el trabajo, en la vida de familia, en las diversiones, en cualquier actividad tengamos el corazón puesto en el Señor.

Junto a estas disposiciones interiores, y como su necesaria manifestación, están las del cuerpo: el ayuno prescrito por la Iglesia, las posturas, el modo de vestir, etcétera, que son signos de respeto y reverencia.

Pensemos al terminar nuestra oración cómo recibió María a Jesús después del anuncio del Ángel. Pidámosle que nos enseñe a comulgar «con aquella pureza, humildad y devoción» con que Ella le recibió en su Seno bendito, «con el espíritu y fervor de los Santos», aunque nos sintamos indignos y poca cosa.

1 Sal 121, 1-2. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilía 6; PG 48, 756. — 3 San Alfonso Mª de Ligorio, Práctica del amor a Jesucristo, 2.— 4 Mt 8, 5-13. — 5 Cfr. Lc 7, 1-10. — 6 San Agustín, Sermón 6. — 7 Pablo VI, Homilía, 25-V-67. — 8 Jn 6, 58-59. 9 1 Cor 11, 27-28. — 10 Pablo VI, Instr. Eucharisticum Mysterium, 37. — 11 San Pío X, Decr. Sacra Tridentina Synodus, 20-XII-1905.

 

 

“Implora la misericordia divina”

Realmente, a cada uno de nosotros, como a Lázaro, fue un «veni foras» –sal fuera, lo que nos puso en movimiento. –¡Qué pena dan quienes aún están muertos, y no conocen el poder de la misericordia de Dios! –Renueva tu alegría santa porque, frente al hombre que se desintegra sin Cristo, se alza el hombre que ha resucitado con El. (Forja, 476)

Es bueno que hayamos considerado las insidias de estos enemigos del alma: el desorden de la sensualidad y de la fácil ligereza; el desatino de la razón que se opone al Señor; la presunción altanera, esterilizadora del amor a Dios y a las criaturas. Todas estas situaciones del ánimo son obstáculos ciertos, y su poder perturbador es grande. Por eso la liturgia nos hace implorar la misericordia divina: a Ti, Señor, elevo mi alma; en Ti espero; que no sea confundido, ni se gocen de mí mis adversarios, hemos rezado en el introito. Y en la antífona del Ofertorio repetiremos: espero en Ti, ¡que yo no sea confundido!
Ahora, que se acerca el tiempo de la salvación, consuela escuchar de los labios de San Pablo que después que Dios Nuestro Salvador ha manifestado su benignidad y amor con los hombres, nos ha liberado no a causa de las obras de justicia que hubiésemos hecho, sino por su misericordia.
Si recorréis las Escrituras Santas, descubriréis constantemente la presencia de la misericordia de Dios: llena la tierra, se extiende a todos sus hijos, super omnem carnem; nos rodea, nos antecede, se multiplica para ayudarnos, y continuamente ha sido confirmada. Dios, al ocuparse de nosotros como Padre amoroso, nos considera en su misericordia: una misericordia suave, hermosa como nube de lluvia.
Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la misericordia divina: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Y en otra ocasión: sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso. (Es Cristo que pasa, 7)

 

 

Quinto Día de la Novena a la Inmaculada Concepción

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ante tu divina presencia reconozco que he pecado muchas veces y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa haberte ofendido. Ayudado de tu divina gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.

Oración preparatoria

Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.

A ti, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que fuiste hecha Madre de Dios, no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido desamparado.

No me dejes pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dame la gracia particular que te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, tuya y bien de mi alma.

Lectura bíblica (Jn. 2, 1-11)

Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la Madre de Jesús. Fue Invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. El vino faltó y le dijo a Jesús su Madre: "No tienen Vino". Jesús contesta: "Mujer, ¿Cómo se te ocurre? Todavía no ha llegado mi hora". Su madre, sin embargo, dijo a los servidores: "Hagan todo lo que Él les diga". Jesús les dice: "llenen las tinajas de agua". Los sirvientes las llenaron hasta el borde. Entonces Jesús les dijo: "Saquen ahora y llévenle al mayordomo para que lo pruebe". Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vine y como él no sabía de dónde era, llamó al novio y le dijo: "Todos sirven primero el vine bueno y después el peor, pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora". Así Jesús comenzó sus signos y manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. PALABRA DE DIOS.

Consideración

Consideremos cómo el vino de las bodas de Caná simboliza la plenitud de los bienes espirituales que Jesús trajo a los hombres. El vino del banquete nupcial de modo especial, nos recuerda la Eucaristía. María, aparece unida a su Hijo en Caná para que entendamos que Ella está siempre presente en la Celebración Eucarística anunciada y prefigurada en aquel banquete de bodas.

Pensemos en el gran amor de Cristo a nosotros que lo llevó a quedarse realmente presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. La Purísima, dando Cuerpo y Sangre al Hijo de Dios Eterno colaboró activamente a nuestra Redención y a la Eucaristía. El Cuerpo y Sangre de Cristo que recibimos en la Eucaristía es carne que Él tomó de la Virgen María.

Procuremos imitar la pureza de corazón de María Inmaculada para prepararnos convenientemente a recibir la Santa Comunión.

Oración del quinto día

¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como desde el primer instante de su Concepción diste a María más gracia que a todos los Santos y Ángeles del cielo, así te rogamos humildemente por intercesión de tu Madre Inmaculada nos inspires un aprecio singular de la divina gracia que tú nos adquiriste con tu sangre y nos concedas el aumentarla más y más con nuestras buenas obras y con la recepción de tus santos sacramentos, especialmente el de la comunión.

(Aquí se hace la petición de la novena y se puede rezar el Santo Rosario)

Letanías a la Virgen

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración:

Te rogamos nos concedas,
Señor Dios nuestro,
gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión
de la bienaventurada siempre Virgen María,
vernos libres de las tristezas de la vida presente
y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Oración final

Bendita sea tu pureza
Y eternamente lo sea,
Pues todo un Dios se recrea
En tan graciosa belleza.
A ti, celestial Princesa,
Virgen sagrada María,
Te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.
¡Mírame con compasión!
¡No me dejes, madre mía! Así sea.

 

 

¿Qué sabemos realmente de Jesús?

Una de las 50 preguntas frecuentes sobre Jesucristo y la Iglesia, respondidas por un equipo de profesores de Historia y Teología de la Universidad de Navarra.

Preguntas 1 de Junio de 2016

Libro 50 preguntas sobre Jesucristo y la Iglesia

Gratis en iTunes iBooks - Gratis en Amazon Kindle - Gratis en Google Play Books

Descargar ePub - Descargar Mobi - Descargar PDF

*****

Disponemos de todo lo que los testigos de su vida y de su muerte nos han transmitido: tradiciones orales y escritas sobre su persona, entre las que destacan los cuatro evangelios, que han sido transmitidas en la realidad de la comunidad de fe viva que él estableció y que continúa hasta hoy. Esta comunidad es la Iglesia, compuesta por millones de seguidores de Jesús a lo largo de la historia, que le han conocido por los datos que ininterrumpidamente les trasmitieron los primeros discípulos. Los datos que hay en los evangelios apócrifos y otras referencias extrabíblicas no aportan nada sustancial a la información que nos ofrecen los evangelios canónicos, tal como han sido trasmitidos por la Iglesia.

Hasta la Ilustración, creyentes y no creyentes estaban persuadidos de que lo que podíamos conocer sobre Jesús se contenía en los evangelios. Sin embargo, por ser relatos escritos desde la fe, algunos historiadores del siglo XIX cuestionaron la objetividad de sus contenidos. Para estos estudiosos, los relatos evangélicos eran poco creíbles porque no contenían lo que Jesús hizo y dijo, sino lo que creían los seguidores de Jesús unos años después de su muerte. Como consecuencia, durante las décadas siguientes y hasta mediados del siglo XX se cuestionó la veracidad de los evangelios y se llegó a afirmar que de Jesús “no podemos saber casi nada” (Bultmann).

Hoy en día, con el desarrollo de la ciencia histórica, los avances arqueológicos, y nuestro mayor y mejor conocimiento de las fuentes antiguas, se puede afirmar con palabras de un conocido especialista del mundo judío del siglo I d.C. —a quien no se puede tachar precisamente de conservador— que “podemos saber mucho de Jesús” (Sanders). Por ejemplo, este mismo autor señala “ocho hechos incuestionables”, desde el punto de vista histórico, sobre la vida de Jesús y los orígenes cristianos: 1) Jesús fue bautizado por Juan Bautista; 2) era un Galileo que predicó y realizó curaciones; 3) llamó a discípulos y habló de que eran doce; 4) limitó su actividad a Israel; 5) mantuvo una controversia sobre el papel del templo; 6) fue crucificado fuera de Jerusalén por las autoridades romanas; 7) tras la muerte de Jesús, sus seguidores continuaron formando un movimiento identificable; 8) al menos algunos judíos persiguieron a ciertos grupos del nuevo movimiento (Ga 1,13.22; Flp 3,6) y, al parecer, esta persecución duró como mínimo hasta un tiempo cercano al final del ministerio de Pablo (2 Co 11,24; Ga 5,11; 6,12; cf. Mt 23,34; 10,17).

