Las Noticias de hoy 13 Noviembre 2017

                         Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 13 de noviembre de 2017      

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en el Ángelus: “Si nos dejamos guiar por la búsqueda de nuestros intereses, nuestras vidas se vuelven estériles”

Educar, anunciar y transformar, renovada invitación del Papa a los Escolapios

Previsiones de la semana del 14 al 20 de noviembre

 RESPONSABLES EN LA CARIDAD: Francisco Fernández-Carvajal

"Un solo corazón y una sola alma": San Josemaria

 Nuevos Mediterráneos (IV): «No hable: óigale»: Lucas Buch

Isidoro Zorzano, eficacia probada

 El día domingo ocurrió lo inimaginable: Sheila Morataya

Ex abortista publica un vídeo en el que demuestra que una ecografía es un niño y no un cúmulo de células

 La omisión, el escándalo y algo más sobre la intención de nuestros actos Confesión

Teoría extravagante: luchar contra los grandes errores dejándolos caer en el olvido: Plinio Corrêa de Oliveira

¿Cómo será la eternidad?: Antonio Orozco Delclós

OBEDECEr en la Iglesia ?: Alejo Fernández Pérez

 REDEFINIR LA FAMILIA ¿VALIDO?: Ing. José Joaquín Camacho

 Modificación genética o estrés ambiental: JDM

Turismo: Domingo Martínez Madrid

 Cáritas ha apostado: Jesús Domingo Martínez

 Mejora sin lanzar cohetes: Enric Barrull Casals

Libres y consecuentes: Pablo Cabellos Llorente

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

 

 

 

El Papa en el Ángelus: “Si nos dejamos guiar por la búsqueda de nuestros intereses, nuestras vidas se vuelven estériles”

El Papa Francisco a la hora del rezo del Ángelus del segundo domingo de noviembre de 2017. - ANSA

12/11/2017 10:31

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“La parábola de las diez vírgenes” fue el argumento que eligió el Papa Francisco a la hora del rezo del Ángelus del segundo domingo de noviembre para explicar que no debemos esperar al último momento de nuestra vida para cooperar con la gracia de Dios.

En la parábola, las diez vírgenes son las doncellas que estaban a cargo de recibir y acompañar al esposo en la ceremonia de matrimonio, y dado que en ese momento era costumbre celebrarla por la noche, las doncellas estaban equipadas con lámparas. La parábola dice que cinco de ellas eran prudentes y las otras cinco necias. De hecho, las prudentes llevaban el aceite para las lámparas mientras que las necias no. En el momento de la llegada del esposo, las necias se dan cuenta que no tiene el aceite para las lámparas y se lo piden a las cinco prudentes pero éstas no se lo dan, pues no tenían suficiente para todas y el esposo entra a la sala nupcial con las que estaban preparadas.

El Santo Padre presentó esta parábola para explicar dos cosas, la primera, que debemos mantenernos listos para el encuentro con Jesús, y la segunda, distinguir entre ser necio y ser prudente: “Si nos dejamos guiar por lo que nos parece más conveniente buscando nuestros intereses, nuestras vidas se vuelven estériles”, dijo el Papa Francisco, pero por el contrario, “si estamos atentos y tratamos de hacer el bien, con gestos de amor, podemos mantenernos tranquilos mientras esperamos la llegada del Señor” porque “puede venir en cualquier momento” concluyó el Pontífice .

Además, después del rezo mariano del Ángelus, el Santo Padre recordó la proclamación de ayer en Madrid de los beatos Vicente Queralt LLoret junto a 20 compañeros mártires y de José Maria Fernández Sánchez junto a 38 compañeros mártires. 

(Mireia Bonilla)

Texto completo de la reflexión del Papa antes del rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este domingo, el Evangelio (cfr., Mt 25,1-13) nos indica la condición para entrar en el Reino de los Cielos. Y lo hace con la parábola de las diez vírgenes: se trata de aquellas doncellas que estaban encargadas de acoger y acompañar al esposo a la ceremonia de bodas, y ya que en aquellos tiempos era costumbre celebrarlas de noche, las jóvenes estaban equipadas con lámparas.

La parábola dice que cinco de estas vírgenes son prudentes y cinco necias: en efecto, las prudentes llevaron consigo el aceite para las lámparas, mientras las necias no lo llevaron. El esposo tarda en llegar y todas se duermen. A medianoche es anunciada la llegada del esposo; entonces las vírgenes necias se dan cuenta que no tienen el aceite para las lámparas, y se lo piden a aquellas prudentes. Pero éstas responden que no se lo pueden dar, porque no bastaría para todas. Entonces mientras las necias van en búsqueda del aceite, llega el esposo. Las vírgenes prudentes entran con él en la sala del banquete nupcial y la puerta se cierra. Las cinco necias vuelven demasiado tarde, llaman a la puerta pero la respuesta es: “No las conozco” (v. 12), y se quedan afuera.

¿Qué  nos quiere enseñar Jesús con esta parábola? Nos recuerda que debemos estar preparados para el encuentro con Él. Muchas veces, en el Evangelio, Jesús exhorta a velar, y lo hace también al final de este relato, dice así: “Estén prevenidos, porque no saben ni el día ni la hora” (v. 13). Pero con esta parábola nos dice que velar no significa solamente no dormir sino estar preparados; en efecto todas las vírgenes se duermen antes que llegue el esposo, pero al despertarse algunas están listas y otras no. Aquí está entonces el significado del ser sabios y prudentes: se trata de no esperar el último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ya, ahora. Sería hermoso pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado, preparada? Debo hacer esto y esto… prepararse como si fuera el último día: esto hace bien.

La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta, hace fecunda y creíble la luz de la fe. La condición para estar preparados al encuentro con el Señor no es solamente la fe, sino una vida cristiana rica de amor y de caridad por el prójimo. Si nos dejamos guiar de lo que nos parece más cómodo, por la búsqueda de nuestros intereses, nuestra vida se vuelve estéril, incapaz de dar la vida a los otros, y no acumulamos ninguna reserva de aceite para la lámpara de nuestra fe y ésta – la fe – se apagará al momento de la venida del Señor, o aun antes.

Si en cambio estamos preparados y tratamos de hacer el bien, con gestos de amor, de comunión, de servicio al prójimo en dificultad, podemos quedarnos tranquilos mientras esperamos la venida del esposo: el Señor podrá venir en cualquier momento, y también el sueño de la muerte no nos asusta, porque tenemos la reserva de aceite, acumulada con las obras buenas de cada día. La fe inspira la caridad y la caridad custodia la fe.

Que la Virgen María nos ayude a volver nuestra fe siempre más activa por medio de la caridad; para que nuestra lámpara pueda resplandecer ya aquí, en el camino terreno, y luego para siempre, en la fiesta de bodas en el paraíso.

Palabras del Papa después de la oración a la Madre de Dios

Queridos hermanos y hermanas,

Ayer en Madrid fueron proclamados Beatos Vicente Queralt LLoret y 20 compañeros mártires y José María Fernández Sánchez y 38 compañeros mártires. Algunos de los nuevos Beatos eran miembros de la Congregación de la Misión: sacerdotes, hermanos coadjutores, novicios; otros eran laicos pertenecientes a la Asociación de la Medalla Milagrosa. Todos fueron asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa acaecida en el curso de la guerra civil española entre el 1936 y el ’37. Demos gracias a Dios por el gran don de estos testigos ejemplares de Cristo y del Evangelio.

Los saludo a todos ustedes, familias, parroquias, asociaciones y fieles que han venido de Italia y de tantas partes del mundo. En particular saludo a los peregrinos procedentes de Washington, Filadelfia, Brooklyn y Nueva York; al coro parroquial Santa María Magdalena de Nuragus (Cerdeña), a los fieles de Tuscania, Ercolano y Venecia; la Sociedad de bochas de Rosta y los confirmandos de Galzignano.

A todos les deseo un feliz domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

 

 

Educar, anunciar y transformar, renovada invitación del Papa a los Escolapios

El Papa y los Escolapios

11/11/2017 14:50

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El viernes 10 de noviembre a mediodía en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, el Santo Padre Francisco recibió en Audiencia a los miembros de la Orden de los Clérigos Regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. Les ofrecemos las palabras que les dirigió:

Texto y audio de las palabras del Papa:

Buenos días, y muchas gracias, Padre General, por sus palabras.

Ustedes se imaginarán que después de haberles mandado este documento no voy a echar un discurso… Así que le pregunté al Padre en qué hablaba, si en castellano o en italiano, y me dijo: “Casi todos entienden castellano”.

Gracias por venir así, gracias por traer la familia... – las Montales, que las tenía atrás, en el Colegio El Salvador, y las conozco bien –…la familia. Eso es lindo, una congregación religiosa tiene una familia que rodea, gente que trabaja, laicos, todos... La familia es un signo de fecundidad y humanidad. Gracias por venir así.

Tres cosas, tres palabras yo les ponía en el mensaje que las retomo ahora para decir dos o tres palabras y saludarlos. Educar, anunciar y transformar. Me detengo en la primera: educar. Educar en este momento es muy serio. Es un desafío grande, porque el pacto educativo en general está roto. El pacto educativo —ahora, yo estoy muy influenciado de mi Patria, pero veo que en todos lados se ve más o menos lo mismo—: escuela, familia y los jóvenes, está roto. Entonces, hay que reconstruir ese pacto educativo de la manera que haya que reconstruirlo, pero es clave en eso. Y educar reconstruyendo el pacto educativo, lo cual incluye la familia, necesariamente, hoy día en la educación no puede estar ausente la familia, la familia como venga. Pero realmente hay familias destruidas, familias que… bueno, pero en el chico se puede recomponer muchas cosas, muchas cosas. Entonces tratar de rehabilitar el pacto educativo, y tratar que los docentes —en muchos países son los más mal pagados, en muchos países— en ese trabajo, también ayudar al reconocimiento del docente que da su vida. Hay docentes que tienen que trabajar dos turnos para poder tener un sueldo digno. Ese docente cómo, cuando llegue a su casa, va a tener tiempo de preparar clases, de pensar, y todo eso. El diálogo entre la familia y el docente, la familia, la escuela y el chico, ese diálogo triple. Además el chico que sea activo en la educación. Bueno, eso es para reconstruir el pacto educativo y es una misión muy seria que tienen que tener ustedes en esto: rehacerlo.

Segundo: una educación completa. Salir de la herencia que nos dejó la Ilustración, que educar es llenar la cabeza de conceptos, ¿no es cierto?, y cuanto más se sepa acá [indica la cabeza], mejor es la educación. Educar es hacer madurar a la persona mediante los tres lenguajes: el lenguaje de las ideas, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos, y que haya armonía entre los tres, es decir, que nuestros alumnos sientan lo que piensen y hagan lo que piensan y sienten. Esa armonía de la persona, educar a la persona. Yo creo que si no educamos así, perdemos. Algunos pedagogos lo expresan de otra manera pero van a lo mismo: educar en contenidos, hábitos y valores, es lo mismo, una educación de ese tipo. Y yo añadiría que —y es clave hoy en día— la juventud hay que educarla en movimiento. La juventud quieta, hoy, no existe, y si no la ponemos nosotros en movimiento, la van a poner en movimiento mil cosas, principalmente los sistemas digitales que corren el riesgo, en esta velocidad líquida y gaseosa de nuestra civilización –y es el tercer punto que quiero tocar– de quitar las raíces a los chicos.