Sobre esta base mínima en la que los historiadores están de acuerdo se pueden determinar como fidedignos desde el punto de vista histórico los otros datos contenidos en los evangelios. La aplicación de los criterios de historicidad sobre estos datos permite establecer el grado de coherencia y probabilidad de las afirmaciones evangélicas, y que lo que se contiene en esos relatos es sustancialmente cierto.

Por último, conviene recordar que lo que sabemos de Jesús es fiable y creíble porque los testigos son dignos de credibilidad y porque la tradición es crítica consigo misma. Además, lo que la tradición nos trasmite resiste el análisis de la crítica histórica. Es cierto que de las muchas cosas que se nos han trasmitido sólo algunas pueden ser demostrables por los métodos empleados por los historiadores. Sin embargo, esto no significa que las no demostrables por estos métodos no sucedieran, sino que sólo podemos aportar datos sobre su mayor o menor probabilidad. Y no olvidemos, por otra parte, que la probabilidad no es determinante. Hay sucesos muy poco probables que han sucedido históricamente. Lo que sin duda es verdad es que los datos evangélicos son razonables y coherentes con los datos demostrables. En cualquier caso, es la tradición de la Iglesia, en la que estos escritos nacieron, la que nos da garantías de su fiabilidad y la que nos dice cómo interpretarlos.

Bibliografía

A. Vargas Machuca, El Jesús histórico. Un recorrido por la investigación moderna, Universidad Pontifica de Comillas, Madrid 2004;

J. Gnilka, Jesús von Nazareth. Botschaft und Geschichte, Herder, Freiburg 1990 (ed. esp. Jesús de Nazaret, Herder, Barcelona 1993);

R. Latourelle, A Jesús el Cristo por los Evangelios. Historia y hermenéutica, Sígueme, Salamanca 21986;

F. Lambiasi, L’autenticità storica dei vangeli. Studio di criteriologia,: EDB, Bologna 21986.

 

 

El secreto de la felicidad

Juan Pablo II
27 noviembre 2017

Caminad al encuentro de Cristo: sólo Él es la solución a todos vuestros problemas.

Amar a Dios sobre todas las cosas es además el secreto para conseguir la felicidad incluso ya en esta vida. No busquéis la felicidad en el placer, en la posesión de bienes materiales, en el afán de dominio. Se es feliz por lo que se es, no por lo que se tiene: la felicidad está en el corazón, está en amar, está en darse por el bien de los demás sin esperar nada a cambio.

Si el hombre quiere encontrar el modo de saciar su sed de felicidad que le quema las entrañas, es hacia Cristo hacia donde debe orientar sus pasos.

Solamente si volvéis a Cristo, hallaréis paz para vuestras conciencias perturbadas y reposo para vuestras almas angustiadas.

Cristo es el único que puede dar sentido a nuestra vida. En Él se encuentra la paz, la serenidad, la liberación completa, porque Él nos libera de la esclavitud radical, origen de todas las demás, que es el pecado, e inspira en los corazones el ansia de la auténtica libertad, que es el fruto de la gracia de Dios que sana y renueva lo más íntimo de la persona humana.

¿Hacia dónde va el hombre peregrino por el camino del mundo y de la historia? Creo que, si prestásemos atención a las respuestas, decididas o vacilantes, esperanzadas o dolorosas, que tales preguntas suscitan en cada persona – no solamente en este país, sino también en otras regiones de la tierra -, quedaríamos sorprendidos con la identidad sustancial que hay entre ellas. Los caminos de los hombres son, frecuentemente, muy diferentes entre sí, los objetivos inmediatos que se proponen presentan normalmente características no sólo divergentes, sino a veces hasta contrarias. Y sin embargo, la meta última hacia la que todos indistintamente se dirigen es siempre la misma:

todos buscan la plena felicidad personal en el contexto de una verdadera comunión de amor. Si tratarais de penetrar hasta en lo más profundo de vuestros anhelos y de los anhelos de quienes pasan por vuestro lado, descubriríais que es ésta la aspiración común de todos, ésta la esperanza que, después de los fracasos, resurge siempre en el corazón humano, de las cenizas de toda desilusión.

Nuestro corazón busca la felicidad y quiere experimentarla en un contexto de amor verdadero. Pues bien; el cristiano sabe que la satisfacción auténtica de esta aspiración sólo se puede encontrar en Dios, a cuya imagen el hombre fue creado. «Nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.»

Cuando Agustín, de vuelta de una tortuosa e inútil búsqueda de la felicidad en toda clase de placer y de vanidad, escribía en la primera página de sus Confesiones estas famosas palabras, no hacía sino dar expresión a la exigencia esencial que surge de lo más profundo de nuestro ser.

El mundo donde vivimos está sacudido por diferentes crisis, entre ellas, una de las más peligrosas es la pérdida del sentido de la vida. Muchos de nuestros contemporáneos han perdido el verdadero sentido de la vida y lo buscan en sucedáneos, como el desenfrenado consumismo, la droga, el alcohol o el erotismo. Buscan la felicidad, pero el resultado es siempre una profunda tristeza, un vacío del corazón y muchas veces la desesperación. ¿Cómo vivir la propia vida para no perderla? ¿Sobre qué fundamento edificar el propio proyecto de existencia? Jesucristo se nos presenta como la respuesta de Dios a nuestra búsqueda, a nuestras angustias. Él dice: «Yo soy el pan de la vida, capaz de saciar toda hambre; Yo soy la luz del mundo, capaz de orientar el camino de todo hombre; Yo soy la resurrección y la vida, capaz de abrir la esperanza del hombre a la eternidad.» Ciertamente no es fácil seguir a Cristo, no es fácil arriesgar por Él toda la propia vida, pero precisamente en esta capacidad de riesgo reside la nobleza y la grandeza del hombre. No nos arriesgamos en el vacío, sobre la nada; nos arriesgamos en Jesucristo y en su Evangelio; nos arriesgamos en el amor desinteresado a los hermanos.

La consecución de la felicidad exige, por tanto, también una rigurosa ascética personal que se proponga poner orden en el ser humano. Es una trágica mentira enseñar al hombre que la felicidad pueda, o incluso deba, alcanzarse mediante el abandono a las inclinaciones del instinto, sin ninguna renuncia, puesto que es un trágico error confundir la felicidad con el placer o con la utilidad. ¿No está este trágico error en la base de tanta desesperación, de tanto aburrimiento, de la vida que demasiado a menudo podemos constatar sobre todo en los espíritus juveniles?

Decidles que la fe y la felicidad no se excluyen mutuamente, sino que son distintos nombres dados a una misma meta. Pues la fe se le revela al hombre para su felicidad! Y una felicidad que se busca lejos de la palabra evangélica no será capaz de mantener sus promesas.

Decidles que la fe está al servicio de la vida, a la que da un sentido en sus diversas expresiones de amor, dolor, trabajo, estudio, compromiso familiar y social, búsqueda de la paz y de la solidaridad entre los pueblos.

Quizá algunos de vosotros habéis conocido la duda y la confusión; quizá habéis experimentado la tristeza y el fracaso cometiendo pecados graves.

Éste es un tiempo de decisión. Ésta es la ocasión para aceptar a Cristo: aceptar su amistad y su amor, aceptar la verdad de su palabra y creer en sus promesas; reconocer que su enseñanza nos conducirá a la felicidad y finalmente a la vida eterna.

El conocimiento de Jesús es el que rompe la soledad, supera las tristezas y las incertidumbres, da el significado auténtico a la vida, frena las pasiones, sublima los ideales, expande las energías en la caridad, ilumina en las opciones decisivas.

Sencillamente, sin palabras, presentadle vuestro sufrimiento. Es demasiado pesado para que lo llevéis vosotros solos. Con Él, si le abrís vuestro corazón, vuestro lugar de reclusión podrá generar una nueva visión de la existencia, una transformación benéfica de vuestro temperamento y, en algunos, Un descubrimiento del verdadero rostro de Dios. Queridísimos hermanos y hermanas: la peor de las prisiones sería un corazón cerrado y endurecido, y el peor de los males, la desesperación.

Os deseo la esperanza. La pido y la seguiré pidiendo al Señor para todos vosotros: la esperanza de volver a ocupar un lugar normal en la sociedad, de encontrar de nuevo la vida en familia y, ya desde ahora, de vivir dignamente, esforzándoos por crear entre todos vosotros, que compartís el dolor, un poco más de justicia, de espíritu fraterno, de apoyo amistoso. En una palabra, os deseo que realicéis el plan del Señor que os ha llamado a la existencia. Pues Él nunca pierde la esperanza en sus criaturas.

«Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto. » También vosotros, jóvenes, estáis llamados a mantener vuestra fe en un solo Dios, en medio de tantas propuestas de idolatría. ¡No os entreguéis a los ídolos modernos! No renunciéis a lo más valioso de vuestra existencia, que es vuestra identidad cristiana! Mantened firme vuestra adhesión al Señor Dios, el único adorable, el único dueño de la vida y de la muerte, el que da plenitud de sentido a nuestra peregrinación por la tierra y nuestra actividad humana!

¡Nada es digno de adoración fuera de Dios, nada es absoluto fuera de Él! Ni la riqueza, ni los placeres, ni la ciencia, ni la tecnología, ni la fama, ni el prestigio, ni las utopías políticas pueden convertirse en valor supremo.

Sólo Dios es capaz de saciar la sed de vuestros corazones: «Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás. »

Me gustaría encontrarme a solas con cada uno, en el momento de estas preguntas, y conversar: oír y responder. No siendo esto posible, como amigo y como «más viejo», como quien ya hizo la confrontación de sí mismo con «la voluntad de Dios» y cree en su «amor de Padre», quiero dejar a todos mi testimonio: el testimonio de lo que yo considero la cosa más importante para los hombres, mis hermanos.

Partiendo de la certeza de que vuestra mayor fuerza está en ser personas, en ser personas al lado de otras personas y de poder realizar juntos cosas estupendas, mi testimonio es éste: sólo en Dios encuentran fundamento sólido los valores humanos; y sólo en Jesucristo, Dios y Hombre, se vislumbra una respuesta al problema que cada persona constituye para sí misma. Él es el Camino, la Verdad y la Vida para todos los hombres.

Formulad al divino Maestro, con seriedad y disponibilidad sincera, la pregunta: «Qué quieres que haga? ¿Qué proyecto tienes para mí? ¿De qué modo puedo responder a lo que la Iglesia me pide?» El Señor no os dejará sin respuesta en lo profundo de vuestro corazón; lo hará en el momento propicio y providencial.

Jesús tiene la respuesta a estos interrogantes nuestros; Él puede resolver la «cuestión del sentido» de la vida y de la historia del hombre.

¡Escuchad la voz de Cristo! Cada uno de vosotros ha recibido de Él una llamada. Cada uno de vosotros tiene un nombre que sólo Él conoce. La juventud es la edad en la que se busca descubrir la propia identidad para proyectar el futuro. Dejaos guiar por Cristo en la búsqueda de lo que puede ayudar a realizaros plenamente.

 

 

Ayuda a tu hermano

Juan Pablo II

Traed con vosotros al pobre, al enfermo, al exiliado y al hambriento; traed a cuantos están fatigados o llevan una vida agobiante.

¡Cuantas veces las tinieblas de la soledad, que oprimen a una alma, pueden ser desgarradas por el rayo luminoso de una sonrisa o de una palabra amable!

Una palabra buena se dice pronto; sin embargo, a veces se nos hace difícil pronunciarla. Nos detiene el cansancio, nos distraen las preocupaciones, nos frena un sentimiento de frialdad o de indiferencia egoísta. Así sucede que pasamos al lado de personas a las cuales, aun conociéndolas, apenas les miramos el rostro y no nos damos cuenta de lo que frecuentemente están sufriendo por esa sutil, agotadora pena, que proviene de sentirse ignoradas. Bastaría una palabra cordial, un gesto afectuoso e inmediatamente algo se despertaría en ellas: una señal de atención y de cortesía puede ser una ráfaga de aire fresco en lo cerrado de una existencia, oprimida por la tristeza y por el desaliento.

El amor a Jesús se convierte en acogida al hermano. El testimonio de fe se transforma al mismo tiempo en testimonio de caridad. Dos virtudes inseparables, pues caminan por el único raíl de las dos dimensiones: Dios y el hombre. Quien ama a Dios, ama al hombre: «Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve.»

Acercaos a Él y descubridlo en el pobre y en el que tiene soledad, en el enfermo y en el afligido, en el incapacitado, en el anciano, en el marginado, en todos aquellos que esperan vuestra sonrisa, que necesitan vuestra ayuda, y que desean vuestra comprensión, vuestra compasión y vuestro amor. Y cuando hayáis conocido y abrazado a Jesús en todos éstos, entonces -y sólo entonces- participaréis profundamente de la paz de su Sagrado Corazón.

Un signo distintivo del cristiano debe ser, hoy más que nunca, el amor a los pobres, los débiles y los que sufren. Vivir este exigente compromiso requiere un vuelco total de aquellos supuestos valores que inducen a buscar el bien solamente para sí mismo: el poder, el placer y el enriquecimiento sin escrúpulos. Sí, los discípulos de Cristo están llamados precisamente a esta conversión radical.

Los que se comprometan a seguir este camino experimentarán verdaderamente «justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo», y saborearán «un fruto de paz y de justicia».

En los «heridos de la vida» se manifiesta el rostro mismo del Señor. Es necesario que testimoniemos incesantemente que «toda persona herida en su cuerpo o en su espíritu, toda persona privada de sus derechos más fundamentales, es una imagen viva de Cristo». Por tanto, el encuentro con el Señor nos lleva naturalmente a ponemos al servicio de nuestros hermanos más pequeños. La actitud de respeto, comunión y compasión con los necesitados es un reflejo de nuestra fidelidad a Cristo.

Y Cristo continúa pasando, por las áreas indígenas, rurales y urbanas, invitando a todos a tomar parte en su Pascua, identificándose con:

el hermano sin tierra y sin trabajo, que grita por la falta de sentido de la propia existencia sufrida;

el hermano sin casa, que duerme en las aceras de

las calles, gritando el frío de no tener hogar, del desamor y la falta de calor humano;

el hermano analfabeto, «sin voz ni voto», gritando por su condenación al desempleo y mendigando la propia participación;

el hermano doliente, o que vive encadenado, clamando: yo no quiero ser un marginado;

el hermano sediento de aumentar su sed de justicia, de amor a la fraternidad, porque sufre el flagelo de la sequía;

el hermano hambriento, que muestra toda su hambre de pan y hambre de Dios.

Todos éstos dejan entrever el rostro de Cristo. Para todos ellos es necesario que la «tierra de Dios» se convierta cada vez más en «tierra de hermanos». Ayudémoslos!

Es deber nuestro trabajar por el bien de toda la familia humana, haciendo uso de nuestros talentos personales. Hemos de procurar atender a las necesidades de todo el mundo y no excluir a nadie de nuestro amor. Somos, evidentemente, responsables de nuestros actos, pero también somos responsables del bien que dejamos de hacer. Hemos de pedir ayuda a Dios para nuestra vida y para nuestro mundo, y confiar en «el que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos más de lo que pedimos o pensamos, en virtud del poder que actúa en nosotros».

El camino señalado por los mandamientos para llegar al cielo, para alcanzar la felicidad, pasa por el amor, por el servicio al hermano. El Señor espera que confirméis la autenticidad de vuestro amor a Dios con obras de caridad hacia el prójimo. Cristo os da cita junto al hermano sufriente, olvidado, oprimido. Él os llama a un decidido compromiso con el hombre, en la defensa de sus derechos y dignidad como hijo de Dios que es. Tenéis que amar a Dios y a vuestros semejantes contribuyendo así a la edificación de una sociedad en la que los bienes sean compartidos por todos, una sociedad donde todos puedan vivir de modo conforme a su condición de personas.

En el rostro de los pobres veo el rostro de Cristo. En la vida del pobre veo reflejada la vida de Cristo. A cambio, el pobre y esos discriminados se identifican más fácilmente con Cristo, porque en Él descubren a uno de los suyos. Ya desde el mismo comienzo de su vida, en el bendito instante de su nacimiento como Hijo de la Virgen María, Jesús no tuvo casa, porque «no había lugar para Él en la posada». Cuando sus padres le llevaron a Jerusalén por primera vez, para presentar su ofrenda en el templo, fueron contados entre los pobres e hicieron la ofrenda que correspondía a los pobres. En su niñez fue un refugiado, forzado a huir del odio que había desatado la persecución, a abandonar su propio país y a vivir exiliado en tierra extranjera. Siendo un muchacho fue capaz de confundir a los ilustrados maestros con su sabiduría, y aun trabajaba con sus manos como un humilde carpintero, al igual que su padre adoptivo, José. Cuando proclamó y explicó las Escrituras en la sinagoga de Nazaret, «el hijo del carpintero» fue rechazado. Incluso uno de los discípulos que había elegido para seguirle preguntó: « De Nazaret puede salir algo bueno?» Fue también víctima de la justicia y la tortura y fue entregado a la muerte sin que nadie saliera en su defensa. Sí, Él era el hermano de los pobres, ésa era su misión – pues fue enviado por Dios Padre y ungido por el Espíritu Santo -: proclamar el Evangelio a los pobres. Elogió al pobre cuando pronunció aquel reto sorprendente para todos aquellos que quieran ser sus seguidores: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.»