Los chicos hoy día vienen sin raíces, no tienen raíces, porque no tienen tiempo de echar raíces, perdón, las tienen pero no las asumen, porque no tienen tiempo de asumirlas, no las dejan crecer, no las dejan consolidar, porque viven continuamente en esta “liquidez” de cultura, ¿no es cierto?. Fundamentar las raíces. Jóvenes sin raíces es lo que estamos viendo ahora. Y qué hacemos? Injertos de raíces. Yo siempre veo que es muy importante, me viene mucho a la mente y sobre todo inspirado —y lo digo con sencillez, rezando y todo— en el profeta Joel cuando dice: “Los viejos soñarán y los jóvenes profetizarán”. Hoy los jóvenes necesitan hablar con los viejos: es la única manera que reencuentren sus raíces. Hablar con los padres, sí, eso es fundamental, pero sobre todo, hoy, la necesidad es que encuentren a los viejos, ya los padres son medio de esta sociedad líquida; que encuentren a los viejos. Por favor, traten de fomentar el diálogo entre abuelos y nietos. “No, que los chicos…”. No. Experiencias yo he tenido montones y otros que me lo cuentan: Pónganlos en movimiento a los chicos. Dile: “¿Qué te parece? Vamos a tocar la guitarra en aquel asilo de ancianos”. Bueno, que sí, que no…van, y después no quieren salir, porque se da ese fenómeno que los viejos dicen: “No, ¿esta canción, la sabes…?”. Y empiezan a hablar, y los chicos quedan encantados y los viejos empiezan a despertar y se dan cuenta que pueden soñar todavía. Por favor, yo les doy esta misión: procuren fomentar —mientras hay tiempo, antes que se nos vayan— el diálogo entre jóvenes y viejos. Busquen las mil maneras, mil maneras de hacerlo, pero siempre en movimiento, porque los jóvenes quietos no funcionan. Este es otro criterio que hay que tener en cuenta en la educación y en todo: los jóvenes quietos están en las enciclopedias; en la realidad, si vos querés que un joven reciba algo tuyo, tenés que tenerlo en movimiento.

Bueno, entonces en esto de educar así se da el anunciar y el transformar, pero me quedo en el educar con las cosas que les dije. Por eso me quedé sentado, porque no leía un discurso; quería ser más espontáneo.

Muchas gracias y ahora los invito a rezar un Ave María a la Virgen, y también a pedir la protección de San Faustino. Me causó gracia cómo le pidió el milagro el papá del chico recién nacido, el chileno: “¡Hacé algo, Peladito!”.

Ave María y Bendición Apostólica.

 

 

Previsiones de la semana del 14 al 20 de noviembre

El Papa Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.

13/11/2017 09:00

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 El martes 14 de noviembre se presentará en la Librería Paulina de Roma el libro titulado “La encíclica de los gestos del Papa Francisco”, de Mimmo Muolo

Ese día tendrá lugar en la Sala Marconi del Palacio Pío un Congreso sobre África y las fake news, es decir las informaciones inventadas, organizado por los misioneros Combonianos del Corazón de Jesús.

Por otra parte, con ocasión de la Jornada Mundial contra la diabetes, establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el Policlínico “Agostino Gemelli” de Roma tendrá lugar una conferencia sobre la prevención de esta enfermedad metabólica. Este año la Jornada ha sido dedicada de modo especial a las mujeres, puesto que una de cada diez en todo el mundo convive con esta patología, lo que significa que casi doscientos millones de mujeres se ven afectadas. Asimismo se estima que en el año 2040 se alcanzará la cuota de trescientos millones. La diabetes, recordamos, es la novena causa de muerte del sexo femenino y provoca la muerte de dos millones por año.

El miércoles 15 de noviembre – en que se recordará la memoria litúrgica de San Alberto Magno, Obispo y Doctor de la Iglesia – el Papa Francisco celebrará, a partir de las 10.00, su tradicional Audiencia General en la Plaza de San Pedro ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, deseosos de escuchar su catequesis semanal y de recibir su bendición apostólica.

Ese día en Madrid, en la sede de la Asociación de la Prensa, se presentará el libro titulado: “El susurro de las habladurías”, de Monseñor Dario Edoardo Viganò, Prefecto de la Secretaría para la Comunicación. Intervendrá, entre otros, el Cardenal Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla.

Del 15 al 17 de noviembre en la Pontificia Universidad Gregoriana se celebrará el Congreso internacional “Deus Summe Congnoscibilis – La actualidad teológica de San Buenaventura”, con ocasión del octavo centenario del nacimiento del Santo de Bagnoregio.

Del 15 al 18 de noviembre en el Auditórium de la Curia General de los Jesuitas tendrá lugar la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura sobre el tema: “Futuro de la humanidad, nuevos desafíos a la antropología”.

El jueves 16 de noviembre los Obispos de la Conferencia Episcopal del Uruguay realizarán su Visita “ad limina Apostolorum”, es decir a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo, que culmina con su encuentro  con el Santo Padre Francisco.

Ese día en el Aula Magna de la Universidad LUMSA se presentará la nueva edición del libro: “Memoria, Coraje y Esperanza. A la luz del Bicentenario de la Independencia de América Latina”, escrito por el Profesor Guzmán Carriquiry Lecour, Secretario encargado de la vice-presidencia de la Comisión Pontificia para América Latina. El volumen cuenta con la presentación del Papa Francisco. Intervendrá en este evento el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin.

El viernes 17 de noviembre, se recordará la memoria litúrgica de Santa Isabel de Hungría, Terciaria Franciscana.

Ese día por la tarde en el Cine Adriano de Roma se proyectará el preestreno del documental titulado “La Acción Católica: una historia que continúa”, producido por la Radio Televisión Italiana (RAI).

El sábado 18 de noviembre está previsto que el Papa Francisco reciba en audiencias separadas a los participantes en la Conferencia internacional sobre el tema: “Afrontar las disparidades globales en materia de salud” y, posteriormente, a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura.

Ese día se recordará la memoria litúrgica del aniversario de la Dedicación de las Basílicas Vaticana (de 1626) y Ostiense (de 1854).

Del 18 al 20 de noviembre en Argentina se celebrará el V Congreso Misionero Nacional sobre el tema: “Argentina en misión, el Evangelio es alegría”.

El domingo 19 de noviembre el Santo Padre Francisco presidirá la celebración de la Santa Misa a las 10.00 en la Basílica Vaticana con motivo de la primera Jornada Mundial de los Pobres. En efecto, el Papa Bergoglio instituyó esta Jornada mediante la Carta Apostólica “Misericordia et misera”, publicada el 21 de noviembre de 2016 tras la conclusión del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, estableciendo su celebración anual cada XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario.

A mediodía el Pontífice rezará la oración mariana del Ángelus dominical con los fieles y peregrinos que se darán cita en la Plaza de San Pedro para escuchar su comentario al Evangelio, rezar por sus intenciones de Pastor de la Iglesia Universal y recibir su bendición apostólica.

El lunes 20 de noviembre en el Aula Magna de la Pontificia Universidad Gregoriana el Cardenal Luis Antonio Tagle, Arzobispo de Manila, ofrecerá una conferencia titulada: “Minoría que evangeliza – Los temas destacados en la misión de la Iglesia según el magisterio del Papa Francisco”.

 

 

RESPONSABLES EN LA CARIDAD

— Los niños y quienes por su sencillez y formación son como ellos. El escándalo.

— Hemos de influir siempre para bien en los demás. Dar buen ejemplo.

— Obligación de reparar y deber de desagraviar ante las ofensas a Dios.

I. Pocas expresiones tan fuertes del Señor se encuentran como las que leemos en el Evangelio de la Misa de hoy. Dice Jesús: Es imposible que no vengan escándalos; pero ay de aquel por quien vienen. Más le valdría ajustarle una piedra de molino y arrojarle al mar, que escandalizar a uno de esas pequeños. Y termina con esta advertencia: andaos con cuidado1. San Mateo2 sitúa la ocasión en que se pronunciaron estas palabras. Los Apóstoles habían estado hablando entre ellos sobre a quién le correspondería ser el primero en el Reino de los Cielos. Y Jesús, para que les quedara bien grabada la lección, tomó a un niño (quizá le rodeaban varios de ellos) y lo puso en medio de todos, y les hizo ver que si no imitaban a los niños en su sencillez y en su inocencia no podrían entrar en el Reino. Es entonces cuando, teniendo a un niño delante, debió quedar pensativo y serio; contemplaría en aquella figura frágil, pero de inmenso valor, a otros muchos que perderían su inocencia por los escándalos. Parece como si, de pronto, Jesús diera rienda suelta a algo que llevaba en su interior y que deseaba comunicar a sus discípulos. Así se explica mejor esa advertencia dirigida en primer lugar a los que le siguen más de cerca: andaos con cuidado.

Escandalizar es hacer caer, ser causa de tropiezo, de ruina espiritual para otro, con la palabra, con los hechos, con las omisiones3. Y los pequeños son para Jesús los niños, en cuya inocencia se refleja de una manera particular la imagen de Dios. Pero también son esa inmensa muchedumbre, sencilla, menos ilustrada y, por lo mismo, con más facilidad de tropezar en la piedra interpuesta en su camino. Pocos pecados tan grandes como este, pues «tiende a destruir la mayor obra de Dios, que es la Redención, con la pérdida de las almas: da muerte al alma del prójimo quitándole la vida de la gracia, que es más preciosa que la vida del cuerpo, y es causa de una multitud de pecados»4. «¡Qué valor debe tener el hombre a los ojos del Creador, si ha merecido tener tan grande Redentor (Himno Exsultet de la Vigilia Pascual), si Dios ha dado a su Hijo, a fin de que el hombre no muera sino que tenga la vida eterna (cfr. Jn 3, 16)!»5. No podemos perder jamás de vista el valor inmenso que tiene cada criatura: un valor que se deduce del precio –la muerte de Cristo– pagado por ella. «Cada alma es un tesoro maravilloso; cada hombre es único, insustituible. Cada uno vale toda la Sangre de Cristo»6.

II. San Pablo, a ejemplo de su Maestro, pide a los cristianos que se guarden de todo posible escándalo para las conciencias débiles y poco formadas: Guardaos de que la libertad sea causa de tropiezo para los débiles7. Es mucho lo que influimos en los demás, y esta influencia ha de ser siempre para bien de quien nos ve o nos escucha, en cualquier situación en la que nos encontremos.

El Señor predicó su doctrina, incluso cuando algunos fariseos se escandalizaban8. Se trataba entonces, como también ocurre hoy con frecuencia, de un falso escándalo, consistente en buscar contradicciones o criterios puramente humanos para no aceptar la verdad: a veces encontramos quien se «escandaliza» porque un matrimonio ha sido generoso en el número de hijos, aceptando con alegría los que Dios les ha dado, y por vivir con finura las exigencias de la vocación cristiana... En no pocas ocasiones la conducta del cristiano que quiere vivir en su integridad la doctrina del Señor chocará con un ambiente pagano o frívolo y «escandalizará» a muchos. San Pedro, recordando unas palabras de Isaías, afirma de Él que es para muchos piedra de tropiezo y roca de escándalo9, como ya el anciano Simeón había profetizado a la Santísima Virgen10. No nos debe extrañar si con nuestra vida en alguna ocasión sucede algo parecido. Sin embargo, aquellas ocasiones de suyo indiferentes, pero que pueden producir extrañeza y aun verdadero escándalo en otras personas, por su falta de formación o su manera de pensar, debemos evitarlas por caridad. El Señor nos dio ejemplo cuando mandó a Pedro pagar el tributo del Templo, al que Él no estaba obligado, para no desconcertar a los recaudadores11, pues sabían que Jesús era un israelita ejemplar en todo. No nos faltarán ocasiones de imitar al Maestro. «No dudo de tu rectitud. —Sé que obras en la presencia de Dios. Pero, ¡hay un pero!: tus acciones las presencian o las pueden presenciar hombres que juzguen humanamente... Y es preciso darles buen ejemplo»12.

Especialmente grave es el escándalo que proviene de aquellas personas que gozan de algún género de autoridad o renombre: padres, educadores, gobernantes, escritores, artistas... y quienes tienen a su cargo la formación de otros. «Si la gente simple vive en la tibieza –comenta San Juan de Ávila–, mal hecho es; mas su mal tiene remedio, y no dañan sino a sí mesmos; mas si los enseñadores son tibios, entonces se cumple el ¡ay! del Señor para el mundo, por el grande mal que de esta tibieza les viene; y el ¡ay! que amenaza a los tibios enseñadores, que pegan su tibieza a otros y aun les apagan su fervor»13.

Las palabras del Señor nos recuerdan que hemos de estar atentos a las consecuencias de nuestras palabras. «¿Sabes el daño que puedes ocasionar al tirar lejos una piedra si tienes los ojos vendados?

»—Tampoco sabes el perjuicio que puedes producir, a veces grave, al lanzar frases de murmuración, que te parecen levísimas, porque tienes los ojos vendados por la desaprensión o por el acaloramiento»14. Y siempre hemos de tener cuidado de nuestras acciones para que, por inconsciencia o frivolidad, no hagamos nunca mal a nadie.

El que es ocasión de escándalo tiene obligación, por caridad, y a veces por justicia, de reparar el daño espiritual y aun material ocasionado. El escándalo público pide reparación pública. Y ante la imposibilidad de una reparación adecuada persiste la obligación, siempre posible, de compensar con oración y penitencia. La caridad, movida por la contrición, encuentra siempre el modo adecuado de reparar el daño.

Este pasaje del Evangelio nos puede servir para decir al Señor: ¡Perdón, Señor, si de alguna manera, aun sin darme cuenta, he sido ocasión de tropiezo para alguno! Son los pecados ocultos, de los que también podemos pedir perdón en la Confesión; y para que las palabras del Señor, andaos con cuidado, nos ayuden a estar vigilantes y a ser prudentes.

III. De nosotros deberían decir quienes nos han tratado lo que sus contemporáneos afirmaron del Señor: pasó haciendo el bien15... Nuestra vida ha de estar llena de obras de caridad y de misericordia, a veces tan pequeñas que no causarán mucho ruido: sonreír, alentar, prestar con alegría esos pequeños servicios que lleva consigo la convivencia, disculpar los errores del prójimo para los que casi siempre encontraremos una buena excusa... Es esta una señal ante el mundo, pues por la caridad nos conocerá como discípulos de Cristo16. Es también una referencia para nosotros mismos, pues si examinamos nuestra postura ante los demás, podremos averiguar con prontitud nuestro grado de unión con Dios.

Si lo propio del escándalo es romper y destruir, la caridad compone, une y cura, y ella misma facilita el camino que conduce hasta el Señor. El buen ejemplo será siempre una forma eficaz de contrarrestar el mal que, quizá sin darse cuenta, muchos van sembrando por la vida. Prepara a la vez el terreno para un apostolado fecundo. «No perdamos nunca de vista que el Señor ha prometido su eficacia a los rostros amables, a los modales afables y cordiales, a la palabra clara y persuasiva que dirige y forma sin herir: beati mites quoniam ipsi possidebunt terram, bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. No debemos olvidar nunca que somos hombres que tratamos con otros hombres, aun cuando queramos hacer bien a las almas. No somos ángeles. Y, por tanto, nuestro aspecto, nuestra sonrisa, nuestros modales, son elementos que condicionan la eficacia de nuestro apostolado»17.

Si el escándalo tiende a separar las almas de Dios, la caridad más fina nos empujará a llevarlas a Él, a procurar que muchos encuentren la puerta del Cielo. Santa Teresa decía que «más aprecia (Dios) un alma que por nuestra industria y oración la ganásemos mediante su misericordia, que todos los servicios que le podamos hacer»18. No quedemos nunca indiferentes ante el mal. Ante esa enfermedad moral han de aumentar nuestros deseos de reparación y desagravio al Señor, y reafirmar nuestro afán de apostolado. Cuanto mayor sea el mal, mayores han de ser nuestras ansias de sembrar el bien. No dejemos tampoco de pedir al Señor por quienes son causa de que otros se alejen del bien, y por las almas que pueden resultar dañadas por esas palabras, por ese artículo, por aquel programa de la televisión... El Señor oirá nuestra oración y Santa María nos alcanzará especiales gracias, Cuando al final de la vida nos presentemos ante Él, esos actos de reparación y de desagravio constituirán una buena parte del tesoro que ganamos aquí en la tierra.

1 Lc 17, 1-3. — 2 Cfr. Mt 18, 1-6. — 3 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 43, a, 1. — 4 Catecismo de San Pío X, n. 418. — 5 Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, 4-III-1979, 10. — 6 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 80. — 7 1 Cor 8, 9. — 8 Cfr. Mt 15, 12-14. — 9 Cfr. 1 Pdr 2, 8. — 10 Cfr. Lc 2, 34. — 11 Cfr. Mt 17, 21. — 12 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 275. 13 San Juan de Ávila, sermón 55, para la Infraoctava del Corpus. — 14 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 455. — 15 Hech 10, 38. — 16 Cfr. Jn 13, 35. — 17 S. Canals, Ascética meditada, p. 76. — 18 Santa Teresa, Fundaciones, 1, 7.

 

 

"Un solo corazón y una sola alma"

Has de ser, como hijo de Dios y con su gracia, varón o mujer fuerte, de deseos y de realidades. –No somos plantas de invernadero. Vivimos en medio del mundo, y hemos de estar a todos los vientos, al calor y al frío, a la lluvia y a los ciclones..., pero fieles a Dios y a su Iglesia. (Forja, 792)

La labor de la Iglesia, cada día, es como un gran tejido, que ofrecemos al Señor, porque todos los bautizados somos Iglesia.
–Si cumplimos –fieles y entregados–, este gran tejido será hermoso y sin falla. –Pero, si uno suelta un hilo acá, otro allá, y otro por el otro lado..., en lugar de un hermoso tejido, tendremos un harapo hecho jirones. (Forja, 640)

Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: «multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una» –la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma.
–Te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡Llévalo a tu oración! (Forja, 632)

Ofrece la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: «ut sint unum!» –para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!» –que todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María. (Forja, 647)

 

 

Nuevos Mediterráneos (IV): «No hable: óigale»

San Josemaría «descubre» al Espíritu Santo a través de un sencillo consejo, que también puede iluminar nuestra vida espiritual.

Vida espiritual 13 de Noviembre de 2017

Antes de volver junto al Padre, Jesús advirtió a sus apóstoles: «sabed que yo os envío al que mi Padre ha prometido. Vosotros permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto» (Lc 24,49). Los apóstoles se quedaron en Jerusalén, a la espera del prometido de Dios. En realidad, la promesa, el don, era el mismo Dios, en su Espíritu Santo. Pocos días más tarde, en la fiesta de Pentecostés, lo recibirían, llenándose de la gracia de Dios. «Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva»[1]. Aquel mismo día comenzaron a predicar con audacia y, al escuchar las palabras de san Pedro, cuenta la Escritura que fueron bautizados «y se les unieron unas tres mil almas» (Hch 2,41).

"Siento el Amor dentro de mí: y quiero tratarle, ser su amigo, su confidente..." (san Josemaría)

San Josemaría recordaba a menudo que el don del Espíritu Santo no es un recuerdo del pasado, sino un fenómeno siempre actual. «También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado al Espíritu Santo»[2]. En el bautismo primero, y después en la confirmación, hemos recibido la plenitud del don de Dios, la vida de la Trinidad.

Descubrir al Paráclito

El Don de Dios, la Salvación que recibimos, no es una cosa, sino una Persona. Por eso, toda la vida cristiana nace de la relación personal con el Dios que viene a habitar en nuestros corazones. Es esta una verdad conocida: se encuentra en el fundamento de la vida de fe. Sin embargo, puede ser también algo que hayamos de descubrir.

«A lo largo del año 1932 asistimos a un fuerte desarrollo de la devoción al Espíritu Santo en san Josemaría», señala uno de los mejores conocedores de su obra[3]. Después de meses procurando tratar más al Paráclito, recibe una particular luz que le abre un nuevo panorama, como sabemos por una anotación de ese mismo día:

«Octava de todos los Santos –martes– 8-XI-32: Esta mañana, aún no hace una hora, mi P. Sánchez me ha descubierto ‘otro Mediterráneo’. Me ha dicho: ‘tenga amistad con el Espíritu Santo. No hable: óigale’. Y desde Leganitos, haciendo oración, una oración mansa y luminosa, consideré que la vida de infancia, al hacerme sentir que soy hijo de Dios, me dio amor al Padre; que, antes, fui por María a Jesús, a quien adoro como amigo, como hermano, como amante suyo que soy... Hasta ahora, sabía que el Espíritu Santo habitaba en mi alma, para santificarla..., pero no cogí esa verdad de su presencia. Han sido precisas las palabras del P. Sánchez: siento el Amor dentro de mí: y quiero tratarle, ser su amigo, su confidente..., facilitarle el trabajo de pulir, de arrancar, de encender... No sabré hacerlo, sin embargo: Él me dará fuerzas, Él lo hará todo, si yo quiero... ¡que sí quiero! Divino Huésped, Maestro, Luz, Guía, Amor: que sepa el pobre borrico agasajarte, y escuchar tus lecciones, y encenderse, y seguirte y amarte –Propósito: frecuentar, a ser posible sin interrupción, la amistad y trato amoroso y dócil del Espíritu Santo. Veni Sancte Spiritus!...[4].

"Dios es el que te ‘primerea’. Uno lo está buscando, pero Él te busca primero" (Papa Francisco)

En estas notas, san Josemaría recoge el itinerario espiritual por el que Dios le había ido llevando: el descubrimiento de la filiación divina, la mediación de María hacia Jesús, el tesoro de la amistad de Cristo… hasta tomar conciencia de la presencia del Amor de Dios dentro de Él. Como escribió muchos años más tarde, llega un momento en que el corazón necesita «distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. (…) Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!»[5]

Que el Espíritu Santo habita en el alma del cristiano es algo que él ya sabía, pero no lo había captado todavía como algo vivido, experimentado en profundidad. Con ocasión de aquellas palabras de su director espiritual, se abre ante sus ojos un nuevo horizonte, algo que no solamente entiende, sino que sobre todo vive: «siento el Amor dentro de mí». Ante esa maravilla, se enciende en deseos de corresponder, poniéndose a disposición de ese Amor: «quiero tratarle, ser su amigo, su confidente..., facilitarle el trabajo de pulir, de arrancar, de encender...» Y frente al miedo de no ser capaz, de no estar a la altura, se yergue la seguridad de que es Dios quien lo hará, si él le deja.

Acoger el don de Dios

Lo primero que llama la atención en el Mediterráneo que se abre ante san Josemaría es el protagonismo de Dios. Unas semanas más tarde daría forma al que sería el n. 57 de Camino: «Frecuenta el trato del Espíritu Santo –el Gran Desconocido– que es quien te ha de santificar»[6]. Nuestra santidad es obra de Dios, aunque muchas veces ese Dios que nos santifica se haya convertido en «el Gran Desconocido».

En un mundo como el nuestro, que pone el acento en el hacer humano y en el fruto de nuestro esfuerzo, no siempre tenemos presente que la Salvación que recibimos de Dios es fundamentalmente un don gratuito. En palabras de San Pablo: «por gracia habéis sido salvados mediante la fe» (Ef 2,8). Desde luego, el empeño que ponemos nosotros es importante, y no es lo mismo vivir de un modo o de otro. Sin embargo, todo nuestro obrar parte de la seguridad de que «el cristianismo es gracia, es la sorpresa de un Dios que, satisfecho no solo con la creación del mundo y del hombre, se ha puesto al lado de su criatura»[7]. Y eso es algo que a cada uno toca descubrir de modo personal. Como le gusta repetir al papa Francisco, se trata de reconocer que «Dios es el que te ‘primerea’. Uno lo está buscando, pero Él te busca primero. Uno quiere encontrarlo, pero Él nos encuentra primero»[8].