Que las dificultades que te toca vivir no sean obstáculo a tu amor y generosidad, sino un fuerte desafío. No te canses de servir, no calles la verdad, supera tus temores, sé consciente de tus propios límites personales. Tienes que ser fuerte y valiente, lúcido y perseverante en este largo camino.

No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla. Se equivoca el que dice que pasando por ella se logrará la justicia y la paz.

Joven, levántate y participa, junto con muchos miles de hombres y mujeres en la Iglesia. en la incansable tarea de anunciar el Evangelio, de cuidar con ternura a los que sufren en esta tierra y buscar maneras de construir un país justo, un país en paz. La fe en Cristo nos enseña que vale la pena trabajar por una sociedad más justa, que vale la pena defender al inocente, al oprimido y al pobre, que vale la pena sufrir para atenuar el sufrimiento de los demás.

 

 

Libertad Ciudadana y laicismo

Miguel A Espino Perigault

espinomiguel21@@gmail.com

En una sociedad política de milenaria cultura enraizada en el cristianismo, como la nuestra; el intelectual que  olvida la historia,  se extravía en vericuetos del error. Eso sucede en el plano político con el laicismo y lo religioso. Y la  ignorancia es más dañina cuando se trata de  profesionales del derecho.

El laicismo radical   pretende ignorar que es la iglesia católica la que introduce la perspectiva laicista en la sociedad política, sobre todo por la participación de los teólogos en el  el desarrollo    del derecho a lo largo de la historia.

En su didáctico discurso sobre los fundamentos del derecho,  en el Bundestag  (2011), el Papa

Benedicto XVI señaló que “contrariamente a  las otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado…En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho”.

Este  hech0 de que la religión cristiana no impone un derecho revelado constituye  un poderoso  argumento  contra  el laicismo radical anticristiano. 

En su exposición  sobre los fundamentos laicos del derecho, propuesto  por la Iglesia, el Papa recuerda a  todos los investigadores honestos de siempre,  cómo los teólogos cristianos de entonces se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo III a.C., y que en la primera mitad del siglo segundo precristiano, se  produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios  maestros del derecho romano, encuentro del que nació la cultura jurídica occidental.

Las citas que presentamos del Papa Benedicto XVI, no tenían el propósito de referirse al laicismo; pero, refuerzan  la verdad de que  el laicismo verdadero  no es anti religioso, sino respetuoso de todas las religiones, a las que reconoce  como  un derecho ciudadano. Es lo que se conoce en la Iglesia como “laicismo sano” (Pio XII). El presidente francés, Nicolás Sarkosy, lo hizo parte de su política  durante su mandato. (2007-2012).

Decía  Juan Pablo II que “Bien comprendido, el principio de laicidad pertenece también a la doctrina social de la iglesia”.

El problema es que no se quiere comprender bien. Los  gobiernos antidemocráticos mal interpretan la sentencia de Cristo de “Dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” Ellos se creen Dios y lo toman  todo.

El Diccionario de la RAE dice que laicismo significa independencia del individuo o de la sociedad, y más particularmente  del Estado respecto de cualquier  organización o confesión religiosa Además, que “Condición de laico es “independiente de cualquier confesión religiosa”.

En una democracia liberal, como la nuestra, las instituciones religiosas  con sus escuelas, universidades, hospitales, orfanatos, casas de ancianos y otros centros  especializados, generalmente  gratuitos, representan una ayuda económica  al Estado laico. Y la colaboración es tanto más valiosa cuanto más libertad se le reconozca a la Iglesia.  Esto no parecen tenderlo los laicistas radiales.

 

 

Padres católicos denuncian la última imposición de la ideología de género: “Pretende expropiar la patria potestad”

La Federación de padres de alumnos de Valencia afirma que “la mayoría de ciudadanos desconoce los errores científicos” de la doctrina LGTBI

La Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de Valencia (FCAPA) alerta de que la ideología de género es “todavía desconocida para la mayoría de los ciudadanos”.

 Jóvenes en una manifestación gay.

04/12/2017 01:00

ReligionConfidencial

Desde la Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de Valencia (FCAPA) han manifestado a Religión Confidencial que gran parte de la sociedad “no se da cuenta ni reacciona ante los errores antropológicos y científicos de la ideología de género, sus negativas consecuencias para nuestro futuro, así como su manipulación del lenguaje cotidiano y su omnipresencia en los medios de comunicación y la vida política”.

Incluso el presidente de FCAPA, Vicente Morro, habla de que la ideología de género “tiene pretensiones casi inquisitoriales de limitación de derechos fundamentales”.

Ante el desconocimiento y la gravedad de esta ideología, desde esta federación han manifestado a RC su agradecimiento a la denuncia de las consecuencias de la imposición de la ideología de género en los ámbitos legislativos y educativo que ha realizado recientemente la Conferencia Episcopal Española”.

Los obispos españoles se expresaron en el documento “La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”, especialmente en los números 54 y 56 del citado documento.

Omnipresencia de la ideología de género

 

Desde esta federación católica valenciana, su presidente califica de “ofensiva y omnipresencia de la ideología de género”, y piensan que “nosotros, todos los católicos, todos los que defienden los derechos humanos, hemos de reaccionar”.

Como botón de muestra, desde FCAPA citan el debate en el Congreso de los Diputados – el pasado 28 de noviembre -, por iniciativa del PSOE, para la rectificación registral de la mención relativa al sexo y nombre de de las personas.

Cambio de sexo a los 16 años

Según esa propuesta, cualquier ciudadano mayor de 16 años – cuando la mayoría de edad legal en España se sitúa en los 18 años – puede solicitar el cambio de registro de sexo y nombre en su documentación, sin necesidad de acreditación médica o psicológica alguna.

Desde FCAPA alertan: “Una vez más se pretende expropiar la patria potestad y capacidad de los padres para proteger y educar a sus hijos, especialmente durante su minoría de edad”.

Vicente Morro señala que el pasado 21 de noviembre, en el acto de presentación de la campaña institucional del gobierno valenciano contra la violencia machista, “hubo insultos graves, falsedades e injurias, por parte de una supuesta humorista, desde posiciones intolerantes y dogmáticas, para quienes somos contrarios a la ideología de género: con los impuestos de todos no se debe pagar a quien insulta”.

Morro es taxativo: “Para quien no lo tenga claro, recordamos que la educación sexual de nuestros hijos la decidimos las familias, ni la Administración ni opinadores diversos”.

 

 

El cielo nuestro de la Navidad

Ángel Cabrero

Empieza el ambiente navideño con el Adviento y hay muchos adornos que nos lo recuerdan. Es verdad que la mayoría de esas luces y flores están destinadas a motivar el gasto, el consumo, pero también es verdad que nos sitúan en la época en que estamos.  La cercanía de la Navidad es como la entrada al cielo, para muchas personas, que eso sí, no conciben otra felicidad que la posesión o el consumo.

Del ambiente colegial o familiar depende, en gran medida, cómo se afronta este tiempo que es eminentemente cristiano, pues celebramos nada más y nada menos que la venida al mundo del Hijo de Dios. La iconografía es abundante y sugerente y, sobre todo en las casas y en los colegios cristianos, todo ayuda a pensar en ese Niño-Dios que nace en la máxima pobreza.

Pero hasta en los hogares más cristianos se puede deslizar el ambiente hacia el regalo. Bien sabemos hasta que punto seduce el ambiente “corte inglés” o similares. Una auténtica meca del consumismo, un cielo del lujo, del tener de todo, en el que muchos querrían permanecer eternamente. ¿Para qué salir de ahí si hay de todo, en cantidad, de la máxima belleza y con una luz inefable? Es el cielo. Y cualquiera que ha entrado en alguno de estos centros en días recientes entiende por qué lo digo.

¿Hay alguien que pudiera hablar de algo malo en esos super centros comerciales? Allí hay de todo, hay belleza, hay luz. No parece que haya nada negativo. Pero somos conscientes de la dificultad de salir indemnes, libres de pasión materialista. Es difícil, en la sociedad occidental, no resultar manchado por el consumismo. Hay muchas cosas que nos parecen necesarias, que son excesivamente atrayentes.

Un experto en terapia familiar, en una reunión con casi una decena de matrimonios jóvenes con hijos pequeños, ante la pregunta sobre los regalos, dijo con seguridad: a los niños un regalo de cierta entidad, luego puede haber algún detallito pequeño, tipo chuche, dibujo, etc.; un regalo familiar, tipo juego colectivo, y, siempre, para cada uno, un libro. Ni más ni menos.

Y con los abuelos y los padrinos y demás parentela dispuesta a granjearse la gratitud del niño ¿qué hacemos? Pues habrá que decirles, con firmeza, que pueden hacer algún tipo de regalo efímero, plastilina, recortables, cosas para pintar, etc. O sea, prohibido terminantemente bicicletas, móviles, y demás familia.