"Uno sencillamente sabe: no soy yo quien hace esto. Solo no podría hacerlo. Él siempre está ahí" (Benedicto XVI)

De este descubrimiento nace «un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia»[9]. A la vuelta de los años, no han perdido actualidad las palabras con las que san Juan Pablo II preparaba a la Iglesia para el nuevo milenio. Concretamente, el Papa nos ponía en guardia frente a una tentación que puede insinuarse en la vida espiritual o en la misión apostólica: «pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar»[10]. Así, podríamos considerar que nuestra vida interior no es tan intensa como esperábamos porque no ponemos suficiente esfuerzo, o que nuestro apostolado no da el fruto previsto porque nos ha faltado exigencia. Esa puede ser parte del problema, pero no lo explica totalmente. Los cristianos sabemos que es Dios quien hace las cosas: «las obras apostólicas no crecen con las fuerzas humanas, sino al soplo del Espíritu Santo»[11]. He aquí otro modo de reconocer que nuestra vida no vale por lo que hacemos, ni pierde valor por lo poco que hacemos, o por nuestros fracasos… mientras nos volvamos hacia ese Dios que ha querido vivir en medio de nosotros. «Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida»[12]. El auténtico punto de partida para la vida cristiana, «para hacer las obras buenas» que nuestro Padre Dios nos confía (Ef 2,10) es, pues, un agradecido recibir –acoger el don de Dios– que nos lleva a vivir en el abandono esperanzado propio de los hijos de Dios[13].

«Frecuentar el trato amoroso y dócil del Espíritu Santo»

Acoger el don de Dios es recibir a una Persona, y por eso se entiende el consejo del P. Sánchez a san Josemaría: «tenga amistad con el Espíritu Santo. No hable: óigale». Con una persona se tiene amistad, y la amistad crece en el diálogo. Por eso, al descubrir la presencia personal de Dios en su corazón, san Josemaría hizo un propósito concreto: «frecuentar, a ser posible sin interrupción, la amistad y trato amoroso y dócil del Espíritu Santo». Eso es lo que podemos poner de nuestra parte para oírle.

Se trata de un camino transitable para todos los cristianos: abrirse continuamente a la acción del Paráclito, escuchar sus inspiraciones, dejar que nos lleve «hacia toda la verdad» (Jn 16,13). Jesús había prometido a los Doce: «Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho» (Jn 14,26). El Espíritu Santo es quien nos permite vivir según los designios de Dios, pues Él es también quien nos «anunciará lo que va a venir» (Jn 16,13).

Los primeros cristianos comprendieron esta realidad, y sobre todo la vivieron. «Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana»[14]. En efecto, «los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios» (Rm 8,14). Y nos dejamos llevar por Él en cuanto procuramos entrenarnos un día y otro en la «difícil disciplina de la escucha»[15]. Tratar al Espíritu Santo es procurar escuchar su voz, «que te habla a través de los acontecimientos de la vida diaria, a través de las alegrías y los sufrimientos que la acompañan, a través de las personas que se encuentran a tu lado, a través de la voz de tu conciencia, sedienta de verdad, de felicidad, de bondad y de belleza»[16].

La guía del Espíritu Santo suele consistir en darnos, más que indicaciones concretas, luces, orientaciones

En ese sentido, es interesante un pasaje del último libro entrevista de Benedicto XVI. El periodista le pregunta si no hay momentos en que el Papa «puede sentirse terriblemente solo»: «Sí –responde Benedicto XVI–, pero gracias a que me siento tan vinculado con el Señor, nunca estoy del todo solo»; y enseguida añade: «Uno sencillamente sabe: no soy yo quien hace esto. Solo no podría hacerlo. Él siempre está ahí. No tengo más que escuchar y abrirme de par en par a Él»[17]. La perspectiva de compartir la propia vida con Dios, de vivir de la amistad con Él, resulta hoy tan atractiva como siempre. Pero, «¿cómo se logra esa escucha, ese abrirse de par en par a Dios?». El Papa emérito se ríe, y el periodista insiste: «¿cuál es el mejor modo?» Responde Benedicto XVI, con sencillez: «Pues suplicando al Señor –¡tienes que ayudarme ahora!– y recogiéndose interiormente, permaneciendo en silencio. Y luego se puede siempre llamar de nuevo a la puerta con la oración, y suele funcionar»[18].

Aprender a reconocer su voz

En nuestra propia vida de oración, quizá sin pretenderlo, a veces podemos esperar fenómenos algo extraordinarios que nos aseguren que estamos hablando con Dios, que Él nos escucha, que nos habla. La vida espiritual, en cambio, se realiza de un modo más cotidiano. Más que de recibir gracias especiales, se trata de «ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos»[19].

«Los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios» (Rm 8,14). Esta guía del Paráclito suele consistir en darnos, más que indicaciones concretas, luces, orientaciones. De modos muy variados, y contando con los tiempos de cada uno, va iluminando los sucesos pequeños y grandes de nuestra vida. Así un detalle y otro van apareciendo de un modo nuevo, distinto, con una luz que muestra un sentido más claro a lo que antes resultaba borroso e incierto.

¿Cómo recibimos esa luz? De mil modos distintos: al leer la Escritura, los escritos de los santos, un libro de espiritualidad; o en situaciones inesperadas, como durante una conversación entre amigos, al leer una noticia... Hay infinidad de momentos en que el Espíritu Santo puede estar sugiriéndonos algo. Pero Él cuenta con nuestra inteligencia y con nuestra libertad para dar forma a sus sugerencias. Conviene aprender a orar a partir de esos destellos; ir meditándolos sin prisa, día tras día; detenerse en la oración y preguntar al Señor: “Con este asunto que me preocupa, con esto que me ha sucedido, ¿qué me quieres decir?, ¿qué me propones para mi vida?”

En esta escucha paciente es bueno tener en cuenta que la voz del Espíritu Santo puede aparecer en nuestro corazón mezclada con otras muy diversas: nuestro egoísmo, nuestras apetencias, las tentaciones del diablo… ¿Cómo ir reconociendo lo que viene de Él? En esto, como en tantas cosas, no existen pruebas irrefutables; pero hay signos que ayudan a discernir su presencia. En primer lugar, hay que tener en cuenta que Dios no se contradice: no nos pedirá nada contrario a las enseñanzas de Jesucristo, recogidas en la Escritura y enseñadas por la Iglesia. Tampoco nos sugerirá algo que se oponga a nuestra vocación. En segundo lugar, debemos prestar atención a lo que traen consigo esas inspiraciones. Por los frutos se conoce el árbol (cfr. Mt 7,16-20); y, como escribe san Pablo, «los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia» (Ga 5,22-23). La tradición espiritual de la Iglesia es constante en señalar que «el Espíritu de Dios produce inevitablemente paz en el alma; el demonio produce inevitablemente inquietud»[20]. A lo largo del día se nos ocurrirán infinidad de ideas felices; ideas de servicio, de cuidado, de atención, de perdón. Con frecuencia no habremos tenido sin más una buena idea, sino que el Espíritu Santo nos está moviendo el corazón. Secundar esas inspiraciones del Paráclito nos llenará del gaudium cum pace –la alegría llena de paz– que pedimos a diario.

La docilidad al Paráclito es una actitud que conviene cultivar serenamente, con la ayuda de la dirección espiritual

La docilidad al Paráclito es, en fin, una actitud que conviene cultivar serenamente, con la ayuda de la dirección espiritual. No deja de ser significativo que este horizonte se abriera a san Josemaría precisamente en ese contexto. El consejo que recibió –«óigale»– revela también la conciencia que el Padre Sánchez tenía de su misión como director espiritual: facilitar que el Espíritu Santo tomase cada vez más la guía de esa alma, «facilitarle el trabajo de pulir, de arrancar, de encender...» Esa es la tarea de quienes acompañan a otros en su vida espiritual: ayudarles a conocerse, para que puedan discernir mejor lo que el Paráclito puede estarles pidiendo. Así, poco a poco, cada uno va aprendiendo a ver a Dios en lo que le pasa y en lo que sucede en el mundo.

Anclados en el Amor de Dios, con el soplo del Espíritu Santo

Desde la Ascensión del Señor a los cielos y el envío del Espíritu Santo en Pentecostés, vivimos en el tiempo de la misión: Cristo mismo nos ha confiado la tarea de llevar la Salvación al mundo entero. El papa Francisco lo ha comentado en repetidas ocasiones, al hablar del «dinamismo de “salida” que Dios quiere provocar en los creyentes»[21], señalando al mismo tiempo que, con la tarea, nos ha dado la fuerza para cumplirla. En efecto, ese dinamismo «no es una estrategia, sino la fuerza misma del Espíritu Santo, caridad increada»[22].

En sus catequesis sobre la esperanza, el papa Francisco ha recordado la importancia de dejarnos guiar por el Espíritu Santo, con una imagen muy querida por los Padres de la Iglesia: «La carta a los Hebreos compara la esperanza con un ancla (cfr. 6,18-19); y a esta imagen podemos añadir la de la vela. Si el ancla es lo que da a la barca la seguridad y la tiene “anclada” entre las olas del mar, la vela es, en cambio, lo que la hace caminar y avanzar en las aguas. La esperanza es realmente como una vela que recoge el viento del Espíritu Santo y lo transforma en fuerza motriz que empuja la barca, según los casos, al mar o a la orilla»[23].

Vivir anclados en la hondura del Amor de Dios nos da seguridad; vivir pendientes del Espíritu Santo nos permite avanzar con la fuerza de Dios y en la dirección que Él nos sugiere: «volar, sin apoyarte en nada de aquí, pendiente de la voz y del soplo del Espíritu»[24]. Ambas cosas nacen de la unión con Dios. Por eso, «la Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración»[25]. Los últimos papas lo han recordado constantemente: si queremos cumplir la misión que Cristo nos confió con el mismo Espíritu que a Él le movía, no hay otro camino que la oración, el trato continuo y confiado con el Paráclito. Descubrir el Mediterráneo de la presencia viva de Dios en nuestro corazón. Y navegar mar adentro guiados por el Espíritu Santo, «luz, fuego, viento impetuoso (…) que alumbra la llama y la vuelve capaz de provocar incendios de amor»[26].

Lucas Buch


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 127.

[2] Ibíd., n. 128.

[3] P. Rodríguez, comentario al n. 57 de la edición crítico-histórica de Camino, p. 269.

[4] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 864, en P. Rodríguez, Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 57, p. 270. Se remite allí a un estudio de J.L. Illanes, “Trato con el Espíritu Santo y dinamismo de la experiencia espiritual. Consideraciones a partir de un texto del Beato Josemaría Escrivá”, en P. Rodríguez et al. El Espíritu Santo y la Iglesia: XIX Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 1999, 467-479 (disponible aquí).

[5] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 306.

[6] Cfr. P. Rodríguez, Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 57. El autor fecha la redacción de este punto el 22-XI-1932.

[7] San Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 6-I-2001, n. 4.

[8] S. Rubin, F. Ambrogetti, El Papa Francisco. Conversaciones con Jorge Bergoglio, Ediciones B, Barcelona 2013, 48.

[9] San Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, n. 38.

[10] Ibíd.

[11] San Josemaría, Conversaciones, n. 40.

[12] Es Cristo que pasa, n. 134.

[13] Cfr. F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[14] Es Cristo que pasa, n. 127.

[15] San Juan Pablo II, Discurso, 5-VI-2004.