Y entonces, una de las mamás presentes, me comentaba que uno de sus peques, de cuatro años, ante cualquier tipo de juguete que veía en la publicidad de la tele, o en un escaparate, o a un vecino, a todo dice que él también lo quiere. Experiencia, al niño hay que decirle que elija, para la carta a los Reyes, el regalo que quiera, con seguridad, aportada por los padres, de que solo habrá uno. ¡Qué difícil!

Al mismo tiempo, entre todos, padres, hermanos, educadores, sacerdotes en la homilía, etc., el empeño por mostrar la maravilla de la venida de Jesucristo. ¡Cuánto pueden llegar a disfrutar los peques en la construcción del Nacimiento! Ahí sí que merece la pena echar el resto, dedicar tiempo, comprar buenas figuras, y procurar que los niños sean parte activa. En definitiva, hay que conseguir que ese sea el auténtico cielo de la Navidad.

Auster, P., El cuento de Auggie Wren, Lumen 2003

Monasterio, E., El Belén que puso Dios, Palabra 2009

 

 

Porqué me convertí al catolicismo

Por: GK Chesterton

Aunque sólo hace algunos años que soy católico, sé sin embargo que el problema "por qué soy católico" es muy distinto del problema "por qué me convertí al catolicismo". Tantas cosas han motivado mi conversión y tantas otras siguen surgiendo después... Todas ellas se ponen en evidencia solamente cuando la primera nos da el empujón que conduce a la conversión misma.

Todas son también tan numerosas y tan distintas las unas de las otras, que, al cabo, el motivo originario y primordial puede llegar a parecernos casi insignificante y secundario. La "confirmación" de la fe, vale decir, su fortalecimiento y afirmación, puede venir, tanto en el sentido real como en el sentido ritual, después de la conversión. El convertido no suele recordar más tarde de qué modo aquellas razones se sucedían las unas a las otras. Pues pronto, muy pronto, este sinnúmero de motivos llega a fundirse para él en una sola y única razón.

Existe entre los hombres una curiosa especie de agnósticos, ávidos escudriñadores del arte, que averiguan con sumo cuidado todo lo que en una catedral es antiguo y todo lo que en ella es nuevo. Los católicos, por el contrario, otorgan más importancia al hecho de si la catedral ha sido reconstruida para volver a servir como lo que es, es decir, como catedral.
¡Una catedral! A ella se parece todo el edificio de mi fe; de esta fe mía que es demasiado grande para una descripción detallada; y de la que, sólo con gran esfuerzo, puedo determinar las edades de sus distintas piedras.

A pesar de todo, estoy seguro de que lo primero que me atrajo hacia el catolicismo, era algo que, en el fondo, debería más bien haberme apartado de él. Estoy convencido también de que varios católicos deben sus primeros pasos hacia Roma a la amabilidad del difunto señor Kensit.

El señor Kensit, un pequeño librero de la City, conocido como protestante fanático, organizó en 1898 una banda que, sistemáticamente, asaltaba las iglesias ritualistas y perturbaba seriamente los oficios. El señor Kensit murió en 1902 a causa de heridas recibidas durante uno de esos asaltos. Pronto la opinión pública se volvió contra él, clasificando como "Kensitite Press" a los peores panfletos antirreligiosos publicados en Inglaterra contra Roma, panfletos carentes de todo juicio sano y de toda buena voluntad.

Recuerdo especialmente ahora estos dos casos: unos autores serios lanzaban graves acusaciones contra el catolicismo, y, cosa curiosa, lo que ellos condenaban me pareció algo precioso y deseable.

En el primer caso -creo que se trataba de Horton y Hocking- se mencionaba con estremecido pavor, una terrible blasfemia sobre la Santísima Virgen de un místico católico que escribía: "Todas las criaturas deben todo a Dios; pero a Ella, hasta Dios mismo le debe algún agradecimiento". Esto me sobresaltó como un son de trompeta y me dije casi en alta voz: "¡Qué maravillosamente dicho!" Me parecía como si el inimaginable hecho de la Encarnación pudiera con dificultad hallar expresión mejor y más clara que la sugerida por aquel místico, siempre que se la sepa entender.

En el segundo caso, alguien del diario "Daily News" (entonces yo mismo era todavía alguien del "Daily News"), como ejemplo típico del "formulismo muerto" de los oficios católicos, citó lo siguiente: un obispo francés se había dirigido a unos soldados y obreros cuyo cansancio físico les volvía dura la asistencia a Misa, diciéndoles que Dios se contentaría con su sola presencia, y que les perdonaría sin duda su cansancio y su distracción. Entonces yo me dije otra vez a mi mismo: "¡Qué sensata es esa gente! Si alguien corriera diez leguas para hacerme un gusto a mi, yo le agradecería muchísimo, también, que se durmiera enseguida en mi presencia".

Junto con estos dos ejemplos, podría citar aún muchos otros procedentes de aquella primera época en que los inciertos amagos de mi fe católica se nutrieron casi con exclusividad de publicaciones anticatólicas.

Tengo un claro recuerdo de lo que siguió a estos primeros amagos. Es algo de lo cual me doy tanta más cuenta cuanto más desearía que no hubiese sucedido. Empecé a marchar hacia el catolicismo mucho antes de conocer a aquellas dos personas excelentísimas a quienes, a este respecto, debo y agradezco tanto: al reverendo Padre John O´Connor de Bradford y al señor Hilaire Belloc; pero lo hice bajo la influencia de mi acostumbrado liberalismo político; lo hice hasta en la madriguera del "Daily News".

Este primer empuje, después de debérselo a Dios, se lo debo a la historia y a la actitud del pueblo irlandés, a pesar de que no hay en mí ni una sola gota de sangre irlandesa. Estuve solamente dos veces en Irlanda y no tengo ni intereses allí ni sé gran cosa del país. Pero ello no me impidió reconocer que la unión existente entre los diferentes partidos de Irlanda se debe en el fondo a una realidad religiosa; y que es por esta realidad que todo mi interés se concentraba en ese aspecto de la política liberal.

Fui descubriendo cada vez con mayor nitidez, enterándome por la historia y por mis propias experiencias, cómo, durante largo tiempo se persiguió por motivos inexplicables a un pueblo cristiano, y todavía sigue odiándosele. Reconocí luego que no podía ser de otra manera, porque esos cristianos eran profundos e incómodos como aquellos que Nerón hizo echar a los leones.
Creo que estas mis revelaciones personales evidencian con claridad la razón de mi catolicismo, razón que luego fue fortificándose.

Podría añadir ahora cómo seguí reconociendo después, que a todos los grandes imperios, una vez que se apartaban de Roma, les sucedía precisamente lo mismo que a todos aquellos seres que desprecian las leyes o la naturaleza: tenían un leve éxito momentáneo, pero pronto experimentaban la sensación de estar enlazados por un nudo corredizo, en una situación de la que ellos mismos no podían librarse. En Prusia hay tan poca perspectiva para el prusianismo, como en Manchester para el individualismo manchesteriano.
Todo el mundo sabe que a un viejo pueblo agrario, arraigado en la fe y en las tradiciones de sus antepasados, le espera un futuro más grande o por lo menos más sencillo y más directo que a los pueblos que no tienen por base la tradición y la fe.

Si este concepto se aplicase a una autobiografía, resultaría mucho más fácil escribirla que si se escudriñasen sus distintas evoluciones; pero el sistema sería egoísta. Yo prefiero elegir otro método para explicar breve pero completamente el contenido esencial de mi convicción: no es por falta de material que actúo así, sino por la dificultad de elegir lo más apropiado entre todo ese material numeroso. Sin embargo trataré de insinuar uno o dos puntos que me causaron una especial impresión.

Hay en el mundo miles de modos de misticismo capaces de enloquecer al hombre. Pero hay una sola manera entre todas de poner al hombre en un estado normal. Es cierto que la humanidad jamás pudo vivir un largo tiempo sin misticismo. Hasta los primeros sones agudos de la voz helada de Voltaire encontraron eco en Cagliostro. Ahora la superstición y la credulidad han vuelto a expandirse con tan vertiginosa rapidez, que dentro de poco el católico y el agnóstico se encontrarán lado a lado. Los católicos serán los únicos que, con razón, podrán llamarse racionalistas. El mismo culto idolátrico por el misterio empezó con la decadencia de la Roma pagana a pesar de los "intermezzos" de un Lucrecio o de un Lucano.

No es natural ser materialista ni tampoco el serlo da una impresión de naturalidad. Tampoco es natural contentarse únicamente con la naturaleza. El hombre, por lo contrario, es místico. Nacido como místico, muere también como místico, sobre todo si en vida ha sido un agnóstico. Mientras que todas las sociedades humanas consideran la inclinación al misticismo como algo extraordinario, tengo yo que objetar, sin embargo, que una sola sociedad entre ellas, el catolicismo, tiene en cuenta las cosas cotidianas. Todas las otras las dejan de lado y las menosprecian.

Un célebre autor publicó una vez una novela sobre la contraposición que existe entre el convento y la familia (The Cloister and the hearth). En aquel tiempo, hace 50 años, era realmente posible en Inglaterra imaginar una contradicción entre esas dos cosas. Hoy en día, la así llamada contradicción, llega a ser casi un estrecho parentesco. Aquellos que en otro tiempo exigían a gritos la anulación de los conventos, destruyen hoy sin disimulo la familia. Este es uno de los tantos hechos que testimonian la verdad siguiente: que en la religión católica, los votos y las profesiones más altas y "menos razonables" -por decirlo así- son, sin embargo, los que protegen las cosas mejores de la vida diaria.

Muchas señales místicas han sacudido el mundo. Pero una sola revolución mística lo ha conservado: el santo está al lado de lo superior, es el mejor amigo de lo bueno. Toda otra aparente revelación se desvía al fin hacia una u otra filosofía indigna de la humanidad; a simplificaciones destructoras; al pesimismo, al optimismo, al fatalismo, a la nada y otra vez a la nada; al "nonsense", a la insensatez.

Es cierto que todas las religiones contienen algo bueno. Pero lo bueno, la quinta esencia de lo bueno, la humildad, el amor y el fervoroso agradecimiento "realmente existente" hacia Dios, no se hallan en ellas. Por más que las penetremos, por más respeto que les demostremos, con mayor claridad aún reconoceremos también esto: en lo más hondo de ellas hay algo distinto de lo puramente bueno; hay a veces dudas metafísicas sobre la materia, a veces habla en ellas la voz fuerte de la naturaleza; otras, y esto en el mejor de los casos, existe un miedo a la Ley y al Señor.

Si se exagera todo esto, nace en las religiones una deformación que llega hasta el diabolismo. Sólo pueden soportarse mientras se mantengan razonables y medidas. Mientras se estén tranquilas, pueden llegar a ser estimadas, como sucedió con el protestantismo victoriano. Por el contrario, la más alta exaltación por la Santísima Virgen o la más extraña imitación de San Francisco de Asís, seguirían siendo, en su quintaesencia, una cosa sana y sólida. Nadie negará por ello su humanismo, ni despreciará a su prójimo. Lo que es bueno, jamás podrá llegar a ser DEMASIADO bueno. Esta es una de las características del catolicismo que me parece singular y universal a la vez. Esta otra la sigue:

Sólo la Iglesia Católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo. El otro día, Bernard Shaw expresó el nostálgico deseo de que todos los hombres vivieran trescientos años en civilizaciones más felices. Tal frase nos demuestra cómo los santurrones sólo desean -como ellos mismos dicen- reformas prácticas y objetivas.

Ahora bien: esto se dice con facilidad; pero estoy absolutamente convencido de lo siguiente: si Bernard Shaw hubiera vivido durante los últimos trescientos años, se habría convertido hace ya mucho tiempo al catolicismo. Habría comprendido que el mundo gira siempre en la misma órbita y que poco se puede confiar en su así llamado progreso. Habría visto también cómo la Iglesia fue sacrificada por una superstición bíblica, y la Biblia por una superstición darwinista. Y uno de los primeros en combatir estos hechos hubiera sido él. Sea como fuere, Bernard Shaw deseaba para cada uno una experiencia de trescientos años. Y los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega, pues, a tener de repente dos mil años.

Esto significa, si lo precisamos todavía más, que una persona, al convertirse, crece y se eleva hacia el pleno humanismo. Juzga las cosas del modo como ellas conmueven a la humanidad, y a todos los países y en todos los tiempos; y no sólo según las últimas noticias de los diarios. Si un hombre moderno dice que su religión es el espiritualismo o el socialismo, ese hombre vive íntegramente en el mundo más moderno posible, es decir, en el mundo de los partidos.

El socialismo es la reacción contra el capitalismo, contra la insana acumulación de riquezas en la propia nación. Su política resultaría del todo distinta si se viviera en Esparta o en el Tíbet. El espiritualismo no atraería tampoco tanto la atención si no estuviese en contradicción deslumbrante con el materialismo extendido en todas partes. Tampoco tendría tanto poder si se reconocieran más los valores sobrenaturales.

Jamás la superstición ha revolucionado tanto el mundo como ahora. Sólo después que toda una generación declaró dogmáticamente y una vez por todas, la IMPOSIBILIDAD de que haya espíritus, la misma generación se dejó asustar por un pobre, pequeño espíritu. Estas supersticiones son invenciones de su tiempo -podría decirse en su excusa-. Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día.

G. K. Chesterton

 

 

“La enfermedad de nuestro tiempo


Un obispo amigo mío me ha contado que, con ocasión de un viaje a Rusia, se le dijo que en este país había un 25 por ciento de creyentes y un 13 por ciento de ateos; el resto, es decir la mayor parte, eran «buscadores». Resulta impresionante. Setenta años después de la revolución, que ha definido la religión como superflua y engañosa, existe un 62 por ciento de gente preocupada, que experimentan interiormente la existencia de algo superior, aunque no lo conozcan todavía. Las cosas terrenas van bien sólo cuando no olvidamos las superiores: no podemos perder el camino justo que distingue al hombre. No podemos mirar sólo hacia abajo; debemos levantarnos y mirar hacia arriba, sólo entonces viviremos justamente. Debemos insistir en la busca de cosas mayores y convertirnos en una ayuda para quienes intentan levantarse y encontrar la verdadera luz, sin la que todo es tiniebla en el mundo.
“ Quien intente hoy día hablar de la fe cristiana [...] es probable que en seguida tenga la sensación de que su situación está bastante bien reflejada en el conocido relato parabólico de Kierkegaard sobre el payaso y la aldea en llamas, que Harvey Cox resume brevemente en su libro La ciudad secular. En él se cuenta que, en Dinamarca, un circo fue presa de las llamas. Entonces, el director del circo mandó a un payaso, que ya estaba listo para actuar, a la aldea vecina para pedir auxilio, ya que había peligro de que las llamas llegasen hasta la aldea, arrasando a su paso los campos secos y toda la cosecha. El payaso corrió a la aldea y pidió a los vecinos que fueran lo más rápido posible hacia el circo que se estaba quemando para ayudar a “apagar el fuego. Pero los vecinos creyeron que se trataba de un magnífico truco para que asistiesen los más posibles a la función; aplaudían y hasta lloraban de risa. Pero al payaso le daban más ganas de llorar que de reír; en vano trató de persuadirles y de explicarles que no se trataba de un truco ni de una broma, que la cosa iba muy en serio y que el circo se estaba quemando de verdad. Cuanto más suplicaba, más se reía la gente, pues los aldeanos creían que estaba haciendo su papel de maravilla, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea. Y claro, la ayuda llegó demasiado tarde y tanto el circo como la aldea fueron pasto de las llamas. Con este relato ilustra Cox la situación de los teólogos modernos. En el payaso, que no es capaz de lograr que los aldeanos escuchen su mensaje, ve Cox una imagen del teólogo, a quien nadie toma en serio si va por ahí vestido con los atuendos de un payaso medieval o de cualquier otra época pasada. Ya puede decir lo que quiera, pues llevará siempre consigo la etiqueta del papel que desempeña.Y por buenas maneras que muestre y por muy serio que se ponga, todo el mundo sabe ya de antemano lo que es: ni más ni menos que un payaso. Se sabe ya de sobra lo que dice y se sabe también que sus ideas no tienen nada que ver con la realidad. Se le puede escuchar, pues, con toda tranquilidad, sin miedo a que lo que diga cause la más mínima preocupación. Está claro que esta imagen es en cierto modo un reflejo de la agobiante situación en que se encuentra el pensamiento teológico actual, que no es otra que la abrumadora imposibilidad de romper con los clichés habituales del pensamiento y del lenguaje, y la de hacer ver que la teología es algo sumamente serio en la vida humana.

 

 

Migros: "Que nadie esté solo por Navidad"

En fechas navideñas, es frecuente ver campañas de dibujos animados que destilan ternura en relatos conmovedores. Hace dos años, por ejemplo, Lotería de Navidad nos contó una historia preciosa: la de Justino, un guardia de seguridad de una fábrica de maniquíes que un día ve recompensada su generosidad durante años por parte de aquellos a los que ha servido de forma callada.

La animación permite engrandecer los pequeños objetos y hacer adorables las pequeñas criaturas. Quizás por eso este año ha sido un recurso bastante popular: hemos visto spots protagonizados por un pan de jengibre, por osos de peluche y hasta por decoraciones del árbol de Navidad.