[16] Ibíd.

[17] Benedicto XVI, Últimas conversaciones, Mensajero, Bilbao 2016, 284.

[18] Ibíd.

[19] Es Cristo que pasa, n. 130.

[20] J. Philippe, En la escuela del Espíritu Santo, Rialp, Madrid 2005, 53. Sobre esta cuestión, en general, cfr. 45-64.

[21] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (24-XI-2013), n. 20.

[22] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 9.

[23] Francisco, Audiencia General, 31-V-2017.

[24] San Josemaría, Forja, n. 994.

[25] Francisco, Evangelii gaudium, n. 262.

[26] Amigos de Dios, n. 244.

 

 

Isidoro Zorzano, eficacia probada

Tras siete años de inestabilidad laboral, este malagueño se dirigió a Isidoro Zorzano y, antes de que pasaran dos semanas, recibió una llamada...

Relatos y favores 13 de Noviembre de 2017

 Estampa con la oración por intercesión de Isidoro Zorzano.

Llevaba más de siete años en una situación laboral bastante precaria: por la crisis económica —era difícil incorporarse de nuevo al mercado laboral—, y por otros diversos motivos no encontraba estabilidad.

Llevaba tiempo buscando un trabajo con el que poder participar en la economía familiar y sentir la paz y la alegría que da el desempeño profesional diario bien hecho

Llevaba tiempo buscando un trabajo con el que poder participar en la economía familiar y sentir la paz y la alegría que da el desempeño profesional diario bien hecho. Hace tres años conocí a una muy buena amiga. Le conté mis preocupaciones laborales y me habló de Isidoro Zorzano.

Desde ese momento empecé a tener fe en él. Me pareció muy interesante y un buen ejemplo a seguir por lo que he podido leer sobre su vida. Conocí algo de su labor como ingeniero en Málaga, mi ciudad. Conseguí una estampa para su devoción privada y me encomendé a él.

Ahora intento convertir el trabajo ordinario en extraordinario y agradezco a diario el favor que me ha sido concedido

Antes de que pasaran dos semanas me llamaron para una entrevista. A los dos días empecé a trabajar en una empresa. Ahora intento convertir el trabajo ordinario en extraordinario y agradezco a diario el favor que me ha sido concedido.

 

 

El día domingo ocurrió lo inimaginable

Sheila Morataya
10 noviembre 2017

En un pueblo cercano a la ciudad de San Antonio un hombre entro en una iglesia bautista arremetiendo con su rifle contra los feligreses congregados, matando a 26 personas, entre ellas bebés y la hija de quince años del pastor de la iglesia.

Yo no sé lo que habrá pasado hace 100 años en el mundo, no sé si había locos como este hombre y que también mataban así. Lo que sí sé es que hasta hace 15 años esto no ocurría. Era impensable imaginar que alguien matara por matar. Entre los niños que murieron había un no nacido.

Esta tragedia es otra oportunidad para los cristianos de pensar en La Paz. Nos confirma una ausencia terrible de amor. Y comprendemos las palabras de Jesús:

“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros”. (Jn 13, 34).

Pensemos un momento en cuánto hemos curado las heridas de la infancia, pues con rencor en el corazón no se puede amar ni se puede vivir bien.

Hay oportunidad aquí para cada día reflexionar la vida. Sentarse y arrodillarse frente a Dios para preguntarle: “¿Qué te parece? ¿Estoy siendo instrumento de paz en mi entorno inmediato?

También se puede contemplar la figura de San José y de la Virgen Santísima; y preguntarnos: “¿Cómo superó San José la incomodidad que le causó saber que no tendría un matrimonio como todos? ¿Qué habrá pasado por el corazón de San José al ver que sus planes de hombre no se cumplirían? Sabemos que los Evangelios describen al bienaventurado san José como: “Un hombre justo”, fiel a la voluntad de Dios, custodio de la Sagrada Familia. Su ejemplo y humildad nos deben mostrar el camino a todos.

Yo no sé cómo fue la niñez de este hombre que mató fríamente. Sabemos que escapó de una institución mental, pues ciertamente cuando se ve uno sometido al sufrimiento y el alma se deja sin cuidado, la mente se enferma.

Hay situaciones de la vida que solo pueden comprenderse y asimilarse desde el Espíritu.

Es tan necesario hablar con Dios de manera diaria. Es tan necesario recogerse como lo hacía María para poder comprender lo que somos en realidad y para qué estamos hechos. El ser humano es frágil y las tentaciones abundan. Si no oramos no tendremos fuerzas para vencer.

Dios nos ha creado para ser Paz y bien. Hay que pensar en ello. En como respondemos a las diferentes experiencias y situaciones de la vida. Hay que orar por estas personas que están enfermas. Que matan porque quizá nadie nunca les habló de Dios.

Oremos, miremos al cielo. Pensemos en estas personas llenas de odio y rencor, que planean matar y enviemos nuestro amor por sus heridas y vidas. Tú y yo no sabemos lo que Dios puede hacer al ver la recta intención de nuestro corazón que a pesar de que se espanta por el mal que hacen estas personas también tiene la capacidad de hacer una oración por ellos. Esto es ser cristiano.

Las palabras pronunciadas por la Santísima Virgen María a los pastorcillos de Fátima el 19 de agosto de 1917 estás más vivas que nunca:

“Rezad, rezad mucho y hace sacrificios por los pecadores. Van muchas almas al infierno por no haber quien se sacrifique por ellas”. 

Recemos tú y yo por esos pecadores para que Dios, en su infinita bondad, se apiade de ellos y transforme sus vidas.

“Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Sheila Morataya

 

 

Ex abortista publica un vídeo en el que demuestra que una ecografía es un niño y no un cúmulo de células

Abby Johnson trabajó en la clínica Planned Parenthood y ahora es una activista provida

La activista provida Abby Johnson ha publicado recientemente un vídeo similar al que lanzó la cadena de televisión CNN, en el que se ve una ecografía y desmiente de manera sencilla y contundente que no se trata de un “grupo de células” como dicen los abortistas, sino de una persona.

Abby Johnson ha escrito varios libros en contra del aborto.

13/11/2017 01:00

ReligionConfidencial

Hace unas semanas la cadena de televisión americana CNN publicó un vídeo en el que criticaba las “fake news”, noticias falsas, que se extienden en algunos medios de comunicación.

En el vídeo de CNN se veía una manzana, mientras que una voz afirmaba: “Algunos intentarán decirte que esto es una banana” recoge Blanca Ruiz en Aciprensa.

“Podrán gritar banana, banana, banana una y otra vez. Hasta tú podrías empezar a creer que es una banana. Pero no lo es. Esto es una manzana. Primero la verdad”.

“Esto es una persona”

Con esta misma idea, la activista provida y ex trabajadora de la clínica abortista Planned Parenthood, Abby Johnson, ha publicado recientemente un video similar al de CNN en defensa de la vida.

En esta ocasión se muestra la imagen de una ecografía y la silueta de un niño en el vientre de la madre. Y se escucha: “Esto es una persona. Algunos intentarán hacerte creer que él o ella es solo un cúmulo de células”.

“Pueden gritar que es un parásito, un quiste de tejidos o un potencial ser humano, una y otra vez. Pueden poner CÚMULO DE CÉLULAS en mayúsculas”, afirma el vídeo.

Y concluye: “Incluso puedes empezar a pensar que esto es simplemente un cúmulo de células. Pero no. Esto es una persona”.

 

 

La omisión, el escándalo y algo más sobre la intención de nuestros actos
Confesión

Para el cristiano el pecado es siempre algo que procede de la libertad interior del hombre. Y una ofensa a Dios

Por: Catholic.net | Fuente: Moral básica, moral de la confesión

¿A qué se llama escándalo?

+ Escándalo es poner a alguien en ocasión de pecado
- por incitarlo directamente al mal
- por darle un mal ejemplo
- por hacer alguna cosa a sabiendas de que con eso podemos arrastrarlo al mal

El amor al prójimo nos pide que, a no ser que haya una razón de importancia, dejemos de hacer determinadas cosas, incluso aunque no sean malas, si con ellas hacemos que otros cometan el mal, es decir si con ellas los escandalizamos. (Rom. 14, 13 ss; 19 ss; 1 Cor 8,10-13)

En general es fácil cometer escándalo con personas más débiles o inmaduras que uno.
El escándalo es una circunstancia que hace que frecuentemente nuestros pecados sean más graves.
(Mt. 18,6ss)
El que comete escándalo debe repararlo de alguna manera.

Omisión, ¿Que es hacer el bien a los demás?

+ Hacer el bien a los demás es ayudarlos a ser mejores y a vivir con mayor plenitud y felicidad en todos los aspectos de la vida y, en especial, en su dimensión cristiana.

Ej. Ayudarlos a corregir algún defecto, a pasar un buen rato, a aprender cosas buenas, anunciarles el Evangelio, consolar al triste, dar de comer al hambriento, defender al debil, curar al enfermo, ayudar a que los enemigos se reconcilien, instruir al ignorante, trabajar para que haya una política más honrada,...

+ "Aquel que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado" (Santiago 4,17)
+Parábola del Juicio Final: "Lo que ustedes dejaron de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo lo dejaron de hacer, vayanse, malditos, al fuego eterno" (Mt. 25,45)

+Parábola de los talentos: "Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no sembré; debías al menos entregado mi dinero a los banqueros y así al volver, Yo habría cobrado lo mío con intereses. A este siervo inútil echenlo a las tinieblas donde hay llanto y rechinar de dientes" (Mt. 25,6)

+Podemos decir que, hablando de la gente que no hace nada malo pero que tampoco quiere hacer el bien, Jesús afirmo que la higuera estéril que ocupa inútilmente la tierra será cortada" (Mc. 11,12-14, 20,21; Mt 8,9)

Posibles omisiones que posiblemente hemos cometido:

La defino como "el bien que podemos hacer y no hacemos"; he ahí tal vez el más grande pecado que cometemos, quedándonos de brazos cruzados.

Justificamos nuestra indiferencia diciendo "eso no tiene que ver conmigo", "yo no tengo la culpa" y otras frases de cajón, que adormecen la conciencia ante aquello que pudiéndolo dar, no lo dimos.

La lágrima que vimos rodar en el rostro de quien camina a nuestro lado y por no querernos involucrar, no la enjugamos... El papel que tirado en el piso, no lo recogimos; porque fue otro quien lo arrojó, nosotros no lo hicimos...

El pedazo de pan que no compartimos, porque nadie nos lo regaló, de nuestro propio esfuerzo lo obtuvimos... El no querer trabajar un minuto más, porque el contrato dice el tiempo exacto con el cual nos comprometimos...

La riña que no quisimos evitar, para no meternos en problemas que no son míos, la herida que no quisimos curar, porque no fuimos nosotros quién la hicimos... 

La palabra de aliento que nunca regalamos, a quien encontramos afligido; por temor o por cualquier cosa que justifique ese bien que pudiéndolo hacer, omitimos...

El tiempo que negamos para escuchar a alguien que necesitaba hablar; diciendo que no hay tiempo que perder, aún hay mucho por hacer y trabajar... 

La limosna que no ofrecimos, porque no queremos contribuir a la mendicidad y ociosidad; la mano que no estrechamos para que otros no piensen mal y no sentirnos juzgados...

La respuesta igual de desagravio que al que nos hirió le dimos; porque si callamos y no nos vengamos, creerán que somos idiotas y pueden siempre herirnos y pisotearnos... 

La sonrisa que no regalamos a aquel que encontramos en el camino, porque no tiene nada que ver conmigo... 

La oración que no elevamos por el que nadie oró, el perdón que no ofrecimos, la carta que alguien esperó y nunca escribimos; la visita a ese enfermo que solo quedó en el olvido, tanto pero tanto bien, que pudiéndolo hacer, por mil excusas que inventamos para justificarnos, no lo hicimos... 

Esa es la rutina en la que a diario vivimos, ese es el camino que se nos presenta cada día pero que no elegimos; porque nos dejamos llevar por lo que dicen y hacen los demás; pensamos en el bien propio e ignoramos lo que siente, piensa y necesita el resto de la humanidad...

Vivimos creyendo que con hacer lo que nos toca o evitar realizar algún mal, nos hemos ganado el cielo, y ya somos buenos... No nos damos cuenta que estamos haciendo lo que no nos cuesta, somos igual que los demás; es más valioso marcar la diferencia, si nos esforzamos un poco más en regalar amor al que lo ha de necesitar; eso es lo que nos hace semejantes a Dios; quien para salvar la humanidad, hizo realidad el amor, y no se conformó con sanar y predicar; sino que inventó una nueva definición del amor, algo que le da su inigualable valor, y es ser capaz de amar tan al extremo que la vida dar por amor... y no sólo lo dijo, sino que así lo vivió, porque por amor, su vida en la cruz entregó... 


¿Qué es una confesión sacrilega?

 

El que calla voluntariamente en la confesión un pecado grave, hace una mala confesión, no se le perdona ningun pecado, y además añade otro pecado terrible, que se llama sacrilegio.

 Todas las confesiones siguientes en que se vuelva a callar este pecado voluntariamente, también son sacrílegas.
Pero si se olvida, ese pecado queda perdonado, porque «pecado olvidado, pecado perdonado». Pero si después uno se acuerda, tiene que manifestarlo diciendo lo que pasó.

Para que haya obligación de confesar un pecado olvidado, hacen falta tres cosas: estar seguro de que:
 a) el pecado se cometió ciertamente.
b) que fue ciertamente grave.
c) que ciertamente no se ha confesado.
Si hay duda de alguna de estas tres cosas, no hay obligación de confesarlo. Pero estará mejor hacerlo, manifestando la duda.

(Num. 89.Libro Para Salvarte. P.Jorge Lorign SJ.)

¿Por qué se dice que a fin de cuentas lo que marca la mayor gravedad de nuestro pecado es la intención?

+ Porque "la intención", entendida tanto como el "deseo expreso" con el que hacemos algo o como "la finalidad" por la que lo hacemos, es la que hace que una acción y sus circunstancias sean realmente "nuestros".

La intención es la que les da a nuestros actos su verdadero valor de bondad o maldad, más que la cosa misma que hacemos.

Experimentamos más dificultad en perdonar aunque sean cosas pequeñas, cuando se capta que alguien nos está haciendo algo con verdaderos deseos de fastidiar, que cuando otros nos hacen cosas más graves pero sin una intención tan clara: esto indica que la intención es la que determina finalmente la gravedad de una ofensa.

 

¿Cuándo el pecado mortal nos lleva a lo que la Biblia llama la "segunda muerte" (Ap.21,8) es decir, a la muerte o condenación eterna?

+ El pecado mortal nos lleva a la muerte eterna o infierno cuando morimos en él sin arrepentimiento, es decir, cuando marca la decisión definitiva de separarnos de forma radical y para siempre de Dios y del prójimo.1

Más allá de la muerte no hay posibilidad de cambiar el destino que el hombre .... 
 Ahora bien, como la muerte pone fin a la vida, el arrepentimiento se hace ya imposible, porque después de la muerte ya no habrá posibilidad de arrepentirse2

 

¿Cuáles son algunas maneras comunes pero imperfectas de entender lo que es el pecado?

Para el cristiano el pecado es siempre algo que procede de la libertad interior del hombre. Y una ofensa a Dios.

a) Muchos entienden por pecado el "hacer algo malo, pero sin relación con Dios" a quien ni siquiera tienen en cuenta.
Para el cristiano el verdadero pecado implica siempre una relación negativa para con Dios.

b) Otros lo definen como un "ir en contra de los 10 mandamientos" o "una transgresión a la ley Divina" (Cfr. Diccionario Larousse), pero entendiendo que el pecado es algo malo, no por ser malo en sí, por ser una mera desobediencia o trasgresión a la ley.

c) Otros consideran el pecado como algo que mancha o degrada al hombre en lo más intimo de su ser, pero simplemente por el hecho de haberlo cometido, aunque sea involuntariamente.
Por ejemplo: En el sistema legalista judío quedabas manchado o impuro por haber tocado cosas "impuras" aun sin querer. (ej. Lev. 11, 31-45; 15, 19-30)

 

¿Hay alguna ocasión en la que uno cometa pecado aunque no se esté dando cuenta de lo que hace?

+ ¡Sí! Cuando haces voluntariamente algo malo que te lleva luego a hacer otras cosas malas, también cometes pecado en estas otras cosas, aunque ya no te dés cuenta de ellas.

Ejemplo:
- Un drogadicto o un borracho que sabe que van a hacer cosas malas si toman drogas o alcohol y, sin embargo los comienzan a tomar, son responsables de lo que hacen.
   Por eso se dice que el alcoholismo no sólo es una enfermedad, sino también un vicio.
 - Un estudiante de medicina que sabe que, si no estudia bien, luego va dar medicinas equivocadas, será responsable del daño causado al prójimo ( o se puede aplicar a cualquier otra profesión)
-  En general el que por flojera es un ignorante, puede ser responsable de actos malos, que luego hace sin darse cuenta de su maldad, aunque su pecado es propiamente la ignorancia y la flojera.

A estos pecados los moralistas los llaman voluntarios "en causa", porque tú pusiste voluntariamente la causa que los produjo.
Esto indica que hay continuidad y conexión entre todos los actos de mi vida y que, por eso, soy responsable no sólo de mi presente, sino también de mi futuro; y que, si conozco las consecuencias futuras de mis actos presentes libres, soy responsable, de alguna manera, ya ahora, de esas consecuenciasd o efectos buenos o malos.

 

¿Qué quiere decir que el pecado se comete sólo "queriendo"?

+ Quiere decir que si uno hace una cosa sin darse cuenta de lo que está haciendo o sin decidirlo interiormente, eso no es pecado; tanto menos es pecado si lo fuerzan física o psicológicamente a uno para hacer el mal.

Ejemplos:
+ Si hice que se tropezara un compañero sin querer, no cometí "pecado", aunque sí hice algo malo
+ Lo que hace o piensa uno en sueños o sonámbulo, no es pecado, porque lo hace uno sin querer
+ Si un niño rompió cinco platos juntos sin querer, no cometió ningun pecado, aunque su mamá se haya puesto furiosa por el daño que causó
+ Si llegué a clase sin haber hecho una tarea porque se me olvidó que era para hoy, no cometí pecado. aunque el maestro me haya castigado por no haber cumplido mis deberes
+ Un enfermo de alcoholismo, aunque se dé cuenta de que está tomando vino y sepa que le está haciendo daño, no comete pecado si no puede decirle que no a su organismo: su verdadero pecado está en el momento de comenzar a tomar cuando habría podido haber dicho "no".

Una cosa es que uno sea consciente de lo que hace o de lo que le sucede, y otra cosa es que sea capaz física o moralmente de evitarlo. El crecer en libertad es crecer en responsabilidad.

Ejemplo: Un "cleptómano" puede ser muy consciente de sus actos, pero no tener la libertad necesaria para dejar de robar; puede ser como el adulto enfermo que al orinarse se da cuenta pero no tiene el control.

 

¿Qué quiere decir que el pecado se comete sólo "sabiendo"?

+ Quiere decir que si no sabes que una cosa es mala, no cometes pecado aunque la éstes haciendo o la hayas hecho.

Ejemplos:
+ Si un niño no sabía que quemar una llanta causaba daño al aire que respiramos, no estaba cometiendo pecado aunque lo hacía.
+ Si una persona no sabe que un alimento o bebida le hace mal, no comete pecado aunque se lo esté comiendo o bebiendo.

¿Qué quiere decir que el pecado sólo se comete "pudiendo"?

+ Quiere decir que si no tenemos capacidad física o moral para hacer una cosa buena o para evitar una cosa mala, no cometemos pecado.

Ejemplos:
+ Si tú, por no saber nadar, no puedes ayudar a una persona que se está ahogando, no cometes pecado.
+ Si no puedes ir a Misa porque estás enfermo, no cometes pecado.
+ Si atropellaste a una persona mayor con tu bicicleta, porque no sirvieron los frenos o porque se te atravesó y no pudiste ya frenar, no cometiste pecado.
+ Un niño chiquito cuando no tiene la capacidad para comprender si algo es malo, no comete pecado si lo hace.
+ Una muchacha o un niño a los que no dejan salir solos, no cometen pecado si un domingo no van a Misa porque no los llevaron.
+ Si te mandan varias cosas que no puedes hacer al mismo tiempo y tú haces solo lo que piensas que es más importante, no cometes pecado al no hacer lo demás.

 

 

Teoría extravagante: luchar contra los grandes errores dejándolos caer en el olvido

Circula con cierta frecuencia una teoría extravagante. Toda ideología, cuando se la contraría frontalmente se desarrolla. Por eso, cuando queremos luchar contra una idea, debemos en primer lugar no atacarla de frente. La contradicción actúa sobre las ideas como el viento sobre las brasas. (Dicen ellos) No es con el viento, sino con la ceniza que las brasas se extinguen. No se sofocan los grandes errores atacándolos, sino dejándolos caer en el olvido.

No faltaron quienes quisieron silenciar la indignación del público ante el sacrilegio en la Catedral de Santiago

Esta misma táctica es recomendada ‒ comentamos‒ con relación a los actos blasfemos y, en general, a todos los ataques contra los principios más sagrados.

En apoyo a esta tesis, se invoca un ejemplo: ¿qué consiguieron contra de la Iglesia naciente las primeras persecuciones? Sólo excitaron las convicciones de los fieles.

No se puede negar que, en algunas circunstancias muy especiales, el olvido es la mejor manera de combatir ciertas doctrinas. No es por esto que se deba adoptar, como norma común de prudencia, el principio de que la mejor manera de extinguir los incendios es dejarlos propagarse libremente, ignorándolos completamente.

A esta reflexión se añade otra. Los mayores historiadores de la Iglesia afirman que las persecuciones constituyeron una prueba terrible que, humanamente hablando, habría aniquilado el Catolicismo. Si éste no zozobró, su triunfo no se debe a razones humanas, sino a motivos sobrenaturales. Visto así el problema, se deduce que, humanamente hablando, la táctica de los Nerón y Calígula no fue mala: era excelente, y tan excelente que sólo por un milagro no alcanzó su fin.

Y es lógico. Porque, de lo contrario, si la Iglesia es un árbol que sólo crece y florece a golpes de hacha, los grandes benefactores del catolicismo serían los Nerón, los Calígula, los Stalin y los Hitlers.

Nadie llevaría la locura al punto de suscribir esta tesis.

Fuente: Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

¿Cómo será la eternidad?

Por: Antonio Orozco Delclós

¿Cómo será el cielo? Todos nos lo preguntamos, y Don Antonio Orozco nos da las claves para responder esta misteriosa pregunta

«Mis días se van río abajo, salidos de mí hacia el mar, como las ondas iguales y distintas de la corriente de mi vida: sangres y sueños. Pero yo, río en conciencia, sé que siempre me estoy volviendo a mi fuente»[1]

Cómo será el Cielo

«Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por pensamiento de hombre cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman»[2]. Sabemos que supera toda posible imaginación, porque la generosidad de Dios y su poder son infinitos. «Sabemos que si esta nuestra casa terrestre se desmorona, tenemos habitación de Dios en los Cielos»[3]; porque «esta es la promesa que Él mismo nos ha hecho: la vida eterna»[4].

Dios mismo, que nos ha creado con un ansia hondísima de vivir siempre, nos asegura que, en efecto, más allá del tiempo -breve en todo caso- nos espera la eterna plenitud del gozo: «Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida»[5].

Es claro que todo hombre tendrá vida eterna. Pero cuando en la Escritura Santa se habla de «vida eterna», se refiere sólo a la de los bienaventurados, porque la otra, la de los que se autocondenen a la lejanía de Dios, más que vida, será lo suyo una agonía interminable.

«Queridísimos -escribe San Juan-, nosotros somos ahora hijos de Dios, mas lo que seremos algún día no aparece aún. Sabemos que cuando se manifieste Jesucristo, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es»[6]. No como al través de velos o sombras, sino en Sí mismo [7]. Seremos semejantes al Jesús del Tabor. Endiosados, extasiados, con­templaremos y viviremos en el torrente inefable de Amor que es Dios. Escucharemos el diálogo eterno de las tres divinas personas. Asistiremos a la eterna generación del Hijo y a la espiración del Espíritu Santo.

La juntura de todos los bienes

A gentes poco ilustradas se les puede antojar algo monótono pasar la eternidad contemplando -simple­mente contemplando- a Dios. Pero sucede que en ello se encuentra «la juntura de todos los bienes», según el decir de San Juan de la Cruz, porque Dios es toda la Verdad, toda la Bondad, toda la Belleza, toda la Sabiduría, todo el Amor. Por lo demás, amar no es pasividad sin más: es una contemplación que suscita una actividad intensísima, la entrega de toda la persona en un éxtasis de sumo gozo.

«Si el amor, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿qué será el amor en el Cielo?»[8], donde el Amor se posee y se vive en toda su maravilla. «Vamos a pensar lo que será el Cielo (…) ¿Os imagináis qué será llegar allí, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amor que se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me pregunto muchas veces al día: ¿qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso de barro que soy yo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello del Apóstol: "ni ojo vio, ni oído oyó…" Vale la pena, hijos míos, vale la pena»[9

Cuenta Francisca Javiera del Valle, cómo «allá… en inmensas y dilatadas alturas, fue arrebatada mi alma por una fuerza misteriosa y con tanta sutileza, que así como nuestro pensamiento, en menos tiempo de abrir y cerrar los ojos, recorre de un confín a otro confín, allí con esa mayor ligereza me veía allá, en aquellas inmensas y dilatadas alturas, donde siempre están todos como en el centro de Dios metidos, vayan donde vayan, recorran lo que quieran. Siempre se hallan en el centro de Dios y siempre arrebatados con su divina hermosura y belleza. Porque Dios es océano inmenso de maravillas y también como esencia que se derrama, y siempre está derramándose. Y como lo que se derrama son las grandezas y hermosuras, dichas y felicidades y cuanto en Dios se encierra, siempre el alma está como nadando en aquellas dichas, felicidades y glorias que Dios brota de sí. Es Dios cielo dilatado y por eso siempre se está viendo y gozando nuevos cielos, con inconcebibles bellezas y hermosuras, y todas estas bellezas y hermosuras siempre las ve y las goza el alma como en el centro de Dios. Y recorriendo aquellos anchurosos cielos nuevos siempre el alma se halla eternamente feliz».

No hay riesgo de cansancio o hastío. «Aquí -dice Malon de Chaide- dura siempre una alegre primavera, porque está desterrado el erizado invierno; ni la furia de los vientos combaten los empinados árboles, ni la blanca nieve desgaja con su peso las tiernas ramas; aquí el enfermizo otoño jamás desnuda las verdes arboledas de sus hojas (…)»

«Cuando demos el gran salto, Dios nos esperará para darnos un abrazo bien fuerte, para que contemplemos su Rostro para siempre, para siempre, para siempre. Y como nuestro Dios es infinitamente grande, estaremos descubriendo maravillas nuevas por toda la eternidad. Nos saciará sin saciarnos, no nos empalagará jamás su dulzura infinita»[10].

Lo único necesario

«Allá no se sabe qué cosa es dolor, no hay enfermedad, no llega a ti muerte porque todo es vida, no hay dolor porque todo es contento, no hay enfermedad porque Dios es la verdadera salud. Ciudad bienaventurada, donde tus leyes son de amor, tus vecinos son enamorados; en ti todos aman, su oficio es amar y no saben más que amar; tienen un querer, una voluntad, un parecer; aman una cosa, desean una cosa, contemplan una cosa y únense con una cosa: Unum est necessarium»[11]. Una sola cosa es necesaria.

Si somos fieles, seremos como los ángeles, que «vueltos a mirar aquella fuente de amor dulcísima, arden con un sabroso fuego, adonde ¿quién podrá decir lo menos de lo que gozan? Están rendidos a aquella divina, pura, antiquísima hermosura de Dios; llévalos el amor enlazados y presos de un dulce y libre lazo de amor, para que tornen a la fuente y principio de donde salieron; y como ven aquel Sol de infinita belleza, amante eterno de sí mismo, vanse aquellas mentes angélicas, atónitas, enajenadas de sí, libres, sin libertad, presas, sin prisión, como las mariposas a la llama. Allí se encienden y no se queman; arden y no se consumen; apúranse y no se gastan. Oh sol resplandeciente, hermosura infinita, espejo purísimo de la gloria ¿Quién podrá decir lo que sienten los que te gozan?» [12].

Nadie puede decir lo indecible. He aquí el testimonio de Teresa de Jesús: «Ibame el Señor mostrando grandes secretos… Quisiera yo dar a entender algo de lo menos que entendía, y pensando cómo puede ser, hallo que es imposible; porque en sola la diferencia que hay de esta luz que vemos a la que allí se representa, siendo todo luz, no hay comparación, porque la claridad del sol parece muy desgastada. En fin, no alcanza la imaginación, por muy sutil que sea, a pintar ni trazar cómo será esta luz, ni ninguna cosa de luz que el Señor me daba entender como un deleite tan soberano que no se puede decir; porque todos los sentidos gozan en tan alto grado y suavidad, que ello no se puede encarecer, y así es mejor no decir más».

Y así, según San Agustín, «este Bien que satisface siempre, producirá en nosotros un gozo siempre nuevo. Cuanto más insaciablemente seáis saciados de la Verdad, tanto más diréis a esta insaciable: amén, es verdad. Tranquilizaos y mirad: será una continua fiesta».

Asistiremos pasmados a la eterna generación del Verbo y a la espiración del Espíritu Santo. Veremos y paladearemos el cariño infinito que nos tienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Dios Uno y Trino, y con la Trinidad del Cielo la Trinidad de la tierra, Jesús -Verbo que enlaza una y otra Trinidad-, María y José. Los grandes amores, las Personas infinitamente buenas serán nuestra compañía, nuestra conversación, nuestro gozo eternos. Todas las maravillas del amor divino y del amor humano las gozaremos en plenitud. Ciertamente «será una continua fiesta».

Un futuro que ya es

No son éstos sueños vanos, no sólo consuelo para los afligidos de este valle de lágrimas. Son objeto de una esperanza certísima, fundada en la palabra de Dios. Al extremo de que San Pablo, por su esperanza teologal, se consideraba en la tierra ya en el Cielo: «Nosotros somos ciudadanos del Cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo»[13]. Por eso, el cristiano de fe ardiente, se adelanta a todos, vive desde el futuro, un futuro que ya es: Cristo Jesús. Viene de lo Eterno, camino hacia la Eternidad, sin perder un instante.

¿Cómo será mi Cielo?

Depende, claro es. Depende de mi caridad en el instante de cruzar la frontera del tiempo [14]. Mi belén eterno depende de la medida del amor a Dios que haya conquistado en este tiempo fugaz. Qué bien se entiende la urgencia del Fundador del Opus Dei: «Tened prisa en amar»; «todo el espacio de una existencia es poco, para ensanchar las fronteras de tu caridad». La eternidad, lejos de lo que algunos piensan, nos revela e ilumina todo el valor del tiempo. Nos enseña que aun eso, que aparece sin importancia, tiene un valor de eternidad [15]. Porque cada momento, cada ocupación, puede -y requiere- llenarse con todo el amor divino que se lleve en el corazón. «Un pequeño acto, hecho por Amor, ¡cuánto vale!» [16].

Este es el camino para arribar al Cielo: La santidad "grande" está en cumplir los "deberes pequeños" de cada instante [17]. No es poco, porque no es fácil. Pero la gracia de Dios nos lo hace asequible, nos eleva hasta esa medida divina.

Fe, esperanza, amor -vida teologal- en los mil detalles de la vida ordinaria. Incrementando así, cada día un poco, las virtudes humanas y las sobrenaturales. Pequeños detalles de prudencia, de justicia, de fortaleza, de templanza. El cuidado en las pequeñas cosas -no sólo de las grandes- que pertenecen al culto divino, a la santa pureza, a la vocación recibida. Así, día a día, paso a paso llegará el momento de oír la voz de Jesús: «Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu Señor»[18]. «Yo mismo -dice Dios- seré tu recompensa inmensamente grande»[19].

El cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad, coexisten en lo más íntimo de mi ser. El tiempo pasa, pero no todo pasa con el tiempo. Yo no paso, mi yo no envejece, al contrario, se aproxima a la juventud eterna de Dios. A cada paso, se enriquece con las obras que hace a impulsos del Amor.

Madre Nuestra, que has visto crecer a Jesús, que le has visto aprovechar su paso entre los hombres: enséñame a utilizar mis días en servicio de la Iglesia y de las almas; enséñame a oír en lo más íntimo de mi razón, como un reproche cariñoso, Madre buena, siempre que sea menester, que mi tiempo no me pertenece, porque es del Padre Nuestro que está en los cielos[20].

 

 

OBEDECEr en la Iglesia ?

En el ejército, cuando el general  ordena ¡avanzar!, se avanza; aunque creamos que esté equivocado y aunque sepamos que muchos van a morir. Obedecer puede significar morir o salir victorioso; pero desobedecer con lleva inexorablemente al pelotón de ejecución.

Sin embargo, la obediencia no es un bien absoluto,  debe ser inteligente. En tiempo de guerra se cuenta que un general dió orden de atacar al enemigo a las 7 a.m..  Entre tanto, un centinela descubre que el enemigo  ha ocultados algunas ametralladoras por donde debería hacerse el ataque. Inmediatamente el centinela  lo comunica al sargento, este al capitán que a su vez se lo dice al general, El general  lo comprueba y para un ataque que hubiera  fracasado y con muchos muertos.

Resultado, un simple soldado ha evitado una masacre. Este soldado se atrevió a hablar y habló pero ¿ Cuántos soldados se hubiesen dirigido al general?

Análogamente, sucede en cualquier empresa o institución, en las que muy poquitas personas se atreven a hablar con el JEFE y decirle que se ha equivocado. Desgraciadamente, en la Iglesia hoy día el silencio, callar  es proverbial hasta convertirse en pecado.  Existen, como en todas partes, personas que se equivocan;  sacerdotes, cardenales, incluso el Papa comete graves errores en sus funciones; recordemos el lamentable caso del “todo o muchos”  en las consagraciones que invalidaban las misas. “Meter la pata” es normal, lo malo es no sacarla y peor es callar. Cuando hay que hablar se habla, pero no olvidemos que tan importante es lo que se dice como la forma de decirlo.

No denunciamos  porque…”si te dan una bofetada en una mejilla, pon la otra ” pero para la tercera el Señor lo dejó a nuestro criterio. Y sobre todo, cuando se ataca a Cristo, a la Virgen, al Papa o a las Instituciones  Jesús lo dejó a nuestro albedrío, pero ¿Quién no defiende a su padre o madre?