Sin embargo, ésta que ahora presento es la idea más inusual de todas: una cadena de supermercados de Suiza, Migros, imagina a un pequeño y simpático gnomo viviendo en el interior del escáner de la caja del supermercado. Resulta que esta pequeña criatura es responsable de hacer esos "pitidos" que los clientes escuchan mientras hacen sus compras.

El anuncio, animado por Passion Pictures para la agencia Wirz BBDO, nos muestra al gnomo escapando una noche de su caja y descubriendo la belleza de la Navidad. La pena se apodera de él cuando ve que no puede salir del supermercado y presiente que estará solo en esos días alegría y felicidad. Sin embargo, la repentina ayuda de una cajera le permitirá pasar una noche verdaderamente feliz… Y es que, como nos recuerda el eslogan final, “nadie debería estar solo en Navidad”.

¡Feliz storytelling, y feliz Navidad a todos!

 

 

 

 

Niños autónomos, adultos responsables

Colaboración Sontushijos.org - 27.11.2017

Foto: Freepik

El desarrollo de unos hábitos apropiados (de higiene, cuidado, comida…) son los cimientos para la adquisición de comportamientos futuros importantísimos como la responsabilidad, disciplina, etc.

¿Qué son los hábitos de autonomía?

Son aquellos comportamientos cotidianos de la vida diaria imprescindibles para asegurar un óptimo desarrollo personal y social en el niño. La adecuada adquisición de estos hábitos dota al niño de mayor autonomía, disminuyendo la sensación de dependencia hacia sus padres y por lo tanto, pueden enfrentarse de forma airosa a las exigencias del entorno.

Es importante destacar la idea que dichos hábitos hay que fomentarlos desde el inicio de la vida de los niños. Con ello, nos aseguramos que los podrán adquirir sin dificultades y de la forma más adecuada.

¿Cuáles son los principales hábitos de autonomía?

• Alimentación.

• Vestido/desvestido.

• Horario y situación de sueño.

• Aseo y limpieza.

¿Por qué es tan importante la autonomía personal?

• Un niño autónomo es aquel que es capaz de realizar por sí mismo aquellas tareas y actividades propias de los niños de su edad y de su entorno socio cultural.

• Un niño poco autónomo es un niño dependiente, que requiere ayuda continua, con poca iniciativa, de alguna manera sobre protegido.

• Los niños con pocos hábitos de autonomía, generalmente presentan problemas de aprendizaje y de relación con los demás. De ahí la importancia de su desarrollo: normalmente cuando progresan en este aspecto, también lo hacen en su aprendizaje y relación con los demás.

¿Qué hábitos enseñar?

Como norma general todo aquello que el niño pueda hacer solo, siempre que no entrañe peligro, debe hacerlo él mismo. También es válido como criterio enseñar aquellos hábitos que tienen adquiridos la mayoría de niños de una edad.

Como guía, pueden servir los siguientes hábitos que están expuestos de menos a más en distintas áreas:

Higiene: Todo lo referido a la higiene y auto cuidado personal: por ejemplo: control de esfínteres, lavarse las manos sólo, cepillado de dientes, el baño, lavarse la cabeza, peinarse, usar los productos de higiene, etc.

Vestido: Todo lo que se refiere al uso de las prendas y su cuidado: ponerse distintas prendas (pantalones, calcetines, abrigos, zapatos, cremalleras, botones), guardarlas en el lugar adecuado, elegir la propia indumentaria.

Comida: Relacionado con la conducta alimentaria: Comer solo, uso de los distintos instrumentos, respetar unas normas básicas de educación en la mesa, prepararse una merienda, entre otros.

Vida en sociedad y en el hogar: Son hábitos referentes a la relación con los demás, el uso de algunos servicios comunitarios y la conducta en el hogar: van desde saludar a la gente conocida, escuchar, pedir por favor y dar las gracias; respetar turnos en juegos, pedir prestado, conocer los lugares para cruzar la calle, evitar peligros (enchufes, productos tóxicos), ordenar sus pertenencias, usar el teléfono, comprar, usar el transporte público o disfrutar de servicios de ocio (ir al cine).

¿Cómo se enseña?

La mayoría de los niños funcionan muy bien con rutinas, luego lo ideal será conseguir que esos hábitos se conviertan en rutinarios. Con una práctica adecuada, los hábitos se adquieren de 20 a 30 días. Y estos son los pasos para lograrlo:

1º Decidir qué le vamos a exigir y preparar lo necesario

• Lo primero es decidir lo que razonadamente le vamos a exigir, evitando pensamientos como: "prefiero hacerlo yo, lo hago antes y mejor". Comenzar cuanto antes.

• Que le exijamos algo adecuado a su edad.

• Hacerlo siempre y en todo lugar: todos los días.

• Todos a una, no vale: "con papá tengo que hacerlo, pero con mamá no".

• Preparad lo necesario: si le vamos a exigir guardar sus juguetes, hay que prepararle un lugar adecuado.

2º Explicarle qué tiene que hacer y cómo

• Hay que explicarle muy clarito y con pocas palabras qué es lo que queremos que haga, dándole seguridad: "Desde hoy vas a ser un niño mayor y te vas a lavar los dientes tú solito, sé que lo vas a hacer muy bien". Enséñale realizándolo tu primero.

• Piensa en voz alta mientras lo haces: "Primero mojo bien el cepillo de dientes, después pongo un poco de pasta de dientes.

• Asegúrate que comprende las instrucciones: pídele que las repita.

3º Practicar

• Ponlo a practicar. Al principio hay que ofrecerle muchas ocasiones de práctica.

• Recuérdale los pasos que tiene que hacer: "Primero mojar el cepillo de dientes y poner la pasta"

• Elógiale los primeros avances.

• Poco a poco disminuir la ayuda.

• Las prisas no son buenas: prepara el tiempo necesario, al menos al principio.

4º Supervisar

• Hay que revisar cómo va realizando lo que se le encomienda. Si un niño está aprendiendo a peinarse tenemos que revisar que ha quedado bien.

• Elogiar y valorar su realización. Si no está del todo bien, dile en qué puede mejorar.

Y si no quiere…

• Valorar si no quiere porque no está a su alcance o por comodidad.

• Por lo general si se lo ofrecemos como un privilegio ("Ya eres mayor") lo aceptará mejor que si lo hacemos como un mandato sin más.

• Si no lo hace por comodidad, dile que ya es mayor, que debe hacerlo por sí sólo e ignorar las quejas.

• Si todavía se sigue negando puedes adoptar varias medidas: sufrir las consecuencias, retirarle algún privilegio (algún juguete o actividad) o utilizar la sobre corrección: practicar y practicar la conducta adecuada.

La correcta adquisición de estos hábitos le permitirá enfrentarse paulatinamente a las exigencias de su entorno, no tendrá que recurrir frecuentemente a la ayuda de los adultos, podrá tomar sus propias decisiones y asumir responsabilidades, en definitiva, criaremos niños responsables y seguros de sí mismos.

*Por Eli Redondo Laboa. Colaboración de www.sontushijos.org para LaFamilia.info

 

 

Peligros que amenazan a los adolescentes en las redes sociales... algunos no tan evidentes

AllProDad.com

Foto: Freepik

BJ Foster, padre de dos hijos y director de contenidos de la web para padres AllProDad.com, ha elaborado un listado de 5 peligros que amenazan a los adolescentes en las redes sociales y que muchos padres no han tenido en cuenta.

"En lo que se refiere a tecnología y adolescentes, normalmente las cosas peligrosas que vienen a la mente son el 'sexting' (hacer circular fotos de desnudos propios o con contenido erótico), los depredadores online y el ciberabuso (acosar a alguien con amenazas e insultos por Internet o el móvil)". Todos son tremendamente dañinos, más comunes de lo que piensa la gente y hay que hablar de ellos".

"Sin embargo, hay otros peligros sutiles, cotidianos, en las redes sociales que son desconocidos, ignorados o minimizados. Necesitamos educar a los adolescentes y establecer límites adecuados para que estén a salvo. He aquí las cosas peligrosas que hacen los chicos en las redes cada día". 

1. Fotos de fiestas

Ir de fiesta ya tiene bastante riesgo en sí. Pero otra cosa es publicar tus actividades (especialmente las ilegales) para que las vean tus amigos, familiares, enemigos y futuros contratantes. Los adolescentes no piensan... excepto en recibir hoy algo de atención. Hay tres preguntas que deberían plantearse antes de publicar algo: 

- ¿Te sentirías cómodo si tu futuro jefe o director de tu escuela lo viera?

- ¿Te parece bien que tu abuela vea esto?

- ¿Puede usarlo contra ti alguien que esté en tu contra?

2. Compararse

Es difícil no comparar nuestras vidas con las de otros cuando todo se publica online. Para los adolescentes, las redes sociales rápidamente se convierten en un espectáculo, un lugar para que parezca que tu vida es más emocionante que la de otros. Consisten en construir una imagen. El problema es que alimentan el "embellecer", es decir, una forma sutil pero poderosa de mentir.