Callar cuando tenemos la obligación de hablar,  es consentir y  hacernos partícipes de las consecuencias. Este silencio de obispos, curas y fieles posiblemente sea uno de los pecados de los que nadie se confiesa. El silencio de los Obispos ante la primera reunión mundial en Madrid de los LGBTIQ fue clamoroso.

¿ Cuántas excomuniones se han dictado en España? ¿ A cuántos Obispos o párrocos se les ha Llamado al orden? Son cosas de Don X, se dice. Y la desintegración de nuestra Iglesia continúa, La prudencia es una cosa, la cobardía otra. Menos mal que tenemos la promesa de Cristo: “Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos” Mientras tanto ¿cuantas almas se está llevando Satán?

Jesús, ejemplo a seguir,  no calló,  habló en todas partes, a todo el mundo , en los templos, en los hogares, en el campo, a pecadores, a grupos y a personas. Los encontronazos con las autoridades sacerdotales de su tiempo: fariseos, hipócritas, raza de víboras,..  le llevaron a la cruz , fue el precio de nuestra salvación. Ahora nos toca a nosotros hablar y no callar.

Mérida (España) 2017-11-12 > Alejo Fernández Pérez>Alejo1926gmail.com

 

 

 REDEFINIR LA FAMILIA ¿VALIDO?
Ing. José Joaquín Camacho                                    

Siglo 21, sábado 11 noviembre 2017

    Recientemente una doctora señalaba que la  ”moda del género” era algo que le preocupaba mucho. Y que la verdad es que cuando escucha la palabra ideología del género, parece señalar que ella no tiene identidad: no es ni varón ni mujer. Y que es una triste realidad, que las relaciones entre gente del mismo sexo lo que provoca es desorden en la psiquis y deja atolondrada el alma, triste, con un falso sentido de felicidad. Y esto es así porque se produce un choque entre valores, algo que va contra la propia naturaleza.
    No hace mucho fue noticia (aceprensa.com) la protesta de miles de familias en Roma que exigían parar el adoctrinamiento sexual en las escuelas. Fue como una gran fiesta en defensa de la familia para que el gobierno no adoctrinara a los niños, organizada por el comité “Defendamos a nuestros hijos”. Se trató en realidad de una protesta contra el reconocimiento de la ley que preparaba el gobierno para equiparar las parejas homosexuales al matrimonio tradicional. Es que actualmente se ve claramente que la ideología de género rompe la familia.
    La ideología de género se define ordinariamente como una filosofía según la cual el sexo ya no es algo originario de la naturaleza y que la persona humana acepta y llena personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente. Mientras hasta ahora -según ellos- era  la sociedad la que decidía, actualmente siguen una frase de Simone de Beauvoir (1908-1986): “Mujer no se nace, sino que se hace”; es decir, el sexo es lo que uno decide ser... cosa contraria a la realidad de la naturaleza humana.
    Lo señalaba uno de los líderes de los miles de familias -cerca del millón de personas- que manifestaban en  Roma: “Aquí hoy todos estamos haciendo cultura, no contra personas, sino contra los que están destruyendo a la familia, al intentar destruir el modelo de qué es la mujer y qué el hombre”.
        Hay que estar atentos. En otro lugar, ante los esfuerzos en Chile por llevar esta ideología a las aulas del país, el abogado Ruggero Cozzi, Director de la ONG Comunidad y Justicia, afirmaba que son los padres “quienes deben decidir cuándo, cómo y qué le enseñarán a sus niño, especialmente “en relación a los valores de la familia, el matrimonio y la sexualidad”. La afirmación de Cozzi apuntaba directamente a la polémica distribución de un cuento infantil “Nicolás tiene dos papás”, elaborado por el Movimiento de Liberación Homosexual. El texto fue presentado el mes de junio al Ministerio de Educación, con el fin de promover su lectura en las familias y su distribución en establecimientos educacionales y jardines de infancia públicos de Chile. Y se hacía ver que si un organismo estatal impulsa cosas tan contradictorias –como ese libro-,  quiere decir que el Estado ya no está al servicio de las personas, sino al servicio de una ideología, en este caso, la ideología de género.
    Hay que defender nuestros valores: no sólo por ser “lo nuestro”; sino porque  ese ataque a la familia que se está promoviendo desde hace unos años y afecta al corazón de la sociedad. Hay que reaccionar…

 

 

Modificación genética o estrés ambiental

El estrés ambiental genera más cambios en las plantas que la modificación genética

Investigadoras portuguesas han demostrado que el estrés ambiental genera más cambios en los productos de expresión de los genes (transcriptos y proteínas) que la transgénesis en sí misma. Las autoras del estudio, miembros del Instituto de Tecnología Química y Biológica Antonio Xavier de la Universidad Nova (Lisboa) estudiaron líneas de arroz genéticamente modificadas y sometidas a estrés salino. Siguieron las líneas a través de ocho generaciones, analizando los cambios en el transcriptoma (la colección de todos los transcriptos, los ARN que resultan de la transcripción del ADN) y en el proteoma (todas las proteínas).

Los resultados mostraron que las diferencias asociadas con la modificación genética eran sobre todo cambios fisiológicos de corta duración que se atenuaban a lo largo de las generaciones. Pero los resultados demostraron que el estrés ambiental causa más alteraciones en el proteoma y en el transcriptoma que la transgénesis.

“Si el ambiente puede causar más cambios que la transgénesis, creemos que es pertinente preguntarnos qué es realmente relevante y qué es claramente innecesario revisar cuando se evalúan los organismos genéticamente modificados (…) Los factores ambientales por sí solo causan más cambios que cuando se introduce una modificación específica en el ADN de la planta”, señalaron las autoras.

Siempre que hay una agresión (exceso de luz, o déficit/exceso de agua) las plantas producen proteínas. Otro importante factor de estrés es el propio confinamiento a un laboratorio. Un proceso por el cual pasan tanto las semillas genéticamente modificadas como las convencionales.

Fuente: ChileBio + Nature

JDM

 

Turismo

“Lávate y viaja”, le recomendaron sus amigos a aquél célebre intelectual, postrado en su cama. Leer y viajar desasnan una barbaridad, además de procurar gran bienestar interior. Josep Pla, uno de nuestros más grandes viajeros de todos los tiempos, solía escoger el medio más lento para trasladarse, para no perderse ningún detalle de lo que visitaba. Su obra, y no solamente la de viajes, sería imposible sin ese dato.

No tengo nada claro de que este espíritu original del turismo, vinculado al sosegado deleite del panorama y del paisanaje, sea el que prevalezca hoy. Las facilidades en el transporte y alojamiento procuran ahora cifras verdaderamente descomunales de visitantes en cada rincón del planeta, aunque con mayor intensidad en determinados enclaves, provocando efectos no siempre deseados, que están en el candelero.

Los ingresos que genera el turismo lo convierten en una potente industria, especialmente en las naciones que son sus principales receptores. Por este elemental motivo, no parece lo más sensato penalizar esas cuantiosas entradas de divisas, sino potenciarlas, favoreciendo al sector a través de todas las fórmulas posibles.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Cáritas ha apostado

Cáritas ha apostado según vemos en la última Memoria, de forma prioritaria, por la inserción social y por la generación de empleo como forma de crear una economía social. Como ha señalado en la presentación de la Memoria su presidente, Manuel Bretón, sus ocho mil voluntarios y cuatro mil quinientos trabajadores se empeñan, día a día, con austeridad y trasparencia en la gestión, en denunciar las injusticias de este mundo, alentar un cambio personal y comunitario, por estar al lado de los que más sufren y servir a la sociedad según la inspiración del Papa Francisco.

Cáritas es mucho más que sus números, pero estos son expresión de una caridad que hace posible un mundo nuevo.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Mejora sin lanzar cohetes

Según datos divulgados por Cáritas, auténtica radiografía del estado social de España, se destaca que pese al descenso de las peticiones de ayuda, un cuarenta por ciento de las familias en situación de exclusión se han convertido ya en pobres crónicos. Esto supone que más de 700.000 personas viven sin que les afecte la mejora económica y con escasas posibilidades de volver a trabajar. A ellas va dirigida buena parte de atención de Caritas, para cubrir sus necesidades básicas y también para buscar su reinserción laboral, con una inversión récord de 358 millones de euros, un 9 por ciento más que el año anterior.

Precisamente el cercano Congreso Católicos y Vida Pública organizado por el CEU, se ocupa este año de la labor social de la Iglesia que va mucho más allá de la mera atención económica. 

Enric Barrull Casals

 

Libres y consecuentes

Por: Pablo Cabellos Llorente

En vísperas electorales, publiqué un artículo en Levante-EMV ("Algunas esperanzas electorales") que me ha proporcionado palmas y pitos desde perspectivas distintas y aun opuestas. Las opiniones más encontradas se relacionaron con mi presunta injerencia partidista -por citar lo que decía la CEE- y por la referencia a la libertad de un miembro del Opus Dei para estar en una coalición muy espinosa. La razón era simple: los fieles de la Prelatura del Opus Dei gozan de la misma libertad que los demás católicos para participar en política (y en todos los asuntos opinables). Si existe algún límite, lo marcaría la jerarquía de la Iglesia, que se circunscribió a unas orientaciones para las conciencias. La aplicación es de cada uno. Los aciertos y errores, también.

Pero no se puede juzgar la conciencia de otro desde fuera, a menos que el interesado lo solicite. Se puede, por supuesto, opinar de los hechos externos, pero dice un viejo aforismo moral que "de la conciencia no juzga ni la Iglesia", salvo que una persona desee libremente hacerlo solicitando un consejo a quien quiera o cuando acude a la confesión sacramental. Y aun entonces, el juicio es sobre lo que él expresa.

En una memorable homilía, pronunciada en 1967, san Josemaría se expresaba así: "Esta doctrina de libertad ciudadana, de convivencia y de comprensión, forma parte muy principal del mensaje que el Opus Dei difunde". Puedo decir que esa libertad es hacia dentro y hacia fuera. Hacia dentro, porque a nadie se impone un director espiritual, aunque se le aconseje uno para que le ayude conociéndole, como ha hecho siempre la Iglesia. Hacia afuera, porque en el Opus Dei nadie tiene autoridad para dar indicaciones profesionales, políticas, culturales, etc. Se atienen a lo que dice la jerarquía. Y cada uno es mayorcito y formado para obrar libremente. Asunto distinto es que acierte.

"En las Afueras de Jericó", el cardenal Herranz dedica un capítulo a mostrar cómo vivió san Josemaría, hasta el heroísmo, este respeto a la libertad política de sus hijos. Apoyado el franquismo por la jerarquía durante años (comprensiblemente, a causa de la persecución religiosa sufrida antes), cuando se atisbaba el fin del general, Mons. Benelli, Sustituto de la Secretaría de Estado Vaticano, alentó un proyecto para preparar una especie de Democracia Cristiana en España con la participación de católicos significados. Como actuación previa, procuró que retirasen su colaboración con el gobierno de Franco algunos católicos, entre los que se encontraban miembros del Opus Dei.

Benelli pidió a Josemaría Escrivá que solicitase de esas personas el abandono de su actividad política, pero topó con un muro porque el fundador del Opus Dei se opuso a dar orientación alguna de ese tipo, más aún cuando no había ninguna indicación expresa de la jerarquía. Esta gallarda actitud le valió el retraso de asuntos importantes y duras presiones. Justo es recordar que Monseñor Sustituto varió después su postura, asumida seguramente de buena fe.

Pero también recibió intimidaciones por el sector opuesto -principalmente de falangistas- con motivo de otros miembros del Opus Dei opuestos a aquel Régimen. Tampoco condescendió, habló en una ocasión muy seriamente con Franco y escribió una carta clarísima al Ministro del Movimiento. No he conocido a nadie tan amante de la libertad con obras, con actuaciones extraordinariamente valientes.