Cuando mentimos se debilita nuestro verdadero sentido de identidad y pertenencia. Esas son las dos cosas más importantes que los adolescentes están desarrollando. Al enfocarse en crear fantasía, en vez de asumir su verdadero ser, se debilita su madurez.

3. Vestimenta sobresexualizada

Los adolescentes, especialmente las chicas, enseguida descubren que su sexualidad recién descubierta puede usarse para lograr atención e incluso para manipular. Las redes sociales dan una mayor audiencia a ambas cosas. Da la sensación de tener poder... pero sin la madurez para autoregularse. Se aplican las mismas consecuencias que en los puntos anteriores.

4. Intentar llegar a ser un video viral

Muchos adolescentes quieren ser la nueva sensación del Internet. Por desgracia, para eso has de hacer algo extremista. Demasiado a menudo eso significa hacer cosas físicamente peligrosas o humillantes. No solo pueden sufrir heridas o incluso la muerte haciendo eso, sino que no están preparados para las consecuencias si esos vídeos se suben a la red.

5. Humillar a otros públicamente

"Por desgracia, no se trata solo de un problema adolescente, sino que es un problema para todos", explica Foster. "Recuerdo cuando leía el libro 1984 y siempre pensaba que el Gran Hermano sería el gobierno. En realidad lo somos nosotros con nuestras cámaras en el móvil y hambre de atención. Cada vez que alguien hace algo avergonzante o falto de integridad, hay quien los graba y lo publica sin pensárselo más. Yo creo que hay que rendir cuentas de forma apropiada, pero en cuanto esos videos se suben bajamos como pirañas a la sangre en el agua".

"Un simple error, un lapsus en un juicio moral, rápidamente pueden convertirse en una vida arruinada. Hay sangre en nuestras manos cuando subimos un vídeo, lo compartimos o nos sumamos a un coro de comentarios llenos de odio que contribuyen a destruir personas. Los adolescentes siguen nuestro ejemplo, y no dejarán de hacer esto hasta que paremos nosotros".

 

En las habitaciones de tantos hospitales

En las habitaciones de tantos hospitales o en las celdas de las prisiones, este milagro, el de la cvonversión, se repite infinidad de veces: no hay nadie, por muy mal que haya vivido, al que solo le quede la desesperación y le esté prohibida la gracia.

Y entre medias, la Virgen: “Corazón Dulcísimo de María, sed la salvación del alma mía”. “Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ahora y en la hora de nuestra muerte”, pidámosle a la Virgen. Y el prototipo de la oración de la esperanza: la oración del Ángelus: “Que seamos llevados, por los méritos de su Pasión y Cruz, a la gloria de la Resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén”.

En el revuelo posterior a los dos Sínodos de obispos sobre la Familia de 2014 y 2015 sobre si los divorciados que conviven maritalmente podían o no comulgar, eché en falta añadir “salvo en peligro de muerte” que no se dijo nunca, para que sea una verdad grabada a fuego en el alma que cada cual recuerde llegado el momento, sea cual sea su situación.

Juan García.

 

Lamentable espectáculo

Es la primera vez que un ciudadano europeo, fugado de su Estado de origen e imputado por rebelión, sedición y malversación hace campaña electoral desde el Estado miembro de la Unión Europea en el que se ha refugiado. Esta situación ridícula, anómala y esperpéntica que colisiona con los principios de mutua confianza y reconocimiento de las resoluciones judiciales entre los Estado de la Unión, cuestiona los avances que desde su creación se han dado en la construcción de un espacio de libertad, seguridad y justicia.

La grave situación actual que se está dando entre España y Bélgica debe hacer reflexionar al Consejo, Comisión y Parlamento sobre la necesidad de afrontar una reforma legislativa que evite el lamentable espectáculo que estamos viviendo estos días en Europa.

Jorge Hernández Mollar

 

Pase lo que pase en las urnas

Pase lo que pase en las urnas el próximo 21 de diciembre será necesario un mayor rigor en la inspección educativa dentro de lo establecido por la ley y con respeto al Estatuto catalán tan seriamente dañado por el Gobierno de Puigdemont. El Presidente Rajoy recordó que el ejecutivo que se forme tras las elecciones, sea cual sea, tendrá que estar sujeto a lo que dispone la Constitución.

Una hipotética coalición de secesionistas y populistas intentará seguramente continuar con el “Procés” por otros medios, especialmente en el campo de la enseñanza, con el apoyo de medios de comunicación públicos sometidos a los dictados de la Generalitat.

A la espera de lo que digan los catalanes en las urnas, resulta imprescindible la unidad de los grandes partidos, también para abordar la posible reforma de la Constitución sin aceptar la presión del secesionismo.

Suso do Madrid

 

 

En política todo es inútil siempre acaba mal

 

                                Es lo que nos ha dicho la historia del hombre desde que se escribe la misma; todo ha sido un intento de construir para luego destruirlo, no hubo continuidad digna de mención, salvo en el largo período del Imperio Romano, tras el cual lo que dominó el mismo, “cayó en una sima que duró un milenio”. Después y aún sustentado por las bases políticas del mismo, el mundo ha seguido “creando y destruyendo” al ritmo que cada época ha marcado y así seguimos; habiendo llegado al momento actual donde ya el planeta es “una inmensa olla de grillos locos”, que incluso armados como para destruirlo por múltiples veces, siguen enfrentándose sin preocuparse por los verdaderos problemas de este desgraciado “globo estelar”, poblado por abundantísimas bandas de ladrones y bandidos, falsos religiosos y “otras muchas chusmas”, cuyos únicos intereses los fijan en las necesidades y apetencias  de “la panza y el bolsillo”; o en inmensas chuminadas, como son en realidad esa plaga mundial cual es el denominado “deporte”, que destruye más que crea pero donde se sumergen los atractivos de las masas, ya locas y totalmente desorientadas por un porvenir obscuro y en el que ni piensan, ni quieren pensar… ¿para qué?

                                Por mi parte desorientado hasta el hastío, se me van yendo las ganas de pensar y de escribir, por la inutilidad de dichos afanes, que es claro que ni sé por qué los sentí y sigo sintiendo; por ello a continuación les escribo las reflexiones de otros que también pensaron en su tiempo y que como digo, no sirvió para nada. Veamos.

****************

BIPARTIDISMO: «Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto del Estado. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve.» (Benito Pérez Galdós)

 

GANDHI Y LA DEMOCRACIA: Gandhi creía en la democracia y lo confirman estas palabras: “Sostengo que el autogobierno es… solo un medio de lograr un buen gobierno. Y la verdadera democracia es lo que promueve el bienestar del pueblo. La prueba del buen gobierno radica en el mayor bien del pueblo con el mínimo control… A mi modo de ver, un sistema que permite la pobreza y el paro no es digno de durar ni un solo día”. (“Gandhi – de Stanley Wolpert – página 370 – Editorial Ariel- 2001)

                                O sea que la democracia es “otro sueño religioso” y que como las religiones, aún está por ser establecido en toda su pureza; lo que ocurre es que el ser humano seguimos teniendo “panza y bolsillo” y es claro que con estos dos lastres no se puede avanzar mucho. Amén. (De mi artículo “Gandhi 68 años después” 27-11-2015 AGF)

 

            DE LA FILOSOFÍA ORIENTAL: LAO TSE: de su libro TAO TE KING: En todo Estado, cuanto más estricta es la organización, más débil es la capacidad creadora de sus habitantes.

            Una vez cumplida la obra, retírate, tal es la ley del cielo.

            Producir y hacer crecer, producir sin apropiarse, actuar sin esperar, guiar sin constreñir, es la virtud suprema. (De esto los políticos no tienen ni idea) AGF

 

“El individuo es superior a la masa”; lo escribí hace muchos años y lo he reiterado en muchos de mis escritos publicados; a finales de 2014 Manuel Alcántara (Ideal 04-12-2014) escribió, “Decía Einstein, que creía que el valor principal de una sociedad no es el Estado, sino el individuo”; lo que me dejó muy satisfecho de mi propia deducción.

 

“Los políticos mienten cuando afirman, mienten cuando niegan, y sobre todo mienten cuando callan”. Miguel de Unamuno.

 

            El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo la filósofa y escritora Alissa Zinovievna Rosenbaum, más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand, y falleció en marzo de 1982 en New York. Nunca fueron más oportunas las palabras de la autora de esa magnífica novela que es Atlas Shrugged, traducida al español como La rebelión de Atlas, una suerte de anticipo de lo que nos está pasando a los españoles, y en mayor o menor medida a todo el mundo: "Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican, no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrá afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada." Ayn Rand (1950)

 

                                LA RELIGIÓN: No hagas a nadie nada que no quieras que a ti te hagan, sea un ser humano, un animal o una planta; si así lo haces notarás un estado de bienestar que ni te imaginas. (AGF)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes